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	<description>La mejor Poesía de Internet</description>
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		<title>Poemas de José María Gabriel y Galán</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 02:58:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de José María Gabriel y Galán (1870–1905), poeta español fundamental en la literatura regionalista del siglo XIX. Aunque nació en Salamanca, su obra alcanzó la madurez en Extremadura, donde se estableció tras abandonar la enseñanza. Su estilo destaca por una sencillez profunda y una conexión visceral con la vida campesina, la religión y las [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de José María Gabriel y Galán</strong> (1870–1905), poeta español fundamental en la literatura regionalista del siglo XIX. Aunque nació en Salamanca, su obra alcanzó la madurez en <strong>Extremadura</strong>, donde se estableció tras abandonar la enseñanza. Su estilo destaca por una <strong>sencillez profunda</strong> y una conexión visceral con la vida campesina, la religión y las tradiciones rurales.</p>
<p>Su legado se divide principalmente en dos vertientes: el uso de un castellano sobrio y el empleo del <strong>«castúo»</strong> (dialecto extremeño) en obras icónicas como <em>Extremeñas</em>. En poemas como «El Cristu Benditu», Galán capturó la identidad del pueblo con una sensibilidad que evita el artificio. Su poesía, de ritmo natural y espíritu conservador, es un homenaje eterno a la tierra y a la dignidad de la vida humilde. Falleció prematuramente, consolidado como el gran bardo de la Extremadura rural.</p>
<h3><strong>A Cándida</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Quieres, Cándida saber</p>
<p>cuál es la niña mejor?</p>
<p>Pues medita con amor</p>
<p>lo que ahora vas a leer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que es dócil y obediente,</p>
<p>la que reza con fe ciega,</p>
<p>con abandono inocente.</p>
<p>la que canta, la que juega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que de necias se aparta,</p>
<p>la que aprende con anhelo</p>
<p>cómo se borda un pañuelo,</p>
<p>cómo se escribe una carta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que no sabe bailar</p>
<p>y sí rezar el rosario</p>
<p>y lleva un escapulario</p>
<p>al cuello, en vez de un collar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que desprecia o ignora</p>
<p>los desvaríos mundanos;</p>
<p>la que quiere a sus hermanos;</p>
<p>y a su madrecita adora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que llena de candor</p>
<p>canta y ríe con nobleza;</p>
<p>trabaja, obedece y reza&#8230;</p>
<p>¡esa es la niña mejor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¿Quieres saber, Candidita,</p>
<p>tú, que aspirarás al cielo,</p>
<p>cuál es perfecto modelo</p>
<p>de cristiana jovencita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que a Dios se va acercando,</p>
<p>la que, al dejar de ser niña,</p>
<p>con su casa se encariña</p>
<p>y la calle va olvidando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que borda escapularios</p>
<p>en lugar de escarapelas;</p>
<p>la que lee pocas novelas</p>
<p>y muchos devocionarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que es sencilla y es buena</p>
<p>y sabe que no es desdoro,</p>
<p>después de bordar en oro</p>
<p>ponerse a guisar la cena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que es pura y recogida,</p>
<p>la que estima su decoro</p>
<p>como un preciado tesoro</p>
<p>que vale más que su vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa humilde jovencita,</p>
<p>noble imagen del pudor,</p>
<p>es el modelo mejor</p>
<p>que has de imitar, Candidita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¿Y quieres, por fin, saber</p>
<p>cuál es el tipo acabado,</p>
<p>el modelo y el dechado</p>
<p>de la perfecta mujer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que sabe conservar</p>
<p>su honor puro y recogido:</p>
<p>la que es honor del marido</p>
<p>y alegría del hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La noble mujer cristiana</p>
<p>de alma fuerte y generosa,</p>
<p>a quien da su fe piadosa</p>
<p>fortaleza soberana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La de sus hijos fiel prenda</p>
<p>y amorosa educadora;</p>
<p>la sabia administradora</p>
<p>de su casa y de su hacienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que delante marchando,</p>
<p>lleva la cruz más pesada</p>
<p>y camina resignada</p>
<p>dando ejemplo y valor dando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que sabe padecer,</p>
<p>la que a todos sabe amar</p>
<p>y sabe a todos llevar</p>
<p>por la senda del deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que el hogar santifica,</p>
<p>la que a Dios en él invoca,</p>
<p>la que todo cuanto toca</p>
<p>lo ennoblece y dignifica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que mártir sabe ser</p>
<p>y fe a todos sabe dar,</p>
<p>y los enseña a rezar</p>
<p>y los enseña a crecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que de esa fe a la luz</p>
<p>y al impulso de su ejemplo</p>
<p>erige en su casa un templo</p>
<p>al trabajo y la virtud&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que eso de Dios consiga</p>
<p>es la perfecta mujer,</p>
<p>¡y así tienes tú que ser</p>
<p>para que Dios te bendiga!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Correo Vuelto</strong></h3>
<p><em>(Al Poeta José Rodao)</em></p>
<p>¿Sablazos entre poetas?</p>
<p>¡No llega la sangre al río!</p>
<p>Allá va ese libro mío</p>
<p>que no vale dos pesetas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y no es modestia de autor,</p>
<p>no, señor!</p>
<p>¡Es que le faltan dos reales</p>
<p>para tener de valor</p>
<p>las dos pesetas cabales!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero aunque ciento valiera!</p>
<p>¡Bueno fuera!</p>
<p>que siendo usted segoviano</p>
<p>y siendo yo salmantino,</p>
<p>no se hiciera honor entero</p>
<p>a aquel dicho decidero,</p>
<p>netamente castellano</p>
<p>que dice «de herrero a herrero&#8230;»!</p>
<p>(Si tiene algo suyo a mano&#8230;</p>
<p>Y sabe usted, compañero.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá van mis Campesinas</p>
<p>con fraternal abrazo.</p>
<p>¡Y gracias por el «sablazo»!</p>
<p>¡Y dígame «sin pamplinas</p>
<p>y sin gastar etiqueta»</p>
<p>si es verdad que, bien tasadas,</p>
<p>no valen las dos pesetas</p>
<p>mal contadas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es tan saludable oír,</p>
<p>si se dice la verdad,</p>
<p>un «Deje usted de escribir</p>
<p>por toda una eternidad»</p>
<p>o un sincero</p>
<p>«Siga por ese camino</p>
<p>porque ese es el verdadero»!</p>
<p>¡Es tan grato</p>
<p>saber que a uno se le trata,</p>
<p>no con perfidias de gato</p>
<p>muy buenas&#8230; para la gata&#8230;,</p>
<p>ni con falsa cortesía,</p>
<p>ni con saña venenosa</p>
<p>que el recio juicio extravía,</p>
<p>ni con cegador cariño</p>
<p>que envanece al hombre-niño,</p>
<p>sino con un buen amor</p>
<p>que exprese el justo sentir</p>
<p>con un prudente decir</p>
<p>sedante y educador!&#8230;</p>
<p>¡Ganase tanto el que hablara!&#8230;</p>
<p>¡Y aprendiera</p>
<p>tanto el que bien escuchara</p>
<p>la sincera</p>
<p>voz leal que le ilustrara!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero bastan reflexiones;</p>
<p>allá van mis Campesinas</p>
<p>con esas dos condiciones:</p>
<p>que me diga sin pamplinas</p>
<p>y sin gastar «etiqueta»</p>
<p>si es verdad que, bien tasadas,</p>
<p>no valen las dos pesetas</p>
<p>mal contadas,</p>
<p>y que, como entre poetas</p>
<p>«no llega la sangre al río»,</p>
<p>y es gran dicho decidero</p>
<p>el de que de «herrero a herrero&#8230;»</p>
<p>Ya sabe, tocayo mío,</p>
<p>lo que espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A La Definición Dogmática De La Inmaculada Concepción</strong></h3>
<p>Era venido el suspirado día,</p>
<p>por el dedo divino señalado,</p>
<p>para que el Cielo oyera la armonía</p>
<p>del himno más sublime que ha cantado</p>
<p>el mundo, enamorado de María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mano augusta que grabó indelebles</p>
<p>en el seno de todo lo creado</p>
<p>las sabias leyes que la vida rigen,</p>
<p>la que movió el abismo de la nada,</p>
<p>la que del tiempo señaló el origen,</p>
<p>la que la vida conoció increada,</p>
<p>la que en el caos derramó armonías</p>
<p>y en el vacío modeló grandezas,</p>
<p>y en los abismos encendió los días</p>
<p>y con su luz iluminó bellezas;</p>
<p>la que en los días del vivir primeros</p>
<p>selló los hechiceros</p>
<p>secretos de las grandes maravillas,</p>
<p>la que en el cielo derramó luceros</p>
<p>como en la tierra derramó semillas;</p>
<p>la que en los montes despeñó torrentes;</p>
<p>la que en los valles ocultó palomas</p>
<p>y desató las brisas y las fuentes,</p>
<p>pintó los lirios y esenció las pomas:</p>
<p>la que endulzó el sonoro</p>
<p>de aves cantoras incontable coro;</p>
<p>la que a los ojos de belleza avaros</p>
<p>les mostró de los días el tesoro</p>
<p>con ocasos teñidos de escarlata,</p>
<p>bellas auroras de oro</p>
<p>y mediodías de bruñida plata&#8230;</p>
<p>La mano omnipotente</p>
<p>que hizo del limo la gentil figura</p>
<p>de la primera humana criatura,</p>
<p>carne hermosa con alma inteligente&#8230;,</p>
<p>aquella sabia mano,</p>
<p>providente, magnánima, divina,</p>
<p>quiso en un ser, por ello soberano,</p>
<p>compendiar la hermosura peregrina</p>
<p>que vertió en lo divino y en lo humano,</p>
<p>y con la luz de todas las blancuras,</p>
<p>con la clave de todas las grandezas,</p>
<p>con el fuego de todas las ternuras,</p>
<p>con la esencia de todas las purezas,</p>
<p>con las mieles de todas las dulzuras</p>
<p>y la cifra de todas las bellezas,</p>
<p>graciosa, exuberante,</p>
<p>casta, ideal, magnífica y triunfante,</p>
<p>más sencilla y gentil que las palomas,</p>
<p>más hermosa que el día,</p>
<p>más pura que la luz y los aromas,</p>
<p>más hermosa que el sol&#8230; ¡hizo a María!</p>
<p>Y ¿cómo no creerla pura y bella,</p>
<p>si morada de Dios iba a ser ella?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y fue limpia morada</p>
<p>del que pasó por Ella, Cristo vivo,</p>
<p>puras dejando sus entrañas puras&#8230;</p>
<p>¿Mancha el beso del sol la inmaculada</p>
<p>nieve de las alturas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Dios que la creó quiso que el mundo</p>
<p>sin su mandato Pura la sintiera&#8230;</p>
<p>Y el mundo bueno, con amor profundo,</p>
<p>la sintió como era&#8230;</p>
<p>Ancianos patriarcas venerables</p>
<p>videntes y profetas,</p>
<p>mártires incontables,</p>
<p>teólogos y poetas,</p>
<p>cenobitas y santos adorables,</p>
<p>filósofos y extáticos ascetas&#8230;</p>
<p>Mundo meditador, mundo creyente&#8230;</p>
<p>¡Todos en santa universal porfía</p>
<p>tuvisteis en el pecho y en la mente</p>
<p>la fe de la pureza de María!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero faltaba el eco soberano</p>
<p>de la voz del Señor, nota primera</p>
<p>del divino Poema mariano&#8230;</p>
<p>¡Indigno de ella fuera,</p>
<p>sin preludio de Dios, un canto humano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquel sublime y venerable anciano</p>
<p>que el místico rebaño dirigiera</p>
<p>con luces celestiales en la mente,</p>
<p>con llaves áureas en la augusta mano</p>
<p>el mártir generoso</p>
<p>de alma de fuego y corazón piadoso,</p>
<p>y corona de espinas en la frente:</p>
<p>que vivió sangre santa derramando</p>
<p>y se pasó la vida bendiciendo</p>
<p>y descendió al sepulcro perdonando;</p>
<p>el justo, el perseguido,</p>
<p>el del ardiente corazón herido</p>
<p>que en Santa Caridad se derretía,</p>
<p>¡aquel fue el elegido</p>
<p>para exaltar la gloria de María,</p>
<p>para apagar el infernal rugido</p>
<p>con el preludio santo</p>
<p>del más sublime canto</p>
<p>que de boca del hombre el Cielo ha oído!</p>
<p>Oraba el justo con fervor profundo,</p>
<p>callaba el cielo y esperaba el mundo&#8230;</p>
<p>Arrobado en coloquios divinales</p>
<p>con el más grande amor de los amores,</p>
<p>paladeando mieles edeniales,</p>
<p>bálsamo de agudísimos dolores,</p>
<p>en los ojos el fuego de los llantos</p>
<p>y el del amor dulcísimo delirio,</p>
<p>en las sienes el nimbo de los santos</p>
<p>y en la mano la palma del martirio,</p>
<p>extático, magnífico, sereno,</p>
<p>ebrio de Caridad, de gracia lleno,</p>
<p>cuando del Cielo descendió el torrente</p>
<p>de la divina inspiración gigante,</p>
<p>tomó a sus hijos la mirada amante</p>
<p>llena de amor ardiente</p>
<p>y grande, mayestático, triunfante,</p>
<p>con las mieles de todos los consuelos,</p>
<p>en una voz que resonó en la anchura</p>
<p>del ancho mundo y de los anchos cielos</p>
<p>llorando de alegría y de ternura</p>
<p>clamó radiante: «¡Inmaculada y Pura!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Inmaculada y Pura!», repitieron</p>
<p>los ángeles que asisten a María;</p>
<p>y la creyente muchedumbre humana</p>
<p>con voz de amores, honda y soberana:</p>
<p>«¡Inmaculada y Pura!», repetía.</p>
<p>¡Y toda la armonía</p>
<p>con que sabe latir Naturaleza</p>
<p>se derrama en la inmensa sinfonía;</p>
<p>y del aire en el ámbito profundo</p>
<p>y de las almas en la fresca hondura</p>
<p>flotó un ambiente de ideal pureza,</p>
<p>segundo redentor de todo un mundo</p>
<p>puesto a las plantas de la Virgen Pura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y herida nuevamente</p>
<p>con honda herida la infernal serpiente,</p>
<p>silbó blasfemias con su lengua impura</p>
<p>moviendo al Cielo guerra,</p>
<p>y su chata cabeza ensangrentada</p>
<p>golpeó sobre el polvo de la tierra,</p>
<p>con rabia loca de soberbia hollada</p>
<p>y sus fauces cargadas de veneno</p>
<p>polvo amasaron con su baba horrible,</p>
<p>y el cuerpo innoble, en convulsión terrible</p>
<p>se retorció sobre su propio cieno&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gloria a Ti, Madre mía,</p>
<p>que con tus plantas al abismo huellas,</p>
<p>y con tu luz disipas las negruras,</p>
<p>áurea alborada del dichoso día</p>
<p>de quien un rayo son las cosas bellas,</p>
<p>de quien un rayo son las cosas puras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gloria canto a tus plantas,</p>
<p>sol del edén, de perfección dechado,</p>
<p>de quién átomos son las cosas santas,</p>
<p>que el Señor en la vida ha derramado;</p>
<p>de quien son un reflejo peregrino</p>
<p>las estrellas de luz resplandecientes</p>
<p>y el coro de querubes refulgente</p>
<p>que forman el divino</p>
<p>nimbo de luz de tu divina frente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dios te salve, María Inmaculada,</p>
<p>de la gracia de Dios favorecida,</p>
<p>y con todo el poder de Dios creada,</p>
<p>y con todo el favor de Dios henchida,</p>
<p>y con todo el amor de Dios amada,</p>
<p>la sin pecado original nacida,</p>
<p>la sin mácula Virgen coronada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flor de las flores, adorable encanto,</p>
<p>gloria del mundo, celestial hechizo&#8230;</p>
<p>¡Dios no pudo hacer más cuanto te hizo!</p>
<p>¡Yo no sé decir más cuando te canto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sibarita</strong></h3>
<p>¡A mí n&#8217;ámas me gusta</p>
<p>que dali gustu al cuerpo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si yo fuera bien rico,</p>
<p>jacía n&#8217;ámas eso:</p>
<p>jechalmi güenas siestas</p>
<p>embajo de los fresnos,</p>
<p>jartalmi de gaspachos</p>
<p>con güevos y poleos,</p>
<p>cascalmi güenos fritis</p>
<p>con bolas y pimientos,</p>
<p>mercal un güen caballo,</p>
<p>tenel un jornalero</p>
<p>que to me lo jiciera</p>
<p>pa estalmi yo bien quieto,</p>
<p>andal bien jateao,</p>
<p>jechal cá instanti medio,</p>
<p>fumal de nuevi perras</p>
<p>y andalmi de paseo</p>
<p>lo mesmo que los curas,</p>
<p>lo mesmo que los médicos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si yo fuera bien rico,</p>
<p>jacía n&#8217;ámas eso,</p>
<p>¡que a mí n&#8217;ámas me gusta</p>
<p>que dali gustu al cuerpo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Plasencia</strong></h3>
<p>Toda ciudad es dichosa</p>
<p>si tiene historia gloriosa,</p>
<p>bellos campos, cielo hermoso,</p>
<p>vida honrada y laboriosa,</p>
<p>puro instinto religioso.</p>
<p>Sabios hombres que admirar,</p>
<p>joyas de arte que lucir,</p>
<p>bellas mujeres que amar,</p>
<p>patriotismo que sentir</p>
<p>y caridad que imitar.</p>
<p>¡Vieja ciudad de los Fueros!</p>
<p>Tu historia cuenta legiones</p>
<p>de gentiles caballeros,</p>
<p>sapientísimos varones</p>
<p>y denodados guerreros.</p>
<p>Tus bellos alrededores</p>
<p>sembró la Naturaleza</p>
<p>de cuadros multicolores,</p>
<p>contrastes encantadores</p>
<p>que hacen mejor tu belleza.</p>
<p>Y eriales tienes baldíos,</p>
<p>y olivares pintorescos,</p>
<p>y peñascales bravíos</p>
<p>y edénicos huertos frescos,</p>
<p>y precipicios sombríos,</p>
<p>y una vega amena y grata</p>
<p>que riega amoroso el Jerte,</p>
<p>cuya corriente de plata</p>
<p>parece que se dilata</p>
<p>por si en ella quieres verte.</p>
<p>Y son en tan bella tierra</p>
<p>tan hermosos cielo y suelo,</p>
<p>que tu horizonte se cierra</p>
<p>con un pedazo de sierra</p>
<p>que es un pedazo de cielo.</p>
<p>Plasencia: para expresarte</p>
<p>lo deliciosa que eres,</p>
<p>bastaba con recordarte</p>
<p>tus bellísimas mujeres,</p>
<p>tus maravillas del arte.</p>
<p>Plasencia: tu historia honrosa</p>
<p>me ha dicho que eres gloriosa,</p>
<p>y mis ojos al mirarte</p>
<p>me dicen que eres hermosa,</p>
<p>que eres digna de cantarte.</p>
<p>Mas yo no sé si hoy tu vida</p>
<p>es la vida indiferente</p>
<p>de todo pueblo suicida,</p>
<p>o es vida sana y potente</p>
<p>de ricas savias henchida.</p>
<p>Vida pujante y briosa,</p>
<p>con cultura vigorosa</p>
<p>y actividades geniales</p>
<p>¡La vida brava y nerviosa</p>
<p>de un pueblo con ideales!</p>
<p>No sé si tú los tendrás,</p>
<p>pero supongo que sí,</p>
<p>pues no tan loca serás,</p>
<p>que ignores adónde vas</p>
<p>o mueras dentro de ti.</p>
<p>Pueblo que duerme es suicida,</p>
<p>y yo no puedo creer</p>
<p>que estés pasando la vida</p>
<p>lánguidamente dormida</p>
<p>sobre tus glorias de ayer.</p>
<p>¡Sueño loco, sueño vano,</p>
<p>del amor con que te mira</p>
<p>un rimador castellano,</p>
<p>que de su bárbara lira</p>
<p>te hace oír el canto llano!</p>
<p>Pueblo que tiene tu historia</p>
<p>debe estar siempre despierto,</p>
<p>y fresco está en la memoria</p>
<p>el recuerdo de una gloria</p>
<p>que dice que tú no has muerto.</p>
<p>Un día&#8230;, ¡qué infausto días!&#8230;,</p>
<p>la pobre Patria venía</p>
<p>llorando horribles traiciones,</p>
<p>con la bandera en jirones</p>
<p>y el honor en la agonía.</p>
<p>Loca, inerme, macilenta,</p>
<p>llorando a gritos la afrenta</p>
<p>que le hizo la iniquidad,</p>
<p>llegó a tus puertas hambrienta,</p>
<p>llamando a la caridad.</p>
<p>Y un grupo de caballeros,</p>
<p>heraldos de la hidalguía</p>
<p>de la ciudad de los Fueros,</p>
<p>oyó los sollozos fieros</p>
<p>con que la Patria gemía.</p>
<p>Y al frente de mucha gente</p>
<p>de esa que trabaja y calla,</p>
<p>de esa a quien llama canalla</p>
<p>la casta más decadente</p>
<p>que en las historias se halla,</p>
<p>salió a tus puertas gritando:</p>
<p>—¡Ábranse pronto esas puertas,</p>
<p>que está la Patria llamando,</p>
<p>y siempre han estado abiertas</p>
<p>para el que viene llorando!</p>
<p>Y abrió el amor en seguida</p>
<p>tus puertas, noble ciudad,</p>
<p>y entró la Patria afligida,</p>
<p>que en brazos se echó rendida</p>
<p>de tu hermosa Caridad.</p>
<p>¡Vieja ciudad de los fueros!</p>
<p>Sin alardes pregoneros,</p>
<p>han dicho bien lo que eres</p>
<p>tus patriotas caballeros,</p>
<p>tus compasivas mujeres.</p>
<p>¡Plasencia! La lira oscura</p>
<p>de un rimador sin grandeza</p>
<p>no intentará la locura</p>
<p>de ensalzar tanta nobleza,</p>
<p>de cantar tanta hermosura.</p>
<p>Objeto tan sobrehumano</p>
<p>como el de tus maravillas,</p>
<p>es de un Himno soberano;</p>
<p>no de las ruines coplillas</p>
<p>de un rimador castellano.</p>
<p>¡Funde un genio de la Historia</p>
<p>que eternice tu memoria</p>
<p>y haga tu gloria completa!</p>
<p>¡Engendra el hijo poeta</p>
<p>que sepa cantar tu gloria!</p>
<p>¡Plasencia: bien has ganado</p>
<p>tu derecho de vivir!</p>
<p>Tienes glorioso pasado,</p>
<p>tienes un presente honrado:</p>
<p>¡Dios te dé buen porvenir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Solas</strong></h3>
<p>¡Qué bien se vive así! Pasan los días</p>
<p>sin dejar en el alma sedimentos</p>
<p>de insanas alegrías</p>
<p>ni de amargos tormentos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni el placer emborracha los sentidos</p>
<p>con falsos espejismos, revestidos</p>
<p>de engañosa apariencia,</p>
<p>ni el dolor de vivir en este mundo</p>
<p>nos hace maldecir nuestra existencia.</p>
<p>¡Qué bien se vive así! Pasan las horas</p>
<p>tranquilas y serenas</p>
<p>cual ondas de arroyuelo bullidoras</p>
<p>que ruedan mansamente sobre arenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni mis pasos acecha un enemigo,</p>
<p>ni la calumnia sobre mí se ensaña,</p>
<p>ni me hiere a traición el falso amigo</p>
<p>que cuanto más me abraza, más me engaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué bien se vive así, sin ser testigo</p>
<p>de ese culto idolátrico del oro</p>
<p>que convierte en mercado la existencia</p>
<p>y nos hace vivir en la presencia</p>
<p>de miserias que ofenden el decoro</p>
<p>y escándalos que alarman la conciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué bien se vive así; qué bien, Dios mío!</p>
<p>Ni me roba la farsa el albedrío,</p>
<p>ni tiene que estrechar mi honrada mano</p>
<p>la mano del ladrón y del impío</p>
<p>al par que la del hombre honrado y sano.</p>
<p>¡Qué bien se vive sólo a Dios amando,</p>
<p>en Dios viviendo y para Dios obrando!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La atmósfera serena</p>
<p>de esta amorosa soledad amena</p>
<p>de los ruidos del mundo está vacía,</p>
<p>pero Dios está en ella y Dios la llena</p>
<p>con hálitos de amor y de poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al alma no acongojan</p>
<p>las diarias mundanas tentaciones</p>
<p>que en los abismos del pecado arrojan</p>
<p>tantos flacos vencidos corazones.</p>
<p>Jamás conturban tan augusta calma</p>
<p>los fantasmas del odio y la perfidia,</p>
<p>ni la codicia ruin que seca el alma,</p>
<p>ni el espectro amarillo de la envidia:</p>
<p>jamás se oye rodar por el vacío</p>
<p>la maldecida voz, hija insolente</p>
<p>de la boca podrida del impío</p>
<p>y la boca soez del maldiciente.</p>
<p>¡Qué bien se vive así! La vida entera</p>
<p>se desvanece en Dios, su Sumo Dueño,</p>
<p>y nos abrasa de su amor la hoguera,</p>
<p>y el bien es fácil, el vivir risueño,</p>
<p>sabroso el pan, reparador el sueño</p>
<p>y dulce el esperar para el que espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en este grato estado</p>
<p>el espíritu está de Dios más lleno,</p>
<p>y el dolor suele ser más resignado,</p>
<p>y el placer es más puro y más sereno&#8230;</p>
<p>Calientan las entrañas</p>
<p>generosos deseos de ser bueno;</p>
<p>ansiedades extrañas</p>
<p>a que antes era el corazón ajeno;</p>
<p>misteriosas y nuevas impresiones</p>
<p>que tienen escondido</p>
<p>del alma en los más íntimos rincones</p>
<p>su delicioso nido;</p>
<p>sublimes explosiones</p>
<p>de amor universal, nunca sentido;</p>
<p>deseos de morirse resignado</p>
<p>a la Cruz abrazado;</p>
<p>infinita ternura</p>
<p>que hace llorar con llanto de dulzura;</p>
<p>fuego que el alma abrasa&#8230;,</p>
<p>salto desdén de la mundana escoria&#8230;</p>
<p>¡El hálito de Dios, que cuando pasa</p>
<p>nos deja la nostalgia de la gloria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué bien así se vive, a Dios amando,</p>
<p>en Dios viviendo y para Dios obrando!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡ay!, cómo me olvido,</p>
<p>en estos pensamientos embebido,</p>
<p>de que este hermoso estado</p>
<p>del vivir «ni envidioso ni envidiado»</p>
<p>es para mí tan breve</p>
<p>que, pronto, sí, ¡desvanecerse debe!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Éste no es para mí perenne estado;</p>
<p>es, no más, un momento de reposo</p>
<p>al cuerpo y al espíritu cansado:</p>
<p>un descanso en un puerto</p>
<p>de este mar de la vida borrascoso,</p>
<p>¡un oasis en medio del desierto!</p>
<p>Después&#8230;, ¡después lo mismo!</p>
<p>¡A luchar otra vez por este mundo!</p>
<p>¡A saltar de un abismo en otro abismo,</p>
<p>con riesgo de rodar a lo profundo!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero&#8230; ¿y si no rodara?</p>
<p>¿Y si Dios de la mano me llevara,</p>
<p>y humilde tras Él fuera,</p>
<p>y entre tantos abismos no cayera</p>
<p>y a la cumbre llegara?</p>
<p>¿Será más meritoria</p>
<p>la victoria sin lucha así lograda,</p>
<p>que la santa victoria</p>
<p>con lágrimas y sangre conquistada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, no; no vale tanto!</p>
<p>No se llega hasta el Dios tres veces Santo,</p>
<p>no se llega hasta Vos, ¡oh Dios Divino!,</p>
<p>por caminos de flores alfombrados.</p>
<p>¡Se llega con los pies ensangrentados</p>
<p>por las duras espinas del camino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Su Majestad El Rey</strong></h3>
<p>Señor: No soy un juglar;</p>
<p>soy un sincero cantor</p>
<p>del castellano solar.</p>
<p>Canto el alma popular;</p>
<p>no tengo nombre, señor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, porque un oscuro,</p>
<p>porque un sincero es quien canta</p>
<p>y no un cortesano impuro,</p>
<p>oiréis el de mi garganta</p>
<p>canto llano, pobre y duro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más placerá a vuestro oído</p>
<p>el débil trinar sentido</p>
<p>del pájaro del erial</p>
<p>que el resonante graznido</p>
<p>del hueco pavo real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señor: si en ese sagrado</p>
<p>solar de español sentir</p>
<p>han ante vos ocultado</p>
<p>con luz de vivir dorado</p>
<p>sombras de negro vivir,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mintió la vieja embustera</p>
<p>que llaman cortesanía&#8230;</p>
<p>¡Mejor a su rey sirviera</p>
<p>si, en bien de la Patria mía,</p>
<p>verdad a su rey dijera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sé con reyes hablar;</p>
<p>mas, bien podréis perdonar</p>
<p>que yo platique con vos</p>
<p>tal como en son de rezar</p>
<p>platico de esto con Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estáme la fe enseñando</p>
<p>y estáme el amor diciendo</p>
<p>que todo se torna blando</p>
<p>a nuestro Dios invocando</p>
<p>y a nuestro rey requiriendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que Dios corona a los reyes</p>
<p>para que a mundos mejores</p>
<p>lleven innúmeras greyes,</p>
<p>mejor que atadas con leyes,</p>
<p>sueltas en cursos de amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señor: en tierras hermanas</p>
<p>de estas tierras castellanas,</p>
<p>no viven vida de humanos</p>
<p>nuestros míseros hermanos</p>
<p>de las montañas jurdanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señor: no oigáis las canciones</p>
<p>de las doradas sirenas,</p>
<p>que solo cantan ficciones&#8230;</p>
<p>¡Los más grandes corazones</p>
<p>son los que arrostran más penas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dolor de cuantos los vieren,</p>
<p>mentís de los que mintieren,</p>
<p>aquí los parias están&#8230;</p>
<p>De hambre del alma se mueren,</p>
<p>se mueren de hambre de pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta este monte eminente</p>
<p>donde rimo mis cantares</p>
<p>sube famélica gente</p>
<p>que mis modestos manjares</p>
<p>devora violentamente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanta pena he contemplado</p>
<p>que unas veces he llorado</p>
<p>con llanto de compasión,</p>
<p>y otras mi voz han velado</p>
<p>gemidos de indignación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque infama la negrura</p>
<p>de la siniestra figura</p>
<p>de hombres que hundidos están</p>
<p>en un sopor de incultura</p>
<p>con fiebre de hambre de pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Limosna de un rey cristiano</p>
<p>es manantial soberano</p>
<p>de grande consolación&#8230;</p>
<p>Mas nunca llega la mano</p>
<p>donde llega el corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Patria es madre amorosa</p>
<p>que hace milagros de amores&#8230;</p>
<p>¡Tienda una mano piadosa</p>
<p>que disipe los horrores</p>
<p>de esta visión afrentosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señor: no soy un juglar.</p>
<p>Yo nunca rimo un cantar</p>
<p>si no me lo pide amor.</p>
<p>La Patria me hizo vibrar&#8230;</p>
<p>¡Patria sois también, señor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Teresa De Jesús</strong></h3>
<p>Mujer de inteligencia peregrina</p>
<p>y corazón sublime de cristiana,</p>
<p>fue más divina cuanto más humana</p>
<p>y más humana cuanto más divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta el impío ante tu fe se inclina</p>
<p>y adora la grandeza soberana</p>
<p>de la egregia doctora castellana,</p>
<p>de la santa mujer y la heroína.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh mujer! Te dará la humana historia</p>
<p>la gloria que por sabia merecieres;</p>
<p>mas con el mundo acabará esa gloria,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que por ser terrenal no es sempiterna.</p>
<p>¡Tú, Teresa de Ahumada, al cabo mueres!</p>
<p>¡Teresa de Jesús, tú eres eterna!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Canto Al Trabajo</strong></h3>
<p>A ti, de Dios venida,</p>
<p>dura ley del trabajo merecida,</p>
<p>mi lira ruda su cantar convierte;</p>
<p>a ti, fuente de vida;</p>
<p>a ti, dominadora de la suerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escucha cómo canta</p>
<p>la oscurísima voz de mi garganta</p>
<p>lo que tienes, ¡oh ley!, de creadora,</p>
<p>lo que tienes de santa,</p>
<p>lo que tienes de sabia y redentora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque eres fuente pura</p>
<p>que manas oro de la henchida hondura,</p>
<p>fecunda y rica en mi canción te llamo;</p>
<p>porque eres levadura</p>
<p>del humano vivir, buena te aclamo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Redimes y ennobleces,</p>
<p>fecundas, regeneras, enriqueces,</p>
<p>alegras, perfeccionas, multiplicas,</p>
<p>el cuerpo fortaleces</p>
<p>y el alma en tus crisoles purificas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor! Si abandonado</p>
<p>dejas al mundo a su primer pecado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la sabia sentencia no fulminas,</p>
<p>hubiéranse asentado</p>
<p>tumbas y cunas sobre muertas ruinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tu voz iracunda</p>
<p>fulminó la sentencia tremebunda,</p>
<p>y por tocar en tus divinos labios</p>
<p>tornóse en ley fecunda</p>
<p>el rayo vengador de tus agravios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si de acres amarguras</p>
<p>extraen las abejas mieles puras,</p>
<p>¿cómo Tú no sacar de tu justicia</p>
<p>paternales ternuras</p>
<p>para la humana original malicia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fecundo hiciste al mundo,</p>
<p>feliz nos lo entregó tu amor profundo,</p>
<p>y cuando el crimen tu rigor atrajo,</p>
<p>nuevamente fecundo,</p>
<p>si no feliz, nos lo tornó el trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mirad, ojos atentos,</p>
<p>toda la luz que radian sus portentos,</p>
<p>todo el vigor que en sus empresas late!</p>
<p>¡No hay épicos acentos</p>
<p>para cantar el colosal combate!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirad cómo a la tierra</p>
<p>provoca con el hierro a santa guerra,</p>
<p>desgarrando sus senos productores,</p>
<p>donde juntos sotierra</p>
<p>semillas, esperanzas y sudores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El boscaje descuaja,</p>
<p>las peñas de su asiento desencaja,</p>
<p>estimula veneros, ciega fosas,</p>
<p>y el alto cerro cuaja</p>
<p>de arbóreas plantaciones vigorosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abajo, en la ancha vega,</p>
<p>trenza el río sereno y lo despliega</p>
<p>en innúmeros hilos de agua pura</p>
<p>que mansamente riega</p>
<p>opulentas alfombras de verduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces, remansada,</p>
<p>la detiene la presa, y luego airada</p>
<p>la despeña en cascadas cristalinas</p>
<p>con fuerza regulada</p>
<p>que hace girar rodeznos y turbinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirad cómo los mares</p>
<p>abruma con el peso de millares</p>
<p>de buques que cargó con sus labores,</p>
<p>y a remotos lugares</p>
<p>manda de su riqueza portadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirad cómo devora</p>
<p>la distancia en la audaz locomotora</p>
<p>que creó gallardísimas y ligera;</p>
<p>mirad cómo perfora</p>
<p>la montaña que estorba su carrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cómo escarba en la hondura</p>
<p>y persigue el filón dentro la oscura</p>
<p>profunda mina que el tesoro guarda,</p>
<p>como la inmensa altura</p>
<p>va conquistando de la nube parda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como el taller agita,</p>
<p>cómo en el templo del saber medita,</p>
<p>y trepida en las fábricas brioso,</p>
<p>y en las calles se agita,</p>
<p>y brega en los hogares codicioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Labra, funde, modela,</p>
<p>torna rico el erial, pinta, cincela,</p>
<p>incrusta, sierra, pule y abrillanta,</p>
<p>edifica, nivela,</p>
<p>inventa, piensa, escribe, rima y canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El rayo reluciente,</p>
<p>fuego del cielo, espanto de la gente,</p>
<p>ha tornado en sumiso mensajero,</p>
<p>que de Oriente a Poniente</p>
<p>lleva latidos del vivir ligero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al padre y al esposo</p>
<p>les da para los suyos pan sabroso,</p>
<p>olvido al triste en su dolor profundo,</p>
<p>salud al poderoso,</p>
<p>honra a la patria y bienestar al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiempos aún no venidos</p>
<p>del imperio triunfal de los caídos:</p>
<p>¡derramad pan honrado y paz bendita</p>
<p>sobre hogares queridos</p>
<p>que templos son donde el trabajo habita!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiempos tan esperados</p>
<p>de la justicia, que avanzáis armados:</p>
<p>¡sitiad por hambre o desquiciad las puertas</p>
<p>de alcázares dorados</p>
<p>que no las tengan al trabajo abiertas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vida que vive asida</p>
<p>savia sorbiendo de la ajena vida,</p>
<p>duerma en el polvo en criminal sosiego!</p>
<p>¡Rama sea o podrida</p>
<p>perezca por el hacha o por el fuego!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y gloria a ti, ¡oh fecundo</p>
<p>sol del trabajador, alegrador del mundo!</p>
<p>Sin ofensa de Dios, que fue el primero,</p>
<p>tú el creador segundo</p>
<p>bien te puedes llamar del mundo entero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Rico</strong></h3>
<p>¿Quién te ha dado tu hacienda o tu dinero?</p>
<p>O son fruto del trabajo honrado,</p>
<p>o el haber que tu padre te ha legado,</p>
<p>o el botín de un ladrón o un usurero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el dinero que das al pordiosero</p>
<p>te lo dio tu sudor, te has sublimado;</p>
<p>si es herencia, ¡cuán bien lo has empleado!;</p>
<p>si es un robo, ¿qué das, mal caballero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo he visto a un lobo que, de carne ahíto,</p>
<p>dejó comer los restos de un cabrito</p>
<p>a un perro ruin que presenció su robo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja, ¡oh rico!, comer lo que te sobre,</p>
<p>porque algo más que un perro será un pobre,</p>
<p>y tú no querrás ser menos que un lobo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Acuérdate De Mí</strong></h3>
<p>Cuando tiendas tu vista por las cumbres</p>
<p>de esas sombrías y gigantescas sierras</p>
<p>que estas tierras separan de esas tierras,</p>
<p>acuérdate de mí;</p>
<p>que yo también, cuando los ojos fijo</p>
<p>en esas altas moles silenciosas,</p>
<p>me paro a meditar en muchas cosas&#8230;</p>
<p>¡y a recordarte a ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando hondas ansias de llorar te ahoguen</p>
<p>cuando la pena acobardarte quiera,</p>
<p>resígnate al dolor con alma entera</p>
<p>¡y acuérdate de mí!,</p>
<p>que yo también cuando en el alma siento</p>
<p>algo que se me sube a la garganta,</p>
<p>¡sé resignarme con paciencia tanta,</p>
<p>que te admirara a ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando te creas en el mundo solo</p>
<p>y juzgues cada ser un enemigo,</p>
<p>¡acuerdote de Dios y de este amigo</p>
<p>que te recuerda a ti!</p>
<p>Y esa doliente soledad sombría</p>
<p>poblárase de amor en un instante</p>
<p>si en Dios llegas a ver un Padre amante,</p>
<p>¡y un buen hermano en mí!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si del trabajo la pesada carga</p>
<p>y lo áspero y lo largo del camino</p>
<p>te hicieran renegar de tu destino.</p>
<p>¡acuérdate de mí!</p>
<p>Porque soy otro hijo del trabajo</p>
<p>que, sin temor a que la senda es larga,</p>
<p>llevando al hombro, como tú, mi carga,</p>
<p>¡voy delante de ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si del demonio tentación maldita</p>
<p>o el mal consejo del amigo insano</p>
<p>te pusieran al borde del pantano,</p>
<p>¡acuérdate de mí!</p>
<p>Y piensa un poco lo que tú perdías</p>
<p>y piensa un poco lo que yo sufriera</p>
<p>si donde otros se hundieron, yo te viera</p>
<p>¡también hundirte a ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si te cierra la desgracia el paso</p>
<p>sin llegar a la hermosa lontananza</p>
<p>donde tú tienes puesta la esperanza,</p>
<p>¡acuérdate de mí!</p>
<p>¡Acaso yo tampoco haya llegado</p>
<p>donde me dijo el corazón que iría!</p>
<p>¡Y esta resignación del alma mía</p>
<p>te da un ejemplo a ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si vacila tu fe (Dios no lo quiera)</p>
<p>y vacila por débil o por poca,</p>
<p>pídele a Dios que te la dé de roca,</p>
<p>¡y acuérdate de mí!;</p>
<p>que yo soy pecador porque soy débil,</p>
<p>pero hizo Dios tan grande la fe mía,</p>
<p>que, si a ti te faltara, yo podría</p>
<p>¡darte mucha fe a ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Adoración</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Estaba amaneciendo. En los espacios</p>
<p>del mundo sideral ya se borraban</p>
<p>las últimas estrellas que aún brillaban</p>
<p>como débiles chispas de topacios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada alteraba el general reposo</p>
<p>del mundo en la extensión de sombras llena,</p>
<p>ni turbaba un acento rumoroso</p>
<p>el solemne silencio religioso</p>
<p>de la noche serena&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mansa, indecisa, vaga todavía,</p>
<p>la luz matutinal ya despuntaba,</p>
<p>y en trémulos fulgores envolvía</p>
<p>un paisaje de abril que se esfumaba</p>
<p>en la vaga y borrosa lejanía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iba a salir el sol. El horizonte</p>
<p>de luz amarillenta se teñía,</p>
<p>y de rumores se llenaba el monte</p>
<p>y el valle se poblaba de armonía;</p>
<p>y en el oscuro monte rumoroso,</p>
<p>surgiendo acompasada,</p>
<p>se iniciaba la intensa melodía</p>
<p>del sublime y grandioso</p>
<p>preludio musical de la alborada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iba a salir el sol. Lo presentía</p>
<p>la gran Naturaleza,</p>
<p>que en el sereno despertar del día,</p>
<p>espléndida, sublime en su grandeza,</p>
<p>y henchida de vigor se estremecía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El soberano toque misterioso</p>
<p>de la mano de Dios la despertaba,</p>
<p>y a su sereno despertar grandioso,</p>
<p>con vigor portentoso,</p>
<p>la vida universal se reanimaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su jugo vital iban a henchirse</p>
<p>los gérmenes hundidos en la sombra;</p>
<p>al beso de la luz iban a abrirse</p>
<p>los cálices plegados de las flores</p>
<p>que al valle dan alfombra</p>
<p>y a las brisas suavísimos olores;</p>
<p>la tropa peregrina</p>
<p>de pájaros cantores, aún dormidos,</p>
<p>iba a cantar su estrofa matutina</p>
<p>al posarse en los bordes de sus nidos</p>
<p>la del radiante sol, luz argentina;</p>
<p>y las errantes brisas olorosas,</p>
<p>las frondas rumorosas,</p>
<p>las aguas transparentes</p>
<p>de los ríos, los lagos y las fuentes,</p>
<p>los cerros de la sierra&#8230;</p>
<p>¡Todo cuanto en la tierra</p>
<p>produce, con acentos diferentes,</p>
<p>trino, ruido, voz, eco o lamento</p>
<p>al sentir ya cercana</p>
<p>la luz del astro, que preside el día,</p>
<p>preludiaba con su gárrula armonía</p>
<p>el himno enunciador de la mañana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Y el sol salió. Sus vivos resplandores</p>
<p>se esparcieron en franjas ambarinas</p>
<p>y explosiones de luz y de colores,</p>
<p>de acentos y rumores,</p>
<p>palpitaron por valles y colinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El coro de los pájaros cantores,</p>
<p>desatando sus lenguas peregrinas,</p>
<p>inundó de armonías el ambiente;</p>
<p>y para el gran concierto que a la aurora</p>
<p>dedicaba la gran Naturaleza,</p>
<p>el bosque dio su voz, honda y sonora,</p>
<p>su aroma dieron las gentiles flores,</p>
<p>la alondra dio cantares,</p>
<p>el rocío del valle dio colores,</p>
<p>el aura dio rumores;</p>
<p>soñoliento gemir, los anchos mares;</p>
<p>vapores, las cañadas;</p>
<p>la flauta del pastor, dulces tonadas,</p>
<p>y el Oriente, bellísimos celajes,</p>
<p>y el éter, vibraciones irisadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella voz magnífica, una y varia,</p>
<p>que en sus senos encierra,</p>
<p>con toda la armonía de los cielos</p>
<p>los rumores que vibran en la tierra,</p>
<p>al cantar de la aurora sonriente</p>
<p>su himno de amor, magnífico y ardiente,</p>
<p>parece que decía:</p>
<p>¡Gloria al Dios cuya voz omnipotente</p>
<p>del caos hizo el día!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>En medio del alegre y peregrino</p>
<p>concierto musical de la mañana,</p>
<p>un eco grave, dulce y argentino</p>
<p>se dilata en el valle&#8230; ¡Es la campana</p>
<p>de la ermita cercana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Impío, ven conmigo; y tú, cristiano,</p>
<p>ven conmigo también. Dadme la mano,</p>
<p>y entremos juntos en la pobre ermita</p>
<p>solitaria, pacífica, bendita&#8230;</p>
<p>Ante el ara inclinado</p>
<p>ved allí al sacerdote&#8230; Ya es llegado</p>
<p>el sublime momento&#8230;</p>
<p>¡Elevad un instante el pensamiento!</p>
<p>El dueño de esa gran Naturaleza</p>
<p>que admirabais conmigo hace un instante,</p>
<p>el soberano Dios de la grandeza,</p>
<p>el Dios del infinito poderío</p>
<p>¡es Aquel que levanta el sacerdote</p>
<p>en su trémula mano!</p>
<p>¡De rodillas ante Él! ¡Témele, impío!</p>
<p>¡De rodillas! ¡Adórale, cristiano!</p>
<p>Yo también me arrodillo reverente,</p>
<p>y hundo en el polvo, ante mi Dios, la frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>De Nada</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Al pardear se encontraron</p>
<p>y hablaron estas palabras:</p>
<p>—¿Ande vas?</p>
<p>—Voy al casillo.</p>
<p>—¿No sales luego una miaja?</p>
<p>—Daremos un cacho vuelta</p>
<p>cuantis que apaje las vacas.</p>
<p>Me faltan cuatro posturas.</p>
<p>—Pues yo voy a darles agua.</p>
<p>—¿Al río?</p>
<p>—No, al Mullaero.</p>
<p>—Pues bien mala está esa charca.</p>
<p>Y los mozos se apartaron</p>
<p>sin decirse más palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Era una noche de enero</p>
<p>muy fría, serena y clara:</p>
<p>noche de muchas estrellas</p>
<p>y pocos ruidos. Helaba.</p>
<p>Cuatro mozos embozados</p>
<p>en sus anguarinas pardas</p>
<p>platican, y no de amores,</p>
<p>en la mitad de la plaza:</p>
<p>—¿Qué andáis haciendo estos días?</p>
<p>—Pues hate cuenta que nada:</p>
<p>arrecogiendo buñicas</p>
<p>en los praos; mi padre, en casa.</p>
<p>Y vusotros, ¿ánde andáis?</p>
<p>—Hiciendo también la engaña:</p>
<p>hoy, a por unos carrascos</p>
<p>pa masar. La otra semana</p>
<p>no nos vagó dir a ellos</p>
<p>y derrotemos más támbaras&#8230;</p>
<p>—Y tú, Juan, ¿andas a istierco?</p>
<p>—No, maldito: ya no hay nada.</p>
<p>cuasi de viga derecha</p>
<p>to el día. Pasó mañana</p>
<p>habrá que echarlo al molino</p>
<p>con garrobas pa las vacas,</p>
<p>y el desotro a por adobes</p>
<p>pa gobernar una miaja</p>
<p>las tenás del otro barrio&#8230;</p>
<p>—¡Chachos, qué noche tan rasa!&#8230;</p>
<p>No se barrunta una mosca.</p>
<p>—No, pues ancá de Luciana</p>
<p>buena zorita traían</p>
<p>cuando yo salí de casa</p>
<p>—Hay baile.</p>
<p>—¿De pandereta?</p>
<p>—¡Quia, de badil!</p>
<p>¿Quién cantaba?</p>
<p>—Pues por un lao parecía</p>
<p>Quica, y por otro Colasa.</p>
<p>—¡Son tan autás!&#8230;</p>
<p>—¿Y de mozos?</p>
<p>—Cuatro chavalillos&#8230;, nada.</p>
<p>—¡Chico, pai han jijao!</p>
<p>—Esos serán los Pardalas</p>
<p>que salen de ancá de Petra&#8230;</p>
<p>¡Callarsos a ver si cantan!&#8230;</p>
<p>—Ellos son, hombre, no escuches,</p>
<p>¡si han jijeao!&#8230;</p>
<p>¡Coine, calla!</p>
<p>¡Tú jijea y que hablen ellos!</p>
<p>—¡Ay jijí!&#8230;</p>
<p>—¿Quién vive?</p>
<p>—¡España!</p>
<p>—Buenas noches.</p>
<p>—Buenas noches.</p>
<p>—Y frescas. ¿De qué se trata?</p>
<p>—Pues decían que esta noche</p>
<p>iba a hacer baile Luciana</p>
<p>porque iba a venir a ella</p>
<p>un mozo de Matamala,</p>
<p>que dice que gasta ponche</p>
<p>y que toca la dulzaina.</p>
<p>—Pues lo del mozo es mentira,</p>
<p>porque han ido ancá Luciana</p>
<p>tres veces los mayordomos</p>
<p>a cobrar el vino y&#8230; ¡nada!</p>
<p>Lo que hay es baile.</p>
<p>—Pues vamos.</p>
<p>—¡Si es de badil!</p>
<p>—¿Y qué? ¡Hala!</p>
<p>—¡Muchachos, la toná nueva!</p>
<p>—¡Los que la cojáis, echaila!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Y abriendo mucho las bocas,</p>
<p>llegaron ancá Luciana.</p>
<p>Cerrada estaba la puerta,</p>
<p>la casa en silencio estaba,</p>
<p>porque su gente tenía</p>
<p>que masar muy de mañana</p>
<p>y no madruga la gente</p>
<p>si las veladas son largas.</p>
<p>Calle abajo, calle abajo</p>
<p>la ronda siguió su marcha</p>
<p>y no dejó aquella noche</p>
<p>calleja no paseada,</p>
<p>ventanillo no atisbado,</p>
<p>gato que no apedreara,</p>
<p>perro echado, charco lleno</p>
<p>y estrella no contemplada.</p>
<p>—¡Chachos, debemos de dirnos,</p>
<p>si sos parece, a la cama;</p>
<p>que antes que nos percatemos</p>
<p>la gente vieja reballa.</p>
<p>Si no, mirai las cabrillas</p>
<p>por ánde van ya.</p>
<p>—Pues anda,</p>
<p>que yo que tengo en el cinto</p>
<p>la llave pa entrar en casa&#8230;</p>
<p>¡Huy, Dios, como me barrunten,</p>
<p>verás mi madre mañana!</p>
<p>—Pues, chicos, yo no me acuesto;</p>
<p>me voy a apajar las vacas</p>
<p>cuantis me quite esta ropa</p>
<p>pa dir temprano a por támbaras,</p>
<p>—Y a mí me dijo mi madre</p>
<p>que a cepas, chico, ¡pues anda,</p>
<p>que voy a tener un cuerpo</p>
<p>pa rozar!&#8230; ¡Huy qué galbana!</p>
<p>—Pues yo, galán, a buñicas&#8230;</p>
<p>—Y yo a calentar el agua</p>
<p>pa masar.</p>
<p>—Y yo al mercao.</p>
<p>—Y yo a piedra.</p>
<p>—Y yo a las cabras.</p>
<p>Conque, muchachos, que es hora:</p>
<p>¡cada uno pa su casa!</p>
<p>Y el grupo de rondadores</p>
<p>se abrió como una granada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Al poco rato la aldea</p>
<p>muerta del todo quedaba;</p>
<p>la alborada aún no venía,</p>
<p>declinó la luna blanca,</p>
<p>relucían las estrellas,</p>
<p>iba en aumento la helada,</p>
<p>el suelo se endurecía,</p>
<p>los tejados blanqueaban&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Presea</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Al señor de Salvatierra,</p>
<p>don Diego Álvar de León,</p>
<p>mancebo en la paz prudente</p>
<p>como en guerra lidiador,</p>
<p>requiere con estas letras,</p>
<p>que honor de sangre dictó,</p>
<p>la que es hija bien nacida</p>
<p>del señor de Monleón:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«De aquella ciudad de Baza</p>
<p>que el moro ha tiempo ocupó</p>
<p>asaz tristes nuevas vienen</p>
<p>para el castellano honor,</p>
<p>que así puro siempre ha sido</p>
<p>como la llama del sol.</p>
<p>Cabe aquellos fuertes muros</p>
<p>que en vano abatir trató</p>
<p>la nuestra aguerrida hueste</p>
<p>con asaltos de león,</p>
<p>defiéndese la morisca</p>
<p>tal como tigre feroz</p>
<p>que entre las garras oprime</p>
<p>la corza que aprisionó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El nuestro rey Don Fernando,</p>
<p>el grande, el conquistador,</p>
<p>el que la cruz lleva enhiesta</p>
<p>sobre el morado pendón,</p>
<p>desde Medina del Campo</p>
<p>para Jaén se partió</p>
<p>con la nuestra amada reina,</p>
<p>la de noble corazón;</p>
<p>y haciendo alarde de gente</p>
<p>que el llamamiento acudió,</p>
<p>allega al cerco de Baza</p>
<p>gente de cuenta y valor</p>
<p>que no es bien que aquella joya</p>
<p>desde solar español</p>
<p>cautiva en manos de infieles</p>
<p>Castilla la pierda y Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo vos requiero por ésta,</p>
<p>don Diego Alvar de León,</p>
<p>porque siendo vos tan caro</p>
<p>como decís el mi amor,</p>
<p>a los sus requerimientos</p>
<p>esquivo no seréis vos.</p>
<p>Y ya que al mi amor queréis</p>
<p>que le ponga precio yo,</p>
<p>deciros he, buen mancebo,</p>
<p>que vale más su valor</p>
<p>que la vuestra Salvatierra</p>
<p>y el mi fuerte Monleón;</p>
<p>que vale un joyel que quiero</p>
<p>en mis bodas lucir yo,</p>
<p>hecho de piedras preciosas</p>
<p>que arranque vuestro valor</p>
<p>del puño del rico alfanje</p>
<p>de algún árabe feroz</p>
<p>de aquellos que en Baza fincan</p>
<p>con mengua del nuestro honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Esto tan solo vos digo,</p>
<p>don Diego Alvar de León:</p>
<p>En Baza está la presea,</p>
<p>y en el mi castillo, yo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así doña Luz, la hija</p>
<p>del señor de Monleón,</p>
<p>escribe y manda sus letras</p>
<p>con un jinete veloz</p>
<p>al señor de Salvatierra,</p>
<p>que arde por ella en amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Por los campos castellanos,</p>
<p>cargada de majestad,</p>
<p>pasando va dulcemente</p>
<p>la tarde primaveral;</p>
<p>una tarde tibia y pura</p>
<p>que infunde al ánimo paz</p>
<p>con los amables silencios</p>
<p>de su dulce resbalar,</p>
<p>con las tristezas que embeben</p>
<p>y las tristezas que dan</p>
<p>los montes rubios teñidos</p>
<p>en oro crepuscular.</p>
<p>Allá por aquel camino</p>
<p>que viene del Endrinal</p>
<p>y va a las fuertes murallas</p>
<p>de Monleón a rasar,</p>
<p>cabalgan a media rienda</p>
<p>con apostura marcial</p>
<p>hasta cuarenta lanceros</p>
<p>formando apretado haz,</p>
<p>cuyo avanzar vigoroso</p>
<p>la tierra hace trepidar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al frente del haz guerrero</p>
<p>cabalga firme y audaz</p>
<p>el señor de Salvatierra</p>
<p>sobre alterado alazán</p>
<p>de rica sangre española</p>
<p>tan fiera como leal,</p>
<p>negras pupilas de toro,</p>
<p>que radian ferocidad,</p>
<p>eréctil musculatura</p>
<p>que treme al manotear,</p>
<p>relincho de agudo timbre,</p>
<p>clarín de guerra en la paz,</p>
<p>crines blondas que lo ciegan,</p>
<p>curvas que gracia le dan,</p>
<p>casco duro, piel nerviosa</p>
<p>y amplia traza escultural;</p>
<p>con un alentar de fuego</p>
<p>como hálito de volcán,</p>
<p>con un marchar armonioso</p>
<p>que encanto a los ojos da,</p>
<p>con un galopar hermano</p>
<p>del más veloz huracán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cabe los muros se paran</p>
<p>de la mansión señorial,</p>
<p>dorada con oro viejo</p>
<p>del cielo crepuscular.</p>
<p>Alza don Diego los ojos,</p>
<p>que avaros de luz están,</p>
<p>y déjalos casi ciegos</p>
<p>la luz de aquella beldad.</p>
<p>Tal como imagen hermosa</p>
<p>compuesta en dorado altar,</p>
<p>en un ajimez dorado</p>
<p>la hermosa doncella está.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡En Baza está la presea!</p>
<p>—gritó la dama al galán.</p>
<p>Y así contestó el mancebo:</p>
<p>—¡Y en Baza mi honor está!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y saludando rendido,</p>
<p>con apostura marcial,</p>
<p>al frente de sus lanceros,</p>
<p>partió el gentil capitán.</p>
<p>Cerró el ajimez la dama</p>
<p>y el sol ocultó su faz&#8230;.</p>
<p>y como todo oscurece</p>
<p>cuando los soles se van,</p>
<p>sobre el alma del guerrero</p>
<p>cayó una noche ideal,</p>
<p>y sobre el campo tranquilo</p>
<p>cayó una noche de paz&#8230;</p>
<p>¡Plegue a Dios que dos auroras</p>
<p>las tomen pronto a ahuyentar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Es sangrienta la defensa,</p>
<p>sangriento el asalto es,</p>
<p>que están adentro los tigres</p>
<p>de ágil cuerpo y alma infiel,</p>
<p>y afuera están los leones</p>
<p>que asaltan con altivez;</p>
<p>y adentro batirse saben,</p>
<p>y afuera saben vencer;</p>
<p>y a aquellos la rabia enciende,</p>
<p>y a apuestos la intrepidez&#8230;</p>
<p>¡Hermosa ciudad de Baza:</p>
<p>caro tu rescate es!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acosados una tarde</p>
<p>por nuestro ejército fiel,</p>
<p>salieron los defensores</p>
<p>a sucumbir o a vencer,</p>
<p>ardiendo en rabia de locos,</p>
<p>ardiendo en sangrienta sed.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante los mismos reales</p>
<p>se traba el combate aquel</p>
<p>en que el oído ensordece,</p>
<p>los turbios ojos no ven,</p>
<p>y la cólera es demencia,</p>
<p>y es el ardor embriaguez,</p>
<p>y es la sangre lava roja</p>
<p>que quema hasta enloquecer,</p>
<p>y es un rayo cada ataque,</p>
<p>y un bloque cada hombre es,</p>
<p>y el herir es siempre hondo</p>
<p>y es mortal siempre el caer&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Espanto pone a los ojos</p>
<p>y el alma pena cruel</p>
<p>ver tantos mozos gentiles</p>
<p>en tierra muertos yacer;</p>
<p>tantos nobles caballeros,</p>
<p>dechados de intrepidez,</p>
<p>luchando tan mal heridos</p>
<p>que pronto habrán de caer,</p>
<p>cristianos, por Dios muriendo;</p>
<p>y españoles, por el rey;</p>
<p>caballeros, por su dama;</p>
<p>guerreros, por honra y prez.</p>
<p>¡Morir de muerte gloriosa</p>
<p>nacer en la Historia es!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En lo recio de la lucha</p>
<p>combate un moro cruel,</p>
<p>que por sus ricos arreos</p>
<p>y su bravura también,</p>
<p>capitán el más famoso</p>
<p>de los de Baza ha de ser.</p>
<p>Al punto viole don Diego,</p>
<p>y así se dirige a él,</p>
<p>como león que de pronto</p>
<p>la presa buscando ve.</p>
<p>Correr el moro lo ha visto</p>
<p>y entre su gente romper,</p>
<p>así como si rompiera</p>
<p>por bosques de frágil mies.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal como los bravos toros</p>
<p>que antes del duelo cruel</p>
<p>de hito en hito se contemplan</p>
<p>con ojos que apenas ven,</p>
<p>y como nubes preñadas,</p>
<p>de rayos chocan después,</p>
<p>así los dos capitanes</p>
<p>viniéronse a acometer,</p>
<p>astillas hechas dejando</p>
<p>las lanzas bajo sus pies</p>
<p>y mal por don Diego herido</p>
<p>del brazo moro el corcel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfanje y espada vibran</p>
<p>sobre crujidos de arnés,</p>
<p>truenos estos de la nube</p>
<p>y aquellos rayo cruel,</p>
<p>combate don Diego herido</p>
<p>y herido el moro también,</p>
<p>y éste no quiere rendirse,</p>
<p>y aquél no sabe ceder,</p>
<p>y muertos ya los caballos,</p>
<p>prosigue la lucha a pie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pronto el bravo don Diego,</p>
<p>cual si en su mente al caer</p>
<p>alguna amante memoria</p>
<p>doblara su intrepidez,</p>
<p>así como un torbellino</p>
<p>de incontrastable poder</p>
<p>cayó sobre el bravo moro,</p>
<p>que herido rodó a sus pies</p>
<p>gimiendo: «¡Noble cristiano!</p>
<p>¡Solo es vencer tu vencer!</p>
<p>¡Toma el alfanje de un hombre</p>
<p>vencido sólo una vez!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Sobre las torres de Baza</p>
<p>que alumbra radiante el sol,</p>
<p>tremola al beso del viento</p>
<p>nuestro morado pendón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un salón del castillo</p>
<p>donde el rey lo aposentó,</p>
<p>cabe el rey está expirando</p>
<p>don Diego Alvar de León</p>
<p>de las sangrientas heridas</p>
<p>que en el combate ganó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El rey ha escrito una carta</p>
<p>que don Diego le dictó,</p>
<p>y con estas sus palabras</p>
<p>entrégala a un servidor:</p>
<p>«A los lanceros que trajo</p>
<p>don Diego Alvar de León</p>
<p>dais este alfanje, que todos</p>
<p>custodiarán con amor,</p>
<p>y estas letras, y que cumplan</p>
<p>lo que en ellas se ordenó».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una tarde, una doliente</p>
<p>tarde de invierno, sin sol,</p>
<p>oscura como el que llevan</p>
<p>de luto enhiesto pendón,</p>
<p>aquellos veinte lanceros</p>
<p>que de Baza el rey mandó</p>
<p>llegando van al famoso</p>
<p>castillo de Monleón.</p>
<p>Desde un ajimez, al verlos</p>
<p>la dama que le cerró</p>
<p>la tarde aquella de mayo</p>
<p>que tuvo radiante sol,</p>
<p>al interior del castillo</p>
<p>llorando se retiró,</p>
<p>y al poco rato, enlutada,</p>
<p>del castillo en un salón,</p>
<p>una joya y estas letras</p>
<p>de sus manos recogió:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«A doña Luz de Mendoza,</p>
<p>el mi más amable amor,</p>
<p>desde el castillo de Baza,</p>
<p>que ya la Cruz coronó,</p>
<p>por la misma mano escrita</p>
<p>de nuestro rey y señor</p>
<p>esta carta vos envía</p>
<p>don Diego Alvar de León,</p>
<p>que en duro trance de muerte</p>
<p>deciros pretende adiós.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Con estas letras, señora,</p>
<p>lleva un leal servidor</p>
<p>la venturosa presea</p>
<p>que hubiese prendido yo</p>
<p>sobre el vuestro noble pecho</p>
<p>del lado del corazón,</p>
<p>para que vieran mis ojos</p>
<p>sobre tal cielo tal sol.</p>
<p>Dios y el vuestro amor, señora</p>
<p>hanme dado grande honor</p>
<p>de que mi vida al tablero</p>
<p>por Él pusiera y por vos;</p>
<p>y fuera yo mal nacido</p>
<p>y mal caballero yo</p>
<p>si desta merced no fuese</p>
<p>rendido conocedor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mi feudo de Salvatierra</p>
<p>queda, doña Luz, por vos,</p>
<p>que así a nuestro rey placióle</p>
<p>cuando dispúselo yo;</p>
<p>y ya que a Dios no pluguiera</p>
<p>la nuestra feliz unión</p>
<p>luzcan en la misma piedra</p>
<p>por siempre juntos los dos,</p>
<p>el vuestro blasón honrado</p>
<p>y el mi preciado blasón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No derraméis de los ojos</p>
<p>llanto que no empuje amor,</p>
<p>porque si solo lo empuja</p>
<p>tristeza del corazón</p>
<p>que en el honor no repara</p>
<p>del que por éste finó,</p>
<p>fuera un llorar muy menguado</p>
<p>que lastimase el honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Maguer la memoria mía</p>
<p>rompa el vuestro corazón,</p>
<p>así verteréis el llanto</p>
<p>que vos arranque el dolor</p>
<p>como yo vierto mi sangre,</p>
<p>sin plañir lamentación,</p>
<p>porque firmeza y no cuitas</p>
<p>nos piden Dios y el amor.</p>
<p>¡Adiós, y guardad el mío</p>
<p>donde el vuestro llevo yo,</p>
<p>que así os lo pide expirando</p>
<p>don Diego Alvar de León!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De esta manera muy triste</p>
<p>la hermosa dama leyó</p>
<p>ante los veinte lanceros,</p>
<p>ante su padre y señor.</p>
<p>Prendióse el joyel precioso</p>
<p>del lado del corazón,</p>
<p>guardó en el seno la carta</p>
<p>y así diciendo acabó:</p>
<p>«¡Lanceros de Salvatierra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Esta noche en Monleón,</p>
<p>y a Salvatierra conmigo</p>
<p>mañana, al salir el sol.</p>
<p>Al salir el sol mañana</p>
<p>vos dejo, buen padre, a vos.</p>
<p>Labrad pronto cabe el nuestro</p>
<p>de Salvatierra el blasón.</p>
<p>Eso vos manda, leales,</p>
<p>y esto vos ruega, señor,</p>
<p>la viuda del valiente</p>
<p>don Diego Alvar de León».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Alegórica</strong></h3>
<p>Pajarillos con alas doradas,</p>
<p>que en las ramas del árbol bendito</p>
<p>suspendidos de hilillos de oro,</p>
<p>tenéis vuestros nidos&#8230;</p>
<p>¡Mirad hacia abajo,</p>
<p>mirad con cariño!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pajarillos con alas de pluma,</p>
<p>que debajo del árbol bendito</p>
<p>vuestros nidos tenéis en el suelo</p>
<p>cuajados de frío&#8230;,</p>
<p>¡mirad hacia arriba</p>
<p>y esperad tranquilos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pajarillos dorados de arriba:</p>
<p>de las plumas calientes del nido,</p>
<p>de los frutos del árbol sagrado</p>
<p>cargad los piquillos,</p>
<p>tended esas alas,</p>
<p>cortad esos hilos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pajarillos humildes del suelo,</p>
<p>ya va el sol a templar vuestros nidos,</p>
<p>ya el amor va a bajar a buscaros;</p>
<p>abrid los piquitos,</p>
<p>tended las alillas,</p>
<p>estad prevenidos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descended ya vosotros del árbol,</p>
<p>elevaos vosotros y uníos,</p>
<p>y en los aires os dais un abrazo,</p>
<p>juntáis los piquitos,</p>
<p>rozáis vuestras alas.</p>
<p>unís los pechillos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y bajaron amables los unos,</p>
<p>y subieron los otros sumisos,</p>
<p>y después de besarse en los aires</p>
<p>volaron unidos&#8230;</p>
<p>¡Todos eran unos!</p>
<p>¡Todos pajarillos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que se calle ese sabio parlante,</p>
<p>que los males del mundo afligido</p>
<p>no se curan con esos discursos</p>
<p>hinchados y fríos&#8230;</p>
<p>¡Se curan con besos,</p>
<p>con besos de niño!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que nazcan en camas de oro</p>
<p>que se acuerden de sus hermanitos.</p>
<p>Los que nazcan en cunas de paja</p>
<p>que sufran sumisos,</p>
<p>porque Aquel que nació en el pesebre</p>
<p>también tuvo frío&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Deuda</strong></h3>
<p>Almas grandes que pudierais remontaros,</p>
<p>poderosas, mayestáticas, serenas,</p>
<p>por encima de las águilas reales,</p>
<p>a purísimas atmósferas etéreas</p>
<p>donde el oro de las alas no se mancha,</p>
<p>ni oscurecen las pupilas vagas nieblas,</p>
<p>ni desgarran el oído los estrépitos</p>
<p>de los hombres que se hieren y se quejan&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Almas sabias que en las cimas de la vida</p>
<p>como nubes protectoras la envolvieran,</p>
<p>desgarrándose en relámpagos de oro</p>
<p>y lloviendo lluvias ricas y benéficas</p>
<p>para damos a los ciegos de los valles</p>
<p>luz que rasgue las negruras que nos ciegan</p>
<p>y caudales de rocíos salutíferos</p>
<p>que a las almas enfermizas regeneran&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Almas fuertes que pudierais desligaros</p>
<p>del mortífero dogal de las miserias</p>
<p>y llevarnos de la mano por la vida,</p>
<p>guarneciéndonos de santas fortalezas,</p>
<p>saturándose de amores generosos,</p>
<p>regalándonos magnánimas ideas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Almas buenas que sabéis de las torturas</p>
<p>de las pobres almas rudas y sinceras</p>
<p>que al querer de la miseria levantarse</p>
<p>desde arriba las azotan y envenenan</p>
<p>con el látigo estallante del escándalo</p>
<p>que repugna, que deprime, que avergüenza&#8230;</p>
<p>Almas grandes, almas sabias,</p>
<p>almas fuertes, almas buenas&#8230;</p>
<p>¡Nos debéis a los humildes,</p>
<p>nos debéis a las pequeñas</p>
<p>la limosna del ejemplo,</p>
<p>que es la deuda más sagrada de las deudas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Almas (Soneto)</strong></h3>
<p><em>(En la muerte del Padre Cámara)</em></p>
<p>Yo de un alma de luz estuve asido,</p>
<p>luz de su luz para mi fe tomando;</p>
<p>pero el Dios que la estaba iluminando,</p>
<p>veló la luz bajo crespón tupido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto sentí, que sollocé dormido,</p>
<p>y dentro de mi sueño despertando,</p>
<p>vi que el alma del justo iba bogando</p>
<p>por el espacio ante el Señor tendido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, faro bienhechor, polar estrella,</p>
<p>la mística doctora del Carmelo,</p>
<p>desde una celosía de la Gloria,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Ven! ¡Ven!— le dijo, ¡y la elevó hasta ella!</p>
<p>Entraron las dos almas en el cielo</p>
<p>y un nuevo sol brilló en el de la Historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un Don Juan</strong></h3>
<p>Amo, de aquella cuestión</p>
<p>de ayer, pues ya me atreví.</p>
<p>—¡Gracias a Dios, cobardón!</p>
<p>¿Y qué te dijo?</p>
<p>—Que sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Ves, Jenaro? Si te dejo,</p>
<p>no llegas nunca a animarte,</p>
<p>y te me mueres de viejo</p>
<p>con las ganas de casarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me gusta la valentía.</p>
<p>Y la lengua, ¿se enredó?</p>
<p>—Pues mire usted, yo creía</p>
<p>que iba a ser más; pero no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y eso que al dir a empezar,</p>
<p>por mucho que porfié,</p>
<p>pues no me pude acordar</p>
<p>del emprencipio de usté.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Por vida de&#8230;! ¿Y qué jinojos</p>
<p>hiciste entonces, Jenaro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Pues, nada, cerrar los ojos</p>
<p>y dir p&#8217;alante.</p>
<p>—¡Pues claro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se ignora, se inventa.</p>
<p>—Pues ese fue el aquel mío.</p>
<p>Me tuve que echar la cuenta</p>
<p>que se echa el hombre perdío,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y como un eral cerril</p>
<p>arremetí con alientos,</p>
<p>porque ya, preso por mil&#8230;,</p>
<p>pues preso por mil quinientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es más que mientras se empieza.</p>
<p>Yo cuantis que me corté,</p>
<p>pues na más de mi cabeza</p>
<p>cuasi todo lo saqué.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Bien hecho! ¿Y le gustaría</p>
<p>bastante más que lo mío?</p>
<p>—Yo le dije asín: «María:</p>
<p>dirás que a qué habré venío.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Y qué te dijo?</p>
<p>—Que hablara.</p>
<p>Ella bajó la cabeza</p>
<p>y se le puso la cara</p>
<p>lo mesmo que una cereza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A mí también se me ardía,</p>
<p>la verdá se ha de decir;</p>
<p>pero le dije: «María:</p>
<p>¿sabrás que tengo un sentir?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Bien dicho! ¿Y no te comieron</p>
<p>porque hiciste esa pregunta?</p>
<p>—No, pero me se pusieron</p>
<p>todos los pelos de punta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo cuasi que no veía,</p>
<p>la verdá se ha de decir;</p>
<p>pero le dije: «María:</p>
<p>¿sabrás que tengo un sentir?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuasi que me han obligao</p>
<p>—le dije— a venir acá,</p>
<p>que yo bien retuso he estao</p>
<p>por mo de la cortedá;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero el amo, que sabía</p>
<p>mi sentir, pues ayer tarde</p>
<p>mesmamente me decía:</p>
<p>«Jenaro, ¡no seas cobarde!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La moza es poco fiestera</p>
<p>y poco aparentadora,</p>
<p>y no es moza ventanera,</p>
<p>y es árdiga y vividora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego, es bien parecía,</p>
<p>y es callaíta y prudente,</p>
<p>y es honesta y recogía,</p>
<p>y viene de buena gente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anda con ella, comienza</p>
<p>mañana a la noche a dir,</p>
<p>que a cuenta de la vergüenza</p>
<p>te la dejas escurrir&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues sobre aquello volviendo</p>
<p>del sentir que te decía,</p>
<p>sabrás que te estoy quisiendo</p>
<p>ya hace tres años, María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre he andao negativo</p>
<p>dejándolo pa dispués</p>
<p>y na más que es a motivo</p>
<p>de lo corto que uno es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y asín me estaba, me estaba,</p>
<p>aguantándome el sentir,</p>
<p>a ver si se me pasaba,</p>
<p>la verdá se ha de decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hate cuenta que cada año</p>
<p>pues más me reconcomía,</p>
<p>hasta que ya dije hogaño:</p>
<p>¡Habrá que estar con María!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque en habiendo un querer,</p>
<p>la verdá se ha de decir,</p>
<p>ni cuasi puedes comer</p>
<p>ni cuasi puedes dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no es el decir que uno</p>
<p>esté encitando el pensar,</p>
<p>porque yo creo que nenguno</p>
<p>quedrá siempre asín estar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es na más que te aficionas</p>
<p>y que pierdes la chaveta</p>
<p>en cuantis que una persona</p>
<p>por los ojos te se meta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que ya nadie te apea</p>
<p>ni te hace volver atrás</p>
<p>y llevas aquella idea</p>
<p>por andiquiera que vas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues un querer derechero</p>
<p>como el corazón te ablande,</p>
<p>es igual que un abujero:</p>
<p>cuanti más le hurgas, más grande.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Caramba! ¡Muy bien, Jenaro!</p>
<p>y ella entonces te diría&#8230;</p>
<p>—A lo primero, pus claro,</p>
<p>dijo que ya se vería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero dispués ya ve usté,</p>
<p>la gente se va atreviendo.</p>
<p>Yo le dije: «Volveré.»</p>
<p>y ella dijo: «Vay viniendo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Vamos, sí, que habrá casorio.</p>
<p>—De eso entá no hemos tratao.</p>
<p>Sólo el parlárselo&#8230;, ¡corio!,</p>
<p>¡más vergüenza me ha costao&#8230;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor</strong></h3>
<p>La muerte con sus soplos heladores</p>
<p>apagó unos amores</p>
<p>que fueron viva y rutilante llama;</p>
<p>y la copa de hiel de mis dolores</p>
<p>me hizo decir: «¡Feliz el que no ama!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y huí cobardemente,</p>
<p>vertiendo sangre de la abierta herida,</p>
<p>en busca de un rincón —¡pobre demente!—</p>
<p>donde no hubiera amor y hubiera vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un repliegue de la sierra brava</p>
<p>la pobre choza del pastor estaba,</p>
<p>y del rústico albergue en los umbrales</p>
<p>una pobre mujer canturreaba</p>
<p>dulcísimas tonadas guturales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un angelillo humano</p>
<p>que estatuilla de bronce parecía,</p>
<p>fruto de sierra vigoroso y sano,</p>
<p>escuchaba el salvaje canto llano</p>
<p>de la ruda mujer, y se dormía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y un hombre gigantesco, otra escultura</p>
<p>de faz de bronce y de mirada dura,</p>
<p>un solitario de la sierra brava,</p>
<p>un hijo de los riscos,</p>
<p>con traje de pellejo que exhalaba</p>
<p>efluvios de varón y olor de apriscos,</p>
<p>al niño, embebecido, contemplaba;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y de sus ojos el mirar ceñudo,</p>
<p>a medida que plácido se hundía</p>
<p>en aquel idolillo hermoso y rudo,</p>
<p>se iba quedando ante el amor desnudo</p>
<p>y en caricia ideal se convertía&#8230;</p>
<p>¡Era un nido de amores</p>
<p>la choza de los rústicos pastores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la cumbre del páramo vacío</p>
<p>vi la fábrica ingente de un convento,</p>
<p>y a acogerme corrí dentro el sombrío</p>
<p>grandioso monumento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en las penumbras vanas</p>
<p>de sus místicas cárceles oscuras,</p>
<p>una legión de vírgenes humanas,</p>
<p>blanca bandada de palomas puras,</p>
<p>los ojos elevando a las alturas,</p>
<p>que sus castas miradas atraían,</p>
<p>con plañideras voces temblorosas</p>
<p>cantaban y decían:</p>
<p>—¡Jesús! ¡Jesús!&#8230; ¡Te adoran tus esposas!</p>
<p>¡Tus esposas te adoran!&#8230; -repetían.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crucé meditabundo</p>
<p>la llanura monótona y desierta&#8230;,</p>
<p>un pedazo de mundo</p>
<p>donde la vida se imagina muerta.</p>
<p>Era un silencio como el mar profundo,</p>
<p>era un ambiente de infinita calma,</p>
<p>era un dogal para la asfixia hecho,</p>
<p>era una pena que mataba el alma,</p>
<p>era una angustia que mataba el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo en la lejanía</p>
<p>un minúsculo punto se movía&#8230;</p>
<p>tal vez un hombre que escapó al desierto,</p>
<p>cobarde, como yo, y allí vivía</p>
<p>porque todo en redor estaba muerto.</p>
<p>Busqué su compañía,</p>
<p>como un marido derrotado, el puerto;</p>
<p>era un gañán que araba</p>
<p>la tierra fértil de la gris llanura</p>
<p>que yo me imaginaba</p>
<p>páramo estéril, infecunda grava,</p>
<p>polvo de sepultura&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con una tristísima dulzura</p>
<p>que convidaba a padecer dolores,</p>
<p>vibró la voz del rudo campesino</p>
<p>y este cantar de amores</p>
<p>llevó la brisa hasta el lugar vecino:</p>
<p>Te quiero más que a mi vida,</p>
<p>más que a mi padre y mi madre,</p>
<p>y si no fuera pecado,</p>
<p>más que a la Virgen del Carmen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Aquí no hablan de amor! -dije a las puertas</p>
<p>del de los muertos olvidado asilo;</p>
<p>y por sus calles frías y desiertas,</p>
<p>triste vagué, pero vagué tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en losas sepulcrales,</p>
<p>y en coronas, y en urnas funerales,</p>
<p>y en criptas que guardaban los despojos</p>
<p>de olvidados mortales.</p>
<p>«¡Amor, amor, amor!», leían mis ojos,</p>
<p>¡Mentira! —dije, ¡Soledad y olvido!</p>
<p>Los vivos, ¿dónde están? ¡Están viviendo!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de allá, del rincón más escondido,</p>
<p>¡trajo el aire un acento dolorido</p>
<p>de humano pecho que se abrió gimiendo!,</p>
<p>era una pobre anciana que tenía</p>
<p>calentura de amor con desvarío</p>
<p>y ante un sepulcro frío,</p>
<p>temblando de dolor, así decía:</p>
<p>—¡No estás solo, hijo mío!</p>
<p>¡Te acompaña el dolor del alma mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasé después por la gentil pradera</p>
<p>y vi las dulces retozonas luchas</p>
<p>del terreno precoz con la ternera;</p>
<p>y en la fría corriente regadera</p>
<p>vi los saltos nerviosos de las truchas,</p>
<p>y rasando los prados amarillos,</p>
<p>unidas vi volar dos mariposas,</p>
<p>y de floridas zarzas espinosas,</p>
<p>posados en los móviles arquillos,</p>
<p>abiertos los piquillos</p>
<p>y tendidas las alas temblorosas,</p>
<p>volaban, sin volar, los pajarillos&#8230;,</p>
<p>y las brisas errantes que pasaban</p>
<p>en sus alas llevaban</p>
<p>ritmos de vida, música de amores,</p>
<p>aromas de salud, polen de flores&#8230;</p>
<p>¡Yo me embriagué! Las puertas del sentido</p>
<p>y del alma las puertas,</p>
<p>tomé a poner frente al vivir abiertas,</p>
<p>llamé al amor y me entregué rendido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la sombra querida</p>
<p>que en el sepulcro abandoné en mi huida,</p>
<p>surgiendo luminosa,</p>
<p>surgiendo agradecida,</p>
<p>me dijo que el amor era la cosa</p>
<p>más bella de la vida;</p>
<p>me dijo que el amor era más fuerte,</p>
<p>más grande que la muerte;</p>
<p>me dijo que las almas que se adoran</p>
<p>el roto lazo de su unión no lloran,</p>
<p>porque el beso ideal de la constancia</p>
<p>se lo dan a través de los abismos</p>
<p>de la tumba, del tiempo y la distancia;</p>
<p>me dijo que la vida en el desierto</p>
<p>es cobarde vivir de un vivo muerto;</p>
<p>me dijo que a lo largo del camino</p>
<p>de un hondo amor a quien hirió el destino</p>
<p>las penas son ternuras,</p>
<p>las nostalgias del bien son poesía,</p>
<p>las lágrimas tranquilas son dulzura,</p>
<p>la soledad del alma es compañía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me dijo también: «La vida es bella,</p>
<p>si en ella descubrieses, tras mi huella,</p>
<p>la honda belleza de que está nutrida</p>
<p>y me quieres amar&#8230;. ama la vida</p>
<p>que a Dios y a mí nos amarás en ella».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor De Madre</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Antes de que el poeta alce su canto</p>
<p>a un santo amor a quien le debe tanto,</p>
<p>dejad que el hijo que lo santo siente,</p>
<p>comience haciendo, con respeto santo,</p>
<p>la señal de la cruz sobre su frente.</p>
<p>Siempre la sello con el signo eterno</p>
<p>cuando al borde me inclino</p>
<p>del mar inmenso del amor divino</p>
<p>o del torrente del amor materno.</p>
<p>La cuerda del laúd ruda y bravía,</p>
<p>que los canta con mísera armonía,</p>
<p>debiera ser el llamamiento muda,</p>
<p>porque la mano que lo pulsa es mía,</p>
<p>porque la cuerda que responde es ruda,</p>
<p>y el salmo santo de las cosas santas</p>
<p>debe bajar de alturas celestiales</p>
<p>con letras de seráficas gargantas</p>
<p>y acentos de laúdes edeniales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, cuando canto,</p>
<p>con pálido decir y acento oscuro,</p>
<p>el amor de aquel Dios, tres veces santo,</p>
<p>o el de aquella mujer, tres veces puro&#8230;;</p>
<p>cuando hallar he creído</p>
<p>con mi canción el amoroso emblema</p>
<p>y la recito de esperanza henchido,</p>
<p>me desgarran el alma y el oído,</p>
<p>las míseras estrofas del poema;</p>
<p>rompo el laúd, que acompañó mi canto,</p>
<p>y digo con la voz de la amargura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor a quien soñé: Tú eres más santo!</p>
<p>¡Mujer de quien nací: tú eres más pura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>La he visto arrodillada</p>
<p>junto a la cuna del enfermo hijo,</p>
<p>fija en el ángel la febril mirada</p>
<p>y en Dios clemente el pensamiento fijo.</p>
<p>La carita de nácar y de rosa</p>
<p>era un montón de podredumbre horrendo,</p>
<p>que la zarpa asquerosa</p>
<p>de horrible enfermedad iba pudriendo.</p>
<p>Pero la mano valerosa y fuerte</p>
<p>de la amorosa madre dolorida</p>
<p>daba un toque de vida</p>
<p>sobre cada mordisco de la muerte;</p>
<p>y aquella ardiente boca</p>
<p>de la sublime enamorada loca,</p>
<p>que respiraba lumbre</p>
<p>de amorosa materna calentura,</p>
<p>besaba la espantosa podredumbre</p>
<p>con locos arrebatos de ternura&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sudor vertiendo y devorando hieles,</p>
<p>yo la vi resignada</p>
<p>al yugo de las bregas más crueles</p>
<p>como una res atada.</p>
<p>La vi en el crudo y frío,</p>
<p>turbio y callado amanecer de enero,</p>
<p>yerta junto al helado lavadero</p>
<p>en las gélidas márgenes del río.</p>
<p>Hacia el bosque sombrío</p>
<p>la vi subir por los barrancos rojos;</p>
<p>la vi bajar de las agrestes faldas,</p>
<p>desgarrando sus plantas los abrojos,</p>
<p>desgarrando la leña sus espaldas&#8230;</p>
<p>Y en la espinosa vía</p>
<p>que sube y baja de las agrias crestas,</p>
<p>yo la he visto caer, como caía</p>
<p>Cristo divino con la cruz a cuestas.</p>
<p>Yo la he visto dejar su pobre casa</p>
<p>cuando julio cruel ciega los ojos,</p>
<p>bruñe los cielos y la tierra abrasa,</p>
<p>y en los ardientes áridos rastrojos</p>
<p>disputando su presa a las hormigas,</p>
<p>yo la he visto buscar unas espigas</p>
<p>perdidas entre sábanas de abrojos.</p>
<p>Yo la he visto cargada,</p>
<p>camino de la vega, con la azada,</p>
<p>delante de un verdugo</p>
<p>que a la humana legión desheredada</p>
<p>disputaba a pellizcos un mendrugo,</p>
<p>y en el hijito el pensamiento fijo,</p>
<p>iba la mártir amarrada al yugo,</p>
<p>pues solo de su sangre con el jugo</p>
<p>la mártir amasaba el pan del hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo la he visto bajar a los fangales</p>
<p>donde el hijo infeliz se revolcaba</p>
<p>donde las alas de su amor manchaba</p>
<p>con el lobo de amores criminales.</p>
<p>Era una noche brava,</p>
<p>sin luz y fría como el alma loca</p>
<p>de aquel hijo perdido,</p>
<p>que al antro infame a derramar ha ido</p>
<p>baba de impío de la torpe boca,</p>
<p>fango de amor del corazón podrido,</p>
<p>una noche de aquellas</p>
<p>en que, al verse tal vez más ofendido,</p>
<p>vela Dios las estrellas,</p>
<p>y no le queda al hombre</p>
<p>otra luz que el fulgor de las centellas</p>
<p>y el de la fe en el nombre</p>
<p>del Dios que vibra justiciero en ellas</p>
<p>Noches para el hogar, que nadie sabe</p>
<p>si en una de ellas estará dispuesto</p>
<p>que el mundo frágil espantado acabe,</p>
<p>y del naufragio en el momento grave,</p>
<p>el que no esté en su hogar no está en su puesto.</p>
<p>Y en una de esas de terrores llenas,</p>
<p>noches que zumban como el mar airado</p>
<p>el látigo de acero de las penas</p>
<p>echó a la madre de su hogar honrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al hijo desmandado</p>
<p>iba a llamar con doloroso acento</p>
<p>al antro tenebroso donde, hambriento,</p>
<p>encueva sus miserias el pecado.</p>
<p>Detúvose a la puerta,</p>
<p>muerta de angustias y de espanto muerta;</p>
<p>zumbaba loca la feroz orgía,</p>
<p>botaba la borrasca en las alturas,</p>
<p>y otra más brava, sin rugir, vertía</p>
<p>sobre el alma turbiones de amarguras.</p>
<p>El coro de las bestias blasfemaba,</p>
<p>vibraba el antro, el huracán rugía.</p>
<p>Dios relampagueaba</p>
<p>y la vieja infeliz se estremecía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estaba oyendo en el feroz concierto</p>
<p>del hondo lupanar, negro y abierto,</p>
<p>la loca voz del réprobo querido&#8230;</p>
<p>¡Fuera menos dolor llorarlo muerto</p>
<p>que llorarlo perdido!</p>
<p>Y, acurrucada en la calleja oscura,</p>
<p>como una pordiosera,</p>
<p>transida de dolor con calentura,</p>
<p>con frío de terror y faz de cera,</p>
<p>parecía, velando en la negrura,</p>
<p>la muda estatua del amor que espera</p>
<p>la santa redención de un alma impura.</p>
<p>Salieron de repente</p>
<p>del tenebroso lupanar rugiente</p>
<p>dos hombres ebrios, de mirada loca,</p>
<p>que en la calle pararon frente a frente,</p>
<p>la blasfemia en la boca</p>
<p>y en la mano el cuchillo reluciente&#8230;</p>
<p>Una sola embestida,</p>
<p>un opaco rugido maldiciente,</p>
<p>el estruendo mortal de una caída</p>
<p>y un sordo surtidor de sangre hirviente</p>
<p>brotando por la boca de una herida&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otro grito vibrante,</p>
<p>plañidero, feroz, dilacerante,</p>
<p>del pecho débil de la madre fuerte,</p>
<p>detuvo al asesino en el instante</p>
<p>del blandir otra vez el humeante</p>
<p>fino puñal sobre el rival inerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes ebrio de vino,</p>
<p>antes ebrio de rabia vengadora,</p>
<p>y ebrio de sangre ahora,</p>
<p>el bárbaro asesino,</p>
<p>con la más espantosa de las sañas</p>
<p>alza el puñal que ensangrentado oprime</p>
<p>y lo hunde en las entrañas</p>
<p>llenas de amor de la mujer sublime,</p>
<p>y al caer la heroína sobre el hijo,</p>
<p>que en el charco de sangre agonizaba,</p>
<p>«¡Hijo del alma!», dijo</p>
<p>con voz de mártir que a perdón sonaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sangre de la débil ancianita,</p>
<p>cayendo sobre el pecho palpitante</p>
<p>del hijo agonizante,</p>
<p>como lluvia bendita,</p>
<p>corrió caliente hacia la herida abierta,</p>
<p>y el rojo raudalillo desatado</p>
<p>que abierta halló del corazón la puerta,</p>
<p>inundó el corazón del hijo amado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las pupilas cuajadas</p>
<p>de la víctima inerte,</p>
<p>cargadas de dolor, de amor cargadas,</p>
<p>hundieron en el cielo sus miradas.</p>
<p>¡Y en él hundidas las dejó la muerte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brillaban las estrellas cual topacios</p>
<p>en el húmedo azul de los espacios,</p>
<p>que el soplo del Señor limpió de nubes,</p>
<p>la borrasca pasó, reinó la calma,</p>
<p>y, en su augusto callar, oyó mi alma</p>
<p>que una gentil tropilla de querubes</p>
<p>ante las puertas de oro</p>
<p>del alcázar de Dios, cantaba a coro:</p>
<p>«¡Señor, Señor! En el humano suelo</p>
<p>de tu amor una chispa aun ha quedado</p>
<p>que el alma de una madre trae al cielo</p>
<p>la de un hijo infeliz regenerado!&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más sublime te he visto</p>
<p>cuando salvas, ¡oh amor!, que cuando creas.</p>
<p>¡Tú sabes ser como el amor de Cristo,</p>
<p>pues sabes redimir! ¡Bendito seas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ana María</strong></h3>
<p><em>(Fragmentos de un poema)</em></p>
<p>I</p>
<p>La primavera</p>
<p>Una alondra feliz del pardo suelo,</p>
<p>fue la primera en presentir al día,</p>
<p>y loca de alegría,</p>
<p>al cielo azul enderezando el vuelo,</p>
<p>contábaselo al campo, que aún dormía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celosa codorniz, madrugadora,</p>
<p>dijo tres veces que la bella aurora</p>
<p>se avecinaba con amable prisa:</p>
<p>del lado del Oriente</p>
<p>vino una fresca misteriosa brisa,</p>
<p>con las alas cargadas de relente,</p>
<p>y aun en sagrada oscuridad envueltas</p>
<p>las hojas de los árboles sonaron</p>
<p>dulcemente revueltas,</p>
<p>las mieses ondearon,</p>
<p>y de los senos de la tierra helada</p>
<p>surgió, vivificante,</p>
<p>el húmedo perfume penetrante</p>
<p>que solo sabe dar la madrugada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán bien se disponía</p>
<p>Naturaleza a recibir el día!</p>
<p>La línea pura del albor naciente,</p>
<p>vaga primicia grata</p>
<p>del de la luz fecundador tesoro,</p>
<p>primero fue de plata,</p>
<p>más tarde de oro,</p>
<p>después encendidísima escarlata,</p>
<p>roja amapola, y luego</p>
<p>cegador, chispeante, ardiente fuego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En medio de la lumbre</p>
<p>que derretía el encendido Oriente,</p>
<p>sobre el perfil de la elevada cumbre,</p>
<p>el sol triunfante levantó la frente&#8230;</p>
<p>y a la puerta feliz de la alquería</p>
<p>asomó al mismo tiempo Ana María.</p>
<p>¡Gran Dios, bendito seas!</p>
<p>¡Qué soles, Dios de amor, qué soles creas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Ave María</p>
<p>¿Por qué tan madrugadora</p>
<p>la rosa de la alquería?</p>
<p>Porque es una labradora</p>
<p>castiza y trabajadora</p>
<p>que siente pequeño al día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué tan pronto romper</p>
<p>del mañanero dormir</p>
<p>y del soñar el placer?</p>
<p>Porque dormir no es vivir</p>
<p>y soñar no es proveer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque sabe que conviene,</p>
<p>como le enseña su madre,</p>
<p>mirar al tiempo que viene&#8230;</p>
<p>¡Por eso tiene su padre</p>
<p>la buena hacienda que tiene!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiene en la alegre alquería</p>
<p>labor y ganadería,</p>
<p>con pastos siempre sobrados;</p>
<p>huertos en la Alberguería,</p>
<p>y en Hondura casa y prados;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y de su padre heredadas,</p>
<p>y en su gente vinculadas,</p>
<p>puede en la Armuña contar</p>
<p>con cuatro o cinco yugadas</p>
<p>de tierras de pan llevar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y, estimulante más grato,</p>
<p>corren añejas hablillas</p>
<p>diciendo, no sin recato,</p>
<p>que tiene zurrón de gato</p>
<p>lleno de onzas amarillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aun dice la gente a coro</p>
<p>que son su hacienda y su oro</p>
<p>cosas de menos valía</p>
<p>que aquel divino tesoro</p>
<p>de su hermosa Ana María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y dice verdad la gente!</p>
<p>Pues ¿quién como esta doncella</p>
<p>promete vida tan bella</p>
<p>cual la del nido caliente</p>
<p>que del hogar hará ella?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del monte en el mundo estrecho</p>
<p>túvola Dios que poner,</p>
<p>porque paloma la ha hecho.</p>
<p>No tiene hiel en el pecho,</p>
<p>¿cómo ha de darla a beber?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dará bálsamos calmantes,</p>
<p>hondas ternuras sedantes,</p>
<p>cosas del alma sin nombres&#8230;</p>
<p>¡Lo que buscamos los hombres</p>
<p>del grave vivir amantes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Natura le dio belleza;</p>
<p>su madre le dio ternuras;</p>
<p>su padre, viril nobleza,</p>
<p>y Dios la humilde grandeza</p>
<p>que tienen las almas puras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los rayos del sol, fogosos,</p>
<p>cetrina su tez pusieron,</p>
<p>y los aires olorosos</p>
<p>de los montes carrascosos</p>
<p>la sangre le enriquecieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diole el trabajo soltura;</p>
<p>la juventud, bizarría;</p>
<p>el buen ejemplo, cordura;</p>
<p>la sencillez, alegría,</p>
<p>y la honestidad, frescura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con generosa largueza,</p>
<p>Natura le dio riqueza</p>
<p>de sustancioso saber.</p>
<p>¿Qué enseña Naturaleza</p>
<p>que no se deba aprender?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que la abeja es laboriosa,</p>
<p>que la tórtola es sencilla,</p>
<p>que la hormiga es hacendosa;</p>
<p>que se esconde, que no brilla</p>
<p>la violeta pudorosa&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las aves hacen nidos,</p>
<p>siempre solos y escondidos</p>
<p>en los senos de la fronda,</p>
<p>porque no es la dicha honda</p>
<p>buena amiga de los ruidos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que los ríos y las fuentes</p>
<p>tienen aguas transparentes</p>
<p>cuando corren muy serenas&#8230;,</p>
<p>que son limpias las arenas</p>
<p>y son mansas las corrientes;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y de aquella golondrina</p>
<p>que ha anidado en la campana</p>
<p>de la rústica cocina,</p>
<p>se despierta alegre y trina</p>
<p>cuando apunta la mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las corderas vehementes</p>
<p>que se apartan imprudentes</p>
<p>de las madres clamorosas,</p>
<p>morirán entre los dientes</p>
<p>de famélicas raposas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eso Natura enseñaba</p>
<p>y eso la moza aprendía.</p>
<p>Quien era mozo soñaba,</p>
<p>yo era poeta y cantaba,</p>
<p>Dios es bueno y bendecía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Los amores</p>
<p>Así miraban los mozos</p>
<p>la alquería solitaria</p>
<p>como su cueva el avaro,</p>
<p>como el sediento las aguas,</p>
<p>como el labriego su siembra,</p>
<p>como el cabrero sus cabras,</p>
<p>como los santos la gloria,</p>
<p>como sus dichas el alma.</p>
<p>En vano mandó emisarios</p>
<p>el mozo aquel de Villalba,</p>
<p>que tiene buena presencia,</p>
<p>buena hijuela y buena fama.</p>
<p>En vano mandó memorias,</p>
<p>por boca de un viejo guarda,</p>
<p>Tomás, el de Moraleja,</p>
<p>que ha de disfrutar mañana</p>
<p>su buena montaracía,</p>
<p>su no pequeña senara,</p>
<p>sus buenas yeguas de vientre,</p>
<p>su buena punta de vacas.</p>
<p>En vano, como los otros,</p>
<p>mandó después una carta</p>
<p>por medio de una pavera</p>
<p>que está en la dehesa rayana,</p>
<p>José Manuel, el de Fresno,</p>
<p>hijo de gente muy sana,</p>
<p>vividor como una oruga</p>
<p>y muy metido en su casa.</p>
<p>En vano aquel estudiante</p>
<p>que estudiaba en Salamanca</p>
<p>y a holgar iba en los estíos</p>
<p>a la solariega casa,</p>
<p>llegaba hasta la alquería</p>
<p>contando azares de caza</p>
<p>que lo llevaban rendido</p>
<p>buscando descanso y agua,</p>
<p>y algo más que Ana María</p>
<p>discretamente callaba.</p>
<p>Tampoco era el elegido</p>
<p>Manuel Andrés, el de Navas,</p>
<p>aquel que yendo a la aceña</p>
<p>perdió una jornada larga</p>
<p>para que viera la moza</p>
<p>pasar por ante su casa</p>
<p>cuatro parejas de bueyes</p>
<p>que daba gusto mirarlas,</p>
<p>con dorados esquilones</p>
<p>y melenas coloradas;</p>
<p>cuatro carros muy galanos,</p>
<p>llevando la rica carga</p>
<p>de cien fanegas de trigo</p>
<p>para el consumo de casa;</p>
<p>costales nuevos, de estopa</p>
<p>como la nieve de blanca,</p>
<p>escriños y sacas nuevas,</p>
<p>alforjas abarrotadas</p>
<p>y el amo llevando el carro</p>
<p>que iba rompiendo la marcha.</p>
<p>Todo lo vio Ana María,</p>
<p>que estaba fuera de casa</p>
<p>tendiendo al sol unas telas</p>
<p>como la nieve de blancas,</p>
<p>y, ni amorosa ni esquiva,</p>
<p>cuando llegó a saludarla,</p>
<p>al majo mozo engreído</p>
<p>le dijo en tono de hermana:</p>
<p>«Hijo, tienes unas yuntas</p>
<p>que da contento mirarlas.</p>
<p>Así quisiera las nuestras,</p>
<p>pero mi padre me salta</p>
<p>con que las carnes que sobran</p>
<p>son garrobitas que faltan.»</p>
<p>Como este mozo pasaron</p>
<p>por la afortunada casa</p>
<p>mozos de toda la Huebra,</p>
<p>mozos de tierra de Alba,</p>
<p>madres de mozos huraños,</p>
<p>gañanes con embajadas,</p>
<p>comadres con panegíricos,</p>
<p>parientes con esperanzas&#8230;</p>
<p>Mas cuando llegaba el caso</p>
<p>de dar la respuesta ansiada,</p>
<p>marchábase Ana María,</p>
<p>su padre no contestaba,</p>
<p>y sola la pobre madre</p>
<p>henchir algo procuraba</p>
<p>la alforja a los emisarios</p>
<p>con semejantes palabras:</p>
<p>«Que se agradece el acuerdo;</p>
<p>que la familia es honrada;</p>
<p>que el mozo, si sale a ella,</p>
<p>será un hombre de su casa;</p>
<p>pero que ahora es una niña</p>
<p>sin reflexión la muchacha,</p>
<p>y hay que dejar que se críe,</p>
<p>que es mucho lo que hace falta</p>
<p>para enseñarle a una hija</p>
<p>a ser mujer de su casa.»</p>
<p>Y así pasaban los meses,</p>
<p>y así los años pasaban,</p>
<p>y un vaquerillo que antaño</p>
<p>sirviendo estuvo en Arlanza</p>
<p>y hogaño estaba en Olmedo,</p>
<p>trajo de Olmedo una carta</p>
<p>que recibió Ana María</p>
<p>y abrió su madre en la sala,</p>
<p>que no es la cocina sitio</p>
<p>para secretos de casa.</p>
<p>Y así la carta decía</p>
<p>con letras muy retocadas,</p>
<p>y así, dos meses más tarde,</p>
<p>la moza le contestaba:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las Cartas</p>
<p>1</p>
<p>«Apreciable Ana María:</p>
<p>Me alegraré que te halles</p>
<p>al recibo de estas letras</p>
<p>que te dirige tu amante,</p>
<p>tan bien como yo deseo,</p>
<p>en compañía de tus padres,</p>
<p>pues yo estoy bueno, a Dios gracias,</p>
<p>pa lo que gustes mandarme.</p>
<p>Pues sabrás, Ana María,</p>
<p>que el motivo de mandarte</p>
<p>por el dador esta esquela,</p>
<p>es porque dice mi madre</p>
<p>que antes de dir a tu casa</p>
<p>debo de manifestarte</p>
<p>las intenciones que tengo</p>
<p>determinao de expresarte,</p>
<p>y son el tratar contigo,</p>
<p>si son gustosos tus padres,</p>
<p>y si tú también lo eres</p>
<p>como este tu fino amante.</p>
<p>Pues el motivo de ello</p>
<p>sabrás que es el de apreciarte</p>
<p>y el de casarme contigo,</p>
<p>si no encontraras achaques</p>
<p>que ponerle a mi persona,</p>
<p>como tampoco a mis padres.</p>
<p>Pues sabrás que a mí me corre</p>
<p>bastante prisa el casarme,</p>
<p>por causa de que mi hermana</p>
<p>por mí tiene que esperarse,</p>
<p>y el novio le mete prisa</p>
<p>por mor de no tener madre.</p>
<p>Pues sabrás que yo deseo</p>
<p>que, cuantis puedas, me mandes</p>
<p>a decir el resultado</p>
<p>de si todos sois gustantes,</p>
<p>pues el saber que me quieres</p>
<p>será un alegrón bien grande,</p>
<p>pues sabrás que yo te quiero</p>
<p>ya hace tres años cabales,</p>
<p>y por ser uno algo corto</p>
<p>pues no te lo he dicho antes.</p>
<p>Sin más, les darás memorias</p>
<p>a tu padre y a tu madre,</p>
<p>y tú recibes el alma</p>
<p>y el corazón de tu amante,</p>
<p>que te aprecia y que lo es,</p>
<p>Juan Manuel Sánchez y Sánchez».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2</p>
<p>«Apreciable Juan Manuel:</p>
<p>Me alegraré que recibas</p>
<p>la presente disfrutando</p>
<p>de igual salud que la mía,</p>
<p>en compaña de tus padres</p>
<p>y de la demás familia.</p>
<p>Pues sabrás por la presente</p>
<p>que recibí hace tres días</p>
<p>la esquela que me mandaste</p>
<p>diciéndome que te escriba</p>
<p>mandándote el resultao</p>
<p>de lo que en ella decías.</p>
<p>Pues sabrás que se lo dije,</p>
<p>a mis padres en seguida,</p>
<p>lo cual les ha parecido</p>
<p>que vienes con mucha prisa,</p>
<p>y dicen que yo no tengo</p>
<p>prisas ninguna hoy día.</p>
<p>Pues sabrás por la presente</p>
<p>lo mucho que te se estima</p>
<p>el acuerdo que has tenido</p>
<p>y el decir que a mí me escribas</p>
<p>con licencia de tus padres</p>
<p>y de toda la familia.</p>
<p>Pues de aquello que tú quieres</p>
<p>el resultao en seguida,</p>
<p>sabrás que no hemos pensao</p>
<p>el asunto entodavía;</p>
<p>por lo cual no puedo ahora</p>
<p>darte entrada ni salida;</p>
<p>pero si vas a Cabrera</p>
<p>quizás allí te lo diga,</p>
<p>porque hemos determinao</p>
<p>de dir hogaño a la misa</p>
<p>que va mi padre, a motivo</p>
<p>de ser de la cofradía.</p>
<p>Sin más, les darás memorias,</p>
<p>de parte de mi familia,</p>
<p>a tu padre y a tu madre,</p>
<p>y se las das también mías.</p>
<p>Y tú también las recibes</p>
<p>de tu afectísima amiga,</p>
<p>que te aprecia y que lo es,</p>
<p>Ana García y García».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Cabrera</p>
<p>Donde Dios nos dé un campo deleitoso</p>
<p>levantamos los hombres una ermita,</p>
<p>que así como el Edén es delicioso</p>
<p>porque el Señor lo habita</p>
<p>el campo es más hermoso</p>
<p>cuando el Dios que lo hizo lo visita.</p>
<p>Dios quiso un día derramar verdura</p>
<p>sobre los campos de Cabrera amenos,</p>
<p>y aquella casta de la sangre pura,</p>
<p>la rica casta de los hombres buenos,</p>
<p>aquellos que la vida atravesaron</p>
<p>con paso de viajero que no yerra,</p>
<p>una ermita en Cabrera levantaron,</p>
<p>y vivieron con Dios sobre la tierra.</p>
<p>Era la raza cuya muerte lloro</p>
<p>cuando con Dios para llorar me encierro,</p>
<p>almas de acero, corazones de oro,</p>
<p>pechos de cera y miel, brazos de hierro.</p>
<p>Hijos de Dios y para Dios criados,</p>
<p>conocieron a Dios; fueron piadosos;</p>
<p>pidieron solo pan; fueron honrados;</p>
<p>el mundo no los vio; fueron dichosos.</p>
<p>Con Dios vivir supieron,</p>
<p>y en Dios al fin morir. ¡Cuán sabios fueron!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eran los campos su vivienda hermosa;</p>
<p>los del hogar, sus pensamientos fijos;</p>
<p>su eterno amor, la esposa;</p>
<p>su eterno afán, los hijos;</p>
<p>su instrumento, el arado;</p>
<p>el bien querer, su natural deseo;</p>
<p>y el bien obrar, su natural estado,</p>
<p>y el Cristo de la ermita de Cabrera,</p>
<p>su rey, su amor, su providencia era.</p>
<p>La mano tosca y dura</p>
<p>del anónimo artista</p>
<p>que labrara la bárbara escultura</p>
<p>supo infundir en ella,</p>
<p>con sublime inconsciencia de vidente,</p>
<p>las grandezas insólitas de aquella</p>
<p>fe gigantesca de la vieja gente.</p>
<p>Era el sagrado leño</p>
<p>la visión infantil, místico sueño,</p>
<p>mayestático símbolo imponente</p>
<p>de la robusta concepción cristiana</p>
<p>del alma ruda y sana</p>
<p>que a Cristo-Dios en la conciencia siente.</p>
<p>¡Nuestro Cristo es aquél! Nos lo legaron</p>
<p>los rudos patriarcas</p>
<p>que vivieron con Él y a Él consagraron</p>
<p>las nativas y fértiles comarcas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Nuestro Cristo es aquél! Éramos niños</p>
<p>y los maternos labios rumorosos</p>
<p>que cantando difunden los cariños</p>
<p>y besando los sellan amorosos,</p>
<p>nos cantaban con música de gloria</p>
<p>y habla de oro que la suya era,</p>
<p>la de prodigios peregrina historia</p>
<p>del Cristo de la ermita de Cabrera.</p>
<p>¡Nuestro Cristo es aquel! ¿Qué hermano mío</p>
<p>en mi Patria nació que no haya amado,</p>
<p>si Dios para el amor los ha criado</p>
<p>y siempre al bien su voluntad dispuesta</p>
<p>hace nacer a la mujer honesta</p>
<p>en la tierra feliz del hombre honrado?</p>
<p>¿Y quién que tuvo amores</p>
<p>en al tierra feliz de mis mayores</p>
<p>del idilio amoroso no escribía</p>
<p>la página primera</p>
<p>en aquella famosa romería</p>
<p>del Cristo de la ermita de Cabrera?</p>
<p>¡Nuestro Cristo es aquel!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Por qué?</strong></h3>
<p>Aquella flor anónima</p>
<p>de pétalos iguales</p>
<p>que sola está en el páramo</p>
<p>de grises pizarrales,</p>
<p>¿por qué ha nacido allí?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella moza rústica</p>
<p>que a ser esclava aspira</p>
<p>de aquel pastor selvático</p>
<p>que, huraño y torvo, mira,</p>
<p>¿por qué lo adora así?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué mete el cernícalo</p>
<p>su nido en la hendidura</p>
<p>y el colorín minúsculo</p>
<p>lo guarda en la espesura</p>
<p>del viejo carrascal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué las oropéndolas</p>
<p>lo cuelgan del encino</p>
<p>y aquellos otros pájaros</p>
<p>sotiérranlo en el fino</p>
<p>tapiz del arenal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué a la loba escuálida</p>
<p>creó Naturaleza</p>
<p>vecina de la tórtola</p>
<p>que arrulla en la maleza</p>
<p>la calma del cubil?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué son hermosísimos</p>
<p>los blancos recentales?</p>
<p>¿Por qué tan torvos y hórridos,</p>
<p>por qué tan desleales</p>
<p>la hiena y el reptil?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué vivirá errático,</p>
<p>sin nido, el necio cuco?</p>
<p>¿Por qué será el polícromo</p>
<p>vistoso abejaruco</p>
<p>tan áspero cantor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué de dulce música</p>
<p>tesoro tal Dios guarda</p>
<p>para el pardillo mísero,</p>
<p>para la alondra parda</p>
<p>y el pardo ruiseñor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué destila bálsamos</p>
<p>el mísero cantueso</p>
<p>que vive en las estériles</p>
<p>calvicies de aquel teso</p>
<p>paupérrimo vivir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué las pomposísimas</p>
<p>peonías fastuosas</p>
<p>producen esas fétidas</p>
<p>grasientas grandes rosas</p>
<p>de enfático vestir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué vierten las víboras</p>
<p>ponzoñas dañadoras?</p>
<p>¿Por qué las beneméritas</p>
<p>abejas labradoras</p>
<p>producen rica miel?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué si bajan límpidas</p>
<p>a un labio que sonría</p>
<p>las gratas puras lágrimas</p>
<p>que arrancan la alegría</p>
<p>también saben a hiel?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué?&#8230; Curioso espíritu,</p>
<p>no quieras indagarlo,</p>
<p>ni en tristes secas fórmulas</p>
<p>pretendas encerrarlo</p>
<p>si no quieres llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Misterios que sois únicos</p>
<p>divinos bebederos</p>
<p>de encantos sabrosísimos:</p>
<p>¡tocaros es perderos!</p>
<p>¡Viviros es gozar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Canción</strong></h3>
<p>Aquí se siente a Dios. En el reposo</p>
<p>de este dulce aislamiento</p>
<p>un fecundo sentido religioso</p>
<p>preside el pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Derrámase por uno de dulzuras</p>
<p>ambiente equilibrado,</p>
<p>y en él cosecha las ideas puras</p>
<p>de que está penetrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sereno después, las alas tiende</p>
<p>y escala el firmamento,</p>
<p>seguro como el pájaro que hiende</p>
<p>su apropiado elemento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces toca el alma lo profundo</p>
<p>del alto amor sin nombre</p>
<p>y quisiera que un templo fuera el mundo</p>
<p>y un sacerdote el hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡El mundo, el hombre! Tras el doble abismo,</p>
<p>solo esto es luminoso:</p>
<p>¡cuán feliz puede hacerse el hombre mismo,</p>
<p>y al mundo, cuán hermoso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde este solitario apartamiento</p>
<p>del monte sosegado</p>
<p>contemplo el armonioso movimiento</p>
<p>de todo lo creado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡El trabajo es la ley! Todo se agita,</p>
<p>todo prosigue el giro</p>
<p>que le marca esa ley por Dios escrita,</p>
<p>dondequiera que miro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel pardo milano vagabundo</p>
<p>buscando va la presa,</p>
<p>que le cuesta medir ese profundo</p>
<p>vacío que atraviesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Riega el labriego la feraz besana</p>
<p>con sudor de su frente,</p>
<p>si rubio trigo le ha de dar mañana</p>
<p>para nutrir su gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiere la golondrina nido blando</p>
<p>para el amor sentido,</p>
<p>y mis ojos fatiga acarreando</p>
<p>pajuelas para el nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los vientos la abeja se encadena</p>
<p>y la hormiga al sendero,</p>
<p>para llenar aquella su colmena</p>
<p>y estotra su granero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mansa yunta trabajosamente</p>
<p>tira del tosco arado,</p>
<p>y el pesado mastín va diligente</p>
<p>detrás de su ganado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo el trabajo se ligó fecundo!</p>
<p>¿Y yo he de estar ocioso?</p>
<p>¿Y yo he de ser estéril en un mundo</p>
<p>nacido fructuoso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Arriba, arriba! ¡El corazón al cielo</p>
<p>y a la tierra los brazos!</p>
<p>¡A la suerte del mundo unirme anhelo</p>
<p>con más estrechos lazos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La pluma, los cinceles, la mancera,</p>
<p>la espada victoriosa!&#8230;</p>
<p>¡Dadme lo que queráis, que abierta espera</p>
<p>mi mano vigorosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si sé cantar, te elevaré canciones,</p>
<p>¡oh Patria infortunada!,</p>
<p>que mil hay en tu amor inspiraciones</p>
<p>para la lira airada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si es la piedra a mis manos obediente,</p>
<p>venga el cincel a ellas,</p>
<p>que el suelo patrio sembrará mi mente</p>
<p>de creaciones bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hace falta una mano y una vida</p>
<p>dad a aquella una espada,</p>
<p>y toma tú mi sangre, ¡oh dolorida</p>
<p>Patria desventurada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si mi suerte, pero ruda mano</p>
<p>solo puede servirte</p>
<p>para en los surcos enterrar el grano</p>
<p>que de oro puede henchirte,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>para en tus vegas derramar tus ríos,</p>
<p>para abonar tus tierras,</p>
<p>y coronar de montes tus baldíos</p>
<p>y enriquecer tus sierras&#8230;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces no me arrojes al semblante</p>
<p>deberes no cumplidos,</p>
<p>porque yo soy el hijo más amante</p>
<p>de tus campos queridos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y para hacer esta canción honrada</p>
<p>que el alma me pidiera</p>
<p>he dejado un momento abandonada</p>
<p>mi tosca podadera&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ara Y Canta</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Labriego, ¿vas a la arada?</p>
<p>Pues dudo que haya otoñada</p>
<p>más grata y más placentera</p>
<p>para cantar la tonada</p>
<p>de la dulce sementera,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué has dicho? ¡Que el desgraciado</p>
<p>que pasa el eterno día</p>
<p>bregando tras un arado</p>
<p>jamás cantó de alegría</p>
<p>si alguna vez ha cantado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es una queja embustera</p>
<p>la que me acabas de dar.</p>
<p>¿No sabes que yo sé arar?</p>
<p>Pues déjame la mancera,</p>
<p>y oye, que voy a cantar:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Labriego poco paciente:</p>
<p>si crees que solo tu frente</p>
<p>vierte copioso sudor,</p>
<p>que sorbe innúmera gente,</p>
<p>sal de tu error, labrador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo dice quien es tu hermano,</p>
<p>quien canta tu lucha brava,</p>
<p>lo dice quien por su mano</p>
<p>siega la mies en verano</p>
<p>y el huerto en invierno cava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué sabes tú del tributo</p>
<p>que el mundo al trabajo rinde,</p>
<p>ni qué sabes de su fruto,</p>
<p>si no has transpuesto la linde</p>
<p>del terruño diminuto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el mundo aquel te impusiera</p>
<p>yugos que impone al mejor,</p>
<p>pensaras que tu mancera,</p>
<p>si no es la más llevadera</p>
<p>tampoco es la cruz mayor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quema el sol del estío,</p>
<p>te azota el viento de enero</p>
<p>y aguantas en el baldío</p>
<p>los hálitos del rocío</p>
<p>y el golpe del aguacero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dura y perenne es la brega</p>
<p>que pide riegos la vega,</p>
<p>que pide rejas la arada,</p>
<p>que pide gente la siega,</p>
<p>que el huerto espera la azada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y es trabajoso el descuajo,</p>
<p>y abrumador el destajo</p>
<p>y a veces nulo el afán&#8230;</p>
<p>¡Y tal vez es el trabajo</p>
<p>más duro que blando el pan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo es verdad, labrador;</p>
<p>pero en esos horizontes,</p>
<p>y en esas siembras en flor,</p>
<p>y en estos alegres montes,</p>
<p>¿no hay nada consolador?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Todo negro es tu destino?</p>
<p>¿Todo el vivir te envenena?</p>
<p>¿De abrojos horribles llena</p>
<p>todo el árido camino?</p>
<p>¿Toda ingrata es la faena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No sabes tú, labrador,</p>
<p>que hay frente que el tiempo arruga</p>
<p>escaldada en un sudor</p>
<p>que sana brisa no enjuga</p>
<p>con soplo consolador?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabes que hay ojos que ciegan</p>
<p>laborando en la penumbra,</p>
<p>mientras los tuyos se entregan</p>
<p>al piélago en que se anegan</p>
<p>de la luz que nos alumbra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabes qué ambientes malsanos,</p>
<p>si no venenos letales</p>
<p>marchitan pechos humanos</p>
<p>con corazones leales</p>
<p>del tuyo dignos hermanos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mientras tu pecho sanean,</p>
<p>y equilibran tus sentidos,</p>
<p>y tus sudores orean</p>
<p>ricas brisas que pasean</p>
<p>por estos campos floridos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quieres en un mundo verte</p>
<p>con bravas agitaciones,</p>
<p>con injurias de la suerte,</p>
<p>con bárbaras tentaciones</p>
<p>y duelos, sin sangre, a muerte?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué sirena engañadora</p>
<p>hasta aquí a decirte llega</p>
<p>que en la ciudad bullidora</p>
<p>ni se reza, ni se llora,</p>
<p>ni se sufre, ni se brega?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué espíritu engañador</p>
<p>o torpe decirte quiso:</p>
<p>«Llora y suda, labrador,</p>
<p>que el mundo es un paraíso</p>
<p>regado con tu sudor?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuera más útil y honrado</p>
<p>decirte quién ha arrancado</p>
<p>de las entrañas de un cerro</p>
<p>este pedazo de hierro</p>
<p>de la reja de tu arado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decirte que hornos ardientes</p>
<p>fundieron humanas frentes</p>
<p>cuando este hierro ablandaron,</p>
<p>y que en su masa cuajaron</p>
<p>sudores de hermanas gentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ara tranquilo, labriego,</p>
<p>y piensa que no tan ciego</p>
<p>fue tu destino contigo,</p>
<p>que el campo es un buen amigo</p>
<p>y es dulce miel su sosiego,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y es salud el puro día,</p>
<p>y estas bregas son vigor,</p>
<p>y este ambiente es armonía,</p>
<p>y esta luz es alegría&#8230;</p>
<p>¡Ara y canta, labrador!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuentas Del Tío Mariano</strong></h3>
<p>Araba el tío Mariano</p>
<p>la húmeda tierra gredosa,</p>
<p>y entre la bruma lluviosa</p>
<p>del horizonte lejano,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con cierta noble ansiedad</p>
<p>que a la amargura se junta,</p>
<p>miraba, al volver la yunta,</p>
<p>las torres de la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí los amos estaban</p>
<p>de aquel pedazo de llano,</p>
<p>ya convertido en pantano</p>
<p>por lluvias que no amainaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no pensaba el rentero</p>
<p>que el amo estaba al abrigo</p>
<p>del bofetón del hostigo</p>
<p>y el frío del aguacero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aspiraciones más parcas</p>
<p>tentaban al viejo charro</p>
<p>mientras hundía en el barro</p>
<p>sus bien calzadas abarcas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un día de febrero</p>
<p>revuelto, lluvioso y frío;</p>
<p>cada camino era un río</p>
<p>y un charco cada sendero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajaban por las quebradas</p>
<p>turbios regatos zumbando,</p>
<p>que iban el hoyo inundando</p>
<p>de hoscas aguas coloradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y era el barbecho un fangal,</p>
<p>y el prado un estanque era,</p>
<p>y una charca la ribera,</p>
<p>los valles un chapatal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrebataba el solano</p>
<p>las gotas del aguacero,</p>
<p>que eran las puntas de acero</p>
<p>de su látigo inhumano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iracundos los zagales</p>
<p>bregaban con los corderos</p>
<p>y los cabritos zagueros</p>
<p>hundidos en los fangales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pobre tío Mariano,</p>
<p>con la anguarina calada,</p>
<p>bajo un brazo la aguijada</p>
<p>y en la mancera una mano,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>arando estaba en tal día</p>
<p>por no perder una huebra,</p>
<p>donde diz que el viento quiebra</p>
<p>cosa que él solo diría,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pues en aquella desnuda</p>
<p>tierra llana sin abrigo</p>
<p>le flagelaba el hostigo</p>
<p>la cara con saña cruda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así malamente araba</p>
<p>y echaba el hombre sus cuentas,</p>
<p>las cuentas de aquellas rentas</p>
<p>que por las tierras pagaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien echadas las tenía,</p>
<p>pero con mal resultado,</p>
<p>y así, terco y porfiado,</p>
<p>las iba haciendo aquel día;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Las rastras ya no las miento;</p>
<p>hogaño, si pinta el año,</p>
<p>no será ningún extraño</p>
<p>que me arrimase a las ciento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se ha derramao en sazón;</p>
<p>la desará fue mu guapa,</p>
<p>y si sigue asín, no escapa</p>
<p>de haber buena granición.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este cálculo lo hacía</p>
<p>con las leves omisiones</p>
<p>de langosta, inundaciones,</p>
<p>de pedriscos y sequía&#8230;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Ahora, tanto pa calzar,</p>
<p>tanto en vestir y en comer&#8230;</p>
<p>(Y no hablaba de beber,</p>
<p>porque era hablar&#8230; de la mar.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Tanto pa contribuciones,</p>
<p>tanto pa renta y simiente&#8230;»</p>
<p>Y así fue del remanente</p>
<p>practicando sustracciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de las ciento supuestas</p>
<p>sustrajo el tío Mariano</p>
<p>tantas fanegas de grano,</p>
<p>que al pasar de ciento éstas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>puso cara de ansiedad,</p>
<p>dijo con pena, mirando</p>
<p>y el cuerpo zarandeando,</p>
<p>las torres de la ciudad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si hogaño fuese allá un día</p>
<p>y el amo bajar quisiera</p>
<p>seis fanegas&#8230;, ¡cualisquiera,</p>
<p>cualisquiera me tosía!&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor del tío Mariano!:</p>
<p>si acude a ti, sé piadoso,</p>
<p>que harás un hogar dichoso</p>
<p>con seis fanegas de grano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Surco Arriba Y Surco Abajo</strong></h3>
<p>Araba el tío Roque</p>
<p>con su yunta de dóciles vacas:</p>
<p>con la Triguerona,</p>
<p>con la Temeraria.</p>
<p>Y conforme la reja iba hendiendo</p>
<p>la tierra esponjada,</p>
<p>que al calor y a la luz descubría</p>
<p>las frescas entrañas,</p>
<p>el secreto pensar del tío Roque,</p>
<p>que el silencio en redor barruntaba</p>
<p>por imán de silencio arrancado</p>
<p>del fondo del alma,</p>
<p>a esparcirse sin miedo salía</p>
<p>de la cárcel estrecha en que estaba,</p>
<p>y en las alas de un aire de otoño</p>
<p>se cernía con estas palabras:</p>
<p>¡Vuelve, Triguerona!</p>
<p>¡Vuelve, Temeraria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la mesma canción de otros años</p>
<p>hogaño nos pasa,</p>
<p>di que nos avía</p>
<p>la miaja senara.</p>
<p>Ca vez más señora</p>
<p>te se pone la tierra y más mala.</p>
<p>No te sirve que le eches simiente</p>
<p>como chochos de gorda y de blanca,</p>
<p>ni que en piedra lípiz</p>
<p>gastes las pestañas,</p>
<p>ni que rompas, y bines y tercies,</p>
<p>y les des aricá bien temprana.</p>
<p>Cuasi con comuelgo</p>
<p>seis fanegas o siete derramas</p>
<p>y te dan veintinueve raídas,</p>
<p>que ni cuasi el trabajo le sacas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esto es echar uno</p>
<p>las cuentas galanas,</p>
<p>porque si una pedrea te viene,</p>
<p>que no son muy ralas,</p>
<p>ni siquiera te deja un pajuco</p>
<p>pa sacar del invierno las vacas,</p>
<p>¡cuanti más un chocho</p>
<p>pa meter en casa!</p>
<p>Y entá no es lo malo</p>
<p>que no cojas nada,</p>
<p>porque en un apurón, hate cuenta</p>
<p>que un invierno&#8230; en la cárcel se pasa;</p>
<p>pero, amigo, te afronta con pagos</p>
<p>porque, claro, que no tienes cara</p>
<p>pa cuadrarte y decir que lo debes&#8230;</p>
<p>pero no lo pagas&#8230;</p>
<p>y lo cual es mejor no decirlo,</p>
<p>pues no habiendo vergüenza, no hay nada</p>
<p>¡Vuelve, Triguerona!</p>
<p>¡Vuelve, Temeraria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque no es el decir de que digas</p>
<p>que no aguantas ancas,</p>
<p>y que te rebelas,</p>
<p>u que te aperrangas,</p>
<p>porque en viéndote ya mancornao</p>
<p>te quiten la carga</p>
<p>Es que ya no puedes el dir más alante</p>
<p>porque cuasi el aliento te falta,</p>
<p>porque viene de atrás la flojera,</p>
<p>porque no puedes ya con las rastras&#8230;</p>
<p>¡Vuelve, Triguerona!</p>
<p>¡Vuelve, Temeraria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si pintaran dos años arreo,</p>
<p>pues entá se tapaban las faltas</p>
<p>y el perro que hogaño</p>
<p>nos dio la senara.</p>
<p>Yo cuasi que tengo</p>
<p>como confianza,</p>
<p>porque entá no creí que venían</p>
<p>las primeras aguas</p>
<p>y la tierra con ellas se ha puesto</p>
<p>amorosa que gusta el ararla,</p>
<p>de modo y manera</p>
<p>que la cosa no empieza tan mala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no miento ahora</p>
<p>los runrunes continuos que andan</p>
<p>de que el rey mesmamente en persona</p>
<p>viene a Salamanca,</p>
<p>que no es mala seña</p>
<p>si tampoco falla&#8230;</p>
<p>¡Vuelve, Triguerona!</p>
<p>¡Vuelve, Temeraria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé, pero yo me magino</p>
<p>de que el rey no vendrá a ver la Plaza,</p>
<p>que en el mesmo Madrid habrá muchas,</p>
<p>no agraviando a la nuestra, tan guapas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me magino de que él no se fía</p>
<p>y que viene a oservar lo que pasa,</p>
<p>porque hacienda en poder de criaos</p>
<p>se la lleva en un verbo a la trampa.</p>
<p>Me magino que viene a enterarse</p>
<p>de si tiras p&#8217;alante u atrasas,</p>
<p>de si siembras, u comes, o ayunas,</p>
<p>u pierdes u ganas.</p>
<p>De modo y manera</p>
<p>que en queriendo fijarse una miaja,</p>
<p>se ha de dir al Palacio enterao</p>
<p>de má e cuatro lástimas,</p>
<p>que, si a mano viene,</p>
<p>podrá remediártelas,</p>
<p>u quisiera poner los posibles,</p>
<p>que en pusiéndolos bien no te fallan&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé; pero yo me magino</p>
<p>de que el rey no vendrá a ver la Plaza.</p>
<p>Y si sólo la Plaza le enseñan</p>
<p>los de Salamanca&#8230;</p>
<p>¡Para, Triguerona!</p>
<p>¡Tente, Temeraria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Jedihonda</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Asín jablaba la madri</p>
<p>y asín el hijo jablaba:</p>
<p>el hijo ajogao de aginos,</p>
<p>la madri ajogá de lágrimas</p>
<p>él jechao y ella encogía</p>
<p>a la vera de la cama.</p>
<p>—Si sigues asín penando,</p>
<p>te mueris, hijo del alma,</p>
<p>y si te casas con ella</p>
<p>te jundis y a tos mos matas.</p>
<p>¿Ondi tienis la cabeza,</p>
<p>ondi tienis las entrañas</p>
<p>que no se te jacin migas</p>
<p>de vel las jielis que pasa</p>
<p>tu padri, que to lo sabi</p>
<p>manque no te dici nada?</p>
<p>¿Ondi tienis tú los ojos</p>
<p>pa no vel en lo que paras</p>
<p>cuantis que logri enrealti</p>
<p>la serpiente que te engaña?</p>
<p>Pa ti no es eso aparenti,</p>
<p>ni ella con tu genti encaja,</p>
<p>ni a ti. Gelipe, te sali</p>
<p>esí rumbo que ella gasta.</p>
<p>Y entávia más malu que eso</p>
<p>es que tieni mala fama</p>
<p>y a tos los hombris los quieri</p>
<p>y, como a ti, los jalaga;</p>
<p>y acuerdáte tú, Gelipe,</p>
<p>que pol jacel cosas malas,</p>
<p>jasta el alcalde y el cura</p>
<p>quisum del pueblo aventala.</p>
<p>Una mujel que ha venío</p>
<p>de alguna ciudá mundana,</p>
<p>¡qué habrá jecho pa estal sola</p>
<p>sin naide de la su casta!&#8230;</p>
<p>¡Qué habrá jecho!, lo que dicin</p>
<p>que jaci aquí: cosas malas,</p>
<p>que a mí me cuesta decilas,</p>
<p>pero a ella jacelas, nada.</p>
<p>Bien sabis tú, que la genti</p>
<p>la «Jedihonda» la llama</p>
<p>porque dicin tos los hombris</p>
<p>que endi lejos jiedi a mala.</p>
<p>Y tú cieguinu a querela,</p>
<p>y ella jaciéndote cara</p>
<p>pa empicarti a su persona</p>
<p>o calentarti la entraña.</p>
<p>¡Y bien que lo ha conseguío!</p>
<p>¡Y bien la genti lo jabla!</p>
<p>¡Y bien se agina tu madri</p>
<p>por ti, Gelipe del alma!</p>
<p>Dicir que bebel te ha jecho</p>
<p>de una bebía mu mala</p>
<p>que a los hombris entonteci</p>
<p>pa hacelos querel sin gana.</p>
<p>Y asín debí sel. Gelipe,</p>
<p>Gelipe de mis entrañas,</p>
<p>que tú eras bueno aninatis</p>
<p>y nunca jielis nos dabas,</p>
<p>y na del mundo sabías,</p>
<p>y siempre quietino en casa,</p>
<p>jasta te daba vergüenza</p>
<p>si de novias te jablaban.</p>
<p>Y jaci un año corrío</p>
<p>que eris otro, hijo del alma,</p>
<p>ajuyis de andi tu madri,</p>
<p>duermis poco, no trabajas,</p>
<p>comes como un pajarino</p>
<p>y ya solino te encamas.</p>
<p>To jué porque te empicaste</p>
<p>a esa serpiente mundana,</p>
<p>con la que, dici la genti,</p>
<p>aunque te matin te casas.</p>
<p>Imi si es cierto, Gelipe,</p>
<p>pa yo morilme de ansia,</p>
<p>pa que se ajogui tu padri,</p>
<p>pa que se aflija tu hermana,</p>
<p>pa dicilti que te jundis</p>
<p>y deshonras la tu casta,</p>
<p>porque esa mujer perdía</p>
<p>endi lejus jiedi a mala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Asín jablaba la madri,</p>
<p>y el hijo asín contestaba:</p>
<p>—Madri, me quieri y la quiero,</p>
<p>manque dicin que es mundana.</p>
<p>Ni pueo ejala a ella</p>
<p>ni a usté quiero yo matala&#8230;</p>
<p>¡Ejalmi morir de queo</p>
<p>y queáis iguales dambas!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Balada De Los Tres</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Ayer por la tarde</p>
<p>se acabó la fiesta,</p>
<p>la de San Antonio,</p>
<p>que es la de mi aldea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A incienso y a flores</p>
<p>olía la iglesia;</p>
<p>la casa, a membrillo;</p>
<p>la ropa, a camuesas;</p>
<p>las mozas, a vírgenes,</p>
<p>y a santas, las viejas.</p>
<p>¡Qué pronto se pasan</p>
<p>los días de fiesta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora está la niña</p>
<p>lavando en la vega,</p>
<p>y el alma le hieren</p>
<p>borrosas tristezas,</p>
<p>dolientes memorias,</p>
<p>ternuras patéticas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya guardó en el arca</p>
<p>la ropita nueva,</p>
<p>la ropita limpia,</p>
<p>que huele a camuesas.</p>
<p>Tamboril y gaita</p>
<p>ya no la recrean,</p>
<p>ni de amor alegre</p>
<p>la sangre le llenan</p>
<p>los repiques duros</p>
<p>de las castañuelas,</p>
<p>lenguas de muchachos</p>
<p>que no tienen lengua</p>
<p>para hablar de amores</p>
<p>a las muchachuelas.</p>
<p>¡Qué sola está el alma!</p>
<p>¡Qué sola la vega!</p>
<p>¡Esta tarde se muere la niña,</p>
<p>se muere de pena!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>El mozo está solo</p>
<p>regando la huerta;</p>
<p>la huerta está alegre;</p>
<p>la tarde, serena,</p>
<p>y al alma del mozo</p>
<p>le agobian tristezas.</p>
<p>¡Qué pronto se pasan</p>
<p>los días de fiesta!</p>
<p>¡Qué tristes las tristes</p>
<p>memorias que dejan!</p>
<p>Ya no luce el mozo</p>
<p>la voz en la iglesia,</p>
<p>ni en el ancho ejido</p>
<p>con los mozos juega,</p>
<p>ni a la tarde baila</p>
<p>con las muchachuelas,</p>
<p>ni a la noche ronda</p>
<p>la ventana estrecha</p>
<p>de la casa blanca</p>
<p>de la fiel morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la vieja arcona</p>
<p>de la sala vieja</p>
<p>ya guardó su madre</p>
<p>la ropita nueva</p>
<p>con las cintas verdes</p>
<p>de las castañuelas</p>
<p>y el de cien colores</p>
<p>corbatín de seda&#8230;</p>
<p>¡Qué sola está el alma!</p>
<p>¡Qué triste la huerta!</p>
<p>¡Esta tarde se muere el muchacho,</p>
<p>se muere de pena!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Yo ya no soy mozo,</p>
<p>pero tengo penas</p>
<p>que parecen cosas</p>
<p>de la gente nueva.</p>
<p>Se me van muy pronto</p>
<p>los días de fiesta.</p>
<p>La misa cantada</p>
<p>y el juego en la era</p>
<p>y el baile en la plaza</p>
<p>de vida me llenan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta tarde siento</p>
<p>mortales tristezas,</p>
<p>ansias dolorosas,</p>
<p>ternuras patéticas.</p>
<p>La tarde está sorda,</p>
<p>sin ruido la aldea,</p>
<p>desierta la plaza,</p>
<p>cerrada la iglesia:</p>
<p>y en la huerta, el mozo;</p>
<p>la moza, en la vega&#8230;</p>
<p>¡Yo, dos veces solo,</p>
<p>tengo una tristeza!&#8230;</p>
<p>¡Yo me muero también esta tarde,</p>
<p>me muero de pena!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Bálsamo Casero</strong></h3>
<p>Estamos perdíos,</p>
<p>no hay que dali güeltas,</p>
<p>que ya estoy mu jarto</p>
<p>de jechal la cuenta,</p>
<p>y ca ves que güelvo</p>
<p>se me poni dolol de cabeza.</p>
<p>—Quico, no te agines.</p>
<p>—Paecis boba, Cleta;</p>
<p>quedrás que me esponji,</p>
<p>u que baile, u que jaga fachenda;</p>
<p>mentris que la genti</p>
<p>mos jaci esta cuenta:</p>
<p>«Dies al escribano,</p>
<p>dieciséis al tío Lucio Candela,</p>
<p>nuevi a la comadri</p>
<p>y ocho a tía Endelenceia,</p>
<p>sin contal los caíos de hogaño,</p>
<p>que entri to, pues, se arrima a sesenta&#8230;</p>
<p>Y no miento al méico</p>
<p>ni al jerrero, que ya se mos quejan;</p>
<p>ni te meto la renta de hogaño,</p>
<p>ni el trimestri, que ya se mos llega,</p>
<p>que solo de costas</p>
<p>un duru te cuesta.</p>
<p>¡Estamos perdíos&#8230;</p>
<p>no hay que dali güeltas!</p>
<p>U se vende el cachujo de casa</p>
<p>y en cueros mos quean&#8230;,</p>
<p>¡u me ajorco y me ajorro de andalmi</p>
<p>jechando más cuentas!</p>
<p>—¡Vamos, no esvaríes,</p>
<p>que ni en groma, ni en groma siquiera</p>
<p>debin de mintalsi</p>
<p>brutás como esa!</p>
<p>Y más que las trampas</p>
<p>tampoco te aprietan</p>
<p>pa que asín te agines,</p>
<p>pa que asín de ajogao te veas.</p>
<p>Verdá que se debin</p>
<p>toas esas gabelas;</p>
<p>pero, mira, tenemos posibles</p>
<p>pa pagal sin vendel la jacienda.</p>
<p>Treinta duros quiciás la potranca</p>
<p>te vali en la feria;</p>
<p>tres guarrapos, a cinco, son quinci,</p>
<p>y preñá la lichona mos quea;</p>
<p>entri yo y la muchacha otros cinco</p>
<p>mos ganamos jilando dos telas,</p>
<p>que quiciás este ivierno poamos</p>
<p>jilal dos y media;</p>
<p>con los burros, a días perdíos,</p>
<p>tú te sacas tres durus de güebras,</p>
<p>y las miajas de rastras que faltan</p>
<p>y el réito que sea,</p>
<p>lo poemos matal con jornalis</p>
<p>de la aceitunera,</p>
<p>de los cavucheos</p>
<p>y de la lavería.</p>
<p>Si asperan un año,</p>
<p>no se quea a debel una perra.</p>
<p>Y en cuenta no meto</p>
<p>lo primero que para la yegua,</p>
<p>que está senteciao</p>
<p>pa si al cabo se casa Teresa,</p>
<p>que hay que jateala</p>
<p>bien de ropa nueva.</p>
<p>¿No ves cómo sali</p>
<p>pa salil de deudas</p>
<p>sin mental la casa</p>
<p>ni decilmos brutás como aquella?</p>
<p>—¡Hora! Ya lo veo;</p>
<p>no sé jechal cuentas,</p>
<p>porque no pienso en esos rinconis</p>
<p>que a ti te se acuerdan.</p>
<p>Lo que jago es ponelme möorro</p>
<p>cuando doy en quereli dal güeltas;</p>
<p>y con estas que tú me has jechao,</p>
<p>me has barrío el dolol de cabeza&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Del Charrete Al Baturrico</strong></h3>
<p>Baturrico, baturrico,</p>
<p>yo te digo la verdad,</p>
<p>que soy también un baturro</p>
<p>de castellano lugar</p>
<p>y los hermanos no engañan</p>
<p>a sus hermanos jamás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No apartes nunca tus ojos</p>
<p>de ese adorable Pilar,</p>
<p>que si los tiempos que corren</p>
<p>no hubiesen medido ya</p>
<p>lo fuerte que es una Reina,</p>
<p>que tiene un pueblo leal,</p>
<p>ya hubieran ido royendo</p>
<p>con diente frío y tenaz</p>
<p>los basamentos innobles</p>
<p>del bendito pedestal</p>
<p>donde la madre de España</p>
<p>quiso su trono asentar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien en el cielo sabían</p>
<p>que en esta Patria inmortal</p>
<p>vivir con aragoneses</p>
<p>es vivir con lealtad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero mira, baturrico,</p>
<p>mira que el genio del mal</p>
<p>anda agotando las fuentes</p>
<p>que quedan sin agotar,</p>
<p>las fuentecitas que manan</p>
<p>agüicas como cristal</p>
<p>para que puedan los hombres</p>
<p>la sed del alma apagar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si estas fuentes se agotan,</p>
<p>los frutos se secarán</p>
<p>y va a quedarse la vida</p>
<p>como fructífero erial&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira, mira, baturrico,</p>
<p>cómo quitándole van</p>
<p>a muchos hermanos nuestros</p>
<p>lo que ellos amaban más:</p>
<p>su rica fe vigorosa,</p>
<p>su instinto del ideal,</p>
<p>sus viejas virtudes sanas,</p>
<p>sus amores&#8230;, ¡su Pilar!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese de Zaragoza</p>
<p>bien sé que se estrellarán</p>
<p>con ira estéril las alas</p>
<p>del negro espíritu audaz;</p>
<p>que es la savia de ese árbol</p>
<p>sangre de gente leal,</p>
<p>y la red de sus raíces</p>
<p>tan lejos llega a arraigar,</p>
<p>que no es solo red de arterias</p>
<p>del corazón nacional,</p>
<p>sino de toda la Patria,</p>
<p>que vive de él a compás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre español, si lo hubiese,</p>
<p>que de su infancia en la edad</p>
<p>no oyó en su casa plegarias</p>
<p>a la Virgen del Pilar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Baturrico, baturrico,</p>
<p>yo te diré la verdad,</p>
<p>que a mis hermanos los charros</p>
<p>se la he predicado ya,</p>
<p>¡y ay de mis charros queridos</p>
<p>si la llegan a olvidar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De todo aquel patrimonio,</p>
<p>de todo el rico caudal</p>
<p>de nuestros tesoros viejo</p>
<p>nos queda uno solo ya:</p>
<p>nos queda la fe en el alma,</p>
<p>la savia del ideal;</p>
<p>¡nos queda Dios en el Cielo,</p>
<p>y en Zaragoza, el Pilar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y quíteme Dios la vida</p>
<p>antes del día fatal</p>
<p>en que con tristes clamores</p>
<p>tuviera yo que clamar:</p>
<p>—¡Ay de mis charros queridos,</p>
<p>que al Cielo no miran ya!</p>
<p>¡Ay de mis buenos baturros</p>
<p>que ya no tienen Pilar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Bodas De Oro</strong></h3>
<p><em>(Al excelentísimo e ilustrísimo señor don Pedro Casas y Souto, obispo de Plasencia)</em></p>
<p>¿Que cante al virtuoso</p>
<p>sabio varón de corazón piadoso?</p>
<p>No es mi musa la musa cortesana</p>
<p>de palabra del miel y áureo ropaje</p>
<p>que quema incienso a la grandeza humana;</p>
<p>es la ruda aldeana</p>
<p>que va vestida con honesto traje,</p>
<p>cantando la virtud en el lenguaje</p>
<p>que le enseñó Naturaleza sana.</p>
<p>Y porque ella es así, porque es sincera,</p>
<p>porque no es lisonjera,</p>
<p>porque es del bien la enamorada ruda</p>
<p>cantando la virtud es vocinglera,</p>
<p>mas delante del héroe es hosca y muda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni mi musa acaricia los sentidos</p>
<p>de los hombres henchidos</p>
<p>del viento de la gloria inmerecida,</p>
<p>ni desgarra con épicos sonidos</p>
<p>los austeros oídos</p>
<p>de los grandes humildes de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es de almas sin decoro</p>
<p>plegar las alas ante el trono de oro</p>
<p>donde se asienta la soberbia humana,</p>
<p>y pulsando el laúd, rodilla en tierra,</p>
<p>quemar inciensos y cantar a coro</p>
<p>con las legiones de la gente vana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es mayor pecado</p>
<p>cantarle al justo la canción sonora,</p>
<p>que su virtud celebra,</p>
<p>en lengua seductora</p>
<p>de meliflua serpiente tentadora</p>
<p>a quien solo humildad su diente quiebra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrullen los juglares</p>
<p>el trono del soberbio con cantares,</p>
<p>y la turba servil de aduladores</p>
<p>queme todo su incienso en los altares</p>
<p>donde honor y virtud no son señores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la musa honrada,</p>
<p>cuando penetre en el desnudo templo</p>
<p>del alma de un humilde, ore callada</p>
<p>y escuche en las honduras del ejemplo</p>
<p>la armonía del bien allí guardada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego de aprendida</p>
<p>la música de Dios, que a gloria suena,</p>
<p>requiera el arpa que a cantar convida</p>
<p>y ensaye en ella la canción serena</p>
<p>del alma recta, de virtud nutrida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no hiera el oído de los justos</p>
<p>con ditirambos de clamor liviano,</p>
<p>que en los senos de espíritus robustos</p>
<p>suenan a ruido vano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué le place a los grandes corazones</p>
<p>un decir halagüeño,</p>
<p>si ellos moran en diáfanas regiones</p>
<p>donde el ídolo humano es muy pequeño,</p>
<p>la voz de la lisonja desabrida,</p>
<p>la trompa de la fama ronca y hueca,</p>
<p>pobre la falsa vida</p>
<p>y el mundo frágil como caña seca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las alas de la fama presurosa,</p>
<p>esta vez no engañosa,</p>
<p>también trajeron a mi abierto oído,</p>
<p>que lo oyó con deleite inenarrable,</p>
<p>el nombre esclarecido</p>
<p>del justo patriarca venerable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así como el idólatra del oro</p>
<p>guarda siempre el tesoro</p>
<p>de su morada en el rincón oscuro,</p>
<p>yo de ese justo la adorable historia</p>
<p>escondí en el rincón de la memoria</p>
<p>donde suelo guardar todo lo puro.</p>
<p>Y en el silencio donde oculto he dado</p>
<p>a su santa humildad, nunca he clamado:</p>
<p>«¡Si supiera cantar almas tan santas!&#8230;»</p>
<p>Pero siempre muy quedo he murmurado:</p>
<p>«¡Si supiera imitar virtudes tantas!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palabras indiscretas,</p>
<p>qué hermosas habéis sido</p>
<p>mientras fuisteis sencillas y secretas</p>
<p>si osáis llegar al delicado oído</p>
<p>del venerable anciano</p>
<p>que sabe perdonar flaquezas tales,</p>
<p>decidle que sois hijas de un cristiano</p>
<p>y que amores filiales</p>
<p>os arrancaron del rincón arcano</p>
<p>donde estabais mejor que en las venales</p>
<p>alas del viento charlatán y vano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien sé que en la armonía</p>
<p>que el justo oyera de la lira mía,</p>
<p>fuera gárrula música liviana,</p>
<p>hueca trompetería</p>
<p>que no conmueve la muralla ingente</p>
<p>de la humildad cristiana,</p>
<p>que escucha el alma del varón prudente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero más que la estrofa detonante</p>
<p>con que el hijo leal celebre y cante</p>
<p>las altas prendas de su padre amado,</p>
<p>le place al padre amante</p>
<p>oír la apasionada melodía</p>
<p>del hijo enamorado</p>
<p>de la virtud que de nutrirlo ansía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venerable Pastor que has conducido</p>
<p>tu rebaño querido</p>
<p>hollando con tus plantas los abrojos,</p>
<p>por las ásperas cuestas de la vida:</p>
<p>tú, que ya ves con anhelantes ojos</p>
<p>la tierra prometida,</p>
<p>desde las cumbres del dorado ocaso</p>
<p>que ganas paso a paso</p>
<p>con santa majestad de alma elegida,</p>
<p>alza tus manos al clemente Cielo</p>
<p>y alcánzale a tus hijos el consuelo</p>
<p>de dilatar tu triste despedida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves cómo te aman?</p>
<p>¿No escuchas cómo a coro</p>
<p>todos padre te llaman?</p>
<p>¿Oyes cómo te aclaman</p>
<p>celebrando tus puras bodas de oro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves cómo a tus puertas,</p>
<p>siempre a la santa Caridad abiertas,</p>
<p>se agolpan, rumorosas,</p>
<p>las turbas de tus pobres, numerosas,</p>
<p>que pan y bendiciones</p>
<p>reciben de tus manos amorosas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese rumor opaco y elocuente</p>
<p>que tu nombre amadísimo murmura</p>
<p>es el himno amoroso más ardiente</p>
<p>que de la humana gente</p>
<p>puede escuchar una conciencia pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El otro canto, el de la gloria humana,</p>
<p>ya sonará vibrante</p>
<p>cuando entres por las puertas de la Historia;</p>
<p>y otro más dulce que tu triunfo cante</p>
<p>cuando te abra el Señor las de su gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Brindis</strong></h3>
<p>Mi pobre prosa rimada</p>
<p>no podrá deciros nada</p>
<p>que suene a cosa asombrosa:</p>
<p>esto será una charrada;</p>
<p>no puede ser otra cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No abráis el avaro oído</p>
<p>creyendo que raro y bueno</p>
<p>manjar de allende he traído,</p>
<p>que yo jamás me he nutrido</p>
<p>con pan de terruño ajeno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pienso que el nuestro es fecundo,</p>
<p>como todo lo español.</p>
<p>Pienso que no hay en el mundo</p>
<p>grano que arraigue profundo</p>
<p>debajo de extraño sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por algo Natura cría</p>
<p>ventiscares en la sierra</p>
<p>y alamedas en la umbría:</p>
<p>por algo hay quien moriría</p>
<p>si no viviera en su tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ella y a vuestro lado</p>
<p>fuera tremendo pecado</p>
<p>cantar en música extraña</p>
<p>que de frente o que de lado</p>
<p>no venga a decir: ¡España!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más todavía: ¡Castilla!;</p>
<p>todavía más: ¡Salamanca!,</p>
<p>y aún más: la pobre aldeílla,</p>
<p>la limpia casita blanca,</p>
<p>la cuna, la paz sencilla&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el molde parece estrecho</p>
<p>de mi canción natural,</p>
<p>decidlo a Aquel que me ha hecho</p>
<p>pajarillo del barbecho</p>
<p>y no lorito real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Naturaleza ha querido</p>
<p>que cada ser dé una nota</p>
<p>viva un campo y tenga un nido:</p>
<p>orden sabio y bien sentido</p>
<p>que sólo el cuco alborota,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pues tiene la mala maña</p>
<p>de que los huevos que pone</p>
<p>se incuben en casa extraña.</p>
<p>¡Pecado igual Dios perdone</p>
<p>a muchos hombres de España!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si a la selva tenebrosa</p>
<p>fuese la alondra armoniosa,</p>
<p>no supiera entre el ramaje</p>
<p>dar la nota misteriosa</p>
<p>del silencio del boscaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si al barbecho viniera</p>
<p>cotorra exótica y rara</p>
<p>cantando la sementera,</p>
<p>ni el ave la interpretara,</p>
<p>ni el labriego la sintiera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién da la nota del río</p>
<p>mejor que el mirlo sombrío</p>
<p>nacido entre sus mimbrales?</p>
<p>¿Quién canta los majadales</p>
<p>como el cárabo bravío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién da la visión entera</p>
<p>de carrascosa ladera</p>
<p>como la perdiz bizarra?</p>
<p>¿Quién mejor que la chicharra</p>
<p>canta las mies en la era?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Suenan bien en los jarales</p>
<p>músicas de colorines?</p>
<p>Silbos de águilas reales,</p>
<p>¿nos dirán en los jardines</p>
<p>lo mismo que en los canchales?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el ronco graznido duro</p>
<p>de deforme buitre impuro,</p>
<p>¿cómo podrá matizar</p>
<p>el divino claroscuro</p>
<p>de la paz del olivar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantemos nuestra tonada,</p>
<p>la genuina, la sincera:</p>
<p>tú, ruiseñor, la alborada;</p>
<p>tú, alondra, la barbechera,</p>
<p>y yo, charro, la charrada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sus típicos primores,</p>
<p>tan rudos como bizarros,</p>
<p>hoy daré finos colores,</p>
<p>porque la canto entre charros</p>
<p>disfrazados de señores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que quepan en ella quiero</p>
<p>la aldeílla y la ciudad,</p>
<p>ambas con vivir entero,</p>
<p>que es en aquella el granero</p>
<p>y aquí la Universidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquél da al cuerpo vigores,</p>
<p>ésta da al alma ideales&#8230;</p>
<p>Sudor de mil labradores</p>
<p>y saber de cien doctores,</p>
<p>son dos tesoros iguales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice la Escuela: «Yo un día</p>
<p>fui madre y templo sagrado</p>
<p>de toda sabiduría.</p>
<p>Jamás numerar podría</p>
<p>los hijos que he amamantado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del seno de que nacieron</p>
<p>saberes hondos bebieron</p>
<p>disueltos en fe de Cristo.</p>
<p>Honor los hijos me hicieron,</p>
<p>grande los siglos me han visto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fui fragua del pensamiento,</p>
<p>yunque del entendimiento,</p>
<p>levadura de la vida,</p>
<p>brújula en mar turbulento,</p>
<p>sol de la Patria querida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sol cuya rica influencia</p>
<p>bajó sobre la opulencia</p>
<p>de los troncos y fue ley,</p>
<p>que el alcázar de la Ciencia</p>
<p>más alto está que el del rey.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora, lacrimosos coros</p>
<p>me afligen con tristes lloros</p>
<p>diciéndome que soy ruinas,</p>
<p>que soy hueco de tesoros,</p>
<p>jirón de edades divinas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sombra augusta y venerable,</p>
<p>muerta gloria inolvidable,</p>
<p>vieja majestad caída,</p>
<p>triste membranza adorable,</p>
<p>puesta de sol dolorida&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me suenan esos trenos</p>
<p>a quejidos de hijos buenos,</p>
<p>mas, ¡ay!, que también me suenan</p>
<p>a estériles falsos truenos</p>
<p>que el viento de ruidos llenan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo lloran que es verdad.</p>
<p>Vinieron tiempos tiranos</p>
<p>que al grito de libertad</p>
<p>encadenaron las manos</p>
<p>de esta pobre majestad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y adiós trono, centro y manto,</p>
<p>y adiós oro y esplendores,</p>
<p>¡mucho grande y mucho santo!</p>
<p>¡Mas no los santos amores</p>
<p>de los hijos que amamanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No el pan de su inteligencia</p>
<p>ni la luz de su conciencia,</p>
<p>porque yo siempre seré</p>
<p>el alcázar de la Ciencia</p>
<p>y el castillo de la Fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si reina fuese, mi suerte</p>
<p>rodara por rumbos fijos</p>
<p>que van a dar a la muerte</p>
<p>No soy reina; soy más fuerte:</p>
<p>¡soy madre de muchos hijos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hijos!, os pido un mañana</p>
<p>como el ayer que gocé,</p>
<p>¿será mi súplica vana?</p>
<p>¡Oh, no!, cuanto más anciana.</p>
<p>más madre os pareceré&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice el granero al gañán:</p>
<p>«Yo soy tu rico tesoro,</p>
<p>soy el sudor de tu afán,</p>
<p>sudor que ha cuajado en oro</p>
<p>y oro que luego soy pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pan de la esposa buena</p>
<p>que esotro cuarto vecino</p>
<p>con celo de hormiga llena</p>
<p>de blandos copos de lino</p>
<p>que en lienzo de nieve ordena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pan de tus tres mozones,</p>
<p>enhiesto como negrillos,</p>
<p>alegres como esquilones,</p>
<p>dóciles como chiquillos</p>
<p>y fuertes como leones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pan de tus dos mozuelas,</p>
<p>sus cintas de oro y alpaca,</p>
<p>sus dengues y lentejuelas,</p>
<p>sus cruces de Alcaravaca,</p>
<p>sus hilos y sus chinelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pan del hijo mayor,</p>
<p>que es pan blanco de ciudad,</p>
<p>como que es para un señor</p>
<p>que pronto será doctor</p>
<p>de nuestra Universidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Labrador que vas arando,</p>
<p>mete la reja más honda,</p>
<p>que el filón se va agotando,</p>
<p>y el tiempo viene apurando</p>
<p>y el oro es de quien ahonda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De este modo tan sincero</p>
<p>y en este sentido amante,</p>
<p>nos hablan lenguaje entero</p>
<p>a mí, labriego, el granero,</p>
<p>y a ti, la Escuela, estudiante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son la Patria en la indigencia.</p>
<p>¿Qué pide a nuestra conciencia?</p>
<p>Espigas de un mismo haz:</p>
<p>que tú les des gloria y ciencia.</p>
<p>Que yo les dé trigo y paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gracias a todos, señores!</p>
<p>De esta rica convidada</p>
<p>llevo en el alma sabores</p>
<p>que yo no comparo a nada&#8230;</p>
<p>¡He comido pan de amores!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no hay deleites humanos</p>
<p>ni más grandes ni más sanos</p>
<p>que estos que son mi ideal:</p>
<p>pan de trigo candeal</p>
<p>comido en paz y entre hermanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre hermanos, sí, señores,</p>
<p>que aunque vos, señor rector,</p>
<p>de quien son estos honores,</p>
<p>tengáis muy lejos amores</p>
<p>que hermanos son de este amor,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo tengo a otro amor sujeto</p>
<p>mi corazón de cristiano,</p>
<p>un corazón que, discreto,</p>
<p>os llama sabio en secreto</p>
<p>y en público os llama, hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós! ¡Hasta la primera!</p>
<p>Gente que estudia o que ara,</p>
<p>debe ser poco fiestera.</p>
<p>Yo me voy a mi senara,</p>
<p>que estamos en sementera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Campos Vírgenes</strong></h3>
<p>En tierras de Extremadura,</p>
<p>donde una raza se cría,</p>
<p>toda vigor y frescura,</p>
<p>nacieron Pedro y María,</p>
<p>la fuerza y la donosura.</p>
<p>Tuvieron amores rudos,</p>
<p>de los hondos, de los mudos,</p>
<p>de los ingenuos amores,</p>
<p>de los amores desnudos</p>
<p>que prometen más que flores&#8230;</p>
<p>Ella, bella y montesina,</p>
<p>y él, montesino y fogoso,</p>
<p>eran el roble y la encina,</p>
<p>la clara luna marcina</p>
<p>y el sol de julio ardoroso.</p>
<p>Antes de la sementera,</p>
<p>cuando vecina ya era</p>
<p>la ansiada fecha dichosa</p>
<p>de aquella unión fructuosa</p>
<p>que ya la pareja espera,</p>
<p>estaba el ardiente mozo</p>
<p>descuajando inculto trozo</p>
<p>de rica tierra bravía,</p>
<p>pensó en el trigo con gozo,</p>
<p>pensó con fuego en María&#8230;</p>
<p>¡Y ved qué sabrosa cosa</p>
<p>de pronto los dos gozaron!</p>
<p>Por la senda polvorosa</p>
<p>pasó la muchacha hermosa,</p>
<p>y así a voces platicaron:</p>
<p>—¡Adios, Pedro!</p>
<p>—¡Adios, María!</p>
<p>—Tierra bien jolgá y de sierra&#8230;</p>
<p>¡Lo que le jechis te cría!&#8230;</p>
<p>—Y asín debi sel la tierra,</p>
<p>y así la genti&#8230;, agraecía&#8230;</p>
<p>¡Oh, quién la dicha me diera</p>
<p>de ver tras la venidera</p>
<p>ansiada unión venturosa</p>
<p>el hogar y la panera</p>
<p>de la pareja briosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Canción</strong></h3>
<p>No piense nunca el lloroso</p>
<p>que este cantar dolorido</p>
<p>es un capricho tejido</p>
<p>por la musa de un dichoso.</p>
<p>No piense que es armonioso</p>
<p>juego de un estro liviano;</p>
<p>piense que yo no profano,</p>
<p>ni con mentiras sonoras,</p>
<p>las penas desgarradoras</p>
<p>del corazón de un hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una canción de dolores</p>
<p>me piden mis padeceres,</p>
<p>tal como ayer mis quereres</p>
<p>pidieron cantos de amores;</p>
<p>que así como son mayores</p>
<p>si se cantan los contentos,</p>
<p>así los tristes acentos</p>
<p>de las trovas doloridas,</p>
<p>si no curan las heridas,</p>
<p>amansan los sufrimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis penas son tan vulgares</p>
<p>como esas espinas duras</p>
<p>que erizan las espesuras</p>
<p>de todos los espinares.</p>
<p>Más hondas son que los mares</p>
<p>Más hondas y más sombrías</p>
<p>que un horizonte sin días,</p>
<p>pues no hay abismo tan hondo</p>
<p>como el abismo sin fondo</p>
<p>de unas entrañas vacías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios me las hizo de fuego&#8230;</p>
<p>¿Por qué no les dio dureza</p>
<p>si quiso su fortaleza</p>
<p>probar golpe a golpe luego?</p>
<p>¿Por qué enriqueció con riego</p>
<p>de sementera de amores</p>
<p>huerto que sabe dar flores,</p>
<p>si luego le manda días</p>
<p>de matadoras sequías</p>
<p>y vientos asoladores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Al llegar a las puertas</p>
<p>de la tarde de mi vida,</p>
<p>voz de los cielos venida</p>
<p>me ha dicho: «¡Ya están abiertas!</p>
<p>¡Entra y sigue, y no conviertas</p>
<p>la mente a tiempos mejores,</p>
<p>que en vez de aquellos amores</p>
<p>de santidades pristinas</p>
<p>verás las desiertas ruinas</p>
<p>del solar de tus mayores!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Mejor es cegar, Dios mío!</p>
<p>¡Mejor es ir paso a paso</p>
<p>cayendo hacia el propio ocaso</p>
<p>solo, con pena y con frío!</p>
<p>¡Mejor es ir al vacío</p>
<p>que a ruinas y sepulturas!</p>
<p>¡Mejores son las negruras</p>
<p>de la noche más sombría,</p>
<p>que las negruras del día,</p>
<p>que son dos veces oscuras!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, loco de dolor,</p>
<p>dije con vil vocecilla&#8230;</p>
<p>¡Esto que tengo de arcilla</p>
<p>fue quien lo dijo, Señor!</p>
<p>Pero esto que es resplandor</p>
<p>de Ti, venido hasta mí,</p>
<p>cuando tu rayo sentí</p>
<p>bien sabes Tú que te dijo:</p>
<p>«¡Señor! ¡La frente del hijo</p>
<p>tienes rendida ante Ti!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con solo llorar mi suerte,</p>
<p>con solo dejar abierta</p>
<p>de tal herida la puerta,</p>
<p>muriera de triste muerte.</p>
<p>Mas, hijo yo del Dios fuerte,</p>
<p>me he resignado a vivir,</p>
<p>y voy dejándome ir</p>
<p>sobre el polvo de la senda</p>
<p>caminando a media rienda</p>
<p>por el campo del sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque si rindo la frente</p>
<p>sobre las manos crispadas,</p>
<p>si hacia las ruinas sagradas</p>
<p>dejo que vaya la mente,</p>
<p>si de mi llanto el torrente</p>
<p>dejo que anegue mi vida,</p>
<p>si abriese más esta herida</p>
<p>que en lumbre de fiebre arde,</p>
<p>viviera como un cobarde,</p>
<p>muriera como un suicida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiero vivir! Las dulzuras</p>
<p>de los gozados placeres,</p>
<p>con hieles de padeceres</p>
<p>se toman del todo puras.</p>
<p>Visión de mis desventuras:</p>
<p>¡Yo no te cierro mis ojos!</p>
<p>Camino de los abrojos:</p>
<p>¡yo no me cubro las plantas!</p>
<p>Cruz que mis hombros quebrantas:</p>
<p>¡yo te acepto sin enojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiero vivir! Dios es vida.</p>
<p>¿No veis que en vida convierte</p>
<p>la ancianidad que en la muerte</p>
<p>cayó con dulce caída?</p>
<p>¿No soy yo vida nacida</p>
<p>de vidas que a mí se dieran?</p>
<p>Pues vidas que en mí se unieran,</p>
<p>si vivo, no han de morir,</p>
<p>¡por eso quiero vivir,</p>
<p>porque mis muertos no mueran!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y no morirán conmigo,</p>
<p>que el huerto de mis amores</p>
<p>está rebosando flores</p>
<p>que pinta Dios y yo abrigo!</p>
<p>¡Y atrás el cierzo enemigo</p>
<p>de esas mis vivas canciones,</p>
<p>pues son santos eslabones</p>
<p>de una cadena florida</p>
<p>para corona tejida</p>
<p>del Dios de las creaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiero vivir! A Dios voy</p>
<p>y a Dios no se va muriendo,</p>
<p>se va al Oriente subiendo</p>
<p>por la breve noche de hoy.</p>
<p>De luz y de sombras soy</p>
<p>y quiero darme a las dos.</p>
<p>¡Quiero dejar de mí en pos</p>
<p>robusta y santa semilla</p>
<p>de esto que tengo de arcilla,</p>
<p>de esto que tengo de Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cara Al Cielo</strong></h3>
<p>¡Qué nochi tan rica!</p>
<p>¡Qué luna tan guapa!</p>
<p>Cuantis llega esti tiempo, compadri,</p>
<p>no me jago a dormil en mi casa.</p>
<p>Me agino en el patio,</p>
<p>me asfixio en la sala,</p>
<p>los violeros me jacin ronchonis,</p>
<p>me ajogan las mantas</p>
<p>y p&#8217;alivio me pongo möorro</p>
<p>cuando da en guarreal la muchacha</p>
<p>y su madri en cantali al oído</p>
<p>sin chispa de gana.</p>
<p>¡Y luego un bochorno</p>
<p>que dan cuasi ansias!</p>
<p>—¡No sigas p&#8217;lanti,</p>
<p>que lo mesmo, lo mesmo me pasa!</p>
<p>—¡Te digo que hay nochis</p>
<p>que no pueo pegal la pestaña!</p>
<p>Justamenti me queo traspuesto</p>
<p>cuando va a clarear la mañana,</p>
<p>¡y asín me levanto</p>
<p>con los ojos que escuecin que rabian,</p>
<p>los güesos molíos,</p>
<p>la cabeza que asín se me anda</p>
<p>y una derrengueta</p>
<p>que no pueo englestalmi en la cama!</p>
<p>Pero n&#8217;amás que vieni el güen tiempo</p>
<p>me esmonto de casa.</p>
<p>La mujel se esconfía que ajuyo</p>
<p>d&#8217;ella y la muchacha</p>
<p>pa roncal ondi naide me espierti</p>
<p>y ondi hayga frescanza;</p>
<p>pero yo, pa si cuela, le igo:</p>
<p>«¡Quedrás que en la cuadra</p>
<p>se empocheza la pobri la burra</p>
<p>u quedrás que se acabi de flaca!</p>
<p>Bien de mal se me jaci de nochi</p>
<p>jechal caminatas</p>
<p>y aguantal con el cuerpo el recencio</p>
<p>de por las mañanas;</p>
<p>pero a vel: si embochamos la burra</p>
<p>en el tiempo mejol pa que paza;</p>
<p>me dirá que sigún es el cuido</p>
<p>le jechi la carga&#8230;</p>
<p>¡Y así se la enreo</p>
<p>cuando dici que ajuyo de casa!</p>
<p>¡Qué noche tan rica!</p>
<p>¡Qué luna tan guapa!</p>
<p>No hay na que me sepa</p>
<p>como estalmi tumbao a la larga</p>
<p>mirando p&#8217;al cielo</p>
<p>y escuchando cantar la caraba,</p>
<p>los capachos, los bujos, los grillos</p>
<p>y también las ranas,</p>
<p>cuando cantan asín algo lejos,</p>
<p>que ampié de las charcas</p>
<p>me ponin möorro</p>
<p>con aquel sonsoneti que arman.</p>
<p>¡Mia que está una nochi&#8230;</p>
<p>jasta allí de clara!&#8230;</p>
<p>¿Quién habrá jecho aquello de arriba?</p>
<p>¡Mia que es cosa guapa!</p>
<p>¡Mentira paéci</p>
<p>que no se mos caiga,</p>
<p>porque mira que están las estrellas</p>
<p>en el airi n&#8217;amás!</p>
<p>¡Y cuidiao que son unas pocas!</p>
<p>¡Y cuidiao que están todas altas,</p>
<p>que si se cayeran</p>
<p>bien nos estripaban!</p>
<p>Y la luna también. ¡Mia que es cosa!</p>
<p>¡Qué bien jecha que tiene la cara!</p>
<p>¡Esa si que paeci imposibli</p>
<p>que no se mos caiga,</p>
<p>porque está como casi esprendía</p>
<p>si te queas parao a mirala!</p>
<p>¡Mia que es cosa esa!</p>
<p>¿Quién dirás que la ha jecho!</p>
<p>—¡Pus vaya</p>
<p>con unas preguntas</p>
<p>que jacis tan cándidas!</p>
<p>¿Pus quién jizu el mundo?</p>
<p>¡Pus Dios! No sé n&#8217;amás,</p>
<p>porque estoy cuasi ya trascordao</p>
<p>de cómo lo jizu, que bien lo galraba</p>
<p>cuando anduvi de chico a la escuela</p>
<p>aprendiendo esas cosas tan guapas.</p>
<p>Pero tienis al mi Gelipino</p>
<p>que ahora mesmo de golpi te galra</p>
<p>qué jizu Dios hoy,</p>
<p>qué jizu mañana,</p>
<p>qué jizu el desotro&#8230;,</p>
<p>y asín te lo acaba.</p>
<p>Yo no pueo palralo seguío,</p>
<p>porque ya la memoria me falla,</p>
<p>y además se me enrea la lengua</p>
<p>con tantas palabras.</p>
<p>—¡Lo mesmo, compadri</p>
<p>lo mesmo me pasa!</p>
<p>Se me jaci un ñúo</p>
<p>que no pueo siquiá meneala</p>
<p>cuantis güeli que vienin en ringla</p>
<p>dos palabras u tres de las malas.</p>
<p>Pero mira, también yo me acuerdo</p>
<p>de que altoncis asín lo enseñaban,</p>
<p>y siempre se ha oído</p>
<p>de que Dios jizu el mundo&#8230;</p>
<p>—Y mos basta</p>
<p>sabel quién lo jizu;</p>
<p>eso sé yo n&#8217;amás.</p>
<p>—¡Es que no falta genti de estudio</p>
<p>que se poni a lleval la contraria!</p>
<p>Mos estaba jerrando las bestias</p>
<p>hogaño en la plaza</p>
<p>don Silvestre, el albéital, pa dilnus</p>
<p>a la Virgen del Valle, a pujala.</p>
<p>¡Juy, Dios, si lo oyis!</p>
<p>¡Juy, cómo galraba!</p>
<p>Daba gusto oílo,</p>
<p>pero daba tamién repunanza,</p>
<p>porque jizu tamién de la Virgen</p>
<p>asín como guasa.</p>
<p>Yo no pueo explicalti el sentío</p>
<p>de tantas palabras</p>
<p>pero vinon a dal a que el mundo</p>
<p>no lo ha jecho el de arriba y que n&#8217;amás</p>
<p>que él solu se ha jecho,</p>
<p>pero asín, sin que nadie lo jaga.</p>
<p>¡Mia que es cosa esa</p>
<p>también algo parda!</p>
<p>Entavia le dijo</p>
<p>tío Prudencio con alguna guasa:</p>
<p>«¡Jaga usted las bolas</p>
<p>más chiquinas, que asín no mos pasan!»</p>
<p>¡Juy, cómo se pusu!</p>
<p>Mos llamó genti bruta de rabia,</p>
<p>y mos dijo: «¡El que puea, que aprenda,</p>
<p>que yo tengo pa mí que me basta!»</p>
<p>—¡Pus más le valía,</p>
<p>ya que tanto jabla,</p>
<p>aprendel a curalmos las bestias,</p>
<p>polque a mí me queó sin pollanca,</p>
<p>y a Ginio sin burro</p>
<p>y a ti sin guarrapa!&#8230;</p>
<p>—¡No la mientes, porque un gabarruño</p>
<p>se me jacin las tripas de rabia!</p>
<p>Di que no jue acuerdo,</p>
<p>cuando tanto galraba en la plaza,</p>
<p>pero ya verás tú si le igo</p>
<p>cuantis yo me lo jechi a la cara:</p>
<p>¡No se jabla tan mal del de arriba</p>
<p>pa jechalsi usté mesmo alabancias,</p>
<p>que la genti tamién comprendemos</p>
<p>lo que ca uno jaga,</p>
<p>lo que ca uno envente,</p>
<p>lo que ca uno valga.</p>
<p>Y si no, ya ve usté, yo le pongo</p>
<p>esta comparanza:</p>
<p>¡El de arriba mos da los ganaos</p>
<p>y usté mos los mata!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Castellana</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Por qué estás triste, mujer?</p>
<p>¿Pues no te sé yo querer</p>
<p>con un amor singular</p>
<p>de aquellos que hacen llorar</p>
<p>de doloroso placer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crees que mi amor es menor</p>
<p>porque tan hondo se encierra,</p>
<p>y es que ignoras que el amor</p>
<p>de los hijos de esta tierra</p>
<p>no sabe ser hablador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No está tu gozo cumplido</p>
<p>viendo desde esta colina</p>
<p>un pueblo a tus pies tendido,</p>
<p>un sol que ante ti declina</p>
<p>y un hombre a tu amor rendido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Te place la patria mía?</p>
<p>No en sus hondas soledades</p>
<p>busques con vana porfía</p>
<p>la estrepitosa alegría</p>
<p>de las doradas ciudades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El campo que está a tus pies</p>
<p>siempre es tan mudo, tan serio,</p>
<p>tan grave, como hoy lo ves.</p>
<p>No es mi patria un cementerio,</p>
<p>pero un templo sí lo es,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busca en ella soledades,</p>
<p>serenas melancolías,</p>
<p>profundas tranquilidades,</p>
<p>perennes monotonías</p>
<p>y castizas realidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si tú gozarlas supieras,</p>
<p>ahora mismo depusieras</p>
<p>tu adusto ceño sombrío.</p>
<p>¿Qué de mi patria quisieras</p>
<p>para alegrarte, bien mío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quieres que vaya a buscar</p>
<p>cuarzos blancos al repecho,</p>
<p>colorines al linar,</p>
<p>nidos de alondra al barbecho</p>
<p>y endrinas al espinar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para que tú te regales,</p>
<p>no dejaré una con vida</p>
<p>veloz liebre en los eriales,</p>
<p>ni esquiva perdiz hundida</p>
<p>del cerro en los matorrales,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni conejillo bravío</p>
<p>dormido bajo el carrasco,</p>
<p>ni mirlo a orillas del río,</p>
<p>ni sisón en el peñasco,</p>
<p>ni alondras en el baldío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quieres que hiera en su vuelo</p>
<p>a ese milano que el cielo</p>
<p>raya con círculos anchos,</p>
<p>y de sus garras los ganchos</p>
<p>venga a clavar en el suelo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y, atrás la cabeza echada,</p>
<p>las plumas te enseñe y rice</p>
<p>de la pechuga alterada,</p>
<p>y ante tus pies agonice</p>
<p>con la pupila espantada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si buscas flores sencillas,</p>
<p>hay en el valle violetas,</p>
<p>y gamarzas amarillas,</p>
<p>y estrelladas tijeretas,</p>
<p>y olorosas campanillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si quieres, rosa temprana,</p>
<p>ver los sudores y afanes</p>
<p>que cuesta el pan de mañana,</p>
<p>ven y verás mis gañanes</p>
<p>trajinando en la besana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O vamos a mis sembrados</p>
<p>y allí verás emulados</p>
<p>de tus labios los carmines,</p>
<p>que parecen amasados</p>
<p>con pétalos de alvergines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verás mecerse, aireadas,</p>
<p>del mar de la mies las olas,</p>
<p>aquí y allá salpicadas</p>
<p>de encendidas amapolas</p>
<p>y de jaritas moradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras gozas del vago</p>
<p>rumor de aquel ancho lago</p>
<p>de móviles verdes tules,</p>
<p>yo una corona te hago</p>
<p>de clavelillos azules;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y con ella, nueva Ceres,</p>
<p>reina serás, si tú quieres,</p>
<p>de mis campos y labores,</p>
<p>que reina de mis amores</p>
<p>ya hace tiempo que lo eres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sientes ganas de llorar?</p>
<p>También las sé yo sufrir</p>
<p>cuando me pongo a pensar</p>
<p>que Dios te puede llevar</p>
<p>y hacerme sin ti vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas&#8230; ¡vamos al prado un rato,</p>
<p>que en él hay sombra de encinas,</p>
<p>murmullos de viento grato</p>
<p>y agua fresca de regato</p>
<p>rebosante de pamplinas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quieres que de esa ladera</p>
<p>te baje un haz de tomillo,</p>
<p>o que salte a esa pradera</p>
<p>y te traiga un manojillo</p>
<p>de oliente hierba triguera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Lloras? Pues si es de ternura,</p>
<p>deja ese llanto correr,</p>
<p>que es un riego de dulzura,</p>
<p>hijo de la fresca hondura</p>
<p>del manantial del placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas si lloras desconsuelos</p>
<p>y torturas de los celos,</p>
<p>¡vive Dios, que lloras mal!</p>
<p>Testigos me son los cielos</p>
<p>de que mi amor es leal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si piensas que es menor</p>
<p>porque tan hondo se encierra,</p>
<p>recuerda que el hondo amor</p>
<p>de los hijos de esta tierra</p>
<p>no sabe ser hablador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alégrate, pues, mujer,</p>
<p>porque te sé yo querer</p>
<p>con querer tan singular,</p>
<p>que a veces me hace llorar</p>
<p>de doloroso placer&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Soledad</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Ciego que ayer no lo fuera</p>
<p>sufre más negra ceguera</p>
<p>que el que en la sombra ha nacido.</p>
<p>Triste que ayer no lo era</p>
<p>dos veces hondo ha caído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo un día —¡lejano día!—</p>
<p>gocé de la compañía</p>
<p>de mis placeres mejores;</p>
<p>yo bebí de la ambrosía</p>
<p>del amor de mis amores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo gusté la miel sabrosa</p>
<p>de un vivir feliz, sereno,</p>
<p>lleno de fe sustanciosa&#8230;</p>
<p>puro vivir, todo lleno</p>
<p>de grandeza religiosa&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pan el trabajo me daba,</p>
<p>la paz me lo equilibraba,</p>
<p>la fe me lo dirigía,</p>
<p>el amor me lo alegraba</p>
<p>y Dios me lo bendecía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Santo vivir cuya historia</p>
<p>como una reliquia encierra</p>
<p>la llave de mi memoria!</p>
<p>¡Era lo que hay en la tierra</p>
<p>más parecido a la gloria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otro día —¡turbio día!—,</p>
<p>la misma mano que el cielo</p>
<p>de mis venturas teñía</p>
<p>con luz de rosa que un velo</p>
<p>de eterna aurora fingía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>trajo nubes por Oriente,</p>
<p>vibró el relámpago ardiente</p>
<p>con cárdenos resplandores&#8230;</p>
<p>¡y el rayo cayó en la frente</p>
<p>del amor de mis amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y he sentido en torno mío</p>
<p>las tinieblas del vacío</p>
<p>con sus hondas ansiedades,</p>
<p>y he sentido todo el frío</p>
<p>de las grandes soledades&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y he gritado en la arenosa</p>
<p>solitaria inmensidad</p>
<p>con ronca voz clamorosa:</p>
<p>¡No hay soledad dolorosa</p>
<p>como esta mi soledad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Una noche, una doliente</p>
<p>noche de angustia empapada,</p>
<p>noche de místico ambiente,</p>
<p>que tenía el peso ingente</p>
<p>de la culpa consumada&#8230;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>una noche religiosa,</p>
<p>fúnebremente sentida,</p>
<p>místicamente radiosa,</p>
<p>hondamente entristecida</p>
<p>y ardientemente amorosa&#8230;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>muchedumbre de creyentes</p>
<p>doloridos, reverentes,</p>
<p>apiñados, silenciosos,</p>
<p>bajas las pálidas frentes,</p>
<p>turbios los ojos llorosos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>llevaban, triste, adelante</p>
<p>del cortejo entristecido,</p>
<p>la imagen interesante</p>
<p>de la Madre más amante</p>
<p>del hijo más dolorido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La miré con alma llena</p>
<p>de luz y calor de fe;</p>
<p>la vi sola, la vi buena,</p>
<p>y al abismo de su pena</p>
<p>con el alma me asomé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gran Dios! Tan honda y oscura</p>
<p>la sima de la amargura</p>
<p>mi sentimiento entrevió,</p>
<p>que el vértigo de la hondura</p>
<p>mi mente desvaneció.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así me dijo el sentido:</p>
<p>—Ésa no es extraña humana</p>
<p>que humano amor ha perdido:</p>
<p>¡es la Virgen soberana</p>
<p>que Madre de un Dios ha sido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo dio por la pecadora</p>
<p>loca y ciega Humanidad&#8230;</p>
<p>El Mártir ha muerto ahora&#8230;</p>
<p>¡la Madre de Cristo llora,</p>
<p>sin Cristo, su soledad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si siempre ha sido el amor</p>
<p>la medida del dolor,</p>
<p>di, pecador, ¿dónde has visto</p>
<p>duelo de madre mayor</p>
<p>que el de la Madre de Cristo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¡Madre mía, débil fui!</p>
<p>Por no ver el hondo abismo</p>
<p>de tu dolor ante mí,</p>
<p>miré dentro de mí mismo,</p>
<p>y ante otro abismo me vi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El abismo hondo y oscuro</p>
<p>del pecado más odioso</p>
<p>de este corazón impuro,</p>
<p>que es ingrato y veleidoso,</p>
<p>loco y ciego, torpe y duro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dulce estrella matutina!</p>
<p>¡Virgen de la Soledad!</p>
<p>¡Yo también puse una espina</p>
<p>sobre la frente divina</p>
<p>del Sol de la Humanidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si Madre de Dios no fueras,</p>
<p>¿cómo el crimen perdonaras,</p>
<p>ni en mis lágrimas creyeras,</p>
<p>ni al Hijo por mí rogaras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía, madre mía!</p>
<p>Llorando yo soledades</p>
<p>que eran como una agonía,</p>
<p>dije que nadie sufría</p>
<p>tan horrendas ansiedades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy, que, al ver tu duelo santo,</p>
<p>vislumbré, anegado en llanto,</p>
<p>un punto de tu grandeza,</p>
<p>me han causado igual espanto</p>
<p>tu dolor y mi flaqueza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dolorida gran Señora!,</p>
<p>tu soledad, ¡ay!, ha sido</p>
<p>la segunda redentora</p>
<p>de este corazón herido</p>
<p>que en tu soledad te adora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ciegos</strong></h3>
<p>I</p>
<p>No le dieron el cetro la intriga,</p>
<p>ni la torpe ambición, ni el engaño,</p>
<p>ni la sangre que vierten los hombres</p>
<p>que se roban el oro y el mando.</p>
<p>Dios los puso de todos los tronos</p>
<p>en el trono más puro y más alto,</p>
<p>y subió como siervo que sube</p>
<p>con al cruz del deber al Calvario.</p>
<p>¡Y subió con el santo derecho</p>
<p>del Príncipe santo,</p>
<p>sin las náuseas del odio en el alma,</p>
<p>sin la mueca del triunfo en los labios,</p>
<p>sin mancha en la frente,</p>
<p>sin sangre en las manos!&#8230;</p>
<p>Era el trono, entre Dios y los hombres,</p>
<p>dulcísimo lazo,</p>
<p>pararrayos divino del mundo,</p>
<p>concordia entre hermanos,</p>
<p>faro en las tinieblas,</p>
<p>orden en el caos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el Ungido miraba a sus hijos,</p>
<p>y lloraba de amor al mirarlos&#8230;,</p>
<p>¡tan débiles todos!&#8230;,</p>
<p>¡todos tan amados!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tornaba los ojos al cielo,</p>
<p>y alzaba los brazos,</p>
<p>y del cielo a raudales caían,</p>
<p>al subir la oración de sus labios,</p>
<p>luces en su mente,</p>
<p>bienes en sus manos&#8230;</p>
<p>y en la grada más alta del trono,</p>
<p>mirando hacia abajo,</p>
<p>temblando de amores,</p>
<p>de amores llorando&#8230;,</p>
<p>soberano, radiante, divino,</p>
<p>sublime, inspirado,</p>
<p>como blanca visión de los cielos,</p>
<p>como Padre de amores avaro,</p>
<p>que a sus hijos quisiera traerles</p>
<p>la gloria en pedazos&#8230;,</p>
<p>dulce, generoso,</p>
<p>solemne, magnánimo,</p>
<p>derramaba la luz de su mente</p>
<p>y el bien de sus manos,</p>
<p>inundando de efluvios de cielo,</p>
<p>del mundo los ámbitos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Se resiste la mente a creerlo!</p>
<p>¡Se resiste la lira a cantarlo!</p>
<p>La legión de los hombres impíos,</p>
<p>la legión de los hijos ingratos,</p>
<p>ante el trono del Príncipe justo,</p>
<p>del Príncipe sabio,</p>
<p>ante el trono del Padre amoroso,</p>
<p>del Padre injuriado,</p>
<p>congregados por vientos de abismos,</p>
<p>rugieron, gritaron&#8230;</p>
<p>¡Lo mismo que aquellos</p>
<p>que escuchaba el cobarde Pilatos!</p>
<p>Y rodó la corona del justo,</p>
<p>y a la cárcel al justo llevaron,</p>
<p>¡y vive en la cárcel, por ellos gimiendo,</p>
<p>por todos orando!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Se resiste a creerlo la mente!</p>
<p>¡Se resiste la lira a cantarlo!</p>
<p>Y una sola cuerda,</p>
<p>que responde al pulsarla mi mano,</p>
<p>solo quiere cantar esta estrofa,</p>
<p>que repite con ecos airados:</p>
<p>«¡Ay de los impíos!</p>
<p>¡Ay de los ingratos</p>
<p>que coronan de agudas espinas</p>
<p>las sienes de un santo,</p>
<p>la frente de un Padre,</p>
<p>la cabeza de un débil anciano!&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Sementeras</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Con el relente que le da tempero,</p>
<p>la madrugada roció la tierra.</p>
<p>Se siente frío en la besana húmeda;</p>
<p>el terruño está solo. Ya alborea.</p>
<p>Lo dice levantándose del surco</p>
<p>la alondra mañanera</p>
<p>que desgrana en el aire el de sus trinos</p>
<p>hilo copioso de sonantes perlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sale el sol de las mañanas tibias,</p>
<p>ya sale el sol de las mañanas buenas,</p>
<p>sol de salud, incubador de gérmenes,</p>
<p>sol de la sementera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tiene más testigos y cantores</p>
<p>que yo y la alondra en la besana escueta,</p>
<p>ni más espejos que el regato limpio</p>
<p>y el rocío en las puntas de la hierba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viene triunfante, coronado de oro;</p>
<p>radiante viene levantando nieblas</p>
<p>y evaporando el matinal relente</p>
<p>que parece el aliento de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya llegan mis gañanes con las yuntas</p>
<p>canturreando la canción primera</p>
<p>que les arranca el equilibrio plácido</p>
<p>del bien venir de la mañana buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rayando los timones el camino,</p>
<p>y en alto la mancera,</p>
<p>vienen los bueyes con la cruz que forman</p>
<p>el yugo y el arado en la cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya escucho golpes secos</p>
<p>de mazos y de azuelas,</p>
<p>silbidos cariñosos,</p>
<p>nombres de bueyes que en besana entran</p>
<p>y uno que suena compasado ruido</p>
<p>como de riego de menudas perlas</p>
<p>al desplegarse el abanico de oro</p>
<p>de la simiente que los mozos riegan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estoy en el repecho</p>
<p>presidiendo mi hermosa sementera.</p>
<p>Todo lo escucho con avaro oído:</p>
<p>el blando hundirse de las anchas rejas;</p>
<p>el süave rodar hacia los lados</p>
<p>de la mullida tierra;</p>
<p>el alentar pujante de los bueyes,</p>
<p>de cuyos bezos charolados cuelgan</p>
<p>tenues hilos de baba trasparente</p>
<p>que el manso andar no quiebra;</p>
<p>aquel pausado y firme</p>
<p>posar de sus pezuñas gigantescas;</p>
<p>el crujir dormilón de las coyundas</p>
<p>que el yugo pulimentan;</p>
<p>un aliento de brisa tan süave</p>
<p>que apenas se menea,</p>
<p>un hondo y general rumor de vida</p>
<p>y un ruido sordo de pujante brega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tal como si el alma del terruño</p>
<p>viniese toda condensada en ella,</p>
<p>la tonada de arar surge solemne</p>
<p>la tonada de arar al alma llega</p>
<p>cantando cosas dulces,</p>
<p>diciendo cosas buenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus mansas recaídas</p>
<p>parecen que remedan</p>
<p>la suavidad de las laderas dulces</p>
<p>de la ondulada castellana tierra</p>
<p>o el tranquilo vaivén de los pensares</p>
<p>que el mar ondulan de las almas serias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a mí también me hablan</p>
<p>sus lánguidas cadencias</p>
<p>del bien gozar los apacibles goces,</p>
<p>del bien llorar las bendecidas penas,</p>
<p>del buen amor de la mujer fecunda,</p>
<p>del bien sentir la paternal querencia</p>
<p>y de un vivir sereno,</p>
<p>fuerte y seguro, como aquel que llevan,</p>
<p>paso de hierro sobre tierra blanda,</p>
<p>los mansos bueyes de gigantes fuerzas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Cruzan el cielo nubecillas tenues</p>
<p>que parecen blanquísimas guedejas</p>
<p>cortadas del vellón inmaculado</p>
<p>que dieron en abril las corderuelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sol baña el terruño,</p>
<p>se ve crecer la hierba</p>
<p>y huele a tierra húmeda</p>
<p>cargada de promesas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué dulce es presidir desde el repecho</p>
<p>la propia sementera</p>
<p>si el cielo es transparente, fresco el aire,</p>
<p>húmeda y fértil la esponjada tierra,</p>
<p>el sol templado, la simiente sana,</p>
<p>robustas las parejas,</p>
<p>alegres los gañanes,</p>
<p>la tonada de arar, sentida y lenta,</p>
<p>sabroso el pan de casa</p>
<p>y el agua del regato limpia y fresca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mente embebecida</p>
<p>se carga entonces de memorias bellas;</p>
<p>del lado del hogar me vienen todas,</p>
<p>que el hogar es el cielo de la tierra,</p>
<p>la paz de mi vivir me las regala</p>
<p>y en paz el corazón las paladea.</p>
<p>¡Aquella del hogar sí que es hermosa!</p>
<p>¡Aquella sí que es santa sementera!</p>
<p>También yo la presido,</p>
<p>también Dios la bendice y la gobierna.</p>
<p>Dios encendió en el cielo de la vida</p>
<p>el sol de los amores para ella,</p>
<p>para que al fuego santo</p>
<p>las almas y las sangres se fundieran.</p>
<p>Dios le da noches de fecundas horas</p>
<p>y luengos días de apacibles treguas&#8230;,</p>
<p>¡horas sin luz que velen sus misterios</p>
<p>y horas de sol que sus entrañas templan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y Dios, Padre del mundo,</p>
<p>le da también cosecha</p>
<p>de frutos vivos que el vivir anudan,</p>
<p>de frutos bellos que el vivir alegran&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor, que das la vida!</p>
<p>Dame salud y amor, y sol y tierra,</p>
<p>y yo te pagaré con campos ricos</p>
<p>en ambas sementeras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Confidencias</strong></h3>
<p>Un secreto vida mía;</p>
<p>pero quiero que no llores</p>
<p>si te digo que la adoro con el alma,</p>
<p>si te digo que del todo no soy tuyo,</p>
<p>si te digo que me ama</p>
<p>una sombra peregrina de mujer irrealizable</p>
<p>que mi espíritu ha creado porque nunca pudo hallarla</p>
<p>en la vasta muchedumbre de adorables criaturas</p>
<p>por los ámbitos del mundo derramadas.</p>
<p>Tú no sabes</p>
<p>que en mis días de mortales desalientos pavorosos</p>
<p>y en las horas tan vacías de mis noches solitarias,</p>
<p>cuando el mundo me abandona,</p>
<p>cuando duermen los que aman,</p>
<p>cuando sólo tengo enfrente los asaltos del hastío,</p>
<p>cuando el alma,</p>
<p>cuando el alma combate afligida</p>
<p>con el ansia de todas las ansias,</p>
<p>con el peso de todas las dudas,</p>
<p>con las sales de todas las lágrimas,</p>
<p>con el fuego de todas las fiebres,</p>
<p>con el hipo de todas las náuseas,</p>
<p>la impalpable vaga sombra femenina misteriosa</p>
<p>como nuncio de consuelos que los cielos me enviaran,</p>
<p>viene a verme con las alas extendidas,</p>
<p>viene a verme cual paloma enamorada,</p>
<p>y disipa en mi cerebro la pesada calentura</p>
<p>con el roce de las puntas de sus alas&#8230;,</p>
<p>¡con el roce de las puntas</p>
<p>de sus alas nacaradas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh qué sueños!</p>
<p>Yo soñaba</p>
<p>que esa sombra nebulosa de mujer irrealizable</p>
<p>que mi espíritu refresca con el toque de sus alas;</p>
<p>¡de unas alas como aquellas que perdimos</p>
<p>las criaturas humanas!,</p>
<p>en un cuerpo como el tuyo, con hechuras milagrosas</p>
<p>encarnara.</p>
<p>¡Sueños locos!</p>
<p>Dios no quiere que en la vida cristalicen</p>
<p>esas sombras de los mundos de la nada:</p>
<p>Dios no quiere que la aroma de la idea,</p>
<p>condensada por anhelos de quien ama,</p>
<p>caiga dentro de ese vaso peregrino</p>
<p>de viviente forma humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios no quiere,</p>
<p>Dios no quiere que yo sea todo tuyo,</p>
<p>porque quiso que te viera y que te amara,</p>
<p>y no quiso darte algo</p>
<p>que necesita mi alma</p>
<p>para que entera en la tuya</p>
<p>pudiera yo derramarla</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo te quiero mucho,</p>
<p>de otro modo que a esa aérea femenina sombra vaga</p>
<p>que disipa en mi cerebro las ardientes calenturas</p>
<p>con el toque misterioso de sus alas.</p>
<p>Para ti son los impulsos</p>
<p>más robustos de mi cuerpo y de mi alma,</p>
<p>las miradas de mis ojos,</p>
<p>que en los tuyos derretidas se derraman,</p>
<p>las caricias de mis manos que te buscan</p>
<p>y el aliento de mi boca que te abrasa,</p>
<p>y en los besos de mis labios,</p>
<p>y el ardiente palpitar de mis entrañas.</p>
<p>Para ti mi compañía</p>
<p>por la senda de la vida solitaria,</p>
<p>el apoyo y la defensa de mi brazo vigoroso,</p>
<p>los alientos de mi pecho, recipiente de tus lágrimas,</p>
<p>y el cariño serio y hondo del esposo enamorado</p>
<p>que en sus hijos te idolatra&#8230;,</p>
<p>¡en sus hijos cuyas vidas son estrofas del poema</p>
<p>que el esposo enamorado, rendidísimo, te canta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para ella&#8230;</p>
<p>los delirios de la mente soñadora,</p>
<p>los sentires melancólicos del alma,</p>
<p>los pensares exquisitos y sutiles,</p>
<p>las poéticas nostalgias&#8230;,</p>
<p>los estériles poemas de la lira,</p>
<p>¡de la pobre lira bárbara!,</p>
<p>los hastíos taciturnos</p>
<p>y las hambres de ideales que me arañan</p>
<p>¡unas hambres de ideales</p>
<p>que me arañan en el alma!</p>
<p>Sí; las flores y los frutos y las savias de mi vida</p>
<p>para ti, que eres humana:</p>
<p>los aromas, para ella,</p>
<p>que es fantástica figura de los mundos de la nada.</p>
<p>¡Oh mujer, el Hombre es tuyo!</p>
<p>¡Tuyo el Poeta, oh fantasma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Pedrada</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Cuando pasa el Nazareno</p>
<p>de la túnica morada,</p>
<p>con la frente ensangrentada,</p>
<p>la mirada del Dios bueno</p>
<p>y la soga al cuello echada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el pecado me tortura,</p>
<p>las entrañas se me anegan</p>
<p>en torrentes de amargura,</p>
<p>y las lágrimas me ciegan</p>
<p>y me hiere la ternura&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo he nacido en esos llanos</p>
<p>de la estepa castellana,</p>
<p>cuando había unos cristianos</p>
<p>que vivían como hermanos</p>
<p>en república cristiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me enseñaron a rezar,</p>
<p>enseñáronme a sentir</p>
<p>y me enseñaron a amar,</p>
<p>y como amar es sufrir</p>
<p>también aprendí a llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando esta fecha caía</p>
<p>sobre los pobres lugares,</p>
<p>la vida se entristecía,</p>
<p>cerrábanse los hogares</p>
<p>y el pobre templo se abría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y detrás del Nazareno</p>
<p>de la frente coronada,</p>
<p>por aquel de espigas lleno</p>
<p>campo dulce, campo ameno,</p>
<p>de la aldea sosegada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los clamores escuchando</p>
<p>de dolientes Misereres,</p>
<p>iban los hombres rezando,</p>
<p>sollozando las mujeres</p>
<p>y los niños observando&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, qué dulce, qué sereno</p>
<p>caminaba el Nazareno</p>
<p>por el campo solitario,</p>
<p>de verdura menos lleno</p>
<p>que de abrojos el Calvario!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán suave, cuán paciente</p>
<p>caminaba y cuán doliente</p>
<p>con la cruz al hombro echada,</p>
<p>el dolor sobre la frente</p>
<p>y el amor en la mirada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los hombres, abstraídos,</p>
<p>en hileras extendidos,</p>
<p>iban todos encapados,</p>
<p>con hachones encendidos</p>
<p>y semblantes apagados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y enlutadas, apiñadas,</p>
<p>doloridas, angustiadas,</p>
<p>enjugando en las mantillas</p>
<p>las pupilas empañadas</p>
<p>y las húmedas mejillas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>viejecitas y doncellas</p>
<p>de la imagen por las huellas</p>
<p>santo llanto iban vertiendo&#8230;</p>
<p>¡Como aquellas, como aquellas</p>
<p>que a Jesús iban siguiendo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los niños, admirados,</p>
<p>silenciosos, apenados,</p>
<p>presintiendo vagamente</p>
<p>dramas hondos no alcanzados</p>
<p>por el vuelo de la mente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>caminábamos sombríos,</p>
<p>junto al dulce Nazareno,</p>
<p>maldiciendo a los judíos,</p>
<p>¡que eran Judas y unos tíos</p>
<p>que mataron al Dios bueno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Cuántas veces he llorado</p>
<p>recordando la grandeza</p>
<p>de aquel hecho inusitado</p>
<p>que una sublime nobleza</p>
<p>inspirole a un pecho honrado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La procesión se movía</p>
<p>con honda calma doliente.</p>
<p>¡Qué triste el sol se ponía!</p>
<p>¡Cómo lloraba la gente!</p>
<p>¡Cómo Jesús se afligía!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué voces tan plañideras</p>
<p>el Miserere cantaban!</p>
<p>¡Qué luces, que no alumbraban,</p>
<p>tras las verdes vidrïeras</p>
<p>de los faroles brillaban!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquel sayón inhumano</p>
<p>que al dulce Jesús seguía</p>
<p>con el látigo en la mano,</p>
<p>¡qué feroz cara tenía,</p>
<p>qué corazón tan villano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La escena a un tigre ablandara!</p>
<p>Iba a caer el cordero,</p>
<p>y aquel negro monstruo fiero</p>
<p>iba a cruzarle la cara</p>
<p>con el látigo de acero&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas un travieso aldeano,</p>
<p>una precoz criatura</p>
<p>de corazón noble y sano</p>
<p>y alma tan grande y tan pura</p>
<p>como el cielo castellano,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>rapazuelo generoso</p>
<p>que al mirarla, silencioso,</p>
<p>sintió la trágica escena,</p>
<p>que le dejó el alma llena</p>
<p>de hondo rencor doloroso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>se sublimó de repente,</p>
<p>se separó de la gente,</p>
<p>cogió un guijarro redondo,</p>
<p>miróle al sayón de frente</p>
<p>con ojos de odio muy hondo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>parose ante la escultura,</p>
<p>apretó la dentadura,</p>
<p>aseguróse en los pies,</p>
<p>midió con tino la altura,</p>
<p>tendió el brazo de través,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>zumbó el proyectil terrible,</p>
<p>sonó un golpe indefinible,</p>
<p>y del infame sayón</p>
<p>cayó botando la horrible</p>
<p>cabezota de cartón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los fieles, alborotados</p>
<p>por el terrible suceso,</p>
<p>cercaron al niño, airados,</p>
<p>preguntándole admirados:</p>
<p>—¿Por qué, por qué has hecho eso?&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y él contestaba, agresivo,</p>
<p>con voz de aquellas que llegan</p>
<p>de un alma justa a lo vivo:</p>
<p>—¡Porque sí, porque le pegan</p>
<p>sin hacer ningún motivo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Hoy, que con los hombres voy,</p>
<p>viendo a Jesús padecer,</p>
<p>interrogándome estoy:</p>
<p>¿Somos los hombres de hoy</p>
<p>aquellos niños de ayer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Fabla Del Lugar</strong></h3>
<p><em> (Improvisación)</em></p>
<p>Cuando yo güelva al pueblo y me diga</p>
<p>mi compadri Cerilo, el de Cleta:</p>
<p>—Pero escucha: ¿pues andi has estao</p>
<p>pa que asina vengas,</p>
<p>fechendosu como un pavo güero</p>
<p>que de puru fanfarria se encrespa?</p>
<p>Pus hombri, paeci</p>
<p>como si te hubieran</p>
<p>jechu juez de estrución de repenti</p>
<p>pa jacel fachenda.</p>
<p>—Pus de Cáceres vengo, compadri</p>
<p>¿Te jaci algu e mella</p>
<p>el pensal si yo tengu o no tengu</p>
<p>genti de la güena</p>
<p>pa si me ofreci</p>
<p>metel enfluencias?</p>
<p>Pues si estás rescocío por eso</p>
<p>dati con manteca,</p>
<p>porque naide te tieni la culpa</p>
<p>de que un naide seas,</p>
<p>que no sabis n&#8217;amás</p>
<p>que ajuntar una miaja las letras,</p>
<p>tratal con el burro,</p>
<p>dirte a la taberna</p>
<p>u charlal a bandujo de cosas</p>
<p>que no tienin cuenta.</p>
<p>—Homnbre, no te igo</p>
<p>que ande bien de letra,</p>
<p>porque es cosa que no me ha tirao</p>
<p>ni siquiá cuando anduvi a la escuela,</p>
<p>pero mira, tamién arrempujo</p>
<p>si se ofreci metel enfluencias,</p>
<p>porque el nuestro señol deputao</p>
<p>cuando vino a los votos, ¿te acuerdas?,</p>
<p>se jué de jocicus</p>
<p>a mi casa mesma,</p>
<p>y al marcharse me dijo: «Cerilo,</p>
<p>pide lo que quieras,</p>
<p>porque ya te he dicho</p>
<p>que a ti te se aprecia.»</p>
<p>—Calla, no me jablis</p>
<p>de las cosas esas,</p>
<p>que n&#8217;amás de oílas</p>
<p>no me jaci coción la merienda;</p>
<p>lo que tu deputao quería</p>
<p>era que metieras</p>
<p>dentro de la urnia</p>
<p>la su papeleta.</p>
<p>¡Vaya unos quereris</p>
<p>eus que me mientas!</p>
<p>Los quereris de adentro, compadri</p>
<p>son de otra manera&#8230;</p>
<p>y me obliga a decírtelo n&#8217;amás</p>
<p>que pa que lo sepas.</p>
<p>Cuando yo a la ciudá jui ahora</p>
<p>n&#8217;amás que quisiera</p>
<p>que hubieras golío</p>
<p>los convitis que me han jechu en ella,</p>
<p>n&#8217;más porque dicin</p>
<p>que sé algo de letra.</p>
<p>Unos señoronis</p>
<p>que jablaban más finus que perlas</p>
<p>se ajuntaron, asín que me vieron,</p>
<p>jablaron con priesa</p>
<p>y le andaban diciendo a los otros</p>
<p>en la calle mesma:</p>
<p>«¡Señoris, señoris,</p>
<p>a vel qué se piensa,</p>
<p>que ha venío p&#8217;acá de las Jurdis</p>
<p>un muchacho que sabi de letras,</p>
<p>que jaci aleluyas,</p>
<p>que jaci comedias,</p>
<p>que jaci unas coplas</p>
<p>jasta allí de güenas!»</p>
<p>«¡Pus a convialo!</p>
<p>Y que el hombri se jaga la cuenta</p>
<p>de que aquí solamente hay convitis</p>
<p>pa quien los merezca.»</p>
<p>¡Compadri, compadri!</p>
<p>N&#8217;amás que quisiera</p>
<p>que por un bujerinu bien chico</p>
<p>golíu lo hubieras.</p>
<p>¡Juy, Dios, qué salota!</p>
<p>¡Juy, chico, qué mesas!</p>
<p>¡Juy, Dios, qué comías!</p>
<p>¡Juy, qué güenas bebías aquellas!</p>
<p>¡Juy, qué cigarronis!</p>
<p>Los llamaban brevas</p>
<p>como aquí nombran tos a los jigos</p>
<p>más temprano que dan las jigueras.</p>
<p>¡Qué ricus, compadri!</p>
<p>¡Aquello es canela,</p>
<p>y no los pitillos</p>
<p>de las pitilleras,</p>
<p>que paeci que sabin a istierco</p>
<p>y a jiel de la tierra!</p>
<p>¡Y vengan cafesis,</p>
<p>y vengan botellas</p>
<p>que estrumpían lo mesmo que tirus</p>
<p>y jacía el licol al verterlas</p>
<p>un espumarajo</p>
<p>que cocía de puru la juerza!</p>
<p>Y luego, compadri,</p>
<p>¡qué lenguas aquellas</p>
<p>pa brindal y ponel pol las nubes</p>
<p>las cosas de letra!</p>
<p>Ya no pueo explical lo que dijon,</p>
<p>pero dijon tamién cosas güenas</p>
<p>de las coplas que jice hogañazo</p>
<p>pa imprentarlas en libro, ¿te acuerdas?</p>
<p>¡Compadri, qué gentis</p>
<p>tan finas aquellas,</p>
<p>qué gentis tan listas,</p>
<p>y tamién qué güenas!</p>
<p>Los quereris de aquellos señoris</p>
<p>son quereris de adentru, ¿te enteras?</p>
<p>Porque na te piden</p>
<p>ni na de ti esperan,</p>
<p>y n&#8217;amás te quierin</p>
<p>porque dicin que sabis de letra,</p>
<p>y como ellus son listos, les gusta</p>
<p>que la genti sea lista y espierta,</p>
<p>porque mira, pa brutos ya bastan</p>
<p>entri güeyis, guarrapos y bestias.</p>
<p>—¿Y tú qué decías</p>
<p>cuando vías aquellas finezas</p>
<p>que han jecho contigo</p>
<p>pol sabel de letra?</p>
<p>—Pus compadri, pal caso, ni chispa,</p>
<p>polque yo pa decil cosas güenas</p>
<p>paeci que me jacen</p>
<p>un ñúo en la lengua.</p>
<p>Pero mira, compadri, te digo</p>
<p>que si yo te viera</p>
<p>dil el río abaju</p>
<p>con la genti aquella</p>
<p>y a ti o a ellos n&#8217;amás</p>
<p>sacalsus pudiera,</p>
<p>te ajogas, compadri,</p>
<p>como rata vieja,</p>
<p>aunque mil gorgoritos jicieses</p>
<p>pa querel conserval la pelleja&#8230;</p>
<p>¡aunque en crus me pidiese socorro</p>
<p>la comadri Cleta!</p>
<p>¡Ya ves tú si vendré agraecío</p>
<p>de la gente aquella!</p>
<p>N&#8217;amás una espina</p>
<p>me escarabajea</p>
<p>pa en dentru, pa en dentru</p>
<p>de las entretelas:</p>
<p>no poeli habel dicho a la genti</p>
<p>con palabras bien finas y güenas:</p>
<p>«¡Señoronis, que yo no merezco</p>
<p>toas esas querencias!</p>
<p>¡Que Dios vos lo pagui</p>
<p>y que yo de verdá lo agraeza!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Canción Del Terruño</strong></h3>
<p>De los cuerpos y las almas de mis hijos</p>
<p>yo soy cuna, yo soy tumba, yo soy patria;</p>
<p>yo soy tierra donde afincan sus amores,</p>
<p>yo soy tierra donde afincan sus nostalgias,</p>
<p>yo soy álveo que recoge los regueros</p>
<p>de sudores que fecundan mis entrañas,</p>
<p>yo soy fuente de sus gozos</p>
<p>yo soy vaso de sus lágrimas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo el calvario de sus bárbaras caídas,</p>
<p>yo el oriente de sus tenues esperanzas,</p>
<p>yo la carga de sus días mal vividos</p>
<p>y el insomnio de sus noches abreviadas,</p>
<p>yo el tesoro de sabroso pan moreno</p>
<p>que las manos honradísimas amasan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de los hijos bien nacidos</p>
<p>y la esposa bien amada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera que los gérmenes fecundos</p>
<p>que sotierran en mis áridas entrañas,</p>
<p>vigorosos y prolíferos se hinchasen,</p>
<p>y pletóricos de vida reventaran,</p>
<p>y paridos de mis senos a la vida,</p>
<p>por mi haz se derramasen en cascadas</p>
<p>que espumaran en agosto</p>
<p>oro rubio sobre plata&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo soy un decrépito ya estéril,</p>
<p>sin las vírgenes frescuras de las savias,</p>
<p>que mis bellas primaveras de otros días</p>
<p>encendieron y cuajaron en sustancias,</p>
<p>¡en sustancias de la vida que rebosan</p>
<p>porque hierven, porque sobran, porque matan</p>
<p>si cuajando en otras vidas</p>
<p>sus esencias no derraman!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la vida que me dio Naturaleza</p>
<p>me sorbieron esas vírgenes sustancias,</p>
<p>que en la mano pedigüeña de mis hijos</p>
<p>yo vertía en creaciones espontáneas.</p>
<p>El tesoro de mis senos ya está pobre,</p>
<p>seco el álveo que la linfa refrescaba&#8230;</p>
<p>¡No pidáis pan al hambriento</p>
<p>ni al sediento pidáis agua!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya están hondos, ya están hondos los filones</p>
<p>del tesoro que mi seno os regalaba;</p>
<p>con la punta de esas rejas no se topan,</p>
<p>con gemidos y sudores no se ablandan&#8230;</p>
<p>Ya mis senos no son cuna de semillas</p>
<p>que en fecundo limo virgen germinaran:</p>
<p>¡Son sepulcros de simientes</p>
<p>en el polvo sepultadas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es preciso que renazcan, que rebullan,</p>
<p>que revivan en mi hondura nuevas savias,</p>
<p>que me enciendan fructuosas concepciones,</p>
<p>que me alegren florescencias soberanas,</p>
<p>que me engrían madureces olorosas</p>
<p>de cosechas opulentas bien gozadas&#8230;</p>
<p>¡Hizo Dios así a Natura:</p>
<p>grande y fértil, bella y sana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero quiero que los hijos del trabajo</p>
<p>no derritan de su carne las sustancias</p>
<p>en la vieja brega estéril que me oprime,</p>
<p>en la ruda brega torpe que los mata&#8230;</p>
<p>No con riegos de sudores solamente</p>
<p>se conquistan y enriquecen mis entrañas.</p>
<p>¡Hace falta luz fecunda!</p>
<p>¡Sol de ideas hace falta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Lo Inagotable</strong></h3>
<p>De rodillas delante de la fosa</p>
<p>donde se pudre el mocetón garrido,</p>
<p>la pobre vieja sin moverse pasa</p>
<p>la tarde del domingo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tarde otoñal, helada y muda,</p>
<p>de cielo muy azul, campiña yerta,</p>
<p>y un sol amarillento que se muere</p>
<p>de frío y de tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vela amarilla que no alumbra,</p>
<p>se quema, como el alma de la anciana,</p>
<p>cuyos ojos decrépitos no lloran</p>
<p>porque no tienen lágrimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todas se las tragó la avara tierra</p>
<p>de la tumba del hijo malogrado,</p>
<p>a cuyos pies la hierba está escaldada</p>
<p>con las sales del llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagaba por los ámbitos vacíos</p>
<p>del humilde y herboso cementerio,</p>
<p>el aroma de muerte que despide</p>
<p>la tierra de los muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volaban sobre el templo los cernícalos</p>
<p>y rasaban el viejo campanario</p>
<p>los bandos de veloces aviones</p>
<p>que pasaban chillando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de la plaza del lugar venían</p>
<p>sones de tamboril y castañuelas,</p>
<p>notas de gaita que al hablar de amores</p>
<p>infundían tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo bailaba la muchacha alegre</p>
<p>para quien fue belleza vigorosa</p>
<p>lo que era ya bajo viscosa hierba</p>
<p>montón de carne rota!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Montón de carne rota que una madre</p>
<p>tuvo un día pegado a sus entrañas,</p>
<p>y espejado en las niñas de sus ojos</p>
<p>y en el centro del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya está allí, deshecho en las tinieblas,</p>
<p>el fuerte hastial de la feliz casita,</p>
<p>el que ganaba el mendruguito blando</p>
<p>que la anciana comía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una alondra del páramo vecino</p>
<p>se posó en la pared del campo santo</p>
<p>para beber el rayo agonizante</p>
<p>del frío sol dorado,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y cantó una canción opaca y fría</p>
<p>que ni siquiera le agitó el pechuelo</p>
<p>que cien mañanas pareció romperse</p>
<p>modulando gorjeos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sorda elegía que inspiró Natura</p>
<p>junto a la tumba donde el mozo estaba,</p>
<p>que tantas veces, cual la alondra aquella,</p>
<p>le cantó la alborada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se hundieron en sus grietas los cernícalos,</p>
<p>y en los huecos del viejo campanario,</p>
<p>poco a poco los raudos aviones</p>
<p>se metieron chillando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó el silencio sobre el pueblo humilde,</p>
<p>murió la tarde y se marchó la alondra,</p>
<p>y la vida le dijo a la ancianita</p>
<p>que estaba ya muy sola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Era preciso abandonar al hijo!</p>
<p>Besó la tumba y apagó la vela,</p>
<p>que derramó sobre la hierba húmeda</p>
<p>dos lágrimas de cera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y dieron todavía otras dos lágrimas</p>
<p>aquellos ojos que estrujó el dolor!</p>
<p>Ni ignoradas ni estériles las dieron:</p>
<p>¡las vimos Dios y yo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dolor</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Débil corazón humano</p>
<p>que fuiste de dichas nido</p>
<p>y hoy te lamentas herido</p>
<p>por un destino tirano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>corazón que en viejos días</p>
<p>viste un mundo todo amores,</p>
<p>una tierra toda flores</p>
<p>y un cielo todo alegrías;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>corazón que ayer cantabas</p>
<p>con musicales dulzuras</p>
<p>la canción de las venturas</p>
<p>que feliz paladeabas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y hoy en doliente clamor</p>
<p>dices que estás afligido,</p>
<p>que estás mortalmente herido</p>
<p>por el puñal del dolor;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>corazón de fe dormida</p>
<p>que gritas mirando al cielo:</p>
<p>«¡No hay duelo como mi duelo,</p>
<p>ni herida como mi herida!»;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ruin corazón pecador</p>
<p>que miras solo a ti mismo:</p>
<p>¿has medido tú el abismo</p>
<p>del más inmenso dolor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Corazón poco paciente:</p>
<p>¿ves la imagen dolorosa</p>
<p>que en procesión lacrimosa</p>
<p>conduce piadosa gente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abre el alma a los fulgores</p>
<p>de aquella enlutada estrella:</p>
<p>¿tú sabes quién es aquella?</p>
<p>¡La Virgen de los Dolores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabes la divina historia</p>
<p>de aquella que es madre tuya?</p>
<p>Hízola Dios Madre suya;</p>
<p>¿pudo Dios darle más gloria?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Habrá semejante amor</p>
<p>al que con hondas ternuras</p>
<p>sintió en sus entrañas puras</p>
<p>la Madre del Redentor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Puede tu mente alcanzar,</p>
<p>ni en sueños puede haber visto</p>
<p>lo que la Madre de Cristo</p>
<p>pudo a Cristo Dios amar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, ¿cómo medir</p>
<p>la inmensa hondura insondable</p>
<p>del dolor inenarrable</p>
<p>de ver al Hijo morir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verlo vilmente azotado,</p>
<p>horriblemente escupido,</p>
<p>despiadadamente herido,</p>
<p>bárbaramente clavado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>verlo Mártir del Amor</p>
<p>de la ruin humanidad</p>
<p>y ver nuestra iniquidad,</p>
<p>¿cabe tormento mayor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues esos desgarradores</p>
<p>duelos jamás bien contados,</p>
<p>sufrió por nuestros pecados</p>
<p>la Virgen de los Dolores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corazón de fe dormida</p>
<p>que a Dios, gritando, mostrabas</p>
<p>la sangre que derramabas</p>
<p>de tu levísima herida:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mira esos siete raudales</p>
<p>que de esas entrañas puras</p>
<p>derraman las puntas duras</p>
<p>de siete agudos puñales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe la santa ambrosía</p>
<p>que en este abismo se encierra</p>
<p>y adora, rodilla en tierra,</p>
<p>¡los dolores de María!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Romería Del Amor</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Declinaba la tarde lentamente.</p>
<p>El sol enrojecido transponía</p>
<p>las cumbres solitarias del Poniente</p>
<p>tras un radiante y bochornoso día</p>
<p>del sol sin nubes y de siesta ardiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que el astro moribundo</p>
<p>sola dejaba la extensión del mundo,</p>
<p>la tierra, adormecida</p>
<p>de la pereza en el sopor profundo,</p>
<p>resucitaba espléndida a la vida;</p>
<p>y cual mujer hermosa</p>
<p>que de los sueños de enervante siesta</p>
<p>despierta triste, de vivir ansiosa,</p>
<p>y se dispone a la nocturna fiesta;</p>
<p>así Naturaleza despertando</p>
<p>del hondo sueño incubador del día</p>
<p>empezaba a moverse, preludiando</p>
<p>la inmensa rumorosa sinfonía</p>
<p>de una noche serena</p>
<p>de brisas mansas y de luna llena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tarde se moría,</p>
<p>y a medida que el fuego se apagaba</p>
<p>del sol fecundador, que ya se hundía,</p>
<p>el monte melodioso se animaba,</p>
<p>la vega se reía,</p>
<p>se cargaban los aires de rumores,</p>
<p>y temblaban las hojas de alegría,</p>
<p>y en la atmósfera azul, rica en fulgores,</p>
<p>la luz crepuscular se derretía&#8230;</p>
<p>¡Solo la de la tarde hay en el mundo</p>
<p>que se pueda llamar bella agonía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El campo abrió sus pomas,</p>
<p>y en las alas del céfiro movido,</p>
<p>subieron y bajaron de las lomas</p>
<p>y entraron por las puertas del sentido</p>
<p>riquísimos aromas</p>
<p>de ya agostada manzanilla enana,</p>
<p>rosillas de gavanzos,</p>
<p>toronjil, hierbabuena y mejorana,</p>
<p>madreselva, poleos y mastranzos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Innominada pajarita albina</p>
<p>entonó su cantata vespertina</p>
<p>posada en los pimpollos del saúco,</p>
<p>arrulló la paloma montesina,</p>
<p>chilló el abejaruco</p>
<p>clavado en la berruga de la encina,</p>
<p>la atmósfera caliente saturaron</p>
<p>de frescas humedades las riberas,</p>
<p>las mieses ondearon,</p>
<p>gimieron las choperas&#8230;</p>
<p>y todo el gran paisaje</p>
<p>teñido del misterio de la hora,</p>
<p>moviendo el verde mar de su follaje,</p>
<p>inició la canción susurradora</p>
<p>que canta por las tardes su oleaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las sombras del crepúsculo amoroso,</p>
<p>velos de muerte de la tarde quieta,</p>
<p>cayeron sobre el valle misterioso,</p>
<p>cayeron sobre el alma del poeta&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y del dulce, del grato</p>
<p>seno profundo de la oscura fronda</p>
<p>de fresnos y mimbrales del regato,</p>
<p>romántica, alta y honda,</p>
<p>purísima y vibrante,</p>
<p>bizarra, magistral, insinuante,</p>
<p>más cargada que nunca de dulzura,</p>
<p>más henchida que nunca de armonía,</p>
<p>más llena de frescura,</p>
<p>más rica en poesía,</p>
<p>más intensa y sonora,</p>
<p>más que nunca feliz, más habladora,</p>
<p>surgió la incomparable,</p>
<p>surgió la peregrina</p>
<p>primorosa canción inimitable</p>
<p>que brota de la lengua cristalina</p>
<p>del pájaro cantor de los cantores,</p>
<p>cuando sabe que escucha sus primores</p>
<p>en la rama vecina</p>
<p>una enferma de fiebre incubadora</p>
<p>que extática reposa sobre el nido</p>
<p>donde el hondo misterio se elabora&#8230;</p>
<p>¡Sólo estando en amores</p>
<p>saben cantar así los ruiseñores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>El riente lucero vespertino,</p>
<p>y el hijo del crepúsculo y del día,</p>
<p>ya en el cielo lucía</p>
<p>circundado de un nimbo diamantino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Delante de la ermita un valle había,</p>
<p>y en él alegremente</p>
<p>bailaba todavía</p>
<p>gran multitud de campesina gente.</p>
<p>¡Sones de tamboril, toques sentidos</p>
<p>de la gaita dulcísima caídos,</p>
<p>alegre repicar de castañuelas!&#8230;</p>
<p>¡Qué bien debéis sonar en los oídos</p>
<p>de todas las mozuelas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tocó a su fin la alegre romería;</p>
<p>y tomando caminos y senderos,</p>
<p>se dispersó con loca algarabía</p>
<p>la feliz multitud de los romeros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mansa luna redonda,</p>
<p>surgiendo del perfil del horizonte,</p>
<p>tiñó de blanco la movida fronda,</p>
<p>y una dulzura honda</p>
<p>se derramó por la extensión del monte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La alegre juventud, con sus cantares,</p>
<p>llenó los encinares,</p>
<p>y en amantes parejas separados</p>
<p>caminaban por valles y cañadas,</p>
<p>ellos enamorados</p>
<p>y ellas enamoradas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichosos ellos y dichosas ellas</p>
<p>que unirse saben y decirse amores</p>
<p>debajo de una bóveda de estrellas</p>
<p>y encima de una sábana de flores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo el pobre poeta, el visionario,</p>
<p>el hongo de los valles de la aldea,</p>
<p>por los cuales pasea</p>
<p>un dolor siempre igual y siempre vario,</p>
<p>no tiene un alma amiga,</p>
<p>un alma de mujer hermosa y pura</p>
<p>que por él sienta amor y se lo diga</p>
<p>con la voz empañada de ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La luz de plata de la luna llena,</p>
<p>tibia, elegíaca, mística y serena,</p>
<p>llenaba el mundo de apacible calma:</p>
<p>la sangre hervía, se quejaba el alma,</p>
<p>y el pobre rimador lloró de pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De qué le servirán al visionario</p>
<p>los sueños de la loca fantasía</p>
<p>si al tomar de la alegre romería</p>
<p>nadie más que él camina solitario,</p>
<p>mendigo de amor y la alegría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué le vale la musa soñadora</p>
<p>que le inspira sutiles creaciones?</p>
<p>¿Qué le vale la cítara sonora,</p>
<p>si sus vagas románticas canciones</p>
<p>son errabundas melodías muertas</p>
<p>cuyo ritmo ideal, desvanecido,</p>
<p>no llega enamorado ante las puertas</p>
<p>de amante corazón y amante oído?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué artificio tan ruin le parecían</p>
<p>sus doradas cantatas amorosas,</p>
<p>muertas flores pomposas</p>
<p>con senos de papel que no tenían</p>
<p>polen fecundador ni olor de rosas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué falsas vio pasar, qué mentirosas</p>
<p>sus legiones de vírgenes sutiles,</p>
<p>sus engendros de gasas y vapores,</p>
<p>dislocadas bellezas femeninas</p>
<p>que brindaban estériles amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán pobre poesía,</p>
<p>cuán helada, cuán pálida y vacía</p>
<p>aquella que brotaba</p>
<p>del cerebro genial que la creaba</p>
<p>y en estrofas de mármol la vertía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh!, por eso al romántico ingenioso,</p>
<p>aéreo soñador artificioso</p>
<p>de otro vivir enamorado ahora,</p>
<p>le invadió la nostalgia tentadora</p>
<p>del amor fructuoso,</p>
<p>nutrimiento del alma soñadora,</p>
<p>savia pujante del vivir brioso,</p>
<p>el amor que en el monte se reía</p>
<p>y en la ermita rezaba agradecido,</p>
<p>y en el valle bailaba de alegría,</p>
<p>y al fuego del placer enardecido,</p>
<p>en ansias de vivir se derretía&#8230;;</p>
<p>un amor fuerte y sano,</p>
<p>tan fecundo en promesas, tan humano</p>
<p>como el que en alas de esperanza ciega</p>
<p>iba cantando por aquel camino</p>
<p>la canción de la vida que se entrega</p>
<p>en los brazos fecundos del destino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si aquel amor su espíritu tocara,</p>
<p>sus entrañas de hombre sacudiera</p>
<p>y su mente de artista caldeara,</p>
<p>¡qué rica, qué sincera,</p>
<p>qué llena de vigor su poesía!</p>
<p>¡La helada realidad qué poco fría!</p>
<p>¡Qué sabrosa y feliz la vida fuera!</p>
<p>La música briosa sonaría</p>
<p>de sus nuevas canciones</p>
<p>a murmullos de plática vehemente,</p>
<p>y a fogoso latir de corazones,</p>
<p>y a rítmico alentar de pecho ardiente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Más, más! ¡Más todavía!</p>
<p>—gimió el poeta con doliente brío—:</p>
<p>¡Seré de una mujer, será ella mía</p>
<p>y aun no seré feliz!&#8230; ¡Mas, más, Dios mío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¡El poeta era yo! Sentíme fuerte,</p>
<p>llena mi carne se sintió de vida,</p>
<p>lleno de fe mi corazón inerte,</p>
<p>llena de luz mi mente oscurecida&#8230;</p>
<p>¡Me alcé en la tumba y sacudí la muerte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tomando a la ermita abandonada,</p>
<p>ya envuelta en la callada,</p>
<p>tranquila y santa soledad serena</p>
<p>de la noche ideal de luna llena,</p>
<p>ante sus muros me postré de hinojos,</p>
<p>al alto ventanal iluminado</p>
<p>alcé mi corazón, alcé mis ojos</p>
<p>y del fondo del pecho enamorado</p>
<p>me salió esta oración. «¡Virgen bendita!,</p>
<p>no volveré a tu ermita</p>
<p>a rendirte misérrimos cantares,</p>
<p>a poner con los hielos de la mente,</p>
<p>ofrendas de artificio en tus altares,</p>
<p>coronas de oropel sobre tu frente.</p>
<p>¡Volveré cuando traiga de la mano,</p>
<p>para rendirlo ante tus pies de hinojos,</p>
<p>un angelino humano</p>
<p>que tenga azules, como tú, los ojos!&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Del Viejo, El Consejo</strong></h3>
<p>Deja la charla, Consuelo,</p>
<p>que una moza casadera</p>
<p>no debe estar en la era</p>
<p>si no está el Sol en el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu hogar tendrás apagado,</p>
<p>y al mozo que habla contigo</p>
<p>le está devorando el trigo</p>
<p>la yunta que ha abandonado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira que está oscureciendo,</p>
<p>que en las riberas lejanas</p>
<p>ya están cantando las ranas,</p>
<p>ya están las aves durmiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que tocan a la oración,</p>
<p>y hay gentes murmuradoras</p>
<p>cuyos ojos a estas horas</p>
<p>cristales de aumento son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que los oscureceres</p>
<p>son unas horas menguadas</p>
<p>que han hecho ya desgraciadas</p>
<p>a muchas pobres mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira, muchacha, que ha sido</p>
<p>la tarde muy bochornosa</p>
<p>y va a ser fresca y hermosa</p>
<p>la noche que ha producido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira que son muy contadas</p>
<p>las fuerzas de la memoria;</p>
<p>mira que huelen a gloria</p>
<p>las mieses amontonadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y está tu galán delante,</p>
<p>y está tu hermanillo ausente,</p>
<p>y está el amor en creciente</p>
<p>y está la Luna en menguante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a luz tan débil yo creo</p>
<p>que sola a salir no atinas</p>
<p>del laberinto de hacinas</p>
<p>donde metida te veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez si el mozo me oyera</p>
<p>pensara que esto es perfidia,</p>
<p>creyera que tengo envidia,</p>
<p>que tengo celos dijera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues con la venda de amor</p>
<p>no viera que soy un viejo</p>
<p>que solo con un consejo</p>
<p>puedo acercarme a tu honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vete, muchacha, y no quieras</p>
<p>llorar prematuros gozos,</p>
<p>que sé lo que son los mozos</p>
<p>y sé lo que son las eras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tales oscureceres</p>
<p>pláticas tales de amores</p>
<p>dicen los murmuradores</p>
<p>que son de tales mujeres&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tienen razón, Consuelo,</p>
<p>que una moza casadera</p>
<p>no debe estar en la era</p>
<p>si no está el Sol en el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Desde El Campo</strong></h3>
<p>Luz ingrávida, hija blanca de la nada</p>
<p>que te ciernes en los ámbitos del cielo;</p>
<p>ancho círculo de brumas taciturnas,</p>
<p>horizonte de los días cenicientos;</p>
<p>negra sierra de grandeza inmensurable</p>
<p>que te elevas como monstruo gigantesco</p>
<p>con peana de boscosas montañuelas</p>
<p>y corona de pináculos de hielo;</p>
<p>valle ameno, rico nido de quietudes,</p>
<p>melancólica vivienda del sosiego,</p>
<p>donde apenas de la muerte y de la vida</p>
<p>vagamente se perciben los linderos,</p>
<p>que se borran en los diáfanos ambientes</p>
<p>del reposo, de la paz y del silencio;</p>
<p>sol que enciendes y dibujas con tu lumbre</p>
<p>los ardientes mediodías soñolientos,</p>
<p>las auroras con crepúsculos de nácar</p>
<p>y las tardes con crepúsculos de fuego;</p>
<p>soledades taciturnas de los páramos;</p>
<p>compañía rumorosa de los pueblos&#8230;,</p>
<p>por beber entre vosotros la existencia</p>
<p>ha ya mucho que a estos sitios vine huyendo</p>
<p>de la mágica ciudad artificiosa</p>
<p>donde flota el oro puro junto al cieno,</p>
<p>donde todo se discute con audacia,</p>
<p>donde todo se ejecuta con estrépito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez bulla entre vosotros todavía</p>
<p>una turba de sofistas embusteros</p>
<p>que negaban a mi Dios con artificios</p>
<p>fabricados en sus débiles cerebros.</p>
<p>Con el agua de la charca a la cintura</p>
<p>y en el alma la soberbia del infierno,</p>
<p>revolvían los minúsculos tentáculos</p>
<p>de sus mentes enfermizas en el cieno</p>
<p>y buscaban&#8230; ¡lo que encuentran tantos hombres</p>
<p>que con limpio corazón miran al cielo!</p>
<p>¡Qué grandeza la del Dios de mi creencia!</p>
<p>Y los hombres que lo niegan, ¡qué pequeños!</p>
<p>Solamente por amarle yo en sus obras</p>
<p>he corrido a todas partes siempre inquieto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo he pasado largas noches en la selva,</p>
<p>cabe el tronco perfumado del abeto,</p>
<p>escuchando los rumores del torrente,</p>
<p>y los trémulos bramidos de los ciervos,</p>
<p>y el aullido plañidero de la loba,</p>
<p>y las músicas errátiles del viento,</p>
<p>y el insólito graznido de los cárabos,</p>
<p>que parece carcajada del infierno.</p>
<p>Yo he gozado en la salvaje serranía</p>
<p>la frescura deleitante de los céfiros,</p>
<p>y he dormido junto al tajo del abismo</p>
<p>la embriaguez que le producen al cerebro</p>
<p>los olores resinosos de las jaras,</p>
<p>los selváticos aromas de los brezos</p>
<p>y la hipnótica visión de las alturas</p>
<p>que me hundía en las regiones de los vértigos.</p>
<p>Yo he bebido en los recónditos aguajes</p>
<p>de las corzas amarillas y los ciervos,</p>
<p>y he matado a puñaladas en el coto</p>
<p>al arisco jabalí, sañudo y fiero.</p>
<p>Yo he bogado en un madero por el río,</p>
<p>y he corrido con un potro por los cerros,</p>
<p>y he plantado en el peñasco la buitrera</p>
<p>y he arrojado los harpones en el piélago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contemplando la armonía de la vida</p>
<p>bajo el ancho cortinaje de los cielos,</p>
<p>yo he pasado las de agosto noches puras</p>
<p>y las negras noches lóbregas de invierno</p>
<p>en la cumbre de colinas virgilianas</p>
<p>o en la choza de lentiscos del cabrero,</p>
<p>o en las húmedas umbrías de los montes</p>
<p>bajo el palio de follaje de los quéjigos.</p>
<p>Y han henchido mis pulmones con sus ráfagas</p>
<p>el de mayo, delicioso ambiente fresco,</p>
<p>el solano bochornoso del estío</p>
<p>y el de enero flagelante duro cierzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A las puertas de los antros de las fieras</p>
<p>los impulsos violentísimos del miedo</p>
<p>me han llevado a guarecerme, acobardado</p>
<p>por la ronca fragorosa voz del trueno</p>
<p>que botaba en las gargantas de la sierra</p>
<p>y mugía en los abismos de los cielos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y encajado como mísera alimaña</p>
<p>en la grieta del peñasco gigantesco,</p>
<p>he sentido la grandeza de lo grande</p>
<p>y he llorado la ruindad de lo pequeño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en la sierra, y en el monte, y en el valle,</p>
<p>y en el río, y en el antro, y en el piélago,</p>
<p>dondequiera que mis ojos se posaron,</p>
<p>dondequiera que mis pies me condujeron,</p>
<p>me decían: —¿Ves a Dios? —Todas las cosas,</p>
<p>y mi espíritu decía: —Sí, lo veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Y confiesas? —Y confieso. —¿Y amas? —Y amo.</p>
<p>—¿Y en tu Dios esperarás? —En Él espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuantas veces he llorado la miseria</p>
<p>de la turba dislocada de perversos</p>
<p>que en la mágica ciudad artificiosa</p>
<p>injuriaban a mi Dios sin conocerlo!</p>
<p>Si es verdad que no lo encuentran, aturdidos</p>
<p>de la mágica ciudad por el estruendo,</p>
<p>que se vengan a admirarlo aquí en sus obras,</p>
<p>que se vengan a adorarlo en sus efectos,</p>
<p>en el seno de esta gran Naturaleza</p>
<p>donde es grande por su esencia lo pequeño;</p>
<p>donde, hablándonos de Dios todas las cosas,</p>
<p>al revés de la ciudad de los estruendos,</p>
<p>lo soberbio dice menos que lo humilde,</p>
<p>el reposo dice más que el movimiento,</p>
<p>las palabras hablan menos que el movimiento,</p>
<p>las palabras hablan menos que los ruidos,</p>
<p>y los ruidos dicen menos que el silencio&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Sequías</strong></h3>
<p>Después de larga sequía</p>
<p>que atormentara los campos,</p>
<p>copiosas y frescas lluvias</p>
<p>los bañaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y agua tomaron las fuentes</p>
<p>y agua embebieron los surcos,</p>
<p>y se alegraron las flores</p>
<p>y los frutos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esta oración insensata</p>
<p>mis labios al Cielo alzaron,</p>
<p>torpe rosario imprudente</p>
<p>de mis labios:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Señor que riges el mundo</p>
<p>con paternal Providencia,</p>
<p>que abarcas los anchos cielos</p>
<p>y la tierra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor que pintas los lirios,</p>
<p>y haces puras las palomas,</p>
<p>y los ocasos serenos</p>
<p>arrebolas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y vivificas los gérmenes</p>
<p>y cuidas los libres pájaros,</p>
<p>y llenas de luz radiosa</p>
<p>los espacios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eres, Señor, más piadoso</p>
<p>con esta tierra agostada</p>
<p>que con los secos eriales</p>
<p>de las almas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la tierra que hollamos</p>
<p>los rayos del sol calcinan,</p>
<p>con lluvias consoladoras</p>
<p>la reanimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero jamás a las almas</p>
<p>que se marchitan sedientas</p>
<p>con rocíos de ideales</p>
<p>las refrescas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor! ¿Por qué más piadoso</p>
<p>con esta tierra liviana</p>
<p>que con los páramos muertos</p>
<p>de las almas?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dentro de mi conciencia,</p>
<p>que oyó mi clamor impío,</p>
<p>sonó una voz poderosa</p>
<p>que me dijo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Al beso del sol fecundo,</p>
<p>la tierra hacia el Cielo exhala</p>
<p>los ricos jugos que encierran</p>
<p>sus entrañas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y el Cielo que los absorbe,</p>
<p>los cuaja en frescos rocíos</p>
<p>y en lluvias se los devuelve</p>
<p>convertidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero las almas ingratas</p>
<p>que en hálitos de oraciones</p>
<p>al alto Cielo no elevan</p>
<p>Fe y amores,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no esperen que el alto Cielo</p>
<p>la sed que las mata apague</p>
<p>con amorosos rocíos</p>
<p>de ideales&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Vamos A Esperarlos</strong></h3>
<p>¡Dichosos los niños</p>
<p>que tienen caballo,</p>
<p>que es tener la dicha</p>
<p>de ser Reyes Magos!</p>
<p>¡Dichoso vosotros</p>
<p>que vais a esperarlos,</p>
<p>pues por tantos Reyes</p>
<p>seréis visitados!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya vienen, ya llegan&#8230;</p>
<p>¡Y cuántos! ¡Y cuántos!</p>
<p>¿Cómo habrá en Oriente</p>
<p>tierras y vasallos,</p>
<p>mantos y coronas,</p>
<p>tronos para tantos?</p>
<p>¡Qué trajes tan ricos!</p>
<p>¡Qué hermosos caballos!</p>
<p>¡Y qué pequeñuelos</p>
<p>estos Reyes Magos!</p>
<p>¿Pequeños he dicho?</p>
<p>Pues dije un pecado;</p>
<p>¡no hay Reyes más grandes</p>
<p>que esos de ocho años!</p>
<p>No traen escuadrones</p>
<p>de bravos soldados,</p>
<p>ni orgullo en el pecho,</p>
<p>ni sangre en las manos,</p>
<p>ni órdenes terribles</p>
<p>brotan de sus labios,</p>
<p>ni al de la victoria</p>
<p>trepidante carro</p>
<p>míseros vencidos</p>
<p>traen encadenados.</p>
<p>Soldados de plomo,</p>
<p>risas en los labios,</p>
<p>amor en el pecho,</p>
<p>dulces en las manos&#8230;</p>
<p>¡Eso es lo que traen</p>
<p>estos Reyes Magos</p>
<p>que se dieron cita</p>
<p>para conquistarnos!</p>
<p>De Oriente vinieron,</p>
<p>vinieron mandados</p>
<p>por aquel Rey Niño</p>
<p>que a los hombres malos</p>
<p>con el arma sola</p>
<p>de Amor ha ganado.</p>
<p>¡Esos son los Reyes</p>
<p>que tendrán vasallos</p>
<p>como el mar arenas,</p>
<p>y la selva ramos,</p>
<p>y estrellas los cielos</p>
<p>y espigas los campos!</p>
<p>¡Vamos con vosotros,</p>
<p>vamos a esperarlos!</p>
<p>Todos esos Reyes</p>
<p>de otro son vasallos,</p>
<p>de otro que les manda</p>
<p>que vengan a daros</p>
<p>dulces y juguetes,</p>
<p>y besos y abrazos.</p>
<p>¡Que vengan, que vengan,</p>
<p>que van a enseñarnos</p>
<p>que ellos y vosotros</p>
<p>de Amor sois vasallos,</p>
<p>¡vasallos de Cristo,</p>
<p>que es de Amor dechado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichosos los niños</p>
<p>que tienen caballo,</p>
<p>que es tener la dicha</p>
<p>de ser Reyes Magos!</p>
<p>¡Dichosos vosotros,</p>
<p>que vais a esperarlos,</p>
<p>que es ir a un convite</p>
<p>de dulces y abrazos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Inmaculada</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Dime coplas, musa mía.</p>
<p>¿Me las niegas por vulgares?</p>
<p>¿Me reprendes la osadía</p>
<p>de que en coplas populares</p>
<p>quiera cantar a María?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Murmuras avergonzada</p>
<p>porque en la ruda tonada</p>
<p>de esta mortal criatura</p>
<p>no cabe la gran figura</p>
<p>de María Inmaculada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien lo sé yo, musa mía!</p>
<p>El gran himno de María</p>
<p>no lo rima ni lo canta</p>
<p>miel de humana poesía</p>
<p>ni voz de humana garganta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni tú, porque eres tan ruda</p>
<p>que vives con la desnuda</p>
<p>Naturaleza en amores,</p>
<p>amante, extática y muda</p>
<p>de encinas, piedras y flores,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni esotra sutil y grave</p>
<p>musa de rica realeza</p>
<p>que dicen que tanto sabe,</p>
<p>daréis jamás con la clave</p>
<p>del himno de la pureza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese gran himno bendito</p>
<p>ya está en los cielos escrito</p>
<p>por Dios con cifras de estrellas&#8230;</p>
<p>¿Qué no sabrán decir ellas,</p>
<p>letras de un libro infinito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero escucha, musa mía:</p>
<p>la música reverente</p>
<p>del poema de María</p>
<p>es la total armonía</p>
<p>del Universo viviente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y todo lo que es cantar,</p>
<p>y todo lo que es bullir,</p>
<p>entero se le ha de dar,</p>
<p>porque cantar es amar,</p>
<p>porque agitarse es sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo, corazón de arcilla,</p>
<p>que adoro tanta grandeza,</p>
<p>le debo mi tonadilla&#8230;</p>
<p>Negársela por sencilla</p>
<p>fuera negar mi pobreza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Yo he cantado cosas puras:</p>
<p>radiosas noches serenas,</p>
<p>empapadas de dulzuras,</p>
<p>de castos silencios llenas</p>
<p>y henchidas de hondas ternuras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hele rimado cantares</p>
<p>al candor de las palomas</p>
<p>de mis blancos palomares</p>
<p>y a la miel de los aromas</p>
<p>de mis ricos tomillares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cantado la blancura</p>
<p>de la azucena sencilla,</p>
<p>la purísima tersura</p>
<p>de la nieve de la altura,</p>
<p>que es la nieve sin mancilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cantado la pureza</p>
<p>de las fuentes naturales,</p>
<p>la gentil delicadeza</p>
<p>que en los blancos recentales</p>
<p>expresó Naturaleza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la sonrisa matutina</p>
<p>de los días abrileños,</p>
<p>la disuelta purpurina</p>
<p>con que tiñen la colina</p>
<p>los crepúsculos risueños;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los arrullos guturales</p>
<p>y los ósculos caídos</p>
<p>en las caras celestiales</p>
<p>de los niñitos dormidos</p>
<p>en los brazos maternales&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cosas puras he cantado,</p>
<p>cosas puras he sentido,</p>
<p>y con ellas embriagado,</p>
<p>como un niño me he dormido,</p>
<p>como un ángel he soñado&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ni en mis noches divinas</p>
<p>con estrellas diamantinas,</p>
<p>ni en mis caseras palomas,</p>
<p>ni en la miel de los aromas</p>
<p>de mis natales colinas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni en las puras azucenas,</p>
<p>ni en las fuentes de la umbría,</p>
<p>ni en las auroras serenas,</p>
<p>ni en las dulces tardes llenas</p>
<p>de profunda melodía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni en los besos ideales,</p>
<p>ni en las mieles musicales</p>
<p>de las madres cuando cantan,</p>
<p>ni en las risas celestiales</p>
<p>de los niños que amamantan,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>encontró la musa mía</p>
<p>pobre símbolo siquiera</p>
<p>que con miel de poesía</p>
<p>interpretarme pudiera</p>
<p>la pureza de María&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¿Qué nombre darte, hechicero?</p>
<p>Nada me dice el grosero</p>
<p>decir del humano idioma,</p>
<p>ni cuando dice paloma</p>
<p>ni cuando dice lucero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo bosquejar tu alteza</p>
<p>con pobre imagen oscura</p>
<p>que ofrezca Naturaleza,</p>
<p>si no hizo Dios criatura</p>
<p>gemela tuya en pureza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente de aguas celestiales,</p>
<p>crisol de amores humanos</p>
<p>que tus ojos virginales</p>
<p>depuran de los livianos</p>
<p>sedimentos mundanales;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sol del más dichoso día,</p>
<p>vaso de Dios, puro y fiel;</p>
<p>¡por Ti pasó Dios, María!</p>
<p>¡Cuán pura el Señor te haría</p>
<p>para hacerte digna de Él!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manantial de los consuelos,</p>
<p>plenitud de los anhelos,</p>
<p>luz que toda luz encierra,</p>
<p>embeleso de los cielos,</p>
<p>alegría de la tierra&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más decirse podría</p>
<p>en tu alabanza y loor,</p>
<p>después de decir que un día</p>
<p>fuiste sin mancha, ¡oh María!,</p>
<p>la Madre del Redentor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corazón que ante tu planta</p>
<p>no adore grandeza tanta,</p>
<p>¡muerto o podrido ha de estar!</p>
<p>Garganta que no te canta,</p>
<p>¡muda debiera quedar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Musa mía campesina,</p>
<p>que vives enamorada</p>
<p>de la fuente y de la encina,</p>
<p>de la luz de la alborada,</p>
<p>de la paz de la colina,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>del vivir de mis pastores,</p>
<p>del vibrar de sus sentires,</p>
<p>del pudor de sus amores,</p>
<p>del vigor de sus decires</p>
<p>y el callar de sus dolores&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No me has dicho, musa mía,</p>
<p>que te placen cosas bellas?</p>
<p>¡Pues viértete en armonía,</p>
<p>que es centro de todas ellas</p>
<p>la belleza de María!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No me dices, cuando cantas</p>
<p>el candor y la humildad,</p>
<p>que te placen cosas santas?</p>
<p>Pues María es, entre tantas,</p>
<p>la más grande santidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No tienes para la alteza</p>
<p>de cosas puras tonada?</p>
<p>¡Pues la esencia, la riqueza,</p>
<p>el sol de toda pureza</p>
<p>es María Inmaculada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Rima y canta musa adusta!</p>
<p>¡Canta el misterio insondable</p>
<p>cuya grandeza te asusta!&#8230;</p>
<p>¡La divina Madre Augusta</p>
<p>con los pobres es amable!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo la he visto sonriente</p>
<p>escuchando el balbuciente</p>
<p>decir de rudos cantares</p>
<p>que ante míseros altares</p>
<p>le rimaba ruda gente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gente de sano vivir</p>
<p>que al sentirla Inmaculada,</p>
<p>le cantaba su sentir.</p>
<p>¡El del alma enamorada</p>
<p>es el más bello decir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía! ¡Madre mía!</p>
<p>¡Que beba mi poesía</p>
<p>pureza de tu pureza!</p>
<p>¡Que aprenda a tomar belleza</p>
<p>de tu belleza María!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que suba tu amor ardiente</p>
<p>del corazón del creyente</p>
<p>a la mente del poeta,</p>
<p>y oirás el himno ferviente</p>
<p>que el gran misterio interpreta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que el mundo pura te adore!</p>
<p>¡Que te cante y que te implore!</p>
<p>¡Que tú le mires amante</p>
<p>cuando rece, cuando llore,</p>
<p>cuando bregue, cuando cante!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que a una voz concertada</p>
<p>diga ante tanta grandeza</p>
<p>la Humanidad prosternada:</p>
<p>¡Gloria a Dios en la pureza</p>
<p>de María Inmaculada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Barbecho</strong></h3>
<p>¿Dónde irá sola Teresa</p>
<p>por la senda que atraviesa</p>
<p>los barbechos? ¿Dónde irá?</p>
<p>¿Qué tendrá, que así suspira?</p>
<p>¿Qué tendrá, que apenas mira</p>
<p>las aradas? ¿Qué tendrá?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué con más gentileza</p>
<p>llevó sobre su cabeza</p>
<p>la blanca cestita ayer?</p>
<p>¿Por qué le dijo a su madre:</p>
<p>—Madre, que está lejos padre</p>
<p>y he de tardar en volver?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su madre ayer le decía:</p>
<p>—Hija, que no es mediodía&#8230;</p>
<p>¿No ves el sol en la torre?</p>
<p>—Madre, ¿el sol no se equivoca?</p>
<p>—¡Jesús, qué cosa tan loca</p>
<p>de muchacha!&#8230; ¡Corre, corre!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y alegre y ligera vino</p>
<p>por ese mismo camino</p>
<p>que parte en dos el barbecho;</p>
<p>llevaba luz en los ojos,</p>
<p>risas en los labios rojos,</p>
<p>gozos en el alto pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantaba las melodías</p>
<p>que el sol de los buenos días</p>
<p>inspira a las castellanas</p>
<p>e inspira a los castellanos</p>
<p>cuando se vierte en los llanos</p>
<p>de las abiertas besanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y las alondras terrosas</p>
<p>sus oídos, codiciosas</p>
<p>al dulce cantar abrieron,</p>
<p>y sobre el surco posadas,</p>
<p>con pupilas asombradas,</p>
<p>pasar a Teresa vieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy pasa muda y sombría&#8230;</p>
<p>«Hija que ya es mediodía»,</p>
<p>dijo tres veces su madre.</p>
<p>«¡Jesús, madre, qué inoportuna!</p>
<p>¡No tengo prisa ninguna,</p>
<p>que no está muy lejos padre!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Moza: ¿por qué esas mudanzas?,</p>
<p>¿no tiene hoy lontananzas</p>
<p>los bellos ojos de ayer?</p>
<p>¿No te pide melodías</p>
<p>el sol de los buenos días</p>
<p>en la besana al caer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No te dio un beso tu madre?</p>
<p>¿No vas a darle a tu padre</p>
<p>besos y pan en la arada?</p>
<p>¿Hoy no hay alondras terrosas</p>
<p>que te escuchen codiciosas</p>
<p>la vagabunda tonada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Camino vas del barbecho</p>
<p>con un secreto en el pecho</p>
<p>que yo conozco, Teresa&#8230;</p>
<p>No pienses que soy un duende</p>
<p>porque mi mente comprende</p>
<p>lo que en el pecho te pesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en aquella hondonada,</p>
<p>hay una tierra ya arada</p>
<p>que estaba ayer sin arar&#8230;</p>
<p>Solos tú y yo hemos sabido</p>
<p>que a arar el gañán se ha ido</p>
<p>a otro lado del lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descansa un rato, Teresa,</p>
<p>que yo bien sé cuánto pesa</p>
<p>lo que llevas en el pecho,</p>
<p>y sé cómo caminamos</p>
<p>cuando la carga llevamos</p>
<p>hacia el contrario barbecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te sonrojes, hermosa,</p>
<p>que no es una extraña cosa</p>
<p>ni es pecadora mudanza</p>
<p>que el sol te parezca oscuro,</p>
<p>pesado el ambiente puro,</p>
<p>ceñuda la lontananza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pálidas tus melodías,</p>
<p>tristes estas gañanías,</p>
<p>áridos estos senderos&#8230;,</p>
<p>y hasta el querer de tu padre</p>
<p>y hasta el apego a tu madre</p>
<p>más borrosos, más someros&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es el barbecho, Teresa?</p>
<p>Si amor no está en él, confiesa</p>
<p>que barbecho es un erial;</p>
<p>mas si algo dice en el pecho</p>
<p>que anda amor por el barbecho&#8230;</p>
<p>¡barbecho es huerto edenial!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dos Nidos</strong></h3>
<p>Enfrente de mi casa yace en ruinas</p>
<p>un viejo torreón de cuatro esquinas,</p>
<p>y en este viejo torreón derruido</p>
<p>tiene asentado una cigüeña el nido.</p>
<p>¡Y parece mentira, pero enseña</p>
<p>muchas cosas un nido de cigüeña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el borde del nido de mi cuento,</p>
<p>donde reina una paz que es un portento,</p>
<p>asoman el pescuezo noche y día</p>
<p>los zancudos cigüeños de la cría.</p>
<p>Cuando los deja la cigüeña madre,</p>
<p>trae alimentos el cigüeño padre,</p>
<p>y cuando con su presa ella regresa,</p>
<p>vuela el padre a buscarles otra presa;</p>
<p>y de este modo la zancuda cría</p>
<p>en banquete perenne pasa el día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estaba yo una tarde distraído</p>
<p>desde mi casa contemplando el nido,</p>
<p>cuando del campo regresó cargada</p>
<p>la solícita madre apresurada.</p>
<p>Presentó con orgullo ante su cría</p>
<p>una culebra muerta que traía,</p>
<p>y mientras sus hijuelos la «trinchaban»</p>
<p>y, defendiendo la ración, luchaban,</p>
<p>reventaba la madre de contenta</p>
<p>mirándolos comer&#8230; ¡y estaba hambrienta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y cómo demostraba su alegría</p>
<p>viendo el festín de su zancuda cría!</p>
<p>¡Qué graznidos, qué dulces aletazos</p>
<p>y qué cariñositos picotazos</p>
<p>les daba a aquellos hijos comilones</p>
<p>que estaban devorando sus raciones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver desde mi casa aquella escena,</p>
<p>llena de amor y de ternura llena,</p>
<p>bendije al nido aquel, y, ¡lo confieso!,</p>
<p>estuve a punto de tirarle un beso.</p>
<p>Ahogué mi beso, pero tristemente</p>
<p>me dije por lo bajo de repente:</p>
<p>«¡Quizás haya en el mundo quien querría</p>
<p>convertirse en cigüeño de la cría!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cerca del viejo torreón derruido</p>
<p>en donde está de la cigüeña el nido,</p>
<p>hay otro nido, pero nido «humano»</p>
<p>que habita la familia de un cristiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mismo día y a la misma hora</p>
<p>en que la escena aquella encantadora</p>
<p>del nido de la torre yo admiraba</p>
<p>y un beso con los ojos le enviaba,</p>
<p>del otro nido humano un rapazuelo</p>
<p>salía sollozando sin consuelo.</p>
<p>Una mujer de innoble catadura</p>
<p>salió tras la harapienta criatura,</p>
<p>cruzóle el rostro, la empujó hacia fuera,</p>
<p>metiose en casa y la dejó en la acera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Por qué te echan de casa, rapazuelo?</p>
<p>—le dije al verlo, y contestó el chicuelo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Porque a pedir limosna había salido</p>
<p>y un poco pan «na» más hoy he traído,</p>
<p>y dinero me dice que le traiga,</p>
<p>y que vaya a buscarlo «ande» lo «haiga».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alcé los ojos sin querer al nido</p>
<p>del solitario torreón derruido,</p>
<p>y dije, contemplando aquella escena</p>
<p>y aquella madre cuidadosa y buena:</p>
<p>«Si este niño pensara, ¿no querría</p>
<p>convertirse en cigüeño de la cría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dos Paisajes</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Dos paisajes: el uno soñado</p>
<p>y el otro vivido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán amarga, sin sueños, me fuera</p>
<p>la vida que vivo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un trozo de tierra jurdana</p>
<p>con una alquería;</p>
<p>era un trozo de mundo sin ruido,</p>
<p>de mundo sin vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un campo tan solo, tan solo</p>
<p>como un cementerio,</p>
<p>donde más hondamente se sienten</p>
<p>los hondos silencios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madroñeras, lentiscos y jaras</p>
<p>helechos y piedras,</p>
<p>madreselvas, zarzales y brezos,</p>
<p>retamas escuetas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La maraña revuelta y estéril</p>
<p>que viste los campos</p>
<p>cuando no los fecundan y riegan</p>
<p>sudores humanos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tenían trigales las lomas,</p>
<p>ni huertos las vegas,</p>
<p>ni sotillos las frescas umbrías,</p>
<p>ni árboles la sierra&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tenían las rudas labores</p>
<p>cantores humanos,</p>
<p>ni el sabroso caer de las tardes</p>
<p>cantores alados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tenían ni puente el riachuelo,</p>
<p>ni torre la aldea,</p>
<p>ni alegría de vida sus grises</p>
<p>hórridas viviendas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sus puertas holgaban desnudos</p>
<p>niñitos hambrientos,</p>
<p>devorando sopores de muerte</p>
<p>de alma y del cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y unas ruines mujeres traían</p>
<p>de pueblos lejanos</p>
<p>miserables mendrugos mohosos</p>
<p>envueltos en trapos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y unos hombres huraños y entecos</p>
<p>la tierra arañaban</p>
<p>como ruines raposos sin presa</p>
<p>que el páramo escarban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una sorda quietud imponente,</p>
<p>grabándolo todo,</p>
<p>sobre el muerto vivir descargaba</p>
<p>su losa de plomo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Era un trozo de tierra jurdana</p>
<p>con una alquería;</p>
<p>era un trozo de mundo vibrante,</p>
<p>de ruidos de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un campo de flores y frutos,</p>
<p>con hombres y pájaros,</p>
<p>con caricias de sol y aguas puras,</p>
<p>de limpios regatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Olivares azules que escalan</p>
<p>alegres laderas;</p>
<p>huertecillos con frutas de oro</p>
<p>que engríen las vegas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recortados, pequeños trigales;</p>
<p>minúsculos prados,</p>
<p>alamedas pomposas y viñas,</p>
<p>sotos de castaños&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la sierra gentil, más arriba,</p>
<p>perdiendo asperezas&#8230;</p>
<p>¡sonriendo a medida que sube</p>
<p>la vida por ella!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Colmenares que zumban y labran,</p>
<p>palomares blancos,</p>
<p>majadillas que alegran las cuestas,</p>
<p>sonoros rebaños&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carboneras humosas que fingen</p>
<p>pequeños volcanes;</p>
<p>leñadores que cortan y cantan,</p>
<p>que llevan y traen&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La visión de los campos incultos</p>
<p>qué ricos se tornan</p>
<p>si los baña del sol del trabajo</p>
<p>la luz creadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tenía ya puente el riachuelo,</p>
<p>y torre la aldea,</p>
<p>y alegría de vida sus blancas</p>
<p>y sanas viviendas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y del útil saber en un templo</p>
<p>limpio y diminuto,</p>
<p>y en el templo más grande y más sabio</p>
<p>del campo fecundo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bando alegre de niños que un hombre</p>
<p>discreto guiaba,</p>
<p>la salud y la vida bebían</p>
<p>del cuerpo y del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y unas madres con leche en sus pechos</p>
<p>y luz en la mente,</p>
<p>y en las caras morenas, dulzuras</p>
<p>y risas alegres,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>amasaban el pan de los suyos,</p>
<p>rezaban, bullían,</p>
<p>gobernaban la casa cantando,</p>
<p>¡cantando la vida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y unos hombres briosos y cultos</p>
<p>labraban los campos</p>
<p>con la sana alegría que infunden</p>
<p>la paz y el trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y flotaba en los aires el ritmo</p>
<p>gigante y oscuro</p>
<p>con que alienta la tierra fecunda</p>
<p>preñada de frutos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dos paisajes! El uno soñado</p>
<p>y el otro vivido.</p>
<p>Del vivir al soñar, ¿hay distancia?</p>
<p>¡Pues amor cegará tal abismo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Represalias De Pablos</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Dos peñascales horrendos,</p>
<p>abajo un río que brama,</p>
<p>y arriba el arco de un puente,</p>
<p>que aquel precipicio salva</p>
<p>cual cinta sutil de acero,</p>
<p>sobre el abismo curvada.</p>
<p>La blanca luz de la luna</p>
<p>luchaba con la del alba;</p>
<p>la de la luna, perdía;</p>
<p>la de la aurora, ganaba.</p>
<p>Un cielo que nada dice,</p>
<p>un mundo en quien nadie habla,</p>
<p>soledades de sepulcros,</p>
<p>silencios hondos que alarman,</p>
<p>quietudes inalterables,</p>
<p>la plenitud de la calma;</p>
<p>menos: la inercia absoluta</p>
<p>de la vida desmayada;</p>
<p>aún menos: la muerte misma,</p>
<p>que sobre el mundo descansa;</p>
<p>y si no zumbara el río,</p>
<p>¡todavía menos!&#8230;, la nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Era el sueño, no la muerte.</p>
<p>No hay muerte, no muere nada</p>
<p>mientras se sepa que el hálito</p>
<p>de Dios por el mundo vaga.</p>
<p>De los blancos peñascales</p>
<p>surgieron como fantasmas</p>
<p>dos hombres, que cautelosos,</p>
<p>hacia el alto puente avanzan,</p>
<p>como ciervos que ventean,</p>
<p>como liebres alarmadas&#8230;</p>
<p>Del puente en la embocadura</p>
<p>cambiaron unas palabras;</p>
<p>el uno apostóse fuera;</p>
<p>el otro enfiló la entrada,</p>
<p>pasó, y, en la lejanía,</p>
<p>se perdió como un fantasma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>La blanca luz de la luna</p>
<p>luchaba con la del alba;</p>
<p>la de la luna, perdía;</p>
<p>la de la aurora, ganaba.</p>
<p>Misteriosa brisa fresca</p>
<p>pasó batiendo las alas,</p>
<p>vino del lado del día,</p>
<p>de Oriente vino, y sus ráfagas</p>
<p>movieron olores acres,</p>
<p>frescuras de rociada.</p>
<p>Cantó una abubilla necia</p>
<p>tres veces. Alboreaba.</p>
<p>Una raposa flexible,</p>
<p>de cola encrespada y larga,</p>
<p>blandos andares felinos</p>
<p>y anchas pupilas de ámbar,</p>
<p>llegó a un extremo del puente</p>
<p>como sombra que resbala.</p>
<p>¡Dudó!, miró a todas partes,</p>
<p>tomó vientos, recelaba;</p>
<p>y cruel perro avergonzado,</p>
<p>como ladrón que se alarma,</p>
<p>entró en el estrecho puente</p>
<p>y avanzó toda azorada&#8230;</p>
<p>De pronto, cuando en lo alto</p>
<p>del arco sutil estaba,</p>
<p>en cada extremo del puente,</p>
<p>oyó un silbido de alarma,</p>
<p>y luego voces, y luego</p>
<p>vio que el paso le cerraban,</p>
<p>por ambos lados, dos hombres,</p>
<p>blandiendo recias estacas,</p>
<p>y oyó que la maldecían,</p>
<p>y vio que la amenazaban&#8230;</p>
<p>Despavorida, sin tino,</p>
<p>la miserable alimaña,</p>
<p>se puso, de un solo salto,</p>
<p>sobre el pretil, aterrada&#8230;</p>
<p>Vio el abismo; se detuvo,</p>
<p>y aun miró atrás. ¡Se acercaban!</p>
<p>Miró al cielo: ni una peña,</p>
<p>ni una grieta, ni una rama&#8230;</p>
<p>Y aun dudó&#8230;, pero llegaron,</p>
<p>oyó zumbar las estacas&#8230;</p>
<p>y allá fue, pataleando,</p>
<p>por el abismo tragada,</p>
<p>la de la cola espumosa,</p>
<p>la de los ojos de ámbar,</p>
<p>la de los blandos andares,</p>
<p>que nadie los barruntaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>El remolino furioso</p>
<p>que abajo formaba el agua</p>
<p>cogió a la víctima débil</p>
<p>que la traición entregara;</p>
<p>y no la escupió a la orilla,</p>
<p>ni sumergióla en sus aguas,</p>
<p>ni la estrelló en un peñasco</p>
<p>para el tormento abreviarla:</p>
<p>sobre sus lomos de espuma</p>
<p>cargóla con loca rabia,</p>
<p>y condenóla al suplicio</p>
<p>de girar con vueltas rápidas,</p>
<p>isócronas, mareantes,</p>
<p>que aturdían, que embriagaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Desde la altura del puente</p>
<p>cayeron estas palabras,</p>
<p>más horribles porque abajo</p>
<p>no sabían contestarlas:</p>
<p>«Dici Pablos que te iga</p>
<p>que sigas con la ginasia,</p>
<p>que mañana volveremos</p>
<p>a velti jacel roangas!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>—¿Vamos, Pablo?</p>
<p>—Vamos, Ginio</p>
<p>—¿Cuándo golvemos?</p>
<p>—Mañana</p>
<p>—¿No más que mañana?</p>
<p>—Y siempri,</p>
<p>y hasta que no quedi casta.</p>
<p>—¿Y luego?</p>
<p>—Pos si me apuras,</p>
<p>arrempujamos a Blasa,</p>
<p>que cuela el puenti de noche</p>
<p>cuando güelvi de las cabras.</p>
<p>¡Ya tengo ganas de vela</p>
<p>jaciendo abajo roangas,</p>
<p>que muchas jaci valsando</p>
<p>con Meregildo Pardala,</p>
<p>pa que me enrite de celos,</p>
<p>pa que me ajogue de rabia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Ama</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Yo aprendí en el hogar en qué se funda</p>
<p>la dicha más perfecta,</p>
<p>y para hacerla mía</p>
<p>quise yo ser como mi padre era</p>
<p>y busqué una mujer como mi madre</p>
<p>entre las hijas de mi hidalga tierra.</p>
<p>Y fui como mi padre, y fue mi esposa</p>
<p>viviente imagen de la madre muerta.</p>
<p>¡Un milagro de Dios, que ver me hizo</p>
<p>otra mujer como la santa aquella!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compartían mis únicos amores</p>
<p>la amante compañera,</p>
<p>la patria idolatrada,</p>
<p>la casa solariega,</p>
<p>con la heredada historia,</p>
<p>con la heredada hacienda.</p>
<p>¡Qué buena era la esposa</p>
<p>y qué feraz la tierra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué alegre era mi casa</p>
<p>y qué sana mi hacienda,</p>
<p>y con qué solidez estaba unida</p>
<p>la tradición de la honradez a ellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una sencilla labradora, humilde,</p>
<p>hija de oscura castellana aldea;</p>
<p>una mujer trabajadora, honrada,</p>
<p>cristiana, amable, cariñosa y seria,</p>
<p>trocó mi casa en adorable idilio</p>
<p>que no pudo soñar ningún poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, cómo se suaviza</p>
<p>el penoso trajín de las faenas</p>
<p>cuando hay amor en casa</p>
<p>y con él mucho pan se amasa en ella</p>
<p>para los pobres que a su sombra viven,</p>
<p>para los pobres que por ella bregan!</p>
<p>¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,</p>
<p>y cuánto por la casa se interesan,</p>
<p>y cómo ellos la cuidan,</p>
<p>y cómo Dios la aumenta!</p>
<p>Todo lo pudo la mujer cristiana,</p>
<p>logrólo todo la mujer discreta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida en la alquería</p>
<p>giraba en torno a ella</p>
<p>pacífica y amable,</p>
<p>monótona y serena&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y cómo la alegría y el trabajo</p>
<p>donde está la virtud se compenetran!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lavando en el regato cristalino</p>
<p>cantaban las mozuelas,</p>
<p>y cantaba en los valles el vaquero,</p>
<p>y cantaban los mozos en las tierras,</p>
<p>y el aguador camino de la fuente,</p>
<p>y el cabrerillo en la pelada cuesta&#8230;</p>
<p>¡Y yo también cantaba,</p>
<p>que ella y el campo hiciéronme poeta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantaba el equilibrio</p>
<p>de aquel alma serena</p>
<p>como los anchos cielos,</p>
<p>como los campos de mi amada tierra;</p>
<p>y cantaba también aquellos campos,</p>
<p>los de las pardas, onduladas cuestas,</p>
<p>los de los mares de enceradas mieses,</p>
<p>los de las mudas perspectivas serias,</p>
<p>los de las castas soledades hondas,</p>
<p>los de las grises lontananzas muertas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El alma se empapaba</p>
<p>en la solemne clásica grandeza</p>
<p>que llenaba los ámbitos abiertos</p>
<p>del cielo y de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué placido el ambiente,</p>
<p>qué tranquilo el paisaje, qué serena</p>
<p>la atmósfera azulada se extendía</p>
<p>por sobre el haz de la llanura inmensa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La brisa de la tarde</p>
<p>meneaba, amorosa, la alameda,</p>
<p>los zarzales floridos del cercado,</p>
<p>los guindos de la vega,</p>
<p>las mieses de la hoja,</p>
<p>la copa verde de la encina vieja&#8230;</p>
<p>¡Monorrítmica música del llano,</p>
<p>qué grato tu sonar, qué dulce era!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La gaita del pastor en la colina</p>
<p>lloraba las tonadas de la tierra,</p>
<p>cargadas de dulzuras,</p>
<p>cargadas de monótonas tristezas,</p>
<p>y dentro del sentido</p>
<p>caían las cadencias</p>
<p>como doradas gotas</p>
<p>de dulce miel que del panal fluyeran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida era solemne;</p>
<p>puro y sereno el pensamiento era;</p>
<p>sosegado el sentir, como las brisas;</p>
<p>mudo y fuerte el amor, mansas las penas</p>
<p>austeros los placeres,</p>
<p>raigadas las creencias,</p>
<p>sabroso el pan, reparador el sueño,</p>
<p>fácil el bien y pura la conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué deseos el alma</p>
<p>tenía de ser buena,</p>
<p>y cómo se llenaba de ternura</p>
<p>cuando Dios le decía que lo era!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Pero bien se conoce</p>
<p>que ya no vive ella;</p>
<p>el corazón, la vida de la casa</p>
<p>que alegraba el trajín de las tareas,</p>
<p>la mano bienhechora</p>
<p>que con las sales de enseñanzas buenas</p>
<p>amasó tanto pan para los pobres</p>
<p>que regaban, sudando, nuestra hacienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La vida en la alquería</p>
<p>se tiñó para siempre de tristeza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no alegran los mozos la besana</p>
<p>con las dulces tonadas de la tierra,</p>
<p>que al paso perezoso de las yuntas</p>
<p>ajustaban sus lánguidas cadencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mudos de casa salen,</p>
<p>mudos pasan el día en sus faenas,</p>
<p>tristes y mudos vuelven;</p>
<p>y sin decirse una palabra cenan;</p>
<p>que está el aire de casa</p>
<p>cargado de tristeza</p>
<p>y palabras y ruidos importunan</p>
<p>la rumia sosegada de las penas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y rezamos, reunidos, el Rosario,</p>
<p>sin decirnos por quién&#8230;, pero es por ella.</p>
<p>Que aunque ya no su voz a orar nos llama,</p>
<p>su recuerdo querido nos congrega,</p>
<p>y nos pone el Rosario entre los dedos</p>
<p>y las santas plegarias en la lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué días y qué noches!</p>
<p>¡Con cuánta lentitud las horas ruedan</p>
<p>por encima del alma que está sola</p>
<p>llorando en las tinieblas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las sales de mis lágrimas amargan</p>
<p>el pan que me alimenta;</p>
<p>me cansa el movimiento,</p>
<p>me pesan las faenas,</p>
<p>la casa me entristece</p>
<p>y he perdido el cariño de la hacienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué me importan los bienes</p>
<p>si he perdido mi dulce compañera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué compasión me tienen mis criados</p>
<p>que ayer me vieron con el alma llena</p>
<p>de alegrías sin fin que rebosaban</p>
<p>y suyas también eran!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta el hosco pastor de mis ganados,</p>
<p>que ha medido la hondura de mi pena,</p>
<p>si llego a su majada</p>
<p>baja los ojos y ni hablar quisiera;</p>
<p>y dice al despedirme: «Ánimo, amo;</p>
<p>haiga mucho valor y haiga pacencia&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y le tiembla la voz cuando lo dice,</p>
<p>y se enjuga una lágrima sincera,</p>
<p>que en la manga de la áspera zamarra</p>
<p>temblando se le queda&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Me ahogan estas cosas,</p>
<p>me matan de dolor estas escenas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que me anime, pretende, y él no sabe</p>
<p>que de su choza en la techumbre negra</p>
<p>le he visto yo escondida</p>
<p>la dulce gaita aquella</p>
<p>que cargaba el sentido de dulzuras</p>
<p>y llenaba los aires de cadencias!&#8230;</p>
<p>¿Por qué ya no la toca?</p>
<p>¿Por qué los campos su tañer no alegra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el atrevido vaquerillo sano</p>
<p>que amaba a una mozuela</p>
<p>de aquellas que trajinan en la casa,</p>
<p>¿por qué no ha vuelto a verla?</p>
<p>¿Por qué no canta en los tranquilos valles?</p>
<p>¿Por qué no silba con la misma fuerza?</p>
<p>¿Por qué no quiere restallar la honda?</p>
<p>¿Por qué esta muda la habladora lengua,</p>
<p>que al amo le contaba sus sentires</p>
<p>cuando el amo le daba su licencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡El ama era una santa!&#8230;»,</p>
<p>me dicen todos, cuando me hablan de ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Santa, santa!», me ha dicho</p>
<p>el viejo señor cura de la aldea,</p>
<p>aquel que le pedía</p>
<p>las limosnas secretas</p>
<p>que de tantos hogares ahuyentaban</p>
<p>las hambres, y los fríos, y las penas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por eso los mendigos</p>
<p>que llegan a mi puerta</p>
<p>llorando se descubren</p>
<p>y un padrenuestro por el ama rezan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El velo del dolor me ha oscurecido</p>
<p>la luz de la belleza.</p>
<p>Ya no saben hundirse mis pupilas</p>
<p>en la visión serena</p>
<p>de los espacios hondos,</p>
<p>puros y azules, de extensión inmensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no sé traducir la poesía,</p>
<p>ni del alma en la médula me entra</p>
<p>la intensa melodía del silencio</p>
<p>que en la llanura quieta</p>
<p>parece que descansa,</p>
<p>parece que se acuesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Será puro el ambiente, como antes,</p>
<p>y la atmósfera azul será serena,</p>
<p>y la brisa amorosa</p>
<p>moverá con sus alas la alameda,</p>
<p>los zarzales floridos,</p>
<p>los guindos de la vega,</p>
<p>las mieses de la hoja,</p>
<p>la copa verde de la encina vieja&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mugirán los tristes becerrillos,</p>
<p>lamentando el destete, en la pradera,</p>
<p>y la de alegres recentales dulces,</p>
<p>tropa gentil, escalará la cuesta</p>
<p>balando plañideros</p>
<p>al pie de las dulcísimas ovejas;</p>
<p>y cantará en el monte la abubilla</p>
<p>y en los aires la alondra mañanera</p>
<p>seguirá derritiéndose en gorjeos,</p>
<p>musical filigrana de su lengua&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la vida solemne de los mundos</p>
<p>seguirá su carrera</p>
<p>monótona, inmutable,</p>
<p>magnífica, serena&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué me importa todo,</p>
<p>si el vivir de los mundos no me alegra,</p>
<p>ni el ambiente me baña en bienestares,</p>
<p>ni las brisas a música me suenan,</p>
<p>ni el cantar de los pájaros del monte</p>
<p>estimulan mi lengua,</p>
<p>ni me mueve a ambición la perspectiva</p>
<p>de la abundante próxima cosecha,</p>
<p>ni el vigor de mis bueyes me envanece,</p>
<p>ni el paso del caballo me recrea,</p>
<p>ni me embriaga el olor de las majadas,</p>
<p>ni con vértigos dulces me deleitan</p>
<p>el perfume del heno que madura</p>
<p>y el perfume del trigo que se encera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Resbala sobre mí sin agitarme</p>
<p>la dulce poesía en que se impregnan</p>
<p>la llanura sin fin, toda quietudes,</p>
<p>y el magnífico cielo, todo estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya mover no pueden</p>
<p>mi alma de poeta,</p>
<p>ni las de mayo auroras nacarinas</p>
<p>con húmedos vapores en las vegas,</p>
<p>con cánticos de alondra y con efluvios</p>
<p>de rocïadas frescas,</p>
<p>ni éstos de otoño atardeceres dulces</p>
<p>de manso resbalar, pura tristeza</p>
<p>de la luz que se muere</p>
<p>y el paisaje borroso que se queja&#8230;,</p>
<p>ni las noches románticas de julio,</p>
<p>magníficas, espléndidas,</p>
<p>cargadas de silencios rumorosos</p>
<p>y de sanos perfumes de las eras;</p>
<p>noches para el amor, para la rumia</p>
<p>de las grandes ideas,</p>
<p>que a la cumbre al llegar de las alturas</p>
<p>se hermanan y se besan&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo tendré yo el alma,</p>
<p>que resbala sobre ella</p>
<p>la dulce poesía de mis campos</p>
<p>como el agua resbala por la piedra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra paz era imagen de mi vida,</p>
<p>¡oh, campos de mi tierra!</p>
<p>Pero la vida se me puso triste</p>
<p>y su imagen de ahora ya no es ésa:</p>
<p>en mi casa, es el frío de mi alcoba,</p>
<p>es el llanto vertido en sus tinieblas;</p>
<p>en el campo, es el árido camino</p>
<p>del barbecho sin fin que amarillea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo ya sé hablar como mi madre,</p>
<p>y digo como ella</p>
<p>cuando la vida se le puso triste:</p>
<p>«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Amo</strong></h3>
<p>En el nombre de Dios que las abriera,</p>
<p>cierro las puertas del hogar paterno,</p>
<p>que es cerrarle a mi vida un horizonte</p>
<p>y a Dios cerrarle un templo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es preciso tener alma de roca,</p>
<p>sangre de hiena y corazón de acero,</p>
<p>para dar este adiós que en la garganta</p>
<p>se me detiene al bosquejarlo el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es preciso tener labios de mártir</p>
<p>para acercarse a ellos</p>
<p>la hiel del cáliz que en mi mano trémula</p>
<p>con ojos turbios esperando veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya está solo el hogar. Mis patriarcas</p>
<p>uno en pos de otro del hogar salieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me los vino a buscar Cristo amoroso</p>
<p>con los brazos abiertos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Arrullo Del Atlántico</strong></h3>
<p>I</p>
<p>En el nombre de Dios canto la vida.</p>
<p>Era la hora en que la luz esperan,</p>
<p>para iniciar la cotidiana huida,</p>
<p>las sombras densas de la noche oscura</p>
<p>que en el abismo caótico fundieran</p>
<p>el abismo del mar y el de la altura.</p>
<p>¡Naturaleza!, cuando estás dormida</p>
<p>y el alma que te adora</p>
<p>por nocturno crespón te ve cubierta,</p>
<p>se finge en su cariño que estás muerta,</p>
<p>y perdida te llora,</p>
<p>hasta que luz de aurora te despierta&#8230;</p>
<p>¡Salve, luz creadora!</p>
<p>Si de la mano del Señor salida</p>
<p>prístina creación es toda vida</p>
<p>segunda creación es toda aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como se abren los pétalos iguales</p>
<p>de roja minutisa,</p>
<p>como se abren dos labios virginales</p>
<p>que quieren bosquejar una sonrisa,</p>
<p>como deben abrirse a los mortales</p>
<p>las áureas celosías edeniales,</p>
<p>así se abrió, purísimo y riente,</p>
<p>un resquicio de cielo por Oriente,</p>
<p>y trémulas surgieron e indecisas,</p>
<p>por el abierto desgarrón del velo,</p>
<p>tintas crepusculares</p>
<p>que elevaron la bóveda del cielo</p>
<p>y abatieron las curvas de los mares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La musa de los piélagos azules</p>
<p>que alienta brisas y transpira brumas</p>
<p>y viste mantos de azulosos tules,</p>
<p>con encajes purísimos de espumas&#8230;</p>
<p>La gran dominadora</p>
<p>del piélago iracundo donde mora;</p>
<p>la maga del abismo, que aún dormía,</p>
<p>movió la linfa, le prestó armonía,</p>
<p>y este armonioso cántico</p>
<p>surgió solemne, al despuntar el día,</p>
<p>del hondo seno del azul Atlántico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Verdes musas erráticas</p>
<p>de almas de luz y liras cristalinas,</p>
<p>nereidas de pupilas abismáticas,</p>
<p>sirenas de gargantas peregrinas,</p>
<p>monstruos del fondo, genios de las olas,</p>
<p>acres brisas marinas,</p>
<p>que venís de las playas españolas</p>
<p>o venís de las playas argentinas&#8230;</p>
<p>Genio de la bonanza, a cuyo arrullo</p>
<p>trueco mi grito en musical murmullo;</p>
<p>genio de la borrasca, a cuyo grito</p>
<p>respondo detonante</p>
<p>y en hervidero arrollador me agito&#8230;,</p>
<p>¡cantad conmigo la ocasión gigante</p>
<p>con que a los hombres al progreso invito!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo soy aquel abismo que separa</p>
<p>la que el destino poderosa y una</p>
<p>raza noble creara</p>
<p>en hispano solar e hispana cuna.</p>
<p>Yo soy el gran vencido</p>
<p>del genio humano, que me vio rendido</p>
<p>bajo frágiles quillas victoriosas</p>
<p>de audaces carabelas</p>
<p>que rayaron mis lomos con estelas</p>
<p>de perennes honduras luminosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermanas tierras cuyas bellas playas</p>
<p>ricas de frutos y de flores gayas,</p>
<p>beso con los gigantes</p>
<p>labios de mis orillas&#8230;</p>
<p>¡los besos de mis labios son semillas</p>
<p>que producen cosechas abundantes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nobles razas gemelas</p>
<p>que ardéis en fraternales sentimientos,</p>
<p>¡ahonde vuestro amor esas estelas</p>
<p>que han vencido a los siglos y a los vientos!</p>
<p>¡Tejed, tejed sobre mi haz hirviente</p>
<p>de nuevos derroteros red tupida</p>
<p>y engrandecedme bajo el peso ingente</p>
<p>de pedazos de Patria enriquecida</p>
<p>que, abatiendo mis lomos en su centro</p>
<p>dilate mis orillas tierra adentro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poderoso Neptuno, que dominas</p>
<p>las iras bravas de mis glaucas olas</p>
<p>¡úncelas a las naves peregrinas</p>
<p>que vengan de las playas españolas</p>
<p>o vengan de las playas argentinas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Enfrena, Eolo, enfrena</p>
<p>la cuadriga briosa de los vientos</p>
<p>y fija en popa ordena</p>
<p>que sople una veloz brisa serena</p>
<p>que endulce y apresure movimientos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vosotras, nereidas ambarinas</p>
<p>con luengas cabelleras</p>
<p>de oscurísimas algas azulinas,</p>
<p>¡alejad a esas ricas mensajeras</p>
<p>de escollos y de sirtes traicioneras!</p>
<p>Y tú también, estrella titilante</p>
<p>que en mi espejo oscilante</p>
<p>y en el del cielo diáfano rutilas</p>
<p>menos que en las pupilas</p>
<p>de atento navegante:</p>
<p>tus fulgores purísimos no veles</p>
<p>con crespones de nubes tormentosas</p>
<p>que a esos ricos bajeles</p>
<p>aparten de las vías venturosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, Dios soberano,</p>
<p>que todo lo creaste y lo gobiernas;</p>
<p>única augusta mano</p>
<p>que sabe modelar cosas eternas,</p>
<p>única idea que en ninguna anida,</p>
<p>única luz que de la luz no nace,</p>
<p>origen sin origen de la vida</p>
<p>que se apaga ante Ti, y en Ti renace&#8230;</p>
<p>Tú el poder, Tú la gloria, Tú la alteza.</p>
<p>Tú la sabiduría,</p>
<p>Tú la derecha iluminada vía</p>
<p>de la humana grandeza,</p>
<p>bendice el alma de tus pueblos fieles,</p>
<p>haz que cuajen sus flores</p>
<p>en frutos áureos de sabrosas mieles,</p>
<p>pon en su entraña amores,</p>
<p>lumbre en su inteligencia,</p>
<p>paz en sus horas, gloria en sus destinos,</p>
<p>fe pura en su conciencia,</p>
<p>luz en su oriente y oro en sus caminos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende sobre mi haz el invisible</p>
<p>manto de tu poder incontrastable,</p>
<p>y por seguros derroteros fijos</p>
<p>bogarán en legión interminable</p>
<p>tus laboriosos hijos.</p>
<p>No me ordenes, Señor, que abra mis senos,</p>
<p>y de tus pueblos fieles</p>
<p>en ellos precipite los bajeles</p>
<p>que mi móvil cristal hienden serenos.</p>
<p>¡Señor! Navegan llenos</p>
<p>de ricos frutos que crió Natura</p>
<p>con riegos de rocíos y sudores,</p>
<p>llevan copia hechicera</p>
<p>de industriales y artísticas labores,</p>
<p>llevan la luz postrera</p>
<p>que la ciencia radió, llevan amores&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermanas gentes cuya entraña encierra</p>
<p>sangre y alma españolas:</p>
<p>¡el cielo es vuestro; sojuzgar la tierra!</p>
<p>¡Vuestro yo soy; encadenad mis olas!</p>
<p>Unid mis dos orillas</p>
<p>con oscilantes puentes</p>
<p>de regueros longuísimos de quillas</p>
<p>henchidas de riquezas y de gentes.</p>
<p>Y con los brazos en la brega dura,</p>
<p>en Dios la fe y el corazón en todo,</p>
<p>gozad el oro en su virtud más pura,</p>
<p>poned la muerte entre el honor y el lodo,</p>
<p>sentid el arte en su divina altura,</p>
<p>buscad la gloria donde eterna sea,</p>
<p>trocad la ciencia en savia sustanciosa,</p>
<p>cambiad amor del que deleita y crea&#8230;</p>
<p>¡Vivid la vida en su verdad hermosa!</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-2203 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/galan1-300x148.png" alt="Poemas de José María Gabriel y Galán" width="693" height="342" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/galan1-300x148.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/galan1-768x379.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/galan1.png 1004w" sizes="(max-width: 693px) 100vw, 693px" /></p>
<h3><strong>El Cantar De Las Chicharras</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Que se queman los lugares,</p>
<p>los azules olivares,</p>
<p>los dormidos encinares</p>
<p>y las viñas, y las mieses, y los huertos,</p>
<p>bajo el hálito encendido</p>
<p>que desciende desprendido</p>
<p>como plomo derretido</p>
<p>de este sol abrasador de los desiertos.</p>
<p>Se han dormido las riberas,</p>
<p>y las gentes de las eras,</p>
<p>y las moscas volanderas,</p>
<p>y los flacos aguiluchos cazadores;</p>
<p>se han dormido en la hondonada</p>
<p>la pacífica yeguada,</p>
<p>la doméstica boyada,</p>
<p>los mastines, el rebaño y los pastores.</p>
<p>En los rígidos pimpollos</p>
<p>de alcornoques y trepollos</p>
<p>se recogen con sus pollos</p>
<p>angustiados pajaruchos montesinos,</p>
<p>y en los céspedes dormitan,</p>
<p>y jadean y palpitan,</p>
<p>se sotierran y crepitan</p>
<p>anillados gusarapos mortecinos.</p>
<p>Fuego radian los jarales,</p>
<p>y los grises pizarrales,</p>
<p>y los blancos pedernales,</p>
<p>y los líquenes de oro de los canchos;</p>
<p>se platean los rastrojos,</p>
<p>se requeman los matojos,</p>
<p>se retuercen los abrojos,</p>
<p>y se azulan los aceros de sus ganchos.</p>
<p>¡Todo ha muerto en la comarca!</p>
<p>Hierve el agua de la charca</p>
<p>que el ijar del tono enarca</p>
<p>y acentúa de la alondra las congojas;</p>
<p>vibra el aire en la colina,</p>
<p>zumba el tábano en la encina</p>
<p>e hipnotizan la retina</p>
<p>las metálicas quietudes de sus hojas.</p>
<p>Yo los párpados entorno</p>
<p>bajo el peso del bochorno</p>
<p>viendo a medias en el horno</p>
<p>de la tierra la agonía del paisaje,</p>
<p>y me sueño con las frondas,</p>
<p>con los ríos de aguas hondas,</p>
<p>con las márgenes redondas</p>
<p>de los lagos circuidos de follaje&#8230;</p>
<p>La extensión indefinida</p>
<p>de la tierra empedernida</p>
<p>pierde el tono de la vida</p>
<p>que en el seno solo vive de la idea&#8230;</p>
<p>Es el sueño de un despierto,</p>
<p>es la calma del desierto,</p>
<p>es un vivo mundo muerto&#8230;</p>
<p>¡Es la ardiente Extremadura que sestea!&#8230;</p>
<p>Y la aduermen esta nota</p>
<p>monorrítmica que brota</p>
<p>de mi pobre lira rota,</p>
<p>que la reza bajo el palio de la parra,</p>
<p>y el unísono rasgueo,</p>
<p>y el isócrono goteo,</p>
<p>el perenne martilleo</p>
<p>del monótono cantar de la chicharra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Vete lejos, linda Andrea,</p>
<p>que el bochorno me marea,</p>
<p>me emborracha, me caldea,</p>
<p>me pervierte los sentidos perezosos&#8230;</p>
<p>Vete lejos, criatura,</p>
<p>ue en tus labios hay frescura</p>
<p>y en mi sangre calentura,</p>
<p>y en mi mente sueños árabes borrosos&#8230;</p>
<p>Muchachuela: no son esos,</p>
<p>no son risas, no son besos,</p>
<p>son más graves embelesos</p>
<p>los que encantan mis ardientes melodías&#8230;,</p>
<p>sonsonetes de chicharra,</p>
<p>sombra fresca de la parra,</p>
<p>agua fría de la jarra,</p>
<p>dulce holganza y uniformes canturías&#8230;</p>
<p>Hondamente enervadoras,</p>
<p>blandamente abrumadoras</p>
<p>las quietudes de estas horas</p>
<p>se recuestan en el lecho de mi mente,</p>
<p>y el espíritu abatido</p>
<p>que las vive adormecido</p>
<p>va rumiando su sentido</p>
<p>gravemente, suavemente, lentamente&#8230;</p>
<p>¡Qué flojera, qué flojera!</p>
<p>¡Qué pesada soñarrera!</p>
<p>¡Qué enervante borrachera</p>
<p>de pereza los sentidos narcotiza!</p>
<p>¡Qué modorra, qué modorra!&#8230;</p>
<p>¡Qué penumbra de mazmorra&#8230;</p>
<p>los contornos casi borra</p>
<p>del premioso pensamiento que agoniza!&#8230;</p>
<p>¡Vete y vuelve, muchachuela,</p>
<p>que me dejas una estela</p>
<p>de frescura que consuela</p>
<p>cuando pasas, cuando pasas a mi lado!</p>
<p>¡Trae la jarra, trae la jarra!</p>
<p>¡Qué se calle la chicharra!</p>
<p>¡Qué las hojas de la parra</p>
<p>mueva el hálito del céfiro encalmado!</p>
<p>¡Pero no, que el fuego es vida;</p>
<p>y bajo esta derretida</p>
<p>lumbre roja desprendida</p>
<p>de ese sol abrasador de los desiertos,</p>
<p>vida incuban los lugares,</p>
<p>sus azules olivares,</p>
<p>sus dormidos encinares,</p>
<p>y sus viñas y sus mieses y sus huertos!</p>
<p>Y entre tanto, lira mía,</p>
<p>tú con bárbara armonía</p>
<p>de chicharra, dile al día</p>
<p>los contrastes que me brinda la fortuna;</p>
<p>de mañana, brisa y parra;</p>
<p>en la siesta, la chicharra,</p>
<p>y a la noche, la guitarra,</p>
<p>las muchachas, los ensueños y la luna&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Catecismo</strong></h3>
<p>La fiesta de la Doctrina</p>
<p>no es una efímera fiesta;</p>
<p>es una hermosa protesta</p>
<p>de la piedad salmantina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Salamanca de ahora</p>
<p>infunde en la de mañana</p>
<p>la rica savia cristiana,</p>
<p>del mundo liberadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recíbela en su conciencia</p>
<p>la Salamanca futura,</p>
<p>que al sol de la fe más pura</p>
<p>toma briosa existencia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y a la lucha del abismo</p>
<p>con la luz acude armada,</p>
<p>pero no con una espada,</p>
<p>sino con un Catecismo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con una Ley redentora</p>
<p>que ha de ser el estandarte</p>
<p>que corone el baluarte</p>
<p>de nuestra Fe Salvadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ley de Cristo: tú fecundas,</p>
<p>fortaleces, purificas,</p>
<p>acrisolas, glorificas</p>
<p>y de paz el mundo inundas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ley de Cristo: tú ennobleces,</p>
<p>sanas los entendimientos,</p>
<p>sublimas los sentimientos</p>
<p>y la Patria robusteces!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu luz divina en pos</p>
<p>seguro va el que camina,</p>
<p>porque todo se ilumina</p>
<p>con el Código de Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ti por Cristo nacimos</p>
<p>y a Cristo en ti confesamos.</p>
<p>¡Ley de Cristo: te acatamos!</p>
<p>¡Ley de Cristo: te seguimos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestro cristiano nacer</p>
<p>traiga el cristiano vivir;</p>
<p>nuestro cristiano morir</p>
<p>como el vivir ha de ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal será nuestra existencia</p>
<p>¡divino Código viejo!:</p>
<p>tu letra, en la inteligencia;</p>
<p>tu sentido, en la conciencia,</p>
<p>y en las obras tu reflejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Cristo De Velázquez</strong></h3>
<p>¡Lo amaba, lo amaba!</p>
<p>¡No fue sólo milagro del genio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo intuyó cuando estaba dormido,</p>
<p>porque sólo en las sombras del sueño</p>
<p>se nos dan las sublimes visiones,</p>
<p>se nos dan los divinos conceptos,</p>
<p>la luz de lo grande,</p>
<p>la miel de lo bello&#8230;</p>
<p>¡Lo amaba, lo amaba!</p>
<p>¡Nacióle en el pecho!</p>
<p>No se puede soñar sin amores,</p>
<p>no se puede crear sin su fuego,</p>
<p>no se puede sentir sin sus dardos,</p>
<p>no se puede vibrar sin sus ecos,</p>
<p>volar sin sus alas,</p>
<p>vivir sin su aliento&#8230;</p>
<p>El sublime vidente dormía</p>
<p>del amor y del arte los sueños</p>
<p>-¡los sueños divinos</p>
<p>que duermen los genios!</p>
<p>¡Los que ven llamaradas de gloria</p>
<p>por hermosos resquicios de cielo!-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el amor, el imán de las almas</p>
<p>le acercó la visión del Cordero,</p>
<p>la visión del dulcísimo Mártir</p>
<p>clavado en el leño,</p>
<p>con su frente de Dios dolorida,</p>
<p>con sus ojos de Dios entreabiertos,</p>
<p>con sus labios de Dios amargados,</p>
<p>con su boca de Dios sin aliento&#8230;,</p>
<p>¡muerto por los hombres!,</p>
<p>¡por amarlos muerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el artista lo vio como era,</p>
<p>lo sintió Dios y Mártir a un tiempo,</p>
<p>lo amó con entrañas</p>
<p>cargadas de fuego,</p>
<p>y en la santa visión empapado,</p>
<p>con divinos arrobos angélicos,</p>
<p>con magnéticos éxtasis líricos,</p>
<p>con sabrosos deliquios ascéticos,</p>
<p>con el ascua del fuego dramático,</p>
<p>con la fiebre de artísticos vértigos,</p>
<p>la memoria tomando a los hombres</p>
<p>ingratos y ciegos,</p>
<p>débiles o locos,</p>
<p>ruines o perversos,</p>
<p>invocó a la Divina Belleza</p>
<p>donde beben bellezas los genios,</p>
<p>los justos, los santos,</p>
<p>los limpios, los buenos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al conjuro bajaron los ángeles,</p>
<p>y al artista inspirado asistieron,</p>
<p>su paleta cargaron de sombras</p>
<p>y luces del cielo</p>
<p>alzaron el trípode,</p>
<p>tendieron el lienzo,</p>
<p>y arrancándose plumas de raso</p>
<p>de las alas, pinceles le hicieron.</p>
<p>Y el mago del arte,</p>
<p>el sublime elegido, entreabriendo</p>
<p>los extáticos ojos cargados</p>
<p>de penumbras del místico ensueño,</p>
<p>tomó los pinceles,</p>
<p>sonámbulo, trémulo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De rodillas cayeron los ángeles</p>
<p>y en el aire solemnes cayeron</p>
<p>todas las tristezas,</p>
<p>todos los silencios&#8230;</p>
<p>¡Y el genio del arte</p>
<p>se posó sobre el borde del lienzo!</p>
<p>Con fiebre en la frente,</p>
<p>con fuego en el pecho,</p>
<p>con miradas de Dios en los ojos</p>
<p>y en la mente arrebatos de genio,</p>
<p>el artista empapaba de sombras</p>
<p>y de luces de sombras el lienzo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No eran tintas que copian inertes,</p>
<p>eran vivos dolientes tormentos,</p>
<p>eran sangre caliente de Mártir,</p>
<p>eran huellas de crimen de réprobos,</p>
<p>eran voces justicia clamando,</p>
<p>y suspiros clemencia pidiendo&#8230;</p>
<p>¡Eran el drama del mundo deicida</p>
<p>y el grito del cielo!&#8230;</p>
<p>¡Y el sueño del hombre</p>
<p>quedó sobre el lienzo!</p>
<p>¡Lo amaba, lo amaba!:</p>
<p>¡el amor es un ala del genio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Cristu Benditu</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Ondi jueron los tiempos aquellos,</p>
<p>que pue que no güelvan,</p>
<p>cuando yo juí persona leía</p>
<p>que jizu comedias</p>
<p>y aleluyas tamién y cantaris</p>
<p>pa cantalos en una vigüela?</p>
<p>¿Ondi jueron aquellas cosinas</p>
<p>que llamaba ilusionis y eran</p>
<p>a&#8217;specie de airinos</p>
<p>que atontá me tenían la mollera?</p>
<p>¿Ondi jueron de aquellos sentires</p>
<p>las delicaezas</p>
<p>que me jizun llorar como un neni,</p>
<p>de gustu y de pena?</p>
<p>¿Ondi jueron aquellos pensaris</p>
<p>que jacían dolel la cabeza</p>
<p>de puro lo jondus</p>
<p>y en reäos que eran?</p>
<p>Ajuyó tuito aquello pa siempre,</p>
<p>y ya no me quea</p>
<p>más remedio que dilme jaciendo</p>
<p>a esta vía nueva.</p>
<p>¡Ya no güelvin los tiempos de altoncis,</p>
<p>ya no tengo ilusionis de aquellas,</p>
<p>ni jago aleluyas,</p>
<p>ni jago comedias,</p>
<p>ni jago cantaris</p>
<p>pa cantalos en una vigüela!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Pensando estas cosas,</p>
<p>que me daban ajogos de pena,</p>
<p>una vez andaba por los olivaris</p>
<p>que la ermita del Cristu roëan.</p>
<p>Triste y aginao,</p>
<p>de la ermita me juí pa la vera;</p>
<p>solitaria y abierta la vide</p>
<p>y entrémi por ella.</p>
<p>Con el alma llenita de jielis,</p>
<p>con el pecho jechito una breva</p>
<p>y la cara jaciendo pucheros</p>
<p>lo mesmito que un niño de teta,</p>
<p>juíme ampié del Cristu,</p>
<p>me jinqué en la tierra.</p>
<p>y jaciendo la crus, recé un Creo</p>
<p>pa que Dios quisiera</p>
<p>jacelme la vía</p>
<p>una miaja tan solo más güena.</p>
<p>¡Qué güeno es el Cristu</p>
<p>de la ermita aquella!</p>
<p>Yo le ije, dispués de rezali:</p>
<p>-¡Santu Cristu, que yo tengo pena,</p>
<p>que yo vivo tristi</p>
<p>sin sabel de qué tengo tristeza</p>
<p>y me ajogo con estos ansionis</p>
<p>y este jormiguillo que me jormiguea!</p>
<p>¡Santu Cristu querío del alma!</p>
<p>Tú pasastis las jelis más negras</p>
<p>que ha podido pasal un nacío</p>
<p>pa que tos los malos güenos se golvieran;</p>
<p>pero yo sigo siendo maleto</p>
<p>y a Ti te lo digo lleno de velgüenza</p>
<p>pa que me perdonis</p>
<p>y me jagas entral en verea.</p>
<p>¡Tú, que estás en la Crus clavaíto</p>
<p>pol sel yo maleto, quítame esta pena</p>
<p>que aentru del pecho</p>
<p>me escarabajea!&#8230;</p>
<p>¡Jalo asina, que yo te prometo</p>
<p>jacelmi bien güeno pa que Tú me quieras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¡Qué güeno es el Cristu</p>
<p>de la ermita aquella!</p>
<p>Pa jacel más alegri mi vía,</p>
<p>ni dineros me dio ni jacienda,</p>
<p>polque ice la genti que sabi</p>
<p>que la dicha no está en la riqueza.</p>
<p>Ni me jizu marqués, ni menistro,</p>
<p>ni alcaldi siquiera,</p>
<p>pa podel dil a misa el primero</p>
<p>con la ensinia los días de fiesta</p>
<p>y sentalmi a la vera del cura</p>
<p>jaciendu fachenda.</p>
<p>¡Pa esas cosas que son de fanfarria</p>
<p>no da nada el Cristu de la ermita aquella!</p>
<p>Pero aquel que jaciendo pucheros</p>
<p>se jinquí en la tierra,</p>
<p>y, dispués de rezali, le iga</p>
<p>las jielis que tenga,</p>
<p>que se vaiga tranquilo pa casa,</p>
<p>que ha de dali el Cristu lo que le convenga.</p>
<p>A mí me dio un hijo</p>
<p>que päeci de rosa y de cera,</p>
<p>como dos angelinos que adornan</p>
<p>el retablo mayol de la inglesia.</p>
<p>Un jabichuelino</p>
<p>con la cara como una azucena,</p>
<p>una miaja teñía de rosa</p>
<p>pa que entávia más guapo paeza.</p>
<p>A mí me entonteci</p>
<p>cuando alguna risina me jecha</p>
<p>con aquella boquina sin dientis,</p>
<p>rëondina y fresca,</p>
<p>que paeci el cuenquín de una rosa</p>
<p>que se jabri sola pa si se la besa.</p>
<p>¡Juy, qué boca tan guapa y tan rica!</p>
<p>¡Paeci de una tenca!</p>
<p>A vecis su madri</p>
<p>en cuerinos del to me lo quea,</p>
<p>se poni un pañali tendío en las sayas</p>
<p>y allí me lo jecha</p>
<p>¡Paeci un angelino</p>
<p>de los de la inglesia!</p>
<p>Yo quería que asín, en coretis,</p>
<p>siempre lo tuviera:</p>
<p>y cuando su madri vüelvi a jatealo,</p>
<p>le igo con pena:</p>
<p>-Éjalo que bregui,</p>
<p>éjalo que puéa</p>
<p>raneal con las piernas al airi</p>
<p>pa que críe juerza.</p>
<p>¡Éjalo que se esponji un ratino,</p>
<p>que tiempo le quea</p>
<p>pa enliarsi con esos pañalis</p>
<p>que me lo revientan!</p>
<p>¡Éjamelo un rato</p>
<p>pa que yo lo tenga</p>
<p>y le jaga cosinas bonitas</p>
<p>pa que se me ría mientris que pernea!</p>
<p>¡Que goci, que goci</p>
<p>to lo que asín quiera;</p>
<p>que pa jielis, ajogos y aginos</p>
<p>mucho tiempo quea!</p>
<p>¡Éjamelo pronto pa zarandealo!</p>
<p>Éjame el mi mozu pa que yo lo meza,</p>
<p>pa que yo le canti,</p>
<p>pa que yo lo duerma</p>
<p>al ton de las guapas</p>
<p>tonás de mi tierra,</p>
<p>continas y dulcis</p>
<p>que päecin zumbíos de abeja,</p>
<p>ruíos de regato,</p>
<p>airi de alamea,</p>
<p>sonsoneti del trillo en las miesis,</p>
<p>rezumbal de mosconis que vuelan</p>
<p>u cantal dormilón de chicharra</p>
<p>que entonteci de gusto en la siesta&#8230;</p>
<p>¡Miale cómo bulli,</p>
<p>miale cómo brega,</p>
<p>miale cómo sabi</p>
<p>óndi está la teta!</p>
<p>Si conocis que tieni jambrina</p>
<p>dali una gotera</p>
<p>pa que prontu se jaga tallúo</p>
<p>y amarri los chotos a puro de juerza.</p>
<p>¡Miali qué prontino</p>
<p>jizu ya la presa!</p>
<p>Miali cómo traga; mia qué cachetinos</p>
<p>mientris mama en el pecho te pega!</p>
<p>¡Miá que arrempujonis da con la carina</p>
<p>pa que salga la lechi con priesa!</p>
<p>¡Asín jacin también los chotinos</p>
<p>pa que baji el galro seguío y con juerza!</p>
<p>Ya se va jartando ¡Miá cómo se ríe,</p>
<p>miale cómo enrea!</p>
<p>Jasta el guarguerino</p>
<p>la lechi le llega,</p>
<p>porque va poniendo cara de jartura</p>
<p>y el piquino del pecho ya eja.</p>
<p>Quítalo en seguía pa que no se empachi</p>
<p>y trai que lo tenga&#8230;</p>
<p>¡Clavelino querío del güerto!,</p>
<p>ven que yo te quiera,</p>
<p>ven que yo te canti,</p>
<p>ven que yo te duerma,</p>
<p>al son de las guapas</p>
<p>tonás de mi tierra,</p>
<p>pa que pueas cantalas de mozo</p>
<p>cuando sepas tocal la vigüela.</p>
<p>¡Venga el mi mocino,</p>
<p>venga la mi prenda!</p>
<p>Ven que yo te besi</p>
<p>con delicäeza,</p>
<p>ondi menos te piquin las barbas</p>
<p>pa que no te ajuyas cuando yo te quiera,</p>
<p>ni te llorin los ojos, ni arruguis</p>
<p>esa cara más fina que sea,</p>
<p>ni te trinquis p&#8217;atrás enojao</p>
<p>si tu padri en la boca te besa&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Mujer, ¡miá qué lindu</p>
<p>cuando ya está dormío se quea!</p>
<p>¿Tú no sabis por qué se sonríe?</p>
<p>Es porque se sueña</p>
<p>que anda de retozus con los angelinos</p>
<p>en la gloria mesma&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>¡Qué guapo es mi neni!</p>
<p>¡Ya no tengo pena!</p>
<p>¡Qué güeno es el Cristu</p>
<p>de la ermita aquella!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Desafío</strong></h3>
<p>En la izquierda <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-eugenio-de-ochoa/">la guitarra</a>,</p>
<p>la navaja en la derecha,</p>
<p>terciada la manta al hombro,</p>
<p>la faja encarnada, suelta;</p>
<p>la actitud provocativa,</p>
<p>la mirada descompuesta,</p>
<p>roja de rabia la cara,</p>
<p>ronca la voz y algo trémula,</p>
<p>así apostrofaba el mozo</p>
<p>más rumboso de la aldea</p>
<p>a cuatro o seis rondadores</p>
<p>que invadieron la calleja</p>
<p>donde el mozo le cantaba</p>
<p>cantares a su morena:</p>
<p>«¡Me caso en Reus! Los majos</p>
<p>que asín de mí se moflean</p>
<p>jechin el paso p&#8217;alanti</p>
<p>como el que jabla lo jecha.</p>
<p>Si alguno tiene asaúras</p>
<p>y halbeliá más que lengua,</p>
<p>jala p&#8217;alanti ahora mesmo,</p>
<p>que al que de mí se grojea</p>
<p>sé yo jaceli una raya</p>
<p>pa embajo de alguna teta.</p>
<p>Sos tengo bien advertío,</p>
<p>por ajuyir de quimeras,</p>
<p>que cuando yo jechi rondas</p>
<p>a la vera de esta reja</p>
<p>calli la boca quien pasi</p>
<p>pa que le salga la cuenta</p>
<p>y jaga que no m&#8217;ha visto,</p>
<p>y andi agúo y no se güelva,</p>
<p>que esta calli es pa mí solo</p>
<p>dendi que Dios anochezca.</p>
<p>Si en esi corru hay alguno</p>
<p>que quie que le dé en la jeta</p>
<p>y jaga un bochi y lo entierri</p>
<p>al mesmo pie de esta reja</p>
<p>pa cantali luego encima</p>
<p>lo que él cantali quisiera</p>
<p>a una mujer que le ajuyi</p>
<p>y a ca minuto lo avienta.</p>
<p>Si quie dil de golpe al bochi,</p>
<p>eji el corru y acá venga,</p>
<p>y si el humol no le ayúa</p>
<p>y el miëo le jormiguea,</p>
<p>ayuali los del corru,</p>
<p>que pa tos acaso tenga.</p>
<p>¡Jala p&#8217;alanti los cinco,</p>
<p>que aunque sin naide me vea,</p>
<p>enjamás he rejilao</p>
<p>ampié la ventana esta!»</p>
<p>Así dijo el bravo mozo,</p>
<p>y a saltos como un fiera</p>
<p>lanzóse hacia los del grupo,</p>
<p>que, sin grande resistencia,</p>
<p>dejaron en un momento</p>
<p>despejada la calleja.</p>
<p>Tornó el mozo a la ventana</p>
<p>de la muchacha morena,</p>
<p>y la guitarra pulsando</p>
<p>hirió con rabia las cuerdas,</p>
<p>y al aire lanzó esta copla</p>
<p>con la voz un poco trémula:</p>
<p>«No le jurguis al león</p>
<p>que anda alreor de la jembra,</p>
<p>ni te enredis con el hombri</p>
<p>que canta al pie de una reja».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Desahuciado</strong></h3>
<p>¡Estoy ya mu jarto!</p>
<p>Miusté a vel, por favol, señol médico,</p>
<p>si hay alguna cosa</p>
<p>pa esti mal repegoso que tengo,</p>
<p>porque llevo ya asín ocho mesis</p>
<p>maleto, maleto&#8230;</p>
<p>con una singana</p>
<p>y una aginaero,</p>
<p>con una flojera,</p>
<p>con un escaimiento,</p>
<p>que paeci una breva maúra,</p>
<p>esti perro cuerpo,</p>
<p>que antis era tan recio y tan duro</p>
<p>como el propio jierro.</p>
<p>Debi estal la mujel aburría</p>
<p>de jacel remedios,</p>
<p>pero yo ni me pongo pirongo</p>
<p>ni de golpi espeno.</p>
<p>La jacienda, tuita perdía;</p>
<p>los pagos, cayendo;</p>
<p>la mujer y el chiquino, escaldaos,</p>
<p>jechos unos negros</p>
<p>que me estoy ajogando de ansionis</p>
<p>n&#8217;amás que de velos</p>
<p>Y p&#8217;alivio to el día mirando</p>
<p>dendi casa la genti del pueblo</p>
<p>p&#8217;abajo y p&#8217;arriba</p>
<p>pasando y golviendo,</p>
<p>unos con guarrapos,</p>
<p>otros con aperos,</p>
<p>unos con forraji</p>
<p>y otros con istierco,</p>
<p>saliendo y entrando,</p>
<p>llevando y trujiendo,</p>
<p>como las jormigas</p>
<p>en el jormiguero.</p>
<p>Y n&#8217;más yo solo</p>
<p>enrëao con esto que tengo,</p>
<p>vengan ratos al sol con las tías,</p>
<p>enroscao lo mesmo que un perro,</p>
<p>u si no en el corral mancornao</p>
<p>entri los maeros,</p>
<p>sin jacel ni las sopas que como,</p>
<p>sin galnal ni p&#8217;a1 agua que bebo,</p>
<p>que velgüenza me da que me vean</p>
<p>asín tanto tiempo.</p>
<p>Cuatro vecis quiciás haiga dío</p>
<p>ancá&#8217;l cuarandero,</p>
<p>que me dijo que estaba embargao</p>
<p>y me puso dos parches al pecho</p>
<p>y una bilma de pés y de estopas</p>
<p>en el regäero.</p>
<p>Y aquí la he tenío</p>
<p>clavá como un perro</p>
<p>¡pa ná!, ¡pa quealsi</p>
<p>con piazos asín de pellejo!</p>
<p>¡Mentira paeci</p>
<p>que la gracia que tieni el tío Cleto</p>
<p>pa los males no le haiga servío</p>
<p>pa acertalmi con esti que tengo!</p>
<p>El domingo me jici el valienti</p>
<p>y me juí p&#8217;al güerto</p>
<p>conque a esparegilme</p>
<p>y a jacel p&#8217;allí na de provecho.</p>
<p>¡Cuidiaíto que juí despacino,</p>
<p>como ustés cuando van a paseo!</p>
<p>Pus me pusi a jacel unos bochis</p>
<p>pa tiral cuatro jabas en ellos,</p>
<p>y aquello eran ansias,</p>
<p>y sudores, y ajogo y mareos&#8230;,</p>
<p>que si asín acontino, me caigo</p>
<p>rëondo allí mesmo.</p>
<p>Y me vini pa casa ajogao,</p>
<p>sin poel ni siquiá con el cuerpo,</p>
<p>acezando por esas callejas</p>
<p>lo mesmo que un perro,</p>
<p>chángala mandrángala,</p>
<p>que tardé media tardi lo menos.</p>
<p>¡Me caso en la luna!</p>
<p>¿Miusté a vel, por favol, señol médico,</p>
<p>si dicin los libros</p>
<p>que hay algo pa esto!</p>
<p>Pero no me dé usté más papelis</p>
<p>de esos polvos negros,</p>
<p>porque cuasi me estoy provocando</p>
<p>n&#8217;amás que los miento.</p>
<p>Ni me jaga mercal más botellas</p>
<p>del constituyenti, porque no poemos,</p>
<p>y además que eso n&#8217;amás que sirvi</p>
<p>pa sacadinero.</p>
<p>¡Mentira paeci</p>
<p>que los libros no enseñin remedios</p>
<p>pa una cosa tan simpli, tan simpli</p>
<p>como esta que tengo!</p>
<p>¡Yo no sé pa qué está la botica</p>
<p>de cacharros tapá jasta el techo!</p>
<p>¡Miusté a vel si hay quiciás una untura,</p>
<p>miusté a vel si hay quiciás un ungüento,</p>
<p>bien juerti, bien juerti</p>
<p>que ajondi en el pecho,</p>
<p>que chupi, que saqui,</p>
<p>lo que tengo dañao aquí aentro,</p>
<p>que esti mal es asín como un bicho</p>
<p>agarrao en el güeco del cuerpo:</p>
<p>me chupa la sangri,</p>
<p>me atapona el gañón, y por eso</p>
<p>tengo esta flojera</p>
<p>y esti ajogaero!</p>
<p>Receti esa untura,</p>
<p>receti ese «unguentu»</p>
<p>que no haiga nenguno</p>
<p>más juerti y más recio&#8230;</p>
<p>¡A vel si de golpi</p>
<p>o me pongo pirongo o espeno!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Embargo</strong></h3>
<p>Señol jues, pasi usté más alanti</p>
<p>y que entrin tos esos,</p>
<p>no le dé a usté ansia</p>
<p>no le dé a usté mieo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si venís antiayel a afligila</p>
<p>sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s&#8217;ha muerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Embargal, embargal los avíos,</p>
<p>que aquí no hay dinero:</p>
<p>lo he gastao en comías pa ella</p>
<p>y en boticas que no le sirvieron;</p>
<p>y eso que me quea,</p>
<p>porque no me dio tiempo a vendello,</p>
<p>ya me está sobrando,</p>
<p>ya me está gediendo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Embargal esi sacho de pico,</p>
<p>y esas jocis clavás en el techo,</p>
<p>y esa segureja</p>
<p>y ese cacho e liendro&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Jerramientas, que no quedi una!</p>
<p>¿Ya pa qué las quiero?</p>
<p>Si tuviá que ganalo pa ella,</p>
<p>¡cualisquiá me quitaba a mí eso!</p>
<p>Pero ya no quio vel esi sacho,</p>
<p>ni esas jocis clavás en el techo,</p>
<p>ni esa segureja</p>
<p>ni ese cacho e liendro&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto</p>
<p>si alguno de ésos</p>
<p>es osao de tocali a esa cama</p>
<p>ondi ella s&#8217;ha muerto:</p>
<p>la camita ondi yo la he querío</p>
<p>cuando dambos estábamos güenos;</p>
<p>la camita ondi yo la he cuidiau,</p>
<p>la camita ondi estuvo su cuerpo</p>
<p>cuatro mesis vivo</p>
<p>y una nochi muerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señol jues: que nenguno sea osao</p>
<p>de tocali a esa cama ni un pelo,</p>
<p>porque aquí lo jinco</p>
<p>delanti usté mesmo!</p>
<p>Lleváisoslo todu,</p>
<p>todu, menus eso,</p>
<p>que esas mantas tienin</p>
<p>suol de su cuerpo&#8230;</p>
<p>¡y me güelin, me güelin a ella</p>
<p>ca ves que las güelo!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mensaje</strong></h3>
<p>I</p>
<p>El geniecillo riente</p>
<p>que mis tonadas me inspira</p>
<p>oyó complacidamente</p>
<p>la ruda música ardiente</p>
<p>de una canción de mi lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su última nota bebió,</p>
<p>subió a la cumbre del monte</p>
<p>que el canto con él oyó</p>
<p>y en el lejano horizonte</p>
<p>sagaz mirada fijó&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las alas apresurado</p>
<p>batió en derechura al cielo,</p>
<p>quedó en la altura parado</p>
<p>y, apenas se hubo orientado</p>
<p>tendió hacia el Norte su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cruzó las llanuras anchas</p>
<p>de la desierta Castilla,</p>
<p>manchas de mies amarilla,</p>
<p>grises y estériles manchas</p>
<p>de muerta, mísera arcilla&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viejas villas y lugares,</p>
<p>ciudades y caseríos,</p>
<p>verdes, pomposos pinares,</p>
<p>apretados encinares,</p>
<p>luengos parajes baldíos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y atrás el erial quedaba</p>
<p>y atrás dejando la brava</p>
<p>soledad de pardas sierras,</p>
<p>ya volaba, ya volaba,</p>
<p>por aragonesas tierras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y atrás quedaban los blancos,</p>
<p>los cabezos eminentes,</p>
<p>protegidos en sus flancos</p>
<p>por las rápidas pendientes</p>
<p>de abismáticos barrancos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y atrás quedaba la vega</p>
<p>con el río que la riega,</p>
<p>con la gente que la cuida,</p>
<p>con las casas en que anida</p>
<p>la rural legión labriega&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y atrás las viejas ciudades</p>
<p>que despiertan las memorias</p>
<p>de los tiempos de las glorias</p>
<p>y las heroicas edades</p>
<p>que nos pintan las historias&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y amainando mansamente,</p>
<p>como amaina la corriente</p>
<p>junto al borde de la poza,</p>
<p>plegó el vuelo de repente</p>
<p>sobre la gran Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y bajando disparado</p>
<p>como blanca culebrina</p>
<p>desprendida del nublado,</p>
<p>con caída repentina</p>
<p>de avión aliquebrado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como cosa que al bajar</p>
<p>precipita su correr</p>
<p>sin poderlo remediar,</p>
<p>raudo el genio fue a caer</p>
<p>sobre el templo del Pilar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traspasó la vidriera</p>
<p>de una artística tronera,</p>
<p>y ante la Virgen, de hinojos</p>
<p>humillados alas y ojos,</p>
<p>exclamó de esta manera:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señora! de la lejana</p>
<p>noble tierra castellana,</p>
<p>donde se os rinden loores,</p>
<p>traigo un mensaje de amores</p>
<p>a tierra zaragozana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para ante vos presentarlo</p>
<p>debiera dulcificarlo,</p>
<p>ponerlo en habla divina;</p>
<p>pero es más bello dejarlo</p>
<p>con su rudeza prístina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ved de qué modo os venera</p>
<p>y os ama el alma sincera</p>
<p>de un rimador de Castilla,</p>
<p>que en habla ruda y sencilla</p>
<p>lo canta de esta manera:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Virgen Santa del Pilar!</p>
<p>Desde este rincón querido</p>
<p>donde he escondido mi hogar</p>
<p>quiero mandarte prendido</p>
<p>mi espíritu en un cantar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa tierra de hermanos</p>
<p>estuve hace pocos meses</p>
<p>bebiendo aromas cristianos</p>
<p>y estrechando honradas manos</p>
<p>de hidalgos aragoneses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Nunca podré bien pagarte</p>
<p>la dicha de visitarte</p>
<p>que quiso darle el destino</p>
<p>a este pobre peregrino</p>
<p>de la piedad y del arte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti el amor me llevó</p>
<p>¡y estuve cerca de Ti!:</p>
<p>mi espíritu te sintió,</p>
<p>pero verte, no te vi,</p>
<p>porque tu luz me cegó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ojos que tanta belleza</p>
<p>sorprenden en los arcanos</p>
<p>que incuba Naturaleza,</p>
<p>pequeños son y profanos</p>
<p>para admirar tu grandeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdona si al visitarte,</p>
<p>ciego, mudo y aturdido,</p>
<p>no supe ni saludarte,</p>
<p>que yo sólo puedo hablarte</p>
<p>desde lejos y escondido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escondido en las serenas</p>
<p>tranquilidades amenas</p>
<p>de estas húmedas umbrías</p>
<p>que están de ruidos vacías,</p>
<p>que de amores están llenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Aquí ya sé yo cantar!</p>
<p>¡Aquí ya puedo sentir</p>
<p>las grandezas del Pilar!</p>
<p>¡Aquí ya acierto a decir</p>
<p>sabrosas cosas de amar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si esa ciudad vencedora</p>
<p>no fuera merecedora</p>
<p>de tu regia rica silla,</p>
<p>yo te dijera: «¡Señora!,</p>
<p>¡vente a morar en Castilla!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si este suelo querido</p>
<p>se hubiese al peso rendido</p>
<p>del Pilar abrumador,</p>
<p>¡tendrémoslo suspendido</p>
<p>con el imán del amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no soy más que un poeta</p>
<p>que toscamente interpreta</p>
<p>las tonadas del lugar&#8230;</p>
<p>Permíteme que prometa</p>
<p>tu gloria no profanar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque el himno de tu gloria,</p>
<p>para la humana memoria</p>
<p>sólo se concibe escrito</p>
<p>por el dedo de la Historia</p>
<p>sobre el espacio infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo sé hacer cantares</p>
<p>con decires populares</p>
<p>y sentires del amar,</p>
<p>que en estos pobres lugares</p>
<p>saben a pan del hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya que endechas sutiles</p>
<p>no te cantan tus poetas,</p>
<p>oirás coplillas viriles</p>
<p>al son de las panderetas</p>
<p>y al son de los tamboriles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo haré que de dulzores</p>
<p>te den su rico tesoro</p>
<p>las gaitas de mis pastores,</p>
<p>que saben decir amores</p>
<p>mejor que las arpas de oro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los campos registraremos,</p>
<p>y en el valle más tranquilo</p>
<p>sencilla ermita te haremos,</p>
<p>y en ella amoroso asilo</p>
<p>y adoración te daremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A pobre mansión te envita</p>
<p>mi cielo, Virgen bendita;</p>
<p>mas tu ruda grey leal</p>
<p>sabe rezarte en la ermita</p>
<p>mejor que en la catedral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y allí, en el campo, a tus plantas,</p>
<p>cantan mejor tu grandeza</p>
<p>los hombres con sus gargantas</p>
<p>y Dios con músicas santas</p>
<p>que sabe Naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi gente no te daría</p>
<p>coronas ni toca de oro</p>
<p>ni mantos de pedrería;</p>
<p>mas ¡cuán henchido tesoro</p>
<p>de amores te rendiría!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alegrando estos caminos</p>
<p>vieras venir a millares</p>
<p>los rústicos peregrinos</p>
<p>de los lugares vecinos</p>
<p>y los lejanos lugares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vieras venir las doncellas</p>
<p>por estas campiñas bellas,</p>
<p>del dulce reposo amigas,</p>
<p>cortando flores y espigas</p>
<p>para adomarte con ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grupos de mozos forzudos</p>
<p>y de zagales talludos</p>
<p>con danzas te festejaran,</p>
<p>donde sus cuerpos membrudos</p>
<p>bravos vigores mostraran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a lomos de sus asnillas</p>
<p>vinieran las viejecillas</p>
<p>a darte con fe leal</p>
<p>velas de cera amarillas,</p>
<p>roscas de pan candeal&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hay en la ofrenda pureza,</p>
<p>¿qué añadirá a su grandeza</p>
<p>la pompa y el esplendor?</p>
<p>¡Qué sublime es la pobreza</p>
<p>cuando festeja el amor!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>«Perdona, Reina gloriosa,</p>
<p>si acaso a ofenderte llega</p>
<p>mi invitación amorosa;</p>
<p>y tú, Zaragoza hermosa,</p>
<p>perdona a mi fe, que es ciega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ha visto que formular</p>
<p>su amorosa petición</p>
<p>es torpemente olvidar</p>
<p>que una misma cosa son</p>
<p>Zaragoza y el Pilar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ha visto que era robarte</p>
<p>la más envidiable gloria</p>
<p>que el cielo quiso donarte.</p>
<p>¡No ha visto que era arrancarte</p>
<p>las entrañas de tu historia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sigue, pueblo venturoso,</p>
<p>sigue ostentando el hermoso</p>
<p>diamante de tu presea,</p>
<p>y ese Pilar suntuoso</p>
<p>tu hogar, Zaragoza, sea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sea en mi tierra bendita</p>
<p>cada alma una lucecita,</p>
<p>y cada pecho un altar,</p>
<p>y cada hogar una ermita</p>
<p>de la Virgen del Pilar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tradicional</strong></h3>
<p>El huerto que heredé de mis mayores</p>
<p>no tiene bellas flores</p>
<p>de efímero vivir ni tenues frondas;</p>
<p>tiene hiedra sagrada</p>
<p>de hojas perennes y raíces hondas;</p>
<p>fresca niñez y ancianidad honrada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una bíblica higuera</p>
<p>lo llena todo con su copa oscura,</p>
<p>y una fuente con rica regadera,</p>
<p>que música me da, le da frescura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo poco que en el mundo me ha quedado</p>
<p>lo tengo en este huerto,</p>
<p>siempre al estruendo mundanal cerrado,</p>
<p>siempre a la voz de mi sentir abierto.</p>
<p>En medio está enclavado</p>
<p>del árido desierto,</p>
<p>triste vivienda de la grey humana</p>
<p>que duda de la tierra prometida,</p>
<p>cada vez más lejana,</p>
<p>cada vez hacia Oriente más hundida&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, cuando el sol del arenal me ciega</p>
<p>y en fuerza de mirar siento borrosa</p>
<p>la visión luminosa</p>
<p>donde parece que jamás se llega&#8230;</p>
<p>Cuando el sudor anega</p>
<p>mis doloridos empañados ojos,</p>
<p>cuando me hieren los aceros fríos</p>
<p>de punzantes abrojos,</p>
<p>cuando me azotan los hermanos míos</p>
<p>que me encuentro de frente en el desierto,</p>
<p>vertiendo sangre a ríos</p>
<p>y lágrimas a mares, torno al huerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi padre se sentaba en esta piedra,</p>
<p>que coronó de hiedra</p>
<p>la mano santa de mi santa madre&#8230;</p>
<p>Fue un altar al amor en roca dura</p>
<p>con dosel de verdura,</p>
<p>trono de patriarca con mi padre</p>
<p>y urna de santa con mi madre pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya está solo el edén. Todo es desierto.</p>
<p>Detrás de mis santísimos ancianos</p>
<p>saliendo han ido del sagrado huerto</p>
<p>mis amantes dulcísimos hermanos&#8230;</p>
<p>¡Los he visto morir, y yo no he muerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Jamás he comprendido</p>
<p>por qué Dios ha querido</p>
<p>que el vástago más ruin y débil sea</p>
<p>el último habitante de este nido.</p>
<p>Querrá Dios encerrarme</p>
<p>tal vez para ganarme,</p>
<p>porque en estas sagradas espesuras,</p>
<p>donde pasos al cielo son los días,</p>
<p>yo no puedo sentir cosas impuras,</p>
<p>yo no puedo soñar cosas impías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He nacido en amenas,</p>
<p>castizas y santísimas comarcas</p>
<p>y corre por mis venas</p>
<p>sangre de venerables patriarcas</p>
<p>que me legaron enseñanzas buenas,</p>
<p>huerto, escudo solar y oro en sus arcas.</p>
<p>Mas, en mi estéril soledad hundido,</p>
<p>Amor me ha visitado. Amor me ha herido,</p>
<p>y hervor de sangre que mi cuerpo inunda</p>
<p>dice que no he nacido</p>
<p>para morir estéril junto al nido</p>
<p>de una raza fecunda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dondequiera que estés, mujer hermosa,</p>
<p>predestinada esposa</p>
<p>que merezcas posar aquí tu planta,</p>
<p>que merezcas sentarte en esta piedra</p>
<p>que coronó de hiedra</p>
<p>la mano de una santa,</p>
<p>ven al huerto querido,</p>
<p>y a la sombra de Dios, Padre del mundo,</p>
<p>pondremos cama nueva al viejo nido</p>
<p>que mi sangre y mi Dios quieren fecundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo todavía</p>
<p>no ha otorgado a mis ojos el consuelo</p>
<p>de beber tu hermosura, ¡oh virgen mía!;</p>
<p>pero te adoro en el azul del cielo,</p>
<p>y en el tranquilo resbalar del día,</p>
<p>y en el silencio de la noche oscura,</p>
<p>y en la quietud del huerto sosegado,</p>
<p>y en el recuerdo de la gente pura</p>
<p>que me lo hizo sagrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te adoro en la memoria</p>
<p>de aquella santa de sencilla historia</p>
<p>que la tierra del huerto que he heredado</p>
<p>santificó con su adorable planta</p>
<p>y el dulce ambiente nos dejó inundado</p>
<p>de perfumes de santa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, casta virgen, al reclamo amigo</p>
<p>de un alma de hombre que te espera ansiosa</p>
<p>porque presiente que vendrán contigo</p>
<p>el pudor de la virgen candorosa,</p>
<p>la gravedad de la mujer cristiana,</p>
<p>el casto amor de la leal esposa</p>
<p>y el pecho maternal que juntos mana</p>
<p>leche y amor para la prole sana</p>
<p>que a Dios le place alegre y numerosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dios que lo escuchas!, acelera el día,</p>
<p>porque es tu sol incubador y hermoso,</p>
<p>y la noche es estéril y sombría,</p>
<p>la vida breve, el corazón fogoso,</p>
<p>sensible el alma mía,</p>
<p>soberano el Amor y fructuoso</p>
<p>y Tú eres Padre del inmenso mundo</p>
<p>e hijo yo soy del mundo vigoroso</p>
<p>que te plugo crear grande y fecundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alegra mi desierto</p>
<p>con ruido de vivir cuyo concierto</p>
<p>pueda sonarte a coro de angelillos&#8230;</p>
<p>Ya ves que entre las hiedras encubierto</p>
<p>hay un nido minúsculo en mi huerto</p>
<p>con siete pajarillos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Nocturno Montañés</strong></h3>
<p><em>(A J. Neira Cancela)</em></p>
<p>El oro del crepúsculo</p>
<p>se va tomando plata,</p>
<p>y detrás de los abismos que limita</p>
<p>con perfiles ondulantes la montaña,</p>
<p>va acostándose la tarde fatigosa</p>
<p>precursora de una virgen noche cálida,</p>
<p>una noche de opulencias enervantes</p>
<p>y de místicas ternuras abismáticas,</p>
<p>una noche de lujurias en la tierra</p>
<p>por alientos de los cielos depuradas,</p>
<p>una noche de deleites del sentido</p>
<p>depurado por los ósculos del alma&#8230;</p>
<p>A ocaso baja el día</p>
<p>rodando en oleadas</p>
<p>y los ruidos de los hombres y las aves,</p>
<p>a medida que el crepúsculo se apaga,</p>
<p>va cayendo mansamente en el abismo</p>
<p>del silencio que de música empapa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las penumbras de los valles misteriosos</p>
<p>van en ondas esfumando las gargantas,</p>
<p>van en ondas esfumando las colinas,</p>
<p>van en ondas escalando las montañas;</p>
<p>y el errático murciélago nervioso</p>
<p>raudo cruza, raudo sube, raudo baja,</p>
<p>con revuelo laberíntico rayando</p>
<p>las purezas del crepúsculo de plata.</p>
<p>Con regio andar solemne</p>
<p>la noche se adelanta,</p>
<p>y en el lienzo de los cielos infinitos,</p>
<p>y en las selvas de las tierras perfumadas,</p>
<p>van surgiendo las estrellas titilantes,</p>
<p>van surgiendo las luciérnagas fantásticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lentamente, como alientos misteriosos,</p>
<p>de los senos de los bosques se levantan</p>
<p>brisas frescas que estremecen el paisaje</p>
<p>con el roce de las puntas de sus alas,</p>
<p>preludiando rumorosas en las frondas</p>
<p>las nocturnas melancólicas tonadas,</p>
<p>la que vibran los pinares resinosos,</p>
<p>la que zumban las robledas solitarias,</p>
<p>la que hojean los maizales susurrantes,</p>
<p>la que arrullan las olientes pomaradas&#8230;</p>
<p>y aquella más poética</p>
<p>que suena en las entrañas,</p>
<p>la que viene sin saber de donde viene,</p>
<p>la que suena sin sonoras asonancias,</p>
<p>¡la que arranca la divina poesía</p>
<p>de las fibras más vibrantes de las almas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los coros rumorosos de la noche,</p>
<p>de los senos de las flores fecundadas,</p>
<p>al sentido vienen músicas que engríen,</p>
<p>al sentido vienen poemas que embriagan&#8230;.</p>
<p>es la hora de los grandes embelesos,</p>
<p>es la hora de las dulces remembranzas,</p>
<p>es la hora de los éxtasis sabrosos</p>
<p>que aproximan la visión paradisíaca,</p>
<p>es la hora de los cálidos amores</p>
<p>de los hijos, de la esposa y de la Patria&#8230;</p>
<p>¡El momento más fecundo de la carne</p>
<p>y el momento más fecundo de las almas!</p>
<p>Tendido en lecho húmedo</p>
<p>de hierbas aromáticas,</p>
<p>he bebido la ambrosía de la noche</p>
<p>sobre el lomo de la céltica montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más arriba, los luceros de diamantes;</p>
<p>más arriba, las estrellas plateadas;</p>
<p>más arriba, las inmensas nebulosas</p>
<p>infinitas, melancólicas, arcanas&#8230;;</p>
<p>más arriba, Dios y el éter&#8230;; más arriba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios a solas en la gloria con las almas&#8230;.</p>
<p>¡con las almas de los buenos que la tierra</p>
<p>fecundaron con regueros de sus lágrimas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más abajo, las robledas sonorosas;</p>
<p>más abajo las luciérnagas fantásticas;</p>
<p>más abajo, los dormidos caseríos;</p>
<p>más abajo, las riberas arrulladas</p>
<p>por el coro de bichuelos estivales,</p>
<p>por el himno ronco y fresco de las aguas,</p>
<p>por el sordo rebullir de los silencios</p>
<p>que parece el alentar de las montañas&#8230;</p>
<p>Los hombres todos duermen,</p>
<p>las horas solas pasan,</p>
<p>y ahora, salen mis secretos sentimientos</p>
<p>del encierro perennal de mis entrañas,</p>
<p>y ahora salen mis recónditas ideas</p>
<p>a esparcirse en las regiones dilatadas</p>
<p>donde el choque con los hombres no las hiere,</p>
<p>donde el roce con los fangos no las mancha,</p>
<p>donde juegan, donde ríen, donde lloran,</p>
<p>donde sienten, donde estudian, donde aman&#8230;</p>
<p>Ellas pueblan los abismos de los cielos</p>
<p>y en efluvios sutilísimos se bañan,</p>
<p>ellas oyen el silencio de los mundos,</p>
<p>ellas miden sus grandezas soberanas,</p>
<p>ellas suben y temblando se aproximan</p>
<p>a las puertas diamantinas de un alcázar,</p>
<p>y algo entienden de una música distante</p>
<p>que estremece, que embelesa, que embriaga,</p>
<p>y algo sienten de una atmósfera sin peso</p>
<p>que parece delicioso lecho de almas&#8230;</p>
<p>¡Oh nostalgias del espíritu que ha visto</p>
<p>los linderos aún sellados de su patria!</p>
<p>¡Oh grandezas de las noches religiosas</p>
<p>que aproximan las divinas lontananzas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se asoma blanca y tímida</p>
<p>la dulce madrugada;</p>
<p>palidecen las estrellas del Oriente</p>
<p>y se enfrían los alientos de las auras,</p>
<p>se recogen los misterios de la noche,</p>
<p>las luciérnagas suavísimas se apagan</p>
<p>y los libres sueños amplios de mi mente</p>
<p>se repliegan en la cárcel de mi alma&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y honda y queda en sus arrullos iniciales,</p>
<p>y habladora cuando el mundo se levanta,</p>
<p>y opulenta en las severas plenitudes</p>
<p>de su música de oro y rica casta,</p>
<p>se derrama por los campos</p>
<p>la canción de la mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Flor Del Espino</strong></h3>
<p>I</p>
<p>El padre es un tosco</p>
<p>labriego fornido,</p>
<p>áspero y velludo</p>
<p>gigante broncíneo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La madre, una hembra</p>
<p>con hombrunos bríos,</p>
<p>desgarradas formas,</p>
<p>groseros aliños!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y ved el misterio!&#8230;</p>
<p>La niña ha nacido</p>
<p>pequeñita y blanca</p>
<p>como flor de espino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La teta es tan grande</p>
<p>como el angelito!</p>
<p>Parecen el bronce</p>
<p>y el mármol unidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me da mucha pena</p>
<p>que aquel hociquillo</p>
<p>tan tierno, tan puro,</p>
<p>tan fresco, tan rico,</p>
<p>toque el pezón negro</p>
<p>el pechazo henchido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡siento una lástima</p>
<p>y un miedo y un frío</p>
<p>cuando el gigantesco</p>
<p>labriego fornido</p>
<p>coge en sus manazas</p>
<p>aquel cuerpecito</p>
<p>blanco como el mármol,</p>
<p>tierno como un lirio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como es tan pequeño,</p>
<p>tan blando, tan fino,</p>
<p>temo que las zarpas</p>
<p>del león broncíneo</p>
<p>lo hieran, lo quiebren&#8230;</p>
<p>¡Me da miedo y frío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego, ¡qué ira</p>
<p>cuando le hace mimos</p>
<p>con aquellos dedos</p>
<p>callosos y heridos</p>
<p>y cuando le pone</p>
<p>con brutal cariño</p>
<p>los labiazos ásperos</p>
<p>sobre el hociquillo,</p>
<p>que parece un fresco</p>
<p>clavel con rocío!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Eran aprensiones!</p>
<p>Después lo he sabido.</p>
<p>El pezón negruzco</p>
<p>del pechazo henchido</p>
<p>no mancha los labios</p>
<p>de los angelitos.</p>
<p>Es moreno y tosco,</p>
<p>¡pero está tan tibio!&#8230;</p>
<p>¡Tan tibia y tan pura</p>
<p>derrama en hilillos</p>
<p>la leche purísima</p>
<p>del pechazo henchido,</p>
<p>que ¡pobre de aquella</p>
<p>flor blanca de espino</p>
<p>sin ese venero</p>
<p>de vida tan rico!</p>
<p>¡Por eso aquel ángel</p>
<p>lo quiere tantísimo,</p>
<p>que cuando se aparta,</p>
<p>cansado y ahíto,</p>
<p>del pezón moreno</p>
<p>rebosante y tibio,</p>
<p>lo mira y sonríe,</p>
<p>le quiere hacer mimos,</p>
<p>lo dobla y lo estruja</p>
<p>con el hociquillo,</p>
<p>lo coge y lo suelta,</p>
<p>le da golpecitos,</p>
<p>y poquito a poco</p>
<p>se queda dormido</p>
<p>de hartura y de gusto</p>
<p>junto al calorcillo!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni aquellas manazas</p>
<p>del padre sombrío</p>
<p>lastiman al ángel&#8230;</p>
<p>¡Ya lo he comprendido!</p>
<p>¿Qué es lo que no torna</p>
<p>süave el cariño?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cogerá a su hija</p>
<p>como yo a mi hijo,</p>
<p>quien dice su madre</p>
<p>cuando se lo quito</p>
<p>desnudo del halda</p>
<p>para hacerle mimos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Me da gusto verte</p>
<p>levantar al niño,</p>
<p>porque lo levantas</p>
<p>lo mismo, lo mismo</p>
<p>que los sacerdotes</p>
<p>el cuerpo de Cristo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Eran aprensiones,</p>
<p>¡ya lo he comprendido!</p>
<p>Mas queda el enigma</p>
<p>recóndito, vivo&#8230;</p>
<p>El hombre es velloso,</p>
<p>grosero, cetrino;</p>
<p>la madre es hombruna</p>
<p>de ceños sombríos;</p>
<p>la débil niñita</p>
<p>¿por qué habrá nacido</p>
<p>blanca como el mármol,</p>
<p>tierna como el lirio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues es un misterio</p>
<p>lo mismo, lo mismo,</p>
<p>que el que nos ofrece</p>
<p>la flor del espino&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Poema Del Gañán</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Era el tiempo llegado</p>
<p>de las puras mañanas otoñales,</p>
<p>las que tienen un sol tibio y dorado</p>
<p>que, de la hermosa vega enamorado,</p>
<p>desgarra, para verla, los cendales</p>
<p>de flotante vapor que la han velado</p>
<p>en las primeras horas matinales.</p>
<p>Mañana con alondras y rocío,</p>
<p>canturreos sonoros,</p>
<p>silvar de tordos y zumbar de río,</p>
<p>balar de ovejas y mugir de toros&#8230;</p>
<p>Alegre despertar de los lugares,</p>
<p>tañidos de campana,</p>
<p>humo de los hogares,</p>
<p>pura luz, tibio sol, dulce galbana&#8230;</p>
<p>Vinieron otra vez los esplendentes</p>
<p>serenos mediodías,</p>
<p>las tardes impregnadas de dolientes</p>
<p>dulces melancolías,</p>
<p>las noches de los húmedos relentes,</p>
<p>las misteriosas madrugadas frías&#8230;</p>
<p>La tierra laborable,</p>
<p>refrescada por lluvia saludable,</p>
<p>iba tomando con el sol tempero,</p>
<p>y al abrir el sencillo timonero</p>
<p>de los húmedos senos el tesoro,</p>
<p>tan frescos y amorosos se ofrecían,</p>
<p>que ellos mismos pedían</p>
<p>del puño sembrador la lluvia de oro.</p>
<p>Erraban dos por el azul profundo</p>
<p>jirones ambos de flotante nube,</p>
<p>como las alas que perdió un querube</p>
<p>que Dios ha puesto junto a mí en el mundo.</p>
<p>El aire se dormía,</p>
<p>extática la mente se quedaba,</p>
<p>el ojo distraído ver creía</p>
<p>que el suelo palpitaba</p>
<p>a impulsos de la vida que lo henchía,</p>
<p>y absorto en la visión, le parecía</p>
<p>que la inmensa llanura respiraba.</p>
<p>El alma vislumbraba</p>
<p>los misterios profundos</p>
<p>del eterno existir de los espacios</p>
<p>y el perenne equilibrio de los mundos.</p>
<p>Natura estaba henchida</p>
<p>del gran silencio que en lo grande anida,</p>
<p>y hundido en el abismo del reposo,</p>
<p>barruntaba el sentido vigilante,</p>
<p>el sereno rodar majestuoso</p>
<p>de la Tierra gigante&#8230;</p>
<p>La atmósfera era pura,</p>
<p>grande como los mares la llanura,</p>
<p>abierto el horizonte,</p>
<p>llenos los cielos de infinita calma,</p>
<p>llena de amores la quietud del monte,</p>
<p>llena de fe la soledad del alma&#8230;</p>
<p>Y el que suele rodar carro del tiempo</p>
<p>con paso presuroso</p>
<p>sobre la vida del mortal dichoso</p>
<p>que tiene que gozarla apresurado,</p>
<p>era allí tan piadoso,</p>
<p>que acortaba su paso, antes ligero,</p>
<p>y rodaba callado</p>
<p>para hacer el placer más duradero,</p>
<p>para hacer el sentir más sosegado.</p>
<p>Brotaban ya en las eras</p>
<p>quitameriendas de matices rojos,</p>
<p>criaban achicorias los rastrojos,</p>
<p>se llenaban las lindes de acederas</p>
<p>y los huertos de malvas y de hinojos.</p>
<p>La grata algarabía</p>
<p>de los bandos de tordos silbadores</p>
<p>los prados alegraba en que caía;</p>
<p>tábanos zumbadores</p>
<p>por la atmósfera erraban placentera,</p>
<p>holgaban los pastores,</p>
<p>tomando el sol en la feraz ribera,</p>
<p>y reía el regato en la hondonada,</p>
<p>y apuntaba la grama en la pradera&#8230;</p>
<p>Nuncios de la otoñada&#8230;</p>
<p>¡Tiempos de sementera!</p>
<p>¡Gran Dios: tan bellos días</p>
<p>haces caer de tus hermosos cielos</p>
<p>que hasta me obligan a olvidar mis duelos</p>
<p>y es pecado olvidar lo que tú envías!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Echa surcos derechos</p>
<p>a mi ventana;</p>
<p>labrador de mis padres</p>
<p>serás mañana.</p>
<p>(Cantar popular castellano.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La postrer melodía</p>
<p>sonó amorosa del cantar süave</p>
<p>que vino de la vaga lejanía</p>
<p>con blando ritmo de volar de ave.</p>
<p>Rayaba el puro día;</p>
<p>el rústico cantor, embebecido</p>
<p>de su labor en la profunda calma,</p>
<p>plegó sus labios y rumió el sentido</p>
<p>de aquel cantar que le llegaba al alma.</p>
<p>Era verdad lo que el cantar decía.</p>
<p>En aquel lugarejo que dormía</p>
<p>bajo la fronda espesa</p>
<p>de la mansa alameda juguetona.</p>
<p>Trabajo era honradez y Amor promesa;</p>
<p>Trabajo era virtud y Amor corona.</p>
<p>Y el gañán laborioso</p>
<p>se deleitaba en el sentido hermoso</p>
<p>del cantar de la moza castellana,</p>
<p>que al elegir para mañana esposo</p>
<p>buscaba labrador para mañana.</p>
<p>Él también intuía</p>
<p>que el trabajo es virtud, es armonía,</p>
<p>es levadura del placer humano,</p>
<p>frente del bien, secreto de la suerte,</p>
<p>deber del hombre sano,</p>
<p>honra del varón fuerte</p>
<p>y vanidad de mozo castellano</p>
<p>que el pan que come con la misma toma</p>
<p>con que lo gana diligente mano.</p>
<p>Y meditando sobre aquel mañana</p>
<p>del severo cantar de la aldeana,</p>
<p>pensó en sus padres, de ternura lleno,</p>
<p>pues sus frentes rugosas le decían</p>
<p>las gotas de sudor que se vertían</p>
<p>para dar a los hijos pan moreno.</p>
<p>Y absorto, grave y mudo,</p>
<p>vio grabado en el libro del Destino</p>
<p>aquel cantar desnudo,</p>
<p>primera estrofa del poema rudo</p>
<p>de la vida del pobre campesino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>De poco le servía</p>
<p>labrar la tierra,</p>
<p>como sus bendiciones</p>
<p>Dios no le diera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así cantó el labriego</p>
<p>con música de intensa melodía</p>
<p>que en el sentido derramó ambrosía</p>
<p>y en la conciencia derramó sosiego.</p>
<p>Mediaba el puro día.</p>
<p>La quietud de la atmósfera pesaba,</p>
<p>la yunta se dormía,</p>
<p>la brisa se paraba</p>
<p>y las pardas alondras del camino</p>
<p>se quedaban extáticas bebiendo</p>
<p>las dulzuras del ritmo peregrino</p>
<p>que del manso cantar iban fluyendo.</p>
<p>Era el himno aldeano,</p>
<p>salmo de agradecida criatura</p>
<p>que a Dios concibe en la celeste altura</p>
<p>dándonos pan con amorosa mano;</p>
<p>severo canto llano</p>
<p>que al rudo mozo le enseñó Natura</p>
<p>para el culto del templo soberano</p>
<p>de la vasta llanura,</p>
<p>que aún es estrecha para altar cristiano.</p>
<p>Y yo escuchaba embelesado y mudo</p>
<p>la piadosa letrilla,</p>
<p>decir sincero de la fe sencilla,</p>
<p>hija de un pecho rudo</p>
<p>donde nunca arañó, ruin y sañuda,</p>
<p>la sama miserable de la duda.</p>
<p>El hijo del trabajo,</p>
<p>surco arriba marchando y surco abajo,</p>
<p>buscaba en el trabajo solamente</p>
<p>los pedazos de pan que el suelo encierra.</p>
<p>porque siempre creyó cosa evidente</p>
<p>que el sudor de la frente</p>
<p>es el mejor abono de la tierra.</p>
<p>Pero también creía</p>
<p>que es la mano de Dios omnipotente</p>
<p>quien a la tierra laborable envía</p>
<p>el sol que la caldea,</p>
<p>la escarcha que la enfría,</p>
<p>la brisa que la orea,</p>
<p>la lluvia que la baña y sanea&#8230;</p>
<p>La mano soberana,</p>
<p>fuente de vida de la raza humana;</p>
<p>la mano de las grandes maravillas;</p>
<p>la que encierra en minúsculas semillas</p>
<p>gérmenes diminutos,</p>
<p>misterio del amor encantadores</p>
<p>de donde brotan las hermosas flores,</p>
<p>de donde surgen los sabrosos frutos&#8230;</p>
<p>Así se lo decía</p>
<p>la firme y pura que adquirido había</p>
<p>fe de granito en el hogar amado;</p>
<p>y aquel cantar piadoso y sosegado</p>
<p>que del alma escapó por la garganta</p>
<p>fiel expresión de sus sentires era,</p>
<p>porque el alma sincera</p>
<p>lo que siente, y no más, es lo que canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Dice la mi morena</p>
<p>que cuando voy a arar</p>
<p>se entristecen los campos</p>
<p>y se alegra el lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La labor terminaba. Atardecía,</p>
<p>y la copla postrera,</p>
<p>más rica que ninguna en armonía,</p>
<p>más dulce en el caer, más plañidera,</p>
<p>más empapada en la nostalgia austera</p>
<p>que infunde el campo de la patria mía,</p>
<p>voló por la llanura</p>
<p>y en el alma cayó por el oído</p>
<p>con cadencias de lánguida dulzura,</p>
<p>con dejos de quejido</p>
<p>y amorosos temblores de ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el himno sereno</p>
<p>del amor castellano,</p>
<p>de prudente pudor, de calma lleno,</p>
<p>como el alma del rústico aldeano:</p>
<p>vibración de los gozos y las penas</p>
<p>de las almas serenas,</p>
<p>ante robusto de las almas rudas,</p>
<p>hondo consuelo de las almas buenas,</p>
<p>único idioma de las almas mudas&#8230;</p>
<p>¡Señor, si tus enojos</p>
<p>haces caer sobre miseria tanta</p>
<p>como aflige a cualquiera de tus hijos,</p>
<p>ponle llanto en los ojos,</p>
<p>ponle abrojos debajo de la planta,</p>
<p>ponle arrugas y canas en la frente;</p>
<p>pero déjale voz en la garganta,</p>
<p>porque bien sabes Tú, Dios providente,</p>
<p>que no puede vivir el que no canta!</p>
<p>Camino de la aldea,</p>
<p>que, oculta entre los álamos, humea,</p>
<p>delante del muchacho distraído</p>
<p>la yunta va marchando,</p>
<p>el arado del yugo suspendido</p>
<p>y el timón arrastrando.</p>
<p>Lánguidamente declinaba el día;</p>
<p>la brisa se hizo fría,</p>
<p>la alondra se acostó, cantó el mochuelo,</p>
<p>el murciélago errante</p>
<p>culebreó con dislocado vuelo.</p>
<p>Era verdad lo que el cantar decía.</p>
<p>A medida que el mozo la dejaba,</p>
<p>la llanura ¡qué triste se ponía!</p>
<p>¡qué sola se quedaba!</p>
<p>Todo en ella decía</p>
<p>que él era el alma del terruño muerto,</p>
<p>él era lengua del paisaje mudo,</p>
<p>él la nota viviente del desierto,</p>
<p>el sacerdote rudo</p>
<p>de aquel templo desnudo,</p>
<p>al culto grave del trabajo abierto.</p>
<p>Y a medida que el campo se ponía</p>
<p>como la copla del gañán decía,</p>
<p>se alegraba el lugar con los rumores</p>
<p>de la humilde legión de labradores</p>
<p>que a la aldea volvía</p>
<p>en busca del pedazo de cariño,</p>
<p>la pobre cena en el hogar risueño,</p>
<p>las caricias de un niño</p>
<p>y unas horas dulcísimas de sueño.</p>
<p>Cuando el mozo pasaba por la era,</p>
<p>del lugarejo plácida vecina,</p>
<p>le pidió una campana plañidera</p>
<p>la oración vespertina,</p>
<p>y él la rezó con la piedad sincera</p>
<p>y algo inconsciente de la fe pristina.</p>
<p>En el cielo amarillo del Poniente</p>
<p>brilló una estrella rutilante y pura,</p>
<p>y el mozo, indiferente,</p>
<p>la bio cabrillear, fija en la altura;</p>
<p>pero de aquella cristalina fuente</p>
<p>que está junto al camino</p>
<p>vio venir hacia él alegremente,</p>
<p>como bando de alondras trinadoras,</p>
<p>alborotado grupo peregrino</p>
<p>de garridas muchachas habladoras.</p>
<p>Y ojos que no cegaron</p>
<p>con la luz del lucero vespertino,</p>
<p>deslumbrados quedaron</p>
<p>al fulgor de una estrella</p>
<p>de la gentil constelación humana&#8230;</p>
<p>Con las Rebecas del alma castellana</p>
<p>que el mozo vio venir&#8230; ¡estaba «ella»!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ése es un hijo de la patria mía:</p>
<p>el que Natura para el Cielo cría,</p>
<p>el que entero en la vida se derrama,</p>
<p>porque a vivirla, generoso, viene,</p>
<p>trabaja, reza y ama:</p>
<p>¡Dios no le pide más: da lo que tiene!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Ramo</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Y ¿qué quieres, Sebastián?</p>
<p>—Pues unos cantares, amo.</p>
<p>—¿Para Luciana serán?</p>
<p>—Son para cantarle el ramo</p>
<p>de la noche de San Juan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Bueno; pues di a Luciana</p>
<p>que atienda y se ponga ufana</p>
<p>si en la canción se conoce,</p>
<p>y aquella noche, a las doce,</p>
<p>le cantas a la ventana:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Te traigo un ramo de flores</p>
<p>del huerto de mis amores</p>
<p>para adornarte la reja;</p>
<p>del huerto de mis mayores</p>
<p>te traigo mieles de abeja;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y amor y trabajo, unidos,</p>
<p>cantando regalarán</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tus oídos</p>
<p>en la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Si tú supieras, Luciana,</p>
<p>qué triste he pasado el día!&#8230;</p>
<p>Fue tan larga la mañana,</p>
<p>tan larga la tarde vana,</p>
<p>que yo a las dos les decía:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Si no acabáis de esconderos,</p>
<p>¿cuándo su luz me darán</p>
<p>los luceros</p>
<p>de la noche de San Juan?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Me dice nuestro querer</p>
<p>que aquel gozar de mañana</p>
<p>más hondo que éste ha de ser&#8230;</p>
<p>Perdone el Amor, Luciana,</p>
<p>que no lo puedo creer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién midió la dicha honda</p>
<p>que inspira al pobre galán</p>
<p>esta ronda</p>
<p>de la noche de San Juan?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Casta, cual noche de estío</p>
<p>cual la hormiga, vividora;</p>
<p>pura, cual puro rocío;</p>
<p>risueña como la aurora&#8230;»</p>
<p>¡Así ha de ser, hijo mío!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se oían concertadas</p>
<p>—olas que vienen y van—</p>
<p>las tonadas</p>
<p>de la noche de San Juan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Antes que amores sintiera</p>
<p>cantaba yo el esquileo,</p>
<p>cantaba la barbechera,</p>
<p>la plácida sementera</p>
<p>y el codicioso acarreo.</p>
<p>Y nunca aprendí estos sones,</p>
<p>porque no eran los del pan</p>
<p>las canciones</p>
<p>de la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Tranquilo te vi crecer;</p>
<p>mas no sé con qué ilusión</p>
<p>te pude más tarde ver,</p>
<p>que díjome el corazón:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es la soñada mujer!</p>
<p>Y a un lado viejos pensares,</p>
<p>dime a aprender con afán</p>
<p>los cantares</p>
<p>de la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Te dije triste y sincero:</p>
<p>—¡Soy un pobre jornalero,</p>
<p>pero te tengo un querer!&#8230;</p>
<p>—También soy pobre y te quiero</p>
<p>—me hubiste de responder—;</p>
<p>y aquel año de alegrías</p>
<p>ya cantó el pobre gañán</p>
<p>melodías</p>
<p>de la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si te pudiera pintar</p>
<p>unas ansias de querer</p>
<p>en que ahora me siento ahogar</p>
<p>y unas ganas de llorar</p>
<p>que tengo al amanecer&#8230;</p>
<p>¡Ay!, a encenderlas volvieras</p>
<p>cuando apagándose van</p>
<p>las hogueras</p>
<p>de la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Mas oye: vengan los días</p>
<p>de nuevas felicidades</p>
<p>y de nuevas alegrías.</p>
<p>Si amor promete ambrosía,</p>
<p>juremos fidelidades,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que cuantos años vivamos</p>
<p>las hojas revivirán</p>
<p>de estos ramos</p>
<p>de la noche de San Juan».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>—Pero ¿lloras, Sebastián?</p>
<p>—Yo no sé qué es esto, amo&#8230;</p>
<p>—Pues lágrimas que se van&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sé muy bien lo que es el ramo</p>
<p>de la noche de San Juan!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Postres De La Merienda</strong></h3>
<p>El sol quemaba, y al mediar el día</p>
<p>interrumpió Francisco la faena:</p>
<p>una faena trabajosa y ruda,</p>
<p>menos propia de hombres que de bestias.</p>
<p>Y laxos ya los músculos de acero,</p>
<p>medio asfixiado, con las fauces secas,</p>
<p>limpiándose los ojos escaldados</p>
<p>y mascando el polvillo de la tierra,</p>
<p>a la sombra candente de un olivo</p>
<p>se dispuso a comerse la merienda:</p>
<p>un pedazo de pan como caliza</p>
<p>y un trago de agua&#8230; si la hubiese cerca.</p>
<p>«¡Y entavia gruñi el amo! —meditaba—.</p>
<p>Pus no sé yo que más jacel se puea</p>
<p>que trabajal jasta que el cuerpo dici</p>
<p>que aunque quiera no pue jacel más fuerza.</p>
<p>¡Y gruñí! Y pa ganal los cuatru realis</p>
<p>es menestel queal jecho una breva,</p>
<p>y estrozalsi la ropa, y no traelsi</p>
<p>ni un cacho tajaína pa merienda</p>
<p>pa que el cuerpo no diga que no puedi</p>
<p>y se abarranqui con la carga a cuestas.</p>
<p>Y ahora menos mal que los jornalis</p>
<p>rejundin más, aunque sual me cuestan;</p>
<p>pero n&#8217;amás que pase el tiempo esti</p>
<p>con tres realis pelaos uno se quea,</p>
<p>jasta que espués la bellotera ayúe</p>
<p>y espués también la aceitunera venga,</p>
<p>pa que siquiera otro mesín poamos</p>
<p>ganal escasamenti la peseta.</p>
<p>Y luego&#8230; los tres realis, y el invierno</p>
<p>que se pue regilal sin cuasi leña</p>
<p>ni aceiti p&#8217;al candil ni na de trigo,</p>
<p>que se poni a cincuenta la janega.</p>
<p>No quea más que el ajo de patatas,</p>
<p>si hay algo de cundío pa cocelas,</p>
<p>que no lo habrá si la mujer no sali</p>
<p>por ahí avelgonzá con la aceitera.</p>
<p>Ya podía robali al amo mesmo</p>
<p>bellotas y aceitunas pa vendelas,</p>
<p>y cosas de más valía que tieni</p>
<p>juera de casa y en su casa mesma.</p>
<p>Pa jacelo me sobran asaúras,</p>
<p>me sobra halbelía, me sobra juerza,</p>
<p>pero ejaba perdía a la mi genti</p>
<p>si en el ajo me cogin y me enrean.</p>
<p>¡Y aunque no! Ni mi padri jizu eso</p>
<p>ni me ijo enjamás que lo jiciera,</p>
<p>ni aninantis he sío de la uña</p>
<p>ni quieri la mujel que ahora lo sea.</p>
<p>¡Ni falta que jacía ni pensalo</p>
<p>con un jornal contino de peseta!;</p>
<p>pero súas y súas como un negro</p>
<p>y a ganalo algún mes cuantis que llegas.</p>
<p>¡Y asín tiene que sel! Yo no me arrocho</p>
<p>a jacel la bruta mas que me muera,</p>
<p>porque a mí no me sale la robaina</p>
<p>¡y antis me junda que me jaga a ella!</p>
<p>Seguiremos asín, como poamos,</p>
<p>aguantando, aguantando lo que venga,</p>
<p>jasta que ya se llenin las medías,</p>
<p>¡porque me gieri que el muchacho y ella</p>
<p>no se puéan jartal de pan de trigo</p>
<p>ni un torresnino pa colalo tengan!&#8230;»</p>
<p>Por aquí iba Francisco en sus pensares</p>
<p>cuando de pronto resonó ya cerca</p>
<p>el trote de la jaca que montaba</p>
<p>el amo que no daba la peseta</p>
<p>Y ante Francisco, en ademán airado,</p>
<p>gruñó el verdugo con la voz muy seca:</p>
<p>«No quiero jornaleros comodones</p>
<p>que a la sombra tan frescos se me sientan,</p>
<p>ni señoritos finos que se tardan</p>
<p>una hora en comerse la merienda.</p>
<p>La herramienta parada, tú sentado,</p>
<p>y luego, ¡que te paguen a peseta!</p>
<p>Te debo medio día, deja el corte</p>
<p>y a la noche te vas a por la cuenta.»</p>
<p>No dijo más, y al trote de la jaca</p>
<p>salió del olivar por la vereda.</p>
<p>Mirándole Francisco como a veces</p>
<p>suele mirar al domador la fiera,</p>
<p>murmuró con la voz un poco ronca,</p>
<p>preñada de amenazas y algo trémula.</p>
<p>«¡Me caso en Reus!&#8230; ¡Lo que yo jaría</p>
<p>si el chico y la mujel se me murieran!&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Elegía</strong></h3>
<p>I</p>
<p>No fue una reina</p>
<p>de las de España,</p>
<p>fue la alegría</p>
<p>de una majada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trece años cumple</p>
<p>para la Pascua</p>
<p>la cabrerilla</p>
<p>de Casablanca.</p>
<p>Su pobre madre</p>
<p>sola la manda</p>
<p>todas las tardes</p>
<p>a la majada.</p>
<p>Lleva ropilla,</p>
<p>lleva viandas</p>
<p>y trae jugosa</p>
<p>leche de cabras.</p>
<p>Vuelve de noche,</p>
<p>porque es muy larga,</p>
<p>porque es muy dura</p>
<p>la caminada</p>
<p>para un asnillo</p>
<p>que apenas anda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué miedo lleva!</p>
<p>Pero lo espanta</p>
<p>con el sonido</p>
<p>de sus tonadas.</p>
<p>Canta con miedo,</p>
<p>de miedo canta.</p>
<p>¡Son tan profundas</p>
<p>las hondonadas</p>
<p>y tan espesas</p>
<p>todas las matas!&#8230;</p>
<p>¡Son tan horribles</p>
<p>las noches malas,</p>
<p>cuando errabundas</p>
<p>aullando vagan</p>
<p>lobas paridas</p>
<p>por las cañadas</p>
<p>con unos ojos</p>
<p>como las brasas!&#8230;</p>
<p>¡Son tan medrosas</p>
<p>las noches claras</p>
<p>cuando en los charcos</p>
<p>cantan las ranas,</p>
<p>cuando los búhos</p>
<p>ocultos graznan,</p>
<p>cuando hacen sombra</p>
<p>todas las matas</p>
<p>y se menean</p>
<p>todas las ramas!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los viejos hombres</p>
<p>de la majada</p>
<p>la quieren mucho</p>
<p>porque es tan guapa,</p>
<p>porque es tan buena,</p>
<p>porque es tan sabia.</p>
<p>Pero a un despierto</p>
<p>zagal de cabras,</p>
<p>que cumple trece</p>
<p>para la Pascua,</p>
<p>no sé con ella</p>
<p>lo que le pasa,</p>
<p>que algunas veces,</p>
<p>al contemplarla,</p>
<p>se pone trémula</p>
<p>su cara pálida</p>
<p>y entre sus párpados</p>
<p>tiemblan dos lágrimas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie ha sabido</p>
<p>que la regala</p>
<p>dijes y cruces</p>
<p>de Alcaravaca</p>
<p>de bien pulido</p>
<p>cuerno de cabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando ella viene</p>
<p>con la vianda</p>
<p>¡le da más gusto!&#8230;</p>
<p>¡Le da más ansia,</p>
<p>le da más pena,</p>
<p>cuando se marcha!&#8230;</p>
<p>¡Como que toda</p>
<p>la noche pasa</p>
<p>llorando quedo</p>
<p>sobre la manta</p>
<p>sin que lo sepan</p>
<p>en la majada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Ay pobre madre,</p>
<p>cómo gritaba,</p>
<p>despavorida,</p>
<p>desmelenada!</p>
<p>¡Ay los cabreros</p>
<p>cómo lloraban,</p>
<p>apostrofando,</p>
<p>ciegos de rabia!</p>
<p>¡Cómo corrían</p>
<p>y golpeaban</p>
<p>con los cayados</p>
<p>peñas y matas!</p>
<p>¡Y eran muy pocas</p>
<p>todas las lágrimas</p>
<p>que de los ojos</p>
<p>se derramaban!</p>
<p>¡Y eran pequeñas</p>
<p>todas las ansias</p>
<p>y las torturas</p>
<p>de las entrañas!</p>
<p>¿Quién nunca ha visto</p>
<p>desdicha tanta?</p>
<p>¡La cabrerilla</p>
<p>de Casablanca</p>
<p>por fieros lobos,</p>
<p>¡ay!, devorada!</p>
<p>Sangre en las peñas,</p>
<p>sangre en las matas,</p>
<p>¡la virgencita,</p>
<p>desbaratada!</p>
<p>¡Toda en pedazos</p>
<p>sobre la grava:</p>
<p>los huesecitos</p>
<p>que blanqueaban,</p>
<p>la cabellera</p>
<p>presa en las matas,</p>
<p>rota en mechones</p>
<p>y ensangrentada!&#8230;</p>
<p>¡Los zapatitos,</p>
<p>las pobres sayas</p>
<p>todas revueltas</p>
<p>y desgarradas!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Loca la madre,</p>
<p>qué miedo daba</p>
<p>de ver los rayos</p>
<p>de sus miradas,</p>
<p>de oír los timbres</p>
<p>de sus palabras,</p>
<p>y el cabrerillo</p>
<p>de la majada</p>
<p>mudo y atónito</p>
<p>tremiendo estaba</p>
<p>con los ojazos</p>
<p>llenos de lágrimas,</p>
<p>despavorido</p>
<p>como zorzala</p>
<p>de un aguilucho</p>
<p>presa en las garras.</p>
<p>¿Cómo los árboles</p>
<p>no se desgajan?</p>
<p>¿Cómo las peñas</p>
<p>no se quebrantan,</p>
<p>y no se enturbian</p>
<p>las fuentes claras</p>
<p>y no ennegrecen</p>
<p>las noches blancas?</p>
<p>Ya vienen hombres</p>
<p>con unas andas,</p>
<p>con unos paños,</p>
<p>con una sábana;</p>
<p>los despojitos</p>
<p>en ella guardan</p>
<p>y se los llevan</p>
<p>a Casablanca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al cabrerillo</p>
<p>nadie lo llama,</p>
<p>pero él camina</p>
<p>tras de las andas</p>
<p>mirando a todos</p>
<p>con la mirada</p>
<p>de herido pájaro</p>
<p>que en torno vaga</p>
<p>de los verdugos</p>
<p>que le arrebatan</p>
<p>el dulce nido</p>
<p>donde habitaba.</p>
<p>¡Ay virgencita</p>
<p>de Casablanca!</p>
<p>¡Ay cabrerillo</p>
<p>de la majada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Su padre silba,</p>
<p>su padre llama,</p>
<p>porque el muchacho</p>
<p>deja las cabras</p>
<p>junto a las siembras</p>
<p>abandonadas</p>
<p>y en los jarales</p>
<p>oculto pasa</p>
<p>tardes enteras,</p>
<p>largas mañanas&#8230;</p>
<p>¿Qué es lo que hace?</p>
<p>¿Por qué se guarda?</p>
<p>Pues es que a solas</p>
<p>las horas pasa,</p>
<p>pule que pule,</p>
<p>taja que taja,</p>
<p>llora que llora,</p>
<p>ciego de lágrimas&#8230;,</p>
<p>que dos veneras</p>
<p>finas prepara</p>
<p>de bien pulido</p>
<p>cuerno de cabra,</p>
<p>porque una noche</p>
<p>quiere llevarlas</p>
<p>al campo santo</p>
<p>de Casablanca&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En La Majada (Coro De Vaqueros)</strong></h3>
<p><em>VAQUEROS</em></p>
<p>La alborada,</p>
<p>la alborada, la alborada va a venir.</p>
<p>No se puede con el frío de la helada</p>
<p>dormir.</p>
<p>¡No se puede dormir!</p>
<p>Se mete hasta los tuétanos</p>
<p>el húmedo relente</p>
<p>y el filo del carámbano</p>
<p>parece que se siente</p>
<p>por la carne dolorida penetrar.</p>
<p>Se hielan en los párpados</p>
<p>las gotas de rocío,</p>
<p>las mantas empandéranse</p>
<p>y no quitan el frío;</p>
<p>este frío que nos hace tiritar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MAYORAL</p>
<p>¡Arriba, muchachos!</p>
<p>¡Que va a amanecer</p>
<p>y al chozo hoy los amos</p>
<p>nos vienen a ver!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VAQUEROS</p>
<p>La alborada,</p>
<p>la alborada por allí despuntará.</p>
<p>Ya la luna, melancólica, borrada,</p>
<p>se va;</p>
<p>¡ya la luna se va!</p>
<p>Pusiéronse ya pálidos</p>
<p>el carro y las cabrillas;</p>
<p>ya cantan en los árboles</p>
<p>las tontas abubillas</p>
<p>la temprana monorrítmica canción.</p>
<p>Calláronse los cárabos,</p>
<p>y braman los becerros;</p>
<p>las vacas, levantándose,</p>
<p>sacuden los cencerros,</p>
<p>que resuenan como notas de un bordón.</p>
<p>¡Tolón! ¡Tolón!</p>
<p>¡Tolón! ¡Tolón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MAYORAL</p>
<p>¡Aprisa, muchachos</p>
<p>que va a clarear,</p>
<p>y ya están las vacas</p>
<p>queriendo marchar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VAQUEROS</p>
<p>La alborada,</p>
<p>la alborada por allí ya despuntó.</p>
<p>Su venida la alegría en la majada</p>
<p>vertió.</p>
<p>¡La alegría vertió!</p>
<p>Las vacas, relamiéndolos,</p>
<p>sus chotos amamantan;</p>
<p>allá en las vegas húmedas,</p>
<p>las nieblas se levantan</p>
<p>y transponen de las cúspides a ras;</p>
<p>la escarcha de los árboles</p>
<p>el sol va derritiendo,</p>
<p>y al suelo en puras lágrimas,</p>
<p>deshechas van cayendo</p>
<p>con monótono dulcísimo compás.</p>
<p>¡Tas! ¡Tas!</p>
<p>¡Tas! ¡Tas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a la vaca más lechera,</p>
<p>que llamándonos espera,</p>
<p>desde que al choto se acercó</p>
<p>asaltamos de costado,</p>
<p>el becerro por un lado,</p>
<p>por el otro lado, yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y espumosa,</p>
<p>mantecosa,</p>
<p>bienoliente,</p>
<p>sabrosa,</p>
<p>bullente,</p>
<p>jugosa,</p>
<p>caliente,</p>
<p>cual finísimo riel</p>
<p>de la ubre va fluyendo</p>
<p>y en la cuerna va cayendo</p>
<p>espumando,</p>
<p>chispeando,</p>
<p>humeando,</p>
<p>leche dulce como miel&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En Todas Partes</strong></h3>
<p>En los montes de encinas seculares</p>
<p>donde toda raíz profunda arraiga</p>
<p>donde tronco es columna inconmovible</p>
<p>y brazo de gigante toda rama;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>allí donde en la vida se suceden,</p>
<p>cual recordando lo que nunca acaba,</p>
<p>el estallido de la yema nueva</p>
<p>y el caer funeral de la hojarasca;</p>
<p>allí, Señor, del tiempo</p>
<p>te siento Eterno el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con las pupilas y la mente hundidas</p>
<p>en los espacios de las noches claras;</p>
<p>en las orillas de los mares hondos</p>
<p>con el oído abierto a la borrasca;</p>
<p>junto a la base de la oscura sierra,</p>
<p>mirando el risco de las crestas ásperas;</p>
<p>sobre el perfil de la montaña ingente,</p>
<p>mirando el mundo de las tierras bajas,</p>
<p>allí, Señor del mundo,</p>
<p>te siente Grande el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la pradera en el riente suelo</p>
<p>pintado de violetas y gamarzas;</p>
<p>en el fogoso amanecer de oro</p>
<p>y en el sereno amanecer de plata;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>oyendo al ave que cantando sube</p>
<p>y al regatuelo que rezando baja;</p>
<p>con una rosa cerca de los ojos</p>
<p>y un ruido de aire que entre frondas pasa,</p>
<p>así, por el sentido,</p>
<p>te siente Bueno el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de ese insecto en los flexibles élitros,</p>
<p>y de esa fiera en las agudas garras,</p>
<p>y en esa escarcha que la tierra hiela,</p>
<p>y en ese rayo que el ambiente abrasa,</p>
<p>en ese sol incubador de vida,</p>
<p>en esa lluvia que mis surcos baña,</p>
<p>en esa brisa que fecundo polen</p>
<p>lleva en la punta de sus leves alas,</p>
<p>te siente Providente,</p>
<p>te siente Sabio el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre la peña del erial hirsuto</p>
<p>paladeando hieles las entrañas;</p>
<p>bajo la hiedra de heredado huerto</p>
<p>saboreando amores o esperanzas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>revolcando mis carnes sobre abrojos</p>
<p>cuando me acusa la conciencia airada</p>
<p>o en mi lecho campestre de tomillos</p>
<p>cantando paz de honrado patriarca,</p>
<p>allí, Padre del hombre,</p>
<p>te siente Bueno el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no en los ruidos de los bellos días</p>
<p>ni en los silencios de las noches diáfanas;</p>
<p>y no en lo grande de tus grandes mundos</p>
<p>ni en lo pequeño que en sus senos guardan;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni en esas cumbres de la vida eterna</p>
<p>ni en esos valles de la vida humana</p>
<p>es donde el alma que con sed te busca</p>
<p>bebe y se baña en tu visión más clara&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mejor que fuera de ella</p>
<p>te siente dentro de su abismo el alma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Jurdana</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Era un día crudo y turbio de febrero</p>
<p>que las sierras azotaba</p>
<p>con el látigo iracundo</p>
<p>de los vientos y las aguas&#8230;</p>
<p>Unos vientos que pasaban restallando</p>
<p>las silbantes finas alas&#8230;</p>
<p>Unos turbios, desatados aguaceros,</p>
<p>cuyas gotas aceradas</p>
<p>descendían de los cielos como flechas</p>
<p>y corrían por la tierra como lágrimas.</p>
<p>Como bajan de las sierras tenebrosas</p>
<p>las famélicas hambrientas alimañas,</p>
<p>por la cuesta del serrucho va bajando</p>
<p>la paupérrima jurdana&#8230;</p>
<p>Lleva el frío de las fiebres en los huesos,</p>
<p>lleva el frío de las penas en el alma,</p>
<p>lleva el pecho hacia la tierra,</p>
<p>lleva el hijo a las espaldas&#8230;</p>
<p>Viene sola, como flaca loba joven</p>
<p>por el látigo del hambre flagelada,</p>
<p>con la fiebre de sus hambres en los ojos,</p>
<p>con la angustia de sus hambres en la entraña.</p>
<p>Es la imagen del serrucho solitario</p>
<p>de misérrimos lentiscos y pizarras;</p>
<p>es el símbolo del barro empedernido</p>
<p>de los álveos de las fuentes agotadas&#8230;</p>
<p>Ni sus venas tienen fuego,</p>
<p>ni su carne tiene savia,</p>
<p>ni sus pechos tienen leche,</p>
<p>ni sus ojos tienen lágrimas&#8230;</p>
<p>Ha dejado la morada nauseabunda</p>
<p>donde encueva sus tristezas y sus sarnas,</p>
<p>donde roe los mendrugos indigestos,</p>
<p>de dureza despiadada,</p>
<p>cuando torna de la vida vagabunda</p>
<p>con el hijo y los mendrugos a la espalda,</p>
<p>y ahora viene, y ahora viene de sus sierras</p>
<p>a pedirnos a las gentes sin entrañas</p>
<p>el mendrugo que arrojamos a la calle</p>
<p>si a la puerta no lo pide la jurdana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Pobre niño! ¡Pobre niño!</p>
<p>Tú no ríes, tú no juegas, tú no hablas,</p>
<p>porque nunca tu hociquillo codicioso</p>
<p>nutridora leche mama</p>
<p>de la teta flaca y fría,</p>
<p>álveo enjuto de la fuente ya agotada.</p>
<p>Te verías, si te vieras, el más pobre</p>
<p>de los seres de la tierra solitaria.</p>
<p>No envidiaras solamente al pajarillo</p>
<p>que en el nido duerme inerte con la carga</p>
<p>de alimentos regalados</p>
<p>que calientan sus entrañas,</p>
<p>envidiaras del famélico lobezno</p>
<p>los festines que la loba le depara,</p>
<p>si en la noche tormentosa con fortuna</p>
<p>da el asalto a los rediles de las cabras&#8230;</p>
<p>Estos días que en la sierra se embravecen,</p>
<p>por la sierra nadie vaga&#8230;</p>
<p>Toda cría se repliega en las honduras</p>
<p>de cubiles o cabañas,</p>
<p>de calientes blandos nidos</p>
<p>o de enjutas oquedades subterráneas.</p>
<p>Tú solito, que eres hijo de un humano</p>
<p>maridaje del instinto y la desgracia,</p>
<p>vas a espaldas de tu madre recibiendo</p>
<p>las crüeles restallantes bofetadas</p>
<p>de las alas de los ábregos revueltos</p>
<p>que chorrean gotas de agua.</p>
<p>Tú solito vas errante</p>
<p>con el sello de tus hambres en la cara,</p>
<p>con tus fríos en los tuétanos del cuerpo,</p>
<p>con tus nieblas en la mente aletargada</p>
<p>que reposa en los abismos</p>
<p>de una negra noche larga,</p>
<p>sin anuncios de alboradas en los ojos,</p>
<p>orientales horizontes de las almas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Por la cuesta del serrucho pizarroso</p>
<p>va bajando la paupérrima jurdana</p>
<p>con miserias en el alma y en el cuerpo,</p>
<p>con el hijo medio imbécil a la espalda&#8230;</p>
<p>Yo les pido dos limosnas para ellos</p>
<p>a los hijos de mi patria:</p>
<p>¡Pan de trigo para el hambre de sus cuerpos!</p>
<p>¡Pan de ideas para el hambre de sus almas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Virgen De La Montaña</strong></h3>
<p><em>(A mi querido amigo el virtuoso sacerdote don Germán Fernández)</em></p>
<p>I</p>
<p>Era un día quejumbroso de diciembre ceniciento</p>
<p>cuando yo subí la cuesta de la mística mansión:</p>
<p>el que aquella cuesta sube con angustias de sediento,</p>
<p>baja rico de frescuras el ardiente corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un día de diciembre. La ciudad estaba muerta</p>
<p>sobre el árido repecho calvo y frío del erial;</p>
<p>la ciudad estaba muda, la ciudad estaba yerta</p>
<p>sobre el yermo fustigado por el hálito invernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los palacios y las torres de los viejos hombres idos</p>
<p>en el carro de los tiempos de las glorias y el honor,</p>
<p>dormitaban indolentes, indolentemente hundidos</p>
<p>de seniles impotencias en el lánguido sopor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un día de infinitas y secretas amarguras</p>
<p>que a las almas resignadas se complacen en probar;</p>
<p>me apretaban las entrañas melancólicas ternuras</p>
<p>y membranzas dolorosas de los hijos y el hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me caían en la frente doloridos pensamientos</p>
<p>de esta trágica y oculta mansa pena de vivir;</p>
<p>me pesaban en el alma los mortales desalientos</p>
<p>de las pobres almas mudas, fatigadas de sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrancaban de mi pecho melancolías piedades</p>
<p>y santísimos desdenes de confeso pecador;</p>
<p>la grotesca danza loca de las locas vanidades</p>
<p>que los hombres arrastramos de la fama en derredor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ridículas miserias del orgullo pendenciero,</p>
<p>las efímeras victorias de los hombres del placer,</p>
<p>las groseras presunciones de los hombres del dinero,</p>
<p>las grotescas arrogancias de los hombres del poder&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo el mundo de las grandes epilépticas demencias,</p>
<p>todo el mundo de infortunios de la pobre Humanidad,</p>
<p>todo el mundo quejumbroso de mis íntimas dolencias</p>
<p>me pesaban en el alma con gigante gravedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un día de amarguras cuando yo subí la cuesta</p>
<p>de la alegre montañuela que veía yo a mis pies</p>
<p>desde aquella blanca ermita que asentaron en su cresta</p>
<p>como nidos de palomas en pimpollo de ciprés.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como sábanas inmensas de longuísimos desiertos</p>
<p>se extendían, dominados por los brazos de la Cruz,</p>
<p>horizontes infinitos, infinitamente abiertos</p>
<p>al abrazo de los cielos y a los besos de la luz;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>horizontes que pusieron en las niñas de mis ojos</p>
<p>la visión de la desnuda muda tierra en que nací;</p>
<p>tierras verdes de las siembras, tierras blancas de rastrojos,</p>
<p>tierras grises de barbechos&#8230; ¡Patria mía, yo te vi!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me trajeron tu memoria las espléndidas anchuras</p>
<p>de las tierras y los cielos que se llegan a besar;</p>
<p>las severas desnudeces de las áridas llanuras,</p>
<p>las gigantes majestades de su grave reposar&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una pena que atraviesa por la médula del alma,</p>
<p>una pena que mi lengua nunca supo definir,</p>
<p>me invadió para robarme la serena augusta calma</p>
<p>que refrena, que preside los espasmos del sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero a mí cuando la pena con su látigo me azota</p>
<p>no me arranca ni un lamento de grosera indignación;</p>
<p>por la misma herida abierta que caliente sangre brota,</p>
<p>brota el bálsamo tranquilo de la fe del corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por eso cuando siento que rugiendo se adelanta</p>
<p>la borrasca detonante que me quiere aniquilar,</p>
<p>ni su rayo me acobarda, ni su estrépito me espanta</p>
<p>porque sé dónde arriarme, porque sé dónde mirar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía, madre mía! Cuando aquella tarde brava</p>
<p>yo subía por la cuesta de tu mística mansión,</p>
<p>como el látigo del viento que la cara me cruzaba,</p>
<p>flagelaba el de la pena mi sensible corazón,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y por eso te miraba con aquella que conoces</p>
<p>tan recóndita mirada que te sé yo dirigir</p>
<p>cuando inician en mi pecho sus asaltos más feroces</p>
<p>las nostalgias taciturnas que me suelen afligir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía!&#8230; Me contaron unos buenos caballeros,</p>
<p>moradores de tu hidalga y amadísima ciudad,</p>
<p>que son tuyos sus amores, y son suyos tus veneros</p>
<p>copiosísimos y santos de graciosa caridad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me contaron episodios de la bella historia tuya,</p>
<p>dulcemente convivida con tu amante pueblo fiel;</p>
<p>me dijeron que era tuyo; me dijeron que eras suya,</p>
<p>que te daban bellas flores, que les dabas rica miel,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que el que suba aquella cuesta y en el pecho lleve agravios,</p>
<p>turbias aguas en los ojos y en los hombros dura cruz,</p>
<p>baja alegre sin la carga, con dulzuras en los labios,</p>
<p>con amores en el pecho y en los ojos mucha luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía, lo he gozado! Los dulcísimos instantes</p>
<p>que mis penas me tuvieron de rodillas ante Ti</p>
<p>fueron siglos de exquisitas dulcedumbres deleitantes</p>
<p>que los ríos de tus gracias derramaron sobre mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el oscuro peregrino que la cuesta de tu ermita</p>
<p>como cuesta de un calvario rendidísimo subió</p>
<p>con la carga de miserias que en los hombres deposita</p>
<p>la ceguera de una vida que entre polvo se vivió,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>descendió de tu montaña con los ojos empapados</p>
<p>en aquella luz que hiende las negruras del morir,</p>
<p>y el espíritu sereno de los hombres resignados</p>
<p>que sonríen santamente con la pena de vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Madre mía!, si esas mieles has tenido en tus veneros,</p>
<p>para el labio de un andante caballero de la fe,</p>
<p>¿qué tendrás en tu tesoro para aquellos caballeros</p>
<p>del hidalgo pueblo noble que es alfombra de tu pie?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Bellísima cacereña,</p>
<p>hija del sol que te baña:</p>
<p>¡la Virgen de la Montaña</p>
<p>te guarde, niña trigueña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te habrán dicho los espejos</p>
<p>que son tus labios muy rojos,</p>
<p>que son muy negros tus ojos,</p>
<p>que fuego son tus reflejos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que son tus trenzas dos lindas</p>
<p>cadenas de amor ardientes,</p>
<p>que son perlitas tus dientes</p>
<p>y tus mejillas son guindas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te habrá dicho ese indiscreto</p>
<p>cortesano de mujeres</p>
<p>todo lo hermosa que eres,</p>
<p>porque él no guarda un secreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y un funesto genio alado,</p>
<p>sátiro, flaco y viscoso,</p>
<p>murciélago tenebroso,</p>
<p>tras los espejos posado,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>te habrá cantado: «¡Oh mujer!,</p>
<p>¿qué reina Venus mejor</p>
<p>para la corte de amor</p>
<p>donde el rey es el placer?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo que te adoro tanto;</p>
<p>yo que te quiero más bella</p>
<p>que la loca reina aquella,</p>
<p>de esta manera te canto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué angelical ermitaña</p>
<p>tuviera en ti, cacereña,</p>
<p>para su ermita risueña</p>
<p>la Virgen de la Montaña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ves la poética ermita</p>
<p>que irradia blancos reflejos?</p>
<p>Pues no la busques más lejos,</p>
<p>que allí la belleza habita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Linda garza y ribereña:</p>
<p>levanta el gallardo vuelo,</p>
<p>que estás más cerca del cielo</p>
<p>posada en aquella peña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vive tu propio vivir,</p>
<p>deja del valle la hondura,</p>
<p>que si alas te dio Natura</p>
<p>te las dio para subir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sube a la mística loma,</p>
<p>que no hay mansión deleitable</p>
<p>más llena de paz amable</p>
<p>que el nido de una paloma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sube, que yo, cuando subes</p>
<p>por ese atajo risueño,</p>
<p>gentil alondra te sueño,</p>
<p>que va a cantar a las nubes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sube, preciosa ermitaña,</p>
<p>que algo que no da Natura</p>
<p>se lo dará a tu hermosura</p>
<p>la Virgen de la Montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que aunque el espejo te cuente</p>
<p>que son tus labios muy rojos,</p>
<p>que son muy negros tus ojos</p>
<p>y que es divina tu frente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>nunca, con ruda franqueza</p>
<p>de amigo que se delata,</p>
<p>te dirá que él no retrata</p>
<p>lo mejor de la belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo puedo darte un consejo,</p>
<p>pues digo verdad si digo</p>
<p>que soy más honrado amigo</p>
<p>que el sátiro y el espejo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y sé mejor que los dos</p>
<p>cuáles son las más graciosas,</p>
<p>cuáles las más bellas cosas</p>
<p>que puso en el mundo Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No sabes que los poetas</p>
<p>vivimos siempre cantando,</p>
<p>de la belleza buscando,</p>
<p>siempre las claves secretas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no sabes tú, paloma,</p>
<p>que no nos placen las flores</p>
<p>ricas en vivos colores</p>
<p>y pobres en rico aroma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pues sube, linda ermitaña,</p>
<p>que algo que no da Natura</p>
<p>se lo dará a tu hermosura</p>
<p>la Virgen de la Montaña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos los años, estrella,</p>
<p>sé que subís a su ermita</p>
<p>y le hacéis una visita</p>
<p>tú y la primavera bella,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y yo, que vivo buscando</p>
<p>bellas cosas que cantar,</p>
<p>tal visita al recordar</p>
<p>suelo decir suspirando:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Será un cielo aquella sierra</p>
<p>cuando, levantando el vuelo,</p>
<p>visiten a la del cielo</p>
<p>las vírgenes de la tierra!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Regreso</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Estuve en la ciudad. Vi la materia</p>
<p>brillar resplandeciente,</p>
<p>correr arrolladora,</p>
<p>sonar dulce y rugiente</p>
<p>y en la vida imperar como señora.</p>
<p>Reina del mundo, la ciudad entera</p>
<p>su esclava fiel, su adoradora era.</p>
<p>Los sabios peroraban</p>
<p>del aula en la trinchera,</p>
<p>en defensa del ídolo que amaban;</p>
<p>los coros de los hijos del Parnaso</p>
<p>coplas sublimes en su honor cantaban,</p>
<p>obstruían el paso</p>
<p>en plazas y jardines y museos</p>
<p>las estatuas alzadas a la diosa,</p>
<p>soberanos trofeos</p>
<p>que falange de artistas victoriosa</p>
<p>le rindió generosa</p>
<p>del ingenio de artísticos torneos;</p>
<p>y la gran muchedumbre</p>
<p>de libres ciudadanos de rodillas,</p>
<p>en hábito de eterna servidumbre</p>
<p>que no le pagan sus eternos amos,</p>
<p>entonaban su canto de costumbre:</p>
<p>«¡Te adoramos, oh diosa, te adoramos!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estuve en la ciudad y vi los sabios.</p>
<p>Fui dispuesto a escucharles de rodillas,</p>
<p>sin que allí mis palabras de hombre rudo</p>
<p>salieran de la cárcel de mis labios,</p>
<p>que en ellos hizo la ignorancia un nudo.</p>
<p>En su alas la fama vocinglera</p>
<p>llevó dos o tres nombres</p>
<p>al oscuro rincón de mi morada</p>
<p>que augusto templo del silencio era,</p>
<p>y una noble ambición que hay en los hombres</p>
<p>me hizo salir de mi rincón querido,</p>
<p>y a oír la voz que del saber es puerta</p>
<p>fui con el alma abierta</p>
<p>puesta debajo del abierto oído.</p>
<p>A entender los misterios fui dispuesto</p>
<p>de la vida y del mundo,</p>
<p>la fuerte base del obrar modesto,</p>
<p>la clave oscura del saber profundo,</p>
<p>la oculta vía del vivir sin brillo,</p>
<p>la esencia arcana del amor honesto,</p>
<p>la regla simple del pensar sencillo&#8230;</p>
<p>iba a aprender, sin tortuosos modos,</p>
<p>la fórmula del bien, los soberanos</p>
<p>conceptos graves del amor de hermanos</p>
<p>que nacimos de Dios, padre de todos;</p>
<p>y rasgadas las brumas que embarazan</p>
<p>la alta visión con su tupido velo,</p>
<p>iba a saber el punto en que se enlazan</p>
<p>la senda de la vida y la del cielo.</p>
<p>Y así como la abeja,</p>
<p>libado el polen, de la flor se aleja</p>
<p>y toma a elaborar el néctar puro</p>
<p>de su colmena en el recinto oscuro,</p>
<p>yo, conduciendo de placer henchido</p>
<p>mi carga de saber, carga de oro,</p>
<p>de los sabios tomada en el tesoro,</p>
<p>a las dulzuras del rincón querido</p>
<p>contento volvería</p>
<p>a labrar con el polen adquirido</p>
<p>miel de sabiduría&#8230;</p>
<p>¡Oh fama vocinglera!</p>
<p>¡Cuán fácil es el viento que te guía,</p>
<p>y tu sonora voz, cuán embustera!</p>
<p>La gran sabiduría nunca ha sido</p>
<p>música del oído,</p>
<p>torrente de palabras que allí cae</p>
<p>donde un hueco encontró, como el sonido,</p>
<p>que el viento que lo lleva se lo trae.</p>
<p>Ni es orgullo que ciega,</p>
<p>ni es encono que grita,</p>
<p>ni estéril voz que apasionada niega,</p>
<p>ni desprecio del bien que al mal invita.</p>
<p>Ni tampoco almacén abarrotado</p>
<p>de innúmeras ideas</p>
<p>que pueril vanidad ha amontonado</p>
<p>para que tú, ¡oh adulador!, las veas,</p>
<p>y tú, Fama veloz, vueles y cantes,</p>
<p>y tú, varón sencillo, oigas y creas,</p>
<p>y os asombréis vosotros, ¡oh ignorantes!</p>
<p>No, no; sabiduría,</p>
<p>en la noche del mundo tan sombría,</p>
<p>es estrella que alumbra,</p>
<p>brazo amigo que guía,</p>
<p>no relámpago breve que deslumbra</p>
<p>ni mano malhechora que extravía.</p>
<p>¡Oh tú, Fama embustera!</p>
<p>No alborotes las plácidas mansiones</p>
<p>donde quiere la vida ser sincera:</p>
<p>¡tienes otras regiones</p>
<p>donde suenan mejor tus huecos sones!</p>
<p>No vuelvas a mi casa: está cerrada</p>
<p>y en ella encarcelada</p>
<p>tu enemiga mortal, la Verdad ruda,</p>
<p>que no sale a la calle</p>
<p>porque nadie la quiere ver desnuda.</p>
<p>Y vosotros, ¡oh sabios!, cuyos nombres</p>
<p>no saldrán de la cárcel de mis labios,</p>
<p>una noble ambición que hay en los hombres</p>
<p>me trajo a vuestro pies&#8230; ¡Adiós, oh sabios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estuve en la ciudad y vi la vida.</p>
<p>Es ligera y hermosa,</p>
<p>del modo que es hermosa y es ligera</p>
<p>la ingrávida, la leve mariposa</p>
<p>que nace, vive y muere en primavera.</p>
<p>Y así como el insecto primoroso,</p>
<p>visitador inquieto de las flores,</p>
<p>más parece nutrirse de colores</p>
<p>que de polen sabroso,</p>
<p>la vida ciudadana</p>
<p>de la flor del placer fiel cortesana,</p>
<p>no se acercaba a ella</p>
<p>con aguijón de abeja laboriosa,</p>
<p>sino con frágil ala lujuriosa,</p>
<p>de mariposa bella.</p>
<p>¡Qué de prisa las horas sin regreso</p>
<p>rodaban por encima de los seres!</p>
<p>¡Qué nervioso el avance del progreso;</p>
<p>qué fuertes los placeres;</p>
<p>las fiestas, qué brillantes;</p>
<p>qué hermosas las mujeres</p>
<p>y los hombres, qué cultos, qué elegantes!</p>
<p>Lo que sabe el varón adusto y grave</p>
<p>que en el pobre lugar pasa por sabio,</p>
<p>cualquiera allí lo sabe;</p>
<p>por eso es elocuente todo labio,</p>
<p>porque los abre del saber la llave.</p>
<p>Conocen allí todos</p>
<p>los secretos del Arte y de la Ciencia;</p>
<p>saben de varios modos</p>
<p>faltar a la verdad con elocuencia;</p>
<p>saben negar, audaces;</p>
<p>saben reír, satíricos feroces;</p>
<p>saben gustar, voraces,</p>
<p>las mieles de las mieles de los goces,</p>
<p>y saben ser flexibles, distinguidos,</p>
<p>hablar con gran finura</p>
<p>y obrar con gran descoco&#8230;</p>
<p>¡Saben vivir unidos</p>
<p>amándose muy poco!</p>
<p>¡El saber, el saber! Ése era el lema,</p>
<p>la aspiración suprema</p>
<p>de la vida veloz que se vivía.</p>
<p>¡Se estudiaba el amor como un problema!</p>
<p>Y yo también quería</p>
<p>ser un sabio de aquellos que admiraba,</p>
<p>mas no lo quiso la fortuna mía.</p>
<p>Ufano contemplaba</p>
<p>montón de ideas mi cerebro hecho;</p>
<p>pero, ¡ay!, se me olvidaba</p>
<p>en qué lado del pecho</p>
<p>mi corazón encadenado estaba.</p>
<p>Sensible corazón que ahora palpitas</p>
<p>al fuego del amor que ya te quema:</p>
<p>¿para qué pude yo necesitarte</p>
<p>donde el cerebro fabricaba el Arte</p>
<p>y estudiaba el amor como un problema?</p>
<p>Yo pasaba los días presurosos,</p>
<p>entre sabios famosos,</p>
<p>y las noches pasaba entre poetas.</p>
<p>¡Qué días tan ruidosos!</p>
<p>Y las noches, ¡qué estériles, qué inquietas!</p>
<p>Y después de vivir la fácil vida</p>
<p>que una noble ambición, humana y santa,</p>
<p>me pintó de grandezas toda henchida,</p>
<p>ni ella me dio sabiduría tanta</p>
<p>como a cualquiera le infundió Natura,</p>
<p>ni a cantar aprendí con más dulzura</p>
<p>que la que puso Dios en mi garganta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Pero ya estoy aquí, campos queridos,</p>
<p>cuyos encantos olvidé por otros</p>
<p>amasados con miel y con veneno.</p>
<p>¡Pequé contra vosotros!</p>
<p>¡Recibidme otra vez en vuestro seno!</p>
<p>Yo te conozco, solitario monte;</p>
<p>te cantaré de nuevo, patria mía;</p>
<p>beber quiero tu luz, ancho horizonte;</p>
<p>gozar quiero tu paz, ¡oh mi alquería!</p>
<p>Mis hijos inocentes</p>
<p>beben el agua de tus puras fuentes,</p>
<p>nutren su cuerpo con el pan sabroso</p>
<p>que produce tu suelo generoso,</p>
<p>tuesta sus puras frentes</p>
<p>la lumbre pura de tu sol caída,</p>
<p>y me los hinchan de salud y vida</p>
<p>los céfiros sedantes y serenos</p>
<p>que vienen de tus grandes encinares,</p>
<p>que vienen de tus mieses y tus henos,</p>
<p>que vienen de tus ricos tomillares&#8230;</p>
<p>Aquí no vive la materia inerte</p>
<p>esa vida que presta el artificio,</p>
<p>estéril disimulo de la muerte.</p>
<p>Viven aquí las cosas</p>
<p>porque en su entraña cada cual encierra</p>
<p>la del vivir intimación divina</p>
<p>que a ti te ha dado jugos, fértil tierra,</p>
<p>y a ti te ha dado savia, vieja encina.</p>
<p>Yo admiro la hermosura,</p>
<p>la soberana esplendidez grandiosa</p>
<p>que augusta ostenta sobre sí Natura;</p>
<p>pero ella es criatura,</p>
<p>no puede ser mi diosa;</p>
<p>y aunque canto postrado de rodillas,</p>
<p>delante de sus grandes maravillas,</p>
<p>que son del mundo hechizo,</p>
<p>yo sólo adoro en ella</p>
<p>la mano soberana que la hizo&#8230;</p>
<p>¿Y quién no besará la mano aquella</p>
<p>que ha sabido crear cosa tan bella?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hombres de mi alquería,</p>
<p>custodios fieles de la hacienda mía:</p>
<p>los que vais encorvados</p>
<p>detrás de los arados</p>
<p>desgarrando los senos de mis tierras;</p>
<p>los que del hierro de la paz armados</p>
<p>abatís la esperanza de mis sierras;</p>
<p>los que andáis sin hogar, solos y errantes</p>
<p>guardando mis ganados noche y día;</p>
<p>los de mis montes fieles vigilantes;</p>
<p>los de mi casa honrada compañía;</p>
<p>los que colmáis de frutos diferentes</p>
<p>mi casa, mis laneros,</p>
<p>mis templados establos, mis graneros</p>
<p>y mis anchos pajares bienolientes&#8230;</p>
<p>Mayorales, gañanes y renteros,</p>
<p>cabreros y pastores,</p>
<p>colonos y yegüeros,</p>
<p>guardas y aperadores,</p>
<p>montaraces, zagales y vaqueros&#8230;</p>
<p>¡todos los hijos del trabajo rudo</p>
<p>que regáis con sudor la hacienda mía&#8230;,</p>
<p>salid a recibirme! ¡Yo os saludo</p>
<p>y os bendigo en la paz de la alquería!</p>
<p>Vengo a anudar el hilo</p>
<p>roto en mal hora del vivir tranquilo;</p>
<p>a humillar, cual vosotros, la cabeza</p>
<p>al yugo del trabajo cotidiano,</p>
<p>fuente de la riqueza,</p>
<p>padre providencial de la pobreza,</p>
<p>sal del vivir humano.</p>
<p>Que rueden por la mía,</p>
<p>como ruedan también por vuestras frentes,</p>
<p>las de honrado sudor gotas ardientes</p>
<p>que cuesta el pan del día,</p>
<p>y que sepan mis hijos inocentes,</p>
<p>cuando puedan mirar hacia el pasado,</p>
<p>que el pan sabroso que los ha nutrido</p>
<p>era pan amasado</p>
<p>con gotas de sudor por mí vertido.</p>
<p>Desciendan por mi frente</p>
<p>del sudor del trabajo los raudales</p>
<p>y bañen mi pupila distraída,</p>
<p>que esos son los cristales</p>
<p>a través de los cuales</p>
<p>debemos todos contemplar la vida.</p>
<p>¡Hijos humildes del trabajo honrado!,</p>
<p>yo la vuestra contemplo</p>
<p>como el más alto ejemplo</p>
<p>del vivir generoso y resignado;</p>
<p>y vuelvo a vuestro lado,</p>
<p>porque todo lo bueno que he aprendido</p>
<p>vuestro grave vivir me lo ha enseñado.</p>
<p>Yo traigo, en cambio, el corazón henchido</p>
<p>de anhelos puros, de doctrinas buenas</p>
<p>y de costumbres santas,</p>
<p>y vengo hasta vosotros decidido</p>
<p>a derramar el bien a manos llenas,</p>
<p>porque el Dios que me dio riquezas tantas</p>
<p>diome con ellas el mayor tesoro</p>
<p>que recibí de su divina mano:</p>
<p>¡un corazón de oro</p>
<p>que de todos los hombres me hace hermano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, vida serena</p>
<p>de la blanca alquería,</p>
<p>de artificios vacía</p>
<p>y de vigores naturales llena&#8230;</p>
<p>Tú, soledad amena,</p>
<p>del encinar cargado de reposo,</p>
<p>donde flota un ambiente religioso</p>
<p>que de dulzor, ¡oh alma!, te enajena,</p>
<p>y un bienestar sabroso</p>
<p>que a ti, mortal escoria, te encadena</p>
<p>al placer de un vivir tan deleitoso&#8230;</p>
<p>Tú, feliz compañía</p>
<p>de la fe, del amor y del trabajo,</p>
<p>las tres que el alma mía</p>
<p>virtudes altas a la vida trajo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, silencio elocuente</p>
<p>que en el del campo bienhechor asilo</p>
<p>hablas grave y severo,</p>
<p>sabio maestro del pensar prudente,</p>
<p>padre fecundo del amor tranquilo,</p>
<p>fiel confidente del sentir austero&#8230;</p>
<p>Y tú también, jugosa poesía,</p>
<p>de este rico soñar del alma mía,</p>
<p>de este vivir en el hogar templado,</p>
<p>de este cantar en la alameda oscura,</p>
<p>de este dormir en el regazo amado</p>
<p>de la conciencia pura</p>
<p>que arrulla el sueño del varón honrado:</p>
<p>¡dejadme respirar esta frescura</p>
<p>de vuestro ambiente que a vivir convida,</p>
<p>que yo quiero vivir y ésta es la vida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vosotros, los anchos horizontes,</p>
<p>los blancos caseríos,</p>
<p>los valles y los montes,</p>
<p>las fuentes y los ríos,</p>
<p>los áridos y grises labrantíos&#8230;,</p>
<p>la sombra de la encina,</p>
<p>la música del aire dulce y queda,</p>
<p>y el cantar de la honrada golondrina</p>
<p>y el ruidoso hojear de la arboleda&#8230;</p>
<p>El agua de la poza cristalina,</p>
<p>las guindas de mi huerto delicioso,</p>
<p>sus ricos toronjiles y albahacas,</p>
<p>el pan de mis pastores, tan sabroso,</p>
<p>la leche vadeante de mis vacas&#8230;,</p>
<p>¡regalazme con goces repetidos,</p>
<p>que os esperan, abiertos, mis sentidos!</p>
<p>Yo daré cuanto tengo,</p>
<p>que a derramar entre vosotros vengo</p>
<p>pedazos de mi ser a manos llenas:</p>
<p>para ti, mi sudor, hacienda mía;</p>
<p>para ti, mis cantares, Patria hermosa;</p>
<p>para vosotros, sangre de mis venas,</p>
<p>hijos amantes y adorable esposa;</p>
<p>para los hombres cuyas rudas manos</p>
<p>colman mi casa de riquezas tantas,</p>
<p>pan abundante con doctrinas santas</p>
<p>y el nombre sabrosísimo de hermano;</p>
<p>para el mal que a la lucha me provoca,</p>
<p>los de luchar inacabables modos;</p>
<p>para el Dios de la Cruz, mi fe de roca,</p>
<p>y el amor de mi alma, para todos.</p>
<p>¡Bendita, ¡oh Patria!, seas, que me has dado</p>
<p>uno en tu seno bienhechor asilo</p>
<p>para morirme en el vivir honrado</p>
<p>que es el secreto de morir tranquilo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Fe</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¡Señor! ¡Mi patria llora!</p>
<p>La apartaron, ¡oh Dios!, de tus caminos,</p>
<p>y ciega hacia el abismo corre ahora</p>
<p>la del mundo de ayer reina y señora</p>
<p>de gloriosos destinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hijos desatentados,</p>
<p>que ya la vieron sin pudor vencida,</p>
<p>la arrastran por atajos ignorados&#8230;</p>
<p>¡Señor, que va perdida!</p>
<p>¡Que no lleva en su pecho la encendida</p>
<p>luz de tu Fe que alumbre su carrera!</p>
<p>¡Que no lleva el apoyo de tu mano!</p>
<p>¡Que no lleva la Cruz en la bandera</p>
<p>ni en los labios tu nombre soberano!</p>
<p>¡Señor! ¡Mi patria llora!</p>
<p>¿Y quién no llorará como ella ahora</p>
<p>tremendas desventuras,</p>
<p>si fuera de tus vías</p>
<p>sólo hay horribles soledades frías,</p>
<p>lágrimas y negruras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién que de Ti se aleje</p>
<p>camina en derechura a la grandeza?</p>
<p>¿Ni quién que a Ti te deje</p>
<p>su brazo puede armar de fortaleza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solamente unos pocos pervertidos,</p>
<p>hijos envanecidos</p>
<p>de esa Madre fecunda de creyentes</p>
<p>pretenden, imprudentes,</p>
<p>alejarla de Ti: son insensatos;</p>
<p>olvidan tus favores: son ingratos,</p>
<p>desprecian tu poder: están dementes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la patria mía,</p>
<p>por Ti feliz y poderosa un día,</p>
<p>siempre te ve, Señor, como a quien eres,</p>
<p>y en Ti, gran Dios, en Ti solo confía;</p>
<p>que es grande quien Tú quieres,</p>
<p>fuerte quien tiene tu segura guía,</p>
<p>sabio quien te conoce,</p>
<p>¡y feliz quien te sirva y quien te goce!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor! ¡Mi Patria llora!</p>
<p>Ebria, desoladora,</p>
<p>la frenética turba parricida</p>
<p>la lleva a los abismos arrastrada,</p>
<p>la lleva empobrecida&#8230;,</p>
<p>¡la lleva deshonrada!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alza, Señor, tu brazo justiciero,</p>
<p>y sobre ellos descarga el golpe fiero,</p>
<p>vengador de sus ciegos desvaríos!&#8230;</p>
<p>¡No son hermanos míos</p>
<p>ni hijos tuyos, Señor! ¡Son gente impía!</p>
<p>¡Son asesinos de la patria mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Señor, Señor; deténte!</p>
<p>¡No hagas caer sobre la impura gente</p>
<p>el rudo golpe grave</p>
<p>de la iracunda mano justiciera,</p>
<p>sino el toque süave</p>
<p>de la mano que funde y regenera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a Ti ya convertidos,</p>
<p>los hijos ciegos a tu amor perdidos,</p>
<p>aplaca tus enojos,</p>
<p>la noche ahuyenta, enciéndenos el día</p>
<p>y pon de nuevo tus divinos ojos</p>
<p>en los destinos de la patria mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es ella la que hiciera</p>
<p>con los lemas sagrados</p>
<p>de la Cruz y el honor una bandera?</p>
<p>¿La que tantos a Ti restituyera</p>
<p>pueblos ignotos de tu fe apartados,</p>
<p>que con sangre de intrépidos soldados</p>
<p>y con sangre de santos redimiera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y Tú no eres el Dios Omnipotente</p>
<p>que quitas o derramas con largueza</p>
<p>gloria y poder entre la humana gente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No eres prístina fuente</p>
<p>de donde ha de venir toda grandeza?</p>
<p>¿No eres origen, pedestal ingente</p>
<p>de toda fortaleza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es toda humana gloria</p>
<p>dádiva generosa de tu mano?</p>
<p>¿No viene la victoria</p>
<p>delante de tu soplo soberano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor, oye los ruegos</p>
<p>que ya te elevan los hermanos míos!</p>
<p>¡Ya ven, ya ven los ciegos!</p>
<p>¡Ya rezan los impíos!</p>
<p>¡Ya el soberbio impotente</p>
<p>hunde en el polvo, ante tus pies, la frente!</p>
<p>¡Ya el demente blasfemo, arrepentido,</p>
<p>cubre su rostro, el pecho se golpea</p>
<p>y clama compungido:</p>
<p>«¡Alabado el Señor; bendito sea!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los justos te aclaman,</p>
<p>alzando a Ti los brazos, y te llaman;</p>
<p>y porque España sólo en Ti confía,</p>
<p>al unísono claman</p>
<p>todos los hijos de la Patria mía:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salva a España, Señor; enciende el día</p>
<p>que ponga fin a abatimiento tanto!</p>
<p>¡Tú, Señor de la vida o de la muerte!</p>
<p>¡Tú, Dios de Sabahot, tres veces Santo,</p>
<p>tres veces Inmortal, tres veces Fuerte!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Fecundidad</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Mucho más alto que los anchos valles,</p>
<p>honda vivienda de la grey humana;</p>
<p>mucho más alto que las altas torres</p>
<p>con que los hombres a los siglos hablan;</p>
<p>mucho más alto que la cumbre arbórea,</p>
<p>llena de luz, de la colina plácida;</p>
<p>mucho más alto que la alondra alegre</p>
<p>cuando en los aires la alborada canta;</p>
<p>mucho más alto que la línea oscura</p>
<p>que hay de la sierra en la fragosa falda,</p>
<p>donde empieza el imperio de las fieras</p>
<p>y las conquistas del trabajo acaban&#8230;</p>
<p>Allá, en las cumbres de las sierras hoscas,</p>
<p>allá, en las cimas de las sierras bravas;</p>
<p>en la mansión de las quietudes grandes,</p>
<p>en la región de las silbantes águilas,</p>
<p>donde se borra del vivir la idea,</p>
<p>donde se posa la absoluta calma,</p>
<p>su nido asientan los silencios grandes,</p>
<p>el tiempo pliega sus gigantes alas</p>
<p>y el espíritu atento</p>
<p>siente flotar en derredor la nada&#8230;;</p>
<p>allá, en las crestas de los riscos negros,</p>
<p>cerca del vientre de las nubes pardas,</p>
<p>donde la mano que los rayos forja</p>
<p>las detonantes tempestades fragua,</p>
<p>allí vivía el montaraz cabrero</p>
<p>su tenebrosa vida solitaria,</p>
<p>melancólico Adán de un paraíso</p>
<p>sin Eva y sin manzanas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las sierras imponentes</p>
<p>le dieron a su alma</p>
<p>la terrible dureza de sus focas,</p>
<p>la intensa lobreguez de sus gargantas,</p>
<p>las sombras tristes de las noches negras,</p>
<p>la inclemencia feroz de sus borrascas,</p>
<p>los ceños de sus breñas bravas,</p>
<p>la indolencia brutal de sus reposos</p>
<p>y el eterno callar de sus entrañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jamás movió la risa</p>
<p>los músculos de acero de su cara</p>
<p>ni ver dejaron sus hirsutos labios</p>
<p>unos dientes de tigre que guardaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un traje de pellejo,</p>
<p>que hiede a ubre de cabras</p>
<p>y suena a seco ruido</p>
<p>de frágil hojarasca,</p>
<p>cubre aquel cuerpo que parece un diente</p>
<p>del risco roto de la sierra parda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! Cuando tenue en las rocosas cumbres</p>
<p>la aurora se derrama</p>
<p>sus ámbitos tiñendo</p>
<p>de dulce luz violácea,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ya el solitario en el peñón la espera</p>
<p>mirando a Oriente con quietud de estatua;</p>
<p>viva estatua musgosa</p>
<p>que siempre a solas con el tiempo habla;</p>
<p>esfinge viva que plegó su ceño</p>
<p>porque la vida le negó sus gracias,</p>
<p>porque azotó la soledad sus carnes,</p>
<p>porque el reposo congeló su alma&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego, cuando abajo</p>
<p>se muere el día de tristeza lánguida</p>
<p>y se ponen las peñas de las cimas</p>
<p>tristemente doradas,</p>
<p>y luego grises, y borrosas luego,</p>
<p>y al cabo negras, con negruras trágicas,</p>
<p>mirando hacia Occidente,</p>
<p>desde aguda granítica atalaya</p>
<p>recibe inmóvil el Adán salvaje</p>
<p>la noche negra que la sierra escala&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No habrá creado Dios un sol que rompa</p>
<p>la noche de aquel alma</p>
<p>y en luz de aurora fructuosa y bella</p>
<p>le bañe las entrañas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Bajó una tarde de las altas cumbres,</p>
<p>vagó errabundo por las anchas faldas</p>
<p>y se asomó a la vida de los hombres</p>
<p>desde la orilla de las breñas agrias.</p>
<p>Subió otra vez a su salvaje nido,</p>
<p>tomó a bajar a la vivienda humana</p>
<p>y ya movió la risa</p>
<p>los músculos de acero de su cara,</p>
<p>y sus diente de tigre, descubiertos,</p>
<p>dieron reflejos de marfil y nácar,</p>
<p>y el hosco ceño despejó la frente,</p>
<p>y se hizo dulce y mansa</p>
<p>la dulzura feroz, brava y sañuda</p>
<p>de aquel mirar de sus pupilas de ágata&#8230;;</p>
<p>cortó un lentisco y horadó su tallo,</p>
<p>pulió sus nudos y tocó la gaita,</p>
<p>y oyó por vez primera</p>
<p>la sierra solitaria</p>
<p>música ingenua, balbuciente idioma</p>
<p>que al hombre niño le nació en el alma.</p>
<p>¡Cantó la estatua al declinar la tarde!</p>
<p>¡Cantó la esfinge al apuntar el alba!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una que trajo de color de oro</p>
<p>mayo gentil espléndida mañana,</p>
<p>con sol de fuego que arrancó resinas</p>
<p>de las olientes montaraces jaras,</p>
<p>e hizo bramar al encelado ciervo,</p>
<p>junto al aguaje en que su sed templaba,</p>
<p>e hizo gruñir al jabalí espantoso,</p>
<p>e hizo silbar a las celosas águilas</p>
<p>que por encima de los altos riscos</p>
<p>persiguiéndose locas volteaban&#8230;;</p>
<p>una mañana que vertió en la sierra</p>
<p>toda la luz que de los cielos baja,</p>
<p>todas las auras que la sangre encienden,</p>
<p>todos los ruidos que el oír regalan,</p>
<p>todas las pomas que el sentido enervan,</p>
<p>todos los fuegos que la vida inflaman&#8230;;</p>
<p>por entre ciegas madroñeras húmedas,</p>
<p>por entre redes de revueltas jaras,</p>
<p>por laberintos de lentiscos vírgenes</p>
<p>y de opulentas madreselvas pálidas,</p>
<p>y de bravíos vigorosos brezos,</p>
<p>y de romero cuyo aroma embriaga,</p>
<p>el solitario montaraz subía</p>
<p>rompiendo el monte con segura planta</p>
<p>y abriendo paso a la cabrera ruda</p>
<p>que vio del monte en la fragosa falda,</p>
<p>y fue a buscar a la vecina aldea</p>
<p>cual lobo hambriento que al aprisco baja.</p>
<p>En derechura al nido de la cumbre</p>
<p>radiante de alegría la llevaba.</p>
<p>Eva morena, de las breñas hija</p>
<p>y de ella locamente enamorada,</p>
<p>iba a la cumbre a coronarse sola</p>
<p>reina de la montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como membrudo corredor venado,</p>
<p>rompe el cabrero las breñosas mallas;</p>
<p>como ligera vigorosa corza,</p>
<p>de peña en peña la cabrera salta.</p>
<p>Corren así temblando de alegría,</p>
<p>cuantas parejas por la tierra vagan,</p>
<p>pero ninguna tan gentil y noble</p>
<p>subiendo va cual la pareja humana,</p>
<p>que amor le dice que la altura es suya,</p>
<p>porque es del rey el elevado alcázar,</p>
<p>y es para el lobo la maraña negra</p>
<p>de la húmeda garganta,</p>
<p>y es para el feo jabalí el pantano</p>
<p>donde el camastro enfanga,</p>
<p>y es para el chato culebrón la grieta</p>
<p>de ambiente frío y tenebrosa entrada&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Y vi una tarde el amoroso idilio</p>
<p>sobre la cima de la azul montaña:</p>
<p>un sol que se ponía,</p>
<p>una limpia caseta que humeaba,</p>
<p>una cuna de helechos a la puerta</p>
<p>y una mujer que ante la cuna canta&#8230;</p>
<p>Y el hombre en un peñasco</p>
<p>tañendo dulce gaita</p>
<p>que va trayendo hacia el dorado aprisco</p>
<p>los chivos y las cabras&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ganadero</strong></h3>
<p>Tiene un viejo caballote,</p>
<p>de gigantesca armadura,</p>
<p>buen correr, mala andadura,</p>
<p>largo pienso y alto trote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiene dos perros de presa</p>
<p>de ancha boca bien dentada,</p>
<p>por si una res empicada</p>
<p>se desmanda en la dehesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiene dos galgos zancudos</p>
<p>de ojos vivos como chispas,</p>
<p>flacas cinturas de avispas</p>
<p>y curvos dorsos huesudos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dos destructores crueles</p>
<p>de las liebres y los panes,</p>
<p>pues corren como huracanes</p>
<p>y comen&#8230; como lebreles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiene&#8230; nada a lo moderno:</p>
<p>perdiz en ancho jaulón,</p>
<p>escopeta de pistón</p>
<p>y polvorines de cuerno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tiene tan larga capa,</p>
<p>tan ancha capa de paño,</p>
<p>que al caballote castaño</p>
<p>nalgas y cuello le tapa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pensador de negocios,</p>
<p>ladino en compras y ventas,</p>
<p>serio y honrado en sus cuentas,</p>
<p>grave y zumbón en sus ocios,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>vividor como una oruga,</p>
<p>su vida de siempre es esta:</p>
<p>con las gallinas se acuesta,</p>
<p>con las alondras madruga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Clavado en la dura silla</p>
<p>de su viejo caballote,</p>
<p>se va a Extremadura al trote</p>
<p>y al trote toma a Castilla;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y toma allá montaneras,</p>
<p>y arrienda aquí espigaderos,</p>
<p>y busca allá invernaderos,</p>
<p>y goza aquí primaveras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y viene y va con ganado,</p>
<p>y vende, y vuelve a arrendar,</p>
<p>y paga y vuelve a criar&#8230;</p>
<p>y siempre está atareado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre tantos trajinares,</p>
<p>aun puede al año unos días</p>
<p>lucirse en las romerías</p>
<p>de los rayanos lugares;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>porque el intrépido charro</p>
<p>juega tan bien a la calva,</p>
<p>que no hay en tierra de Alba</p>
<p>quien no respete su marro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni hay labrador ni vaquero</p>
<p>que de tan brava manera</p>
<p>coja una manta torera</p>
<p>y eche a rodar un utrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie como él ha lucido</p>
<p>yeguas en las «cuatropeas»,</p>
<p>y mantas en las capeas,</p>
<p>y marros en el ejido,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>rumbos, en las romerías,</p>
<p>maña en los retajaderos,</p>
<p>fuerzas en los herraderos,</p>
<p>y enas tientas, valentías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pocas habrá tan certeras</p>
<p>cual sus sagaces miradas</p>
<p>para arrendar otoñadas</p>
<p>y calcular montaneras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pesar un novillo «a ojo»,</p>
<p>vender oportunamente,</p>
<p>saber observar prudente,</p>
<p>saber mirar de reojo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡ay, que todo declina!</p>
<p>Ya no baila, ni capea,</p>
<p>ya no lucha ni pulsea,</p>
<p>ya va viejo, ya se arruina&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya con su grave figura</p>
<p>y su aspecto, antes bizarro,</p>
<p>sombras de aquel cuerpo charro</p>
<p>que fue broncínea escultura&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y no hay que hacerse ilusiones,</p>
<p>porque al charro más valiente,</p>
<p>se le arruga la frente&#8230;</p>
<p>se le arrugan los calzones!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Montaña</strong></h3>
<p>¡Hablemos, atalaya gigantea!</p>
<p>Desde tu inmensa altura,</p>
<p>¿me verás muy pequeño en esta hondura</p>
<p>del valle estrecho en que mi choza humea?</p>
<p>¿Verdad que para ti somos iguales</p>
<p>el hombre de la choza</p>
<p>que, sentado en sus míseros umbrales,</p>
<p>la gran visión de tus grandezas goza,</p>
<p>y el último volátil insectillo</p>
<p>que se posa en el último ramillo</p>
<p>del árbol más enteco,</p>
<p>del menos admirado bosquecillo,</p>
<p>de tu más olvidado recoveco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es tanta tu grandeza!&#8230;,</p>
<p>tan soberbia tu historia, tan altiva</p>
<p>levantas y tan alta la cabeza,</p>
<p>que solo pequeñez, solo pobreza</p>
<p>verás en lo de abajo desde arriba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te engendró trepidando el terremoto,</p>
<p>¡reina de las montañas!,</p>
<p>y por la boca del abismo ignoto</p>
<p>la tierra te parió de sus entrañas,</p>
<p>rugiendo de dolor su seno roto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viniste a la vida,</p>
<p>no tremiendo con trémulos vagidos,</p>
<p>sino cantando la jamás oída</p>
<p>formidable canción de tus rugidos.</p>
<p>Y transpiraste en tu alentar inmenso</p>
<p>soberbias espirales</p>
<p>que cegaron el éter de humo denso.</p>
<p>Y tu loca niñez, brava y ardiente,</p>
<p>envolvióse en pañales</p>
<p>que eran manto de lava incandescente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego imprimieron sobre ti sus huellas</p>
<p>los días creadores</p>
<p>de las fecundas primaveras bellas,</p>
<p>las que en tierra feraz siembras las flores</p>
<p>como Dios en el cielo las estrellas.</p>
<p>Tu ardiente aliento, destructor por fuerte,</p>
<p>fue brisa luego, de frescura henchida,</p>
<p>y aquel tu arrollador fuego de muerte</p>
<p>trocóse en fuego incubador de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una robusta juventud briosa</p>
<p>sembró tus cumbres y cuajó tus faldas</p>
<p>de lluvia lujuriosa,</p>
<p>de boscaje espumante de guirnaldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enamorada del soberbio nido</p>
<p>vino a incubar sobre tu haz la vida,</p>
<p>vino a habitarte el concertado ruido,</p>
<p>vino a vivir de tu vivir henchido</p>
<p>toda pareja por instinto unida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por tus gargantas hondas</p>
<p>rodó el torrente flagelando peñas,</p>
<p>hinchando espumas y mojando frondas;</p>
<p>erró la fiera entre tus hoscas breñas,</p>
<p>el cabrero salvaje</p>
<p>incrustó su majada en las risueñas</p>
<p>orillas agrias del corriente aguaje,</p>
<p>y alegraron sus cuestas los apriscos,</p>
<p>y hubo nidos de pluma entre el ramaje,</p>
<p>y cuevas de reptiles en los riscos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tus noches ardientes</p>
<p>te arrullaron graznidos estridentes</p>
<p>de búhos en el árbol apostados,</p>
<p>y bramidos dolientes</p>
<p>de ciervos encelados;</p>
<p>y te bañastes en el mar de oro</p>
<p>de las auroras puras,</p>
<p>oyendo el himno del vivir sonoro</p>
<p>del de las aves incontable coro</p>
<p>que habitaba tus densas espesuras&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantares de cabreros,</p>
<p>zumbar de regatuelos espumosos,</p>
<p>balidos lastimeros</p>
<p>de cabritos nerviosos,</p>
<p>silbos de águila osada</p>
<p>que de éter embriagada</p>
<p>se cierne sobre ti cerca del cielo,</p>
<p>delineando con redondo vuelo</p>
<p>el nimbo de tu cresta coronada</p>
<p>de riscos y de nieve inmaculada&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo vivió cantando como pudo</p>
<p>tu vida fuerte, formidable y ruda,</p>
<p>de cuerpo virgen ante el sol desnudo,</p>
<p>y tú, serena y muda,</p>
<p>como quien todo lo abarcó y lo encierra,</p>
<p>por el éter sutil ibas rodando</p>
<p>en tus lomos gigantes soportando</p>
<p>la mitad de la vida de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El bello sol naciente</p>
<p>siempre el beso primero</p>
<p>puso amoroso en tu soberbia frente;</p>
<p>siempre su adiós postrero</p>
<p>te quiso dedicar el sol poniente&#8230;</p>
<p>¡Con qué gigante majestad rendida!</p>
<p>os amáis los gigantes de la vida!</p>
<p>¡Qué pequeño verás desde tu altura</p>
<p>al hombre de la choza</p>
<p>que tus regias grandezas canta y goza</p>
<p>hundido en las honduras de esta hondura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eres grande, ¡oh montaña!,</p>
<p>y rica con espléndida riqueza;</p>
<p>tienes oro en la entraña</p>
<p>y corona de plata en la cabeza&#8230;</p>
<p>¡Pero yo soy más grande! ¡Yo más fuerte!</p>
<p>¡Yo más rico que tú!&#8230; ¡Yo he de vencerte!</p>
<p>No en la entraña metales brilladores,</p>
<p>ni en la frente coronas temporales:</p>
<p>¡tengo en el corazón fragua de amores!</p>
<p>¡Tengo en la frente fragua de ideales!</p>
<p>¿Y qué volcán tuviste tan ardiente</p>
<p>como el humano corazón que ama?</p>
<p>¿Ni qué encendida llama</p>
<p>radiará luz tan pura y esplendente</p>
<p>como esta que mi espíritu derrama?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú envejeces! La nieve de tu cumbre</p>
<p>que ya ha apagado tu prístina lumbre</p>
<p>me dice que declinas,</p>
<p>que ya helada caminas</p>
<p>de tu vivir hacia el helado invierno&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú tienes que morir! ¡Yo soy eterno!</p>
<p>Mas ¿para qué conmigo compararte,</p>
<p>soberbio monstruo inerte,</p>
<p>si del cogüelmo de mi vida, el Arte</p>
<p>te está dando una parte</p>
<p>porque no te confundan con la muerte?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, en fin, mole dormida,</p>
<p>aunque sintieras como yo la vida,</p>
<p>me envidiaras, sin duda,</p>
<p>¡porque yo sé cantar y tú eres muda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Repúblicas</strong></h3>
<p>I</p>
<p>He admirado el hormiguero</p>
<p>cuando henchían su granero</p>
<p>las innúmeras hormigas.</p>
<p>He observado su tarea</p>
<p>bajo el fuego que caldea</p>
<p>la estación de las espigas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esquivando cien alturas,</p>
<p>y salvando cien honduras,</p>
<p>las conduce hasta las eras</p>
<p>un sendero largo y hondo</p>
<p>que labraron desde el fondo</p>
<p>de las lóbregas paneras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en hileras numerosas,</p>
<p>paralelas, tortuosas,</p>
<p>van y vienen las hormigas&#8230;</p>
<p>La vereda es dura y larga,</p>
<p>pesadísima la carga</p>
<p>y asfixiantes las fatigas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas la activa muchedumbre,</p>
<p>sobre el hálito de lumbre</p>
<p>que la tierra reverbera,</p>
<p>senda arriba y senda abajo,</p>
<p>se embriaga en el trabajo</p>
<p>que le colma la panera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son comunes los quehaceres,</p>
<p>son iguales los deberes,</p>
<p>los derechos son iguales,</p>
<p>armoniosa la energía,</p>
<p>generosa la porfía,</p>
<p>los amores, fraternales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si rendida alguna obrera</p>
<p>por avara no subiera</p>
<p>con la carga la alta loma,</p>
<p>la hermanita más cercana,</p>
<p>con amor de buena hermana,</p>
<p>la mitad del peso toma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie huelga ni vocea,</p>
<p>nadie injuria ni guerrea,</p>
<p>nadie manda ni obedece,</p>
<p>nadie asalta el gran tesoro,</p>
<p>nadie encienta el grano de oro</p>
<p>que al tesoro pertenece&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He observado el hervidero</p>
<p>del innúmero hormiguero</p>
<p>en sus horas de fatigas&#8230;</p>
<p>Si en los ocios invernales</p>
<p>sus costumbres son iguales,</p>
<p>¡son muy sabías las hormigas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>He observado la colmena</p>
<p>al mediar una serena</p>
<p>tarde plácida de mayo.</p>
<p>La volante, la sonora</p>
<p>muchedumbre zumbadora</p>
<p>laboraba sin desmayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué magnífica opulencia</p>
<p>la de aquella florescencia</p>
<p>de los campos amarillos!&#8230;</p>
<p>Madreselvas y rosales,</p>
<p>agavanzos y zarzales,</p>
<p>mejoranas y tomillos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo vivo, todo hermoso,</p>
<p>todo ardiente y oloroso,</p>
<p>todo abierto y fecundado:</p>
<p>los perales del plantío,</p>
<p>los cantuesos del baldío,</p>
<p>las campánulas del prado&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en corolas hechiceras,</p>
<p>y en pletóricas anteras,</p>
<p>y en estilos diminutos,</p>
<p>y en finísimos estambres,</p>
<p>van buscando los enjambres</p>
<p>las esencias de los frutos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los finos aguijones</p>
<p>en robadas libaciones</p>
<p>van llevando a los talleres</p>
<p>lo mejor de la riqueza</p>
<p>que vertió Naturaleza</p>
<p>por los términos de Ceres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Zumba el himno rumoroso</p>
<p>del trabajo fructuoso</p>
<p>con monótona dulzura:</p>
<p>las obreras impacientes</p>
<p>salen y entran diligentes</p>
<p>por la estrecha puerta obscura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las que dentro descargaron</p>
<p>las esencias que libaron,</p>
<p>palpitantes aparecen,</p>
<p>vuelo toman oscilante</p>
<p>y en la atmósfera radiante</p>
<p>volteando desaparecen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las que tornan presurosas</p>
<p>con sus cargas deliciosas</p>
<p>de ambrosías y colores,</p>
<p>no parecen volanderas</p>
<p>juiciosísimas obreras,</p>
<p>sino aladas lindas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se estorban ni detienen</p>
<p>las que ricas de oro vienen,</p>
<p>las que en busca van del oro&#8230;</p>
<p>Unas liban y acarrean,</p>
<p>otras labran y moldean,</p>
<p>¡todas hinchen el tesoro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hacinados en los cienos;</p>
<p>expulsados de los senos</p>
<p>del alcázar del trabajo,</p>
<p>los cadáveres viscosos</p>
<p>de los zánganos ociosos</p>
<p>se corrompen allá abajo&#8230;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Cosas buenas he aprendido</p>
<p>contemplando embebecido</p>
<p>resbalar por la hondonada</p>
<p>la sonora algarabía</p>
<p>de la alegre pastoría</p>
<p>que despunta la otoñada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué bien suenan sobre fondo</p>
<p>de quietudes, dulce y hondo,</p>
<p>el latir de roncos perros,</p>
<p>el vibrar de los silbidos,</p>
<p>el clamor de los balidos</p>
<p>y el runrún de los cencerros!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cayendo sobre el coro</p>
<p>como lágrimas de oro</p>
<p>de la vida natural,</p>
<p>¡qué amorosas complacencias</p>
<p>desparraman las cadencias</p>
<p>de la gaita del zagal!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blandamente resbalando</p>
<p>las ovejas van pasando;</p>
<p>paz y hierba van paciendo;</p>
<p>los bocados que una deja</p>
<p>son bocados de otra oveja</p>
<p>que a la hermana va siguiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los corderos baladores</p>
<p>van en grupos triscadores</p>
<p>asaltando los repechos,</p>
<p>coronando los cerrillos,</p>
<p>despuntando los tomillos</p>
<p>y brincando los helechos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el que topa con la ubre</p>
<p>o a lo lejos la descubre,</p>
<p>bala y corre hacia la oveja,</p>
<p>se arrodilla tembloroso,</p>
<p>llena el cuajo, trisca airoso</p>
<p>y esponjándose se aleja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la honrada pastoría</p>
<p>cada amante madre cría</p>
<p>su corderuelo querido&#8230;</p>
<p>¡No hay cordero destetado</p>
<p>porque lo haya abandonado</p>
<p>la madre que lo ha parido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venerable pastor viejo</p>
<p>con zamarra de pellejo</p>
<p>de los muertos recentales,</p>
<p>siempre atento vigilando</p>
<p>el rebaño va guiando</p>
<p>por los buenos pastizales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como abuelo que a su niño</p>
<p>lleva en brazos con cariño,</p>
<p>rebosante de placer,</p>
<p>el silvestre viejo austero</p>
<p>lleva al trémulo cordero</p>
<p>que ha acabado de nacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los zagales silbadores,</p>
<p>los ingenuos tañedores</p>
<p>de la gaita cadenciosa,</p>
<p>viendo van las avanzadas</p>
<p>y alegrando con tonadas</p>
<p>la piara rumorosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y librándola de robos</p>
<p>de raposas y de lobos,</p>
<p>van retándolos a muerte</p>
<p>dos mastines corpulentos,</p>
<p>con ojos sanguinolentos,</p>
<p>paso grave y pecho fuerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pastor es cuidadoso,</p>
<p>el otoño es amoroso,</p>
<p>son alegres los rapaces,</p>
<p>las ovejas obedientes,</p>
<p>los mastines muy valientes</p>
<p>y los campos muy feraces&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Han gozado mis pupilas</p>
<p>la visión de las tranquilas</p>
<p>ovejitas resbalando&#8230;</p>
<p>Paz y hierba van paciendo,</p>
<p>dulce vida van viviendo,</p>
<p>grata huella van dejando&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta vida que vivimos</p>
<p>los que reyes nos decimos</p>
<p>de este mundo engañador,</p>
<p>no es la vida sabia y sana&#8230;</p>
<p>¡Ay! ¡La república humana</p>
<p>me parece la peor!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Pastores De Mi Abuelo</strong></h3>
<p>I</p>
<p>He dormido en la majada sobre un lecho de lentiscos</p>
<p>embriagado por el vaho de los húmedos apriscos</p>
<p>y arrullado por murmullos de mansísimo rumiar.</p>
<p>He comido pan sabroso con entrañas de carnero</p>
<p>que guisaron los pastores en blanquísimo caldero</p>
<p>suspendido de las llares sobre el fuego del hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al arrullo soñoliento de monótonos hervores,</p>
<p>he charlado largamente con los rústicos pastores</p>
<p>y he buscado en sus sentires algo bello que decir&#8230;</p>
<p>¡Ya se han ido, ya se han ido! ¡Ya no encuentro en la comarca</p>
<p>los pastores de mi abuelo, que era un viejo patriarca</p>
<p>con pastores y vaqueros que rimaban el vivir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se acabaron para siempre los selváticos juglares</p>
<p>que alegraban las majadas con historias y cantares</p>
<p>y romances peregrinos de muchísimo sabor.</p>
<p>Para siempre se acabaron los ingenuos narradores</p>
<p>de las trágicas leyendas de fantásticos amores</p>
<p>y contiendas fabulosas de los hombres del honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya se han ido, ya se han ido! Los que habitan sus majadas,</p>
<p>ya no riman, ya no cantan villancicos y tonadas</p>
<p>y fantásticas leyendas que encantaban mi niñez.</p>
<p>Han perdido los vigores y las vírgenes frescuras</p>
<p>de los cuerpos y las almas que bebieron aguas puras</p>
<p>de veneros naturales de exquisita limpidez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya no riman, ya no cantan! Ya no piden al viajero</p>
<p>que les cuente la leyenda del gentil aventurero,</p>
<p>la princesa encarcelada y el enano encantador.</p>
<p>Ya no piden aquel cuento de la azada y el tesoro,</p>
<p>ni la historia fabulosa de la guerra con el moro,</p>
<p>ni el romance tierno y bello de la Virgen y el pastor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡He dormido en la majada! Blasfemaban los pastores</p>
<p>maldiciendo la fortuna de los amos y señores</p>
<p>que habitaban los palacios de la mágica ciudad;</p>
<p>y gruñían rencorosos como perros amarrados</p>
<p>venteando los placeres y blandiendo los cayados</p>
<p>que heredaron de otros hombres como cetros de la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Yo quisiera que tomaran a mis chozas y casetas</p>
<p>las estirpes patriarcales de selváticos poetas,</p>
<p>tañedores montesinos de la gaita y el rabel,</p>
<p>que mis campos empapaban en la intensa melodía</p>
<p>de una música primera que en los senos se fundía</p>
<p>de silencios transparentes, más sabrosos que la miel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una música tan virgen como el aura de mis montes,</p>
<p>tan serena como el cielo de sus amplios horizontes,</p>
<p>tan ingenua como el alma del artista montaraz,</p>
<p>tan sonora como el viento de las tardes abrileñas,</p>
<p>tan süave como el paso de las aguas ribereñas,</p>
<p>tan tranquila como el curso de las horas de la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una música fundida con balidos de corderos,</p>
<p>con arrullos de palomas y mugidos de terneros,</p>
<p>con chasquidos de la onda del vaquero silbador,</p>
<p>con rodar de regatillos entre peñas y zarzales,</p>
<p>con zumbidos de cencerros y cantares de zagales,</p>
<p>¡de precoces zagalillos que barruntan ya el amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una música que dice cómo suenan en los chozos</p>
<p>las sentencias de los viejos y las risas de los mozos,</p>
<p>y el silencio de las noches en la inmensa soledad,</p>
<p>y el hervir de los calderos en las lumbres pavorosas,</p>
<p>y el llover de los abismos en las noches tenebrosas,</p>
<p>y el ladrar de los mastines en la densa oscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera que la musa de la gente campesina</p>
<p>no durmiese en las entrañas de la vieja hueca encina</p>
<p>donde, herida por los tiempos, hosca y brava se encerró.</p>
<p>Yo quisiera que las puntas de sus alas vigorosas</p>
<p>nuevamente restallaran en las frentes tenebrosas</p>
<p>de esta raza cuya sangre la codicia envenenó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera que encubriesen las zamarras de pellejo</p>
<p>pechos fuertes con ingenuos corazones de oro viejo</p>
<p>penetrados de la calma de la vida montaraz.</p>
<p>Yo quisiera que en el culto de los montes abrevados,</p>
<p>sacerdotes de los montes, ostentaran sus cayados</p>
<p>como símbolos de un culto, como cetros de la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera que vagase por los rústicos asilos,</p>
<p>no la casta fabulosa de fantásticos Batilos</p>
<p>que jamás en las majadas de mis montes habitó,</p>
<p>sino aquella casta de hombres vigorosos y severos,</p>
<p>más leales que mastines, más sencillos que corderos,</p>
<p>más esquivos que lobatos, ¡más poetas, ¡ay!, que yo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Más poetas! Los que miran silenciosos hacia Oriente</p>
<p>y saludan a la aurora con la estrofa balbuciente</p>
<p>que derraman, sin saberlo, de la gaita pastoril,</p>
<p>son los hijos naturales de la musa campesina</p>
<p>que les dicta mansamente la tonada matutina</p>
<p>con que sienten las auroras del sereno mes de abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Más poetas, más poetas! Los artistas inconscientes</p>
<p>que se sientan por las tardes en las peñas eminentes</p>
<p>y modulan sin quererlo, melancólico cantar,</p>
<p>son las almas empapadas en la rica poesía</p>
<p>melancólica y süave que destila la agonía</p>
<p>dolorida y perezosa de la luz crepuscular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Más poetas, más poetas! Los que riman sus sentires</p>
<p>cuando dentro de las almas cristalizan en decires</p>
<p>que en los senos de los campos se derraman sin querer,</p>
<p>son los hijos elegidos que desnudos amamanta</p>
<p>la pujanza brava musa que al oído solo canta</p>
<p>las sinceras efusiones del dolor y del placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Más poetas! Los que viven la feliz monotonía</p>
<p>sin frenéticos espasmos de placer y de alegría</p>
<p>de los cuales las enfermas pobres almas van en pos,</p>
<p>han saltado, sin saberlo, sobre todas las alturas</p>
<p>y serenos van cantando por las plácidas llanuras</p>
<p>de la vida humilde y fuerte que cantando va hacia Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que reviva, que rebulla por mis chozos y casetas</p>
<p>la castiza vieja raza de selváticos poetas</p>
<p>que la vida buena vieron y rimaron el vivir!</p>
<p>¡Que repueblen las campiñas de la clásica comarca</p>
<p>los pastores y vaqueros de mi abuelo el patriarca</p>
<p>que con ellos tuvo un día la fortuna de morir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Vaquerillo</strong></h3>
<p>He dormido esta noche en el monte</p>
<p>con el niño que cuida mis vacas.</p>
<p>En el valle tendió para ambos,</p>
<p>el rapaz su raquítica manta</p>
<p>¡y se quiso quitar —¡pobrecillo!—</p>
<p>su blusilla y hacerme almohada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una noche solemne de junio,</p>
<p>una noche de junio muy clara&#8230;</p>
<p>Los valles dormían,</p>
<p>los búhos cantaban,</p>
<p>sonaba un cencerro;</p>
<p>rumiaban las vacas&#8230;,</p>
<p>y una luna de luz amorosa,</p>
<p>presidiendo la atmósfera diáfana,</p>
<p>inundaba los cielos tranquilos</p>
<p>de dulzuras sedantes y cálidas.</p>
<p>¡Qué noches, qué noches!</p>
<p>¡Qué horas, qué auras!</p>
<p>¡Para hacerse de acero los cuerpos!</p>
<p>¡Para hacerse de oro las almas!</p>
<p>Pero el niño, ¡qué solo vivía!</p>
<p>¡Me daba una lástima</p>
<p>recordar que en los campos desiertos</p>
<p>tan solo pasaba</p>
<p>las noches de junio</p>
<p>rutilantes, medrosas, calladas,</p>
<p>y las húmedas noches de octubre,</p>
<p>cuando el aire menea las ramas,</p>
<p>y las noches del turbio febrero,</p>
<p>tan negras, tan bravas,</p>
<p>con lobos y cárabos,</p>
<p>con vientos y aguas!&#8230;</p>
<p>¡Recordar que dormido pudieran</p>
<p>pisarlo las vacas,</p>
<p>morderle en los labios</p>
<p>horrendas tarántulas,</p>
<p>matarlo los lobos,</p>
<p>comerlo las águilas!&#8230;</p>
<p>¡Vaquerito mío!</p>
<p>¡Cuán amargo era el pan que te daba!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo tenía un hijito pequeño</p>
<p>—¡hijo de mi alma,</p>
<p>que jamás te dejé si tu madre</p>
<p>sobre ti no tendía sus alas!—</p>
<p>y si un hombre duro</p>
<p>le vendiera las cosas tan caras&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¡qué van a hablar mis amores,</p>
<p>si el niñito que cuida mis vacas</p>
<p>también tiene padres</p>
<p>con tiernas entrañas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He pasado con él esta noche,</p>
<p>y en las horas de más honda calma</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me habló la conciencia</p>
<p>muy duras palabras&#8230;</p>
<p>y le dije que sí, que era horrible&#8230;,</p>
<p>que llorándolo el alma ya estaba.</p>
<p>El niño dormía</p>
<p>cara al cielo con plácida calma;</p>
<p>la luz de la luna</p>
<p>puro beso de madre le daba,</p>
<p>y el beso del padre</p>
<p>se lo puso mi boca en su cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y le dije con voz de cariño</p>
<p>cuando vi clarear la mañana:</p>
<p>—¡Despierta, mi mozo,</p>
<p>que ya viene el alba</p>
<p>y hay que hacer una lumbre muy grande</p>
<p>y un almuerzo muy rico!&#8230; ¡Levanta!</p>
<p>Tú te quedas luego</p>
<p>guardando las vacas,</p>
<p>y a la noche te vas y las dejas&#8230;</p>
<p>¡San Antonio bendito las guarda!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a tu madre a la noche le dices</p>
<p>que vaya a mi casa,</p>
<p>porque ya eres grande</p>
<p>y te quiero aumentar la soldada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Idilio</strong></h3>
<p>La pulida paverilla</p>
<p>—¡un capullo de amapola!—</p>
<p>huelga con el paverillo</p>
<p>en la linde de la hoja.</p>
<p>La pavada anda buscando</p>
<p>hormiguitas y langosAtas</p>
<p>en los cercanos baldíos,</p>
<p>que no tienen otra cosa.</p>
<p>Sentada está la pavera</p>
<p>del lindón sobre la alfombra,</p>
<p>y el pavero de rodillas,</p>
<p>como adoran los que adoran.</p>
<p>Ella ha juntado en el halda,</p>
<p>donde los tallos les corta,</p>
<p>un montón de bien cerrados</p>
<p>capullitos de amapola.</p>
<p>Sin romperlo, en sus dedillos</p>
<p>uno coge cuidadosa</p>
<p>y se lo muestra al muchacho</p>
<p>preguntando: «¿Fraile o monja?»</p>
<p>Y esperando se le queda</p>
<p>¡más picaresca y más mona!&#8230;</p>
<p>El capullo será fraile</p>
<p>si tiene rojas las hojas,</p>
<p>pero si las tiene blancas,</p>
<p>el capullo será monja.</p>
<p>Y estático el paverillo,</p>
<p>con ojazos interrogan,</p>
<p>contempla el misterio, y duda,</p>
<p>y se agita, y se emociona,</p>
<p>y mira luego a la niña</p>
<p>que lo apremia, que lo azora,</p>
<p>y lleno del hondo pánico</p>
<p>que presiente la derrota,</p>
<p>se lanza a dar la respuesta</p>
<p>como el que a morir se arroja.</p>
<p>Y apenas ha dicho: «¡Fraile!»</p>
<p>con la voz un poco ronca,</p>
<p>rompe la niña el capullo</p>
<p>y exclama entre risas: «¡Monja!»</p>
<p>Y apenas ha dicho el niño:</p>
<p>«¡Monja!», con voz temblorosa,</p>
<p>«¡Fraile!», le grita riéndose</p>
<p>la paverilla burlona&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Está más torpe el muchacho!</p>
<p>¡La niña tanto lo azora!&#8230;</p>
<p>¡Y luego, es tan misterioso</p>
<p>un capullo de amapola!&#8230;</p>
<p>¡Como que yo no diría</p>
<p>jamás ni fraile ni monja!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Invitación</strong></h3>
<p>Señores de la ciudad:</p>
<p>si ella admite en su grandeza</p>
<p>vientos de sinceridad,</p>
<p>ruidos de Naturaleza</p>
<p>y aromas de soledad;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si en vuestros breves vagares</p>
<p>merecen entreteneros</p>
<p>las coplas y los cantares</p>
<p>de oscuros, pero sinceros,</p>
<p>rimadores populares,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cerrad los ojos expertos</p>
<p>al artificio ingenioso</p>
<p>y oíd sus rudos conciertos</p>
<p>con los sentidos abiertos</p>
<p>del percibir vigoroso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cabe la misma espesura</p>
<p>donde ha soltado Natura</p>
<p>su coro de ruiseñores,</p>
<p>puso una legión oscura</p>
<p>de más sencillos cantores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no es artista el sentido</p>
<p>que, por sencillos y tantos,</p>
<p>desprécialos, distraído:</p>
<p>¡algo dirán esos cantos</p>
<p>al alma si no al oído!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo tendrá todo ardiente</p>
<p>pecho que así se derrama;</p>
<p>que en el concierto viviente</p>
<p>todo lo que canta siente;</p>
<p>todo lo que siente, ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es el amor cosa tal</p>
<p>que todo amor es hermoso,</p>
<p>vibre en un alma inmortal</p>
<p>o en el pechuelo fogoso</p>
<p>del ave del matorral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es el cantar una cosa</p>
<p>tan hija de este sentir,</p>
<p>que para el alma amorosa</p>
<p>toda canción es hermosa</p>
<p>si quiere amores decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señores de la ciudad:</p>
<p>los del cerebro cansado,</p>
<p>que aun corre tras la verdad;</p>
<p>los del ingenio aguzado</p>
<p>que inventa la novedad&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si frívolos y ligeros,</p>
<p>cual sus artificios ruines,</p>
<p>no os parecen ya sinceros</p>
<p>esos de vuestros jardines</p>
<p>ruiseñores prisioneros,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡venid al campo a escuchar</p>
<p>a otros sencillos cantores</p>
<p>que os pueden acaso dar</p>
<p>algo más que los primores</p>
<p>de un ingenioso cantar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Subid, siquiera, a la altura</p>
<p>de esas torres elevadas,</p>
<p>a ver si la brisa pura</p>
<p>lleva del campo tonadas</p>
<p>de las que enseña Natura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y aunque el ingenio las mida</p>
<p>y arguya que no son bellas,</p>
<p>probad su savia escondida,</p>
<p>sentid con ellas la vida</p>
<p>y haced el arte con ellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señores de la ciudad:</p>
<p>si henchir queréis de verdad</p>
<p>el mundo de la belleza,</p>
<p>dejadle a Naturaleza</p>
<p>su centro de majestad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Cenéfica</strong></h3>
<p>Yo no sé explicalo,</p>
<p>porque a mi se me enrea la lengua</p>
<p>con esas palabras que train los papelis</p>
<p>dendi las ciudaes dondi los imprentan;</p>
<p>pero he comprendío</p>
<p>que la reina le ha dao a Plasencia</p>
<p>una cosa asina</p>
<p>como una «Cenéfica»,</p>
<p>que es aspecia de un premio mu fino,</p>
<p>porque jué mu güena</p>
<p>cuando los soldaus</p>
<p>vinon de la guerra.</p>
<p>Yo no pueo explical lo que es eso</p>
<p>que ha dau la reina;</p>
<p>pero no habrá ciudá en toa España</p>
<p>que más lo merezca.</p>
<p>Que lo igan, si no, Juan Berruga,</p>
<p>Goriu el de tía Petra,</p>
<p>Gelipi el Coneju</p>
<p>y el mediano de tía Macarena.</p>
<p>Cuando los yanquisis</p>
<p>mos robaron las tierras aquellas,</p>
<p>p&#8217;allá estuvon estos</p>
<p>pasando las penas.</p>
<p>N&#8217;más que de oílos contar sus trabajos</p>
<p>se queaba aginao cualisquiera.</p>
<p>¡Me caso en la luna</p>
<p>qué jielis tan negras,</p>
<p>qué ajogos tan grandis,</p>
<p>qué vía tan perra</p>
<p>se pasaron los cuatro enfelicis</p>
<p>que tan güenos eran!</p>
<p>Aquí se quearon</p>
<p>toas sus querencias,</p>
<p>aginás las madres y cuasi perdía</p>
<p>la miaja e jacienda,</p>
<p>que no da ni siquiá pa los pagos</p>
<p>cuantis que se afloja de bregal en ella.</p>
<p>Aquí, sin sabersi</p>
<p>si muertos ya eran</p>
<p>pa rezali siquiá un Padrinuestro</p>
<p>u jechali un responso en la iglesia;</p>
<p>y ellos, mentris tanto,</p>
<p>pasando miserias,</p>
<p>sufri que te sufri,</p>
<p>pena que te pena,</p>
<p>rabia que te rabia,</p>
<p>brega que te brega&#8230;</p>
<p>Cuasi esnúos y muertos de jambri,</p>
<p>con el jato a cuestas,</p>
<p>¡vengan días sin miaja e descanso</p>
<p>y nochis de vela,</p>
<p>con el alma afligía de ansionis,</p>
<p>con el cuerpo jechito una breva</p>
<p>y la vía prendía de un jilo,</p>
<p>abocaos ca instante a perderla!</p>
<p>¡Asín se quearon</p>
<p>como sanguijuelas!</p>
<p>Paecía mentira</p>
<p>que ellos mesmos jueran</p>
<p>los que andaban p&#8217;aquí más alegris</p>
<p>que unas pascualejas,</p>
<p>sanos, respingonis,</p>
<p>coloraos y llenos de juerza.</p>
<p>Daba gustu velos</p>
<p>cargal las janegas,</p>
<p>estronchal de tres golpis un leño</p>
<p>con la segureja,</p>
<p>amarral los novillos a uña,</p>
<p>tiral a la barra los días de fiesta.</p>
<p>Y vinon transíos</p>
<p>con el propio colol de la cera,</p>
<p>sin ganas de groma,</p>
<p>sin chispa de juerza</p>
<p>y dañaos de adentro los cuatro,</p>
<p>que al mirarlos doblaba las penas.</p>
<p>No traían ni un probi remúo,</p>
<p>ni siquiá una perra</p>
<p>pa mercal boticas</p>
<p>u jacel una miaja merienda.</p>
<p>¡Juy, cómo llegaron</p>
<p>los cuatro a Plasencia!</p>
<p>¡Cascan todos si no ven tan pronto</p>
<p>la quería ciudad de su tierra!</p>
<p>Unos señoronis</p>
<p>que viven en ella</p>
<p>los estaban al tren esperando.</p>
<p>¡Qué genti más güena!</p>
<p>¡Juy, Dios mío si tos los señoris</p>
<p>juesin en el mundo como aquellos eran!</p>
<p>¡Juy, Dios mío, si toas las ciudades</p>
<p>se golviesen igual que Plasencia!</p>
<p>A tos los jeríos</p>
<p>los curaban con cosas bien güenas,</p>
<p>y tenían tamién camas finas</p>
<p>p&#8217;acostal los maletos en ellas.</p>
<p>Llamaban un méico</p>
<p>pa que allí los viera,</p>
<p>y le daban caldos</p>
<p>de güenas pucheras,</p>
<p>y le icían tamién muchas cosas</p>
<p>pa quitali una miaja la pena.</p>
<p>Y a los sanos tamién los trataban</p>
<p>con delicaezas,</p>
<p>y les daban tabaco y licoris</p>
<p>de esos güenos que tanto calientan.</p>
<p>Bien lo puee Plasencia decilo,</p>
<p>que si no es por ella,</p>
<p>más de cuatro sin vel a su madri</p>
<p>cascan de cansera.</p>
<p>¡Qué bien jecho está eso que dicin</p>
<p>que jaici la reina</p>
<p>de dali esa cosa</p>
<p>que llaman «Cenéfica»,</p>
<p>porque no habrá ciudá en toa España</p>
<p>que más lo mereza!</p>
<p>¡Juy, si tos los siñoris del mundo</p>
<p>como aquellos jueran!</p>
<p>¡Juy, si juesin tamién las ciudades</p>
<p>igual que Plasencia!</p>
<p>¡Vivan los soldaos!</p>
<p>¡viva nuestra tierra!</p>
<p>¡Vivan los señoris!</p>
<p>¡Viva la «Cenéfica»!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Ciega</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Los ojazos más llenos de amores</p>
<p>eran los de Rosa,</p>
<p>que irradiaban envuelta en fulgores</p>
<p>honda sed de vivir querenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé de las dos cuál sería</p>
<p>pena más doliente:</p>
<p>porque Rosa quedó ciega un día</p>
<p>la dejó de querer su Vicente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No fue objeto el galán que olvidaba</p>
<p>de extraños enojos,</p>
<p>porque el mundo entendió que adoraba</p>
<p>la negrura y la luz de unos ojos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y los soles que él viera tan francos</p>
<p>al amor abiertos</p>
<p>se quedaron inertes y blancos</p>
<p>como siempre se quedan los muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al rincón de lo inútil de casa</p>
<p>sentose la ciega</p>
<p>a esperar una muerte que pasa</p>
<p>si el dolor con la vida le ruega;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que en dejar se complace sangrando</p>
<p>y a medias su obra,</p>
<p>el consuelo mejor alejando</p>
<p>del rincón donde está lo que sobra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, en lugar de la muerte, entró un día</p>
<p>una voz humana</p>
<p>que en la calle de Rosa decía:</p>
<p>«Pues Vicente se casa con Juana».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la ciega sintió más intensa</p>
<p>la triste negrura,</p>
<p>porque no hay nube negra más densa</p>
<p>que una nube de horrible amargura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>—¡Hermanito! ¡Clemente! ¡Clemente!</p>
<p>—¿qué quieres hermana?</p>
<p>—Yo te juro que adoro a Vicente</p>
<p>y que no quiero mal a la Juana&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que me creas!&#8230;</p>
<p>—Que sí te lo creo;</p>
<p>Mas&#8230; deja esas cosas&#8230;</p>
<p>—Yo te juro que no es mi deseo</p>
<p>recrearme en venganzas odiosas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que me creas, Clemente!</p>
<p>—Sí, hija;</p>
<p>¡si sé que eres buena!</p>
<p>Pero no quiero yo que te aflija</p>
<p>semejante recuerdo de pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—No es venganza; mas óyeme, hijo:</p>
<p>—¿Qué quieres, hermana?</p>
<p>—Ven más cerca, más cerca&#8230;</p>
<p>—Y le dijo—:</p>
<p>¡Que le saques los ojos a Juana!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Sublimes</strong></h3>
<p>¿La conoces, musa mía?</p>
<p>Es modelo soberano</p>
<p>bosquejado por la mano</p>
<p>de la gran sabiduría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es el más dulce buen ver</p>
<p>de tus visiones risueñas;</p>
<p>es la mujer que tú sueñas</p>
<p>cuando sueñas la mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La discreta, la prudente,</p>
<p>la letrada, la piadosa,</p>
<p>la noble, la generosa,</p>
<p>la sencilla, la indulgente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la süave, la severa,</p>
<p>la fuerte, la bienhechora,</p>
<p>la sabia, la previsora,</p>
<p>la grande, la justiciera&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la que crea y fortalece,</p>
<p>la que ordena y pacifica,</p>
<p>la que ablanda y dulcifica&#8230;,</p>
<p>¡la que todo lo engrandece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que es esclava y señora,</p>
<p>la que gobierna y vigila,</p>
<p>la que labra y la que hila,</p>
<p>la que vela y la que ora&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hela, hela, musa ruda!</p>
<p>¿No lo cantas?</p>
<p>—No la canto.</p>
<p>—¿Por qué, si la admiras tanto?</p>
<p>—Porque si admiro soy muda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Y cuál es la maravilla</p>
<p>que así admiras muda y queda?</p>
<p>¡O es Teresa de Cepeda</p>
<p>o es Isabel de Castilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Embajadora</strong></h3>
<p>Pablos: Aquí te lo traigu,</p>
<p>aunque sepa que me avientas</p>
<p>y me das ondi lo oiga</p>
<p>paque a tu casa no güelva.</p>
<p>Mal jarás si asín lo jacis,</p>
<p>que no te ofendo aunque venga</p>
<p>sin mandálmelo a traelti</p>
<p>lo que a ti te pertenezca.</p>
<p>Y pa sabel que esto es tuyo</p>
<p>no es menestel dil a&#8217;scuela,</p>
<p>ni ojus cuasi jacin falta,</p>
<p>se sabi cuasi que a tientas.</p>
<p>Jéchale p&#8217;acá de golpi</p>
<p>una mirá tan siquiera,</p>
<p>que vas a velti pintau</p>
<p>cuantis esti mozu veas.</p>
<p>Mira tú a vel si estos ojos</p>
<p>vivinos como candelas,</p>
<p>mira tú a vel si esta frenti,</p>
<p>y esti pelo, y estas cejas,</p>
<p>y este corti de semblanti,</p>
<p>y esta carina morena</p>
<p>no dicin que son de Pablos</p>
<p>cuantis de golpi se vean.</p>
<p>«¡Si esto es tu mesma presona</p>
<p>jecha una miaja pequeña!</p>
<p>Pué que no jaga una hora</p>
<p>que nació; quiciás ni media;</p>
<p>y yo ije: a jatealo</p>
<p>pa que su padri lo vea,</p>
<p>y asín los cargos se jaga,</p>
<p>porque es hombri de vergüenza</p>
<p>y no ha de querer quëala</p>
<p>asín a la probi aquella,</p>
<p>ni ejal perdío a esti mozu</p>
<p>masao con su sangri mesma.</p>
<p>Dici la genti galrona</p>
<p>que no te casas con ella</p>
<p>porque te has esconfiao</p>
<p>na más de vel a su puerta</p>
<p>dos o tres vecis de nochi</p>
<p>a Gapitu el de tía Petra.</p>
<p>¡Quitá p&#8217;allá! ¡Pa él estaba</p>
<p>prepará la moza esa,</p>
<p>que el querel que te ha tenío</p>
<p>la ha jechu estal como ciega!</p>
<p>Eso lo jizu Gapitu</p>
<p>pa que la genti creyera</p>
<p>que andaba metío en el ajo</p>
<p>y perdiese el crédito ella,</p>
<p>y tú plantá la ejaras</p>
<p>pa vengalsi el sinvelgüenza</p>
<p>de que hogaño quiso hablala</p>
<p>y cuasi no pudo vela.</p>
<p>Escupi, Pablos, escupi</p>
<p>la repunanza que tengas,</p>
<p>que como algo hubiese habío</p>
<p>ya Gapitu el de tía Petra</p>
<p>mos tendría a todos jartos</p>
<p>de alabancias y fachendas.</p>
<p>Y si entavía te arreparas,</p>
<p>mira la carina esta</p>
<p>que no es más que una pintura</p>
<p>propiamente a ti espurecha&#8230;</p>
<p>¡Y a vel si hay genti que dudi</p>
<p>si se paece esta prenda</p>
<p>a Pablos el de tío Quico</p>
<p>u a Gapitu el de tía Petra!</p>
<p>¡Ahí lo tienis! Dali un beso</p>
<p>a la sangre de tus venas</p>
<p>y me icis qué le igo</p>
<p>a la pobri madri aquella,</p>
<p>que a naide quieri en el mundo</p>
<p>n&#8217;más que a ti y a esta prenda.</p>
<p>¿Qué me dicis?</p>
<p>—Que le iga&#8230;</p>
<p>lo que usté decile quiera&#8230;</p>
<p>¡Qué güeno&#8230; que iré p&#8217;alanti&#8230;,</p>
<p>más por ésti que por ella!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Espigadora</strong></h3>
<p>¿Vas a espigar, Isabel?</p>
<p>¡Cuánto siento, criatura,</p>
<p>que bese el sol esa piel</p>
<p>que tiene jugo y frescura</p>
<p>de pétalos de clavel!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sé que espigar necesitas,</p>
<p>porque, aunque al sol te marchitas,</p>
<p>no es bueno que huelgue y duerma</p>
<p>quien tiene cuatro hermanitas</p>
<p>y tiene a su madre enferma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas díganme humanos ojos</p>
<p>si te hizo Naturaleza</p>
<p>para que en estos rastrojos,</p>
<p>hieran tus pies los abrojos</p>
<p>y abrase el sol tu cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre pintados cristales</p>
<p>de alcázares ideales</p>
<p>hay cien reinas poderosas&#8230;</p>
<p>¡Para la más bellas cosas</p>
<p>no tiene el mundo fanales!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel: no puedo amar;</p>
<p>no puedo abrirte la puerta</p>
<p>de mi pecho y de mi hogar,</p>
<p>porque a otra Isabel, ya muerta,</p>
<p>se los juré consagrar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y eres tan bella, Isabel,</p>
<p>que tengo duda cruel</p>
<p>de si serás sombra bella</p>
<p>de aquella eclipsada estrella</p>
<p>que viene a ver si soy fiel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo digo por tus miradas,</p>
<p>que parecen oleadas</p>
<p>del piélago de la gloria</p>
<p>y no pobres llamaradas</p>
<p>de bella mortal escoria;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>lo digo porque me suena</p>
<p>tu voz a salmo cristiano:</p>
<p>lo digo porque eres buena,</p>
<p>porque eres casta y serena</p>
<p>como noche de verano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Isabel: no puedo amar!</p>
<p>Dios sabe que si pudiera</p>
<p>partir contigo mi hogar</p>
<p>ahora mismo te dijera:</p>
<p>—No vayas, niña, a espigar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que cerca de ese desierto</p>
<p>tengo una casa y un huerto</p>
<p>que entolda un viejo parral</p>
<p>donde estarás a cubierto</p>
<p>del beso de mi rival,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y si espigar necesitas&#8230;,</p>
<p>¡descanse mi reina y duerma!,</p>
<p>que está en mis trojes benditas</p>
<p>el pan de tus hermanitas</p>
<p>y el pan de tu madre enferma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ni estas puras y sanas</p>
<p>consolaciones cristianas</p>
<p>puedo pedir al amor&#8230;,</p>
<p>¡dijeran lenguas villanas</p>
<p>que andaba en ello tu honor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vete a espigar, moza mía,</p>
<p>que si el mundo fuese honrado,</p>
<p>como tu honor merecía,</p>
<p>contigo a espigar iría</p>
<p>quien sabe lo que es sagrado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>contigo se fuera, hermosa,</p>
<p>por el desierto ardoroso,</p>
<p>quien tiene por cierta cosa</p>
<p>que nadie mancha una rosa</p>
<p>si no es un reptil baboso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el rincón de ese ardiente</p>
<p>desierto que el sol calcina</p>
<p>tengo yo un prado riente</p>
<p>con una pomposa encina</p>
<p>y una purísima fuente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y bajo el palio frondoso</p>
<p>que apaga el fuego del cielo,</p>
<p>yo te dejara gozoso</p>
<p>oyendo el decir copioso</p>
<p>del agua del regatuelo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y yo, afrontando fatigas</p>
<p>bajo ese cielo que arde,</p>
<p>diera envidia a las hormigas</p>
<p>para llevarte a la tarde</p>
<p>rubias manadas de espigas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No puedo, sol de mis ojos!</p>
<p>Tendrás que ir sola, Isabel,</p>
<p>para que en esos rastrojos</p>
<p>hieran tus pies los abrojos</p>
<p>y el sol mancille tu piel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tendré que verte a la vuelta,</p>
<p>cuando a tu pobre hogar vayas,</p>
<p>la trenza del jubón suelta,</p>
<p>rotas las pulidas sayas,</p>
<p>la cabellera revuelta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con polvo y sudor pegado</p>
<p>sobre las sienes el pelo</p>
<p>y hundido el seno abultado,</p>
<p>y el alto dorso encorvado,</p>
<p>y el casto mirar al suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y fuerza será que vea</p>
<p>cómo el sol de los rastrojos</p>
<p>tu piel de rosa broncea</p>
<p>y cómo escalda y orea</p>
<p>tus húmedos labios rojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas vete sola, Isabel,</p>
<p>que, aunque me cause dolor</p>
<p>que el sol mancille tu piel,</p>
<p>es más injusto y crüel</p>
<p>que el mundo empañe tu honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mejor que un decir artero</p>
<p>mil veces llorar prefiero</p>
<p>bellezas que el sol se lleve&#8230;</p>
<p>¡Virgen de bronce te quiero</p>
<p>mejor que Venus de nieve!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Fuente Vaquera (Balada)</strong></h3>
<p>Lejos, bastante lejos,</p>
<p>del pueblo mío,</p>
<p>encerrado en un monte</p>
<p>triste y sombrío,</p>
<p>hay un valle tan lindo</p>
<p>que no hay quien halle</p>
<p>un valle tan ameno</p>
<p>como aquel valle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre sus arboledas,</p>
<p>por la espesura</p>
<p>solitaria y tranquila,</p>
<p>corre y murmura</p>
<p>una fuente tranquilina</p>
<p>y bullanguera,</p>
<p>a que dieron por nombre</p>
<p>Fuente Vaquera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Está tan escondida</p>
<p>bajo el follaje,</p>
<p>guarda tanto sus aguas</p>
<p>entre el ramaje,</p>
<p>que cuando por el valle</p>
<p>va murmurando</p>
<p>toda clase de hierbas</p>
<p>va salpicando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unas veces sonríe</p>
<p>dulce y sonora,</p>
<p>y otras veces parece</p>
<p>que gime y llora,</p>
<p>y siempre de sus aguas</p>
<p>el dulce juego</p>
<p>arrullando, produce</p>
<p>grato sosiego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí pasan las horas</p>
<p>en dulce calma,</p>
<p>allí meditar puede</p>
<p>tranquila el alma,</p>
<p>y todo son consuelos</p>
<p>para el que llora</p>
<p>al pie de aquella fuente</p>
<p>fresca y sonora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo es allí sosiego,</p>
<p>calma, tristeza!</p>
<p>Las auras, que suspiran</p>
<p>en la maleza&#8230;</p>
<p>Los pájaros, que cantan</p>
<p>en la espesura&#8230;</p>
<p>El agua, que en el valle</p>
<p>corre y murmura&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los arrullos del viento,</p>
<p>gratos y mansos&#8230;</p>
<p>Los juncos que vegetan,</p>
<p>en los remansos&#8230;</p>
<p>Los claros resplandores</p>
<p>del sol naciente,</p>
<p>que asoma entre vapores</p>
<p>por el Oriente&#8230;</p>
<p>Las tórtolas que arrullan</p>
<p>con armonía,</p>
<p>convidando a una dulce</p>
<p>melancolía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo, en fin, allí aleja</p>
<p>presentimientos,</p>
<p>trayendo a la memoria</p>
<p>mil pensamientos,</p>
<p>y adormeciendo el alma</p>
<p>con impresiones</p>
<p>que convidan a dulces</p>
<p>meditaciones!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal es Fuente Vaquera,</p>
<p>la hermosa fuente</p>
<p>que murmura en el valle</p>
<p>tan sonriente,</p>
<p>que en su margen tranquila</p>
<p>cantan amores</p>
<p>tórtolas, colorines</p>
<p>y ruiseñores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una hermosa mañana</p>
<p>de junio ardiente</p>
<p>salió el sol como nunca</p>
<p>de refulgente,</p>
<p>y pájaros y flores</p>
<p>con alegría</p>
<p>la bienvenida daban</p>
<p>al nuevo día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elevábase el astro</p>
<p>con gran sosiego,</p>
<p>esparciendo sus rayos</p>
<p>de luz de fuego</p>
<p>sobre el fresco rocío</p>
<p>de la mañana,</p>
<p>que formaba en los valles</p>
<p>mantos de grana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sacuden las ovejas</p>
<p>sus cencerrillos,</p>
<p>y en el prado retozan</p>
<p>los corderillos,</p>
<p>que del rústico valle</p>
<p>sobre la hierba</p>
<p>forman jugueteando</p>
<p>linda caterva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al cielo sube el humo</p>
<p>de los hogares,</p>
<p>los gallos ya despiertan</p>
<p>con sus cantares,</p>
<p>y sacude la hermosa</p>
<p>Naturaleza</p>
<p>el tranquilo letargo</p>
<p>de su pereza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejé el mullido lecho</p>
<p>con alegría,</p>
<p>cuando apenas rayaba</p>
<p>la luz del día;</p>
<p>carguéme diligente</p>
<p>con la escopeta,</p>
<p>y como siempre ha sido</p>
<p>medio poeta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>al nacer del gran Febo</p>
<p>la luz primera,</p>
<p>ya estaba yo en la hermosa</p>
<p>Fuente Vaquera&#8230;</p>
<p>Fuente en cuyas orillas</p>
<p>cantan amores</p>
<p>tórtolas, colorines</p>
<p>y ruiseñores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ocultéme en la margen</p>
<p>con el follaje,</p>
<p>y viendo las delicias</p>
<p>de aquel paisaje,</p>
<p>esperé silencioso</p>
<p>bajo la fronda,</p>
<p>viendo correr las aguas</p>
<p>onda tras onda&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguió el sol elevándose</p>
<p>resplandeciente,</p>
<p>y era ya tan molesta</p>
<p>su luz ardiente,</p>
<p>que, a medida que el astro</p>
<p>más se elevaba,</p>
<p>todo se iba durmiendo,</p>
<p>todo callaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se inclinan en su tallo</p>
<p>todas las flores,</p>
<p>rendidas por los rayos</p>
<p>abrasadores,</p>
<p>y las aves se esconden</p>
<p>en las encinas</p>
<p>que a la tranquila fuente</p>
<p>crecen vecinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo se escucha a veces,</p>
<p>del fresco viento,</p>
<p>las ráfagas que lanza,</p>
<p>sonoro y lento&#8230;</p>
<p>El agua, que su curso</p>
<p>nunca suspende&#8230;</p>
<p>El rumor de una hoja&#8230;</p>
<p>que se desprende&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pïar apagado</p>
<p>de alguna alondra,</p>
<p>que entre las verdes matas</p>
<p>busca una sombra&#8230;,</p>
<p>y los ecos lejanos</p>
<p>de los zumbidos</p>
<p>de insectos, que en los aires</p>
<p>vagan perdidos&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos de la apacible</p>
<p>Fuente Vaquera,</p>
<p>que corre por el valle</p>
<p>tan placentera,</p>
<p>existe un solitario</p>
<p>y oscuro monte,</p>
<p>que encierra los confines</p>
<p>del horizonte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al compás de las auras,</p>
<p>lenta se inclina</p>
<p>altiva, corpulenta</p>
<p>y añosa encina,</p>
<p>y entre sus verdes ramas</p>
<p>aprisionado</p>
<p>tiene una tortolilla</p>
<p>su nido amado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En él está arrullando,</p>
<p>dulce y sonora,</p>
<p>a los amantes hijos</p>
<p>a quien adora,</p>
<p>gozando en su coloquio</p>
<p>de las delicias</p>
<p>que sus hijos le endulzan</p>
<p>con sus caricias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El calor la atormenta,</p>
<p>la sed la abrasa,</p>
<p>y dejando con pena</p>
<p>su pobre casa,</p>
<p>les dio con un arrullo</p>
<p>la despedida</p>
<p>a los hijos queridos</p>
<p>que eran su vida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>batió sus puras alas</p>
<p>tendió su vuelo</p>
<p>cruzó por los espacios</p>
<p>del ancho cielo,</p>
<p>y pensando en sus hijos,</p>
<p>se fue ligera</p>
<p>a beber a la clara</p>
<p>Fuente Vaquera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡Dónde irá esa madre</p>
<p>tierna y sencilla!&#8230;</p>
<p>¡Dónde irá tan ligera</p>
<p>la tortolilla,</p>
<p>mirando a todas partes,</p>
<p>amedrentada,</p>
<p>al verse sola y lejos</p>
<p>de su morada!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué deja sus hijos</p>
<p>abandonados,</p>
<p>y ella, cruzando espacios</p>
<p>tan dilatados,</p>
<p>va surcando los aires</p>
<p>rápidamente</p>
<p>a beber en las aguas</p>
<p>de aquella fuente?&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre madre, si, ansiosa,</p>
<p>vuelve a su nido</p>
<p>y sus amantes hijos</p>
<p>ya se han perdido!&#8230;</p>
<p>¡Pobres hijos, si, a causa</p>
<p>de abandonarlos,</p>
<p>no volviera su madre</p>
<p>nunca a arrullarlos!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el verde follaje</p>
<p>casi cubierto,</p>
<p>yo, casi más que un vivo,</p>
<p>parezco un muerto,</p>
<p>y mudo y silencioso</p>
<p>presto mi oído</p>
<p>al eco que produce</p>
<p>cualquiera ruido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al columpiar las hojas</p>
<p>el viento blando,</p>
<p>pájaros me parecen</p>
<p>que van volando,</p>
<p>y con mi diestra mano</p>
<p>nerviosa, inquieta,</p>
<p>alzo la curva llave</p>
<p>de la escopeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre la verde copa</p>
<p>de vieja encina,</p>
<p>que cubre aquella fuente</p>
<p>tan cristalina,</p>
<p>una tórtola hermosa</p>
<p>paró su vuelo,</p>
<p>mirando la corriente</p>
<p>del arroyuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lanza su blando pecho</p>
<p>tiernos arrullos,</p>
<p>que no imita la fuente</p>
<p>con sus murmullos,</p>
<p>y a los lados humilde</p>
<p>mira asustada,</p>
<p>débil, inquieta, esquiva</p>
<p>y amedrentada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tendió después su vuelo</p>
<p>pausadamente,</p>
<p>y al llegar a la orilla</p>
<p>de la corriente,</p>
<p>sobre la verde alfombra</p>
<p>lenta se posa,</p>
<p>débil y acobardada,</p>
<p>triste y medrosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dirige luego el paso</p>
<p>tímidamente</p>
<p>hasta tocar la margen</p>
<p>de la corriente,</p>
<p>donde, el agua fingiendo</p>
<p>cuadros de plata,</p>
<p>le recoge su imagen</p>
<p>y la retrata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, silencioso, en tanto</p>
<p>que la espiaba,</p>
<p>mi artística escopeta</p>
<p>ya preparaba,</p>
<p>y ocasión esperando,</p>
<p>cual diestro espía,</p>
<p>afiné cuanto quise</p>
<p>la puntería.</p>
<p>Disparé&#8230; ¡Sonó el tiro</p>
<p>ronco, tremendo!&#8230;</p>
<p>El arroyuelo manso</p>
<p>siguió corriendo.</p>
<p>El viento entre las hojas</p>
<p>siguió sonando</p>
<p>con un eco apacible,</p>
<p>sonoro y blando&#8230;</p>
<p>¡Y vi la tortolilla,</p>
<p>que ya sufría</p>
<p>las tristes convulsiones</p>
<p>de la agonía!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cogí tan apreciado</p>
<p>tierno despojo;</p>
<p>su hermoso pecho estaba</p>
<p>de sangre rojo,</p>
<p>rojas las aguas puras</p>
<p>del arroyuelo,</p>
<p>que corrían llorando</p>
<p>con triste duelo,</p>
<p>y mis ardientes manos</p>
<p>también manchadas</p>
<p>de sangre, enrojecidas</p>
<p>y salpicadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ellas oprimía</p>
<p>su pecho blando:</p>
<p>sus latidos se iban</p>
<p>amortiguando,</p>
<p>y cerraba sus ojos</p>
<p>pausadamente,</p>
<p>su cabeza inclinando</p>
<p>lánguidamente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo vi en sus turbios ojos</p>
<p>el sentimiento</p>
<p>y las fieras angustias</p>
<p>de su tormento,</p>
<p>porque del nido lejos</p>
<p>agonizaba</p>
<p>y a sus pobres hijuelos</p>
<p>solos dejaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conocí en sus miradas</p>
<p>bien claramente</p>
<p>esa inquieta agonía</p>
<p>del inocente,</p>
<p>que sufre los rigores</p>
<p>de su destino</p>
<p>muriendo por las manos</p>
<p>de un asesino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella pobre madre</p>
<p>casi expirante</p>
<p>era la madre tierna,</p>
<p>la madre amante,</p>
<p>que a sus hijos no pudo</p>
<p>darles en vida</p>
<p>una lágrima dulce</p>
<p>de despedida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella tierna madre,</p>
<p>cuando sufría</p>
<p>la convulsión postrera</p>
<p>de la agonía,</p>
<p>me dijo con sus ojos</p>
<p>casi nublados</p>
<p>que dejaba dos hijos</p>
<p>abandonados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo comprendí lo injusto</p>
<p>de aquella muerte;</p>
<p>mas la víctima estaba</p>
<p>fría e inerte&#8230;</p>
<p>y una lágrima amarga</p>
<p>por mi mejilla</p>
<p>rodó, cuando vi muerta</p>
<p>la tortolilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces no quiero</p>
<p>que un inocente</p>
<p>de alguna injusta muerte</p>
<p>se me lamente,</p>
<p>y diga con sus ojos</p>
<p>casi nublados</p>
<p>que deja sus hijuelos</p>
<p>abandonados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en vez de estar cazando</p>
<p>la tarde entera</p>
<p>junto a la cristalina</p>
<p>Fuente Vaquera,</p>
<p>voy a ver cómo en ella</p>
<p>cantan amores</p>
<p>tórtolas, colorines</p>
<p>y ruiseñores,</p>
<p>y cómo de aquel monte</p>
<p>sobre las lomas</p>
<p>arrullan solitarias</p>
<p>blancas palomas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La «Galana»</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¡Pobrecita madre!</p>
<p>¡Se murió solita!</p>
<p>Cuando vino el cabrero a la choza</p>
<p>con la cabra «Galana» parida</p>
<p>y el trémulo chivo</p>
<p>sin lamer ni atetar todavía,</p>
<p>vio a la madre muerta</p>
<p>y a la niña viva.</p>
<p>Sobre un borriquillo,</p>
<p>sobre una angarilla</p>
<p>de las del aprisco,</p>
<p>se llevaron la muerta querida</p>
<p>y él se quedó solo,</p>
<p>solo con la niña&#8230;</p>
<p>La envolvió torpemente en pañales</p>
<p>de dura sedija,</p>
<p>y amoroso la puso a la teta</p>
<p>de la cabra «Galana» parida&#8230;</p>
<p>—¡«Galana», «Galana»!</p>
<p>¡Tate bien quietita!&#8230;</p>
<p>¡Tate asín, que pueda</p>
<p>mamar la mi niña!»</p>
<p>Y la cabra balaba celosa,</p>
<p>por la fiebre materna encendida,</p>
<p>y poquito a poquito, la teta</p>
<p>fue chupando la débil niñita&#8230;</p>
<p>¡Pobre cabritillo!</p>
<p>¡Corta fue tu vida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Solita en el chozo</p>
<p>se queda la niña</p>
<p>mientras lleva el pastor las ovejas</p>
<p>a pacer por aquellas umbrías.</p>
<p>Cerca del chocillo</p>
<p>pace la cabrita,</p>
<p>nerviosa, impaciente,</p>
<p>con susto, con prisa,</p>
<p>y si el viento le hiere el oído</p>
<p>con rumores de llanto de niña,</p>
<p>corre al chozo balando amorosa,</p>
<p>se encarama en la pobre tarima,</p>
<p>se espatarra temblando de amores,</p>
<p>se derringa balando caricias</p>
<p>y le mete a la niña en la boca</p>
<p>la tetaza henchida</p>
<p>que derrama en ella</p>
<p>dulce leche tibia&#8230;</p>
<p>¡Qué lechera y qué amante la cabra!</p>
<p>¡Qué robusta y qué santa la niña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¿Serían los lobos?</p>
<p>¿Algún hombre perverso sería?</p>
<p>Una tarde la cabra «Galana»,</p>
<p>la amante nodriza,</p>
<p>se arrastraba a la puerta del chozo</p>
<p>mortalmente herida.</p>
<p>Allá adentro sonaron sollozos,</p>
<p>sollozos de niña,</p>
<p>y un horrible temblor convulsivo</p>
<p>agitó a la expirante cabrita,</p>
<p>que luchó por alzarse del suelo</p>
<p>con esfuerzo de angustia infinita.</p>
<p>Y en un último intento supremo</p>
<p>de sublime materna energía,</p>
<p>que arrancó dolorosos acentos</p>
<p>de la cencerrilla,</p>
<p>y en un largo balido amoroso&#8230;</p>
<p>¡se le fue la vida!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Ni leche de ovejas</p>
<p>ni dulces papillas,</p>
<p>ni mimos, ni besos&#8230;</p>
<p>¡Se murió la niña!</p>
<p>¡Esta vez quedó el crimen impune!</p>
<p>¡Esta vez no brilló la justicia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vela</strong></h3>
<p>I</p>
<p>La moza murió a la aurora</p>
<p>y el mozo no sabe nada,</p>
<p>que más temprano que el día</p>
<p>se levantó esta mañana,</p>
<p>y alma blanda y cuerpo recio</p>
<p>bregando están en la arada</p>
<p>con una pena muy honda,</p>
<p>con una tierra muy áspera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ratos desmaya el cuerpo</p>
<p>y el alma a ratos desmaya,</p>
<p>y ya cuando al surco caen</p>
<p>aquellas gotas de agua,</p>
<p>no sabe el mozo de fijo</p>
<p>si son sudores o lágrimas,</p>
<p>que si el alma mucho sufre</p>
<p>y el cuerpo mucho se afana,</p>
<p>ruedan en uno fundidos</p>
<p>jugos del cuerpo y del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué tarde aquella tan triste!</p>
<p>¡Las nubes son tan opacas!&#8230;</p>
<p>¡Están los campos tan mudos!&#8230;</p>
<p>¡Están las tierras tan pardas!&#8230;</p>
<p>Y la idea de la vida</p>
<p>¡es tan borrosa y tan vaga!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece que Dios se ha ido</p>
<p>del yermo que antes llenaba</p>
<p>y el alma se siente sola</p>
<p>en el centro de la nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor, que todo lo llenas!</p>
<p>¡Señor, que todo lo abarcas!</p>
<p>¡No dejes solo el terruño</p>
<p>y a tus edenes te vayas,</p>
<p>que en el terruño vivimos</p>
<p>con el pan de la esperanza</p>
<p>aquel gañán que perdiera</p>
<p>sus dichas esta mañana</p>
<p>y este hijo fiel que en el surco</p>
<p>con las alondras te canta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Qué pobremente la entierran!</p>
<p>La llevan en unas andas</p>
<p>cuatro viejos que en el campo</p>
<p>por viejos ya no trabajan,</p>
<p>y solo siete mujeres&#8230;</p>
<p>han podido acompañarla,</p>
<p>que al yugo de sus trabajos</p>
<p>están las gentes atadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La marcha a veces suspenden</p>
<p>porque los viejos se cansan</p>
<p>y en el suelo depositan</p>
<p>la pesadísima carga,</p>
<p>mientras el sudor se enjugan</p>
<p>de sus venerables calvas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegaron al campo santo</p>
<p>cuando aquel gañán llegaba</p>
<p>ya con el último surco</p>
<p>del campo santo a la tapia,</p>
<p>que araba el muchacho en tierras</p>
<p>al cementerio rayanas</p>
<p>porque en vida y en amores</p>
<p>piensa no más el que ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los bueyes humedecieron</p>
<p>la pobre musgosa tapia</p>
<p>con el largo resoplido</p>
<p>de la postrera parada;</p>
<p>y el mozo, extático y mudo,</p>
<p>con ojos llenos de lágrimas,</p>
<p>vio turbiamente las luces,</p>
<p>vio turbiamente las andas,</p>
<p>y oyó el caer de la tierra,</p>
<p>y vio que se arrodillaban</p>
<p>los viejos y las mujeres</p>
<p>murmurando una plegaria&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó el mozo de rodillas,</p>
<p>una mano en la aguijada,</p>
<p>otra mano en la mancera,</p>
<p>un dogal en la garganta,</p>
<p>y en el corazón un nudo,</p>
<p>y un mar de hiel en el alma,</p>
<p>—¡Ni una velita siquiera</p>
<p>que tengo para alumbrarla!</p>
<p>Así, con honda ironía,</p>
<p>dijo el gañán sin palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hubiese alzado a los cielos</p>
<p>la triste turbia mirada,</p>
<p>viera mansamente ardiendo</p>
<p>con trémula luz opaca</p>
<p>el aguijón que guarnece</p>
<p>la enhiesta, recta, aguijada&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Tregua</strong></h3>
<p>Ya pasaron, ya pasaron</p>
<p>las plúmbeas modorras esas</p>
<p>del sol de julio, que inflama;</p>
<p>del sol de agosto, que tuesta;</p>
<p>de aquel, que la espiga dora,</p>
<p>y de éste, que la platea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, labrador, ya tienes,</p>
<p>ya tienes aquí la tregua.</p>
<p>Siéntate un rato y descansa</p>
<p>de tu casita a la puerta,</p>
<p>y bebe allí con tu gente</p>
<p>brisas de tarde serena,</p>
<p>que el amor quita pesares</p>
<p>y el aire sudor orea,</p>
<p>y no es tu cuerpo de mármol,</p>
<p>ni es la tuya alma de fiera,</p>
<p>que treguas aquel demanda</p>
<p>y ésta te pide querencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya tienen nubes los cielos</p>
<p>y ya las tardes son frescas,</p>
<p>y está al rastrojo el ganado,</p>
<p>y están barridas las eras,</p>
<p>y están en casa los viejos,</p>
<p>y están los mozos de fiesta,</p>
<p>y Dios está en todas partes&#8230;</p>
<p>y el trigo está en la panera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal te conocen los hombres</p>
<p>que, porque tienes en ella</p>
<p>puestos el alma y los ojos</p>
<p>de avaro y ruin te motejan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pensaran con más cordura</p>
<p>si lo que guarda supieran</p>
<p>ese recinto modesto,</p>
<p>donde el sentido ventea</p>
<p>auras de pobreza y orden</p>
<p>con efluvios de limpieza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignoran que ahí tienes armas</p>
<p>para matar la miseria,</p>
<p>tienes tu honor de hombre honrado</p>
<p>fiel pagador de tus deudas,</p>
<p>puntal de la pobre patria,</p>
<p>sostén de holguras ajenas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignoran o no meditan</p>
<p>que en ese rincón encierras</p>
<p>todo el sudor de tu frente,</p>
<p>todo el fruto de una brega</p>
<p>que acaba con el estío</p>
<p>y en el otoño comienza,</p>
<p>que deja el alma aplastada</p>
<p>y el cuerpo rendido deja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignoran que ahí tienes cosas</p>
<p>que valen tu dicha entera:</p>
<p>¡el pan de los hijos débiles</p>
<p>y el pan de la esposa buena!</p>
<p>Que aunque de modo tan rudo</p>
<p>decírtelo yo no deba,</p>
<p>porque parece pecado,</p>
<p>pecado de alma grosera,</p>
<p>te lo diré rudamente,</p>
<p>como la vida lo reza:</p>
<p>¡Si quieres tener amores,</p>
<p>tienes que tener panera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No extraño que tengas puestos</p>
<p>los ojos y el alma en ella,</p>
<p>ni que la mires avaro,</p>
<p>ni que su puerta defiendas,</p>
<p>que en ello te va la dicha</p>
<p>y en ello la vida juegas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Arriba otra vez, arriba!</p>
<p>Muy breve ha sido la tregua,</p>
<p>pero es larga del trabajo</p>
<p>la abrumadora cadena,</p>
<p>y nadie romperla debe,</p>
<p>que a Dios le toca romperla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Arriba!, que ya te llaman</p>
<p>las campesinas faenas,</p>
<p>que ya la lluvia de otoño</p>
<p>bañó la tierra sedienta,</p>
<p>que hay brumas por las mañanas</p>
<p>en los picos de las sierras,</p>
<p>que ya los amaneceres</p>
<p>lloran rociadas frescas;</p>
<p>que ya se inicia en los campos</p>
<p>el apuntar de la hierba,</p>
<p>y el sonreír de las aguas</p>
<p>y el son de las alamedas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Arriba!, que el sol es tibio;</p>
<p>las nubes, blancas guedejas;</p>
<p>intensas las humedades</p>
<p>y sana la brisa cierza&#8230;,</p>
<p>y a gloria sabe el ambiente,</p>
<p>y a música el campo suena,</p>
<p>y huelen las tierras húmedas</p>
<p>a tierra de sementera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mueve tu gente con prisa,</p>
<p>vuelve otra vez a la brega,</p>
<p>requiere aperos y yuntas,</p>
<p>abre la limpia panera</p>
<p>y suenen en los corrales,</p>
<p>y suenen de nuevo en ella,</p>
<p>ruidos de palas y harneros</p>
<p>que las simientes asean,</p>
<p>tonadillas entre dientes,</p>
<p>pláticas sobre la siembra,</p>
<p>silboteos sonorosos,</p>
<p>golpes de mazos y azuelas,</p>
<p>que aprietan, tajan y embuten</p>
<p>cinchos, cuñas y orejeras&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y devorando el almuerzo,</p>
<p>y unidas ya las parejas,</p>
<p>el jarro de agua agotado,</p>
<p>sobre un hombro la chaqueta,</p>
<p>en la izquierda la aguijada</p>
<p>y un mendrugo en la derecha,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>comiendo tras de la yunta</p>
<p>que arado y simiente lleva,</p>
<p>¡vete a verterla en el seno</p>
<p>de aquellas húmedas tierras</p>
<p>que otoño bañó con lluvias</p>
<p>y tú con sudores riegas!</p>
<p>Muy larga la brega ha sido,</p>
<p>muy corta ha sido la tregua,</p>
<p>pero sujetos estamos</p>
<p>del trabajo a la cadena,</p>
<p>y nadie romperla debe,</p>
<p>que a Dios le toca romperla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Canciones De La Noche</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Una noche rumorosa y palpitante</p>
<p>de húmedas aromáticas cargada;</p>
<p>una noche más hermosa que aquel día</p>
<p>que nació con un crepúsculo de nácar,</p>
<p>y medió con un incendio del espacio</p>
<p>y expiró con un ocaso de oro y grana&#8230;</p>
<p>Una tibia clara noche melodiosa,</p>
<p>impregnada de dulzuras elegíacas</p>
<p>que caían mansamente de los cielos</p>
<p>en los rayos de la dulce luna blanca,</p>
<p>por el seno de los montes</p>
<p>triste y solo yo vagaba</p>
<p>con el alma más vacía</p>
<p>que el abismo de la nada.</p>
<p>Y los coros rumorosos de la noche</p>
<p>con su música de oro me cantaban</p>
<p>la canción de la tristeza</p>
<p>de la almas solitarias.</p>
<p>Yo era un hongo de los valles de la vida,</p>
<p>yo el cadáver de mi raza</p>
<p>yo una sombra que pasaba por el mundo</p>
<p>sin dejarle ni la huella de mis plantas,</p>
<p>ni los trozos de mi carne redivivos,</p>
<p>ni la imagen de mi alma en otras almas,</p>
<p>ni los nidos de mis goces,</p>
<p>ni los charcos de mis lágrimas&#8230;</p>
<p>Yo era sombra, yo era muerte,</p>
<p>yo era estéril movimiento sin sustancia&#8230;</p>
<p>y por eso los rumores musicales</p>
<p>de la noche misteriosa me cantaban</p>
<p>la canción de la tristeza,</p>
<p>ruin idioma de las almas solitarias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Otra noche, tan hermosa como aquella,</p>
<p>de armonía y de aromas empapada;</p>
<p>otra pura, casta noche, rutilante,</p>
<p>presidida por solemne luna diáfana</p>
<p>que inundaba los espacios infinitos</p>
<p>con el polvo de su mansa luz fantástica,</p>
<p>triste y solo, como siempre,</p>
<p>por el seno de los montes yo vagaba,</p>
<p>y la puerta de la choza de un cabrero</p>
<p>se empaparon mis pupilas fatigadas</p>
<p>en la mística visión de un niño hermoso</p>
<p>que dormido y solo estaba</p>
<p>sobre una cama de hierbas</p>
<p>que tiñó agosto de plata.</p>
<p>¡Oh, qué hermoso, qué sereno, qué divino!</p>
<p>Era el ángel, era el alma</p>
<p>de la choza miserable</p>
<p>de la choza solitaria.</p>
<p>¡No era mío, no era mío!,</p>
<p>era el beso de las almas que se enlazan.</p>
<p>¡Era el premio merecido</p>
<p>por los seres que se aman!</p>
<p>¡Cuánto diera por tocarle aquella frente</p>
<p>y besarle la carita sonrosada!</p>
<p>¡Qué tranquilo! Los rumores de los montes</p>
<p>con magnífica armonía le arrullaban,</p>
<p>y las brisas de la noche misteriosa</p>
<p>le tocaban con la punta de las alas,</p>
<p>y los rayos amorosos de la luna</p>
<p>le caían como besos en la cara.</p>
<p>Yo me puse de rodillas</p>
<p>ante el ángel de la choza solitaria</p>
<p>cual sediento caminante</p>
<p>que se inclina sobre el agua,</p>
<p>y al amado, como hambriento ladronzuelo</p>
<p>que a unos pobres la limosna les robara,</p>
<p>puse el beso más sublime de mi vida</p>
<p>sobre aquella frente blanca.</p>
<p>¡No era mío, no era mío!,</p>
<p>pero el beso me quemaba en las entrañas,</p>
<p>y la noche se me puso más hermosa,</p>
<p>con el ritmo de la vida</p>
<p>la canción de la esperanza.</p>
<p>¡Yo sentía, yo vivía,</p>
<p>yo quería, yo esperaba!</p>
<p>Si tuviera el cuerpo herido,</p>
<p>si tuviera muerta el alma,</p>
<p>no sintiera ni los besos de la vida</p>
<p>ni el placer de derramarla&#8230;</p>
<p>¡Dios que creas! ¡Dame dichas como aquellas</p>
<p>de la choza solitaria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los coros musicales de la noche</p>
<p>no callaban, no callaban, no callaban&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Y otra noche, de seguro tan hermosa</p>
<p>como aquellas ideales noches blancas,</p>
<p>arrulladas por el ritmo de los mundos</p>
<p>y pobladas de los sueños de las almas,</p>
<p>a la puerta de la choza miserable</p>
<p>del cabrero cuya dicha yo envidiaba,</p>
<p>se quedaron medio ciegas</p>
<p>mis pupilas espantadas;</p>
<p>muerto estaba el pobre ángel</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de la choza solitaria,</p>
<p>y su madre estaba loca,</p>
<p>y su padre mudo estaba,</p>
<p>y los rayos elegíacos de la luna</p>
<p>le caían amorosos en la cara,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>su carita transparente,</p>
<p>que era blanca, que era blanca</p>
<p>como el ala de los cisnes del estanque</p>
<p>como el campo de la nieve inmaculada,</p>
<p>como el seno de las vírgenes,</p>
<p>como el mármol de las tumbas y las aras.</p>
<p>Yo me puse de rodillas ante al ángel,</p>
<p>e inclinando la cabeza atormentada,</p>
<p>como víctima medrosa y dolorida</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que presenta el cuello al hacha,</p>
<p>puse el beso más amargo de mi boca</p>
<p>sobre aquella frente blanca</p>
<p>dura y fría como el mármol</p>
<p>de las rígidas estatuas funerarias.</p>
<p>Yo sentí de repente</p>
<p>se me helaron las entrañas.</p>
<p>Era el frío del terror a lo futuro</p>
<p>quien me dio la puñalada;</p>
<p>era el miedo a los dolores infinitos</p>
<p>que los padres de aquel ángel destrozaban&#8230;</p>
<p>Y gemí como un cobarde,</p>
<p>y gocé como un perverso sin entrañas</p>
<p>con la muerte repentina</p>
<p>de mi última esperanza,</p>
<p>que dejaba conjurados los peligros</p>
<p>que mi instinto de cobarde presagiaba.</p>
<p>¡Fuga estéril! ¡Tú iniciaste</p>
<p>el principio del reguero de mis lágrimas!</p>
<p>Todo el pecho de aquel ancho cielo plúmbeo</p>
<p>gravitó sobre mi alma,</p>
<p>y dejómela el delito como antes,</p>
<p>más vacía que el abismo de la nada.</p>
<p>Y le dije a la armonía de la noche:</p>
<p>«No me cantes la canción de la esperanza:</p>
<p>canta el himno del dolor inapelable,</p>
<p>que es la carga ineludible de mi alma».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Hazañas De «Coral»</strong></h3>
<p><em>(A mi compañero de caza don J. de la F. A.)</em></p>
<p>Con la canana llena</p>
<p>de municiones,</p>
<p>y el morral atestado</p>
<p>de provisiones,</p>
<p>la escopeta brillante</p>
<p>como unas ascuas,</p>
<p>el Coral tan alegre</p>
<p>como unas Pascuas,</p>
<p>la petaca bien llena</p>
<p>de cigarrillos</p>
<p>y las manos metidas</p>
<p>en los bolsillos,</p>
<p>salíme ayer al coto</p>
<p>muy de mañana,</p>
<p>dispuesto a no dejarme</p>
<p>tórtola sana,</p>
<p>ni perdiz, ni conejo</p>
<p>que no matase,</p>
<p>ni codorniz, ni liebre</p>
<p>que lo contase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué mañanita hacía</p>
<p>tan deliciosa!</p>
<p>¡Qué brisa la del monte</p>
<p>tan olorosa!</p>
<p>¡Qué aurora tan radiante!,</p>
<p>¡qué algarabía</p>
<p>de pájaros cantores</p>
<p>la que se oía!</p>
<p>Henchía los pulmones</p>
<p>un airecillo</p>
<p>con aromas de espliegos</p>
<p>y de tomillo;</p>
<p>flotaban las neblinas</p>
<p>en la hondonada,</p>
<p>bramaban los becerros</p>
<p>en la majada,</p>
<p>las alondras corrían</p>
<p>por los caminos,</p>
<p>las urracas chillaban</p>
<p>en los espinos,</p>
<p>silbaban los vaqueros,</p>
<p>cantaba el cuco</p>
<p>y graznaba el imbécil</p>
<p>abejaruco.</p>
<p>Al salir el sol claro</p>
<p>del nuevo día,</p>
<p>todo resucitaba,</p>
<p>todo reía.</p>
<p>Esponjaban sus plumas</p>
<p>las tortolillas,</p>
<p>desplegaban el moño</p>
<p>las abubillas,</p>
<p>saltaban los pardillos</p>
<p>junto a la fuente,</p>
<p>se bañaban los tordos</p>
<p>en la corriente,</p>
<p>dormitaba el milano</p>
<p>sobre el peñasco,</p>
<p>el lagarto bullía</p>
<p>bajo el carrasco,</p>
<p>y metiendo el piquito</p>
<p>bajo las alas,</p>
<p>se espulgaban las firras</p>
<p>y las zorzalas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vaya una mañanita</p>
<p>la tal mañana!</p>
<p>¡Vaya un olor a heno</p>
<p>y a mejorana!</p>
<p>Mi perro retozaba</p>
<p>como un ternero.</p>
<p>¡Es el perro más bruto</p>
<p>del mundo entero!</p>
<p>«Vamos, Coral —le dije—,</p>
<p>basta de bromas</p>
<p>y echemos una mano</p>
<p>por estas lomas.</p>
<p>Si tienes buenos vientos</p>
<p>y me obedeces</p>
<p>yo te he de dar el premio</p>
<p>que te mereces;</p>
<p>pero si eres muy loco,</p>
<p>si eres muy malo,</p>
<p>te daré pocos mimos</p>
<p>y mucho palo.</p>
<p>Cuando caiga una pieza,</p>
<p>vas a buscarla,</p>
<p>y la traes en la boca</p>
<p>sin destrozarla.</p>
<p>No hagas barbaridades</p>
<p>sin ton ni fruto,</p>
<p>mira que tienes pinta</p>
<p>de ser muy bruto,</p>
<p>y si me armas alguna</p>
<p>por ser violento,</p>
<p>te pego una paliza</p>
<p>que te reviento.»</p>
<p>El perro me miraba</p>
<p>como un idiota,</p>
<p>sin menear siquiera</p>
<p>la cabezota;</p>
<p>yo seguí mis sermones,</p>
<p>mas de repente</p>
<p>levantó una pataza</p>
<p>tranquilamente,</p>
<p>y ante mis propias barbas</p>
<p>hizo una cosa</p>
<p>poco limpia y muy poco</p>
<p>respetuosa.</p>
<p>Al empezar la mano,</p>
<p>junto al camino,</p>
<p>vi posada una alondra</p>
<p>sobre un espino;</p>
<p>la tiré; cayó muerta</p>
<p>y a escape el perro</p>
<p>la apresó en sus enormes</p>
<p>dientes de hierro.</p>
<p>¡No le duró en la boca</p>
<p>medio minuto!</p>
<p>¡Yo no he visto en mi vida</p>
<p>perro más bruto!</p>
<p>Se tragó el pajarillo</p>
<p>más fácilmente</p>
<p>que se traga una píldora</p>
<p>Pé de la Fuente.</p>
<p>Y mientras yo, furioso,</p>
<p>le reprendía,</p>
<p>me miraba el imbécil</p>
<p>y se lamía.</p>
<p>«¡Tragaldabas, idiota,</p>
<p>—le dije al punto—:</p>
<p>si la hazaña repites,</p>
<p>te descoyunto!</p>
<p>¡Si vuelves a las mismas</p>
<p>hoy mismo mueres!</p>
<p>¡Tragaldabas, idiota!</p>
<p>¡Qué bruto eres!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el mismo momento</p>
<p>de estar hablando</p>
<p>una tórtola cerca</p>
<p>pasó volando.</p>
<p>La tiré como quise,</p>
<p>rompíla un ala</p>
<p>y cayó redondita</p>
<p>como una bala.</p>
<p>Lanzóse encima el perro</p>
<p>medio aturdido,</p>
<p>le llamé quince veces</p>
<p>a grito herido</p>
<p>y no le dio la gana</p>
<p>de respetarme,</p>
<p>ni de dejar la tórtola,</p>
<p>ni de escucharme.</p>
<p>Cuando yo fui corriendo</p>
<p>donde él estaba,</p>
<p>de la tórtola herida</p>
<p>sólo quedaba</p>
<p>una pluma de un ala,</p>
<p>la cabecita,</p>
<p>y dos o tres dedillos</p>
<p>de una patita.</p>
<p>Y el bárbaro del perro</p>
<p>vuelta a mirarme,</p>
<p>y hasta alzó las manazas</p>
<p>para halagarme.</p>
<p>Quise ahogarle allí mismo,</p>
<p>mas tuve calma</p>
<p>y le dije muy serio:</p>
<p>«Coral del alma,</p>
<p>como eres tan brutazo,</p>
<p>tú habrás creído</p>
<p>que has hecho ya dos gracias;</p>
<p>¡pues no, querido!</p>
<p>Has hecho dos gansadas</p>
<p>de las peores</p>
<p>que pueden hacer perros</p>
<p>de cazadores.</p>
<p>¡U obedeces a ciegas</p>
<p>si yo te miro,</p>
<p>o antes de diez minutos</p>
<p>te pego un tiro!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y seguimos cazando</p>
<p>tranquilamente</p>
<p>por la falda suave</p>
<p>de la pendiente.</p>
<p>De pronto, salen juntas</p>
<p>cuatro perdices,</p>
<p>que a poco no se posan</p>
<p>en mis narices;</p>
<p>apunté a la primera,</p>
<p>llamé la llave</p>
<p>y cayó como un trapo</p>
<p>la pobre ave.</p>
<p>El Coral, más ligero</p>
<p>que una centella,</p>
<p>de cuatro o cinco saltos</p>
<p>se echó sobre ella.</p>
<p>Yo ya no me entretuve</p>
<p>con más llamadas</p>
<p>y llegué donde el perro</p>
<p>de tres zancadas.</p>
<p>¡Yo no he visto en mi vida</p>
<p>perro más bruto!</p>
<p>Si llego a entretenerme</p>
<p>medio minuto,</p>
<p>no tengo ni el consuelo</p>
<p>de ver la huella</p>
<p>del cuerpo de la hermosa</p>
<p>perdiz aquella.</p>
<p>¡Gracias a que el muy bruto</p>
<p>se la quería</p>
<p>tragar de un par de golpes</p>
<p>y no podía!</p>
<p>Lo cogí, lleno de ira,</p>
<p>de una orejaza,</p>
<p>le metí la escopeta</p>
<p>por la bocaza,</p>
<p>y así pude arrancarle</p>
<p>de los dientazos</p>
<p>la perdiz destrozada</p>
<p>casi en pedazos.</p>
<p>Pareciéndome aquello</p>
<p>castigo chico,</p>
<p>le pegué diez cachetes</p>
<p>en el hocico,</p>
<p>le puse a las narices</p>
<p>la perdiz muerta</p>
<p>y le dije indignado:</p>
<p>«¡Boca de espuerta!</p>
<p>El buen perro no come</p>
<p>pieza que cobra.</p>
<p>Di: ¿no tienes en casa</p>
<p>pan que te sobra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traga—buches, infame,</p>
<p>mal educado,</p>
<p>¿sabes que mis sermones</p>
<p>te han reformado?</p>
<p>No te mato ahora mismo</p>
<p>de un estacazo</p>
<p>porque soy menos bruto</p>
<p>que tú, brutazo;</p>
<p>mas como mi consejo</p>
<p>no te aproveche,</p>
<p>yo le diré al tío Pincos</p>
<p>que te escabeche.</p>
<p>Si vivir siempre a gusto</p>
<p>conmigo quieres,</p>
<p>medita, Coralito,</p>
<p>lo bruto que eres,</p>
<p>y si es que tu torpeza</p>
<p>no tiene cura</p>
<p>le encargaré al tío Pincos</p>
<p>la sepultura.</p>
<p>Vámonos hoy a casa.</p>
<p>Yo te perdono</p>
<p>y no quiero guardarte</p>
<p>rencor ni encono.</p>
<p>Solamente hoy te impongo</p>
<p>como castigo,</p>
<p>contarle tus hazañas</p>
<p>a un buen amigo</p>
<p>que también tiene un perro</p>
<p>tocayo tuyo,</p>
<p>solo que tú no llegas</p>
<p>a donde el suyo.</p>
<p>¿Quieres saber la causa?</p>
<p>Pues te la digo:</p>
<p>¡Es&#8230; que tú eres más bruto</p>
<p>que el de mi amigo!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal educado estaba el gran Coral,</p>
<p>pero ya no está mal; está muy mal.</p>
<p>Ya no come las piezas que levanta,</p>
<p>pero hace algo peor: me las espanta.</p>
<p>¡A este perro cerril no hay quien lo dome!</p>
<p>La caza que le mates, se la come,</p>
<p>y si piezas de caza no le matas,</p>
<p>se dedica a cazar grillos y ratas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ver si muda de conducta y traza</p>
<p>llevélo ayer a Peñalniño a caza.</p>
<p>Peñalniño es un cerro alto, gigante,</p>
<p>al cerro de la Cruz muy semejante:</p>
<p>pero está más tendido, es más bajito,</p>
<p>más abundante en caza y más bonito.</p>
<p>¡Hasta estos pedacitos de la sierra</p>
<p>son aquí más bonitos que en tu tierra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues, como iba diciendo, fuime al cerro</p>
<p>y me llevé los galgos con el perro</p>
<p>a ver si este gandul se enmienda algo</p>
<p>yendo a mi lado y entre galgo y galgo.</p>
<p>¡Como no lo reviente o lo deslome,</p>
<p>a este perro cerril no hay quien lo dome!</p>
<p>¡Y menos mal que ha demostrado, al menos,</p>
<p>que tiene vientos, pero vientos buenos!</p>
<p>Mas es un bruto que, en oliendo caza,</p>
<p>pierde el juicio, el respeto y la cachaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando entramos ayer en cazadero,</p>
<p>cazaba con tal calma y tal salero</p>
<p>que me obligó a pensar subiendo al cerro:</p>
<p>¿Si habré sido yo ingrato con el perro?</p>
<p>¿Si al juzgarle me habré yo equivocado</p>
<p>y le habré injustamente calumniado?</p>
<p>Ese modo de andar, esa cachaza,</p>
<p>esas posturas de excelente traza,</p>
<p>esa dilatación de las narices</p>
<p>que acaso ya ventean las perdices,</p>
<p>ese cuello tendido hacia adelante,</p>
<p>esa mirada vaga, chispeante,</p>
<p>y ese modo de alzar su gran cabeza</p>
<p>buscando el viento de la oculta pieza,</p>
<p>son indicios, al menos, de que el perro</p>
<p>sabe que está cazando en este cerro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si echa una pieza y se la tiro, y cae,</p>
<p>y sabe obedecerme, y me la trae,</p>
<p>—¡me acabé de lucir, Coral querido!—</p>
<p>tendré que confesar que te he ofendido</p>
<p>y que tienes un amo muy ligero,</p>
<p>calumniador, injusto y embustero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así iba yo pensando tristemente</p>
<p>cuando el perro se para y, de repente,</p>
<p>cerro arriba arrancó como un venablo,</p>
<p>¡como alma de ladrón que lleva el diablo!</p>
<p>¿Serán conejos o serán perdices</p>
<p>lo que van venteando sus narices?</p>
<p>—¡Coralito —le dije—, espera un poco!</p>
<p>¡Espérame, Coral, y no seas loco!</p>
<p>¡¡Ven aquí, Coralón, no me impacientes!!</p>
<p>¡¡Coralazo, gandul, así revientes!!</p>
<p>Y gritando y corriendo tras el perro,</p>
<p>por la cuesta más áspera del cerro</p>
<p>se me fueron los pies por un peñasco,</p>
<p>y de cara caí sobre un carrasco.</p>
<p>Sin respirar me levanté ligero,</p>
<p>recogí la escopeta y el sombrero</p>
<p>y rascándome un poco las narices,</p>
<p>de nuevo eché a correr tras las perdices.</p>
<p>¡Todo fue inútil! El gandul del perro,</p>
<p>las echó hacia la cúspide del cerro,</p>
<p>y viéndolas volar quedé parado</p>
<p>con la boca entreabierta y atontado.</p>
<p>Además de quedarme sin perdices,</p>
<p>pude también quedarme sin narices.</p>
<p>Se redujo la cosa a un arañazo,</p>
<p>un pequeño chichón y un buen zarpazo;</p>
<p>pero, aun librando bien, aquel que quiera</p>
<p>saber lo que es caer de esa manera,</p>
<p>¡que se deje rodar por un peñasco</p>
<p>y se caiga de cara en un carrasco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El perro regresó triste y arisco</p>
<p>y sentóse a la sombra de un torvisco;</p>
<p>yo no quise ni hablarle de perdices,</p>
<p>ni siquiera enseñarle mis narices,</p>
<p>¡Al que no se hace bueno con sermones,</p>
<p>se le obliga a ser bueno a pescozones!</p>
<p>Le di media docena de primera,</p>
<p>mimé a los galgos para que él lo viera,</p>
<p>fumé un cigarrillo, descansé un poquito</p>
<p>¡y adelante otra vez, que es tardecito!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del prado Verdinal, junto a la esquina,</p>
<p>en una carrasquera chiquitina,</p>
<p>de nuevo el perro se quedó parado</p>
<p>y púseme en seguida yo a su lado,</p>
<p>dispuesto a fusilar lo que saliera</p>
<p>de aquella miserable carrasquera.</p>
<p>Yo, por más que miré nada veía,</p>
<p>pero el perro la muestra no rompía;</p>
<p>y ante fijeza tal y tal postura,</p>
<p>me dije para mí: ¡liebre segura!</p>
<p>—¡Entra, Coral! —le dije al verle inerte.</p>
<p>—¡Entra, Coral! —le repetí más fuerte.</p>
<p>—¡Entra, Coral! —grité por vez tercera;</p>
<p>y el perro se lanzó a la carrasquera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh vergüenza! ¡Oh dolor! ¡Oh triste chasco!</p>
<p>En lugar de salir de entre el carrasco</p>
<p>una liebre a saltar de mata en mata,</p>
<p>salió un lagarto de cabeza chata,</p>
<p>lomo verdoso, vivarachos ojos</p>
<p>y blanca panza con puntitos rojos.</p>
<p>Lo mismo que un ratón que ha visto al gato,</p>
<p>salió azarado el bicharraco chato,</p>
<p>y el perro se lanzó tras él más listo</p>
<p>que el gato hambriento que al ratón ha visto.</p>
<p>A cambio de un mordisco en una mano,</p>
<p>diole el perro un zarpazo soberano,</p>
<p>echóle el diente y el reptil arisco</p>
<p>le atizó en el hocico el gran mordisco.</p>
<p>Debió ser un mordisco sandunguero</p>
<p>porque el perro gruñó muy lastimero,</p>
<p>flojó los dientes, escurrióse el bicho</p>
<p>y cojo y todo se metió en su nicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A casita, Coral, que el sol se pone</p>
<p>y es posible que el morro se te encone.</p>
<p>Te doy mi enhorabuena más cumplida</p>
<p>por la dulce caricia recibida,</p>
<p>y me alegra en el alma, buen amigo,</p>
<p>de ver, tras tu pecado, tu castigo.</p>
<p>¿Confunden todavía tus narices</p>
<p>los lagartos con liebres y perdices?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues aprende, gandul, que esa es tu ciencia;</p>
<p>aprende a distinguir; y en penitencia,</p>
<p>mientras los dientes del lagarto alabo,</p>
<p>¡te rascas el hocico con el rabo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Dos Soles</strong></h3>
<p>Vámonos al hastial de la sala,</p>
<p>vámonos, Francisco,</p>
<p>que se está que da gloria estos días</p>
<p>de sol y de frío.</p>
<p>Y al rincón del hastial soleado</p>
<p>por tibiezas del sol invernizo</p>
<p>se van temblorosos</p>
<p>los dos viejecitos</p>
<p>con el calendario,</p>
<p>con el argadillo,</p>
<p>con las frentes cargadas de tiempo,</p>
<p>con las venas cargadas de frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué serena la tarde resbala</p>
<p>por delante de aquel rinconcito!</p>
<p>¡Las dulces tibiezas</p>
<p>del sol invernizo</p>
<p>como alientos del Dios de la vida</p>
<p>dan calor a los dos viejecitos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una dulce modorra süave</p>
<p>va durmiendo sus torpes sentidos</p>
<p>al rumor del rozar quejumbroso</p>
<p>de las vueltas del viejo argadillo,</p>
<p>que se queja con ritmo de enfermo,</p>
<p>plañidero, sutil, dolorido&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tarde es templada</p>
<p>y el rincón del hastial está tibio&#8230;</p>
<p>Se derrite la nieve en los campos,</p>
<p>se descubre el verdor del ejido,</p>
<p>pican las cigüeñas</p>
<p>la vera del río,</p>
<p>lavan las muchachas,</p>
<p>balan los cabritos,</p>
<p>corren los regatos,</p>
<p>llora el argadillo,</p>
<p>y en los montes las lenguas de acero</p>
<p>de los anchos destrales blandidos</p>
<p>acompañan su bronca salmodia</p>
<p>con reflejos estruendos sombríos,</p>
<p>fragorosos desgarres de ramas,</p>
<p>roncos tumbos de troncos hendidos&#8230;</p>
<p>¡Allí están los mozos!&#8230;</p>
<p>¡Allí está aquel hijo!&#8230;</p>
<p>Murieron los rayos</p>
<p>del sol mortecino&#8230;</p>
<p>—Vamos a la lumbre.</p>
<p>—Vámonos, Francisco.</p>
<p>Y al rincón del hogar, frío y solo,</p>
<p>se marcharon los dos viejecitos,</p>
<p>con el calendario,</p>
<p>con el argadillo,</p>
<p>temblando de viejos,</p>
<p>temblando de frío.</p>
<p>—Ya viene cantando&#8230;</p>
<p>—Ya viene ese hijo&#8230;</p>
<p>Y el hogar apagado y oscuro</p>
<p>revivió con el mozo fornido,</p>
<p>revivió con los fuegos sagrados</p>
<p>del amor y el hogar confundidos&#8230;</p>
<p>Y el viejo a la vieja</p>
<p>díjole al oído:</p>
<p>—Tenemos dos soles</p>
<p>que quitan el frío:</p>
<p>pa de día, el que alumbra en el cielo;</p>
<p>pa de noche, ese hijo&#8230;, ese hijo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Sedientos</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Vagando va por el erial ingrato,</p>
<p>detrás de veinte cabras</p>
<p>la desgarrada muchachuela virgen,</p>
<p>una broncínea enflaquecida estatua.</p>
<p>Tiene apretadas las morenas carnes,</p>
<p>tiene ceñuda y soñolienta el alma,</p>
<p>cerrado y sordo el corazón de piedra,</p>
<p>secos los labios, dura la mirada&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin verla ni sentirla,</p>
<p>la estéril vida arrastra</p>
<p>encima de unas tierras siempre grises,</p>
<p>debajo de unas nubes siempre pardas.</p>
<p>Come pan negro, enmohecido y duro,</p>
<p>bebe en los charcos pestilentes aguas,</p>
<p>se alberga en un cubil, viste guiñapos,</p>
<p>y se acuesta en un lecho de retamas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sueña cuando duerme,</p>
<p>no piensa cuando vela desvelada;</p>
<p>si sufre, nunca llora;</p>
<p>si goza, nunca canta,</p>
<p>y vive sin terrores ni deleites,</p>
<p>que no la dicen nada</p>
<p>ni los fragores de las noches negras,</p>
<p>ni los silencios de las noches diáfanas,</p>
<p>ni el rebullir del convecino sapo,</p>
<p>ni los aullidos de la loba flaca</p>
<p>que yerra sola venteando carne</p>
<p>de chivos y de cabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca sintió las alboradas tristes,</p>
<p>nunca sintió las bellas alboradas,</p>
<p>ni el ascender solemne de los días,</p>
<p>ni la caída de las tardes mansas,</p>
<p>ni el canto de los pájaros,</p>
<p>ni el ruido de las aguas,</p>
<p>ni la nostalgia del rumor del mundo,</p>
<p>ni los silencios que el erial encalman.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su padre fue el pecado;</p>
<p>su madre, la desgracia,</p>
<p>y otra pareja infame</p>
<p>de carne estéril y de infames almas</p>
<p>la robó de la cuna de los huérfanos</p>
<p>con hórrida codicia calculada.</p>
<p>El mirar de sus ojos ofendidos</p>
<p>por el erial resbala</p>
<p>como el osado pensamiento humano</p>
<p>que osa escrutar los reinos de la nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ciegos los ojos, sordos los oídos,</p>
<p>la lengua muda y soñolienta el alma,</p>
<p>vagando va por el erial escueto</p>
<p>detrás de veinte cabras</p>
<p>que las tristezas del silencio ahondan</p>
<p>con la música opaca</p>
<p>del repicar de sus pezuñas grises</p>
<p>sobre grises fragmentos de pizarras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Al otro lado del sereno río</p>
<p>que el borde del erial lavando pasa,</p>
<p>Naturaleza derramó unos montes</p>
<p>donde hay rumores que el oír regalan,</p>
<p>donde hay ambientes que la sangre sedan,</p>
<p>donde hay perfumes que el cerebro embargan,</p>
<p>donde hay salud que vigoriza el cuerpo</p>
<p>y paz muy honda que equilibra el alma,</p>
<p>luz de torrentes, música a raudales</p>
<p>y un sordo hervir de vigorosa sabia</p>
<p>que en los pimpollos se resuelve en yemas</p>
<p>y tronco abajo se desliza en lágrimas,</p>
<p>cogüelmo de la vida que revierte</p>
<p>de la tierra otra vez en las entrañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por esos montes que robusto crían</p>
<p>todo lo vivo que en sus senos guardan,</p>
<p>vaga un hermoso zagalón impúber</p>
<p>detrás de veinte vigorosas cabras</p>
<p>cuyas duras pezuñas no repican</p>
<p>sobre estériles lechos de pizarras</p>
<p>pues tiene el monte alfombras</p>
<p>espléndidas y blandas,</p>
<p>musgo de terciopelo en los peñascos</p>
<p>y tréboles de seda en las cañadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Borracho de salud vaga por ella</p>
<p>el alegre zagal de vida errática.</p>
<p>Con la inconsciencia de los niños piensa,</p>
<p>con el vigor de los cabritos salta,</p>
<p>con la lujuria del boscaje crece,</p>
<p>con la alegría de la alondra canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él es el limo de las tierras vírgenes,</p>
<p>él es promesa de las tierras áridas,</p>
<p>él es estrofa del amor dormido,</p>
<p>él un vaso de savia</p>
<p>que en abundancia de cogüelmo rico</p>
<p>rebosará mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entonces el salvaje solitario</p>
<p>clavará las pupilas dilatadas</p>
<p>en la virgen sedienta</p>
<p>del páramo sediento que la mata,</p>
<p>y sediento de amor, ebrio de vida,</p>
<p>desnudos cuerpo y alma,</p>
<p>querrá cruzar el espumoso río,</p>
<p>querrá posar en el erial la planta,</p>
<p>querrá quebrar en el trabajo el cuerpo,</p>
<p>querrá dormir en el amor el alma&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hombres de la cultura!,</p>
<p>tended un puente sobre aquellas aguas&#8230;,</p>
<p>que se acerquen los hijos de los hombres,</p>
<p>que se junten los hatos de las cabras,</p>
<p>¡que del monte feraz pasen al páramo</p>
<p>del amor y el trabajo las sustancias!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Varón</strong></h3>
<p>¡Me jiedin los hombris</p>
<p>que son medio jembras!</p>
<p>Cien vecis te ije</p>
<p>que no se lo dieras,</p>
<p>que al chinquín lo jacían marica</p>
<p>las gentis aquellas.</p>
<p>Ahora ya lo vide, y a mí no me mandis</p>
<p>más vecis que güelva.</p>
<p>Te largas tú a velo,</p>
<p>que pue que no creas</p>
<p>que tu cuerpo ha parío aquel mozu,</p>
<p>ni que lo cebasti con tu lechi mesma,</p>
<p>ni que tieni metía en la entraña</p>
<p>sangri de mis venas.</p>
<p>N&#8217;amás de mimarros</p>
<p>y delicaezas</p>
<p>que ha queao lo mesmo que un jilo</p>
<p>paliúcho y sin chispa de juerza.</p>
<p>Ca instanti se lava,</p>
<p>ca instanti se peina,</p>
<p>ca instanti se múa</p>
<p>toa la vestimenta,</p>
<p>y se encrespa los pelos con jierros</p>
<p>que se lo retuestan,</p>
<p>y en los dientis se da con boticas</p>
<p>de unos cacharrinos que tieni en la mesa,</p>
<p>y remoja el moquero con pringuis</p>
<p>n&#8217;amás pa que güela</p>
<p>¡Jiedi a señorita</p>
<p>dendi media lengua!</p>
<p>Se levanta a las nuevi corrías</p>
<p>y a las doci lo mesmo se acuesta.</p>
<p>¡Va a ponersi pochu</p>
<p>si acotina de aquella manera!</p>
<p>¡Güeno está pa mandalo a bellotas,</p>
<p>pa ayualmi a escuajal en la jesa,</p>
<p>pa jacel un carguju de tarmas</p>
<p>y traelo a cuestas,</p>
<p>u pa estalsi cavando canchalis</p>
<p>dende que amaneci jasta que escurezca!</p>
<p>Los muchachos de acá me esconfío</p>
<p>que mos lo apedrean</p>
<p>cuantis venga jaciendo pinturas</p>
<p>u jablando de aquella manera:</p>
<p>y verás cómo el mozu no tieni</p>
<p>ni agallas ni juerza</p>
<p>pa el primero que quiera molarsi</p>
<p>rompeli la jeta.</p>
<p>Ya no dici padri,</p>
<p>ni madri, ni agüela.</p>
<p>«Mi papá, mi mamá, mi abuelita&#8230;»</p>
<p>así chalrotea,</p>
<p>como si el mocoso juesi un señoruco</p>
<p>de los de nacencia.</p>
<p>Ni mienta del pueblo, ni jaci otro oficio</p>
<p>que dil a una escuela</p>
<p>y palral de bobás que allí aprendí,</p>
<p>que pa na le sirvin cuantis que se venga.</p>
<p>Pa sabel sus saberis le ije:</p>
<p>«Sácame la cuenta</p>
<p>del aceiti que hogaño mos toca</p>
<p>del lagal po la parti que es nuestra.</p>
<p>Se maquilan sesenta cuartillos</p>
<p>p&#8217;acá parti entera,</p>
<p>y nosotros tenemos, ya sabis,</p>
<p>una media tercia</p>
<p>que tu madre heredó de una quinta</p>
<p>que tenía tu agüela Teresa».</p>
<p>¡Ya ves tú que se jaci en un verbo!</p>
<p>Sesenta la entera,</p>
<p>doci pa la quinta,</p>
<p>cuatru pa la tercia,</p>
<p>quita dos pa una media, y resultan</p>
<p>dos pa la otra media.</p>
<p>Pues el mozu empringó tres papelis</p>
<p>de rayas y letras,</p>
<p>y pa ensenrearsi</p>
<p>de aquella maeja,</p>
<p>ijo que el aceiti que a mí me tocaba</p>
<p>era «pi menus erre», ¿te enteras?</p>
<p>¡Pus pués dil jacindu</p>
<p>las sopas con ella!</p>
<p>¿Y esos son saberis?</p>
<p>¡Esas son fachendas!</p>
<p>No le quise mental del guarrapo</p>
<p>ni icile siquiera</p>
<p>que hogañazo vendimus el churru</p>
<p>pa comprar un cachuju de tierra.</p>
<p>¡Allí no se jabla</p>
<p>de esas cosas ni en ellas se piensa!</p>
<p>N&#8217;amás que se jaci comel confituras,</p>
<p>melcal vestimentas,</p>
<p>dirse a los cafesis,</p>
<p>dirse a las comedias</p>
<p>y palral de bobás que no valin</p>
<p>ni siquiá una perra</p>
<p>¡Jolgacián como el nuestro muchacho</p>
<p>no va a haberlo, si aquí no se enmienda!</p>
<p>Yo no lo distingo de otros señorinos</p>
<p>que con él se ajuntan y jolgacianean.</p>
<p>¡Son como maricas!</p>
<p>¡Juy, qué vestimentas!</p>
<p>Ves una persona</p>
<p>por detrás, en la calle, tan tiesa</p>
<p>y endi lejus no sabis de cierto</p>
<p>si es macho u es jembra.</p>
<p>Güelin a lo mesmu</p>
<p>como las ovejas,</p>
<p>y p&#8217;aquí no es asín, que ca cosa</p>
<p>güeli a su manera:</p>
<p>güeli a macho la carni de hombre,</p>
<p>y la carni de jembra da a jembra.</p>
<p>Hay que dil a buscar al muchacho</p>
<p>cuantis que se puea,</p>
<p>y le dicis a aquellos señoris</p>
<p>que esu no quita pa que se agraeza,</p>
<p>pero que a su padri le jaci ya falta;</p>
<p>y asín se la enreas.</p>
<p>No lo quió jolgacián, aunque muchos</p>
<p>saberis trujiera.</p>
<p>Y no es esu solu lo que a mí me enrita,</p>
<p>que otras cosas me jacin más mella&#8230;</p>
<p>Hay que dil a buscalo ca y cuando:</p>
<p>que venga, que venga;</p>
<p>porque, mira: ¡me jiedin los hombres</p>
<p>que son medio jembras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Montaraza</strong></h3>
<p>I</p>
<p>No hay bajo el cielo divino</p>
<p>del campo salamanquino,</p>
<p>moza como Ana María,</p>
<p>ni más alegre alquería</p>
<p>que Carrascal del Camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Carrascal nació ella,</p>
<p>y si antes no fuese bella</p>
<p>su natal tierra bendita,</p>
<p>fuéralo porque la habita</p>
<p>la rosa de monte aquella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No nace en tierra cristiana</p>
<p>flor silvestre más lozana</p>
<p>ni hormiga más vividora,</p>
<p>ni moza más castellana,</p>
<p>ni mujer más labradora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermosa sin los amaños</p>
<p>de enfermizas vanidades,</p>
<p>tiene unos ojos castaños</p>
<p>con un mirar sin engaños</p>
<p>que infunde tranquilidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sencilla para pensar,</p>
<p>prudente para sentir,</p>
<p>recatada para amar,</p>
<p>discreta para callar,</p>
<p>y honesta para decir;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>robusta como una encina</p>
<p>casera cual golondrina</p>
<p>que en casa canta la paz,</p>
<p>algo arisca y montesina</p>
<p>como paloma torcaz;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>agria como una manzana,</p>
<p>roja como una cereza,</p>
<p>fresca como una fontana,</p>
<p>vierte efluvios de alma sana</p>
<p>y olor de Naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué extraño que los favores</p>
<p>implore yo del Destino,</p>
<p>si estoy enfermo de amores</p>
<p>por la reina de las flores</p>
<p>de Carrascal del Camino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¿Me quieres, Ana María?</p>
<p>Yo me he soñado que sí;</p>
<p>mas dudo que guarde impía</p>
<p>la ingrata fortuna mía</p>
<p>tesoro tal para mí;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pues de esos montes no lejos,</p>
<p>hay otros montes ceñudos</p>
<p>con montaraces ya viejos</p>
<p>que tienen hijos talludos</p>
<p>atentos a sus consejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sé que a esas alquerías</p>
<p>van también ricos señores</p>
<p>a celebrar cacerías,</p>
<p>a dirigir sus labores</p>
<p>y a ver sus ganaderías;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y a mí me causa terror</p>
<p>que en ese rincón de paz</p>
<p>den contigo, rica flor,</p>
<p>el hijo de un montaraz</p>
<p>o el hijo de un gran señor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Felicidad que soñé,</p>
<p>esposa que presentí,</p>
<p>mujer que luego busqué</p>
<p>y ángel que al cabo encontré</p>
<p>deben de ser para mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dile al hijo del señor</p>
<p>de la vecina alquería</p>
<p>que dice tu servidor</p>
<p>que no nació Ana María</p>
<p>para caprichos de amor;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que en las ciudades doradas</p>
<p>encontrará lindas flores</p>
<p>más suyas por delicadas&#8230;</p>
<p>¡Estas rosas coloradas</p>
<p>no son para los señores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si en ello porfía,</p>
<p>por ladrón de mi destino&#8230;,</p>
<p>¡lo mato si pisa un día</p>
<p>la raya de la alquería</p>
<p>de Carrascal del Camino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el hijo del montaraz</p>
<p>de Castropardo el mayor,</p>
<p>el que oye mucho mejor</p>
<p>la voz de un viejo sagaz</p>
<p>que el grito de un noble amor,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si busca montaracías</p>
<p>que den en prados y montes</p>
<p>excusas y regalías,</p>
<p>llenos están de alquerías</p>
<p>esos anchos horizontes;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pues solo el amante fino</p>
<p>que ante el encanto se rinde</p>
<p>de tu mirar peregrino</p>
<p>merece pisar la linde</p>
<p>de Carrascal del Camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Me quieres, Ana María?</p>
<p>¿Me esperarás en la raya</p>
<p>de tu divina alquería,</p>
<p>cuando a la casa yo vaya</p>
<p>que pretendo llamar mía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué buen esposo me hicieras!</p>
<p>¡Qué hogar tan feliz tuvieras,</p>
<p>si de ese monte feraz</p>
<p>tú la montaraza fueras</p>
<p>y fuera yo el montaraz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sé por guardas y pastores</p>
<p>que riges ya a maravilla</p>
<p>la casa de tus mayores,</p>
<p>donde, por buena y sencilla,</p>
<p>te adoran tus servidores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y yo me tengo jurado</p>
<p>ser un amo tan honrado</p>
<p>y un montaraz tan cabal</p>
<p>como el mejor que ha pisado</p>
<p>los montes de Carrascal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No sabes, Ana María</p>
<p>que yo he tenido parientes</p>
<p>en una montaracía</p>
<p>y sé lo que son sirvientes</p>
<p>y sé lo que es la alquería?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hogaño he mercado en Alba</p>
<p>una yegua de Peñalba</p>
<p>de rutilante mirar,</p>
<p>tres años, negra, cuatralba,</p>
<p>rica sangre y buen andar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>un precioso bruto fiero</p>
<p>con nobleza de cordero,</p>
<p>blondas crines y ancha nalga,</p>
<p>músculos curvos de acero</p>
<p>y enjutos remos de galga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en este animal brioso,</p>
<p>que nunca al trajín se rinde</p>
<p>de su marchar vigoroso,</p>
<p>vigilaré cuidadoso</p>
<p>tus montes de linde a linde;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y ni en los montes vecinos</p>
<p>han de quedar clandestinos</p>
<p>y atreviduelos pastores,</p>
<p>ni furtivos cazadores,</p>
<p>ni leñadores dañinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y corrigiendo criados,</p>
<p>y amparando desgraciados,</p>
<p>será nuestra casa un día</p>
<p>vivienda de hombres honrados,</p>
<p>colonia de la alegría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién más dichoso ha de ser</p>
<p>que el hombre que va a tener</p>
<p>bellos campos que cuidar,</p>
<p>sabroso pan que comer</p>
<p>y esposa a quien adorar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deudos que enfermo me halláis,</p>
<p>amigos que me estimáis,</p>
<p>hombres que me conocéis,</p>
<p>todos los que me queréis,</p>
<p>todos los que me envidiáis,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡pedid en justa porfía</p>
<p>que me conceda el Destino</p>
<p>la mano de Ana María</p>
<p>y aquella montaracía</p>
<p>de Carrascal del Camino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Música</strong></h3>
<p>Naturales armonías,</p>
<p>populares canturías</p>
<p>cuyo acento musical</p>
<p>no es engendro artificioso,</p>
<p>sino aliento vigoroso</p>
<p>de la vida natural:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>vuestras notas, vuestros ruidos,</p>
<p>vuestros ecos repetidos</p>
<p>en ritornelo hablador,</p>
<p>son mis goces más risueños,</p>
<p>son el arte de mis sueños,</p>
<p>¡son mi música mejor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rumores que en la alquería</p>
<p>revientan con alegría</p>
<p>del dorado amanecer,</p>
<p>que despierta sonriendo</p>
<p>las que estuvieron durmiendo</p>
<p>fuerzas vitales de ayer;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>brava música sincera</p>
<p>de la ronda callejera</p>
<p>de los mozos del lugar,</p>
<p>que con guitarras sonoras</p>
<p>y bandurrias trinadoras</p>
<p>acompañan su cantar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>alegre esquilón de ermita,</p>
<p>voz de amores que recita</p>
<p>la romántica canción;</p>
<p>ruido de aire que adormece,</p>
<p>son de lluvia que entristece,</p>
<p>manso arrullo de pichón;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuchicheos de las brisas,</p>
<p>melodías indecisas</p>
<p>del tranquilo atardecer,</p>
<p>aletazos de paloma,</p>
<p>balbuceos del idioma</p>
<p>que empieza el niño a aprender;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>jugueteos musicales</p>
<p>que modula entre zarzales</p>
<p>el callado manantial</p>
<p>cuyo hilillo intermitente</p>
<p>da la nota transparente</p>
<p>de una lira de cristal;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>melancólicos murmullos,</p>
<p>sabrosísimos arrullos,</p>
<p>vibraciones del sentir,</p>
<p>que la madre en su cariño</p>
<p>le dedica al tierno niño</p>
<p>invitándole a dormir;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>claro timbre plañidero</p>
<p>del balido lastimero</p>
<p>del inquieto recental;</p>
<p>eco triste del bramido</p>
<p>del becerrillo perdido</p>
<p>que sestea en el erial;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>grave zumbar pregonero</p>
<p>del tábano volandero</p>
<p>que arrullo en la siesta da;</p>
<p>que murmulla, que se queja,</p>
<p>que se acerca, que se aleja,</p>
<p>que retorna, que se va&#8230;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>hálitos del bosque frío,</p>
<p>lejano zumbar de río,</p>
<p>hachazos de leñador,</p>
<p>explosivos en la sierra,</p>
<p>eco incógnito que yerra,</p>
<p>hijo ignoto de un rumor;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>suspiro de muda pena</p>
<p>que no vibra, que no suena,</p>
<p>pero se siente sonar;</p>
<p>sollozos del pensamiento</p>
<p>que solo del sentimiento</p>
<p>quieren dejarse escuchar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>vuelo sereno de ave,</p>
<p>ritmo de aliento suave,</p>
<p>beso que arranca el querer,</p>
<p>nombre de madre adorada,</p>
<p>voz de la mujer amada,</p>
<p>llanto de niño al nacer;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tonadilla peregrina</p>
<p>que modula en la colina</p>
<p>la gaitilla del zagal,</p>
<p>la que vierte blancas notas</p>
<p>que de miel parecen gotas</p>
<p>desprendidas del panal;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>besos del aura y la parra,</p>
<p>lágrimas de la guitarra</p>
<p>latidos del corazón,</p>
<p>quedas pláticas discretas,</p>
<p>palabras de amor secretas,</p>
<p>lamentos de honda pasión;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pintoresca algarabía</p>
<p>de la alegre pastoría</p>
<p>derramada en la heredad,</p>
<p>trajinar de los lugares,</p>
<p>tonadillas populares,</p>
<p>tamboril de Navidad;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>trino de alondra que el vuelo</p>
<p>levanta, cantando, al cielo,</p>
<p>de donde su voz tomó;</p>
<p>canto llano de sonora</p>
<p>codorniz madrugadora</p>
<p>que a la aurora se enceló;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ecos lánguidos que envía</p>
<p>de la vaga lejanía</p>
<p>la tonada del gañán,</p>
<p>que en la tibia sementera</p>
<p>canta y ara en la ladera</p>
<p>que la da trabajo y pan;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dulces coros de oraciones</p>
<p>suspiros de devociones,</p>
<p>sollozos de pecador,</p>
<p>voz del órgano suave</p>
<p>que llora con ritmo grave</p>
<p>la elegía del dolor;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>popular algarabía</p>
<p>de la alegre romería</p>
<p>que ya el valle va a dejar</p>
<p>con jijeos y cantares</p>
<p>que en cañadas y encinares</p>
<p>se repiten sin cesar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aire quedo de alameda</p>
<p>que una música remeda</p>
<p>que el alma nunca entendió,</p>
<p>una música increada</p>
<p>que en el seno de la nada</p>
<p>para siempre se quedó;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>manso zumbar de colmena</p>
<p>que trabaja en la serena</p>
<p>tarde plácida de abril;</p>
<p>coro que llena de ruidos</p>
<p>la de niños que va a nidos</p>
<p>sonora tropa gentil;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bellas rimas del poeta</p>
<p>cuya música interpreta</p>
<p>los arrullos del amor,</p>
<p>los estruendos de la orgía,</p>
<p>la calmante poesía</p>
<p>que hay disuelta en el dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las injurias de la suerte,</p>
<p>los horrores de la muerte,</p>
<p>los misterios del sentir</p>
<p>y el secreto religioso</p>
<p>del encanto doloroso</p>
<p>de la pena de vivir&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo os lo dije; vuestros ruidos,</p>
<p>vuestros ecos repetidos</p>
<p>en ritornelo hablador,</p>
<p>son el pan de mi deseo,</p>
<p>son el arte en que yo creo,</p>
<p>¡son mi música mejor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Nube</strong></h3>
<p>No hay posibles hogaño pa eso</p>
<p>—dijo el padre de ella;</p>
<p>y el del mozo exclamó pensativo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Pues entonces hogaño se deja</p>
<p>porque yo también ando atrasao</p>
<p>con tantas gabelas&#8230;</p>
<p>Que se casen al año que viene,</p>
<p>dispués de cosecha,</p>
<p>y hogaño entre dambos</p>
<p>le daremos tierra</p>
<p>pa que el mozo ya siembre pa ellos</p>
<p>esta sementera».</p>
<p>Y el mozo y la moza,</p>
<p>rojos de vergüenza,</p>
<p>lo escucharon humildes y mudos,</p>
<p>sin osar levantar la cabeza.</p>
<p>Y el mozo labraba,</p>
<p>derramaba las siete fanegas,</p>
<p>regaba su trigo</p>
<p>con sudor de la frente morena,</p>
<p>y en sus sueños lo vio muchas veces</p>
<p>maduro en las tierras,</p>
<p>cargado en el carro,</p>
<p>junto ya en las eras,</p>
<p>limpio ya en las trojes,</p>
<p>blanqueadas tres veces por ella&#8230;</p>
<p>¡Agosto lejano!</p>
<p>¿No vienes, no llegas?</p>
<p>Agosto ya vino;</p>
<p>su sol ya platea</p>
<p>los inmensos tablares de espigas</p>
<p>que doblándose henchidos revientan&#8230;</p>
<p>¡Qué hermosa la hoja!</p>
<p>¡Contento da verla!</p>
<p>¡Qué ondear tan suave a los ojos!</p>
<p>¡Qué música aquella,</p>
<p>la del choque de tantas espigas</p>
<p>que la brisa a compás balancea!</p>
<p>¡La brisa!&#8230; ¡La brisa!&#8230;</p>
<p>una tarde radiante y serena</p>
<p>sopló más caliente,</p>
<p>sopló con más fuerza,</p>
<p>humilló las espigas al suelo,</p>
<p>revolvió la tranquila alameda,</p>
<p>levantó remolinos de polvo,</p>
<p>trajo nubes negras</p>
<p>que azotaron al suelo con gotas</p>
<p>calientes y gruesas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se pusieron los valles oscuros,</p>
<p>se pusieron violáceas las sierras,</p>
<p>y fatídica, ronca, iracunda,</p>
<p>vengadora, cercana, tremenda,</p>
<p>zumbó la amenaza</p>
<p>vibró la centella,</p>
<p>que rayó con su látigo el vientre</p>
<p>de la nube cargada de piedra&#8230;</p>
<p>¡Y la nube en los campos inermes</p>
<p>derrumbó aquella carga siniestra!&#8230;</p>
<p>¡Qué triste la hoja!</p>
<p>¡Pena daba verla!</p>
<p>¡Ya no pueden los mozos casarse</p>
<p>cuando ellos quisieran!</p>
<p>¡Qué triste está el mozo!</p>
<p>¡Cómo llora ella!&#8230;</p>
<p>Y es bueno que esperen,</p>
<p>¡que no es firme el amor que no espera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Noche Fecunda</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Ya dejó sus mocedades</p>
<p>Juan Antonio el de Villalba,</p>
<p>un roble joven que tiene</p>
<p>de pardo sayal la cáscara,</p>
<p>de acero el tronco robusto,</p>
<p>de puras mieles la entraña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para que hogar fuese haciendo,</p>
<p>para que hacienda fundara,</p>
<p>diole el Destino una esposa,</p>
<p>diole su padre una vaca.</p>
<p>Josefa se llama aquélla;</p>
<p>y ésta Cordera se llama;</p>
<p>una mujer bien nacida,</p>
<p>y una vaca bien criada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Josefa dejó las fiestas</p>
<p>y hundió en el arca sus galas;</p>
<p>Juan Antonio dejó el marro,</p>
<p>y hasta vendió la dulzaina</p>
<p>a un temprano chavalillo</p>
<p>que a mocearse empezaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y bien sabe Dios del cielo</p>
<p>que la vendió con un ansia!&#8230;</p>
<p>Pero el casado es casado</p>
<p>y la dulzaina es dulzaina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así pasaban los días,</p>
<p>que ya diez meses sumaban;</p>
<p>Juan Antonio, trajinando;</p>
<p>Josefa, metida en casa;</p>
<p>la vaca, creciendo en ubre;</p>
<p>y el tiempo, dando esperanzas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Una noche de verano,</p>
<p>cerca de la madrugada,</p>
<p>llamó a la gente vecina</p>
<p>Juan Antonio el de Villalba.</p>
<p>Al establo acuden hombres</p>
<p>y mujeres a la sala,</p>
<p>y en misteriosos encierros</p>
<p>se truecan ambas estancias,</p>
<p>y hay misteriosos trajines,</p>
<p>y misteriosas palabras,</p>
<p>y prolongados silencios,</p>
<p>y pasajeras alarmas&#8230;</p>
<p>Y Juan Antonio anda inquieto,</p>
<p>la frente en sudor bañada,</p>
<p>desde la sala al establo,</p>
<p>desde el establo a la sala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la cocina un momento</p>
<p>se sienta, mueve las ascuas</p>
<p>y reza dos o tres veces</p>
<p>la Salve que nunca acaba,</p>
<p>y suda y mira las puertas</p>
<p>de establo y sala cerradas&#8230;</p>
<p>De repente se oye un grito</p>
<p>de doliente queja humana</p>
<p>y un mugido quejumbroso</p>
<p>de lánguida resonancia.</p>
<p>Luego, un silencio terrible;</p>
<p>luego, un momento de alarma,</p>
<p>y otro grito, otro mugido,</p>
<p>y al fin ruido y voces francas.</p>
<p>Juan Antonio está aterrado</p>
<p>rígido como una estatua;</p>
<p>mira a las cerradas puertas</p>
<p>que súbito se abren ambas,</p>
<p>y oye que desde una y otra</p>
<p>le dicen estas palabras</p>
<p>uno de los del establo</p>
<p>y una de las de la sala:</p>
<p>—¡Dos churros&#8230; y dambos muertos!</p>
<p>¡Dos niñas&#8230; y vivas dambas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Plétora</strong></h3>
<p>Yo no sé qué tieni,</p>
<p>qué tieni esta tierra</p>
<p>de la Extremaúra,</p>
<p>que cuantis que llegan</p>
<p>estos emprencipios</p>
<p>de la primavera</p>
<p>se me poni la sangre encendía</p>
<p>que cuasi me quema,</p>
<p>se me jincha la caja del pecho,</p>
<p>se me jaci más grandi la juerza,</p>
<p>se me poni la frente möorra.</p>
<p>y barruntu que asina me entra</p>
<p>como un jormiguillo</p>
<p>que me jormiguea&#8230;</p>
<p>¡Y luego unas ansias</p>
<p>que me ajogan de juerti que aprietan</p>
<p>con arrempujonis</p>
<p>de lloral sin querel, que me quean</p>
<p>que cuasi reviento</p>
<p>sin poel revental de la pena!&#8230;</p>
<p>¡Me dan unas ganas</p>
<p>de metermi con cosas de juerza!&#8230;</p>
<p>¡Asín jundo el corti</p>
<p>de la segureja,</p>
<p>que lo mesmo ha caíu esta encina</p>
<p>que si juesi de pura manteca!</p>
<p>Yo no sé qué será lo que adentro</p>
<p>me escarabajea</p>
<p>cuantis llega esti tiempo tan güeno</p>
<p>de la primavera&#8230;</p>
<p>Digu yo que serán estos vahus</p>
<p>que jecha la tierra,</p>
<p>que güelin a ricos</p>
<p>y paice que, asín que se cuelan,</p>
<p>como que arrempujan</p>
<p>de adentro pa juera,</p>
<p>y levantan el pecho p&#8217;arriba,</p>
<p>y entontecin de gustu que quean&#8230;</p>
<p>¡Juy, cómu me sabin!&#8230;</p>
<p>¡Juy, Dios, y qué juerza!</p>
<p>Si viniese ahora mesmo aquí Gorio</p>
<p>y quisiesi luchal una güelta&#8230;</p>
<p>¡Juy, Dios, qué Goriazo</p>
<p>le jacía pintal en la tierra!</p>
<p>Me gusta esti tiempo</p>
<p>de la primavera;</p>
<p>pero, ¡congrio!, me da mucha rabia</p>
<p>no tenel una cosa que puea</p>
<p>sacalmi del cuelpo</p>
<p>el comuelgo n&#8217;a más de la juerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Trisca, Vaquerillo!</strong></h3>
<p>¿Por qué llora el vaquerillo?</p>
<p>¿Por qué aquella cabrerilla</p>
<p>del sotillo</p>
<p>ya es amor de otro chiquillo?</p>
<p>¡No me causa maravilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué tan osado eres,</p>
<p>siendo rapaz de once años,</p>
<p>que ya quieres</p>
<p>probar de tales quereres</p>
<p>que guardan tales engaños?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No te ha enseñado Natura</p>
<p>que toda flor que florece</p>
<p>prematura</p>
<p>si da fruto no madura,</p>
<p>porque en abril envejece?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no viven más dichosos</p>
<p>que tus toros reñidores</p>
<p>y celosos</p>
<p>los becerrillos nerviosos</p>
<p>libremente triscadores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues trisca tú, vaquerillo,</p>
<p>y olvida a la cabrerilla</p>
<p>del sotillo</p>
<p>porque tú eres un chiquillo</p>
<p>y ella no es una chiquilla&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Puesta De Sol</strong></h3>
<p>Por un cielo mudo y frío,</p>
<p>sin nubes y sin color,</p>
<p>bajaba un sol moribundo,</p>
<p>muerta sombra de aquel sol</p>
<p>que las viejas primaveras</p>
<p>templaba fecundador.</p>
<p>Eran las tierras de ocaso</p>
<p>desiertos que Dios creó</p>
<p>para que el hombre se acuerde</p>
<p>del Paraíso de Dios</p>
<p>y muera con la nostalgia</p>
<p>del que es infinito amor;</p>
<p>y donde el cielo se unía,</p>
<p>sin nubes y sin color,</p>
<p>con una llanura muerta</p>
<p>que el ruido nunca habitó,</p>
<p>con lentitudes dolientes</p>
<p>organizaba aquel sol.</p>
<p>Y no tuvo en su caída</p>
<p>ni pueblo que la sintió,</p>
<p>ni pájaro que cantara</p>
<p>la vespertina canción,</p>
<p>ni selva que se moviera,</p>
<p>ni hombre que alzara su voz,</p>
<p>ni torre que se pintara</p>
<p>con el dorado arrebol,</p>
<p>ni sedalino celaje</p>
<p>que embebiera en su vellón</p>
<p>la púrpura derretida</p>
<p>del último resplandor.</p>
<p>Entre desiertos desnudos</p>
<p>la muerte le sorprendió,</p>
<p>y al que muere en el desierto</p>
<p>no le ve nunca el amor,</p>
<p>ni nadie le presta oídos,</p>
<p>ni nadie le dice adiós.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así murió aquella tarde</p>
<p>solo y quejándose el sol:</p>
<p>¡Así se mueren los hombres</p>
<p>que han vivido sin amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Presagio</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Ves ese tronco, Agustina,</p>
<p>que en el hogar se calcina</p>
<p>y da a mis miembros calor?</p>
<p>Pues es el de aquella encina</p>
<p>del valle de Fuenmayor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No mataron sus vigores</p>
<p>ni el cuchillo de la helada</p>
<p>ni el dogal de los calores,</p>
<p>sino la mano pesada</p>
<p>de los años destructores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá, cuando Primavera</p>
<p>verdes los campos ponía,</p>
<p>y mi alegre pastoría,</p>
<p>derramada en la ladera,</p>
<p>desde el valle se veía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>viví como un rey en él</p>
<p>de esa encinita a la sombra.</p>
<p>¿Dónde hay tronco como aquel?</p>
<p>Hierba y flores por alfombra,</p>
<p>y amplias ramas por dosel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí aprendí a meditar</p>
<p>y sentí las embriagueces</p>
<p>del alto y puro pensar,</p>
<p>y por gozarlas cien veces</p>
<p>por eso aprendí a cantar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sonaron mis canciones</p>
<p>a ruido de hojas de encina,</p>
<p>arpa ruda cuyos sones</p>
<p>dieron al alma emociones</p>
<p>y al estro voz peregrina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En julio, el abrasador,</p>
<p>cuando a la ruda labor</p>
<p>iba con mis segadores</p>
<p>a aquellos alrededores</p>
<p>del valle de Fuenmayor,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esa vieja venerable,</p>
<p>único asilo habitable</p>
<p>de la abrasada llanura,</p>
<p>me daba sombra agradable</p>
<p>con hábitos de frescura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque el que puso en el cielo</p>
<p>un sol que calcina el llano,</p>
<p>pone una sombra en el suelo,</p>
<p>como en el dolor humano</p>
<p>pone de la fe el consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella encina frondosa</p>
<p>que en las gayas estaciones</p>
<p>me dio música amorosa,</p>
<p>cuya dulzura sabrosa</p>
<p>cayó sobre mis canciones,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>diome después, en estío,</p>
<p>fresco dosel protector,</p>
<p>y ahora, que invierno sombrío</p>
<p>me tiene yerto de frío,</p>
<p>presta a mi cuerpo calor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Así fuiste tú, mujer.</p>
<p>Me diste en las primaveras</p>
<p>de aquel encantado ayer</p>
<p>las poéticas primeras</p>
<p>impresiones del querer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así como la armonía</p>
<p>que de la encina caía</p>
<p>se derramó en mis canciones,</p>
<p>tu amor en el alma mía</p>
<p>vertió mundos de ilusiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después, cuando me agobiaba</p>
<p>la dolorosa fatiga</p>
<p>de un vivir que ya se acaba,</p>
<p>tú fuiste la sombra amiga</p>
<p>donde el alma descansaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahora, que ya está conmigo</p>
<p>del alma el invierno helado,</p>
<p>que es su postrer enemigo,</p>
<p>viviendo estoy amparado</p>
<p>de tu cariño al abrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo tengo miedo, Agustina,</p>
<p>que el tiempo que se avecina</p>
<p>me busca amenazador&#8230;</p>
<p>¡Ay, que ya murió la encina</p>
<p>del valle de Fuenmayor!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Qué Tendrá?</strong></h3>
<p>¿Qué tendrá la hija</p>
<p>del sepulturero</p>
<p>que con asco la miran los mozos,</p>
<p>que las mozas la miran con miedo?</p>
<p>Cuando llega el domingo a la plaza</p>
<p>y está el bailoteo</p>
<p>como el Sol de alegre,</p>
<p>vivo como el fuego,</p>
<p>no parece sino que una nube</p>
<p>se atraviesa delante del cielo;</p>
<p>no parece sino que se anuncia,</p>
<p>que se acerca, que pasa un entierro&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una ola de opacos rumores</p>
<p>sustituye al febril charloteo,</p>
<p>se cambian miradas</p>
<p>que expresan recelos,</p>
<p>el ritmo del baile</p>
<p>se torna más lento</p>
<p>y hasta los repiques</p>
<p>alegres y secos</p>
<p>de las castañuelas</p>
<p>callan un momento&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un momento no más duró todo;</p>
<p>mas ¿qué será aquello</p>
<p>que hasta da falsas notas la gaita</p>
<p>por hacer un gesto</p>
<p>con sus gruesos labios</p>
<p>el tamborilero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay memoria de amores manchados,</p>
<p>porque nunca, a pesar de ser bellos,</p>
<p>«Buenos ojos tienes»</p>
<p>le ha dicho un mancebo.</p>
<p>Y ella sigue desdenes rumiando,</p>
<p>y ella sigue rumiando desprecios;</p>
<p>pero siempre acercándose a todos,</p>
<p>siempre sonriendo,</p>
<p>presentándose en fiestas y bailes</p>
<p>y estrenando más ricos pañuelos&#8230;</p>
<p>¿Qué tendrá la hija</p>
<p>del sepulturero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me lo dijo un mozo:</p>
<p>¿Ve usted esos pañuelos?</p>
<p>pues se cuenta que son de otras mozas&#8230;</p>
<p>¡De otras mozas que están ya pudriendo!&#8230;</p>
<p>Y es verdad, que parece que güelen,</p>
<p>que güelen a muerto&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Vocación</strong></h3>
<p>¡Quién fuera como él! Su edad primera,</p>
<p>gentil proemio de su vida entera,</p>
<p>fue un idilio inocente</p>
<p>de místicos amores</p>
<p>que a la virtud abrieron su alma ardiente</p>
<p>como a la luz del sol abren las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hermosa infancia aquella!</p>
<p>Canto sublime de la fe naciente,</p>
<p>áureo reinado de la Aurora bella</p>
<p>del alma de un creyente</p>
<p>que en la noche del mundo es una estrella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como otros niños, con afán distinto,</p>
<p>amenizan sus juegos y recreos</p>
<p>con guerreros trofeos</p>
<p>y empresas militares</p>
<p>que les enseña a fabricar su instinto,</p>
<p>el niño aquel, sincero, de seguro,</p>
<p>construía minúsculos altares</p>
<p>de su pobre casita en el recinto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en el silencio del rincón oscuro,</p>
<p>pobre templo que abría la inocencia</p>
<p>al culto mudo del amor más puro,</p>
<p>vagamente sentido en la conciencia,</p>
<p>pasaba el niño las mejores horas</p>
<p>de la edad más feliz de la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel era su juego, su alegría,</p>
<p>su gloria, su poema, su tesoro,</p>
<p>el deleite más hondo que sentía</p>
<p>y el más hermoso de los sueños de oro</p>
<p>que le pudo fingir la fantasía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios era bueno, y grande, y poderoso,</p>
<p>y de los niños huérfanos el Padre</p>
<p>más tierno y amoroso&#8230;</p>
<p>¡Se lo oía decir él a su madre</p>
<p>cuando ésta hablaba del perdido esposo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios había hecho el mundo</p>
<p>con todas las grandezas que tenía</p>
<p>por amor a los hombres solamente.</p>
<p>Un amor tan inmenso, tan profundo,</p>
<p>que, sobre el mundo que creado había,</p>
<p>pidió cosa más bella,</p>
<p>no fugaz como aquel, no transitoria&#8230;</p>
<p>¡Y creó Dios la gloria</p>
<p>tan solo porque el hombre fuera a ella!</p>
<p>En ella estaba Dios, de bondad lleno</p>
<p>y había que adorarle por ser bueno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A esto se reducía</p>
<p>la incompleta, la noble Teología</p>
<p>del pequeño creyente</p>
<p>que a solas en su templo meditando,</p>
<p>más que un niño que piensa parecía</p>
<p>un extático orando&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La honda emoción ardiente y misteriosa</p>
<p>de su precoz adoración piadosa,</p>
<p>dulcemente le ataba</p>
<p>al altar de cartón de sus amores,</p>
<p>que a falta de riquísimos primores,</p>
<p>el pobre «sacerdote» engalanaba</p>
<p>con las del prado pequeñuelas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí adoraba a Dios, allí soñaba</p>
<p>con vagas efusiones inefables</p>
<p>que el alma entrevía</p>
<p>en una misteriosa lejanía</p>
<p>de dulzuras sin fin inenarrables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La emoción religiosa</p>
<p>de su infantil contemplación piadosa,</p>
<p>algo difusa aún, algo incoherente,</p>
<p>en momentos de dicha misteriosa</p>
<p>llegaba a herir su corazón ardiente:</p>
<p>y entonces abstraído, arrebatado,</p>
<p>cual sublime vidente</p>
<p>que oye la voz con que el Señor le ha hablado,</p>
<p>como una estatua del amor que espera</p>
<p>la total plenitud del bien amado;</p>
<p>cual tierna alegoría refulgente</p>
<p>del alma enamorada</p>
<p>que su vuelo al tender buscaba Oriente</p>
<p>para lanzarse recta y de repente</p>
<p>a la región de la feliz morada;</p>
<p>como el santo que en éxtasis adora,</p>
<p>como asceta que ora,</p>
<p>como un arcángel que tendiera el vuelo</p>
<p>desde la tierra a la mansión del cielo,</p>
<p>así el niño quedaba</p>
<p>en sus raros momentos de desmayo;</p>
<p>y cuando el puro, el encendido rayo</p>
<p>de aquel amor de fuego se alejaba,</p>
<p>su alma sensible se quedaba fría,</p>
<p>muda, yerta, vacía&#8230;,</p>
<p>y el pobre niño, sin querer, lloraba</p>
<p>con hondo sentimiento</p>
<p>que su pobre razón no definía&#8230;</p>
<p>¡La nostalgia del bien es gran tormento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagas como la pálida neblina</p>
<p>que empaña un rato la gentil mañana</p>
<p>hasta que en breve la disipa luego</p>
<p>luz del ardiente sol, luz argentina</p>
<p>que el mundo inunda con su luz de fuego,</p>
<p>así su caridad, su fe prístina,</p>
<p>sus vagas concepciones religiosas</p>
<p>iban cristalizando</p>
<p>en regiones más puras y radiosas</p>
<p>que Dios iba delante despejando.</p>
<p>Y así como el imán busca el acero,</p>
<p>cual van los ríos a la mar buscando,</p>
<p>su alma, su corazón, su ser entero</p>
<p>se alzó sobre su fe buscando oriente,</p>
<p>y sereno después partió ligero</p>
<p>hacia su centro natural sumiso:</p>
<p>a la iglesia de Dios, al sacerdocio,</p>
<p>y al martirio tras él, si era preciso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Honra y consuelo de su madre amante,</p>
<p>que jamás concibió dichas mayores;</p>
<p>espejo de modestia y santo celo,</p>
<p>orgullo de sus sabios profesores,</p>
<p>gloria de su colegio, fiel modelo</p>
<p>de sencilla humildad, noble y sincera&#8230;</p>
<p>todo eso y algo más, el joven era.</p>
<p>Ya entonces meditaba, preocupado</p>
<p>de más seria manera,</p>
<p>que si por él fue un Dios crucificado,</p>
<p>morir él por su Dios bien poco era.</p>
<p>Y en el santo delirio</p>
<p>de su fiebre de amor, que era una hoguera,</p>
<p>soñaba que el final de su carrera</p>
<p>iba a ser el principio del martirio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé si lo fue. Por vez postrera</p>
<p>vile el solemne día</p>
<p>de su misa primera,</p>
<p>que yo a su lado oía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El niño soñador era ya hombre:</p>
<p>un hombre que tenía</p>
<p>la fe tan pura y tan serena el alma</p>
<p>como si fuera niño todavía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya estaba allí lo que anhelaba tanto;</p>
<p>lo que asustaba a la humildad ahora&#8230;</p>
<p>ya estaba ungido con el óleo santo;.</p>
<p>¡que viniera el martirio a cualquier hora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Centenares de luces titilaban,</p>
<p>el oro del altar resplandecía,</p>
<p>las trompetas del órgano arrojaban</p>
<p>raudales de armonía,</p>
<p>y los fieles oraban</p>
<p>y el humo del incienso trascendía,</p>
<p>y una tropa de arcángeles dorados,</p>
<p>bellísimos, magníficos, alados,</p>
<p>que el Divino tesoro</p>
<p>del rico tabernáculo guardaban,</p>
<p>al fulgor de las luces que oscilaban</p>
<p>parecían batir sus alas de oro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el santo temor de alma creyente</p>
<p>que el hálito de Dios siente cercano,</p>
<p>subió el misacantano</p>
<p>las gradas del altar resplandeciente.</p>
<p>«¡Ese sí que es altar!», dijo a mi oído</p>
<p>el eco amortiguado</p>
<p>de la voz de un recuerdo no perdido&#8230;</p>
<p>Y al ver al sacerdote allí postrado,</p>
<p>con su rica, sagrada vestidura</p>
<p>de la propia blancura del armiño,</p>
<p>me acordé con tristísima dulzura</p>
<p>de su altar de cartón cuando era niño,</p>
<p>y me hirió en las entrañas la ternura</p>
<p>del idilio inocente recordado</p>
<p>que yo mismo veía</p>
<p>en poema magnífico trocado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegó al fin el momento</p>
<p>del sublime misterio: el celebrante</p>
<p>se inclinó y consagró, fijo y atento:</p>
<p>los ojos de su fe vieron delante</p>
<p>el divino portento</p>
<p>que ofuscó, que cegó su pensamiento;</p>
<p>y pálido, con miedo, vacilante,</p>
<p>con toda el alma en el misterio hundida,</p>
<p>con el santo terror de la criatura</p>
<p>que ve su pequeñez engrandecida</p>
<p>y elevada por Dios a aquella altura;</p>
<p>como rendido al infinito peso</p>
<p>de aquel divino y amoroso exceso;</p>
<p>con el alma anegada</p>
<p>en un mar de ternura dolorosa</p>
<p>e implorando la ayuda poderosa</p>
<p>de la bondad de Dios, nunca agotada,</p>
<p>pudo elevar, con mano temblorosa,</p>
<p>la Hostia consagrada&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo adoré de hinojos</p>
<p>con el pueblo postrado:</p>
<p>y el solemne momento ya pasado,</p>
<p>al levantar los ojos</p>
<p>y ver al sacerdote reposado</p>
<p>y en tranquila actitud, como si orara,</p>
<p>vi también otra cosa&#8230;</p>
<p>vi caer una lágrima amorosa</p>
<p>sobre el paño blanquísimo del ara&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Treno</strong></h3>
<p>Tengo el alma serena</p>
<p>para toda amenaza de catástrofe;</p>
<p>la tengo muda y sorda</p>
<p>para voces de amores que me llamen;</p>
<p>la tengo seria como un campo yermo;</p>
<p>quieta la tengo como aquel cadáver</p>
<p>de quien yo no creí que fuese tierra</p>
<p>porque era el de mi madre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que ve lo que vi cuando era mozo</p>
<p>que amor disuelto apellidé a la sangre</p>
<p>y eterno soñé al tiempo</p>
<p>para besar la frente de la imagen,</p>
<p>¿qué puede ver que le sacuda el alma</p>
<p>ni al cuerpo un grito de dolor le arranque?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rayo de la tormenta:</p>
<p>podrás romperme pero no espantarme;</p>
<p>volcán rugiente que escupiendo fuego</p>
<p>me enseñas el abismo de tu cráter;</p>
<p>sierra que te derrumbas</p>
<p>y ante las puertas de mi casa caes;</p>
<p>río que te desbordas</p>
<p>y azotas de mi casa los umbrales;</p>
<p>huracán que su techo le arrebatas;</p>
<p>muerte que rondas mi olvidada calle&#8230;</p>
<p>¡qué pequeños sois todos, qué pequeños,</p>
<p>y mi dolor qué grande!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vosotros también, hombres perversos,</p>
<p>que me herís con salivas el semblante;</p>
<p>y vosotros también, hombres amigos</p>
<p>que a la vida feliz queréis tomarme</p>
<p>con la ambrosía de la humana gloria,</p>
<p>miel al beber y al digerir vinagre&#8230;,</p>
<p>me herís los unos con estéril saña,</p>
<p>porque herís a un cadáver;</p>
<p>lucháis los otros con afán estéril</p>
<p>porque nadie logró que el mundo hable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo podrá moverme,</p>
<p>desde la noche de la gran catástrofe,</p>
<p>la voz de Dios gritándome: «¡Hijo! ¡Hijo!</p>
<p>¡Respóndele a tu padre!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sortilegio</strong></h3>
<p>Una noche de sibilas y de brujos</p>
<p>y de gnomos y de trasgos y de magas;</p>
<p>una noche de sortílegas diabólicas;</p>
<p>una noche de perversas quirománticas,</p>
<p>y de todos los espasmos,</p>
<p>y de todas las eclampsias</p>
<p>y de horribles hechiceras epilépticas,</p>
<p>y de infames agoreras enigmáticas;</p>
<p>una noche de macabros aquelarres,</p>
<p>y de horrendas infernales algaradas</p>
<p>y de pactos, y de ritos, y de oráculos</p>
<p>y de todas las diabólicas vesanias,</p>
<p>por horrendos peñascales que blanquean,</p>
<p>a los rayos de una enferma luna pálida,</p>
<p>con la fiebre de la hembra, la celosa,</p>
<p>va delante de la vieja nigromántica.</p>
<p>Como sombras del abismo se detienen</p>
<p>a la orilla de rugiente catarata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora de los ritos,</p>
<p>es la hora de las cábalas,</p>
<p>es la hora del horrible sortilegio,</p>
<p>es la hora del conjuro de las aguas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sortílega se inclina sobre ellas;</p>
<p>la celosa la contempla muda y pálida.</p>
<p>¡No está Dios en la celosa,</p>
<p>no está Dios en la sortílega satánica!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre el lecho de las aguas espumantes</p>
<p>la agorera traza el signo de la cábala</p>
<p>murmurando la diabólica salmodia</p>
<p>con horrendas, con sacrílegas palabras:</p>
<p>¡Aah!&#8230; en las nieblas&#8230; ¡Aah!&#8230; en la espuma</p>
<p>¡Aah!&#8230; en los aires&#8230; ¡Aah!&#8230; en las aguas&#8230;</p>
<p>¡Aah!&#8230; en las brumas&#8230; ¡Aah!&#8230; en el tiempo.</p>
<p>¡Surge pronto!&#8230; ¡Surge y habla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La agorera se detuvo contemplando</p>
<p>la corriente de la linfa como estática.</p>
<p>—¿No veis nada? —murmuraba la celosa.</p>
<p>—¡No veo nada!&#8230; ¡No veo nada!&#8230;</p>
<p>¡Aah!&#8230; en las nieblas&#8230; ¡Aah!&#8230; en la espuma</p>
<p>¡Aah!&#8230; en los aires&#8230; ¡Aah!&#8230; en las aguas&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y quedóse de repente muda y quieta</p>
<p>la espantosa nigromántica,</p>
<p>—¿No veis nada? —murmuraba la celosa</p>
<p>con la fiebre de la hembra en la mirada—.</p>
<p>¿No veis nada? —repetía.</p>
<p>—Sí&#8230;, ya veo&#8230;, Espera&#8230;, calla&#8230;</p>
<p>Una joven en un lecho suspirando</p>
<p>por el hombre a quien espera enamorada.</p>
<p>¡Oh, qué hermosa!&#8230; Tiene el seno descubierto.</p>
<p>—¿Y sabéis cómo se llama?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Pues se llama&#8230;</p>
<p>¡Aah!&#8230; en las nieblas&#8230; ¡Aah!&#8230; en la espuma.</p>
<p>¡Aah!&#8230; su nombre&#8230; ¡Mariana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La celosa dio un gemido horripilante,</p>
<p>—sigue viendo&#8230;, sigue viendo&#8230; —murmuraba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora un hombre enamorado</p>
<p>se le acerca&#8230; Ella lo llama&#8230;</p>
<p>—¿Con qué nombre?</p>
<p>—No lo entiendo.</p>
<p>—¿Con qué nombre?</p>
<p>—Espera y calla.</p>
<p>¡Aah!&#8230; en las nieblas&#8230; ¡Aah!&#8230; en la espuma.</p>
<p>¡Aah!&#8230; en los aires&#8230; ¡Aah!&#8230; en las aguas&#8230;</p>
<p>Con el nombre de Fernando lo ha llamado,</p>
<p>y él la dice que la ama&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Que la ama!&#8230;</p>
<p>La celosa llenó el aire con los timbres</p>
<p>de una horrenda desgarrante carcajada</p>
<p>y acercándose a los bordes del abismo</p>
<p>se arrojó tras el infierno de las aguas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las brujas la llevaron <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-eugenio-de-ochoa/">una noche</a></p>
<p>las comadres de la aldea murmuraban,</p>
<p>y era cierto&#8230; y era cierto</p>
<p>¡Que lo dijo la perversa nigromántica!</p>
<p>La entrada <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-jose-maria-gabriel-y-galan/">Poemas de José María Gabriel y Galán</a> se publicó primero en <a href="https://lospoemas.net">Poemas</a>.</p>
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		<title>Poemas de Eugenio de Ochoa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:08:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Eugenio de Ochoa (1815-1872) polifacético esencial para el Romanticismo español. Destacó como escritor, bibliógrafo, crítico y traductor, actuando como un puente cultural decisivo entre España y Francia. Su labor como antólogo fue monumental, especialmente con el Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles, obra que rescató y sistematizó la lírica tradicional para el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de Eugenio de Ochoa</strong> (1815-1872) polifacético esencial para el Romanticismo español. Destacó como escritor, bibliógrafo, crítico y traductor, actuando como un puente cultural decisivo entre España y Francia. Su labor como antólogo fue monumental, especialmente con el <em>Tesoro de los romanceros y cancioneros españoles</em>, obra que rescató y sistematizó la lírica tradicional para el público decimonónico.</p>
<p>Como fundador de la influyente revista <em>El Artista</em>, promovió la estética romántica y el intercambio intelectual. Su erudición le permitió catalogar valiosos manuscritos españoles en bibliotecas parisinas, preservando el legado del Siglo de Oro. Además, su destreza bilingüe facilitó la difusión de autores europeos en la Península. En resumen, Ochoa fue un incansable gestor cultural que definió la identidad literaria de su tiempo mediante la recuperación del pasado y la apertura a la modernidad.</p>
<h3><strong>A Mi Hijo Carlos</strong></h3>
<p>¡Oh! ¡de tu labio la inocente risa,</p>
<p>Tu frente pura, tu cabeza lisa,</p>
<p>Tu lindo cuerpo de azucena y rosa,</p>
<p>Son, hijo, mi placer!</p>
<p>Cifro en ti mi esperanza y mi desvelo,</p>
<p>En ti, y en ella, y en tu madre hermosa,</p>
<p>Angel que para mí bajó del cielo</p>
<p>En forma de muger.</p>
<p>Ella, hijo mio, y tú sois mi delicia.</p>
<p>Cuando tu tierna mano me acaricia,</p>
<p>Cuando en mi sien reclina su cabeza,</p>
<p>No sé á quien amo mas.</p>
<p>Amo en ella virtudes y hermosura;</p>
<p>En tí, candor y celestial pureza&#8230;</p>
<p>Y á ambos mi corazon amaros jura</p>
<p>Siempre, siempre jamas!</p>
<p>Tu joven madre, ¡oh vaso de inocencia!</p>
<p>Va cruzando esta efímera existencia,</p>
<p>Inclinada la frente y siempre fijo</p>
<p>Su pensamiento en Dios.</p>
<p>¡Salve, dechado del amor materno!</p>
<p>Por tu futura suerte no me aflijo,</p>
<p>Pues sé que juntos al descanso eterno</p>
<p>Bajaremos los dos.</p>
<p>Tú, pobre niño, flor de ayer nacida,</p>
<p>Que evitarás las sirtes de la vida</p>
<p>Mientras vivamos, fia sin cautela,</p>
<p>En tu madre y en mí;</p>
<p>Mas cuando sulques de la vida el rio,</p>
<p>Huérfano ya, sin brújula, ni vela,</p>
<p>Su amor la VIRGEN MADRE, Carlos mio,</p>
<p>Derrame sobre tí!</p>
<p><em>Madrid, Mayo, 1837.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Libertad</strong></h3>
<p>¡Libertad! ¡Libertad! ¡De Ocaso á Oriente,</p>
<p>Del Mediodía al rudo Septentrion,</p>
<p>Pueblos, alzad la poderosa frente</p>
<p>Jurando eterna paz, eterna union!</p>
<p>Cada cual apoyado en su derecho</p>
<p>Los antiguos rencores olvidad,</p>
<p>Y repetid, la mano sobre el pecho,</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad!</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad! Todos hermanos</p>
<p>Sois á los ojos del Supremo Ser:</p>
<p>Todos salís iguales de sus manos</p>
<p>Y á ellas habeis iguales de volver.</p>
<p>Esos nombres de siervos y señores</p>
<p>Ultrajan la divina voluntad:</p>
<p>No haya mas ni oprimidos, ni opresores:</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad!</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad! Esas barreras</p>
<p>Que entre vecinos pueblos levantó</p>
<p>La opresora ambicion; esas banderas</p>
<p>Que el genio de la guerra tremoló,</p>
<p>Desaparezcan, y que solo vea</p>
<p>Una sola nacion la humanidad,</p>
<p>Y una sola bandera, en que se lea:</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad!</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad! Tú nos la diste,</p>
<p>¡Oh ley de amor del que murió por nos!</p>
<p>¡Oh ley que toda esclavitud rompiste</p>
<p>Haciendo al hombre imágen de su Dios!</p>
<p>Con sangre de sus mártires sellada,</p>
<p>Esa ley santa ¡oh, pueblos! meditad.</p>
<p>Pida la inteligencia emancipada,</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad! ¡Grito fecundo!</p>
<p>¡Oh ley cristiana, pan del corazon!</p>
<p>¿Cuando daréis la vuelta á todo el mundo,</p>
<p>Hermanando la fe con la razon?</p>
<p>Toda, entonces, la gran familia humana,</p>
<p>Inundada en la luz de la verdad,</p>
<p>Clamará agradecida: ¡Hosanna! Hosanna!</p>
<p>¡Libertad! ¡Libertad!</p>
<p>París, Julio 1839.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h3><strong>Al Joven Pintor D. Federico De Madrazo</strong></h3>
<p><em>Greats are thy works!</em></p>
<p><em>MILTON.</em></p>
<p>Los siglos van su carrera</p>
<p>Siguiendo en rápido giro,</p>
<p>Hundiendo en el polvo á Tiro,</p>
<p>Y á Nínive la altanera.</p>
<p>Como arenas deleznables,</p>
<p>Los imperios formidables</p>
<p>Van sus plantas implacables</p>
<p>Sumergiendo en el no ser:</p>
<p>Y con hondos caracteres,</p>
<p>Entre penas y placeres,</p>
<p>Van sobre todos los seres</p>
<p>Esculpiendo: PERECER!</p>
<p>¡Oh tiempo! ¿Quien sondará</p>
<p>Tu sombra no penetrada?</p>
<p>¡Todo salió de la nada,</p>
<p>Y todo á la nada va!</p>
<p>¡Es un misterio profundo!</p>
<p>¡Como el fango mas inmundo,</p>
<p>Todas las cosas del mundo,</p>
<p>Condenadas á morir!</p>
<p>¡Los orbes á derrumbarse,</p>
<p>Los mares á desecarse,</p>
<p>Las estrellas á apagarse,</p>
<p>Y los hombres á sufrir!</p>
<p>¿De las glorias de la guerra,</p>
<p>Del genio, el tiempo qué hará?</p>
<p>¡El tiempo consumirá</p>
<p>Cuanto pasa por la tierra!</p>
<p>¡Esas legiones triunfales,</p>
<p>Esas santas catedrales,</p>
<p>Esos lienzos inmortales</p>
<p>De Murillo y Rafael,</p>
<p>Serán cenizas que el viento,</p>
<p>En remolino violento,</p>
<p>Elevará al firmamento</p>
<p>Para dejarlas en él!</p>
<p>¡Nada de ellas quedará!</p>
<p>Solo un aura pasagera</p>
<p>A la gente venidera</p>
<p>Tantos prodigios dirá.</p>
<p>De ejércitos vencedores,</p>
<p>De vosotros, escultores,</p>
<p>De nosotros los pintores</p>
<p>Quedará tan solo el nombre,</p>
<p>Y el tiempo al verso respeta,</p>
<p>Y la obra del poeta,</p>
<p>Perpetua vive y completa</p>
<p>En la memoria del hombre! »</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Con acento de dolor, </strong></p>
<p><strong>Así se lamenta y gime, Madrazo, </strong></p>
<p><strong>el joven sublime, Madrazo, </strong></p>
<p><strong>el grande pintor.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que á la gente española</p>
<p>Que sus pendones tremola,</p>
<p>Triunfantes en Ceriñola,</p>
<p>Hoy ciñe nuevo laurel ¹ :</p>
<p>El que sediento de gloria,</p>
<p>Guardado á eterna memoria,</p>
<p>Da vida á la antigua historia</p>
<p>Con su mágico pincel!</p>
<p>Y se lamenta&#8230; ¡Delirio!</p>
<p>¿Olvida su mente inquieta</p>
<p>Que la palma del poeta</p>
<p>Es la palma del martirio?</p>
<p>¿Que no hay mas duro tormento,</p>
<p>Mas amargo sentimiento,</p>
<p>Que ver en el pensamiento</p>
<p>Una sublime creacion,</p>
<p>Y no poder animarla,</p>
<p>Y solitario adorarla,</p>
<p>Y que se eclipse dejarla</p>
<p>Como una vana ilusion?</p>
<p>¡Oh! ¡si pudiera, fiel,</p>
<p>El poeta á las naciones,</p>
<p>Presentar sus creaciones,</p>
<p>Como las concibe él!</p>
<p>¿Piensa el mundo por ventura,</p>
<p>En su orgullosa locura,</p>
<p>Que conoce tu hermosura,</p>
<p>Eva del poeta ingles?</p>
<p>La que el hombre se imagina,</p>
<p>Hermosura peregrina,</p>
<p>De aquella creacion divina</p>
<p>Reflejo pálido es!</p>
<p>¡Sí! La que pueden hacer</p>
<p>Escultores y pintores,</p>
<p>Eva en marmol y en colores</p>
<p>Es al fin una muger.</p>
<p>La que el poeta veia,</p>
<p>Nada de humano tenia;</p>
<p>Era hermana de MARIA,</p>
<p>Era un angel tutelar.</p>
<p>Nadie jamas podrá verla,</p>
<p>Nadie podrá comprenderla,</p>
<p>Porque era como una perla</p>
<p>Allá en el fondo del mar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tu mano la pintaria</p>
<p>En su mística belleza,</p>
<p>Federico! Tu cabeza</p>
<p>Comprende la poesía.</p>
<p>No en mármoles de Carrara,</p>
<p>La forma <em>sola</em> animara,</p>
<p>Del poeta de Ferrara</p>
<p>La bellísima Leonor:</p>
<p>De Velazquez y Ticiano</p>
<p><em>Solo</em> el arte soberano,</p>
<p>Tentara animarla en vano</p>
<p>Con la magia del color!</p>
<p>¡Emulo de Rafael!</p>
<p>Tú animaras su hermosura,</p>
<p>Porque te hizo natura</p>
<p>Pintor-poeta cual él.</p>
<p>Él, desde el cielo te mira,</p>
<p>Continuado en tí se admira,</p>
<p>Y sus ideas te inspira!</p>
<p>Y al verte desanimarte,</p>
<p>Sobre tu frente destella</p>
<p>De su genio una centella,</p>
<p>Serena y radiante estrella</p>
<p>Del puro cielo del arte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primer vez que tomó</p>
<p>Color tu mano y pinceles,</p>
<p>De proféticos laureles</p>
<p>Un angel te coronó.</p>
<p>Y del matiz de las flores,</p>
<p>Y de los puros albores,</p>
<p>Y de los varios colores</p>
<p>De la aurora boreal,</p>
<p>Formó para ti aquel dia,</p>
<p>Gloria de la patria mia,</p>
<p>El genio de la armonia</p>
<p>Una paleta ideal!</p>
<p>¡Pues bien! ¡que tus obras vea</p>
<p>Esta patria que te ama!</p>
<p>¡Que el vasto mundo á tu fama</p>
<p>Estrecho término sea!</p>
<p>¡En estos tiempos aciagos,</p>
<p>De escandalosos amagos,</p>
<p>De rebelion y de estragos,</p>
<p>Sé tú del arte el sosten,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sepa la gente estraña</p>
<p>Que si hay cadalsos y saña</p>
<p>En este suelo de España,</p>
<p>Hay aquí artistas tambien !</p>
<p>En las ruinas de Sion</p>
<p>Cantó el sublime profeta :</p>
<p>Cantó Homero el gran poeta</p>
<p>Entre guerras á Ilion.</p>
<p>En desorden intestino</p>
<p>Agitado el Florentino,</p>
<p>Vió al adusto Gibelino</p>
<p>Que en vida al Oreo bajó :</p>
<p>Entre el furor de la guerra</p>
<p>Despedazada Inglaterra,</p>
<p>De su ensangrentada tierra</p>
<p>El grande Milton brotó !</p>
<p>Así del Etna en la orilla</p>
<p>Que eterna lava corona,</p>
<p>Mejor el fruto sazona,</p>
<p>Mas bella la planta brilla.</p>
<p>Que en los tiempos funerales</p>
<p>Nazcan genios inmortales,</p>
<p>En tus leyes eternales</p>
<p>Está grabado, Señor !</p>
<p>Por eso á España que llora</p>
<p>Só el cancer que la devora,</p>
<p>Tu mano compensadora</p>
<p>Le da un sublime pintor !</p>
<p><em>Madrid, Septiembre 1835</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amargura</strong></h3>
<p><strong>A Mis Amigos.</strong></p>
<p><em>Iddio m&#8217; ha posto un incredibil peso</em></p>
<p><em>d&#8217;angoscia sovra il core.</em></p>
<p>SILVIO PELLICO.</p>
<p>Solos coged las rosas de la vida,</p>
<p>¡Oh mis dulces amigos!</p>
<p>De la tristeza que en mi pecho anida</p>
<p>¿Qué os vale ser testigos?</p>
<p>¡Ah! No la calmarán, ni el atractivo</p>
<p>De espumantes licores,</p>
<p>Ni de la emulacion el incentivo,</p>
<p>Ni fáciles amores!</p>
<p>¡Si! De mi juventud la flor aun tierna</p>
<p>El viento ha marchitado,</p>
<p>Y á soledad y á desventura eterna</p>
<p>Mi vida ha condenado.</p>
<p>Si entre vosotros el placer respira</p>
<p>Con vosotros sonrio,</p>
<p>Y escondo entonces mi enlutada lira</p>
<p>Bañada en llanto mio!</p>
<p>Mas ¡si supierais cuanto sufro, cuanto</p>
<p>En tales ocasiones!</p>
<p>¡Cual de los ojos rechazado el llanto</p>
<p>Labra en los corazones!</p>
<p>¡Dejadme! No están bien mis amarguras</p>
<p>¡Ay! en vuestros festines:</p>
<p>Mal parecen las tristes sepulturas</p>
<p>En los bellos jardines!</p>
<p>Dejadme, amigos, cuando el sol su pura</p>
<p>Llama en el mar esconda,</p>
<p>Que vague en soledad, dó á mi amargura</p>
<p>Ninguna voz responda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cercado allí de imágenes amadas</p>
<p>Con lento paso giro,</p>
<p>Y entre mis ilusiones realizadas</p>
<p>Venturoso respiro.</p>
<p>En su pálido rayo dulce calma</p>
<p>La luna al pecho envía,</p>
<p>Y allá en la soledad escucha el alma</p>
<p>Suavisima armonía.</p>
<p>Y es la voz de los ángeles que dice :</p>
<p>¡ Con la hermosa que adora,</p>
<p>En otro mundo vivirá felice</p>
<p>El que en la tierra llora !</p>
<p>Madrid &#8230;</p>
<p><strong> </strong></p>
<h3><strong>El Cantico Del Esposo</strong></h3>
<p><em>Y en soledad la guia</em></p>
<p><em>A solas su querido,</em></p>
<p><em>Tambien en soledad de amor herido.</em></p>
<ol>
<li>JUAN DE LA CRUZ.</li>
</ol>
<p><strong>En el florido huerto, </strong></p>
<p><strong>Junto á la margen del arroyo undoso </strong></p>
<p><strong>De flores mil cubierto, </strong></p>
<p><strong>Cantaba el nuevo esposo, </strong></p>
<p><strong>Al son de su laud armonioso:</strong></p>
<p>Ven, dulce esposa mia,</p>
<p>Ven á gozar del matinal ambiente,</p>
<p>Que ya el risueño dia</p>
<p>Con su mano esplendente</p>
<p>Abre las puertas del rosado Oriente.</p>
<p>De flores nacaradas</p>
<p>Te ceñiré, mi bien, fresca guirnalda,</p>
<p>Y de aljofar bañadas,</p>
<p>Caer haré en tu falda</p>
<p>Sabrosas frutas de carmin y gualda.</p>
<p>Oirás mi blanda lira</p>
<p>Y escucharás mi acento dolorido,</p>
<p>Que solo amor suspira :</p>
<p>Tu nombre repetido</p>
<p>Por la floresta vagará perdido.</p>
<p>Y en mi seno amoroso</p>
<p>Reclinarás tu lánguida cabeza,</p>
<p>Y de tu rostro hermoso</p>
<p>Cantaré la lindeza,</p>
<p>Y de tu amor la angélica pureza.</p>
<p>Si el viento en sus furores</p>
<p>Revuelve de la mar los hondos senos,</p>
<p>Y mustios los pastores</p>
<p>De sobresalto llenos</p>
<p>Tiemblan del rayo al escuchar los truenos,</p>
<p>En el bosque florido,</p>
<p>Huyendo de su cólera entraremos;</p>
<p>O con paso atrevido</p>
<p>Al monte subiremos,</p>
<p>Y seguros de allí lo miraremos.</p>
<p>Aquí dó manso el viento</p>
<p>Entre las flores susurrando juega,</p>
<p>Y este arroyuelo lento</p>
<p>El fresco prado riega,</p>
<p>Y allá se pierde en misteriosa vega,</p>
<p>Amante y fiel esposo,</p>
<p>De yerba y rosas en mullido lecho,</p>
<p>Te espero cuidadoso,</p>
<p>Palpitándome el pecho</p>
<p>Si tus pisadas percibir sospecho »</p>
<p><strong>Pronto por la espesura </strong></p>
<p><strong>Como entre sombras la naciente aurora, </strong></p>
<p><strong>Radiante de hermosura, </strong></p>
<p><strong>Una gentil pastora Llega&#8230; </strong></p>
<p><strong>¡Es la esposa á quien su esposo adora!</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<h3><strong>Noche De Luna</strong></h3>
<p><strong>A Cecilia</strong></p>
<p><em>Llámanse música de los cielos las noches puras, porque con el callar los bullicios del dia, y con la pausa que entonces todas las cosas hacen, se echa claramente de ver y en una cierta manera se oye su concierto y armonía admirable, y no sé en qué modo suena en lo secreto del corazon su concierto que le compone y sosiega.</em></p>
<p><em>LUIS DE LEON.</em></p>
<p>Ven á sentarte á mi lado,</p>
<p>Cecilia, en este jardin,</p>
<p>En los aromas bañado</p>
<p>De la rosa y del jazmin.</p>
<p>Ya el ave nocturna chilla:</p>
<p>Del sol la lumbre amarilla</p>
<p>Ya del Ocaso no brilla</p>
<p>Ni en el último fin.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora que convida</p>
<p>A vaga meditacion,</p>
<p>Al que lamenta perdida</p>
<p>La paz de su corazon.</p>
<p>En cada sombra que crece,</p>
<p>En cada flor que se mece,</p>
<p>Ver á aquellos le parece</p>
<p>Que polvo en la tumba son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Florezca en tu rostro en tanto,</p>
<p>Niña, el bello rosicler,</p>
<p>Y en sus ojos deja el llanto,</p>
<p>Eterna fuente, correr.</p>
<p>Tu pura boca sonría</p>
<p>Mientras llega el triste dia</p>
<p>En que vuele tu alegria</p>
<p>Para nunca mas volver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Noche hermosa!&#8230; ¡Cual derrama</p>
<p>Con serena majestad,</p>
<p>La luna de rama en rama</p>
<p>Su nocturna claridad!</p>
<p>Todo en calma está sumido,</p>
<p>Y sin embargo en mi oido</p>
<p>Un acento dolorido</p>
<p>Repite : ¡Fatalidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fatalidad! ¡Fatalidad! murmura</p>
<p>El himno misterioso que natura</p>
<p>Levanta al Hacedor :</p>
<p>La voz del hombre, el mar, el viento, el ave,</p>
<p>Para el que bien interpretarla sabe,</p>
<p>Es un ¡ay! de dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fatalidad! esclamó</p>
<p>El primer hombre, perdida</p>
<p>Su inocencia,</p>
<p>Cuando á sus hijos legó</p>
<p>Las miserias de la vida</p>
<p>Por herencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fatalidad! en su dolor profundo</p>
<p>Clamaba el hombre del antiguo mundo,</p>
<p>Lleno de execraciones!</p>
<p>¡Fatalidad! cuando cual leve efluvio,</p>
<p>Se llevaron las aguas del diluvio</p>
<p>Sus abominaciones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aun no aplacó del Señor</p>
<p>Aquel castigo tremendo</p>
<p>Los furores :</p>
<p>¡Fueron el mal y el dolor</p>
<p>Con el hombre renaciendo</p>
<p>Aun mayores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fatalidad! la tierra murmuraba</p>
<p>Cuando á Cristo cadaver contemplaba</p>
<p>Pendiente de la cruz;</p>
<p>Y el sol tambien ¡fatalidad! decia</p>
<p>Cuando en la esfera cárdena moria</p>
<p>Su amarillenta luz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella inmensa espiacion</p>
<p>Del Gólgota en el altura</p>
<p>Consumada,</p>
<p>Aun no bastó! ¡A la afliccion</p>
<p>Siguió toda criatura</p>
<p>Condenada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! Todo, todo en la infelice tierra,</p>
<p>Hondo misterio que mi mente aterra!</p>
<p>¡ Sufre y resiste ó llora!</p>
<p>¡Sufre mudo el peñon que el tiempo raja,</p>
<p>Y es el rocío que á los campos baja</p>
<p>El llanto de la Aurora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese blando rüido</p>
<p>Que en las ramas forma el viento</p>
<p>Cuando pasa,</p>
<p>Oigo, Cecilia, un gemido</p>
<p>Que el corazon con su acento</p>
<p>Me traspasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque yo sé que todo, — y con los años,</p>
<p>Tú lo sabrás, que es ¡ay! de desengaños</p>
<p>La vida gran maestra, —</p>
<p>Todo tiene dos lados; verdadero</p>
<p>Uno y triste; otro falso y lisongero,</p>
<p>Y este solo se muestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa nube delicada</p>
<p>Que tus ojos infantiles</p>
<p>Van siguiendo:</p>
<p>Esa luna plateada,</p>
<p>Esas estrellas que á miles</p>
<p>Van naciendo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué son, Cecilia? — La que al cielo sube</p>
<p>Bella de lejos, trasparente nube,</p>
<p>Es un vapor, es nada.</p>
<p>De los astros la luz te abrasaria</p>
<p>Si te acercase, ¡ay! — y te ahogaria</p>
<p>La luna plateada !</p>
<p>En el tallo de esa rosa</p>
<p>Que el aura nocturna inclina</p>
<p>Hácia tí,</p>
<p>Por esperiencia enojosa,</p>
<p>Sabes que hay una espina,</p>
<p>¿No es asi?</p>
<p>Pues lo mismo sé yo que está escondida</p>
<p>La espina del dolor en toda vida :</p>
<p>Que pasa la beldad;</p>
<p>Que el oro estraga; que el ingenio es fuego</p>
<p>Que abrasa el alma; que el destino es ciego;</p>
<p>¡Que todo es vanidad!</p>
<p>Yo del mar en la bonanza</p>
<p>De la tempestad ya veo</p>
<p>Los amagos :</p>
<p>Veo el humo en la esperanza,</p>
<p>Y en un cumplido deseo</p>
<p>Mil estragos.</p>
<p>Yo en el velo nupcial veo el de luto;</p>
<p>Veo el gusano en el purpureo fruto;</p>
<p>Bajo la fuente el cieno;</p>
<p>Veo el vicio en la frente seductora,</p>
<p>Y en la dulce sonrisa aduladora,</p>
<p>El oculto veneno!</p>
<p>Tú algun dia te dirás</p>
<p>Todas estas tristes cosas</p>
<p>Que te digo,</p>
<p>¡Y ojalá no sean jamas</p>
<p>Contigo tan rigorosas</p>
<p>Cual conmigo!</p>
<p>Dirás tal vez que mi alma dolorida</p>
<p>Se exagera las penas de la vida,</p>
<p>Porque he sufrido en ella;</p>
<p>Y que es para quien vive en diversiones</p>
<p>Dejándose de adustas reflexiones</p>
<p>Facil la vida y bella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh <strong>Cecilia</strong>! no lo esperes :</p>
<p>Jamas la fuente se agota</p>
<p>De tristura :</p>
<p>El caliz de los placeres</p>
<p>Oculta siempre una gota</p>
<p>De amargura.</p>
<p>Dirás acaso que ventura y calma</p>
<p>En este mundo se concede al alma</p>
<p>Que vive santamente :</p>
<p>Que para ser feliz en su alegria,</p>
<p>Y hallar delicias á que Dios sonria</p>
<p>Basta ser inocente.</p>
<p>¡Dulce ilusoria creencia!</p>
<p>¡Ojalá te fuera dable</p>
<p>Conservarla!</p>
<p>Pero vendrá la esperiencia</p>
<p>Con su antorcha inexorable</p>
<p>A ahuyentarla.</p>
<p>Tiende la vista por el mundo y gime :</p>
<p>Verás que nunca la virtud exime</p>
<p>Al hombre, del dolor;</p>
<p>Y al verla siempre esclava ó perseguida,</p>
<p>Cual sueño mira la mundana vida</p>
<p>Y vive en el Señor.</p>
<p>Mas no por eso, inocente</p>
<p>Esperes que en nieve y rosa</p>
<p>Siempre tiña</p>
<p>La paz del alma tu frente,</p>
<p>Ni que has de ser venturosa,</p>
<p>¡<strong>Pobre niña</strong>!</p>
<p>Una tarde&#8230; ¡Si vieras!&#8230; <strong>Yo</strong> en la orilla</p>
<p>Del ancho mar sentado,</p>
<p>Miraba á un <strong>pescador</strong> en su barquilla</p>
<p>Cantando alborozado.</p>
<p>Doraba el cielo en su fulgor primero</p>
<p>La bella luz del dia :</p>
<p>La mar en su garganta al <strong>marinero</strong></p>
<p>Voluptuosa mecia.</p>
<p>Era su nave cual gentil gazela</p>
<p>Ligera, y entre bruma</p>
<p>Brillaba el lino de su blanca vela,</p>
<p>Como un copo de espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En sus alas el aura placentera</p>
<p>Perfumes mil traia,</p>
<p>Y el agua murmuraba en la ribera</p>
<p>Suavísima armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tanto alzaba el pescador al cielo,</p>
<p>Ofrenda solitaria,</p>
<p>Arrodillado con ferviente celo</p>
<p>Su matinal plegaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende, dijo, ¡oh Señor! desde tu altura</p>
<p>La vista sobre mí :</p>
<p>Dame un poco del pan de la dulzura</p>
<p>Que nos viene de tí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del tiempo, ¡oh Dios! en el cabello mio</p>
<p>Brilla la nieve ya,</p>
<p>Y acaso pronto en el sepulcro frio</p>
<p>Mi cuerpo dormirá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas por mi virtuosa compañera</p>
<p>Alzo mi voz á tí,</p>
<p>Y por mis nietecillos&#8230; Considera</p>
<p>Que han menester de mí!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huérfanos ellos, ay! ella doliente</p>
<p>Postrada por la edad!&#8230;</p>
<p>¡Que les conservarás quien los sustente,</p>
<p>Confio en tu bondad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que nunca á la virtud y á la inocencia,</p>
<p>Y á la humilde oracion,</p>
<p>Señor, Señor, negaste en tu clemencia</p>
<p>Tu santa bendicion! »</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así el anciano decia,</p>
<p>Y en tanto la faz del cielo</p>
<p>Tempestuoso oscurecia</p>
<p>De pardas nubes un velo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El agua agitada hervia,</p>
<p>Lejano el rayo lucia,</p>
<p>Y poco despues se oia</p>
<p>Del trueno el ronco fragor;</p>
<p>Y no el anciano temblaba,</p>
<p>Porque en su Dios confiaba,</p>
<p>Y hácia la playa remaba,</p>
<p>Intrépido pescador!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre anciano! Luego el viento</p>
<p>Su deshecha furia acrece,</p>
<p>Y en la mar el firmamento</p>
<p>Que se desploma parece.</p>
<p>Pronto á su choque violento,</p>
<p>Veloz como el pensamiento,</p>
<p>Con desigual movimiento,</p>
<p>La fragil barca osciló:</p>
<p>Y aquel anciano tan bueno,</p>
<p>Yo lo ví de espanto lleno,</p>
<p>Del mar en el hondo seno,</p>
<p>¡Infeliz! despareció&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asi, Cecilia, cuando mas la amamos</p>
<p>Esta existencia efímera perdemos,</p>
<p>Y acaso desventuras recojemos</p>
<p>Por todas las virtudes que sembramos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué importa, si como nos lo enseñan,</p>
<p>Todos esos que llama el mundo males,</p>
<p>Son del amor de Dios nuevas señales</p>
<p>Que á mas y mas amarlo nos enseñan?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa, di, si al fin de la jornada</p>
<p>Por esta áspera senda, triste, oscura,</p>
<p>Que ha de hallar la virtud estás segura</p>
<p>De par en par abierta la posada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Creelo asi! ¡Creelo asi! Tal vez algunos,</p>
<p>Tal vez tu alucinada inteligencia,</p>
<p>Te dirán que es error toda creencia,</p>
<p>Y que ahuyentes temores importunos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que esta vida es el fin de toda vida,</p>
<p>Que es bueno todo lo que halago ofrece :</p>
<p>Que el ánima mortal desaparece</p>
<p>Cual la luz de una lámpara estinguida&#8230;</p>
<p>Tu oido á todas sus palabras cierra :</p>
<p>Une tu voz al himno de los fieles,</p>
<p>¡Y nunca, nunca, comprender anheles</p>
<p>La existencia del mal sobre la tierra!</p>
<p>Madrid, Diciembre, 1835.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Musa</strong></h3>
<p>. . . . . <em>C&#8217;est une fée</em></p>
<p><em>Qui lui parle et qu&#8217;on ne voit pas.</em></p>
<ol>
<li><strong><em> HUGO.</em></strong></li>
</ol>
<p>¡Oh <strong>tú</strong>, que en tu aliento espides</p>
<p>Puro aroma de ambrosia,</p>
<p>Ven á verme y no me olvides,</p>
<p>Oh modesta <strong>musa</strong> mia!</p>
<p>Ven! Mi lira de <strong>tí</strong> amada,</p>
<p>Entre el polvo abandonada,</p>
<p>Impaciente espera ya,</p>
<p>Que reveles á mi oido</p>
<p>Lo que es y lo que ha sido,</p>
<p>Y tambien lo que será!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tus alas cobijaste</p>
<p>Tú la alegre infancia mia :</p>
<p>En mi pecho tú sembraste</p>
<p>La alma flor de poesía.</p>
<p>Tú á mi frente juvenil,</p>
<p>Ceñiste guirnaldas mil</p>
<p>De cipres, de rosa y palma&#8230;</p>
<p>¡Oh virgen pura querida!</p>
<p>Tú eres alma de mi vida,</p>
<p>Tú eres vida de mi alma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como sílfide, mi hermosa</p>
<p>Joven musa virginal,</p>
<p>En el caliz de la rosa,</p>
<p>Y en los átomos se posa</p>
<p>De la niebla matinal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya en las cuerdas de mi lira</p>
<p>Caprichosa juguetea :</p>
<p>Ya sonrie, ya suspira,</p>
<p>Y ella es la que me inspira</p>
<p>Cuanto mi alma desea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como un angel me aparece</p>
<p>En mi amada soledad :</p>
<p>Mi lecho amorosa mece,</p>
<p>Y el vaso en sueños me ofrece</p>
<p>Dó se encierra la verdad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya se esconde entre el vapor</p>
<p>Que levanta la laguna;</p>
<p>Ya de un lirio en el olor,</p>
<p>Ya en un suspiro de amor,</p>
<p>Ya en los rayos de la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De mi frente en torno vuela,</p>
<p>Y me inunda en claridad :</p>
<p>En mis penas me consuela,</p>
<p>Y su acento me revela</p>
<p>La sublime eternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Musa</strong>, <strong>tú</strong> fuiste para <strong>mí</strong> la estrella</p>
<p>Que al <strong>marinero</strong> guia,</p>
<p>De la virtud en la difícil via</p>
<p>Dirigiendo mi huella.</p>
<p>En mi primera edad, <strong>musa</strong> querida,</p>
<p><strong>Tu</strong> regazo me diste,</p>
<p>Y hermosa siempre y cariñosa fuiste</p>
<p>El <strong>angel</strong> de mi vida.</p>
<p>¡Cuantas veces el llanto de mis ojos</p>
<p>Tus alas enjugaron,</p>
<p>Y tus caricias místicas templaron</p>
<p>Mis amargos enojos!</p>
<p>Aquel vago pesar que el alma agita</p>
<p>Con inquietos deseos,</p>
<p>Cuando nuestros celestes devaneos</p>
<p>La <strong>esperiencia</strong> marchita,</p>
<p>Probar me hizo en mis primeros años</p>
<p>La enemiga <strong>fortuna</strong>,</p>
<p>Y ajaron mis creencias una á una</p>
<p>Funestos desengaños.</p>
<p>¡Oh! cuando al <strong>hombre</strong> conocí y al <strong>mundo</strong>,</p>
<p>Cuan llagado, cuan triste,</p>
<p>Quedó mi corazon!&#8230; <strong>Musa</strong>, <strong>tú</strong> viste</p>
<p>Mi desmayo profundo.</p>
<p>De hastio entonces y amarguras lleno</p>
<p>Busqué tu halago blando,</p>
<p>Y hallé dulce consuelo reclinando</p>
<p>Mi cabeza en tu seno.</p>
<p>Tu aliento perfumado refrescaba</p>
<p>El ardor de mi frente,</p>
<p>Y mi abatido corazon doliente</p>
<p>Tu amor desamargaba.</p>
<p>Gracias, <strong>musa</strong>, <strong>te</strong> doy : si en esta vida,</p>
<p>Disfruté de ventura</p>
<p>Tal vez alguna aurora, á tu ternura,</p>
<p>¡Oh <strong>virgen</strong>, fué debida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, ¡oh! plegue á <strong>Dios</strong> que hasta la muerte dores</p>
<p>Mi existencia, ¡oh mi puro</p>
<p>Amor primero, que serás, lo juro,</p>
<p>Mis últimos amores!</p>
<p><strong> </strong></p>
<h3><strong>El Cautivo</strong></h3>
<p>La luna en mitad del cielo</p>
<p>Vivo rayo destellaba,</p>
<p>Que en las torres se quebraba</p>
<p>Del castillo de Aliatar.</p>
<p>En él un <strong>noble cristiano</strong></p>
<p>Tres años ha prisionero,</p>
<p>Con acento lastimero,</p>
<p>Así comienza á cantar :</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, oh <strong>luna</strong> plateada,</p>
<p>Hechizo del alma mia!</p>
<p>¡Cuan dulce melancolía</p>
<p>Da tu vista al corazon!</p>
<p>¡Oh cuanto ahora que el <strong>mundo</strong></p>
<p>En sueño sumido yace,</p>
<p>Tu bella luz me complace</p>
<p>Cuando raya en mi prision!</p>
<p>Aqui en la flor de mi vida,</p>
<p>Vivo apartado del <strong>mundo</strong> :</p>
<p><strong>Tú</strong>, mi infortunio profundo,</p>
<p>Logras sola mitigar.</p>
<p>Oigo por toda armonia</p>
<p>De los <strong>vientos</strong> el silbido,</p>
<p>Y el monótono bramido</p>
<p>De las ondas de la mar.</p>
<p>¡Oh silencio de la noche!</p>
<p>¡Oh consuelo de mi alma!</p>
<p>¡Cuanto es mas dulce tu calma</p>
<p>Que del <strong>sol</strong> el resplandor!</p>
<p>Cuantas veces, <strong>luna</strong> hermosa,</p>
<p>Me viste en mi patria amada</p>
<p>A los pies de mi <strong>adorada</strong>,</p>
<p>Jurándole eterno amor!</p>
<p>Y cuantas con mis <strong>soldados</strong>,</p>
<p>En el real campamento,</p>
<p>Despues que al <strong>Moro</strong> sangriento</p>
<p>Rindió mi lanza en la lid :</p>
<p>O volviendo de las justas</p>
<p>Donde sediento de gloria,</p>
<p>El laurel de la victoria</p>
<p>Ceñí, dichoso <strong>adalid</strong>.</p>
<p>¡Oh mi <strong>Elvira</strong>! quien pudiera</p>
<p>Respirar donde respiras!</p>
<p>¡Venturoso el que <strong>tú</strong> miras</p>
<p>Con tu dulce sonreir!</p>
<p>Tal vez ora te lamentas</p>
<p>Solitaria y sin consuelo,</p>
<p>Y tus quejas oye el <strong>cielo</strong>,</p>
<p>Y mi nombre repetir.</p>
<p>Pienso aun ver aquellos dias</p>
<p>Cuando en brillantes torneos,</p>
<p>Estandartes y trofeos</p>
<p>Ponia ufano á tus pies :</p>
<p>Y aun me figuro que el lauro</p>
<p>Por <strong>tí</strong> en mi frente relumbra,</p>
<p>Y herido del <strong>sol</strong> deslumbra</p>
<p>El resplandor de mi arnes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ilusiones! Vanamente</p>
<p>Con <strong>vosotras</strong> me recreo,</p>
<p>Que en derredor solo veo</p>
<p>Cadenas, luto y horror.</p>
<p>Volad de mí para siempre,</p>
<p><strong>Esperanzas</strong> de consuelo :</p>
<p>No ya me quede en mi duelo</p>
<p>Ni aun memoria de mi amor.</p>
<p>¡Mas no! Volved presurosas :</p>
<p>Eternas sed en mi mente,</p>
<p>Y de mi pena inclemente</p>
<p>Los rigores mitigad :</p>
<p>Que solo el dulce recuerdo</p>
<p>De la pasada ventura,</p>
<p>Puede calmar la amargura</p>
<p>De una larga soledad!</p>
<p><strong><img decoding="async" class=" wp-image-2198 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ochoa1-300x157.png" alt="Poemas de Eugenio de Ochoa" width="822" height="430" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ochoa1-300x157.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ochoa1-768x403.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ochoa1.png 967w" sizes="(max-width: 822px) 100vw, 822px" /> </strong></p>
<h3><strong>A Un Niño</strong></h3>
<p><em>Et revelat ea parvulis.</em></p>
<p>Duerme ¡oh <strong>niño</strong> inocente! reclinado</p>
<p>De tu <strong>madre</strong> en el seno, mientra alado</p>
<p><strong>Angel</strong> en torno de tu frente gira :</p>
<p>Y tu profundo sueño, ¡oh mi querido!</p>
<p>Halague el melancólico sonido</p>
<p>De mi enlutada lira!</p>
<p>¡Oh castísima flor! ¡oh esencia pura</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De candor, de inocencia y de hermosura!</p>
<p>¡Santa <strong>paloma</strong>! ¡De tu edad temprana,</p>
<p>Hermoso objeto al maternal cariño</p>
<p>Conserve el <strong>cielo</strong>, delicado <strong>niño</strong>,</p>
<p>La cándida mañana!</p>
<p>Vive siempre feliz en tu pureza,</p>
<p>Sin que agiten cuidados tu cabeza,</p>
<p>Ni desgarren tu pecho las pasiones,</p>
<p>Ni sufras de la <strong>suerte</strong> el crudo amago,</p>
<p>Ni sigas nunca el mentiroso halago</p>
<p>De humanas ambiciones.</p>
<p>Que de la vida en el amargo rio,</p>
<p>Mientras naufraga espléndido <strong>navío</strong></p>
<p>Que al huracan y al rayo desafia,</p>
<p>Sigue humilde <strong>batel</strong>, seguro y lento,</p>
<p>Su curso confiado al blando aliento</p>
<p>Que el <strong>céfiro</strong> le envia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El puro color del <strong>cielo</strong></p>
<p>Reflejas, <strong>angel</strong> de luz,</p>
<p>De tus hermosos ojos</p>
<p>En el sereno azul.</p>
<p>La sonrisa de la <strong>aurora</strong>,</p>
<p>Mas alegre brilla en <strong>tí</strong>,</p>
<p>Cuando la risa baña</p>
<p>Tu labio de carmin.</p>
<p>Y esa aureola que circunda</p>
<p>Tu cabeza angelical,</p>
<p>Es la que ornó la frente</p>
<p>Del <strong>santo de Judá</strong>.</p>
<p>¡Vive, vive, <strong>niño</strong> amado!</p>
<p>¡Brille siempre la virtud</p>
<p>De tus hermosos ojos</p>
<p>En el sereno azul!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! cuando duermes y tu sueño velan</p>
<p>Los invisibles <strong>ángeles</strong> que vuelan</p>
<p>En derredor de <strong>tí</strong>,</p>
<p>¿No sientes, díme, perfumada <strong>boca</strong></p>
<p>Que blandamente con sus labios toca</p>
<p>Tus labios de rubí?</p>
<p>¿No ves praderas y serenos rios,</p>
<p>Y alcázares de estrellas, y sombrios</p>
<p>Bosques, y flores mil?</p>
<p>¿No ves, oh <strong>niño</strong>, vírgenes hermosas,</p>
<p>Y entre vergeles de esmeralda y rosas,</p>
<p>Palacios de marfil?</p>
<p>¿No sientes, díme, que á tu oido envia</p>
<p>Torrentes de purísima armonía</p>
<p>Alado <strong>serafin</strong>,</p>
<p>Y ó bien tu sueño entre sus brazos mece,</p>
<p>O bien despues para jugar te ofrece</p>
<p>Magnífico jardin?</p>
<p>Pues esos bosques sombrios,</p>
<p>Esos campos y esos rios</p>
<p>Son de un mundo superior,</p>
<p>Que tan solo ver consiguen</p>
<p><strong>Los que en vida</strong> el brillo siguen</p>
<p>De la <strong>estrella</strong> del candor.</p>
<p><strong>Los que el mundo</strong> abandonaron</p>
<p>Cuando apenas lo miraron,</p>
<p>Tiernos <strong>niños</strong>, van allí :</p>
<p><strong>Los que fueron virtuosos</strong>,</p>
<p>Allí moran venturosos</p>
<p>Entre lechos de alhelí.</p>
<p>¡Oh mi <strong>amado</strong>! De esa <strong>estrella</strong></p>
<p>Sigue siempre la luz bella</p>
<p>Como un astro tutelar,</p>
<p>Que si pierdes su presencia,</p>
<p>Será amarga tu existencia</p>
<p>Como el agua de la mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tú</strong> no sabes, inocente,</p>
<p>Lo que allá en su pecho siente,</p>
<p><strong>Quien del cielo</strong> se olvidó :</p>
<p><strong>Quien de Dios</strong> ha blasfemado,</p>
<p>Y viviendo en el pecado,</p>
<p>¡No hay otra vida! » esclamó.</p>
<p>¡<strong>Tú</strong> no sabes los pesares</p>
<p>Que se erizan á millares</p>
<p>En su pecho criminal :</p>
<p>Los tormentos que padecen</p>
<p>Y que ni aun desparecen</p>
<p>En la calma sepulcral!</p>
<p>¡Ah! No es su sueño sereno</p>
<p>Como el tuyo, sino lleno</p>
<p>De sangre, espectros y horror :</p>
<p>No ven campos abundosos,</p>
<p>Ni semblantes cariñosos,</p>
<p>Que los miren con amor.</p>
<p>¡Ay <strong>tristes</strong>! Cual te envidiaran</p>
<p>Si tu sosiego miraran</p>
<p>Y tu dulce sonreir,</p>
<p>Y ese inocente embeleso</p>
<p>Con que parece que un beso</p>
<p>Vas á dar ó recibir!</p>
<p>Ese labio que tu boca</p>
<p>Dulcemente, ¡oh <strong>niño</strong>! toca,</p>
<p>Es un labio celestial;</p>
<p>Es el labio de <strong>MARIA</strong>,</p>
<p>Que te guarda noche y dia</p>
<p>Con su manto virginal!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre <strong>niño</strong>! Si un momento</p>
<p>De tu lado se apartara</p>
<p>Y te olvidara,</p>
<p>De tu angélico semblante,</p>
<p>¡Oh! cuan pronto volaria</p>
<p>La alegria!</p>
<p>Como <strong>lirio</strong> deshojado</p>
<p>Que los <strong>cierzos</strong> desparraman</p>
<p>Cuando braman,</p>
<p>Tal tu cuerpo delicado,</p>
<p>Si te olvida, se veria,</p>
<p>Vida mia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si te olvida, ¡oh mi querido!</p>
<p>Tu semblante cariñoso,</p>
<p>Tan gracioso,</p>
<p>Fuera en polvo convertido,</p>
<p>Y tu cabellera riza</p>
<p>En ceniza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh fragante flor del cielo!</p>
<p>Guarde un angel tu existencia</p>
<p>Y tu inocencia,</p>
<p>Bajo su místico velo,</p>
<p>Y tu pureza infantil,</p>
<p>Años mil!</p>
<p><em>Madrid, Agosto, 1834.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Bien Y El Mal </strong></h3>
<p><strong>A La Señora Marquesa De V</strong></p>
<p>Cuando despunta en oriente</p>
<p>Un alba de rosicler,</p>
<p>Y que tiñe, al despertaros,</p>
<p>De nacar y oro la veis,</p>
<p>De vuestro lecho, Señora,</p>
<p>El elegante dosel;</p>
<p>Ya, sacudiendo el letargo,</p>
<p>La tibia alcoba dejeis,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ver la brillante escena</p>
<p>Del día que va á nacer;</p>
<p>O bien indolentemente,</p>
<p>Aun sonriendo tal vez</p>
<p>A algun delicioso ensueño,</p>
<p>Os volvais á adormecer,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran bien?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Cuando á galope tendido</p>
<p>En un fogoso corcel,</p>
<p>Los rizos flotando al aura</p>
<p>Y el largo velo tambien,</p>
<p>Entre el polvo que levanta</p>
<p>Vuestro caballo al correr,</p>
<p>Diana de nuestros dias</p>
<p>La corte española os vé,</p>
<p>Como aquellas que entre nubes</p>
<p>Veia el bardo Escocés,</p>
<p>Fantásticas hermosuras</p>
<p>En las cumbres de Morvén,</p>
<p>O aparicion desprendida</p>
<p>De un lienzo del Veronés;</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran bien?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Cuando en un palco, prendida</p>
<p>Como la hija de un rey,</p>
<p>Reclinada en terciopelo,</p>
<p>Ceñida en flores la sien,</p>
<p>Escuchais las armonías</p>
<p>De Bellini y Meyer Beer,</p>
<p>Al lado de vuestra hija,</p>
<p>Preciosa niña, en quien veis</p>
<p>La flor de vuestra hermosura</p>
<p>En su cáliz renacer:</p>
<p>Y cuando todo os anuncia</p>
<p>Que venturosa tambien</p>
<p>Será esa niña en el mundo,</p>
<p>Como en florido vergel,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran bien?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Cuando en un baile, á la luz</p>
<p>De cien lámparas y cien,</p>
<p>Iman de los corazones,</p>
<p>Mil galanes atraeis:</p>
<p>Cuando en la danza ligera</p>
<p>Vuestro breve y blanco pie,</p>
<p>Una á una deshojando</p>
<p>Va las rosas del placer:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando veis que para vos</p>
<p>Este mundo es un Eden;</p>
<p>Que el porvenir os sonrie,</p>
<p>Que vuestro destino es ver</p>
<p>Solo semblantes amigos,</p>
<p>Y oir palabras de miel,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran bien?</p>
<p>Mas cuando ruge en diciembre</p>
<p>Horrorosa tempestad,</p>
<p>Y pensais que hay navegantes</p>
<p>Perdidos en alta mar!</p>
<p>Cuando sopla por las calles</p>
<p>Punzante frio letal,</p>
<p>Y pensais que hay infelices</p>
<p>Desnudos y sin hogar!</p>
<p>Cuando su esposa y sus hijos</p>
<p>Al pobre le piden pan,</p>
<p>Y él no tiene pan que darles</p>
<p>Ni esperanza de ganar,</p>
<p>Y el hambre de su familia</p>
<p>Lo impele al crimen quizá,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran mal?</p>
<p>Cuando, cual blanca mortaja,</p>
<p>Cubre la inmensa ciudad</p>
<p>Densa escarcha, y entre niebla,</p>
<p>Cual lámpara funeral,</p>
<p>El sol de enero derrama</p>
<p>Cenicienta claridad,</p>
<p>Si en vuestro coche, cerradas</p>
<p>Las ventanas de cristal,</p>
<p>Embozada en ricas pieles</p>
<p>A lo lejos divisais</p>
<p>Un hombre, cuyo semblante</p>
<p>Revela acerbo penar,</p>
<p>Que ronda desesperado</p>
<p>Las orillas del Canal,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran mal?</p>
<p>Cuando pensais que do quiera</p>
<p>Que el hombre llegue á habitar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha de haber forzosamente,</p>
<p>¡Horrible necesidad!</p>
<p>Bajo el suelo un cementerio,</p>
<p>Sobre el suelo un hospital!</p>
<p>Cuando una voz en la calle</p>
<p>Ois que diciendo va:</p>
<p>¡Para hacer bien por el alma</p>
<p>Del que van á ajusticiar! »</p>
<p>Cuando veis con amargura,</p>
<p>Sin poderlas remediar,</p>
<p>Las úlceras que corroen</p>
<p>La faz de la sociedad,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran mal?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Cuando veis como se lleva</p>
<p>Las flores el huracan;</p>
<p>Que es ilusion la hermosura,</p>
<p>Las grandezas, vanidad!</p>
<p>Que el hombre, fantasma errante,</p>
<p>Pasa para no tornar;</p>
<p>Que de la cuna al sepulcro</p>
<p>En pocos momentos va,</p>
<p>Y que olvida el insensato</p>
<p>Que Dios tiene un tribunal,</p>
<p>Y que sus castigos duran</p>
<p>Por toda una eternidad!</p>
<p>Cuando pensais en la muerte</p>
<p>Y en lo que habeis de dejar,</p>
<p>¡Oh! ¿no os parece, Señora,</p>
<p>Que la vida es un gran mal?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Esas amargas ideas,</p>
<p>Señora, no desdeñeis:</p>
<p>Esas ideas son dignas</p>
<p>Del alma de una muger.</p>
<p>Gozad, gozad de la vida,</p>
<p>Que esa vuestra suerte es,</p>
<p>De esta vida en que mezclados</p>
<p>Siempre van el mal y el bien.</p>
<p>Gozad, Señora, gozad:</p>
<p>Felice, Señora, sed,</p>
<p>Pero en severas verdades</p>
<p>Meditad alguna vez.</p>
<p>Pensad en los que han perdido</p>
<p>Con la esperanza, la fe;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los huérfanos espuestos</p>
<p>Del destino á la merced:</p>
<p>La meditacion del <em>mal</em></p>
<p>Enseña á apreciar el <em>bien</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los pensamientos sombríos</p>
<p>Que el alma llenan de hiel,</p>
<p>Y en el festin de la vida</p>
<p>Nos hacen estremecer:</p>
<p>Que cubren de pronto el rostro</p>
<p>De una mortal palidez,</p>
<p>Y hielan en nuestros labios</p>
<p>La sonrisa del placer,</p>
<p>Son la terrible sentencia</p>
<p>Que vió aquel antiguo rey,</p>
<p>Con caracteres de fuego</p>
<p>Esculpida en la pared.</p>
<p>Son lecciones con que Dios</p>
<p>Nos anuncia que, despues</p>
<p>De esta vida mundanal,</p>
<p>Hay otra vida tambien,</p>
<p>Donde nunca enturbia el <em>mal</em></p>
<p>La eterna fuente del <em>bien</em>.</p>
<p><em>Madrid, Octubre 1837.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Fernando M.</strong></h3>
<p>Estaba ayer, Fernando, el valle tan sereno,</p>
<p>El ambiente de aromas y armonías tan lleno,</p>
<p>Que involuntariamente de mi estancia salí</p>
<p>Ansioso de gozarlos á todo mi placer.</p>
<p>Dos horas por el campo sin parar discurrí</p>
<p>Engolfado en sentir, en meditar y ver.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Una estraña ilusion hirió entonces mi mente.</p>
<p>Parecióme, Fernando, que á todo de repente,</p>
<p>Desde el mayor objeto al objeto menor,</p>
<p>Una misma alma amante comenzó á animar.</p>
<p><strong>La montaña</strong> decia : ¡Oh cuan linda es la flor!</p>
<p><strong>El mosquito</strong> decia : Cuan hermoso es el mar!</p>
<p><em>Enghien, Setiembre, 1840.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Culpa Y Castigo</strong></h3>
<p><em>Y ansi la felicidad injusta es rosa breve y flor</em></p>
<p><em>que á vuelta de ojo se marchita.</em></p>
<p><strong><em>Fr. Luis de Leon.</em></strong></p>
<p>Vuela, vuela, mi caballo,</p>
<p>Vuela, vuela, mi alazan,</p>
<p>Como el soplo de los vientos,</p>
<p>Cual relámpago fugaz.</p>
<p>Ya ha escondido el sol su carro</p>
<p>En las ondas de la mar,</p>
<p>Y las sombras de la noche</p>
<p>Cielo y tierra cubren ya.</p>
<p>Te prometo si me llevas</p>
<p>Con toda velocidad,</p>
<p>Doble racion y dejarte</p>
<p>Por todo un mes descansar.</p>
<p>Te prometo una gualdrapa</p>
<p>Rica como un manto real,</p>
<p>Y para el primer torneo</p>
<p>Un magnífico pretal,</p>
<p>Porque mi Leonor me espera</p>
<p>Y ausente su esposo está,</p>
<p>Y puede tornar en breve</p>
<p>A su castillo feudal.</p>
<p>Ya sus almenas descubro</p>
<p>Allá entre la oscuridad,</p>
<p>Y mi amante corazon</p>
<p>Latiendo en mi pecho va.</p>
<p>Leonor impaciente acaso</p>
<p>Maldice tanto tardar&#8230;</p>
<p>Vuela, vuela, mi caballo,</p>
<p>Vuela, vuela, mi alazan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que á una cita de amor</p>
<p>Llega tarde,</p>
<p>Y hace que su dama aguarde,</p>
<p>Aunque en linage y valor</p>
<p>Sobrepuje al rey don Juan,</p>
<p>Y aunque galan,</p>
<p>Perderá tiempo y afan.</p>
<p>El que sabe que es querido</p>
<p>Con ardor</p>
<p>Y falta á citas de amor,</p>
<p>Diciendo luego que ha sido</p>
<p>Por culpa de su alazan,</p>
<p>Aunque galan,</p>
<p>Perderá tiempo y afan.</p>
<p>Y aunque corone su frente</p>
<p>De laurel</p>
<p>El que á su dama es infiel,</p>
<p>Y aunque sea mas valiente</p>
<p>Que el vencedor de Roldan,</p>
<p>Y aunque galan,</p>
<p>Perderá tiempo y afan.</p>
<p>El que ó muy tímido ama</p>
<p>O indiscreto</p>
<p>Ni sabe guardar secreto,</p>
<p>Ni declararse á su dama</p>
<p>Por miedo de algun desman,</p>
<p>Aunque galan,</p>
<p>Perderá tiempo y afan.</p>
<p>Bizarro y joven en vano</p>
<p>Será un hombre;</p>
<p>Tendrá en vano ilustre nombre</p>
<p>Si en amores es liviano,</p>
<p>Porque las damas dirán:</p>
<p>Es galan,</p>
<p>Mas pierde tiempo y afan. »</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La condesa Leonor así cantaba</p>
<p>Una noche en que, ausente su marido</p>
<p>Impaciente aguardaba</p>
<p>A su galan querido.</p>
<p>Su profunda mortal melancolía,</p>
<p>La lánguida espresion de su mirada,</p>
<p>Todo en ella decia</p>
<p>Que estaba enamorada.</p>
<p>De sus ojos azules como el cielo</p>
<p>Humedecia las pestañas largas,</p>
<p>Un trasparente velo</p>
<p>De lágrimas amargas.</p>
<p>Porque al ver que su amante no venia</p>
<p>Y que estaba ya oscuro el firmamento,</p>
<p>Su pecho entristecia</p>
<p>Fatal presentimiento.</p>
<p>Leve ropage cándido de lino</p>
<p>Mal del nocturno ambiente la guardaba.</p>
<p>Junto al tronco de un pino</p>
<p>En pie temblando estaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ambas manos, de la brisa aguda</p>
<p>Que por las secas ramas discurria,</p>
<p>Su garganta desnuda</p>
<p>Tiritando cubria.</p>
<p>Sobre su frente pálida ondeaban</p>
<p>Los rizos de su larga cabellera :</p>
<p>Sus labios murmuraban</p>
<p>Plegaria lastimera.</p>
<p>¡ Profanacion ! insensatez ! agravio !</p>
<p>Remedo infiel de un corazon contrito !</p>
<p>La oracion en el labio</p>
<p>Y en el pecho el delito !</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pronto el galope ligero</p>
<p>De un alazan escuchó,</p>
<p>Y á su galan caballero</p>
<p>Todo cubierto de acero,</p>
<p>En sus brazos estrechó.</p>
<p>La noche estaba serena,</p>
<p>Tan serena como fria :</p>
<p>Brillaba la luna llena&#8230;</p>
<p>Cercana floresta amena</p>
<p>Sombra y misterio ofrecia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lentamente á la espesura</p>
<p>Lleva el galan á su amada,</p>
<p>Aunque resistir procura,</p>
<p>Ceñida por la cintura</p>
<p>Y en su brazo reclinada.</p>
<p>Luego un suspiro se oyó,</p>
<p>Y entre las ramas un bulto</p>
<p>De humana forma pasó :</p>
<p>Luego inmovil se quedó</p>
<p>Entre las ramas oculto.</p>
<p>¡ Era un anciano ! el marido</p>
<p>De la culpada Leonor !</p>
<p>En secreto prevenido</p>
<p>Del ultraje hecho á su honor,</p>
<p>En el bosque se ha escondido.</p>
<p>Terrible resolucion</p>
<p>Revuelve en su corazon :</p>
<p>Pero en su esposa confia&#8230;</p>
<p>La idolatra, y todavia</p>
<p>No puede creer su traicion.</p>
<p>Aguarda&#8230; cada momento</p>
<p>Es un siglo para él&#8230;</p>
<p>Mas ve á Leonor y al doncel&#8230;</p>
<p>No bebió sin fundamento</p>
<p>De la sospecha la hiel !&#8230;</p>
<p>Fuego sus ojos lanzaban</p>
<p>Cuando en Leonor desleal</p>
<p>Y en su galan se fijaban :</p>
<p>Entre sus manos brillaban</p>
<p>Un venablo y un puñal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tanto el joven gallardo</p>
<p>Estaba su amor bastardo</p>
<p>Encareciendo á su bien&#8230;</p>
<p>Cuando le atraviesa un dardo</p>
<p>De parte á parte la sien !</p>
<p>Como, perdido el matiz,</p>
<p>Se dobla pisada flor,</p>
<p>Dobla el joven la cerviz&#8230;</p>
<p>Llora por ese infeliz,</p>
<p>Y por ti tambien, Leonor !&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al tibio rayo de sangrienta luna,</p>
<p>Se divisaba lóbrega laguna</p>
<p>Que forma al norte el foso del castillo :</p>
<p>Sus aguas tristemente negreaban ;</p>
<p>Las estrellas en él se reflejaban</p>
<p>Con macilento brillo.</p>
<p>¡ Silencio sepulcral ! ¿ Mas cual sonido</p>
<p>Le viene á interrumpir ? Se oye un jemido :</p>
<p>Luego un cuerpo cayendo el lago agita ;</p>
<p>Un cuerpo armado es, inerte, yerto ..</p>
<p>Luego otro cuerpo cae, pero no muerto,</p>
<p>Pues forcejea y grita !. .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perezca la esposa infiel</p>
<p>Que mancilla el limpio honor</p>
<p>De su señor !</p>
<p>Perezca el traidor doncel</p>
<p>Que á hermosa agena señora</p>
<p>Enamora ! »</p>
<p>Así el anciano esclamaba,</p>
<p>Y la vista alzaba al cielo</p>
<p>Sin consuelo :</p>
<p>Luego al lago la bajaba,</p>
<p>Y con horrible alegría</p>
<p>Sonreia !</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Pescador</strong></h3>
<p>Al rayo de la luna,</p>
<p>El pescador Anfriso</p>
<p>Cruza en su barca leve</p>
<p>El Betis cristalino.</p>
<p>Las auras mansamente</p>
<p>Con lánguido suspiro,</p>
<p>De su melena agitan</p>
<p>Los largos, negros rizos.</p>
<p>De amor la hermosa estrella</p>
<p>De en medio el puro Olimpo,</p>
<p>Destella en la corriente</p>
<p>Su delicado brillo.</p>
<p>Deslízase ligera</p>
<p>Sobre el sereno rio</p>
<p>La barca, al blando impulso</p>
<p>Del remo sacudido :</p>
<p>Y mientras va cruzando</p>
<p>El Betis cristalino,</p>
<p>Cantando va de amores</p>
<p>El pescador Anfriso.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla,</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará.</p>
<p>Pescadora</p>
<p>Muy mas bella</p>
<p>Que la estrella</p>
<p>Del amor,</p>
<p>Al cariño</p>
<p>Sé constante</p>
<p>De tu amante</p>
<p>Pescador.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla,</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará.</p>
<p>La luz pura</p>
<p>De tus ojos,</p>
<p>Mis enojos</p>
<p>Templará :</p>
<p>De tu acento</p>
<p>La dulzura,</p>
<p>Mi tristura</p>
<p>Calmará.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla,</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará. »</p>
<p>Y con su barquilla</p>
<p>Anfriso á la orilla</p>
<p>Afanoso tiende,</p>
<p>Y las olas hiende</p>
<p>La sonante quilla.</p>
<p>La luz que destella</p>
<p>De Venus la estrella,</p>
<p>Descubre al amante</p>
<p>La choza distante</p>
<p>De su amada bella.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla,</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará.</p>
<p>Esa estrella,</p>
<p>Vida mia,</p>
<p>Que me guia</p>
<p>Con su albor,</p>
<p>Que tan viva</p>
<p>Luz destella,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la estrella</p>
<p>Del amor.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla,</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará.</p>
<p>Esa estrella</p>
<p>Me encamina,</p>
<p>¡ Oh divina</p>
<p>Elisa á tí !</p>
<p>A tí, Elisa,</p>
<p>Mas hermosa</p>
<p>Que una diosa</p>
<p>Para mí.</p>
<p>Voga, voga, mi amada barquilla</p>
<p>A la orilla condúceme ya ;</p>
<p>Voga y cruza la rauda corriente,</p>
<p>Que impaciente mi Elisa estará. »</p>
<p>Elisa á su adorado</p>
<p>En la ribera aguarda,</p>
<p>Y él su barquilla leve</p>
<p>En la margen amarra.</p>
<p>Para ayudar á Anfriso</p>
<p>A que del bote salga,</p>
<p>Sus blancos brazos tiende</p>
<p>La hermosa enamorada,</p>
<p>¡ Mas ay ! entre los juncos</p>
<p>Su pie desliza&#8230; el agua</p>
<p>Del sosegado rio</p>
<p>Su hermoso cuerpo traga.</p>
<p>Detras al punto el joven</p>
<p>Frenético se lanza,</p>
<p>Y ora aparecen, ora</p>
<p>Juntos al fondo bajan.</p>
<p>Brilla la luna en tanto</p>
<p>Serena, hermosa y clara,</p>
<p>Y sobre el manso rio</p>
<p>Su pura luz resbala.</p>
<p>Escarpada es la orilla&#8230;</p>
<p>La mar está cercana&#8230;</p>
<p>Fatídicos graznidos</p>
<p>El triste buho lanza&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mar en breves horar,</p>
<p>Al retirar sus aguas,</p>
<p>Dos cuerpos abrzados,</p>
<p>Depositó en la playa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Melancolia</strong></h3>
<p><em>La fleur de ma vie est fanée !</em></p>
<p><strong><em>MILLEVOYE.</em></strong></p>
<p><em> </em></p>
<p>La luna entre negras nubes</p>
<p>Su disco argentado oculta,</p>
<p>Y á los montes y á los valles</p>
<p>Desciende espesa la lluvia.</p>
<p>Las aves el blando nido</p>
<p>De pajas y leves plumas,</p>
<p>Cobijando sus polluelos,</p>
<p>Despavoridas ocupan.</p>
<p>¡ Qué horror ! en los hondos bosques</p>
<p>Cercano el trueno retumba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el huracan en los montes</p>
<p>Troncha la encina robusta.</p>
<p>El rayo la opaca esfera</p>
<p>De lívida luz inunda,</p>
<p>Y con horrísono estruendo</p>
<p>Los torrentes se derrumban</p>
<p>¿Será que con voz de trueno</p>
<p>El gran Padre del altura,</p>
<p>De cielo y tierra, en sus iras,</p>
<p>La ruina cercana anuncia?</p>
<p>Mas no, que ya lentamente</p>
<p>Calma del viento la furia,</p>
<p>Y entre las rasgadas nubes</p>
<p>Se ostenta hermosa la luna.</p>
<p>Y pronto alegres las aves</p>
<p>La nueva aurora saludan,</p>
<p>Y los limpios arroyuelos</p>
<p>Entre espadañas murmuran.</p>
<p>Ya el sol el rosado oriente</p>
<p>Con tímido rayo alumbra,</p>
<p>Y del pasado letargo</p>
<p>Despierta hermosa natura.</p>
<p>Yo solo, infeliz, ludibrio</p>
<p>De la enemiga fortuna,</p>
<p>Al pesar que me devora</p>
<p>No encuentro consuelo nunca.</p>
<p>¿Qué importa á mi triste pecho</p>
<p>Que horrible tormenta cruja,</p>
<p>O que la aurora á los campos</p>
<p>Sus colores restituya,</p>
<p>Si las mudanzas del tiempo</p>
<p>No mis lágrimas enjugan,</p>
<p>Ni con bálsamo apacible</p>
<p>Mi acerbo dolor endulzan?</p>
<p>En vano el brillante dia</p>
<p>Cuando magnífico luzca,</p>
<p>Dará á las húmedas plantas</p>
<p>Y á los bosques su verdura;</p>
<p>En vano, que no <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-jose-joaquin-de-mora/">en mi alma</a></p>
<p>Hará que calme la angustia,</p>
<p>Ni que del dolor el ceño</p>
<p>Descoja mi frente adusta.</p>
<p>Los que las pintadas aves</p>
<p>Sabrosos cantos modulan:</p>
<p>El eco apacible y blando</p>
<p>Del arroyo en la espesura:</p>
<p>Tus bellos rayos, Lucina,</p>
<p>Cuando en las olas fluctuan,</p>
<p>Y el amante cefirillo</p>
<p>Que entre las flores susurra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iguales son para mi,</p>
<p>Y aun menos tal vez me gustan</p>
<p>Que el elocuente silencio</p>
<p>De las tristes sepulturas.</p>
<p>Allí con su aspecto nadie</p>
<p>Mis meditaciones turba,</p>
<p>Ni de los hombres me aflije</p>
<p>La sociedad importuna.</p>
<p>Las frias brisas sonoras</p>
<p>Entre los sauces circulan,</p>
<p>Y oigo en ellas una voz</p>
<p>Amiga que me saluda.</p>
<p>Nadie mis pasadas dichas</p>
<p>Me recuerda con las suyas</p>
<p>Allí ! de afliccion y muerte</p>
<p>Solo emblemas me circundan.</p>
<p>Oh muerte ! muerte ! oh sereno</p>
<p>Puerto ! soledad augusta !</p>
<p>Ojalá pronto á tu paz</p>
<p>La tempestad me conduzca !</p>
<p>Sí, bella Laura : mi pecho</p>
<p>Arido ya, solo busca</p>
<p>En vez de agitadas dichas,</p>
<p>El reposo de la tumba.</p>
<p>Tú, hermosa, la suerte mia</p>
<p>Tal vez cariñosa endulzas,</p>
<p>Y de mis ojos el llanto</p>
<p>Con cándida mano enjugas.</p>
<p>De mis tristezas la causa</p>
<p>Compasiva me preguntas,</p>
<p>Y te admira mi silencio&#8230;</p>
<p>Mas ¿ la sé yo por ventura ?</p>
<p>¡ Ese es mi mayor tormento !</p>
<p>No saber en qué se fundan</p>
<p>Este hondo abatimiento,</p>
<p>Esta desazon profunda,</p>
<p>Estas ansias que me ahogan,</p>
<p>Este aguijon que me punza</p>
<p>Las entrañas, siempre, siempre,</p>
<p>Sin causa á que lo atribuya !&#8230;</p>
<p>Ver sin poder remediarlo</p>
<p>Que el padecimiento es una</p>
<p>Condicion de mi existencia,</p>
<p>Y que lo es sin mi culpa !&#8230;</p>
<p>Que sufro, como las flores</p>
<p>Espiden fragancias puras,</p>
<p>Como las aves gorgean,</p>
<p>Como las aguas fluctuan,</p>
<p>Como del sembrado surco</p>
<p>Brota la espiga fecunda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en las feraces selvas</p>
<p>Las enramadas se cruzan ;</p>
<p>Como fluyen las corrientes,</p>
<p>Como los astros alumbran,</p>
<p>Como se siguen los dias,</p>
<p>Como los afectos mudan !</p>
<p>Oh Laura ! tú mi existencia</p>
<p>Cubrir de flores procuras,</p>
<p>Angel ! y aliviar el peso</p>
<p>De la afliccion que me abruma ;&#8230;</p>
<p>— En vano ! que cuando el hado</p>
<p>Allá en sus leyes ocultas,</p>
<p>A ser infeliz á un hombre</p>
<p>Condenó desde la cuna,</p>
<p>No tolera que ninguno</p>
<p>Lo que él decretó destruya,</p>
<p>Y es poderoso el destino</p>
<p>Y al universo subyuga.</p>
<p>Si desque nací, las iras</p>
<p>Probé de la suerte injusta,</p>
<p>Y hasta las heces el caliz</p>
<p>Apuré de la amargura,</p>
<p>¿Qué quieres, oh Laura ? Deja</p>
<p>Que mi destino se cumpla,</p>
<p>Y que el abril de mi vida</p>
<p>Solitario se consuma.</p>
<p>Sé feliz ; todo en la vida</p>
<p>Felicidades te anuncia :</p>
<p>Yo nací para sufrir&#8230;.</p>
<p>Déjame, Laura, que sufra !</p>
<p>Solo te pido que un dia,</p>
<p>( Pronto será ! ) cuando en muda</p>
<p>Soledad, mi cuerpo helado</p>
<p>La tierra por siempre cubra,</p>
<p>De mí te acuerdes, hermosa,</p>
<p>Y ramas, y flores mustias,</p>
<p>Y una lágrima derrames</p>
<p>En la losa de mi tumba !</p>
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		<title>Poemas de José Joaquín de Mora</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2026 03:07:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de José Joaquín de Mora, el errante caballero de las letras, tejió su destino entre la pasión liberal y el exilio melancólico. Su pluma, vibrante y audaz, desafió tiranías para sembrar luces en suelo americano. Poeta de espíritu indomable, fundió la razón ilustrada con el fuego romántico, dejando un rastro de versos y leyes. [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-jose-joaquin-de-mora/">Poemas de José Joaquín de Mora</a> se publicó primero en <a href="https://lospoemas.net">Poemas</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de José Joaquín de Mora</strong>, el <strong>errante caballero de las letras</strong>, tejió su destino entre la pasión liberal y el exilio melancólico. Su pluma, vibrante y audaz, desafió tiranías para sembrar luces en suelo americano.</p>
<p>Poeta de espíritu indomable, fundió la razón ilustrada con el fuego romántico, dejando un rastro de versos y leyes. Fue, en esencia, el <strong>eterno soñador</strong> que convirtió la palabra en patria y la libertad en su única musa.</p>
<h3><strong>Acta de una sesión</strong></h3>
<p>Cotorreando en mórbidos sillones,</p>
<p>diez leguleyos de cerebro vano,</p>
<p>acerca de si Ticio es ciudadano,</p>
<p>ensartaron horrendas sinrazones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seco el jugo vital de los pulmones,</p>
<p>y agotado el idioma chabacano,</p>
<p>estas palabras dirigió un hermano,</p>
<p>a todos los demás santos varones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Padres conscriptos, que el profano sea</p>
<p>civil o ciudadano, es una idea</p>
<p>que acaso pueda interesar a otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo en tan grave cuestión ni entro ni salgo</p>
<p>lo que importa saber es, si ese hidalgo</p>
<p>es tan grave animal como nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Díjome Fabio que en el monte Hibleo</strong></h3>
<p>Díjome Fabio que en el monte Hibleo</p>
<p>nacen como carneros las perdices,</p>
<p>y que Dido llevaba en las narices,</p>
<p>como gafas, montado un rey pigmeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que casada Cenobia con Orfeo,</p>
<p>después de muchos cuentos y deslices,</p>
<p>estudiaron en Londres de aprendices,</p>
<p>y a todo respondí: Fabio, lo creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que hay un mono en Berlín que con el rabo</p>
<p>sabe escribir en la pared su nombre,</p>
<p>y con grande primor saca una muela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dije, Fabio, lo creo: Mas al cabo</p>
<p>me contó que Damón era un gran hombre,</p>
<p>y entonces dijo: Fabio eso no cuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El tachonado y puro firmamento</strong></h3>
<p>El tachonado y puro firmamento</p>
<p>con todas sus lumbreras inmortales,</p>
<p>esa luz que nos vierte sus raudales,</p>
<p>más sutil, más veloz que el pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El misterioso y grave movimiento</p>
<p>de sus revoluciones desiguales,</p>
<p>¡qué de goces intensos, celestiales,</p>
<p>no dan al atrevido entendimiento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y está serena el alma, y no palpita</p>
<p>rápido el corazón! ¡Ni estalla el labio,</p>
<p>cediendo al entusiasmo que lo agita!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hombre, suelta el compás y el astrolabio;</p>
<p>mentido es tu saber, siente y medita:</p>
<p>quien más medita y siente es el más sabio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Álzase Marco Tulio de su asiento</strong></h3>
<p>Álzase Marco Tulio de su asiento</p>
<p>con grave pompa y majestad divina;</p>
<p>tiembla de espanto y rabia Catilina,</p>
<p>inmóvil el Senado escucha atento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brota el raudal sonoro y al momento</p>
<p>sálvase Roma de fatal ruina,</p>
<p>el pueblo al Cónsul la cerviz inclina,</p>
<p>y padre clama en jubiloso acento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora si me preguntas en qué autores</p>
<p>adquirió Cicerón el privilegio</p>
<p>de arrancar tan magníficos honores,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo ye responderé, que ese hombre egregio,</p>
<p>modelo de abogados y oradores,</p>
<p>ni estudió a Vinio, ni pisó el colegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Imitación de Lord Byron</strong></h3>
<p>Luzbel creyó que el orbe de la tierra</p>
<p>su personal esmero requería;</p>
<p>sube y observa la demencia impía</p>
<p>que arma a los hombres en nefanda guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sangre a ríos inunda valle y sierra;</p>
<p>roba el cañón la claridad del día;</p>
<p>muere en los brazos de la madre pía</p>
<p>la prenda cara que su dicha encierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tan atroz desorden y locura,</p>
<p>al homicida, al robador exalta</p>
<p>gloria falaz, con alabanza impura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luzbel de un brinco al horno averno salta;</p>
<p>«nuestra victoria (dice) está segura;</p>
<p>arriba, por ahora, no hago falta».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El estío</strong></h3>
<p>Hermosa fuente que al vecino río</p>
<p>sonora envías tu cristal undoso,</p>
<p>y tu blanda, cual sueño venturoso,</p>
<p>yerba empapada en matinal rocío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Augusta soledad del bosque umbrío</p>
<p>que da y protege el álamo frondoso,</p>
<p>amparad de verano riguroso</p>
<p>al inocente y fiel rebaño mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que ya el suelo feraz de la campiña</p>
<p>selló julio con planta abrasadora</p>
<p>y su verdura a marchitar empieza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y alegre ve la pámpanos aviña</p>
<p>en sus venas la savia bienhechora,</p>
<p>nuncio feliz de la otoñal riqueza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El tiempo y la amistad</strong></h3>
<p>Al Tiempo dijo Amistad:</p>
<p>hazme un lugarcito, hermano.</p>
<p>Alargándole la mano,</p>
<p>el Tiempo responde: entrad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al Dios ciego dije, no;</p>
<p>porque fijarlo no sé.</p>
<p>A vos digo, sí; porque</p>
<p>duráis tanto como yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Convite para ir al campo</p>
<p>Lisi ¿por qué no bajas a la aldea?</p>
<p>¿Qué hechizo tiene el tráfago anheloso</p>
<p>de la ciudad potente</p>
<p>para el alma inocente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué condenas al pesado yugo,</p>
<p>y a la escena de míseras pasiones,</p>
<p>y de acechanzas viles</p>
<p>tus años juveniles?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué sumir en ese abismo oscuro</p>
<p>de rumoroso aturdimiento al alma,</p>
<p>para gozar nacida,</p>
<p>y en hierros oprimida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Puede aspirar, en la pesada niebla</p>
<p>que a la opulencia y al poder circunda</p>
<p>los perfumes del aura</p>
<p>que sus fuerzas restaura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni de Natura el cándido lenguaje</p>
<p>oír entre la turba vagarosa</p>
<p>que al audaz que la guía</p>
<p>ciega y dócil se fía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni conservar el natural instinto</p>
<p>que a la virtud y a la bondad la lleva,</p>
<p>do verdad se estremece,</p>
<p>y tímida enmudece?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, Lisi, al campo, ven; del almo cielo</p>
<p>la inmensidad verás, no interrumpida</p>
<p>por altos torreones</p>
<p>de lóbregas prisiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el blando césped hollarás, cubierto</p>
<p>de rocío oloroso, no teñido</p>
<p>con sangre del humano,</p>
<p>que vertiera su hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ecos oirás confusos de balidos</p>
<p>y lejanos cencerros, y de arroyos;</p>
<p>y el viento que murmura</p>
<p>por la verde espesura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gratos muy más que el atambor guerrero,</p>
<p>y que el himno sacrílego que entona</p>
<p>al Dios del universo,</p>
<p>hipócrita perverso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mansión de holgura y perenal deleite</p>
<p>los campos son. En ellos sin estorbo,</p>
<p>la libertad divina,</p>
<p>triunfa, goza y domina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la flor</strong></h3>
<p>Flor modesta y delicada,</p>
<p>que ocultas tus hojas leves</p>
<p>y sencillas,</p>
<p>cual huyendo la mirada</p>
<p>de peligrosas y aleves</p>
<p>avecillas;</p>
<p>flor, consuelo del ausente,</p>
<p>que nunca adornas la frente</p>
<p>de los Cides,</p>
<p>sino el seno de las damas,</p>
<p>dime, flor, ¿cómo te llamas?</p>
<p>No me olvides.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flor, que al cariñoso seno</p>
<p>recuerdas el dulce amigo</p>
<p>desgraciado,</p>
<p>mientras gime en suelo ajeno,</p>
<p>viéndose del patrio abrigo</p>
<p>desechado;</p>
<p>flor, que tímida consumes</p>
<p>los delicados perfumes</p>
<p>que despides</p>
<p>entre las selvosas ramas,</p>
<p>dime, flor, ¿cómo te llamas?</p>
<p>No me olvides.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flor, recuerdo misterioso</p>
<p>de esperanza lisonjera</p>
<p>malograda;</p>
<p>con cuyo aspecto gracioso</p>
<p>torna la dicha que fuera</p>
<p>ya pasada;</p>
<p>y tornan llorados bienes,</p>
<p>risas, amores, desdenes,</p>
<p>blandas lides,</p>
<p>cenizas de antiguas llamas,</p>
<p>dime, flor, ¿cómo te llamas?</p>
<p>No me olvides.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sátira</strong></h3>
<p>Sempronio, no te canses. Hombre lego</p>
<p>sólo sirve a dar vueltas a una noria,</p>
<p>o a llevar en los hombros un talego.</p>
<p>A los sabios se debe fama y gloria,</p>
<p>lumbreras de los cursos y las aulas,</p>
<p>ornamentos del templo de memoria.</p>
<p>Es verdad que se ocultan muchas maulas</p>
<p>bajo el nombre de sabios, y que algunos</p>
<p>no merecen mucetas, sino jaulas.</p>
<p>Declamadores necios e importunos</p>
<p>que atribuyen el ergo y el sorites</p>
<p>al siglo de los godos y los hunos.</p>
<p>Y más azucarados que confites,</p>
<p>ostentan lo sutil de su cerebro</p>
<p>en fondas, en tertulias y convites.</p>
<p>A éstos, por vida mía, no celebro:</p>
<p>verlos quiero más bien arrebatados</p>
<p>por las aguas del Tajo o las del Ebro.</p>
<p>Aquellos profesores, enseñados</p>
<p>a manejar volúmenes en folio,</p>
<p>de cuestiones sutiles atestados,</p>
<p>son los que ocupan del saber el solio,</p>
<p>y es justo que su nombre se repita</p>
<p>del barrio del Perchel al Capitolio.</p>
<p>No es verdad que murieron, como grita</p>
<p>el tropel de pedantes disoluto</p>
<p>que la extranjera jerigonza imita.</p>
<p>Hablen sino las aulas de Compluto,</p>
<p>do retumba el sonoro Epicherema,</p>
<p>dando a las ciencias abundoso fruto.</p>
<p>Viven y beben: sus furores tema</p>
<p>la química con todo su aparato,</p>
<p>la física con todo su sistema.</p>
<p>Vive y triunfa el sublime peripato;</p>
<p>la forma silogística prospera,</p>
<p>ni hay fuerza que detenga su conato.</p>
<p>Vuelve a ser frecuentada la carrera</p>
<p>en que la sabatina y el certamen</p>
<p>ganaron una fama duradera.</p>
<p>Siguen los ejercicios y el examen,</p>
<p>lo mismo que en los siglos doce y trece:</p>
<p>item más, el refresco y el vejamen.</p>
<p>Aquel latín que en nada se parece</p>
<p>al de Marón, de nuevo predomina</p>
<p>adonde el claustro y gremio resplandece.</p>
<p>En bayetas se envuelve la doctrina:</p>
<p>la lengua de Castilla no se aprende,</p>
<p>que no parece de la ciencia digna.</p>
<p>En diez años de cursos (bien se entiende,</p>
<p>contando la mitad de vacaciones)</p>
<p>el círculo de estudios se comprende.</p>
<p>Así se forman ínclitos varones,</p>
<p>de que la patria saca tanto jugo</p>
<p>en las más apuradas ocasiones.</p>
<p>Muchos pretenden sacudir el yugo</p>
<p>de esta noble enseñanza, y atrevidos</p>
<p>al más grave doctor llama Tarugo.</p>
<p>Y los verás triunfar envanecidos</p>
<p>con párrafos vacíos y pomposos,</p>
<p>en folletos de extranjis aprendidos.</p>
<p>¿Quieres dejarlos mudos y penosos?</p>
<p>Háblales de la esencia y la existencia,</p>
<p>de los predicamentos ingeniosos.</p>
<p>Diles que te definan la potencia,</p>
<p>y el ente de razón, y que combatan</p>
<p>el formidable: nulla est consequencia.</p>
<p>Si en Súmulas discurren, disparatan;</p>
<p>en el secundum quid, no saben jota,</p>
<p>y por eso a Goudin ciegos maltratan.</p>
<p>Lo que a estos calaveras alborota,</p>
<p>es una ciencia nueva y peregrina</p>
<p>en que la moda de innovar se agota.</p>
<p>Ideología es su nombre, y de la China</p>
<p>vino sin duda tan extraño invento,</p>
<p>de que no hablaron Gómez ni Molina.</p>
<p>Con solo la ideología, en un momento</p>
<p>te explicarán la cosa más oscura.</p>
<p>Vaya, que la ideología es un portento.</p>
<p>¡Pues qué es ver a un muchacho criatura</p>
<p>hacer anatomía del lenguaje,</p>
<p>y responder con la-mayor frescura!</p>
<p>¡Oh de la ciencia vergonzoso ultraje!</p>
<p>¡Qué ya no es monopolio la doctrina,</p>
<p>y no distingue dignidad ni traje!</p>
<p>Mientras un mozalbete se reclina</p>
<p>sobre el muelle sofá, mientras devora</p>
<p>una pierna de pavo en jaletina,</p>
<p>demostrará que es ciencia embaucadora,</p>
<p>la que en los pergaminos abultados</p>
<p>de tanta biblioteca se atesora.</p>
<p>Hablará de los hombres ilustrados,</p>
<p>contará del oxígeno primores,</p>
<p>y dejará a los necios embobados.</p>
<p>Dirá que hay machos y hembras en las flores,</p>
<p>y probará (repara que simpleza)</p>
<p>que es la luz la que forma los colores.</p>
<p>Sus palabrotas son: naturaleza,</p>
<p>germen, vitalidad, desarrollo;</p>
<p>tipo, organismo, formas y belleza.</p>
<p>Hará ver lo sutil de su meollo</p>
<p>abriéndole a una rata una cisura,</p>
<p>o asesinando a un miserable pollo;</p>
<p>y con un trozo viejo de herradura</p>
<p>temblarán los sangrientos intestinos:</p>
<p>galvanismo se llama esta diablura.</p>
<p>Si de estos miserables desatinos</p>
<p>pasas a cosas de mayor esfera,</p>
<p>verás como desbarran los mezquinos.</p>
<p>Ya la jurisprudencia no es carrera</p>
<p>digna de presidir los tribunales:</p>
<p>es la legislación la que prospera.</p>
<p>Las Pandectas son libros mazorrales:</p>
<p>usucapion, tenuta, lenocinio,</p>
<p>no es idioma de gentes racionales.</p>
<p>Vaya a tomar el fresco Arnoldo Vinio:</p>
<p>para hilvanar en culto un pedimento,</p>
<p>no habemos menester su patrocinio.</p>
<p>Sobrado enardecido ya me siento,</p>
<p>no quiero tomar un tabardillo</p>
<p>por fruslerías que se lleva el viento.</p>
<p>Empero tú, Sempronio, hombre sencillo,</p>
<p>en tantas engañifas no te cebes,</p>
<p>ni te deslumbre su aparente brillo.</p>
<p>En latín, el latín aprender debes:</p>
<p>estudia bien las Súmulas. ¡Dichoso</p>
<p>si en fuentes puras sus raudales bebes!</p>
<p>Este camino es blando y provechoso:</p>
<p>síguelo dócil; ríete del necio</p>
<p>que pierde su salud y su reposo</p>
<p>por conseguir universal aprecio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La puerta de la choza</strong></h3>
<p>De mi choza a la puerta recostado,</p>
<p>lejos de la ciudad y su ruido,</p>
<p>te dirijo estos versos, Delio amado:</p>
<p>que tu recuerdo, precio más subido</p>
<p>pone a la holgura y perenal contento,</p>
<p>do yazgo hace dos meses sumergido.</p>
<p>Solo, libre, sin otro pensamiento</p>
<p>que vivir y gozar; sordo a pesares,</p>
<p>y de ambición y de codicia exento.</p>
<p>Sombrean mi mansión verdes pinares,</p>
<p>de olmos interrumpidos y maleza</p>
<p>que abrigan ruiseñores a millares.</p>
<p>Y allí su virginal, pura belleza,</p>
<p>sin afectado esmero ni artificio,</p>
<p>luce en toda estación naturaleza.</p>
<p>Ante el modesto, frágil edificio,</p>
<p>se juntan los muchachos de la aldea</p>
<p>que aún no contaminó pasión ni vicio.</p>
<p>Turba ruidosa que el jugar recrea,</p>
<p>y a quien da la inocencia más ventura,</p>
<p>que al grande el esplendor que lo rodea.</p>
<p>Yo contemplo sus gracias, y la holgura</p>
<p>de sus triscas alegres, envidiando</p>
<p>su robustez, su fuerza, su soltura.</p>
<p>Con gacha oreja y rostro venerando,</p>
<p>la bestia amiga del jovial Sileno</p>
<p>la espalda presta, dócil a su mando.</p>
<p>Símil de la nación que al yugo ajeno</p>
<p>sin murmurar se dobla, y muy sumisa</p>
<p>lo sufre aun sin tener el pancho lleno.</p>
<p>Mis ojos no ven más que blanda risa,</p>
<p>calma y serenidad; florida grama.</p>
<p>Mi pie, no alfombras orientales, pisa.</p>
<p>Y ella me sirve de mullida cama</p>
<p>mientras el Sol en la callada siesta</p>
<p>las altas cumbres del cenit inflama.</p>
<p>¡Oh cuán dichosa y dulce vida es ésta!</p>
<p>¡Cuán segura del tiro malicioso</p>
<p>que infatigable la calumnia asesta!</p>
<p>¡Cuán profundo es el sueño! ¡Cuán sabroso</p>
<p>manjar que no transforma diestro artista,</p>
<p>y que no envidia parásito ansioso!</p>
<p>Ni fraile, ni doctor, ni oficinista</p>
<p>ni hidalgo, ni soplón, ni novelero,</p>
<p>mi quietud interrumpen con su vista.</p>
<p>Ni al malvado que puso en candelero</p>
<p>algún bondoso protector Juan Lanas,</p>
<p>con forzada humildad quito el sombrero.</p>
<p>Ni en mis oídos zumban las campanas,</p>
<p>que anunciando al mortal fiestas divinas,</p>
<p>le revelan también miras profanas.</p>
<p>Ni tengo que asistir a sabatinas,</p>
<p>para escuchar imbéciles doctores</p>
<p>en frases disputar turco-latinas.</p>
<p>Fueron de mi niñez perseguidores</p>
<p>estas sociales pestes, y hoy respiro</p>
<p>lejos de tanto cúmulo de errores.</p>
<p>De la creación el insondable giro,</p>
<p>y el perenal concierto que lo mueve,</p>
<p>desde la puerta de mi choza admiro.</p>
<p>Con prestas alas el ingenio leve</p>
<p>tal vez osa subir a tanta altura,</p>
<p>y sus prodigios a cantar se atreve.</p>
<p>Y en la apacible soledad oscura</p>
<p>no temo que el pedante satirice</p>
<p>de mis versos la fácil estructura.</p>
<p>Quien en las aulas trabajó infelice</p>
<p>de duras reglas bajo el torpe yugo,</p>
<p>mis audaces conceptos martirice.</p>
<p>Por la corteza menosprecie el jugo,</p>
<p>menosprecie el sentido por las voces,</p>
<p>que así a Renjifo y a Cascales plugo.</p>
<p>El genio va con pasos más veloces</p>
<p>de la inmortalidad a la alta cumbre,</p>
<p>donde se anega en inefables goces.</p>
<p>Mas ya del cielo la argentada lumbre</p>
<p>del lejano horizonte se retira,</p>
<p>sin dar al hombre recto pesadumbre.</p>
<p>Del estivo calor libre respira</p>
<p>Naturaleza, y en silencio goza.</p>
<p>Tiempo es, oh Delio, de colgar la lira,</p>
<p>y de cerrar la puerta de la choza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor</strong></h3>
<p>¿No dicen que es bien amar,</p>
<p>y que no amar es error?</p>
<p>Quien lo quiera averiguar</p>
<p>que se venga a mi lugar:</p>
<p>y sabrá lo que es amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en mi lugar no hay pastor</p>
<p>que no tenga su pesar:</p>
<p>el verlos causa dolor,</p>
<p>y si vais a averiguar</p>
<p>qué tienen dirán: amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no se les ve bailar</p>
<p>al caramillo y tambor,</p>
<p>ni, cual antes, al hogar,</p>
<p>reír, beber y triscar,</p>
<p>sin acordarse de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que no hay más que sinsabor,</p>
<p>y gemir, y sollozar,</p>
<p>y reyertas, y furor,</p>
<p>y tristeza en mi lugar,</p>
<p>desde que en él reina amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Predominio singular</p>
<p>ejerce allí, cual señor,</p>
<p>Amor; ni se puede hallar,</p>
<p>quien no muera por amar,</p>
<p>y quien no viva de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo, que alegre cantor</p>
<p>siempre he sido del lugar,</p>
<p>tan otro tengo el humor,</p>
<p>que cuando voy a cantar,</p>
<p>sólo sé cantar de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Mendo y Don Hernando</p>
<p>¿Cómo ha ganado Don Mendo</p>
<p>tal fama de hombre de honor,</p>
<p>que no hay en Madrid señor</p>
<p>que no lo estime?- Mintiendo.</p>
<p>¿Cómo pudo Don Hernando</p>
<p>dar a luz, malos o buenos,</p>
<p>diez volúmenes, al menos,</p>
<p>en cuarto mayor?- Copiando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El gato legista</strong></h3>
<p>Primer año de leyes estudiaba</p>
<p>Micisuf, y aspiraba</p>
<p>con todos sus conatos</p>
<p>a ser el Cisalpino de los gatos.</p>
<p>Examinando acaso las Partidas,</p>
<p>halló aquellas palabras tan sabidas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Judgador non semeye á las garduñas,</p>
<p>ca manso et non de garras es su oficio;</p>
<p>et faga el sacrificio</p>
<p>de cortarse las uñas.»</p>
<p>¡Las uñas! dijo el gato, bueno es esto;</p>
<p>qué hace sin uñas un curial, ignoro.</p>
<p>¿No vemos que en el foro</p>
<p>trabajan más las uñas que el Digesto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Consejos en la enemistad</p>
<p>Lanza, amigo, del seno exasperado</p>
<p>la rencorosa agitación que altera</p>
<p>su antigua y apacible mansedumbre.</p>
<p>¿No te duele pasar en tal estado,</p>
<p>sin reposo, infeliz, la noche entera,</p>
<p>y ves la clara lumbre,</p>
<p>que anuncia gozo y paz a los mortales</p>
<p>con ojos que humedece</p>
<p>mortífera pasión? ¿No se estremece,</p>
<p>ceñido en pensamientos infernales,</p>
<p>tu corazón, donde abrigar solía</p>
<p>su aliento generoso,</p>
<p>virtud celeste y pía,</p>
<p>antes que, del averno tormentoso,</p>
<p>la discordia saliera encarnizada</p>
<p>y exhalase ponzoña en tu morada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Provocola en su ayuda</p>
<p>maligno amor, riendo, y la sañuda</p>
<p>proterva virgen, trémula de gozo,</p>
<p>jamás harta de llanto y de destrozo,</p>
<p>con que los reinos afligidos puebla,</p>
<p>rompiendo la espesísima tiniebla</p>
<p>que su caverna lóbrega circunda,</p>
<p>la cabeza fecunda</p>
<p>en horrorosos crímenes agita,</p>
<p>y tu temprana perdición medita.</p>
<p>Diestra en maldades susurró primero</p>
<p>leve inquietud, cual presto vientecillo</p>
<p>que del tranquilo mar empana el brillo,</p>
<p>para anunciar del bóreas altanero</p>
<p>el rugir furibundo.</p>
<p>después, en lo profundo</p>
<p>de la mente, labró torpe apetito</p>
<p>de recriminación y de venganza.</p>
<p>Con inicua esperanza</p>
<p>de bárbaro delito</p>
<p>lisonjeó tu mente, y satisfecha</p>
<p>viendo rota y deshecha</p>
<p>la inocencia en el alma, te abandona</p>
<p>rugiendo, a la impaciencia y el delirio.</p>
<p>¿Quien calmará el martirio</p>
<p>que te consume? Escucha y reflexiona.</p>
<p>¿Vences acaso al hombre que te ofende</p>
<p>cediendo a tu rencor? ¿No reconoces</p>
<p>su triunfo sobre ti? ¿De él no depende</p>
<p>que penes o que goces,</p>
<p>que el desvelo te agite,</p>
<p>o que tu seno de furor palpite?</p>
<p>¿Sus miradas, sus gestos, sus palabras</p>
<p>no estudias, no examinas, no comentas?</p>
<p>Tú mismo, pues, el férreo yugo labras</p>
<p>en que iluso y perdido te atormentas.</p>
<p>¿Quieres vencerlo? Olvida</p>
<p>y olvida sin reserva;</p>
<p>que el cielo no conserva</p>
<p>la vacilante llama de la vida,</p>
<p>para que el soplo de pasión la apague.</p>
<p>Ley es de su bondad que se propague</p>
<p>cuanto a gozar nos mueve, y el instinto,</p>
<p>dentro a breve recinto,</p>
<p>la pena encierre y su vigor sofoque.</p>
<p>Quien el benigno documento huella,</p>
<p>con llanto y muerte su destino sella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que alucinada se desboque</p>
<p>por la senda del mal, la insana furia</p>
<p>de la ambición potente, rama espuria</p>
<p>de nuestro ser; que cautelosa afile</p>
<p>la traición su puñal; que el ansia ciega</p>
<p>de oro letal, los pueblos aniquile,</p>
<p>cual torrente que anega</p>
<p>crecidos bosques y elevados muros:</p>
<p>deja que exhale en hálitos impuros</p>
<p>la calumnia, torrentes de injusticia;</p>
<p>que la torpe codicia,</p>
<p>con la sangre inocente</p>
<p>sañuda se alimente.</p>
<p>¿Quieres precipitarte en ese abismo</p>
<p>de crímenes y males,</p>
<p>que oprime y emponzoña a los mortales?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alívialos y empieza por ti mismo.</p>
<p>Tu seno abre al amor, y de él arroja</p>
<p>la envidia que lo hiela y lo despoja</p>
<p>de candoroso afecto;</p>
<p>la envidia, a cuyo aspecto</p>
<p>pálida y fría, la virtud desmaya.</p>
<p>Respira erguido con holgura; explaya</p>
<p>tu mirada indecisa</p>
<p>por la creación. Con plácida sonrisa</p>
<p>sus prodigios saluda.</p>
<p>Ora amenace lóbrega y sañuda</p>
<p>borrasca altiva, y ora</p>
<p>serena anuncie júbilo la aurora.</p>
<p>Busca al hombre infeliz, y en él derrama</p>
<p>el bálsamo suave del consuelo,</p>
<p>y el abatido espíritu le inflama</p>
<p>con plática bondosa;</p>
<p>y si entonces al cielo</p>
<p>diriges la mirada afectuosa,</p>
<p>verterá sobre ti puros raudales</p>
<p>de goces inmortales.</p>
<p>De entonces, nuevo brío</p>
<p>sentirás en el alma, cual viola</p>
<p>tímida y mustia, eleva la corola</p>
<p>si la restaura matinal rocío.</p>
<p>Vigor extraño sentirás, que impela</p>
<p>tus pasos por la senda abandonada</p>
<p>de la virtud, y esa visión malvada</p>
<p>que el seno martiriza y desconsuela,</p>
<p>será como horrorosa perspectiva,</p>
<p>que escollo activo al navegante ofrece,</p>
<p>y rauda desparece</p>
<p>luego que toca la anhelada rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Himno del judío en la adversidad</strong></h3>
<p>Cuando Israel salía</p>
<p>del cautiverio que sufrió humillado,</p>
<p>el Señor dirigía</p>
<p>al pueblo bienamado,</p>
<p>de llama, y humo, y esplendor bañado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de día se alzaba</p>
<p>como gigante el día nebuloso;</p>
<p>y de noche doraba</p>
<p>su fulgor glorioso</p>
<p>el desierto callado y arenoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pontífice santo,</p>
<p>y el guerrero, y la virgen, y el levita,</p>
<p>con armonioso canto,</p>
<p>loaban la infinita</p>
<p>bondad del Padre que en el Cielo habita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No admira el gran portento,</p>
<p>cual en era pasada el enemigo;</p>
<p>que libre de tormento,</p>
<p>camina sin testigo</p>
<p>el pueblo de quien fuera Dios amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ora, aquí presente,</p>
<p>Dios de eterna bondad, aunque invisible,</p>
<p>tu blando influjo siente</p>
<p>el ánima apacible,</p>
<p>solaz vertiendo y júbilo indecible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque silva tremendo</p>
<p>presagio de huracán, y velo oscuro</p>
<p>va los aires cubriendo,</p>
<p>cual en sólido muro,</p>
<p>el inocente en ti vive seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Babel en los ríos</p>
<p>nuestras arpas dejamos, y suspenso</p>
<p>tu loor. Los impíos</p>
<p>triunfan ya, que el incienso</p>
<p>no humea en tus altares, Dios inmenso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empero tú desprecias</p>
<p>carne de oveja y sangre de cabrito,</p>
<p>y el homenaje precias</p>
<p>del ánimo contrito;</p>
<p>y mucho más la caridad que el rito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La caza</strong></h3>
<p>De la torre</p>
<p>de Segura</p>
<p>sale y corre</p>
<p>con premura</p>
<p>muy festiva</p>
<p>fiera y viva</p>
<p>tropa activa</p>
<p>de aventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son hidalgos,</p>
<p>y escuderos</p>
<p>con sus galgos,</p>
<p>y troteros,</p>
<p>con sus pajes,</p>
<p>y equipajes,</p>
<p>ricos trajes</p>
<p>y monteros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los barones</p>
<p>con capuces,</p>
<p>y espontones</p>
<p>y arcabuces,</p>
<p>van ligeros,</p>
<p>caballeros</p>
<p>en troteros</p>
<p>andaluces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Van corambres</p>
<p>atestadas</p>
<p>de fiambres</p>
<p>y empanadas;</p>
<p>van pichones</p>
<p>y jamones,</p>
<p>provisiones</p>
<p>delicadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la trompa</p>
<p>los inflama.</p>
<p>¡Con qué pompa</p>
<p>se derrama</p>
<p>la cuadrilla</p>
<p>sin mancilla!</p>
<p>No más brilla</p>
<p>febea llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubriendo</p>
<p>res segura,</p>
<p>van ciñendo</p>
<p>la espesura;</p>
<p>y al retrete</p>
<p>do se mete,</p>
<p>ya el jinete</p>
<p>se apresura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y un venado</p>
<p>corpulento,</p>
<p>bien chapado,</p>
<p>nada lento,</p>
<p>se abalanza</p>
<p>sin tardanza,</p>
<p>y se lanza</p>
<p>como el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por los cerros</p>
<p>escarpados,</p>
<p>van los perros</p>
<p>fatigados.</p>
<p>Los más fíeles</p>
<p>son lebreles,</p>
<p>en tropeles</p>
<p>afanados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mide el suelo</p>
<p>Blas Reinoso,</p>
<p>rapazuelo</p>
<p>bullicioso.</p>
<p>Le hizo daño</p>
<p>su castaño,</p>
<p>que es huraño</p>
<p>receloso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego tumba</p>
<p>Cosme Hermida.</p>
<p>¡Cuál retumba</p>
<p>su caída!</p>
<p>Y él se para,</p>
<p>¡suerte avara!</p>
<p>con la cara</p>
<p>mal herida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las costillas</p>
<p>de Alvarado</p>
<p>en astillas</p>
<p>han quedado.</p>
<p>De una breña</p>
<p>se despeña</p>
<p>Gil de Peña,</p>
<p>descrismado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya los canes</p>
<p>más no pueden,</p>
<p>y haraganes</p>
<p>retroceden:</p>
<p>no hay silbidos,</p>
<p>ni alaridos.</p>
<p>¡Qué abatidos</p>
<p>los que ceden!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la bestia</p>
<p>perseguida,</p>
<p>la molestia</p>
<p>concluida,</p>
<p>diz: ¡qué alarde!</p>
<p>Dios los guarde,</p>
<p>fue la tarde</p>
<p>divertida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El desterrado</strong></h3>
<p>En abandono sumido</p>
<p>mis pesares entretengo</p>
<p>con este refrán sentido:</p>
<p>Tuve hogar y lo he perdido,</p>
<p>tuve patria y no la tengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miro en redor y no encuentro</p>
<p>quien me halague y me sonría:</p>
<p>vivo fuera de mi centro,</p>
<p>y el alma me dice adentro</p>
<p>que esta no es la patria mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al bosque voy aburrido,</p>
<p>y cuando del bosque vengo</p>
<p>canto mi refrán sabido:</p>
<p>Tuve hogar y lo he perdido,</p>
<p>tuve patria y no la tengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tenacidad extraña</p>
<p>me aqueja esta pesadumbre;</p>
<p>y la ilusión no me engaña,</p>
<p>que en desventura tamaña</p>
<p>no hace mella la costumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Meditando en lo que he sido,</p>
<p>mi triste vida mantengo,</p>
<p>y nunca esta letra olvido:</p>
<p>Tuve hogar y lo he perdido,</p>
<p>tuve patria y no la tengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El infortunio</strong></h3>
<p>Cuando de la ventura</p>
<p>tanto al humano el soplo favorece,</p>
<p>que en su letal dulzura,</p>
<p>sin cuita se adormece,</p>
<p>y en ilusiones plácidas se mece;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces se levanta</p>
<p>el infortunio, cual ladrón que acecha,</p>
<p>con silenciosa planta,</p>
<p>y el letargo aprovecha,</p>
<p>y fuertes nudos enredor estrecha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya desembargada</p>
<p>de la dañosa pérfida mentira,</p>
<p>el ánima atristada,</p>
<p>los nuevos hierros mira,</p>
<p>y a destrozarlos con furor aspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas vario es su combate,</p>
<p>que no hay potencia humana tan forzuda,</p>
<p>que aquel yugo desate,</p>
<p>ni ha de haber quien acuda,</p>
<p>ni del tejido aleve lo sacuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual se desgaja y quiebra</p>
<p>la gigantesca roca de do pende,</p>
<p>y a la móvil culebra</p>
<p>en su fuga sorprende,</p>
<p>y en puntas asperísimas la prende;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y al agudo tormento,</p>
<p>la mísera se vuelve, se alza, gira,</p>
<p>y el pintado ornamento</p>
<p>con nuevo esfuerzo estira,</p>
<p>y cien veces se enrosca, y luego espira;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>así la envanecida</p>
<p>mente del hombre, al infortunio cede</p>
<p>tras lucha empedernida,</p>
<p>que sus fuerzas excede,</p>
<p>y en que sólo rendirse humilde puede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al espíritu manso,</p>
<p>que en celestial contemplación se emplea,</p>
<p>jamás turba el descanso</p>
<p>la bárbara pelea,</p>
<p>mas en los infortunios se recrea,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>viendo que, terminado</p>
<p>su tránsito en el reino del delito,</p>
<p>subirá coronado,</p>
<p>al alcázar bendito,</p>
<p>donde fijó su gloria el Infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Recuerdos</strong></h3>
<p><em>What fairies haunt this ground!                 </em></p>
<p><em>                            Shakespeare.       </em></p>
<p>Cerca de los repechos,</p>
<p>a cuya sombra Bornos</p>
<p>alza sus pardos techos,</p>
<p>ensancha sus contornos</p>
<p>el claro Guadalete,</p>
<p>cuya margen sombría,</p>
<p>fue de la infancia mía</p>
<p>sosegado retrete.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La adelfa y el suspiro,</p>
<p>y el mirto y el taraje,</p>
<p>cubren su ameno giro,</p>
<p>como nupcial ropaje:</p>
<p>mientras la vid enreda</p>
<p>sus colgantes vistosos,</p>
<p>en los ramos pomposos</p>
<p>de la inculta alameda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más lejos, altos riscos</p>
<p>se elevan como muros,</p>
<p>que adornan los lentiscos</p>
<p>con sus ramos oscuros.</p>
<p>De entonces escasean</p>
<p>los risueños adornos</p>
<p>que del modesto Bornos</p>
<p>la mansión hermosean.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Barreras eminentes,</p>
<p>con aspecto sombrío,</p>
<p>sujetan las corrientes</p>
<p>del celebrado río:</p>
<p>no ya verde follaje</p>
<p>cubre el árido giro;</p>
<p>ni adelfa ni suspiro,</p>
<p>ni mirto ni taraje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sino la aguda laja,</p>
<p>y la guija escabrosa,</p>
<p>por do rugiendo baja</p>
<p>la lluvia tormentosa,</p>
<p>y el desgajado risco</p>
<p>de la nativa piedra,</p>
<p>que cubre escasa yedra,</p>
<p>cual añoso obelisco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Domina estas regiones</p>
<p>Arcos de la Frontera,</p>
<p>con altos torreones</p>
<p>do tremoló guerrera</p>
<p>la osada media-luna,</p>
<p>cuando al brío esforzado</p>
<p>del árabe tostado</p>
<p>sonrió la fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí pasó mi infancia,</p>
<p>ceñida de altos dones,</p>
<p>en feliz ignorancia</p>
<p>de sangrientas pasiones.</p>
<p>La maternal terneza</p>
<p>abrió allí a mis miradas</p>
<p>las páginas sagradas</p>
<p>de la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y este tierno recuerdo</p>
<p>postra al alma afligida,</p>
<p>ora que inútil pierdo</p>
<p>el raudal de la vida</p>
<p>lejos del Guadalete,</p>
<p>cuya margen sombría</p>
<p>fue de la infancia mía</p>
<p>sosegado retrete.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La muerte del impío</strong></h3>
<p>¿Qué espera el que ultrajando</p>
<p>la ley que lleva en la razón escrita,</p>
<p>con designio nefando,</p>
<p>Por la senda maldita,</p>
<p>desbocado en su error se precipita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Puede el protervo halago</p>
<p>de la suerte, cubrir de aleves rosas</p>
<p>el funeral estrago</p>
<p>que hicieron sanguinosas</p>
<p>sus manos contra el justo poderosas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la nube de incienso</p>
<p>que ante su trono quema la falsía</p>
<p>¿acallará el intenso</p>
<p>dolor que noche y día</p>
<p>la calma turba a la conciencia impía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dóciles a su acento</p>
<p>llegarán los placeres, y afanosos,</p>
<p>suave aturdimiento</p>
<p>deleites amorosos,</p>
<p>verterán en banquetes abundosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De sus pérfidos lazos</p>
<p>víctima infausta la doncella pura,</p>
<p>pierde en sus torpes brazos</p>
<p>la flor de la hermosura,</p>
<p>tornando su solaz en desventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ah! que fría y lenta</p>
<p>la dolencia mortífera aletarga</p>
<p>su vigor, y atormenta</p>
<p>con turbación amarga</p>
<p>su recuerdo, y la voz hiela y embarga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entonces el sendero</p>
<p>que le ofreciera sonriendo el vicio,</p>
<p>desgarrado el ligero</p>
<p>velo de hado propicio,</p>
<p>es a sus ojos hondo precipicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De donde se levanta</p>
<p>grito amenazador del que oprimiera</p>
<p>con orgullosa planta,</p>
<p>cuando en pompa altanera</p>
<p>creyó que el mundo su dominio fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volver quiere los ojos</p>
<p>que las visiones tétricas oprimen;</p>
<p>mas do quier los despojos</p>
<p>que fueran de su crimen</p>
<p>mira que ansiosos por venganza gimen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el eco de venganza</p>
<p>a sus oídos retumbando llega;</p>
<p>la dulce confianza</p>
<p>su bálsamo le niega,</p>
<p>y en despecho sacrílego lo anega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Feroce desvarío</p>
<p>su mente agita en el dolor extremo</p>
<p>con porvenir sombrío,</p>
<p>y del labio blasfemo</p>
<p>despide execración contra el Supremo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En convulsión penosa</p>
<p>luchan sus miembros: su mirada gira</p>
<p>turbada, vagarosa;</p>
<p>del pecho se retira</p>
<p>calor vital, y maldiciendo espira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mi amigo don Felipe Pardo Lima&#8230;</strong></h3>
<p>Cual en callado bosque de repente</p>
<p>si el ruiseñor en la flexible rama</p>
<p>la leve garra fija, prontamente</p>
<p>la turba de los pájaros lo aclama,</p>
<p>y en cada cual emulación excita,</p>
<p>y en estímulo armónico se inflama;</p>
<p>tal mi callada inspiración se incita,</p>
<p>Pardo, desde el momento venturoso</p>
<p>de tu llegada, y nuevo son medita.</p>
<p>Lanzárame un impulso fragoroso</p>
<p>de la región poética, cual trueno</p>
<p>que del valle feliz turba el reposo.</p>
<p>Y aquel espacio cándido y sereno</p>
<p>donde en placer bañé la fantasía,</p>
<p>y en sensaciones plácidas el seno,</p>
<p>disipose veloz, y el albo día</p>
<p>tornose en sombra, cuyo peso grave</p>
<p>ciñera en opresión el alma mía.</p>
<p>Cual masa inerte en la ligera nave</p>
<p>crucé el tranquilo mar; sorda la mente</p>
<p>al habla de las musas tan suave.</p>
<p>Si bien al respirar el dulce ambiente</p>
<p>del Perú, sentí el pecho conmovido,</p>
<p>y más al lado de benigna gente,</p>
<p>empero, tú lo sabes, escondido</p>
<p>guarda el pensar el alma del poeta,</p>
<p>cual diamante de peñas revestido.</p>
<p>Y allí se oculta en la mansión secreta,</p>
<p>esquivando lanzar extraños sones</p>
<p>que no entiende quizás turba indiscreta.</p>
<p>Tu loor escuché&#8230; fuerza es perdones</p>
<p>la pueril vanidad; pensé al momento</p>
<p>ceñirme a ti con fuertes eslabones.</p>
<p>Cumpliose el voto, y amistoso acento</p>
<p>sonó en tu labio, y ya en vigor activo</p>
<p>se cambia el perezoso abatimiento.</p>
<p>Sale de su prisión, no ya cautivo,</p>
<p>el impulso vital: raudo circula</p>
<p>por las venas, ardor plácido y vivo.</p>
<p>En vano la razón lo disimula;</p>
<p>a la imaginación su vez no alcanza,</p>
<p>ni del genio los trámites calcula.</p>
<p>¿Por qué si la comprimen se abalanza</p>
<p>frenética a las auras; si la aguijan</p>
<p>inmóvil queda y tímida no avanza?</p>
<p>Por más que la atormenten y la aflijan,</p>
<p>ella ríe: si ríen, se entristece&#8230;</p>
<p>¿Quién hallará preceptos que la rijan?</p>
<p>Ora por largos días enmudece,</p>
<p>y en tarda frase de rastrera prosa</p>
<p>sus ímpetus osados envilece.</p>
<p>Mas súbito estallando rumorosa</p>
<p>la inspiración se anima y se dilata,</p>
<p>como al rayo solar la tierna rosa;</p>
<p>y sus tesoros rítmicos desata,</p>
<p>y en torrente continuo de armonía</p>
<p>la muchedumbre atónita arrebata.</p>
<p>¡Arcano celestial! ¡dulce poesía!</p>
<p>¡Solaz del alma noble! De la tierra</p>
<p>nunca desaparezca tu ambrosía.</p>
<p>Harta calamidad al mundo aterra,</p>
<p>hartos males derraman de consuno</p>
<p>codicia, desamor, engaño y guerra.</p>
<p>Sobradamente triunfan uno a uno</p>
<p>tan execrables monstruos, espantando</p>
<p>los orbes con estrépito importuno.</p>
<p>Y ya que seducido el necio bando</p>
<p>ante sus aras dobla la rodilla,</p>
<p>¿todos han de imitar el yerro infando?</p>
<p>Pueda libre quien huye tal mancilla</p>
<p>por el campo de aéreas ilusiones</p>
<p>soltar el vuelo al ánima sencilla.</p>
<p>Y combinar los agradables sones,</p>
<p>de modo que en simétrica medida</p>
<p>ablande los sencillos corazones.</p>
<p>Así las amarguras de la vida</p>
<p>en goce inocentísimo convierte</p>
<p>fuerza potente al genio sometida.</p>
<p>Tú, amigo, los mandatos de la suerte</p>
<p>cumple dócil, pues ella te señala</p>
<p>región alta, do el ánimo despierte.</p>
<p>Allí en dulce rimar el fuego exhala</p>
<p>que arde en tu pecho; los conceptos viste</p>
<p>con grave pompa y esplendente gala.</p>
<p>De la elegía la cadencia triste</p>
<p>ya hermoseaste un tiempo; y en la escena</p>
<p>lauro perene cultivar supiste.</p>
<p>Sigue luchando en tan ilustre arena.</p>
<p>Ora en lírica estrofa el entusiasmo</p>
<p>del corazón ardiente desenfrena;</p>
<p>o ya la admiración pinta y el pasmo</p>
<p>de la creación magnífica, o del vicio</p>
<p>hiere el poder con rígido sarcasmo.</p>
<p>Enlaza cauteloso el artificio</p>
<p>con el concepto; la razón y el gusto;</p>
<p>la atrevida ficción con el juicio.</p>
<p>Huye todo lector del vate adusto</p>
<p>en cuyo estilo es regla necesaria</p>
<p>que todo sea excelso, grande, augusto.</p>
<p>Naturaleza es bella porque es varia:</p>
<p>la sensación con que ora nos seduce</p>
<p>borra con otra sensación contraria.</p>
<p>No siempre el sol a nuestros ojos luce</p>
<p>también la niebla que tras él se extiende</p>
<p>a pensamientos gratos nos induce.</p>
<p>El vulgo de versistas no comprende</p>
<p>más que la ley severa de la moda,</p>
<p>y a efímeros aplausos sólo atiende.</p>
<p>A la opinión presente se acomoda,</p>
<p>siéndole igual que triunfe opinión griega,</p>
<p>turca, africana, escandinava o goda.</p>
<p>La dramática musa abraza ciega</p>
<p>línea uniforme de eternal fastidio,</p>
<p>que mis sentidos en sopor anega.</p>
<p>Aquellos tiempos francamente envidio</p>
<p>en que usaba el fingido personaje</p>
<p>ya el tono de Marón o ya el de Ovidio.</p>
<p>¿Vestirán por ventura igual ropaje</p>
<p>Agamenón y el Cid? Pues por lo mismo</p>
<p>no debe ser idéntico el lenguaje.</p>
<p>Mas hoy con pedantesco rigorismo</p>
<p>monótono romance nos aqueja,</p>
<p>copia infiel de ensalzado extranjerismo.</p>
<p>Sólo en romance Andrómaca se queja;</p>
<p>Orestes infeliz grita en romance,</p>
<p>y el romance también Dido maneja.</p>
<p>Y para mi consuela en tal percance,</p>
<p>me citas el francés Alejandrino,</p>
<p>que es forzoso seguir a todo trance.</p>
<p>Si es segura esta regla, no adivino</p>
<p>donde nos llevará paso entre paso</p>
<p>de imitadores el tropel mezquino.</p>
<p>Mandemos a Paris por un Parnaso</p>
<p>que allí no faltará sublime artista,</p>
<p>rico en ingenio y en moneda escaso.</p>
<p>¿No vienen el pintor y el tramoyista</p>
<p>de luengas tierras? Pues allá se encargue</p>
<p>también un Apolon que nos asista.</p>
<p>Bueno es que el genio hispano se aletargue,</p>
<p>y pues la traba clásica sacude,</p>
<p>que más áspero yugo lo recargue.</p>
<p>Con tal de que la escena no se mude,</p>
<p>y el telón sólo indique el entreacto,</p>
<p>no importa que bostece el patio y sude.</p>
<p>Lo primero en el día es ser exacto;</p>
<p>si faltan novedad y lozanía,</p>
<p>se suplen con la regla y con el tacto.</p>
<p>Celos, amor, persecución, falsía,</p>
<p>matrimonio, suicidio, paz y guerra,</p>
<p>todo ha de suceder dentro de un día.</p>
<p>Un día solo medio siglo encierra:</p>
<p>apriétese la historia en tal espacio</p>
<p>como en barril los higos de mi tierra.</p>
<p>No haya más que una sala en el palacio,</p>
<p>centro común de mil y mil sucesos,</p>
<p>que así, nos dicen, lo aconseja Horacio.</p>
<p>Charlen allí los libres y los presos;</p>
<p>allí enamore el héroe, allí se mate,</p>
<p>allí de la ira estallen los excesos.</p>
<p>Y cuando Ofelia, loca de remate,</p>
<p>enternezca al Briton con sus endechas,</p>
<p>burlémonos de tanto disparate.</p>
<p>Natura sus facciones contrahechas</p>
<p>debe ostentar: no es ella quien nos rige,</p>
<p>son las reglas artísticas estrechas.</p>
<p>Si se recrea el hombre o si se aflige,</p>
<p>ha de ser con las reglas en la mano;</p>
<p>traba a la inspiración la regla fije.</p>
<p>Perdona, amigo; rústico profano,</p>
<p>me burlo del rigor de la Academia;</p>
<p>¿ha de haber en las letras soberano?</p>
<p>Habrá quien llame mi opinión blasfemia;</p>
<p>¿y qué me importa, si un amigo sabio</p>
<p>con su opinión mi pobre esfuerzo premia?</p>
<p>Ante el iluso vulgo sello el labio.</p>
<p>Si lo escucho aplaudir un desatino,</p>
<p>sin pronunciar un solo acento, rabio.</p>
<p>Ya sé que nunca grabará el destino</p>
<p>mi nombre en jaspe: poco me interesa:</p>
<p>a lo presente mi ambición inclino.</p>
<p>Y pues goce poético embelesa</p>
<p>mi alma atrevida, quiero que a sus anchas</p>
<p>vague la musa rápida y traviesa.</p>
<p>Nunca la historia consagró en sus planchas</p>
<p>obra humana perfecta en todo punto.</p>
<p>Hasta en el Sol se han descubierto manchas.</p>
<p>La admiración se fija en el conjunto;</p>
<p>criticar pequeñeces es manía</p>
<p>de un censor bilioso Y cejijunto.</p>
<p>El autor inmortal de la Atalía,</p>
<p>¿no requiebra cien veces a Hermione</p>
<p>con la más parisién galantería?</p>
<p>Pues si es preciso que algo se perdone,</p>
<p>¿por qué un yugo severo a1 genio humilla?</p>
<p>Libre a su audaz impulso se abandone.</p>
<p>¿No has visto en el Alcázar de Sevilla</p>
<p>aquellos recortados arrayanes,</p>
<p>donde el acero más que el gusto brilla,</p>
<p>figurando ridículos jayanes,</p>
<p>pórticos nivelados y derechos,</p>
<p>a fuerza de violencias y de afanes?</p>
<p>Compara esos adornos contrahechos</p>
<p>con la grandeza y el aspecto noble</p>
<p>del bosque y su espesura y sus repechos;</p>
<p>donde con pompa altiva se alza el roble,</p>
<p>y el álamo desplega libremente</p>
<p>su tronco liso y su follaje doble.</p>
<p>Vaga no vista tímida corriente</p>
<p>protegida de bóveda frondosa</p>
<p>que impregna de perfumes el ambiente.</p>
<p>Y más allá la yedra caprichosa</p>
<p>con sus colgantes amistosos, viste</p>
<p>de áspero tejo la corteza añosa.</p>
<p>Allí se inclina al suelo el sauce triste,</p>
<p>y aquí rugosa agigantada peña</p>
<p>al desenfreno de huracán resiste.</p>
<p>¿Y el orgullo escolástico desdeña</p>
<p>la sublime lección con que natura</p>
<p>las sendas de lo hermoso nos enseña?</p>
<p>Censuramos la gótica estructura</p>
<p>del silogismo, en que la mente humana</p>
<p>encajonar su operación procura,</p>
<p>y en simetría rigorosa y vana</p>
<p>corta los pensamientos, y construye</p>
<p>inútil armazón, pueril, liviana.</p>
<p>Y cuando a la verdad se restituye</p>
<p>su derecho, la pobre fantasía</p>
<p>de la anchurosa atmósfera se excluye.</p>
<p>¿A quién tu corazón se entregaría?</p>
<p>¿A una hermosura tiesa, encotillada,</p>
<p>peinada con esmero y simetría;</p>
<p>o a robusta doncella, aunque tostada,</p>
<p>mórbida, esbelta, cuyas carnes duras</p>
<p>no atormentó jamás cinta apretada?</p>
<p>Cargáronme de argenteas bordaduras</p>
<p>allá en mi juventud; calzón estrecho</p>
<p>mortificó mis blandas coyunturas.</p>
<p>Chupa de raso esclavizó mi pecho,</p>
<p>y cuando me llevaban a visita,</p>
<p>decía mi mamá: niño, derecho.</p>
<p>¡Cuántas veces clamé: ropa maldita,</p>
<p>quiera el destino que Harpagón hebreo</p>
<p>en encendidas ascuas te derrita!</p>
<p>¡Cuántas y cuántas me llevó el deseo</p>
<p>a la holgura del campo, que no exige</p>
<p>casaca, ni espadín, ni contoneo!</p>
<p>Tal es el genio humano, que se aflige,</p>
<p>se encoje, se aturrulla, se amilana,</p>
<p>si áspero dogma sus labores rige.</p>
<p>En París admiré la pompa vana</p>
<p>del templo de las leyes, que fue cuna</p>
<p>de una nación presunta soberana.</p>
<p>Y vi a Constant subir a la tribuna</p>
<p>cargado del precioso manuscrito,</p>
<p>y relatar sus hojas una a una.</p>
<p>¡Qué pomposo, qué grave, qué erudito!</p>
<p>¡Qué armonía, qué gracia, qué cadencia!</p>
<p>Y el bordado uniforme ¡qué bonito!</p>
<p>De cuando en cuando airosa reverencia,</p>
<p>trago de l&#8217;eau sucrée , pañuelo fino,</p>
<p>luciendo peregrina transparencia.</p>
<p>¡Con cuanta urbanidad, con cuanto tino,</p>
<p>al fundador augusto de la Carta</p>
<p>hace ver que es más déspota que un chino!</p>
<p>Y mientras sus periodos ensarta,</p>
<p>la mayoría vota, y acribilla</p>
<p>a la pobre nación, de frases harta.</p>
<p>De Londres en la gótica capilla,</p>
<p>sin tantos embelecos recodos</p>
<p>el torpe abuso del poder se humilla.</p>
<p>Diez miembros, sans façon, roncan beodos</p>
<p>mas al rugido de León Britano,</p>
<p>ya observarás como despiertan todos.</p>
<p>Con el sombrero puesto y fusta en mano</p>
<p>Burdett al opresor audaz confunde,</p>
<p>aplaude sus esfuerzos el britano.</p>
<p>Grave terror al ministerio infunde;</p>
<p>triunfa la libertad, y el sacro fuego</p>
<p>por la agitada masa se difunde.</p>
<p>Que allí no es moda el patriotismo, o juego;</p>
<p>con los puños se explica, no con voces</p>
<p>medio impregnadas de latín o griego.</p>
<p>Marchamos empeñados y veloces</p>
<p>por el camino del saber; no hay duda:</p>
<p>ya no hay usos salvajes ni feroces.</p>
<p>De la generación antigua y ruda</p>
<p>huyeron los errores y prestigios.</p>
<p>El genio de las ciencias nos escuda.</p>
<p>Debemos al saber nobles prodigios;</p>
<p>mas de natura cándida, inocente,</p>
<p>me temo que no queden ni vestigios.</p>
<p>Cede lo original a lo esplendente;</p>
<p>ya no hay sinceridad, sino decoro,</p>
<p>y lo elegante es más que lo elocuente.</p>
<p>Desde que abrió la ciencia su tesoro</p>
<p>mezcláronse confusas sus doctrinas,</p>
<p>y el estiércol se junta con el oro.</p>
<p>Tierno garzón estudia las Ruinas;</p>
<p>lo que llaman moral en los folletos;</p>
<p>se explotan las pasiones cual las minas.</p>
<p>Los vicios y virtudes son objetos</p>
<p>del análisis, como el gas o el jugo</p>
<p>que encierra de natura los secretos.</p>
<p>A las leyes también se impone el yugo</p>
<p>de imitación servil. ¿Qué son mociones?</p>
<p>¿Qué es honorable? Lo que a Francia plugo.</p>
<p>La finanza se explica en clausulones</p>
<p>de oscura metafísica, y en tanto</p>
<p>se va el pueblo quedando sin calzones.</p>
<p>Todo derecho es ora sacrosanto:</p>
<p>soez canalla pide garantías</p>
<p>en ronco vocejón que causa espanto.</p>
<p>¿Quién es el que no tiene simpatías?</p>
<p>¿O quién osa tocar la eterna base</p>
<p>en que se apoyan sendas picardías?</p>
<p>Así se ligan en absurda frase</p>
<p>nuestros arlequinados pensamientos&#8230;</p>
<p>Quiera el buen gusto que esta moda pase.</p>
<p>¡Pues qué! ¿fueron acaso unos jumentos</p>
<p>nuestros antepasados cuyo idioma</p>
<p>nunca sirvió de organizar talentos?</p>
<p>Si ropa ajena algún desnudo toma,</p>
<p>preciso es que la arregle a su estatura,</p>
<p>como de Grecia se adornaba Roma.</p>
<p>¿Y no será pueril caricatura,</p>
<p>donde se parla lengua castellana,</p>
<p>que se confundan formas con hechuras?</p>
<p>En esto de suprema y soberana,</p>
<p>Blanco y otros dirán sus pareceres,</p>
<p>y disputen si quier hasta mañana.</p>
<p>Si las autoridades son poderes,</p>
<p>cada clase es una jerarquía,</p>
<p>si las obligaciones son deberes;</p>
<p>si a la regla llamamos teoría,</p>
<p>local al sitio, y propiedad al huerto,</p>
<p>¿quién entiende tan rara algarabía?</p>
<p>En deplorar tan craso desconcierto,</p>
<p>de tu paciencia sin piedad abuso.</p>
<p>Larga es esta misiva; ya lo advierto.</p>
<p>Siempre el lenguaje de amistad difuso</p>
<p>en redundancia estéril se dilata</p>
<p>fuera del linde que ha trazado el uso.</p>
<p>El cumplimiento a la franqueza mata;</p>
<p>la cortesía con charlar discreto</p>
<p>la mente ahoga, y su soltura innata.</p>
<p>Yo, cual vate andaluz, no la respeto:</p>
<p>si inspiración fugace me alborota,</p>
<p>dejo salir terceto tras terceto.</p>
<p>De pronto paro si el furor se agota,</p>
<p>cual padre Betis en la mar profunda,</p>
<p>que embravecida el suelo hercúleo azota,</p>
<p>termina su carrera vagabunda.</p>
<p><img decoding="async" class=" wp-image-2192 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/mora2-280x300.png" alt="Poemas de José Joaquín de Mora" width="581" height="623" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/mora2-280x300.png 280w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/mora2.png 544w" sizes="(max-width: 581px) 100vw, 581px" /></p>
<h3><strong>El ermitaño</strong></h3>
<p>¡Oh que vida placentera</p>
<p>la del humilde ermitaño</p>
<p>penitente!</p>
<p>Que ni la ambición lo altera,</p>
<p>ni aquel sinsabor extraño</p>
<p>del potente.</p>
<p>Ni interior desasosiego</p>
<p>que en enamorados fija</p>
<p>fiera lucha.</p>
<p>¡Oh cuán poco sabe el lego</p>
<p>las venturas que cobija</p>
<p>la capucha!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sus santas oraciones,</p>
<p>se encomienda la viuda,</p>
<p>y la casada;</p>
<p>y él con pías bendiciones,</p>
<p>a la caterva saluda</p>
<p>prosternada.</p>
<p>¡Cuán humilde lo respeta!</p>
<p>¡Cuánto en devoción se exhala</p>
<p>quién lo escucha!</p>
<p>Y él, si la risa le aprieta,</p>
<p>con gran magestad se cala</p>
<p>la capucha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contentamiento mundano,</p>
<p>solaz, placer o deleite,</p>
<p>no lo incita.</p>
<p>Tan sólo pide a su hermano</p>
<p>limosna para el aceite</p>
<p>de la ermita.</p>
<p>Cada cual compadecido,</p>
<p>limosna le da sin pena,</p>
<p>poca o mucha,</p>
<p>y cuando el saco está henchido,</p>
<p>las dos mangas se rellena,</p>
<p>y la capucha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Salud rebozan y holgura</p>
<p>sus mejillas, y alegría</p>
<p>sobrehumana.</p>
<p>Ni lo ahoga la amargura</p>
<p>de como pasar el día</p>
<p>de mañana.</p>
<p>Cuanto embucha le aprovecha;</p>
<p>y es, cierto, cosa que admira</p>
<p>cuanto embucha.</p>
<p>Y cuando en la paja se echa,</p>
<p>¡cuán gratos sueños le inspira</p>
<p>la capucha!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Jarama</strong></h3>
<p>Noble orilla del Jarama,</p>
<p>¡quien te viera,</p>
<p>cuando el sol su luz derrama,</p>
<p>por tu mansión placentera!</p>
<p>¡Cuándo tu corriente riega,</p>
<p>velada en pompa sencilla,</p>
<p>la ancha vega</p>
<p>de Castilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blando raudal del Jarama,</p>
<p>¿quién te oyera</p>
<p>bajo la copuda rama</p>
<p>que te da sombra ligera?</p>
<p>Repasando en la memoria</p>
<p>cual pasmosa maravilla,</p>
<p>la alta gloria</p>
<p>de Castilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombre ilustre del Jarama,</p>
<p>¿quién pudiera</p>
<p>dar más bríos a la fama,</p>
<p>cuando tus timbres pondera?</p>
<p>Junto a ti, bravos y ardientes,</p>
<p>esgrimieron su cuchilla</p>
<p>los valientes</p>
<p>de Castilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El petimetre</p>
<p>Entrando en la tertulia</p>
<p>anoche un petimetre,</p>
<p>el ámbar y el almizcle</p>
<p>llenaron el ambiente.</p>
<p>Diez pañuelos de Holanda</p>
<p>fueron sin detenerse</p>
<p>a tapar diez narices,</p>
<p>sensibles al pebete.</p>
<p>Corina, la nerviosa,</p>
<p>dijo con voz doliente:</p>
<p>el espasmo me ataca,</p>
<p>Don Celedonio, el éter.</p>
<p>Y a todos respondía,</p>
<p>riendo el mequetrefe</p>
<p>pues yo nada percibo</p>
<p>de lo que ustedes sienten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo mismo con las faltas</p>
<p>de los hombres sucede,</p>
<p>que todos las conocen,</p>
<p>menos el que las tiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El milano y el palomo</strong></h3>
<p>Suelen tener los malos el capricho</p>
<p>de apoyar con pretextos</p>
<p>sus designios funestos.</p>
<p>Un célebre filósofo lo ha dicho.</p>
<p>Echándole las uñas un milano</p>
<p>a un infeliz palomo, le decía:</p>
<p>«Ya de tu raza impía,</p>
<p>en ti se venga Jove, por mi mano.»</p>
<p>«Si hay un Dios vengador&#8230;» (dice el palomo)</p>
<p>«¡Si hay un Dios! ¡Y lo dudas! ¡Cielos! ¡Cómo!</p>
<p>sobre tanto delito,</p>
<p>¿blasfemo eres también? Muere, maldito.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El rey que rabió</strong></h3>
<p>Let us sit upon the ground,</p>
<p>and tell sad stories upon the death of Kings.</p>
<p>Shakespeare.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El rey que rabió fue un hombre</p>
<p>torpemente calumniado;</p>
<p>yo quiero lavar su nombre,</p>
<p>del borrón que le han echado.</p>
<p>De sus prendas convencido,</p>
<p>hoy quiero escribir su historia,</p>
<p>para sacar del olvido</p>
<p>su memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en su reino los jueces</p>
<p>eran la pura ignorancia,</p>
<p>el emprendió hacer las veces</p>
<p>de juez de primera instancia;</p>
<p>mas vio de los pedimentos</p>
<p>la jerga tan revesada,</p>
<p>que no dio en sus juzgamientos</p>
<p>palotada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para reprimir el lujo:</p>
<p>dio en una manía rara:</p>
<p>hizo vida de cartujo,</p>
<p>con pan seco y agua clara;</p>
<p>y en tanto sus marmitones,</p>
<p>riéndose de su hazaña,</p>
<p>vivían de pastelones,</p>
<p>y Champaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra ilícitos amores,</p>
<p>dio una severa ordenanza,</p>
<p>y en amantes seductores</p>
<p>ejerció fiera venganza.</p>
<p>Mas sufrió el horrible ultraje</p>
<p>de que su augusta consorte</p>
<p>se enamorase de un paje</p>
<p>de la corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiso proteger las ciencias,</p>
<p>objeto de sus conatos,</p>
<p>pagó raras experiencias,</p>
<p>enriqueció a literatos,</p>
<p>y viendo de estas labores</p>
<p>los productos lisonjeros,</p>
<p>se metieron a escritores</p>
<p>los barberos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijo a cierto sabio: «amigo,</p>
<p>pues tus ideas son grandes,</p>
<p>sólo tus consejos sigo;</p>
<p>siempre haré lo que me mandes.»</p>
<p>Y en pago de este cariño,</p>
<p>tanto el sabio se desvela,</p>
<p>que lo trató como a niño</p>
<p>de la escuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue por fin tan bondadoso,</p>
<p>tan indulgente y humano,</p>
<p>que el pueblo se alzó furioso</p>
<p>y gritó: «muera el tirano.»</p>
<p>«¡Y qué! clamó, ¿este destino</p>
<p>se da a mi conducta sabia?»</p>
<p>Por esto le dio al mezquino</p>
<p>mal de rabia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi ruego</p>
<p>¡Ay! Ampara, Señor, al marinero:</p>
<p>que yo, aunque en fuertes muros guarecido,</p>
<p>del soplo asolador del noto fiero,</p>
<p>al oír el horrísono estampido,</p>
<p>a ti, Vengador Santo,</p>
<p>trémulo el pecho de pavor levanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es de ese malhadado que, en lo inmenso</p>
<p>del furibundo Océano, camina,</p>
<p>de perdición en perdición, suspenso</p>
<p>entre el ser y la nada? ¡Oh Dios! inclina</p>
<p>al suspiro que lanza,</p>
<p>tu paternal amor, dale esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tu cólera aumenta. Opaca nube</p>
<p>rabia anunciando, en el cenit parece;</p>
<p>con profundo mugir hínchase, y sube</p>
<p>del seno del abismo, y rauda crece</p>
<p>reventando de saña,</p>
<p>la amenazante líquida montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora en su cima, ora en su falda, y ora</p>
<p>dentro del hondo espacio que descubre,</p>
<p>la quilla vaga; espuma mugidora</p>
<p>los destrozados mástiles encubre,</p>
<p>y en fragmentos los raja,</p>
<p>y el casco agita como leve paja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otra montaña en pos, cual si natura</p>
<p>contra el mísero humano su infinita</p>
<p>venganza conjurase, de su altura</p>
<p>la infanda nave empuja y precipita.</p>
<p>Ten el golpe severo&#8230;</p>
<p>¡Ay! Ampara, Señor, al marinero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epigrama</strong></h3>
<p>Trajes de moda y muy finos</p>
<p>tiene Juana la elegante,</p>
<p>pero nada es semejante,</p>
<p>al pañolón de merinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gil, que celebrarlo oyó,</p>
<p>dijo con tono sincero:</p>
<p>pues, señores, el carnero</p>
<p>que da la lana, soy yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A don José Antolín Rodulfo</strong></h3>
<p>Si ofreciera al mortal naturaleza</p>
<p>su vasto plan, abismo de belleza,</p>
<p>trazado con perfecta simetría,</p>
<p>de modo que al romper la luz del día,</p>
<p>sólo viesen sus ojos aburridos,</p>
<p>en montañas, en bosques, en ejidos,</p>
<p>en aves, en cuadrúpedos e insectos,</p>
<p>eterna imitación de ángulos rectos,</p>
<p>cortando donde quiera sus adornos</p>
<p>en uniformes líneas y contornos,</p>
<p>y nunca de estos límites saliera;</p>
<p>dime, caro Rodulfo, si tal fuera</p>
<p>de nuestra madre toda la pericia,</p>
<p>¿no se muriera un hombre de ictericia?</p>
<p>¿Te ríes? pues en este fiel retrato</p>
<p>de todo el que se llama literato,</p>
<p>de todo el que compone prosa o verso,</p>
<p>miras el símil propio. El universo,</p>
<p>como siervo infeliz que come y calla,</p>
<p>trémulo al yugo ajeno se avasalla;</p>
<p>los turcos al Sultán, al Czar los rusos,</p>
<p>y a dogmas arbitrarios y confusos,</p>
<p>el genio, vasto origen de placeres:</p>
<p>el más libre, el más noble de los seres,</p>
<p>¿no es un dolor que en insensato orgullo,</p>
<p>trueque por un aplauso y un murmullo,</p>
<p>su excelsa independencia y energía?</p>
<p>¿Que lo amansen con torpe algarabía,</p>
<p>bajo una masa enorme de preceptos,</p>
<p>profesores exóticos e ineptos?</p>
<p>Tú dirás que esta guerra es algo brusca,</p>
<p>y que por cierto mi opinión ofusca</p>
<p>con alagüeños ímpetus la moda.</p>
<p>¡Esta respuesta acaso se acomoda,</p>
<p>también al que nutrido en ciencias graves,</p>
<p>enterró los preceptos con seis llaves,</p>
<p>y dando a su país glorias opimas,</p>
<p>sedujo al orbe entero con sus rimas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A cien autoridades, otras ciento,</p>
<p>y otras mil opondrás: vano argumento.</p>
<p>Y el que su pabellón audaz tremola,</p>
<p>no cede al peso de afamados nombres:</p>
<p>los preceptos son obra de los hombres.</p>
<p>Naturaleza, en su mandato augusto,</p>
<p>no nos ha dado reglas, sino gusto.</p>
<p>Ora do quier, en su expresión divina,</p>
<p>grabada mirarás esta doctrina:</p>
<p>Naturaleza es bella, porque es varia.</p>
<p>Tal es la ley del genio. Temeraria,</p>
<p>la mano del saber rompió su hechizo</p>
<p>con vana pompa y relumbrón postizo.</p>
<p>Mas ya recobra la razón sus fueros,</p>
<p>y pues abre la fama dos senderos,</p>
<p>libre en su decisión la fantasía,</p>
<p>falle entre Desdémona y Atalía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la patria infeliz ¿quién no deplora</p>
<p>los destinos? Allí cayó en buen hora</p>
<p>la gótica armazón del gongorismo;</p>
<p>cayó sumido en mofa, y en su abismo</p>
<p>se alzó con impertérrita arrogancia,</p>
<p>mestiza inspiración nacida en Francia.</p>
<p>cunde veloce el apestado germen,</p>
<p>las gracias callan, y las musas duermen,</p>
<p>mientras Tomás, en verso y relamido,</p>
<p>mide y combina el tiempo y el sonido.</p>
<p>Mas donde descargó con mayor rabia</p>
<p>todo su empeño la caterva sabia,</p>
<p>fue en la móvil escena del teatro,</p>
<p>pues allí consiguieron tres o cuatro</p>
<p>regodearse en usurpado solio,</p>
<p>convirtiendo el talento en monopolio.</p>
<p>Las jornadas murieron. Mas exactos,</p>
<p>nos condujeron de París los actos.</p>
<p>Calderón hizo tres, mas ellos cinco,</p>
<p>y como en Francia siguen con ahínco,</p>
<p>desde el principio al fin el mismo metro,</p>
<p>ya que el gusto francés empuña el cetro,</p>
<p>toda pasión, toda persona y lance,</p>
<p>se explicaba en monótono romance.</p>
<p>Esto no es más que un rápido compendio</p>
<p>de nuestra esclavitud y vilipendio.</p>
<p>Calló el sonoro genio de Castilla:</p>
<p>su lozano vigor, su habla sencilla,</p>
<p>degradados en vínculos protervos,</p>
<p>se rastreaban como torpes siervos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descolló en tanto un hombre cuyo ensayo,</p>
<p>como tras larga noche puro rayo,</p>
<p>la senda rompe al luminar augusto,</p>
<p>vaticinó el reinado del buen gusto.</p>
<p>Sal, artificio, corrección, pureza,</p>
<p>dio blanda a Moratín naturaleza.</p>
<p>Sonriole el poder; feliz obtuvo</p>
<p>bienestar, opinión: mas se detuvo</p>
<p>temeroso, al hollar el sacro templo,</p>
<p>pagando su tributo al mal ejemplo.</p>
<p>Él en nuestros magníficos anales,</p>
<p>henchidos de proezas inmortales,</p>
<p>de nobles y poéticos despojos,</p>
<p>ni aun quiso iluso recrear los ojos.</p>
<p>De la comedia histórica no quiso</p>
<p>pisar la entrada. ¡Y qué! ¿Será preciso</p>
<p>cerrar la escena a tantos nombres grandes,</p>
<p>a la gran Isabel, al gran Fernández,</p>
<p>porque no hay en su historia un majadero,</p>
<p>que con talante desquiciado y fiero</p>
<p>se dé una puñalada al acto quinto?</p>
<p>¿Sólo han de parecer en el recinto</p>
<p>de la comedia el vicio y el enredo?</p>
<p>Moratín a su siglo tuvo miedo,</p>
<p>y refrenó su alcance ilimitado,</p>
<p>para dar gusto a un club engalicado.</p>
<p>¡Tres años cada pieza! Y en tres años,</p>
<p>¿qué nos da Moratín? ¿hechos extraños,</p>
<p>hombres nuevos, pinturas nunca vistas?</p>
<p>No por cierto: cual otros mil copistas,</p>
<p>saca a lucir el perseguido amante,</p>
<p>y un fanático viejo, y un pedante,</p>
<p>y una de esas mujeres infelices,</p>
<p>que cubren con el rezo sus deslices.</p>
<p>¿No tiene el corazón otros dobleces</p>
<p>más profundos? ¿Con esas pequeñeces</p>
<p>se pone el sello al siglo, y se destruye</p>
<p>la mancha que lo afea y prostituye?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas osado al pulsar la hispana lira</p>
<p>la musa de León su musa inspira,</p>
<p>y él y Meléndez, en cantar sonoro,</p>
<p>restituyen a España su decoro.</p>
<p>Nueva región de anchura noble y alta,</p>
<p>nos abren juntos. La razón se exalta,</p>
<p>la rima se ennoblece, y de Sofía</p>
<p>resuenan en correcta melodía</p>
<p>las santas leyes. Callan <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-ventura-de-la-vega/">los maestros</a>,</p>
<p>y retoñan en pos vates siniestros</p>
<p>a millares: tropel servil e insulso,</p>
<p>todo movido por igual impulso.</p>
<p>Los versos blancos y las negras odas</p>
<p>inundan raudas las imprentas todas.</p>
<p>Una es la locución y la pintura,</p>
<p>y el ¡salud! y el do quier, y la natura.</p>
<p>Las mismas rimas, y las mismas frases.</p>
<p>Tiemblan las bibliotecas en sus bases,</p>
<p>al recibir el desmedido acopio,</p>
<p>y, cual si el aire se tornara en opio,</p>
<p>la sociedad bosteza y se amodorra.</p>
<p>Falta un genio atrevido que socorra</p>
<p>nuestras letras hundidas en miseria:</p>
<p>falta un Byron a la abatida Hesperia.</p>
<p>Uno que busque en sí, y halle en sí solo,</p>
<p>lo que otros piden al vetusto Apolo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mente nutrida en abandono amargo;</p>
<p>libre, soberbia, exenta del letargo</p>
<p>que empaña y turba los nativos fuegos</p>
<p>con charla culta y humos palaciegos.</p>
<p>Hombre que cara a cara al infortunio</p>
<p>sepa afrontar, y que el ardor de Junio,</p>
<p>y de Diciembre el huracán arrostre;</p>
<p>que al caprichoso público no postre</p>
<p>la rodilla, ni silbo o burla tema;</p>
<p>que desprecie los grillos de un sistema,</p>
<p>ni otro sistema en escribir admita</p>
<p>que el entusiasmo ardiente que lo agita;</p>
<p>que temeroso de que el humo espeso</p>
<p>de la ciudad, con lánguido embeleso</p>
<p>su pecho ablande y su pesar ofusque,</p>
<p>lejos del hombre sus modelos busque.</p>
<p>Verás cual a su voz se desmorona</p>
<p>la estructura trivial y monotona</p>
<p>del lenguaje poético; la rima,</p>
<p>más dócil al ingenio que a la lima,</p>
<p>desechando el adverbio y participio</p>
<p>no admitirá en sus sílabas el ripio,</p>
<p>que hoy de la inspiración ocupa el puesto.</p>
<p>Se acabará el somnífero repuesto,</p>
<p>que produce al lector náuseas y bilis,</p>
<p>de Lauras, y Filenas, y Amarilis.</p>
<p>Será espejo del ímpetu sublime</p>
<p>fiel la expresión, sin que a su lado arrime</p>
<p>torpe escritor que los conceptos masca,</p>
<p>voces de relumbrón y de hojarasca.</p>
<p>Lo diré con rubor: creyó sencilla</p>
<p>mi osada musa traspasar la orilla</p>
<p>del Rubicón poético, y en breve,</p>
<p>cual se remonta por el aire leve,</p>
<p>de gas henchida, barnizada esfera,</p>
<p>súbito para la veloz carrera,</p>
<p>vacila, retroce, y luego floja</p>
<p>desde la altura espléndida se arroja;</p>
<p>tales, después de inútiles conatos,</p>
<p>se abatieron mis fuegos insensatos.</p>
<p>Pido a Horacio perdón de tanto exceso;</p>
<p>torno al hondo nivel, y bajo el peso</p>
<p>de la mediocridad que al alma abruma,</p>
<p>deshecha la ilusión, suelto la pluma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Don Opas stultitiane erret, nihilum distabit, an ira. hor. satir.</strong></h3>
<p>Pensativo está Don Opas,</p>
<p>doctor en ambos derechos,</p>
<p>catedrático de prima,</p>
<p>en el mismo claustro y gremio.</p>
<p>Pensativo y cabizbajo,</p>
<p>al ver como van cundiendo</p>
<p>con las doctrinas de Estrangis,</p>
<p>el abandono del Ergo:</p>
<p>y dando a puño cerrado,</p>
<p>sobre un sillón reverendo</p>
<p>de vaqueta de Moscovia,</p>
<p>que heredó de sus abuelos,</p>
<p>¡o tempora, o mores! Dice,</p>
<p>¡oh desventurados tiempos!</p>
<p>¡Oh abandono de las aulas!</p>
<p>¡Oh triunfo de los mozuelos!</p>
<p>Pierden las ciencias su lustre,</p>
<p>y olvídanse, en polvo envueltos,</p>
<p>las perlas de Peripato,</p>
<p>flores del entendimiento.</p>
<p>Al ácido, al gas, al tubo,</p>
<p>vilipendiados cedieron,</p>
<p>la agudeza del Distingo,</p>
<p>la gracia de Darii, Ferio.</p>
<p>Por las retortas dejamos</p>
<p>aquel retorqueo argumentum,</p>
<p>que en las aúlicas batallas,</p>
<p>daba los golpes postreros.</p>
<p>¡Oh Sorites! ¡oh afamados</p>
<p>silogismos en Fapesmo!</p>
<p>Torna a ilustrar el mundo;</p>
<p>volved a aturdir los techos.</p>
<p>Y vosotros, inmortales</p>
<p>comentadores amenos,</p>
<p>que al veros en pergamino,</p>
<p>hay quien os quite el pellejo;</p>
<p>hoy risa excitan (¡oh nefas!)</p>
<p>vuestros sublimes conceptos,</p>
<p>y vuestras doctas columnas</p>
<p>sirven a envolver ungüentos.</p>
<p>¿Quién hay que estudie de Sánchez</p>
<p>los donosos himeneos?</p>
<p>¿Tus teses, oh Villalpando?</p>
<p>¿Tus cuestiones, oh Acevedo?</p>
<p>¿Quien hay que escriba alegatos</p>
<p>con citas de Tolomeo,</p>
<p>y en un pleito de tenuta</p>
<p>describa el Peloponeso?</p>
<p>De nuestro latín se burlan.</p>
<p>¿Qué tiene que ver, camuesos,</p>
<p>el arma virumque cano,</p>
<p>con el per accidens nego?</p>
<p>Dijo, y calando el embozo</p>
<p>del clarísimo manteo,</p>
<p>se marchó a unas sabatinas,</p>
<p>a rebuznar argumentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La del humo</strong></h3>
<p>Vuestra merced este año</p>
<p>ha tenido mil partidas</p>
<p>parecidas</p>
<p>al engaño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con extraña sutileza</p>
<p>mis deseos ha frustrado,</p>
<p>y ha burlado</p>
<p>mi simpleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestra merced ha querido,</p>
<p>aburrirme, sofocarme,</p>
<p>y dejarme</p>
<p>sin sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viéndome amante sencillo,</p>
<p>me estrujó con arrogancia</p>
<p>la sustancia</p>
<p>del bolsillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra merced dice a gritos</p>
<p>que divido mis afanes</p>
<p>con afanes</p>
<p>infinitos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que es para ellos el halago</p>
<p>que ellos mis bienes destrozan,</p>
<p>que ellos gozan</p>
<p>y yo pago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si empiezo con arrebatos,</p>
<p>uesarced sólo me deja,</p>
<p>o se queja</p>
<p>de los flatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si le toco a las faldas,</p>
<p>como un tigre se revuelve,</p>
<p>y me vuelve</p>
<p>las espaldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando vamos a paseo,</p>
<p>tanto amiguito se ofrece,</p>
<p>que parece</p>
<p>jubileo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy en el baile estafermo,</p>
<p>a usted todos se abalanzan;</p>
<p>ellos danzan</p>
<p>y yo duermo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos marchan de puntillas,</p>
<p>y os andan con secreteos,</p>
<p>y meneos,</p>
<p>y cosquillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os escapáis allá dentro,</p>
<p>dándole el brazo a algún chusco,</p>
<p>y si os busco</p>
<p>no os encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pues me aburre esta fiesta,</p>
<p>(que sostenéis con descaro)</p>
<p>por lo caro</p>
<p>que me cuesta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aunque de dolor estalle,</p>
<p>voy a salir sin reyerta</p>
<p>por la puerta</p>
<p>de la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Manuel</strong></h3>
<p>Manuel, nunca turbados</p>
<p>son del sabio los días</p>
<p>por vanas alegrías</p>
<p>ni enfadosos cuidados.</p>
<p>La envidia no envenena</p>
<p>ni turba su reposo,</p>
<p>ni el poder lo encadena</p>
<p>con yugo vergonzoso.</p>
<p>La suerte no lo engríe,</p>
<p>si blanda te sonríe,</p>
<p>ni su cerviz abate,</p>
<p>si dura lo combate.</p>
<p>El principal asiento</p>
<p>de su rural abrigo,</p>
<p>lo ocupa un buen amigo.</p>
<p>Sin envanecimiento</p>
<p>recibe la alabanza,</p>
<p>sin cólera la injuria,</p>
<p>sin error la esperanza.</p>
<p>Cuando rompe con furia</p>
<p>el popular estruendo,</p>
<p>él huye sonriendo.</p>
<p>Nunca a su puerta en vano</p>
<p>llamó el mísero humano.</p>
<p>Jamás negó inclemente</p>
<p>Consuelo al desvalido,</p>
<p>ni indulgencia al rendido,</p>
<p>ni aviso al imprudente.</p>
<p>El orden de las cosas,</p>
<p>mudables y dudosas,</p>
<p>mira con faz serena,</p>
<p>sabiendo que a la pena</p>
<p>sucede la alegría,</p>
<p>como al euro, la calma;</p>
<p>como a la noche, el día.</p>
<p>Amor es de su alma</p>
<p>ley augusta y primera:</p>
<p>a él cede, por él vive,</p>
<p>de él su fuerza recibe,</p>
<p>por él goza y espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La irresolución</strong></h3>
<p><em>Wether&#8217;tis better.                             </em></p>
<p><em>                                  Shakespeare   </em></p>
<p>En la soledad umbrosa</p>
<p>de un bosque, al anochecer,</p>
<p>pensativa y afanosa,</p>
<p>batallando está una hermosa</p>
<p>entre el amor y el deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si va donde amor la llama,</p>
<p>sus pasos deber reprime;</p>
<p>el deseo que la inflama</p>
<p>con acerba voz comprime</p>
<p>temor de perder la fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe que ansioso la espera</p>
<p>quien fe eterna le ha jurado;</p>
<p>mas la obligación severa,</p>
<p>de su pecho atormentado</p>
<p>la inclinación exaspera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venció amor, no hay más temer</p>
<p>lo que diga la opinión.</p>
<p>Echa a andar&#8230;; mas sin querer</p>
<p>deja hablar a la razón</p>
<p>y cede amor al deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra vez amor insiste,</p>
<p>y otra deber reconviene.</p>
<p>Turbada, anhelosa, triste,</p>
<p>se adelanta, y se detiene,</p>
<p>y ora cede, ora resiste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En pensar lo que ha de hacer</p>
<p>pasa el tiempo sin sentir,</p>
<p>aunque es sentir padecer:</p>
<p>ya es tarde para acudir,</p>
<p>y tarde para volver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después, de amargo rigor</p>
<p>entre esperar y temer,</p>
<p>reflexiona con dolor</p>
<p>que está ofendido el deber,</p>
<p>y descontento el amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epigrama</strong></h3>
<p>Trajes de moda y muy finos</p>
<p>tiene Juana la elegante,</p>
<p>pero nada es semejante,</p>
<p>al pañolón de merinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gil, que celebrarlo oyó,</p>
<p>dijo con tono sincero:</p>
<p>pues, señores, el carnero</p>
<p>que da la lana, soy yo.</p>
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		<title>Poemas de Ventura de la Vega</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 23:53:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bajo el cielo del Madrid decimonónico, la pluma que forjó los poemas de Ventura de la Vega danzó con la elegancia de un cisne que busca la armonía en medio de la tempestad. Argentino de origen pero español de alma, este arquitecto de la palabra domesticó el ímpetu del Romanticismo con la seda de la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Bajo el cielo del Madrid decimonónico, la pluma que forjó los <strong>poemas de Ventura de la Vega</strong> danzó con la elegancia de un cisne que busca la armonía en medio de la tempestad. Argentino de origen pero español de alma, este arquitecto de la palabra domesticó el ímpetu del Romanticismo con la seda de la <strong>mesura clásica</strong>.</p>
<p>Fue un orfebre de la realidad, capturando en sus dramas y comedias el latido de una sociedad que se miraba en sus espejos. Con su obra cumbre, <em>El hombre de mundo</em>, Ventura no solo escribió teatro; esculpió la esencia de la alta comedia, donde el ingenio brilla como una joya bajo la luz de los candilejas. Fue, en fin, el puente tierno entre la pasión desbordada y la razón luminosa.</p>
<h3><strong>A don José Amador de los Ríos</strong></h3>
<p>«Si en la frente del hombre se leyeran</p>
<p>escritos los afanes de su pecho,</p>
<p>¡cuántos que envidia dan, lástima dieran!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto en algún momento de despecho</p>
<p>dijo el buen Metastasio en italiano:</p>
<p>ponerlo en español es lo que he hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con ese terceto que te hilvano</p>
<p>tus dos primeros contestados dejo;</p>
<p>¿me entiendes, Amador? -Vamos al grano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No pienses, caro amigo, que me quejo</p>
<p>del importuno enjambre pretendiente</p>
<p>que en pos me sigue, impávido cortejo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no me quejo de ver que se presente</p>
<p>uno a quien nunca vi, ni me hace falta,</p>
<p>y me diga: «¡Aquí estoy!&#8230; Soy tu pariente.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me quejo del sandio que me asalta</p>
<p>porque le gusta la casaca roja</p>
<p>y quiere que le dé la Cruz de Malta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni del chinche a quien verme se le antoja</p>
<p>cuando voy a afeitarme o a vestirme,</p>
<p>y si no le recibo se me enoja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni de los que me aguardan a pie firme</p>
<p>en el portal de casa, en la escalera,</p>
<p>sin poder de sus garras desasirme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni de la viuda cócora y parlera</p>
<p>que me repite siempre el estribillo</p>
<p>de que le den seis pagas tan siquiera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Vamos, sáqueme usted un socorrillo.</p>
<p>Usted lo puede hacer en un momento;</p>
<p>usted tiene a la Reina en el bolsillo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me quejo, Amador, no me lamento</p>
<p>de esa turba procaz; que al encumbrarme</p>
<p>ya esperaba sufrir este tormento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De quienes debo con razón quejarme</p>
<p>es de amigos cual tú; sí, de ti sólo</p>
<p>que pides hora y sitio para hablarme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y vive San Francisco Caracciolo,</p>
<p>que a no venir tu ruego impertinente</p>
<p>en el idioma del celeste Apolo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>circunstancia que ha sido suficiente</p>
<p>a desarmar mi enojo, la respuesta</p>
<p>fuera una interjección poco decente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no quiero reñir: pase por esta.</p>
<p>Sabes mi casa: a ver si yo consigo,</p>
<p>entre tanta visita y tan molesta,</p>
<p>recibir una vez a un tierno amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A don Mariano Roca de Togores (hoy marqués de Molíns) en la muerte de su esposa</strong></h3>
<h3><strong>Epístola</strong></h3>
<h3>Hay en la vida lágrimas, Mariano,</h3>
<p>que la amistad contempla silenciosa,</p>
<p>porque enjugarlas intentara en vano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al que las llora en la reciente losa</p>
<p>de un sepulcro do en flor arrebatada</p>
<p>la dulce prenda de su amor reposa,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no con usados pésames le agrada</p>
<p>ver en el llanto que a sus solas vierte</p>
<p>la majestad de su dolor turbada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pues quién, mi caro amigo, de otra suerte</p>
<p>antes que yo consuelos te ofreciera?</p>
<p>Si heridas que feroz abre la muerte</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mano mortal cicatrizar pudiera,</p>
<p>¿cuál para ti, cuál otra que la mía</p>
<p>más diligente y cariñosa fuera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contigo me crié: contigo un día</p>
<p>en las aulas bebí de San Mateo</p>
<p>el fuego de la hermosa poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aún me parece que vagar te veo</p>
<p>con precoz gravedad, cuando sonaban</p>
<p>las suspiradas horas de recreo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mientras otros, astutos, se burlaban</p>
<p>del ayo inexorable, y bulliciosos</p>
<p>por el talado jardinillo andaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí vimos brotar los generosos</p>
<p>alientos de cien jóvenes, que ahora</p>
<p>son en ciencia y valor nombres gloriosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí rayar en su brillante aurora</p>
<p>de Espronceda, ¡oh dolor!, el genio ardiente</p>
<p>que el soplo de la muerte heló a deshora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí León el ánimo valiente</p>
<p>apercibía a la inmortal jornada</p>
<p>que vio de Huesca la asombrada gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí Pezuela en lira delicada</p>
<p>probó la diestra que empuñar debía</p>
<p>la épica trompa y la fulmínea espada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí Ochoa, de ciencia y poesía</p>
<p>apurando el raudal con noble empeño,</p>
<p>labraba su futura nombradía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí en tono, ora grave, ora risueño,</p>
<p>rico de inspiración sonaba el canto</p>
<p>de Felipe, el satírico limeño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí otros mil&#8230; -¡Oh fugitivo encanto!</p>
<p>¡Oh sonrisa primera de la vida!</p>
<p>¡Recuerdo de placer, que arranca llanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué, Mariano, la ilusión perdida</p>
<p>de la edad infantil, en noche obscura</p>
<p>nos dejó acaso el alma sumergida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No hay ya un rayo de luz serena y pura?</p>
<p>¿Es este mundo una región de duelo,</p>
<p>de desesperación y de amargura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No, no es verdad! -Del nebuloso cielo,</p>
<p>del negro septentrión esa herejía</p>
<p>vino en traje francés a nuestro suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todos pecamos! -Yo también un día,</p>
<p>gimiendo adrede, por seguir la usanza,</p>
<p>vime arrastrado en la común manía</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a esa espelunca do a leer se alcanza</p>
<p>sobre la puerta con azufre escrito:</p>
<p>«¡Ay! Dejad, los que entráis, toda esperanza.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí en verso trotón y a voz en grito</p>
<p>lloraba su vejez anticipada</p>
<p>un melenudo imberbe mancebito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de la romántica pleyada,</p>
<p>que tres lustros de edad mostraba apenas</p>
<p>al blando arrullo de niñez mimada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>lloraba desengaños a docenas</p>
<p>de esta imperfecta sociedad que al hombre</p>
<p>ata, al nacer, con grillos y cadenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y porque más su desventura asombre,</p>
<p>quejábase también de estar minado</p>
<p>de una secreta enfermedad sin nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Era un vivir aquel desesperado!</p>
<p>Sólo se oía en recia taravilla:</p>
<p>¡Maldición! por un lado y otro lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por fin de aquella fiera pesadilla</p>
<p>conseguí despertar con trasudores</p>
<p>a las voces de Lista y Hermosilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al contemplar de nuevo los albores</p>
<p>del sol que en torno a mí la densa bruma</p>
<p>disipaba con vivos resplandores,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dije: ¡Gracias a Dios! -Pues ni me abruma</p>
<p>la sociedad, ni anillo con veneno</p>
<p>llevo, ni tengo mal que me consuma;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ni he sido de fortuna tan ajeno</p>
<p>que un fiel amigo, una mujer constante</p>
<p>no hallase alguna vez; yo no soy bueno</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>para tanto gemir. -Extravagante</p>
<p>empeño es sepultarse de por vida</p>
<p>en el infierno bárbaro del Dante</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y no vagar, con alma embebecida</p>
<p>en trinos de aves y en olor de rosas,</p>
<p>por los jardines mágicos de Armida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis ojos otra vez a las hermosas</p>
<p>regiones se alzan del sereno polo</p>
<p>a buscar sus deidades fabulosas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que yo la lira del crinado Apolo,</p>
<p>que invoqué tantas veces, al ruido</p>
<p>de las doradas ondas del Pactolo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no he de trocar por el feroz graznido</p>
<p>del repugnante pájaro que viene</p>
<p>del hedor de las tumbas atraído;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y prefiero las aguas de Hipocrene</p>
<p>a esas lagunas cenagosas, donde</p>
<p>blanca fantasma su morada tiene,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y al que pide favor sólo responde</p>
<p>con un ósculo hediondo y un acero</p>
<p>que entre los pliegues de su manto esconde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Álcese Byron de su numen fiero</p>
<p>en las alas flamígeras, y escoga</p>
<p>a su espíritu audaz nuevo sendero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tímido el mío a tanto no se arroja,</p>
<p>y me conduce por la usada huella</p>
<p>que en dulce resplandor bañó Rioja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Tan escasa de luz brilló la estrella</p>
<p>de las clásicas musas? Si el auxilio</p>
<p>invocaba Boscán de Erato bella,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿no deleitaba en pastoril idilio?</p>
<p>¿Tan mal la trompa de Caliope suena</p>
<p>en los cantos de Homero y de Virgilio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, Mariano, que en la amarga pena</p>
<p>a que el humano esfuerzo no resiste</p>
<p>derramas de tus ojos larga vena;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si algún consuelo a tu dolor existe,</p>
<p>sólo en las musas le hallarás acaso:</p>
<p>sí, que también para el que llora triste</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tiene lágrimas dulces el Parnaso:</p>
<p>las que en el lamentar de dos pastores</p>
<p>vertió sin duelo el tierno Garcilaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya que el golpe irreparable llores,</p>
<p>corra al son de la cítara tu llanto;</p>
<p>que del que viertas tú nacerán flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, y hallarás el bálsamo que un tanto</p>
<p>alivie tu mortal melancolía</p>
<p>en la antigua amistad y en el encanto</p>
<p>de la consoladora poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la Reina gobernadora doña María Cristina de Borbón visitando el Liceo Artístico y Literario de Madrid</strong></h3>
<p>Cuando la griega juventud volaba</p>
<p>al campo de la gloria,</p>
<p>y al macedón guerrero arrebataba</p>
<p>el sangriento laurel de la victoria:</p>
<p>¿quién a blandir la fulminante lanza</p>
<p>robusteció su brazo?</p>
<p>En el estrago de feroz matanza</p>
<p>¿quién su pecho alentó, quién, sino el fuego</p>
<p>del entusiasmo ardiente</p>
<p>que corrió en viva llama por sus venas,</p>
<p>cuando escuchó elocuente</p>
<p>tronar la voz del orador de Atenas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú fuiste, oh santo fuego,</p>
<p>tú quien el duro mármol animaba</p>
<p>bajo el cincel del inspirado griego;</p>
<p>tú quien la trompa de Marón sonaba:</p>
<p>en cuanto el mundo a la memoria ofrece</p>
<p>de eterno, de elevado,</p>
<p>tu creador espíritu aparece;</p>
<p>tú ante el funesto vaso envenenado,</p>
<p>en el alma de Sócrates brillabas,</p>
<p>tú la mano de Apeles dirigías,</p>
<p>en la lira de Píndaro sonabas</p>
<p>y la lanza de Arístides blandías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡oh!, ¿por qué ofuscada</p>
<p>a tan remota edad vuela mi mente?</p>
<p>La centella sagrada,</p>
<p>de la aureola de Dios destello ardiente,</p>
<p>que de la antigua Grecia derruida</p>
<p>el canto melodioso</p>
<p>eternizó y el brazo belicoso,</p>
<p>¿yace entre sus escombros extinguida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No. -Como chispa eléctrica impaciente</p>
<p>que, presa en frío pedernal, no pudo</p>
<p>brillar, hasta que siente</p>
<p>de acerado eslabón el golpe rudo:</p>
<p>así en medroso pasmo</p>
<p>en tu pecho dormía,</p>
<p>juventud española, el entusiasmo;</p>
<p>mas cuando el regio acento generoso</p>
<p>retumbó por los ámbitos de España,</p>
<p>de el Pirene riscoso</p>
<p>al confín andaluz que Atlante baña;</p>
<p>estalla al fin la mágica centella</p>
<p>las almas conmoviendo,</p>
<p>y el abatido pueblo se levanta,</p>
<p>y en sed de gloria ardiendo,</p>
<p>lidia el guerrero y el poeta canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo es ya entusiasmo, todo es vida!</p>
<p>Navarra muestra su campaña en sangre</p>
<p>de rebeldes teñida;</p>
<p>allí guerrera juventud, clamando</p>
<p>«¡Cristina y libertad!» En ronco acento,</p>
<p>la espada desnudando,</p>
<p>la vaina arroja al viento,</p>
<p>y al son del himno nacional se lanza</p>
<p>con noble bizarría</p>
<p>sobre la hueste audaz que el polvo muerde</p>
<p>en Luchana, Arlabán, Mendigorría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí los que sintieron</p>
<p>su pecho palpitar, en mudo asombro</p>
<p>de rodillas cayeron</p>
<p>ante la Virgen pura</p>
<p>cuyo rostro de cándida hermosura</p>
<p>y maternal desvelo</p>
<p>reveló al gran Murillo el mismo cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que el sagrado canto</p>
<p>que entonaba León en arpa de oro</p>
<p>oyen con tierno llanto,</p>
<p>y al Dios del almo coro</p>
<p>alzan también el cántico sonoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O al robusto sonido</p>
<p>de la trompa de Herrera, ante sus ojos</p>
<p>ven cargadas de bárbaros despojos</p>
<p>a las veleras naves españolas</p>
<p>victoriosas bogar, cuando Lepanto</p>
<p>con turca sangre enrojeció sus olas.</p>
<p>Todos en lazo fraternal unidos,</p>
<p>digno templo a las artes elevando,</p>
<p>preparan ya los himnos merecidos</p>
<p>y aprestan los pinceles</p>
<p>con que en la edad futura eterna sea</p>
<p>la fama de esa hueste generosa</p>
<p>que por su reina hermosa</p>
<p>y por la santa libertad pelea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡oh!, ¿qué nuevo rayo</p>
<p>de luz las liras y los lienzos dora,</p>
<p>como a los campos del florido mayo</p>
<p>el resplandor de la rosada aurora?</p>
<p>¿Me engaña mi deseo?</p>
<p>¡Vedla!&#8230; ¡Es ella!&#8230; ¡Es Cristina!</p>
<p>su presencia divina</p>
<p>baña de lumbre el español Liceo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busca en tu dulce lira</p>
<p>cómo pintar su célica hermosura</p>
<p>que amor y gloria inspira,</p>
<p>si al humano poder por dicha excedes,</p>
<p>inspirado poeta:</p>
<p>búscalo tú, pintor, si hallarlo puedes</p>
<p>en el vario color de tu paleta.</p>
<p>Pintadla augusta, hermosa,</p>
<p>sobre el excelso trono castellano</p>
<p>la frente hollando del rebelde fiero,</p>
<p>y con risa bondosa</p>
<p>ciñendo de laureles con su mano</p>
<p>al pintor, al poeta y al guerrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la Reina Nuestra Señora doña María Cristina de Borbón, en sus días</strong></h3>
<p>Cuando al volver con el ardiente julio</p>
<p>la bienhadada aurora</p>
<p>en que a tu nombre el español exhala</p>
<p>himnos de amor, Señora;</p>
<p>el trueno del cañón; en la gigante</p>
<p>torre, del bronce herido</p>
<p>el trémulo clamor; del ronco parche</p>
<p>el bélico sonido;</p>
<p>abierto el templo a la plegaria santa,</p>
<p>do entre la densa nube</p>
<p>del incienso, que al cielo se levanta,</p>
<p>el voto ardiente de las almas sube;</p>
<p>todo es placer y amor: permite, oh Reina,</p>
<p>que esta olvidada lira,</p>
<p>que ni inmortalidad ni gloria espera,</p>
<p>lance un sonido, y a las plantas muera</p>
<p>de la misma belleza que la inspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oídos que están llenos</p>
<p>del blando halago del cantar de Laura,</p>
<p>y del dulce ruido</p>
<p>que forma triste el aura</p>
<p>meciendo los laureles que la tumba</p>
<p>cubren de Tasso y de Marón&#8230; Oídos</p>
<p>que en la cuna arrullaron</p>
<p>de Herminia los gemidos,</p>
<p>los tristes ayes del furioso amante,</p>
<p>y la trompa de Dante&#8230;</p>
<p>¡Cómo halagar pudiera, humilde y frío,</p>
<p>el desmayado son del canto mío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No menos dulce, al rutilar tus ojos</p>
<p>sobre la cumbre cana</p>
<p>del alto Pirineo,</p>
<p>unió su voz la musa castellana</p>
<p>al popular ardiente clamoreo.</p>
<p>¡Cristina! -¡Oh! ¡cuál se goza</p>
<p>mi pecho al recordarlo!</p>
<p>Sí, yo te vi. -De la triunfal carroza,</p>
<p>con galano ademán, dulces miradas</p>
<p>en el gozoso pueblo,</p>
<p>que en apiñado grupo te seguía,</p>
<p>amorosa fijabas:</p>
<p>pareciome que tierna preguntabas</p>
<p>a cuántos tristes consolar debías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A España entera consolaste. ¡Hermoso</p>
<p>iris de paz y amor! Tu ruego puro</p>
<p>al cielo hizo piadoso,</p>
<p>padre a Fernando, al español dichoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! De tan alta dicha ser no puedo</p>
<p>digno intérprete yo. -Vuelve al olvido</p>
<p>a que el destino te condena, oh lira:</p>
<p>por la postrera vez los vientos hiere:</p>
<p>lanza un sonido, y a las plantas muere</p>
<p>de la misma belleza que te inspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la Sra. condesa del Montijo, en sus días</strong></h3>
<p><em>Balada que se cantó en su teatro de Carabanchel; puesta en música por el maestro Inzenga.</em></p>
<p>I</p>
<p>Ausente y presente a un tiempo,</p>
<p>te aflige y te halaga amor;</p>
<p>que el Adur y el Manzanares</p>
<p>dividen tu corazón.</p>
<p>Y en dulce duda,</p>
<p>fijando estás</p>
<p>aquí tus ojos,</p>
<p>tu mente allá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Allá un suspiro del alma</p>
<p>pide a tu amor maternal</p>
<p>la que en premio a sus virtudes</p>
<p>ciñe corona imperial.</p>
<p>Y en dulce duda,</p>
<p>fijando estás</p>
<p>aquí tus ojos,</p>
<p>tu mente allá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Aquí otra prenda querida,</p>
<p>que también tiene a sus pies,</p>
<p>cual reina de la hermosura,</p>
<p>vasallos cuantos la ven.</p>
<p>Y en dulce duda,</p>
<p>fijando estás</p>
<p>aquí tus ojos,</p>
<p>tu mente allá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Lope de Vega</strong></h3>
<p><em>Versos recitados en el teatro en una función de aniversario.</em></p>
<p>Tres siglos ha que este sol</p>
<p>que hoy luce en el firmamento</p>
<p>alumbraba el nacimiento</p>
<p>del gran poeta español.</p>
<p>Purificado al crisol</p>
<p>de una edad y de otra edad,</p>
<p>monstruo de fecundidad,</p>
<p>numen de la patria escena,</p>
<p>Lope con su nombre llena</p>
<p>del mundo la inmensidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la modesta mansión</p>
<p>que oyó su postrer gemido</p>
<p>hoy a Lope se ha rendido</p>
<p>tributo de admiración.</p>
<p>Aquí con mayor razón,</p>
<p>aquí, templo de su gloria,</p>
<p>donde una y otra victoria</p>
<p>le ornaron de resplandores,</p>
<p>demos público y actores</p>
<p>un aplauso a su memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mi amigo, el Excmo. Sr. don Tomás de Corral</strong></h3>
<p>No pienses que esta epístola,</p>
<p>Corral excelentísimo,</p>
<p>va dirigida al célebre</p>
<p>de Hipócrates discípulo.</p>
<p>Por más que yo, sin brújula,</p>
<p>bogue en estrecho círculo,</p>
<p>sin que tus sabios récipes</p>
<p>den al bajel más ímpetu;</p>
<p>no tanto aflige el ánimo</p>
<p>de este doliente mísero</p>
<p>el ver la ausencia crónica</p>
<p>de su doctor científico,</p>
<p>como las dulces pláticas</p>
<p>del amigo carísimo</p>
<p>no oír, ni en grato diálogo</p>
<p>darnos placer recíproco.</p>
<p>Lo que es en cuanto al médico,</p>
<p>si de mi casa el címbalo</p>
<p>tocase, y dentro viéralo,</p>
<p>fuera con él brevísimo.</p>
<p>Solamente dijérale</p>
<p>que ante el poder febrífugo</p>
<p>de las plateadas píldoras</p>
<p>que introduje en mi físico;</p>
<p>y gracias a la pócima</p>
<p>con que Simón el químico</p>
<p>purgó mi región ínfima</p>
<p>de materiales rígidos;</p>
<p>y a la virtud benéfica</p>
<p>de aquel sabroso líquido,</p>
<p>producto del cuadrúpedo</p>
<p>que con Balán fue explícito;</p>
<p>ya mis repuestas vísceras,</p>
<p>merced a estos antídotos,</p>
<p>con su morboso cómplice</p>
<p>han roto el fiero vínculo.</p>
<p>Y dócil ya mi estómago</p>
<p>digiere el néctar índico,</p>
<p>que en espumante jícara</p>
<p>es de mi gula el ídolo,</p>
<p>si bien no tan benévolo</p>
<p>suele mostrarse el pícaro</p>
<p>cuando la carne sólida</p>
<p>(aunque de tierno vítulo)</p>
<p>envuelta en jugos gástricos</p>
<p>baja al duodeno crítico,</p>
<p>y toca por sus trámites</p>
<p>en la región del hígado.</p>
<p>Ya allí más climatérico</p>
<p>se presenta el capítulo:</p>
<p>que el abdomen atónico</p>
<p>se eleva timpanítico.</p>
<p>La digestión, por último,</p>
<p>cuesta trabajos ímprobos;</p>
<p>mas se hace, y presto el órgano</p>
<p>vuelve a su estado prístino.</p>
<p>En estos días plácidos</p>
<p>en que, venciendo el frígido</p>
<p>rigor, el numen délfico</p>
<p>mostró su rostro vívido;</p>
<p>salí, según sus órdenes,</p>
<p>en alquilón vehículo,</p>
<p>del ambiente atmosférico</p>
<p>a aspirar el oxígeno.</p>
<p>Mas ni aun con ese método</p>
<p>place al dios soporífero</p>
<p>que de noche mis párpados</p>
<p>cierre sueño pacífico.</p>
<p>Esto al doctor dijérale,</p>
<p>mas no podré decírselo;</p>
<p>que de mi hogar doméstico</p>
<p>tocar no quiere el címbalo.</p>
<p>Tú, pues, que de ese prófugo</p>
<p>amigo eres tan íntimo,</p>
<p>según es fama pública,</p>
<p>Corral amabilísimo;</p>
<p>tú de mi parte búscale</p>
<p>y dile que mi espíritu</p>
<p>se apoca melancólico</p>
<p>si no entona mi físico.</p>
<p>Que un régimen dietético</p>
<p>me imponga, y yo solícito,</p>
<p>más que el Corán los árabes,</p>
<p>guardaré sus artículos.</p>
<p>Dile que si algún mérito</p>
<p>halla en mis versos líricos,</p>
<p>y de escritor dramático</p>
<p>me otorga el alto título,</p>
<p>torne a este cuerpo lánguido</p>
<p>vigor que mi estro rítmico</p>
<p>encienda; y de mi cítara</p>
<p>verá que al son dulcísimo</p>
<p>canto su nombre célebre,</p>
<p>que es ya de salud símbolo;</p>
<p>y acaso al suyo uniéndole</p>
<p>suba mi nombre altísimo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mis amigos</strong></h3>
<p>No muera, amigos, en el pecho helado</p>
<p>tímido el fuego creador del genio:</p>
<p>llega el momento en que la lira el libre</p>
<p>cántico suene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese que os hizo de abundante vena</p>
<p>rico presente la deidad del Pindo,</p>
<p>no es vuestro sólo; de la patria es feudo:</p>
<p>ella lo pide.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Ay! ¡De la patria!&#8230;, preguntar os oigo:</p>
<p>¿Dó está la patria?&#8230; Al corazón no llega</p>
<p>del que contento en la cadena vive</p>
<p>himno sonoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francia que el trono de ignominia, alzado</p>
<p>de Waterloo sobre los muertos héroes</p>
<p>fiero padrón de servidumbre indigna</p>
<p>rompe y sepulta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francia en buen hora renacer la dulce</p>
<p>lira contemple en que cantaba Horacio</p>
<p>rotos al bote de romana lanza</p>
<p>Partos y Medos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Goce al cantor de las Mesenias, goce,</p>
<p>Alfonso, tu gigante numen;</p>
<p>Píndaros tenga la que tiene tantos</p>
<p>héroes cual hijos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de nosotros! -Sobre todos cruje</p>
<p>látigo alzado déspota altanero,</p>
<p>y hunde en el polvo y con la planta huella</p>
<p>liras y leyes.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí; mas la Musa que inspiró el robusto</p>
<p>son que la trompa eternizó de Herrera,</p>
<p>cuando Lepanto enrojeció con turca</p>
<p>sangre sus olas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la que tierna suspiró en Rioja,</p>
<p>la que del Tormes encantó las aguas,</p>
<p>todas llorosas os demandan nuevas</p>
<p>aras y culto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Jóvenes, dicen, a la dulce sombra</p>
<p>de ese laurel que vuestra frente anhela,</p>
<p>santa amistad y poesía junten</p>
<p>vates hermanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto las iras de belleza ingrata</p>
<p>supo ablandar enamorado canto,</p>
<p>y vuestra lira enguirnaldó de rosas</p>
<p>alma ciprina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros acentos las Pimpleas aman,</p>
<p>cuando despunta suspirada aurora,</p>
<p>pruebe a lanzar el inflamado plectro</p>
<p>ronca tirteida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Veis? Ya Pirene de sus cumbres lanza</p>
<p>hijos de Iberia que a salvarla vienen.</p>
<p>¿Veis? Ya el tirano en su caduco trono</p>
<p>pálido tiembla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Caros alumnos! A la nueva patria,</p>
<p>ya desligada de servil coyunda,</p>
<p>himnos de gloria y libertad la corva</p>
<p>cítara ensaye.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Excmo. Sr. conde de San Luis</strong></h3>
<p><em>Por la creación del teatro español</em></p>
<p>¿Dónde la gloria vive del que un día,</p>
<p>en Accio vencedor, desde las cumbres</p>
<p>del enriscado Cáucaso a las playas</p>
<p>del mar de Luso dilató su imperio?</p>
<p>¿Dónde? -Ese imperio destrozó en un punto</p>
<p>bárbara hueste que lanzó cual raudo</p>
<p>torrente el Septentrión: circos y templos,</p>
<p>termas, palacios, todo, el habla misma</p>
<p>despareció; mas al común estrago,</p>
<p>sobre siglos sin fin, los inmortales</p>
<p>cantos de Horacio y de Marón divinos</p>
<p>sobreviviendo van, y allí la gloria</p>
<p>del protector de las romanas letras.</p>
<p>¿Qué es del trono fortísimo que en sangre</p>
<p>de turbulentos próceres la dura</p>
<p>mano afirmó, cabe el medroso Sena,</p>
<p>del purpurado Richelieu? Juguete</p>
<p>del viento popular, voló en pedazos.</p>
<p>Mas contra el murmurar de la indignada</p>
<p>posteridad, el opresor valido</p>
<p>salva su gloria en la que alzó, y aún vive</p>
<p>con renombre inmortal, docta Academia.</p>
<p>Tú, más que a los históricos ejemplos</p>
<p>y ardiente sed de fama, a los impulsos</p>
<p>del corazón magnánimo que abrigas,</p>
<p>obedeciendo fiel, en tus floridos</p>
<p>años, asunto con tus hechos prestas,</p>
<p>oh noble conde, a la española Musa.</p>
<p>Ella, en tanto que al pie del soberano</p>
<p>solio te vio, dispensador de honores,</p>
<p>mezclar su voz no quiso a la que alzaba</p>
<p>el lisonjero, que al poder presente</p>
<p>cerca y ensalza, gárrulo cortejo.</p>
<p>Mas a la puerta del modesto albergue</p>
<p>que hoy tornas a habitar, rico de gloria,</p>
<p>te esperó silenciosa, el plectro de oro</p>
<p>presto, y la voz y la sonante lira.</p>
<p>Oye cuál vibra en tu loor, y el estro</p>
<p>de cien vates inflama que a porfía:</p>
<p>«Eterno, cantan, vivirá tu nombre,</p>
<p>protector del saber.» -¡Oh noble, oh digno</p>
<p>premio que tanto mereciste y gozas!</p>
<p>Gózalo en paz; y el que ásperos desdenes</p>
<p>halla no más y hondo silencio, cuando</p>
<p>de la áurea silla del poder la instable</p>
<p>deidad le precipita, a sí se culpe.</p>
<p>No riqueza y dominio a la existencia</p>
<p>bastan de un pueblo. Si las sabias leyes,</p>
<p>la abundancia, la paz su cuerpo nutren,</p>
<p>alma tiene también, y el alma vive</p>
<p>de esa gloria purísima, que el vulgo</p>
<p>de los graves políticos desdeña</p>
<p>y humo vano apellida. -Tú, arrostrando</p>
<p>tal vez su risa imbécil, decoroso</p>
<p>templo alzaste a Talía. -Allí de Lope,</p>
<p>de Calderón, de Rojas y de Inarco,</p>
<p>de Moreto y de Tirso, numeroso</p>
<p>pueblo torna a admirar, ora discreta</p>
<p>y en artificio rica, ora terrible,</p>
<p>ora humilde y moral, la siempre nueva</p>
<p>dramática ficción. -Los que al reflejo</p>
<p>de aquellos faros luminosos siguen</p>
<p>la ardua senda con gloria, que a la cumbre</p>
<p>del sacro Pindo guía, de las rosas</p>
<p>que en sus pensiles de eternal verdura,</p>
<p>al amoroso riego de Hipocrene</p>
<p>dulce fragancia esparcen, ya preparan</p>
<p>a tus sienes espléndida corona.</p>
<p>Yo, a quien no es dado la sublime altura</p>
<p>del Helicón pisar, una sencilla</p>
<p>flor de su falda corto; ofrenda humilde</p>
<p>que agradecido te presento en estos</p>
<p>desaliñados números, que acaso</p>
<p>no morirán, porque tu nombre llevan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Excmo. Sr. Duque de Frías en la muerte de su esposa</strong></h3>
<h3><strong>Elegía</strong></h3>
<p>¿Quién a mi frente ciñe</p>
<p>el funeral ciprés? ¿La destemplada</p>
<p>lira de Young entre mis manos yertas</p>
<p>quién viene a colocar? ¿Quién a mi pecho</p>
<p>pide lúgubre canto?</p>
<p>¿Quién agolpa a mis párpados el llanto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Santa amistad, perdona.</p>
<p>Si alguna vez a tu celeste influjo</p>
<p>pude el canto ensayar, destellos eran</p>
<p>del juvenil ardor: nunca del genio</p>
<p>la antorcha refulgente</p>
<p>con su lumbre inmortal ardió en mi mente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A tu demanda en vano</p>
<p>llamo la inspiración: lágrimas sólo,</p>
<p>lágrimas te daré. Si el llanto es digno</p>
<p>tributo a la beldad que hundió en la tumba</p>
<p>la Parca devorante,</p>
<p>¡ay! yo la lloraré: ¡que otro la cante!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la hermosura, al alto</p>
<p>ejemplo de virtud, dotes que unidas</p>
<p>ve el mundo rara vez, ¿qué humano pecho</p>
<p>niega su admiración? Hijos de Iberia,</p>
<p>que el sacro Pindo inspira,</p>
<p>piedad enmudeció: pulsad la lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sonó el himno: Barcino,</p>
<p>Madrid, y el Sena y el Adur lo oyeron.</p>
<p>en el inerte mármol, en el mudo</p>
<p>lienzo, al olvido de la tumba arranca</p>
<p>su forma peregrina,</p>
<p>su celeste beldad, arte divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuál es tu triunfo, oh muerte?</p>
<p>¿De tu falsa victoria cuál trofeo</p>
<p>es el que arrastras al sepulcro? En vano</p>
<p>allí tu triste víctima sepultas:</p>
<p>de tu centro profundo</p>
<p>rayo consolador refleja al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así después que cruza</p>
<p>por el tendido cielo el sol radiante</p>
<p>y en los abismos de la mar se esconde,</p>
<p>melancólica, blanda, halagadora</p>
<p>luz a la tierra envía,</p>
<p>dulce recuerdo del ardiente día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Lloras, mi dulce amigo!</p>
<p>Llanto y no más a su memoria, estéril</p>
<p>holocausto será: más alta ofrenda</p>
<p>pide a tu amor: quien el consuelo hermoso</p>
<p>de la virtud ignore,</p>
<p>a su muerta beldad eterno llore.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tú, que de los cielos</p>
<p>el numen recibiste que tu nombre</p>
<p>hará inmortal, y lauros militares</p>
<p>que tu diestra ganó, y en bien del pobre</p>
<p>dones de la fortuna,</p>
<p>y heredado blasón de ilustre cuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De labios más queridos</p>
<p>oírlo quieres? Ven: allí se eleva</p>
<p>el gótico recinto: allí dirige</p>
<p>tu planta: llega: sobre el fuerte quicio</p>
<p>las cinceladas puertas</p>
<p>por invisible impulso mira abiertas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traspasa los umbrales.</p>
<p>Lámpara funeral su tembloroso</p>
<p>rayo refleja en el bruñido mármol</p>
<p>de ostentosos sepulcros: en su centro</p>
<p>los restos venerables</p>
<p>yacen de los antiguos condestables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tus inquietos ojos</p>
<p>buscan la tumba de tu amor. -Escucha:</p>
<p>sordo ruido en su profundo seno</p>
<p>se deja percibir&#8230; Álzase en ella</p>
<p>sobre la abierta losa</p>
<p>una matrona. Mírala: es tu esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De sus hombros desciende</p>
<p>cándido lino hasta la planta: el negro</p>
<p>cabello ondea en su marmórea espalda:</p>
<p>pálida majestad su noble frente</p>
<p>y sus mejillas tiñe:</p>
<p>la corona ducal sus sienes ciñe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con solemne acento</p>
<p>así te dice: -«Treguas, caro esposo,</p>
<p>treguas a la aflicción; harto bañaste</p>
<p>de amargo llanto el solitario lecho:</p>
<p>tú que lloras mi suerte,</p>
<p>¡si el triunfo vieras que nos da la muerte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí no turba el alma</p>
<p>el tronante cañón, la asoladora</p>
<p>lanza que salpicó de humana sangre</p>
<p>los pacíficos campos donde alzamos,</p>
<p>bajo el pajizo techo,</p>
<p>de nuestro mutuo amor el primer lecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La envidia ponzoñosa,</p>
<p>la calumnia procaz, la tiranía,</p>
<p>la bajeza servil, del mundo, sólo</p>
<p>del mundo son: la adulación traidora,</p>
<p>que honor mentido ofrece,</p>
<p>en la losa del túmulo enmudece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no con llanto estéril:</p>
<p>con la virtud conquistarás, esposo,</p>
<p>este ignorado mundo de delicias.</p>
<p>Virtud costosa, sí; que esta diadema,</p>
<p>tanto del hombre ansiada,</p>
<p>al bajar a la tumba, ¡cuán pesada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No el velo misterioso</p>
<p>me es dado alzar. -¡Adiós! -Conmigo un día</p>
<p>en lazo eterno&#8230;» Enmudeció la sombra</p>
<p>y hundiose en el sepulcro; y aún su acento</p>
<p>«¡Virtud, virtud!» clamaba:</p>
<p>«¡Virtud, virtud!» el templo resonaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Excmo. Sr. Marqués de Molíns</strong></h3>
<p>Oportuno en verdad viene ese tanto</p>
<p>a mediar el terceto antecedente,</p>
<p>pues me convida a principiar con llanto&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llanto vierten mis ojos, hechos fuente,</p>
<p>Mariano, desde aquel tremendo día,</p>
<p>en mi memoria sin cesar presente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando en la lucidez de su agonía,</p>
<p>estrechándome tierna al casto seno,</p>
<p>«¡Todo es verdad!» mi esposa me decía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo es verdad! -¡Oh Dios! Si en ronco trueno</p>
<p>sonó un día tu voz, y a su rugido</p>
<p>Saulo en tierra cayó de asombro lleno,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡oh milagro de amor no merecido!,</p>
<p>tu voz por aquel labio moribundo</p>
<p>tocó en mi corazón estremecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gusano vil en lodazal inmundo,</p>
<p>alas de mariposa me nacieron,</p>
<p>y con ellas me alcé lejos del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A regiones más puras me subieron;</p>
<p>mas no he llegado a la sublime alteza</p>
<p>de los que el lazo mundanal rompieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo será? -¡Me oprime la tristeza!</p>
<p>El pesar en que a solas me consumo</p>
<p>cesa al dormir, y al despertar empieza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pídele a Dios omnipotente y sumo</p>
<p>que te guarde a tu Carmen&#8230; ¡ay, amigo!</p>
<p>y no le pidas más: el resto es humo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu casta mitad al dulce abrigo,</p>
<p>dondequiera que estés, patria y honores</p>
<p>y placer y amistad verás contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Para mí no tiene el mundo amores,</p>
<p>ni encantos la amistad, ni luz el día,</p>
<p>ni calor el hogar, ni olor las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy viene a acrecentar la pena mía</p>
<p>la memoria del santo aniversario</p>
<p>que a tu lado pasé&#8230; ¡y ella vivía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán distinto de aquél! -Destino vario</p>
<p>a ti te arroja cabe el turbio Sena,</p>
<p>a mí en Madrid me amarra solitario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! el bronce místico resuena.</p>
<p>Media noche sonó&#8230; Luz desusada</p>
<p>brota en Belén, y el universo llena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Triste prole de Adán, ya estás salvada!</p>
<p>El Niño Dios que los pecados quita</p>
<p>nos abre ya la celestial morada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh placer! ¡Allí está! -De Dios bendita,</p>
<p>mi Manuela, vestida de hermosura,</p>
<p>entrelos puros ángeles habita,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡alma inmortal! De la celeste altura</p>
<p>por tu marido y por tus hijos vela,</p>
<p>que moran este valle de amargura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, Mariano: tu amigo sólo anhela</p>
<p>sentir en breve el lazo desatado</p>
<p>que este cautivo espíritu encarcela;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y por tanto dolor purificado,</p>
<p>a mi esposa en la gloria unirme presto&#8230;</p>
<p>y ver que allí también a nuestro lado</p>
<p>te guarda Dios el merecido puesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al rey don Fernando VII en su vuelta a Madrid, después de pacificar la Cataluña</strong></h3>
<h3><strong>Canto épico</strong></h3>
<p>Hijos de Iberia: los que el muro alzado</p>
<p>circunda invicto de la gran Sevilla:</p>
<p>los que enfrena en su término sagrado</p>
<p>del gaditano mar la ardiente orilla:</p>
<p>noble gallego: cántabro esforzado:</p>
<p>los que sustenta la feraz Castilla:</p>
<p>mi voz por vuestros campos se dilate;</p>
<p>la lira pulse el inspirado vate.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No el sangriento laurel bañado en lloro,</p>
<p>que orló la frente al vencedor de Jena,</p>
<p>cantaré, ¡oh patria!, que mi lira de oro</p>
<p>nunca entre horror y mortandad se suena.</p>
<p>No el brazo vengador que al torvo moro</p>
<p>lanzó de Libia a la abrasada arena;</p>
<p>ni al tremendo cañón de Navarino,</p>
<p>la rota entena, el abrasado lino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro eternice su funesto nombre,</p>
<p>cuando las lides y la muerte entona,</p>
<p>y al escucharlo en el hogar se asombre,</p>
<p>y al hijo estreche la infeliz matrona:</p>
<p>jamás el hombre degollando al hombre</p>
<p>en los horrendos campos de Belona</p>
<p>a mi blando laúd fue digna hazaña:</p>
<p>pueblos, yo canto al bienhechor de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, numen tutelar del pueblo ibero;</p>
<p>tú, domador de la morisma impía,</p>
<p>que en la mezquita del alarbe fiero</p>
<p>los pendones dejaste de María;</p>
<p>tú, que a Fernando el áspero sendero</p>
<p>mostrar supiste que al empíreo guía,</p>
<p>tú me inspira, y mi voz al aire dando,</p>
<p>cantaré las virtudes de Fernando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la sombra de un sauce reclinado,</p>
<p>que retrata en su linfa Manzanares,</p>
<p>do en otro tiempo el corazón llagado</p>
<p>se exhalaba en tristísimos cantares;</p>
<p>al dulce olor del viento embalsamado,</p>
<p>libre el pecho de bárbaros pesares,</p>
<p>el astro hermoso de la luz miraba,</p>
<p>que a los mares atlánticos bajaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre celajes su encendida hoguera</p>
<p>por el ancho horizonte se derrama,</p>
<p>y al terminar la plácida carrera,</p>
<p>templada brilla su fulgente llama:</p>
<p>el fuego inspirador mi pecho altera;</p>
<p>la voz se eleva, el corazón se inflama;</p>
<p>y arrebatada vuela mi memoria</p>
<p>a los pasados siglos de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miro a Régulo impávido marchando,</p>
<p>entre el clamor de la llorosa plebe,</p>
<p>donde el fiero sayón le está esperando</p>
<p>y perecer entre tormentos debe:</p>
<p>a Aníbal miro con su hueste hollando</p>
<p>de las alpinas cumbres la honda nieve;</p>
<p>y a un ejército entero haciendo frente</p>
<p>a Cocles miro en el cortado puente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagaba así mi ardiente fantasía;</p>
<p>y entre el bullir de las inquietas olas</p>
<p>Manzanares su frente descubría,</p>
<p>coronada de juncos y amapolas;</p>
<p>en la siniestra mano suspendía</p>
<p>el blasón de las armas españolas:</p>
<p>así suena su voz; y humilde para</p>
<p>su blando ruido la corriente clara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué de Roma tu ofuscada mente</p>
<p>hazañas busca en la remota historia?</p>
<p>¿Para asombrar a la futura gente</p>
<p>no basta acaso la española gloria?</p>
<p>Cuando virtud y honor tu lira intente</p>
<p>eternizar del mundo en la memoria,</p>
<p>los campos corre de la madre España</p>
<p>y cada monte te dirá una hazaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende la vista a la encumbrada peña</p>
<p>donde el Astur su independencia adora;</p>
<p>mira de Cristo a la triunfante enseña</p>
<p>despavorida la falange mora:</p>
<p>mira humillada la soberbia isleña</p>
<p>ante la ibera hueste vencedora:</p>
<p>el abatido orgullo de la Francia,</p>
<p>los abrasados techos de Numancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! ¿qué grito de victoria suena</p>
<p>al repetido herir del arpa de oro?</p>
<p>¿Por qué el ronco cañón súbito truena?</p>
<p>¿A quién celebra el matritense coro?</p>
<p>¿Oyes el himno que los aires llena?</p>
<p>¿Oyes del parche el retumbar sonoro,</p>
<p>y en las torres del templo estremecido</p>
<p>el trémulo sonar del bronce herido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Victoria clama al inmortal Fernando</p>
<p>la campiña en que el Ebro se derrama;</p>
<p>el clarín de la fama retumbando,</p>
<p>¡Gloria a Fernando! por los aires clama.</p>
<p>Llegó, miró, triunfó; pero triunfando,</p>
<p>no la venganza el corazón le inflama,</p>
<p>que si humillarlos el monarca anhela,</p>
<p>también Amalia a perdonarlos vuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el regazo de la paz amiga</p>
<p>la venturosa España reposaba;</p>
<p>el labrador descanso a su fatiga</p>
<p>en el hogar pacífico encontraba;</p>
<p>con blando susurrar la rubia espiga</p>
<p>el inocente céfiro halagaba;</p>
<p>y el libre arroyo, rápido saltando,</p>
<p>iba las florecillas salpicando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Truena indignada la tartárea roca,</p>
<p>y envuelto lanza en encendida nube</p>
<p>del negro Averno la escondida boca</p>
<p>al triste mundo el infernal querube:</p>
<p>muere la hierba que su planta toca;</p>
<p>el ronco ahullido hasta el empíreo sube;</p>
<p>y vuela ardiendo en furibunda saña</p>
<p>a los campos católicos de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su fétido aliento el soplo inmundo</p>
<p>los catalanes campos infestando,</p>
<p>vierte el veneno que abortó el profundo</p>
<p>en corazones que rigió Fernando.</p>
<p>Guerra declara al angustiado mundo:</p>
<p>fiero convoca el seducido bando:</p>
<p>su voz envuelta en macilenta llama,</p>
<p>¡Victoria al Orco! enronquecida clama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su voz retumba en la celeste almena,</p>
<p>do resplandece el serafín armado:</p>
<p>en la diestra del Dios que el mundo truena</p>
<p>el rayo vengador bulle indignado.</p>
<p>No a quebrantar la bárbara cadena</p>
<p>vuela otra vez el escuadrón alado:</p>
<p>Tú, Fernando, serás, dijo el Eterno;</p>
<p>y temblaron las huestes del Averno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los brazos de su dulce esposa,</p>
<p>Fernando oyó la voluntad del cielo:</p>
<p>al campo va, y Amalia congojosa</p>
<p>en llanto de dolor inunda el suelo.</p>
<p>«Marcha, le dice, y de la paz hermosa</p>
<p>torna a la Iberia el bienhechor consuelo:</p>
<p>la verde oliva enlaza a tu corona:</p>
<p>vuela, esposo, a triunfar; triunfa y perdona.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No armando el brazo de tajante acero</p>
<p>hiere el bridón con bélico acicate:</p>
<p>no circundado de escuadrón guerrero</p>
<p>lánzase airado al funeral combate:</p>
<p>inerme y solo en el tumulto fiero</p>
<p>su noble frente al sedicioso abate;</p>
<p>y huye, la rabia inútil exhalando,</p>
<p>el infernal espíritu bramando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huella Fernando la extinguida tea,</p>
<p>y el rayo de la paz brilla más puro;</p>
<p>ni en sangre tinta la campaña humea,</p>
<p>ni ostenta escombros de rompido muro.</p>
<p>El pendón de concordia al aire ondea,</p>
<p>al ronco retumbar del bronce duro;</p>
<p>y entre el rumor de armónicos cantares</p>
<p>torna Fernando a sus augustos lares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por contemplar su rostro soberano,</p>
<p>¡cuál corre el pueblo con ardiente anhelo</p>
<p>y en sus trémulos brazos el anciano</p>
<p>alza gozoso al tierno nietezuelo!&#8230;</p>
<p>Pulsa el laúd; que si el acento humano</p>
<p>a tanto puede remontar su vuelo,</p>
<p>tu canto, por la fama conducido,</p>
<p>vencerá las injurias del olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo cantaré mientras la mente mía</p>
<p>el soplo celestial fecundo inflame</p>
<p>y el puro rayo del luciente día</p>
<p>en mí su influjo inspirador derrame.</p>
<p>Por cuanto el claro sol su luz envía,</p>
<p>tu triunfo, ¡oh rey!, el universo aclame:</p>
<p>tú enjugaste de Iberia el triste llanto:</p>
<p>tuya es mi débil voz; tuyo mi canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, dulce Amalia, de virtud modelo;</p>
<p>tú, del pueblo español amparo y guía,</p>
<p>a quien su lumbre inspiradora el cielo</p>
<p>y su arpa de oro el serafín confía;</p>
<p>si de tu voz el remontado vuelo</p>
<p>seguir intenta osada la voz mía,</p>
<p>grato será a tu pecho generoso;</p>
<p>que glorias canto de tu dulce esposo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti, padre del pueblo que te adora,</p>
<p>lleguen los ecos de mi humilde lira;</p>
<p>y mi voz de los siglos vencedora</p>
<p>será, gran rey, si tu virtud me inspira.</p>
<p>Ya del ocaso a la radiante aurora</p>
<p>la ilustre gloria de tu nombre gira:</p>
<p>ya por los aires resonar se escucha:</p>
<p>«¡Gloria inmortal al que venció sin lucha!»</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2188 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ventura1-300x173.png" alt="Poemas de Ventura de la Vega" width="779" height="449" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ventura1-300x173.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ventura1-768x444.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/ventura1.png 941w" sizes="auto, (max-width: 779px) 100vw, 779px" /></p>
<h3><strong>Cantata epitalámica</strong></h3>
<h3><strong>En las bodas de Filena</strong></h3>
<p>AMOR</p>
<p>Numen que el mundo adora y aborrece,</p>
<p>Himeneo tirano,</p>
<p>destructor inhumano</p>
<p>de la hermosura que mi imperio ofrece,</p>
<p>¿qué te conduce aquí? ¿Tornas de nuevo</p>
<p>con tu falaz promesa</p>
<p>de falsas alegrías,</p>
<p>de caducos placeres,</p>
<p>y de las ninfas mías</p>
<p>la más hermosa arrebatarme quieres?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alado cefirillo,</p>
<p>yo haré que eternas, espirando olores,</p>
<p>vivan las gayas flores</p>
<p>de ese pensil donde contento vagas,</p>
<p>si vuelas hoy al bárbaro Himeneo</p>
<p>y el ala bates y la antorcha apagas</p>
<p>que entre sus manos agitarse veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Terrible Dios, ¡piedad! Esa Filena</p>
<p>es la columna del imperio mío:</p>
<p>su palpitante pecho es la azucena</p>
<p>donde oculto me río</p>
<p>acechando rebeldes corazones</p>
<p>que hieren mis arpones</p>
<p>y rindo por despojos</p>
<p>a la celeste lumbre de sus ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Has visto al huracán enfurecido,</p>
<p>que con bramido ronco</p>
<p>en el vergel florido</p>
<p>abate el verde tronco</p>
<p>que sustentaba ufano</p>
<p>tres hermosos claveles?</p>
<p>Pues tú, numen tirano,</p>
<p>tú eres el huracán de mis vergeles,</p>
<p>tú destrozas mis flores,</p>
<p>tú dejas ¡ay! el mundo sin amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tente, importuna Aurora,</p>
<p>funesta precursora</p>
<p>del malhadado día;</p>
<p>tente, no alumbres la desdicha mía.</p>
<p>Contempla de tu esposa,</p>
<p>feliz Titón, la cándida hermosura;</p>
<p>no permitas que parta presurosa,</p>
<p>y con amantes lazos</p>
<p>estréchala en tus brazos;</p>
<p>nadie sus quejas alzará al Olimpo;</p>
<p>que cuando asoma a la afligida tierra,</p>
<p>su antorcha alumbra sólo</p>
<p>rencor y llanto y dolo,</p>
<p>y negro crimen, y sangrienta guerra.</p>
<p>¡Inútil demandar! Por el Oriente</p>
<p>la pérfida, anunciando el triste día,</p>
<p>muestra su faz riente.</p>
<p>¡Oh desventura mía!</p>
<p>¡Es ella, sí!&#8230; Ni escucha mis gemidos,</p>
<p>ni le duele mi pena&#8230;</p>
<p>¡Lució! ¡Lució! -Funesto en mis oídos</p>
<p>el canto epitalámico resuena.</p>
<p>¡Adiós, crudo Himeneo!</p>
<p>Yo parto: vendrá un día</p>
<p>en que la ausencia mía</p>
<p>despierte tu dolor.</p>
<p>Que nunca a tus esposos</p>
<p>darás dulces instantes,</p>
<p>si no los hace amantes</p>
<p>la flecha del Amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>Bellas ninfas del patrio Manzanares,</p>
<p>a Himeneo cantad. -La linda Aurora,</p>
<p>de los tranquilos mares desprendida,</p>
<p>se alza al Olimpo ya, y al Dios del rayo</p>
<p>del nuevo Sol anuncia la salida.</p>
<p>¡Sol de Himeneo, ven! Tu inmensa llama</p>
<p>del enlace dichoso</p>
<p>digna antorcha será: tu lumbre pura</p>
<p>que el universo llena</p>
<p>refleje de Filena</p>
<p>la cándida hermosura.</p>
<p>El sí pronuncia; y de carmín bañada</p>
<p>la nieve de su frente,</p>
<p>dirige su mirada</p>
<p>placentera, inocente,</p>
<p>al esposo felice,</p>
<p>y «tuya soy» le dice.</p>
<p>En sus amantes brazos se reclina,</p>
<p>y al beso conyugal modesta ofrece</p>
<p>la púdica mejilla ruborosa,</p>
<p>como al soplo del céfiro se mece</p>
<p>sobre tallo gentil purpúrea rosa.</p>
<p>No apagues la pura llama</p>
<p>que en su corazón ardía,</p>
<p>si tú la victoria mía</p>
<p>quieres, Amor, coronar.</p>
<p>Guarda benigno en su pecho</p>
<p>de tu dulce fuego un rayo,</p>
<p>como alumbra el sol de mayo,</p>
<p>que brilla sin abrasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>¿A qué me llamas? De tu triunfo goza,</p>
<p>y gózate en mi duelo;</p>
<p>que yo al regazo de mi madre vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>¡Yo en tu duelo gozar! ¡Yo que mi triunfo</p>
<p>a coronar te llamo!</p>
<p>¿Qué es sin ti mi poder? ¿Qué es Himeneo</p>
<p>si en torno Amor no vuela?</p>
<p>¡Raudal fecundo que el invierno hiela!</p>
<p>Mil veces de tus ninfas</p>
<p>dispuse a mi placer; ¡en cuántos pechos</p>
<p>arde la dulce llama</p>
<p>de conyugal amor, y de tu templo</p>
<p>por siempre los robé! Nunca en tu rostro</p>
<p>el llanto ni la pena&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>¡Ay que no me robabas a Filena!</p>
<p>el lindo pie de Amira,</p>
<p>cuando en la danza volador giraba,</p>
<p>un corazón me daba;</p>
<p>los ojos de Glicera,</p>
<p>cuando vivas centellas despedían,</p>
<p>un pecho me rendían;</p>
<p>el cabello de Lesbia,</p>
<p>cuando al soplo del céfiro ondeaba,</p>
<p>un alma me entregaba;</p>
<p>mas ¡ay! en mi Filena</p>
<p>el talle, el pie, los ojos, el cabello,</p>
<p>todos eran arpones,</p>
<p>todos me cautivaban corazones.</p>
<p>¡Tirano! ¡Y tú me robas</p>
<p>la que más triunfos a mi imperio daba!</p>
<p>¡Adiós! En esta encina</p>
<p>el arco inútil colgaré y la aljaba.</p>
<p>Yo parto: Amor ausente</p>
<p>la rosa virginal de su inocencia</p>
<p>no verá deshojar&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>Amor, detente.</p>
<p>Cuelga a tus hombros la dorada aljaba,</p>
<p>vuelve a empuñar el arco omnipotente.</p>
<p>No cual ciego imaginas</p>
<p>tu imperio feneció. La vista torna:</p>
<p>mis ninfas peregrinas</p>
<p>tus leyes obedecen,</p>
<p>y a las agudas puntas de tus flechas</p>
<p>el inocente corazón ofrecen.</p>
<p>Y crecerá tu imperio. -De Filena</p>
<p>el escondido porvenir dudoso</p>
<p>yo en las obscuras páginas he visto</p>
<p>del destino inmutable y misterioso.</p>
<p>Larga prole de hermosas dar promete</p>
<p>a su materno amor: que tuyas sean;</p>
<p>para ti crecerán, en hermosura</p>
<p>iguales a Filena,</p>
<p>de candor, de virtud, de gracia ejemplo;</p>
<p>y en sazonado fruto</p>
<p>yo cien Filenas te daré en tributo</p>
<p>por una sola que robé a tu templo.</p>
<p>Injusto dios vendado,</p>
<p>de este modo Himeneo</p>
<p>la ruina de tu imperio ha decretado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Has visto al huracán enfurecido</p>
<p>arrebatar bramando</p>
<p>la rosa nacarada,</p>
<p>honor de la pradera,</p>
<p>del ámbar perfumada</p>
<p>aliento de la dulce primavera?</p>
<p>La roba, sí; mas por el blando suelo</p>
<p>sus pétalos derrama,</p>
<p>y al punto brota la fecunda tierra;</p>
<p>y el campo engalanado</p>
<p>así cien flores goza</p>
<p>por una flor que el huracán destroza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>¿Qué flor en mis vergeles</p>
<p>igualará a la flor que tú me robas?</p>
<p>Mi poder acabó: rebelde el mundo</p>
<p>burlará mi cadena.</p>
<p>Mortales, respirad: perdí a Filena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>No la perdiste, Amor. -Si es tu deseo</p>
<p>sólo flechar incautos corazones,</p>
<p>no la perdiste, Amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>¡Habla, Himeneo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>Nuestro poder unamos</p>
<p>y de Filena hermosa</p>
<p>el tormento y placer del mundo hagamos.</p>
<p>Yo su mirada artera,</p>
<p>su sonrisa hechicera,</p>
<p>su habla encantadora,</p>
<p>su mano de marfil, su pie gallardo,</p>
<p>te cedo desde ahora:</p>
<p>sólo su corazón para mí guardo.</p>
<p>Escóndete en la nieve de su pecho,</p>
<p>asesta tus arpones,</p>
<p>cautiva corazones:</p>
<p>cien amantes heridos</p>
<p>adórenla rendidos;</p>
<p>y a la virtud ligada</p>
<p>por mágica cadena,</p>
<p>a su esposo no más ame Filena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>Ven, hermano de Amor, ven a mis brazos.</p>
<p>¡Oh dicha inesperada!</p>
<p>¿Qué otra victoria a mi poder agrada?</p>
<p>Herir sin ser herida</p>
<p>es de mis ninfas ley: ame en buen hora</p>
<p>a su feliz esposo;</p>
<p>que a mí me basta, oculto entre los rizos</p>
<p>de su negro cabello,</p>
<p>o en los hoyuelos de su dulce risa,</p>
<p>ostentar mi poder flechando el seno</p>
<p>de cien y cien amantes,</p>
<p>que caigan delirantes</p>
<p>a sus plantas rendidos,</p>
<p>y de amor y desdén a un tiempo heridos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>¡Oh venturosa unión! -Llévense luego</p>
<p>los vientos del olvido</p>
<p>la contienda fatal. -Amor, volemos;</p>
<p>y el tálamo de rosas coronando,</p>
<p>el enlace feliz juntos cantemos.</p>
<p>Bajad, del sacro Olimpo</p>
<p>alados moradores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>El lecho orlad de flores,</p>
<p>ministros del amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>Goce Filena hermosa</p>
<p>perpetua primavera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>Nunca su pecho hiera</p>
<p>la espina del dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>Yo haré que en dulce dicha</p>
<p>correr sus años mire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>Yo haré que el orbe admire</p>
<p>su mágica beldad&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMENEO</p>
<p>No perderá su talle</p>
<p>la esbelta gentileza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AMOR</p>
<p>Triunfará su belleza</p>
<p>del tiempo y de la edad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL POETA</p>
<p>Y tú perdona si mi humilde lira</p>
<p>tu hermosura a cantar y la alta pompa</p>
<p>de tus ilustres bodas hoy se atreve.</p>
<p>Cese ya la ficción: no es a Filena</p>
<p>a quien mi canto suena:</p>
<p>a ti, Señora, que la noble frente</p>
<p>de majestad y de candor ceñida</p>
<p>entre hermosuras tantas,</p>
<p>gloria y adorno de Madrid, levantas,</p>
<p>cual suele en la pradera</p>
<p>cuando a la excelsa nube</p>
<p>alto ciprés entre tomillos sube.</p>
<p>Tu frente, sí, tu frente a quien por alto</p>
<p>misterioso decreto roba el cielo</p>
<p>la diadema esplendente</p>
<p>que de tu grande abuelo</p>
<p>el Sabio Alfonso coronó la frente.</p>
<p>Mas qué digo, insensato. -¿Acaso pudo</p>
<p>el imperio arrancarte?</p>
<p>Natura te le da. -Mira a tus plantas</p>
<p>si la sangre real hierve en tus venas</p>
<p>y te agradan despojos</p>
<p>cuantos te ven, vasallos de tus ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El canto de la esposa</strong></h3>
<h3><strong>Imitación del Cantar de los Cantares</strong></h3>
<p>LA ESPOSA</p>
<p>Ven a tu huerto, Amado;</p>
<p>que <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-manuel-breton-de-los-herreros/">el árbol con su fruto</a> te convida,</p>
<p>y el céfiro callado</p>
<p>espera tu venida:</p>
<p>tú al céfiro y al huerto das la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La aurora nacarada</p>
<p>desdeña esquiva la purpúrea rosa,</p>
<p>a la tierra inclinada:</p>
<p>la abeja silenciosa</p>
<p>ni en torno gira, ni en la flor se posa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni a su consorte halaga</p>
<p>el ruiseñor, sin ti cantando amores;</p>
<p>ni mariposa vaga</p>
<p>entre las gayas flores,</p>
<p>desplegando sus alas de colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a tu huerto, Esposo;</p>
<p>ven a gustar las sazonadas pomas</p>
<p>en mi seno amoroso;</p>
<p>ven, que si tú no asomas,</p>
<p>sin ti mi seno es huerto sin aromas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, que por ese prado</p>
<p>el sol ardiente tus mejillas tuesta:</p>
<p>aquí el roble copado</p>
<p>blanda sombra nos presta,</p>
<p>y en mi regazo pasarás la siesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo duermo en mi morada;</p>
<p>mas del Esposo, el corazón velando,</p>
<p>espera la llegada.</p>
<p>Ya oí su acento blando;</p>
<p>el Esposo a mi puerta está llamando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL ESPOSO</p>
<p>Abre, Esposa querida;</p>
<p>no te detengas, no, consuelo mío;</p>
<p>ábreme por tu vida;</p>
<p>que yerto estoy de frío,</p>
<p>mis cabellos cubiertos de rocío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA ESPOSA</p>
<p>¡Ay que el desnudo pecho</p>
<p>temo al aire sacar, Esposo amado,</p>
<p>de mi caliente lecho!</p>
<p>¡Ay que el pie delicado</p>
<p>temo llegar al pavimento helado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus dedos el Esposo</p>
<p>entró por los resquicios de la puerta:</p>
<p>a su tacto amoroso</p>
<p>mi corazón despierta,</p>
<p>y toda tiemblo avergonzada, incierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alceme presurosa</p>
<p>para abrir al Esposo que esperaba,</p>
<p>y mirra muy preciosa</p>
<p>mi mano destilaba,</p>
<p>que corrió por los gonces de la aldaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas el Esposo amado</p>
<p>no me esperaba, ¡ay triste!, y era ido</p>
<p>celoso y despechado.</p>
<p>Mi acento dolorido</p>
<p>llámale, y no responde a mi gemido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los guardas me encontraron</p>
<p>que la ciudad custodian, y me hirieron,</p>
<p>y el manto me quitaron,</p>
<p>como sola me vieron,</p>
<p>y ramerilla pobre me creyeron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doncellas de Judea,</p>
<p>si por dicha encontráis mi fugitivo,</p>
<p>decidle que no sea</p>
<p>con su adorada esquivo,</p>
<p>que ya morada y lecho le apercibo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Conocéis por ventura,</p>
<p>castas doncellas, a mi Esposo ausente?</p>
<p>Gallarda es su figura</p>
<p>como el cedro eminente,</p>
<p>y bruñido marfil su tersa frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conoceréis quién sea,</p>
<p>si al verle os encendéis con fuego vivo.</p>
<p>Doncellas de Judea,</p>
<p>traedme al fugitivo;</p>
<p>que amor y esposa y lecho le apercibo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En el acto de ir la Reina al palacio de las Cortes a jurar la Constitución el 19 de julio de 1837</strong></h3>
<p>¡Ah! ¡quién podrá olvidarlo! Una mañana</p>
<p>era diciembre encapotado y frío</p>
<p>al festivo clamor de la campana,</p>
<p>se alzó Madrid en bullidor gentío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La inmensa muchedumbre, que impaciente</p>
<p>la vasta calle de Alcalá llenaba,</p>
<p>una hermosura de risueña frente</p>
<p>y una esperanza en ella contemplaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su dorada carroza se movía</p>
<p>sobre apiñadas frentes a millares,</p>
<p>y el esquife de Venus parecía</p>
<p>meciéndose en la espuma de los mares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel mirar de maternal desvelo,</p>
<p>aquella tez de rosa purpurina,</p>
<p>aquel vestido de color de cielo</p>
<p>-¡Ah! ¡quién podrá olvidarlo!- ¡era Cristina!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no sólo la Reina, no la hermosa</p>
<p>en ella absorto el español miraba;</p>
<p>vio en ella una promesa misteriosa</p>
<p>que en el fondo del pecho se ocultaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la cumplió: que apenas, asombrados,</p>
<p>vimos con rutilantes resplandores</p>
<p>en la margen del Sena tremolados,</p>
<p>iris de libertad, los tres colores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ella, esperanzas pérfidas burlando,</p>
<p>de llanto de placer sus ojos llenos,</p>
<p>a Isabel en sus brazos levantando:</p>
<p>«Nuestro es el porvenir», gritó a los buenos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Nuestro, sí! Que a esa prenda de ventura</p>
<p>otra prenda feliz hoy acompaña:</p>
<p>el código sagrado, que asegura</p>
<p>trono a Isabel y libertad a España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al santo grito la nación responde,</p>
<p>en tu defensa, oh Reina, armando el brazo:</p>
<p>-¿Dó están los ciegos, los ilusos dónde,</p>
<p>que no bendicen tan glorioso lazo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que inflamados de súbito alborozo,</p>
<p>al mirarte hoy pasar, ángel divino,</p>
<p>no han bañado con lágrimas de gozo</p>
<p>las rosas que alfombraban el camino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde están? -En la hueste rebelada:</p>
<p>allí están; sólo allí. -Los que blasonan</p>
<p>de idolatrarte, libertad sagrada,</p>
<p>hoy se abrazan y olvidan y perdonan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Unión! ¡unión! -¡Oh!, caigan, ciudadanos,</p>
<p>a los pies de Isabel nuestros rencores,</p>
<p>así como arrojaban nuestras manos</p>
<p>a su carroza deshojadas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Imitación de los Salmos</strong></h3>
<p>¡Ay! No vuelvas, Señor, tu rostro airado</p>
<p>a un pecador contrito.</p>
<p>Ya abandoné, de lágrimas bañado,</p>
<p>la senda del delito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en ti, humilde, ¡oh mi Dios!, la vista clavo,</p>
<p>y me aterra tu ceño;</p>
<p>como fija sus ojos el esclavo</p>
<p>en la diestra del dueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en dudas engolfado, hasta tu esfera</p>
<p>se alzó mi orgullo ciego,</p>
<p>y cayó aniquilado cual la cera</p>
<p>junto al ardiente fuego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en profano laúd lanzó mi boca</p>
<p>torpes himnos al viento,</p>
<p>yo estrellaré, Señor, contra una roca</p>
<p>el impuro instrumento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Levántate del polvo, arpa sagrada</p>
<p>henchida de armonía.</p>
<p>Y tú, por el perdón purificada,</p>
<p>levántate, alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo también al despuntar la aurora,</p>
<p>y por el ancho mundo</p>
<p>cantemos de la diestra vengadora</p>
<p>el poder sin segundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te cantaré, ¡oh mi Dios!, cuando te plugo</p>
<p>bajo tu amparo y guía</p>
<p>a Israel acoger, que bajo el yugo</p>
<p>de Faraón gemía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del tirano en el pecho diamantino</p>
<p>pusiste fiero espanto.</p>
<p>Tembló: tu brazo conoció divino;</p>
<p>soltó tu pueblo santo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mar lo vio y huyó: de enjuta arena</p>
<p>ancha senda le ofrece:</p>
<p>síguelo Faraón&#8230; -La mar serena</p>
<p>lo traga, y desparece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Violo el Jordán, y huyó: monte y collado,</p>
<p>cual tierno corderillo,</p>
<p>saltaron de placer: el risco alzado,</p>
<p>cual suelto cabritillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh mar! ¿Por qué tus aguas dividiste</p>
<p>y a Faraón tragaste?</p>
<p>¿Por qué, humilde Jordán, retrocediste?</p>
<p>Monte, ¿por qué saltaste?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante el Dios de Jacob tembló la tierra;</p>
<p>las trompetas sonaron;</p>
<p>parose el sol, y Gabaón se aterra;</p>
<p>¡y los tuyos triunfaron!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y brotaste, Señor, de piedra dura</p>
<p>agua en mansa corriente,</p>
<p>y aplacó de tu pueblo su dulzura</p>
<p>allí la sed ardiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Canta, Israel, al Justo, al Fuerte, al Santo,</p>
<p>al que enjugó tu lloro:</p>
<p>acompañe la cítara tu canto,</p>
<p>y el tímpano sonoro.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lánzase al hondo mar, con mente ciega,</p>
<p>osado el marinero,</p>
<p>y pide al polo el que la mar le niega</p>
<p>ya borrado sendero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huye a tu voz el céfiro suave;</p>
<p>y el hondo mar turbando</p>
<p>cruzan los vientos, y la triste nave</p>
<p>combaten rebramando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sube al firmamento, ya desciende</p>
<p>al abismo horroroso;</p>
<p>ruge el trueno: veloz el aire hiende</p>
<p>tu rayo fragoroso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gime el nauta y te implora, y aplacado</p>
<p>lo miras con ternura.</p>
<p>El vendaval es céfiro: el hinchado</p>
<p>mar, tranquila llanura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Canta, Isabel, al Justo, al Fuerte, al Santo,</p>
<p>al que enjugó tu lloro:</p>
<p>acompañe la cítara tu canto,</p>
<p>y el tímpano sonoro.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los tiranos del mundo en liga impía</p>
<p>para el mal se adunaron,</p>
<p>y a la incauta Israel: «¡Dios nos envía!»</p>
<p>desde el solio gritaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre sí concertados: «Fiera lucha</p>
<p>al justo renovemos:</p>
<p>blasfememos, que Dios no nos escucha:</p>
<p>dios no ve: degollemos.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijeron, y no son. -Su raza impía</p>
<p>cual humo se deshizo.</p>
<p>¿No oirá quien dio el oído? ¿No vería</p>
<p>el que los ojos hizo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Canta, Israel, al Justo, al Fuerte, al Santo,</p>
<p>al que enjugó tu lloro:</p>
<p>acompañe la cítara tu canto,</p>
<p>y el tímpano sonoro.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los impios que tus casas allanaron</p>
<p>de uno al otro horizonte,</p>
<p>y con hachas sus puertas destrozaron</p>
<p>como leña del monte;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los fuertes, que se alzaban cual montaña</p>
<p>que a las nubes se eleva,</p>
<p>desparecieron como débil caña</p>
<p>que el huracán se lleva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los robustos de Edón y los tiranos</p>
<p>de Moab ¿qué se hicieron?</p>
<p>El Señor los miró, y abrió sus manos,</p>
<p>¡y al abismo se hundieron!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Canta, Israel, al Justo, al Fuerte, al Santo,</p>
<p>al que enjugó tu lloro:</p>
<p>acompañe la cítara tu canto,</p>
<p>y el tímpano sonoro.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La agitación</strong></h3>
<p>¡Imposible arrancar del alma mía</p>
<p>sino acentos de amor!&#8230; Caber no puede</p>
<p>donde impera tu imagen adorada,</p>
<p>sino amor, sólo amor&#8230; Cuanto solía</p>
<p>mi pecho conmover&#8230; ya todo cede</p>
<p>a la ardiente mirada</p>
<p>de tus luceros bellos.</p>
<p>Mal mi grado a sus mágicos destellos</p>
<p>mi turbulenta vida está sujeta.</p>
<p>Como al influjo de fatal cometa</p>
<p>cede el bajel al ímpetu rugiente</p>
<p>del huracán sañudo,</p>
<p>y al puerto amigo arrebatarse siente,</p>
<p>o va a estrellarse en el peñasco rudo:</p>
<p>así en la fiebre do anhelando gira</p>
<p>esta alma delirante,</p>
<p>tus ojos son, Amira,</p>
<p>los que entre el puerto y el peñasco errante,</p>
<p>sin elección, perdido el albedrío,</p>
<p>la oscilación del huracán le imprimen,</p>
<p>y en ciego desvarío</p>
<p>lánzase a la virtud, lánzase al crimen.</p>
<p>Y este vaivén continuo, esta perpetua</p>
<p>conmoción es la vida. -¡Cuántas horas,</p>
<p>mudo, yerto, insensible</p>
<p>como la piedra en que sentado estaba,</p>
<p>en seguir las sonoras</p>
<p>ondas de la corriente que pasaba</p>
<p>inerte consumía!</p>
<p>¡Cuántas la vista atenta</p>
<p>iba siguiendo estúpida la lenta</p>
<p>sombra que en derredor del tronco huía!</p>
<p>Campo de soledad, yo te buscaba</p>
<p>porque el mundo decía</p>
<p>que la felicidad en ti habitaba,</p>
<p>y en aquel corazón que la invocaba</p>
<p>su misterioso bálsamo vertía.</p>
<p>Mi corazón de fuego</p>
<p>en ti no la encontró: floresta umbría,</p>
<p>silenciosa montaña, campo triste,</p>
<p>yo la paz de la vida te pedía,</p>
<p>tú la paz de la tumba me ofreciste.</p>
<p>Felicidad, ¿dó estás? -Este vacío</p>
<p>que al dilatarse el corazón no llena,</p>
<p>ven, ocúpalo tú. -Si ronco suena</p>
<p>el guerrero clarín, y a la matanza</p>
<p>el hombre vuela contra el hombre, dime:</p>
<p>¿bastarame empuñar la férrea lanza</p>
<p>y a la pugna volar? Cuando mi diestra,</p>
<p>al son triunfal de los preñados bronces,</p>
<p>en sangre bañe la mortal palestra,</p>
<p>misteriosa deidad, ¿te hallaré entonces?</p>
<p>En el tropel del mundo</p>
<p>yo también te busqué. Torvo guerrero,</p>
<p>sobre carro veloz, de lauro ornado,</p>
<p>agitando el acero,</p>
<p>en lágrimas y sangre salpicado,</p>
<p>raudo al cruzar la turba peregrina,</p>
<p>«¡Felicidad, felicidad!» clamaba;</p>
<p>y en tanto: «Aquí domina»,</p>
<p>otro desde la tumba me gritaba,</p>
<p>¿En la vida? ¿En la muerte?</p>
<p>¿Dónde estás para mí? -¡Silencio mudo!</p>
<p>¡Y las horas corrían!&#8230;</p>
<p>¡Y los años volaban!&#8230;</p>
<p>Las hojas de los árboles caían&#8230;</p>
<p>Las hojas de los árboles brotaban.</p>
<p>¡Una mujer! Con su flotante velo</p>
<p>tocó al pasar mi frente:</p>
<p>trocose en fuego de mi pecho el hielo,</p>
<p>mis entrañas temblaron de repente:</p>
<p>los brazos tiendo a la fantasma bella,</p>
<p>Mas al asirla, alzada</p>
<p>vi un ara ante mis pies, y detrás de ella</p>
<p>mi visión adorada;</p>
<p>y un misterioso acento que decía:</p>
<p>«¡Profanación&#8230;, delito!»</p>
<p>Y en su abatida frente se leía</p>
<p>un juramento escrito.</p>
<p>Mi planta no, mas de mi pecho ciego</p>
<p>llegó un lamento a penetrar su oído,</p>
<p>y en sus trémulos labios tocó el fuego</p>
<p>de mi ardiente gemido.</p>
<p>Abrió sus ojos por la vez primera</p>
<p>dejándome con sola una mirada</p>
<p>en devorante hoguera</p>
<p>toda el alma abrasada.</p>
<p>¡Ah! ¿Qué me importa? Agitación sublime,</p>
<p>¡yo te adoro! ¡Tú eres</p>
<p>alma de mi existencia! -Oprime, oprime</p>
<p>un corazón a quien la calma espanta:</p>
<p>inunda, inunda mi mejilla en lloro:</p>
<p>clamar me oirás entre congoja tanta:</p>
<p>agitación sublime, ¡yo te adoro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La cita</strong></h3>
<p>Nunca más bello color</p>
<p>dio al horizonte tu llama,</p>
<p>astro de eterno fulgor,</p>
<p>al esconder tu esplendor</p>
<p>la cumbre de Guadarrama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca tu aroma sentí</p>
<p>más delicioso que ahora,</p>
<p>linda rosa carmesí;</p>
<p>nunca más bella te vi</p>
<p>con las perlas de la aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arroyo, que turbio y feo</p>
<p>ayer te vi deslizar,</p>
<p>¿cómo tan limpio te veo,</p>
<p>que ya de tu fondo creo</p>
<p>las arenillas contar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Galanos campos que hacéis</p>
<p>de toda esta pompa alarde,</p>
<p>¿a quién celebrar queréis?</p>
<p>¿O es por dicha que sabéis</p>
<p>que viene Laura esta tarde?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La guerra de África</strong></h3>
<p><em>Cantata ejecutada en presencia de SS. MM. en la función celebrada el 8 de abril de 1860 por el Real Conservatorio de Música y Declamación a beneficio de los heridos en aquella gloriosa campaña.</em></p>
<p>CORO</p>
<p>Grito santo asorda el viento:</p>
<p>«¡A las armas! ¡Guerra, guerra!</p>
<p>El infiel derriba en tierra,</p>
<p>madre España, tu blasón.</p>
<p>Cruce el mar la invicta hueste</p>
<p>a salvar de vil mancilla</p>
<p>los leones de Castilla</p>
<p>y las barras de Aragón.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al rumor del torpe ultraje,</p>
<p>indignado el pueblo ibero,</p>
<p>ya desnuda el fuerte acero</p>
<p>y la vaina al viento da.</p>
<p>Ya entre vítores tremola</p>
<p>la bandera roja y gualda,</p>
<p>que del Atlas en la espalda</p>
<p>tinta en sangre flotará.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>RECITADO</p>
<p>Alza en vano el Estrecho montes de olas;</p>
<p>en vano el viento brama:</p>
<p>que allá van las legiones españolas</p>
<p>donde el honor las llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lanza en vano cien kábilas la sierra</p>
<p>con ímpetu salvaje;</p>
<p>que allí con sangre vil bañan la tierra</p>
<p>que presenció el ultraje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ruge el huracán: sopla la peste:</p>
<p>la lluvia inunda el suelo.</p>
<p>¿Caerá deshecha la cristiana hueste</p>
<p>por ti, Señor del Cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En medio al campo, sobre monte erguido,</p>
<p>un altar se levanta;</p>
<p>y en sus humildes manos el ungido</p>
<p>eleva la hostia santa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace salva el cañón; rompe sonora</p>
<p>militar armonía:</p>
<p>la hueste arrodillada a Dios implora</p>
<p>y su oblación le envía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PLEGARIA</p>
<p>¡Señor!, hijos somos</p>
<p>de aquellos varones</p>
<p>que a ignotas regiones</p>
<p>llevaron tu cruz.</p>
<p>Tu cruz, que en Granada</p>
<p>con gloria plantada</p>
<p>lanzó por el orbe</p>
<p>su vívida luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Señor!, esta impura</p>
<p>fanática raza</p>
<p>tu nombre rechaza,</p>
<p>tu gloria no ve.</p>
<p>A España concede</p>
<p>que rasgue su venda</p>
<p>y en África encienda</p>
<p>la luz de tu fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>RECITADO</p>
<p>Dios los oyó: se aleja la tormenta;</p>
<p>la mortífera peste va en su seno:</p>
<p>radiante el sol con majestad se ostenta</p>
<p>de un cielo puro en el azul sereno.</p>
<p>Siente en su pecho el adalid hispano</p>
<p>de inspiración la llama:</p>
<p>él nunca se abatió; ya en cien combates</p>
<p>su constancia y valor cantó la fama.</p>
<p>En bárbaras regiones,</p>
<p>émulo de Cortés, ora acaudilla</p>
<p>inexpertas legiones,</p>
<p>que al contacto de la árabe cuchilla,</p>
<p>al trueno del cañón, al rudo embate</p>
<p>del terco moro en desigual combate,</p>
<p>tórnanse luego en invencible tropa,</p>
<p>terror de Libia, admiración de Europa.</p>
<p>Nada resiste a sus heroicos bríos.</p>
<p>Ya surcando el desierto</p>
<p>por áspero camino, a hierro abierto;</p>
<p>ya cruzando altos montes y hondos ríos;</p>
<p>de victoria en victoria</p>
<p>a la vega feraz se precipita,</p>
<p>campo de nueva gloria,</p>
<p>do luchando otra vez, y otra vencido,</p>
<p>huye despavorido</p>
<p>el atezado Hamet. -La hueste grita:</p>
<p>¡TETUÁN por ISABEL! -Y en la Alcazaba</p>
<p>el pendón español triunfante clava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIMNO FINAL</p>
<p>No más desde sus playas,</p>
<p>con bárbara osadía,</p>
<p>la tierra, suya un día,</p>
<p>aceche el musulmán.</p>
<p>No infeste el aire puro</p>
<p>la brisa de los mares,</p>
<p>trayendo a nuestros lares</p>
<p>los ecos del Corán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Magnánima HEREDERA</p>
<p>del celo de Pelayo,</p>
<p>tu diestra el ígneo rayo</p>
<p>al África lanzó.</p>
<p>Y el niño ALFONSO un día</p>
<p>sabrá que por tu mano</p>
<p>el suelo castellano</p>
<p>su límite ensanchó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El muro donde España</p>
<p>su enseña al aire ondea,</p>
<p>jamás flotando vea</p>
<p>las lunas del infiel.</p>
<p>Y de uno en otro siglo</p>
<p>sin tregua se repita</p>
<p>la voz que al mundo grita:</p>
<p>¡Tetuán por Isabel!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Orillas del Pusa</strong></h3>
<p>¡Qué calor!&#8230; Sudando llego,</p>
<p>por la empinada montaña</p>
<p>resbalando,</p>
<p>a este valle que en sosiego</p>
<p>tu corriente, ¡oh Pusa!, baña</p>
<p>susurrando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame un rato olvidar</p>
<p>en tus orillas mis penas,</p>
<p>y el sediento</p>
<p>labio en tus ondas mojar,</p>
<p>y en tus húmedas arenas</p>
<p>dame asiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu raudal, de ese elevado</p>
<p>monte al Tajo, en raudo giro</p>
<p>se derrumba,</p>
<p>tan humilde que, sentado,</p>
<p>desde aquí su cuna miro</p>
<p>y su tumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No importa que al Tajo ufano</p>
<p>tu breve curso no iguale;</p>
<p>corre ledo;</p>
<p>y que nunca el cortesano</p>
<p>en la carta te señale</p>
<p>con el dedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Feliz quien encuentra un llano</p>
<p>donde los cerros evite</p>
<p>de la vida,</p>
<p>y allí, del mundo lejano,</p>
<p>tu breve carrera imite</p>
<p>y escondida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese Tajo caudaloso</p>
<p>en cuyo profundo seno</p>
<p>vas a morir,</p>
<p>ya con puente ponderoso</p>
<p>su terso raudal sereno</p>
<p>siente oprimir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la artificiosa presa</p>
<p>su rápido curso estorba;</p>
<p>ya desciende</p>
<p>ruin batel que se empavesa,</p>
<p>y su cristal con la corva</p>
<p>quilla hiende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su destino es envidiar,</p>
<p>o de tu curso suave</p>
<p>la paz suma,</p>
<p>o el alto poder del mar</p>
<p>que puede tragar la nave</p>
<p>que lo abruma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre Pusa!&#8230; Si insolente</p>
<p>por esos tendidos llanos</p>
<p>te lanzaras,</p>
<p>en tu cristal inocente</p>
<p>¡cuántos siervos y tiranos</p>
<p>retrataras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aquel trance malhadado</p>
<p>de las armas españolas</p>
<p>fue testigo</p>
<p>Guadalete ensangrentado,</p>
<p>y abrió tumba entre sus olas</p>
<p>a Rodrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Berecina el lauro honroso</p>
<p>que cuatro lustros tejieron</p>
<p>hondo tragó,</p>
<p>y el poder de aquel coloso</p>
<p>que los hombres no vencieron,</p>
<p>allí se hundió.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pusa humilde, manso río,</p>
<p>tu dichoso apartamiento</p>
<p>le procura</p>
<p>contra el ardor del estío</p>
<p>al peregrino sediento</p>
<p>agua pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al pastor que a tu campiña</p>
<p>desde ese monte desciende,</p>
<p>y al rebaño</p>
<p>que a tus márgenes se apiña,</p>
<p>y al can que el redil defiende</p>
<p>fresco baña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy a mi cuerpo cansado,</p>
<p>contra el sol que ardiente pica,</p>
<p>blando solaz.</p>
<p>¡Pusa, adiós!&#8230; Corre ignorado,</p>
<p>y los quintas de Malpica</p>
<p>fecunda en paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Villancicos que se cantaron en palacio la Nochebuena de 1844</strong></h3>
<p>CORO</p>
<p>Al himno que los ángeles</p>
<p>entonan en el cielo</p>
<p>unamos nuestros cánticos</p>
<p>desde el humilde suelo:</p>
<p>cantad, cantad, mortales,</p>
<p>al Niño Redentor.</p>
<p>Hossana al Unigénito</p>
<p>que del celeste trono</p>
<p>hoy baja a ser la víctima</p>
<p>del mundanal encono.</p>
<p>Hossana al que desciende</p>
<p>en nombre del Señor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>COPLA QUE CANTÓ LA REINA ISABEL</p>
<p>Cual de remotos climas</p>
<p>los reyes se acercaron</p>
<p>y humildes adoraron</p>
<p>la cuna de Belén,</p>
<p>permite que, depuestos</p>
<p>corona, cetro y manto,</p>
<p>en tu pesebre santo</p>
<p>te adore yo también.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>COPLA QUE CANTÓ LA INFANTA LUISA, SU HERMANA</p>
<p>La estrella rutilante</p>
<p>que al pueblo señalaba</p>
<p>la senda que guiaba</p>
<p>al místico portal,</p>
<p>de la virtud cristiana</p>
<p>la senda me ilumine,</p>
<p>y salva me encamine</p>
<p>al reino celestial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>COPLA QUE CANTÓ LA REINA MADRE DOÑA MARÍA CRISTINA</p>
<p>A ti, que en esta noche,</p>
<p>bañada en llanto tierno,</p>
<p>de dulce amor materno</p>
<p>sentiste el vivo ardor,</p>
<p>te ruego, ¡oh virgen Madre!,</p>
<p>que el sacro manto extiendas</p>
<p>sobre las caras prendas</p>
<p>de mi materno amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las sopas de ajo</strong></h3>
<p>Cuando el diario suculento plato,</p>
<p>Base de toda mesa castellana,</p>
<p>Gustar me veda el rígido mandato</p>
<p>De la Iglesia Apostólica Romana;</p>
<p>Yo, fiel cristiano, que sumiso acato</p>
<p>Cuanto de aquella potestad emana,</p>
<p>De las viandas animales huyo</p>
<p>Y con esta invención las substituyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ancho y profundo cuenco, fabricado</p>
<p>De barro (como yo) coloco al fuego;</p>
<p>De agua lo lleno: un pan despedazado</p>
<p>En menudos fragmentos le echo luego;</p>
<p>Con sal y pimentón despolvoreado.</p>
<p>De puro aceite tímido lo riego;</p>
<p>Y del ajo español dos cachos mondo</p>
<p>Y en la masa esponjada los escondo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo al calor del fuego hierve junto</p>
<p>Y en brevísimo rato se condensa,</p>
<p>Mientras de aquel suavísimo conjunto</p>
<p>Lanza una parte en gas la llama intensa;</p>
<p>Parda corteza cuando está en su punto</p>
<p>Se advierte en tomo y los sopones prensa,</p>
<p>Y colocado el cuenco en una fuente,</p>
<p>Se sirve así para que esté caliente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vi Por Vez Primera</strong></h3>
<p>La vi por vez primera</p>
<p>al fin de esa enramada;</p>
<p>la vi cruzar ligera</p>
<p>y echarme una mirada.</p>
<p>Ardió mi pecho en fuego,</p>
<p>corrí tras ella ciego</p>
<p>y a mi delirio amante</p>
<p>benigna respondió.</p>
<p>De entonces, cuando tiende</p>
<p>la noche el negro velo,</p>
<p>aquí Leonor desciende,</p>
<p>haciendo el bosque cielo.</p>
<p>Descubre el bello rostro,</p>
<p>yo estático me postro</p>
<p>y bebo en sus miradas</p>
<p>llama de inmenso amor.</p>
<p>Y bebo en sus miradas</p>
<p>llama de inmenso amor.</p>
<p>De entonces, cuando tiende</p>
<p>la noche el negro velo,</p>
<p>aquí Leonor desciende,</p>
<p>haciendo el bosque cielo.</p>
<p>Descubre el bello rostro,</p>
<p>yo estático me postro</p>
<p>y bebo en sus miradas</p>
<p>llama de inmenso amor.</p>
<p>Y bebo en sus miradas</p>
<p>llama de inmenso amor.</p>
<p>¡Llama de inmenso amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Viuda Del Náufrago</strong></h3>
<p>¿Qué has hecho, dime, horrible mar,</p>
<p>de aquella prenda de mi amor?</p>
<p>¿Cómo pudiste arrebatar</p>
<p>mi bien amado en tu furor?</p>
<p>Su frágil barquilla</p>
<p>partió de esta orilla…</p>
<p>¡Ah! ¿Dónde va su quilla?</p>
<p>¡Nunca ya volverá!</p>
<p>Gran Dios, de mi amargura</p>
<p>calma el cruel rigor;</p>
<p>de tanta desventura</p>
<p>cesa el fatal rigor;</p>
<p>Mas! O Dios. Tú que sabes,</p>
<p>¿pero no me engañé?</p>
<p>!Ah! tu, mar funesta,</p>
<p>¿será locura dudar?</p>
<p>Esta desesperación</p>
<p>me ha de matar.</p>
<p>La feliz barquilla,</p>
<p>nunca más tu quilla</p>
<p>¡ah, del amada orilla</p>
<p>la arena hallará!</p>
<p>¡Ah! niño desdichado!</p>
<p>Ah, huérfano has quedado,</p>
<p>fruto del amor y el dolor.</p>
<p>Ah, del paterno beso,</p>
<p>ah, dulce embeleso,</p>
<p>tu infantil mejilla ya no gozará.</p>
<p>¡Ah, todo acabó, todo murió!</p>
<p>Infeliz barquilla…</p>
<p>¿Qué has hecho&#8230;?</p>
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		<title>Poemas de Manuel Bretón de los Herreros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 22:47:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Manuel Bretón de los Herreros (1796–1873) reconocido capital del teatro español del siglo XIX, destacando como el gran renovador de la comedia de costumbres. Aunque vivió la transición del Neoclasicismo al Romanticismo, su estilo se mantuvo fiel a la observación crítica y satírica de la clase media madrileña. Con una asombrosa fecundidad literaria, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de Manuel Bretón de los Herreros</strong> (1796–1873) reconocido capital del <strong>teatro español del siglo XIX</strong>, destacando como el gran renovador de la <strong>comedia de costumbres</strong>. Aunque vivió la transición del Neoclasicismo al Romanticismo, su estilo se mantuvo fiel a la observación crítica y satírica de la clase media madrileña.</p>
<p>Con una asombrosa fecundidad literaria, escribió más de cien piezas originales, entre las que sobresale <strong><em>Muérete y verás</em></strong> y su obra maestra, <strong><em>Marcelilla o ¿cuál de los tres?</em></strong>. Sus textos se caracterizan por un lenguaje ágil, un dominio magistral del verso y una ironía fina que retrataba las cursilerías y vicios sociales de su época. Además de dramaturgo, fue un respetado poeta, periodista y director de la <strong>Biblioteca Nacional</strong>, consolidándose como un cronista imprescindible de la burguesía isabelina.</p>
<h3><strong>A Carmen&#8230;</strong></h3>
<p>Si por hermosa y discreta</p>
<p>Ya el derecho no gozaras</p>
<p>De que consagre a tus aras</p>
<p>Su pluma y su alma un poeta;</p>
<p>Y si a fuer de caballero</p>
<p>No te debiese esta ofrenda</p>
<p>Por ser dama y por ser prenda</p>
<p>De amigo a quien tanto quiero,</p>
<p>Carmen, de tu nombre solo</p>
<p>Yo cedería al prestigio,</p>
<p>Aunque arrostrase un litigio</p>
<p>Con las hermanas de Apolo.</p>
<p>Carmen, carminis,  el verso:</p>
<p>Así, dice el Calepino;</p>
<p>Así lo llamó el latino</p>
<p>Vencedor del universo;</p>
<p>Y de esta etimología</p>
<p>Es prueba, oh Carmen, muy clara</p>
<p>Esa tu divina cara</p>
<p>Tan llena de poesía.</p>
<p>Al pie de Sierra-nevada</p>
<p>Alza su galana frente</p>
<p>La perla del Occidente,</p>
<p>La voluptuosa Granada.</p>
<p>Y aunque a más de un alarife</p>
<p>Dado a morisca cultura</p>
<p>Sorprenda la arquitectura</p>
<p>De Alhambra  y Generalife;</p>
<p>Y alto renombre demande</p>
<p>Desde Cádiz a Tampico</p>
<p>Por la ruina de un Rey Chico</p>
<p>Y el prez de una Reina grande,</p>
<p>Su mayor gloria se funda,</p>
<p>Pese al Triunfo  y Zacatín,</p>
<p>En el plácido jardín</p>
<p>De aquella vega fecunda.</p>
<p>Ahora bien, lo más ameno</p>
<p>(Para volver a mi asunto)</p>
<p>De aquel risueño trasunto</p>
<p>Del Paraíso terreno,</p>
<p>En vergeles mil y mil</p>
<p>El agrícola divide</p>
<p>Donde perene reside</p>
<p>Toda la gala de Abril;</p>
<p>Y en cada vergel de aquellos</p>
<p>Tu gracia se simboliza,</p>
<p>Y tu nombre  los bautiza</p>
<p>Para lauro tuyo y de ellos.</p>
<p>¡Oh venturoso pensil</p>
<p>Donde amor unce a su carro</p>
<p>En los  cármenes del Darro,</p>
<p>Las  Cármenes del Genil!</p>
<p>Y siendo tantos los nombres</p>
<p>Con que adoramos a aquella</p>
<p>Que parió siendo doncella</p>
<p>Al Redentor de los hombres,</p>
<p>En preces con que desarmen</p>
<p>Los católicos al diablo</p>
<p>El más frecuente vocablo</p>
<p>Con que la invocan es Carmen.</p>
<p>No hay ya templo que no ocupe</p>
<p>Con su imagen celestial;</p>
<p>Ya Atocha, ya Tremedal,</p>
<p>Ya Pilar, ya Guadalupe;</p>
<p>Mas siempre entre visigodos</p>
<p>Que no han perdido la fe,</p>
<p>El nombre de Carmen fue</p>
<p>El más popular de todos.</p>
<p>Virgen del Pez, de la O,</p>
<p>Todo es uno, no lo ignoro,</p>
<p>Domus áurea (casa de oro)</p>
<p>Y Rosa de Jericó;</p>
<p>Mas si le rompen la crisma</p>
<p>A un prójimo; o suelta un taco,</p>
<p>O exclama en tono elegiaco:</p>
<p>¡Virgen del Carmen Santisma!</p>
<p>Y en prueba de que este título</p>
<p>Merece iguales loores</p>
<p>A justos y pecadores,</p>
<p>Diré, por postrer capítulo,</p>
<p>Que apenas hay bajo el cielo</p>
<p>Bandido patibulario</p>
<p>Que no lleve escapulario</p>
<p>De la Virgen del Carmelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Conchita&#8230;</strong></h3>
<p>Líbreme Dios de los ojos</p>
<p>Que sólo mueve el placer</p>
<p>O sólo celos y enojos.</p>
<p>Ojos como los tuyos</p>
<p>Son los que quiero,</p>
<p>Que brindan la triaca</p>
<p>Con el veneno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No quiero que una mirada</p>
<p>Hasta el fin de mi existencia</p>
<p>Me deje el alma llagada.</p>
<p>Ojos quiero traviesos,</p>
<p>Aunque me engañen;</p>
<p>Los quiero que me alegren</p>
<p>Y no me maten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, que en los tuyos me encanto,</p>
<p>No echo menos de otros ojos</p>
<p>Ni la ternura ni el llanto.</p>
<p>Las gracias de los tuyos</p>
<p>Son mi embeleso,</p>
<p>Que no en vano dos niñas</p>
<p>Juegan en ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ojos hay que ofrecerán</p>
<p>Falso contento, y los tuyos</p>
<p>Sin que le ofrezcan le dan.</p>
<p>Si giran penetrantes,</p>
<p>¡Ay, que me abrasan!;</p>
<p>Si entornados me miran,</p>
<p>Soy hombre al agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tú, afligido garzón,</p>
<p>Que el áspid llevas clavado</p>
<p>De inesperada traición!&#8230;</p>
<p>Si los ojos de Concha</p>
<p>No te consuelan,</p>
<p>No hay a tu mal remedio</p>
<p>Sobre la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quieres tú, linda Rosana,</p>
<p>No quedarte sin galán</p>
<p>De la noche a la mañana?</p>
<p>¡Guarda no mire a Concha</p>
<p>Ni sus ojuelos!</p>
<p>Yo vi más de un Macías</p>
<p>Penar en ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo los vi en un carnaval,</p>
<p>Y menos que ellos lucían</p>
<p>Veinte arañas de cristal.</p>
<p>En torno de su llama</p>
<p>¡Cuántos ardieron,</p>
<p>Cuántos!&#8230;, y ya se entiende</p>
<p>Que yo el primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con risa de ámbar y miel</p>
<p>Versos me pidió su boca&#8230;</p>
<p>¡Cielos, qué momento aquel!</p>
<p>Absorto, enajenado</p>
<p>¡Callé!&#8230;, y yo creo</p>
<p>Que ella acertó la causa</p>
<p>De mi silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal cobrado todavía,</p>
<p>Conchita, de tal hechizo,</p>
<p>Hoy cumplo la oferta mía.</p>
<p>¡Perdón para mis versos!&#8230;</p>
<p>¡Ay!&#8230; Si valiera,</p>
<p>Algo más pediría</p>
<p>Para el poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A La Pereza</strong></h3>
<p>¡Qué dulce es una cama regalada!</p>
<p>¡Qué necio, el que madruga con la aurora,</p>
<p>aunque las musas digan que enamora</p>
<p>oír cantar un ave la alborada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada</p>
<p>reposar una hora, y otra hora!</p>
<p>Comer, holgar&#8230;, ¡Qué vida encantadora,</p>
<p>sin ser de nadie y sin pensar en nada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo</p>
<p>ya, tendido a la larga, me acomodo.</p>
<p>De tus graves alumnos el ejemplo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me arrastra bostezando; y, de tal modo</p>
<p>tu estúpida modorra a entrarme empieza,</p>
<p>que no acabo el soneto&#8230; de per&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A La Señorita Doña Manuela Garcés De Marcilla, Hija De Mi Amigo El Excmo. Sr. Barón de Andilla</strong></h3>
<p>¿Qué puedo decirte yo,</p>
<p>Si ya, ¡aymé! sobre la testa</p>
<p>De tu mísero tocayo</p>
<p>Más nieve que en el Moncayo</p>
<p>Cayó?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mil donceles hallarás</p>
<p>Que te consagren sus liras;</p>
<p>Mas sin dientes y sin muelas,</p>
<p>¡Yo idilios, yo cantinelas!&#8230;</p>
<p>¡Helas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya Apolo me desahució,</p>
<p>Y a la orden me resigno</p>
<p>(Aunque me muera de tedio)</p>
<p>Que de quitarme de en medio</p>
<p>Me dio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si un día con interés</p>
<p>Las tres Gracias me miraron,</p>
<p>¡Huyendo de mis desastres</p>
<p>Me han privado de sus lastres</p>
<p>Las tres!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel tiempo ya pasó</p>
<p>En que el raudal de Hipocrene,</p>
<p>Que hoy me seca cierzo insano,</p>
<p>Bajo mi fecunda mano</p>
<p>Manó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdí ya el estro y la fe</p>
<p>Con que a toda linda moza</p>
<p>De Jerez o de Cascante,</p>
<p>De Madrid o de Alicante</p>
<p>Canté.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué he de cantar, ¡santo Dios!</p>
<p>Cuando inveterado reuma</p>
<p>Me arranca gritos ingratos</p>
<p>Y el pulmón entre ululatos</p>
<p>La tos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por dicha en un dos por tres,</p>
<p>Padre de tan linda joya,</p>
<p>Tú mi pobreza resarces</p>
<p>Con poéticos engarces,</p>
<p>Garcés.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De mí no se diga, no:</p>
<p>«Ese jubilado vate</p>
<p>Quiso hacer un nuevo ensayo,</p>
<p>Y al salir de su desmayo&#8230;</p>
<p>¡Mayó!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante, ángel del Edén</p>
<p>Eres para mí, Manuela,</p>
<p>Y muy digna, en mi dictamen,</p>
<p>De que todos, todos te amen,</p>
<p>¡Amén!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Laura En El Campo</strong></h3>
<p>Hermosa Laura, prez de las mujeres,</p>
<p>Tú, cuyo blando talle amor bendiga,</p>
<p>¿Por qué reposas en la rubia espiga</p>
<p>Y no sobre las rosas de Citeres?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué a las galas de Madrid prefieres</p>
<p>Triste retiro, rústica fatiga?</p>
<p>¿Será que su dosel, mi dulce amiga,</p>
<p>Te cedió por más bella la alma Ceres?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torna, torna a la Corte desolada;</p>
<p>O pues ya esclavizaste mi albedrío,</p>
<p>Por siervo me recibe en tu majada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tus hatos guardaré del lobo impío,</p>
<p>Ya que no pude, ¡oh Laura idolatrada!</p>
<p>De tus ojos guardar el pecho mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Laura Tirando Al Blanco</strong></h3>
<p>Suelta el arcabuz horrible,</p>
<p>No al lanzar su ronco trueno</p>
<p>Hiera ese mórbido seno</p>
<p>Grata mansión del amor.</p>
<p>A su bárbaro estallido,</p>
<p>Nuncio de muerte y miseria,</p>
<p>Harto las ninfas de Iberia</p>
<p>Se estremecieron de horror.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra el galo aborrecido;</p>
<p>Contra la audaz tiranía</p>
<p>Gloria fue, mi Laura, un día</p>
<p>Gravar el hombro con él.</p>
<p>Entonces fue noble gala</p>
<p>Del español ardimiento:</p>
<p>¡Ay! ya es feroz instrumento</p>
<p>De la discordia cruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bella y gentil es Diana</p>
<p>Cuando en el bosque nativo</p>
<p>Contra el ciervo fugitivo</p>
<p>Lanza su rápido arpón;</p>
<p>Empero ¡cuánto más bella</p>
<p>Cuando, depuesta la ira,</p>
<p>Amor, sólo amor respira</p>
<p>En los brazos de Endimión!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pobre avecilla inocente!</p>
<p>¡Guárdate del plomo airado!</p>
<p>Laura, en pos del bien amado</p>
<p>Salir del nido la vi.</p>
<p>¿Oyes en la verde rama</p>
<p>Su hechicera melodía?</p>
<p>Perdónala, vida mía,</p>
<p>Que aprendió a cantar de ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiro al blanco inanimado,</p>
<p>Respondes; nací sensible;</p>
<p>Mi pecho es inaccesible</p>
<p>Al odio y la crueldad.</p>
<p>Mas si corazón tan tierno,</p>
<p>Oh Laura, en tu pecho mora,</p>
<p>¿Cómo es sólo quien te adora</p>
<p>Indigno de tu piedad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Callas, y la planta afirmas;</p>
<p>Y cual guerrero sañoso</p>
<p>Tiendes tu párpado hermoso</p>
<p>Sobre el hierro matador;</p>
<p>Y el pedernal centellante</p>
<p>La negra pólvora prende,</p>
<p>Y el plomo helado se enciende</p>
<p>Con horrísono fragor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No más! Tu destreza admiro</p>
<p>Y tu bizarra osadía;</p>
<p>¡Mas, ay! Suelta el arma impía</p>
<p>Que inventara la traición.</p>
<p>Amor las suyas te entrega,</p>
<p>Encantadora zagala,</p>
<p>Y por blanco te señala</p>
<p>Mi abrasado corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Lola En Sus Días</strong></h3>
<p>Zagales, no es Flora</p>
<p>La reina de Abril.</p>
<p>No ahora</p>
<p>La adora</p>
<p>Su ledo pensil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya es Lola, pastores,</p>
<p>La que impera en él.</p>
<p>De flores,</p>
<p>De amores</p>
<p>Ornad su dosel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano enmudeces.</p>
<p>¿Podraslo negar?</p>
<p>Mereces</p>
<p>Mil veces</p>
<p>Su trono, su altar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La cárdena viola</p>
<p>Que brotaba ayer,</p>
<p>Tú, Lola,</p>
<p>Tú sola</p>
<p>La hiciste nacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Favonio risueño</p>
<p>Su soplo te dio.</p>
<p>No es sueño,</p>
<p>Mi dueño;</p>
<p>Que Amor lo mandó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si tu faz donosa</p>
<p>Se atreve a mirar</p>
<p>No hay rosa</p>
<p>Que hermosa</p>
<p>Se pueda llamar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni Venus te iguala;</p>
<p>Que la hace gemir,</p>
<p>Zagala,</p>
<p>Tu gala,</p>
<p>Tu dulce reír.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fuente si a ella</p>
<p>Te agrada llegar,</p>
<p>¡Oh bella!</p>
<p>Tu huella</p>
<p>Quisiera besar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ave en la rama</p>
<p>De gayo matiz</p>
<p>Te ama,</p>
<p>Te llama</p>
<p>Su numen feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ti de verbena</p>
<p>Ceñido el pastor,</p>
<p>Su avena</p>
<p>Resuena</p>
<p>Cautivo de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ufana te admira</p>
<p>Cual reina de Abril</p>
<p>Mi lira</p>
<p>Que inspira</p>
<p>Tu talle gentil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Los Amantes De Dorila</strong></h3>
<p>Amantes de Dorila,</p>
<p>Pastorcillos cuitados,</p>
<p>Que en sus dolosas redes</p>
<p>Os consumís incautos,</p>
<p>De moscatel sabroso</p>
<p>Henchido zaque os guardo.</p>
<p>Venid, lo agotaremos;</p>
<p>Venid. —¡Tiene diez años!</p>
<p>¡Ea, empinad! —¿Anfriso,</p>
<p>No más? ¡Mezquino trago!</p>
<p>¡Oh cómo se conoce</p>
<p>Que estás enamorado!</p>
<p>Bebe, Tirso, y el zaque</p>
<p>Corra de mano en mano.</p>
<p>¡Viva! —Escuchad ahora</p>
<p>Felices desengaños.</p>
<p>Cada cual de vosotros</p>
<p>Tan débil como vano</p>
<p>Se llama de Dorila</p>
<p>Zagal privilegiado.</p>
<p>¡Quizá no sin disculpa,</p>
<p>Que a todos, oh descaro!</p>
<p>La universal pastora</p>
<p>Pruebas de amor ha dado.</p>
<p>A ti dijes y flores;</p>
<p>¡Y cuánto te costaron!</p>
<p>Si sus dones repito</p>
<p>Te quedas sin rebaño.</p>
<p>A ti dulces miradas;</p>
<p>A ti la muelle mano,</p>
<p>A ti, pobre Fileno,</p>
<p>La risa de su labio;</p>
<p>A ti, menos experto</p>
<p>Y así más engañado,</p>
<p>Alguna estéril cita</p>
<p>Y algún besillo blando.</p>
<p>¿Miento yo por ventura?</p>
<p>Todos calláis. —Bebamos.</p>
<p>Cuando el zaque se apure</p>
<p>Vuelve Niso a llenarlo.</p>
<p>Si ya no estáis beodos,</p>
<p>Ahora decidme: ¿acaso</p>
<p>Puede amar a ninguno</p>
<p>Quien acaricia a tantos?</p>
<p>¿Y cuál es el amante</p>
<p>Tan necio, tan menguado</p>
<p>Que parte de una bella</p>
<p>Con otros los halagos?</p>
<p>¡Eh! abandonadla todos,</p>
<p>Y mozos tan bizarros</p>
<p>De una mujer voltaria</p>
<p>No sean el escarnio.</p>
<p>Laura, Melisa, Flora,</p>
<p>Cien hay en estos campos</p>
<p>Que en gracia la superan,</p>
<p>Y en virtud y en encantos.</p>
<p>Dejadla, pues rehúye</p>
<p>De amor el dulce dardo,</p>
<p>Y sólo inciensa el ara</p>
<p>Del orgullo insensato.</p>
<p>Dejadla, y consumirse</p>
<p>De envidia la veamos,</p>
<p>Cual efímera rosa</p>
<p>Que descolora el Austro.</p>
<p>Dejadla; que algún día,</p>
<p>Quizá no muy lejano,</p>
<p>Llorará desolada</p>
<p>Sus mal perdidos años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Mi Serrana Enferma</strong></h3>
<p>La peregrina serrana</p>
<p>Que tantas almas hirió,</p>
<p>Pálida, desfallecida</p>
<p>Purga sus delitos hoy.</p>
<p>Enferma está de cuartanas</p>
<p>Mi serranita, ¡ay dolor!</p>
<p>Y en lágrimas de amargura</p>
<p>Se anega el vendado Dios.</p>
<p>No llores, hijo de Venus.</p>
<p>¿De qué nace tu aflicción,</p>
<p>Si aun enferma y abatida</p>
<p>Mata a los hombres de amor?</p>
<p>Si de su labio hechicero</p>
<p>La blanda sonrisa huyó</p>
<p>Y de sus lindas mejillas</p>
<p>El nacarado arrebol,</p>
<p>No de sus plácidos ojos.</p>
<p>El celestial esplendor,</p>
<p>Y aquella rápida llama</p>
<p>Que el alma mía abrasó.</p>
<p>Así al través de las nubes</p>
<p>Que agita el Euro veloz</p>
<p>Tal vez con mayor incendio</p>
<p>Vibra sus rayos el Sol.</p>
<p>¡Cuál me atrista su dolencia,</p>
<p>Y cuál a mi ciego ardor</p>
<p>El velo cubre apacible</p>
<p>De benigna compasión!</p>
<p>Ora sus miembros divinos</p>
<p>Tiemblan cual lánguida flor,</p>
<p>O como leve palmera</p>
<p>Que dobla el fiero Aquilón;</p>
<p>Ora su sangre enardece</p>
<p>Sedienta fiebre, y atroz</p>
<p>Gira en el cándido pecho</p>
<p>Su veneno matador.</p>
<p>Dicen que es fiebre de lindas</p>
<p>La que en ella se cebó;</p>
<p>Que si el proverbio no miento</p>
<p>Como sol de Enero son.</p>
<p>¡Ay! otro helada te vea,</p>
<p>Y si tan felice soy,</p>
<p>Serrana, Serrana hermosa,</p>
<p>Guarda para mí el calor.</p>
<p>Mas a mi loco deseo</p>
<p>Vano prestigio engañó;</p>
<p>Que tus cuartanas, bien mío,</p>
<p>No son cuartanas de amor.</p>
<p>Desde que vi tus encantos</p>
<p>Yo también enfermo estoy,</p>
<p>Y no es fiebre intermitente</p>
<p>La que me devora, no;</p>
<p>Que sin tregua me atormenta</p>
<p>Adonde quiera que voy</p>
<p>Cual de su conciencia al reo</p>
<p>El continuo torcedor.</p>
<p>¡Ah! si mi bálsamo dulce</p>
<p>Tus tiernos brazos no son,</p>
<p>No hay antídoto que sane</p>
<p>El mal que padezco yo.</p>
<p>Escucha: anoche Cupido</p>
<p>(No creas que es ilusión)</p>
<p>Ante mi lecho&#8230;, ¡ay, no tuyo!&#8230;</p>
<p>Riendo se apareció.</p>
<p>Llevaba en la izquierda un arco</p>
<p>Y en la derecha un arpón</p>
<p>Y entre sus alas de oro</p>
<p>La aljaba que lo guardó.</p>
<p>Díjome, Serrana amable&#8230;</p>
<p>No; ¡que me causa rubor! &#8211;</p>
<p>¿Y habré de callar?&#8230; ¿Qué temo,</p>
<p>Si habla por mi boca un Dios?</p>
<p>Díjome que si me albergas,</p>
<p>Serrana,&#8230; en tu corazón,</p>
<p>Él nos dará medicina</p>
<p>Con que curemos los dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Moratín</strong></h3>
<p>Salud, ínclito Leandro,</p>
<p>Tú que en más de una victoria</p>
<p>Eclipsaste la memoria</p>
<p>De Terencio y de Menandro:</p>
<p>Tú que, como en claro espejo,</p>
<p>Mostraste en discreto drama</p>
<p>Cuán absurda es la amalgama</p>
<p>De una niña con un viejo;</p>
<p>Que, mientras del mar en pos</p>
<p>Corran las aguas del Ebro,</p>
<p>Sonará mal un requiebro</p>
<p>Con obligado de tos:</p>
<p>Tú que del soñado solio</p>
<p>A una sandia derribaste,</p>
<p>Puesta en difícil contraste</p>
<p>Con un pillastre de a folio:</p>
<p>Tú que donoso retratas</p>
<p>Los contornos y perfiles</p>
<p>De los hidalgos cerriles</p>
<p>Y las mozas mojigatas:</p>
<p>Tú que los patrios telones</p>
<p>Librando del férreo yugo,</p>
<p>Fuiste implacable verdugo</p>
<p>De poetastros ramplones;</p>
<p>Y a la pública vindicta</p>
<p>Denunciaste como sabio,</p>
<p>El Sí que deshonra al labio</p>
<p>Cuando el alma no lo dicta.</p>
<p>¡Oh si tornases ahora</p>
<p>Pulsando tu acorde lira</p>
<p>A la patria que te admira,</p>
<p>Y a la escena que te llora!</p>
<p>¡Cuán otro el mundo hallarías</p>
<p>Que dejaste! ¡Virgen santa!</p>
<p>¡Cuánta peripecia, cuánta</p>
<p>De aquellos a nuestros días!</p>
<p>No ya en su jovial hechizo,</p>
<p>No ya en su gracia venusta,</p>
<p>Núbil zagala se asusta</p>
<p>De la tos y el romadizo,</p>
<p>Si en coche y circo y bureo,</p>
<p>Al margen de un sustituto,</p>
<p>Muestra dorada por Pluto</p>
<p>La cadena de Himeneo;</p>
<p>Que, aunque sin altar ni coro,</p>
<p>Ni monaguillo que estorbe,</p>
<p>Hoy como nunca en el orbe</p>
<p>Se adora al Becerro de oro;</p>
<p>Y al oír tantos cencerros,</p>
<p>Es opinión general,</p>
<p>Que mientras haya metal</p>
<p>No nos faltarán becerros.</p>
<p>A pocas conozco yo,</p>
<p>De genio tan dulce y manso,</p>
<p>Que hablen por boca de ganso,</p>
<p>Cuando dicen sí o no.</p>
<p>Y no es que alguna no mienta</p>
<p>Si le aprovecha el engaño;</p>
<p>Pero la que miente hogaño</p>
<p>Miente de su riesgo y cuenta.</p>
<p>¿Cuál de ellas mejor será;</p>
<p>La moza que se emancipa,</p>
<p>O la que no habla ni jipa</p>
<p>Sin licencia de mamá?</p>
<p>No lo sé: si nacen bellas</p>
<p>Amarlas a todas juro;</p>
<p>Mas lo cierto y lo seguro</p>
<p>Es que éstas no son aquéllas.</p>
<p>Pero la tímida corza</p>
<p>Que cifraba su fortuna</p>
<p>En un acerico y una</p>
<p>Santa Gertrudis de alcorza;</p>
<p>Y esotra que un rigodón</p>
<p>Prefiere a una letanía,</p>
<p>Y un buen chal a sor María</p>
<p>De la transverberación;</p>
<p>La antigua como la nueva</p>
<p>Suspiran por un galán:</p>
<p>Todas son hijas de Adán;</p>
<p>Todos somos hijos de Eva.</p>
<p>Si crecida fue la suma</p>
<p>De los vicios que en Iberia</p>
<p>Dieron tan amplia materia</p>
<p>A tu bien tajada pluma,</p>
<p>No es hoy sucinto el catálogo</p>
<p>De seres empedernidos</p>
<p>Que infringen los consabidos</p>
<p>Mandamientos del Decálogo.</p>
<p>Mala fue la hipocresía</p>
<p>Con su ayuno y su trisagio;</p>
<p>Mas, ¡ay! peor es el agio,</p>
<p>Peor es la homeopatía.</p>
<p>Malo era que echasen tacos</p>
<p>Por comediones mestizos</p>
<p>Polacos contra chorizos,</p>
<p>Chorizos contra polacos.</p>
<p>Mas ¿quién hallará guarismo</p>
<p>Para contar las facciones</p>
<p>Que a la Patria hacen girones</p>
<p>En nombre del patriotismo?</p>
<p>¡Oh! Rompe la dura losa</p>
<p>Donde inanimado y frío,</p>
<p>¡Ay! cabe extranjero río</p>
<p>Tu cuerpo, INARCO, reposa.</p>
<p>Vuelve, que a mi parvedad</p>
<p>No es dado seguir tu huella:</p>
<p>Ni ¿quién te imita en aquella</p>
<p>Difícil facilidad?</p>
<p>Sí, vicios hay en que ejerzas</p>
<p>Tu sazonada censura;</p>
<p>Vicios de tal estatura,</p>
<p>Que piden todas tus fuerzas.</p>
<p>¡Qué estragos! ¡Qué cataclismos!&#8230;</p>
<p>Mas no se ha variado todo.</p>
<p>Pecamos ya de otro modo,</p>
<p>Mas los pecados&#8230; ¡los mismos!</p>
<p>Puedo nombrarte en el acto</p>
<p>Un solemne trapalón</p>
<p>Que, aunque parece barón,</p>
<p>Es el de Illescas, exacto.</p>
<p>Y hallarás si te conviene</p>
<p>Más de un Bartolo Esculapio,</p>
<p>Y aun vive aquel don Serapio,</p>
<p>Y aun no ha muerto doña Irene.</p>
<p>Mas si hiciera el parangón</p>
<p>De unos y otros pecadores,</p>
<p>Hasta el viernes de Dolores</p>
<p>Duraría esta función.</p>
<p>Baste para tu gobierno</p>
<p>Saber que, francos de porte,</p>
<p>Hay genios en esta Corte</p>
<p>Para poblar el infierno;</p>
<p>Que si quisieres pedantes,</p>
<p>Sin buscarlos como Diógenes,</p>
<p>No te faltarán Hermógenes</p>
<p>Tan necios como los de antes;</p>
<p>Y aunque hay algunas estrellas</p>
<p>Que dan luz y honra a la plaza,</p>
<p>Aún pulula aquí la raza</p>
<p>De Zavalas y Comellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Otro Mal Poeta</strong></h3>
<p>Juan sus versos publicó,</p>
<p>No tan lindos como piensa;</p>
<p>Y al entregarlos clamó:</p>
<p>Sude con ellos la prensa;</p>
<p>Que más he sudado yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Quevedo</strong></h3>
<p>Aunque ya el peso no leve</p>
<p>De sesenta y un octubres</p>
<p>Poco ágil hace a mi diestra</p>
<p>Para plectros y laúdes,</p>
<p>Como carga concejil</p>
<p>De que ninguno se excluye</p>
<p>Pídeme el moderno Pindo</p>
<p>Que a Quevedo cante y juzgue,</p>
<p>Y que mi juicio y mi canto</p>
<p>En un romance formule,</p>
<p>Siendo el lecho de Procusto</p>
<p>A tal joya tal estuche.</p>
<p>No; para encomiar a un vate</p>
<p>De tan superior cacumen,</p>
<p>Poco es emplear un metro</p>
<p>Sobrado pedestre y dúctil.</p>
<p>Rimas de Taso o de Ariosto</p>
<p>Pide el asunto, y un numen</p>
<p>Émulo del que a Virgilio</p>
<p>Inspiró su Arma virumque.</p>
<p>Yo, amén de eso, que en un drama</p>
<p>De cinco puentes no supe</p>
<p>Revolverme con holgura,</p>
<p>¿Qué haré en tan estrecho buque?</p>
<p>Si informe bosquejo apenas</p>
<p>Hizo entonces mi chirumen</p>
<p>De tan colosal figura</p>
<p>Que se pierde entre las nubes,</p>
<p>¿Por qué, a riesgo de que un zoilo</p>
<p>Me llame Petrus in cunctis,</p>
<p>Lo que dialogué en domingo</p>
<p>He de romancear en lunes?</p>
<p>¿Qué, será lo que mandada</p>
<p>Hoy mi péñola ejecute,</p>
<p>Sino de aquel espontáneo</p>
<p>Embrión pálido resumen?</p>
<p>Dejadme pues que en silencio</p>
<p>Admire, ría y estudie</p>
<p>Al que imitar no sabría,</p>
<p>Y ¡ay del que a tal se aventure!</p>
<p>Harto lo que calle yo</p>
<p>Y lo que Tarsia no incluye</p>
<p>Mi amigo Fernández Guerra,</p>
<p>Veraz biógrafo, suple,</p>
<p>Y harto en sus propios escritos,</p>
<p>Con pincel digno de Rubens,</p>
<p>El sabio autor se retrata</p>
<p>Sin comentarios ni apuntes.</p>
<p>Harto el Lipsio castellano,</p>
<p>Mozo todavía impúber,</p>
<p>A España asombró y al orbe,</p>
<p>Doctor in utroque jure.</p>
<p>Bien en rimas y discursos</p>
<p>Su lectura inmensa luce</p>
<p>Y de aquel estro viril</p>
<p>El alcance y el empuje.</p>
<p>Que era hombre de pelo en pecho,</p>
<p>Si hay alguno que lo dude,</p>
<p>A Pacheco  el maestrón</p>
<p>Y a otros guapos lo pregunte.</p>
<p>O Trinacria lo dirá,</p>
<p>Y Saboya, y los insubres,</p>
<p>Y la embaidora Venecia,</p>
<p>Nueva Cartago palustre.</p>
<p>Ni cuando sueña despierto,</p>
<p>¡Con tanta sal!, o prorrumpe</p>
<p>En jácaras y romances,</p>
<p>Que cien prensas reproducen,</p>
<p>Sólo el Juvenal hispano</p>
<p>Dueñas fustiga y tahures,</p>
<p>Escribanos y alguaciles,</p>
<p>Alcahuetas y gandules.</p>
<p>También a la residencia</p>
<p>Llama de Plutón o Júpiter</p>
<p>A los próceres que viven</p>
<p>Y a los magnates que pudren;</p>
<p>Y ni en claustro o sin clausura</p>
<p>Las tocas y los capuces,</p>
<p>Ni coronas y tiaras</p>
<p>Son a su látigo inmunes;</p>
<p>Que él sólo, o mejor que nadie,</p>
<p>Mezclando lo agrio a lo dulce,</p>
<p>De su corrompido siglo</p>
<p>Osó pintar las costumbres.</p>
<p>Y si, a fuerza de escarmientos</p>
<p>Que hicieran mella en un yunque,</p>
<p>Tal vez a extraños golpea</p>
<p>Cuando a los de casa alude;</p>
<p>Y con su cuenta y razón</p>
<p>A Bruto o César contunde,</p>
<p>Y Opas y Judas compendian</p>
<p>A otros mil ejusdem furfuris;</p>
<p>El más lerdo echa de ver</p>
<p>Que a la estratagema acude</p>
<p>De: «A ti te lo digo, Brígida;</p>
<p>Entiéndelo tú, Gertrudis».</p>
<p>Entre máximas sublimes,</p>
<p>Que por donde quiera fluyen</p>
<p>De aquella valiente pluma,</p>
<p>Azote de los embustes,</p>
<p>Suele cansar al lector</p>
<p>Con el truque y el retruque</p>
<p>De equívocos sempiternos</p>
<p>Y de conceptillos fútiles.</p>
<p>Mejor que el oro y las perlas</p>
<p>Describe el lodo y la mugre</p>
<p>Y goza más de lo justo</p>
<p>En historiar podredumbres.</p>
<p>Tal vez con torpes vocablos,</p>
<p>Que guardar debió en su buche,</p>
<p>Aun escarneciendo el vicio</p>
<p>Su talento prostituye.</p>
<p>Mas resabios fueron estos</p>
<p>De lozanas juventudes,</p>
<p>Que harto compensó en hazañas</p>
<p>Y harto expió en pesadumbres.</p>
<p>Ni porque a las cotarreras</p>
<p>Tanto glose y tanto zurre</p>
<p>Y en sus artes nos instruya</p>
<p>Y las cuentas los ajuste;</p>
<p>O de viejas Mesalinas</p>
<p>La incontinencia vapule,</p>
<p>Y los ridículos dengues</p>
<p>Y jalbegues y menjurjes;</p>
<p>Y de ver se desazone</p>
<p>Que culto a Venus tribute</p>
<p>Quien sólo ha quedado para</p>
<p>Rosarios y via crucis;</p>
<p>Ni, en fin, porque a pecadoras</p>
<p>Con tal desenfado zumbe,</p>
<p>Dejó de dar a las buenas</p>
<p>Amparo, alabanza y lustre.</p>
<p>Dígalo el que en San Martín</p>
<p>Contra una dama de fuste</p>
<p>Se desvergonzó villano,</p>
<p>Pensando quedar impune,</p>
<p>Y remolcado a la calle</p>
<p>Desde el sacro balaústre,</p>
<p>Quevedo con fiero estoque</p>
<p>Le hizo bueno el quia pulvis.</p>
<p>Envidiosas medianías</p>
<p>Y negras ingratitudes</p>
<p>En vano eclipsar pretenden</p>
<p>De aquel sol la viva lumbre,</p>
<p>Y Montalván y comparsa,</p>
<p>Calumniando sus volúmenes,</p>
<p>Vierten en ruines libelos</p>
<p>El veneno que los nutre.</p>
<p>Pretexto fueron las faltas</p>
<p>En que fácilmente incurre</p>
<p>Quien tiene el saber por junto</p>
<p>Y el donaire por azumbres,</p>
<p>Para acusarle de hereje</p>
<p>Y jurar que huele a azufre</p>
<p>Quien de español y cristiano</p>
<p>Siempre rebosó el perfume.</p>
<p>Y ¿quién como él supo honrar,</p>
<p>¡Oh Yago! tu cruz de gules</p>
<p>Que en el manteo dibuja</p>
<p>Y en el corazón esculpe?</p>
<p>Pues aun este corto premio</p>
<p>De servicios no comunes</p>
<p>Ocasión fue para él.</p>
<p>De mortales inquietudes;</p>
<p>Que por sostener los fueros</p>
<p>Del que a cántabros y astures</p>
<p>Contra el sarraceno impío</p>
<p>Defendió, armado querube,</p>
<p>Guerra atroz le declaró</p>
<p>La monacal muchedumbre,</p>
<p>Dando por pendón al cisma</p>
<p>De una santa las virtudes;</p>
<p>De una santa cuya gloria,</p>
<p>Para brillar en la cúspide</p>
<p>No ha menester que con bandos</p>
<p>La paz del reino se turbe.</p>
<p>¡Ay! las amargas verdades</p>
<p>De que derramaste almudes</p>
<p>Fueron, Quevedo, tus culpas,</p>
<p>Y no las que te atribuyen.</p>
<p>Los perdidos que robando</p>
<p>Se convirtieron en Fúcares,</p>
<p>Los necios que con lisonjas</p>
<p>Ganaron sillas curules,</p>
<p>No al madrileño Aristarco</p>
<p>Perdonan que los denuncie</p>
<p>Y que descubra la lepra</p>
<p>Bajo el armiño y el múrice.</p>
<p>Le improperan, le persiguen,</p>
<p>Le saquean, los baúles,</p>
<p>Y a morirse  le condenan</p>
<p>En calabozo insalubre.</p>
<p>En tanto, mártir insigne,</p>
<p>Tu constancia no sucumbe,</p>
<p>Y tu merecida fama</p>
<p>No cabe en el mapamundi.</p>
<p>Y cuando menos lo piensa,</p>
<p>Al soberbio Condeduque</p>
<p>Llega la hora de todos,</p>
<p>Y despriva, y cae de bruces.</p>
<p>Y aún vives tú lo bastante</p>
<p>Para que, él viviendo, triunfes</p>
<p>Y la infamia de su nombre</p>
<p>Haga el tuyo más ilustre.</p>
<p>¡Fiara el cuarto Filipo</p>
<p>A tus superiores luces</p>
<p>Y a tu ardiente patriotismo</p>
<p>La nave en que otros le hunden,</p>
<p>Y ni a Portugal perdiera,</p>
<p>Ni Cataluña voluble,</p>
<p>Rebelde al propio Monarca,</p>
<p>Pidiera leyes al Lubre;</p>
<p>Y (¡mengua al león de España</p>
<p>Que estremecido no ruge</p>
<p>Y a la degradada estirpe</p>
<p>Del Cenobita de Yuste!)</p>
<p>No el escándalo se viera</p>
<p>De que a Nápoles sojuzgue</p>
<p>Un grosero pescador</p>
<p>De merluzas y de atunes;</p>
<p>Y mientras inciensa el Rey</p>
<p>A la diosa de Amatunte,</p>
<p>Su juguete no le hicieran</p>
<p>Monseñores  y monsiures;</p>
<p>Ni escala el vil lenocinio</p>
<p>Para trepar a la cumbre</p>
<p>Fuera, y blasón el cohecho,</p>
<p>Y ejecutoria el matute;</p>
<p>Ni para locos festines,</p>
<p>Présagos de luto fúnebre,</p>
<p>Mamara a Castilla el fisco</p>
<p>Hasta secarle las ubres;</p>
<p>Ni a la hartura de los zánganos</p>
<p>Que el trono ibero circuyen</p>
<p>Sirvieran sólo, y al lucro</p>
<p>De negociantes ligures,</p>
<p>Los ríos de plata y oro</p>
<p>Que en América descubren,</p>
<p>Colón a Hernando Cortés,</p>
<p>Y a Pizarro, Vasco Núñez;</p>
<p>Y en suma, no a tal oprobio</p>
<p>Viniera y tal servidumbre</p>
<p>La nación que el non plus ultra</p>
<p>Desmintió con tantos pluses,</p>
<p>Y pasmo de Europa un día</p>
<p>Desde el Bósforo hasta Dubres,</p>
<p>¡Con las palmas de Lepanto</p>
<p>Tejió los lauros de Túnez!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Disforme Y Minucioso Cartel En Que Se Anunciaba Un Libro Muy Pequeño</strong></h3>
<p>¡Qué anuncio para un dozavo!</p>
<p>—Tres reales piden por él.</p>
<p>—No daré yo ni un ochavo.</p>
<p>—¿Por qué razón? —Porque acabo</p>
<p>De leerle en el cartel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Mal Actor, Al Acabarse La Tragedia Que Representaba</strong></h3>
<p>Llegó el ansiado momento</p>
<p>De las puñaladas fieras.</p>
<p>Ya se acabó mi tormento.</p>
<p>¡Pésimo actor, sólo siento</p>
<p>Que no hayas muerto de veras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Mal Actor, Sordo Por Añadidura</strong></h3>
<p>Eres oprobio del arte,</p>
<p>Y sordo; que es lo peor.</p>
<p>Ni aun tiene el espectador</p>
<p>El consuelo de silbarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Mal Autor Que Dejó Escrita Su Vida</strong></h3>
<p>Su vida escribió Benito</p>
<p>A los siglos por venir.</p>
<p>Bien hizo el autor maldito;</p>
<p>Que si él no la hubiera escrito,</p>
<p>¿Quién la habría de escribir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Necio, Titiritero De Afición</strong></h3>
<p>Ese hombre, cuyo renombre</p>
<p>Puebla Corte y arrabales,</p>
<p>A todos los animales</p>
<p>Remeda&#8230;, menos al hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Plagiario</strong></h3>
<p>No hay que decir a Facundo</p>
<p>Que estudie buenos modelos.</p>
<p>¡Si los sabe de memoria!</p>
<p>Testigos todos sus versos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Pretendido Retrato Del Autor Y Al Autor Del Pretendido Retrato</strong></h3>
<p>¡Mientes! Tú  no eres yo. ¡Mientes, bellaco!</p>
<p>Pudo ser el de Gestas ese gesto,</p>
<p>Pudo ser el de Judas o el de Caco;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Mío? ¡Jamás! Lo juro y lo protesto;</p>
<p>Y para dar mi nombre a tal blasfemia</p>
<p>Ni en la Instituta hay ley ni en el Digesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregunten en mi casa, en la Academia,</p>
<p>En el café, en el Prado si mi cara</p>
<p>Espanta como el trueno o la epidemia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es que blasone yo, ¡Dios me librara!</p>
<p>De venusto y donoso y pulcro y lindo;</p>
<p>Mas ¿figura de proa o de mampara?&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No a las deidades del sublime Pindo</p>
<p>Culto daría tan aciago busto</p>
<p>Que ruibarbo destila y tamarindo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo fui yo tan áspero y adusto?</p>
<p>¿Cuándo fui tal que la mujer encinta</p>
<p>Se exponga al verme a malparir del susto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién reconoce en tan aviesa pinta</p>
<p>Al que, si no presume de Narciso,</p>
<p>Tierno fue, y lo es aún, como un Aminta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A hombre encarado así fuera preciso</p>
<p>Que Pedro, sin más trámite, la puerta</p>
<p>Tapiara del celeste Paraíso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una vez la impostura descubierta,</p>
<p>¿Será mucho un porvida a cada rasgo</p>
<p>Y por cada facción una reyerta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Español o francés, suizo o pelasgo,</p>
<p>¿No he de llamar calumniador infame</p>
<p>Al que así me transforma en fiero trasgo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿He de sufrir sin que a los cielos clame</p>
<p>Que un temerario a engendro tan aleve</p>
<p>Manuel Bretón de los Herreros  llame?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo! ¿Justicia habrá para el que leve</p>
<p>Injuria en una acción o en un vocablo</p>
<p>A inferir a su prójimo se atreve,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no para el que en público retablo</p>
<p>Tal a un vecino honrado desfigura,</p>
<p>Que no osaría prohijarle el diablo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Feliz yo si tan ruin manufactura,</p>
<p>Ya que mi cara no genuina y propia,</p>
<p>Fuese de ella mordaz caricatura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siquiera al troglodita de la Etiopia</p>
<p>El maligno pintor me asimilase,</p>
<p>Pudiera brujuleárseme en la copia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie contra el pintor pide un ukase,</p>
<p>que, aun ridiculizándole en estampa,</p>
<p>Le distingue entre el vulgo de su clase;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay más de un presuntuoso que se alampa</p>
<p>Porque su oscura faz caricaturen</p>
<p>Si así el mochuelo entre los cisnes campa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis defectos propalen y censuren;</p>
<p>Lleven hasta la hipérbole la mofa,</p>
<p>Mas no, sin ton ni son, me desnaturen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues no me juzgo de mejor estofa</p>
<p>Y a un rey he visto convertido en pera,</p>
<p>Hagan de mí una col o una alcachofa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas o diga: he pintado una quimera,</p>
<p>O el pintor en la que haga a su capricho</p>
<p>Deje algo de mi cara verdadera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no se diga de él lo que se ha dicho</p>
<p>Del que al pie de sus torpes mamarrachos</p>
<p>Ponía: este es un gallo; este es un micho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rían de mí en buen hora los muchachos,</p>
<p>Pero rían de mí  cuando en petacas</p>
<p>Me vendan o aleluyas los gabachos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a la feria mis facciones sacas,</p>
<p>Pintor, yo no te pido que me loes</p>
<p>Ni que indulgente seas con mis macas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo una que ni Celso ni Averroes</p>
<p>Pudieran corregir; la que siquiera</p>
<p>Me iguala en esto al inmortal Camoes;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pincel detractor ¿quién lo creyera!</p>
<p>Hasta en la ausente luz me falsifica</p>
<p>Trasladando el eclipse a la otra acera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque cargue en lo feo no me pica,</p>
<p>Que fuera necio y femenil orgullo,</p>
<p>Quien me forja esa faz con que trafica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esopo (es ya verdad de Perogrullo)</p>
<p>Romo, giboso y de infeliz pergenio,</p>
<p>No brindaba de amor al blando arrullo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lindos no fueron Alarcón, Celenio,</p>
<p>Ni otros cien que a la cumbre del Parnaso</p>
<p>Se alzaron en las alas de su genio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas algo de ese genio nada escaso</p>
<p>Hubo de transpirar; algo el oculto</p>
<p>Fuego brilló a través del tosco vaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, mediocre poeta, no en mi bulto</p>
<p>Pienso escrito llevar Deus in nobis;</p>
<p>Pero ni soy feroz, ni soy estulto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tanto a mí semeja el coram-vobis</p>
<p>Con que cual vera effigies  se me vende</p>
<p>Como a Ataúlfo, o Recesvinto o Clovis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el que tanto con su brocha ofende,&#8230;</p>
<p>Al arte más que a mí, no es compatriota</p>
<p>Sino un quidam  anónimo de allende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es maravilla que fandango o jota</p>
<p>Bailar no me haga en traje charanguero</p>
<p>Con un trabuco al margen y una bota;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, ya sea rufián o caballero,</p>
<p>Para pintor de extranjis sólo un tipo</p>
<p>Tiene el pueblo español: el guerrillero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mienten; que, aunque yo no participo</p>
<p>De tan precioso don, hay aquí talles</p>
<p>No indignos de Timantes y Lisipo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si España en los campos y las calles</p>
<p>De horribles cataduras no escasea,</p>
<p>Hartas hay más allá de Roncesvalles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es español quien tan vitanda y fea</p>
<p>Me la atribuye a mí: del mal el menos;</p>
<p>Ni habrá español que tan bestial me crea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Mas quién con ojos, ¡ay! miró serenos</p>
<p>Otra profanación ruda, inaudita&#8230;</p>
<p>Y esta no hay que achacarla a los ajenos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi humilde cara al fin, fea o bonita,</p>
<p>Porque algún Orbaneja la adultere</p>
<p>Poco al lustre español pone ni quita;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero que a un hombre excelso se vulnere</p>
<p>Hasta el punto, ¡oh dolor! de que su rostro</p>
<p>En despreciable trasto degenere,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es atentado atroz que ni Cagliostro</p>
<p>Osara concebir, y a su memoria</p>
<p>Herido en cuerpo y ánima me postro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel Fénix  de España, cuya gloria</p>
<p>No es ignorada ya ni del más drope;</p>
<p>Tal le encumbra en sus páginas la historia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mimado de Clío y de Caliope</p>
<p>Y Talía y Melpómene y Erato;</p>
<p>Lope de Vega,  en fin; Lope, el gran Lope,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Largo tiempo, ¡oh baldón! ¡Oh desacato!</p>
<p>De molde de pelucas ha servido</p>
<p>Comprado no sé a quién en un barato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuenta al honrado artífice no pido</p>
<p>De aplicar a tan sucio ministerio</p>
<p>El busto de aquel hombre esclarecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignoraba que hacía un vituperio</p>
<p>Al poeta amenísimo y fecundo</p>
<p>Que con su nombre llena el hemisferio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Culpo, sea quien fuere, al que de inmundo</p>
<p>Interés arrastrado hizo a sabiendas</p>
<p>Tráfico vil del vate sin segundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú, Lope  mío, tú por esas tiendas</p>
<p>Sirviendo de irrisión al transeúnte!</p>
<p>¡Así han hecho de ti carnestolendas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú con bucles cosidos a pespunte</p>
<p>Sobre esa frente que de lauro Febo</p>
<p>Ciñó y de nardo y rosas Amatunte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡En guisa tú de frívolo mancebo</p>
<p>Ostentando risibles papillotes</p>
<p>Sobre greñas robadas al Erebo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién de tu ingenio las preclaras dotes</p>
<p>En ese maniquí reconociera</p>
<p>Que ya sirvió para dos mil cogotes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cabe suerte más triste y lastimera?</p>
<p>¡Peladas viera yo todas las nucas</p>
<p>Antes que befa tal de ti se hiciera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De estúpido acusando a Juan, o Lucas,</p>
<p>Es frase proverbial entre españoles:</p>
<p>«¡Soberbio molde para hacer pelucas!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vista pues la ruindad de tres bemoles</p>
<p>Que al buen Lope  injurió, la que me ensaña</p>
<p>No vale, a la verdad, tres caracoles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No como quiera al público se engaña,</p>
<p>Y quien por muestra tan soez me busque,</p>
<p>De fijo no me encuentra; no me araña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No más la ciega cólera me ofusque,</p>
<p>Que habas cuecen abondo en todas partes,</p>
<p>Y mi oración no pase del ¿Quousque&#8230;?</p>
<p>Contra ese Catilina  de las artes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Un Recién Poeta De Pocas Esperanzas</strong></h3>
<p>Voy a hablarte ingenuamente.</p>
<p>Tu soneto, don Gonzalo,</p>
<p>Si es el primero, es muy malo;</p>
<p>Si es el último, excelente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Una Amiga</strong></h3>
<p>Un queso, Carmen bella, me enviaste,</p>
<p>Paisano del ilustre Calatrava,</p>
<p>Y después una caja de guayaba&#8230;</p>
<p>Lo dulce y lo salado: ¡qué contraste!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú quieres dar con mi quietud al traste.</p>
<p>Con el dulce&#8230; pensé que te tragaba,</p>
<p>Y que el queso&#8230; (por cierto que hoy se acaba)</p>
<p>Con la sal que te sobra lo amasaste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la que así mi gula satisfizo</p>
<p>¿Versos pide, no más? ¡Bondad inmensa!</p>
<p>Lloverán sobre ti como granizo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Puedo negar tan leve recompensa</p>
<p>A quien tiene en su cara tanto hechizo&#8230;</p>
<p>Y tanta golosina en su despensa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Una Señora Con Quien Salí De Año Para El De 1830</strong></h3>
<p>¡Año mío y mi tocaya!</p>
<p>¡Digo! ¿Es un grano de anís?</p>
<p>Fuerza será que yo te ame,</p>
<p>Prenda mía, hasta el morir.</p>
<p>¡Oh cédula protectora!</p>
<p>¡Oh fortuna siempre ruin,</p>
<p>Gracias a Dios que una vez</p>
<p>Fuiste para mí feliz!</p>
<p>Díganlo cuantos admiran</p>
<p>Ese tu rostro gentil,</p>
<p>Esos tus ojos morenos,</p>
<p>y ese tu dulce reír.</p>
<p>Aunque murmure la envidia</p>
<p>Te quiero, y mucho que sí&#8230;</p>
<p>Mas no te alteres, hermosa;</p>
<p>Que te quiero con buen fin.</p>
<p>No gruñas por ser tu año</p>
<p>Un poeta baladí</p>
<p>Hoy que andan las pobres musas</p>
<p>Sin túnica y sin chapín.</p>
<p>Paciencia, pues no hay remedio;</p>
<p>Que, si consistiera en mí,</p>
<p>Corregidor fuera yo</p>
<p>De la villa de Madrid.</p>
<p>Sírvate pues de regalo</p>
<p>Este romance infeliz,</p>
<p>Aunque sería mejor</p>
<p>Que te enviase un pernil.</p>
<p>Por dos causas no lo envío:</p>
<p>Falta de maravedís,</p>
<p>Y un hambre tal, que a tenerlo</p>
<p>Guardáralo para mí.</p>
<p>Mas con deseos lo suplo,</p>
<p>Que no cuestan un tarín,</p>
<p>De que Dios te haga dichosa</p>
<p>Un siglo, y dos, y cien mil.</p>
<p>Y te dé mucha salud</p>
<p>Y el oro del Potosí,</p>
<p>Y te libre de que llame</p>
<p>A tu puerta un alguacil.</p>
<p>Y te conserve un consorte</p>
<p>Más héroe que el mismo Cid,</p>
<p>Pues con ocho años de yugo</p>
<p>Aún se está mirando en ti.</p>
<p>Y dé a tus niñas marido</p>
<p>No bien lleguen a su Abril,</p>
<p>Y a tu niño un obispado,</p>
<p>Aunque sea el de Guadix.</p>
<p>Más te diría, tocaya,</p>
<p>Pero se apaga el candil;</p>
<p>Y aunque deseo tu dicha</p>
<p>También deseo dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Varios Amigos Tronados</strong></h3>
<p>Esta turba famélica y bellaca</p>
<p>nunca se cansa de fumar de gorra;</p>
<p>como al hebreo en tiempo de Gomorra</p>
<p>yo os maldigo, y mi furia no se aplaca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A qué tanto pedirme la petaca?</p>
<p>¿Cómo quieres, hambrón, que te socorra?</p>
<p>¿Soy acaso asqueroso hijo de zorra?</p>
<p>¿Recibo yo bajeles de Guaxaca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómplice acaso soy del vicio ajeno?</p>
<p>Yo gano mi fumar con mi trabajo,</p>
<p>y en la aduana lo compro, malo o bueno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, que eres un pobre calandrajo,</p>
<p>estate sin fumar&#8230; o chupa heno&#8230;</p>
<p>o chúpate la punta del carajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Anónimo</strong></h3>
<p>Aborto infame de la negra envidia,</p>
<p>Yo te maldigo, Anónimo  cobarde,</p>
<p>Pérfido aun a ti mismo en tu perfidia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que nunca de tu triunfo harás alarde,</p>
<p>O dejas de existir si el hondo arcano</p>
<p>Ve a tu pesar la luz temprano o tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y Dios permite que felón villano</p>
<p>Con ingrata labor la pluma fuerce</p>
<p>Contra el usado giro de la mano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas quien péñola y mano así refuerce</p>
<p>Harto muestra el atroz remordimiento</p>
<p>Con que su industria tenebrosa ejerce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Triste el placer que nace en el tormento!</p>
<p>¡Miserable el artífice que duda</p>
<p>Si le herirá rebelde el instrumento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con estéril afán trasnocha y suda;</p>
<p>Y en calma yace el indefenso blanco,</p>
<p>¡Y él tiembla al disparar flecha sañuda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la cara mostrase al aire franco</p>
<p>Pudiera ser que, en pago del insulto,</p>
<p>Del brazo aleve se quedase manco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien hace si no fía en el indulto;</p>
<p>Mas ni en el mal que avieso premedita</p>
<p>Deleitarse podrá guardando el bulto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego es tradición inútil y gratuita</p>
<p>La suya, y revolcándose en el cieno</p>
<p>El reptil de más noble se acredita;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que cuando muerde descuidado seno</p>
<p>Suya es la lengua al fin con que iracundo</p>
<p>Filtra en la humana sangre su veneno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tras de un picotazo da el segundo,</p>
<p>Y en buena lid la indignación arrostra</p>
<p>De quien puede aplastar su cuerpo inmundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hombre que hoy se empareda cual la ostra</p>
<p>Para herir a mansalva a un individuo,</p>
<p>Mañana ante sus pies la frente postra;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y torpe histrión y adulador asiduo</p>
<p>Mientras aguza el ponzoñoso dardo</p>
<p>Mendiga de sus platos el residuo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por dicha ya el Anónimo  bastardo</p>
<p>Tanto su filo embota con el uso</p>
<p>Que semeja a la espada de Bernardo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si uno al leerlo se acongoja iluso,</p>
<p>Arrojándolo al sucio basurero</p>
<p>Ciento se mofan del libelo intruso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No en dar con un papel tósigo fiero</p>
<p>El ocio engaña, no, quien fuerza y brío</p>
<p>Tiene para asestar golpe certero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tal a quien no da calor ni frío</p>
<p>De enemigo tan cauto en su ojeriza</p>
<p>El necio y jactancioso desafío;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal a quien no acobarda una paliza</p>
<p>Mientras sólo en torcidos caracteres</p>
<p>Su adversario traidor la simboliza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si indigno soplo amarga sus placeres,</p>
<p>Tiembla y en cada informe garrapato</p>
<p>Le punzan mil agudos alfileres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién duerme en paz si en suculento plato</p>
<p>Teme que seducido el cocinero</p>
<p>Le aderece un funesto asesinato?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién si le obliga el delator artero</p>
<p>A confundir misántropo y adusto</p>
<p>Al amigo falaz con el sincero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poetas que inventáis a vuestro gusto</p>
<p>De las Danaides el botijo roto,</p>
<p>Y el potro, que no lecho, de Procusto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que movido habéis tanto alboroto</p>
<p>Con el buitre que saja a Prometeo</p>
<p>En presencia de Láquesis y Cloto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decidme si no es digno del Leteo</p>
<p>El horrible suplicio de que os hablo&#8230;,</p>
<p>Amén del real que cuesta en el correo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y Dante  te olvidó siendo del diablo</p>
<p>Obra maestra, Anónimo  precito!</p>
<p>Vale todo un infierno este vocablo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y no hay ley que prevenga tal delito!</p>
<p>¡Y no hay para el bribón que lo perpetra</p>
<p>Un asno, una coroza, un sambenito!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Portador de un embuste en cada letra,</p>
<p>Más daño hace tal vez que guerra o fuego</p>
<p>En la casa infeliz donde penetra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Podré ahuyentar su dicha y su sosiego»,</p>
<p>Diría un embozado libelista,</p>
<p>Si osara hablar; «mas ¿con embustes? Niego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Larga es de los Anónimos  la lista</p>
<p>En que se miente a roso y a velloso;</p>
<p>Mas yo de la verdad sigo la pista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Decirla es sin embargo peligroso,</p>
<p>Y al débil, si el Anónimo condenas,</p>
<p>Entregas a merced del poderoso».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Error! Ni aquí, ni en Roma, ni en Atenas,</p>
<p>Ni ayer, ni hoy, ni jamás el oprimido</p>
<p>Ha roto con pasquines sus cadenas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, o no llegan del déspota al oído,</p>
<p>O entre el fausto y la crápula insolente</p>
<p>Los sentencia al desprecio y al olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregunta a aquel esguízaro valiente</p>
<p>Que de Gesler  el gorro escarneciendo</p>
<p>El yugo sacudió de Austria potente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregunta al siciliano que tremendo</p>
<p>Al resonar el consabido salmo</p>
<p>Hízole coro con marcial estruendo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a aquel que, convertido por ensalmo</p>
<p>De idiota en héroe, al violador Tarquino</p>
<p>No dejó del imperio un solo palmo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregúntales si Anónimo  mezquino</p>
<p>El arma ignoble fue con que su diestra</p>
<p>Abrió a la libertad ancho camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a la luz del hielo no se muestra,</p>
<p>La verdad, hija suya, se denigra.</p>
<p>O calla, o sal osado a la palestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la ama, no, quien vergonzante y pigra</p>
<p>La arrastra por vereda tortuosa</p>
<p>Pensando en si peligra o no peligra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La verdad verdadera es animosa,</p>
<p>Manteos de murciélago rehúsa</p>
<p>Y a la escuela no va de la raposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pícaro siglo que de todo abusa!</p>
<p>Su faz ostenta la procaz mentira,</p>
<p>¿Y la santa verdad irá a la inclusa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Pero el amor del bien tal vez inspira</p>
<p>Esa cautela que tan rudo acento</p>
<p>Hoy arranca a las cuerdas de tu lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tal vez una verdad dicha con tiento</p>
<p>Excusa al hombre honrado una desgracia</p>
<p>Y consigue de un tuno el escarmiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Culparás que mi anónima  eficacia</p>
<p>De un contador voraz liberte al fisco</p>
<p>Por él robado con impune audacia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿No quitaré la máscara a Francisco,</p>
<p>Que siendo un malhechor de tomo y lomo</p>
<p>Ve alzar a su virtud  un obelisco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿He de sufrir que el cándido Jeromo</p>
<p>Tanto alabe a su púdica  consorte,</p>
<p>Si sé que se la pega y cuándo y cómo?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¿Y sabes si denuncias en la corte</p>
<p>Las rapiñas de lobo financiero</p>
<p>A quien un tanto cobra del importe?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el pueblo a algún malvado trapacero</p>
<p>Estatuas funde y monumentos labra</p>
<p>Cual Roma un día a Tito y a Severo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Calla y déjalo estar, hijo de cabra;</p>
<p>Que hoy a un ídolo humilla el incensario&#8230;,</p>
<p>Y mañana con él le descalabra;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, pues que tenga alguno es necesario,</p>
<p>Quizá, en el cambio pierda más que gane</p>
<p>Si Juan releva a Pedro en el santuario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿qué te importa a ti, cabeza inane,</p>
<p>Que, aunque la suya acuse a don Sempronio,</p>
<p>Con su ventura conyugal se ufane?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues ¿no ves, amanuense del demonio,</p>
<p>Que o da golpe cruel o golpe en vago</p>
<p>Quien se mete a infernar un matrimonio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe o no un marido que el halago</p>
<p>De su mujer le usurpa un mozalbete</p>
<p>Mientras él hace viajes a Buitrago;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si lo sabe (y de diez lo saben siete),</p>
<p>Pierdes papel y tiempo; si lo ignora,</p>
<p>Le asesina tu anónimo  billete.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Al abrir él los ojos en mal hora</p>
<p>Caerá de su beato Paraíso&#8230;,</p>
<p>Y no se enmendará la pecadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que rete a su rival será preciso;</p>
<p>No sin pena tal vez, porque es amable</p>
<p>Si los hay en el mundo el don Narciso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y como barco sin timón ni cable</p>
<p>En mar bravío, sin defensa, ¡oh grima!</p>
<p>Su busto entrega al enemigo sable;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que él lego, y el galán docto en la esgrima,</p>
<p>Bien puede ser que, amén del cornificio,</p>
<p>Horrendo chirlo en la nariz le imprima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y enredado en los trámites de un juicio</p>
<p>Él sufrirá la pública chacota</p>
<p>Antes que ella la pena de su vicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en vano, en vano su indeleble nota</p>
<p>Pretenderá borrar el desdichado</p>
<p>Con autos de la Audiencia o de la Rota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Días ha con el dedo señalado</p>
<p>A jovial cuchicheo daba asunto</p>
<p>En teatro y café, tertulia y Prado».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué? La misma mella que a un difunto</p>
<p>Le hacía, venturoso en su ignorancia,</p>
<p>Servir de mofa al universo junto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez con inocente petulancia,</p>
<p>Satirizando él mismo a sus cofrades,</p>
<p>Convertía las pullas en sustancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando de error tan dulce le disuades,</p>
<p>A pretexto de hacerle un beneficio</p>
<p>Cometes la mayor de las maldades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿No es triste merced, flaco servicio,</p>
<p>Excitarle a dudar si el predilecto</p>
<p>Benjamín es auténtico o ficticio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le oyes clamar don paternal afecto:</p>
<p>«¡Qué mono! ¡Un serafín!&#8230; ¡He aquí mi obra!</p>
<p>¡Su rostro no desmiente al arquitecto!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no te duele su mortal zozobra</p>
<p>Si, por ti descubierta la maraña,</p>
<p>Pierde esa fe que nunca se recobra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es caridad, ¡por Cristo!, bien extraña</p>
<p>Hacerle ver que le semeja el niño</p>
<p>Cual se parece un huevo a una castaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni a lastimarme del papá  me ciño.</p>
<p>¿No consideras que el muchacho tiene,</p>
<p>Si uno en el nombre, dos en el cariño?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No un soplo que sus días envenene</p>
<p>Saque por tu oficiosa tontería</p>
<p>De su dichoso engaño al pobre nene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! de rubor su frente no cubría</p>
<p>Amando al sandio padre putativo;</p>
<p>Que su puro candor salvo le hacía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¡trocar por él, chivo o no chivo,</p>
<p>Otro que, aunque en secreto lo declare,</p>
<p>Por tal no consta en parroquial archivo!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, como el hombre al fin no es el que pare,</p>
<p>Caviloso quizá no le prohíje</p>
<p>Y en su triste orfandad le desampare.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con harta causa el mísero se aflige.</p>
<p>Ayer, ¡oh peripecia! tanto mimo;</p>
<p>Y hoy ¿a quién colgaremos este dije?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuelvo al papá  y el vástago suprimo.</p>
<p>¿No tiemblas al pensar que el sustituto</p>
<p>Era también su tutelar arrimo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué olivar ni qué viña dio más fruto</p>
<p>Al sudor del colono que su boda?</p>
<p>¿Por qué llegó a intendente siendo un bruto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién hizo de su casa una pagoda,</p>
<p>Con tanta y tanta ofrenda enriquecida,</p>
<p>Y a su mujer la reina de la moda?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Ay, dirá con conatos de suicida,</p>
<p>Confunda Dios al temerario amigo</p>
<p>Que rasguñó esta carta aborrecida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Qué le hice yo para chocar conmigo?</p>
<p>Abrevado de penas y sonrojos,</p>
<p>De culpa ajena sufriré el castigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si es tarde ya para poner cerrojos</p>
<p>mi robado honor, ¿por qué la venda</p>
<p>¡Sólo para llorar! rompen mis ojos?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O bien, siguiendo la trillada senda,</p>
<p>Al chisme y al chismoso hará una higa</p>
<p>Por no perder tan cómoda prebenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, menguado fruto de tu intriga</p>
<p>Siempre habrás de sacar, pues es forzoso</p>
<p>Que el lector te desprecie o te maldiga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién te dijera que instrumento odioso</p>
<p>Fuese, oh Cadmo, a un traidor de vil ralea</p>
<p>El arte que inventaste prodigioso!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y aún quieres achacar acción tan fea</p>
<p>A falso amor del bien! Mientes, canalla;</p>
<p>No cabe en ti tan generosa idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando tu falsa indignación estalla</p>
<p>Contra aquel aduanero que escamota</p>
<p>Cien fardos de tabaco y de quincalla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su vacante codicias, mal patriota,</p>
<p>Y no el bien del Estado te propones</p>
<p>Sino agotar la mina que él explota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al poderoso injurian tus renglones</p>
<p>Porque acaso anhelaste su privanza</p>
<p>Y él te echó de su casa a puntillones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo, vil y soez en tu venganza,</p>
<p>Denuncias la flaqueza de Belisa</p>
<p>Porque frustró tu lúbrica esperanza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y osado fuera un hombre de tu guisa</p>
<p>A vulnerar con falso testimonio</p>
<p>Timbres de Porcia lauros de Artemisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra vez y otras mil doite al demonio,</p>
<p>Sierpe de tinta, anónimo  libelo,</p>
<p>Y quien no te abomine es un bolonio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arte que no inventara Maquiavelo,</p>
<p>Yo a las mayores plagas te comparo</p>
<p>Que fulmina la cólera del Cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Impalpable, invisible, el gesto avaro</p>
<p>Tu ruin adepto esconde; y ¿qué sibila</p>
<p>Nos dirá si es Crisóstomo o Jenaro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así hasta Gibraltar desde Manila</p>
<p>Vuela en miasma sutil hórrida peste</p>
<p>Que jóvenes y viejos aniquila;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así el Céfiro blando del Oeste</p>
<p>Súbito cede al ímpetu del Noto</p>
<p>Que a conjurar no basta el arcipreste;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así, en fin, por sendero oscuro, ignoto,</p>
<p>Mientras incauto el hombre se solaza,</p>
<p>Lleva su sorda zapa el terremoto</p>
<p>Que ciudades y montes despedaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Guadalquivir</strong></h3>
<p>Ancho y caudaloso río</p>
<p>Que el híspalo muro lames,</p>
<p>Dame que tranquilo duerma</p>
<p>Sobre tu florida margen,</p>
<p>Cual tú bajo el peso duermes</p>
<p>De tanta velera nave,</p>
<p>Y ni avenidas te turban</p>
<p>Ni te agitan huracanes.</p>
<p>Yo precio un humilde césped</p>
<p>A la sombra de tus sauces</p>
<p>Más que las plumas desiertas</p>
<p>Do a Morfeo llamo en balde.</p>
<p>El murmurio de tus aguas</p>
<p>Tan regalado y suave,</p>
<p>El aura que tú perfumas</p>
<p>Con mil rosas y azahares,</p>
<p>Bálsamo sean, ¡oh Betis!</p>
<p>Que mi fiera angustia calme,</p>
<p>Si bálsamo puede haber</p>
<p>Para llagas incurables.</p>
<p>¡Ay! no solo yo entre tantos.</p>
<p>Enamorados zagales</p>
<p>Que con su lloro te acrecen</p>
<p>Y te invocan con sus ayes;</p>
<p>Ya llorando la perfidia</p>
<p>De un corazón inconstante,</p>
<p>Ora desvíos crueles;</p>
<p>Ora celosos afanes;</p>
<p>No solo yo sin consuelo</p>
<p>De tu orilla me separe</p>
<p>Do tregua a la pena busco</p>
<p>Que me devora incesante.</p>
<p>Mas aunque dulce beleño</p>
<p>Mis tristes párpados bañe,</p>
<p>Ni un solo instante me alejes</p>
<p>De Silvia hermosa la imagen.</p>
<p>Y a mis sentidos renueva</p>
<p>En ensueños agradables</p>
<p>Sus lisonjeras palabras</p>
<p>Y sus caricias amantes.</p>
<p>Ausencia, cruel ausencia,</p>
<p>¡Cuál mi destino cambiaste!</p>
<p>Caí desde la alta cumbre</p>
<p>Hasta el abismo insondable.</p>
<p>Horas, a mi amor inmenso</p>
<p>Algún día tan fugaces,</p>
<p>¡Cuál hoy al triste Salicio</p>
<p>Parecéis eternidades!</p>
<p>¡Quién durmiera, Silvia mía,</p>
<p>Hasta que torne a mirarte,</p>
<p>Y tus brazos de marfil</p>
<p>Amor a mi cuello enlace!</p>
<p>Mas tú desoyes mis ruegos,</p>
<p>Oh Betis inexorable,</p>
<p>Quizá porque no han sonado</p>
<p>En tu gloria mis cantares.</p>
<p>Digno objeto de mi lira</p>
<p>Fueras tú, que a tanto vate</p>
<p>Menos mísero que yo</p>
<p>Sublime canto inspiraste.</p>
<p>¡Ah! si en mi llagado pecho,</p>
<p>Que sólo por Silvia late,</p>
<p>De la pálida tristeza</p>
<p>La garra no se cebase,</p>
<p>Yo te cantara también</p>
<p>Soberano de los valles</p>
<p>Desde tu sierra nativa</p>
<p>Hasta las playas de Atlante.</p>
<p>Cantara yo acompañando</p>
<p>Al gorjeo de las aves</p>
<p>La perene primavera</p>
<p>De tus orillas feraces;</p>
<p>Y a las béticas zagalas,</p>
<p>Cuya gracia el mundo aplaude,</p>
<p>No fuera muda mi lira</p>
<p>Ni mi pecho de diamante.</p>
<p>Mas donde Silvia no mora.</p>
<p>No hay belleza que me halague,</p>
<p>Ni pensil que me embelese,</p>
<p>Ni placer que no me canse.</p>
<p>Adiós, opulento río.</p>
<p>Ya me enojan tus cristales.</p>
<p>¡Ah, cuál sería tu orgullo</p>
<p>Si mi Silvia te mirase!</p>
<p>Otro río más dichoso,</p>
<p>Aunque menos arrogante,</p>
<p>Vio crecer para mi amor</p>
<p>Sus encantos celestiales.</p>
<p>Adiós; y pues sólo sirves</p>
<p>De redoblar mis pesares,</p>
<p>La lira que templa Erato</p>
<p>No esperes que te consagre.</p>
<p>Si me robas el tributo</p>
<p>De este llanto inconsolable;</p>
<p>No mi tierno corazón,</p>
<p>Que es todo del Manzanares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Preso Y Su Maja</strong></h3>
<p>La Maja</p>
<p>Alce usté, cara de escuerzo;</p>
<p>Levántese usté, seó trasto;</p>
<p>Que aquí le traigo el almuerzo.</p>
<p>Llenito viene el canasto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Loca! ¡Loca&#8230;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Pues naide le pide el gasto,</p>
<p>Coma usted, y punto en boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>Pepa, mal anda el fregao</p>
<p>Desque en casa no me guipas.</p>
<p>¡Sardinas y bacalao!</p>
<p>Yo no entiendo esas chiripas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>¡Anda, anda&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>Si salgo de aquí, en tus tripas</p>
<p>Bailaré la zarabanda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Socorrer a un presidario,</p>
<p>Alifonso, es obra pía.</p>
<p>Y sobre todo, canario,</p>
<p>Y cuéntaselo a tu tía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Calla, calla&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Dengún tendero, alma mía,</p>
<p>Da de balde la vitualla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>Si no temiera al alcaide,</p>
<p>Mala mujer, endinota&#8230;</p>
<p>A mí no me tose naide,</p>
<p>Y por menos de una jota&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>¡Soy tu maja!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>Quita allá, cara de sota.</p>
<p>O tiro de la naaja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Ya que te traigo el avío,</p>
<p>No preguntes cómo y cuándo;</p>
<p>Que este resalero mío</p>
<p>No es fruto de contrabando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Por el ole!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Vamos comiendo y callando,</p>
<p>O soniche y tomo el tole.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Pegarme así la tostada</p>
<p>Porque te pido la sopa!</p>
<p>Si tú fueras tan honrada</p>
<p>Como amiga de la tropa..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>¡Vaya, vaya</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>O morderías estopa,</p>
<p>O venderías la saya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Yo no quiero hilar, seó majo,</p>
<p>Como vieja sesentona,</p>
<p>Ni he de vender el refajo</p>
<p>Porque tú estés en chirona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Pepa! Pepa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Y yo mando en mi presona;</p>
<p>¡Pues! para que usté lo sepa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Ay bacalao! ¡Ay sardina!</p>
<p>Caro el almuerzo me cuesta.</p>
<p>Échame otro vaso, endina;</p>
<p>Pero te juro por esta&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>¡Calma! calma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>Maldita sea tu cesta,</p>
<p>Y maldita sea tu alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>No la maldigas; que es tuya.</p>
<p>El cuerpo&#8230; es un pobrecillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Mal rayo te lo destruya!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>¡Y al tuyo, mal tabardillo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Preso</p>
<p>¡Zorra! ¡Zorra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Maja</p>
<p>Un abrazo, otro cuartillo&#8230;;</p>
<p>Y acábese la camorra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Arroyo Amado</strong></h3>
<p>Aléjate volando,</p>
<p>Negra, horrorosa nube,</p>
<p>Y escóndete en los montes,</p>
<p>O allá a los mares huye.</p>
<p>No la tranquila calma</p>
<p>De ese arroyuelo turbes,</p>
<p>Gala del verde soto</p>
<p>Do serpeando bulle.</p>
<p>No a acrecentar sus ondas</p>
<p>Tu lluvia le tributes;</p>
<p>Que, aunque merece serlo,</p>
<p>De río no presume.</p>
<p>Arroyos hay que altivos</p>
<p>Mal la pobreza sufren.</p>
<p>Sus márgenes dilata</p>
<p>Y la ancha vega inunden.</p>
<p>Este de fuente humilde</p>
<p>Nació, si Tajo ilustre</p>
<p>Se despeñó torrente</p>
<p>Desde elevada cumbre.</p>
<p>Y puro como el astro</p>
<p>Que sobre todos luce</p>
<p>Espejo es de las flores</p>
<p>Que en sus orillas nutre.</p>
<p>Aparta, nube horrenda,</p>
<p>Aparta, no le enturbies.</p>
<p>¡Ay! bebe en él la hermosa</p>
<p>Que me arde y me consume.</p>
<p>En él antes que al día</p>
<p>Los pájaros saluden</p>
<p>Se lava el dulce rostro</p>
<p>Y el seno muy más dulce.</p>
<p>Y oculto entre las mimbres</p>
<p>Amor me da que triunfe,</p>
<p>Y a su desdén tirano</p>
<p>Mil y mil glorias hurte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Aliatar</strong></h3>
<p>No soy, alevosa Zaida</p>
<p>Que el rayo de Alá confunda,</p>
<p>No soy el galán preciado</p>
<p>Que esperas entre esas murtas.</p>
<p>Soy Aliatar el terrible.</p>
<p>Aquí penetró mi furia</p>
<p>Al torpe esclavo comprando</p>
<p>Que no te sirve y te adula.</p>
<p>Soy el que sabe blandir</p>
<p>En el campo el asta ruda,</p>
<p>Mejor que decir requiebros</p>
<p>A engreídas hermosuras.</p>
<p>En tanto que ese doncel</p>
<p>Su laúd de cedro pulsa,</p>
<p>O reposa en blando sueño</p>
<p>Sobre almohadas de pluma,</p>
<p>Yo visto el arnés luciente,</p>
<p>Yo duermo en la peña dura,</p>
<p>Y ni temo a mis contrarios</p>
<p>Ni del tiempo las injurias.</p>
<p>Mis galas son mis trofeos,</p>
<p>Mi renombre es mi fortuna,</p>
<p>Y mis blasones el luto</p>
<p>De la castellana turba.</p>
<p>¿Qué vale al rival indigno</p>
<p>Que tu cariño me usurpa</p>
<p>La pompa de sus riquezas</p>
<p>Y el orgullo de su cuna?</p>
<p>Aunque de Tarif viniera</p>
<p>O bien del ínclito Muza,</p>
<p>Que voló de palma en palma</p>
<p>Desde Cádiz hasta Ampurias;</p>
<p>¿Qué es un moro afeminado</p>
<p>Que no lidia, y se perfuma,</p>
<p>Y sólo es grande en el nombre,</p>
<p>Y sólo entre damas triunfa?</p>
<p>No es noble&#8230;, ni moro aquel</p>
<p>Que en el ocio se sepulta,</p>
<p>Y las gloriosas cenizas</p>
<p>De sus mayores injuria.</p>
<p>Lo es el valiente adalid</p>
<p>Que alcanza en hórrida lucha,</p>
<p>Si no inmarcesible palma,</p>
<p>Generosa sepultura.</p>
<p>Acuérdome por mi daño</p>
<p>(Que también la suerte injusta</p>
<p>Da a un infeliz la memoria</p>
<p>Para colmar su amargura),</p>
<p>Acuérdome que al partir</p>
<p>A las márgenes del Júcar</p>
<p>Contra la hueste enemiga</p>
<p>Que marchaba sobre Murcia,</p>
<p>Entre sollozos amargos</p>
<p>Que tu perfidia me ocultan,</p>
<p>Y estrechándome a tu seno</p>
<p>Albergue de la impostura,</p>
<p>«Guárdete Alá, me dijiste.</p>
<p>Nuevos timbres acumula,</p>
<p>Y torna, Aliatar, si es dable,</p>
<p>Más digno de mi ternura.</p>
<p>Adiós. Ya suena la trompa.</p>
<p>Aunque me mate la angustia,</p>
<p>No tu vida entre mis brazos</p>
<p>Inerte pase y oscura.</p>
<p>Mas por mis ojos te ruego,</p>
<p>Que en sus lágrimas te inundan,</p>
<p>Y por el tierno cariño</p>
<p>Que nuestros días endulza,</p>
<p>Guardes tu vida, Aliatar;</p>
<p>Que si una acerada punta</p>
<p>A muerte abriere tu pecho,</p>
<p>También la mía apresura».</p>
<p>Tal dijiste, y me enlazaron</p>
<p>Tus manos banda purpúrea</p>
<p>Con ingeniosos emblemas</p>
<p>De amor y constancia mutua.</p>
<p>Y yo la besé mil veces,</p>
<p>¡Oh, mal haya mi locura!</p>
<p>Y en más la precié que el mando</p>
<p>De las tropas andaluzas.</p>
<p>Parto; y los cristianos tiemblan</p>
<p>No bien la fama divulga</p>
<p>Que los llanos de Gandía</p>
<p>Mis escuadrones saludan.</p>
<p>Empero a la lid se aprestan,</p>
<p>Y aunque su ruina procuran,</p>
<p>No sé si honor o despecho</p>
<p>Rémora fue de su fuga.</p>
<p>No es tan formidable el rayo</p>
<p>Que horrendo estrépito anuncia,</p>
<p>Ni el huracán mugidor</p>
<p>Que un roble y otro derrumba,</p>
<p>Cual en mi mano triunfante</p>
<p>La cimitarra desnuda,</p>
<p>Que abría al godo infeliz</p>
<p>En cada golpe una tumba.</p>
<p>El bravo muere; el cobarde</p>
<p>En los montes se refugia.</p>
<p>No hay resistir a un acero</p>
<p>Que patria y amor aguzan.</p>
<p>Mas no vencí sin mi sangre;</p>
<p>Que valerosa y robusta</p>
<p>Herirme logró la mano</p>
<p>De Álvar Núñez el de Asturias.</p>
<p>Si es causa de tu mudanza,</p>
<p>Mujer aleve y perjura,</p>
<p>La reciente cicatriz</p>
<p>Que la mejilla me cruza;</p>
<p>Sabe que Zora y Arlaja</p>
<p>La llamaron honra suya,</p>
<p>Porque mi fama engrandece</p>
<p>Si mi rostro desfigura.</p>
<p>Arlaja que a mi desvío</p>
<p>Mal su pesar disimula,</p>
<p>Aunque en belleza y donaire</p>
<p>No ceda a ti ni a ninguna.</p>
<p>¿Callas, Zaida? ¿De tu labio</p>
<p>No merezco una disculpa?</p>
<p>Fementida, ese silencio</p>
<p>Más me irrita y más te acusa.</p>
<p>¡No ha de triunfar mi enemigo,</p>
<p>Por el sol que nos alumbra!</p>
<p>Yo lavaré mi baldón</p>
<p>En su sangre y en la tuya.</p>
<p>Dijo Aliatar, y furioso</p>
<p>Punzante almarada empuña,</p>
<p>Y fuego sus ojos brotan,</p>
<p>Su labio rabiosa espuma.</p>
<p>Mas súbito arrepentido;</p>
<p>(Que no alberga un alma cruda,</p>
<p>Bien que vio la luz primera</p>
<p>En las playas de Getulia),</p>
<p>La espalda torna al peligro</p>
<p>Donde su gloria fluctúa,</p>
<p>Arroja banda y puñal</p>
<p>Y a la venganza renuncia.</p>
<p>Quédate para quien eres,</p>
<p>Exclamó, y en vil coyunda</p>
<p>El vil que te ha merecido</p>
<p>Tus votos infames cumpla;</p>
<p>Que yo vuelo, pues el alba</p>
<p>Ya corona las alturas,</p>
<p>A acrecentar los laureles</p>
<p>Que la frente me circundan.</p>
<p>Parte; presuroso monta</p>
<p>Sobre un morcillo de Osuna,</p>
<p>Y a larga brida se aleja</p>
<p>Por el camino de Andújar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ruede la Bola!</strong></h3>
<p>Amarilla sale Inés</p>
<p>De su lecho hospitalario,</p>
<p>Y, gracias al herbolario,</p>
<p>Cuando viene don Andrés</p>
<p>Ya está como una amapola.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Responde con ceño adusto</p>
<p>Aquel barón displicente</p>
<p>Al clamor del indigente;</p>
<p>Pero se pasma de gusto</p>
<p>Cuando oye tocar la viola.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer me amó Clori bella,</p>
<p>Y hoy me mira con desprecio.</p>
<p>¡Y, qué! ¿Seré yo tan necio</p>
<p>Que en la garganta por ella</p>
<p>Me dispare una pistola?</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que hoy vende alcaravea</p>
<p>Fue ayer señora eminente;</p>
<p>Y, gracias a un intendente,</p>
<p>Hoy tiene coche y librea</p>
<p>La que ayer era manola.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras abunde la feria</p>
<p>En dijes ultramontanos,</p>
<p>No os apuréis, castellanos.</p>
<p>No importa que en la miseria</p>
<p>Gima la industria española.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amor es cebo engañoso,</p>
<p>Es guerra, es potro, es veneno&#8230;;</p>
<p>Pero algo tendrá de bueno</p>
<p>Cuando el hombre su reposo</p>
<p>Y su dinero le inmola.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Estudiar? No; que me aburro,</p>
<p>Dijo Fabio. A buena cuenta</p>
<p>un millón tengo de renta.</p>
<p>¿Qué importa que para burro</p>
<p>Sólo me falte la cola?</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es limpia Isabela? —No.</p>
<p>—¿Ama a su esposo? —¡Bobada!</p>
<p>—¿Cuida de sus hijos? —¡Nada!</p>
<p>Pero ¡qué bien baila! ¡Oh!</p>
<p>Para eso se pinta sola.</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuál gimes, pobre virtud!</p>
<p>¡Vicio, cuál es tu insolencia!</p>
<p>Mas ¿qué se ha de hacer? Paciencia.</p>
<p>Mientras yo tenga salud</p>
<p>Y llene bien la bartola,</p>
<p>Ruede la bola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amén A Todos</strong></h3>
<p>Si a ser cortejo se humilla</p>
<p>Luis de una vieja infernal,</p>
<p>Y aunque murmure la villa</p>
<p>Poco le importa, con tal</p>
<p>Que la bruja le mantenga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el pico y el azadón</p>
<p>No puede Gil soportar,</p>
<p>Y prefiero ser ladrón</p>
<p>Sabiendo que ha de llevar</p>
<p>Calcetines de Vizcaya,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, sabiendo don Antonio</p>
<p>Que de olerla se emborracha,</p>
<p>Aunque le lleve el demonio</p>
<p>Apenas ve la garnacha</p>
<p>No hay freno que le detenga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si su casa y su mujer</p>
<p>Deja en abandono Blas,</p>
<p>Y curioso de saber</p>
<p>Lo que pasa en las demás</p>
<p>Está siempre de atalaya,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si se ha dejado arruinar</p>
<p>Por su mujer, don Simón,</p>
<p>Y, en vez de hacerla empalar,</p>
<p>En tirar por un balcón</p>
<p>Lo que ha quedado se venga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si por un prurito necio</p>
<p>De vestir con más primor,</p>
<p>No ignorando su alto precio</p>
<p>Vende Juliana el honor</p>
<p>Para comprar una saya,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hay hombre que da en reñir</p>
<p>En obsequio de su amada,</p>
<p>Y se expone a recibir</p>
<p>En el pecho una estocada</p>
<p>Por los caprichos de Menga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en todo quiere dar gusto</p>
<p>A Juana la marrullera</p>
<p>El mentecato don Justo,</p>
<p>Porque teme que se muera</p>
<p>Cuando llora y se desmaya,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan no quiero escarmentar</p>
<p>Y gasta su juventud</p>
<p>En hediondo lupanar:</p>
<p>Pues bien, a perder salud,</p>
<p>Dinero y fama se atenga.</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si a Perico el caprichoso,</p>
<p>Que no hay cosa que le cuadre,</p>
<p>Sobre ser ruin y chismoso</p>
<p>Le mima tanto su madre</p>
<p>Que ya pasa de la raya,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, creyendo con dulzura</p>
<p>A su mujer corregir,</p>
<p>El bueno de don Ventura</p>
<p>Se contenta con gruñir</p>
<p>Y a palos no la derrenga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si don Claudio su tesoro</p>
<p>Fiar al piélago intenta,</p>
<p>Y cuando Aquilón sonoro</p>
<p>Anuncia negra tormenta</p>
<p>No se está quieto en la playa,</p>
<p>Allá se las haya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien posible haya juzgado</p>
<p>Que hambriento administrador</p>
<p>Si no cobra de contado</p>
<p>Sea fiel a su señor</p>
<p>Y de robarle se abstenga,</p>
<p>Allá se las avenga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marcos, ridículo y feo,</p>
<p>Casó con Flora divina.</p>
<p>Ella siempre de bureo;&#8230;</p>
<p>Él remando en la oficina&#8230;</p>
<p>¿No es forzoso&#8230; Vaya, vaya,</p>
<p>¡Allá se las haya!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Manola</strong></h3>
<p>Ancha franja de velludo</p>
<p>En la terciada mantilla;</p>
<p>Aire recio, gesto crudo;</p>
<p>Soberana pantorrilla;</p>
<p>Alma atroz; sal española&#8230;</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando ella se pone en jarras,</p>
<p>¡Soleá! ¡Me río yo!&#8230;</p>
<p>Dígalo el terne de marras</p>
<p>Que al hospital le envió</p>
<p>Sin valerle la pistola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De basilisco es su vista;</p>
<p>Cada mirada es un rayo;</p>
<p>No hay alma que la resista,</p>
<p>Y si mira de soslayo</p>
<p>Y pavonea la cola&#8230;</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si algún galán abejorro</p>
<p>Babeando tras de ella va,</p>
<p>Se revuelve, tuerce el morro,</p>
<p>Y le respondo: ¡Arre allá!;</p>
<p>Que no gusto de parola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué caliá, y cómo cruje</p>
<p>Si baila jota o fandango!</p>
<p>¡Y qué brío en cada empuje!</p>
<p>¡Y qué gloria de remango</p>
<p>A la más leve cabriola!</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con primor se calza el pie</p>
<p>Digno de regio tapiz:</p>
<p>¡Y qué dulce no sé qué</p>
<p>En aquella cicatriz</p>
<p>Que tiene junto a la gola!</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre el suelo, en una esquina,</p>
<p>Ella en rábanos entiende,</p>
<p>Y en naranjas de la China.</p>
<p>Todo es fresco lo que vende&#8230;</p>
<p>Quedando aparte ella sola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Roto iba yo por la calle</p>
<p>Y hecho un miserable trasto,</p>
<p>Cuando me prendó su talle;</p>
<p>Y hoy faja de seda gasto,</p>
<p>Y luzco la guirindola&#8230;</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ella en holganza eterna</p>
<p>Vivo como un arcediano,</p>
<p>Triunfo y gasto en la taberna,</p>
<p>Me pongo calamocano,</p>
<p>Y me tiendo a la bartola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como para mí trabaja,</p>
<p>Muchas veces se amohína;</p>
<p>Mas no saco la naaja,</p>
<p>Aunque me trate la endina</p>
<p>Peor que a un bozal de Angola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre lleva al derredor</p>
<p>De amantes una cohorte;</p>
<p>Mas toda es gente de honor&#8230;,</p>
<p>¡Pues! Y yo, a estilo de corte,</p>
<p>Dejo que ruede la bola.</p>
<p>¡Alza, hola!</p>
<p>Vale un mundo mi Manola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Inocentes</strong></h3>
<p>Anda con tiento, Bernardo,</p>
<p>No te suceda un petardo.</p>
<p>Tu inocencia sobrehumana</p>
<p>Es asombro de las gentes,</p>
<p>Y hacen su gasto mañana</p>
<p>Los Inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Guarda! Si prestas un duro</p>
<p>No lo cobras; ¡de seguro!</p>
<p>Y hay mil lazos, mil garlitos&#8230;</p>
<p>Ya se ve, tantos pacientes&#8230;</p>
<p>En Madrid son infinitos</p>
<p>Los inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sólo el niño de teta,</p>
<p>Y la monja recoleta</p>
<p>Contenta con su clicio,</p>
<p>Y los míseros dementes,</p>
<p>Y los bobos de ab initio</p>
<p>Son inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viejo cascado y chocho</p>
<p>Que con niña de dieciocho</p>
<p>Se casa, es digno de premio,</p>
<p>Y lograrán sus suplentes</p>
<p>Que le admitan en el gremio</p>
<p>Los inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las que esperan más de un año</p>
<p>La boda o el desengaño,</p>
<p>Y leyendo con anhelo</p>
<p>Las cartas de los ausentes</p>
<p>En ellas ven su consuelo,</p>
<p>Son inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que piensan que es puntual</p>
<p>El reloj del hospital,</p>
<p>Y que es vino de Champaña</p>
<p>Sin extraños ingredientes</p>
<p>Todo el que consume España,</p>
<p>Son inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal actor, mis lindos versos</p>
<p>En tu boca son perversos.</p>
<p>¡Bárbaro! De dos en dos</p>
<p>Los destrozas con tus dientes.</p>
<p>Por Dios, ¡ten piedad! ¡Por Dios!&#8230;</p>
<p>¡Son inocentes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos hombres de cachaza</p>
<p>Que no gritan en la plaza</p>
<p>Por modestia o por rubor,</p>
<p>Y se echan a pretendientes</p>
<p>Sin intriga y sin favor,</p>
<p>Son inocentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si a la Bolsa te arrimas,</p>
<p>La baja, el alza, las primas&#8230;</p>
<p>¡Don Froilán todo lo traga!&#8230;</p>
<p>Mas ¿qué anuncian los agentes?</p>
<p>¡Qué ha quebrado! ¿Y quién lo paga?</p>
<p>¡Los inocentes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Beneficencia</strong></h3>
<p><em>A Dorila</em></p>
<p>Ángel radiante en el Edén creado,</p>
<p>Dulce consuelo al humanal gemido,</p>
<p>Plácido orgullo de las nobles almas,</p>
<p>Yo te saludo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No a ti los hombres religioso incienso</p>
<p>Píos tributan y fragantes flores,</p>
<p>Bien que tu nombre por falaces lenguas</p>
<p>Sea ensalzado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eleva en tanto al opresor cruento</p>
<p>Soberbio altar la adulación cobarde</p>
<p>Y al ciego error el fanatismo inmola</p>
<p>Fiero holocausto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Beldad voluble con falaz ternura</p>
<p>Tal vez usurpa la veraz ofrenda</p>
<p>De amante pecho, que en acerbo lloro</p>
<p>Baña traidora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ídolos crea a su placer el hombre,</p>
<p>Y patria, amigos, bienestar, conciencia</p>
<p>En torno arrastra del indigno templo</p>
<p>Tumba a su fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uncido el siervo cual si bruto fuera</p>
<p>De atroz caudillo al insolente carro,</p>
<p>Calla, y ni aún osa maldecir su horrendo,</p>
<p>Bárbaro triunfo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el ronco son de la guerrera trompa</p>
<p>Tu grito ahoga, desolada madre,</p>
<p>Y en vano al cielo tu clamor envías,</p>
<p>Huérfano triste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El torvo Genio de la infanda guerra</p>
<p>Roba al amor la voluptuosa danza,</p>
<p>Y canta el pueblo que verter debía</p>
<p>Ríos de llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dios de bondad y de fraterna sangre</p>
<p>Te brinda el hombre el infernal tributo,</p>
<p>Y el himno impío de feroz victoria</p>
<p>Suena en tus aras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tanto el engaño, la codicia, el miedo</p>
<p>Al corrompido corazón humano,</p>
<p>Y la ignorancia y la fatal discordia</p>
<p>Tanto envilecen!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no hay pasión ni detestable vicio</p>
<p>Sin pingüe ofrenda, sin ardiente culto;</p>
<p>¡Y nadie a ti, Beneficencia santa,</p>
<p>Nadie te adora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Será tal vez que al afrentoso imperio</p>
<p>Del oro infausto sometido el hombre</p>
<p>Seguir de Astrea te ordenó la triste,</p>
<p>Prófuga planta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo dudarlo cuando en balde llega</p>
<p>De altivo prócer al cancel dorado</p>
<p>La inope virgen si a lasciva llama</p>
<p>Cierra su pecho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo a mirar el sobrecejo altivo</p>
<p>Con que desoye del anciano débil</p>
<p>El ruego humilde y los dolientes ayes</p>
<p>Mozo liviano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo dudarlo quien lloroso vea</p>
<p>A todo un pueblo en la miseria hundido,</p>
<p>Y al hambre insana disputar el crimen</p>
<p>Víctimas tantas?&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! no. ¿Qué digo? Caridad ferviente,</p>
<p>¡Salve otra vez!; que los humanos valles</p>
<p>No para siempre abandonó tu influjo,</p>
<p>Don de los cielos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No a mí tu grato, predilecto albergue,</p>
<p>Bien que no sea renombrado alcázar,</p>
<p>Se oculta ya, ni en tu loor mis votos</p>
<p>Vagan perdidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano ya la hipocresía, en vano,</p>
<p>Robando artera tu sagrado nombre,</p>
<p>Ante mi vista mostrará su impía</p>
<p>Máscara infame.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien ve, Dorila, tu mansión callada,</p>
<p>Tu afable rostro, tu virtud sencilla,</p>
<p>Su velo sabe arrebatar al negro,</p>
<p>Pérfido monstruo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ti, Dorila, el impostor aprenda</p>
<p>Que no se cura de servil lisonja</p>
<p>Ni en vano alarde la virtud se halaga</p>
<p>Cándida y pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dentro del alma el bienhechor encuentra</p>
<p>Mayor ventura, galardón más alto,</p>
<p>Y el hombre inicuo su mayor verdugo</p>
<p>Dentro del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, cuántas veces a piedad mentida</p>
<p>Estatuas funde y edifica altares</p>
<p>La ilusa plebe, y en el lodo al justo</p>
<p>Sume iracunda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú más hermosa y duradera palma</p>
<p>Allá en el reino de la luz espera,</p>
<p>Si acá la fuerza, la falsía, el oro</p>
<p>Triunfan y ríen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, a quien no es dado con enjutos ojos</p>
<p>Penando ver al oprimido, al pobre;</p>
<p>Y nunca es solo compasión estéril</p>
<p>Dádiva tuya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, que no sientes criminal hastío</p>
<p>Si oyendo el ay de miserable viuda</p>
<p>Pisas tal vez con generosa planta</p>
<p>Rústica choza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rústica choza para ti más bella</p>
<p>Que el áureo techo y el tapiz de Oriente,</p>
<p>Do nuevo brillo a tu preclaro nombre</p>
<p>Dan tus virtudes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no en el ara de imitar al cielo</p>
<p>Sagrados votos proferiste un día,</p>
<p>Ni el albo seno de engañosa cubres,</p>
<p>Áspera jerga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la virtud en aprendido metro</p>
<p>Sabes cantar, ni el anatema horrible,</p>
<p>Rayo eternal, con espumoso lanzas,</p>
<p>Cárdeno labio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti y a Dios que el corazón sondea</p>
<p>Más gratos son tus eficaces dones.</p>
<p>Ellos te afianzan eternal corona,</p>
<p>Júbilo inmenso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni austera tú la sociedad esquivas;</p>
<p>Que en ella vives de esplendor cercada,</p>
<p>Y aún besa ufano tu serena frente</p>
<p>Céfiro blando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y enciende amor con sus ligeras alas</p>
<p>La hermosa lumbre de tus negros ojos,</p>
<p>Y es del amor tu seductora risa</p>
<p>Plácido asilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! si en las gracias que a natura plugo</p>
<p>Dar a tu rostro tu ambición fundaras,</p>
<p>¿Quién más trofeos al vendado Niño,</p>
<p>Quién le daría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tu modestia a tu hermosura iguala,</p>
<p>Y tu alma en vano sojuzgar anhela</p>
<p>Diestra lisonja, que en el vago viento</p>
<p>Rápida muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto más dulce en tu piadoso oído</p>
<p>Suena la voz que sin cesar tu nombre</p>
<p>Grata bendice y tutelar te llama,</p>
<p>Próvido numen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto al amor y sus fugaces glorias</p>
<p>Suaves acentos consagró mi lira.</p>
<p>Hoy tu clemencia sublimar al cielo</p>
<p>Séame dado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo sé, no es digno de tan alto asunto</p>
<p>Mi rudo canto, ni quizá lo fuera</p>
<p>Tu plectro mismo que inmortal florece,</p>
<p>Píndaro excelso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas un altar mi corazón te erige,</p>
<p>Alma Piedad, si te lo niega el mundo,</p>
<p>Y en él la imagen de Dorila hermosa</p>
<p>Vive grabada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Mono Y El Buey</strong></h3>
<p>Asomado al mirador</p>
<p>De la caprichosa Inés,</p>
<p>Un mono, que es su delicia,</p>
<p>Así interpelaba a un buey:</p>
<p>«Torpe y rústico animal,</p>
<p>Cuya innata pesadez</p>
<p>Es proverbial, sólo en ella</p>
<p>Tu timbre está y tu poder.</p>
<p>»Y con ser tanta, es aún</p>
<p>Más grande la estupidez</p>
<p>Con que tu cerviz robusta</p>
<p>Al yugo humillada ves.</p>
<p>»Ora chillona carreta</p>
<p>Arrastras, ¡donoso tren!</p>
<p>Y con ella ricas viandas</p>
<p>Que tú no habrás de comer;</p>
<p>»O bien de negro carbón</p>
<p>Cien arrobas y otras cien;</p>
<p>Del carbón a cuya lumbre</p>
<p>No calentarás la piel.</p>
<p>»O por un gañán guiado,</p>
<p>Tosco y pesado también,</p>
<p>Surcas árido barbecho</p>
<p>Nueve horas al día o diez.</p>
<p>»Y el premio de servidumbre</p>
<p>Tan irritante ¿cuál es?</p>
<p>Dormir en establo inmundo,</p>
<p>Y al raso más de una vez;</p>
<p>»Y tres meses mantenerte</p>
<p>Con grama o con alcacer,</p>
<p>Y con heno seco y duro</p>
<p>Los nueve restantes. ¡Bien!—</p>
<p>»Cierto, más holgado vives,</p>
<p>Aunque no mucho, a mi ver,</p>
<p>Pues a cadena perpetua</p>
<p>Condenado estás. —¿Y qué?</p>
<p>»No por castigo la llevo,</p>
<p>No por sentencia de un juez,</p>
<p>Sino porque valgo mucho</p>
<p>Y no me quieren perder.</p>
<p>»¿Qué me importa una cadena</p>
<p>De cinco varas o seis,</p>
<p>Si con ella libremente</p>
<p>Los brazos muevo y los pies?</p>
<p>»Mira cómo me columpio,</p>
<p>Salto y brinco a mi placer,</p>
<p>Y abanico a mi señora,</p>
<p>Y casco y mondo una nuez.</p>
<p>»Y hago el marcial ejercicio</p>
<p>Mejor que un zuavo de Argel,</p>
<p>Y echaré un día si quiero</p>
<p>Una mano de ajedrez.</p>
<p>»Y cual otro Paganini</p>
<p>Toco violín o rabel,</p>
<p>Gracia que con otras muchas</p>
<p>Me enseñó un piamontés.</p>
<p>»Y con servilleta al hombro</p>
<p>¡Hubiérasme visto ayer</p>
<p>Servir a ocho convidados</p>
<p>El café y el pluscafé!</p>
<p>»Y vestido de botarga</p>
<p>Con pandera y cascabel,</p>
<p>Soy capaz de hacer reír</p>
<p>A un embajador inglés.</p>
<p>»Y ya me han visto en las calles</p>
<p>De Madrid y de Aranjuez</p>
<p>Darme tono y hacer muecas</p>
<p>Sobre un brioso corcel.</p>
<p>»En suma, eres un bufón</p>
<p>Ridículo, ya lo sé,</p>
<p>Y sólo con eso tienes</p>
<p>Todo lo que has menester.</p>
<p>»Rían de mí en hora buena,</p>
<p>Mientras a pasto me den,</p>
<p>Entre caricias sin fin,</p>
<p>Ave, conserva y pastel.</p>
<p>»Mas no por payaso insípido</p>
<p>Alcanzo yo tanta prez,</p>
<p>Sino por mi noble raza.</p>
<p>¿Noble tu raza? ¿Por qué?</p>
<p>»Pues ¿no ves cuán parecido</p>
<p>Al privilegiado ser</p>
<p>Que llaman hombre soy yo?</p>
<p>¡Jesús, María y José!</p>
<p>»Sí, señor; y aunque otra cosa</p>
<p>Digan Buffon y Cuvier,</p>
<p>Hay muchos naturalistas</p>
<p>De mi opinión: ¿está usted?</p>
<p>»O de hombres vienen los monos,</p>
<p>Que perdieron por cualquier</p>
<p>Accidente el don de hablar</p>
<p>Y la blanca y suave tez;</p>
<p>»O tanto irán progresando,</p>
<p>Que al fin llegarán a ser</p>
<p>Tan hombres como Escipión</p>
<p>Y César y Hernán Cortés.</p>
<p>»Desde antes que del diluvio</p>
<p>Le preservase Noé,</p>
<p>Siempre el mono fue una bestia,</p>
<p>Fea, lasciva y soez.</p>
<p>»Y eso, y no más, eres tú,</p>
<p>A pesar de tu oropel,</p>
<p>Y eso tus hijos serán</p>
<p>Y los que nazcan después.</p>
<p>»Tus mimos y tus regalos</p>
<p>Yo no codicio, no, a fe,</p>
<p>Hijos de antojo pueril</p>
<p>O de mezquino interés.</p>
<p>»Sobrio por temperamento,</p>
<p>Grave, sesudo, y tal vez</p>
<p>Filósofo a la manera</p>
<p>Que Pitágoras lo fue,</p>
<p>»Con yerbas engordo yo</p>
<p>Más que tú con el bistec,</p>
<p>Y de juglar despreciable</p>
<p>No te envidio el ruin papel.</p>
<p>»No a falsas genealogías</p>
<p>Como tú recurriré</p>
<p>Para probar la nobleza</p>
<p>De que se ufana mi grey;</p>
<p>»Ora indómita y altiva</p>
<p>Lidie en ancho redondel</p>
<p>Con afamados maestros</p>
<p>De Sevilla o de Jerez;</p>
<p>»Ora después que tirano</p>
<p>La castra, contra la ley</p>
<p>De naturaleza, el hombre</p>
<p>Con hierro aleve y cruel.</p>
<p>»Mi buen nombre en el zodiaco</p>
<p>Leerás, si sabes leer,</p>
<p>Y a dos ciudades de España</p>
<p>Le he dado, Toro y Teruel.</p>
<p>»Y en forma de toro Jove,</p>
<p>Con ser de los dioses rey,</p>
<p>De la bella ninfa Europa</p>
<p>Fue raptor y palafrén.</p>
<p>»Mas ya que a tales blasones</p>
<p>Crédito entero no des,</p>
<p>Otro auténtico y más grande</p>
<p>Puedo alegar, ¡voto a quién!</p>
<p>»Cuando al Redentor del mundo</p>
<p>(¡Mal se lo pagó Israel!)</p>
<p>Dio a luz la Virgen María</p>
<p>En el portal de Belén,</p>
<p>»No el alto honor inefable</p>
<p>Cupo de verle nacer</p>
<p>A un asqueroso macaco,</p>
<p>Sino a un corpulento buey.</p>
<p>»Por útil y laborioso</p>
<p>Obtuvo aquella merced,</p>
<p>Que Dios no quiso otorgar</p>
<p>A brutos de tu jaez».</p>
<p>A tal filípica el mono</p>
<p>No supo qué responder,</p>
<p>Volvió la grupa y saltó</p>
<p>Del balcón al canapé.</p>
<p>Y el cornudo catedrático</p>
<p>¿Hablaba sólo con él?</p>
<p>¡Ay! no; que la moraleja,</p>
<p>Recíbanla mal o bien,</p>
<p>Por carambola reprende</p>
<p>Al enfadoso tropel</p>
<p>De monigotes con fraque</p>
<p>Y monuelas con corsé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Genio De Los Genios</strong></h3>
<p>¡Ay de ti, Madrid, decía</p>
<p>San Vicente el de Ferrer,</p>
<p>Cuando todo seas tiendas</p>
<p>En tu confuso babel!</p>
<p>Si ya se ha cumplido o no</p>
<p>Su profecía, no sé,</p>
<p>Pero el Santo fue sin duda</p>
<p>Más santo que mercader.</p>
<p>Yo, ni mercader ni santo,</p>
<p>No merezco tanta fe</p>
<p>Y mi lengua no presagia</p>
<p>Lo que mis ojos no ven,</p>
<p>Porque pájaro agorero</p>
<p>Nunca me ha gustado ser,</p>
<p>Y antes que gemir un pésame</p>
<p>Regodeo un parabién.</p>
<p>¡¡¡Sí, que faltan Jeremías</p>
<p>Que destemplando el rabel</p>
<p>Clamen en prosa y en verso:</p>
<p>Ay de ti, Jerusalén!!!</p>
<p>Llevando, pues, la contraria,</p>
<p>¡Oh tres veces y otras tres</p>
<p>Beato Madrid, exclamo,</p>
<p>Y otras veinte y otras cien!</p>
<p>¡Dichoso pueblo, que encierra</p>
<p>Del Barquillo al Avapiés</p>
<p>Tantos genios creadores</p>
<p>Como hay vecinos en él!</p>
<p>En el siglo de Cervantes</p>
<p>Floja la cosecha fue.</p>
<p>¡Al fin siglo de tinieblas!</p>
<p>¿Qué había de suceder?</p>
<p>Pero el siglo en que vivimos&#8230;,</p>
<p>¡Friolera! Ya se ve,</p>
<p>¡Si es el siglo de las luces,</p>
<p>Y la propaganda, y&#8230; ¡Pues!</p>
<p>Cuenta la historia que entonces</p>
<p>(Rutinas del tiempo aquel)</p>
<p>No osaba nadie escribir</p>
<p>Si no sabía leer,</p>
<p>Y decían a sus hijos</p>
<p>Los padres (¡otra sandez!)</p>
<p>Aprende si ha de enseñar;</p>
<p>Trabaja si has de comer.</p>
<p>Hoy para ser grandes genios</p>
<p>Y varones de honra y prez</p>
<p>No es fuerza que lo seamos;</p>
<p>Basta con quererlo ser.</p>
<p>¿A qué estudiar nuestro idioma</p>
<p>Si a gatas en la niñez</p>
<p>Lo aprendemos? ¿No es mejor</p>
<p>Un poquito de francés?</p>
<p>¡Y echen guindas al que sabe</p>
<p>Dónde se vende el papel</p>
<p>Y dónde está la copiosa</p>
<p>Librería de Denné;</p>
<p>Y al pie de la letra puede</p>
<p>Traducir en solo un mes</p>
<p>A Balzac, y a Jorge Sand,</p>
<p>¡Y a Federico Soulié!</p>
<p>Y más si sabe un tantico</p>
<p>De taquigrafía, ¿eh?</p>
<p>Menos corre que su mano</p>
<p>La góndola de Aranjuez.</p>
<p>Al pie de la letra dije,</p>
<p>Aunque resulte un pastel</p>
<p>Que ni se lea en París</p>
<p>Ni se comprenda en Jerez;</p>
<p>Que aquella frase famosa</p>
<p>Que articuló cierto rey,</p>
<p>La de No más Pirineos,</p>
<p>Así se debe entender.</p>
<p>Mas si descubre agudeza</p>
<p>Para rimar ten  con ten,</p>
<p>Y sabe formar en masa</p>
<p>Sílabas de diez en diez;</p>
<p>Si gimiendo en pie quebrado,</p>
<p>Aunque no tenga por qué,</p>
<p>Dice: mi misión  es ésta,</p>
<p>Que me la dio no sé quién,</p>
<p>Cátele usted dispensado</p>
<p>De Dios, de patria y de ley;</p>
<p>Cátele usted archigenio</p>
<p>Por siempre jamás amén.</p>
<p>Y mil genios brotan hoy</p>
<p>Por cada genio  de ayer;</p>
<p>Que en Madrid son tan fecundos</p>
<p>Como en su campo la mies.</p>
<p>El uno es genio  varón,</p>
<p>El otro es genio  mujer,</p>
<p>Y presumo que los hay</p>
<p>Hermafroditas  también;</p>
<p>Porque esa especie de tifus,</p>
<p>Con permiso de Broussais,</p>
<p>No hay edad, sexo ni clase</p>
<p>Donde no tenga cuartel.</p>
<p>Si quieres que algunas señas,</p>
<p>Lector amable, te dé</p>
<p>Por donde el genio y los genios</p>
<p>Sea fácil conocer;</p>
<p>(Y te advertiré de paso,</p>
<p>Por si aún no lo sabes bien,</p>
<p>Que ser genio y tener genio</p>
<p>Todo es uno, aquí y en Brest;</p>
<p>Porque bien puede un vocablo</p>
<p>Ser cosa y hombre a la vez;</p>
<p>Y esto va en genios; y basta,</p>
<p>Que es artículo de fe);</p>
<p>Si quieres saber, repito,</p>
<p>Quién tiene genio&#8230; y lo es,</p>
<p>Préstame atención, que en pocas</p>
<p>Palabras te lo diré.</p>
<p>Genio, además de los genios</p>
<p>Del coplero somatén,</p>
<p>Es el niño de doce años</p>
<p>Que ya fuma y va al café.</p>
<p>Genio  es la linda doncella</p>
<p>Que, mirando con desdén</p>
<p>Bajas faenas, no tiene</p>
<p>Genio  de hilar ni coser;</p>
<p>Pero sabe analizar</p>
<p>Las telas de un almacén</p>
<p>Y hacia dónde necesita</p>
<p>Apéndices el corsé.</p>
<p>Genio  es también inspirado</p>
<p>La que se suelta a leer</p>
<p>En el Optimismo  y otras</p>
<p>Obrillas de ese jaez.</p>
<p>Genio  es la mujer casada</p>
<p>Que su materno deber</p>
<p>Traslada a pasiega inmunda,</p>
<p>Plus ultra  del interés;</p>
<p>Que aunque robusta se vea</p>
<p>Más que un mozo de cordel,</p>
<p>Pudiera con la lactancia</p>
<p>Perder el brillo su tez:</p>
<p>La que oye y ve desde un palco</p>
<p>Con inefable placer</p>
<p>La lógica de Antony,</p>
<p>De Marión  el burdel;</p>
<p>La que el alma de su esposo</p>
<p>Tiene por baja y soez,</p>
<p>A no ser alma de cántaro</p>
<p>Como algunas que yo sé;</p>
<p>Y como la suya es alma</p>
<p>De más sublime troquel,</p>
<p>Sólo se aviene con otra</p>
<p>Que la sepa comprender;</p>
<p>Que si ayer llamaba amante</p>
<p>Al que hoy tirano cruel,</p>
<p>Fue por falta de experiencia</p>
<p>Y sobra de sencillez,</p>
<p>Y su misión en el mundo</p>
<p>Fue casarse&#8230; con cualquier,</p>
<p>Salvo el innato derecho</p>
<p>De arrepentirse después.</p>
<p>Y es genio privilegiado</p>
<p>El excéntrico doncel</p>
<p>Que a una prójima  anticipa</p>
<p>Consuelos de la viudez,</p>
<p>O exclama, si ella resiste:</p>
<p>¡¡¡Maldita seas, mujer!!!,</p>
<p>Y amartilla una pistola,</p>
<p>Y se la apunta a la sien&#8230;</p>
<p>Mas ella, ¡ay Dios! se desmaya&#8230;,</p>
<p>O lo finge, y Lucifer</p>
<p>Anda listo, y la tragedia</p>
<p>Se convierte en entremés.</p>
<p>Genio  es también, pero genio</p>
<p>Del Limbo, manso y sin hiel,</p>
<p>El estúpido marido</p>
<p>Que tiene ojos y no ve.</p>
<p>Genio, otrosí&#8230; Mas si a todos</p>
<p>Hubiera de comprender,</p>
<p>Mi catálogo de genios</p>
<p>Llegaría hasta Jaén.</p>
<p>Baste decir que pasando</p>
<p>Por un mesón anteayer</p>
<p>Oí decir: «¡Y qué genio!</p>
<p>No le hay en Madrid como él».</p>
<p>Me acerco al amo, y le digo:</p>
<p>«Aunque sea descortés,</p>
<p>¿Qué raro portento es ese?</p>
<p>¿De qué genio  hablaba usted?»</p>
<p>«Vale un doblón, me responde,</p>
<p>Cada pelo de su piel.</p>
<p>Mire usted»&#8230; Y miro; y era&#8230;</p>
<p>¡Un caballo cordobés!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Vino Consolador</strong></h3>
<p>Ayer por los desdenes</p>
<p>De la orgullosa Laura</p>
<p>Clavarme quise, ¡ay necio!</p>
<p>La punta de una daga.</p>
<p>Y a mi pecho abrasado</p>
<p>El hierro amenazaba,</p>
<p>Y el nombre maldecía</p>
<p>De esa mujer ingrata,</p>
<p>Cuando en cristal luciente</p>
<p>Baco mi vista llama</p>
<p>Brindándome una azumbre</p>
<p>Del rancio de Peralta.</p>
<p>Y bebo; y de la mano</p>
<p>Deslízase la daga,</p>
<p>Y ya menos furioso</p>
<p>No cuido de cobrarla.</p>
<p>Segunda vez el néctar</p>
<p>Mi labio ansioso baña,</p>
<p>Y&#8230;, ¿lo creeréis, zagales?,</p>
<p>Ya en Laura no pensaba.</p>
<p>Entre beodo y cuerdo</p>
<p>Torno a beber sin tasa;</p>
<p>Y río, y canto, y brinco,</p>
<p>¡Yo que antes me mataba!</p>
<p>Y al consolarme Baco</p>
<p>De la esquivez de Laura,</p>
<p>Para prendar a Silvia</p>
<p>Me inspira nuevas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Ojos De Mi Morena</strong></h3>
<p>Brame el cierzo en hora buena,</p>
<p>Que mal pueden darme pena,</p>
<p>Crudo Invierno, tus rigores,</p>
<p>Cuando me brindan amores</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras el cañón atruena</p>
<p>Las ondas del yerto Escalda,</p>
<p>Al son de rústica avena</p>
<p>Yo canto en la verde falda</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amarre a dura cadena</p>
<p>El francés batallador</p>
<p>A la turba sarracena</p>
<p>Mientras me llaman señor</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más que en la playa tirrena</p>
<p>Tiemblan hombres y ganados</p>
<p>Si el Etna abrasado truena,</p>
<p>Tiemblo yo de ver airados</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más que la del rico Sena</p>
<p>Precio yo tu pobre arena,</p>
<p>Guadalquivir espumoso;</p>
<p>Que en ella me hacen dichoso</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros con frágil entena</p>
<p>Naveguen en pos del oro</p>
<p>Que a la virtud encadena;</p>
<p>Yo no; que son mi tesoro</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo el alma enajena</p>
<p>En el soto umbrío el canto</p>
<p>De amorosa Filomena!</p>
<p>Pues aún tienen más encanto</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo en noche serena</p>
<p>Brilla la luna argentada</p>
<p>Que el prado y el monte llena!</p>
<p>Pues la dejan afrentada</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si una y otra flor amena</p>
<p>Cubren de dulce ambrosía</p>
<p>La artificiosa colmena,</p>
<p>Más dulces son todavía</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No más en copiosa vena</p>
<p>Lloraré la desventura</p>
<p>A que el hado me condena,</p>
<p>Pues dan premio a mi ternura</p>
<p>Los ojos de mi morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Soldado Y El Carretero</strong></h3>
<p>Bueno es ser comedido, mas no tanto</p>
<p>Que raye la modestia en tontería.</p>
<p>Fábula al canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no podía continuar su ruta,</p>
<p>Con la mochila y el fusil cargado,</p>
<p>Pobre recluta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viéndole un carretero muy bizarro</p>
<p>En tal angustia, «¡Militar!», —le dijo—,</p>
<p>«Sube a mi carro».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—«De perlas me vendría, que voy muerto;</p>
<p>Mas si a pagar el porte se me obliga&#8230;»</p>
<p>—«¡Eh! No por cierto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—«Gracias. Bendigo al cielo, que me trajo</p>
<p>Tan buen padrino», —le responde, y monta</p>
<p>No sin trabajo—.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—«Ahora, bueno será dar un refuerzo</p>
<p>Al estómago», —dijo el trajinante—.</p>
<p>—«No, yo no almuerzo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—«¡Eh! Nada de melindres y pamplinas.</p>
<p>La bota tengo llena, y en la alforja</p>
<p>Pan y sardinas».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin, transido de hambre el buen soldado,</p>
<p>Aunque gravar temía su conciencia,</p>
<p>Toma un bocado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya durmiendo, ya hablando al camarada,</p>
<p>Dejado había atrás el carretero</p>
<p>Media jornada;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y todavía el mílite (¡da grima!)</p>
<p>No se había quitado la engorrosa</p>
<p>Mole de encima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ríe el otro y le dice: —«El sol escalda,</p>
<p>¡Y aún la ruda mochila, majadero,</p>
<p>Veo en tu espalda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ya que me ahorro de pisar hormigas,</p>
<p>No es justo dar a la cansada mula</p>
<p>Nuevas fatigas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Y alivias por ventura su molestia?</p>
<p>De ti y del carro y todo el cargamento</p>
<p>Tira la bestia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No es tu propia carrera la castrense».</p>
<p>—«¿Pues cuál?» —«Hazte, ya que eres tan pacato,</p>
<p>Fraile mostense».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Carnaval</strong></h3>
<p><em>Hic summa est insania.</em></p>
<p><em>Horacio</em></p>
<p>Callad, no me sopléis, diosas del Pindo,</p>
<p>Y tú, crinado Apolo, aparta a un lado,</p>
<p>Que hoy de tu numen délfico prescindo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti, Momo procaz y descarado,</p>
<p>A ti te invoco, mofador eterno,</p>
<p>Ya del estro satírico impulsado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu influjo, con permiso del gobierno,</p>
<p>A mí descienda, y reirán los hombres,</p>
<p>Y reirá Caronte en el Averno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, lector benigno, no te asombres</p>
<p>Si a las nueve doncellas no demando</p>
<p>Inmortales proezas y altos nombres;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que ni es este su siglo, ni en su bando</p>
<p>Me acogerán los Píndaros; que el búho</p>
<p>Mal con los cisnes brillará cantando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ingenuo en lo que valgo me valúo,</p>
<p>Y no soy como Clori la italiana,</p>
<p>Que exige pesos mil por cada dúo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, hinchando mi pellejo cual la rana</p>
<p>Que reventó de orgullo, hasta las nubes</p>
<p>Alzar pretendo yo la frente vana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, que al Olimpo sin escala subes,</p>
<p>Allá pulsa mi lira, Fabio mío,</p>
<p>Y dancen en tu torno los querubes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ti, de tu sublime desvarío,</p>
<p>Y del humano género demente,</p>
<p>Y de mí, de mí propio yo me río.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y por qué no reír? ¿Soy yo intendente?</p>
<p>¿Soy padre provincial? ¿Soy covachuelo?</p>
<p>¿Quién me obliga a fruncir la adusta frente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien no espera una toga, ni un capelo,</p>
<p>Ni cruzarse del santo Hermenegildo,</p>
<p>Siquiera de reír tenga el consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Respeto a quien me manda, y no le tildo;</p>
<p>Sus timbres, su decoro, su importancia</p>
<p>Por mí no ha de perder ningún cabildo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A nadie ofendo yo. Pues, pesia Francia,</p>
<p>¿Por qué no he de reír, si a la chacota</p>
<p>Me provoca doquier la extravagancia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no te admires, no, si alguna gota</p>
<p>Mezclo de amarga tuera con la risa</p>
<p>Que me respinga ya naturalota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Oís? Ya, maldiciendo al que le pisa,</p>
<p>Petardos vende el ciego por la plaza,</p>
<p>Y petardos el dengue de Melisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la pueril caterva se solaza</p>
<p>Prendiendo al elegante  remilgado</p>
<p>Sobre el rico sedan hedionda maza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Carnaval risueño y anhelado!</p>
<p>Haciendo gala ya del sambenito,</p>
<p>El pueblo te saluda alborozado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya, abusando del público apetito,</p>
<p>Esta es la mía!, dice el pastelero,</p>
<p>Y el hojaldre encarece y el cabrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la manola con procaz salero</p>
<p>Cantando al son de ronca pandereta</p>
<p>Alborotado tiene el barrio entero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya al avaro, ignorante de la treta,</p>
<p>Cabe el umbral de alegre barbería</p>
<p>Escarmienta clavada la peseta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya, cuando el manto de la noche fría</p>
<p>Al mundo vela, en lúbrica algazara</p>
<p>Madrid aguarda el presuroso día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Filósofos! Mirad. ¿Quién lo pensara!</p>
<p>Rubias, cetrinas, espantosas, bellas&#8230;</p>
<p>Ya no hay mujer contenta con su cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Filósofos! Reíd. Veinte doncellas,</p>
<p>Modelos de beldad, Fileno esquiva,</p>
<p>Y de vieja salaz sigue las huellas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vieja salaz, que un soplo la derriba,</p>
<p>Y aun en el pecho siente, a par del asma,</p>
<p>De ridículo amor la llama activa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Huye a rezar, escuálida fantasma!</p>
<p>¡Huye, y sumida en olvidado lecho</p>
<p>Ponte la consabida cataplasma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Veis aquel que tan vano y satisfecho</p>
<p>Arrastra en el salón purpúreo manto?</p>
<p>Pues no tiene ni viña ni barbecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Veis aquel otro que se engríe tanto</p>
<p>Porque ostenta una toga? Ayer me dijo:</p>
<p>¡Qué morazo  sería aquel Lepanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Necio y sabio, la corte y el cortijo&#8230;;</p>
<p>Todo se amasa aquí. Cada viviente</p>
<p>Es una farsa andando, un acertijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el guirigay resuena impertinente.</p>
<p>¿Y cómo no reír cuando a un becerro</p>
<p>Oigo charlar en tiple aunque reviente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y cómo no reír cuando por yerro</p>
<p>Se ciñe diplomática venera</p>
<p>Quien debiera llevar rudo cencerro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ved. En vano Damón busca a Glicera,</p>
<p>Y en tanto un licencioso mancebillo</p>
<p>De su mórbido talle se apodera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién se guarda del osado pillo?</p>
<p>¿Y quién le acusa, quién, si cada bulto</p>
<p>Puede apenas pisar medio ladrillo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué bulla! ¡Qué sudar! Acá un singulto;</p>
<p>Allí se escucha un ¡ay, que me sofoco!</p>
<p>Allá de un pisotón nace un insulto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro acullá da vueltas como loco;</p>
<p>Otro, creyendo oír plática tierna,</p>
<p>Oye tal vez rabaneril descoco;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más allá con las náyades alterna</p>
<p>En muelle danza un sátiro nefando</p>
<p>Que cinco lustro s mueve en cada pierna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No allí de puro amor el eco blando;</p>
<p>Que el metro de Reaumur  sube con furia.</p>
<p>¿Dónde es ido el rubor? Es contrabando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya al oído más casto no es injuria</p>
<p>Torpe solicitud. Ya su veneno</p>
<p>No reboza galante la lujuria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cuadro escandaloso! Mal enfreno</p>
<p>Mi horror al contemplarte y mi quebranto;</p>
<p>Que cristiano soy yo, no sarraceno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No llega, oh Momo, mi locura a tanto</p>
<p>Que a carcajadas sin pudor me ría</p>
<p>Cuando debo anegarme en triste llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya opresa de dolor el alma mía&#8230;</p>
<p>Mas ¡llorar un satírico poeta!&#8230;</p>
<p>¡Y en Carnaval!&#8230; No, no. ¿Qué se diría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Eres tú, me dirán, anacoreta?</p>
<p>¿Tendrás más juicio tú, que nos reprendes,</p>
<p>Si el dominó  te cubre y la careta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Acaso el mundo reformar pretendes?</p>
<p>¿No ha de otorgarse al pueblo algún recreo?</p>
<p>¡También contra las máscaras la emprendes!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta, no me creáis; que me chanceo.</p>
<p>Torno a reír, y el dominó  me pongo,</p>
<p>Y en bacanal festín me regodeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Yo llorar? Solitaria como el hongo.</p>
<p>Llore la fea que el cartón desata,</p>
<p>Al componerse incauta su zorongo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El necio llore que gastó su plata,</p>
<p>Y acudiendo a la cita de una Elena,</p>
<p>Topa una bruja legañosa y chata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore aquel que su capa, mala o buena,</p>
<p>Pierde en la confusión; y más si en tanto</p>
<p>Goloso Micifuz  traga su cena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore a lágrima viva don Crisanto,</p>
<p>Que buscando un amor pesca una fiebre,</p>
<p>Y su viaje apresura al camposanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore y alfalfa coma en un pesebre</p>
<p>Aquel que por bailar una galopa</p>
<p>Deja que otro galán cace su liebre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore el que gasta miles en su ropa,</p>
<p>Y un clavo se la rasga, o vierte en ella</p>
<p>Beodo bailarín la henchida copa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore y maldiga su menguada estrella</p>
<p>El que se ve de un fatuo perseguido,</p>
<p>Que le soba, y le tunde, y le atropella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore y se ahorque el mísero marido</p>
<p>Que de la mano lleva a su consorte</p>
<p>Donde la espera incógnito el querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore y escarnio sea de la Corte</p>
<p>El que en la fe descansa de su novia</p>
<p>A quien de micos sitia una cohorte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Que se divierta. Es fiel. Si uno la agobia&#8230;»</p>
<p>¡Bien! Serás venturoso en tu himeneo</p>
<p>Como yo soy obispo de Segovia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué mucho, si en tan cínico bureo</p>
<p>Tal vez sucumbe Porcia, y Artemisa</p>
<p>Afrenta a su llorado Mausoleo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amor en Carnaval anda de prisa.</p>
<p>¿Veis? Por allá desfila una pareja.</p>
<p>¿Dónde van? ¿Qué sé yo?&#8230; No irán a misa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá sueña placeres una vieja,</p>
<p>Y a su hija entre tanto un mozalbete</p>
<p>Placeres no soñados aconseja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Clara!&#8230; Lléveme usted al gabinete.</p>
<p>Allí estaba bailando la mazurca&#8230;</p>
<p>No la veo. ¡Ay Jesús! ¿Dónde se mete?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Clarita! Y yo que estoy hecha una urca,</p>
<p>¿Cómo pasar?&#8230; ¡Dios mío, qué empellones!&#8230;</p>
<p>Quien sepa el paradero de una turca&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Eh! ¡Que deshace usted los rigodones!»</p>
<p>«¡Clara!&#8230;» ¡Sí, buenas noches! Ya está Clara</p>
<p>Donde no la hallarás ni con hurones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore el que paga triple en cada vara</p>
<p>La tela que en egipcio le convierte</p>
<p>A un mercader ladrón, que no es Guevara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llore el menguado cuya dura suerte</p>
<p>A escuchar le conduce un desengaño,</p>
<p>Y le dicen después que se divierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué digo llorar? Aun en su daño</p>
<p>Todo prójimo ria y se alboroce;</p>
<p>Que no hay dos Carnavales en el año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en buen hora Semíramis retoce,</p>
<p>Y con Dido Temístocles meriende,</p>
<p>Y baile Jezabel con Carlos Doce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquí y allá Cupido como duende</p>
<p>Gire triunfante, sin cuidarse un punto</p>
<p>De si Holanda sucumbe o se defiende;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que también de la guerra es un trasunto</p>
<p>Danza de Carnaval, por más que en ella</p>
<p>Pocas damas imiten a Sagunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si teme la púdica doncella</p>
<p>Que audaz alguna diestra la analice,</p>
<p>No al baile tentador lleve su huella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con tu prenda en tálamo felice</p>
<p>Duerme y ronca, oh marido, si la danza</p>
<p>Funesta cefalalgia te predice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haya broma, haya júbilo, haya holganza.</p>
<p>Alégrese Madrid: puto el postrero;</p>
<p>Que ya el terrible Miércoles  avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jóvenes, vaya todo al retortero.</p>
<p>Descolgad las cortinas de damasco,</p>
<p>O víctimas seréis de algún prendero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Dónde está mi broquel? ¿Dónde mi casco?»</p>
<p>Se lo llevó Fabián el meritorio.</p>
<p>«¿Y qué me pongo yo? ¡Vaya, que es chasco!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Venga usted a ayudarme, don Liborio;</p>
<p>Que no sé yo ponerme los gregüescos.</p>
<p>Acuda usted&#8230; ¡Jesús, qué purgatorio!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Y usted no tiene traje? ¡Estamos frescos!</p>
<p>Vamos, póngase usted esa chamberga,</p>
<p>Que un día espanto fue de los tudescos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Tú en esa funda de colchón te alberga;</p>
<p>Tú ponte el casacón de la otra noche,</p>
<p>Y tú el refajo y el jubón de jerga»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Estamos todos?» «¡Ay! Me falta un broche.</p>
<p>—¡Mi careta! —¡Mi liga! —¡Oh pierna&#8230;! —Vaya,</p>
<p>No mire usted, don Blas. —¡El coche! ¡El coche!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh bien haya mil veces, oh bien haya,</p>
<p>Farsante Carnaval, tu amable caos</p>
<p>Que previene al placer tan ancha playa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Niñas, de la estación aprovechaos.</p>
<p>¡Buen ánimo, donceles!, ¡arma!, ¡guerra!;</p>
<p>Que gran cosecha habrá de Menelaos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si llora algún Heráclito y se emperra,</p>
<p>Ya veréis como a sátiras le hundo</p>
<p>Y le diré: no hay santos en mi tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer cierto doctor, hombre profundo,</p>
<p>Con tétrico semblante me decía:</p>
<p>«Perpetuo Carnaval es este mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tal vez a la infernal hipocresía</p>
<p>De la piedad cobija el sacro velo,</p>
<p>Y en la humildad se esconde la osadía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Máscara de amistad viste Juanelo,</p>
<p>Que hoy te acaricia, y forjará mañana</p>
<p>Contra tu honor anónimo libelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tal vez entre la turba cortesana</p>
<p>Fidelidad parece la lisonja,</p>
<p>Y celo ardiente la calumnia insana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Aquel que siente escrúpulos de monja</p>
<p>Si por la puerta pasa del teatro,</p>
<p>Es de los hijos pródigos esponja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Don Luis, que dice a Laura: te idolatro,</p>
<p>Es máscara también; que su falsía</p>
<p>Anda a caza de tres y engaña a cuatro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y mujeres sin fin te nombraría</p>
<p>Que, con ungüentos que inventó una bruja,</p>
<p>Estrenan una cara cada día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Juan, que andaba no ha mucho a la granuja,</p>
<p>De noble patriotismo se disfraza,</p>
<p>Y es del erario público sanguja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Máscara lleva aquel que de su raza</p>
<p>La nobleza desmiente, y en su mano</p>
<p>No sentaría mal una almohaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y máscara también el publicano</p>
<p>Que con plumas de cándida paloma</p>
<p>Garras esconde de rapaz milano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y es máscara falaz el suave aroma</p>
<p>Que compra a Petibón  aquel mancebo,</p>
<p>Ciudadano asqueroso de Sodoma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y aquél&#8230; Mas callo ya; que me conmuevo,</p>
<p>Y me ciega el furor, y en esta era</p>
<p>A predicar verdades no me atrevo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijo el doctor, y echó por la otra acera;</p>
<p>Y me guardó las vueltas; y con maña</p>
<p>En un burdel entró. ¿Quién lo creyera!&#8230;</p>
<p>Muchos doctores hay de esta calaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Tabaco</strong></h3>
<p>Canten otros el Nabo  y la Judía,</p>
<p>Cantar que tiene a fe, cuatro bemoles;</p>
<p>Lleve otro su poética manía</p>
<p>Hasta el extremo de cantar las Coles;</p>
<p>Cante alguno mañana u otro día</p>
<p>La gloria del arroz con caracoles;</p>
<p>Mas con permiso yo de Horacio Flaco</p>
<p>Canto las alabanzas del Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si algún bien positivo a España trujo</p>
<p>Nauta atrevido el genovés Colombo,</p>
<p>No el oro fue que Potosí produjo,</p>
<p>No el tostado café que sirve Pombo,</p>
<p>Ni el ave tropical que habla por lujo;</p>
<p>¡No, nada de eso! O yo soy un zambombo,</p>
<p>O no vino de allá, ¡voto a dios Baco!,</p>
<p>Mercancía más útil que el Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negro, como el Brasil lo fabricaba</p>
<p>Para arrollarlo en sempiterna soga,</p>
<p>Que dulce al catalán como guayaba</p>
<p>Le parecía cuando estaba en boga;</p>
<p>O en luengo puro, que hace echar la baba;</p>
<p>O en papelillo envuelto como droga,</p>
<p>O quemado en la pipa al modo austriaco,</p>
<p>Inestimable yerba es el Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reine la ley, o el despotismo aleve,</p>
<p>De la santa igualdad él es la escuela.</p>
<p>Fuma el último quídam  de la plebe;</p>
<p>Fuma el prócer que brilla en carretela.</p>
<p>¿Qué hombre a decir a otro hombre no se atreve:</p>
<p>Hágame usted el favor de la candela?</p>
<p>¿Quién la niega al más ruin hominicaco?</p>
<p>¡Oh virtud fraternal la del Tabaco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa si los pobres lo consumen</p>
<p>De Virginia o Kentuqui, a cuarto el puro?</p>
<p>¿Qué importa que otros prójimos lo fumen</p>
<p>Habano rico, la docena un duro?</p>
<p>La calidad ¿qué importa si, en resumen,</p>
<p>Flojo o más fuerte, claro o más oscuro,</p>
<p>Barato o no, por consecuencia saco</p>
<p>Que todo ello es fumar, todo es Tabaco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un cigarro las fuerzas restituye</p>
<p>Al tostado jayán que cava y suda;</p>
<p>La bota el zapatero no concluye</p>
<p>Si el humo del cigarro no le ayuda;</p>
<p>El letrado con él chupa y arguye,</p>
<p>Y si la gota crónica y aguda</p>
<p>Aflige al sesentón hipocondriaco,</p>
<p>Le alivia, más que el médico, el Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al jugador que pierde su dinero,</p>
<p>Al aguador que rompe su botijo,</p>
<p>En su hondo calabozo al prisionero,</p>
<p>Al reo pregonado en su escondrijo,</p>
<p>Al demente en su jaula, al mundo entero</p>
<p>Es consuelo el fumar. ¡Oh qué bien dijo,</p>
<p>Llámese Pedro o Juan, Diego o Ciriaco,</p>
<p>El que dijo: ¡a mal dar, tomar Tabaco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién no ha visto en presidios y cuarteles,</p>
<p>Cual su hacienda Esaú por un potaje,</p>
<p>Vender a veteranos los noveles,</p>
<p>Tras del último harapo de su traje,</p>
<p>Y aunque sufran después ansias crueles</p>
<p>Y el estómago hambriento se relaje,</p>
<p>El cotidiano pan negro y bellaco</p>
<p>Para comprar dos onzas de Tabaco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque andrajoso, abigarrado y feo</p>
<p>El soldado español vaya a la guerra</p>
<p>Y tenga que vivir del merodeo</p>
<p>Y descansar sobre la dura tierra,</p>
<p>(Porque las corvas uñas de un hebreo</p>
<p>Roban la plata que el Tesoro encierra)</p>
<p>Derrotará al calmuco y al cosaco</p>
<p>Si no le faltan pólvora y Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amigo (otros dirían alcahuete)</p>
<p>Es de Amor el Tabaco. So pretexto</p>
<p>De encender un cigarro, el mozalbete</p>
<p>A declarar su fin, no siempre honesto,</p>
<p>En el hogar de Brígida se mete&#8230;,</p>
<p>Aunque se expone a que con agrio gesto,</p>
<p>Si es sorprendido haciendo un arrumaco,</p>
<p>Padre o rival le den para Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡qué es ver a un currillo malagueño,</p>
<p>Después que en Estepona hace el alijo</p>
<p>Y el género cubano o brasileño</p>
<p>Resguarda  del resguardo  en un cortijo,</p>
<p>Con una mano de su dulce dueño</p>
<p>La cintura estrechar&#8230; ¡ay regocijo!&#8230;</p>
<p>Mientras tiene en la otra su retaco</p>
<p>Y en la boca la muestra del Tabaco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡qué es ver sobre el puente de Triana,</p>
<p>A babor y estribor terciado el dengue,</p>
<p>Pasearse la gárrula gitana</p>
<p>Columpiando con brío el bullarengue,</p>
<p>Y encendido un chicote de la Habana</p>
<p>Desafiar osada a Dios y al mengue!</p>
<p>Movería a un bajel su aire de taco</p>
<p>Y a otro el denso vapor de su Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si tomado en humo por la boca</p>
<p>Da el Tabaco  momentos tan felices,</p>
<p>¿Qué gratas sensaciones no provoca</p>
<p>Cuando en polvo lo gozan las narices?</p>
<p>Dígalo la abadesa con su toca;</p>
<p>Díganlo más de tres sobrepellices.</p>
<p>Cura hay que sorberá sal amoniaco</p>
<p>Y dirá en su ilusión: ¡qué buen Tabaco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El segador que viene de Galicia</p>
<p>Flaco vuelve a su tierra como alambre.</p>
<p>Por ahorrar un ochavo (¡vil codicia!)</p>
<p>Se dejará morir de sed y de hambre.</p>
<p>Sólo el polvo  es su orgullo y su delicia</p>
<p>Aunque en vez de rapé huela a cochambre;</p>
<p>Ni siente ver vacío el sucio saco</p>
<p>Si el fusique  está lleno de Tabaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalmente, el Tabaco  es cosa grande,</p>
<p>Ya al paladar o a la nariz se pegue,</p>
<p>Y al que lo niegue, Dios se lo demande,</p>
<p>Si hay algún temerario que lo niegue;</p>
<p>Y sin que humana súplica me ablande</p>
<p>Yo exclamaré fumando: ¡al cielo plegue</p>
<p>Que salga un golondrino en el sobaco</p>
<p>Al que sea enemigo del Tabaco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Justicia Y No Por Mi Casa</strong></h3>
<p>Casado soy,</p>
<p>Y a picos pardos me voy;</p>
<p>Que, como dijo un poeta,</p>
<p>Fruta de cercado ajeno</p>
<p>Es la que a mí más me peta:</p>
<p>Y vuelvo a mi hogar sereno</p>
<p>Con la conciencia tranquila;</p>
<p>Mas si mi esposa Camila</p>
<p>Saluda a un galán ¿Qué digo?</p>
<p>Si a mirarle se propasa,</p>
<p>Tema, ¡infeliz! mi castigo.</p>
<p>Justicia, y no por mi casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Perro, ladrón!</p>
<p>¡Qué bárbaro pisotón!</p>
<p>¡Oh aguadores insolentes!</p>
<p>¡A un mancebo de mi talle&#8230;!</p>
<p>¿Por qué no irán esas gentes</p>
<p>Por en medio de la calle?</p>
<p>¡Y usted con el tilburí</p>
<p>Vendrá a atropellarme a mí</p>
<p>Mañana! Bien dijo el otro&#8230;</p>
<p>Ustedes son de otra masa.</p>
<p>¿Y quién sujeta a mi potro?</p>
<p>Justicia, y no por mi casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Muy bien, muy bien!</p>
<p>Yo celebro que le den</p>
<p>El merecido escarmiento.</p>
<p>¡Meterse a escribir un drama</p>
<p>Sin instrucción ni talento!</p>
<p>Con justicia el patio brama.</p>
<p>¿Se hace luego un drama mío</p>
<p>Y el silbato suena impío?</p>
<p>«¡Oh ignaro pueblo, insurgente!</p>
<p>Esto de la raya pasa.</p>
<p>¿Cómo el Gobierno consiente&#8230;»</p>
<p>Justicia, y no por mi casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Eh, pare usted,</p>
<p>Que echa abajo la pared!</p>
<p>¡Levantarse con el alba&#8230;</p>
<p>(Digo a usted que es fuerte empeño)</p>
<p>Y turbar con esa salva</p>
<p>De martillazos mi sueño!</p>
<p>Paciencia. Soy artesano.</p>
<p>Así mi sustento gano.</p>
<p>Y usted, vecino, el del coche,</p>
<p>¿Por qué el sueño a mí me tasa</p>
<p>Danzando toda la noche?</p>
<p>Justicia, ¿y no por mi casa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Patria infeliz!</p>
<p>Se alza en vano tu cerviz</p>
<p>Libre del yugo tirano,</p>
<p>Origen de tantos vicios,</p>
<p>Si uno y otro ciudadano</p>
<p>No hace por ti sacrificios.</p>
<p>¡Reformas! ¡Vengan reformas!</p>
<p>Pues con ellas te conformas,</p>
<p>Cede de tu sueldo un poco;</p>
<p>Que la pecunia anda escasa.</p>
<p>¿De mi sueldo? ¿Está usted loco?</p>
<p>Justicia, ¡y no por mi casa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La ley, la ley!</p>
<p>Ya no hay absoluto Rey.</p>
<p>¡La ley que al humilde ampara</p>
<p>Como a la alta dignidad!</p>
<p>Si Astrea tuerce la vara,</p>
<p>Peligra la libertad.-</p>
<p>Bien, bien; pero eso se entiende</p>
<p>Cuando a mí nadie me ofende.</p>
<p>¡Venirme a mí con Astreas</p>
<p>Cuando la ira me abrasa!</p>
<p>No son esas mis ideas.</p>
<p>¡Justicia, y no por mi casa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Catálogo De Ridiculeces</strong></h3>
<p>Cuando era un pelafustán</p>
<p>Que mendigaba mi sopa</p>
<p>¡Cuál me estimaba Beltrán!</p>
<p>Mas hoy que con viento en popa</p>
<p>Por esa mar palaciega</p>
<p>Diplomático navega,</p>
<p>No me habla Su Señoría.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dio gran cena don Clemente</p>
<p>Que, aunque insigne majadero,</p>
<p>Es gastrónomo excelente</p>
<p>Y tiene buen cocinero.</p>
<p>Sandeces dijo a millones,</p>
<p>Mas la turba de gorrones</p>
<p>¡Con qué fervor le aplaudía!</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El vulgo estúpido piensa</p>
<p>Que es Blas un Licurgo, un Tales</p>
<p>Porque tiene entre cristales</p>
<p>Una librería inmensa.</p>
<p>¡Por vida del Cancerbero!</p>
<p>¡Si no sabe el majadero</p>
<p>Ni siquiera ortografía!</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hijo de don Facundo,</p>
<p>Que merecía una leva</p>
<p>Por zoquete y vagabundo,</p>
<p>En las tertulias se lleva</p>
<p>La universal atención</p>
<p>Porque baila un rigodón</p>
<p>Con destreza y gallardía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin ser dueño de un ochavo,</p>
<p>Sin más talento que un roble,</p>
<p>Ni más coraje que un pavo,</p>
<p>Blasona don Gil de noble.</p>
<p>Dice bien: noble ha nacido.</p>
<p>¡Vaya! Está muy engreído</p>
<p>Con su rancia baronía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un tiempo anhelaba Roma</p>
<p>No más que pan y circenses:</p>
<p>Ópera, aunque no se coma,</p>
<p>Piden hoy los matritenses.</p>
<p>Sólo al músico se premia;</p>
<p>Que es ya en Madrid epidemia</p>
<p>De la solfa la manía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A su mujer don Alejo</p>
<p>Tiene por una Susana,</p>
<p>Aunque muda de cortejo</p>
<p>Dos veces a la semana;</p>
<p>Y si alguno en lo más leve</p>
<p>A censurarla se atreve,</p>
<p>Sañudo le desafía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De cincuenta años Inés</p>
<p>Con un mancebo se casa</p>
<p>Que ayer cumplió veintitrés.</p>
<p>Ridículo amor la abrasa,</p>
<p>Y porque es pingüe su dote</p>
<p>Piensa con tal monigote</p>
<p>Vivir siempre en armonía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él jura amor sempiterno</p>
<p>Cuando a Inés vende su mano.</p>
<p>¡Qué fenómeno! El invierno</p>
<p>Se casa con el verano.</p>
<p>Aún más. Llamándola bella</p>
<p>Diz que se casa con ella</p>
<p>Por amor y simpatía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El amigo don Pascual,</p>
<p>Que exige de su consorte</p>
<p>Eterna fe conyugal,</p>
<p>Fruta muy rara en la Corte;</p>
<p>El pan y el amor le niega,</p>
<p>Y ora al garito se entrega,</p>
<p>Ora a torpe mancebía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juró amor en el terrero</p>
<p>Doña Isabel a don Bruno:</p>
<p>Otro tanto a don Antero</p>
<p>Le juró en el desayuno,</p>
<p>Y a otros dos en el teatro.</p>
<p>Pues la tienen todos cuatro</p>
<p>Por incapaz de falsía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sale Juana a la calle</p>
<p>Sin que admiren necios mil</p>
<p>La elegancia de su talle,</p>
<p>Su cabellera gentil.</p>
<p>Pues peluca y polisson</p>
<p>Se lo trajo un faetón</p>
<p>De París el otro día.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su amiga Sinforiana</p>
<p>Dijo mil pestes Lorenza:</p>
<p>Tratola de ruin, villana,</p>
<p>Sin talento y sin vergüenza.</p>
<p>Vino luego, y la besó</p>
<p>Con tanto ahínco, que yo</p>
<p>Pensé que se la comía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hijo de un mal barbero</p>
<p>Hoy es un grande señor;</p>
<p>Por intriga, o por favor,</p>
<p>Que averiguarlo no quiero.</p>
<p>Ni un cuarto a su padre da;</p>
<p>Pero avergonzado está</p>
<p>De verle con la bacía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cínico don Trifón,</p>
<p>Que viste de lana burda</p>
<p>Y duerme en una zahúrda</p>
<p>Sobre un ético jergón,</p>
<p>Las onzas cuenta a millares;</p>
<p>En viñas y en olivares</p>
<p>Tiene media Andalucía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira a aquel momio vejete</p>
<p>Tan galán como un Cupido,</p>
<p>Tan bailarín y aturdido</p>
<p>Como cualquier mozalbete.</p>
<p>Aun la quiere echar de potro</p>
<p>Con un pie y parte del otro</p>
<p>Dentro de la tumba fría.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese maldito usurero,</p>
<p>Que ciento por ciento gana,</p>
<p>Y por granjear dinero</p>
<p>Pondría en venta a su hermana,</p>
<p>Reza a san Pedro, a san Juan,</p>
<p>A san Cosme, a san Damián,&#8230;</p>
<p>A toda la letanía.</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Don Luis? ¡Noble caballero!</p>
<p>¡Qué comedido! ¡Qué afable!</p>
<p>Mejor sujeto no es dable</p>
<p>Hallar en el mundo entero.</p>
<p>¿Sí? Pues, ahí donde le ves,</p>
<p>A dos gobiernos o tres</p>
<p>Ha servido ya de espía,</p>
<p>¿Y no quieres que me ría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya está visto que este mundo</p>
<p>Es un continuo sainete.</p>
<p>No es filósofo profundo</p>
<p>Quien a enmendarlo se meje.</p>
<p>Por mi parte así lo entiendo;</p>
<p>Y pues a ninguno ofendo,</p>
<p>Déjame por vida mía,</p>
<p>Deja, Fabio, que me ría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Lugar</strong></h3>
<p>Cerca del Ebro caudal,</p>
<p>Linde del suelo navarro,</p>
<p>Y no lejos de tu falda,</p>
<p>Frío y estéril Moncayo;</p>
<p>Junto a la vega fecunda</p>
<p>Donde los muros se alzaron</p>
<p>De la inmortal Calahorra,</p>
<p>Patria del gran Quintiliano;</p>
<p>A la sombra de una peña,</p>
<p>Que desafía a los austros,</p>
<p>Se asienta la humilde villa</p>
<p>Do vi mis primeros años.</p>
<p>Quel  es su nombre, harto pobre;</p>
<p>Bien que de dones colmado</p>
<p>A alguna ciudad soberbia</p>
<p>Honrar pudiera su campo.</p>
<p>Las claras ondas le bañan</p>
<p>Del fructífero Cidacos,</p>
<p>Cuyas plácidas riberas</p>
<p>Son de Castilla regalo.</p>
<p>Allí viciosa la grama,</p>
<p>De la oveja dulce pasto,</p>
<p>Crece en el valle frondoso</p>
<p>Y en el ameno collado.</p>
<p>Allí entre la mies dorada</p>
<p>Que agita Céfiro blando</p>
<p>La tímida codorniz</p>
<p>Repite su alegre canto.</p>
<p>Allí doquiera que vuele</p>
<p>La parda abeja zumbando,</p>
<p>Mil flores le abren su cáliz</p>
<p>En el monte y en el prado.</p>
<p>Minerva allí sus tesoros,</p>
<p>Allí sus delicias Baco,</p>
<p>Allí su copia Amaltea</p>
<p>Vierte con pródiga mano.</p>
<p>Llorando  allí, como todos,</p>
<p>Salí del materno claustro;</p>
<p>Mas la risueña  Talía</p>
<p>Me cobijó con su manto.</p>
<p>Dolida de mi orfandad,</p>
<p>Mi escudo ella fue y mi faro</p>
<p>Y mis vigilias premió</p>
<p>Con populares aplausos;</p>
<p>Y me dio, para escarmiento</p>
<p>De pícaros y de fatuos,</p>
<p>Sin la saña de Aristófanes</p>
<p>La férula de Menandro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Gato Y Los Ratones</strong></h3>
<p>«¡Cómo! ¡Un animalito</p>
<p>Que de su misma sombra tiene miedo</p>
<p>Te hace cuando le ves alzar el grito</p>
<p>Y casi desmayarte! ¡Ay Dios! No puedo</p>
<p>Mirarle sin horror y repugnancia.</p>
<p>Pues a mí me parece hasta bonito.</p>
<p>Lo creo, es proverbial tu extravagancia</p>
<p>Y pésimo tu gusto.</p>
<p>Que ese cargo es injusto,</p>
<p>Con haberte elegido por esposa</p>
<p>Harto lo pruebo, amable Sinforosa.</p>
<p>Ese requiebro insulso</p>
<p>No viene a cuento, y cuando yo repulso</p>
<p>Con razón a una inmunda sabandija,</p>
<p>Con defenderla tú me insultas. Hija,</p>
<p>Serénate. No quiero que el demonio</p>
<p>Perturbe por motivo tan ligero</p>
<p>La paz de nuestro dulce matrimonio.</p>
<p>Mandaré al carpintero</p>
<p>Que una alevosa trampa me construya</p>
<p>Donde, queso atrayéndole o tocino,</p>
<p>Cautivo caiga el animal dañino.</p>
<p>¡Bravo! ¡Lindo remedio es una trampa!</p>
<p>¿Piensas que es el ratón, en cuya estampa</p>
<p>He visto a Lucifer, solo en el mundo?</p>
<p>No; pero&#8230; ¡Sí, ya escampa!</p>
<p>No hay bicho más ladrón y más fecundo.</p>
<p>Mermada mi despensa</p>
<p>Harto atestigua su rapiña inmensa.</p>
<p>Poco, tomando bien tus precauciones,</p>
<p>Pueden mermarla tales musarañas;</p>
<p>Pero, ya que en su contra así te ensañas,</p>
<p>Guerra, ¡guerra de muerte a los ratones!</p>
<p>Dime tú (me someto a tu dominio)</p>
<p>Cómo conseguiremos su exterminio.</p>
<p>No hay cosa más sencilla: con un gato.</p>
<p>Justamente, sabiendo que me falta,</p>
<p>Me ofrecieron ayer uno de Malta.</p>
<p>Es taimado animal, pérfido, ingrato,</p>
<p>Y que traerá sospecho</p>
<p>Más daño a nuestra casa que provecho;</p>
<p>Pero, pues lo desea mi señora,</p>
<p>Venga el maltes cuadrúpedo en buen hora».</p>
<p>Así acabó la conyugal reyerta,</p>
<p>Y en aquel mismo día la consorte</p>
<p>Al huésped redomado abrió la puerta.</p>
<p>Humilde era en su gesto y en su porte,</p>
<p>Y el que ignorase cuánta es la falsía,</p>
<p>Cuánta la refinada hipocresía</p>
<p>De la gatuna raza,</p>
<p>Pudiera, sin lisonja,</p>
<p>A juzgar solamente por la traza,</p>
<p>Ponerle en parangón con una monja.</p>
<p>Durante una semana, y no cumplida,</p>
<p>Hizo su obligación el raticida.</p>
<p>Dos o tres parvulillos</p>
<p>De la grey roedora</p>
<p>Cogidos por su zarpa destructora</p>
<p>Dieron sabroso pasto a sus colmillos.</p>
<p>Y en dirección diversa</p>
<p>Pánico susto a los demás dispersa.</p>
<p>Pero el guardián goloso en una hora</p>
<p>Más que ellos en un mes hurta y devora.</p>
<p>Ítem, le abriga su ama en el regazo,</p>
<p>Y la mano süave</p>
<p>Con que ella le acaricia el espinazo</p>
<p>Él, que otro modo de halagar no sabe,</p>
<p>Señala con sacrílego arañazo.</p>
<p>Ítem, un día aprovechando el maula</p>
<p>El descuido de un fámulo que abierta</p>
<p>De un canario gentil dejó la jaula,</p>
<p>El voraz Micifuz, que estaba alerta,</p>
<p>Le destroza con ira de ostrogodo</p>
<p>Y se lo traga ¡oh Dios! con pluma y todo.</p>
<p>Ítem, enamorado de una gata,</p>
<p>Que en cuatro rivales</p>
<p>Reparte sus favores a prorrata,</p>
<p>Como hacen muchas damas principales,</p>
<p>No hay noche en que al tejado no se escape,</p>
<p>Y arma tal guirigay, tal zipizape,</p>
<p>Ora el amor le instigue, ora la furia,</p>
<p>Que al barrio escandaliza su lujuria.</p>
<p>Ítem, penetra un galgo en su vivienda</p>
<p>Que disputarle quiere la merienda.</p>
<p>Salta, huyendo del can, sobre una silla;</p>
<p>De allí a un aparador (¡momento aciago!)</p>
<p>De vasos todo lleno y de vajilla,</p>
<p>Y con horrendo estrago</p>
<p>La porcelana rompe y el cristal</p>
<p>Que costaron al amo un dineral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora bien, este apólogo prolijo</p>
<p>¿Qué nos enseña? Cáustica censura</p>
<p>Yo con él al resguardo no dirijo</p>
<p>Que fronteras y costas asegura;</p>
<p>Ni menos a la cauta policía,</p>
<p>Aunque tampoco haré su apología;</p>
<p>Mas sin que en ella dé crudo mordisco</p>
<p>Ni me ensangriente, ¡zape! con el fisco,</p>
<p>De mi sencillo ejemplo</p>
<p>Una verdad deduzco como un templo:</p>
<p>Muchas veces  (perdóneme la ciencia)</p>
<p>El remedio es peor que la dolencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cosas Vitandas</strong></h3>
<p>De una mujer zalamera</p>
<p>Que su amor quiera probar</p>
<p>Diciéndome sin cesar</p>
<p>«Consuelo mío, mi prenda»</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De fiarme en un chismoseo</p>
<p>Que, si hoy lo es en mi servicio,</p>
<p>Mañana su mismo vicio</p>
<p>Le hará también que me venda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De escuchar a un majadero</p>
<p>Mientras lo dan de cenar</p>
<p>Deletreando asesinar</p>
<p>De Cervantes la leyenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De esos que apuestan por todo,</p>
<p>Y escupen por el colmillo,</p>
<p>Y hablan de onzas a porrillo</p>
<p>Con insolente fachenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De creer yo que en la Corte,</p>
<p>Aunque allí todo es error,</p>
<p>De la pobreza el olor</p>
<p>A cien varas no trascienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De dudar yo que en la guerra</p>
<p>Ganan muchos un balazo</p>
<p>Que les tronche pierna o brazo,</p>
<p>Y pocos una encomienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eso de ir por el atajo</p>
<p>Suele ser un desatino.</p>
<p>De dejar el real camino</p>
<p>Por la enmarañada senda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque sean más hermosas</p>
<p>Que la diosa de Citeres,</p>
<p>De acompañar a mujeres</p>
<p>Cuando van a alguna tienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De creer que un palaciego</p>
<p>Más que a la viuda llorosa,</p>
<p>Si es ojinegra y hermosa,</p>
<p>Al pobre inválido atienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De imaginar que Tiburcio</p>
<p>Con leer sólo el Rengifo,</p>
<p>Como a hacer un logogrifo</p>
<p>A hacer poemas aprenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De quererme enemistar</p>
<p>Jamás con un escribano,</p>
<p>O con alguacil villano</p>
<p>Que por venganza me prenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un criticón, cuya envidia</p>
<p>Contra mis versos le arme,</p>
<p>Y se empeñe en censurarme,</p>
<p>Tal vez porque no me entienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque mi padre le abone</p>
<p>Y un santo me lo aconseje,</p>
<p>De que otro me la maneje,</p>
<p>Si Dios me la da, mi hacienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De creer que un jugador</p>
<p>Deje las cartas traidoras,</p>
<p>Aunque me haga a todas horas</p>
<p>Propósito de la enmienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De dudar yo que es muy raro</p>
<p>Y merece eterna palma</p>
<p>El que tiene bella el alma</p>
<p>Teniendo la cara horrenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aprisionar el dinero</p>
<p>Por temor de infausta suerte</p>
<p>A riesgo de que la muerte</p>
<p>Sin gastarlo me sorprenda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De médico y boticario,</p>
<p>De hombre cominero y ruin,</p>
<p>De mujer que hable en latín,</p>
<p>Y de caballo sin rienda,</p>
<p>Dios me libre y me defienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ristra De Verdades</strong></h3>
<p>¿Creéis que si alaba tanto</p>
<p>El versátil don Crisanto</p>
<p>A aquel grave mandarín,</p>
<p>Lo hace sólo con el fin</p>
<p>De conseguir un empleo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis que el hombre que cuenta</p>
<p>Diez mil escudos de renta,</p>
<p>Al más bizarro galán</p>
<p>Desbancará sin afán</p>
<p>Aunque él sea tonto y feo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque tan de moda está</p>
<p>El do, si, la, sol, mi, fa,</p>
<p>¿Creéis que puede un hidalgo</p>
<p>Por sí mismo valer algo</p>
<p>Sin entender el solfeo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creedlo, que no es mentira:</p>
<p>Pronto por otra suspira</p>
<p>A cien leguas un amante,</p>
<p>Aunque jure ser constante</p>
<p>En uno y otro correo.</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis que el necio de Fabio,</p>
<p>Aunque diga que le agravio,</p>
<p>Se llama en balde poeta</p>
<p>Porque hilvana una cuarteta</p>
<p>Cuando le inflama Lieo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis que tanto rigor</p>
<p>No mostraría Leonor</p>
<p>Y muchas hijas de Adán</p>
<p>Si no fuera el qué dirán</p>
<p>Rémora de su deseo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis vos que aquí y en Roma</p>
<p>No da mérito un diploma,</p>
<p>Ni talento un calepino,</p>
<p>Ni valor un pergamino,</p>
<p>Ni virtudes un manteo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis que juega Luisillo</p>
<p>Con don Froilán al tresillo,</p>
<p>Porque es linda su mujer,</p>
<p>Y el truhán aspira a hacer</p>
<p>El papel de Cirineo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque se ponga encarnada,</p>
<p>¿Creéis que en agua rosada</p>
<p>Se baña la zalamera,</p>
<p>Cuando al subir la escalera</p>
<p>Las ligas a Juana veo?</p>
<p>Sí creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Creéis que, excepto la olla,</p>
<p>Todo en el mundo es bambolla,</p>
<p>Y que más suele medrar</p>
<p>Quien mejor sabe engañar?</p>
<p>¿Lo creéis? —¡Oh! sí lo creo.</p>
<p>Laus Deo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Crisis Ministerial</strong></h3>
<p>¿Qué hay en Madrid&#8230;, que no hay nada?</p>
<p>¡Cosa extraña! ¿Cómo es</p>
<p>que ha pasado entero un mes</p>
<p>Sin una triste asonada?</p>
<p>¿Cómo es que uno y otro bando&#8230;?</p>
<p>¡Chist!&#8230; Se está deliberando.</p>
<p>Se trata&#8230;, el asunto es serio,</p>
<p>De arreglar el Ministerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué lujo el de mi vecina!</p>
<p>¡Oh, si aquello es un encanto!</p>
<p>Pero el marido entre tanto</p>
<p>Aguanta, calla y se arruina.</p>
<p>Que en el gasto ponga tasa.</p>
<p>¿Cómo no arregla su casa?</p>
<p>¿Qué hace el buen don Eleuterio?</p>
<p>Arreglar el Ministerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tremendo como un vestiglo</p>
<p>Grita allí don Baltasar:</p>
<p>«¿Aún hay quien quiera luchar</p>
<p>Contra el torrente del siglo?</p>
<p>¡Movimiento! ¡Propaganda!</p>
<p>No estoy por la gente blanda.</p>
<p>La llaga pido cauterio.</p>
<p>¡Que se mude el Ministerio!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro sacristán de amén</p>
<p>Dice: «Mande Pedro o Juan,</p>
<p>¿Qué importa? ¿No es buen afán&#8230;?</p>
<p>Si todo va bien, ¡muy bien!</p>
<p>Y al cabo&#8230;, de todos modos&#8230;,</p>
<p>Para el nuevo y para todos</p>
<p>Guardáis el mismo criterio&#8230;</p>
<p>¡Quieto, quieto el Ministerio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! Usted viene de Palacio.</p>
<p>¿Qué se dice? ¿Qué se sabe?</p>
<p>¿Quién va a dirigir la nave?</p>
<p>¡Eh!&#8230; La cosa va despacio&#8230;</p>
<p>No obstante&#8230; Es de presumir&#8230;</p>
<p>Todo no se ha de decir&#8230;</p>
<p>En fin&#8230; Si no hay gatuperio,</p>
<p>Se arreglará el Ministerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diz que la empleomanía</p>
<p>Es crónica enfermedad</p>
<p>Que en una y en otra edad</p>
<p>Aflige a la patria mía.</p>
<p>¡Bah! Pintar como querer.</p>
<p>¿Cómo lo puedo creer</p>
<p>Si en el hispano hemisferio</p>
<p>Hay vacante un Ministerio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡vea usted! en el acto,</p>
<p>De la mañana a la tarde</p>
<p>Formaría Calomarde</p>
<p>Un ministerio compacto.</p>
<p>Cuando enmudece Castilla,</p>
<p>Y hay cepo, y horca, y cuchilla,</p>
<p>Y la ley pierde su imperio,</p>
<p>¿Quién no forma un Ministerio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¿en el día? ¡Ya es obra!</p>
<p>Este no es buen orador;</p>
<p>A aquél le falta vigor;</p>
<p>Al de más allá le sobra.</p>
<p>¡Ni a la virtud más sublime</p>
<p>El ingrato pueblo exime</p>
<p>De su injusto vituperio</p>
<p>Si brilla en un Ministerio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien sé yo que más de un tuno,</p>
<p>Mientras sea subalterno,</p>
<p>Si se le habla de gobierno</p>
<p>Dirá: el mejor es ninguno.</p>
<p>Y hay patriotas decididos</p>
<p>Que se juzgarán sumidos</p>
<p>En infame cautiverio</p>
<p>Mientras haya Ministerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en esa Puerta del Sol</p>
<p>Algún quídam  se pasea</p>
<p>Que su heroísmo vocea,</p>
<p>Su amor al pueblo español,</p>
<p>Su alma generosa y pía,</p>
<p>Su ardiente filantropía;&#8230;</p>
<p>¡Y sería otro Tiberio</p>
<p>Si ascendiera al Ministerio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, pues es natural</p>
<p>Del público la impaciencia,</p>
<p>Yo me hago con su licencia</p>
<p>Órgano ministerial.</p>
<p>Sepa el curioso lector</p>
<p>Que en la Corte, salvo error,</p>
<p>Averiguado está ya</p>
<p>Quién el Electo  será</p>
<p>Entre tanto Desiderio.</p>
<p>Ya se arregló el Ministerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En Alabanza De Silvia, Dama Granadina</strong></h3>
<p>¿Cuál de tus joyas, inmortal Granada,</p>
<p>Mayor sorpresa al caminante ofrece?</p>
<p>¿El áureo Darro que en tus muros crece,</p>
<p>O tu fecunda vega dilatada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Será Generalife do encantada</p>
<p>Primavera sin término florece?</p>
<p>¿Será el claro Genil quien te envanece?</p>
<p>¿Será acaso tu Alhambra celebrada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Será tu cielo plácido y sereno?</p>
<p>¿Será&#8230; Dímelo en fin, así en tus flores</p>
<p>No torne a solazarse el agareno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda, me dijo, admiración y amores</p>
<p>Silvia hermosa, que nació en mi seno</p>
<p>Para abrasar el alma a los pastores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Ocasión Perdida</strong></h3>
<p>¡Cuán sosegada duerme</p>
<p>La bella de mis ojos</p>
<p>Sobre la muelle grama</p>
<p>Bajo el nogal coposo!</p>
<p>¡Ay! ¿Osaré en sus labios</p>
<p>Como la grana rojos</p>
<p>Libar el dulce beso</p>
<p>Que ha de colmar mi gozo?</p>
<p>¿Si despierta y se ofende?&#8230;</p>
<p>Más temo yo su enojo</p>
<p>Que al águila rapante</p>
<p>El cándido palomo.</p>
<p>Mas cuando ayer le dije:</p>
<p>«Mi Filis, yo te adoro»</p>
<p>Su boca sonreía</p>
<p>Con ademán gracioso;</p>
<p>Y palpitó su pecho,</p>
<p>Y se encendió su rostro,&#8230;</p>
<p>Y lo advertía Filis,</p>
<p>Pues le ocultó en sus hombros.</p>
<p>¡Cuál besa sus mejillas</p>
<p>El lúbrico Favonio!</p>
<p>¡Cuán juguetón se mece</p>
<p>En su cabello blondo!</p>
<p>¿Y menos, ¡ay! que el viento</p>
<p>Será Damón dichoso?</p>
<p>Yo llego. Amor, tus alas</p>
<p>Cubran mi dulce robo.</p>
<p>Quizá no duerma Filis&#8230;</p>
<p>Quizá brinde a mi arrojo</p>
<p>Lo que jamás lograran</p>
<p>Mis ruegos amorosos.</p>
<p>Callad, alegres aves,</p>
<p>Delicia de este soto.</p>
<p>Para cantar mi triunfo</p>
<p>Guardad el blando coro.</p>
<p>Su murmurio suspenda</p>
<p>El cristalino arroyo;</p>
<p>Suspenda sus balidos</p>
<p>El olvidado choto.</p>
<p>Abeja que la amagas</p>
<p>Con tu aguijón ansioso,</p>
<p>¡Guarda, no la despiertes</p>
<p>Con tu zumbido ronco!</p>
<p>Vuela al rosal vecino;</p>
<p>Aparta, que a mí solo</p>
<p>El hijo de Ciprina</p>
<p>Reserva ese pimpollo.</p>
<p>Yo llegó&#8230; No. Pulsando</p>
<p>Su cálamo sonoro</p>
<p>De la colina al valle</p>
<p>Desciende Nemoroso.</p>
<p>¿Me mira? Sí. ¡Mal hayan</p>
<p>Sus importunos ojos!</p>
<p>¡Perezca su ganado</p>
<p>Presa de hambriento lobo!</p>
<p>Dijo; y la niña Filis</p>
<p>Quizá con más encono,</p>
<p>Aunque dormir figura,</p>
<p>Maldice a Nemoroso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Nochebuena</strong></h3>
<p>Cuando se celebra</p>
<p>El día mejor</p>
<p>Que al orbe anunciaron</p>
<p>Los rayos del sol;</p>
<p>Día en que resuelto</p>
<p>A morir por nos</p>
<p>Nació en un pesebre</p>
<p>Nuestro Salvador,</p>
<p>Todo fiel cristiano</p>
<p>Diga, en alta voz:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas en este valle</p>
<p>Triste y pecador</p>
<p>Muchos se harán sordos</p>
<p>A mi exhortación,</p>
<p>Aunque con chicharra,</p>
<p>Zambomba y tambor</p>
<p>Graznen los muchachos</p>
<p>En discorde son,</p>
<p>Y aunque de la iglesia</p>
<p>Cante el facistol:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí donde todos</p>
<p>Rabian por turrón,</p>
<p>(Turronero dice</p>
<p>Quien dice español)</p>
<p>Todo el que lo tenga,</p>
<p>Siquiera por hoy;</p>
<p>(Tenerlo mañana</p>
<p>Es otra cuestión)</p>
<p>Dirá poseído</p>
<p>De santo fervor:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el que carezca</p>
<p>De esta confección,</p>
<p>Venga de Alicante</p>
<p>O venga de Alcoy,</p>
<p>Y sea de Tántalo</p>
<p>Segunda edición</p>
<p>Husmeando famélico</p>
<p>La Plaza Mayor,</p>
<p>Temo que no cante</p>
<p>En fa,  en re  ni en do:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tendrán gaudeamus</p>
<p>(Lo supongo yo,</p>
<p>Porque en tales días</p>
<p>La gula es feroz)</p>
<p>Todos los que vendan</p>
<p>Champagne  y Bordeaux</p>
<p>Y anguila y besugo</p>
<p>Y pavo y capón,</p>
<p>Mostrando su gozo</p>
<p>Con este rondó:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y como hay regalos,</p>
<p>Y cada doctor</p>
<p>Ve su clientela</p>
<p>Crecer como arroz;</p>
<p>Porque es consiguiente</p>
<p>A tanto atracón</p>
<p>En cada familia</p>
<p>Un cólico o dos,</p>
<p>Los médicos&#8230;, ¡vaya!&#8230;</p>
<p>Votarán en pro.</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es el aguinaldo</p>
<p>Sabrosa invención</p>
<p>Que al pobre desquita</p>
<p>De lo que ayuné;</p>
<p>Mas pide el cartero,</p>
<p>Pide el aguador,</p>
<p>Los repartidores&#8230;</p>
<p>¡Virgen de la O!</p>
<p>¿Dirá el saqueado</p>
<p>Por tanto gorrón:</p>
<p>Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero con cuchara</p>
<p>De plata, o de boj;</p>
<p>Y unos con cascajo,</p>
<p>Otros con salmón;</p>
<p>Y sea de gorra</p>
<p>O por cuanto vos,</p>
<p>No hay quien no se exceda</p>
<p>De la colación,</p>
<p>Brindando con Yepes,</p>
<p>O Chateau Margó:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y afanoso el pueblo</p>
<p>Vuela de rondón</p>
<p>A la Cruz, al Príncipe,</p>
<p>Al circo de Paul,</p>
<p>Al Museo, et caetera,</p>
<p>Donde bonachón,</p>
<p>Admira un absurdo</p>
<p>Y aplaude una coz</p>
<p>Con una alegría</p>
<p>Que raya en furor.</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay sus nacimientos</p>
<p>De estuco y cartón;</p>
<p>Y hay sandio que sólo,</p>
<p>Viendo aquel convoy,</p>
<p>En el buey y el mulo</p>
<p>Fija su atención;</p>
<p>Y al mirar la albarda</p>
<p>Exclama: ¡Ay dolor!</p>
<p>¡Qué bien me vendría</p>
<p>Para un paletó!</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya desde la cama</p>
<p>(Soy algo poltrón)</p>
<p>La misa del Gallo</p>
<p>Contemplando estoy,</p>
<p>En donde hay de todo</p>
<p>Menos devoción.</p>
<p>Al entrar ¡qué gresca!</p>
<p>Y dentro ¡qué horror!</p>
<p>Y al salir ¡qué zambra!&#8230;</p>
<p>El vino es atroz.</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en río revuelto</p>
<p>Gana el pescador.</p>
<p>Juan pierde la capa;</p>
<p>Perico el reloj;</p>
<p>Aquí de Rosita</p>
<p>Naufraga el pudor,</p>
<p>Y allá para ferias</p>
<p>Papá don Antón,</p>
<p>Te dará el diploma</p>
<p>De abuelo precoz.</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el día es grande.</p>
<p>¡Que ruede el licor</p>
<p>Sin miedo a las penas</p>
<p>Que vengan en pos!</p>
<p>Y pues Cristo nace</p>
<p>Y tiembla Astarot;</p>
<p>Del Tajo al Danubio,</p>
<p>Del Ganges al Po,</p>
<p>Todo fiel cristiano</p>
<p>Cante en si  bemol:</p>
<p>¡Alégrese el mundo;</p>
<p>Que ha nacido Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Curiosa Y Verídica Relación</strong></h3>
<p>En un entreacto de un drama,</p>
<p>Parto de mi humilde ingenio,</p>
<p>Pasé yo desde el proscenio</p>
<p>Al camarín de la dama,</p>
<p>(Galante solicitud</p>
<p>Que a toda mujer halaga&#8230;,</p>
<p>Aunque alguna vez se haga</p>
<p>De necesidad virtud).</p>
<p>Yo, como hombre ya formal,</p>
<p>Y atento, y de buena fe,</p>
<p>Un cumplido improvisé</p>
<p>Con pujos de madrigal.</p>
<p>Y luego que, sin desliz,</p>
<p>(¿Soy yo acaso algún bodoque?)</p>
<p>Apliqué el felix utroque</p>
<p>A la mujer y a la actriz,</p>
<p>En conversación amena</p>
<p>Ella y yo y los concurrentes,</p>
<p>Departimos elocuentes</p>
<p>Sobre el arte de la Escena.</p>
<p>Quién, aborreciendo el yugo</p>
<p>De los clásicos preceptos,</p>
<p>Encomiaba los conceptos</p>
<p>De Dumas y Víctor Hugo;</p>
<p>Proscribía otro aristarco</p>
<p>A quien no sigue la huella</p>
<p>Del azote de Comella,</p>
<p>Moratín, alias Inarco;</p>
<p>Y otro reputaba a todos</p>
<p>Dignos de tan noble liza,</p>
<p>Lope, Schiller, Gorostiza,</p>
<p>Cimbros, lombardos y godos.</p>
<p>Alguien, con risita falsa,</p>
<p>Picó en la murmuración;</p>
<p>Que es fría conversación</p>
<p>La que no aviva esta salsa;</p>
<p>Y el estimulante ejemplo</p>
<p>Siguieron otros, por bulla,</p>
<p>Con tal cual donosa pulla</p>
<p>A los ausentes del templo.</p>
<p>Ni de colegas y hermanos</p>
<p>Ilesa quedó la fama;</p>
<p>Ni faltó algún epigrama</p>
<p>Contra Oriente y Jovellanos.</p>
<p>Yo, que veía algún riesgo</p>
<p>De pecar contra el Decálogo</p>
<p>Si así proseguía el diálogo,</p>
<p>Procuré darle otro sesgo.</p>
<p>Diserté sobre Cervantes,</p>
<p>Y noté que me escuchaba,</p>
<p>Cayéndosele la baba,</p>
<p>Uno de los circunstantes.</p>
<p>«Yo trato mucho a ese quídam,</p>
<p>Mas quién sea no recuerdo;</p>
<p>Que en punto a nombres soy lerdo</p>
<p>Y a docenas se, me olvidan».</p>
<p>Y tras de este soliloquio</p>
<p>Creo deber en conciencia</p>
<p>Hacerle una reverencia</p>
<p>Llámese Luis, Juan o Eustoquio.</p>
<p>Y el extraño personaje,</p>
<p>Que atento oía mi plática,</p>
<p>Con sonrisa muy simpática</p>
<p>Me devuelve el homenaje.</p>
<p>Luego que de hablar concluyo,</p>
<p>Yo, que tengo el vicio charro</p>
<p>De fumar, saco un cigarro&#8230;</p>
<p>¡Cata al quídam  con el suyo!</p>
<p>Y encendidas a la par</p>
<p>Las cerillas subitáneas,</p>
<p>Fueron también simultáneas</p>
<p>Las bocas para chupar:</p>
<p>Toso, y tose aquel abanto,</p>
<p>Que instinto igual nos gobierna;</p>
<p>Cruzo pierna sobre pierna,</p>
<p>Y el prójimo hace otro tanto.</p>
<p>Como el tiempo estaba crudo,</p>
<p>Yo estornudo, y, a la vista,</p>
<p>En lugar de un ¡Dios te asista!,</p>
<p>¡Zas! me gira otro estornudo.</p>
<p>¿Quién vio, dije para mí,</p>
<p>Un simio de tal estofa?</p>
<p>Eso ¿es simpatía, o mofa?</p>
<p>Ese ¿es hombre, o maniquí?</p>
<p>Y fulmino al caricato</p>
<p>Fiera vista, airado zuño,</p>
<p>Y ya esgrimía mi puño</p>
<p>Retándole al pugilato.</p>
<p>Pero, de saña beodo</p>
<p>No menos que yo lo estaba,</p>
<p>También su actitud fue brava,</p>
<p>Conforme a la mía en todo.</p>
<p>Iba ya a pedirle cuenta,</p>
<p>Ardiendo en sed de venganza,</p>
<p>De aquella grosera chanza</p>
<p>Que era para mí una afrenta,</p>
<p>Cuando, ¡pecador de mí!</p>
<p>Veo que es mi efigie propia,</p>
<p>Que mudo un espejo copia,</p>
<p>La que me irritaba así.</p>
<p>Declaro a la reunión</p>
<p>El quid pro quo —soy sincero—</p>
<p>Y a todos, y a mí el primero,</p>
<p>Dio risa mi distracción.</p>
<p>Mas reflexionando un poco,</p>
<p>Bien que mayúscula fue,</p>
<p>Yo a mi modo la expliqué</p>
<p>Sin convencerme de loco.</p>
<p>Tiempo ha que no me deleitan</p>
<p>Los amorosos engaños,</p>
<p>Y enclenque, y con muchos años,</p>
<p>No me afeito ya; ¡me afeitan!</p>
<p>Esta cara nunca bella,</p>
<p>Hoy debe de ser fatal;</p>
<p>Por tanto, es ya muy casual</p>
<p>El tratarme yo con ella.</p>
<p>Si mal la corbata va,</p>
<p>Porque me la ato sin ver,</p>
<p>O la arregla mi mujer,</p>
<p>O se queda como está.</p>
<p>Exento, en fin, de livianos</p>
<p>Perfiles, sin ser adusto,</p>
<p>Conozco menos mi busto</p>
<p>Que el de muchos ciudadanos.</p>
<p>No por la fisonomía,</p>
<p>No, sino por la conciencia,</p>
<p>Aquella antigua sentencia</p>
<p>Nosce te ipsum  decía;</p>
<p>Mas para que acabe en punta</p>
<p>Mi ya prolijo relato,</p>
<p>Permita el lector sensato</p>
<p>Que le haga yo esta pregunta:</p>
<p>¿Qué mucho si en los abismos</p>
<p>De su propio corazón</p>
<p>Tantos los mortales son</p>
<p>Que se ignoran a sí mismos,</p>
<p>Cuando en Madrid, ¡cosa rara!</p>
<p>Hay un trascordado viejo</p>
<p>Que la mira en un espejo</p>
<p>Y no conoce su cara!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Traducción De La Segunda Elegía De Tibulo</strong></h3>
<p>Dame vino, y que Lieo</p>
<p>Mis nuevas angustias calme,</p>
<p>Y mis párpados cansados</p>
<p>Apacible sueño embargue.</p>
<p>Dormir anhelo beodo:</p>
<p>¡No me despertéis, mortales!&#8230;</p>
<p>En tanto mi triste amor</p>
<p>Cesará de atormentarme.</p>
<p>¡Triste; que guarda al bien mío</p>
<p>Un Argos inexorable!</p>
<p>Duro cerrojo defiende</p>
<p>La su puerta de diamante.</p>
<p>Puerta que al amor te cierras,</p>
<p>¡Mala nube te maltrate!</p>
<p>¡Maldígate el alto Jove</p>
<p>Y a rayos te despedace!</p>
<p>¡Ay! no. Mis ruegos te venzan.</p>
<p>A mí, sólo a mí te abre;</p>
<p>Y en silencio&#8230;; no rechinen</p>
<p>Tus goznes, y me delaten.</p>
<p>Perdona las maldiciones</p>
<p>A un desesperado amante.</p>
<p>¡Plegue a los cielos, oh puerta,</p>
<p>Que sólo a mi frente alcancen!</p>
<p>Recuerda cuántas plegarias</p>
<p>Del labio mío escuchaste,</p>
<p>Y las guirnaldas floridas</p>
<p>Con que enlacé tus pilares.</p>
<p>Y tú, mi Delia, no temas:</p>
<p>Burla a tu guarda. ¿No sabes</p>
<p>Que al audaz protege Venus</p>
<p>Y abandona a los cobardes?</p>
<p>Por ella el mozo novel</p>
<p>Huella vedados umbrales,</p>
<p>Y las muchachas se mofan</p>
<p>De cerrojos y de llaves.</p>
<p>Del tálamo aborrecido</p>
<p>Aprenden a deslizarse,</p>
<p>Y de puntillas se huyen</p>
<p>Al seno de sus galanes.</p>
<p>Y ante el imbécil marido</p>
<p>De agudas señas se valen,</p>
<p>Y de los ojos emplean</p>
<p>El elocuente lenguaje.</p>
<p>El que aspire a tus favores,</p>
<p>Oh del amor blanda madre,</p>
<p>No por inercia o temor</p>
<p>En yermo lecho descanse.</p>
<p>No teman los amadores</p>
<p>Que los roben o los maten:</p>
<p>Seguros van; que es sagrado</p>
<p>Quien inciensa tus altares.</p>
<p>¿Qué a mí la escarcha en las noches</p>
<p>De Diciembre perdurables?</p>
<p>¿Qué a mí la lluvia prolija</p>
<p>Ni los recios huracanes,</p>
<p>Con tal que mi Delia amada</p>
<p>A abrirme la puerta baje,</p>
<p>Y, con el dedo en la boca,</p>
<p>A su regazo me llame?</p>
<p>¡Oh tú, varón o mujer</p>
<p>Que a mi lado pasas! ¡Guarte;</p>
<p>No me veas!; que sus hurtos</p>
<p>Ocultar a Venus place.</p>
<p>Ni me preguntes mi nombre,</p>
<p>Ni el pie con ruido estampes,</p>
<p>Ni con antorcha atrevida</p>
<p>Reconozcas mi semblante.</p>
<p>Si ya me has visto imprudente,</p>
<p>No se lo digas a nadie.</p>
<p>Jura por todos los dioses</p>
<p>Que nada ves, nada sabes.</p>
<p>¡Ay de aquel que me descubra!;</p>
<p>Que de procelosos mares</p>
<p>Venus le será nacida,</p>
<p>Tintos en hórrida sangre.</p>
<p>Ni fe le dará el marido;</p>
<p>Que una hechicera muy hábil</p>
<p>Me lo ofreció, y no hay ejemplo</p>
<p>De qué a sus promesas falte.</p>
<p>Yo he visto a su voz moverse</p>
<p>Las estrellas inmutables,</p>
<p>Y retroceder de un río</p>
<p>Los impetuosos raudales;</p>
<p>Y hender la tierra su canto,</p>
<p>Y evocar los yertos manes;</p>
<p>Y los huesos animar</p>
<p>Resto de llamas voraces.</p>
<p>Ora a sus ecos parecen</p>
<p>Las catervas infernales;</p>
<p>Con alba leche rociadas</p>
<p>Ora tornan a abismarse.</p>
<p>Ora del cielo enlutado</p>
<p>El torvo nublo deshace;</p>
<p>Ora en el estío ardiente</p>
<p>La nieve hibernal atrae.</p>
<p>Es fama que de Medea</p>
<p>Guarda las yerbas fatales,</p>
<p>Y que de Hécate ella sola</p>
<p>Domó los rabiosos canes.</p>
<p>En quieta noche le plugo</p>
<p>Con teas purificarme,</p>
<p>Víctima negra inmolando</p>
<p>Del Averno a las deidades.</p>
<p>Y diome mágicos versos</p>
<p>Con que a tu celoso engañes.</p>
<p>Basta cantarlos tres veces,</p>
<p>Y escupir cuando los cantes.</p>
<p>Y despreciará al chismoso</p>
<p>Que nuestro amor le declare;</p>
<p>Y dirá: «Soñando estoy»</p>
<p>Aunque en tus brazos me halle.</p>
<p>Mas no los cantes por otro;</p>
<p>Que los cantarás en balde.</p>
<p>Ciego es para mí tu dueño;</p>
<p>Lince para mis rivales.</p>
<p>Pues ¿no me dijo la maga,</p>
<p>¡Tan peregrina es su arte!</p>
<p>Que sus conjuros y yerbas</p>
<p>De mi amor pueden curarme?</p>
<p>Premio te pido, le dije,</p>
<p>No el fin de mi amor constante,</p>
<p>Y que jamás de mi Delia</p>
<p>Desterrar pueda la imagen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Abusos</strong></h3>
<p><em>Al Señor Don José Musso Y Valiente</em></p>
<p>De política no hablemos.</p>
<p>Allá en sus altas regiones</p>
<p>Ventilen esas cuestiones</p>
<p>Los areópagos supremos,</p>
<p>Y plegue a Dios que las sillas</p>
<p>De Moscoso y Barrio Ayuso</p>
<p>Purguen al fin las Castillas</p>
<p>De tanto abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas aunque un día su sala</p>
<p>Nos retire el Ser eterno</p>
<p>Y diga: «Tenga gobierno</p>
<p>La desventurada España»,</p>
<p>Al alcance de las leyes</p>
<p>Se ha de escapar, caro Musso,</p>
<p>Y al imperio de los reyes</p>
<p>Más de un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y más de mil. Unos son</p>
<p>Cosecha de este país,</p>
<p>Y otros vienen de París,</p>
<p>de Roma, o de London.</p>
<p>De todos no haré pintura;</p>
<p>Que no quiero ser difuso,</p>
<p>Porque escribir sin mesura</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que no pueda un ciudadano</p>
<p>Sin ser mal visto en la Corte</p>
<p>Dar a su dulce consorte</p>
<p>En la escalera la mano,</p>
<p>Y venga muy satisfecho</p>
<p>Algún galancete intruso</p>
<p>A usurparle este derecho,</p>
<p>Es otro abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que aquí llamen elocuente</p>
<p>Al que charle por los codos</p>
<p>Y la historia de los godos</p>
<p>En cada sesión nos cuente,</p>
<p>Y las páginas de Francia,</p>
<p>Y las costumbres del ruso,</p>
<p>Y las glorias de Numancia,</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que la amable Micaela</p>
<p>Envíe esquelas sin tasa,</p>
<p>Aunque no quepa en la casa</p>
<p>Su crecida clientela,</p>
<p>Y sin haberse sentado</p>
<p>Salga a la calle contuso</p>
<p>El infeliz convidado,</p>
<p>Es otro abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa cohorte de aleves</p>
<p>Poetastros Jeremías</p>
<p>Que salmodiando elegías</p>
<p>Me licean  cada jueves,</p>
<p>Y abrir me harán una noche</p>
<p>Mi paraguas contra el uso,</p>
<p>¡Tal lloran a troche y moche!&#8230;,</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que relinche un animal</p>
<p>En el aria, que destruye,</p>
<p>Y suene cuando concluye</p>
<p>Palmoteo universal,</p>
<p>Cuando muy en hora mala</p>
<p>Avergonzado y confuso</p>
<p>Debe salir de la sala,</p>
<p>Es otro abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del público la sentencia</p>
<p>No seré yo quien resista.</p>
<p>Si me aplaude, Dios le asista;</p>
<p>Y si me silba, paciencia;</p>
<p>Mas que censure mi drama</p>
<p>Un curial torpe y obtuso</p>
<p>Que de milagro no brama,</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que don Blas el anticuario</p>
<p>Dado a sucias baratijas</p>
<p>Deje sin pan a sus hijas</p>
<p>Por hacer un monetario,</p>
<p>Y al de su mujer, que es guapa,</p>
<p>Prefiera el gesto de Druso</p>
<p>O el reverso de algún Papa,</p>
<p>Es otro abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que más de un espectador</p>
<p>Cuando una gracia resuena</p>
<p>Que el actor dice en la escena</p>
<p>Oyendo al apuntador,</p>
<p>Se la atribuya al farsante,</p>
<p>No al autor que la compuso;</p>
<p>Esto aquí y en Alicante</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es abuso peligroso</p>
<p>La gracia de doña Flor,</p>
<p>Aunque es abuso mayor</p>
<p>La paciencia de su esposo;</p>
<p>Y aunque inocente, que al fin</p>
<p>El cielo así lo dispuso,</p>
<p>La nariz de don Joaquín</p>
<p>Es un abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y abuso es tener salud</p>
<p>Tanto bribón, tanto idiota,</p>
<p>Y que baile la gavota</p>
<p>Quien raya en la senectud;&#8230;</p>
<p>Y para acabar mi rima</p>
<p>Digo que en Madrid, incluso</p>
<p>El empedrado y el clima,</p>
<p>Todo es abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Quien Bien Te Quiera</strong></h3>
<p>Decía el dómine</p>
<p>De mi lugar</p>
<p>Cuando zurraba</p>
<p>¡Cis, cis, zas, zas!&#8230;</p>
<p>Al niño rudo</p>
<p>Y al holgazán:</p>
<p>«A esto me mueve</p>
<p>Tu bienestar:</p>
<p>Así algún día</p>
<p>Sabio serás.</p>
<p>Quien bien te quiera,</p>
<p>Te hará llorar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A cierto prójimo,</p>
<p>Seis días ha,</p>
<p>Un cirujano</p>
<p>De calidad,</p>
<p>¡Ay! una muela</p>
<p>Le fue a sacar&#8230;,</p>
<p>¡Y la quijada</p>
<p>Salió detrás! &#8211;</p>
<p>«¿Duele? No importa.</p>
<p>Ya pasará&#8230;</p>
<p>Quien bien te quiera,</p>
<p>Te hará llorar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cierto cuadrúpedo&#8230;,</p>
<p>(¿Lo acertarás?)</p>
<p>Tiene tal modo</p>
<p>De enamorar,</p>
<p>Que su infelice</p>
<p>Cara mitad</p>
<p>Si sus caricias</p>
<p>Llega a probar</p>
<p>Aturde a gritos</p>
<p>La vecindad.</p>
<p>Quien bien te quiera</p>
<p>Te hará llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y cuántos bárbaros</p>
<p>Maridos hay</p>
<p>Que como el gato</p>
<p>Suelen amar!</p>
<p>Mas si afligida,</p>
<p>Sin libertad,&#8230;</p>
<p>Se cansa alguna</p>
<p>De ser leal,</p>
<p>Común a entrambos</p>
<p>Será el refrán:</p>
<p>Quien bien te quiera</p>
<p>Te hará llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay cuántos Hércules</p>
<p>Te abrazarán</p>
<p>Que con los brazos</p>
<p>Tiran a ahogar!</p>
<p>¡Y cuántos Judas</p>
<p>Te venderán</p>
<p>Dando, a tu rostro</p>
<p>Pérfida paz!</p>
<p>Tal es el mundo,</p>
<p>Joven Pascual.</p>
<p>Quien bien te quiera</p>
<p>Te hará llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, menos cándido,</p>
<p>Más ducho ya,</p>
<p>Tales cariños</p>
<p>Doy a Satán.</p>
<p>¿Quien bien te quiera</p>
<p>Te hará llorar?&#8230;</p>
<p>Miente el proverbio,</p>
<p>Miente: no hay tal.</p>
<p>Lo que yo digo</p>
<p>Sí que es verdad:</p>
<p>Quien bien te quiera&#8230;</p>
<p>No te hará mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Defensa De Las Mujeres</strong></h3>
<p><em>Es honrar a las mujeres</em></p>
<p><em>Deuda a que obligados nacen</em></p>
<p><em>Todos los hombres de bien.</em></p>
<p><em>Lope de Vega.</em></p>
<p>Mitad preciosa del linaje humano,</p>
<p>Triste Mujer esclavizada al Hombre,</p>
<p>Que tu escudo nació, no tu tirano;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo a defender tu mancillado nombre</p>
<p>Dulce a mi corazón, audaz me arrojo,</p>
<p>Bien que mi sexo indómito se asombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez me atraiga su temible enojo;</p>
<p>Que en tu defensa combatir no puedo</p>
<p>Sin cubrir a los hombres de sonrojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! si mi bella con semblante ledo</p>
<p>Reconoce mi amor en mi poema,</p>
<p>Ni a todo un batallón le tengo miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay de mí si un crítico postema</p>
<p>Con indigesta pluma envenenada</p>
<p>A mis versos fulmina su anatema!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Piedad, piedad! Sumisa, arrodillada</p>
<p>(¿Qué más quieres de mí?) pues no te ofende</p>
<p>Gracia pide esta sátira cuitada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez en vano deleitar pretende.</p>
<p>No importa: sé indulgente, que harta pena</p>
<p>Tendrá su pobre autor si no la vende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Mujer ha nacido dulce y buena,</p>
<p>a recrear, a embellecer la vida</p>
<p>Como al campo la cándida azucena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si a los deberes falta inadvertida</p>
<p>De cariñosa madre y fiel consorte;</p>
<p>Si el virgíneo pudor acaso olvida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hombre severo! Si perdido el norte</p>
<p>A alguna ves que mísera naufraga</p>
<p>En el mar borrascoso de la Corte,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tuya es la-culpa. Si el poder embriaga</p>
<p>De orgullo tus sentidos, al opreso</p>
<p>También sus grillos quebrantar halaga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta el insano tigre allá en lo espeso</p>
<p>Del arduo monte, y la feroz pantera</p>
<p>De tu barbarie culpan el exceso;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que si ceban la garra carnicera</p>
<p>En la sangre del tímido cervato,</p>
<p>Dulces son a la dulce compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué admirar de ti cuando insensato</p>
<p>A la mujer inerme tiranizas,</p>
<p>Si ni al Hombre perdonas, Hombre ingrato?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu nombre el escándalo eternizas,</p>
<p>No la gloria, matando, destruyendo,</p>
<p>Jamás harto de sangre y de cenizas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es suave a tus orejas el estruendo</p>
<p>Del infernal cañón, que el muro atierra,</p>
<p>Y de la alzada bomba el silbo horrendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si una vez la ambición tu pecho encierra,</p>
<p>En saña vences al caudal torrente</p>
<p>Que el Noto arroja de la adusta sierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿dónde voy? Del dios armipotente</p>
<p>Narrar no es mío el carro sanguinoso,</p>
<p>Ni Talía bufona lo consiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, bien que de cólera reboso,</p>
<p>Combatiré del Hombre la injusticia</p>
<p>En tono menos grave y ampuloso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tú, que tanto culpas la malicia</p>
<p>De tu pobre mujer!, ¿por qué primero</p>
<p>No culpas, di, tu sórdida avaricia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si tanto le escatimas el puchero,</p>
<p>Y comer es forzoso, ¿cómo quieres</p>
<p>Que tenga amor ni a ti, ni a tu dinero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué tibios son de Venus los placeres,</p>
<p>Dijo allá in illo témpore un poeta,</p>
<p>Sin dulce Baco y regalada Ceres!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, que apuras en vicios la gaveta,</p>
<p>Marido de una hermosa, ¿por qué exiges</p>
<p>Que penitente viva y recoleta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin cesar la reprendes, y te afliges</p>
<p>Porque baila y se alegra; pero en tanto</p>
<p>Tu perversa conducta no corriges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué diré de ti, necio Crisanto,</p>
<p>Que con sesenta Eneros a la cola</p>
<p>Humillas tu cerviz al yugo santo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y con quién! Con Leonor, que campa sola</p>
<p>En gracias, en frescura y lozanía,</p>
<p>Y a quien tanto galán su pecho inmola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo han vivido en plácida armonía</p>
<p>El suave nardo con el rudo espino,</p>
<p>El alegre con la noche fría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no ha de renegar de su destino</p>
<p>Si recuerda que es joven, que es amable,</p>
<p>Y encuadernada vive en pergamino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compara tu braguero miserable,</p>
<p>Y tu rugosa frente ilimitada,</p>
<p>Y el asma que te aflige perdurable,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con aquella cintura delicada,</p>
<p>Aquellas formas de beldad modelo,</p>
<p>Aquella tez brillante y sonrosada;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego, si te atreves, clama al cielo,</p>
<p>Y acúsala de infiel y de perjura</p>
<p>Si sucumbe al amor de algún mozuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Era menos infausta mi figura</p>
<p>Cuando me unió, dirás, el sacro nudo</p>
<p>A su liviana y pérfida hermosura?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no compraste escudo sobre escudo,</p>
<p>Respondo yo, la inicua tiranía</p>
<p>De su padre avariento y testarudo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No la robó tu bárbara porfía</p>
<p>Al dulce amigo de su infancia tierna</p>
<p>Con quien dichosa y casta viviría?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O darse a ti, o clausura sempiterna:</p>
<p>¿Qué otro medio restaba a la infelice</p>
<p>Para aplacar la cólera paterna?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llama sin tregua en el abismo atice</p>
<p>El tétrico Plutón al que de un hijo</p>
<p>La inclinación honesta contradice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lleve el diablo al decrépito canijo</p>
<p>Que no espera su término cercano</p>
<p>Tranquilo y sin bodorrio en su cortijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, lindo don Diego casquivano,</p>
<p>Que por salir de trampas y pobreza</p>
<p>Vendiste a doña Críspula tu mano;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si porque el hado le negó belleza</p>
<p>La desprecias ingrato, ¿cómo extrañas</p>
<p>De su gruñir eterno la rudeza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Se encuentran cada día esas cucañas?</p>
<p>¿No debes nada a tu mujer, que entero</p>
<p>Te consagras sin rienda a las extrañas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No se compra el amor con el dinero.</p>
<p>Por qué enlazarse a mí?» ¡Linda salida!</p>
<p>¿Te explicabas así cuando soltero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y aquello de mi amor, mi bien, mi vida?</p>
<p>¿Qué se hicieron los dulces madrigales</p>
<p>Do tu pasión pintabas desmedida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Rojos tus labios son como corales;</p>
<p>Nieve tu seno, que Cupido precia</p>
<p>Más que en Chipre su cuna de rosales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Ni Cleopatra famosa, ni Lucrecia</p>
<p>Te igualan en beldad, ni la traidora</p>
<p>Que tantos lloros arrancó a la Grecia».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así hablaba tu boca engañadora.</p>
<p>¿Por qué es hoy a tus ojos una arpía</p>
<p>La que antes fue sirena encantadora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Que pague su orgullosa tontería.</p>
<p>¿Por qué no consultaba algún espejo,</p>
<p>Y hubiera visto en él que yo mentía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»A un hombre de mi garbo y mi gracejo</p>
<p>Harto cuesta el llamarse su marido</p>
<p>Sin hacer el papel de su cortejo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y acaso, dime, ¿la primera ha sido</p>
<p>Que hermosa se ha juzgado, o menos fea</p>
<p>A fuerza de adularla un fementido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es por ventura extraño que se crea,</p>
<p>Y más en la mujer, débil, sencilla,</p>
<p>Lo que el orgullo humano lisonjea?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y cuántas veces el amor humilla</p>
<p>A una fea dichosa el Ganimedes</p>
<p>Admiración y hechizo de la villa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni aun el consuelo a la infeliz concedes</p>
<p>De haber creído conquistar tu pecho,</p>
<p>Si no con su beldad, con sus mercedes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Tan mal fundado juzgas el derecho</p>
<p>De una rica al amor de un pelagatos</p>
<p>Que no tiene ni viña ni barbecho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerda cuando andabas sin zapatos,</p>
<p>Y si un creso la sopa te ofrecía</p>
<p>Te tragabas hambriento hasta los platos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡No se hubiera casado!» ¿Y qué sería,</p>
<p>Qué sería de ti, que tal profieres,</p>
<p>Si, pudiendo ser madre, aún fuera tía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! bien pudo nadar en los placeres</p>
<p>Sin gemir en amargo cautiverio;</p>
<p>Mas ¡oh suerte cruel de las mujeres!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si del amor cedéis al dulce imperio,</p>
<p>Sólo el placer el Hombre se reserva:</p>
<p>Vuestro es el deshonor y el vituperio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa por gracia en la viril caterva</p>
<p>Lo que castiga cual atroz delito</p>
<p>En la mujer, su infortunada sierva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay un freno que dome su apetito;</p>
<p>Que más aplauden al que más codicia</p>
<p>El lupanar, la crápula, el garito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tanto ¡cuál te oprime su injusticia,</p>
<p>Triste Mujer! Feroz si te condena,</p>
<p>Cocodrilo falaz si te acaricia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es mucho, pues, si de Natura suena</p>
<p>Dentro en su pecho la incesante aldaba,</p>
<p>Que anhele una infeliz nupcial cadena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué mujer de resistir se alaba</p>
<p>Al soberano amor? Su arpón maldito</p>
<p>A la hermosa, a la fea, a todas clava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy que domina el interés precito</p>
<p>¿No ha de esperar que el oro la haga bella</p>
<p>Aunque sea una furia del Cocito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De rabia no arderá como centella</p>
<p>Si es despreciada del marido injusto</p>
<p>Que sus derechos sacrosantos huella?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ha de tenerle en sempiterno susto</p>
<p>Espiando al perjuro día y noche?</p>
<p>¿No ha de arañarle el entrecejo adusto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No, que verá tranquila que derroche</p>
<p>Su hacienda en un burdel, y a una piruja</p>
<p>Querrá ceder el heredado coche!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y tú la llamas deslenguada y bruja</p>
<p>Porque charla, y te aturde y desespera!</p>
<p>Hace bien en charlar; que no es cartuja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿cuál infame y cínica cohorte</p>
<p>A mis ojos parece?&#8230; ¡Ah vil canalla,</p>
<p>Escándalo y escoria de la Corte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora sí que saltar quiero la valla;</p>
<p>Ahora como la pólvora tronante</p>
<p>Mi cáustico furor arde y estalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién puede ver sin cólera a un tunante,</p>
<p>A su triste mitad poner en venta,</p>
<p>Del conyugal pudor vil traficante?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Resista la mujer tamaña afrenta.»</p>
<p>¿Cómo podrá si su holgazán marido</p>
<p>La hace vivir desesperada, hambrienta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en tanto algún ricacho corrompido</p>
<p>Con larga mano a su hermosura brinda</p>
<p>Ya el collar, ya el magnífico vestido;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menos heroica que graciosa y linda,</p>
<p>¿Es mucho que por hambre o por despecho</p>
<p>Al pródigo magnate al fin se rinda?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así el macizo artesonado techo</p>
<p>Que una gotera mina sin reposo</p>
<p>Al fin viene a caer roto y deshecho;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en el alto cerro pedernoso</p>
<p>Un año y otro la robusta encina</p>
<p>Al huracán resiste proceloso;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin la copa vacilante inclina,</p>
<p>Cruje el tronco tenaz, y al valle umbrío</p>
<p>Baja rodando en estruendosa ruina;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así al oso feroz del Alpe frío</p>
<p>A fuerza de hambre y palos y cadena</p>
<p>Hace bailar el hombre a su albedrío;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así a dormir con ruda cantilena</p>
<p>La serosa nodriza de Vizcaya</p>
<p>Los infantiles párpados condena;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tanto boga, sin hallar la playa</p>
<p>El desvalido párvulo en su cuna,</p>
<p>Que al fin duerme sin sueño o se desmaya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! en tanto que halaga la fortuna</p>
<p>A un gandul sin vergüenza, torpe, idiota,</p>
<p>Gime el talento y el honor ayuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ha de sufrir la pública chacota</p>
<p>Un marido venal? ¿Por qué a ese reo</p>
<p>Sin honra ni pudor no se le azota?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué ha de ser escudo el himeneo&#8230;</p>
<p>Mas silencio: mi pluma avergonzada</p>
<p>Se niega ya a pintar cuadro tan feo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Escuche usted, me dice un camarada:</p>
<p>Veamos cuál disculpa a la soltera.</p>
<p>El vengador de la mujer casada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué Flérida esquiva y altanera</p>
<p>Me precia en menos que su mano hermosa,</p>
<p>Talle gentil y rubia cabellera?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la adulara tanto la enfadosa</p>
<p>Cuadrilla de babiecas que la hostiga,</p>
<p>Y frívola no fuera y vanidosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué si a tantos sin rubor prodiga</p>
<p>La blanda risa y la mirada ardiente,</p>
<p>Inés se llama mi constante amiga?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque ya la ha engañado un pretendiente;</p>
<p>Y pues en todo el hombre da el ejemplo,</p>
<p>No es mucho que le imite&#8230; y le escarmiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué, si bien a Fílida contemplo,</p>
<p>Más humana la encuentra y más propicia</p>
<p>Quien lleva más ofrendas a su templo?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué ha de hacer! De su padre la codicia</p>
<p>Al que suspira a secas no consiente,</p>
<p>Y al que regala, aplaude y acaricia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué, si es cierto que Belarda siente</p>
<p>El amor que su boca me ha jurado,</p>
<p>En sus heladas cartas lo desmiente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Amor tan circunspecto y reservado</p>
<p>Es farsa, no es amor. ¿Por qué no imita</p>
<p>Mi volcánico estilo apasionado?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque a la imberbe tropa hermafrodita</p>
<p>En el café no leas el billete,</p>
<p>Y la insulten después con su risita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mal haya el confitado mozalbete</p>
<p>Que por darse ridícula importancia</p>
<p>La opinión de una hermosa compromete!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escuchadle contar, ¡oh petulancia!</p>
<p>Más victorias de amor, que de Belona</p>
<p>Ilustraron al héroe de Numancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirad cómo su lengua fanfarrona</p>
<p>A alguno cierto, que callar debiera,</p>
<p>Mil placeres soñados eslabona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Veis aquella que va por la carrera?&#8230;</p>
<p>Pues cierta noche hasta rayar el &#8230;»</p>
<p>¡Infame! ¡Y no ha pisado su escalera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Diréis que Petronila es una malva?</p>
<p>Pues me da cada lunes una cita,</p>
<p>Y el marido&#8230; ¡Infeliz! La fe le salva.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuál de su lengua gárrula, maldita,</p>
<p>Aunque sea una santa se liberta?</p>
<p>¿Cuál no fue suya si nació bonita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay desdichada joven si inexperta</p>
<p>Vencer te dejas del procaz lampiño!</p>
<p>¡Ay si le atranca tu virtud la puerta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, muerto en breve su falaz cariño,</p>
<p>Tu honor es su juguete o su venganza,</p>
<p>Aunque sea más puro que el armiño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas la florida edad de la esperanza,</p>
<p>Del placer, del amor rápida vuela,</p>
<p>Y a luengos pasos la vejez se avanza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O bien el lindo rostro de Marcela,</p>
<p>Que fue portento ayer, hoy desfigura</p>
<p>Crudo tumor, aleve erisipela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y cuánta soledad, cuánta amargura</p>
<p>Guarda el hado cruel a la que llora</p>
<p>Marchita o jubilada su hermosura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la rosa de Mayo encantadora</p>
<p>Del hombre esquiva la canosa frente,</p>
<p>Ciñe al menos oliva triunfadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en sus aras Amor no le consiente,</p>
<p>Temis le acoge, y próvida Minerva</p>
<p>Le brinda del saber la sacra fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el crudo tiempo su vigor enerva,</p>
<p>Riquezas prodigándole y honores.</p>
<p>Del hambre y de la infamia le preserva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Días ha que disputan los doctores</p>
<p>Si es justo o no que la Mujer se ciña</p>
<p>A mezquinas domésticas labores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En buen hora se niegue a la basquiña</p>
<p>Regir la noble cátedra severa,</p>
<p>Blandir el asta y escardar la viña;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero al menos el Hombre ¿no pudiera</p>
<p>De algunas artes reservar el uso</p>
<p>A la pobre Mujer su compañera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo abarca su poder intruso.</p>
<p>Tejedor  es el Hombre, y cocinero,</p>
<p>Y sastre, que es el colmo del abuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh mecánico siglo chapucero!</p>
<p>¡Oh molicie del Hombre vergonzosa!</p>
<p>¡¡¡Yo he visto hacer calceta a un granadero!!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y porque anhela el título de esposa</p>
<p>Con ardor incesante una doncella</p>
<p>¿La censura tu lengua ponzoñosa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dirás que es liviandad si se atropella,</p>
<p>Por si otro más gentil no se aparece,</p>
<p>A escoger un marido indigno de ella?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué mucho si de un hombre  se guarece,</p>
<p>Quien fuere sea, contra el hombre  injusto</p>
<p>Que si no la persigue la escarnece?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Triste!&#8230; ¿No ha de temer el ceño adusto</p>
<p>Del que la juzga y manda soberano</p>
<p>Sólo porque ha nacido más robusto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien con el corazón diera su mano</p>
<p>Al bello mozo que en secreto quiere,</p>
<p>Y no a su novio enclenque y chabacano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay, que en vano sin piedad la hiere</p>
<p>Del caprichoso amor la flecha aguda;</p>
<p>¡Que ha de arrancarla o despechada muere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su mal recata ruborosa y muda</p>
<p>Si movido por rara simpatía</p>
<p>Amoroso el doncel no la saluda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Hombre con descaro y osadía</p>
<p>Declara sus amores, pobre y feo;</p>
<p>A la hermosa de excelsa jerarquía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es dique la opinión a su deseo,</p>
<p>Y de una en otra hasta encontrar posada</p>
<p>Convierte el trashumante galanteo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas en todo la Hembra infortunada</p>
<p>Contra su pecho para amar nacido</p>
<p>Nace a perpetua lucha destinada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Legislador el Hombre empedernido</p>
<p>Ni aun el consuelo, ¡ay mísera! te deja</p>
<p>De elegir un tirano en un marido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así con el cetrino la bermeja,</p>
<p>La niña con el trémulo caduco,</p>
<p>La aguda con el fatuo se empareja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Persiga Capricornio al mameluco</p>
<p>Que sin pasiones vegetar te manda</p>
<p>Cual si fueras de mármol, o de estuco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Bien; resignada estoy, dice Fernanda.</p>
<p>Ya del sexo opresor la ley recibo,</p>
<p>Aunque me dicta amor otra más blanda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Mas valga de mi rostro el atractivo,</p>
<p>Valga a adquirirme racional esposo</p>
<p>El laudable recato con que vivo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Inútil esperanza! Licencioso</p>
<p>Prefiere el Hombre al plácido himeneo</p>
<p>Celibato infecundo y vergonzoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Griego, romano, egipcio, persa, hebreo;</p>
<p>Todos honraban cuando Dios quería</p>
<p>El santo nudo que ultrajado veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alguno con culpable antipatía</p>
<p>Osaba desdeñarlo, era maldito,</p>
<p>Y en el desprecio y el baldón vivía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas hoy se tiene a gala el sambenito.</p>
<p>«¿Casarme? dice Erasto, ni por pienso.</p>
<p>No caiga yo jamás en el garlito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Otro al ara nupcial lleve su incienso.</p>
<p>Libre quiero vivir, independiente;</p>
<p>Libre gastar mi patrimonio inmenso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No sea yo ludibrio de la gente.</p>
<p>No sufra yo, tras la mujer y el dogo,</p>
<p>Cuñado hambrón y suegra impertinente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y una recua de primos&#8230; (¡yo me ahogo!&#8230;</p>
<p>Y ¡oh Dios! la ambigua prole venidera,</p>
<p>Y el comadrón, el ama, el pedagogo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Qué horror! Ya ¿quién se casa? Un calavera,</p>
<p>O el palurdo, si amaga alguna quinta</p>
<p>Que en morrión le transforme la montera».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Santo Himeneo, quien así te pinta,</p>
<p>Quien te denuesta así no tiene un alma,</p>
<p>O más negra la tiene que mi tinta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando veo su insolente palma</p>
<p>Blandir al vicio ¿enfrenaré mi furia?</p>
<p>¿Veré su impunidad en torpe calma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Hasta cuándo, ¡oh virtud! cual hija espuria</p>
<p>Te abnegará el ibero corrompido</p>
<p>Del Lete al Duero, desde el Miño al Turia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Nada debes al suelo en que has nacido?</p>
<p>¿Nada a ti mismo por ventura debes,</p>
<p>Tú que el nombre escarneces de marido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hombre que al escuchar no te conmueves</p>
<p>De la natura el imperioso acento,</p>
<p>Feliz te llamas y a vivir te atreves!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No más hinchado prócer opulento</p>
<p>Compra el amor, sincero, don divino,</p>
<p>Que el piloto en el mar próspero viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta a alcanzar el oro alto destino,</p>
<p>Basta a lograr efímeros placeres,</p>
<p>Basta a rendir el muro diamantino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas si algún corazón rendir quisieres,</p>
<p>Te ha de costar el tuyo; a menos precio,</p>
<p>Te afanarás en balde; no lo adquieres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay miserable, miserable y necio!</p>
<p>El que compra lisonjas con el oro</p>
<p>Comprará la par su ruina y su desprecio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vendrá la senectud, y amargo lloro</p>
<p>Te ha de bañar el lánguido semblante,</p>
<p>Si hoy tal vez lo embellece tu tesoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No habrá una hiedra cariñosa, amante,</p>
<p>Que en abrigar se goce al tronco yerto</p>
<p>Lozano en otro tiempo y arrogante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muerto a ti mismo, a los placeres muerto,</p>
<p>El mundo que hoy no basta a tus antojos</p>
<p>¿Qué será para ti? Mudo desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A quién entonces volverás los ojos?</p>
<p>¿Quién cubrirá de rozagantes flores</p>
<p>De tu vejez los áridos abrojos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién vendrá a consolarte en tus dolores?</p>
<p>¿Quién besará tu mano, dulce fruto,</p>
<p>Dulce acuerdo de plácidos amores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando pagues el fatal tributo</p>
<p>¿Quién cerrará tus párpados gimiendo?</p>
<p>¿Quién vestirá por ti fúnebre luto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así rasgada con horrible estruendo.</p>
<p>Pasa fugaz la nube veraniega</p>
<p>Entre granizo y rayos descendiendo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ni una planta generosa riega;</p>
<p>Que al caer se disipa, no dejando</p>
<p>Vestigio de su tránsito en la vega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡cómo ciega al Hombre el vicio infando!</p>
<p>¡Cuántos la arrastran, ay! más ponderosa</p>
<p>La conyugal cadena desdeñando!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arruina a Damis Lesbia, la Raposa,</p>
<p>Inmunda meretriz; y Damis fiero</p>
<p>Desprecia a Laura linda y virtuosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No quiere que al olor de su dinero</p>
<p>Algún pariente acuda; y el pazguato</p>
<p>Pariente viene a ser del pueblo entero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho cacarear su celibato;</p>
<p>Y obedece la ley de una buscona</p>
<p>Que ayer fue propiedad de un maragato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su corazón le ofrece la bribona;</p>
<p>Pero ¿qué corazón ni qué embeleco</p>
<p>Si ni aun manda absoluto en la persona?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mírale al tonto pasear tan hueco</p>
<p>En soberbio landó con su manceba,</p>
<p>Que le burla después como a un muñeco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mira cuál le engatusa la hija de Eva,</p>
<p>Y cuán cara le vende su conquista!</p>
<p>¡Pobre caudal! El diablo se lo lleva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde hay repleto cofre que resista</p>
<p>Tanto gastar en fonda y coliseo</p>
<p>Y peluquero y tiendas y modista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual si fuese la hacienda de un hebreo,</p>
<p>La tía de alquiler, el falso primo,</p>
<p>Todos entran a parte en el saqueo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así a la viña de su fruto opimo,</p>
<p>Lindera del camino, se despoja,</p>
<p>Si al paso cada cual corta un racimo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y a quién apiada luego su congoja</p>
<p>Si reducida su fortuna a cero</p>
<p>La ingrata Lesbia del umbral le arroja?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién no se ha de reír del majadero,</p>
<p>Del bagaje mayor que de este modo</p>
<p>Su juventud consume y su dinero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿No es fuerte cosa, desde el sucio lodo</p>
<p>Do yace hundido, me dirá fulano,</p>
<p>Que en todo has de culpar al hombre, en todo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿A mí me llamas cínico y liviano,</p>
<p>Y bagaje mayor, ¡sangrienta injuria!</p>
<p>Y estéril monstruo del linaje humano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Y acaso es una Porcia, una Veturia,</p>
<p>O más bien una torpe Mesalina</p>
<p>Quien vende su beldad a mi lujuria?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tu lógica es por cierto peregrina.</p>
<p>Porque estoy arruinado ¿soy culpable?</p>
<p>¡Pues, qué! ¿No peca más la que me arruina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Querrás tal vez el título de amable</p>
<p>Ganar entre las damas abogando</p>
<p>Por la ramera inmunda y despreciable?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y con la vieja infame que el nefando</p>
<p>Lenocinio ejercita ¿por ventura</p>
<p>Serás también caritativo y blando?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No fuera tal del hombre la locura</p>
<p>Si mercenaria la mujer no fuera.</p>
<p>Más bendiciones echaría el cura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Cierto que mueve a lástima Glicera</p>
<p>Linda y graciosa, sin hallar marido,</p>
<p>Consumir su galana primavera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mas ¿qué mucho si un joven aturdido</p>
<p>A la adusta Glicera recatada</p>
<p>La fácil Araminta ha preferido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Quién no coge la poma sazonada</p>
<p>De rama dócil que su mano toca</p>
<p>Mejor que de alta copa enmarañada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Qué marinero con audacia loca</p>
<p>Cuando le brinda la amigable arena</p>
<p>Se va a estrellar en la erizada roca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Quién si la rubia miel puede sin pena</p>
<p>Gustar en libre mesa, quién la busca</p>
<p>expensas de algún ojo en la colmena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Vate mordaz! ¿Qué vértigo te ofusca?</p>
<p>Contra tu mismo sexo ¿quién te mueve</p>
<p>A escribir una sátira tan brusca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Eso faltaba a la Mujer aleve</p>
<p>Para colmar su orgullo. ¡Ah! quien la apoya</p>
<p>Caiga en sus lazos; sus engaños pruebe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Acuérdate de Elena. ¡Linda joya!</p>
<p>Ella fue de su patria horror y estrago;</p>
<p>Ella ardió los alcázares de Troya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Fíate, necio, de amoroso halago;</p>
<p>Patrocina y elogia a las mujeres;</p>
<p>Temprano o tarde te darán el pago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Dones lleva a la diosa de Citeres;</p>
<p>Leda con una mano los recibe,</p>
<p>Y con otra envenena tus placeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Dichoso quien a tiempo se apercibe</p>
<p>Contra el sexo falaz y más dichoso</p>
<p>Quien sin amor y sin mujeres vive!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Has dicho? Óyeme ahora; que celoso</p>
<p>A mi defensa vuelvo y a mi ataque,</p>
<p>Homenaje debido al sexo hermoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizá ya el triunfo cantarás muy jaque;</p>
<p>Mas basta a evaporar tu vanagloria,</p>
<p>No digo yo, cualquiera badulaque.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué vale recordar la añeja historia</p>
<p>De la hermosa Tindárida funesta?</p>
<p>Sólo pruebas con eso tu memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citar mujeres mil poco me cuesta</p>
<p>De castidad y de valor modelo;</p>
<p>Mas no es del caso erudición molesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni cubre mi razón tan denso velo</p>
<p>Que a todas las disculpe. ¡A buen seguro!</p>
<p>Muchas son el oprobio de su suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas para alguna que rompiendo el muro</p>
<p>De la austera opinión al torpe crimen</p>
<p>Guiar se deje por conato impuro,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas el hambre déspota redimen</p>
<p>Con su indefenso honor! ¡Cuántas, ay! Cuántas</p>
<p>de artera seducción víctimas gimen!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Censor injusto que de ver te espantas</p>
<p>De Isaura la flaqueza, ¿acaso ignoras</p>
<p>Que el lloro de Damón bañó sus plantas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras recuerda engañadoras</p>
<p>Que insidiaron su cándida inocencia,</p>
<p>Las elocuentes cartas seductoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viérasle de su amor en la demencia</p>
<p>Jurar por el divino firmamento</p>
<p>Consagrarla por siempre su existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viérasle cuán solícito y atento</p>
<p>Sus más leves caprichos prevenía,</p>
<p>Y así velaba su traidor intento,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y gimiendo a su lado noche y día</p>
<p>Cuán rendido ensalzaba su hermosura,</p>
<p>Su ingenio, su donaire y bizarría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así entre gayas flores y verdura</p>
<p>Se oculta el áspid y en manjar sabroso</p>
<p>La ponzoña vertió mano perjura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No de otra forma el piélago espumoso</p>
<p>Con mansas olas el fatal bajío</p>
<p>Al marinero cubre cauteloso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! ¿Qué no inventa el corruptor impío</p>
<p>Hasta que el triunfo bárbaro asegura,</p>
<p>Que olvida luego con cruel desvío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora baña su rostro de dulzura,</p>
<p>Diestro camaleón; ora abismado</p>
<p>En el dolor lo finge y la amargura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viérasle, en fin ante el objeto amado</p>
<p>Con mentido furor el hierro agudo</p>
<p>Convertir a su seno depravado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Débil Mujer, en el combate rudo</p>
<p>Do a par de la natura el hombre lidia,</p>
<p>¿Qué Palas te defiende con su escudo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nutrida en la ignorancia, en la desidia,</p>
<p>Y tierna más que el Hombre y amorosa,</p>
<p>¿No ha de vencer del Hombre la perfidia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en torpe ramera escandalosa</p>
<p>La seducción convierte a quien sin ella</p>
<p>Tierna madre sería y fiel esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, Clori infeliz, tu frente bella</p>
<p>Do celestial pudor resplandecía</p>
<p>Marchita el vicio y la ignominia sella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella que en inmunda mercancía</p>
<p>Torna el amor, decrépita rufiana,</p>
<p>Aún llora de un amante la falsía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca la hubieran en su edad lozana</p>
<p>Con pérfidas lisonjas seducido;</p>
<p>Y ahora sería respetable anciana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! después que una mísera ha perdido</p>
<p>La buena fama, su mayor tesoro,</p>
<p>¿Qué asombro si el pudor lanza al olvido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin apiadarse de su ardiente lloro</p>
<p>Hoy lenguaz la deshonra el embustero</p>
<p>Que ayer la repetía: yo te adoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«De la virtud, respondes, al sendero</p>
<p>Puede tornar. Si el Hombre se lo niega,</p>
<p>Dios le dará el perdón, menos severo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Saludable moral más que a la vega</p>
<p>El fecundo rocío!, aunque en la boca</p>
<p>De un botarate lúbrico no pega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tu ejemplo al desorden la provoca.</p>
<p>¿Y por qué llamas hoy crimen horrible</p>
<p>Lo que llamaste ayer una bicoca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que ayer, a tus lágrimas sensible,</p>
<p>De gracia fue raudal y de delicias</p>
<p>¿Infame ha de ser hoy y aborrecible?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy no vendiera Lola sus caricias</p>
<p>Si no la despreciase el insolente,</p>
<p>Que robó a su hermosura las primicias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no es menos ludibrio de la gente</p>
<p>La que al vicio aprendido se abandona</p>
<p>Que aquella que lo llora y se arrepiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué digo? Despreciada se arrincona</p>
<p>La que siente pesar de su flaqueza,</p>
<p>A la relapsa la opulencia abona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdió a Dorila su gentil belleza.</p>
<p>Pues otro bien no tiene, ¿será extraño</p>
<p>Que con ella conjure la pobreza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya me replicas tétrico y huraño</p>
<p>Que eso de traficar con la hermosura</p>
<p>Causa a la sociedad inmenso daño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí; mas viviendo mísera y oscura</p>
<p>¿Por qué a la sociedad ser inmolada,</p>
<p>Que la arroja de sí como basura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni premio espera la mujer honrada,</p>
<p>Que entre los hombres vive como ilota,</p>
<p>Ni socorro y piedad la descarriada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A tu lengua mordaz el filo embota,</p>
<p>Pues, si no seductor, cómplice fuiste,</p>
<p>Y no la imprimas indeleble nota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poder con que el hado te reviste</p>
<p>Templa tú con la plácida indulgencia;</p>
<p>Y harto será si tu poder resiste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el saber y el valor fueron tu herencia,</p>
<p>De la Mujer son dotes la ternura,</p>
<p>El candor, la piedad y la paciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ve el rostro a la negra desventura</p>
<p>El que de una mujer amado vive</p>
<p>Que de sus males temple la amargura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Mujer en su seno te recibe,</p>
<p>Y a tu labio infantil el pecho ofrece</p>
<p>Do el almo néctar sin descanso libe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la aurora tan próvida amanece,</p>
<p>No a serenar el hórrido nublado</p>
<p>Tan halagüeño el iris aparece,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual su labio amoroso y regalado</p>
<p>Sonriendo saluda al caro dueño</p>
<p>Cuando a sus lares torna fatigado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella, a olvidar el enconado ceño</p>
<p>De su estrella enemiga, le previene</p>
<p>La limpia mesa y el tranquilo sueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo dio a su acento que resuene</p>
<p>Grato y consolador, y que a tu ira,</p>
<p>Hombre feroz, los ímpetus enfrene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Mujer con el mísero suspira,</p>
<p>Y mano tiende al pobre bienhechora</p>
<p>Como el Hombre impasible la retira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su mirar enternece y enamora,</p>
<p>Y su sonrisa el alma lisonjea</p>
<p>Como las auras al dosel de Flora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras el Hombre bárbaro pelea;</p>
<p>Mientras de acero la discordia insana</p>
<p>Arma su diestra o de encendida tea;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobria, dulce, benéfica y humana,</p>
<p>Paz amorosa la Mujer ansía,</p>
<p>Fuente de dichas que incesante mana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en los altares fervorosa y pía,</p>
<p>Cuando el Hombre  los huye pervertido,</p>
<p>Preces al Alto por el Hombre  envía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni, bien que débil gima y abatido,</p>
<p>Al eco de la patria, de la gloria</p>
<p>El sexo del amor cierra su oído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas ganaron inmortal memoria</p>
<p>En los campos de Marte y a su frente</p>
<p>Ciñeron el laurel de la victoria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni labio luminoso y elocuente</p>
<p>A la Mujer negó Naturaleza,</p>
<p>Y claro ingenio y fantasía ardiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es patrimonio suyo la rudeza,</p>
<p>Como pretende el Hombre; que el talento</p>
<p>Bien se sabe hermanar con la belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no ya a la Mujer como portento</p>
<p>De gracia y de virtud el Hombre estime:</p>
<p>Sólo su compasión mover intento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duélete, sí, de la Mujer que gime,</p>
<p>Por nacer menos fuerte, condenada</p>
<p>A adular al tirano que la oprime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aún por el mismo amor atormentada,</p>
<p>En tutela infeliz desde la cuna</p>
<p>Vivir la mira hasta la tumba helada;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en soledad austera la importuna</p>
<p>Existencia arrastrar; y al hombre avaro</p>
<p>Los favores ceder de la fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual rota nave, si luciente faro</p>
<p>El puerto no le enseña en noche umbrosa,</p>
<p>La cuitada perece sin tu amparo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contempla que madrastra rigorosa</p>
<p>Le envía en cada gozo mil dolores</p>
<p>Natura, para ti madre amorosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contempla en fin los negros sinsabores</p>
<p>Que por tu causa sin cesar padece,</p>
<p>Y si la has de ultrajar no la enamores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta; que ya mi sátira te escuece.</p>
<p>Si en vano corregirte me prometo,</p>
<p>Confiésame a lo menos que merece</p>
<p>Más amor la Mujer y más respeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epigrama</strong> <strong>XI</strong></h3>
<p>Dejome el Sumo Poder,</p>
<p>Por gracia particular,</p>
<p>Lo que había menester:</p>
<p>Dos ojos para llorar&#8230;</p>
<p>Y uno solo para ver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Mejor Gala De Abril</strong></h3>
<p>Del ledo Manzanares</p>
<p>En la galana orilla</p>
<p>«Entre olorosos céspedes</p>
<p>La tierna yerbecilla</p>
<p>Pace el cordero cándido,</p>
<p>Y con balido trémulo</p>
<p>Saluda a la aurora del plácido Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vid enamorada</p>
<p>Al olmo fiel asida</p>
<p>Tiende los verdes pámpanos</p>
<p>Sobre la copa erguida;</p>
<p>Y entre sus brazos lúbricos</p>
<p>Retoza el blando Céfiro</p>
<p>Nuncio delicioso del plácido Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en el jardín ameno,</p>
<p>Y en el risueño prado</p>
<p>Abren las flores vírgenes</p>
<p>El seno embalsamado.</p>
<p>Brota la espiga próvida,</p>
<p>Y el impaciente agrícola</p>
<p>Entona loores al pródigo Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Progne ya resuena</p>
<p>El canto apetecido</p>
<p>Que en torno gira rápida</p>
<p>Del amoroso nido,</p>
<p>Y el ruiseñor armónico</p>
<p>En los gigantes álamos</p>
<p>Con dulce gorjeo bendice al Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No empero el corderillo,</p>
<p>Ni la vid tortuosa,</p>
<p>Ni el Cefirillo alígero,</p>
<p>Ni la encarnada rosa,</p>
<p>Ni la espiga benéfica,</p>
<p>Ni los alegres pájaros</p>
<p>Subliman la gloria del plácido Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, mi gentil Rosana;</p>
<p>Tú, que a Venus afrentas,</p>
<p>Y hasta el paterno piélago</p>
<p>Con tus gracias la ahuyentas;</p>
<p>Tú, pastora bellísima,</p>
<p>De tantas almas ídolo,</p>
<p>Tú eres la gala más linda de Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Reputaciones Fáciles</strong></h3>
<p>Dice un refrán (¡qué patraña!)</p>
<p>Que todo el mundo es país.</p>
<p>¿Dónde ha visto usted, don Luis,</p>
<p>Un país como la España?</p>
<p>Basta aquí un poco de maña</p>
<p>Para adquirir un varón</p>
<p>Universal opinión;</p>
<p>Que en el suelo castellano</p>
<p>Ya no distingue un cristiano</p>
<p>El pepino y el melón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pera, enorme mostacho,</p>
<p>Voz que atruene el hemisferio,</p>
<p>Guerra a todo ministerio&#8230;,</p>
<p>Si yo no entro en el Despacho;</p>
<p>Llamar brillante muchacho</p>
<p>Al que raja y alborota;</p>
<p>Acusar de vil feota,</p>
<p>Aunque sea buen patricio,</p>
<p>A todo el que tenga juicio;&#8230;</p>
<p>Y cáteme usted patriota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leer sin meditación</p>
<p>Las obras de Víctor Hugo,</p>
<p>Jamás doblegarse al yugo</p>
<p>Del gusto y de la razón,</p>
<p>Dar una ruin traducción</p>
<p>Por obra de mi chabeta,</p>
<p>En una insulsa cuarteta</p>
<p>Hacer gala de cinismo,</p>
<p>Loarme en fin a mí mismo;&#8230;</p>
<p>Y cáteme usted poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenga yo mesa abundante</p>
<p>Que ofrecer a los gorrones;</p>
<p>Las torpes adulaciones</p>
<p>Pague en dinero contante</p>
<p>Del que mis gracias aguante.</p>
<p>Mientras sea dadivoso</p>
<p>No hay miedo que malicioso</p>
<p>Nadie con pullas me pinche,</p>
<p>Y aunque yo ladre y relinche,&#8230;</p>
<p>Cate usted que soy gracioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenga yo mucha osadía</p>
<p>Con el flaco y el caído,</p>
<p>Hable fuerte y haga ruido&#8230;</p>
<p>Cuando esté con compañía,</p>
<p>Cuente como hazaña mía</p>
<p>La hazaña de algún pariente,</p>
<p>Pague a un chulo el aguardiente</p>
<p>Porvidando a troche y moche,</p>
<p>Rompa faroles de noche;&#8230;</p>
<p>Y cáteme usted valiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenga yo mujer bonita</p>
<p>Entrometida y buscona</p>
<p>Para estarme en la poltrona</p>
<p>Mientras por mí solicita;</p>
<p>Si alguien la fama me quita</p>
<p>No me dé pena ninguna;</p>
<p>Que si labro mi fortuna</p>
<p>Todo es un grano de anís;&#8230;</p>
<p>Y cáteme usted, don Luis,</p>
<p>En los cuernos de la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dimisorias A Una Dama</strong></h3>
<p>Tanta es, niña, mi ternura,</p>
<p>que no reconoce igual.</p>
<p>Si tuvieras un caudal</p>
<p>comparable a la hermosura</p>
<p>de ese rostro que bendigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eres mi bien y mi norte,</p>
<p>graciosa y tierna Clarisa,</p>
<p>y a tener tú menos prisa</p>
<p>de llamarme tu consorte,</p>
<p>pongo al cielo por testigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Tú me idolatras? Convengo.</p>
<p>Y yo, que al verte me encanto,</p>
<p>si no te afanaras tanto</p>
<p>por saber que sueldo tengo</p>
<p>y si cojo aceite o trigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A no ser porque tus dengues</p>
<p>ceden solo a mi porfía</p>
<p>cuando, necio en demasía,</p>
<p>para dijes y merengues</p>
<p>mi dinero te prodigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A no ser porque recibes</p>
<p>instrucciones de tu madre,</p>
<p>y es forzoso que la cuadre</p>
<p>cuando me hablas o escribes,</p>
<p>o me citas al postigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuando solo al bandullo</p>
<p>regalas tosco gazpacho,</p>
<p>haciendo de todo empacho,</p>
<p>no tuvieras más orgullo</p>
<p>que en la horca don Rodrigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si después de estar casados,</p>
<p>en lugar de rica hacienda,</p>
<p>no esperase la prebenda</p>
<p>de tres voraces cuñados</p>
<p>y una suegra por castigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, conjurando la peste</p>
<p>que llorar a tantos veo,</p>
<p>virtudes que en ti no creo,</p>
<p>de cierto signo celeste</p>
<p>me pusieran al abrigo,</p>
<p>me casaría contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dios Sobre Todo</strong></h3>
<p>Verdades a troche y moche</p>
<p>Fulmina Juan a cualquiera,</p>
<p>Ya vaya a pie o tenga coche;</p>
<p>Mas, aunque tanta virtud</p>
<p>Confusa mi alma venera,</p>
<p>¿Prosperará de ese modo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alguno le mira y ríe</p>
<p>Se enciende Claudio en furor:</p>
<p>Fuerza es que le desafíe,</p>
<p>Porque mirar a un valiente&#8230;</p>
<p>¿Y no merece mejor</p>
<p>De temerario el apodo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese nuevo potentado</p>
<p>Que, gracias a su mujer,</p>
<p>Hoy se ve tan entonado,</p>
<p>Si llega un triste a su puerta,</p>
<p>¿Se acordará de que ayer</p>
<p>Arrastraba por el lodo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Piensas tú que don Valerio,</p>
<p>Cuando este mundo mezquino</p>
<p>Es un puro gatuperio,</p>
<p>Aunque pueda acreditarlo</p>
<p>Con añejo pergamino,</p>
<p>Viene de linaje godo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué fin se propone Rita,</p>
<p>Moza de garbo y salero,</p>
<p>Cuando servir solicita,</p>
<p>Y no hay en la Corte casa,</p>
<p>Sino es de señor soltero,</p>
<p>En donde encuentre acomodo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel administrador</p>
<p>Su plata mide a quintales.</p>
<p>¡Qué opulencia! ¡Qué esplendor!</p>
<p>¿Le cayó la lotería;</p>
<p>O bien en las arcas reales</p>
<p>Metió la mano hasta el codo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Serán dinero contante</p>
<p>De un ministro la sonrisa,</p>
<p>Los cuentos de un navegante,</p>
<p>Los suspiros de un poeta,</p>
<p>Las lágrimas de Belisa,</p>
<p>Las promesas de un beodo?</p>
<p>Dios sobre todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Brasero</strong></h3>
<p>Dirán que soy friolero;</p>
<p>Que soy un cierzo, un Enero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Júrole a usted por mi honor</p>
<p>Que no hay un mueble mejor</p>
<p>Que el brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el termómetro requiero,</p>
<p>Apunta dos bajo cero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Del termómetro me río;</p>
<p>Que me preserva del frío</p>
<p>Mi brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si está el carbón muy entero,</p>
<p>Me da un tufo que me muero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Se echa un cuarto de alhucema</p>
<p>Y no hay quien el tufo tema</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fama cual otros no espero</p>
<p>Revolviendo el mundo entero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Me bebo alegre una azumbre</p>
<p>Mientras revuelvo la lumbre</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asando estoy con reposo</p>
<p>En las ascuas un hermoso</p>
<p>Pero,</p>
<p>Mientras se quema una pata</p>
<p>Y huye bufando la gata</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tengo un gran cocinero</p>
<p>Ni mesa del alto clero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Como a gusto en la tarima</p>
<p>Que suelo poner encima</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es mueble antiguo, somero,</p>
<p>De mal tono, chapucero;</p>
<p>Pero</p>
<p>A toda la vecindad</p>
<p>Me reúne en sociedad</p>
<p>El brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La chimenea ya infiero</p>
<p>Que da mayor reverbero;</p>
<p>Pero</p>
<p>Inspira más confianza,</p>
<p>Más intimidad la usanza</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es el pudor muy severo</p>
<p>De la muchacha que quiero;</p>
<p>Pero</p>
<p>¡Qué delicia! Alza la ropa</p>
<p>Por no quemarla en la copa</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aguarda, que en el tintero</p>
<p>Me dejo el más lisonjero</p>
<p>Pero,</p>
<p>Los hurtillos que consiente</p>
<p>La camilla confidente</p>
<p>Del brasero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Baile</strong></h3>
<p>Diz que inventaron la danza</p>
<p>La alegría y el amor,</p>
<p>Y que tal vez la inocencia</p>
<p>Tuyo parte en la invención,</p>
<p>Cuando eran los hombres tales</p>
<p>Como el cielo los crió,</p>
<p>Y nadie osaba enmendar</p>
<p>La plana al sumo Hacedor;</p>
<p>Mas la sociedad moderna</p>
<p>De otra forma lo ordenó</p>
<p>Creando del baile serio</p>
<p>La singular locución.</p>
<p>Es cierto que de la danza</p>
<p>Arte bello se formó</p>
<p>Que un Vestris  y una Taglioni</p>
<p>Hicieron encantador;</p>
<p>Y aunque no faltan filósofos</p>
<p>Que miren con irrisión</p>
<p>Un arte en que al hombre igualan</p>
<p>El perro, el oso, el jocó;</p>
<p>Y no pueden tolerar</p>
<p>Que se llame profesor</p>
<p>Quien tiene el alma en las corvas</p>
<p>Y el ingenio en el talón,</p>
<p>Ya a los públicos teatros</p>
<p>El arte se refugió,</p>
<p>Y a la ambulante maroma</p>
<p>De algún italiano histrión.</p>
<p>Y el baile de sociedad</p>
<p>¿Merece este nombre? No,</p>
<p>Bien que lo llamen así</p>
<p>Los tontos de profesión.</p>
<p>Lo que fue danza animada</p>
<p>Insulsa parodia es hoy,</p>
<p>O ridícula fatiga</p>
<p>Sin placer ni diversión.</p>
<p>¿Qué es ver ochenta figuras</p>
<p>Frente a frente y dos a dos</p>
<p>Como autómatas moverse</p>
<p>Sin espíritu y sin voz?</p>
<p>¿Qué inspiran a los sentidos,</p>
<p>Qué anuncian al corazón</p>
<p>Cojeando la mazurca,</p>
<p>Galopando la galop?</p>
<p>¿Qué sustancia, don Remigio,</p>
<p>Saca usted de un rigodón</p>
<p>Arrastrando el pie dengoso</p>
<p>Ora delante, ora en pos?</p>
<p>¡Miradlos! Ellos y ellas,</p>
<p>Más serios que un facistol,</p>
<p>Danzan como si danzaran</p>
<p>Así,&#8230; de orden superior.</p>
<p>Apenas el aire agita</p>
<p>La leve falda de gro,</p>
<p>O de un zanquilargo fraque</p>
<p>El escurrido faldón.</p>
<p>Si Laura te da una mano,</p>
<p>Lo hace&#8230; por amor de Dios,</p>
<p>Y con guante, y de los cinco</p>
<p>Tres dedos sisa el pudor.</p>
<p>Si ella te abraza, es mentira:</p>
<p>Vas tú a abrazarla y ¡voló!;</p>
<p>Que te esquiva la cintura&#8230;</p>
<p>Por guardar el polisson.</p>
<p>La destreza es de mal tono,</p>
<p>El regocijo, ¡fi donc!;</p>
<p>La ala está en el desdén</p>
<p>Y en el fastidio el primor.</p>
<p>Y esos que por tal bobada.</p>
<p>Sin piedad de su pulmón,</p>
<p>Perdidos tiempo y hacienda,</p>
<p>Vuelven a casa con sol,</p>
<p>Antes que hombres y mujeres</p>
<p>Parecen en el salón</p>
<p>Santos de tontería</p>
<p>O muñecos de reloj:</p>
<p>Y luego pregunta Carlos</p>
<p>A la hermosa Leonor:</p>
<p>«¿Qué tal en casa del Conde?</p>
<p>¡Gran baile! ¡Gran reunión!</p>
<p>»¡Sí, magnífica!, contesta</p>
<p>La dama. Tengo una tos&#8230;</p>
<p>Usted se divertiría</p>
<p>Mucho&#8230; —Nada: no, señor.</p>
<p>»Yo me aburrí, pero tengo</p>
<p>La dulce satisfacción</p>
<p>De poder asegurar</p>
<p>Que me aburrí comm&#8217; il faut».</p>
<p>¡Tal presente nos ha hecho</p>
<p>La extranjera ilustración,</p>
<p>Y el prurito de la moda</p>
<p>A tal extremo llegó!</p>
<p>Tales bailes no me den;</p>
<p>Que no entiendo, voto a brios,</p>
<p>Cómo pueden asociarse</p>
<p>La danza y el mal humor.</p>
<p>Denme el brioso bolero,</p>
<p>Y la jota  de Aragón,</p>
<p>Y el fandango  saleroso</p>
<p>Y el polo  jaleador;</p>
<p>Y aunque sirva de sarao</p>
<p>La cocina de un mesón;</p>
<p>Y mas que cuelguen candiles</p>
<p>Y espejo sea un perol;</p>
<p>Y mas que en humilde poyo</p>
<p>Suplan con rasgado son</p>
<p>La guitarra y la bandurria</p>
<p>Al oboe  y al fagot.</p>
<p>¡Y alegría, pese al diablo!</p>
<p>¡Y vaya otro trago, Antón!</p>
<p>¡Y brinco que cante el credo!</p>
<p>¡Y que se muela el arroz!</p>
<p>Y la mano, sea mano,</p>
<p>Y en lo que fuero razón</p>
<p>No le anden con regateos</p>
<p>A ningún hombre de pro;</p>
<p>Y haga Juana otra cabriola,</p>
<p>Y mas que sea una coz;</p>
<p>Y sepamos si esa liga</p>
<p>Es verde o de otro color.</p>
<p>Esto será de mal tono,</p>
<p>Y vulgar, y ¿qué sé yo&#8230;;</p>
<p>Pero es fruta de mi tierra,</p>
<p>Y yo soy muy español.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Odio A La Sujeción</strong></h3>
<p>¡Ea, no quiero, tía!</p>
<p>¡El diantre de la rueca!</p>
<p>¿Siempre he de estar hilando?</p>
<p>¡No es mala impertinencia!</p>
<p>Dejadme que me ponga</p>
<p>La saya de franela</p>
<p>Que hogaño el tío Bartolo</p>
<p>Me trajo de la feria.</p>
<p>Dejadme al aire libre</p>
<p>Triscar por la pradera;</p>
<p>Que de chupar estopa</p>
<p>Me voy quedando seca.</p>
<p>Dejadme que tañendo</p>
<p>Mi linda pandereta</p>
<p>Cabe el arroyo cante</p>
<p>La jacarilla nueva.</p>
<p>Si no es que los donceles</p>
<p>Por adularme mientan,</p>
<p>En gracia y en donaire</p>
<p>No hay una que me venza.</p>
<p>Ayer me dijo Tirso:</p>
<p>«¡Lástima de mozuela</p>
<p>Perdida en los tizones</p>
<p>De rancia chimenea!»</p>
<p>Y dice bien. Quince años</p>
<p>Cumplí por la cuaresma.</p>
<p>Bullendo está mi sangre;</p>
<p>Saltando de las venas.</p>
<p>¿Teméis que me requiebren</p>
<p>Los mozos de la aldea?</p>
<p>Dejadlos. No hay peligro</p>
<p>Que en público me pierda.</p>
<p>Peor será que alguno,</p>
<p>Si amor me desespera,</p>
<p>A media noche salte</p>
<p>Las tapias de la huerta.</p>
<p>Que a las niñas&#8230; (anoche</p>
<p>Lo dijo la tendera)</p>
<p>Inútil es guardarlas</p>
<p>Si no se guardan ellas.</p>
<p>Hilando, no hay remedio,</p>
<p>Voy a caer enferma.</p>
<p>Dejadme de mis años</p>
<p>Gozar la primavera.</p>
<p>Cuando al invierno llegue&#8230;</p>
<p>Como vos; cuando vea</p>
<p>Arrugas en mi cara,</p>
<p>Canas en mi cabeza;</p>
<p>Entonces, sin cuidarme</p>
<p>De amor ni panderetas,</p>
<p>Lo juro, de las manos</p>
<p>No soltaré la rueca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Aguinaldo</strong></h3>
<p>Estoy frito, estoy en ascuas</p>
<p>Con tanto «¡Felices pascuas!»</p>
<p>Y con tanta socaliña.</p>
<p>Gente rapaz e indiscreta,</p>
<p>Basta ya de rebatiña,</p>
<p>O por vida de poeta</p>
<p>Con una sátira os baldo.</p>
<p>¡Reniego del aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedigüeño que me dices:</p>
<p>«¡Felices pascuas, felices!»</p>
<p>¿Cómo quieres que las tenga</p>
<p>Si con tarjetas los unos,</p>
<p>Los otros con una arenga,</p>
<p>¡No me dejáis, importunos!</p>
<p>¿Para una taza de caldo?</p>
<p>¡Basta, basta de aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedid al que emplea en fincas</p>
<p>Todo el oro de los Incas</p>
<p>Ganado ¡Dios sabe cómo!</p>
<p>Pedid al que era de un duque,</p>
<p>No hace mucho, mayordomo,</p>
<p>Y hoy puede fletar un buque</p>
<p>Con el importe del saldo.</p>
<p>¡Reniego del aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andad con esa molienda</p>
<p>A algún ministro de Hacienda,</p>
<p>O al insaciable asentista,</p>
<p>O al palaciego intrigante,</p>
<p>O a un vista&#8230; corto de vista;</p>
<p>Pero ¿a un poeta&#8230; y cesante!&#8230;</p>
<p>¡Por vida de san Romualdo!</p>
<p>¡Basta, basta de aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al aguador, santo y bueno,</p>
<p>Y al criado y al sereno;</p>
<p>Que estos al fin, bien o mal,</p>
<p>Me sirven; mas ¿que me pida</p>
<p>Para turrón, ¡pesia tal!</p>
<p>Una vergonzante Armida</p>
<p>De quien yo no soy Reinaldo?</p>
<p>¡Reniego del aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repartidores  perversos,</p>
<p>¿A qué me venís con versos</p>
<p>Si yo los tengo de sobra?</p>
<p>Con mano airada y convulsa,</p>
<p>Si volvéis a la maniobra,</p>
<p>En cada décima  insulsa,</p>
<p>Una maldición respaldo.</p>
<p>¡Basta, basta de aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Quevedo, y el Diario,</p>
<p>Y el Arpa  y el Semanario&#8230;</p>
<p>¡Santo cielo, qué reata!</p>
<p>El Panorama español&#8230;</p>
<p>Dilín, dilín&#8230; ¡La Postdata!</p>
<p>—¿Otro? ¡La Revista!&#8230; ¡El Sol!&#8230;</p>
<p>¡Mis sobrinos!&#8230; ¡El Heraldo!&#8230;</p>
<p>¡Reniego del aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No cesa la campanilla!</p>
<p>Me fugaré de la villa</p>
<p>Si esto en Madrid se consiente.</p>
<p>¡Por Dios, por Dios, respetad</p>
<p>El mísero remanente</p>
<p>De mi escasa propiedad,</p>
<p>O me quejaré a Basualdo!</p>
<p>¡No más, no más aguinaldo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Amante De Todas</strong></h3>
<p>Me enamoran los ojos de Filena,</p>
<p>Y de Clori la túrgida cintura;</p>
<p>En Rosana me hechiza la blancura,</p>
<p>Y Anarda me cautiva por morena;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El talento de Elisa me enajena;</p>
<p>Me embelesa de Inés la travesura,</p>
<p>Y aun de la bizca Astrea la dulzura</p>
<p>Forja a mi corazón blanda cadena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay una fea que me cause espanto.</p>
<p>Gorda, flaca; alta, baja; ardiente, fría;&#8230;</p>
<p>En todas hallo celestial encanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdona, de mi estrella es tiranía;</p>
<p>Mas aunque a todas quiero, a nadie tanto</p>
<p>Como a ti, que me escuchas, Nise mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Diablo Predicador</strong></h3>
<p>No sólo en farsas dramáticas</p>
<p>Mete su cuezo Astarot:</p>
<p>No en el teatro del Príncipe</p>
<p>Fija sólo su mansión;</p>
<p>No sólo se viste el hábito</p>
<p>Que el Seráfico fundó;</p>
<p>Que, pues estamos en época</p>
<p>De algazara y de ficción,</p>
<p>También acude a la máscara</p>
<p>El Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Paso, que allá va el intérprete</p>
<p>Del atezado Plutón!</p>
<p>Y nadie lo niegue incrédulo;</p>
<p>Que estar el Diablo no es de hoy</p>
<p>Bajo una careta anónima</p>
<p>O dentro de un dominó.</p>
<p>¡Paso! Entre veras y jácaras,</p>
<p>A más de uno y más de dos</p>
<p>Va a zurrar con crudo látigo</p>
<p>El Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Arre allá, vieja ridícula!</p>
<p>No a la sombra del cartón</p>
<p>Robes a las tiernas vírgenes</p>
<p>Las lisonjas del amor.</p>
<p>¿De qué te sirve un crepúsculo</p>
<p>De ineficaz ilusión?</p>
<p>Anda a rezar por las ánimas.</p>
<p>Deja el mundo y piensa en Dios;</p>
<p>O tu faz descubre lívida</p>
<p>El Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la coquetuela Mónica</p>
<p>La careta se quitó,</p>
<p>Y aquella sonrisa plácida</p>
<p>Triunfa a babor y estribor;</p>
<p>Mas otra le queda, jóvenes,</p>
<p>De albayalde y arrebol&#8230;</p>
<p>Y ¿por qué también la pérfida</p>
<p>No se quita el polisson?</p>
<p>No engañan trapos recónditos</p>
<p>Al Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Así! ¡Que suene la música,</p>
<p>Y se enzambre el rigodón,</p>
<p>Y haya codazos, y estrépito,</p>
<p>Y se sude de calor!&#8230;</p>
<p>Mientras tanto un mozo lúbrico,</p>
<p>Y una moza como un sol,</p>
<p>Se escurren por aquel ángulo&#8230;</p>
<p>—¿Se perderán? —¿Qué sé yo?&#8230;</p>
<p>Otro llorará su pérdida,</p>
<p>No el Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué gozo en la sala próxima!</p>
<p>¿Será que al fin se logró</p>
<p>De los partidos acérrimos</p>
<p>La deseada fusión?</p>
<p>¿Podrán más que la política</p>
<p>Las travesuras de amor?</p>
<p>¿O lo que fusión  paréceme</p>
<p>Será tal vez confusión?</p>
<p>No hace falta en ese círculo</p>
<p>El Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¿qué horrendo espectáculo,</p>
<p>Más allá del corredor,</p>
<p>Se ofrece a mi vista atónita?</p>
<p>El juego, piélago atroz</p>
<p>Donde suelen morir náufragos</p>
<p>El dinero y el honor.</p>
<p>¡Ah, pobres maridos víctimas!&#8230;</p>
<p>¡Oh témpora! ¡Oh mores! ¡Oh!&#8230;</p>
<p>Allí debe estar el púlpito</p>
<p>Del Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más allá la fonda opípara</p>
<p>Recrea a más de un glotón.</p>
<p>Apenas pueden los fámulos</p>
<p>Acudir a tanta voz.</p>
<p>¡Y qué de virtudes frágiles</p>
<p>Anega el vino traidor!</p>
<p>¡Y qué nube de parásitos!</p>
<p>¡Si parece maldición!</p>
<p>¿Quién pone coto a su estómago?</p>
<p>Ni el Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ya basta de sátira</p>
<p>Y basta de reprensión,</p>
<p>Pues el cenizoso miércoles</p>
<p>Llega con paso veloz,</p>
<p>Y con él se acerca el término</p>
<p>De la jocosa estación.</p>
<p>Siga la broma sin límites;</p>
<p>Que al fin, si no vota en pro,</p>
<p>Hoy no harán mella las pláticas</p>
<p>Del Diablo predicador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Feo</strong></h3>
<p>Yo soy muy buen cristiano,</p>
<p>Yo soy buen ciudadano,</p>
<p>Yo soy un pobrecillo</p>
<p>Candoroso y sencillo;</p>
<p>Pero con esta cara</p>
<p>Que Dios me dio tan rara</p>
<p>Nada me sale como yo deseo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La cara, dice el mundo,</p>
<p>Del corazón profundo</p>
<p>Es el veraz retrato;</p>
<p>Y ese mundo insensato</p>
<p>Sólo al ver mi figura</p>
<p>Mi alma inocente y pura</p>
<p>Compara al alma del feroz Atreo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca he sido tramposo;</p>
<p>Que es vicio indecoroso;</p>
<p>Mas si para un apuro</p>
<p>He menester un duro,</p>
<p>Jamás hallo una puerta</p>
<p>A mis ruegos abierta.</p>
<p>En vano pido, en vano pordioseo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si un lindo sin sustancia</p>
<p>Suelta una extravagancia,</p>
<p>¡Oh cómo aplaude Obdulia</p>
<p>Y toda la tertulia!</p>
<p>Yo digo una agudeza,</p>
<p>Y exclaman: ¡qué simpleza!</p>
<p>¿Quién le mete a gracioso a ese Asmodeo?</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Pedro da esperanzas,</p>
<p>A Juan mimos y chanzas,</p>
<p>A Diego&#8230; En fin, a trece</p>
<p>Versátil favorece</p>
<p>La coquetuela Marta;</p>
<p>Y a mí me da&#8230; una carta</p>
<p>Para que vaya a echarla en el correo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la calle un cualquiera</p>
<p>Me disputa la acera;</p>
<p>En casa, siendo el amo,</p>
<p>No acuden cuando llamo.</p>
<p>¿Pretender? Tararira.</p>
<p>Confianza no inspira</p>
<p>Este rostro fatal para un empleo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al entrar yo en la fonda</p>
<p>Ríen a la redonda</p>
<p>Ocho trastos o nueve,</p>
<p>Y el mozo se me atreve,</p>
<p>Y los peores platos</p>
<p>Me sirve, y no baratos;</p>
<p>Que yo soy algún paria a lo que veo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hay de noche camorra</p>
<p>Por culpas de una zorra,</p>
<p>Y yo por un acaso</p>
<p>¡Triste! me encuentro al paso,</p>
<p>El agresor escapa,</p>
<p>Y la ronda me atrapa;</p>
<p>Y me mira&#8230; No hay más: yo soy el reo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si un fraile (esto no es mofa)</p>
<p>Furibundo apostrofa</p>
<p>Al pecador precito,</p>
<p>Aunque pueblo infinito</p>
<p>Le oiga en la augusta sala,</p>
<p>Solo a mí  me señala</p>
<p>Cuando acudo al sermón del jubileo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo busco al cirujano,</p>
<p>Yo sudo, yo me afano</p>
<p>Si pare un niño hermoso</p>
<p>Inés. Padre y esposo</p>
<p>(No siempre es uno mismo)</p>
<p>Me encargan del bautismo&#8230;</p>
<p>Y no cato los dulces del bateo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy más feo que Picio,</p>
<p>Y es mi mayor suplicio</p>
<p>Gustar de la hermosura.</p>
<p>Si al fin por desventura</p>
<p>Acepta alguna bella</p>
<p>Mi amor, ¡tal será ella!</p>
<p>Capricornium me fecit, lo preveo.</p>
<p>¡Ay desgraciado del que nace feo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Furor Filarmónico</strong></h3>
<p><em>[&#8230;] Ridentem dicere verum</em></p>
<p><em>Quid vetat?</em></p>
<p><em>Horacio.</em></p>
<p>No más, no más callar; que ya en mi seno</p>
<p>Tanta bilis no cabe, Anfriso mío,</p>
<p>Y tanta indignación, tanto veneno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Yo sufrir el armónico extravío</p>
<p>Que así enloquece al grave castellano?</p>
<p>¡Yo que de castellano me glorío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Yo sufrir que el gorjeo de un soprano</p>
<p>Muy más al pueblo estólido conmueva</p>
<p>Que el ruso combatiendo al otomano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y que a enseñar un hombre no se atreva</p>
<p>Luneta para el otro coliseo</p>
<p>Cuando anuncia el cartel ópera  nueva?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que en el café, en la calle, en el paseo,</p>
<p>En tertulia, doquier se hable tan sólo</p>
<p>De la Donna del lago  o de Romeo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que la letra de un aria, horror de Apolo,</p>
<p>Aprenda de memoria un lechuguino,</p>
<p>Y desprecie a León y al dulce Polo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que me pruebe en añejo pergamino</p>
<p>Descender de Gerión, y yo le vea</p>
<p>Adulador de un buffo  transalpino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que el sentido común negado sea</p>
<p>Por la meliflua turba a quien ignora</p>
<p>Lo que es un calderón  y una corchea?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que hasta para vender platos de Alcora</p>
<p>En escala cromática  se grite,</p>
<p>Y anuncie el diapasón  a una aguadora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Que aplaudiendo un moscón se desgañite</p>
<p>Tal vez lo que rechiflas merecía,</p>
<p>Y entre bravos  el hígado vomite?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, no; mil veces no. Sacra Talía,</p>
<p>Ya tu fuego satírico me inflama.</p>
<p>Dardo aguzado es ya la pluma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es tan terrible el bruto de Jarama</p>
<p>Que agarrochado rompe la barrera,</p>
<p>Y embiste, y hiere, y espumante brama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién tu mostaza, Juvenal, me diera,</p>
<p>O tu diestro pincel, divino Horacio,</p>
<p>Que admirará la prole postrimera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mas ay, que no es Madrid el noble Lacio,</p>
<p>Y aquí no hay un Mecenas ni un Augusto</p>
<p>Que proteja de un vate el cartapacio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y he de callar, con el pulmón robusto?</p>
<p>No, que es santa la causa que sostengo</p>
<p>Y de ignorantes zoilos no me asusto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto es mi galardón si a España vengo</p>
<p>Del desprecio español, y en rima acerba</p>
<p>Su decoro impertérrito mantengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Triste! ¿Qué vas a hacer? Aunque Minerva</p>
<p>Declamara por ti, no se corrige</p>
<p>La tenaz filarmónica caterva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Hay un genio infernal que la dirige,</p>
<p>Gigante enorme, que a domar su furia</p>
<p>Más robusto poder que el tuyo exige.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Reprende los enredos de la curia,</p>
<p>Si comezón de sátira te roe,</p>
<p>La avaricia o la sórdida lujuria;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y deja que Madrid plácido loe</p>
<p>Los trinos  de una amable virtuosa</p>
<p>Al compás del violín y del oboe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Triunfe Pacini, triunfe Cimarosa,</p>
<p>Y eríjase de mármol y granito</p>
<p>Pirámide a Rossini  majestuosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Deja que, sin alzar tu inútil grito,</p>
<p>Cual sus tablas un día en el desierto</p>
<p>Se adore de Moisés  el spartito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Todo sea dulcísono concierto,</p>
<p>Y óigase el gorgorito almibarado</p>
<p>Hasta en el réquiem  que se entona a un muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Por qué en poema cáustico y airado</p>
<p>Ese placer legítimo combates</p>
<p>Que tiene al español embelesado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡El mundo siempre fue casa de orates,</p>
<p>¡Y al furor filarmónico te opones!</p>
<p>¿Quién en locura, quién vence a los vates?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»La música es consuelo de aflicciones.</p>
<p>¿Quién no canta en el mundo? Aún el esclavo</p>
<p>Canta al sonar los férreos eslabones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Dichoso el que no cuenta un solo ochavo</p>
<p>Para almorzar mañana, como pueda</p>
<p>Clamar en la luneta ¡bravo! ¡bravo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Sigue, vate infeliz, otra vereda.</p>
<p>¿Quién ataja un torrente con arcilla?</p>
<p>¡Guarda, no algún desastre te suceda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ya no es Castilla lo que fue Castilla</p>
<p>Aquí más que otro tiempo al gran Rodrigo</p>
<p>Hoy se aplaude a un maestro de capilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Deja estar a los músicos, te digo,</p>
<p>Que son el ornamento de la Corte.</p>
<p>Mira que te aconsejo cual amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tu satírica saña se reporte;</p>
<p>Que no bien un melómano te lea,</p>
<p>De enemigos tendrás una cohorte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Dirán (casi los oigo): ¡Estulta idea!</p>
<p>Ese hombre tiene el alma de peñasco</p>
<p>Cuando una dulce voz no le recrea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mas ¿qué será lo que le altera el casco?</p>
<p>¡Audacia singular!&#8230; —Vamos, no hay duda,</p>
<p>Algún poema suyo ha fato fiasco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Más de una vez su musa testaruda</p>
<p>Entre la risa de ignorante plebe</p>
<p>Nos ha espetado la verdad desnuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Venganza, guerra al poetastro aleve</p>
<p>Que a la divina Euterpe escarneciendo</p>
<p>Su viperina lengua osado mueve!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El que impugna una stretta  y un crescendo,</p>
<p>Quien maldice el adagio  y el andante,</p>
<p>Reo es de crimen bárbaro y horrendo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tente, Anfriso, y escucha tolerante.</p>
<p>No soy yo de la música contrario:</p>
<p>Sólo pudiera serlo un delirante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni a condenar me atrevo temerario</p>
<p>El público placer, bien que mi diestra</p>
<p>Sólo a Dios elevara el incensario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizá también mi júbilo se muestra</p>
<p>Al escuchar los ecos de Rossini</p>
<p>En Galli, en Rossi, en la sonora orchestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pláceme Osmir en boca de Passini,</p>
<p>La Céssari  en Arsace  me arrebata,</p>
<p>Y admiro en Semirámide  a la Albini.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni dejo de aplaudir una volata</p>
<p>Por cantarla Valencia, si me gusta;</p>
<p>Que nunca he sido mulo de reata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni aún Llord  cual subalterno me disgusta;</p>
<p>Que Orfeo no ha de hacer de confidente</p>
<p>Como pretende multitud injusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas mi cólera, Anfriso, no consiente</p>
<p>Que ensalzando de Italia a los cantores</p>
<p>Al español teatro así se afrente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tribútense en buen hora mil loores</p>
<p>A una voz peregrina, y no olvidemos</p>
<p>Que en Madrid hay comedias, hay actores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sea todo bravos, todo extremos</p>
<p>Cuando trina en rondó  lengua toscana,</p>
<p>Y al escuchar a Lope  bostecemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No clamen voces mil: ¡Hosanna! ¡Hosanna!</p>
<p>Cuando acate a su reina el pueblo asirio,</p>
<p>Y olvidemos la gloria castellana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aplaudamos un dúo  con delirio,</p>
<p>Y Calderón y Rojas y Moreto</p>
<p>En vez de almo placer nos den martirio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No vea yo a Cervantes incompleto</p>
<p>Por las cuadras rodar, y entre cristales</p>
<p>De la Schiava  el insípido libretto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No en el canto los duros a quintales</p>
<p>Ose invertir quien a Talía niega</p>
<p>Ocho maravedís y cuatro reales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es risa ver al pueblo cómo brega</p>
<p>Para alcanzar billete del Crociato?</p>
<p>¡A tanto, Anfriso, la locura llega!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno pierde la capa, otro un zapato;</p>
<p>Otro desde la víspera se aloja</p>
<p>Sobre la dura losa. ¡Mentecato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las diez. ¡Fiero motín! ¡Ruda congoja!</p>
<p>«¡Orden! ¡Orden! ¡Soldados, en batalla!</p>
<p>Aquí la sangre azul; allí la roja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—»¡Atrás! ¡Buen culatazo a la canalla!»</p>
<p>—¡Nada! ¿Quién la contiene? Aunque a sus ojos</p>
<p>Diez cañones cargasen de metralla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué de jirones luego y de despojos!</p>
<p>¡Cuántos, sobre quedarse sin tarjeta,</p>
<p>Descalabrados van, mancos o cojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro, no menos huero de chaveta,</p>
<p>Compra a fuerza de plata el privilegio</p>
<p>De adquirir sin porrazos la luneta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué ha de hacer? Si perdiera un solo arpegio</p>
<p>De la nueva función, otro elegante</p>
<p>Le acusara tal vez de sacrilegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No falta en tales días un tunante</p>
<p>Que revenda lunetas y sillones</p>
<p>Burlando al alguacil más vigilante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay hombre que daría diez doblones</p>
<p>Por escuchar el aria  del contralto</p>
<p>Aunque fuera en el foso entre ratones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe Madrid que a la verdad no falto.</p>
<p>Cierto es el trasnochar, y el monopolio,</p>
<p>Y el tomar los billetes por asalto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De cuanto pasa en él un tomo en folio</p>
<p>Se pudiera escribir; que menos fiero</p>
<p>El galo fue trepando al Capitolio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto, y aún más que referir no quiero</p>
<p>Pasa en Madrid; ¡y me dirá mi abuela:</p>
<p>«¡Los tiempos están malos: no hay dinero!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿A quién en tanto, a quién no desconsuela</p>
<p>El ver cuando no hay ópera desiertos</p>
<p>Patio, palcos, lunetas y cazuela?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Este calor cruel nos tiene muertos.</p>
<p>Sudar en la comedía es de mal tono.</p>
<p>Los cómicos son torpes, inexpertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si es trágica la acción me desazono;</p>
<p>Si es moral me empalaga; si es jocosa&#8230;</p>
<p>Vaya usté en mi lugar: cedo el abono».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así el canto alienígena se endiosa;</p>
<p>Y aunque viera a mis plantas un abismo,</p>
<p>¿No ha de tronar mi saña procelosa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Necio furor, risible fanatismo,</p>
<p>La guerra te declaro, y ¡oh si fuera</p>
<p>Cada verso que estampo un sinapismo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tú, santuario de virtud severa,</p>
<p>Teatro nacional, que fuiste un día</p>
<p>Norma y recreo de la gente ibera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prestigio de mi ardiente fantasía,</p>
<p>Tú, a quien tanta vigilia he consagrado,</p>
<p>Puerto amigable en la tormenta mía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú que el sesgo camino me has trazado</p>
<p>Do Inarco laureó la docta frente,</p>
<p>Si bien se atasca en él mi pie cuitado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú que en vano a la moda intercadente</p>
<p>Moral opones, variedad, buen gusto,</p>
<p>Ludibrio ya y botín de intrusa gente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teatro nacional, mi ceño adusto</p>
<p>Tu inicua depresión vengar ansía</p>
<p>Y vapular al populacho injusto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro tan bajo apodo aplicaría</p>
<p>Sólo al humilde menestral honesto,</p>
<p>al que no viene de alta jerarquía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no, que a todo trance me he propuesto</p>
<p>Lo que siento decir, aunque mañana</p>
<p>Mordaz me llame un crítico indigesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que nunca leyeron a Mariana,</p>
<p>Y devoran insípidas novelas</p>
<p>En lengua gali-escita-castellana;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que charlando más que un sacamuelas</p>
<p>Insignes literatos se pregonan,</p>
<p>Y jamás saludaron las escuelas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que su patria sin pudor baldonan;</p>
<p>Los que el oro negado al indigente</p>
<p>Por exóticos dijes abandonan;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que con cien aromas del Oriente</p>
<p>De sus almas no purgan la inmundicia,</p>
<p>Y llaman al danzar ciencia eminente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gallego o vascón cuya injusticia</p>
<p>Osa tildar de bárbaro salvaje</p>
<p>Al hijo de Navarra o de Galicia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que llaman a un coche un equipaje,</p>
<p>Y hablando entre españoles mal gabacho</p>
<p>Sus costumbres olvidan, su lenguaje;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anfriso, yo lo digo sin empacho;</p>
<p>Estos, su condición cual fuere sea,</p>
<p>Estos son, ¡vive Dios! el populacho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos de mí la extravagante idea</p>
<p>De condenar las óperas, repito;</p>
<p>Ni aun la débil de Osmir  y Netzarea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas aquel que al armónico apetito</p>
<p>Todo lo sacrifica afeminado,</p>
<p>Es un fatuo, un cabeza de chorlito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Bello dúo! Mi oreja ha regalado».</p>
<p>Bien; mas ¿por qué el monarca babilonio</p>
<p>Ya cadáver entona un recitado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué Antenor, que viene hecho un demonio,</p>
<p>Canta rabiando y a Celmira  aterra?</p>
<p>¿No es levantarle un falso testimonio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿En qué ignorado pueblo de la tierra,</p>
<p>Aunque perdone Il posto, canta un reo</p>
<p>Delante del consejo de la guerra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh poder de la solfa! ¡Oh coliseo!</p>
<p>Cuando a mí me asaltaron los ladrones</p>
<p>No cantaban siguiendo a un corifeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, que menos maldad, menos traiciones</p>
<p>Llorara el orbe si al compás  y al tono</p>
<p>Los hombres sujetaran sus pasiones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no se diga que con ciego encono</p>
<p>Ando a caza de faltas en el canto,</p>
<p>Y al olvido sus gracias abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta: sólo diré que no me espanto</p>
<p>Si entre bemoles  el tam-tam  resuena,</p>
<p>Ni Claudio  cantarín me arranca llanto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que el canto los sentidos enajena,</p>
<p>Que conmueve tal vez; mas no convence,</p>
<p>Objeto primitivo de la escena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni el comprender la letra a mí me vence,</p>
<p>Si cuando no debía Otelo  canta,</p>
<p>Lo mismo es en toscano que en vascuence.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo a su voz los triunfos que decanta</p>
<p>Quizá debe un tenor: la Poesía</p>
<p>Del genio vive, y no de la garganta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Melpómene fiera y de Talía</p>
<p>A los cuadros patéticos y fieles</p>
<p>También concede un genio la armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La armonía de Fidias y de Apeles</p>
<p>Que el alma hiere, blanda, imperceptible,</p>
<p>Sin flautas, sin tam-tam, ni cascabeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Armónico placer indefinible,</p>
<p>Placer que sólo siente y sólo expresa</p>
<p>Quien nutre un corazón tierno y sensible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué gozo iguala a la feliz sorpresa</p>
<p>De ver al torpe vicio escarnecido</p>
<p>Ceder su triunfo a la virtud opresa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si sucumbe, ¿qué pecho empedernido</p>
<p>No goza maldiciendo a los troyanos,</p>
<p>Lágrimas dando a la infelice Dido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién de Dios no venera los arcanos</p>
<p>Cuando incestuoso gime y parricida</p>
<p>El miserable rey de los tebanos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién si en su pecho la virtud anida,</p>
<p>No bendice a Jehová, que el alma fiera</p>
<p>Le negó y el orgullo de un Atrida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién&#8230;? Pero ¿a qué me salgo de mi esfera?</p>
<p>¿Qué escribo yo? Una sátira picante,</p>
<p>Y no un tratado de moral austera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién vale más, Racine  o Mercadante?</p>
<p>¿Es más justo reír en El Avaro</p>
<p>Que aplaudir una pieza concertante?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es lícito ignorar que Gundemaro</p>
<p>Fue de España monarca al madrileño</p>
<p>Que ha aprendido a decir: Addio, caro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Se aplaudirá a un cantor con necio empeño</p>
<p>Antes que cante, sin saber si tiene</p>
<p>Mísera voz y oído berroqueño?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Callarán las deidades de Hipocrene</p>
<p>El talento español, y el de otra casta</p>
<p>Sonará desde Calpe hasta Pirene?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que yo resuelva la cuestión no basta.</p>
<p>¿Y a qué fin? Cada cual a su albedrío,</p>
<p>Dirán, el tiempo y el dinero gasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haced lo que queráis: tiradlo al río;</p>
<p>La solfa preferid; cuando haya canto</p>
<p>Olvidad los rigores del estío;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, por Cristo y por su Padre santo,</p>
<p>No vayáis a ultrajar la patria escena</p>
<p>Los que la veis con tedio y con espanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No porque una comedía os cause pena</p>
<p>Miréis como a un idiota de reojo</p>
<p>Al pobre diablo que la juzga buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No apuntéis sin cesar el doble anteojo</p>
<p>Para ver en tertulia y aposentos</p>
<p>Si Filis se vistió de azul o rojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No allí el tiempo gastéis contando cuentos,</p>
<p>Y hasta ver si es el drama bueno o malo</p>
<p>No le volváis la espalda descontentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No charle usted tan fuerte, don Gonzalo,</p>
<p>O vaya con su cháchara al pasillo;</p>
<p>Que los que están detrás no son de palo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se ha anunciado en el cartel sencillo,</p>
<p>Ni puede autorizar el presidente</p>
<p>Que usted nos administre un tabardillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya que aplaude a rabiar, Dios se lo aumente,</p>
<p>Al tiple  y al tenor, con sus paisanos</p>
<p>Sea usted, a lo menos, indulgente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tema lastimar sus lindas manos</p>
<p>Si aplaude a un español; que no por eso</p>
<p>Gemirán los cantores italianos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Indigno fuera tan culpable exceso</p>
<p>De un artista eminente, cuya fama</p>
<p>No se funda en los bravos  de un camueso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguno de ellos, que las leyes ama</p>
<p>De la santa equidad, allá en su idioma</p>
<p>Llorando nuestra mengua al cielo clama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, que el llanto a mis párpados asoma</p>
<p>Cuando a ser españoles nos enseña</p>
<p>El que ha nacido en Nápoles o en Roma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Por qué, dice, la gente madrileña,</p>
<p>Bien que aplaudidos sean tiple  y bajo,</p>
<p>La escena nacional tanto desdeña?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Esmerado y asiduo es su trabajo.</p>
<p>¿No hacen más de lo justo los actores</p>
<p>Que por poco dinero echan el cuajo?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice bien. Y si en premio a sus sudores</p>
<p>La soledad reciben y el desprecio,</p>
<p>Mal se corregirán de sus errores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy dan nueva función. ¡Oh vulgo necio!</p>
<p>¿Por qué no vas a verla? Si es mezquina,</p>
<p>Si la ejecutan mal, silba de recio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Canta la donna  mal su cavatina,</p>
<p>Y exclamas al momento compasivo:</p>
<p>«Está mala; está ronca: ¡poverina!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pecar no pudo por igual motivo</p>
<p>Un actor español? Quizá trabaja</p>
<p>Después de haber tomado un vomitivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizá ese mismo que tu lengua ultraja,</p>
<p>Inmolado al escénico decoro,</p>
<p>Come gazpacho y duerme sobre paja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No fuera más razón en rudo coro,</p>
<p>Si delinquen, silbar a los de allende</p>
<p>Que han venido a embolsar montones de oro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas en vano mi sátira pretende</p>
<p>Reformar a la ciega muchedumbre</p>
<p>Que la razón esquiva, o no la entiende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Basta; me canso ya! ¡Dios los alumbre!;</p>
<p>Que si decir quisiera lo que callo</p>
<p>Aún gastara de tinta media azumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en vano, ¡oh patria! por tu honor batallo;</p>
<p>Si no me escuchan como en Troya un día</p>
<p>Al que arengó contra el fatal caballo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si los necios me juran guerra impía;</p>
<p>¿Qué importa? La verdad siempre es mi norte.</p>
<p>Muchos aplaudirán la audacia mía;</p>
<p>Que no todos son necios en la Corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Galgo Y El Cerdo</strong></h3>
<p>La sobriedad nos conviene</p>
<p>Y nos mata la pereza:</p>
<p>Esta fábula lo reza,</p>
<p>Que es una lección de higiene.</p>
<p>Desde su hedionda pocilga</p>
<p>Cierto marrano archibruto</p>
<p>A un ligero galgo enjuto</p>
<p>Tales sandeces endilga:</p>
<p>«Pobre animal baladí</p>
<p>Que estás hecho una silueta,</p>
<p>¿Eres dómine, o poeta?</p>
<p>Lástima tengo de ti.</p>
<p>»Gracias, le responde el galgo,</p>
<p>Por tu amistoso interés;</p>
<p>Pero, tal como me ves,</p>
<p>Más puedo que tú y más valgo.</p>
<p>»¡Sí, cruzando valle y loma,</p>
<p>Y expuesto a más de un percance,</p>
<p>A una liebre das alcance</p>
<p>Para que otro se la coma!</p>
<p>»Cierto; mas de la victoria</p>
<p>La parte mejor reclamo:</p>
<p>El provecho doy al amo</p>
<p>Y me reservo la gloria.</p>
<p>»¡Bah! ¿Qué es la gloria? Humo vano.</p>
<p>Yo, a tales quimeras sordo,</p>
<p>Como, y duermo en paz y engordo,</p>
<p>Replica el tosco marrano.</p>
<p>»Por ventura ¿estoy yo hambriento?</p>
<p>El amo no me limita</p>
<p>La ración que necesita</p>
<p>Mi sobrio temperamento.</p>
<p>»Conservo así la aptitud</p>
<p>Que pide mi noble oficio,</p>
<p>Y aire puro y ejercicio</p>
<p>Fortalecen mi salud,</p>
<p>»Entre el hogar y la caza,</p>
<p>Así, bestia descreída,</p>
<p>Quince años y más de vida</p>
<p>Concede el cielo a mi raza.</p>
<p>»Tú, cuyo sensorio embota,</p>
<p>Ya de suyo torpe y basto,</p>
<p>Entre inmundo cieno el pasto</p>
<p>Del salvado y la bellota;</p>
<p>»Tú, cuyo destino cierto,</p>
<p>Tras llevar tan feo nombre,</p>
<p>Es cebarte vivo el hombre</p>
<p>Para devorarte muerto;</p>
<p>»Tú, cuya importancia es nula</p>
<p>Para tanto orgullo, ignoras</p>
<p>Que están contadas tus horas</p>
<p>Y es tu enemigo la gula.</p>
<p>»Cumplido apenas un año</p>
<p>Darás el postrer resuello,</p>
<p>Y tras de horrible degüello</p>
<p>Te sacarán el redaño;</p>
<p>»Y el de muerte tan funesta,</p>
<p>Sin duelo de tu agonía,</p>
<p>Será en esta casa día</p>
<p>De regodeo y de fiesta.</p>
<p>»Ya preparan: la sartén,</p>
<p>Ya hacen de tu carne trizas</p>
<p>Y con ella longanizas,</p>
<p>Que yo he de probar también&#8230;»</p>
<p>Su filípica severa</p>
<p>Suspendió el galgo ladino</p>
<p>Porque advirtió que el gorrino</p>
<p>Se durmió&#8230; como quien era.</p>
<p>El estúpido glotón</p>
<p>Que, sin más Dios que su panza,</p>
<p>Vive en vergonzosa holganza</p>
<p>Como el citado lechón,</p>
<p>Tema apresurar el día</p>
<p>En que le lleve al lucillo,</p>
<p>Si no acerado cuchillo</p>
<p>Fulminante apoplejía.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2183 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/breton1-300x179.png" alt="Poemas de Manuel Bretón de los Herreros" width="778" height="464" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/breton1-300x179.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/breton1-768x457.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/breton1.png 956w" sizes="auto, (max-width: 778px) 100vw, 778px" /></p>
<h3><strong>El Pie De Lola</strong></h3>
<p><em>A mi amiga la Excma. Señora Doña Dolores Perignat de Pacheco</em></p>
<p>Lolita la de ojos negros</p>
<p>Sobre nacarada tez,</p>
<p>Tan modesta como linda,</p>
<p>Tan donosa como fiel;</p>
<p>Hermosa andaluza, que eres</p>
<p>La gala de aquel edén</p>
<p>Y, sin ser Rabicortona,</p>
<p>El asombro de Jerez,</p>
<p>Hanme dicho que en París,</p>
<p>Corte del trono francés,</p>
<p>No has encontrado, Lolita,</p>
<p>Zapato para tu pie.</p>
<p>¿Qué mucho, si es tan pulido</p>
<p>Que Amor se deleita en él</p>
<p>Y tan breve que al moverse</p>
<p>El más lince no le ve?</p>
<p>¡Dios te perdone el tormento</p>
<p>Que sufrió&#8230; tú sabes quién</p>
<p>Cuando vio tu pie en la mano</p>
<p>De un zapatero soez!</p>
<p>Pero antes de consentir</p>
<p>Tal sacrilegio ¿por qué</p>
<p>No consideraste, Lola,</p>
<p>Que tu clima no era aquel?</p>
<p>Ya se ve, tú pedirías</p>
<p>Zapatos para mujer,</p>
<p>Y los debiste pedir</p>
<p>Para niña de ocho a diez;</p>
<p>Que pasan allí por bellos</p>
<p>Pies de a tercia, y puede ser</p>
<p>Que no asusten los que midan</p>
<p>Cinco dedos más o seis;</p>
<p>Y diz que al tarso condenan</p>
<p>Para que parezca bien</p>
<p>A ser descarnado y seco</p>
<p>Cual tablero de ajedrez.</p>
<p>De gustos nada hay escrito,</p>
<p>Dice el refrán, bien lo sé;</p>
<p>Y no ha de tirar guijarros</p>
<p>A su tejado el francés;</p>
<p>Y en cada tierra hay su estilo.</p>
<p>Por eso en Babel-Mandeb</p>
<p>Agrada el rostro atezado</p>
<p>Que suda gotas de pez.</p>
<p>Pero árido zancarrón</p>
<p>Con sólo huesos y piel</p>
<p>¿Quién lo puede celebrar</p>
<p>Hablando de buena fe?</p>
<p>O le es fuerza confesarme</p>
<p>Que lo admira contra ley,</p>
<p>O serán de pie de banco</p>
<p>Las razones que me dé;</p>
<p>Y si hay quien tribute versos</p>
<p>A tales pies, ese quién</p>
<p>Hará en vez de un madrigal</p>
<p>Un epigrama cruel.</p>
<p>¡No así Fidias  memorable</p>
<p>Los esculpiera, ni fue</p>
<p>Tan chata  la inspiración</p>
<p>De Murillo  y Rafael!;</p>
<p>Que pie druida, es enemigo</p>
<p>De la pasión, del placer,</p>
<p>Y el instinto de lo bello</p>
<p>Fue guía de su pincel.</p>
<p>¿Qué talle hicieran garboso</p>
<p>Las patas que allí se ven?</p>
<p>Es imposible&#8230; ¿Y la pierna?&#8230;</p>
<p>Jesús, María y José!</p>
<p>Alma de cántaro abriga</p>
<p>Quien no sabe comprender</p>
<p>De un túrgido pie menudo</p>
<p>La elocuente morbidez.</p>
<p>¡Oh cuánto suelen decir</p>
<p>Artero amor a través</p>
<p>Del tabinete y la galga,</p>
<p>Y la media de patén!</p>
<p>Pero un pie de estado llano,</p>
<p>Que no altera su nivel,</p>
<p>Si no es cola de abadejo</p>
<p>Es cecina de Avilés.</p>
<p>Por eso cuando en España,</p>
<p>Que es país de honra y de prez,</p>
<p>«A los pies de usted, señora».</p>
<p>Exclama noble doncel,</p>
<p>Quizá se declara amante</p>
<p>Con achaque de cortés,</p>
<p>Y llamárase dichoso</p>
<p>Si le dijeran amén;</p>
<p>Que un pie lacónico y blando,</p>
<p>¡Vaya! es lo que hay que comer,</p>
<p>Lolita, y gracia de Dios</p>
<p>Poner los labios en él;</p>
<p>Pero en la orilla del Sena</p>
<p>Sería absurda sandez</p>
<p>El decir a una madama:</p>
<p>«Señora, a los pies de usted».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Primer Billete</strong></h3>
<p>Leonor se esconde. —¿Por qué será?&#8230;</p>
<p>Ya sé yo adónde&#8230; y a lo que va.</p>
<p>Ya al gabinete con un billete</p>
<p>Color de rosa&#8230; ¡Qué linda cosa,</p>
<p>Bella Leonor,</p>
<p>¡Es un billete de amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por verlo muero, dice entre sí.</p>
<p>¡Es el primero que recibí!</p>
<p>¡Mucho sigilo!, dijo Camilo.</p>
<p>Nadie lo vea, nadie lo lea,</p>
<p>Sino Leonor;</p>
<p>Que es un billete de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los del Tesoro, para papá;</p>
<p>Que él siempre el oro preferirá.</p>
<p>Pero el dinero del mundo entero</p>
<p>No tiene encanto, no vale tanto</p>
<p>Para Leonor</p>
<p>Como un billete de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh que embeleso! ¡Oh qué pasión!</p>
<p>Merece un beso cada renglón.</p>
<p>Turbada el alma pierde la calma;</p>
<p>Mas no me asusto; tiemblo&#8230; de gusto.</p>
<p>¡Viva Leonor</p>
<p>Con un billete de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo le contesto&#8230; ni mal, ni bien.</p>
<p>Mejor es esto: un ten con ten&#8230;</p>
<p>Así a mi primo no desanimo;</p>
<p>Pero es muy tonto decir tan pronto</p>
<p>«Tuya es Leonor»</p>
<p>En un billete de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Leonor! En vano tregua le das.</p>
<p>Tarde o temprano sucumbirás.</p>
<p>Mientras Camilo duerme tranquilo,</p>
<p>Letal veneno bebe tu seno,</p>
<p>¡Pobre Leonor!</p>
<p>En un billete de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Qué Dirán</strong></h3>
<p>Tengo un hijo grandullón</p>
<p>Que es un bravo calavera.</p>
<p>¿Cuál? ¿El pobre segundón?</p>
<p>Sí. —Pues dele usted carrera;</p>
<p>Que eso vale un beneficio.</p>
<p>—No quiere&#8230; —Aprenda un oficio.</p>
<p>Por la vía mercantil</p>
<p>O con la industria fabril</p>
<p>Tendrá honra, tendrá pan.</p>
<p>Ya&#8230;; mas ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer gastó en un convite</p>
<p>Ocho mil reales doña Ana,</p>
<p>Y dicen que se repite</p>
<p>La misma función mañana.</p>
<p>En tanto, tiene un hermano</p>
<p>Que a su puerta llama en vano&#8230;</p>
<p>Pero no es hombre elegante.</p>
<p>Le hospedaría al instante&#8230;,</p>
<p>Aunque fuera en el zaguán;</p>
<p>Pero ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los versos de Fabio muerdo,</p>
<p>Aunque sé que buenos son.</p>
<p>No es eso obrar como cuerdo.</p>
<p>Como no es de mi opinión&#8230;</p>
<p>Antes que saliese a luz</p>
<p>Su drama, le hice la cruz.</p>
<p>Mi corazón no lo odia;</p>
<p>Mas ¡cantar la palinodia!&#8230;</p>
<p>Primero me matarán.</p>
<p>¡Jesús! ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Da un baile el embajador</p>
<p>El martes de esta semana,</p>
<p>Y convida a don Melchor</p>
<p>Y a su mujer Feliciana.</p>
<p>Entre vestidos y coche,</p>
<p>Por darse tono  una noche,</p>
<p>Gastarán lo que no tienen;&#8230;</p>
<p>Pero de infanzones vienen</p>
<p>Y si a la fiesta no van,</p>
<p>¡Cielos! ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gran boda va a hacer mi hija!</p>
<p>Casa con un mayorazgo</p>
<p>Que tiene medio Lebrija.</p>
<p>Del cielo vino este hallazgo.</p>
<p>Pero es muy feo y muy necio</p>
<p>Y ella no le tiene aprecio;</p>
<p>Que su corazón conquista</p>
<p>Un bello mozo, un artista.</p>
<p>¿Un artista? ¿Un ganapán?</p>
<p>¡Oh! no. ¿Qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por gusto, no por salud,</p>
<p>Mi mujer se va a los baños.</p>
<p>Yo rayo en la senectud,</p>
<p>Y ella tiene pocos años.</p>
<p>La acompaña un primo suyo&#8230;</p>
<p>Y hay quien dice que es su cuyo;</p>
<p>Ni falta quien me aconseje</p>
<p>Que a Sacedón no la deje</p>
<p>Marcharse con el galán.</p>
<p>Pero ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Linda muchacha es Jacinta.</p>
<p>Y le quiere a usted ¡Ya, ya!</p>
<p>¡Oh! sí. La pobre está encinta&#8230;</p>
<p>Pero usted se casará&#8230;</p>
<p>Bien quisiera, mas su cuna,</p>
<p>Su educación, su fortuna&#8230;</p>
<p>Sedujo usted su virtud,</p>
<p>Y hoy&#8230; ¡Qué infame ingratitud!</p>
<p>Yo siento mucho su afán;</p>
<p>Pero ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vanidad de alma y de lengua,</p>
<p>Torpe egoísmo villano,</p>
<p>¿Cuándo no seréis la mengua</p>
<p>Del pobre género humano?</p>
<p>¡Oh miseria! El falso honor</p>
<p>Engendra el falso rubor.</p>
<p>¡Cuánto y cuánto mal hacemos!;</p>
<p>¡Cuánto y cuánto bien perdemos</p>
<p>Por un maldito refrán!;</p>
<p>Por el ¿qué dirán?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Verano Del Pobre</strong></h3>
<p>«¡Oh qué gloria de verano!</p>
<p>Este es el tiempo del pobre.</p>
<p>El campo produce ufano</p>
<p>Para que a todos nos sobre.</p>
<p>El sol, primera deidad</p>
<p>Que el hombre absorto bendijo,</p>
<p>¡Brilla con tal majestad&#8230;</p>
<p>¡Qué regocijo!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así se explicaba un sabio</p>
<p>Con magistral continente.</p>
<p>Yo, por no hacerle un agravio,</p>
<p>No responderé que miente;</p>
<p>Pero el buen hombre, a fe mía,</p>
<p>No supo lo que se dijo</p>
<p>Cuando en verano decía:</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si él suda, y el amo agarra,</p>
<p>¿Qué es a un cuitado el Agosto?</p>
<p>¿Verá con gozo la parra</p>
<p>Si no ha de catar el mosto?</p>
<p>¡Haré yo buena barriga</p>
<p>Mientras remando me aflijo</p>
<p>Con que un filósofo diga:</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deme una quinta frondosa</p>
<p>Que del calor me preserve,</p>
<p>Y baño en agua de rosa</p>
<p>Cuando la sangre me hierve,</p>
<p>Y una carroza en que vaya</p>
<p>A la corte y al cortijo;</p>
<p>Y yo exclamaré: ¡Bien haya&#8230;</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mas, por vida del Mogol!&#8230;</p>
<p>El que cava en esa cuesta</p>
<p>¿Cómo ha de loar al sol</p>
<p>Que le consume y le tuesta?</p>
<p>¿Y qué le espera en su choza?</p>
<p>Un gazpacho, un pan de mijo,</p>
<p>Y dormir sobre la broza.</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pondera del sol luciente</p>
<p>La sublime maravilla</p>
<p>A esa familia indigente</p>
<p>Prensada en una guardilla!</p>
<p>Y allí el perro por compinche,</p>
<p>Y entre la mujer y el hijo</p>
<p>La mosca, el ratón, la chinche&#8230;</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anda al río y date un baño.</p>
<p>Ni aun eso de balde haré;</p>
<p>Y será para mi daño</p>
<p>Yendo y volviéndome a pie.</p>
<p>Mal, si salgo del rincón;</p>
<p>Mal, si en casa me cobijo.</p>
<p>¡<a href="https://lospoemas.net/poemas-de-gaspar-nunez-de-arce/">Qué deliciosa estación</a>!</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de memoria no hablo;</p>
<p>Que a los pobres ganapanes</p>
<p>En este Madrid, o diablo,</p>
<p>Aun el agua cuesta afanes.</p>
<p>¡Dos horas estuvo ayer</p>
<p>Para llenar un botijo</p>
<p>Mi desdichada mujer!&#8230;</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fruta vale a dos cuartos,</p>
<p>La hortaliza casi a cero.</p>
<p>Los pobretes quedan hartos</p>
<p>Con poquísimo dinero.</p>
<p>Y a mí un torozón me casca,</p>
<p>Y otro a mi suegra, de fijo,</p>
<p>Y un muchacho se me atasca&#8230;</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al menos en el invierno</p>
<p>Los pobres, si los enlaza</p>
<p>Amor recíproco y tierno,</p>
<p>Aunque duerman en la plaza,</p>
<p>Unos con otros se abrigan,</p>
<p>Y en su grato revoltijo</p>
<p>No será extraño que digan:</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si uno, en fin, ama este infierno</p>
<p>Y otro el frío destructor,</p>
<p>El estío y el invierno;&#8230;</p>
<p>Para mí todo es peor;</p>
<p>Pues, con permiso del sabio,</p>
<p>En invierno me encanijo</p>
<p>Y en la canícula rabio.</p>
<p>¡Qué regocijo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En El Álbum De Una Actriz</strong></h3>
<p>Niña que versos me pides</p>
<p>¿Quieres ser libre y feliz?</p>
<p>Pues ni en tu casa te olvides,</p>
<p>Niña, de que eres actriz.</p>
<p>¿No ves, graciosa sirena,</p>
<p>Cómo en comedias de amores</p>
<p>Lo que se llora en la escena</p>
<p>Se ríe entre bastidores?</p>
<p>Tanto ve que son de cedro</p>
<p>Sus santos el sacristán,</p>
<p>Que ni le arroba san Pedro</p>
<p>Ni le edifica san Juan.</p>
<p>¿Sacas tú algún beneficio</p>
<p>Del que, obediente al poeta,</p>
<p>Te galantea de oficio</p>
<p>Con auxilio del consueta?</p>
<p>Esos requiebros que ahora</p>
<p>Te prodiga tan humilde,</p>
<p>Oirá mañana Teodora</p>
<p>Y esotro día Matilde.</p>
<p>Pues bien, linces no verán</p>
<p>La diferencia menor</p>
<p>Entre el actor que es galán.</p>
<p>Y el galán que no es actor.</p>
<p>Lee si no, prenda amada,</p>
<p>Para ver en qué me fundo,</p>
<p>Mi comedia titulada</p>
<p>Todo es farsa en este mundo.</p>
<p>«Guarda, niña, el corazón;</p>
<p>Castiga a tanto farsante</p>
<p>Con la pena del talión:</p>
<p>Farsa en ellos, ¡y adelante!</p>
<p>Mas cuando a su labio inspires</p>
<p>Dulce, amoroso preludio,</p>
<p>Te aconsejo que los mires&#8230;</p>
<p>Como figuras de estudio;</p>
<p>Que en baja clase y en alta</p>
<p>Actores  hay más de cuatro</p>
<p>Que darían quince y falta</p>
<p>A los héroes de teatro.</p>
<p>Y con diferentes trajes</p>
<p>¡Cuántos en esta nación</p>
<p>Son cómicos personajes&#8230;,</p>
<p>Y no saben que lo son!</p>
<p>Al que diga: soy tu esclavo;</p>
<p>¡Duélete de mí, cruel!&#8230;</p>
<p>¡Bravo, responde, archibravo!</p>
<p>¡Bien estudiaste el papel!</p>
<p>¡Ay!&#8230; ya entre ellos no me cuenta</p>
<p>De los jóvenes la parva.</p>
<p>Paso ya de los cuarenta,</p>
<p>Y más que galán ¡soy barba!</p>
<p>Por ende, yo que no creo</p>
<p>Triunfar en tales empresas,</p>
<p>Sólo un amor te deseo;</p>
<p>El del arte que profesas.</p>
<p>Acaso dirás que soy</p>
<p>El perro del hortelano;</p>
<p>Pero un consejo te doy</p>
<p>Que no puede ser más sano.</p>
<p>Por esa cara hechicera,</p>
<p>Si el alma tienes artística,</p>
<p>¡Ay, no te cases siquiera</p>
<p>Hasta ser característica!</p>
<p>No de Himeneo te ciña</p>
<p>El lazo; teme su culto;</p>
<p>Que sus consecuencias, niña,</p>
<p>Suelen ser de mucho bulto;</p>
<p>Y es tarea del demonio</p>
<p>Involucrar cada día</p>
<p>La prosa del matrimonio</p>
<p>Con el estro de Talía.</p>
<p>No a la púdica vestal.</p>
<p>Mártir y prez de su sexo,</p>
<p>Desmienta en hora fatal</p>
<p>Algún indicio convexo.</p>
<p>No, mientras te hable de amor</p>
<p>Un supuesto Durandarte,</p>
<p>Tu esposo en un bastidor</p>
<p>Rabie de celos aparte.</p>
<p>No hay inspiración ni genio</p>
<p>En actriz que alza la gaita</p>
<p>Y advierte desde el proscenio</p>
<p>Que su nene dice taita.</p>
<p>Pero si el Dios de Pelayo</p>
<p>Decretó, niña donosa,</p>
<p>Que hagas de tu capa un sayo,</p>
<p>Sayo será y no otra cosa.</p>
<p>La naturaleza manda</p>
<p>Más que Rojas y Terencio,</p>
<p>Y a voz tan dulce y tan blanda</p>
<p>¿Quién puede imponer silencio?</p>
<p>Aunque linda y seductora,</p>
<p>Eres criatura humana,</p>
<p>Y tendrás tu cuarto de hora</p>
<p>Como toda fiel cristiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Adolescencia</strong></h3>
<p>En el romance anterior</p>
<p>Dejamos, lector insigne,</p>
<p>A nuestro héroe de marras</p>
<p>En una especie de crisis;</p>
<p>Que así se puede llamar</p>
<p>Aquel tránsito difícil</p>
<p>De los pueriles instintos</p>
<p>los humos juveniles.</p>
<p>Crepúsculo de la vida;</p>
<p>(Que en efecto, menos vive</p>
<p>Que vegeta  el individuo</p>
<p>En sus primeros abriles)</p>
<p>Crepúsculo de la vida</p>
<p>La adolescencia (otros dicen</p>
<p>La pubertad) se inaugura</p>
<p>Con los síntomas que siguen.</p>
<p>A las doce navidades</p>
<p>En unos se hace ostensible;</p>
<p>En otros, menos precoces,</p>
<p>No se muestra hasta las quince.</p>
<p>Sombrea leve pelusa,</p>
<p>Esto es, la barba en su origen,</p>
<p>Aquella parte del labio</p>
<p>Que frisa con las narices.</p>
<p>Pasa la voz a la boca</p>
<p>Desde la hueca laringe</p>
<p>En problemático son</p>
<p>Misto de tenor  y tiple.</p>
<p>Hierve la sangre en las venas,</p>
<p>Cuyo humor acre, proclive</p>
<p>(Que dijo el otro) rebosa</p>
<p>Por la humana superficie.</p>
<p>Panadizos y diviesos</p>
<p>Al protagonista afligen,</p>
<p>Y el corazón palpitante</p>
<p>Quiere salir de sus lindes.</p>
<p>Ignoradas sensaciones,</p>
<p>Deseos indefinibles</p>
<p>En el cerebro le bullen</p>
<p>Y en el pecho le sonríen.</p>
<p>No bien cambia el tonelete</p>
<p>Y la valona de nipis</p>
<p>Por la levita y demás</p>
<p>Atavíos varoniles,</p>
<p>Mira con fiero desdén</p>
<p>Los trompos y los confites,</p>
<p>Y si le llaman muchacho</p>
<p>Se le amontona la bilis.</p>
<p>Si antes estudió los géneros</p>
<p>Sin saber en qué consisten,</p>
<p>Lo que va de primo  a prima</p>
<p>Hoy sin vacilar distingue.</p>
<p>El desarrollo de Adela</p>
<p>Sigue con ojos de lince</p>
<p>Y observa que con el suyo</p>
<p>Simpático coincide;</p>
<p>Que, mientras juzga su padre</p>
<p>Que otros estudios prosigue,</p>
<p>En la historia natural</p>
<p>Hace progresos visibles;</p>
<p>Y es con las primas cordero</p>
<p>El que con los primos tigre</p>
<p>Sin descifrar todavía</p>
<p>La clave de este busilis.</p>
<p>Mas de la inocencia cándida</p>
<p>Pronto quebrados los diques,</p>
<p>Se convierten en demonios</p>
<p>Los que fueron serafines.</p>
<p>Ni es maravilla que al Céfiro</p>
<p>Cuando susurra apacible</p>
<p>La frágil caña se moza</p>
<p>Y se doblegue la mimbre.</p>
<p>Naturaleza nos habla</p>
<p>Halagüeña, inteligible;</p>
<p>Su copa exhala perfumes&#8230;</p>
<p>¿Cómo rehusar el brindis?</p>
<p>No es culpa de un pobre mozo</p>
<p>Si hay sátiros que le pinten</p>
<p>La virtud ruda y amarga,</p>
<p>Fácil y goloso el crimen.</p>
<p>Ni ¿qué mucho si el neófito</p>
<p>Lo que más le agrada elige</p>
<p>Entre el veto  de su dómine</p>
<p>Y el exequátur  de Filis?</p>
<p>Pecará&#8230;; yo no lo niego,</p>
<p>Mas si, en efecto, delinque,</p>
<p>Él purgará sus pecados</p>
<p>Y exclamará: ¡parce mihi!</p>
<p>¡Mirad! Su lustro primero</p>
<p>A duras penas fue triple,</p>
<p>¡Y ya aquella flor lozana</p>
<p>Diclina su tallo humilde!</p>
<p>El que ayer dio culto a Venus</p>
<p>Hoy a Mercurio  lo rinde,</p>
<p>Y el pecho que amor henchía</p>
<p>Lenta consume la tisis.</p>
<p>¡Qué dolor! ¡Oh adolescencia</p>
<p>Estúpida! ¿Y es posible</p>
<p>Que aún hagan muchos mozuelos</p>
<p>Alarde de sus deslices?</p>
<p>Por el flujo de hombrear</p>
<p>¡Cuántos publican la triste</p>
<p>Vergonzosa pestilencia</p>
<p>Que abrevia sus días! ¡Títeres!&#8230;</p>
<p>Y hay mueble tan presumido,</p>
<p>Que sin sentirla la finge</p>
<p>Mintiendo palmas de mártir</p>
<p>Cuando las llora de virgen.</p>
<p>A otros les da por la gloria,</p>
<p>Como a aquellos por la sífilis,</p>
<p>Nuevo linaje de búhos,</p>
<p>Aunque blasonan de cisnes.</p>
<p>Genios  son no comprendidos;</p>
<p>Es decir, incomprensibles,</p>
<p>Cuya misión en la tierra</p>
<p>Es renegar de su estirpe.</p>
<p>Sus númenes son vampiros,</p>
<p>Brujas, espectros, caribes&#8230;;</p>
<p>Su paraíso el infierno;</p>
<p>Su vida, suplicio horrible.</p>
<p>Oye el lúgubre ronquido</p>
<p>Con que del mundo maldicen</p>
<p>Que sólo han visto pintado</p>
<p>En bïombos y tapices,</p>
<p>Y el afán con que pretenden</p>
<p>En fuego y sangre fundirle,</p>
<p>Como el que abrasó la cama</p>
<p>Para acabar con las chinches.</p>
<p>Observa el raro contraste</p>
<p>De sus gracias infantiles</p>
<p>Con la seriedad ridícula</p>
<p>De sus pláticas bilingües.</p>
<p>Míralos cómo ponderan</p>
<p>Desengaños que no existen,</p>
<p>Pesares que no conocen,</p>
<p>Placeres que no conciben.</p>
<p>Para ellos todas las hembras</p>
<p>Son Mesalinas o Circes,</p>
<p>Ponzoña sus atractivos,</p>
<p>Prostitución sus melindres.</p>
<p>Y es porque ellas al muñeco</p>
<p>Que arriesga amoroso envite</p>
<p>Responden: «Límpiese el moco</p>
<p>Y aparte; que no me sirve».</p>
<p>Paciencia, ¡pobre zagal!</p>
<p>Si al tormento sobrevives</p>
<p>De no ser hombre  cual piensas</p>
<p>Ni niño  como lo fuiste,</p>
<p>Yo prometo que algún día</p>
<p>Con ellas te reconcilies</p>
<p>Y llames diosa del mundo</p>
<p>A la que hoy llamas esfinge.</p>
<p>Entonces&#8230; Mas para entonces</p>
<p>Con otro romance en ristre</p>
<p>Te emplazo. Este ya llegó</p>
<p>Al opus coronat finis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un Viaje A Hortaleza</strong></h3>
<p>Engancha, zagal amigo,</p>
<p>Ese cuadrúpedo ruin.</p>
<p>Hoy son los días de Laura,</p>
<p>¡Y aún estamos en Madrid!</p>
<p>Vuela por ese camino,</p>
<p>Y te daré gracias mil,</p>
<p>Y eternizará mi musa</p>
<p>Tu trémulo calesín;</p>
<p>Y aunque se ofenda el Correo</p>
<p>Literario mercantil,</p>
<p>Diré que lo fabricaron</p>
<p>Para las bodas del Cid.</p>
<p>Vuela a Hortaleza, y no sea</p>
<p>Que, por llevarnos allí,</p>
<p>Con tantas copas beodo</p>
<p>Nos lleves a Chamartín.</p>
<p>¡Oh si yo fuera paloma</p>
<p>Para no apelar a ti</p>
<p>Aunque en las garras de un sacre</p>
<p>Me aventurase a morir!</p>
<p>Aprieta. —¡Cuerpo de Cristo,</p>
<p>Cómo galopa el rocín!</p>
<p>¡Cuál sudo! ¡Cuál trago polvo!</p>
<p>No importa, Laura, es por ti.</p>
<p>Por cuestas y por barrancos</p>
<p>Nuestra vida está en un tris;</p>
<p>Que es el camino alevoso</p>
<p>Y el carruaje baladí.</p>
<p>—¡Tente, no vuelques!&#8230; Respiro.</p>
<p>Bendiga el cielo tu ardid;</p>
<p>Que fuera mucha desgracia</p>
<p>Sin ver a Laura morir.</p>
<p>—¿Qué harás en este momento?</p>
<p>¿Vagarás por el jardín?</p>
<p>¡Oh quién te viera, morena,</p>
<p>Sin que me vieras a mí!</p>
<p>Tal vez leve sombrerillo</p>
<p>Cubre tu frente gentil,</p>
<p>Ahora que el rubio Febo</p>
<p>Pende del alto cenit;</p>
<p>Y al cenador enramado</p>
<p>Robas el fresco jazmín,</p>
<p>O al verde geranio enlazas</p>
<p>El encarnado alelí.</p>
<p>Tal vez en la blanda higuera</p>
<p>Grabas con punta sutil,</p>
<p>¡Ay simplecilla!, recuerdos</p>
<p>De algún amor infeliz.</p>
<p>O bien en rima sencilla</p>
<p>Cerrada en tu camarín</p>
<p>De la campaña inocente</p>
<p>Cantas la vida feliz;</p>
<p>Que también del padre Delio</p>
<p>Te inspira el numen a ti,</p>
<p>Y te dio su plectro Erato</p>
<p>Cual su donoso reír.</p>
<p>O quizá pulsas el clave</p>
<p>Con tus dedos de marfil,</p>
<p>Y a los céfiros encantas</p>
<p>Con tu voz de serafín.</p>
<p>O ante el cristal animado</p>
<p>Te ayuda Silvia a ceñir</p>
<p>Al dulce túrgido seno</p>
<p>Corpiñito carmesí;</p>
<p>Y a tu cabello claveles</p>
<p>De jaspeado matiz;</p>
<p>Y a tu cuello torneado</p>
<p>La gargantilla turquí;</p>
<p>Y tornasolada cinta</p>
<p>Que trujiste de Madrid</p>
<p>A la tu breve cintura</p>
<p>Digna de eterno buril.</p>
<p>O a la sombra regalada</p>
<p>Del húmido tamariz</p>
<p>Te aduerme el blando gorjeo</p>
<p>Del tímido colorín.</p>
<p>¿Y quién sabe si en el plomo</p>
<p>Que no temes despedir</p>
<p>Mísera viudez envías</p>
<p>A la pintada perdiz?</p>
<p>O bien&#8230; Mas paran las ruedas</p>
<p>Del terrestre bergantín.</p>
<p>¡Ya en Hortaleza! Volemos,</p>
<p>Y a Laura&#8230; ¡Miradla allí!</p>
<p>Salud, hermosa zagala,</p>
<p>Tu fiesta vengo a aplaudir.</p>
<p>Dichosa, oh Laura, celebres</p>
<p>Otras ciento, y otras mil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las Proclamas</strong></h3>
<p>¿En qué público papel,</p>
<p>En qué esquina de cuartel,</p>
<p>En qué estrado o portería,</p>
<p>O tienda de mercería,</p>
<p>En qué retrete de cama</p>
<p>Fijaré la vista mía</p>
<p>Que no encuentre una proclama?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por Dios del cielo que es cosa</p>
<p>Estupenda y asombrosa</p>
<p>Cómo cunde este contagio,</p>
<p>Y tanto insípido plagio</p>
<p>Como la prensa derrama</p>
<p>Pidiendo el común sufragio</p>
<p>En una y otra proclama!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el cenit del gobierno</p>
<p>Hasta el postrer subalterno</p>
<p>¿Quién no las hace en Castilla?</p>
<p>Alcalde hay de monterilla</p>
<p>Que creerá perder su fama</p>
<p>Si desde ignorada villa</p>
<p>No da al mundo una proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay gobernador civil</p>
<p>Que habrá escrito ya dos mil.</p>
<p>¡Y son breves sus abortos!</p>
<p>Los pueblos están absortos.</p>
<p>Si la pluma desparrama,</p>
<p>Cinco pliegos vienen cortos</p>
<p>A su más breve proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hará el pueblo buena olla</p>
<p>Con semejante bambolla!</p>
<p>Ni el faccioso las comprende,</p>
<p>Ni hay trazas de que se enmiende,</p>
<p>Ni la patriótica llama</p>
<p>En este siglo se enciende</p>
<p>Con una linda proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi escaso merecimiento&#8230;</p>
<p>Pero con vosotros cuento&#8230;</p>
<p>Las palmas de la victoria&#8230;</p>
<p>La unión.. Un día de gloria&#8230;</p>
<p>La facción&#8230; La inicua trama&#8230;</p>
<p>Las páginas de la historia&#8230;</p>
<p>Cate usted una proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cierran puertas; suenan voces;</p>
<p>Ya andan a palos y a coces;</p>
<p>Ya suenan tiros&#8230; ¡Piedad!</p>
<p>Ya está ardiendo la ciudad;</p>
<p>Aquel grita, el otro brama&#8230;</p>
<p>¿Y qué hace la autoridad?</p>
<p>¡Friolera!&#8230; Una proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo convengo en que haya alguna</p>
<p>Siendo veraz y oportuna;</p>
<p>Pero ¿proclamas a todo?</p>
<p>Pues ¿no veis que de ese modo</p>
<p>Se hastía el pueblo y se escama,</p>
<p>Y aunque tropiece en su codo</p>
<p>No mirará una proclama?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oír al pobre y al rico;</p>
<p>Justicia al grande y al chico;</p>
<p>Sudar con manos y pies</p>
<p>Por el público interés;</p>
<p>Irse al tronco, no a la rama;</p>
<p>¡Guerra al traidor!&#8230; Esta es</p>
<p>La verdadera proclama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epigrama X</strong></h3>
<p>Para un viejo, almacén de desengaños,</p>
<p>Si en la esfera no está de los pudientes,</p>
<p>Son los amigos lo que son los dientes:</p>
<p>Se mellan y se pudren con los años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epístola Moral Sobre Las Costumbres Del Siglo</strong></h3>
<p><em>A mi querido amigo</em></p>
<p><em>El excelentísimo señor don Ventura de la Vega.</em></p>
<p>¡Oh siglo del vapor  y del buen tono!</p>
<p>¡Oh venturoso siglo diecinueve&#8230;</p>
<p>O, para hablar mejor, decimonono!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alguna pluma cáustica se atreve</p>
<p>A negar tus virtudes y tu gloria,</p>
<p>Yo la declaro pérfida y aleve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo ha visto en sus páginas la historia,</p>
<p>Sea en la antigua edad, sea en la media,</p>
<p>Tantas acciones dignas de memoria?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y qué saber! Si Dios no lo remedia,</p>
<p>Tendrá cada varón dentro de poco</p>
<p>Montada en su nariz la enciclopedia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mozuelo a quien ayer hacía el coco</p>
<p>Bestial pasiega, y sin ajeno auxilio</p>
<p>Ni andar podía ni limpiarse el moco,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy desafía a Homero y a Virgilio,</p>
<p>O con él comparado, si gobierna,</p>
<p>Era un mal aprendiz Numa Pompilio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay quien echa a Demóstenes la pierna</p>
<p>De la elocuencia gárrula prendado</p>
<p>Que aprendió en los cafés&#8230; o en la taberna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A otro basta nombrarle diputado,</p>
<p>Aunque su nulidad sea notoria,</p>
<p>Para que él se repute hombre de estado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta un pinche que en docta pepitoria</p>
<p>Perdices o besugos condimenta,</p>
<p>De sabio alcanza ya la ejecutoria;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que si a la parca víctimas aumenta</p>
<p>La ciencia culinar, sabrosa muerte</p>
<p>Es morir con su sal y su pimienta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escribir y crear es nuestro fuerte,</p>
<p>No hay poste ya sin cartelón impreso,</p>
<p>Ni prensa ociosa, ni punzón inerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Así se compran páginas al peso,</p>
<p>Pagando medio duro por arroba,</p>
<p>Para envolver los dátiles y el queso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno invoca a las brujas en su trova;</p>
<p>Otro sigue a Aristóteles y a Horacio;</p>
<p>Otro pinta a los héroes con joroba;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel pulsa la lira en un palacio;</p>
<p>Aquel otro rasgando la bandurria</p>
<p>Muestra en un bodegón su cartapacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya nos posea el júbilo o la murria,</p>
<p>A todos nos ataca esa manía,</p>
<p>Esa especie de métrica estangurria,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y lo mismo en la dulce poesía</p>
<p>Que en moral, en política, en hacienda,</p>
<p>Nuestro estado normal es la anarquía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«El genio por doquier se abre una senda».</p>
<p>Asentada esta máxima, ¿qué importa</p>
<p>Que ya ningún cristiano nos entienda?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así también la muchedumbre absorta</p>
<p>Sus goces multiplica intelectuales</p>
<p>Con tantas coplas como España aborta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así quizá en los públicos corrales</p>
<p>Involuntaria risa nos asedia</p>
<p>Cuando ejecutan dramas sepulcrales,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy que tanto se ríe  en la tragedia</p>
<p>No es maravilla si se queja alguno</p>
<p>De que le hagan reír en la comedia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas dejando en su tema a cada uno,</p>
<p>Hugos y Tasos, Góngoras y Ovidios,</p>
<p>Decidme, y perdonad si os importuno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo persas, ni sármatas, ni lidios</p>
<p>Hilaron tanto y tan delgado en esto</p>
<p>De acumular gabelas y subsidios?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ello es verdad que con amargo gesto</p>
<p>Suspiran más de dos por un sistema</p>
<p>Que a lo justo reduzca el presupuesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ello es verdad que rústico anatema</p>
<p>Fulmina audaz contra el avaro fisco</p>
<p>El pobre ganapán que caya o rema,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando alza el orgullo un obelisco</p>
<p>Exclama en su dolor: ¡yo lo he pagado</p>
<p>Con la postrer oveja de mi aprisco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿quién es un pechero mal criado</p>
<p>Para meter impertinente el cuezo</p>
<p>En el Sancta Sanctórum  del Estado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Humille al suave yugo su pescuezo,</p>
<p>Y al sueño lo atribuya buenamente80</p>
<p>Cuando el hambre le arranque algún bostezo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues ¡no faltaba más!; ¡que un insolente</p>
<p>Su bienestar prefiera&#8230;, verbigracia,</p>
<p>A las arduas cuestiones del Oriente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto tiene que hacer la diplomacia</p>
<p>Si ha de avenir con el bajá del Nilo</p>
<p>A un tal Abdul Mejid, sultán de Tracia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es grave la cuestión! Pende de un hilo</p>
<p>Si ha de ser del vecino, o tuya, o mía</p>
<p>La pesca del caimán y el cocodrilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arreglemos primero a la Turquía,</p>
<p>No sea que del uno al otro polo</p>
<p>Arda la guerra asoladora, impía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A bien que Metternich se pinta solo,</p>
<p>Y Palmerston es hombre que lo entiende</p>
<p>Para eso de enjergar un protocolo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y después que conjuren aquel duende</p>
<p>Y al bajá y al sultán protocolicen,</p>
<p>Protocolizarán a los de aquende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! mármoles y bronces eternicen</p>
<p>Al que inventó tan linda panacea,</p>
<p>Aunque algunos ingratos la maldicen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que antes en diez años de pelea,</p>
<p>En un par de semanas hoy se ajusta</p>
<p>Con polvos y papel, tinta y oblea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otorga el flaco lo que al fuerte gusta;</p>
<p>La guerra es ya de pura ceremonia,</p>
<p>Y aunque truene el cañón nadie se asusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venga, dice el inglés, esa colonia,</p>
<p>Y el prusiano y el ruso y el austríaco</p>
<p>Se reparten el reino de Polonia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si esto no agrada al infeliz polaco,</p>
<p>¡Paciencia! Era mal clima la Siberia:</p>
<p>Mejor campa en el Vístula el cosaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en el archipiélago se feria</p>
<p>A Otón un cetro, y a Coburgo en Flandes;</p>
<p>Así muere absoluto el rey de Iberia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en su cartera así los hombres grandes</p>
<p>Del universo encierran el destino</p>
<p>Desde el hercúleo mar hasta los Andes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acaso algún espíritu mohíno</p>
<p>Más daño que a la pólvora y al hierro</p>
<p>Atribuya al papel y al pergamino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al fin, dirá, la albarda y el cencerro</p>
<p>Ha de imponer al débil el potente,</p>
<p>Si le han de dar al cabo pan de perro,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más vale pelear como valiente</p>
<p>Y a lo menos salvar la negra honrilla,</p>
<p>Como dijo aquel príncipe excelente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Grosero error! Doblemos la rodilla,</p>
<p>¡Oh santo Protocolo, en tus altares.</p>
<p>¡Vítor!&#8230; Eres la octava maravilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no porque a los bélicos azares</p>
<p>Sucedan los primores de la pluma,</p>
<p>Faltan héroes. Nos sobran a millares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tal renombre la grandeza suma</p>
<p>Apenas se otorgaba en otra era</p>
<p>Al audaz vencedor de Moctezuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy lo arreglamos ya de otra manera;</p>
<p>Proclamas y periódicos sin cuento</p>
<p>Conceden ese título a cualquiera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué diré, oh Ventura; (que el momento</p>
<p>Ya llegó de nombrar el ciudadano</p>
<p>A quien mi carta dirigir intento)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué diré del prodigio sobrehumano</p>
<p>De valer hoy millones los billetes</p>
<p>Que ayer menospreció todo cristiano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve a la Bolsa  y, sin miedo a los corchetes,</p>
<p>Verás improvisar su bienandanza</p>
<p>A quien sabe mover los cubiletes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Doloso cebo al necio Sanchopanza</p>
<p>A quien sepulta en súbito naufragio</p>
<p>Viento falaz que le auguró bonanza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Maldito sea, exclamarás, el agio,</p>
<p>Peste de las modernas sociedades,</p>
<p>Más fiera que el bubón en su contagio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichosas las pretéritas edades</p>
<p>Do fue desconocido! ¡A buen seguro</p>
<p>Que lo sufrieran Jerjes ni Milciades!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué hicieras, replico, en el apuro</p>
<p>De ser ministro, di, y en el erario</p>
<p>No hallar para un remedio un peso duro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! No cabe sistema tributario</p>
<p>Que iguale ni con mucho al arte eximia</p>
<p>Que convierte el papel en numerario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y cómo reprobar la nueva alquimia</p>
<p>Cuando con ella el alto financiero</p>
<p>Si no salva al estado&#8230; lo vendimia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué importa que gima el pueblo entero</p>
<p>Mientras jugando al alza  y a la baja</p>
<p>La bursátil  legión nada en dinero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que no a todos es dable la ventaja</p>
<p>De comprar al futuro y al contado</p>
<p>Sin un real en la bolsa ni en la caja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al bolsista chambón, desventurado,</p>
<p>Que, paga una primada en cada prima</p>
<p>¿Quién le manda meterse en tal fregado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aunque esta verdad nos cause grima,</p>
<p>El maldito interés es una plaga</p>
<p>Que nunca el hombre se echará de encima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo mismo, mal coplero que, a la zaga</p>
<p>Del Venusino que ilustraba al Lacio</p>
<p>En dulce son que persuadiendo halaga;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que, imperito imitador reacio</p>
<p>De Rioja insigne, cuya docta pluma</p>
<p>Dio a la hispana región segundo Horacio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oso epistolizar (¡audacia suma!)</p>
<p>Y en vano forcejeo con la carga</p>
<p>Que ya mis hombros frágiles abruma,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando escribo estos versos de botarga,</p>
<p>Y con algo de miel los elaboro;</p>
<p>Que a secas la verdad es muy amarga,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No de gloria fugaz al almo coro</p>
<p>Demando la merced: sólo me impulsa</p>
<p>La golosina de la Rosa de oro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque peque mi sátira de insulsa,</p>
<p>Me quedaré más frío que la nieve</p>
<p>Si el adusto areópago me repulsa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, por si tal ocurre, quiero en breve</p>
<p>Dar a mi carta fin; que es ya prolija</p>
<p>Y tal vez hoy se lean ocho o nueve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, aunque mucho queda en la valija,</p>
<p>Adiós, Ventura amable; siempre tuyo,</p>
<p>Como sabes&#8230; et caetera&#8230;, y concluyo</p>
<p>Antes que el auditorio me lo exija.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Es Mucho Cuento!</strong></h3>
<p>¡Que contra su propio hermano</p>
<p>En el suelo castellano,</p>
<p>Por si ha de ser hache o erre,</p>
<p>Tanto libre ciudadano</p>
<p>Pierda el estribo y se emperre!</p>
<p>¡Vaya!</p>
<p>¡Y que tantas guerras haya,</p>
<p>Como si la de Vizcaya</p>
<p>Nos diera poco tormento!</p>
<p>¡Es mucho cuento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que haya quien tenga interés,</p>
<p>Cuando sucede un revés</p>
<p>Al partido nacional,</p>
<p>En aumentar dos o tres;</p>
<p>Y se llame liberal!</p>
<p>¡Anda!</p>
<p>¡Y si se apura el que manda</p>
<p>Yo, porque soy de otra tanda,</p>
<p>Salto y brinco de contento!</p>
<p>¡Es mucho cuento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Guerra al Gobierno! ¡Anatema!&#8230;</p>
<p>Este es mi eterno sistema.</p>
<p>Tunda, y después otra tunda,&#8230;</p>
<p>Mas que en su agonía extrema</p>
<p>Con él la patria se hunda.</p>
<p>¡Bravo!</p>
<p>Quien no conspira es esclavo.</p>
<p>Yo de insurgente me alabo</p>
<p>Y el motín es mi elemento.</p>
<p>¡Es mucho cuento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empeñado don Fabricio</p>
<p>(Sin duda ha perdido el juicio)</p>
<p>En echar por el atajo,</p>
<p>Y aunque todo el edificio</p>
<p>Mañana se venga abajo,</p>
<p>¡Ea!</p>
<p>Él ha de hacer la azotea</p>
<p>Y plantar la chimenea</p>
<p>Sin afirmar el cimiento.</p>
<p>¡Es mucho cuento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Recuerda usted el afán</p>
<p>Con que clamaba don Juan</p>
<p>Por derechos populares?</p>
<p>¡Oh, más que faltase el pan</p>
<p>Y la paz en los hogares!</p>
<p>¡Vamos!&#8230;</p>
<p>Y si a votar le llamamos,</p>
<p>¡Porque hay que subir dos tramos</p>
<p>No acude al Ayuntamiento!</p>
<p>¡Es mucho cuento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Órgano de la opinión</p>
<p>En esta pobre nación</p>
<p>Se titula cada cuál,</p>
<p>Cuando infausta desunión</p>
<p>Acrecienta nuestro mal!</p>
<p>¡Por Dios!&#8230;</p>
<p>Esto sucede inter nos;</p>
<p>Mas ellos&#8230;, una de dos:</p>
<p>Ser arriero, o ser jumento.</p>
<p>Es mucho cuento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Niña Enferma</strong></h3>
<p>Es tanto mi desconsuelo,</p>
<p>Que no hay cosa que me cuadre.</p>
<p>Todo me fastidia, madre&#8230;,</p>
<p>Menos mi primo Antoñuelo.</p>
<p>Yo lloro, yo clamo al cielo,</p>
<p>Yo me impaciento, yo rabio,</p>
<p>Y&#8230;, ya lo veis, de mi labio</p>
<p>Desaparece el color.</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no toco la pandera</p>
<p>Con inocente alegría;</p>
<p>Ya no soy como solía</p>
<p>La gala de la pradera.</p>
<p>Me tiene de tal manera</p>
<p>El mal que en vano reprimo,</p>
<p>Que, a no bailar con mi primo,</p>
<p>Aun el baile me da horror.</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No precio ya la dulzura</p>
<p>Del albérchigo amarillo,</p>
<p>Ni el canto del jilguerillo,</p>
<p>Ni del prado la verdura.</p>
<p>De mi tenaz calentura</p>
<p>Me seca el rudo martirio</p>
<p>Como al azulado lirio</p>
<p>Seca el cierzo asolador.</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez se alivia este mal</p>
<p>Que me acongoja y me oprime</p>
<p>Cuando una pastora gime</p>
<p>Quejosa de su zagal;</p>
<p>Y, aunque es pecado mortal</p>
<p>Envidiar lo que otro goza,</p>
<p>Cuando se casa una moza</p>
<p>Se acrecienta mi dolor.</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desnudo el llagado pecho</p>
<p>Hasta que la aurora brilla</p>
<p>Doy vueltas como una ardilla</p>
<p>Sobre el solitario lecho.</p>
<p>Si un instante mí despecho</p>
<p>El blando sueño aligera,</p>
<p>Sueño&#8230; Yo bien lo dijera,</p>
<p>Pero me causa rubor.</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me veáis de esta suerte</p>
<p>Bajar a la sepultura.</p>
<p>Mirad que la calentura</p>
<p>Es cada día más fuerte.</p>
<p>No mi dolorosa muerte5</p>
<p>Os cubra de amargo duelo;</p>
<p>Y aunque tal vez Antoñuelo.</p>
<p>Me curaría mejor,&#8230;</p>
<p>Mi seno palpita; yo estoy muy malita.</p>
<p>¡Ay madre! que venga, que venga el doctor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Está Perdida La Sociedad</strong></h3>
<p>Yo tengo una alma</p>
<p>Como un volcán;</p>
<p>Yo mis pasiones</p>
<p>No sé domar&#8230;;</p>
<p>Mas la justicia,</p>
<p>Mas la moral</p>
<p>A cada paso</p>
<p>Siento invocar.</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mujer casada.</p>
<p>Quiero sitiar,</p>
<p>Ciego al hechizo</p>
<p>De su beldad.</p>
<p>¡Ah! no, me dicen;</p>
<p>Que en el altar</p>
<p>Prenda la hicieron</p>
<p>De otro mortal.</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amor no debe</p>
<p>Reflexionar</p>
<p>Si hay o no fueros</p>
<p>De propiedad;</p>
<p>Mas si propalo</p>
<p>Máxima tal,</p>
<p>A los Toribios</p>
<p>Me enviarán.</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y aun en el siglo</p>
<p>Maridos hay</p>
<p>Que no consienten</p>
<p>Ningún rival!,</p>
<p>¿No ven que solos</p>
<p>Sucumbirán</p>
<p>Al férreo yugo</p>
<p>Matrimonial?</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sansimoniana</p>
<p>Mi caridad,</p>
<p>Las viñas todas</p>
<p>Quiere esquilmar.</p>
<p>Entre en la mía</p>
<p>Cualquier truhán.</p>
<p>Cuando la tenga:</p>
<p>¿Puedo hacer más?</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque mis triunfos</p>
<p>Suelo contar&#8230;</p>
<p>Y aun los que sueño</p>
<p>Doy por verdad,</p>
<p>Y porque feo</p>
<p>Soy, además,</p>
<p>Me huyen las bellas</p>
<p>Como a Satán.</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gasto en placeres</p>
<p>Un dineral;</p>
<p>Mas, como renta</p>
<p>Dios no me da,</p>
<p>Pido prestado:</p>
<p>¿No es natural?</p>
<p>Pero el que presta</p>
<p>¡Quiere cobrar!</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y un sastre, cielos,</p>
<p>Un menestral,</p>
<p>Me hostiga impío</p>
<p>Por aquel frac!</p>
<p>¡Vil! Yo le he dado</p>
<p>Celebridad.</p>
<p>Sin mí ocupara</p>
<p>Sucio portal.</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por este flujo</p>
<p>De criticar</p>
<p>A muchos privo</p>
<p>De honra y de paz;</p>
<p>Mas con donaire,</p>
<p>Con mucha sal,</p>
<p>Mucha. ¡Y me llaman</p>
<p>Bicho mordaz!&#8230;</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho te elogian,</p>
<p>Santa amistad;</p>
<p>¡Y no hay amigos</p>
<p>Que quieran ya</p>
<p>Sacrificarme</p>
<p>Su voluntad,</p>
<p>Y sus amores</p>
<p>Y su caudal!&#8230;</p>
<p>Está perdida</p>
<p>La sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Exorcismos</strong></h3>
<p>¿He de ser yo tan abanto,</p>
<p>Luisa, que crea en tu llanto</p>
<p>Cuando sé que eres mujer,</p>
<p>Y que por un alfiler</p>
<p>Que se te caiga del manto</p>
<p>Con la misma angustia lloras?</p>
<p>¡Exi foras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Yo, porque en desgracia esté,</p>
<p>Desesperarme? No a fe,</p>
<p>No haré yo tal, ¡buena gana!;</p>
<p>Que arrepentirme mañana</p>
<p>De mi hazaña no podré</p>
<p>Si hoy me sepulto en el Tibre.</p>
<p>¡Dios me libre!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando tanto perantón</p>
<p>Escribe sin ton ni son,</p>
<p>¿Yo creer que un libro es bueno</p>
<p>Porque veo un muro lleno</p>
<p>Con el amplio cartelón</p>
<p>Que me pondera su anuncio?</p>
<p>¡Abrenuncio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Me quería a mí engañar</p>
<p>Cuando solía exclamar</p>
<p>Mi abuelo: «siempre has quebrado,</p>
<p>Soga, por lo más delgado,</p>
<p>Y siempre se ha de tragar</p>
<p>El grande pez al pequeño?»</p>
<p>Ni por sueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por sabio que sea un rey,</p>
<p>Es el hombre mala grey</p>
<p>Y el reinar es mucho afán;</p>
<p>Y pues dice aquel refrán:</p>
<p>«Bien se lame suelto el buey»,</p>
<p>¿Yo suspirar por un cetro?</p>
<p>¡Vade retro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si marido llego a ser</p>
<p>Cargaré con mi mujer,</p>
<p>Porque es justo y no hay escape;</p>
<p>Pero ¿con mi suegra? ¡Zape!;</p>
<p>Que eso sería meter</p>
<p>Dentro de mi casa al diablo.</p>
<p>¡Guarda, Pablo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decir piropos y flores</p>
<p>A una bella, y sus favores</p>
<p>Galante solicitar,</p>
<p>Lo haré mientras pueda andar;</p>
<p>Pero ¿morirme de amores</p>
<p>Como se murió Macías?</p>
<p>¡No en mis días!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Soaré</strong></h3>
<p>«Gervasia, prevén las velas:</p>
<p>Roque, limpia los quinqués.</p>
<p>¿Ha venido el repostero?</p>
<p>Préndeme aquí un alfiler.</p>
<p>Que ponga el coche Toribio</p>
<p>Y vaya por Isabel.</p>
<p>Tú, Juan, arregla las mesas</p>
<p>De tresillo y de ecarté,</p>
<p>Y en la chimenea luego</p>
<p>Echa dos troncos o tres.</p>
<p>Llamad al afinador;</p>
<p>Que el piano está cruel.</p>
<p>El farol de la escalera</p>
<p>¿Está ya corriente? —Bien.</p>
<p>Jesús, Jesús, ¡qué muchachos!</p>
<p>No nos dejan entender.</p>
<p>¡Ea, a la cama! —¡Así no!</p>
<p>Póngase en medio el pastel,</p>
<p>Mas allá la jaletina,</p>
<p>Y el jamón a la Jerez:</p>
<p>Lo demás a estotro lado&#8230;</p>
<p>¡Y no manches el mantel!</p>
<p>Aquí las conservas&#8230; ¡Bueno!</p>
<p>Y los helados después.</p>
<p>Usted se encarga del ponche.</p>
<p>Cuidadito, ¡don Miguel!</p>
<p>No muy cargado. A la una</p>
<p>Se ha de servir. ¿Está usted?»</p>
<p>Tal algarabía mueve,</p>
<p>Trajinando como diez,</p>
<p>Doña Próspera Ruivamba,</p>
<p>Condesa del Alcacer,</p>
<p>El bueno de su marido</p>
<p>Nada dice, o dice amén.</p>
<p>Hombre del antiguo régimen,</p>
<p>O se está cazando un mes</p>
<p>En su soto de la Alcarria,</p>
<p>No sin riesgo, a mi entender,</p>
<p>Mientras él apunta a un gamo,</p>
<p>De que le apunten a él</p>
<p>Si entro dos luces le toman</p>
<p>Por una cabra montés;</p>
<p>O, si reside en la Corte,</p>
<p>No conoce otro placer</p>
<p>Que comer, dormir, rezar</p>
<p>Y acariciar al lebrel;</p>
<p>Y, para pintarle, en fin,</p>
<p>Con solo un rasgo, diré</p>
<p>Que va al café de Levante</p>
<p>Y es jugador de ajedrez. —</p>
<p>Mas dejemos al marido,</p>
<p>Loando su buena fe,</p>
<p>Que en ser tonto le da Dios</p>
<p>Todo lo que ha menester;</p>
<p>Y si algún lector sinónimo</p>
<p>No ha conocido por qué</p>
<p>Con tantos preparativos</p>
<p>Se atosiga su mujer,</p>
<p>Digo que hay baile en su casa,</p>
<p>¡Vaya! y concierto también.</p>
<p>Lo que se llama un sarao&#8230;</p>
<p>Mal he dicho: una soaré.</p>
<p>Y ¿qué va a sacar en limpio</p>
<p>De ostentar todo ese tren?</p>
<p>Tengan ustedes paciencia,</p>
<p>Que pronto lo van a ver.</p>
<p>Siempre que entra alguna dama&#8230;</p>
<p>(¡Son ciento!) ponerse en pie,</p>
<p>Y dar cien pares de besos,</p>
<p>Y recibir otros cien</p>
<p>Con acentos cariñosos</p>
<p>Y risita de ojimiel,</p>
<p>Aunque esta la quiera mal</p>
<p>Y aquella no huela bien.</p>
<p>Andar como un zarandillo</p>
<p>De la una a la otra pared,</p>
<p>Porque la llama Luisita</p>
<p>Y le dice una sandez;</p>
<p>Porque otra quiere sentarse</p>
<p>Al lado de su doncel;</p>
<p>O a los nervios inocentes</p>
<p>Achaca Flora tal vez</p>
<p>La tortura del zapato</p>
<p>Y el suplicio del corsé;</p>
<p>O Laura tiene calor;</p>
<p>O Casilda tiene sed;</p>
<p>O la llaman con tres luegos</p>
<p>Urgencias de doña Inés.</p>
<p>Allí viene un elegante,</p>
<p>Que fue presentado ayer,</p>
<p>Y hoy con derecho se juzga</p>
<p>Para presentar a seis;</p>
<p>Y ella, aunque más de una mano</p>
<p>Cortada quisiera ver,</p>
<p>Tiene que besarlas todas,</p>
<p>O pasar por descortés.</p>
<p>Otro disputa en el juego</p>
<p>Por el valor de una nuez,</p>
<p>Y tiene que recordarle</p>
<p>Que su casa no es café.</p>
<p>Otro le pide dos onzas,</p>
<p>Que nunca piensa volver,</p>
<p>Y otro le rompe un florero</p>
<p>Por danzar un balancé.</p>
<p>¿Y el concierto? ¡Qué de afanes!</p>
<p>Faltó a la cita Isabel;</p>
<p>Se han olvidado los coros</p>
<p>Del aria de Mahomet;</p>
<p>Está ronco don Ciriaco</p>
<p>Y ha parido Salomé.</p>
<p>Pues que empiece Fulanita.</p>
<p>No, señor, no puede ser.</p>
<p>Arreglemos este dúo&#8230;</p>
<p>Bien por mi parte. ¿Y con quién?</p>
<p>Con Casimiro. —¡Imposible!</p>
<p>No puedo cantar con él.</p>
<p>No entra a tiempo, desafina,</p>
<p>Y todo lo echa a perder.</p>
<p>Conchita es más complaciente</p>
<p>Y nos hará la merced&#8230;</p>
<p>Lo haría con mil amores,</p>
<p>Mas no puedo dar el re.</p>
<p>Si no estuviera indispuesta&#8230;</p>
<p>Pues ¡cómo&#8230;! ¿Qué tiene usted?</p>
<p>Y Concha la habla al oído</p>
<p>Y le dice&#8230; no sé qué.</p>
<p>Vaya, pues será preciso</p>
<p>Que supla don Ezequiel&#8230;</p>
<p>Al momento. ¿Cuatro piezas</p>
<p>Faltan? Yo las cantaré;</p>
<p>Y canta; y tras de la voz</p>
<p>Dura, estentórea, soez,</p>
<p>Por un tris no arroja el bárbaro</p>
<p>Los pulmones y la hiel.</p>
<p>¿Y el ambigú? ¡Santo Dios!</p>
<p>No con igual avidez</p>
<p>Entra a saco una ciudad</p>
<p>Famélico somatén,</p>
<p>Como a la opulenta mesa</p>
<p>Se abalanzan de tropel</p>
<p>Una legión de heliogábalos&#8230;</p>
<p>Pero de buen tono&#8230; ¡pues!</p>
<p>Fiambres, dulces, sorbetes&#8230;,</p>
<p>A nada se da cuartel.</p>
<p>En vano reclama el orden</p>
<p>La desdichada mujer.</p>
<p>En vano su vanidad</p>
<p>Pagó cincuenta por diez,</p>
<p>Malbaratando su hacienda,</p>
<p>A los hijos de Israel;</p>
<p>Que el opíparo banquete</p>
<p>Merienda de negros fue</p>
<p>Entre aquella turbamulta</p>
<p>Sin Dios, sin patria y sin ley;</p>
<p>Y sin poder obsequiar</p>
<p>A tantas damas de prez,</p>
<p>La mejor fuente de china</p>
<p>Rota por el suelo ve;</p>
<p>Y para mayor desgracia</p>
<p>Torpe beodo novel</p>
<p>¡Zas! derrama una ponchera</p>
<p>En su traje de moaré.</p>
<p>Así acaba la función</p>
<p>Cerca del amanecer;</p>
<p>Y unos al marchar se ríen,</p>
<p>Y otros le quitan la piel;</p>
<p>Y el que entró muy derretido</p>
<p>Se despide con desdén.</p>
<p>Y la casa ¿cómo queda?</p>
<p>Hecha un confuso babel.</p>
<p>Y Madrid se ha divertido;</p>
<p>¡Mucho! ¿Y el ama?&#8230; ¡Aprended!</p>
<p>La que pocas horas antes</p>
<p>Pensó hacer un gran papel,</p>
<p>Sola, mustia, desairada,</p>
<p>Gime sobre un canapé.</p>
<p>—¡Oh! los bailes, los conciertos&#8230;</p>
<p>¡Gran cosa! ¿Y con cena? Miel</p>
<p>Sobre hojuelas. ¿Me convidan?</p>
<p>Mil gracias. Puntual seré;</p>
<p>Pero ¿en mi casa? ¡Abrenuncio!</p>
<p>¡Fuego de Dios, amén, amén, amén!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Glosa De Varios Refranes</strong></h3>
<p>Pretender que venturoso</p>
<p>Se juzgue torpe usurero</p>
<p>Aunque de inútil dinero</p>
<p>Llene su arcón hasta el colmo,</p>
<p>Es pedir peras al olmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedir a una viuda linda</p>
<p>Que no se asome al balcón,</p>
<p>Y se pudra en un rincón</p>
<p>Sollozando por el muerto,</p>
<p>Es predicar en desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trabaje, trabaje, hermano,</p>
<p>Y sacuda la pereza;</p>
<p>Que no saldrá de pobreza</p>
<p>Maldiciendo su fortuna.</p>
<p>Eso es ladrar a la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te quedes sin cenar</p>
<p>Cuando riñas con Inés</p>
<p>Por darle pesar. ¿No ves</p>
<p>Que eso es echar, majadero,</p>
<p>La soga tras el caldero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Limitarse a suspirar</p>
<p>Habiendo en la Corte blondas,</p>
<p>Confiterías y fondas,</p>
<p>Es no entender a las damas;</p>
<p>Es andarse por las ramas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedir que no mienta a un sastre,</p>
<p>Que no finja a una mujer,</p>
<p>Que no robe a un mercader,</p>
<p>Y que no jure a un sargento;</p>
<p>Eso es arar en el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedir perdón a quien lea</p>
<p>Tu librejo, Bonifacio,</p>
<p>En un humilde prefacio,</p>
<p>Es lo mismo que enseñar</p>
<p>La horca antes que el lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con satirillas vengarse</p>
<p>De un ilustrado censor,</p>
<p>Es ser ingrato a un favor,</p>
<p>Es ser ruin, ser indio bravo,</p>
<p>Y apearse por el rabo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Gollerías</strong></h3>
<p>Si el militar consiguiera</p>
<p>Sin oler nunca la pólvora</p>
<p>Una y otra charretera,</p>
<p>Con sólo rondar esquinas</p>
<p>Y guiñar a las vecinas,</p>
<p>Y sin comprar en campaña</p>
<p>Al grito de viva España</p>
<p>Con su sangre la victoria,</p>
<p>¡Oh qué gloria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, como a cada momento</p>
<p>Cambia de colores Úrsula,</p>
<p>Se alimentase del viento</p>
<p>Camaleona completa,</p>
<p>En vez de ser tan coqueta</p>
<p>Y exigir a cada instante</p>
<p>De su desdichado amante</p>
<p>Ya el collar, ya la basquiña,</p>
<p>¡Oh qué viña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si campase mi talento</p>
<p>Libre, inmune en mi periódico,</p>
<p>Sin trabas de reglamento,</p>
<p>Y yo escribiera solito,</p>
<p>Sin que nadie alzara el grito,</p>
<p>Para diez mil suscriptores,</p>
<p>Y no tuviera censores,</p>
<p>Ancha mostrasen la manga,</p>
<p>¡Oh qué ganga!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bastara la osadía</p>
<p>Con que llamo burro al prójimo</p>
<p>De más alta nombradía,</p>
<p>Y hacer en mi cartapacio</p>
<p>Caricaturas de Horacio,</p>
<p>Y mal traducir un drama</p>
<p>Para merecer la fama</p>
<p>Que a otros corona en el Pindo</p>
<p>¡Oh qué lindo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el Gobierno&#8230;, pio, o tordo,</p>
<p>Sólo por cantar el trágala</p>
<p>Me diera un destino gordo,</p>
<p>Aunque fuera necesario</p>
<p>Que a algún digno funcionario</p>
<p>El ministro despojara</p>
<p>Sólo por mi linda cara</p>
<p>Donde no ha apuntado el bozo,</p>
<p>¡Oh qué gozo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, comiendo a dos carrillos,</p>
<p>Mientras la voz de república</p>
<p>Esparzo por los corrillos,</p>
<p>me pagan por ser agente</p>
<p>De Carlos el pretendiente,</p>
<p>Y me tienen por grande hombre</p>
<p>Y ensalza el vulgo mi nombre</p>
<p>Porque escribo con veneno,</p>
<p>¡Oh qué bueno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues siendo yo un mequetrefe</p>
<p>Me doy tono con las ínfulas</p>
<p>Y el alto sueldo de jefe,</p>
<p>Al pago que un subalterno,</p>
<p>Sin conocerlo el Gobierno,</p>
<p>Lo hace todo en la oficina</p>
<p>Por la asignación mezquina</p>
<p>De doce reales y pico,</p>
<p>¡Oh qué rico!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si libertad sólo hubiera</p>
<p>Para frailes y canónigos</p>
<p>En la monarquía ibera</p>
<p>Bajo el cetro de Isabel,</p>
<p>Y a costa del pueblo fiel</p>
<p>Viviera de mogollón</p>
<p>Cubierto el hipocritón</p>
<p>Con la máscara del justo,</p>
<p>¡Oh qué gusto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Rosa</strong></h3>
<p>¡Guarda, mi Silvia, guarda!</p>
<p>¡Ay! no por una rosa</p>
<p>Tu delicada mano</p>
<p>A lastimar te expongas.</p>
<p>Venus que las produjo</p>
<p>Como suprema Diosa</p>
<p>Al estampar su huella</p>
<p>Sobre la verde alfombra;</p>
<p>Venus vivió cien siglos</p>
<p>Ufana de su obra</p>
<p>Hasta que tú naciste,</p>
<p>Dulcísima pastora.</p>
<p>Dos el Amor ha puesto</p>
<p>En esa cara hermosa</p>
<p>Que las suyas afrentan</p>
<p>Y el corazón me roban.</p>
<p>Así el rosal ameno</p>
<p>De Venus envidiosa</p>
<p>Crudas espinas cubre</p>
<p>Entre lozanas hojas.</p>
<p>¿No temes su venganza?</p>
<p>¡Tente!&#8230; Quizá se esconda</p>
<p>Cabe el risueño arbusto</p>
<p>Víbora ponzoñosa.</p>
<p>Si engalanar deseas</p>
<p>Tu cabellera blonda,</p>
<p>Deja que yo la arranque</p>
<p>Con esta mano tosca.</p>
<p>¡Y oh si por serte grato</p>
<p>Fuera tanta mi gloria</p>
<p>Que las sutiles puntas</p>
<p>La desgarrasen toda!</p>
<p>Y mas que no pudiera</p>
<p>Valerme de la honda</p>
<p>Ni tocar en un año</p>
<p>Mi rústica zampoña.</p>
<p>¡Oh, déjame, importuno!</p>
<p>Responde la pastora.</p>
<p>¿Qué importa que me clave</p>
<p>Si es para ti  la rosa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Hay Brujas!</strong></h3>
<p><em>A Mi Amigo El Señor Don José Zorrilla</em></p>
<p>Mal, Zorrilla, el siglo nuestro</p>
<p>Se amolda a tu fantasía.</p>
<p>Si todo es prosa hoy en día,</p>
<p>¿Dónde alimentar el estro</p>
<p>De tu excelsa poesía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aquí nace tu aversión</p>
<p>A las presentes calendas</p>
<p>Y a uno y otro cronicón</p>
<p>Demandar la inspiración</p>
<p>De tus famosas leyendas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este pueblo mestizo</p>
<p>¿Quién es ya español castizo?</p>
<p>¿Adónde fue nuestra honrilla,</p>
<p>Negra o blanca? ¿Qué se hizo</p>
<p>De la sesuda Castilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el funesto contagio</p>
<p>Del moderno escepticismo,</p>
<p>Dio nuestra fe en un abismo,</p>
<p>Y nuestro rey es el agio,</p>
<p>Nuestro Dios el egoísmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, (¡cosa extraña!)</p>
<p>Aún hay brujas en España.</p>
<p>¿Te admiras? Sí tal, y muchas;</p>
<p>Y verás que no es patraña</p>
<p>Si con atención me escuchas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el untarse  es condición</p>
<p>De brujas, sine qua non,</p>
<p>La que con minio y calostro</p>
<p>Y drogas de Sanahuja,</p>
<p>Adoba el pálido rostro</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La rufiana marrullera</p>
<p>Que, a título de prendera,</p>
<p>Mientras con una sortija</p>
<p>La bolsa a la madre estruja</p>
<p>Con otra pierde a la hija,</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vieja de largos colmillos</p>
<p>Que diz que vende palillos</p>
<p>A la vera del portal</p>
<p>Donde astrosa se rebuja,</p>
<p>Ten por regla general</p>
<p>Que es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Maruja en el ministerio</p>
<p>Cada día!&#8230; Aquí hay misterio.</p>
<p>Cuando así mata sus ocios,</p>
<p>Una de dos; o Maruja</p>
<p>Es agente de negocios,</p>
<p>O es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si bruja y hechicera</p>
<p>Todo es uno, ¿qué es Glicera</p>
<p>Cuyo rostro, dulce edén</p>
<p>Donde el amor se dibuja,</p>
<p>Hechiza a cuantos la ven?</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante su jubileo,</p>
<p>Su rosario y su laus Deo,</p>
<p>Y su carita gazmoña,</p>
<p>Y su mirada cartuja,</p>
<p>Doña&#8230; (me quedo en el doña)</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando miente favores,</p>
<p>Por gozarse en sus dolores,</p>
<p>A Juan, a Pedro y a Andrés,</p>
<p>¿Qué es en resumen Catuja</p>
<p>Coqueteando con los tres?</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa que en el Parlamento</p>
<p>Toma la primera asiento</p>
<p>Y en vez de espumar el caldo</p>
<p>O de aplicarse a la aguja</p>
<p>Lee el Clamor  y el Heraldo,</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa comadre de todas</p>
<p>Que así en duelos como en bodas</p>
<p>Se encuentra, y con varias artes</p>
<p>Aquí ríe y allá puja&#8230;,</p>
<p>Y merienda en todas partes,</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque las haya muy santas,</p>
<p>Cual la mía y unas cuantas,</p>
<p>Diré, para que esto acabe</p>
<p>Con una verdad que cruja:</p>
<p>Cada suegra (ya se sabe)</p>
<p>Es una bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Paciencia!</strong></h3>
<p>Hijo nací segundón</p>
<p>de un hidalgo pobretón;</p>
<p>y se la fiebre amarilla</p>
<p>no barre media Castilla,</p>
<p>no espero ninguna herencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Se vende una obrilla mía?</p>
<p>Nadie va a la librería.</p>
<p>A título de amistad</p>
<p>me la piden&#8230; Es verdad</p>
<p>que alaban luego mi ciencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Imploro la protección</p>
<p>de algún grave señorón?</p>
<p>No, hay mus: inútil empeño.</p>
<p>¡Oh!, pero me habla risueño</p>
<p>y me apea la excelencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué puedo dar a mis damas?</p>
<p>Sonetillos y epigramas.</p>
<p>Llega un cafre, rueda el oro,</p>
<p>y me deja el bien que adoro</p>
<p>a la luna de Valencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si presto, nadie me paga;</p>
<p>que es mi suerte muy aciaga;</p>
<p>y no hallaré, ¡mala peste!,</p>
<p>quien media onza me preste,</p>
<p>si la pido en una urgencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Viene a convidarme Blas?</p>
<p>No me halla en casa jamás;</p>
<p>y es fijo que ha de encontrarme</p>
<p>el que venga a molestarme</p>
<p>con alguna impertinencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo anuncia tronada:</p>
<p>saco paraguas&#8230;; no hay nada.</p>
<p>No lo saco, y aquel día</p>
<p>un diluvio nos envía</p>
<p>la Divina omnipotencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si voy al baile, me atrapa</p>
<p>algún ratero la capa;</p>
<p>llego helado a mi portal;</p>
<p>llamo; no me oye Pascual&#8230;,</p>
<p>y me quedo a la inclemencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te aconsejo comó amigo:</p>
<p>no viajes, Fabio, conmigo,</p>
<p>que en gran peligro te pones.</p>
<p>Si no se asaltan ladrones,</p>
<p>volcará la diligencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aborrezco el matrimonio;</p>
<p>pero mi suerte&#8230;, el demonio.</p>
<p>No, no me caso. ¡Arre allá!,</p>
<p>porque mi dote será,</p>
<p>tras de cuernos, penitencia.</p>
<p>¡Paciencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Indicios Vehementes</strong></h3>
<p>Me la echó de protector,</p>
<p>Me dio don Claudio esperanza;</p>
<p>Mas, ¡ay! cuando al buen señor</p>
<p>Mi vista jamás alcanza,</p>
<p>Y sus negocios alega,</p>
<p>Y a recibirme se niega</p>
<p>Con uno y otro pretesto&#8230;</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Malo, malo! Don Gaspar</p>
<p>Por ahorrar una sirvienta</p>
<p>Sale a la plaza a comprar</p>
<p>Mientras duerme su parienta</p>
<p>Y aun se la encuentra en la cama,</p>
<p>Porque sopla Guadarrama,</p>
<p>Cuando vuelve con el cesto.</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando triste y sonrojada</p>
<p>Me dice doña Lucía:</p>
<p>«Yo no soy interesada.</p>
<p>¿Yo pedir? ¡Jesús, María!&#8230;</p>
<p>Pero el casero, la tienda&#8230;</p>
<p>¡Ay, cuánto siento, mi prenda,</p>
<p>Los pesares que te cuesto!&#8230;»,</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo sé el país donde vivo,</p>
<p>Y no quiero murmurar;</p>
<p>Pero es cierto y positivo</p>
<p>Que va engordando Pilar,</p>
<p>Y mi señor don Ignacio</p>
<p>Fue su amante muy despacio,</p>
<p>Y se casa presto, presto.</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez reales de sueldo tiene</p>
<p>Don Paneracio el contador,</p>
<p>Y moza y coche mantiene,</p>
<p>Y vive como un señor.</p>
<p>Ya, pero en eso de rentas&#8230;</p>
<p>El que le toma las cuentas</p>
<p>Será&#8230; será&#8230; —Por supuesto.</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando alguno muy cortés</p>
<p>Entrando en mi gabinete</p>
<p>Arrastra mucho los pies,</p>
<p>O bien recibo un billete,</p>
<p>Y leo al primer renglón:</p>
<p>«Señor don Manuel Bretón:</p>
<p>Perdone usted si molesto&#8230;»,</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, señor, no soy celoso.</p>
<p>Ello, mi esposa es bonita&#8230;</p>
<p>Yo, la verdad, soy un oso;</p>
<p>Mi coronel la visita,</p>
<p>Y aunque mi conducta es buena</p>
<p>Cate usted que me condena</p>
<p>quince días de arresto.</p>
<p>¡Malo me he puesto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Jamás!</strong></h3>
<p>No gustamos de bullangas</p>
<p>Donde otros buscando gangas</p>
<p>Suelen hallar coscorrones.,</p>
<p>¡Nones!</p>
<p>Pero ¿gobierno absoluto</p>
<p>Y aquel tribunal de luto</p>
<p>Invención de Barrabás?</p>
<p>¡Jamás!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las añejas injurias</p>
<p>Se perdonen y las furias</p>
<p>No viertan civil veneno,</p>
<p>Bueno;</p>
<p>Pero ¿llevar malos ratos</p>
<p>Para escapar de Pilatos,</p>
<p>Y estrellarnos en Caifás?</p>
<p>¡Jamás!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que la libertad no sea</p>
<p>Humeante horrible tea</p>
<p>Que más que ilumine abrase,</p>
<p>Pase;</p>
<p>Mas ¿que vuelvan sarracenos</p>
<p>A mandar, y digan menos</p>
<p>Tras que no pedimos más?</p>
<p>¡Jamás!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si anda bien siempre el timón</p>
<p>Tendremos moderación;</p>
<p>Daremos sangre y dinero;</p>
<p>Pero</p>
<p>¿Que el barquito ande o no ande</p>
<p>Según Metternich  lo mande</p>
<p>Y el señor don Nicolás?</p>
<p>¡Jamás!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diz que en oscuros registros</p>
<p>Se buscan nuevos ministros</p>
<p>Que hagan de España otra Angola.</p>
<p>¡Hola!</p>
<p>Vanas fueran sus porfías.</p>
<p>No pedimos gollerías;</p>
<p>Pero ¿un solo paso atrás?</p>
<p>¡Jamás!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sarta De Embustes</strong></h3>
<p>Juana vive de coser;</p>
<p>Que es muy honrada mujer</p>
<p>Y nunca ha tenido amantes.</p>
<p>—Pues ¿quién paga los brillantes</p>
<p>Y el abono en la cazuela?</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel hinchado señor</p>
<p>Sin virtudes ni valor</p>
<p>Pretende al mundo admirar</p>
<p>Porque luce en un billar</p>
<p>Galones y escarapela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como está sin capa Gil</p>
<p>En Enero va de Abril,</p>
<p>Y echándola de valiente,</p>
<p>Aunque dé diente con diente</p>
<p>No se arrima a la candela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un bulto de mal agüero</p>
<p>Tiene Luisa en el garguero,</p>
<p>Y ella dice con candor:</p>
<p>«Esto no es nada. Calor&#8230;</p>
<p>Un ramo de erisipela&#8230;»</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Víctima de un pisotón</p>
<p>Ve las estrellas Antón,</p>
<p>Y al oír: Perdone usté,</p>
<p>Responde: No, no hay de qué,</p>
<p>Y se ríe aunque le duela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh delicia! exclama Juan,</p>
<p>Azucarado galán.</p>
<p>¡Con qué gozo, prenda mía,</p>
<p>Rondando tu celosía</p>
<p>Paso las noches en vela!</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un risible pundonor</p>
<p>Acérrimo defensor,</p>
<p>«Es vileza, dice Roque,</p>
<p>No abrir el pecho a un estoque</p>
<p>Por la menor bagatela».</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El parásito Fabricio</p>
<p>Dice al ricacho Simplicio</p>
<p>Que mata su hambre canina:</p>
<p>«No tu espléndida cocina;</p>
<p>Tu amistad mi pecho anhela».</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Pérez, triste peón</p>
<p>Que a riesgo de un empellón</p>
<p>Con piedras y barros lidia,</p>
<p>Dice que no tiene envidia</p>
<p>Al que gasta carretela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien diga que un sastre solo</p>
<p>En cuanto ilumina Apolo</p>
<p>No ha de robar todo el año,</p>
<p>Si no en la hechura y el paño,</p>
<p>En botones y entretela,</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Qué carta tan bien sentida</p>
<p>La de mi Anarda querida!</p>
<p>¡Qué ternura de mujer!»</p>
<p>¡Pobre mentecato! Ayer</p>
<p>La copió de una novela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡A duro la muselina!</p>
<p>—A usted por ser mi vecina</p>
<p>Le rebajo un real en vara.</p>
<p>—¿A diecinueve? Es muy cara.</p>
<p>—Pues más me costó la tela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blas me adora. ¡Oh! sí; lo creo,</p>
<p>Y tan rendido le veo,</p>
<p>Que jura serme constante</p>
<p>Aunque mi lindo semblante</p>
<p>Desfigure la viruela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que me diga que un hombre,</p>
<p>Aunque su paciencia asombre,</p>
<p>Da con gusto su dinero</p>
<p>Al maldecido barbero</p>
<p>Que le ha sacado una muela,</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>Dorila la cortesana</p>
<p>Se casa en esta semana</p>
<p>Con el bobo don Gabriel.</p>
<p>—¿Y está enamorada de él?</p>
<p>—Dice que sí. —Pues no cuela.</p>
<p>Que se lo cuente a su abuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Boca De Lisaura</strong></h3>
<p>No hay pastor que no alabe la hermosura,</p>
<p>Dulce Lisaura, de tu boca breve;</p>
<p>Que en ella pone Amor el arco aleve</p>
<p>Do el tiro de sus flechas asegura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quién compara su aliento al alba pura,</p>
<p>Quién sus dientes al ampo de la nieve,</p>
<p>Quién a la copa que ministra Hebe</p>
<p>De su blando reír la donosura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay simplecillos! Su mayor encanto</p>
<p>Que a delicias sin fin plácido guía</p>
<p>Cupido os cubre con espeso manto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo lo callo y lo sé; que desde el día</p>
<p>En que apacible serenó mi llanto</p>
<p>Candado fue su boca de la mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Cuaresma</strong></h3>
<p>¿Quién eres, pálido espectro,</p>
<p>Que envuelto en negra bayeta</p>
<p>El magro adusto semblante</p>
<p>Con cárdena toca velas?</p>
<p>¿Eres acaso la sombra</p>
<p>De algún cuitado poeta,</p>
<p>O bien la angustiada efigie</p>
<p>De algún maestro de escuela?</p>
<p>Mas ¿qué confuso trofeo</p>
<p>Tu trono lúgubre cerca</p>
<p>De gaitas y chirimías,</p>
<p>De dengues y castañuelas?</p>
<p>Allí de una que era ayer</p>
<p>Sacerdotisa de Vesta</p>
<p>La túnica yace ajada</p>
<p>Y el casto velo por tierra.</p>
<p>Podrá su blancura al lino</p>
<p>Restaurar la lavandera,</p>
<p>Mas ¿con qué jabón se lavan</p>
<p>Las culpas que me revela?</p>
<p>¡Ah! Si Madrid fuera Roma,</p>
<p>¡Cuántas vestales  cayeran</p>
<p>Al ancho foro rodando</p>
<p>Desde la roca Tarpeya!</p>
<p>Allí el corpiño de pana,</p>
<p>Allí la alquilada trenza</p>
<p>Una pasiega  depuso</p>
<p>Y el guardapiés de estameña;</p>
<p>Y es fama que por Otoño,</p>
<p>Si no hay un yerro de cuenta,</p>
<p>Ya podrá ejercer la industria</p>
<p>De que viven las pasiegas.</p>
<p>Allí una bata descubro</p>
<p>Rasgada por embustera,</p>
<p>Allí el talle de Lisarda,</p>
<p>Allí el color de Filena.</p>
<p>¡Oh qué de guantes aquí</p>
<p>Que uñas rapaces cubrieran!</p>
<p>¡Oh cuántas caras allá</p>
<p>Que cayeron de vergüenza!</p>
<p>¡No más! Lívida fantasma,</p>
<p>Tú eres la triste Cuaresma</p>
<p>Del Carnaval fugitivo</p>
<p>Ceñuda enemiga eterna.</p>
<p>Tú, que el regalado hojaldre</p>
<p>En duro abadejo truecas,</p>
<p>Y el ave tierna y sabrosa</p>
<p>En desaborida acelga,</p>
<p>Y en desaliño la gala,</p>
<p>Y la alegría en tristeza,</p>
<p>Y en silencio sepulcral</p>
<p>La baraúnda y la gresca.</p>
<p>Harto el pesar te denuncia</p>
<p>De tanta ya muda orquesta,</p>
<p>Y el luto de los fondistas,</p>
<p>Y el llanto de las prenderas.</p>
<p>Colchas de filipichín,</p>
<p>Casacas de filoseda,</p>
<p>Volved al raído cofre</p>
<p>Y a la carcomida percha,</p>
<p>Y con vosotras se encierren</p>
<p>Hasta el día de la feria</p>
<p>Tantos modernos pecados</p>
<p>Y tantas culpas añejas.</p>
<p>¡Oh! si un prodigio del cielo</p>
<p>De repente os diera lengua,</p>
<p>¡Cuánta opinión rodaría</p>
<p>Y cuánta virtud supuesta!</p>
<p>Mas no: callad; que también</p>
<p>Su buena fama perdieran</p>
<p>Las que os venden y revenden,</p>
<p>Y os alquilan, y os empeñan;</p>
<p>Y la malicia del vulgo</p>
<p>Diga lo que quiera de ellas,</p>
<p>Las prenderas siempre han sido</p>
<p>Mujeres de muchas prendas;</p>
<p>Y donde se venden honras</p>
<p>En públicas almonedas</p>
<p>No es cosa del otro jueves</p>
<p>Que ropa usada se venda.</p>
<p>Mas el Carnaval procaz</p>
<p>¿Acabose ya de veras?</p>
<p>¿No quedan ya por ventura</p>
<p>Carnes en Madrid tolendas?</p>
<p>¡Oh Miércoles penitente!</p>
<p>No lo creas, no lo creas.</p>
<p>Hay rostros que en todo el año</p>
<p>No se quitan la careta;</p>
<p>Y tanto a fingir se inclina</p>
<p>La humana naturaleza,</p>
<p>Que de disfraz sirve a muchos</p>
<p>Hasta el cilicio que llevan.</p>
<p>En las danzas, a lo menos,</p>
<p>Que el alegre Momo inventa</p>
<p>Contra astucias y maldades</p>
<p>Vivimos todos alerta.</p>
<p>Caretas de tafetán</p>
<p>Sólo a un tonto se la pegan;</p>
<p>Mas de caretas de carne</p>
<p>¿Quién defiende a la inocencia?</p>
<p>¡Pobre mundo! ¡Pobre mundo!</p>
<p>La taciturna Cuaresma</p>
<p>El regocijo te roba&#8230;,</p>
<p>¡Y las máscaras te deja!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Declaración Involuntaria</strong></h3>
<p>Tus ojos me abrasan,</p>
<p>Y de amor cautivo,</p>
<p>¡Ay! anhelo en vano</p>
<p>Quebrantar mis grillos.</p>
<p>No creas empero,</p>
<p>Dulce dueño mío,</p>
<p>Que de mis amores</p>
<p>Hablarte imagino;</p>
<p>Pues me condenaron,</p>
<p>y yo no lo olvido,</p>
<p>A crudo silencio</p>
<p>Tus crudos desvíos.</p>
<p>Callaré, Filena,</p>
<p>Y del pecho herido</p>
<p>No saldrá a mi labio</p>
<p>Ni un leve suspiro.</p>
<p>Callaré la pena</p>
<p>Que incesante abrigo.</p>
<p>Mas ¿cómo callarla,</p>
<p>Si ya te la he dicho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Feria De Madrid</strong></h3>
<p>¿Qué es eso? Ahora sale el sol,</p>
<p>Altivo como español;</p>
<p>Ahora asustado se esconde,</p>
<p>Sin saber cómo ni dónde;</p>
<p>Ya me seco; ya me mojo;</p>
<p>Ya con el calor me abraso</p>
<p>Y la levita me aflojo;</p>
<p>Ya de frío me traspaso</p>
<p>Cual si me hallara en Siberia.</p>
<p>¡Ah! vaya&#8230; Es tiempo de feria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Costumbre es en los diarios,</p>
<p>No de un prójimo, de varios</p>
<p>Sacar los trapos al viento</p>
<p>Con donoso atrevimiento.</p>
<p>Hoy por plazuelas y calles</p>
<p>Todo es trapos en Madrid.</p>
<p>Los hay de modernos talles:</p>
<p>Los hay del tiempo del Cid&#8230;</p>
<p>Los anales de la Iberia</p>
<p>Vende Madrid en su feria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muñecos en mil tenduchos&#8230;,</p>
<p>Y viéndolos otros muchos;</p>
<p>Regatones que vocean;</p>
<p>Pirujas que petardean;</p>
<p>Allí carcomido un trasto;</p>
<p>Más arriba a dos manolas</p>
<p>Paga un galopín el gasto</p>
<p>De azofaifas y acerolas,</p>
<p>Y los tres con disentería</p>
<p>Se retiran de la feria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al peso allí, como el plomo,</p>
<p>Se vende el bárbaro tomo</p>
<p>De horrendas majaderías</p>
<p>Que tituló poesías</p>
<p>Un ingenio encanijado.</p>
<p>Allá en montón poligloto</p>
<p>Ruedan Marco Tulio  roto,</p>
<p>Cervantes  descabalado,</p>
<p>Tasso  lleno de laceria&#8230;;</p>
<p>¡Y a real los dan en la feria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí vende mi criado</p>
<p>La ropa que me ha robado.</p>
<p>Allí están a la vergüenza</p>
<p>Los colchones de Lorenza,</p>
<p>Que si supieran hablar</p>
<p>Dirían sierpes y sapos:</p>
<p>Pero yo no he de callar</p>
<p>Que la tal tiene otros trapos</p>
<p>Con que puede dar materia.</p>
<p>Para enriquecer la feria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La espada allí de un valiente</p>
<p>Se vende al precio corriente,</p>
<p>Y detrás en el rincón</p>
<p>Vende un sabio  su opinión.</p>
<p>Y aquí ¿qué venden? —Amigos.</p>
<p>¿Y allí? —Empleos. —¿Y allá? —Fama.</p>
<p>—Y allá ¿qué compran? —Testigos.</p>
<p>—¿Y aquella dengosa dama</p>
<p>Que se pasea tan seria?</p>
<p>También se vende en la feria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué de pobres en el lodo</p>
<p>Se abren paso con el codo,</p>
<p>A tiempo que con su moza</p>
<p>Pasea en áurea carroza</p>
<p>Alguno que andaba antaño</p>
<p>Mezclado con esa plebe,</p>
<p>Y, mal adquirido, hogaño</p>
<p>Su lujo a insultar se atreve</p>
<p>¡A la pública miseria!&#8230;</p>
<p>¡Oh mundo! ¡Oh Madrid! ¡Oh feria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Hipocresía</strong></h3>
<p>Mal conocía al hombre el ignorante</p>
<p>Que dijo, no sé a quién, dónde ni cuándo:</p>
<p>El espejo del alma es el semblante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pluguiera a Dios, y el crimen execrando,</p>
<p>Cuanto más solapado más temible,</p>
<p>De la virtud no hiciera contrabando!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su sed de sangre, su índole irascible</p>
<p>Muestra el león en su rapante garra</p>
<p>Y de su boca en el abismo horrible;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ruge de furor si triple barra</p>
<p>Tornar le niega al arenal ardiente;</p>
<p>Y muerde la cadena que le amarra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No esconde el jabalí su corvo diente;</p>
<p>Ni el águila caudal remeda astuta</p>
<p>El arrullo de tórtola inocente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni llorando a sus víctimas se enluta</p>
<p>Hiena voraz; ni el lobo y el cervato</p>
<p>Reposaron jamás en una gruta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay ser irracional, excepto el gato</p>
<p>Que del hombre aprendió la hipocresía,</p>
<p>Que en sus obras desmienta su retrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas del género humano la falsía</p>
<p>Tal es, que aun la virtud más acendrada</p>
<p>Se avergüenza al brillar la luz del día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yerta galantería almibarada</p>
<p>Ordena a don Simón besar la mano</p>
<p>Que quisiera, a fe mía, ver cortada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cuánto y cuánto ofrecimiento vano</p>
<p>Contraria al corazón dicta la boca,</p>
<p>No digan: ¡qué grosero es don fulano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo al cielo don Froilán invoca</p>
<p>Jurando a Cloris amistad eterna,</p>
<p>Y dice en el café que es una loca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo Lucio de su Laura tierna</p>
<p>Celebra el lindo pie!&#8230; ¡Guarda, cuitada!</p>
<p>Si el pie le das, avanzará a la pierna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuentan que en otra edad afortunada,</p>
<p>Edad que algún enfermo visionario</p>
<p>Improvisó roncando en la almohada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ninguno te ultrajaba temerario,</p>
<p>Sacrosanta verdad, aunque a tu apoyo</p>
<p>El ante mí  faltase de un notario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh siglo de Saturno! En algún hoyo</p>
<p>Para siempre te hundieron. Ya no brota</p>
<p>De leche ni de miel ningún arroyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo de ti nos queda la bellota;</p>
<p>Y yo sé quién comerla debería</p>
<p>Mejor que pan de Meco o de Grijota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Eh! Sueños son de ilusa fantasía.</p>
<p>Fiel la historia esas fábulas desmiente</p>
<p>Que forjó la entusiasta poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te hubieran hollado impunemente,</p>
<p>Mísera humanidad, tantos tiranos</p>
<p>Del Norte al Sur, del Este al Occidente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si incensando al poder con ambas manos</p>
<p>Encomiado no hubieran sus excesos</p>
<p>Viles y aduladores cortesanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni aun después de hechos polvo nuestros huesos</p>
<p>La raza acabará de los Sinones</p>
<p>Y de los Judas los traidores besos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este el lote será de las naciones</p>
<p>Si algún milagro celestial no arranca</p>
<p>Del corazón humano las pasiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unos nadando en oro; otros sin blanca&#8230;</p>
<p>¿Y embusteros no habrá, cuando este oficio</p>
<p>Se aprende sin cursar en Salamanca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién ya de la virtud distingue al Vicio,</p>
<p>Si almas sumidas en su lodo inmundo</p>
<p>Cubre tal vez el áspero cilicio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién restituye la verdad al mundo,</p>
<p>Si el que mejor del prójimo se mofa</p>
<p>Filósofo se llama el más profundo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Si aquel poeta que en sublime estrofa</p>
<p>Nos encomia la cándida inocencia</p>
<p>No daría por ella una alcachofa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más? El noble título de ciencia</p>
<p>Se arroga ya en el orbe la impostura,</p>
<p>Y sin cargo se ejerce de conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su alianza el ruso al otomano jura,</p>
<p>Y más codicia el bósforo de Tracia,</p>
<p>Que la amistad de un turco mal segura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La falacia en un quidam  es falacia.</p>
<p>¿La comete un ministro? ¿Hay protocolo?</p>
<p>Entonces se apellida diplomacia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El bien de su país le mueve sólo,</p>
<p>Y si al sármata engaña y al tudesco</p>
<p>Del dolo se defiende con el dolo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y a quién ofende en pabellón chinesco</p>
<p>El amistoso fraude cortesano</p>
<p>Precedido de opíparo refresco?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizá ese fraude del bifronte Jano</p>
<p>Cierra el templo feroz, y el que lo signa</p>
<p>Es buen padre tal vez, buen ciudadano;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como el soldado de índole benigna</p>
<p>Fulmina ardiente bala matadora</p>
<p>Obediente a la bárbara consigna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas del orbe despótica señora,</p>
<p>Ello es que triunfa la mentira impune</p>
<p>Y con soberbios timbres se decora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mentira es el lazo que nos une,</p>
<p>Gracias al padre Adán. ¿Dónde hay un santo,</p>
<p>Dónde que sin mentir se desayune?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miente la viuda con el negro manto;</p>
<p>Miente en su boca el funeral sollozo;</p>
<p>Miente en sus ojos el acerbo llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Proponedla, si no, gallardo mozo</p>
<p>Que consuele su tálamo desierto,</p>
<p>Y veréis su pesar trocado en gozo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miente ya el mercader menos experto;</p>
<p>Miente el sello también con que atestigua</p>
<p>Que el tanto de arancel pagó en el puerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miente casto rubor la cara ambigua</p>
<p>Del dómine que vive amancebado,</p>
<p>Y si oye decir porra se santigua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un pliego y otro de papel sellado</p>
<p>Con fehaciente rúbrica embadurna</p>
<p>Quien nunca tuvo fe ni lo ha soñado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo pondría a Elisa en una urna,</p>
<p>Cual ángel de virtud, si no supiera</p>
<p>Que es ave de reclamo, aunque nocturna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánta calva con riza cabellera!</p>
<p>¡Cuánta canosa greña reteñida!</p>
<p>¿Qué cabeza en Madrid no es embustera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finge cadera y pecho la escurrida,</p>
<p>Finge el color de sus mejillas rojo</p>
<p>La pálida coqueta presumida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en la cara de Lucas miente un ojo;</p>
<p>Que de cristal de roca es el izquierdo;</p>
<p>¡A tanto, oh vanidad, llega tu arrojo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! Si algún día los estribos pierdo,</p>
<p>No dirás, infernal Hipocresía,</p>
<p>Que te ladro cual gozque y no te muerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡qué! ¿No fuera mengua y cobardía</p>
<p>A tus veniales culpas solamente</p>
<p>Lanzar el dardo de la saña mía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué! Denuncio a la risa de la gente</p>
<p>El falso dengue, el polisson  maldito,</p>
<p>El muerto rizo y el intruso diente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no alzaré contra mayor delito,</p>
<p>De Juvenal la férula empuñando,</p>
<p>Hasta los cielos el airado grito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh patria, patria mísera! ¿Hasta cuándo</p>
<p>Te insultarán hipócritas infames</p>
<p>Tu sacro y dulce nombre profanando?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo querrá Satán que no declames</p>
<p>Contra tanta perfidia al vago viento</p>
<p>Y lágrimas perdidas no derrames?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo será que un sátrapa avariento,</p>
<p>Con el público bien siempre en la boca,</p>
<p>Fije sólo en el suyo el pensamiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Numen de libertad! ¿Por qué te invoca</p>
<p>En insidiosa y pérfida proclama</p>
<p>Quien tus aras sacrílego derroca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué abrasado en tu divina llama</p>
<p>Se finge sin rubor el mal patricio</p>
<p>Que la anarquía y el desorden ama?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Hasta cuándo sufrir el artificio</p>
<p>Del que hoy pide congreso, instituciones&#8230;</p>
<p>Y victoreaba ayer al Santo Oficio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tolerancia! ¡Igualdad!&#8230; ¡Y a sus pasiones</p>
<p>Suelta la brida el que a tirano yugo</p>
<p>Quiere forzar las libres opiniones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Honra tu nombre, pues al cielo plugo</p>
<p>La cadena romper que te oprimía,</p>
<p>Y no seas ni esclavo ni verdugo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si de la patria el bien sólo te guía,</p>
<p>¿Por qué tu brazo envilecer blandiendo</p>
<p>Las armas de la odiosa tiranía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas reprimir no es fácil al que, ardiendo</p>
<p>En patrio amor, tras luenga servidumbre</p>
<p>Ve derribado al despotismo horrendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así tras de aparente mansedumbre</p>
<p>Traga la puente el Rin, la vega inunda</p>
<p>Y del monte amenaza a la alta cumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así el toro escapado a la coyunda,</p>
<p>Tal vez arremetiendo al que le uncía</p>
<p>Clava en su hermano el asta furibunda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡Luzca presto el suspirado día,</p>
<p>Término justo al ansia generosa</p>
<p>Del que en la santa ley su gloria fía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cuánto tarda en resonar briosa</p>
<p>La voz inmune del prohombre libre,</p>
<p>Rota ya la mordaza vergonzosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo, cuándo será que Astrea vibre</p>
<p>Inflexible su espada, y Manzanares</p>
<p>Pueda las glorias renovar del Tibre?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo será que en respetados lares</p>
<p>Se goce el antes mudo ciudadano</p>
<p>Entonando patrióticos cantares?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! No abriguemos la esperanza en vano</p>
<p>De unir al esplendor de la diadema</p>
<p>La libertad del pueblo castellano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la discordia en su agonía extrema</p>
<p>Bramando lleve al fondo del abismo</p>
<p>De la ibera región el anatema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con la pura voz del patriotismo</p>
<p>No más en nuestros valles se confunda</p>
<p>El alarido atroz del fanatismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, de bienes sin número fecunda</p>
<p>Ya resplandece la anhelada aurora</p>
<p>Después de noche tétrica y profunda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la misma facción que ciega adora</p>
<p>Al ministro falaz que la fascina</p>
<p>Le arrancará la máscara traidora;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no osará de inspiración divina</p>
<p>Embriagado fingirse, el druida torvo</p>
<p>Que cual vándalo roba y asesina;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más espantoso que el asiano morbo,</p>
<p>No ya en vez del pacífico incensario</p>
<p>Blandirá de Mahoma el hierro corvo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni convertido se verá el santuario</p>
<p>En bélico arsenal, ni en su recinto</p>
<p>Se albergará seguro el incendiario;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni un brazo, ¡justo cielo! en sangre tinto</p>
<p>Bendecirá a la turba que enajena</p>
<p>De estúpido furor el ciego instinto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano un alma de maldades llena</p>
<p>Esconderán dobladas las rodillas</p>
<p>Y los ojos clavados en la arena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, que feroces hordas acaudillas,</p>
<p>No eres quizá quien el sagrado nombre</p>
<p>Del Supremo Hacedor más amancillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muestras al menos el valor de un hombre,</p>
<p>Y el mismo arrojo que tu ruina labra</p>
<p>Quizá algún día al universo asombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Maldito el que la mística palabra</p>
<p>Tuerce mañoso a rebelión injusta</p>
<p>Que a su oculta ambición las puertas abra;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que osa calumniar con frente adusta</p>
<p>Del Redentor del mundo la incruenta,</p>
<p>Dulce, fraterna religión augusta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que a la faz del público aparenta</p>
<p>Paz, mansedumbre; y sigiloso trama</p>
<p>La ruina del país que le sustenta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel que horrible tósigo derrama</p>
<p>Sobre el incauto pueblo penitente</p>
<p>Que celestial oráculo le llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! No le creas, no: su lengua miente;</p>
<p>Que es el eco del Tártaro sombrío,</p>
<p>No intérprete de un Dios justo y clemente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Libres por dicha del contagio impío</p>
<p>Ministros hay en el cristiano templo</p>
<p>Que condenan tan ciego desvarío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Postrado, absorto su virtud contemplo,</p>
<p>Si detesto al indigno sacerdote</p>
<p>Que de un Opas traidor sigue el ejemplo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! Sólo un iroqués, un hotentote</p>
<p>Pudiera&#8230; Mas mi mano se fatiga</p>
<p>De tanto sacudir el crudo azote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta. Aunque más la punce y la maldiga,</p>
<p>El vértigo censorio de mi vena</p>
<p>¿Podrá del mundo desterrar la intriga?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La torpe Hipocresía que envenena</p>
<p>La humana sociedad ¿se irá al abismo</p>
<p>Sólo porque un poeta la condena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ahuyentaré del mundo el embolismo</p>
<p>Que es para tunos mil una cucaña?</p>
<p>No, no presumo tanto de mí mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alerta! diré sólo; que en España</p>
<p>De día es flor la que de noche ortiga:</p>
<p>Y entre el grano se esconde la cizaña,</p>
<p>Y el que más te acaricia más te engaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Infancia</strong></h3>
<p>Nueve meses encerrado</p>
<p>En oscuro calabozo,</p>
<p>Con las piernas en cuclillas</p>
<p>Y los puños en los ojos,</p>
<p>Desde que fue concebido</p>
<p>El hijo de cada prójimo</p>
<p>(No siempre lícito fruto</p>
<p>De legítimo consorcio)</p>
<p>Llora y gime a su manera</p>
<p>De su prisión en el fondo,</p>
<p>Por ver los rayos del sol</p>
<p>Que ilumina nuestro globo.</p>
<p>¡En vano!; que para ahogar</p>
<p>Sus inocentes sollozos,</p>
<p>Conspira aleve el corsé,</p>
<p>Invención de los demonios;</p>
<p>Y a saber lo que le espera</p>
<p>Cuando salga de aquel lóbrego</p>
<p>Presidio, preferiría</p>
<p>Ser víctima de un aborto.</p>
<p>Cumplida ya su condena,</p>
<p>Antes de asomar el rostro</p>
<p>Paga a la madre en dolores</p>
<p>Lo que ella le dio en sofocos.</p>
<p>Si no tiene vocación</p>
<p>De trapense o de jerónimo,</p>
<p>Él mismo rompe la celda</p>
<p>Que le servía de estorbo.</p>
<p>Si la vida motilona</p>
<p>De aquel antro cenagoso</p>
<p>Le era grata, se resiste</p>
<p>A dejar el refectorio.</p>
<p>Pero ¡inútil resistencia;</p>
<p>Que con furor demagogo</p>
<p>Le exclaustra, mal de su grado,</p>
<p>El comadrón antropófago!</p>
<p>Revuelto como tortilla</p>
<p>Y amasado como bollo,</p>
<p>¡Feliz si de tal maniobra</p>
<p>No sale tullido o cojo!</p>
<p>Pero demos de barato</p>
<p>Que salga ileso el pimpollo</p>
<p>Y naturaleza próvida</p>
<p>Triunfe del barbero indocto.</p>
<p>¡Oíd al nieto de Adán</p>
<p>Cómo en destemplado lloro</p>
<p>Maldice el funesto don</p>
<p>De vivir entre nosotros!</p>
<p>Su vida desde el Oriente</p>
<p>Es inaguantable potro,</p>
<p>Y si supiera quejarse</p>
<p>Le escucharían los sordos.</p>
<p>Uno le quita la caspa;</p>
<p>Otro le limpia el meconio;</p>
<p>Aquí apósitos y vendas;</p>
<p>Acullá unturas y polvos.</p>
<p>¡Qué de friegas y estirones,</p>
<p>Qué de frotes y de sobos</p>
<p>De la cabeza a los pies</p>
<p>Y desde la mano al hombro!</p>
<p>Piensa descansar el mísero</p>
<p>Después de mondo y lirondo;</p>
<p>Mas de mayores tormentos</p>
<p>Aquél ha sido el exordio.</p>
<p>Ahora comienza el suplicio</p>
<p>Del consabido envoltorio</p>
<p>Que oprime sus coyunturas</p>
<p>Y estruja sus hipocondrios.</p>
<p>Metedores y pañales,</p>
<p>Mantillas, chambras y gorros,</p>
<p>Con una y otra corteza</p>
<p>Cobijan el débil tronco;</p>
<p>Y al fajarle el operario</p>
<p>Tal vez le disloca un codo</p>
<p>O con agudo alfiler</p>
<p>Pincha al indefenso rorro;</p>
<p>Y sobre prensarlo tanto</p>
<p>Le dan vueltas como a un torno;</p>
<p>Que no sé cómo no vuelven</p>
<p>Al pobre muchacho loco.</p>
<p>Por fin, menos semejante</p>
<p>Al hombre, de que es retoño,</p>
<p>Que al cilindro de una máquina</p>
<p>O a una colmena de corcho,</p>
<p>Chupa voraz de su madre</p>
<p>Los túrgidos promontorios,</p>
<p>Y breve tregua a su llanto</p>
<p>Da el suculento calostro.</p>
<p>Entre tanto, veinte brujas</p>
<p>Formando gárrulo coro</p>
<p>Bendicen (¡otra les queda!)</p>
<p>El fruto del matrimonio.</p>
<p>¡Oh qué linda criatura!</p>
<p>Dice fulana: es un rollo</p>
<p>De manteca. ¡Dios le libre</p>
<p>De viruelas y mal de ojo!</p>
<p>Otra en tono de sibila</p>
<p>Hace inspirada su horóscopo</p>
<p>Y larga vida le anuncia</p>
<p>Con montes de plata y oro.</p>
<p>Otra exclama: Se parece</p>
<p>Lo mismo que un huevo a otro</p>
<p>A su papá, y el papá</p>
<p>No cabe en sí de alborozo.</p>
<p>Pero quizá, aunque sonríe</p>
<p>Y dice en público «apoyo»,</p>
<p>Tiene el padrino razones</p>
<p>Para pensar de otro modo.</p>
<p>No lamento lo que sufro</p>
<p>En el acto meritorio</p>
<p>Del bautismo; que me precio</p>
<p>De ser cristiano ortodoxo;</p>
<p>Pero cuando siente el párvulo</p>
<p>Sobre su cabeza el chorro</p>
<p>Y en su boca el sal sapientiae,</p>
<p>Que no le sabe a bizcocho,</p>
<p>Tal vez (¡humana miseria!)</p>
<p>Se obstinaría en ser moro</p>
<p>Si al oír vis baptizare</p>
<p>Fuese él quien dijera «volo».</p>
<p>¿Y quién, ¡ay Dios! enumera</p>
<p>Las dolencias y soponcios</p>
<p>Que mortifican al nene</p>
<p>Entre lágrimas y mocos?</p>
<p>Hoy le aflige la alfombrilla;</p>
<p>Mañana el usagre hediondo;</p>
<p>Otro día el sarampión</p>
<p>Le convierte en fiero monstruo.</p>
<p>A cada diente que asoma</p>
<p>Le atacan pujos y vómitos,</p>
<p>Y tal vez males ajenos</p>
<p>Se le agregan a los propios;</p>
<p>Que si antes de descubrirse</p>
<p>El americano golfo</p>
<p>El pecado original</p>
<p>Era, aunque grave, uno solo;</p>
<p>¡Hoy son dos!&#8230;; y ¡vive Cristo</p>
<p>Que hizo España buen negocio</p>
<p>Quedándose con la peste</p>
<p>Y perdiendo el territorio!</p>
<p>Sin consultar (¡angelito!)</p>
<p>Su paladar ni su estómago,</p>
<p>Antes de cumplido el año</p>
<p>Llenan su cuerpo de bodrio,</p>
<p>Y antes que adquieran sus miembros</p>
<p>El preciso desarrollo</p>
<p>Le desnudan de mantillas</p>
<p>Para vestirle de corto.</p>
<p>Mas no por eso el menguado</p>
<p>Respira con desahogo;</p>
<p>Que su pulmón deterioran</p>
<p>Los andadores diabólicos;</p>
<p>Y cuando de ellos le alivian,</p>
<p>Si con afán engañoso</p>
<p>Para librarse del yugo</p>
<p>Hace pinitos heroicos,</p>
<p>Cada paso es un peligro,</p>
<p>Cada mueble es un escollo;</p>
<p>Que sus pies son de manteca</p>
<p>Y su cabeza de plomo.</p>
<p>Por fin, a fuerza de días</p>
<p>Y coscorrones de a folio,</p>
<p>Logra andar la criatura</p>
<p>Sin necesitar socorro,</p>
<p>Y su labio balbuciente,</p>
<p>Menos precoz que el de un loro,</p>
<p>Articula a los tres años</p>
<p>Papa, teta, mama y chocho;</p>
<p>No sin que antes las comadres,</p>
<p>Interpretando su tosco</p>
<p>Guirigay, al rudo niño</p>
<p>Levanten mil testimonios.</p>
<p>Hasta en los mismos halagos</p>
<p>Y caricias y piropos</p>
<p>Que le tributan, ¡ay! pasa</p>
<p>Las penas del purgatorio.</p>
<p>Objeto de diversión,</p>
<p>Como puede serlo un mono,</p>
<p>Para vecinas lechuzas</p>
<p>Y aduladores ociosos,</p>
<p>Le hacen reír cuando llora,</p>
<p>O turbando su reposo</p>
<p>Cuando mamara o durmiera</p>
<p>Le hacen bailar como trompo.</p>
<p>Llamándole serafín</p>
<p>Le aturden con su alboroto</p>
<p>Y el amor con que le besan</p>
<p>Tiene apariencias de encono.</p>
<p>Uno al cutis infantil</p>
<p>Aplica el suyo cerdoso;</p>
<p>Otro le inspira su aliento,</p>
<p>Que no huele a cinamomo;</p>
<p>Otra vieja fementida,</p>
<p>Mostrando insolente pólipo</p>
<p>En su alevosa nariz,</p>
<p>Que parece un sable corvo&#8230;</p>
<p>¡No más, impía canalla!</p>
<p>¡No con vuestro impuro soplo</p>
<p>Sequéis en flor ese vástago</p>
<p>Que acariciaba Favonio!</p>
<p>Pero ¿qué diré, ¡infeliz!</p>
<p>Si a falta de madre (¡oh tósigo!)</p>
<p>Te cría bestial pasiega</p>
<p>O la madre de algún choto?</p>
<p>¿Qué diré, si te condenan</p>
<p>A la congoja, al engorro</p>
<p>De chupar los biberones</p>
<p>Aspirantes de Ibarrondo?</p>
<p>¿Qué diré, en fin, si hacinado</p>
<p>En una casa de expósitos</p>
<p>Lloras de ignorada madre</p>
<p>El criminal abandono?</p>
<p>Si al hambre y la desnudez</p>
<p>Sobrevives, suyo el gozo,</p>
<p>Suyo habrá sido el pecado,</p>
<p>¡Y tuyo será el oprobio!</p>
<p>Y exclamarán todavía:</p>
<p>¡Dichosa edad! los filósofos&#8230;</p>
<p>O nunca fueron chiquillos,</p>
<p>O siempre han sido unos tontos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Juventud</strong></h3>
<p>Ya el canijo adolescente</p>
<p>Es fuerte y gallardo joven</p>
<p>Y el tenue disperso bozo</p>
<p>Es ya cerdoso bigote;</p>
<p>Ya en su total incremento</p>
<p>Ostenta fueros de roble</p>
<p>La débil rama y, en fin,</p>
<p>Ya nuestro hombre es todo un hombre.</p>
<p>¡Grata edad de los placeres</p>
<p>Y las dulces ilusiones</p>
<p>Y los hechos generosos</p>
<p>Y los pensamientos nobles!&#8230;</p>
<p>Pero yo que en mi poema</p>
<p>(Si puedo dar este nombre</p>
<p>A perdularios romances</p>
<p>Que no ha dictado Caliope)</p>
<p>Las miserias masculinas</p>
<p>Cantando con tres bemoles</p>
<p>Siego punzantes abrojos</p>
<p>Donde otros rebuscan flores,</p>
<p>Dejo al dichoso optimista</p>
<p>Narrar, Juventud, tus goces,</p>
<p>Y voy a exponer la serie</p>
<p>De tus desdichas enormes.</p>
<p>Presa de insanos deseos</p>
<p>Y de indómitas pasiones,</p>
<p>El Mundo, el Diablo  y la Carne</p>
<p>Llevan tu vida a remolque.</p>
<p>Ambición te inspira el Mundo</p>
<p>Con que al Este, al Sur, al Norte</p>
<p>Sobre mal seguro leño</p>
<p>Surcas el ponto salobre;</p>
<p>O de las cándidas musas</p>
<p>Fervoroso sacerdote</p>
<p>Pides al genio las alas</p>
<p>Que hasta el cielo te remonten;</p>
<p>O la vara de Esculapio</p>
<p>(Otros dirían azote)</p>
<p>O la balanza de Temis,</p>
<p>la lanza de Mavorte.</p>
<p>Y el mar te traga en su abismo,</p>
<p>O cuando llegas al borde</p>
<p>Del puerto ansiado te abrazas&#8230;</p>
<p>¡Con el tifus icterodes!</p>
<p>Y si las musas te brindan</p>
<p>Con la copa de sus dones,</p>
<p>O la enturbia la ignorancia</p>
<p>O la envidia la corrompe.</p>
<p>Médico, pasas la vida</p>
<p>Oliendo y tocando horrores.</p>
<p>¿Curas? No te pagan. ¿Matas?</p>
<p>Te abruman a maldiciones.</p>
<p>Letrado, aunque docto seas,</p>
<p>Te quedas a buenas noches</p>
<p>Si bendicen tu justicia</p>
<p>Los huérfanos y los pobres.</p>
<p>Soldado, piensas medrar</p>
<p>Con asaltos y mandobles</p>
<p>Y sufriendo hambres y fríos</p>
<p>Por los valles y los montes;</p>
<p>Y mientras coges allí,</p>
<p>Amén de heridas y golpes,</p>
<p>Laureles que te escabechen</p>
<p>Y reumas que te joroben,</p>
<p>Te usurparán los cobardes</p>
<p>Grados, empleos y honores</p>
<p>Patrioteando en la plaza</p>
<p>O serpeando en la Corte.</p>
<p>Del diablo  ¿qué te diré,</p>
<p>Si apenas sus tentaciones</p>
<p>Conjuraron eremitas</p>
<p>San Antón y san Onofre?</p>
<p>¡La carne!&#8230; Este es el mayor</p>
<p>Enemigo de los jóvenes,</p>
<p>Porque entre rosas y mirtos</p>
<p>Como víbora se esconde.</p>
<p>«¡La MUJER! Obra maestra</p>
<p>Del cielo, y gala del orbe,</p>
<p>Regalo de los sentidos</p>
<p>Y prez de los corazones,</p>
<p>Nuestra áncora en las borrascas,</p>
<p>Nuestro alivio en los dolores&#8230;»</p>
<p>¡Bravo, amigo! ¡Deliciosa</p>
<p>Letanía! Ora pro nobis.</p>
<p>Mas la especie en general,</p>
<p>Aunque hay muchas excepciones,</p>
<p>Da más penas que placeres,</p>
<p>Más maulas tiene que dotes.</p>
<p>Si entre doncellas y viudas</p>
<p>Tu dulce tormento escoges;</p>
<p>(Que perseguir a mujeres</p>
<p>Casadas no está en el orden)</p>
<p>O del suplicio de Tántalo</p>
<p>Sufres las ansias atroces</p>
<p>Cuando parientes y escrúpulos</p>
<p>Son de su jardín dragones;</p>
<p>O si temes que Himeneo</p>
<p>Dos veces  tu sien corone</p>
<p>Para que ella no te venda</p>
<p>Es forzoso que la compres.</p>
<p>¡Aun sin el yugo nupcial,</p>
<p>Con el cual no estás conforme,</p>
<p>Habrá quien te ame de gorra</p>
<p>Si otras taimadas la ponen;</p>
<p>Y no expondrás cada día,</p>
<p>Porque no habrá quien la ronde,</p>
<p>Tu corazón a amarguras,</p>
<p>Tu cabeza a coscorrones;</p>
<p>Y sobre ser a tu amor</p>
<p>Leal, cariñosa y dócil,</p>
<p>Alguna habrá que te pague</p>
<p>El teatro, el sastre, el coche;</p>
<p>Pero será vieja o fea,</p>
<p>Si no es graduada in utroque,</p>
<p>Y en tal caso, con tu pan</p>
<p>Te lo comas, ¡si eso comes!</p>
<p>Si huyendo, en fin, de solteras</p>
<p>A las casadas te acoges,</p>
<p>Por no estrellarte en Caribdis</p>
<p>Quizá en Escila te ahogues;</p>
<p>Que si te pilla entre puertas</p>
<p>El ofendido consorte</p>
<p>Podrá medida de frac</p>
<p>Tomarte con un garrote.</p>
<p>Rara contingencia es esta</p>
<p>En los tiempos que ahora corren;</p>
<p>Que para un toro bravío</p>
<p>Hay cabestros diez o doce;</p>
<p>Pero, cabestros y todo,</p>
<p>Te causan mil sinsabores</p>
<p>Antes que de prisa engullas</p>
<p>Lo que de su mesa sobre;</p>
<p>Y si cansar no temiera</p>
<p>A quien lea estos borrones,</p>
<p>O escandalizar a alguno</p>
<p>De los de ¡oh témpora, oh mores!,</p>
<p>Me atrevería a probar</p>
<p>Con argumentos ad hóminem</p>
<p>Que los maridos no son</p>
<p>Los verdaderos cabrones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Letrilla Obligatoria</strong></h3>
<p>Vaya, que es faena</p>
<p>Que me causa pena;</p>
<p>Vaya, que es muy duro,</p>
<p>Vaya, que es apuro</p>
<p>En cada semana,</p>
<p>¡Jesús, qué polilla!</p>
<p>Con gana o sin gana</p>
<p>Dar una letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A una pluma seria</p>
<p>Hoy sobra materia.</p>
<p>¿Quién no hace un orondo</p>
<p>Discurso de fondo?</p>
<p>Y si escribe en gringo,</p>
<p>¡Oh qué maravilla!</p>
<p>Mas ¡cada domingo</p>
<p>Dar una letrilla!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno al ministerio</p>
<p>Lanza un improperio;</p>
<p>Otro le defiende.</p>
<p>¿Quién de esto no entiende?</p>
<p>Pero yo pregunto:</p>
<p>¿Da alguna cartilla</p>
<p>Cada día asunto</p>
<p>Para una letrilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con cuatro renglones</p>
<p>En guerras civiles</p>
<p>Mover las pasiones</p>
<p>De pueblos a miles</p>
<p>No es gran diplomacia,</p>
<p>Cosa es muy sencilla;</p>
<p>Mas no el hacer gracia</p>
<p>Con una letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poética vena</p>
<p>No siempre está llena.</p>
<p>A veces no sopla</p>
<p>Ni una mala copla</p>
<p>El numen febeo,</p>
<p>Y de carretilla</p>
<p>Si está de bureo</p>
<p>Sopla una letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La pide la imprenta</p>
<p>Con sal y pimienta.</p>
<p>Si a Pedro no hiere</p>
<p>Diego no la quiere:</p>
<p>Pedro se arregosta,</p>
<p>Pero Diego chilla.</p>
<p>¡Ay, a cuánta costa</p>
<p>Se hace una letrilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin ¿qué adelanta</p>
<p>Mi cólera santa,</p>
<p>Si nadie se enmienda?</p>
<p>Y a mí ¿qué prebenda,</p>
<p>Como a otros cofrades,</p>
<p>Me dan en Castilla</p>
<p>Por decir verdades</p>
<p>En una letrilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejar tal resabio</p>
<p>Sería más sabio,</p>
<p>Y que libre y sola</p>
<p>Rodase la bola,</p>
<p>Que arrostrando luego</p>
<p>Más de una rencilla</p>
<p>Perder mi sosiego</p>
<p>Por una letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ya que mi signo&#8230;</p>
<p>(Contrario o benigno;</p>
<p>Que esto no lo inquiero)</p>
<p>Me hizo cancionero,</p>
<p>Y me dio este flujo,</p>
<p>Y esta comidilla,</p>
<p>No he de ser cartujo:</p>
<p>Vaya otra letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vuelta a la Abeja</p>
<p>Con mi moraleja;</p>
<p>Pues, mal de mi grado,</p>
<p>Hasta el mismo enfado</p>
<p>De que hoy me lamento</p>
<p>Como un tarabilla&#8230;</p>
<p>Me ha dado argumento</p>
<p>Para una letrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Manía De Viajar</strong></h3>
<p><em>Epístola dirigida en julio de 1845</em></p>
<p><em>A mi amigo y padrino</em></p>
<p><em>El excelentísimo señor don Mariano Roca de Togores,</em></p>
<p><em>Marqués de Molins.</em></p>
<p>No sé si de Alicante o del Provencio</p>
<p>Rimado me enviaste un cartapacio</p>
<p>Y culpaste de paso mi silencio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, lo juro por Píndaro y Horacio,</p>
<p>Culpa es tuya, Mariano, que no mía,</p>
<p>Si en el silencio he sido tan reacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si mi afecto una epístola te envía,</p>
<p>Para que no se pierda en el correo</p>
<p>¿Qué sobrescrito, di, será su guía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy en las calles de Madrid te veo,</p>
<p>Y eres mañana, nómada versátil,</p>
<p>Vivo traslado del errante hebreo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más vario que el termómetro bursátil,</p>
<p>Ya te alberga el fragoso Maestrazgo,</p>
<p>Ya en Elche comes amarillo dátil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay día en que no pagues el portazgo,</p>
<p>Y sólo para postas y mesones</p>
<p>Necesitas un pingüe mayorazgo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Astro, de eclipses mil y aberraciones,</p>
<p>Si sospecha Aragó  dónde amaneces,</p>
<p>¿Qué Newton  me dirá dónde te pones?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A qué resorte mágico obedeces</p>
<p>Que, sin incrédula vista acude al tacto,</p>
<p>Fantástica visión desapareces?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ha mucho, si el informe ha sido exacto,</p>
<p>Que en un ferrocarril viajar te han visto,</p>
<p>Que es viajar poco menos que en abstracto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando te hacía yo comiendo pisto</p>
<p>Del edetano Turia en las orillas,</p>
<p>Camino de París ibas tan listo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya apenas distabas veinte millas</p>
<p>De la antigua Lutecia, cuya corte</p>
<p>Tantas encierra y tantas maravillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el gas que impulsaba tu transporte</p>
<p>¿No pudo trasegarse a tu cabeza</p>
<p>Y virarla al Oeste desde el Norte?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras «París» mi sobrescrito reza</p>
<p>Quizá en Liorna o en Ginebra te halles,</p>
<p>Quizá en las lomas de Úbeda y Baeza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O al menos en los atrios de Versalles,</p>
<p>A fuer de buen patriota recordando</p>
<p>La rota del francés en Roncesvalles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas me ocurre una idea. Si te mando</p>
<p>La carta «A don&#8230; et caetera  en el mundo»,</p>
<p>Tú la recibirás&#8230; Dios sabe cuándo.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahora ¿qué te diré? Yo tan fecundo</p>
<p>Un día como el vate que en el Istro</p>
<p>Lloró de Octavio el ceño furibundo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas si figuro en el registro</p>
<p>Del Parnaso español, mi amor y el tuyo,</p>
<p>Desde que gaceteo y administro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vez de estrofas, tórculos  construyo,</p>
<p>¡Y en prensa  día y noche, mal pecado!</p>
<p>Al plectro  el expediente sustituyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De letras  por doquiera bloqueado,</p>
<p>Sólo ya las conozco por el tipo:</p>
<p>Mi numen no es ya Apolo; es el Estado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque lo rija el que escribió el Edipo,</p>
<p>El Estado  es prosaico aquí y en Asia</p>
<p>Y yo de su influencia participo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Háblame de glosilla y atanasia</p>
<p>Y de alternar edictos y decretos</p>
<p>Con noticias de Chile o de Circasia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no de versos fáciles, discretos,</p>
<p>Que sabe Dios, Mariano, lo que sudo</p>
<p>Para hacer esta ristra de tercetos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Feliz tú a quien destino menos crudo</p>
<p>Deparó venturosa independencia!&#8230;</p>
<p>(Y no lo digo, a fe, porque eres viudo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichoso tú que sin real licencia</p>
<p>Puedes ser perdurable parroquiano</p>
<p>De todo conductor de diligencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo también lo que resta de verano</p>
<p>Esquivara el rigor de Febo intonso</p>
<p>Lejos de este bullicio cortesano;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya fuera mi mansión San Ildefonso,</p>
<p>Ya el templo insigne do a la pompa augusta</p>
<p>Hunde en la nada fúnebre responso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que es cosa natural y a todos gusta</p>
<p>Como el caliente hogar en el invierno</p>
<p>Buscar el fresco en la estación adusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡cuántos necios hay, Dios sempiterno,</p>
<p>Cuántos que por huir del purgatorio</p>
<p>Se meten de rondón en el infierno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejando aquí su holgado dormitorio</p>
<p>Arrienda a peso de oro una zahúrda</p>
<p>En un mal lugarejo don Liborio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hosca patrona con su saya burda</p>
<p>Le sirve, que no sabe entre sus manos</p>
<p>Distinguir la derecha de la zurda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes que Dios alumbre a los humanos</p>
<p>Le despiertan los perros, las gallinas,</p>
<p>Las moscas, los chiquillos, los marranos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bigardos que apuntalan las esquinas</p>
<p>Ve sólo por la calle, o mutuamente</p>
<p>Matándose la caspa las vecinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sale de casa con el fresco ambiente</p>
<p>Del alba matutina, y cuando torna</p>
<p>Le tuesta el Sol despótico, insolente;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que sin un mal arbusto (¡es mucha sorna!)</p>
<p>Vive contento el poblachón grotesco</p>
<p>Cuando el Sur con su aliento le abochorna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay un jardín cuyo apacible fresco</p>
<p>Puede ofrecer a tus ardores tregua,</p>
<p>Y tiene estanque y pabellón chinesco;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero dista lo menos media legua,</p>
<p>Y pasarla pedestre es necesario</p>
<p>al duro trote de alquilada yegua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y vivir día y noche solitario</p>
<p>O someterse al obligado trío</p>
<p>De fiel de fechos, cura y boticario!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué se come allí? ¿Pesca? No hay río;</p>
<p>¿Caza? A Madrid por ella si la quieres;</p>
<p>¿Fruta? El año es estéril y tardío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas si deseas rústicos placeres,</p>
<p>Sal al campo y verás cómo prodiga</p>
<p>Sus tesoros en él la madre Ceres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh qué recreo la dorada espiga</p>
<p>Ver, y girando el pedernoso trillo,</p>
<p>Y el merodeo de afanosa hormiga&#8230;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si este solaz bucólico y sencillo,</p>
<p>Que admiro yo&#8230; en Virgilio y en Valbuena,</p>
<p>¡No fuera precursor de un tabardillo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas quién, mártir sin gloria, se condena</p>
<p>A pasar más trabajos que Tobías,</p>
<p>Con su pan se lo coma norabuena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tiene la moda, a fe, raras manías!</p>
<p>¿Qué dirían los padres de mi abuelo</p>
<p>Si volvieran al mundo en nuestros días?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contentos con su hogar y con su cielo,</p>
<p>Sólo usaban la mula y la gualdrapa</p>
<p>Para dar un vistazo a su majuelo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y apenas conocían por el mapa</p>
<p>La corte del austriaco y la del ruso,</p>
<p>Los dominios del Argel y los del Papa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy hemos dado en el contrario abuso.</p>
<p>Ya español que no viaja se denigra.</p>
<p>Nadie está bien en donde Dios le puso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya se ve, como siempre aquí peligra</p>
<p>Media nación si triunfa la otra media,</p>
<p>Cuando descansa Pedro, Antón emigra;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y como dura tanto esta comedia,</p>
<p>En peripecias trágicas fecunda,</p>
<p>Sed de viajar a todos nos asedia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quién va a Cestona, quién a la Borunda;</p>
<p>Éste lleva al Molar su cataplasma;</p>
<p>Aquel sus nervios a la mar profunda;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras otro en Pau  se cura el asma,</p>
<p>A la Suiza un simplón  su viaje emprende</p>
<p>Y al ver a su tocayo  se entusiasma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manda el buen tono caminar allende</p>
<p>Los riscos del selvoso Pirineo:</p>
<p>A Lion, a París, a Lila, a Ostende;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que es chabacano y mísero el deseo</p>
<p>Del que sólo camina hasta Segovia</p>
<p>O cuando más se aleja hasta Bermeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque a Berlín no llegue y a Varsovia,</p>
<p>¿Qué dama de este título es ya digna</p>
<p>Si no ha pasado el puente de Behovia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La leona  que falta a la consigna,</p>
<p>Porque el oro no cuenta en abundancia,</p>
<p>A esconderse en Buitrago se resigna;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por salvar, ¡pueril extravagancia!</p>
<p>La negra honrilla, escribe en la tarjeta:</p>
<p>«Fulana se despide para Francia».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y tan mal a la España se interpreta</p>
<p>Que la tildan de pueblo estacionario,</p>
<p>Comparable a lo sumo con Damieta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin contar tanto viaje involuntario,</p>
<p>Desde Junio a Setiembre, largo o corto,</p>
<p>¿Quién no traza en Madrid su itinerario?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay quien dice: esta tarde me transporto</p>
<p>Del barrio del Barquillo  al de Moriana,</p>
<p>Ya que no puedo a Málaga y Oporto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no vive viajando hoy y mañana</p>
<p>El asiduo parásito que hambriento</p>
<p>Siete mesas invade a la semana?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué hacen sino viajar a todo viento</p>
<p>Tanta movilizada pelandusca</p>
<p>Y pillos y tahures más de ciento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta. Sin duda mi razón se ofusca.</p>
<p>El placer inocente de los viajes</p>
<p>No merece una sátira tan brusca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para algo se inventaron los carruajes,</p>
<p>Y a mozas de posada y postillones</p>
<p>No fuera justo cercenar sus gajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mueva pues todo el mundo los talones,</p>
<p>Ya que la humana vida es transitoria;</p>
<p>Y si aquí nos da vuelcos y ladrones,</p>
<p>Dios arriba nos dé su santa gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Moda</strong></h3>
<p>Pues reina la Moda  en Nápoles</p>
<p>Y en Inglaterra,</p>
<p>Y en la corte y el páramo</p>
<p>Y en paz y en guerra,</p>
<p>Fuera de la ley declaro</p>
<p>Al animal tosco y raro</p>
<p>Que al fiat  no se acomoda</p>
<p>De la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo un caribe de América</p>
<p>Negar osara,</p>
<p>Sacra diva estrambótica,</p>
<p>Preces al ara</p>
<p>Donde imperas disoluta&#8230;;</p>
<p>Quiero decir absoluta.</p>
<p>Doquier se alza una pagoda</p>
<p>A la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni es de hoy la invención diabólica,</p>
<p>Digna del Draque,</p>
<p>De ese rival del ómnibus,</p>
<p>Del miriñaque,</p>
<p>(Poco es llamarle pollera),</p>
<p>Que a una población entera</p>
<p>Con su balumba incomoda&#8230;</p>
<p>Porque es Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También allá in illo témpore,</p>
<p>Hubo tontillos,</p>
<p>Que a los galanes jóvenes</p>
<p>Tiernos, sencillos</p>
<p>Aquel nombre traspasaban.</p>
<p>Es decir, que tonteaban,</p>
<p>Como hoy la pollada toda</p>
<p>De la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero al menos de aquel cuévano</p>
<p>Los accesorios</p>
<p>Dulces daban al ánima</p>
<p>Cien purgatorios.</p>
<p>Ninones y Pompadures</p>
<p>No escondían sus albures;</p>
<p>Melindres de dueña goda</p>
<p>No eran Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya barriendo polvo y cáscaras</p>
<p>Por esas calles,</p>
<p>Miden cuatro kilómetros</p>
<p>Desde los talles</p>
<p>Las faldas de rica tela;</p>
<p>Y la linda damisela</p>
<p>Gallardamente se enloda&#8230;</p>
<p>¡Porque es Moda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo! ¿ya no tienen mérito</p>
<p>Para Cupido</p>
<p>Ni la cadera mórbida,</p>
<p>Ni el pie pulido?</p>
<p>Pase el abultar la nalga;</p>
<p>Pero ¡suprimir la galga!&#8230;</p>
<p>Yo creo que está beoda</p>
<p>Doña Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vaya afuera, voto al chápiro,</p>
<p>Tanta hojarasca,</p>
<p>Que confunde a la sílfida</p>
<p>Con la tarasca!</p>
<p>Así faltará pretesto</p>
<p>A más de un zoilo indigesto</p>
<p>Que de ridícula apoda</p>
<p>A la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No a guisa de viejo dómine</p>
<p>Que hostiga el asma,</p>
<p>Reniego yo del ídolo</p>
<p>Que os entusiasma.</p>
<p>No soy, niñas, tan estulto.</p>
<p>Ríndase en buen hora culto</p>
<p>Hasta en Tembleque y en Roda</p>
<p>A la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero haya un poco de cálculo</p>
<p>Y de chirumen.</p>
<p>No os hagáis ciegas víctimas</p>
<p>Del ciego numen.</p>
<p>Nada perderán las bellas</p>
<p>(El porqué lo saben ellas)</p>
<p>Aunque entre un poco la poda</p>
<p>En la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para alguna que a neófitos</p>
<p>De poco fuste</p>
<p>Prenda en sus redes pérfidas</p>
<p>Con tanto embuste,</p>
<p>Muchas infunden sospechas</p>
<p>De zambas y contrahechas;</p>
<p>¡Muchas se quedan sin boda</p>
<p>Por la Moda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! no al desenfado bético</p>
<p>Que nos recrea</p>
<p>Un figurín exótico</p>
<p>Rémora sea;</p>
<p>Y la que hoy ruda letrilla</p>
<p>Con ruibarbo y con guindilla,</p>
<p>Será mañana una oda</p>
<p>A la Moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Niñez</strong></h3>
<p>Yo, aquel del romance en do</p>
<p>Que los vitales preludios</p>
<p>Narré del cuitado párvulo</p>
<p>Recién venido a este mundo;</p>
<p>Yo que con amor paterno</p>
<p>Le seguí desde el columpio</p>
<p>De la cuna hasta dejarle</p>
<p>En los límites de un lustro;</p>
<p>Hoy que marcha por su pie,</p>
<p>Y aunque con poco discurso</p>
<p>Muestra en su lengua expedita</p>
<p>Que no nació sordomudo,</p>
<p>Voy a proseguir su historia</p>
<p>Con otro romance en do;</p>
<p>(Y basta de introducción</p>
<p>Al capítulo segundo.)</p>
<p>El niño es pobre, o es rico;</p>
<p>El niño es hábil, o es rudo;</p>
<p>Dócil o díscolo; tres</p>
<p>Verdades de Pero-Grullo.</p>
<p>Si engendro fue suspirado</p>
<p>De padres de alto coturno,</p>
<p>¡Venturosa criatura!</p>
<p>Dirá el envidioso vulgo.</p>
<p>¡Se engaña! Todo viviente</p>
<p>Nació para el infortunio,</p>
<p>Y con otra disyuntiva</p>
<p>Voy a probar lo que anuncio.</p>
<p>O temiendo a cada instante</p>
<p>Que le acometa el singulto</p>
<p>De la muerte, le sujetan</p>
<p>A planes de higiene absurdos;</p>
<p>Y aunque llore y se desgreñe</p>
<p>El infeliz, ¡no hay recurso!;</p>
<p>Que hacen con el tierno vástago,</p>
<p>Sin que le obligue el ayuno,</p>
<p>Lo que el doctor Tirteafuera</p>
<p>Hizo con Sancho  el panzudo;</p>
<p>Y todo goce le daña</p>
<p>Y todo juego es abuso</p>
<p>Para él, y hasta del aire</p>
<p>Le merman el usufructo.</p>
<p>¡Así se cría canijo</p>
<p>El que naciera robusto</p>
<p>Y a fuerza de amor sus padres</p>
<p>Se convierten en verdugos!</p>
<p>O bien, con necio cariño,</p>
<p>Halagan todos sus gustos</p>
<p>Y de un mocoso rapaz</p>
<p>Hacen un rey absoluto.</p>
<p>Y no es más feliz por eso</p>
<p>El acariciado alumno;</p>
<p>Que con el mimo y los años</p>
<p>Crece en su pecho el orgullo.</p>
<p>Llega día en que no bastan</p>
<p>Las riquezas del Gran Turco</p>
<p>Para dejar satisfechos</p>
<p>Sus caprichos importunos.</p>
<p>Cuando le ofrecen faisanes</p>
<p>Se le han de antojar besugos,</p>
<p>Y pide peras al olmo,</p>
<p>O que nazca Dios en Junio.</p>
<p>Fáciles goces le cansan;</p>
<p>Que, como dijo Licurgo,</p>
<p>Cuando no hay pena, no hay gloria;</p>
<p>Donde no hay lucha, no hay triunfo.</p>
<p>Así la mitad del día</p>
<p>Pasa en hastío infecundo,</p>
<p>Y la otra mitad rabiando</p>
<p>Como si fuera energúmeno.</p>
<p>Mas si al hijo del magnate</p>
<p>Tan mala fortuna cupo,</p>
<p>¿Qué no sufrirá de un quídam</p>
<p>El desdichado producto?</p>
<p>¡Y al santo Dios de Israel</p>
<p>En sus altos juicios plugo</p>
<p>Que los ricos sean pocos</p>
<p>Y los pobres sean muchos!</p>
<p>Primero que la razón</p>
<p>En él ejerza su influjo,</p>
<p>Al brazo seglar le entregan</p>
<p>De un maestro cejijunto.</p>
<p>¡Cuánto le cuesta aprender</p>
<p>La primer letra de burro;</p>
<p>Cuánto el escribirla luego</p>
<p>Con intercadente pulso!</p>
<p>¡Cuántos tirones de orejas</p>
<p>Y cuántos azotes crudos</p>
<p>Para meterle en la cholla</p>
<p>Que uno  es tres  y tres  son uno!</p>
<p>¿Y qué diré, santo Dios!</p>
<p>Del quis vel qui  y el gerundio,</p>
<p>Y de Cornelio Nepote</p>
<p>Y de Fedro  y Quinto Crucio?</p>
<p>Si inhábil para las letras</p>
<p>Le dispensan del estudio,</p>
<p>Confinado en un taller</p>
<p>Suda gotas como el puño.</p>
<p>Y en su casa y en la ajena</p>
<p>Su destino es siempre zurdo,</p>
<p>Ora maneje el escoplo,</p>
<p>Ora interprete a Salustio.—</p>
<p>Si la tiña no le aflige,</p>
<p>Tendrá al menos, de seguro,</p>
<p>Sabañones en invierno</p>
<p>Y seguidillas en Julio.-</p>
<p>Jamás acierta el pobrete</p>
<p>A dar a sus padre gusto:</p>
<p>Si habla, «¡charlatán maldito!»,</p>
<p>Y si no chista, «¡cazurro!»</p>
<p>Siempre pagan sus mofletes</p>
<p>Los domésticos disturbios;</p>
<p>Que no hay leyes para él&#8230;,</p>
<p>Excepto la del embudo.—</p>
<p>En vano voraz su estómago</p>
<p>Pide sin cesar condumio;</p>
<p>Que si abundan los sofiones</p>
<p>Escasean los mendrugos.—</p>
<p>Cuando le compran zapatos</p>
<p>Los pantalones son nulos,</p>
<p>Y cuando estrena chaqueta</p>
<p>El cogote va desnudo;</p>
<p>Y todo trapo es inútil</p>
<p>Antes que lo gaste el uso;</p>
<p>Que no crece la corteza</p>
<p>A medida del arbusto;</p>
<p>O retrógrada  su ropa,</p>
<p>Como dirían algunos,</p>
<p>No sigue el progreso rápido</p>
<p>De sus brazos y sus muslos.</p>
<p>Así en su niñez vegeta</p>
<p>Entre desprecios y ayunos</p>
<p>Y llega a la pubertad</p>
<p>Escuálido y larguirucho.</p>
<p>¿Será más dichoso en ella?</p>
<p>Ni lo afirmo ni lo dudo</p>
<p>Por hoy. Al tercer romance</p>
<p>Dará esta cuestión asunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Noche</strong></h3>
<p><em>A Dorila</em></p>
<p>No para mí los anchurosos valles,</p>
<p>¡Oh sol! coronas de precoz espiga;</p>
<p>No a mi placer consolador majuelo</p>
<p>Dora tu llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No yo a gozar de tus hermosos rayos</p>
<p>Cuando la escarcha del Enero rompes</p>
<p>La ijada hiriendo de alazán brioso</p>
<p>Cruzo la vega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué alumbra mío tu fulgente carro?</p>
<p>¡Ah! ¿Qué me anuncia que dolor no sea?</p>
<p>¿Cuándo a templar de mi destino el ceño,</p>
<p>Cuándo amaneces?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aguija al menos tu cuadriga, ¡oh Febo!;</p>
<p>Hiende veloz el eternal zafiro,</p>
<p>Y allá perdido en los profundos mares</p>
<p>Huye a mi vista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto más grata a mi abrasado pecho</p>
<p>De Cintia luce la dudosa tea</p>
<p>Cuando retarda su tranquilo curso</p>
<p>Tétrica nube!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh de Morfeo bonanzosa madre!</p>
<p>¡Oh dulce tregua a los afanes míos!</p>
<p>Ven. Tiende al orbe el misterioso manto,</p>
<p>Lóbrega Noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo te deseo como al nueva</p>
<p>De virgen rosa purpurado cáliz;</p>
<p>Y no es mi seno al horroroso crimen</p>
<p>Bárbaro asilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni tanto es fiero tu atezado rostro</p>
<p>Que al hombre infunda merecido espanto.</p>
<p>Más de una vez en hermosura y pompa.</p>
<p>Vences al día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No siempre en torno a tu dosel umbroso</p>
<p>Rugen los vientos y el olimpo truena;</p>
<p>No siempre arrasa los floridos campos</p>
<p>Árido hielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán apacible en el ardiente Julio</p>
<p>Con mil estrellas tachonando el cielo</p>
<p>Reposo al hombre y al vergel envías</p>
<p>Céfiro leve!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cuánto es dulce sobre el haz dorado</p>
<p>Libre tender los fatigados miembros</p>
<p>Cuando en los brazos del pastor querido</p>
<p>Vela Diana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo es sosiego. Murmurando apenas</p>
<p>Desciende al mar el argentado río.</p>
<p>Susurra apenas en tu copa el aura,</p>
<p>Plácido fresno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo el silencio de la noche viola</p>
<p>Suave cantar de codorniz amante,</p>
<p>O allá a lo lejos el zagal sonando</p>
<p>Rústica avena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Horas felices! Corazón helado</p>
<p>Yace en el seno del mortal que os odia.</p>
<p>¡Horas de paz! En alabanza vuestra</p>
<p>Suene mi lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el sol recrea y reverdece el campo,</p>
<p>También su hoguera lo consume activa;</p>
<p>Si alguna vez a la virtud alumbra,</p>
<p>¡Cuántas al crimen!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh infausto siglo! Las nocturnas sombras,</p>
<p>Gratas un tiempo a los malvados fueron.</p>
<p>Hoy no; que impunes a la luz sus ojos</p>
<p>Alzan osados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Noche! En tanto que tranquilo sueño</p>
<p>El vil traidor y el asesino duermen,</p>
<p>Tú los prodigios de Natura sabia</p>
<p>Plácida velas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué te llaman de la muerte imagen?</p>
<p>¡Oh sacrilegio! Cuanto puebla el mundo</p>
<p>A ti su vida y sus delicias debe,</p>
<p>Próvida Noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú de amor, que las tinieblas ama,</p>
<p>Los dulces hurtos con tu negro manto</p>
<p>Cubres amiga; y el amor mi culto</p>
<p>Lleva a tu templo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Almas sensibles a la grata herida</p>
<p>Que el niño alado sonriendo graba,</p>
<p>¿Cuál de vosotras negará a mi canto</p>
<p>Precio sublime?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No empero, oh Noche, tus tranquilas horas</p>
<p>Torpe conato a bendecir me impele.</p>
<p>No amor venal de meretriz infame</p>
<p>Guía mi planta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni el sacro lecho del ausente esposo</p>
<p>Corro a manchar; ni seductor aleve</p>
<p>De incauta virgen a la fama tiendo</p>
<p>Pérfido lazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuelo a la choza de mi Silvia bella,</p>
<p>Mansión celeste de inocencia pura:</p>
<p>De Silvia bella, que me llama, ¡oh gloria!</p>
<p>Bien de su vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Feliz entonces mi destino acerbo</p>
<p>Lanzo al olvido con la luz febea;</p>
<p>Y apenas puede contener el alma</p>
<p>Júbilo tanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora ingeniosa a las palabras yertas</p>
<p>Que a la importuna sociedad dirige</p>
<p>Sabe mezclar para embeleso mío</p>
<p>Blandos amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora sus labios deliciosos ríen;</p>
<p>Ora en sus ojos mi ventura leo,</p>
<p>Ora en las mías al descuido encierra,</p>
<p>Cándida mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora&#8230; Mas ya del perezoso día</p>
<p>Lánguida brilla la remota lumbre.</p>
<p>Silvia me espera. —Protectora Noche,</p>
<p>Dame tus alas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Señora</strong></h3>
<p>La pasión no me alucina,</p>
<p>Aunque el alma me encadena,</p>
<p>No es el de Venus ciprina</p>
<p>El rostro de mi morena.</p>
<p>No así lo esculpiera Fidias,</p>
<p>No así lo pintara Apeles;&#8230;</p>
<p>Y arde en amores y envidias</p>
<p>A zagalas y donceles.</p>
<p>¿Por qué? Porque en cada hora</p>
<p>Muestra una gracia distinta,</p>
<p>Y aquel brío que enamora</p>
<p>Ni se esculpe ni se pinta.</p>
<p>Esas caras de modelo,</p>
<p>Donde no hay sal ni pimienta,</p>
<p>Son meloso caramelo</p>
<p>Que empalaga y no alimenta.</p>
<p>Una hermosura sin pero</p>
<p>Tan neciamente se engríe,</p>
<p>Que por no hacer un puchero</p>
<p>Ni llora jamás ni ríe.</p>
<p>Es una deidad radiante</p>
<p>Cuya alma reposa en calma,</p>
<p>O su celeste semblante</p>
<p>No es el espejo del alma.</p>
<p>Es con gesto peregrino</p>
<p>La estatua de Prometeo</p>
<p>Antes que el fuego divino</p>
<p>Robase al carro febeo.</p>
<p>Hay bellas caras que son</p>
<p>Bellas tan de buena fe,</p>
<p>Que toda su perfección</p>
<p>De una ojeada se ve;</p>
<p>Y como son un portento</p>
<p>En su estado natural,</p>
<p>O no han de hacer movimiento</p>
<p>O les asienta muy mal.</p>
<p>Reniego de una mujer,</p>
<p>Aunque aventaje a Diana,</p>
<p>Si es hoy lo mismo que ayer</p>
<p>Y como hoy será mañana.</p>
<p>Mas la faz de mi señora</p>
<p>Sin temer al sol ni al aire,</p>
<p>Se renueva y me enamora</p>
<p>Cada vez con más donaire.</p>
<p>Si un rasgo es menos perfecto,</p>
<p>De otro aumenta el incentivo;</p>
<p>Y tal vez sobre un defecto</p>
<p>Amanece un atractivo.</p>
<p>En vano lo miro atento.</p>
<p>Ya le enrojece el pudor;</p>
<p>Ya le dilata el contento;</p>
<p>Ya le desmaya el amor.</p>
<p>¿Y habrá pluma que encarezca</p>
<p>Aquel hoyo picarillo,</p>
<p>Ya en la barbilla aparezca,</p>
<p>Ya lo dibuje un carrillo?</p>
<p>Así con sola una dama,</p>
<p>Si bien ajusto la cuenta,</p>
<p>Me da Amor en panorama</p>
<p>Los hechizos de cincuenta.</p>
<p>Y sobre prendas tan raras,</p>
<p>Otra mayor atesora.</p>
<p>—¿Cuál? —Con tener tantas caras,</p>
<p>No es mudable ni traidora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Política Aplicada Al Amor. Carta Erótica En Estilo Parlamentario</strong></h3>
<p>Mariquita idolatrada,</p>
<p>Mi bien, mi amor, mi deidad,</p>
<p>Mi programa, mi turrón,</p>
<p>Mi frase sacramental:</p>
<p>Tú, cuyos ojos me roban</p>
<p>La independencia  y la paz</p>
<p>Poniendo a mi corazón</p>
<p>En estado excepcional,</p>
<p>Permite que un ciudadano</p>
<p>Te interpele  en puridad</p>
<p>Sobre cuestiones vitales</p>
<p>De su situación normal.</p>
<p>Si yo te amo y tú me quieres,</p>
<p>¿Por qué, pesia Barrabás,</p>
<p>Con un pacto de familia</p>
<p>No das término a mi afán?</p>
<p>Enemigo del progreso</p>
<p>Nos condena tu papá</p>
<p>A vivir estacionarios</p>
<p>En la flor de nuestra edad.</p>
<p>Con su horrible catadura</p>
<p>y su instinto monacal,</p>
<p>También, dos veces feota,</p>
<p>Me rechaza tu mamá.</p>
<p>Mas si tanta es de los dos</p>
<p>La injusta arbitrariedad,</p>
<p>¿Por qué no nos pronunciamos</p>
<p>Contra el yugo  paternal?</p>
<p>Coliguémonos, Maruja,</p>
<p>Y válgame en el altar</p>
<p>Contra el veto  de tu padre</p>
<p>La sanción  del capellán;</p>
<p>Y cuando hecho consumado</p>
<p>Sea el vínculo nupcial,</p>
<p>Pediremos, alma mía,</p>
<p>Un voto de indemnidad.</p>
<p>Por dicha el antiguo régimen</p>
<p>Murió en este suelo ya;</p>
<p>Bien que algunos sicofantas</p>
<p>Lo quieren resucitar.</p>
<p>¿No ha de alcanzar al amor,</p>
<p>Que de suyo es liberal,</p>
<p>Ya que no el poder omnímodo,</p>
<p>Un cacho de libertad?</p>
<p>Es acto de vandalismo</p>
<p>Nuestras almas divorciar,</p>
<p>Con infracción manifiesta,</p>
<p>Del Código&#8230; natural.</p>
<p>Tú rica y yo proletario,</p>
<p>¿No somos hijos de Adán?</p>
<p>¿No somos parte integrante</p>
<p>Del edificio social?</p>
<p>Biógrafo  de mí mismo</p>
<p>Me voy a espontanear,</p>
<p>Aunque no es parlamentario</p>
<p>El que dice la verdad. &#8211;</p>
<p>En primer lugar, las Cámaras</p>
<p>No me abren de par en par,</p>
<p>Porque ni soy financiero</p>
<p>Ni alta notabilidad.</p>
<p>No temo que me sorprenda</p>
<p>Polizonte  suspicaz</p>
<p>Elucubrando  en el club</p>
<p>Algún tenebroso plan.</p>
<p>No tengo, rancio aristócrata</p>
<p>O demagogo  procaz,</p>
<p>La exaltación del tribuno</p>
<p>Ni el orgullo del bajá.</p>
<p>Ni contratos clandestinos</p>
<p>He celebrado jamás,</p>
<p>Ni me comprende el apodo</p>
<p>De sanguijuela voraz.</p>
<p>Ni aspiro a la teocracia,</p>
<p>Ni Ayacucho  es mi lugar,</p>
<p>Y así soy yo cigarrón,</p>
<p>Como cangrejo  fluvial.</p>
<p>Sólo a los hojalateros</p>
<p>Me pudieran comparar,</p>
<p>Porque siempre que te miro</p>
<p>Digo para mí: ¡Ojalá!&#8230;</p>
<p>Sin embargo, me parece,</p>
<p>Que pertenezco a la gran</p>
<p>Familia, porque los pobres</p>
<p>Siempre hemos sido los más.</p>
<p>Con el santo sacerdocio</p>
<p>De la prensa  gano el pan;</p>
<p>Mas soy partícipe lego</p>
<p>En esa comunidad.</p>
<p>Folletinista  infeliz</p>
<p>Y siempre hecho un azacán,</p>
<p>Habito en el piso bajo</p>
<p>Si otros en el principal.</p>
<p>No en artículos de fondo</p>
<p>Afirmo con gravedad</p>
<p>Que el equilibrio europeo</p>
<p>Corro peligro en Tetuán.</p>
<p>No es dado a mi humilde pluma</p>
<p>Discutir, analizar</p>
<p>Los negocios  que en San James</p>
<p>Palpitan de actualidad.</p>
<p>No expongo en discursos lánguidos</p>
<p>Con estilo doctoral</p>
<p>El admirable artificio</p>
<p>Del sistema&#8230; trinidad.</p>
<p>Por ser de contrario dogma,</p>
<p>No en polémica  mordaz</p>
<p>Acuso del farisaico</p>
<p>Al colega, Pedro o Juan.</p>
<p>No soy tránsfuga, ni apóstata,</p>
<p>Ni acostumbro a involucrar</p>
<p>Los rayos del Vaticano</p>
<p>Con la ley municipal.</p>
<p>En materia de agiotaje</p>
<p>No conozco el Cristus-a,</p>
<p>Y el ostracismo, sin ostras,</p>
<p>Para mí está en alemán.</p>
<p>En fin, ni sé de las masas</p>
<p>Las pasiones agitar,</p>
<p>Ni entiendo jota de gu-</p>
<p>bernamentabilidad.</p>
<p>Mi destino es traducir</p>
<p>Por un módico jornal</p>
<p>Novelas de munición,</p>
<p>Ya de Paul, ya de Balzac.</p>
<p>Por cierto que malas lenguas</p>
<p>Dicen que suelo dejar</p>
<p>En vascuence  medio torno</p>
<p>Y en francés  la otra mitad.</p>
<p>Ahora bien, dulce Maruja,</p>
<p>Si has podido barruntar</p>
<p>Las tendencias, de esta epístola</p>
<p>Escrita en lenguaje usual,</p>
<p>Da solución  a mi crisis,</p>
<p>Y sepa yo, ¡voto a san!</p>
<p>Si es llegado el casus foederis&#8230;,</p>
<p>¡O he de tirarme al canal!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Pubertad</strong></h3>
<p>—Madre, ¿qué llama oculta</p>
<p>Circula por mis venas</p>
<p>Que al paso que me halaga</p>
<p>Me aflige y desespera?</p>
<p>Hechizos son, ¡ay triste!</p>
<p>Que en ponzoñosa yerba</p>
<p>Recelo me haya dado</p>
<p>La encantadora Lesbia.</p>
<p>Mas ¿cómo, si la vida</p>
<p>Me abruma y me atormenta,</p>
<p>Jamás me ha parecido</p>
<p>Tan plácida y tan bella?</p>
<p>Si tú culpas al tiempo</p>
<p>Porque rápido vuela,</p>
<p>¿Cómo yo desolada</p>
<p>Maldigo su pereza?</p>
<p>Tú empero ya a la tumba</p>
<p>La débil planta llevas;</p>
<p>Y yo respiro el aura</p>
<p>De dulce primavera.</p>
<p>Enigmas son, oh madre,</p>
<p>Mis gozos y mis penas.</p>
<p>Descífralos, te ruego;</p>
<p>Mi lloro te conmueva.</p>
<p>Ayer entre las niñas</p>
<p>Al son de muelle avena</p>
<p>Gozosa, infatigable</p>
<p>Danzaba en la floresta.</p>
<p>La rosa nacarada</p>
<p>En mi cabello presa,</p>
<p>La poma aún no madura</p>
<p>De la vecina huerta,</p>
<p>La risa, la algazara,</p>
<p>La cinta, la pandera&#8230;;</p>
<p>No más apetecía</p>
<p>Mi cándida inocencia.</p>
<p>Hoy los pueriles juegos</p>
<p>Mi corazón desdeña,</p>
<p>Y no sé qué me pide,</p>
<p>Que de latir no cesa.</p>
<p>Y en tanto que a las niñas</p>
<p>Lanzo de mí soberbia,</p>
<p>Las adultas zagalas</p>
<p>Me esquivan, me desprecian.</p>
<p>Si algún pastor me mira,</p>
<p>Me turba y me enajena,</p>
<p>Y a mi despecho clavo</p>
<p>Los ojos en la tierra.</p>
<p>Si me habla lisonjero,</p>
<p>Si la mano me estrecha,</p>
<p>Yo tiemblo, y mis mejillas</p>
<p>Colora la vergüenza.</p>
<p>¿Qué crimen ignorado,</p>
<p>cuál desdicha acerba</p>
<p>De día me acongoja,</p>
<p>De noche me desvela?</p>
<p>Repíteme incesante</p>
<p>Aquí una voz secreta:</p>
<p>Para el placer naciste,</p>
<p>Donosa zagaleja.</p>
<p>Y del placer en tanto</p>
<p>La prometida senda</p>
<p>Natura a mis afanes</p>
<p>Cubre de opaca niebla.</p>
<p>Así a los trece mayos</p>
<p>Triste, llorosa, inquieta,</p>
<p>Razona con su madre</p>
<p>La niña Galatea.</p>
<p>Calla la adusta anciana;</p>
<p>La niña se impacienta;</p>
<p>Y Tirso más piadoso</p>
<p>La instruye y la consuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Vejez</strong></h3>
<p>«¡Qué ridículo vejete!</p>
<p>No sé cómo hay quien le sufre.</p>
<p>Tose cuando no regaña;</p>
<p>Cuando no predica, gruñe.</p>
<p>Aguante él solo la gota</p>
<p>Y el asma que le consume,</p>
<p>Dolorosas consecuencias</p>
<p>De livianas juventudes,</p>
<p>Y no con su adusto ceño</p>
<p>Desde el martes hasta el lunes</p>
<p>Contra el reposo de deudos</p>
<p>Y criados se conjure.</p>
<p>Cuente sólo sus miserias</p>
<p>Entre rezos y menjurjes</p>
<p>Al confesor que le exhorte</p>
<p>Y al médico que le pulse,</p>
<p>Y deje a la juventud</p>
<p>Que sin tregua ría y triunfe,</p>
<p>Ya con felices verdades,</p>
<p>Ya con ilusiones dulces.</p>
<p>Deje gozar a Melisa,</p>
<p>Pues hierve su sangre y bulle,</p>
<p>Y cuando quiere bailar</p>
<p>No la lleve al via-crucis.</p>
<p>Deje retozar al niño,</p>
<p>Y no impaciente murmure</p>
<p>Si gusta más de su trompo</p>
<p>Que del uniuscujusque.</p>
<p>Harto es hacernos peinar,</p>
<p>Aunque tanto nos repugne,</p>
<p>La perdurable peluca</p>
<p>Que su calva inmunda cubre,</p>
<p>Sin las que a cada momento</p>
<p>Nos está echando con fútiles</p>
<p>Apotegmas que su boca</p>
<p>Antes que articula escupe».</p>
<p>Tales ausencias te guardan,</p>
<p>Pobre anciano, enfermo, inútil,</p>
<p>¡Y dichoso cuando tienes</p>
<p>Riquezas por que te adulen!</p>
<p>Que al menos en tu presencia</p>
<p>Con fingida dulcedumbre</p>
<p>Su inicua aversión disfrazan</p>
<p>A tus surcos y a tu mugre.</p>
<p>¡Cuitado! Cuando amorosos</p>
<p>Los que heredarte presumen</p>
<p>Te ponen los sinapismos</p>
<p>Y los colchones te mullen,</p>
<p>«¡Cuánto mejor descansara</p>
<p>(Para su saco discurren)</p>
<p>En la corte celestial</p>
<p>Entre ángeles y querubes!</p>
<p>Jaletinas y conservas</p>
<p>Traigan de casa de Núñez,</p>
<p>Que sin dañar el estómago</p>
<p>Lo restauran y lo nutren»,</p>
<p>Dice otro; y si fuera médico,</p>
<p>Su receta, no lo dudes,</p>
<p>Diría: «Récipe&#8230; horchata</p>
<p>De rejalgar, media azumbre».</p>
<p>«Ese es un mal pasajero</p>
<p>Que en dos días se destruye,</p>
<p>Exclama Juan; no hay motivo</p>
<p>Para tanta pesadumbre.</p>
<p>Tenéis complexión de atleta</p>
<p>Y resistencia de yunque.</p>
<p>Largos años viviréis:</p>
<p>Yo a Dios se lo pido&#8230;» ¡Embuste!</p>
<p>Allá en sus adentros dice,</p>
<p>Recordando lo de in pulverem</p>
<p>Reverteris: «¡Plegue a Dios.</p>
<p>No llegues al mes de Octubre!»</p>
<p>Y en tanto, ¿de qué te sirven</p>
<p>Pingüe renta, cuna ilustre,</p>
<p>Si tus sentidos flaquean</p>
<p>Y tus potencias sucumben?</p>
<p>¿Qué sensaciones aguardas</p>
<p>De lo que tus manos hurguen</p>
<p>Si descarnadas y trémulas</p>
<p>La muerte en ellas se esculpe?</p>
<p>¿Cómo gozar de Rossini</p>
<p>El grato, armonioso numen,</p>
<p>Si apenas hiere tu tímpano</p>
<p>El fragor de los obuses?</p>
<p>¿Qué han de oler esas narices,</p>
<p>Aunque flores te circunden,</p>
<p>Si el rapé las embadurna</p>
<p>Y el catarro las obstruye?</p>
<p>¿Cómo gozar de las tintas</p>
<p>Rosadas, verdes o azules</p>
<p>Con que el sol viste los campos</p>
<p>Y colorea las nubes,</p>
<p>Si miope y legañoso,</p>
<p>Dando acá y allá de bruces,</p>
<p>No ves siete sobre un asno</p>
<p>Aunque Rudaguas  te ayude?</p>
<p>¿Qué vale que el ambigú,</p>
<p>De la Risa  te estimule</p>
<p>Con perdices y faisanes</p>
<p>O con salmones y atunes,</p>
<p>Si despoblada tu boca</p>
<p>De muelas con que manduques</p>
<p>No puedes cubrir la mesa</p>
<p>Sino de sopas o puches,</p>
<p>O relajado tu estómago</p>
<p>Por antiguos ambigúes</p>
<p>Apenas consiente el pábulo</p>
<p>De demócratas legumbres?</p>
<p>Y si a tantas privaciones</p>
<p>Cuando doce lustros cumplen</p>
<p>Se ven, ¡ay dolor! sujetos</p>
<p>Los marqueses y los duques,</p>
<p>¿Qué diré del desdichado</p>
<p>Que en su ancianidad recurre</p>
<p>A pedir de puerta en puerta</p>
<p>Mendrugos para su buche?</p>
<p>Si hay uno que le socorra</p>
<p>Hay cuarenta que le injurien,</p>
<p>Y cuando va por la calle</p>
<p>No hay perro que no le aúlle.</p>
<p>Si logra un día que San</p>
<p>Bernardino le refugie,</p>
<p>Aun para el bodrio que come</p>
<p>Fuerza es que trabaje y sude;</p>
<p>O con cepillo en cintura,</p>
<p>Y sombrero que fue de hule,</p>
<p>Y en la blusa remendada</p>
<p>La imagen de un mapamundi,</p>
<p>Sirve en el Prado candela,</p>
<p>Que nadie lo retribuye;</p>
<p>O comparsa de difuntos</p>
<p>Les entona el de profundis.</p>
<p>Pues ¿y el infeliz inválido</p>
<p>Lleno de heridas y cruces</p>
<p>Que mutilado se arrastra</p>
<p>Sin pan, sin cama, sin lumbre?</p>
<p>Pues ¿y el mísero cesante,</p>
<p>Muerto de hambre cuando impunes</p>
<p>Le insultan con su opulencia</p>
<p>Cien ambiciosos gandules?</p>
<p>Mas si no atajo la pluma</p>
<p>Voy a escribir un volumen.</p>
<p>Aquí acaba este romance</p>
<p>Y aquí el poema concluye.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He dicho, y añado ahora,</p>
<p>Por epílogo y resumen,</p>
<p>Que desde el lecho en que nace</p>
<p>A la tumba en que se pudre,</p>
<p>El que los sabios titulan</p>
<p>Animal bípedo, implume&#8230;</p>
<p>Es el más triste animal</p>
<p>Que en el mundo se rebulle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vida Del Hombre. Poema Pedestre Jocoserio. La Virilidad</strong></h3>
<p>Ya cumplió mi ciudadano</p>
<p>Las cuarenta navidades.</p>
<p>Ya por frívolos placeres</p>
<p>No sufre necios afanes.</p>
<p>Ya su suerte asegurada</p>
<p>Por buenos o malos trámites,</p>
<p>Serio y barrigudo, tiene</p>
<p>Cierto aquel&#8230;, cierto carácter,</p>
<p>Y casa y hogar, y lleva</p>
<p>El dulce nombre de padre</p>
<p>Y esposo&#8230; En fin, cate usted</p>
<p>A Periquito hecho fraile.</p>
<p>Y si no ha sacado ya</p>
<p>De este mundo miserable</p>
<p>Todo el partido posible</p>
<p>Y todavía es un nadie,</p>
<p>Lo mejor que puede hacer,</p>
<p>En mi concepto, es tirarse</p>
<p>De la torre de San Luis</p>
<p>O al canal de Manzanares.</p>
<p>¡La virilidad!  Ahora</p>
<p>Es el gozar, pero en grande,</p>
<p>Cuando la razón modera</p>
<p>Los ímpetus de la sangre.</p>
<p>¡Ilusión! Nuevos cuidados,</p>
<p>Contratiempos y pesares</p>
<p>Te hacen en la edad madura</p>
<p>Más desventurado que antes.</p>
<p>Dejo aparte tus pasiones,</p>
<p>Que no por menos audaces</p>
<p>Dejan de ser de tu vida</p>
<p>Lento y silencioso cáncer;</p>
<p>Más, ¡ay! amén de las tuyas</p>
<p>Las ajenas te combaten;</p>
<p>Que a tu lado gozan todos</p>
<p>Y tú solo eres el mártir.</p>
<p>¿Quién se libra en este mundo</p>
<p>De criados que le estafen,</p>
<p>O de amigos que le vendan,</p>
<p>O de suegras que le arañen?</p>
<p>¡Y haber de sufrir, gran Dios,</p>
<p>A cada niño que nace</p>
<p>O el furor de la pasiega</p>
<p>O los dengues de la madre!</p>
<p>¡Y que el ángel de tus ojos</p>
<p>No permita que un instante</p>
<p>Los cierres cuando rendido</p>
<p>Des con tu cuerpo en el catre,</p>
<p>Ya con agudos clamores</p>
<p>Los oídos te taladre,</p>
<p>Ya se le aflojen los muelles</p>
<p>Y la nariz te regale!</p>
<p>Mas le amas; que para ahogar</p>
<p>Afecto tan entrañable</p>
<p>Fuerza es tener corazón</p>
<p>O de usurero o de cafre;</p>
<p>Y cuando más te enamoran</p>
<p>Sus infantiles donaires</p>
<p>Y en él perpetuar esperas</p>
<p>Los timbres de tu linaje,</p>
<p>O le enteca la alfombrilla</p>
<p>O le encanija el usagre,</p>
<p>¡Y aquella temprana flor</p>
<p>Herida del cierzo cae!</p>
<p>O crece hermosa y lozana</p>
<p>Al abrigo de tus lares,</p>
<p>Y procurando su dicha</p>
<p>Para cuando sea grande,</p>
<p>Te impones mil privaciones,</p>
<p>Sudas por mañana y tarde&#8230;</p>
<p>Pero ¡tal vez en tu seno</p>
<p>Estás abrigando un áspid!</p>
<p>Si es varón, suele salir</p>
<p>Aficionado a los naipes,</p>
<p>Quimerista, libertino,</p>
<p>Insurgente, botarate&#8230;</p>
<p>Si hembra, caprichosa, frívola,</p>
<p>Coqueta, nerviosa, frágil,</p>
<p>Y en fin, romántica; que es</p>
<p>El peor mal de los males.</p>
<p>Mas dado que ángeles sean</p>
<p>Los hijos que procreaste,</p>
<p>¿Cuál no será tu tormento</p>
<p>Cuando de ellos te separes?</p>
<p>Quintas, duelos, proscripciones,</p>
<p>O tumultos en las calles,</p>
<p>O facciosos en los campos,</p>
<p>O esbirros en todas partes,</p>
<p>Te arrebatan sin piedad</p>
<p>El varón hecho a tu imagen;</p>
<p>Y con sus manos lavadas</p>
<p>Llega cualquier badulaque</p>
<p>A privarte de tu niña</p>
<p>Y llevarla a los altares,</p>
<p>Más como víctima pingüe</p>
<p>Que como consorte amante.</p>
<p>Es decir que, cuando piensas</p>
<p>Poner una pica en Flandes</p>
<p>Cumpliendo la ley que dice:</p>
<p>Crescite et multiplicamini,</p>
<p>Crías carne  para pícaros</p>
<p>O pícaros  para carne.</p>
<p>¡Y gracias si tu mujer,</p>
<p>En vez de ser dulce, amable,</p>
<p>Y ayudarte a conllevar</p>
<p>Flaquezas y adversidades,</p>
<p>No es díscola, o jugadora,</p>
<p>O amiga de coche y baile</p>
<p>Y sortijas y aderezos</p>
<p>Y terciopelos y encajes</p>
<p>Y ópera y máscaras!&#8230; ¡Oh,</p>
<p>Las máscaras son fatales!</p>
<p>¿Y qué diré si tu sino</p>
<p>Es tan aciago, compadre,</p>
<p>Que por la puerta de Géminis</p>
<p>Entras en Tauro  y en Aries?</p>
<p>¡Qué horror! Y del mal el menos</p>
<p>Si en desventura tan grave</p>
<p>O ignoras tu deshonor,</p>
<p>O lo aguantas si lo sabes.</p>
<p>Pero ¡las dudas amargas</p>
<p>Y las sospechas tenaces</p>
<p>Que el corazón te laceran</p>
<p>Como aguzados puñales;</p>
<p>Pero haber de acariciar</p>
<p>En tus brazos paternales</p>
<p>Al intruso motilón</p>
<p>Fruto de adulterio infame!&#8230;</p>
<p>Basta; que ya me enternezco,</p>
<p>Y no es justo, ¡voto al Draque!</p>
<p>Que, redactor de LA RISA,</p>
<p>Llore yo como un vinagre.</p>
<p>No; en vez de exclamar con Persio:</p>
<p>Quantum in rebus inane!</p>
<p>Con el buen Horacio Flacco</p>
<p>Diré: risum teneatis?</p>
<p>Y pues ya es largo el sermón,</p>
<p>Sólo añadiré una frase,</p>
<p>Oh lector, para decirte&#8230;</p>
<p>Que aquí acaba este romance.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Lamentos Del Poeta</strong></h3>
<p>Reniego del astro pésimo</p>
<p>Cuya influencia recóndita</p>
<p>Me aficionó a la poética,</p>
<p>Que ya maldice mi cólera.</p>
<p>Harto más valido hubiérame</p>
<p>Estudiar forenses fórmulas,</p>
<p>Y henchir mi mente del fárrago</p>
<p>De jurisprudencia lóbrega.</p>
<p>Con esto, y charlar ex cáthedra,</p>
<p>Y con un poco de mónita,</p>
<p>Rico viviera y espléndido</p>
<p>A expensas de gente estólida;</p>
<p>Que en este valle de lágrimas</p>
<p>Campa la avaricia sórdida,</p>
<p>La verdad no tiene apóstoles,</p>
<p>La moral es una andrómina;</p>
<p>Y en el agitado piélago</p>
<p>De las pasiones indómitas</p>
<p>Pesca sin temer al Ábrego</p>
<p>De un abogado la góndola.</p>
<p>O el valor de ruines géneros</p>
<p>Centuplicar en la alhóndiga,</p>
<p>Ahogando en el frío cálculo</p>
<p>Tus gritos, conciencia incómoda.</p>
<p>O miembro hacerme pacífico</p>
<p>De nuestra iglesia católica,</p>
<p>Y ya sería canónigo</p>
<p>De Cartagena o de Córdoba.</p>
<p>O alistarme en el ejército;</p>
<p>Que si en las batallas hórridas</p>
<p>A muchos abren el Báratro</p>
<p>La bayoneta y la pólvora,</p>
<p>Otros sin valor ni táctica</p>
<p>Labrando fortunas sólidas</p>
<p>Lucen entorchados áuricos;</p>
<p>Si no en el campo, en la ópera.</p>
<p>Basta adular a los próceres</p>
<p>Y saber cobrar la nómina</p>
<p>Ya del pueblo, ya del príncipe,</p>
<p>Ya de facción aristócrata,</p>
<p>Y antes imitar a un sátrapa</p>
<p>De la gente babilónica</p>
<p>Que el denuedo de Temístocles,</p>
<p>De Cimón y de Pelópidas.</p>
<p>Es verdad que eternas páginas</p>
<p>Prestó a las antiguas crónicas</p>
<p>Aquel espartano célebre</p>
<p>Que feneció en las Termópilas;</p>
<p>Mas ¿quién es hoy el estúpido</p>
<p>Que aspirando a fama póstuma</p>
<p>De su vida anhela el término,</p>
<p>Que ya es demasiado prófuga?</p>
<p>O a ser asentista diérame,</p>
<p>Y con marañas diabólicas</p>
<p>Saqueando al Rey y al público</p>
<p>Llenara de oro mi cómoda;</p>
<p>O estudiara terapéutica</p>
<p>Y nociones fisiológicas,</p>
<p>Y empuñara desde párvulo</p>
<p>La cimitarra anatómica.</p>
<p>Hoy asesinando al prójimo</p>
<p>Mi suerte sería próspera,</p>
<p>Ducho en la ciencia de Hipócrates</p>
<p>A los profanos incógnita.</p>
<p>Broussais, con tu goma arábiga</p>
<p>Y sanguijuelas hidrópicas</p>
<p>Todo lo curara; cólicos,</p>
<p>Úlceras, fiebres, parótidas.</p>
<p>O con Le Roi  sin escrúpulo,</p>
<p>Dejando antiguas teóricas,</p>
<p>Del vomi-purgante bárbaro</p>
<p>Sería mi mano pródiga.</p>
<p>O bien sectario impertérrito</p>
<p>De las medicinas tónicas,</p>
<p>Daría a Plutón más súbditos</p>
<p>Que Bonaparte el de Córcega.</p>
<p>Brown, Le Roi, Broussais, idénticos</p>
<p>Son todos, si no en su lógica,</p>
<p>En atestar de cadáveres</p>
<p>Del campo santo las bóvedas.</p>
<p>O fuera yo farmacéutico,</p>
<p>Y por medicinas óptimas</p>
<p>A peso de plata un tósigo</p>
<p>Vendería en cada pócima.</p>
<p>O, aunque antes mano quirúrgica,</p>
<p>Mejor dijera antropófaga,</p>
<p>Me dejase como a Orígenes,</p>
<p>Que no es desventura módica,</p>
<p>¡A Dios pluguiera que en Nápoles</p>
<p>Nacido, en Turín o en Módena,</p>
<p>Dado me hubiera a la música,</p>
<p>Que en Madrid manda despótica!</p>
<p>Mas ¿qué digo? Sastre, acólito,</p>
<p>Maestro de baile, hipócrita,</p>
<p>Histrión, cocinero, dómine,</p>
<p>Rufián, alguacil, apóstata&#8230;</p>
<p>Todo es mejor, oh Teótimo,</p>
<p>Cualquiera industria es más cómoda</p>
<p>Que hacer versos para el pábulo</p>
<p>En esta edad macarrónica.</p>
<p>¿Qué vale de las Piérides</p>
<p>Sentir la influencia próvida?</p>
<p>La inopia y el arte métrica</p>
<p>Ya son palabras sinónimas.</p>
<p>¡Ay! mientras nada en la crápula</p>
<p>O yace en inmunda cópula,</p>
<p>Un creso niega a tu mérito</p>
<p>La suspirada bucólica.</p>
<p>Aunque cual Homero célebre</p>
<p>Cantes el luto de Andrómaca,</p>
<p>O excedas al alto Píndaro</p>
<p>Y al autor de las Geórgicas;</p>
<p>Ni de la imprenta los tórculos</p>
<p>Te han de adquirir una almóndiga,</p>
<p>Ni tener capa te es lícito</p>
<p>Que te guarde de la atmósfera.</p>
<p>Ni te darán dulce tálamo</p>
<p>Tropos y flores retóricas;</p>
<p>Que huyendo de ti las vírgenes</p>
<p>Se irán a la zona tórrida.</p>
<p>Ni aun si canto epitalámico</p>
<p>Produce, o farsa alegórica</p>
<p>Do vean su panegírico</p>
<p>Padres, consortes, y prónuba,</p>
<p>Logra un coplero parásito</p>
<p>De su hambre acabar la prórroga,</p>
<p>Aunque hinchado y metafísico</p>
<p>Veinte veces más que Góngora.</p>
<p>¿Qué son ya las glorias épicas?</p>
<p>¿Qué las dulzuras eróticas?</p>
<p>¿Qué son los ejemplos trágicos,</p>
<p>Y qué en fin las sales cómicas?</p>
<p>Ya clama ignorante clérigo</p>
<p>Que con impiedad insólita</p>
<p>Atentas en cada párrafo</p>
<p>A la doctrina canónica;</p>
<p>O ya gacetero díscolo</p>
<p>En sus columnas periódicas</p>
<p>A tus obras llama inútiles,</p>
<p>Descomunales o apócrifas.</p>
<p>Pides protección leyéndolas</p>
<p>A un señor de sangre gótica,</p>
<p>Y oye tus endecasílabos</p>
<p>Como si fuera un autómata.</p>
<p>Te sometes a la férula</p>
<p>De algún erudito cócora;</p>
<p>Y mide los raptos líricos</p>
<p>Con el compás de un geómetra.</p>
<p>Si con inocente júbilo</p>
<p>En sencilla anacreóntica</p>
<p>Cantas el vino y los céfiros</p>
<p>Y el arrullo de la tórtola,</p>
<p>Adormecen tus versículos</p>
<p>Como bebida narcótica,</p>
<p>O desaparecen rápidos</p>
<p>Cual las ilusiones ópticas;</p>
<p>Que ya sólo gusta a Flérida,</p>
<p>La de la cintura mórbida,</p>
<p>Alguna charada, insípida</p>
<p>alguna novela exótica.</p>
<p>Mordaz se llama a la Sátira,</p>
<p>A la Epopeya monótona,</p>
<p>Al Idilio sandio y rústico</p>
<p>Y a la Elegía platónica.</p>
<p>¿Y qué hace el triste dramático</p>
<p>Entre cabezas tan cóncavas</p>
<p>Cuando huella el orbe escénico</p>
<p>La manía filarmónica?</p>
<p>¿Quién no arrolla al vate indígena,</p>
<p>Ya con calumnias anónimas,</p>
<p>Ya con silbidos horrísonos,</p>
<p>O ya con risa sardónica?</p>
<p>Y en tanto al gorjeo lánguido</p>
<p>De una cantarina nómada,</p>
<p>Plebe rutinaria y frívola,</p>
<p>¡Cuál victoreas atónita!</p>
<p>¡Qué de riquezas a un músico!</p>
<p>¡Qué de honores, santa Mónica!</p>
<p>¡Y en tanto a mi triste estómago</p>
<p>Aqueja gazuza crónica!</p>
<p>Y en tanto al terrible tránsito</p>
<p>Mi vida veo muy próxima</p>
<p>Si no renueva algún síndico</p>
<p>La antigua sopa económica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Uno De Tantos</strong></h3>
<p>Fulano</p>
<p>¡Las nueve ya! Abur, amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Pronto se retira usted.</p>
<p>Yo pienso dar todavía</p>
<p>Un par de vueltas o tres.</p>
<p>¿Y adónde bueno?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Al teatro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Con este calor cruel?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¿Qué quiere usted! Es preciso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Usted tendrá, ya se ve,</p>
<p>Grande afición&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>No por cierto.</p>
<p>¿Quién ha de tenerla, quién</p>
<p>Según está nuestra escena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Hombre, yo creía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¡Qué!</p>
<p>¡Si da horror!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>No la frecuento</p>
<p>Sino allá de mes a mes.</p>
<p>Como asisto a la oficina</p>
<p>Por la noche&#8230; Y el cartel</p>
<p>¿Qué nos anuncia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Lo ignoro.</p>
<p>Lo leo muy rara vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Es posible&#8230;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Son las nueve.</p>
<p>Primero voy al café:</p>
<p>Allí me paso una hora</p>
<p>Entre fumar y beber&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Pues alabo la cachaza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Es costumbre. Y a las diez</p>
<p>Me aparezco en mi luneta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Pues ya ¿qué va usted a ver?</p>
<p>¿El bolero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¡Uf! No me gusta.</p>
<p>¡Es un baile tan soez!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Ya entiendo. Usted se reserva</p>
<p>Para el jocoso entremés,</p>
<p>O sea sainete. Algunos</p>
<p>Son muy graciosos. Aquel&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¿Sainetes? Son inmorales,</p>
<p>Groseros&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Qué rigidez!</p>
<p>A veces suelen pintar</p>
<p>Costumbres&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Del Avapiés</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Ya; pero entre col y col</p>
<p>También con mejor pincel</p>
<p>Se escriben doctas comedias,</p>
<p>Cuya grata sencillez&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¿Esas que los eruditos</p>
<p>Llaman clásicas y&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Pues.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Son frías, sin movimiento&#8230;</p>
<p>¿Y qué es lo que va a aprender</p>
<p>Un hombre en ellas? Lo mismo</p>
<p>Que todos los días ve</p>
<p>Ya en su casa, ya en la ajena.</p>
<p>Y luego, más de una vez</p>
<p>Se encuentra uno escarnecido&#8230;</p>
<p>Sin ir más lejos, ayer</p>
<p>En un marqués&#8230; (usted sabe</p>
<p>Que yo he nacido marqués)</p>
<p>Muy botarate y muy necio,</p>
<p>Quisieron reconocer</p>
<p>Mi retrato unos amigos.</p>
<p>Esta es mucha avilantez.</p>
<p>Critíquese en hora buena</p>
<p>Al artista, al mercader,</p>
<p>Al médico, al empleado,</p>
<p>Al curial&#8230;; pero ¡a un marqués!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Prefiere usted el sombrío</p>
<p>Melodrama&#8230;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¿Melo&#8230; Qué?</p>
<p>¡No, por Dios! Calumnias, muertes,</p>
<p>Robos al anochecer,</p>
<p>Espeluncas, tempestades,</p>
<p>Y el carcelero, y el juez,</p>
<p>Y el huérfano, y los bailetes,</p>
<p>Que nunca paran en bien&#8230;</p>
<p>¿Hay racional que soporte</p>
<p>Dislates de este jaez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Y las comedias de magia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Para mozos de cordel,</p>
<p>Y paletos, y criados,</p>
<p>Y niños, lo que hay que ver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>En efecto&#8230; ¿Y las tragedias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Yo no quiero padecer</p>
<p>En el teatro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>No obstante,</p>
<p>Los infortunios de un rey&#8230;,</p>
<p>De un héroe&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Como en el mundo</p>
<p>Ya no hay tales héroes&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Eh&#8230;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Los héroes de mojiganga</p>
<p>Hacen ya un triste papel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Válgate Dios! ¿Y se extiende</p>
<p>Ese universal desdén</p>
<p>A nuestro teatro antiguo?</p>
<p>El ingenioso y cortés</p>
<p>Calderón, el sazonado</p>
<p>Tirso&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Dios me libre amén,</p>
<p>De las comedias famosas.</p>
<p>Sin moral, sin interés,</p>
<p>Sin unidades; vaciadas</p>
<p>Casi en un mismo troquel</p>
<p>Todas ellas&#8230; Buenos versos,</p>
<p>Eso sí, vamos; ¿y qué?</p>
<p>Atestados de pueriles</p>
<p>Conceptos&#8230; ¡Y qué babel</p>
<p>De lances enmarañados!</p>
<p>Y eso de que no ha de haber</p>
<p>Una madre en todas ellas;</p>
<p>Que han de estar siempre en belén</p>
<p>Los padres y los hermanos,</p>
<p>Y que siempre ha de vencer</p>
<p>El primer galán, y que haya</p>
<p>En todas ellas papel,</p>
<p>Y escondite, y cuchilladas,</p>
<p>Y celos, y&#8230; ¡Calle usted!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Cuál será el gusto de este hombre?</p>
<p>Vive Dios que ya no sé&#8230;</p>
<p>¡Ah! di en el hito. Apostemos</p>
<p>Una onza contra cien</p>
<p>A que es usted&#8230; ¿Cómo dicen?&#8230;</p>
<p>Filarmónico. ¿Acerté?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Sí. ¡La ópera! Por ella</p>
<p>Me estaría sin comer.</p>
<p>Es mi gozo, mi consuelo,</p>
<p>Mi gloria&#8230; Es decir, lo fue.</p>
<p>Porque en el día&#8230; ¡Ay amigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¿Qué le ha dado a usted?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¡Cruel Memoria! El ídolo mío,</p>
<p>Aquella brava  mujer,</p>
<p>Aquel cisne incomparable,</p>
<p>Aquella sirena&#8230; ¡Ohimé!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>No hay que afligirse&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Sparí</p>
<p>Com&#8217; un lampo. Verdad es</p>
<p>Que otra donna, prodigiosa</p>
<p>Ha ocupado su dosel,</p>
<p>Y que canta como un ángel,</p>
<p>Y que es la gloria, el sostén</p>
<p>De la vacilante solfa,</p>
<p>Y que le dio su laurel</p>
<p>Euterpe, y que cada día</p>
<p>Más se lo afirma en la sien,</p>
<p>Y que ya cuando ella canta</p>
<p>Nadie se atreve a toser,</p>
<p>Porque hechiza a todo el mundo&#8230;,</p>
<p>¡Ay triste!&#8230; ¡Y a mí también!</p>
<p>Pero mis&#8230; votos la honra</p>
<p>Del pabellón&#8230; Yo soy fiel&#8230;</p>
<p>¿Qué dirían? ¡Yo aplaudir!</p>
<p>¡Yo dar mi brazo a torcer!</p>
<p>No en mis días. ¡Oh suplicio!</p>
<p>¡Oh inopinado vaivén</p>
<p>De la fortuna!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Acabemos.</p>
<p>¿Usted no encuentra placer</p>
<p>En el teatro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Ninguno.</p>
<p>Me aburro, me seco en él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Pues buen remedio: no ir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¿Y qué me tengo que hacer</p>
<p>Hasta las once que empieza</p>
<p>Mi partida de ecarté?</p>
<p>Y, por otra parte, un hombre</p>
<p>De mi esfera y de mi prez&#8230;</p>
<p>Estoy abonado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Lindo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>En los dos teatros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Bien!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Esto me da tono&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>¡Bravo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Pero&#8230; En fin, ¿cómo ha de ser!</p>
<p>Cada cual tiene su cruz</p>
<p>En este mundo&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Sí, a fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>Conque&#8230; abur.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Citano</p>
<p>Abur, amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fulano</p>
<p>¡¡Ah!! Compadézcame usted.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi Dama</strong></h3>
<p>Licio, si quieres saber</p>
<p>Cuál es la bella sin par</p>
<p>Que en amor mi pecho enciende</p>
<p>Y esculpida en él está,</p>
<p>Oye: pintártela quiero,</p>
<p>de inflexible metal</p>
<p>Tu corazón es formado,</p>
<p>O tú la conocerás.</p>
<p>Erguida lleva la frente</p>
<p>Que nunca supo inclinar</p>
<p>Ni a los encantos del oro</p>
<p>Ni a la lisonja venal.</p>
<p>No adorna el negro cabello</p>
<p>Con las perlas del Catay,</p>
<p>Y antes la encina le anuda</p>
<p>Que el nardo y el arrayán.</p>
<p>Es hechicera su boca</p>
<p>Por hermosa y por veraz;</p>
<p>Grandes, rasgados sus ojos,</p>
<p>Y atrevido su mirar.</p>
<p>Vence su pie en ligereza</p>
<p>Al Austro y al Vendaval:</p>
<p>Su talle esbelto y airoso</p>
<p>Desdeña el peto falaz.</p>
<p>Su mano, blanda y süave</p>
<p>A quien amante la da,</p>
<p>También la lanza guerrera</p>
<p>Sabe robusta empuñar.</p>
<p>Verde manto prende al hombro,</p>
<p>Y apenas leve cendal</p>
<p>Cubre su nevado seno</p>
<p>Que esconde ardiente volcán;</p>
<p>Y aunque sus formas celestes</p>
<p>No cuida de recatar,</p>
<p>Es puro candor en ella</p>
<p>Lo que en otras liviandad.</p>
<p>Adoradores sin cuento</p>
<p>Sacrifican en su altar,</p>
<p>Y aunque a todos corresponde</p>
<p>Nadie envidia a su rival.</p>
<p>Sabe cual otro Proteo</p>
<p>Mil y mil formas trocar;</p>
<p>Que, a fuer de hembra, es caprichosa,</p>
<p>Y a fuer de potente, audaz.</p>
<p>Ora a Belona imitando</p>
<p>Se ciñe el casco marcial;</p>
<p>Ora Minerva la brinda</p>
<p>Con el ramo de la paz.</p>
<p>Ora la embriaga y la ciega</p>
<p>El aplauso popular</p>
<p>Y cambia la dulce oliva</p>
<p>Por el tirso bacanal.</p>
<p>Niña siempre por instinto,</p>
<p>Bien que adulta por la edad,</p>
<p>Si no la guían se pierde;</p>
<p>Sin firme apoyo caerá.</p>
<p>Mas la celan dos hermanas</p>
<p>De mayor autoridad.</p>
<p>¡Plegue al cielo que las dos</p>
<p>No la abandonen jamás!</p>
<p>Una es de las grandes almas</p>
<p>ídolo, a veces fatal;</p>
<p>La otra forma los lazos</p>
<p>De la humana sociedad.</p>
<p>Venturosa la nación</p>
<p>Do las tres unidas van;</p>
<p>Que sin Gloria y sin Justicia</p>
<p>¿Qué vale la Libertad?</p>
<p>Mas ya la nombré; ya sabes</p>
<p>Cuál es la bella sin par</p>
<p>Que enciende en amor mi pecho</p>
<p>Y esculpida en él está.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Candidatos</strong></h3>
<p>Ya que tienes privilegio</p>
<p>Para entrar en el colegio</p>
<p>De elegidos electores,</p>
<p>No te alucinen, José,</p>
<p>Las profesiones de fe.</p>
<p>Obras, obras son amores;</p>
<p>No bambolla y aparato.</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguno habrá que te diga:</p>
<p>«Doy al poder una higa.</p>
<p>Mis patrióticas virtudes</p>
<p>Jamás empañó un empleo».</p>
<p>¡Y ya presentó el Proteo</p>
<p>Cuarenta solicitudes!</p>
<p>No te fíes de ese gato.</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro que habla de gobierno</p>
<p>Tiene en su casa el infierno.</p>
<p>Pero ni aquí, ni en Sicilia,</p>
<p>Ni en Nápoles, ni en Egipto,</p>
<p>¿Será buen Padre Conscripto</p>
<p>Un mal padre de familia?</p>
<p>Quien tal crea, es un pazguato.</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Inocente desahogo</p>
<p>Llamaba aquel demagogo</p>
<p>Al incendio, a la matanza;</p>
<p>Y hoy se está haciendo el mostén</p>
<p>Para que el voto le den;</p>
<p>Mas ¡qué pronto si lo alcanza</p>
<p>Le oirás tocar a rebato!&#8230;</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiere otro tomar asiento</p>
<p>En el honrado Estamento.</p>
<p>Tan sólo por vano orgullo.</p>
<p>Déjale que en la tribuna</p>
<p>Nos diga enfático alguna</p>
<p>Simpleza de Pero Grullo,</p>
<p>Y votará el Triunvirato.</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal dice a la muchedumbre</p>
<p>Que en la patriótica lumbre</p>
<p>Como fósforo se enciende,</p>
<p>Y votar jura una carta.</p>
<p>Más libre que la de Esparta;</p>
<p>Pero ¡en secreto nos vende</p>
<p>Ese aparente Viriato!</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro, a falta de conciencia,</p>
<p>Con ampulosa elocuencia</p>
<p>Seduce a la plebe incauta;</p>
<p>No quiero tirano rey,</p>
<p>Mas sin respeto a la ley,</p>
<p>Sea pito, sea flauta,</p>
<p>Todo lo mete a barato.</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Talento, arraigo, cordura,</p>
<p>Opinión ilesa y pura,</p>
<p>Que ni sé doble al cohecho</p>
<p>Ni al miedo ni a las pasiones;</p>
<p>Un hombre que a las facciones</p>
<p>Oponga de roble el pecho;</p>
<p>Eso busque tu conato&#8230;</p>
<p>¡Ojo avizor al candidato!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Dos Padres</strong></h3>
<p>Padres los dos felices algún día</p>
<p>De dos hermosas vírgenes, al cielo</p>
<p>Plugo arrancarlas del humano suelo</p>
<p>Que tan sublime don no merecía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda a la tuya austera celosía,</p>
<p>Recio candado, religioso velo,</p>
<p>Y a la antorcha nupcial, ¡ay desconsuelo!</p>
<p>Súbita muerte arrebató la mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú al menos de su voz tierna y piadosa</p>
<p>El son puedes oír cabe el sagrado</p>
<p>Inaccesible muro que la esconde;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo al frío mármol do mi bien reposa</p>
<p>Corro en amargas lágrimas bañado:</p>
<p>Llamo, torno a llamar&#8230; ¡Nadie responde!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Escritores Adocenados</strong></h3>
<p><em>¡Qué! ¿No hay más sino meterse a escribir a salga lo que salga, y ya soy autor?</em></p>
<p><em>Moratín.</em></p>
<p>¡Oh qué sabio es Madrid! ¡Oh cuál rechina</p>
<p>Aquí y allá la trabajada imprenta!</p>
<p>¡Oh cuán en posta el pueblo se ilumina!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cuán rápida crece vuestra renta,</p>
<p>Fabricantes de Alcoy! ¡Oh qué de pliegos</p>
<p>El ansia de escribir consume hambrienta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y dónde, dónde están los hombres legos</p>
<p>Si hasta los necios son hijos de Apolo?</p>
<p>¿Si todo es luces hoy, dó están los ciegos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada río en España es un Pactolo;</p>
<p>Cada coplero un Píndaro y un Dante</p>
<p>Que al mundo ha de asombrar de polo a polo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuándo una prensa yacerá vacante?</p>
<p>¿Cuándo veré una esquina sin carteles?</p>
<p>¿Dónde iré sin topar con un pedante?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿En qué archivo cabrán tantos papeles</p>
<p>Que embadurnan sin Dios y sin conciencia</p>
<p>Escritores adultos y noveles?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ese pío lector, cuya paciencia</p>
<p>Ya excede a la de Job, en dónde vive?</p>
<p>¿Quién me dará razón de su existencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi anheloso mirar no le percibe.</p>
<p>¿Qué mucho? ¿A quién se guarda la lectura</p>
<p>Si todo el mundo sin cesar escribe?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto cundes, feliz literatura,</p>
<p>Que no en estraza, sino en prosa y verso</p>
<p>Se envuelve por acá la confitura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando a tanto cálamo perverso</p>
<p>De escribir acomete la manía,</p>
<p>¿Privas del tuyo, oh Fabio, al universo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, iniciado en la dulce poesía;</p>
<p>Tú, que haces redondillas de repente,</p>
<p>¿Por qué no escribes, Fabio, noche y día?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tu suma ignorancia te amedrente.</p>
<p>Menos sabe don Próspero, y gallea</p>
<p>Porque no hay un Boileau  que le escarmiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De cierto literato fue albacea;</p>
<p>Con esto, y un destierro, y un diploma,</p>
<p>Cátale ya escritor de alta ralea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ahí dicen las gentes, será broma,</p>
<p>Que de tanto francés como ha aprendido</p>
<p>Ya no sabe escribir en nuestro idioma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué importa? Su nombre mete ruido</p>
<p>Como el de tanto cuervo literario</p>
<p>Que osada presunción sacó del nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo algún nuevo Zoilo temerario</p>
<p>Pudiera condenarle porque agrega</p>
<p>Cien voces cada día al diccionario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y el crítico furor a tanto llega?</p>
<p>No es moda ya que la española pluma</p>
<p>De castiza blasone y solariega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Loco será quien destruir presuma</p>
<p>La gálica irrupción. Antes podría</p>
<p>Al piélago quitar la blanca espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escribe, escribe, Fabio; que a fe mía,</p>
<p>Si observas mi lección imperturbable,</p>
<p>El vulgo aplaudirá tu algarabía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es vivir de una renta miserable;</p>
<p>De un honrado taller, o de un empleo,</p>
<p>A no ser de Castilla condestable?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Petulante, embrollón, mordaz te creo;</p>
<p>Hablas a chorros y el francés traduces&#8230;</p>
<p>Serás hombre de pro, ya lo preveo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú coplea, y verás cómo te luces;</p>
<p>Que entre cisnes también hasta el Parnaso</p>
<p>Trepan desde Madrid los avestruces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vate conozco yo que del Pegaso</p>
<p>Ni un relincho merece, y se le aplaude</p>
<p>Más que a Rioja y al tierno Garcilaso;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras plata y vítores recaude</p>
<p>¿Qué le importa si Apolo escarnecido</p>
<p>Llora en silencio el insolente fraude?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me seas modesto y comedido;</p>
<p>Que irás al hospital. Dice un adagio</p>
<p>Que ayuda la fortuna al atrevido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no hay propio caudal, acude al plagio.</p>
<p>¿Uno lo atrapa? Bien; lo ignoran ciento,</p>
<p>Y de los ciento ganas el sufragio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre todo, tu pluma siga el viento</p>
<p>De la fortuna, en su favor o saña,</p>
<p>Ya apacible, ya raudo y turbulento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cambió la suerte? Válgate la maña:</p>
<p>Adula al poderoso, intriga, sopla,</p>
<p>Y tendrás, Fabio mío, una cucaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer hubiera honrado la manopla</p>
<p>Al descarado Antón, que hoy paga coche.</p>
<p>¿Y cómo lo adquirió? Con una copla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que otro pacato día y noche</p>
<p>Torne al yunque y retorne sus escritos.</p>
<p>Tú escribe a norte y sur, a troche y moche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los fatuos en Madrid son infinitos;</p>
<p>De autor entre ellos cobrarás la fama,</p>
<p>Y en vano gruñirán los eruditos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez sobre los sabios encarama</p>
<p>La ignara plebe al fantasmón pedante</p>
<p>Que merecía estar paciendo grama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro los hechos de Gonzalo cante,</p>
<p>Otro al buen Cid en numerosa rima;</p>
<p>Tú no emprendas locura semejante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni esperes que del hambre se redima,</p>
<p>Bien que le paguen con aplauso vano,</p>
<p>Quien buenos versos en España imprima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es mejor en lenguaje chabacano</p>
<p>Del francés traducir un melodrama,</p>
<p>Y venderlo después por castellano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muda el nombre al gracioso y a la dama,</p>
<p>Nuevo título inventa; y juro a cribas</p>
<p>Que el público por nuevo se lo mama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No creas que a la tumba sobrevivas;</p>
<p>Y pues sólo el dinero aquí se aprecia,</p>
<p>Nunca leas a Horacio cuando escribas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ciertas voces oriundas de la Grecia</p>
<p>Basta que aprendas, Fabio, de memoria:</p>
<p>Como epítasis, ritmo, peripecia&#8230;;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque mover debieras una noria,</p>
<p>Lléveme Satanás si el populacho</p>
<p>No te cubre de aplausos y de gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni hablar sin propiedad te cause empacho;</p>
<p>Que sintaxis, prosodia, analogía&#8230;</p>
<p>Son frívolos estudios de muchacho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni el carecer de libros; que en el día</p>
<p>Basta ya con Rengifo y Taboada</p>
<p>Para escribir en prosa y poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te dirán que es forzoso —¡qué bobada!—</p>
<p>Escribiendo crear. Fileno crea;</p>
<p>¿Y qué gana con eso? Poco o nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se afana el infeliz, suda, patea,</p>
<p>Mil desaires le cuestan sus porfías</p>
<p>Primero que la luz su obrilla vea;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y después de tan fieras agonías,</p>
<p>En limpio ¿qué le dan? Quince doblones;</p>
<p>¡Y agotan la edición en ocho días!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De estos genios, honor de las naciones,</p>
<p>No envidies el infausto privilegio,</p>
<p>Y vive de morralla y traducciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en el Sena de laurel egregio</p>
<p>Se ciñen y riquezas acumulan;</p>
<p>Aquí van a la sopa de un colegio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no es que a hinchados próceres adulan,</p>
<p>O engañando a inocentes suscriptores</p>
<p>Con falaces prospectos especulan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y el teatro!&#8230; ¡Gran Dios! Tus borradores,</p>
<p>Si no son de algún lírico programa,</p>
<p>Te valdrán menos plata que sudores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Necio el que gracias y moral derrama,</p>
<p>Oh Talía, en tus aras, do Celenio</p>
<p>De los Terencios eclipsó la fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué vale ya el saber? ¿Qué vale el genio?</p>
<p>A la solfa consagre sus tareas</p>
<p>Quien pretenda brillar en el proscenio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El fuerte Aquiles, el prudente Eneas,</p>
<p>Si pretenden medrar en nuestra zona,</p>
<p>Acudan al mi-dó y a las corcheas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al que antaño ganó civil corona</p>
<p>El varonil talante distinguía,</p>
<p>Y aterraba en sus manos la tizona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy al compás de blanda sinfonía</p>
<p>Virtuosa  la esgrime ultramontana</p>
<p>Que sólo el triunfo a su garganta fía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no se estila en rima castellana</p>
<p>Escuchar los furores de un Atreo,</p>
<p>Ni a Pelayo afrentado por su hermana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es mejor en henchido coliseo</p>
<p>Del contralto admirarlas pantorrillas</p>
<p>Que en París le vendió marchante hebreo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, oh Pindo español, en vano chillas;</p>
<p>Que sin dolerse de tu amarga pena</p>
<p>De Orfeo triunfarán las maravillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni porque a tantas almas enajena</p>
<p>El tenor o la tiple de cartello</p>
<p>Desierta vemos la española escena;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, si bien se consigue pelo a pelo</p>
<p>El mugriento cartón, ve todo el mundo</p>
<p>A Cabeza de Buey  y a Brancanelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el mismo elegantuelo nauseabundo</p>
<p>Que a Moratín y a Calderón desdeña</p>
<p>Aplaude un melodrama furibundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo repito: es muy necio quien enseña</p>
<p>Verdad, buen gusto, y de la insana plebe</p>
<p>En derrocar los ídolos se empeña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traducir es más fácil y más breve;</p>
<p>Y quizás el librero más te pagué</p>
<p>Cuanto sea tu escrito más aleve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tanto, si pretendes que te halague</p>
<p>El aura popular, di que has estado</p>
<p>En París, en Antuerpia, en Copenhague.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto vale en Madrid quien ha viajado,</p>
<p>Y si sabe mentir con cierta gracia</p>
<p>Cuál se ve de los bobos celebrado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tono magistral, con suma audacia</p>
<p>Donde quiera que estés habla de todo:</p>
<p>De historia; de blasón, de diplomacia&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho rebuznarás. No me incomodo;</p>
<p>Ni aunque digas que al centro de la Iberia</p>
<p>Vino desde el Brasil el visogodo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin gran lujo no salgas a la feria;</p>
<p>Que hoy se juzga a los sabios por la ropa.</p>
<p>¡Guárdate, Fabio, de ostentar miseria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en lugar de batista, ruda estopa</p>
<p>Cubre tus carnes, se acabó el prestigio:</p>
<p>Ni en San Francisco te darán la sopa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas de tu fama crecerá el prodigio</p>
<p>Si el mercader, el sastre y la patrona</p>
<p>De litigio te llevan en litigio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ea! Papel sin término emborrona,</p>
<p>Aunque sea con fárrago y basura;</p>
<p>Que el pueblo es un bendito, y Dios perdona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque es tu frente como el hierro dura,</p>
<p>No temas carecer de materiales;</p>
<p>Que quien sabe copiar jamás se apura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Establece en París corresponsales.</p>
<p>¡Se escribe tanto allí!&#8230; Por el correo</p>
<p>Cien rasgos te vendrán originales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si copiar te parece pobre empleo,</p>
<p>Agregando algún frío comentario</p>
<p>Reimprime a los difuntos, y laus Deo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O échate a criticón atrabiliario,</p>
<p>Aunque te expongas a cruel mordaza</p>
<p>Y te llamen procaz y temerario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si de otro más dichoso te amostaza</p>
<p>El reiterado lauro, en él te ceba.</p>
<p>Su opinión y sus obras despedaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crimen reputa que a agradar se atreva</p>
<p>Tal escritor al público sencillo.</p>
<p>Di que es digno de cárcel y de leva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No gemirá por eso en un castillo;</p>
<p>Que el gobierno solícito bien sabe</p>
<p>Quién es hombre de honor, y quién es pillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas el pobre escritor acaso agrave</p>
<p>Su imaginario mal, y acobardado</p>
<p>De componer y de brillar acabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si natura el talento no te ha dado</p>
<p>Que al bachiller Juan Pérez  de Munguía</p>
<p>Y su pincel maestro te ha negado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No como él con donaire y valentía</p>
<p>A escarnecer abusos te limites</p>
<p>Que jamás ley humana extirparía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mejor es que a gritar te desgañites</p>
<p>Contra todo mortal que te haga frente,</p>
<p>Y el pan si puedes y el honor le quites.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni en todos claves el dañino diente.</p>
<p>El opúsculo ensalza de Fabricio,</p>
<p>Aunque a las musas tu descaro afrente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy está en candelero, y tu servicio</p>
<p>Puede galardonar. Muerde y adula;</p>
<p>Que es socorrido y cómodo el oficio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sigue antes a los asnos de la dula</p>
<p>Que al veraz escritor por la ardua senda</p>
<p>Donde se atolla el mísero y se anula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alguno hubiere que impugnar pretenda</p>
<p>Tu sátira cruel, de nuevo ripio</p>
<p>Te servirá la crítica contienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y no hay que desmayar! Desde el principio</p>
<p>Échala de doctor, por más que ignores</p>
<p>Lo que es interjección y participio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que a fuerza de sofismas y de errores</p>
<p>De tu rival fatigarás la pluma,</p>
<p>Y de paso a los cándidos lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿por qué el raro empeño así me abruma</p>
<p>De formar de la nada un pedantuelo</p>
<p>Si infestan a Madrid en tanta suma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién enseñó a escribir a don Marcelo,</p>
<p>Que hace para halagar a un cortesano</p>
<p>En vez de un panegírico un libelo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No echó a volar sin guía don Ulpiano</p>
<p>Su enfático poema, que aun de balde</p>
<p>No lo quiere leer ningún cristiano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No escribe con permiso del alcalde,</p>
<p>Tratados de farmacia don Benito</p>
<p>Sin conocer siquiera el albayalde?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No imprime como propio el manuscrito</p>
<p>Que al prójimo robó don Celedonio,</p>
<p>Y le llaman las gentes erudito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde estudió don Blas, el muy bolonio,</p>
<p>Autor de esa novela fementida</p>
<p>Que apesta a Mundo, a Carne y a Demonio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ha pisado una cátedra en su vida</p>
<p>Don Cosme, que en su plan estrafalario</p>
<p>Con el oro y el moro al Rey convida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Supo lo que escribía don Macario</p>
<p>Que, aunque dijo a Madrid: «yo lo he compuesto»,</p>
<p>Encuadernó, y no más, un diccionario?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué ciencia ha requerido ese indigesto</p>
<p>Almacén de inexactas colecciones</p>
<p>En letra infame y en papel funesto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tantas y tan inicuas traducciones</p>
<p>Que no se entienden ya ni aquí ni en Francia;</p>
<p>Tantos dramas exóticos, ramplones;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto epítome ruin para la infancia;</p>
<p>Tanta refundición bárbara, impía;</p>
<p>Tantas y tantas coplas sin sustancia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Son partos del talento? No a fe mía;</p>
<p>Abortos son del rudo publicismo</p>
<p>Que al extremo llevó su tiranía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay hombres cuyo ciego fanatismo</p>
<p>Por ver su nombre impreso a tanto llega,</p>
<p>Que imprimieran la fe de su bautismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay necio que a Marón llama colega</p>
<p>Si publicar consigue una charada</p>
<p>En versos crudos de gaita gallega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay quien desea que a la tumba helada,</p>
<p>Por imprimir la esquela del entierro,</p>
<p>Súbito baje su consorte amada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay quien se juzga autor, siendo un becerro,</p>
<p>Porque en letras de molde el buen Diario</p>
<p>La filiación estampa de su perro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué! ¿Sólo puebla el mundo literario</p>
<p>Esa plaga de autores ignorantes</p>
<p>Que denuncia tu cáustico inventario?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Todos somos plagiarios y pedantes?</p>
<p>¿No hay ya quien libros de honra y de provecho</p>
<p>En el idioma escriba de Cervantes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No hay sabios en historia, y en derecho,</p>
<p>Y en lenguas, y&#8230; Sí tal. Hay grandes hombres,</p>
<p>Lo sé de unos, y de otros&#8230; lo sospecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien pudieras citar algunos nombres&#8230;</p>
<p>¿Escribo acaso yo contra los sabios?</p>
<p>No. Pues si no los cito, no te asombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y algunos tomarían por agravios</p>
<p>Mis elogios tal vez. Sí, su modestia&#8230;</p>
<p>¡Hay tanta en sus escritos y en sus labios!&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aunque sé que es vana mi molestia,</p>
<p>Pues yo no he de quitarles su talento,</p>
<p>Ni está en mi mano el dársele a una bestia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero decirlo; que si no, reviento;</p>
<p>Muchos se llaman doctos en el día</p>
<p>Porque atestan de libros su aposento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si culpo y maldigo la osadía</p>
<p>Del que escribe en materia que no entiende</p>
<p>Y a diestro y a siniestro desvaría;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El huraño doctor también me ofende</p>
<p>Que, mirando de lejos la batalla,</p>
<p>O sabe mucho, y todo se lo calla;</p>
<p>O nada sabe, y todo lo reprende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Malos Actores</strong></h3>
<p><em>[&#8230;] Male si mandata loqueris,</em></p>
<p><em>aut dormitabo, aut ridebo.</em></p>
<p><em>Horacio.</em></p>
<p>También a ti, farsante rutinero,</p>
<p>Ya púrpura, ya jerga te cobije,</p>
<p>También a ti satirizarte quiero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También tu corrección el pueblo exige;</p>
<p>Que no es suya la culpa si a la escena</p>
<p>Amarga soledad hogaño aflige;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que si bien en su bolsa ya no suena</p>
<p>Omnipotente el oro cual solía,</p>
<p>Gracias se den al Támesis y al Sena,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No de Terencio el arte esquivaría</p>
<p>Si la torpe desidia y la ignorancia</p>
<p>No apresurasen tanto su agonía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en lugar de grotesca extravagancia</p>
<p>Campasen el donaire y el talento;</p>
<p>Si callase la ruda petulancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, cuya pluma, con el noble intento</p>
<p>De vengar los ultrajes de Talía,</p>
<p>Aunque quizá fue vano atrevimiento,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la terca y fatal melomanía</p>
<p>Un día vapuló, que intolerante</p>
<p>A Inarco y a Alarcón escarnecía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo negar que al coro y al andante,</p>
<p>Y al tiple y al tenor y al duettino</p>
<p>Melpómene sucumbe vergonzante?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni cómo negaré que en el camino</p>
<p>Del hospital han puesto a los actores</p>
<p>Tanto poeta ruin, tanto pollino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo negar que zafios traductores</p>
<p>El buen gusto y la lengua corrompiendo</p>
<p>Profanan sin cesar los bastidores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo negar que el melodrama horrendo</p>
<p>De uno y otro corral crudo tirano</p>
<p>Sólo se opone al forte  y al crescendo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Y por qué he de escribir en castellano,</p>
<p>Me dirá algún autor, si mato el hambre</p>
<p>Con exótico drama chabacano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si a la seda prefieren el estambre,</p>
<p>¿Cómo derrotará sólo un ingenio</p>
<p>De tanto moscardón el fiero enjambre?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Quién, pues no sé adular, quién el proscenio</p>
<p>A mi humillado numen abriría</p>
<p>Aunque escribiera yo como Celenio?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tiempos! ¡Oh infelice poesía,</p>
<p>Por la pobreza sólo cultivada</p>
<p>Y más pobre en España cada día!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh suerte!&#8230; Mas alguna inocentada</p>
<p>Quizá voy a decir. Punto y aparte.</p>
<p>Volvamos a la zurra comenzada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Actor, si está en descrédito tu arte,</p>
<p>Aunque tuyo no sea el crimen todo,</p>
<p>Vive Dios que te toca mucha parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ya me da un amigo con el codo</p>
<p>Y exclama: «¡Tú a los cómicos te atreves!</p>
<p>¿Qué intentas, temerario? ¿Estás beodo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Ah, que enemigos mil fieros y aleves</p>
<p>Que maldigan tus versos te acarreas</p>
<p>Si la teatral república conmueves!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Qué de quejas después, qué de peleas!</p>
<p>Y ¡ay de ti si se amoscan las actrices!</p>
<p>Quiera Dios que arañado no te veas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Pobres gentes! ¿No son harto infelices?</p>
<p>Déjalos respirar. ¿En qué te ofenden</p>
<p>Para que así, cruel, los martirices?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y, qué!, respondo yo, desde que emprenden</p>
<p>Su independiente y cómodo ejercicio</p>
<p>A todo el mundo mofan y reprenden;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay un solo rincón, no hay un resquicio</p>
<p>Desde el alcázar regio hasta la choza</p>
<p>Que de su azote esconda al negro vicio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora al señor que en maltratar se goza</p>
<p>Al fámulo cuitado, ora escarmientan</p>
<p>Al sucio avaro, a la liviana moza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora los cuernos de don Gil ostentan</p>
<p>En el inmundo y bárbaro sainete</p>
<p>Que con mengua de Apolo representan;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al honrado alguacil llaman corchete,</p>
<p>Garduña al escribano respetable,</p>
<p>Al barbero chismoso y alcahuete,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al médico asesino abominable,</p>
<p>Al ventero ladrón (¡qué atrevimiento!)</p>
<p>Frívola bestia al pisaverde amable;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por colmo de horror&#8230; Aquí mi aliento</p>
<p>Desmaya. ¡Oh santo Dios! ¡Hasta al poeta</p>
<p>Qué les da de comer llaman hambriento!!!..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por poco que frecuente la luneta</p>
<p>O asista a la modesta galería,</p>
<p>¿Quién no teme el rigor de su palmeta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando ejercen tan dura tiranía</p>
<p>Y el pueblo por sufrirla da dinero,</p>
<p>Y la aplaude tal vez con alegría,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es muy justo que el látigo severo</p>
<p>De la sátira al fin consuele al mundo,</p>
<p>Pues de ella no les salva humano fuero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni su vida privada furibundo</p>
<p>A censurar me arrojo; no, a fe mía.</p>
<p>En su arte solo mi censura fundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A todos Lucifer nos extravía;</p>
<p>Mortales somos todos, y&#8230; Acabemos.</p>
<p>Yo no soy celador de policía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si los peligros de su estado vemos,</p>
<p>Acaso en su conducta más materia</p>
<p>De elogio que de culpa encontraremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos murmuran de ellos en Iberia</p>
<p>Que habrían de esconderse en los desvanes</p>
<p>Si sus trapos sacasen a la feria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay hombres deslenguados y holgazanes</p>
<p>Que en pasar a cuchillo se divierten</p>
<p>Damas, graciosos, barbas y galanes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos, porque a Dorila no pervierten,</p>
<p>En su buena opinión (¡soez venganza!)</p>
<p>De vil calumnia la ponzoña vierten!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos!&#8230; Callad, callad, lenguas de lanza,</p>
<p>O distinguid al menos del vicioso</p>
<p>A los que dignos fueren de alabanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba al actor, oh vulgo caprichoso;</p>
<p>Sílbale, si es ramplón desaplicado;</p>
<p>Mas no al hombre  persigas malicioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie negarte puede que has comprado</p>
<p>De bufar y aplaudir el privilegio;</p>
<p>Mas tu imperio no pasa del tablado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba a aquel que, cual niño de colegio,</p>
<p>Su papel balbuciendo deletrea</p>
<p>Y ensarta en cada voz un sacrilegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba al otro que en torno manotea</p>
<p>Cual si importuna mosca le picara</p>
<p>la esgrima enseñase a la platea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba a aquel que, figura de mampara</p>
<p>Más que ser animado, nunca el sello</p>
<p>Muestra de las pasiones en su cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O al que presume parecerme bello</p>
<p>Porque apoya la mano en la cintura,</p>
<p>La pierna estira y agarrota el cuello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba a la necia y frívola hermosura</p>
<p>Que a los afectos entregarse teme</p>
<p>Porque su lindo rostro desfigura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rechifla, aunque se pudra, aunque se queme,</p>
<p>Al que después de hablar inmóvil queda</p>
<p>Y de estúpida boca abriendo un jeme;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O al moduloso, que parece seda</p>
<p>Su lengua, y tanto pule que fastidia,</p>
<p>Y no dice el papel; que lo remeda;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O al que estudiar no quiso por desidia,</p>
<p>Y si acaso le dan su merecido,</p>
<p>Clama después: ¡parcialidad!, ¡envidia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque exceda en paciencia a algún marido,</p>
<p>¿Quién podrá ver con apacible gesto</p>
<p>A un comediante esclavo de su oído?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el popular escarnio es tan molesto,</p>
<p>Si amor no tiene al arte que ejercita,</p>
<p>Déjelo de una vez; otro a su puesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ah, que en vano el público se irrita</p>
<p>Contra impasible histrión adocenado</p>
<p>Que ni el víctor  le mueve, ni la grita!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué diré del simple que ha soñado</p>
<p>Llegar al non plus ultra  del oficio</p>
<p>Porque una vez se vio palmoteado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el pueblo te aplaudió como a novicio,</p>
<p>No fue, no, aprobación; que fue indulgencia;</p>
<p>Ni siempre has de encontrarle tan propicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Mi padre fue galán&#8230;» ¡Qué consecuencia!</p>
<p>No como el virus suele emponzoñado</p>
<p>Se inocula a los párvulos la ciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No basta, hijo de mi alma, haber mamado</p>
<p>Detrás de un bastidor para endosarte</p>
<p>El renombre de cómico afamado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Afuera el vano orgullo! Atarearte</p>
<p>Noche y día sin tregua te es forzoso</p>
<p>Si distinguirte quieres en el arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la argentina voz y el talle airoso</p>
<p>Que natura te ha dado por hijuela</p>
<p>No se contenta el público ambicioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez alguna insípida mozuela</p>
<p>De ti se prende; mas si el patio brama,</p>
<p>¿Qué te vale un rincón de la cazuela?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tampoco a ti te olvido, amable dama</p>
<p>Que a la luneta miras sonriendo</p>
<p>En el lance más crítico del drama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni al que se juzga cómico estupendo</p>
<p>Porque arroja el pulmón a troche y moche</p>
<p>Y no hay quien de su voz sufra el estruendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa que te aplauda algún bamboche</p>
<p>Por compasión tal vez; que está temblando</p>
<p>No cual vejiga estalles una noche?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa, si de ti va renegando</p>
<p>Quien sabe distinguir del talco el oro,</p>
<p>Del buen artista al graznador nefando?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro&#8230;, (¡mala lanzada le dé un moro!)</p>
<p>Sólo cuenta sus cuitas a la orquesta,</p>
<p>Y no alzara la voz por un tesoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro con cara tétrica, indigesta,</p>
<p>Aun hablando de amor regaña y grita</p>
<p>Si hace papel de coronada testa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué! ¿No es rey el que llamas no vomita?</p>
<p>¡Qué! ¿Todos son Nerones y Cambises?</p>
<p>¡Ah! No, ni el justo cielo lo permita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No fue un rey bonachón el padre Anquises?</p>
<p>¿No supo simular sus intenciones</p>
<p>Con aparente dulcedumbre Ulises?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro con importunas contorsiones</p>
<p>Cual payaso en grotesca pantomima</p>
<p>Piensa mover del pueblo las pasiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro, que al compañero en poco estima,</p>
<p>Robándole el ganado palmoteo,</p>
<p>Sin dejarle acabar se le echa encima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro declama con tenaz solfeo</p>
<p>Que los oídos sin piedad barrena,</p>
<p>Si no los cierra próvido Morfeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro en medio se clava de la escena,</p>
<p>Y allí quieto se está como una silla</p>
<p>Hasta que el mutis deseado suena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro, que más que actor parece ardilla,</p>
<p>Ora se quita el guante, ora se rasca;</p>
<p>Ya escupe, ya se atusa la golilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro desventurado se me atasca</p>
<p>En dos menguados versos que le tocan;</p>
<p>¿Y quién conjura entonces la borrasca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros tanto y tan gordo se equivocan,</p>
<p>Asesinando al pueblo y al poeta,</p>
<p>Que de un santo la cólera provocan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién te sufre, gárrulo consueta,</p>
<p>Cuando regala tu pulmón robusto</p>
<p>Doble edición del drama a la luneta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni a ti tampoco perdonar es justo,</p>
<p>Actor guadaña, que el papel mutilas,</p>
<p>Ya mutilado por censor adusto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tú que de impiedad a cien Atilas</p>
<p>Pudieras dar lección!, ¿con qué derecho</p>
<p>Los versos que no entiendes aniquilas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué te han hecho las musas, qué te han hecho,</p>
<p>Que arrancas a su templo tanta ofrenda?</p>
<p>¿Es acaso el Parnaso algún barbecho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué dirías, cruel, si la merienda</p>
<p>Te cercenase a ti pinche golmajo?</p>
<p>¡Oh! Castíguete Dios con grita horrenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gemid, vates, gemid! Vuestro trabajo</p>
<p>Vive a merced de cálamo sangriento</p>
<p>Que aquí da de revés, allí de tajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No culpo al que de largo parlamento</p>
<p>(Si hablar me es dado comical idioma)</p>
<p>Suprime dos renglones entre ciento;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas al autor consulte; que no es broma</p>
<p>La ajena propiedad, y mal su grado</p>
<p>No se atreva a sisarle ni una coma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el juicio alguna vez ha decretado</p>
<p>Podar eterno drama impertinente</p>
<p>Cual si fuera acebuche enmarañado,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas por ser un cómico indolente</p>
<p>Relata su papel en esqueleto!</p>
<p>¡Mal haya quien tal hace y tal consiente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni ha de quedar impune el indiscreto</p>
<p>Que absurdo grito en los apartes alza</p>
<p>Aunque importe mil vidas su secreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni al paso que mi voz de otros ensalza</p>
<p>El decoro, el esmero, a aquel perdono</p>
<p>Que abigarrado viste y zafio calza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni absuelvo la impericia, el abandono</p>
<p>Del que en traje de persa o de fenicio</p>
<p>Hijo se llama del argivo trono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro adolece, en fin, de torpe vicio</p>
<p>Para el cual fuera dulce y lisonjero</p>
<p>De Prometeo el hórrido suplicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Aquí de tus silbidos, mosquetero!</p>
<p>Ya llega. ¡Duro en él! ¡Búfale! ¡Truena!</p>
<p>¿Quién será?&#8230; El temerario morcillero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Óyele ripios mil en cada escena,</p>
<p>Y cuál un verso y otro a su albedrío</p>
<p>Con sandeces sin término rellena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Calla, insulso bufón! ¡Detente, impío!</p>
<p>¿Por qué el decoro escénico quebrantas?</p>
<p>¿Cuándo bebiste tú del sacro río?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Piedad del pobre ingenio a quien suplantas</p>
<p>Y pelando sus barbas de coraje</p>
<p>Cien veces te maldice y otras tantas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con un vocablo que tu lengua encaje</p>
<p>¡Adiós la dulce rima, adiós el metro!</p>
<p>El demonio que entienda tal potaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Délfico numen, abandona el cetro</p>
<p>O castiga a ese cínico payaso.</p>
<p>¡Exi foras,  profano! ¡Vade retro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si de torpes hay número no escaso</p>
<p>¿No hay otros, me dirán, cuya pericia</p>
<p>Merece bien del español Parnaso?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ellos no hablo yo. Fuera injusticia</p>
<p>Confundir con el sandio, el rudo, el necio</p>
<p>Al que honra la dramática milicia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunos hay cuya amistad aprecio,</p>
<p>Y aun los que el pueblo mira con enfado</p>
<p>A compasión me mueven, no a desprecio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí; que ningún actor nace enseñado,</p>
<p>Y no es moco de pavo, voto a cribas,</p>
<p>Gustar a gentes mil sobre un tablado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no hay preces al fin, no hay rogativas</p>
<p>Para aplacar a un pueblo que a su antojo</p>
<p>Reparte los tronchazos y los vivas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni al que nació desaborido y flojo</p>
<p>Mi pluma enmendará, si no le enmienda</p>
<p>Del formidable patio el fiero enojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni porque yo sin caridad reprenda.</p>
<p>Y acá dé y acullá palos de ciego</p>
<p>Espero conseguir una prebenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni el interés me incita; que si llego</p>
<p>A un librero chalán con mis borrones,</p>
<p>Seis reales me dará por cada pliego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay que glosar mis rectas intenciones.</p>
<p>Sólo el amor del arte me espolea,</p>
<p>Y a nadie insulto yo con mis sermones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguno habrá que plácido me lea,</p>
<p>Y acaso alguno me destine ingrato</p>
<p>Para envolver anís y alcaravea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no seré yo un necio, un mentecato,</p>
<p>Si por no ser de todos aplaudido</p>
<p>Me atufo, me enfurezco, me arrebato?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al censor que prudente y comedido</p>
<p>De mis versos denuncie los errores,</p>
<p>No es justo que yo viva agradecido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues aplíquense el cuento los actores.</p>
<p>Estudie el ignorante, pese a su alma,</p>
<p>Y procuren los buenos ser mejores;</p>
<p>Que no ganaron sin afán la palma</p>
<p>Un Maiquez, un Garrik, un Kemble, un Talma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Madrid Y El Campo</strong></h3>
<p>¡Oh qué linda es la pradera</p>
<p>Un día de primavera</p>
<p>Cuando la rosada aurora</p>
<p>Perlas y diamantes llora</p>
<p>Sobre la yerba y la flor!</p>
<p>Pero la cama es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo es grato entre la sombra</p>
<p>Pisando la verde alfombra,</p>
<p>Por la verita del río,</p>
<p>Caminar al caserío</p>
<p>Del vecino labrador!</p>
<p>Pero en un coche es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo en estiva siesta</p>
<p>Regocijan la floresta,</p>
<p>Fresca, lozana y umbría,</p>
<p>Con su dulce melodía</p>
<p>El mirlo y el ruiseñor!</p>
<p>La de Rossini es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh qué hermosa es la perdiz</p>
<p>Con su galano matiz</p>
<p>Volando de ramo en ramo</p>
<p>Hacia el mentido reclamo</p>
<p>Del astuto cazador!</p>
<p>Pero en la mesa es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh cómo en la pura fuente</p>
<p>Bulliciosa y transparente</p>
<p>Entre las menudas guijas,</p>
<p>Sin auxilio de botijas,</p>
<p>Brinda el agua&#8230; —Sí, señor;</p>
<p>Pero un sorbete es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no sopla rudo cierzo,</p>
<p>¡Oh qué bien sabe el almuerzo</p>
<p>En campiña libre y rasa&#8230;</p>
<p>Sí por cierto; pero en casa</p>
<p>De mi amigo el Senador</p>
<p>Se almuerza mucho mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien hayan las lugareñas,</p>
<p>Tan amantes, tan risueñas,</p>
<p>Tan sencillas&#8230; —Pero atroces,</p>
<p>Suelen con pares de coces</p>
<p>Mostrar su rústico amor.</p>
<p>Mi madrileña es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Buen provecho a los secuaces</p>
<p>De placeres montaraces;</p>
<p>Mas yo a la Corte me atengo;</p>
<p>Que es bueno el campo, convengo,</p>
<p>Delicioso, encantador&#8230;</p>
<p>Pero Madrid es mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Margaritas A Puercos</strong></h3>
<p>Pardo a un corro de camellos</p>
<p>Su Clitemnestra  leyó.</p>
<p>¿Quién ha muerto? preguntó</p>
<p>Al concluir uno de ellos;</p>
<p>Y Pardo le dijo: ¡yo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Vino Y Amor</strong></h3>
<p>Médico que me privas</p>
<p>Del vino y de mi Clori,</p>
<p>No así como mi pulso</p>
<p>Mi corazón conoces.</p>
<p>Si a tanta costa quieres</p>
<p>Que la salud recobre,</p>
<p>Huye; que de la Parca</p>
<p>No es tan funesto el golpe.</p>
<p>Vino y amor dictaron</p>
<p>Al dulce Anacreonte</p>
<p>Sus versos que le ascienden</p>
<p>Al trono de los dioses.</p>
<p>Vino y amor alivian</p>
<p>Fatigas y dolores;</p>
<p>Vino y amor infunden</p>
<p>Las ínclitas acciones.</p>
<p>¿A quién, doctor, no alegran</p>
<p>Si no es de helado bronce</p>
<p>Los ojos de una hermosa,</p>
<p>La espuma del aloque?</p>
<p>Aquí en mi hogar humilde</p>
<p>Que alumbra medio roble,</p>
<p>Aunque ignorado, limpio,</p>
<p>Y tranquilo, aunque pobre;</p>
<p>Mi Clori a la siniestra,</p>
<p>Y a la derecha el odre,</p>
<p>Sin miedo a las borrascas</p>
<p>Del cielo y de la corte;</p>
<p>Déjame que entre sorbos,</p>
<p>Y besos y canciones,</p>
<p>O me cure&#8230;, o me muera;</p>
<p>Que a todo estoy conforme.</p>
<p>Y guarda tus preceptos</p>
<p>Para el cuitado joven</p>
<p>Que pueda amar la vida</p>
<p>Sin vino y sin amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Soy Poeta?</strong></h3>
<p>Ni mi lengua brota espuma</p>
<p>Atormentada del estro,</p>
<p>Ni alquitrán baña mi pluma,</p>
<p>Ni está mi juicio en secuestro;</p>
<p>Ni en mi vida eché la zarpa</p>
<p>A los bordones de una arpa,</p>
<p>Ni llamo divina trípode</p>
<p>A mi sillón de vaqueta</p>
<p>Donde humilde me acomodo;</p>
<p>Y con todo,</p>
<p>Paso en Madrid por poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca fue mi ministerio</p>
<p>Copular con bruja hedionda,</p>
<p>Y si evoco un cementerio</p>
<p>No hay miedo que me responda.</p>
<p>No dejo crecer mis barbas</p>
<p>Como en el siglo de Yarbas,</p>
<p>Ni vivir quiero a lo príncipe</p>
<p>Sin tener una peseta;</p>
<p>Que no, soy tan delirante;</p>
<p>Y no obstante,</p>
<p>Quizá seré yo poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me tira de los pies</p>
<p>Ningún fantasma nocturno;</p>
<p>Ni chiquillos tres a tres</p>
<p>Devoro como Saturno;</p>
<p>Ni me sumerjo en el Ponto;</p>
<p>Ni a los cielos me remonto</p>
<p>Dialogando con los ángeles.</p>
<p>Hombre soy y en mi planeta</p>
<p>Paso lo dulce y lo amargo.</p>
<p>Sin embargo,</p>
<p>Tengo humillos de poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No maldigo el hemisferio</p>
<p>Que alumbra al género humano;</p>
<p>Ni ara torpe al adulterio</p>
<p>Alzo con sangrienta mano;</p>
<p>Ni ajenas dichas envidio;</p>
<p>Ni en pro del negro suicidio</p>
<p>Haré escandalosa página</p>
<p>Ora en drama, ora en gaceta,</p>
<p>Si Dios me conserva el seso.</p>
<p>Con todo eso,</p>
<p>Dan en llamarme poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque dado a Satanás</p>
<p>El orbe esté en muchos puntos,</p>
<p>No pienso yo valer más</p>
<p>Que todos los hombres juntos.</p>
<p>Ni haré guerra a las mujeres</p>
<p>Por negarme sus placeres</p>
<p>Si tengo el cuerpo ridículo</p>
<p>Y no suple mi gaveta</p>
<p>Al mal gesto de mi cara.</p>
<p>¡Cosa rara&#8230;</p>
<p>Llamarme el mundo poeta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque me entiendan me afano,</p>
<p>Y aunque parezca mancilla,</p>
<p>Quiero hablar en castellano,</p>
<p>Pues mi lengua es de Castilla.</p>
<p>Si es oscuro mi concepto,</p>
<p>No acuso al lector de inepto,</p>
<p>Ni llamando al pueblo bárbaro</p>
<p>Cuando un drama no le peta,</p>
<p>La atrabilis se me exalta;</p>
<p>¡Y no falta</p>
<p>Quien diga que soy poeta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ya, ¡voto a Garcilaso!&#8230;</p>
<p>No entiendo la poesía.</p>
<p>¿Por dónde se va al Parnaso?</p>
<p>¿Quién me alumbra? ¿Quién me guía?</p>
<p>¿Qué es el verso? ¿Qué es el drama?</p>
<p>¿Qué es la virtud? ¿Qué es la fama?</p>
<p>O ciertos vates novísimos</p>
<p>Han perdido la chaveta,</p>
<p>O se engaña el Ateneo,</p>
<p>Según veo,</p>
<p>Cuando me llama poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No Es Oro Todo Lo Que Reluce</strong></h3>
<p>Soberbio escudo;</p>
<p>Campo de gules;</p>
<p>Aquí banderas;</p>
<p>Más allá cruces;</p>
<p>Y la corona</p>
<p>Que ciñen duques;</p>
<p>Landó soberbio,</p>
<p>Gran servidumbre;</p>
<p>Y en letras gordas:</p>
<p>«¡Alto!, no subes</p>
<p>Si antes no hablas,</p>
<p>Oh transeúnte,</p>
<p>Con mi portero</p>
<p>Domingo Núñez».</p>
<p>Pero juzgado</p>
<p>Por sus costumbres,</p>
<p>Ese heredero</p>
<p>De hombres ilustres</p>
<p>Tiene más vicios</p>
<p>Que ellos virtudes.</p>
<p>No es oro todo</p>
<p>Lo que reluce.</p>
<p>¡Qué buen sujeto</p>
<p>Don Gil Bermúdez!</p>
<p>Su bolsa franca,</p>
<p>Su trato dulce,</p>
<p>Su humor festivo&#8230;</p>
<p>¡Si es un estuche!</p>
<p>Y no haya miedo</p>
<p>Que a nadie insulte;</p>
<p>Y nadie paga</p>
<p>Donde él rebulle;</p>
<p>Y con las mozas</p>
<p>¡Lo que él consume!&#8230;</p>
<p>Pero a su casa</p>
<p>Vaya el que guste;</p>
<p>Vea a su esposa,</p>
<p>Vea y pregunte&#8230;</p>
<p>Bella, apacible</p>
<p>Como un querube,&#8230;</p>
<p>La mata el Judas</p>
<p>A pesadumbres.</p>
<p>No es oro todo</p>
<p>Lo que reluce.</p>
<p>Largo mostacho;</p>
<p>Voz que te aturde;</p>
<p>Torva mirada</p>
<p>Que te confunde;</p>
<p>Tiemblan las gentes</p>
<p>Cuando él escupe.</p>
<p>Denle cien hombres</p>
<p>De los que él busque,</p>
<p>Y los rebeldes</p>
<p>Veréis cuál huyen:</p>
<p>De una carrera</p>
<p>Se van a Túnez.</p>
<p>Pues ese Aquiles,</p>
<p>Saco de embustes,</p>
<p>Ni ha visto balas</p>
<p>Ni olido azufre;</p>
<p>Y sus proezas&#8230;</p>
<p>¡Que las anuncien</p>
<p>Los hospitales</p>
<p>Y los tahúres!</p>
<p>No es oro todo</p>
<p>Lo que reluce.</p>
<p>«¡Vengan reformas!</p>
<p>¡Fuera gandules!</p>
<p>¡Qué de empleados!</p>
<p>No hay quien los sume.</p>
<p>Son sanguijuelas</p>
<p>Que nos destruyen.</p>
<p>Yo soy patriota</p>
<p>Y hombre de luces;</p>
<p>Y me postergan;</p>
<p>Quieren que ayune&#8230;</p>
<p>¡Esto no marcha!</p>
<p>Y el que lo sufre&#8230;»</p>
<p>Así don Santos</p>
<p>Me hablaba el lunes;</p>
<p>Mas, ya empleado</p>
<p>Junto a la cumbre,</p>
<p>«¡Prudencia!, grita;</p>
<p>La ley se cumple;</p>
<p>Todo va bueno;</p>
<p>Nada se mude».</p>
<p>No es oro todo</p>
<p>Lo que reluce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Pacto Amoroso</strong></h3>
<p>No me pidas rubíes ni esmeraldas;</p>
<p>Que no me inclina a dádivas mi estrella;</p>
<p>No te ofendas si en brazos de otra bella</p>
<p>Me ciñe amor de lúbricas guirnaldas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No extrañes que te vuelva las espaldas,</p>
<p>Si responder me enfada a tu querella;</p>
<p>Ni con celoso ardor sigas mi huella;</p>
<p>Ni me cosas, oh Mónica, a tus faldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya que no abras la puerta a mi porfía</p>
<p>No me cites de noche a tu terrero;</p>
<p>Que me expongo a traidora pulmonía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En fin no hables de boda, que prefiero</p>
<p>Cadenas arrastrar en Berbería&#8230;;</p>
<p>¡Y tú verás, mi bien, cuánto te quiero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Revolución!</strong></h3>
<p>No nos cansemos,</p>
<p>¡Qué!&#8230; No, señor.</p>
<p>Si ha de salvarse</p>
<p>Nuestra nación,</p>
<p>Fuera sistemas:</p>
<p>Todo es error.</p>
<p>Sólo hay un medio.</p>
<p>¡Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el Estatuto</p>
<p>Nos redimió,</p>
<p>De augusta Reina</p>
<p>Gratuito don.</p>
<p>Si algo le falta,</p>
<p>Las Cortes&#8230; —¡No!</p>
<p>Mejor es una</p>
<p>¡Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la templanza</p>
<p>No te agradó,</p>
<p>Ahora que reina</p>
<p>La exaltación&#8230;</p>
<p>Ni los de antaño,</p>
<p>Ni los de hoy;</p>
<p>Ni erres, ni haches.</p>
<p>¡Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya. Tú quisieras</p>
<p>Nuevo vigor</p>
<p>Dar a la antigua</p>
<p>Constitución;</p>
<p>Y aunque la pobre</p>
<p>Ya va de dos</p>
<p>Que&#8230; —No. Yo quiero</p>
<p>¡Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán majestuoso</p>
<p>Relumbra el sol</p>
<p>Tras del nublado</p>
<p>Que da pavor!</p>
<p>¡Qué paz, qué dicha,</p>
<p>Pueblo español,</p>
<p>Tras de agitada</p>
<p>Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con un bautismo</p>
<p>De sangre, atroz,</p>
<p>Se purga España;</p>
<p>Y entonces, ¡oh!&#8230;</p>
<p>¿Y entrar no temen</p>
<p>En el crisol</p>
<p>Los que desean</p>
<p>Revolución?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y no sería</p>
<p>Mucho mejor</p>
<p>Paz que no diezme</p>
<p>La población?</p>
<p>—¡Si no es posible!</p>
<p>¡Si es de rigor</p>
<p>La consabida</p>
<p>Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Confianza, tropas,</p>
<p>Resignación,</p>
<p>Hilas, dinero,&#8230;</p>
<p>¡Todo lo doy!</p>
<p>¿Qué más de Iberia</p>
<p>Queréis? ¡Gran Dios!</p>
<p>Queremos que haya&#8230;</p>
<p>Revolución.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y ha sido floja</p>
<p>La que se armó</p>
<p>Desde la muerte</p>
<p>De aquel Borbón?</p>
<p>¿O el cielo acaso.</p>
<p>Nos decretó</p>
<p>Cada mes una</p>
<p>Revolución?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hablemos claro.</p>
<p>Tanto fervor</p>
<p>Es porque el puesto</p>
<p>Que Juan logró,</p>
<p>Compadre Curro,</p>
<p>Quereisle vos.</p>
<p>¡Oh qué gloriosa</p>
<p>Revolución!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Pecados Necios Y Gustos Depravados</strong></h3>
<p>¡Oh qué tonto es don Andrés,</p>
<p>Que gasta el oro sin tasa,</p>
<p>Y arruina tal vez su casa</p>
<p>Por titularse marqués</p>
<p>Y ponerse cruz al pecho!</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toda una noche bailando</p>
<p>Pasa Luis. ¡Necia manía!</p>
<p>¿Cuánto mejor no estaría</p>
<p>A pierna suelta roncando</p>
<p>En caliente y blando lecho?</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh avaricia siempre ciega!</p>
<p>¡Que se exponga don Cenón</p>
<p>A perder fama y bastón</p>
<p>Por ganar media talega</p>
<p>En un infame cohecho!</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Clara, ¿y de ti qué diré</p>
<p>Si con muleta te veo</p>
<p>Por llevar en el paseo</p>
<p>Sobre largo y ancho pie</p>
<p>Zapato corto y estrecho?</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Posible es que don Jeromo,</p>
<p>Aunque ve menguar sus rentas,</p>
<p>Cuando viene a darle cuentas</p>
<p>Su rollizo mayordomo</p>
<p>Firme como en un barbecho?</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Casose Fabio con Juana</p>
<p>Sin tener un solo ochavo;</p>
<p>Mas ¡la amaba tanto&#8230; Bravo!</p>
<p>¡Viva el amor! Si mañana</p>
<p>Se colgare de despecho,</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si quiere usted, camarada,</p>
<p>Con toros entrar en lid,</p>
<p>Cuando al mejor adalid</p>
<p>Le alumbran una cornada</p>
<p>Por el costado derecho,</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en busca de un gazapillo</p>
<p>Que cuesta poco en la plaza</p>
<p>Sale don Martín a caza</p>
<p>Y vuelve con tabardillo,</p>
<p>Bien, su gusto ha satisfecho.</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuando menos lo espera</p>
<p>Se le hunde la casa a Antón</p>
<p>Por no gastar un doblón</p>
<p>En reparar la gotera</p>
<p>Que abrió una rata en el techo,</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si leyendo esta letrilla</p>
<p>Exclama un lector adusto:</p>
<p>¡Pésimo estilo! ¡Mal gusto!</p>
<p>Más graciosa y más sencilla</p>
<p>Mi pluma la hubiera hecho,</p>
<p>Buen provecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los Yertos Aquilones</strong></h3>
<p>¿Oyes bramar, serrana,</p>
<p>Los yertos aquilones</p>
<p>Que el enconado invierno</p>
<p>Desata de los montes?</p>
<p>¡Desolación amarga!</p>
<p>Del campo los verdores</p>
<p>Ya el crudo hielo torna</p>
<p>En áridos terrones.</p>
<p>¿Adónde, adónde huyeron</p>
<p>Las matizadas flores?</p>
<p>Los sazonados frutos</p>
<p>Del rico otoño ¿adónde?</p>
<p>Mira a aquel arroyuelo</p>
<p>Gemir entre prisiones;</p>
<p>Mira al olmo copado</p>
<p>Desnudo, seco y pobre.</p>
<p>Ni cantan ya las aves,</p>
<p>Ni tienden ya veloces</p>
<p>Sus alas por el viento,</p>
<p>Región negada al hombre.</p>
<p>Ni el blando caramillo</p>
<p>Resuenan los pastores,</p>
<p>Ni vaga susurrando</p>
<p>La abeja por el bosque.</p>
<p>Avara sus riquezas</p>
<p>Naturaleza esconde,</p>
<p>Y en soledad y nieve</p>
<p>Se pierde el horizonte.</p>
<p>El sol como asombrado</p>
<p>Más presuroso corre,</p>
<p>Y vela opaca niebla</p>
<p>Sus rayos creadores.</p>
<p>Todo es terror el cielo,</p>
<p>Todo es silencio el orbe,</p>
<p>Y si hórrido es el día,</p>
<p>Más hórrida la noche.</p>
<p>¿Y aún del amor, serrana,</p>
<p>Esquivas los arpones?</p>
<p>¿Quién vive en el invierno,</p>
<p>Quién vive sin amores?</p>
<p>No más a mi ternura</p>
<p>Tu pecho sea bronce;</p>
<p>Verás como burlamos</p>
<p>Del tiempo los rigores.</p>
<p>Si piensas que te miento,</p>
<p>Pregúntaselo a Clori,</p>
<p>Y a Laura, y a Dalmira;</p>
<p>Verás que te responden:</p>
<p>«Serrana, no hay hoguera</p>
<p>Como abrazar a un hombre</p>
<p>Cuando enconados braman</p>
<p>Los yertos aquilones».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Quien No Quiera Polvo</strong></h3>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>¡Ay, que di mi corazón</p>
<p>A una bella presumida,</p>
<p>Tan frívola, que me olvida</p>
<p>Por bailar un rigodón!</p>
<p>Esta tirana pasión</p>
<p>Me aflige y me desespera.</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Piedad de mí mentecato</p>
<p>Que, porque rica la vi,</p>
<p>A una vieja me vendí</p>
<p>Que padecía de flato;</p>
<p>¡Y se murió abintestato</p>
<p>En la semana primera!</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anoche, ¡oh suerte fatal!</p>
<p>Por seguir una judía</p>
<p>Perdí el oro que tenía</p>
<p>En un garito infernal;</p>
<p>Y, amén de eso, hasta el portal</p>
<p>Rodé luego la escalera.</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, que en los brazos de Elisa,</p>
<p>Que ríe de mi aflicción,</p>
<p>Me he dejado la opinión,</p>
<p>La salud y la camisa!</p>
<p>Hoy todo el mundo me pisa:</p>
<p>¿Quién ayer me lo dijera?</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, que por llamar cornudo</p>
<p>A un ricacho, que lo es,</p>
<p>En la cárcel como ves</p>
<p>Me voy quedando desnudo!</p>
<p>Y gracias que no saludo</p>
<p>El Peñón de la Gomera.</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Mi marido Beltrán,</p>
<p>Después que en celos me abrasa,</p>
<p>Me da los palos sin tasa</p>
<p>Y por adarmes el pan.</p>
<p>¡Maldito sea mi afán!&#8230;</p>
<p>Mejor me estaba soltera.</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>No vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay cuán mísero he nacido!</p>
<p>Oigo riña, aprieto el paso;</p>
<p>Llego, grito, no hacen caso;</p>
<p>Y cuando a la paz convido</p>
<p>Un garrotazo perdido</p>
<p>Viene a abrirme la mollera.</p>
<p>Quien no quiera polvo</p>
<p>Yo vaya a la era.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ventura Conyugal. En El Álbum De Una Muy Bella Dama, Amiga Mía</strong></h3>
<p>Recuerdo en este instante,</p>
<p>Bellísima Dolores,</p>
<p>Que tu amable marido</p>
<p>Es diputado a Cortes;</p>
<p>Y a fuer de buen patriota</p>
<p>Y orador no mediocre,</p>
<p>Es pro-hombre  entre tantos</p>
<p>Como son pobres-hombres.</p>
<p>Él se honra en el Congreso,</p>
<p>Y honra a los electores,</p>
<p>Y yo también me honro</p>
<p>Con ensalzar sus dotes.</p>
<p>Pero aunque es diputado,</p>
<p>Y mas que fuera prócer,</p>
<p>Su mayor gloria funda</p>
<p>En tener tal consorte.</p>
<p>¿Qué mucho? Te ama tierno,</p>
<p>Y tú lo correspondes,</p>
<p>Y tu alma no inficiona</p>
<p>La peste de la Corte.</p>
<p>¡Ay! el que no es dichoso,</p>
<p>En los tiempos que corren,</p>
<p>Dentro de sus hogares,</p>
<p>¿Dónde ha de serlo, dónde?</p>
<p>Yo con la edad curado</p>
<p>De vanas ilusiones;</p>
<p>Que es viejo en este siglo</p>
<p>Quien fuera en otros joven,</p>
<p>Huyendo de tribunas</p>
<p>Y de áulicos salones,</p>
<p>A la quietud me atengo</p>
<p>De mi casita pobre.</p>
<p>Aquí con mi morena,</p>
<p>Fiel, cariñosa y dócil,</p>
<p>Tal soy, que me envidiaran</p>
<p>Los príncipes del orbe.</p>
<p>¡Feliz, breve asamblea</p>
<p>Do nadie está discorde,</p>
<p>Ni hay míseros vencidos</p>
<p>Ni fieros vencedores!</p>
<p>Aquí sin embusteros</p>
<p>Taquígrafos veloces,</p>
<p>Ni tribunas que silben,</p>
<p>Ni maceros que estorben,</p>
<p>Amor presenta leyes</p>
<p>Que excusan discusiones.</p>
<p>¿Qué mucho, si ambos Cuerpos</p>
<p>Están siempre conformes?</p>
<p>No consta a quién incumbe</p>
<p>La iniciativa, porque</p>
<p>Aquí no hay Estatuto,</p>
<p>Ni carta, ni año doce;</p>
<p>Mas puedo asegurarte,</p>
<p>Así Dios me perdone,</p>
<p>Que la palabra veto</p>
<p>Aquí no se conoce.</p>
<p>Ni son jamás dañinas</p>
<p>Las interpelaciones;</p>
<p>Ni hay derecha ni zurda,</p>
<p>Radicales, ni Tories;</p>
<p>Ni nadie cabecea,</p>
<p>Gruñe, bosteza, o tose;&#8230;</p>
<p>Y eso, que son a veces</p>
<p>Muy largas las sesiones;</p>
<p>Ni nimio reglamento</p>
<p>Nuestros debates rompe,</p>
<p>Ni hay en fin campanillas</p>
<p>Que nos llamen al orden.</p>
<p>Vale más, y concluyo,</p>
<p>Bellísima Dolores,</p>
<p>Ser marido dichoso</p>
<p>Que diputado a Cortes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Recuerdos De Un Baile De Máscaras</strong></h3>
<p><em>A Dorila</em></p>
<p>Yo no sé cómo mi acento</p>
<p>Te diga que al ciego niño</p>
<p>Por ti rendido me siento,</p>
<p>Porque me sobra cariño,</p>
<p>Y me falta atrevimiento.</p>
<p>Por más que el temor me enfrena,</p>
<p>Callar no puedo la pena</p>
<p>En que por tus ojos vivo;</p>
<p>Que el más humilde cautivo</p>
<p>Gime al son de la cadena.</p>
<p>Mas ¿quién me asegura, di,</p>
<p>Que si te digo: «¡ay hermosa!,</p>
<p>Muero de amores por ti»,</p>
<p>Con sonrisa desdeñosa</p>
<p>No te has de mofar de mí?</p>
<p>Mientras halla mi talento</p>
<p>Algún término a esta lucha</p>
<p>Que me da fiero tormento,</p>
<p>Hermosa Dorila, escucha,</p>
<p>Que voy a contarte un cuento.</p>
<p>Érase que se era un baile</p>
<p>Donde yo también dancé,</p>
<p>(Si danzar aquello fue)</p>
<p>Porque nunca he sido fraile,</p>
<p>Ni lo soy, ni lo seré.</p>
<p>Allí estaba media Europa,</p>
<p>Medio mundo. ¡Qué de trajes!</p>
<p>Y entre galopa  y galopa</p>
<p>Cegríes y abencerrajes</p>
<p>Bebían en una copa.</p>
<p>Abriendo paso los codos</p>
<p>Corrían de ceca en meca,</p>
<p>Alegres y no beodos,</p>
<p>Dido, Cleopatra, Rebeca,</p>
<p>Cimbros, lombardos y godos.</p>
<p>La música hacía son,</p>
<p>Y bailaban la mazurca</p>
<p>Sin maldita la aprensión</p>
<p>Un paleto y una turca,</p>
<p>Una china y un valón.</p>
<p>Otros van al ambigú</p>
<p>Y entre damas y clientes</p>
<p>Consumen medio Perú.</p>
<p>¡Y qué llaneza de gentes!</p>
<p>Todos se hablaban de tú.</p>
<p>Allí el gigante, el enano,</p>
<p>La ochentona, la pupila,</p>
<p>El agreste, el cortesano;</p>
<p>Todos, ¿lo creerás, Dorila?</p>
<p>Tenían voz de soprano.</p>
<p>¡Cuánta cabeza al través!</p>
<p>¡Cuánta farsa de entremés!</p>
<p>¡Oh qué de figuras raras!&#8230;</p>
<p>Todas, todas con dos caras.</p>
<p>Y algunas tenían tres.</p>
<p>No se andaban por las ramas</p>
<p>Más de cuatro mozalbetes,</p>
<p>Y entre galanes y damas</p>
<p>Llovían los epigramas</p>
<p>Y los dimes y diretes.</p>
<p>Te digo a fe de varón</p>
<p>Que no sé cómo describa</p>
<p>Tan amable confusión,</p>
<p>Y tanto dulce empellón</p>
<p>Por activa y por pasiva.</p>
<p>No faltó algún colegial</p>
<p>Que viendo tanto bullicio</p>
<p>Dijo con voz doctoral:</p>
<p>Este es el final del juicio,</p>
<p>Si no es el juicio final.</p>
<p>Dudé yo si aquel salón</p>
<p>De palaciegos sería;</p>
<p>Y no extrañes mi opinión,</p>
<p>Porque a millares había</p>
<p>Semblantes de quita y pon.</p>
<p>¿Cuándo se ha visto en Iberia</p>
<p>Reír con la cara seria?</p>
<p>¿Quién muestra el rostro sereno</p>
<p>Con un áspid en el seno?</p>
<p>Pues de todo hubo en la feria.</p>
<p>¡Qué estrepitosa alegría!</p>
<p>¡Qué broma! ¡Qué algarabía!</p>
<p>¿Quién no estaba divertido?</p>
<p>Sólo algún sandio marido</p>
<p>O bostezaba o gruñía.</p>
<p>Muchas hembras con tesón</p>
<p>Conservaban el cartón;</p>
<p>Y otras muchas al instante</p>
<p>Lo apartaban del semblante:</p>
<p>Todas con mucha razón.</p>
<p>Todo allí se confundía:</p>
<p>La viuda con la doncella;</p>
<p>La sobrina con la tía;</p>
<p>La horrorosa con la bella;</p>
<p>La paloma con la arpía.</p>
<p>¡Oh! si te contara yo</p>
<p>Milagros de una careta,</p>
<p>Prodigios de un dominó&#8230;</p>
<p>Detente, lengua indiscreta.</p>
<p>¿Chismecillos? Eso no.</p>
<p>«Farsas, caretas&#8230; ¿Hay tal?</p>
<p>En vez de pintar su amor,</p>
<p>Un baile de Carnaval</p>
<p>Me pinta ese buen señor»,</p>
<p>Dirás tú ahora. —Cabal.</p>
<p>Temo que un no me escarmiente</p>
<p>Y busco rodeos mil;</p>
<p>Mas ¿qué amador es prudente?</p>
<p>Huyendo del perejil</p>
<p>Me va a salir en la frente.</p>
<p>Has de saber que en la sala,</p>
<p>Volviendo al baile y al cuento,</p>
<p>Me embromó cierta zagala</p>
<p>Que era de gracia un portento</p>
<p>Y de hermosura y de gala.</p>
<p>Desnudo el brazo de nieve,</p>
<p>Ceñía airoso corpiño</p>
<p>Aquella cintura leve.</p>
<p>La madre del ciego niño</p>
<p>Con menos gracia la mueve.</p>
<p>Peine de plata labrada</p>
<p>Con gentileza prendía</p>
<p>Su cabellera trenzada,</p>
<p>Y el propio metal lucía</p>
<p>En una y otra arracada.</p>
<p>No pintaré su primor;</p>
<p>Que aquel dorado cabello</p>
<p>Me parecía mejor,</p>
<p>Y aquel torneado cuello</p>
<p>Es plata de más valor.</p>
<p>De matizado percal</p>
<p>Era el limpio zagalejo,</p>
<p>Y a su talle celestial</p>
<p>Daba más brío y gracejo</p>
<p>El ligero delantal.</p>
<p>Aunque envidioso cubría</p>
<p>Cándido cendal su pecho,</p>
<p>¡Ay! yo vi cómo latía,</p>
<p>Y en mi amoroso despecho</p>
<p>¡Mal haya el cendal! decía.</p>
<p>Mostraba el pie sin cautela,</p>
<p>Y algo más, la alegre saya;</p>
<p>Y, aunque soy buen centinela,</p>
<p>Aun decía yo: ¡Mal haya</p>
<p>Tanta abundancia de tela!</p>
<p>La careta que llevaba</p>
<p>Apenas sus labios rojos</p>
<p>Como al descuido enseñaba,</p>
<p>Y dos rayos en sus ojos</p>
<p>Con que mil almas llagaba.</p>
<p>¡Cuán grato y suave su aliento</p>
<p>Llenaba de aroma el aire,</p>
<p>Mi corazón de contento!</p>
<p>¡Cuál brillaba su donaire</p>
<p>En el menor movimiento!</p>
<p>No se muestra tan lozana</p>
<p>Al despuntar la mañana</p>
<p>La gaya rosa de Abril,</p>
<p>Cual mi máscara gentil,</p>
<p>Cual mi fresca valenciana.</p>
<p>¡Qué garbo! ¡Qué bizarría!</p>
<p>¡Qué despejo de mozuela!</p>
<p>¡A cuántas sonrojaría</p>
<p>En la huerta de Orihuela,</p>
<p>Y en la playa de Gandía!</p>
<p>Yo le dije mil amores,</p>
<p>Que no tuvo por agravios,</p>
<p>Porque, grata a mis loores,</p>
<p>Las palabras de sus labios</p>
<p>Fueron otras tantas flores.</p>
<p>Su mórbida mano hermosa</p>
<p>Me abandonó generosa;</p>
<p>Yo en las mías la estreché,</p>
<p>Y aun en mi fiebre amorosa</p>
<p>Jurara que la besé.</p>
<p>Depuesto el cartón esquivo,</p>
<p>Vi luego en su cara bella</p>
<p>Tan poderoso atractivo,</p>
<p>Que desde entonces sin ella,</p>
<p>Dorila hermosa, no vivo.</p>
<p>Y este imán de mi deseo,</p>
<p>Tesoro de los placeres,</p>
<p>Envidia de las mujeres</p>
<p>Y de los hombres recreo&#8230;,</p>
<p>Dorila amable, tú eres.</p>
<p>He aquí mi cuento acabado.</p>
<p>¡Ah! no me muestres ahora</p>
<p>El lindo rostro enojado;</p>
<p>No la que esperaba aurora</p>
<p>Se torne fiero nublado.</p>
<p>Si eres conmigo inhumana,</p>
<p>Si mi esperanza aniquila</p>
<p>Tu tibieza cortesana,</p>
<p>Me quejaré de Dorila</p>
<p>A mi dulce valenciana.</p>
<p>Otra vez dame la mano,</p>
<p>Y tú verás cuán ufano</p>
<p>El néctar en ella bebo&#8230;,</p>
<p>Aunque te cubras de nuevo</p>
<p>Ese rostro soberano.</p>
<p>Niégueme Dorila  el sí</p>
<p>Y, pues mi bien sólo fundo</p>
<p>En la máscara que vi,</p>
<p>Sé Dorila  para el mundo;</p>
<p>Valenciana  para mí.</p>
<p>¡Ah! no imites por mi mal,</p>
<p>Pues tu hermosura me hechiza,</p>
<p>Esa costumbre fatal</p>
<p>De convertir en ceniza</p>
<p>Las glorias de Carnaval.</p>
<p>Y si al fin me has de afligir</p>
<p>Con un no; si desdeñado</p>
<p>Decretas verme morir&#8230;,</p>
<p>Haz cuenta que te he contado</p>
<p>Un cuento para dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Salgamos de Madrid!</strong></h3>
<p>Si es verdad, mi dulce Flérida,</p>
<p>Que tu corazón angélico</p>
<p>Corresponde al fuego plácido</p>
<p>Con que te amo hasta los tuétanos,</p>
<p>Sube conmigo a la góndola</p>
<p>Y caminito de Arévalo</p>
<p>De Madrid salgamos prófugos:</p>
<p>Que es pueblo dañino y pérfido.</p>
<p>Rápidos como la pólvora</p>
<p>Huyamos del vulgo tétrico</p>
<p>De poetillas misántropos,</p>
<p>Plañidores y epilépticos,</p>
<p>Que, maldiciendo sacrílegos</p>
<p>Del buen Horacio y su método,</p>
<p>Llaman talento a la crápula</p>
<p>Y creación al retruécano,</p>
<p>E invocando al hondo Tártaro</p>
<p>Con chirridos de murciélago,</p>
<p>Fulminan rudas apóstrofes</p>
<p>Contra el pobre humano género;</p>
<p>Que apenas pasiega bárbara</p>
<p>Los emancipa del cuévano,</p>
<p>Pesa la vida en sus vértebras</p>
<p>Como el Etna sobre Encélado.</p>
<p>Huyamos del Judas íntimo</p>
<p>Que al amigo franco y crédulo</p>
<p>Prodiga falaces ósculos</p>
<p>Y después le quita el crédito.</p>
<p>No oigamos la necia cháchara</p>
<p>De aquel orador acéfalo,</p>
<p>Que presume de Demóstenes</p>
<p>Y no sabe los pretéritos.</p>
<p>Huyamos de esos apóstatas</p>
<p>Que gritando a ignaro séquito:</p>
<p>«¡Viva la patria y su código!&#8230;»,</p>
<p>La venden después a Wellington.</p>
<p>Un ¡adiós!, y sea el último,</p>
<p>A esa caterva de médicos</p>
<p>Que si visitan diez prójimos</p>
<p>Dan con los nueve en el féretro;</p>
<p>Y al que la echó de demócrata,</p>
<p>Y hoy con sus estafas, émulo</p>
<p>De ricos-hombres y príncipes,</p>
<p>Arrastra carrozas de ébano;</p>
<p>¡Y niega un pan a los míseros</p>
<p>En cuyos hombros intrépidos</p>
<p>Se alzó a grandeza ridícula</p>
<p>muy superior a su mérito!</p>
<p>¡Fuego al proyectista trápala</p>
<p>A quien das el oro inédito,</p>
<p>Fiado en sus lindos cálculos</p>
<p>Que pintan seguro el éxito!;</p>
<p>Y luego figura pérdidas</p>
<p>En la bolsa o en el piélago.</p>
<p>Y sólo cobras en lágrimas</p>
<p>El capital y los réditos.</p>
<p>¡Maldición al vil hipócrita</p>
<p>Que bajo exterior ascético</p>
<p>Cubre la avaricia escuálida</p>
<p>Con que despoja a los huérfanos!</p>
<p>No más Madrid; que su atmósfera</p>
<p>Impregnan vapores fétidos,</p>
<p>Y es laberinto de crímenes</p>
<p>Más confuso que el de Dédalo.</p>
<p>¿Qué importa a placeres frívolos</p>
<p>Renunciar? Sin tanto estrépito</p>
<p>Podemos vivir más prósperos</p>
<p>En cualquier parte&#8230;; en Cintruénigo.</p>
<p>Bástanos cabaña rústica</p>
<p>Bajo limpio sol benéfico</p>
<p>Donde nuestro amor sin límites</p>
<p>Nunca desmaye decrépito;</p>
<p>Y bajo los verdes árboles</p>
<p>Oler de la rosa el pétalo</p>
<p>Y oír a la viuda tórtola</p>
<p>Fiar sus quejas al Céfiro;</p>
<p>O a la mariposa aligera</p>
<p>Perseguir con vano anhélito</p>
<p>De la clavellina al pámpano</p>
<p>Y del tomillo al orégano;</p>
<p>Y así en ventura recíproca,</p>
<p>Sin enemigos malévolos,</p>
<p>Con serenidad de espíritu</p>
<p>Llegar de la vida al término.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Sea En Hora Buena!</strong></h3>
<p>Siempre que tiene una broma</p>
<p>El señor don Juan, me olvida</p>
<p>Como si estuviera en Roma;</p>
<p>¡Y a un entierro me convida</p>
<p>Para matarme de pena!</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después de melindres mil</p>
<p>Canta Celestina el dúo</p>
<p>Que le han puesto en el atril;</p>
<p>Y aunque canta como un búho</p>
<p>Todos la llaman sirena.</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cien abejas sin reposo</p>
<p>Labrando a porfía están</p>
<p>El dulce panal sabroso.</p>
<p>¡Ay, que un zángano holgazán</p>
<p>Se ha de tragar la colmena!</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre a su semejante</p>
<p>Mueve guerra furibundo,</p>
<p>Cual si no fuera bastante</p>
<p>Para despoblar el mundo</p>
<p>El escuadrón de Avicena.</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay en España usureros,</p>
<p>Hay esbirros a montones,</p>
<p>Y chalanes y venteros;</p>
<p>¡Y dicen que los ladrones</p>
<p>Están en Sierramorena!</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano a tu puerta, Conde,</p>
<p>Llegan los pobres desnudos;</p>
<p>Que el perro sólo responde;</p>
<p>¡Y gastas dos mil escudos</p>
<p>En un baile y una cena!</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta por hoy de sermón.</p>
<p>Aquí mi pluma suspendo</p>
<p>Hasta mejor ocasión.</p>
<p>Si el vicio en vano reprendo,</p>
<p>Y escribo sobre la arena,</p>
<p>Sea en hora buena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Noche De Broma</strong></h3>
<p>Sepa el curioso lector</p>
<p>Que el señor don Nicolás</p>
<p>De Tolentino García</p>
<p>Es un señor muy formal.</p>
<p>Ítem más: es contador,</p>
<p>Y lo era treinta años ha,</p>
<p>De un conde&#8230; de no sé cuántos,</p>
<p>Que nunca supo contar.</p>
<p>Ítem más: ama en extremo</p>
<p>A Inés, su dulce mitad,</p>
<p>Aunque ésta tiene un compadre</p>
<p>Con el ítem de galán.</p>
<p>Ítem más: su dulce Inés</p>
<p>Manda al buen don Nicolás,</p>
<p>Y él dice: en eso consiste</p>
<p>La ventura conyugal.</p>
<p>La casa de Su Excelencia</p>
<p>Me toca a mí manejar,</p>
<p>Y ella maneja la mía:</p>
<p>No hay cosa más natural.</p>
<p>¡Oh! y ella sabe de cuentas,</p>
<p>Y es mucha su habilidad</p>
<p>En las reglas sobre todo</p>
<p>De dividir y restar.</p>
<p>Ítem más: el consabido</p>
<p>Tiene diez vástagos ya;</p>
<p>Sí, señor; que también sabe</p>
<p>Su esposa multiplicar.</p>
<p>Ítem más: tiene un sobrino</p>
<p>Que come como un gañán:</p>
<p>Ítem más: una cuñada&#8230;</p>
<p>¡Este sí que es ítem más!</p>
<p>Ítem: la contaduría</p>
<p>Da a toda esta gente pan,</p>
<p>Porque en la partida doble</p>
<p>Es ducho don Nicolás.</p>
<p>Ayer, que fue su cumpleaños</p>
<p>(Y en esto no hay que admirar,</p>
<p>Porque hay contador de grande</p>
<p>Que es casi una eternidad),</p>
<p>Con danza y broma nocturna</p>
<p>Lo quiso solemnizar,</p>
<p>Y convidó a sus amigos</p>
<p>Y a toda la vecindad.</p>
<p>Yo vivo en el cuarto bajo</p>
<p>Y él habita el principal,</p>
<p>Y fui por tanto admitido</p>
<p>En su amable sociedad.</p>
<p>Dos docenas de mozuelas</p>
<p>Deseosas de bailar,</p>
<p>Unas codiciando amante</p>
<p>Y otras por tenerle ya:</p>
<p>Otros tantos señoritos</p>
<p>Que con talante marcial</p>
<p>Por no haber sillas vacantes</p>
<p>Iban de acá para allá:</p>
<p>Las madres en el brasero</p>
<p>Hablando del temporal,</p>
<p>De tenderos y criadas,</p>
<p>de alguna enfermedad:</p>
<p>Cuatro viejos que bostezan,</p>
<p>Y engolfados acullá</p>
<p>Otros cuatro en el tresillo</p>
<p>Regañando por un real:</p>
<p>Los diez vástagos citados,</p>
<p>De trece años el que más,</p>
<p>Y otros seis de los vecinos</p>
<p>Armando un ruido infernal.</p>
<p>He aquí bien numerada</p>
<p>La concurrencia ítem más:</p>
<p>El compadre de Inesita,</p>
<p>Que se me olvidaba ya.</p>
<p>Debiendo advertir que un decem-</p>
<p>Viro de menor edad</p>
<p>De los ya citados (y era</p>
<p>El más grato a la mamá);</p>
<p>Digo que un rapaz de aquellos,</p>
<p>¡Notable casualidad!</p>
<p>Se parecía al compadre</p>
<p>Del señor don Nicolás.</p>
<p>Más de una hora pasó</p>
<p>Celebrando cada cual</p>
<p>Los hechizos infantiles</p>
<p>Del consabido rapaz.</p>
<p>¡Con qué gracia el angelito</p>
<p>Gritaba, comía pan!</p>
<p>A uno le pedía cuartos;</p>
<p>A otro le ensuciaba el frac&#8230;</p>
<p>Hizo treguas un momento,</p>
<p>Cansado ya de jugar,</p>
<p>Mientras todos celebraban</p>
<p>Su viveza natural.</p>
<p>Vaya, haz algo; no te duermas;</p>
<p>Vaya, luego dormirás,</p>
<p>Le decía doña Inés,</p>
<p>Con ternura maternal.</p>
<p>¿Y qué hace entonces Carlitos?</p>
<p>Levanta la mano y ¡zas!</p>
<p>Sacude una bofetada</p>
<p>A su hermanito carnal.</p>
<p>El pobre Juan&#8230;, ya se ve,</p>
<p>Coge y échase a llorar,</p>
<p>Y su madre le regaña;</p>
<p>Y ¿qué ha de hacer? Llora más.</p>
<p>Calla, ¡mal criado! ¡Bruto!</p>
<p>¡Si me duele! ¡Voto a san&#8230;!</p>
<p>¡Calla! ¡Vete! ¡Lucifer!&#8230;</p>
<p>Este hijo me va a matar.</p>
<p>En fin, sobre el bofetón</p>
<p>Llevó su azotaina Juan&#8230;</p>
<p>¡Y era un sol el pobrecillo!</p>
<p>¡Y parecido a papá!</p>
<p>Al cabo de media hora</p>
<p>Se restableció la paz,</p>
<p>Y otra media se pasó</p>
<p>En mirarnos y callar.</p>
<p>¿Cuándo se baila, señores?</p>
<p>Dijo yo. ¡Fatalidad!</p>
<p>Los músicos no vinieron.</p>
<p>Aun faltaba este ítem más.</p>
<p>Una guitarra con muermo</p>
<p>Lo pudo al fin remediar,</p>
<p>Y se bailó un rigodón</p>
<p>Con harta dificultad.</p>
<p>Quiso obsequiarme Inesita</p>
<p>Dándome para bailar</p>
<p>Una intendenta honoraria</p>
<p>Con más años que el Corán.</p>
<p>Y aun pensó hacerme Inesita</p>
<p>Una gracia singular;</p>
<p>Que la intendenta era allí</p>
<p>La primera autoridad.</p>
<p>Un zángano de treinta años,</p>
<p>Entre mico y sacristán,</p>
<p>Bailó luego la gavota</p>
<p>Con una niña, y muy mal.</p>
<p>Pero como así lo mandan</p>
<p>Las leyes de urbanidad,</p>
<p>Fui cómplice a mi despecho</p>
<p>Del aplauso universal.</p>
<p>—Que cante ahora Luisita.</p>
<p>—¡No, no! Me voy a cortar.</p>
<p>—¡Que cante! —¡Si estoy tan ronca!</p>
<p>—¡La modestia! —No, no tal.</p>
<p>—Una coplita del Chairo.</p>
<p>Te acompañará don Blas.</p>
<p>—Con mucho gusto. —No, no:</p>
<p>La guitarra está fatal.</p>
<p>—¡Con una voz tan bonita!</p>
<p>—¡Que no! Otro día será.</p>
<p>—¡Vaya! Una copla siquiera.</p>
<p>¿Nos quiere usted dejar mal?</p>
<p>—Bien, ya que ustedes lo exigen&#8230;</p>
<p>Pero ¡si no sé cantar!</p>
<p>—Señorita, ¡por favor!</p>
<p>Señorita, ¡por piedad!</p>
<p>—Yo solo sé cantar arias.</p>
<p>—Y yo las sé acompañar.</p>
<p>No hay excusa. —¡Qué porfía!</p>
<p>—¡Si luego se burlarán&#8230;</p>
<p>Yo no sé si estoy en voz.</p>
<p>—Pruébela usted con don Blas.</p>
<p>—Bien: hablen ustedes fuerte;</p>
<p>No me oigan talarear.</p>
<p>Después de veinte minutos</p>
<p>De probar el mi  y el la,</p>
<p>Y de templar la guitarra,</p>
<p>Y de volverla a templar,</p>
<p>Impone don Blas silencio</p>
<p>A toda la sociedad;</p>
<p>Se suena Luisita, tose,</p>
<p>Y decídese a cantar.</p>
<p>Mas con labio balbuciente</p>
<p>Y enredando con el chal,</p>
<p>Apenas aulló el andante</p>
<p>De una voce poco fa.</p>
<p>No hubo fuerzas que la hiciesen</p>
<p>Hasta el alegro avanzar.</p>
<p>Me da vergüenza; no puedo;</p>
<p>¡Bah! No hay que cansarse; ¡bah!</p>
<p>En esto dieron las doce</p>
<p>Y empezó el ceremonial</p>
<p>De despedidas y besos,</p>
<p>Y lo de esta casa está&#8230;</p>
<p>Yo que no era de los que&#8230;</p>
<p>Se quedaban a cenar,</p>
<p>Sin decir Dios guarde a ustedes</p>
<p>Di a correr hasta el zaguán</p>
<p>Y tal estoy de la broma,</p>
<p>Que antes me dejo empalar</p>
<p>Que otra vez ser convidado</p>
<p>De ningún don Nicolás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Vio A Don Pedro Don Vicente</strong></h3>
<p>Vio a don Pedro don Vicente</p>
<p>Saliendo de San Basilio,</p>
<p>De vuelta a su domicilio,</p>
<p>Y le dijo lo siguiente:</p>
<p>«Perico, aquello da grima.</p>
<p>Mientras yo, que soy tan franco,</p>
<p>Corría de banco  en banco</p>
<p>Otro se llevó la PRIMA.</p>
<p>Perdí la Comodidad,</p>
<p>Y ¿adónde diablos se fue,</p>
<p>Que por más que la busqué</p>
<p>No di con la Probidad?</p>
<p>Allí está sudando tinta</p>
<p>La prensada Ilustración,</p>
<p>Y Agrícola  en un rincón</p>
<p>Viendo si pinta o no pinta.</p>
<p>¿Qué oigo! ¡Brava pelotera</p>
<p>Se va armando en Ultramar!</p>
<p>¡Cuánto lo va a celebrar</p>
<p>La melosa Azucarera!</p>
<p>Para eso la Propietaria</p>
<p>Tiene el corazón tan ancho</p>
<p>Que promete a cada Sancho</p>
<p>Su ínsula Barataria,</p>
<p>¡Fuego! ¡Fuego!&#8230; ¡Dios del Cid!</p>
<p>Arderemos en sus fraguas</p>
<p>Si no lo apagan las Aguas&#8230;</p>
<p>Que han de traer a Madrid.</p>
<p>Y entre tanto a todos mima</p>
<p>La PRIMA de varios modos,</p>
<p>Y aunque es tan liviana, todos</p>
<p>Se desviven por la PRIMA.</p>
<p>Una ráfaga violenta</p>
<p>Vino después en mal hora</p>
<p>Y se oscurece la Aurora.</p>
<p>Y el Iris  de paz se ahuyenta.</p>
<p>Y vana es la Actividad</p>
<p>En tan fatal coyuntura,</p>
<p>Aunque el Áncora  procura</p>
<p>Conjurar la tempestad.</p>
<p>Clamo, tiemblo, titubeo</p>
<p>Como una puerta sin gonces&#8230;</p>
<p>¡Quién me hubiera dado entonces</p>
<p>El camino de Langreo!</p>
<p>Llamado el Gas  en su ayuda</p>
<p>Fluctúa mi navecilla</p>
<p>Entre el Puente de Sevilla</p>
<p>Y las Aguas de la Puda.</p>
<p>Llego a la altura de Ujíjar,</p>
<p>Y si no rezo el trisagio</p>
<p>Inminente era el naufragio</p>
<p>En el Pantano de Níjar</p>
<p>Otra vez el Iris  sale,</p>
<p>Y mi alma cobra Fomento</p>
<p>Cuando juguete del viento</p>
<p>Daba ya mi último Vale.</p>
<p>¡Ay! si muero en la jornada</p>
<p>El fisco mi haber enfeuda,</p>
<p>Porque aunque tengo una deuda</p>
<p>Es muy desinteresada.</p>
<p>Mas no que aludo a la PRIMA</p>
<p>De mis pecados entiendas,</p>
<p>Mujer de tan bajas prendas</p>
<p>Que a todo el que da se arrima.</p>
<p>Reniego de ella, y me fundo</p>
<p>En su notoria falsía.</p>
<p>¿Cómo ha de ser prima  mía</p>
<p>La que lo es de todo el mundo?</p>
<p>¡Vieras luego allí qué acopios</p>
<p>Para dentro de dos meses,</p>
<p>Los unos contra los Treses,</p>
<p>¡Los Treses  contra los Propios!</p>
<p>¡Vieras la extraña liturgia</p>
<p>Con que allí más de un estulto</p>
<p>Rindo fervoroso culto</p>
<p>A madama Metalurgia!&#8230;</p>
<p>La Zapa  a muchos atrapa,</p>
<p>Pero al volver de los dados</p>
<p>No faltan escarmentados</p>
<p>Que digan ¡zape! a la Zapa.</p>
<p>¡Qué corrillos, qué capítulos!</p>
<p>Y nada de democracia,</p>
<p>Porque todos (¡vaya en gracia!)</p>
<p>Andan a caza de Títulos.</p>
<p>Ya nadan en pesos duros</p>
<p>Los Seguros de la vida;</p>
<p>Ya teme al hacha homicida</p>
<p>La vida de los Seguros.</p>
<p>Bocas hablan cuatrocientas</p>
<p>A un tiempo: quién de Trasportes,</p>
<p>Quién de cuentas a las Cortes,</p>
<p>Quién de cortes a las cuentas.</p>
<p>Pero nuevas maravillas</p>
<p>Preveo. Ese hombre (¡mirad!)</p>
<p>Teme a la Publicidad</p>
<p>Y consulta a las Cabrillas.</p>
<p>¡Y con qué solicitud</p>
<p>A los párvulos obliga</p>
<p>Doña Sociedad, amiga</p>
<p>De la tierna juventud!</p>
<p>¡Y la condenada PRIMA,</p>
<p>Incorregible ramera,</p>
<p>Se prostituye a cualquiera</p>
<p>Sobre la inmunda tarima!</p>
<p>¿Qué escucho! Ladran los perros,</p>
<p>Y al ruido del esquilón</p>
<p>Confuso se mezcla un son</p>
<p>De flautas y de cencerros.</p>
<p>Es una boda: ella y él</p>
<p>Ganan con el yugo blando:</p>
<p>Rico aunque viejo es Fernando,</p>
<p>Bella y lozana Isabel.</p>
<p>Vamos, si ella se acomoda</p>
<p>Y encuentra el viejo un puntal&#8230;</p>
<p>¡Quién me diera, pesia tal,</p>
<p>Los billetes  de la boda!</p>
<p>Mas dejemos al anciano</p>
<p>Cayéndosele la baba.</p>
<p>¿Te acuerdas del que gritaba:</p>
<p>A Madrid traigo en la mano?</p>
<p>Pues no lo tomes a broma,</p>
<p>Porque hoy en una cartera</p>
<p>Cabe la Sierra Almagrera</p>
<p>Sin faltar punto ni coma.</p>
<p>Y yo sé de un adalid</p>
<p>Que se mete en el bolsillo</p>
<p>Desde el Rastro hasta el Barquillo</p>
<p>A la Villa de Madrid.</p>
<p>¿Y viajar? ¡Me río yo!&#8230;</p>
<p>Hay hombre que en dos minutos</p>
<p>Se traslada a pies enjutos</p>
<p>De Avilés  a Mataró;</p>
<p>Y otro sentado en su silla</p>
<p>Remoja más de una vez</p>
<p>El camino de Aranjuez</p>
<p>En el canal de Castilla.</p>
<p>Y en todo danza la PRIMA,</p>
<p>Y todo el mundo la explota,</p>
<p>Y a manera de pelota</p>
<p>Ya está debajo, ya encima.</p>
<p>Armado con un Martillo</p>
<p>Anda por allí muy tieso</p>
<p>El ciudadano Progreso</p>
<p>Que escupe por el colmillo.</p>
<p>Mas quien llama la atención</p>
<p>Y es de todos festejado</p>
<p>Es un señor muy finchado</p>
<p>Que llaman monsieur Cupón.</p>
<p>Y mientras campa la PRIMA,</p>
<p>Buenafé, incauta doncella,</p>
<p>Siempre saca alguna mella</p>
<p>Si toma parte en la esgrima.</p>
<p>Ni al que de astuto blasona</p>
<p>Siempre su estrategia vale,</p>
<p>Pues alguna vez le sale</p>
<p>La criada respondona:</p>
<p>Que allí el Similia Similibus</p>
<p>Abunda, y es personaje</p>
<p>De cuenta un tal AGIOTAJE&#8230;,</p>
<p>Como quien dice Agibilibus».</p>
<p>Más dijera don Vicente</p>
<p>Si rápido como el viento</p>
<p>No cruzara un Tres-por-ciento</p>
<p>Atropellando a la gente.</p>
<p>Dio fin con un ¡guarda, Pablo!,</p>
<p>Tomando por otra vía,</p>
<p>A su extraña algarabía</p>
<p>De que no entendí vocablo.</p>
<p>Pero entré luego en la estancia</p>
<p>De donde mi hombre salió,</p>
<p>Y un Corredor  me sacó</p>
<p>De mi feliz ignorancia.</p>
<p>Allí supe ¡ay, a mi costa!,</p>
<p>Merced a mi mala maña,</p>
<p>Que de las plagas de España</p>
<p>No es la peor la langosta.</p>
<p>Allí aumenté por mi mal</p>
<p>La turba inocente y crédula</p>
<p>Que piensa que es una Cédula</p>
<p>La piedra filosofal.</p>
<p>Allí en una Operación</p>
<p>Que me costó algunos miles</p>
<p>Supe que hay más de un Aquiles</p>
<p>Vulnerable en el Talón.</p>
<p>Allí (y con esta plumada</p>
<p>Pongo término a la rima)</p>
<p>Entré a buscar una PRIMA</p>
<p>Y pagué, ¡ay Dios! la primada.</p>
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		<title>Poemas de Gaspar Núñez de Arce</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 03:34:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) gran influyente de la literatura y política española de finales del siglo XIX. Se le reconoce como el máximo exponente de la poesía civil y filosófica, alejándose del sentimentalismo postromántico para abrazar un estilo sobrio, reflexivo y de impecable factura técnica. Su obra cumbre, Gritos del combate (1875), [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de Gaspar Núñez de Arce</strong> (1834-1903) gran influyente de la literatura y política española de finales del siglo XIX. Se le reconoce como el máximo exponente de la <strong>poesía civil y filosófica</strong>, alejándose del sentimentalismo postromántico para abrazar un estilo sobrio, reflexivo y de impecable factura técnica.</p>
<p>Su obra cumbre, <strong><em>Gritos del combate</em></strong> (1875), captura las crisis ideológicas, las dudas religiosas y las tensiones sociales de la España de la Restauración. Núñez de Arce utilizó el verso como una herramienta de análisis cívico, enfrentando el escepticismo frente al progreso. Además de su labor lírica, destacó como dramaturgo y político, desempeñando cargos como Gobernador Civil y Ministro de Ultramar. Su legado reside en haber dotado a la lírica de una <strong>gravedad ética</strong> y profundidad intelectual únicas en su tiempo.</p>
<h3><strong>A Darwin</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¡Gloria al genio inmortal! Gloria</p>
<p>al profundo</p>
<p>Darwin, que de este mundo</p>
<p>penetra el hondo y pavoroso arcano!</p>
<p>¡Que, removiendo lo pasado incierto,</p>
<p>sagaz ha descubierto</p>
<p>el abolengo del linaje humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Puede el necio exclamar en su locura:</p>
<p>«¡Yo soy de Dios hechura!»</p>
<p>y con tan alto origen darse tono.</p>
<p>¿Quién, que estime su crédito y su nombre,</p>
<p>no sabe que es el hombre</p>
<p>la natural transformación del mono?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Con meditada calma y paso a paso,</p>
<p>cual reclamaba el caso,</p>
<p>llegó a tal perfección un mono viejo;</p>
<p>y la vivaz materia por sí sola</p>
<p>le suprimió la cola,</p>
<p>le ensanchó el cráneo y le afeitó el pellejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Esa invisible fuerza creadora,</p>
<p>siempre viva y sonora,</p>
<p>música, verbo, pensamiento alado;</p>
<p>ese trémulo acento en que la idea</p>
<p>palpita y centellea</p>
<p>como el soplo de Dios en lo creado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>hablo de Dios, porque lo exige el metro,</p>
<p>mas tu perdón impetro</p>
<p>(¡oh formidable secta darviniana!)</p>
<p>Ese sonido como el sol fecundo,</p>
<p>que vibra en todo el mundo</p>
<p>y resplandece en la palabra humana;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>esa voz, llena de poder y encanto,</p>
<p>ese misterio santo,</p>
<p>lazo de amor, espíritu de vida,</p>
<p>ha sido el grito de la bestia hirsuta,</p>
<p>en la cóncava gruta</p>
<p>de los ásperos bosques escondida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>¡Ay! Si es verdad lo que la ciencia enseña,</p>
<p>¿por qué se agita y sueña</p>
<p>el hombre, de su paz fiero enemigo?</p>
<p>¿A qué aspira? ¿Qué anhela? ¿Qué es, en suma,</p>
<p>el genio que le abruma?</p>
<p>¿Fuerza o debilidad? ¿Premio o castigo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>Honor, virtud, ardientes devaneos,</p>
<p>imposibles deseos,</p>
<p>loca ambición, estéril esperanza;</p>
<p>horrible tempestad que eternamente</p>
<p>perturbas nuestra mente,</p>
<p>con acentos de amor o de venganza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>conciencia del deber que nos oprimes,</p>
<p>ilusiones sublimes</p>
<p>que a más alta región tendéis el vuelo:</p>
<p>¿Qué sois? ¿Adónde vais? ¿Por qué os sentimos?</p>
<p>¿Por qué crimen perdimos</p>
<p>la inocencia brutal de nuestro abuelo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>X</p>
<p>Ajeno a todo inescrutable arcano,</p>
<p>nuestro Adán cuadrumano</p>
<p>en las selvas perdido y en los montes,</p>
<p>de fijo no estudiaba ni entendía</p>
<p>esta filosofía</p>
<p>que abre al dolor tan vastos horizontes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XI</p>
<p>Independiente y libre en la espesura,</p>
<p>no sufrió la amargura</p>
<p>que nos quema y devora las entrañas.</p>
<p>Dábanle el bosque entretejidas frondas,</p>
<p>el río claras ondas,</p>
<p>aire sutil y puro las montañas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XII</p>
<p>la tierra, a su elección, como en tributo</p>
<p>dulce y sabroso fruto,</p>
<p>música el viento susurrante y vago;</p>
<p>su luz fecunda el sol esplendoroso,</p>
<p>la noche su reposo</p>
<p>y limpio espejo el cristalino lago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIII</p>
<p>En su pelliza natural envuelto,</p>
<p>gozaba alegre y suelto</p>
<p>de su querida libertad salvaje.</p>
<p>Aún no grababa figurines Francia,</p>
<p>y en su rústica estancia</p>
<p>lo que la vida le duraba el traje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIV</p>
<p>Desconoció la púrpura y la seda</p>
<p>no inventó la moneda</p>
<p>para adorarla envilecido y ciego,</p>
<p>ni se dejó coger, como un idiota,</p>
<p>por una infame sota</p>
<p>en la red del amor o en la del juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XV</p>
<p>No turbaron su paz ni su apetito</p>
<p>este anhelo infinito,</p>
<p>esta pena tan honda como aguda.</p>
<p>¡Ay! ni a pedazos le arrancó del alma</p>
<p>su candorosa calma,</p>
<p>el demonio implacable de la duda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVI</p>
<p>Y en esas lentas y nocturnas horas</p>
<p>negras, abrumadoras,</p>
<p>en que la angustia nos desgarra el pecho,</p>
<p>con tu mirada impenetrable y triste</p>
<p>nunca te apareciste</p>
<p>¡oh desesperación! junto a su lecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVII</p>
<p>No buscó los laureles del poeta,</p>
<p>ni en su ambición inquieta</p>
<p>alzó sobre cadáveres un trono.</p>
<p>No le acosó remordimiento alguno.</p>
<p>No fue rey, ni tribuno,</p>
<p>¡ni siquiera elector!… ¡Dichoso mono!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVIII</p>
<p>En la copa de un árbol suspendido</p>
<p>y con la cola asido,</p>
<p>extraño a los halagos de la fama,</p>
<p>sin pensar en la tierra ni en el cielo,</p>
<p>nuestro inocente abuelo</p>
<p>la vida se pasó de rama en rama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIX</p>
<p>Tal vez enardecida y juguetona,</p>
<p>alguna virgen mona</p>
<p>prendiole astuta en sus amantes lazos,</p>
<p>y más fiel que su nieta pervertida,</p>
<p>ni le amargó la vida,</p>
<p>ni le hirió el corazón con sus abrazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XX</p>
<p>Y allí, bajo la bóveda azulada,</p>
<p>en la verde enramada,</p>
<p>a la sonora margen de los ríos,</p>
<p>adormecidos con los trinos suaves</p>
<p>de las canoras aves,</p>
<p>ocultas en los árboles sombríos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXI</p>
<p>allí donde la gran Naturaleza</p>
<p>descubre la belleza</p>
<p>de su seno inmortal, siempre fecundo,</p>
<p>en deliquios ardientes y amorosos,</p>
<p>los dos tiernos esposos</p>
<p>engendraron al árbitro del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXII</p>
<p>¡Al árbitro del mundo!… ¡Qué sarcasmo!</p>
<p>Perdido el entusiasmo,</p>
<p>sin esperanza en Dios, sin fe en sí mismo,</p>
<p>cuando le borre su divino emblema,</p>
<p>esa ciencia blasfema,</p>
<p>como la piedra rodará al abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIII</p>
<p>Caerá de sus altares el Derecho</p>
<p>por el turbión deshecho;</p>
<p>la Libertad sucumbirá arrollada.</p>
<p>Que cuando el alma humana se obscurece,</p>
<p>sólo prospera y crece</p>
<p>la fuerza audaz, de crímenes cargada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIV</p>
<p>¡Ay, si al romper su religioso yugo,</p>
<p>gusta el pueblo del jugo</p>
<p>que en esa ciencia pérfida se esconde!</p>
<p>¡Ay, si olvidando la celeste esfera,</p>
<p>el hijo de la fiera</p>
<p>sólo a su instinto natural responde!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXV</p>
<p>¡Ay, si recuerda que en la selva umbría</p>
<p>la bestia no tenía</p>
<p>ni Dios, ni ley, ni patria, ni heredades!</p>
<p>Entonces la revuelta muchedumbre</p>
<p>quizás, Europa, alumbre</p>
<p>con el voraz incendio tus ciudades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVI</p>
<p>¡Batid gozosos las sangrientas manos</p>
<p>déspotas y tiranos!</p>
<p>Ya entre el tumulto vuestra faz asoma.</p>
<p>Que el hombre a la razón dobla su frente;</p>
<p>mas sólo el hierro ardiente</p>
<p>la hambrienta rabia de las fieras doma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Emilio Castelar</strong></h3>
<p>¡Ya triunfó la república! Has vencido.</p>
<p>Tras prolongada y mísera agonía</p>
<p>lanzó a tus plantas el postrer gemido</p>
<p>nuestra sacra y gloriosa monarquía.</p>
<p>No vino a tierra como el cedro erguido</p>
<p>que el huracán y el rayo desafía:</p>
<p>cayó como la mustia y débil hoja</p>
<p>de que en Octubre el árbol se despoja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿Esta sociedad que desespera,</p>
<p>logrará acaso tiempos más felices,</p>
<p>porque haya muerto, sin luchar siquiera</p>
<p>la tradición excelsa que maldices?</p>
<p>¿Se desplomó quizás porque tuviera</p>
<p>podrido el tronco y secas las raíces?</p>
<p>¿Fue su impensada y rápida caída,</p>
<p>torpe venganza o pena merecida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al paso que se extingue y desvanece</p>
<p>como el último rayo vespertino,</p>
<p>renace el orden y la paz florece,</p>
<p>es que cumplió la ley de su destino.</p>
<p>Pero si la tormenta se embravece,</p>
<p>si nos arrolla el raudo torbellino,</p>
<p>si no se aclara el porvenir incierto,</p>
<p>entonces es que asesinada ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras el cielo mi conciencia guarde,</p>
<p>jamás se apartará de mi memoria</p>
<p>aquella triste y vergonzosa tarde</p>
<p>baldón eterno de la patria historia,</p>
<p>en que un Senado imbécil o cobarde</p>
<p>vendió sin fruto y entregó sin gloria,</p>
<p>cediendo a los estímulos del miedo,</p>
<p>el trono secular de Recaredo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No nació la república, gloriosa,</p>
<p>formidable y potente en lid reñida,</p>
<p>ni cual del casto cáliz de la rosa</p>
<p>la pura esencia en ondas esparcida.</p>
<p>Brotó de aquella tarde ignominiosa</p>
<p>como brota la sangre de la herida,</p>
<p>y como en medio de mortales dudas</p>
<p>nació de un beso la traición de Judas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡Quién tuviese la robusta vena</p>
<p>de aquel ilustre historiador romano,</p>
<p>que en libros inmortales encadena</p>
<p>los fieros monstruos del linaje humano!</p>
<p>Mi pluma entonces… ¡pero no! La pena</p>
<p>que envilece al león, honra al gusano:</p>
<p>nunca la ruin bajeza ha merecido</p>
<p>censura eterna, sino eterno olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez ceñida de fulgentes galas</p>
<p>forjose tu ilusión que en pleno día</p>
<p>la república, austera como Palas,</p>
<p>del cerebro del pueblo surgiría.</p>
<p>Tal vez pensaste que al tender sus alas</p>
<p>paz y ventura y luz derramaría,</p>
<p>siendo para tu fama ¡oh nuevo Orfeo!</p>
<p>la honrada encarnación de tu deseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el llanto no te ciega, en torno mira</p>
<p>ya tu inspirada voz no la conmueve,</p>
<p>ya tu templanza se convierte en ira,</p>
<p>ya revienta el volcán bajo la nieve.</p>
<p>Ya ha arrebatado tu sonora lira</p>
<p>la desgreñada Musa de la plebe;</p>
<p>ya suena, en vez de tu rotunda estrofa,</p>
<p>brutal insulto y sanguinaria mofa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya con sordo fragor se precipita</p>
<p>y mueve a Dios desesperada guerra,</p>
<p>la santa cruz de los sepulcros quita,</p>
<p>vuelca las aras y los templos cierra.</p>
<p>Ya con furor satánico medita,</p>
<p>no sólo echar a Cristo de la tierra,</p>
<p>sino dejar en su insensato anhelo</p>
<p>mudo y vacío y solitario el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Inútil presunción! Cuando mañana</p>
<p>se agoste, como yerba el poderío</p>
<p>de esta generación soberbia y vana</p>
<p>que lanza a Dios su imbécil desafío;</p>
<p>cuando de su grandeza soberana</p>
<p>quede el polvo no más, árido y frío,</p>
<p>¡tú, redentora cruz! ¡tú, santo leño,</p>
<p>sobre las tumbas guardarás su sueño!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Valor, Emilio! El pueblo se desborda</p>
<p>y nuestra gloria secular destruye.</p>
<p>¡Ya no existe el ejército! ¡Ya es horda</p>
<p>la que fue hueste, y se desmanda y huye!</p>
<p>La anarquía los ámbitos asorda,</p>
<p>la honrada libertad se prostituye,</p>
<p>y óyense los aullidos de la hiena,</p>
<p>en Alcoy, en Montilla, en Cartagena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu voz, que siempre condenó la saña</p>
<p>de la turba feroz, de nuevo estalle,</p>
<p>y vibre como el trueno en la montaña</p>
<p>y el bronce de los templos en el valle.</p>
<p>La triste España, nuestra madre España,</p>
<p>se desangra entre el cieno de la calle;</p>
<p>ebrio el desorden la denuesta y hiere.</p>
<p>Agonizando está. ¡Sálvala, o muere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A España</strong></h3>
<p>Roto el respeto, la obediencia rota,</p>
<p>de Dios y de la ley perdido el freno,</p>
<p>vas marchando entre lágrimas y cieno,</p>
<p>y aire de tempestad tu rostro azota.</p>
<p>Ni causa oculta, ni razón ignota</p>
<p>busques al mal que te devora el seno;</p>
<p>tu iniquidad, como sutil veneno,</p>
<p>las fuerzas de tus músculos agota.</p>
<p>No esperes en revuelta sacudida</p>
<p>alcanzar el remedio por tu mano</p>
<p>¡oh sociedad rebelde y corrompida!</p>
<p>Perseguirás la libertad en vano,</p>
<p>que cuando un pueblo la virtud olvida,</p>
<p>lleva en sus propios vicios su tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la muerte de don Antonio Ríos Rosas</strong></h3>
<p>¡Cayó como la piedra en la laguna</p>
<p>con recio golpe en la insondable fosa!</p>
<p>Ya no levantará tormenta alguna</p>
<p>su elocuencia, vibrando en la tribuna,</p>
<p>como el rayo terrible y luminosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Triste destino de la gloria humana</p>
<p>tan costosa, tan mísera y tan vana!</p>
<p>¡Ayer grandeza, y entusiasmo, y ruido;</p>
<p>hoy tributo de lágrimas; mañana</p>
<p>hondo silencio, y soledad, y olvido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la infinita sed que nos aqueja,</p>
<p>¿qué es nuestra vida? El sueño de un momento,</p>
<p>onda que pasa, sombra que se aleja,</p>
<p>ave tímida y muda que no deja</p>
<p>ni el rastro de sus alas en el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas, cuántas memorias arrebata</p>
<p>nuestra viviente y rauda catarata!</p>
<p>¿Qué es el mártir? ¿Qué el genio? ¿Qué el tirano</p>
<p>en el torrente del linaje humano,</p>
<p>que al través de los tiempos se dilata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La secular encina, siempre verde,</p>
<p>de sus marchitos frutos se despoja</p>
<p>sin que nadie, mirándola, recuerde</p>
<p>ni el seco ramo, ni la inútil hoja</p>
<p>que en su invisible crecimiento pierde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo es misterio, vértigo y locura!</p>
<p>La vida frágil, el renombre incierto,</p>
<p>y la tremenda eternidad obscura…</p>
<p>Sólo podemos dar a los que han muerto,</p>
<p>con fe piadosa, honrada sepultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El la tendrá con lágrimas regada.</p>
<p>¿Cómo olvidar tan pronto, patria mía,</p>
<p>la imperiosa atracción de su mirada,</p>
<p>su voz, su ardiente voz, rígida espada</p>
<p>que al chocar y al herir resplandecía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces imagino que aún le veo</p>
<p>erguirse reposado y pensativo,</p>
<p>y a un tiempo mismo Tácito y Tirteo,</p>
<p>arrostrar el contrario clamoreo,</p>
<p>cuanto más acosado más altivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con fuerza potentísima y secreta</p>
<p>brotaban de su espíritu fecundo</p>
<p>el dardo agudo, la alusión discreta,</p>
<p>la cólera inspirada del poeta</p>
<p>y la sentencia del varón profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el peligro, enérgico y valiente,</p>
<p>jamás cedió su varonil denuedo,</p>
<p>ni se dejó arrastrar por la corriente;</p>
<p>nunca dobló su poderosa frente</p>
<p>ante los vanos ídolos del miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Noble y robusto vástago de aquella</p>
<p>viril generación, que al mundo vino</p>
<p>cuando, impulsado por su infausta estrella,</p>
<p>marcó en España su iracunda huella</p>
<p>el rayo de la guerra y del destino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando de su letargo despertaba</p>
<p>la nación de Lepanto y de Pavía,</p>
<p>y en lid ardiente, inextinguible y brava,</p>
<p>mostró con su tesón que no quería</p>
<p>vivir sin honra, ni morir esclava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida entre el tumulto y el fracaso</p>
<p>de una lucha titánica y suprema,</p>
<p>esa generación que hacia su ocaso</p>
<p>dirige el triste y vacilante paso,</p>
<p>es el himno triunfal de aquel poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrojada y resuelta cual ninguna,</p>
<p>como engendrada en tan heroico empeño,</p>
<p>templola en sus rigores la fortuna,</p>
<p>la ronca tempestad meció su cuna</p>
<p>y el eco del cañón la arrulló el sueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre en la brecha y siempre enardecida,</p>
<p>sin temor al destierro ni al verdugo,</p>
<p>con estoico desprecio de la vida</p>
<p>rompió, lidiando, el ominoso yugo</p>
<p>que soportaba España envilecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su entusiasta afán en los extremos</p>
<p>amasó con la sangre de sus venas</p>
<p>la libertad que a su valor debemos.</p>
<p>¡Hoy nosotros, sus hijos, no tenemos</p>
<p>ni esperanza, ni fe, ni patria apenas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El genio nacional, antes dormido</p>
<p>en la profunda noche del olvido,</p>
<p>llenó los aires con su voz sonora,</p>
<p>como el alegre pájaro en el nido</p>
<p>cuando le llama la rosada aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué espontáneo y feliz renacimiento!</p>
<p>¡Qué pléyada de artistas y escritores!</p>
<p>En la luz, en las ondas, en el viento</p>
<p>hallaba inspiración el pensamiento,</p>
<p>gloria el soldado y el pintor colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Larra, Pacheco, Rivas, Espronceda,</p>
<p>Olózaga, Donoso, Avellaneda,</p>
<p>y cien nombres, orgullo de la historia,</p>
<p>ya son polvo no más! ¡Ya su memoria</p>
<p>sólo en el pueblo que ilustraron queda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Su memoria mortal, que se derrumba</p>
<p>al impulso del siglo! Eco postrero</p>
<p>de su apagada voz, sordo retumba</p>
<p>en el helado mármol de la tumba,</p>
<p>y se pierde en los ámbitos ligero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando, vertiendo silencioso llanto,</p>
<p>vuelvo a mi Edad la vista atribulada,</p>
<p>siento a la vez indignación y espanto.</p>
<p>¡Cómo pensar, generación menguada,</p>
<p>que en pocos lustros descendieras tanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestros padres con ánimo sereno</p>
<p>hallaron en los campos de pelea</p>
<p>algo fecundo, provechoso y bueno.</p>
<p>Nosotros, sumergidos en el cieno,</p>
<p>no encontramos un hombre ni una idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su aliento generoso y esforzado,</p>
<p>de Cádiz a las cumbres del Pirene</p>
<p>avivó el fuego del honor sagrado.</p>
<p>Hoy la estéril república no tiene</p>
<p>ni un cantor, ni un artista, ni un soldado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni nos defiende ya, ni el golpe embota</p>
<p>partido en mil pedazos nuestro escudo.</p>
<p>El vulgo, el necio vulgo nos azota:</p>
<p>yace el arte decrépito, está mudo</p>
<p>el genio, el arpa destemplada y rota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguien con torpe y mentiroso halago,</p>
<p>en busca del aplauso apetecido,</p>
<p>agitó el fondo del impuro lago,</p>
<p>¡ay! y el vapor del fango removido</p>
<p>sólo engendra la peste y el estrago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú dormirás en paz ¡oh varón fuerte!</p>
<p>con el sol de la patria que declina.</p>
<p>Y es venturosa y envidiable suerte</p>
<p>reposar en los brazos de la muerte,</p>
<p>cuando todo es dolor, vergüenza y ruina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú de este triste y borrascoso drama</p>
<p>sacaste el puro corazón ileso.</p>
<p>Otros, que el pueblo alborotado aclama,</p>
<p>no dormirán tranquilos bajo el peso,</p>
<p>bajo el peso terrible de su fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la patria: Himno con motivo de la paz</strong></h3>
<p>Dorando la alta cumbre</p>
<p>la ansiada aurora llega,</p>
<p>y ante la viva lumbre</p>
<p>que el ancho espacio anega,</p>
<p>cobarde se repliega</p>
<p>la densa obscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya baña el horizonte</p>
<p>la luz que Dios envía:</p>
<p>ya mar, y valle y monte</p>
<p>colora el nuevo día.</p>
<p>Ya todo es alegría.</p>
<p>¡Poetas, despertad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La paz tiende su manto</p>
<p>desde el Pirene a Gades:</p>
<p>alzad el himno santo</p>
<p>en campos y en ciudades,</p>
<p>y admire a las edades</p>
<p>vuestro inmortal clamor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ascienda en raudo vuelo</p>
<p>la voz de la alabanza;</p>
<p>como cóndor que al cielo</p>
<p>intrépido se lanza.</p>
<p>Cantad a la esperanza:</p>
<p>yo cantaré al dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es que al deber ajeno</p>
<p>desdeñe la ventura</p>
<p>que de tu herido seno</p>
<p>las penas templa y cura.</p>
<p>Alma tan seca y dura</p>
<p>no alienta ¡oh Patria! en mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acaso al ver hollada</p>
<p>tu majestad suprema,</p>
<p>¿no fue mi lira espada?</p>
<p>mi voz ¿no fue anatema?</p>
<p>Aún mis mejillas quema</p>
<p>el llanto que vertí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Soy el poeta, acaso,</p>
<p>de las felices horas,</p>
<p>que calla en el ocaso</p>
<p>y canta en las auroras?</p>
<p>¿No estalla, cuando lloras,</p>
<p>mi ardiente indignación?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hoy que conseguiste</p>
<p>cobrar el bien perdido,</p>
<p>y espléndida, aunque triste,</p>
<p>la paz ha renacido,</p>
<p>canto al dolor, que ha sido,</p>
<p>tu santa redención.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enigma de la Historia</p>
<p>y escándalo del mundo,</p>
<p>de tu pasada gloria</p>
<p>so el árbol infecundo,</p>
<p>yacías en profundo</p>
<p>letargo secular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del fanatismo esclava,</p>
<p>en noche eterna y fría,</p>
<p>tan sólo iluminaba</p>
<p>tu mísera agonía,</p>
<p>la lámpara que ardía</p>
<p>delante del altar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdida en tu camino</p>
<p>y a obscuras tu conciencia,</p>
<p>el arte sin destino,</p>
<p>sin libertad la ciencia,</p>
<p>tu antigua omnipotencia</p>
<p>no renació jamás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pirámide ostentosa</p>
<p>alzada en el desierto,</p>
<p>do incógnita reposa</p>
<p>la vanidad de un muerto,</p>
<p>¡oh Patria! tu famosa</p>
<p>grandeza era no más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llamando con su espada</p>
<p>de súbito a tu puerta,</p>
<p>gritó la inesperada</p>
<p>catástrofe: —¡Despierta!—</p>
<p>y el águila su abierta</p>
<p>garra en tu pecho hincó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh asombro! Bajo el fiero</p>
<p>dolor de la ancha herida</p>
<p>tus músculos de acero.</p>
<p>cobraron nueva vida:</p>
<p>rugiste enfurecida</p>
<p>y el águila tembló.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdona si la austera</p>
<p>verdad acato y digo:</p>
<p>dolor que regenera</p>
<p>es premio y no castigo.</p>
<p>Confieso que contigo</p>
<p>inexorable fue.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando te vio a la falda</p>
<p>del monte soñolienta,</p>
<p>tendió sobre tu espalda</p>
<p>su azote y la tormenta:</p>
<p>te exasperó la afrenta,</p>
<p>y te pusiste en pie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ardieron tus hogares,</p>
<p>y con mortal quebranto</p>
<p>corrió la sangre a mares</p>
<p>mezclada con tu llanto.</p>
<p>¡Cuánto sufriste, y cuánto</p>
<p>duró tu adversidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero pasó el torrente,</p>
<p>el sol doró tus ruinas,</p>
<p>y excelsa, refulgente,</p>
<p>aunque ciñendo espinas,</p>
<p>apareció en Oriente</p>
<p>tu augusta libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! Desde entonces luchas</p>
<p>con la traidora hiena,</p>
<p>y su rugido escuchas</p>
<p>impávida y serena.</p>
<p>Tres veces en la arena</p>
<p>domaste su furor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando tus ansias cesen,</p>
<p>y en tiempos más felices</p>
<p>honrados hijos besen</p>
<p>tus santas cicatrices,</p>
<p>verás como bendices</p>
<p>los frutos del dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él con potente mano</p>
<p>labra, organiza y crea</p>
<p>cuando en el yunque humano</p>
<p>con hondo afán golpea</p>
<p>para forjar la idea</p>
<p>que es vida, es verbo, es luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que dichosos duermen</p>
<p>no sueñan con el cielo:</p>
<p>siempre el dolor fue germen</p>
<p>de algún gigante anhelo,</p>
<p>y Dios, bajando al suelo,</p>
<p>le consagró en la Cruz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mi musa: Con motivo de los terremotos de Andalucía</strong></h3>
<p>¡Oh Musa, que en el combate</p>
<p>de la vida, no has tenido,</p>
<p>a tu honor rindiendo culto,</p>
<p>lisonjas para el magnate</p>
<p>injurias para el vencido,</p>
<p>ni aplausos para el tumulto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en días de pelea,</p>
<p>si la lástima no embota</p>
<p>ni embarga tu pensamiento,</p>
<p>hoy alza tu canto, y sea</p>
<p>un gemido cada nota</p>
<p>y cada estrofa un lamento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante el inmenso quebranto</p>
<p>de la hermosa Andalucía,</p>
<p>da curso a tu angustia fiera;</p>
<p>pero no te impida el llanto</p>
<p>proclamar ¡oh Musa mía!</p>
<p>la verdad, siempre severa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tus sentimientos acalla,</p>
<p>porque el celo inmoderado</p>
<p>al mísero desvanece,</p>
<p>y en esta humana batalla</p>
<p>quien adula al desgraciado</p>
<p>no le anima: le envilece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dile más bien: «—¡Adelante!</p>
<p>Cumple tu ruda faena</p>
<p>y llora, pero trabaja;</p>
<p>que el varón firme y constante</p>
<p>los estragos de su pena</p>
<p>con el propio esfuerzo ataja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No estés al pie de las ruinas,,</p>
<p>como inútil pordiosero,</p>
<p>indolente y abatido,</p>
<p>y al volver las golondrinas</p>
<p>labrarán en el alero</p>
<p>de tu nueva casa el nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ara, siembra, reedifica,</p>
<p>lucha contra la corriente</p>
<p>del infortunio en que vives,</p>
<p>y enaltece y santifica</p>
<p>con el sudor de tu frente</p>
<p>Ia dádiva que recibes».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Háblale así, Musa honrada,</p>
<p>y en tu noble magisterio</p>
<p>nunca profanes tu lira,</p>
<p>con la adulación menguada,</p>
<p>con el torpe vituperio</p>
<p>ni con la baja mentira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Quintana</strong></h3>
<p>En celebridad de su coronación</p>
<p>Allá en la edad florida</p>
<p>de mi niñez serena,</p>
<p>cuando las leves horas de mi vida</p>
<p>resbalaban en calma,</p>
<p>y no ahuyentaba la ambición ardiente</p>
<p>las doradas imágenes del alma;</p>
<p>mi buen padre, en aquella</p>
<p>tierna y dichosa edad, me refería</p>
<p>la página más bella</p>
<p>que hay en la historia de la patria mía.</p>
<p>Contóme cómo un día</p>
<p>de eterno luto y duelo,</p>
<p>vino desde las márgenes del Sena</p>
<p>a posarse orgullosa en nuestro suelo</p>
<p>la águila altiva de Austerliz y Jena;</p>
<p>cómo, en vibrante cólera encendido</p>
<p>el pueblo castellano,</p>
<p>combatió contra el genio y la fortuna;</p>
<p>y al escuchar tan peregrina historia,</p>
<p>bendije a Dios, que colocó mi cuna</p>
<p>en donde crece el lauro de la gloria.</p>
<p>Pobre niño inocente,</p>
<p>«¿quién, pregunté a mi padre, animar pudo</p>
<p>vuestro brazo nervudo?</p>
<p>¿Qué genio prepotente</p>
<p>despertó vuestro espíritu valiente?</p>
<p>¿Qué voz agitadora y soberana</p>
<p>mantuvo en vuestros pechos la energía?»</p>
<p>Y mi padre llorando respondía:</p>
<p>«¡la voz del gran QUINTANA!</p>
<p>España en ese acento</p>
<p>palpitaba y gemía;</p>
<p>él era la expresión del sentimiento</p>
<p>de la nación ibera,</p>
<p>el eco fiel de nuestras glorias era.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces te amé, y este cariño</p>
<p>no huyó como las blandas ilusiones</p>
<p>que halagan siempre el corazón del niño.</p>
<p>Por eso hoy que en tu frente</p>
<p>brilla el lauro inmortal, genio profundo,</p>
<p>paréceme que veo</p>
<p>coronado el esfuerzo giganteo</p>
<p>con que el pueblo español asombró al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A un traidor afortunado</strong></h3>
<p>¡Goza, goza en tu infamia! La serena</p>
<p>y osada faz levanta satisfecho:</p>
<p>insulta la virtud, huella el derecho,</p>
<p>y arrostra la opinión que te condena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como lugar de crímenes que llena</p>
<p>de cruces la piedad, muestra tu pecho,</p>
<p>si para el vil a las perfidias hecho</p>
<p>son premio los honores y no pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alienta pues! La multitud olvida,</p>
<p>el tiempo envuelve la verdad en dudas,</p>
<p>la historia engaña, el éxito sanciona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Únicamente amargará tu vida</p>
<p>la implacable conciencia, el juez de Judas,</p>
<p>que ni olvida, ni miente, ni perdona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Voltaire</strong></h3>
<p>Eres ariete formidable: nada</p>
<p>Resiste a tu satánica ironía.</p>
<p>Al través del sepulcro todavía</p>
<p>Resuena tu estridente carcajada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó bajo tu sátira acerada</p>
<p>Cuanto la humana estupidez creía,</p>
<p>Y hoy la razón no más sirve de guía</p>
<p>A la prole de Adán regenerada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya solo influye en su inmortal destino</p>
<p>La libre religión de las ideas;</p>
<p>Ya la fe miserable a tierra vino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el Cristo se desploma; ya las teas</p>
<p>Alumbran los misterios del camino;</p>
<p>Ya venciste, Voltaire. ¡Maldito seas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Amor!</strong></h3>
<p>¡Oh eterno Amor, que en tu inmortal carrera,</p>
<p>das a los seres vida y movimiento,</p>
<p>con qué entusiasta admiración te siento,</p>
<p>aunque invisible, palpitar doquiera!</p>
<p>Esclava tuya la creación entera,</p>
<p>se estremece y anima con tu aliento,</p>
<p>y es tu grandeza tal, que el pensamiento</p>
<p>te proclamara Dios, si Dios no hubiera.</p>
<p>Los impalpables átomos combinas</p>
<p>con tu soplo magnético y fecundo:</p>
<p>tú creas, tú transformas, tú iluminas,</p>
<p>y en el cielo infinito, en el profundo</p>
<p>mar, en la tierra atónita dominas,</p>
<p>¡Amor, eterno Amor, alma del mundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ante una pirámide de Egipto</strong></h3>
<p>Quiso imponer al mundo su memoria</p>
<p>un rey, en su soberbia desmedida,</p>
<p>y por miles de esclavos construida</p>
<p>erigió esta pirámide mortuoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sueño estéril y vano! Ya la historia</p>
<p>no recuerda su nombre ni su vida,</p>
<p>que el tiempo ciego en su veloz corrida</p>
<p>dejó la tumba y se llevó la gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El polvo que en el hueco de su mano</p>
<p>contempla absorto el caminante ¿ha sido</p>
<p>parte de un siervo o parte del tirano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! todo va revuelto y confundido,</p>
<p>que guarda Dios para el orgullo humano</p>
<p>solo una eternidad: la del olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ay! cuando un pueblo rompe la valla…</strong></h3>
<p>¡Ay! cuando un pueblo rompe la valla,</p>
<p>y con instinto ciego y brutal</p>
<p>incendia y tala, mata y blasfema</p>
<p>y en sangre anega su libertad,</p>
<p>la turbulencia que engendra monstruos</p>
<p>crea el tirano providencial;</p>
<p>que también tiene como las fieras,</p>
<p>sus domadores la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ay, todo inspira horror! La noche oscura…</strong></h3>
<p>¡Ay, todo inspira horror! La noche oscura</p>
<p>tendió su manto y en la sombra envuelta</p>
<p>su audaz corriente alborotada y suelta,</p>
<p>extiende hasta los montes el Segura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrolla cuanto encuentra en la llanura</p>
<p>con ímpetu feroz la onda revuelta:</p>
<p>el puente secular, la torre esbelta,</p>
<p>el molino, la casa y la espesura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hallando el valle a su soberbia estrecho,</p>
<p>no respetó el torrente embravecido</p>
<p>el templo augusto, ni la humilde choza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y el labrador, en lágrimas deshecho,</p>
<p>sin amores, sin hijos y sin nido,</p>
<p>sobre las ruinas de su hogar solloza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cartagena!</strong></h3>
<p>¡Ay! cuando un pueblo rompe la valla,</p>
<p>y con instinto ciego y brutal</p>
<p>incendia y tala, mata y blasfema</p>
<p>y en sangre anega su libertad,</p>
<p>la turbulencia que engendra monstruos</p>
<p>crea el tirano providencial;</p>
<p>que también tiene como las fieras,</p>
<p>sus domadores la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cayó como la piedra en la laguna!…</strong></h3>
<p>¡Cayó como la piedra en la laguna</p>
<p>con recio golpe en la insondable fosa!</p>
<p>Ya no levantará tormenta alguna</p>
<p>su elocuencia, vibrando en la tribuna,</p>
<p>como el rayo terrible y luminosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Triste destino de la gloria humana</p>
<p>tan costosa, tan mísera y tan vana!</p>
<p>¡Ayer grandeza, y entusiasmo, y ruido;</p>
<p>hoy tributo de lágrimas; mañana</p>
<p>hondo silencio, y soledad, y olvido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la infinita sed que nos aqueja,</p>
<p>¿qué es nuestra vida? El sueño de un momento,</p>
<p>onda que pasa, sombra que se aleja,</p>
<p>ave tímida y muda que no deja</p>
<p>ni el rastro de sus alas en el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas, cuántas memorias arrebata</p>
<p>nuestra viviente y rauda catarata!</p>
<p>¿Qué es el mártir? ¿Qué el genio? ¿Qué el tirano</p>
<p>en el torrente del linaje humano,</p>
<p>que al través de los tiempos se dilata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La secular encina, siempre verde,</p>
<p>de sus marchitos frutos se despoja</p>
<p>sin que nadie, mirándola, recuerde</p>
<p>ni el seco ramo, ni la inútil hoja</p>
<p>que en su invisible crecimiento pierde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo es misterio, vértigo y locura!</p>
<p>La vida frágil, el renombre incierto,</p>
<p>y la tremenda eternidad obscura…</p>
<p>Sólo podemos dar a los que han muerto,</p>
<p>con fe piadosa, honrada sepultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El la tendrá con lágrimas regada.</p>
<p>¿Cómo olvidar tan pronto, patria mía,</p>
<p>la imperiosa atracción de su mirada,</p>
<p>su voz, su ardiente voz, rígida espada</p>
<p>que al chocar y al herir resplandecía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces imagino que aún le veo</p>
<p>erguirse reposado y pensativo,</p>
<p>y a un tiempo mismo Tácito y Tirteo,</p>
<p>arrostrar el contrario clamoreo,</p>
<p>cuanto más acosado más altivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con fuerza potentísima y secreta</p>
<p>brotaban de su espíritu fecundo</p>
<p>el dardo agudo, la alusión discreta,</p>
<p>la cólera inspirada del poeta</p>
<p>y la sentencia del varón profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el peligro, enérgico y valiente,</p>
<p>jamás cedió su varonil denuedo,</p>
<p>ni se dejó arrastrar por la corriente;</p>
<p>nunca dobló su poderosa frente</p>
<p>ante los vanos ídolos del miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Noble y robusto vástago de aquella</p>
<p>viril generación, que al mundo vino</p>
<p>cuando, impulsado por su infausta estrella,</p>
<p>marcó en España su iracunda huella</p>
<p>el rayo de la guerra y del destino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando de su letargo despertaba</p>
<p>la nación de Lepanto y de Pavía,</p>
<p>y en lid ardiente, inextinguible y brava,</p>
<p>mostró con su tesón que no quería</p>
<p>vivir sin honra, ni morir esclava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida entre el tumulto y el fracaso</p>
<p>de una lucha titánica y suprema,</p>
<p>esa generación que hacia su ocaso</p>
<p>dirige el triste y vacilante paso,</p>
<p>es el himno triunfal de aquel poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrojada y resuelta cual ninguna,</p>
<p>como engendrada en tan heroico empeño,</p>
<p>templola en sus rigores la fortuna,</p>
<p>la ronca tempestad meció su cuna</p>
<p>y el eco del cañón la arrulló el sueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre en la brecha y siempre enardecida,</p>
<p>sin temor al destierro ni al verdugo,</p>
<p>con estoico desprecio de la vida</p>
<p>rompió, lidiando, el ominoso yugo</p>
<p>que soportaba España envilecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su entusiasta afán en los extremos</p>
<p>amasó con la sangre de sus venas</p>
<p>la libertad que a su valor debemos.</p>
<p>¡Hoy nosotros, sus hijos, no tenemos</p>
<p>ni esperanza, ni fe, ni patria apenas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El genio nacional, antes dormido</p>
<p>en la profunda noche del olvido,</p>
<p>llenó los aires con su voz sonora,</p>
<p>como el alegre pájaro en el nido</p>
<p>cuando le llama la rosada aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué espontáneo y feliz renacimiento!</p>
<p>¡Qué pléyada de artistas y escritores!</p>
<p>En la luz, en las ondas, en el viento</p>
<p>hallaba inspiración el pensamiento,</p>
<p>gloria el soldado y el pintor colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Larra, Pacheco, Rivas, Espronceda,</p>
<p>Olózaga, Donoso, Avellaneda,</p>
<p>y cien nombres, orgullo de la historia,</p>
<p>ya son polvo no más! ¡Ya su memoria</p>
<p>sólo en el pueblo que ilustraron queda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Su memoria mortal, que se derrumba</p>
<p>al impulso del siglo! Eco postrero</p>
<p>de su apagada voz, sordo retumba</p>
<p>en el helado mármol de la tumba,</p>
<p>y se pierde en los ámbitos ligero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando, vertiendo silencioso llanto,</p>
<p>vuelvo a mi Edad la vista atribulada,</p>
<p>siento a la vez indignación y espanto.</p>
<p>¡Cómo pensar, generación menguada,</p>
<p>que en pocos lustros descendieras tanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestros padres con ánimo sereno</p>
<p>hallaron en los campos de pelea</p>
<p>algo fecundo, provechoso y bueno.</p>
<p>Nosotros, sumergidos en el cieno,</p>
<p>no encontramos un hombre ni una idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su aliento generoso y esforzado,</p>
<p>de Cádiz a las cumbres del Pirene</p>
<p>avivó el fuego del honor sagrado.</p>
<p>Hoy la estéril república no tiene</p>
<p>ni un cantor, ni un artista, ni un soldado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni nos defiende ya, ni el golpe embota</p>
<p>partido en mil pedazos nuestro escudo.</p>
<p>El vulgo, el necio vulgo nos azota:</p>
<p>yace el arte decrépito, está mudo</p>
<p>el genio, el arpa destemplada y rota.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguien con torpe y mentiroso halago,</p>
<p>en busca del aplauso apetecido,</p>
<p>agitó el fondo del impuro lago,</p>
<p>¡ay! y el vapor del fango removido</p>
<p>sólo engendra la peste y el estrago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú dormirás en paz ¡oh varón fuerte!</p>
<p>con el sol de la patria que declina.</p>
<p>Y es venturosa y envidiable suerte</p>
<p>reposar en los brazos de la muerte,</p>
<p>cuando todo es dolor, vergüenza y ruina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú de este triste y borrascoso drama</p>
<p>sacaste el puro corazón ileso.</p>
<p>Otros, que el pueblo alborotado aclama,</p>
<p>no dormirán tranquilos bajo el peso,</p>
<p>bajo el peso terrible de su fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ciego, ¿es la tierra el centro de las almas?…</strong></h3>
<p><em>Ciego, ¿es la tierra el centro de las almas?</em></p>
<p>Quiero, dejando hipótesis a un lado,</p>
<p>una duda exponer, y es la siguiente:</p>
<p>-¿Por qué cruza la tierra el inocente,</p>
<p>de espinas o de sombras coronado?</p>
<p>¿Por qué feliz y próspero, el malvado</p>
<p>alza orgulloso la atrevida frente?</p>
<p>¿Por qué Dios, que es el bien, mira y consiente</p>
<p>el eterno dominio del pecado?</p>
<p>¿Por qué, desde Caín, la humana raza,</p>
<p>sometida al dolor, con sangre traza</p>
<p>la historia de sus luchas giganteas?</p>
<p>Y si es ficción la gloria prometida,</p>
<p>si aquí empieza y acaba nuestra vida,</p>
<p>¿por qué, implacable Dios, por qué nos creas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Crepúsculo</strong></h3>
<p>El Sol tocaba en su ocaso,</p>
<p>y la luz tibia y dudosa</p>
<p>del crepúsculo envolvía</p>
<p>la naturaleza toda.</p>
<p>Los dos estábamos solos,</p>
<p>mudos de amor y zozobra,</p>
<p>con las manos enlazadas,</p>
<p>trémulas y abrasadoras,</p>
<p>contemplando cómo el valle,</p>
<p>el mar y apacible costa,</p>
<p>lentamente iban perdiendo</p>
<p>color, transparencia y forma.</p>
<p>A medida que la noche</p>
<p>adelantaba medrosa,</p>
<p>nuestra tristeza se hacía</p>
<p>más invencible y más honda.</p>
<p>Hasta que al fin, no sé cómo,</p>
<p>yo trastornado, tú loca,</p>
<p>estalló en ardiente beso</p>
<p>nuestra pasión silenciosa.</p>
<p>¡Ay! al volver suspirando</p>
<p>de aquel éxtasis de gloria,</p>
<p>¿qué vimos? Sombra en el cielo,</p>
<p>y en nuestra conciencia sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando de tus desórdenes testigo…</strong></h3>
<p>Cuando de tus desórdenes testigo</p>
<p>te sorprende en los brazos del tumulto,</p>
<p>¡oh Libertad! avergonzado oculto</p>
<p>mi rostro y sollozando te maldigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En lucha interna y desigual conmigo</p>
<p>arráncame el dolor airado insulto:</p>
<p>quiero olvidarte, abandonar tu culto,</p>
<p>y ciegamente a mi pesar te sigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te sigo a mi pesar. Sueño o quimera</p>
<p>riges mi voluntad, llenas mi vida</p>
<p>y dejaré de amarte cuando muera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eres como la hermosa fementida</p>
<p>que inspira al alma la pasión primera:</p>
<p>cuanto más inconstante, más querida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando el ánimo ciego y decaído…</strong></h3>
<p>Cuando el ánimo ciego y decaído</p>
<p>la luz persigue y la esperanza en vano;</p>
<p>cuando abate su vuelo soberano</p>
<p>como el cóndor en el espacio herido;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando busca refugio en el olvido,</p>
<p>que le rechaza con helada mano;</p>
<p>cuando en el pobre corazón humano</p>
<p>el tedio labra su infecundo nido;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando el dolor, robándonos la calma,</p>
<p>brinda tan sólo a nuestras ansias fieras,</p>
<p>horas desesperadas y sombrías,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡ay, inmortalidad, sueño del alma</p>
<p>que aspira a lo infinito! si existieras,</p>
<p>¡qué martirio tan bárbaro serías!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando en el seno de la noche fría…</strong></h3>
<p>Cuando en el seno de la noche fría</p>
<p>oculta el sol su resplandor fecundo,</p>
<p>es para renacer, y espera el mundo</p>
<p>la nueva luz con el cercano día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alas ¿quién penetra la inquietud sombría</p>
<p>que abruma el corazón del moribundo?</p>
<p>¿Quién sabe lo que guarda ese profundo</p>
<p>crepúsculo moral de la agonía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la alta región del firmamento</p>
<p>el sol, en acordado movimiento,</p>
<p>con la nocturna obscuridad alterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tú, miserable vida humana,</p>
<p>no mueres hoy para brillar mañana.</p>
<p>¡Ay, no! tu noche es lóbrega y eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando recuerdo la piedad sincera…</strong></h3>
<p>Cuando recuerdo la piedad sincera</p>
<p>con que en mi edad primera</p>
<p>entraba en nuestras viejas catedrales,</p>
<p>donde postrado ante la cruz de hinojos</p>
<p>alzaba a Dios mi ojos</p>
<p>soñando en las venturas celestiales;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy que mi frente atónito golpeo,</p>
<p>y con febril deseo</p>
<p>busco los restos de mi fe perdida,</p>
<p>por hallarla otra vez, radiante y bella</p>
<p>como en la edad aquélla,</p>
<p>¡desgraciado de mí! diera la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Con qué profundo amor, niño inocente,</p>
<p>prosternaba mis frente</p>
<p>en las losas del templo sacrosanto!</p>
<p>Llenábase mi joven fantasía</p>
<p>de luz, de poesía,</p>
<p>de mudo asombro, de terrible espanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquellas altas bóvedas que al cielo</p>
<p>levantaban mi anhelo;</p>
<p>aquella majestad solemne y grave;</p>
<p>aquel pausado canto, parecido</p>
<p>a un doliente gemido,</p>
<p>que retumbaba en la espaciosa nave:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las marmóreas y austeras esculturas</p>
<p>de antiguas sepulturas,</p>
<p>aspiración del arte a lo infinito;</p>
<p>la luz que por los vidrios de colores</p>
<p>sus tibios resplandores</p>
<p>quebraba en los pilares de granito;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haces de donde en curva fugitiva,</p>
<p>para formar la ojiva,</p>
<p>cada ramal subiendo se separa,</p>
<p>cual el rumor de multitud que ruega,</p>
<p>cuando a los cielos llega,</p>
<p>surge cada oración distinta y clara;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el gótico altar inmoble y fijo</p>
<p>el santo crucifijo,</p>
<p>que extiende sin vigor sus brazos yertos,</p>
<p>siempre en la sorda lucha de la vida,</p>
<p>tan áspera y reñida,</p>
<p>para el dolor y la humildad abiertos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El místico clamor de la campana</p>
<p>que sobre el alma humana</p>
<p>de las caladas torres se despeña,</p>
<p>y anuncia y lleva en sus aladas notas</p>
<p>mil promesas ignotas</p>
<p>al triste corazón que sufre o sueña;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo elevaba mi ánimo intranquilo</p>
<p>a más sereno asilo:</p>
<p>religión, arte, soledad, misterio.</p>
<p>todo en el templo secular hacía</p>
<p>vibrar el alma mía,</p>
<p>como vibran las cuerdas de un salterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a esta voz interior que sólo entiende</p>
<p>quien crédulo se enciende</p>
<p>en fervoroso y celestial cariño,</p>
<p>envuelta en sus flotantes vestiduras</p>
<p>volaba a las alturas,</p>
<p>virgen sin mancha, mi oración de niño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su rauda, viva y luminosa huella</p>
<p>como fugaz centella</p>
<p>traspasaba el espacio, y ante el puro</p>
<p>resplandor de sus alas de querube,</p>
<p>rasgábase la nube</p>
<p>que me ocultaba el inmortal seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh anhelo de esta vida transitoria!</p>
<p>¡Oh perdurable gloria! .</p>
<p>¡Oh! Sed inextiguible del deseo!</p>
<p>¡Oh cielo, que antes para mí tenías</p>
<p>fulgores y armonías,</p>
<p>y hoy tan oscuro y desolado veo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no templas mis íntimos pesares,</p>
<p>ya al pie de tus altares</p>
<p>como en mis años de candor no acudo.</p>
<p>Para llegar a ti perdí el camino,</p>
<p>y errante peregrino</p>
<p>entre tinieblas desespero y dudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voy espantado sin saber por dónde;</p>
<p>grito, y nadie responde</p>
<p>a mi angustiada voz; alzo los ojos</p>
<p>y a penetrar la lobreguez no alcanzo;</p>
<p>medrosamente avanzo,</p>
<p>y me hieren el alma los abrojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hijo del siglo, en vano me resisto</p>
<p>a su impiedad, ¡oh Cristo!</p>
<p>Su grandeza satánica me oprime.</p>
<p>Siglo de maravillas y de asombros,</p>
<p>levanta sobre escombros</p>
<p>un Dios sin esperanza, un Dios que gime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y ese Dios no eres tú! No tu serena</p>
<p>faz, de consuelos, llena,</p>
<p>alumbra y guía nuestro incierto paso.</p>
<p>Es otro Dios incógnito y sombrío:</p>
<p>su cielo es el vacío,</p>
<p>Sacerdote el error, ley el Acaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! No recuerda el ánimo suspenso</p>
<p>un siglo más inmenso,</p>
<p>más rebelde a tu voz, más atrevido;</p>
<p>entre nubes de fuego alza su frente,</p>
<p>como Luzbel, potente;</p>
<p>pero también, como Luzbel, caído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que marcha y que investiga</p>
<p>es mayor su fatiga,</p>
<p>es su noche más honda y más oscura,</p>
<p>y pasma, al ver lo que padece y sabe,</p>
<p>cómo en su seno cabe</p>
<p>tanta grandeza y tanta desventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como la nave sin timón y rota</p>
<p>que el ronco mar azota,</p>
<p>incendia el rayo y la borrasca mece</p>
<p>en piélago ignorado y proceloso,</p>
<p>nuestro siglo —coloso—</p>
<p>con la luz que le abrasa, resplandece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y está la playa mística tan lejos! . . .</p>
<p>a los tristes reflejos</p>
<p>del sol poniente se colora y brilla.</p>
<p>El huracán arrecia, el bajel arde,</p>
<p>y es tarde, es ¡ay! muy tarde</p>
<p>para alcanzar la sosegada orilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es la ciencia sin fe? Corcel sin freno,</p>
<p>a todo yugo ajeno,</p>
<p>que al impulso del vértigo se entrega,</p>
<p>y a través de intrincadas espesuras,</p>
<p>desbocado y a oscuras</p>
<p>avanza sin cesar y nunca llega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Llegar! ¿Adónde? . . . El pensamiento humano</p>
<p>en vano lucha, en vano</p>
<p>su ley oculta y misteriosa infringe.</p>
<p>En la lumbre del sol sus alas quema,</p>
<p>y no aclara el problema,</p>
<p>ni penetra el enigma de la Esfinge.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto</p>
<p>que tu poder no ha muerto!</p>
<p>Salva a esta sociedad desventurada,</p>
<p>que bajo el peso de su orgullo mismo</p>
<p>rueda al profundo abismo</p>
<p>acaso más enferma que culpada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ciencia audaz, cuando de ti se aleja,</p>
<p>en nuestras almas deja</p>
<p>el germen de recónditos dolores,</p>
<p>como al tender el vuelo hacia la altura,</p>
<p>deja su larva impura</p>
<p>el insecto en el cáliz de las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en esta confusión honda y sombría</p>
<p>es, Señor, todavía</p>
<p>raudal de vida tu palabra santa,</p>
<p>di a nuestra fe desalentada y yerta:</p>
<p>—¡Anímate y despierta!</p>
<p>Como dijiste a Lázaro: —¡Levanta!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cuántas veces sentado en tu ribera!…</strong></h3>
<p>– I –</p>
<p>¡Cuántas veces sentado en tu ribera,</p>
<p>¡oh mar! como si oyera</p>
<p>la abrumadora voz de lo infinito,</p>
<p>ha despertado en la conciencia mía</p>
<p>honda melancolía,</p>
<p>tu atronador, tu interminable grito!</p>
<p>– II –</p>
<p>Todo enmudece y cae en el misterio:</p>
<p>el poderoso imperio</p>
<p>que la tierra asoló con sus batallas;</p>
<p>hasta los dioses que de polo á polo</p>
<p>temidos son; tú sólo</p>
<p>sientes rodar los siglos, y no callas.</p>
<p>– III –</p>
<p>No callas, y hasta el alto firmamento</p>
<p>sube tu ronco acento,</p>
<p>y cuando revolviéndote en ti mismo</p>
<p>ruges furioso, en tus entrañas late</p>
<p>el horror del combate</p>
<p>que empeña el huracán con el abismo.</p>
<p>– IV –</p>
<p>Sólo alcanza poder tan soberano,</p>
<p>el pensamiento humano</p>
<p>como tú grande, como tú profundo,</p>
<p>que alzando sin cesar su voz de trueno,</p>
<p>forja en su ardiente seno</p>
<p>las glorias y catástrofes del mundo.</p>
<p>– V –</p>
<p>¡Ay si decir pudieras cuanto sabes!…</p>
<p>¿Qué hiciste de las naves</p>
<p>con que surcó tu inmensidad, la aciaga</p>
<p>y trágica ambición? ¿Adónde han ido?</p>
<p>Como el mortal olvido</p>
<p>tu oscuro fondo hasta el recuerdo traga.</p>
<p>– VI –</p>
<p>Todo perece en ti sin dejar huella:</p>
<p>el barco que se estrella</p>
<p>contra el peñón, la armada que devoras,</p>
<p>los continentes que iracundo invades,</p>
<p>las sordas tempestades</p>
<p>que avanzan en tus olas bramadoras.</p>
<p>– VII –</p>
<p>La tierra, en cuyo seno te reclinas,</p>
<p>mantiene en pie las ruinas</p>
<p>que las ciegas catástrofes dejaron.</p>
<p>Tú, con desdén soberbio, las rechazas:</p>
<p>por ti pueblos y razas</p>
<p>como sombras efímeras pasaron.</p>
<p>– VIII –</p>
<p>El furor de los tiempos, que venciste,</p>
<p>sólo tu voz resiste:</p>
<p>tu acento fue, como clamor de guerra,</p>
<p>el que la humanidad oyó primero,</p>
<p>¡ay! y será el postrero</p>
<p>que en su agonía escuchará la tierra.</p>
<p>– IX –</p>
<p>Pero más, mucho más que cuando inmolas</p>
<p>y abismas en tus olas</p>
<p>la insolencia del fuerte á quien humillas,</p>
<p>mi espíritu conturbas y enajenas</p>
<p>con las tristes escenas</p>
<p>que esparcen el terror en tus orillas.</p>
<p>– X –</p>
<p>No lejos de un peñón agrio y salvaje</p>
<p>que con recio oleaje</p>
<p>el cantábrico mar bate y socava,</p>
<p>al través de los árboles blanquea</p>
<p>casi ignorada aldea,</p>
<p>sobre la costa inabordable y brava.</p>
<p>– XI –</p>
<p>Mirando al mar, de frente al Océano,</p>
<p>que sacudiendo en vano</p>
<p>la roca estéril sin cesar se agita,</p>
<p>el horizonte corta y se alza enhiesta</p>
<p>sobre la calva cresta</p>
<p>del picacho granítico, una ermita.</p>
<p>– XII –</p>
<p>¡Con qué placer la gente pescadora,</p>
<p>que al despuntar la aurora</p>
<p>por entre escollos á la mar se lanza,</p>
<p>del sol poniente al último vislumbre,</p>
<p>ve lucir en la cumbre</p>
<p>aquel faro de amor y de esperanza!</p>
<p>– XIII –</p>
<p>Cuando, salvo de innúmeros azares,</p>
<p>torna á los patrios lares</p>
<p>el marinero audaz ¡con qué alegría,</p>
<p>con qué ferviente fe, descalzo y roto,</p>
<p>corre á colgar su voto</p>
<p>en aquel pobre templo de María!</p>
<p>– XIV –</p>
<p>¡María! que del piélago y del alma</p>
<p>las tempestades calma;</p>
<p>que recoge en sus brazos y consuela</p>
<p>al náufrago del mar y de la vida.</p>
<p>Bálsamo á toda herida,</p>
<p>puerto á toda aflicción. Maris stella!</p>
<p>– XV –</p>
<p>Desde el peñón desnudo y solitario</p>
<p>que el blanco santuario</p>
<p>con su apacible majestad abruma,</p>
<p>contempla por do quiera la mirada</p>
<p>la costa acantilada</p>
<p>donde se estrella con fragor la espuma.</p>
<p>– XVI –</p>
<p>Y al dilatarse por el mar, divisa</p>
<p>en la línea indecisa</p>
<p>do se juntan las nubes y las olas,</p>
<p>raudo vapor, que con la crin al viento,</p>
<p>acelera el momento</p>
<p>de arribar á las costas españolas.</p>
<p>– XVII –</p>
<p>Luego, á medida que la luz desmaya,</p>
<p>con rumbo hacia la playa</p>
<p>cuyos contornos borra la neblina,</p>
<p>se ven llegar las pescadoras naves,</p>
<p>como tímidas aves</p>
<p>que al nido vuelven, cuando el sol declina.</p>
<p>– XVIII –</p>
<p>El faro, al descender la noche oscura,</p>
<p>en la empinada altura</p>
<p>de negro promontorio centellea,</p>
<p>y su destello intermitente oscila,</p>
<p>cual la roja pupila</p>
<p>de un Titán, que en las sombras parpadea.</p>
<p>– XIX –</p>
<p>Están, desde la cúspide del monte,</p>
<p>el mar y el horizonte</p>
<p>a la absorta mirada siempre abiertos,</p>
<p>y al otro lado, en la vertiente opuesta</p>
<p>de la escarpada cuesta,</p>
<p>reclinado el lugar entre sus huertos.</p>
<p>– XX –</p>
<p>Silvestres hayas y robustos pinos</p>
<p>de los cerros vecinos</p>
<p>orlan y ciñen la brumosa frente,</p>
<p>por cuyas quiebras rueda y se desata,</p>
<p>como líquida plata,</p>
<p>el sonoro raudal de alguna fuente.</p>
<p>– XXI –</p>
<p>Y allí, donde de pronto se despliega</p>
<p>la pintoresca vega,</p>
<p>siguiendo los contornos desiguales</p>
<p>de la verde montaña, resguardado</p>
<p>por el peñón tajado</p>
<p>de recios y furiosos vendavales;</p>
<p>– XXII –</p>
<p>bajo el amparo de la Iglesia santa,</p>
<p>sobre la cual levanta</p>
<p>sencilla cruz sus brazos redentores,</p>
<p>sin que la sed de la ambición le aflija,</p>
<p>humilde se cobija</p>
<p>aquel pueblo de honrados pescadores.</p>
<p>– XXIII –</p>
<p>Por entre los repliegues de una loma,</p>
<p>rústico albergue asoma</p>
<p>al margen de un arroyo cristalino,</p>
<p>cuyo limpio caudal, abriendo calle</p>
<p>por el fondo del valle,</p>
<p>mueve después las piedras de un molino.</p>
<p>– XXIV –</p>
<p>Fresca arboleda en sus orillas crece,</p>
<p>y cuando el viento mece</p>
<p>con leve impulso sus tupidas frondas,</p>
<p>parece, reflejándose en el río,</p>
<p>que el ramaje sombrío</p>
<p>en el espacio tiembla y en las ondas.</p>
<p>– XXV –</p>
<p>junto al arroyo que lamiendo pasa</p>
<p>las tapias de la casa,</p>
<p>un joven pescador de piel curtida</p>
<p>por el viento del mar, áspero y rudo,</p>
<p>iba nudo por nudo</p>
<p>recorriendo su red, al sol tendida,</p>
<p>– XXVI –</p>
<p>para coger los puntos de la malla,</p>
<p>que en su postrer batalla</p>
<p>rompió, saltando el pez, vencido y preso</p>
<p>en la jornada del pasado día,</p>
<p>cuando la red crujía</p>
<p>de la copiosa pesca bajo el peso.</p>
<p>– XXVII –</p>
<p>Agraciada mujer, viva y morena,</p>
<p>en la ingrata faena</p>
<p>le acompañaba, y con secreto gozo,</p>
<p>a menudo, ligera como el rayo,</p>
<p>mirándole al soslayo</p>
<p>orgullosa pensaba: -¡Es un buen mozo!</p>
<p>– XXVIII –</p>
<p>y él, al fijarse, de impaciencia lleno,</p>
<p>en el redondo seno</p>
<p>que el ceñido jubón reprime y tapa,</p>
<p>suspendiendo de pronto su trabajo,</p>
<p>decía por lo bajo</p>
<p>con aire vencedor: -¡ Es que eres guapa!</p>
<p>– XXIX –</p>
<p>Entonces, dibujándose indecisa</p>
<p>en sus labios la risa,</p>
<p>contemplábase, muda de embeleso,</p>
<p>la dichosa pareja enamorada,</p>
<p>y era aquella mirada</p>
<p>una promesa, una caricia, un beso.</p>
<p>– XXX –</p>
<p>Los dos nacieron para amarse. Es Rosa,</p>
<p>como su nombre, hermosa:</p>
<p>arde en sus ojos del placer la llama.</p>
<p>Su fresca boca, que al halago brinda,</p>
<p>es dulce cual la guinda</p>
<p>que el pájaro voraz pica en la rama.</p>
<p>– XXXI –</p>
<p>No tiene la blancura de la nieve,</p>
<p>que se deshace en breve:</p>
<p>negros sus ojos son, negro el cabello.</p>
<p>Competir en su rostro parecía</p>
<p>la noche con el día;</p>
<p>pero ¿acaso el crepúsculo no es bello?</p>
<p>– XXXII –</p>
<p>Cayó en las redes de su amor cautivo</p>
<p>Miguel, el más activo</p>
<p>y arriesgado patrón de aquella playa,</p>
<p>que ágil en el timón, fuerte en el remo,</p>
<p>en el peligro extremo</p>
<p>ni tiembla, ni se aturde, ni desmaya.</p>
<p>– XXXIII –</p>
<p>Adiestrado en el ímprobo ejercicio</p>
<p>de su penoso oficio,</p>
<p>por la abierta camisa muestra el pecho</p>
<p>de fuerte y musculosa contextura,</p>
<p>no a la molicie impura,</p>
<p>sino a las fieras tempestades hecho.</p>
<p>– XXXIV –</p>
<p>Bajo su tosca y natural corteza</p>
<p>oculta la nobleza</p>
<p>de un corazón resuelto, pero sano.</p>
<p>Tan sólo Rosa conquistó la palma</p>
<p>de someter un alma,</p>
<p>que no logró domar el Océano.</p>
<p>– XXXV –</p>
<p>Santificó su paz y su ventura</p>
<p>la bendición del cura.</p>
<p>Tres meses hace que al sagrado lazo</p>
<p>la ya vencida voluntad rindieron,</p>
<p>tres meses, que se dieron</p>
<p>el primer beso y el primer abrazo.</p>
<p>– XXXVI –</p>
<p>Nunca vio la cantábrica montaña,</p>
<p>honor y prez de España,</p>
<p>dos almas en sus gustos más unidas,</p>
<p>ni con tan casto ardor el himeneo</p>
<p>en un mismo deseo fundió</p>
<p>dos corazones y dos vidas.</p>
<p>– XXXVII –</p>
<p>En su hogar deslizábanse veloces</p>
<p>las horas y los goces.</p>
<p>Ignoraba los usos cortesanos</p>
<p>su amor tan inocente como vivo:</p>
<p>pero el beso furtivo,</p>
<p>la franca lisa, el apretón de manos,</p>
<p>– XXXVIII –</p>
<p>el íntimo y verboso cuchicheo,</p>
<p>semejante al gorjeo</p>
<p>de alegres aves, el falaz desvío</p>
<p>de que mimada joven alardea,</p>
<p>sólo el tiempo que emplea</p>
<p>en decir su amador: -Dulce bien mío!</p>
<p>– XXXIX –</p>
<p>la voz, el gesto, la expresión, el modo de</p>
<p>contemplarse, todo</p>
<p>trastornaba sus almas, pues ¿qué idioma</p>
<p>por inculto que sea y por grosero,</p>
<p>para el amor sincero</p>
<p>no es tierno como arrullo de paloma?</p>
<p>– XL –</p>
<p>Juntos en deleitable compañía</p>
<p>trabajan a porfía</p>
<p>repasando la red, y tan molesta</p>
<p>como pesada operación sazona</p>
<p>la burla retozona,</p>
<p>la aguda chanza o la atrevida fiesta.</p>
<p>– XLI –</p>
<p>Reconcentrados en su amor profundo</p>
<p>¿qué les importa el mundo?</p>
<p>Los sueños de ambición dan al olvido.</p>
<p>A su cariño sin temor se entregan</p>
<p>y juegan como juegan</p>
<p>los pájaros incautos en su nido.</p>
<p>– XLII –</p>
<p>No lejos, en el término de un prado</p>
<p>donde manso ganado</p>
<p>con la hierba otoñal su gula aplaca,</p>
<p>la madre de Miguel, limpia y risueña,</p>
<p>tranquilamente ordeña</p>
<p>las llenas ubres de fecunda vaca.</p>
<p>– XLIII –</p>
<p>Con frecuencia, a hurtadillas, clava en ellos</p>
<p>tan jóvenes, tan bellos</p>
<p>y tan rendidos a su mutuo encanto,</p>
<p>los dulces ojos, que la edad apaga,</p>
<p>y por sus labios vaga</p>
<p>leve sonrisa, tierna como el llanto.</p>
<p>– XLIV –</p>
<p>¡Con qué inefable paz la pobre vieja,</p>
<p>a quien tan sólo deja</p>
<p>vanas memorias la cansada vida,</p>
<p>con qué intenso y profundo regocijo</p>
<p>siente y ve en aquel hijo</p>
<p>reverdecer su juventud perdida!</p>
<p>– XLV –</p>
<p>Él la hace recordar tiempos mejores,</p>
<p>con sus castos amores,</p>
<p>sus ansias, sus placeres y congojas.</p>
<p>Es como tronco roto, que aún resiste,</p>
<p>y el mes de mayo viste</p>
<p>de nuevas ramas y de nuevas hojas.</p>
<p>– XLVI –</p>
<p>Fijose en ella embebecido el mozo,</p>
<p>y desbordando el gozo</p>
<p>que en sus plácidos ojos centellea,</p>
<p>dijo, llamando la atención de Rosa:</p>
<p>-Mírala qué hacendosa</p>
<p>y entretenida está. ¡Bendita, sea!-</p>
<p>– XLVII –</p>
<p>-¿Qué puede apetecer? ¡Nos ve felices!</p>
<p>Rosa exclamó: -Bien dices-,</p>
<p>respondiola Miguel: -¡Quieran los cielos</p>
<p>para colmar la dicha de esa anciana,</p>
<p>concederle mañana</p>
<p>inocentes y hermosos netezuelos!-</p>
<p>– XLVIII –</p>
<p>La joven, con el seno palpitante,</p>
<p>mostrando en su semblante</p>
<p>el vívido color de la amapola,</p>
<p>al cuello se colgó de su marido,</p>
<p>y murmuró a su oído</p>
<p>una tímida frase ¡una tan sola!</p>
<p>– XLVIX –</p>
<p>Mas de poder tan penetrante y hondo,</p>
<p>que removió hasta el fondo</p>
<p>el alma de Miguel, como la ardiente</p>
<p>lumbre del sol que las campiñas dora,</p>
<p>hace, germinadora,</p>
<p>estallar en el surco la simiente.</p>
<p>– L –</p>
<p>-¡Madre! ¡madre! -gritó falto de aliento;</p>
<p>y pronta al llamamiento</p>
<p>con creciente ansiedad la anciana vino.</p>
<p>-¿Qué es esto? -preguntó sobresaltada.</p>
<p>-¿Qué es esto? ¡Pues es nada!-</p>
<p>contéstole Miguel fuera de tino.</p>
<p>– LI –</p>
<p>-¡Qué avanza mi ventura a toda vela!</p>
<p>¡Qué vas a ser abuela!</p>
<p>¡Qué mis sueños de amor alcanzo y toco!-</p>
<p>Y hablaba cada vez menos tranquilo,</p>
<p>levantándola en vilo</p>
<p>locuaz y descompuesto como un loco.</p>
<p>– LII –</p>
<p>Por fin la anciana desasirse pudo</p>
<p>del apretado nudo,</p>
<p>y no vuelta del pasmo todavía,</p>
<p>haciendo a Rosa malicioso guiño,</p>
<p>con maternal cariño,</p>
<p>-¡Ah bobo! -prorrumpió- ¡si lo sabía!</p>
<p>– LIII –</p>
<p>Y no cabiendo el júbilo en su pecho,</p>
<p>en íntimo, en estrecho,</p>
<p>en entrañable abrazo confundidos,</p>
<p>mezclaron sus sencillos corazones,</p>
<p>anhelos, ilusiones,</p>
<p>lágrimas, esperanzas y latidos.</p>
<p>– LIV –</p>
<p>Como de la fortuna en el marco,</p>
<p>se anticipa el deseo</p>
<p>con sus alas de rosa al bien distante,</p>
<p>Miguel dijo soñando: -Si no muda</p>
<p>el tiempo, y Dios me ayuda,</p>
<p>la pesca del atún será abundante.</p>
<p>– LV –</p>
<p>Se la consagro al niño, y con su importe,</p>
<p>a Castro… ¡no! a la corte</p>
<p>iré enseguida, y si en las tiendas hallo</p>
<p>cosa de gusto, volcaré el bolsillo,</p>
<p>y le traeré un hatillo</p>
<p>de príncipe… ¡y un sable!… ¡y un caballo!-</p>
<p>– LVI –</p>
<p>Y añadió enternecido, sonriendo:</p>
<p>-¡Si casi le estoy viendo</p>
<p>con su carita colorada y fresca,</p>
<p>y sus gracias alegres y sencillas,</p>
<p>sentarse en mis rodillas</p>
<p>rara escuchar los lances de la pesca!</p>
<p>– LVII –</p>
<p>¡Verás cómo retoza por la playa</p>
<p>cuando a buscarme vaya!</p>
<p>Y cuando se acostumbre, al lado mío,</p>
<p>al olor del carbón y de la brea,</p>
<p>¡verás cómo gatea</p>
<p>por los palos y jarcias de un navío!</p>
<p>– LVIII –</p>
<p>Será -siguió diciendo satisfecho-,</p>
<p>un mozo de provecho</p>
<p>más resistente y firme que una entena.</p>
<p>Iremos juntos, y se hará a mis mañas.</p>
<p>-¡Hijo de mis entrañas!-</p>
<p>Rosa le interrumpió con susto y pena.</p>
<p>– LIX –</p>
<p>¡Él, expuesto al peligro de los mares!…</p>
<p>¿No bastan los pesares</p>
<p>que me afligen por ti? ¡Vaya un empeño!</p>
<p>No lograrás vencerme, te lo digo,</p>
<p>harto sufro contigo</p>
<p>sin que nueva inquietud me robe el sueño.-</p>
<p>– LX –</p>
<p>-¡Bravo! -exclamó Miguel: ¡ Famosa ideal</p>
<p>Pues ¿qué quieres que sea?-</p>
<p>Y mirándole Rosa con ternura,</p>
<p>-¡Cura! -le respondió- ¡Cómo! -repuso</p>
<p>el pescador confuso,</p>
<p>-¡y un mozo tan cabal ha de ser cura!-</p>
<p>– LXI –</p>
<p>-¡Sí, sí! Para que ruegue noche y día</p>
<p>a la Virgen María-,</p>
<p>respondió con tiernísimo arrebato,</p>
<p>-por cuantos mueren en la mar traidora,</p>
<p>por la infeliz que llora</p>
<p>su mísera viudez… y por ti ¡ingrato!</p>
<p>– LXII –</p>
<p>-Pues no me harás cejar. -Ni a mí tampoco,</p>
<p>-Vayamos poco a poco-</p>
<p>dijo, cortando la incipiente riña</p>
<p>la madre de Miguel. -Pues yo no paso</p>
<p>por que apuréis el caso</p>
<p>sin contar con el huésped. ¿Y si es niña?-</p>
<p>– LXIII –</p>
<p>Quedose el pescador mudo y perplejo:</p>
<p>arrugó el entrecejo</p>
<p>contrariado tal vez; pero de pronto,</p>
<p>á compás de ruidosa carcajada</p>
<p>prorrumpió: -¡Nada, nada,</p>
<p>madre tiene razón! ¡Es que soy tonto!…</p>
<p>– LXIV –</p>
<p>-Si es niña, ya sabéis, no la recibo,</p>
<p>aun cuando sea el vivo</p>
<p>retrato de mi adusta morenita-.</p>
<p>Y con franca efusión abrazó a Rosa,</p>
<p>que entre esquiva y gozosa</p>
<p>dijo, evitando sus cariños: ¡Quita!</p>
<p>– LXV –</p>
<p>¿Quién ve tanta ventura indiferente?</p>
<p>¡Santa y perenne fuente</p>
<p>del amor paternal, que en nuestro anhelo</p>
<p>en misteriosas ondas repartida,</p>
<p>para endulzar la vida</p>
<p>y templar nuestra sed, bajas del cielo!</p>
<p>– LXVI –</p>
<p>¡Sentimiento purísimo del alma,</p>
<p>que turbas nuestra calma,</p>
<p>y con ritmo jamás interrumpido</p>
<p>despiertas los estímulos que duermen,</p>
<p>haces vibrar el germen,</p>
<p>subir la savia y palpitar el nido!</p>
<p>– LXVII –</p>
<p>A tu voz la inmortal naturaleza</p>
<p>suspende la fiereza</p>
<p>del oso huraño y del león hirsuto,</p>
<p>y tu fuego vivaz que do quier arde,</p>
<p>ímpetu da al cobarde,</p>
<p>vigor al débil y razón al bruto.</p>
<p>– LXVIII –</p>
<p>Todo, sujeto a inexorable norma,</p>
<p>se muda, se trasforma,</p>
<p>y en este inmenso impenetrable abismo</p>
<p>que la infinita variedad encierra,</p>
<p>tan sólo tú, en la tierra,</p>
<p>en el cielo y el mar, eres el mismo.</p>
<p>– LXIX –</p>
<p>Pero ¡oh suerte importuna! En el momento</p>
<p>de su mayor contento,</p>
<p>asomando al través de los maizales</p>
<p>que encubren la vereda del molino,</p>
<p>un marinero vino</p>
<p>a turbar sus ensueños paternales.</p>
<p>– LXX –</p>
<p>Era Roberto, amigo y camarada</p>
<p>de Miguel. Alma honrada</p>
<p>que a su pesar apasionado culto</p>
<p>consagra a Rosa; amor inofensivo.</p>
<p>pero punzante y vivo,</p>
<p>en lo más hondo de su pecho oculto.</p>
<p>– LXXI –</p>
<p>-¿Ya vienes a buscarme? Es muy temprano.-</p>
<p>Con tono afable y llano</p>
<p>dijo al verle Miguel. -Bien se conoce</p>
<p>que tienes -contestó- la paz en casa,</p>
<p>y que el reló se atrasa</p>
<p>para quien vive a gusto. ¡Son las doce!</p>
<p>– LXXII –</p>
<p>¿A qué esperamos, pues? El tiempo es bueno,</p>
<p>el cielo está sereno</p>
<p>y el mar tranquilo y manso. Con que puedes</p>
<p>calcular el aguante de tu malla,</p>
<p>pues hoy, o todo falla,</p>
<p>van con la pesca a reventar las redes.</p>
<p>– LXXIII –</p>
<p>¡No es lícito a los pobres el regalo!…</p>
<p>El año ha sido malo…-</p>
<p>-Cierto -Miguel repuso-, y necesito</p>
<p>no perder la ocasión, porque mi esposa…-</p>
<p>Iba a hablar; pero Rosa</p>
<p>dijo, abrazando al imprudente: -¡Chito!-</p>
<p>– LXXIV –</p>
<p>-Si mi franqueza tu disgusto labra,</p>
<p>no diré una palabra,</p>
<p>contestole Miguel. Mientras Roberto</p>
<p>rendido al golpe de su ardiente pena,</p>
<p>contemplaba la escena,</p>
<p>lívido y silencioso como un muerto.</p>
<p>– LXXV –</p>
<p>Quien en lo oscuro de su pecho esconda</p>
<p>la herida viva y honda</p>
<p>que sangra sin cesar, de un desdichado</p>
<p>amor, y tenga para más tortura,</p>
<p>el sueño de ventura</p>
<p>que nunca logrará, siempre a su lado;</p>
<p>– LXXVI –</p>
<p>quien de los celos pertinaces sienta</p>
<p>la mordedura hambrienta,</p>
<p>y finja, indiferente o satisfecho,</p>
<p>ver su imposible bien en otros brazos,</p>
<p>mientras quiere a pedazos</p>
<p>el corazón saltársele del pecho;</p>
<p>– LXXVII –</p>
<p>quien amando en silencio hasta el delirio</p>
<p>no tenga en su martirio</p>
<p>ni aun el triste consuelo de la queja,</p>
<p>podrá tan sólo comprender el fiero</p>
<p>pesar del marinero,</p>
<p>ante el placer de la gentil pareja.</p>
<p>– LXXVIII –</p>
<p>Miguel de pronto profirió: -¡Al avío!</p>
<p>con desenvuelto brío</p>
<p>la fuerte red plegando. Diligente,</p>
<p>y según su costumbre cariñosa,</p>
<p>iba a ayudarle Rosa</p>
<p>cuando él le dijo amedrentado: -¡ Tente!</p>
<p>– LXXIX –</p>
<p>¡Por Dios! ¿Qué vas a hacer? Pues bueno fuera</p>
<p>que un esfuerzo cualquiera…</p>
<p>¡No me des qué sentir! Y a más, te aviso,</p>
<p>que hoy la felicidad me presta aliento.</p>
<p>¡Hasta capaz me siento</p>
<p>de cargar con la barca, si es preciso!-</p>
<p>– LXXX –</p>
<p>Entre risas, y plácemes y fiestas</p>
<p>Miguel echose a cuestas</p>
<p>la recogida red, diciendo: -¡Vaya!</p>
<p>Nada hacemos aquí. -Y él y Roberto,</p>
<p>en íntimo concierto</p>
<p>tomaron el sendero de la playa.</p>
<p>– LXXXI –</p>
<p>Marchaba el ágil mozo con presteza,</p>
<p>volviendo la cabeza</p>
<p>a cada instante hacia su linar cercano,</p>
<p>desde donde en señal de despedida,</p>
<p>la joven conmovida</p>
<p>le mandaba sus besos con la mano.</p>
<p>– LXXXII –</p>
<p>Y hasta que casi al fin de la jornada,</p>
<p>su prenda idolatrada</p>
<p>se internó en las revueltas del camino,</p>
<p>no apartó, con dulcísima porfía,</p>
<p>del rumbo que él seguía,</p>
<p>ni el corazón ni el rostro peregrino,</p>
<p>– LXXXIII –</p>
<p>viendo, no sin nublársela el semblante,</p>
<p>cada vez más distante</p>
<p>al dueño de su vida y de su casa;</p>
<p>que la ausencia en amor, aun la más breve.</p>
<p>cual nubecilla leve,</p>
<p>oscurece los cielos mientras pasa.</p>
<p>– LXXXIV –</p>
<p>-¡Ah! ¿cómo no quererle si es tan bueno!…-</p>
<p>dijo, oprimiendo el seno</p>
<p>maternal, con tan blando y dulce nudo,</p>
<p>que, de la dicha de su hogar ufana,</p>
<p>la enternecida anciana</p>
<p>contener una lágrima no pudo.</p>
<p>– LXXXV –</p>
<p>En tanto, los alegres marineros</p>
<p>perdiéronse ligeros</p>
<p>tras un peñón que hacia la senda avanza,</p>
<p>y al fin de cuya estrecha cortadura</p>
<p>la indómita llanura</p>
<p>del vasto mar a descubrir se alcanza.</p>
<p>– LXXXVI –</p>
<p>Desde allí se divisan de repente,</p>
<p>su grandeza imponente,</p>
<p>su augusta calma o su furor sublime,</p>
<p>y con su regia majestad a solas,</p>
<p>óyese de sus olas</p>
<p>la voz tonante que amenaza o gime.</p>
<p>– LXXXVII –</p>
<p>En coloquio jovial entretenidos</p>
<p>van, de la mano asidos,</p>
<p>hacia donde a merced de la marea</p>
<p>que su ancha curva en las arenas raya,</p>
<p>cual reina de la playa</p>
<p>la barca de Miguel se balancea.</p>
<p>– LXXXVIII –</p>
<p>¡Qué es verla, al separarse de la orilla,</p>
<p>con atrevida quilla</p>
<p>surcar graciosa el líquido elemento,</p>
<p>y mar afuera, inquieta y juguetona,</p>
<p>tender la blanca lona</p>
<p>a las caricias pérfidas del viento!</p>
<p>– LXXXIX –</p>
<p>¡Qué es ver cómo al peligro se aventura,</p>
<p>cuando la sombra oscura</p>
<p>se precipita sobre el mar de Atlante!</p>
<p>Y cuando viento duro el golfo riza,</p>
<p>¡qué es ver cuál se desliza</p>
<p>por la espalda ondulosa del gigante!</p>
<p>– XC –</p>
<p>Nunca el riesgo imprevisto la acobarda,</p>
<p>y hiende tan gallarda</p>
<p>la inmensidad del piélago bravío,</p>
<p>que no deja tras sí, rápida y suave,</p>
<p>ni aun la huella que un ave,</p>
<p>rozando con el ala, abre en el río.</p>
<p>– XCI –</p>
<p>El noble pecho de Miguel se ensancha</p>
<p>ante la airosa lancha</p>
<p>que su fortuna y su ambición encierra,</p>
<p>y le presta solícito el cuidado</p>
<p>con que el bravo soldado</p>
<p>mima y atiende a su corcel de guerra.</p>
<p>– XCII –</p>
<p>Un mancebo, que estaba de atalaya,</p>
<p>gritó a los de la playa:</p>
<p>-¡El patrón!- Y animosa la cuadrilla</p>
<p>a la dura jornada se dispuso.</p>
<p>Sólo absorto y confuso</p>
<p>un pescador permaneció en la orilla,</p>
<p>– XCIII –</p>
<p>Sentado en un montón de húmeda arena,</p>
<p>extraño a la faena</p>
<p>ocultaba su rostro entre las manos,</p>
<p>mostrando sólo en su actitud doliente</p>
<p>la ancha y curtida frente</p>
<p>orlada a trechos de cabellos canos.</p>
<p>– XCIV –</p>
<p>Cual no maduro fruto, que la helada</p>
<p>malogra, su hija amada</p>
<p>cayó marchita al soplo de la muerte,</p>
<p>y se le sale, sin sentir, del pecho</p>
<p>el corazón deshecho,</p>
<p>en las acerbas lágrimas que vierte.</p>
<p>– XCV –</p>
<p>Quien ha sufrido la mortal congoja</p>
<p>que, sin piedad, deshoja</p>
<p>como agostada flor nuestra ventura</p>
<p>en ese instante de terrible prueba,</p>
<p>en que voraz se lleva</p>
<p>parte de nuestro ser, la sepultura:</p>
<p>– XCVI –</p>
<p>cuando con lenta gradación se apaga</p>
<p>la luz dudosa y vaga</p>
<p>que colora la faz del moribundo,</p>
<p>¡ay! y a medida que en sus ojos crece</p>
<p>la sombra, nos parece</p>
<p>que va cayendo en lobreguez el mundo;</p>
<p>– XCVII –</p>
<p>cuando vencidos en estéril lucha,</p>
<p>nuestra impotencia escucha</p>
<p>el tremendo estertor de la agonía,</p>
<p>y con angustia alborotada y loca</p>
<p>posamos nuestra boca</p>
<p>sobre otra boca descompuesta y fría,</p>
<p>– XCVIII –</p>
<p>casi cerrada en su letal reposo</p>
<p>al ritmo fatigoso</p>
<p>que el pecho cadavérico le presta,</p>
<p>y que ya de la muerte bajo el peso,</p>
<p>ni al anhelante beso,</p>
<p>ni al tierno abrazo. ni a la voz contesta;</p>
<p>– XCIX –</p>
<p>cuando aun tibios los míseros despojos,</p>
<p>vemos con turbios ojos</p>
<p>toda nuestra ilusión desvanecida,</p>
<p>y en medio del pesar que nos destroza,</p>
<p>sentimos cuál se goza</p>
<p>traidor recuerdo en enconar la herida;</p>
<p>– C –</p>
<p>cuando envuelto en su fúnebre mortaja,</p>
<p>negra y medrosa caja</p>
<p>el bien amado para siempre encierra,</p>
<p>y siente el corazón despavorido</p>
<p>el ruido, el sordo ruido</p>
<p>que hace al cubrir el féretro la tierra:</p>
<p>– CI –</p>
<p>¡ay! quien tenga grabada en su memoria</p>
<p>esa trágica historia,</p>
<p>sin cesar repetida y siempre nueva,</p>
<p>verá, evocando su dolor pasado,</p>
<p>el dardo envenenado</p>
<p>que el triste padre en sus entrañas lleva.</p>
<p>– CII –</p>
<p>Al verle presa de aflicción tan viva,</p>
<p>con frase compasiva</p>
<p>le interrogó Miguel franco y abierto.</p>
<p>Alzó el viejo la faz desencajada,</p>
<p>y con voz desmayada,</p>
<p>-¿No sabes? -sollozó- ¡mi Juana ha muerto!-</p>
<p>– CIII –</p>
<p>El sentimiento concentrado es mudo,</p>
<p>mientras un choque rudo</p>
<p>no sacude el marasmo que le embota,</p>
<p>porque entonces el ansia comprimida,</p>
<p>como por ancha herida</p>
<p>la hirviente sangre, atropellada brota.</p>
<p>– CIV –</p>
<p>Y cuando el corazón rompe su valla,</p>
<p>en el dolor que estalla</p>
<p>se mezclan y amalgaman con espanto,</p>
<p>como fundidos por el mismo fuego,</p>
<p>la imprecación y el ruego,</p>
<p>y el gemido, y la cólera, y el llanto.</p>
<p>– CV –</p>
<p>Tal la voz de Miguel, blanda y serena,</p>
<p>exasperó la pena</p>
<p>que al tosco anciano le apretaba el cuello,</p>
<p>y exaltándose al cabo poco a poco,</p>
<p>con la rabia de un loco</p>
<p>maldiciendo y mesándose el cabello,</p>
<p>– CVI –</p>
<p>-¡ay!- de pronto exclamó con ceño adusto:-</p>
<p>¡Mentira! Dios no es justo</p>
<p>cuando se goza en aumentar mi cuita.</p>
<p>Tienen en buena paz muchos bribones</p>
<p>tierras, barcos, millones…</p>
<p>¡yo, una pobre muchacha… y me la quita!</p>
<p>– CVII –</p>
<p>¿Qué mal hacía la infeliz doncella?</p>
<p>¿Cómo vivir sin ella?…-</p>
<p>Y se apagó la voz en su garganta.</p>
<p>-Mas sin justicia ni razón me quejo-,</p>
<p>gimió el honrado viejo:</p>
<p>-¡No nació para el mundo! ¡Era una santa!-</p>
<p>– CVIII –</p>
<p>Miguel, tendiendo al afligido anciano</p>
<p>la encallecida mano,</p>
<p>-vuelve a casa- le dijo- y llora y reza</p>
<p>junto a la amada prenda que perdiste.</p>
<p>-¡No!- contestole el triste</p>
<p>moviendo gravemente la cabeza.</p>
<p>– CIX –</p>
<p>-Aunque me falta el sol de la alegría,</p>
<p>conservo todavía,</p>
<p>gracias a Dios, mi voluntad de hierro.</p>
<p>¿Por qué te he de mentir, si eres mi amigo?</p>
<p>Saldré a la mar contigo.</p>
<p>¡Necesito el jornal para su entierro!</p>
<p>– CX –</p>
<p>Quiero comprarle, si tenemos suerte,</p>
<p>las galas de la muerte:</p>
<p>una cruz, un sudario y una palma.</p>
<p>Guardó breve silencio el desdichado</p>
<p>y luego desolado</p>
<p>clamó con bronco acento. -¡Hija del alma!-</p>
<p>– CXI –</p>
<p>Su misma voz, que reprimir no pudo,</p>
<p>como puñal agudo</p>
<p>clavósele en el pecho, y tan activa</p>
<p>creció en su corazón la angustia fiera,</p>
<p>cual la insaciable hoguera,</p>
<p>que cuanto más devora, más se aviva.</p>
<p>– CXII –</p>
<p>Enternecido ante infortunio tanto,</p>
<p>y conteniendo el llanto</p>
<p>Miguel le respondió: -Tu pobre Juana</p>
<p>tendrá lo que tu anhelo solicita:</p>
<p>la humilde cruz bendita,</p>
<p>la palma virgen y el sayal de lana.</p>
<p>– CXIII –</p>
<p>Pero vuelve a tu hogar, porque no quiero</p>
<p>que un bravo compañero</p>
<p>a su propio tormento contribuya.</p>
<p>No serás, si te niegas, buen amigo,</p>
<p>y atiende a lo que digo:</p>
<p>hoy pesco para ti. ¡Mi parte es tuya!-</p>
<p>– CXIV –</p>
<p>Cayó, cual dulce bálsamo, la oferta</p>
<p>sobre la herida abierta</p>
<p>del triste anciano, y mitigó su duelo</p>
<p>llanto reparador, tranquilo y suave.</p>
<p>Siempre para quien sabe</p>
<p>sentir, la gratitud es un consuelo.</p>
<p>– CXV –</p>
<p>– ¡Que Dios te colme de mercedes, hijo!-</p>
<p>con blando acento dijo,</p>
<p>las lágrimas secando en su mejilla.</p>
<p>Miguel para ocultar su sentimiento,</p>
<p>ligero como el viento</p>
<p>a la barca saltó desde la orilla.</p>
<p>– CXVI –</p>
<p>Toda su gente al tráfago dispuesta,</p>
<p>con ansia manifiesta</p>
<p>esperaba no más la voz de mando.</p>
<p>Diola el patrón; y con vigor supremo,</p>
<p>el resistente remo</p>
<p>en las arenas de la playa hincando,</p>
<p>– CXVII –</p>
<p>puso a flote la lancha embarrancada,</p>
<p>que lenta y sosegada</p>
<p>siguió después por la canal angosta,</p>
<p>única vía, franca y descubierta,</p>
<p>entre la barra incierta</p>
<p>y las tajadas peñas de la costa.</p>
<p>– CXVIII –</p>
<p>La roca, a modo de ciclópeo muro,</p>
<p>inabordable, oscuro,</p>
<p>desde la playa misma se adelanta,</p>
<p>hasta la punta del siniestro Cabo</p>
<p>do el mar potente y bravo</p>
<p>con sorda intermitencia se quebranta.</p>
<p>– CXIX –</p>
<p>Varias cruces sencillas de madera,</p>
<p>en pavorosa hilera</p>
<p>resaltan del peñón de trecho en trecho,</p>
<p>señalando en el áspero arrecife,</p>
<p>el sitio en que un esquife</p>
<p>quedó, a los golpes de la mar, deshecho.</p>
<p>– CXX –</p>
<p>Recuerda cada cruz alguna escena</p>
<p>de horror y espanto llena.</p>
<p>Más de un pobre marino halló su fosa,</p>
<p>entre el medroso y formidable estruendo</p>
<p>de la borrasca, oyendo</p>
<p>penetrantes ayes de su esposa.</p>
<p>– CXXI –</p>
<p>Donde la punta del peñón termina,</p>
<p>por mísera y mezquina</p>
<p>pudiérase decir que el mar desdeña,</p>
<p>aunque a veces su presa lo disputa,</p>
<p>una abrigada gruta</p>
<p>labrada por las olas en la peña.</p>
<p>– CXXII –</p>
<p>Gratas para las lanchas pescadoras</p>
<p>las apacibles horas</p>
<p>trascurren sin sentir. Con los reflejos</p>
<p>de la luz que en las aguas reverbera,</p>
<p>el mar, como si fuera</p>
<p>de inflamado metal, brilla a lo lejos,</p>
<p>– CXXIII –</p>
<p>Miguel desde la popa de su barca,</p>
<p>con la mirada abarca</p>
<p>el golfo en que indolente se aventura.</p>
<p>Está a sus pies sumiso y reposado</p>
<p>como león cansado,</p>
<p>y la atmósfera azul, diáfana y pura.</p>
<p>– CXXIV –</p>
<p>Lánguida brisa, replegando el ala,</p>
<p>mansamente resbala</p>
<p>sin conmover el piélago sereno,</p>
<p>semejante al aliento tibio y leve,</p>
<p>que apenas alza y mueve</p>
<p>de una virgen dormida el casto seno.</p>
<p>– CXXV –</p>
<p>El barco, al apartarse de la playa,</p>
<p>rápidamente raya</p>
<p>las claras ondas con su blanca estela,</p>
<p>y al avanzar con suave balanceo,</p>
<p>parece que el deseo</p>
<p>va impaciente sirviéndole de vela.</p>
<p>– CXXVI –</p>
<p>Del tiempo, más que del trabajo, avara,</p>
<p>la gente se prepara,</p>
<p>el remo suelta, y su esperanza funda</p>
<p>en la corriente azul del Océano,</p>
<p>como el dolor humano,</p>
<p>amarga, sí, pero también fecunda.</p>
<p>– CXXVII –</p>
<p>Tres veces por el ámbito marino</p>
<p>con provechoso tino</p>
<p>tiende la fuerte red, y las tres veces</p>
<p>al recogerla, abrillantó su trama,</p>
<p>la refulgente escama</p>
<p>que en vívido montón lucen los peces.</p>
<p>– CXXVIII –</p>
<p>-¡Te lo anuncié, Miguel! Ya ves si acierto.-</p>
<p>Dice alegre Roberto,</p>
<p>mientras que sujetando por la agalla</p>
<p>con diligente mano desenreda,</p>
<p>al pez, que preso queda</p>
<p>en los hilos nudosos de la malla.</p>
<p>– CXXIX –</p>
<p>Y con aire triunfal alzando a pulso</p>
<p>un sollo, que convulso</p>
<p>entre sus férreos dedos se torcía,</p>
<p>regocijado exclama: -¡Brava presa!</p>
<p>No se pone en la mesa</p>
<p>del rey, cosa mejor. ¡Este es gran día!-</p>
<p>– CXXX –</p>
<p>El sol empieza a declinar. La gente</p>
<p>a medida que siente</p>
<p>su ganancia crecer, redobla el celo,</p>
<p>y sin cejar un punto en su tarea,</p>
<p>quién en la red se emplea,</p>
<p>quién, sentado en la borda, echa un anzuelo,</p>
<p>– CXXXI –</p>
<p>quién al enorme pez, que agonizante,</p>
<p>colea, en un instante</p>
<p>con implacable actividad remata;</p>
<p>y de la pesca el acre olor parece</p>
<p>que alienta y fortalece</p>
<p>al marinero en su existencia ingrata.</p>
<p>– CXXXII –</p>
<p>A poco, tenue y vaporoso velo</p>
<p>fue enturbiando del cielo</p>
<p>la limpia claridad. Oscura nube</p>
<p>desde el confín remoto se avecina,</p>
<p>sorbiendo la neblina</p>
<p>que de las ondas impalpable sube.</p>
<p>– CXXXIII –</p>
<p>A medida que llega va aumentando:</p>
<p>el mar plácido y blando</p>
<p>por momentos se encrespa y alborota.</p>
<p>Estremécese el viento, antes dormido,</p>
<p>y hacia el agreste nido</p>
<p>tiende el medroso vuelo la gaviota.</p>
<p>– CXXXIV –</p>
<p>De improviso una racha fugitiva</p>
<p>del oleaje aviva</p>
<p>el ímpetu naciente. Las espesas</p>
<p>nubes marchan en giro apresurado,</p>
<p>y al fin rompe el nublado</p>
<p>en gota, tan escasas como gruesas.</p>
<p>– CXXXV –</p>
<p>¡Hum! -exclama frunciendo el entrecejo</p>
<p>un pescador ya viejo.</p>
<p>-¡El tiempo muda, la borrasca avanza!-</p>
<p>Y otro añade después: -Se aguó la fiesta!</p>
<p>¡Ah, cobardes! -contesta</p>
<p>Miguel en tono de amistosa chanza:</p>
<p>– CXXXVI –</p>
<p>-¿Os asusta una nube de verano?-</p>
<p>-¡Sí! -responde el anciano.</p>
<p>¡La galerna está encima! -No discuto-</p>
<p>le interrumpe el patrón. -Mas Juana ha muerto,</p>
<p>y yo no vuelvo al puerto</p>
<p>si no llevo a su padre para el luto.-</p>
<p>– CXXXVII –</p>
<p>Y la pesca siguió con mayor brío,</p>
<p>sin que del mar bravío</p>
<p>la sorda turbación los contuviera.</p>
<p>Pues ¿quién fuerza al lebrel cuando en la pista</p>
<p>la ansiada res avista,</p>
<p>a pararse en mitad de su carrera?</p>
<p>– CXXXVIII –</p>
<p>Mas de golpe la lluvia se desata</p>
<p>cual rauda catarata;</p>
<p>el huracán sus ráfagas sacude</p>
<p>como un corcel la crin; al llamamiento</p>
<p>del alterado viento,</p>
<p>la ola, bramando de furor, acude.</p>
<p>– CXXXIX –</p>
<p>Y se empeña otra vez con recio embate,</p>
<p>el eterno combate</p>
<p>que presencian los siglos confundidos,</p>
<p>en que después de trágicos horrores,</p>
<p>los fieros gladiadores</p>
<p>ceden cansados, pero no vencidos.</p>
<p>– CXL –</p>
<p>Quédase muda de estupor la gente.</p>
<p>Negra, inmensa, rugiente</p>
<p>rueda la tempestad: con ciego empuje</p>
<p>cual fogoso bridón que se desboca,</p>
<p>la ola adelanta, choca</p>
<p>contra la barca, se revuelve y ruge.</p>
<p>– CXLI –</p>
<p>¡Hola! -grita Miguel- ¡Cortad la cuerda,</p>
<p>aunque la red se pierda!</p>
<p>Aun habrá tiempo de llegar al faro.</p>
<p>¡Ánimo, chicos! y forzad los remos,</p>
<p>que pronto arribaremos.</p>
<p>¡La santa Virgen nos dará su amparo!</p>
<p>– CXLII –</p>
<p>El endeble timón Miguel aferra</p>
<p>y a la cercana tierra</p>
<p>dirige el rumbo como buen marino,</p>
<p>mientras la gente, ante el peligro absorta,</p>
<p>con ágil remo corta</p>
<p>la indócil ola, abriéndose camino.</p>
<p>– CXLIII –</p>
<p>Estimulado por la voz del trueno,</p>
<p>el mar su turbio sello</p>
<p>con resonante convulsión agita;</p>
<p>cual irritada fiera el lomo enarca</p>
<p>y hacia la frágil barca</p>
<p>sus gigantescas olas precipita.</p>
<p>– CXLIV –</p>
<p>A merced de la mar arrolladora,</p>
<p>la lancha pescadora</p>
<p>los golpes sufre, pero no desmaya.</p>
<p>Y los vecinos del lugar, en tanto,</p>
<p>vuelan llenos de espanto,</p>
<p>en confuso tropel hacia la playa.</p>
<p>– CXLV –</p>
<p>Mozos, ancianos, niños y mujeres,</p>
<p>imploran por los seres</p>
<p>que amenaza el furor del mar sombrío,</p>
<p>y ardientes quejas, alteradas voces</p>
<p>revueltas y veloces,</p>
<p>pueblan el aire en ronco griterío.</p>
<p>– CXLVI –</p>
<p>Luego el tropel desordenado y vario</p>
<p>invade el santuario</p>
<p>que la escarpada cúspide corona,</p>
<p>donde al pie del altar, una y cien veces</p>
<p>con dolorosas preces,</p>
<p>pide auxilio a su célica Patrona.</p>
<p>– CXLVII –</p>
<p>Joven esposa sus cabellos mesa,</p>
<p>otra, en silencio besa</p>
<p>desesperada a un párvulo inocente,</p>
<p>un débil niño en su pueril despecho,</p>
<p>golpeándose el pecho,</p>
<p>en el polvo del templo hunde su frente</p>
<p>– CXLVIII –</p>
<p>otro ofrece a la Virgen con devoto</p>
<p>fervor, sencillo voto;</p>
<p>y del concurso general, movido</p>
<p>por el temor, la angustia y el deseo,</p>
<p>el alto clamoreo,</p>
<p>¡ay! más que una oración, es un gemido.</p>
<p>– CXLIX –</p>
<p>En el lugar más arduo de la costa,</p>
<p>hacia la boca angosta</p>
<p>del canal, siempre al marinero aciaga,</p>
<p>bulle otra multitud, dando a los vientos,</p>
<p>sus ayes y lamentos,</p>
<p>que el recio son del temporal apaga.</p>
<p>– CL –</p>
<p>Pintándose en su faz el extravío,</p>
<p>por medio del gentío,</p>
<p>la madre de Miguel, como una sombra,</p>
<p>se mueve, sin cesar. Corre, pregunta,</p>
<p>reza, las manos junta,</p>
<p>y al hijo amado, inconsolable nombra.</p>
<p>– CLI –</p>
<p>Rosa trémula y muda la acompaña;</p>
<p>copioso llanto baña</p>
<p>sus claros ojos que oscurece el duelo.</p>
<p>Tiene el lívido rostro de una muerta,</p>
<p>y la razón cubierta</p>
<p>de tormentosas nubes como el cielo.</p>
<p>– CLII –</p>
<p>Todos enternecidos la abren paso.</p>
<p>¿Conocerán acaso</p>
<p>la noticia fatal? La incertidumbre</p>
<p>de Rosa, surge a tan horrible idea,</p>
<p>y con terror pasea</p>
<p>su vista por la absorta muchedumbre.</p>
<p>– CLIII –</p>
<p>Aquel silencio lúgubre la mata.</p>
<p>Frenética, insensata</p>
<p>a una amiga se acerca: -¿Dónde, dónde</p>
<p>está Miguel? ¡Ten lástima! -solloza.</p>
<p>La sorprendida moza</p>
<p>mírala estupefacta, y no responde.</p>
<p>– CLIV –</p>
<p>-¡Ha muerto! -añade acongojada- ¡Ha muerto!-</p>
<p>Pero un marino experto</p>
<p>en los trances del mar, compadecido</p>
<p>de la atroz inquietud que la enajena,</p>
<p>para templar su pena</p>
<p>dícele con amor: -¡Cobra el sentido!</p>
<p>– CLV –</p>
<p>¿A qué viene apurarse de esa suerte?</p>
<p>¿Qué sacas con ponerte</p>
<p>en el último extremo? Cuando tarda</p>
<p>la barca en presentarse, conjeturo</p>
<p>que ya en lugar seguro,</p>
<p>tan sólo el fin del temporal aguarda.</p>
<p>– CLVI –</p>
<p>¡Ea! Enjuga tus lágrimas: no llores,</p>
<p>porque riesgos mayores</p>
<p>ha vencido Miguel, que es tan resuelto.-</p>
<p>-Mas ¿le viste volver? -pregunta Rosa</p>
<p>turbada y anhelosa,</p>
<p>y le contesta el pescador: -No ha vuelto.-</p>
<p>– CLVII –</p>
<p>Entonces trepa a la escarpada cima,</p>
<p>al borde se aproxima</p>
<p>del saliente peñón, como una idiota,</p>
<p>y expuesta a peligroso paroxismo,</p>
<p>avanza hacia el abismo</p>
<p>la descompuesta faz, que el viento azota.</p>
<p>– CLVIII –</p>
<p>En medio del pesar que la anonada,</p>
<p>la atónita mirada</p>
<p>hunde en la inmensidad, y es su porfía</p>
<p>tan profunda y tenaz, que si pudiera,</p>
<p>la mar rebelde y fiera</p>
<p>con sus ávidos ojos sorbería.</p>
<p>– CLIX –</p>
<p>¡Ay! ¡si lograse traspasar la bruma!…</p>
<p>¡Si entre la blanca espuma</p>
<p>viese al mortal por quien suspira y ruega!…</p>
<p>Cuando divisa un barco en lontananza,</p>
<p>renace su esperanza</p>
<p>y clama, llena de ansiedad: -¡Ya llega!-</p>
<p>– CLX –</p>
<p>¡Estéril impaciencia! ¡Vano empeño!</p>
<p>¿En dónde está su dueño</p>
<p>que no acude a su voz? ¿Por qué no viene?</p>
<p>Su amante madre la acaricia y calma.</p>
<p>¡Compadeced al alma</p>
<p>que da consuelos ¡ay! ¡y no los tiene!</p>
<p>– CLXI –</p>
<p>Allá en la playa un grupo generoso,</p>
<p>sin tregua ni reposo</p>
<p>anuda cuerdas y apareja un bote,</p>
<p>sometido al mandato soberano</p>
<p>de respetado anciano,</p>
<p>mezcla de marinero y sacerdote.</p>
<p>– CLXII –</p>
<p>Viril arrojo en sus pupilas arde</p>
<p>sin ostentoso alarde,</p>
<p>y aunque a los años la cerviz inclina,</p>
<p>presta vigor a su cabeza cana</p>
<p>la fortaleza humana,</p>
<p>templada al fuego de la fe divina.</p>
<p>– CLXIII –</p>
<p>Al cabo por la estrecha cortadura,</p>
<p>luchando a la ventura</p>
<p>con el viento y las olas, impelida</p>
<p>por la borrasca hacia el difícil paso,</p>
<p>en donde puede acaso</p>
<p>quedar a salvo o perecer hundida,</p>
<p>– CLXIV –</p>
<p>entre el fragor que por momentos crece,</p>
<p>intrépida aparece</p>
<p>la barca de Miguel; pero ¡en qué estado!</p>
<p>Cual gladiador que tras inútil prueba</p>
<p>huye vencido, lleva</p>
<p>cien heridas de muerte en su costado.</p>
<p>– CLXV –</p>
<p>Resistiendo la cólera salvaje</p>
<p>del soberbio oleaje,</p>
<p>la gente fuerzas del peligro cobra;</p>
<p>y aunque la lancha, como leve pluma,</p>
<p>entre montes de espuma</p>
<p>parece a cada instante que zozobra,</p>
<p>– CLXVI –</p>
<p>cien veces con impávido heroísmo,</p>
<p>resurte del abismo</p>
<p>obediente a la mano que la guía.</p>
<p>Ninguna voz en su interior se escucha,</p>
<p>que el riesgo de la lucha</p>
<p>tiene una majestad muda y sombría.</p>
<p>– CLXVII –</p>
<p>¡Oh! ¡van a perecer! -¿Queréis seguirme?</p>
<p>Con voz entera y firme</p>
<p>pregunta el cura. -¡Á vuestro amor apelo!</p>
<p>Arrancaremos a la mar su presa</p>
<p>y si en tan santa empresa</p>
<p>morimos, ¿qué es morir? ¡Ganar el cielo!-</p>
<p>– CLXVIII –</p>
<p>El religioso impulso que le mueve</p>
<p>su aliento dobla, leve</p>
<p>cual fornido mancebo, al bote salta.</p>
<p>El peligro conoce y no le esquiva:</p>
<p>pues ¿a quién, si arde viva</p>
<p>la fe en su pecho, el ánimo le falta?</p>
<p>– CLXIX –</p>
<p>Todos se aprestan a seguir su suerte,</p>
<p>que aquel combate a muerte</p>
<p>de generosa emulación los llena.</p>
<p>¡Oh humanidad, tan pronta al sacrificio,</p>
<p>podrá mancharte el vicio</p>
<p>y ofuscarte el error; pero eres buena!</p>
<p>– CLXX –</p>
<p>El bote listo ya, con seis remeros</p>
<p>hábiles y ligeros,</p>
<p>abrirse paso hacia el canal ensaya.</p>
<p>¡Vana ilusión! ¡La mar embravecida,</p>
<p>con fuerte sacudida</p>
<p>pedazos hecho le arrojó a la playa.</p>
<p>– CLXXI –</p>
<p>-¡Señor! Tus altos juicios no escudriño</p>
<p>llorando como un niño,</p>
<p>gimió en su angustia el viejo venerable.</p>
<p>-Pero no hay tiempo que perder. ¡Subamos</p>
<p>hijos! Tal vez podamos</p>
<p>desde el mismo peñón echar un cable.-</p>
<p>– CLXXII –</p>
<p>Respondiendo a su voz, según costumbre,</p>
<p>a la empinada cumbre</p>
<p>el grupo asciende, y con empeño lanza</p>
<p>el recio cabo a la corriente ciega;</p>
<p>mas ¡ay! que nunca llega</p>
<p>al náufrago batel. ¡No hay esperanza!</p>
<p>– CLXXIII –</p>
<p>¡No hay esperanza! El cura consternado</p>
<p>increpa al mar airado.</p>
<p>Sin freno alguno que su empuje venza,</p>
<p>la tempestad incontrastable brama.</p>
<p>Y el noble anciano exclama:</p>
<p>-¡Hijos míos! ¡Yo acabo, y Dios comienza!-</p>
<p>– CLXXIV –</p>
<p>¡No hay esperanza! Y la barquilla aun flota</p>
<p>desgobernada y rota.</p>
<p>Aun los pobres remeros, más audaces</p>
<p>cuanto más la borrasca se acrecienta,</p>
<p>lidian con la tormenta</p>
<p>desesperados, sí, pero tenaces.</p>
<p>– CLXXV –</p>
<p>¿Dónde tender la salvadora amarra?</p>
<p>¿Cómo cruzar la barra</p>
<p>que el paso cierra del canal estrecho,</p>
<p>si ya tiene la barca pescadora,</p>
<p>quebrantada la prora,</p>
<p>el casco hendido y el timón deshecho?</p>
<p>– CLXXVI –</p>
<p>El avariento mar la presa ansía.</p>
<p>¡Ya es suya! Todavía,</p>
<p>resistiendo en los frágiles despojos</p>
<p>del roto barco, en su ansiedad suprema,</p>
<p>la gente rema, rema,</p>
<p>rema, y nublan las lágrimas sus ojos.</p>
<p>– CLXXVII –</p>
<p>¿Qué busca? ¿Adónde va? ¿Por qué se afana?</p>
<p>Su resistencia es vana.</p>
<p>¡Ay! la esperanza al corazón se aferra</p>
<p>en los casos adversos e infelices,</p>
<p>aun más que las raíces</p>
<p>a las duras entrañas de la tierra.</p>
<p>– CLXXVIII –</p>
<p>-¡Juan, lárgame una estacha!- grita el bravo</p>
<p>Miguel-, y por un cabo</p>
<p>átala pronto y bien, que si consigo</p>
<p>con el otro nadar hasta la orilla,</p>
<p>podrá nuestra barquilla</p>
<p>en la gruta del faro hallar abrigo-.</p>
<p>– CLXXIX –</p>
<p>Dobló la frente oscurecida y grave.</p>
<p>¿En qué pensaba? ¿Cabe</p>
<p>dudarlo un punto? En el edén perdido,</p>
<p>en su infeliz mujer, en el risueño</p>
<p>ángel, que vio en un sueño,</p>
<p>huérfano ¡ay triste! aun antes de nacido.</p>
<p>– CLXXX –</p>
<p>-¡Eh!- contéstale Juan: -¡Ahí va la estacha!-</p>
<p>Miguel el hombro agacha</p>
<p>para esquivar el golpe; mas Roberto,</p>
<p>asiéndola en el aire de improviso,</p>
<p>prorrumpe: -No es preciso:</p>
<p>yo llegaré a la costa, vivo o muerto-.</p>
<p>– CLXXXI –</p>
<p>La pasión que alimenta su ternura,</p>
<p>y en él, como la pura</p>
<p>lámpara de un altar, arde escondida,</p>
<p>le inspiró, en su postrera llamarada,</p>
<p>ofrecer a su amada</p>
<p>no sólo el corazón, sino la vida.</p>
<p>– CLXXXII –</p>
<p>De su mojado traje se desnuda,</p>
<p>y a su cintura anuda</p>
<p>la retorcida cuerda. Intenta en vano</p>
<p>resistirse Miguel en son de queja,</p>
<p>y se obstina, y forceja,</p>
<p>y arráncarsela quiere de la mano.</p>
<p>– CLXXXIII –</p>
<p>-¡Quita!- Roberto exclama: -¡Si en un credo</p>
<p>ganar la costa puedo!</p>
<p>¡Es inútil que chilles: no te escucho!</p>
<p>Esto sería asesinar a Rosa.-</p>
<p>Y con voz temblorosa</p>
<p>dice, saltando al mar: -¡Quiérela mucho!</p>
<p>– CLXXXIV –</p>
<p>Hacia el negro peñón el rumbo guía,</p>
<p>y sin temor confía</p>
<p>a sus robustos brazos su defensa.</p>
<p>Mas de repente, en turbio remolino,</p>
<p>a trastornarle vino</p>
<p>ola veloz, arrolladora, inmensa.</p>
<p>– CLXXXV –</p>
<p>Sobre su frente con estruendo estalla,</p>
<p>y en desigual batalla</p>
<p>le revuelca, le arrastra y le sofoca.</p>
<p>Desaparece el desdichado, juega</p>
<p>la onda con él, y ciega</p>
<p>le estrella al fin contra la enorme roca.</p>
<p>– CLXXXVI –</p>
<p>Ante aquel espectáculo de muerte,</p>
<p>desencajada, inerte,</p>
<p>de pie sobre la mole de granito</p>
<p>que sacude la mar tempestuosa,</p>
<p>lanzó de pronto Rosa</p>
<p>un grito aterrador. ¡Qué horrible grito!</p>
<p>– CLXXXVII –</p>
<p>El ¡ay! desgarrador, como una espada,</p>
<p>de quien no espera nada;</p>
<p>¡ay! que del corazón en lo más hondo,</p>
<p>las heces amarguísimas remueve</p>
<p>del cáliz en que bebe</p>
<p>la humanidad, para el dolor sin fondo.</p>
<p>– CLXXXVIII –</p>
<p>Cual mies que cede al ímpetu del viento,</p>
<p>convulsa, sin aliento,</p>
<p>levantando sus manos, ya inactivas,</p>
<p>la humilde multitud se postra en tierra,</p>
<p>y con fervor que aterra</p>
<p>eleva a Dios sus preces aflictivas.</p>
<p>– CLXXXIX –</p>
<p>¡Oh momento solemne! Austero y triste</p>
<p>la majestad reviste</p>
<p>de su augusta misión el sacro anciano,</p>
<p>y humedeciendo el llanto sus mejillas,</p>
<p>se dobla de rodillas</p>
<p>ante la inmensidad del Océano.</p>
<p>– CXC –</p>
<p>Su mano extiende trémula y cansada,</p>
<p>levanta la mirada</p>
<p>a la celeste bóveda, testigo</p>
<p>mudo de tanto horror, y con acento</p>
<p>parecido a un lamento:</p>
<p>¡Hijos! -grita- ¡Os absuelvo y os bendigo!-</p>
<p>– CXCI –</p>
<p>¿Qué vio después la multitud? Ver pudo</p>
<p>el cielo siempre mudo,</p>
<p>desierto el mar, la barca destruida,</p>
<p>y una hermosa mujer, rígida y yerta,</p>
<p>lo mismo que una muerta,</p>
<p>en el estéril peñascal tendida.</p>
<p>– CXCII –</p>
<p>Un año ha trascurrido. La alta cumbre</p>
<p>con su postrera lumbre</p>
<p>baña fúlgido sol desde el ocaso,</p>
<p>y en hora tal de paz y de misterio,</p>
<p>al santo cementerio</p>
<p>una débil mujer dirige el paso.</p>
<p>– CXCIII –</p>
<p>¡Cuán sola está, cuán pobre, cuán cambiada!</p>
<p>Rosa fragante, ajada</p>
<p>en mitad de su alegre primavera,</p>
<p>bajo el vivaz recuerdo que la excita,</p>
<p>aquella flor marchita</p>
<p>ni sombra es ya de lo que entonces fuera!</p>
<p>– CXCIV –</p>
<p>Abraza y besa con febril cariño,</p>
<p>a un escuálido niño</p>
<p>nacido entre miserias y trabajos.</p>
<p>El hatillo de príncipe, que un día</p>
<p>soñó la fantasía</p>
<p>del infeliz Miguel, era de andrajos.</p>
<p>– CXCV –</p>
<p>Recrudeciendo el duelo que la enerva,</p>
<p>entre la fresca hierba</p>
<p>dos fosas busca, se prosterna y ora.</p>
<p>Y cobrando calor de un seno amante,</p>
<p>el desvalido infante</p>
<p>sus manecitas mueve, y también llora.</p>
<p>– CXCVI –</p>
<p>¡Ay! ¿Podrá ser que el leño de la selva</p>
<p>a engalanarse vuelva?</p>
<p>¿Renovará sus cánticos el ave</p>
<p>que dejó la borrasca, herida y muda?</p>
<p>¿La infortunada viuda</p>
<p>olvidará algún día? ¡Dios lo sabe!</p>
<p>– CXCVII –</p>
<p>Todo lo gasta y borra el tiempo ingrato:</p>
<p>el ardiente arrebato</p>
<p>del amor, la ilusión que se deshoja,</p>
<p>la fe que espira, el gozo y el tormento:</p>
<p>que el hondo pensamiento,</p>
<p>como el mar, sus cadáveres arroja.</p>
<p>– CXCVIII –</p>
<p>Mas cuando alguno en nuestra mente queda,</p>
<p>cuando tenaz se enreda</p>
<p>al débil corazón, y en él dilata</p>
<p>su raíz, como hiedra trepadora,</p>
<p>entonces nos devora,</p>
<p>porque el triste recuerdo, o muere o mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Desde esta soledad en donde vivo…</strong></h3>
<p>Desde esta soledad en donde vivo,</p>
<p>y en la cual de los hombres olvidado</p>
<p>ni cartas ni periódicos recibo;</p>
<p>donde reposo en apacible calma,</p>
<p>lejos, lejos del mundo que ha gastado</p>
<p>con la del cuerpo la salud del alma;</p>
<p>antes de que el torrente desbordado</p>
<p>de la ambición con ímpetu violento</p>
<p>me arrebate otra vez; desde la orilla</p>
<p>donde yace encallada mi barquilla,</p>
<p>libre ya de las ondas y del viento,</p>
<p>como recuerdo de amistad te escribo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Aunque salvo del peligro, siento</p>
<p>la inquietud angustiosa del cautivo,</p>
<p>que rompiendo su férrea ligadura,</p>
<p>traspasa fatigado a la ventura</p>
<p>montes, llanos y selvas, fugitivo.</p>
<p>El rumor apagado que levantan</p>
<p>las hojas secas que a su paso mueve,</p>
<p>las avecillas que en el árbol cantan,</p>
<p>el aire que en las ramas se cimbrea</p>
<p>con movimiento reposado y leve,</p>
<p>el río que entre guijas serpentea,</p>
<p>la luz del día, la callada sombra</p>
<p>de la serena noche, el eco, el ruido,</p>
<p>la misma soledad ¡todo le asombra!</p>
<p>Y cuando ya de caminar rendido,</p>
<p>sobre la yerta piedra se reclina</p>
<p>y le sorprende el sueño y le domina,</p>
<p>oye en torno de sí, medio dormido,</p>
<p>vago y siniestro son. Despierta, calla,</p>
<p>y fija su atención despavorido;</p>
<p>las tinieblas le ofuscan, se incorpora</p>
<p>y el rumor le persigue. «¡Es el latido</p>
<p>de su azorado corazón que estalla!»</p>
<p>Y entonces ¡ay! desesperado llora.</p>
<p>Porque es la libertad don tan querido.</p>
<p>que en el humano espíritu batalla,</p>
<p>más que el placer de conseguirla, el miedo</p>
<p>de volverla a perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que no puedo recordar sin espanto la agonía,</p>
<p>la dura y azarosa incertidumbre</p>
<p>en que mi triste corazón gemía</p>
<p>sometido a penosa servidumbre,</p>
<p>cuando, arista a merced del torbellino,</p>
<p>sin elección ni voluntad seguía</p>
<p>los secretos impulsos del destino,</p>
<p>y, en ese pavoroso desconcierto</p>
<p>de la social contienda, consumía</p>
<p>la paz del alma ¡la esperanza mía!</p>
<p>hoy que la tempestad arrojó al puerto</p>
<p>mi navecilla rota y quebrantada,</p>
<p>temo ¡infeliz de mí! que otra oleada</p>
<p>la vuelva al mar donde mi calma ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para vencer su furia desatada</p>
<p>¿qué soy yo? ¿qué es el hombre? Sombra leve,</p>
<p>partícula de polvo en el desierto.</p>
<p>Cuando el simún de la pasión le mueve,</p>
<p>busca el átomo al átomo, y la arena</p>
<p>es nube, es huracán, es cataclismo.</p>
<p>Gigante mole los espacios llena,</p>
<p>bajo su peso el mundo se conmueve,</p>
<p>obscurece la luz, llega al abismo</p>
<p>y al sumo Dios que la formó se atreve.</p>
<p>Vértigo arrollador todo lo arrasa;</p>
<p>pero después que el torbellino pasa</p>
<p>y se apacigua y duerme la tormenta,</p>
<p>¿qué queda? Polvo mísero y liviano</p>
<p>que el ala frágil del insecto aventa,</p>
<p>que se pierde en la palma de la mano.</p>
<p>¡Oh grata soledad, yo te bendigo,</p>
<p>tú que al náufrago, al triste, al pobre grano</p>
<p>de desligada arena das abrigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas veces, Antonio, devorado</p>
<p>por ese afán oculto que no sabe</p>
<p>la mente descifrar, me he preguntado,</p>
<p>-cuestión a un tiempo inoportuna y grave</p>
<p>¿qué busco? ¿adónde voy? ¿por qué he nacido</p>
<p>en esta Edad sin fe? Yo soy un ave</p>
<p>que llegó sola y sin amor al nido.</p>
<p>A este nido social en que vegeta,</p>
<p>mayor de edad, la ciega muchedumbre,</p>
<p>al infortunio y al error sujeta</p>
<p>entre miseria y sangre y podredumbre.</p>
<p>Contémplala, si puedes, tú que al cielo</p>
<p>con tus radiantes alas de poeta</p>
<p>tal vez quisiste remontar el vuelo,</p>
<p>y si éste el mundo que soñaste ha sido</p>
<p>nunca el encanto de tu dicha acabe…</p>
<p>¡Ay! pero tú también eres un ave</p>
<p>que llegó sola y sin amor al nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la altura de mi siglo, tiendo</p>
<p>alguna vez con ánimo atrevido,</p>
<p>mi vista a lo pasado, y removiendo</p>
<p>los deshechos escombros de la historia,</p>
<p>en el febril anhelo que me agita</p>
<p>sus ruinas vuelvo a alzar en mi memoria.</p>
<p>Y al través de las capas seculares</p>
<p>que el aluvión del tiempo deposita</p>
<p>sobre columnas, pórticos y altares;</p>
<p>del polvo inanimado con que cubre</p>
<p>la loca vanidad del polvo vivo,</p>
<p>que arrebata a su paso fugitivo,</p>
<p>como el viento las hojas en octubre;</p>
<p>mudo de admiración y de respeto</p>
<p>busco la antigüedad -roto esqueleto</p>
<p>que entre la densa lobreguez asoma</p>
<p>y ofrecen a mi absorta fantasía</p>
<p>sus dioses Grecia, sus guerreros Roma,</p>
<p>sus mártires la fe cristiana y pía,</p>
<p>el patriotismo su grandeza austera,</p>
<p>sus monstruos la insaciable tiranía,</p>
<p>sus vengadores la virtud severa.</p>
<p>Y llevado en las alas del deseo</p>
<p>que anima mi ilusión, a veces creo</p>
<p>volver a aquella Edad: En la espesura</p>
<p>del bosque, en el murmullo de la fuente,</p>
<p>en el claro lucero que fulgura,</p>
<p>en el escollo de la mar rujiente,</p>
<p>en la espuma, en el átomo, en la nada,</p>
<p>Apolo centellea, alza su frente</p>
<p>de luminoso lauro coronada.</p>
<p>Por él la luna que entre sombras gira,</p>
<p>la luz que en rayos de color se parte,</p>
<p>la ola que bulle, el viento que suspira,</p>
<p>todo es Dios, todo es himno, todo es arte.</p>
<p>¡Ay! ¿No es verdad que en tus eternas horas</p>
<p>de desaliento y decepción, recuerdas</p>
<p>esa dorada Edad, y que te inspira</p>
<p>el coro de sus musas voladoras,</p>
<p>que murmuran y gimen en las cuerdas</p>
<p>de la ya rota y olvidada lira?</p>
<p>Aunque las llames, no vendrán; ¡han muerto!</p>
<p>La voz del interés grosera y ruda</p>
<p>anuncia que el Parnaso está desierto</p>
<p>la naturaleza triste y muda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en este siglo de sarcasmo y duda</p>
<p>sólo una musa vive. Musa ciega,</p>
<p>implacable, brutal. ¡Demonio acaso</p>
<p>que con los hombres y los dioses juega!</p>
<p>La Musa del análisis, que armada</p>
<p>del árido escalpelo, a cada paso</p>
<p>nos precipita en el obscuro abismo</p>
<p>o nos asoma al borde de la nada.</p>
<p>¿No la ves? ¿No la sientes en ti mismo?</p>
<p>¿Quién no lleva esa víbora enroscada</p>
<p>dentro del corazón? ¡Ay! cuando llena</p>
<p>de noble ardor la juventud florida</p>
<p>quiere surcar la atmósfera serena,</p>
<p>quiere aspirar las auras de la vida,</p>
<p>esa Musa fatal y tentadora</p>
<p>en el libro, en la cátedra, en la escena</p>
<p>se apodera del alma y la devora.</p>
<p>¡Si a veces imagino que envenena</p>
<p>la leche maternal! En nuestros lares,</p>
<p>en el retiro, en el regazo tierno</p>
<p>del amor, hasta al pie de los altares</p>
<p>nos persigue ese aborto del infierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas noches de horror, conmigo a solas,</p>
<p>ha sacudido con su soplo ardiente</p>
<p>los tristes pensamientos de mi mente</p>
<p>como sacude el huracán las olas!</p>
<p>¡Cuántas, ay, revolcándome en el lecho</p>
<p>he golpeado con furor mi frente,</p>
<p>he desgarrado sin piedad mi pecho,</p>
<p>y entre visiones lúgubres y extrañas,</p>
<p>su diente de reptil, áspero y frío,</p>
<p>he sentido clavarse en mis entrañas!</p>
<p>¡Noches de soledad, noches de hastío</p>
<p>en que, lleno de angustia y sobresalto,</p>
<p>se agitaba mi ser en el vacío</p>
<p>de fe, de luz y de esperanza falto!</p>
<p>¿Y quién mantiene viva la esperanza</p>
<p>si donde quiera que la vista alcanza</p>
<p>ve escombros nada más? Por entre ruinas</p>
<p>la humanidad desorientada avanza;</p>
<p>hechos, leyes, costumbres y doctrinas</p>
<p>como edificio envejecido y roto</p>
<p>desplomándose van; sordo y profundo</p>
<p>no sé qué irresistible terremoto</p>
<p>moral, conmueve en su cimiento el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruedan los tronos, ruedan los altares:</p>
<p>reyes, naciones, genios y colosos</p>
<p>pasan como las ondas de los mares</p>
<p>empujadas por vientos borrascosos.</p>
<p>Todo tiembla en redor, todo vacila.</p>
<p>Hasta la misma religión sagrada</p>
<p>es moribunda lámpara que oscila</p>
<p>sobre el sepulcro de la edad pasada.</p>
<p>Y cual turbia corriente alborotada,</p>
<p>libre del ancho cauce que la encierra,</p>
<p>la duda audaz, la asoladora duda</p>
<p>como una inundación cubre la tierra.</p>
<p>-¡Es que el manto de Dios ya no la escuda!</p>
<p>No la defiende el varonil denuedo</p>
<p>de la fe inexpugnable y de las leyes,</p>
<p>y el dios de los incrédulos, el miedo,</p>
<p>rige a su voluntad pueblos y reyes.</p>
<p>Él los rumores bélicos propala,</p>
<p>él organiza innúmeras legiones</p>
<p>que buscan la ocasión, no la justicia.</p>
<p>Mas ¿qué podrán hacer? No se apuntala</p>
<p>con lanzas, bayonetas ni cañones,</p>
<p>el templo secular que se desquicia.</p>
<p>En medio de este caos, como un arcano</p>
<p>impenetrable, pavoroso, obscuro,</p>
<p>yérguese altivo el pensamiento humano</p>
<p>de su grandeza y majestad seguro.</p>
<p>Y semejante al árbol carcomido</p>
<p>por incansable y destructor gusano,</p>
<p>que cuando tiene el corazón roído,</p>
<p>desenvuelve su copa más lozano,</p>
<p>al través del social desasosiego</p>
<p>cruza la tierra en su corcel de fuego,</p>
<p>hasta los cielos atrevido sube,</p>
<p>pone en la luz su vencedora mano,</p>
<p>el rayo arranca a la irritada nube</p>
<p>y horada con su acento el Océano.</p>
<p>¡Mas, ay, del árbol que frondoso crece</p>
<p>sostenido no más por su corteza!</p>
<p>Tal vez la brisa que las flores mece</p>
<p>derribará en el polvo su grandeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tal vez! ¿Lo sabes tú? ¿Quién el misterio</p>
<p>logra profundizar? Esta sombría</p>
<p>turbación, esta lóbrega tristeza</p>
<p>que invade sin cesar nuestro hemisferio,</p>
<p>¿es acaso el crepúsculo del día</p>
<p>que se extingue, o la aurora del que empieza?</p>
<p>¿Es ¡ay! renacimiento o agonía?</p>
<p>Lo ignoras como yo. ¡Nadie lo sabe!</p>
<p>Sólo sé que la dulce poesía</p>
<p>va enmudeciendo, y cuando calla el ave</p>
<p>es que su obscuridad la noche envía.</p>
<p>Oigo el desacordado clamoreo</p>
<p>que alza doquier la muchedumbre inquieta</p>
<p>sin freno, sin antorcha que la guíe;</p>
<p>ando entre ruinas, y espantado veo</p>
<p>cómo al sordo compás de la piqueta</p>
<p>la embrutecida indiferencia ríe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-También en Roma, torpe y descreída,</p>
<p>la copa llena de espumoso y rico</p>
<p>licor, gozábase desprevenida,</p>
<p>hasta que de improviso por la herida</p>
<p>que abrió en su cuello el hacha de Alarico</p>
<p>escapósele el vino con la vida.</p>
<p>Todo el cercano cataclismo advierte;</p>
<p>pero en esta ansiedad que nos devora</p>
<p>ninguno habrá que a descifrar acierte</p>
<p>la gran transformación que se elabora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué más da? Resurrección o muerte,</p>
<p>vespertino crepúsculo o aurora,</p>
<p>los que siguen llorando su camino</p>
<p>por medio de esta confusión horrenda,</p>
<p>con inseguro paso y rumbo incierto,</p>
<p>¿dónde levantarán su débil tienda</p>
<p>que no la arranque el raudo torbellino</p>
<p>ni la envuelva la arena del desierto?</p>
<p>En otro tiempo el ánimo doliente,</p>
<p>atormentado por la duda humana,</p>
<p>postrábase sumiso y penitente</p>
<p>en el regazo de la fe cristiana,</p>
<p>y allí bajo la bóveda sombría</p>
<p>del templo, el corazón desesperado</p>
<p>se humillaba en el polvo y renacía.</p>
<p>Cristo en la cruz del Gólgota clavado</p>
<p>extendía sus brazos, compasivo,</p>
<p>al dolor sublimado en la plegaria,</p>
<p>y para el pobre y triste fugitivo</p>
<p>del mundo, era la celda solitaria</p>
<p>puerto de salvación, sepulcro vivo,</p>
<p>anulación del cuerpo voluntaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! En aquella paz santa y profunda</p>
<p>todo era austero, reposado, grave.</p>
<p>La elevación de la gigante nave,</p>
<p>la luz entrecortada y moribunda,</p>
<p>la sencilla oración de un pueblo inmenso</p>
<p>uniéndose a los cánticos del coro,</p>
<p>la armonía del órgano sonoro,</p>
<p>las blancas nubes de quemado incienso,</p>
<p>el frío y duro pavimento, fosa</p>
<p>común, perpetuamente renovada,</p>
<p>de la cual cada tumba, cada losa</p>
<p>es doble puerta que limita y cierra</p>
<p>por debajo el silencio de la nada,</p>
<p>por encima el tumulto de la tierra;</p>
<p>aquella majestad, aquel olvido</p>
<p>del siglo, aquel recuerdo de la muerte,</p>
<p>parecían decir con infinita</p>
<p>dulzura al corazón desfallecido,</p>
<p>al espíritu ciego, al alma inerte:</p>
<p>Ego sum via, et veritas et vita.</p>
<p>Aquí en su pequeñez el hombre es fuerte.</p>
<p>Mas ¿dónde iremos ya? Torpes y obscuros</p>
<p>planes hallaron en el claustro abrigo,</p>
<p>y Dios airado desató el castigo</p>
<p>y con el rayo derribó sus muros.</p>
<p>¿Dónde posar la fatigada frente?</p>
<p>¿Dónde volver los afligidos ojos,</p>
<p>cuando ha dejado el corazón creyente</p>
<p>prendidos en los ásperos abrojos</p>
<p>su fe piadosa y su interés mundano?</p>
<p>¿Dónde?</p>
<p>¡En ti, soledad! Yo te bendigo,</p>
<p>porque al náufrago, al triste, al pobre grano</p>
<p>de desligada arena das abrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dorando la alta cumbre…</strong></h3>
<p>Dorando la alta cumbre</p>
<p>la ansiada aurora llega,</p>
<p>y ante la viva lumbre</p>
<p>que el ancho espacio anega,</p>
<p>cobarde se repliega</p>
<p>la densa obscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya baña el horizonte</p>
<p>la luz que Dios envía:</p>
<p>ya mar, y valle y monte</p>
<p>colora el nuevo día.</p>
<p>Ya todo es alegría.</p>
<p>¡Poetas, despertad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La paz tiende su manto</p>
<p>desde el Pirene a Gades:</p>
<p>alzad el himno santo</p>
<p>en campos y en ciudades,</p>
<p>y admire a las edades</p>
<p>vuestro inmortal clamor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ascienda en raudo vuelo</p>
<p>la voz de la alabanza;</p>
<p>como cóndor que al cielo</p>
<p>intrépido se lanza.</p>
<p>Cantad a la esperanza:</p>
<p>yo cantaré al dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es que al deber ajeno</p>
<p>desdeñe la ventura</p>
<p>que de tu herido seno</p>
<p>las penas templa y cura.</p>
<p>Alma tan seca y dura</p>
<p>no alienta ¡oh Patria! en mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acaso al ver hollada</p>
<p>tu majestad suprema,</p>
<p>¿no fue mi lira espada?</p>
<p>mi voz ¿no fue anatema?</p>
<p>Aún mis mejillas quema</p>
<p>el llanto que vertí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Soy el poeta, acaso,</p>
<p>de las felices horas,</p>
<p>que calla en el ocaso</p>
<p>y canta en las auroras?</p>
<p>¿No estalla, cuando lloras,</p>
<p>mi ardiente indignación?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hoy que conseguiste</p>
<p>cobrar el bien perdido,</p>
<p>y espléndida, aunque triste,</p>
<p>la paz ha renacido,</p>
<p>canto al dolor, que ha sido,</p>
<p>tu santa redención.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enigma de la Historia</p>
<p>y escándalo del mundo,</p>
<p>de tu pasada gloria</p>
<p>so el árbol infecundo,</p>
<p>yacías en profundo</p>
<p>letargo secular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del fanatismo esclava,</p>
<p>en noche eterna y fría,</p>
<p>tan sólo iluminaba</p>
<p>tu mísera agonía,</p>
<p>la lámpara que ardía</p>
<p>delante del altar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdida en tu camino</p>
<p>y a obscuras tu conciencia,</p>
<p>el arte sin destino,</p>
<p>sin libertad la ciencia,</p>
<p>tu antigua omnipotencia</p>
<p>no renació jamás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pirámide ostentosa</p>
<p>alzada en el desierto,</p>
<p>do incógnita reposa</p>
<p>la vanidad de un muerto,</p>
<p>¡oh Patria! tu famosa</p>
<p>grandeza era no más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llamando con su espada</p>
<p>de súbito a tu puerta,</p>
<p>gritó la inesperada</p>
<p>catástrofe: —¡Despierta!—</p>
<p>y el águila su abierta</p>
<p>garra en tu pecho hincó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh asombro! Bajo el fiero</p>
<p>dolor de la ancha herida</p>
<p>tus músculos de acero.</p>
<p>cobraron nueva vida:</p>
<p>rugiste enfurecida</p>
<p>y el águila tembló.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdona si la austera</p>
<p>verdad acato y digo:</p>
<p>dolor que regenera</p>
<p>es premio y no castigo.</p>
<p>Confieso que contigo</p>
<p>inexorable fue.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando te vio a la falda</p>
<p>del monte soñolienta,</p>
<p>tendió sobre tu espalda</p>
<p>su azote y la tormenta:</p>
<p>te exasperó la afrenta,</p>
<p>y te pusiste en pie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ardieron tus hogares,</p>
<p>y con mortal quebranto</p>
<p>corrió la sangre a mares</p>
<p>mezclada con tu llanto.</p>
<p>¡Cuánto sufriste, y cuánto</p>
<p>duró tu adversidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero pasó el torrente,</p>
<p>el sol doró tus ruinas,</p>
<p>y excelsa, refulgente,</p>
<p>aunque ciñendo espinas,</p>
<p>apareció en Oriente</p>
<p>tu augusta libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! Desde entonces luchas</p>
<p>con la traidora hiena,</p>
<p>y su rugido escuchas</p>
<p>impávida y serena.</p>
<p>Tres veces en la arena</p>
<p>domaste su furor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando tus ansias cesen,</p>
<p>y en tiempos más felices</p>
<p>honrados hijos besen</p>
<p>tus santas cicatrices,</p>
<p>verás como bendices</p>
<p>los frutos del dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él con potente mano</p>
<p>labra, organiza y crea</p>
<p>cuando en el yunque humano</p>
<p>con hondo afán golpea</p>
<p>para forjar la idea</p>
<p>que es vida, es verbo, es luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que dichosos duermen</p>
<p>no sueñan con el cielo:</p>
<p>siempre el dolor fue germen</p>
<p>de algún gigante anhelo,</p>
<p>y Dios, bajando al suelo,</p>
<p>le consagró en la Cruz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dulces y amorosos sueños…</strong></h3>
<p>Dulces y amorosos sueños</p>
<p>de la virgen candorosa,</p>
<p>que tomáis en el espacio</p>
<p>blanca y delicada forma;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>melancólicos suspiros</p>
<p>de la flor que se deshoja,</p>
<p>que os convertís en el cielo</p>
<p>en espíritus de aroma;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo siento sobre mi frente</p>
<p>vuestras alas temblorosas,</p>
<p>y siento en los labios míos</p>
<p>el beso de vuestra boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lloráis para consolarme</p>
<p>de mis pasadas congojas,</p>
<p>y ese llanto es el rocío</p>
<p>que se columpia en las rosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas si queréis que no pene,</p>
<p>desde el cielo en donde mora,</p>
<p>si no al ángel que me inspira</p>
<p>bajadme al menos su sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El reo de muerte</strong></h3>
<p>¡Oh, vedle; vedle! ¡Turbia y ardiente la mirada,</p>
<p>en brazos de su culpa que le acrimina austera,</p>
<p>tan lejos y tan cerca de la insondable nada,</p>
<p>del mundo que le arroja, del polvo que le espera!…</p>
<p>¡Luchando con extrañas y horribles agonías</p>
<p>que traen ante sus ojos en rápida carrera</p>
<p>sus inocentes horas, sus conturbados días,</p>
<p>el cuadro pavoroso de su existencia entera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer, aunque entre sombras, lo porvenir incierto,</p>
<p>brindábale ilusiones de amor y de ventura,</p>
<p>y hoy, asomado al borde de su sepulcro abierto,</p>
<p>contempla horripilado la eternidad obscura.</p>
<p>La muerte, que le acosa con misterioso grito,</p>
<p>despierta los terrores de su conciencia impura:</p>
<p>quiere llamar, y apaga sus voces el delito,</p>
<p>quiere huir, y le asalta la hambrienta sepultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, si recuerda entonces el dulce hogar sereno</p>
<p>donde pasó ignorada su infancia soñadora,</p>
<p>la amante y pobre madre que le llevó en su seno,</p>
<p>único ser acaso que le disculpa y llora!</p>
<p>¡Ay triste de él si al lado del hondo precipicio</p>
<p>su amparo no le presta la fe consoladora;</p>
<p>la fe que se levanta potente en el suplicio</p>
<p>y da sus alas de ángel al alma pecadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Miradle! Cada paso que hacia el cadalso avanza</p>
<p>de su agitada vida los horizontes cierra:</p>
<p>apágase en sus ojos la luz de la esperanza</p>
<p>y el peso de la muerte fatídico le aterra.</p>
<p>¡Ay, ten valor! Si un día de imprevisión y dolo</p>
<p>te puso con los hombres y con la ley en guerra,</p>
<p>mañana entre los muertos abandonado y solo</p>
<p>en su profundo olvido te envolverá la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparta tu mirada terrífica y sombría</p>
<p>de esa apiñada turba que bulle en el camino</p>
<p>para gozar del triste placer de tu agonía</p>
<p>y presenciar el término de tu fatal destino.</p>
<p>¡Oh! no la empuja sólo su imbécil sentimiento</p>
<p>hacia el cadalso infame que espera al asesino.</p>
<p>¡Hasta la cumbre misma del Gólgota sangriento</p>
<p>siguió también los pasos del Redentor divino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Sol tocaba en su ocaso…</strong></h3>
<p>El Sol tocaba en su ocaso,</p>
<p>y la luz tibia y dudosa</p>
<p>del crepúsculo envolvía</p>
<p>la naturaleza toda.</p>
<p>Los dos estábamos solos,</p>
<p>mudos de amor y zozobra,</p>
<p>con las manos enlazadas,</p>
<p>trémulas y abrasadoras,</p>
<p>contemplando cómo el valle,</p>
<p>el mar y apacible costa,</p>
<p>lentamente iban perdiendo</p>
<p>color, transparencia y forma.</p>
<p>A medida que la noche</p>
<p>adelantaba medrosa,</p>
<p>nuestra tristeza se hacía</p>
<p>más invencible y más honda.</p>
<p>Hasta que al fin, no sé cómo,</p>
<p>yo trastornado, tú loca,</p>
<p>estalló en ardiente beso</p>
<p>nuestra pasión silenciosa.</p>
<p>¡Ay! al volver suspirando</p>
<p>de aquel éxtasis de gloria,</p>
<p>¿qué vimos? Sombra en el cielo,</p>
<p>y en nuestra conciencia sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El vértigo</strong></h3>
<p>Guarneciendo de una ría</p>
<p>la entrada incierta y angosta,</p>
<p>sobre un peñón de la costa</p>
<p>que bate el mar noche y día,</p>
<p>se alza gigante y sombría</p>
<p>ancha torre secular</p>
<p>que un rey mandó edificar</p>
<p>a manera de atalaya,</p>
<p>para defender la playa</p>
<p>contra los riesgos del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando viento borrascoso</p>
<p>sus almenas no conmueve,</p>
<p>no turba el rumor más leve</p>
<p>la majestad del coloso.</p>
<p>Queda en profundo reposo</p>
<p>largas horas sumergido,</p>
<p>y sólo se escucha el ruido</p>
<p>con que los aires azota</p>
<p>alguna blanca gaviota</p>
<p>que tiene en la peña el nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas cuando en recia batalla</p>
<p>el mar rebramando choca</p>
<p>contra la empinada roca</p>
<p>que allí le sirve de valla;</p>
<p>Cuando en la enhiesta muralla</p>
<p>ruge el huracán violento,</p>
<p>entonces, firme en su asiento,</p>
<p>el castillo desafía</p>
<p>la salvaje sinfonía</p>
<p>de las olas y del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ció magnánimo el monarca</p>
<p>en feudo a Juan de Tabáres</p>
<p>las seis villas y lugares</p>
<p>de aquella agreste comarca.</p>
<p>Cuanto con la vista abarca</p>
<p>desde el alto parapeto,</p>
<p>a su yugo está sujeto,</p>
<p>y en los reinos de Castilla</p>
<p>no hay señor de horca y cuchilla</p>
<p>que no le tenga respeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para acrecentar sus bríos</p>
<p>contra los piratas moros,</p>
<p>colmóle el Rey de tesoros,</p>
<p>mercedes y señoríos.</p>
<p>Mas cediendo a sus impíos</p>
<p>pensamientos de Luzbel,</p>
<p>desordenado y cruel</p>
<p>roba, asuela, incendia y mata,</p>
<p>y es más bárbaro pirata</p>
<p>que los vencidos por él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasma el mirar su serena</p>
<p>faz y su blondo cabello,</p>
<p>que encubra rostro tan bello</p>
<p>los instintos de una hiena.</p>
<p>Cuando en el monte resuena</p>
<p>su bronca trompa de caza,</p>
<p>con mudo terror abraza</p>
<p>la madre al niño inocente,</p>
<p>y huye medrosa la gente</p>
<p>del turbión que la amenaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Elegía a la memoria del insigne historiador y poeta portugués Alejandro Herculano</strong></h3>
<p>Si es cierto que la pena compartida</p>
<p>llega a calmarse, porque el llanto ajeno</p>
<p>es para el triste bálsamo de vida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si es verdad ¡ay! que el afligido seno,</p>
<p>cuando piedad encuentra y blando abrigo,</p>
<p>más reposado late y más sereno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>permite ¡oh Portugal! que un pueblo amigo,</p>
<p>ante la humilde tumba de Herculano,</p>
<p>mostrándote tu amor, llore contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya no existe el poeta! Pero en vano</p>
<p>querrá la muerte arrebatar la gloria</p>
<p>del más insigne genio lusitano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El con su ciencia engrandeció la Historia,</p>
<p>él exaltó la santa poesía,</p>
<p>y él impondrá a los siglos su memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantor de vigorosa fantasía,</p>
<p>pulsó inspirado el Arpa del Creyente</p>
<p>y amó la libertad. ¡Quién no ama el día!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dobló el yugo del temor su frente,</p>
<p>ni la lisonja vil manchó su labio,</p>
<p>ni abatió al débil, ni ensalzó al potente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la austera verdad en desagravio,</p>
<p>se opuso a la invasión de la mentira</p>
<p>con fe de artista y convicción de sabio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enérgico y tenaz, pero sin ira,</p>
<p>combatió en pro de su fecunda idea</p>
<p>con la voz, con la espada y con la lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto ya de luchar, buscó en la aldea</p>
<p>la dulce calma, el apacible encanto</p>
<p>que perdió en el fragor de la pelea,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y hoy en rústico y pobre camposanto</p>
<p>sus restos guarda honrada sepultura,</p>
<p>que el pueblo portugués riega con llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Feliz el alma que al romper su obscura</p>
<p>cárcel, de eterno lauro coronada,</p>
<p>vuelve al seno de Dios intacta y pura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ejemplo sea nuestra Edad menguada,</p>
<p>en que más de un ingenio peregrino</p>
<p>en el fango del mundo se degrada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y contrariando su inmortal destino,</p>
<p>como ramera sin pudor, ofrece</p>
<p>al éxito brutal su estro divino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! grande podrá ser, mas no merece</p>
<p>loa ni encomio el pensamiento humano</p>
<p>que se humilla, y se arrastra, y se envilece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién al águila audaz, que el soberano</p>
<p>vuelo remonta, comparar podría</p>
<p>con el reptil inmundo del pantano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh religión del arte! ¡Oh Poesía!</p>
<p>¡Comunión de las almas cuando llevas</p>
<p>la paz, el bien y la razón por guía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuando contra la infamia te sublevas,</p>
<p>y con no usada majestad, el vuelo</p>
<p>hasta el principio de la luz elevas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pliega tus alas en señal de duelo,</p>
<p>y ante esa pobre tumba deposita</p>
<p>tu más preciada flor: ¡la fe en el cielo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rinde esa flor, que nunca se marchita,</p>
<p>¡ay! a quien solo, sí, mas no olvidado,</p>
<p>duerme a la sombra de la cruz bendita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A quien fue por tu numen exaltado,</p>
<p>de rica inspiración raudal fecundo</p>
<p>y tu apóstol al par que tu soldado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rompe el silencio lóbrego y profundo</p>
<p>que cubre el polvo desligado y frío</p>
<p>del que llevaba en su cerebro un mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ya ese mundo estéril y sombrío</p>
<p>no animarán los sueños de la vida:</p>
<p>¡ya no le animarán! ¡Está vacío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas bastan a su fama esclarecida</p>
<p>las altas creaciones del poeta,</p>
<p>do su gran alma nos dejó esculpida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuan bien nos pinta la inquietud secreta</p>
<p>del sacerdote que consigo mismo</p>
<p>combate sin cesar como un atleta!,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡que ama y lucha a la vez con heroísmo;</p>
<p>y ve rodar sin gloria ni esperanza</p>
<p>su patria y su virtud hacia el abismo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando esparciendo e! odio y la matanza,</p>
<p>la morisma feroz salva el Estrecho</p>
<p>y cual torrente incontrastable avanza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ante el imperio gótico deshecho,</p>
<p>la pasión insensata que le oprime,</p>
<p>con sacrílego ardor le abrasa el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y llora, y tiembla, y se retuerce, y gime,</p>
<p>y sólo a costa de la inútil vida</p>
<p>de sus perpetuos votos se redime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cayó en el campo del honor! La herida</p>
<p>anticipó su fin; pero él llevaba</p>
<p>la muerte en sus entrañas escondida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿En qué corazón, rugiente y brava,</p>
<p>no estalla, en horas de incurable duelo,</p>
<p>la rebelión de la materia esclava?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A quién, alguna vez, con hondo anhelo</p>
<p>la sed de lo imposible no le acosa?</p>
<p>¿Quién no ha soñado en escalar el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Surge después la imagen luminosa</p>
<p>del arquitecto Alfonso, que en su extrema</p>
<p>y ciega ancianidad, aun no reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le designó la voluntad suprema</p>
<p>para labrar maravilloso templo,</p>
<p>y es forzoso, que acabe su poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su viril constancia ante el ejemplo,</p>
<p>¡con cuánta angustia de la Edad presente,</p>
<p>la vergonzosa indecisión contemplo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Incrédula, dudosa, indiferente,</p>
<p>lidia sin fe, sin convicción se agita,</p>
<p>y no acierta a explicarse lo que siente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya con sordo fragor se precipita,</p>
<p>como el alud del monte, ya asustada</p>
<p>los hierros del esclavo solicita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sigue rebelde o sierva su jornada,</p>
<p>y más que al ruego, al látigo obedece,</p>
<p>¡ay! cuando no vencida, fatigada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante esa sociedad que desfallece,</p>
<p>del inspirado artista la figura</p>
<p>¡cuán excelsa a mis ojos resplandece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lleno de genio, edificar procura</p>
<p>alta y extensa bóveda, que sea</p>
<p>terror y pasmo de la edad futura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acariciando su arriesgada idea,</p>
<p>cual padre cariñoso, con tranquila</p>
<p>majestad se consagra a su tarea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pueblo se estremece y horripila</p>
<p>al comprender su temerario empeño,</p>
<p>y él mismo alguna vez duda y vacila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿No pudiera, en verdad, ser el diseño</p>
<p>de la atrevida y portentosa nave,</p>
<p>la irrealizable concepción de un sueño?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Acierta? ¿Se equivoca? ¡Quién lo sabe!</p>
<p>Todos son juicios, cálculos y asombros.</p>
<p>Pero él decide, resignado y grave,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>enterrar su vergüenza en los escombros</p>
<p>y si decreta Dios la infausta ruina,</p>
<p>recibirla impertérrito en sus hombros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichoso ciego a quien la fe ilumina!</p>
<p>Su ardor redobla en la animosa empresa,</p>
<p>y la admirable fábrica termina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Derríbase, por fin, la selva espesa</p>
<p>de cimbras y pilares, y el espanto</p>
<p>es en todos mayor que la sorpresa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedó desierto el templo sacrosanto,</p>
<p>y el noble viejo en éxtasis divino,</p>
<p>con sus ojos sin luz, mas no sin llanto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>solo, abstinente, orando de continuo,</p>
<p>vivió esperando hasta el tercero día</p>
<p>la catástrofe horrenda que no vino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la imponente nave todavía,</p>
<p>inmóvil cual granítica montaña,</p>
<p>el furor de los siglos desafía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh anciano ilustre, tu sublime hazaña,</p>
<p>de la dura labor a que se entrega</p>
<p>nuestra razón, el simbolismo entraña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque cansada del trabajo y ciega,</p>
<p>obediente a las leyes que la rigen,</p>
<p>sin cesar edifica, y no sosiega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dóciles a su voz desde su origen,</p>
<p>los pueblos con ruidosa incertidumbre</p>
<p>el monumento de su gloria erigen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teme a veces la ignara muchedumbre</p>
<p>que la nave espaciosa venga al suelo,</p>
<p>vencida de su inmensa pesadumbre;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas la razón serena y sin recelo</p>
<p>sabe bien que en sus ejes de diamante</p>
<p>segura está la bóveda del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No caerá, no, porque el varón constante</p>
<p>deseche el miedo, y con afán profundo</p>
<p>en alas de la ciencia se levante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! si hubiese cedido al infecundo</p>
<p>pavor que nuestras almas encadena,</p>
<p>Colón no hubiera descubierto un mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La duda nuestros ímpetus refrena,</p>
<p>abre anchuroso cauce al egoísmo,</p>
<p>y sólo funda en movediza arena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero no es fácil resistir! Yo mismo,</p>
<p>que deploro su mal, mis horas paso</p>
<p>incierto entre los cielos y el abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Herido a un tiempo por el brillo escaso</p>
<p>de un moribundo sol, que lentamente</p>
<p>va cayendo en las sombras del Ocaso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y por la tibia aurora que en Oriente</p>
<p>empieza a despuntar, también vacilo,</p>
<p>y apenas sé donde posar mi frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿Quién puede, con ánimo tranquilo,</p>
<p>dar la triste y postrera despedida</p>
<p>al dulce hogar que le sirvió de asilo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡basta ya de indecisión! La vida</p>
<p>se engrandece al calor de otras ideas</p>
<p>que nos muestran la tierra prometida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y en ciudades, y en campos, y en aldeas</p>
<p>resuena el coro universal que canta</p>
<p>a la naciente luz: —¡Bendita seas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu fulgor, que los orbes abrillanta,</p>
<p>sólo a la negra noche, engendradora</p>
<p>de monstruos y de crímenes, espanta.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién pudiera, a los rayos de esa aurora</p>
<p>los seres convocar que de Herculano</p>
<p>forjó la fantasía soñadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no abrigo el pensamiento vano</p>
<p>de animar las figuras colosales</p>
<p>que con diestro cincel labró su mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las místicas angustias, las mortales</p>
<p>ansias, los rencorosos extravíos,</p>
<p>que él presenta patéticos y reales,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>rebasarían de los versos míos,</p>
<p>si en ellos contenerlos intentara,</p>
<p>cual de sus cauces los hinchados ríos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no tan sólo en la región que avara</p>
<p>las ficciones y fábulas encierra,</p>
<p>se abrió camino su razón preclara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como rayo de sol que se soterra</p>
<p>por ocultos resquicios, e ilumina</p>
<p>los recónditos senos de la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el negro cráter, la profunda mina</p>
<p>y la gruta de abrojos resguardada</p>
<p>que conoce no más fiera dañina,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>así del vate la sagaz mirada</p>
<p>penetró, fulgurando, en los obscuros</p>
<p>y hondos abismos de la Edad pasada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y descifrando en los ciclópeos muros</p>
<p>de tan lóbregos antros, los inciertos</p>
<p>signos para allegar datos seguros,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>buscaba en los sepulcros entreabiertos</p>
<p>de los tiempos antiguos, la memoria</p>
<p>casi perdida de los siglos muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuando atormentado por la gloria,</p>
<p>con animoso espíritu escribía</p>
<p>del pueblo portugués la épica historia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la fanática y torpe hipocresía,</p>
<p>medrosa de la luz, no hubiese roto</p>
<p>su pluma de oro, en que irradiaba el día;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si en medio del frenético alboroto</p>
<p>de envidiosas calumnias, él no hubiera</p>
<p>hecho de enmudecer solemne voto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el monumento que con fe sincera</p>
<p>quiso alzar a la patria su erudito</p>
<p>y vasto ingenio, perdurable fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuera como esas moles de granito</p>
<p>en que pueblos gigantes que no existen,</p>
<p>sus ya ignorados fastos han escrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Do sus glorias están? ¿En qué consisten?</p>
<p>¿Qué resta de ellos en el mundo? Nada:</p>
<p>las pirámides sólo, que aún resisten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa Historia, entre tantas celebrada,</p>
<p>del egregio Herculano obra maestra,</p>
<p>¡ay! quedará por siempre inacabada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tan raras perfecciones muestra,</p>
<p>que es, y será en los siglos venideros</p>
<p>gloria de Portugal… ¡y también nuestra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por ventura los débiles linderos</p>
<p>que la discordia entre nosotros puso,</p>
<p>han roto nuestros vínculos primeros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermanos son el español y el luso,</p>
<p>un mismo origen su destino enlaza,</p>
<p>y Dios la misma cuna los dispuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas aunque fuesen de enemiga raza,</p>
<p>la generosa tierra en que han crecido</p>
<p>con maternal orgullo los abraza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A quién importa el rumbo que han seguido?</p>
<p>Dos águilas serán de opuesta zona,</p>
<p>que en el mismo peñón hacen su nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese sol que los sirve de corona,</p>
<p>con torrentes de luz sus campos baña</p>
<p>y sus frutos idénticos sazona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juntos pueblan los términos de España,</p>
<p>y parten ambos con igual derecho</p>
<p>el mar, el río, el llano y la montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando algún invasor, hallando estrecho</p>
<p>el mundo a su ambición, con ellos cierra,</p>
<p>la misma espada los traspasa el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mismo hogar defienden en la guerra,</p>
<p>el mismo sentimiento los inspira,</p>
<p>cúbrelos al morir la misma tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y tan unidos la razón los mira,</p>
<p>como los fuertes dedos de una mano</p>
<p>y las cuerdas vibrantes de una lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! cuando luchan con rencor tirano,</p>
<p>pregunta Dios al vencedor impío:</p>
<p>—¡Caín, Caín, qué hiciste de tu hermano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juntos mostraron su indomable brío</p>
<p>en lid reñida, infatigable y fiera,</p>
<p>contra un poder despótico y sombrío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y juntos alzarán, cuando Dios quiera</p>
<p>poner fin a su mutua desventura</p>
<p>una patria, una ley y una bandera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ante la humilde sepultura</p>
<p>que guarda al más insigne de tus hijos,</p>
<p>España ¡oh Portugal! su Danto apura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y en ti sus nobles pensamientos fijos,</p>
<p>acude ansiosa a consolar tus penas;</p>
<p>pero no a compartir tus regocijos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podrá el recelo ruin, si no le enfrenas,</p>
<p>hacer que el odio entre nosotros cunda,</p>
<p>y no luzcan jamás horas serenas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>podrá impedir nuestra unidad fecunda;</p>
<p>mas no evitar que mi patria el llanto</p>
<p>con el que tú derrames se confunda.</p>
<p>¡No lo conseguirá! ¡No puede tanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En celebridad de su coronación…</strong></h3>
<p>En celebridad de su coronación</p>
<p>Allá en la edad florida</p>
<p>de mi niñez serena,</p>
<p>cuando las leves horas de mi vida</p>
<p>resbalaban en calma,</p>
<p>y no ahuyentaba la ambición ardiente</p>
<p>las doradas imágenes del alma;</p>
<p>mi buen padre, en aquella</p>
<p>tierna y dichosa edad, me refería</p>
<p>la página más bella</p>
<p>que hay en la historia de la patria mía.</p>
<p>Contóme cómo un día</p>
<p>de eterno luto y duelo,</p>
<p>vino desde las márgenes del Sena</p>
<p>a posarse orgullosa en nuestro suelo</p>
<p>la águila altiva de Austerliz y Jena;</p>
<p>cómo, en vibrante cólera encendido</p>
<p>el pueblo castellano,</p>
<p>combatió contra el genio y la fortuna;</p>
<p>y al escuchar tan peregrina historia,</p>
<p>bendije a Dios, que colocó mi cuna</p>
<p>en donde crece el lauro de la gloria.</p>
<p>Pobre niño inocente,</p>
<p>«¿quién, pregunté a mi padre, animar pudo</p>
<p>vuestro brazo nervudo?</p>
<p>¿Qué genio prepotente</p>
<p>despertó vuestro espíritu valiente?</p>
<p>¿Qué voz agitadora y soberana</p>
<p>mantuvo en vuestros pechos la energía?»</p>
<p>Y mi padre llorando respondía:</p>
<p>«¡la voz del gran QUINTANA!</p>
<p>España en ese acento</p>
<p>palpitaba y gemía;</p>
<p>él era la expresión del sentimiento</p>
<p>de la nación ibera,</p>
<p>el eco fiel de nuestras glorias era.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces te amé, y este cariño</p>
<p>no huyó como las blandas ilusiones</p>
<p>que halagan siempre el corazón del niño.</p>
<p>Por eso hoy que en tu frente</p>
<p>brilla el lauro inmortal, genio profundo,</p>
<p>paréceme que veo</p>
<p>coronado el esfuerzo giganteo</p>
<p>con que el pueblo español asombró al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En el monasterio de piedra (Aragón)</strong></h3>
<p>Venga el ateo y fije sus miradas</p>
<p>En las raudas cascadas</p>
<p>Que caen con el estrépito del trueno</p>
<p>En ese bosque que oscurece el día,</p>
<p>De rústica armonía</p>
<p>Y de perfumes y de sombras lleno;</p>
<p>En la gruta titánica que arredra</p>
<p>Con sus monstruos de piedra,</p>
<p>Su oculto lago y despeñado río:</p>
<p>Que ante tantas grandezas el ateo</p>
<p>Dirá asombrado: -¡Creo,</p>
<p>Creo en tu excelsa majestad, Dios mío!</p>
<p>Arpa es la creación, que en la tranquila</p>
<p>Inmensidad oscila</p>
<p>Con ritmo eterno y cántico sonoro,</p>
<p>Y no hay murmullo, ni rumor, ni acento</p>
<p>En tierra, mar y viento,</p>
<p>Que del himno inmortal no forme coro.</p>
<p>El insecto entre el césped escondido,</p>
<p>El pájaro en su nido,</p>
<p>El trueno en las entrañas de la nube,</p>
<p>Hasta la flor que en los sepulcros brota,</p>
<p>Todo exhala su nota</p>
<p>Que en acordado son al cielo sube.</p>
<p>Nunca del hombre la soberbia ciega,</p>
<p>Que a enloquecerlo llega,</p>
<p>Podrá alcanzar, en su insaciable anhelo,</p>
<p>Ese poder augusto y soberano</p>
<p>Que enfrena el océano</p>
<p>Y hace girar los astros en el cielo.</p>
<p>En vano, golpeándose la frente,</p>
<p>Se agitará impotente</p>
<p>En su orgullo satánico y maldito;</p>
<p>Siempre, desesperado Prometeo,</p>
<p>Le acosará el deseo,</p>
<p>¡Ay!, que como el dolor, es infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Eres ariete formidable: nada…</strong></h3>
<p>Eres ariete formidable: nada</p>
<p>Resiste a tu satánica ironía.</p>
<p>Al través del sepulcro todavía</p>
<p>Resuena tu estridente carcajada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó bajo tu sátira acerada</p>
<p>Cuanto la humana estupidez creía,</p>
<p>Y hoy la razón no más sirve de guía</p>
<p>A la prole de Adán regenerada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya solo influye en su inmortal destino</p>
<p>La libre religión de las ideas;</p>
<p>Ya la fe miserable a tierra vino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el Cristo se desploma; ya las teas</p>
<p>Alumbran los misterios del camino;</p>
<p>Ya venciste, Voltaire. ¡Maldito seas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Es de noche: el monasterio…</strong></h3>
<p>Es de noche: el monasterio</p>
<p>que alzó Felipe Segundo</p>
<p>para admiración del mundo</p>
<p>y ostentación de su imperio,</p>
<p>yace envuelto en el misterio</p>
<p>y en las tinieblas sumido.</p>
<p>De nuestro poder, ya hundido,</p>
<p>último resto glorioso,</p>
<p>parece que está el coloso</p>
<p>al pie del monte, rendido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viento del Guadarrama</p>
<p>deja sus antros obscuros,</p>
<p>y estrellándose en los muros</p>
<p>del templo, se agita y brama.</p>
<p>Fugaz y rojiza llama</p>
<p>surca el ancho firmamento,</p>
<p>y a veces, como un lamento,</p>
<p>resuena el lúgubre son</p>
<p>con que llama a la oración</p>
<p>la campana del convento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La iglesia, triste y sombría,</p>
<p>en honda calma reposa,</p>
<p>tan helada y silenciosa</p>
<p>como una tumba vacía.</p>
<p>Colgada lámpara envía</p>
<p>su incierta luz a lo lejos,</p>
<p>y a sus trémulos reflejos</p>
<p>llegan, huyen, se levantan</p>
<p>esas mil sombras que espantan</p>
<p>a los niños y a los viejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pronto, claro y distinto,</p>
<p>la regia cripta conmueve</p>
<p>ruido extraño, que aunque leve,</p>
<p>llena el mortuorio recinto.</p>
<p>Es que el César Carlos Quinto,</p>
<p>con mano firme y segura</p>
<p>entreabre su sepultura,</p>
<p>y haciendo una horrible mueca,</p>
<p>su faz carcomida y seca</p>
<p>asoma por la hendidura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Golpea su descarnada</p>
<p>frente con tenaz empeño,</p>
<p>como quien sale de un sueño</p>
<p>sin acordarse de nada.</p>
<p>Recorre con su mirada</p>
<p>aquel lugar solitario,</p>
<p>alza el mármol funerario,</p>
<p>y arrebatado y resuelto</p>
<p>salta del sepulcro, envuelto</p>
<p>en su andrajoso sudario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Hola!» grita en son de guerra</p>
<p>con aquella voz concisa,</p>
<p>que oyó en el siglo, sumisa</p>
<p>y amedrentada la tierra.</p>
<p>«¡Volcad la losa que os cierra!</p>
<p>Vástagos de imperial rama,</p>
<p>varones que honráis la fama,</p>
<p>antiguas y excelsas glorias,</p>
<p>de vuestras urnas mortuorias</p>
<p>salid, que el César os llama.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contestando a estos conjuros,</p>
<p>un clamor confuso y hondo</p>
<p>parece brotar del fondo,</p>
<p>de aquellos mármoles duros.</p>
<p>Surgen vapores impuros</p>
<p>de los sepulcros ya abiertos:</p>
<p>la serie de reyes muertos</p>
<p>después a salir empieza,</p>
<p>y es de notar la tristeza,</p>
<p>el gesto despavorido</p>
<p>de los que han envilecido</p>
<p>la corona en su cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grave, solemne, pausado,</p>
<p>se alza Felipe Segundo,</p>
<p>en su lucha con el mundo</p>
<p>vencido, mas no domado.</p>
<p>Su hijo se despierta al lado,</p>
<p>y detrás del rey devoto,</p>
<p>aquel que humillado y roto</p>
<p>vio desmoronarse a España,</p>
<p>cual granítica montaña</p>
<p>a impulsos del terremoto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego el monarca enfermizo,</p>
<p>de infausta y negra memoria,</p>
<p>en cuya Edad nuestra gloria,</p>
<p>como nieve se deshizo.</p>
<p>Bajo el poder de su hechizo</p>
<p>se estremece todavía.</p>
<p>¡Ay, qué terrible armonía,</p>
<p>qué obscuro enlace se nota</p>
<p>entre aquel mísero idiota</p>
<p>y su exhausta monarquía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con terrífica sorpresa</p>
<p>y en silencioso concierto,</p>
<p>todos los reyes que han muerto</p>
<p>van saliendo de su huesa.</p>
<p>La ya apagada pavesa</p>
<p>cobra los vitales bríos,</p>
<p>y se aglomeran sombríos</p>
<p>aquellos yertos despojos,</p>
<p>aquellas cuencas sin ojos,</p>
<p>aquellos cráneos vacíos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los monarcas en pos,</p>
<p>respondiendo al llamamiento,</p>
<p>cual si llegara el momento</p>
<p>del santo juicio de Dios,</p>
<p>acuden de dos en dos</p>
<p>por claustros y corredores,</p>
<p>príncipes, grandes señores,</p>
<p>prelados, frailes, guerreros,</p>
<p>favoritos, consejeros,</p>
<p>teólogos e inquisidores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué es mirar como serpea</p>
<p>por su semblante amarillo</p>
<p>el fosforescente brillo</p>
<p>que la podredumbre crea!</p>
<p>¡Qué espíritu no flaquea</p>
<p>con mil terrores secretos,</p>
<p>viendo aquellos esqueletos,</p>
<p>que ante el César, que los nombra,</p>
<p>se deslizan por la sombra</p>
<p>mudos, absortos, inquietos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas altas potestades,</p>
<p>cuántas grandezas pasadas,</p>
<p>cuántas invictas espadas,</p>
<p>cuántas firmes voluntades</p>
<p>en aquellas soledades</p>
<p>muestran sus restos livianos!</p>
<p>¡Cuántos cráneos soberanos,</p>
<p>que el genio habitara en vida,</p>
<p>convertidos en guarida</p>
<p>de miserables gusanos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el triste panteón</p>
<p>en que se agolpa y hacina,</p>
<p>hacia el templo se encamina</p>
<p>la fúnebre procesión.</p>
<p>Marcha con pausado son</p>
<p>tras del rey que la congrega,</p>
<p>y cuando a la iglesia llega,</p>
<p>inunda la altiva nave</p>
<p>un resplandor tibio y suave,</p>
<p>que ni deslumbra ni ciega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guardando el regio decoro,</p>
<p>como en los siglos pasados,</p>
<p>reyes, príncipes, prelados</p>
<p>toman asiento en el coro.</p>
<p>Después en tropel sonoro</p>
<p>por el templo se derrama,</p>
<p>rindiendo culto a la fama</p>
<p>con que llena las historias,</p>
<p>aquel haz de muertas glorias,</p>
<p>que el César convoca y llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por mandato soberano</p>
<p>de Carlos, que el cetro ostenta,</p>
<p>llega al órgano y se sienta</p>
<p>un viejo esqueleto humano.</p>
<p>La seca y huesosa mano</p>
<p>en el gran teclado imprime,</p>
<p>y la música sublime,</p>
<p>que a inmensos raudales brota,</p>
<p>parece que en cada nota</p>
<p>reza y llora, canta y gime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uniendo al acorde santo</p>
<p>su voz, los muertos despojos</p>
<p>caen ante el ara de hinojos</p>
<p>y a Dios elevan su canto.</p>
<p>Honda expresión del quebranto,</p>
<p>aquel eco de la tumba</p>
<p>crece, se dilata, zumba,</p>
<p>y al paso que va creciendo,</p>
<p>resuena con el estruendo</p>
<p>de un mundo que se derrumba:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Fuimos las ondas de un río</p>
<p>caudaloso y desbordado.</p>
<p>Hoy la fuente se ha secado,</p>
<p>hoy el cauce está vacío.</p>
<p>Ya ¡oh Dios! nuestro poderío</p>
<p>se extingue, se apaga y muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Maldito, maldito sea</p>
<p>aquel portentoso invento</p>
<p>que dio vida al pensamiento</p>
<p>y alas de luz a la idea!</p>
<p>El verbo animado ondea</p>
<p>y como el rayo nos hiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Maldito el hilo fecundo</p>
<p>que a los pueblos eslabona,</p>
<p>y busca, y cuenta, y pregona</p>
<p>las pulsaciones del mundo!</p>
<p>Ya en el silencio profundo</p>
<p>ninguna injusticia muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ya no vive cada raza</p>
<p>en solitario destierro,</p>
<p>ya con vínculo de hierro</p>
<p>la humana especie se enlaza.</p>
<p>Ya el aislamiento rechaza:</p>
<p>ya la libertad prefiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Rígido y brutal azote</p>
<p>con desacordado empuje</p>
<p>sobre las espaldas cruje</p>
<p>del rey y del sacerdote.</p>
<p>Ya nada existe que embote</p>
<p>el golpe ¡oh Dios! que nos hiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mas ¡ay! que en su audacia loca,</p>
<p>también el orgullo humano</p>
<p>pone en los cielos su mano</p>
<p>y a ti, Señor, te provoca.</p>
<p>Mientras blasfeme su boca</p>
<p>ni paz ni ventura espere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No en la tormenta enemiga:</p>
<p>no en el insondable abismo:</p>
<p>el mundo lleva en sí mismo</p>
<p>el rayo que le castiga.</p>
<p>Sin compasión ni fatiga</p>
<p>hoy nos mata; pero muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Grande y caudaloso río,</p>
<p>que corres precipitado,</p>
<p>ve que el nuestro se ha secado</p>
<p>y tiene el cauce vacío.</p>
<p>¡No prevalezca el impío,</p>
<p>ni la iniquidad prospere!</p>
<p>¡Miserere!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Súbito, con sordo ruido</p>
<p>cruje el órgano y estalla,</p>
<p>la luz se amortigua y calla</p>
<p>el concurso dolorido.</p>
<p>Al disiparse el sonido</p>
<p>del grave y solemne canto</p>
<p>llega a su colmo el espanto</p>
<p>de las mudas calaveras,</p>
<p>y de sus órbitas hueras</p>
<p>desciende abundoso llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que decrece</p>
<p>la luz misteriosa y vaga,</p>
<p>todo murmullo se apaga</p>
<p>y el cuadro se desvanece.</p>
<p>Con el alba que aparece</p>
<p>la procesión se evapora,</p>
<p>y mientras la blanca aurora</p>
<p>esparce su lumbre escasa,</p>
<p>a lo lejos silba y pasa</p>
<p>la rauda locomotora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Estrofas</strong></h3>
<p>I</p>
<p>La generosa musa de Quevedo</p>
<p>desbordose una vez como un torrente</p>
<p>y exclamó llena de viril denuedo:</p>
<p>«No he de callar, por más que con el dedo,</p>
<p>ya tocando los labios, ya la frente,</p>
<p>silencio avises o amenaces miedo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Y al estampar sobre la herida abierta</p>
<p>el hierro de su cólera encendido,</p>
<p>tembló la concusión, que siempre alerta,</p>
<p>incansable y voraz, labra su nido,</p>
<p>como gusano ruin en carne muerta,</p>
<p>en todo Estado exánime y podrido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Arranque de dolor, de ese profundo</p>
<p>dolor que se concentra en el misterio</p>
<p>y huye amargado del rumor del mundo,</p>
<p>fue su sangrienta sátira cauterio</p>
<p>que aplicó sollozando al patrio imperio,</p>
<p>mísero, gangrenado y moribundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>¡Ah! si hoy pudiera resonar la lira</p>
<p>que con Quevedo descendió a la tumba,</p>
<p>en medio de esta universal mentira,</p>
<p>de este viento de escándalo que zumba,</p>
<p>de este fétido hedor que se respira,</p>
<p>de esta España moral que se derrumba;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>de la viva y creciente incertidumbre</p>
<p>que en lucha estéril nuestra fuerza agota;</p>
<p>del huracán de sangre que alborota</p>
<p>el mar de la revuelta muchedumbre;</p>
<p>de la insaciable y honda podredumbre</p>
<p>que el rostro y la conciencia nos azota;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>de este horror, de este ciego desvarío</p>
<p>que cubre nuestras almas con un velo,</p>
<p>como el sepulcro, impenetrable y frío;</p>
<p>de este insensato pensamiento impío</p>
<p>que destituye a Dios, despuebla el cielo</p>
<p>y precipita el mundo en el vacío;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>si en medio de esta borrascosa orgía</p>
<p>que infunde repugnancia al par que aterra</p>
<p>esa lira estallara, ¿qué sería?</p>
<p>Grito de indignación, canto de guerra,</p>
<p>que en las entrañas mismas de la tierra</p>
<p>la muerta humanidad conmovería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>Mas porque el gran satírico no aliente,</p>
<p>¿ha de haber quien contemple y autorice</p>
<p>tanta degradación, indiferente?</p>
<p>«¿No ha de haber un espíritu valiente?</p>
<p>¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?</p>
<p>¿Nunca se ha de decir lo que se siente?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>¡Cuántos sueños de gloria evaporados</p>
<p>como las leves gotas de rocío</p>
<p>que apenas mojan los sedientos prados!</p>
<p>¡Cuánta ilusión perdida en el vacío,</p>
<p>y cuántos corazones anegados</p>
<p>en la amarga corriente del hastío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>X</p>
<p>No es la revolución raudal de plata</p>
<p>que fertiliza la extendida vega:</p>
<p>es sorda inundación que se desata.</p>
<p>No es viva luz que se difunde grata,</p>
<p>sino confuso resplandor que ciega</p>
<p>y tormentoso vértigo que mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XI</p>
<p>Al menos en el siglo desdichado</p>
<p>que aquel ilustre y vigoroso vate</p>
<p>con el rayo marcó de su censura,</p>
<p>podía el corazón atribulado</p>
<p>salir ileso del mortal combate</p>
<p>en alas de la fe radiante y pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XII</p>
<p>Y apartando la vista de aquel cieno</p>
<p>social, de aquellos fétidos despojos,</p>
<p>de aquel lúbrico y torpe desenfreno,</p>
<p>fijar llorando sus ardientes ojos,</p>
<p>en ese cielo azul, limpio y sereno</p>
<p>de santa paz y de esperanzas lleno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIII</p>
<p>Pero hoy ¿dónde mirar? Un golpe mismo</p>
<p>hiere al César y a Dios. Sorda carcoma</p>
<p>prepara el misterioso cataclismo;</p>
<p>y como en tiempos de la antigua Roma,</p>
<p>todo cruje, vacila y se desploma</p>
<p>en el cielo, en la tierra, en el abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIV</p>
<p>Perdida en tanta soledad la calma,</p>
<p>de noche eterna el corazón cubierto,</p>
<p>la gloria, muda, desolada el alma,</p>
<p>en este pavoroso desconcierto</p>
<p>se eleva la razón, como la palma</p>
<p>que crece triste y sola en el desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XV</p>
<p>¡Triste y sola, es verdad! ¿Dónde hay miseria</p>
<p>mayor? ¿Dónde más hondo desconsuelo?</p>
<p>¿De qué la sirve desgarrar el velo</p>
<p>que envuelve y cubre la vivaz materia,</p>
<p>y con profundo inextinguible anhelo</p>
<p>sondar la tierra, escudriñar el cielo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVI</p>
<p>entregarse a merced del torbellino</p>
<p>y en la duda incesante que la aqueja.</p>
<p>el secreto inquirir de su destino;</p>
<p>si a cada paso que adelanta, deja</p>
<p>su fe inmortal, como el vellón la oveja,</p>
<p>enredada en las zarzas del camino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVII</p>
<p>¿Si a su culpada humillación se adhiere</p>
<p>con la constancia infame del beodo,</p>
<p>que goza en su abyección, y en ella muere?</p>
<p>¿Si ciega, y torpe, y degradada en todo,</p>
<p>desconoce su origen y prefiere</p>
<p>a descender de Dios, surgir del lodo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVIII</p>
<p>¡Libertad, libertad! No eres aquella</p>
<p>virgen, de blanca túnica ceñida,</p>
<p>que vi en mis sueños pudibunda y bella.</p>
<p>No eres, no, la deidad esclarecida</p>
<p>que alumbra con su luz, como una estrella,</p>
<p>los lóbregos abismos de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIX</p>
<p>No eres la fuente de perenne gloria</p>
<p>que dignifica el corazón humano</p>
<p>y engrandece esta vida transitoria.</p>
<p>No el ángel vengador que con su mano</p>
<p>imprime en las espaldas del tirano</p>
<p>el hierro enrojecido de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XX</p>
<p>No eres la vaga aparición que sigo</p>
<p>con hondo afán desde mi edad primera,</p>
<p>sin alcanzarla nunca… Mas ¿qué digo?</p>
<p>No eres la libertad, disfraces fuera,</p>
<p>¡licencia desgreñada, vil ramera</p>
<p>del motín, te conozco y te maldigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXI</p>
<p>¡Ah! No es extraño que sin luz ni guía</p>
<p>los humanos instintos se desborden</p>
<p>con el rugido del volcán que estalla,</p>
<p>y en medio del tumulto y la anarquía,</p>
<p>como corcel indómito, el desorden</p>
<p>no respete ni látigo ni valla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXII</p>
<p>¿Quién podrá detenerle en su carrera?</p>
<p>¿Quién templar los impulsos de la fiera</p>
<p>y loca multitud enardecida,</p>
<p>que principia a dudar y ya no espera</p>
<p>hallar en otra luminosa esfera,</p>
<p>bálsamo a los dolores de esta vida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIII</p>
<p>Como Cristo en la cúspide del monte,</p>
<p>rotas ya sus morales ligaduras,</p>
<p>mira doquier con ojos espantados,</p>
<p>por toda la extensión del horizonte</p>
<p>dilatarse a sus pies vastas llanuras,</p>
<p>ricas ciudades, fértiles collados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIV</p>
<p>Y excitando su afán calenturiento</p>
<p>tanta grandeza y tanto poderío,</p>
<p>de la codicia el persuasivo acento</p>
<p>grítale audaz: «¡El cielo está vacío!</p>
<p>¿A quién temer?» Y ronca y sin aliento</p>
<p>la muchedumbre grita: «¡Todo es mío!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXV</p>
<p>Y en el tumulto su puñal afila,</p>
<p>y la enconada cólera que encierra</p>
<p>enturbia y enardece su pupila,</p>
<p>y ensordeciendo el aire en son de guerra</p>
<p>hace temblar bajo sus pies la tierra,</p>
<p>como las hordas bárbaras de Atila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVI</p>
<p>No esperéis que esa turba alborotada</p>
<p>infunda nueva sangre generosa</p>
<p>en las venas de Europa desmayada;</p>
<p>ni que termine su fatal jornada,</p>
<p>sobre el ara desierta y polvorosa</p>
<p>otro Dios levantando con su espada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVII</p>
<p>No esperéis, no, que la confusa plebe,</p>
<p>como santo depósito en su pecho</p>
<p>nobles instintos y virtudes lleve.</p>
<p>Hallará el mundo a su codicia estrecho,</p>
<p>que es la fuerza, es el número, es el hecho</p>
<p>brutal ¡es la materia que se mueve!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVIII</p>
<p>Y buscará la libertad en vano,</p>
<p>que no arraiga en los crímenes la idea,</p>
<p>ni entre las olas fructifica el grano.</p>
<p>Su castigo en sus iras centellea</p>
<p>pronto a estallar, que el rayo y el tirano</p>
<p>hermanos son. ¡La tempestad los crea!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Excélsior!</strong></h3>
<p>Por qué los corazones miserables,</p>
<p>por qué las almas viles,</p>
<p>en los fieros combates de la vida</p>
<p>ni luchan ni resisten?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El espíritu humano es más constante</p>
<p>cuanto más se levanta:</p>
<p>Dios puso el fango en la llanura, y puso</p>
<p>la roca en la montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La blanca nieve que en los hondos valles</p>
<p>derrítese ligera,</p>
<p>en las altivas cumbres permanece</p>
<p>inmutable y eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Fotografías</strong></h3>
<p>¡Pantoja, ten valor! Rompe la valla:</p>
<p>luce, luce en tarjeta y en membrete</p>
<p>y cabe el toro que enganchó a Pepete</p>
<p>date a luz en las tiendas de quincalla.</p>
<p>Eres un necio. -Cierto.- Pero acalla</p>
<p>tu pudor y la duda no te inquiete.</p>
<p>¿Qué importa un necio más donde se mete</p>
<p>con pueril presunción tanta morralla?</p>
<p>¡Valdrás una peseta, buen Pantoja!</p>
<p>No valen mucho más rostros y nombres</p>
<p>que la fotografía al mundo arroja.</p>
<p>Enséñanos tu cara y no te asombres:</p>
<p>deja a la edad futura que recoja,</p>
<p>tantos retratos y tan pocos hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Gloria al genio inmortal! Gloria…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¡Gloria al genio inmortal! Gloria</p>
<p>al profundo</p>
<p>Darwin, que de este mundo</p>
<p>penetra el hondo y pavoroso arcano!</p>
<p>¡Que, removiendo lo pasado incierto,</p>
<p>sagaz ha descubierto</p>
<p>el abolengo del linaje humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Puede el necio exclamar en su locura:</p>
<p>«¡Yo soy de Dios hechura!»</p>
<p>y con tan alto origen darse tono.</p>
<p>¿Quién, que estime su crédito y su nombre,</p>
<p>no sabe que es el hombre</p>
<p>la natural transformación del mono?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Con meditada calma y paso a paso,</p>
<p>cual reclamaba el caso,</p>
<p>llegó a tal perfección un mono viejo;</p>
<p>y la vivaz materia por sí sola</p>
<p>le suprimió la cola,</p>
<p>le ensanchó el cráneo y le afeitó el pellejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Esa invisible fuerza creadora,</p>
<p>siempre viva y sonora,</p>
<p>música, verbo, pensamiento alado;</p>
<p>ese trémulo acento en que la idea</p>
<p>palpita y centellea</p>
<p>como el soplo de Dios en lo creado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>hablo de Dios, porque lo exige el metro,</p>
<p>mas tu perdón impetro</p>
<p>(¡oh formidable secta darviniana!)</p>
<p>Ese sonido como el sol fecundo,</p>
<p>que vibra en todo el mundo</p>
<p>y resplandece en la palabra humana;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>esa voz, llena de poder y encanto,</p>
<p>ese misterio santo,</p>
<p>lazo de amor, espíritu de vida,</p>
<p>ha sido el grito de la bestia hirsuta,</p>
<p>en la cóncava gruta</p>
<p>de los ásperos bosques escondida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>¡Ay! Si es verdad lo que la ciencia enseña,</p>
<p>¿por qué se agita y sueña</p>
<p>el hombre, de su paz fiero enemigo?</p>
<p>¿A qué aspira? ¿Qué anhela? ¿Qué es, en suma,</p>
<p>el genio que le abruma?</p>
<p>¿Fuerza o debilidad? ¿Premio o castigo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>Honor, virtud, ardientes devaneos,</p>
<p>imposibles deseos,</p>
<p>loca ambición, estéril esperanza;</p>
<p>horrible tempestad que eternamente</p>
<p>perturbas nuestra mente,</p>
<p>con acentos de amor o de venganza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>conciencia del deber que nos oprimes,</p>
<p>ilusiones sublimes</p>
<p>que a más alta región tendéis el vuelo:</p>
<p>¿Qué sois? ¿Adónde vais? ¿Por qué os sentimos?</p>
<p>¿Por qué crimen perdimos</p>
<p>la inocencia brutal de nuestro abuelo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>X</p>
<p>Ajeno a todo inescrutable arcano,</p>
<p>nuestro Adán cuadrumano</p>
<p>en las selvas perdido y en los montes,</p>
<p>de fijo no estudiaba ni entendía</p>
<p>esta filosofía</p>
<p>que abre al dolor tan vastos horizontes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XI</p>
<p>Independiente y libre en la espesura,</p>
<p>no sufrió la amargura</p>
<p>que nos quema y devora las entrañas.</p>
<p>Dábanle el bosque entretejidas frondas,</p>
<p>el río claras ondas,</p>
<p>aire sutil y puro las montañas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XII</p>
<p>la tierra, a su elección, como en tributo</p>
<p>dulce y sabroso fruto,</p>
<p>música el viento susurrante y vago;</p>
<p>su luz fecunda el sol esplendoroso,</p>
<p>la noche su reposo</p>
<p>y limpio espejo el cristalino lago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIII</p>
<p>En su pelliza natural envuelto,</p>
<p>gozaba alegre y suelto</p>
<p>de su querida libertad salvaje.</p>
<p>Aún no grababa figurines Francia,</p>
<p>y en su rústica estancia</p>
<p>lo que la vida le duraba el traje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIV</p>
<p>Desconoció la púrpura y la seda</p>
<p>no inventó la moneda</p>
<p>para adorarla envilecido y ciego,</p>
<p>ni se dejó coger, como un idiota,</p>
<p>por una infame sota</p>
<p>en la red del amor o en la del juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XV</p>
<p>No turbaron su paz ni su apetito</p>
<p>este anhelo infinito,</p>
<p>esta pena tan honda como aguda.</p>
<p>¡Ay! ni a pedazos le arrancó del alma</p>
<p>su candorosa calma,</p>
<p>el demonio implacable de la duda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVI</p>
<p>Y en esas lentas y nocturnas horas</p>
<p>negras, abrumadoras,</p>
<p>en que la angustia nos desgarra el pecho,</p>
<p>con tu mirada impenetrable y triste</p>
<p>nunca te apareciste</p>
<p>¡oh desesperación! junto a su lecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVII</p>
<p>No buscó los laureles del poeta,</p>
<p>ni en su ambición inquieta</p>
<p>alzó sobre cadáveres un trono.</p>
<p>No le acosó remordimiento alguno.</p>
<p>No fue rey, ni tribuno,</p>
<p>¡ni siquiera elector!… ¡Dichoso mono!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVIII</p>
<p>En la copa de un árbol suspendido</p>
<p>y con la cola asido,</p>
<p>extraño a los halagos de la fama,</p>
<p>sin pensar en la tierra ni en el cielo,</p>
<p>nuestro inocente abuelo</p>
<p>la vida se pasó de rama en rama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIX</p>
<p>Tal vez enardecida y juguetona,</p>
<p>alguna virgen mona</p>
<p>prendiole astuta en sus amantes lazos,</p>
<p>y más fiel que su nieta pervertida,</p>
<p>ni le amargó la vida,</p>
<p>ni le hirió el corazón con sus abrazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XX</p>
<p>Y allí, bajo la bóveda azulada,</p>
<p>en la verde enramada,</p>
<p>a la sonora margen de los ríos,</p>
<p>adormecidos con los trinos suaves</p>
<p>de las canoras aves,</p>
<p>ocultas en los árboles sombríos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXI</p>
<p>allí donde la gran Naturaleza</p>
<p>descubre la belleza</p>
<p>de su seno inmortal, siempre fecundo,</p>
<p>en deliquios ardientes y amorosos,</p>
<p>los dos tiernos esposos</p>
<p>engendraron al árbitro del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXII</p>
<p>¡Al árbitro del mundo!… ¡Qué sarcasmo!</p>
<p>Perdido el entusiasmo,</p>
<p>sin esperanza en Dios, sin fe en sí mismo,</p>
<p>cuando le borre su divino emblema,</p>
<p>esa ciencia blasfema,</p>
<p>como la piedra rodará al abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIII</p>
<p>Caerá de sus altares el Derecho</p>
<p>por el turbión deshecho;</p>
<p>la Libertad sucumbirá arrollada.</p>
<p>Que cuando el alma humana se obscurece,</p>
<p>sólo prospera y crece</p>
<p>la fuerza audaz, de crímenes cargada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIV</p>
<p>¡Ay, si al romper su religioso yugo,</p>
<p>gusta el pueblo del jugo</p>
<p>que en esa ciencia pérfida se esconde!</p>
<p>¡Ay, si olvidando la celeste esfera,</p>
<p>el hijo de la fiera</p>
<p>sólo a su instinto natural responde!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXV</p>
<p>¡Ay, si recuerda que en la selva umbría</p>
<p>la bestia no tenía</p>
<p>ni Dios, ni ley, ni patria, ni heredades!</p>
<p>Entonces la revuelta muchedumbre</p>
<p>quizás, Europa, alumbre</p>
<p>con el voraz incendio tus ciudades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVI</p>
<p>¡Batid gozosos las sangrientas manos</p>
<p>déspotas y tiranos!</p>
<p>Ya entre el tumulto vuestra faz asoma.</p>
<p>Que el hombre a la razón dobla su frente;</p>
<p>mas sólo el hierro ardiente</p>
<p>la hambrienta rabia de las fieras doma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Goza, goza en tu infamia! La serena…</strong></h3>
<p>¡Goza, goza en tu infamia! La serena</p>
<p>y osada faz levanta satisfecho:</p>
<p>insulta la virtud, huella el derecho,</p>
<p>y arrostra la opinión que te condena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como lugar de crímenes que llena</p>
<p>de cruces la piedad, muestra tu pecho,</p>
<p>si para el vil a las perfidias hecho</p>
<p>son premio los honores y no pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alienta pues! La multitud olvida,</p>
<p>el tiempo envuelve la verdad en dudas,</p>
<p>la historia engaña, el éxito sanciona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Únicamente amargará tu vida</p>
<p>la implacable conciencia, el juez de Judas,</p>
<p>que ni olvida, ni miente, ni perdona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Guarneciendo de una ría…</strong></h3>
<p>Guarneciendo de una ría</p>
<p>la entrada incierta y angosta,</p>
<p>sobre un peñón de la costa</p>
<p>que bate el mar noche y día,</p>
<p>se alza gigante y sombría</p>
<p>ancha torre secular</p>
<p>que un rey mandó edificar</p>
<p>a manera de atalaya,</p>
<p>para defender la playa</p>
<p>contra los riesgos del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando viento borrascoso</p>
<p>sus almenas no conmueve,</p>
<p>no turba el rumor más leve</p>
<p>la majestad del coloso.</p>
<p>Queda en profundo reposo</p>
<p>largas horas sumergido,</p>
<p>y sólo se escucha el ruido</p>
<p>con que los aires azota</p>
<p>alguna blanca gaviota</p>
<p>que tiene en la peña el nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas cuando en recia batalla</p>
<p>el mar rebramando choca</p>
<p>contra la empinada roca</p>
<p>que allí le sirve de valla;</p>
<p>Cuando en la enhiesta muralla</p>
<p>ruge el huracán violento,</p>
<p>entonces, firme en su asiento,</p>
<p>el castillo desafía</p>
<p>la salvaje sinfonía</p>
<p>de las olas y del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ció magnánimo el monarca</p>
<p>en feudo a Juan de Tabáres</p>
<p>las seis villas y lugares</p>
<p>de aquella agreste comarca.</p>
<p>Cuanto con la vista abarca</p>
<p>desde el alto parapeto,</p>
<p>a su yugo está sujeto,</p>
<p>y en los reinos de Castilla</p>
<p>no hay señor de horca y cuchilla</p>
<p>que no le tenga respeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para acrecentar sus bríos</p>
<p>contra los piratas moros,</p>
<p>colmóle el Rey de tesoros,</p>
<p>mercedes y señoríos.</p>
<p>Mas cediendo a sus impíos</p>
<p>pensamientos de Luzbel,</p>
<p>desordenado y cruel</p>
<p>roba, asuela, incendia y mata,</p>
<p>y es más bárbaro pirata</p>
<p>que los vencidos por él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasma el mirar su serena</p>
<p>faz y su blondo cabello,</p>
<p>que encubra rostro tan bello</p>
<p>los instintos de una hiena.</p>
<p>Cuando en el monte resuena</p>
<p>su bronca trompa de caza,</p>
<p>con mudo terror abraza</p>
<p>la madre al niño inocente,</p>
<p>y huye medrosa la gente</p>
<p>del turbión que la amenaza.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2178 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gaspar1-300x173.png" alt="Poemas de Gaspar Núñez de Arce" width="766" height="442" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gaspar1-300x173.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gaspar1-768x442.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gaspar1.png 953w" sizes="auto, (max-width: 766px) 100vw, 766px" /></p>
<h3><strong>Introducción</strong></h3>
<p>¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe</p>
<p>el ocio muelle en nuestra edad inquieta?</p>
<p>En medio de la lid canta el poeta,</p>
<p>el tribuno perora, el sabio escribe.</p>
<p>Nadie el golpe que da ni el que recibe</p>
<p>siente, a medida que el peligro aprieta:</p>
<p>desplómase vencido el fuerte atleta</p>
<p>y otro al recio combate se apercibe.</p>
<p>La ciega multitud se precipita,</p>
<p>invade el campo, avanza alborotada</p>
<p>con el sordo rumor de la marea.</p>
<p>Y son, en el furor que nos agita,</p>
<p>trueno y rayo la voz; el arte, espada;</p>
<p>la ciencia, ariete; tempestad la idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La duda</strong></h3>
<p>Desde esta soledad en donde vivo,</p>
<p>y en la cual de los hombres olvidado</p>
<p>ni cartas ni periódicos recibo;</p>
<p>donde reposo en apacible calma,</p>
<p>lejos, lejos del mundo que ha gastado</p>
<p>con la del cuerpo la salud del alma;</p>
<p>antes de que el torrente desbordado</p>
<p>de la ambición con ímpetu violento</p>
<p>me arrebate otra vez; desde la orilla</p>
<p>donde yace encallada mi barquilla,</p>
<p>libre ya de las ondas y del viento,</p>
<p>como recuerdo de amistad te escribo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Aunque salvo del peligro, siento</p>
<p>la inquietud angustiosa del cautivo,</p>
<p>que rompiendo su férrea ligadura,</p>
<p>traspasa fatigado a la ventura</p>
<p>montes, llanos y selvas, fugitivo.</p>
<p>El rumor apagado que levantan</p>
<p>las hojas secas que a su paso mueve,</p>
<p>las avecillas que en el árbol cantan,</p>
<p>el aire que en las ramas se cimbrea</p>
<p>con movimiento reposado y leve,</p>
<p>el río que entre guijas serpentea,</p>
<p>la luz del día, la callada sombra</p>
<p>de la serena noche, el eco, el ruido,</p>
<p>la misma soledad ¡todo le asombra!</p>
<p>Y cuando ya de caminar rendido,</p>
<p>sobre la yerta piedra se reclina</p>
<p>y le sorprende el sueño y le domina,</p>
<p>oye en torno de sí, medio dormido,</p>
<p>vago y siniestro son. Despierta, calla,</p>
<p>y fija su atención despavorido;</p>
<p>las tinieblas le ofuscan, se incorpora</p>
<p>y el rumor le persigue. «¡Es el latido</p>
<p>de su azorado corazón que estalla!»</p>
<p>Y entonces ¡ay! desesperado llora.</p>
<p>Porque es la libertad don tan querido.</p>
<p>que en el humano espíritu batalla,</p>
<p>más que el placer de conseguirla, el miedo</p>
<p>de volverla a perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que no puedo recordar sin espanto la agonía,</p>
<p>la dura y azarosa incertidumbre</p>
<p>en que mi triste corazón gemía</p>
<p>sometido a penosa servidumbre,</p>
<p>cuando, arista a merced del torbellino,</p>
<p>sin elección ni voluntad seguía</p>
<p>los secretos impulsos del destino,</p>
<p>y, en ese pavoroso desconcierto</p>
<p>de la social contienda, consumía</p>
<p>la paz del alma ¡la esperanza mía!</p>
<p>hoy que la tempestad arrojó al puerto</p>
<p>mi navecilla rota y quebrantada,</p>
<p>temo ¡infeliz de mí! que otra oleada</p>
<p>la vuelva al mar donde mi calma ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para vencer su furia desatada</p>
<p>¿qué soy yo? ¿qué es el hombre? Sombra leve,</p>
<p>partícula de polvo en el desierto.</p>
<p>Cuando el simún de la pasión le mueve,</p>
<p>busca el átomo al átomo, y la arena</p>
<p>es nube, es huracán, es cataclismo.</p>
<p>Gigante mole los espacios llena,</p>
<p>bajo su peso el mundo se conmueve,</p>
<p>obscurece la luz, llega al abismo</p>
<p>y al sumo Dios que la formó se atreve.</p>
<p>Vértigo arrollador todo lo arrasa;</p>
<p>pero después que el torbellino pasa</p>
<p>y se apacigua y duerme la tormenta,</p>
<p>¿qué queda? Polvo mísero y liviano</p>
<p>que el ala frágil del insecto aventa,</p>
<p>que se pierde en la palma de la mano.</p>
<p>¡Oh grata soledad, yo te bendigo,</p>
<p>tú que al náufrago, al triste, al pobre grano</p>
<p>de desligada arena das abrigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas veces, Antonio, devorado</p>
<p>por ese afán oculto que no sabe</p>
<p>la mente descifrar, me he preguntado,</p>
<p>-cuestión a un tiempo inoportuna y grave</p>
<p>¿qué busco? ¿adónde voy? ¿por qué he nacido</p>
<p>en esta Edad sin fe? Yo soy un ave</p>
<p>que llegó sola y sin amor al nido.</p>
<p>A este nido social en que vegeta,</p>
<p>mayor de edad, la ciega muchedumbre,</p>
<p>al infortunio y al error sujeta</p>
<p>entre miseria y sangre y podredumbre.</p>
<p>Contémplala, si puedes, tú que al cielo</p>
<p>con tus radiantes alas de poeta</p>
<p>tal vez quisiste remontar el vuelo,</p>
<p>y si éste el mundo que soñaste ha sido</p>
<p>nunca el encanto de tu dicha acabe…</p>
<p>¡Ay! pero tú también eres un ave</p>
<p>que llegó sola y sin amor al nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la altura de mi siglo, tiendo</p>
<p>alguna vez con ánimo atrevido,</p>
<p>mi vista a lo pasado, y removiendo</p>
<p>los deshechos escombros de la historia,</p>
<p>en el febril anhelo que me agita</p>
<p>sus ruinas vuelvo a alzar en mi memoria.</p>
<p>Y al través de las capas seculares</p>
<p>que el aluvión del tiempo deposita</p>
<p>sobre columnas, pórticos y altares;</p>
<p>del polvo inanimado con que cubre</p>
<p>la loca vanidad del polvo vivo,</p>
<p>que arrebata a su paso fugitivo,</p>
<p>como el viento las hojas en octubre;</p>
<p>mudo de admiración y de respeto</p>
<p>busco la antigüedad -roto esqueleto</p>
<p>que entre la densa lobreguez asoma</p>
<p>y ofrecen a mi absorta fantasía</p>
<p>sus dioses Grecia, sus guerreros Roma,</p>
<p>sus mártires la fe cristiana y pía,</p>
<p>el patriotismo su grandeza austera,</p>
<p>sus monstruos la insaciable tiranía,</p>
<p>sus vengadores la virtud severa.</p>
<p>Y llevado en las alas del deseo</p>
<p>que anima mi ilusión, a veces creo</p>
<p>volver a aquella Edad: En la espesura</p>
<p>del bosque, en el murmullo de la fuente,</p>
<p>en el claro lucero que fulgura,</p>
<p>en el escollo de la mar rujiente,</p>
<p>en la espuma, en el átomo, en la nada,</p>
<p>Apolo centellea, alza su frente</p>
<p>de luminoso lauro coronada.</p>
<p>Por él la luna que entre sombras gira,</p>
<p>la luz que en rayos de color se parte,</p>
<p>la ola que bulle, el viento que suspira,</p>
<p>todo es Dios, todo es himno, todo es arte.</p>
<p>¡Ay! ¿No es verdad que en tus eternas horas</p>
<p>de desaliento y decepción, recuerdas</p>
<p>esa dorada Edad, y que te inspira</p>
<p>el coro de sus musas voladoras,</p>
<p>que murmuran y gimen en las cuerdas</p>
<p>de la ya rota y olvidada lira?</p>
<p>Aunque las llames, no vendrán; ¡han muerto!</p>
<p>La voz del interés grosera y ruda</p>
<p>anuncia que el Parnaso está desierto</p>
<p>la naturaleza triste y muda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en este siglo de sarcasmo y duda</p>
<p>sólo una musa vive. Musa ciega,</p>
<p>implacable, brutal. ¡Demonio acaso</p>
<p>que con los hombres y los dioses juega!</p>
<p>La Musa del análisis, que armada</p>
<p>del árido escalpelo, a cada paso</p>
<p>nos precipita en el obscuro abismo</p>
<p>o nos asoma al borde de la nada.</p>
<p>¿No la ves? ¿No la sientes en ti mismo?</p>
<p>¿Quién no lleva esa víbora enroscada</p>
<p>dentro del corazón? ¡Ay! cuando llena</p>
<p>de noble ardor la juventud florida</p>
<p>quiere surcar la atmósfera serena,</p>
<p>quiere aspirar las auras de la vida,</p>
<p>esa Musa fatal y tentadora</p>
<p>en el libro, en la cátedra, en la escena</p>
<p>se apodera del alma y la devora.</p>
<p>¡Si a veces imagino que envenena</p>
<p>la leche maternal! En nuestros lares,</p>
<p>en el retiro, en el regazo tierno</p>
<p>del amor, hasta al pie de los altares</p>
<p>nos persigue ese aborto del infierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas noches de horror, conmigo a solas,</p>
<p>ha sacudido con su soplo ardiente</p>
<p>los tristes pensamientos de mi mente</p>
<p>como sacude el huracán las olas!</p>
<p>¡Cuántas, ay, revolcándome en el lecho</p>
<p>he golpeado con furor mi frente,</p>
<p>he desgarrado sin piedad mi pecho,</p>
<p>y entre visiones lúgubres y extrañas,</p>
<p>su diente de reptil, áspero y frío,</p>
<p>he sentido clavarse en mis entrañas!</p>
<p>¡Noches de soledad, noches de hastío</p>
<p>en que, lleno de angustia y sobresalto,</p>
<p>se agitaba mi ser en el vacío</p>
<p>de fe, de luz y de esperanza falto!</p>
<p>¿Y quién mantiene viva la esperanza</p>
<p>si donde quiera que la vista alcanza</p>
<p>ve escombros nada más? Por entre ruinas</p>
<p>la humanidad desorientada avanza;</p>
<p>hechos, leyes, costumbres y doctrinas</p>
<p>como edificio envejecido y roto</p>
<p>desplomándose van; sordo y profundo</p>
<p>no sé qué irresistible terremoto</p>
<p>moral, conmueve en su cimiento el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruedan los tronos, ruedan los altares:</p>
<p>reyes, naciones, genios y colosos</p>
<p>pasan como las ondas de los mares</p>
<p>empujadas por vientos borrascosos.</p>
<p>Todo tiembla en redor, todo vacila.</p>
<p>Hasta la misma religión sagrada</p>
<p>es moribunda lámpara que oscila</p>
<p>sobre el sepulcro de la edad pasada.</p>
<p>Y cual turbia corriente alborotada,</p>
<p>libre del ancho cauce que la encierra,</p>
<p>la duda audaz, la asoladora duda</p>
<p>como una inundación cubre la tierra.</p>
<p>-¡Es que el manto de Dios ya no la escuda!</p>
<p>No la defiende el varonil denuedo</p>
<p>de la fe inexpugnable y de las leyes,</p>
<p>y el dios de los incrédulos, el miedo,</p>
<p>rige a su voluntad pueblos y reyes.</p>
<p>Él los rumores bélicos propala,</p>
<p>él organiza innúmeras legiones</p>
<p>que buscan la ocasión, no la justicia.</p>
<p>Mas ¿qué podrán hacer? No se apuntala</p>
<p>con lanzas, bayonetas ni cañones,</p>
<p>el templo secular que se desquicia.</p>
<p>En medio de este caos, como un arcano</p>
<p>impenetrable, pavoroso, obscuro,</p>
<p>yérguese altivo el pensamiento humano</p>
<p>de su grandeza y majestad seguro.</p>
<p>Y semejante al árbol carcomido</p>
<p>por incansable y destructor gusano,</p>
<p>que cuando tiene el corazón roído,</p>
<p>desenvuelve su copa más lozano,</p>
<p>al través del social desasosiego</p>
<p>cruza la tierra en su corcel de fuego,</p>
<p>hasta los cielos atrevido sube,</p>
<p>pone en la luz su vencedora mano,</p>
<p>el rayo arranca a la irritada nube</p>
<p>y horada con su acento el Océano.</p>
<p>¡Mas, ay, del árbol que frondoso crece</p>
<p>sostenido no más por su corteza!</p>
<p>Tal vez la brisa que las flores mece</p>
<p>derribará en el polvo su grandeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tal vez! ¿Lo sabes tú? ¿Quién el misterio</p>
<p>logra profundizar? Esta sombría</p>
<p>turbación, esta lóbrega tristeza</p>
<p>que invade sin cesar nuestro hemisferio,</p>
<p>¿es acaso el crepúsculo del día</p>
<p>que se extingue, o la aurora del que empieza?</p>
<p>¿Es ¡ay! renacimiento o agonía?</p>
<p>Lo ignoras como yo. ¡Nadie lo sabe!</p>
<p>Sólo sé que la dulce poesía</p>
<p>va enmudeciendo, y cuando calla el ave</p>
<p>es que su obscuridad la noche envía.</p>
<p>Oigo el desacordado clamoreo</p>
<p>que alza doquier la muchedumbre inquieta</p>
<p>sin freno, sin antorcha que la guíe;</p>
<p>ando entre ruinas, y espantado veo</p>
<p>cómo al sordo compás de la piqueta</p>
<p>la embrutecida indiferencia ríe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-También en Roma, torpe y descreída,</p>
<p>la copa llena de espumoso y rico</p>
<p>licor, gozábase desprevenida,</p>
<p>hasta que de improviso por la herida</p>
<p>que abrió en su cuello el hacha de Alarico</p>
<p>escapósele el vino con la vida.</p>
<p>Todo el cercano cataclismo advierte;</p>
<p>pero en esta ansiedad que nos devora</p>
<p>ninguno habrá que a descifrar acierte</p>
<p>la gran transformación que se elabora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué más da? Resurrección o muerte,</p>
<p>vespertino crepúsculo o aurora,</p>
<p>los que siguen llorando su camino</p>
<p>por medio de esta confusión horrenda,</p>
<p>con inseguro paso y rumbo incierto,</p>
<p>¿dónde levantarán su débil tienda</p>
<p>que no la arranque el raudo torbellino</p>
<p>ni la envuelva la arena del desierto?</p>
<p>En otro tiempo el ánimo doliente,</p>
<p>atormentado por la duda humana,</p>
<p>postrábase sumiso y penitente</p>
<p>en el regazo de la fe cristiana,</p>
<p>y allí bajo la bóveda sombría</p>
<p>del templo, el corazón desesperado</p>
<p>se humillaba en el polvo y renacía.</p>
<p>Cristo en la cruz del Gólgota clavado</p>
<p>extendía sus brazos, compasivo,</p>
<p>al dolor sublimado en la plegaria,</p>
<p>y para el pobre y triste fugitivo</p>
<p>del mundo, era la celda solitaria</p>
<p>puerto de salvación, sepulcro vivo,</p>
<p>anulación del cuerpo voluntaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! En aquella paz santa y profunda</p>
<p>todo era austero, reposado, grave.</p>
<p>La elevación de la gigante nave,</p>
<p>la luz entrecortada y moribunda,</p>
<p>la sencilla oración de un pueblo inmenso</p>
<p>uniéndose a los cánticos del coro,</p>
<p>la armonía del órgano sonoro,</p>
<p>las blancas nubes de quemado incienso,</p>
<p>el frío y duro pavimento, fosa</p>
<p>común, perpetuamente renovada,</p>
<p>de la cual cada tumba, cada losa</p>
<p>es doble puerta que limita y cierra</p>
<p>por debajo el silencio de la nada,</p>
<p>por encima el tumulto de la tierra;</p>
<p>aquella majestad, aquel olvido</p>
<p>del siglo, aquel recuerdo de la muerte,</p>
<p>parecían decir con infinita</p>
<p>dulzura al corazón desfallecido,</p>
<p>al espíritu ciego, al alma inerte:</p>
<p>Ego sum via, et veritas et vita.</p>
<p>Aquí en su pequeñez el hombre es fuerte.</p>
<p>Mas ¿dónde iremos ya? Torpes y obscuros</p>
<p>planes hallaron en el claustro abrigo,</p>
<p>y Dios airado desató el castigo</p>
<p>y con el rayo derribó sus muros.</p>
<p>¿Dónde posar la fatigada frente?</p>
<p>¿Dónde volver los afligidos ojos,</p>
<p>cuando ha dejado el corazón creyente</p>
<p>prendidos en los ásperos abrojos</p>
<p>su fe piadosa y su interés mundano?</p>
<p>¿Dónde?</p>
<p>¡En ti, soledad! Yo te bendigo,</p>
<p>porque al náufrago, al triste, al pobre grano</p>
<p>de desligada arena das abrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La fiera, la titánica batalla…</strong></h3>
<p>La fiera, la titánica batalla</p>
<p>dura y persiste aún:</p>
<p>es el combate entre la ciega sombra</p>
<p>y la fecunda luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ni un instante de tregua y de reposo!</p>
<p>en la tierra, en el mar,</p>
<p>en el espacio, en la conciencia humana</p>
<p>siempre lidiando están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al través de los siglos que se empujan</p>
<p>con sorda confusión,</p>
<p>ruedan mezclados la verdad, el día,</p>
<p>la noche y el error.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién vencerá por fin? ¿La negra sombra?</p>
<p>¿La excelsa claridad?…</p>
<p>¡Ay, no lo preguntéis! La horrenda lucha</p>
<p>nunca terminará.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la creación rota y deshecha</p>
<p>vuelva al caos otra vez;</p>
<p>cuando desierta, impenetrable y muda</p>
<p>la inmensidad esté;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el seno del tiempo, en el espacio</p>
<p>sin mundos y sin sol,</p>
<p>seguirá eterno el duelo formidable</p>
<p>entre Satán y Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La generosa musa de Quevedo…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>La generosa musa de Quevedo</p>
<p>desbordose una vez como un torrente</p>
<p>y exclamó llena de viril denuedo:</p>
<p>«No he de callar, por más que con el dedo,</p>
<p>ya tocando los labios, ya la frente,</p>
<p>silencio avises o amenaces miedo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Y al estampar sobre la herida abierta</p>
<p>el hierro de su cólera encendido,</p>
<p>tembló la concusión, que siempre alerta,</p>
<p>incansable y voraz, labra su nido,</p>
<p>como gusano ruin en carne muerta,</p>
<p>en todo Estado exánime y podrido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Arranque de dolor, de ese profundo</p>
<p>dolor que se concentra en el misterio</p>
<p>y huye amargado del rumor del mundo,</p>
<p>fue su sangrienta sátira cauterio</p>
<p>que aplicó sollozando al patrio imperio,</p>
<p>mísero, gangrenado y moribundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>¡Ah! si hoy pudiera resonar la lira</p>
<p>que con Quevedo descendió a la tumba,</p>
<p>en medio de esta universal mentira,</p>
<p>de este viento de escándalo que zumba,</p>
<p>de este fétido hedor que se respira,</p>
<p>de esta España moral que se derrumba;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>de la viva y creciente incertidumbre</p>
<p>que en lucha estéril nuestra fuerza agota;</p>
<p>del huracán de sangre que alborota</p>
<p>el mar de la revuelta muchedumbre;</p>
<p>de la insaciable y honda podredumbre</p>
<p>que el rostro y la conciencia nos azota;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>de este horror, de este ciego desvarío</p>
<p>que cubre nuestras almas con un velo,</p>
<p>como el sepulcro, impenetrable y frío;</p>
<p>de este insensato pensamiento impío</p>
<p>que destituye a Dios, despuebla el cielo</p>
<p>y precipita el mundo en el vacío;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>si en medio de esta borrascosa orgía</p>
<p>que infunde repugnancia al par que aterra</p>
<p>esa lira estallara, ¿qué sería?</p>
<p>Grito de indignación, canto de guerra,</p>
<p>que en las entrañas mismas de la tierra</p>
<p>la muerta humanidad conmovería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>Mas porque el gran satírico no aliente,</p>
<p>¿ha de haber quien contemple y autorice</p>
<p>tanta degradación, indiferente?</p>
<p>«¿No ha de haber un espíritu valiente?</p>
<p>¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?</p>
<p>¿Nunca se ha de decir lo que se siente?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>¡Cuántos sueños de gloria evaporados</p>
<p>como las leves gotas de rocío</p>
<p>que apenas mojan los sedientos prados!</p>
<p>¡Cuánta ilusión perdida en el vacío,</p>
<p>y cuántos corazones anegados</p>
<p>en la amarga corriente del hastío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>X</p>
<p>No es la revolución raudal de plata</p>
<p>que fertiliza la extendida vega:</p>
<p>es sorda inundación que se desata.</p>
<p>No es viva luz que se difunde grata,</p>
<p>sino confuso resplandor que ciega</p>
<p>y tormentoso vértigo que mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XI</p>
<p>Al menos en el siglo desdichado</p>
<p>que aquel ilustre y vigoroso vate</p>
<p>con el rayo marcó de su censura,</p>
<p>podía el corazón atribulado</p>
<p>salir ileso del mortal combate</p>
<p>en alas de la fe radiante y pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XII</p>
<p>Y apartando la vista de aquel cieno</p>
<p>social, de aquellos fétidos despojos,</p>
<p>de aquel lúbrico y torpe desenfreno,</p>
<p>fijar llorando sus ardientes ojos,</p>
<p>en ese cielo azul, limpio y sereno</p>
<p>de santa paz y de esperanzas lleno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIII</p>
<p>Pero hoy ¿dónde mirar? Un golpe mismo</p>
<p>hiere al César y a Dios. Sorda carcoma</p>
<p>prepara el misterioso cataclismo;</p>
<p>y como en tiempos de la antigua Roma,</p>
<p>todo cruje, vacila y se desploma</p>
<p>en el cielo, en la tierra, en el abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIV</p>
<p>Perdida en tanta soledad la calma,</p>
<p>de noche eterna el corazón cubierto,</p>
<p>la gloria, muda, desolada el alma,</p>
<p>en este pavoroso desconcierto</p>
<p>se eleva la razón, como la palma</p>
<p>que crece triste y sola en el desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XV</p>
<p>¡Triste y sola, es verdad! ¿Dónde hay miseria</p>
<p>mayor? ¿Dónde más hondo desconsuelo?</p>
<p>¿De qué la sirve desgarrar el velo</p>
<p>que envuelve y cubre la vivaz materia,</p>
<p>y con profundo inextinguible anhelo</p>
<p>sondar la tierra, escudriñar el cielo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVI</p>
<p>entregarse a merced del torbellino</p>
<p>y en la duda incesante que la aqueja.</p>
<p>el secreto inquirir de su destino;</p>
<p>si a cada paso que adelanta, deja</p>
<p>su fe inmortal, como el vellón la oveja,</p>
<p>enredada en las zarzas del camino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVII</p>
<p>¿Si a su culpada humillación se adhiere</p>
<p>con la constancia infame del beodo,</p>
<p>que goza en su abyección, y en ella muere?</p>
<p>¿Si ciega, y torpe, y degradada en todo,</p>
<p>desconoce su origen y prefiere</p>
<p>a descender de Dios, surgir del lodo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XVIII</p>
<p>¡Libertad, libertad! No eres aquella</p>
<p>virgen, de blanca túnica ceñida,</p>
<p>que vi en mis sueños pudibunda y bella.</p>
<p>No eres, no, la deidad esclarecida</p>
<p>que alumbra con su luz, como una estrella,</p>
<p>los lóbregos abismos de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XIX</p>
<p>No eres la fuente de perenne gloria</p>
<p>que dignifica el corazón humano</p>
<p>y engrandece esta vida transitoria.</p>
<p>No el ángel vengador que con su mano</p>
<p>imprime en las espaldas del tirano</p>
<p>el hierro enrojecido de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XX</p>
<p>No eres la vaga aparición que sigo</p>
<p>con hondo afán desde mi edad primera,</p>
<p>sin alcanzarla nunca… Mas ¿qué digo?</p>
<p>No eres la libertad, disfraces fuera,</p>
<p>¡licencia desgreñada, vil ramera</p>
<p>del motín, te conozco y te maldigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXI</p>
<p>¡Ah! No es extraño que sin luz ni guía</p>
<p>los humanos instintos se desborden</p>
<p>con el rugido del volcán que estalla,</p>
<p>y en medio del tumulto y la anarquía,</p>
<p>como corcel indómito, el desorden</p>
<p>no respete ni látigo ni valla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXII</p>
<p>¿Quién podrá detenerle en su carrera?</p>
<p>¿Quién templar los impulsos de la fiera</p>
<p>y loca multitud enardecida,</p>
<p>que principia a dudar y ya no espera</p>
<p>hallar en otra luminosa esfera,</p>
<p>bálsamo a los dolores de esta vida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIII</p>
<p>Como Cristo en la cúspide del monte,</p>
<p>rotas ya sus morales ligaduras,</p>
<p>mira doquier con ojos espantados,</p>
<p>por toda la extensión del horizonte</p>
<p>dilatarse a sus pies vastas llanuras,</p>
<p>ricas ciudades, fértiles collados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXIV</p>
<p>Y excitando su afán calenturiento</p>
<p>tanta grandeza y tanto poderío,</p>
<p>de la codicia el persuasivo acento</p>
<p>grítale audaz: «¡El cielo está vacío!</p>
<p>¿A quién temer?» Y ronca y sin aliento</p>
<p>la muchedumbre grita: «¡Todo es mío!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXV</p>
<p>Y en el tumulto su puñal afila,</p>
<p>y la enconada cólera que encierra</p>
<p>enturbia y enardece su pupila,</p>
<p>y ensordeciendo el aire en son de guerra</p>
<p>hace temblar bajo sus pies la tierra,</p>
<p>como las hordas bárbaras de Atila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVI</p>
<p>No esperéis que esa turba alborotada</p>
<p>infunda nueva sangre generosa</p>
<p>en las venas de Europa desmayada;</p>
<p>ni que termine su fatal jornada,</p>
<p>sobre el ara desierta y polvorosa</p>
<p>otro Dios levantando con su espada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVII</p>
<p>No esperéis, no, que la confusa plebe,</p>
<p>como santo depósito en su pecho</p>
<p>nobles instintos y virtudes lleve.</p>
<p>Hallará el mundo a su codicia estrecho,</p>
<p>que es la fuerza, es el número, es el hecho</p>
<p>brutal ¡es la materia que se mueve!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>XXVIII</p>
<p>Y buscará la libertad en vano,</p>
<p>que no arraiga en los crímenes la idea,</p>
<p>ni entre las olas fructifica el grano.</p>
<p>Su castigo en sus iras centellea</p>
<p>pronto a estallar, que el rayo y el tirano</p>
<p>hermanos son. ¡La tempestad los crea!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La guerra</strong></h3>
<p>Por razones que se calla</p>
<p>la historia prudentemente,</p>
<p>dos monarcas de Occidente</p>
<p>riñeron fiera batalla.</p>
<p>La causa del rompimiento</p>
<p>no está, en verdad, a mi alcance,</p>
<p>ni hace falta para el lance</p>
<p>que referiros intento.</p>
<p>Sobre el campo del honor</p>
<p>cubierto de sangre y gloria,</p>
<p>donde alcanzó la victoria</p>
<p>más la astucia que el valor;</p>
<p>dos discípulos de Marte,</p>
<p>que airados se acometieron</p>
<p>y juntamente cayeron</p>
<p>pasados de parte a parte;</p>
<p>sumergidos en el lodo,</p>
<p>mientras que llegaba el cura</p>
<p>para darles sepultura,</p>
<p>platicaban de este modo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>¡Hola, compadre! ¿Qué tal</p>
<p>te ha parecido el asunto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Puesto que me ves difunto</p>
<p>debe parecerme mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Pues ha sido divertida</p>
<p>la función: mira a tu lado.</p>
<p>Lo menos hemos quedado</p>
<p>doce mil héroes sin vida.</p>
<p>Y en esto me quedo corto,</p>
<p>que me enfadan los extremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Con qué habilidad nos hemos</p>
<p>destrozado! Estoy absorto.</p>
<p>Ha habido alarmas y sustos</p>
<p>y muertes y atrocidades</p>
<p>para todas las edades</p>
<p>y para todos los gustos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Mas yo quisiera saber</p>
<p>por qué con tanto denuedo</p>
<p>nos matamos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Ay! No puedo</p>
<p>tu duda satisfacer.</p>
<p>Para entrar en esta danza</p>
<p>tuve que dejar mi oficio.</p>
<p>Sé que aprendí el ejercicio,</p>
<p>sé que estudié la Ordenanza.</p>
<p>Sé que en compañía de esos</p>
<p>que están mordiendo la tierra,</p>
<p>me trajeron a la guerra</p>
<p>y me moliste los huesos.</p>
<p>Y, en fin, francamente hablando,</p>
<p>puedo decirte al oído,</p>
<p>que he muerto como he nacido;</p>
<p>sin saber por qué, ni cuándo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>De tu explicación me huelgo,</p>
<p>porque mi vida retrata.</p>
<p>En esto, alzando la pata</p>
<p>un moribundo jamelgo,</p>
<p>¡Gracias, dioses inmortales!</p>
<p>-dijo con voz lastimera-</p>
<p>Pues de la misma manera</p>
<p>morimos los animales.</p>
<p>Cuando pasó la impresión</p>
<p>de tan extraño incidente,</p>
<p>así anudó el más valiente</p>
<p>la rota conversación:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Aunque ignoramos la ley,</p>
<p>origen de esta querella,</p>
<p>juro a Dios vivo que en ella</p>
<p>lleva la razón mi rey.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¿Y por qué?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Porque es el mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Qué salida de pavana!</p>
<p>La justicia es de quien gana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>De tu ignorancia me río.</p>
<p>¡Pues cuántos que han hecho eternos</p>
<p>sus nombres con la victoria,</p>
<p>no han ido a gozar la gloria</p>
<p>de su triunfo a los infiernos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Considera lo que dices,</p>
<p>porque estoy ardiendo en ira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>¡No me alces el gallo!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Mira</p>
<p>que te rompo las narices.</p>
<p>Y fieros y cejijuntos</p>
<p>a combatir empezaron</p>
<p>de nuevo… ¡y no se mataron,</p>
<p>porque ya estaban difuntos!</p>
<p>Diéronse golpes crueles,</p>
<p>hasta que hueca y ufana</p>
<p>llegó la Locura humana,</p>
<p>sonando sus cascabeles.</p>
<p>Puso paz entre los dos</p>
<p>y dijo con desenfado:</p>
<p>«¿Qué es esto? Habéis olvidado</p>
<p>que sois imagen de Dios?</p>
<p>Tal vez la inmortalidad</p>
<p>con justo título esperen</p>
<p>los que por la patria mueren,</p>
<p>por Dios, por la libertad.</p>
<p>Pero que el hombre sucumba</p>
<p>en conquistadora guerra,</p>
<p>cuando siete pies de tierra</p>
<p>le bastan para su tumba;</p>
<p>o que en lucha fratricida</p>
<p>entre, sin saber quizá</p>
<p>ni por qué la muerte da,</p>
<p>ni por qué pierde la vida;</p>
<p>esto mi paciencia apura,</p>
<p>y cuantas veces lo veo,</p>
<p>aunque soy Locura, creo</p>
<p>que es demasiada locura.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La inundación: Antes</strong></h3>
<p>Todo respira paz: la fértil vega,</p>
<p>el cielo transparente, el bosque umbrío</p>
<p>y el viento que en las márgenes del río</p>
<p>sus alas bate y con las ramas juega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abre sus cauces el Segura, y riega</p>
<p>los campos secos por tenaz estío,</p>
<p>do redoblando su fecundo brío</p>
<p>el ribereño a su labor se entrega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al través de la copa embalsamada</p>
<p>de los verdes naranjos, su dichosa</p>
<p>casa, que dora el sol, cerca divisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán feliz es! Alegran su jornada</p>
<p>el dulce canto de la amante esposa</p>
<p>y de sus hijos la inocente risa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La inundación: Después</strong></h3>
<p>¡Ay, todo inspira horror! La noche oscura</p>
<p>tendió su manto y en la sombra envuelta</p>
<p>su audaz corriente alborotada y suelta,</p>
<p>extiende hasta los montes el Segura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrolla cuanto encuentra en la llanura</p>
<p>con ímpetu feroz la onda revuelta:</p>
<p>el puente secular, la torre esbelta,</p>
<p>el molino, la casa y la espesura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hallando el valle a su soberbia estrecho,</p>
<p>no respetó el torrente embravecido</p>
<p>el templo augusto, ni la humilde choza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y el labrador, en lágrimas deshecho,</p>
<p>sin amores, sin hijos y sin nido,</p>
<p>sobre las ruinas de su hogar solloza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La luz y las tinieblas</strong></h3>
<p>La fiera, la titánica batalla</p>
<p>dura y persiste aún:</p>
<p>es el combate entre la ciega sombra</p>
<p>y la fecunda luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ni un instante de tregua y de reposo!</p>
<p>en la tierra, en el mar,</p>
<p>en el espacio, en la conciencia humana</p>
<p>siempre lidiando están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al través de los siglos que se empujan</p>
<p>con sorda confusión,</p>
<p>ruedan mezclados la verdad, el día,</p>
<p>la noche y el error.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién vencerá por fin? ¿La negra sombra?</p>
<p>¿La excelsa claridad?…</p>
<p>¡Ay, no lo preguntéis! La horrenda lucha</p>
<p>nunca terminará.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la creación rota y deshecha</p>
<p>vuelva al caos otra vez;</p>
<p>cuando desierta, impenetrable y muda</p>
<p>la inmensidad esté;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el seno del tiempo, en el espacio</p>
<p>sin mundos y sin sol,</p>
<p>seguirá eterno el duelo formidable</p>
<p>entre Satán y Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La pesca</strong></h3>
<p>– I –</p>
<p>¡Cuántas veces sentado en tu ribera,</p>
<p>¡oh mar! como si oyera</p>
<p>la abrumadora voz de lo infinito,</p>
<p>ha despertado en la conciencia mía</p>
<p>honda melancolía,</p>
<p>tu atronador, tu interminable grito!</p>
<p>– II –</p>
<p>Todo enmudece y cae en el misterio:</p>
<p>el poderoso imperio</p>
<p>que la tierra asoló con sus batallas;</p>
<p>hasta los dioses que de polo á polo</p>
<p>temidos son; tú sólo</p>
<p>sientes rodar los siglos, y no callas.</p>
<p>– III –</p>
<p>No callas, y hasta el alto firmamento</p>
<p>sube tu ronco acento,</p>
<p>y cuando revolviéndote en ti mismo</p>
<p>ruges furioso, en tus entrañas late</p>
<p>el horror del combate</p>
<p>que empeña el huracán con el abismo.</p>
<p>– IV –</p>
<p>Sólo alcanza poder tan soberano,</p>
<p>el pensamiento humano</p>
<p>como tú grande, como tú profundo,</p>
<p>que alzando sin cesar su voz de trueno,</p>
<p>forja en su ardiente seno</p>
<p>las glorias y catástrofes del mundo.</p>
<p>– V –</p>
<p>¡Ay si decir pudieras cuanto sabes!…</p>
<p>¿Qué hiciste de las naves</p>
<p>con que surcó tu inmensidad, la aciaga</p>
<p>y trágica ambición? ¿Adónde han ido?</p>
<p>Como el mortal olvido</p>
<p>tu oscuro fondo hasta el recuerdo traga.</p>
<p>– VI –</p>
<p>Todo perece en ti sin dejar huella:</p>
<p>el barco que se estrella</p>
<p>contra el peñón, la armada que devoras,</p>
<p>los continentes que iracundo invades,</p>
<p>las sordas tempestades</p>
<p>que avanzan en tus olas bramadoras.</p>
<p>– VII –</p>
<p>La tierra, en cuyo seno te reclinas,</p>
<p>mantiene en pie las ruinas</p>
<p>que las ciegas catástrofes dejaron.</p>
<p>Tú, con desdén soberbio, las rechazas:</p>
<p>por ti pueblos y razas</p>
<p>como sombras efímeras pasaron.</p>
<p>– VIII –</p>
<p>El furor de los tiempos, que venciste,</p>
<p>sólo tu voz resiste:</p>
<p>tu acento fue, como clamor de guerra,</p>
<p>el que la humanidad oyó primero,</p>
<p>¡ay! y será el postrero</p>
<p>que en su agonía escuchará la tierra.</p>
<p>– IX –</p>
<p>Pero más, mucho más que cuando inmolas</p>
<p>y abismas en tus olas</p>
<p>la insolencia del fuerte á quien humillas,</p>
<p>mi espíritu conturbas y enajenas</p>
<p>con las tristes escenas</p>
<p>que esparcen el terror en tus orillas.</p>
<p>– X –</p>
<p>No lejos de un peñón agrio y salvaje</p>
<p>que con recio oleaje</p>
<p>el cantábrico mar bate y socava,</p>
<p>al través de los árboles blanquea</p>
<p>casi ignorada aldea,</p>
<p>sobre la costa inabordable y brava.</p>
<p>– XI –</p>
<p>Mirando al mar, de frente al Océano,</p>
<p>que sacudiendo en vano</p>
<p>la roca estéril sin cesar se agita,</p>
<p>el horizonte corta y se alza enhiesta</p>
<p>sobre la calva cresta</p>
<p>del picacho granítico, una ermita.</p>
<p>– XII –</p>
<p>¡Con qué placer la gente pescadora,</p>
<p>que al despuntar la aurora</p>
<p>por entre escollos á la mar se lanza,</p>
<p>del sol poniente al último vislumbre,</p>
<p>ve lucir en la cumbre</p>
<p>aquel faro de amor y de esperanza!</p>
<p>– XIII –</p>
<p>Cuando, salvo de innúmeros azares,</p>
<p>torna á los patrios lares</p>
<p>el marinero audaz ¡con qué alegría,</p>
<p>con qué ferviente fe, descalzo y roto,</p>
<p>corre á colgar su voto</p>
<p>en aquel pobre templo de María!</p>
<p>– XIV –</p>
<p>¡María! que del piélago y del alma</p>
<p>las tempestades calma;</p>
<p>que recoge en sus brazos y consuela</p>
<p>al náufrago del mar y de la vida.</p>
<p>Bálsamo á toda herida,</p>
<p>puerto á toda aflicción. Maris stella!</p>
<p>– XV –</p>
<p>Desde el peñón desnudo y solitario</p>
<p>que el blanco santuario</p>
<p>con su apacible majestad abruma,</p>
<p>contempla por do quiera la mirada</p>
<p>la costa acantilada</p>
<p>donde se estrella con fragor la espuma.</p>
<p>– XVI –</p>
<p>Y al dilatarse por el mar, divisa</p>
<p>en la línea indecisa</p>
<p>do se juntan las nubes y las olas,</p>
<p>raudo vapor, que con la crin al viento,</p>
<p>acelera el momento</p>
<p>de arribar á las costas españolas.</p>
<p>– XVII –</p>
<p>Luego, á medida que la luz desmaya,</p>
<p>con rumbo hacia la playa</p>
<p>cuyos contornos borra la neblina,</p>
<p>se ven llegar las pescadoras naves,</p>
<p>como tímidas aves</p>
<p>que al nido vuelven, cuando el sol declina.</p>
<p>– XVIII –</p>
<p>El faro, al descender la noche oscura,</p>
<p>en la empinada altura</p>
<p>de negro promontorio centellea,</p>
<p>y su destello intermitente oscila,</p>
<p>cual la roja pupila</p>
<p>de un Titán, que en las sombras parpadea.</p>
<p>– XIX –</p>
<p>Están, desde la cúspide del monte,</p>
<p>el mar y el horizonte</p>
<p>a la absorta mirada siempre abiertos,</p>
<p>y al otro lado, en la vertiente opuesta</p>
<p>de la escarpada cuesta,</p>
<p>reclinado el lugar entre sus huertos.</p>
<p>– XX –</p>
<p>Silvestres hayas y robustos pinos</p>
<p>de los cerros vecinos</p>
<p>orlan y ciñen la brumosa frente,</p>
<p>por cuyas quiebras rueda y se desata,</p>
<p>como líquida plata,</p>
<p>el sonoro raudal de alguna fuente.</p>
<p>– XXI –</p>
<p>Y allí, donde de pronto se despliega</p>
<p>la pintoresca vega,</p>
<p>siguiendo los contornos desiguales</p>
<p>de la verde montaña, resguardado</p>
<p>por el peñón tajado</p>
<p>de recios y furiosos vendavales;</p>
<p>– XXII –</p>
<p>bajo el amparo de la Iglesia santa,</p>
<p>sobre la cual levanta</p>
<p>sencilla cruz sus brazos redentores,</p>
<p>sin que la sed de la ambición le aflija,</p>
<p>humilde se cobija</p>
<p>aquel pueblo de honrados pescadores.</p>
<p>– XXIII –</p>
<p>Por entre los repliegues de una loma,</p>
<p>rústico albergue asoma</p>
<p>al margen de un arroyo cristalino,</p>
<p>cuyo limpio caudal, abriendo calle</p>
<p>por el fondo del valle,</p>
<p>mueve después las piedras de un molino.</p>
<p>– XXIV –</p>
<p>Fresca arboleda en sus orillas crece,</p>
<p>y cuando el viento mece</p>
<p>con leve impulso sus tupidas frondas,</p>
<p>parece, reflejándose en el río,</p>
<p>que el ramaje sombrío</p>
<p>en el espacio tiembla y en las ondas.</p>
<p>– XXV –</p>
<p>junto al arroyo que lamiendo pasa</p>
<p>las tapias de la casa,</p>
<p>un joven pescador de piel curtida</p>
<p>por el viento del mar, áspero y rudo,</p>
<p>iba nudo por nudo</p>
<p>recorriendo su red, al sol tendida,</p>
<p>– XXVI –</p>
<p>para coger los puntos de la malla,</p>
<p>que en su postrer batalla</p>
<p>rompió, saltando el pez, vencido y preso</p>
<p>en la jornada del pasado día,</p>
<p>cuando la red crujía</p>
<p>de la copiosa pesca bajo el peso.</p>
<p>– XXVII –</p>
<p>Agraciada mujer, viva y morena,</p>
<p>en la ingrata faena</p>
<p>le acompañaba, y con secreto gozo,</p>
<p>a menudo, ligera como el rayo,</p>
<p>mirándole al soslayo</p>
<p>orgullosa pensaba: -¡Es un buen mozo!</p>
<p>– XXVIII –</p>
<p>y él, al fijarse, de impaciencia lleno,</p>
<p>en el redondo seno</p>
<p>que el ceñido jubón reprime y tapa,</p>
<p>suspendiendo de pronto su trabajo,</p>
<p>decía por lo bajo</p>
<p>con aire vencedor: -¡ Es que eres guapa!</p>
<p>– XXIX –</p>
<p>Entonces, dibujándose indecisa</p>
<p>en sus labios la risa,</p>
<p>contemplábase, muda de embeleso,</p>
<p>la dichosa pareja enamorada,</p>
<p>y era aquella mirada</p>
<p>una promesa, una caricia, un beso.</p>
<p>– XXX –</p>
<p>Los dos nacieron para amarse. Es Rosa,</p>
<p>como su nombre, hermosa:</p>
<p>arde en sus ojos del placer la llama.</p>
<p>Su fresca boca, que al halago brinda,</p>
<p>es dulce cual la guinda</p>
<p>que el pájaro voraz pica en la rama.</p>
<p>– XXXI –</p>
<p>No tiene la blancura de la nieve,</p>
<p>que se deshace en breve:</p>
<p>negros sus ojos son, negro el cabello.</p>
<p>Competir en su rostro parecía</p>
<p>la noche con el día;</p>
<p>pero ¿acaso el crepúsculo no es bello?</p>
<p>– XXXII –</p>
<p>Cayó en las redes de su amor cautivo</p>
<p>Miguel, el más activo</p>
<p>y arriesgado patrón de aquella playa,</p>
<p>que ágil en el timón, fuerte en el remo,</p>
<p>en el peligro extremo</p>
<p>ni tiembla, ni se aturde, ni desmaya.</p>
<p>– XXXIII –</p>
<p>Adiestrado en el ímprobo ejercicio</p>
<p>de su penoso oficio,</p>
<p>por la abierta camisa muestra el pecho</p>
<p>de fuerte y musculosa contextura,</p>
<p>no a la molicie impura,</p>
<p>sino a las fieras tempestades hecho.</p>
<p>– XXXIV –</p>
<p>Bajo su tosca y natural corteza</p>
<p>oculta la nobleza</p>
<p>de un corazón resuelto, pero sano.</p>
<p>Tan sólo Rosa conquistó la palma</p>
<p>de someter un alma,</p>
<p>que no logró domar el Océano.</p>
<p>– XXXV –</p>
<p>Santificó su paz y su ventura</p>
<p>la bendición del cura.</p>
<p>Tres meses hace que al sagrado lazo</p>
<p>la ya vencida voluntad rindieron,</p>
<p>tres meses, que se dieron</p>
<p>el primer beso y el primer abrazo.</p>
<p>– XXXVI –</p>
<p>Nunca vio la cantábrica montaña,</p>
<p>honor y prez de España,</p>
<p>dos almas en sus gustos más unidas,</p>
<p>ni con tan casto ardor el himeneo</p>
<p>en un mismo deseo fundió</p>
<p>dos corazones y dos vidas.</p>
<p>– XXXVII –</p>
<p>En su hogar deslizábanse veloces</p>
<p>las horas y los goces.</p>
<p>Ignoraba los usos cortesanos</p>
<p>su amor tan inocente como vivo:</p>
<p>pero el beso furtivo,</p>
<p>la franca lisa, el apretón de manos,</p>
<p>– XXXVIII –</p>
<p>el íntimo y verboso cuchicheo,</p>
<p>semejante al gorjeo</p>
<p>de alegres aves, el falaz desvío</p>
<p>de que mimada joven alardea,</p>
<p>sólo el tiempo que emplea</p>
<p>en decir su amador: -Dulce bien mío!</p>
<p>– XXXIX –</p>
<p>la voz, el gesto, la expresión, el modo de</p>
<p>contemplarse, todo</p>
<p>trastornaba sus almas, pues ¿qué idioma</p>
<p>por inculto que sea y por grosero,</p>
<p>para el amor sincero</p>
<p>no es tierno como arrullo de paloma?</p>
<p>– XL –</p>
<p>Juntos en deleitable compañía</p>
<p>trabajan a porfía</p>
<p>repasando la red, y tan molesta</p>
<p>como pesada operación sazona</p>
<p>la burla retozona,</p>
<p>la aguda chanza o la atrevida fiesta.</p>
<p>– XLI –</p>
<p>Reconcentrados en su amor profundo</p>
<p>¿qué les importa el mundo?</p>
<p>Los sueños de ambición dan al olvido.</p>
<p>A su cariño sin temor se entregan</p>
<p>y juegan como juegan</p>
<p>los pájaros incautos en su nido.</p>
<p>– XLII –</p>
<p>No lejos, en el término de un prado</p>
<p>donde manso ganado</p>
<p>con la hierba otoñal su gula aplaca,</p>
<p>la madre de Miguel, limpia y risueña,</p>
<p>tranquilamente ordeña</p>
<p>las llenas ubres de fecunda vaca.</p>
<p>– XLIII –</p>
<p>Con frecuencia, a hurtadillas, clava en ellos</p>
<p>tan jóvenes, tan bellos</p>
<p>y tan rendidos a su mutuo encanto,</p>
<p>los dulces ojos, que la edad apaga,</p>
<p>y por sus labios vaga</p>
<p>leve sonrisa, tierna como el llanto.</p>
<p>– XLIV –</p>
<p>¡Con qué inefable paz la pobre vieja,</p>
<p>a quien tan sólo deja</p>
<p>vanas memorias la cansada vida,</p>
<p>con qué intenso y profundo regocijo</p>
<p>siente y ve en aquel hijo</p>
<p>reverdecer su juventud perdida!</p>
<p>– XLV –</p>
<p>Él la hace recordar tiempos mejores,</p>
<p>con sus castos amores,</p>
<p>sus ansias, sus placeres y congojas.</p>
<p>Es como tronco roto, que aún resiste,</p>
<p>y el mes de mayo viste</p>
<p>de nuevas ramas y de nuevas hojas.</p>
<p>– XLVI –</p>
<p>Fijose en ella embebecido el mozo,</p>
<p>y desbordando el gozo</p>
<p>que en sus plácidos ojos centellea,</p>
<p>dijo, llamando la atención de Rosa:</p>
<p>-Mírala qué hacendosa</p>
<p>y entretenida está. ¡Bendita, sea!-</p>
<p>– XLVII –</p>
<p>-¿Qué puede apetecer? ¡Nos ve felices!</p>
<p>Rosa exclamó: -Bien dices-,</p>
<p>respondiola Miguel: -¡Quieran los cielos</p>
<p>para colmar la dicha de esa anciana,</p>
<p>concederle mañana</p>
<p>inocentes y hermosos netezuelos!-</p>
<p>– XLVIII –</p>
<p>La joven, con el seno palpitante,</p>
<p>mostrando en su semblante</p>
<p>el vívido color de la amapola,</p>
<p>al cuello se colgó de su marido,</p>
<p>y murmuró a su oído</p>
<p>una tímida frase ¡una tan sola!</p>
<p>– XLVIX –</p>
<p>Mas de poder tan penetrante y hondo,</p>
<p>que removió hasta el fondo</p>
<p>el alma de Miguel, como la ardiente</p>
<p>lumbre del sol que las campiñas dora,</p>
<p>hace, germinadora,</p>
<p>estallar en el surco la simiente.</p>
<p>– L –</p>
<p>-¡Madre! ¡madre! -gritó falto de aliento;</p>
<p>y pronta al llamamiento</p>
<p>con creciente ansiedad la anciana vino.</p>
<p>-¿Qué es esto? -preguntó sobresaltada.</p>
<p>-¿Qué es esto? ¡Pues es nada!-</p>
<p>contéstole Miguel fuera de tino.</p>
<p>– LI –</p>
<p>-¡Qué avanza mi ventura a toda vela!</p>
<p>¡Qué vas a ser abuela!</p>
<p>¡Qué mis sueños de amor alcanzo y toco!-</p>
<p>Y hablaba cada vez menos tranquilo,</p>
<p>levantándola en vilo</p>
<p>locuaz y descompuesto como un loco.</p>
<p>– LII –</p>
<p>Por fin la anciana desasirse pudo</p>
<p>del apretado nudo,</p>
<p>y no vuelta del pasmo todavía,</p>
<p>haciendo a Rosa malicioso guiño,</p>
<p>con maternal cariño,</p>
<p>-¡Ah bobo! -prorrumpió- ¡si lo sabía!</p>
<p>– LIII –</p>
<p>Y no cabiendo el júbilo en su pecho,</p>
<p>en íntimo, en estrecho,</p>
<p>en entrañable abrazo confundidos,</p>
<p>mezclaron sus sencillos corazones,</p>
<p>anhelos, ilusiones,</p>
<p>lágrimas, esperanzas y latidos.</p>
<p>– LIV –</p>
<p>Como de la fortuna en el marco,</p>
<p>se anticipa el deseo</p>
<p>con sus alas de rosa al bien distante,</p>
<p>Miguel dijo soñando: -Si no muda</p>
<p>el tiempo, y Dios me ayuda,</p>
<p>la pesca del atún será abundante.</p>
<p>– LV –</p>
<p>Se la consagro al niño, y con su importe,</p>
<p>a Castro… ¡no! a la corte</p>
<p>iré enseguida, y si en las tiendas hallo</p>
<p>cosa de gusto, volcaré el bolsillo,</p>
<p>y le traeré un hatillo</p>
<p>de príncipe… ¡y un sable!… ¡y un caballo!-</p>
<p>– LVI –</p>
<p>Y añadió enternecido, sonriendo:</p>
<p>-¡Si casi le estoy viendo</p>
<p>con su carita colorada y fresca,</p>
<p>y sus gracias alegres y sencillas,</p>
<p>sentarse en mis rodillas</p>
<p>rara escuchar los lances de la pesca!</p>
<p>– LVII –</p>
<p>¡Verás cómo retoza por la playa</p>
<p>cuando a buscarme vaya!</p>
<p>Y cuando se acostumbre, al lado mío,</p>
<p>al olor del carbón y de la brea,</p>
<p>¡verás cómo gatea</p>
<p>por los palos y jarcias de un navío!</p>
<p>– LVIII –</p>
<p>Será -siguió diciendo satisfecho-,</p>
<p>un mozo de provecho</p>
<p>más resistente y firme que una entena.</p>
<p>Iremos juntos, y se hará a mis mañas.</p>
<p>-¡Hijo de mis entrañas!-</p>
<p>Rosa le interrumpió con susto y pena.</p>
<p>– LIX –</p>
<p>¡Él, expuesto al peligro de los mares!…</p>
<p>¿No bastan los pesares</p>
<p>que me afligen por ti? ¡Vaya un empeño!</p>
<p>No lograrás vencerme, te lo digo,</p>
<p>harto sufro contigo</p>
<p>sin que nueva inquietud me robe el sueño.-</p>
<p>– LX –</p>
<p>-¡Bravo! -exclamó Miguel: ¡ Famosa ideal</p>
<p>Pues ¿qué quieres que sea?-</p>
<p>Y mirándole Rosa con ternura,</p>
<p>-¡Cura! -le respondió- ¡Cómo! -repuso</p>
<p>el pescador confuso,</p>
<p>-¡y un mozo tan cabal ha de ser cura!-</p>
<p>– LXI –</p>
<p>-¡Sí, sí! Para que ruegue noche y día</p>
<p>a la Virgen María-,</p>
<p>respondió con tiernísimo arrebato,</p>
<p>-por cuantos mueren en la mar traidora,</p>
<p>por la infeliz que llora</p>
<p>su mísera viudez… y por ti ¡ingrato!</p>
<p>– LXII –</p>
<p>-Pues no me harás cejar. -Ni a mí tampoco,</p>
<p>-Vayamos poco a poco-</p>
<p>dijo, cortando la incipiente riña</p>
<p>la madre de Miguel. -Pues yo no paso</p>
<p>por que apuréis el caso</p>
<p>sin contar con el huésped. ¿Y si es niña?-</p>
<p>– LXIII –</p>
<p>Quedose el pescador mudo y perplejo:</p>
<p>arrugó el entrecejo</p>
<p>contrariado tal vez; pero de pronto,</p>
<p>á compás de ruidosa carcajada</p>
<p>prorrumpió: -¡Nada, nada,</p>
<p>madre tiene razón! ¡Es que soy tonto!…</p>
<p>– LXIV –</p>
<p>-Si es niña, ya sabéis, no la recibo,</p>
<p>aun cuando sea el vivo</p>
<p>retrato de mi adusta morenita-.</p>
<p>Y con franca efusión abrazó a Rosa,</p>
<p>que entre esquiva y gozosa</p>
<p>dijo, evitando sus cariños: ¡Quita!</p>
<p>– LXV –</p>
<p>¿Quién ve tanta ventura indiferente?</p>
<p>¡Santa y perenne fuente</p>
<p>del amor paternal, que en nuestro anhelo</p>
<p>en misteriosas ondas repartida,</p>
<p>para endulzar la vida</p>
<p>y templar nuestra sed, bajas del cielo!</p>
<p>– LXVI –</p>
<p>¡Sentimiento purísimo del alma,</p>
<p>que turbas nuestra calma,</p>
<p>y con ritmo jamás interrumpido</p>
<p>despiertas los estímulos que duermen,</p>
<p>haces vibrar el germen,</p>
<p>subir la savia y palpitar el nido!</p>
<p>– LXVII –</p>
<p>A tu voz la inmortal naturaleza</p>
<p>suspende la fiereza</p>
<p>del oso huraño y del león hirsuto,</p>
<p>y tu fuego vivaz que do quier arde,</p>
<p>ímpetu da al cobarde,</p>
<p>vigor al débil y razón al bruto.</p>
<p>– LXVIII –</p>
<p>Todo, sujeto a inexorable norma,</p>
<p>se muda, se trasforma,</p>
<p>y en este inmenso impenetrable abismo</p>
<p>que la infinita variedad encierra,</p>
<p>tan sólo tú, en la tierra,</p>
<p>en el cielo y el mar, eres el mismo.</p>
<p>– LXIX –</p>
<p>Pero ¡oh suerte importuna! En el momento</p>
<p>de su mayor contento,</p>
<p>asomando al través de los maizales</p>
<p>que encubren la vereda del molino,</p>
<p>un marinero vino</p>
<p>a turbar sus ensueños paternales.</p>
<p>– LXX –</p>
<p>Era Roberto, amigo y camarada</p>
<p>de Miguel. Alma honrada</p>
<p>que a su pesar apasionado culto</p>
<p>consagra a Rosa; amor inofensivo.</p>
<p>pero punzante y vivo,</p>
<p>en lo más hondo de su pecho oculto.</p>
<p>– LXXI –</p>
<p>-¿Ya vienes a buscarme? Es muy temprano.-</p>
<p>Con tono afable y llano</p>
<p>dijo al verle Miguel. -Bien se conoce</p>
<p>que tienes -contestó- la paz en casa,</p>
<p>y que el reló se atrasa</p>
<p>para quien vive a gusto. ¡Son las doce!</p>
<p>– LXXII –</p>
<p>¿A qué esperamos, pues? El tiempo es bueno,</p>
<p>el cielo está sereno</p>
<p>y el mar tranquilo y manso. Con que puedes</p>
<p>calcular el aguante de tu malla,</p>
<p>pues hoy, o todo falla,</p>
<p>van con la pesca a reventar las redes.</p>
<p>– LXXIII –</p>
<p>¡No es lícito a los pobres el regalo!…</p>
<p>El año ha sido malo…-</p>
<p>-Cierto -Miguel repuso-, y necesito</p>
<p>no perder la ocasión, porque mi esposa…-</p>
<p>Iba a hablar; pero Rosa</p>
<p>dijo, abrazando al imprudente: -¡Chito!-</p>
<p>– LXXIV –</p>
<p>-Si mi franqueza tu disgusto labra,</p>
<p>no diré una palabra,</p>
<p>contestole Miguel. Mientras Roberto</p>
<p>rendido al golpe de su ardiente pena,</p>
<p>contemplaba la escena,</p>
<p>lívido y silencioso como un muerto.</p>
<p>– LXXV –</p>
<p>Quien en lo oscuro de su pecho esconda</p>
<p>la herida viva y honda</p>
<p>que sangra sin cesar, de un desdichado</p>
<p>amor, y tenga para más tortura,</p>
<p>el sueño de ventura</p>
<p>que nunca logrará, siempre a su lado;</p>
<p>– LXXVI –</p>
<p>quien de los celos pertinaces sienta</p>
<p>la mordedura hambrienta,</p>
<p>y finja, indiferente o satisfecho,</p>
<p>ver su imposible bien en otros brazos,</p>
<p>mientras quiere a pedazos</p>
<p>el corazón saltársele del pecho;</p>
<p>– LXXVII –</p>
<p>quien amando en silencio hasta el delirio</p>
<p>no tenga en su martirio</p>
<p>ni aun el triste consuelo de la queja,</p>
<p>podrá tan sólo comprender el fiero</p>
<p>pesar del marinero,</p>
<p>ante el placer de la gentil pareja.</p>
<p>– LXXVIII –</p>
<p>Miguel de pronto profirió: -¡Al avío!</p>
<p>con desenvuelto brío</p>
<p>la fuerte red plegando. Diligente,</p>
<p>y según su costumbre cariñosa,</p>
<p>iba a ayudarle Rosa</p>
<p>cuando él le dijo amedrentado: -¡ Tente!</p>
<p>– LXXIX –</p>
<p>¡Por Dios! ¿Qué vas a hacer? Pues bueno fuera</p>
<p>que un esfuerzo cualquiera…</p>
<p>¡No me des qué sentir! Y a más, te aviso,</p>
<p>que hoy la felicidad me presta aliento.</p>
<p>¡Hasta capaz me siento</p>
<p>de cargar con la barca, si es preciso!-</p>
<p>– LXXX –</p>
<p>Entre risas, y plácemes y fiestas</p>
<p>Miguel echose a cuestas</p>
<p>la recogida red, diciendo: -¡Vaya!</p>
<p>Nada hacemos aquí. -Y él y Roberto,</p>
<p>en íntimo concierto</p>
<p>tomaron el sendero de la playa.</p>
<p>– LXXXI –</p>
<p>Marchaba el ágil mozo con presteza,</p>
<p>volviendo la cabeza</p>
<p>a cada instante hacia su linar cercano,</p>
<p>desde donde en señal de despedida,</p>
<p>la joven conmovida</p>
<p>le mandaba sus besos con la mano.</p>
<p>– LXXXII –</p>
<p>Y hasta que casi al fin de la jornada,</p>
<p>su prenda idolatrada</p>
<p>se internó en las revueltas del camino,</p>
<p>no apartó, con dulcísima porfía,</p>
<p>del rumbo que él seguía,</p>
<p>ni el corazón ni el rostro peregrino,</p>
<p>– LXXXIII –</p>
<p>viendo, no sin nublársela el semblante,</p>
<p>cada vez más distante</p>
<p>al dueño de su vida y de su casa;</p>
<p>que la ausencia en amor, aun la más breve.</p>
<p>cual nubecilla leve,</p>
<p>oscurece los cielos mientras pasa.</p>
<p>– LXXXIV –</p>
<p>-¡Ah! ¿cómo no quererle si es tan bueno!…-</p>
<p>dijo, oprimiendo el seno</p>
<p>maternal, con tan blando y dulce nudo,</p>
<p>que, de la dicha de su hogar ufana,</p>
<p>la enternecida anciana</p>
<p>contener una lágrima no pudo.</p>
<p>– LXXXV –</p>
<p>En tanto, los alegres marineros</p>
<p>perdiéronse ligeros</p>
<p>tras un peñón que hacia la senda avanza,</p>
<p>y al fin de cuya estrecha cortadura</p>
<p>la indómita llanura</p>
<p>del vasto mar a descubrir se alcanza.</p>
<p>– LXXXVI –</p>
<p>Desde allí se divisan de repente,</p>
<p>su grandeza imponente,</p>
<p>su augusta calma o su furor sublime,</p>
<p>y con su regia majestad a solas,</p>
<p>óyese de sus olas</p>
<p>la voz tonante que amenaza o gime.</p>
<p>– LXXXVII –</p>
<p>En coloquio jovial entretenidos</p>
<p>van, de la mano asidos,</p>
<p>hacia donde a merced de la marea</p>
<p>que su ancha curva en las arenas raya,</p>
<p>cual reina de la playa</p>
<p>la barca de Miguel se balancea.</p>
<p>– LXXXVIII –</p>
<p>¡Qué es verla, al separarse de la orilla,</p>
<p>con atrevida quilla</p>
<p>surcar graciosa el líquido elemento,</p>
<p>y mar afuera, inquieta y juguetona,</p>
<p>tender la blanca lona</p>
<p>a las caricias pérfidas del viento!</p>
<p>– LXXXIX –</p>
<p>¡Qué es ver cómo al peligro se aventura,</p>
<p>cuando la sombra oscura</p>
<p>se precipita sobre el mar de Atlante!</p>
<p>Y cuando viento duro el golfo riza,</p>
<p>¡qué es ver cuál se desliza</p>
<p>por la espalda ondulosa del gigante!</p>
<p>– XC –</p>
<p>Nunca el riesgo imprevisto la acobarda,</p>
<p>y hiende tan gallarda</p>
<p>la inmensidad del piélago bravío,</p>
<p>que no deja tras sí, rápida y suave,</p>
<p>ni aun la huella que un ave,</p>
<p>rozando con el ala, abre en el río.</p>
<p>– XCI –</p>
<p>El noble pecho de Miguel se ensancha</p>
<p>ante la airosa lancha</p>
<p>que su fortuna y su ambición encierra,</p>
<p>y le presta solícito el cuidado</p>
<p>con que el bravo soldado</p>
<p>mima y atiende a su corcel de guerra.</p>
<p>– XCII –</p>
<p>Un mancebo, que estaba de atalaya,</p>
<p>gritó a los de la playa:</p>
<p>-¡El patrón!- Y animosa la cuadrilla</p>
<p>a la dura jornada se dispuso.</p>
<p>Sólo absorto y confuso</p>
<p>un pescador permaneció en la orilla,</p>
<p>– XCIII –</p>
<p>Sentado en un montón de húmeda arena,</p>
<p>extraño a la faena</p>
<p>ocultaba su rostro entre las manos,</p>
<p>mostrando sólo en su actitud doliente</p>
<p>la ancha y curtida frente</p>
<p>orlada a trechos de cabellos canos.</p>
<p>– XCIV –</p>
<p>Cual no maduro fruto, que la helada</p>
<p>malogra, su hija amada</p>
<p>cayó marchita al soplo de la muerte,</p>
<p>y se le sale, sin sentir, del pecho</p>
<p>el corazón deshecho,</p>
<p>en las acerbas lágrimas que vierte.</p>
<p>– XCV –</p>
<p>Quien ha sufrido la mortal congoja</p>
<p>que, sin piedad, deshoja</p>
<p>como agostada flor nuestra ventura</p>
<p>en ese instante de terrible prueba,</p>
<p>en que voraz se lleva</p>
<p>parte de nuestro ser, la sepultura:</p>
<p>– XCVI –</p>
<p>cuando con lenta gradación se apaga</p>
<p>la luz dudosa y vaga</p>
<p>que colora la faz del moribundo,</p>
<p>¡ay! y a medida que en sus ojos crece</p>
<p>la sombra, nos parece</p>
<p>que va cayendo en lobreguez el mundo;</p>
<p>– XCVII –</p>
<p>cuando vencidos en estéril lucha,</p>
<p>nuestra impotencia escucha</p>
<p>el tremendo estertor de la agonía,</p>
<p>y con angustia alborotada y loca</p>
<p>posamos nuestra boca</p>
<p>sobre otra boca descompuesta y fría,</p>
<p>– XCVIII –</p>
<p>casi cerrada en su letal reposo</p>
<p>al ritmo fatigoso</p>
<p>que el pecho cadavérico le presta,</p>
<p>y que ya de la muerte bajo el peso,</p>
<p>ni al anhelante beso,</p>
<p>ni al tierno abrazo. ni a la voz contesta;</p>
<p>– XCIX –</p>
<p>cuando aun tibios los míseros despojos,</p>
<p>vemos con turbios ojos</p>
<p>toda nuestra ilusión desvanecida,</p>
<p>y en medio del pesar que nos destroza,</p>
<p>sentimos cuál se goza</p>
<p>traidor recuerdo en enconar la herida;</p>
<p>– C –</p>
<p>cuando envuelto en su fúnebre mortaja,</p>
<p>negra y medrosa caja</p>
<p>el bien amado para siempre encierra,</p>
<p>y siente el corazón despavorido</p>
<p>el ruido, el sordo ruido</p>
<p>que hace al cubrir el féretro la tierra:</p>
<p>– CI –</p>
<p>¡ay! quien tenga grabada en su memoria</p>
<p>esa trágica historia,</p>
<p>sin cesar repetida y siempre nueva,</p>
<p>verá, evocando su dolor pasado,</p>
<p>el dardo envenenado</p>
<p>que el triste padre en sus entrañas lleva.</p>
<p>– CII –</p>
<p>Al verle presa de aflicción tan viva,</p>
<p>con frase compasiva</p>
<p>le interrogó Miguel franco y abierto.</p>
<p>Alzó el viejo la faz desencajada,</p>
<p>y con voz desmayada,</p>
<p>-¿No sabes? -sollozó- ¡mi Juana ha muerto!-</p>
<p>– CIII –</p>
<p>El sentimiento concentrado es mudo,</p>
<p>mientras un choque rudo</p>
<p>no sacude el marasmo que le embota,</p>
<p>porque entonces el ansia comprimida,</p>
<p>como por ancha herida</p>
<p>la hirviente sangre, atropellada brota.</p>
<p>– CIV –</p>
<p>Y cuando el corazón rompe su valla,</p>
<p>en el dolor que estalla</p>
<p>se mezclan y amalgaman con espanto,</p>
<p>como fundidos por el mismo fuego,</p>
<p>la imprecación y el ruego,</p>
<p>y el gemido, y la cólera, y el llanto.</p>
<p>– CV –</p>
<p>Tal la voz de Miguel, blanda y serena,</p>
<p>exasperó la pena</p>
<p>que al tosco anciano le apretaba el cuello,</p>
<p>y exaltándose al cabo poco a poco,</p>
<p>con la rabia de un loco</p>
<p>maldiciendo y mesándose el cabello,</p>
<p>– CVI –</p>
<p>-¡ay!- de pronto exclamó con ceño adusto:-</p>
<p>¡Mentira! Dios no es justo</p>
<p>cuando se goza en aumentar mi cuita.</p>
<p>Tienen en buena paz muchos bribones</p>
<p>tierras, barcos, millones…</p>
<p>¡yo, una pobre muchacha… y me la quita!</p>
<p>– CVII –</p>
<p>¿Qué mal hacía la infeliz doncella?</p>
<p>¿Cómo vivir sin ella?…-</p>
<p>Y se apagó la voz en su garganta.</p>
<p>-Mas sin justicia ni razón me quejo-,</p>
<p>gimió el honrado viejo:</p>
<p>-¡No nació para el mundo! ¡Era una santa!-</p>
<p>– CVIII –</p>
<p>Miguel, tendiendo al afligido anciano</p>
<p>la encallecida mano,</p>
<p>-vuelve a casa- le dijo- y llora y reza</p>
<p>junto a la amada prenda que perdiste.</p>
<p>-¡No!- contestole el triste</p>
<p>moviendo gravemente la cabeza.</p>
<p>– CIX –</p>
<p>-Aunque me falta el sol de la alegría,</p>
<p>conservo todavía,</p>
<p>gracias a Dios, mi voluntad de hierro.</p>
<p>¿Por qué te he de mentir, si eres mi amigo?</p>
<p>Saldré a la mar contigo.</p>
<p>¡Necesito el jornal para su entierro!</p>
<p>– CX –</p>
<p>Quiero comprarle, si tenemos suerte,</p>
<p>las galas de la muerte:</p>
<p>una cruz, un sudario y una palma.</p>
<p>Guardó breve silencio el desdichado</p>
<p>y luego desolado</p>
<p>clamó con bronco acento. -¡Hija del alma!-</p>
<p>– CXI –</p>
<p>Su misma voz, que reprimir no pudo,</p>
<p>como puñal agudo</p>
<p>clavósele en el pecho, y tan activa</p>
<p>creció en su corazón la angustia fiera,</p>
<p>cual la insaciable hoguera,</p>
<p>que cuanto más devora, más se aviva.</p>
<p>– CXII –</p>
<p>Enternecido ante infortunio tanto,</p>
<p>y conteniendo el llanto</p>
<p>Miguel le respondió: -Tu pobre Juana</p>
<p>tendrá lo que tu anhelo solicita:</p>
<p>la humilde cruz bendita,</p>
<p>la palma virgen y el sayal de lana.</p>
<p>– CXIII –</p>
<p>Pero vuelve a tu hogar, porque no quiero</p>
<p>que un bravo compañero</p>
<p>a su propio tormento contribuya.</p>
<p>No serás, si te niegas, buen amigo,</p>
<p>y atiende a lo que digo:</p>
<p>hoy pesco para ti. ¡Mi parte es tuya!-</p>
<p>– CXIV –</p>
<p>Cayó, cual dulce bálsamo, la oferta</p>
<p>sobre la herida abierta</p>
<p>del triste anciano, y mitigó su duelo</p>
<p>llanto reparador, tranquilo y suave.</p>
<p>Siempre para quien sabe</p>
<p>sentir, la gratitud es un consuelo.</p>
<p>– CXV –</p>
<p>– ¡Que Dios te colme de mercedes, hijo!-</p>
<p>con blando acento dijo,</p>
<p>las lágrimas secando en su mejilla.</p>
<p>Miguel para ocultar su sentimiento,</p>
<p>ligero como el viento</p>
<p>a la barca saltó desde la orilla.</p>
<p>– CXVI –</p>
<p>Toda su gente al tráfago dispuesta,</p>
<p>con ansia manifiesta</p>
<p>esperaba no más la voz de mando.</p>
<p>Diola el patrón; y con vigor supremo,</p>
<p>el resistente remo</p>
<p>en las arenas de la playa hincando,</p>
<p>– CXVII –</p>
<p>puso a flote la lancha embarrancada,</p>
<p>que lenta y sosegada</p>
<p>siguió después por la canal angosta,</p>
<p>única vía, franca y descubierta,</p>
<p>entre la barra incierta</p>
<p>y las tajadas peñas de la costa.</p>
<p>– CXVIII –</p>
<p>La roca, a modo de ciclópeo muro,</p>
<p>inabordable, oscuro,</p>
<p>desde la playa misma se adelanta,</p>
<p>hasta la punta del siniestro Cabo</p>
<p>do el mar potente y bravo</p>
<p>con sorda intermitencia se quebranta.</p>
<p>– CXIX –</p>
<p>Varias cruces sencillas de madera,</p>
<p>en pavorosa hilera</p>
<p>resaltan del peñón de trecho en trecho,</p>
<p>señalando en el áspero arrecife,</p>
<p>el sitio en que un esquife</p>
<p>quedó, a los golpes de la mar, deshecho.</p>
<p>– CXX –</p>
<p>Recuerda cada cruz alguna escena</p>
<p>de horror y espanto llena.</p>
<p>Más de un pobre marino halló su fosa,</p>
<p>entre el medroso y formidable estruendo</p>
<p>de la borrasca, oyendo</p>
<p>penetrantes ayes de su esposa.</p>
<p>– CXXI –</p>
<p>Donde la punta del peñón termina,</p>
<p>por mísera y mezquina</p>
<p>pudiérase decir que el mar desdeña,</p>
<p>aunque a veces su presa lo disputa,</p>
<p>una abrigada gruta</p>
<p>labrada por las olas en la peña.</p>
<p>– CXXII –</p>
<p>Gratas para las lanchas pescadoras</p>
<p>las apacibles horas</p>
<p>trascurren sin sentir. Con los reflejos</p>
<p>de la luz que en las aguas reverbera,</p>
<p>el mar, como si fuera</p>
<p>de inflamado metal, brilla a lo lejos,</p>
<p>– CXXIII –</p>
<p>Miguel desde la popa de su barca,</p>
<p>con la mirada abarca</p>
<p>el golfo en que indolente se aventura.</p>
<p>Está a sus pies sumiso y reposado</p>
<p>como león cansado,</p>
<p>y la atmósfera azul, diáfana y pura.</p>
<p>– CXXIV –</p>
<p>Lánguida brisa, replegando el ala,</p>
<p>mansamente resbala</p>
<p>sin conmover el piélago sereno,</p>
<p>semejante al aliento tibio y leve,</p>
<p>que apenas alza y mueve</p>
<p>de una virgen dormida el casto seno.</p>
<p>– CXXV –</p>
<p>El barco, al apartarse de la playa,</p>
<p>rápidamente raya</p>
<p>las claras ondas con su blanca estela,</p>
<p>y al avanzar con suave balanceo,</p>
<p>parece que el deseo</p>
<p>va impaciente sirviéndole de vela.</p>
<p>– CXXVI –</p>
<p>Del tiempo, más que del trabajo, avara,</p>
<p>la gente se prepara,</p>
<p>el remo suelta, y su esperanza funda</p>
<p>en la corriente azul del Océano,</p>
<p>como el dolor humano,</p>
<p>amarga, sí, pero también fecunda.</p>
<p>– CXXVII –</p>
<p>Tres veces por el ámbito marino</p>
<p>con provechoso tino</p>
<p>tiende la fuerte red, y las tres veces</p>
<p>al recogerla, abrillantó su trama,</p>
<p>la refulgente escama</p>
<p>que en vívido montón lucen los peces.</p>
<p>– CXXVIII –</p>
<p>-¡Te lo anuncié, Miguel! Ya ves si acierto.-</p>
<p>Dice alegre Roberto,</p>
<p>mientras que sujetando por la agalla</p>
<p>con diligente mano desenreda,</p>
<p>al pez, que preso queda</p>
<p>en los hilos nudosos de la malla.</p>
<p>– CXXIX –</p>
<p>Y con aire triunfal alzando a pulso</p>
<p>un sollo, que convulso</p>
<p>entre sus férreos dedos se torcía,</p>
<p>regocijado exclama: -¡Brava presa!</p>
<p>No se pone en la mesa</p>
<p>del rey, cosa mejor. ¡Este es gran día!-</p>
<p>– CXXX –</p>
<p>El sol empieza a declinar. La gente</p>
<p>a medida que siente</p>
<p>su ganancia crecer, redobla el celo,</p>
<p>y sin cejar un punto en su tarea,</p>
<p>quién en la red se emplea,</p>
<p>quién, sentado en la borda, echa un anzuelo,</p>
<p>– CXXXI –</p>
<p>quién al enorme pez, que agonizante,</p>
<p>colea, en un instante</p>
<p>con implacable actividad remata;</p>
<p>y de la pesca el acre olor parece</p>
<p>que alienta y fortalece</p>
<p>al marinero en su existencia ingrata.</p>
<p>– CXXXII –</p>
<p>A poco, tenue y vaporoso velo</p>
<p>fue enturbiando del cielo</p>
<p>la limpia claridad. Oscura nube</p>
<p>desde el confín remoto se avecina,</p>
<p>sorbiendo la neblina</p>
<p>que de las ondas impalpable sube.</p>
<p>– CXXXIII –</p>
<p>A medida que llega va aumentando:</p>
<p>el mar plácido y blando</p>
<p>por momentos se encrespa y alborota.</p>
<p>Estremécese el viento, antes dormido,</p>
<p>y hacia el agreste nido</p>
<p>tiende el medroso vuelo la gaviota.</p>
<p>– CXXXIV –</p>
<p>De improviso una racha fugitiva</p>
<p>del oleaje aviva</p>
<p>el ímpetu naciente. Las espesas</p>
<p>nubes marchan en giro apresurado,</p>
<p>y al fin rompe el nublado</p>
<p>en gota, tan escasas como gruesas.</p>
<p>– CXXXV –</p>
<p>¡Hum! -exclama frunciendo el entrecejo</p>
<p>un pescador ya viejo.</p>
<p>-¡El tiempo muda, la borrasca avanza!-</p>
<p>Y otro añade después: -Se aguó la fiesta!</p>
<p>¡Ah, cobardes! -contesta</p>
<p>Miguel en tono de amistosa chanza:</p>
<p>– CXXXVI –</p>
<p>-¿Os asusta una nube de verano?-</p>
<p>-¡Sí! -responde el anciano.</p>
<p>¡La galerna está encima! -No discuto-</p>
<p>le interrumpe el patrón. -Mas Juana ha muerto,</p>
<p>y yo no vuelvo al puerto</p>
<p>si no llevo a su padre para el luto.-</p>
<p>– CXXXVII –</p>
<p>Y la pesca siguió con mayor brío,</p>
<p>sin que del mar bravío</p>
<p>la sorda turbación los contuviera.</p>
<p>Pues ¿quién fuerza al lebrel cuando en la pista</p>
<p>la ansiada res avista,</p>
<p>a pararse en mitad de su carrera?</p>
<p>– CXXXVIII –</p>
<p>Mas de golpe la lluvia se desata</p>
<p>cual rauda catarata;</p>
<p>el huracán sus ráfagas sacude</p>
<p>como un corcel la crin; al llamamiento</p>
<p>del alterado viento,</p>
<p>la ola, bramando de furor, acude.</p>
<p>– CXXXIX –</p>
<p>Y se empeña otra vez con recio embate,</p>
<p>el eterno combate</p>
<p>que presencian los siglos confundidos,</p>
<p>en que después de trágicos horrores,</p>
<p>los fieros gladiadores</p>
<p>ceden cansados, pero no vencidos.</p>
<p>– CXL –</p>
<p>Quédase muda de estupor la gente.</p>
<p>Negra, inmensa, rugiente</p>
<p>rueda la tempestad: con ciego empuje</p>
<p>cual fogoso bridón que se desboca,</p>
<p>la ola adelanta, choca</p>
<p>contra la barca, se revuelve y ruge.</p>
<p>– CXLI –</p>
<p>¡Hola! -grita Miguel- ¡Cortad la cuerda,</p>
<p>aunque la red se pierda!</p>
<p>Aun habrá tiempo de llegar al faro.</p>
<p>¡Ánimo, chicos! y forzad los remos,</p>
<p>que pronto arribaremos.</p>
<p>¡La santa Virgen nos dará su amparo!</p>
<p>– CXLII –</p>
<p>El endeble timón Miguel aferra</p>
<p>y a la cercana tierra</p>
<p>dirige el rumbo como buen marino,</p>
<p>mientras la gente, ante el peligro absorta,</p>
<p>con ágil remo corta</p>
<p>la indócil ola, abriéndose camino.</p>
<p>– CXLIII –</p>
<p>Estimulado por la voz del trueno,</p>
<p>el mar su turbio sello</p>
<p>con resonante convulsión agita;</p>
<p>cual irritada fiera el lomo enarca</p>
<p>y hacia la frágil barca</p>
<p>sus gigantescas olas precipita.</p>
<p>– CXLIV –</p>
<p>A merced de la mar arrolladora,</p>
<p>la lancha pescadora</p>
<p>los golpes sufre, pero no desmaya.</p>
<p>Y los vecinos del lugar, en tanto,</p>
<p>vuelan llenos de espanto,</p>
<p>en confuso tropel hacia la playa.</p>
<p>– CXLV –</p>
<p>Mozos, ancianos, niños y mujeres,</p>
<p>imploran por los seres</p>
<p>que amenaza el furor del mar sombrío,</p>
<p>y ardientes quejas, alteradas voces</p>
<p>revueltas y veloces,</p>
<p>pueblan el aire en ronco griterío.</p>
<p>– CXLVI –</p>
<p>Luego el tropel desordenado y vario</p>
<p>invade el santuario</p>
<p>que la escarpada cúspide corona,</p>
<p>donde al pie del altar, una y cien veces</p>
<p>con dolorosas preces,</p>
<p>pide auxilio a su célica Patrona.</p>
<p>– CXLVII –</p>
<p>Joven esposa sus cabellos mesa,</p>
<p>otra, en silencio besa</p>
<p>desesperada a un párvulo inocente,</p>
<p>un débil niño en su pueril despecho,</p>
<p>golpeándose el pecho,</p>
<p>en el polvo del templo hunde su frente</p>
<p>– CXLVIII –</p>
<p>otro ofrece a la Virgen con devoto</p>
<p>fervor, sencillo voto;</p>
<p>y del concurso general, movido</p>
<p>por el temor, la angustia y el deseo,</p>
<p>el alto clamoreo,</p>
<p>¡ay! más que una oración, es un gemido.</p>
<p>– CXLIX –</p>
<p>En el lugar más arduo de la costa,</p>
<p>hacia la boca angosta</p>
<p>del canal, siempre al marinero aciaga,</p>
<p>bulle otra multitud, dando a los vientos,</p>
<p>sus ayes y lamentos,</p>
<p>que el recio son del temporal apaga.</p>
<p>– CL –</p>
<p>Pintándose en su faz el extravío,</p>
<p>por medio del gentío,</p>
<p>la madre de Miguel, como una sombra,</p>
<p>se mueve, sin cesar. Corre, pregunta,</p>
<p>reza, las manos junta,</p>
<p>y al hijo amado, inconsolable nombra.</p>
<p>– CLI –</p>
<p>Rosa trémula y muda la acompaña;</p>
<p>copioso llanto baña</p>
<p>sus claros ojos que oscurece el duelo.</p>
<p>Tiene el lívido rostro de una muerta,</p>
<p>y la razón cubierta</p>
<p>de tormentosas nubes como el cielo.</p>
<p>– CLII –</p>
<p>Todos enternecidos la abren paso.</p>
<p>¿Conocerán acaso</p>
<p>la noticia fatal? La incertidumbre</p>
<p>de Rosa, surge a tan horrible idea,</p>
<p>y con terror pasea</p>
<p>su vista por la absorta muchedumbre.</p>
<p>– CLIII –</p>
<p>Aquel silencio lúgubre la mata.</p>
<p>Frenética, insensata</p>
<p>a una amiga se acerca: -¿Dónde, dónde</p>
<p>está Miguel? ¡Ten lástima! -solloza.</p>
<p>La sorprendida moza</p>
<p>mírala estupefacta, y no responde.</p>
<p>– CLIV –</p>
<p>-¡Ha muerto! -añade acongojada- ¡Ha muerto!-</p>
<p>Pero un marino experto</p>
<p>en los trances del mar, compadecido</p>
<p>de la atroz inquietud que la enajena,</p>
<p>para templar su pena</p>
<p>dícele con amor: -¡Cobra el sentido!</p>
<p>– CLV –</p>
<p>¿A qué viene apurarse de esa suerte?</p>
<p>¿Qué sacas con ponerte</p>
<p>en el último extremo? Cuando tarda</p>
<p>la barca en presentarse, conjeturo</p>
<p>que ya en lugar seguro,</p>
<p>tan sólo el fin del temporal aguarda.</p>
<p>– CLVI –</p>
<p>¡Ea! Enjuga tus lágrimas: no llores,</p>
<p>porque riesgos mayores</p>
<p>ha vencido Miguel, que es tan resuelto.-</p>
<p>-Mas ¿le viste volver? -pregunta Rosa</p>
<p>turbada y anhelosa,</p>
<p>y le contesta el pescador: -No ha vuelto.-</p>
<p>– CLVII –</p>
<p>Entonces trepa a la escarpada cima,</p>
<p>al borde se aproxima</p>
<p>del saliente peñón, como una idiota,</p>
<p>y expuesta a peligroso paroxismo,</p>
<p>avanza hacia el abismo</p>
<p>la descompuesta faz, que el viento azota.</p>
<p>– CLVIII –</p>
<p>En medio del pesar que la anonada,</p>
<p>la atónita mirada</p>
<p>hunde en la inmensidad, y es su porfía</p>
<p>tan profunda y tenaz, que si pudiera,</p>
<p>la mar rebelde y fiera</p>
<p>con sus ávidos ojos sorbería.</p>
<p>– CLIX –</p>
<p>¡Ay! ¡si lograse traspasar la bruma!…</p>
<p>¡Si entre la blanca espuma</p>
<p>viese al mortal por quien suspira y ruega!…</p>
<p>Cuando divisa un barco en lontananza,</p>
<p>renace su esperanza</p>
<p>y clama, llena de ansiedad: -¡Ya llega!-</p>
<p>– CLX –</p>
<p>¡Estéril impaciencia! ¡Vano empeño!</p>
<p>¿En dónde está su dueño</p>
<p>que no acude a su voz? ¿Por qué no viene?</p>
<p>Su amante madre la acaricia y calma.</p>
<p>¡Compadeced al alma</p>
<p>que da consuelos ¡ay! ¡y no los tiene!</p>
<p>– CLXI –</p>
<p>Allá en la playa un grupo generoso,</p>
<p>sin tregua ni reposo</p>
<p>anuda cuerdas y apareja un bote,</p>
<p>sometido al mandato soberano</p>
<p>de respetado anciano,</p>
<p>mezcla de marinero y sacerdote.</p>
<p>– CLXII –</p>
<p>Viril arrojo en sus pupilas arde</p>
<p>sin ostentoso alarde,</p>
<p>y aunque a los años la cerviz inclina,</p>
<p>presta vigor a su cabeza cana</p>
<p>la fortaleza humana,</p>
<p>templada al fuego de la fe divina.</p>
<p>– CLXIII –</p>
<p>Al cabo por la estrecha cortadura,</p>
<p>luchando a la ventura</p>
<p>con el viento y las olas, impelida</p>
<p>por la borrasca hacia el difícil paso,</p>
<p>en donde puede acaso</p>
<p>quedar a salvo o perecer hundida,</p>
<p>– CLXIV –</p>
<p>entre el fragor que por momentos crece,</p>
<p>intrépida aparece</p>
<p>la barca de Miguel; pero ¡en qué estado!</p>
<p>Cual gladiador que tras inútil prueba</p>
<p>huye vencido, lleva</p>
<p>cien heridas de muerte en su costado.</p>
<p>– CLXV –</p>
<p>Resistiendo la cólera salvaje</p>
<p>del soberbio oleaje,</p>
<p>la gente fuerzas del peligro cobra;</p>
<p>y aunque la lancha, como leve pluma,</p>
<p>entre montes de espuma</p>
<p>parece a cada instante que zozobra,</p>
<p>– CLXVI –</p>
<p>cien veces con impávido heroísmo,</p>
<p>resurte del abismo</p>
<p>obediente a la mano que la guía.</p>
<p>Ninguna voz en su interior se escucha,</p>
<p>que el riesgo de la lucha</p>
<p>tiene una majestad muda y sombría.</p>
<p>– CLXVII –</p>
<p>¡Oh! ¡van a perecer! -¿Queréis seguirme?</p>
<p>Con voz entera y firme</p>
<p>pregunta el cura. -¡Á vuestro amor apelo!</p>
<p>Arrancaremos a la mar su presa</p>
<p>y si en tan santa empresa</p>
<p>morimos, ¿qué es morir? ¡Ganar el cielo!-</p>
<p>– CLXVIII –</p>
<p>El religioso impulso que le mueve</p>
<p>su aliento dobla, leve</p>
<p>cual fornido mancebo, al bote salta.</p>
<p>El peligro conoce y no le esquiva:</p>
<p>pues ¿a quién, si arde viva</p>
<p>la fe en su pecho, el ánimo le falta?</p>
<p>– CLXIX –</p>
<p>Todos se aprestan a seguir su suerte,</p>
<p>que aquel combate a muerte</p>
<p>de generosa emulación los llena.</p>
<p>¡Oh humanidad, tan pronta al sacrificio,</p>
<p>podrá mancharte el vicio</p>
<p>y ofuscarte el error; pero eres buena!</p>
<p>– CLXX –</p>
<p>El bote listo ya, con seis remeros</p>
<p>hábiles y ligeros,</p>
<p>abrirse paso hacia el canal ensaya.</p>
<p>¡Vana ilusión! ¡La mar embravecida,</p>
<p>con fuerte sacudida</p>
<p>pedazos hecho le arrojó a la playa.</p>
<p>– CLXXI –</p>
<p>-¡Señor! Tus altos juicios no escudriño</p>
<p>llorando como un niño,</p>
<p>gimió en su angustia el viejo venerable.</p>
<p>-Pero no hay tiempo que perder. ¡Subamos</p>
<p>hijos! Tal vez podamos</p>
<p>desde el mismo peñón echar un cable.-</p>
<p>– CLXXII –</p>
<p>Respondiendo a su voz, según costumbre,</p>
<p>a la empinada cumbre</p>
<p>el grupo asciende, y con empeño lanza</p>
<p>el recio cabo a la corriente ciega;</p>
<p>mas ¡ay! que nunca llega</p>
<p>al náufrago batel. ¡No hay esperanza!</p>
<p>– CLXXIII –</p>
<p>¡No hay esperanza! El cura consternado</p>
<p>increpa al mar airado.</p>
<p>Sin freno alguno que su empuje venza,</p>
<p>la tempestad incontrastable brama.</p>
<p>Y el noble anciano exclama:</p>
<p>-¡Hijos míos! ¡Yo acabo, y Dios comienza!-</p>
<p>– CLXXIV –</p>
<p>¡No hay esperanza! Y la barquilla aun flota</p>
<p>desgobernada y rota.</p>
<p>Aun los pobres remeros, más audaces</p>
<p>cuanto más la borrasca se acrecienta,</p>
<p>lidian con la tormenta</p>
<p>desesperados, sí, pero tenaces.</p>
<p>– CLXXV –</p>
<p>¿Dónde tender la salvadora amarra?</p>
<p>¿Cómo cruzar la barra</p>
<p>que el paso cierra del canal estrecho,</p>
<p>si ya tiene la barca pescadora,</p>
<p>quebrantada la prora,</p>
<p>el casco hendido y el timón deshecho?</p>
<p>– CLXXVI –</p>
<p>El avariento mar la presa ansía.</p>
<p>¡Ya es suya! Todavía,</p>
<p>resistiendo en los frágiles despojos</p>
<p>del roto barco, en su ansiedad suprema,</p>
<p>la gente rema, rema,</p>
<p>rema, y nublan las lágrimas sus ojos.</p>
<p>– CLXXVII –</p>
<p>¿Qué busca? ¿Adónde va? ¿Por qué se afana?</p>
<p>Su resistencia es vana.</p>
<p>¡Ay! la esperanza al corazón se aferra</p>
<p>en los casos adversos e infelices,</p>
<p>aun más que las raíces</p>
<p>a las duras entrañas de la tierra.</p>
<p>– CLXXVIII –</p>
<p>-¡Juan, lárgame una estacha!- grita el bravo</p>
<p>Miguel-, y por un cabo</p>
<p>átala pronto y bien, que si consigo</p>
<p>con el otro nadar hasta la orilla,</p>
<p>podrá nuestra barquilla</p>
<p>en la gruta del faro hallar abrigo-.</p>
<p>– CLXXIX –</p>
<p>Dobló la frente oscurecida y grave.</p>
<p>¿En qué pensaba? ¿Cabe</p>
<p>dudarlo un punto? En el edén perdido,</p>
<p>en su infeliz mujer, en el risueño</p>
<p>ángel, que vio en un sueño,</p>
<p>huérfano ¡ay triste! aun antes de nacido.</p>
<p>– CLXXX –</p>
<p>-¡Eh!- contéstale Juan: -¡Ahí va la estacha!-</p>
<p>Miguel el hombro agacha</p>
<p>para esquivar el golpe; mas Roberto,</p>
<p>asiéndola en el aire de improviso,</p>
<p>prorrumpe: -No es preciso:</p>
<p>yo llegaré a la costa, vivo o muerto-.</p>
<p>– CLXXXI –</p>
<p>La pasión que alimenta su ternura,</p>
<p>y en él, como la pura</p>
<p>lámpara de un altar, arde escondida,</p>
<p>le inspiró, en su postrera llamarada,</p>
<p>ofrecer a su amada</p>
<p>no sólo el corazón, sino la vida.</p>
<p>– CLXXXII –</p>
<p>De su mojado traje se desnuda,</p>
<p>y a su cintura anuda</p>
<p>la retorcida cuerda. Intenta en vano</p>
<p>resistirse Miguel en son de queja,</p>
<p>y se obstina, y forceja,</p>
<p>y arráncarsela quiere de la mano.</p>
<p>– CLXXXIII –</p>
<p>-¡Quita!- Roberto exclama: -¡Si en un credo</p>
<p>ganar la costa puedo!</p>
<p>¡Es inútil que chilles: no te escucho!</p>
<p>Esto sería asesinar a Rosa.-</p>
<p>Y con voz temblorosa</p>
<p>dice, saltando al mar: -¡Quiérela mucho!</p>
<p>– CLXXXIV –</p>
<p>Hacia el negro peñón el rumbo guía,</p>
<p>y sin temor confía</p>
<p>a sus robustos brazos su defensa.</p>
<p>Mas de repente, en turbio remolino,</p>
<p>a trastornarle vino</p>
<p>ola veloz, arrolladora, inmensa.</p>
<p>– CLXXXV –</p>
<p>Sobre su frente con estruendo estalla,</p>
<p>y en desigual batalla</p>
<p>le revuelca, le arrastra y le sofoca.</p>
<p>Desaparece el desdichado, juega</p>
<p>la onda con él, y ciega</p>
<p>le estrella al fin contra la enorme roca.</p>
<p>– CLXXXVI –</p>
<p>Ante aquel espectáculo de muerte,</p>
<p>desencajada, inerte,</p>
<p>de pie sobre la mole de granito</p>
<p>que sacude la mar tempestuosa,</p>
<p>lanzó de pronto Rosa</p>
<p>un grito aterrador. ¡Qué horrible grito!</p>
<p>– CLXXXVII –</p>
<p>El ¡ay! desgarrador, como una espada,</p>
<p>de quien no espera nada;</p>
<p>¡ay! que del corazón en lo más hondo,</p>
<p>las heces amarguísimas remueve</p>
<p>del cáliz en que bebe</p>
<p>la humanidad, para el dolor sin fondo.</p>
<p>– CLXXXVIII –</p>
<p>Cual mies que cede al ímpetu del viento,</p>
<p>convulsa, sin aliento,</p>
<p>levantando sus manos, ya inactivas,</p>
<p>la humilde multitud se postra en tierra,</p>
<p>y con fervor que aterra</p>
<p>eleva a Dios sus preces aflictivas.</p>
<p>– CLXXXIX –</p>
<p>¡Oh momento solemne! Austero y triste</p>
<p>la majestad reviste</p>
<p>de su augusta misión el sacro anciano,</p>
<p>y humedeciendo el llanto sus mejillas,</p>
<p>se dobla de rodillas</p>
<p>ante la inmensidad del Océano.</p>
<p>– CXC –</p>
<p>Su mano extiende trémula y cansada,</p>
<p>levanta la mirada</p>
<p>a la celeste bóveda, testigo</p>
<p>mudo de tanto horror, y con acento</p>
<p>parecido a un lamento:</p>
<p>¡Hijos! -grita- ¡Os absuelvo y os bendigo!-</p>
<p>– CXCI –</p>
<p>¿Qué vio después la multitud? Ver pudo</p>
<p>el cielo siempre mudo,</p>
<p>desierto el mar, la barca destruida,</p>
<p>y una hermosa mujer, rígida y yerta,</p>
<p>lo mismo que una muerta,</p>
<p>en el estéril peñascal tendida.</p>
<p>– CXCII –</p>
<p>Un año ha trascurrido. La alta cumbre</p>
<p>con su postrera lumbre</p>
<p>baña fúlgido sol desde el ocaso,</p>
<p>y en hora tal de paz y de misterio,</p>
<p>al santo cementerio</p>
<p>una débil mujer dirige el paso.</p>
<p>– CXCIII –</p>
<p>¡Cuán sola está, cuán pobre, cuán cambiada!</p>
<p>Rosa fragante, ajada</p>
<p>en mitad de su alegre primavera,</p>
<p>bajo el vivaz recuerdo que la excita,</p>
<p>aquella flor marchita</p>
<p>ni sombra es ya de lo que entonces fuera!</p>
<p>– CXCIV –</p>
<p>Abraza y besa con febril cariño,</p>
<p>a un escuálido niño</p>
<p>nacido entre miserias y trabajos.</p>
<p>El hatillo de príncipe, que un día</p>
<p>soñó la fantasía</p>
<p>del infeliz Miguel, era de andrajos.</p>
<p>– CXCV –</p>
<p>Recrudeciendo el duelo que la enerva,</p>
<p>entre la fresca hierba</p>
<p>dos fosas busca, se prosterna y ora.</p>
<p>Y cobrando calor de un seno amante,</p>
<p>el desvalido infante</p>
<p>sus manecitas mueve, y también llora.</p>
<p>– CXCVI –</p>
<p>¡Ay! ¿Podrá ser que el leño de la selva</p>
<p>a engalanarse vuelva?</p>
<p>¿Renovará sus cánticos el ave</p>
<p>que dejó la borrasca, herida y muda?</p>
<p>¿La infortunada viuda</p>
<p>olvidará algún día? ¡Dios lo sabe!</p>
<p>– CXCVII –</p>
<p>Todo lo gasta y borra el tiempo ingrato:</p>
<p>el ardiente arrebato</p>
<p>del amor, la ilusión que se deshoja,</p>
<p>la fe que espira, el gozo y el tormento:</p>
<p>que el hondo pensamiento,</p>
<p>como el mar, sus cadáveres arroja.</p>
<p>– CXCVIII –</p>
<p>Mas cuando alguno en nuestra mente queda,</p>
<p>cuando tenaz se enreda</p>
<p>al débil corazón, y en él dilata</p>
<p>su raíz, como hiedra trepadora,</p>
<p>entonces nos devora,</p>
<p>porque el triste recuerdo, o muere o mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La sombra</strong></h3>
<p>Dulces y amorosos sueños</p>
<p>de la virgen candorosa,</p>
<p>que tomáis en el espacio</p>
<p>blanca y delicada forma;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>melancólicos suspiros</p>
<p>de la flor que se deshoja,</p>
<p>que os convertís en el cielo</p>
<p>en espíritus de aroma;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo siento sobre mi frente</p>
<p>vuestras alas temblorosas,</p>
<p>y siento en los labios míos</p>
<p>el beso de vuestra boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lloráis para consolarme</p>
<p>de mis pasadas congojas,</p>
<p>y ese llanto es el rocío</p>
<p>que se columpia en las rosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas si queréis que no pene,</p>
<p>desde el cielo en donde mora,</p>
<p>si no al ángel que me inspira</p>
<p>bajadme al menos su sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La virgen poesía…</strong></h3>
<p>La virgen poesía</p>
<p>huyendo de los hombres,</p>
<p>se pierde en las profundas</p>
<p>tinieblas de la noche.</p>
<p>Las arpas enmudecen,</p>
<p>y el eco no responde</p>
<p>sino a los broncos gritos</p>
<p>de cien revoluciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, cuando la tormenta</p>
<p>cierne sus negras alas,</p>
<p>la tímida avecilla</p>
<p>se oculta y tiembla y calla!</p>
<p>¿Qué valen sus gorjeos</p>
<p>ante la voz airada</p>
<p>del trueno que retumba</p>
<p>en valles y en montañas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué cambio y qué contraste!</p>
<p>Ayer llenaba el mundo</p>
<p>la inspiración sublime</p>
<p>de Schiller, Byron y Hugo.</p>
<p>Hoy sobre nuestras almas,</p>
<p>que envileció el tumulto,</p>
<p>parece que gravita</p>
<p>la losa de un sepulcro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miraban nuestros padres</p>
<p>el despertar de un siglo:</p>
<p>nosotros a sus hondas</p>
<p>angustias asistimos.</p>
<p>En su entusiasmo ardiente</p>
<p>su cántico era un himno.</p>
<p>El nuestro ¡oh desventura!</p>
<p>el nuestro es un gemido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando después de aquella</p>
<p>sangrienta sacudida,</p>
<p>que derribó en el polvo</p>
<p>la sociedad antigua,</p>
<p>con su potente mano</p>
<p>la santa poesía</p>
<p>logró sacar ileso</p>
<p>a Dios de entre las ruinas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando en estéril roca,</p>
<p>entre el rumor confuso</p>
<p>del mar, agonizaba</p>
<p>en su aislamiento augusto</p>
<p>el águila altanera,</p>
<p>tan grande en su infortunio,</p>
<p>que de sus corvas garras</p>
<p>tuvo suspenso el mundo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces, como el germen</p>
<p>oculto que despierta,</p>
<p>y rompe vigoroso</p>
<p>la cárcel que lo encierra,</p>
<p>sobre las viejas ruinas</p>
<p>brotaron por doquiera</p>
<p>la religión, la gloria,</p>
<p>la libertad, la ciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Siempre el dolor fecunda!</p>
<p>La tierra, nuestra madre,</p>
<p>sufre el agudo arado</p>
<p>que sus entrañas abre;</p>
<p>el mar tiene sus roncas</p>
<p>y fieras tempestades,</p>
<p>su duda el pensamiento,</p>
<p>la religión sus mártires.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo grande surge</p>
<p>de este combate eterno</p>
<p>como la luz del choque</p>
<p>del pedernal y el hierro.</p>
<p>¡Felices nuestros padres,</p>
<p>que entonces recogieron</p>
<p>la mies, antes regada</p>
<p>con llanto, sangre y cieno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es raro que el poeta</p>
<p>alzase himnos de gloria</p>
<p>al Dios que renacía</p>
<p>de entre sus aras rotas?</p>
<p>¿Es raro que cantase</p>
<p>la alborozada Europa</p>
<p>al nuevo sol, naciendo</p>
<p>de la impalpable sombra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hoy, ¿qué alegre canto</p>
<p>entonarán las musas?</p>
<p>La llama del incendio</p>
<p>nuestro camino alumbra.</p>
<p>La libertad seguida</p>
<p>de alborotadas turbas</p>
<p>arrastra por el fango</p>
<p>sus blancas vestiduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El entusiasmo espira</p>
<p>en lecho de dolores:</p>
<p>atónita y turbada</p>
<p>la fe su venda rompe,</p>
<p>y caen de sus altares,</p>
<p>bajo insensatos golpes,</p>
<p>la patria, la familia,</p>
<p>los reyes y los dioses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo se anubla, todo</p>
<p>choca, todo está herido!</p>
<p>Pide estragado el arte</p>
<p>su inspiración al vicio,</p>
<p>y entre el alegre estruendo</p>
<p>de infames regocijos,</p>
<p>la sociedad oscila</p>
<p>sobre el medroso abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Poetas! Hasta tanto</p>
<p>que la borrasca pase,</p>
<p>colguemos nuestras arpas</p>
<p>de los llorosos sauces.</p>
<p>Tal vez cuando la tierra</p>
<p>nuestros despojos guarde,</p>
<p>el viento las sacuda</p>
<p>y vibren, giman, canten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez cuando del tiempo</p>
<p>se amanse la corriente,</p>
<p>nuestros felices hijos</p>
<p>piadosos las descuelguen.</p>
<p>¡Quién sabe! Aunque las densas</p>
<p>tinieblas nos envuelven,</p>
<p>no eres eterna ¡oh noche!</p>
<p>¡dolor, no duras siempre!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las arpas mudas</strong></h3>
<p>La virgen poesía</p>
<p>huyendo de los hombres,</p>
<p>se pierde en las profundas</p>
<p>tinieblas de la noche.</p>
<p>Las arpas enmudecen,</p>
<p>y el eco no responde</p>
<p>sino a los broncos gritos</p>
<p>de cien revoluciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, cuando la tormenta</p>
<p>cierne sus negras alas,</p>
<p>la tímida avecilla</p>
<p>se oculta y tiembla y calla!</p>
<p>¿Qué valen sus gorjeos</p>
<p>ante la voz airada</p>
<p>del trueno que retumba</p>
<p>en valles y en montañas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué cambio y qué contraste!</p>
<p>Ayer llenaba el mundo</p>
<p>la inspiración sublime</p>
<p>de Schiller, Byron y Hugo.</p>
<p>Hoy sobre nuestras almas,</p>
<p>que envileció el tumulto,</p>
<p>parece que gravita</p>
<p>la losa de un sepulcro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miraban nuestros padres</p>
<p>el despertar de un siglo:</p>
<p>nosotros a sus hondas</p>
<p>angustias asistimos.</p>
<p>En su entusiasmo ardiente</p>
<p>su cántico era un himno.</p>
<p>El nuestro ¡oh desventura!</p>
<p>el nuestro es un gemido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando después de aquella</p>
<p>sangrienta sacudida,</p>
<p>que derribó en el polvo</p>
<p>la sociedad antigua,</p>
<p>con su potente mano</p>
<p>la santa poesía</p>
<p>logró sacar ileso</p>
<p>a Dios de entre las ruinas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando en estéril roca,</p>
<p>entre el rumor confuso</p>
<p>del mar, agonizaba</p>
<p>en su aislamiento augusto</p>
<p>el águila altanera,</p>
<p>tan grande en su infortunio,</p>
<p>que de sus corvas garras</p>
<p>tuvo suspenso el mundo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces, como el germen</p>
<p>oculto que despierta,</p>
<p>y rompe vigoroso</p>
<p>la cárcel que lo encierra,</p>
<p>sobre las viejas ruinas</p>
<p>brotaron por doquiera</p>
<p>la religión, la gloria,</p>
<p>la libertad, la ciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Siempre el dolor fecunda!</p>
<p>La tierra, nuestra madre,</p>
<p>sufre el agudo arado</p>
<p>que sus entrañas abre;</p>
<p>el mar tiene sus roncas</p>
<p>y fieras tempestades,</p>
<p>su duda el pensamiento,</p>
<p>la religión sus mártires.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo grande surge</p>
<p>de este combate eterno</p>
<p>como la luz del choque</p>
<p>del pedernal y el hierro.</p>
<p>¡Felices nuestros padres,</p>
<p>que entonces recogieron</p>
<p>la mies, antes regada</p>
<p>con llanto, sangre y cieno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es raro que el poeta</p>
<p>alzase himnos de gloria</p>
<p>al Dios que renacía</p>
<p>de entre sus aras rotas?</p>
<p>¿Es raro que cantase</p>
<p>la alborozada Europa</p>
<p>al nuevo sol, naciendo</p>
<p>de la impalpable sombra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hoy, ¿qué alegre canto</p>
<p>entonarán las musas?</p>
<p>La llama del incendio</p>
<p>nuestro camino alumbra.</p>
<p>La libertad seguida</p>
<p>de alborotadas turbas</p>
<p>arrastra por el fango</p>
<p>sus blancas vestiduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El entusiasmo espira</p>
<p>en lecho de dolores:</p>
<p>atónita y turbada</p>
<p>la fe su venda rompe,</p>
<p>y caen de sus altares,</p>
<p>bajo insensatos golpes,</p>
<p>la patria, la familia,</p>
<p>los reyes y los dioses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Todo se anubla, todo</p>
<p>choca, todo está herido!</p>
<p>Pide estragado el arte</p>
<p>su inspiración al vicio,</p>
<p>y entre el alegre estruendo</p>
<p>de infames regocijos,</p>
<p>la sociedad oscila</p>
<p>sobre el medroso abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Poetas! Hasta tanto</p>
<p>que la borrasca pase,</p>
<p>colguemos nuestras arpas</p>
<p>de los llorosos sauces.</p>
<p>Tal vez cuando la tierra</p>
<p>nuestros despojos guarde,</p>
<p>el viento las sacuda</p>
<p>y vibren, giman, canten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez cuando del tiempo</p>
<p>se amanse la corriente,</p>
<p>nuestros felices hijos</p>
<p>piadosos las descuelguen.</p>
<p>¡Quién sabe! Aunque las densas</p>
<p>tinieblas nos envuelven,</p>
<p>no eres eterna ¡oh noche!</p>
<p>¡dolor, no duras siempre!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe?…</strong></h3>
<p>¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe</p>
<p>el ocio muelle en nuestra edad inquieta?</p>
<p>En medio de la lid canta el poeta,</p>
<p>el tribuno perora, el sabio escribe.</p>
<p>Nadie el golpe que da ni el que recibe</p>
<p>siente, a medida que el peligro aprieta:</p>
<p>desplómase vencido el fuerte atleta</p>
<p>y otro al recio combate se apercibe.</p>
<p>La ciega multitud se precipita,</p>
<p>invade el campo, avanza alborotada</p>
<p>con el sordo rumor de la marea.</p>
<p>Y son, en el furor que nos agita,</p>
<p>trueno y rayo la voz; el arte, espada;</p>
<p>la ciencia, ariete; tempestad la idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Luz y vida</strong></h3>
<p>Cuando en el seno de la noche fría</p>
<p>oculta el sol su resplandor fecundo,</p>
<p>es para renacer, y espera el mundo</p>
<p>la nueva luz con el cercano día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alas ¿quién penetra la inquietud sombría</p>
<p>que abruma el corazón del moribundo?</p>
<p>¿Quién sabe lo que guarda ese profundo</p>
<p>crepúsculo moral de la agonía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la alta región del firmamento</p>
<p>el sol, en acordado movimiento,</p>
<p>con la nocturna obscuridad alterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tú, miserable vida humana,</p>
<p>no mueres hoy para brillar mañana.</p>
<p>¡Ay, no! tu noche es lóbrega y eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Miserere</strong></h3>
<p>Es de noche: el monasterio</p>
<p>que alzó Felipe Segundo</p>
<p>para admiración del mundo</p>
<p>y ostentación de su imperio,</p>
<p>yace envuelto en el misterio</p>
<p>y en las tinieblas sumido.</p>
<p>De nuestro poder, ya hundido,</p>
<p>último resto glorioso,</p>
<p>parece que está el coloso</p>
<p>al pie del monte, rendido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viento del Guadarrama</p>
<p>deja sus antros obscuros,</p>
<p>y estrellándose en los muros</p>
<p>del templo, se agita y brama.</p>
<p>Fugaz y rojiza llama</p>
<p>surca el ancho firmamento,</p>
<p>y a veces, como un lamento,</p>
<p>resuena el lúgubre son</p>
<p>con que llama a la oración</p>
<p>la campana del convento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La iglesia, triste y sombría,</p>
<p>en honda calma reposa,</p>
<p>tan helada y silenciosa</p>
<p>como una tumba vacía.</p>
<p>Colgada lámpara envía</p>
<p>su incierta luz a lo lejos,</p>
<p>y a sus trémulos reflejos</p>
<p>llegan, huyen, se levantan</p>
<p>esas mil sombras que espantan</p>
<p>a los niños y a los viejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pronto, claro y distinto,</p>
<p>la regia cripta conmueve</p>
<p>ruido extraño, que aunque leve,</p>
<p>llena el mortuorio recinto.</p>
<p>Es que el César Carlos Quinto,</p>
<p>con mano firme y segura</p>
<p>entreabre su sepultura,</p>
<p>y haciendo una horrible mueca,</p>
<p>su faz carcomida y seca</p>
<p>asoma por la hendidura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Golpea su descarnada</p>
<p>frente con tenaz empeño,</p>
<p>como quien sale de un sueño</p>
<p>sin acordarse de nada.</p>
<p>Recorre con su mirada</p>
<p>aquel lugar solitario,</p>
<p>alza el mármol funerario,</p>
<p>y arrebatado y resuelto</p>
<p>salta del sepulcro, envuelto</p>
<p>en su andrajoso sudario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Hola!» grita en son de guerra</p>
<p>con aquella voz concisa,</p>
<p>que oyó en el siglo, sumisa</p>
<p>y amedrentada la tierra.</p>
<p>«¡Volcad la losa que os cierra!</p>
<p>Vástagos de imperial rama,</p>
<p>varones que honráis la fama,</p>
<p>antiguas y excelsas glorias,</p>
<p>de vuestras urnas mortuorias</p>
<p>salid, que el César os llama.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contestando a estos conjuros,</p>
<p>un clamor confuso y hondo</p>
<p>parece brotar del fondo,</p>
<p>de aquellos mármoles duros.</p>
<p>Surgen vapores impuros</p>
<p>de los sepulcros ya abiertos:</p>
<p>la serie de reyes muertos</p>
<p>después a salir empieza,</p>
<p>y es de notar la tristeza,</p>
<p>el gesto despavorido</p>
<p>de los que han envilecido</p>
<p>la corona en su cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grave, solemne, pausado,</p>
<p>se alza Felipe Segundo,</p>
<p>en su lucha con el mundo</p>
<p>vencido, mas no domado.</p>
<p>Su hijo se despierta al lado,</p>
<p>y detrás del rey devoto,</p>
<p>aquel que humillado y roto</p>
<p>vio desmoronarse a España,</p>
<p>cual granítica montaña</p>
<p>a impulsos del terremoto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego el monarca enfermizo,</p>
<p>de infausta y negra memoria,</p>
<p>en cuya Edad nuestra gloria,</p>
<p>como nieve se deshizo.</p>
<p>Bajo el poder de su hechizo</p>
<p>se estremece todavía.</p>
<p>¡Ay, qué terrible armonía,</p>
<p>qué obscuro enlace se nota</p>
<p>entre aquel mísero idiota</p>
<p>y su exhausta monarquía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con terrífica sorpresa</p>
<p>y en silencioso concierto,</p>
<p>todos los reyes que han muerto</p>
<p>van saliendo de su huesa.</p>
<p>La ya apagada pavesa</p>
<p>cobra los vitales bríos,</p>
<p>y se aglomeran sombríos</p>
<p>aquellos yertos despojos,</p>
<p>aquellas cuencas sin ojos,</p>
<p>aquellos cráneos vacíos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los monarcas en pos,</p>
<p>respondiendo al llamamiento,</p>
<p>cual si llegara el momento</p>
<p>del santo juicio de Dios,</p>
<p>acuden de dos en dos</p>
<p>por claustros y corredores,</p>
<p>príncipes, grandes señores,</p>
<p>prelados, frailes, guerreros,</p>
<p>favoritos, consejeros,</p>
<p>teólogos e inquisidores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué es mirar como serpea</p>
<p>por su semblante amarillo</p>
<p>el fosforescente brillo</p>
<p>que la podredumbre crea!</p>
<p>¡Qué espíritu no flaquea</p>
<p>con mil terrores secretos,</p>
<p>viendo aquellos esqueletos,</p>
<p>que ante el César, que los nombra,</p>
<p>se deslizan por la sombra</p>
<p>mudos, absortos, inquietos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas altas potestades,</p>
<p>cuántas grandezas pasadas,</p>
<p>cuántas invictas espadas,</p>
<p>cuántas firmes voluntades</p>
<p>en aquellas soledades</p>
<p>muestran sus restos livianos!</p>
<p>¡Cuántos cráneos soberanos,</p>
<p>que el genio habitara en vida,</p>
<p>convertidos en guarida</p>
<p>de miserables gusanos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el triste panteón</p>
<p>en que se agolpa y hacina,</p>
<p>hacia el templo se encamina</p>
<p>la fúnebre procesión.</p>
<p>Marcha con pausado son</p>
<p>tras del rey que la congrega,</p>
<p>y cuando a la iglesia llega,</p>
<p>inunda la altiva nave</p>
<p>un resplandor tibio y suave,</p>
<p>que ni deslumbra ni ciega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guardando el regio decoro,</p>
<p>como en los siglos pasados,</p>
<p>reyes, príncipes, prelados</p>
<p>toman asiento en el coro.</p>
<p>Después en tropel sonoro</p>
<p>por el templo se derrama,</p>
<p>rindiendo culto a la fama</p>
<p>con que llena las historias,</p>
<p>aquel haz de muertas glorias,</p>
<p>que el César convoca y llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por mandato soberano</p>
<p>de Carlos, que el cetro ostenta,</p>
<p>llega al órgano y se sienta</p>
<p>un viejo esqueleto humano.</p>
<p>La seca y huesosa mano</p>
<p>en el gran teclado imprime,</p>
<p>y la música sublime,</p>
<p>que a inmensos raudales brota,</p>
<p>parece que en cada nota</p>
<p>reza y llora, canta y gime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uniendo al acorde santo</p>
<p>su voz, los muertos despojos</p>
<p>caen ante el ara de hinojos</p>
<p>y a Dios elevan su canto.</p>
<p>Honda expresión del quebranto,</p>
<p>aquel eco de la tumba</p>
<p>crece, se dilata, zumba,</p>
<p>y al paso que va creciendo,</p>
<p>resuena con el estruendo</p>
<p>de un mundo que se derrumba:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Fuimos las ondas de un río</p>
<p>caudaloso y desbordado.</p>
<p>Hoy la fuente se ha secado,</p>
<p>hoy el cauce está vacío.</p>
<p>Ya ¡oh Dios! nuestro poderío</p>
<p>se extingue, se apaga y muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Maldito, maldito sea</p>
<p>aquel portentoso invento</p>
<p>que dio vida al pensamiento</p>
<p>y alas de luz a la idea!</p>
<p>El verbo animado ondea</p>
<p>y como el rayo nos hiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Maldito el hilo fecundo</p>
<p>que a los pueblos eslabona,</p>
<p>y busca, y cuenta, y pregona</p>
<p>las pulsaciones del mundo!</p>
<p>Ya en el silencio profundo</p>
<p>ninguna injusticia muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ya no vive cada raza</p>
<p>en solitario destierro,</p>
<p>ya con vínculo de hierro</p>
<p>la humana especie se enlaza.</p>
<p>Ya el aislamiento rechaza:</p>
<p>ya la libertad prefiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Rígido y brutal azote</p>
<p>con desacordado empuje</p>
<p>sobre las espaldas cruje</p>
<p>del rey y del sacerdote.</p>
<p>Ya nada existe que embote</p>
<p>el golpe ¡oh Dios! que nos hiere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mas ¡ay! que en su audacia loca,</p>
<p>también el orgullo humano</p>
<p>pone en los cielos su mano</p>
<p>y a ti, Señor, te provoca.</p>
<p>Mientras blasfeme su boca</p>
<p>ni paz ni ventura espere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No en la tormenta enemiga:</p>
<p>no en el insondable abismo:</p>
<p>el mundo lleva en sí mismo</p>
<p>el rayo que le castiga.</p>
<p>Sin compasión ni fatiga</p>
<p>hoy nos mata; pero muere.</p>
<p>¡Miserere!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Grande y caudaloso río,</p>
<p>que corres precipitado,</p>
<p>ve que el nuestro se ha secado</p>
<p>y tiene el cauce vacío.</p>
<p>¡No prevalezca el impío,</p>
<p>ni la iniquidad prospere!</p>
<p>¡Miserere!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Súbito, con sordo ruido</p>
<p>cruje el órgano y estalla,</p>
<p>la luz se amortigua y calla</p>
<p>el concurso dolorido.</p>
<p>Al disiparse el sonido</p>
<p>del grave y solemne canto</p>
<p>llega a su colmo el espanto</p>
<p>de las mudas calaveras,</p>
<p>y de sus órbitas hueras</p>
<p>desciende abundoso llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que decrece</p>
<p>la luz misteriosa y vaga,</p>
<p>todo murmullo se apaga</p>
<p>y el cuadro se desvanece.</p>
<p>Con el alba que aparece</p>
<p>la procesión se evapora,</p>
<p>y mientras la blanca aurora</p>
<p>esparce su lumbre escasa,</p>
<p>a lo lejos silba y pasa</p>
<p>la rauda locomotora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh eterno Amor, que en tu inmortal carrera!…</strong></h3>
<p>¡Oh eterno Amor, que en tu inmortal carrera,</p>
<p>das a los seres vida y movimiento,</p>
<p>con qué entusiasta admiración te siento,</p>
<p>aunque invisible, palpitar doquiera!</p>
<p>Esclava tuya la creación entera,</p>
<p>se estremece y anima con tu aliento,</p>
<p>y es tu grandeza tal, que el pensamiento</p>
<p>te proclamara Dios, si Dios no hubiera.</p>
<p>Los impalpables átomos combinas</p>
<p>con tu soplo magnético y fecundo:</p>
<p>tú creas, tú transformas, tú iluminas,</p>
<p>y en el cielo infinito, en el profundo</p>
<p>mar, en la tierra atónita dominas,</p>
<p>¡Amor, eterno Amor, alma del mundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh incesante desvarío!…</strong></h3>
<p>¡Oh incesante desvarío</p>
<p>del hombre! ¡Oh mentida gloria,</p>
<p>tan fugaz y transitoria</p>
<p>como las ondas de un río!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo impasible y frío</p>
<p>va empujando tu memoria,</p>
<p>que brilla un punto en la Historia</p>
<p>y se pierde en el vacío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto César ya olvidado!</p>
<p>¡Cuánta vieja desventura,</p>
<p>que ni aun recuerda la gente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>habrá visto, habrá alumbrado</p>
<p>ese sol, desde la altura</p>
<p>en que gira indiferente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que hacia el puerto</p>
<p>va marchando del olvido,</p>
<p>aparece cuanto ha sido</p>
<p>de espesas brumas cubierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese polvo, árido y yerto,</p>
<p>ha pensado y ha sentido:</p>
<p>es el despojo perdido</p>
<p>de la humanidad que ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De esos átomos sin nombre,</p>
<p>¿quién el misterio adivina?</p>
<p>¿quién a descifrarlo alcanza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan lóbrego es para el hombre</p>
<p>lo pasado que declina,</p>
<p>cual lo porvenir que avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde está la oculta fuente</p>
<p>del hondo raudal humano?</p>
<p>¿A qué incógnito Océano</p>
<p>va a parar esa corriente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Principio y fin, velozmente</p>
<p>se buscan y dan la mano;</p>
<p>y en el germen bulle el grano,</p>
<p>y en el grano la simiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La flor que arrebata el viento,</p>
<p>préstale al campo marchito</p>
<p>nuevo jugo y nueva vida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas ¿quién en el movimiento</p>
<p>del génesis infinito,</p>
<p>recuerda la flor caída?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vanidad de vanidades!</p>
<p>En nuestras horas inciertas,</p>
<p>sobre las ciudades muertas</p>
<p>álzanse nuevas ciudades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ignotas soledades,</p>
<p>en regiones, hoy desiertas,</p>
<p>yacen de polvo cubiertas</p>
<p>las glorias de otras edades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cae en mortal cautiverio</p>
<p>cuanto el alma, inquieta y muda,</p>
<p>busca y ama, anhela y nombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestra vida en el misterio,</p>
<p>nuestro destino en la duda,</p>
<p>nuestro término en la sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh Musa, que en el combate!…</strong></h3>
<p>¡Oh Musa, que en el combate</p>
<p>de la vida, no has tenido,</p>
<p>a tu honor rindiendo culto,</p>
<p>lisonjas para el magnate</p>
<p>injurias para el vencido,</p>
<p>ni aplausos para el tumulto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en días de pelea,</p>
<p>si la lástima no embota</p>
<p>ni embarga tu pensamiento,</p>
<p>hoy alza tu canto, y sea</p>
<p>un gemido cada nota</p>
<p>y cada estrofa un lamento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante el inmenso quebranto</p>
<p>de la hermosa Andalucía,</p>
<p>da curso a tu angustia fiera;</p>
<p>pero no te impida el llanto</p>
<p>proclamar ¡oh Musa mía!</p>
<p>la verdad, siempre severa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tus sentimientos acalla,</p>
<p>porque el celo inmoderado</p>
<p>al mísero desvanece,</p>
<p>y en esta humana batalla</p>
<p>quien adula al desgraciado</p>
<p>no le anima: le envilece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dile más bien: «—¡Adelante!</p>
<p>Cumple tu ruda faena</p>
<p>y llora, pero trabaja;</p>
<p>que el varón firme y constante</p>
<p>los estragos de su pena</p>
<p>con el propio esfuerzo ataja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No estés al pie de las ruinas,,</p>
<p>como inútil pordiosero,</p>
<p>indolente y abatido,</p>
<p>y al volver las golondrinas</p>
<p>labrarán en el alero</p>
<p>de tu nueva casa el nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ara, siembra, reedifica,</p>
<p>lucha contra la corriente</p>
<p>del infortunio en que vives,</p>
<p>y enaltece y santifica</p>
<p>con el sudor de tu frente</p>
<p>Ia dádiva que recibes».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Háblale así, Musa honrada,</p>
<p>y en tu noble magisterio</p>
<p>nunca profanes tu lira,</p>
<p>con la adulación menguada,</p>
<p>con el torpe vituperio</p>
<p>ni con la baja mentira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh, vedle; vedle! ¡Turbia y ardiente la mirada!…</strong></h3>
<p>¡Oh, vedle; vedle! ¡Turbia y ardiente la mirada,</p>
<p>en brazos de su culpa que le acrimina austera,</p>
<p>tan lejos y tan cerca de la insondable nada,</p>
<p>del mundo que le arroja, del polvo que le espera!…</p>
<p>¡Luchando con extrañas y horribles agonías</p>
<p>que traen ante sus ojos en rápida carrera</p>
<p>sus inocentes horas, sus conturbados días,</p>
<p>el cuadro pavoroso de su existencia entera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ayer, aunque entre sombras, lo porvenir incierto,</p>
<p>brindábale ilusiones de amor y de ventura,</p>
<p>y hoy, asomado al borde de su sepulcro abierto,</p>
<p>contempla horripilado la eternidad obscura.</p>
<p>La muerte, que le acosa con misterioso grito,</p>
<p>despierta los terrores de su conciencia impura:</p>
<p>quiere llamar, y apaga sus voces el delito,</p>
<p>quiere huir, y le asalta la hambrienta sepultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, si recuerda entonces el dulce hogar sereno</p>
<p>donde pasó ignorada su infancia soñadora,</p>
<p>la amante y pobre madre que le llevó en su seno,</p>
<p>único ser acaso que le disculpa y llora!</p>
<p>¡Ay triste de él si al lado del hondo precipicio</p>
<p>su amparo no le presta la fe consoladora;</p>
<p>la fe que se levanta potente en el suplicio</p>
<p>y da sus alas de ángel al alma pecadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Miradle! Cada paso que hacia el cadalso avanza</p>
<p>de su agitada vida los horizontes cierra:</p>
<p>apágase en sus ojos la luz de la esperanza</p>
<p>y el peso de la muerte fatídico le aterra.</p>
<p>¡Ay, ten valor! Si un día de imprevisión y dolo</p>
<p>te puso con los hombres y con la ley en guerra,</p>
<p>mañana entre los muertos abandonado y solo</p>
<p>en su profundo olvido te envolverá la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparta tu mirada terrífica y sombría</p>
<p>de esa apiñada turba que bulle en el camino</p>
<p>para gozar del triste placer de tu agonía</p>
<p>y presenciar el término de tu fatal destino.</p>
<p>¡Oh! no la empuja sólo su imbécil sentimiento</p>
<p>hacia el cadalso infame que espera al asesino.</p>
<p>¡Hasta la cumbre misma del Gólgota sangriento</p>
<p>siguió también los pasos del Redentor divino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Pantoja, ten valor! Rompe la valla…</strong></h3>
<p>¡Pantoja, ten valor! Rompe la valla:</p>
<p>luce, luce en tarjeta y en membrete</p>
<p>y cabe el toro que enganchó a Pepete</p>
<p>date a luz en las tiendas de quincalla.</p>
<p>Eres un necio. -Cierto.- Pero acalla</p>
<p>tu pudor y la duda no te inquiete.</p>
<p>¿Qué importa un necio más donde se mete</p>
<p>con pueril presunción tanta morralla?</p>
<p>¡Valdrás una peseta, buen Pantoja!</p>
<p>No valen mucho más rostros y nombres</p>
<p>que la fotografía al mundo arroja.</p>
<p>Enséñanos tu cara y no te asombres:</p>
<p>deja a la edad futura que recoja,</p>
<p>tantos retratos y tan pocos hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Pobre loca!</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Todas las tardes, cuando el sol declina</p>
<p>en brazos del misterio,</p>
<p>una mujer llorosa se encamina</p>
<p>al santo cementerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tosco y miserable desaliño,</p>
<p>tocas de luto viste,</p>
<p>lleva de la mano a un pobre niño</p>
<p>descalzo, enfermo y triste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paso torpe y trémulo apresura</p>
<p>marchando silenciosa</p>
<p>hacia la solitaria sepultura</p>
<p>en que su amor reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! su semblante tétrico y sombrío,</p>
<p>su atónita mirada</p>
<p>reflejan el dolor y el desvarío</p>
<p>de un alma destrozada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pie del nicho desarruga el ceño,</p>
<p>detiene su carrera,</p>
<p>llama en la losa con tenaz empeño,</p>
<p>y espera, espera, espera…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El niño tiembla. La impaciente loca</p>
<p>que a un tiempo reza y gime,</p>
<p>que el dulce nombre del esposo invoca</p>
<p>con ansiedad sublime,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>golpea el mármol sepulcral, y el eco</p>
<p>sordamente retumba</p>
<p>con lúgubre gemido, desde el hueco</p>
<p>de la cerrada tumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la infeliz mujer, en son de queja</p>
<p>grita: —¿dónde estás, dónde?—</p>
<p>Rompe en sollozos, y por fin se aleja</p>
<p>diciendo al niño: —¿Ves? No me responde.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Ah, no le llores más! ¿Por qué el ingrato,</p>
<p>por qué, si te quería,</p>
<p>abandonó tu cariñoso trato,</p>
<p>tu blanda compañía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la santa paz de la familia, el culto</p>
<p>de sus tranquilos lares,</p>
<p>para excitar en medio del tumulto</p>
<p>las iras populares?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre deja en su bárbaro extravío</p>
<p>la inquieta muchedumbre,</p>
<p>más de un amante corazón vacío,</p>
<p>más de un hogar sin lumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué no recordó cuando inhumano</p>
<p>a su rencor cediendo,</p>
<p>corrió a verter la sangre de su hermano</p>
<p>en el combate horrendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que cuantos en la lucha sucumbían,</p>
<p>ante el peligro fijos</p>
<p>por la voz del deber, como él tendrían</p>
<p>madres, esposas, hijos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué no recordó que un pueblo libre,</p>
<p>ni límite ni coto</p>
<p>pondrá a sus desventuras, mientras vibre</p>
<p>el arma en vez del voto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, no le llores más! No lo merece.</p>
<p>No sufras ni batalles.</p>
<p>El que mancha con sangre, el que envilece</p>
<p>por plazas y por calles</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la augusta libertad, el que furioso</p>
<p>apela al hierro insano,</p>
<p>no es tierno padre, ni sensible esposo,</p>
<p>ni honrado ciudadano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Por qué los corazones miserables…</strong></h3>
<p>Por qué los corazones miserables,</p>
<p>por qué las almas viles,</p>
<p>en los fieros combates de la vida</p>
<p>ni luchan ni resisten?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El espíritu humano es más constante</p>
<p>cuanto más se levanta:</p>
<p>Dios puso el fango en la llanura, y puso</p>
<p>la roca en la montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La blanca nieve que en los hondos valles</p>
<p>derrítese ligera,</p>
<p>en las altivas cumbres permanece</p>
<p>inmutable y eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Por razones que se calla…</strong></h3>
<p>Por razones que se calla</p>
<p>la historia prudentemente,</p>
<p>dos monarcas de Occidente</p>
<p>riñeron fiera batalla.</p>
<p>La causa del rompimiento</p>
<p>no está, en verdad, a mi alcance,</p>
<p>ni hace falta para el lance</p>
<p>que referiros intento.</p>
<p>Sobre el campo del honor</p>
<p>cubierto de sangre y gloria,</p>
<p>donde alcanzó la victoria</p>
<p>más la astucia que el valor;</p>
<p>dos discípulos de Marte,</p>
<p>que airados se acometieron</p>
<p>y juntamente cayeron</p>
<p>pasados de parte a parte;</p>
<p>sumergidos en el lodo,</p>
<p>mientras que llegaba el cura</p>
<p>para darles sepultura,</p>
<p>platicaban de este modo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>¡Hola, compadre! ¿Qué tal</p>
<p>te ha parecido el asunto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Puesto que me ves difunto</p>
<p>debe parecerme mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Pues ha sido divertida</p>
<p>la función: mira a tu lado.</p>
<p>Lo menos hemos quedado</p>
<p>doce mil héroes sin vida.</p>
<p>Y en esto me quedo corto,</p>
<p>que me enfadan los extremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Con qué habilidad nos hemos</p>
<p>destrozado! Estoy absorto.</p>
<p>Ha habido alarmas y sustos</p>
<p>y muertes y atrocidades</p>
<p>para todas las edades</p>
<p>y para todos los gustos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Mas yo quisiera saber</p>
<p>por qué con tanto denuedo</p>
<p>nos matamos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Ay! No puedo</p>
<p>tu duda satisfacer.</p>
<p>Para entrar en esta danza</p>
<p>tuve que dejar mi oficio.</p>
<p>Sé que aprendí el ejercicio,</p>
<p>sé que estudié la Ordenanza.</p>
<p>Sé que en compañía de esos</p>
<p>que están mordiendo la tierra,</p>
<p>me trajeron a la guerra</p>
<p>y me moliste los huesos.</p>
<p>Y, en fin, francamente hablando,</p>
<p>puedo decirte al oído,</p>
<p>que he muerto como he nacido;</p>
<p>sin saber por qué, ni cuándo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>De tu explicación me huelgo,</p>
<p>porque mi vida retrata.</p>
<p>En esto, alzando la pata</p>
<p>un moribundo jamelgo,</p>
<p>¡Gracias, dioses inmortales!</p>
<p>-dijo con voz lastimera-</p>
<p>Pues de la misma manera</p>
<p>morimos los animales.</p>
<p>Cuando pasó la impresión</p>
<p>de tan extraño incidente,</p>
<p>así anudó el más valiente</p>
<p>la rota conversación:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Aunque ignoramos la ley,</p>
<p>origen de esta querella,</p>
<p>juro a Dios vivo que en ella</p>
<p>lleva la razón mi rey.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¿Y por qué?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>Porque es el mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>¡Qué salida de pavana!</p>
<p>La justicia es de quien gana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>De tu ignorancia me río.</p>
<p>¡Pues cuántos que han hecho eternos</p>
<p>sus nombres con la victoria,</p>
<p>no han ido a gozar la gloria</p>
<p>de su triunfo a los infiernos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Considera lo que dices,</p>
<p>porque estoy ardiendo en ira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado primero</p>
<p>¡No me alces el gallo!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soldado segundo</p>
<p>Mira</p>
<p>que te rompo las narices.</p>
<p>Y fieros y cejijuntos</p>
<p>a combatir empezaron</p>
<p>de nuevo… ¡y no se mataron,</p>
<p>porque ya estaban difuntos!</p>
<p>Diéronse golpes crueles,</p>
<p>hasta que hueca y ufana</p>
<p>llegó la Locura humana,</p>
<p>sonando sus cascabeles.</p>
<p>Puso paz entre los dos</p>
<p>y dijo con desenfado:</p>
<p>«¿Qué es esto? Habéis olvidado</p>
<p>que sois imagen de Dios?</p>
<p>Tal vez la inmortalidad</p>
<p>con justo título esperen</p>
<p>los que por la patria mueren,</p>
<p>por Dios, por la libertad.</p>
<p>Pero que el hombre sucumba</p>
<p>en conquistadora guerra,</p>
<p>cuando siete pies de tierra</p>
<p>le bastan para su tumba;</p>
<p>o que en lucha fratricida</p>
<p>entre, sin saber quizá</p>
<p>ni por qué la muerte da,</p>
<p>ni por qué pierde la vida;</p>
<p>esto mi paciencia apura,</p>
<p>y cuantas veces lo veo,</p>
<p>aunque soy Locura, creo</p>
<p>que es demasiada locura.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Problema</strong></h3>
<p><em>Ciego, ¿es la tierra el centro de las almas?</em></p>
<p>Quiero, dejando hipótesis a un lado,</p>
<p>una duda exponer, y es la siguiente:</p>
<p>-¿Por qué cruza la tierra el inocente,</p>
<p>de espinas o de sombras coronado?</p>
<p>¿Por qué feliz y próspero, el malvado</p>
<p>alza orgulloso la atrevida frente?</p>
<p>¿Por qué Dios, que es el bien, mira y consiente</p>
<p>el eterno dominio del pecado?</p>
<p>¿Por qué, desde Caín, la humana raza,</p>
<p>sometida al dolor, con sangre traza</p>
<p>la historia de sus luchas giganteas?</p>
<p>Y si es ficción la gloria prometida,</p>
<p>si aquí empieza y acaba nuestra vida,</p>
<p>¿por qué, implacable Dios, por qué nos creas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Quiso imponer al mundo su memoria…</strong></h3>
<p>Quiso imponer al mundo su memoria</p>
<p>un rey, en su soberbia desmedida,</p>
<p>y por miles de esclavos construida</p>
<p>erigió esta pirámide mortuoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sueño estéril y vano! Ya la historia</p>
<p>no recuerda su nombre ni su vida,</p>
<p>que el tiempo ciego en su veloz corrida</p>
<p>dejó la tumba y se llevó la gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El polvo que en el hueco de su mano</p>
<p>contempla absorto el caminante ¿ha sido</p>
<p>parte de un siervo o parte del tirano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! todo va revuelto y confundido,</p>
<p>que guarda Dios para el orgullo humano</p>
<p>solo una eternidad: la del olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Recuerdos</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Tantas esperanzas muertas</p>
<p>y tantos recuerdos vivos!…</p>
<p>en el corazón humano</p>
<p>jamás se forma el vacío.</p>
<p>Nace una ilusión y muere;</p>
<p>pero su cadáver mismo</p>
<p>queda insepulto en el alma</p>
<p>y siempre en la mente fijo.</p>
<p>¡Ay! Por eso yo que os llevo</p>
<p>ha tantos años conmigo,</p>
<p>esperanzas engañosas</p>
<p>que me halagasteis de niño;</p>
<p>hoy que bajo el grave peso</p>
<p>de vuestro cadáver gimo,</p>
<p>¡infeliz de mí! quisiera</p>
<p>que nunca hubierais nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¿Te acuerdas? Al pie de un árbol</p>
<p>en el jardín de tu casa,</p>
<p>el dulce y maduro fruto</p>
<p>ibas cogiendo en la falda.</p>
<p>Turbando nuestra alegría.</p>
<p>crujió de pronto la rama,</p>
<p>diste un grito, y desplomado</p>
<p>caí sin voz a tus plantas.</p>
<p>No vi más; pero entre sueños</p>
<p>me pareció que escuchaba</p>
<p>desconsolados gemidos,</p>
<p>tiernas y amantes palabras.</p>
<p>Y cuando volví a la vida,</p>
<p>en una sola mirada</p>
<p>se besaron nuestros ojos</p>
<p>se unieron nuestras almas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¿Te acuerdas? Seis años hace</p>
<p>cuando por la vez primera</p>
<p>eterno amor nos juramos</p>
<p>y fidelidad eterna.</p>
<p>¡Cuán venturosas corrieron</p>
<p>las horas ¡ay! y cuán prestas!</p>
<p>un deseo, una esperanza</p>
<p>fue nuestra dulce existencia.</p>
<p>Turbose un día el encanto</p>
<p>de aquella pasión inmensa,</p>
<p>y el viento de la fortuna</p>
<p>llevome a lejanas tierras.</p>
<p>Colgándote de mi cuello,</p>
<p>en llanto amargo deshecha,</p>
<p>«vuelve, me dijiste, vuelve;</p>
<p>que mi corazón te llevas».</p>
<p>Volví… ¡Ya estabas casada!</p>
<p>y un ángel de rubias hebras</p>
<p>en tu regazo dormía</p>
<p>el sueño de la inocencia.</p>
<p>Posé, temblando, mis labios</p>
<p>en su faz blanca y risueña,</p>
<p>y al mirarte, vi que estabas</p>
<p>pálida como una muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Después, aturdido, ciego,</p>
<p>cuando me hirió el desengaño,</p>
<p>en tus queridas memorias</p>
<p>quise vengar mis agravios.</p>
<p>Busqué frenético el rizo</p>
<p>de tus cabellos castaños,</p>
<p>que en la postrer despedida</p>
<p>me diste, Inés, sollozando.</p>
<p>«Muera, dije, este recuerdo</p>
<p>de aquel corazón ingrato,</p>
<p>y arrastre el viento en cenizas</p>
<p>la inútil prenda que guardo».</p>
<p>Miréla suspenso y mudo,</p>
<p>hasta que ahogándome el llanto,</p>
<p>en vez de arrojarla al fuego</p>
<p>la llevé ¡loco! a mis labios.</p>
<p>¡Ay! quiera Dios que no veas</p>
<p>presa en amorosos lazos,</p>
<p>al hijo de tus entrañas</p>
<p>llorar, como estoy llorando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>¿Te acuerdas cuando en los días</p>
<p>de mi secreto infortunio</p>
<p>dudaba yo de mí mismo,</p>
<p>pobre, olvidado y obscuro;</p>
<p>enjugando compasiva</p>
<p>mi llanto abundante y mudo,</p>
<p>«no desmayes, me dijiste,</p>
<p>que el porvenir será tuyo».</p>
<p>Yo compartiré contigo</p>
<p>lauros, honores y triunfos,</p>
<p>y a la sombra de tu fama</p>
<p>nuestro amor llenará el mundo.</p>
<p>Hoy rompe a veces mi nombre</p>
<p>la indiferencia del vulgo,</p>
<p>y a veces también su aplauso</p>
<p>trémulo y turbado escucho.</p>
<p>Pero como estás muy lejos</p>
<p>y en vano te llamo y busco</p>
<p>paréceme que resuena</p>
<p>en el hueco de un sepulcro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Roto el respeto, la obediencia rota…</strong></h3>
<p>Roto el respeto, la obediencia rota,</p>
<p>de Dios y de la ley perdido el freno,</p>
<p>vas marchando entre lágrimas y cieno,</p>
<p>y aire de tempestad tu rostro azota.</p>
<p>Ni causa oculta, ni razón ignota</p>
<p>busques al mal que te devora el seno;</p>
<p>tu iniquidad, como sutil veneno,</p>
<p>las fuerzas de tus músculos agota.</p>
<p>No esperes en revuelta sacudida</p>
<p>alcanzar el remedio por tu mano</p>
<p>¡oh sociedad rebelde y corrompida!</p>
<p>Perseguirás la libertad en vano,</p>
<p>que cuando un pueblo la virtud olvida,</p>
<p>lleva en sus propios vicios su tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si es cierto que la pena compartida…</strong></h3>
<p>Si es cierto que la pena compartida</p>
<p>llega a calmarse, porque el llanto ajeno</p>
<p>es para el triste bálsamo de vida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si es verdad ¡ay! que el afligido seno,</p>
<p>cuando piedad encuentra y blando abrigo,</p>
<p>más reposado late y más sereno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>permite ¡oh Portugal! que un pueblo amigo,</p>
<p>ante la humilde tumba de Herculano,</p>
<p>mostrándote tu amor, llore contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya no existe el poeta! Pero en vano</p>
<p>querrá la muerte arrebatar la gloria</p>
<p>del más insigne genio lusitano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El con su ciencia engrandeció la Historia,</p>
<p>él exaltó la santa poesía,</p>
<p>y él impondrá a los siglos su memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantor de vigorosa fantasía,</p>
<p>pulsó inspirado el Arpa del Creyente</p>
<p>y amó la libertad. ¡Quién no ama el día!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dobló el yugo del temor su frente,</p>
<p>ni la lisonja vil manchó su labio,</p>
<p>ni abatió al débil, ni ensalzó al potente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la austera verdad en desagravio,</p>
<p>se opuso a la invasión de la mentira</p>
<p>con fe de artista y convicción de sabio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enérgico y tenaz, pero sin ira,</p>
<p>combatió en pro de su fecunda idea</p>
<p>con la voz, con la espada y con la lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto ya de luchar, buscó en la aldea</p>
<p>la dulce calma, el apacible encanto</p>
<p>que perdió en el fragor de la pelea,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y hoy en rústico y pobre camposanto</p>
<p>sus restos guarda honrada sepultura,</p>
<p>que el pueblo portugués riega con llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Feliz el alma que al romper su obscura</p>
<p>cárcel, de eterno lauro coronada,</p>
<p>vuelve al seno de Dios intacta y pura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ejemplo sea nuestra Edad menguada,</p>
<p>en que más de un ingenio peregrino</p>
<p>en el fango del mundo se degrada,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y contrariando su inmortal destino,</p>
<p>como ramera sin pudor, ofrece</p>
<p>al éxito brutal su estro divino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! grande podrá ser, mas no merece</p>
<p>loa ni encomio el pensamiento humano</p>
<p>que se humilla, y se arrastra, y se envilece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién al águila audaz, que el soberano</p>
<p>vuelo remonta, comparar podría</p>
<p>con el reptil inmundo del pantano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh religión del arte! ¡Oh Poesía!</p>
<p>¡Comunión de las almas cuando llevas</p>
<p>la paz, el bien y la razón por guía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuando contra la infamia te sublevas,</p>
<p>y con no usada majestad, el vuelo</p>
<p>hasta el principio de la luz elevas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pliega tus alas en señal de duelo,</p>
<p>y ante esa pobre tumba deposita</p>
<p>tu más preciada flor: ¡la fe en el cielo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rinde esa flor, que nunca se marchita,</p>
<p>¡ay! a quien solo, sí, mas no olvidado,</p>
<p>duerme a la sombra de la cruz bendita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A quien fue por tu numen exaltado,</p>
<p>de rica inspiración raudal fecundo</p>
<p>y tu apóstol al par que tu soldado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rompe el silencio lóbrego y profundo</p>
<p>que cubre el polvo desligado y frío</p>
<p>del que llevaba en su cerebro un mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ya ese mundo estéril y sombrío</p>
<p>no animarán los sueños de la vida:</p>
<p>¡ya no le animarán! ¡Está vacío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas bastan a su fama esclarecida</p>
<p>las altas creaciones del poeta,</p>
<p>do su gran alma nos dejó esculpida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuan bien nos pinta la inquietud secreta</p>
<p>del sacerdote que consigo mismo</p>
<p>combate sin cesar como un atleta!,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡que ama y lucha a la vez con heroísmo;</p>
<p>y ve rodar sin gloria ni esperanza</p>
<p>su patria y su virtud hacia el abismo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando esparciendo e! odio y la matanza,</p>
<p>la morisma feroz salva el Estrecho</p>
<p>y cual torrente incontrastable avanza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ante el imperio gótico deshecho,</p>
<p>la pasión insensata que le oprime,</p>
<p>con sacrílego ardor le abrasa el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y llora, y tiembla, y se retuerce, y gime,</p>
<p>y sólo a costa de la inútil vida</p>
<p>de sus perpetuos votos se redime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cayó en el campo del honor! La herida</p>
<p>anticipó su fin; pero él llevaba</p>
<p>la muerte en sus entrañas escondida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿En qué corazón, rugiente y brava,</p>
<p>no estalla, en horas de incurable duelo,</p>
<p>la rebelión de la materia esclava?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A quién, alguna vez, con hondo anhelo</p>
<p>la sed de lo imposible no le acosa?</p>
<p>¿Quién no ha soñado en escalar el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Surge después la imagen luminosa</p>
<p>del arquitecto Alfonso, que en su extrema</p>
<p>y ciega ancianidad, aun no reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le designó la voluntad suprema</p>
<p>para labrar maravilloso templo,</p>
<p>y es forzoso, que acabe su poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su viril constancia ante el ejemplo,</p>
<p>¡con cuánta angustia de la Edad presente,</p>
<p>la vergonzosa indecisión contemplo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Incrédula, dudosa, indiferente,</p>
<p>lidia sin fe, sin convicción se agita,</p>
<p>y no acierta a explicarse lo que siente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya con sordo fragor se precipita,</p>
<p>como el alud del monte, ya asustada</p>
<p>los hierros del esclavo solicita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sigue rebelde o sierva su jornada,</p>
<p>y más que al ruego, al látigo obedece,</p>
<p>¡ay! cuando no vencida, fatigada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante esa sociedad que desfallece,</p>
<p>del inspirado artista la figura</p>
<p>¡cuán excelsa a mis ojos resplandece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lleno de genio, edificar procura</p>
<p>alta y extensa bóveda, que sea</p>
<p>terror y pasmo de la edad futura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acariciando su arriesgada idea,</p>
<p>cual padre cariñoso, con tranquila</p>
<p>majestad se consagra a su tarea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pueblo se estremece y horripila</p>
<p>al comprender su temerario empeño,</p>
<p>y él mismo alguna vez duda y vacila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿No pudiera, en verdad, ser el diseño</p>
<p>de la atrevida y portentosa nave,</p>
<p>la irrealizable concepción de un sueño?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Acierta? ¿Se equivoca? ¡Quién lo sabe!</p>
<p>Todos son juicios, cálculos y asombros.</p>
<p>Pero él decide, resignado y grave,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>enterrar su vergüenza en los escombros</p>
<p>y si decreta Dios la infausta ruina,</p>
<p>recibirla impertérrito en sus hombros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dichoso ciego a quien la fe ilumina!</p>
<p>Su ardor redobla en la animosa empresa,</p>
<p>y la admirable fábrica termina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Derríbase, por fin, la selva espesa</p>
<p>de cimbras y pilares, y el espanto</p>
<p>es en todos mayor que la sorpresa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedó desierto el templo sacrosanto,</p>
<p>y el noble viejo en éxtasis divino,</p>
<p>con sus ojos sin luz, mas no sin llanto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>solo, abstinente, orando de continuo,</p>
<p>vivió esperando hasta el tercero día</p>
<p>la catástrofe horrenda que no vino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la imponente nave todavía,</p>
<p>inmóvil cual granítica montaña,</p>
<p>el furor de los siglos desafía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh anciano ilustre, tu sublime hazaña,</p>
<p>de la dura labor a que se entrega</p>
<p>nuestra razón, el simbolismo entraña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque cansada del trabajo y ciega,</p>
<p>obediente a las leyes que la rigen,</p>
<p>sin cesar edifica, y no sosiega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dóciles a su voz desde su origen,</p>
<p>los pueblos con ruidosa incertidumbre</p>
<p>el monumento de su gloria erigen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teme a veces la ignara muchedumbre</p>
<p>que la nave espaciosa venga al suelo,</p>
<p>vencida de su inmensa pesadumbre;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas la razón serena y sin recelo</p>
<p>sabe bien que en sus ejes de diamante</p>
<p>segura está la bóveda del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No caerá, no, porque el varón constante</p>
<p>deseche el miedo, y con afán profundo</p>
<p>en alas de la ciencia se levante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! si hubiese cedido al infecundo</p>
<p>pavor que nuestras almas encadena,</p>
<p>Colón no hubiera descubierto un mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La duda nuestros ímpetus refrena,</p>
<p>abre anchuroso cauce al egoísmo,</p>
<p>y sólo funda en movediza arena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero no es fácil resistir! Yo mismo,</p>
<p>que deploro su mal, mis horas paso</p>
<p>incierto entre los cielos y el abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Herido a un tiempo por el brillo escaso</p>
<p>de un moribundo sol, que lentamente</p>
<p>va cayendo en las sombras del Ocaso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y por la tibia aurora que en Oriente</p>
<p>empieza a despuntar, también vacilo,</p>
<p>y apenas sé donde posar mi frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿Quién puede, con ánimo tranquilo,</p>
<p>dar la triste y postrera despedida</p>
<p>al dulce hogar que le sirvió de asilo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡basta ya de indecisión! La vida</p>
<p>se engrandece al calor de otras ideas</p>
<p>que nos muestran la tierra prometida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y en ciudades, y en campos, y en aldeas</p>
<p>resuena el coro universal que canta</p>
<p>a la naciente luz: —¡Bendita seas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu fulgor, que los orbes abrillanta,</p>
<p>sólo a la negra noche, engendradora</p>
<p>de monstruos y de crímenes, espanta.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién pudiera, a los rayos de esa aurora</p>
<p>los seres convocar que de Herculano</p>
<p>forjó la fantasía soñadora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no abrigo el pensamiento vano</p>
<p>de animar las figuras colosales</p>
<p>que con diestro cincel labró su mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las místicas angustias, las mortales</p>
<p>ansias, los rencorosos extravíos,</p>
<p>que él presenta patéticos y reales,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>rebasarían de los versos míos,</p>
<p>si en ellos contenerlos intentara,</p>
<p>cual de sus cauces los hinchados ríos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no tan sólo en la región que avara</p>
<p>las ficciones y fábulas encierra,</p>
<p>se abrió camino su razón preclara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como rayo de sol que se soterra</p>
<p>por ocultos resquicios, e ilumina</p>
<p>los recónditos senos de la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el negro cráter, la profunda mina</p>
<p>y la gruta de abrojos resguardada</p>
<p>que conoce no más fiera dañina,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>así del vate la sagaz mirada</p>
<p>penetró, fulgurando, en los obscuros</p>
<p>y hondos abismos de la Edad pasada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y descifrando en los ciclópeos muros</p>
<p>de tan lóbregos antros, los inciertos</p>
<p>signos para allegar datos seguros,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>buscaba en los sepulcros entreabiertos</p>
<p>de los tiempos antiguos, la memoria</p>
<p>casi perdida de los siglos muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuando atormentado por la gloria,</p>
<p>con animoso espíritu escribía</p>
<p>del pueblo portugués la épica historia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la fanática y torpe hipocresía,</p>
<p>medrosa de la luz, no hubiese roto</p>
<p>su pluma de oro, en que irradiaba el día;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si en medio del frenético alboroto</p>
<p>de envidiosas calumnias, él no hubiera</p>
<p>hecho de enmudecer solemne voto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el monumento que con fe sincera</p>
<p>quiso alzar a la patria su erudito</p>
<p>y vasto ingenio, perdurable fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuera como esas moles de granito</p>
<p>en que pueblos gigantes que no existen,</p>
<p>sus ya ignorados fastos han escrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Do sus glorias están? ¿En qué consisten?</p>
<p>¿Qué resta de ellos en el mundo? Nada:</p>
<p>las pirámides sólo, que aún resisten.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa Historia, entre tantas celebrada,</p>
<p>del egregio Herculano obra maestra,</p>
<p>¡ay! quedará por siempre inacabada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tan raras perfecciones muestra,</p>
<p>que es, y será en los siglos venideros</p>
<p>gloria de Portugal… ¡y también nuestra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por ventura los débiles linderos</p>
<p>que la discordia entre nosotros puso,</p>
<p>han roto nuestros vínculos primeros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermanos son el español y el luso,</p>
<p>un mismo origen su destino enlaza,</p>
<p>y Dios la misma cuna los dispuso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas aunque fuesen de enemiga raza,</p>
<p>la generosa tierra en que han crecido</p>
<p>con maternal orgullo los abraza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A quién importa el rumbo que han seguido?</p>
<p>Dos águilas serán de opuesta zona,</p>
<p>que en el mismo peñón hacen su nido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese sol que los sirve de corona,</p>
<p>con torrentes de luz sus campos baña</p>
<p>y sus frutos idénticos sazona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juntos pueblan los términos de España,</p>
<p>y parten ambos con igual derecho</p>
<p>el mar, el río, el llano y la montaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando algún invasor, hallando estrecho</p>
<p>el mundo a su ambición, con ellos cierra,</p>
<p>la misma espada los traspasa el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mismo hogar defienden en la guerra,</p>
<p>el mismo sentimiento los inspira,</p>
<p>cúbrelos al morir la misma tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y tan unidos la razón los mira,</p>
<p>como los fuertes dedos de una mano</p>
<p>y las cuerdas vibrantes de una lira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! cuando luchan con rencor tirano,</p>
<p>pregunta Dios al vencedor impío:</p>
<p>—¡Caín, Caín, qué hiciste de tu hermano!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juntos mostraron su indomable brío</p>
<p>en lid reñida, infatigable y fiera,</p>
<p>contra un poder despótico y sombrío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y juntos alzarán, cuando Dios quiera</p>
<p>poner fin a su mutua desventura</p>
<p>una patria, una ley y una bandera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ante la humilde sepultura</p>
<p>que guarda al más insigne de tus hijos,</p>
<p>España ¡oh Portugal! su Danto apura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y en ti sus nobles pensamientos fijos,</p>
<p>acude ansiosa a consolar tus penas;</p>
<p>pero no a compartir tus regocijos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podrá el recelo ruin, si no le enfrenas,</p>
<p>hacer que el odio entre nosotros cunda,</p>
<p>y no luzcan jamás horas serenas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>podrá impedir nuestra unidad fecunda;</p>
<p>mas no evitar que mi patria el llanto</p>
<p>con el que tú derrames se confunda.</p>
<p>¡No lo conseguirá! ¡No puede tanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Soneto</strong></h3>
<p>Cuando el ánimo ciego y decaído</p>
<p>la luz persigue y la esperanza en vano;</p>
<p>cuando abate su vuelo soberano</p>
<p>como el cóndor en el espacio herido;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando busca refugio en el olvido,</p>
<p>que le rechaza con helada mano;</p>
<p>cuando en el pobre corazón humano</p>
<p>el tedio labra su infecundo nido;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando el dolor, robándonos la calma,</p>
<p>brinda tan sólo a nuestras ansias fieras,</p>
<p>horas desesperadas y sombrías,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡ay, inmortalidad, sueño del alma</p>
<p>que aspira a lo infinito! si existieras,</p>
<p>¡qué martirio tan bárbaro serías!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Soneto</strong></h3>
<p>Cuando de tus desórdenes testigo</p>
<p>te sorprende en los brazos del tumulto,</p>
<p>¡oh Libertad! avergonzado oculto</p>
<p>mi rostro y sollozando te maldigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En lucha interna y desigual conmigo</p>
<p>arráncame el dolor airado insulto:</p>
<p>quiero olvidarte, abandonar tu culto,</p>
<p>y ciegamente a mi pesar te sigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te sigo a mi pesar. Sueño o quimera</p>
<p>riges mi voluntad, llenas mi vida</p>
<p>y dejaré de amarte cuando muera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eres como la hermosa fementida</p>
<p>que inspira al alma la pasión primera:</p>
<p>cuanto más inconstante, más querida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tantas esperanzas muertas…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Tantas esperanzas muertas</p>
<p>y tantos recuerdos vivos!…</p>
<p>en el corazón humano</p>
<p>jamás se forma el vacío.</p>
<p>Nace una ilusión y muere;</p>
<p>pero su cadáver mismo</p>
<p>queda insepulto en el alma</p>
<p>y siempre en la mente fijo.</p>
<p>¡Ay! Por eso yo que os llevo</p>
<p>ha tantos años conmigo,</p>
<p>esperanzas engañosas</p>
<p>que me halagasteis de niño;</p>
<p>hoy que bajo el grave peso</p>
<p>de vuestro cadáver gimo,</p>
<p>¡infeliz de mí! quisiera</p>
<p>que nunca hubierais nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¿Te acuerdas? Al pie de un árbol</p>
<p>en el jardín de tu casa,</p>
<p>el dulce y maduro fruto</p>
<p>ibas cogiendo en la falda.</p>
<p>Turbando nuestra alegría.</p>
<p>crujió de pronto la rama,</p>
<p>diste un grito, y desplomado</p>
<p>caí sin voz a tus plantas.</p>
<p>No vi más; pero entre sueños</p>
<p>me pareció que escuchaba</p>
<p>desconsolados gemidos,</p>
<p>tiernas y amantes palabras.</p>
<p>Y cuando volví a la vida,</p>
<p>en una sola mirada</p>
<p>se besaron nuestros ojos</p>
<p>se unieron nuestras almas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>¿Te acuerdas? Seis años hace</p>
<p>cuando por la vez primera</p>
<p>eterno amor nos juramos</p>
<p>y fidelidad eterna.</p>
<p>¡Cuán venturosas corrieron</p>
<p>las horas ¡ay! y cuán prestas!</p>
<p>un deseo, una esperanza</p>
<p>fue nuestra dulce existencia.</p>
<p>Turbose un día el encanto</p>
<p>de aquella pasión inmensa,</p>
<p>y el viento de la fortuna</p>
<p>llevome a lejanas tierras.</p>
<p>Colgándote de mi cuello,</p>
<p>en llanto amargo deshecha,</p>
<p>«vuelve, me dijiste, vuelve;</p>
<p>que mi corazón te llevas».</p>
<p>Volví… ¡Ya estabas casada!</p>
<p>y un ángel de rubias hebras</p>
<p>en tu regazo dormía</p>
<p>el sueño de la inocencia.</p>
<p>Posé, temblando, mis labios</p>
<p>en su faz blanca y risueña,</p>
<p>y al mirarte, vi que estabas</p>
<p>pálida como una muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Después, aturdido, ciego,</p>
<p>cuando me hirió el desengaño,</p>
<p>en tus queridas memorias</p>
<p>quise vengar mis agravios.</p>
<p>Busqué frenético el rizo</p>
<p>de tus cabellos castaños,</p>
<p>que en la postrer despedida</p>
<p>me diste, Inés, sollozando.</p>
<p>«Muera, dije, este recuerdo</p>
<p>de aquel corazón ingrato,</p>
<p>y arrastre el viento en cenizas</p>
<p>la inútil prenda que guardo».</p>
<p>Miréla suspenso y mudo,</p>
<p>hasta que ahogándome el llanto,</p>
<p>en vez de arrojarla al fuego</p>
<p>la llevé ¡loco! a mis labios.</p>
<p>¡Ay! quiera Dios que no veas</p>
<p>presa en amorosos lazos,</p>
<p>al hijo de tus entrañas</p>
<p>llorar, como estoy llorando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>¿Te acuerdas cuando en los días</p>
<p>de mi secreto infortunio</p>
<p>dudaba yo de mí mismo,</p>
<p>pobre, olvidado y obscuro;</p>
<p>enjugando compasiva</p>
<p>mi llanto abundante y mudo,</p>
<p>«no desmayes, me dijiste,</p>
<p>que el porvenir será tuyo».</p>
<p>Yo compartiré contigo</p>
<p>lauros, honores y triunfos,</p>
<p>y a la sombra de tu fama</p>
<p>nuestro amor llenará el mundo.</p>
<p>Hoy rompe a veces mi nombre</p>
<p>la indiferencia del vulgo,</p>
<p>y a veces también su aplauso</p>
<p>trémulo y turbado escucho.</p>
<p>Pero como estás muy lejos</p>
<p>y en vano te llamo y busco</p>
<p>paréceme que resuena</p>
<p>en el hueco de un sepulcro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Todas las tardes, cuando el sol declina…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Todas las tardes, cuando el sol declina</p>
<p>en brazos del misterio,</p>
<p>una mujer llorosa se encamina</p>
<p>al santo cementerio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tosco y miserable desaliño,</p>
<p>tocas de luto viste,</p>
<p>lleva de la mano a un pobre niño</p>
<p>descalzo, enfermo y triste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paso torpe y trémulo apresura</p>
<p>marchando silenciosa</p>
<p>hacia la solitaria sepultura</p>
<p>en que su amor reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! su semblante tétrico y sombrío,</p>
<p>su atónita mirada</p>
<p>reflejan el dolor y el desvarío</p>
<p>de un alma destrozada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pie del nicho desarruga el ceño,</p>
<p>detiene su carrera,</p>
<p>llama en la losa con tenaz empeño,</p>
<p>y espera, espera, espera…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El niño tiembla. La impaciente loca</p>
<p>que a un tiempo reza y gime,</p>
<p>que el dulce nombre del esposo invoca</p>
<p>con ansiedad sublime,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>golpea el mármol sepulcral, y el eco</p>
<p>sordamente retumba</p>
<p>con lúgubre gemido, desde el hueco</p>
<p>de la cerrada tumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la infeliz mujer, en son de queja</p>
<p>grita: —¿dónde estás, dónde?—</p>
<p>Rompe en sollozos, y por fin se aleja</p>
<p>diciendo al niño: —¿Ves? No me responde.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Ah, no le llores más! ¿Por qué el ingrato,</p>
<p>por qué, si te quería,</p>
<p>abandonó tu cariñoso trato,</p>
<p>tu blanda compañía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la santa paz de la familia, el culto</p>
<p>de sus tranquilos lares,</p>
<p>para excitar en medio del tumulto</p>
<p>las iras populares?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre deja en su bárbaro extravío</p>
<p>la inquieta muchedumbre,</p>
<p>más de un amante corazón vacío,</p>
<p>más de un hogar sin lumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué no recordó cuando inhumano</p>
<p>a su rencor cediendo,</p>
<p>corrió a verter la sangre de su hermano</p>
<p>en el combate horrendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que cuantos en la lucha sucumbían,</p>
<p>ante el peligro fijos</p>
<p>por la voz del deber, como él tendrían</p>
<p>madres, esposas, hijos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué no recordó que un pueblo libre,</p>
<p>ni límite ni coto</p>
<p>pondrá a sus desventuras, mientras vibre</p>
<p>el arma en vez del voto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, no le llores más! No lo merece.</p>
<p>No sufras ni batalles.</p>
<p>El que mancha con sangre, el que envilece</p>
<p>por plazas y por calles</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la augusta libertad, el que furioso</p>
<p>apela al hierro insano,</p>
<p>no es tierno padre, ni sensible esposo,</p>
<p>ni honrado ciudadano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Todo respira paz: la fértil vega…</strong></h3>
<p>Todo respira paz: la fértil vega,</p>
<p>el cielo transparente, el bosque umbrío</p>
<p>y el viento que en las márgenes del río</p>
<p>sus alas bate y con las ramas juega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abre sus cauces el Segura, y riega</p>
<p>los campos secos por tenaz estío,</p>
<p>do redoblando su fecundo brío</p>
<p>el ribereño a su labor se entrega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al través de la copa embalsamada</p>
<p>de los verdes naranjos, su dichosa</p>
<p>casa, que dora el sol, cerca divisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán feliz es! Alegran su jornada</p>
<p>el dulce canto de la amante esposa</p>
<p>y de sus hijos la inocente risa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Treinta años!</strong></h3>
<p>¡Treinta años! ¿Quién me diría</p>
<p>que tuviese al cabo de ellos,</p>
<p>si no blancos mis cabellos</p>
<p>el alma apagada y fría?</p>
<p>Un día tras otro día</p>
<p>mi existencia han consumido,</p>
<p>y hoy asombrado, aturdido,</p>
<p>mi memoria se derrama</p>
<p>por el ancho panorama</p>
<p>de los años que he vivido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aparecen ante mí</p>
<p>fugitivas y ligeras,</p>
<p>las venturosas quimeras</p>
<p>que desvanecerse vi:</p>
<p>la inocencia que perdí</p>
<p>y aquel vago sentimiento</p>
<p>que animó mi pensamiento</p>
<p>cuando eran mis alegrías</p>
<p>las mágicas armonías</p>
<p>del mar, del bosque y del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Han sido para mi daño</p>
<p>en la vida que disfruto,</p>
<p>un siglo cada minuto,</p>
<p>una eternidad cada año.</p>
<p>El dolor y el desengaño</p>
<p>forman parte de mí mismo,</p>
<p>y el torpe materialismo</p>
<p>de esta edad indiferente,</p>
<p>cubre de sombras mi frente</p>
<p>y abre a mis pies un abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sacude el mar su melena</p>
<p>de crespas olas, rugiendo,</p>
<p>y con pavoroso estruendo</p>
<p>los aires asorda y llena.</p>
<p>Pero una playa de arena,</p>
<p>su audaz cólera contiene…</p>
<p>¡Ay! ¿Quién habrá que refrene</p>
<p>el tormentoso océano</p>
<p>que en el pensamiento humano</p>
<p>ni fondo ni orillas tiene?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La razón!… Tanto se encumbra</p>
<p>tan locamente camina,</p>
<p>que ya no es luz que ilumina</p>
<p>sino hoguera que deslumbra.</p>
<p>Al horror nos acostumbra,</p>
<p>siembra de ruinas el suelo,</p>
<p>y en su inextinguible anhelo</p>
<p>álzase hasta Dios atea</p>
<p>con la sacrílega idea</p>
<p>de derribarle del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He visto tronos volcados,</p>
<p>instituciones caídas,</p>
<p>y tras recias sacudidas</p>
<p>pueblos y reyes cansados.</p>
<p>Propios y ajenos cuidados</p>
<p>muévenme continua guerra,</p>
<p>y mi espíritu se aterra</p>
<p>cuando, perdida la calma,</p>
<p>siento rugir en el alma</p>
<p>la tempestad de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando pienso en lo que fui,</p>
<p>hondas heridas renuevo,</p>
<p>y me parece que llevo</p>
<p>la muerte dentro de mí.</p>
<p>No veo lo que antes vi,</p>
<p>no siento lo que he sentido,</p>
<p>no responde ni un latido</p>
<p>del corazón si a él acudo,</p>
<p>llamo al cielo y está mudo,</p>
<p>busco mi fe y la he perdido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Infeliz generación</p>
<p>que vas, con loco ardimiento,</p>
<p>nutriendo tu entendimiento</p>
<p>a expensas del corazón,</p>
<p>dime, ¿no es cierto que son</p>
<p>vivas tus penas y ardientes?</p>
<p>¿No es verdad que te arrepientes,</p>
<p>presa de terrores graves,</p>
<p>de los misterios que sabes</p>
<p>y de las dudas que sientes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Yo sí! Feliz si lograra,</p>
<p>después de mis desengaños,</p>
<p>lanzar hacia atrás los años</p>
<p>que el destino me depara.</p>
<p>Pero ¡ay! el tiempo no para</p>
<p>ni tuerce su curso el río,</p>
<p>ni vuelve al nido vacío</p>
<p>el ave muerta en la selva,</p>
<p>¡ni quiere el cielo que vuelva</p>
<p>la esperanza al pecho mío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Treinta años! ¿Quién me diría?…</strong></h3>
<p>¡Treinta años! ¿Quién me diría</p>
<p>que tuviese al cabo de ellos,</p>
<p>si no blancos mis cabellos</p>
<p>el alma apagada y fría?</p>
<p>Un día tras otro día</p>
<p>mi existencia han consumido,</p>
<p>y hoy asombrado, aturdido,</p>
<p>mi memoria se derrama</p>
<p>por el ancho panorama</p>
<p>de los años que he vivido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aparecen ante mí</p>
<p>fugitivas y ligeras,</p>
<p>las venturosas quimeras</p>
<p>que desvanecerse vi:</p>
<p>la inocencia que perdí</p>
<p>y aquel vago sentimiento</p>
<p>que animó mi pensamiento</p>
<p>cuando eran mis alegrías</p>
<p>las mágicas armonías</p>
<p>del mar, del bosque y del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Han sido para mi daño</p>
<p>en la vida que disfruto,</p>
<p>un siglo cada minuto,</p>
<p>una eternidad cada año.</p>
<p>El dolor y el desengaño</p>
<p>forman parte de mí mismo,</p>
<p>y el torpe materialismo</p>
<p>de esta edad indiferente,</p>
<p>cubre de sombras mi frente</p>
<p>y abre a mis pies un abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sacude el mar su melena</p>
<p>de crespas olas, rugiendo,</p>
<p>y con pavoroso estruendo</p>
<p>los aires asorda y llena.</p>
<p>Pero una playa de arena,</p>
<p>su audaz cólera contiene…</p>
<p>¡Ay! ¿Quién habrá que refrene</p>
<p>el tormentoso océano</p>
<p>que en el pensamiento humano</p>
<p>ni fondo ni orillas tiene?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡La razón!… Tanto se encumbra</p>
<p>tan locamente camina,</p>
<p>que ya no es luz que ilumina</p>
<p>sino hoguera que deslumbra.</p>
<p>Al horror nos acostumbra,</p>
<p>siembra de ruinas el suelo,</p>
<p>y en su inextinguible anhelo</p>
<p>álzase hasta Dios atea</p>
<p>con la sacrílega idea</p>
<p>de derribarle del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He visto tronos volcados,</p>
<p>instituciones caídas,</p>
<p>y tras recias sacudidas</p>
<p>pueblos y reyes cansados.</p>
<p>Propios y ajenos cuidados</p>
<p>muévenme continua guerra,</p>
<p>y mi espíritu se aterra</p>
<p>cuando, perdida la calma,</p>
<p>siento rugir en el alma</p>
<p>la tempestad de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando pienso en lo que fui,</p>
<p>hondas heridas renuevo,</p>
<p>y me parece que llevo</p>
<p>la muerte dentro de mí.</p>
<p>No veo lo que antes vi,</p>
<p>no siento lo que he sentido,</p>
<p>no responde ni un latido</p>
<p>del corazón si a él acudo,</p>
<p>llamo al cielo y está mudo,</p>
<p>busco mi fe y la he perdido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Infeliz generación</p>
<p>que vas, con loco ardimiento,</p>
<p>nutriendo tu entendimiento</p>
<p>a expensas del corazón,</p>
<p>dime, ¿no es cierto que son</p>
<p>vivas tus penas y ardientes?</p>
<p>¿No es verdad que te arrepientes,</p>
<p>presa de terrores graves,</p>
<p>de los misterios que sabes</p>
<p>y de las dudas que sientes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Yo sí! Feliz si lograra,</p>
<p>después de mis desengaños,</p>
<p>lanzar hacia atrás los años</p>
<p>que el destino me depara.</p>
<p>Pero ¡ay! el tiempo no para</p>
<p>ni tuerce su curso el río,</p>
<p>ni vuelve al nido vacío</p>
<p>el ave muerta en la selva,</p>
<p>¡ni quiere el cielo que vuelva</p>
<p>la esperanza al pecho mío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tristezas</strong></h3>
<p>Cuando recuerdo la piedad sincera</p>
<p>con que en mi edad primera</p>
<p>entraba en nuestras viejas catedrales,</p>
<p>donde postrado ante la cruz de hinojos</p>
<p>alzaba a Dios mi ojos</p>
<p>soñando en las venturas celestiales;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy que mi frente atónito golpeo,</p>
<p>y con febril deseo</p>
<p>busco los restos de mi fe perdida,</p>
<p>por hallarla otra vez, radiante y bella</p>
<p>como en la edad aquélla,</p>
<p>¡desgraciado de mí! diera la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Con qué profundo amor, niño inocente,</p>
<p>prosternaba mis frente</p>
<p>en las losas del templo sacrosanto!</p>
<p>Llenábase mi joven fantasía</p>
<p>de luz, de poesía,</p>
<p>de mudo asombro, de terrible espanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquellas altas bóvedas que al cielo</p>
<p>levantaban mi anhelo;</p>
<p>aquella majestad solemne y grave;</p>
<p>aquel pausado canto, parecido</p>
<p>a un doliente gemido,</p>
<p>que retumbaba en la espaciosa nave:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las marmóreas y austeras esculturas</p>
<p>de antiguas sepulturas,</p>
<p>aspiración del arte a lo infinito;</p>
<p>la luz que por los vidrios de colores</p>
<p>sus tibios resplandores</p>
<p>quebraba en los pilares de granito;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haces de donde en curva fugitiva,</p>
<p>para formar la ojiva,</p>
<p>cada ramal subiendo se separa,</p>
<p>cual el rumor de multitud que ruega,</p>
<p>cuando a los cielos llega,</p>
<p>surge cada oración distinta y clara;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el gótico altar inmoble y fijo</p>
<p>el santo crucifijo,</p>
<p>que extiende sin vigor sus brazos yertos,</p>
<p>siempre en la sorda lucha de la vida,</p>
<p>tan áspera y reñida,</p>
<p>para el dolor y la humildad abiertos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El místico clamor de la campana</p>
<p>que sobre el alma humana</p>
<p>de las caladas torres se despeña,</p>
<p>y anuncia y lleva en sus aladas notas</p>
<p>mil promesas ignotas</p>
<p>al triste corazón que sufre o sueña;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo elevaba mi ánimo intranquilo</p>
<p>a más sereno asilo:</p>
<p>religión, arte, soledad, misterio.</p>
<p>todo en el templo secular hacía</p>
<p>vibrar el alma mía,</p>
<p>como vibran las cuerdas de un salterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a esta voz interior que sólo entiende</p>
<p>quien crédulo se enciende</p>
<p>en fervoroso y celestial cariño,</p>
<p>envuelta en sus flotantes vestiduras</p>
<p>volaba a las alturas,</p>
<p>virgen sin mancha, mi oración de niño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su rauda, viva y luminosa huella</p>
<p>como fugaz centella</p>
<p>traspasaba el espacio, y ante el puro</p>
<p>resplandor de sus alas de querube,</p>
<p>rasgábase la nube</p>
<p>que me ocultaba el inmortal seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh anhelo de esta vida transitoria!</p>
<p>¡Oh perdurable gloria! .</p>
<p>¡Oh! Sed inextiguible del deseo!</p>
<p>¡Oh cielo, que antes para mí tenías</p>
<p>fulgores y armonías,</p>
<p>y hoy tan oscuro y desolado veo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no templas mis íntimos pesares,</p>
<p>ya al pie de tus altares</p>
<p>como en mis años de candor no acudo.</p>
<p>Para llegar a ti perdí el camino,</p>
<p>y errante peregrino</p>
<p>entre tinieblas desespero y dudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voy espantado sin saber por dónde;</p>
<p>grito, y nadie responde</p>
<p>a mi angustiada voz; alzo los ojos</p>
<p>y a penetrar la lobreguez no alcanzo;</p>
<p>medrosamente avanzo,</p>
<p>y me hieren el alma los abrojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hijo del siglo, en vano me resisto</p>
<p>a su impiedad, ¡oh Cristo!</p>
<p>Su grandeza satánica me oprime.</p>
<p>Siglo de maravillas y de asombros,</p>
<p>levanta sobre escombros</p>
<p>un Dios sin esperanza, un Dios que gime.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y ese Dios no eres tú! No tu serena</p>
<p>faz, de consuelos, llena,</p>
<p>alumbra y guía nuestro incierto paso.</p>
<p>Es otro Dios incógnito y sombrío:</p>
<p>su cielo es el vacío,</p>
<p>Sacerdote el error, ley el Acaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! No recuerda el ánimo suspenso</p>
<p>un siglo más inmenso,</p>
<p>más rebelde a tu voz, más atrevido;</p>
<p>entre nubes de fuego alza su frente,</p>
<p>como Luzbel, potente;</p>
<p>pero también, como Luzbel, caído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que marcha y que investiga</p>
<p>es mayor su fatiga,</p>
<p>es su noche más honda y más oscura,</p>
<p>y pasma, al ver lo que padece y sabe,</p>
<p>cómo en su seno cabe</p>
<p>tanta grandeza y tanta desventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como la nave sin timón y rota</p>
<p>que el ronco mar azota,</p>
<p>incendia el rayo y la borrasca mece</p>
<p>en piélago ignorado y proceloso,</p>
<p>nuestro siglo —coloso—</p>
<p>con la luz que le abrasa, resplandece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y está la playa mística tan lejos! . . .</p>
<p>a los tristes reflejos</p>
<p>del sol poniente se colora y brilla.</p>
<p>El huracán arrecia, el bajel arde,</p>
<p>y es tarde, es ¡ay! muy tarde</p>
<p>para alcanzar la sosegada orilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es la ciencia sin fe? Corcel sin freno,</p>
<p>a todo yugo ajeno,</p>
<p>que al impulso del vértigo se entrega,</p>
<p>y a través de intrincadas espesuras,</p>
<p>desbocado y a oscuras</p>
<p>avanza sin cesar y nunca llega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Llegar! ¿Adónde? . . . El pensamiento humano</p>
<p>en vano lucha, en vano</p>
<p>su ley oculta y misteriosa infringe.</p>
<p>En la lumbre del sol sus alas quema,</p>
<p>y no aclara el problema,</p>
<p>ni penetra el enigma de la Esfinge.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto</p>
<p>que tu poder no ha muerto!</p>
<p>Salva a esta sociedad desventurada,</p>
<p>que bajo el peso de su orgullo mismo</p>
<p>rueda al profundo abismo</p>
<p>acaso más enferma que culpada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ciencia audaz, cuando de ti se aleja,</p>
<p>en nuestras almas deja</p>
<p>el germen de recónditos dolores,</p>
<p>como al tender el vuelo hacia la altura,</p>
<p>deja su larva impura</p>
<p>el insecto en el cáliz de las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si en esta confusión honda y sombría</p>
<p>es, Señor, todavía</p>
<p>raudal de vida tu palabra santa,</p>
<p>di a nuestra fe desalentada y yerta:</p>
<p>—¡Anímate y despierta!</p>
<p>Como dijiste a Lázaro: —¡Levanta!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Velet umbra</strong></h3>
<p>¡Oh incesante desvarío</p>
<p>del hombre! ¡Oh mentida gloria,</p>
<p>tan fugaz y transitoria</p>
<p>como las ondas de un río!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo impasible y frío</p>
<p>va empujando tu memoria,</p>
<p>que brilla un punto en la Historia</p>
<p>y se pierde en el vacío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto César ya olvidado!</p>
<p>¡Cuánta vieja desventura,</p>
<p>que ni aun recuerda la gente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>habrá visto, habrá alumbrado</p>
<p>ese sol, desde la altura</p>
<p>en que gira indiferente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que hacia el puerto</p>
<p>va marchando del olvido,</p>
<p>aparece cuanto ha sido</p>
<p>de espesas brumas cubierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese polvo, árido y yerto,</p>
<p>ha pensado y ha sentido:</p>
<p>es el despojo perdido</p>
<p>de la humanidad que ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De esos átomos sin nombre,</p>
<p>¿quién el misterio adivina?</p>
<p>¿quién a descifrarlo alcanza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan lóbrego es para el hombre</p>
<p>lo pasado que declina,</p>
<p>cual lo porvenir que avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde está la oculta fuente</p>
<p>del hondo raudal humano?</p>
<p>¿A qué incógnito Océano</p>
<p>va a parar esa corriente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Principio y fin, velozmente</p>
<p>se buscan y dan la mano;</p>
<p>y en el germen bulle el grano,</p>
<p>y en el grano la simiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La flor que arrebata el viento,</p>
<p>préstale al campo marchito</p>
<p>nuevo jugo y nueva vida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas ¿quién en el movimiento</p>
<p>del génesis infinito,</p>
<p>recuerda la flor caída?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vanidad de vanidades!</p>
<p>En nuestras horas inciertas,</p>
<p>sobre las ciudades muertas</p>
<p>álzanse nuevas ciudades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ignotas soledades,</p>
<p>en regiones, hoy desiertas,</p>
<p>yacen de polvo cubiertas</p>
<p>las glorias de otras edades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cae en mortal cautiverio</p>
<p>cuanto el alma, inquieta y muda,</p>
<p>busca y ama, anhela y nombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestra vida en el misterio,</p>
<p>nuestro destino en la duda,</p>
<p>nuestro término en la sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Venga el ateo y fije sus miradas…</strong></h3>
<p>Venga el ateo y fije sus miradas</p>
<p>En las raudas cascadas</p>
<p>Que caen con el estrépito del trueno</p>
<p>En ese bosque que oscurece el día,</p>
<p>De rústica armonía</p>
<p>Y de perfumes y de sombras lleno;</p>
<p>En la gruta titánica que arredra</p>
<p>Con sus monstruos de piedra,</p>
<p>Su oculto lago y despeñado río:</p>
<p>Que ante tantas grandezas el ateo</p>
<p>Dirá asombrado: -¡Creo,</p>
<p>Creo en tu excelsa majestad, Dios mío!</p>
<p>Arpa es la creación, que en la tranquila</p>
<p>Inmensidad oscila</p>
<p>Con ritmo eterno y cántico sonoro,</p>
<p>Y no hay murmullo, ni rumor, ni acento</p>
<p>En tierra, mar y viento,</p>
<p>Que del himno inmortal no forme coro.</p>
<p>El insecto entre el césped escondido,</p>
<p><a href="https://lospoemas.net/poemas-de-ramon-de-campoamor/">El pájaro en su nido</a>,</p>
<p>El trueno en las entrañas de la nube,</p>
<p>Hasta la flor que en los sepulcros brota,</p>
<p>Todo exhala su nota</p>
<p>Que en acordado son al cielo sube.</p>
<p>Nunca del hombre la soberbia ciega,</p>
<p>Que a enloquecerlo llega,</p>
<p>Podrá alcanzar, en su insaciable anhelo,</p>
<p>Ese poder augusto y soberano</p>
<p>Que enfrena el océano</p>
<p>Y hace girar los astros en el cielo.</p>
<p>En vano, golpeándose la frente,</p>
<p>Se agitará impotente</p>
<p>En su orgullo satánico y maldito;</p>
<p>Siempre, desesperado Prometeo,</p>
<p>Le acosará el deseo,</p>
<p>¡Ay!, que como el dolor, es infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ya triunfó la república! Has vencido…</strong></h3>
<p>¡Ya triunfó la república! Has vencido.</p>
<p>Tras prolongada y mísera agonía</p>
<p>lanzó a tus plantas el postrer gemido</p>
<p>nuestra sacra y gloriosa monarquía.</p>
<p>No vino a tierra como el cedro erguido</p>
<p>que el huracán y el rayo desafía:</p>
<p>cayó como la mustia y débil hoja</p>
<p>de que en Octubre el árbol se despoja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿Esta sociedad que desespera,</p>
<p>logrará acaso tiempos más felices,</p>
<p>porque haya muerto, sin luchar siquiera</p>
<p>la tradición excelsa que maldices?</p>
<p>¿Se desplomó quizás porque tuviera</p>
<p>podrido el tronco y secas las raíces?</p>
<p>¿Fue su impensada y rápida caída,</p>
<p>torpe venganza o pena merecida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al paso que se extingue y desvanece</p>
<p>como el último rayo vespertino,</p>
<p>renace el orden y la paz florece,</p>
<p>es que cumplió la ley de su destino.</p>
<p>Pero si la tormenta se embravece,</p>
<p>si nos arrolla el raudo torbellino,</p>
<p>si no se aclara el porvenir incierto,</p>
<p>entonces es que asesinada ha muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras el cielo mi conciencia guarde,</p>
<p>jamás se apartará de mi memoria</p>
<p>aquella triste y vergonzosa tarde</p>
<p>baldón eterno de la patria historia,</p>
<p>en que un Senado imbécil o cobarde</p>
<p>vendió sin fruto y entregó sin gloria,</p>
<p>cediendo a los estímulos del miedo,</p>
<p>el trono secular de Recaredo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No nació la república, gloriosa,</p>
<p>formidable y potente en lid reñida,</p>
<p>ni cual del casto cáliz de la rosa</p>
<p>la pura esencia en ondas esparcida.</p>
<p>Brotó de aquella tarde ignominiosa</p>
<p>como brota la sangre de la herida,</p>
<p>y como en medio de mortales dudas</p>
<p>nació de un beso la traición de Judas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡Quién tuviese la robusta vena</p>
<p>de aquel ilustre historiador romano,</p>
<p>que en libros inmortales encadena</p>
<p>los fieros monstruos del linaje humano!</p>
<p>Mi pluma entonces… ¡pero no! La pena</p>
<p>que envilece al león, honra al gusano:</p>
<p>nunca la ruin bajeza ha merecido</p>
<p>censura eterna, sino eterno olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez ceñida de fulgentes galas</p>
<p>forjose tu ilusión que en pleno día</p>
<p>la república, austera como Palas,</p>
<p>del cerebro del pueblo surgiría.</p>
<p>Tal vez pensaste que al tender sus alas</p>
<p>paz y ventura y luz derramaría,</p>
<p>siendo para tu fama ¡oh nuevo Orfeo!</p>
<p>la honrada encarnación de tu deseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si el llanto no te ciega, en torno mira</p>
<p>ya tu inspirada voz no la conmueve,</p>
<p>ya tu templanza se convierte en ira,</p>
<p>ya revienta el volcán bajo la nieve.</p>
<p>Ya ha arrebatado tu sonora lira</p>
<p>la desgreñada Musa de la plebe;</p>
<p>ya suena, en vez de tu rotunda estrofa,</p>
<p>brutal insulto y sanguinaria mofa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya con sordo fragor se precipita</p>
<p>y mueve a Dios desesperada guerra,</p>
<p>la santa cruz de los sepulcros quita,</p>
<p>vuelca las aras y los templos cierra.</p>
<p>Ya con furor satánico medita,</p>
<p>no sólo echar a Cristo de la tierra,</p>
<p>sino dejar en su insensato anhelo</p>
<p>mudo y vacío y solitario el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Inútil presunción! Cuando mañana</p>
<p>se agoste, como yerba el poderío</p>
<p>de esta generación soberbia y vana</p>
<p>que lanza a Dios su imbécil desafío;</p>
<p>cuando de su grandeza soberana</p>
<p>quede el polvo no más, árido y frío,</p>
<p>¡tú, redentora cruz! ¡tú, santo leño,</p>
<p>sobre las tumbas guardarás su sueño!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Valor, Emilio! El pueblo se desborda</p>
<p>y nuestra gloria secular destruye.</p>
<p>¡Ya no existe el ejército! ¡Ya es horda</p>
<p>la que fue hueste, y se desmanda y huye!</p>
<p>La anarquía los ámbitos asorda,</p>
<p>la honrada libertad se prostituye,</p>
<p>y óyense los aullidos de la hiena,</p>
<p>en Alcoy, en Montilla, en Cartagena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu voz, que siempre condenó la saña</p>
<p>de la turba feroz, de nuevo estalle,</p>
<p>y vibre como el trueno en la montaña</p>
<p>y el bronce de los templos en el valle.</p>
<p>La triste España, nuestra madre España,</p>
<p>se desangra entre el cieno de la calle;</p>
<p>ebrio el desorden la denuesta y hiere.</p>
<p>Agonizando está. ¡Sálvala, o muere!</p>
<p>La entrada <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-gaspar-nunez-de-arce/">Poemas de Gaspar Núñez de Arce</a> se publicó primero en <a href="https://lospoemas.net">Poemas</a>.</p>
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		<title>Poemas de Ramón de Campoamor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 23:07:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los poemas de Ramón de Campoamor (1817-1901) comprueban el por qué se le considera la figura más popular de la literatura española en la transición del Romanticismo al Realismo. Su obra representa una reacción contra los excesos sentimentales, apostando por una poesía escéptica, prosaica y cargada de una intención moralizante o filosófica. Es recordado principalmente [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-ramon-de-campoamor/">Poemas de Ramón de Campoamor</a> se publicó primero en <a href="https://lospoemas.net">Poemas</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Los <strong>poemas de Ramón de Campoamor</strong> (1817-1901) comprueban el por qué se le considera la figura más popular de la literatura española en la transición del Romanticismo al Realismo. Su obra representa una reacción contra los excesos sentimentales, apostando por una poesía escéptica, prosaica y cargada de una intención moralizante o filosófica.</p>
<p>Es recordado principalmente por haber creado tres géneros personales: las <strong>Doloras</strong>, composiciones breves que combinan ligereza y sentenciosidad; los <strong>Pequeños poemas</strong>, narraciones de corte psicológico; y las <strong>Humoradas</strong>, dísticos o cuatros versos que encierran una moraleja irónica. Su estilo, voluntariamente sencillo y cercano al lenguaje cotidiano, buscaba la «poesía de las ideas». Aunque fue inmensamente aclamado en su tiempo por su ingenio y su visión desencantada de la realidad, la crítica posterior señaló cierta ramplonería en su búsqueda de la claridad absoluta.</p>
<h3><strong>A la infiel más infiel de las hermosas …</strong></h3>
<p>A la infiel más infiel de las hermosas</p>
<p>un hombre la quería, y yo la amaba;</p>
<p>y ella a un tiempo a los dos nos encantaba</p>
<p>con la miel de sus frases engañosas.</p>
<p>Mientras él, con sus flores venenosas,</p>
<p>queriéndola, su aliento emponzoñaba,</p>
<p>yo de ella ante los pies, que idolatraba,</p>
<p>acabadas de abrir echaba rosas.</p>
<p>De su favor ya en vano el aire arrecia;</p>
<p>mintió a los dos, y sufrirá el castigo</p>
<p>que uno la da por vil, y otro por necia.</p>
<p>No hallará paz con él, ni bien conmigo:</p>
<p>él, que solo la quiso, la desprecia;</p>
<p>yo, que tanto la amaba, la maldigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Rubén Darío</strong></h3>
<p>A ese del cabello oscuro,</p>
<p>como la nocturna bruma,</p>
<p>púsole Dios en la pluma,</p>
<p>luz de sideral destello.</p>
<p>Cuando de su canto bello nos llega la sensación</p>
<p>se oyen mezcladas al son de las guslas orientales</p>
<p>los sonidos tropicales</p>
<p>de las selvas de Colón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A unos ojos</strong></h3>
<p>Más dulces habéis de ser,</p>
<p>si me volvéis a mirar,</p>
<p>porque es malicia, a mi ver,</p>
<p>siendo fuente de placer,</p>
<p>causarme tanto pesar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De seso me tiene ajeno</p>
<p>el que en suerte tan crüel</p>
<p>sea ese mirar sereno</p>
<p>sólo para mí veneno,</p>
<p>siendo para otros miel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si crüeles os mostráis,</p>
<p>porque no queréis que os quiera,</p>
<p>fieros por demás estáis,</p>
<p>pues si amándoos, me matáis,</p>
<p>si no os amara, muriera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si amando os puedo ofender,</p>
<p>venganza podéis tomar,</p>
<p>porque es fuerza os haga ver</p>
<p>que o no os dejo de querer,</p>
<p>o me acabáis de matar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si es la venganza medida</p>
<p>por mi amor, a tal rigor</p>
<p>el alma siento rendida,</p>
<p>porque es muy poco una vida</p>
<p>para vengar tanto amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque con él igualdad</p>
<p>guardar ningún otro puede;</p>
<p>es tanta su intensidad,</p>
<p>que pienso ¡ay de mí! que excede</p>
<p>vuestra misma crüeldad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Son, por Dios, crudos azares</p>
<p>que me den vuestros desdenes</p>
<p>ciento a ciento los pesares,</p>
<p>pudiendo darme a millares,</p>
<p>sin los pesares, los bienes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me es doblado tormento</p>
<p>y el dolor más importuno,</p>
<p>el ver que mostráis contento</p>
<p>en ser crudos para uno,</p>
<p>siendo blandos para ciento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es injusto por demás</p>
<p>que tengáis, ojos serenos,</p>
<p>a los que, de amor ajenos,</p>
<p>os aman menos, en mas,</p>
<p>y a mí que amo más, en menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es, a la par que mortal,</p>
<p>vuestro lánguido desdén</p>
<p>¡tan dulce… tan celestial!…</p>
<p>que siempre reviste el mal</p>
<p>con las lisonjas del bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, si vuestra luz querida</p>
<p>para alivio de mi suerte</p>
<p>fuese mi bella homicida!</p>
<p>¡Quién no cambiara su vida</p>
<p>por tan dulcísima muerte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sólo de angustias lleno,</p>
<p>me es más que todo crüel,</p>
<p>el que ese mirar sereno,</p>
<p>sea para mí veneno,</p>
<p>siendo para todos miel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al comenzar la noche de aquel día…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Al comenzar la noche de aquel día,</p>
<p>ella, lejos de mí,</p>
<p>«¿Por qué te acercas tanto? -me decía-,</p>
<p>¡Tengo miedo de ti!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Y, después que la noche hubo pasado,</p>
<p>dijo, cerca de mí:</p>
<p>«¿Por qué te alejas tanto de mi lado?</p>
<p>¡Tengo miedo sin ti!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amar y querer</strong></h3>
<p>A la infiel más infiel de las hermosas</p>
<p>un hombre la quería, y yo la amaba;</p>
<p>y ella a un tiempo a los dos nos encantaba</p>
<p>con la miel de sus frases engañosas.</p>
<p>Mientras él, con sus flores venenosas,</p>
<p>queriéndola, su aliento emponzoñaba,</p>
<p>yo de ella ante los pies, que idolatraba,</p>
<p>acabadas de abrir echaba rosas.</p>
<p>De su favor ya en vano el aire arrecia;</p>
<p>mintió a los dos, y sufrirá el castigo</p>
<p>que uno la da por vil, y otro por necia.</p>
<p>No hallará paz con él, ni bien conmigo:</p>
<p>él, que solo la quiso, la desprecia;</p>
<p>yo, que tanto la amaba, la maldigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor conyugal</strong></h3>
<p>Caer al río el viento un nido deja,</p>
<p>y al verle un ave, en pos vuela piando,</p>
<p>porque dentro, sus huevos empollando,</p>
<p>flota embarcada su infeliz pareja.</p>
<p>Con el nido que, hundiéndose, se aleja,</p>
<p>naufraga el ave fiel que va criando,</p>
<p>y el esposo, después, vaga exhalando</p>
<p>de árbol en árbol queja tras de queja.</p>
<p>Creciendo sin cesar su pío, pío,</p>
<p>donde el nido se hundió los ojos clava,</p>
<p>como diciendo así: -¡Pobre amor mío!-</p>
<p>Y un día, al fin, que su dolor se agrava,</p>
<p>se esfuerza, vuela, muere, cae al río,</p>
<p>se sumerge, suena algo… y todo acaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor y gloria</strong></h3>
<p>¡Sobre arena y sobre viento</p>
<p>lo ha fundado el cielo todo!</p>
<p>Lo mismo el mundo del lodo</p>
<p>que el mundo del sentimiento.</p>
<p>De amor y gloria el cimiento</p>
<p>sólo aire y arena son.</p>
<p>¡Torres con que la ilusión</p>
<p>mundo y corazones llena;</p>
<p>las del mundo sois arena,</p>
<p>y aire las del corazón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Aquellas niñas hermosas…</strong></h3>
<p>Aquellas niñas hermosas</p>
<p>que en suma beldad conformes,</p>
<p>teniendo la tez cual nieve,</p>
<p>tengan los ojos cual soles,</p>
<p>y el alma sintiendo, tiernas,</p>
<p>herida de mal de amores,</p>
<p>tanto les falte de esquivas,</p>
<p>cuanto de bellas les sobre,</p>
<p>salgan al campo conmigo</p>
<p>ricas de gracias, adonde</p>
<p>favor al mayo risueño</p>
<p>las brinden, con gracias dobles,</p>
<p>corrientes aguas los valles,</p>
<p>frescos doseles los bosques,</p>
<p>con su verdura los campos</p>
<p>y con su esencia las flores.</p>
<p>Oiréis sonar encontrados,</p>
<p>y aunque encontrados, acordes,</p>
<p>los enamorados trinos</p>
<p>de músicos ruiseñores,</p>
<p>cuando en sentidos acentos</p>
<p>mustias las tórtolas lloren,</p>
<p>dando en su vuelo a los aires</p>
<p>matices, plumas y sones.</p>
<p>Venid, y hagamos la rueda</p>
<p>llamada de los amores</p>
<p>(que al aprenderla de niño,</p>
<p>nola olvidé desde entonces).</p>
<p>las ricas flores hollando,</p>
<p>y el aire hendiendo veloces,</p>
<p>el aire con los cabellos,</p>
<p>y con las plantas las flores.</p>
<p>Las blancas manos asiendo,</p>
<p>y tan blancas, que las cortes</p>
<p>nunca tan nítidas manos</p>
<p>dan a sus reyes en dote,</p>
<p>en torno agitad festivas</p>
<p>los aires murmuradores;</p>
<p>que yo vendaré mis ojos,</p>
<p>haciendo del día noche.</p>
<p>Volad, palomas; que osado</p>
<p>yo espantaré los halcones,</p>
<p>si alguna vez para heriros</p>
<p>muestran sus garras feroces.</p>
<p>Volad, que a la que esta rama,</p>
<p>pasando furtiva, toque,</p>
<p>con la venda de mis ojos</p>
<p>habrá de nublar sus soles.</p>
<p>-¡Oh, que triste es nuestros ojos</p>
<p>cubrir de sombras informes,</p>
<p>y no sentir de los vuestros</p>
<p>los penetrantes arpones,</p>
<p>ni ver con ansias mortales</p>
<p>de vuestra faz los colores,</p>
<p>ni sobre el aura, al tenderlos,</p>
<p>de vuestro talles los cortes!</p>
<p>Niñas, corred; que aún no escucho</p>
<p>con plácidas emociones</p>
<p>de vuestras ropas flotantes</p>
<p>los sutilísimos roces;</p>
<p>y aunque me pesa en el alma,</p>
<p>no siento los corazones</p>
<p>que muellemente se agitan</p>
<p>bajo esos pechos de bronce.</p>
<p>Volad, palomas; que osado</p>
<p>yo espantaré los halcones,</p>
<p>si alguna vez para heriros</p>
<p>muestran sus garras feroces.</p>
<p>Volad, que a la que esta rama!</p>
<p>pasando furtiva, toque,</p>
<p>con la venda de mis ojos</p>
<p>tendrá que nublar sus soles.</p>
<p>Mas ¿cómo sin dar amante</p>
<p>a vuestro enojo ocasiones,</p>
<p>huís, dejándome solo,</p>
<p>sin advertirme por dónde,</p>
<p>tal que siquiera dejasteis,</p>
<p>pasando como ilusiones,</p>
<p>ni removida la arena,</p>
<p>ni destroncadas las flores?</p>
<p>Sin duda en mágico vuelo,</p>
<p>como celestes visiones,</p>
<p>entre la grama y los aires</p>
<p>os deslizasteis veloces,</p>
<p>huyendo mi fe constante,</p>
<p>pues vuestros pechos traidores</p>
<p>tienen el aire por guía,</p>
<p>y la inconstancia por norte.</p>
<p>¡Una y mil veces mal haya</p>
<p>quien de vuestras invenciones</p>
<p>amante se fía, y de ellas</p>
<p>la falsedad no conoce!</p>
<p>Y más que en tanto a la sombra</p>
<p>de esos altísimos robles</p>
<p>maldiga yo vuestro agrado,</p>
<p>y mis desagrados llore;</p>
<p>vosotras entretenidas</p>
<p>mirad las aguas que corren;</p>
<p>que bien está vuestra fe</p>
<p>con su inconstancia conforme,</p>
<p>pues no hay onda que no agiten</p>
<p>a cualquier viento que sople,</p>
<p>ni conchas que no remuevan</p>
<p>ni árbol ni flor que no mojen,</p>
<p>ni campos que no dibujen,</p>
<p>ni imágenes que no borren,</p>
<p>ni risas que no deshagan,</p>
<p>ni círculos que no formen.</p>
<p>Mas luégo que el sol sus rayos</p>
<p>extienda en el horizonte,</p>
<p>haciendo en las nubes iris</p>
<p>tocando el mar de colores;</p>
<p>y luégo que en regia pompa</p>
<p>parezcan a sus fulgores;</p>
<p>y mares de sombra los valles,</p>
<p>y mares de luz los montes,</p>
<p>vendréis a buscar frescura</p>
<p>cuando el calor os agobie,</p>
<p>y me tendréis que encontrar,</p>
<p>aunque no queráis entonces,</p>
<p>y yo a la sombra tendido</p>
<p>de estos altísimos robles,</p>
<p>no os he de dejar el puesto,</p>
<p>por más que tierno os adore,</p>
<p>ni miraré enamorado</p>
<p>de vuestra faz los colores,</p>
<p>ni sobre el aura, al tenderlos,</p>
<p>de vuestros talles los cortes;</p>
<p>y no vendaré mis ojos,</p>
<p>más que en no hacerlo os enoje,</p>
<p>y hasta ahogaré mis suspiros,</p>
<p>aunque con ellos me ahogue.</p>
<p>Haré todo esto digo,</p>
<p>y más que veréis entonces,</p>
<p>y a fe de amante lo juro</p>
<p>por esas aguas que corren.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Así un esposo le escribió a su esposa…</strong></h3>
<p>Así un esposo le escribió a su esposa:</p>
<p>«O vienes o me voy. ¡Te amo de modo</p>
<p>que es imposible que yo viva, hermosa,</p>
<p>un mes lejos de ti!</p>
<p>¡Mi amor es tan profundo, tan profundo,</p>
<p>que te prefiero a todo, a todo!…»</p>
<p>Y ella exclamó:  «¡No hay nada en este mundo</p>
<p>que él quiera como a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas pasan unos meses, y la escribe:</p>
<p>«¡Qué hermoso debe estar nuestro hijo amado!</p>
<p>¡Sólo él, él sólo en mis entrañas vive!</p>
<p>Piensa en él más que en ti,</p>
<p>su cuna se pondrá junto a mi cama.</p>
<p>No hay cielo para mí más que a su lado.»</p>
<p>Y ella prorrumpe:  «¡Es que, el ingrato, ya ama</p>
<p>al hijo más que a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después de algunos años le escribía:</p>
<p>«Espérame. Ya sabes lo que quiero:</p>
<p>mucho orden, mucha paz y economía.</p>
<p>¿Estás? Yo soy así.</p>
<p>Cierra el coche: me espanta el reumatismo;</p>
<p>avísale que voy al cocinero.»</p>
<p>Y ella pensó:  «¡Se quiere ya a sí mismo</p>
<p>más que al hijo y a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ay! ¡Ay!…</strong></h3>
<p>A mi querida prima</p>
<p>Jacinta White de Llano,</p>
<p>en la muerte de su hija</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡Ay!</p>
<p>Más cerca de mí te siento</p>
<p>cuando más huyo de ti,</p>
<p>pues tu imagen es en mí,</p>
<p>es en mí,</p>
<p>sombra de mi pensamiento,</p>
<p>sombra de mi pensamiento.</p>
<p>¡Ay! Vuélvemelo a decir,</p>
<p>vuélvemelo a decir</p>
<p>pues embelesado ayer</p>
<p>te escuchaba sin oír</p>
<p>y te miraba sin ver,</p>
<p>y te miraba sin ver. ¡Ay!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Caer al río el viento un nido deja…</strong></h3>
<p>Caer al río el viento un nido deja,</p>
<p>y al verle un ave, en pos vuela piando,</p>
<p>porque dentro, sus huevos empollando,</p>
<p>flota embarcada su infeliz pareja.</p>
<p>Con el nido que, hundiéndose, se aleja,</p>
<p>naufraga el ave fiel que va criando,</p>
<p>y el esposo, después, vaga exhalando</p>
<p>de árbol en árbol queja tras de queja.</p>
<p>Creciendo sin cesar su pío, pío,</p>
<p>donde el nido se hundió los ojos clava,</p>
<p>como diciendo así: -¡Pobre amor mío!-</p>
<p>Y un día, al fin, que su dolor se agrava,</p>
<p>se esfuerza, vuela, muere, cae al río,</p>
<p>se sumerge, suena algo… y todo acaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Canción</strong></h3>
<p>A la gloriosa memoria</p>
<p>de las víctimas</p>
<p>del Dos de Mayo de 1808</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sol sus alas replegó luciente,</p>
<p>y la noche callada el manto oscuro</p>
<p>en luengo cerco derramó sombría.</p>
<p>Vierten los astros su fulgor doliente,</p>
<p>y entre las sombras se destaca puro,</p>
<p>remedo incierto de la luz del día.</p>
<p>¡Tal de la suerte mía</p>
<p>la luz brilla insegura</p>
<p>entre la niebla oscura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora, pues, bajo el nocturno manto</p>
<p>muestras daré de mi desdicha extrema;</p>
<p>y cual presagio del famoso canto</p>
<p>que a alzar me impele inspiración suprema,</p>
<p>¡rompa el acerbo llanto</p>
<p>que mis entrañas reprimido quema!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Auras, volad, y de fragancia henchidas</p>
<p>templad el fuego que mi frente abrasa,</p>
<p>mansa flotando en invisible giro.</p>
<p>Entre las nubes, con fragor hendidas,</p>
<p>su virgen luz, cual transparente gasa,</p>
<p>mece la luna que extasiado admiro.</p>
<p>Me parece que miro</p>
<p>a sus tibios reflejos</p>
<p>vagar allá a lo lejos</p>
<p>cual húmedo vapor de hedionda tumba,</p>
<p>de Napoleón la sombra venerada;</p>
<p>y cuando ronco el aquilón retumba</p>
<p>la vaga esfera de la luz turbada,</p>
<p>¡me parece que zumba</p>
<p>en torrente de sangre desatada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sombra execrable! Maldecida sombra</p>
<p>que levantó para asentar su trono</p>
<p>de humanos cuerpos funeral montaña!</p>
<p>El manto azul del cielo por alfombra</p>
<p>creyó tender en su rabioso encono,</p>
<p>y ahogó rugiendo su impotente saña.</p>
<p>Soldados, dijo, España</p>
<p>nuestra esclava se vea,</p>
<p>un muro en ella sea</p>
<p>de insepultos cadáveres alzado</p>
<p>que llene de terror a las naciones.</p>
<p>Luego a rumor del atambor doblado</p>
<p>se alzó el muro, rodaron tus pendones,</p>
<p>y en él viste apilado</p>
<p>el magnífico tren de tus legiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver su oprobio aterrador el Sena</p>
<p>turbio en las rocas con sonoro estruendo</p>
<p>bate furioso la revuelta frente,</p>
<p>cual herida serpiente que la arena</p>
<p>escarba airada, y con silbar horrendo</p>
<p>en vano aguza el venenoso diente.</p>
<p>¡Tirano, muge hirviente,</p>
<p>cuán cara fue a la Francia</p>
<p>tu funesta arrogancia!</p>
<p>Y al repetir este rumor, tonante</p>
<p>la última esfera de los cielos toca,</p>
<p>y embravecido, hinchado, ondisonante,</p>
<p>con cuanto encuentra sin concierto choca</p>
<p>y se arrastra bramante</p>
<p>con brusco murmurar de roca en roca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Del cañón al fúnebre estampido</p>
<p>que el bronco trueno imita, cuando alado,</p>
<p>asorda el aire en revoltoso vuelo;</p>
<p>y al revolar del humo esparcido</p>
<p>que en las alas del aura reclinado</p>
<p>viste de luto el encendido cielo;</p>
<p>aferradas al suelo</p>
<p>las víctimas gloriosas,</p>
<p>que ha poco victoriosas</p>
<p>Independencia y libertad gritaron,</p>
<p>se vieron sin defensas maniatadas.</p>
<p>Y al ¡ay! de muerte que después lanzaron,</p>
<p>sus cadenas, de púrpura manchadas,</p>
<p>a la faz arrojaron</p>
<p>del sangriento Murat pulverizadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra vuestro poder la tiranía</p>
<p>en vano desató su furia brava,</p>
<p>que al sentir vuestro esfuerzo soberano,</p>
<p>la vil corona, que adornó algún día</p>
<p>con una flor cada nación esclava,</p>
<p>se marchitó en las sienes del tirano.</p>
<p>Todo el linaje humano</p>
<p>su carroza triunfante</p>
<p>iba a hollar rechinante,</p>
<p>cuando opusisteis a su fiera saña</p>
<p>vuestro ardor cabe el lento Manzanares,</p>
<p>a sus huestes gritando: ¡Gente extraña,</p>
<p>dad un adiós a vuestros patrios lares;</p>
<p>sólo saldréis de España</p>
<p>surgiendo el fondo de sangrientos mares!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, cenizas! ¡Salve, oh ricas prendas!</p>
<p>que humedezca dejad, restos sagrados,</p>
<p>con lloro estéril vuestras frías losas.</p>
<p>Jamás os faltarán verdes ofrendas,</p>
<p>o no tendrán en sus floridos prados</p>
<p>ni laureles abril ni el mayo rosas.</p>
<p>¡Perdón, sombras gloriosas</p>
<p>si mi lira naciente</p>
<p>no os canta dignamente!</p>
<p>Con el llanto sus cuerdas empapadas</p>
<p>sordas vibran confusa melodía.</p>
<p>¡Si no fuisteis por mí, sombras amadas,</p>
<p>loadas con dulcísima armonía,</p>
<p>al menos sí cantadas</p>
<p>con toda la efusión del alma mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Catón de Útica</strong></h3>
<p>Rasga su pecho el último romano</p>
<p>y exclama, deshonrando su memoria:</p>
<p>-Sueño es la libertad, humo la gloria,</p>
<p>y la austera virtud un nombre vano.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Detén, Catón, la temeraria mano,</p>
<p>que en huir del dolor nunca hay victoria;</p>
<p>fiel a ese pueblo, mártir de la historia,</p>
<p>muere, si hay que morir, cara al tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torna a ganar la libertad perdida;</p>
<p>vuelve hacia Roma, y cuando hieran, hiere;</p>
<p>si cae la virtud, caiga vencida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién su deshonra a su dolor prefiere?</p>
<p>en las batallas de la humana vida</p>
<p>sólo se mata el vil; el noble muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Con mis coplas, Blanca Rosa…</strong></h3>
<p><em>A Blanca Rosa de Osma</em></p>
<p>Con mis coplas, Blanca Rosa,</p>
<p>Tal vez te cause cuidados</p>
<p>Por cantar</p>
<p>Con la voz ya temblorosa,</p>
<p>Y los ojos ya cansados</p>
<p>De llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy para ti sólo hay glorias,</p>
<p>Y danzas y flores bellas;</p>
<p>Mas después,</p>
<p>Se alzarán tristes memorias,</p>
<p>Hasta de las mismas huellas</p>
<p>De tus pies.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tus fiestas seductoras</p>
<p>¿No oyes del alma en lo interno</p>
<p>Un rumor,</p>
<p>Que lúgubre a todas horas,</p>
<p>Nos dice que no es eterno</p>
<p>Nuestro amor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto a creer se resiste</p>
<p>Una verdad tan odiosa</p>
<p>Tu bondad!</p>
<p>¡Y esto fuera menos triste</p>
<p>Si no fuera, Blanca Rosa,</p>
<p>Tan verdad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te aseguro, como amigo,</p>
<p>Que es muy raro, y no te extrañe,</p>
<p>Amar bien.</p>
<p>Siento decir lo que digo;</p>
<p>Pero ¿quieres que te engañe</p>
<p>Yo también?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa un viento arrebatado,</p>
<p>Viene amor, y a dos en uno</p>
<p>Funde Dios;</p>
<p>Sopla el desamor helado,</p>
<p>Y vuelve a hacer, importuno,</p>
<p>De uno, dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que amor, de egoísmo lleno,</p>
<p>A su gusto se acomoda</p>
<p>Bien y mal;</p>
<p>En él hasta herir es bueno,</p>
<p>Se ama o no se ama, ésta es toda</p>
<p>Su moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡qué bien cumple el amante,</p>
<p>Cuando aun tiene la inocencia,</p>
<p>Su deber!</p>
<p>Y ¡cómo, más adelante,</p>
<p>Aviene con su conciencia</p>
<p>Su placer!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y es culpable el que, sediento,</p>
<p>Buscando va en nuevos lazos</p>
<p>Otro amor?</p>
<p>¡Sí! culpable como el viento</p>
<p>Que, al pasar, hace pedazos</p>
<p>Una flor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que es abominable</p>
<p>Que el corazón vagabundo</p>
<p>Mude así,</p>
<p>Sin ser por ello culpable,</p>
<p>Porque esto pasa en el mundo</p>
<p>Porque sí?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se ama una vez sin medida,</p>
<p>Y aun se vuelve a amar sin tino</p>
<p>Más de dos.</p>
<p>¡Cuán versátil es la vida!</p>
<p>¡Cuán vano es nuestro destino,</p>
<p>Santo Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>É1 lleve tu labio ayuno</p>
<p>A algún manantial querido</p>
<p>De placer,</p>
<p>Donde dichosa, ninguno</p>
<p>Te enserie nunca el olvido</p>
<p>Del deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre el destino constante</p>
<p>Nos da cual vil usurero</p>
<p>Su favor:</p>
<p>Da amor primero y no amante;</p>
<p>Después mucho amante, pero</p>
<p>Poco amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tranquila a veces reposa,</p>
<p>Y otras se marcha volando</p>
<p>Nuestra fe.</p>
<p>Y esto pasa, Blanca Rosa,</p>
<p>Sin saber cómo, ni cuándo,</p>
<p>Ni por qué.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca es estable el deseo,</p>
<p>Ni he visto jamás terneza</p>
<p>Siempre igual.</p>
<p>Y ¿a qué negarlo? No creo</p>
<p>Ni del bien en la fijeza,</p>
<p>Ni del mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este ir y venir sin tasa,</p>
<p>Y este moverse impaciente,</p>
<p>Pasa así,</p>
<p>Porque así ha pasado y pasa,</p>
<p>Porque sí, y ¡ay! solamente</p>
<p>Porque sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán inútil es que huyamos</p>
<p>De los fáciles amores</p>
<p>Con horror,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuanto más las pisamos,</p>
<p>Más nos embriagan las flores</p>
<p>Con su olor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo sin duda envía</p>
<p>La lucha a la tormentosa</p>
<p>Juventud;</p>
<p>Pues ¿qué mérito tendría</p>
<p>Sin esfuerzos, Blanca Rosa,</p>
<p>La virtud?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! un alma inteligente,</p>
<p>Siempre en nuestra alma divisa</p>
<p>Una flor.</p>
<p>Que se abre infaliblemente</p>
<p>Al soplo de alguna brisa</p>
<p>De otro amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas dirás: —¿Y en qué consiste</p>
<p>Que todo a mudar convida?—</p>
<p>¡Ay de mí!</p>
<p>En que la vida es muy triste . . .</p>
<p>Pero aunque triste, la vida</p>
<p>Es así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si no es amor el vaso</p>
<p>Donde el sobrante se vierte</p>
<p>Del dolor,</p>
<p>Pregunto yo: —¿Es digno acaso</p>
<p>De ocuparnos vida y muerte</p>
<p>Tal amor?—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca sepas, Blanca Rosa,</p>
<p>Que es la dicha una locura,</p>
<p>Cual yo sé;</p>
<p>Si quieres ser venturosa,</p>
<p>Ten mucha fe en la ventura,</p>
<p>Mucha fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si eres feliz algún día,</p>
<p>¡Guay, que el recuerdo tirano</p>
<p>De otro amor</p>
<p>No se filtre en tu alegría,</p>
<p>Cual se desliza un gusano</p>
<p>Roedor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres de las almas buenas,</p>
<p>Cuyos honrados amores</p>
<p>Siempre son</p>
<p>Los que bendicen sus penas,</p>
<p>Penas que se abren en flores</p>
<p>De pasión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tus visiones hermosas,</p>
<p>Nunca de tu alma el abismo</p>
<p>Llenarás,</p>
<p>Pues la fuerza de las cosas</p>
<p>Puede más que Hércules mismo,</p>
<p>¡Mucho más! . . .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si huye una vez la ventura,</p>
<p>Nadie después ve las flores</p>
<p>Renacer</p>
<p>Que cubren la sepultura</p>
<p>De los recuerdos traidores</p>
<p>Del ayer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién es el responsable</p>
<p>De hacer tragar sin medida</p>
<p>Tanta hiel?</p>
<p>¡La vida! ¡ésa es la culpable!</p>
<p>La vida, sólo es la vida</p>
<p>Nuestra infiel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida, que desalada,</p>
<p>De un vértigo del infierno</p>
<p>Corre en pos:</p>
<p>Ella corre hacia la nada;</p>
<p>¿Quieres ir hacia lo eterno?</p>
<p>Ve hacia Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! corre hacia Dios, y Él haga</p>
<p>Que tengas siempre una vieja</p>
<p>Juventud.</p>
<p>La tumba todo lo traga;</p>
<p>Sólo de tragarse deja</p>
<p>La virtud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Contradicciones</strong></h3>
<p>Se halla con su amante Rosa</p>
<p>a solas en un jardín,</p>
<p>y ya a su empresa amorosa</p>
<p>iba tocando a su fin,</p>
<p>cuando ella entre la arboleda</p>
<p>trasluce el grupo encantado</p>
<p>en que, en cisne transformado,</p>
<p>ama Júpiter a Leda;</p>
<p>y encendida de rubor,</p>
<p>viendo el grupo repugnante,</p>
<p>se alza, rechaza al amante,</p>
<p>y exclama huyendo: ¡Qué horror!</p>
<p>Corrida del mal ejemplo,</p>
<p>entra a rezar en un templo;</p>
<p>mas al ver Rosa el ardor</p>
<p>con que el altar mayor</p>
<p>una Virgen de Murillo</p>
<p>besa a un niño encantador,</p>
<p>volvió en su pecho sencillo</p>
<p>la llama a arder del amor.</p>
<p>¿Será una ley natural,</p>
<p>como afirma no sé quién,</p>
<p>que por contraste fatal</p>
<p>lleva un mal ejemplo al bien</p>
<p>y un ejemplo bueno al mal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>De amor tentado un penitente un día…</strong></h3>
<p>De amor tentado un penitente un día</p>
<p>con nieve un busto de mujer formaba,</p>
<p>y el cuerpo al busto con furor juntaba,</p>
<p>templando el fuego que en su pecho ardía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuanto más con el busto el cuerpo unía,</p>
<p>más la nieve con fuego se mezclaba,</p>
<p>y de aquel santo el corazón se helaba,</p>
<p>y el busto de mujer se deshacía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tus luchas ¡oh amor de quien reniego!</p>
<p>siempre se une el invierno y el estío,</p>
<p>y si uno ama sin fe, quiere otro ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así te pasa a ti, corazón mío,</p>
<p>que uniendo ella su nieve con tu fuego,</p>
<p>por matar de calor, mueres de frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Doloras</strong></h3>
<p><em>Amor y gloria</em></p>
<p>¡Sobre arena y sobre viento</p>
<p>lo ha fundado el cielo todo!</p>
<p>Lo mismo el mundo de el lodo</p>
<p>que el mundo del sentimiento.</p>
<p>De amor y gloria el cimiento</p>
<p>sólo aire y arena son.</p>
<p>¡Torres con que la ilusión</p>
<p>mundo y corazones llena;</p>
<p>las del mundo sois arena,</p>
<p>y aire las del corazón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El amar y el querer</strong></h3>
<p>A la infiel más infiel de las hermosas</p>
<p>un hombre la quería y yo la amaba;</p>
<p>y ella a un tiempo a los dos nos encantaba</p>
<p>con la miel de sus frases engañosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras él, con sus flores venenosas,</p>
<p>queriéndola, su aliento empozoñaba,</p>
<p>yo de ella ante los pies, que idolatraba,</p>
<p>acabadas de abrir echaba rosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su favor ya en vano el aire arrecia;</p>
<p>mintió a los dos, y sufrirá el castigo</p>
<p>que uno le da por vil, y otro por necia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hallará paz con él, ni bien conmigo</p>
<p>él, que sólo la quiso, la desprecia;</p>
<p>yo, que tanto la amaba, la maldigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El busto de nieve</strong></h3>
<p>De amor tentado un penitente un día</p>
<p>con nieve un busto de mujer formaba,</p>
<p>y el cuerpo al busto con furor juntaba,</p>
<p>templando el fuego que en su pecho ardía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuanto más con el busto el cuerpo unía,</p>
<p>más la nieve con fuego se mezclaba,</p>
<p>y de aquel santo el corazón se helaba,</p>
<p>y el busto de mujer se deshacía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tus luchas ¡oh amor de quien reniego!</p>
<p>siempre se une el invierno y el estío,</p>
<p>y si uno ama sin fe, quiere otro ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así te pasa a ti, corazón mío,</p>
<p>que uniendo ella su nieve con tu fuego,</p>
<p>por matar de calor, mueres de frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El cielo de Leopardi</strong></h3>
<p>¡Genio infeliz! En su postrer momento</p>
<p>a su amiga la muerte le decía:</p>
<p>-Dame la nada, esa región vacía</p>
<p>en que no hay ni placer ni sufrimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde se halla la vida está el tormento.</p>
<p>Dame la paz en la nada -repetía-</p>
<p>y mata con el cuerpo el alma mía,</p>
<p>esta amarga raíz del pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al oírle implorar de esta manera,</p>
<p>consolando al filósofo afligido,</p>
<p>la muerte le responde: -Espera, espera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que, en pago de lo bien que me has querido,</p>
<p>mañana te daré la muerte entera</p>
<p>y volverás al ser del que no ha sido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El descreimiento</strong></h3>
<p><em>A S. M. La reina doña Isabel II</em></p>
<p>Más que la luz de la razón humana,</p>
<p>amo la oscuridad de mi deseo,</p>
<p>y más que la verdad de cuanto veo,</p>
<p>quiero el error de mi esperanza vana</p>
<p>Tenéis razón, hermosa Soberana,</p>
<p>que no sé cuándo dudo y cuándo creo;</p>
<p>si hoy, comparado a mí, todo es ateo,</p>
<p>tal vez de todo dudaré mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre creer y dudar, mi alma indecisa,</p>
<p>mientras pasa esta vida de quebranto,</p>
<p>que es eterna en dar fin, yendo deprisa,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El dudar y el creer confundo tanto,</p>
<p>que unas veces mi llanto acaba en risa,</p>
<p>y otras veces mi risa acaba en llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El ojo de la llave</strong></h3>
<p><em>No te ocupes de cosas ajenas ni</em></p>
<p><em>te entremetas en las cosas de los mayores.</em></p>
<p><em>Kempis, lib. XI.I</em></p>
<ol>
<li><em> A los quince años</em></li>
</ol>
<p>Dos hablan dentro muy quedo;</p>
<p>Rosa, que a espiar comienza,</p>
<p>oye lo que le da miedo,</p>
<p>ve lo que le da vergüenza.</p>
<p>Pues ¿qué hará, que así la espanta,</p>
<p>su amiga, a quien cree una santa?</p>
<p>No sé qué le da sonrojo,</p>
<p>mas… debe ser algo grave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El corazón se le salta</p>
<p>cuando oye hablar, y después</p>
<p>mira…, mira… y casi falta</p>
<p>la tierra bajo sus pies.</p>
<p>¡Ay! Si ya a vuestra inocencia</p>
<p>no desfloró la experiencia,</p>
<p>no miréis por el anteojo</p>
<p>del rayo de luz que cabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde que a mirar empieza,</p>
<p>de un volcán la ebullición</p>
<p>sube a encender su cabeza,</p>
<p>va a inflamar su corazón.</p>
<p>Claro, el ser que piensa y siente</p>
<p>siempre, cual ella, en la frente</p>
<p>tendrá del pudor el rojo</p>
<p>cuando de mirar acabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aquel anteojo a merced</p>
<p>mira más…, y más… y más…</p>
<p>y luego siente esa sed</p>
<p>que no se apaga jamás.</p>
<p>Mas ¿qué ve tras de la puerta</p>
<p>que tanto su sed despierta?</p>
<p>¿Qué? Que, a pesar del cerrojo,</p>
<p>ve de la vida la clave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haciendo al peligro cara,</p>
<p>ve caer su ingenuidad</p>
<p>la barrera que separa</p>
<p>la ilusión de la verdad.</p>
<p>Pero ¿qué ha visto, señor?</p>
<p>Yo sólo diré al lector</p>
<p>que no hallará más que enojo</p>
<p>todo el que la vista clave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguen sus ojos mirando</p>
<p>que habla un hombre a una mujer,</p>
<p>y van su cuerpo inundando</p>
<p>oleadas de placer.</p>
<p>Su amiga, de gracia llena,</p>
<p>¿no es muy buena? ¡Ah!, ¡sí, muy buena!…</p>
<p>Pero ¿hay alguien cuyo arrojo</p>
<p>de ser mirado se alabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>A los treinta años</em></p>
<p>Mas, quince años después, Rosa ya sabe</p>
<p>con ciencia harto precoz</p>
<p>que el mirar por el ojo de la llave</p>
<p>es un crimen atroz.</p>
<p>Una noche de abril, a un hombre espera:</p>
<p>la humedad y el calor</p>
<p>siempre son en la ardiente primavera</p>
<p>cómplices del amor.</p>
<p>Húmeda noche tras caliente día…</p>
<p>Rosa aguarda febril.</p>
<p>¡Cuánta virtud sobre la tierra habría</p>
<p>si no fuera el abril!</p>
<p>Y como ella ya sabe lo que sabe,</p>
<p>después que el hombre entró,</p>
<p>de hacia el frente del ojo de la llave</p>
<p>cual de un espectro huyó.</p>
<p>y cuando al lado de él, junto a él sentada,</p>
<p>en mudo frenesí</p>
<p>se hablan ambos de amor sin decir nada,</p>
<p>Rosa prorrumpe así:</p>
<p>«¿El ojo de la llave está cerrado?</p>
<p>¡Ay, hija de mi amor!</p>
<p>Si ella mirase, como yo he mirado…</p>
<p>Voy a cerrar mejor.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El sol sus alas replegó luciente…</strong></h3>
<p><em>A la gloriosa memoria</em></p>
<p><em>de las víctimas</em></p>
<p><em>del Dos de Mayo de 1808</em></p>
<p>El sol sus alas replegó luciente,</p>
<p>y la noche callada el manto oscuro</p>
<p>en luengo cerco derramó sombría.</p>
<p>Vierten los astros su fulgor doliente,</p>
<p>y entre las sombras se destaca puro,</p>
<p>remedo incierto de la luz del día.</p>
<p>¡Tal de la suerte mía</p>
<p>la luz brilla insegura</p>
<p>entre la niebla oscura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora, pues, bajo el nocturno manto</p>
<p>muestras daré de mi desdicha extrema;</p>
<p>y cual presagio del famoso canto</p>
<p>que a alzar me impele inspiración suprema,</p>
<p>¡rompa el acerbo llanto</p>
<p>que mis entrañas reprimido quema!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Auras, volad, y de fragancia henchidas</p>
<p>templad el fuego que mi frente abrasa,</p>
<p>mansa flotando en invisible giro.</p>
<p>Entre las nubes, con fragor hendidas,</p>
<p>su virgen luz, cual transparente gasa,</p>
<p>mece la luna que extasiado admiro.</p>
<p>Me parece que miro</p>
<p>a sus tibios reflejos</p>
<p>vagar allá a lo lejos</p>
<p>cual húmedo vapor de hedionda tumba,</p>
<p>de Napoleón la sombra venerada;</p>
<p>y cuando ronco el aquilón retumba</p>
<p>la vaga esfera de la luz turbada,</p>
<p>¡me parece que zumba</p>
<p>en torrente de sangre desatada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sombra execrable! Maldecida sombra</p>
<p>que levantó para asentar su trono</p>
<p>de humanos cuerpos funeral montaña!</p>
<p>El manto azul del cielo por alfombra</p>
<p>creyó tender en su rabioso encono,</p>
<p>y ahogó rugiendo su impotente saña.</p>
<p>Soldados, dijo, España</p>
<p>nuestra esclava se vea,</p>
<p>un muro en ella sea</p>
<p>de insepultos cadáveres alzado</p>
<p>que llene de terror a las naciones.</p>
<p>Luego a rumor del atambor doblado</p>
<p>se alzó el muro, rodaron tus pendones,</p>
<p>y en él viste apilado</p>
<p>el magnífico tren de tus legiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver su oprobio aterrador el Sena</p>
<p>turbio en las rocas con sonoro estruendo</p>
<p>bate furioso la revuelta frente,</p>
<p>cual herida serpiente que la arena</p>
<p>escarba airada, y con silbar horrendo</p>
<p>en vano aguza el venenoso diente.</p>
<p>¡Tirano, muge hirviente,</p>
<p>cuán cara fue a la Francia</p>
<p>tu funesta arrogancia!</p>
<p>Y al repetir este rumor, tonante</p>
<p>la última esfera de los cielos toca,</p>
<p>y embravecido, hinchado, ondisonante,</p>
<p>con cuanto encuentra sin concierto choca</p>
<p>y se arrastra bramante</p>
<p>con brusco murmurar de roca en roca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Del cañón al fúnebre estampido</p>
<p>que el bronco trueno imita, cuando alado,</p>
<p>asorda el aire en revoltoso vuelo;</p>
<p>y al revolar del humo esparcido</p>
<p>que en las alas del aura reclinado</p>
<p>viste de luto el encendido cielo;</p>
<p>aferradas al suelo</p>
<p>las víctimas gloriosas,</p>
<p>que ha poco victoriosas</p>
<p>Independencia y libertad gritaron,</p>
<p>se vieron sin defensas maniatadas.</p>
<p>Y al ¡ay! de muerte que después lanzaron,</p>
<p>sus cadenas, de púrpura manchadas,</p>
<p>a la faz arrojaron</p>
<p>del sangriento Murat pulverizadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra vuestro poder la tiranía</p>
<p>en vano desató su furia brava,</p>
<p>que al sentir vuestro esfuerzo soberano,</p>
<p>la vil corona, que adornó algún día</p>
<p>con una flor cada nación esclava,</p>
<p>se marchitó en las sienes del tirano.</p>
<p>Todo el linaje humano</p>
<p>su carroza triunfante</p>
<p>iba a hollar rechinante,</p>
<p>cuando opusisteis a su fiera saña</p>
<p>vuestro ardor cabe el lento Manzanares,</p>
<p>a sus huestes gritando: ¡Gente extraña,</p>
<p>dad un adiós a vuestros patrios lares;</p>
<p>sólo saldréis de España</p>
<p>surgiendo el fondo de sangrientos mares!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, cenizas! ¡Salve, oh ricas prendas!</p>
<p>que humedezca dejad, restos sagrados,</p>
<p>con lloro estéril vuestras frías losas.</p>
<p>Jamás os faltarán verdes ofrendas,</p>
<p>o no tendrán en sus floridos prados</p>
<p>ni laureles abril ni el mayo rosas.</p>
<p>¡Perdón, sombras gloriosas</p>
<p>si mi lira naciente</p>
<p>no os canta dignamente!</p>
<p>Con el llanto sus cuerdas empapadas</p>
<p>sordas vibran confusa melodía.</p>
<p>¡Si no fuisteis por mí, sombras amadas,</p>
<p>loadas con dulcísima armonía,</p>
<p>al menos sí cantadas</p>
<p>con toda la efusión del alma mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El tren expreso</strong></h3>
<p><em>Al ingeniero de caminos el célebre escritor</em></p>
<p><em>don José de Echegaray, su admirador y amigo.</em></p>
<p><strong><em>Canto primero: la noche</em></strong></p>
<p>I</p>
<p>Habiéndome robado el albedrío</p>
<p>un amor tan infausto como mío,</p>
<p>ya recobrados la quietud y el seso,</p>
<p>volvía de París en tren expreso;</p>
<p>y cuando estaba ajeno de cuidado,</p>
<p>como un pobre viajero fatigado,</p>
<p>para pasar bien cómodo la noche</p>
<p>muellemente acostado,</p>
<p>al arrancar el tren subió a mi coche,</p>
<p>seguida de una anciana,</p>
<p>una joven hermosa,</p>
<p>alta, rubia, delgada y muy graciosa,</p>
<p>digna de ser morena y sevillana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Luego, a una voz de mando</p>
<p>por algún héroe de las artes dada,</p>
<p>empezó el tren a trepidar, andando</p>
<p>con un trajín de fiera encadenada.</p>
<p>Al dejar la estación, lanzó un gemido</p>
<p>la máquina, que libre se veía,</p>
<p>y corriendo al principio solapada</p>
<p>cual la sierpe que sale de su nido,</p>
<p>ya al claro resplandor de las estrellas,</p>
<p>por los campos, rugiendo, parecía</p>
<p>un león con melena de centellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Cuando miraba atento</p>
<p>aquel tren que corría como el viento,</p>
<p>con sonrisa impregnada de amargura</p>
<p>me preguntó la joven con dulzura:</p>
<p>«¿Sois español?». Y su armonioso acento,</p>
<p>tan armonioso y puro, que aun ahora</p>
<p>el recordarlo sólo me embelesa,</p>
<p>«Soy español» la dije;  «¿y vos, señora?».</p>
<p>«Yo», dijo,  «soy francesa.»</p>
<p>«Podéis», la repliqué con arrogancia,</p>
<p>«la hermosura alabar de vuestro suelo,</p>
<p>pues creo, como hay Dios, que es vuestra Francia</p>
<p>un país tan hermoso como el cielo.»</p>
<p>«Verdad que es el país de mis amores,</p>
<p>el país del ingenio y de la guerra;</p>
<p>pero en cambio», me dijo,  «es vuestra tierra</p>
<p>la patria del honor y de las flores:</p>
<p>no os podéis figurar cuánto me extraña</p>
<p>que, al ver sus resplandores,</p>
<p>el sol de vuestra España</p>
<p>no tenga, como el de Asia, adoradores.»</p>
<p>Y después de halagarnos obsequiosos</p>
<p>del patrio amor el puro sentimiento,</p>
<p>entrambos nos quedamos silenciosos</p>
<p>como heridos de un mismo pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Caminar entre sombras es lo mismo</p>
<p>que dar vueltas por sendas mal seguras</p>
<p>en el fondo sin fondo de un abismo.</p>
<p>Juntando a la verdad mil conjeturas,</p>
<p>veía allá a lo lejos, desde el coche,</p>
<p>agitarse sin fin cosas oscuras,</p>
<p>y en torno, cien especies de negruras</p>
<p>tomadas de cien partes de la noche.</p>
<p>¡Calor de fragua a un lado, al otro frío!…</p>
<p>¡Lamentos de la máquina espantosos</p>
<p>que agregan el terror y el desvarío</p>
<p>a todos estos limbos misteriosos!…</p>
<p>¡Las rocas, que parecen esqueletos!…</p>
<p>¡Las nubes con extrañas abrasadas!…</p>
<p>¡Luces tristes! ¡Tinieblas alumbradas!…</p>
<p>¡El horror que hace grandes los objetos!…</p>
<p>¡Claridad espectral de la neblina!</p>
<p>¡Juegos de llama y humo indescriptibles!…</p>
<p>¡Unos grupos de bruma blanquecina</p>
<p>esparcidos por dedos invisibles!</p>
<p>¡Masas informes…, límites inciertos!…</p>
<p>¡Montes que se hunden! ¡Árboles que crecen!…</p>
<p>¡Horizontes lejanos que parecen</p>
<p>vagas costas del reino de los muertos</p>
<p>¡Sombra, humareda, confusión y nieblas!…</p>
<p>¡Acá lo turbio…, allá lo indiscernible…,</p>
<p>y entre el humo del tren y las tinieblas,</p>
<p>aquí una cosa negra, allí otra horrible!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>¡Cosa rara! Entretanto,</p>
<p>al lado de mujer tan seductora</p>
<p>no podía dormir, siendo yo un santo</p>
<p>que duerme, cuando no ama, a cualquier hora.</p>
<p>Mil veces intenté quedar dormido,</p>
<p>mas fue inútil empeño:</p>
<p>admiraba a la joven, y es sabido</p>
<p>que a mí la admiración me quita el sueño.</p>
<p>Yo estaba inquieto, y ella,</p>
<p>sin echar sobre mí mirada alguna,</p>
<p>abrió la ventanilla de su lado</p>
<p>y, como un ser prendado de la luna,</p>
<p>miró al cielo azulado;</p>
<p>preguntó, por hablar, qué hora sería,</p>
<p>y al ver correr cada fugaz estrella,</p>
<p>«Ved un alma que pasa», me decía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>«¿Vais muy lejos?», con voz ya conmovida</p>
<p>le pregunté a mi joven compañera.</p>
<p>«Muy lejos», contestó;  «¡voy decidida</p>
<p>a morir a un lugar de la frontera!»</p>
<p>Y se quedó pensando en lo futuro,</p>
<p>su mirada en el aire distraída</p>
<p>cual se mira en la noche un sitio oscuro</p>
<p>donde fue una visión desvanecida.</p>
<p>«¿No os habrás divertido»,</p>
<p>la repliqué galante,</p>
<p>«la ciudad seductora</p>
<p>en donde todo amante</p>
<p>deja recuerdos y se trae olvido?»</p>
<p>«¿Lo traéis vos?», me dijo con tristeza.</p>
<p>«Todo en París lo hace olvidar, señora»,</p>
<p>le contesté,  «la moda y la riqueza.</p>
<p>Yo me vine a París desesperado,</p>
<p>por no ver en Madrid a cierta ingrata.»</p>
<p>«Pues yo vine», exclamó,  «y hallé casado</p>
<p>a un hombre ingrato a quién amé soltero.»</p>
<p>«Tengo un rencor», le dije,  «que me mata.»</p>
<p>«Yo una pena», me dijo,  «que me muero.»</p>
<p>Y al recuerdo infeliz de aquel ingrato,</p>
<p>siendo su mente espejo de mi mente,</p>
<p>quedándose en silencio un grande rato</p>
<p>pasó una larga historia por su frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>Como el tren no corría, que volaba,</p>
<p>era tan vivo el viento, era tan frío,</p>
<p>que el aire parecía que cortaba:</p>
<p>así el lector no extrañará que, tierno,</p>
<p>cuidase de su bien más que del mío,</p>
<p>pues hacía un gran frío, tan gran frío,</p>
<p>que echó al lobo del bosque aquel invierno.</p>
<p>Y cuando ella, doliente,</p>
<p>con el cuerpo aterido,</p>
<p>«Tengo frío», me dijo dulcemente</p>
<p>con voz que, más que voz, era un balido,</p>
<p>me acerqué a contemplar su hermosa frente,</p>
<p>y os juro, por el cielo,</p>
<p>que, a aquel reflejo de la luz escaso,</p>
<p>la joven parecía hecha de raso,</p>
<p>de nácar, de jazmín y terciopelo;</p>
<p>y creyendo invadidos por el hielo</p>
<p>aquellos pies tan lindos,</p>
<p>desdoblando mi manta zamorana,</p>
<p>que tenía más borlas, verde y grana</p>
<p>que todos los cerezos y los guindos</p>
<p>que en Zamora se crían,</p>
<p>cual si fuese una madre cuidadosa,</p>
<p>con la cabeza ya vertiginosa,</p>
<p>la tapé aquellos pies, que bien podrían</p>
<p>ocultarse en el cáliz de la rosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>¡De la sombra y el fuego al claroscuro</p>
<p>brotaban perspectivas espantosas,</p>
<p>y me hacía el efecto de un conjuro</p>
<p>al reverberar en cada muro</p>
<p>de las sombras las danzas misteriosas!…</p>
<p>¡La joven que acostada traslucía</p>
<p>con su aspecto ideal, su aire sencillo,</p>
<p>y que, más que mujer, me parecía</p>
<p>un ángel de Rafael o de Murillo!</p>
<p>¡Sus manos por las venas serpenteadas</p>
<p>que la fiebre abultaba y encendía,</p>
<p>hermosas manos, que a tener cruzadas</p>
<p>por la oración habitual tendía…</p>
<p>¡sus ojos, siempre abiertos, aunque a oscuras,</p>
<p>mirando al mundo de las cosas puras!</p>
<p>¡su blanca faz de palidez cubierta!</p>
<p>¡Aquel cuerpo a que daban sus posturas</p>
<p>la celestial fijeza de una muerta!…</p>
<p>Las fajas tenebrosas</p>
<p>del techo, que irradiaba tristemente</p>
<p>aquella luz de cueva submarina;</p>
<p>y esa continua sucesión de cosas</p>
<p>que así en el corazón como en la mente</p>
<p>acaban por formar una neblina!…</p>
<p>¡Del tren expreso la infernal balumba!…</p>
<p>¡La claridad de cueva que salía</p>
<p>del techo de aquel coche, que tenía</p>
<p>la forma de la tapa de una tumba!…</p>
<p>¡La visión triste y bella</p>
<p>de sublime concierto</p>
<p>de todo aquel horrible desconcierto,</p>
<p>me hacía traslucir en torno de ella</p>
<p>algo vivo rondando un algo muerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>De pronto, atronadora,</p>
<p>entre un humo que surcan llamaradas,</p>
<p>despide la feroz locomotora</p>
<p>un torrente de notas aflautadas,</p>
<p>para anunciar, al despertar la aurora,</p>
<p>una estación que en feria convertía</p>
<p>el vulgo con su eterna gritería,</p>
<p>la cual, susurradora y esplendente,</p>
<p>con las luces del gas brillaba enfrente;</p>
<p>y al llegar, un gemido</p>
<p>lanzando prolongado y lastimero,</p>
<p>el tren en la estación entró seguido</p>
<p>cual si entrase un reptil a su agujero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Canto segundo: el día</em></strong></p>
<p>I</p>
<p>Y continuando la infeliz historia,</p>
<p>que aún vaga como un sueño en mi memoria,</p>
<p>veo al fin, a la luz de la alborada,</p>
<p>que el rubio de oro de su pelo brilla</p>
<p>cual la paja de trigo calcinada</p>
<p>por agosto en los campos de Castilla.</p>
<p>Y con semblante cariñoso y serio,</p>
<p>y una expresión del todo religiosa,</p>
<p>como llevando a cabo algún misterio,</p>
<p>después de un  «¡Ay, Dios mío!»</p>
<p>me dijo, señalando un cementerio:</p>
<p>«¡Los que duermen allí no tienen frío!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>El humo, en ondulante movimiento,</p>
<p>dividiéndose a un lado y a otro lado,</p>
<p>se tiende por el viento</p>
<p>cual la crin de un caballo desbocado.</p>
<p>ayer era otra fauna, hoy otra flora;</p>
<p>verdura y aridez, calor y frío;</p>
<p>andar tantos kilómetros por hora</p>
<p>causa al alma el mareo del vacío;</p>
<p>pues salvando el abismo, el llano, el monte.</p>
<p>con un ciego correr que al rayo excede,</p>
<p>en loco desvarío</p>
<p>sucede un horizonte a otro horizonte</p>
<p>y una estación a otra estación sucede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Más ciego cada vez por su hermosura</p>
<p>de la mujer aquella,</p>
<p>al fin la hablé con la mayor ternura,</p>
<p>a pesar de mis muchos desengaños;</p>
<p>porque al viajar en tren con una bella</p>
<p>va, aunque un poco al azar y a la ventura,</p>
<p>muy deprisa el amor a los treinta años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y «¿Adónde vais ahora?»,</p>
<p>pregunté a la viajera.</p>
<p>«Marcho, olvidada por mi amor primero»,</p>
<p>me respondió sincera,</p>
<p>«a esperar el olvido un año entero.»</p>
<p>«Pero, ¿y después?», le pregunté, «señora?»</p>
<p>«Después», me contestó, «¡lo que Dios quiera!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>Y porque así sus penas distraía,</p>
<p>las mías le conté con alegría</p>
<p>y un cuento amontoné sobre otro cuento,</p>
<p>mientras ella, abstrayéndose, veía</p>
<p>las gradaciones de color que hacía</p>
<p>la luz descomponiéndose en el viento.</p>
<p>Y haciendo yo castillos en el aire,</p>
<p>o, como dicen ellos, en España,</p>
<p>la referí, no sé si con donaire,</p>
<p>cuentos de Homero y de Maricastaña.</p>
<p>En mis cuadros risueños,</p>
<p>pintando mucho amor y mucha pena,</p>
<p>como el que tiene la cabeza llena</p>
<p>de heroínas francesas y de ensueños,</p>
<p>había cada llama</p>
<p>capaz de poner fuego al mundo entero;</p>
<p>y no faltaba nunca un caballero</p>
<p>que, por gustar solícito a su dama,</p>
<p>la sirviese, siendo héroe, de escudero.</p>
<p>Y ya de un nuevo amor en los umbrales,</p>
<p>cual si fuese el aliento nuestro idioma,</p>
<p>más bien que con la voz, con las señales,</p>
<p>esta verdad tan grande como un templo</p>
<p>la convertí en axioma:</p>
<p>que para dos que se aman tiernamente,</p>
<p>ella y yo, por ejemplo,</p>
<p>es cosa ya olvidada por sabida</p>
<p>que un árbol, una piedra y una fuente</p>
<p>pueden ser el edén de nuestra vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Como en amor es credo,</p>
<p>o artículo de fe que yo proclamo,</p>
<p>que en este mundo de pasión y olvido,</p>
<p>o se oye conjugar el verbo te amo,</p>
<p>o la vida mejor no importa un bledo;</p>
<p>aunque entonces, como hombre arrepentido,</p>
<p>al ver una mujer me daba miedo,</p>
<p>más bien desesperado que atrevido,</p>
<p>«Y ¿un nuevo amor», le pregunté amoroso,</p>
<p>«no os haría olvidar viejos amores?»</p>
<p>Mas ella, sin dar tregua a sus dolores,</p>
<p>contestó con acento cariñoso:</p>
<p>«La tierra está cansada de dar flores;</p>
<p>necesito algún año de reposo.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>Marcha el tren tan seguido, tan seguido,</p>
<p>como aquel que patina por el hielo,</p>
<p>y en confusión extraña,</p>
<p>parecen, confundidos tierra y cielo,</p>
<p>monte la nube, y nube la montaña,</p>
<p>pues cruza de horizonte en horizonte</p>
<p>por la cumbre y el llano,</p>
<p>ya la cresta granítica de un monte,</p>
<p>ya la elástica turba del pantano;</p>
<p>ya entrando por el hueco</p>
<p>de algún túnel que horada las montañas,</p>
<p>a cada horrible grito</p>
<p>que lanzando va el tren, responde el eco,</p>
<p>y hace vibrar los muros de granito,</p>
<p>estremeciendo al mundo en sus entrañas;</p>
<p>y dejando aquí un pozo, allí una sierra,</p>
<p>nubes arriba, movimiento abajo,</p>
<p>en laberinto tal, cuesta trabajo</p>
<p>creer en la existencia de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VII</p>
<p>Las cosas que miramos</p>
<p>se vuelven hacia atrás en el instante</p>
<p>que nosotros pasamos;</p>
<p>y, conforme va el tren hacia adelante,</p>
<p>parece que desandan lo que andamos;</p>
<p>y a sus puestos volviéndose, huyen y huyen</p>
<p>en raudo movimiento</p>
<p>los postes del telégrafo, clavados</p>
<p>en fila a los costados del camino,</p>
<p>y, como gota a gota, fluyen, fluyen,</p>
<p>uno, dos, tres y cuatro, veinte y ciento,</p>
<p>y formando confuso y ceniciento</p>
<p>el humo con luz un remolino,</p>
<p>no distinguen los ojos deslumbrados</p>
<p>si aquello es sueño, tromba o torbellino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VIII</p>
<p>¡Oh mil veces bendita</p>
<p>la inmensa fuerza de la mente humana</p>
<p>que así el ramblizo como el monte allana,</p>
<p>y al mundo echando su nivel, lo mismo</p>
<p>los picos de las rocas decapita</p>
<p>que levanta la tierra,</p>
<p>formando un terraplén sobre un abismo</p>
<p>que llena con pedazos de una sierra!</p>
<p>¡Dignas son, vive dios, estas hazañas,</p>
<p>no conocidas antes,</p>
<p>del poderoso anhelo</p>
<p>de los grandes gigantes</p>
<p>que, en su ambición, para escalar el cielo</p>
<p>un tiempo amontonaron las montañas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IX</p>
<p>Corría en tanto el tren con tal premura</p>
<p>que el monte abandonó por la ladera,</p>
<p>la colina dejó por la llanura,</p>
<p>y la llanura, en fin, por la ribera;</p>
<p>y al descender a un llano,</p>
<p>sitio infeliz de la estación postrera,</p>
<p>le dije con amor: «¿Sería en vano</p>
<p>que amaros pretendiera?</p>
<p>¿Sería como un niño que quisiera</p>
<p>alcanzar a la luna con la mano?»</p>
<p>Y contestó con lívido semblante:</p>
<p>«No sé lo que seré más adelante,</p>
<p>cuando ya soy vuestra mejor amiga.</p>
<p>Yo me llamo Constancia y soy constante;</p>
<p>¿qué más queréis», me preguntó, «que os diga?».</p>
<p>Y, bajando el andén, de angustia llena,</p>
<p>con prudencia fingió que distraía</p>
<p>su inconsolable pena</p>
<p>con la gente que entraba y que salía,</p>
<p>pues la estación del pueblo parecía</p>
<p>la loca dispersión de una colmena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>X</p>
<p>Y con dolor profundo,</p>
<p>mirándome a la faz, desencajada</p>
<p>cual mira a su doctor un moribundo,</p>
<p>siguió: «Yo os juro, cual mujer honrada,</p>
<p>que el hombre que me dio con tanto celo</p>
<p>un poco de valor contra el engaño,</p>
<p>o aquí me encontrará dentro de un año,</p>
<p>o allí…», me dijo, señalando el cielo.</p>
<p>Y enjugando después con el pañuelo</p>
<p>algo de espuma de color de rosa</p>
<p>que asomaba a sus labios amarillos,</p>
<p>el tren (cual la serpiente que, escamosa,</p>
<p>queriendo hacer que marcha, y no marchando,</p>
<p>ni marcha ni reposa)</p>
<p>mueve y remueve, ondeando y más ondeando,</p>
<p>de su cuerpo flexible los anillos;</p>
<p>y al tiempo en que ella y yo, la mano alzando,</p>
<p>volvimos, saludando, la cabeza,</p>
<p>la máquina un incendio vomitando,</p>
<p>grande en su horror y horrible en su belleza,</p>
<p>el tren llevó hacia sí pieza por pieza,</p>
<p>vibró con furia y lo arrastró silbando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Canto tercero: el crepúsculo</strong></em></p>
<p>I</p>
<p>Cuando un año después, hora por hora,</p>
<p>hacia Francia volvía</p>
<p>echando alegre sobre el cuerpo mío</p>
<p>mi manta de alamares de Zamora,</p>
<p>porque a un tiempo sentía,</p>
<p>como el año anterior, día por día,</p>
<p>mucho amor, mucho viento y mucho frío,</p>
<p>al minuto final del año entero</p>
<p>a la cita acudí cual caballero</p>
<p>que va alumbrando por su buena estrella;</p>
<p>mas al llegar a la estación aquella</p>
<p>que no quiero nombrar, porque no quiero,</p>
<p>una tos de ataúd sonó a mi lado,</p>
<p>que salía del pecho de una anciana</p>
<p>con cara de dolor y negro traje.</p>
<p>Me vio, gimió, lloró, corrió a mi lado,</p>
<p>y echándome un papel por la ventana:</p>
<p>«Tomad», me dijo, «y continuad el viaje».</p>
<p>y cual si fuese una hechicera vana</p>
<p>que después de un conjuro, en la alta noche</p>
<p>quedase entre la sombra confundida,</p>
<p>la mujer, más que vieja, envejecida,</p>
<p>de mi presencia huyó con ligereza</p>
<p>cual niebla entre la luz desvanecida,</p>
<p>al punto en que, llegando con presteza</p>
<p>echó por la ventana de mi coche</p>
<p>esta carta tan llena de tristeza,</p>
<p>que he leído más veces en mi vida</p>
<p>que cabellos contiene mi cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>«Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros,</p>
<p>cuenta os dará de la memoria mía.</p>
<p>Aquel fantasma soy que, por gustaros,</p>
<p>juró estar viva a vuestro lado un día.</p>
<p>»Cuando lleve esta carta a vuestro oído</p>
<p>el eco de mi amor y mis dolores,</p>
<p>el cuerpo en que mi espíritu ha vivido</p>
<p>ya durmiendo estará bajo las flores.</p>
<p>»Por no dar fin a la ventura mía,</p>
<p>la escribo larga… casi interminable…</p>
<p>¡Mi agonía es la bárbara agonía</p>
<p>del que quiere evitar lo inevitable!</p>
<p>»Hundiéndose al morir sobre mi frente</p>
<p>el palacio ideal de mi quimera,</p>
<p>de todo mi pasado, solamente</p>
<p>esta pena que os doy borrar quisiera.</p>
<p>»Me rebelo a morir, pero es preciso…</p>
<p>¡El triste vive y el dichoso muere!…</p>
<p>¡Cuando quise morir, dios no lo quiso;</p>
<p>hoy que quiero vivir, Dios no lo quiere!</p>
<p>»¡Os amo, sí! Dejadme que habladora</p>
<p>me repita esta voz tan repetida;</p>
<p>que las cosas más íntimas ahora</p>
<p>se escapan de mis labios con mi vida.</p>
<p>»Hasta furiosa, a mí que ya no existo,</p>
<p>la idea de los celos me importuna;</p>
<p>¡juradme que esos ojos que me han visto</p>
<p>nunca el rostro verán de otra ninguna!</p>
<p>»Y si aquella mujer de aquella historia</p>
<p>vuelve a formar de nuevo vuestro encanto,</p>
<p>aunque os ame, gemid en mi memoria;</p>
<p>¡yo os hubiera también amado tanto!…</p>
<p>»Mas tal vez allá arriba nos veremos,</p>
<p>después de esta existencia pasajera,</p>
<p>cuando los dos, como en le tren, lleguemos</p>
<p>de vuestra vida a la estación postrera.</p>
<p>»¡Ya me siento morir!… El cielo os guarde.</p>
<p>Cuidad, siempre que nazca o muera el día,</p>
<p>de mirar al lucero de la tarde,</p>
<p>esa estrella que siempre ha sido mía.</p>
<p>»Pues yo desde ella os estaré mirando;</p>
<p>y como el bien con la virtud se labra,</p>
<p>para verme mejor, yo haré, rezando,</p>
<p>que Dios de par en par el cielo os abra.</p>
<p>»¡Nunca olvidéis a esta infeliz amante</p>
<p>que os cita, cuando os deja, para el cielo!</p>
<p>¡Si es verdad que me amásteis un instante,</p>
<p>llorad, porque eso sirve de consuelo!…</p>
<p>»¡Oh Padre de las almas pecadoras!</p>
<p>¡Conceded el perdón al alma mía!</p>
<p>¡Amé mucho, Señor, y muchas horas;</p>
<p>mas sufrí por más tiempo todavía!</p>
<p>»¡Adiós, adiós! Como hablo delirando,</p>
<p>no sé decir lo que deciros quiero.</p>
<p>Yo sólo sé de mí que estoy llorando,</p>
<p>que sufro, que os amaba y que me muero.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Al ver de esta manera</p>
<p>trocado el curso de mi vida entera</p>
<p>en un sueño tan breve,</p>
<p>de pronto se quedó, de negro que era,</p>
<p>mi cabello más blanco que la nieve.</p>
<p>De dolor traspasado</p>
<p>por la más grande herida</p>
<p>que a un corazón jamás ha destrozado</p>
<p>en la inmensa batalla de la vida,</p>
<p>ahogado de tristeza,</p>
<p>a la anciana busqué desesperado;</p>
<p>mas fue esperanza vana,</p>
<p>pues, lo mismo que un ciego, deslumbrado,</p>
<p>ni pude ver la anciana,</p>
<p>ni respirar del aire la pureza,</p>
<p>por más que abrí cien veces la ventana</p>
<p>decidido a tirarme de cabeza.</p>
<p>Cuando, por fin, sintiéndome agobiado</p>
<p>de mi desdicha al peso</p>
<p>y encerrado en el coche maldecía</p>
<p>como si fuese en el infierno preso,</p>
<p>al año de venir, día por día,</p>
<p>con mi grande inquietud y poco seso,</p>
<p>sin alma y como inútil mercancía,</p>
<p>me volvió hasta París el tren expreso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Escribidme una carta, señor Cura…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>—Escribidme una carta, señor Cura.</p>
<p>—Ya sé para quién es.</p>
<p>—¿Sabéis quién es, porque una noche oscura</p>
<p>Nos visteis juntos? —Pues.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Perdonad; mas . . . —No extraño ese tropiezo.</p>
<p>La noche . . . la ocasión . . .</p>
<p>Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:</p>
<p>Mi querido Ramón:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Querido? . . . Pero, en fin, ya lo habéis puesto . . .</p>
<p>—Si no queréis . . . —¡Sí, sí!</p>
<p>—¡Qué triste estoy!  ¿No es eso? —Por supuesto</p>
<p>—¡Qué triste estoy sin ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una congoja, al empezar, me viene . . .</p>
<p>—¿Cómo sabéis mi mal?</p>
<p>—Para un viejo, una niña siempre tiene</p>
<p>El pecho de cristal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.</p>
<p>¿Y contigo? Un edén.</p>
<p>—Haced la letra clara, señor Cura;</p>
<p>Que lo entienda eso bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—El beso aquel que de marchar a punto</p>
<p>Te di . . .  —¿Cómo sabéis? . . .</p>
<p>—Cuando se va y se viene y se está junto</p>
<p>Siempre . . . nos os afrentéis . . .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si volver tu afecto no procura</p>
<p>Tanto me harás sufrir . . .</p>
<p>—¿Sufrir y nada más? No, señor Cura,</p>
<p>¡Que me voy a morir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo? . . .</p>
<p>—Pues, sí, señor, ¡morir!</p>
<p>—Yo no pongo morir. —¡Qué hombre de hielo!</p>
<p>¡Quién supiera escribir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>¡Señor Rector, señor Rector! en vano</p>
<p>Me queréis complacer,</p>
<p>Si no encarnan los signos de la mano</p>
<p>Todo el ser de mi ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escribidle, por Dios, que el alma mía</p>
<p>Ya en mí no quiere estar;</p>
<p>Que la pena no me ahoga cada día.</p>
<p>Porque puedo llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que mis labios, las rosas de su aliento,</p>
<p>No se saben abrir;</p>
<p>Que olvidan de la risa el movimiento</p>
<p>A fuerza de sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,</p>
<p>Cargados con mi afán,</p>
<p>Como no tienen quien se mire en ellos,</p>
<p>Cerrados siempre están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que es, de cuantos tormentos he sufrido,</p>
<p>La ausencia el más atroz;</p>
<p>Que es un perpetuo sueño de mi oído</p>
<p>El eco de su voz . . .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que siendo por su causa, el alma mía</p>
<p>¡Goza tanto en sufrir! . . .</p>
<p>Dios mío ¡cuántas cosas le diría</p>
<p>Si supiera escribir! . . .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Epílogo</p>
<p>—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:</p>
<p>A don Ramón . . .  En fin,</p>
<p>Que es inútil saber para esto arguyo</p>
<p>Ni el griego ni el latín.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Genio infeliz! En su postrer momento…</strong></h3>
<p>¡Genio infeliz! En su postrer momento</p>
<p>a su amiga la muerte le decía:</p>
<p>-Dame la nada, esa región vacía</p>
<p>en que no hay ni placer ni sufrimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde se halla la vida está el tormento.</p>
<p>Dame la paz en la nada -repetía-</p>
<p>y mata con el cuerpo el alma mía,</p>
<p>esta amarga <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-gertrudis-gomez-de-avellaneda/">raíz del pensamiento</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al oírle implorar de esta manera,</p>
<p>consolando al filósofo afligido,</p>
<p>la muerte le responde: -Espera, espera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que, en pago de lo bien que me has querido,</p>
<p>mañana te daré la muerte entera</p>
<p>y volverás al ser del que no ha sido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Háblame más… y más…, que tus acentos…</strong></h3>
<p>Háblame más… y más…, que tus acentos</p>
<p>me saquen de este abismo;</p>
<p>el día en que no salga de mí mismo,</p>
<p>se me van a comer los pensamientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A los quince años…</strong></h3>
<p><em>No te ocupes de cosas ajenas ni</em></p>
<p><em>te entremetas en las cosas de los mayores.</em></p>
<p><em>Kempis, lib. XI.I</em></p>
<ol>
<li><strong><em> A los quince años</em></strong></li>
</ol>
<p>Dos hablan dentro muy quedo;</p>
<p>Rosa, que a espiar comienza,</p>
<p>oye lo que le da miedo,</p>
<p>ve lo que le da vergüenza.</p>
<p>Pues ¿qué hará, que así la espanta,</p>
<p>su amiga, a quien cree una santa?</p>
<p>No sé qué le da sonrojo,</p>
<p>mas… debe ser algo grave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El corazón se le salta</p>
<p>cuando oye hablar, y después</p>
<p>mira…, mira… y casi falta</p>
<p>la tierra bajo sus pies.</p>
<p>¡Ay! Si ya a vuestra inocencia</p>
<p>no desfloró la experiencia,</p>
<p>no miréis por el anteojo</p>
<p>del rayo de luz que cabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde que a mirar empieza,</p>
<p>de un volcán la ebullición</p>
<p>sube a encender su cabeza,</p>
<p>va a inflamar su corazón.</p>
<p>Claro, el ser que piensa y siente</p>
<p>siempre, cual ella, en la frente</p>
<p>tendrá del pudor el rojo</p>
<p>cuando de mirar acabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aquel anteojo a merced</p>
<p>mira más…, y más… y más…</p>
<p>y luego siente esa sed</p>
<p>que no se apaga jamás.</p>
<p>Mas ¿qué ve tras de la puerta</p>
<p>que tanto su sed despierta?</p>
<p>¿Qué? Que, a pesar del cerrojo,</p>
<p>ve de la vida la clave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haciendo al peligro cara,</p>
<p>ve caer su ingenuidad</p>
<p>la barrera que separa</p>
<p>la ilusión de la verdad.</p>
<p>Pero ¿qué ha visto, señor?</p>
<p>Yo sólo diré al lector</p>
<p>que no hallará más que enojo</p>
<p>todo el que la vista clave</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguen sus ojos mirando</p>
<p>que habla un hombre a una mujer,</p>
<p>y van su cuerpo inundando</p>
<p>oleadas de placer.</p>
<p>Su amiga, de gracia llena,</p>
<p>¿no es muy buena? ¡Ah!, ¡sí, muy buena!…</p>
<p>Pero ¿hay alguien cuyo arrojo</p>
<p>de ser mirado se alabe</p>
<p>por el ojo,</p>
<p>por el ojo de la llave?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>A los treinta años</em></strong></p>
<p>Mas, quince años después, Rosa ya sabe</p>
<p>con ciencia harto precoz</p>
<p>que el mirar por el ojo de la llave</p>
<p>es un crimen atroz.</p>
<p>Una noche de abril, a un hombre espera:</p>
<p>la humedad y el calor</p>
<p>siempre son en la ardiente primavera</p>
<p>cómplices del amor.</p>
<p>Húmeda noche tras caliente día…</p>
<p>Rosa aguarda febril.</p>
<p>¡Cuánta virtud sobre la tierra habría</p>
<p>si no fuera el abril!</p>
<p>Y como ella ya sabe lo que sabe,</p>
<p>después que el hombre entró,</p>
<p>de hacia el frente del ojo de la llave</p>
<p>cual de un espectro huyó.</p>
<p>y cuando al lado de él, junto a él sentada,</p>
<p>en mudo frenesí</p>
<p>se hablan ambos de amor sin decir nada,</p>
<p>Rosa prorrumpe así:</p>
<p>«¿El ojo de la llave está cerrado?</p>
<p>¡Ay, hija de mi amor!</p>
<p>Si ella mirase, como yo he mirado…</p>
<p>Voy a cerrar mejor.»</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2172 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/campoamor1-300x173.png" alt="Poemas de Ramón de Campoamor" width="770" height="444" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/campoamor1-300x173.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/campoamor1-768x442.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/campoamor1.png 941w" sizes="auto, (max-width: 770px) 100vw, 770px" /></p>
<h3><strong>Inspiración nocturna</strong></h3>
<p>Por el éter resbala melancólica</p>
<p>la luna, y en mi frente se refleja;</p>
<p>a su brillo argentado se asemeja</p>
<p>el color de mi faz.</p>
<p>De la brisa nocturna el ala rápida</p>
<p>sutil bate mi rubia cabellera,</p>
<p>como las hojas de gentil palmera,</p>
<p>balancea fugaz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oscuridad, silencio, aspecto tétrico</p>
<p>muestra la noche tácita al ser mío,</p>
<p>sólo me afecta de un lejano río</p>
<p>el parlero rumor;</p>
<p>Que, llevado en las alas de aire trémulo,</p>
<p>se parece, en su plácido murmullo,</p>
<p>al compasado y pavoroso arrullo</p>
<p>del eterno sopor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual volubles vapores, sombras fáciles</p>
<p>antepuestos al sol ocasionaran,</p>
<p>e invisibles, aéreos, se espaciaran</p>
<p>entre la claridad;</p>
<p>Así veo cruzar seres fantásticos</p>
<p>de la luna a los pálidos reflejos,</p>
<p>y vagando se pierden allá lejos</p>
<p>entre la oscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De vibrátil campana al son profético</p>
<p>exánime ha zumbado en mis oídos</p>
<p>y débiles temblaron mis sentidos</p>
<p>a su fúnebre son.</p>
<p>¡Y pocos mostrarán sus ojos húmedos</p>
<p>a ese sonido que en el viento espira</p>
<p>pues su divina voz no les inspira</p>
<p>Santa meditación!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos duermen, menos yo,</p>
<p>todo en el mundo reposa,</p>
<p>la campana enmudeció</p>
<p>el aura sobre la rosa</p>
<p>tranquila se adormeció.</p>
<p>Sordo el río susurrando</p>
<p>me acompaña solamente,</p>
<p>y con su murmullo blando</p>
<p>me hace acordar inocente</p>
<p>que el tiempo se va pasando.</p>
<p>Pero vano mi pensar</p>
<p>se pierde allá con su ruido</p>
<p>los dos iremos a dar</p>
<p>yo al seno del eterno olvido</p>
<p>y él al seno de la mar.</p>
<p>Pues, con sonoros despeños,</p>
<p>va rodando su cristal</p>
<p>por entre prados risueños,</p>
<p>cual la vida del mortal</p>
<p>que se desliza entre sueños.</p>
<p>Están plácidos olores</p>
<p>el viento aromatizando,</p>
<p>los condensados vapores</p>
<p>se posan, perlas formando,</p>
<p>en el cáliz de las flores.</p>
<p>El claro río que abruma,</p>
<p>con sus aguas transparentes,</p>
<p>la yerba que le perfuma,</p>
<p>la matiza con bullentes</p>
<p>globos de nevada espuma.</p>
<p>Y como ancho se dilata,</p>
<p>todo el estrellado coro</p>
<p>en su cristal se retrata…</p>
<p>parecen lágrimas de oro</p>
<p>embutidas sobre plata.</p>
<p>Mas ya la aurora cercana</p>
<p>asoma su frente hermosa</p>
<p>entre celajes de grana,</p>
<p>y traza sendas de rosa</p>
<p>del sol a la luz temprana.</p>
<p>Despiértase el aura leve</p>
<p>al brillar sus lumbres rojas,</p>
<p>y a su movimiento breve</p>
<p>tiemblan las húmedas hojas</p>
<p>del árbol que ondeante mueve.</p>
<p>La flor su botón rompió,</p>
<p>y al sol que nuevo amanece</p>
<p>y que la vivificó,</p>
<p>en holocausto le ofrece</p>
<p>las perlas que recogió.</p>
<p>Todo vuelve a florecer,</p>
<p>todo al ver el sol se aviva,</p>
<p>mas la noche ha de volver…</p>
<p>y en aquesta alternativa</p>
<p>todo camina al no ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La duda</strong></h3>
<p>Tanto quiero creer, que no te creo,</p>
<p>dicha y tormento de la vida mía,</p>
<p>veo tu amor tan claro como el día,</p>
<p>mas lo anubla una cosa que no veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuando mis dudas en tu frente leo,</p>
<p>a poderte matar, te mataría!…</p>
<p>¡Oh, cuán desesperada es mi alegría,</p>
<p>que lo que adoro aborrecer deseo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Santa virtud, consolador olvido,</p>
<p>dadme el candor de ver, como hombre honrado,</p>
<p>que soy con honradez correspondido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quítame, Amor, la duda que me has dado,</p>
<p>pues más que no creer siendo querido,</p>
<p>quisiera tener fe siendo engañado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La niña y la mariposa</strong></h3>
<p>Va una mariposa bella</p>
<p>volando de rosa en rosa,</p>
<p>y de una en otra afanosa</p>
<p>corre una niña tras ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su curso, alegre y festiva,</p>
<p>sigue con pueril afán,</p>
<p>y con airoso ademán</p>
<p>la mariposa se esquiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces con loco intento</p>
<p>quiere hacer presa en sus galas,</p>
<p>y, en vez de tocar sus alas,</p>
<p>toca las alas del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y su empeño duplicando,</p>
<p>cuanto más corre afanosa,</p>
<p>más leda la mariposa</p>
<p>va su inocencia burlando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ciñe en rápido giro,</p>
<p>y al ir a cogerla esbelta,</p>
<p>por cada vez que se suelta,</p>
<p>suelta la niña un suspiro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, sin ceder en su anhelo,</p>
<p>presta una, y la otra ligera,</p>
<p>ni una acorta su carrera,</p>
<p>ni la otra amaina su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vagan embebecidas,</p>
<p>sin sentir indiferentes</p>
<p>ni el son de las claras fuentes,</p>
<p>ni el de las auras perdidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni los pájaros que espantan,</p>
<p>entre las ramas divisan,</p>
<p>ni ven las flores que pisan,</p>
<p>ni oven las aves que cantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras estas cantando</p>
<p>siguen con plácido estruendo,</p>
<p>la niña sigue corriendo,</p>
<p>la mariposa volando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>– Amaina el vuelo sereno,</p>
<p>mariposa,</p>
<p>de quien es albergue el seno</p>
<p>de la rosa.</p>
<p>¿Por qué en tal dulce ocasión</p>
<p>vas sin tino</p>
<p>huyendo así la prisión</p>
<p>de lazo tan peregrino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina de las blandas flores,</p>
<p>sus enojos</p>
<p>no temas, ni los ardores</p>
<p>de sus ojos,</p>
<p>porque ese puro arrebol</p>
<p>que enamora,</p>
<p>si es luciente como el sol,</p>
<p>es tierno como la aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre mil palmas no hay talle</p>
<p>más galano,</p>
<p>ni azucena en todo el valle</p>
<p>cual su mano.</p>
<p>No oirás de su voz divina</p>
<p>la dulzura,</p>
<p>ni en el ruiseñor que trina,</p>
<p>ni en el raudal que murmura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aprende el aura a ser leve</p>
<p>de su planta,</p>
<p>y, para formar con nieve</p>
<p>su garganta,</p>
<p>le dio el cisne el atavío</p>
<p>de su pluma,</p>
<p>lumbre la aurora, y el río</p>
<p>su plata, cristal y espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>– No sigas más la inconstante</p>
<p>mariposa,</p>
<p>enamorada y errante</p>
<p>niña hermosa,</p>
<p>que al fin vendrá a ser cautiva</p>
<p>de tu llama,</p>
<p>si aun amorosa, aunque esquiva,</p>
<p>la luz de los cielos ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque aspira de mil flores</p>
<p>la fragancia,</p>
<p>no imites en tus amores</p>
<p>su inconstancia;</p>
<p>que al fin de tanto vagar,</p>
<p>suele, hermosa,</p>
<p>entre las flores hallar</p>
<p>la yerba más venenosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imita sólo su vuelo,</p>
<p>pues serena,</p>
<p>jamás, niña, toca el ciclo,</p>
<p>ni la arena</p>
<p>Quien se humilla o sin razón</p>
<p>subir quiere,</p>
<p>muere a manos de un halcón,</p>
<p>si a las de un áspid no muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! que vas en pos de ella</p>
<p>vagarosa,</p>
<p>sin escuchar mi querella,</p>
<p>niña hermosa.</p>
<p>Sigues con presteza tanta</p>
<p>tu contento,</p>
<p>que así encomiendas tu planta,</p>
<p>como mi súplica, al viento.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tan inocente afán,</p>
<p>como su gusto entretienen,</p>
<p>así vagabundas vienen,</p>
<p>y así vagabundas van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces en su embeleso</p>
<p>la mariposa, al pasar,</p>
<p>suele fugaz estampar</p>
<p>sobre su mejilla un beso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y rauda su vuelo alzando,</p>
<p>la niña de ángel blasona,</p>
<p>al trazar una corona</p>
<p>sobre su frente girando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y siguen acordemente</p>
<p>la mariposa en sus giros,</p>
<p>la niña con sus suspiros,</p>
<p>con sus rumores la fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagan los aires suaves</p>
<p>formando dobles acentos,</p>
<p>y al grato son de los vientos,</p>
<p>siguen cantando las aves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre tanta melodía,</p>
<p>tanta corriente murmura,</p>
<p>que es todo el aire frescura,</p>
<p>aroma, luz y armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y susurrando congojas,</p>
<p>prosiguen mintiendo quejas,</p>
<p>en el pensil las abejas,</p>
<p>y en la enramada las hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tiernas flores hollando,</p>
<p>y frescas auras batiendo,</p>
<p>la niña sigue corriendo,</p>
<p>la mariposa volando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La rueda del amor</strong></h3>
<p>Aquellas niñas hermosas</p>
<p>que en suma beldad conformes,</p>
<p>teniendo la tez cual nieve,</p>
<p>tengan los ojos cual soles,</p>
<p>y el alma sintiendo, tiernas,</p>
<p>herida de mal de amores,</p>
<p>tanto les falte de esquivas,</p>
<p>cuanto de bellas les sobre,</p>
<p>salgan al campo conmigo</p>
<p>ricas de gracias, adonde</p>
<p>favor al mayo risueño</p>
<p>las brinden, con gracias dobles,</p>
<p>corrientes aguas los valles,</p>
<p>frescos doseles los bosques,</p>
<p>con su verdura los campos</p>
<p>y con su esencia las flores.</p>
<p>Oiréis sonar encontrados,</p>
<p>y aunque encontrados, acordes,</p>
<p>los enamorados trinos</p>
<p>de músicos ruiseñores,</p>
<p>cuando en sentidos acentos</p>
<p>mustias las tórtolas lloren,</p>
<p>dando en su vuelo a los aires</p>
<p>matices, plumas y sones.</p>
<p>Venid, y hagamos la rueda</p>
<p>llamada de los amores</p>
<p>(que al aprenderla de niño,</p>
<p>nola olvidé desde entonces).</p>
<p>las ricas flores hollando,</p>
<p>y el aire hendiendo veloces,</p>
<p>el aire con los cabellos,</p>
<p>y con las plantas las flores.</p>
<p>Las blancas manos asiendo,</p>
<p>y tan blancas, que las cortes</p>
<p>nunca tan nítidas manos</p>
<p>dan a sus reyes en dote,</p>
<p>en torno agitad festivas</p>
<p>los aires murmuradores;</p>
<p>que yo vendaré mis ojos,</p>
<p>haciendo del día noche.</p>
<p>Volad, palomas; que osado</p>
<p>yo espantaré los halcones,</p>
<p>si alguna vez para heriros</p>
<p>muestran sus garras feroces.</p>
<p>Volad, que a la que esta rama,</p>
<p>pasando furtiva, toque,</p>
<p>con la venda de mis ojos</p>
<p>habrá de nublar sus soles.</p>
<p>-¡Oh, que triste es nuestros ojos</p>
<p>cubrir de sombras informes,</p>
<p>y no sentir de los vuestros</p>
<p>los penetrantes arpones,</p>
<p>ni ver con ansias mortales</p>
<p>de vuestra faz los colores,</p>
<p>ni sobre el aura, al tenderlos,</p>
<p>de vuestro talles los cortes!</p>
<p>Niñas, corred; que aún no escucho</p>
<p>con plácidas emociones</p>
<p>de vuestras ropas flotantes</p>
<p>los sutilísimos roces;</p>
<p>y aunque me pesa en el alma,</p>
<p>no siento los corazones</p>
<p>que muellemente se agitan</p>
<p>bajo esos pechos de bronce.</p>
<p>Volad, palomas; que osado</p>
<p>yo espantaré los halcones,</p>
<p>si alguna vez para heriros</p>
<p>muestran sus garras feroces.</p>
<p>Volad, que a la que esta rama!</p>
<p>pasando furtiva, toque,</p>
<p>con la venda de mis ojos</p>
<p>tendrá que nublar sus soles.</p>
<p>Mas ¿cómo sin dar amante</p>
<p>a vuestro enojo ocasiones,</p>
<p>huís, dejándome solo,</p>
<p>sin advertirme por dónde,</p>
<p>tal que siquiera dejasteis,</p>
<p>pasando como ilusiones,</p>
<p>ni removida la arena,</p>
<p>ni destroncadas las flores?</p>
<p>Sin duda en mágico vuelo,</p>
<p>como celestes visiones,</p>
<p>entre la grama y los aires</p>
<p>os deslizasteis veloces,</p>
<p>huyendo mi fe constante,</p>
<p>pues vuestros pechos traidores</p>
<p>tienen el aire por guía,</p>
<p>y la inconstancia por norte.</p>
<p>¡Una y mil veces mal haya</p>
<p>quien de vuestras invenciones</p>
<p>amante se fía, y de ellas</p>
<p>la falsedad no conoce!</p>
<p>Y más que en tanto a la sombra</p>
<p>de esos altísimos robles</p>
<p>maldiga yo vuestro agrado,</p>
<p>y mis desagrados llore;</p>
<p>vosotras entretenidas</p>
<p>mirad las aguas que corren;</p>
<p>que bien está vuestra fe</p>
<p>con su inconstancia conforme,</p>
<p>pues no hay onda que no agiten</p>
<p>a cualquier viento que sople,</p>
<p>ni conchas que no remuevan</p>
<p>ni árbol ni flor que no mojen,</p>
<p>ni campos que no dibujen,</p>
<p>ni imágenes que no borren,</p>
<p>ni risas que no deshagan,</p>
<p>ni círculos que no formen.</p>
<p>Mas luégo que el sol sus rayos</p>
<p>extienda en el horizonte,</p>
<p>haciendo en las nubes iris</p>
<p>tocando el mar de colores;</p>
<p>y luégo que en regia pompa</p>
<p>parezcan a sus fulgores;</p>
<p>y mares de sombra los valles,</p>
<p>y mares de luz los montes,</p>
<p>vendréis a buscar frescura</p>
<p>cuando el calor os agobie,</p>
<p>y me tendréis que encontrar,</p>
<p>aunque no queráis entonces,</p>
<p>y yo a la sombra tendido</p>
<p>de estos altísimos robles,</p>
<p>no os he de dejar el puesto,</p>
<p>por más que tierno os adore,</p>
<p>ni miraré enamorado</p>
<p>de vuestra faz los colores,</p>
<p>ni sobre el aura, al tenderlos,</p>
<p>de vuestros talles los cortes;</p>
<p>y no vendaré mis ojos,</p>
<p>más que en no hacerlo os enoje,</p>
<p>y hasta ahogaré mis suspiros,</p>
<p>aunque con ellos me ahogue.</p>
<p>Haré todo esto digo,</p>
<p>y más que veréis entonces,</p>
<p>y a fe de amante lo juro</p>
<p>por esas aguas que corren.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La vida humana</strong></h3>
<p>Velas de amor en golfos de ternura</p>
<p>suelta mi pobre corazón al viento,</p>
<p>y encuentra, en lo que alcanza, su tormento,</p>
<p>y espera, en lo que no halla, su ventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viviendo en esta humana sepultura,</p>
<p>engañar el pesar es mi contento,</p>
<p>y este cilicio atroz del pensamiento</p>
<p>no halla un linde entre el genio y la locura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! en la vida ruin que al loco embarga,</p>
<p>y que al cuerdo infeliz de horror consterna,</p>
<p>dulce en el nombre, en realidad amarga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo el dolor con el dolor alterna,</p>
<p>y si al contarla a días es muy larga,</p>
<p>midiéndola por horas es eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La virtud del egoísmo</strong></h3>
<p>Si anoche no estuve, Flora,</p>
<p>a adorar tu talle hermoso,</p>
<p>es porque soy virtuoso</p>
<p>y me da sueño a deshora.</p>
<p>¡Pecadora!</p>
<p>Ya le contaré a tu madre</p>
<p>que, porque amo mi quietud</p>
<p>y salud,</p>
<p>dijiste hoy a mi compadre:</p>
<p>«¡Qué egoísta es la virtud!»</p>
<p>¿Cómo he de ir con fe no escasa</p>
<p>a ver tus ojos serenos,</p>
<p>si hay cien pasos por lo menos</p>
<p>desde mi casa a tu casa?</p>
<p>Y, ¿qué pasa</p>
<p>al hallarnos frente a frente?…</p>
<p>¿Qué?…tú mientes sin guarismo;</p>
<p>yo lo mismo.</p>
<p>El no ir, por consiguiente,</p>
<p>¿es virtud o egoísmo?</p>
<p>Verbi gratia, el otro día,</p>
<p>al verte de mi amor harta,</p>
<p>puse un bostezo de a cuarta</p>
<p>entre un «paloma» y un «mía» .</p>
<p>Es falsía</p>
<p>la de bostezar amando;</p>
<p>mas si hoy, con más pulcritud</p>
<p>y quietud,</p>
<p>no he ido a amar bostezando,</p>
<p>¿fue egoísmo o fue virtud?</p>
<p>Desde hoy no vuelvo a tu edén</p>
<p>a tomar, Flora, el sereno:</p>
<p>si es por egoísmo, bueno;</p>
<p>y si es por virtud también.</p>
<p>Sí, mi bien:</p>
<p>esto haré por mi salud,</p>
<p>aunque diga tu cinismo</p>
<p>que es lo mismo</p>
<p>la gloria de la virtud</p>
<p>que el triunfo del egoísmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las hijas</strong></h3>
<p>Las hijas de las madres que amé tanto</p>
<p>me besan ya como se besa a un santo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Lo que hace el tiempo</strong></h3>
<p><em>A Blanca Rosa de Osma</em></p>
<p>Con mis coplas, Blanca Rosa,</p>
<p>Tal vez te cause cuidados</p>
<p>Por cantar</p>
<p>Con la voz ya temblorosa,</p>
<p>Y los ojos ya cansados</p>
<p>De llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy para ti solo hay glorias,</p>
<p>Y danzas y flores bellas;</p>
<p>Mas después,</p>
<p>Se alzarán tristes memorias,</p>
<p>Hasta de las mismas huellas</p>
<p>De tus pies.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tus fiestas seductoras</p>
<p>¿No oyes del alma en lo interno</p>
<p>Un rumor,</p>
<p>Que lúgubre a todas horas,</p>
<p>Nos dice que no es eterno</p>
<p>Nuestro amor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto a creer se resiste</p>
<p>Una verdad tan odiosa</p>
<p>Tu bondad!</p>
<p>¡Y esto fuera menos triste</p>
<p>Si no fuera, Blanca Rosa,</p>
<p>Tan verdad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te aseguro, como amigo,</p>
<p>Que es muy raro, y no te extrañe,</p>
<p>Amar bien.</p>
<p>Siento decir lo que digo;</p>
<p>Pero ¿quieres que te engañe</p>
<p>Yo también?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa un viento arrebatado,</p>
<p>Viene amor, y a dos en uno</p>
<p>Funde Dios;</p>
<p>Sopla el desamor helado,</p>
<p>Y vuelve a hacer, importuno,</p>
<p>De uno, dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que amor, de egoísmo lleno,</p>
<p>A su gusto se acomoda</p>
<p>Bien y mal;</p>
<p>En él hasta herir es bueno,</p>
<p>Se ama o no se ama, ésta es toda</p>
<p>Su moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡qué bien cumple el amante,</p>
<p>Cuando aun tiene la inocencia,</p>
<p>Su deber!</p>
<p>Y ¡cómo, más adelante,</p>
<p>Aviene con su conciencia</p>
<p>Su placer!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y es culpable el que, sediento,</p>
<p>Buscando va en nuevos lazos</p>
<p>Otro amor?</p>
<p>¡Sí! culpable como el viento</p>
<p>Que, al pasar, hace pedazos</p>
<p>Una flor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que es abominable</p>
<p>Que el corazón vagabundo</p>
<p>Mude así,</p>
<p>Sin ser por ello culpable,</p>
<p>Porque esto pasa en el mundo</p>
<p>Porque sí?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se ama una vez sin medida,</p>
<p>Y aun se vuelve a amar sin tino</p>
<p>Más de dos.</p>
<p>¡Cuán versátil es la vida!</p>
<p>¡Cuán vano es nuestro destino,</p>
<p>Santo Dios!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>É1 lleve tu labio ayuno</p>
<p>A algún manantial querido</p>
<p>De placer,</p>
<p>Donde dichosa, ninguno</p>
<p>Te enserie nunca el olvido</p>
<p>Del deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre el destino constante</p>
<p>Nos da cual vil usurero</p>
<p>Su favor:</p>
<p>Da amor primero y no amante;</p>
<p>Después mucho amante, pero</p>
<p>Poco amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tranquila a veces reposa,</p>
<p>Y otras se marcha volando</p>
<p>Nuestra fe.</p>
<p>Y esto pasa, Blanca Rosa,</p>
<p>Sin saber cómo, ni cuándo,</p>
<p>Ni por qué.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca es estable el deseo,</p>
<p>Ni he visto jamás terneza</p>
<p>Siempre igual.</p>
<p>Y ¿a qué negarlo? No creo</p>
<p>Ni del bien en la fijeza,</p>
<p>Ni del mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este ir y venir sin tasa,</p>
<p>Y este moverse impaciente,</p>
<p>Pasa así,</p>
<p>Porque así ha pasado y pasa,</p>
<p>Porque sí, y ¡ay! solamente</p>
<p>Porque sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán inútil es que huyamos</p>
<p>De los fáciles amores</p>
<p>Con horror,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cuanto más las pisamos,</p>
<p>Más nos embriagan las flores</p>
<p>Con su olor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo sin duda envía</p>
<p>La lucha a la tormentosa</p>
<p>Juventud;</p>
<p>Pues ¿qué mérito tendría</p>
<p>Sin esfuerzos, Blanca Rosa,</p>
<p>La virtud?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! un alma inteligente,</p>
<p>Siempre en nuestra alma divisa</p>
<p>Una flor.</p>
<p>Que se abre infaliblemente</p>
<p>Al soplo de alguna brisa</p>
<p>De otro amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas dirás: —¿Y en qué consiste</p>
<p>Que todo a mudar convida?—</p>
<p>¡Ay de mí!</p>
<p>En que la vida es muy triste . . .</p>
<p>Pero aunque triste, la vida</p>
<p>Es así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si no es amor el vaso</p>
<p>Donde el sobrante se vierte</p>
<p>Del dolor,</p>
<p>Pregunto yo: —¿Es digno acaso</p>
<p>De ocuparnos vida y muerte</p>
<p>Tal amor?—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca sepas, Blanca Rosa,</p>
<p>Que es la dicha una locura,</p>
<p>Cual yo sé;</p>
<p>Si quieres ser venturosa,</p>
<p>Ten mucha fe en la ventura,</p>
<p>Mucha fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si eres feliz algún día,</p>
<p>¡Guay, que el recuerdo tirano</p>
<p>De otro amor</p>
<p>No se filtre en tu alegría,</p>
<p>Cual se desliza un gusano</p>
<p>Roedor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres de las almas buenas,</p>
<p>Cuyos honrados amores</p>
<p>Siempre son</p>
<p>Los que bendicen sus penas,</p>
<p>Penas que se abren en flores</p>
<p>De pasión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con tus visiones hermosas,</p>
<p>Nunca de tu alma el abismo</p>
<p>Llenarás,</p>
<p>Pues la fuerza de las cosas</p>
<p>Puede más que Hércules mismo,</p>
<p>¡Mucho más! . . .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si huye una vez la ventura,</p>
<p>Nadie después ve las flores</p>
<p>Renacer</p>
<p>Que cubren la sepultura</p>
<p>De los recuerdos traidores</p>
<p>Del ayer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién es el responsable</p>
<p>De hacer tragar sin medida</p>
<p>Tanta hiel?</p>
<p>¡La vida! ¡ésa es la culpable!</p>
<p>La vida, sólo es la vida</p>
<p>Nuestra infiel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida, que desalada,</p>
<p>De un vértigo del infierno</p>
<p>Corre en pos:</p>
<p>Ella corre hacia la nada;</p>
<p>¿Quieres ir hacia lo eterno?</p>
<p>Ve hacia Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! corre hacia Dios, y Él haga</p>
<p>Que tengas siempre una vieja</p>
<p>Juventud.</p>
<p>La tumba todo lo traga;</p>
<p>Solo de tragarse deja</p>
<p>La virtud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los celos</strong></h3>
<p>Ya a traición, ya a traición en el costado</p>
<p>me hiciste, infame, la mortal herida,</p>
<p>y subo este calvario de la vida</p>
<p>el corazón de espinas coronado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombre maldito a un tiempo y nombre amado</p>
<p>¡quién pudiera no amarte maldecida!</p>
<p>¡Dichoso aquel que indiferente olvida,</p>
<p>y puede perdonar y es perdonado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vil homicida del amor más tierno,</p>
<p>que lleves quiera Dios siempre contigo</p>
<p>después de un grande amor, un odio eterno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mueras inconfesa, y por castigo,</p>
<p>odiándome y odiada, en el infierno</p>
<p>adonde iré por ti, vivas conmigo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los dos miedos</strong></h3>
<p>I</p>
<p>Al comenzar la noche de aquel día,</p>
<p>ella, lejos de mí,</p>
<p>«¿Por qué te acercas tanto? -me decía-,</p>
<p>¡Tengo miedo de ti!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Y, después que la noche hubo pasado,</p>
<p>dijo, cerca de mí:</p>
<p>«¿Por qué te alejas tanto de mi lado?</p>
<p>¡Tengo miedo sin ti!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los egoístas</strong></h3>
<p>Por no amenguar sus brillos celestiales,</p>
<p>los lanza el alto y los rechaza el bajo,</p>
<p>porque achican su horror huéspedes tales.</p>
<p>Canto III del Infierno. -Traducción</p>
<p>del Marqués de la Pezuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vegeta sin sufrir, vive en mal hora,</p>
<p>amigo infiel y cómodo enemigo,</p>
<p>que, egoísta, jamás llevas contigo</p>
<p>la pena del tormento que se adora.</p>
<p>De premio indigna tu virtud traidora,</p>
<p>ni dignas son tus faltas de castigo;</p>
<p>y no hallas en la tierra un solo amigo</p>
<p>a quien decir ¿qué tienes? cuando llora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos, los que ajenos de placer y duelo,</p>
<p>vais dando, sin amar ni ser amados,</p>
<p>abrazos sin calor, besos de hielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Moriréis sin virtud y sin pecados,</p>
<p>y siendo despreciables para el cielo,</p>
<p>seréis en el infierno despreciados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los hijos y los padres</strong></h3>
<p><em>A mi sabio amigo don Antonio María Segovia</em></p>
<p>Ni arrastrada un pastor llevar podía</p>
<p>a una cabra infeliz que oía amante</p>
<p>balar detrás al hijo, que, inconstante,</p>
<p>marchar junto a la madre no quería.</p>
<p>-¡Necio! -al pastor un sabio le decía,-</p>
<p>al que llevas detrás, ponle delante;</p>
<p>échate el hijo al hombro, y al instante</p>
<p>la madre verás ir tras de la cría.-</p>
<p>Tal consejo el pastor creyó sencillo,</p>
<p>cogió la cría y se marchó corriendo</p>
<p>llevando al animal sobre él, hatillo.</p>
<p>La cabra sin ramal los fue siguiendo,</p>
<p>más siguiendo tan cerca al cabritillo,</p>
<p>que los pies por detrás le iba lamiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong> Los padres y los hijos</strong></h3>
<p>Un enjambre de pájaros metidos</p>
<p>en jaula de metal guardo un cabrero,</p>
<p>y a cuidarlos voló desde el otero</p>
<p>la pareja de padres afligidos.</p>
<p>-Si aquí, dijo el pastor, vienen unidos</p>
<p>sus hijos a cuidar con tanto esmero,</p>
<p>ver como cuidan a los padres quiero</p>
<p>los hijos por amor y agradecidos.-</p>
<p>Deja entre redes la pareja envuelta,</p>
<p>la puerta abre el pastor del duro alambre,</p>
<p>cierra a los padres y a los hijos suelta.</p>
<p>Huyó de los hijuelos el enjambre,</p>
<p>y como en vano se esperó su vuelta,</p>
<p>mató a los padres el dolor y el hambre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los progresos del amor</strong></h3>
<p>Así un esposo le escribió a su esposa:</p>
<p>«O vienes o me voy. ¡Te amo de modo</p>
<p>que es imposible que yo viva, hermosa,</p>
<p>un mes lejos de ti!</p>
<p>¡Mi amor es tan profundo, tan profundo,</p>
<p>que te prefiero a todo, a todo!…»</p>
<p>Y ella exclamó:  «¡No hay nada en este mundo</p>
<p>que él quiera como a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas pasan unos meses, y la escribe:</p>
<p>«¡Qué hermoso debe estar nuestro hijo amado!</p>
<p>¡Sólo él, él sólo en mis entrañas vive!</p>
<p>Piensa en él más que en ti,</p>
<p>su cuna se pondrá junto a mi cama.</p>
<p>No hay cielo para mí más que a su lado.»</p>
<p>Y ella prorrumpe:  «¡Es que, el ingrato, ya ama</p>
<p>al hijo más que a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después de algunos años le escribía:</p>
<p>«Espérame. Ya sabes lo que quiero:</p>
<p>mucho orden, mucha paz y economía.</p>
<p>¿Estás? Yo soy así.</p>
<p>Cierra el coche: me espanta el reumatismo;</p>
<p>avísale que voy al cocinero.»</p>
<p>Y ella pensó:  «¡Se quiere ya a sí mismo</p>
<p>más que al hijo y a mí!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Más dulces habéis de ser…</strong></h3>
<p>Más dulces habéis de ser,</p>
<p>si me volvéis a mirar,</p>
<p>porque es malicia, a mi ver,</p>
<p>siendo fuente de placer,</p>
<p>causarme tanto pesar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De seso me tiene ajeno</p>
<p>el que en suerte tan crüel</p>
<p>sea ese mirar sereno</p>
<p>sólo para mí veneno,</p>
<p>siendo para otros miel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si crüeles os mostráis,</p>
<p>porque no queréis que os quiera,</p>
<p>fieros por demás estáis,</p>
<p>pues si amándoos, me matáis,</p>
<p>si no os amara, muriera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si amando os puedo ofender,</p>
<p>venganza podéis tomar,</p>
<p>porque es fuerza os haga ver</p>
<p>que o no os dejo de querer,</p>
<p>o me acabáis de matar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si es la venganza medida</p>
<p>por mi amor, a tal rigor</p>
<p>el alma siento rendida,</p>
<p>porque es muy poco una vida</p>
<p>para vengar tanto amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque con él igualdad</p>
<p>guardar ningún otro puede;</p>
<p>es tanta su intensidad,</p>
<p>que pienso ¡ay de mí! que excede</p>
<p>vuestra misma crüeldad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Son, por Dios, crudos azares</p>
<p>que me den vuestros desdenes</p>
<p>ciento a ciento los pesares,</p>
<p>pudiendo darme a millares,</p>
<p>sin los pesares, los bienes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me es doblado tormento</p>
<p>y el dolor más importuno,</p>
<p>el ver que mostráis contento</p>
<p>en ser crudos para uno,</p>
<p>siendo blandos para ciento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es injusto por demás</p>
<p>que tengáis, ojos serenos,</p>
<p>a los que, de amor ajenos,</p>
<p>os aman menos, en mas,</p>
<p>y a mí que amo más, en menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es, a la par que mortal,</p>
<p>vuestro lánguido desdén</p>
<p>¡tan dulce… tan celestial!…</p>
<p>que siempre reviste el mal</p>
<p>con las lisonjas del bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, si vuestra luz querida</p>
<p>para alivio de mi suerte</p>
<p>fuese mi bella homicida!</p>
<p>¡Quién no cambiara su vida</p>
<p>por tan dulcísima muerte!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sólo de angustias lleno,</p>
<p>me es más que todo crüel,</p>
<p>el que ese mirar sereno,</p>
<p>sea para mí veneno,</p>
<p>siendo para todos miel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Murió por ti</strong></h3>
<p>Murió por ti; su entierro al otro día</p>
<p>pasar desde el balcón juntos miramos,</p>
<p>y, espantados tal vez de tu falsía,</p>
<p>en tu alcoba los dos nos refugiamos.</p>
<p>Cerrabas con terror los ojos bellos;</p>
<p>el requiescat se oía. Al verte triste,</p>
<p>yo la trenza besé de tus cabellos,</p>
<p>y–¡Traición! ¡Sacrilegio!—me dijiste.</p>
<p>Seguía el de profundis, y gemimos…</p>
<p>El muerto y el terror fueron pasando…</p>
<p>y al ver luego la luz cuando salimos,</p>
<p>–¡Que vergüenza!—exclamaste suspirando.</p>
<p>Decías la verdad. ¡Aquel entierro!…</p>
<p>¡El beso aquel sobre la negra trenza!…</p>
<p>¡Después la oscuridad de aquel encierro!…</p>
<p>¡Sacrilegio! ¡Traición! ¡Miedo! ¡Vergüenza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Para formar tan hermosa…</strong></h3>
<p>Para formar tan hermosa</p>
<p>esa boca angelical,</p>
<p>hubo competencia igual</p>
<p>entre el clavel y la rosa,</p>
<p>la púrpura y el coral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mintiendo sombras del bien,</p>
<p>en ella el mal se divisa,</p>
<p>por lo que juntos se ven</p>
<p>ya la apacible sonrisa,</p>
<p>ya el enojoso desdén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en los senos abrasados</p>
<p>engendra con doble holganza,</p>
<p>o con tormentos doblados,</p>
<p>cada risa una esperanza,</p>
<p>cada desdén mil cuidados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual las conchas orientales</p>
<p>en tu boca, y por vencerlas</p>
<p>muestra en riquezas iguales,</p>
<p>cuando desdeña, corales,</p>
<p>y cuando sonríe, perlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si con sombras de bien</p>
<p>tal vez el mal se divisa,</p>
<p>es porque en ella se ven</p>
<p>guardar la miel de su risa</p>
<p>las flechas de su desdén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si a mí su rigor alcanza,</p>
<p>al ver su hermosura, siente</p>
<p>el corazón doble holganza;</p>
<p>y aunque un desdén me atormente,</p>
<p>déme una risa esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien haya la dulce boca,</p>
<p>que sólo sus frescos labios</p>
<p>el aura pasando toca;</p>
<p>que haciendo el ámbar agravios,</p>
<p>su miel a gustar provoca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, bien haya cuando ufana</p>
<p>dando enojos a la rosa,</p>
<p>muestra su cerco de grana,</p>
<p>fresca como la mañana,</p>
<p>como el azahar olorosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si acaso dulcemente</p>
<p>suelta plácida congojas,</p>
<p>ya es el rumor del ambiente,</p>
<p>ya el susurro de las hojas,</p>
<p>ya el murmurar de la fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alegres sones respira,</p>
<p>las aves del prado encanta;</p>
<p>y si a vencerlas aspira,</p>
<p>con las que gimen, suspira;</p>
<p>con las que gorjean, canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu miel, aroma y colores,</p>
<p>rinde en amante oblación,</p>
<p>flor, ante cuyos primores,</p>
<p>mustias e inútiles flores</p>
<p>las flores del valle son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El néctar más regalado</p>
<p>deja que de amores loco</p>
<p>beba en tu labio abrasado;</p>
<p>para una abeja es sobrado</p>
<p>lo que para muchas poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mas ah!, que vertiendo quejas,</p>
<p>me esquivas tu dulce miel;</p>
<p>en vano de una te alejas</p>
<p>si ves que miles de abejas</p>
<p>poblando van el vergel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de la rosa encarnada,</p>
<p>que en su seno de carmín</p>
<p>niega a una abeja la entrada!</p>
<p>Tantas la acosan al fin,</p>
<p>que queda sin miel, y ajada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de las cándidas flores,</p>
<p>si alzan su capullo tierno</p>
<p>del estío a los ardores!</p>
<p>¡Ay del panal si el invierno</p>
<p>lo hiela con sus rigores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame los gustos sin tasa,</p>
<p>pues ves que el sol estival</p>
<p>las tiernas flores abrasa;</p>
<p>mira que amarga el panal</p>
<p>cuando de sazón se pasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ríndete a mí placentera:</p>
<p>no te rinda con agravios</p>
<p>de abejas la turba fiera:</p>
<p>que herir esos dulces labios</p>
<p>herirme en el alma fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ese tesoro las llaves</p>
<p>dame, y sus dones ardientes</p>
<p>libaré en besos suaves,</p>
<p>sin que lo canten las aves,</p>
<p>ni lo murmuren las fuentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Para tu boca</strong></h3>
<p>Para formar tan hermosa</p>
<p>esa boca angelical,</p>
<p>hubo competencia igual</p>
<p>entre el clavel y la rosa,</p>
<p>la púrpura y el coral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mintiendo sombras del bien,</p>
<p>en ella el mal se divisa,</p>
<p>por lo que juntos se ven</p>
<p>ya la apacible sonrisa,</p>
<p>ya el enojoso desdén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en los senos abrasados</p>
<p>engendra con doble holganza,</p>
<p>o con tormentos doblados,</p>
<p>cada risa una esperanza,</p>
<p>cada desdén mil cuidados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual las conchas orientales</p>
<p>en tu boca, y por vencerlas</p>
<p>muestra en riquezas iguales,</p>
<p>cuando desdeña, corales,</p>
<p>y cuando sonríe, perlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si con sombras de bien</p>
<p>tal vez el mal se divisa,</p>
<p>es porque en ella se ven</p>
<p>guardar la miel de su risa</p>
<p>las flechas de su desdén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si a mí su rigor alcanza,</p>
<p>al ver su hermosura, siente</p>
<p>el corazón doble holganza;</p>
<p>y aunque un desdén me atormente,</p>
<p>déme una risa esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien haya la dulce boca,</p>
<p>que sólo sus frescos labios</p>
<p>el aura pasando toca;</p>
<p>que haciendo el ámbar agravios,</p>
<p>su miel a gustar provoca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, bien haya cuando ufana</p>
<p>dando enojos a la rosa,</p>
<p>muestra su cerco de grana,</p>
<p>fresca como la mañana,</p>
<p>como el azahar olorosa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si acaso dulcemente</p>
<p>suelta plácida congojas,</p>
<p>ya es el rumor del ambiente,</p>
<p>ya el susurro de las hojas,</p>
<p>ya el murmurar de la fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alegres sones respira,</p>
<p>las aves del prado encanta;</p>
<p>y si a vencerlas aspira,</p>
<p>con las que gimen, suspira;</p>
<p>con las que gorjean, canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu miel, aroma y colores,</p>
<p>rinde en amante oblación,</p>
<p>flor, ante cuyos primores,</p>
<p>mustias e inútiles flores</p>
<p>las flores del valle son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El néctar más regalado</p>
<p>deja que de amores loco</p>
<p>beba en tu labio abrasado;</p>
<p>para una abeja es sobrado</p>
<p>lo que para muchas poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mas ah!, que vertiendo quejas,</p>
<p>me esquivas tu dulce miel;</p>
<p>en vano de una te alejas</p>
<p>si ves que miles de abejas</p>
<p>poblando van el vergel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de la rosa encarnada,</p>
<p>que en su seno de carmín</p>
<p>niega a una abeja la entrada!</p>
<p>Tantas la acosan al fin,</p>
<p>que queda sin miel, y ajada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de las cándidas flores,</p>
<p>si alzan su capullo tierno</p>
<p>del estío a los ardores!</p>
<p>¡Ay del panal si el invierno</p>
<p>lo hiela con sus rigores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame los gustos sin tasa,</p>
<p>pues ves que el sol estival</p>
<p>las tiernas flores abrasa;</p>
<p>mira que amarga el panal</p>
<p>cuando de sazón se pasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ríndete a mí placentera:</p>
<p>no te rinda con agravios</p>
<p>de abejas la turba fiera:</p>
<p>que herir esos dulces labios</p>
<p>herirme en el alma fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ese tesoro las llaves</p>
<p>dame, y sus dones ardientes</p>
<p>libaré en besos suaves,</p>
<p>sin que lo canten las aves,</p>
<p>ni lo murmuren las fuentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Por el éter resbala melancólica…</strong></h3>
<p>Por el éter resbala melancólica</p>
<p>la luna, y en mi frente se refleja;</p>
<p>a su brillo argentado se asemeja</p>
<p>el color de mi faz.</p>
<p>De la brisa nocturna el ala rápida</p>
<p>sutil bate mi rubia cabellera,</p>
<p>como las hojas de gentil palmera,</p>
<p>balancea fugaz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oscuridad, silencio, aspecto tétrico</p>
<p>muestra la noche tácita al ser mío,</p>
<p>sólo me afecta de un lejano río</p>
<p>el parlero rumor;</p>
<p>Que, llevado en las alas de aire trémulo,</p>
<p>se parece, en su plácido murmullo,</p>
<p>al compasado y pavoroso arrullo</p>
<p>del eterno sopor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual volubles vapores, sombras fáciles</p>
<p>antepuestos al sol ocasionaran,</p>
<p>e invisibles, aéreos, se espaciaran</p>
<p>entre la claridad;</p>
<p>Así veo cruzar seres fantásticos</p>
<p>de la luna a los pálidos reflejos,</p>
<p>y vagando se pierden allá lejos</p>
<p>entre la oscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De vibrátil campana al son profético</p>
<p>exánime ha zumbado en mis oídos</p>
<p>y débiles temblaron mis sentidos</p>
<p>a su fúnebre son.</p>
<p>¡Y pocos mostrarán sus ojos húmedos</p>
<p>a ese sonido que en el viento espira</p>
<p>pues su divina voz no les inspira</p>
<p>Santa meditación!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos duermen, menos yo,</p>
<p>todo en el mundo reposa,</p>
<p>la campana enmudeció</p>
<p>el aura sobre la rosa</p>
<p>tranquila se adormeció.</p>
<p>Sordo el río susurrando</p>
<p>me acompaña solamente,</p>
<p>y con su murmullo blando</p>
<p>me hace acordar inocente</p>
<p>que el tiempo se va pasando.</p>
<p>Pero vano mi pensar</p>
<p>se pierde allá con su ruido</p>
<p>los dos iremos a dar</p>
<p>yo al seno del eterno olvido</p>
<p>y él al seno de la mar.</p>
<p>Pues, con sonoros despeños,</p>
<p>va rodando su cristal</p>
<p>por entre prados risueños,</p>
<p>cual la vida del mortal</p>
<p>que se desliza entre sueños.</p>
<p>Están plácidos olores</p>
<p>el viento aromatizando,</p>
<p>los condensados vapores</p>
<p>se posan, perlas formando,</p>
<p>en el cáliz de las flores.</p>
<p>El claro río que abruma,</p>
<p>con sus aguas transparentes,</p>
<p>la yerba que le perfuma,</p>
<p>la matiza con bullentes</p>
<p>globos de nevada espuma.</p>
<p>Y como ancho se dilata,</p>
<p>todo el estrellado coro</p>
<p>en su cristal se retrata…</p>
<p>parecen lágrimas de oro</p>
<p>embutidas sobre plata.</p>
<p>Mas ya la aurora cercana</p>
<p>asoma su frente hermosa</p>
<p>entre celajes de grana,</p>
<p>y traza sendas de rosa</p>
<p>del sol a la luz temprana.</p>
<p>Despiértase el aura leve</p>
<p>al brillar sus lumbres rojas,</p>
<p>y a su movimiento breve</p>
<p>tiemblan las húmedas hojas</p>
<p>del árbol que ondeante mueve.</p>
<p>La flor su botón rompió,</p>
<p>y al sol que nuevo amanece</p>
<p>y que la vivificó,</p>
<p>en holocausto le ofrece</p>
<p>las perlas que recogió.</p>
<p>Todo vuelve a florecer,</p>
<p>todo al ver el sol se aviva,</p>
<p>mas la noche ha de volver…</p>
<p>y en aquesta alternativa</p>
<p>todo camina al no ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Porvenir de las almas</strong></h3>
<p><em>Para A. R., en la muerte de su hija</em></p>
<p>Si de vuestra hija fue estrella</p>
<p>dar tan niña el alma a Dios,</p>
<p>¡ay, feliz mil veces vos!</p>
<p>¡dichosa mil veces ella!</p>
<p>Pues ya huella</p>
<p>las celestiales alturas,</p>
<p>no halle en vos nunca lugar</p>
<p>el pesar,</p>
<p>porque para almas tan puras</p>
<p>«morir es resucitar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Para qué lloráis perdida</p>
<p>esa prenda de amor tierno,</p>
<p>si por un lugar «eterno»</p>
<p>dejó un lugar de «partida»?</p>
<p>Si es la vida</p>
<p>caos de dudas y penas,</p>
<p>¿quién la muerte, al que bien quiere,</p>
<p>no prefiere,</p>
<p>si el que vive, vive apenas,</p>
<p>«y resucita el que muere»?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre, llena de consuelo,</p>
<p>viendo a un ser puro sin vida,</p>
<p>la multitud, de fe henchida,</p>
<p>prorrumpe:- ¡Ángeles al cielo!-</p>
<p>Ni ¿a qué duelo</p>
<p>es mostrar, cuando la carga</p>
<p>de la existencia maldita</p>
<p>Dios nos quita,</p>
<p>si tras de una vida amarga,</p>
<p>«muriendo se resucita»?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dé a vuestra alma afligida</p>
<p>la más leve pesadumbre</p>
<p>esa negra incertidumbre</p>
<p>del «más allá» de la vida.</p>
<p>Si es mentida</p>
<p>la fe de ulterior solaz,</p>
<p>al menos, los que viviendo</p>
<p>van gimiendo,</p>
<p>en otro mundo de paz</p>
<p>«resucitarán muriendo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya habita, aunque el desconsuelo</p>
<p>os haga implacable guerra,</p>
<p>un «triste» menos la tierra,</p>
<p>y un «dichoso» más el cielo.</p>
<p>De su vuelo</p>
<p>iréis vos, muriendo, en pos,</p>
<p>si a Dios dais en implorar</p>
<p>sin cesar,</p>
<p>pues para justos cual vos</p>
<p>«morir es resucitar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Rasga su pecho el último romano…</strong></h3>
<p>Rasga su pecho el último romano</p>
<p>y exclama, deshonrando su memoria:</p>
<p>-Sueño es la libertad, humo la gloria,</p>
<p>y la austera virtud un nombre vano.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Detén, Catón, la temeraria mano,</p>
<p>que en huir del dolor nunca hay victoria;</p>
<p>fiel a ese pueblo, mártir de la historia,</p>
<p>muere, si hay que morir, cara al tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torna a ganar la libertad perdida;</p>
<p>vuelve hacia Roma, y cuando hieran, hiere;</p>
<p>si cae la virtud, caiga vencida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién su deshonra a su dolor prefiere?</p>
<p>en las batallas de la humana vida</p>
<p>sólo se mata el vil; el noble muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Se halla con su amante Rosa…</strong></h3>
<p>Se halla con su amante Rosa</p>
<p>a solas en un jardín,</p>
<p>y ya a su empresa amorosa</p>
<p>iba tocando a su fin,</p>
<p>cuando ella entre la arboleda</p>
<p>trasluce el grupo encantado</p>
<p>en que, en cisne transformado,</p>
<p>ama Júpiter a Leda;</p>
<p>y encendida de rubor,</p>
<p>viendo el grupo repugnante,</p>
<p>se alza, rechaza al amante,</p>
<p>y exclama huyendo: ¡Qué horror!</p>
<p>Corrida del mal ejemplo,</p>
<p>entra a rezar en un templo;</p>
<p>mas al ver Rosa el ardor</p>
<p>con que el altar mayor</p>
<p>una Virgen de Murillo</p>
<p>besa a un niño encantador,</p>
<p>volvió en su pecho sencillo</p>
<p>la llama a arder del amor.</p>
<p>¿Será una ley natural,</p>
<p>como afirma no sé quién,</p>
<p>que por contraste fatal</p>
<p>lleva un mal ejemplo al bien</p>
<p>y un ejemplo bueno al mal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si anoche no estuve, Flora…</strong></h3>
<p>Si anoche no estuve, Flora,</p>
<p>a adorar tu talle hermoso,</p>
<p>es porque soy virtuoso</p>
<p>y me da sueño a deshora.</p>
<p>¡Pecadora!</p>
<p>Ya le contaré a tu madre</p>
<p>que, porque amo mi quietud</p>
<p>y salud,</p>
<p>dijiste hoy a mi compadre:</p>
<p>«¡Qué egoísta es la virtud!»</p>
<p>¿Cómo he de ir con fe no escasa</p>
<p>a ver tus ojos serenos,</p>
<p>si hay cien pasos por lo menos</p>
<p>desde mi casa a tu casa?</p>
<p>Y, ¿qué pasa</p>
<p>al hallarnos frente a frente?…</p>
<p>¿Qué?…tú mientes sin guarismo;</p>
<p>yo lo mismo.</p>
<p>El no ir, por consiguiente,</p>
<p>¿es virtud o egoísmo?</p>
<p>Verbi gratia, el otro día,</p>
<p>al verte de mi amor harta,</p>
<p>puse un bostezo de a cuarta</p>
<p>entre un «paloma» y un «mía» .</p>
<p>Es falsía</p>
<p>la de bostezar amando;</p>
<p>mas si hoy, con más pulcritud</p>
<p>y quietud,</p>
<p>no he ido a amar bostezando,</p>
<p>¿fue egoísmo o fue virtud?</p>
<p>Desde hoy no vuelvo a tu edén</p>
<p>a tomar, Flora, el sereno:</p>
<p>si es por egoísmo, bueno;</p>
<p>y si es por virtud también.</p>
<p>Sí, mi bien:</p>
<p>esto haré por mi salud,</p>
<p>aunque diga tu cinismo</p>
<p>que es lo mismo</p>
<p>la gloria de la virtud</p>
<p>que el triunfo del egoísmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Sobre arena y sobre viento!…</strong></h3>
<p><em>Amor y gloria</em></p>
<p>¡Sobre arena y sobre viento</p>
<p>lo ha fundado el cielo todo!</p>
<p>Lo mismo el mundo de el lodo</p>
<p>que el mundo del sentimiento.</p>
<p>De amor y gloria el cimiento</p>
<p>sólo aire y arena son.</p>
<p>¡Torres con que la ilusión</p>
<p>mundo y corazones llena;</p>
<p>las del mundo sois arena,</p>
<p>y aire las del corazón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tanto quiero creer, que no te creo…</strong></h3>
<p>Tanto quiero creer, que no te creo,</p>
<p>dicha y tormento de la vida mía,</p>
<p>veo tu amor tan claro como el día,</p>
<p>mas lo anubla una cosa que no veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuando mis dudas en tu frente leo,</p>
<p>a poderte matar, te mataría!…</p>
<p>¡Oh, cuán desesperada es mi alegría,</p>
<p>que lo que adoro aborrecer deseo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Santa virtud, consolador olvido,</p>
<p>dadme el candor de ver, como hombre honrado,</p>
<p>que soy con honradez correspondido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quítame, Amor, la duda que me has dado,</p>
<p>pues más que no creer siendo querido,</p>
<p>quisiera tener fe siendo engañado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un enjambre de pájaros metidos…</strong></h3>
<p>Un enjambre de pájaros metidos</p>
<p>en jaula de metal guardo un cabrero,</p>
<p>y a cuidarlos voló desde el otero</p>
<p>la pareja de padres afligidos.</p>
<p>-Si aquí, dijo el pastor, vienen unidos</p>
<p>sus hijos a cuidar con tanto esmero,</p>
<p>ver como cuidan a los padres quiero</p>
<p>los hijos por amor y agradecidos.-</p>
<p>Deja entre redes la pareja envuelta,</p>
<p>la puerta abre el pastor del duro alambre,</p>
<p>cierra a los padres y a los hijos suelta.</p>
<p>Huyó de los hijuelos el enjambre,</p>
<p>y como en vano se esperó su vuelta,</p>
<p>mató a los padres el dolor y el hambre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Va una mariposa bella…</strong></h3>
<p>Va una mariposa bella</p>
<p>volando de rosa en rosa,</p>
<p>y de una en otra afanosa</p>
<p>corre una niña tras ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su curso, alegre y festiva,</p>
<p>sigue con pueril afán,</p>
<p>y con airoso ademán</p>
<p>la mariposa se esquiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces con loco intento</p>
<p>quiere hacer presa en sus galas,</p>
<p>y, en vez de tocar sus alas,</p>
<p>toca las alas del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y su empeño duplicando,</p>
<p>cuanto más corre afanosa,</p>
<p>más leda la mariposa</p>
<p>va su inocencia burlando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ciñe en rápido giro,</p>
<p>y al ir a cogerla esbelta,</p>
<p>por cada vez que se suelta,</p>
<p>suelta la niña un suspiro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, sin ceder en su anhelo,</p>
<p>presta una, y la otra ligera,</p>
<p>ni una acorta su carrera,</p>
<p>ni la otra amaina su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vagan embebecidas,</p>
<p>sin sentir indiferentes</p>
<p>ni el son de las claras fuentes,</p>
<p>ni el de las auras perdidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni los pájaros que espantan,</p>
<p>entre las ramas divisan,</p>
<p>ni ven las flores que pisan,</p>
<p>ni oven las aves que cantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras estas cantando</p>
<p>siguen con plácido estruendo,</p>
<p>la niña sigue corriendo,</p>
<p>la mariposa volando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>– Amaina el vuelo sereno,</p>
<p>mariposa,</p>
<p>de quien es albergue el seno</p>
<p>de la rosa.</p>
<p>¿Por qué en tal dulce ocasión</p>
<p>vas sin tino</p>
<p>huyendo así la prisión</p>
<p>de lazo tan peregrino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina de las blandas flores,</p>
<p>sus enojos</p>
<p>no temas, ni los ardores</p>
<p>de sus ojos,</p>
<p>porque ese puro arrebol</p>
<p>que enamora,</p>
<p>si es luciente como el sol,</p>
<p>es tierno como la aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre mil palmas no hay talle</p>
<p>más galano,</p>
<p>ni azucena en todo el valle</p>
<p>cual su mano.</p>
<p>No oirás de su voz divina</p>
<p>la dulzura,</p>
<p>ni en el ruiseñor que trina,</p>
<p>ni en el raudal que murmura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aprende el aura a ser leve</p>
<p>de su planta,</p>
<p>y, para formar con nieve</p>
<p>su garganta,</p>
<p>le dio el cisne el atavío</p>
<p>de su pluma,</p>
<p>lumbre la aurora, y el río</p>
<p>su plata, cristal y espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>– No sigas más la inconstante</p>
<p>mariposa,</p>
<p>enamorada y errante</p>
<p>niña hermosa,</p>
<p>que al fin vendrá a ser cautiva</p>
<p>de tu llama,</p>
<p>si aun amorosa, aunque esquiva,</p>
<p>la luz de los cielos ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque aspira de mil flores</p>
<p>la fragancia,</p>
<p>no imites en tus amores</p>
<p>su inconstancia;</p>
<p>que al fin de tanto vagar,</p>
<p>suele, hermosa,</p>
<p>entre las flores hallar</p>
<p>la yerba más venenosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imita sólo su vuelo,</p>
<p>pues serena,</p>
<p>jamás, niña, toca el ciclo,</p>
<p>ni la arena</p>
<p>Quien se humilla o sin razón</p>
<p>subir quiere,</p>
<p>muere a manos de un halcón,</p>
<p>si a las de un áspid no muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! que vas en pos de ella</p>
<p>vagarosa,</p>
<p>sin escuchar mi querella,</p>
<p>niña hermosa.</p>
<p>Sigues con presteza tanta</p>
<p>tu contento,</p>
<p>que así encomiendas tu planta,</p>
<p>como mi súplica, al viento.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tan inocente afán,</p>
<p>como su gusto entretienen,</p>
<p>así vagabundas vienen,</p>
<p>y así vagabundas van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces en su embeleso</p>
<p>la mariposa, al pasar,</p>
<p>suele fugaz estampar</p>
<p>sobre su mejilla un beso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y rauda su vuelo alzando,</p>
<p>la niña de ángel blasona,</p>
<p>al trazar una corona</p>
<p>sobre su frente girando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y siguen acordemente</p>
<p>la mariposa en sus giros,</p>
<p>la niña con sus suspiros,</p>
<p>con sus rumores la fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagan los aires suaves</p>
<p>formando dobles acentos,</p>
<p>y al grato son de los vientos,</p>
<p>siguen cantando las aves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre tanta melodía,</p>
<p>tanta corriente murmura,</p>
<p>que es todo el aire frescura,</p>
<p>aroma, luz y armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y susurrando congojas,</p>
<p>prosiguen mintiendo quejas,</p>
<p>en el pensil las abejas,</p>
<p>y en la enramada las hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tiernas flores hollando,</p>
<p>y frescas auras batiendo,</p>
<p>la niña sigue corriendo,</p>
<p>la mariposa volando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tanto quiero creer, que no te creo…</strong></h3>
<p>Tanto quiero creer, que no te creo,</p>
<p>dicha y tormento de la vida mía,</p>
<p>veo tu amor tan claro como el día,</p>
<p>mas lo anubla una cosa que no veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuando mis dudas en tu frente leo,</p>
<p>a poderte matar, te mataría!…</p>
<p>¡Oh, cuán desesperada es mi alegría,</p>
<p>que lo que adoro aborrecer deseo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Santa virtud, consolador olvido,</p>
<p>dadme el candor de ver, como hombre honrado,</p>
<p>que soy con honradez correspondido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quítame, Amor, la duda que me has dado,</p>
<p>pues más que no creer siendo querido,</p>
<p>quisiera tener fe siendo engañado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Vegeta sin sufrir, vive en mal hora…</strong></h3>
<p><em>Por no amenguar sus brillos celestiales,</em></p>
<p><em>los lanza el alto y los rechaza el bajo,</em></p>
<p><em>porque achican su horror huéspedes tales.</em></p>
<p><em>Canto III del Infierno. -Traducción</em></p>
<p><em>del Marqués de la Pezuela.</em></p>
<p>Vegeta sin sufrir, vive en mal hora,</p>
<p>amigo infiel y cómodo enemigo,</p>
<p>que, egoísta, jamás llevas contigo</p>
<p>la pena del tormento que se adora.</p>
<p>De premio indigna tu virtud traidora,</p>
<p>ni dignas son tus faltas de castigo;</p>
<p>y no hallas en la tierra un solo amigo</p>
<p>a quien decir ¿qué tienes? cuando llora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos, los que ajenos de placer y duelo,</p>
<p>vais dando, sin amar ni ser amados,</p>
<p>abrazos sin calor, besos de hielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Moriréis sin virtud y sin pecados,</p>
<p>y siendo despreciables para el cielo,</p>
<p>seréis en el infierno despreciados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Velas de amor en golfos de ternura…</strong></h3>
<p>Velas de amor en golfos de ternura</p>
<p>suelta mi pobre corazón al viento,</p>
<p>y encuentra, en lo que alcanza, su tormento,</p>
<p>y espera, en lo que no halla, su ventura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viviendo en esta humana sepultura,</p>
<p>engañar el pesar es mi contento,</p>
<p>y este cilicio atroz del pensamiento</p>
<p>no halla un linde entre el genio y la locura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! en la vida ruin que al loco embarga,</p>
<p>y que al cuerdo infeliz de horror consterna,</p>
<p>dulce en el nombre, en realidad amarga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo el dolor con el dolor alterna,</p>
<p>y si al contarla a días es muy larga,</p>
<p>midiéndola por horas es eterna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Y es que en el mundo traidor</strong></h3>
<p>Y es que en el mundo traidor</p>
<p>nada hay verdad ni mentira:</p>
<p>todo es según el color</p>
<p>del cristal con que se mira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ya a traición, ya a traición en el costado…</strong></h3>
<p>Ya a traición, ya a traición en el costado</p>
<p>me hiciste, infame, la mortal herida,</p>
<p>y subo este calvario de la vida</p>
<p>el corazón de espinas coronado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombre maldito a un tiempo y nombre amado</p>
<p>¡quién pudiera no amarte maldecida!</p>
<p>¡Dichoso aquel que indiferente olvida,</p>
<p>y puede perdonar y es perdonado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vil homicida del amor más tierno,</p>
<p>que lleves quiera Dios siempre contigo</p>
<p>después de un grande amor, un odio eterno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mueras inconfesa, y por castigo,</p>
<p>odiándome y odiada, en el infierno</p>
<p>adonde iré por ti, vivas conmigo!</p>
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		<title>Poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 21:38:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda, conocida como «La Avellaneda», figura trascendental del romanticismo hispanoamericano. Nacida en Cuba y radicada en España, su obra desafió las convenciones sociales y de género del siglo XIX mediante una sensibilidad apasionada y una voz intelectualmente vigorosa. Destacó en la lírica por su profundidad metafísica y en el teatro [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda</strong>, conocida como «La Avellaneda», figura trascendental del <strong>romanticismo hispanoamericano</strong>. Nacida en Cuba y radicada en España, su obra desafió las convenciones sociales y de género del siglo XIX mediante una sensibilidad apasionada y una voz intelectualmente vigorosa.</p>
<p>Destacó en la lírica por su profundidad metafísica y en el teatro con tragedias de gran éxito. Sin embargo, su mayor legado es la novela <strong>«Sab» (1841)</strong>, pionera en la narrativa abolicionista, donde vinculó la opresión de los esclavos con la subordinación de la mujer. A pesar de su extraordinario talento, el machismo de la época le impidió ingresar en la Real Academia Española. Hoy es celebrada como una precursora del feminismo moderno y una de las escritoras más prolíficas y audaces de nuestra lengua.</p>
<h3><strong>A Dios</strong></h3>
<p>¿No es delirio, Señor? Tú, el absoluto</p>
<p>En belleza, poder, inteligencia;</p>
<p>Tú, de quien es la perfección esencia</p>
<p>Y la felicidad santo atributo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, a mí -que nazco y muero como el bruto-</p>
<p>Tú, a mí -que el mal recibo por herencia-</p>
<p>Tú, a mí -precario ser, cuya impotencia-</p>
<p>Solo estéril dolor tiene por fruto…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Tú me buscas ¡oh Dios! Tú el amor mío</p>
<p>Te dignas aceptar como victoria</p>
<p>Ganada por tu amor a mi albedrío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! no es delirio; que a la humilde escoria,</p>
<p>Digno es de tu supremo poderío</p>
<p>Hacer capaz de acrecentar tu gloria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A él</strong></h3>
<p>No existe lazo ya: todo está roto:</p>
<p>plúgole al cielo así: ¡bendito sea!</p>
<p>Amargo cáliz con placer agoto:</p>
<p>mi alma reposa al fin: nada desea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:</p>
<p>¡nunca, si fuere error, la verdad mire!</p>
<p>Que tantos años de amarguras llenos</p>
<p>trague el olvido: el corazón respire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo</p>
<p>una vez y otra vez pisaste insano…</p>
<p>Mas nunca el labio exhalará un murmullo</p>
<p>para acusar tu proceder tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De graves faltas vengador terrible,</p>
<p>dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?</p>
<p>No era tuyo el poder que irresistible</p>
<p>postró ante ti mis fuerzas vencedoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quísolo Dios y fue: ¡gloria a su nombre!</p>
<p>Todo se terminó, recobro aliento:</p>
<p>¡Ángel de las venganzas!, ya eres hombre…</p>
<p>ni amor ni miedo al contemplarte siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó tu cetro, se embotó tu espada…</p>
<p>Mas, ¡ay!, cuán triste libertad respiro…</p>
<p>Hice un mundo de ti, que hoy se anonada</p>
<p>y en honda y vasta soledad me miro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vive dichoso tú! Si en algún día</p>
<p>ves este adiós que te dirijo eterno,</p>
<p>sabe que aún tienes en el alma mía</p>
<p>generoso perdón, cariño tierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Francia</strong></h3>
<p>Bástete ¡oh Francia! la atronante gloria</p>
<p>Con que llenó tus ámbitos el hombre;</p>
<p>Bástete ver en inmortal historia</p>
<p>Unido al tuyo su preclaro nombre.</p>
<p>Bástete la memoria</p>
<p>De aquellos grandes días</p>
<p>En que a su voz la Europa estremecías,</p>
<p>Y deja al mundo ese sepulcro austero</p>
<p>Donde el hado severo</p>
<p>Guarda al gigante de ambición y orgullo,</p>
<p>Entre esas peñas áridas y solas;</p>
<p>Mientras el mar -con turbulento arrullo-</p>
<p>Quiebra a sus pies las espumantes olas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Déjale allí! Sin comitiva, aislado</p>
<p>Duerma en su roca solitaria y fría</p>
<p>El rey sin dinastía…</p>
<p>No en panteón estrecho sepultado,</p>
<p>De París oiga el bacanal rüido,</p>
<p>Entre vulgares reyes confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Déjale, que supuesto es Santa Elena!</p>
<p>Los nombres poderosos</p>
<p>De Wagram, de Austerliz, Marengo y Jena</p>
<p>No volverán los ecos silenciosos,</p>
<p>La paz turbando de la tosca tumba,</p>
<p>A que no presta con sus alas sombra</p>
<p>El águila imperial, ni el hueco bronce</p>
<p>Por saludarla omnímodo retumba</p>
<p>Pero allí el mundo mírala, y se asombra</p>
<p>Del misterio que muda le revela;</p>
<p>Pues el fantasma inmenso,</p>
<p>Que entre cielo y abismo allí suspenso</p>
<p>Cumple quizás designios soberanos,</p>
<p>Es de la humana historia un monumento,</p>
<p>Que a pueblos y a tiranos</p>
<p>Dé alta lección, terrífico escarmiento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A****</strong></h3>
<p>No existe lazo ya: todo está roto:</p>
<p>plúgole al cielo así: ¡bendito sea!</p>
<p>Amargo cáliz con placer agoto:</p>
<p>mi alma reposa al fin: nada desea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te amé, no te amo ya; piénsolo al menos.</p>
<p>¡Nunca, si fuere error, la verdad mire!</p>
<p>Que tantos años de amarguras llenos</p>
<p>trague el olvido; el corazón respire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo</p>
<p>una vez y otra vez pisaste insano…</p>
<p>mas nunca el labio exhalará un murmullo</p>
<p>para acusar tu proceder tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De graves faltas vengador terrible,</p>
<p>dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?</p>
<p>No era tuyo el poder que irresistible</p>
<p>postró ante ti mis fuerzas vencedoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quísolo Dios y fue: gloria a su nombre!</p>
<p>Todo se terminó: recobro aliento.</p>
<p>¡Ángel de las venganzas! ya eres hombre…</p>
<p>ni amor ni miedo al contemplarte siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó tu cetro, se embotó tu espada…</p>
<p>Mas ¡ay! ¡Cuán triste libertad respiro!</p>
<p>Hice un mundo de ti, que hoy se anonada,</p>
<p>y en honda y vasta soledad me miro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vive dichoso tú! Si en algún día</p>
<p>ves este adiós que te dirijo eterno,</p>
<p>sabe que aún tienes en el alma mía</p>
<p>generoso perdón, cariño tierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la Luna</strong></h3>
<p>¡Sol del que triste vela!</p>
<p>¡Astro de lumbre fría,</p>
<p>cuyos trémulos rayos, de la noche</p>
<p>para mostrar las sombras sólo brillan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, cuánto te semejas</p>
<p>de la pasada dicha</p>
<p>al pálido recuerdo, que del alma</p>
<p>sólo hace ver la soledad sombría!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reflejo de una llama</p>
<p>ya oculta o extinguida,</p>
<p>llena la mente, pero no la enciende;</p>
<p>vive en el alma, pero no la anima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubre, cual tú, sombras</p>
<p>que esmalta y acaricia;</p>
<p>Y como a ti, tan sólo la contempla</p>
<p>el dolor mudo en férvida vigilia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la muerte de don José María de Heredia</strong></h3>
<p><em>Le poète est semblable aux oiseaux de passage,</em></p>
<p><em>Qui ne batissent point leur nid sur le rivage.</em></p>
<p><em>-Lamartine</em></p>
<p>Voz pavorosa en funeral lamento,</p>
<p>desde los mares de mi patria vuela</p>
<p>a las playas de Iberia; tristemente</p>
<p>en son confuso la dilata el viento;</p>
<p>el dulce canto en mi garganta hiela,</p>
<p>y sombras de dolor viste a mi mente.</p>
<p>¡Ay!, que esa voz doliente,</p>
<p>con que su pena América denota</p>
<p>y en estas playas lanza el océano,</p>
<p>«Murió -pronuncia- el férvido patriota…»</p>
<p>«Murió -repite- el trovador cubano»;</p>
<p>y un eco triste en lontananza gime,</p>
<p>«¡murió el cantor del Niágara sublime!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y es verdad? ¿Y es verdad?… ¿La muerte impía</p>
<p>apagar pudo con su soplo helado</p>
<p>el generoso corazón del vate,</p>
<p>do tanto fuego de entusiasmo ardía?</p>
<p>¿No ya en amor se enciende, ni agitado</p>
<p>de la santa virtud al nombre late?…</p>
<p>Bien cual cede al embate</p>
<p>del aquilón el roble erguido,</p>
<p>así en la fuerza de su edad lozana</p>
<p>fue por el fallo del destino herido…</p>
<p>Astro eclipsado en su primer mañana,</p>
<p>sepúltanle las sombras de la muerte,</p>
<p>y en luto Cuba su placer convierte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Patria! ¡Numen feliz! ¡Nombre divino!</p>
<p>¡Ídolo puro de las nobles almas!</p>
<p>¡Objeto dulce de su eterno anhelo!</p>
<p>Ya enmudeció tu cisne peregrino…</p>
<p>¿Quién cantará tus brisas y tus palmas,</p>
<p>tu sol de fuego, tu brillante cielo?…</p>
<p>Ostenta, sí, tu duelo;</p>
<p>que en ti rodó su venturosa cuna,</p>
<p>por ti clamaba en el destierro impío,</p>
<p>y hoy condena la pérfida fortuna</p>
<p>a suelo extraño su cadáver frío,</p>
<p>do tus arroyos, ¡ay!, con su murmullo</p>
<p>no darán a su sueño blando arrullo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Silencio!, de sus hados la fiereza</p>
<p>no recordemos en la tumba helada</p>
<p>que lo defiende de la injusta suerte.</p>
<p>Ya reclinó su lánguida cabeza</p>
<p>-de genio y desventuras abrumada-</p>
<p>en el inmóvil seno de la muerte.</p>
<p>¿Qué importa al polvo inerte,</p>
<p>que torna a su elemento primitivo,</p>
<p>ser en este lugar o en otro hollado?</p>
<p>¿Yace con él el pensamiento altivo?…</p>
<p>Que el vulgo de los hombres, asombrado</p>
<p>tiemble al alzar la eternidad su velo;</p>
<p>mas la patria del genio está en el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí jamás las tempestades braman,</p>
<p>ni roba al sol su luz la noche oscura,</p>
<p>ni se conoce de la tierra el lloro…</p>
<p>Allí el amor y la virtud proclaman</p>
<p>espíritus vestidos de luz pura,</p>
<p>que cantan el hosanna en arpas de oro.</p>
<p>Allí el raudal sonoro</p>
<p>sin cesar corre de aguas misteriosas,</p>
<p>para apagar la sed que enciende al alma</p>
<p>-sed que en sus fuentes pobres, cenagosas,</p>
<p>nunca este mundo satisface o calma-.</p>
<p>Allí jamás la gloria se mancilla,</p>
<p>y eterno el sol de la justicia brilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué, al dejar la vida, deja el hombre?</p>
<p>El amor inconstante; la esperanza,</p>
<p>engañosa visión que lo extravía;</p>
<p>tal vez los vanos ecos de un renombre</p>
<p>que con desvelos y dolor alcanza;</p>
<p>el mentido poder; la amistad fría;</p>
<p>y el venidero día</p>
<p>-cual el que expira breve y pasajero-</p>
<p>al abismo corriendo del olvido…</p>
<p>Y el placer, cual relámpago ligero,</p>
<p>de tempestades y pavor seguido…</p>
<p>Y mil proyectos que medita a solas,</p>
<p>fundados, ¡ay!, sobre agitadas olas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De verte ufano, en el umbral del mundo</p>
<p>el ángel de la hermosa poesía</p>
<p>te alzó en sus brazos y encendió tu mente,</p>
<p>y ora lanzas, Heredia, el barro inmundo</p>
<p>que tu sublime espíritu oprimía,</p>
<p>y en alas vuelas de tu genio ardiente.</p>
<p>No más, no más lamente</p>
<p>destino tal nuestra ternura ciega,</p>
<p>ni la importuna queja al cielo suba…</p>
<p>¡Murió!… A la tierra su despojo entrega,</p>
<p>su espíritu al Señor, su gloria a Cuba;</p>
<p>¡que el genio, como el sol, llega a su ocaso,</p>
<p>dejando un rastro fúlgido su paso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la poesía</strong></h3>
<p>¡Oh, tú, del alto cielo</p>
<p>precioso don, al hombre concedido!</p>
<p>¡Tú, de mis penas íntimo consuelo,</p>
<p>de mis placeres manantial querido!</p>
<p>¡Alma del orbe, ardiente Poesía,</p>
<p>dicta el acento de la lira mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Díctalo, sí, que enciende</p>
<p>tu amor mi seno, y sin cesar ansío</p>
<p>la poderosa voz, que espacios hiende,</p>
<p>para aclamar tu excelso poderío,</p>
<p>y en la naturaleza augusta y bella</p>
<p>buscar, seguir y señalar tu huella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mil veces desgraciado</p>
<p>quien -al fulgor de tu hermosura ciego-</p>
<p>en su alma inerte y corazón helado</p>
<p>no abriga un rayo de tu dulce fuego;</p>
<p>que es el mundo, sin ti, templo vacío,</p>
<p>cielo sin claridad, cadáver frío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas yo doquier te miro;</p>
<p>doquier el alma, estremecida, siente</p>
<p>tu influjo inspirador; el grave giro</p>
<p>de la pálida Luna, el refulgente</p>
<p>trono del Sol, la tarde, la alborada…</p>
<p>todo me habla de ti con voz callada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto ama y admira,</p>
<p>te halla mi mente. Si huracán violento</p>
<p>zumba, y levanta el mar, bramando de ira;</p>
<p>si con rumor responde soñoliento</p>
<p>plácido arroyo al aura que suspira…</p>
<p>tú alargas para mí cada sonido</p>
<p>y me explicas su místico sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al férvido verano,</p>
<p>a la apacible y dulce primavera,</p>
<p>al grave otoño y al invierno cano</p>
<p>me embellece tu mano lisonjera;</p>
<p>¡que alcanzan, si los pintan tus colores,</p>
<p>calor el hielo, eternidad las flores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué a tu dominio inmenso</p>
<p>no sujetó el Señor? En cuanto existe</p>
<p>hallar tu ley y tus misterios pienso:</p>
<p>el Universo tu ropaje viste,</p>
<p>y en su conjunto armónico demuestra</p>
<p>que tú guiaste la hacedora diestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hablas! ¡Todo renace!</p>
<p>Tu creadora voz los yermos puebla;</p>
<p>espacios no hay que tu poder no enlace;</p>
<p>y rasgando del tiempo la tiniebla,</p>
<p>de lo pasado al descubrir ruinas,</p>
<p>con tu mágica luz las iluminas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por tu acento apremiados,</p>
<p>levántanse del fondo del olvido,</p>
<p>ante tu tribunal, siglos pasados;</p>
<p>y el fallo que pronuncias -trasmitido</p>
<p>por una y otra edad en rasgos de oro-</p>
<p>eterniza su gloria o su desdoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu genio, independiente</p>
<p>rompe las sombras del error grosero;</p>
<p>la verdad preconiza; de su frente</p>
<p>vela con flores el rigor severo,</p>
<p>dándole al pueblo, en bellas creaciones,</p>
<p>de saber y virtud santas lecciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu espíritu sublime</p>
<p>ennoblece la lid; tu épica trompa</p>
<p>brillo eternal en el laurel imprime;</p>
<p>al triunfo presta inusitada pompa;</p>
<p>y los ilustres hechos que proclama</p>
<p>fatiga son del eco de la fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, si entre gayas flores,</p>
<p>a la beldad consagras tus acentos;</p>
<p>si retratas los tímidos amores;</p>
<p>si enalteces sus rápidos contentos;</p>
<p>a despecho del tiempo, en tus anales,</p>
<p>beldad, placer y amor son inmortales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en el mundo suenan</p>
<p>del amante Petrarca los gemidos;</p>
<p>los siglos con sus cantos se enajenan;</p>
<p>y unos tras otros -de su amor movidos-</p>
<p>van de Valclusa a demandar al aura</p>
<p>el dulce nombre de la dulce Laura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! No orgullosa aspiro</p>
<p>a conquistar el lauro refulgente,</p>
<p>que humilde acato y entusiasta admiro,</p>
<p>de tan gran vate en la inspirada frente;</p>
<p>ni ambicionan mis labios juveniles</p>
<p>el clarín sacro del cantor de Aquiles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tan ilustres huellas</p>
<p>seguir es dado a mi insegura planta…</p>
<p>Mas, abrasada al fuego que destellas,</p>
<p>¡oh, genio bienhechor!, a tu ara santa</p>
<p>mi pobre ofrenda estremecida elevo,</p>
<p>y una sonrisa a demandar me atrevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando las frescas galas</p>
<p>de mi lozana juventud se lleve</p>
<p>el veloz tiempo en sus potentes alas,</p>
<p>y huyan mis dichas como el humo leve,</p>
<p>serás aún mi sueño lisonjero,</p>
<p>y veré hermoso tu favor primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame que puedas entonces,</p>
<p>¡Virgen de paz, sublime Poesía!,</p>
<p>no transmitir en mármoles ni en bronces</p>
<p>con rasgos tuyos la memoria mía;</p>
<p>sólo arrullar, cantando, mis pesares,</p>
<p>a la sombra feliz de tus altares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A las estrellas</strong></h3>
<p>Reina el silencio: fúlgidas en tanto</p>
<p>Luces de paz, purísimas estrellas,</p>
<p>De la noche feliz lámparas bellas,</p>
<p>Bordáis con oro su luctuoso manto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duerme el placer, mas vela mi quebranto,</p>
<p>Y rompen el silencio mis querellas,</p>
<p>Volviendo el eco, unísono con ellas,</p>
<p>De aves nocturnas el siniestro canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Estrellas, cuya luz modesta y pura</p>
<p>Del mar duplica el azulado espejo!</p>
<p>Si a compasión os mueve la amargura</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del intenso penar por que me quejo,</p>
<p>¿Cómo para aclarar mi noche oscura</p>
<p>No tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A un amigo</strong></h3>
<p><em>Encargado por la dirección de un periódico</em></p>
<p><em>de la crítica de una comedia sátira</em></p>
<p>¡Cómo! ¿Tan gran perturbación te asedia</p>
<p>Porque te ordenan -con rigor y prisa</p>
<p>Juicio crítico hacer de una comedia?</p>
<p>¡Por Dios, que al ver a tu ánima indecisa</p>
<p>En trance tal (perdona si te enfado),</p>
<p>Cualquiera puede reventar de risa.</p>
<p>¿Imaginas tal vez, pecho cuitado,</p>
<p>Que para censurar una obra de arte</p>
<p>Has menester de un gusto delicado?</p>
<p>¿Qué talento tampoco ha de faltarte,</p>
<p>Ni juicio, ni instrucción, ni orden que guíe</p>
<p>A ver y a examinar parte por parte?</p>
<p>Juro, si piensas tal, que me desvíe</p>
<p>para siempre de ti, como de un zote,</p>
<p>Por más que tierna tu amistad porfíe.</p>
<p>¿Hay, por ventura, estulto monigote,</p>
<p>Ignorante rapaz, coplero oscuro,</p>
<p>Que por cosa tan nimia se alborote?</p>
<p>¿Hay quien no sepa dar un golpe duro</p>
<p>Aún a la misma virginal Talía,</p>
<p>Con fuerte brazo y corazón seguro?</p>
<p>Si no lo emprendes tú, por vida mía</p>
<p>Que no sin cascabel quedará el gato,</p>
<p>Y su pena tendrá tu cobardía;</p>
<p>Pues no has de ver expuesto tu retrato</p>
<p>En baratillos mil, ni en gacetillas</p>
<p>Te han de llamar ilustre literato.</p>
<p>Para crear de ingenio maravillas,</p>
<p>Desvélense Gallegos y Quintanas,</p>
<p>Y Hartzenhusches, y Vegas, y Zorrillas.</p>
<p>Tú -sin recurso de las nueve hermanas-</p>
<p>Si esa tu indigna timidez sacudes,</p>
<p>Nombre a la par de sus ingenios ganas.</p>
<p>Y trabaje Bretón, que -sin que sudes</p>
<p>Para agradar, con su feliz constancia-</p>
<p>Que te has de ver más popular no dudes.</p>
<p>¡Eh! ¡Dispón el papel! Poco en sustancia</p>
<p>Te conviene decir: moja la pluma,</p>
<p>Y comienza a escribir con arrogancia.</p>
<p>«Juicio crítico.» ¡Bien! ¡Como la espuma</p>
<p>Tu gloria va a crecer! -Mas ¿qué diremos?</p>
<p>-Para empezar y terminar, en suma,</p>
<p>Basta elegir entre los dos extremos</p>
<p>Y exclamar: -«La comedia es un dislate.»</p>
<p>O -«¡hay en ella doquier rasgos supremos!»</p>
<p>Lo primero es mejor: loar a un vate</p>
<p>Que adquiere gloria o acumula plata,</p>
<p>Es, yo lo afirmo, insigne disparate.</p>
<p>Otra cosa ha de ser cuando se trata</p>
<p>De inofensivo autor o gente nuestra</p>
<p>¿Quién a los suyos con rigor maltrata?</p>
<p>Mas para caso tal, nula es tu diestra,</p>
<p>La juzga bien el que escribió la obra,</p>
<p>Y sus mismos elogios das por muestra.</p>
<p>Mas miro que renace tu zozobra:</p>
<p>¿Qué mosca te picó? Dilo y escribe,</p>
<p>Que para meditar tiempo te sobra.</p>
<p>-Quiero saber si el juicio se suscribe.</p>
<p>-¿El juicio suscribir?… Loco te creo:</p>
<p>¿Quién duda igual sin delirar concibe?</p>
<p>Muy ignorante estás, por lo que veo,</p>
<p>De la crítica que hay en nuestra España,</p>
<p>O es que naciste para ser pigmeo.</p>
<p>No se firma jamás cuando con saña</p>
<p>Se le zurra a un autor, que capaz fuera</p>
<p>De contestar con fabuleja extraña</p>
<p>¿Zapatero?… -¡Cabal! Mas la parlera</p>
<p>Fama, divulga el recatado nombre,</p>
<p>Por la voz de una turba vocinglera.</p>
<p>Esa turba es de amigos; no te asombre;</p>
<p>Ellos dirán: -«La crítica es sublime:</p>
<p>La hizo Fulano.» Y cátate grande hombre.</p>
<p>¿Qué te habrá de importar que desestime</p>
<p>Tu censura el autor, que docta gente</p>
<p>Exclame con dolor -y esto se imprime?</p>
<p>Tú no por eso abatirás la frente,</p>
<p>Y el vulgo, que verá tu aire triunfante,</p>
<p>Acatará tu fallo reverente.</p>
<p>-Mas lo habré de fundar. -¡Calla, ignorante!</p>
<p>¿A qué viene pensar en fundamento,</p>
<p>Si tu edificio debe ser flotante?</p>
<p>¡Es mala comedia! Aquí está el cuento.</p>
<p>Es mala, y basta… porque yo lo digo;</p>
<p>¡Estilo pobre… pésimo argumento!</p>
<p>-Mas como del aplauso fui testigo,</p>
<p>¿He de afirmar que el público se engaña?</p>
<p>¿Del voto general me haré enemigo?</p>
<p>-No; pero puedes deslizar con maña</p>
<p>Que llenaba el local una pandilla</p>
<p>De amigos del autor; o que en España</p>
<p>El mostrarse cortés no es maravilla,</p>
<p>Y que a esta condición -tan oportuna-</p>
<p>Alto triunfo debió mísera obrilla.</p>
<p>Puedes decir también que allá en su cuna</p>
<p>Tuvo el autor benéfica influencia</p>
<p>De alguna estrella o de la misma luna;</p>
<p>Mas que, en medio de todo, es por esencia</p>
<p>Un zopenco, un estúpido, un ilota,</p>
<p>Que sólo alcanza de agradar la ciencia.</p>
<p>-¡No es poco, por mi vida! Pero nota</p>
<p>Que sólo comenzado el juicio tengo.</p>
<p>-Pues no habrás de añadir ni aun una jota.</p>
<p>Bueno está como está; yo lo sostengo;</p>
<p>No hay para qué meternos en hondura:</p>
<p>Lo esencial dicho está, y a ello me atengo.</p>
<p>Eso de analizar empresa es dura,</p>
<p>Y nadie tan sin miedo criticara</p>
<p>Si exigiese razones la censura.</p>
<p>Si saber demandase, cosa es clara</p>
<p>Que tanto parlanchín folletinista</p>
<p>Temblar al comenzar, de pies a cara.</p>
<p>Mas por milagro un diario se conquista</p>
<p>La pluma de algún crítico discreto,</p>
<p>Y siempre encuentra a la ignorancia lista.</p>
<p>Ella le saca del perenne aprieto,</p>
<p>Y, ora mime al autor ora le zurre,</p>
<p>Nunca el arte infeliz halla respeto.</p>
<p>Si sesudo lector rabia o se aburre</p>
<p>Del necio elogio o torpe vituperio,</p>
<p>Otro, por diversión, a ellos recurre.</p>
<p>Y ni estólidos faltan, que al criterio</p>
<p>Del intruso censor la frente inclinen,</p>
<p>Por ejercer de su eco el ministerio.</p>
<p>Corre, pues, ¡vive Dios!, no te acoquinen</p>
<p>Los descontentos que doquier pululan;</p>
<p>Mas los necios serán que te apadrinen.</p>
<p>Adula o pega a tu placer: circulan,</p>
<p>Buenos o malos, los escritos todos</p>
<p>Que en las activas prensas se acumulan.</p>
<p>Nuestra patria feliz por varios modos</p>
<p>Protege a los audaces, y aún levanta</p>
<p>A muchos, ¡ay!, que estaban entre lodos.</p>
<p>Así nuestra cultura se adelanta,</p>
<p>Y a fe que los quejosos escritores</p>
<p>Se divierten también en gresca tanta;</p>
<p>Pues ya entusiasmo encuentren, ya rigores,</p>
<p>Del oso bailarín hacen recuerdo,</p>
<p>Y al escuchar dicterios o loores</p>
<p>Saben si es mono el que los dice, o cerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A un cocuyo</strong></h3>
<p>Dime, luz misteriosa,</p>
<p>Que ante mis ojos vagas,</p>
<p>Y mi interés despiertas,</p>
<p>Y mi vigilia encantas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres quizás del cielo</p>
<p>Lumbrera destronada,</p>
<p>Que por la tierra mísera</p>
<p>Peregrinando pasas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres un genio o silfo</p>
<p>De nuestra virgen patria,</p>
<p>Que de su joven vida</p>
<p>Contienes la ígnea savia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres de un ser querido</p>
<p>Quizás errante ánima,</p>
<p>Que a demandarme vienes</p>
<p>Recuerdos y plegarias;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O bien fulgente chispa</p>
<p>De las brillantes alas</p>
<p>Con que sostiene al triste</p>
<p>La célica esperanza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sé; mas cuando luces</p>
<p>Hermosa a mis miradas,</p>
<p>De tropicales noches</p>
<p>En la solemne calma,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ya exhalación perdida</p>
<p>Cruces la esfera diáfana,</p>
<p>Ya cual la brisa juegues</p>
<p>Meciéndote en las cañas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya cual diamante puro</p>
<p>Te engastes en las palmas,</p>
<p>Cuyo susurro imitas,</p>
<p>Cuyo verdor esmaltas;-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que siento</p>
<p>Revelación extraña</p>
<p>De místicos amores</p>
<p>Entre tu brillo y mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que existen</p>
<p>Secretas concordancias</p>
<p>Entre el afán que oculto</p>
<p>Y entre el fulgor que exhalas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, pues, lucero o silfo,</p>
<p>Ánima o genio, lanza</p>
<p>Más vívidos destellos</p>
<p>Mientras mi voz te canta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los sones de mi ¡ira,</p>
<p>Las chispas de tu llama,</p>
<p>Confúndanse y circulen</p>
<p>Por montes y sabanas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y suban hasta el cielo</p>
<p>Del campo en la fragancia,</p>
<p>Allá do las estrellas</p>
<p>Simpáticas los llaman</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Allá do el trono asienta</p>
<p>El que comprende y tasa</p>
<p>De toda luz la esencia,</p>
<p>De todo afán la causa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A una joven madre en la pérdida de su hijo</strong></h3>
<p>¿Por qué lloras ¡oh Emilia! con dolor tanto?</p>
<p>— ¡Ay! he perdido el ángel que era mi encanto…</p>
<p>Ni aun leves huellas</p>
<p>Dejaron en el mundo sus plantas bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>— Te engañas, joven madre; templa tu duelo.</p>
<p>Que ese ángel —aunque libre remonta el vuelo-</p>
<p>Te sigue amante</p>
<p>Do quiera que dirijas tu paso errante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No admiras, cuando baña la tibia esfera</p>
<p>Del alba sonrosada la luz primera,</p>
<p>Con qué armonía</p>
<p>Cielo y tierra saludan al nuevo día?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues sabe, joven madre, que cada aurora</p>
<p>Por las manos de un ángel su faz colora,</p>
<p>y aquel concento</p>
<p>Se lo enseña a natura su dulce acento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando del sol el rayo postrero espira,</p>
<p>¿No escuchas un suspiro que en torno gira?</p>
<p>Y un soplo leve</p>
<p>¿No acaricia tu rostro, tus rizos mueve?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Washington</strong></h3>
<p>No en lo pasado a tu virtud modelo,</p>
<p>ni copia al porvenir dará la historia,</p>
<p>ni otra igual en grandeza a tu memoria</p>
<p>difundirán los siglos en su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miró la Europa ensangrentar su suelo</p>
<p>al genio de la guerra y la victoria…</p>
<p>pero le cupo a América la gloria</p>
<p>de que al genio del bien le diera el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que audaz conquistador goce en su ciencia,</p>
<p>mientras al mundo en páramo convierte,</p>
<p>y se envanezca cuando a siervos mande;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡mas los pueblos sabrán en su conciencia</p>
<p>que el que los rige libres sólo es fuerte,</p>
<p>que el que los hace grandes sólo es grande!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al árbol de Guernica</strong></h3>
<p>Tus cuerdas de oro en vibración sonora</p>
<p>vuelve a agitar, ¡oh lira!,</p>
<p>que en este ambiente, que aromado gira,</p>
<p>su inercia sacudiendo abrumadora</p>
<p>la mente creadora,</p>
<p>de nuevo el fuego de entusiasmo aspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Me hallo en Guernica! Ese árbol que contemplo,</p>
<p>padrón es de alta gloria…</p>
<p>de un pueblo ilustre interesante historia…,</p>
<p>de augusta libertad sencillo templo,</p>
<p>que -al mundo dando ejemplo-</p>
<p>del patrio amor consagra la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piérdese en noche de los tiempos densa</p>
<p>su origen venerable;</p>
<p>mas ¿qué siglo evocar que no nos hable</p>
<p>de hechos ligados a su vida inmensa,</p>
<p>que en sí sola condensa</p>
<p>la de una raza antigua e indomable?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se transforman doquier las sociedades;</p>
<p>pasan generaciones;</p>
<p>caducan leyes; húndense naciones…</p>
<p>y el árbol de las vascas libertades</p>
<p>a futuras edades</p>
<p>trasmite fiel sus santas tradiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre inmutables son, bajo este cielo,</p>
<p>costumbres, ley, idioma…</p>
<p>¡Las invencibles águilas de Roma</p>
<p>aquí abatieron su atrevido vuelo,</p>
<p>y aquí luctuoso velo</p>
<p>cubrió la media luna de Mahoma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca abrigaron mercenarias greyes</p>
<p>las ramas seculares,</p>
<p>que a Vizcaya cobijan tutelares;</p>
<p>y a cuya sombra poderosos reyes</p>
<p>democráticas leyes</p>
<p>juraban ante jueces populares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, roble inmortal! Cuando te nombra</p>
<p>respetuoso mi acento,</p>
<p>y en ti se fija ufano el pensamiento,</p>
<p>me parece crecer bajo tu sombra,</p>
<p>y en tu florida alfombra</p>
<p>con lícita altivez la planta asiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve! ¡La humana dignidad se encumbra</p>
<p>en esta tierra noble</p>
<p>que tú proteges, perdurable roble,</p>
<p>que el sol sereno de Vizcaya alumbra,</p>
<p>y do el Cosnoaga inmoble</p>
<p>llega a tus pies en colosal penumbra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿En dónde hallar un corazón tan frío,</p>
<p>que a tu aspecto no lata,</p>
<p>sintiendo que se enciende y se dilata?</p>
<p>¿Quién de tu nombre ignora el poderío,</p>
<p>o en su desdén impío,</p>
<p>tu vejez santa con amor no acata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá desde el retiro silencioso</p>
<p>donde del hombre huía</p>
<p>-al par que sus derechos defendía-,</p>
<p>del de Ginebra pensador fogoso,</p>
<p>con vuelo poderoso,</p>
<p>llegaba a ti la inquieta fantasía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y arrebatado en entusiasmo ardiente</p>
<p>-pues nunca helarlo pudo</p>
<p>de injusta suerte el ímpetu sañudo-,</p>
<p>postró a tu austera majestad la frente</p>
<p>y en página elocuente</p>
<p>supo dejarte un inmortal saludo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Convención Francesa, de su seno</p>
<p>ve a un tribuno afamado,</p>
<p>levantarse de súbito, inspirado,</p>
<p>a bendecirte, de emociones lleno…</p>
<p>Y del aplauso al trueno</p>
<p>retiembla al punto el artesón dorado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo antigua que es la libertad proclamas…</p>
<p>-¡Tú eres su monumento!-</p>
<p>Por eso cuando agita raudo viento</p>
<p>la secular belleza de tus ramas,</p>
<p>pienso que en mí derramas</p>
<p>de aquel genio divino el ígneo aliento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual signo suyo mi alma te venera,</p>
<p>y cuando aquí me humillo</p>
<p>de tu vejez ante el eterno brillo,</p>
<p>recuerdo, roble augusto, que doquiera</p>
<p>que el numen sacro impera,</p>
<p>un árbol es su símbolo sencillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡ah, silencio!… El sol desaparece</p>
<p>tras la cumbre vecina,</p>
<p>que va envolviendo pálida neblina…</p>
<p>se enluta el cielo…, el aire se adormece…</p>
<p>tu sombra crece y crece…</p>
<p>¡Y sola aquí tu majestad domina!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al destino</strong></h3>
<p>Escrito estaba, sí: se rompe en vano</p>
<p>Una vez y otra la fatal cadena,</p>
<p>Y mi vigor por recobrar me afano.</p>
<p>Escrito estaba: el cielo me condena</p>
<p>A tornar siempre al cautiverio rudo,</p>
<p>Y yo obediente acudo,</p>
<p>Restaurando eslabones</p>
<p>Que cada vez más rígidos me oprimen;</p>
<p>Pues del yugo fatal no me redimen</p>
<p>De mi altivez postreras convulsiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón, destino,</p>
<p>De tu víctima dócil! Yo me entrego</p>
<p>Cual hoja seca al raudo torbellino</p>
<p>Que la arrebata ciego.</p>
<p>¡Tuya soy! ¡Heme aquí! ¡Todo lo puedes!</p>
<p>Tu capricho es mi ley: sacia tu saña…</p>
<p>Pero sabe, ¡oh cruel!, que no me engaña</p>
<p>La sonrisa falaz que hoy me concedes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al Excmo. Sr. don Pedro Sabater</strong></h3>
<p>La pintura que hacéis prueba evidente</p>
<p>Es del hábil pincel que la ha trazado:</p>
<p>En ella advierto creadora mente</p>
<p>Y de entusiasta amor fuego sagrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toques valientes, vivo colorido,</p>
<p>Dignidad de expresión, conjunto grato</p>
<p>Todo es bello, ¡oh amigo! El parecido</p>
<p>Sólo le falta a tan feliz retrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vuestro genio, sí, no en el modelo,</p>
<p>Esos rasgos halláis tan ideales,</p>
<p>Que sólo al pensamiento otorga el cielo</p>
<p>Engendrar en su luz bellezas tales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si como me pintáis, así os parece</p>
<p>Verme, creed que a confusión me muevo;</p>
<p>Pues tanto vuestra mente me engrandece,</p>
<p>Que ni a mirarme como soy me atrevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regio ropaje a su placer me viste</p>
<p>Vuestra exaltada y rica fantasía,</p>
<p>Y entre tanto fulgor no sé si existe</p>
<p>Algo real de la sustancia mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Desdichada de mí si el tiempo alado</p>
<p>Se lleva en pos el fúlgido atavío,</p>
<p>Y halláis un día, atónito, turbado,</p>
<p>El esqueleto descarnado y frío!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta tierra de miseria y lloro</p>
<p>Dispensad compasión, cariño tierno;</p>
<p>Mas no gastéis tan pródigo el tesoro</p>
<p>De admiración y amor que os dio el Eterno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que se cambia y envejece y pasa,</p>
<p>Lo que se estrecha en límites mezquinos,</p>
<p>No es nada para el alma -que se abrasa</p>
<p>Anhelando de amor goces divinos.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ventura reclamáis de mí, que en vano</p>
<p>Tras de su sombra consumí mi brío?…</p>
<p>¡A mí, del polvo mísero gusano,</p>
<p>Que de mi propia mezquindad me río!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queréis volar, y os arrastráis despacio,</p>
<p>Y en pobre cieno vuestro afán se abisma</p>
<p>¡Salid, salid del tiempo y del espacio</p>
<p>Y traspasad vuestra esperanza misma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, como vos, para admirar nacida;</p>
<p>Yo, como vos, para el amor creada;</p>
<p>Por admirar y amar diera mi vida…</p>
<p>Para admirar y amar no encuentro nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre el límite hallé: siempre, doquiera,</p>
<p>La imperfección en cuanto toco y veo</p>
<p>No juzgo al universo una quimera,</p>
<p>porque en él busco a Dios, porque en Dios creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres, ¡Señor!, belleza y poesía;</p>
<p>Tú solo, amor, verdad, ventura y gloria;</p>
<p>Todo es, mirado en Ti, luz y armonía;</p>
<p>Todo es, fuera de Ti, sombra y escoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, desdichado quien -de juicio escaso-</p>
<p>Hallar la dicha en lo finito intente</p>
<p>Quien en turbio licor y estrecho vaso</p>
<p>Quiera apagar la sed que interna siente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No así jamás os profanéis, ¡oh amigo!</p>
<p>No en esas aras de vuestra alma bella</p>
<p>ídolo vano alcéis, que yo os predigo</p>
<p>Que con desdén y horror lo hundirá ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queredme bien, compadecedme y hasta:</p>
<p>No apreciéis cual diamante humilde arcilla:</p>
<p>Dadle el tesoro que jamás se gasta</p>
<p>A Aquel que siempre permanece y brilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no puedo sembrar de eternas flores</p>
<p>La senda que corréis de frágil vida;</p>
<p>Pero si en ella recogéis dolores,</p>
<p>Un alma encontraréis que los divida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo pasaré con vos por entre abrojos;</p>
<p>El uno al otro apoyo nos daremos;</p>
<p>Y ambos, alzando al cielo nuestros ojos,</p>
<p>Allá la dicha y el amor busquemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más podéis pedir? ¿Qué más pudiera</p>
<p>Ofrecer con verdad mi pobre pecho?</p>
<p>Ternura os doy con efusión sincera</p>
<p>¡De mi ídolo el altar ya está deshecho!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No igual suerte me deis, ¡oh, vos, que en esta</p>
<p>Tierra de maldición sois mi consuelo!</p>
<p>¡No me queráis alzar ara funesta!</p>
<p>¡No me pidáis en el destierro el cielo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vedme cual soy en mí, no en vuestra mente,</p>
<p>Bien que el retrato destrocéis con ira;</p>
<p>Que, aunque cual creación brille eminente,</p>
<p>Vale más la verdad que la mentira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al nombre de Jesús</strong></h3>
<p>Es grata al caminante en noche fría</p>
<p>La alegre llama del hogar caliente:</p>
<p>Grata al que corre bajo sol ardiente</p>
<p>La fresca sombra de arboleda umbría:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grato, como dulcísima armonía,</p>
<p>Para el sediento el ruido de la fuente,</p>
<p>Y grato respirar en libre ambiente</p>
<p>Para quien sale de mazmorra impía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grata, en fin, la lluvia al campesino;</p>
<p>Grata al guerrero belicosa fama;</p>
<p>Y grato el natal suelo al peregrino:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero más que aire, sombra, fuente, llama,</p>
<p>Lluvia, patria, laurel, ¡Jesús divino!</p>
<p>Tu nombre es grato al corazón que te ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al partir</strong></h3>
<p>¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!</p>
<p>¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo</p>
<p>la noche cubre con su opaco velo,</p>
<p>como cubre el dolor mi triste frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Voy a partir!… La chusma diligente,</p>
<p>para arrancarme del nativo suelo</p>
<p>las velas iza, y pronta a su desvelo</p>
<p>la brisa acude de tu zona ardiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós, patria feliz, edén querido!</p>
<p>¡Doquier que el hado en su furor me impela,</p>
<p>tu dulce nombre halagará mi oído!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…</p>
<p>el ancla se alza… el buque, estremecido,</p>
<p>las olas corta y silencioso vuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al pendón castellano</strong></h3>
<p>¡Salve, oh pendón ilustre de Castilla,</p>
<p>Que hoy en los muros de Tetuán tremolas,</p>
<p>Y haces llegar a la cubana Antilla</p>
<p>Reflejos de las glorias españolas!</p>
<p>La media luna -que ante ti se humilla,-</p>
<p>Recuerda ya que entre revueltas olas,</p>
<p>De la raza de Agar con hondo espanto,</p>
<p>Se hundió al lucir el astro de Lepanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esa morisma -de la Europa afrenta-</p>
<p>Que el rugido olvidó de tus leones,</p>
<p>Hoy al golpe cruel -que la escarmienta,-</p>
<p>Forjando en su pavor fieras visiones,</p>
<p>De siete siglos a la luz sangrienta</p>
<p>Juzga que mira alzarse entre blasones,</p>
<p>-Sus turbantes teniendo por alfombras,-</p>
<p>Del Cid, de Alfonso y de Guzmán las sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡sí! contigo van, por ti pelean</p>
<p>Esos nombres augustos; de su gloria</p>
<p>Los rayos en tus pliegues centellean,</p>
<p>Como fulguran en la hispana historia.</p>
<p>¡Que así triunfantes para siempre sean</p>
<p>Símbolos del honor y la victoria,</p>
<p>La civilización mirando ufana,</p>
<p>Que hoy te hospeda Tetuán, Tánger mañana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al sol en un día de diciembre</strong></h3>
<p>Reina en el cielo. ¡Sol!, reina, e inflama</p>
<p>con tu almo fuego mi cansado pecho!</p>
<p>sin luz, sin brío, comprimido, estrecho,</p>
<p>un rayo anhela de tu ardiente llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A tu influjo feliz brote la grama;</p>
<p>el hielo caiga a tu fulgor deshecho:</p>
<p>¡Sal, del invierno rígido a despecho,</p>
<p>rey de la esfera, sol: mi voz te llama!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los dichosos campos do mi cuna</p>
<p>recibió de tus rayos el tesoro,</p>
<p>me aleja para siempre la fortuna:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bajo otro cielo, en otra tierra lloro,</p>
<p>donde la niebla abrúmame importuna…</p>
<p>¡Sal rompiéndola, sol, que yo te imploro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor y orgullo</strong></h3>
<p>Un tiempo hollaba por alfombras rosas;</p>
<p>y nobles vates, de mentidas diosas</p>
<p>prodigábanme nombres;</p>
<p>mas yo, altanera, con orgullo vano,</p>
<p>cual águila real a vil gusano,</p>
<p>contemplaba a los hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi pensamiento -en temerario vuelo-</p>
<p>ardiente osaba demandar al cielo</p>
<p>objeto a mis amores,</p>
<p>y si a la tierra con desdén volvía</p>
<p>triste mirada, mi soberbia impía</p>
<p>marchitaba sus flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez por un momento caprichosa</p>
<p>entre ellas revolé, cual mariposa,</p>
<p>sin fijarme en ninguna;</p>
<p>pues de místico bien siempre anhelante,</p>
<p>clamaba en vano, como tierno infante</p>
<p>quiere abrazar la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy, despeñada de la excelsa cumbre</p>
<p>do osé mirar del sol la ardiente lumbre</p>
<p>que fascinó mis ojos,</p>
<p>cual hoja seca al raudo torbellino,</p>
<p>cedo al poder del áspero destino…</p>
<p>¡Me entrego a sus antojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cobarde corazón, que el nudo estrecho</p>
<p>gimiendo sufres, dime: ¿qué se ha hecho</p>
<p>tu presunción altiva?</p>
<p>¿Qué mágico poder, en tal bajeza</p>
<p>trocando ya tu indómita fiereza,</p>
<p>de libertad te priva?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mísero esclavo de tirano dueño,</p>
<p>tu gloria fue cual mentiroso sueño,</p>
<p>que con las sombras huye!</p>
<p>Di, ¿qué se hicieron ilusiones tantas</p>
<p>de necia vanidad, débiles plantas</p>
<p>que el aquilón destruye?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En hora infausta a mi feliz reposo,</p>
<p>¿no dijiste, soberbio y orgulloso:</p>
<p>-¿Quién domará mi brío?</p>
<p>¡Con mi solo poder haré, si quiero,</p>
<p>mudar de rumbo al céfiro ligero</p>
<p>y arder al mármol frío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Funesta ceguedad! ¡Delirio insano!</p>
<p>Te gritó la razón… Mas ¡cuán en vano</p>
<p>te advirtió tu locura!…</p>
<p>¡Tú mismo te forjaste la cadena,</p>
<p>que a servidumbre eterna te condena,</p>
<p>y a duelo y amargura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los lazos caprichosos que otros días</p>
<p>-por pasatiempo- a tu placer tejías,</p>
<p>fueron de seda y oro;</p>
<p>los que ahora rinden tu valor primero,</p>
<p>son eslabones de pesado acero,</p>
<p>templados con tu lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué esperaste, ¡ay de ti!, de un pecho helado</p>
<p>de inmenso orgullo y presunción hinchado,</p>
<p>de víboras nutrido?</p>
<p>Tú -que anhelabas tan sublime objeto-</p>
<p>¿cómo al capricho de un mortal sujeto</p>
<p>te arrastras abatido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Con qué velo tu amor cubrió mis ojos,</p>
<p>que por flores tomé duros abrojos,</p>
<p>y por oro la arcilla?…</p>
<p>¡Del torpe engaño mis rivales ríen,</p>
<p>y mis amantes, ay, tal vez se engríen</p>
<p>del yugo que me humilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y tú lo sufres, corazón cobarde?</p>
<p>¿Y de tu servidumbre haciendo alarde</p>
<p>quieres ver en mi frente</p>
<p>el sello del amor que te devora?…</p>
<p>¡Ah! Velo, pues, y búrlese en buen hora</p>
<p>de mi baldón la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salga del pecho -requemando el labio-</p>
<p>el caro nombre de mi orgullo agravio,</p>
<p>de mi dolor sustento!…</p>
<p>¿Escrito no le ves en las estrellas</p>
<p>y en la luna apacible que con ellas</p>
<p>alumbra el firmamento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No le oyes, de las auras al murmullo?</p>
<p>¿No le pronuncia -en gemidor arrullo-</p>
<p>la tórtola amorosa?</p>
<p>¿No resuena en los árboles, que el viento</p>
<p>halaga con pausado movimiento</p>
<p>en esa selva hojosa?</p>
<p>De aquella fuente entre las claras linfas,</p>
<p>¿no le articulan invisibles ninfas</p>
<p>con eco lisonjero?…</p>
<p>¿Por qué callar el nombre que te inflama,</p>
<p>si aún el silencio tiene voz, que aclama</p>
<p>ese nombre que quiero?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombre que un alma lleva por despojo;</p>
<p>nombre que excita con placer enojo,</p>
<p>y con ira ternura;</p>
<p>nombre más dulce que el primer cariño</p>
<p>de joven madre al inocente niño,</p>
<p>copia de su hermosura;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y más amargo que el adiós postrero</p>
<p>que al suelo damos, donde el sol primero</p>
<p>alumbró nuestra vida,</p>
<p>nombre que halaga y halagando mata;</p>
<p>nombre que hiere -como sierpe ingrata-</p>
<p>al pecho que le anida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No, no lo envíes, corazón, al labio!</p>
<p>¡Guarda tu mengua con silencio sabio!</p>
<p>¡Guarda, guarda tu mengua!</p>
<p>¡Callad también vosotras, auras, fuente,</p>
<p>trémulas hojas, tórtola doliente,</p>
<p>como calla mi lengua!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Bástete ¡oh Francia! la atronante gloria…</strong></h3>
<p>Bástete ¡oh Francia! la atronante gloria</p>
<p>Con que llenó tus ámbitos el hombre;</p>
<p>Bástete ver en inmortal historia</p>
<p>Unido al tuyo su preclaro nombre.</p>
<p>Bástete la memoria</p>
<p>De aquellos grandes días</p>
<p>En que a su voz la Europa estremecías,</p>
<p>Y deja al mundo ese sepulcro austero</p>
<p>Donde el hado severo</p>
<p>Guarda al gigante de ambición y orgullo,</p>
<p>Entre esas peñas áridas y solas;</p>
<p>Mientras el mar -con turbulento arrullo-</p>
<p>Quiebra a sus pies las espumantes olas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Déjale allí! Sin comitiva, aislado</p>
<p>Duerma en su roca solitaria y fría</p>
<p>El rey sin dinastía…</p>
<p>No en panteón estrecho sepultado,</p>
<p>De París oiga el bacanal rüido,</p>
<p>Entre vulgares reyes confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Déjale, que supuesto es Santa Elena!</p>
<p>Los nombres poderosos</p>
<p>De Wagram, de Austerliz, Marengo y Jena</p>
<p>No volverán los ecos silenciosos,</p>
<p>La paz turbando de la tosca tumba,</p>
<p>A que no presta con sus alas sombra</p>
<p>El águila imperial, ni el hueco bronce</p>
<p>Por saludarla omnímodo retumba</p>
<p>Pero allí el mundo mírala, y se asombra</p>
<p>Del misterio que muda le revela;</p>
<p>Pues el fantasma inmenso,</p>
<p>Que entre cielo y abismo allí suspenso</p>
<p>Cumple quizás designios soberanos,</p>
<p>Es de la humana historia un monumento,</p>
<p>Que a pueblos y a tiranos</p>
<p>Dé alta lección, terrífico escarmiento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cánticos de tus vírgenes sagradas…</strong></h3>
<p>Cánticos de tus vírgenes sagradas,</p>
<p>Que de tu amor proclaman las dulzuras,</p>
<p>Son esas voces que de unción colmadas,</p>
<p>Llegan al corazón graves y puras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu soberana mano ¡Ser eterno!</p>
<p>Me ha conducido a tan amable asilo:</p>
<p>Yo reconozco tu favor paterno</p>
<p>Y empieza el pecho a respirar tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Permite, pues, que al religioso coro</p>
<p>Hoy se asocie, aunque indigna, la voz mía:</p>
<p>Cubierta de ciprés mi lira de oro,</p>
<p>Para alabarte aún hallará armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu justicia el formidable azote</p>
<p>En mí se ensangrentó por tiempo largo;</p>
<p>Mas si lo quieres tú, que el labio agote</p>
<p>Del cáliz de la vida el dejo amargo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prolongue a su placer mi senda triste</p>
<p>Tu providencia inescrutable y alta;</p>
<p>Que si la fe de tu bondad me asiste,</p>
<p>Vigor para sufrir nunca me falta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rompes mis lazos cual estambres leves;</p>
<p>Cuanto encumbra mi amor tu mano aterra;</p>
<p>Tú haces, Señor, exhalaciones breves</p>
<p>Las esperanzas que fundé en la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, lo sé, tu voluntad me intima</p>
<p>Que sólo busque en Ti sostén y asiento;</p>
<p>Que cuanto el hombre en su locura estima</p>
<p>Es humo y polvo que dispersa el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no condenes, ¡ah! que acerbo llanto</p>
<p>Riegue ese polvo que me fue querido</p>
<p>Bendiciendo mi voz tu fallo santo,</p>
<p>Deja gemir al corazón herido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El alma que a tu seno encumbró el vuelo,</p>
<p>Obedeciendo a tu querer, Dios mío,</p>
<p>Por toda herencia me dejó en el suelo</p>
<p>Ese sepulcro silencioso y frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ni ese triste bien permite el hado</p>
<p>Pueda yo siempre custodiar amante</p>
<p>Bajo extranjero cielo abandonado</p>
<p>Lo he de dejar, para gemir distante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh esposas de Jesús! Cuando aquel llegue</p>
<p>Forzoso instante de la ausencia impía,</p>
<p>Permitid ¡ay! que ese sepulcro os legue,</p>
<p>Y en él al corazón que os lo confía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya lo purificó la desventura,</p>
<p>Y vuestro puro afecto lo embalsama:</p>
<p>No olvidéis, pues, que en esa sepultura</p>
<p>Velando queda un corazón que os ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, ¡Señor! que entre tus hijas santas</p>
<p>Hoy me toleras con piedad benigna,</p>
<p>Acepta con sus himnos a tus plantas</p>
<p>Las bendiciones de tu sierva indigna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cantos de regocijo y de victoria…</strong></h3>
<p>Cantos de regocijo y de victoria</p>
<p>Nuestras voces alzaron aquel día</p>
<p>Que regia mortal mano te ceñía</p>
<p>Mezquino lauro de terrestre gloria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy que a la voz de tu Hacedor acudes,</p>
<p>A recibir la fúlgida diadema</p>
<p>Que la inmutable Majestad Suprema</p>
<p>Guarda en la eterna patria a las virtudes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy nuestra flaca condición humana</p>
<p>Su aliento en vano a remontar aspira</p>
<p>¡No le es dado arrancar, noble Quintana,</p>
<p>Ni un tierno adiós de la enlutada ¡ira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que aunque la Fe con resplandor divino</p>
<p>La densa noche del sepulcro alumbre,</p>
<p>Y la Esperanza hasta la excelsa cumbre</p>
<p>Vuele, mostrando tu triunfal camino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí -al mirar tus fúnebres despojos</p>
<p>A la tierra volver- sólo nos queda,</p>
<p>Con tu corona, que la España hereda,</p>
<p>¡Duelo en el corazón llanto en los ojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cómo! ¿Tan gran perturbación te asedia?…</strong></h3>
<p><em>Encargado por la dirección de un periódico</em></p>
<p><em>de la crítica de una comedia sátira</em></p>
<p>¡Cómo! ¿Tan gran perturbación te asedia</p>
<p>Porque te ordenan -con rigor y prisa</p>
<p>Juicio crítico hacer de una comedia?</p>
<p>¡Por Dios, que al ver a tu ánima indecisa</p>
<p>En trance tal (perdona si te enfado),</p>
<p>Cualquiera puede reventar de risa.</p>
<p>¿Imaginas tal vez, pecho cuitado,</p>
<p>Que para censurar una obra de arte</p>
<p>Has menester de un gusto delicado?</p>
<p>¿Qué talento tampoco ha de faltarte,</p>
<p>Ni juicio, ni instrucción, ni orden que guíe</p>
<p>A ver y a examinar parte por parte?</p>
<p>Juro, si piensas tal, que me desvíe</p>
<p>para siempre de ti, como de un zote,</p>
<p>Por más que tierna tu amistad porfíe.</p>
<p>¿Hay, por ventura, estulto monigote,</p>
<p>Ignorante rapaz, coplero oscuro,</p>
<p>Que por cosa tan nimia se alborote?</p>
<p>¿Hay quien no sepa dar un golpe duro</p>
<p>Aún a la misma virginal Talía,</p>
<p>Con fuerte brazo y corazón seguro?</p>
<p>Si no lo emprendes tú, por vida mía</p>
<p>Que no sin cascabel quedará el gato,</p>
<p>Y su pena tendrá tu cobardía;</p>
<p>Pues no has de ver expuesto tu retrato</p>
<p>En baratillos mil, ni en gacetillas</p>
<p>Te han de llamar ilustre literato.</p>
<p>Para crear de ingenio maravillas,</p>
<p>Desvélense Gallegos y Quintanas,</p>
<p>Y Hartzenhusches, y Vegas, y Zorrillas.</p>
<p>Tú -sin recurso de las nueve hermanas-</p>
<p>Si esa tu indigna timidez sacudes,</p>
<p>Nombre a la par de sus ingenios ganas.</p>
<p>Y trabaje Bretón, que -sin que sudes</p>
<p>Para agradar, con su feliz constancia-</p>
<p>Que te has de ver más popular no dudes.</p>
<p>¡Eh! ¡Dispón el papel! Poco en sustancia</p>
<p>Te conviene decir: moja la pluma,</p>
<p>Y comienza a escribir con arrogancia.</p>
<p>«Juicio crítico.» ¡Bien! ¡Como la espuma</p>
<p>Tu gloria va a crecer! -Mas ¿qué diremos?</p>
<p>-Para empezar y terminar, en suma,</p>
<p>Basta elegir entre los dos extremos</p>
<p>Y exclamar: -«La comedia es un dislate.»</p>
<p>O -«¡hay en ella doquier rasgos supremos!»</p>
<p>Lo primero es mejor: loar a un vate</p>
<p>Que adquiere gloria o acumula plata,</p>
<p>Es, yo lo afirmo, insigne disparate.</p>
<p>Otra cosa ha de ser cuando se trata</p>
<p>De inofensivo autor o gente nuestra</p>
<p>¿Quién a los suyos con rigor maltrata?</p>
<p>Mas para caso tal, nula es tu diestra,</p>
<p>La juzga bien el que escribió la obra,</p>
<p>Y sus mismos elogios das por muestra.</p>
<p>Mas miro que renace tu zozobra:</p>
<p>¿Qué mosca te picó? Dilo y escribe,</p>
<p>Que para meditar tiempo te sobra.</p>
<p>-Quiero saber si el juicio se suscribe.</p>
<p>-¿El juicio suscribir?… Loco te creo:</p>
<p>¿Quién duda igual sin delirar concibe?</p>
<p>Muy ignorante estás, por lo que veo,</p>
<p>De la crítica que hay en nuestra España,</p>
<p>O es que naciste para ser pigmeo.</p>
<p>No se firma jamás cuando con saña</p>
<p>Se le zurra a un autor, que capaz fuera</p>
<p>De contestar con fabuleja extraña</p>
<p>¿Zapatero?… -¡Cabal! Mas la parlera</p>
<p>Fama, divulga el recatado nombre,</p>
<p>Por la voz de una turba vocinglera.</p>
<p>Esa turba es de amigos; no te asombre;</p>
<p>Ellos dirán: -«La crítica es sublime:</p>
<p>La hizo Fulano.» Y cátate grande hombre.</p>
<p>¿Qué te habrá de importar que desestime</p>
<p>Tu censura el autor, que docta gente</p>
<p>Exclame con dolor -y esto se imprime?</p>
<p>Tú no por eso abatirás la frente,</p>
<p>Y el vulgo, que verá tu aire triunfante,</p>
<p>Acatará tu fallo reverente.</p>
<p>-Mas lo habré de fundar. -¡Calla, ignorante!</p>
<p>¿A qué viene pensar en fundamento,</p>
<p>Si tu edificio debe ser flotante?</p>
<p>¡Es mala comedia! Aquí está el cuento.</p>
<p>Es mala, y basta… porque yo lo digo;</p>
<p>¡Estilo pobre… pésimo argumento!</p>
<p>-Mas como del aplauso fui testigo,</p>
<p>¿He de afirmar que el público se engaña?</p>
<p>¿Del voto general me haré enemigo?</p>
<p>-No; pero puedes deslizar con maña</p>
<p>Que llenaba el local una pandilla</p>
<p>De amigos del autor; o que en España</p>
<p>El mostrarse cortés no es maravilla,</p>
<p>Y que a esta condición -tan oportuna-</p>
<p>Alto triunfo debió mísera obrilla.</p>
<p>Puedes decir también que allá en su cuna</p>
<p>Tuvo el autor benéfica influencia</p>
<p>De alguna estrella o de la misma luna;</p>
<p>Mas que, en medio de todo, es por esencia</p>
<p>Un zopenco, un estúpido, un ilota,</p>
<p>Que sólo alcanza de agradar la ciencia.</p>
<p>-¡No es poco, por mi vida! Pero nota</p>
<p>Que sólo comenzado el juicio tengo.</p>
<p>-Pues no habrás de añadir ni aun una jota.</p>
<p>Bueno está como está; yo lo sostengo;</p>
<p>No hay para qué meternos en hondura:</p>
<p>Lo esencial dicho está, y a ello me atengo.</p>
<p>Eso de analizar empresa es dura,</p>
<p>Y nadie tan sin miedo criticara</p>
<p>Si exigiese razones la censura.</p>
<p>Si saber demandase, cosa es clara</p>
<p>Que tanto parlanchín folletinista</p>
<p>Temblar al comenzar, de pies a cara.</p>
<p>Mas por milagro un diario se conquista</p>
<p>La pluma de algún crítico discreto,</p>
<p>Y siempre encuentra a la ignorancia lista.</p>
<p>Ella le saca del perenne aprieto,</p>
<p>Y, ora mime al autor ora le zurre,</p>
<p>Nunca el arte infeliz halla respeto.</p>
<p>Si sesudo lector rabia o se aburre</p>
<p>Del necio elogio o torpe vituperio,</p>
<p>Otro, por diversión, a ellos recurre.</p>
<p>Y ni estólidos faltan, que al criterio</p>
<p>Del intruso censor la frente inclinen,</p>
<p>Por ejercer de su eco el ministerio.</p>
<p>Corre, pues, ¡vive Dios!, no te acoquinen</p>
<p>Los descontentos que doquier pululan;</p>
<p>Mas los necios serán que te apadrinen.</p>
<p>Adula o pega a tu placer: circulan,</p>
<p>Buenos o malos, los escritos todos</p>
<p>Que en las activas prensas se acumulan.</p>
<p>Nuestra patria feliz por varios modos</p>
<p>Protege a los audaces, y aún levanta</p>
<p>A muchos, ¡ay!, que estaban entre lodos.</p>
<p>Así nuestra cultura se adelanta,</p>
<p>Y a fe que los quejosos escritores</p>
<p>Se divierten también en gresca tanta;</p>
<p>Pues ya entusiasmo encuentren, ya rigores,</p>
<p>Del oso bailarín hacen recuerdo,</p>
<p>Y al escuchar dicterios o loores</p>
<p>Saben si es mono el que los dice, o cerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Con yo amé dice cualquiera…</strong></h3>
<p>Con yo amé dice cualquiera</p>
<p>Esta verdad desolante:</p>
<p>-Todo en el mundo es quimera,</p>
<p>No hay ventura verdadera</p>
<p>Ni sentimiento constante.</p>
<p>Yo amé significa: -Nada</p>
<p>le basta al hombre jamás:</p>
<p>La pasión más delicada,</p>
<p>La promesa más sagrada,</p>
<p>Son humo y viento… ¡y no más!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Contemplación</strong></h3>
<p>Tiñe ya el Sol extraños horizontes;</p>
<p>el aura vaga en la arboleda umbría;</p>
<p>y piérdese en la sombra de los montes</p>
<p>la tibia luz del moribundo día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina en el campo plácido sosiego,</p>
<p>se alza la niebla del callado río,</p>
<p>y a dar al prado fecundante riego,</p>
<p>cae, convertida en límpido rocío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora grata de feliz reposo,</p>
<p>fiel precursora de la noche grave…</p>
<p>torna al hogar el labrador gozoso,</p>
<p>el ganado, al redil, al nido el ave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora melancólica, indecisa,</p>
<p>en que pueblan los sueños los espacios,</p>
<p>y en los aires -con soplos de la brisa-</p>
<p>levantan sus fantásticos palacios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Occidente el Héspero aparece,</p>
<p>salpican perlas su zafíreo asiento</p>
<p>y -en tanto que apacible resplandece-</p>
<p>no sé qué halago al contemplarlo siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Lucero del amor! ¡Rayo argentado!</p>
<p>¡Claridad misteriosa! ¿Qué me quieres?</p>
<p>¿Tal vez un bello espíritu, encargado</p>
<p>de recoger nuestros suspiros, eres?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De los recuerdos la dulzura triste</p>
<p>vienes a dar al alma por consuelo,</p>
<p>o la esperanza con su luz te viste</p>
<p>para engañar nuestro incesante anhelo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, tarde melancólica!, yo te amo</p>
<p>y a tus visiones lánguida me entrego…</p>
<p>Tu leda calma y tu frescor reclamo</p>
<p>para templar del corazón el fuego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero, apartada del bullicio loco,</p>
<p>respirar tus aromas halagüeños,</p>
<p>a par que en grata soledad evoco</p>
<p>las ilusiones de pasados sueños.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! si animase el soplo omnipotente</p>
<p>estos que vagan húmedos vapores,</p>
<p>término dando a mi anhelar ferviente,</p>
<p>con objeto inmortal a mis amores…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y tú, sin nombre en la terrestre vida,</p>
<p>bien ideal, objeto de mis votos,</p>
<p>que prometes al alma enardecida</p>
<p>goces divinos, para el mundo ignotos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Me escuchas? ¿Dónde estás? ¿Por qué no puedo</p>
<p>-libre de la materia que me oprime-</p>
<p>a ti llegar, y aletargada quedo,</p>
<p>y opresa el alma en sus cadenas gime?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo volara hendiendo las esferas</p>
<p>si aquí rompiese mis estrechos nudos,</p>
<p>cual esas nubes cándidas, ligeras,</p>
<p>del éter puro en los espacios mudos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿dónde vais? ¿Cuál es vuestro camino,</p>
<p>viajeras del celeste firmamento?…</p>
<p>¡Ah! ¡lo ignoráis!…, seguís vuestro destino</p>
<p>y al vario impulso obedecéis del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué yo, en tanto, con afán insano</p>
<p>quiero indagar la suerte que me espera?</p>
<p>¿Por qué del porvenir el alto arcano</p>
<p>mi mente ansiosa comprender quisiera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paternal Providencia puso el velo</p>
<p>que nuestra mente a descorrer no alcanza,</p>
<p>pero que le permite alzar el vuelo</p>
<p>por la inmensa región de la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El crepúsculo huyó; las rojas huellas</p>
<p>borra la Luna en su esmaltado coche,</p>
<p>y un silencioso ejército de estrellas</p>
<p>sale a guardar el trono de la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti te amo también, noche sombría;</p>
<p>amo tu Luna tibia y misteriosa,</p>
<p>más que a la luz con que comienza el día,</p>
<p>tiñendo el cielo de amaranto y rosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando en tu grave soledad respiro,</p>
<p>cuando en el seno de tu paz profunda</p>
<p>tus luminares pálidos admiro,</p>
<p>un religioso afecto el alma inunda:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que si el poder de Dios, y su hermosura,</p>
<p>revela el Sol en su fecunda llama,</p>
<p>de tu solemne calma la dulzura</p>
<p>su amor anuncia y su bondad proclama!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Contra mi sexo te ensañas…</strong></h3>
<p>Contra mi sexo te ensañas</p>
<p>Y de inconstante lo acusas;</p>
<p>Quizá porque así te excusas</p>
<p>De recibir cargo igual.</p>
<p>Mejor obrarás si emprendes</p>
<p>Analizar en ti mismo</p>
<p>Del alma humana el abismo,</p>
<p>Buscando el foco del mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Proclamas que las mujeres</p>
<p>(Cual dijo no sé quién antes),</p>
<p>Piensan amar sus amantes</p>
<p>Cuando aman sólo al amor;</p>
<p>Que el vago ardor del deseo</p>
<p>Se agita constante en ellas;</p>
<p>Mas pasa sin dejar huellas</p>
<p>Su preferencia mayor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, amigo! no te niego</p>
<p>Verdad que tan sólo prueba</p>
<p>Que son las hijas de Eva</p>
<p>Como los hijos de Adán.</p>
<p>A entrambos el daño vino</p>
<p>De la funesta manzana,</p>
<p>Y a toda la raza humana</p>
<p>Sus tristes efectos van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mísera raza!… Su mengua</p>
<p>Sufre, pero no la entiende;</p>
<p>Y aún sueña y hallar pretende</p>
<p>Bienes que torpe perdió.</p>
<p>Tras ellos ciega se lanza,</p>
<p>Girando en vértigo insano…</p>
<p>Mas nunca su empeño vano</p>
<p>Ni aun en sombra los gozó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amor pide, dicha busca,</p>
<p>Y a esperar loca se atreve</p>
<p>Que en vaso corrupto y breve</p>
<p>Apague el alma su sed;</p>
<p>Pero ella su afán inmenso</p>
<p>Siente perenne, profundo,</p>
<p>Y rompe lazos del mundo</p>
<p>Como el águila la red.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En balde en la extraña lucha</p>
<p>De su cansancio y su anhelo</p>
<p>Le agrada tomar el velo</p>
<p>Que la presenta el error,</p>
<p>Y en los pálidos fantasmas,</p>
<p>-Que agranda ilusa ella sola</p>
<p>Se finge ver la aureola</p>
<p>De la dicha y del amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Resbala pronto la venda!</p>
<p>¡Resbala y ve -con despecho-</p>
<p>Que vuela, en humo deshecho,</p>
<p>El fulgor de su ilusión!</p>
<p>Pues no cabe en ser que piensa</p>
<p>Que eterno el engaño sea</p>
<p>Aunque inmortal es la idea</p>
<p>Que seduce al corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es, no, flaqueza en nosotros,</p>
<p>Sí indicio de altos destinos,</p>
<p>Que aquellos bienes divinos</p>
<p>Nos sirvan de eterno imán,</p>
<p>Y que el alma no los halle,</p>
<p>-Por más que activa se mueva</p>
<p>Ni tú en las hijas de Eva,</p>
<p>Ni yo en los hijos de Adán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unas y otros nos quedamos</p>
<p>De lo ideal a distancia,</p>
<p>Y en todos es la inconstancia</p>
<p>Constante anhelo del bien.</p>
<p>¡De amor y dicha tenemos</p>
<p>Sólo un recuerdo nublado;</p>
<p>Pues su goce fue enterrado</p>
<p>Bajo el árbol del edén!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jamás ¡oh amigo! ventura</p>
<p>Ni amor eterno hallaremos…</p>
<p>Pero ¿qué importa? ¡esperemos!</p>
<p>Porque es vivir esperar;</p>
<p>Y aquí -do todo nos habla</p>
<p>De pequeñez y mudanza</p>
<p>Sólo es grande la esperanza</p>
<p>Y perenne el desear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuartetos escritos en un cementerio</strong></h3>
<p>He aquí el asilo de la eterna calma,</p>
<p>do solo el sauce desmayado crece…</p>
<p>¡Dejadme aquí: que fatigada el alma,</p>
<p>el aura de las tumbas apetece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que aspiráis las flores de la vida,</p>
<p>llenas de aroma de placer y gloria,</p>
<p>no piséis el lugar do convertida</p>
<p>veréis su pompa en miserable escoria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas venid todos los que el ceño airado</p>
<p>del destino mirasteis en la cuna;</p>
<p>los que sentís el corazón llagado</p>
<p>y no esperáis consolación alguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Venid también, espíritus ardientes,</p>
<p>que en ese mundo os agitáis sin tino,</p>
<p>y cuya inmensa sed sus turbias fuentes</p>
<p>calmar no pueden con raudal mezquino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que el cansancio conocisteis, antes</p>
<p>que paz os diesen y quietud los años</p>
<p>¡Venid con nuestros sueños devorantes!</p>
<p>¡Venid con vuestros tristes desengaños!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aquí las horas, rápidas o lentas,</p>
<p>cuenta el placer ni mide la esperanza:</p>
<p>¡quiébranse aquí las olas turbulentas</p>
<p>que el huracán de las pasiones lanza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí, si os turban sombras de la duda,</p>
<p>la severa verdad inmóvil vela:</p>
<p>aquí reina la paz eterna y muda,</p>
<p>si paz el alma fatigada anhela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que aquí duermen en profundo sueño,</p>
<p>insomnes cual nosotros se agitaron…</p>
<p>Ya de la muerte en el letal beleño</p>
<p>sus abrasadas sienes refrescaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amemos, pues, nuestra mansión futura,</p>
<p>única que tenemos duradera</p>
<p>¡Que ilusión de la vida es la ventura,</p>
<p>mas la paz de la muerte es verdadera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Del huracán espíritu potente…</strong></h3>
<p>Del huracán espíritu potente</p>
<p>que hoy libre dejas la región precita,</p>
<p>¡ven, con el tuyo mi furor escita!</p>
<p>¡ven con tu fuego a coronar mi frente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que el rayo con fragor reviente,</p>
<p>mientras cual hoja seca, o flor marchita,</p>
<p>tu fuerte soplo al robre precipita</p>
<p>roto y deshecho al bramador torrente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a librarme de la pena extraña</p>
<p>que a un alma altiva con baldón devora</p>
<p>y el brillo puro a la razón empaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ven! y al inerte pecho que te implora</p>
<p>da tu poder y tu iracunda saña,</p>
<p>y el llanto seca que cobarde llora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Deseo de venganza</strong></h3>
<p>¡Del huracán espíritu potente,</p>
<p>rudo como la pena que me agita!</p>
<p>¡Ven, con el tuyo mi furor excita!</p>
<p>¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente,</p>
<p>mientras -cual a hoja seca o flor marchita-</p>
<p>tu fuerte soplo al roble precipita.</p>
<p>roto y deshecho al bramador torrente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del alma que te invoca y acompaña,</p>
<p>envidiando tu fuerza destructora,</p>
<p>lanza a la par la confusión extraña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ven… al dolor que insano la devora</p>
<p>haz suceder tu poderosa saña,</p>
<p>y el llanto seca que cobarde llora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dime, luz misteriosa…</strong></h3>
<p>Dime, luz misteriosa,</p>
<p>Que ante mis ojos vagas,</p>
<p>Y mi interés despiertas,</p>
<p>Y mi vigilia encantas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres quizás del cielo</p>
<p>Lumbrera destronada,</p>
<p>Que por la tierra mísera</p>
<p>Peregrinando pasas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres un genio o silfo</p>
<p>De nuestra virgen patria,</p>
<p>Que de su joven vida</p>
<p>Contienes la ígnea savia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Eres de un ser querido</p>
<p>Quizás errante ánima,</p>
<p>Que a demandarme vienes</p>
<p>Recuerdos y plegarias;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O bien fulgente chispa</p>
<p>De las brillantes alas</p>
<p>Con que sostiene al triste</p>
<p>La célica esperanza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sé; mas cuando luces</p>
<p>Hermosa a mis miradas,</p>
<p>De tropicales noches</p>
<p>En la solemne calma,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ya exhalación perdida</p>
<p>Cruces la esfera diáfana,</p>
<p>Ya cual la brisa juegues</p>
<p>Meciéndote en las cañas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya cual diamante puro</p>
<p>Te engastes en las palmas,</p>
<p>Cuyo susurro imitas,</p>
<p>Cuyo verdor esmaltas;-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que siento</p>
<p>Revelación extraña</p>
<p>De místicos amores</p>
<p>Entre tu brillo y mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que existen</p>
<p>Secretas concordancias</p>
<p>Entre el afán que oculto</p>
<p>Y entre el fulgor que exhalas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, pues, lucero o silfo,</p>
<p>Ánima o genio, lanza</p>
<p>Más vívidos destellos</p>
<p>Mientras mi voz te canta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los sones de mi ¡ira,</p>
<p>Las chispas de tu llama,</p>
<p>Confúndanse y circulen</p>
<p>Por montes y sabanas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y suban hasta el cielo</p>
<p>Del campo en la fragancia,</p>
<p>Allá do las estrellas</p>
<p>Simpáticas los llaman</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Allá do el trono asienta</p>
<p>El que comprende y tasa</p>
<p>De toda luz la esencia,</p>
<p>De todo afán la causa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dios y el hombre</strong></h3>
<p>¡Mirad al hombre! Del tupido velo</p>
<p>Que a la naturaleza envuelve inmensa</p>
<p>Levanta apenas, con incierta mano.</p>
<p>Un extremo no más; ya iluso piensa</p>
<p>Que toda la amplitud de tierra y cielo</p>
<p>Estrecha viene a su saber, y ufano</p>
<p>Erige audaz a su razón mezquina</p>
<p>Tribunal soberano.</p>
<p>Citando ante él a la razón divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Quién eres?» — dice a Dios: — «¿Cuál es tu esencia?</p>
<p>¿Por qué naturaleza no lo explica?</p>
<p>Sus leyes estudió mi inteligencia,</p>
<p>Y en ellas nada de tu ser me indica</p>
<p>La inefable sustancia.</p>
<p>Ni de tu decantada providencia</p>
<p>Los designios profundos. ¿La ignorancia</p>
<p>Será quien deba tributarte culto,</p>
<p>Y al genio siempre y a la ciencia oculto.</p>
<p>Dejarás en problema</p>
<p>Ante sus luces tu verdad suprema?</p>
<p>Origen te proclaman</p>
<p>Del orden y del bien, y cuanto veo</p>
<p>Es desorden y mal. Justo te llaman,</p>
<p>Y me consume estéril el deseo</p>
<p>De comprender de tu justicia oscura</p>
<p>La marcha silenciosa.</p>
<p>En balde por tu gloria te conjura</p>
<p>Mi mente, codiciosa</p>
<p>De la eterna verdad, que tus arcanos</p>
<p>Le descubras sublimes:</p>
<p>Sordo te encuentran mis clamores vanos,</p>
<p>Y ni en las obras de tu diestra, mudas,</p>
<p>El sello augusto de tu nombre imprimes,</p>
<p>Cual si gozases en mirar las dudas</p>
<p>Luchar del hombre en el inquieto seno,</p>
<p>¡Tú que te llamas poderoso y bueno!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No más, no más en ignorancia ciega</p>
<p>Adoraré rendido</p>
<p>A un Dios desconocido,</p>
<p>Que a concordar con mi razón se niega.</p>
<p>Si no eres vano nombre,</p>
<p>Haz que yo sepa, sin tardar, quién eres;</p>
<p>Pues nace altivo, inteligente el hombre,</p>
<p>Y si su amor y su homenaje quieres,</p>
<p>Debes hacer que su razón lo mande,</p>
<p>Al verte amable, al comprenderte grande.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así al saber supremo</p>
<p>Dicta leyes su hechura limitada,</p>
<p>Y de bondad por inefable extremo.</p>
<p>Para curarla de su orgullo infando.</p>
<p>Así confunde a la razón osada,</p>
<p>Allá en su propio seno resonando,</p>
<p>Aquella voz que fecundó a la nada.</p>
<p>«Tú, que cuenta me pides</p>
<p>De mis hondos designios; tú que dudas,</p>
<p>Si a tu razón se esconde,</p>
<p>De mi propia existencia; tú que mides</p>
<p>Mi justicia etemal, y en mis dominios</p>
<p>Juzgas del orden y del bien: ¡responde!</p>
<p>Tus sabios, tus astrónomos profundos,</p>
<p>¿Podrán decir cómo hago inalterable</p>
<p>La eterna ley, que de infinitos mundos</p>
<p>Que corren el espacio inmensurable,</p>
<p>El movimiento y curso determina</p>
<p>Sin que choquen jamás en raudo encuentro</p>
<p>Y por qué los fecunda e ilumina</p>
<p>Encadenado un sol en cada centro?</p>
<p>¡Loco mortal, a quien hinchado miro</p>
<p>Del prestado poder que de mí tienes!</p>
<p>¿Puedes del Orión turbar el giro,</p>
<p>O a las brillantes Pléyades detienes?</p>
<p>¿Puedes siquiera, conocer la tierra</p>
<p>Que desdeñoso huellas? ¿Quién su base</p>
<p>Describirte sabrá? ¿Quién hay que tase</p>
<p>Los tesoros que encierra?…</p>
<p>Un imperio tras otro desparece,</p>
<p>Y mil generaciones</p>
<p>Pasan por ella y en su seno se hunden;</p>
<p>Ella sola no cambia ni envejece,</p>
<p>Y sus preciosos dones</p>
<p>Con orden inmutable se difunden</p>
<p>Por las varias regiones</p>
<p>Que fertiliza el sol. Aquí presenta</p>
<p>Prados herbosos, selvas primitivas;</p>
<p>Allá el capricho de su fuerza ostenta</p>
<p>En colinas altivas,</p>
<p>Que decora con rasgos pintorescos;</p>
<p>Allá borda de valles las honduras;</p>
<p>Más acá ofrece los asilos frescos</p>
<p>De grutas silenciosas;</p>
<p>Ora se extiende en plácidas llanuras;</p>
<p>Ora se ensancha en playas arenosas;</p>
<p>Allí se muestra en sotos y florestas;</p>
<p>Acá en bosques umbríos;</p>
<p>Y allá ostentando sus potentes bríos,</p>
<p>Encumbra montes de nevadas crestas.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Qué paternal desvelo,</p>
<p>Qué sabia providencia</p>
<p>Con tal magnificencia</p>
<p>Dotó al grosero y despreciable suelo</p>
<p>De ese globo que habitas?</p>
<p>¿Quién lo sembró de vírgenes metales?</p>
<p>¿Quién lo cubrió de especies infinitas.</p>
<p>De útiles vegetales</p>
<p>Apropiados a climas diferentes?</p>
<p>¡Mira mecer las palmas y las cañas</p>
<p>Las brisas de los trópicos ardientes;</p>
<p>Mientras en selvas y ásperas montañas.</p>
<p>Resistiendo al tesón de vientos fieros.</p>
<p>Negros abetos, pinos seculares.</p>
<p>Se levantan austeros</p>
<p>Bajo los crudos círculos polares!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Quién te dirá cómo del hondo seno</p>
<p>Que mi espíritu henchía</p>
<p>Brotó con voz de trueno</p>
<p>La mar amenazante,</p>
<p>Y cómo yo de nieblas la cubría</p>
<p>Cual envuelve la madre al tierno infante?</p>
<p>Alzó atrevida la espumosa frente</p>
<p>Robando al sol fulgentes aureolas:</p>
<p>¿Mas quién se halló presente</p>
<p>Cuando la dije: — tu soberbia enfrena</p>
<p>Y a romper ve tus atronantes olas</p>
<p>En aquel dique de movible arena?» —</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Sabes por qué vapores incesantes.</p>
<p>Que recoge la atmósfera encendida.</p>
<p>De ese su seno líquido se exhalan,</p>
<p>Y en las nubes flotante</p>
<p>La masa de las aguas suspendida,</p>
<p>Sólo desciende al suelo gota a gota</p>
<p>En bienhechora lluvia convertida;</p>
<p>Mientras de las altísimas montañas</p>
<p>Se precipita en rápidos torrentes.</p>
<p>Penetra de la tierra las entrañas,</p>
<p>Y formando con linfas transparentes</p>
<p>Arroyos mil y ríos caudalosos,</p>
<p>Recorre murmurando el campo verde.</p>
<p>Con giros tortuosos,</p>
<p>Hasta volver al mar en que se pierde?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Juez de mi providencia, que me intimas</p>
<p>Su imperfección y que mi plan corriges!</p>
<p>¿Eres tú quién diriges</p>
<p>Según conviene a los diversos climas.</p>
<p>Los vientos voladores,</p>
<p>Y a disipar mefíticos vapores</p>
<p>Lanzas al rayo, que estallando dice</p>
<p>Con su hórrido estampido:</p>
<p>— ¡Gloria, Señor!, ya estás obedecido? —</p>
<p>¿Coronada de flores</p>
<p>Sale a tu voz la primavera hermosa,</p>
<p>A preparar la tierra, que reposa,</p>
<p>Del abrasado estío a los ardores?</p>
<p>¿O acata, acaso, tu poder visible</p>
<p>El invierno aterido</p>
<p>Haciendo le preceda</p>
<p>Con orden infalible</p>
<p>El otoño de pámpanos ceñido?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿A las linfas saladas</p>
<p>Y a las ondas insípidas del río,</p>
<p>Lanzaste las especies animadas</p>
<p>Con variedad que pasma el pensamiento</p>
<p>Y a cada cual con diligente mano</p>
<p>Preparaste sustento?…</p>
<p>¿Por ti de aceite saludable llena*</p>
<p>Se agita entre el hervor del Océano</p>
<p>La colosal ballena?</p>
<p>¡Mira cuál brotan de sus ojos llamas.</p>
<p>Si la distancia de la presa mide! —</p>
<p>¡Mira si airada eriza las escamas.</p>
<p>Montes alzar en el ecuóreo llano,</p>
<p>Y si con lento paso lo divide</p>
<p>Darle de la vejez el color cano!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Por las libres regiones</p>
<p>Del aire que respiras</p>
<p>¿Esparces con tu diestra creadora</p>
<p>Las volubles legiones</p>
<p>De tantas aves que indolente miras?</p>
<p>¿Les concediste tú la voz canora?</p>
<p>¿Te deben los instintos</p>
<p>Por que se multiplican y alimentan,</p>
<p>Y los colores vividos que ostentan</p>
<p>En matices distintos</p>
<p>Sobre el esmalte de sus leves plumas;</p>
<p>O es tu saber quien guía</p>
<p>A las que al ver las invernales brumas</p>
<p>Dejan del norte la región sombría,</p>
<p>Y atraviesan el mar tras los ardores</p>
<p>Del refulgente sol del mediodía?</p>
<p>¡Mira cómo desprecia los furores</p>
<p>Del caprichoso viento</p>
<p>El águila real, las soledades</p>
<p>Surca del éter en sublime asiento</p>
<p>Para el vuelo atrevido,</p>
<p>Y entre nubes que envuelven tempestades</p>
<p>Labra el robusto nido</p>
<p>De la desierta roca</p>
<p>En las ásperas puntas suspendido;</p>
<p>Mientras el avestruz de pluma poca,</p>
<p>Que nunca se alza a la región yacía.</p>
<p>Por otro instinto poderoso y cierto.</p>
<p>Su cara prole fía</p>
<p>A la infecunda arena del desierto!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Un momento contempla</p>
<p>De los brutos la inmensa muchedumbre;</p>
<p>En ninguno verás que falte o sobre</p>
<p>Un miembro necesario.</p>
<p>Éstos de imponderable mansedumbre,</p>
<p>Aquéllos de carácter sanguinario;</p>
<p>Tímidos unos, otros atrevidos.</p>
<p>Pesados unos, otros diligentes.</p>
<p>Todos están armados y vestidos</p>
<p>Cual requieren sus usos diferentes,</p>
<p>El destino especial que les señalo</p>
<p>Y el clima y el lugar do los instalo.</p>
<p>No por tus artes enseñado ha sido</p>
<p>El castor industrioso;</p>
<p>Ni el corcel generoso,</p>
<p>Que sufre lo domines.</p>
<p>Te debe aquel valor con que al sonido</p>
<p>De la trompa guerrera.</p>
<p>Sacudiendo las crines.</p>
<p>La nariz dilatando,</p>
<p>Se lanza al campo en rápida carrera,</p>
<p>De espuma y de sudor huellas dejando.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Cuanto tu vista admira</p>
<p>Y cuanto puede concebir tu idea,</p>
<p>Es átomo mezquino</p>
<p>Del universo en el grandioso seno;</p>
<p>Mas tú ¡mortal! que de mi ser divino</p>
<p>Inquirir osas de arrogancia lleno,</p>
<p>Secretos inefables, ¡confundida</p>
<p>Verás por las partículas más leves</p>
<p>Tu razón desvalida.</p>
<p>Si a analizar ese átomo te atreves!</p>
<p>De la naturaleza, que presumes.</p>
<p>Iluso, conocer, al ser más pobre</p>
<p>Comprender y explicar quieres en vano;</p>
<p>Esa flor que te brinda sus perfumes.</p>
<p>Ese mosquito que aplastó tu dedo,</p>
<p>Ese que huellas, mísero gusano,</p>
<p>¡Misterios son, en que abismarte puedo!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Y no eres un abismo,</p>
<p>¡Oh átomo pensador! para ti mismo?</p>
<p>Naturaleza doble en ti se encierra;</p>
<p>De un rayo de mi mente iluminado</p>
<p>Eres rey de la tierra,</p>
<p>Y de esa tierra mísera formado.</p>
<p>Materia deleznable</p>
<p>Y espíritu soberbio,</p>
<p>Grande y pequeño, fuerte y miserable.</p>
<p>Suspenso entre la nada</p>
<p>Estás y el infinito,</p>
<p>Y en tu razón tan pobre y limitada.</p>
<p>Llevas augusto privilegio escrito.</p>
<p>Trémulo ante tan grandes maravillas,</p>
<p>Que entrever logra tu asombrada mente.</p>
<p>Dobla ¡mortal! sumiso las rodillas,</p>
<p>Prosternando la frente</p>
<p>Y acatando rendido</p>
<p>De mi sapiencia el insondable arcano;</p>
<p>Mas no alces atrevido</p>
<p>Hasta mi trono el pensamiento insano;</p>
<p>Que aunque el astro de fuego</p>
<p>Su luz te envía en rayos bienhechores.</p>
<p>Si le osas contemplar quedarás ciego,</p>
<p>Sombras no más hallando en sus fulgores»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«En tu alma de mi ser grabé la idea,</p>
<p>Y rindiendo a su autor digno homenaje.</p>
<p>Naturaleza emplea</p>
<p>Universal, magnífico lenguaje.</p>
<p>De un polo al otro en sus miserias claman</p>
<p>Los hombres a su Dios. La tierra, el cielo,</p>
<p>Las noches y los días.</p>
<p>Mi poder y bondad doquier proclaman,</p>
<p>Y mi nombre preludian en el suelo</p>
<p>Multitud de armonías.</p>
<p>Que ofuscan, sí, de tu razón el brillo</p>
<p>Y confunden tu ciencia;</p>
<p>Mas para el corazón tienen sencillo</p>
<p>Poderosa elocuencia.</p>
<p>Es mi nombre «¡El que- Es!» — ¡Que confundida</p>
<p>Ante el misterio de tan alto nombre,</p>
<p>Entre esas obras de mi augusta diestra</p>
<p>El humano saber calle y se asombre;</p>
<p>Pues su ciencia mayor alcanza y muestra</p>
<p>Al conocer su pequeñez el hombre!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El canto de Altabiscar</strong></h3>
<p>Súbito se alza un grito en las montañas</p>
<p>de los valientes euskaldunes. Presta</p>
<p>todo su oído el bravo echeco-jauna,</p>
<p>que de su noble hogar guarda la puerta.</p>
<p>-¡Qué es eso!, exclama- y se levanta al punto</p>
<p>su perro fiel, irguiendo las orejas.</p>
<p>¡Escuchad! ¡Escuchad cual sus ladridos</p>
<p>de Altabiscar en derredor resuenan!</p>
<p>pero un ruido mayor, más espantoso,</p>
<p>parte veloz de lo alto de Ibañeta,</p>
<p>y va, de monte en monte retumbando,</p>
<p>a ensordecer las solitarias crestas.</p>
<p>¡Es la voz de un ejército que avanza!</p>
<p>otras mil, otras mil responden fieras,</p>
<p>del ronco cuerno al áspero sonido,</p>
<p>entre montes, peñascos y malezas.</p>
<p>¡Los nuestros son! -El bravo echeco-jauna</p>
<p>salta blandiendo la acerada flecha.</p>
<p>-¡Con él todos!… ¡Mirad! Sobre esas cimas</p>
<p>móvil bosque de lanzas centellea,</p>
<p>y en medio, sus colores ostentando,</p>
<p>majestuosas ondulan las banderas.</p>
<p>¡Oh!… ¡Qué bajan!… ¡Qué vienen!… ¡Qué desfilan,</p>
<p>cual lobos a caer sobre su presa!…</p>
<p>¡Qué guerrero tropel!¡Cuéntalos, mozo!</p>
<p>-Diez… Quince… Veinte… Veinticinco… Treinta…</p>
<p>¡Y otros tantos!… ¡Y cien!… Se pierde el número,</p>
<p>porque son más, señor, que las arenas.</p>
<p>-¿Qué importa? Venid todos, ¡euskaldunes!</p>
<p>de cuajo arrancaremos estas peñas,</p>
<p>y sobre el vil enjambre de enemigos</p>
<p>las lanzarán nuestras nervudas diestras.</p>
<p>¿Qué vienen a buscar a nuestros montes</p>
<p>esos hijos del Norte en son de guerra?</p>
<p>¿entre ellos y nosotros puso en balde</p>
<p>el mismo Dios una muralla eterna?</p>
<p>¡Caiga sobre ellos, caiga desplomado</p>
<p>todo este monte, piedra sobre piedra!</p>
<p>¡A una todos!… ¡Así! -Se anubla el aire;</p>
<p>La tierra cruje; los peñascos ruedan;</p>
<p>Jinetes y caballos confundidos</p>
<p>con sus despojos los breñales siembran;</p>
<p>Y palpitan las carnes aplastadas,</p>
<p>chorros brotando, que en el suelo humean.</p>
<p>¡Cuántos huesos molidos!¡Cuánta sangre,</p>
<p>en la que el sol medroso reverbera!…</p>
<p>-¡Huid si aún podéis, reliquias miserables!</p>
<p>El que aún tiene bridón métale espuelas,</p>
<p>y corra como ciervo perseguido</p>
<p>el que aún conserve para hacerlo fuerzas.</p>
<p>¡Huye con tu pendón, rey Carlo-Magno,</p>
<p>que el rico manto entre las zarzas dejas,</p>
<p>mientras el viento en remolinos barre</p>
<p>de tu casco rëal las plumas negras!</p>
<p>¿Qué aguardas? ¿A quién buscas? Tu sobrino,</p>
<p>el que rival no tuvo en la pelea,</p>
<p>tu famoso Roldán, bravo entre bravos,</p>
<p>¡allí tendido entre los muertos queda!</p>
<p>ya huyen veloces, ¡euskaldunes!… ¡Huyen!…</p>
<p>¿Do sus lanzas están? ¿Do sus enseñas?</p>
<p>¡Cuál huyen!… ¡Oh! ¡Cuál huyen!… ¡Cuenta, mozo!</p>
<p>¿Cuántos los vivos son que aún aquí restan?</p>
<p>¿Veinte?… ¿Quince?… ¿Diez?… ¿Ocho?… ¿Siete?… ¿Cinco?…</p>
<p>-No, señor. -¿Cuatro?… ¿Dos?…- ¡Ni uno siquiera!</p>
<p>Todo acabó. -Valiente echeco-jauna,</p>
<p>llama a tu perro; vuelve do te esperan</p>
<p>los tiernos hijos, la querida esposa,</p>
<p>y en tu cuerno de buey guarda las flechas;</p>
<p>Que ya en el campo, herencia de tus padres,</p>
<p>puedes dormir tranquilo sobre de ellas.</p>
<p>¡Pronto la noche tenderá su manto,</p>
<p>y acudiendo de buitres nube espesa,</p>
<p>se cebarán en carnes machacadas,</p>
<p>esparciendo las blancas osamentas,</p>
<p>que en polvo convertidas por los siglos</p>
<p>darán abono a nuestra agreste tierra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El porqué de la inconstancia</strong></h3>
<p>Contra mi sexo te ensañas</p>
<p>Y de inconstante lo acusas;</p>
<p>Quizá porque así te excusas</p>
<p>De recibir cargo igual.</p>
<p>Mejor obrarás si emprendes</p>
<p>Analizar en ti mismo</p>
<p>Del alma humana el abismo,</p>
<p>Buscando el foco del mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Proclamas que las mujeres</p>
<p>(Cual dijo no sé quién antes),</p>
<p>Piensan amar sus amantes</p>
<p>Cuando aman sólo al amor;</p>
<p>Que el vago ardor del deseo</p>
<p>Se agita constante en ellas;</p>
<p>Mas pasa sin dejar huellas</p>
<p>Su preferencia mayor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay, amigo! no te niego</p>
<p>Verdad que tan sólo prueba</p>
<p>Que son las hijas de Eva</p>
<p>Como los hijos de Adán.</p>
<p>A entrambos el daño vino</p>
<p>De la funesta manzana,</p>
<p>Y a toda la raza humana</p>
<p>Sus tristes efectos van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mísera raza!… Su mengua</p>
<p>Sufre, pero no la entiende;</p>
<p>Y aún sueña y hallar pretende</p>
<p>Bienes que torpe perdió.</p>
<p>Tras ellos ciega se lanza,</p>
<p>Girando en vértigo insano…</p>
<p>Mas nunca su empeño vano</p>
<p>Ni aun en sombra los gozó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amor pide, dicha busca,</p>
<p>Y a esperar loca se atreve</p>
<p>Que en vaso corrupto y breve</p>
<p>Apague el alma su sed;</p>
<p>Pero ella su afán inmenso</p>
<p>Siente perenne, profundo,</p>
<p>Y rompe lazos del mundo</p>
<p>Como el águila la red.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En balde en la extraña lucha</p>
<p>De su cansancio y su anhelo</p>
<p>Le agrada tomar el velo</p>
<p>Que la presenta el error,</p>
<p>Y en los pálidos fantasmas,</p>
<p>-Que agranda ilusa ella sola</p>
<p>Se finge ver la aureola</p>
<p>De la dicha y del amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Resbala pronto la venda!</p>
<p>¡Resbala y ve -con despecho-</p>
<p>Que vuela, en humo deshecho,</p>
<p>El fulgor de su ilusión!</p>
<p>Pues no cabe en ser que piensa</p>
<p>Que eterno el engaño sea</p>
<p>Aunque inmortal es la idea</p>
<p>Que seduce al corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es, no, flaqueza en nosotros,</p>
<p>Sí indicio de altos destinos,</p>
<p>Que aquellos bienes divinos</p>
<p>Nos sirvan de eterno imán,</p>
<p>Y que el alma no los halle,</p>
<p>-Por más que activa se mueva</p>
<p>Ni tú en las hijas de Eva,</p>
<p>Ni yo en los hijos de Adán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unas y otros nos quedamos</p>
<p>De lo ideal a distancia,</p>
<p>Y en todos es la inconstancia</p>
<p>Constante anhelo del bien.</p>
<p>¡De amor y dicha tenemos</p>
<p>Sólo un recuerdo nublado;</p>
<p>Pues su goce fue enterrado</p>
<p>Bajo el árbol del edén!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jamás ¡oh amigo! ventura</p>
<p>Ni amor eterno hallaremos…</p>
<p>Pero ¿qué importa? ¡esperemos!</p>
<p>Porque es vivir esperar;</p>
<p>Y aquí -do todo nos habla</p>
<p>De pequeñez y mudanza</p>
<p>Sólo es grande la esperanza</p>
<p>Y perenne el desear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El recuerdo importuno</strong></h3>
<p>¿Serás del alma eterna compañera,</p>
<p>tenaz memoria de veloz ventura?</p>
<p>¿Por qué el recuerdo interminable dura</p>
<p>si el bien pasó cual ráfaga ligera?</p>
<p>¡Tú, negro olvido, que con hambre fiera</p>
<p>abres ¡ay! sin cesar tu boca oscura,</p>
<p>de glorias mil inmensa sepultura</p>
<p>y del dolor consolación postrera!,</p>
<p>si a tu vasto poder ninguno asombra</p>
<p>y al orbe riges con tu cetro frío,</p>
<p>¡ven!, que su dios mi corazón te nombra.</p>
<p>¡Ven y devora este fantasma impío,</p>
<p>de pasado placer pálida sombra,</p>
<p>de placer por venir nublo sombrío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Elegía I</strong></h3>
<p><em>Después de la muerte de mi marido</em></p>
<p>Otra vez llanto, soledad, tinieblas…</p>
<p>¡Huyó cual humo la ilusión querida!</p>
<p>¡La luz amada que alumbró mi vida</p>
<p>Un relámpago fue!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brilló para probar sombra pasada;</p>
<p>Brilló para anunciar sombra futura;</p>
<p>Brilló para morir… y en noche oscura</p>
<p>Para siempre quedé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras luengos años de tormenta ruda</p>
<p>Comenzaba a gozar benigna calma;</p>
<p>Mas ¡ay! que solo por burlar el alma</p>
<p>La abandonó el dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así la pérfida alimaña finge</p>
<p>Que a su presa infeliz escapar deja,</p>
<p>Y con las garras extendidas, ceja</p>
<p>Para asirla mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que ayer era mi sostén y amparo,</p>
<p>Hoy de la muerte es mísero trofeo</p>
<p>¡Por corona nupcial me dio Himeneo</p>
<p>Mustio y triste ciprés!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De juventud, de amor, de fuerza henchido,</p>
<p>Su porvenir ¡cuán vasto parecía…</p>
<p>Mas la mañana terminó su día:</p>
<p>¡Ya del tiempo no es!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada me resta, ¡oh Dios! Sus rotas alas</p>
<p>Pliega gimiendo mi esperanza bella</p>
<p>Hoy sus decretos el destino sella;</p>
<p>Ya irrevocables son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al golpe atroz que me desgarra el pecho</p>
<p>Quizás mi pobre vida no sucumba;</p>
<p>Mas con los restos que tragó esa tumba</p>
<p>Se hunde mi corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alma noble y amante! tú, ante el trono</p>
<p>De la infinita paternal clemencia,</p>
<p>Por la que fue mitad de tu existencia</p>
<p>¡Pide, pide piedad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Baje un rayo de luz que alumbre mi alma</p>
<p>En este abismo de pavor profundo,</p>
<p>Hasta que pueda abandonar del mundo</p>
<p>¡La inmensa soledad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Elegía II</strong></h3>
<p>Cánticos de tus vírgenes sagradas,</p>
<p>Que de tu amor proclaman las dulzuras,</p>
<p>Son esas voces que de unción colmadas,</p>
<p>Llegan al corazón graves y puras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu soberana mano ¡Ser eterno!</p>
<p>Me ha conducido a tan amable asilo:</p>
<p>Yo reconozco tu favor paterno</p>
<p>Y empieza el pecho a respirar tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Permite, pues, que al religioso coro</p>
<p>Hoy se asocie, aunque indigna, la voz mía:</p>
<p>Cubierta de ciprés mi lira de oro,</p>
<p>Para alabarte aún hallará armonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu justicia el formidable azote</p>
<p>En mí se ensangrentó por tiempo largo;</p>
<p>Mas si lo quieres tú, que el labio agote</p>
<p>Del cáliz de la vida el dejo amargo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prolongue a su placer mi senda triste</p>
<p>Tu providencia inescrutable y alta;</p>
<p>Que si la fe de tu bondad me asiste,</p>
<p>Vigor para sufrir nunca me falta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rompes mis lazos cual estambres leves;</p>
<p>Cuanto encumbra mi amor tu mano aterra;</p>
<p>Tú haces, Señor, exhalaciones breves</p>
<p>Las esperanzas que fundé en la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, lo sé, tu voluntad me intima</p>
<p>Que sólo busque en Ti sostén y asiento;</p>
<p>Que cuanto el hombre en su locura estima</p>
<p>Es humo y polvo que dispersa el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no condenes, ¡ah! que acerbo llanto</p>
<p>Riegue ese polvo que me fue querido</p>
<p>Bendiciendo mi voz tu fallo santo,</p>
<p>Deja gemir al corazón herido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El alma que a tu seno encumbró el vuelo,</p>
<p>Obedeciendo a tu querer, Dios mío,</p>
<p>Por toda herencia me dejó en el suelo</p>
<p>Ese sepulcro silencioso y frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ni ese triste bien permite el hado</p>
<p>Pueda yo siempre custodiar amante</p>
<p>Bajo extranjero cielo abandonado</p>
<p>Lo he de dejar, para gemir distante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh esposas de Jesús! Cuando aquel llegue</p>
<p>Forzoso instante de la ausencia impía,</p>
<p>Permitid ¡ay! que ese sepulcro os legue,</p>
<p>Y en él al corazón que os lo confía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya lo purificó la desventura,</p>
<p>Y vuestro puro afecto lo embalsama:</p>
<p>No olvidéis, pues, que en esa sepultura</p>
<p>Velando queda un corazón que os ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, ¡Señor! que entre tus hijas santas</p>
<p>Hoy me toleras con piedad benigna,</p>
<p>Acepta con sus himnos a tus plantas</p>
<p>Las bendiciones de tu sierva indigna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En esta tarde, Cristo del Calvario…</strong></h3>
<p>En esta tarde, Cristo del Calvario,</p>
<p>vine a rogarte por mi carne enferma;</p>
<p>pero, al verte, mis ojos van y vienen</p>
<p>de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo quejarme de mis pies cansados,</p>
<p>cuando veo los tuyos destrozados?</p>
<p>¿Cómo mostrarte mis manos vacías,</p>
<p>cuando las tuyas están llenas de heridas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo explicarte a ti mi soledad,</p>
<p>cuando en la cruz alzado y solo estás?</p>
<p>¿Cómo explicarte que no tengo amor,</p>
<p>cuando tienes rasgado el corazón?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora ya no me acuerdo de nada,</p>
<p>huyeron de mí todas mis dolencias.</p>
<p>El ímpetu del ruego que traía</p>
<p>se me ahoga en la boca pedigüeña¹.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y solo pido no pedirte nada,</p>
<p>estar aquí, junto a tu imagen muerta,</p>
<p>ir aprendiendo que el dolor es solo</p>
<p>la llave santa de tu santa puerta.</p>
<p>Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En la muerte del laureado poeta señor don Manuel José Quintana</strong></h3>
<p>Cantos de regocijo y de victoria</p>
<p>Nuestras voces alzaron aquel día</p>
<p>Que regia mortal mano te ceñía</p>
<p>Mezquino lauro de terrestre gloria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hoy que a la voz de tu Hacedor acudes,</p>
<p>A recibir la fúlgida diadema</p>
<p>Que la inmutable Majestad Suprema</p>
<p>Guarda en la eterna patria a las virtudes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy nuestra flaca condición humana</p>
<p>Su aliento en vano a remontar aspira</p>
<p>¡No le es dado arrancar, noble Quintana,</p>
<p>Ni un tierno adiós de la enlutada ¡ira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que aunque la Fe con resplandor divino</p>
<p>La densa noche del sepulcro alumbre,</p>
<p>Y la Esperanza hasta la excelsa cumbre</p>
<p>Vuele, mostrando tu triunfal camino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí -al mirar tus fúnebres despojos</p>
<p>A la tierra volver- sólo nos queda,</p>
<p>Con tu corona, que la España hereda,</p>
<p>¡Duelo en el corazón llanto en los ojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En una tarde tempestuosa</strong></h3>
<p>Del huracán espíritu potente</p>
<p>que hoy libre dejas la región precita,</p>
<p>¡ven, con el tuyo mi furor escita!</p>
<p>¡ven con tu fuego a coronar mi frente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que el rayo con fragor reviente,</p>
<p>mientras cual hoja seca, o flor marchita,</p>
<p>tu fuerte soplo al robre precipita</p>
<p>roto y deshecho al bramador torrente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a librarme de la pena extraña</p>
<p>que a un alma altiva con baldón devora</p>
<p>y el brillo puro a la razón empaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ven! y al inerte pecho que te implora</p>
<p>da tu poder y tu iracunda saña,</p>
<p>y el llanto seca que cobarde llora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En vano ansiosa tu amistad procura…</strong></h3>
<p>En vano ansiosa tu amistad procura</p>
<p>adivinar el mal que me atormenta;</p>
<p>en vano, amigo, conmovida intenta</p>
<p>revelarlo mi voz a tu ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puede explicarse el ansia, la locura</p>
<p>con que el amor sus fuegos alimenta…</p>
<p>Puede el dolor, la saña más violenta,</p>
<p>exhalar por el labio su amargura..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas de decir mi malestar profundo,</p>
<p>no halla mi voz, mi pensamiento, medio,</p>
<p>y al indagar su origen me confundo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero es un mal terrible, sin remedio,</p>
<p>que hace odiosa la vida, odioso el mundo,</p>
<p>que seca el corazón…¡En fin, es tedio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Epitafio</strong></h3>
<p><em>Para grabarse en la tumba de un escéptico</em></p>
<p><em>Imitación de Parny</em></p>
<p>Tuvo el que yace aquí cordura extrema:</p>
<p>Para evitar error dudó de todo:</p>
<p>La existencia de Dios puso en problema,</p>
<p>Y -dudando vivir- vivió a su modo.</p>
<p>Cansado al fin de caos tan profundo,</p>
<p>Huyó por esta puerta diligente,</p>
<p>Para ir a preguntar al otro mundo</p>
<p>Lo que en este creer cuadra al prudente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Es grata al caminante en noche fría…</strong></h3>
<p>Es grata al caminante en noche fría</p>
<p>La alegre llama del hogar caliente:</p>
<p>Grata al que corre bajo sol ardiente</p>
<p>La fresca sombra de arboleda umbría:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grato, como dulcísima armonía,</p>
<p>Para el sediento el ruido de la fuente,</p>
<p>Y grato respirar en libre ambiente</p>
<p>Para quien sale de mazmorra impía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grata, en fin, la lluvia al campesino;</p>
<p>Grata al guerrero belicosa fama;</p>
<p>Y grato el natal suelo al peregrino:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero más que aire, sombra, fuente, llama,</p>
<p>Lluvia, patria, laurel, ¡Jesús divino!</p>
<p>Tu nombre es grato al corazón que te ama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Es grato, si el Cáncer la atmósfera enciende…</strong></h3>
<p>Es grato, si el Cáncer la atmósfera enciende,</p>
<p>Si pliega sus alas el viento dormido,</p>
<p>Gozar los asilos que un muro defiende,</p>
<p>Con ricos tapices de Flandes vestido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grata la calma dulcísima y leda</p>
<p>De aquellos salones dorados y umbríos,</p>
<p>Do el sol, que penetra por nubes de seda,</p>
<p>Se pierde entre jaspes y mármoles fríos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grato el ambiente de aquellas estancias</p>
<p>-Que en torno matizan maderas preciosas-</p>
<p>Do en vasos de china despiden fragancias</p>
<p>Itálicos lirios, bengálicas rosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grato que al Euro -que huyó silencioso-</p>
<p>Imiten las bellas moviendo abanicos;</p>
<p>Allí do cual tronos del muelle reposo</p>
<p>Se ostentan divanes de púrpura ricos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y grato en la tarde, con lánguido paso,</p>
<p>Salir de entre sedas y pórfidos y oro,</p>
<p>A ver cuál oculta, llegando a su ocaso,</p>
<p>El astro supremo su ardiente tesoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que allí, para verlo, se tienen vergeles</p>
<p>Que nunca marchitan estivos ardores;</p>
<p>Con bancos de césped, con frescos doseles,</p>
<p>Y bosques y fuentes y exóticas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asilos tan bellos no hubieron las ninfas</p>
<p>Que hollaron de Grecia colinas amenas,</p>
<p>Ni náyades vieron tan plácidas linfas</p>
<p>Cual esas que guardan marmóreas sirenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso en las noches del férvido estío</p>
<p>Es grato a ese elíseo llamar los placeres;</p>
<p>Cubriendo de luces su verde sombrío,</p>
<p>Llenando su espacio de hermosas mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aromas y bailes y amores y risas,</p>
<p>En dulces insomnios disfrutan las bellas,</p>
<p>En tanto que vuelan balsámicas brisas</p>
<p>Y en tanto que el cielo se cubre de estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, espléndidas fiestas! ¡Oh, alegres veladas,</p>
<p>Que brotan al soplo de regia hermosura!</p>
<p>Ni silfos, ni genios, ni próvidas fadas</p>
<p>Os dieran encantos de tanta dulzura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, ¡Granja!, no envidies al noble palacio</p>
<p>Que allá San Lorenzo protege vecino;</p>
<p>Pues hoy a las gracias encierra tu espacio,</p>
<p>Y son los placeres tu plácido sino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Difunde fragancias: amores y risas</p>
<p>En gratos insomnios disfruten las bellas,</p>
<p>En tanto que vuelen balsámicas brisas</p>
<p>Y en tanto que el cielo se pueble de estrellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Escrito estaba, sí: se rompe en vano…</strong></h3>
<p>Escrito estaba, sí: se rompe en vano</p>
<p>Una vez y otra la fatal cadena,</p>
<p>Y mi vigor por recobrar me afano.</p>
<p>Escrito estaba: el cielo me condena</p>
<p>A tornar siempre al cautiverio rudo,</p>
<p>Y yo obediente acudo,</p>
<p>Restaurando eslabones</p>
<p>Que cada vez más rígidos me oprimen;</p>
<p>Pues del yugo fatal no me redimen</p>
<p>De mi altivez postreras convulsiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón, destino,</p>
<p>De tu víctima dócil! Yo me entrego</p>
<p>Cual hoja seca al raudo torbellino</p>
<p>Que la arrebata ciego.</p>
<p>¡Tuya soy! ¡Heme aquí! ¡Todo lo puedes!</p>
<p>Tu capricho es mi ley: sacia tu saña…</p>
<p>Pero sabe, ¡oh cruel!, que no me engaña</p>
<p>La sonrisa falaz que hoy me concedes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Feliz quien junto a ti por ti suspira…</strong></h3>
<p>¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,</p>
<p>quien oye el eco de tu voz sonora,</p>
<p>quien el halago de tu risa adora</p>
<p>y el blando aroma de tu aliento aspira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ventura tanta, que envidioso admira</p>
<p>el querubín que en el empíreo mora,</p>
<p>el alma turba, el corazón devora,</p>
<p>y el torpe acento, al expresarla, expira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante mis ojos desaparece el mundo</p>
<p>y por mis venas circular ligero</p>
<p>el fuego siento del amor profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trémula, en vano resistirte quiero.</p>
<p>De ardiente llanto mi mejilla inundo.</p>
<p>¡Delirio, gozo, te bendigo y muero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>He aquí el asilo de la eterna calma…</strong></h3>
<p>He aquí el asilo de la eterna calma,</p>
<p>do solo el sauce desmayado crece…</p>
<p>¡Dejadme aquí: que fatigada el alma,</p>
<p>el aura de las tumbas apetece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que aspiráis las flores de la vida,</p>
<p>llenas de aroma de placer y gloria,</p>
<p>no piséis el lugar do convertida</p>
<p>veréis su pompa en miserable escoria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas venid todos los que el ceño airado</p>
<p>del destino mirasteis en la cuna;</p>
<p>los que sentís el corazón llagado</p>
<p>y no esperáis consolación alguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Venid también, espíritus ardientes,</p>
<p>que en ese mundo os agitáis sin tino,</p>
<p>y cuya inmensa sed sus turbias fuentes</p>
<p>calmar no pueden con raudal mezquino!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que el cansancio conocisteis, antes</p>
<p>que paz os diesen y quietud los años</p>
<p>¡Venid con nuestros sueños devorantes!</p>
<p>¡Venid con vuestros tristes desengaños!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aquí las horas, rápidas o lentas,</p>
<p>cuenta el placer ni mide la esperanza:</p>
<p>¡quiébranse aquí las olas turbulentas</p>
<p>que el huracán de las pasiones lanza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí, si os turban sombras de la duda,</p>
<p>la severa verdad inmóvil vela:</p>
<p>aquí reina la paz eterna y muda,</p>
<p>si paz el alma fatigada anhela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que aquí duermen en profundo sueño,</p>
<p>insomnes cual nosotros se agitaron…</p>
<p>Ya de la muerte en el letal beleño</p>
<p>sus abrasadas sienes refrescaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amemos, pues, nuestra mansión futura,</p>
<p>única que tenemos duradera</p>
<p>¡Que ilusión de la vida es la ventura,</p>
<p>mas la paz de la muerte es verdadera!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Iba tendiendo su luctuoso manto…</strong></h3>
<p>Iba tendiendo su luctuoso manto</p>
<p>La noche oscura y fría,</p>
<p>Sin que templase un tanto</p>
<p>La opacidad de la región vacía,</p>
<p>El rayo de la luna macilento</p>
<p>Ni el trémulo fulgor de las estrellas;</p>
<p>Pues, cual rastro sangriento,</p>
<p>De un sol de invierno las rojizas huellas</p>
<p>Surcaban sólo el negro firmamento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tristes también las calles parecían</p>
<p>De la opulenta villa coronada,</p>
<p>Do circulando multitud callada,</p>
<p>Sólo semblantes serios se veían,</p>
<p>Que presentir hacían</p>
<p>Algún grave suceso,</p>
<p>Pronto explicado por las roncas voces</p>
<p>Que esparcieron veloces</p>
<p>Por el gentío espeso</p>
<p>Los vendedores de volantes hojas,</p>
<p>Gritando por doquier: «Causa y sentencia</p>
<p>»Del coronel Rengifo y compañeros,</p>
<p>»Que a los rayos primeros</p>
<p>»Del nuevo sol terminan su existencia.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasan de mano en mano</p>
<p>Los públicos papeles,</p>
<p>Y -aunque no haya quizá pechos crueles</p>
<p>Que al contemplar destino tan tirano</p>
<p>Puedan negar a los dolientes reos,</p>
<p>Víctimas de políticos errores,</p>
<p>Un suspiro, una lágrima piadosa-</p>
<p>Siguen los transeúntes sus paseos,</p>
<p>Su fúnebre pregón los vendedores,</p>
<p>Y la noche su marcha silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las horas vuelan entre tanto; cesa</p>
<p>La agitación del mundo,</p>
<p>Y entre la sombra espesa</p>
<p>Do el silencio por fin reina profundo,</p>
<p>Derramando narcótico beleño</p>
<p>-Que a descansar convida</p>
<p>De los rudos afanes de la vida-</p>
<p>Desciende en alas de la noche el sueño.</p>
<p>Mas, ¡ah!, tan honda calma</p>
<p>No aduerme, no, pesares sin consuelo</p>
<p>-Que apenas puede resistir el alma,</p>
<p>Y en su prisión austera</p>
<p>Gimen los tristes que el postrer desvelo</p>
<p>Sufriendo están en el infausto suelo</p>
<p>Donde el sepulcro abierto les espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vida y vigor devolverá a natura</p>
<p>La claridad febea,</p>
<p>Y ellos en la luz pura</p>
<p>Sólo verán su funeraria tea</p>
<p>¡Oh! ¿Qué pincel tan fúnebres colores</p>
<p>Puede tener, que alcance</p>
<p>A bosquejar siquiera los dolores</p>
<p>Que así cercanos al tremendo trance</p>
<p>De cada cual el corazón devora?</p>
<p>No sólo ve la muerte, la vigilia</p>
<p>-De espectros creadora-</p>
<p>Presenta allí la mísera familia…</p>
<p>La esposa, el padre, el hijo a quien adora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, pobre infante, cuya blanda cuna,</p>
<p>De la esperanza nido,</p>
<p>La pérfida fortuna</p>
<p>-Que oyó propicia su primer vagido-</p>
<p>Deja con luto de orfandad cubierta!…</p>
<p>¡Oh, pobre infante, que en el pecho tierno</p>
<p>Verá la herida abierta,</p>
<p>Que de su vida con brotar eterno</p>
<p>La senda regará triste y desierta!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué puedes hacer, padre infelice?</p>
<p>¡Fuerza es morir!… Con pavorosos ecos</p>
<p>Tu corazón lo dice…</p>
<p>Y esa luz bella -que a tus ojos, secos</p>
<p>Por insomnio crüel la aurora envía-</p>
<p>Te lo dice también. Morir es fuerza;</p>
<p>No esperes, no, que su guadaña tuerza,</p>
<p>Piadosa a tu dolor, la parca impía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuerza es dejar el hijo abandonado,</p>
<p>La esposa desvalida,</p>
<p>El padre desolado,</p>
<p>¡Ay! y a la madre tierna, encanecida</p>
<p>Por años de virtud. -De esa existencia,</p>
<p>Que ella ha cuidado con afán prolijo,</p>
<p>Infatigable amor, santa paciencia,</p>
<p>¿Qué cuenta le darás, ¡funesto hijo!?</p>
<p>¿Qué cuenta le darás en tu conciencia?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repentino rumor se eleva y crece</p>
<p>En la mansión sombría:</p>
<p>Crujiendo se estremece</p>
<p>La férrea puerta, que ostentar debía</p>
<p>-Cual la del reino del eterno llanto</p>
<p>Del rudo Dante la inscripción tremenda;</p>
<p>Y trémulos -en tanto</p>
<p>Que abre a sus pasos la temida senda-</p>
<p>Los sentenciados, que entre mil dolores</p>
<p>Por conservarse sin flaqueza luchan,</p>
<p>Ya los redobles fúnebres escuchan</p>
<p>Con que a morir los llaman los tambores.</p>
<p>Llegó el instante, ¡oh Dios! -Pero ¿qué anuncia</p>
<p>La voz que el nombre de Isabel pronuncia,</p>
<p>Mientras cual bella aurora</p>
<p>-Que las tristes tinieblas desvanece</p>
<p>Y a los campos colora</p>
<p>En la lóbrega estancia que ilumina,</p>
<p>Tierna beldad de súbito aparece,</p>
<p>Vertiendo luz de compasión divina,</p>
<p>Que en sus azules ojos resplandece?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es ella! ¡Sí! ¡Miradla!… Pura y bella,</p>
<p>De sus plantas reales</p>
<p>Sienta la leve huella</p>
<p>De la horrible capilla en los umbrales.</p>
<p>El ángel santo de piedad la guía,</p>
<p>La majestad del solio la acompaña,</p>
<p>La siguen a porfía</p>
<p>Las esperanzas y el amor de España,</p>
<p>Y huye a su aspecto la discordia impía.</p>
<p>¡Llega, virgen real! Tu planta imprime</p>
<p>En la mansión del duelo</p>
<p>Ejerce la sublime</p>
<p>Prerrogativa que te otorga el cielo</p>
<p>Perdona como él, y que la historia</p>
<p>De los monarcas, con tu ejemplo egregio,</p>
<p>Legue a tus sucesores la memoria</p>
<p>De que -al usar tan noble privilegio-</p>
<p>La diestra augusta que perdón concede</p>
<p>Recoge en cambio gloria,</p>
<p>Que a otra ninguna compararse puede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tuya, ¡oh Isabel!, la tuya hermosa</p>
<p>En esos rostros mira,</p>
<p>Do tu mano piadosa</p>
<p>Secó el llanto cruel: ella respira</p>
<p>En esas vidas que arrancó a la tumba</p>
<p>Tu corazón magnánimo; se extiende</p>
<p>En ese que retumba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Víctor inmenso, que el espacio hiende,</p>
<p>Y aún brilla en el cadalso que derrumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tuya el laurel santo</p>
<p>No hace nacer con riego</p>
<p>De hirviente sangre y congojoso llanto,</p>
<p>Sino de amor al fecundante fuego;</p>
<p>Y el que la ensalza, sublimado canto,</p>
<p>No es el que ensayo con humilde tono</p>
<p>De mi lira en los sones;</p>
<p>Sino el que se alza en tiernas bendiciones</p>
<p>Hasta tu excelso trono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Feliz en él por dilatados días</p>
<p>Goza, joven augusta,</p>
<p>Las santas alegrías</p>
<p>Del poder bienhechor. La frente adusta</p>
<p>De la justicia tu piedad suavice;</p>
<p>Que el rigor nunca la nefanda tea</p>
<p>De la venganza atice;</p>
<p>Y justa siempre y perdurable sea</p>
<p>La voz universal que hoy te bendice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Imitación de Petrarca</strong></h3>
<p>No encuentro paz, ni me permiten guerra;</p>
<p>De fuego devorado, sufro el frío;</p>
<p>Abrazo un mundo, y quédome vacío;</p>
<p>Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni libre soy, ni la prisión me encierra;</p>
<p>Veo sin luz, sin voz hablar ansío;</p>
<p>Temo sin esperar, sin placer río;</p>
<p>Nada me da valor, nada me aterra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busco el peligro cuando auxilio imploro;</p>
<p>Al sentirme morir me encuentro fuerte;</p>
<p>Valiente pienso ser, y débil lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cúmplese así mi extraordinaria suerte;</p>
<p>Siempre a los pies de la beldad que adoro,</p>
<p>y no quiere mi vida ni mi muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Imitando una oda de Safo</strong></h3>
<p>¡Feliz quien junto a ti por ti suspira!</p>
<p>¡Quien oye el eco de tu voz sonora!</p>
<p>¡Quien el halago de tu risa adora</p>
<p>Y el blando aroma de tu aliento aspira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ventura tanta -que envidioso admira</p>
<p>El querubín que en el empíreo mora-</p>
<p>El alma turba, al corazón devora,</p>
<p>Y el torpe acento, al expresarla, espira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante mis ojos desparece el mundo,</p>
<p>Y por mis venas circular ligero</p>
<p>El fuego siento del amor profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trémula, en vano resistirte quiero…</p>
<p>De ardiente llanto mi mejilla inundo,</p>
<p>¡Deliro, gozo, te bendigo y muero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La clemencia</strong></h3>
<p>Iba tendiendo su luctuoso manto</p>
<p>La noche oscura y fría,</p>
<p>Sin que templase un tanto</p>
<p>La opacidad de la región vacía,</p>
<p>El rayo de la luna macilento</p>
<p>Ni el trémulo fulgor de las estrellas;</p>
<p>Pues, cual rastro sangriento,</p>
<p>De un sol de invierno las rojizas huellas</p>
<p>Surcaban sólo el negro firmamento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tristes también las calles parecían</p>
<p>De la opulenta villa coronada,</p>
<p>Do circulando multitud callada,</p>
<p>Sólo semblantes serios se veían,</p>
<p>Que presentir hacían</p>
<p>Algún grave suceso,</p>
<p>Pronto explicado por las roncas voces</p>
<p>Que esparcieron veloces</p>
<p>Por el gentío espeso</p>
<p>Los vendedores de volantes hojas,</p>
<p>Gritando por doquier: «Causa y sentencia</p>
<p>»Del coronel Rengifo y compañeros,</p>
<p>»Que a los rayos primeros</p>
<p>»Del nuevo sol terminan su existencia.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasan de mano en mano</p>
<p>Los públicos papeles,</p>
<p>Y -aunque no haya quizá pechos crueles</p>
<p>Que al contemplar destino tan tirano</p>
<p>Puedan negar a los dolientes reos,</p>
<p>Víctimas de políticos errores,</p>
<p>Un suspiro, una lágrima piadosa-</p>
<p>Siguen los transeúntes sus paseos,</p>
<p>Su fúnebre pregón los vendedores,</p>
<p>Y la noche su marcha silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las horas vuelan entre tanto; cesa</p>
<p>La agitación del mundo,</p>
<p>Y entre la sombra espesa</p>
<p>Do el silencio por fin reina profundo,</p>
<p>Derramando narcótico beleño</p>
<p>-Que a descansar convida</p>
<p>De los rudos afanes de la vida-</p>
<p>Desciende en alas de la noche el sueño.</p>
<p>Mas, ¡ah!, tan honda calma</p>
<p>No aduerme, no, pesares sin consuelo</p>
<p>-Que apenas puede resistir el alma,</p>
<p>Y en su prisión austera</p>
<p>Gimen los tristes que el postrer desvelo</p>
<p>Sufriendo están en el infausto suelo</p>
<p>Donde el sepulcro abierto les espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vida y vigor devolverá a natura</p>
<p>La claridad febea,</p>
<p>Y ellos en la luz pura</p>
<p>Sólo verán su funeraria tea</p>
<p>¡Oh! ¿Qué pincel tan fúnebres colores</p>
<p>Puede tener, que alcance</p>
<p>A bosquejar siquiera los dolores</p>
<p>Que así cercanos al tremendo trance</p>
<p>De cada cual el corazón devora?</p>
<p>No sólo ve la muerte, la vigilia</p>
<p>-De espectros creadora-</p>
<p>Presenta allí la mísera familia…</p>
<p>La esposa, el padre, el hijo a quien adora!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, pobre infante, cuya blanda cuna,</p>
<p>De la esperanza nido,</p>
<p>La pérfida fortuna</p>
<p>-Que oyó propicia su primer vagido-</p>
<p>Deja con luto de orfandad cubierta!…</p>
<p>¡Oh, pobre infante, que en el pecho tierno</p>
<p>Verá la herida abierta,</p>
<p>Que de su vida con brotar eterno</p>
<p>La senda regará triste y desierta!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿qué puedes hacer, padre infelice?</p>
<p>¡Fuerza es morir!… Con pavorosos ecos</p>
<p>Tu corazón lo dice…</p>
<p>Y esa luz bella -que a tus ojos, secos</p>
<p>Por insomnio crüel la aurora envía-</p>
<p>Te lo dice también. Morir es fuerza;</p>
<p>No esperes, no, que su guadaña tuerza,</p>
<p>Piadosa a tu dolor, la parca impía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuerza es dejar el hijo abandonado,</p>
<p>La esposa desvalida,</p>
<p>El padre desolado,</p>
<p>¡Ay! y a la madre tierna, encanecida</p>
<p>Por años de virtud. -De esa existencia,</p>
<p>Que ella ha cuidado con afán prolijo,</p>
<p>Infatigable amor, santa paciencia,</p>
<p>¿Qué cuenta le darás, ¡funesto hijo!?</p>
<p>¿Qué cuenta le darás en tu conciencia?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repentino rumor se eleva y crece</p>
<p>En la mansión sombría:</p>
<p>Crujiendo se estremece</p>
<p>La férrea puerta, que ostentar debía</p>
<p>-Cual la del reino del eterno llanto</p>
<p>Del rudo Dante la inscripción tremenda;</p>
<p>Y trémulos -en tanto</p>
<p>Que abre a sus pasos la temida senda-</p>
<p>Los sentenciados, que entre mil dolores</p>
<p>Por conservarse sin flaqueza luchan,</p>
<p>Ya los redobles fúnebres escuchan</p>
<p>Con que a morir los llaman los tambores.</p>
<p>Llegó el instante, ¡oh Dios! -Pero ¿qué anuncia</p>
<p>La voz que el nombre de Isabel pronuncia,</p>
<p>Mientras cual bella aurora</p>
<p>-Que las tristes tinieblas desvanece</p>
<p>Y a los campos colora</p>
<p>En la lóbrega estancia que ilumina,</p>
<p>Tierna beldad de súbito aparece,</p>
<p>Vertiendo luz de compasión divina,</p>
<p>Que en sus azules ojos resplandece?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Es ella! ¡Sí! ¡Miradla!… Pura y bella,</p>
<p>De sus plantas reales</p>
<p>Sienta la leve huella</p>
<p>De la horrible capilla en los umbrales.</p>
<p>El ángel santo de piedad la guía,</p>
<p>La majestad del solio la acompaña,</p>
<p>La siguen a porfía</p>
<p>Las esperanzas y el amor de España,</p>
<p>Y huye a su aspecto la discordia impía.</p>
<p>¡Llega, virgen real! Tu planta imprime</p>
<p>En la mansión del duelo</p>
<p>Ejerce la sublime</p>
<p>Prerrogativa que te otorga el cielo</p>
<p>Perdona como él, y que la historia</p>
<p>De los monarcas, con tu ejemplo egregio,</p>
<p>Legue a tus sucesores la memoria</p>
<p>De que -al usar tan noble privilegio-</p>
<p>La diestra augusta que perdón concede</p>
<p>Recoge en cambio gloria,</p>
<p>Que a otra ninguna compararse puede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tuya, ¡oh Isabel!, la tuya hermosa</p>
<p>En esos rostros mira,</p>
<p>Do tu mano piadosa</p>
<p>Secó el llanto cruel: ella respira</p>
<p>En esas vidas que arrancó a la tumba</p>
<p>Tu corazón magnánimo; se extiende</p>
<p>En ese que retumba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Víctor inmenso, que el espacio hiende,</p>
<p>Y aún brilla en el cadalso que derrumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tuya el laurel santo</p>
<p>No hace nacer con riego</p>
<p>De hirviente sangre y congojoso llanto,</p>
<p>Sino de amor al fecundante fuego;</p>
<p>Y el que la ensalza, sublimado canto,</p>
<p>No es el que ensayo con humilde tono</p>
<p>De mi lira en los sones;</p>
<p>Sino el que se alza en tiernas bendiciones</p>
<p>Hasta tu excelso trono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Feliz en él por dilatados días</p>
<p>Goza, joven augusta,</p>
<p>Las santas alegrías</p>
<p>Del poder bienhechor. La frente adusta</p>
<p>De la justicia tu piedad suavice;</p>
<p>Que el rigor nunca la nefanda tea</p>
<p>De la venganza atice;</p>
<p>Y justa siempre y perdurable sea</p>
<p>La voz universal que hoy te bendice.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2167 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gertru1-300x164.png" alt="Poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda" width="816" height="446" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gertru1-300x164.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gertru1-768x421.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/gertru1.png 958w" sizes="auto, (max-width: 816px) 100vw, 816px" /></p>
<h3><strong>La flor delicada, que apenas existe una aurora…</strong></h3>
<p>La flor delicada, que apenas existe una aurora,</p>
<p>tal vez largo tiempo al ambiente le deja</p>
<p>su olor…</p>
<p>Mas, ¡ay!, que del alma las flores, que un día</p>
<p>atesora</p>
<p>muriendo marchitas no dejan perfume en</p>
<p>redor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La luz esplendente del astro fecundo del día</p>
<p>se apaga, y sus huellas aún forman hermoso</p>
<p>arrebol…</p>
<p>mas ¡ay!, cuando el alma le llega la noche</p>
<p>sombría,</p>
<p>que guarda el fuego sagrado</p>
<p>que ha sido su sol?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se rompe, gastada, la cuerda del arpa</p>
<p>armoniosa,</p>
<p>a aún su eco difunde en los aires</p>
<p>fugaz vibración…</p>
<p>Mas todo es silencio profundo, de muerte</p>
<p>espantosa,</p>
<p>si dan un pecho amante el postrero tristísimo</p>
<p>son…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas nada, ni noche, ni aurora, ni tarde</p>
<p>indecisa</p>
<p>cambian del alma desierta la lúgubre faz…</p>
<p>A ella no llegan crepúsculo, aroma ni brisa…;</p>
<p>a ella no brindan las sombras</p>
<p>ensueños de paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vista los campos de flores</p>
<p>gentil primavera,</p>
<p>doren las mieses los besos</p>
<p>del cielo estival,</p>
<p>pámpanos ornen de otoño la faz</p>
<p>placentera,</p>
<p>lance el invierno brumoso su aliento</p>
<p>glacial,</p>
<p>siempre perdidas, vagando en su estéril desierto,</p>
<p>siempre abrumadas de peso de</p>
<p>vil nulidad,</p>
<p>gimen las almas do el fuego de amor</p>
<p>está muerto…</p>
<p>Nada hay que pueble o anime</p>
<p>su gran soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La noche de insomnio y el alba</strong></h3>
<p><em>Fantasía</em></p>
<p>Noche</p>
<p>Triste</p>
<p>Viste</p>
<p>Ya,</p>
<p>Aire,</p>
<p>Cielo,</p>
<p>Suelo,</p>
<p>Mar.</p>
<p>Brindándole</p>
<p>Al mundo</p>
<p>Profundo</p>
<p>Solaz,</p>
<p>Derraman</p>
<p>Los sueños</p>
<p>Beleños</p>
<p>De paz;</p>
<p>Y se gozan</p>
<p>En letargo,</p>
<p>Tras el largo</p>
<p>Padecer,</p>
<p>Los heridos</p>
<p>Corazones,</p>
<p>Con visiones</p>
<p>De placer.</p>
<p>Mas siempre velan</p>
<p>Mis tristes ojos;</p>
<p>Ciñen abrojos</p>
<p>Mi mustia sien;</p>
<p>Sin que las treguas</p>
<p>Del pensamiento</p>
<p>A este tormento</p>
<p>Descanso den.</p>
<p>El mudo reposo</p>
<p>Fatiga mi mente;</p>
<p>La atmósfera ardiente</p>
<p>Me abrasa doquier;</p>
<p>Y en torno circulan</p>
<p>Con rápido giro</p>
<p>Fantasmas que miro</p>
<p>Brotar y crecer.</p>
<p>¡Dadme aire! Necesito</p>
<p>De espacio inmensurable,</p>
<p>Do del insomnio al grito</p>
<p>Se alce el silencio y hable!</p>
<p>Lanzadme presto fuera</p>
<p>De angostos aposentos…</p>
<p>¡Quiero medir la esfera!</p>
<p>¡Quiero aspirar los vientos!</p>
<p>Por fin dejé el tenebroso</p>
<p>Recinto de mis paredes</p>
<p>Por fin, ¡oh espíritu!, puedes</p>
<p>Por el espacio volar</p>
<p>Mas, ¡ay!, que la noche oscura,</p>
<p>Cual un sarcófago inmenso,</p>
<p>Envuelve con manto denso</p>
<p>Calles, campos, cielo, mar.</p>
<p>Ni un eco se escucha, ni un ave</p>
<p>Respira, turbando la calma;</p>
<p>Silencio tan hondo, tan grave,</p>
<p>Suspende el aliento del alma.</p>
<p>El mundo de nuevo sumido</p>
<p>Parece en la nada medrosa;</p>
<p>Parece que el tiempo rendido</p>
<p>Plegando sus alas reposa.</p>
<p>Mas ¡qué siento! ¡Balsámico ambiente</p>
<p>Se derrama de pronto!… El capuz</p>
<p>De la noche rasgando, en Oriente</p>
<p>Se abre paso triunfante la luz.</p>
<p>¡Es el alba! Se alejan las sombras,</p>
<p>Y con nubes de azul y arrebol</p>
<p>Se matizan etéreas alfombras,</p>
<p>Donde el trono se asiente del sol.</p>
<p>Ya rompe los vapores matutinos</p>
<p>La parda cresta del vecino monte;</p>
<p>Ya ensaya el ave sus melifluos trinos;</p>
<p>Ya se despeja inmenso el horizonte.</p>
<p>Tras luenga noche de vigilia ardiente</p>
<p>Es más bella la luz, más pura el aura</p>
<p>¡Cómo este libre y perfumado ambiente</p>
<p>Ensancha el pecho, el corazón restaura!</p>
<p>Cual virgen que el beso de amor lisonjero</p>
<p>Recibe agitada con dulce rubor,</p>
<p>Del rey de los astros al rayo primero</p>
<p>Natura palpita bañada de albor.</p>
<p>Y así, cual guerrero que oyó enardecido</p>
<p>De bélica trompa la mágica voz,</p>
<p>Él lanza impetuoso, de fuego vestido,</p>
<p>Al campo del éter su carro veloz.</p>
<p>¡Yo palpito, tu gloria mirando sublime,</p>
<p>Noble autor de los vivos y varios colores!</p>
<p>¡Te saludo si puro matizas las flores!</p>
<p>¡Te saludo si esmaltas fulgente la mar!</p>
<p>En incendio la esfera zafírea que surcas,</p>
<p>Ya convierte tu lumbre radiante y fecunda,</p>
<p>Y aún la pena que el alma destroza profunda,</p>
<p>Se suspende mirando tu marcha triunfal.</p>
<p>¡Ay! de la ardiente zona do tienes almo asiento,</p>
<p>Tus rayos a mi cuna lanzaste abrasador</p>
<p>¡Por eso en ígneas alas remonto el pensamiento,</p>
<p>Y arde mi pecho en llamas de inextinguible amor!</p>
<p>Mas quiero que tu lumbre mis ansias ilumine,</p>
<p>Mis lágrimas reflejen destellos de tu luz,</p>
<p>y sólo cuando yerta la muerte se avecine</p>
<p>La noche tienda triste su fúnebre capuz.</p>
<p>¡Qué horrible me fuera, brillando tu fuego fecundo,</p>
<p>Cerrar estos ojos, que nunca se cansan de verte;</p>
<p>En tanto que ardiente brotase la vida en el mundo,</p>
<p>Cuajada sintiendo la sangre por hielo de muerte!</p>
<p>¡Horrible me fuera que al dulce murmurio del aura,</p>
<p>Unido mi ronco gemido postrero sonase;</p>
<p>Que el plácido soplo que al suelo cansado restaura,</p>
<p>El último aliento del pecho doliente apagase!</p>
<p>¡Guarde, guarde la noche callada sus sombras de duelo,</p>
<p>hasta el triste momento del sueño que nunca termina;</p>
<p>Y aunque hiera mis ojos, cansados por largo desvelo,</p>
<p>Dale, ¡oh sol! a mi frente, ya mustia, tu llama divina!</p>
<p>Y encendida mi mente inspirada, con férvido acento</p>
<p>-Al compás de la lira sonora- tus dignos loores</p>
<p>Lanzará, fatigando las alas del rápido viento,</p>
<p>A do quiera que lleguen triunfantes tus sacros fulgores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La pesca en el mar</strong></h3>
<p>¡Mirad!, ya la tarde fenece…</p>
<p>La noche en el cielo</p>
<p>Despliega su velo</p>
<p>Propicio al amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La playa desierta parece;</p>
<p>Las olas serenas</p>
<p>Salpican apenas</p>
<p>Su dique de arenas,</p>
<p>Con blando rumor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del líquido seno la luna</p>
<p>Su pálida frente</p>
<p>Allá en occidente</p>
<p>Comienza a elevar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay nube que vele importuna</p>
<p>Sus tibios reflejos,</p>
<p>Que miro de lejos</p>
<p>Mecerse en espejos</p>
<p>Del trémulo mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Corramos!… ¡Quién llega primero!</p>
<p>Ya miro la lancha…</p>
<p>Mi pecho se ensancha,</p>
<p>Se alegra mi faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya escucho la voz del nauclero,</p>
<p>Que el lino despliega</p>
<p>Y al soplo lo entrega</p>
<p>Del aura que juega,</p>
<p>Girando fugaz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Partamos! La plácida hora</p>
<p>Llegó de la pesca,</p>
<p>Y al alma refresca</p>
<p>La bruma del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Partamos, que arrecia sonora</p>
<p>La voz indecisa</p>
<p>Del agua, y la brisa</p>
<p>Comienza de prisa</p>
<p>La flámula a hinchar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pronto, remero!</p>
<p>¡Bate la espuma!</p>
<p>¡Rompe la bruma!</p>
<p>¡Parte veloz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vuele la barca!</p>
<p>¡Dobla la fuerza!</p>
<p>¡Canta, y esfuerza</p>
<p>Brazos y voz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un himno alcemos</p>
<p>Jamás oído,</p>
<p>Del remo al ruido,</p>
<p>Del viento al son,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vuele en alas</p>
<p>Del libre ambiente</p>
<p>La voz ardiente</p>
<p>Del corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo a un marino le debo la vida,</p>
<p>Y por patria le debo al azar</p>
<p>Una perla -en un golfo nacida-</p>
<p>Al bramar</p>
<p>Sin cesar</p>
<p>De la mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me enajena al lucir de la luna</p>
<p>Con mi bien estas olas surcar,</p>
<p>Y no encuentro delicia ninguna</p>
<p>Como amar</p>
<p>Y cantar</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los suspiros de amor anhelantes</p>
<p>¿Quién, ¡oh, amigos!, querrá sofocar,</p>
<p>Si es tan grato a los pechos amantes</p>
<p>A la par</p>
<p>Suspirar</p>
<p>En el mar?</p>
<p>¿No sentís que se encumbra la mente</p>
<p>Esa bóveda inmensa al mirar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay un goce profundo y ardiente</p>
<p>En pensar</p>
<p>Y admirar.</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni un recuerdo del mundo aquí llegue</p>
<p>Nuestra paz deliciosa a turbar;</p>
<p>Libre el alma al deleite se entregue</p>
<p>De olvidar</p>
<p>Y gozar</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Prestos todos!… ¡Las redes se tiendan!</p>
<p>¡Muy pesadas las hemos de alzar!</p>
<p>¡Prestos todos, los cantos suspendan,</p>
<p>Y callar</p>
<p>Y pescar</p>
<p>En el mar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La pintura que hacéis prueba evidente…</strong></h3>
<p>La pintura que hacéis prueba evidente</p>
<p>Es del hábil pincel que la ha trazado:</p>
<p>En ella advierto creadora mente</p>
<p>Y de entusiasta amor fuego sagrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toques valientes, vivo colorido,</p>
<p>Dignidad de expresión, conjunto grato</p>
<p>Todo es bello, ¡oh amigo! El parecido</p>
<p>Sólo le falta a tan feliz retrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vuestro genio, sí, no en el modelo,</p>
<p>Esos rasgos halláis tan ideales,</p>
<p>Que sólo al pensamiento otorga el cielo</p>
<p>Engendrar en su luz bellezas tales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si como me pintáis, así os parece</p>
<p>Verme, creed que a confusión me muevo;</p>
<p>Pues tanto vuestra mente me engrandece,</p>
<p>Que ni a mirarme como soy me atrevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regio ropaje a su placer me viste</p>
<p>Vuestra exaltada y rica fantasía,</p>
<p>Y entre tanto fulgor no sé si existe</p>
<p>Algo real de la sustancia mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Desdichada de mí si el tiempo alado</p>
<p>Se lleva en pos el fúlgido atavío,</p>
<p>Y halláis un día, atónito, turbado,</p>
<p>El esqueleto descarnado y frío!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta tierra de miseria y lloro</p>
<p>Dispensad compasión, cariño tierno;</p>
<p>Mas no gastéis tan pródigo el tesoro</p>
<p>De admiración y amor que os dio el Eterno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que se cambia y envejece y pasa,</p>
<p>Lo que se estrecha en límites mezquinos,</p>
<p>No es nada para el alma -que se abrasa</p>
<p>Anhelando de amor goces divinos.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ventura reclamáis de mí, que en vano</p>
<p>Tras de su sombra consumí mi brío?…</p>
<p>¡A mí, del polvo mísero gusano,</p>
<p>Que de mi propia mezquindad me río!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queréis volar, y os arrastráis despacio,</p>
<p>Y en pobre cieno vuestro afán se abisma</p>
<p>¡Salid, salid del tiempo y del espacio</p>
<p>Y traspasad vuestra esperanza misma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, como vos, para admirar nacida;</p>
<p>Yo, como vos, para el amor creada;</p>
<p>Por admirar y amar diera mi vida…</p>
<p>Para admirar y amar no encuentro nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre el límite hallé: siempre, doquiera,</p>
<p>La imperfección en cuanto toco y veo</p>
<p>No juzgo al universo una quimera,</p>
<p>porque en él busco a Dios, porque en Dios creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres, ¡Señor!, belleza y poesía;</p>
<p>Tú solo, amor, verdad, ventura y gloria;</p>
<p>Todo es, mirado en Ti, luz y armonía;</p>
<p>Todo es, fuera de Ti, sombra y escoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, desdichado quien -de juicio escaso-</p>
<p>Hallar la dicha en lo finito intente</p>
<p>Quien en turbio licor y estrecho vaso</p>
<p>Quiera apagar la sed que interna siente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No así jamás os profanéis, ¡oh amigo!</p>
<p>No en esas aras de vuestra alma bella</p>
<p>ídolo vano alcéis, que yo os predigo</p>
<p>Que con desdén y horror lo hundirá ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queredme bien, compadecedme y hasta:</p>
<p>No apreciéis cual diamante humilde arcilla:</p>
<p>Dadle el tesoro que jamás se gasta</p>
<p>A Aquel que siempre permanece y brilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no puedo sembrar de eternas flores</p>
<p>La senda que corréis de frágil vida;</p>
<p>Pero si en ella recogéis dolores,</p>
<p>Un alma encontraréis que los divida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo pasaré con vos por entre abrojos;</p>
<p>El uno al otro apoyo nos daremos;</p>
<p>Y ambos, alzando al cielo nuestros ojos,</p>
<p>Allá la dicha y el amor busquemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más podéis pedir? ¿Qué más pudiera</p>
<p>Ofrecer con verdad mi pobre pecho?</p>
<p>Ternura os doy con efusión sincera</p>
<p>¡De mi ídolo el altar ya está deshecho!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No igual suerte me deis, ¡oh, vos, que en esta</p>
<p>Tierra de maldición sois mi consuelo!</p>
<p>¡No me queráis alzar ara funesta!</p>
<p>¡No me pidáis en el destierro el cielo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vedme cual soy en mí, no en vuestra mente,</p>
<p>Bien que el retrato destrocéis con ira;</p>
<p>Que, aunque cual creación brille eminente,</p>
<p>Vale más la verdad que la mentira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La vuelta a la patria</strong></h3>
<p>¡Perla del mar! ¡Cuba hermosa!</p>
<p>Después de ausencia tan larga</p>
<p>Que por más de cuatro lustros</p>
<p>Conté sus horas infaustas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torno al fin, torno a pisar</p>
<p>Tus siempre queridas playas,</p>
<p>De júbilo henchido el pecho,</p>
<p>De entusiasmo ardiendo el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud, oh tierra bendita,</p>
<p>Tranquilo edén de mi infancia,</p>
<p>Que encierras tantos recuerdos</p>
<p>De mis sueños de esperanza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud, salud, nobles hijos</p>
<p>De aquesta mi dulce patria!</p>
<p>¡Hermanos, que hacéis su gloria!</p>
<p>¡Hermanas, que sois su gala!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud!… Si afectos profundos</p>
<p>Traducir pueden palabras,</p>
<p>Por los ámbitos queridos</p>
<p>Llevad, -¡brisas perfumadas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que habéis mecido mi cuna</p>
<p>Entre plátanos y palmas!-</p>
<p>Llevad los tiernos saludos</p>
<p>Que a Cuba mi amor consagra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos campos</p>
<p>Que vuestro soplo embalsama,</p>
<p>Y en cuyo ambiente de vida</p>
<p>Mi corazón se restaura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por esos campos felices,</p>
<p>Que nunca el cierzo maltrata,</p>
<p>Y cuya pompa perenne</p>
<p>Melifluos sinsontes cantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos campos do la ceiba</p>
<p>Hasta las nubes levanta</p>
<p>De su copa el verde toldo,</p>
<p>Que grato frescor derrama:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el cedro y la caoba</p>
<p>Confunden sus grandes ramas,</p>
<p>Y el yarey y el cocotero</p>
<p>Sus lindas pencas enlazan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el naranjo y la piña</p>
<p>Vierten al par su fragancia;</p>
<p>Donde responde sonora</p>
<p>A vuestros besos la caña;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde ostentan los cafetos</p>
<p>Sus flores de filigrana,</p>
<p>Y sus granos de rubíes</p>
<p>Y sus hojas de esmeraldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos bosques</p>
<p>Que jamás el sol traspasa,</p>
<p>Y a cuya sombra poética,</p>
<p>Do refrescáis vuestras alas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se escucha en la siesta ardiente</p>
<p>-Cual vago concierto de hadas</p>
<p>La misteriosa armonía</p>
<p>De árboles, pájaros, aguas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en soledades secretas,</p>
<p>Con ignotas concordancias,</p>
<p>Susurran, trinan, murmuran,</p>
<p>Entre el silencio y la calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos montes,</p>
<p>De cuyas vírgenes faldas</p>
<p>Se desprenden mil arroyos</p>
<p>En limpias ondas de plata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por los vergeles,</p>
<p>Llevadlos por las sabanas</p>
<p>En cuyo inmenso horizonte</p>
<p>Quiero perder mis miradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Llevadlos férvidos, puros,</p>
<p>Cual de mi seno se exhalan</p>
<p>-Aunque del labio el acento</p>
<p>A formularlos no alcanza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la punta Maisí</p>
<p>Hasta la orilla del Mantua;</p>
<p>Desde el pico de Tarquino</p>
<p>A las costas de Guanaja!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los oiga ese cielo,</p>
<p>Al que otro ninguno iguala,</p>
<p>Y a cuya luz, de mi mente</p>
<p>Revivir siento la llama:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los oiga esta tierra</p>
<p>De juventud coronada,</p>
<p>Y a la que el sol de los trópicos</p>
<p>Con rayos de amor abrasa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los hijos de Cuba</p>
<p>La voz oigan de esta hermana,</p>
<p>Que vuelve al seno materno</p>
<p>-Después de ausencia tan larga</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el semblante marchito</p>
<p>Por el tiempo y la desgracia,</p>
<p>Mas de gozo henchido el pecho,</p>
<p>De entusiasmo ardiendo el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¡ah! decidles que en vano</p>
<p>Sus ecos le pido a mi arpa;</p>
<p>Pues sólo del corazón</p>
<p>Los gritos de amor se arrancan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las contradicciones</strong></h3>
<p>No encuentro paz, ni me permiten guerra;</p>
<p>De fuego devorado, sufro el frío;</p>
<p>Abrazo un mundo, y quédome vacío;</p>
<p>Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni libre soy, ni la prisión me encierra;</p>
<p>Veo sin luz, sin voz hablar ansío;</p>
<p>Temo sin esperar, sin placer río;</p>
<p>Nada me da valor, nada me aterra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busco el peligro cuando auxilio imploro;</p>
<p>Al sentirme morir me encuentro fuerte;</p>
<p>Valiente pienso ser, y débil lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cúmplese así mi extraordinaria suerte;</p>
<p>Siempre a los pies de la beldad que adoro,</p>
<p>y no quiere mi vida ni mi muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Las siete palabras</strong></h3>
<p><em>Y María al pie de la cruz</em></p>
<p>Al cielo ofreciendo del mundo el rescate,</p>
<p>Con clavos sujetas las manos divinas,</p>
<p>Ciñendo sus sienes corona de espinas,</p>
<p>Se ostenta en los brazos del leño Jesús.</p>
<p>A diestra y siniestra dos viles ladrones</p>
<p>Reciben la pena que al crimen se debe;</p>
<p>Mas ¡sólo en el Justo se ensaña la plebe,</p>
<p>Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La túnica sacra con grita sortean</p>
<p>En frente al suplicio los fieros sayones,</p>
<p>Y el pueblo inconstante con torpes baldones</p>
<p>Denuesta al que ha sido su gloria y salud.</p>
<p>Ya nadie recuerda sus hechos pasmosos,</p>
<p>Del bien -que hizo a todos- cada uno se olvida,</p>
<p>Celebran su muerte, calumnian su vida…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si Dios es tu Padre»-por mofa le dicen-</p>
<p>«Desciende, y entonces tendremos creencia.</p>
<p>Los oye el Cordero con santa paciencia,</p>
<p>Y ya de sus ojos nublada la luz,</p>
<p>Los alza clamando: -¡Perdónalos, Padre!</p>
<p>Lo que hacen ignoran, perdónalos pío.-</p>
<p>Con roncas blasfemias responde el gentío,</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sed tengo -murmura la Víctima augusta;</p>
<p>Vinagre mezclado con hiel le presentan…</p>
<p>Sus labios divinos la esponja ensangrientan,</p>
<p>Y ríe y se goza la vil multitud.</p>
<p>En tanto del Mártir se hiela la sangre</p>
<p>Cubriendo su frente con nublos espesos</p>
<p>Le tiemblan las carnes, le crujen los huesos</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Mujer, ve tu hijo! la dice, y señala</p>
<p>En Juan a la prole de Adán delincuente.</p>
<p>-¡Ahí tienes, oh hombre, tu Madre clemente!-</p>
<p>Mirando al Apóstol añade Jesús.</p>
<p>Tal es el legado que alcanzan los mismos</p>
<p>Que son de su muerte causantes insanos:</p>
<p>Les da para el cielo derechos de hermanos…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>Mirando del Cristo la suma clemencia,</p>
<p>De aquel que a su diestra comparte el suplicio</p>
<p>Conmuévese el alma, que el gran sacrificio</p>
<p>Ya en él ejercita su inmensa virtud:</p>
<p>-«De mí note olvides -le dice- en tu reino.»</p>
<p>Jesús premia al punto su fe meritoria;</p>
<p>-Conmigo- responde -serás en la gloria…-</p>
<p>Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! ya el instante se acerca supremo:</p>
<p>Ya el pecho amoroso con pena respira:</p>
<p>Inclinase el rostro que el ángel admira,</p>
<p>Y eleva la muerte su fiera segur.</p>
<p>-¡Oh Padre divino! ¿por qué me abandonas?</p>
<p>La voz espirante pronuncia despacio:</p>
<p>Su queja doliente devora el espacio…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Todo es consumado! -Mi espíritu ¡oh Padre!</p>
<p>Recibe en tus manos -clamó el moribundo.</p>
<p>Retiemblan de pronto los ejes del mundo,</p>
<p>Los cielos se cubren de oscuro capuz,</p>
<p>Se parten las piedras, las tumbas se abren,</p>
<p>Sangriento un cadáver se ve suspendido…</p>
<p>¡De Adán el linaje ya está redimido!</p>
<p>¡Y aún queda la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los duendes</strong></h3>
<p>Palacios y chozas,</p>
<p>Campos y ciudad,</p>
<p>Brutos, aves, hombres,</p>
<p>Todo duerme ya;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que cubren las sombras</p>
<p>Del cielo la faz,</p>
<p>Y guardan silencio</p>
<p>Los vientos y el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo un rumor se percibe,</p>
<p>Vago, débil y fugaz</p>
<p>El aliento de la noche,</p>
<p>Que llena la inmensidad;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cual un alma se queja</p>
<p>Perseguida sin cesar</p>
<p>Por una llama invisible</p>
<p>De la región infernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas crece el rumor… Sí, ¡crece,</p>
<p>Y ninguno fue jamás</p>
<p>Tan importuno y extraño,</p>
<p>Tan pavoroso y tenaz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya parece de los búhos</p>
<p>La horrible voz sepulcral;</p>
<p>Ya de un inmenso gentío</p>
<p>El confuso respirar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya fatídica campana</p>
<p>vibrando en la oscuridad,</p>
<p>Cuyos sonidos mil ecos</p>
<p>Repitiendo en torno van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no; cual cascabeles</p>
<p>Que mueve mano vivaz,</p>
<p>Que inarmónicos sones</p>
<p>Oigo en los aires vagar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora se cambian… Podría</p>
<p>Presumirse, que a compás</p>
<p>Bailan niños juguetones</p>
<p>Sobre rollos de cristal,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que se chocan, que se quiebran,</p>
<p>Que saltan acá y allá,</p>
<p>Revolviéndose en fragmentos</p>
<p>Con un ruido sin igual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son, ¡oh cielo! son los duendes,</p>
<p>Que enemigos de mi paz</p>
<p>Cada noche, en turba inmensa,</p>
<p>Visitan mi soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son los duendes, que mi insomnio</p>
<p>Parece siempre evocar,</p>
<p>Para burlarme, aturdirme,</p>
<p>Volverme loca quizás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! mi lámpara se extingue,</p>
<p>Y oigo al enjambre fatal</p>
<p>Que en confuso tropel cruza,</p>
<p>Surcando la inmensidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡El techo retiembla</p>
<p>Sobre mí agitado!</p>
<p>¡Cual pino quemado</p>
<p>Lo escucho crujir!</p>
<p>¡La viga se dobla</p>
<p>Como junco blando!</p>
<p>¡La puerta, girando,</p>
<p>Se comienza a abrir!</p>
<p>¡Los goznes mohosos</p>
<p>Rechinan con ruido!</p>
<p>¡Con bronco estallido</p>
<p>Se parte el dintel!</p>
<p>¡Y veo entre nubes</p>
<p>De impuros vapores,</p>
<p>De extraños colores</p>
<p>Confuso tropel!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La horrible falange</p>
<p>Forma batallones.</p>
<p>Vampiros, dragones</p>
<p>Vuelan en montón,</p>
<p>Y pasan lanzando</p>
<p>Gemidos dolientes</p>
<p>¡Sus alas rugientes</p>
<p>Les presta Aquilón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acaso ¡ay! se posen</p>
<p>Sobre mi morada,</p>
<p>Ceda desquiciada</p>
<p>La antigua pared,</p>
<p>Y al impulso ruede</p>
<p>De la horda maldita,</p>
<p>Cual hoja marchita</p>
<p>Del viento a merced.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Musa! si tu mano</p>
<p>Me ofrece libertad,</p>
<p>Prosternaré mi frente</p>
<p>Delante de tu altar.</p>
<p>De estos hijos impuros</p>
<p>De la noche fatal,</p>
<p>Sálvame compasiva,</p>
<p>Sálvame por piedad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haz que en vano sus alas,</p>
<p>Con capricho tenaz,</p>
<p>De mis viejos balcones</p>
<p>Azoten el cristal,</p>
<p>Y cerradas mis puertas</p>
<p>No dejen penetrar</p>
<p>El aliento maldito</p>
<p>De su boca infernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! pasaron! las cohortes</p>
<p>Huyen ya, de furor llenas</p>
<p>Mas en los aires cadenas</p>
<p>Aún me parecen crujir.</p>
<p>Allá al remoto horizonte</p>
<p>La horrible cuadrilla avanza,</p>
<p>Y se escucha en lontananza</p>
<p>De sus alas el batir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo su vuelo impetuoso</p>
<p>Tiemblan las selvas vecinas,</p>
<p>Doblándose las encinas,</p>
<p>Removida su raíz.</p>
<p>¡Cómo en torno de la luna</p>
<p>Dibujan faja sangrienta,</p>
<p>Y en las nubes, que ella argenta,</p>
<p>Forman extraño matiz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ya las rasgan -huyendo-</p>
<p>Mis enemigos veloces…</p>
<p>Ya sus discordantes voces</p>
<p>Apenas puedo escuchar;</p>
<p>Siendo el ruido tan confuso,</p>
<p>A proporción que se aleja,</p>
<p>Que imita de la corneja</p>
<p>El fatídico graznar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y del granizo el sonido</p>
<p>Cayendo en un viejo techo,</p>
<p>O bien rodando deshecho</p>
<p>Desde elevada canal.</p>
<p>Pero más dulce se torna</p>
<p>Ya es de una fuente el murmullo</p>
<p>Ya el melancólico arrullo</p>
<p>De la tórtola leal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de piadosa plegaria</p>
<p>Es la sílaba postrera…</p>
<p>Ya de la ola, en la ribera,</p>
<p>El espirante rumor</p>
<p>O es el aura -que en las ramas</p>
<p>Juega con vuelo liviano-</p>
<p>O acaso el eco lejano</p>
<p>Del insomne ruiseñor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo cesa…</p>
<p>Ningún ruido</p>
<p>A mi oído</p>
<p>Llega ya;</p>
<p>Todo calla,</p>
<p>Y el reposo</p>
<p>Silencioso</p>
<p>Tornará.</p>
<p>Ya benigno</p>
<p>Vierte el sueño</p>
<p>Su beleño</p>
<p>Por mi sien,</p>
<p>Y en sosiego</p>
<p>Tan profundo</p>
<p>Duerme el mundo…</p>
<p>¡Y yo también!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los reales sitios</strong></h3>
<p>Es grato, si el Cáncer la atmósfera enciende,</p>
<p>Si pliega sus alas el viento dormido,</p>
<p>Gozar los asilos que un muro defiende,</p>
<p>Con ricos tapices de Flandes vestido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grata la calma dulcísima y leda</p>
<p>De aquellos salones dorados y umbríos,</p>
<p>Do el sol, que penetra por nubes de seda,</p>
<p>Se pierde entre jaspes y mármoles fríos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grato el ambiente de aquellas estancias</p>
<p>-Que en torno matizan maderas preciosas-</p>
<p>Do en vasos de china despiden fragancias</p>
<p>Itálicos lirios, bengálicas rosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es grato que al Euro -que huyó silencioso-</p>
<p>Imiten las bellas moviendo abanicos;</p>
<p>Allí do cual tronos del muelle reposo</p>
<p>Se ostentan divanes de púrpura ricos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y grato en la tarde, con lánguido paso,</p>
<p>Salir de entre sedas y pórfidos y oro,</p>
<p>A ver cuál oculta, llegando a su ocaso,</p>
<p>El astro supremo su ardiente tesoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que allí, para verlo, se tienen vergeles</p>
<p>Que nunca marchitan estivos ardores;</p>
<p>Con bancos de césped, con frescos doseles,</p>
<p>Y bosques y fuentes y exóticas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asilos tan bellos no hubieron las ninfas</p>
<p>Que hollaron de Grecia colinas amenas,</p>
<p>Ni náyades vieron tan plácidas linfas</p>
<p>Cual esas que guardan marmóreas sirenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso en las noches del férvido estío</p>
<p>Es grato a ese elíseo llamar los placeres;</p>
<p>Cubriendo de luces su verde sombrío,</p>
<p>Llenando su espacio de hermosas mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aromas y bailes y amores y risas,</p>
<p>En dulces insomnios disfrutan las bellas,</p>
<p>En tanto que vuelan balsámicas brisas</p>
<p>Y en tanto que el cielo se cubre de estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, espléndidas fiestas! ¡Oh, alegres veladas,</p>
<p>Que brotan al soplo de regia hermosura!</p>
<p>Ni silfos, ni genios, ni próvidas fadas</p>
<p>Os dieran encantos de tanta dulzura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, ¡Granja!, no envidies al noble palacio</p>
<p>Que allá San Lorenzo protege vecino;</p>
<p>Pues hoy a las gracias encierra tu espacio,</p>
<p>Y son los placeres tu plácido sino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Difunde fragancias: amores y risas</p>
<p>En gratos insomnios disfruten las bellas,</p>
<p>En tanto que vuelen balsámicas brisas</p>
<p>Y en tanto que el cielo se pueble de estrellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Mi mal</strong></h3>
<p>En vano ansiosa tu amistad procura</p>
<p>adivinar el mal que me atormenta;</p>
<p>en vano, amigo, conmovida intenta</p>
<p>revelarlo mi voz a tu ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puede explicarse el ansia, la locura</p>
<p>con que el amor sus fuegos alimenta,</p>
<p>Puede el dolor, la saña más violenta</p>
<p>exhalar por el labio su amargura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más de decir mi malestar profundo</p>
<p>no halla mi voz, mi pensamiento medio,</p>
<p>y al indagar su origen me confundo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero es un mal terrible, sin remedio,</p>
<p>que hace odiosa la vida, odioso el mundo,</p>
<p>que seca el corazón…¡En fin, es tedio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Mirad al hombre! Del tupido velo…</strong></h3>
<p>¡Mirad al hombre! Del tupido velo</p>
<p>Que a la naturaleza envuelve inmensa</p>
<p>Levanta apenas, con incierta mano.</p>
<p>Un extremo no más; ya iluso piensa</p>
<p>Que toda la amplitud de tierra y cielo</p>
<p>Estrecha viene a su saber, y ufano</p>
<p>Erige audaz a su razón mezquina</p>
<p>Tribunal soberano.</p>
<p>Citando ante él a la razón divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Quién eres?» — dice a Dios: — «¿Cuál es tu esencia?</p>
<p>¿Por qué naturaleza no lo explica?</p>
<p>Sus leyes estudió mi inteligencia,</p>
<p>Y en ellas nada de tu ser me indica</p>
<p>La inefable sustancia.</p>
<p>Ni de tu decantada providencia</p>
<p>Los designios profundos. ¿La ignorancia</p>
<p>Será quien deba tributarte culto,</p>
<p>Y al genio siempre y a la ciencia oculto.</p>
<p>Dejarás en problema</p>
<p>Ante sus luces tu verdad suprema?</p>
<p>Origen te proclaman</p>
<p>Del orden y del bien, y cuanto veo</p>
<p>Es desorden y mal. Justo te llaman,</p>
<p>Y me consume estéril el deseo</p>
<p>De comprender de tu justicia oscura</p>
<p>La marcha silenciosa.</p>
<p>En balde por tu gloria te conjura</p>
<p>Mi mente, codiciosa</p>
<p>De la eterna verdad, que tus arcanos</p>
<p>Le descubras sublimes:</p>
<p>Sordo te encuentran mis clamores vanos,</p>
<p>Y ni en las obras de tu diestra, mudas,</p>
<p>El sello augusto de tu nombre imprimes,</p>
<p>Cual si gozases en mirar las dudas</p>
<p>Luchar del hombre en el inquieto seno,</p>
<p>¡Tú que te llamas poderoso y bueno!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No más, no más en ignorancia ciega</p>
<p>Adoraré rendido</p>
<p>A un Dios desconocido,</p>
<p>Que a concordar con mi razón se niega.</p>
<p>Si no eres vano nombre,</p>
<p>Haz que yo sepa, sin tardar, quién eres;</p>
<p>Pues nace altivo, inteligente el hombre,</p>
<p>Y si su amor y su homenaje quieres,</p>
<p>Debes hacer que su razón lo mande,</p>
<p>Al verte amable, al comprenderte grande.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así al saber supremo</p>
<p>Dicta leyes su hechura limitada,</p>
<p>Y de bondad por inefable extremo.</p>
<p>Para curarla de su orgullo infando.</p>
<p>Así confunde a la razón osada,</p>
<p>Allá en su propio seno resonando,</p>
<p>Aquella voz que fecundó a la nada.</p>
<p>«Tú, que cuenta me pides</p>
<p>De mis hondos designios; tú que dudas,</p>
<p>Si a tu razón se esconde,</p>
<p>De mi propia existencia; tú que mides</p>
<p>Mi justicia etemal, y en mis dominios</p>
<p>Juzgas del orden y del bien: ¡responde!</p>
<p>Tus sabios, tus astrónomos profundos,</p>
<p>¿Podrán decir cómo hago inalterable</p>
<p>La eterna ley, que de infinitos mundos</p>
<p>Que corren el espacio inmensurable,</p>
<p>El movimiento y curso determina</p>
<p>Sin que choquen jamás en raudo encuentro</p>
<p>Y por qué los fecunda e ilumina</p>
<p>Encadenado un sol en cada centro?</p>
<p>¡Loco mortal, a quien hinchado miro</p>
<p>Del prestado poder que de mí tienes!</p>
<p>¿Puedes del Orión turbar el giro,</p>
<p>O a las brillantes Pléyades detienes?</p>
<p>¿Puedes siquiera, conocer la tierra</p>
<p>Que desdeñoso huellas? ¿Quién su base</p>
<p>Describirte sabrá? ¿Quién hay que tase</p>
<p>Los tesoros que encierra?…</p>
<p>Un imperio tras otro desparece,</p>
<p>Y mil generaciones</p>
<p>Pasan por ella y en su seno se hunden;</p>
<p>Ella sola no cambia ni envejece,</p>
<p>Y sus preciosos dones</p>
<p>Con orden inmutable se difunden</p>
<p>Por las varias regiones</p>
<p>Que fertiliza el sol. Aquí presenta</p>
<p>Prados herbosos, selvas primitivas;</p>
<p>Allá el capricho de su fuerza ostenta</p>
<p>En colinas altivas,</p>
<p>Que decora con rasgos pintorescos;</p>
<p>Allá borda de valles las honduras;</p>
<p>Más acá ofrece los asilos frescos</p>
<p>De grutas silenciosas;</p>
<p>Ora se extiende en plácidas llanuras;</p>
<p>Ora se ensancha en playas arenosas;</p>
<p>Allí se muestra en sotos y florestas;</p>
<p>Acá en bosques umbríos;</p>
<p>Y allá ostentando sus potentes bríos,</p>
<p>Encumbra montes de nevadas crestas.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Qué paternal desvelo,</p>
<p>Qué sabia providencia</p>
<p>Con tal magnificencia</p>
<p>Dotó al grosero y despreciable suelo</p>
<p>De ese globo que habitas?</p>
<p>¿Quién lo sembró de vírgenes metales?</p>
<p>¿Quién lo cubrió de especies infinitas.</p>
<p>De útiles vegetales</p>
<p>Apropiados a climas diferentes?</p>
<p>¡Mira mecer las palmas y las cañas</p>
<p>Las brisas de los trópicos ardientes;</p>
<p>Mientras en selvas y ásperas montañas.</p>
<p>Resistiendo al tesón de vientos fieros.</p>
<p>Negros abetos, pinos seculares.</p>
<p>Se levantan austeros</p>
<p>Bajo los crudos círculos polares!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Quién te dirá cómo del hondo seno</p>
<p>Que mi espíritu henchía</p>
<p>Brotó con voz de trueno</p>
<p>La mar amenazante,</p>
<p>Y cómo yo de nieblas la cubría</p>
<p>Cual envuelve la madre al tierno infante?</p>
<p>Alzó atrevida la espumosa frente</p>
<p>Robando al sol fulgentes aureolas:</p>
<p>¿Mas quién se halló presente</p>
<p>Cuando la dije: — tu soberbia enfrena</p>
<p>Y a romper ve tus atronantes olas</p>
<p>En aquel dique de movible arena?» —</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Sabes por qué vapores incesantes.</p>
<p>Que recoge la atmósfera encendida.</p>
<p>De ese su seno líquido se exhalan,</p>
<p>Y en las nubes flotante</p>
<p>La masa de las aguas suspendida,</p>
<p>Sólo desciende al suelo gota a gota</p>
<p>En bienhechora lluvia convertida;</p>
<p>Mientras de las altísimas montañas</p>
<p>Se precipita en rápidos torrentes.</p>
<p>Penetra de la tierra las entrañas,</p>
<p>Y formando con linfas transparentes</p>
<p>Arroyos mil y ríos caudalosos,</p>
<p>Recorre murmurando el campo verde.</p>
<p>Con giros tortuosos,</p>
<p>Hasta volver al mar en que se pierde?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Juez de mi providencia, que me intimas</p>
<p>Su imperfección y que mi plan corriges!</p>
<p>¿Eres tú quién diriges</p>
<p>Según conviene a los diversos climas.</p>
<p>Los vientos voladores,</p>
<p>Y a disipar mefíticos vapores</p>
<p>Lanzas al rayo, que estallando dice</p>
<p>Con su hórrido estampido:</p>
<p>— ¡Gloria, Señor!, ya estás obedecido? —</p>
<p>¿Coronada de flores</p>
<p>Sale a tu voz la primavera hermosa,</p>
<p>A preparar la tierra, que reposa,</p>
<p>Del abrasado estío a los ardores?</p>
<p>¿O acata, acaso, tu poder visible</p>
<p>El invierno aterido</p>
<p>Haciendo le preceda</p>
<p>Con orden infalible</p>
<p>El otoño de pámpanos ceñido?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿A las linfas saladas</p>
<p>Y a las ondas insípidas del río,</p>
<p>Lanzaste las especies animadas</p>
<p>Con variedad que pasma el pensamiento</p>
<p>Y a cada cual con diligente mano</p>
<p>Preparaste sustento?…</p>
<p>¿Por ti de aceite saludable llena*</p>
<p>Se agita entre el hervor del Océano</p>
<p>La colosal ballena?</p>
<p>¡Mira cuál brotan de sus ojos llamas.</p>
<p>Si la distancia de la presa mide! —</p>
<p>¡Mira si airada eriza las escamas.</p>
<p>Montes alzar en el ecuóreo llano,</p>
<p>Y si con lento paso lo divide</p>
<p>Darle de la vejez el color cano!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Por las libres regiones</p>
<p>Del aire que respiras</p>
<p>¿Esparces con tu diestra creadora</p>
<p>Las volubles legiones</p>
<p>De tantas aves que indolente miras?</p>
<p>¿Les concediste tú la voz canora?</p>
<p>¿Te deben los instintos</p>
<p>Por que se multiplican y alimentan,</p>
<p>Y los colores vividos que ostentan</p>
<p>En matices distintos</p>
<p>Sobre el esmalte de sus leves plumas;</p>
<p>O es tu saber quien guía</p>
<p>A las que al ver las invernales brumas</p>
<p>Dejan del norte la región sombría,</p>
<p>Y atraviesan el mar tras los ardores</p>
<p>Del refulgente sol del mediodía?</p>
<p>¡Mira cómo desprecia los furores</p>
<p>Del caprichoso viento</p>
<p>El águila real, las soledades</p>
<p>Surca del éter en sublime asiento</p>
<p>Para el vuelo atrevido,</p>
<p>Y entre nubes que envuelven tempestades</p>
<p>Labra el robusto nido</p>
<p>De la desierta roca</p>
<p>En las ásperas puntas suspendido;</p>
<p>Mientras el avestruz de pluma poca,</p>
<p>Que nunca se alza a la región yacía.</p>
<p>Por otro instinto poderoso y cierto.</p>
<p>Su cara prole fía</p>
<p>A la infecunda arena del desierto!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Un momento contempla</p>
<p>De los brutos la inmensa muchedumbre;</p>
<p>En ninguno verás que falte o sobre</p>
<p>Un miembro necesario.</p>
<p>Éstos de imponderable mansedumbre,</p>
<p>Aquéllos de carácter sanguinario;</p>
<p>Tímidos unos, otros atrevidos.</p>
<p>Pesados unos, otros diligentes.</p>
<p>Todos están armados y vestidos</p>
<p>Cual requieren sus usos diferentes,</p>
<p>El destino especial que les señalo</p>
<p>Y el clima y el lugar do los instalo.</p>
<p>No por tus artes enseñado ha sido</p>
<p>El castor industrioso;</p>
<p>Ni el corcel generoso,</p>
<p>Que sufre lo domines.</p>
<p>Te debe aquel valor con que al sonido</p>
<p>De la trompa guerrera.</p>
<p>Sacudiendo las crines.</p>
<p>La nariz dilatando,</p>
<p>Se lanza al campo en rápida carrera,</p>
<p>De espuma y de sudor huellas dejando.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Cuanto tu vista admira</p>
<p>Y cuanto puede concebir tu idea,</p>
<p>Es átomo mezquino</p>
<p>Del universo en el grandioso seno;</p>
<p>Mas tú ¡mortal! que de mi ser divino</p>
<p>Inquirir osas de arrogancia lleno,</p>
<p>Secretos inefables, ¡confundida</p>
<p>Verás por las partículas más leves</p>
<p>Tu razón desvalida.</p>
<p>Si a analizar ese átomo te atreves!</p>
<p>De la naturaleza, que presumes.</p>
<p>Iluso, conocer, al ser más pobre</p>
<p>Comprender y explicar quieres en vano;</p>
<p>Esa flor que te brinda sus perfumes.</p>
<p>Ese mosquito que aplastó tu dedo,</p>
<p>Ese que huellas, mísero gusano,</p>
<p>¡Misterios son, en que abismarte puedo!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Y no eres un abismo,</p>
<p>¡Oh átomo pensador! para ti mismo?</p>
<p>Naturaleza doble en ti se encierra;</p>
<p>De un rayo de mi mente iluminado</p>
<p>Eres rey de la tierra,</p>
<p>Y de esa tierra mísera formado.</p>
<p>Materia deleznable</p>
<p>Y espíritu soberbio,</p>
<p>Grande y pequeño, fuerte y miserable.</p>
<p>Suspenso entre la nada</p>
<p>Estás y el infinito,</p>
<p>Y en tu razón tan pobre y limitada.</p>
<p>Llevas augusto privilegio escrito.</p>
<p>Trémulo ante tan grandes maravillas,</p>
<p>Que entrever logra tu asombrada mente.</p>
<p>Dobla ¡mortal! sumiso las rodillas,</p>
<p>Prosternando la frente</p>
<p>Y acatando rendido</p>
<p>De mi sapiencia el insondable arcano;</p>
<p>Mas no alces atrevido</p>
<p>Hasta mi trono el pensamiento insano;</p>
<p>Que aunque el astro de fuego</p>
<p>Su luz te envía en rayos bienhechores.</p>
<p>Si le osas contemplar quedarás ciego,</p>
<p>Sombras no más hallando en sus fulgores»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«En tu alma de mi ser grabé la idea,</p>
<p>Y rindiendo a su autor digno homenaje.</p>
<p>Naturaleza emplea</p>
<p>Universal, magnífico lenguaje.</p>
<p>De un polo al otro en sus miserias claman</p>
<p>Los hombres a su Dios. La tierra, el cielo,</p>
<p>Las noches y los días.</p>
<p>Mi poder y bondad doquier proclaman,</p>
<p>Y mi nombre preludian en el suelo</p>
<p>Multitud de armonías.</p>
<p>Que ofuscan, sí, de tu razón el brillo</p>
<p>Y confunden tu ciencia;</p>
<p>Mas para el corazón tienen sencillo</p>
<p>Poderosa elocuencia.</p>
<p>Es mi nombre «¡El que- Es!» — ¡Que confundida</p>
<p>Ante el misterio de tan alto nombre,</p>
<p>Entre esas obras de mi augusta diestra</p>
<p>El humano saber calle y se asombre;</p>
<p>Pues su ciencia mayor alcanza y muestra</p>
<p>Al conocer su pequeñez el hombre!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¡Mirad!, ya la tarde fenece…</strong></p>
<p>¡Mirad!, ya la tarde fenece…</p>
<p>La noche en el cielo</p>
<p>Despliega su velo</p>
<p>Propicio al amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La playa desierta parece;</p>
<p>Las olas serenas</p>
<p>Salpican apenas</p>
<p>Su dique de arenas,</p>
<p>Con blando rumor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del líquido seno la luna</p>
<p>Su pálida frente</p>
<p>Allá en occidente</p>
<p>Comienza a elevar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay nube que vele importuna</p>
<p>Sus tibios reflejos,</p>
<p>Que miro de lejos</p>
<p>Mecerse en espejos</p>
<p>Del trémulo mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Corramos!… ¡Quién llega primero!</p>
<p>Ya miro la lancha…</p>
<p>Mi pecho se ensancha,</p>
<p>Se alegra mi faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya escucho la voz del nauclero,</p>
<p>Que el lino despliega</p>
<p>Y al soplo lo entrega</p>
<p>Del aura que juega,</p>
<p>Girando fugaz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Partamos! La plácida hora</p>
<p>Llegó de la pesca,</p>
<p>Y al alma refresca</p>
<p>La bruma del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Partamos, que arrecia sonora</p>
<p>La voz indecisa</p>
<p>Del agua, y la brisa</p>
<p>Comienza de prisa</p>
<p>La flámula a hinchar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pronto, remero!</p>
<p>¡Bate la espuma!</p>
<p>¡Rompe la bruma!</p>
<p>¡Parte veloz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vuele la barca!</p>
<p>¡Dobla la fuerza!</p>
<p>¡Canta, y esfuerza</p>
<p>Brazos y voz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un himno alcemos</p>
<p>Jamás oído,</p>
<p>Del remo al ruido,</p>
<p>Del viento al son,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vuele en alas</p>
<p>Del libre ambiente</p>
<p>La voz ardiente</p>
<p>Del corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo a un marino le debo la vida,</p>
<p>Y por patria le debo al azar</p>
<p>Una perla -en un golfo nacida-</p>
<p>Al bramar</p>
<p>Sin cesar</p>
<p>De la mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me enajena al lucir de la luna</p>
<p>Con mi bien estas olas surcar,</p>
<p>Y no encuentro delicia ninguna</p>
<p>Como amar</p>
<p>Y cantar</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los suspiros de amor anhelantes</p>
<p>¿Quién, ¡oh, amigos!, querrá sofocar,</p>
<p>Si es tan grato a los pechos amantes</p>
<p>A la par</p>
<p>Suspirar</p>
<p>En el mar?</p>
<p>¿No sentís que se encumbra la mente</p>
<p>Esa bóveda inmensa al mirar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay un goce profundo y ardiente</p>
<p>En pensar</p>
<p>Y admirar.</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni un recuerdo del mundo aquí llegue</p>
<p>Nuestra paz deliciosa a turbar;</p>
<p>Libre el alma al deleite se entregue</p>
<p>De olvidar</p>
<p>Y gozar</p>
<p>En el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Prestos todos!… ¡Las redes se tiendan!</p>
<p>¡Muy pesadas las hemos de alzar!</p>
<p>¡Prestos todos, los cantos suspendan,</p>
<p>Y callar</p>
<p>Y pescar</p>
<p>En el mar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No en lo pasado a tu virtud modelo…</strong></h3>
<p>No en lo pasado a tu virtud modelo,</p>
<p>ni copia al porvenir dará la historia,</p>
<p>ni otra igual en grandeza a tu memoria</p>
<p>difundirán los siglos en su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miró la Europa ensangrentar su suelo</p>
<p>al genio de la guerra y la victoria…</p>
<p>pero le cupo a América la gloria</p>
<p>de que al genio del bien le diera el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que audaz conquistador goce en su ciencia,</p>
<p>mientras al mundo en páramo convierte,</p>
<p>y se envanezca cuando a siervos mande;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡mas los pueblos sabrán en su conciencia</p>
<p>que el que los rige libres sólo es fuerte,</p>
<p>que el que los hace grandes sólo es grande!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No encuentro paz, ni me permiten guerra…</strong></h3>
<p>No encuentro paz, ni me permiten guerra;</p>
<p>De fuego devorado, sufro el frío;</p>
<p>Abrazo un mundo, y quédome vacío;</p>
<p>Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni libre soy, ni la prisión me encierra;</p>
<p>Veo sin luz, sin voz hablar ansío;</p>
<p>Temo sin esperar, sin placer río;</p>
<p>Nada me da valor, nada me aterra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busco el peligro cuando auxilio imploro;</p>
<p>Al sentirme morir me encuentro fuerte;</p>
<p>Valiente pienso ser, y débil lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cúmplese así mi extraordinaria suerte;</p>
<p>Siempre a los pies de la beldad que adoro,</p>
<p>y no quiere mi vida ni mi muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿No es delirio, Señor? Tú, el absoluto…</strong></h3>
<p>¿No es delirio, Señor? Tú, el absoluto</p>
<p>En belleza, poder, inteligencia;</p>
<p>Tú, de quien es la perfección esencia</p>
<p>Y la felicidad santo atributo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, a mí -que nazco y muero como el bruto-</p>
<p>Tú, a mí -que el mal recibo por herencia-</p>
<p>Tú, a mí -precario ser, cuya impotencia-</p>
<p>Solo estéril dolor tiene por fruto…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Tú me buscas ¡oh Dios! Tú el amor mío</p>
<p>Te dignas aceptar como victoria</p>
<p>Ganada por tu amor a mi albedrío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! no es delirio; que a la humilde escoria,</p>
<p>Digno es de tu supremo poderío</p>
<p>Hacer capaz de acrecentar tu gloria!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No existe lazo ya: todo está roto…</strong></h3>
<p>No existe lazo ya: todo está roto:</p>
<p>plúgole al cielo así: ¡bendito sea!</p>
<p>Amargo cáliz con placer agoto:</p>
<p>mi alma reposa al fin: nada desea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:</p>
<p>¡nunca, si fuere error, la verdad mire!</p>
<p>Que tantos años de amarguras llenos</p>
<p>trague el olvido: el corazón respire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo</p>
<p>una vez y otra vez pisaste insano…</p>
<p>Mas nunca el labio exhalará un murmullo</p>
<p>para acusar tu proceder tirano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De graves faltas vengador terrible,</p>
<p>dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?</p>
<p>No era tuyo el poder que irresistible</p>
<p>postró ante ti mis fuerzas vencedoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quísolo Dios y fue: ¡gloria a su nombre!</p>
<p>Todo se terminó, recobro aliento:</p>
<p>¡Ángel de las venganzas!, ya eres hombre…</p>
<p>ni amor ni miedo al contemplarte siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó tu cetro, se embotó tu espada…</p>
<p>Mas, ¡ay!, cuán triste libertad respiro…</p>
<p>Hice un mundo de ti, que hoy se anonada</p>
<p>y en honda y vasta soledad me miro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Vive dichoso tú! Si en algún día</p>
<p>ves este adiós que te dirijo eterno,</p>
<p>sabe que aún tienes en el alma mía</p>
<p>generoso perdón, cariño tierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No soy maga ni sirena…</strong></h3>
<p><em>Contestando a otro de una señorita</em></p>
<p>No soy maga ni sirena,</p>
<p>Ni querub ni pitonisa,</p>
<p>Como en tus versos galanos</p>
<p>Me llamas hoy, bella niña.</p>
<p>Gertrudis tengo por nombre,</p>
<p>Cual recibido en la pila;</p>
<p>Me dice Tula mi madre,</p>
<p>Y mis amigos la imitan.</p>
<p>Prescinde, pues, te lo ruego,</p>
<p>De las Safos y Corinas,</p>
<p>Y simplemente me nombra</p>
<p>Gertrudis, Tula o amiga.</p>
<p>Amiga, sí; que aunque tanto</p>
<p>Contra tu sexo te indignas,</p>
<p>Y de maligno lo acusas</p>
<p>Y de envidioso lo tildas,</p>
<p>En mí pretendo probarte</p>
<p>Que hay en almas femeninas,</p>
<p>Para lo hermoso entusiasmo,</p>
<p>Para lo bueno justicia.</p>
<p>Naturaleza madrastra</p>
<p>No fue (lo ves en ti misma)</p>
<p>Con la mitad de la especie</p>
<p>Que la razón ilumina.</p>
<p>No son las fuerzas corpóreas</p>
<p>De las del alma medida,</p>
<p>No se encumbra el pensamiento</p>
<p>Por el vigor de las fibras.</p>
<p>Perdona, pues, si no acato</p>
<p>Aquel fallo que me intimas;</p>
<p>Como no acepto el elogio</p>
<p>En que lo envuelves benigna.</p>
<p>No, no aliento ambición noble,</p>
<p>Como engañada imaginas,</p>
<p>De que en páginas de gloria</p>
<p>Mi humilde nombre se escriba.</p>
<p>Canto como canta el ave,</p>
<p>Como las ramas se agitan,</p>
<p>Como las fuentes murmuran,</p>
<p>Como las auras suspiran.</p>
<p>Canto porque al cielo plugo</p>
<p>Darme el estro que me anima;</p>
<p>Como dio brillo a los astros,</p>
<p>Como dio al orbe armonías.</p>
<p>Canto porque hay en mi pecho</p>
<p>Secretas cuerdas que vibran</p>
<p>A cada afecto del alma,</p>
<p>A cada azar de la vida.</p>
<p>Canto porque hay luz y sombras,</p>
<p>Porque hay pesar y alegría,</p>
<p>Porque hay temor y esperanza,</p>
<p>Porque hay amor y hay perfidia.</p>
<p>Canto porque existo y siento,</p>
<p>Porque lo bello me admira,</p>
<p>Porque lo bello me encanta,</p>
<p>Porque lo malo me irrita.</p>
<p>Canto porque ve mi mente</p>
<p>Concordancias infinitas,</p>
<p>Y placeres misteriosos,</p>
<p>Y verdades escondidas.</p>
<p>Canto porque hay en los seres</p>
<p>Sus condiciones precisas:</p>
<p>Corre el agua, vuela el ave,</p>
<p>Silba el viento, y el sol brilla.</p>
<p>Canto sin saber yo propia</p>
<p>Lo que el canto significa,</p>
<p>Y si al mundo, que lo escucha,</p>
<p>Asombro o lástima inspira.</p>
<p>El ruiseñor no ambiciona</p>
<p>Que lo aplaudan cuando trina</p>
<p>Latidos son de su seno</p>
<p>Sus nocturnas melodías.</p>
<p>Modera, pues, tu alabanza,</p>
<p>Y de mi frente retira</p>
<p>La inmarchitable corona</p>
<p>Que tu amor me pronostica.</p>
<p>Premiando nobles esfuerzos,</p>
<p>Sienes más heroicas ciña;</p>
<p>Que yo al cantar solo cumplo</p>
<p>La condición de mi vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh, tú, del alto cielo!…</strong></h3>
<p>¡Oh, tú, del alto cielo</p>
<p>precioso don, al hombre concedido!</p>
<p>¡Tú, de mis penas íntimo consuelo,</p>
<p>de mis placeres manantial querido!</p>
<p>¡Alma del orbe, ardiente Poesía,</p>
<p>dicta el acento de la lira mía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Díctalo, sí, que enciende</p>
<p>tu amor mi seno, y sin cesar ansío</p>
<p>la poderosa voz, que espacios hiende,</p>
<p>para aclamar tu excelso poderío,</p>
<p>y en la naturaleza augusta y bella</p>
<p>buscar, seguir y señalar tu huella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mil veces desgraciado</p>
<p>quien -al fulgor de tu hermosura ciego-</p>
<p>en su alma inerte y corazón helado</p>
<p>no abriga un rayo de tu dulce fuego;</p>
<p>que es el mundo, sin ti, templo vacío,</p>
<p>cielo sin claridad, cadáver frío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas yo doquier te miro;</p>
<p>doquier el alma, estremecida, siente</p>
<p>tu influjo inspirador; el grave giro</p>
<p>de la pálida Luna, el refulgente</p>
<p>trono del Sol, la tarde, la alborada…</p>
<p>todo me habla de ti con voz callada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto ama y admira,</p>
<p>te halla mi mente. Si huracán violento</p>
<p>zumba, y levanta el mar, bramando de ira;</p>
<p>si con rumor responde soñoliento</p>
<p>plácido arroyo al aura que suspira…</p>
<p>tú alargas para mí cada sonido</p>
<p>y me explicas su místico sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al férvido verano,</p>
<p>a la apacible y dulce primavera,</p>
<p>al grave otoño y al invierno cano</p>
<p>me embellece tu mano lisonjera;</p>
<p>¡que alcanzan, si los pintan tus colores,</p>
<p>calor el hielo, eternidad las flores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué a tu dominio inmenso</p>
<p>no sujetó el Señor? En cuanto existe</p>
<p>hallar tu ley y tus misterios pienso:</p>
<p>el Universo tu ropaje viste,</p>
<p>y en su conjunto armónico demuestra</p>
<p>que tú guiaste la hacedora diestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Hablas! ¡Todo renace!</p>
<p>Tu creadora voz los yermos puebla;</p>
<p>espacios no hay que tu poder no enlace;</p>
<p>y rasgando del tiempo la tiniebla,</p>
<p>de lo pasado al descubrir ruinas,</p>
<p>con tu mágica luz las iluminas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por tu acento apremiados,</p>
<p>levántanse del fondo del olvido,</p>
<p>ante tu tribunal, siglos pasados;</p>
<p>y el fallo que pronuncias -trasmitido</p>
<p>por una y otra edad en rasgos de oro-</p>
<p>eterniza su gloria o su desdoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu genio, independiente</p>
<p>rompe las sombras del error grosero;</p>
<p>la verdad preconiza; de su frente</p>
<p>vela con flores el rigor severo,</p>
<p>dándole al pueblo, en bellas creaciones,</p>
<p>de saber y virtud santas lecciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu espíritu sublime</p>
<p>ennoblece la lid; tu épica trompa</p>
<p>brillo eternal en el laurel imprime;</p>
<p>al triunfo presta inusitada pompa;</p>
<p>y los ilustres hechos que proclama</p>
<p>fatiga son del eco de la fama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, si entre gayas flores,</p>
<p>a la beldad consagras tus acentos;</p>
<p>si retratas los tímidos amores;</p>
<p>si enalteces sus rápidos contentos;</p>
<p>a despecho del tiempo, en tus anales,</p>
<p>beldad, placer y amor son inmortales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en el mundo suenan</p>
<p>del amante Petrarca los gemidos;</p>
<p>los siglos con sus cantos se enajenan;</p>
<p>y unos tras otros -de su amor movidos-</p>
<p>van de Valclusa a demandar al aura</p>
<p>el dulce nombre de la dulce Laura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! No orgullosa aspiro</p>
<p>a conquistar el lauro refulgente,</p>
<p>que humilde acato y entusiasta admiro,</p>
<p>de tan gran vate en la inspirada frente;</p>
<p>ni ambicionan mis labios juveniles</p>
<p>el clarín sacro del cantor de Aquiles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tan ilustres huellas</p>
<p>seguir es dado a mi insegura planta…</p>
<p>Mas, abrasada al fuego que destellas,</p>
<p>¡oh, genio bienhechor!, a tu ara santa</p>
<p>mi pobre ofrenda estremecida elevo,</p>
<p>y una sonrisa a demandar me atrevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando las frescas galas</p>
<p>de mi lozana juventud se lleve</p>
<p>el veloz tiempo en sus potentes alas,</p>
<p>y huyan mis dichas como el humo leve,</p>
<p>serás aún mi sueño lisonjero,</p>
<p>y veré hermoso tu favor primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame que puedas entonces,</p>
<p>¡Virgen de paz, sublime Poesía!,</p>
<p>no transmitir en mármoles ni en bronces</p>
<p>con rasgos tuyos la memoria mía;</p>
<p>sólo arrullar, cantando, mis pesares,</p>
<p>a la sombra feliz de tus altares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Otra vez llanto, soledad, tinieblas…</strong></h3>
<p><em>Después de la muerte de mi marido</em></p>
<p>Otra vez llanto, soledad, tinieblas…</p>
<p>¡Huyó cual humo la ilusión querida!</p>
<p>¡La luz amada que alumbró mi vida</p>
<p>Un relámpago fue!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brilló para probar sombra pasada;</p>
<p>Brilló para anunciar sombra futura;</p>
<p>Brilló para morir… y en noche oscura</p>
<p>Para siempre quedé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras luengos años de tormenta ruda</p>
<p>Comenzaba a gozar benigna calma;</p>
<p>Mas ¡ay! que solo por burlar el alma</p>
<p>La abandonó el dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así la pérfida alimaña finge</p>
<p>Que a su presa infeliz escapar deja,</p>
<p>Y con las garras extendidas, ceja</p>
<p>Para asirla mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que ayer era mi sostén y amparo,</p>
<p>Hoy de la muerte es mísero trofeo</p>
<p>¡Por corona nupcial me dio Himeneo</p>
<p>Mustio y triste ciprés!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De juventud, de amor, de fuerza henchido,</p>
<p>Su porvenir ¡cuán vasto parecía…</p>
<p>Mas la mañana terminó su día:</p>
<p>¡Ya del tiempo no es!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada me resta, ¡oh Dios! Sus rotas alas</p>
<p>Pliega gimiendo mi esperanza bella</p>
<p>Hoy sus decretos el destino sella;</p>
<p>Ya irrevocables son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al golpe atroz que me desgarra el pecho</p>
<p>Quizás mi pobre vida no sucumba;</p>
<p>Mas con los restos que tragó esa tumba</p>
<p>Se hunde mi corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Alma noble y amante! tú, ante el trono</p>
<p>De la infinita paternal clemencia,</p>
<p>Por la que fue mitad de tu existencia</p>
<p>¡Pide, pide piedad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Baje un rayo de luz que alumbre mi alma</p>
<p>En este abismo de pavor profundo,</p>
<p>Hasta que pueda abandonar del mundo</p>
<p>¡La inmensa soledad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Paisaje Guipuzcoano</strong></h3>
<p>Suspende, mi caro amigo,</p>
<p>tus pasos por un instante:</p>
<p>no está la ermita distante,</p>
<p>y apenas las cinco son.</p>
<p>Ven a admirar -bajo el toldo</p>
<p>de aquellos verdes ramajes-</p>
<p>los pintorescos paisajes</p>
<p>de esta encantada región.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira a tus pies ese río,</p>
<p>cuyas herbosas orillas</p>
<p>millones de florecillas</p>
<p>cubren, difundiendo olor;</p>
<p>y desde el borde escarpado</p>
<p>oye las mansas corrientes</p>
<p>deslizarse transparentes</p>
<p>con soñoliento rumor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hileras de álamos blancos,</p>
<p>que el hondo cauce sombrean,</p>
<p>sus altas copas cimbrean</p>
<p>del viento al soplo fugaz;</p>
<p>mientras pescan silenciosos,</p>
<p>con luengas cañas y anzuelos,</p>
<p>dos vigorosos chicuelos</p>
<p>de viva y morena faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira en torno cuál se extienden</p>
<p>cuadros de trigos dorados,</p>
<p>por ricas franjas cortados</p>
<p>de verde-oscuro maíz;</p>
<p>y esos tan varios helechos</p>
<p>-fieles hijos de las sombras-</p>
<p>que prestan al bosque alfombras</p>
<p>de primoroso matiz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ves allá los caseríos</p>
<p>-que siembran el valle a trechos-</p>
<p>levantar sus rojos techos</p>
<p>de entre el verde castañar?</p>
<p>¿Ves cuál visten sus paredes</p>
<p>de parra lindos festones,</p>
<p>y cómo van los gorriones</p>
<p>sus racimos a picar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas que ya las chimeneas</p>
<p>despiden humo, repara,</p>
<p>anunciando se prepara</p>
<p>la cena del segador;</p>
<p>y a las vacas lentamente</p>
<p>mira bajar de esos cerros,</p>
<p>llamando con sus cencerros</p>
<p>al perezoso pastor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡oh, ve! también desciende,</p>
<p>saltando por entre breñas,</p>
<p>turba de niñas risueñas</p>
<p>que acá parece venir.</p>
<p>Sí; no hay duda, ramilletes</p>
<p>nos ofrecen con empeño…</p>
<p>¿Comprendes tú, caro dueño,</p>
<p>lo que nos quieren decir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah!, sabe que esos perfumes,</p>
<p>que rinden cual homenaje,</p>
<p>solo son mudo lenguaje</p>
<p>de un triste y constante afán;</p>
<p>pues -con rara poesía-</p>
<p>el mendigo guipuzcoano,</p>
<p>cubre de flores la mano</p>
<p>que tiende pidiendo pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acepta al punto, ¡querido!</p>
<p>¿quién hay que negarse pueda</p>
<p>a cambiar una moneda</p>
<p>por cada hermoso clavel?</p>
<p>Venid, niñas, cada tarde;</p>
<p>yo en el trueque me intereso,</p>
<p>y si al ramo unís un beso</p>
<p>garante os salgo de él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero no entienden!… ¡Se alejan!</p>
<p>Mira por esos barrancos</p>
<p>saltar, desnudos y blancos,</p>
<p>sus breves y lindos pies…</p>
<p>Se detienen, se sonríen</p>
<p>viendo en mi pecho sus ramos,</p>
<p>y ligeras como gamos</p>
<p>desaparecen después.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras tanto las montañas</p>
<p>sus picachos desiguales</p>
<p>van envolviendo en cendales</p>
<p>de gualda, azul y arrebol,</p>
<p>y en su carro majestuoso</p>
<p>-surcando el tibio occidente-</p>
<p>hunde a su espalda la frente,</p>
<p>cansado de vida, el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A su postrera mirada</p>
<p>y a su postrera sonrisa,</p>
<p>suspiros vuelve la brisa,</p>
<p>perfumes vuelve la flor,</p>
<p>y llanto puro los cielos</p>
<p>vierten en el valle umbrío,</p>
<p>que lo convierte en rocío</p>
<p>de delicioso frescor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, mira! Ya por las faldas,</p>
<p>que cubren altos castaños,</p>
<p>bajando van los rebaños</p>
<p>para acogerse al redil…</p>
<p>Ya los niños sus anzuelos</p>
<p>han recogido y su pesca,</p>
<p>y se van armando gresca</p>
<p>con regocijo infantil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Palacios y chozas…</strong></h3>
<p>Palacios y chozas,</p>
<p>Campos y ciudad,</p>
<p>Brutos, aves, hombres,</p>
<p>Todo duerme ya;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que cubren las sombras</p>
<p>Del cielo la faz,</p>
<p>Y guardan silencio</p>
<p>Los vientos y el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo un rumor se percibe,</p>
<p>Vago, débil y fugaz</p>
<p>El aliento de la noche,</p>
<p>Que llena la inmensidad;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cual un alma se queja</p>
<p>Perseguida sin cesar</p>
<p>Por una llama invisible</p>
<p>De la región infernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas crece el rumor… Sí, ¡crece,</p>
<p>Y ninguno fue jamás</p>
<p>Tan importuno y extraño,</p>
<p>Tan pavoroso y tenaz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya parece de los búhos</p>
<p>La horrible voz sepulcral;</p>
<p>Ya de un inmenso gentío</p>
<p>El confuso respirar;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya fatídica campana</p>
<p>vibrando en la oscuridad,</p>
<p>Cuyos sonidos mil ecos</p>
<p>Repitiendo en torno van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no; cual cascabeles</p>
<p>Que mueve mano vivaz,</p>
<p>Que inarmónicos sones</p>
<p>Oigo en los aires vagar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora se cambian… Podría</p>
<p>Presumirse, que a compás</p>
<p>Bailan niños juguetones</p>
<p>Sobre rollos de cristal,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que se chocan, que se quiebran,</p>
<p>Que saltan acá y allá,</p>
<p>Revolviéndose en fragmentos</p>
<p>Con un ruido sin igual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son, ¡oh cielo! son los duendes,</p>
<p>Que enemigos de mi paz</p>
<p>Cada noche, en turba inmensa,</p>
<p>Visitan mi soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son los duendes, que mi insomnio</p>
<p>Parece siempre evocar,</p>
<p>Para burlarme, aturdirme,</p>
<p>Volverme loca quizás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! mi lámpara se extingue,</p>
<p>Y oigo al enjambre fatal</p>
<p>Que en confuso tropel cruza,</p>
<p>Surcando la inmensidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡El techo retiembla</p>
<p>Sobre mí agitado!</p>
<p>¡Cual pino quemado</p>
<p>Lo escucho crujir!</p>
<p>¡La viga se dobla</p>
<p>Como junco blando!</p>
<p>¡La puerta, girando,</p>
<p>Se comienza a abrir!</p>
<p>¡Los goznes mohosos</p>
<p>Rechinan con ruido!</p>
<p>¡Con bronco estallido</p>
<p>Se parte el dintel!</p>
<p>¡Y veo entre nubes</p>
<p>De impuros vapores,</p>
<p>De extraños colores</p>
<p>Confuso tropel!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La horrible falange</p>
<p>Forma batallones.</p>
<p>Vampiros, dragones</p>
<p>Vuelan en montón,</p>
<p>Y pasan lanzando</p>
<p>Gemidos dolientes</p>
<p>¡Sus alas rugientes</p>
<p>Les presta Aquilón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acaso ¡ay! se posen</p>
<p>Sobre mi morada,</p>
<p>Ceda desquiciada</p>
<p>La antigua pared,</p>
<p>Y al impulso ruede</p>
<p>De la horda maldita,</p>
<p>Cual hoja marchita</p>
<p>Del viento a merced.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Musa! si tu mano</p>
<p>Me ofrece libertad,</p>
<p>Prosternaré mi frente</p>
<p>Delante de tu altar.</p>
<p>De estos hijos impuros</p>
<p>De la noche fatal,</p>
<p>Sálvame compasiva,</p>
<p>Sálvame por piedad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haz que en vano sus alas,</p>
<p>Con capricho tenaz,</p>
<p>De mis viejos balcones</p>
<p>Azoten el cristal,</p>
<p>Y cerradas mis puertas</p>
<p>No dejen penetrar</p>
<p>El aliento maldito</p>
<p>De su boca infernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! pasaron! las cohortes</p>
<p>Huyen ya, de furor llenas</p>
<p>Mas en los aires cadenas</p>
<p>Aún me parecen crujir.</p>
<p>Allá al remoto horizonte</p>
<p>La horrible cuadrilla avanza,</p>
<p>Y se escucha en lontananza</p>
<p>De sus alas el batir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo su vuelo impetuoso</p>
<p>Tiemblan las selvas vecinas,</p>
<p>Doblándose las encinas,</p>
<p>Removida su raíz.</p>
<p>¡Cómo en torno de la luna</p>
<p>Dibujan faja sangrienta,</p>
<p>Y en las nubes, que ella argenta,</p>
<p>Forman extraño matiz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ya las rasgan -huyendo-</p>
<p>Mis enemigos veloces…</p>
<p>Ya sus discordantes voces</p>
<p>Apenas puedo escuchar;</p>
<p>Siendo el ruido tan confuso,</p>
<p>A proporción que se aleja,</p>
<p>Que imita de la corneja</p>
<p>El fatídico graznar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y del granizo el sonido</p>
<p>Cayendo en un viejo techo,</p>
<p>O bien rodando deshecho</p>
<p>Desde elevada canal.</p>
<p>Pero más dulce se torna</p>
<p>Ya es de una fuente el murmullo</p>
<p>Ya el melancólico arrullo</p>
<p>De la tórtola leal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de piadosa plegaria</p>
<p>Es la sílaba postrera…</p>
<p>Ya de la ola, en la ribera,</p>
<p>El espirante rumor</p>
<p>O es el aura -que en las ramas</p>
<p>Juega con vuelo liviano-</p>
<p>O acaso el eco lejano</p>
<p>Del insomne ruiseñor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo cesa…</p>
<p>Ningún ruido</p>
<p>A mi oído</p>
<p>Llega ya;</p>
<p>Todo calla,</p>
<p>Y el reposo</p>
<p>Silencioso</p>
<p>Tornará.</p>
<p>Ya benigno</p>
<p>Vierte el sueño</p>
<p>Su beleño</p>
<p>Por mi sien,</p>
<p>Y en sosiego</p>
<p>Tan profundo</p>
<p>Duerme el mundo…</p>
<p>¡Y yo también!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Perla del mar! ¡Cuba hermosa!…</strong></h3>
<p>¡Perla del mar! ¡Cuba hermosa!</p>
<p>Después de ausencia tan larga</p>
<p>Que por más de cuatro lustros</p>
<p>Conté sus horas infaustas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torno al fin, torno a pisar</p>
<p>Tus siempre queridas playas,</p>
<p>De júbilo henchido el pecho,</p>
<p>De entusiasmo ardiendo el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud, oh tierra bendita,</p>
<p>Tranquilo edén de mi infancia,</p>
<p>Que encierras tantos recuerdos</p>
<p>De mis sueños de esperanza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud, salud, nobles hijos</p>
<p>De aquesta mi dulce patria!</p>
<p>¡Hermanos, que hacéis su gloria!</p>
<p>¡Hermanas, que sois su gala!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salud!… Si afectos profundos</p>
<p>Traducir pueden palabras,</p>
<p>Por los ámbitos queridos</p>
<p>Llevad, -¡brisas perfumadas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que habéis mecido mi cuna</p>
<p>Entre plátanos y palmas!-</p>
<p>Llevad los tiernos saludos</p>
<p>Que a Cuba mi amor consagra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos campos</p>
<p>Que vuestro soplo embalsama,</p>
<p>Y en cuyo ambiente de vida</p>
<p>Mi corazón se restaura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por esos campos felices,</p>
<p>Que nunca el cierzo maltrata,</p>
<p>Y cuya pompa perenne</p>
<p>Melifluos sinsontes cantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos campos do la ceiba</p>
<p>Hasta las nubes levanta</p>
<p>De su copa el verde toldo,</p>
<p>Que grato frescor derrama:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el cedro y la caoba</p>
<p>Confunden sus grandes ramas,</p>
<p>Y el yarey y el cocotero</p>
<p>Sus lindas pencas enlazan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el naranjo y la piña</p>
<p>Vierten al par su fragancia;</p>
<p>Donde responde sonora</p>
<p>A vuestros besos la caña;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde ostentan los cafetos</p>
<p>Sus flores de filigrana,</p>
<p>Y sus granos de rubíes</p>
<p>Y sus hojas de esmeraldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos bosques</p>
<p>Que jamás el sol traspasa,</p>
<p>Y a cuya sombra poética,</p>
<p>Do refrescáis vuestras alas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se escucha en la siesta ardiente</p>
<p>-Cual vago concierto de hadas</p>
<p>La misteriosa armonía</p>
<p>De árboles, pájaros, aguas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en soledades secretas,</p>
<p>Con ignotas concordancias,</p>
<p>Susurran, trinan, murmuran,</p>
<p>Entre el silencio y la calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por esos montes,</p>
<p>De cuyas vírgenes faldas</p>
<p>Se desprenden mil arroyos</p>
<p>En limpias ondas de plata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevadlos por los vergeles,</p>
<p>Llevadlos por las sabanas</p>
<p>En cuyo inmenso horizonte</p>
<p>Quiero perder mis miradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Llevadlos férvidos, puros,</p>
<p>Cual de mi seno se exhalan</p>
<p>-Aunque del labio el acento</p>
<p>A formularlos no alcanza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la punta Maisí</p>
<p>Hasta la orilla del Mantua;</p>
<p>Desde el pico de Tarquino</p>
<p>A las costas de Guanaja!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los oiga ese cielo,</p>
<p>Al que otro ninguno iguala,</p>
<p>Y a cuya luz, de mi mente</p>
<p>Revivir siento la llama:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los oiga esta tierra</p>
<p>De juventud coronada,</p>
<p>Y a la que el sol de los trópicos</p>
<p>Con rayos de amor abrasa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doquier los hijos de Cuba</p>
<p>La voz oigan de esta hermana,</p>
<p>Que vuelve al seno materno</p>
<p>-Después de ausencia tan larga</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el semblante marchito</p>
<p>Por el tiempo y la desgracia,</p>
<p>Mas de gozo henchido el pecho,</p>
<p>De entusiasmo ardiendo el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¡ah! decidles que en vano</p>
<p>Sus ecos le pido a mi arpa;</p>
<p>Pues sólo del corazón</p>
<p>Los gritos de amor se arrancan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!…</strong></h3>
<p>¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!</p>
<p>¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo</p>
<p>la noche cubre con su opaco velo,</p>
<p>como cubre el dolor mi triste frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Voy a partir!… La chusma diligente,</p>
<p>para arrancarme del nativo suelo</p>
<p>las velas iza, y pronta a su desvelo</p>
<p>la brisa acude de tu zona ardiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós, patria feliz, edén querido!</p>
<p>¡Doquier que el hado en su furor me impela,</p>
<p>tu dulce nombre halagará mi oído!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…</p>
<p>el ancla se alza… el buque, estremecido,</p>
<p>las olas corta y silencioso vuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Polonia</strong></h3>
<p><em>Traducción libre de Víctor Hugo</em></p>
<p>Sola al pie de la torre, donde la voz tonante</p>
<p>Resuena pavorosa de tu señor fatal,</p>
<p>Cuya siniestra sombra parece por instante</p>
<p>Designarse en la piedra del silencioso umbral;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pronta a ver al esposo trocarse en asesino,</p>
<p>Pálida, y hasta el suelo doblada la cerviz</p>
<p>Vencida, encadenada, te ofreces al destino,</p>
<p>Bella y triste Polonia, por víctima infeliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A falta de tus hijos, miro tus manos puras</p>
<p>El crucifijo santo con fervor estrechar…</p>
<p>¡Mancharon los Basquiros tus regias vestiduras,</p>
<p>Y en ellas sus sandalias grabaron al pasar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A intervalos te llegan palabras de amenaza,</p>
<p>Y de pisadas duras escuchase rumor,</p>
<p>Y un sable allá reluce, y un hierro que te enlaza</p>
<p>Al muro, por do corre tu llanto de dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Polonia sin ventura! los brazos descarnados</p>
<p>Y la abatida frente te miro levantar,</p>
<p>Y los llorosos ojos, hundidos y empañados,</p>
<p>Hacia la Francia vuelves con tímido mirar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un grito de tu pecho tristísimo desprendes:</p>
<p>-¡Oh Francia, hermana mía! -te escucho repetir:</p>
<p>Ansiosa tus miradas por el camino tiendes,</p>
<p>Y esperas ¡ ay! y esperas… ¡y a nadie ves venir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Por qué lloras ¡oh Emilia! con dolor tanto?…</strong></h3>
<p>¿Por qué lloras ¡oh Emilia! con dolor tanto?</p>
<p>— ¡Ay! he perdido el ángel que era mi encanto…</p>
<p>Ni aun leves huellas</p>
<p>Dejaron en el mundo sus plantas bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>— Te engañas, joven madre; templa tu duelo.</p>
<p>Que ese ángel —aunque libre remonta el vuelo-</p>
<p>Te sigue amante</p>
<p>Do quiera que dirijas tu paso errante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No admiras, cuando baña la tibia esfera</p>
<p>Del alba sonrosada la luz primera,</p>
<p>Con qué armonía</p>
<p>Cielo y tierra saludan al nuevo día?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues sabe, joven madre, que cada aurora</p>
<p>Por las manos de un ángel su faz colora,</p>
<p>y aquel concento</p>
<p>Se lo enseña a natura su dulce acento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando del sol el rayo postrero espira,</p>
<p>¿No escuchas un suspiro que en torno gira?</p>
<p>Y un soplo leve</p>
<p>¿No acaricia tu rostro, tus rizos mueve?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Reina el silencio: fúlgidas en tanto…</strong></h3>
<p>Reina el silencio: fúlgidas en tanto</p>
<p>Luces de paz, purísimas estrellas,</p>
<p>De la noche feliz lámparas bellas,</p>
<p>Bordáis con oro su luctuoso manto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duerme el placer, mas vela mi quebranto,</p>
<p>Y rompen el silencio mis querellas,</p>
<p>Volviendo el eco, unísono con ellas,</p>
<p>De aves nocturnas el siniestro canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Estrellas, cuya luz modesta y pura</p>
<p>Del mar duplica el azulado espejo!</p>
<p>Si a compasión os mueve la amargura</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del intenso penar por que me quejo,</p>
<p>¿Cómo para aclarar mi noche oscura</p>
<p>No tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Reina en el cielo. ¡Sol!, reina, e inflama…</strong></h3>
<p>Reina en el cielo. ¡Sol!, reina, e inflama</p>
<p>con tu almo fuego mi cansado pecho!</p>
<p>sin luz, sin brío, comprimido, estrecho,</p>
<p>un rayo anhela de tu ardiente llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A tu influjo feliz brote la grama;</p>
<p>el hielo caiga a tu fulgor deshecho:</p>
<p>¡Sal, del invierno rígido a despecho,</p>
<p>rey de la esfera, sol: mi voz te llama!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los dichosos campos do mi cuna</p>
<p>recibió de tus rayos el tesoro,</p>
<p>me aleja para siempre la fortuna:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bajo otro cielo, en otra tierra lloro,</p>
<p>donde la niebla abrúmame importuna…</p>
<p>¡Sal rompiéndola, sol, que yo te imploro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Salve, oh pendón ilustre de Castilla!…</strong></h3>
<p>¡Salve, oh pendón ilustre de Castilla,</p>
<p>Que hoy en los muros de Tetuán tremolas,</p>
<p>Y haces llegar a la cubana Antilla</p>
<p>Reflejos de las glorias españolas!</p>
<p>La media luna -que ante ti se humilla,-</p>
<p>Recuerda ya que entre revueltas olas,</p>
<p>De la raza de Agar con hondo espanto,</p>
<p>Se hundió al lucir el astro de Lepanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esa morisma -de la Europa afrenta-</p>
<p>Que el rugido olvidó de tus leones,</p>
<p>Hoy al golpe cruel -que la escarmienta,-</p>
<p>Forjando en su pavor fieras visiones,</p>
<p>De siete siglos a la luz sangrienta</p>
<p>Juzga que mira alzarse entre blasones,</p>
<p>-Sus turbantes teniendo por alfombras,-</p>
<p>Del Cid, de Alfonso y de Guzmán las sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡sí! contigo van, por ti pelean</p>
<p>Esos nombres augustos; de su gloria</p>
<p>Los rayos en tus pliegues centellean,</p>
<p>Como fulguran en la hispana historia.</p>
<p>¡Que así triunfantes para siempre sean</p>
<p>Símbolos del honor y la victoria,</p>
<p>La civilización mirando ufana,</p>
<p>Que hoy te hospeda Tetuán, Tánger mañana!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Serás del alma eterna compañera?…</strong></h3>
<p>¿Serás del alma eterna compañera,</p>
<p>tenaz memoria de veloz ventura?</p>
<p>¿Por qué el recuerdo interminable dura</p>
<p>si el bien pasó cual ráfaga ligera?</p>
<p>¡Tú, negro olvido, que con hambre fiera</p>
<p>abres ¡ay! sin cesar tu boca oscura,</p>
<p>de glorias mil inmensa sepultura</p>
<p>y del dolor consolación postrera!,</p>
<p>si a tu vasto poder ninguno asombra</p>
<p>y al orbe riges con tu cetro frío,</p>
<p>¡ven!, que su dios mi corazón te nombra.</p>
<p>¡Ven y devora este fantasma impío,</p>
<p>de pasado placer pálida sombra,</p>
<p>de placer por venir nublo sombrío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Significado de la palabra yo amé</strong></h3>
<p>Con yo amé dice cualquiera</p>
<p>Esta verdad desolante:</p>
<p>-Todo en el mundo es quimera,</p>
<p>No hay ventura verdadera</p>
<p>Ni sentimiento constante.</p>
<p>Yo amé significa: -Nada</p>
<p>le basta al hombre jamás:</p>
<p>La pasión más delicada,</p>
<p>La promesa más sagrada,</p>
<p>Son humo y viento… ¡y no más!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Sol del que triste vela!…</strong></h3>
<p>¡Sol del que triste vela!</p>
<p>¡Astro de lumbre fría,</p>
<p>cuyos trémulos rayos, de la noche</p>
<p>para mostrar las sombras sólo brillan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, cuánto te semejas</p>
<p>de la pasada dicha</p>
<p>al pálido recuerdo, que del alma</p>
<p>sólo hace ver la soledad sombría!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reflejo de una llama</p>
<p>ya oculta o extinguida,</p>
<p>llena la mente, pero no la enciende;</p>
<p>vive en el alma, pero no la anima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubre, cual tú, sombras</p>
<p>que esmalta y acaricia;</p>
<p>Y como a ti, tan sólo la contempla</p>
<p>el dolor mudo en férvida vigilia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Soledad del alma</strong></h3>
<p>La flor delicada, que apenas existe una aurora,</p>
<p>tal vez largo tiempo al ambiente le deja</p>
<p>su olor…</p>
<p>Mas, ¡ay!, que del alma las flores, que un día</p>
<p>atesora</p>
<p>muriendo marchitas no dejan perfume en</p>
<p>redor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La luz esplendente del astro fecundo del día</p>
<p>se apaga, y sus huellas aún forman hermoso</p>
<p>arrebol…</p>
<p>mas ¡ay!, cuando el alma le llega la noche</p>
<p>sombría,</p>
<p>que guarda el fuego sagrado</p>
<p>que ha sido su sol?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se rompe, gastada, la cuerda del arpa</p>
<p>armoniosa,</p>
<p>a aún su eco difunde en los aires</p>
<p>fugaz vibración…</p>
<p>Mas todo es silencio profundo, de muerte</p>
<p>espantosa,</p>
<p>si dan un pecho amante el postrero tristísimo</p>
<p>son…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas nada, ni noche, ni aurora, ni tarde</p>
<p>indecisa</p>
<p>cambian del alma desierta la lúgubre faz…</p>
<p>A ella no llegan crepúsculo, aroma ni brisa…;</p>
<p>a ella no brindan las sombras</p>
<p>ensueños de paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vista los campos de flores</p>
<p>gentil primavera,</p>
<p>doren las mieses los besos</p>
<p>del cielo estival,</p>
<p>pámpanos ornen de otoño la faz</p>
<p>placentera,</p>
<p>lance el invierno brumoso su aliento</p>
<p>glacial,</p>
<p>siempre perdidas, vagando en su estéril desierto,</p>
<p>siempre abrumadas de peso de</p>
<p>vil nulidad,</p>
<p>gimen las almas do el fuego de amor</p>
<p>está muerto…</p>
<p>Nada hay que pueble o anime</p>
<p>su gran soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Suplicio de amor</strong></h3>
<p>¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,</p>
<p>quien oye el eco de tu voz sonora,</p>
<p>quien el halago de tu risa adora</p>
<p>y el blando aroma de tu aliento aspira!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ventura tanta, que envidioso admira</p>
<p>el querubín que en el empíreo mora,</p>
<p>el alma turba, el corazón devora,</p>
<p>y el torpe acento, al expresarla, expira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante mis ojos desaparece el mundo</p>
<p>y por mis venas circular ligero</p>
<p>el fuego siento del amor profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trémula, en vano resistirte quiero.</p>
<p>De ardiente llanto mi mejilla inundo.</p>
<p>¡Delirio, gozo, te bendigo y muero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Suspende, mi caro amigo…</strong></h3>
<p>Suspende, mi caro amigo,</p>
<p>tus pasos por un instante:</p>
<p>no está la ermita distante,</p>
<p>y apenas las cinco son.</p>
<p>Ven a admirar -bajo el toldo</p>
<p>de aquellos verdes ramajes-</p>
<p>los pintorescos paisajes</p>
<p>de esta encantada región.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira a tus pies ese río,</p>
<p>cuyas herbosas orillas</p>
<p>millones de florecillas</p>
<p>cubren, difundiendo olor;</p>
<p>y desde el borde escarpado</p>
<p>oye las mansas corrientes</p>
<p>deslizarse transparentes</p>
<p>con soñoliento rumor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hileras de álamos blancos,</p>
<p>que el hondo cauce sombrean,</p>
<p>sus altas copas cimbrean</p>
<p>del viento al soplo fugaz;</p>
<p>mientras pescan silenciosos,</p>
<p>con luengas cañas y anzuelos,</p>
<p>dos vigorosos chicuelos</p>
<p>de viva y morena faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira en torno cuál se extienden</p>
<p>cuadros de trigos dorados,</p>
<p>por ricas franjas cortados</p>
<p>de verde-oscuro maíz;</p>
<p>y esos tan varios helechos</p>
<p>-fieles hijos de las sombras-</p>
<p>que prestan al bosque alfombras</p>
<p>de primoroso matiz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ves allá los caseríos</p>
<p>-que siembran el valle a trechos-</p>
<p>levantar sus rojos techos</p>
<p>de entre el verde castañar?</p>
<p>¿Ves cuál visten sus paredes</p>
<p>de parra lindos festones,</p>
<p>y cómo van los gorriones</p>
<p>sus racimos a picar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas que ya las chimeneas</p>
<p>despiden humo, repara,</p>
<p>anunciando se prepara</p>
<p>la cena del segador;</p>
<p>y a las vacas lentamente</p>
<p>mira bajar de esos cerros,</p>
<p>llamando con sus cencerros</p>
<p>al perezoso pastor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡oh, ve! también desciende,</p>
<p>saltando por entre breñas,</p>
<p>turba de niñas risueñas</p>
<p>que acá parece venir.</p>
<p>Sí; no hay duda, ramilletes</p>
<p>nos ofrecen con empeño…</p>
<p>¿Comprendes tú, caro dueño,</p>
<p>lo que nos quieren decir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah!, sabe que esos perfumes,</p>
<p>que rinden cual homenaje,</p>
<p>solo son mudo lenguaje</p>
<p>de un triste y constante afán;</p>
<p>pues -con rara poesía-</p>
<p>el mendigo guipuzcoano,</p>
<p>cubre de flores la mano</p>
<p>que tiende pidiendo pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acepta al punto, ¡querido!</p>
<p>¿quién hay que negarse pueda</p>
<p>a cambiar una moneda</p>
<p>por cada hermoso clavel?</p>
<p>Venid, niñas, cada tarde;</p>
<p>yo en el trueque me intereso,</p>
<p>y si al ramo unís un beso</p>
<p>garante os salgo de él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero no entienden!… ¡Se alejan!</p>
<p>Mira por esos barrancos</p>
<p>saltar, desnudos y blancos,</p>
<p>sus breves y lindos pies…</p>
<p>Se detienen, se sonríen</p>
<p>viendo en mi pecho sus ramos,</p>
<p>y ligeras como gamos</p>
<p>desaparecen después.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras tanto las montañas</p>
<p>sus picachos desiguales</p>
<p>van envolviendo en cendales</p>
<p>de gualda, azul y arrebol,</p>
<p>y en su carro majestuoso</p>
<p>-surcando el tibio occidente-</p>
<p>hunde a su espalda la frente,</p>
<p>cansado de vida, el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A su postrera mirada</p>
<p>y a su postrera sonrisa,</p>
<p>suspiros vuelve la brisa,</p>
<p>perfumes vuelve la flor,</p>
<p>y llanto puro los cielos</p>
<p>vierten en el valle umbrío,</p>
<p>que lo convierte en rocío</p>
<p>de delicioso frescor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, mira! Ya por las faldas,</p>
<p>que cubren altos castaños,</p>
<p>bajando van los rebaños</p>
<p>para acogerse al redil…</p>
<p>Ya los niños sus anzuelos</p>
<p>han recogido y su pesca,</p>
<p>y se van armando gresca</p>
<p>con regocijo infantil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tiñe ya el Sol extraños horizontes…</strong></h3>
<p>Tiñe ya el Sol extraños horizontes;</p>
<p>el aura vaga en la arboleda umbría;</p>
<p>y piérdese en la sombra de los montes</p>
<p>la tibia luz del moribundo día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina en el campo plácido sosiego,</p>
<p>se alza la niebla del callado río,</p>
<p>y a dar al prado fecundante riego,</p>
<p>cae, convertida en límpido rocío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora grata de feliz reposo,</p>
<p>fiel precursora de la noche grave…</p>
<p>torna al hogar el labrador gozoso,</p>
<p>el ganado, al redil, al nido el ave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la hora melancólica, indecisa,</p>
<p>en que pueblan los sueños los espacios,</p>
<p>y en los aires -con soplos de la brisa-</p>
<p>levantan sus fantásticos palacios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Occidente el Héspero aparece,</p>
<p>salpican perlas su zafíreo asiento</p>
<p>y -en tanto que apacible resplandece-</p>
<p>no sé qué halago al contemplarlo siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Lucero del amor! ¡Rayo argentado!</p>
<p>¡Claridad misteriosa! ¿Qué me quieres?</p>
<p>¿Tal vez un bello espíritu, encargado</p>
<p>de recoger nuestros suspiros, eres?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De los recuerdos la dulzura triste</p>
<p>vienes a dar al alma por consuelo,</p>
<p>o la esperanza con su luz te viste</p>
<p>para engañar nuestro incesante anhelo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, tarde melancólica!, yo te amo</p>
<p>y a tus visiones lánguida me entrego…</p>
<p>Tu leda calma y tu frescor reclamo</p>
<p>para templar del corazón el fuego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero, apartada del bullicio loco,</p>
<p>respirar tus aromas halagüeños,</p>
<p>a par que en grata soledad evoco</p>
<p>las ilusiones de pasados sueños.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! si animase el soplo omnipotente</p>
<p>estos que vagan húmedos vapores,</p>
<p>término dando a mi anhelar ferviente,</p>
<p>con objeto inmortal a mis amores…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y tú, sin nombre en la terrestre vida,</p>
<p>bien ideal, objeto de mis votos,</p>
<p>que prometes al alma enardecida</p>
<p>goces divinos, para el mundo ignotos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Me escuchas? ¿Dónde estás? ¿Por qué no puedo</p>
<p>-libre de la materia que me oprime-</p>
<p>a ti llegar, y aletargada quedo,</p>
<p>y opresa el alma en sus cadenas gime?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo volara hendiendo las esferas</p>
<p>si aquí rompiese mis estrechos nudos,</p>
<p>cual esas nubes cándidas, ligeras,</p>
<p>del éter puro en los espacios mudos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿dónde vais? ¿Cuál es vuestro camino,</p>
<p>viajeras del celeste firmamento?…</p>
<p>¡Ah! ¡lo ignoráis!…, seguís vuestro destino</p>
<p>y al vario impulso obedecéis del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué yo, en tanto, con afán insano</p>
<p>quiero indagar la suerte que me espera?</p>
<p>¿Por qué del porvenir el alto arcano</p>
<p>mi mente ansiosa comprender quisiera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paternal Providencia puso el velo</p>
<p>que nuestra mente a descorrer no alcanza,</p>
<p>pero que le permite alzar el vuelo</p>
<p>por la inmensa región de la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El crepúsculo huyó; las rojas huellas</p>
<p>borra la Luna en su esmaltado coche,</p>
<p>y un silencioso ejército de estrellas</p>
<p>sale a guardar el trono de la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ti te amo también, noche sombría;</p>
<p>amo tu Luna tibia y misteriosa,</p>
<p>más que a la luz con que comienza el día,</p>
<p>tiñendo el cielo de amaranto y rosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando en tu grave soledad respiro,</p>
<p>cuando en el seno de tu paz profunda</p>
<p>tus luminares pálidos admiro,</p>
<p>un religioso afecto el alma inunda:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que si el poder de Dios, y su hermosura,</p>
<p>revela el Sol en su fecunda llama,</p>
<p>de tu solemne calma la dulzura</p>
<p>su amor anuncia y su bondad proclama!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tus cuerdas de oro en vibración sonora…</strong></h3>
<p>Tus cuerdas de oro en vibración sonora</p>
<p>vuelve a agitar, ¡oh lira!,</p>
<p>que en este ambiente, que aromado gira,</p>
<p>su inercia sacudiendo abrumadora</p>
<p>la mente creadora,</p>
<p>de nuevo el fuego de entusiasmo aspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Me hallo en Guernica! Ese árbol que contemplo,</p>
<p>padrón es de alta gloria…</p>
<p>de un pueblo ilustre interesante historia…,</p>
<p>de augusta libertad sencillo templo,</p>
<p>que -al mundo dando ejemplo-</p>
<p>del patrio amor consagra la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piérdese en noche de los tiempos densa</p>
<p>su origen venerable;</p>
<p>mas ¿qué siglo evocar que no nos hable</p>
<p>de hechos ligados a su vida inmensa,</p>
<p>que en sí sola condensa</p>
<p>la de una raza antigua e indomable?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se transforman doquier las sociedades;</p>
<p>pasan generaciones;</p>
<p>caducan leyes; húndense naciones…</p>
<p>y el árbol de las vascas libertades</p>
<p>a futuras edades</p>
<p>trasmite fiel sus santas tradiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre inmutables son, bajo este cielo,</p>
<p>costumbres, ley, idioma…</p>
<p>¡Las invencibles águilas de Roma</p>
<p>aquí abatieron su atrevido vuelo,</p>
<p>y aquí luctuoso velo</p>
<p>cubrió la media luna de Mahoma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca abrigaron mercenarias greyes</p>
<p>las ramas seculares,</p>
<p>que a Vizcaya cobijan tutelares;</p>
<p>y a cuya sombra poderosos reyes</p>
<p>democráticas leyes</p>
<p>juraban ante jueces populares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve, roble inmortal! Cuando te nombra</p>
<p>respetuoso mi acento,</p>
<p>y en ti se fija ufano el pensamiento,</p>
<p>me parece crecer bajo tu sombra,</p>
<p>y en tu florida alfombra</p>
<p>con lícita altivez la planta asiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salve! ¡La humana dignidad se encumbra</p>
<p>en esta tierra noble</p>
<p>que tú proteges, perdurable roble,</p>
<p>que el sol sereno de Vizcaya alumbra,</p>
<p>y do el Cosnoaga inmoble</p>
<p>llega a tus pies en colosal penumbra!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿En dónde hallar un corazón tan frío,</p>
<p>que a tu aspecto no lata,</p>
<p>sintiendo que se enciende y se dilata?</p>
<p>¿Quién de tu nombre ignora el poderío,</p>
<p>o en su desdén impío,</p>
<p>tu vejez santa con amor no acata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá desde el retiro silencioso</p>
<p>donde del hombre huía</p>
<p>-al par que sus derechos defendía-,</p>
<p>del de Ginebra pensador fogoso,</p>
<p>con vuelo poderoso,</p>
<p>llegaba a ti la inquieta fantasía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y arrebatado en entusiasmo ardiente</p>
<p>-pues nunca helarlo pudo</p>
<p>de injusta suerte el ímpetu sañudo-,</p>
<p>postró a tu austera majestad la frente</p>
<p>y en página elocuente</p>
<p>supo dejarte un inmortal saludo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Convención Francesa, de su seno</p>
<p>ve a un tribuno afamado,</p>
<p>levantarse de súbito, inspirado,</p>
<p>a bendecirte, de emociones lleno…</p>
<p>Y del aplauso al trueno</p>
<p>retiembla al punto el artesón dorado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo antigua que es la libertad proclamas…</p>
<p>-¡Tú eres su monumento!-</p>
<p>Por eso cuando agita raudo viento</p>
<p>la secular belleza de tus ramas,</p>
<p>pienso que en mí derramas</p>
<p>de aquel genio divino el ígneo aliento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual signo suyo mi alma te venera,</p>
<p>y cuando aquí me humillo</p>
<p>de tu vejez ante el eterno brillo,</p>
<p>recuerdo, roble augusto, que doquiera</p>
<p>que el numen sacro impera,</p>
<p>un árbol es su símbolo sencillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, ¡ah, silencio!… El sol desaparece</p>
<p>tras la cumbre vecina,</p>
<p>que va envolviendo pálida neblina…</p>
<p>se enluta el cielo…, el aire se adormece…</p>
<p>tu sombra crece y crece…</p>
<p>¡Y sola aquí tu majestad domina!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tuvo el que yace aquí cordura extrema…</strong></h3>
<p><em>Para grabarse en la tumba de un escéptico</em></p>
<p><em>Imitación de Parny</em></p>
<p>Tuvo el que yace aquí cordura extrema:</p>
<p>Para evitar error dudó de todo:</p>
<p>La existencia de Dios puso en problema,</p>
<p>Y -dudando vivir- vivió a su modo.</p>
<p>Cansado al fin de caos tan profundo,</p>
<p>Huyó por esta puerta diligente,</p>
<p>Para ir a preguntar al otro mundo</p>
<p>Lo que en este creer cuadra al prudente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un tiempo hollaba por alfombras rosas…</strong></h3>
<p>Un tiempo hollaba por alfombras rosas;</p>
<p>y nobles vates, de mentidas diosas</p>
<p>prodigábanme nombres;</p>
<p>mas yo, altanera, con orgullo vano,</p>
<p>cual águila real a vil gusano,</p>
<p>contemplaba a los hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi pensamiento -en temerario vuelo-</p>
<p>ardiente osaba demandar al cielo</p>
<p>objeto a mis amores,</p>
<p>y si a la tierra con desdén volvía</p>
<p>triste mirada, mi soberbia impía</p>
<p>marchitaba sus flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez por un momento caprichosa</p>
<p>entre ellas revolé, cual mariposa,</p>
<p>sin fijarme en ninguna;</p>
<p>pues de místico bien siempre anhelante,</p>
<p>clamaba en vano, como tierno infante</p>
<p>quiere abrazar la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy, despeñada de la excelsa cumbre</p>
<p>do osé mirar del sol la ardiente lumbre</p>
<p>que fascinó mis ojos,</p>
<p>cual hoja seca al raudo torbellino,</p>
<p>cedo al poder del áspero destino…</p>
<p>¡Me entrego a sus antojos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cobarde corazón, que el nudo estrecho</p>
<p>gimiendo sufres, dime: ¿qué se ha hecho</p>
<p>tu presunción altiva?</p>
<p>¿Qué mágico poder, en tal bajeza</p>
<p>trocando ya tu indómita fiereza,</p>
<p>de libertad te priva?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mísero esclavo de tirano dueño,</p>
<p>tu gloria fue cual mentiroso sueño,</p>
<p>que con las sombras huye!</p>
<p>Di, ¿qué se hicieron ilusiones tantas</p>
<p>de necia vanidad, débiles plantas</p>
<p>que el aquilón destruye?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En hora infausta a mi feliz reposo,</p>
<p>¿no dijiste, soberbio y orgulloso:</p>
<p>-¿Quién domará mi brío?</p>
<p>¡Con mi solo poder haré, si quiero,</p>
<p>mudar de rumbo al céfiro ligero</p>
<p>y arder al mármol frío!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Funesta ceguedad! ¡Delirio insano!</p>
<p>Te gritó la razón… Mas ¡cuán en vano</p>
<p>te advirtió tu locura!…</p>
<p>¡Tú mismo te forjaste la cadena,</p>
<p>que a servidumbre eterna te condena,</p>
<p>y a duelo y amargura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los lazos caprichosos que otros días</p>
<p>-por pasatiempo- a tu placer tejías,</p>
<p>fueron de seda y oro;</p>
<p>los que ahora rinden tu valor primero,</p>
<p>son eslabones de pesado acero,</p>
<p>templados con tu lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué esperaste, ¡ay de ti!, de un pecho helado</p>
<p>de inmenso orgullo y presunción hinchado,</p>
<p>de víboras nutrido?</p>
<p>Tú -que anhelabas tan sublime objeto-</p>
<p>¿cómo al capricho de un mortal sujeto</p>
<p>te arrastras abatido?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Con qué velo tu amor cubrió mis ojos,</p>
<p>que por flores tomé duros abrojos,</p>
<p>y por oro la arcilla?…</p>
<p>¡Del torpe engaño mis rivales ríen,</p>
<p>y mis amantes, ay, tal vez se engríen</p>
<p>del yugo que me humilla!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y tú lo sufres, corazón cobarde?</p>
<p>¿Y de tu servidumbre haciendo alarde</p>
<p>quieres ver en mi frente</p>
<p>el sello del amor que te devora?…</p>
<p>¡Ah! Velo, pues, y búrlese en buen hora</p>
<p>de mi baldón la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Salga del pecho -requemando el labio-</p>
<p>el caro nombre de mi orgullo agravio,</p>
<p>de mi dolor sustento!…</p>
<p>¿Escrito no le ves <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-carolina-coronado/">en las estrellas</a></p>
<p>y en la luna apacible que con ellas</p>
<p>alumbra el firmamento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No le oyes, de las auras al murmullo?</p>
<p>¿No le pronuncia -en gemidor arrullo-</p>
<p>la tórtola amorosa?</p>
<p>¿No resuena en los árboles, que el viento</p>
<p>halaga con pausado movimiento</p>
<p>en esa selva hojosa?</p>
<p>De aquella fuente entre las claras linfas,</p>
<p>¿no le articulan invisibles ninfas</p>
<p>con eco lisonjero?…</p>
<p>¿Por qué callar el nombre que te inflama,</p>
<p>si aún el silencio tiene voz, que aclama</p>
<p>ese nombre que quiero?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombre que un alma lleva por despojo;</p>
<p>nombre que excita con placer enojo,</p>
<p>y con ira ternura;</p>
<p>nombre más dulce que el primer cariño</p>
<p>de joven madre al inocente niño,</p>
<p>copia de su hermosura;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y más amargo que el adiós postrero</p>
<p>que al suelo damos, donde el sol primero</p>
<p>alumbró nuestra vida,</p>
<p>nombre que halaga y halagando mata;</p>
<p>nombre que hiere -como sierpe ingrata-</p>
<p>al pecho que le anida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡No, no lo envíes, corazón, al labio!</p>
<p>¡Guarda tu mengua con silencio sabio!</p>
<p>¡Guarda, guarda tu mengua!</p>
<p>¡Callad también vosotras, auras, fuente,</p>
<p>trémulas hojas, tórtola doliente,</p>
<p>como calla mi lengua!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Y María al pie de la cruz…</strong></h3>
<p>Y María al pie de la cruz</p>
<p>Al cielo ofreciendo del mundo el rescate,</p>
<p>Con clavos sujetas las manos divinas,</p>
<p>Ciñendo sus sienes corona de espinas,</p>
<p>Se ostenta en los brazos del leño Jesús.</p>
<p>A diestra y siniestra dos viles ladrones</p>
<p>Reciben la pena que al crimen se debe;</p>
<p>Mas ¡sólo en el Justo se ensaña la plebe,</p>
<p>Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La túnica sacra con grita sortean</p>
<p>En frente al suplicio los fieros sayones,</p>
<p>Y el pueblo inconstante con torpes baldones</p>
<p>Denuesta al que ha sido su gloria y salud.</p>
<p>Ya nadie recuerda sus hechos pasmosos,</p>
<p>Del bien -que hizo a todos- cada uno se olvida,</p>
<p>Celebran su muerte, calumnian su vida…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si Dios es tu Padre»-por mofa le dicen-</p>
<p>«Desciende, y entonces tendremos creencia.</p>
<p>Los oye el Cordero con santa paciencia,</p>
<p>Y ya de sus ojos nublada la luz,</p>
<p>Los alza clamando: -¡Perdónalos, Padre!</p>
<p>Lo que hacen ignoran, perdónalos pío.-</p>
<p>Con roncas blasfemias responde el gentío,</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sed tengo -murmura la Víctima augusta;</p>
<p>Vinagre mezclado con hiel le presentan…</p>
<p>Sus labios divinos la esponja ensangrientan,</p>
<p>Y ríe y se goza la vil multitud.</p>
<p>En tanto del Mártir se hiela la sangre</p>
<p>Cubriendo su frente con nublos espesos</p>
<p>Le tiemblan las carnes, le crujen los huesos</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Mujer, ve tu hijo! la dice, y señala</p>
<p>En Juan a la prole de Adán delincuente.</p>
<p>-¡Ahí tienes, oh hombre, tu Madre clemente!-</p>
<p>Mirando al Apóstol añade Jesús.</p>
<p>Tal es el legado que alcanzan los mismos</p>
<p>Que son de su muerte causantes insanos:</p>
<p>Les da para el cielo derechos de hermanos…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>Mirando del Cristo la suma clemencia,</p>
<p>De aquel que a su diestra comparte el suplicio</p>
<p>Conmuévese el alma, que el gran sacrificio</p>
<p>Ya en él ejercita su inmensa virtud:</p>
<p>-«De mí note olvides -le dice- en tu reino.»</p>
<p>Jesús premia al punto su fe meritoria;</p>
<p>-Conmigo- responde -serás en la gloria…-</p>
<p>Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! ya el instante se acerca supremo:</p>
<p>Ya el pecho amoroso con pena respira:</p>
<p>Inclinase el rostro que el ángel admira,</p>
<p>Y eleva la muerte su fiera segur.</p>
<p>-¡Oh Padre divino! ¿por qué me abandonas?</p>
<p>La voz espirante pronuncia despacio:</p>
<p>Su queja doliente devora el espacio…</p>
<p>¡Y está allí la Madre al pie de la Cruz!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Todo es consumado! -Mi espíritu ¡oh Padre!</p>
<p>Recibe en tus manos -clamó el moribundo.</p>
<p>Retiemblan de pronto los ejes del mundo,</p>
<p>Los cielos se cubren de oscuro capuz,</p>
<p>Se parten las piedras, las tumbas se abren,</p>
<p>Sangriento un cadáver se ve suspendido…</p>
<p>¡De Adán el linaje ya está redimido!</p>
<p>¡Y aún queda la Madre al pie de la Cruz!</p>
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		<title>Poemas de Carolina Coronado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 18:38:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Carolina Coronado (1820-1911), la voz lírica más representativa del Romanticismo español y una precursora del feminismo literario. Extremeña de nacimiento, rompió con los moldes de su época al liderar la «Hermandad Lírica», una red de apoyo entre escritoras que desafiaba el aislamiento intelectual femenino. Su obra, encabezada por Poesías (1843), destaca por una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Poemas de Carolina Coronado</strong> (1820-1911), la voz lírica más representativa del <strong>Romanticismo español</strong> y una precursora del feminismo literario. Extremeña de nacimiento, rompió con los moldes de su época al liderar la «Hermandad Lírica», una red de apoyo entre escritoras que desafiaba el aislamiento intelectual femenino.</p>
<p>Su obra, encabezada por <em>Poesías</em> (1843), destaca por una sensibilidad espiritual y naturalista, empleando símbolos como la flor para explorar la fragilidad y el destino de la mujer. No fue solo poeta; cultivó la novela histórica y el teatro, integrando siempre una aguda crítica social contra la opresión de género. Su estilo, caracterizado por una <strong>espontaneidad reflexiva</strong>, influyó notablemente en Bécquer. Con una vida marcada por la melancolía y el misticismo, Coronado se consolidó como una figura clave en la modernización de la lírica castellana.</p>
<h3><strong>A Alfonso de Lamartine</strong></h3>
<p>Libre será la voz, fuerte el aliento;</p>
<p>sonoro el instrumento</p>
<p>que vuestro canto, Alfonso, han sostenido,</p>
<p>cuando torpe y doliente</p>
<p>la humanidad presente</p>
<p>al inaudito son se ha conmovido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pueblo en pueblo, hasta el confín de España</p>
<p>llegó la voz extraña,</p>
<p>de ese mi pobre valle, nunca oída,</p>
<p>y aun del valle tranquilo</p>
<p>en el oscuro asilo</p>
<p>con entusiasmo ardiente fue acogida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco de claras letras entendemos</p>
<p>las hembras que nacemos</p>
<p>en el rincón, sin luz, de humilde villa;</p>
<p>y poco nos cuidamos</p>
<p>de ésos que no estudiamos</p>
<p>volúmenes de Francia o de Castilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tardo, como de sordos, el oído</p>
<p>apenas el sonido</p>
<p>del agudo talento ¡ay! nos alcanza;</p>
<p>y turbios nuestros ojos</p>
<p>ven siempre con enojos</p>
<p>las luces del saber, en lontananza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Postrado el femenil entendimiento</p>
<p>en hondo abatimiento</p>
<p>las vidas silenciosas consumimos;</p>
<p>ajenas a la fama</p>
<p>con que la tierra aclama</p>
<p>los sabios cuyas lenguas no entendimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, una rara historia desdoblamos</p>
<p>en cuyo centro hallamos</p>
<p>impresos nuestros propios corazones,</p>
<p>y ansiosas, palpitantes;</p>
<p>con ojos anhelantes</p>
<p>cruzamos, sin descanso, sus renglones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De lágrimas, Señor, la vena rota</p>
<p>vierais, gota por gota</p>
<p>las páginas bañar de vuestro escrito:</p>
<p>las almas inflamadas</p>
<p>vierais arrebatadas,</p>
<p>de gratitud, alzarse al infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos solo revelasteis sentimientos</p>
<p>que nunca los acentos</p>
<p>de nuestros pechos modular osaron:</p>
<p>sólo en los labios vuestros</p>
<p>los infortunios nuestros</p>
<p>hoy sus fieles intérpretes hallaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto sabéis de penas femeninas!</p>
<p>¡Cuán puras y argentinas</p>
<p>corrientes de palabras generosas,</p>
<p>tierno y profundo sabio,</p>
<p>manan de vuestro labio</p>
<p>y alivian nuestras almas fatigosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escala de las penas de la vida</p>
<p>tan larga y tan sentida,</p>
<p>habéis en nuestra historia recorrido,</p>
<p>y con distintos sones</p>
<p>todos los corazones</p>
<p>vibrando fuertemente han respondido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que explica para docta gente</p>
<p>política eminente</p>
<p>de vuestro libro la preciosa historia:</p>
<p>dicen, que en las naciones</p>
<p>turbulentas pasiones</p>
<p>se levantan en torno a vuestra gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rudas, señor, y frívolas mujeres,</p>
<p>de los ilustres seres</p>
<p>los encumbrados juicios no alcanzamos;</p>
<p>pero las almas puras</p>
<p>de las buenas criaturas</p>
<p>mil votos por instinto os consagramos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os alaben los pueblos oprimidos</p>
<p>porque habéis sus gemidos</p>
<p>con soberano esfuerzo levantado,</p>
<p>y humíllense en la tierra</p>
<p>los que movieron guerra</p>
<p>al valiente pendón que hais tremolado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La patria que en sus ínclitos blasones</p>
<p>muestra Napoleones,</p>
<p>láurea corona en vuestra sien suspenda;</p>
<p>mas, permitid que os lleve,</p>
<p>Señor, aunque tan leve,</p>
<p>el arpa femenil, su justa ofrenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pues no somos también seres humanos?</p>
<p>¿No son nuestros hermanos</p>
<p>los que osáis ahogar por nuestras vidas?</p>
<p>¿No debemos cantaros</p>
<p>y las manos bañaros,</p>
<p>de lágrimas, señor, agradecidas…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suban entre el ferviente clamoreo</p>
<p>del aplauso europeo</p>
<p>nuestros votos también a vuestro oído,</p>
<p>como sube al ambiente</p>
<p>con la voz del torrente</p>
<p>el trino de la alondra confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy estamos del mundo en las regiones</p>
<p>hembras, niños, varones,</p>
<p>a general concierto convocados,</p>
<p>caiga perpetua mengua</p>
<p>sobre aquél cuya lengua</p>
<p>por vos no rompa en himnos acordados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del femenino coro aun el acento</p>
<p>embarga el sentimiento,</p>
<p>ya cantaros, Señor, vengo yo sola;</p>
<p>oídme con dulzura,</p>
<p>que es verdadera y pura</p>
<p>la ardiente bendición de una española.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos sois francés; la Francia os merecía;</p>
<p>pero no es patria mía,</p>
<p>y al ensalzar vuestro glorioso nombre</p>
<p>añado tristemente:</p>
<p>¡Oh Dios omnipotente!</p>
<p>¿Por qué no es español tan grande hombre?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Ángela</strong></h3>
<p>Ángela, melancólica mi alma</p>
<p>hacia tus brazos encamina el vuelo</p>
<p>ansiosa de encontrar en ellos calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, siempre son los ángeles del cielo</p>
<p>ésos que nos arrullan blandamente</p>
<p>y nos prestan reposo y dan consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú tienes una voz que el ruido miente</p>
<p>de las sencillas tórtolas, y el eco</p>
<p>del murmurar tranquilo de la fuente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque en el pecho de inocencia seco</p>
<p>no halle lugar tan cándido sonido</p>
<p>halla en el mío dilatado hueco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, yo mi juventud no he consumido,</p>
<p>conservo la ilusión y el sentimiento</p>
<p>y aun puedo al tierno amor prestar oído:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora célebre amor tu tierno acento,</p>
<p>ora te duelas dél, siempre te escucha</p>
<p>mi enternecido corazón atento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si en el siglo de ambición y lucha</p>
<p>consuelo mutuamente no nos damos</p>
<p>de nuestras almas a la pena mucha,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ángela, ¿con el llanto a dónde vamos?</p>
<p>¿Hacia dónde el amor sencillo y bello</p>
<p>de nuestra musa juvenil llevamos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De rosas y jazmines el cabello</p>
<p>te puedo coronar, sino ambiciosa</p>
<p>por ceñir el laurel doblas el cuello:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quiero consagrar mi edad penosa</p>
<p>a celebrar las cándidas doncellas</p>
<p>que sólo en su amistad mi alma reposa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entusiasmo y virtud encuentro en ellas</p>
<p>y en sus arpas dulcísimas y santas</p>
<p>el consuelo y la paz de mis querellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso vuelo a ti, que tierna cantas</p>
<p>a Dios ya los amores de mi vida</p>
<p>raudal perpetuo de emociones tantas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ya sintiéndome abatida</p>
<p>el alma hacia tus brazos encamino</p>
<p>porque en ellos la des bella acogida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio yo tu arrullo peregrino</p>
<p>que de las trompas bélicas los sones</p>
<p>donde horribles batallas imagino,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio yo, doncella, tus canciones</p>
<p>que los oscuros libros de la historia</p>
<p>donde jamás hallé sino borrones;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio de amistad la suave gloria,</p>
<p>más de mis compañeros la sonrisa</p>
<p>que del mayor guerrero la victoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De dos en dos, las tórtolas, poetisa,</p>
<p>cantan sobre los rudos encinares</p>
<p>mecidas en sus ramas por la brisa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así das tú compaña a mis pesares</p>
<p>aliento a un pecho lánguido infundiendo</p>
<p>con el celeste ardor de tus cantares…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no sufro; mis párpados cayendo</p>
<p>a tu benigno influjo, dulce amiga,</p>
<p>poco a poco y mi espíritu adurmiendo</p>
<p>en tus brazos se van… ¡Dios te bendiga!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Cádiz</strong></h3>
<p>No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo…</p>
<p>no es sueño, es la verdad, ¡estoy contigo!…</p>
<p>no es sueño, es la verdad, tus ondas sigo</p>
<p>y sacio en contemplarte mi deseo;</p>
<p>aquí está la verdad en que yo creo,</p>
<p>aquí habita el Señor que yo bendigo,</p>
<p>y siento entre estas vívidas montañas</p>
<p>el hondo palpitar de sus entrañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú eres el mar!… ¡el mar!… no eres el río;</p>
<p>el horizonte con tus brazos llenas,</p>
<p>y en vez de murmurar bramas y truenas</p>
<p>maravillando el pensamiento mío,</p>
<p>pero en tu seno con placer confío</p>
<p>recuerdos, dichas, esperanzas, penas,</p>
<p>sin que un instante me acobarde el miedo</p>
<p>de que en tus ondas sumergirme puedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Miedo de ti? ¿Por qué? ¿No es de la tierra</p>
<p>de dónde vengo yo? ¡Por qué temerte!</p>
<p>¿Amenazas tú más que con la muerte</p>
<p>ni tienes sino el agua que dé guerra?</p>
<p>¿En dónde tu maldad ¡oh mar! se encierra</p>
<p>para que así nos acobarde el verte?</p>
<p>¿Qué me puedes hacer? ¿Tragar mi barca?…</p>
<p>La Francia se ha tragado a su monarca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A dónde vais, pobres gaviotas,</p>
<p>huyendo así del horizonte oscuro?</p>
<p>¿No teméis el morir al pie del muro</p>
<p>en sangre tintas vuestras alas rotas?</p>
<p>Hubo una edad entre las más remotas,</p>
<p>en que la tierra fue asilo seguro;</p>
<p>pero lanzados ya de aquel asilo,</p>
<p>el torrente del mar es más tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! yo no sé; pero al mirar de lejos</p>
<p>la vasta soledad del agua hermosa,</p>
<p>me siento de vosotras envidiosa</p>
<p>que podéis habitar en sus espejos;</p>
<p>los marinos nos dan tristes consejos,</p>
<p>porque huyamos del agua borrascosa;</p>
<p>pero al lanzarnos de tan bella casa,</p>
<p>no saben ahora lo que en tierra pasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto más blando el mar que nos rodea,</p>
<p>aunque el torrente abata vuestros vuelos,</p>
<p>será que las pasiones, los desvelos</p>
<p>de esa región que a nuestra vista humea!</p>
<p>¡No os vais del mar! El alma se recrea</p>
<p>soñándose suspensa entre dos cielos,</p>
<p>y si no tengo yo en las verdes salas,</p>
<p>menos debéis temer que tenéis alas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué he de temer? ¿Que el mar en sus extremos</p>
<p>de sal inunde mi entreabierta boca?</p>
<p>¡La sed que en medio el agua nos sofoca</p>
<p>en la salada lluvia saciaremos!</p>
<p>Más salado es el llanto y lo bebemos</p>
<p>en tierra seca, y no en corriente poca,</p>
<p>siempre con ansia igual, con igual daño</p>
<p>un día y otro, uno y otro año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh mil veces feliz ave y marino,</p>
<p>que cruzan sin temor esas montañas,</p>
<p>y más dichosa tú la que te bañas,</p>
<p>Cádiz, en ese golfo cristalino!</p>
<p>Allá te veo entre el flotante lino</p>
<p>salir, hermosa, honor de las Españas,</p>
<p>cual salen las palomas por el río</p>
<p>cuando a bañarse van en el estío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hija de las entrañas de Océano,</p>
<p>como sus conchas y sus peces eres,</p>
<p>y las que guardas célicas mujeres</p>
<p>son perlas escogidas por tu mano,</p>
<p>a bordo de tu buque soberano</p>
<p>Siempre embarcados, tus felices seres,</p>
<p>Gozan en paz de la ilusión divina</p>
<p>De este viaje que jamás termina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando del muro los estrechos lazos</p>
<p>salta y el onda tu cabeza baña,</p>
<p>dicen que quiere con terrible saña</p>
<p>tragarte el mar en míseros pedazos,</p>
<p>pero es que te acaricia entre sus brazos</p>
<p>como a sus tiernos hijos la alimaña,</p>
<p>y cuando más parece que te abruma</p>
<p>te da la leche de su blanca espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ciudad de torres solitaria y bella!</p>
<p>todo es hermoso en tu recinto amigo;</p>
<p>el pobre halla limosna y halla abrigo,</p>
<p>y aun da a otros pobres el sobrante de ella.</p>
<p>Cuando me lleve mi contraria estrella</p>
<p>lejos de ti; me soñaré contigo…</p>
<p>si es que duerme bastante para el sueño</p>
<p>quien nada espera dulce ni risueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, sí! me queda la ilusión divina</p>
<p>de este mar tan inmenso y tan profundo,</p>
<p>donde ha de hallar, al fin, descanso el mundo</p>
<p>cuando lo quiera Dios. Alma vecina</p>
<p>del mar, mejor comprende y adivina</p>
<p>lo que es Dios, lo que el pueblo moribundo,</p>
<p>que encerrado se agita y despedaza</p>
<p>ser contra ser y raza contra raza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya le voy a dejar, nada en la vida</p>
<p>sino el dolor profundo es duradero,</p>
<p>y por lo mismo que mirarlo quiero,</p>
<p>tengo que darle ya mi despedida;</p>
<p>todo placer va siempre de partida</p>
<p>muy pronto por la vida, muy ligero,</p>
<p>y basta que la mar mi encanto sea</p>
<p>para que nunca más su encanto vea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós, amigos!… ¡tierra hospitalaria!…</p>
<p>Las lagrimas más dulces que he vertido</p>
<p>¡oh Cádiz, Cádiz! en tu seno han sido;</p>
<p>y si en medio del agua solitaria</p>
<p>ves en el barco un rostro, que afligido</p>
<p>te mira, yo seré que entre la varia</p>
<p>gente y la nube del vapor que humea</p>
<p>«¡Adiós, adiós, diré mientras te vea!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Cesarina</strong></h3>
<p>¡Que teniendo, Cesarina,</p>
<p>en tu hermosísimo rostro</p>
<p>ojos tan claros y bellos</p>
<p>me mires con malos ojos!</p>
<p>¡Que siendo risueño y blando</p>
<p>tu semblante para todos,</p>
<p>doncella, para mí sólo</p>
<p>haya de ser duro y hosco!…</p>
<p>—¿Celos de mí? ¡Virgen Santa!</p>
<p>¿Pues qué amador hay tan loco</p>
<p>que dude que con tu busto</p>
<p>competir no puede otro?</p>
<p>Bajo melena dorada,</p>
<p>sobre cuello delicioso,</p>
<p>con su cutis de azucena,</p>
<p>con su matiz de pimpollo</p>
<p>¿cómo hallar teme rivales</p>
<p>entre mujeres tu rostro</p>
<p>si juzgo que entre los ángeles</p>
<p>no los hallará tampoco?</p>
<p>¿No es por mi faz?… ¿por mi lira?</p>
<p>¡Oh demencia! ¿Te da enojos</p>
<p>un pedazo de madera</p>
<p>con unos bordones toscos</p>
<p>donde canto unos romances</p>
<p>que desoye el mundo todo,</p>
<p>porque una mitad no atiende</p>
<p>y la otra mitad es sordo?</p>
<p>¡Cómo el amor enajena!</p>
<p>¡Cómo los celos son topos</p>
<p>cuando ignoras que esa lira</p>
<p>vale entre los hombres poco!</p>
<p>Siquiera fuese mi canto</p>
<p>dulce, apacible, sonoro;</p>
<p>siquiera tierno y vibrante</p>
<p>alzara sublime tono,</p>
<p>entre escuchar sus conciertos</p>
<p>y mirar tus lindos ojos</p>
<p>no vacilara, alma mía,</p>
<p>el galancete más docto.</p>
<p>Brillante luz es el genio</p>
<p>mas si no tiene un contorno</p>
<p>lucido el fanal que encierra</p>
<p>ese vivo meteoro,</p>
<p>Cesarina, de sus rayos</p>
<p>teme las heridas poco</p>
<p>que aman los hombres al genio…</p>
<p>si el genio tiene tu rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Cuba</strong></h3>
<p>Cuando los recios vientos se embravecen,</p>
<p>cuando mugen los mares irritados,</p>
<p>cuando estallan con furia los nublados,</p>
<p>cuando las olas borrascosas crecen,</p>
<p>cuando los buques míseros perecen</p>
<p>por las revueltas ondas anegados,</p>
<p>cuando la Europa envuelta en la tormenta</p>
<p>traba en la oscuridad lucha sangrienta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Barca dichosa en medio del Océano,</p>
<p>tú sola vas del huracán segura:</p>
<p>Francia se anega, y en la noche oscura</p>
<p>el rayo incendia el pabellón romano;</p>
<p>y oyes los gritos del naufragio humano,</p>
<p>y te duele tal vez su desventura,</p>
<p>¡ay! cuando ves de las antiguas zonas</p>
<p>por la espuma del mar flotar coronas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ves como cadáveres perdidos</p>
<p>al agua nuestros pueblos arrojados,</p>
<p>y ves como timones destrozados</p>
<p>los cetros a las playas sacudidos;</p>
<p>y a los que, aún viven, en el mar hundidos,</p>
<p>por los marinos monstruos devorados,</p>
<p>y como barco que encalló en la arena</p>
<p>a España inmóvil junto al mar que truena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y te contemplas tú, y en el espejo</p>
<p>de tus serenos mares retratada,</p>
<p>de la luz juvenil por el reflejo</p>
<p>ves tu belleza pura, inmaculada:</p>
<p>y de la Europa con el rostro viejo</p>
<p>a la fealdad rugosa comparada,</p>
<p>entre perlas tu hermoso cuello engríes,</p>
<p>y de lástima acaso te sonríes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh ¡cuánta es tu beldad, cuál tu riqueza!</p>
<p>¡oh! ¡cuánto es tu esplendor, hija de España!</p>
<p>por eso están los buzos de Bretaña</p>
<p>asomando a tus golfos la cabeza…</p>
<p>Mas no serán ¡oh perla! tu belleza</p>
<p>y tu valor de su codicia extraña;</p>
<p>pues antes que cedérsela al britano</p>
<p>nos tragará contigo el Océano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que tienen sobre tres castillos,</p>
<p>de los mares enmedio levantados,</p>
<p>a los reinos del mundo aprisionados</p>
<p>del oro del Perú con los anillos;</p>
<p>y que van a engarzar nuevos zarcillos</p>
<p>a la reina feliz de sus estados,</p>
<p>si la prenda mejor que la engalana</p>
<p>hurtan a la corona castellana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! bien los oigo por la noche oscura</p>
<p>cuando te entregas a tu sueño blando,</p>
<p>en la vecina costa murmurando</p>
<p>cantos de seducción a tu hermosura</p>
<p>«Despierta, dicen, reina sin ventura,</p>
<p>esclava del poder de San Fernando,</p>
<p>que ya de libertad llegó la hora</p>
<p>y ya puedes reinar, ya eres señora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si hubieron cetro tus antiguos reyes,</p>
<p>¿por qué el yugo sufrir de la extranjera?</p>
<p>Si tú le puedes dar al mundo leyes,</p>
<p>¿por qué no alzar tu nacional bandera?</p>
<p>¿Serán tus hijos como pobres bueyes,</p>
<p>cuyo trabajo a la comarca ibera</p>
<p>dará las mieses de tu campo ameno,</p>
<p>mientras ellos no más pacen el heno?»…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero adormida tú, nunca a su canto,</p>
<p>inocente beldad, prestes oído;</p>
<p>¡ay de tu corazón si seducido</p>
<p>pierde la dicha de candor tan santo!</p>
<p>¡ay si de España el amoroso manto</p>
<p>donde por tantos años has dormido,</p>
<p>loca rasgando tras la voz que miente</p>
<p>te, osaras aclamar independiente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pobre beldad, despojo del pirata,</p>
<p>ese mismo cantor que te enamora</p>
<p>te forjará en su harem, altiva mora,</p>
<p>recias cadenas con tu misma plata;</p>
<p>y ese brillante espejo que retrata</p>
<p>tus fiestas y tus náyades ahora,</p>
<p>por sus navales guerras empeñado</p>
<p>reflejará tu rostro ensangrentado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No eres libre y feliz? ¿No estás contenta</p>
<p>mientras nosotros sin cesar lloramos?</p>
<p>Mientras nosotros viejos peleamos</p>
<p>¿no estás joven, tranquila y opulenta?</p>
<p>¿No nos ves en la noche turbulenta</p>
<p>que en las rocas del mar nos estrellamos,</p>
<p>que vamos a morir ya sin consuelo</p>
<p>mientras serena tú cruzas el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves nuestros monarcas fugitivos?</p>
<p>¿No ves nuestros pontífices huyendo?</p>
<p>¿No ves a Europa, cuya hoguera ardiendo,</p>
<p>se sustenta con carne de los vivos?</p>
<p>¿Serán nuestros dolores incentivos</p>
<p>que te harán suspirar por el estruendo</p>
<p>y del infierno con que Europa lidia</p>
<p>América, gran Dios, tendrás envidia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuentan los sabios que en la noche vienen</p>
<p>espíritus lanzados del profundo,</p>
<p>que la ruina del antiguo mundo</p>
<p>con acentos fatídicos previenen…</p>
<p>y que, será verdad… y que, ellos tienen</p>
<p>miedo del pueblo loco y moribundo,</p>
<p>que entre las ansias ya de la agonía</p>
<p>llama a la libertad con voz tardía…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que a su triste voz vendrán las fieras</p>
<p>de esas comarcas tras la muerta gente</p>
<p>a hundir en sus cadáveres el diente</p>
<p>hozando entre su sangre sus banderas;</p>
<p>y que allá en las edades venideras</p>
<p>irán los peregrinos de Occidente</p>
<p>enseñando al francés en su ignorancia</p>
<p>a qué desierto se llamaba Francia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a contar al inglés, que oyendo atento</p>
<p>de su patria estará las aventuras,</p>
<p>en qué vasto erial, en qué llanuras</p>
<p>la populosa Londres tuvo asiento:</p>
<p>cómo en chozas buscaron aposento</p>
<p>los hombres que habitaban las alturas,</p>
<p>y cómo sus magníficos vapores</p>
<p>se tornaron en barcos pescadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que, así como queda por los huertos</p>
<p>si la sacude lluvia anticipada,</p>
<p>no madura la fruta abandonada,</p>
<p>España quedará por los desiertos…</p>
<p>¡España con la sangre de sus muertos</p>
<p>hijos queridos, sin sazón regada,</p>
<p>que sacudida al golpe de la guerra</p>
<p>sin madurar se pudrirá en la tierra!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, que primero aquellos que con vida</p>
<p>queden en los desiertos europeos</p>
<p>recogiendo sus libros y trofeos</p>
<p>irán a tu ciudad esclarecida;</p>
<p>y que en vez de la historia entretenida</p>
<p>que nos enseñan hoy de los hebreos</p>
<p>la nuestra en este libro han de enseñarte</p>
<p>«Vida de Hernán Cortés y Bonaparte».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso aguardas tú como heredera</p>
<p>a que exhalemos el postrer aliento,</p>
<p>y ves rodar al pie de tu palmera</p>
<p>nuestras hojas de acacia por el viento:</p>
<p>porque has de trasplantar en tu pradera</p>
<p>a este mundo arrancado de cimiento,</p>
<p>para que en ese suelo más fecundo</p>
<p>broten las flores del antiguo mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso alhajas tu preciosa villa</p>
<p>para hospedar a nuestras pobres gentes,</p>
<p>por eso a tus hermanos de Castilla</p>
<p>les preparas caminos relucientes;</p>
<p>por eso a tus mares a la orilla</p>
<p>guardas entre tus palmas reverentes</p>
<p>¡isla de salvación del pueblo ibero!</p>
<p>las reliquias del náufrago primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cortés, Cortés! que le legó su gloria,</p>
<p>Cortés que prefirió tu cementerio,</p>
<p>la existencia en el mundo transitoria</p>
<p>temiendo sabio del anciano imperio,</p>
<p>la tumba de Cortés en tu hemisferio</p>
<p>de nuestra santa unión es la memoria;</p>
<p>¡sus huesos son de nuestra fe la prenda!</p>
<p>¡maldito el indio que sus huesos venda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A dónde estáis, consuelos de mi alma</strong></h3>
<p>¿A dónde estáis, consuelos de mi alma,</p>
<p>cantoras de esta edad, hermanas mías,</p>
<p>que os escucho sonar y nunca os veo,</p>
<p>que os llamo y no atendéis mi voz amiga?</p>
<p>¿A dónde estáis, risueñas y lozanas</p>
<p>juveniles imágenes queridas?…</p>
<p>Yo quiero veros, mi tristeza acrece</p>
<p>la soledad mi padecer irrita;</p>
<p>a darme aliento a mitigar mi pena</p>
<p>venid, cantoras, con las sacras liras.</p>
<p>He visto alguna vez que al cuerpo herido</p>
<p>flores que sanan con su jugo aplican,</p>
<p>de mi espíritu triste a la dolencia</p>
<p>yo le aplicara la amistad que alivia.</p>
<p>Flores, que la salud de pobre enferma</p>
<p>pudierais reanimar con vuestra vista,</p>
<p>¿por qué estáis de la tierra en el espacio,</p>
<p>colocadas tan lejos de mi vida?…</p>
<p>Ése es, cantoras, de infortunio el colmo,</p>
<p>ésa en el mundo la mayor desdicha;</p>
<p>sufrir el mal, adivinar remedio</p>
<p>y no lograrlo cuando el bien nos brinda.—</p>
<p>No he de lograrlo sola y olvidada,</p>
<p>como el espino en la ribera umbría,</p>
<p>de mi cariño las lozanas flores</p>
<p>lejos de la amistad caerán marchitas.</p>
<p>Nunca os veré; mi estrella indiferente</p>
<p>no marca en mi vivir grandes desdichas,</p>
<p>pero tampoco ¡ay Dios! grandes placeres,</p>
<p>tampoco venturosas alegrías.</p>
<p>¿Qué valen las desgracias si a sus horas</p>
<p>de tormentoso afán sigue la dicha?</p>
<p>Es menos bella la existencia, hermanas,</p>
<p>pálida, melancólica, indecisa;</p>
<p>que no tenga un azar de los que rinden</p>
<p>ni una felicidad de las que animan.</p>
<p>¡A Dios, auras de abril, rosas de mayo,</p>
<p>cantoras bellas de la patria mía!</p>
<p>Yo no puedo estrecharos en mis brazos,</p>
<p>yo no puedo besar vuestras mejillas;</p>
<p>pero al ardiente sol mando un suspiro</p>
<p>y a la luna, al lucero y a la brisa</p>
<p>para que allá, donde en la tierra os hallen,</p>
<p>lo lleven en sus alas fugitivas.</p>
<p>¿Qué dais, hermanas, de mi amor en pago?</p>
<p>Dadme canciones tiernas y sencillas</p>
<p>reflejo puro de las almas vuestras,</p>
<p>consuelo activo de las ansias mías;</p>
<p>y así podré exclamar «¡nunca las veo,</p>
<p>sin verlas moriré, mas logro oírlas!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿A dónde vas ¡oh rey! con tus pesares?…</strong></h3>
<p>¿A dónde vas ¡oh rey! con tus pesares?</p>
<p>¿No sabes que en los mares</p>
<p>aun la roca inmortal de Santa Elena</p>
<p>te brinda con su asilo?</p>
<p>¿que allí lecho tranquilo</p>
<p>tienes guardado en la caliente arena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun hallarás la arena removida</p>
<p>con la huella atrevida</p>
<p>de otro Napoleón, que destronado</p>
<p>fue también a esa tierra;</p>
<p>aun su lauro de guerra</p>
<p>los trópicos allí no han marchitado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú no fuiste a insultar con tus trofeos</p>
<p>los muertos Ptolomeos,</p>
<p>ni entre el eco marcial de los cañones</p>
<p>ligero cabalgando,</p>
<p>cadáveres hollando,</p>
<p>has llevado el terror a las naciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tú, sin esgrimir hierro iracundo,</p>
<p>dabas leyes al mundo,</p>
<p>y a una mirada sola que lanzaban</p>
<p>tus ojos indignados,</p>
<p>los tercios espantados</p>
<p>el acero a tus plantas humillaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿piensas tú que el mundo te perdona</p>
<p>que unas genio y corona</p>
<p>y gobernando sin temor ni traba,</p>
<p>des a tu antojo, leyes</p>
<p>y domines los reyes,</p>
<p>y a Europa tengas de tu mente esclava?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>…Ve, rey, a descansar. Londres te espera</p>
<p>como una hambrienta fiera</p>
<p>para tragar de Francia los despojos;</p>
<p>ella que hundió en la tierra</p>
<p>vuestro genio de guerra,</p>
<p>también a ti te cerrará los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rivales en lo eterno ambas naciones</p>
<p>con dos Napoleones,</p>
<p>de la guerra y la paz a ti te halaga</p>
<p>¡oh Francia! la fortuna;</p>
<p>mas ¡ay! tú eres su cuna</p>
<p>e Inglaterra es la tumba que los traga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Elisa</strong></h3>
<p>En buen hora llegaste, compañera,</p>
<p>la desdeñosa irónica sonrisa</p>
<p>que tan amarga para el alma era</p>
<p>cesa ya de afligir a la poetisa;</p>
<p>rompimos el concierto muy aprisa</p>
<p>sin aguardar compás en nuestra era</p>
<p>y las damas cerraron los oídos</p>
<p>y el sexo fuerte prorrumpió en silbidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Extraño caso! ¡una mujer que canta!</p>
<p>Tan sólo oímos la mujer que llora».</p>
<p>Eso gritaron los que aplauden ora</p>
<p>con tanto bravo y con palmada tanta:</p>
<p>¡fuerza de la opinión cómo quebranta</p>
<p>la ley de muchos siglos triunfadora</p>
<p>y lo que ayer fue arroyo es hoy torrente</p>
<p>marchando de los tiempos la corriente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No conquistó Pizarro el pueblo de oro</p>
<p>con más fatiga, con mayor quebranto</p>
<p>que de elevar al aire el pobre canto</p>
<p>la libertad nuestro sencillo coro;</p>
<p>sonó la voz pero sonó entre lloro,</p>
<p>porque al fin de las hembras es el llanto,</p>
<p>y cantar sin gemir, cantar placeres</p>
<p>es propio de varón, no de mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque lo sabes ¡ay! nuestra es la pena;</p>
<p>el mayor infortunio en las naciones</p>
<p>herencia de mujer, no de varones,</p>
<p>no podrán usurparnos la cadena;</p>
<p>ven conmigo a gemir en hora buena</p>
<p>y a defender, amiga, estos blasones</p>
<p>de tristeza y sentir y mala suerte</p>
<p>que no nos puede hurtar el sexo fuerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo formar jamás esa armonía</p>
<p>de gracioso contraste, compañera,</p>
<p>si la mujer humilde no gimiera</p>
<p>mientras el hombre soberano ría?</p>
<p>Canta la vida triste, amiga mía,</p>
<p>que ellos deben cantar la placentera,</p>
<p>y pues que suyos son placer y risa</p>
<p>que le dejen el llanto a la poetisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ha de mudar la ley volcar el trono</p>
<p>de las dolientes hembras el gemido,</p>
<p>ni el gobierno en los hombres repartido</p>
<p>ha de ceder el mundo en nuestro abono;</p>
<p>¡ni le plegue el Señor! en abandono</p>
<p>quede primero el sexo y confundido</p>
<p>que en la palestra pública lanzado</p>
<p>intrigante, ambicioso, arrebatado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para oprimir al pueblo el hombre hasta;</p>
<p>no los yerros del mundo acrecentemos,</p>
<p>no en la tribuna ni en la lid busquemos</p>
<p>renombre duro a nuestra blanda casta;</p>
<p>de la bandera nacional el asta</p>
<p>en los brazos endebles que tenemos</p>
<p>presto al suelo con nos diera y consigo</p>
<p>dejando el reino libre al enemigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh no! jamás. —En la modesta casa</p>
<p>por toda gloria nuestro canto alcemos</p>
<p>y del soberbio dueño conquistemos</p>
<p>el privilegio de llorar sin tasa;</p>
<p>que siempre habrá de ser la vena escasa</p>
<p>por mucho, compañera, que lloremos</p>
<p>para gemir del hombre el cruel dominio</p>
<p>sus ímpetus de sangre y de exterminio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ojalá cuando en guerra desastrada</p>
<p>se despedazan cual salvajes hienas,</p>
<p>pudieran estas lágrimas serenas</p>
<p>su mejilla bañar seca y tostada!</p>
<p>¡Ojalá cuando, en ley desesperada,</p>
<p>lanzan al reo bárbaras condenas</p>
<p>sobre el peligro al tender rasgo inhumano,</p>
<p>regarán estas lágrimas su mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando nos oigan, cuando el loco orgullo</p>
<p>ceda del hombre en nuestro siglo ciego,</p>
<p>no estéril ha de ser el dulce riego</p>
<p>que hoy brota en melancólico murmullo;</p>
<p>nueva generación, ora en capullo,</p>
<p>crecerá, se alzará, brillará al fuego</p>
<p>del maternal amor; sol refulgente</p>
<p>que aun anublado está en la edad presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Emilio dormido</strong></h3>
<p>¡Cuál brilla su alba frente</p>
<p>de angélica pureza!…</p>
<p>¡Cuál vierte su mejilla</p>
<p>el candor infantil!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Exhalan el aliento</p>
<p>sus labios bulliciosos</p>
<p>más dulce que las auras</p>
<p>del aromado abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre rosado velo</p>
<p>de púrpura y de flores</p>
<p>protege su descanso</p>
<p>el ángel de la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vaga cariñoso</p>
<p>en torno de su cuna</p>
<p>y halaga blandamente</p>
<p>su adormecida faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y coronó su lecho</p>
<p>de blancas azucenas,</p>
<p>y coronó su frente</p>
<p>de rosas y azahar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencio… que no turbe</p>
<p>ninguna voz humana</p>
<p>su plácido sosiego,</p>
<p>su blando dormitar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>A España</h3>
<p>¿Qué hace la negra esclava, canta o llora?</p>
<p>Tú, Europa, gran señora,</p>
<p>que a tu servicio espléndido la tienes,</p>
<p>responde, ¿llora, canta,</p>
<p>o dormida a tu planta</p>
<p>apoya ora en tus pies sus tristes sienes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que en su misma entraña me he nutrido</p>
<p>y en su pecho he bebido</p>
<p>su ardiente leche, con amor la adoro,</p>
<p>y por saber me afano</p>
<p>si al pie de su tirano</p>
<p>reposa, canta o se deshace en lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venga el pueblo que a madre tan querida</p>
<p>debe también la vida,</p>
<p>las nuevas a escuchar, que de su suerte</p>
<p>por caridad nos diga</p>
<p>la señora enemiga</p>
<p>de quien vive amarrada al yugo fuerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oigan los hijos de la negra esclava</p>
<p>lo que orgullosa acaba</p>
<p>de transmitir su dueña a las naciones,</p>
<p>para que mofa sea</p>
<p>del mundo que la vea</p>
<p>sufriendo eternamente humillaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice, que por nodriza solamente</p>
<p>al Norte y al Oriente</p>
<p>conducen a la madre, cuyo seno</p>
<p>a mucha boca hambrienta</p>
<p>sin cesar alimenta</p>
<p>con la abundancia que lo tiene lleno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y nos dice también que latigazos</p>
<p>la dan con duros brazos</p>
<p>los hijos de Bretaña y del Pirene,</p>
<p>después de haber sacado</p>
<p>al seno regalado</p>
<p>el jugo que los nutre y los sostiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se atreve a decir la fiera dueña</p>
<p>que en rendirla se empeña,</p>
<p>dejándola cansada, enferma y pobre,</p>
<p>para que no en la vida</p>
<p>emprendiendo la huida</p>
<p>su independencia y libertad recobre…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No tenemos un Cid? ¿No hay un Pelayo</p>
<p>que nos presten un rayo</p>
<p>de indignación, con que a librarla acuda</p>
<p>ese pueblo indolente,</p>
<p>esa cobarde gente,</p>
<p>egoísta, ambiciosa, sorda, muda?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde está la bandera, caballeros,</p>
<p>que dos pueblos enteros</p>
<p>con su anchuroso pabellón cubría?</p>
<p>¿dónde los castellanos</p>
<p>en cuyas fuertes manos</p>
<p>la enseña nacional se sostenía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no hay bandera; el pabellón lucido</p>
<p>en trozos dividido</p>
<p>como harapos levanta nuestra gente</p>
<p>sin escudo y sin nombre,</p>
<p>sirviendo cada hombre</p>
<p>de caudillo y de tropa juntamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual árabes errantes, cada uno</p>
<p>sin domicilio alguno</p>
<p>vagan los desdichados en la tierra,</p>
<p>huyendo del vecino</p>
<p>que hallan en su camino</p>
<p>por no poder marchar juntos sin guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quién levanta su tienda de campaña</p>
<p>en un rincón de España</p>
<p>y por su rey a su persona elige,</p>
<p>y quién sobre la arena</p>
<p>traza, escribe y ordena</p>
<p>las leyes con que él sólo se dirige.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y quién burlando al Dios de sus abuelos</p>
<p>nombra para los cielos</p>
<p>otro señor que nos gobierne el alma,</p>
<p>juzgando la criatura</p>
<p>que siendo el Dios su hechura</p>
<p>más fácilmente alcanzará la palma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Patria, leyes y Dios, siervo y monarca</p>
<p>el español abarca</p>
<p>refundiendo sus varias existencias</p>
<p>en el cerebro loco</p>
<p>para quien juzga poco,</p>
<p>de esa inmensa reunión, cinco potencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Soberbia, necia vanidad mezquina</p>
<p>que a padecer destina</p>
<p>la soledad, el duelo, el abandono</p>
<p>a esa España afligida</p>
<p>que siempre desvalida</p>
<p>se ve juguete de extranjero encono!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha menester alzarse una cruzada,</p>
<p>ha menester la espada</p>
<p>blandir al aire la española tropa,</p>
<p>los reinos espantando</p>
<p>para salvar luchando</p>
<p>a ésa que gime esclava de la Europa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿dónde habéis de ir, tercios perdidos,</p>
<p>de nadie dirigidos,</p>
<p>marchando sin compás por senda oscura</p>
<p>con rumbo diferente,</p>
<p>a dónde, pobre gente,</p>
<p>a dónde habéis de ir a la ventura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Resucitó Cortés, vive aún Pizarro,</p>
<p>o de encarnado barro</p>
<p>queréis poner vestido de amarillo</p>
<p>un busto en vuestro centro</p>
<p>por que al primer encuentro</p>
<p>vengan rodando huestes y caudillo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca se lanza el águila a la esfera</p>
<p>sin medir su carrera;</p>
<p>nunca el toro acosado en la llanura</p>
<p>rompe en empuje fiero</p>
<p>sin pararse primero</p>
<p>a reforzar su aliento y su bravura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unid el pabellón roto en pedazos,</p>
<p>enlazad vuestros brazos,</p>
<p>a un mismo campo el español acuda,</p>
<p>y al brindar la pelea</p>
<p>que un mismo nombre sea</p>
<p>el que invoquéis a un tiempo en vuestra ayuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así de negra esclava que es ahora</p>
<p>será España señora,</p>
<p>por vosotros del yugo rescatada,</p>
<p>y al abrigo del trono</p>
<p>con soberano tono</p>
<p>de los pueblos servida y respetada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así ¡ay! de infeliz que hoy se presenta</p>
<p>será España opulenta,</p>
<p>por vosotros no más enriquecida,</p>
<p>bella y engalanada,</p>
<p>de laurel coronada,</p>
<p>respirando salud, contento y vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Veréis como ya entonces no la insultan</p>
<p>los que su diente ocultan</p>
<p>entre sus pechos, con hambrienta boca,</p>
<p>después de haber sacado,</p>
<p>su jugo regalado,</p>
<p>llamándola salvaje, necia y loca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veréis ¡oh! como entonces las banderas</p>
<p>de aquellas extranjeras</p>
<p>que la trataron con tan dura saña,</p>
<p>inclinando su frente,</p>
<p>con voz muy reverente</p>
<p>la dicen al pasar —«Salud, España»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Herminia</strong></h3>
<p>¿No ves qué tierra, qué cielo,</p>
<p>uno azul, otra florida?</p>
<p>¿No ves qué estrellas, mi vida,</p>
<p>no ves qué luna, qué sol?</p>
<p>¿No ves qué hermoso es el suelo</p>
<p>donde Dios te ha confinado?</p>
<p>Es fecundo, es dilatado,</p>
<p>es soberbio, es…. ¡español!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no vi de ese paisaje</p>
<p>sino el rincón por su extremo;</p>
<p>mas no hay duda que es supremo</p>
<p>cual su tinta su pincel;</p>
<p>pues, el lugar más salvaje</p>
<p>de nuestra bella comarca</p>
<p>forma, en los valles que abarca,</p>
<p>a España rico dosel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por cada grano de tierra</p>
<p>brota en ella una semilla;</p>
<p>no hay extranjera avecilla</p>
<p>que no nos la venga a hurtar:</p>
<p>los pueblos nos mueven guerra</p>
<p>por sólo pisar a España,</p>
<p>cual transeúnte cabaña</p>
<p>lamiendo el suelo al pasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando sacuda tu mente</p>
<p>de la infancia los ensueños,</p>
<p>estos campos tan risueños</p>
<p>y riquísimos al ver;</p>
<p>¿por qué dirás esa gente,</p>
<p>que ha marchado a mi venida,</p>
<p>pasó la preciosa vida</p>
<p>en quejas de padecer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué las tiernas mujeres,</p>
<p>que a mi llegar se alejaron,</p>
<p>tantas lágrimas lloraron</p>
<p>vertidas del corazón?</p>
<p>Si tiene el mundo placeres</p>
<p>y la vida tal encanto,</p>
<p>¿por qué se ha dolido tanto</p>
<p>la muerta generación?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prende fuego en la montaña</p>
<p>y devasta la pradera;</p>
<p>mas oye a la primavera,</p>
<p>la yerba vegeta más:</p>
<p>así en la guerra de España</p>
<p>que estos seres encendimos</p>
<p>de cenizas os servimos</p>
<p>a los que venís detrás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabes tú para que puedas</p>
<p>alcanzar luz en tus días</p>
<p>qué de noches tan sombrías</p>
<p>estamos pasando aquí?</p>
<p>¡Tú que en el valle te quedas</p>
<p>cuando nosotras nos vamos</p>
<p>no sabes cómo le hallamos</p>
<p>al venir antes de ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De laureles, de riqueza</p>
<p>de altos honores cargados,</p>
<p>son, Herminia, desgraciados</p>
<p>los hombres de nuestra edad;</p>
<p>de brillantes, de belleza</p>
<p>y de amores circundadas</p>
<p>mujeres muy desdichadas</p>
<p>son las de esta sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tú que has retardado</p>
<p>más que aquellos tu venida,</p>
<p>vas a encontrar en la vida</p>
<p>más placer, menos dolor;</p>
<p>pues que de España han cruzado</p>
<p>tantos otros el camino,</p>
<p>que sufre ya el peregrino</p>
<p>sus asperezas mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya nuestro campo no vemos</p>
<p>salpicado y reteñido</p>
<p>con la sangre que ha vertido</p>
<p>la guerrera juventud;</p>
<p>y ya tranquilos podemos</p>
<p>elevar nuestras canciones,</p>
<p>sin que vengan los cañones</p>
<p>a atronar nuestro laúd.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni ya rechazan del coro</p>
<p>a las cantoras mujeres;</p>
<p>pues al fin que somos seres</p>
<p>de la especie racional,</p>
<p>en este siglo sonoro</p>
<p>los españoles declaran…</p>
<p>¡Qué indulgencia!… y nos preparan…</p>
<p>¡Qué dicha!… lauro inmortal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es tarde, Herminia mía,</p>
<p>tarde ya para esta gente,</p>
<p>que ha pasado tristemente</p>
<p>lo mejor de su vivir;</p>
<p>esa naciente alegría</p>
<p>que en nuestro pueblo resuena</p>
<p>no basta a calmar la pena</p>
<p>que venimos de sufrir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las pasadas tormentas</p>
<p>naves nosotras heridas,</p>
<p>vamos a quedar sumidas</p>
<p>presto en el revuelto mar;</p>
<p>pero tú, que apenas cuentas,</p>
<p>Herminia, trescientos soles,</p>
<p>a los puertos españoles</p>
<p>logras a tiempo arribar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiera Dios que la bonanza</p>
<p>con que empieza tu fortuna</p>
<p>como te mima en la cuna</p>
<p>te mime en la juventud!</p>
<p>Cada niña una esperanza</p>
<p>de placer es para el mundo:</p>
<p>¡quiera Dios que tú fecundo</p>
<p>manantial seas de virtud!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que los dulcísimos nombres</p>
<p>que te da el materno anhelo</p>
<p>de serafín y de cielo</p>
<p>vayan de tu vida en pos.</p>
<p>Que embelesados los hombres</p>
<p>al exclamar —«¡qué hermosura!»</p>
<p>añadan siempre:—«¡y qué pura!</p>
<p>¡Bendígate, Herminia, Dios!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Isabel la Católica</strong></h3>
<p>Si alcanzaran los ojos</p>
<p>a descubrir la inmensa pesadumbre</p>
<p>de los luceros rojos,</p>
<p>en la celeste cumbre</p>
<p>te hallaran con la santa muchedumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resplandor el oro</p>
<p>trocado de la espléndida corola,</p>
<p>que puso espanto al moro,</p>
<p>a los cielos, tú sola</p>
<p>prestas, más luz que el sol, con tu aureola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tierra gobernada</p>
<p>por tu cetro sagrado y victorioso</p>
<p>cual se miró encumbrada!</p>
<p>¡Oh pueblo venturoso,</p>
<p>oh trono de la Iberia glorioso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ti aquel noble empeño</p>
<p>con fama coronó el pueblo cristiano;</p>
<p>por ti de la mar dueño</p>
<p>el genio soberano,</p>
<p>un nuevo mundo hallo en el Océano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas eran a tu alma</p>
<p>dos mundos en la tierra espacio estrecho,</p>
<p>y una tercera palma</p>
<p>a conquistar derecho</p>
<p>tu espíritu se alzaba a mayor trecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina a la par y santa,</p>
<p>de majestad en majestad te alzaste,</p>
<p>y hasta do se levanta</p>
<p>el mismo sol llegaste,</p>
<p>y sobre los luceros te asentaste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh sacra! ¡Oh gran matrona</p>
<p>de la cristiana grey! ¡Oh reina mía!</p>
<p>Sé tú de la corona</p>
<p>que sustentaste un día,</p>
<p>inexpugnable amparo y guarda pía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bendice tú, y alienta</p>
<p>la adorada, infantil, cabeza pura</p>
<p>que hoy tu diadema ostenta,</p>
<p>y bajo la ternura</p>
<p>de tu divino amor crezca segura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la amapola</strong></h3>
<p>Yo te vi, triste amapola,</p>
<p>de las flores retirada</p>
<p>mecer la roja corola</p>
<p>entre la espiga dorada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leve el cuello y hechicero</p>
<p>débilmente se agitaba;</p>
<p>y el cefirillo ligero</p>
<p>en tu seno revolaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del fuego del sol bañada</p>
<p>la cabeza purpurina,</p>
<p>desmayaba sonrojada</p>
<p>sobre la planta vecina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y allí entre la rubia espiga</p>
<p>los pajarillos cantores</p>
<p>daban con su trova amiga</p>
<p>a tu belleza loores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo te viera retirada</p>
<p>a la par del rudo espino,</p>
<p>guarneciendo descuidada</p>
<p>el apartado camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al morir la última estrella</p>
<p>extiendes las puras alas;</p>
<p>y a la purpúrea centella</p>
<p>del sol renaciente igualas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ese tu empeño vano,</p>
<p>y temeraria osadía,</p>
<p>desde el trono soberano</p>
<p>castiga el señor del día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que su llama en Occidente</p>
<p>no adurmiera sosegada,</p>
<p>sin dejar tu roja frente</p>
<p>con sus rayos abrasada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de la noche</p>
<p>la fresca brisa</p>
<p>marchita hallara</p>
<p>tu tierna faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! que tu vida,</p>
<p>flor desdichada,</p>
<p>sólo un instante</p>
<p>brilla fugaz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tu aureola</p>
<p>pura y luciente</p>
<p>desconocida</p>
<p>muere también.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nace en la aurora,</p>
<p>y al alba nueva</p>
<p>frágil desnuda</p>
<p>tu débil sien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la comisión de monumentos históricos y artísticos de Badajoz</strong></h3>
<p>A vosotros que dais a lo pasado</p>
<p>un culto apasionado</p>
<p>arrancando; señores, del olvido</p>
<p>las gloriosas hazañas</p>
<p>del pueblo en sus campañas,</p>
<p>batiendo a los franceses atrevido,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros que un bello monumento</p>
<p>con generoso intento</p>
<p>alzáis sobre los campos de la Albuera,</p>
<p>para que no olvidada</p>
<p>tan famosa jornada</p>
<p>queda en la edad remota venidera,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros sus tímidos acentos</p>
<p>hoy por breves momentos</p>
<p>a dirigir se atreve mi poesía;</p>
<p>oídme atentamente,</p>
<p>que en mi entusiasmo ardiente</p>
<p>la disculpa hallaréis de mi osadía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre</p>
<p>del más ilustre hombre</p>
<p>que ha visto el sol, mi corazón se inflama,</p>
<p>y juzgo que abrasado</p>
<p>su pueblo idolatrado</p>
<p>también se siente por la propia llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os hablo de Cortés en alabanza,</p>
<p>aunque el numen no alcanza</p>
<p>al remontarse al cerco de su luna:</p>
<p>pues llena de sonrojos</p>
<p>con el llanto en los ojos</p>
<p>he visto al pueblo donde fue su cuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada</p>
<p>y a su primera morada</p>
<p>asilo de las pobres golondrinas,</p>
<p>sin un solo letrero</p>
<p>este otoño primero</p>
<p>va a desplomarse en míseras ruinas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿qué nos quedará de tanta gloria</p>
<p>si esa débil memoria</p>
<p>furioso el aquilón nos arrebata?</p>
<p>¿Qué de tantos honores</p>
<p>como nos dio, señores,</p>
<p>en cambio le dará su tierra ingrata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No tendrá entre sus mármoles Castilla</p>
<p>una piedra sencilla</p>
<p>donde su ilustre nombre coloquemos?</p>
<p>Con nuestras propias manos</p>
<p>guerreros y artesanos</p>
<p>y… hasta las damas a grabarlo iremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más trabajo, más pena, más fatiga</p>
<p>en la tierra enemiga</p>
<p>pasó el gran capitán por darle sólo</p>
<p>a su patria grandeza</p>
<p>por hacer que en riqueza</p>
<p>fuera el reino mayor de polo a polo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por él fue nuestra patria rica y fuerte</p>
<p>por él con tanta suerte</p>
<p>el soberbio cristal del Océano,</p>
<p>surgieron cien navíos,</p>
<p>transportando carguíos</p>
<p>del inmenso tesoro americano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ved hoy esas magníficas ciudades</p>
<p>que fueron soledades</p>
<p>tristes ayer alzarse florecientes,</p>
<p>fundadas por su mano,</p>
<p>llevando el nombre hispano</p>
<p>en su poder, en esplendor crecientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él hizo interminable nuestra tierra</p>
<p>con la perpetua guerra,</p>
<p>asolación del pueblo mejicano,</p>
<p>y por él solamente</p>
<p>flota entre aquella gente</p>
<p>la santa insignia del pendón cristiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿se dirá que ingratos y egoístas</p>
<p>sus valientes conquistas</p>
<p>nosotros españoles desdeñamos?</p>
<p>¿Que un puñado de cobre</p>
<p>por una piedra pobre</p>
<p>con voluntad siquiera no le damos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tanto que su nombre no ensalcemos</p>
<p>y en Medellín alcemos</p>
<p>un monumento a los brillantes soles</p>
<p>de su gloriosa guerra,</p>
<p>las gentes de esta tierra</p>
<p>¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la invención del globo</strong></h3>
<p>Águila altiva, que la nube asaltas</p>
<p>y en la cumbre a mirar al sol te atreves;</p>
<p>águila rauda, que los mares saltas</p>
<p>cuando las alas anchurosas mueves;</p>
<p>águila audaz, que en las regiones altas</p>
<p>la hiriente lumbre de los astros bebes;</p>
<p>águila reina, ya tiene el espacio</p>
<p>rival que te dispute tu palacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hallaras por acaso en tu elemento</p>
<p>veloz cruzando por las propias vías</p>
<p>al hombre que se eleva al firmamento</p>
<p>«vive Dios, al pasar, le gritarías,</p>
<p>que ni libres están, genio avariento,</p>
<p>de tus asaltos las regiones mías;</p>
<p>venció tu brazo cuanto halló en la tierra</p>
<p>¿y ora viene a mover al cielo guerra?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, sí, corcel para correr el suelo,</p>
<p>ligero pez para salvar los mares,</p>
<p>es águila atrevida para el cielo</p>
<p>el libre ser que en tu camino hallares;</p>
<p>déjale remontar contigo el vuelo</p>
<p>que de estrellas tal vez nuevos millares</p>
<p>cuando más huya la terrestre esfera</p>
<p>va a descubrir en su feliz carrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué vales tú si allá de las alturas</p>
<p>las bellezas que alcanzas no nos cuentas?</p>
<p>¿Qué importa cuanto ves en las anchuras</p>
<p>que mides con tus alas turbulentas</p>
<p>si nuevas no nos das a las criaturas</p>
<p>que estamos de saber aquí sedientas,</p>
<p>si un himno a la creación por obra tanta</p>
<p>jamás tu pico inexpresivo canta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas aquel otro ser que el éter hiende</p>
<p>sube ya a comprender tanta belleza,</p>
<p>y del nuevo prodigio que sorprende</p>
<p>bajará a relatarnos la grandeza;</p>
<p>ya por cima del mundo se suspende</p>
<p>a contemplar la gran naturaleza,</p>
<p>y si le place el mar, su vuelo ataja</p>
<p>y como el ave acuática al mar baja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cual vapor del mar se eleva luego</p>
<p>y con las nubes por los aires gira,</p>
<p>del encendido Can resiste el fuego,</p>
<p>del furioso aquilón sufre la ira;</p>
<p>sus fuertes alas en su presto juego</p>
<p>salvan al hombre que asombrado mira</p>
<p>allá por bajo de sus pies tendido</p>
<p>el monstruo enorme de quien es nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como naturalista observa atento</p>
<p>de ignorado reptil la forma extraña;</p>
<p>el hombre aquel verá, pegado al viento,</p>
<p>como es la tierra que el Océano baña;</p>
<p>del polo ignoto, de viviente exento,</p>
<p>escrutará, tal vez, la oculta entraña,</p>
<p>y tal verdad puede alcanzar su idea</p>
<p>que la ciencia de ayer fábula sea…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tanto saber…! ¿si escalará tu estancia</p>
<p>esta turba, Señor, de inquieta gente?</p>
<p>¿No pusiste, gran Dios, harta distancia</p>
<p>entre tu solio y nuestro genio ardiente?</p>
<p>No lograremos ¡ay!, por mi constancia</p>
<p>el triunfo de encontrarte frente a frente,</p>
<p>mas libres ya sobre los aires vamos;</p>
<p>¡Gloria porque a tu sol nos acercamos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la juventud española del siglo XIX</strong></h3>
<p>¡Salud prole gallarda!, salud hijos</p>
<p>en quienes tiene fijos</p>
<p>sus ojos la nación que en vos confía;</p>
<p>las madres orgullosas</p>
<p>sus frases cariñosas</p>
<p>que os trove ordenan en el arpa mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Doncella, -me dijeron-; tú que sabes</p>
<p>de las voces suaves</p>
<p>el sonoro compás, blanda caída;</p>
<p>escoge las más bellas</p>
<p>y fórmanos con ellas</p>
<p>una dulce canción, tierna y florida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Hoy regalar queremos los oídos</p>
<p>de los hijos queridos</p>
<p>que alfombran nuestro suelo de laureles».</p>
<p>Yo respondí: «Matronas,</p>
<p>tejed vos las coronas</p>
<p>y yo las llevaré a vuestros donceles».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué de aquellas madres la dulzura</p>
<p>y amorosa ternura</p>
<p>de los acentos que por vos elevan,</p>
<p>con la misma armonía</p>
<p>de su ardiente poesía</p>
<p>mis vagos tonos, juventud, no os llevan?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantan y lloran, ríen y deliran,</p>
<p>cuando pasar os miran,</p>
<p>sabios mancebos, en lucida tropa;</p>
<p>y ¿no es su orgullo justo?</p>
<p>¿de España el nombre augusto</p>
<p>no defendéis vosotros ante Europa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quiénes, sino vosotros, han sacado</p>
<p>al pueblo extraviado</p>
<p>en la ignorancia estúpida, al camino?</p>
<p>¿a quiénes hoy debemos</p>
<p>lo que el siglo sabemos</p>
<p>sino al ingenio vuestro peregrino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa ruda corteza que tenía</p>
<p>nunca arrancar podía</p>
<p>de los viejos el pueblo moribundo;</p>
<p>no en sus hombros inertes</p>
<p>en los del mozo, fuertes</p>
<p>un paso más logra avanzar el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No podrá del saber la rica vena</p>
<p>bajo negra melena</p>
<p>juvenil palpitar, que necesita</p>
<p>que las frentes lozanas</p>
<p>se coronen de canas</p>
<p>para ostentarla en la vejez marchita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Si puede, responded, turba gloriosa</p>
<p>a la voz envidiosa</p>
<p>que en el antiguo pueblo se levanta</p>
<p>en boca del que espera</p>
<p>tener en su carrera</p>
<p>al genio que a su ciencia se adelanta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejad al cuervo atrás cansado y ronco</p>
<p>graznar sobre ese tronco</p>
<p>por antiguo en el bosque mutilado,</p>
<p>y, garzas placenteras,</p>
<p>volad siempre ligeras</p>
<p>hacia el árbol que veis recién brotado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedan sus altas ramas algún día,</p>
<p>con verle lozanía</p>
<p>dar sombra a multitud de vuestros nidos</p>
<p>que en sus hojas colgados</p>
<p>los hijos regalados</p>
<p>os guarden de los vientos defendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flores, aromas, frutos, hermosura,</p>
<p>pompa, galas, frescura</p>
<p>el árbol fecundísimo esparciendo,</p>
<p>¡cuán abundante y puro</p>
<p>para el siglo futuro</p>
<p>su frondoso ramaje está nutriendo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta el pastor en su gentil corteza</p>
<p>podrá grabar «riqueza»,</p>
<p>hasta las hembras «libertad, ventura»,</p>
<p>hasta los bardos «gloria»,</p>
<p>y hasta «paz», por memoria,</p>
<p>el guerrero esculpir con su armadura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para nosotros ¡ay! no bien brotados</p>
<p>sus ramos deseados,</p>
<p>ni sombra prestan, ni nos dan verdores;</p>
<p>y en su blanda corteza</p>
<p>hoy grabamos, «pobreza,</p>
<p>infortunio, baldón, llanto y dolores».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No asoma la tristeza a nuestra frente</p>
<p>al ver que solamente</p>
<p>en la vana ilusión de la poesía</p>
<p>tenemos los primores</p>
<p>de esos frutos y flores,</p>
<p>galas, aromas, pompa y lozanía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No sentís vuestra sangre, hijos de España,</p>
<p>hervir con fuerza extraña,</p>
<p>correr desesperada por las venas</p>
<p>al mirar que logramos</p>
<p>en vez de lo que ansiamos</p>
<p>miseria, oscuridad, guerra y cadenas…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vosotros no más, gallardos hijos,</p>
<p>tiene sus ojos fijos</p>
<p>la española nación, que en vos confía;</p>
<p>las madres orgullosas</p>
<p>en frases cariñosas</p>
<p>ruegos os mandan por la trova mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera saber, como las aves,</p>
<p>de las voces suaves</p>
<p>el sonoro compás, blanda caída,</p>
<p>para daros con ellas</p>
<p>unas canciones bellas</p>
<p>dignas de vuestra mente esclarecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero está en cabeza el pensamiento</p>
<p>falto de atrevimiento</p>
<p>y en los labios la voz de la poetisa,</p>
<p>de la propia manera</p>
<p>que en la nación ibera</p>
<p>la nueva sociedad, torpe, indecisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la mariposa</strong></h3>
<p>Bien hayan, mariposa,</p>
<p>las bellas alas como el aire leves,</p>
<p>que inquieta y vagarosa</p>
<p>entre las flores mueves,</p>
<p>ostentando tu púrpura preciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De blanda primavera</p>
<p>bien haya la callada y fiel vecina,</p>
<p>la dulce compañera</p>
<p>del alba cristalina,</p>
<p>perdida entre la flor de la pradera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ligera y afanosa</p>
<p>el prado mide tu inseguro vuelo,</p>
<p>ya huyendo temblorosa,</p>
<p>ya con ansioso anhelo</p>
<p>en las flores vagando codiciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien haya el purpurino,</p>
<p>el vaporoso polvo de tus alas,</p>
<p>que al aire de continuo</p>
<p>puro y luciente exhalas</p>
<p>al abrirte en sus ámbitos camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! goza, mariposa,</p>
<p>la pasajera vida de dulzura,</p>
<p>que vuela presurosa:</p>
<p>goza allá tu ventura,</p>
<p>revolando en la siesta silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apura de las flores</p>
<p>el empapado cáliz que te ofrecen,</p>
<p>y apura tus amores;</p>
<p>que ya en la noche acrecen</p>
<p>del otoño los vientos destructores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y eres frágil y bella,</p>
<p>y tu belleza el cierzo descolora.</p>
<p>Si sañudo atropella</p>
<p>tu gala seductora,</p>
<p>ni aun de tu forma quedará la huella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la mujer más fea de España</strong></h3>
<p>Venid, señora, a escuchar</p>
<p>la unánime votación</p>
<p>que España acaba de dar:</p>
<p>venid; que os va a coronar</p>
<p>FEA por aclamación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Monstruos mil se presentaron;</p>
<p>mas con voz solemne y clara</p>
<p>los tribunales fallaron,</p>
<p>que otra cara no encontraron</p>
<p>semejante a vuestra cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual vuestra cara no hay dos:</p>
<p>hay de feas copia extraña,</p>
<p>muchas feas ¡vive Dios!</p>
<p>pero sin disputa vos</p>
<p>sois la más fea de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os dieron la primacía:</p>
<p>señora, ¡cuánto me alegro!</p>
<p>mas, ¡cielos! ¿quién la osadía</p>
<p>de mostrar, cual vos, tendría</p>
<p>ojo azul en campo negro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién, no siendo, cual vos, loca</p>
<p>mostrara a la humanidad</p>
<p>boca igual a vuestra boca,</p>
<p>aunque tuviese muy poca</p>
<p>vergonzosa vanidad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fealdad tiene pudor;</p>
<p>y yo en el caso presente</p>
<p>(os lo digo sin rencor)</p>
<p>por modestia, por rubor</p>
<p>me escondiera de la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡cuánto hacéis padecer,</p>
<p>mostrando vuestra cabeza</p>
<p>al que procura creer</p>
<p>en la belleza del ser,</p>
<p>en su bondad y pureza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sois una horrible creación;</p>
<p>porque aun hay cosa más rara</p>
<p>en esa organización:</p>
<p>que tenéis el corazón</p>
<p>mucho peor que la cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos vuestros pensamientos</p>
<p>son torpes y maldicientes:</p>
<p>aborrecéis los talentos,</p>
<p>las virtudes eminentes</p>
<p>y los nobles sentimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay honra libre e vos,</p>
<p>aunque bendita se acoja</p>
<p>al manto del mismo Dios;</p>
<p>porque en medio de los dos</p>
<p>vuestra calumnia se arroja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿por qué si de la huesa,</p>
<p>mala anciana, a un paso estás,</p>
<p>no dejas la humana presa?</p>
<p>¿Por qué en la fama ilesa</p>
<p>te irritas y ensañas más?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame con mi poesía</p>
<p>pasar la vida inocente,</p>
<p>si no quieres que algún día</p>
<p>tu horrorosa biografía</p>
<p>a las criaturas presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque no sé si te diga</p>
<p>que es mi más gloriosa hazaña</p>
<p>el que me odie y persiga</p>
<p>como mortal enemiga,</p>
<p>la mujer más fea de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la palma</strong></h3>
<p>Alza gallarda tu elevada frente,</p>
<p>hija del suelo ardiente,</p>
<p>y al recio soplo de aquilón mecida,</p>
<p>de mil hojas dorada,</p>
<p>de majestad ornada,</p>
<p>descuella ufana sobre el tallo erguida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y arrojando tu sombra allá a lo lejos,</p>
<p>del sol a los reflejos,</p>
<p>al árabe sediento y fatigado,</p>
<p>desdeñosa levanta</p>
<p>tu bendecida planta</p>
<p>en el desierto triste y abrasado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí horroroso el simoon se ofrece,</p>
<p>y tu cima enrojece.</p>
<p>Vertiendo lumbre que la tierra inflama;</p>
<p>y aparece sangriento</p>
<p>el sol desde su asiento</p>
<p>lanzando ardiente destructora llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, entre nubes de encendida arena</p>
<p>majestosa y serena,</p>
<p>o ya del recio vendaval batida,</p>
<p>elevas tu cimera,</p>
<p>orgullosa palmera,</p>
<p>contando siglos de gloriosa vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No las tranquilas aguas dulcemente</p>
<p>arrastran su corriente</p>
<p>bajo el dorado pabellón que ostentas;</p>
<p>que, siempre en el estío,</p>
<p>sin fresco ni rocío,</p>
<p>sólo de arena y fuego te alimentas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, virgen sacrosanta y peregrina,</p>
<p>de las nubes vecina,</p>
<p>tú su signo le das a la victoria,</p>
<p>y corona esplendente</p>
<p>de tus hojas luciente</p>
<p>al héroe ciñes de radiante gloria;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La corona inmortal, que ciñe el hombre</p>
<p>con glorioso renombre</p>
<p>en derredor de la altanera frente,</p>
<p>porque en gigante vuelo</p>
<p>arrebatado al cielo</p>
<p>bebió en la sacra inspiradora fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La corona inmortal, prenda sagrada</p>
<p>del imbécil hollada,</p>
<p>orgullo y ambición del alma inquieta;</p>
<p>escondido tesoro,</p>
<p>brillante más que el oro,</p>
<p>gloria, entusiasmo y vida del poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué vale de los reyes la diadema</p>
<p>ante el místico emblema</p>
<p>de la noble ambición, genio y poesía?</p>
<p>si una hoja solamente</p>
<p>ciñera yo a mi frente</p>
<p>que acallara el afán del alma mía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al entusiasmo que mi mente inspira</p>
<p>alcanzara mi lira</p>
<p>un triunfo de la gloria seductora,</p>
<p>¡Oh palma! hasta las nubes,</p>
<p>más allá do tú subes,</p>
<p>se elevara la voz de tu cantora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí en el trono que el Señor levanta</p>
<p>te viera yo a mi planta;</p>
<p>y de mis sienes deslumbrando el brillo,</p>
<p>contemplara las hojas</p>
<p>que ora te visten rojas,</p>
<p>teñidas débilmente de amarillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Delirio nada más! Nunca gloriosa</p>
<p>guirnalda esplendorosa</p>
<p>alegrará mis sienes lisonjera,</p>
<p>ni tampoco mi acento</p>
<p>perdido por el viento</p>
<p>podrá elevarse a la celeste esfera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda tus ramos para el vate augusto</p>
<p>premio a su lira justo,</p>
<p>o a ceremonias santas consagrados,</p>
<p>entre el canto sonoro</p>
<p>de religioso coro,</p>
<p>en el altar del templo colocados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda tus ramos, virgen soberana,</p>
<p>bella y noble africana,</p>
<p>formando airosos tu lucido manto;</p>
<p>y el ave pasajera</p>
<p>besando tu cimera</p>
<p>te deje un eco de su dulce canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alza gallarda tu cabeza al viento</p>
<p>en blando movimiento,</p>
<p>la corona agitando mal prendida;</p>
<p>y despreciando el brío</p>
<p>del huracán bravío,</p>
<p>descuella ufana sobre el tronco erguida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la señorita de armiño</strong></h3>
<p>¿También, nueva cantora,</p>
<p>el arpa juvenil cubres de luto?</p>
<p>¿Tú desconsoladora</p>
<p>a la musa, que llora,</p>
<p>rindes también tributo</p>
<p>de secas flores y de amargo fruto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Suave luz del oriente!</p>
<p>¿Por qué entre nubes escondida tanto</p>
<p>muestras la faz riente?</p>
<p>¡Ángel mío inocente!</p>
<p>¿Por qué entre amargo llanto</p>
<p>ensayas siempre tu sonoro canto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gemidos solamente!</p>
<p>¿Acrecentar la pena y el desvelo</p>
<p>de la turba doliente?…</p>
<p>No ha menester la gente</p>
<p>más triste en su duelo—</p>
<p>sóbrale el lloro; fáltale el consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin fe, desesperado,</p>
<p>al pie de sus altares derruidos,</p>
<p>ya de luchar cansado</p>
<p>al pueblo infortunado</p>
<p>lleva en tiernos sonidos</p>
<p>aliento y esperanza, no gemidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal queda en el sendero</p>
<p>el labrador postrado de fatiga</p>
<p>mas oye pasajero</p>
<p>el canto placentero</p>
<p>de la calandria amiga,</p>
<p>y el placer el cansancio le mitiga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Viuda de los amores!</p>
<p>Cambia en tu sien las tocas enlutadas</p>
<p>por guirnaldas de flores:</p>
<p>que a templar los dolores</p>
<p>de las más desdichadas</p>
<p>están las almas puras consagradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el monte bravío</p>
<p>nace la flor; en la salvaje sierra</p>
<p>brota el sereno río</p>
<p>sobre el campo sombrío,</p>
<p>que ensangrentó la guerra,</p>
<p>alcemos nuestro canto en nuestra tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas siempre, compañera,</p>
<p>unidas nuestras voces alzaremos,</p>
<p>y la hoja primera</p>
<p>de palma lisonjera</p>
<p>que entrambas alcancemos,</p>
<p>como hermanas las dos la partiremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la siempreviva</strong></h3>
<p>Cuando el alma primavera</p>
<p>con sus joyas peregrinas</p>
<p>engalana la pradera,</p>
<p>los valles y las colinas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y las hojas entreabriendo</p>
<p>leve aroma exhala apenas</p>
<p>la rosa, y van descubriendo</p>
<p>su cáliz las azucenas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y su capullo amarillo</p>
<p>de pura esencia desplega</p>
<p>el delicado junquillo</p>
<p>en la espalda de la vega;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la plácida aurora</p>
<p>el garzo cuello levanta,</p>
<p>y el tulipán cimbradora</p>
<p>descubre la tierna planta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una flor nace entre aquellas</p>
<p>émula de las estrellas</p>
<p>en el rubio tornasol,</p>
<p>y que brilla como ellas</p>
<p>a los reflejos del sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el ramo suspendida</p>
<p>menuda, bella, encendida,</p>
<p>es el alma de las flores,</p>
<p>porque es eterna su vida,</p>
<p>y eternos son sus colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá entre las orlas crece</p>
<p>de su fresca vestidura.</p>
<p>Cuando el alba resplandece,</p>
<p>chispa de fuego parece</p>
<p>sobre la verde llanura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, belleza marchitable,</p>
<p>de los campos maravilla,</p>
<p>prodigiosa flor, que luces</p>
<p>siempre joven, siempre viva,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De otras bellas los encantos</p>
<p>son tal vez demás valía</p>
<p>que tu capullo inodoro</p>
<p>y tu corona pajiza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú las ves cuando el abril</p>
<p>sus tibias auras expira,</p>
<p>en desplegados pimpollos</p>
<p>vertiendo frescura y vida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú la ves bajo las copas</p>
<p>que los árboles agitan,</p>
<p>embriagando las abejas</p>
<p>y perfumando las brisas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero también deshojadas,</p>
<p>marchitas y destrozadas</p>
<p>entre el polvo en la ribera</p>
<p>tú las verás sepultadas</p>
<p>al morir la primavera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pasarán los primores</p>
<p>del risueño abril lozano;</p>
<p>y pasarán los ardores,</p>
<p>las tormentas del verano,</p>
<p>y del otoño las flores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando ya el campo yerto</p>
<p>con la tierra haya cubierto</p>
<p>tanta beldad fugitiva,</p>
<p>aún habrá en aquel desierto</p>
<p>una flor, la siempreviva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A la soledad</strong></h3>
<p>Al fin hallo en tu calma</p>
<p>si no el que ya perdí contento mío,</p>
<p>si no entero del alma</p>
<p>el noble señorío,</p>
<p>blando reposo a mi penar tardío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin en tu sosiego,</p>
<p>amiga soledad, tan suspirado,</p>
<p>el encendido fuego</p>
<p>de un pecho enamorado</p>
<p>resplandece más dulce y más templado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin si con mi llanto</p>
<p>quiero aplacar ¡ay triste! los enojos</p>
<p>del íntimo quebranto,</p>
<p>no me dará sonrojos</p>
<p>el continuo mirar de tantos ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Danme, sí, tierno alivio</p>
<p>la soledad del campo y su belleza,</p>
<p>y va el dolor más tibio</p>
<p>su ardiente fortaleza</p>
<p>convirtiendo en pacífica tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Plácenme los colores</p>
<p>que al bosque dan las luces matutinas:</p>
<p>alégranme las flores,</p>
<p>las risueñas colinas</p>
<p>y las fuentes que bullen cristalinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pláceme del monte</p>
<p>la grave majestad que en las llanadas</p>
<p>como pardo horizonte</p>
<p>de nubes agolpadas,</p>
<p>deja ver sus encinas agrupadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí con triste ruido</p>
<p>de las sonoras tórtolas, en tanto</p>
<p>que posan en el nido</p>
<p>bajo calado manto,</p>
<p>de una a otra encina se responde el canto.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Tal vez mis pasos guío</p>
<p>por los sombrosos valles, escuchando</p>
<p>al caminante río,</p>
<p>que con acento blando</p>
<p>se va por los juncares lamentando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya entonces descendiendo</p>
<p>de su altura va el sol, cansada y fría</p>
<p>claridad esparciendo,</p>
<p>y a poco entre armonía</p>
<p>cierra sus ojos el señor del día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los míos acaso</p>
<p>alguna vez, del sueño sorprendidos,</p>
<p>dejaron que en su ocaso</p>
<p>pararan confundidos</p>
<p>afanes del espíritu y sentidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si sola y retirada,</p>
<p>aún me entristece más noche sombría,</p>
<p>la luna con rosada</p>
<p>faz, por oculta vía</p>
<p>sale a hacerme amorosa compañía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin hallo en tu calma,</p>
<p>¡Oh soledad! si no el contento mío,</p>
<p>si no entero del alma</p>
<p>el dulce señorío,</p>
<p>blando reposo a mi penar tardío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Larra</strong></h3>
<p>¿Qué voz, pobre Mariano,</p>
<p>de mofa, de sarcasmo, de amargura,</p>
<p>al que le ofrezco humano</p>
<p>recuerdo de ternura,</p>
<p>darás riendo en tu morada oscura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la mujer que llora</p>
<p>fue blanco del rigor de tu garganta,</p>
<p>¿qué pensarás ahora</p>
<p>de la mujer que canta?</p>
<p>¡ay! ¿qué dijeras de la nueva planta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver a la poetisa</p>
<p>tú contemplaras su cabeza atento,</p>
<p>y entre cruel sonrisa</p>
<p>prorrumpiera tu acento:</p>
<p>«Aquí yacen el juicio y el talento».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque estás muerto canto:</p>
<p>vivo, Mariano, de tu pluma el vuelo</p>
<p>diérame tal espanto,</p>
<p>que no osara del suelo</p>
<p>mi lira levantarse de recelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué digo? En este instante</p>
<p>juzgo escuchar desde el profundo hueco</p>
<p>tu voz agria y punzante,</p>
<p>que aun en tu labio seco</p>
<p>para rasgar las almas tiene un eco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«—Mujer ¿a qué has venido?</p>
<p>Al romántico yugo sujetada.</p>
<p>¿Ensayas tu gemido</p>
<p>en mi tumba olvidada</p>
<p>por ser luego del mundo celebrada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El nombre de Mariano</p>
<p>¿es que presta sonoro consonante</p>
<p>a tu numen profano,</p>
<p>o vienes insultante</p>
<p>a escarnecer aun mi sombra errante?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Ateo desgraciado!</p>
<p>¡Víbora de las bellas ilusiones!</p>
<p>¡Genio desesperado!</p>
<p>¡Que al mundo no perdones</p>
<p>ni aun las que eleva a ti santas canciones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vengo piadosa y triste</p>
<p>no a escarnecer tu nombre, respetado</p>
<p>aun luego que moriste</p>
<p>vengo, escritor amado,</p>
<p>el libro a agradecer que nos has dado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si fue como tu vida</p>
<p>horrible tu morir, de Dios es cuenta,</p>
<p>tu historia dolorida</p>
<p>dos páginas presenta,</p>
<p>una que el mundo aplauda, otra que sienta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lástima para el hombre,</p>
<p>corona para el genio esclarecido,</p>
<p>yo al invocar tu nombre</p>
<p>al criminal olvido</p>
<p>para cantar al escritor querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira si el mundo es bueno,</p>
<p>que en tu risueña pluma a las criaturas</p>
<p>nos da hiel y veneno,</p>
<p>y nuestras bocas puras</p>
<p>gracias te dan por tales amarguras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La risa convulsiva</p>
<p>en que a tu hablar rompemos, nos quebranta,</p>
<p>¡oh guadaña festiva!</p>
<p>y en pago a pena tanta</p>
<p>mira si el mundo es bueno, que aún te canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero de nuevo suena</p>
<p>a interrumpir mi voz tu voz burlona.</p>
<p>«Engañosa sirena,</p>
<p>guárdate esa corona</p>
<p>que ofrece el mundo necio a mi persona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Sírvate de prendido,</p>
<p>que más le cuadra a tu cabeza lisa</p>
<p>que a mi cráneo partido,</p>
<p>coronas que mi risa</p>
<p>excitan como tú, ¡¡vana poetisa!!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Oh! basta, adiós, poeta,</p>
<p>pues desdeñas mi ofrenda de armonía;</p>
<p>hasta en la tumba quieta</p>
<p>tu genio desconfía,</p>
<p>¡hielas la pobre flor de mi poesía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que en los ángeles crea</p>
<p>quien duda así de los humanos seres;</p>
<p>que del cielo te sea</p>
<p>la gloria que tuvieres</p>
<p>mas grata que del mundo los placeres!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A las nubes</strong></h3>
<p>¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando</p>
<p>en la espaciosa altura,</p>
<p>inmensas nubes, pabellón formando</p>
<p>al aire suspendido,</p>
<p>inundáis de tristura</p>
<p>y de placer a un tiempo mi sentido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán bellas sois, bajo el azul brillante</p>
<p>las zonas recorriendo,</p>
<p>ya desmayando leves un instante</p>
<p>entre la luz perdidas,</p>
<p>ya el sol oscureciendo</p>
<p>y con su llama ardiente enrojecidas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya brilláis como la blanca espuma</p>
<p>en las olas del viento,</p>
<p>y ya fugaces como leve pluma,</p>
<p>y de sombras ceñidas,</p>
<p>cruzáis el firmamento</p>
<p>las pardas frentes de vapor henchidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán dulce brilla en su mortal desmayo</p>
<p>rompido en vuestro seno</p>
<p>del sol ardiente el amarillo rayo!</p>
<p>¡Y cuán dulce y templado</p>
<p>el resplandor sereno</p>
<p>del astro de la noche sosegado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡cuánto, oh nubes, vuestro errante giro</p>
<p>place a mi fantasía!</p>
<p>triste y callada y solitaria os miro</p>
<p>flotar allá en el viento,</p>
<p>y por celeste vía</p>
<p>melancólico vaga el pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo os adoro si con tibio anhelo</p>
<p>adormís las centellas</p>
<p>el vivo sol en el tendido cielo;</p>
<p>si en delicioso manto</p>
<p>veláis de las estrellas</p>
<p>y la pálida luna el triste encanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh!, ¡yo os adoro, del espacio inmenso</p>
<p>deidades vagarosas!</p>
<p>no cuando hirvientes desde el seno denso</p>
<p>en ronco torbellino</p>
<p>arrojáis espantosas</p>
<p>vívidas llamas del furor divino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡que medrosa entonces se ahuyentara</p>
<p>la inspiración sublime!</p>
<p>ni medrosa la cítara ensalzara</p>
<p>del cielo la belleza,</p>
<p>cuando mi sien oprime</p>
<p>nubloso manto de mortal tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muda contemplo de pavor cercada</p>
<p>la turba misteriosa</p>
<p>que en pos del huracán revuela osada,</p>
<p>así errante la vida</p>
<p>se arrastra lastimosa</p>
<p>a la senda fatal do el mal se anida.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la inmensidad os mueven guerra</p>
<p>furiosos aquilones:</p>
<p>así de desventuras en la tierra</p>
<p>nos cerca turba insana;</p>
<p>así de las pasiones</p>
<p>es juguete infeliz la vida humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella varía también la faz ostenta,</p>
<p>y brilla y se oscurece,</p>
<p>y cual vosotras rápida se ahuyenta;</p>
<p>y es nube que exhalada</p>
<p>el aire desvanece</p>
<p>en la corriente de la triste nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! vosotras revagad en tanto</p>
<p>que la cítara mía</p>
<p>os pueda consagrar su débil canto.</p>
<p>Del sol al rayo bello</p>
<p>tended el ala umbría,</p>
<p>y apacible volvedme su destello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dadme inspiración; yo mis cantares</p>
<p>daré a vuestra hermosura.</p>
<p>las que sorbéis el agua de los mares,</p>
<p>¡vagad tranquilamente</p>
<p>con nevada blancura</p>
<p>en la encendida cumbre del Oriente!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A las poetisas: Invitación</strong></h3>
<p>¿Queréis formar un coro,</p>
<p>hermosas las del canto peregrino,</p>
<p>más dulce, más sonoro</p>
<p>que el rumor argentino</p>
<p>del agua y de los pájaros el trino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No veis cómo las aves</p>
<p>cantan en amigable compañía</p>
<p>a unos acentos graves</p>
<p>los otros de alegría,</p>
<p>uniendo en perfectísima armonía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca entre sí celosas,</p>
<p>porque la voz del ruiseñor descuella,</p>
<p>se alejan rencorosas</p>
<p>de la enramada bella,</p>
<p>dejando triste al ruiseñor en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, que con tiernos píos</p>
<p>la bulliciosa turba Rey le aclama</p>
<p>y en los valles sombríos,</p>
<p>donde a su coro inflama,</p>
<p>sólo el odioso búho le desama…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo ya tengo escogida</p>
<p>corona de bellísimos laureles</p>
<p>y de rosas ceñida,</p>
<p>que estimo en los vergeles</p>
<p>mejor que a los brillantes oropeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Riquísimo prendido</p>
<p>que bañará de aromas los cabellos</p>
<p>y en el rostro encendido</p>
<p>hará a los ojos bellos</p>
<p>orgullosos lucir con sus destellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mil veces venturosa</p>
<p>la compañera que en su tierna frente,</p>
<p>esa fresca y airosa</p>
<p>guirnalda trasparente</p>
<p>entre nosotras alce alegremente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Orne prenda tan bella</p>
<p>a la que eleve más el claro acento:</p>
<p>el ruiseñor aquella</p>
<p>será del coro atento,</p>
<p>y el búho la que envidie su talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Lidia</strong></h3>
<p>Error, mísero error, Lidia, si dicen</p>
<p>los hombres que son justos nos mintieron,</p>
<p>no hay leyes que sus yugos autoricen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es justa esclavitud la que nos dieron,</p>
<p>justo el olvido ingrato en que nos tienen?</p>
<p>¡Cuánto nuestros espíritus sufrieron!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal sus hechos tiránicos se avienen</p>
<p>con las altas virtudes, que atrevidos,</p>
<p>en tribunas y púlpitos sostienen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan libertad y sometidos</p>
<p>nuestros pobres espíritus por ellos,</p>
<p>no son dueños de alzar ni sus gemidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan igualdad; y esos tan bellos</p>
<p>amores que les da nuestra pureza</p>
<p>nos pagan con sus pálidos destellos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan caridad; y esta tristeza</p>
<p>en que ven nuestras almas abismadas</p>
<p>no mueven su piedad ni su terneza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay Lidia! en la niñez siempre olvidadas,</p>
<p>en juventud por la beldad queridas</p>
<p>somos en la vejez muy desgraciadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que miran nuestras vidas</p>
<p>como a plantas de inútiles follajes</p>
<p>que valen sólo cuando están floridas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No han menester jardín, crezcan salvajes,</p>
<p>rindan como tributo su hermosura.»</p>
<p>¿Qué más osan decir?… ¡Cuántos ultrajes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos ultrajes! Lidia a la criatura</p>
<p>que tiene un alma pura enamorada</p>
<p>y un corazón tan lleno de ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que el alma noble está enojada</p>
<p>de que tantas bondades como encierra</p>
<p>porque nazca mujer sea desdeñada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que estamos, Lidia, aquí en la tierra,</p>
<p>murmurando las hembras sordamente</p>
<p>contra la injusta ley que nos destierra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No bulle la ambición en nuestra mente</p>
<p>de gobernar los pueblos revoltosos,</p>
<p>que es tan grande saber para otra gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni sentimos arranques belicosos</p>
<p>de disputar el lauro a los varones</p>
<p>en sus hechos, de guerra, victoriosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos de la tribuna y los cañones</p>
<p>y de la adusta ciencia, nuestras vidas,</p>
<p>gloria podemos ser de las naciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no en la ignorancia, no oprimidas,</p>
<p>no por hermosas siempre contempladas</p>
<p>sino por buenas ¡ah! siempre queridas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh madres de otra edad afortunadas</p>
<p>cuán dichosos haréis a vuestros hijos</p>
<p>si en escuela mejor sois enseñadas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sufrirán por males tan prolijos</p>
<p>como aquellos que ya desde la cuna</p>
<p>tienen en el error los ojos fijos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, Lidia, cuando el mundo por fortuna</p>
<p>tras de su largo llanto y dura guerra,</p>
<p>esa feliz prosperidad reúna</p>
<p>ya estaremos tú y yo bajo la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A los que lamentaron mi supuesta muerte. La muerta agradecida</strong></h3>
<p>El corazón, amigos, palpitante</p>
<p>como otras veces en mi pecho siento;</p>
<p>mas al oír vuestro piadoso acento</p>
<p>sobre las nubes me soñé un instante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juzgué más claro el sol, menos distante,</p>
<p>vi espíritus celestes en el viento</p>
<p>y en la estrella que más resplandecía</p>
<p>vi confusa la imagen de María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los colores, la luz, aire, el ruido,</p>
<p>todo más bello que en la tierra era,</p>
<p>y aquel mundo con gloria verdadera</p>
<p>le brindaba a mi espíritu embebido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero con ser del alma tan querido</p>
<p>el cielo que de muertos nos espera,</p>
<p>esa dicha, medrosa rechazando,</p>
<p>de mi ilusión me desperté temblando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios quiere que aun el día no llegado</p>
<p>a mi vida en su plazo, todavía;</p>
<p>resignación le falte al alma mía</p>
<p>para dejar mi triste suelo amado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amo a los corazones que me han dado,</p>
<p>pena, placer, tristezas, alegría;</p>
<p>amo al árbol, al río, a la pradera</p>
<p>y amo a mi dulce lira compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vendrá colmado de dolor, acaso,</p>
<p>el porvenir que a mi existencia aguarda</p>
<p>y de la muerte en su carrera tarda,</p>
<p>tal vez acuse el perezoso paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas nunca Dios el sufrimiento escaso</p>
<p>nos da, cuando el descanso nos retarda,</p>
<p>y mi término corto o prolongado</p>
<p>siempre estará por el bien señalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, en tanto que treguas a mi vida</p>
<p>le place conceder al poderoso,</p>
<p>escuchad de una muerta agradecida</p>
<p>el acento que exhala cariñoso;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabed que de una voz dulce y sentida</p>
<p>a mí llegando el eco generoso,</p>
<p>vuestra memoria de amistad bendita</p>
<p>deja en mi corazón con llanto escrita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Luis Felipe destronado</strong></h3>
<p>¿A dónde vas ¡oh rey! con tus pesares?</p>
<p>¿No sabes que en los mares</p>
<p>aun la roca inmortal de Santa Elena</p>
<p>te brinda con su asilo?</p>
<p>¿que allí lecho tranquilo</p>
<p>tienes guardado en la caliente arena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun hallarás la arena removida</p>
<p>con la huella atrevida</p>
<p>de otro Napoleón, que destronado</p>
<p>fue también a esa tierra;</p>
<p>aun su lauro de guerra</p>
<p>los trópicos allí no han marchitado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú no fuiste a insultar con tus trofeos</p>
<p>los muertos Ptolomeos,</p>
<p>ni entre el eco marcial de los cañones</p>
<p>ligero cabalgando,</p>
<p>cadáveres hollando,</p>
<p>has llevado el terror a las naciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tú, sin esgrimir hierro iracundo,</p>
<p>dabas leyes al mundo,</p>
<p>y a una mirada sola que lanzaban</p>
<p>tus ojos indignados,</p>
<p>los tercios espantados</p>
<p>el acero a tus plantas humillaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿piensas tú que el mundo te perdona</p>
<p>que unas genio y corona</p>
<p>y gobernando sin temor ni traba,</p>
<p>des a tu antojo, leyes</p>
<p>y domines los reyes,</p>
<p>y a Europa tengas de tu mente esclava?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>…Ve, rey, a descansar. Londres te espera</p>
<p>como una hambrienta fiera</p>
<p>para tragar de Francia los despojos;</p>
<p>ella que hundió en la tierra</p>
<p>vuestro genio de guerra,</p>
<p>también a ti te cerrará los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rivales en lo eterno ambas naciones</p>
<p>con dos Napoleones,</p>
<p>de la guerra y la paz a ti te halaga</p>
<p>¡oh Francia! la fortuna;</p>
<p>mas ¡ay! tú eres su cuna</p>
<p>e Inglaterra es la tumba que los traga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Luisita</strong></h3>
<p>Pues eres tú forastera</p>
<p>recién llegada a la vida,</p>
<p>te contaré, mi querida,</p>
<p>lo que tienes que sufrir;</p>
<p>te gané la delantera</p>
<p>de la vida en el camino,</p>
<p>y merced a este destino</p>
<p>he aprendido ya a sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo sé ya cómo se llora</p>
<p>de una pena lloro ardiente,</p>
<p>y si quieres que te cuente</p>
<p>cuál se disfraza también,</p>
<p>mostraré, por que lo veas,</p>
<p>la sonrisa en mi semblante</p>
<p>cuando el raudal abundante</p>
<p>mis ojos brotando estén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A este saber doloroso</p>
<p>discreción el mundo llama,</p>
<p>y no es discreta la dama</p>
<p>si no es en el mundo así;</p>
<p>por eso en risa mi llanto</p>
<p>suelo mudar tan aprisa,</p>
<p>que al asomar la sonrisa</p>
<p>trago el llanto para mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el mundo no se engaña,</p>
<p>y al mirar nuestro contento</p>
<p>grita airado «¡Fingimiento,</p>
<p>falsedad de la mujer!»</p>
<p>¡Oh graciosa tiranía</p>
<p>que a las que fingen condena</p>
<p>cuando fingir nos ordena</p>
<p>como preciso saber!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto, niña, es solamente</p>
<p>lo que, de ciencia nos toca;</p>
<p>después te dirá mi boca</p>
<p>lo que hay de felicidad:</p>
<p>y en fe de que no te engaño</p>
<p>en lo propio que te digo,</p>
<p>todo un sexo por testigo</p>
<p>te pondré de esta verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo te diré nuestra historia</p>
<p>y aunque otra de hombres cuenten,</p>
<p>por Dios, que los hombres mienten</p>
<p>o ignoran este saber:</p>
<p>ellos beben Cicerones,</p>
<p>con Sénecas se alimentan,</p>
<p>pero esos libros no cuentan</p>
<p>las penas de la mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡más valiera que doctos,</p>
<p>sapientísimos varones</p>
<p>perdieran en las naciones</p>
<p>su tiempo en tratar de nos!;</p>
<p>¡harto hicieron si aseguran</p>
<p>como un hecho averiguado</p>
<p>que de Adán y Eva el pecado</p>
<p>por ella sufren los dos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa que su existencia,</p>
<p>la leche con que medraron,</p>
<p>los brazos en que apoyaron</p>
<p>su cuerpo desde el nacer;</p>
<p>y los besos maternales,</p>
<p>y el solícito cariño,</p>
<p>y sus placeres de niño</p>
<p>se los diera la mujer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa que le dé ella</p>
<p>la amorosa compañía</p>
<p>al que triste viviría</p>
<p>sin ella en la soledad;</p>
<p>y el consuelo al desgraciado,</p>
<p>y la asistencia al doliente,</p>
<p>qué importa a esa ingrata gente</p>
<p>que se los dé la beldad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De madres, esposas, hijas,</p>
<p>los tiernos, los dulces nombres,</p>
<p>¿no merecen a esos hombres</p>
<p>una página, un borrón?</p>
<p>¿no merecen que una hora</p>
<p>en nuestra suerte mediten</p>
<p>aunque algo al estudio quiten</p>
<p>de Séneca y Cicerón?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Mas no escuchas? ¿Interrumpes,</p>
<p>niña, con risa mi canto?</p>
<p>Haces bien, porque iba el llanto</p>
<p>brotando a mis ojos ya;</p>
<p>conviértase en risas el lloro,</p>
<p>que en la mudanza precisa</p>
<p>pronta siempre la sonrisa</p>
<p>tras mis lágrimas está.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, guarda, por tu vida,</p>
<p>el papel de estas canciones,</p>
<p>y en la edad de las pasiones</p>
<p>fija los ojos en él:</p>
<p>«¡Ay, dirás, verdad decía</p>
<p>la que estas cosas cantaba;</p>
<p>bien me acuerdo que lloraba</p>
<p>cuando escribió este papel!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mi hermano Emilio. Memorias de la infancia</strong></h3>
<p>Ya no es tan joven mi vida</p>
<p>que desde esta cima, hermano,</p>
<p>logre ver distinto el llano</p>
<p>donde quedó mi niñez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la pradera florida</p>
<p>bajo la sombra de un monte,</p>
<p>y por eso es su horizonte</p>
<p>más delicioso, tal vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo con el rostro no acierto</p>
<p>de ese tiempo fugitivo,</p>
<p>mas su belleza percibo</p>
<p>de los años al trasluz,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como aquel reflejo incierto,</p>
<p>aquellos matices rojos</p>
<p>que perciben nuestros ojos</p>
<p>cerrados frente a la luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé lo que soñaba</p>
<p>mas recuerdo mis amores;</p>
<p>sé que amaba entre las flores</p>
<p>a un hermoso tulipán:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y que a mis solas le hablaba,</p>
<p>Emilio, tan dulcemente</p>
<p>que murmuraba el ambiente</p>
<p>celoso en mi tierno afán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lloré cuando se agostaba</p>
<p>su cabeza peregrina</p>
<p>pero amé a la golondrina</p>
<p>así que la flor murió:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la golondrina emigraba</p>
<p>y entonces, Emilio mío,</p>
<p>a mi constante amorío</p>
<p>buscaba otro objeto yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh!¡Todo me enamoraba</p>
<p>en aquel tiempo querido!</p>
<p>¡Cuál me recuerda un sonido</p>
<p>el ave y el tulipán;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la fuente que manaba</p>
<p>el agua que yo bebía</p>
<p>y el campo donde crecía</p>
<p>la semilla de mi pan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero si no me comprendes,</p>
<p>si aquella edad ha pasado</p>
<p>y yo ya tengo olvidado</p>
<p>el suave idioma infantil!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si por acaso me atiendes</p>
<p>huyes riendo a deshora,</p>
<p>¿por qué no estoy en tu aurora</p>
<p>o tú no estás en mi abril?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú juzgas porque me hallaste,</p>
<p>bello garzón, a tu lado</p>
<p>que una ruta ha señalado</p>
<p>a nuestra existencia Dios:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no, que tu vía empezaste</p>
<p>en la mitad de la mía</p>
<p>y poco por esa vía</p>
<p>iremos juntos los dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, cuando recuerdes</p>
<p>cual yo tu pasada infancia,</p>
<p>ya habrá una eterna distancia</p>
<p>que me separe de ti;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces, tal vez, te acuerdes</p>
<p>de mí, cual yo de las flores,</p>
<p>y entre tus tiernos amores</p>
<p>me cuentes, Emilio, a mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A mi tío don Pedro Romero</strong></h3>
<p><em>Soneto</em></p>
<p>Si para entrar en tan difícil vía</p>
<p>el aliento a mi numen no faltara,</p>
<p>ya de la patria nuestra lamentara</p>
<p>los males en tristísima elegía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la virtud, ya el genio cantaría,</p>
<p>ya el vicio a deprimir me consagrara;</p>
<p>pero mi voz de niña desmayara</p>
<p>y desmayara endeble el arpa mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas quiero humilde abeja, aquí en el suelo</p>
<p>vagar de flor en flor siempre ignorada,</p>
<p>que al águila siguiendo arrebatada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con alas cortas remontar mi vuelo.</p>
<p>Canto las flores que en los campos nacen;</p>
<p>cántolas para ti, que a ti te placen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Napoleón</strong></h3>
<p>«No es ira, no es amor, no es del poeta</p>
<p>inspiración febril, es más ardiente</p>
<p>la llama que discurre por mi frente,</p>
<p>y el alma absorbe, el corazón me inquieta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo amo la tempestad, amo el estruendo;</p>
<p>cuando el vértigo insano me arrebata,</p>
<p>sueño que en nube de luciente plata</p>
<p>voy por el mundo un huracán siguiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El rayo en torno de mi frente gira,</p>
<p>el aquilón bajo mis plantas brama,</p>
<p>y lucho y venzo, y mi furor se inflama,</p>
<p>y ansiosa el alma a otra victoria aspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo quiero alzado al fin sobre los hombres,</p>
<p>avasallar los pueblos y los reyes;</p>
<p>romper sus cetros; derrocar sus leyes,</p>
<p>hollar sus triunfos y borrar sus nombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ancha cadena que circunde el polo</p>
<p>yo quiero eslabonar con mis guerreros;</p>
<p>y bajo el pabellón de sus aceros</p>
<p>la gran nave en la mar llevar yo solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y ¡oh! si pudiera hurtar al firmamento</p>
<p>sus brillantes magníficas estrellas,</p>
<p>¡también imperios levantara en ellas</p>
<p>para ensanchar allí mi pensamiento!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Francia, levanta! sal del caos profundo</p>
<p>en que yace tu pueblo sepultado,</p>
<p>que en brazo poderoso tremolado</p>
<p>va tu estandarte a conquistar el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién distinguir entre la inmensa grey</p>
<p>podrá al caudillo de tamaña empresa?</p>
<p>¿Qué señal en el rostro lleva impresa</p>
<p>el que del solio arrojará a tu rey?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese mancebo que los brazos grave</p>
<p>cruza sobre su seno, y la mirada</p>
<p>como águila en el sol, ardiente, osada,</p>
<p>clava en la multitud… ése lo sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡cuál contra el mancebo se irritara</p>
<p>si su mirar la turba comprendiera!…</p>
<p>¡Si su ambición oculta sorprendiera</p>
<p>de ese rubio garzón, cuál se burlara!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joven es el león; mas ya en la tierra</p>
<p>no hay fuerza que a igualar su fuerza alcance,</p>
<p>y ¡ay de la Europa, o Francia! cuando lance</p>
<p>ese joven león grito de guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verás como esa voz de los franceses</p>
<p>de pecho en pecho noble se difunde;</p>
<p>como chispa de fuego prende y cunde</p>
<p>de caña en caña por las secas mieses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verás, tras el magnífico estandarte</p>
<p>donde el águila altiva se reposa,</p>
<p>como tu juventud marcha orgullosa</p>
<p>la libertad, la gloria a conquistarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Verás!… mas antes que el caudillo sea</p>
<p>héroe conquistador de las naciones,</p>
<p>deja que a Egipto lleve sus legiones</p>
<p>y del grande Ramsé la tumba vea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Éstas de reyes son y emperadores</p>
<p>las moradas magníficas que habitan,</p>
<p>éste es el rico manto en que dormitan</p>
<p>de tierras y de mares los señores…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Éste es el cetro que en sus regias manos</p>
<p>fue látigo cruel o adorno inútil:</p>
<p>no es que un brillo me seduzca fútil</p>
<p>si hoy os le arranco ¡nobles soberanos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No es que me ciega joya tan lucida,</p>
<p>¡es que me irrita que los pueblos lloren,</p>
<p>es que me irrita que temblando adoren</p>
<p>los pueblos esa joya envilecida!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y esta corona… ¿sola una diadema?</p>
<p>¿cien batallas por una solamente?</p>
<p>¿Será una sola incienso suficiente</p>
<p>para este fuego que mis sienes quema?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Reyes, emperadores, ¡guerra! ¡guerra!</p>
<p>yo haré que en una sola se refundan</p>
<p>las coronas que, inútiles, circundan</p>
<p>tantas míseras frentes en la tierra!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Huid del monte aquel resplandeciente</p>
<p>que de Austerlitz se eleva en las llanuras…</p>
<p>Huye, Alejandro, antes que en sus alturas</p>
<p>volcán oculto brote de repente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! que ya va tu juventud ardiente</p>
<p>a estrellarse en las águilas seguras…</p>
<p>Las nubes su vapor todo han juntado,</p>
<p>y el suelo va a quedar todo anegado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en sangre, Señor, en sangre pura,</p>
<p>porque el rey de las águilas osadas</p>
<p>donde terrible asienta sus pisadas</p>
<p>de cadáveres cubre la llanura;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cual los ojos de fiera en noche oscura</p>
<p>relucen entre el humo sus espadas,</p>
<p>y a bandadas los cuervos por el viento</p>
<p>síguenle en torno con feroz contento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caen, como en horrible terremoto,</p>
<p>las torres desplomadas, sus legiones,</p>
<p>sobre los extranjeros campeones</p>
<p>que osan poner a sus victorias coto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bajo los pies de sus caballos roto</p>
<p>yace el blasón de dos fuertes naciones,</p>
<p>y dos imperios juntos retroceden</p>
<p>y dos monarcas el laurel le ceden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! tú que alzado al fin sobre los hombres,</p>
<p>lograste avasallar pueblos y reyes,</p>
<p>romper sus cetros, derrocar sus leyes,</p>
<p>hollar sus triunfos y borrar sus nombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Napoleón! tú que abarcando el polo</p>
<p>con tu cadena inmensa de guerreros,</p>
<p>bajo del pabellón de sus aceros</p>
<p>la gran nave en la mar llevabas solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿cómo a la merced del Océano</p>
<p>dejas bogar tu nave huyendo de ella?</p>
<p>¿Has ido a conquistar alguna estrella</p>
<p>para alzar otro imperio soberano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Neira. Golondrinas, grullas y patos</strong></h3>
<p><em>Carolina Coronado acompaña en su despedida</em></p>
<p><em>a las golondrinas, a las grullas y a los patos.</em></p>
<p>Ya, Neira, despedí a la golondrina</p>
<p>que en el techo campestre haciendo el nido</p>
<p>mansa inocente mi compaña ha sido</p>
<p>en la estación risueña que termina;</p>
<p>la grulla en cambio ya vino dañina</p>
<p>el fruto a destrozar recién nacido</p>
<p>que en este yermo a fuerza de sudores</p>
<p>lograron cultivar los labradores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pato en enturbiar las claras fuentes</p>
<p>de este valle purísimo obcecado</p>
<p>revuelve con el fondo encenagado</p>
<p>los graciosos espejos trasparentes;</p>
<p>¡lástima que desdeñe las corrientes</p>
<p>de un brillo tan hermoso y azulado,</p>
<p>donde lucir pudiera entre la espuma,</p>
<p>por hundir en el fango el alba pluma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella</p>
<p>que en nuestros techos amorosa anida</p>
<p>y en su cantar sencillo entretenida</p>
<p>nos divierte feliz de sol a estrella?</p>
<p>¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella</p>
<p>que a nadie ofende, cuya dulce vida</p>
<p>consagrada a los suyos, sobre el heno,</p>
<p>ni daña al labrador ni anda entre cieno?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Hay en mi tierra hermosos olivares</p>
<p>formados como tropas, en hileras?</p>
<p>Pues a dañar su flor a sus praderas</p>
<p>vienen bandos de grullas a millares.</p>
<p>¿Hay arroyos que van entre juncares</p>
<p>retratando el verdor de estas laderas?</p>
<p>Pues acuden los patos a bandadas,</p>
<p>«¿Aves estas no son civilizadas?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más da que en mi lira sean cantados</p>
<p>hombres o grullas si en diversos nombres</p>
<p>disfrazadas las grullas van de hombres</p>
<p>y los hombres de grullas disfrazados?</p>
<p>¿Por qué han de ser los patos desdeñados</p>
<p>si los hombres tal vez con sus renombres</p>
<p>viviendo en bacanales, como en cieno,</p>
<p>no fueron ni más puros ni más buenos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más da pues que yo cante los hechos</p>
<p>con mi endeble laúd, mi voz de niña</p>
<p>de las aves que pueblan la campiña</p>
<p>y las aves que habitan bajo techos?</p>
<p>Con iguales instintos y derechos</p>
<p>todas viven del daño y la rapiña;</p>
<p>soldados-grullas talan los sembrados</p>
<p>y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Galanes patos de la fuente empañan</p>
<p>el manantial que beben los pastores,</p>
<p>patos galanes, patos impostores</p>
<p>en las virtudes la calumnia ensañan;</p>
<p>hombres-patos, en fin, sus alas bañan</p>
<p>en fétidos pantanos corruptos;</p>
<p>patos-hombres sepultan en orgías</p>
<p>su bella juventud, sus bellos días.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué al mísero pato guerra tanta,</p>
<p>por qué a la infeliz grulla tanta guerra,</p>
<p>si hay seres más indignos en la tierra</p>
<p>y el hombre docto los celebra y canta?</p>
<p>Cada piedra, cada ave, cada planta,</p>
<p>una vida, una historia, un mundo encierra</p>
<p>y muchos en el mundo, bien lo sabes,</p>
<p>valen menos que piedras, plantas, aves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues no siempre he de hallar por mi camino</p>
<p>golondrinas, que pocas han quedado,</p>
<p>mejor canto a las grullas, que al malvado.</p>
<p>A los patos mejor que al libertino:</p>
<p>esos nombres de Atila, Jerjes, Nino</p>
<p>siempre al numen benigno han espantado</p>
<p>y siempre aborrecí como a enemigos</p>
<p>los Paris, los Nerones, los Rodrigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una grulla el gran Jerjes vale en suma,</p>
<p>pero el rico Nerón no vale un pato</p>
<p>que fuera a dar el pájaro barato</p>
<p>aun dando por Nerón no más la pluma:</p>
<p>¿pues por qué si la historia nos abruma</p>
<p>con uno y otro nombre tan ingrato</p>
<p>no ha de cantar, sin que te cause risa,</p>
<p>a la grulla y al pato la poetisa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo mismo da las aves que los hombres</p>
<p>lo mismo el campo da que las ciudades,</p>
<p>pues componen entrambas vecindades,</p>
<p>los mismos seres con distintos nombres;</p>
<p>grullas hay en el mundo con nombres,</p>
<p>patos bajo soberbias potestades,</p>
<p>y en ciudades lo mismo que entre encinas</p>
<p>sobre grullas y patos golondrinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Quintana</strong></h3>
<p>Buen sabio, ¿de tu tierra y de la mía</p>
<p>tu corazón no ansía</p>
<p>el nombre oír que la memoria encierra</p>
<p>de los pasados años?</p>
<p>¿O a tu memoria extraños</p>
<p>serán ya los recuerdos de tu tierra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, Señor, que heredé de mis abuelos</p>
<p>un libro de consuelos</p>
<p>obra de tu lozana fantasía,</p>
<p>cuando eras mozo o niño,</p>
<p>tengo mucho cariño</p>
<p>al buen cantor de la comarca mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre al pasar cercana de tus lares</p>
<p>recordé tus cantares,</p>
<p>y otras veces al margen del Guadiana</p>
<p>medité dulcemente</p>
<p>en la gloria eminente</p>
<p>que a nuestro pueblo consagró Quintana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué en el aprender ¡ay! soy tan ruda</p>
<p>que, aun cuando ansiosa acuda,</p>
<p>en la ciencia a estudiar de tus escritos</p>
<p>las brillantes lecciones,</p>
<p>no logro en mis canciones</p>
<p>remedar tus acentos infinitos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡qué mucho! las artes lentamente</p>
<p>vienen, cual la corriente,</p>
<p>del manantial sereno del Ruidera</p>
<p>a visitar los muros</p>
<p>solitarios y oscuros</p>
<p>de esta ciudad de España la postrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se pule el salvaje entendimiento</p>
<p>del campesino acento</p>
<p>entre el tosco rumor; y la poesía</p>
<p>levanta su cabeza,</p>
<p>entre tanta aspereza,</p>
<p>como una planta estéril y bravía…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué nuevas te daré que a tu celoso</p>
<p>patrio entusiasmo hermoso</p>
<p>por la fama y el bien de nuestro suelo</p>
<p>alegren placenteras,</p>
<p>si antes que estas riberas</p>
<p>pienso, Quintana, que se mude el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si las vastas encinas del contorno,</p>
<p>solo y agreste adorno</p>
<p>de estos valles, tal vez, contado hubieras,</p>
<p>al despedirte de ellos</p>
<p>en tus abriles bellos,</p>
<p>esas propias hallaras, si hoy volvieras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los arraigados juncos de este río</p>
<p>bajo el mismo rocío</p>
<p>con que la espuma, al salpicar, los baña,</p>
<p>medran tranquilamente</p>
<p>sin que del hombre intente</p>
<p>otros sauces plantar la mano extraña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aun hay de tierra vírgenes pedazos</p>
<p>donde jamás los brazos</p>
<p>del colono feliz su fuerza emplean,</p>
<p>y hay fuentes, manantiales</p>
<p>sin guía y sin brocales</p>
<p>cuyos hilos se pierden y se orean…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más aprisa se mueve la tortuga;</p>
<p>menos tarda la oruga</p>
<p>su bella metamorfosis presenta</p>
<p>en esta tierra, Quintana,</p>
<p>un solo paso gana</p>
<p>de su cultura en la carrera lenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empero un solo nombre hay en el mundo</p>
<p>que del sueño profundo</p>
<p>a este pueblo pacífico levanta</p>
<p>y lo agita, lo enciende,</p>
<p>cuando extático entiende</p>
<p>la nota fiel de esta palabra santa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grítale «Libertad» verás leones:</p>
<p>que vengan las naciones</p>
<p>a esclavizar a la soberbia España,</p>
<p>y será de este otero</p>
<p>cada azadón grosero</p>
<p>hacha incansable en la mortal campaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por Dios! este rincón, hoy tan tranquilo,</p>
<p>fuera el último asilo</p>
<p>de aquella libertad apetecida</p>
<p>que, aunque no entiendo de ella,</p>
<p>debe de ser muy bella</p>
<p>cuando es tan ponderada y tan querida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú la llamaste flor en tus cantares;</p>
<p>¡en la tierra y los mares</p>
<p>cuánta sangre costó! ¿Y eso son flores?</p>
<p>¡Hoy por lo solitaria</p>
<p>Será la pasionaria</p>
<p>o la viuda negra y sin olores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negra e inodora fue para los míos</p>
<p>cuyos años sombríos</p>
<p>vagando tras sus pétalos tronchados,</p>
<p>con pertinaz constancia,</p>
<p>las horas de mi infancia</p>
<p>y triste juventud han amargado…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la aborrezco, no, me espanta</p>
<p>esa costosa planta</p>
<p>que nuestro llanto bebe por rocío:</p>
<p>más fruto y menos penas</p>
<p>me dan las azucenas</p>
<p>que en mi puerto florecen en estío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiera Dios que no tronche en nuestra tierra</p>
<p>nuevo huracán de guerra</p>
<p>esa flor que inspiró tus armonías:</p>
<p>siquiera porque ha sido</p>
<p>la que más ha lucido</p>
<p>en tu guirnalda eterna de poesías!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Rioja</strong></h3>
<p>Rioja vive en ellas,</p>
<p>Rioja en esas flores</p>
<p>que brillan a mis ojos aún más bellas</p>
<p>porque son de Rioja los amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos albos jazmines</p>
<p>de su pecho llagado,</p>
<p>por enemigos fieros y ruines</p>
<p>fueron el lenitivo regalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos claveles rojos,</p>
<p>esas rosas lozanas,</p>
<p>honor tuvieron se alegrar sus ojos</p>
<p>y de ceñir sus sienes soberanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El bardo agradecido</p>
<p>alzó a sus compañeras</p>
<p>un canto, que en los siglos repetido,</p>
<p>vino a llenar también estas riberas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así cual las historias</p>
<p>y los célebres nombres</p>
<p>de abuelos que obtuvieron altas glorias</p>
<p>repiten a los nietos, otros hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así a las de mi huerto</p>
<p>repito las canciones</p>
<p>que otro pueblo de flores, que ya es muerto,</p>
<p>logró inspirar en béticas regiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es mucha maravilla</p>
<p>el mirar cómo ellas</p>
<p>doloridas oyen, por mi voz sencilla,</p>
<p>de su sentido vate las querellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que gimen,</p>
<p>paréceme que llanto</p>
<p>brota de entre sus hojas, que se oprimen</p>
<p>de sentimiento al escuchar el canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Rioja, oh poeta!,</p>
<p>¡y cuán poco su alma</p>
<p>tiene del mundo a la ambición sujeta</p>
<p>quien en vergel humilde halla la calma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un libro y un amigo</p>
<p>en tu modesta vida</p>
<p>¡oh sabio angelical! bastan contigo</p>
<p>para lograr la dicha apetecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te cuidas de honores,</p>
<p>desdeñas la riqueza</p>
<p>y ensalzas la belleza de las flores</p>
<p>al par que otros del oro la grandeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fenómeno del mundo,</p>
<p>que no comprende ahora</p>
<p>el siglo en ambiciones tan fecundo,</p>
<p>la edad en avaricias tan creadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién hoy ya se contenta</p>
<p>con la sencilla vida?</p>
<p>¿Quién no va tras de vida turbulenta?</p>
<p>¿A quién la paz del alma es hoy querida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los niños envejecen</p>
<p>de ambición prematura;</p>
<p>los bosques de laureles no abastecen</p>
<p>el ansia de laurel de una criatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El atrevido mozo</p>
<p>por el mando se afana,</p>
<p>cuando el albor de su naciente bozo</p>
<p>anuncia apenas su primer mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y dichoso si fuera</p>
<p>orgullo solamente!</p>
<p>¡Dichosos si esta raza no sintiera</p>
<p>de la codicia el aguijón hiriente!…:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no, dulce Rioja</p>
<p>turbe nuestro reposo</p>
<p>esa amarga verdad que el alma enoja</p>
<p>y el corazón rechaza generoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pensemos que esa tierra</p>
<p>la habitan serafines,</p>
<p>pero huyendo su gloria que me aterra,</p>
<p>tomemos a tu reina de jazmines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo en las flores te veo,</p>
<p>tu cuerpo ha fenecido,</p>
<p>mas las alas del tiempo a mi deseo</p>
<p>de tu espíritu un átomo han traído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y fecunda mi alma,</p>
<p>así tu pensamiento</p>
<p>cual de su amiga a la distante palma</p>
<p>fecunda el germen que transmite el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso amo a las flores,</p>
<p>porque vives en ellas;</p>
<p>porque fueron, Rioja, tus amores,</p>
<p>son esas flores a mis ojos bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si su color admiro,</p>
<p>si percibo su esencia,</p>
<p>escucho un melancólico suspiro,</p>
<p>oigo de su arpa dulce la cadencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y llevo reverente</p>
<p>a mis labios su hoja,</p>
<p>diciendo al huerto en mi entusiasmo ardiente</p>
<p>béselas yo pues las cantó Rioja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A SM la reina el día de su salida. La reina que dos veces ha nacido</strong></h3>
<p>Madrid aguarda tu triunfal salida</p>
<p>para cubrir de flores tu carrera</p>
<p>como si el pueblo por la vez primera</p>
<p>celebrara en España tu venida;</p>
<p>la fiesta a que gozoso te convida,</p>
<p>cual si de nuevo a coronarte fuera,</p>
<p>tiene un placer que hoy halla repetido</p>
<p>la Reina que dos veces ha nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos quinto inmortal cuando ceñía</p>
<p>a sus sienes la fúlgida corona</p>
<p>del pueblo que adoraba a su persona</p>
<p>oyó el supremo canto de alegría;</p>
<p>mas para Ti, Isabel, es doble día</p>
<p>el de esta aclamación que el Pueblo entona.</p>
<p>Porque tú, cuando el seno te han herido,</p>
<p>para España dos veces has nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú apareces al Pueblo castellano</p>
<p>con tu Niña tan dulce y tan hermosa,</p>
<p>como la luna de color de rosa</p>
<p>que ilumina las noches del verano;</p>
<p>y dejas luego de alumbrar el llano,</p>
<p>quedamos en tiniebla pavorosa,</p>
<p>pero ya con reflejo más lucido</p>
<p>luna nueva en el Cielo has renacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la Virgen te aguarda en los altares,</p>
<p>y a la niña cubriendo con su manto</p>
<p>desde el Cielo confirma el nombre santo</p>
<p>que el Serafín celebra en sus cantares;</p>
<p>¡vive, Madre feliz libre de azares,</p>
<p>que al triunfar de la muerte, por encanto,</p>
<p>doble vida del Cielo ha merecido</p>
<p>la Reina que dos veces ha nacido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A SM la reina madre doña María Cristina de Borbón</strong></h3>
<p>Aquel nombre primero</p>
<p>que bendijo mi labio balbuciente,</p>
<p>después que prisionero</p>
<p>vi a mi padre inocente,</p>
<p>fue, Señora, tu nombre reverente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella faz hermosa</p>
<p>que, después de la faz hermosa y santa</p>
<p>de mi madre amorosa</p>
<p>miré con ansia tanta,</p>
<p>fue, Señora, tu faz que al mundo encanta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera alegría</p>
<p>que de mi triste infancia en los albores</p>
<p>recuerda el alma mía,</p>
<p>brotó con tus favores</p>
<p>como al rayo del sol brotan las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la primera gala</p>
<p>que el sereno y trasparente cielo</p>
<p>al puro azul iguala,</p>
<p>la vestí con anhelo</p>
<p>por celebrar tu nombre y mi consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo entonces no sabía</p>
<p>cómo en la vaga mente se creaba</p>
<p>la sonora poesía,</p>
<p>pero entonces cantaba</p>
<p>los himnos que en tu honor el pueblo alzaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu dulce amnistía</p>
<p>a la sombra feliz hemos crecido,</p>
<p>las que niñas un día</p>
<p>tanto habemos sufrido</p>
<p>que sin ti fuera triste haber nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con noche muy oscura</p>
<p>nacimos en el siglo desgraciado,</p>
<p>y nunca la luz pura</p>
<p>hubiéramos gozado</p>
<p>si no le amaneciera tu reinado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz trajo tu venida,</p>
<p>luz tu sonrisa, luz es tu mirada,</p>
<p>y a tu luz atraída,</p>
<p>ave desorientada,</p>
<p>yo te vine a buscar triste y cansada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú al ave importuna</p>
<p>que de Aranjuez al campo retirado</p>
<p>fue a gemir su fortuna,</p>
<p>tendiste con agrado</p>
<p>tu mano, que es su nido regalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al verte, a mi memoria</p>
<p>vino el recuerdo de la infancia mía,</p>
<p>toda la amarga historia</p>
<p>del padre que gemía,</p>
<p>y tu grandeza soberana y pía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recordé tu hermosura,</p>
<p>como del campo la primera mañana</p>
<p>que en nuestra infancia pura.</p>
<p>Con el alba lozana,</p>
<p>se muestra tan risueña y tan galana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los himnos suaves</p>
<p>que gozosos cantaban mis hermanos,</p>
<p>al compás de las aves,</p>
<p>por los floridos llanos,</p>
<p>en honor de tus rasgos soberanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por eso a tu planta,</p>
<p>sin poder exhalar palabra alguna</p>
<p>mi anudada garganta,</p>
<p>quedé, como en la cuna</p>
<p>el niño embelesado al ver la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y nunca mi cariño</p>
<p>te pudiera expresar con un acento,</p>
<p>si, cual la madre al niño,</p>
<p>no me enseñara atento</p>
<p>tu labio a traducir mi pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú al canto del Petrarca</p>
<p>y del Tasso a los épicos sonidos,</p>
<p>en la bella comarca</p>
<p>los muy blandos oídos</p>
<p>tienes acostumbrados y entendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé hacer canciones</p>
<p>que el genio inspira, que el talento ordena,</p>
<p>mas, ¡ah! los corazones</p>
<p>que el entusiasmo llena,</p>
<p>tienen de gratitud fecunda vena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un alma agradecida</p>
<p>comprende el amoroso sentimiento,</p>
<p>sin arte y sin medida,</p>
<p>que el agradecimiento</p>
<p>es, Señora, virtud, mas no talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mejor sé verter llanto</p>
<p>estrechando tus manos contra el pecho,</p>
<p>que encerrar en mi canto,</p>
<p>con un límite estrecho,</p>
<p>la gratitud que Dios tan grande ha hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al decir que te ama</p>
<p>el corazón, Señora, no se inquieta</p>
<p>por la Apolínea llama</p>
<p>que, al numen no sujeta,</p>
<p>prefiero ser mujer a ser poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No puedo consagrarte</p>
<p>rico poema do tu augusto nombre</p>
<p>con perfección del arte</p>
<p>al universo asombre,</p>
<p>que los épicos cantos son del hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ruego cada día</p>
<p>en piadosa oración, que es más sonora,</p>
<p>a la Virgen María,</p>
<p>que te sea, Señora,</p>
<p>como eres tú, mi augusta protectora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A una coqueta</strong></h3>
<p>Como aquellas lucecillas</p>
<p>vaporosas y ligeras,</p>
<p>que sin calor a millares</p>
<p>se levantan de la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los amores en tu pecho,</p>
<p>fragilísima belleza,</p>
<p>sin que su fuego te abrase</p>
<p>alzan mil llamas diversas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brotan, lucen, se disipan,</p>
<p>otras nacen tras aquellas:</p>
<p>la inconstancia las apaga,</p>
<p>la liviandad las renueva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A una gota de rocío</strong></h3>
<p>Lágrima viva de la fresca aurora,</p>
<p>a quien la mustia flor la vida debe,</p>
<p>y el prado ansioso entre el follaje embebe;</p>
<p>gota que el sol con sus reflejos dora;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en la tez de las flores seductora</p>
<p>mecida por el céfiro más leve,</p>
<p>mezclas de grana tu color de nieve</p>
<p>y de nieve su grana encantadora:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a mezclarte con mi triste lloro,</p>
<p>y a consumirte en mi mejilla ardiente;</p>
<p>que acaso correrán más dulcemente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>las lágrimas amargas que devoro…</p>
<p>mas ¡qué fuera una gota de rocío</p>
<p>perdida entre el raudal del llanto mío…!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A vosotros que dais a lo pasado…</strong></h3>
<p>A vosotros que dais a lo pasado</p>
<p>un culto apasionado</p>
<p>arrancando; señores, del olvido</p>
<p>las gloriosas hazañas</p>
<p>del pueblo en sus campañas,</p>
<p>batiendo a los franceses atrevido,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros que un bello monumento</p>
<p>con generoso intento</p>
<p>alzáis sobre los campos de la Albuera,</p>
<p>para que no olvidada</p>
<p>tan famosa jornada</p>
<p>queda en la edad remota venidera,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros sus tímidos acentos</p>
<p>hoy por breves momentos</p>
<p>a dirigir se atreve mi poesía;</p>
<p>oídme atentamente,</p>
<p>que en mi entusiasmo ardiente</p>
<p>la disculpa hallaréis de mi osadía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre</p>
<p>del más ilustre hombre</p>
<p>que ha visto el sol, mi corazón se inflama,</p>
<p>y juzgo que abrasado</p>
<p>su pueblo idolatrado</p>
<p>también se siente por la propia llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os hablo de Cortés en alabanza,</p>
<p>aunque el numen no alcanza</p>
<p>al remontarse al cerco de su luna:</p>
<p>pues llena de sonrojos</p>
<p>con el llanto en los ojos</p>
<p>he visto al pueblo donde fue su cuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada</p>
<p>y a su primera morada</p>
<p>asilo de las pobres golondrinas,</p>
<p>sin un solo letrero</p>
<p>este otoño primero</p>
<p>va a desplomarse en míseras ruinas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿qué nos quedará de tanta gloria</p>
<p>si esa débil memoria</p>
<p>furioso el aquilón nos arrebata?</p>
<p>¿Qué de tantos honores</p>
<p>como nos dio, señores,</p>
<p>en cambio le dará su tierra ingrata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No tendrá entre sus mármoles Castilla</p>
<p>una piedra sencilla</p>
<p>donde su ilustre nombre coloquemos?</p>
<p>Con nuestras propias manos</p>
<p>guerreros y artesanos</p>
<p>y… hasta las damas a grabarlo iremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más trabajo, más pena, más fatiga</p>
<p>en la tierra enemiga</p>
<p>pasó el gran capitán por darle sólo</p>
<p>a su patria grandeza</p>
<p>por hacer que en riqueza</p>
<p>fuera el reino mayor de polo a polo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por él fue nuestra patria rica y fuerte</p>
<p>por él con tanta suerte</p>
<p>el soberbio cristal del Océano,</p>
<p>surgieron cien navíos,</p>
<p>transportando carguíos</p>
<p>del inmenso tesoro americano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ved hoy esas magníficas ciudades</p>
<p>que fueron soledades</p>
<p>tristes ayer alzarse florecientes,</p>
<p>fundadas por su mano,</p>
<p>llevando el nombre hispano</p>
<p>en su poder, en esplendor crecientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Él hizo interminable nuestra tierra</p>
<p>con la perpetua guerra,</p>
<p>asolación del pueblo mejicano,</p>
<p>y por él solamente</p>
<p>flota entre aquella gente</p>
<p>la santa insignia del pendón cristiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¿se dirá que ingratos y egoístas</p>
<p>sus valientes conquistas</p>
<p>nosotros españoles desdeñamos?</p>
<p>¿Que un puñado de cobre</p>
<p>por una piedra pobre</p>
<p>con voluntad siquiera no le damos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tanto que su nombre no ensalcemos</p>
<p>y en Medellín alcemos</p>
<p>un monumento a los brillantes soles</p>
<p>de su gloriosa guerra,</p>
<p>las gentes de esta tierra</p>
<p>¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Abrid los ojos, célica María…</strong></h3>
<p>Abrid los ojos, célica María,</p>
<p>más que la luna del enero, claros,</p>
<p>abrid los ojos y mirad cuán raros</p>
<p>son los dones que Dios tierno os envía:</p>
<p>el serafín más bello que tenía</p>
<p>entre sus dulces serafines caros</p>
<p>coronado de rayos celestiales</p>
<p>coloca en vuestros brazos virginales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mirad quién se os estrecha a la garganta,</p>
<p>mirad qué labio os busca con anhelo,</p>
<p>mirad, que por el santo rey del cielo</p>
<p>qué gozosa estaréis con dicha tanta!</p>
<p>Al ser que a vuestro pecho se amamanta</p>
<p>velad; señora, con ardiente celo,</p>
<p>¡que ya desesperado y moribundo</p>
<p>dél solo espera salvación el mundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Al fin hallo en tu calma…</strong></h3>
<p>Al fin hallo en tu calma</p>
<p>si no el que ya perdí contento mío,</p>
<p>si no entero del alma</p>
<p>el noble señorío,</p>
<p>blando reposo a mi penar tardío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin en tu sosiego,</p>
<p>amiga soledad, tan suspirado,</p>
<p>el encendido fuego</p>
<p>de un pecho enamorado</p>
<p>resplandece más dulce y más templado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin si con mi llanto</p>
<p>quiero aplacar ¡ay triste! los enojos</p>
<p>del íntimo quebranto,</p>
<p>no me dará sonrojos</p>
<p>el continuo mirar de tantos ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Danme, sí, tierno alivio</p>
<p>la soledad del campo y su belleza,</p>
<p>y va el dolor más tibio</p>
<p>su ardiente fortaleza</p>
<p>convirtiendo en pacífica tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Plácenme los colores</p>
<p>que al bosque dan las luces matutinas:</p>
<p>alégranme las flores,</p>
<p>las risueñas colinas</p>
<p>y las fuentes que bullen cristalinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pláceme del monte</p>
<p>la grave majestad que en las llanadas</p>
<p>como pardo horizonte</p>
<p>de nubes agolpadas,</p>
<p>deja ver sus encinas agrupadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí con triste ruido</p>
<p>de las sonoras tórtolas, en tanto</p>
<p>que posan en el nido</p>
<p>bajo calado manto,</p>
<p>de una a otra encina se responde el canto.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Tal vez mis pasos guío</p>
<p>por los sombrosos valles, escuchando</p>
<p>al caminante río,</p>
<p>que con acento blando</p>
<p>se va por los juncares lamentando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya entonces descendiendo</p>
<p>de su altura va el sol, cansada y fría</p>
<p>claridad esparciendo,</p>
<p>y a poco entre armonía</p>
<p>cierra sus ojos el señor del día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los míos acaso</p>
<p>alguna vez, del sueño sorprendidos,</p>
<p>dejaron que en su ocaso</p>
<p>pararan confundidos</p>
<p>afanes del espíritu y sentidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si sola y retirada,</p>
<p>aún me entristece más noche sombría,</p>
<p>la luna con rosada</p>
<p>faz, por oculta vía</p>
<p>sale a hacerme amorosa compañía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin hallo en tu calma,</p>
<p>¡Oh soledad! si no el contento mío,</p>
<p>si no entero del alma</p>
<p>el dulce señorío,</p>
<p>blando reposo a mi penar tardío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Alberto, si lloro o canto…</strong></h3>
<p>Alberto, si lloro o canto</p>
<p>siempre con voz dolorida,</p>
<p>no es que tenga de la vida</p>
<p>recuerdos el corazón;</p>
<p>Es que el dolor presintiendo</p>
<p>antes que el dolor le hiriera,</p>
<p>como en pena verdadera</p>
<p>he sufrido en la ilusión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No vi la maldad del mundo,</p>
<p>ni vi los hombres perversos,</p>
<p>pero he llorado en mis versos</p>
<p>presintiendo su maldad,</p>
<p>como pobre gaviota</p>
<p>que espantada busca asilo</p>
<p>antes que en el mar tranquilo</p>
<p>resuene la tempestad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar tranquilo de mi vida</p>
<p>mi juventud es ahora,</p>
<p>pero de esta mar sonora</p>
<p>las entrañas siento hervir:</p>
<p>tengo en mi mente mis alas,</p>
<p>voy cruzando ola tras ola,</p>
<p>pero en la mar española</p>
<p>temo mis alas hundir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Temo al viento, a los nublados</p>
<p>antes de arribar al muro,</p>
<p>y temo al giro inseguro</p>
<p>de mi cobarde volar,</p>
<p>cual temen las gaviotas</p>
<p>en las saladas espumas</p>
<p>que pueda sus blancas plumas</p>
<p>el torrente salpicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si estuviera yo en la gloria</p>
<p>en cuyo trono esplendente</p>
<p>dices que tan claramente</p>
<p>me contempla tu ilusión,</p>
<p>no llorara, y de mi lira</p>
<p>fueran los cantos risueños;</p>
<p>pero tú me ves en sueños</p>
<p>y los sueños, sueños son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No soy ángel, no soy santa,</p>
<p>y aunque a la virtud bendigo</p>
<p>no estoy en la gloria, amigo,</p>
<p>sobre el divino tisú;</p>
<p>mas, viviera agradecida</p>
<p>en el mundo que me encierra</p>
<p>¡ah! si todos en la tierra</p>
<p>fueran buenos como tú.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Alza gallarda tu elevada frente…</strong></h3>
<p>Alza gallarda tu elevada frente,</p>
<p>hija del suelo ardiente,</p>
<p>y al recio soplo de aquilón mecida,</p>
<p>de mil hojas dorada,</p>
<p>de majestad ornada,</p>
<p>descuella ufana sobre el tallo erguida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y arrojando tu sombra allá a lo lejos,</p>
<p>del sol a los reflejos,</p>
<p>al árabe sediento y fatigado,</p>
<p>desdeñosa levanta</p>
<p>tu bendecida planta</p>
<p>en el desierto triste y abrasado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí horroroso el simoon se ofrece,</p>
<p>y tu cima enrojece.</p>
<p>Vertiendo lumbre que la tierra inflama;</p>
<p>y aparece sangriento</p>
<p>el sol desde su asiento</p>
<p>lanzando ardiente destructora llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú, entre nubes de encendida arena</p>
<p>majestosa y serena,</p>
<p>o ya del recio vendaval batida,</p>
<p>elevas tu cimera,</p>
<p>orgullosa palmera,</p>
<p>contando siglos de gloriosa vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No las tranquilas aguas dulcemente</p>
<p>arrastran su corriente</p>
<p>bajo el dorado pabellón que ostentas;</p>
<p>que, siempre en el estío,</p>
<p>sin fresco ni rocío,</p>
<p>sólo de arena y fuego te alimentas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, virgen sacrosanta y peregrina,</p>
<p>de las nubes vecina,</p>
<p>tú su signo le das a la victoria,</p>
<p>y corona esplendente</p>
<p>de tus hojas luciente</p>
<p>al héroe ciñes de radiante gloria;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La corona inmortal, que ciñe el hombre</p>
<p>con glorioso renombre</p>
<p>en derredor de la altanera frente,</p>
<p>porque en gigante vuelo</p>
<p>arrebatado al cielo</p>
<p>bebió en la sacra inspiradora fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La corona inmortal, prenda sagrada</p>
<p>del imbécil hollada,</p>
<p>orgullo y ambición del alma inquieta;</p>
<p>escondido tesoro,</p>
<p>brillante más que el oro,</p>
<p>gloria, entusiasmo y vida del poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué vale de los reyes la diadema</p>
<p>ante el místico emblema</p>
<p>de la noble ambición, genio y poesía?</p>
<p>si una hoja solamente</p>
<p>ciñera yo a mi frente</p>
<p>que acallara el afán del alma mía;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al entusiasmo que mi mente inspira</p>
<p>alcanzara mi lira</p>
<p>un triunfo de la gloria seductora,</p>
<p>¡Oh palma! hasta las nubes,</p>
<p>más allá do tú subes,</p>
<p>se elevara la voz de tu cantora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí en el trono que el Señor levanta</p>
<p>te viera yo a mi planta;</p>
<p>y de mis sienes deslumbrando el brillo,</p>
<p>contemplara las hojas</p>
<p>que ora te visten rojas,</p>
<p>teñidas débilmente de amarillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Delirio nada más! Nunca gloriosa</p>
<p>guirnalda esplendorosa</p>
<p>alegrará mis sienes lisonjera,</p>
<p>ni tampoco mi acento</p>
<p>perdido por el viento</p>
<p>podrá elevarse a la celeste esfera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda tus ramos para el vate augusto</p>
<p>premio a su lira justo,</p>
<p>o a ceremonias santas consagrados,</p>
<p>entre el canto sonoro</p>
<p>de religioso coro,</p>
<p>en el altar del templo colocados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guarda tus ramos, virgen soberana,</p>
<p>bella y noble africana,</p>
<p>formando airosos tu lucido manto;</p>
<p>y el ave pasajera</p>
<p>besando tu cimera</p>
<p>te deje un eco de su dulce canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alza gallarda tu cabeza al viento</p>
<p>en blando movimiento,</p>
<p>la corona agitando mal prendida;</p>
<p>y despreciando el brío</p>
<p>del huracán bravío,</p>
<p>descuella ufana sobre el tronco erguida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Amor de los amores</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Cómo te llamaré para que entiendas</p>
<p>que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!</p>
<p>cuando lleguen al mundo las ofrendas</p>
<p>que desde oculta soledad te envío?…</p>
<p>A ti, sin nombre para mí en la tierra</p>
<p>¿cómo te llamaré con aquel nombre,</p>
<p>tan claro, que no pueda ningún hombre</p>
<p>confundirlo, al cruzar por esta sierra?</p>
<p>¿Cómo sabrás que enamorada vivo</p>
<p>siempre de ti, que me lamento sola</p>
<p>del Gévora que pasa fugitivo</p>
<p>mirando relucir ola tras ola?</p>
<p>Aquí estoy aguardando en una peña</p>
<p>a que venga el que adora el alma mía;</p>
<p>¿por qué no ha de venir, si es tan risueña</p>
<p>la gruta que formé por si venía?</p>
<p>¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales</p>
<p>todos en flor, y acacias olorosas,</p>
<p>y cayendo en el agua blancas rosas,</p>
<p>y entre la espuma lirios virginales?</p>
<p>Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;</p>
<p>por qué no has de venir si yo te llamo?</p>
<p>¡Porque quiero mirarte, quiero verte</p>
<p>y tengo que decirte que te amo!</p>
<p>¿Quién nos ha de mirar por estas vegas</p>
<p>como vengas al pie de las encinas,</p>
<p>si no hay más que palomas campesinas</p>
<p>que están también con sus amores ciegas?</p>
<p>Pero si quieres esperar la luna,</p>
<p>escondida estaré entre la zarza-rosa,</p>
<p>y si vienes con planta cautelosa</p>
<p>no nos podrá sentir paloma alguna.</p>
<p>Y no temas si alguna se despierta,</p>
<p>que si te logro ver, de gozo muero,</p>
<p>y aunque después lo cante al mundo entero,</p>
<p>¿qué han de decir los vivos de una muerta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Como lirio del sol descolorido</p>
<p>ya de tanto llorar tengo el semblante,</p>
<p>y cuando venga mi gallardo amante,</p>
<p>se pondrá al contemplarlo entristecido.</p>
<p>Siempre en pos de mi amor voy por la tierra</p>
<p>y creyendo encontrarle en las alturas,</p>
<p>con el naciente sol trepo a la sierra;</p>
<p>con la noche desciendo a las llanuras,</p>
<p>Y hallo al hambriento lobo en mi camino</p>
<p>y al toro que me mira que me espera;</p>
<p>en vano grita el pobre campesino</p>
<p>«No cruces por la noche la ribera. »</p>
<p>En la sierra de rocas erizada,</p>
<p>del valle entre los árboles y flores,</p>
<p>en la ribera sola y apartada</p>
<p>he esperado el amor de mis amores.</p>
<p>A cada instante lavo mis mejillas</p>
<p>del claro manantial en la corriente,</p>
<p>y le vuelvo a esperar más impaciente</p>
<p>cruzando con afán las dos orillas.</p>
<p>A la gruta te llaman mis amores;</p>
<p>mira que ya se va la primavera</p>
<p>y se marchitan las lozanas flores</p>
<p>que traje para ti de la ribera.</p>
<p>Si estás entre las zarzas escondido</p>
<p>y por verme llorar no me respondes,</p>
<p>ya sabes que he llorado y he gemido,</p>
<p>y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.</p>
<p>Tú pensarás, tal vez, desdeñosa</p>
<p>por no enlazar mi mano con tu mano</p>
<p>huiré, si te me acercas, por el llano</p>
<p>y a los pastores llamaré medrosa.</p>
<p>Pero te engañas, porque yo te quiero</p>
<p>con delirio tan ciego y tan ardiente,</p>
<p>que un beso te iba a dar sobre la frente</p>
<p>cuando me dieras el adiós postrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Dejaba apenas la inocente cuna</p>
<p>cuando una hermosa noche en la pradera</p>
<p>los juegos suspendí por ver la luna</p>
<p>y en sus rayos te vi, la vez primera.</p>
<p>Otra tarde después, cruzando el monte,</p>
<p>vi venir la tormenta de repente,</p>
<p>y por segunda vez, más vivamente</p>
<p>alumbró tu mirada el horizonte.</p>
<p>Quise luego embarcarme por el río,</p>
<p>y hallé que el son del agua que gemía</p>
<p>como la luz, mi corazón hería</p>
<p>y dejaba temblando el pecho mío.</p>
<p>Me acordé de la luna y la centella</p>
<p>y entonces conocí que eran iguales</p>
<p>lo que sentí escuchando a los raudales,</p>
<p>lo que sentí mirando a la luz bella.</p>
<p>Vago, sin forma, sin color, sin nombre,</p>
<p>espíritu de luz y agua formado,</p>
<p>tú de mi corazón eras amado</p>
<p>sin recordar en tu figura al hombre.</p>
<p>Ángel eres, tal vez, a quien no veo</p>
<p>ni lograré, jamás, ver en la tierra,</p>
<p>pero sin verte en tu existencia creo,</p>
<p>y en adorarte mi placer se encierra.</p>
<p>Por eso entre los vientos bramadores</p>
<p>salgo a cantar por el desierto valle,</p>
<p>pues aunque en el desierto no te halle,</p>
<p>ya sé que escuchas mi canción de amores</p>
<p>Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante</p>
<p>desciende con el rayo de la luna,</p>
<p>y tan sola otra vez, tan sola una,</p>
<p>volveré a contemplar tu faz amante?</p>
<p>Mas, si no te he de ver, la selva dejo,</p>
<p>abandono por siempre estos lugares,</p>
<p>y peregrina voy hasta los mares.</p>
<p>A ver si te retratas en su espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>He venido a escuchar los amadores</p>
<p>por ver si entre sus ecos logro oírte,</p>
<p>porque te quiero hablar para decirte</p>
<p>que eres siempre el amor de mis amores.</p>
<p>Tu ya sabes, mi bien, que yo te adoro</p>
<p>desde que tienen vida mis entrañas,</p>
<p>y vertiendo por ti mares de lloro</p>
<p>me cansé de esperarte en las montañas.</p>
<p>La gruta que formé para el estío</p>
<p>la arrebató la ráfaga de octubre…</p>
<p>¿qué he de hacer allí sola al pie del río</p>
<p>que todo el valle con sus aguas cubre?</p>
<p>Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo</p>
<p>conforme el valle solitario huyo,</p>
<p>si no suena jamás un eco tuyo</p>
<p>ni brilla de tus ojos un reflejo.</p>
<p>Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,</p>
<p>como el Gévora, acaso, arrebatada</p>
<p>dejo mi bosque y a la mar airada</p>
<p>a impulso de este amor corro atrevida.</p>
<p>Mas si te encuentro a orilla de los mares</p>
<p>cesaron para siempre mis temores</p>
<p>porque puedo decirte en mis cantares</p>
<p>que tú eres el amor de mis amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Aquí tu barca está sobre la arena:</p>
<p>desierta miro la extensión marina:</p>
<p>te llamo sin censar con tu bocina</p>
<p>y no pareces a calmar mi pena.</p>
<p>Aquí estoy en la barca triste y sola</p>
<p>aguardando a mi amado noche y día;</p>
<p>llega a mis pies la espuma de la ola,</p>
<p>y huye otra vez, cual la esperanza mía.</p>
<p>¡Blanca y ligera espuma transparente,</p>
<p>ilusión, esperanza, desvarío,</p>
<p>como hielas mis pies con tu rocío</p>
<p>el desencanto hiela nuestra mente!</p>
<p>Tampoco es el mar a donde él mora,</p>
<p>ni en la tierra ni el mar mi amor existe</p>
<p>: ¡Ay! dime si en la tierra te escondiste</p>
<p>o si dentro del mar estás ahora.</p>
<p>Porque es mucho dolor que siempre ignores</p>
<p>que yo te quiero ver, que yo te llamo</p>
<p>sólo para decirte que te amo,</p>
<p>¡que eres siempre el amor de mis amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!</p>
<p>como si fueras tú mortal viviente,</p>
<p>cuando sólo eres luz, eres ambiente,</p>
<p>eres aroma, eres vapor del río.</p>
<p>Eres la sombra de la nube errante,</p>
<p>eres el son del árbol que se mueve,</p>
<p>y aunque a adorarte el corazón se atreve,</p>
<p>tú solo en la ilusión eres mi amante.</p>
<p>Hoy me engañas también como otras veces;</p>
<p>tú eres la imagen que el delirio crea,</p>
<p>fantasma del vapor que me rodea</p>
<p>que con el fuego de mi aliento creces.</p>
<p>Mi amor, el tierno amor por el que lloro</p>
<p>eres tan sólo tú ¡señor Dios mío!</p>
<p>Si te busco y te llamo, es desvarío</p>
<p>de lo mucho que sufro y que te adoro.</p>
<p>Yo nunca te veré, porque no tienes</p>
<p>ser humano, ni forma, ni presencia:</p>
<p>yo siempre te amaré, porque en esencia</p>
<p>a el alma mía como amante vienes.</p>
<p>Nunca en tu frente sellará mi boca</p>
<p>el beso que al ambiente le regalo;</p>
<p>siempre el suspiro que a tu amor exhalo</p>
<p>vendrá a quebrarse en la insensible roca.</p>
<p>Pero cansada de penar la vida,</p>
<p>cuando se apague el fuego del sentido,</p>
<p>por el amor tan puro que he tenido</p>
<p>tú me darás la gloria prometida.</p>
<p>Y entonces al ceñir la eterna palma,</p>
<p>que ciñen tus esposas en el cielo,</p>
<p>el beso celestial, que darte anhelo,</p>
<p>llena de gloria te dará mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ángela, melancólica mi alma…</strong></h3>
<p>Ángela, melancólica mi alma</p>
<p>hacia tus brazos encamina el vuelo</p>
<p>ansiosa de encontrar en ellos calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, siempre son los ángeles del cielo</p>
<p>ésos que nos arrullan blandamente</p>
<p>y nos prestan reposo y dan consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú tienes una voz que el ruido miente</p>
<p>de las sencillas tórtolas, y el eco</p>
<p>del murmurar tranquilo de la fuente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque en el pecho de inocencia seco</p>
<p>no halle lugar tan cándido sonido</p>
<p>halla en el mío dilatado hueco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, yo mi juventud no he consumido,</p>
<p>conservo la ilusión y el sentimiento</p>
<p>y aun puedo al tierno amor prestar oído:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora célebre amor tu tierno acento,</p>
<p>ora te duelas dél, siempre te escucha</p>
<p>mi enternecido corazón atento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si en el siglo de ambición y lucha</p>
<p>consuelo mutuamente no nos damos</p>
<p>de nuestras almas a la pena mucha,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ángela, ¿con el llanto a dónde vamos?</p>
<p>¿Hacia dónde el amor sencillo y bello</p>
<p>de nuestra musa juvenil llevamos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De rosas y jazmines el cabello</p>
<p>te puedo coronar, sino ambiciosa</p>
<p>por ceñir el laurel doblas el cuello:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quiero consagrar mi edad penosa</p>
<p>a celebrar las cándidas doncellas</p>
<p>que sólo en su amistad mi alma reposa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entusiasmo y virtud encuentro en ellas</p>
<p>y en sus arpas dulcísimas y santas</p>
<p>el consuelo y la paz de mis querellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso vuelo a ti, que tierna cantas</p>
<p>a Dios ya los amores de mi vida</p>
<p>raudal perpetuo de emociones tantas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ya sintiéndome abatida</p>
<p>el alma hacia tus brazos encamino</p>
<p>porque en ellos la des bella acogida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio yo tu arrullo peregrino</p>
<p>que de las trompas bélicas los sones</p>
<p>donde horribles batallas imagino,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio yo, doncella, tus canciones</p>
<p>que los oscuros libros de la historia</p>
<p>donde jamás hallé sino borrones;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más precio de amistad la suave gloria,</p>
<p>más de mis compañeros la sonrisa</p>
<p>que del mayor guerrero la victoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De dos en dos, las tórtolas, poetisa,</p>
<p>cantan sobre los rudos encinares</p>
<p>mecidas en sus ramas por la brisa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así das tú compaña a mis pesares</p>
<p>aliento a un pecho lánguido infundiendo</p>
<p>con el celeste ardor de tus cantares…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no sufro; mis párpados cayendo</p>
<p>a tu benigno influjo, dulce amiga,</p>
<p>poco a poco y mi espíritu adurmiendo</p>
<p>en tus brazos se van… ¡Dios te bendiga!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ángeles peregrinos que habitáis…</strong></h3>
<p>Ángeles peregrinos que habitáis</p>
<p>las moradas divinas del Oriente</p>
<p>y que mecidos sobre el claro ambiente</p>
<p>por los espacios del mortal vagáis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros un alma enamorada</p>
<p>os pide sin cesar en su lamento</p>
<p>alas, para cruzar del firmamento</p>
<p>la senda de los aires azulada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veladme con la niebla temerosa</p>
<p>que por la noche ciega a los mortales,</p>
<p>y en vuestros puros brazos fraternales</p>
<p>llevadme allá donde mi bien reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conducidme hasta el sol donde se asienta</p>
<p>bajo el dosel de reluciente oro</p>
<p>el bien querido por quien tanto lloro,</p>
<p>genio de la pasión que me atormenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Transportad mi corazón al cielo,</p>
<p>y si os place después darme castigo,</p>
<p>destrozadme en los aires y bendigo</p>
<p>vuestra piedad y mi dichoso vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Aquel nombre primero…</strong></h3>
<p>Aquel nombre primero</p>
<p>que bendijo mi labio balbuciente,</p>
<p>después que prisionero</p>
<p>vi a mi padre inocente,</p>
<p>fue, Señora, tu nombre reverente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella faz hermosa</p>
<p>que, después de la faz hermosa y santa</p>
<p>de mi madre amorosa</p>
<p>miré con ansia tanta,</p>
<p>fue, Señora, tu faz que al mundo encanta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera alegría</p>
<p>que de mi triste infancia en los albores</p>
<p>recuerda el alma mía,</p>
<p>brotó con tus favores</p>
<p>como al rayo del sol brotan las flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la primera gala</p>
<p>que el sereno y trasparente cielo</p>
<p>al puro azul iguala,</p>
<p>la vestí con anhelo</p>
<p>por celebrar tu nombre y mi consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo entonces no sabía</p>
<p>cómo en la vaga mente se creaba</p>
<p>la sonora poesía,</p>
<p>pero entonces cantaba</p>
<p>los himnos que en tu honor el pueblo alzaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tu dulce amnistía</p>
<p>a la sombra feliz hemos crecido,</p>
<p>las que niñas un día</p>
<p>tanto habemos sufrido</p>
<p>que sin ti fuera triste haber nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con noche muy oscura</p>
<p>nacimos en el siglo desgraciado,</p>
<p>y nunca la luz pura</p>
<p>hubiéramos gozado</p>
<p>si no le amaneciera tu reinado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz trajo tu venida,</p>
<p>luz tu sonrisa, luz es tu mirada,</p>
<p>y a tu luz atraída,</p>
<p>ave desorientada,</p>
<p>yo te vine a buscar triste y cansada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú al ave importuna</p>
<p>que de Aranjuez al campo retirado</p>
<p>fue a gemir su fortuna,</p>
<p>tendiste con agrado</p>
<p>tu mano, que es su nido regalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al verte, a mi memoria</p>
<p>vino el recuerdo de la infancia mía,</p>
<p>toda la amarga historia</p>
<p>del padre que gemía,</p>
<p>y tu grandeza soberana y pía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recordé tu hermosura,</p>
<p>como del campo la primera mañana</p>
<p>que en nuestra infancia pura.</p>
<p>Con el alba lozana,</p>
<p>se muestra tan risueña y tan galana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los himnos suaves</p>
<p>que gozosos cantaban mis hermanos,</p>
<p>al compás de las aves,</p>
<p>por los floridos llanos,</p>
<p>en honor de tus rasgos soberanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por eso a tu planta,</p>
<p>sin poder exhalar palabra alguna</p>
<p>mi anudada garganta,</p>
<p>quedé, como en la cuna</p>
<p>el niño embelesado al ver la luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y nunca mi cariño</p>
<p>te pudiera expresar con un acento,</p>
<p>si, cual la madre al niño,</p>
<p>no me enseñara atento</p>
<p>tu labio a traducir mi pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú al canto del Petrarca</p>
<p>y del Tasso a los épicos sonidos,</p>
<p>en la bella comarca</p>
<p>los muy blandos oídos</p>
<p>tienes acostumbrados y entendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé hacer canciones</p>
<p>que el genio inspira, que el talento ordena,</p>
<p>mas, ¡ah! los corazones</p>
<p>que el entusiasmo llena,</p>
<p>tienen de gratitud fecunda vena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un alma agradecida</p>
<p>comprende el amoroso sentimiento,</p>
<p>sin arte y sin medida,</p>
<p>que el agradecimiento</p>
<p>es, Señora, virtud, mas no talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mejor sé verter llanto</p>
<p>estrechando tus manos contra el pecho,</p>
<p>que encerrar en mi canto,</p>
<p>con un límite estrecho,</p>
<p>la gratitud que Dios tan grande ha hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al decir que te ama</p>
<p>el corazón, Señora, no se inquieta</p>
<p>por la Apolínea llama</p>
<p>que, al numen no sujeta,</p>
<p>prefiero ser mujer a ser poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No puedo consagrarte</p>
<p>rico poema do tu augusto nombre</p>
<p>con perfección del arte</p>
<p>al universo asombre,</p>
<p>que los épicos cantos son del hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ruego cada día</p>
<p>en piadosa oración, que es más sonora,</p>
<p>a la Virgen María,</p>
<p>que te sea, Señora,</p>
<p>como eres tú, mi augusta protectora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Aquí tienes al anciano…</strong></h3>
<p>Aquí tienes al anciano</p>
<p>terminando su agonía,</p>
<p>y al niño en el mismo día</p>
<p>empezando su vivir.</p>
<p>Escucha cual suena, hermano,</p>
<p>de ese que viene el gemido</p>
<p>con el adiós confundido</p>
<p>del otro que va a partir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es más triste, la ignorancia</p>
<p>de aquel que busca la vida,</p>
<p>o de otro que perdida</p>
<p>deja la vida, el saber?</p>
<p>¿Qué lloras más, a la infancia</p>
<p>que a padecer se encamina,</p>
<p>o a la vejez que termina,</p>
<p>hermano, su padecer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tuvo el año lozanía,</p>
<p>bella fue su primavera,</p>
<p>mas ¿sabes en la pradera</p>
<p>para qué las flores son?</p>
<p>Para hacernos más sombría,</p>
<p>cuando acaba su belleza,</p>
<p>de los campos la tristeza</p>
<p>en la invernal estación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dudas? ¡ay! estrecha cuenta</p>
<p>hoy al año reclamemos,</p>
<p>y sus penas coloquemos</p>
<p>al lado de su placer.</p>
<p>Ya verás cuál se acrecienta</p>
<p>ancho el cerco de sus males,</p>
<p>y el de sus bienes cabales</p>
<p>cuán estrecho viene a ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenemos pena cumplida,</p>
<p>ventura solo aplazada,</p>
<p>con lágrima anticipada</p>
<p>tan antes pagada ya,</p>
<p>que parece que la vida</p>
<p>poscrita al placer tenemos,</p>
<p>y solo que le soñemos</p>
<p>castigo el dolor nos da.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal nos pasa, tal sufrimos,</p>
<p>tal es el mundo presente;</p>
<p>tras nosotros otra gente</p>
<p>más dichosa ha de venir:</p>
<p>que las almas que nacimos</p>
<p>de este siglo entre las guerras,</p>
<p>para cruzar nuestras tierras</p>
<p>en un perpetuo gemir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bardos vendrán más contentos</p>
<p>en otra edad venturosa</p>
<p>que la vida hallen hermosa</p>
<p>y canten solo placer;</p>
<p>mas nosotros, descontentos</p>
<p>de estos tiempos revoltosos,</p>
<p>con los ojos lagrimosos</p>
<p>cantamos el padecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando el año termina</p>
<p>más nuestro duelo se aumenta;</p>
<p>triste el año es que ahuyenta</p>
<p>¿mas cómo el otro será?</p>
<p>Esa aurora que vecina</p>
<p>sigue ya a la noche esta</p>
<p>en alas del sol traspuesta,</p>
<p>¿sabes tú qué luz traerá?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Podrán los ojos mirarla</p>
<p>frente a frente sin recelo?</p>
<p>¿Brillará pura en el ciclo?</p>
<p>¿Saldrá envuelta en lobreguez?</p>
<p>¿Vendrá algún astro a eclipsarla,</p>
<p>tanta nube a oscurecerla,</p>
<p>que nunca logremos verla</p>
<p>en completa brillantez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá los sabios que miran</p>
<p>por la noche a los luceros,</p>
<p>en sus cálculos certeros</p>
<p>lo que averiguan dirán;</p>
<p>mas a mí que no me inspiran</p>
<p>profecías las estrellas,</p>
<p>no puedo decir por ellas</p>
<p>lo que los años traerán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero los temo y los lloro,</p>
<p>y entre su noche y su aurora</p>
<p>está para mí la hora</p>
<p>más triste del corazón;</p>
<p>del rudo bronce sonoro</p>
<p>que entrambos años separa,</p>
<p>temblando aguardo la clara</p>
<p>y solemne vibración…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos… cuatro… seis… alegría</p>
<p>al que nace saludemos;</p>
<p>ocho… diez… doce… ¡lloremos</p>
<p>al que deja de vivir!</p>
<p>Es del año la agonía</p>
<p>y el nacimiento del año,</p>
<p>la esperanza y desengaño</p>
<p>lo pasado y porvenir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Ay! transportad mi corazón al cielo!</strong></h3>
<p>Ángeles peregrinos que habitáis</p>
<p>las moradas divinas del Oriente</p>
<p>y que mecidos sobre el claro ambiente</p>
<p>por los espacios del mortal vagáis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A vosotros un alma enamorada</p>
<p>os pide sin cesar en su lamento</p>
<p>alas, para cruzar del firmamento</p>
<p>la senda de los aires azulada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veladme con la niebla temerosa</p>
<p>que por la noche ciega a los mortales,</p>
<p>y en vuestros puros brazos fraternales</p>
<p>llevadme allá donde mi bien reposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conducidme hasta el sol donde se asienta</p>
<p>bajo el dosel de reluciente oro</p>
<p>el bien querido por quien tanto lloro,</p>
<p>genio de la pasión que me atormenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Transportad mi corazón al cielo,</p>
<p>y si os place después darme castigo,</p>
<p>destrozadme en los aires y bendigo</p>
<p>vuestra piedad y mi dichoso vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Bien hayan, mariposa…</strong></h3>
<p>Bien hayan, mariposa,</p>
<p>las bellas alas como el aire leves,</p>
<p>que inquieta y vagarosa</p>
<p>entre las flores mueves,</p>
<p>ostentando tu púrpura preciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De blanda primavera</p>
<p>bien haya la callada y fiel vecina,</p>
<p>la dulce compañera</p>
<p>del alba cristalina,</p>
<p>perdida entre la flor de la pradera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ligera y afanosa</p>
<p>el prado mide tu inseguro vuelo,</p>
<p>ya huyendo temblorosa,</p>
<p>ya con ansioso anhelo</p>
<p>en las flores vagando codiciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien haya el purpurino,</p>
<p>el vaporoso polvo de tus alas,</p>
<p>que al aire de continuo</p>
<p>puro y luciente exhalas</p>
<p>al abrirte en sus ámbitos camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! goza, mariposa,</p>
<p>la pasajera vida de dulzura,</p>
<p>que vuela presurosa:</p>
<p>goza allá tu ventura,</p>
<p>revolando en la siesta silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apura de las flores</p>
<p>el empapado cáliz que te ofrecen,</p>
<p>y apura tus amores;</p>
<p>que ya en la noche acrecen</p>
<p>del otoño los vientos destructores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y eres frágil y bella,</p>
<p>y tu belleza el cierzo descolora.</p>
<p>Si sañudo atropella</p>
<p>tu gala seductora,</p>
<p>ni aun de tu forma quedará la huella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Bien llegados a España, caballeros…</strong></h3>
<p>Bien llegados a España, caballeros.</p>
<p>Esta joven nación, su tierra pura</p>
<p>os brinda a los amigos extranjeros</p>
<p>que lecciones la ofrecen de cultura:</p>
<p>por el terso carril marchen ligeros</p>
<p>los hijos de la rica Extremadura,</p>
<p>vuestras artes, y ciencias y portentos</p>
<p>a igualar y vencer con sus talentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡O mi pueblo, sencillo patriarca</p>
<p>tan agreste pacífico y tan rudo,</p>
<p>de ferrados-carriles tu comarca</p>
<p>van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo</p>
<p>buey que sus pasos por minutos marca</p>
<p>¡rodará gran vapor!… ¿Quién tanto pudo?</p>
<p>¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento</p>
<p>pone a tan bella fábrica el cimiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay una tierra, en medio el Océano</p>
<p>donde O”Connell nació y a Byron cuenta,</p>
<p>¿qué reino hallar más fuerte y soberano</p>
<p>que la patria feliz que a ambos alienta?</p>
<p>Pues ya del genio y del poder Britano</p>
<p>tanto el raudal inmenso se acrecienta</p>
<p>que sus diques rompiendo a inundar pasa</p>
<p>el virgen suelo que de sed se abrasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya corren hasta aquí sus manantiales;</p>
<p>ya el campo bebe su copioso riego;</p>
<p>ya florecen brillando a sus cristales</p>
<p>el extremeño prado y el manchego.</p>
<p>¡Ay! los que tal pobreza y tantos males</p>
<p>en la guerrera lucha a sangre y fuego,</p>
<p>soportaron pacientes, ¿cómo ahora,</p>
<p>dicha comprenderán tan seductora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Agriado el corazón por los azares,</p>
<p>perdida en desengaños la esperanza,</p>
<p>nada aguardamos ya sino pesares,</p>
<p>sólo en el mal tenemos confianza;</p>
<p>por eso hacia la gente de los mares</p>
<p>torva la vista, y suspicaz se lanza</p>
<p>y rechazando el bien porque suspira</p>
<p>responde el español: «Fraude, mentira».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empero, no a los hijos de Bretaña</p>
<p>que nos tendieron las amigas manos</p>
<p>cuando el Coloso amenazó a la España</p>
<p>deben temer los nobles castellanos;</p>
<p>antes bien recordar la fiel campaña</p>
<p>que hicieron los dos reinos como hermanos</p>
<p>para que aliento infunda a la memoria</p>
<p>de Wellington su lauro y nuestra gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por qué ese recelar eterno y triste!</p>
<p>¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!</p>
<p>¡Por qué así nuestro espíritu reviste</p>
<p>con su negro color el blanco cielo!</p>
<p>Tal vez el hado en el rencor desiste</p>
<p>con que siguió nuestro cefrado suelo,</p>
<p>y su primer sonrisa alegremente</p>
<p>nos muestra en el camino reluciente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!</p>
<p>¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes</p>
<p>pavimentos darán con su corteza,</p>
<p>moradas ornarán con sus ramajes!;</p>
<p>cuántos pueblos, alzando la cabeza</p>
<p>por contestar de Europa a los ultrajes</p>
<p>«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,</p>
<p>¡que nosotros estamos opulentos!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Bravo!… generación; rauda caminas…</strong></h3>
<p>¡Bravo!… generación; rauda caminas</p>
<p>a modelar tus hombres con las fieras;</p>
<p>¡bien tus nobles misiones adivinas,</p>
<p>te escapas de las cátedras latinas</p>
<p>y en las plazas de toros te atrincheras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuevos campos de lid a los toreros</p>
<p>levanta ¡oh patria! agota los tesoros.</p>
<p>¿Pueblo de sabios son los extranjeros?</p>
<p>Pues aquí somos pueblo de vaqueros…</p>
<p>necios ¿qué vale más, leyes o toros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿La libertad, qué importa mientras brama</p>
<p>el acosado toro en la llanura</p>
<p>y la arena socava y desparrama</p>
<p>y sufre el aguijón… sufre la llama,</p>
<p>de la infeliz España imagen pura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando ronco ya lanza profundos</p>
<p>del traspasado pecho los bramidos</p>
<p>y hombres caen y alazanes moribundos</p>
<p>¡cómo es ver a los mozos rubicundos</p>
<p>romper en gozosísimos silbidos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a las damas, las dulces, las mimadas,</p>
<p>corazones de leche delicados,</p>
<p>cebarse en contemplar ensangrentadas</p>
<p>las carnes del buen toro acribilladas,</p>
<p>los pechos del caballo desgarrados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas escuchad; a defender la lucha</p>
<p>de hombres y toros se levanta osado</p>
<p>el petulante hidalgo que me escucha</p>
<p>«Yo vengo —exclama— aquí con gloria mucha</p>
<p>porque esto es español». ¡Bien, ha gritado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Nacional ardor! cien aureolas</p>
<p>de rubias astas en la docta frente</p>
<p>coloquen del mancebo, que halla solas</p>
<p>en los chulos las glorias españolas,</p>
<p>en los toros su fuerza prepotente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para aquellas ¡oh pueblo! almas de toro</p>
<p>el valor y el saber son extranjeros;</p>
<p>no aprenden en el Cid que bate al moro,</p>
<p>no abren de nuestros libros el tesoro</p>
<p>y de España osan ser con ser toreros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues también en las bellas de la España</p>
<p>tanto el patrio cariño se acrisola</p>
<p>que ven con entusiasmo a la alimaña;</p>
<p>con ellas la bondad es planta extraña,</p>
<p>tan sólo la crueldad es española.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién me diera tu numen, Jovellanos,</p>
<p>para tronar y despedir centellas</p>
<p>contra aquellos padrones castellanos</p>
<p>que se elevan más altos, más ufanos</p>
<p>en vez de perecer bajo tus huellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Varón ilustre, si tu mente pura</p>
<p>de los rayos del sol aquí desciende,</p>
<p>mira al pueblo español en esa altura,</p>
<p>cómo rápido avanza en la cultura,</p>
<p>cómo en la escuela de la ciencia aprende!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pan y toros tenemos —prorrumpiste—</p>
<p>pero tu siglo fue siglo de oro,</p>
<p>el nuestro, Jovellanos, es más triste,</p>
<p>tú, al menos, con el toro pan tuviste,</p>
<p>¡a nosotros nos dan sin pan el toro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Brillaba el sol aquel día…</strong></h3>
<p>Brillaba el sol aquel día</p>
<p>con luz clara, pura, hermosa;</p>
<p>yo no sé qué presentía,</p>
<p>pero estaba el alma mía</p>
<p>agitada y recelosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes de ver la tormenta</p>
<p>el Alción la pronostica:</p>
<p>así una emoción violenta</p>
<p>que se siente y no se explica</p>
<p>a veces nos amedrenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tempestad!… y recia que era</p>
<p>la que aguardaba a mi vida,</p>
<p>cuando por la vez primera</p>
<p>tu mirada placentera</p>
<p>vino a anunciar su venida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Alma noble, dije al verte,</p>
<p>corazón osado y fuerte</p>
<p>en amor y odio extremado,</p>
<p>has de ser muy estimado</p>
<p>de la que llegue a quererte».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto bien lo presagiaba,</p>
<p>¡mas, por Dios, no sospechaba</p>
<p>aquélla que lo decía</p>
<p>que la idólatra sería</p>
<p>del corazón que juzgaba!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué tu mirada era</p>
<p>tan dulce? ¿Por qué tu ruego</p>
<p>quisiste una vez que oyera?…</p>
<p>Con una chispa de fuego</p>
<p>se enciende una inmensa hoguera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice alguno en su porfía</p>
<p>que es mi alma dura roca;</p>
<p>mas, por la Virgen María,</p>
<p>que a un acento de tu boca</p>
<p>se ha deshecho el alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Buen sabio, ¿de tu tierra y de la mía?…</strong></h3>
<p>Buen sabio, ¿de tu tierra y de la mía</p>
<p>tu corazón no ansía</p>
<p>el nombre oír que la memoria encierra</p>
<p>de los pasados años?</p>
<p>¿O a tu memoria extraños</p>
<p>serán ya los recuerdos de tu tierra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, Señor, que heredé de mis abuelos</p>
<p>un libro de consuelos</p>
<p>obra de tu lozana fantasía,</p>
<p>cuando eras mozo o niño,</p>
<p>tengo mucho cariño</p>
<p>al buen cantor de la comarca mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre al pasar cercana de tus lares</p>
<p>recordé tus cantares,</p>
<p>y otras veces al margen del Guadiana</p>
<p>medité dulcemente</p>
<p>en la gloria eminente</p>
<p>que a nuestro pueblo consagró Quintana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué en el aprender ¡ay! soy tan ruda</p>
<p>que, aun cuando ansiosa acuda,</p>
<p>en la ciencia a estudiar de tus escritos</p>
<p>las brillantes lecciones,</p>
<p>no logro en mis canciones</p>
<p>remedar tus acentos infinitos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡qué mucho! las artes lentamente</p>
<p>vienen, cual la corriente,</p>
<p>del manantial sereno del Ruidera</p>
<p>a visitar los muros</p>
<p>solitarios y oscuros</p>
<p>de esta ciudad de España la postrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se pule el salvaje entendimiento</p>
<p>del campesino acento</p>
<p>entre el tosco rumor; y la poesía</p>
<p>levanta su cabeza,</p>
<p>entre tanta aspereza,</p>
<p>como una planta estéril y bravía…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué nuevas te daré que a tu celoso</p>
<p>patrio entusiasmo hermoso</p>
<p>por la fama y el bien de nuestro suelo</p>
<p>alegren placenteras,</p>
<p>si antes que estas riberas</p>
<p>pienso, Quintana, que se mude el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si las vastas encinas del contorno,</p>
<p>solo y agreste adorno</p>
<p>de estos valles, tal vez, contado hubieras,</p>
<p>al despedirte de ellos</p>
<p>en tus abriles bellos,</p>
<p>esas propias hallaras, si hoy volvieras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los arraigados juncos de este río</p>
<p>bajo el mismo rocío</p>
<p>con que la espuma, al salpicar, los baña,</p>
<p>medran tranquilamente</p>
<p>sin que del hombre intente</p>
<p>otros sauces plantar la mano extraña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aun hay de tierra vírgenes pedazos</p>
<p>donde jamás los brazos</p>
<p>del colono feliz su fuerza emplean,</p>
<p>y hay fuentes, manantiales</p>
<p>sin guía y sin brocales</p>
<p>cuyos hilos se pierden y se orean…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más aprisa se mueve la tortuga;</p>
<p>menos tarda la oruga</p>
<p>su bella metamorfosis presenta</p>
<p>en esta tierra, Quintana,</p>
<p>un solo paso gana</p>
<p>de su cultura en la carrera lenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empero un solo nombre hay en el mundo</p>
<p>que del sueño profundo</p>
<p>a este pueblo pacífico levanta</p>
<p>y lo agita, lo enciende,</p>
<p>cuando extático entiende</p>
<p>la nota fiel de esta palabra santa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grítale «Libertad» verás leones:</p>
<p>que vengan las naciones</p>
<p>a esclavizar a la soberbia España,</p>
<p>y será de este otero</p>
<p>cada azadón grosero</p>
<p>hacha incansable en la mortal campaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por Dios! este rincón, hoy tan tranquilo,</p>
<p>fuera el último asilo</p>
<p>de aquella libertad apetecida</p>
<p>que, aunque no entiendo de ella,</p>
<p>debe de ser muy bella</p>
<p>cuando es tan ponderada y tan querida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú la llamaste flor en tus cantares;</p>
<p>¡en la tierra y los mares</p>
<p>cuánta sangre costó! ¿Y eso son flores?</p>
<p>¡Hoy por lo solitaria</p>
<p>Será la pasionaria</p>
<p>o la viuda negra y sin olores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negra e inodora fue para los míos</p>
<p>cuyos años sombríos</p>
<p>vagando tras sus pétalos tronchados,</p>
<p>con pertinaz constancia,</p>
<p>las horas de mi infancia</p>
<p>y triste juventud han amargado…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la aborrezco, no, me espanta</p>
<p>esa costosa planta</p>
<p>que nuestro llanto bebe por rocío:</p>
<p>más fruto y menos penas</p>
<p>me dan las azucenas</p>
<p>que en mi puerto florecen en estío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiera Dios que no tronche en nuestra tierra</p>
<p>nuevo huracán de guerra</p>
<p>esa flor que inspiró tus armonías:</p>
<p>siquiera porque ha sido</p>
<p>la que más ha lucido</p>
<p>en tu guirnalda eterna de poesías!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Como aquellas lucecillas…</strong></h3>
<p>Como aquellas lucecillas</p>
<p>vaporosas y ligeras,</p>
<p>que sin calor a millares</p>
<p>se levantan de la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los amores en tu pecho,</p>
<p>fragilísima belleza,</p>
<p>sin que su fuego te abrase</p>
<p>alzan mil llamas diversas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brotan, lucen, se disipan,</p>
<p>otras nacen tras aquellas:</p>
<p>la inconstancia las apaga,</p>
<p>la liviandad las renueva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Como el aura suavísima resbala…</strong></h3>
<p>Como el aura suavísima resbala</p>
<p>de placer en placer fácil mi vida:</p>
<p>entre el amor y gloria dividida,</p>
<p>¿cuál es la dicha que a mi dicha iguala?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al lado de Faón, su amor cantando;</p>
<p>con la luz de sus ojos fascinada;</p>
<p>dicha inmensa es de Safo bienhadada</p>
<p>perder sus horas en deliquio blando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicha inmensa es de Safo venturosa</p>
<p>que su amante en el aire que respira</p>
<p>beba el acento de la tierna lira,</p>
<p>que tan sólo por él suena amorosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo a mis ojos inefable llanto</p>
<p>gota por gota el corazón destila,</p>
<p>si un instante su faz dulce y tranquila</p>
<p>brilla gozosa al escuchar mi canto!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Si de su boca en lisonjero arrullo</p>
<p>la voz desciende a celebrar mi lira,</p>
<p>y hálito vago que su labio expira</p>
<p>mis sienes cerca entre el falaz murmullo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siento, Faón, tu delicado aliento</p>
<p>bullir entorno de la frente mía,</p>
<p>y en deliciosos tonos de armonía</p>
<p>herirme el corazón tus voces siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El corazón sus golpes precipita</p>
<p>al eco de tu voz apasionada:</p>
<p>a un suspiro, a un acento, a una mirada</p>
<p>como el seno de tórtola se agita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No temo entonces que por bella alguna</p>
<p>perjuro olvides tu feliz cantora,</p>
<p>ni atractiva beldad venga en mal hora</p>
<p>a destrozar mi plácida fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién la flor de la ventura mía</p>
<p>osará marchitar con mano aleve?</p>
<p>¿Quién a usurpar tu corazón se atreve</p>
<p>y a reinar donde Safo reinó un día?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! no soy bella: su preciosa mano</p>
<p>en mi rostro los Dioses no imprimieron;</p>
<p>más al alma benignos concedieron</p>
<p>de los genios el numen soberano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cítara en mis manos peregrina</p>
<p>las hermanas de Febo colocaron,</p>
<p>y de entusiasmo el corazón llenaron</p>
<p>de amor ardiente e inspiración divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Goza de triunfos la beldad un día,</p>
<p>que el porvenir destruye rigoroso;</p>
<p>cuando el genio entre aplausos victorioso</p>
<p>de la inmortalidad al templo guía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lecho de tierra y silencioso olvido</p>
<p>sólo del mundo la hermosura alcanza:</p>
<p>el estrecho sepulcro a do se lanza,</p>
<p>los rayos borrará de haber nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual sueño pasará, si el genio alzando</p>
<p>la poderosa voz no la eterniza,</p>
<p>su cantar que a los siglos se desliza</p>
<p>vida preciosa a sus cenizas dando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo también cantaré: también mis voces,</p>
<p>tierna Faón, tu nombre repitiendo,</p>
<p>con tu amor y mi amor sobreviviendo,</p>
<p>al porvenir sin fin irán veloces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo a esa Grecia opulenta, sabia y justa</p>
<p>arrancaré un aplauso duradero,</p>
<p>una corona como el grande Homero</p>
<p>a mis sienes tal vez ceñiré augusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mírala ¡oh Faón! y tu sonrisa</p>
<p>premie el esfuerzo de tu Safo amada,</p>
<p>más plácida a su ser que en la alborada</p>
<p>place a las flores la naciente brisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cómo, Señor, no he de tenerte miedo!</strong></h3>
<p>Yo te olvidaba ya; ni una alabanza</p>
<p>a la gloriosa bóveda te envía</p>
<p>la cantora sin fe; sin confianza</p>
<p>enmudece, Señor, el alma mía;</p>
<p>horas de ingratitud donde no alcanza</p>
<p>el reflejo inmortal de tu poesía</p>
<p>duermo, cuando mi sueño indiferente</p>
<p>viene a romper tu cólera imponente.</p>
<p>“De tus seres de amor, vaga doncella,</p>
<p>¿cuál de ellos quieres que a mi voz sucumba?</p>
<p>¿Qué faz querida borrará mi huella?</p>
<p>¿Qué ser amado lanzará a la tumba?</p>
<p>¿Tu padre morirá? ¿Tu madre bella?”</p>
<p>dices, y el eco de tu voz retumba</p>
<p>dentro de mí, Señor: “Todo lo puedo.”</p>
<p>Todo lo puedes, sí; ¡Tú eres el miedo!</p>
<p>Cubre la sombra de la muerte el mundo</p>
<p>cuando tu ceño muestras indignado,</p>
<p>y yo he visto a mi padre moribundo</p>
<p>con la sombra mortal de ese nublado:</p>
<p>Señor, al verte contra mí iracundo</p>
<p>entonces tu poder he recordado;</p>
<p>entonces fue el clamor, el rezo, el lloro:</p>
<p>entonces fue el saber cuánto te adoro.</p>
<p>Tú juegas con las vidas desdichadas,</p>
<p>tú al borde del abismo las suspendes,</p>
<p>y al vernos a tu cólera aterrados,</p>
<p>de súplicas y lágrimas te ofendes;</p>
<p>tú no quieres plegarias arrancadas</p>
<p>al espanto, Señor, tú nos comprendes;</p>
<p>sabes que el labio tu alabanza niega,</p>
<p>y si ruega, Señor, por miedo ruega.</p>
<p>Tú no cediste a mi medroso ruego,</p>
<p>tú perdonaste la oscilante vida,</p>
<p>porque en tu libro de radiante fuego</p>
<p>la indeleble sentencia está esculpida;</p>
<p>pero salvaste de su infiel sosiego</p>
<p>a la memoria ingrata que te olvida…</p>
<p>¡Frágil memoria que tu nombre pierde</p>
<p>y el miedo haya de ser quien lo recuerde!</p>
<p>Ni tu sol, ni tu luna, ni tus flores,</p>
<p>ni me inspiró tu lluvia del estío,</p>
<p>ni penetrar lograron tus favores</p>
<p>en este corazón cerrado y frío:</p>
<p>insensata dejé que otros cantores</p>
<p>elevaran a ti su acento pío</p>
<p>como el insecto inútil que dormita</p>
<p>mientras que el ruiseñor canta y se agita.</p>
<p>No te cantaba cuando en calma el cielo</p>
<p>ornado de celaje transparente</p>
<p>brillaba puro: en tanto que su vuelo</p>
<p>sereno detenía el claro ambiente</p>
<p>no te cantó mi espíritu de hielo:</p>
<p>más rugió la tormenta de repente,</p>
<p>con tu rayo amagaste al ser amado</p>
<p>y de miedo, Señor, te he recordado.</p>
<p>¡Míseras oraciones y cantares</p>
<p>que a impulso del temor rompen conmigo!</p>
<p>no más que en las desdichas y pesares</p>
<p>te llamo grande y te apellido amigo:</p>
<p>sólo cuando te ruego que me ampares</p>
<p>dulces palabras con amor te digo;</p>
<p>sólo cuando vivir sin ti no puedo,</p>
<p>“Señor, exclamo, ven, que tengo miedo.”</p>
<p>¿Pero me escuchas tú? ¿Pero respondes?</p>
<p>¿No me desdeñas porque indigna clamo?</p>
<p>¿Tu cariñosa gracia no me escondes</p>
<p>porque te olvido en paz y en guerra te amo?</p>
<p>¡Ay! no el cruel remordimiento ahondes;</p>
<p>no rechaces mi voz cuando te llamo;</p>
<p>si tanto puedes tú, yo nada puedo;</p>
<p>no es pecado, Señor, que tenga miedo.</p>
<p>Tú vives entre bóvedas de lumbre</p>
<p>de los soles que giran al ruido,</p>
<p>y yo sin que su fuego me deslumbre</p>
<p>no puedo ver al sol medio escondido;</p>
<p>tú de siglos y siglos pesadumbre</p>
<p>eterna llevas, –yo nada he vivido–</p>
<p>tú me puedes hundir –yo nada puedo–</p>
<p>¿cómo, Señor, no he de tenerte miedo?</p>
<p>Tiembla del hombre el corazón valiente,</p>
<p>tiembla el pueblo que audaz te desafía,</p>
<p>la fanática raza del Oriente</p>
<p>y la raza sin fe del Mediodía;</p>
<p>¡muy temible serás cuando el viviente</p>
<p>de tan lejana edad, Señor, temía</p>
<p>y en tanto siglos de gentil denuedo</p>
<p>no ha podido vencer, Señor, su miedo!</p>
<p>Tú eres el miedo que despide llamas,</p>
<p>tú eres el miedo que el diluvio riegas,</p>
<p>y tiene miedo el mundo a quien inflamas,</p>
<p>y tiene miedo el mundo a quien anegas;</p>
<p>si tu poder conoces y nos amas,</p>
<p>cuando los rayos del furor desplegas</p>
<p>y acobardada ante tus iras quedo,</p>
<p>no te enojes, Señor, si tengo miedo.</p>
<p>Puedes quitarnos los amados seres,</p>
<p>nuestra alegría convertir en llanto,</p>
<p>mudar en desventura los placeres,</p>
<p>y trocar en gemidos nuestro canto:</p>
<p>Señor, tan grande y poderoso eres,</p>
<p>es tan inmenso tu gobierno santo</p>
<p>¡que a tu amenaza amedrentada cedo</p>
<p>y te digo ¡Señor, tú eres el miedo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Cómo te llamaré para que entiendas…</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Cómo te llamaré para que entiendas</p>
<p>que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!</p>
<p>cuando lleguen al mundo las ofrendas</p>
<p>que desde oculta soledad te envío?…</p>
<p>A ti, sin nombre para mí en la tierra</p>
<p>¿cómo te llamaré con aquel nombre,</p>
<p>tan claro, que no pueda ningún hombre</p>
<p>confundirlo, al cruzar por esta sierra?</p>
<p>¿Cómo sabrás que enamorada vivo</p>
<p>siempre de ti, que me lamento sola</p>
<p>del Gévora que pasa fugitivo</p>
<p>mirando relucir ola tras ola?</p>
<p>Aquí estoy aguardando en una peña</p>
<p>a que venga el que adora el alma mía;</p>
<p>¿por qué no ha de venir, si es tan risueña</p>
<p>la gruta que formé por si venía?</p>
<p>¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales</p>
<p>todos en flor, y acacias olorosas,</p>
<p>y cayendo en el agua blancas rosas,</p>
<p>y entre la espuma lirios virginales?</p>
<p>Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;</p>
<p>por qué no has de venir si yo te llamo?</p>
<p>¡Porque quiero mirarte, quiero verte</p>
<p>y tengo que decirte que te amo!</p>
<p>¿Quién nos ha de mirar por estas vegas</p>
<p>como vengas al pie de las encinas,</p>
<p>si no hay más que palomas campesinas</p>
<p>que están también con sus amores ciegas?</p>
<p>Pero si quieres esperar la luna,</p>
<p>escondida estaré entre la zarza-rosa,</p>
<p>y si vienes con planta cautelosa</p>
<p>no nos podrá sentir paloma alguna.</p>
<p>Y no temas si alguna se despierta,</p>
<p>que si te logro ver, de gozo muero,</p>
<p>y aunque después lo cante al mundo entero,</p>
<p>¿qué han de decir los vivos de una muerta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Como lirio del sol descolorido</p>
<p>ya de tanto llorar tengo el semblante,</p>
<p>y cuando venga mi gallardo amante,</p>
<p>se pondrá al contemplarlo entristecido.</p>
<p>Siempre en pos de mi amor voy por la tierra</p>
<p>y creyendo encontrarle en las alturas,</p>
<p>con el naciente sol trepo a la sierra;</p>
<p>con la noche desciendo a las llanuras,</p>
<p>Y hallo al hambriento lobo en mi camino</p>
<p>y al toro que me mira que me espera;</p>
<p>en vano grita el pobre campesino</p>
<p>«No cruces por la noche la ribera. »</p>
<p>En la sierra de rocas erizada,</p>
<p>del valle entre los árboles y flores,</p>
<p>en la ribera sola y apartada</p>
<p>he esperado el amor de mis amores.</p>
<p>A cada instante lavo mis mejillas</p>
<p>del claro manantial en la corriente,</p>
<p>y le vuelvo a esperar más impaciente</p>
<p>cruzando con afán las dos orillas.</p>
<p>A la gruta te llaman mis amores;</p>
<p>mira que ya se va la primavera</p>
<p>y se marchitan las lozanas flores</p>
<p>que traje para ti de la ribera.</p>
<p>Si estás entre las zarzas escondido</p>
<p>y por verme llorar no me respondes,</p>
<p>ya sabes que he llorado y he gemido,</p>
<p>y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.</p>
<p>Tú pensarás, tal vez, desdeñosa</p>
<p>por no enlazar mi mano con tu mano</p>
<p>huiré, si te me acercas, por el llano</p>
<p>y a los pastores llamaré medrosa.</p>
<p>Pero te engañas, porque yo te quiero</p>
<p>con delirio tan ciego y tan ardiente,</p>
<p>que un beso te iba a dar sobre la frente</p>
<p>cuando me dieras el adiós postrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Dejaba apenas la inocente cuna</p>
<p>cuando una hermosa noche en la pradera</p>
<p>los juegos suspendí por ver la luna</p>
<p>y en sus rayos te vi, la vez primera.</p>
<p>Otra tarde después, cruzando el monte,</p>
<p>vi venir la tormenta de repente,</p>
<p>y por segunda vez, más vivamente</p>
<p>alumbró tu mirada el horizonte.</p>
<p>Quise luego embarcarme por el río,</p>
<p>y hallé que el son del agua que gemía</p>
<p>como la luz, mi corazón hería</p>
<p>y dejaba temblando el pecho mío.</p>
<p>Me acordé de la luna y la centella</p>
<p>y entonces conocí que eran iguales</p>
<p>lo que sentí escuchando a los raudales,</p>
<p>lo que sentí mirando a la luz bella.</p>
<p>Vago, sin forma, sin color, sin nombre,</p>
<p>espíritu de luz y agua formado,</p>
<p>tú de mi corazón eras amado</p>
<p>sin recordar en tu figura al hombre.</p>
<p>Ángel eres, tal vez, a quien no veo</p>
<p>ni lograré, jamás, ver en la tierra,</p>
<p>pero sin verte en tu existencia creo,</p>
<p>y en adorarte mi placer se encierra.</p>
<p>Por eso entre los vientos bramadores</p>
<p>salgo a cantar por el desierto valle,</p>
<p>pues aunque en el desierto no te halle,</p>
<p>ya sé que escuchas mi canción de amores</p>
<p>Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante</p>
<p>desciende con el rayo de la luna,</p>
<p>y tan sola otra vez, tan sola una,</p>
<p>volveré a contemplar tu faz amante?</p>
<p>Mas, si no te he de ver, la selva dejo,</p>
<p>abandono por siempre estos lugares,</p>
<p>y peregrina voy hasta los mares.</p>
<p>A ver si te retratas en su espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>He venido a escuchar los amadores</p>
<p>por ver si entre sus ecos logro oírte,</p>
<p>porque te quiero hablar para decirte</p>
<p>que eres siempre el amor de mis amores.</p>
<p>Tu ya sabes, mi bien, que yo te adoro</p>
<p>desde que tienen vida mis entrañas,</p>
<p>y vertiendo por ti mares de lloro</p>
<p>me cansé de esperarte en las montañas.</p>
<p>La gruta que formé para el estío</p>
<p>la arrebató la ráfaga de octubre…</p>
<p>¿qué he de hacer allí sola al pie del río</p>
<p>que todo el valle con sus aguas cubre?</p>
<p>Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo</p>
<p>conforme el valle solitario huyo,</p>
<p>si no suena jamás un eco tuyo</p>
<p>ni brilla de tus ojos un reflejo.</p>
<p>Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,</p>
<p>como el Gévora, acaso, arrebatada</p>
<p>dejo mi bosque y a la mar airada</p>
<p>a impulso de este amor corro atrevida.</p>
<p>Mas si te encuentro a orilla de los mares</p>
<p>cesaron para siempre mis temores</p>
<p>porque puedo decirte en mis cantares</p>
<p>que tú eres el amor de mis amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Aquí tu barca está sobre la arena:</p>
<p>desierta miro la extensión marina:</p>
<p>te llamo sin censar con tu bocina</p>
<p>y no pareces a calmar mi pena.</p>
<p>Aquí estoy en la barca triste y sola</p>
<p>aguardando a mi amado noche y día;</p>
<p>llega a mis pies la espuma de la ola,</p>
<p>y huye otra vez, cual la esperanza mía.</p>
<p>¡Blanca y ligera espuma transparente,</p>
<p>ilusión, esperanza, desvarío,</p>
<p>como hielas mis pies con tu rocío</p>
<p>el desencanto hiela nuestra mente!</p>
<p>Tampoco es el mar a donde él mora,</p>
<p>ni en la tierra ni el mar mi amor existe</p>
<p>: ¡Ay! dime si en la tierra te escondiste</p>
<p>o si dentro del mar estás ahora.</p>
<p>Porque es mucho dolor que siempre ignores</p>
<p>que yo te quiero ver, que yo te llamo</p>
<p>sólo para decirte que te amo,</p>
<p>¡que eres siempre el amor de mis amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!</p>
<p>como si fueras tú mortal viviente,</p>
<p>cuando sólo eres luz, eres ambiente,</p>
<p>eres aroma, eres vapor del río.</p>
<p>Eres la sombra de la nube errante,</p>
<p>eres el son del árbol que se mueve,</p>
<p>y aunque a adorarte el corazón se atreve,</p>
<p>tú solo en la ilusión eres mi amante.</p>
<p>Hoy me engañas también como otras veces;</p>
<p>tú eres la imagen que el delirio crea,</p>
<p>fantasma del vapor que me rodea</p>
<p>que con el fuego de mi aliento creces.</p>
<p>Mi amor, el tierno amor por el que lloro</p>
<p>eres tan sólo tú ¡señor Dios mío!</p>
<p>Si te busco y te llamo, es desvarío</p>
<p>de lo mucho que sufro y que te adoro.</p>
<p>Yo nunca te veré, porque no tienes</p>
<p>ser humano, ni forma, ni presencia:</p>
<p>yo siempre te amaré, porque en esencia</p>
<p>a el alma mía como amante vienes.</p>
<p>Nunca en tu frente sellará mi boca</p>
<p>el beso que al ambiente le regalo;</p>
<p>siempre el suspiro que a tu amor exhalo</p>
<p>vendrá a quebrarse en la insensible roca.</p>
<p>Pero cansada de penar la vida,</p>
<p>cuando se apague el fuego del sentido,</p>
<p>por el amor tan puro que he tenido</p>
<p>tú me darás la gloria prometida.</p>
<p>Y entonces al ceñir la eterna palma,</p>
<p>que ciñen tus esposas en el cielo,</p>
<p>el beso celestial, que darte anhelo,</p>
<p>llena de gloria te dará mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cuál brilla su alba frente!…</strong></h3>
<p>¡Cuál brilla su alba frente</p>
<p>de angélica pureza!…</p>
<p>¡Cuál vierte su mejilla</p>
<p>el candor infantil!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Exhalan el aliento</p>
<p>sus labios bulliciosos</p>
<p>más dulce que las auras</p>
<p>del aromado abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre rosado velo</p>
<p>de púrpura y de flores</p>
<p>protege su descanso</p>
<p>el ángel de la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vaga cariñoso</p>
<p>en torno de su cuna</p>
<p>y halaga blandamente</p>
<p>su adormecida faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y coronó su lecho</p>
<p>de blancas azucenas,</p>
<p>y coronó su frente</p>
<p>de rosas y azahar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencio… que no turbe</p>
<p>ninguna voz humana</p>
<p>su plácido sosiego,</p>
<p>su blando dormitar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Cuál de las hijas del verano ardiente…</strong></h3>
<p>¿Cuál de las hijas del verano ardiente,</p>
<p>cándida rosa, iguala a tu hermosura,</p>
<p>la suavísima tez y la frescura</p>
<p>que brotan de tu faz resplandeciente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sonrosada luz de alba naciente</p>
<p>no muestra al desplegarse más dulzura,</p>
<p>ni el ala de los cisnes la blancura</p>
<p>que el peregrino cerco de tu frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, gloria del huerto, en el pomposo</p>
<p>ramo descuellas desde verde asiento;</p>
<p>cuando llevado sobre el manso viento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a tu argentino cáliz oloroso</p>
<p>roba su aroma insecto licencioso,</p>
<p>y el puro esmalte empaña con su aliento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cuál te adoro!</strong></h3>
<p>¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día</p>
<p>tu nombre invoco apasionada y triste,</p>
<p>y cuando el cielo en sombras se reviste</p>
<p>aun te llama exaltada el alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres el tiempo que mis horas guía,</p>
<p>tú eres la idea que a mi mente asiste,</p>
<p>porque en ti se concentra cuanto existe,</p>
<p>mi pasión, mi esperanza, mi poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay canto que igualar pueda a tu acento</p>
<p>cuando tu amor me cuentas y deliras</p>
<p>revelando la fe de tu contento;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,</p>
<p>y quisiera exhalar mi último aliento</p>
<p>abrasada en el aire que respiras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando!…</strong></h3>
<p>¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando</p>
<p>en la espaciosa altura,</p>
<p>inmensas nubes, pabellón formando</p>
<p>al aire suspendido,</p>
<p>inundáis de tristura</p>
<p>y de placer a un tiempo mi sentido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán bellas sois, bajo el azul brillante</p>
<p>las zonas recorriendo,</p>
<p>ya desmayando leves un instante</p>
<p>entre la luz perdidas,</p>
<p>ya el sol oscureciendo</p>
<p>y con su llama ardiente enrojecidas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya brilláis como la blanca espuma</p>
<p>en las olas del viento,</p>
<p>y ya fugaces como leve pluma,</p>
<p>y de sombras ceñidas,</p>
<p>cruzáis el firmamento</p>
<p>las pardas frentes de vapor henchidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán dulce brilla en su mortal desmayo</p>
<p>rompido en vuestro seno</p>
<p>del sol ardiente el amarillo rayo!</p>
<p>¡Y cuán dulce y templado</p>
<p>el resplandor sereno</p>
<p>del astro de la noche sosegado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡cuánto, oh nubes, vuestro errante giro</p>
<p>place a mi fantasía!</p>
<p>triste y callada y solitaria os miro</p>
<p>flotar allá en el viento,</p>
<p>y por celeste vía</p>
<p>melancólico vaga el pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo os adoro si con tibio anhelo</p>
<p>adormís las centellas</p>
<p>el vivo sol en el tendido cielo;</p>
<p>si en delicioso manto</p>
<p>veláis de las estrellas</p>
<p>y la pálida luna el triste encanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh!, ¡yo os adoro, del espacio inmenso</p>
<p>deidades vagarosas!</p>
<p>no cuando hirvientes desde el seno denso</p>
<p>en ronco torbellino</p>
<p>arrojáis espantosas</p>
<p>vívidas llamas del furor divino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡que medrosa entonces se ahuyentara</p>
<p>la inspiración sublime!</p>
<p>ni medrosa la cítara ensalzara</p>
<p>del cielo la belleza,</p>
<p>cuando mi sien oprime</p>
<p>nubloso manto de mortal tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muda contemplo de pavor cercada</p>
<p>la turba misteriosa</p>
<p>que en pos del huracán revuela osada,</p>
<p>así errante la vida</p>
<p>se arrastra lastimosa</p>
<p>a la senda fatal do el mal se anida.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la inmensidad os mueven guerra</p>
<p>furiosos aquilones:</p>
<p>así de desventuras en la tierra</p>
<p>nos cerca turba insana;</p>
<p>así de las pasiones</p>
<p>es juguete infeliz la vida humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella varía también la faz ostenta,</p>
<p>y brilla y se oscurece,</p>
<p>y cual vosotras rápida se ahuyenta;</p>
<p>y es nube que exhalada</p>
<p>el aire desvanece</p>
<p>en la corriente de la triste nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! vosotras revagad en tanto</p>
<p>que la cítara mía</p>
<p>os pueda consagrar su débil canto.</p>
<p>Del sol al rayo bello</p>
<p>tended el ala umbría,</p>
<p>y apacible volvedme su destello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dadme inspiración; yo mis cantares</p>
<p>daré a vuestra hermosura.</p>
<p>las que sorbéis el agua de los mares,</p>
<p>¡vagad tranquilamente</p>
<p>con nevada blancura</p>
<p>en la encendida cumbre del Oriente!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando el alma primavera…</strong></h3>
<p>Cuando el alma primavera</p>
<p>con sus joyas peregrinas</p>
<p>engalana la pradera,</p>
<p>los valles y las colinas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y las hojas entreabriendo</p>
<p>leve aroma exhala apenas</p>
<p>la rosa, y van descubriendo</p>
<p>su cáliz las azucenas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y su capullo amarillo</p>
<p>de pura esencia desplega</p>
<p>el delicado junquillo</p>
<p>en la espalda de la vega;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la plácida aurora</p>
<p>el garzo cuello levanta,</p>
<p>y el tulipán cimbradora</p>
<p>descubre la tierna planta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una flor nace entre aquellas</p>
<p>émula de las estrellas</p>
<p>en el rubio tornasol,</p>
<p>y que brilla como ellas</p>
<p>a los reflejos del sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el ramo suspendida</p>
<p>menuda, bella, encendida,</p>
<p>es el alma de las flores,</p>
<p>porque es eterna su vida,</p>
<p>y eternos son sus colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá entre las orlas crece</p>
<p>de su fresca vestidura.</p>
<p>Cuando el alba resplandece,</p>
<p>chispa de fuego parece</p>
<p>sobre la verde llanura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, belleza marchitable,</p>
<p>de los campos maravilla,</p>
<p>prodigiosa flor, que luces</p>
<p>siempre joven, siempre viva,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De otras bellas los encantos</p>
<p>son tal vez demás valía</p>
<p>que tu capullo inodoro</p>
<p>y tu corona pajiza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú las ves cuando el abril</p>
<p>sus tibias auras expira,</p>
<p>en desplegados pimpollos</p>
<p>vertiendo frescura y vida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú la ves bajo las copas</p>
<p>que los árboles agitan,</p>
<p>embriagando las abejas</p>
<p>y perfumando las brisas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero también deshojadas,</p>
<p>marchitas y destrozadas</p>
<p>entre el polvo en la ribera</p>
<p>tú las verás sepultadas</p>
<p>al morir la primavera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pasarán los primores</p>
<p>del risueño abril lozano;</p>
<p>y pasarán los ardores,</p>
<p>las tormentas del verano,</p>
<p>y del otoño las flores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando ya el campo yerto</p>
<p>con la tierra haya cubierto</p>
<p>tanta beldad fugitiva,</p>
<p>aún habrá en aquel desierto</p>
<p>una flor, la siempreviva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando exhala de esa suerte…</strong></h3>
<p>Cuando exhala de esa suerte</p>
<p>vuestra Lira dormitando</p>
<p>un eco tan dulce y blando</p>
<p>¿a qué queréis que despierte?</p>
<p>Dejadlo siempre soñando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni vos debéis lamentar</p>
<p>que estén sus cuerdas rompidas,</p>
<p>pues que las sabéis pulsar</p>
<p>tan bien que por vos heridas</p>
<p>aun rotas quieren sonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni digáis que los azares</p>
<p>apagan vuestros destellos,</p>
<p>cantad con vuestros pesares,</p>
<p>porque los tristes cantares</p>
<p>son los cantares más bellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no queráis vuestro acento</p>
<p>rendir, cantor a mis pies,</p>
<p>elévese al firmamento</p>
<p>que su camino es el viento</p>
<p>y el cielo su trono es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Cuando los recios vientos se embravecen…</strong></h3>
<p>Cuando los recios vientos se embravecen,</p>
<p>cuando mugen los mares irritados,</p>
<p>cuando estallan con furia los nublados,</p>
<p>cuando las olas borrascosas crecen,</p>
<p>cuando los buques míseros perecen</p>
<p>por las revueltas ondas anegados,</p>
<p>cuando la Europa envuelta en la tormenta</p>
<p>traba en la oscuridad lucha sangrienta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Barca dichosa en medio del Océano,</p>
<p>tú sola vas del huracán segura:</p>
<p>Francia se anega, y en la noche oscura</p>
<p>el rayo incendia el pabellón romano;</p>
<p>y oyes los gritos del naufragio humano,</p>
<p>y te duele tal vez su desventura,</p>
<p>¡ay! cuando ves de las antiguas zonas</p>
<p>por la espuma del mar flotar coronas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ves como cadáveres perdidos</p>
<p>al agua nuestros pueblos arrojados,</p>
<p>y ves como timones destrozados</p>
<p>los cetros a las playas sacudidos;</p>
<p>y a los que, aún viven, en el mar hundidos,</p>
<p>por los marinos monstruos devorados,</p>
<p>y como barco que encalló en la arena</p>
<p>a España inmóvil junto al mar que truena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y te contemplas tú, y en el espejo</p>
<p>de tus serenos mares retratada,</p>
<p>de la luz juvenil por el reflejo</p>
<p>ves tu belleza pura, inmaculada:</p>
<p>y de la Europa con el rostro viejo</p>
<p>a la fealdad rugosa comparada,</p>
<p>entre perlas tu hermoso cuello engríes,</p>
<p>y de lástima acaso te sonríes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh ¡cuánta es tu beldad, cuál tu riqueza!</p>
<p>¡oh! ¡cuánto es tu esplendor, hija de España!</p>
<p>por eso están los buzos de Bretaña</p>
<p>asomando a tus golfos la cabeza…</p>
<p>Mas no serán ¡oh perla! tu belleza</p>
<p>y tu valor de su codicia extraña;</p>
<p>pues antes que cedérsela al britano</p>
<p>nos tragará contigo el Océano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que tienen sobre tres castillos,</p>
<p>de los mares enmedio levantados,</p>
<p>a los reinos del mundo aprisionados</p>
<p>del oro del Perú con los anillos;</p>
<p>y que van a engarzar nuevos zarcillos</p>
<p>a la reina feliz de sus estados,</p>
<p>si la prenda mejor que la engalana</p>
<p>hurtan a la corona castellana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! bien los oigo por la noche oscura</p>
<p>cuando te entregas a tu sueño blando,</p>
<p>en la vecina costa murmurando</p>
<p>cantos de seducción a tu hermosura</p>
<p>«Despierta, dicen, reina sin ventura,</p>
<p>esclava del poder de San Fernando,</p>
<p>que ya de libertad llegó la hora</p>
<p>y ya puedes reinar, ya eres señora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si hubieron cetro tus antiguos reyes,</p>
<p>¿por qué el yugo sufrir de la extranjera?</p>
<p>Si tú le puedes dar al mundo leyes,</p>
<p>¿por qué no alzar tu nacional bandera?</p>
<p>¿Serán tus hijos como pobres bueyes,</p>
<p>cuyo trabajo a la comarca ibera</p>
<p>dará las mieses de tu campo ameno,</p>
<p>mientras ellos no más pacen el heno?»…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero adormida tú, nunca a su canto,</p>
<p>inocente beldad, prestes oído;</p>
<p>¡ay de tu corazón si seducido</p>
<p>pierde la dicha de candor tan santo!</p>
<p>¡ay si de España el amoroso manto</p>
<p>donde por tantos años has dormido,</p>
<p>loca rasgando tras la voz que miente</p>
<p>te, osaras aclamar independiente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pobre beldad, despojo del pirata,</p>
<p>ese mismo cantor que te enamora</p>
<p>te forjará en su harem, altiva mora,</p>
<p>recias cadenas con tu misma plata;</p>
<p>y ese brillante espejo que retrata</p>
<p>tus fiestas y tus náyades ahora,</p>
<p>por sus navales guerras empeñado</p>
<p>reflejará tu rostro ensangrentado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No eres libre y feliz? ¿No estás contenta</p>
<p>mientras nosotros sin cesar lloramos?</p>
<p>Mientras nosotros viejos peleamos</p>
<p>¿no estás joven, tranquila y opulenta?</p>
<p>¿No nos ves en la noche turbulenta</p>
<p>que en las rocas del mar nos estrellamos,</p>
<p>que vamos a morir ya sin consuelo</p>
<p>mientras serena tú cruzas el cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves nuestros monarcas fugitivos?</p>
<p>¿No ves nuestros pontífices huyendo?</p>
<p>¿No ves a Europa, cuya hoguera ardiendo,</p>
<p>se sustenta con carne de los vivos?</p>
<p>¿Serán nuestros dolores incentivos</p>
<p>que te harán suspirar por el estruendo</p>
<p>y del infierno con que Europa lidia</p>
<p>América, gran Dios, tendrás envidia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuentan los sabios que en la noche vienen</p>
<p>espíritus lanzados del profundo,</p>
<p>que la ruina del antiguo mundo</p>
<p>con acentos fatídicos previenen…</p>
<p>y que, será verdad… y que, ellos tienen</p>
<p>miedo del pueblo loco y moribundo,</p>
<p>que entre las ansias ya de la agonía</p>
<p>llama a la libertad con voz tardía…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que a su triste voz vendrán las fieras</p>
<p>de esas comarcas tras la muerta gente</p>
<p>a hundir en sus cadáveres el diente</p>
<p>hozando entre su sangre sus banderas;</p>
<p>y que allá en las edades venideras</p>
<p>irán los peregrinos de Occidente</p>
<p>enseñando al francés en su ignorancia</p>
<p>a qué desierto se llamaba Francia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a contar al inglés, que oyendo atento</p>
<p>de su patria estará las aventuras,</p>
<p>en qué vasto erial, en qué llanuras</p>
<p>la populosa Londres tuvo asiento:</p>
<p>cómo en chozas buscaron aposento</p>
<p>los hombres que habitaban las alturas,</p>
<p>y cómo sus magníficos vapores</p>
<p>se tornaron en barcos pescadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que, así como queda por los huertos</p>
<p>si la sacude lluvia anticipada,</p>
<p>no madura la fruta abandonada,</p>
<p>España quedará por los desiertos…</p>
<p>¡España con la sangre de sus muertos</p>
<p>hijos queridos, sin sazón regada,</p>
<p>que sacudida al golpe de la guerra</p>
<p>sin madurar se pudrirá en la tierra!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, que primero aquellos que con vida</p>
<p>queden en los desiertos europeos</p>
<p>recogiendo sus libros y trofeos</p>
<p>irán a tu ciudad esclarecida;</p>
<p>y que en vez de la historia entretenida</p>
<p>que nos enseñan hoy de los hebreos</p>
<p>la nuestra en este libro han de enseñarte</p>
<p>«Vida de Hernán Cortés y Bonaparte».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso aguardas tú como heredera</p>
<p>a que exhalemos el postrer aliento,</p>
<p>y ves rodar al pie de tu palmera</p>
<p>nuestras hojas de acacia por el viento:</p>
<p>porque has de trasplantar en tu pradera</p>
<p>a este mundo arrancado de cimiento,</p>
<p>para que en ese suelo más fecundo</p>
<p>broten las flores del antiguo mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso alhajas tu preciosa villa</p>
<p>para hospedar a nuestras pobres gentes,</p>
<p>por eso a tus hermanos de Castilla</p>
<p>les preparas caminos relucientes;</p>
<p>por eso a tus mares a la orilla</p>
<p>guardas entre tus palmas reverentes</p>
<p>¡isla de salvación del pueblo ibero!</p>
<p>las reliquias del náufrago primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cortés, Cortés! que le legó su gloria,</p>
<p>Cortés que prefirió tu cementerio,</p>
<p>la existencia en el mundo transitoria</p>
<p>temiendo sabio del anciano imperio,</p>
<p>la tumba de Cortés en tu hemisferio</p>
<p>de nuestra santa unión es la memoria;</p>
<p>¡sus huesos son de nuestra fe la prenda!</p>
<p>¡maldito el indio que sus huesos venda!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Dejas apenas la risueña infancia…</strong></h3>
<p>Dejas apenas la risueña infancia;</p>
<p>juegos, placeres de su edad dejaste.</p>
<p>Ya el dulce brillo de los quince mayos</p>
<p>cerca tus sienes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Niña aún graciosa, la infantil sonrisa</p>
<p>bulle en tus labios, como el aura tenue.</p>
<p>Juega en el seno de entreabiertas rosas</p>
<p>fresca y fugace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tinta ligera de carmín suave</p>
<p>vase tendiendo por tu tez de nieve.</p>
<p>Como de luna sonrosado cerco</p>
<p>brilla en tu rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Virgen, tu bella juventud al mundo</p>
<p>muéstrase alegre, candorosa y pura.</p>
<p>Tal entre rocas cristalina fuente</p>
<p>brota en la sierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vesla que nace sosegada y tersa,</p>
<p>clara tendiendo sus dorados hilos.</p>
<p>Sigue su curso: caminando, mira</p>
<p>cómo se enturbia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, que tu bella juventud al mundo</p>
<p>muéstrase alegre, candorosa y pura!</p>
<p>Mas ¡ay! ¡cuán presto la serena vida</p>
<p>tuerce su paso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el adormido corazón despierta</p>
<p>voz misteriosa, que de amor le inflama.</p>
<p>Virgen, ¿no sientes palpitar tu seno</p>
<p>más agitado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya las mejillas de encarnado vivo</p>
<p>tiñe la nueva confusión del alma.</p>
<p>Fijos en tierra los turbados ojos</p>
<p>lágrimas brotan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de la hermosa libertad perdida!</p>
<p>¡ay del sosiego de perdida infancia!</p>
<p>¡Ay del tranquilo corazón tan libre,</p>
<p>ya aprisionado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ansias, cuidados, agitadas horas,</p>
<p>largos afanes tras ventura escasa</p>
<p>por solo y triste galardón espera</p>
<p>virgen amante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El amor de los amores</strong></h3>
<p>I</p>
<p>¿Cómo te llamaré para que entiendas</p>
<p>que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!</p>
<p>cuando lleguen al mundo las ofrendas</p>
<p>que desde oculta soledad te envío?…</p>
<p>A ti, sin nombre para mí en la tierra</p>
<p>¿cómo te llamaré con aquel nombre,</p>
<p>tan claro, que no pueda ningún hombre</p>
<p>confundirlo, al cruzar por esta sierra?</p>
<p>¿Cómo sabrás que enamorada vivo</p>
<p>siempre de ti, que me lamento sola</p>
<p>del Gévora que pasa fugitivo</p>
<p>mirando relucir ola tras ola?</p>
<p>Aquí estoy aguardando en una peña</p>
<p>a que venga el que adora el alma mía;</p>
<p>¿por qué no ha de venir, si es tan risueña</p>
<p>la gruta que formé por si venía?</p>
<p>¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales</p>
<p>todos en flor, y acacias olorosas,</p>
<p>y cayendo en el agua blancas rosas,</p>
<p>y entre la espuma lirios virginales?</p>
<p>Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;</p>
<p>por qué no has de venir si yo te llamo?</p>
<p>¡Porque quiero mirarte, quiero verte</p>
<p>y tengo que decirte que te amo!</p>
<p>¿Quién nos ha de mirar por estas vegas</p>
<p>como vengas al pie de las encinas,</p>
<p>si no hay más que palomas campesinas</p>
<p>que están también con sus amores ciegas?</p>
<p>Pero si quieres esperar la luna,</p>
<p>escondida estaré entre la zarza-rosa,</p>
<p>y si vienes con planta cautelosa</p>
<p>no nos podrá sentir paloma alguna.</p>
<p>Y no temas si alguna se despierta,</p>
<p>que si te logro ver, de gozo muero,</p>
<p>y aunque después lo cante al mundo entero,</p>
<p>¿qué han de decir los vivos de una muerta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>Como lirio del sol descolorido</p>
<p>ya de tanto llorar tengo el semblante,</p>
<p>y cuando venga mi gallardo amante,</p>
<p>se pondrá al contemplarlo entristecido.</p>
<p>Siempre en pos de mi amor voy por la tierra</p>
<p>y creyendo encontrarle en las alturas,</p>
<p>con el naciente sol trepo a la sierra;</p>
<p>con la noche desciendo a las llanuras,</p>
<p>Y hallo al hambriento lobo en mi camino</p>
<p>y al toro que me mira que me espera;</p>
<p>en vano grita el pobre campesino</p>
<p>«No cruces por la noche la ribera. »</p>
<p>En la sierra de rocas erizada,</p>
<p>del valle entre los árboles y flores,</p>
<p>en la ribera sola y apartada</p>
<p>he esperado el amor de mis amores.</p>
<p>A cada instante lavo mis mejillas</p>
<p>del claro manantial en la corriente,</p>
<p>y le vuelvo a esperar más impaciente</p>
<p>cruzando con afán las dos orillas.</p>
<p>A la gruta te llaman mis amores;</p>
<p>mira que ya se va la primavera</p>
<p>y se marchitan las lozanas flores</p>
<p>que traje para ti de la ribera.</p>
<p>Si estás entre las zarzas escondido</p>
<p>y por verme llorar no me respondes,</p>
<p>ya sabes que he llorado y he gemido,</p>
<p>y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.</p>
<p>Tú pensarás, tal vez, desdeñosa</p>
<p>por no enlazar mi mano con tu mano</p>
<p>huiré, si te me acercas, por el llano</p>
<p>y a los pastores llamaré medrosa.</p>
<p>Pero te engañas, porque yo te quiero</p>
<p>con delirio tan ciego y tan ardiente,</p>
<p>que un beso te iba a dar sobre la frente</p>
<p>cuando me dieras el adiós postrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>Dejaba apenas la inocente cuna</p>
<p>cuando una hermosa noche en la pradera</p>
<p>los juegos suspendí por ver la luna</p>
<p>y en sus rayos te vi, la vez primera.</p>
<p>Otra tarde después, cruzando el monte,</p>
<p>vi venir la tormenta de repente,</p>
<p>y por segunda vez, más vivamente</p>
<p>alumbró tu mirada el horizonte.</p>
<p>Quise luego embarcarme por el río,</p>
<p>y hallé que el son del agua que gemía</p>
<p>como la luz, mi corazón hería</p>
<p>y dejaba temblando el pecho mío.</p>
<p>Me acordé de la luna y la centella</p>
<p>y entonces conocí que eran iguales</p>
<p>lo que sentí escuchando a los raudales,</p>
<p>lo que sentí mirando a la luz bella.</p>
<p>Vago, sin forma, sin color, sin nombre,</p>
<p>espíritu de luz y agua formado,</p>
<p>tú de mi corazón eras amado</p>
<p>sin recordar en tu figura al hombre.</p>
<p>Ángel eres, tal vez, a quien no veo</p>
<p>ni lograré, jamás, ver en la tierra,</p>
<p>pero sin verte en tu existencia creo,</p>
<p>y en adorarte mi placer se encierra.</p>
<p>Por eso entre los vientos bramadores</p>
<p>salgo a cantar por el desierto valle,</p>
<p>pues aunque en el desierto no te halle,</p>
<p>ya sé que escuchas mi canción de amores</p>
<p>Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante</p>
<p>desciende con el rayo de la luna,</p>
<p>y tan sola otra vez, tan sola una,</p>
<p>volveré a contemplar tu faz amante?</p>
<p>Mas, si no te he de ver, la selva dejo,</p>
<p>abandono por siempre estos lugares,</p>
<p>y peregrina voy hasta los mares.</p>
<p>A ver si te retratas en su espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>He venido a escuchar los amadores</p>
<p>por ver si entre sus ecos logro oírte,</p>
<p>porque te quiero hablar para decirte</p>
<p>que eres siempre el amor de mis amores.</p>
<p>Tu ya sabes, mi bien, que yo te adoro</p>
<p>desde que tienen vida mis entrañas,</p>
<p>y vertiendo por ti mares de lloro</p>
<p>me cansé de esperarte en las montañas.</p>
<p>La gruta que formé para el estío</p>
<p>la arrebató la ráfaga de octubre…</p>
<p>¿qué he de hacer allí sola al pie del río</p>
<p>que todo el valle con sus aguas cubre?</p>
<p>Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo</p>
<p>conforme el valle solitario huyo,</p>
<p>si no suena jamás un eco tuyo</p>
<p>ni brilla de tus ojos un reflejo.</p>
<p>Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,</p>
<p>como el Gévora, acaso, arrebatada</p>
<p>dejo mi bosque y a la mar airada</p>
<p>a impulso de este amor corro atrevida.</p>
<p>Mas si te encuentro a orilla de los mares</p>
<p>cesaron para siempre mis temores</p>
<p>porque puedo decirte en mis cantares</p>
<p>que tú eres el amor de mis amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Aquí tu barca está sobre la arena:</p>
<p>desierta miro la extensión marina:</p>
<p>te llamo sin censar con tu bocina</p>
<p>y no pareces a calmar mi pena.</p>
<p>Aquí estoy en la barca triste y sola</p>
<p>aguardando a mi amado noche y día;</p>
<p>llega a mis pies la espuma de la ola,</p>
<p>y huye otra vez, cual la esperanza mía.</p>
<p>¡Blanca y ligera espuma transparente,</p>
<p>ilusión, esperanza, desvarío,</p>
<p>como hielas mis pies con tu rocío</p>
<p>el desencanto hiela nuestra mente!</p>
<p>Tampoco es el mar a donde él mora,</p>
<p>ni en la tierra ni el mar mi amor existe</p>
<p>: ¡Ay! dime si en la tierra te escondiste</p>
<p>o si dentro del mar estás ahora.</p>
<p>Porque es mucho dolor que siempre ignores</p>
<p>que yo te quiero ver, que yo te llamo</p>
<p>sólo para decirte que te amo,</p>
<p>¡que eres siempre el amor de mis amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI</p>
<p>Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!</p>
<p>como si fueras tú mortal viviente,</p>
<p>cuando sólo eres luz, eres ambiente,</p>
<p>eres aroma, eres vapor del río.</p>
<p>Eres la sombra de la nube errante,</p>
<p>eres el son del árbol que se mueve,</p>
<p>y aunque a adorarte el corazón se atreve,</p>
<p>tú solo en la ilusión eres mi amante.</p>
<p>Hoy me engañas también como otras veces;</p>
<p>tú eres la imagen que el delirio crea,</p>
<p>fantasma del vapor que me rodea</p>
<p>que con el fuego de mi aliento creces.</p>
<p>Mi amor, el tierno amor por el que lloro</p>
<p>eres tan sólo tú ¡señor Dios mío!</p>
<p>Si te busco y te llamo, es desvarío</p>
<p>de lo mucho que sufro y que te adoro.</p>
<p>Yo nunca te veré, porque no tienes</p>
<p>ser humano, ni forma, ni presencia:</p>
<p>yo siempre te amaré, porque en esencia</p>
<p>a el alma mía como amante vienes.</p>
<p>Nunca en tu frente sellará mi boca</p>
<p>el beso que al ambiente le regalo;</p>
<p>siempre el suspiro que a tu amor exhalo</p>
<p>vendrá a quebrarse en la insensible roca.</p>
<p>Pero cansada de penar la vida,</p>
<p>cuando se apague el fuego del sentido,</p>
<p>por el amor tan puro que he tenido</p>
<p>tú me darás la gloria prometida.</p>
<p>Y entonces al ceñir la eterna palma,</p>
<p>que ciñen tus esposas en el cielo,</p>
<p>el beso celestial, que darte anhelo,</p>
<p>llena de gloria te dará mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El corazón, amigos, palpitante…</strong></h3>
<p>El corazón, amigos, palpitante</p>
<p>como otras veces en mi pecho siento;</p>
<p>mas al oír vuestro piadoso acento</p>
<p>sobre las nubes me soñé un instante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juzgué más claro el sol, menos distante,</p>
<p>vi espíritus celestes en el viento</p>
<p>y en la estrella que más resplandecía</p>
<p>vi confusa la imagen de María.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los colores, la luz, aire, el ruido,</p>
<p>todo más bello que en la tierra era,</p>
<p>y aquel mundo con gloria verdadera</p>
<p>le brindaba a mi espíritu embebido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero con ser del alma tan querido</p>
<p>el cielo que de muertos nos espera,</p>
<p>esa dicha, medrosa rechazando,</p>
<p>de mi ilusión me desperté temblando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios quiere que aun el día no llegado</p>
<p>a mi vida en su plazo, todavía;</p>
<p>resignación le falte al alma mía</p>
<p>para dejar mi triste suelo amado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amo a los corazones que me han dado,</p>
<p>pena, placer, tristezas, alegría;</p>
<p>amo al árbol, al río, a la pradera</p>
<p>y amo a mi dulce lira compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vendrá colmado de dolor, acaso,</p>
<p>el porvenir que a mi existencia aguarda</p>
<p>y de la muerte en su carrera tarda,</p>
<p>tal vez acuse el perezoso paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas nunca Dios el sufrimiento escaso</p>
<p>nos da, cuando el descanso nos retarda,</p>
<p>y mi término corto o prolongado</p>
<p>siempre estará por el bien señalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, en tanto que treguas a mi vida</p>
<p>le place conceder al poderoso,</p>
<p>escuchad de una muerta agradecida</p>
<p>el acento que exhala cariñoso;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabed que de una voz dulce y sentida</p>
<p>a mí llegando el eco generoso,</p>
<p>vuestra memoria de amistad bendita</p>
<p>deja en mi corazón con llanto escrita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El marido verdugo</strong></h3>
<p>¿Teméis de esa que puebla las Montañas</p>
<p>turba de brutos fiera el desenfreno?…</p>
<p>¡más feroces dañinas alimañas</p>
<p>la madre sociedad nutre en su seno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bullen, de humanas formas revestidos,</p>
<p>torpes vivientes entre humanos seres,</p>
<p>que ceban el placer de sus sentidos</p>
<p>en el llanto infeliz de las mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No allá a las lides de su patria fueron</p>
<p>a exhalar de su ardor la inmensa llama;</p>
<p>nunca enemiga lanza acometieron,</p>
<p>que otra es la lid que su valor inflama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca el verdugo de inocente esposa</p>
<p>con noble lauro coronó su frente:</p>
<p>¡Ella os dirá temblando y congojosa</p>
<p>las gloriosas hazañas del valiente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella os dirá que a veces siente el cuello</p>
<p>por sus manos de bronce atarazado,</p>
<p>y a veces el finísimo cabello</p>
<p>por las garras del héroe arrebatado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que a veces sobre el seno trasparente</p>
<p>cárdenas huellas de sus dedos halla;</p>
<p>que a veces brotan de su blanca frente</p>
<p>sangre las venas que su esposo estalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y que ¡ay! del tierno corazón llagado</p>
<p>más sangre, más dolor la herida brota,</p>
<p>que el delicado seno macerado,</p>
<p>y que la vena de sus sienes rota!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así hermosura y juventud al lado</p>
<p>pierde de su verdugo; así envejece:</p>
<p>así lirio suave y delicado</p>
<p>junto al áspero cardo arraiga y crece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así en humanas formas escondidos,</p>
<p>cual bajo el agua del arroyo el cieno,</p>
<p>torpes vivientes al amor uncidos</p>
<p>la madre sociedad nutre en su seno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El último día del año y el primero</strong></h3>
<p>Aquí tienes al anciano</p>
<p>terminando su agonía,</p>
<p>y al niño en el mismo día</p>
<p>empezando su vivir.</p>
<p>Escucha cual suena, hermano,</p>
<p>de ese que viene el gemido</p>
<p>con el adiós confundido</p>
<p>del otro que va a partir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es más triste, la ignorancia</p>
<p>de aquel que busca la vida,</p>
<p>o de otro que perdida</p>
<p>deja la vida, el saber?</p>
<p>¿Qué lloras más, a la infancia</p>
<p>que a padecer se encamina,</p>
<p>o a la vejez que termina,</p>
<p>hermano, su padecer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tuvo el año lozanía,</p>
<p>bella fue su primavera,</p>
<p>mas ¿sabes en la pradera</p>
<p>para qué las flores son?</p>
<p>Para hacernos más sombría,</p>
<p>cuando acaba su belleza,</p>
<p>de los campos la tristeza</p>
<p>en la invernal estación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dudas? ¡ay! estrecha cuenta</p>
<p>hoy al año reclamemos,</p>
<p>y sus penas coloquemos</p>
<p>al lado de su placer.</p>
<p>Ya verás cuál se acrecienta</p>
<p>ancho el cerco de sus males,</p>
<p>y el de sus bienes cabales</p>
<p>cuán estrecho viene a ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenemos pena cumplida,</p>
<p>ventura solo aplazada,</p>
<p>con lágrima anticipada</p>
<p>tan antes pagada ya,</p>
<p>que parece que la vida</p>
<p>poscrita al placer tenemos,</p>
<p>y solo que le soñemos</p>
<p>castigo el dolor nos da.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal nos pasa, tal sufrimos,</p>
<p>tal es el mundo presente;</p>
<p>tras nosotros otra gente</p>
<p>más dichosa ha de venir:</p>
<p>que las almas que nacimos</p>
<p>de este siglo entre las guerras,</p>
<p>para cruzar nuestras tierras</p>
<p>en un perpetuo gemir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bardos vendrán más contentos</p>
<p>en otra edad venturosa</p>
<p>que la vida hallen hermosa</p>
<p>y canten solo placer;</p>
<p>mas nosotros, descontentos</p>
<p>de estos tiempos revoltosos,</p>
<p>con los ojos lagrimosos</p>
<p>cantamos el padecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando el año termina</p>
<p>más nuestro duelo se aumenta;</p>
<p>triste el año es que ahuyenta</p>
<p>¿mas cómo el otro será?</p>
<p>Esa aurora que vecina</p>
<p>sigue ya a la noche esta</p>
<p>en alas del sol traspuesta,</p>
<p>¿sabes tú qué luz traerá?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Podrán los ojos mirarla</p>
<p>frente a frente sin recelo?</p>
<p>¿Brillará pura en el ciclo?</p>
<p>¿Saldrá envuelta en lobreguez?</p>
<p>¿Vendrá algún astro a eclipsarla,</p>
<p>tanta nube a oscurecerla,</p>
<p>que nunca logremos verla</p>
<p>en completa brillantez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá los sabios que miran</p>
<p>por la noche a los luceros,</p>
<p>en sus cálculos certeros</p>
<p>lo que averiguan dirán;</p>
<p>mas a mí que no me inspiran</p>
<p>profecías las estrellas,</p>
<p>no puedo decir por ellas</p>
<p>lo que los años traerán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero los temo y los lloro,</p>
<p>y entre su noche y su aurora</p>
<p>está para mí la hora</p>
<p>más triste del corazón;</p>
<p>del rudo bronce sonoro</p>
<p>que entrambos años separa,</p>
<p>temblando aguardo la clara</p>
<p>y solemne vibración…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos… cuatro… seis… alegría</p>
<p>al que nace saludemos;</p>
<p>ocho… diez… doce… ¡lloremos</p>
<p>al que deja de vivir!</p>
<p>Es del año la agonía</p>
<p>y el nacimiento del año,</p>
<p>la esperanza y desengaño</p>
<p>lo pasado y porvenir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Emilio, mi canto cesa…</strong></h3>
<p>Emilio, mi canto cesa;</p>
<p>falta a mi numen aliento.</p>
<p>Cuando aspira todo el viento</p>
<p>que circula en su fanal,</p>
<p>el insecto que aprisionas</p>
<p>en su cóncavo perece</p>
<p>si aire nuevo no aparece</p>
<p>bajo el cerrado cristal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celebré de mis campiñas</p>
<p>las flores que allí brotaron</p>
<p>y las aves que pasaron</p>
<p>y los arroyos que hallé,</p>
<p>mas de arroyos, flores y aves</p>
<p>fatigado el pensamiento</p>
<p>en mi prisión sin aliento</p>
<p>como el insecto quedé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué mucho cuando un hora</p>
<p>basta al pájaro de vuelo</p>
<p>para cruzar  todo el cielo</p>
<p>que mi horizonte cubrió?;</p>
<p>¿qué mucho que necesite</p>
<p>ver otra tierra más bella</p>
<p>si no ha visto sino aquella</p>
<p>que de cuna le sirvió?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Agoté como la abeja</p>
<p>de estos campos los primores</p>
<p>y he menester nuevas flores</p>
<p>donde perfumes libar,</p>
<p>o, cual la abeja en su celda,</p>
<p>en mi mente la poesía</p>
<p>ni una gota de ambrosía</p>
<p>a la colmena ha de dar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No anhela tierra el que ha visto</p>
<p>lo más bello que atesora,</p>
<p>ni la desea el que ignora</p>
<p>si hay otra tierra que ver:</p>
<p>mas de entrambos yo no tengo</p>
<p>la ignorancia ni la ciencia,</p>
<p>y del mundo la existencia</p>
<p>comprendo sin conocer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sé que entre cien maravillas</p>
<p>el más caudaloso río</p>
<p>gota leve de rocío</p>
<p>es en el seno del mar:</p>
<p>y que en nave, cual montaña,</p>
<p>que mi horizonte domina</p>
<p>logra la gente marina</p>
<p>por esa región cruzar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡por Dios! que fue conmigo</p>
<p>tan escasa la fortuna</p>
<p>que el pato de la laguna</p>
<p>vi por sola embarcación:</p>
<p>¿qué me importa el Océano</p>
<p>y cuantos ámbitos cierra?</p>
<p>¡Sólo para mí en la tierra</p>
<p>hay diez millas de creación!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar, ciudades, campos bellos</p>
<p>velados ¡ay! a mis ojos;</p>
<p>sólo escucho para enojos</p>
<p>vuestros nombres resonar.</p>
<p>Ni de Dios ni de los hombres</p>
<p>las magníficas hechuras</p>
<p>son para el ciego que a oscuras</p>
<p>la existencia ha de pasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal ansiedad me consume,</p>
<p>tal condición me quebranta,</p>
<p>roca inmóvil es mi planta,</p>
<p>águila rauda mi ser…</p>
<p>¡Muere el águila a la roca</p>
<p>por ambas alas sujeta;</p>
<p>mi espíritu de poeta</p>
<p>a mis plantas de mujer!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues tras de nuevos perfumes</p>
<p>no puede volar mi mente</p>
<p>ni respirar otro ambiente</p>
<p>que el de este cielo natal;</p>
<p>no labra ya más panales</p>
<p>la abeja a quien falta prado,</p>
<p>perece el insecto ahogado</p>
<p>sin más aire en su fanal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En buen hora llegaste, compañera…</strong></h3>
<p>En buen hora llegaste, compañera,</p>
<p>la desdeñosa irónica sonrisa</p>
<p>que tan amarga para el alma era</p>
<p>cesa ya de afligir a la poetisa;</p>
<p>rompimos el concierto muy aprisa</p>
<p>sin aguardar compás en nuestra era</p>
<p>y las damas cerraron los oídos</p>
<p>y el sexo fuerte prorrumpió en silbidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Extraño caso! ¡una mujer que canta!</p>
<p>Tan sólo oímos la mujer que llora».</p>
<p>Eso gritaron los que aplauden ora</p>
<p>con tanto bravo y con palmada tanta:</p>
<p>¡fuerza de la opinión cómo quebranta</p>
<p>la ley de muchos siglos triunfadora</p>
<p>y lo que ayer fue arroyo es hoy torrente</p>
<p>marchando de los tiempos la corriente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No conquistó Pizarro el pueblo de oro</p>
<p>con más fatiga, con mayor quebranto</p>
<p>que de elevar al aire el pobre canto</p>
<p>la libertad nuestro sencillo coro;</p>
<p>sonó la voz pero sonó entre lloro,</p>
<p>porque al fin de las hembras es el llanto,</p>
<p>y cantar sin gemir, cantar placeres</p>
<p>es propio de varón, no de mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque lo sabes ¡ay! nuestra es la pena;</p>
<p>el mayor infortunio en las naciones</p>
<p>herencia de mujer, no de varones,</p>
<p>no podrán usurparnos la cadena;</p>
<p>ven conmigo a gemir en hora buena</p>
<p>y a defender, amiga, estos blasones</p>
<p>de tristeza y sentir y mala suerte</p>
<p>que no nos puede hurtar el sexo fuerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo formar jamás esa armonía</p>
<p>de gracioso contraste, compañera,</p>
<p>si la mujer humilde no gimiera</p>
<p>mientras el hombre soberano ría?</p>
<p>Canta la vida triste, amiga mía,</p>
<p>que ellos deben cantar la placentera,</p>
<p>y pues que suyos son placer y risa</p>
<p>que le dejen el llanto a la poetisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No ha de mudar la ley volcar el trono</p>
<p>de las dolientes hembras el gemido,</p>
<p>ni el gobierno en los hombres repartido</p>
<p>ha de ceder el mundo en nuestro abono;</p>
<p>¡ni le plegue el Señor! en abandono</p>
<p>quede primero el sexo y confundido</p>
<p>que en la palestra pública lanzado</p>
<p>intrigante, ambicioso, arrebatado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para oprimir al pueblo el hombre hasta;</p>
<p>no los yerros del mundo acrecentemos,</p>
<p>no en la tribuna ni en la lid busquemos</p>
<p>renombre duro a nuestra blanda casta;</p>
<p>de la bandera nacional el asta</p>
<p>en los brazos endebles que tenemos</p>
<p>presto al suelo con nos diera y consigo</p>
<p>dejando el reino libre al enemigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh no! jamás. —En la modesta casa</p>
<p>por toda gloria nuestro canto alcemos</p>
<p>y del soberbio dueño conquistemos</p>
<p>el privilegio de llorar sin tasa;</p>
<p>que siempre habrá de ser la vena escasa</p>
<p>por mucho, compañera, que lloremos</p>
<p>para gemir del hombre el cruel dominio</p>
<p>sus ímpetus de sangre y de exterminio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ojalá cuando en guerra desastrada</p>
<p>se despedazan cual salvajes hienas,</p>
<p>pudieran estas lágrimas serenas</p>
<p>su mejilla bañar seca y tostada!</p>
<p>¡Ojalá cuando, en ley desesperada,</p>
<p>lanzan al reo bárbaras condenas</p>
<p>sobre el peligro al tender rasgo inhumano,</p>
<p>regarán estas lágrimas su mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando nos oigan, cuando el loco orgullo</p>
<p>ceda del hombre en nuestro siglo ciego,</p>
<p>no estéril ha de ser el dulce riego</p>
<p>que hoy brota en melancólico murmullo;</p>
<p>nueva generación, ora en capullo,</p>
<p>crecerá, se alzará, brillará al fuego</p>
<p>del maternal amor; sol refulgente</p>
<p>que aun anublado está en la edad presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>En despedidas nuestra vida pasa…</strong></h3>
<p>En despedidas nuestra vida pasa</p>
<p>cada día un adiós ¡ay triste vida!</p>
<p>¡que siendo vida en tiempo tan escasa,</p>
<p>la hayamos de pasar tan afligida!</p>
<p>Aun el de ayer nuestra mejilla abrasa</p>
<p>llanto de la postrera despedida,</p>
<p>y hoy se agolpa a los ojos otro tanto…</p>
<p>¡qué lluvia tan perenne es la del llanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que no dejo hogar en que viviera,</p>
<p>una piedra ni un árbol conocido,</p>
<p>sin que al mirarlo por la vez postrera</p>
<p>no me arranque una lágrima, un gemido;</p>
<p>paso en lamentación mi vida entera:</p>
<p>mas ¿cómo sin lamentos me despido?</p>
<p>¿cómo no ha de llorar el alma mía</p>
<p>cuando te pierdo, hermosa Andalucía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta al mismo dolor si se despide</p>
<p>le damos al pasar una mirada,</p>
<p>una mirada que el espacio mide</p>
<p>de aquella hora en su región pasada.</p>
<p>¿Cómo podéis pensar que el bien se olvide?</p>
<p>¿cómo podéis querer que yo olvidada</p>
<p>de esta hermosa y dulcísima ribera</p>
<p>no le dé ni una lágrima siquiera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las bellas tardes que pasé a su orilla</p>
<p>¿sabéis que fueron para mí muy bellas?</p>
<p>¿sabéis que de la barca más sencilla</p>
<p>gozo en seguir las relucientes huellas?</p>
<p>¿sabéis que es más hermosa cuando brilla</p>
<p>aquí la luna, el sol y las estrellas,</p>
<p>y que voy a sufrir más desconsuelo</p>
<p>cuando me aleje de tan claro cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabéis que necesito en este ambiente</p>
<p>ahogarme en azahar, morirme en rosas</p>
<p>para aliviar mi corazón doliente,</p>
<p>de emociones muy tristes, muy penosas?</p>
<p>¿sabéis que he menester la luz candente</p>
<p>de esas puras mañanas vaporosas,</p>
<p>aspirar de estos huertos en la calma,</p>
<p>para alejar el tedio de mi alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Habéis mirado el agua en la llanura</p>
<p>cuando se oculta el sol en la arboleda,</p>
<p>los árboles bañando y la frescura</p>
<p>y la fragancia que al bañarlos queda</p>
<p>habéis sentido allí… ¡Ah! qué ternura</p>
<p>inspira el son del agua cuando rueda</p>
<p>por los campos de acacia perfumados</p>
<p>y sus ecos muriendo en los collados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡O amiga tierra! ¡O vale regalado!</p>
<p>O sol ardiente, sol de Mediodía,</p>
<p>como al insecto yerto has reanimado</p>
<p>mi ser que en el dolor languidecía;</p>
<p>en pago al caro bien que tú me has dado</p>
<p>te doy mi corazón en mi poesía,</p>
<p>y aunque la hieran con su diente insano</p>
<p>canes que al darles pan muerden la mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco y amargo a su mortal fiereza</p>
<p>hoy mi mano en mis versos les envía,</p>
<p>porque abrasa la fiebre mi cabeza</p>
<p>y no puedo cantar como quería;</p>
<p>yo me llevo conmigo la tristeza,</p>
<p>pero dejar quisiera la alegría,</p>
<p>y no puedo… me ahogo… esfuerzo el canto,</p>
<p>y en vez ¡ay! de cantar prorrumpo en llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Error, mísero error, Lidia, si dicen…</strong></h3>
<p>Error, mísero error, Lidia, si dicen</p>
<p>los hombres que son justos nos mintieron,</p>
<p>no hay leyes que sus yugos autoricen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es justa esclavitud la que nos dieron,</p>
<p>justo el olvido ingrato en que nos tienen?</p>
<p>¡Cuánto nuestros espíritus sufrieron!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal sus hechos tiránicos se avienen</p>
<p>con las altas virtudes, que atrevidos,</p>
<p>en tribunas y púlpitos sostienen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan libertad y sometidos</p>
<p>nuestros pobres espíritus por ellos,</p>
<p>no son dueños de alzar ni sus gemidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan igualdad; y esos tan bellos</p>
<p>amores que les da nuestra pureza</p>
<p>nos pagan con sus pálidos destellos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonan caridad; y esta tristeza</p>
<p>en que ven nuestras almas abismadas</p>
<p>no mueven su piedad ni su terneza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay Lidia! en la niñez siempre olvidadas,</p>
<p>en juventud por la beldad queridas</p>
<p>somos en la vejez muy desgraciadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que miran nuestras vidas</p>
<p>como a plantas de inútiles follajes</p>
<p>que valen sólo cuando están floridas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«No han menester jardín, crezcan salvajes,</p>
<p>rindan como tributo su hermosura.»</p>
<p>¿Qué más osan decir?… ¡Cuántos ultrajes!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos ultrajes! Lidia a la criatura</p>
<p>que tiene un alma pura enamorada</p>
<p>y un corazón tan lleno de ternura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que el alma noble está enojada</p>
<p>de que tantas bondades como encierra</p>
<p>porque nazca mujer sea desdeñada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Verdad que estamos, Lidia, aquí en la tierra,</p>
<p>murmurando las hembras sordamente</p>
<p>contra la injusta ley que nos destierra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No bulle la ambición en nuestra mente</p>
<p>de gobernar los pueblos revoltosos,</p>
<p>que es tan grande saber para otra gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni sentimos arranques belicosos</p>
<p>de disputar el lauro a los varones</p>
<p>en sus hechos, de guerra, victoriosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos de la tribuna y los cañones</p>
<p>y de la adusta ciencia, nuestras vidas,</p>
<p>gloria podemos ser de las naciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no en la ignorancia, no oprimidas,</p>
<p>no por hermosas siempre contempladas</p>
<p>sino por buenas ¡ah! siempre queridas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh madres de otra edad afortunadas</p>
<p>cuán dichosos haréis a vuestros hijos</p>
<p>si en escuela mejor sois enseñadas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sufrirán por males tan prolijos</p>
<p>como aquellos que ya desde la cuna</p>
<p>tienen en el error los ojos fijos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, Lidia, cuando el mundo por fortuna</p>
<p>tras de su largo llanto y dura guerra,</p>
<p>esa feliz prosperidad reúna</p>
<p>ya estaremos tú y yo bajo la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Escuchad mis querellas…</strong></h3>
<p>Escuchad mis querellas,</p>
<p>recinto y flores del placer abrigo,</p>
<p>imágenes tan bellas</p>
<p>como ese cielo que os protege amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asilo de inocencia,</p>
<p>consuelo del dolor, bosque sombrío,</p>
<p>ir quiero a tu presencia,</p>
<p>y tu césped regar con llanto mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el agua de tu fuente</p>
<p>beber acaso por la vez postrera,</p>
<p>y respirar tu ambiente,</p>
<p>besar tus flores, la gentil palmera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que tu dintel guarnece</p>
<p>de lejos saludar entre congojas,</p>
<p>y a la que en torno crece</p>
<p>modesta acacia de menudas hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a los álamos graves</p>
<p>el postrimer adiós dar afligida,</p>
<p>y cantar con las aves</p>
<p>tristísima canción de despedida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tu graciosa alfombra</p>
<p>reposar halagada de ilusiones</p>
<p>bajo la fresca sombra</p>
<p>de tus frondosos sauces y llorones…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus hojas se estremecen</p>
<p>y errantes sombras a mi planta evocan,</p>
<p>que en el viento se mecen,</p>
<p>y mis cabellos con blandura tocan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde aquí la pintura</p>
<p>es más bello admirar de ese tu cielo,</p>
<p>los visos y frescura</p>
<p>de las nubes cercanas a tu suelo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al través de las ramas</p>
<p>mirar el sol que su lumbrera humilla,</p>
<p>y cual de rojas llamas</p>
<p>el Occidente retocado brilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni qué música iguala</p>
<p>al sordo vago suspirar del viento</p>
<p>con que armonioso exhala</p>
<p>un bello día su postrer aliento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! ¡si mi vida entera,</p>
<p>mi cara soledad, recinto amado,</p>
<p>consagrarte pudiera</p>
<p>el mundo huyendo y su falaz cuidado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! que la alegría</p>
<p>de contemplaros con la luz perece</p>
<p>del presuroso día</p>
<p>que a mis ansiosos ojos desparece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esas aves cantoras</p>
<p>que de gozar la tarde fatigadas,</p>
<p>en tropas voladoras</p>
<p>retornan gorjeando a sus moradas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando una sola estrella</p>
<p>con apagada luz brille en el cielo;</p>
<p>cuando la aurora bella</p>
<p>ciña el espacio con purpúreo velo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el nuevo y claro día</p>
<p>con sus tintas anime la pradera;</p>
<p>ellas con alegría</p>
<p>volverán a girar por tu ribera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En turba bulliciosa</p>
<p>los bosques poblarán… y yo entretanto</p>
<p>lejana y silenciosa</p>
<p>las horas contaré de mi quebranto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡ellas tu hermosura</p>
<p>gozarán y tu paz y sus amores!</p>
<p>yo gusté harta ventura</p>
<p>bebí en tus fuentes y besé tus flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Extremada bizarría!…</strong></h3>
<p>¡Extremada bizarría!</p>
<p>¡Rendimiento cortesano!</p>
<p>¡Bondad la del castellano</p>
<p>consumadísima es,</p>
<p>pues con una dama altiva</p>
<p>mueve altivo una querella,</p>
<p>por que logre el triunfo ella</p>
<p>de que se rinda a sus pies!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A quien vencido se aclama</p>
<p>con tan noble gallardía,</p>
<p>no tiene la musa mía</p>
<p>nada, señor, que añadir;</p>
<p>si no es que a vos mucho estima</p>
<p>el sacrificio costoso</p>
<p>del empeño generoso</p>
<p>que os obliga a desistir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal hazaña en vos excede</p>
<p>a una cumplida victoria,</p>
<p>que a veces está la gloria</p>
<p>más que en triunfar, en ceder;</p>
<p>triunfo alcanzáis en rendiros</p>
<p>con galán comedimiento,</p>
<p>mayor que el merecimiento</p>
<p>que lograrais en vencer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Básteos, señor, esto y dejo</p>
<p>que desdeñados garzones</p>
<p>formen grandes coaliciones</p>
<p>en sus odios contra mí,</p>
<p>pues el odio es tan amargo</p>
<p>para el alma que lo siente,</p>
<p>que odiándome injustamente</p>
<p>la pena llevan en sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Gloria del sentimiento</strong></h3>
<p>¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza!</p>
<p>¡Qué gallardo su andar, su voz qué suave!</p>
<p>Rasgos los cielos son de su belleza,</p>
<p>pasos los siglos de su marcha grave;</p>
<p>la voz de la inmortal naturaleza</p>
<p>de sus conciertos la sonora clave,</p>
<p>su acento arroba, su mirar abrasa,</p>
<p>tiembla el mundo a sus huellas cuando pasa.</p>
<p>Yo me enamoro dél: pobre doncella</p>
<p>a la ardiente pasión esclavizada,</p>
<p>la sangre a mi cerebro se atropella</p>
<p>a su paso, a su canto, a su mirada;</p>
<p>medito y me consumo con la estrella,</p>
<p>por el trueno me siento subyugada,</p>
<p>y al ver al tiempo transcurrir ligero</p>
<p>sufro, lo lloro, clamo, desespero.</p>
<p>Seres tranquilos vi sobre la tierra</p>
<p>que esta ansiedad febril nunca padecen,</p>
<p>ni están con los espíritus en guerra,</p>
<p>ni en éxtasis de amor se desvanecen:</p>
<p>cuatro páginas ¡ay!, su libro encierra;</p>
<p>nacen, medran, se nutren, envejecen,</p>
<p>y como nada amaron ni sintieron</p>
<p>nunca se mueren porque no vivieron.</p>
<p>Repose en paz el corazón helado</p>
<p>yo quiero ver lucir tu sol ardiente,</p>
<p>vagar tras de tu voz por el collado,</p>
<p>beber tu aspiración en el ambiente:</p>
<p>¡quiero mirar tu ceño en el nublado,</p>
<p>tu sonrisa en la luna transparente,</p>
<p>en las corrientes aguas tu armonía</p>
<p>y tus halagos en el alma mía!…</p>
<p>Ese es el solo bien del sentimiento,</p>
<p>la sola dicha de la triste alma,</p>
<p>la sola gloria del mayor talento,</p>
<p>del martirio mayor la sola palma;</p>
<p>llevar por adorarte el sufrimiento,</p>
<p>por comprenderte renunciar la calma,</p>
<p>de la pasión en el delirio ciego</p>
<p>ser desgraciada por sentir su fuego.</p>
<p>Sé que al cantarte en mi ilusión suspensa</p>
<p>la trova que mi boca te improvisa,</p>
<p>de los pueblos tendrá por recompensa</p>
<p>desdeñosa y sarcástica sonrisa:</p>
<p>su atmósfera pesada, oscura y densa</p>
<p>no dejará volar tan dulce brisa,</p>
<p>pero en el valle puro en que la exhalo</p>
<p>sirve a las soledades de regalo.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2161 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/carolina2-300x169.png" alt="Poemas de Carolina Coronado" width="694" height="391" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/carolina2-300x169.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/carolina2-768x434.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/carolina2.png 949w" sizes="auto, (max-width: 694px) 100vw, 694px" /></p>
<h3><strong>Hechas polvo caen, hermano…</strong></h3>
<p>Hechas polvo caen, hermano,</p>
<p>las flores del jazminero</p>
<p>y ha perecido el postrero</p>
<p>pimpollo de aquel rosal,</p>
<p>cuyo vástago lozano</p>
<p>tantos hijos sostenía,</p>
<p>que ignoro cómo vivía</p>
<p>la gran planta maternal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, en el firmamento</p>
<p>gran revuelta se prepara</p>
<p>pues la avecilla más cara</p>
<p>de mi jardín emigró;</p>
<p>y por las noches el viento</p>
<p>su vuelo tanto levanta</p>
<p>que de las parras quebranta</p>
<p>las hojas que el sol doró.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sabes de cuál tristeza</p>
<p>se contagian mis sentidos;</p>
<p>no sabes cuántos gemidos</p>
<p>siento en el alma nacer,</p>
<p>cuando apoyo la cabeza</p>
<p>en la pared de mi huerto</p>
<p>oyendo el rumor incierto</p>
<p>que forma el hoja al caer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es que del verde emparrado</p>
<p>me aflija el muerto follaje,</p>
<p>ni porque a playa salvaje</p>
<p>huya el pájaro leal;</p>
<p>por lo que siento angustiado</p>
<p>mi pecho con las señales</p>
<p>del ave, de los parrales,</p>
<p>del jazmín y del rosal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué me importan los jazmines,</p>
<p>ni las rosas, ni las aves,</p>
<p>cuando, hermano, muy más graves</p>
<p>pesadumbres tengo yo?</p>
<p>Cuando en horas tan ruines</p>
<p>doliente paso la vida,</p>
<p>¿qué me importa la caída</p>
<p>de la flor que se agostó?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas oye, cuando fenecen</p>
<p>las florecillas, hermano,</p>
<p>cuando al suelo americano</p>
<p>las golondrinas se van,</p>
<p>unas sombras aparecen</p>
<p>en el viento conmovido</p>
<p>que a mi cuerpo estremecido</p>
<p>prolongada muerte dan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Surge a mis ojos el llanto</p>
<p>y mi espíritu se abate</p>
<p>y en mi seno apenas late</p>
<p>sofocado el corazón;</p>
<p>y en doloroso quebranto</p>
<p>mi cuerpo endeble flaquea,</p>
<p>y se conturba mi idea</p>
<p>y es todo en mí confusión…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, el otoño viene</p>
<p>de esas sombras circundado</p>
<p>de ese funesto nublado</p>
<p>que en mi endeble juventud,</p>
<p>tan extraño influjo tiene</p>
<p>que el temor de su venida</p>
<p>me hace escuchar la caída</p>
<p>del hoja con inquietud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, el otoño llega</p>
<p>y se agobia el alma mía:</p>
<p>su grave melancolía,</p>
<p>¿quién sabe si acortará</p>
<p>esta vida que se entrega</p>
<p>a merced de ese nublado</p>
<p>que por el aire agitado</p>
<p>como una fantasma va?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Hijo del mar, espíritu querido!…</strong></h3>
<p>¡Hijo del mar, espíritu querido!,</p>
<p>alto ingenio inmortal de la poesía,</p>
<p>escucha desde el mar este gemido</p>
<p>que mi amoroso corazón te envía:</p>
<p>yo te adoro en el mar, y yo he venido</p>
<p>a escuchar en sus hondas tu armonía</p>
<p>y en su brisa tu aliento a respirar,</p>
<p>porque están mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas noches al rayo de la luna</p>
<p>te he visto en la mitad del Océano</p>
<p>maldiciendo el rigor de tu fortuna</p>
<p>y mi sombra hacia ti llamando en vano;</p>
<p>y a las olas que van una por una</p>
<p>a estrellarse en el muro gaditano,</p>
<p>les digo que te lleven mi cantar</p>
<p>cuando se tornen con la aurora al mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre esa torre que en la noche oscura</p>
<p>brilla como la luz de tu mirada,</p>
<p>muchas veces también subo agitada</p>
<p>a mirar tu bajel desde la altura;</p>
<p>y si está su bandera enarbolada,</p>
<p>mi voz en las borrascas te conjura</p>
<p>para que puedan libres navegar</p>
<p>los amores que tengo en este mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregúntale a la tórtola africana,</p>
<p>si al cruzar por las costas españolas,</p>
<p>no me encontró llorando esta mañana</p>
<p>al pie de las marinas banderolas;</p>
<p>yo le rogué que fuera por las olas</p>
<p>a buscar a tu nave soberana,</p>
<p>y a decirte, poeta, en su cantar</p>
<p>que tengo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú de mi juventud primer suspiro,</p>
<p>la primera ilusión de mis cantares,</p>
<p>el fecundo laurel del Manzanares,</p>
<p>cuyas hojas perfuman mi retiro;</p>
<p>tú cuya imagen en las olas miro,</p>
<p>porque eres hijo de los bellos mares,</p>
<p>escucha, si me puedes escuchar,</p>
<p>el amoroso adiós que doy al mar…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdón, amigos, si al sonar mi acento</p>
<p>en el último adiós de despedida,</p>
<p>la mente absorta en su ilusión querida</p>
<p>arrebató mi voz por un momento:</p>
<p>nunca de la amistad el sentimiento</p>
<p>mi agradecido corazón olvida;</p>
<p>pero mirad cuán grande es mi penar</p>
<p>que dejo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagarosa ilusión del alma mía</p>
<p>es ya la imagen que en las olas veo;</p>
<p>pero es la sola dicha que poseo,</p>
<p>y venturosa en mi ilusión vivía;</p>
<p>y al dejar esa dicha que tenía,</p>
<p>cuando perderla para siempre creo,</p>
<p>sólo deciros puedo en mi cantar</p>
<p>que tengo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdón, amigos, si empecé mi canto</p>
<p>a una memoria de eternal consuelo,</p>
<p>y por amante respetad mi duelo</p>
<p>si al recordar su nombre sufro tanto;</p>
<p>y por amante respetad mi llanto</p>
<p>si en esta agitación y este desvelo</p>
<p>al deciros adiós vengo a llorar</p>
<p>¡porque dejo su tumba en ese mar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto dolor aguarda a mi existencia</p>
<p>lejos del mar que mi tristeza calma,</p>
<p>y harta paciencia necesita el alma</p>
<p>para sufrir, amigos, esta ausencia;</p>
<p>pero si logro al fin con la paciencia</p>
<p>de mi martirio conquistar la palma,</p>
<p>yo volveré después de mi penar</p>
<p>a buscar mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más tarde o más temprano mi barquilla</p>
<p>naufragará en la costa gaditana,</p>
<p>y arrojará la mar hasta la orilla</p>
<p>entre la espuma mi reliquia humana;</p>
<p>y esa poetisa, que me nombra hermana,</p>
<p>os dirá con su voz clara y sencilla:</p>
<p>«Aquí vino su sombra a descansar,</p>
<p>porque están sus amores en el mar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Jesús! la tremenda guerra…</strong></h3>
<p>¡Jesús! la tremenda guerra</p>
<p>que movéis a mis canciones</p>
<p>me maravilla y me aterra.</p>
<p>¿No salen en nuestra tierra</p>
<p>por las damas campeones</p>
<p>y salen por los garzones?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vaya en gracia, caballero,</p>
<p>de perseguidos donceles</p>
<p>paladín; sois el primero</p>
<p>que por sostener infieles</p>
<p>a las damas guante fiero</p>
<p>arroja en el suelo ibero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque enemigos los dos</p>
<p>que andante vayáis alabo</p>
<p>de malas causas en pos,</p>
<p>pues vos pensaréis «al cabo</p>
<p>al bueno le ayuda Dios»</p>
<p>y ayudáis al malo vos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es generoso el deseo</p>
<p>de amparar al no creído,</p>
<p>mas, Señor, a lo que veo</p>
<p>en esta querella creo,</p>
<p>que puede ya el descreído</p>
<p>creer que seréis vencido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empeño tan sin razón</p>
<p>os puede costar muy caro</p>
<p>que es mucha mi condición,</p>
<p>y si la guerra os declaro</p>
<p>quedaréis con el garzón</p>
<p>malparado en mi canción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, pues así lo pretende</p>
<p>vuestra musa respondona,</p>
<p>mire bien cual se defiende,</p>
<p>porque mi numen no ofende,</p>
<p>pero al que «guerra» le entona</p>
<p>vence, sigue, y no perdona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Conque decís que la llama</p>
<p>del dulcísimo deseo,</p>
<p>que el pecho rendido inflama</p>
<p>del garzón que tierno ama,</p>
<p>se muda en rencor tan feo</p>
<p>al soplo del no te creo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Válgaos Dios, buen caballero</p>
<p>de que mala condición</p>
<p>será el amante garzón</p>
<p>que trueque en odio fiero,</p>
<p>por un desdén la pasión</p>
<p>que inflamó su corazón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya vuestra causa es perdida;</p>
<p>¿pues no veis por vuestra vida,</p>
<p>que autorizáis el desvío</p>
<p>de la dama descreída,</p>
<p>tan egoísta amorío</p>
<p>describiendo, Señor mío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No pensáis que con razón</p>
<p>al conocer esa llama,</p>
<p>de tan innoble pasión,</p>
<p>debe responder la dama</p>
<p>a vuestro amante garzón</p>
<p>con semejante canción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Quien odia por un desvío</p>
<p>muestra que no supo amar.</p>
<p>Y pues fingisteis impío,</p>
<p>harto bien el pecho mío,</p>
<p>mal garzón hizo en dudar</p>
<p>de vuestro falso llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Quien así muda el halago</p>
<p>en baja reconvención</p>
<p>muestra indigno corazón,</p>
<p>y os he dado justo pago</p>
<p>rechazando mal garzón,</p>
<p>vuestra mentida pasión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Llamáis a mi amor ateo</p>
<p>porque del vuestro dudé,</p>
<p>mas garzón a lo que veo</p>
<p>si os hubiera dicho os creo,</p>
<p>vos respondierais a fe,</p>
<p>porque os creí, la engañé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y pues pretende engañar</p>
<p>el uno aquí de los dos,</p>
<p>el otro debe dudar;</p>
<p>que vale más no adorar</p>
<p>que adorar a un falso Dios,</p>
<p>no amar, que amaros vos».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya veis Señor las razones</p>
<p>que a los hombres engreídos</p>
<p>da la dama en sus canciones.</p>
<p>¡Cómo han de ser los garzones,</p>
<p>por votos de amor creídos,</p>
<p>si sus votos son fingidos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La flor del agua</strong></h3>
<p>¿Por qué tiembla? —No lo sabe.</p>
<p>¿Qué aguarda en el lago? —Nada.</p>
<p>De las aguas enlazada</p>
<p>a los hilos su raíz,</p>
<p>el movimiento suave</p>
<p>de la linfa va siguiendo,</p>
<p>la cabeza sumergiendo</p>
<p>del agua, al menor desliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así la halló la alborada,</p>
<p>así la encuentra el lucero,</p>
<p>siempre el esfuerzo postrero</p>
<p>haciendo para bogar;</p>
<p>y en las olas la encallada,</p>
<p>vaga y frágil navecilla</p>
<p>sin poder la florecilla</p>
<p>impeler ni abandonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Movimiento que no cesa,</p>
<p>ansiedad que se dilata,</p>
<p>ni el agua que sus pies ata</p>
<p>sostiene a <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-angel-de-saavedra-duque-de-rivas/">la débil flor</a>,</p>
<p>ni deja, en sus olas presa,</p>
<p>que vaya libre flotando,</p>
<p>quiere que viva luchando</p>
<p>siempre en continuo temblor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya se inunda!… ¡Ya se eleva!…</p>
<p>¡Ya la corriente la traga!…</p>
<p>¡Ya navega… ya naufraga!</p>
<p>¡Ya se salva… ya venció!</p>
<p>¡Ya el agua otra vez la lleva</p>
<p>en sus urnas sepultada!…</p>
<p>¡Ya de nuevo sobre—nada</p>
<p>en el agua que la hundió!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flor del agua, ¡cuántas flores</p>
<p>viven en paz en la tierra!</p>
<p>Sola tú vives en guerra</p>
<p>en tu acuático jardín:</p>
<p>te da la lluvia temores,</p>
<p>el manso pez te estremece</p>
<p>y tu belleza parece</p>
<p>sin gozar descanso, al fin.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, poetisa, flor del lago,</p>
<p>por amante, por cantora,</p>
<p>has venido en mala hora</p>
<p>con tu lira y tu pasión;</p>
<p>que en el siglo extraño y vago</p>
<p>a quien vida y arpa debes</p>
<p>dondequiera que le lleves</p>
<p>fluctuará tu corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las cantoras primeras</p>
<p>que a nuestra España venimos</p>
<p>por sólo cantar sufrimos,</p>
<p>penamos por sólo amar;</p>
<p>porque en la mente quimeras</p>
<p>de un bello siglo traemos</p>
<p>y cuando este siglo vemos</p>
<p>no sabemos do hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las primeras mariposas</p>
<p>que a la estación se adelantan</p>
<p>y su capullo quebrantan</p>
<p>sin aguardar al abril,</p>
<p>nunca saben temblorosas</p>
<p>adonde fijar las alas,</p>
<p>siempre temen que sus galas</p>
<p>destroce el aire sutil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ráfagas las combaten,</p>
<p>las extrañan los insectos</p>
<p>y de giros imperfectos</p>
<p>si cansado el vuelo ya,</p>
<p>sobre las plantas lo abaten</p>
<p>buscando el capullo amigo</p>
<p>hallan que néctar ni abrigo</p>
<p>la flor en botón les da.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las orugas que encerradas</p>
<p>aún están en sus clausuras</p>
<p>mañana al campo seguras</p>
<p>podrán sus alas tender;</p>
<p>mas, aquellas desdichadas</p>
<p>que antes cruzan la pradera</p>
<p>¡morirán, la primavera</p>
<p>risueña, sin conocer!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuál es tu barca? —Una lira.</p>
<p>—¿Qué traes en ella? —Sonidos.</p>
<p>—¿Vuélvete, que no hay oídos</p>
<p>para tus sones aquí;</p>
<p>vuélvete joven, y mira</p>
<p>si en tu barca, más sonoro,</p>
<p>puedes trasportarnos oro</p>
<p>u otro cargamento así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién te llama? ¿A qué nos vienes</p>
<p>con peregrinas canciones</p>
<p>El trueno de los cañones</p>
<p>del siglo el concierto es,</p>
<p>y en vano sus anchas sienes</p>
<p>pretenden ceñir de flores,</p>
<p>¡ay! sus pies destrozadores</p>
<p>hollarán cuantas te des.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Vienes de nuevo, alma mía,</p>
<p>qué traes en la barca? —Amores—.</p>
<p>Torna a otras tierras mejores,</p>
<p>torna el camino a emprender;</p>
<p>si es oro nuestra poesía</p>
<p>nuestros amores son… nada.</p>
<p>Ve si la nave cargada</p>
<p>de cetros puedes traer,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, si no de amor, tenemos</p>
<p>tan elevadas pasiones</p>
<p>que sentimos ambiciones</p>
<p>de un cetro cada garzón;</p>
<p>y cada garzón podemos</p>
<p>con nuestros genios profundos</p>
<p>media docena de mundos</p>
<p>fundir en una nación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Otra vez? ¿Qué traes ahora?…</p>
<p>Siempre en el mismo camino</p>
<p>sobre el cauce cristalino</p>
<p>en su barquilla la flor:</p>
<p>así la dejó la aurora,</p>
<p>así la encuentra el lucero</p>
<p>siempre en el afán primero,</p>
<p>siempre en el mismo temblor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, poetisa, flor del lago,</p>
<p>por amante, por cantora</p>
<p>has venido en mala hora</p>
<p>con tu amor y tu cantar:</p>
<p>que en el siglo extraño y vago,</p>
<p>a quien vida y arpa debes,</p>
<p>dondequiera que la lleves</p>
<p>puede el alma naufragar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, escucha no estás sola,</p>
<p>flor del agua, en el riachuelo;</p>
<p>contigo en igual desvelo</p>
<p>hay florecillas también:</p>
<p>que reluchan contra el ola,</p>
<p>que vacilan, que se anegan,</p>
<p>que nunca libres navegan</p>
<p>ni en salvo su barca ven;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, enlazan sus raíces</p>
<p>a la planta compañera</p>
<p>y viven en la ribera</p>
<p>sosteniéndose entre sí:</p>
<p>y cual ella más felices</p>
<p>desde hoy serán nuestras vidas</p>
<p>si con las almas unidas,</p>
<p>vivimos, las dos así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La luna es una ausencia</strong></h3>
<p>Y tú, ¿quién eres de la noche errante</p>
<p>aparición que pasas silenciosa,</p>
<p>cruzando los espacios ondulantes</p>
<p>tras los vapores de la nube acuosa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negra la tierra, triste el firmamento,</p>
<p>ciegos mis ojos sin tu luz estaban,</p>
<p>y suspirando entre el oscuro viento</p>
<p>tenebrosos espíritus vagaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos</p>
<p>perfiles asomar con lenta calma,</p>
<p>como tu rayo descendió a mis ojos,</p>
<p>tierna alegría descendió a mi alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y a mis ruegos acudes perezosa</p>
<p>cuando amoroso el corazón te ansía?</p>
<p>Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa</p>
<p>hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La luz del día se apaga…</strong></h3>
<p>La luz del día se apaga;</p>
<p>rosa blanca, sola y muda</p>
<p>entre los álamos vaga</p>
<p>de la arboleda desnuda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se desliza tan leve,</p>
<p>que el pájaro adormecido</p>
<p>toma su andar por ruido</p>
<p>de hoja que la brisa mueve,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni para ver en su ocaso</p>
<p>al sol hermoso un instante</p>
<p>ha detenido su paso</p>
<p>indiferente y errante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni de la noche llegada</p>
<p>a las tinieblas atiende,</p>
<p>ni objeto alguno suspende</p>
<p>su turbia incierta mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ni lágrimas ni acentos,</p>
<p>ni un suspiro mal ahogado</p>
<p>revelan los sufrimientos</p>
<p>de su espíritu apenado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tal vez de tantos gemidos</p>
<p>tiene el corazón postrado!</p>
<p>¡Tal vez sus ojos rendidos</p>
<p>están, de mal tan llorado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez no hay un pensamiento</p>
<p>en su cabeza marchita,</p>
<p>y en brazos del desaliento</p>
<p>ni oye, ni ve, ni medita.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poeta «suave rosa»</p>
<p>llamóla, muerto de amores</p>
<p>¡El poeta es mariposa</p>
<p>que adula todas las flores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bella es la azucena pura,</p>
<p>dulce la aroma olorosa</p>
<p>y la postrera hermosura</p>
<p>es siempre la más hermosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En sus amantes desvelos</p>
<p>la envidiaron las doncellas;</p>
<p>mas ¡ay! son para los celos</p>
<p>todas las rivales bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viose en transparente espejo</p>
<p>linda la joven cabeza;</p>
<p>mas tal vez dio en su reflejo</p>
<p>su vanidad la belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué importa si es hermosa?</p>
<p>sola, muda y abismada</p>
<p>sólo busca la apartada</p>
<p>arboleda silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y allí cuando debilita</p>
<p>su espíritu el sufrimiento,</p>
<p>en brazos del desaliento</p>
<p>ni oye, ni ve, ni medita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La niebla del diciembre quebrantaba…</strong></h3>
<p>La niebla del diciembre quebrantaba</p>
<p>del sol los melancólicos fulgores</p>
<p>cuando en mi corazón de tus amores</p>
<p>el acento primero resonaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El segundo diciembre se acercaba</p>
<p>trayendo para mí nieblas mayores</p>
<p>que a merced de los vientos bramadores</p>
<p>tu nave en el Atlántico bogaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el diciembre tercero aparecía</p>
<p>templado, alegre como el mayo hermoso</p>
<p>y eras tú mi suspiro todavía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cuarto arrebatado, tempestuoso,</p>
<p>vino a robarme la ventura mía</p>
<p>¡ay! mas no a dar a mi pasión reposo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La poetisa del pueblo</strong></h3>
<p>“¡Ya viene, mírala! ¿Quién?</p>
<p>– Esa que saca coplas.</p>
<p>–Jesús que mujer más rara.</p>
<p>–Tiene los ojos de loca”.</p>
<p>“Más valía que aprendiera</p>
<p>a barrer que a decir coplas.</p>
<p>-Vamos a echarla de aquí.</p>
<p>-¿Cómo? -Riéndonos todas.”</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La rosa blanca</strong></h3>
<p>¿Cuál de las hijas del verano ardiente,</p>
<p>cándida rosa, iguala a tu hermosura,</p>
<p>la suavísima tez y la frescura</p>
<p>que brotan de tu faz resplandeciente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sonrosada luz de alba naciente</p>
<p>no muestra al desplegarse más dulzura,</p>
<p>ni el ala de los cisnes la blancura</p>
<p>que el peregrino cerco de tu frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así, gloria del huerto, en el pomposo</p>
<p>ramo descuellas desde verde asiento;</p>
<p>cuando llevado sobre el manso viento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a tu argentino cáliz oloroso</p>
<p>roba su aroma insecto licencioso,</p>
<p>y el puro esmalte empaña con su aliento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Lágrima viva de la fresca aurora…</strong></h3>
<p>Lágrima viva de la fresca aurora,</p>
<p>a quien la mustia flor la vida debe,</p>
<p>y el prado ansioso entre el follaje embebe;</p>
<p>gota que el sol con sus reflejos dora;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que en la tez de las flores seductora</p>
<p>mecida por el céfiro más leve,</p>
<p>mezclas de grana tu color de nieve</p>
<p>y de nieve su grana encantadora:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a mezclarte con mi triste lloro,</p>
<p>y a consumirte en mi mejilla ardiente;</p>
<p>que acaso correrán más dulcemente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>las lágrimas amargas que devoro…</p>
<p>mas ¡qué fuera una gota de rocío</p>
<p>perdida entre el raudal del llanto mío…!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Libertad</strong></h3>
<p>Risueños están los mozos,</p>
<p>gozosos están los viejos</p>
<p>porque dicen, compañeras,</p>
<p>que hay libertad para el pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo es la turba cantares,</p>
<p>los campanarios estruendo,</p>
<p>los balcones luminarias,</p>
<p>y las plazuelas festejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran novedad en las leyes,</p>
<p>que, os juro que no comprendo,</p>
<p>ocurre cuando a los hombres</p>
<p>en tal regocijo vemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos bienes se preparan,</p>
<p>dicen los doctos al reino,</p>
<p>si en ello los hombres ganan</p>
<p>yo, por los hombres, me alegro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, por nosotras, las hembras,</p>
<p>ni lo aplaudo, ni lo siento,</p>
<p>pues aunque leyes se muden</p>
<p>para nosotras no hay fueros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿qué nos importa?</p>
<p>¿qué ganamos, qué tendremos?</p>
<p>¿un encierro por tribuna</p>
<p>y una aguja por derecho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿de qué nos vale</p>
<p>si son los tiranos nuestros</p>
<p>no el yugo de los monarcas,</p>
<p>el yugo de nuestro sexo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿pues no es sarcasmo</p>
<p>el que nos hacen sangriento</p>
<p>con repetir ese grito</p>
<p>delante de nuestros hierros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¡ay! para el llanto</p>
<p>tuvímosla en todos tiempos;</p>
<p>con los déspotas lloramos,</p>
<p>con tributos lloraremos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, humanos y generosos</p>
<p>estos hombres, como aquellos,</p>
<p>a sancionar nuestras penas</p>
<p>en todo siglo están prestos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los mozos están ufanos,</p>
<p>gozosos están los viejos,</p>
<p>igualdad hay en la patria,</p>
<p>libertad hay en el reino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, os digo, compañeras,</p>
<p>que la ley es sola de ellos,</p>
<p>que las hembras no se cuentan</p>
<p>ni hay Nación para este sexo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso aunque los escucho</p>
<p>ni me aplaudo ni lo siento;</p>
<p>si pierden ¡Dios se lo pague!</p>
<p>y si ganan ¡buen provecho!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Libre será la voz, fuerte el aliento…</strong></h3>
<p>Libre será la voz, fuerte el aliento;</p>
<p>sonoro el instrumento</p>
<p>que vuestro canto, Alfonso, han sostenido,</p>
<p>cuando torpe y doliente</p>
<p>la humanidad presente</p>
<p>al inaudito son se ha conmovido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pueblo en pueblo, hasta el confín de España</p>
<p>llegó la voz extraña,</p>
<p>de ese mi pobre valle, nunca oída,</p>
<p>y aun del valle tranquilo</p>
<p>en el oscuro asilo</p>
<p>con entusiasmo ardiente fue acogida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco de claras letras entendemos</p>
<p>las hembras que nacemos</p>
<p>en el rincón, sin luz, de humilde villa;</p>
<p>y poco nos cuidamos</p>
<p>de ésos que no estudiamos</p>
<p>volúmenes de Francia o de Castilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tardo, como de sordos, el oído</p>
<p>apenas el sonido</p>
<p>del agudo talento ¡ay! nos alcanza;</p>
<p>y turbios nuestros ojos</p>
<p>ven siempre con enojos</p>
<p>las luces del saber, en lontananza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Postrado el femenil entendimiento</p>
<p>en hondo abatimiento</p>
<p>las vidas silenciosas consumimos;</p>
<p>ajenas a la fama</p>
<p>con que la tierra aclama</p>
<p>los sabios cuyas lenguas no entendimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, una rara historia desdoblamos</p>
<p>en cuyo centro hallamos</p>
<p>impresos nuestros propios corazones,</p>
<p>y ansiosas, palpitantes;</p>
<p>con ojos anhelantes</p>
<p>cruzamos, sin descanso, sus renglones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De lágrimas, Señor, la vena rota</p>
<p>vierais, gota por gota</p>
<p>las páginas bañar de vuestro escrito:</p>
<p>las almas inflamadas</p>
<p>vierais arrebatadas,</p>
<p>de gratitud, alzarse al infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos solo revelasteis sentimientos</p>
<p>que nunca los acentos</p>
<p>de nuestros pechos modular osaron:</p>
<p>sólo en los labios vuestros</p>
<p>los infortunios nuestros</p>
<p>hoy sus fieles intérpretes hallaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto sabéis de penas femeninas!</p>
<p>¡Cuán puras y argentinas</p>
<p>corrientes de palabras generosas,</p>
<p>tierno y profundo sabio,</p>
<p>manan de vuestro labio</p>
<p>y alivian nuestras almas fatigosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escala de las penas de la vida</p>
<p>tan larga y tan sentida,</p>
<p>habéis en nuestra historia recorrido,</p>
<p>y con distintos sones</p>
<p>todos los corazones</p>
<p>vibrando fuertemente han respondido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que explica para docta gente</p>
<p>política eminente</p>
<p>de vuestro libro la preciosa historia:</p>
<p>dicen, que en las naciones</p>
<p>turbulentas pasiones</p>
<p>se levantan en torno a vuestra gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rudas, señor, y frívolas mujeres,</p>
<p>de los ilustres seres</p>
<p>los encumbrados juicios no alcanzamos;</p>
<p>pero las almas puras</p>
<p>de las buenas criaturas</p>
<p>mil votos por instinto os consagramos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os alaben los pueblos oprimidos</p>
<p>porque habéis sus gemidos</p>
<p>con soberano esfuerzo levantado,</p>
<p>y humíllense en la tierra</p>
<p>los que movieron guerra</p>
<p>al valiente pendón que hais tremolado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La patria que en sus ínclitos blasones</p>
<p>muestra Napoleones,</p>
<p>láurea corona en vuestra sien suspenda;</p>
<p>mas, permitid que os lleve,</p>
<p>Señor, aunque tan leve,</p>
<p>el arpa femenil, su justa ofrenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pues no somos también seres humanos?</p>
<p>¿No son nuestros hermanos</p>
<p>los que osáis ahogar por nuestras vidas?</p>
<p>¿No debemos cantaros</p>
<p>y las manos bañaros,</p>
<p>de lágrimas, señor, agradecidas…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suban entre el ferviente clamoreo</p>
<p>del aplauso europeo</p>
<p>nuestros votos también a vuestro oído,</p>
<p>como sube al ambiente</p>
<p>con la voz del torrente</p>
<p>el trino de la alondra confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy estamos del mundo en las regiones</p>
<p>hembras, niños, varones,</p>
<p>a general concierto convocados,</p>
<p>caiga perpetua mengua</p>
<p>sobre aquél cuya lengua</p>
<p>por vos no rompa en himnos acordados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del femenino coro aun el acento</p>
<p>embarga el sentimiento,</p>
<p>ya cantaros, Señor, vengo yo sola;</p>
<p>oídme con dulzura,</p>
<p>que es verdadera y pura</p>
<p>la ardiente bendición de una española.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vos sois francés; la Francia os merecía;</p>
<p>pero no es patria mía,</p>
<p>y al ensalzar vuestro glorioso nombre</p>
<p>añado tristemente:</p>
<p>¡Oh Dios omnipotente!</p>
<p>¿Por qué no es español tan grande hombre?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Llevadme a contemplar su estatua bella…</strong></h3>
<p>Llevadme a contemplar su estatua bella,</p>
<p>llevadme a su soberbio mausoleo…</p>
<p>¡Ah! que olvidaba, Hernán, en mi deseo</p>
<p>que éste es mezquino e ilusoria aquélla;</p>
<p>¿y en tu patria por qué? ¿qué diste a ella</p>
<p>para alcanzar de España ese trofeo?</p>
<p>¡Cuestan ¡oh! mucho piedras y escultores</p>
<p>para labrarte, Hernán, tales primores!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que el héroe se levanta</p>
<p>y hacia América el brazo armado tiende,</p>
<p>que avergonzada España le comprende</p>
<p>y el rostro no osa alzar fijo en su planta,</p>
<p>ella, la dueña de riqueza tanta,</p>
<p>hasta la prez de su conquista vende,</p>
<p>y aun juzga escaso el ganancioso fruto</p>
<p>para ofrecerle un mármol por tributo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a su casa venga el extranjero,</p>
<p>¿qué osará responder la noble dama</p>
<p>si anhela ver, llevado por su fama,</p>
<p>la tumba del ilustre caballero?</p>
<p>«Ved, le dirá, si el cementerio ibero</p>
<p>guarda un sepulcro que de Hernán se llama,</p>
<p>que a mí, pues heredé ya su fortuna,</p>
<p>ni su tumba me importa ni su cuna».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eso dirá, y el hijo de Bretaña</p>
<p>o el vecino francés, si el huésped fuera,</p>
<p>con sarcástica risa respondiera</p>
<p>a la matrona: «descastada España,</p>
<p>con que no le valió a Cortés la hazaña</p>
<p>ni una tumba de mármoles siquiera?</p>
<p>¿Y nacen héroes en la tierra ingrata</p>
<p>que así los huesos de los héroes trata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Es la igualdad que esa nación proclama</p>
<p>la que deja en el polvo confundido,</p>
<p>al buen conquistador con el bandido,</p>
<p>al que la presta honor y al que la inflama?</p>
<p>Grande nación esa nación se llama,</p>
<p>y la imagen del hombre esclarecido</p>
<p>no levanta cien palmos sobre el suelo</p>
<p>para mostrarla al pueblo por modelo…?»—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Callad, callad, que vuestra lengua mata;</p>
<p>no a lamentar venís nuestro destino,</p>
<p>sino a mofaros dél, el mal vecino,</p>
<p>y a desolarnos más, el cruel pirata;</p>
<p>si es con sus hijos nuestra tierra ingrata,</p>
<p>nada os importa, andad vuestro camino,</p>
<p>que así cual es la madre que tenemos</p>
<p>mejor que a las madrastas la queremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así cual es, la envidian las naciones,</p>
<p>virtudes brota en manantial fecundo,</p>
<p>Corteses manda a conquistar el mundo,</p>
<p>que descubren por ella los Colones;</p>
<p>si Bonaparte, rotas sus legiones,</p>
<p>la paz desecha, con desdén profundo,</p>
<p>Cortés entre salvajes y traidores</p>
<p>pone incendio a sus buques salvadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arde la flota, irrítase la gente</p>
<p>a quien cierra la huida acción tamaña;</p>
<p>solo, perdido sobre tierra extraña,</p>
<p>Cortés la doma, al bárbaro hace frente,</p>
<p>y conquistarlo y tórnase él valiente</p>
<p>a rendir su laurel glorioso a España,</p>
<p>que… lo destierra, lo aprisiona en vida</p>
<p>y lo desprecia en muerte… agradecida.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No veremos, Hernán, tu estatua bella</p>
<p>ni tu losa hallaremos ignorada;</p>
<p>pero en mi tierra existe la morada</p>
<p>donde estampaste tu primera huella;</p>
<p>pensaremos en ti delante de ella,</p>
<p>la extremeña familia arrebatada</p>
<p>de orgullo; porque plugo a la fortuna</p>
<p>en nuestra tierra colocar tu cuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los cantos de Safo</strong></h3>
<p>Como el aura suavísima resbala</p>
<p>de placer en placer fácil mi vida:</p>
<p>entre el amor y gloria dividida,</p>
<p>¿cuál es la dicha que a mi dicha iguala?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al lado de Faón, su amor cantando;</p>
<p>con la luz de sus ojos fascinada;</p>
<p>dicha inmensa es de Safo bienhadada</p>
<p>perder sus horas en deliquio blando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicha inmensa es de Safo venturosa</p>
<p>que su amante en el aire que respira</p>
<p>beba el acento de la tierna lira,</p>
<p>que tan sólo por él suena amorosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo a mis ojos inefable llanto</p>
<p>gota por gota el corazón destila,</p>
<p>si un instante su faz dulce y tranquila</p>
<p>brilla gozosa al escuchar mi canto!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Si de su boca en lisonjero arrullo</p>
<p>la voz desciende a celebrar mi lira,</p>
<p>y hálito vago que su labio expira</p>
<p>mis sienes cerca entre el falaz murmullo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siento, Faón, tu delicado aliento</p>
<p>bullir entorno de la frente mía,</p>
<p>y en deliciosos tonos de armonía</p>
<p>herirme el corazón tus voces siento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El corazón sus golpes precipita</p>
<p>al eco de tu voz apasionada:</p>
<p>a un suspiro, a un acento, a una mirada</p>
<p>como el seno de tórtola se agita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No temo entonces que por bella alguna</p>
<p>perjuro olvides tu feliz cantora,</p>
<p>ni atractiva beldad venga en mal hora</p>
<p>a destrozar mi plácida fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y quién la flor de la ventura mía</p>
<p>osará marchitar con mano aleve?</p>
<p>¿Quién a usurpar tu corazón se atreve</p>
<p>y a reinar donde Safo reinó un día?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! no soy bella: su preciosa mano</p>
<p>en mi rostro los Dioses no imprimieron;</p>
<p>más al alma benignos concedieron</p>
<p>de los genios el numen soberano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cítara en mis manos peregrina</p>
<p>las hermanas de Febo colocaron,</p>
<p>y de entusiasmo el corazón llenaron</p>
<p>de amor ardiente e inspiración divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Goza de triunfos la beldad un día,</p>
<p>que el porvenir destruye rigoroso;</p>
<p>cuando el genio entre aplausos victorioso</p>
<p>de la inmortalidad al templo guía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lecho de tierra y silencioso olvido</p>
<p>sólo del mundo la hermosura alcanza:</p>
<p>el estrecho sepulcro a do se lanza,</p>
<p>los rayos borrará de haber nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual sueño pasará, si el genio alzando</p>
<p>la poderosa voz no la eterniza,</p>
<p>su cantar que a los siglos se desliza</p>
<p>vida preciosa a sus cenizas dando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo también cantaré: también mis voces,</p>
<p>tierna Faón, tu nombre repitiendo,</p>
<p>con tu amor y mi amor sobreviviendo,</p>
<p>al porvenir sin fin irán veloces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo a esa Grecia opulenta, sabia y justa</p>
<p>arrancaré un aplauso duradero,</p>
<p>una corona como el grande Homero</p>
<p>a mis sienes tal vez ceñiré augusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mírala ¡oh Faón! y tu sonrisa</p>
<p>premie el esfuerzo de tu Safo amada,</p>
<p>más plácida a su ser que en la alborada</p>
<p>place a las flores la naciente brisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Los quince años</strong></h3>
<p>Dejas apenas la risueña infancia;</p>
<p>juegos, placeres de su edad dejaste.</p>
<p>Ya el dulce brillo de los quince mayos</p>
<p>cerca tus sienes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Niña aún graciosa, la infantil sonrisa</p>
<p>bulle en tus labios, como el aura tenue.</p>
<p>Juega en el seno de entreabiertas rosas</p>
<p>fresca y fugace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tinta ligera de carmín suave</p>
<p>vase tendiendo por tu tez de nieve.</p>
<p>Como de luna sonrosado cerco</p>
<p>brilla en tu rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Virgen, tu bella juventud al mundo</p>
<p>muéstrase alegre, candorosa y pura.</p>
<p>Tal entre rocas cristalina fuente</p>
<p>brota en la sierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vesla que nace sosegada y tersa,</p>
<p>clara tendiendo sus dorados hilos.</p>
<p>Sigue su curso: caminando, mira</p>
<p>cómo se enturbia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, que tu bella juventud al mundo</p>
<p>muéstrase alegre, candorosa y pura!</p>
<p>Mas ¡ay! ¡cuán presto la serena vida</p>
<p>tuerce su paso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el adormido corazón despierta</p>
<p>voz misteriosa, que de amor le inflama.</p>
<p>Virgen, ¿no sientes palpitar tu seno</p>
<p>más agitado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya las mejillas de encarnado vivo</p>
<p>tiñe la nueva confusión del alma.</p>
<p>Fijos en tierra los turbados ojos</p>
<p>lágrimas brotan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay de la hermosa libertad perdida!</p>
<p>¡ay del sosiego de perdida infancia!</p>
<p>¡Ay del tranquilo corazón tan libre,</p>
<p>ya aprisionado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ansias, cuidados, agitadas horas,</p>
<p>largos afanes tras ventura escasa</p>
<p>por solo y triste galardón espera</p>
<p>virgen amante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Madrid aguarda tu triunfal salida…</strong></h3>
<p>Madrid aguarda tu triunfal salida</p>
<p>para cubrir de flores tu carrera</p>
<p>como si el pueblo por la vez primera</p>
<p>celebrara en España tu venida;</p>
<p>la fiesta a que gozoso te convida,</p>
<p>cual si de nuevo a coronarte fuera,</p>
<p>tiene un placer que hoy halla repetido</p>
<p>la Reina que dos veces ha nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos quinto inmortal cuando ceñía</p>
<p>a sus sienes la fúlgida corona</p>
<p>del pueblo que adoraba a su persona</p>
<p>oyó el supremo canto de alegría;</p>
<p>mas para Ti, Isabel, es doble día</p>
<p>el de esta aclamación que el Pueblo entona.</p>
<p>Porque tú, cuando el seno te han herido,</p>
<p>para España dos veces has nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú apareces al Pueblo castellano</p>
<p>con tu Niña tan dulce y tan hermosa,</p>
<p>como la luna de color de rosa</p>
<p>que ilumina las noches del verano;</p>
<p>y dejas luego de alumbrar el llano,</p>
<p>quedamos en tiniebla pavorosa,</p>
<p>pero ya con reflejo más lucido</p>
<p>luna nueva en el Cielo has renacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la Virgen te aguarda en los altares,</p>
<p>y a la niña cubriendo con su manto</p>
<p>desde el Cielo confirma el nombre santo</p>
<p>que el Serafín celebra en sus cantares;</p>
<p>¡vive, Madre feliz libre de azares,</p>
<p>que al triunfar de la muerte, por encanto,</p>
<p>doble vida del Cielo ha merecido</p>
<p>la Reina que dos veces ha nacido!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Me acuerdo bien del venturoso instante…</strong></h3>
<p>Me acuerdo bien del venturoso instante</p>
<p>cuando vi yo la luz en vuestro oriente.</p>
<p>¡Cuánta luz, cuántas llores, cuánta gente</p>
<p>y qué mundo tan bello y tan brillante!</p>
<p>¿Por qué no estaba alegre tu semblante</p>
<p>tú que lleno de luz eternamente</p>
<p>en ese mundo que feliz te nombra</p>
<p>tienes el alma donde esta tu sombra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pájaro de América atrevido,</p>
<p>que, trasponiendo los opuestos mares,</p>
<p>entre los recios vientos has venido</p>
<p>a dar al viejo mundo tus cantares;</p>
<p>tú que en tantos torrentes has bebido,</p>
<p>y hoy vienes a beber al Manzanares,</p>
<p>¡para que el ansia de tu sed ardiente</p>
<p>no perdone del mundo una corriente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú que en el nuevo mundo te has mecido</p>
<p>entre el viento de arenas abrasado,</p>
<p>al son del Orinoco adormecido,</p>
<p>al pie de las palmeras arrullado;</p>
<p>y más tarde en el norte has despertado,</p>
<p>y con la luna a Grecia has recorrido,</p>
<p>y de Sión por la cadena santa</p>
<p>¡abriste paso a tu incansable planta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué estás triste tú? ¿Por qué te quejas?</p>
<p>¿Por qué me llamas la feliz cantora,</p>
<p>y ni llorar ni suspirar me dejas,</p>
<p>envidiando mi vida de pastora?</p>
<p>¿Dónde están mi cayado y mis ovejas,</p>
<p>dónde la choza está que te enamora?</p>
<p>¿En dónde están mis dichas y mi calma</p>
<p>si aquí soy sombra a quien le falta el alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! ¿qué se ha hecho de la pobre sombra</p>
<p>que huyó de esa mansión bella y querida?</p>
<p>El Gévora lo sabe que rendida</p>
<p>la ve muriendo en la campestre alfombra,</p>
<p>¿piensas tú que del alma desprendida</p>
<p>el verme en estos valles no me asombra,</p>
<p>y que puedo tener contento y calma</p>
<p>cuando la sombra está lejos del alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi alma en las ciudades tiene asiento,</p>
<p>y yo sufro también vuestro quebranto,</p>
<p>porque del vago ser que envidiáis tanto,</p>
<p>aquí está el corazón, allí el aliento;</p>
<p>aquí sus ojos, pero allí su llanto;</p>
<p>aquí su boca, pero allí su acento;</p>
<p>aquí está el mártir, pero allí su palma;</p>
<p>aquí soy sombra, pero allí soy alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ráfagas del aire trasparente</p>
<p>me pueden ocultar al que me mira;</p>
<p>pero yo siempre vivo en el ambiente</p>
<p>que vuestro labio sin cesar aspira;</p>
<p>es verdad que mi sombra vagamente</p>
<p>por los collados silenciosa gira,</p>
<p>y allí parece que reposa en calma,</p>
<p>pero no soy la sombra, soy el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! soy el alma siempre agradecida,</p>
<p>que a vuestro lado está, dulces amigos,</p>
<p>vosotros de mis lágrimas testigos</p>
<p>la noche de mi triste despedida,</p>
<p>nunca a la sombra me veréis unida;</p>
<p>y ¡ojalá que los hados enemigos</p>
<p>presto a mi sombra den eterna calma</p>
<p>y del cielo la luz den a mi alma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Memoria a los héroes y a los reyes – A Hernán Cortés</strong></h3>
<p>Llevadme a contemplar su estatua bella,</p>
<p>llevadme a su soberbio mausoleo…</p>
<p>¡Ah! que olvidaba, Hernán, en mi deseo</p>
<p>que éste es mezquino e ilusoria aquélla;</p>
<p>¿y en tu patria por qué? ¿qué diste a ella</p>
<p>para alcanzar de España ese trofeo?</p>
<p>¡Cuestan ¡oh! mucho piedras y escultores</p>
<p>para labrarte, Hernán, tales primores!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que el héroe se levanta</p>
<p>y hacia América el brazo armado tiende,</p>
<p>que avergonzada España le comprende</p>
<p>y el rostro no osa alzar fijo en su planta,</p>
<p>ella, la dueña de riqueza tanta,</p>
<p>hasta la prez de su conquista vende,</p>
<p>y aun juzga escaso el ganancioso fruto</p>
<p>para ofrecerle un mármol por tributo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a su casa venga el extranjero,</p>
<p>¿qué osará responder la noble dama</p>
<p>si anhela ver, llevado por su fama,</p>
<p>la tumba del ilustre caballero?</p>
<p>«Ved, le dirá, si el cementerio ibero</p>
<p>guarda un sepulcro que de Hernán se llama,</p>
<p>que a mí, pues heredé ya su fortuna,</p>
<p>ni su tumba me importa ni su cuna».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eso dirá, y el hijo de Bretaña</p>
<p>o el vecino francés, si el huésped fuera,</p>
<p>con sarcástica risa respondiera</p>
<p>a la matrona: «descastada España,</p>
<p>con que no le valió a Cortés la hazaña</p>
<p>ni una tumba de mármoles siquiera?</p>
<p>¿Y nacen héroes en la tierra ingrata</p>
<p>que así los huesos de los héroes trata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿Es la igualdad que esa nación proclama</p>
<p>la que deja en el polvo confundido,</p>
<p>al buen conquistador con el bandido,</p>
<p>al que la presta honor y al que la inflama?</p>
<p>Grande nación esa nación se llama,</p>
<p>y la imagen del hombre esclarecido</p>
<p>no levanta cien palmos sobre el suelo</p>
<p>para mostrarla al pueblo por modelo…?»—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Callad, callad, que vuestra lengua mata;</p>
<p>no a lamentar venís nuestro destino,</p>
<p>sino a mofaros dél, el mal vecino,</p>
<p>y a desolarnos más, el cruel pirata;</p>
<p>si es con sus hijos nuestra tierra ingrata,</p>
<p>nada os importa, andad vuestro camino,</p>
<p>que así cual es la madre que tenemos</p>
<p>mejor que a las madrastas la queremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así cual es, la envidian las naciones,</p>
<p>virtudes brota en manantial fecundo,</p>
<p>Corteses manda a conquistar el mundo,</p>
<p>que descubren por ella los Colones;</p>
<p>si Bonaparte, rotas sus legiones,</p>
<p>la paz desecha, con desdén profundo,</p>
<p>Cortés entre salvajes y traidores</p>
<p>pone incendio a sus buques salvadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arde la flota, irrítase la gente</p>
<p>a quien cierra la huida acción tamaña;</p>
<p>solo, perdido sobre tierra extraña,</p>
<p>Cortés la doma, al bárbaro hace frente,</p>
<p>y conquistarlo y tórnase él valiente</p>
<p>a rendir su laurel glorioso a España,</p>
<p>que… lo destierra, lo aprisiona en vida</p>
<p>y lo desprecia en muerte… agradecida.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No veremos, Hernán, tu estatua bella</p>
<p>ni tu losa hallaremos ignorada;</p>
<p>pero en mi tierra existe la morada</p>
<p>donde estampaste tu primera huella;</p>
<p>pensaremos en ti delante de ella,</p>
<p>la extremeña familia arrebatada</p>
<p>de orgullo; porque plugo a la fortuna</p>
<p>en nuestra tierra colocar tu cuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Mi vida, Carolina, escribir quieres?…</strong></h3>
<p>¿Mi vida, Carolina, escribir quieres?</p>
<p>Deja por Dios tan peregrina idea</p>
<p>que podrás solo hacer que el mundo vea</p>
<p>en vez de lo que soy lo que tú eres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Digno de ti será lo que escribieres</p>
<p>a tu alma harás brillar en tu tarea,</p>
<p>mas nunca harás que el juicio exacto sea</p>
<p>de cómo yo he cumplido mis deberes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi vida por ti escrita, amiga mía,</p>
<p>un poema completo solo fuera</p>
<p>hijo del corazón y fantasía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde con gran vergüenza yo me viera</p>
<p>cual debiera haber sido o ser debía</p>
<p>y no cual soy o he sido en mi carrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Nada resta de ti</strong></h3>
<p>Nada resta de ti… te hundió el abismo…</p>
<p>te tragaron los monstruos de los mares.</p>
<p>No quedan en los fúnebres lugares</p>
<p>ni los huesos siquiera de ti mismo.</p>
<p>Fácil de comprender, amante Alberto,</p>
<p>es que perdieras en el mar la vida,</p>
<p>mas no comprende el alma dolorida</p>
<p>cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.</p>
<p>¡¡Darnos la vida a mí y a ti la muerte;</p>
<p>darnos a ti la paz y a mí la guerra,</p>
<p>dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra</p>
<p>es la maldad más grande de la suerte!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No es ira, no es amor, no es del poeta…</strong></h3>
<p>«No es ira, no es amor, no es del poeta</p>
<p>inspiración febril, es más ardiente</p>
<p>la llama que discurre por mi frente,</p>
<p>y el alma absorbe, el corazón me inquieta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo amo la tempestad, amo el estruendo;</p>
<p>cuando el vértigo insano me arrebata,</p>
<p>sueño que en nube de luciente plata</p>
<p>voy por el mundo un huracán siguiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El rayo en torno de mi frente gira,</p>
<p>el aquilón bajo mis plantas brama,</p>
<p>y lucho y venzo, y mi furor se inflama,</p>
<p>y ansiosa el alma a otra victoria aspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo quiero alzado al fin sobre los hombres,</p>
<p>avasallar los pueblos y los reyes;</p>
<p>romper sus cetros; derrocar sus leyes,</p>
<p>hollar sus triunfos y borrar sus nombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ancha cadena que circunde el polo</p>
<p>yo quiero eslabonar con mis guerreros;</p>
<p>y bajo el pabellón de sus aceros</p>
<p>la gran nave en la mar llevar yo solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y ¡oh! si pudiera hurtar al firmamento</p>
<p>sus brillantes magníficas estrellas,</p>
<p>¡también imperios levantara en ellas</p>
<p>para ensanchar allí mi pensamiento!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Francia, levanta! sal del caos profundo</p>
<p>en que yace tu pueblo sepultado,</p>
<p>que en brazo poderoso tremolado</p>
<p>va tu estandarte a conquistar el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién distinguir entre la inmensa grey</p>
<p>podrá al caudillo de tamaña empresa?</p>
<p>¿Qué señal en el rostro lleva impresa</p>
<p>el que del solio arrojará a tu rey?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese mancebo que los brazos grave</p>
<p>cruza sobre su seno, y la mirada</p>
<p>como águila en el sol, ardiente, osada,</p>
<p>clava en la multitud… ése lo sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ¡cuál contra el mancebo se irritara</p>
<p>si su mirar la turba comprendiera!…</p>
<p>¡Si su ambición oculta sorprendiera</p>
<p>de ese rubio garzón, cuál se burlara!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joven es el león; mas ya en la tierra</p>
<p>no hay fuerza que a igualar su fuerza alcance,</p>
<p>y ¡ay de la Europa, o Francia! cuando lance</p>
<p>ese joven león grito de guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verás como esa voz de los franceses</p>
<p>de pecho en pecho noble se difunde;</p>
<p>como chispa de fuego prende y cunde</p>
<p>de caña en caña por las secas mieses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Verás, tras el magnífico estandarte</p>
<p>donde el águila altiva se reposa,</p>
<p>como tu juventud marcha orgullosa</p>
<p>la libertad, la gloria a conquistarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Verás!… mas antes que el caudillo sea</p>
<p>héroe conquistador de las naciones,</p>
<p>deja que a Egipto lleve sus legiones</p>
<p>y del grande Ramsé la tumba vea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Éstas de reyes son y emperadores</p>
<p>las moradas magníficas que habitan,</p>
<p>éste es el rico manto en que dormitan</p>
<p>de tierras y de mares los señores…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Éste es el cetro que en sus regias manos</p>
<p>fue látigo cruel o adorno inútil:</p>
<p>no es que un brillo me seduzca fútil</p>
<p>si hoy os le arranco ¡nobles soberanos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No es que me ciega joya tan lucida,</p>
<p>¡es que me irrita que los pueblos lloren,</p>
<p>es que me irrita que temblando adoren</p>
<p>los pueblos esa joya envilecida!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y esta corona… ¿sola una diadema?</p>
<p>¿cien batallas por una solamente?</p>
<p>¿Será una sola incienso suficiente</p>
<p>para este fuego que mis sienes quema?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Reyes, emperadores, ¡guerra! ¡guerra!</p>
<p>yo haré que en una sola se refundan</p>
<p>las coronas que, inútiles, circundan</p>
<p>tantas míseras frentes en la tierra!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Huid del monte aquel resplandeciente</p>
<p>que de Austerlitz se eleva en las llanuras…</p>
<p>Huye, Alejandro, antes que en sus alturas</p>
<p>volcán oculto brote de repente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! que ya va tu juventud ardiente</p>
<p>a estrellarse en las águilas seguras…</p>
<p>Las nubes su vapor todo han juntado,</p>
<p>y el suelo va a quedar todo anegado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en sangre, Señor, en sangre pura,</p>
<p>porque el rey de las águilas osadas</p>
<p>donde terrible asienta sus pisadas</p>
<p>de cadáveres cubre la llanura;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cual los ojos de fiera en noche oscura</p>
<p>relucen entre el humo sus espadas,</p>
<p>y a bandadas los cuervos por el viento</p>
<p>síguenle en torno con feroz contento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caen, como en horrible terremoto,</p>
<p>las torres desplomadas, sus legiones,</p>
<p>sobre los extranjeros campeones</p>
<p>que osan poner a sus victorias coto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bajo los pies de sus caballos roto</p>
<p>yace el blasón de dos fuertes naciones,</p>
<p>y dos imperios juntos retroceden</p>
<p>y dos monarcas el laurel le ceden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! tú que alzado al fin sobre los hombres,</p>
<p>lograste avasallar pueblos y reyes,</p>
<p>romper sus cetros, derrocar sus leyes,</p>
<p>hollar sus triunfos y borrar sus nombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Napoleón! tú que abarcando el polo</p>
<p>con tu cadena inmensa de guerreros,</p>
<p>bajo del pabellón de sus aceros</p>
<p>la gran nave en la mar llevabas solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿cómo a la merced del Océano</p>
<p>dejas bogar tu nave huyendo de ella?</p>
<p>¿Has ido a conquistar alguna estrella</p>
<p>para alzar otro imperio soberano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo…</strong></h3>
<p>No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo…</p>
<p>no es sueño, es la verdad, ¡estoy contigo!…</p>
<p>no es sueño, es la verdad, tus ondas sigo</p>
<p>y sacio en contemplarte mi deseo;</p>
<p>aquí está la verdad en que yo creo,</p>
<p>aquí habita el Señor que yo bendigo,</p>
<p>y siento entre estas vívidas montañas</p>
<p>el hondo palpitar de sus entrañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tú eres el mar!… ¡el mar!… no eres el río;</p>
<p>el horizonte con tus brazos llenas,</p>
<p>y en vez de murmurar bramas y truenas</p>
<p>maravillando el pensamiento mío,</p>
<p>pero en tu seno con placer confío</p>
<p>recuerdos, dichas, esperanzas, penas,</p>
<p>sin que un instante me acobarde el miedo</p>
<p>de que en tus ondas sumergirme puedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Miedo de ti? ¿Por qué? ¿No es de la tierra</p>
<p>de dónde vengo yo? ¡Por qué temerte!</p>
<p>¿Amenazas tú más que con la muerte</p>
<p>ni tienes sino el agua que dé guerra?</p>
<p>¿En dónde tu maldad ¡oh mar! se encierra</p>
<p>para que así nos acobarde el verte?</p>
<p>¿Qué me puedes hacer? ¿Tragar mi barca?…</p>
<p>La Francia se ha tragado a su monarca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿A dónde vais, pobres gaviotas,</p>
<p>huyendo así del horizonte oscuro?</p>
<p>¿No teméis el morir al pie del muro</p>
<p>en sangre tintas vuestras alas rotas?</p>
<p>Hubo una edad entre las más remotas,</p>
<p>en que la tierra fue asilo seguro;</p>
<p>pero lanzados ya de aquel asilo,</p>
<p>el torrente del mar es más tranquilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! yo no sé; pero al mirar de lejos</p>
<p>la vasta soledad del agua hermosa,</p>
<p>me siento de vosotras envidiosa</p>
<p>que podéis habitar en sus espejos;</p>
<p>los marinos nos dan tristes consejos,</p>
<p>porque huyamos del agua borrascosa;</p>
<p>pero al lanzarnos de tan bella casa,</p>
<p>no saben ahora lo que en tierra pasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánto más blando el mar que nos rodea,</p>
<p>aunque el torrente abata vuestros vuelos,</p>
<p>será que las pasiones, los desvelos</p>
<p>de esa región que a nuestra vista humea!</p>
<p>¡No os vais del mar! El alma se recrea</p>
<p>soñándose suspensa entre dos cielos,</p>
<p>y si no tengo yo en las verdes salas,</p>
<p>menos debéis temer que tenéis alas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué he de temer? ¿Que el mar en sus extremos</p>
<p>de sal inunde mi entreabierta boca?</p>
<p>¡La sed que en medio el agua nos sofoca</p>
<p>en la salada lluvia saciaremos!</p>
<p>Más salado es el llanto y lo bebemos</p>
<p>en tierra seca, y no en corriente poca,</p>
<p>siempre con ansia igual, con igual daño</p>
<p>un día y otro, uno y otro año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh mil veces feliz ave y marino,</p>
<p>que cruzan sin temor esas montañas,</p>
<p>y más dichosa tú la que te bañas,</p>
<p>Cádiz, en ese golfo cristalino!</p>
<p>Allá te veo entre el flotante lino</p>
<p>salir, hermosa, honor de las Españas,</p>
<p>cual salen las palomas por el río</p>
<p>cuando a bañarse van en el estío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hija de las entrañas de Océano,</p>
<p>como sus conchas y sus peces eres,</p>
<p>y las que guardas célicas mujeres</p>
<p>son perlas escogidas por tu mano,</p>
<p>a bordo de tu buque soberano</p>
<p>Siempre embarcados, tus felices seres,</p>
<p>Gozan en paz de la ilusión divina</p>
<p>De este viaje que jamás termina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando del muro los estrechos lazos</p>
<p>salta y el onda tu cabeza baña,</p>
<p>dicen que quiere con terrible saña</p>
<p>tragarte el mar en míseros pedazos,</p>
<p>pero es que te acaricia entre sus brazos</p>
<p>como a sus tiernos hijos la alimaña,</p>
<p>y cuando más parece que te abruma</p>
<p>te da la leche de su blanca espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ciudad de torres solitaria y bella!</p>
<p>todo es hermoso en tu recinto amigo;</p>
<p>el pobre halla limosna y halla abrigo,</p>
<p>y aun da a otros pobres el sobrante de ella.</p>
<p>Cuando me lleve mi contraria estrella</p>
<p>lejos de ti; me soñaré contigo…</p>
<p>si es que duerme bastante para el sueño</p>
<p>quien nada espera dulce ni risueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah, sí! me queda la ilusión divina</p>
<p>de este mar tan inmenso y tan profundo,</p>
<p>donde ha de hallar, al fin, descanso el mundo</p>
<p>cuando lo quiera Dios. Alma vecina</p>
<p>del mar, mejor comprende y adivina</p>
<p>lo que es Dios, lo que el pueblo moribundo,</p>
<p>que encerrado se agita y despedaza</p>
<p>ser contra ser y raza contra raza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya le voy a dejar, nada en la vida</p>
<p>sino el dolor profundo es duradero,</p>
<p>y por lo mismo que mirarlo quiero,</p>
<p>tengo que darle ya mi despedida;</p>
<p>todo placer va siempre de partida</p>
<p>muy pronto por la vida, muy ligero,</p>
<p>y basta que la mar mi encanto sea</p>
<p>para que nunca más su encanto vea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Adiós, amigos!… ¡tierra hospitalaria!…</p>
<p>Las lagrimas más dulces que he vertido</p>
<p>¡oh Cádiz, Cádiz! en tu seno han sido;</p>
<p>y si en medio del agua solitaria</p>
<p>ves en el barco un rostro, que afligido</p>
<p>te mira, yo seré que entre la varia</p>
<p>gente y la nube del vapor que humea</p>
<p>«¡Adiós, adiós, diré mientras te vea!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>No hay nada más triste que el último adiós</strong></h3>
<p>Si dos con el alma se amaron en vida</p>
<p>y al fin se separan en vida los dos.</p>
<p>¿Sabéis que es tan grande la pena sentida</p>
<p>que nada hay más triste que el último adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa palabra que breve murmuran,</p>
<p>en ese gemido que exhalan los dos,</p>
<p>ni verse prometen, ni amarse se juran,</p>
<p>que en esa palabra se dicen ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay queja más honda, suspiro más largo</p>
<p>que aquella palabra que dicen los dos:</p>
<p>el alma se entrega a horrible letargo;</p>
<p>la vida se acaba diciéndose ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin ha llegado la muerte en la vida,</p>
<p>y al fin para entrambos morimos los dos;</p>
<p>al fin ha llegado la hora cumplida,</p>
<p>la hora más triste… el último ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya nunca en la vida, gentil compañero,</p>
<p>ya nunca volvemos a vernos los dos;</p>
<p>por eso es tan triste mi acento postrero,</p>
<p>que nada hay más triste que el último ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿No ves qué tierra, qué cielo?…</strong></h3>
<p>¿No ves qué tierra, qué cielo,</p>
<p>uno azul, otra florida?</p>
<p>¿No ves qué estrellas, mi vida,</p>
<p>no ves qué luna, qué sol?</p>
<p>¿No ves qué hermoso es el suelo</p>
<p>donde Dios te ha confinado?</p>
<p>Es fecundo, es dilatado,</p>
<p>es soberbio, es…. ¡español!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no vi de ese paisaje</p>
<p>sino el rincón por su extremo;</p>
<p>mas no hay duda que es supremo</p>
<p>cual su tinta su pincel;</p>
<p>pues, el lugar más salvaje</p>
<p>de nuestra bella comarca</p>
<p>forma, en los valles que abarca,</p>
<p>a España rico dosel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por cada grano de tierra</p>
<p>brota en ella una semilla;</p>
<p>no hay extranjera avecilla</p>
<p>que no nos la venga a hurtar:</p>
<p>los pueblos nos mueven guerra</p>
<p>por sólo pisar a España,</p>
<p>cual transeúnte cabaña</p>
<p>lamiendo el suelo al pasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando sacuda tu mente</p>
<p>de la infancia los ensueños,</p>
<p>estos campos tan risueños</p>
<p>y riquísimos al ver;</p>
<p>¿por qué dirás esa gente,</p>
<p>que ha marchado a mi venida,</p>
<p>pasó la preciosa vida</p>
<p>en quejas de padecer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué las tiernas mujeres,</p>
<p>que a mi llegar se alejaron,</p>
<p>tantas lágrimas lloraron</p>
<p>vertidas del corazón?</p>
<p>Si tiene el mundo placeres</p>
<p>y la vida tal encanto,</p>
<p>¿por qué se ha dolido tanto</p>
<p>la muerta generación?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prende fuego en la montaña</p>
<p>y devasta la pradera;</p>
<p>mas oye a la primavera,</p>
<p>la yerba vegeta más:</p>
<p>así en la guerra de España</p>
<p>que estos seres encendimos</p>
<p>de cenizas os servimos</p>
<p>a los que venís detrás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabes tú para que puedas</p>
<p>alcanzar luz en tus días</p>
<p>qué de noches tan sombrías</p>
<p>estamos pasando aquí?</p>
<p>¡Tú que en el valle te quedas</p>
<p>cuando nosotras nos vamos</p>
<p>no sabes cómo le hallamos</p>
<p>al venir antes de ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De laureles, de riqueza</p>
<p>de altos honores cargados,</p>
<p>son, Herminia, desgraciados</p>
<p>los hombres de nuestra edad;</p>
<p>de brillantes, de belleza</p>
<p>y de amores circundadas</p>
<p>mujeres muy desdichadas</p>
<p>son las de esta sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tú que has retardado</p>
<p>más que aquellos tu venida,</p>
<p>vas a encontrar en la vida</p>
<p>más placer, menos dolor;</p>
<p>pues que de España han cruzado</p>
<p>tantos otros el camino,</p>
<p>que sufre ya el peregrino</p>
<p>sus asperezas mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya nuestro campo no vemos</p>
<p>salpicado y reteñido</p>
<p>con la sangre que ha vertido</p>
<p>la guerrera juventud;</p>
<p>y ya tranquilos podemos</p>
<p>elevar nuestras canciones,</p>
<p>sin que vengan los cañones</p>
<p>a atronar nuestro laúd.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni ya rechazan del coro</p>
<p>a las cantoras mujeres;</p>
<p>pues al fin que somos seres</p>
<p>de la especie racional,</p>
<p>en este siglo sonoro</p>
<p>los españoles declaran…</p>
<p>¡Qué indulgencia!… y nos preparan…</p>
<p>¡Qué dicha!… lauro inmortal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es tarde, Herminia mía,</p>
<p>tarde ya para esta gente,</p>
<p>que ha pasado tristemente</p>
<p>lo mejor de su vivir;</p>
<p>esa naciente alegría</p>
<p>que en nuestro pueblo resuena</p>
<p>no basta a calmar la pena</p>
<p>que venimos de sufrir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las pasadas tormentas</p>
<p>naves nosotras heridas,</p>
<p>vamos a quedar sumidas</p>
<p>presto en el revuelto mar;</p>
<p>pero tú, que apenas cuentas,</p>
<p>Herminia, trescientos soles,</p>
<p>a los puertos españoles</p>
<p>logras a tiempo arribar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quiera Dios que la bonanza</p>
<p>con que empieza tu fortuna</p>
<p>como te mima en la cuna</p>
<p>te mime en la juventud!</p>
<p>Cada niña una esperanza</p>
<p>de placer es para el mundo:</p>
<p>¡quiera Dios que tú fecundo</p>
<p>manantial seas de virtud!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que los dulcísimos nombres</p>
<p>que te da el materno anhelo</p>
<p>de serafín y de cielo</p>
<p>vayan de tu vida en pos.</p>
<p>Que embelesados los hombres</p>
<p>al exclamar —«¡qué hermosura!»</p>
<p>añadan siempre:—«¡y qué pura!</p>
<p>¡Bendígate, Herminia, Dios!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Nos ha dado el Señor cielos hermosos…</strong></h3>
<p>Nos ha dado el Señor cielos hermosos</p>
<p>con luz, por que los ojos alumbremos,</p>
<p>y nosotros los pueblos ingeniosos</p>
<p>con humo del cañón la oscurecemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado unas tierras deliciosas</p>
<p>donde las vidas sustentar podamos,</p>
<p>y nosotras las gentes belicosas</p>
<p>con sangre de los nuestros las regamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado suprema inteligencia</p>
<p>para adorar su ley mientras vivimos,</p>
<p>y nosotros negamos su existencia</p>
<p>y de la propia nuestra maldecimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado pasiones generosas</p>
<p>y odiándonos vivimos en la tierra;</p>
<p>«almas, nos dice, paz, sed venturosas»</p>
<p>y respondemos «infortunio, guerra!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guerra al Oriente, guerra al Mediodía,</p>
<p>por cuanto abarca el sol guerra sangrienta;</p>
<p>nuestra campana eterna de agonía</p>
<p>por las batallas sus minutos cuenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hacen trocar los siglos pasajeros</p>
<p>leves, imperios, religiones, todo;</p>
<p>pero la horrible estirpe de guerreros</p>
<p>tiende su rama del egipcio al godo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh de asesinos fuerte monarquía</p>
<p>de siglo en siglo trasmitida viene;</p>
<p>reino antes de Moisés tal dinastía</p>
<p>y aun después de Jesús príncipes tiene!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un perpetuo clamor son las naciones;</p>
<p>toda la humanidad es solo un grito;</p>
<p>cansado de sufrir generaciones</p>
<p>el mundo está, y cansado el Infinito…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende ¡oh paterno mar! tiende los brazos</p>
<p>y, por piedad de nuestros hondos males,</p>
<p>de la tierra los míseros pedazos</p>
<p>abisma entre tus formas colosales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez al arrollar el viejo mundo,</p>
<p>tus soberanas moles avanzando,</p>
<p>otras tierras mejor desde el profundo</p>
<p>se irán a tus espaldas levantando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí están las semillas corrompidas,</p>
<p>a Dios no pueden dar ya fruto bueno,</p>
<p>y pues a Dios no sirven nuestras vidas,</p>
<p>¡húndenos mar, te servirán de cieno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>O no hay tierra ni ser, o hay Dios y cielo…</strong></h3>
<p>O no hay tierra ni ser, o hay Dios y cielo;</p>
<p>tal cuando niña discurrió la mente,</p>
<p>llevada del amor que hace al viviente,</p>
<p>buscar a Dios con instintivo anhelo;</p>
<p>luego de joven al cruzar el cielo,</p>
<p>hirió su pedernal mi pie inocente,</p>
<p>y más cierta añadí —no es ilusoria</p>
<p>la tierra ni el dolor; hay cielo y gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fija, obstinada, pertinaz, constante,</p>
<p>su existencia a la nuestra hallando unida,</p>
<p>dios es verdad, pues cierta es nuestra vida,</p>
<p>dije al sentir mi pecho palpitante.</p>
<p>¿Tuve un placer? ¡oh, gracias, Dios amante!</p>
<p>¡piedad mi Dios! clamé cuando afligida;</p>
<p>y el mundo me hizo así mal llevadero</p>
<p>la amistad del divino compañero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo animado al sol de mi creencia,</p>
<p>la planta, el ave, el agua, las criaturas,</p>
<p>Dios es grande, pues forma estas hechuras,</p>
<p>exclamé al adorar su inteligencia.</p>
<p>¿Y no aprendí bastante, hay otra ciencia</p>
<p>que ilumine mejor las almas puras?…</p>
<p>Pues ignorante, amigo, me dijeron</p>
<p>los que a dudar de Dios sólo aprendieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lucha trabé con ellos muy reñida,</p>
<p>trajo el ateo libros a millares;</p>
<p>yo respondí mostrando de los mares</p>
<p>a sus ojos la página cumplida.</p>
<p>La estrella de los cielos encendida,</p>
<p>fijé en su libro al fin de sus cantares,</p>
<p>y si no acierta a huir veloz, ¡presumo</p>
<p>que libro y sabio se tornaran humo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pensáis que así quedó? volvió la gente</p>
<p>niña, a llamarme crédula y sencilla,</p>
<p>y yo a cantar de Dios la maravilla</p>
<p>en el sol, en el aire, en el torrente.</p>
<p>—No hay Dios, —me grita el genio irreverente</p>
<p>—Hay Dios, —respondo; su mirada brilla,</p>
<p>su aliento corre, su palabra suena,</p>
<p>su amor palpita, su pisada atruena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en la dura lid tal vez venciera</p>
<p>el que desdeña a Dios a quien lo alaba,</p>
<p>si cuando ya el aliento me faltaba,</p>
<p>otra voz a esforzarme no acudiera;</p>
<p>de una fe más robusta y verdadera,</p>
<p>de un talento mayor la mente esclava,</p>
<p>cuando os oyó decir: —hay Dios y cielo—</p>
<p>tomó con más fervor a alzar su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gracias! porque en el mundo hallo profeta</p>
<p>de tan pura virtud, fe tan ardiente,</p>
<p>que en tanto error del mundo diferente</p>
<p>me preste una verdad al alma inquieta;</p>
<p>sí, amigo, la creación obra incompleta</p>
<p>fuera si nuestro autor omnipotente</p>
<p>no escribiera en la humana y triste historia</p>
<p>que para el bueno, como vos, hay gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh, cuál te adoro!</strong></h3>
<p>¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día</p>
<p>tu nombre invoco apasionada y triste,</p>
<p>y cuando el cielo en sombras se reviste</p>
<p>aun te llama exaltada el alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres el tiempo que mis horas guía,</p>
<p>tú eres la idea que a mi mente asiste,</p>
<p>porque en ti se concentra cuanto existe,</p>
<p>mi pasión, mi esperanza, mi poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay canto que igualar pueda a tu acento</p>
<p>cuando tu amor me cuentas y deliras</p>
<p>revelando la fe de tu contento;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,</p>
<p>y quisiera exhalar mi último aliento</p>
<p>abrasada en el aire que respiras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día…</strong></h3>
<p>¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día</p>
<p>tu nombre invoco apasionada y triste,</p>
<p>y cuando el cielo en sombras se reviste</p>
<p>aun te llama exaltada el alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú eres el tiempo que mis horas guía,</p>
<p>tú eres la idea que a mi mente asiste,</p>
<p>porque en ti se concentra cuanto existe,</p>
<p>mi pasión, mi esperanza, mi poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay canto que igualar pueda a tu acento</p>
<p>cuando tu amor me cuentas y deliras</p>
<p>revelando la fe de tu contento;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,</p>
<p>y quisiera exhalar mi último aliento</p>
<p>abrasada en el aire que respiras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente!…</strong></h3>
<p>¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente</p>
<p>del pensamiento que buscaba el mío,</p>
<p>siempre confuso y ciego en el sombrío</p>
<p>y solitario claustro de mi mente!</p>
<p>¡Oh luz amada, luz resplandeciente,</p>
<p>en cuyos rayos mi esperanza fío,</p>
<p>luz de mi alma, luz de mi deseo,</p>
<p>que iluminas al fin, que al fin te veo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de gloria inmortal, que en ígnea rueda</p>
<p>brillas sobre la estatua de Cervantes,</p>
<p>brillas sobre los huesos palpitantes</p>
<p>del desgraciado Larra y de Espronceda;</p>
<p>no importa que la suerte me conceda</p>
<p>para verla no más breves instantes,</p>
<p>pues siempre verla y adorarla puedo,</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frentes marchitas, de estudiar cansadas,</p>
<p>ánimos nobles, de luchar rendidos,</p>
<p>poéticos espíritus caídos,</p>
<p>generosas ideas desmayadas;</p>
<p>yo, que del campo allá en las retiradas</p>
<p>soledades, guardé de mis sentidos</p>
<p>el entusiasmo, consolaros puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí para cantar y aquí mi oído</p>
<p>para escuchar, amigos, vuestro canto,</p>
<p>y aquí estará mi ser, aunque entretanto</p>
<p>os diga la ilusión que ya he partido;</p>
<p>¡loca ilusión! Engaño del sentido</p>
<p>pensar que os dejo y que derramo llanto,</p>
<p>pensar que sufro y que dejaros puedo</p>
<p>cuando se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí para labrar de la poesía</p>
<p>la dura tierra donde el lauro crece,</p>
<p>mi corazón, que nunca desfallece,</p>
<p>os seguirá constante en la porfía;</p>
<p>para dar mi tributo de armonía,</p>
<p>para animar al triste que padece,</p>
<p>para sufrir, si consolar no puedo,</p>
<p>aunque vuele mi sombra yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las amigas manos las palmadas</p>
<p>aún escucho el dulcísimo ruido</p>
<p>bien sabéis que por cada una he vertido</p>
<p>dos lágrimas profundas y abrasadas;</p>
<p>no me diréis jamás que mal pagadas</p>
<p>por este corazón ardiente han sido,</p>
<p>cuando jurar por vuestra gloria puedo,</p>
<p>que huye mi sombra, pero yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es verdad que es muy triste en la morada</p>
<p>del solitario valle hundir la vida,</p>
<p>y no ver en el agua adormecida</p>
<p>sino la propia imagen retratada?</p>
<p>Por eso vine enferma y lastimada,</p>
<p>y no quiero tornar más abatida,</p>
<p>y por eso, no más, Dios me concede</p>
<p>que se vaya mi sombra y yo me quede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! aunque os digo «adiós» yo no me alejo,</p>
<p>es mi sombra no más la que mañana</p>
<p>volverá a retratarse en el espejo</p>
<p>del insalubre y muerto Guadiana;</p>
<p>aunque soñéis en la ilusión que os dejo,</p>
<p>mirad que es sólo una, quimera vana,</p>
<p>un sueño ingrato a cuyo error no cedo,</p>
<p>que si se va mi sombra yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada importa el adiós, si es de tal suerte</p>
<p>que os digo «adiós» y es falsa la partida;</p>
<p>ni ha de rendirse débil y afligida</p>
<p>por un sueño no más el alma fuerte.</p>
<p>¿Qué os importa mi sombra vaga, inerte,</p>
<p>para sufrir en esta despedida,</p>
<p>si he dicho, amigos, que escucharos puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Adiós!» mil veces os diré cantando</p>
<p>y estos adioses ni escuchéis siquiera,</p>
<p>ni penséis que mi voz es lastimera,</p>
<p>ni digáis que de pena estoy llorando;</p>
<p>es un adiós tranquilo, un adiós blando,</p>
<p>es una despedida placentera,</p>
<p>pues ni llorar ni enternecerme puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ya veréis cómo al acento amigo</p>
<p>mañana y siempre con mi voz respondo,</p>
<p>aunque este adiós tan quebrantado y hondo</p>
<p>aun, otra vez, por postrera os digo;</p>
<p>veréis cómo en los triunfos os bendigo,</p>
<p>aunque os parezca, amigos, que me escondo,</p>
<p>porque es engaño, sí… ¡Nunca!… ¡No puedo!…</p>
<p>Se irá mi sombra, pero yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Pálida insomne, lánguida doliente…</strong></h3>
<p>Pálida insomne, lánguida doliente,</p>
<p>sombra tan sólo de criatura humana</p>
<p>ya consumida por la fiebre ardiente</p>
<p>viene de las orillas del Guadiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La copa de cristal donde bebía</p>
<p>el agua, que a mi sed siempre era poca</p>
<p>al acercar mi enardecida boca</p>
<p>una vez y otra en sangre se teñía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mortificado por tenaz punzada</p>
<p>y de violento palpitar rendido</p>
<p>era del corazón cada latido</p>
<p>un dolor en mi fibra lastimada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fatigaba la luz mi vista errante,</p>
<p>ahogaba el aire mi oprimido pecho</p>
<p>y aunque jamás abandonaba el lecho</p>
<p>dormir no me era dado un solo instante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las lentas horas de la noche triste</p>
<p>las pasaba gimiendo y delirando</p>
<p>y por la muerte sin cesar clamando</p>
<p>único bien al que doliente existe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya la muerte al fin compadecida</p>
<p>sus negras alas hacia mí tendiendo</p>
<p>iba a llevarme al ámbito tremendo</p>
<p>término silencioso de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero una mano fuerte y salvadora</p>
<p>con enérgico afán asió la mía;</p>
<p>una mirada fija, escrutadora</p>
<p>a iluminarme vino en la agonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era la luz brillante de la ciencia,</p>
<p>implacable enemiga de la muerte</p>
<p>que vivifica el corazón inerte</p>
<p>que anima con sus rayos la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Erais vos, erais vos, sabio maestro</p>
<p>de la doliente humanidad amigo;</p>
<p>yo debo la existencia al saber vuestro</p>
<p>vos amo y os respeto y os bendigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otros seres también dulce memoria</p>
<p>de esa ciencia benéfica guardando</p>
<p>al pobre ingenio mío están rogando</p>
<p>que agradecida escriba vuestra historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra vida, señor, escribir quiero</p>
<p>aunque modesto rechacéis su idea,</p>
<p>no porque el mundo mi talento vea</p>
<p>que nada dél para mi gloria espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra vida, señor, a escribir voy</p>
<p>pues si la escribo porque viva estoy,</p>
<p>y en ella expresaré lo que habéis sido</p>
<p>a Dios y a vuestra ciencia lo he debido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Por qué tiembla? —No lo sabe…</strong></h3>
<p>¿Por qué tiembla? —No lo sabe.</p>
<p>¿Qué aguarda en el lago? —Nada.</p>
<p>De las aguas enlazada</p>
<p>a los hilos su raíz,</p>
<p>el movimiento suave</p>
<p>de la linfa va siguiendo,</p>
<p>la cabeza sumergiendo</p>
<p>del agua, al menor desliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así la halló la alborada,</p>
<p>así la encuentra el lucero,</p>
<p>siempre el esfuerzo postrero</p>
<p>haciendo para bogar;</p>
<p>y en las olas la encallada,</p>
<p>vaga y frágil navecilla</p>
<p>sin poder la florecilla</p>
<p>impeler ni abandonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Movimiento que no cesa,</p>
<p>ansiedad que se dilata,</p>
<p>ni el agua que sus pies ata</p>
<p>sostiene a la débil flor,</p>
<p>ni deja, en sus olas presa,</p>
<p>que vaya libre flotando,</p>
<p>quiere que viva luchando</p>
<p>siempre en continuo temblor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ya se inunda!… ¡Ya se eleva!…</p>
<p>¡Ya la corriente la traga!…</p>
<p>¡Ya navega… ya naufraga!</p>
<p>¡Ya se salva… ya venció!</p>
<p>¡Ya el agua otra vez la lleva</p>
<p>en sus urnas sepultada!…</p>
<p>¡Ya de nuevo sobre—nada</p>
<p>en el agua que la hundió!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flor del agua, ¡cuántas flores</p>
<p>viven en paz en la tierra!</p>
<p>Sola tú vives en guerra</p>
<p>en tu acuático jardín:</p>
<p>te da la lluvia temores,</p>
<p>el manso pez te estremece</p>
<p>y tu belleza parece</p>
<p>sin gozar descanso, al fin.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, poetisa, flor del lago,</p>
<p>por amante, por cantora,</p>
<p>has venido en mala hora</p>
<p>con tu lira y tu pasión;</p>
<p>que en el siglo extraño y vago</p>
<p>a quien vida y arpa debes</p>
<p>dondequiera que le lleves</p>
<p>fluctuará tu corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que las cantoras primeras</p>
<p>que a nuestra España venimos</p>
<p>por sólo cantar sufrimos,</p>
<p>penamos por sólo amar;</p>
<p>porque en la mente quimeras</p>
<p>de un bello siglo traemos</p>
<p>y cuando este siglo vemos</p>
<p>no sabemos do hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las primeras mariposas</p>
<p>que a la estación se adelantan</p>
<p>y su capullo quebrantan</p>
<p>sin aguardar al abril,</p>
<p>nunca saben temblorosas</p>
<p>adonde fijar las alas,</p>
<p>siempre temen que sus galas</p>
<p>destroce el aire sutil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ráfagas las combaten,</p>
<p>las extrañan los insectos</p>
<p>y de giros imperfectos</p>
<p>si cansado el vuelo ya,</p>
<p>sobre las plantas lo abaten</p>
<p>buscando el capullo amigo</p>
<p>hallan que néctar ni abrigo</p>
<p>la flor en botón les da.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las orugas que encerradas</p>
<p>aún están en sus clausuras</p>
<p>mañana al campo seguras</p>
<p>podrán sus alas tender;</p>
<p>mas, aquellas desdichadas</p>
<p>que antes cruzan la pradera</p>
<p>¡morirán, la primavera</p>
<p>risueña, sin conocer!…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuál es tu barca? —Una lira.</p>
<p>—¿Qué traes en ella? —Sonidos.</p>
<p>—¿Vuélvete, que no hay oídos</p>
<p>para tus sones aquí;</p>
<p>vuélvete joven, y mira</p>
<p>si en tu barca, más sonoro,</p>
<p>puedes trasportarnos oro</p>
<p>u otro cargamento así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién te llama? ¿A qué nos vienes</p>
<p>con peregrinas canciones</p>
<p>El trueno de los cañones</p>
<p>del siglo el concierto es,</p>
<p>y en vano sus anchas sienes</p>
<p>pretenden ceñir de flores,</p>
<p>¡ay! sus pies destrozadores</p>
<p>hollarán cuantas te des.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Vienes de nuevo, alma mía,</p>
<p>qué traes en la barca? —Amores—.</p>
<p>Torna a otras tierras mejores,</p>
<p>torna el camino a emprender;</p>
<p>si es oro nuestra poesía</p>
<p>nuestros amores son… nada.</p>
<p>Ve si la nave cargada</p>
<p>de cetros puedes traer,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, si no de amor, tenemos</p>
<p>tan elevadas pasiones</p>
<p>que sentimos ambiciones</p>
<p>de un cetro cada garzón;</p>
<p>y cada garzón podemos</p>
<p>con nuestros genios profundos</p>
<p>media docena de mundos</p>
<p>fundir en una nación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Otra vez? ¿Qué traes ahora?…</p>
<p>Siempre en el mismo camino</p>
<p>sobre el cauce cristalino</p>
<p>en su barquilla la flor:</p>
<p>así la dejó la aurora,</p>
<p>así la encuentra el lucero</p>
<p>siempre en el afán primero,</p>
<p>siempre en el mismo temblor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, poetisa, flor del lago,</p>
<p>por amante, por cantora</p>
<p>has venido en mala hora</p>
<p>con tu amor y tu cantar:</p>
<p>que en el siglo extraño y vago,</p>
<p>a quien vida y arpa debes,</p>
<p>dondequiera que la lleves</p>
<p>puede el alma naufragar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, escucha no estás sola,</p>
<p>flor del agua, en el riachuelo;</p>
<p>contigo en igual desvelo</p>
<p>hay florecillas también:</p>
<p>que reluchan contra el ola,</p>
<p>que vacilan, que se anegan,</p>
<p>que nunca libres navegan</p>
<p>ni en salvo su barca ven;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, enlazan sus raíces</p>
<p>a la planta compañera</p>
<p>y viven en la ribera</p>
<p>sosteniéndose entre sí:</p>
<p>y cual ella más felices</p>
<p>desde hoy serán nuestras vidas</p>
<p>si con las almas unidas,</p>
<p>vivimos, las dos así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Primavera invisible</strong></h3>
<p>¡Qué caso tan peregrino</p>
<p>un año sin primavera!…</p>
<p>Pasó sin que yo la viera</p>
<p>¿o es tal vez mi desatino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué bandos de ruiseñores</p>
<p>en la arboleda cantaron</p>
<p>y que a millares brotaron</p>
<p>y se agostaron las flores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De qué modo, cómo, cuándo</p>
<p>eso pasó, Emilio, di?</p>
<p>O yo nada percibí</p>
<p>o todo lo estás soñando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué tamaña desventura</p>
<p>me gritaba en los oídos</p>
<p>que de esos claros sonidos</p>
<p>ni el rumor sentí, criatura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Adónde estaban mis ojos</p>
<p>que no han visto en los collados</p>
<p>tantos lirios azulados</p>
<p>y tantos pimpollos rojos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Yo que soñaba impaciente</p>
<p>con la nueva primavera!</p>
<p>¡Yo que su rosa primera</p>
<p>aguardaba atentamente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Perderla así de ese modo</p>
<p>sin haberla contemplado!</p>
<p>¡Ay, Emilio! yo he cegado</p>
<p>o tú lo has soñado todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las bellas estaciones</p>
<p>adoro, Emilio, el placer,</p>
<p>y no quisiera perder</p>
<p>ni uno solo de sus dones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas sin duda comprimidos</p>
<p>con fortísima tristeza</p>
<p>yo he tenido en mi cabeza</p>
<p>medio muertos los sentidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando al cabo despierto</p>
<p>de mi letargo penoso</p>
<p>hallo un estío ardoroso</p>
<p>y hallo un campo ya desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ansia de felicidad,</p>
<p>me devora el alma mía,</p>
<p>mas por acaso me guía</p>
<p>su instinto a la adversidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo pienso que ha de ser</p>
<p>porque en mi pecho doliente</p>
<p>alienta imperfectamente</p>
<p>el sentido del placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y amo, y busco la aflicción</p>
<p>porque en su grande sentir</p>
<p>a sus anchuras latir</p>
<p>puede sólo el corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso los ruiseñores</p>
<p>que sonaron no escuché,</p>
<p>ni he visto, aunque las busqué</p>
<p>en los campos, esas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso la primavera,</p>
<p>que tú dices que pasó,</p>
<p>aunque la aguardaba yo</p>
<p>paso sin que yo la viera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Pues eres tú forastera…</strong></h3>
<p>Pues eres tú forastera</p>
<p>recién llegada a la vida,</p>
<p>te contaré, mi querida,</p>
<p>lo que tienes que sufrir;</p>
<p>te gané la delantera</p>
<p>de la vida en el camino,</p>
<p>y merced a este destino</p>
<p>he aprendido ya a sentir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo sé ya cómo se llora</p>
<p>de una pena lloro ardiente,</p>
<p>y si quieres que te cuente</p>
<p>cuál se disfraza también,</p>
<p>mostraré, por que lo veas,</p>
<p>la sonrisa en mi semblante</p>
<p>cuando el raudal abundante</p>
<p>mis ojos brotando estén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A este saber doloroso</p>
<p>discreción el mundo llama,</p>
<p>y no es discreta la dama</p>
<p>si no es en el mundo así;</p>
<p>por eso en risa mi llanto</p>
<p>suelo mudar tan aprisa,</p>
<p>que al asomar la sonrisa</p>
<p>trago el llanto para mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el mundo no se engaña,</p>
<p>y al mirar nuestro contento</p>
<p>grita airado «¡Fingimiento,</p>
<p>falsedad de la mujer!»</p>
<p>¡Oh graciosa tiranía</p>
<p>que a las que fingen condena</p>
<p>cuando fingir nos ordena</p>
<p>como preciso saber!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto, niña, es solamente</p>
<p>lo que, de ciencia nos toca;</p>
<p>después te dirá mi boca</p>
<p>lo que hay de felicidad:</p>
<p>y en fe de que no te engaño</p>
<p>en lo propio que te digo,</p>
<p>todo un sexo por testigo</p>
<p>te pondré de esta verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo te diré nuestra historia</p>
<p>y aunque otra de hombres cuenten,</p>
<p>por Dios, que los hombres mienten</p>
<p>o ignoran este saber:</p>
<p>ellos beben Cicerones,</p>
<p>con Sénecas se alimentan,</p>
<p>pero esos libros no cuentan</p>
<p>las penas de la mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ¡más valiera que doctos,</p>
<p>sapientísimos varones</p>
<p>perdieran en las naciones</p>
<p>su tiempo en tratar de nos!;</p>
<p>¡harto hicieron si aseguran</p>
<p>como un hecho averiguado</p>
<p>que de Adán y Eva el pecado</p>
<p>por ella sufren los dos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa que su existencia,</p>
<p>la leche con que medraron,</p>
<p>los brazos en que apoyaron</p>
<p>su cuerpo desde el nacer;</p>
<p>y los besos maternales,</p>
<p>y el solícito cariño,</p>
<p>y sus placeres de niño</p>
<p>se los diera la mujer?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa que le dé ella</p>
<p>la amorosa compañía</p>
<p>al que triste viviría</p>
<p>sin ella en la soledad;</p>
<p>y el consuelo al desgraciado,</p>
<p>y la asistencia al doliente,</p>
<p>qué importa a esa ingrata gente</p>
<p>que se los dé la beldad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De madres, esposas, hijas,</p>
<p>los tiernos, los dulces nombres,</p>
<p>¿no merecen a esos hombres</p>
<p>una página, un borrón?</p>
<p>¿no merecen que una hora</p>
<p>en nuestra suerte mediten</p>
<p>aunque algo al estudio quiten</p>
<p>de Séneca y Cicerón?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Mas no escuchas? ¿Interrumpes,</p>
<p>niña, con risa mi canto?</p>
<p>Haces bien, porque iba el llanto</p>
<p>brotando a mis ojos ya;</p>
<p>conviértase en risas el lloro,</p>
<p>que en la mudanza precisa</p>
<p>pronta siempre la sonrisa</p>
<p>tras mis lágrimas está.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, guarda, por tu vida,</p>
<p>el papel de estas canciones,</p>
<p>y en la edad de las pasiones</p>
<p>fija los ojos en él:</p>
<p>«¡Ay, dirás, verdad decía</p>
<p>la que estas cosas cantaba;</p>
<p>bien me acuerdo que lloraba</p>
<p>cuando escribió este papel!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Qué abatida estará, Señor, mi vida!…</strong></h3>
<p>¡Qué abatida estará, Señor, mi vida</p>
<p>cuando no te consagro ni un acento!</p>
<p>¡Qué hundido debe estar mi pensamiento</p>
<p>cuando así te abandona, así te olvida!</p>
<p>Preséntasme la tierra florecida,</p>
<p>resplandeciente en lumbre el firmamento,</p>
<p>y en vez de bendecirte y celebrarte</p>
<p>bajo los ojos para no mirarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pesar no sufrí, padre divino;</p>
<p>ningún dolor agudo el alma llora;</p>
<p>pero más me entristezco, hora por hora</p>
<p>conforme voy andando mi camino:</p>
<p>ni sé si es bueno o malo mi destino,</p>
<p>ni advierto si se agrava o se mejora;</p>
<p>sólo sé que el vivir menos agrada</p>
<p>cuanto más adelanto en la jornada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No he perdido la fe, que mucho creo;</p>
<p>no me hirieron, Señor, los desengaños,</p>
<p>ni presa fui de pérfidos amaños,</p>
<p>ni juguete de loco devaneo;</p>
<p>yo no tengo ambición, nada deseo,</p>
<p>es mi existencia juveniles años,</p>
<p>pero triste; Señor, muy triste estoy,</p>
<p>puesto que ni mi canto ya te doy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Cuando siento del fecundo mayo</p>
<p>el vaporoso y caldeado ambiente</p>
<p>jugar con mis melenas blandamente,</p>
<p>te quisiera cantar, pero en desmayo</p>
<p>melancólico abísmase la mente,</p>
<p>y como herida por amante rayo</p>
<p>las lágrimas se agrupan a mis ojos</p>
<p>y hasta la luz del sol me causa enojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego las plantas pienso que suspiran,</p>
<p>paréceme que el río se lamenta,</p>
<p>y la vida a mis ojos se presenta</p>
<p>llena de sombras que dolientes giran…</p>
<p>y yo no sé por qué, miedo me inspiran,</p>
<p>y no sé que aflicción me desalienta,</p>
<p>pero tiendo los brazos y te digo</p>
<p>señor, señor, ¡ay! llévame contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez, Señor, el porvenir me inquieta</p>
<p>porque nací mujer y soy cobarde,</p>
<p>y tal vez en las brisas de la tarde</p>
<p>me anuncia el porvenir mi ángel profeta.</p>
<p>Triste será el de la mujer poeta,</p>
<p>mas ora el bien, ora el dolor me aguarde,</p>
<p>mejor quisiera que con brazo amigo</p>
<p>me quisieras llevar, Señor, contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí la turbación, aquí el gemido,</p>
<p>aquí la guerra, aquí los hondos males</p>
<p>tienen reinado eterno, y siempre iguales</p>
<p>los tiempos han de ser a los que han sido;</p>
<p>señor, y allá el descanso apetecido,</p>
<p>allá la paz, los goces celestiales</p>
<p>me convidan, si quieres santo amigo</p>
<p>para siempre llevarme allá contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la noche hay sol, no acaba el día,</p>
<p>siempre es abril para los ricos prados,</p>
<p>y por aquellos huertos regalados</p>
<p>sólo la flor de la virtud se cría:</p>
<p>el odio, la ambición, la tiranía</p>
<p>no existe en tus dominios dilatados;</p>
<p>los hombres a los hombres no asesinan,</p>
<p>la virtud y el amor allí germinan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la fuente de la fija ciencia</p>
<p>beberé hasta saciar mi gran deseo,</p>
<p>conoceré el error de Ptolomeo,</p>
<p>me reiré de la humana suficiencia;</p>
<p>sabré quién escribió la alta sentencia</p>
<p>que hundió al egipcio y destruyó al hebreo,</p>
<p>qué ilumina las cumbres de Sodoma,</p>
<p>derriba a Grecia y aniquila a Roma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabré mejor que el sabio más profundo</p>
<p>de la historia del orbe tantos hechos,</p>
<p>porque en los pobres libros contrahechos</p>
<p>mientras estudio más, más me confundo;</p>
<p>penetraré las leyes de este mundo,</p>
<p>la esencia de los seres, sus derechos,</p>
<p>lo que son, lo que fueron, lo que esperan</p>
<p>nacidos, por nacer, y cuando mueran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabré por qué tu espíritu se esconde,</p>
<p>por qué rodar nos haces en la esfera,</p>
<p>qué pretendes hacer con tal carrera,</p>
<p>y cómo nos impulsas y hacia dónde:</p>
<p>por qué girar al sol nos corresponde,</p>
<p>por qué su luz la luna reverbera,</p>
<p>por qué tienes volcanes encendidos,</p>
<p>por qué tienes los mares extendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por qué al par de Jesús nace Mahoma,</p>
<p>por qué alientas entrambas religiones,</p>
<p>por qué arde entre diversas oraciones</p>
<p>y en diferente altar distinto aroma:</p>
<p>qué das al que la cruz sagrada toma,</p>
<p>del de la media luna qué dispones,</p>
<p>quiénes te desconocen o te entienden</p>
<p>quiénes los que te adoran o te ofenden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá sabré también por qué nacimos</p>
<p>débiles y sencillas las mujeres,</p>
<p>y si el premio de tantos padeceres</p>
<p>habremos de lograr cuando morimos.</p>
<p>Allá sabré si destinadas fuimos</p>
<p>al duro yugo de los otros seres,</p>
<p>y si has dispuesto tú las leyes graves</p>
<p>que no puedo decir y que tú sabes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá sabré también por qué deliro,</p>
<p>y la oculta razón de mi tristeza;</p>
<p>por qué abrasada siento mi cabeza,</p>
<p>por qué lloro, Señor, por qué suspiro,</p>
<p>por qué cuando tu hermoso cielo miro</p>
<p>ansiosa de tu gloria y tu grandeza,</p>
<p>olvido de la tierra cuanto amo</p>
<p>y llévame contigo, Señor, clamo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si comparando el mundo, éste de penas,</p>
<p>su injusticia, su error, nuestras pasiones</p>
<p>con el bello existir de esas regiones</p>
<p>pacíficas, hermosas y serenas,</p>
<p>anhelamos romper nuestras cadenas,</p>
<p>elevamos a ti los corazones,</p>
<p>y de tus brazos al paterno abrigo</p>
<p>me quiero refugiar yendo contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si quiero descansar, hallar consuelo,</p>
<p>quiero verte, Señor, yo no vacilo;</p>
<p>¿dónde hallaré más dulce y más tranquilo</p>
<p>amor, y más placeres que en el cielo?</p>
<p>o si te place mi virgíneo velo,</p>
<p>si digna soy de tu celeste asilo,</p>
<p>no me dejes aquí desconsolada</p>
<p>y llévame contigo a tu morada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Qué caso tan peregrino!…</strong></h3>
<p>¡Qué caso tan peregrino</p>
<p>un año sin primavera!…</p>
<p>Pasó sin que yo la viera</p>
<p>¿o es tal vez mi desatino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué bandos de ruiseñores</p>
<p>en la arboleda cantaron</p>
<p>y que a millares brotaron</p>
<p>y se agostaron las flores?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De qué modo, cómo, cuándo</p>
<p>eso pasó, Emilio, di?</p>
<p>O yo nada percibí</p>
<p>o todo lo estás soñando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué tamaña desventura</p>
<p>me gritaba en los oídos</p>
<p>que de esos claros sonidos</p>
<p>ni el rumor sentí, criatura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Adónde estaban mis ojos</p>
<p>que no han visto en los collados</p>
<p>tantos lirios azulados</p>
<p>y tantos pimpollos rojos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Yo que soñaba impaciente</p>
<p>con la nueva primavera!</p>
<p>¡Yo que su rosa primera</p>
<p>aguardaba atentamente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Perderla así de ese modo</p>
<p>sin haberla contemplado!</p>
<p>¡Ay, Emilio! yo he cegado</p>
<p>o tú lo has soñado todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las bellas estaciones</p>
<p>adoro, Emilio, el placer,</p>
<p>y no quisiera perder</p>
<p>ni uno solo de sus dones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas sin duda comprimidos</p>
<p>con fortísima tristeza</p>
<p>yo he tenido en mi cabeza</p>
<p>medio muertos los sentidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando al cabo despierto</p>
<p>de mi letargo penoso</p>
<p>hallo un estío ardoroso</p>
<p>y hallo un campo ya desierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ansia de felicidad,</p>
<p>me devora el alma mía,</p>
<p>mas por acaso me guía</p>
<p>su instinto a la adversidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo pienso que ha de ser</p>
<p>porque en mi pecho doliente</p>
<p>alienta imperfectamente</p>
<p>el sentido del placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y amo, y busco la aflicción</p>
<p>porque en su grande sentir</p>
<p>a sus anchuras latir</p>
<p>puede sólo el corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso los ruiseñores</p>
<p>que sonaron no escuché,</p>
<p>ni he visto, aunque las busqué</p>
<p>en los campos, esas flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso la primavera,</p>
<p>que tú dices que pasó,</p>
<p>aunque la aguardaba yo</p>
<p>paso sin que yo la viera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Qué hace la negra esclava, canta o llora?…</strong></h3>
<p>¿Qué hace la negra esclava, canta o llora?</p>
<p>Tú, Europa, gran señora,</p>
<p>que a tu servicio espléndido la tienes,</p>
<p>responde, ¿llora, canta,</p>
<p>o dormida a tu planta</p>
<p>apoya ora en tus pies sus tristes sienes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que en su misma entraña me he nutrido</p>
<p>y en su pecho he bebido</p>
<p>su ardiente leche, con amor la adoro,</p>
<p>y por saber me afano</p>
<p>si al pie de su tirano</p>
<p>reposa, canta o se deshace en lloro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venga el pueblo que a madre tan querida</p>
<p>debe también la vida,</p>
<p>las nuevas a escuchar, que de su suerte</p>
<p>por caridad nos diga</p>
<p>la señora enemiga</p>
<p>de quien vive amarrada al yugo fuerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oigan los hijos de la negra esclava</p>
<p>lo que orgullosa acaba</p>
<p>de transmitir su dueña a las naciones,</p>
<p>para que mofa sea</p>
<p>del mundo que la vea</p>
<p>sufriendo eternamente humillaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice, que por nodriza solamente</p>
<p>al Norte y al Oriente</p>
<p>conducen a la madre, cuyo seno</p>
<p>a mucha boca hambrienta</p>
<p>sin cesar alimenta</p>
<p>con la abundancia que lo tiene lleno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y nos dice también que latigazos</p>
<p>la dan con duros brazos</p>
<p>los hijos de Bretaña y del Pirene,</p>
<p>después de haber sacado</p>
<p>al seno regalado</p>
<p>el jugo que los nutre y los sostiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se atreve a decir la fiera dueña</p>
<p>que en rendirla se empeña,</p>
<p>dejándola cansada, enferma y pobre,</p>
<p>para que no en la vida</p>
<p>emprendiendo la huida</p>
<p>su independencia y libertad recobre…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No tenemos un Cid? ¿No hay un Pelayo</p>
<p>que nos presten un rayo</p>
<p>de indignación, con que a librarla acuda</p>
<p>ese pueblo indolente,</p>
<p>esa cobarde gente,</p>
<p>egoísta, ambiciosa, sorda, muda?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde está la bandera, caballeros,</p>
<p>que dos pueblos enteros</p>
<p>con su anchuroso pabellón cubría?</p>
<p>¿dónde los castellanos</p>
<p>en cuyas fuertes manos</p>
<p>la enseña nacional se sostenía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no hay bandera; el pabellón lucido</p>
<p>en trozos dividido</p>
<p>como harapos levanta nuestra gente</p>
<p>sin escudo y sin nombre,</p>
<p>sirviendo cada hombre</p>
<p>de caudillo y de tropa juntamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual árabes errantes, cada uno</p>
<p>sin domicilio alguno</p>
<p>vagan los desdichados en la tierra,</p>
<p>huyendo del vecino</p>
<p>que hallan en su camino</p>
<p>por no poder marchar juntos sin guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quién levanta su tienda de campaña</p>
<p>en un rincón de España</p>
<p>y por su rey a su persona elige,</p>
<p>y quién sobre la arena</p>
<p>traza, escribe y ordena</p>
<p>las leyes con que él sólo se dirige.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y quién burlando al Dios de sus abuelos</p>
<p>nombra para los cielos</p>
<p>otro señor que nos gobierne el alma,</p>
<p>juzgando la criatura</p>
<p>que siendo el Dios su hechura</p>
<p>más fácilmente alcanzará la palma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Patria, leyes y Dios, siervo y monarca</p>
<p>el español abarca</p>
<p>refundiendo sus varias existencias</p>
<p>en el cerebro loco</p>
<p>para quien juzga poco,</p>
<p>de esa inmensa reunión, cinco potencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Soberbia, necia vanidad mezquina</p>
<p>que a padecer destina</p>
<p>la soledad, el duelo, el abandono</p>
<p>a esa España afligida</p>
<p>que siempre desvalida</p>
<p>se ve juguete de extranjero encono!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha menester alzarse una cruzada,</p>
<p>ha menester la espada</p>
<p>blandir al aire la española tropa,</p>
<p>los reinos espantando</p>
<p>para salvar luchando</p>
<p>a ésa que gime esclava de la Europa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¿dónde habéis de ir, tercios perdidos,</p>
<p>de nadie dirigidos,</p>
<p>marchando sin compás por senda oscura</p>
<p>con rumbo diferente,</p>
<p>a dónde, pobre gente,</p>
<p>a dónde habéis de ir a la ventura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Resucitó Cortés, vive aún Pizarro,</p>
<p>o de encarnado barro</p>
<p>queréis poner vestido de amarillo</p>
<p>un busto en vuestro centro</p>
<p>por que al primer encuentro</p>
<p>vengan rodando huestes y caudillo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca se lanza el águila a la esfera</p>
<p>sin medir su carrera;</p>
<p>nunca el toro acosado en la llanura</p>
<p>rompe en empuje fiero</p>
<p>sin pararse primero</p>
<p>a reforzar su aliento y su bravura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unid el pabellón roto en pedazos,</p>
<p>enlazad vuestros brazos,</p>
<p>a un mismo campo el español acuda,</p>
<p>y al brindar la pelea</p>
<p>que un mismo nombre sea</p>
<p>el que invoquéis a un tiempo en vuestra ayuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así de negra esclava que es ahora</p>
<p>será España señora,</p>
<p>por vosotros del yugo rescatada,</p>
<p>y al abrigo del trono</p>
<p>con soberano tono</p>
<p>de los pueblos servida y respetada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así ¡ay! de infeliz que hoy se presenta</p>
<p>será España opulenta,</p>
<p>por vosotros no más enriquecida,</p>
<p>bella y engalanada,</p>
<p>de laurel coronada,</p>
<p>respirando salud, contento y vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Veréis como ya entonces no la insultan</p>
<p>los que su diente ocultan</p>
<p>entre sus pechos, con hambrienta boca,</p>
<p>después de haber sacado,</p>
<p>su jugo regalado,</p>
<p>llamándola salvaje, necia y loca!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veréis ¡oh! como entonces las banderas</p>
<p>de aquellas extranjeras</p>
<p>que la trataron con tan dura saña,</p>
<p>inclinando su frente,</p>
<p>con voz muy reverente</p>
<p>la dicen al pasar —«Salud, España»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza!…</strong></h3>
<p>¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza!</p>
<p>¡Qué gallardo su andar, su voz qué suave!</p>
<p>Rasgos los cielos son de su belleza,</p>
<p>pasos los siglos de su marcha grave;</p>
<p>la voz de la inmortal naturaleza</p>
<p>de sus conciertos la sonora clave,</p>
<p>su acento arroba, su mirar abrasa,</p>
<p>tiembla el mundo a sus huellas cuando pasa.</p>
<p>Yo me enamoro dél: pobre doncella</p>
<p>a la ardiente pasión esclavizada,</p>
<p>la sangre a mi cerebro se atropella</p>
<p>a su paso, a su canto, a su mirada;</p>
<p>medito y me consumo con la estrella,</p>
<p>por el trueno me siento subyugada,</p>
<p>y al ver al tiempo transcurrir ligero</p>
<p>sufro, lo lloro, clamo, desespero.</p>
<p>Seres tranquilos vi sobre la tierra</p>
<p>que esta ansiedad febril nunca padecen,</p>
<p>ni están con los espíritus en guerra,</p>
<p>ni en éxtasis de amor se desvanecen:</p>
<p>cuatro páginas ¡ay!, su libro encierra;</p>
<p>nacen, medran, se nutren, envejecen,</p>
<p>y como nada amaron ni sintieron</p>
<p>nunca se mueren porque no vivieron.</p>
<p>Repose en paz el corazón helado</p>
<p>yo quiero ver lucir tu sol ardiente,</p>
<p>vagar tras de tu voz por el collado,</p>
<p>beber tu aspiración en el ambiente:</p>
<p>¡quiero mirar tu ceño en el nublado,</p>
<p>tu sonrisa en la luna transparente,</p>
<p>en las corrientes aguas tu armonía</p>
<p>y tus halagos en el alma mía!…</p>
<p>Ese es el solo bien del sentimiento,</p>
<p>la sola dicha de la triste alma,</p>
<p>la sola gloria del mayor talento,</p>
<p>del martirio mayor la sola palma;</p>
<p>llevar por adorarte el sufrimiento,</p>
<p>por comprenderte renunciar la calma,</p>
<p>de la pasión en el delirio ciego</p>
<p>ser desgraciada por sentir su fuego.</p>
<p>Sé que al cantarte en mi ilusión suspensa</p>
<p>la trova que mi boca te improvisa,</p>
<p>de los pueblos tendrá por recompensa</p>
<p>desdeñosa y sarcástica sonrisa:</p>
<p>su atmósfera pesada, oscura y densa</p>
<p>no dejará volar tan dulce brisa,</p>
<p>pero en el valle puro en que la exhalo</p>
<p>sirve a las soledades de regalo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Que teniendo, Cesarina!…</strong></h3>
<p>¡Que teniendo, Cesarina,</p>
<p>en tu hermosísimo rostro</p>
<p>ojos tan claros y bellos</p>
<p>me mires con malos ojos!</p>
<p>¡Que siendo risueño y blando</p>
<p>tu semblante para todos,</p>
<p>doncella, para mí sólo</p>
<p>haya de ser duro y hosco!…</p>
<p>—¿Celos de mí? ¡Virgen Santa!</p>
<p>¿Pues qué amador hay tan loco</p>
<p>que dude que con tu busto</p>
<p>competir no puede otro?</p>
<p>Bajo melena dorada,</p>
<p>sobre cuello delicioso,</p>
<p>con su cutis de azucena,</p>
<p>con su matiz de pimpollo</p>
<p>¿cómo hallar teme rivales</p>
<p>entre mujeres tu rostro</p>
<p>si juzgo que entre los ángeles</p>
<p>no los hallará tampoco?</p>
<p>¿No es por mi faz?… ¿por mi lira?</p>
<p>¡Oh demencia! ¿Te da enojos</p>
<p>un pedazo de madera</p>
<p>con unos bordones toscos</p>
<p>donde canto unos romances</p>
<p>que desoye el mundo todo,</p>
<p>porque una mitad no atiende</p>
<p>y la otra mitad es sordo?</p>
<p>¡Cómo el amor enajena!</p>
<p>¡Cómo los celos son topos</p>
<p>cuando ignoras que esa lira</p>
<p>vale entre los hombres poco!</p>
<p>Siquiera fuese mi canto</p>
<p>dulce, apacible, sonoro;</p>
<p>siquiera tierno y vibrante</p>
<p>alzara sublime tono,</p>
<p>entre escuchar sus conciertos</p>
<p>y mirar tus lindos ojos</p>
<p>no vacilara, alma mía,</p>
<p>el galancete más docto.</p>
<p>Brillante luz es el genio</p>
<p>mas si no tiene un contorno</p>
<p>lucido el fanal que encierra</p>
<p>ese vivo meteoro,</p>
<p>Cesarina, de sus rayos</p>
<p>teme las heridas poco</p>
<p>que aman los hombres al genio…</p>
<p>si el genio tiene tu rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Qué voz, pobre Mariano?…</strong></h3>
<p>¿Qué voz, pobre Mariano,</p>
<p>de mofa, de sarcasmo, de amargura,</p>
<p>al que le ofrezco humano</p>
<p>recuerdo de ternura,</p>
<p>darás riendo en tu morada oscura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la mujer que llora</p>
<p>fue blanco del rigor de tu garganta,</p>
<p>¿qué pensarás ahora</p>
<p>de la mujer que canta?</p>
<p>¡ay! ¿qué dijeras de la nueva planta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver a la poetisa</p>
<p>tú contemplaras su cabeza atento,</p>
<p>y entre cruel sonrisa</p>
<p>prorrumpiera tu acento:</p>
<p>«Aquí yacen el juicio y el talento».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque estás muerto canto:</p>
<p>vivo, Mariano, de tu pluma el vuelo</p>
<p>diérame tal espanto,</p>
<p>que no osara del suelo</p>
<p>mi lira levantarse de recelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué digo? En este instante</p>
<p>juzgo escuchar desde el profundo hueco</p>
<p>tu voz agria y punzante,</p>
<p>que aun en tu labio seco</p>
<p>para rasgar las almas tiene un eco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«—Mujer ¿a qué has venido?</p>
<p>Al romántico yugo sujetada.</p>
<p>¿Ensayas tu gemido</p>
<p>en mi tumba olvidada</p>
<p>por ser luego del mundo celebrada?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El nombre de Mariano</p>
<p>¿es que presta sonoro consonante</p>
<p>a tu numen profano,</p>
<p>o vienes insultante</p>
<p>a escarnecer aun mi sombra errante?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Ateo desgraciado!</p>
<p>¡Víbora de las bellas ilusiones!</p>
<p>¡Genio desesperado!</p>
<p>¡Que al mundo no perdones</p>
<p>ni aun las que eleva a ti santas canciones!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vengo piadosa y triste</p>
<p>no a escarnecer tu nombre, respetado</p>
<p>aun luego que moriste</p>
<p>vengo, escritor amado,</p>
<p>el libro a agradecer que nos has dado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si fue como tu vida</p>
<p>horrible tu morir, de Dios es cuenta,</p>
<p>tu historia dolorida</p>
<p>dos páginas presenta,</p>
<p>una que el mundo aplauda, otra que sienta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lástima para el hombre,</p>
<p>corona para el genio esclarecido,</p>
<p>yo al invocar tu nombre</p>
<p>al criminal olvido</p>
<p>para cantar al escritor querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira si el mundo es bueno,</p>
<p>que en tu risueña pluma a las criaturas</p>
<p>nos da hiel y veneno,</p>
<p>y nuestras bocas puras</p>
<p>gracias te dan por tales amarguras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La risa convulsiva</p>
<p>en que a tu hablar rompemos, nos quebranta,</p>
<p>¡oh guadaña festiva!</p>
<p>y en pago a pena tanta</p>
<p>mira si el mundo es bueno, que aún te canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero de nuevo suena</p>
<p>a interrumpir mi voz tu voz burlona.</p>
<p>«Engañosa sirena,</p>
<p>guárdate esa corona</p>
<p>que ofrece el mundo necio a mi persona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Sírvate de prendido,</p>
<p>que más le cuadra a tu cabeza lisa</p>
<p>que a mi cráneo partido,</p>
<p>coronas que mi risa</p>
<p>excitan como tú, ¡¡vana poetisa!!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Oh! basta, adiós, poeta,</p>
<p>pues desdeñas mi ofrenda de armonía;</p>
<p>hasta en la tumba quieta</p>
<p>tu genio desconfía,</p>
<p>¡hielas la pobre flor de mi poesía!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que en los ángeles crea</p>
<p>quien duda así de los humanos seres;</p>
<p>que del cielo te sea</p>
<p>la gloria que tuvieres</p>
<p>mas grata que del mundo los placeres!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Queréis formar un coro?…</strong></h3>
<p>¿Queréis formar un coro,</p>
<p>hermosas las del canto peregrino,</p>
<p>más dulce, más sonoro</p>
<p>que el rumor argentino</p>
<p>del agua y de los pájaros el trino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No veis cómo las aves</p>
<p>cantan en amigable compañía</p>
<p>a unos acentos graves</p>
<p>los otros de alegría,</p>
<p>uniendo en perfectísima armonía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca entre sí celosas,</p>
<p>porque la voz del ruiseñor descuella,</p>
<p>se alejan rencorosas</p>
<p>de la enramada bella,</p>
<p>dejando triste al ruiseñor en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, que con tiernos píos</p>
<p>la bulliciosa turba Rey le aclama</p>
<p>y en los valles sombríos,</p>
<p>donde a su coro inflama,</p>
<p>sólo el odioso búho le desama…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo ya tengo escogida</p>
<p>corona de bellísimos laureles</p>
<p>y de rosas ceñida,</p>
<p>que estimo en los vergeles</p>
<p>mejor que a los brillantes oropeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Riquísimo prendido</p>
<p>que bañará de aromas los cabellos</p>
<p>y en el rostro encendido</p>
<p>hará a los ojos bellos</p>
<p>orgullosos lucir con sus destellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mil veces venturosa</p>
<p>la compañera que en su tierna frente,</p>
<p>esa fresca y airosa</p>
<p>guirnalda trasparente</p>
<p>entre nosotras alce alegremente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Orne prenda tan bella</p>
<p>a la que eleve más el claro acento:</p>
<p>el ruiseñor aquella</p>
<p>será del coro atento,</p>
<p>y el búho la que envidie su talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Recuerdos del liceo de Madrid</strong></h3>
<p>Me acuerdo bien del venturoso instante</p>
<p>cuando vi yo la luz en vuestro oriente.</p>
<p>¡Cuánta luz, cuántas llores, cuánta gente</p>
<p>y qué mundo tan bello y tan brillante!</p>
<p>¿Por qué no estaba alegre tu semblante</p>
<p>tú que lleno de luz eternamente</p>
<p>en ese mundo que feliz te nombra</p>
<p>tienes el alma donde esta tu sombra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pájaro de América atrevido,</p>
<p>que, trasponiendo los opuestos mares,</p>
<p>entre los recios vientos has venido</p>
<p>a dar al viejo mundo tus cantares;</p>
<p>tú que en tantos torrentes has bebido,</p>
<p>y hoy vienes a beber al Manzanares,</p>
<p>¡para que el ansia de tu sed ardiente</p>
<p>no perdone del mundo una corriente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú que en el nuevo mundo te has mecido</p>
<p>entre el viento de arenas abrasado,</p>
<p>al son del Orinoco adormecido,</p>
<p>al pie de las palmeras arrullado;</p>
<p>y más tarde en el norte has despertado,</p>
<p>y con la luna a Grecia has recorrido,</p>
<p>y de Sión por la cadena santa</p>
<p>¡abriste paso a tu incansable planta!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué estás triste tú? ¿Por qué te quejas?</p>
<p>¿Por qué me llamas la feliz cantora,</p>
<p>y ni llorar ni suspirar me dejas,</p>
<p>envidiando mi vida de pastora?</p>
<p>¿Dónde están mi cayado y mis ovejas,</p>
<p>dónde la choza está que te enamora?</p>
<p>¿En dónde están mis dichas y mi calma</p>
<p>si aquí soy sombra a quien le falta el alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! ¿qué se ha hecho de la pobre sombra</p>
<p>que huyó de esa mansión bella y querida?</p>
<p>El Gévora lo sabe que rendida</p>
<p>la ve muriendo en la campestre alfombra,</p>
<p>¿piensas tú que del alma desprendida</p>
<p>el verme en estos valles no me asombra,</p>
<p>y que puedo tener contento y calma</p>
<p>cuando la sombra está lejos del alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi alma en las ciudades tiene asiento,</p>
<p>y yo sufro también vuestro quebranto,</p>
<p>porque del vago ser que envidiáis tanto,</p>
<p>aquí está el corazón, allí el aliento;</p>
<p>aquí sus ojos, pero allí su llanto;</p>
<p>aquí su boca, pero allí su acento;</p>
<p>aquí está el mártir, pero allí su palma;</p>
<p>aquí soy sombra, pero allí soy alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ráfagas del aire trasparente</p>
<p>me pueden ocultar al que me mira;</p>
<p>pero yo siempre vivo en el ambiente</p>
<p>que vuestro labio sin cesar aspira;</p>
<p>es verdad que mi sombra vagamente</p>
<p>por los collados silenciosa gira,</p>
<p>y allí parece que reposa en calma,</p>
<p>pero no soy la sombra, soy el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! soy el alma siempre agradecida,</p>
<p>que a vuestro lado está, dulces amigos,</p>
<p>vosotros de mis lágrimas testigos</p>
<p>la noche de mi triste despedida,</p>
<p>nunca a la sombra me veréis unida;</p>
<p>y ¡ojalá que los hados enemigos</p>
<p>presto a mi sombra den eterna calma</p>
<p>y del cielo la luz den a mi alma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Réplica de una impugnación al nada creo</strong></h3>
<p>¡Jesús! la tremenda guerra</p>
<p>que movéis a mis canciones</p>
<p>me maravilla y me aterra.</p>
<p>¿No salen en nuestra tierra</p>
<p>por las damas campeones</p>
<p>y salen por los garzones?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vaya en gracia, caballero,</p>
<p>de perseguidos donceles</p>
<p>paladín; sois el primero</p>
<p>que por sostener infieles</p>
<p>a las damas guante fiero</p>
<p>arroja en el suelo ibero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque enemigos los dos</p>
<p>que andante vayáis alabo</p>
<p>de malas causas en pos,</p>
<p>pues vos pensaréis «al cabo</p>
<p>al bueno le ayuda Dios»</p>
<p>y ayudáis al malo vos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es generoso el deseo</p>
<p>de amparar al no creído,</p>
<p>mas, Señor, a lo que veo</p>
<p>en esta querella creo,</p>
<p>que puede ya el descreído</p>
<p>creer que seréis vencido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empeño tan sin razón</p>
<p>os puede costar muy caro</p>
<p>que es mucha mi condición,</p>
<p>y si la guerra os declaro</p>
<p>quedaréis con el garzón</p>
<p>malparado en mi canción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, pues así lo pretende</p>
<p>vuestra musa respondona,</p>
<p>mire bien cual se defiende,</p>
<p>porque mi numen no ofende,</p>
<p>pero al que «guerra» le entona</p>
<p>vence, sigue, y no perdona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Conque decís que la llama</p>
<p>del dulcísimo deseo,</p>
<p>que el pecho rendido inflama</p>
<p>del garzón que tierno ama,</p>
<p>se muda en rencor tan feo</p>
<p>al soplo del no te creo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Válgaos Dios, buen caballero</p>
<p>de que mala condición</p>
<p>será el amante garzón</p>
<p>que trueque en odio fiero,</p>
<p>por un desdén la pasión</p>
<p>que inflamó su corazón!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya vuestra causa es perdida;</p>
<p>¿pues no veis por vuestra vida,</p>
<p>que autorizáis el desvío</p>
<p>de la dama descreída,</p>
<p>tan egoísta amorío</p>
<p>describiendo, Señor mío?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No pensáis que con razón</p>
<p>al conocer esa llama,</p>
<p>de tan innoble pasión,</p>
<p>debe responder la dama</p>
<p>a vuestro amante garzón</p>
<p>con semejante canción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Quien odia por un desvío</p>
<p>muestra que no supo amar.</p>
<p>Y pues fingisteis impío,</p>
<p>harto bien el pecho mío,</p>
<p>mal garzón hizo en dudar</p>
<p>de vuestro falso llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Quien así muda el halago</p>
<p>en baja reconvención</p>
<p>muestra indigno corazón,</p>
<p>y os he dado justo pago</p>
<p>rechazando mal garzón,</p>
<p>vuestra mentida pasión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Llamáis a mi amor ateo</p>
<p>porque del vuestro dudé,</p>
<p>mas garzón a lo que veo</p>
<p>si os hubiera dicho os creo,</p>
<p>vos respondierais a fe,</p>
<p>porque os creí, la engañé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y pues pretende engañar</p>
<p>el uno aquí de los dos,</p>
<p>el otro debe dudar;</p>
<p>que vale más no adorar</p>
<p>que adorar a un falso Dios,</p>
<p>no amar, que amaros vos».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya veis Señor las razones</p>
<p>que a los hombres engreídos</p>
<p>da la dama en sus canciones.</p>
<p>¡Cómo han de ser los garzones,</p>
<p>por votos de amor creídos,</p>
<p>si sus votos son fingidos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Respuesta a un poeta</strong></h3>
<p>Cuando exhala de esa suerte</p>
<p>vuestra Lira dormitando</p>
<p>un eco tan dulce y blando</p>
<p>¿a qué queréis que despierte?</p>
<p>Dejadlo siempre soñando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni vos debéis lamentar</p>
<p>que estén sus cuerdas rompidas,</p>
<p>pues que las sabéis pulsar</p>
<p>tan bien que por vos heridas</p>
<p>aun rotas quieren sonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni digáis que los azares</p>
<p>apagan vuestros destellos,</p>
<p>cantad con vuestros pesares,</p>
<p>porque los tristes cantares</p>
<p>son los cantares más bellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no queráis vuestro acento</p>
<p>rendir, cantor a mis pies,</p>
<p>elévese al firmamento</p>
<p>que su camino es el viento</p>
<p>y el cielo su trono es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Rioja vive en ellas…</strong></h3>
<p>Rioja vive en ellas,</p>
<p>Rioja en esas flores</p>
<p>que brillan a mis ojos aún más bellas</p>
<p>porque son de Rioja los amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos albos jazmines</p>
<p>de su pecho llagado,</p>
<p>por enemigos fieros y ruines</p>
<p>fueron el lenitivo regalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos claveles rojos,</p>
<p>esas rosas lozanas,</p>
<p>honor tuvieron se alegrar sus ojos</p>
<p>y de ceñir sus sienes soberanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El bardo agradecido</p>
<p>alzó a sus compañeras</p>
<p>un canto, que en los siglos repetido,</p>
<p>vino a llenar también estas riberas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así cual las historias</p>
<p>y los célebres nombres</p>
<p>de abuelos que obtuvieron altas glorias</p>
<p>repiten a los nietos, otros hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así a las de mi huerto</p>
<p>repito las canciones</p>
<p>que otro pueblo de flores, que ya es muerto,</p>
<p>logró inspirar en béticas regiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es mucha maravilla</p>
<p>el mirar cómo ellas</p>
<p>doloridas oyen, por mi voz sencilla,</p>
<p>de su sentido vate las querellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paréceme que gimen,</p>
<p>paréceme que llanto</p>
<p>brota de entre sus hojas, que se oprimen</p>
<p>de sentimiento al escuchar el canto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Rioja, oh poeta!,</p>
<p>¡y cuán poco su alma</p>
<p>tiene del mundo a la ambición sujeta</p>
<p>quien en vergel humilde halla la calma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un libro y un amigo</p>
<p>en tu modesta vida</p>
<p>¡oh sabio angelical! bastan contigo</p>
<p>para lograr la dicha apetecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te cuidas de honores,</p>
<p>desdeñas la riqueza</p>
<p>y ensalzas la belleza de las flores</p>
<p>al par que otros del oro la grandeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fenómeno del mundo,</p>
<p>que no comprende ahora</p>
<p>el siglo en ambiciones tan fecundo,</p>
<p>la edad en avaricias tan creadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién hoy ya se contenta</p>
<p>con la sencilla vida?</p>
<p>¿Quién no va tras de vida turbulenta?</p>
<p>¿A quién la paz del alma es hoy querida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los niños envejecen</p>
<p>de ambición prematura;</p>
<p>los bosques de laureles no abastecen</p>
<p>el ansia de laurel de una criatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El atrevido mozo</p>
<p>por el mando se afana,</p>
<p>cuando el albor de su naciente bozo</p>
<p>anuncia apenas su primer mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y dichoso si fuera</p>
<p>orgullo solamente!</p>
<p>¡Dichosos si esta raza no sintiera</p>
<p>de la codicia el aguijón hiriente!…:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas no, dulce Rioja</p>
<p>turbe nuestro reposo</p>
<p>esa amarga verdad que el alma enoja</p>
<p>y el corazón rechaza generoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pensemos que esa tierra</p>
<p>la habitan serafines,</p>
<p>pero huyendo su gloria que me aterra,</p>
<p>tomemos a tu reina de jazmines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo en las flores te veo,</p>
<p>tu cuerpo ha fenecido,</p>
<p>mas las alas del tiempo a mi deseo</p>
<p>de tu espíritu un átomo han traído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y fecunda mi alma,</p>
<p>así tu pensamiento</p>
<p>cual de su amiga a la distante palma</p>
<p>fecunda el germen que transmite el viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso amo a las flores,</p>
<p>porque vives en ellas;</p>
<p>porque fueron, Rioja, tus amores,</p>
<p>son esas flores a mis ojos bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si su color admiro,</p>
<p>si percibo su esencia,</p>
<p>escucho un melancólico suspiro,</p>
<p>oigo de su arpa dulce la cadencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y llevo reverente</p>
<p>a mis labios su hoja,</p>
<p>diciendo al huerto en mi entusiasmo ardiente</p>
<p>béselas yo pues las cantó Rioja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Risueños están los mozos…</strong></h3>
<p>Risueños están los mozos,</p>
<p>gozosos están los viejos</p>
<p>porque dicen, compañeras,</p>
<p>que hay libertad para el pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo es la turba cantares,</p>
<p>los campanarios estruendo,</p>
<p>los balcones luminarias,</p>
<p>y las plazuelas festejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran novedad en las leyes,</p>
<p>que, os juro que no comprendo,</p>
<p>ocurre cuando a los hombres</p>
<p>en tal regocijo vemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos bienes se preparan,</p>
<p>dicen los doctos al reino,</p>
<p>si en ello los hombres ganan</p>
<p>yo, por los hombres, me alegro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, por nosotras, las hembras,</p>
<p>ni lo aplaudo, ni lo siento,</p>
<p>pues aunque leyes se muden</p>
<p>para nosotras no hay fueros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿qué nos importa?</p>
<p>¿qué ganamos, qué tendremos?</p>
<p>¿un encierro por tribuna</p>
<p>y una aguja por derecho?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿de qué nos vale</p>
<p>si son los tiranos nuestros</p>
<p>no el yugo de los monarcas,</p>
<p>el yugo de nuestro sexo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¿pues no es sarcasmo</p>
<p>el que nos hacen sangriento</p>
<p>con repetir ese grito</p>
<p>delante de nuestros hierros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Libertad! ¡ay! para el llanto</p>
<p>tuvímosla en todos tiempos;</p>
<p>con los déspotas lloramos,</p>
<p>con tributos lloraremos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, humanos y generosos</p>
<p>estos hombres, como aquellos,</p>
<p>a sancionar nuestras penas</p>
<p>en todo siglo están prestos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los mozos están ufanos,</p>
<p>gozosos están los viejos,</p>
<p>igualdad hay en la patria,</p>
<p>libertad hay en el reino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, os digo, compañeras,</p>
<p>que la ley es sola de ellos,</p>
<p>que las hembras no se cuentan</p>
<p>ni hay Nación para este sexo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso aunque los escucho</p>
<p>ni me aplaudo ni lo siento;</p>
<p>si pierden ¡Dios se lo pague!</p>
<p>y si ganan ¡buen provecho!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Rosablanca</strong></h3>
<p>La luz del día se apaga;</p>
<p>rosa blanca, sola y muda</p>
<p>entre los álamos vaga</p>
<p>de la arboleda desnuda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y se desliza tan leve,</p>
<p>que el pájaro adormecido</p>
<p>toma su andar por ruido</p>
<p>de hoja que la brisa mueve,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni para ver en su ocaso</p>
<p>al sol hermoso un instante</p>
<p>ha detenido su paso</p>
<p>indiferente y errante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni de la noche llegada</p>
<p>a las tinieblas atiende,</p>
<p>ni objeto alguno suspende</p>
<p>su turbia incierta mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ni lágrimas ni acentos,</p>
<p>ni un suspiro mal ahogado</p>
<p>revelan los sufrimientos</p>
<p>de su espíritu apenado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tal vez de tantos gemidos</p>
<p>tiene el corazón postrado!</p>
<p>¡Tal vez sus ojos rendidos</p>
<p>están, de mal tan llorado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez no hay un pensamiento</p>
<p>en su cabeza marchita,</p>
<p>y en brazos del desaliento</p>
<p>ni oye, ni ve, ni medita.—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poeta «suave rosa»</p>
<p>llamola, muerto de amores</p>
<p>¡El poeta es mariposa</p>
<p>que adula todas las flores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bella es la azucena pura,</p>
<p>dulce la aroma olorosa</p>
<p>y la postrera hermosura</p>
<p>es siempre la más hermosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En sus amantes desvelos</p>
<p>la envidiaron las doncellas;</p>
<p>mas ¡ay! son para los celos</p>
<p>todas las rivales bellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viose en transparente espejo</p>
<p>linda la joven cabeza;</p>
<p>mas tal vez dio en su reflejo</p>
<p>su vanidad la belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué importa si es hermosa?</p>
<p>sola, muda y abismada</p>
<p>sólo busca la apartada</p>
<p>arboleda silenciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y allí cuando debilita</p>
<p>su espíritu el sufrimiento,</p>
<p>en brazos del desaliento</p>
<p>ni oye, ni ve, ni medita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Salud prole gallarda!, salud hijos…</strong></h3>
<p>¡Salud prole gallarda!, salud hijos</p>
<p>en quienes tiene fijos</p>
<p>sus ojos la nación que en vos confía;</p>
<p>las madres orgullosas</p>
<p>sus frases cariñosas</p>
<p>que os trove ordenan en el arpa mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Doncella, -me dijeron-; tú que sabes</p>
<p>de las voces suaves</p>
<p>el sonoro compás, blanda caída;</p>
<p>escoge las más bellas</p>
<p>y fórmanos con ellas</p>
<p>una dulce canción, tierna y florida;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Hoy regalar queremos los oídos</p>
<p>de los hijos queridos</p>
<p>que alfombran nuestro suelo de laureles».</p>
<p>Yo respondí: «Matronas,</p>
<p>tejed vos las coronas</p>
<p>y yo las llevaré a vuestros donceles».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué de aquellas madres la dulzura</p>
<p>y amorosa ternura</p>
<p>de los acentos que por vos elevan,</p>
<p>con la misma armonía</p>
<p>de su ardiente poesía</p>
<p>mis vagos tonos, juventud, no os llevan?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantan y lloran, ríen y deliran,</p>
<p>cuando pasar os miran,</p>
<p>sabios mancebos, en lucida tropa;</p>
<p>y ¿no es su orgullo justo?</p>
<p>¿de España el nombre augusto</p>
<p>no defendéis vosotros ante Europa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quiénes, sino vosotros, han sacado</p>
<p>al pueblo extraviado</p>
<p>en la ignorancia estúpida, al camino?</p>
<p>¿a quiénes hoy debemos</p>
<p>lo que el siglo sabemos</p>
<p>sino al ingenio vuestro peregrino?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa ruda corteza que tenía</p>
<p>nunca arrancar podía</p>
<p>de los viejos el pueblo moribundo;</p>
<p>no en sus hombros inertes</p>
<p>en los del mozo, fuertes</p>
<p>un paso más logra avanzar el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No podrá del saber la rica vena</p>
<p>bajo negra melena</p>
<p>juvenil palpitar, que necesita</p>
<p>que las frentes lozanas</p>
<p>se coronen de canas</p>
<p>para ostentarla en la vejez marchita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Si puede, responded, turba gloriosa</p>
<p>a la voz envidiosa</p>
<p>que en el antiguo pueblo se levanta</p>
<p>en boca del que espera</p>
<p>tener en su carrera</p>
<p>al genio que a su ciencia se adelanta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejad al cuervo atrás cansado y ronco</p>
<p>graznar sobre ese tronco</p>
<p>por antiguo en el bosque mutilado,</p>
<p>y, garzas placenteras,</p>
<p>volad siempre ligeras</p>
<p>hacia el árbol que veis recién brotado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedan sus altas ramas algún día,</p>
<p>con verle lozanía</p>
<p>dar sombra a multitud de vuestros nidos</p>
<p>que en sus hojas colgados</p>
<p>los hijos regalados</p>
<p>os guarden de los vientos defendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Flores, aromas, frutos, hermosura,</p>
<p>pompa, galas, frescura</p>
<p>el árbol fecundísimo esparciendo,</p>
<p>¡cuán abundante y puro</p>
<p>para el siglo futuro</p>
<p>su frondoso ramaje está nutriendo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta el pastor en su gentil corteza</p>
<p>podrá grabar «riqueza»,</p>
<p>hasta las hembras «libertad, ventura»,</p>
<p>hasta los bardos «gloria»,</p>
<p>y hasta «paz», por memoria,</p>
<p>el guerrero esculpir con su armadura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para nosotros ¡ay! no bien brotados</p>
<p>sus ramos deseados,</p>
<p>ni sombra prestan, ni nos dan verdores;</p>
<p>y en su blanda corteza</p>
<p>hoy grabamos, «pobreza,</p>
<p>infortunio, baldón, llanto y dolores».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No asoma la tristeza a nuestra frente</p>
<p>al ver que solamente</p>
<p>en la vana ilusión de la poesía</p>
<p>tenemos los primores</p>
<p>de esos frutos y flores,</p>
<p>galas, aromas, pompa y lozanía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No sentís vuestra sangre, hijos de España,</p>
<p>hervir con fuerza extraña,</p>
<p>correr desesperada por las venas</p>
<p>al mirar que logramos</p>
<p>en vez de lo que ansiamos</p>
<p>miseria, oscuridad, guerra y cadenas…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vosotros no más, gallardos hijos,</p>
<p>tiene sus ojos fijos</p>
<p>la española nación, que en vos confía;</p>
<p>las madres orgullosas</p>
<p>en frases cariñosas</p>
<p>ruegos os mandan por la trova mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quisiera saber, como las aves,</p>
<p>de las voces suaves</p>
<p>el sonoro compás, blanda caída,</p>
<p>para daros con ellas</p>
<p>unas canciones bellas</p>
<p>dignas de vuestra mente esclarecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero está en cabeza el pensamiento</p>
<p>falto de atrevimiento</p>
<p>y en los labios la voz de la poetisa,</p>
<p>de la propia manera</p>
<p>que en la nación ibera</p>
<p>la nueva sociedad, torpe, indecisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Salutaciones y despedidas al señor don José María Claros</strong></h3>
<p>O no hay tierra ni ser, o hay Dios y cielo;</p>
<p>tal cuando niña discurrió la mente,</p>
<p>llevada del amor que hace al viviente,</p>
<p>buscar a Dios con instintivo anhelo;</p>
<p>luego de joven al cruzar el cielo,</p>
<p>hirió su pedernal mi pie inocente,</p>
<p>y más cierta añadí —no es ilusoria</p>
<p>la tierra ni el dolor; hay cielo y gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fija, obstinada, pertinaz, constante,</p>
<p>su existencia a la nuestra hallando unida,</p>
<p>dios es verdad, pues cierta es nuestra vida,</p>
<p>dije al sentir mi pecho palpitante.</p>
<p>¿Tuve un placer? ¡oh, gracias, Dios amante!</p>
<p>¡piedad mi Dios! clamé cuando afligida;</p>
<p>y el mundo me hizo así mal llevadero</p>
<p>la amistad del divino compañero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo animado al sol de mi creencia,</p>
<p>la planta, el ave, el agua, las criaturas,</p>
<p>Dios es grande, pues forma estas hechuras,</p>
<p>exclamé al adorar su inteligencia.</p>
<p>¿Y no aprendí bastante, hay otra ciencia</p>
<p>que ilumine mejor las almas puras?…</p>
<p>Pues ignorante, amigo, me dijeron</p>
<p>los que a dudar de Dios sólo aprendieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lucha trabé con ellos muy reñida,</p>
<p>trajo el ateo libros a millares;</p>
<p>yo respondí mostrando de los mares</p>
<p>a sus ojos la página cumplida.</p>
<p>La estrella de los cielos encendida,</p>
<p>fijé en su libro al fin de sus cantares,</p>
<p>y si no acierta a huir veloz, ¡presumo</p>
<p>que libro y sabio se tornaran humo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Pensáis que así quedó? volvió la gente</p>
<p>niña, a llamarme crédula y sencilla,</p>
<p>y yo a cantar de Dios la maravilla</p>
<p>en el sol, en el aire, en el torrente.</p>
<p>—No hay Dios, —me grita el genio irreverente</p>
<p>—Hay Dios, —respondo; su mirada brilla,</p>
<p>su aliento corre, su palabra suena,</p>
<p>su amor palpita, su pisada atruena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en la dura lid tal vez venciera</p>
<p>el que desdeña a Dios a quien lo alaba,</p>
<p>si cuando ya el aliento me faltaba,</p>
<p>otra voz a esforzarme no acudiera;</p>
<p>de una fe más robusta y verdadera,</p>
<p>de un talento mayor la mente esclava,</p>
<p>cuando os oyó decir: —hay Dios y cielo—</p>
<p>tomó con más fervor a alzar su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gracias! porque en el mundo hallo profeta</p>
<p>de tan pura virtud, fe tan ardiente,</p>
<p>que en tanto error del mundo diferente</p>
<p>me preste una verdad al alma inquieta;</p>
<p>sí, amigo, la creación obra incompleta</p>
<p>fuera si nuestro autor omnipotente</p>
<p>no escribiera en la humana y triste historia</p>
<p>que para el bueno, como vos, hay gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Se ha deshecho el alma mía</strong></h3>
<p>Brillaba el sol aquel día</p>
<p>con luz clara, pura, hermosa;</p>
<p>yo no sé qué presentía,</p>
<p>pero estaba el alma mía</p>
<p>agitada y recelosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes de ver la tormenta</p>
<p>el Alción la pronostica:</p>
<p>así una emoción violenta</p>
<p>que se siente y no se explica</p>
<p>a veces nos amedrenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Tempestad!… y recia que era</p>
<p>la que aguardaba a mi vida,</p>
<p>cuando por la vez primera</p>
<p>tu mirada placentera</p>
<p>vino a anunciar su venida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Alma noble, dije al verte,</p>
<p>corazón osado y fuerte</p>
<p>en amor y odio extremado,</p>
<p>has de ser muy estimado</p>
<p>de la que llegue a quererte».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto bien lo presagiaba,</p>
<p>¡mas, por Dios, no sospechaba</p>
<p>aquélla que lo decía</p>
<p>que la idólatra sería</p>
<p>del corazón que juzgaba!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué tu mirada era</p>
<p>tan dulce? ¿Por qué tu ruego</p>
<p>quisiste una vez que oyera?…</p>
<p>Con una chispa de fuego</p>
<p>se enciende una inmensa hoguera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice alguno en su porfía</p>
<p>que es mi alma dura roca;</p>
<p>mas, por la Virgen María,</p>
<p>que a un acento de tu boca</p>
<p>se ha deshecho el alma mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Se va mi sombra pero yo me quedo. A mis amigos de Madrid</strong></h3>
<p>¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente</p>
<p>del pensamiento que buscaba el mío,</p>
<p>siempre confuso y ciego en el sombrío</p>
<p>y solitario claustro de mi mente!</p>
<p>¡Oh luz amada, luz resplandeciente,</p>
<p>en cuyos rayos mi esperanza fío,</p>
<p>luz de mi alma, luz de mi deseo,</p>
<p>que iluminas al fin, que al fin te veo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de gloria inmortal, que en ígnea rueda</p>
<p>brillas sobre la estatua de Cervantes,</p>
<p>brillas sobre los huesos palpitantes</p>
<p>del desgraciado Larra y de Espronceda;</p>
<p>no importa que la suerte me conceda</p>
<p>para verla no más breves instantes,</p>
<p>pues siempre verla y adorarla puedo,</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frentes marchitas, de estudiar cansadas,</p>
<p>ánimos nobles, de luchar rendidos,</p>
<p>poéticos espíritus caídos,</p>
<p>generosas ideas desmayadas;</p>
<p>yo, que del campo allá en las retiradas</p>
<p>soledades, guardé de mis sentidos</p>
<p>el entusiasmo, consolaros puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí para cantar y aquí mi oído</p>
<p>para escuchar, amigos, vuestro canto,</p>
<p>y aquí estará mi ser, aunque entretanto</p>
<p>os diga la ilusión que ya he partido;</p>
<p>¡loca ilusión! Engaño del sentido</p>
<p>pensar que os dejo y que derramo llanto,</p>
<p>pensar que sufro y que dejaros puedo</p>
<p>cuando se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí para labrar de la poesía</p>
<p>la dura tierra donde el lauro crece,</p>
<p>mi corazón, que nunca desfallece,</p>
<p>os seguirá constante en la porfía;</p>
<p>para dar mi tributo de armonía,</p>
<p>para animar al triste que padece,</p>
<p>para sufrir, si consolar no puedo,</p>
<p>aunque vuele mi sombra yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las amigas manos las palmadas</p>
<p>aún escucho el dulcísimo ruido</p>
<p>bien sabéis que por cada una he vertido</p>
<p>dos lágrimas profundas y abrasadas;</p>
<p>no me diréis jamás que mal pagadas</p>
<p>por este corazón ardiente han sido,</p>
<p>cuando jurar por vuestra gloria puedo,</p>
<p>que huye mi sombra, pero yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No es verdad que es muy triste en la morada</p>
<p>del solitario valle hundir la vida,</p>
<p>y no ver en el agua adormecida</p>
<p>sino la propia imagen retratada?</p>
<p>Por eso vine enferma y lastimada,</p>
<p>y no quiero tornar más abatida,</p>
<p>y por eso, no más, Dios me concede</p>
<p>que se vaya mi sombra y yo me quede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! aunque os digo «adiós» yo no me alejo,</p>
<p>es mi sombra no más la que mañana</p>
<p>volverá a retratarse en el espejo</p>
<p>del insalubre y muerto Guadiana;</p>
<p>aunque soñéis en la ilusión que os dejo,</p>
<p>mirad que es sólo una, quimera vana,</p>
<p>un sueño ingrato a cuyo error no cedo,</p>
<p>que si se va mi sombra yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada importa el adiós, si es de tal suerte</p>
<p>que os digo «adiós» y es falsa la partida;</p>
<p>ni ha de rendirse débil y afligida</p>
<p>por un sueño no más el alma fuerte.</p>
<p>¿Qué os importa mi sombra vaga, inerte,</p>
<p>para sufrir en esta despedida,</p>
<p>si he dicho, amigos, que escucharos puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Adiós!» mil veces os diré cantando</p>
<p>y estos adioses ni escuchéis siquiera,</p>
<p>ni penséis que mi voz es lastimera,</p>
<p>ni digáis que de pena estoy llorando;</p>
<p>es un adiós tranquilo, un adiós blando,</p>
<p>es una despedida placentera,</p>
<p>pues ni llorar ni enternecerme puedo</p>
<p>porque se va mi sombra y yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! ya veréis cómo al acento amigo</p>
<p>mañana y siempre con mi voz respondo,</p>
<p>aunque este adiós tan quebrantado y hondo</p>
<p>aun, otra vez, por postrera os digo;</p>
<p>veréis cómo en los triunfos os bendigo,</p>
<p>aunque os parezca, amigos, que me escondo,</p>
<p>porque es engaño, sí… ¡Nunca!… ¡No puedo!…</p>
<p>Se irá mi sombra, pero yo me quedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Seoane. Respuesta al Excmo. Sr. D. Mateo Seoane</strong></h3>
<p>Pálida insomne, lánguida doliente,</p>
<p>sombra tan sólo de criatura humana</p>
<p>ya consumida por la fiebre ardiente</p>
<p>viene de las orillas del Guadiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La copa de cristal donde bebía</p>
<p>el agua, que a mi sed siempre era poca</p>
<p>al acercar mi enardecida boca</p>
<p>una vez y otra en sangre se teñía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mortificado por tenaz punzada</p>
<p>y de violento palpitar rendido</p>
<p>era del corazón cada latido</p>
<p>un dolor en mi fibra lastimada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fatigaba la luz mi vista errante,</p>
<p>ahogaba el aire mi oprimido pecho</p>
<p>y aunque jamás abandonaba el lecho</p>
<p>dormir no me era dado un solo instante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las lentas horas de la noche triste</p>
<p>las pasaba gimiendo y delirando</p>
<p>y por la muerte sin cesar clamando</p>
<p>único bien al que doliente existe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya la muerte al fin compadecida</p>
<p>sus negras alas hacia mí tendiendo</p>
<p>iba a llevarme al ámbito tremendo</p>
<p>término silencioso de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero una mano fuerte y salvadora</p>
<p>con enérgico afán asió la mía;</p>
<p>una mirada fija, escrutadora</p>
<p>a iluminarme vino en la agonía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era la luz brillante de la ciencia,</p>
<p>implacable enemiga de la muerte</p>
<p>que vivifica el corazón inerte</p>
<p>que anima con sus rayos la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Erais vos, erais vos, sabio maestro</p>
<p>de la doliente humanidad amigo;</p>
<p>yo debo la existencia al saber vuestro</p>
<p>vos amo y os respeto y os bendigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otros seres también dulce memoria</p>
<p>de esa ciencia benéfica guardando</p>
<p>al pobre ingenio mío están rogando</p>
<p>que agradecida escriba vuestra historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra vida, señor, escribir quiero</p>
<p>aunque modesto rechacéis su idea,</p>
<p>no porque el mundo mi talento vea</p>
<p>que nada dél para mi gloria espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuestra vida, señor, a escribir voy</p>
<p>pues si la escribo porque viva estoy,</p>
<p>y en ella expresaré lo que habéis sido</p>
<p>a Dios y a vuestra ciencia lo he debido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si alcanzaran los ojos…</strong></h3>
<p>Si alcanzaran los ojos</p>
<p>a descubrir la inmensa pesadumbre</p>
<p>de los luceros rojos,</p>
<p>en la celeste cumbre</p>
<p>te hallaran con la santa muchedumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resplandor el oro</p>
<p>trocado de la espléndida corola,</p>
<p>que puso espanto al moro,</p>
<p>a los cielos, tú sola</p>
<p>prestas, más luz que el sol, con tu aureola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh tierra gobernada</p>
<p>por tu cetro sagrado y victorioso</p>
<p>cual se miró encumbrada!</p>
<p>¡Oh pueblo venturoso,</p>
<p>oh trono de la Iberia glorioso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ti aquel noble empeño</p>
<p>con fama coronó el pueblo cristiano;</p>
<p>por ti de la mar dueño</p>
<p>el genio soberano,</p>
<p>un nuevo mundo hallo en el Océano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas eran a tu alma</p>
<p>dos mundos en la tierra espacio estrecho,</p>
<p>y una tercera palma</p>
<p>a conquistar derecho</p>
<p>tu espíritu se alzaba a mayor trecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reina a la par y santa,</p>
<p>de majestad en majestad te alzaste,</p>
<p>y hasta do se levanta</p>
<p>el mismo sol llegaste,</p>
<p>y sobre los luceros te asentaste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh sacra! ¡Oh gran matrona</p>
<p>de la cristiana grey! ¡Oh reina mía!</p>
<p>Sé tú de la corona</p>
<p>que sustentaste un día,</p>
<p>inexpugnable amparo y guarda pía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bendice tú, y alienta</p>
<p>la adorada, infantil, cabeza pura</p>
<p>que hoy tu diadema ostenta,</p>
<p>y bajo la ternura</p>
<p>de tu divino amor crezca segura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si clamo a ti, Señor, ¿no has de escucharme?…</strong></h3>
<p>Si clamo a ti, Señor, ¿no has de escucharme</p>
<p>tú de quien es la inmensidad oído?</p>
<p>¿Tú que la hirviente mar has contenido,</p>
<p>no has de poder el corazón calmarme?</p>
<p>¿Un átomo de luz no podrá darme</p>
<p>ése que tantos soles ha encendido?</p>
<p>¡Pues cómo has de dejar, Señor, mi vida</p>
<p>¡ay! ciega y sin consuelo y desoída!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo me acerco hoy a ti; yo estoy contigo;</p>
<p>sumiso el corazón tengo a tu lado,</p>
<p>pasión, orgullo y penas han callado,</p>
<p>no hay más que fe por ti, no hay más conmigo:</p>
<p>ordéname; una voz y yo te sigo</p>
<p>¿Qué me quieres decir, qué me has hablado?</p>
<p>¡Por qué mi ruda y tarda inteligencia</p>
<p>no basta a percibir su dulce esencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que te adoro a ti desde la infancia,</p>
<p>yo que te busco en incansable anhelo,</p>
<p>yo que más que a la tierra miro al cielo,</p>
<p>yo que a tu gloria aspiro en mi constancia,</p>
<p>¿he de perder, Señor, por la ignorancia</p>
<p>de no entender tu voz, tu gran consuelo?</p>
<p>¿He de ofenderte, he de labrar mis penas</p>
<p>por no escuchar bien claro qué me ordenas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tú no hablas jamás; no por acentos</p>
<p>tu voluntad al universo explicas;</p>
<p>tienes en tu saber notas más ricas</p>
<p>para expresar tus altos pensamientos;</p>
<p>hablan por ti, Señor, los sentimientos</p>
<p>con que alivias el alma o mortificas,</p>
<p>y yo en ese lenguaje he comprendido</p>
<p>que me pides querer y te he querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú nos pides amor, amor constante</p>
<p>de agradecido pecho justo pago,</p>
<p>tú que una vida das por un halago,</p>
<p>tú de la humanidad eterno amante,</p>
<p>¿y antes quieren, Señor, que el alma errante</p>
<p>se fatigue de error en error vago,</p>
<p>que tener por consuelo en este mundo</p>
<p>cariño tan dulcísimo y fecundo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí abajo, del mundo habitadora,</p>
<p>dicen, Señor, que hay una docta gente</p>
<p>que no te reconoce, no te siente,</p>
<p>que no te admira, que jamás te adora;</p>
<p>que no te rinde gracias ni te implora</p>
<p>en el placer, en el dolor vehemente;</p>
<p>mas, fábula del mundo es torpe y vana,</p>
<p>porque no puede haber tal raza humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues al darnos la luz, belleza tanta</p>
<p>como a su inmenso rayo percibimos;</p>
<p>¿ignoramos, Señor, que la debimos</p>
<p>a un ser que desde el polvo nos levanta?</p>
<p>Tu grande majestad suprema y santa</p>
<p>nuestros ojos no ven, mas la sentimos:</p>
<p>el genio puede errar, cuando te niega,</p>
<p>pero no el corazón, cuando te ruega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Existes, y las gentes lo entendemos,</p>
<p>desde la misma cuna te adoramos,</p>
<p>mas ¿sabes por qué luego te olvidamos?</p>
<p>Por malicia, señor, porque tememos;</p>
<p>no nos place tener jueces supremos</p>
<p>porque mejor sin leyes nos hallamos,</p>
<p>y antes que resignarnos a la pena</p>
<p>negaremos al Dios que nos condena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo que te amé desde la infancia,</p>
<p>yo que te busco en incansable anhelo,</p>
<p>yo que más que a la tierra miro al cielo,</p>
<p>yo que a tu gloria aspiro en mi constancia;</p>
<p>acudo a tu saber en mi ignorancia,</p>
<p>acudo en mi aflicción a tu consuelo,</p>
<p>y es tal la fe con que te ruega el alma</p>
<p>que en esta misma fe logra la calma</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si dos con el alma se amaron en vida…</strong></h3>
<p>Si dos con el alma se amaron en vida</p>
<p>y al fin se separan en vida los dos.</p>
<p>¿Sabéis que es tan grande la pena sentida</p>
<p>que nada hay más triste que el último adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa palabra que breve murmuran,</p>
<p>en ese gemido que exhalan los dos,</p>
<p>ni verse prometen, ni amarse se juran,</p>
<p>que en esa palabra se dicen ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay queja más honda, suspiro más largo</p>
<p>que aquella palabra que dicen los dos:</p>
<p>el alma se entrega a horrible letargo;</p>
<p>la vida se acaba diciéndose ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin ha llegado la muerte en la vida,</p>
<p>y al fin para entrambos morimos los dos;</p>
<p>al fin ha llegado la hora cumplida,</p>
<p>la hora más triste… el último ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya nunca en la vida, gentil compañero,</p>
<p>ya nunca volvemos a vernos los dos;</p>
<p>por eso es tan triste mi acento postrero,</p>
<p>que nada hay más triste que el último ¡adiós!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Si para entrar en tan difícil vía…</strong></h3>
<p>Soneto</p>
<p>Si para entrar en tan difícil vía</p>
<p>el aliento a mi numen no faltara,</p>
<p>ya de la patria nuestra lamentara</p>
<p>los males en tristísima elegía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la virtud, ya el genio cantaría,</p>
<p>ya el vicio a deprimir me consagrara;</p>
<p>pero mi voz de niña desmayara</p>
<p>y desmayara endeble el arpa mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas quiero humilde abeja, aquí en el suelo</p>
<p>vagar de flor en flor siempre ignorada,</p>
<p>que al águila siguiendo arrebatada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con alas cortas remontar mi vuelo.</p>
<p>Canto las flores que en los campos nacen;</p>
<p>cántolas para ti, que a ti te placen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Siempre tú</strong></h3>
<p>La niebla del diciembre quebrantaba</p>
<p>del sol los melancólicos fulgores</p>
<p>cuando en mi corazón de tus amores</p>
<p>el acento primero resonaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El segundo diciembre se acercaba</p>
<p>trayendo para mí nieblas mayores</p>
<p>que a merced de los vientos bramadores</p>
<p>tu nave en el Atlántico bogaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el diciembre tercero aparecía</p>
<p>templado, alegre como el mayo hermoso</p>
<p>y eras tú mi suspiro todavía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cuarto arrebatado, tempestuoso,</p>
<p>vino a robarme la ventura mía</p>
<p>¡ay! mas no a dar a mi pasión reposo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sobre la construcción de nuevas plazas de toros en España</strong></h3>
<p>¡Bravo!… generación; rauda caminas</p>
<p>a modelar tus hombres con las fieras;</p>
<p>¡bien tus nobles misiones adivinas,</p>
<p>te escapas de las cátedras latinas</p>
<p>y en las plazas de toros te atrincheras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuevos campos de lid a los toreros</p>
<p>levanta ¡oh patria! agota los tesoros.</p>
<p>¿Pueblo de sabios son los extranjeros?</p>
<p>Pues aquí somos pueblo de vaqueros…</p>
<p>necios ¿qué vale más, leyes o toros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿La libertad, qué importa mientras brama</p>
<p>el acosado toro en la llanura</p>
<p>y la arena socava y desparrama</p>
<p>y sufre el aguijón… sufre la llama,</p>
<p>de la infeliz España imagen pura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando ronco ya lanza profundos</p>
<p>del traspasado pecho los bramidos</p>
<p>y hombres caen y alazanes moribundos</p>
<p>¡cómo es ver a los mozos rubicundos</p>
<p>romper en gozosísimos silbidos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a las damas, las dulces, las mimadas,</p>
<p>corazones de leche delicados,</p>
<p>cebarse en contemplar ensangrentadas</p>
<p>las carnes del buen toro acribilladas,</p>
<p>los pechos del caballo desgarrados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas escuchad; a defender la lucha</p>
<p>de hombres y toros se levanta osado</p>
<p>el petulante hidalgo que me escucha</p>
<p>«Yo vengo —exclama— aquí con gloria mucha</p>
<p>porque esto es español». ¡Bien, ha gritado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh Nacional ardor! cien aureolas</p>
<p>de rubias astas en la docta frente</p>
<p>coloquen del mancebo, que halla solas</p>
<p>en los chulos las glorias españolas,</p>
<p>en los toros su fuerza prepotente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para aquellas ¡oh pueblo! almas de toro</p>
<p>el valor y el saber son extranjeros;</p>
<p>no aprenden en el Cid que bate al moro,</p>
<p>no abren de nuestros libros el tesoro</p>
<p>y de España osan ser con ser toreros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues también en las bellas de la España</p>
<p>tanto el patrio cariño se acrisola</p>
<p>que ven con entusiasmo a la alimaña;</p>
<p>con ellas la bondad es planta extraña,</p>
<p>tan sólo la crueldad es española.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Quién me diera tu numen, Jovellanos,</p>
<p>para tronar y despedir centellas</p>
<p>contra aquellos padrones castellanos</p>
<p>que se elevan más altos, más ufanos</p>
<p>en vez de perecer bajo tus huellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Varón ilustre, si tu mente pura</p>
<p>de los rayos del sol aquí desciende,</p>
<p>mira al pueblo español en esa altura,</p>
<p>cómo rápido avanza en la cultura,</p>
<p>cómo en la escuela de la ciencia aprende!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pan y toros tenemos —prorrumpiste—</p>
<p>pero tu siglo fue siglo de oro,</p>
<p>el nuestro, Jovellanos, es más triste,</p>
<p>tú, al menos, con el toro pan tuviste,</p>
<p>¡a nosotros nos dan sin pan el toro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Sobre la guerra</strong></h3>
<p>Nos ha dado el Señor cielos hermosos</p>
<p>con luz, por que los ojos alumbremos,</p>
<p>y nosotros los pueblos ingeniosos</p>
<p>con humo del cañón la oscurecemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado unas tierras deliciosas</p>
<p>donde las vidas sustentar podamos,</p>
<p>y nosotras las gentes belicosas</p>
<p>con sangre de los nuestros las regamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado suprema inteligencia</p>
<p>para adorar su ley mientras vivimos,</p>
<p>y nosotros negamos su existencia</p>
<p>y de la propia nuestra maldecimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos ha dado pasiones generosas</p>
<p>y odiándonos vivimos en la tierra;</p>
<p>«almas, nos dice, paz, sed venturosas»</p>
<p>y respondemos «infortunio, guerra!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guerra al Oriente, guerra al Mediodía,</p>
<p>por cuanto abarca el sol guerra sangrienta;</p>
<p>nuestra campana eterna de agonía</p>
<p>por las batallas sus minutos cuenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hacen trocar los siglos pasajeros</p>
<p>leves, imperios, religiones, todo;</p>
<p>pero la horrible estirpe de guerreros</p>
<p>tiende su rama del egipcio al godo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh de asesinos fuerte monarquía</p>
<p>de siglo en siglo trasmitida viene;</p>
<p>reino antes de Moisés tal dinastía</p>
<p>y aun después de Jesús príncipes tiene!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un perpetuo clamor son las naciones;</p>
<p>toda la humanidad es solo un grito;</p>
<p>cansado de sufrir generaciones</p>
<p>el mundo está, y cansado el Infinito…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende ¡oh paterno mar! tiende los brazos</p>
<p>y, por piedad de nuestros hondos males,</p>
<p>de la tierra los míseros pedazos</p>
<p>abisma entre tus formas colosales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez al arrollar el viejo mundo,</p>
<p>tus soberanas moles avanzando,</p>
<p>otras tierras mejor desde el profundo</p>
<p>se irán a tus espaldas levantando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí están las semillas corrompidas,</p>
<p>a Dios no pueden dar ya fruto bueno,</p>
<p>y pues a Dios no sirven nuestras vidas,</p>
<p>¡húndenos mar, te servirán de cieno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Soneto</strong></h3>
<p>¿Mi vida, Carolina, escribir quieres?</p>
<p>Deja por Dios tan peregrina idea</p>
<p>que podrás solo hacer que el mundo vea</p>
<p>en vez de lo que soy lo que tú eres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Digno de ti será lo que escribieres</p>
<p>a tu alma harás brillar en tu tarea,</p>
<p>mas nunca harás que el juicio exacto sea</p>
<p>de cómo yo he cumplido mis deberes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi vida por ti escrita, amiga mía,</p>
<p>un poema completo solo fuera</p>
<p>hijo del corazón y fantasía,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde con gran vergüenza yo me viera</p>
<p>cual debiera haber sido o ser debía</p>
<p>y no cual soy o he sido en mi carrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿También, nueva cantora?…</strong></h3>
<p>¿También, nueva cantora,</p>
<p>el arpa juvenil cubres de luto?</p>
<p>¿Tú desconsoladora</p>
<p>a la musa, que llora,</p>
<p>rindes también tributo</p>
<p>de secas flores y de amargo fruto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Suave luz del oriente!</p>
<p>¿Por qué entre nubes escondida tanto</p>
<p>muestras la faz riente?</p>
<p>¡Ángel mío inocente!</p>
<p>¿Por qué entre amargo llanto</p>
<p>ensayas siempre tu sonoro canto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Gemidos solamente!</p>
<p>¿Acrecentar la pena y el desvelo</p>
<p>de la turba doliente?…</p>
<p>No ha menester la gente</p>
<p>más triste en su duelo—</p>
<p>sóbrale el lloro; fáltale el consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin fe, desesperado,</p>
<p>al pie de sus altares derruidos,</p>
<p>ya de luchar cansado</p>
<p>al pueblo infortunado</p>
<p>lleva en tiernos sonidos</p>
<p>aliento y esperanza, no gemidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal queda en el sendero</p>
<p>el labrador postrado de fatiga</p>
<p>mas oye pasajero</p>
<p>el canto placentero</p>
<p>de la calandria amiga,</p>
<p>y el placer el cansancio le mitiga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Viuda de los amores!</p>
<p>Cambia en tu sien las tocas enlutadas</p>
<p>por guirnaldas de flores:</p>
<p>que a templar los dolores</p>
<p>de las más desdichadas</p>
<p>están las almas puras consagradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el monte bravío</p>
<p>nace la flor; en la salvaje sierra</p>
<p>brota el sereno río</p>
<p>sobre el campo sombrío,</p>
<p>que ensangrentó la guerra,</p>
<p>alcemos nuestro canto en nuestra tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas siempre, compañera,</p>
<p>unidas nuestras voces alzaremos,</p>
<p>y la hoja primera</p>
<p>de palma lisonjera</p>
<p>que entrambas alcancemos,</p>
<p>como hermanas las dos la partiremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Teméis de esa que puebla las Montañas?…</strong></h3>
<p>¿Teméis de esa que puebla las Montañas</p>
<p>turba de brutos fiera el desenfreno?…</p>
<p>¡más feroces dañinas alimañas</p>
<p>la madre sociedad nutre en su seno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bullen, de humanas formas revestidos,</p>
<p>torpes vivientes entre humanos seres,</p>
<p>que ceban el placer de sus sentidos</p>
<p>en el llanto infeliz de las mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No allá a las lides de su patria fueron</p>
<p>a exhalar de su ardor la inmensa llama;</p>
<p>nunca enemiga lanza acometieron,</p>
<p>que otra es la lid que su valor inflama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca el verdugo de inocente esposa</p>
<p>con noble lauro coronó su frente:</p>
<p>¡Ella os dirá temblando y congojosa</p>
<p>las gloriosas hazañas del valiente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella os dirá que a veces siente el cuello</p>
<p>por sus manos de bronce atarazado,</p>
<p>y a veces el finísimo cabello</p>
<p>por las garras del héroe arrebatado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que a veces sobre el seno trasparente</p>
<p>cárdenas huellas de sus dedos halla;</p>
<p>que a veces brotan de su blanca frente</p>
<p>sangre las venas que su esposo estalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Y que ¡ay! del tierno corazón llagado</p>
<p>más sangre, más dolor la herida brota,</p>
<p>que el delicado seno macerado,</p>
<p>y que la vena de sus sienes rota!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así hermosura y juventud al lado</p>
<p>pierde de su verdugo; así envejece:</p>
<p>así lirio suave y delicado</p>
<p>junto al áspero cardo arraiga y crece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así en humanas formas escondidos,</p>
<p>cual bajo el agua del arroyo el cieno,</p>
<p>torpes vivientes al amor uncidos</p>
<p>la madre sociedad nutre en su seno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Temor del mundo</strong></h3>
<p>Alberto, si lloro o canto</p>
<p>siempre con voz dolorida,</p>
<p>no es que tenga de la vida</p>
<p>recuerdos el corazón;</p>
<p>Es que el dolor presintiendo</p>
<p>antes que el dolor le hiriera,</p>
<p>como en pena verdadera</p>
<p>he sufrido en la ilusión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No vi la maldad del mundo,</p>
<p>ni vi los hombres perversos,</p>
<p>pero he llorado en mis versos</p>
<p>presintiendo su maldad,</p>
<p>como pobre gaviota</p>
<p>que espantada busca asilo</p>
<p>antes que en el mar tranquilo</p>
<p>resuene la tempestad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar tranquilo de mi vida</p>
<p>mi juventud es ahora,</p>
<p>pero de esta mar sonora</p>
<p>las entrañas siento hervir:</p>
<p>tengo en mi mente mis alas,</p>
<p>voy cruzando ola tras ola,</p>
<p>pero en la mar española</p>
<p>temo mis alas hundir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Temo al viento, a los nublados</p>
<p>antes de arribar al muro,</p>
<p>y temo al giro inseguro</p>
<p>de mi cobarde volar,</p>
<p>cual temen las gaviotas</p>
<p>en las saladas espumas</p>
<p>que pueda sus blancas plumas</p>
<p>el torrente salpicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si estuviera yo en la gloria</p>
<p>en cuyo trono esplendente</p>
<p>dices que tan claramente</p>
<p>me contempla tu ilusión,</p>
<p>no llorara, y de mi lira</p>
<p>fueran los cantos risueños;</p>
<p>pero tú me ves en sueños</p>
<p>y los sueños sueños son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No soy ángel, no soy santa,</p>
<p>y aunque a la virtud bendigo</p>
<p>no estoy en la gloria, amigo,</p>
<p>sobre el divino tisú;</p>
<p>mas, viviera agradecida</p>
<p>en el mundo que me encierra</p>
<p>¡ah! si todos en la tierra</p>
<p>fueran buenos como tú.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tórtola, te vuelvo a hallar…</strong></h3>
<p>Tórtola, te vuelvo a hallar;</p>
<p>roncas ambas de cantar</p>
<p>nos encontramos las dos:</p>
<p>¿te ha dado ventura Dios?</p>
<p>¿Cómo te fue en el amar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual yo enamorada y niña</p>
<p>te abandoné en la campiña</p>
<p>cantando en son placentero</p>
<p>¿dónde está tu compañero?</p>
<p>¿Hizo el sacre en él rapiña?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡También desventura aquí!</p>
<p>Yo pensé que sólo a mí</p>
<p>lastimaba la fortuna;</p>
<p>¿dónde hallaré sola una</p>
<p>que no se lamente así?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Te acuerdas de aquellos días</p>
<p>cuando a mi lado solías</p>
<p>decir amantes congojas</p>
<p>columpiándote en las hojas</p>
<p>del fresno donde vivías?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este mismo es el collado,</p>
<p>nuestro querer no ha mudado,</p>
<p>nuestras canciones tampoco,</p>
<p>pero andando el tiempo loco</p>
<p>la ventura se ha llevado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al pie de estos manantiales,</p>
<p>entre los mismos juncales,</p>
<p>bajo el propio fresno umbrío,</p>
<p>a cantar tu amor, yo el mío</p>
<p>vengo al campo, al nido sales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero qué tristes las dos!</p>
<p>yo pienso que viene en pos</p>
<p>de la pasión la tristeza,</p>
<p>porque cuanto más terneza,</p>
<p>más gemidos nos da Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira si no el arbolado</p>
<p>bajo ese manso nublado</p>
<p>que circunde el horizonte,</p>
<p>y el arroyuelo del monte</p>
<p>por su velo sombreado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Melancólicos están</p>
<p>aunque su hechizo te dan</p>
<p>las bellas luces de mayo,</p>
<p>que en dulcísimo desmayo</p>
<p>por Occidente se van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De entre las algas del río</p>
<p>ese balbuciente pío</p>
<p>de una escondida garganta,</p>
<p>también es dolor que canta</p>
<p>como tu dolor y el mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si tú un compañero,</p>
<p>si tú el amante primero</p>
<p>tuvieras como otro día,</p>
<p>¡cuán hermoso te sería</p>
<p>este mayo placentero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese fresno escondidos,</p>
<p>en un mismo ramo unidos,</p>
<p>arrullándoos con amor,</p>
<p>de las aguas al rumor,</p>
<p>sobre las aguas mecidos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fuera tanta tu ventura</p>
<p>en esta atmósfera pura</p>
<p>vivir así con tu amado</p>
<p>lejos del mundo que ha dado</p>
<p>honda pena a la criatura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Tú volverás a hallar</p>
<p>otro amante a quien amar,</p>
<p>porque las tórtolas son</p>
<p>todas en el corazón</p>
<p>iguales, y en arrullar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas el alma que ha perdido</p>
<p>su compañero querido,</p>
<p>que le llore noche y día</p>
<p>porque aquel sólo sería</p>
<p>para su amor el nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ese Dios que tanto sabe,</p>
<p>en un arrullo suave</p>
<p>te dará un nuevo querer;</p>
<p>pero tú has nacido ave</p>
<p>y yo he nacido mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tristeza del otoño</strong></h3>
<p>Hechas polvo caen, hermano,</p>
<p>las flores del jazminero</p>
<p>y ha perecido el postrero</p>
<p>pimpollo de aquel rosal,</p>
<p>cuyo vástago lozano</p>
<p>tantos hijos sostenía,</p>
<p>que ignoro cómo vivía</p>
<p>la gran planta maternal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, en el firmamento</p>
<p>gran revuelta se prepara</p>
<p>pues la avecilla más cara</p>
<p>de mi jardín emigró;</p>
<p>y por las noches el viento</p>
<p>su vuelo tanto levanta</p>
<p>que de las parras quebranta</p>
<p>las hojas que el sol doró.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sabes de cuál tristeza</p>
<p>se contagian mis sentidos;</p>
<p>no sabes cuántos gemidos</p>
<p>siento en el alma nacer,</p>
<p>cuando apoyo la cabeza</p>
<p>en la pared de mi huerto</p>
<p>oyendo el rumor incierto</p>
<p>que forma el hoja al caer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es que del verde emparrado</p>
<p>me aflija el muerto follaje,</p>
<p>ni porque a playa salvaje</p>
<p>huya el pájaro leal;</p>
<p>por lo que siento angustiado</p>
<p>mi pecho con las señales</p>
<p>del ave, de los parrales,</p>
<p>del jazmín y del rosal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué me importan los jazmines,</p>
<p>ni las rosas, ni las aves,</p>
<p>cuando, hermano, muy más graves</p>
<p>pesadumbres tengo yo?</p>
<p>Cuando en horas tan ruines</p>
<p>doliente paso la vida,</p>
<p>¿qué me importa la caída</p>
<p>de la flor que se agostó?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas oye, cuando fenecen</p>
<p>las florecillas, hermano,</p>
<p>cuando al suelo americano</p>
<p>las golondrinas se van,</p>
<p>unas sombras aparecen</p>
<p>en el viento conmovido</p>
<p>que a mi cuerpo estremecido</p>
<p>prolongada muerte dan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Surge a mis ojos el llanto</p>
<p>y mi espíritu se abate</p>
<p>y en mi seno apenas late</p>
<p>sofocado el corazón;</p>
<p>y en doloroso quebranto</p>
<p>mi cuerpo endeble flaquea,</p>
<p>y se conturba mi idea</p>
<p>y es todo en mí confusión…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, el otoño viene</p>
<p>de esas sombras circundado</p>
<p>de ese funesto nublado</p>
<p>que en mi endeble juventud,</p>
<p>tan extraño influjo tiene</p>
<p>que el temor de su venida</p>
<p>me hace escuchar la caída</p>
<p>del hoja con inquietud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, el otoño llega</p>
<p>y se agobia el alma mía:</p>
<p>su grave melancolía,</p>
<p>¿quién sabe si acortará</p>
<p>esta vida que se entrega</p>
<p>a merced de ese nublado</p>
<p>que por el aire agitado</p>
<p>como una fantasma va?…</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tú, huéspeda de villa populosa…</strong></h3>
<p>Tú, huéspeda de villa populosa,</p>
<p>yo de valle pacífico vecina,</p>
<p>tú por allá viajera golondrina,</p>
<p>yo por aquí tortuga perezosa:</p>
<p>tú del jardín acacia deliciosa,</p>
<p>yo del arroyo zarza campesina,</p>
<p>¿qué indefinible, rara inteligencia</p>
<p>enlaza seres de tan varia esencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El entusiasmo que hacia ti me impele,</p>
<p>la dulce fe que hacia mi amor te guía,</p>
<p>disponen que en amiga compañía,</p>
<p>mi canto unido a tus acentos vuele;</p>
<p>mas yo no sé, paloma, si recele</p>
<p>que, al fin, he de quedar sola en la vía,</p>
<p>pues tal vas ascendiendo por el cielo,</p>
<p>que no puedo seguirte con mi vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú desde el centro de la regia villa</p>
<p>domeñas con la voz los corazones,</p>
<p>yo sólo alcanzo a modular canciones</p>
<p>en honor de la simple florecilla;</p>
<p>ve si el ala podrá, corta y sencilla,</p>
<p>de la alondra, ganar esas regiones</p>
<p>que traspasas, de sola una carrera,</p>
<p>dejando un cielo atrás la compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si mi ardoroso empeño a ti me envía,</p>
<p>de ti me aparta el genio que te eleva</p>
<p>y sola a conquistar la prez te lleva</p>
<p>que no osara tocar mi fantasía:</p>
<p>pero no temas, no, que el alma mía</p>
<p>de su destino a murmurar se atreva,</p>
<p>pues que suyo será el bello destino</p>
<p>de alfombrarte de flores el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, al fijar la perspicaz mirada</p>
<p>en esa sociedad, cuya existencia</p>
<p>ha menester de intérprete a la ciencia</p>
<p>para ser comprendida y revelada;</p>
<p>afligida sintiendo y fatigada,</p>
<p>acaso tu sencilla inteligencia,</p>
<p>rechazarás el mundo con enojos</p>
<p>y hacia mi valle tornarás los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué hallarás?… La garza en la ribera</p>
<p>del fresno cuelga su morada umbría</p>
<p>y allí anhelante a sus polluelos cría</p>
<p>al par de la amorosa compañera.</p>
<p>Guardan los canes la familia entera</p>
<p>que a su lealtad valiente se confía,</p>
<p>y fiel a su república la abeja</p>
<p>hijos y fruto a la colmena deja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Todas las madres son tan cariñosas</p>
<p>entre esa gente de la raza humana?</p>
<p>¿Custodias tiene la nación hispana</p>
<p>de sus honras y haciendas tan celosas?</p>
<p>¿Las vidas de los hombres generosas</p>
<p>conságranse a la patria soberana?</p>
<p>¿O entre brutos a súbditos y reyes</p>
<p>su instinto vale más que nuestras leyes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el arte no está, donde alterada</p>
<p>no hallamos la creación en sus hechuras,</p>
<p>no ha menester que tengan las criaturas</p>
<p>muy alta comprensión ciencia elevada;</p>
<p>para cantar del campo embelesada</p>
<p>las risueñas perfectas hermosuras,</p>
<p>basta de mi garganta el leve acento,</p>
<p>y sobra tu magnífico talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué bien hiciera aquí?… ¿dar a estos seres</p>
<p>de paz y dicha y libertad lecciones?</p>
<p>¿Inspirar a las tórtolas pasiones</p>
<p>o a las hormigas enseñar deberes?…</p>
<p>Ve con tan noble empresa a las mujeres</p>
<p>que muestran los llagados corazones,</p>
<p>y de ese ardiente celo el bello fruto</p>
<p>dale a la humanidad, por buen tributo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que mis estériles canciones</p>
<p>mueran sobre este arroyo cristalino,</p>
<p>y sigue tú, paloma, ese camino</p>
<p>el vuelo remontando a otras regiones;</p>
<p>deja entre los agrestes pabellones</p>
<p>de la alondra perderse el vago trino:</p>
<p>y allá del grande pueblo en el altura,</p>
<p>difundan tus arrullos su dulzura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame a mí la gloria campesina,</p>
<p>brille en la sociedad tu bella ciencia</p>
<p>que allí a gloria mayor la providencia</p>
<p>tu corazón y tu saber destinas:</p>
<p>¡palpitante lección, viva doctrina</p>
<p>a la ignorancia y femenil demencia!</p>
<p>Serás, entre su especie degradada,</p>
<p>tipo de la mujer regenerada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Tú me pides querer y te he querido</strong></h3>
<p>Si clamo a ti, Señor, ¿no has de escucharme</p>
<p>tú de quien es la inmensidad oído?</p>
<p>¿Tú que la hirviente mar has contenido,</p>
<p>no has de poder el corazón calmarme?</p>
<p>¿Un átomo de luz no podrá darme</p>
<p>ése que tantos soles ha encendido?</p>
<p>¡Pues cómo has de dejar, Señor, mi vida</p>
<p>¡ay! ciega y sin consuelo y desoída!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo me acerco hoy a ti; yo estoy contigo;</p>
<p>sumiso el corazón tengo a tu lado,</p>
<p>pasión, orgullo y penas han callado,</p>
<p>no hay más que fe por ti, no hay más conmigo:</p>
<p>ordéname; una voz y yo te sigo</p>
<p>¿Qué me quieres decir, qué me has hablado?</p>
<p>¡Por qué mi ruda y tarda inteligencia</p>
<p>no basta a percibir su dulce esencia!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que te adoro a ti desde la infancia,</p>
<p>yo que te busco en incansable anhelo,</p>
<p>yo que más que a la tierra miro al cielo,</p>
<p>yo que a tu gloria aspiro en mi constancia,</p>
<p>¿he de perder, Señor, por la ignorancia</p>
<p>de no entender tu voz, tu gran consuelo?</p>
<p>¿He de ofenderte, he de labrar mis penas</p>
<p>por no escuchar bien claro qué me ordenas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tú no hablas jamás; no por acentos</p>
<p>tu voluntad al universo explicas;</p>
<p>tienes en tu saber notas más ricas</p>
<p>para expresar tus altos pensamientos;</p>
<p>hablan por ti, Señor, los sentimientos</p>
<p>con que alivias el alma o mortificas,</p>
<p>y yo en ese lenguaje he comprendido</p>
<p>que me pides querer y te he querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú nos pides amor, amor constante</p>
<p>de agradecido pecho justo pago,</p>
<p>tú que una vida das por un halago,</p>
<p>tú de la humanidad eterno amante,</p>
<p>¿y antes quieren, Señor, que el alma errante</p>
<p>se fatigue de error en error vago,</p>
<p>que tener por consuelo en este mundo</p>
<p>cariño tan dulcísimo y fecundo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí abajo, del mundo habitadora,</p>
<p>dicen, Señor, que hay una docta gente</p>
<p>que no te reconoce, no te siente,</p>
<p>que no te admira, que jamás te adora;</p>
<p>que no te rinde gracias ni te implora</p>
<p>en el placer, en el dolor vehemente;</p>
<p>mas, fábula del mundo es torpe y vana,</p>
<p>porque no puede haber tal raza humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues al darnos la luz, belleza tanta</p>
<p>como a su inmenso rayo percibimos;</p>
<p>¿ignoramos, Señor, que la debimos</p>
<p>a un ser que desde el polvo nos levanta?</p>
<p>Tu grande majestad suprema y santa</p>
<p>nuestros ojos no ven, mas la sentimos:</p>
<p>el genio puede errar, cuando te niega,</p>
<p>pero no el corazón, cuando te ruega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Existes, y las gentes lo entendemos,</p>
<p>desde la misma cuna te adoramos,</p>
<p>mas ¿sabes por qué luego te olvidamos?</p>
<p>Por malicia, señor, porque tememos;</p>
<p>no nos place tener jueces supremos</p>
<p>porque mejor sin leyes nos hallamos,</p>
<p>y antes que resignarnos a la pena</p>
<p>negaremos al Dios que nos condena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero yo que te amé desde la infancia,</p>
<p>yo que te busco en incansable anhelo,</p>
<p>yo que más que a la tierra miro al cielo,</p>
<p>yo que a tu gloria aspiro en mi constancia;</p>
<p>acudo a tu saber en mi ignorancia,</p>
<p>acudo en mi aflicción a tu consuelo,</p>
<p>y es tal la fe con que te ruega el alma</p>
<p>que en esta misma fe logra la calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Última réplica a otra contestación a la anterior</strong></h3>
<p>¡Extremada bizarría!</p>
<p>¡Rendimiento cortesano!</p>
<p>¡Bondad la del castellano</p>
<p>consumadísima es,</p>
<p>pues con una dama altiva</p>
<p>mueve altivo una querella,</p>
<p>por que logre el triunfo ella</p>
<p>de que se rinda a sus pies!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A quien vencido se aclama</p>
<p>con tan noble gallardía,</p>
<p>no tiene la musa mía</p>
<p>nada, señor, que añadir;</p>
<p>si no es que a vos mucho estima</p>
<p>el sacrificio costoso</p>
<p>del empeño generoso</p>
<p>que os obliga a desistir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal hazaña en vos excede</p>
<p>a una cumplida victoria,</p>
<p>que a veces está la gloria</p>
<p>más que en triunfar, en ceder;</p>
<p>triunfo alcanzáis en rendiros</p>
<p>con galán comedimiento,</p>
<p>mayor que el merecimiento</p>
<p>que lograrais en vencer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Básteos, señor, esto y dejo</p>
<p>que desdeñados garzones</p>
<p>formen grandes coaliciones</p>
<p>en sus odios contra mí,</p>
<p>pues el odio es tan amargo</p>
<p>para el alma que lo siente,</p>
<p>que odiándome injustamente</p>
<p>la pena llevan en sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Última tarde en Andalucía</strong></h3>
<p>En despedidas nuestra vida pasa</p>
<p>cada día un adiós ¡ay triste vida!</p>
<p>¡que siendo vida en tiempo tan escasa,</p>
<p>la hayamos de pasar tan afligida!</p>
<p>Aun el de ayer nuestra mejilla abrasa</p>
<p>llanto de la postrera despedida,</p>
<p>y hoy se agolpa a los ojos otro tanto…</p>
<p>¡qué lluvia tan perenne es la del llanto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo que no dejo hogar en que viviera,</p>
<p>una piedra ni un árbol conocido,</p>
<p>sin que al mirarlo por la vez postrera</p>
<p>no me arranque una lágrima, un gemido;</p>
<p>paso en lamentación mi vida entera:</p>
<p>mas ¿cómo sin lamentos me despido?</p>
<p>¿cómo no ha de llorar el alma mía</p>
<p>cuando te pierdo, hermosa Andalucía?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta al mismo dolor si se despide</p>
<p>le damos al pasar una mirada,</p>
<p>una mirada que el espacio mide</p>
<p>de aquella hora en su región pasada.</p>
<p>¿Cómo podéis pensar que el bien se olvide?</p>
<p>¿cómo podéis querer que yo olvidada</p>
<p>de esta hermosa y dulcísima ribera</p>
<p>no le dé ni una lágrima siquiera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las bellas tardes que pasé a su orilla</p>
<p>¿sabéis que fueron para mí muy bellas?</p>
<p>¿sabéis que de la barca más sencilla</p>
<p>gozo en seguir las relucientes huellas?</p>
<p>¿sabéis que es más hermosa cuando brilla</p>
<p>aquí la luna, el sol y las estrellas,</p>
<p>y que voy a sufrir más desconsuelo</p>
<p>cuando me aleje de tan claro cielo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Sabéis que necesito en este ambiente</p>
<p>ahogarme en azahar, morirme en rosas</p>
<p>para aliviar mi corazón doliente,</p>
<p>de emociones muy tristes, muy penosas?</p>
<p>¿sabéis que he menester la luz candente</p>
<p>de esas puras mañanas vaporosas,</p>
<p>aspirar de estos huertos en la calma,</p>
<p>para alejar el tedio de mi alma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Habéis mirado el agua en la llanura</p>
<p>cuando se oculta el sol en la arboleda,</p>
<p>los árboles bañando y la frescura</p>
<p>y la fragancia que al bañarlos queda</p>
<p>habéis sentido allí… ¡Ah! qué ternura</p>
<p>inspira el son del agua cuando rueda</p>
<p>por los campos de acacia perfumados</p>
<p>y sus ecos muriendo en los collados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡O amiga tierra! ¡O vale regalado!</p>
<p>O sol ardiente, sol de Mediodía,</p>
<p>como al insecto yerto has reanimado</p>
<p>mi ser que en el dolor languidecía;</p>
<p>en pago al caro bien que tú me has dado</p>
<p>te doy mi corazón en mi poesía,</p>
<p>y aunque la hieran con su diente insano</p>
<p>canes que al darles pan muerden la mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco y amargo a su mortal fiereza</p>
<p>hoy mi mano en mis versos les envía,</p>
<p>porque abrasa la fiebre mi cabeza</p>
<p>y no puedo cantar como quería;</p>
<p>yo me llevo conmigo la tristeza,</p>
<p>pero dejar quisiera la alegría,</p>
<p>y no puedo… me ahogo… esfuerzo el canto,</p>
<p>y en vez ¡ay! de cantar prorrumpo en llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ultimo canto</strong></h3>
<p>Emilio, mi canto cesa;</p>
<p>falta a mi numen aliento.</p>
<p>Cuando aspira todo el viento</p>
<p>que circula en su fanal,</p>
<p>el insecto que aprisionas</p>
<p>en su cóncavo perece</p>
<p>si aire nuevo no aparece</p>
<p>bajo el cerrado cristal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celebré de mis campiñas</p>
<p>las flores que allí brotaron</p>
<p>y las aves que pasaron</p>
<p>y los arroyos que hallé,</p>
<p>mas de arroyos, flores y aves</p>
<p>fatigado el pensamiento</p>
<p>en mi prisión sin aliento</p>
<p>como el insecto quedé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué mucho cuando un hora</p>
<p>basta al pájaro de vuelo</p>
<p>para cruzar  todo el cielo</p>
<p>que mi horizonte cubrió?;</p>
<p>¿qué mucho que necesite</p>
<p>ver otra tierra más bella</p>
<p>si no ha visto sino aquella</p>
<p>que de cuna le sirvió?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Agoté como la abeja</p>
<p>de estos campos los primores</p>
<p>y he menester nuevas flores</p>
<p>donde perfumes libar,</p>
<p>o, cual la abeja en su celda,</p>
<p>en mi mente la poesía</p>
<p>ni una gota de ambrosía</p>
<p>a la colmena ha de dar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No anhela tierra el que ha visto</p>
<p>lo más bello que atesora,</p>
<p>ni la desea el que ignora</p>
<p>si hay otra tierra que ver:</p>
<p>mas de entrambos yo no tengo</p>
<p>la ignorancia ni la ciencia,</p>
<p>y del mundo la existencia</p>
<p>comprendo sin conocer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sé que entre cien maravillas</p>
<p>el más caudaloso río</p>
<p>gota leve de rocío</p>
<p>es en el seno del mar:</p>
<p>y que en nave, cual montaña,</p>
<p>que mi horizonte domina</p>
<p>logra la gente marina</p>
<p>por esa región cruzar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡por Dios! que fue conmigo</p>
<p>tan escasa la fortuna</p>
<p>que el pato de la laguna</p>
<p>vi por sola embarcación:</p>
<p>¿qué me importa el Océano</p>
<p>y cuantos ámbitos cierra?</p>
<p>¡Sólo para mí en la tierra</p>
<p>hay diez millas de creación!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar, ciudades, campos bellos</p>
<p>velados ¡ay! a mis ojos;</p>
<p>sólo escucho para enojos</p>
<p>vuestros nombres resonar.</p>
<p>Ni de Dios ni de los hombres</p>
<p>las magníficas hechuras</p>
<p>son para el ciego que a oscuras</p>
<p>la existencia ha de pasar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal ansiedad me consume,</p>
<p>tal condición me quebranta,</p>
<p>roca inmóvil es mi planta,</p>
<p>águila rauda mi ser…</p>
<p>¡Muere el águila a la roca</p>
<p>por ambas alas sujeta;</p>
<p>mi espíritu de poeta</p>
<p>a mis plantas de mujer!—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues tras de nuevos perfumes</p>
<p>no puede volar mi mente</p>
<p>ni respirar otro ambiente</p>
<p>que el de este cielo natal;</p>
<p>no labra ya más panales</p>
<p>la abeja a quien falta prado,</p>
<p>perece el insecto ahogado</p>
<p>sin más aire en su fanal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un año más</strong></h3>
<p>¡Un año más!… un año, Ángela mía,</p>
<p>y aún no ha mudado mi horizonte triste,</p>
<p>y de tan ancha tierra como existe</p>
<p>no he descubierto un palmo todavía;</p>
<p>¡un año más!… un año día tras día</p>
<p>lentos conté, y enero se reviste</p>
<p>de nuevo sol para ostentar mañana</p>
<p>su cabellera por los hielos cana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hija de Italia; tú que los jardines</p>
<p>de la reina del mundo has contemplado,</p>
<p>tú, que en su bello mar te has retratado</p>
<p>al buscar sus sirenas y delfines;</p>
<p>tú, que de España ahora en los confines</p>
<p>ves a ese mar, que yo nunca he mirado,</p>
<p>removiendo en su azul mil pabellones,</p>
<p>no puedes comprender mis ambiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces de ese mar las conchas beso,</p>
<p>y si veo por dicha algún marino</p>
<p>la relación de su feliz camino</p>
<p>le escucho con tiernísimo embeleso,</p>
<p>y cuando cesa, doloroso peso</p>
<p>siento en el alma, al comparar mezquino</p>
<p>con tan soberbios gigantescos mares</p>
<p>el arroyo en que gimo mis cantares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los barcos de los pobres pescadores</p>
<p>son los buques que cruzan sus riberas,</p>
<p>los lienzos de las pobres lavanderas</p>
<p>los ricos estandartes brilladores;</p>
<p>y tan sólo a estos puertos salvadores</p>
<p>vienen, en vez de flotas extranjeras,</p>
<p>blancos gansos, luchando con la ola</p>
<p>y alguna gallareta errante y sola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Has visto al topo que en la tierra hundido</p>
<p>preso en el hoyo se remueve a oscuras</p>
<p>y con la frente en las paredes duras</p>
<p>da cuando intenta ver el sol lucido?</p>
<p>Entre este viejo murallón roído,</p>
<p>yo soy el topo, que las luces puras</p>
<p>que en los alegres campos se reflejan</p>
<p>nunca estos muros contemplar me dejan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra este muro donde puso escalas</p>
<p>el francés ambicioso y el britano</p>
<p>como sus vivas y rugientes balas</p>
<p>mi ardiente corazón se estrella en vano;</p>
<p>en vano tiendo ¡ay! hacia ti mis alas</p>
<p>desde este torreón, que el africano</p>
<p>dejó, tal vez, en nombre de Mahoma</p>
<p>para nidos del búho y la paloma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí muere la flor de la poesía</p>
<p>antes que esponje el aura su capullo,</p>
<p>aquí se anega el sol del noble orgullo</p>
<p>antes que logre esclarecer al día,</p>
<p>aquí de la creadora fantasía</p>
<p>el manantial se agota sin murmullo,</p>
<p>aquí sólo el amor gigante crece</p>
<p>y ni se agota, apaga ni envejece,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí frente por frente a las pasiones</p>
<p>en imponente lid nos encontramos,</p>
<p>y aquí, como Petrarca, eternizamos</p>
<p>del cariño ideal las ilusiones;</p>
<p>aquí en la soledad los corazones</p>
<p>en nuestro amor tan sólo concentramos</p>
<p>y aquí de la poetisa el vital giro</p>
<p>se puede reasumir en un suspiro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Un año más! ¡Un año, Ángela mía,</p>
<p>y el doloroso incendio no se apaga,</p>
<p>y esta ansiedad devoradora y vaga</p>
<p>no se extingue en mi pecho todavía!…</p>
<p>Ángela, pues, tu voz sonora y pía</p>
<p>a tus hermanos ángeles halaga,</p>
<p>¡ruégales por que el sol del nuevo enero</p>
<p>ilumine la paz que ansiosa espero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo tengo fe en el porvenir oscuro,</p>
<p>yo de engañarme en los recelos trato,</p>
<p>yo a la esperanza el corazón dilato</p>
<p>y bello siempre el porvenir auguro;</p>
<p>yo ser feliz en la ilusión procuro</p>
<p>contra el torrente del destino ingrato</p>
<p>y al ver del nuevo año, sol que brillas,</p>
<p>cruzo mis manos, doblo mis rodillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh nuevo sol, tus rayos bienhechores</p>
<p>no a mí sola su ardor fecundo extiendan</p>
<p>que a las criaturas todas hoy comprendan</p>
<p>sus vivíficos sacros resplandores!</p>
<p>¡Que alivien la miseria y los dolores</p>
<p>de la España infeliz, que al pobre atiendan</p>
<p>y no pase con nuevos desengaños</p>
<p>un año más, unido a tantos años!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¡Un año más!… un año, Ángela mía…</strong></h3>
<p>¡Un año más!… un año, Ángela mía,</p>
<p>y aún no ha mudado mi horizonte triste,</p>
<p>y de tan ancha tierra como existe</p>
<p>no he descubierto un palmo todavía;</p>
<p>¡un año más!… un año día tras día</p>
<p>lentos conté, y enero se reviste</p>
<p>de nuevo sol para ostentar mañana</p>
<p>su cabellera por los hielos cana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hija de Italia; tú que los jardines</p>
<p>de la reina del mundo has contemplado,</p>
<p>tú, que en su bello mar te has retratado</p>
<p>al buscar sus sirenas y delfines;</p>
<p>tú, que de España ahora en los confines</p>
<p>ves a ese mar, que yo nunca he mirado,</p>
<p>removiendo en su azul mil pabellones,</p>
<p>no puedes comprender mis ambiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces de ese mar las conchas beso,</p>
<p>y si veo por dicha algún marino</p>
<p>la relación de su feliz camino</p>
<p>le escucho con tiernísimo embeleso,</p>
<p>y cuando cesa, doloroso peso</p>
<p>siento en el alma, al comparar mezquino</p>
<p>con tan soberbios gigantescos mares</p>
<p>el arroyo en que gimo mis cantares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los barcos de los pobres pescadores</p>
<p>son los buques que cruzan sus riberas,</p>
<p>los lienzos de las pobres lavanderas</p>
<p>los ricos estandartes brilladores;</p>
<p>y tan sólo a estos puertos salvadores</p>
<p>vienen, en vez de flotas extranjeras,</p>
<p>blancos gansos, luchando con la ola</p>
<p>y alguna gallareta errante y sola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Has visto al topo que en la tierra hundido</p>
<p>preso en el hoyo se remueve a oscuras</p>
<p>y con la frente en las paredes duras</p>
<p>da cuando intenta ver el sol lucido?</p>
<p>Entre este viejo murallón roído,</p>
<p>yo soy el topo, que las luces puras</p>
<p>que en los alegres campos se reflejan</p>
<p>nunca estos muros contemplar me dejan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra este muro donde puso escalas</p>
<p>el francés ambicioso y el britano</p>
<p>como sus vivas y rugientes balas</p>
<p>mi ardiente corazón se estrella en vano;</p>
<p>en vano tiendo ¡ay! hacia ti mis alas</p>
<p>desde este torreón, que el africano</p>
<p>dejó, tal vez, en nombre de Mahoma</p>
<p>para nidos del búho y la paloma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí muere la flor de la poesía</p>
<p>antes que esponje el aura su capullo,</p>
<p>aquí se anega el sol del noble orgullo</p>
<p>antes que logre esclarecer al día,</p>
<p>aquí de la creadora fantasía</p>
<p>el manantial se agota sin murmullo,</p>
<p>aquí sólo el amor gigante crece</p>
<p>y ni se agota, apaga ni envejece,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí frente por frente a las pasiones</p>
<p>en imponente lid nos encontramos,</p>
<p>y aquí, como Petrarca, eternizamos</p>
<p>del cariño ideal las ilusiones;</p>
<p>aquí en la soledad los corazones</p>
<p>en nuestro amor tan sólo concentramos</p>
<p>y aquí de la poetisa el vital giro</p>
<p>se puede reasumir en un suspiro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Un año más! ¡Un año, Ángela mía,</p>
<p>y el doloroso incendio no se apaga,</p>
<p>y esta ansiedad devoradora y vaga</p>
<p>no se extingue en mi pecho todavía!…</p>
<p>Ángela, pues, tu voz sonora y pía</p>
<p>a tus hermanos ángeles halaga,</p>
<p>¡ruégales por que el sol del nuevo enero</p>
<p>ilumine la paz que ansiosa espero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo tengo fe en el porvenir oscuro,</p>
<p>yo de engañarme en los recelos trato,</p>
<p>yo a la esperanza el corazón dilato</p>
<p>y bello siempre el porvenir auguro;</p>
<p>yo ser feliz en la ilusión procuro</p>
<p>contra el torrente del destino ingrato</p>
<p>y al ver del nuevo año, sol que brillas,</p>
<p>cruzo mis manos, doblo mis rodillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh nuevo sol, tus rayos bienhechores</p>
<p>no a mí sola su ardor fecundo extiendan</p>
<p>que a las criaturas todas hoy comprendan</p>
<p>sus vivíficos sacros resplandores!</p>
<p>¡Que alivien la miseria y los dolores</p>
<p>de la España infeliz, que al pobre atiendan</p>
<p>y no pase con nuevos desengaños</p>
<p>un año más, unido a tantos años!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un encuentro en el valle</strong></h3>
<p>Tórtola, te vuelvo a hallar;</p>
<p>roncas ambas de cantar</p>
<p>nos encontramos las dos:</p>
<p>¿te ha dado ventura Dios?</p>
<p>¿Cómo te fue en el amar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual yo enamorada y niña</p>
<p>te abandoné en la campiña</p>
<p>cantando en son placentero</p>
<p>¿dónde está tu compañero?</p>
<p>¿Hizo el sacre en él rapiña?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡También desventura aquí!</p>
<p>Yo pensé que sólo a mí</p>
<p>lastimaba la fortuna;</p>
<p>¿dónde hallaré sola una</p>
<p>que no se lamente así?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Te acuerdas de aquellos días</p>
<p>cuando a mi lado solías</p>
<p>decir amantes congojas</p>
<p>columpiándote en las hojas</p>
<p>del fresno donde vivías?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este mismo es el collado,</p>
<p>nuestro querer no ha mudado,</p>
<p>nuestras canciones tampoco,</p>
<p>pero andando el tiempo loco</p>
<p>la ventura se ha llevado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al pie de estos manantiales,</p>
<p>entre los mismos juncales,</p>
<p>bajo el propio fresno umbrío,</p>
<p>a cantar tu amor, yo el mío</p>
<p>vengo al campo, al nido sales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero qué tristes las dos!</p>
<p>yo pienso que viene en pos</p>
<p>de la pasión la tristeza,</p>
<p>porque cuanto más terneza,</p>
<p>más gemidos nos da Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira si no el arbolado</p>
<p>bajo ese manso nublado</p>
<p>que circunde el horizonte,</p>
<p>y el arroyuelo del monte</p>
<p>por su velo sombreado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Melancólicos están</p>
<p>aunque su hechizo te dan</p>
<p>las bellas luces de mayo,</p>
<p>que en dulcísimo desmayo</p>
<p>por Occidente se van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De entre las algas del río</p>
<p>ese balbuciente pío</p>
<p>de una escondida garganta,</p>
<p>también es dolor que canta</p>
<p>como tu dolor y el mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si tú un compañero,</p>
<p>si tú el amante primero</p>
<p>tuvieras como otro día,</p>
<p>¡cuán hermoso te sería</p>
<p>este mayo placentero!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese fresno escondidos,</p>
<p>en un mismo ramo unidos,</p>
<p>arrullándoos con amor,</p>
<p>de las aguas al rumor,</p>
<p>sobre las aguas mecidos…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Fuera tanta tu ventura</p>
<p>en esta atmósfera pura</p>
<p>vivir así con tu amado</p>
<p>lejos del mundo que ha dado</p>
<p>honda pena a la criatura!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Tú volverás a hallar</p>
<p>otro amante a quien amar,</p>
<p>porque las tórtolas son</p>
<p>todas en el corazón</p>
<p>iguales, y en arrullar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas el alma que ha perdido</p>
<p>su compañero querido,</p>
<p>que le llore noche y día</p>
<p>porque aquel sólo sería</p>
<p>para su amor el nacido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ese Dios que tanto sabe,</p>
<p>en un arrullo suave</p>
<p>te dará un nuevo querer;</p>
<p>pero tú has nacido ave</p>
<p>y yo he nacido mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un otro con igual asunto</strong></h3>
<p>Abrid los ojos, célica María,</p>
<p>más que la luna del enero, claros,</p>
<p>abrid los ojos y mirad cuán raros</p>
<p>son los dones que Dios tierno os envía:</p>
<p>el serafín más bello que tenía</p>
<p>entre sus dulces serafines caros</p>
<p>coronado de rayos celestiales</p>
<p>coloca en vuestros brazos virginales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Mirad quién se os estrecha a la garganta,</p>
<p>mirad qué labio os busca con anhelo,</p>
<p>mirad, que por el santo rey del cielo</p>
<p>qué gozosa estaréis con dicha tanta!</p>
<p>Al ser que a vuestro pecho se amamanta</p>
<p>velad; señora, con ardiente celo,</p>
<p>¡que ya desesperado y moribundo</p>
<p>dél solo espera salvación el mundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un paisaje</strong></h3>
<p>Yo vi lucir los albores</p>
<p>de esa purísima atmósfera,</p>
<p>y brotar las claras aguas</p>
<p>de aquella ribera hermosa,</p>
<p>y nacer de su arboleda</p>
<p>una por una las hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo he visto esas altas sierras</p>
<p>ir subiendo entre las sombras,</p>
<p>y alzarse el puente y la torre</p>
<p>y las casas y las rocas,</p>
<p>y surgir el barquichuelo</p>
<p>entre las plácidas ondas,</p>
<p>y aparecer en la orilla</p>
<p>esa gente pescadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que la gran naturaleza</p>
<p>años tarde en esas obras</p>
<p>y tu mano las acabe</p>
<p>solamente en doce horas!</p>
<p>Despacio, pintor, despacio,</p>
<p>que son las venturas pocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué has hecho esa ribera</p>
<p>tan risueña y deliciosa</p>
<p>que mis ojos embelesa</p>
<p>y el pensamiento me roba?</p>
<p>¿Por qué has dado al firmamento</p>
<p>esa tinta ardiente y roja</p>
<p>que lo mismo que el reflejo</p>
<p>del sol deslumbra y sofoca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves que fija en la orilla</p>
<p>de esa ribera frondosa</p>
<p>en contemplarla me llevo</p>
<p>unas tras otras las horas?</p>
<p>¡Ay! ¿no ves que doble pena</p>
<p>sentirá el alma angustiosa</p>
<p>cuando por siempre se aleja</p>
<p>de esa ribera que adora…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despacio, pintor, despacio,</p>
<p>que son las venturas pocas.</p>
<p>¿Es culpa tuya que tenga</p>
<p>el puente romanas formas</p>
<p>y la torre arquitectura</p>
<p>árabe, morisca y gótica?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es culpa tuya que vaya</p>
<p>la mano tan perezosa,</p>
<p>y que tus ojos cansados</p>
<p>de mirar piedras y rocas</p>
<p>en otras miradas fijen</p>
<p>las suyas fascinadoras?…</p>
<p>Aprisa, pintor, aprisa,</p>
<p>aunque las dichas son pocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adiós; hermosa ribera,</p>
<p>cielo puro, árboles, rocas:</p>
<p>la mano que os ha formado</p>
<p>para siempre os abandona,</p>
<p>y los ojos que os han visto</p>
<p>aparecer entre sombras</p>
<p>ya cuantas veces os miren</p>
<p>llorarán vuestras memorias,</p>
<p>¡que son las penas tan largas</p>
<p>como las venturas cortas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una despedida</strong></h3>
<p>Escuchad mis querellas,</p>
<p>recinto y flores del placer abrigo,</p>
<p>imágenes tan bellas</p>
<p>como ese cielo que os protege amigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asilo de inocencia,</p>
<p>consuelo del dolor, bosque sombrío,</p>
<p>ir quiero a tu presencia,</p>
<p>y tu césped regar con llanto mío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el agua de tu fuente</p>
<p>beber acaso por la vez postrera,</p>
<p>y respirar tu ambiente,</p>
<p>besar tus flores, la gentil palmera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que tu dintel guarnece</p>
<p>de lejos saludar entre congojas,</p>
<p>y a la que en torno crece</p>
<p>modesta acacia de menudas hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a los álamos graves</p>
<p>el postrimer adiós dar afligida,</p>
<p>y cantar con las aves</p>
<p>tristísima canción de despedida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tu graciosa alfombra</p>
<p>reposar halagada de ilusiones</p>
<p>bajo la fresca sombra</p>
<p>de tus frondosos sauces y llorones…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus hojas se estremecen</p>
<p>y errantes sombras a mi planta evocan,</p>
<p>que en el viento se mecen,</p>
<p>y mis cabellos con blandura tocan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde aquí la pintura</p>
<p>es más bello admirar de ese tu cielo,</p>
<p>los visos y frescura</p>
<p>de las nubes cercanas a tu suelo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al través de las ramas</p>
<p>mirar el sol que su lumbrera humilla,</p>
<p>y cual de rojas llamas</p>
<p>el Occidente retocado brilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Ni qué música iguala</p>
<p>al sordo vago suspirar del viento</p>
<p>con que armonioso exhala</p>
<p>un bello día su postrer aliento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ah! ¡si mi vida entera,</p>
<p>mi cara soledad, recinto amado,</p>
<p>consagrarte pudiera</p>
<p>el mundo huyendo y su falaz cuidado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! que la alegría</p>
<p>de contemplaros con la luz perece</p>
<p>del presuroso día</p>
<p>que a mis ansiosos ojos desparece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esas aves cantoras</p>
<p>que de gozar la tarde fatigadas,</p>
<p>en tropas voladoras</p>
<p>retornan gorjeando a sus moradas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando una sola estrella</p>
<p>con apagada luz brille en el cielo;</p>
<p>cuando la aurora bella</p>
<p>ciña el espacio con purpúreo velo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el nuevo y claro día</p>
<p>con sus tintas anime la pradera;</p>
<p>ellas con alegría</p>
<p>volverán a girar por tu ribera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En turba bulliciosa</p>
<p>los bosques poblarán… y yo entretanto</p>
<p>lejana y silenciosa</p>
<p>las horas contaré de mi quebranto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡ellas tu hermosura</p>
<p>gozarán y tu paz y sus amores!</p>
<p>yo gusté harta ventura</p>
<p>bebí en tus fuentes y besé tus flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una fiesta dedicada a la reina gobernadora</strong></h3>
<p>Ya el enemigo de la patria mía,</p>
<p>el genio de la guerra destructora</p>
<p>dobla rabioso la falange impía</p>
<p>ante la paz gloriosa y vencedora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cesó el llanto y la sangre y la agonía</p>
<p>que derramó la espada vengadora</p>
<p>y tras del triste y pavoroso día</p>
<p>luce risueña suspirada aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de Cristina el genio prepotente</p>
<p>venció de Carlos la arrogancia altiva,</p>
<p>que doblegando la orgullosa frente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el ramo ofrece de apacible oliva;</p>
<p>cantemos, o Cristina, la victoria,</p>
<p>que a España da la paz, y a vos la Gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Venid, señora, a escuchar…</strong></h3>
<p>Venid, señora, a escuchar</p>
<p>la unánime votación</p>
<p>que España acaba de dar:</p>
<p>venid; que os va a coronar</p>
<p>FEA por aclamación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Monstruos mil se presentaron;</p>
<p>mas con voz solemne y clara</p>
<p>los tribunales fallaron,</p>
<p>que otra cara no encontraron</p>
<p>semejante a vuestra cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual vuestra cara no hay dos:</p>
<p>hay de feas copia extraña,</p>
<p>muchas feas ¡vive Dios!</p>
<p>pero sin disputa vos</p>
<p>sois la más fea de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os dieron la primacía:</p>
<p>señora, ¡cuánto me alegro!</p>
<p>mas, ¡cielos! ¿quién la osadía</p>
<p>de mostrar, cual vos, tendría</p>
<p>ojo azul en campo negro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién, no siendo, cual vos, loca</p>
<p>mostrara a la humanidad</p>
<p>boca igual a vuestra boca,</p>
<p>aunque tuviese muy poca</p>
<p>vergonzosa vanidad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fealdad tiene pudor;</p>
<p>y yo en el caso presente</p>
<p>(os lo digo sin rencor)</p>
<p>por modestia, por rubor</p>
<p>me escondiera de la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¡cuánto hacéis padecer,</p>
<p>mostrando vuestra cabeza</p>
<p>al que procura creer</p>
<p>en la belleza del ser,</p>
<p>en su bondad y pureza!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sois una horrible creación;</p>
<p>porque aun hay cosa más rara</p>
<p>en esa organización:</p>
<p>que tenéis el corazón</p>
<p>mucho peor que la cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos vuestros pensamientos</p>
<p>son torpes y maldicientes:</p>
<p>aborrecéis los talentos,</p>
<p>las virtudes eminentes</p>
<p>y los nobles sentimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay honra libre e vos,</p>
<p>aunque bendita se acoja</p>
<p>al manto del mismo Dios;</p>
<p>porque en medio de los dos</p>
<p>vuestra calumnia se arroja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! ¿por qué si de la huesa,</p>
<p>mala anciana, a un paso estás,</p>
<p>no dejas la humana presa?</p>
<p>¿Por qué en la fama ilesa</p>
<p>te irritas y ensañas más?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame con mi poesía</p>
<p>pasar la vida inocente,</p>
<p>si no quieres que algún día</p>
<p>tu horrorosa biografía</p>
<p>a las criaturas presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque no sé si te diga</p>
<p>que es mi más gloriosa hazaña</p>
<p>el que me odie y persiga</p>
<p>como mortal enemiga,</p>
<p>la mujer más fea de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Versos improvisados con varios motivos. La empresa del ferrocarril de Extremadura</strong></h3>
<p>Bien llegados a España, caballeros.</p>
<p>Esta joven nación, su tierra pura</p>
<p>os brinda a los amigos extranjeros</p>
<p>que lecciones la ofrecen de cultura:</p>
<p>por el terso carril marchen ligeros</p>
<p>los hijos de la rica Extremadura,</p>
<p>vuestras artes, y ciencias y portentos</p>
<p>a igualar y vencer con sus talentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡O mi pueblo, sencillo patriarca</p>
<p>tan agreste pacífico y tan rudo,</p>
<p>de ferrados-carriles tu comarca</p>
<p>van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo</p>
<p>buey que sus pasos por minutos marca</p>
<p>¡rodará gran vapor!… ¿Quién tanto pudo?</p>
<p>¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento</p>
<p>pone a tan bella fábrica el cimiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay una tierra, en medio el Océano</p>
<p>donde O”Connell nació y a Byron cuenta,</p>
<p>¿qué reino hallar más fuerte y soberano</p>
<p>que la patria feliz que a ambos alienta?</p>
<p>Pues ya del genio y del poder Britano</p>
<p>tanto el raudal inmenso se acrecienta</p>
<p>que sus diques rompiendo a inundar pasa</p>
<p>el virgen suelo que de sed se abrasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya corren hasta aquí sus manantiales;</p>
<p>ya el campo bebe su copioso riego;</p>
<p>ya florecen brillando a sus cristales</p>
<p>el extremeño prado y el manchego.</p>
<p>¡Ay! los que tal pobreza y tantos males</p>
<p>en la guerrera lucha a sangre y fuego,</p>
<p>soportaron pacientes, ¿cómo ahora,</p>
<p>dicha comprenderán tan seductora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Agriado el corazón por los azares,</p>
<p>perdida en desengaños la esperanza,</p>
<p>nada aguardamos ya sino pesares,</p>
<p>sólo en el mal tenemos confianza;</p>
<p>por eso hacia la gente de los mares</p>
<p>torva la vista, y suspicaz se lanza</p>
<p>y rechazando el bien porque suspira</p>
<p>responde el español: «Fraude, mentira».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empero, no a los hijos de Bretaña</p>
<p>que nos tendieron las amigas manos</p>
<p>cuando el Coloso amenazó a la España</p>
<p>deben temer los nobles castellanos;</p>
<p>antes bien recordar la fiel campaña</p>
<p>que hicieron los dos reinos como hermanos</p>
<p>para que aliento infunda a la memoria</p>
<p>de Wellington su lauro y nuestra gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Por qué ese recelar eterno y triste!</p>
<p>¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!</p>
<p>¡Por qué así nuestro espíritu reviste</p>
<p>con su negro color el blanco cielo!</p>
<p>Tal vez el hado en el rencor desiste</p>
<p>con que siguió nuestro cefrado suelo,</p>
<p>y su primer sonrisa alegremente</p>
<p>nos muestra en el camino reluciente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!</p>
<p>¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes</p>
<p>pavimentos darán con su corteza,</p>
<p>moradas ornarán con sus ramajes!;</p>
<p>cuántos pueblos, alzando la cabeza</p>
<p>por contestar de Europa a los ultrajes</p>
<p>«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,</p>
<p>¡que nosotros estamos opulentos!»</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Y llévame contigo a tu morada</strong></h3>
<p>¡Qué abatida estará, Señor, mi vida</p>
<p>cuando no te consagro ni un acento!</p>
<p>¡Qué hundido debe estar mi pensamiento</p>
<p>cuando así te abandona, así te olvida!</p>
<p>Preséntasme la tierra florecida,</p>
<p>resplandeciente en lumbre el firmamento,</p>
<p>y en vez de bendecirte y celebrarte</p>
<p>bajo los ojos para no mirarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran pesar no sufrí, padre divino;</p>
<p>ningún dolor agudo el alma llora;</p>
<p>pero más me entristezco, hora por hora</p>
<p>conforme voy andando mi camino:</p>
<p>ni sé si es bueno o malo mi destino,</p>
<p>ni advierto si se agrava o se mejora;</p>
<p>sólo sé que el vivir menos agrada</p>
<p>cuanto más adelanto en la jornada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No he perdido la fe, que mucho creo;</p>
<p>no me hirieron, Señor, los desengaños,</p>
<p>ni presa fui de pérfidos amaños,</p>
<p>ni juguete de loco devaneo;</p>
<p>yo no tengo ambición, nada deseo,</p>
<p>es mi existencia juveniles años,</p>
<p>pero triste; Señor, muy triste estoy,</p>
<p>puesto que ni mi canto ya te doy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Cuando siento del fecundo mayo</p>
<p>el vaporoso y caldeado ambiente</p>
<p>jugar con mis melenas blandamente,</p>
<p>te quisiera cantar, pero en desmayo</p>
<p>melancólico abísmase la mente,</p>
<p>y como herida por amante rayo</p>
<p>las lágrimas se agrupan a mis ojos</p>
<p>y hasta la luz del sol me causa enojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego las plantas pienso que suspiran,</p>
<p>paréceme que el río se lamenta,</p>
<p>y la vida a mis ojos se presenta</p>
<p>llena de sombras que dolientes giran…</p>
<p>y yo no sé por qué, miedo me inspiran,</p>
<p>y no sé que aflicción me desalienta,</p>
<p>pero tiendo los brazos y te digo</p>
<p>señor, señor, ¡ay! llévame contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez, Señor, el porvenir me inquieta</p>
<p>porque nací mujer y soy cobarde,</p>
<p>y tal vez en las brisas de la tarde</p>
<p>me anuncia el porvenir mi ángel profeta.</p>
<p>Triste será el de la mujer poeta,</p>
<p>mas ora el bien, ora el dolor me aguarde,</p>
<p>mejor quisiera que con brazo amigo</p>
<p>me quisieras llevar, Señor, contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí la turbación, aquí el gemido,</p>
<p>aquí la guerra, aquí los hondos males</p>
<p>tienen reinado eterno, y siempre iguales</p>
<p>los tiempos han de ser a los que han sido;</p>
<p>señor, y allá el descanso apetecido,</p>
<p>allá la paz, los goces celestiales</p>
<p>me convidan, si quieres santo amigo</p>
<p>para siempre llevarme allá contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la noche hay sol, no acaba el día,</p>
<p>siempre es abril para los ricos prados,</p>
<p>y por aquellos huertos regalados</p>
<p>sólo la flor de la virtud se cría:</p>
<p>el odio, la ambición, la tiranía</p>
<p>no existe en tus dominios dilatados;</p>
<p>los hombres a los hombres no asesinan,</p>
<p>la virtud y el amor allí germinan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá en la fuente de la fija ciencia</p>
<p>beberé hasta saciar mi gran deseo,</p>
<p>conoceré el error de Ptolomeo,</p>
<p>me reiré de la humana suficiencia;</p>
<p>sabré quién escribió la alta sentencia</p>
<p>que hundió al egipcio y destruyó al hebreo,</p>
<p>qué ilumina las cumbres de Sodoma,</p>
<p>derriba a Grecia y aniquila a Roma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabré mejor que el sabio más profundo</p>
<p>de la historia del orbe tantos hechos,</p>
<p>porque en los pobres libros contrahechos</p>
<p>mientras estudio más, más me confundo;</p>
<p>penetraré las leyes de este mundo,</p>
<p>la esencia de los seres, sus derechos,</p>
<p>lo que son, lo que fueron, lo que esperan</p>
<p>nacidos, por nacer, y cuando mueran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabré por qué tu espíritu se esconde,</p>
<p>por qué rodar nos haces en la esfera,</p>
<p>qué pretendes hacer con tal carrera,</p>
<p>y cómo nos impulsas y hacia dónde:</p>
<p>por qué girar al sol nos corresponde,</p>
<p>por qué su luz la luna reverbera,</p>
<p>por qué tienes volcanes encendidos,</p>
<p>por qué tienes los mares extendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por qué al par de Jesús nace Mahoma,</p>
<p>por qué alientas entrambas religiones,</p>
<p>por qué arde entre diversas oraciones</p>
<p>y en diferente altar distinto aroma:</p>
<p>qué das al que la cruz sagrada toma,</p>
<p>del de la media luna qué dispones,</p>
<p>quiénes te desconocen o te entienden</p>
<p>quiénes los que te adoran o te ofenden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá sabré también por qué nacimos</p>
<p>débiles y sencillas las mujeres,</p>
<p>y si el premio de tantos padeceres</p>
<p>habremos de lograr cuando morimos.</p>
<p>Allá sabré si destinadas fuimos</p>
<p>al duro yugo de los otros seres,</p>
<p>y si has dispuesto tú las leyes graves</p>
<p>que no puedo decir y que tú sabes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá sabré también por qué deliro,</p>
<p>y la oculta razón de mi tristeza;</p>
<p>por qué abrasada siento mi cabeza,</p>
<p>por qué lloro, Señor, por qué suspiro,</p>
<p>por qué cuando tu hermoso cielo miro</p>
<p>ansiosa de tu gloria y tu grandeza,</p>
<p>olvido de la tierra cuanto amo</p>
<p>y llévame contigo, Señor, clamo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si comparando el mundo, éste de penas,</p>
<p>su injusticia, su error, nuestras pasiones</p>
<p>con el bello existir de esas regiones</p>
<p>pacíficas, hermosas y serenas,</p>
<p>anhelamos romper nuestras cadenas,</p>
<p>elevamos a ti los corazones,</p>
<p>y de tus brazos al paterno abrigo</p>
<p>me quiero refugiar yendo contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si quiero descansar, hallar consuelo,</p>
<p>quiero verte, Señor, yo no vacilo;</p>
<p>¿dónde hallaré más dulce y más tranquilo</p>
<p>amor, y más placeres que en el cielo?</p>
<p>o si te place mi virgíneo velo,</p>
<p>si digna soy de tu celeste asilo,</p>
<p>no me dejes aquí desconsolada</p>
<p>y llévame contigo a tu morada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ya el enemigo de la patria mía…</strong></h3>
<p>Ya el enemigo de la patria mía,</p>
<p>el genio de la guerra destructora</p>
<p>dobla rabioso la falange impía</p>
<p>ante la paz gloriosa y vencedora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cesó el llanto y la sangre y la agonía</p>
<p>que derramó la espada vengadora</p>
<p>y tras del triste y pavoroso día</p>
<p>luce risueña suspirada aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de Cristina el genio prepotente</p>
<p>venció de Carlos la arrogancia altiva,</p>
<p>que doblegando la orgullosa frente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el ramo ofrece de apacible oliva;</p>
<p>cantemos, o Cristina, la victoria,</p>
<p>que a España da la paz, y a vos la Gloria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ya, Neira, despedí a la golondrina…</strong></h3>
<p>Carolina Coronado acompaña en su despedida</p>
<p>a las golondrinas, a las grullas y a los patos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya, Neira, despedí a la golondrina</p>
<p>que en el techo campestre haciendo el nido</p>
<p>mansa inocente mi compaña ha sido</p>
<p>en la estación risueña que termina;</p>
<p>la grulla en cambio ya vino dañina</p>
<p>el fruto a destrozar recién nacido</p>
<p>que en este yermo a fuerza de sudores</p>
<p>lograron cultivar los labradores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pato en enturbiar las claras fuentes</p>
<p>de este valle purísimo obcecado</p>
<p>revuelve con el fondo encenagado</p>
<p>los graciosos espejos trasparentes;</p>
<p>¡lástima que desdeñe las corrientes</p>
<p>de un brillo tan hermoso y azulado,</p>
<p>donde lucir pudiera entre la espuma,</p>
<p>por hundir en el fango el alba pluma!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella</p>
<p>que en nuestros techos amorosa anida</p>
<p>y en su cantar sencillo entretenida</p>
<p>nos divierte feliz de sol a estrella?</p>
<p>¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella</p>
<p>que a nadie ofende, cuya dulce vida</p>
<p>consagrada a los suyos, sobre el heno,</p>
<p>ni daña al labrador ni anda entre cieno?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Hay en mi tierra hermosos olivares</p>
<p>formados como tropas, en hileras?</p>
<p>Pues a dañar su flor a sus praderas</p>
<p>vienen bandos de grullas a millares.</p>
<p>¿Hay arroyos que van entre juncares</p>
<p>retratando el verdor de estas laderas?</p>
<p>Pues acuden los patos a bandadas,</p>
<p>«¿Aves estas no son civilizadas?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más da que en mi lira sean cantados</p>
<p>hombres o grullas si en diversos nombres</p>
<p>disfrazadas las grullas van de hombres</p>
<p>y los hombres de grullas disfrazados?</p>
<p>¿Por qué han de ser los patos desdeñados</p>
<p>si los hombres tal vez con sus renombres</p>
<p>viviendo en bacanales, como en cieno,</p>
<p>no fueron ni más puros ni más buenos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué más da pues que yo cante los hechos</p>
<p>con mi endeble laúd, mi voz de niña</p>
<p>de las aves que pueblan la campiña</p>
<p>y las aves que habitan bajo techos?</p>
<p>Con iguales instintos y derechos</p>
<p>todas viven del daño y la rapiña;</p>
<p>soldados-grullas talan los sembrados</p>
<p>y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Galanes patos de la fuente empañan</p>
<p>el manantial que beben los pastores,</p>
<p>patos galanes, patos impostores</p>
<p>en las virtudes la calumnia ensañan;</p>
<p>hombres-patos, en fin, sus alas bañan</p>
<p>en fétidos pantanos corruptos;</p>
<p>patos-hombres sepultan en orgías</p>
<p>su bella juventud, sus bellos días.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué al mísero pato guerra tanta,</p>
<p>por qué a la infeliz grulla tanta guerra,</p>
<p>si hay seres más indignos en la tierra</p>
<p>y el hombre docto los celebra y canta?</p>
<p>Cada piedra, cada ave, cada planta,</p>
<p>una vida, una historia, un mundo encierra</p>
<p>y muchos en el mundo, bien lo sabes,</p>
<p>valen menos que piedras, plantas, aves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues no siempre he de hallar por mi camino</p>
<p>golondrinas, que pocas han quedado,</p>
<p>mejor canto a las grullas, que al malvado.</p>
<p>A los patos mejor que al libertino:</p>
<p>esos nombres de Atila, Jerjes, Nino</p>
<p>siempre al numen benigno han espantado</p>
<p>y siempre aborrecí como a enemigos</p>
<p>los Paris, los Nerones, los Rodrigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una grulla el gran Jerjes vale en suma,</p>
<p>pero el rico Nerón no vale un pato</p>
<p>que fuera a dar el pájaro barato</p>
<p>aun dando por Nerón no más la pluma:</p>
<p>¿pues por qué si la historia nos abruma</p>
<p>con uno y otro nombre tan ingrato</p>
<p>no ha de cantar, sin que te cause risa,</p>
<p>a la grulla y al pato la poetisa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo mismo da las aves que los hombres</p>
<p>lo mismo el campo da que las ciudades,</p>
<p>pues componen entrambas vecindades,</p>
<p>los mismos seres con distintos nombres;</p>
<p>grullas hay en el mundo con nombres,</p>
<p>patos bajo soberbias potestades,</p>
<p>y en ciudades lo mismo que entre encinas</p>
<p>sobre grullas y patos golondrinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Ya no es tan joven mi vida…</strong></h3>
<p>Ya no es tan joven mi vida</p>
<p>que desde esta cima, hermano,</p>
<p>logre ver distinto el llano</p>
<p>donde quedó mi niñez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la pradera florida</p>
<p>bajo la sombra de un monte,</p>
<p>y por eso es su horizonte</p>
<p>más delicioso, tal vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo con el rostro no acierto</p>
<p>de ese tiempo fugitivo,</p>
<p>mas su belleza percibo</p>
<p>de los años al trasluz,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como aquel reflejo incierto,</p>
<p>aquellos matices rojos</p>
<p>que perciben nuestros ojos</p>
<p>cerrados frente a la luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no sé lo que soñaba</p>
<p>mas recuerdo mis amores;</p>
<p>sé que amaba entre las flores</p>
<p>a un hermoso tulipán:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y que a mis solas le hablaba,</p>
<p>Emilio, tan dulcemente</p>
<p>que murmuraba el ambiente</p>
<p>celoso en mi tierno afán.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lloré cuando se agostaba</p>
<p>su cabeza peregrina</p>
<p>pero amé a la golondrina</p>
<p>así que la flor murió:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la golondrina emigraba</p>
<p>y entonces, Emilio mío,</p>
<p>a mi constante amorío</p>
<p>buscaba otro objeto yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh!¡Todo me enamoraba</p>
<p>en aquel tiempo querido!</p>
<p>¡Cuál me recuerda un sonido</p>
<p>el ave y el tulipán;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la fuente que manaba</p>
<p>el agua que yo bebía</p>
<p>y el campo donde crecía</p>
<p>la semilla de mi pan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Pero si no me comprendes,</p>
<p>si aquella edad ha pasado</p>
<p>y yo ya tengo olvidado</p>
<p>el suave idioma infantil!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si por acaso me atiendes</p>
<p>huyes riendo a deshora,</p>
<p>¿por qué no estoy en tu aurora</p>
<p>o tú no estás en mi abril?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú juzgas porque me hallaste,</p>
<p>bello garzón, a tu lado</p>
<p>que una ruta ha señalado</p>
<p>a nuestra existencia Dios:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no, que tu vía empezaste</p>
<p>en la mitad de la mía</p>
<p>y poco por esa vía</p>
<p>iremos juntos los dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio, cuando recuerdes</p>
<p>cual yo tu pasada infancia,</p>
<p>ya habrá una eterna distancia</p>
<p>que me separe de ti;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entonces, tal vez, te acuerdes</p>
<p>de mí, cual yo de las flores,</p>
<p>y entre tus tiernos amores</p>
<p>me cuentes, Emilio, a mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>“¡Ya viene, mírala! ¿Quién?…</strong></h3>
<p>“¡Ya viene, mírala! ¿Quién?</p>
<p>– Esa que saca coplas.</p>
<p>–Jesús que mujer más rara.</p>
<p>–Tiene los ojos de loca”.</p>
<p>“Más valía que aprendiera</p>
<p>a barrer que a decir coplas.</p>
<p>-Vamos a echarla de aquí.</p>
<p>-¿Cómo? -Riéndonos todas.”</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Yo no puedo seguirte con mi vuelo</strong></h3>
<p>Tú, huéspeda de villa populosa,</p>
<p>yo de valle pacífico vecina,</p>
<p>tú por allá viajera golondrina,</p>
<p>yo por aquí tortuga perezosa:</p>
<p>tú del jardín acacia deliciosa,</p>
<p>yo del arroyo zarza campesina,</p>
<p>¿qué indefinible, rara inteligencia</p>
<p>enlaza seres de tan varia esencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El entusiasmo que hacia ti me impele,</p>
<p>la dulce fe que hacia mi amor te guía,</p>
<p>disponen que en amiga compañía,</p>
<p>mi canto unido a tus acentos vuele;</p>
<p>mas yo no sé, paloma, si recele</p>
<p>que, al fin, he de quedar sola en la vía,</p>
<p>pues tal vas ascendiendo por el cielo,</p>
<p>que no puedo seguirte con mi vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú desde el centro de la regia villa</p>
<p>domeñas con la voz los corazones,</p>
<p>yo sólo alcanzo a modular canciones</p>
<p>en honor de la simple florecilla;</p>
<p>ve si el ala podrá, corta y sencilla,</p>
<p>de la alondra, ganar esas regiones</p>
<p>que traspasas, de sola una carrera,</p>
<p>dejando un cielo atrás la compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si mi ardoroso empeño a ti me envía,</p>
<p>de ti me aparta el genio que te eleva</p>
<p>y sola a conquistar la prez te lleva</p>
<p>que no osara tocar mi fantasía:</p>
<p>pero no temas, no, que el alma mía</p>
<p>de su destino a murmurar se atreva,</p>
<p>pues que suyo será el bello destino</p>
<p>de alfombrarte de flores el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, al fijar la perspicaz mirada</p>
<p>en esa sociedad, cuya existencia</p>
<p>ha menester de intérprete a la ciencia</p>
<p>para ser comprendida y revelada;</p>
<p>afligida sintiendo y fatigada,</p>
<p>acaso tu sencilla inteligencia,</p>
<p>rechazarás el mundo con enojos</p>
<p>y hacia mi valle tornarás los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y qué hallarás?… La garza en la ribera</p>
<p>del fresno cuelga su morada umbría</p>
<p>y allí anhelante a sus polluelos cría</p>
<p>al par de la amorosa compañera.</p>
<p>Guardan los canes la familia entera</p>
<p>que a su lealtad valiente se confía,</p>
<p>y fiel a su república la abeja</p>
<p>hijos y fruto a la colmena deja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Todas las madres son tan cariñosas</p>
<p>entre esa gente de la raza humana?</p>
<p>¿Custodias tiene la nación hispana</p>
<p>de sus honras y haciendas tan celosas?</p>
<p>¿Las vidas de los hombres generosas</p>
<p>conságranse a la patria soberana?</p>
<p>¿O entre brutos a súbditos y reyes</p>
<p>su instinto vale más que nuestras leyes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde el arte no está, donde alterada</p>
<p>no hallamos la creación en sus hechuras,</p>
<p>no ha menester que tengan las criaturas</p>
<p>muy alta comprensión ciencia elevada;</p>
<p>para cantar del campo embelesada</p>
<p>las risueñas perfectas hermosuras,</p>
<p>basta de mi garganta el leve acento,</p>
<p>y sobra tu magnífico talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué bien hiciera aquí?… ¿dar a estos seres</p>
<p>de paz y dicha y libertad lecciones?</p>
<p>¿Inspirar a las tórtolas pasiones</p>
<p>o a las hormigas enseñar deberes?…</p>
<p>Ve con tan noble empresa a las mujeres</p>
<p>que muestran los llagados corazones,</p>
<p>y de ese ardiente celo el bello fruto</p>
<p>dale a la humanidad, por buen tributo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que mis estériles canciones</p>
<p>mueran sobre este arroyo cristalino,</p>
<p>y sigue tú, paloma, ese camino</p>
<p>el vuelo remontando a otras regiones;</p>
<p>deja entre los agrestes pabellones</p>
<p>de la alondra perderse el vago trino:</p>
<p>y allá del grande pueblo en el altura,</p>
<p>difundan tus arrullos su dulzura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame a mí la gloria campesina,</p>
<p>brille en la sociedad tu bella ciencia</p>
<p>que allí a gloria mayor la providencia</p>
<p>tu corazón y tu saber destinas:</p>
<p>¡palpitante lección, viva doctrina</p>
<p>a la ignorancia y femenil demencia!</p>
<p>Serás, entre su especie degradada,</p>
<p>tipo de la mujer regenerada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Yo te olvidaba ya; ni una alabanza…</strong></h3>
<p>Yo te olvidaba ya; ni una alabanza</p>
<p>a la gloriosa bóveda te envía</p>
<p>la cantora sin fe; sin confianza</p>
<p>enmudece, Señor, el alma mía;</p>
<p>horas de ingratitud donde no alcanza</p>
<p>el reflejo inmortal de tu poesía</p>
<p>duermo, cuando mi sueño indiferente</p>
<p>viene a romper tu cólera imponente.</p>
<p>“De tus seres de amor, vaga doncella,</p>
<p>¿cuál de ellos quieres que a mi voz sucumba?</p>
<p>¿Qué faz querida borrará mi huella?</p>
<p>¿Qué ser amado lanzará a la tumba?</p>
<p>¿Tu padre morirá? ¿Tu madre bella?”</p>
<p>dices, y el eco de tu voz retumba</p>
<p>dentro de mí, Señor: “Todo lo puedo.”</p>
<p>Todo lo puedes, sí; ¡Tú eres el miedo!</p>
<p>Cubre la sombra de la muerte el mundo</p>
<p>cuando tu ceño muestras indignado,</p>
<p>y yo he visto a mi padre moribundo</p>
<p>con la sombra mortal de ese nublado:</p>
<p>Señor, al verte contra mí iracundo</p>
<p>entonces tu poder he recordado;</p>
<p>entonces fue el clamor, el rezo, el lloro:</p>
<p>entonces fue el saber cuánto te adoro.</p>
<p>Tú juegas con las vidas desdichadas,</p>
<p>tú al borde del abismo las suspendes,</p>
<p>y al vernos a tu cólera aterrados,</p>
<p>de súplicas y lágrimas te ofendes;</p>
<p>tú no quieres plegarias arrancadas</p>
<p>al espanto, Señor, tú nos comprendes;</p>
<p>sabes que el labio tu alabanza niega,</p>
<p>y si ruega, Señor, por miedo ruega.</p>
<p>Tú no cediste a mi medroso ruego,</p>
<p>tú perdonaste la oscilante vida,</p>
<p>porque en tu libro de radiante fuego</p>
<p>la indeleble sentencia está esculpida;</p>
<p>pero salvaste de su infiel sosiego</p>
<p>a la memoria ingrata que te olvida…</p>
<p>¡Frágil memoria que tu nombre pierde</p>
<p>y el miedo haya de ser quien lo recuerde!</p>
<p>Ni tu sol, ni tu luna, ni tus flores,</p>
<p>ni me inspiró tu lluvia del estío,</p>
<p>ni penetrar lograron tus favores</p>
<p>en este corazón cerrado y frío:</p>
<p>insensata dejé que otros cantores</p>
<p>elevaran a ti su acento pío</p>
<p>como el insecto inútil que dormita</p>
<p>mientras que el ruiseñor canta y se agita.</p>
<p>No te cantaba cuando en calma el cielo</p>
<p>ornado de celaje transparente</p>
<p>brillaba puro: en tanto que su vuelo</p>
<p>sereno detenía el claro ambiente</p>
<p>no te cantó mi espíritu de hielo:</p>
<p>más rugió la tormenta de repente,</p>
<p>con tu rayo amagaste al ser amado</p>
<p>y de miedo, Señor, te he recordado.</p>
<p>¡Míseras oraciones y cantares</p>
<p>que a impulso del temor rompen conmigo!</p>
<p>no más que en las desdichas y pesares</p>
<p>te llamo grande y te apellido amigo:</p>
<p>sólo cuando te ruego que me ampares</p>
<p>dulces palabras con amor te digo;</p>
<p>sólo cuando vivir sin ti no puedo,</p>
<p>“Señor, exclamo, ven, que tengo miedo.”</p>
<p>¿Pero me escuchas tú? ¿Pero respondes?</p>
<p>¿No me desdeñas porque indigna clamo?</p>
<p>¿Tu cariñosa gracia no me escondes</p>
<p>porque te olvido en paz y en guerra te amo?</p>
<p>¡Ay! no el cruel remordimiento ahondes;</p>
<p>no rechaces mi voz cuando te llamo;</p>
<p>si tanto puedes tú, yo nada puedo;</p>
<p>no es pecado, Señor, que tenga miedo.</p>
<p>Tú vives entre bóvedas de lumbre</p>
<p>de los soles que giran al ruido,</p>
<p>y yo sin que su fuego me deslumbre</p>
<p>no puedo ver al sol medio escondido;</p>
<p>tú de siglos y siglos pesadumbre</p>
<p>eterna llevas, –yo nada he vivido–</p>
<p>tú me puedes hundir –yo nada puedo–</p>
<p>¿cómo, Señor, no he de tenerte miedo?</p>
<p>Tiembla del hombre el corazón valiente,</p>
<p>tiembla el pueblo que audaz te desafía,</p>
<p>la fanática raza del Oriente</p>
<p>y la raza sin fe del Mediodía;</p>
<p>¡muy temible serás cuando el viviente</p>
<p>de tan lejana edad, Señor, temía</p>
<p>y en tanto siglos de gentil denuedo</p>
<p>no ha podido vencer, Señor, su miedo!</p>
<p>Tú eres el miedo que despide llamas,</p>
<p>tú eres el miedo que el diluvio riegas,</p>
<p>y tiene miedo el mundo a quien inflamas,</p>
<p>y tiene miedo el mundo a quien anegas;</p>
<p>si tu poder conoces y nos amas,</p>
<p>cuando los rayos del furor desplegas</p>
<p>y acobardada ante tus iras quedo,</p>
<p>no te enojes, Señor, si tengo miedo.</p>
<p>Puedes quitarnos los amados seres,</p>
<p>nuestra alegría convertir en llanto,</p>
<p>mudar en desventura los placeres,</p>
<p>y trocar en gemidos nuestro canto:</p>
<p>Señor, tan grande y poderoso eres,</p>
<p>es tan inmenso tu gobierno santo</p>
<p>¡que a tu amenaza amedrentada cedo</p>
<p>y te digo ¡Señor, tú eres el miedo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Yo te vi, triste amapola…</strong></h3>
<p>Yo te vi, triste amapola,</p>
<p>de las flores retirada</p>
<p>mecer la roja corola</p>
<p>entre la espiga dorada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leve el cuello y hechicero</p>
<p>débilmente se agitaba;</p>
<p>y el cefirillo ligero</p>
<p>en tu seno revolaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del fuego del sol bañada</p>
<p>la cabeza purpurina,</p>
<p>desmayaba sonrojada</p>
<p>sobre la planta vecina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y allí entre la rubia espiga</p>
<p>los pajarillos cantores</p>
<p>daban con su trova amiga</p>
<p>a tu belleza loores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo te viera retirada</p>
<p>a la par del rudo espino,</p>
<p>guarneciendo descuidada</p>
<p>el apartado camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al morir la última estrella</p>
<p>extiendes las puras alas;</p>
<p>y a la purpúrea centella</p>
<p>del sol renaciente igualas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ese tu empeño vano,</p>
<p>y temeraria osadía,</p>
<p>desde el trono soberano</p>
<p>castiga el señor del día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que su llama en Occidente</p>
<p>no adurmiera sosegada,</p>
<p>sin dejar tu roja frente</p>
<p>con sus rayos abrasada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de la noche</p>
<p>la fresca brisa</p>
<p>marchita hallara</p>
<p>tu tierna faz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! que tu vida,</p>
<p>flor desdichada,</p>
<p>sólo un instante</p>
<p>brilla fugaz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tu aureola</p>
<p>pura y luciente</p>
<p>desconocida</p>
<p>muere también.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nace en la aurora,</p>
<p>y al alba nueva</p>
<p>frágil desnuda</p>
<p>tu débil sien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Yo tengo mis amores en el mar</strong></h3>
<p>¡Hijo del mar, espíritu querido!,</p>
<p>alto ingenio inmortal de la poesía,</p>
<p>escucha desde el mar este gemido</p>
<p>que mi amoroso corazón te envía:</p>
<p>yo te adoro en el mar, y yo he venido</p>
<p>a escuchar en sus hondas tu armonía</p>
<p>y en su brisa tu aliento a respirar,</p>
<p>porque están mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas noches al rayo de la luna</p>
<p>te he visto en la mitad del Océano</p>
<p>maldiciendo el rigor de tu fortuna</p>
<p>y mi sombra hacia ti llamando en vano;</p>
<p>y a las olas que van una por una</p>
<p>a estrellarse en el muro gaditano,</p>
<p>les digo que te lleven mi cantar</p>
<p>cuando se tornen con la aurora al mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre esa torre que en la noche oscura</p>
<p>brilla como la luz de tu mirada,</p>
<p>muchas veces también subo agitada</p>
<p>a mirar tu bajel desde la altura;</p>
<p>y si está su bandera enarbolada,</p>
<p>mi voz en las borrascas te conjura</p>
<p>para que puedan libres navegar</p>
<p>los amores que tengo en este mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregúntale a la tórtola africana,</p>
<p>si al cruzar por las costas españolas,</p>
<p>no me encontró llorando esta mañana</p>
<p>al pie de las marinas banderolas;</p>
<p>yo le rogué que fuera por las olas</p>
<p>a buscar a tu nave soberana,</p>
<p>y a decirte, poeta, en su cantar</p>
<p>que tengo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú de mi juventud primer suspiro,</p>
<p>la primera ilusión de mis cantares,</p>
<p>el fecundo laurel del Manzanares,</p>
<p>cuyas hojas perfuman mi retiro;</p>
<p>tú cuya imagen en las olas miro,</p>
<p>porque eres hijo de los bellos mares,</p>
<p>escucha, si me puedes escuchar,</p>
<p>el amoroso adiós que doy al mar…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdón, amigos, si al sonar mi acento</p>
<p>en el último adiós de despedida,</p>
<p>la mente absorta en su ilusión querida</p>
<p>arrebató mi voz por un momento:</p>
<p>nunca de la amistad el sentimiento</p>
<p>mi agradecido corazón olvida;</p>
<p>pero mirad cuán grande es mi penar</p>
<p>que dejo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vagarosa ilusión del alma mía</p>
<p>es ya la imagen que en las olas veo;</p>
<p>pero es la sola dicha que poseo,</p>
<p>y venturosa en mi ilusión vivía;</p>
<p>y al dejar esa dicha que tenía,</p>
<p>cuando perderla para siempre creo,</p>
<p>sólo deciros puedo en mi cantar</p>
<p>que tengo mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdón, amigos, si empecé mi canto</p>
<p>a una memoria de eternal consuelo,</p>
<p>y por amante respetad mi duelo</p>
<p>si al recordar su nombre sufro tanto;</p>
<p>y por amante respetad mi llanto</p>
<p>si en esta agitación y este desvelo</p>
<p>al deciros adiós vengo a llorar</p>
<p>¡porque dejo su tumba en ese mar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Harto dolor aguarda a mi existencia</p>
<p>lejos del mar que mi tristeza calma,</p>
<p>y harta paciencia necesita el alma</p>
<p>para sufrir, amigos, esta ausencia;</p>
<p>pero si logro al fin con la paciencia</p>
<p>de mi martirio conquistar la palma,</p>
<p>yo volveré después de mi penar</p>
<p>a buscar mis amores en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más tarde o más temprano mi barquilla</p>
<p>naufragará en la costa gaditana,</p>
<p>y arrojará la mar hasta la orilla</p>
<p>entre la espuma mi reliquia humana;</p>
<p>y esa poetisa, que me nombra hermana,</p>
<p>os dirá con su voz clara y sencilla:</p>
<p>«Aquí vino su sombra a descansar,</p>
<p>porque están sus amores en el mar».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Yo vi lucir los albores…</strong></h3>
<p>Yo vi lucir los albores</p>
<p>de esa purísima atmósfera,</p>
<p>y brotar las claras aguas</p>
<p>de aquella ribera hermosa,</p>
<p>y nacer de su arboleda</p>
<p>una por una las hojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo he visto esas altas sierras</p>
<p>ir subiendo entre las sombras,</p>
<p>y alzarse el puente y la torre</p>
<p>y las casas y las rocas,</p>
<p>y surgir el barquichuelo</p>
<p>entre las plácidas ondas,</p>
<p>y aparecer en la orilla</p>
<p>esa gente pescadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Que la gran naturaleza</p>
<p>años tarde en esas obras</p>
<p>y tu mano las acabe</p>
<p>solamente en doce horas!</p>
<p>Despacio, pintor, despacio,</p>
<p>que son las venturas pocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué has hecho esa ribera</p>
<p>tan risueña y deliciosa</p>
<p>que mis ojos embelesa</p>
<p>y el pensamiento me roba?</p>
<p>¿Por qué has dado al firmamento</p>
<p>esa tinta ardiente y roja</p>
<p>que lo mismo que el reflejo</p>
<p>del sol deslumbra y sofoca?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿No ves que fija en la orilla</p>
<p>de esa ribera frondosa</p>
<p>en contemplarla me llevo</p>
<p>unas tras otras las horas?</p>
<p>¡Ay! ¿no ves que doble pena</p>
<p>sentirá el alma angustiosa</p>
<p>cuando por siempre se aleja</p>
<p>de esa ribera que adora…?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despacio, pintor, despacio,</p>
<p>que son las venturas pocas.</p>
<p>¿Es culpa tuya que tenga</p>
<p>el puente romanas formas</p>
<p>y la torre arquitectura</p>
<p>árabe, morisca y gótica?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Es culpa tuya que vaya</p>
<p>la mano tan perezosa,</p>
<p>y que tus ojos cansados</p>
<p>de mirar piedras y rocas</p>
<p>en otras miradas fijen</p>
<p>las suyas fascinadoras?…</p>
<p>Aprisa, pintor, aprisa,</p>
<p>aunque las dichas son pocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adiós; hermosa ribera,</p>
<p>cielo puro, árboles, rocas:</p>
<p>la mano que os ha formado</p>
<p>para siempre os abandona,</p>
<p>y los ojos que os han visto</p>
<p>aparecer entre sombras</p>
<p>ya cuantas veces os miren</p>
<p>llorarán vuestras memorias,</p>
<p>¡que son las penas tan largas</p>
<p>como las venturas cortas!</p>
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		<title>Poemas de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lospoemas]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 02:09:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Poemas de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas (1791–1865), persona cumbre del Romanticismo español, cuya vida entrelazó la agitación política y la brillantez literaria. Aristócrata y militar, sufrió el exilio por sus ideas liberales, periodo que transformó su estética del neoclasicismo hacia un romanticismo pleno y vibrante. Su consagración llegó con Don Álvaro o la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Poemas de <strong>Ángel de Saavedra,</strong> <strong>Duque de Rivas</strong> (1791–1865), persona cumbre del <strong>Romanticismo español</strong>, cuya vida entrelazó la agitación política y la brillantez literaria. Aristócrata y militar, sufrió el exilio por sus ideas liberales, periodo que transformó su estética del neoclasicismo hacia un romanticismo pleno y vibrante.</p>
<p>Su consagración llegó con <strong>Don Álvaro o la fuerza del sino</strong> (1835), drama que rompió las unidades clásicas y definió el género en España mediante la exaltación del héroe trágico dominado por la fatalidad. Además, destacó en la poesía con sus <strong>Romances históricos</strong>, donde revitalizó la tradición nacional con gran colorido descriptivo. Su obra combina magistralmente el misterio, la pasión desbordada y una visión pesimista del destino humano, consolidándolo como el arquitecto de la sensibilidad romántica en la literatura hispana.</p>
<h3><strong>Al Conde De Noroña</strong></h3>
<p>¡Oh Conde! pues tu lira</p>
<p>Unida al son de tu divino acento,</p>
<p>Calma del mar la ira</p>
<p>Y el soplo agitador del raudo viento,</p>
<p>Y pasma del tonante</p>
<p>La enrojecida diestra fulminante;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué tu voz sagrada,</p>
<p>Que con divino ardor y alta grandeza</p>
<p>Entonó entusiasmada</p>
<p>«La discordia levanta su cabeza»</p>
<p>Cuando te oyó Castilla,</p>
<p>Y retumbó la octava maravilla;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué el horrible estruendo</p>
<p>No canta de Mavorte, y su pujanza,</p>
<p>Y el silbido tremendo</p>
<p>De la robusta y tembladora lanza,</p>
<p>Y el son estrepitoso</p>
<p>De su carro sangriento y polvoroso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Y cuál Belona fiera</p>
<p>Aguija la cuadriga resonante,</p>
<p>Y gime en la carrera,</p>
<p>Y suda y cruje el eje rechinante,</p>
<p>Hollando sus rodadas</p>
<p>Cuerpos sangrientos, armas destrozadas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suelta otra vez al viento</p>
<p>La viva lumbre que tu pecho encierra,</p>
<p>Y suba al firmamento,</p>
<p>Y asombre v pasme la sangrienta tierra,</p>
<p>Y tu acento resuene,</p>
<p>Y el orbe todo de tu ardor se llene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre sangre y horrores</p>
<p>La gloria ensalza del valiente ibero,</p>
<p>Y mil y mil loores,</p>
<p>A1 ronco son del atambor guerrero</p>
<p>Canta a la noble saña,</p>
<p>Que esclarece los términos de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y este nombre sagrado</p>
<p>Llévalo por do quier, desde el oriente</p>
<p>En púrpura bañado,</p>
<p>Hasta do esconde el sol su clara frente,</p>
<p>Y de uno al otro polo</p>
<p>Resuene el nombre de la España solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alto asunto a tu canto</p>
<p>Las glorias de Sansueña y de Gerona</p>
<p>Te ofrecen, con espanto</p>
<p>De los que baña el Sena y el Garona;</p>
<p>Que contra su arrogancia</p>
<p>Ven renacer los héroes de Numancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Canta de Talavera</p>
<p>Y de Bailén los triunfos y victorias,</p>
<p>Que allí la Calia fiera</p>
<p>Vio marchitarse su laurel, sus glorias,</p>
<p>Y di el denuedo y brío</p>
<p>Del albionés, azote del impío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh! si me fuera dado</p>
<p>El numen que en tu pecho se derrama,</p>
<p>Y el ardor desusado</p>
<p>Con que tu heroica cítara se inflama,</p>
<p>¡Cuál de la patria mía</p>
<p>Las hazañas y triunfos cantaría!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! que intento en vano</p>
<p>Cantar las iras del fogoso Marte,</p>
<p>Que con sangrienta mano</p>
<p>Va tremolando el hórrido estandarte;</p>
<p>Porque mi ebúrnea lira</p>
<p>Encantos del amor sólo suspira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque a la guerra dura</p>
<p>Tengo mi edad florida dedicada,</p>
<p>Y lleno de bravura</p>
<p>Tal vez empuño la tajante espada,</p>
<p>Y con brazo membrudo</p>
<p>Vibro la lanza y el doblado escudo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y revolviendo el freno</p>
<p>Del monstruo altivo, que abortó el tridente,</p>
<p>De sangre y polvo lleno,</p>
<p>Me ha visto el sol ardiente</p>
<p>Hollar la muerte fiera</p>
<p>Del aurífero fajo en la ribera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es duro el pecho mío,</p>
<p>Ni se aplace con sangre, luto y llanto,</p>
<p>Ni con el son impío</p>
<p>De la trompa, que infunde horror y espanto;</p>
<p>Que sólo sus delicias</p>
<p>Son de Venus los gozos v caricias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diome naturaleza</p>
<p>Sensible corazón, pecho amoroso,</p>
<p>Y con dulce terneza</p>
<p>De Cíteres el fuego delicioso</p>
<p>Me prohíbe que cante</p>
<p>El ardor de Belona fulminante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La inocente voz mía</p>
<p>Sólo sabe cantar tiernos amores,</p>
<p>Y la pura alegría</p>
<p>De los risueños campos y las flores,</p>
<p>Y fiestas pastoriles,</p>
<p>Y los gratos cuidados juveniles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero tú, egregio Conde,</p>
<p>A quien Apolo la sagrada frente</p>
<p>Entre laurel esconde,</p>
<p>Canta los hechos de la hispana gente;</p>
<p>Triunfará del olvido</p>
<p>De tu pecho y tu cítara el sonido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Antigualla De Sevilla &#8211; Romance Tercero &#8211; La Cabeza</strong></h3>
<p>Al tiempo que en el ocaso</p>
<p>Su eterna llama sepulta</p>
<p>El sol, y tierras y cielos</p>
<p>Con negras sombras se enlutan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la cárcel de Sevilla,</p>
<p>En una bóveda obscura,</p>
<p>Que una lámpara de cobre</p>
<p>Más bien asombra que alumbra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasaba una extraña escena,</p>
<p>De aquellas que nos angustian</p>
<p>Si en horrenda pesadilla</p>
<p>El sueño nos la dibuja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues no semejaba cosa</p>
<p>De este mundo, aunque se usan</p>
<p>En él cosas harto horrendas,</p>
<p>De que he presenciado muchas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sino cosa del infierno,</p>
<p>Funesta y maligna junta</p>
<p>De espectros y de vampiros,</p>
<p>Festín horrible de furias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un sillón, sobre gradas,</p>
<p>Se ve en negras vestiduras</p>
<p>Al buen Alcalde Cerón,</p>
<p>Ceño grave, faz adusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A su lado, en un bufete</p>
<p>Que más parece una tumba,</p>
<p>Prepara un viejo Notario</p>
<p>Sus pergaminos y plumas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de aquella estancia en medio,</p>
<p>De tablas con sangre sucias,</p>
<p>Se ve un lecho, y sus cortinas</p>
<p>Son cuerdas, garfios, garruchas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En torno de él dos verdugos</p>
<p>De imbécil facha y robusta,</p>
<p>De un saco de cuero aprestan</p>
<p>Hierros de infaustas figuras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sepulcral silencio reina,</p>
<p>Pues solamente se escucha</p>
<p>El chispeo de la llama</p>
<p>En la lámpara que ahúma</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La bóveda, y de los hierros</p>
<p>Que los verdugos rebuscan,</p>
<p>El metálico sonido</p>
<p>Con que se apartan y juntan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pronto del severo Alcalde</p>
<p>La voz sepulcral retumba</p>
<p>Diciendo : «Venga el testigo</p>
<p>Que ha de sufrir la tortura».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se abrió al instante una puerta,</p>
<p>Por la que sale confusa</p>
<p>Algazara, ayes profundos</p>
<p>Y gemidos que espeluznan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y luego entre los sayones,</p>
<p>Esbirros y vil gentuza,</p>
<p>De ademanes descompuestos</p>
<p>Y de feroz catadura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vieja miserable,</p>
<p>De ropa y carne desnuda,</p>
<p>Como un cuerpo que las hienas</p>
<p>Sacan de la sepultura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues sólo se ve que vive</p>
<p>Porque flacamente lucha</p>
<p>Con desmayados esfuerzos,</p>
<p>Porque gime y porque suda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrástranla los sayones;</p>
<p>La confortan y la ayudan</p>
<p>Dos religiosos franciscos,</p>
<p>Caladas sendas capuchas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la algazara y estruendo,</p>
<p>Con que satánica turba</p>
<p>Lleva un precito a las llamas,</p>
<p>Por la bóveda retumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un negro bulto en silencio</p>
<p>También entra en la confusa</p>
<p>Escena, y sin ser notado</p>
<p>Tras de un pilarón se oculta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Ven —grita un tosco verdugo</p>
<p>Con una risada aguda—</p>
<p>Ven a casarte conmigo,</p>
<p>Hecha está la cama, bruja».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro, asiéndole los brazos</p>
<p>Con una mano más dura</p>
<p>Que unas tenazas, le dice:</p>
<p>«No volarás hoy a obscuras».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otro, atándole las piernas:</p>
<p>«¿Y el bote con que te untas?</p>
<p>Sobre la escoba a caballo</p>
<p>No has de hacer más de las tuyas».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos chistes semejaban</p>
<p>Los aullidos con que aguzan</p>
<p>La hambre los lobos, al grito</p>
<p>De los cuervos que barruntan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los ya corrompidos restos</p>
<p>De una víctima insepulta;</p>
<p>La mofa con que los cafres</p>
<p>A su prisionero insultan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tienden en el triste lecho,</p>
<p>Ya casi casi difunta</p>
<p>A la infelice; la enlazan</p>
<p>Con ásperas ligaduras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de hierro un aparato</p>
<p>A su diestra mano ajustan,</p>
<p>Que al impulso más pequeño</p>
<p>Martirio espantoso anuncia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice un sayón al Alcalde:</p>
<p>«Ya está en jaula la lechuza,</p>
<p>Y si aun a cantar se niega,</p>
<p>Yo haré que cante o que cruja».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencio el Alcalde impone;</p>
<p>Quédase todo en profunda</p>
<p>Quietud, y sólo gemidos</p>
<p>Casi apagados se escuehan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Mujer —prorrumpe Cerón—,</p>
<p>Mujer, si vivir procuras,</p>
<p>Declárame cuanto viste,</p>
<p>Y te dará Dios ayuda».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Nada vi, nada —responde</p>
<p>La infeliz—: por Santa Justa</p>
<p>Juro que estaba, durmiendo;</p>
<p>No vi ni oí cosa alguna».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Replicó el juez: «¡Desdichada,</p>
<p>Piensa, piensa lo que juras».</p>
<p>Y tomando de las manos</p>
<p>Del Notario que le ayuda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un candil: «Mira —prosigue—</p>
<p>Esta prenda que te acusa.</p>
<p>Di quién la tiró a la calle,</p>
<p>Pues confesaste ser tuya».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mísera se estremece,</p>
<p>Trémula toda y convulsa,</p>
<p>Y respondió desmayada:</p>
<p>«El demonio fue, sin duda».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tras de una, breve pausa:</p>
<p>«Soy ciega, soy sorda, y muda.</p>
<p>Matadme, pues; lo repito:</p>
<p>Ni vi ni oí cosa alguna».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El juez, entonces de mármol,</p>
<p>Con la vara al lecho apunta;</p>
<p>Ase una cuerda el verdugo,</p>
<p>Rechina allá una garrucha,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mano de la infelice</p>
<p>Se disloca y descoynta,</p>
<p>Y al chasquido de los huesos</p>
<p>Un alarido se junta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Piedad, que voy a decirlo!»</p>
<p>Grita con voz moribunda</p>
<p>La víctima, y al momento</p>
<p>Suspéndese la tortura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Declara», el juez dice; y ella,</p>
<p>Cobrando un vigor que asusta,</p>
<p>Prorrumpe: «El Rey fue&#8230;» Y su lengua</p>
<p>En la garganta se anuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juez, escribano, verdugos,</p>
<p>Todos con la faz difunta,</p>
<p>Oyen tal nombre temblando,</p>
<p>Y queda la estancia muda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esto, el desconocido,</p>
<p>Que, tras el pilar se oculta,</p>
<p>Hacia el potro del tormento</p>
<p>El firme paso apresura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haciendo sus choquezuelas,</p>
<p>Canillas y coyunturas,</p>
<p>El ruido que los dados</p>
<p>Cuando se chocan y juntan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rumor que al punto conoce</p>
<p>La infeliz, y se espeluzna,</p>
<p>Y repite : «El Rey; sus huesos</p>
<p>Así sonaron, no hay duda».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al punto se desemboza</p>
<p>Y la faz descubre adusta,</p>
<p>Y los ojos como brasas</p>
<p>Aquel personaje, a cuya</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Presencia, hincan la rodilla</p>
<p>Cuantos la bóveda ocupan,</p>
<p>Pues al Rey Don Pedro todos</p>
<p>Conocen, y se atribulan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este saca de su seno</p>
<p>Una bolsa, do relumbran</p>
<p>Cien monedas de oro, y dice:</p>
<p>«Toma y socórrete, bruja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Has dicho verdad, y sabe</p>
<p>Que el que a la justicia oculta</p>
<p>La verdad es reo de muerte</p>
<p>Y cómplice de la culpa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Pero, pues tú la dijiste,</p>
<p>Ve en paz; el cielo te escuda.</p>
<p>Yo soy, sí, quien mató al hombre,</p>
<p>Mas Dios sólo a mí me juzga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Pero por que satisfecha</p>
<p>Quede la justicia, augusta,</p>
<p>Ya la cabeza del reo</p>
<p>Allí escarmientos pronuncia».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y era así; ya colocada</p>
<p>Estaba la imagen suya</p>
<p>En la esquina do la muerte</p>
<p>Dio a un hombre su espada aguda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DEL CANDILEJO la calle</p>
<p>Desde entonces se intuía,</p>
<p>Y el busto del rey Don Pedro</p>
<p>Aun allí está y nos asusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Álvaro De Luna &#8211; Romance Primero &#8211; La Venta</strong></h3>
<p>En la ruta de Portillo</p>
<p>Y en las márgenes del Duero,</p>
<p>Hubo (aun escombros lo dicen)</p>
<p>Una venta en otro tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A su puerta una mañana</p>
<p>Estaba sentado un lego</p>
<p>De San Francisco, tres mulas</p>
<p>De los ronzales teniendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la venta en la cocina</p>
<p>Se hallaban dos reverendos,</p>
<p>De una sartén apurando</p>
<p>Magras con tomate y huevos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De maestresala servía,</p>
<p>Sin caperuza, el ventero,</p>
<p>Que solícito llenaba</p>
<p>Las tazas del vino añejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el uno el padre Espina,</p>
<p>Predicador del convento</p>
<p>Del Abrojo; el otro un fraile</p>
<p>Anciano, de ciencia y peso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque con buen apetito,</p>
<p>Mustios ambos y en silencio</p>
<p>Se mostraban, cuando el huésped</p>
<p>Les habló así con respeto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Es verdad, benditos padres,</p>
<p>Que el Condestable está preso?&#8230;</p>
<p>Anoche dió esta noticia,</p>
<p>Que nos pasmó, un caballero».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contestóle el religioso:</p>
<p>«Pues no os engañó, que es cierto»</p>
<p>—Y continuó el padre Espina—.</p>
<p>«Sí, desengaños son éstos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Que avisan a los mortales</p>
<p>De que son perecederos</p>
<p>Los bienes que nos da el mundo,</p>
<p>Y su grandeza embeleco».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El villano, sin turbarse,</p>
<p>Le cortó el sermón diciendo:</p>
<p>«Y también de que castiga</p>
<p>Sin palo ni piedra el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Aun está fresca la sangre</p>
<p>De Alonso López Vivero.</p>
<p>Yo estaba al pie de la torre</p>
<p>Cuando el Condestable mesmo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Lo arrojó de ella; y he visto</p>
<p>De oro las cargas a cientos</p>
<p>Entrar allá en su palacio.</p>
<p>Dicen también, y lo creo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Que hechizado al Rey tenía,</p>
<p>Y aun añaden&#8230;» «No debemos</p>
<p>—Dijo grave el religioso—</p>
<p>Dar a hablilla tal acceso».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ventera, que hasta entones</p>
<p>Se estuvo callada al fuego,</p>
<p>Con la mano en la mejilla</p>
<p>Mostrando gran sentimiento,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que era, aunque no muy verde,</p>
<p>Fresca y limpia con extremo,</p>
<p>Abultada de pehera</p>
<p>Y con grandes ojos negros,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saltó súbita: «Envidiosos,</p>
<p>Que no sirven, ni por pienso,</p>
<p>Para descalzarle, han sido</p>
<p>Los que en trance tal le han puesto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Díjole el marido: «Calla».</p>
<p>Y ella respondió: «No quiero&#8230;</p>
<p>¡Qué señor tan llano!&#8230; ¡Parte</p>
<p>El corazón!&#8230;. Mes y medio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Hace que le vimos todos</p>
<p>Tan galán, en el festejo</p>
<p>Que se celebró en la plaza</p>
<p>De Valladolid&#8230; ¡Qué diestro!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Qué valiente! ¡Qué gallardo!</p>
<p>Fue el único del torneo».</p>
<p>«Calla», con cólera grande</p>
<p>Volvió a decir el ventero;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ella, en vez de obedecerle,</p>
<p>A continuar: «¡Qué discreto!</p>
<p>El oírle daba gusto&#8230;</p>
<p>Alfonso López Vivero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un vil, que lo vendía&#8230;»</p>
<p>«Calla», repitió de nuevo</p>
<p>Más airado el hombre; y ella:</p>
<p>«No me da la gana: cierto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Es cuanto digo&#8230; El tesoro</p>
<p>lo ganó en la guerra, o premio</p>
<p>Es que el Rey le ha dado en paga</p>
<p>De servicios que le ha hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»La Reina y los ricoshombres,</p>
<p>Revoltosos y soberbios&#8230;»</p>
<p>«Maldita tu lengua sea</p>
<p>—Clamó furioso el ventero—</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Tú, porque allá te criaste</p>
<p>En su palacio, y&#8230; ¡yo necio!»</p>
<p>Y ella prosiguió llorando:</p>
<p>«La tonta fui yo, mostrenco».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iban en el matrimonio</p>
<p>A poner paz y concierto</p>
<p>Los padres, cuando, «Ya llegan»,</p>
<p>Gritó desde fuera el lego;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dejando a los esposos,</p>
<p>Que sin duda prosiguiendo</p>
<p>La disputa, la acabaron</p>
<p>A puñadas, según temo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuéronse a la puerta al punto,</p>
<p>Sobre sus mulas subieron,</p>
<p>Y aquella venta dejaron</p>
<p>Hecha un abreviado infierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Álvaro De Luna &#8211; Romance Segundo &#8211; El Camino</strong></h3>
<p>Se alza una nube de polvo</p>
<p>De lejos por el camino,</p>
<p>Y al tropel que la levanta</p>
<p>Borra y tiene confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ella relampaguea,n</p>
<p>Reflejos de acero limpio,</p>
<p>Y forman un trueno sordo</p>
<p>Herraduras y relinchos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dando lugar a que lleguen,</p>
<p>Los religiosos franciscos,</p>
<p>A lento paso se ponen</p>
<p>Y atrás miran de continuo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se acerca gran cabalgada,</p>
<p>Y vese claro y distinto</p>
<p>Que Diego Estúñiga, el joven,</p>
<p>Es de ella jefe y caudillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un alazán fogoso</p>
<p>Viene, de hierro vestido,</p>
<p>La gruesa lanza en la cuja,</p>
<p>La luenga espada en el cinto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un penacho jalde y negro,</p>
<p>Cual matorral sobre un risco,</p>
<p>Ondea sobre su almete,</p>
<p>Y da al sol variados visos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ancho plateado escudo,</p>
<p>De una cadena ceñido,</p>
<p>Ostenta la banda negra,</p>
<p>Timbre de su casa antiguo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vienen tras él diez jinetes,</p>
<p>De la cimera al estribo</p>
<p>Armados de yunta en blanco,</p>
<p>Y en las lanzas pendoncillos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marchan todos en si1encio,</p>
<p>Y en todos el sobrescrito</p>
<p>De gran duelo y gran tristeza</p>
<p>Se ve de ballesta a tiro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se dijera ser la escolta,</p>
<p>No de un caballero vivo,</p>
<p>Si de un caballero muerto</p>
<p>Que iba al postrimer asilo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En medio de ellos venía,</p>
<p>Cabizbajo y abatido,</p>
<p>Caballero en una mula</p>
<p>Con jaeces harto ricos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un insigne personaje</p>
<p>De aspecto notable y digno,</p>
<p>De estatura no muy alta,</p>
<p>Pero gallarda y de brío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un sayo de paño verde</p>
<p>Con franjas de oro guarnido</p>
<p>Es su traje, y lleva al hombro,</p>
<p>Más blanco que los armiños,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un gran manto, en cuyos pliegues</p>
<p>La cruz roja, distintivo</p>
<p>De Maestre de Santiago,</p>
<p>Luce en recamo prolijo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una toca de velludo</p>
<p>Negro con bordados picos,</p>
<p>Mas sin airón ni garzota,</p>
<p>Es de su cabeza abrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era su mirar resuelto,</p>
<p>Bien que apagado y sombrío,</p>
<p>Y su aire tan de persona</p>
<p>De poder y de dominio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que por más que se notaba</p>
<p>Ser un preso, descubrirlo</p>
<p>Sin sentir, era imposible,</p>
<p>Cierto respeto sumiso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Alvaro era de Luna,</p>
<p>Del rey Don Juan favorito,</p>
<p>Que a Castilla largos años</p>
<p>Rigió sin freno a su arbitrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando emparejó la tropa</p>
<p>Con los dos padres franciscos,</p>
<p>Paráronse éstos, y humildes</p>
<p>Saludo cortés y fino</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hicieron al Condestable</p>
<p>De quien eran muy amigos.</p>
<p>Don Alvaro contestóles</p>
<p>Tan galán como expresivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ellos en la armada escolta</p>
<p>Se inhibieron de improviso,</p>
<p>Tomando del gran Maestre</p>
<p>A uno y otro lado sitio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Largo rato caminaron</p>
<p>Todos en silencio hundidos;</p>
<p>Pero al cabo el padre Espina</p>
<p>Se resolvió, y así dijo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«En verdad, señor, que valen</p>
<p>Poco del mundo mezquino</p>
<p>Las honras y los haberes</p>
<p>Para el varón de juicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»El hombre cristiano y cuerdo</p>
<p>Debe hacia, norte más fijo</p>
<p>Encaminar su esperanza,</p>
<p>Servir sólo a Dios benigno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Lo que nos da, lo mantiene,</p>
<p>Y al que busca en Él asilo,</p>
<p>Para siempre se lo acuerda</p>
<p>En eterno paraíso».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con grande atención escucha</p>
<p>Tan saludables avisos</p>
<p>Don Alvaro, que engañado</p>
<p>Juzgó, al salir de Portillo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que iba a recobrar honores,</p>
<p>Favor, riqueza y dominio;</p>
<p>Y entreviendo en el instante</p>
<p>Su verdadero destino,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se estremeció a pesar suyo,</p>
<p>Cubrióse de sudor frío,</p>
<p>Y, «¿Voy a morir acaso?»</p>
<p>Preguntó como indeciso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contestóle el religioso:</p>
<p>«Todos, mientras somos vivos,</p>
<p>Vamos a morir. El hombre</p>
<p>Que va preso&#8230; en más peligro&#8230;»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Basta —exclamó el Condestable;</p>
<p>Y dando a su aspecto altivo</p>
<p>Gran dignidad y gran calma,</p>
<p>Y al semblante noble brillo—,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Basta —siguió—; no es la muerte,</p>
<p>Cuando se sabe de fijo</p>
<p>Que llega, tan espantosa</p>
<p>Como el vulgo vil ha dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Venga, pues: si el Rey lo quiere,</p>
<p>Yo con gusto la recibo.</p>
<p>Padres, hasta el duro trance</p>
<p>No me dejéis, os suplico».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oyendo tales razones</p>
<p>Lloró Estúñiga, escondido</p>
<p>En su celada, y lloraron</p>
<p>Hasta los armados mismos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ambos buenos religiosos</p>
<p>Cumplieron bien en su oficio,</p>
<p>Consolando al Condestable</p>
<p>Con discreción y con tino;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y él, oyéndolos atento,</p>
<p>Siguió la marcha tranquilo,</p>
<p>Sin dar de dolor ni susto</p>
<p>En su noble rostro viso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Álvaro De Luna &#8211; Romance Tercero &#8211; Las Calles. — La Capilla. — El Palacio</strong></h3>
<p>Para quien al día siguiente</p>
<p>Mira la muerte segura,</p>
<p>El declinar de la tarde</p>
<p>Solemnidad tiene mucha</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el sol, que va a ponerse,</p>
<p>Y espeso vapor ofusca</p>
<p>(Semejante a un rey que el trono</p>
<p>A su pesar desocupa,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dignidad conservando</p>
<p>Del mundo huye, y se sepulta</p>
<p>Donde los hombres no advierten</p>
<p>Su dolor y desventuras),</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con honda atención los ojos</p>
<p>Clavó don Alvaro de Luna.</p>
<p>Así que lo vió traspuesto</p>
<p>Lanzó un suspiro de angustia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como el que lanza el amante,</p>
<p>Cuando el horizonte oculta</p>
<p>El bajel, en que su amada</p>
<p>Los desiertos mares surca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para no volver. Ansioso</p>
<p>Lleva sus miradas mudas</p>
<p>A los montes apartados,</p>
<p>Cuyas cumbres aun relumbran,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los ya enlutados bosques,</p>
<p>A las calladas llanuras,</p>
<p>A los altos campanarios</p>
<p>Que entre nieblas se dibujan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Retardar el despedirse</p>
<p>De la perspectiva augusta</p>
<p>Que presenta el universo,</p>
<p>Parece que sólo busca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al notar que poco a poco</p>
<p>La luz menguante y confusa</p>
<p>Del crepúsculo confunde</p>
<p>La escena que la circunda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piensa ya ver de la muerte</p>
<p>La terrible sombra, en cuya</p>
<p>Obscuridad para siempre</p>
<p>Corre a hundirse, y se atribula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus pensamientos penetran</p>
<p>Los doctos frailes, y endulzan</p>
<p>Con eternas esperanzas</p>
<p>Su meditación profunda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre dos luces llegaron</p>
<p>A Valladolid, y turba</p>
<p>Desordenada en las calles</p>
<p>Con sordo rumor circula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Alonso López Vivero</p>
<p>Por la calle y casa cruzan,</p>
<p>Donde viven sus criados,</p>
<p>Donde llora su viuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquéllos, como canalla</p>
<p>Que si al poderoso adula,</p>
<p>En cuanto le ve caído</p>
<p>Feroz le escarnece y burla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la cabalgata el paso</p>
<p>Atajan con negra furia,</p>
<p>Y con denuestos y voces</p>
<p>Al ilustre preso insultan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este, furioso (presente</p>
<p>El tiempo pasado juzga,</p>
<p>Que aun conserva el poderío,</p>
<p>Que aun domina a la fortuna)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lleva soberbio la mano</p>
<p>A buscar en su cintura</p>
<p>La guarnición de la espada&#8230;</p>
<p>Mes ¡ay! en vano la busca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Va preso&#8230; espada no lleva&#8230;</p>
<p>¡Ah!&#8230; Lo advierte, y furibunda</p>
<p>Mirada va a dar al cielo,</p>
<p>Mas se anonada y conturba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queda. con los ojos fijas,</p>
<p>Parece su faz difunta;</p>
<p>Tiembla, y en sudor helado</p>
<p>Sus miembros todos se inundan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Delante se halla un espectro&#8230;</p>
<p>¡ Un espectro!&#8230; Sí: la mula</p>
<p>Algo ve también ; esquiva</p>
<p>Se recela, empina y bufa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿De Alonso López Vivero</p>
<p>Ha salido de la tumba</p>
<p>La sombra? De duque el Maestre</p>
<p>Ante sí la vió no hay duda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En confesión se lo dijo</p>
<p>Aquella noche con muchas</p>
<p>Lágrimas al padre Espina&#8230;</p>
<p>De Dios la venganza es justa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el cuento de la lanza</p>
<p>A palos abre la turba</p>
<p>Estúñiga, denodado,</p>
<p>Y la atropella y asusta;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en salvo al ilustre preso</p>
<p>Condujo a la casa suya:</p>
<p>En que estaba preparada</p>
<p>Una capilla segura,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde pasó el Condestable,</p>
<p>Con la espiritual ayuda,</p>
<p>Noche serena, pidiendo</p>
<p>A Dios perdón de sus culpas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cenó, durmió cortos ratos,</p>
<p>Repitió también algunas</p>
<p>Trovas del famoso Mena,</p>
<p>Que pintan como locuras</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las mudanzas ambiciones:</p>
<p>Oró con fervor; en suma</p>
<p>Fué un cristiano, un caballero,</p>
<p>Un hombre de fe y de alcurnia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre tanto, el que parece</p>
<p>Ser el reo, a quien la dura</p>
<p>Sentencia estaba leída,</p>
<p>Y a quien la cuchilla aguda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del verdugo amenazaba,</p>
<p>Era el Rey&#8230; ¡Mísero! lucha,</p>
<p>Náufrago desventurado,</p>
<p>En airado mar de angustias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ama a. Don Alvaro, mira</p>
<p>Su sentencia como injusta;</p>
<p>De la Reina y de los Grandes</p>
<p>Se la ha arrancado la furia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que su trono se desploma,</p>
<p>Y hasta su existencia juzga,</p>
<p>Y que, al morir el Maestre,</p>
<p>Abrazadas irán juntas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El alma de aquel amigo</p>
<p>Y el alma afligida suya.</p>
<p>¡Grande mal es la flaqueza</p>
<p>En hombre que cetro empuña!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Revolcándose en su lecho,</p>
<p>Rasgando sus vestiduras,</p>
<p>Paseándose sin tino</p>
<p>Por la cámara, que alumbra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una lámpara medrosa,</p>
<p>Que en el cortinaje abulta</p>
<p>Vagas sombras&#8230; ¡infelice</p>
<p>¡Qué noche pasó!&#8230; Que ocupa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve un rincón de aquella sala,</p>
<p>De pie con la boca muda,</p>
<p>Su físico Fernán Gómez,</p>
<p>A él se va, las manos juntas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y suplicante le dice:</p>
<p>«Si es que mi salud procuras,</p>
<p>Anda a ver al Condestable,</p>
<p>Así Dios te dé su ayuda»,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El bachiller respondióle:</p>
<p>«Le debo mercedes muchas,</p>
<p>Perdone vueseñoría;</p>
<p>No oso verle en tal angustia».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conmovido el Rey, en llanto</p>
<p>Rompió y en voces confusas,</p>
<p>Que el alma a Gómez partieron,</p>
<p>Según dicen cartas suyas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entró al estruendo la Reina</p>
<p>En la cámara, cual una</p>
<p>Aparición, como maga</p>
<p>Que viene a doblar astuta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los encantos y conjuros</p>
<p>Con que alto preso asegura,</p>
<p>Y con que la empresa afirma,</p>
<p>De que pende su fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Calló el Rey, quedó de mármol</p>
<p>Al verla: ella le pregunta:</p>
<p>«Qué es esto?» Y oyendo, «Nada».</p>
<p>Retiróse muy adusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Largo rato el Rey estuvo,</p>
<p>Cual ligado por la oculta</p>
<p>Fuerza del prestigio. Luego</p>
<p>Torna a más reñida pugna</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De afectos: la amistad vence,</p>
<p>Llama con voz resoluta</p>
<p>A Solís, su maestresala,</p>
<p>Dícele: «Al momento busca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Diego Estúñiga, y dile&#8230;»</p>
<p>En su garganta se anuda</p>
<p>La voz, porque entra la Reina</p>
<p>Otra vez&#8230; calla y trasuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Reina a Solís llevóse,</p>
<p>Y el Rey abrió con presura</p>
<p>El balcón, cual si quisiese</p>
<p>Gozar del aura nocturna:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el trono, cetro y corona</p>
<p>Maldiciendo en voces mudas,</p>
<p>Ojos de lágrimas llenos</p>
<p>Clavó en la menguante luna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Álvaro De Luna &#8211; Romance Cuarto &#8211; La Plaza</strong></h3>
<p>Mediada está la mañana;</p>
<p>Ya el fatal momento llega,</p>
<p>Y Don Álvaro de Luna</p>
<p>Sin turbarse oye la seña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recibe la Eucaristía,</p>
<p>Y en Dios la esperanza puesta,</p>
<p>Sereno baja a la calle,</p>
<p>Donde la escolta le espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cabalga sobre su mula,</p>
<p>Que adorna gualdrapa negra,</p>
<p>Y tan airoso cabalga,</p>
<p>Cual para batalla o fiesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un sayo de paño negro,</p>
<p>Sin insignia ni venera,</p>
<p>Es su traje, y con el garbo</p>
<p>Que un manto triunfal, lo lleva;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sin toca ni birrete,</p>
<p>Ni otro adorno, descubierta,</p>
<p>Bien aliñado el cabello,</p>
<p>La levantada cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las dos padres franciscanos</p>
<p>Se asen de las estriberas,</p>
<p>Y hombres de armas, en buen orden,</p>
<p>Le custodian y le cercan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así camina el Maestre,</p>
<p>Con tan gallarda presencia</p>
<p>Y con tan sereno rostro,</p>
<p>Que impone a cuantos le encuentran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus enemigos no osan</p>
<p>Clavar la vista soberbia</p>
<p>En él, como consternados</p>
<p>Ya de su venganza horrenda:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus partidarios parecen</p>
<p>Decirle con mudas lenguas,</p>
<p>Que aun morirán por salvarle</p>
<p>Y encenderán civil guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquel silencio terrible</p>
<p>Por todas las calles reina,</p>
<p>Que o gran terror o despecho</p>
<p>Grande siempre manifiesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencio que solamente</p>
<p>De cuando en cuando se quiebra</p>
<p>Con la voz del pregonero,</p>
<p>Que a los más valientes hiela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diciendo : «Esta es la justicia</p>
<p>Que facer el Rey ordena</p>
<p>A este usurpador tirano</p>
<p>De su corona y sin hacienda».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre que oye el Condestable</p>
<p>Este vil pregón, aprieta</p>
<p>La mano del padre Espina,</p>
<p>Que en voz sumisa le esfuerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arriba, a la triste plaza,</p>
<p>Que ha pocos días le viera</p>
<p>Tan galán en el torneo,</p>
<p>Con tal poder y opulencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El apretado concurso</p>
<p>El cuadrado espacio llena;</p>
<p>Vese una masa compacta</p>
<p>De rostros y de cabezas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece que el pavimento</p>
<p>Se ha elevado de la tierra,</p>
<p>que casas y palacios,</p>
<p>Su basa han hundido en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un callejón, que tapiales</p>
<p>De hombres apiñados cierran,</p>
<p>Sirviéndole de linderos</p>
<p>Lanzas en vez de arboleda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ofrece paso hasta donde</p>
<p>Lecho de muerte descuella,</p>
<p>En mitad del gran gentío,</p>
<p>Que como la mar olea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El reducido tablado,</p>
<p>Enlutado con bayetas,</p>
<p>Una. gran tumba, parece</p>
<p>Que el pueblo en hombros sustenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre él está colocado</p>
<p>Un altar, a la derecha,</p>
<p>De terciopelo vestido;</p>
<p>Y entre amarillas candelas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuya, luz el sol deslustra</p>
<p>Y arder el viento no deja,</p>
<p>Un crucifijo de plata</p>
<p>En cruz de ébano campea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yace un ataúd humilde</p>
<p>Colocado a la izquierda:</p>
<p>Cerca de él se ve una escarpia</p>
<p>En un pilar de madera;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en medio, de firme, un tajo,</p>
<p>Delante una almohada negra,</p>
<p>Y una hacha, en cuya cuchilla</p>
<p>Los rayos del sol reflejan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pie del cadalso, el reo</p>
<p>De la, alta, mula se apea</p>
<p>Fervoroso, el padre Espina</p>
<p>Con él sube y no le deja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pie, ya, sobre el tablado,</p>
<p>Tres personas se presentan</p>
<p>A las medrosas miradas</p>
<p>De la muchedumbre inmensa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ministro de la muerte,</p>
<p>El que lo es de vida eterna,</p>
<p>Y el que, dando al uno el cuerpo,</p>
<p>Al otro el alma encomienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Turbado el tosco verdugo</p>
<p>De atreverse a tal alteza,</p>
<p>Necio terror da a su frente,</p>
<p>Que cubre jalde montera,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El religioso, metido</p>
<p>En su capucha, se queda</p>
<p>De mármol, cruza los brazos,</p>
<p>Y con fervor mudo, reza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Condestable, sereno,</p>
<p>El pie al crucifijo besa,</p>
<p>Y luego tiende los ojos</p>
<p>Por la turba que le observa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y viendo junto al tablado</p>
<p>En actitud lastimera</p>
<p>A Morales, su escudero,</p>
<p>Hecho de lealtad emblema,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le llama; de oro un anillo,</p>
<p>Que el sello de sellar era</p>
<p>De su puridad las cartas,</p>
<p>Del pulgar quita, y le entrega,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diciéndole: «Amigo, toma,</p>
<p>Ya no conservo otra prenda».</p>
<p>Después atisbó a Barrasa,</p>
<p>Paje del Príncipe, cerca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y así le habló en voz sonora:</p>
<p>«Dile a tu dueño que vea</p>
<p>De dar a los que le sirvan</p>
<p>Otra mejor recompensa».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viendo el pilar y la escarpia,</p>
<p>«¿Para qué?» pregunta. Tiembla</p>
<p>El sayón, y le responde,</p>
<p>Hablar no osando, por señas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y prosiguió el Condestable</p>
<p>Con una sonrisa acerba:</p>
<p>«Después de yo degollado,</p>
<p>Nada son cuerpo y cabeza».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces el padre Espina</p>
<p>Que piense sólo, le ruega,</p>
<p>En Dios; y él, «Padre, es mi norte</p>
<p>Y mi esperanza», contesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se ajusta el traje, descubre</p>
<p>La garganta, ve que llega</p>
<p>El verdugo para atarle</p>
<p>Las manos con una cuerda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saca del seno una cinta</p>
<p>Labrada con oro y seda,</p>
<p>Y, «Átalas —le dice— amigo,</p>
<p>Si es necesario, con ésta».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De hinojos en la almohada</p>
<p>Se pone, el cuello presenta,</p>
<p>El religioso le grita:</p>
<p>«Dios te abre los brazos, vuela».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hacha cae como un rayo,</p>
<p>Salta la insigne cabeza,</p>
<p>Se alza universal gemido,</p>
<p>Y tres campanadas suenan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Fratricidio &#8211; Romance Tercero &#8211; El Dormido</strong></h3>
<p>Anuncia, ya medianoche</p>
<p>La campana de la vela,</p>
<p>Cuando un farol aparece</p>
<p>De Claquín ante la tienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no mísero piloto</p>
<p>Que sobre escollos navega,</p>
<p>Perdido el rumbo y el norte</p>
<p>En,noche espantosa y negra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve al doblar una alta roca</p>
<p>Del faro amigo la estrella,</p>
<p>Indicándole el abrigo</p>
<p>De seguro puerto cerca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con más placer, que Sanabria</p>
<p>La luz que el alma le llena</p>
<p>De consuelo, y que anhelante</p>
<p>Esperó entre las almenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Latiéndole el noble pecho</p>
<p>Desciende súbito de ellas,</p>
<p>Y ciego bulto entre sombras</p>
<p>El corredor atraviesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin detenerse un instante</p>
<p>Hasta la cámara llega</p>
<p>Do el rey Don Pedro descanso</p>
<p>Buscó por la vez postrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo Sanabria la. Llave</p>
<p>Tiene de la estancia regia,</p>
<p>Que a noble de tanta estima</p>
<p>Solamente el Rey la entrega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuidando de no hacer ruido</p>
<p>Abre la férrea puerta,,</p>
<p>Y al penetrar sus umbrales</p>
<p>Súbito espanto le hiela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No de aquel respeto propio</p>
<p>De vasallo, que se acerca</p>
<p>A postrarse reverente</p>
<p>De su rey en la presencia;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aquel que agobiaba a todos</p>
<p>Los hombres de aquella era,</p>
<p>Al hallarse de improviso</p>
<p>Con el rey Don Pedro cerca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sino de más alto origen,</p>
<p>Cual si en la cámara hubiera</p>
<p>Una cosa inexplicable,</p>
<p>sobrenatural, tremenda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del hogar la estancia toda</p>
<p>Falsa luz recibe apenas</p>
<p>Por las azuladas llamas</p>
<p>De una lumbre casi muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los altos pilarones,</p>
<p>Y las sombras que proyectan</p>
<p>En pavimento y paredes,</p>
<p>Y el humo leve que vuela</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la bóveda y los lazos</p>
<p>Y los mascarones de ella,</p>
<p>Y las armas y estandartes</p>
<p>Que pendientes la rodean,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo parece movible,</p>
<p>Todo de formas siniestras,</p>
<p>A los trémulos respiros</p>
<p>De la ahogada chimenea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Men Rodríguez de Sanabria</p>
<p>Al entrar en tal escena</p>
<p>Se siente desfallecido,</p>
<p>Y sus duros miembros tiemblan,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Advirtiendo que Don Pedro,</p>
<p>No en su lecho, sino en tierra,</p>
<p>Yace tendido y convulso,</p>
<p>Pues se mueve y se revuelca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el estoque empuñado,</p>
<p>Medio de la vaina fuera,</p>
<p>Con las ropas, desgarradas,</p>
<p>Y que solloza y se queja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiere ir a darle socorro&#8230;</p>
<p>Mas ¡ay!&#8230; ¡en vano lo intenta!</p>
<p>En un mármol convertido</p>
<p>Quédase clavado en tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oyendo al Rey balbuciente,</p>
<p>So la infernal influencia</p>
<p>De ahogadora pesadilla,</p>
<p>Prorrumpir de esta manera:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Doña, Leonor&#8230; ¡ vil madrastra!</p>
<p>Quita, quita&#8230;, que me aprietas</p>
<p>El corazón con tus manos</p>
<p>De hierro encendido&#8230;, espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Don Fadrique, no me ahogues&#8230;,</p>
<p>No me mires, que me quemas.</p>
<p>¡Tello!&#8230; ¡Coronel!&#8230; ¡Osorio!&#8230;</p>
<p>¿Qué queréis? Traidores, ¡ea!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mil vidas os arrancara.</p>
<p>¿No tembláis.?&#8230; Dejadme&#8230; afuera</p>
<p>¿También tú, Blanca&#8230; y aun tienes</p>
<p>Mi corona en tu cabeza&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Osas maldecirme? ¡ Inicua!</p>
<p>Hasta Bermejo se acerca&#8230;</p>
<p>¡Moro infame!&#8230; Temblad todos.</p>
<p>Mas, qué turba, me rodea?&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Zorzo, a ellos: sus, Juan Diente</p>
<p>¿Aun todos viven?&#8230; Pues mueran.</p>
<p>Ved que soy el rey Don Pedro,</p>
<p>Dueño de vuestras cabezas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¡Ay, que estoy nadando en sangre!</p>
<p>¿Qué espadas, decid, son esas &#8230;.</p>
<p>¿Qué dogales?&#8230; ¿Qué venenos?&#8230;</p>
<p>¿Qué huesos? &#8230;. ¿Qué calaveras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Roncas trompetas escucho&#8230;</p>
<p>Un ejército me acerca,</p>
<p>¿Y yo a pie?&#8230; Denme un caballo</p>
<p>Y una lanza&#8230; vengan, vengan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Un caballo y una lanza.</p>
<p>¿Qué es el mundo en mi presencia?</p>
<p>Por vengarme doy mi vida,</p>
<p>Por un corcel mi diadema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿No hay quién a su Rey socorra?»</p>
<p>A tal conjuro se esfuerza</p>
<p>Sanabria, su pasmo vence</p>
<p>y exclama: «Conmigo cuenta».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sacar al Rey acude</p>
<p>De la pesadilla, horrenda:</p>
<p>«¡Mi Rey!, ¡mi señor!», le grita,</p>
<p>Y lo mueve, y lo despierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abre los ojos Don Pedro</p>
<p>Y se confunde y se aterra</p>
<p>Hallándose en tal,</p>
<p>Y con un hombre tan cerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas luego que reconoce</p>
<p>Al noble Sanabria, alienta,</p>
<p>Y, «Soñé que andaba a caza»,</p>
<p>Dice con turbada lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sudoroso, vacilante,</p>
<p>Se alza del suelo, se sienta</p>
<p>En un sillón, y pregunta:</p>
<p>«¿Hay, Sanabria, alguna nueva?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Señor —responde Sanabria—,</p>
<p>El francés hizo la seña».</p>
<p>«Pues vamos —dice Don Pedro—,</p>
<p>Haga el cielo lo que quiera».</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Tercero</strong></h3>
<p>Cual de solitaria torre</p>
<p>En torno están revolando</p>
<p>Fieras aves de rapiña,</p>
<p>Cuando el sol baja al ocaso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en torno de Don Pedro</p>
<p>Vuelan pensamientos varios,</p>
<p>Cuyas sombras ofuscaban</p>
<p>De su semblante los rasgos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya ocupa su airada mente</p>
<p>El poder de sus hermanos,</p>
<p>A los que mató la madre,</p>
<p>Y a quienes llama bastardos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de los grandes inquietos</p>
<p>La insolencia y desacato,</p>
<p>O la mengua del tesoro</p>
<p>Sin medios de repararlo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la linda Doña Aldonza,</p>
<p>A quien tiene a buen recaudo;</p>
<p>O las sangrientas fantasmas</p>
<p>De inocentes que ha matado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya una proyectada empresa</p>
<p>Rompiendo la fe de un pacto,</p>
<p>Contra el moro granadino,</p>
<p>O una traición o un engaño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, como las mismas aves</p>
<p>Se van escondiendo al cabo,</p>
<p>Entre las almenas rotas</p>
<p>Del castillo solitario,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sólo constante queda,</p>
<p>En torno de él volteando,</p>
<p>La más voraz, la más fuerte,</p>
<p>La que no admite descanso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así aquel tropel confuso</p>
<p>De pensamientos extraños,</p>
<p>En que se encontró Don Pedro</p>
<p>Envuelto pequeño rato,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su pecho y su cabeza</p>
<p>Fueron nidos encontrando,</p>
<p>Y quedó despierta y viva,</p>
<p>Dándole gran sobresalto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imagen de Don Fadrique,</p>
<p>El mejor de sus hermanos,</p>
<p>Norma de los caballeros</p>
<p>Y Maestre de Santiago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del rey de Aragón acaba</p>
<p>Don Fadrigue el esforzado</p>
<p>De conquistar a Jumilla,</p>
<p>Con noble denuedo y brazo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja, en lugar de las barras,</p>
<p>Los castillos tremolando,</p>
<p>Y viene a entregar las llaves</p>
<p>A su Rey, señor y hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe el Rey que no es rebelde,</p>
<p>Que es su amigo y partidario,</p>
<p>Y más que a Tello y a Enrique</p>
<p>Lo está embravecido odiando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Fadrique fué el que tuvo</p>
<p>De venir a Francia encargo</p>
<p>Por la reina doña Blanca,</p>
<p>Mas tardó en llevarla un año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ella en Narbona estuvo&#8230;</p>
<p>Y un rumor corrió entre tanto</p>
<p>De aquellos que son ponzoña,</p>
<p>Ora ciertos, ora falsos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doña, Blanca está en Medina,</p>
<p>Y en una torre pagando</p>
<p>Las tardanzas del viaje,</p>
<p>Las hablillas de palacio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el cuello de Don Fadrique</p>
<p>Está en los hombros intacto,</p>
<p>Porque tiene gran valía,</p>
<p>Poder mucho y nombre claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay de él!&#8230; Es de las damas</p>
<p>El ídolo por su trato,</p>
<p>Por su gallarda presencia</p>
<p>Y por su esfuerzo bizarro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si no da sombra al trono,</p>
<p>Porque es fiel, da, ¡mal pecado!</p>
<p>Al corazón duros celos,</p>
<p>Y esto es peor, si aquello es malo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doña María Padilla,</p>
<p>Cuyo entendimiento claro</p>
<p>Del regio amante penetra</p>
<p>Los más ocultos arcanos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en quien la bondad del alma</p>
<p>Sobrepuja a los encantos</p>
<p>De su peregrino rostro</p>
<p>Y de su cuerpo gallardo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vive víctima infelice</p>
<p>De continuo sobresalto,</p>
<p>Porque al Rey ama, y le mira</p>
<p>A mal fin tender el paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conoce que sobre sangre,</p>
<p>Persecuciones y llantos</p>
<p>No está nunca firme un trono,</p>
<p>Nunca seguro un palacio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tiene dos tiernas niñas</p>
<p>Que con otro padre acaso,</p>
<p>Aunque ilegítimo fruto,</p>
<p>Pudieran todo esperarlo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve en el insigne Fadrique</p>
<p>Un apoyo, un partidario;</p>
<p>Sabe que llega a Sevilla,</p>
<p>Y a voces le está indicando</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su fiero amante el rostro,</p>
<p>Que viene en momento aciago;</p>
<p>Y por aquietar sospechas,</p>
<p>O darles punto más alto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin, rompiendo el silencio,</p>
<p>Aunque con trémulos labios,</p>
<p>Osó hablar, y estas palabras</p>
<p>Entre los dos se mezclaron:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Con que hoy llegará triunfante</p>
<p>Don Fadrique, vuestro hermano?»</p>
<p>«Y por cierto que ya tarda</p>
<p>En llegar aquí el bastardo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien os sirve&#8230;!» «Sí; en Jumilla</p>
<p>Como un héroe se ha portado».</p>
<p>«De su lealtad os da prueba;</p>
<p>Es muy valiente». «Lo es harto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Ya estaréis, señor, seguro</p>
<p>De su pecho noble y franco».</p>
<p>«Aun más lo estaré mañana».</p>
<p>Enmudecieron entrambos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Fratricidio &#8211; Romance Cuarto &#8211; Los Dos Hermanos</strong></h3>
<p>De Mosén Beltrán Claquín</p>
<p>Ante la tienda, de pronto,</p>
<p>Páranse dos caballeros</p>
<p>Ocultos en los embozos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El rey Don Pedro era el uno,</p>
<p>Rodríguez Sanabria el otro,</p>
<p>Que en la fe de un enemigo</p>
<p>Piensan encontrar socorro,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con gran priesa descabalgan,</p>
<p>Y ya se encuentran en torno</p>
<p>Rodeados de franceses</p>
<p>Armados y silenciosos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuyos cascos gascones,</p>
<p>Y en cuyos azules ojos</p>
<p>Refleja el farol, que alumbra</p>
<p>Cual siniestro meteoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entran dentro de la tienda</p>
<p>Ya vacilantes, pues todo</p>
<p>Empiezan a verlo entonces</p>
<p>De aspecto siniestro y torvo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una lámpara de azófar</p>
<p>La alumbra trémula y poco;</p>
<p>Mas dejan ver un bufete,</p>
<p>Un sillón de roble tosco,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un lecho y una armadura,</p>
<p>Y lo que fue más asombro,</p>
<p>Cuatro hombres de armas inmobles,</p>
<p>De acero vivos escollos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Pedro se desemboza</p>
<p>Y, «Vamos ya», dice ronco;</p>
<p>Y al instante uno de aquéllos,</p>
<p>Con una mano de plomo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que una manopla vestía</p>
<p>De dura malla, brioso</p>
<p>Ase el regio brazo y dice:</p>
<p>«Esperad, que será poco».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al mismo tiempo a Sanabria</p>
<p>Por detrás sujetan otros,</p>
<p>Arráncale de improviso</p>
<p>La espada, y cúbrenle el rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Traición!&#8230; ¡traición!&#8230; gritan ambos,</p>
<p>Luchando con noble arrojo ;</p>
<p>Cuando entre antorchas y lanzas</p>
<p>En la escena entran de pronto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Beltrán Claquín, desarmado,</p>
<p>Y don Enrique, furioso,</p>
<p>Cubierto de pie a cabeza</p>
<p>De un arnés de plata y oro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ardiendo limpia en su mano</p>
<p>La desnuda. daga, como</p>
<p>Arde el rayo de los cielos</p>
<p>Que va a trastornar el polo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Don Pedro el brazo suelta</p>
<p>El forzudo armado, y todo</p>
<p>Queda en profundo silencio,</p>
<p>Silencio de horror y asombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni Enrique a Pedro conoce,</p>
<p>Ni Pedro a Enrique: apartólos</p>
<p>El cielo hace muchos años,</p>
<p>Años de agravios y enconos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un mar de rugiente sangre,</p>
<p>De huesos un promontorio,</p>
<p>De crímenes un abismo</p>
<p>Poniendo entre el uno y otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Enrique fué el primero</p>
<p>Que con satánico tono,</p>
<p>«¿Quién de estos dos es —prorrumpe—</p>
<p>El objeto de mis, odios?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Vil bastardo —le responde</p>
<p>Don Pedro, iracundo y torvo—,</p>
<p>Yo soy tu rey; tiembla, aleve;</p>
<p>Hunde tu frente en el polvo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se embisten los dos hermanos;</p>
<p>Y don Enrigue, furioso</p>
<p>Como tigre embravecido,</p>
<p>Hiere a Don Pedro en el rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Pedro, cual león rugiente,</p>
<p>¡Taidor.!, grita; por los ojos</p>
<p>Lanza infernal fuego, abraza</p>
<p>A su armado hermano, como</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la colmena ligera</p>
<p>Feroz y forzudo el oso,</p>
<p>Y traban lucha espantosa</p>
<p>Que el mundo contempla absorto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caen al suelo, se revuelcan,</p>
<p>Se hieren de un lado y otro,</p>
<p>La tierra inundan en sangre,</p>
<p>Lidian cual canes rabiosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se destrozan, se maldicen,</p>
<p>Dagas, dientes, uñas, todo</p>
<p>Es da aquellos dos hermanos</p>
<p>A saciar la furia poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedro a Enrique al cabo pone</p>
<p>Debajo, y se apresta ansioso,</p>
<p>De su crueldad o justicia</p>
<p>A dar nuevo testimonio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Claquín (¡ oh desgracia!</p>
<p>En nuestros debates propios</p>
<p>Siempre ha de haber extranjeros</p>
<p>Que decidan a su antojo),</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Claquin, trastornando</p>
<p>La suerte, llega de pronto,</p>
<p>Sujeta a Don Pedro, y pone</p>
<p>Sobre él a Enrique alevoso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diciendo el aventurero</p>
<p>De tal maldad es abono:</p>
<p>«Sirvo en esto a mi señor;</p>
<p>Ni rey quito, ni rey pongo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No duró más el combate;</p>
<p>De su rey en lo más hondo</p>
<p>Del corazón la corona</p>
<p>Busca Enrique, hunde hasta el pomo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El acero fratricida,</p>
<p>Y con él el puño todo</p>
<p>Para asegurarse de ella,</p>
<p>Para, agarrarla furioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la sacó&#8230; goteando</p>
<p>¡Sangre!&#8230; De funesto gozo</p>
<p>Retumbó en el campo un viva</p>
<p>Y el infierno repitiólo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Quinto</strong></h3>
<p>Diz que el ver sangre embravece</p>
<p>Al tigre con tanto extremo,</p>
<p>Que prosigue los destrozos,</p>
<p>Aunque ya esté satisfecho</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su vientre, porque se goza</p>
<p>En teñir de rojo el suelo.</p>
<p>Sin duda, al Rey de Castilla</p>
<p>Le sucedía lo mesmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto vió a Don Fadrique</p>
<p>Desplomarse en tierra yerto,</p>
<p>Corrió por palacio todo</p>
<p>Buscando a, sus escuderos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que, trémulos y amarillos,</p>
<p>De aposento en aposento,</p>
<p>Huyen, sin hallar amparo,</p>
<p>Corren, sin hallar un puerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por dicha logró fugarse</p>
<p>O esconderse el uno de ellos;</p>
<p>Sancho Villegas, el otro,</p>
<p>No fué tan feliz o diestro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viendo que el Rey le persigue,</p>
<p>Entróse de espanto muerto,</p>
<p>Donde estaba la Padilla</p>
<p>Desmayada y en su lecho,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asistida por sus damas</p>
<p>Que están temblando de miedo,</p>
<p>Y con sus niñas al lado,</p>
<p>Angeles en alma y cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirando allí el infelice</p>
<p>Aun perseguirle el espectro,</p>
<p>Que en asilos no repara,</p>
<p>Coge en sus brazos de presto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Doña Beatriz, que apenas</p>
<p>Cuenta seis años completos,</p>
<p>Hija por quien el Rey tiene</p>
<p>El más cariñoso extremo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ¡ay! de nada le sirve&#8230;</p>
<p>En vano allá en el desierto</p>
<p>Con la cruz santa se abraza</p>
<p>El peregrino, si recio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brama el Sur, si arde el espacio,</p>
<p>Si olas de arena, creciendo</p>
<p>Mar espantoso, confunden</p>
<p>La baja tierra y el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la niña entre los brazos,</p>
<p>Y de rodillas, el pecho</p>
<p>Traspasóle furibunda</p>
<p>La daga del rey Don Pedro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual si no hubiese en palacio</p>
<p>Nada ocurrido de nuevo,</p>
<p>Se asentó el Rey a la mesa,</p>
<p>Como acostumbra, comiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jugó en seguida a las tabias,</p>
<p>Salió después a paseo,</p>
<p>Fué a ver. armar las galeras</p>
<p>Que han de ir a Vizcaya luego;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en cuanto cubrió la noche</p>
<p>Con, su manto el hemisferio,</p>
<p>Entró en la Torre del Oro,</p>
<p>Donde tiene en un encierro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la linda doña Aldonza,</p>
<p>A la cual del monasterio</p>
<p>De Santa Clara ha sacado,</p>
<p>Y a la que idolatra ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fué un rato a hablar en seguida</p>
<p>Con Leví, su tesorero,</p>
<p>En quien tiene su privanza</p>
<p>Aunque es un infame hebreo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y muy tarde retiróse,</p>
<p>Sin más acompañaniento</p>
<p>Que un moro, su favorito,</p>
<p>Hombre bajo, por supuesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entró en el tranquilo Alcázar,</p>
<p>Llegó al vestíbulo excelso,</p>
<p>Y en él paróse un instante</p>
<p>La vista en torno moviendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una lámpara pendiente</p>
<p>Del artesonado techo</p>
<p>En derredor derramaba</p>
<p>Ya sombras, y ya reflejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre las tersas columnas</p>
<p>Dos hombres de armas, dos negros</p>
<p>Bultos paseaban solos,</p>
<p>Vigilantes y en silencio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tierra aun tendido estaba,</p>
<p>De un lago de sangre en medio,</p>
<p>El maestre Don Fadrigue</p>
<p>En su roto manto envuelto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se acercó el Rey, contemplóle</p>
<p>Con atención un momento,</p>
<p>Y notando que no estaba</p>
<p>Del todo su hermano muerto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues aun respiraba acaso</p>
<p>Palpitante el hondo pecho,</p>
<p>Le dió con. el pie un empuje</p>
<p>Que hizo estremecer el cuerpo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desnudó la aguda daga,</p>
<p>Al moro la dió, diciendo:</p>
<p>«Acábalo», y, sosegado,</p>
<p>Subió y entregóse al sueño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Primero</strong></h3>
<p>Magnífico es el Alcázar</p>
<p>Con que se ilustra Sevilla,</p>
<p>Deliciosos sus jardines,</p>
<p>Su excelsa portada rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De maderos entallados</p>
<p>En mil labores prolijas,</p>
<p>Se levanta el frontispicio</p>
<p>De resaltadas cornisas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay en ellas un letrero</p>
<p>Donde, con letras antiguas,</p>
<p>Don Pedro hizo estos palacios</p>
<p>Esculpido se divisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mal dicen en sus salones</p>
<p>Las modernas fruslerías;</p>
<p>Mal en sus soberbios patios</p>
<p>Gente sin barba y ropilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántas apacibles tardes,</p>
<p>En la grata compañía</p>
<p>De chistosos sevillanos</p>
<p>Y de sevillanas lindas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recorrí aquellos verjeles,</p>
<p>En cuya entrada se miran</p>
<p>Gigantes de arrayán hechos</p>
<p>Con actitudes distintas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las adelfas y naranjos</p>
<p>Forman calles extendidas,</p>
<p>Y un oscuro laberinto</p>
<p>Que a los hurtos de amor brinda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay en tierra surtidores</p>
<p>Escondidos; se inprovisan,</p>
<p>Saltando entre los mosaicos</p>
<p>De pintadas piedrecillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a los forasteros mojan,</p>
<p>Con algazara y con risa</p>
<p>De los que, ya escarmentados,</p>
<p>El chasco pesado evitan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las tardes del estío,</p>
<p>Cuando al ocaso declina</p>
<p>El sol entre leves nubes,</p>
<p>Que de oro y grana matiza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel trasparente cielo</p>
<p>Con ráfagas purpurinas,</p>
<p>Cortado por un celaje</p>
<p>Que el céfiro manso riza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella atmósfera ardiente</p>
<p>En que fuego se respira,</p>
<p>¡Qué languidez dan al cuerpo!</p>
<p>¡Qué temple al alma divina!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los baños, tan famosos</p>
<p>Por quien los gozó, la vista,</p>
<p>La del soberbio edificio,</p>
<p>Obra gótica y morisca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tétrico en partes, en partes</p>
<p>Alegre, y en el que indican</p>
<p>Los dominios diferentes,</p>
<p>Ya reparos, ya ruinas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con recuerdos y memorias</p>
<p>De las edades antiguas</p>
<p>Y de los modernos años,</p>
<p>Embargan la fantasía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El azahar y los jazmines,</p>
<p>Que si los ojos hechizan,</p>
<p>Embalsaman el ambiente</p>
<p>Con los aromas que espiran;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las fuentes el mumurio,</p>
<p>La, lejana gritería,</p>
<p>Que de la ciudad, del río,</p>
<p>De la alameda, contigua</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Trina y de la puente</p>
<p>Confusa llega perdida,</p>
<p>Con el son de las campanas</p>
<p>Que en la alta Giralda vibran,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Forman un todo encantado,</p>
<p>Que nunca jamás se olvida,</p>
<p>Y que, al recordarlo, siempre</p>
<p>Mi alma, y corazón palpitan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas de1iciosas noches,</p>
<p>Cuando aun ardiente latía</p>
<p>Mi ya helado pecho, alegres,</p>
<p>De concurrencia escogida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vi aquellos salones llenas,</p>
<p>Y a la juventud, cuadrillas</p>
<p>O contradanzas bailando</p>
<p>Al son de orquestas festivas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En !as doradas techumbres</p>
<p>Los pasos, la charla y risas</p>
<p>De las parejas gallardas,</p>
<p>Por amor tal vez unidas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el son de los violines</p>
<p>Confundidos se extendían,</p>
<p>Acordes ecos hallando</p>
<p>Por las esmaltadas cimbrias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay! aquellos pensiles</p>
<p>No he pisado un solo día,</p>
<p>Sin ver (¡sueños de mi mente!)</p>
<p>La sombra, de la Padilla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lanzando un hondo gemido,</p>
<p>Cruzar leve ante mi vista,</p>
<p>Como un vapor, como un humo,</p>
<p>Que entre los árboles gira;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni entré en aquellos salones,</p>
<p>Sin figurárseme erguida,</p>
<p>Del fundador la fantasma</p>
<p>En helada sangre tinta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni en el vestíbulo obscuro,</p>
<p>El que tiene en la cornisa</p>
<p>De los reyes los retratos,</p>
<p>El que en columnas estriba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al que adornan azulejos</p>
<p>Abajo, y esmalte arriba,</p>
<p>El que muestra en cada muro</p>
<p>Un rico balcón, y encima</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hondo artesón dorado,</p>
<p>Que lo corona y atrista,</p>
<p>Sin ver en tierra un cadáver.</p>
<p>Aun en las losas se mira</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tenaz mancha obscura&#8230;</p>
<p>¡Ni las edades la limpian!&#8230;</p>
<p>¡Sangre! ¡Sangre!&#8230; ¡Oh cielos, cuántos</p>
<p>Sin saber lo que es la pisan!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Segundo</strong></h3>
<p>Quinientos años más joven</p>
<p>Era el magnífico Alcázar,</p>
<p>Aun lustrosas sus paredes,</p>
<p>Su alto almenaje sin faltas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y lucientes los esmaltes</p>
<p>De las techumbres doradas,</p>
<p>Mansión del rey de Castilla</p>
<p>Orgulloso se ostentaba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando del Mayo florido</p>
<p>Una. apacible mañana,</p>
<p>En aquel salón que tiene</p>
<p>Los balcones a la plaza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos ilustres personajes</p>
<p>En grande silencio estaban:</p>
<p>Un caballero era el uno,</p>
<p>El otro una hermosa, dama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rica berberisca alfombra,</p>
<p>Del Rey moro de Granada</p>
<p>Don o tributo, cubría</p>
<p>Las losas de aquella cuadra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un cortinaje de seda</p>
<p>Con listas y flores varias</p>
<p>Matizado en el Oriente,</p>
<p>Que galeras venecianas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Tal vez de su Dux regalo)</p>
<p>Trajeron a nuestra España,</p>
<p>Del abierto balconaje</p>
<p>El radiante sol templaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el testero de enfrente,</p>
<p>De maderas cinceladas,</p>
<p>Un rico oratorio había</p>
<p>Con embutidos de nácar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en él la imagen devota</p>
<p>De la Virgen soberana,</p>
<p>Escultura harto mezquina,</p>
<p>Mas no de atractivos falta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la cual era el adorno</p>
<p>Una corona, de plata,</p>
<p>Reverberando en. su cerco</p>
<p>Amatistas y esmeraldas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un manuscrito precioso</p>
<p>Con las oraciones santas,</p>
<p>Ornatos de miniatura,</p>
<p>Y de oro y marfil las tapas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Colocado se veía</p>
<p>Sobre un atril, que formaban</p>
<p>De un ángel mal esculpido,</p>
<p>aunque con primor, las alas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de brocado de oro</p>
<p>En el suelo una almohada,</p>
<p>Mostrando, por medio hundida,</p>
<p>De dos rodillas la marca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los muros blanqueados</p>
<p>Con cal de Morón, de caza</p>
<p>Pendían varios trofeos,</p>
<p>Banderas y limpias armas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en una mesa o bufete,</p>
<p>Puesta en medio le la estancia,</p>
<p>Con un tapete cubierta,</p>
<p>Cuyos picos arrastraban,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un templado laúd había,</p>
<p>Un rico juego de tablas,</p>
<p>Búcaros llenos de flores</p>
<p>Y un cofre de filigrana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un balcón sentóse cerca,</p>
<p>Muy pensativa la dama,</p>
<p>En un gran sillón dorado,</p>
<p>Cuyo respaldo formaba</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un dosel o guardapolvo</p>
<p>En una curva gallarda,</p>
<p>De castillos, de leones</p>
<p>Y de corona adornada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un vistoso brial de seda</p>
<p>Verde, y con labores varias</p>
<p>De sirgo y perlas, y en torno</p>
<p>De oro recamos y franjas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era su traje; una toca,</p>
<p>Muy más que la nieve blanca,</p>
<p>Y un claro cendal cubrían</p>
<p>Sus trenzas negras y largas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celestial era su rostro</p>
<p>Y divina su garganta,</p>
<p>Pero del color de cera,</p>
<p>Que miedo y penas retrata;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos soles eran sus ojos</p>
<p>Bajo las luengas pestañas,</p>
<p>Donde dos perlas preciosas,</p>
<p>Prontas a correr, brillaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eva una fresca azucena,</p>
<p>A quien cruda muerte amaga,</p>
<p>Porque un corroedor gusano</p>
<p>Ya su hondo cáliz desgarra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ora un blanco pañizuelo,</p>
<p>Con puntas bordado y randas,</p>
<p>Revolvía con las manos</p>
<p>Convulsas y deslustradas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qra absorta y distraída,</p>
<p>Agitaba en torno el aura</p>
<p>Con un precioso abanico</p>
<p>De ricas plumas de Arabia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Delgado era el caballero,</p>
<p>De estatura no muy alta,</p>
<p>Vivaces ojos, la boca</p>
<p>Inquieta, roja la barba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálido y enjuto el rostro,</p>
<p>Nariz corva y afilada,</p>
<p>Noble su porte y siniestras</p>
<p>Y terribles sus miradas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Envuelto en un rojo manto,</p>
<p>De oro bordado y con chapas,</p>
<p>Y una gorra en la cabeza</p>
<p>Puesta de lado con gracia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De largo a largo medía</p>
<p>Con pasos lentos la estancia,</p>
<p>Y pasiones diferentes</p>
<p>Su mudo rostro mostraba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces se enrojecía,</p>
<p>Arrojando fieras llamas</p>
<p>Por los encendidos ojos,</p>
<p>Hechos del infierno brasas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego extendían los labios</p>
<p>Sonrisa feroz y amarga,</p>
<p>O en las doradas techumbres</p>
<p>Fijaba atroces miradas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien apresurando el curso</p>
<p>De pie a cabeza temblaba,</p>
<p>Bien repuesto proseguía</p>
<p>Su paso noble con calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así he visto al tigre fiero,</p>
<p>Ya tranquilo, ya con rabia,</p>
<p>Revolverse a todos lados</p>
<p>Dentro de la estrecha jaula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marchando sobre la alfombra,</p>
<p>No se oían sus pisadas,</p>
<p>Pero sordas le crujían,</p>
<p>Siempre que se meneaba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Canillas y choquezuelas.</p>
<p>Diz que el cielo (¡cosa rara!)</p>
<p>De igual rumor ha dotado,</p>
<p>Allá en tierras muy lejanas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para que la evite el hombre,</p>
<p>A una serpiente que llaman</p>
<p>De cascabel, y que al punto</p>
<p>Que se acerca, pica y mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doña María Padilla</p>
<p>Era la llorosa dama,</p>
<p>Y el callado caballero</p>
<p>El rey Don Pedro de España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Tercero</strong></h3>
<p>Cual de solitaria torre</p>
<p>En torno están revolando</p>
<p>Fieras aves de rapiña,</p>
<p>Cuando el sol baja al ocaso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así en torno de Don Pedro</p>
<p>Vuelan pensamientos varios,</p>
<p>Cuyas sombras ofuscaban</p>
<p>De su semblante los rasgos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya ocupa su airada mente</p>
<p>El poder de sus hermanos,</p>
<p>A los que mató la madre,</p>
<p>Y a quienes llama bastardos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de los grandes inquietos</p>
<p>La insolencia y desacato,</p>
<p>O la mengua del tesoro</p>
<p>Sin medios de repararlo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya la linda Doña Aldonza,</p>
<p>A quien tiene a buen recaudo;</p>
<p>O las sangrientas fantasmas</p>
<p>De inocentes que ha matado;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya una proyectada empresa</p>
<p>Rompiendo la fe de un pacto,</p>
<p>Contra el moro granadino,</p>
<p>O una traición o un engaño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas, como las mismas aves</p>
<p>Se van escondiendo al cabo,</p>
<p>Entre las almenas rotas</p>
<p>Del castillo solitario,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sólo constante queda,</p>
<p>En torno de él volteando,</p>
<p>La más voraz, la más fuerte,</p>
<p>La que no admite descanso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así aquel tropel confuso</p>
<p>De pensamientos extraños,</p>
<p>En que se encontró Don Pedro</p>
<p>Envuelto pequeño rato,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su pecho y su cabeza</p>
<p>Fueron nidos encontrando,</p>
<p>Y quedó despierta y viva,</p>
<p>Dándole gran sobresalto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imagen de Don Fadrique,</p>
<p>El mejor de sus hermanos,</p>
<p>Norma de los caballeros</p>
<p>Y Maestre de Santiago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del rey de Aragón acaba</p>
<p>Don Fadrigue el esforzado</p>
<p>De conquistar a Jumilla,</p>
<p>Con noble denuedo y brazo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja, en lugar de las barras,</p>
<p>Los castillos tremolando,</p>
<p>Y viene a entregar las llaves</p>
<p>A su Rey, señor y hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe el Rey que no es rebelde,</p>
<p>Que es su amigo y partidario,</p>
<p>Y más que a Tello y a Enrique</p>
<p>Lo está embravecido odiando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Fadrique fué el que tuvo</p>
<p>De venir a Francia encargo</p>
<p>Por la reina doña Blanca,</p>
<p>Mas tardó en llevarla un año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ella en Narbona estuvo&#8230;</p>
<p>Y un rumor corrió entre tanto</p>
<p>De aquellos que son ponzoña,</p>
<p>Ora ciertos, ora falsos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doña, Blanca está en Medina,</p>
<p>Y en una torre pagando</p>
<p>Las tardanzas del viaje,</p>
<p>Las hablillas de palacio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el cuello de Don Fadrique</p>
<p>Está en los hombros intacto,</p>
<p>Porque tiene gran valía,</p>
<p>Poder mucho y nombre claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas ¡ay de él!&#8230; Es de las damas</p>
<p>El ídolo por su trato,</p>
<p>Por su gallarda presencia</p>
<p>Y por su esfuerzo bizarro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si no da sombra al trono,</p>
<p>Porque es fiel, da, ¡mal pecado!</p>
<p>Al corazón duros celos,</p>
<p>Y esto es peor, si aquello es malo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doña María Padilla,</p>
<p>Cuyo entendimiento claro</p>
<p>Del regio amante penetra</p>
<p>Los más ocultos arcanos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en quien la bondad del alma</p>
<p>Sobrepuja a los encantos</p>
<p>De su peregrino rostro</p>
<p>Y de su cuerpo gallardo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vive víctima infelice</p>
<p>De continuo sobresalto,</p>
<p>Porque al Rey ama, y le mira</p>
<p>A mal fin tender el paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conoce que sobre sangre,</p>
<p>Persecuciones y llantos</p>
<p>No está nunca firme un trono,</p>
<p>Nunca seguro un palacio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tiene dos tiernas niñas</p>
<p>Que con otro padre acaso,</p>
<p>Aunque ilegítimo fruto,</p>
<p>Pudieran todo esperarlo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve en el insigne Fadrique</p>
<p>Un apoyo, un partidario;</p>
<p>Sabe que llega a Sevilla,</p>
<p>Y a voces le está indicando</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De su fiero amante el rostro,</p>
<p>Que viene en momento aciago;</p>
<p>Y por aquietar sospechas,</p>
<p>O darles punto más alto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al fin, rompiendo el silencio,</p>
<p>Aunque con trémulos labios,</p>
<p>Osó hablar, y estas palabras</p>
<p>Entre los dos se mezclaron:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Con que hoy llegará triunfante</p>
<p>Don Fadrique, vuestro hermano?»</p>
<p>«Y por cierto que ya tarda</p>
<p>En llegar aquí el bastardo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Bien os sirve&#8230;!» «Sí; en Jumilla</p>
<p>Como un héroe se ha portado».</p>
<p>«De su lealtad os da prueba;</p>
<p>Es muy valiente». «Lo es harto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Ya estaréis, señor, seguro</p>
<p>De su pecho noble y franco».</p>
<p>«Aun más lo estaré mañana».</p>
<p>Enmudecieron entrambos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Alcázar De Sevilla &#8211; Romance Cuarto</strong></h3>
<p>Grande rumor se alza, y cunde</p>
<p>De armas, caballos y pueblo</p>
<p>De Sevilla por las calles,</p>
<p>Al Maestre recibiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suenan los vivas, unidos</p>
<p>Con los retumbantes ecos,</p>
<p>Que en la altísima Giralda</p>
<p>Esparce el bronce hasta el cielo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vase acercando la turba,</p>
<p>Pero se la escucha menos;</p>
<p>Ya a la plaza de palacio</p>
<p>Llega y párase en silencio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que la vista del Alcázar</p>
<p>Gozaba del privilegio</p>
<p>De apagar todo entusiasmo,</p>
<p>De convertir todo en miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedó, pues, mudo el gentío,</p>
<p>Falto de acción y de aliento,</p>
<p>Para pisar la gran plaza</p>
<p>Con un mágico respeto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el Maestre de Santiago,</p>
<p>Con algunos caballeros</p>
<p>De su Orden, entra, seguido</p>
<p>De corto acompañamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dirígese hacia la puerta,</p>
<p>Como aquel que va derecho</p>
<p>A encontrar de un buen hermano</p>
<p>El alma y brazos abiertos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O como noble caudillo,</p>
<p>Que por sus gloriosos hechos</p>
<p>De un Rey a recibir llega</p>
<p>Los elogios y los premios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre un morcillo lozano,</p>
<p>Que espuma respira y fuego,</p>
<p>Y a quien contiene la brida</p>
<p>Si ensoberbece el arreo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muéstrase el noble Fadrique</p>
<p>Con el blanco manto suelto,</p>
<p>En que el collar y cruz roja</p>
<p>Van su dignidad diciendo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una, toca de velludo</p>
<p>Carmesí lleva, do el viento</p>
<p>Agita un. blanco penacho</p>
<p>Con borlas de oro sujeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálido como la muerte,</p>
<p>El iracundo Don Pedro,</p>
<p>En cuanto entrar en la plaza</p>
<p>Vió al hermano desde lejos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como si de mármol fuera</p>
<p>Quedó del salón en medio,</p>
<p>Y en sus furibundos ojos</p>
<p>Ardió un relámpago horrendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero pronto en sí tornando,</p>
<p>Salióse del aposento,</p>
<p>Cual si del huésped quisiera</p>
<p>Buscar afable el encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así que volver la espalda</p>
<p>Le vió la Padilla, lleno</p>
<p>El corazón de amargura</p>
<p>Y de llanto el rostro bello,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alzase y sale turbada</p>
<p>Del balcón al antepecho,</p>
<p>Al gallardo Maestre indica,</p>
<p>Con actitudes y gesto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que llega en mal hora, y mueve</p>
<p>Por el aire el pañizuelo,</p>
<p>Diciéndole en mudas señas</p>
<p>Que se ponga en salvo luego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada comprende Fadrique,</p>
<p>Y por saludos teniendo</p>
<p>Los avisos, corresponde</p>
<p>Cual galán y cual discreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a la ancha portada llega,</p>
<p>Do guardias y ballesteros</p>
<p>le dejan el paso libre,</p>
<p>Mas no entrada a su cortejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no conoció las señas</p>
<p>De la Padilla, Don Pedro</p>
<p>Las conoció, pues paróse,</p>
<p>Aun indeciso y suspenso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la cámara en la puerta</p>
<p>Un breve instante, y volviendo</p>
<p>Los ojos, vió que la dama</p>
<p>Agitaba el blanco lienzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡ Oh Dios! ¿Fué esta acción tan noble,</p>
<p>De tan puro y santo intento,</p>
<p>La que 1lamó a los verdugos,</p>
<p>Y la que firmó el decreto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas puso el Maestre,</p>
<p>De dos solos escuderos</p>
<p>Seguido, el pie, confiado,</p>
<p>En el vestíbulo regio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde varios hombres de armas,</p>
<p>Vestidos de doble hierro,</p>
<p>Paseándose guardaban</p>
<p>De la escalera el ingreso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a uno de los balcones,</p>
<p>Como aparición de infierno,</p>
<p>El Rey se asoma, gritando:</p>
<p>Matad al maestre, maceros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguió como en la tormenta</p>
<p>El súbito rayo al trueno,</p>
<p>Y seis refornidas mazas</p>
<p>Sobre Fadrique cayeron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevó la mano al estoque,</p>
<p>Pero en el tabardo envuelto</p>
<p>Halló el puño, y fué imposible</p>
<p>Desenredarlo tan presto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó en tierra, un mar de sangre</p>
<p>Del roto cráneo vertiendo,</p>
<p>Y lanzando un alarido</p>
<p>Que llegó, sin duda, al cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voló al instante la nueva</p>
<p>De tan horrible suceso;</p>
<p>Apelaron a la fuga</p>
<p>Los frailes y caballeros;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huyó a esconderse en sus casas,</p>
<p>Temblando de horror, el pueblo,</p>
<p>Y del Alcázar quedaron</p>
<p>Los alrededores desiertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Conde De Villamediana &#8211; Romance Primero &#8211; Los Toros</strong></h3>
<p>Está en la plaza Mayor</p>
<p>Todo Madrid celebrando</p>
<p>Con un festejo los días</p>
<p>De su rey Felipe cuarto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este ocupa, con la Reina</p>
<p>Y los jefes de palacio,</p>
<p>El regio balcón, vestido</p>
<p>De tapices y brocados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los otros, que hermosean</p>
<p>Reposteros y damascos,</p>
<p>Los grandes con sus señoras,</p>
<p>Y los nobles cortesanos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ostentan soberbias galas,</p>
<p>Terciopelos y penachos;</p>
<p>Las damas y caballeros</p>
<p>Llenan los segundos altos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de fiesta gran gentío</p>
<p>Los barandales y andamios,</p>
<p>Jardín do a impulsos del viento</p>
<p>Ondean colores varios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante la Panadería,</p>
<p>Del balcón del Rey debajo,</p>
<p>Y de espalda a la barrera</p>
<p>En la arena del estadio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La guardia tudesca en ala,</p>
<p>Parece un muro de paño</p>
<p>Rojo y jalde, con cornisa</p>
<p>Hecha de rostros humanos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre la cual vuelan plumas</p>
<p>En lugar de Jaramagos,</p>
<p>Y brillan las alabardas</p>
<p>Heridas del sol de Mayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los alguaciles de corte,</p>
<p>Con sus varas en la mano,</p>
<p>A la jineta en rocines,</p>
<p>Están en fila a los lados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Rey, la Reina, los grandes,</p>
<p>Las damas, los cortesanos,</p>
<p>Los tudescos y alguaciles,</p>
<p>El inmenso pueblo, y cuantos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la plaza están, los ojos</p>
<p>Tornan de Toledo, al arco,</p>
<p>Por cuya barrera asoma</p>
<p>Un caballero a caballo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vese en medio de la arena,</p>
<p>Furia y humo respirando,</p>
<p>Los ojos como dos brasas,</p>
<p>Los cuernos ensangrentados,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la pezuña esparciendo</p>
<p>Ardiente polvo, el más bravo</p>
<p>Retinto, a quien dió Jarama</p>
<p>Hierba encantada en sus campos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun no estrenó la almohadilla</p>
<p>De su cuello erguido y alto</p>
<p>Hierro alguno, ni ha embestido</p>
<p>Una sola vez en vano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre capas desgarradas</p>
<p>Y moribundos caballos,</p>
<p>Se ostenta como el guerrero</p>
<p>Que se corona de lauro,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre rendidos pendones,</p>
<p>Sobre muros derribados;</p>
<p>Del genio del exterminio</p>
<p>Parece emblema y retrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un tordillo fogoso,</p>
<p>De africana yegua parto,</p>
<p>Que de alba espuma salpica</p>
<p>El pretal, el pecho y brazos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que desdeñoso la tierra</p>
<p>Hiere a compás con los cascos,</p>
<p>Que una purpúrea gualdrapa</p>
<p>Con primorosos recamos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De felpa y ante la silla,</p>
<p>En el testero un penacho,</p>
<p>La cabezada y rendaje</p>
<p>De oro y seda roja, y lazos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el codón y en las crines</p>
<p>Soberbio ostenta y ufano,</p>
<p>A combatir con el toro</p>
<p>Sale aquel señor gallardo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viste una capa y ropilla</p>
<p>De terciopelo más blanco</p>
<p>Que la nieve, de oro y perlas,</p>
<p>Trencillas y pasamanos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las cuchilladas, aforros,</p>
<p>Vueltas y faja de raso</p>
<p>Carmesí, calzas de punto,</p>
<p>Borceguíes datilados,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Valona y puños de encaje;</p>
<p>Esparcen reflejos claros</p>
<p>En su pecho los rubíes</p>
<p>De la cruz de Santiago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un sombrero con cintillo</p>
<p>De diamantes, sujetando</p>
<p>Seis blancas gentiles plumas,</p>
<p>Corona su noble garbo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la izquierda rige el freno,</p>
<p>En la diestra lleva en alto</p>
<p>Un pequeño rejoncillo</p>
<p>Con la cuchilla de a palmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acompáñanle dos pajes,</p>
<p>A pie, de uno y otro lado;</p>
<p>Y llevan las rojas capas</p>
<p>Prontas al lance en la mano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Síguenle sus escuderos</p>
<p>Y un gran tropel de lacayos,</p>
<p>Los que, por respeto al toro,</p>
<p>Se van haciendo rehacios,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puesto en medio de la plaza</p>
<p>Personaje tan bizarro,</p>
<p>Saluda al Rey y a la Reina</p>
<p>Con gentil desembarazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquél, serio, corresponde;</p>
<p>Ésta muestra sobresalto,</p>
<p>Mientras el concurso inmenso</p>
<p>Prorrumpe en vivas y aplausos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el gran Don Juan de Tassis,</p>
<p>Caballero cortesano,</p>
<p>Conde de Villamediana,</p>
<p>De Madrid y España encanto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su esclarecido ingenio,</p>
<p>Por su generoso trato,</p>
<p>Por su gallarda presencia,</p>
<p>Por su discreción y fausto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gran favor se le supone,</p>
<p>Aunque secreto, en palacio,</p>
<p>Pues susurran malas lenguas</p>
<p>Pero mejor es dejarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De todos y todas dicen,</p>
<p>Y es poner puertas al campo</p>
<p>Querer de los maliciosos</p>
<p>Sellar los ojos y labios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Valiente, Villamediana,</p>
<p>Cortas las riendas, y bajo</p>
<p>Del rejoncillo el acero,</p>
<p>Vase al toro paso a paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Éste cabecea, bufa,</p>
<p>La tierra escarba marrajo,</p>
<p>Y espera instante oportuno</p>
<p>En que partir como el rayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El paje de la derecha,</p>
<p>Con grande soltura y garbo,</p>
<p>A la fiera irrita y llama,</p>
<p>La capa ante ella ondeando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Embiste, pues; el jinete</p>
<p>Tuerce el bridón, de soslayo</p>
<p>Pasa el toro, el otro paje</p>
<p>Con la capa hace un engaño,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y lo revuelve, y de nuevo</p>
<p>Lo para. Determinado</p>
<p>Le hostiga de frente el Conde;</p>
<p>Torna a embestir, rebramando,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El jarameño; parece</p>
<p>Que el caballero y caballo</p>
<p>Van a volar a las nubes,</p>
<p>Cuando de la fiera intactos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En primorosas corvetas</p>
<p>Se separan, y con saltos.</p>
<p>Un punto el toro vacila</p>
<p>Bramido ronco lanzando,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y desplomase en la tierra,</p>
<p>Haciendo de sangre un lago</p>
<p>Con el torrente que brota</p>
<p>Por la cerviz, do, clavado,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Medio rejón aparece,</p>
<p>Que el otro medio en la mano</p>
<p>Del noble y valiente Conde</p>
<p>Va al concurso saludando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por balcones y barandas,</p>
<p>Vallas, barreras y andamios,</p>
<p>Formando una riza nube,</p>
<p>Ondean pañuelos blancos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y «¡Viva!» el pueblo repite,</p>
<p>Y los caballeros «¡Bravo!»</p>
<p>Y «¡Qué galán!» las mujeres,</p>
<p>Haciendo lenguas las manos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Reina, que, sin aliento,</p>
<p>Los ojos desencajados</p>
<p>En jinete y toro tuvo,</p>
<p>Vuelve, ansiosa, respirando;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Qué bien pica el Conde!», dice,</p>
<p>Y «Muy bien», los cortesanos</p>
<p>Repiten. El Rey responde:</p>
<p>«Bien pica, pero muy alto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en el rostro de la Reina</p>
<p>Clavó los ojos un rato.</p>
<p>Ésta demudóse, y todos</p>
<p>Los señores de palacio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En quienes opinión propia</p>
<p>Fuera un peregrino hallazgo,</p>
<p>Repitieron, no sabiendo</p>
<p>Lo que decían acaso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de entrambas majestades</p>
<p>Queriendo seguir el rastro:</p>
<p>«Pica muy bien; mas debiera</p>
<p>Haber picado más bajo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos toros más se corrieron,</p>
<p>En que caballeros varios</p>
<p>Con gala y con valentía</p>
<p>Gran destreza demostraron;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas es pretender lucirlo</p>
<p>Después del Conde gallardo,</p>
<p>Exceso del amor propio,</p>
<p>Cuyos esfuerzos son vanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser en punto mediodía</p>
<p>Las campanas avisaron</p>
<p>De Santa Cruz en la torre.</p>
<p>En su carroza, a palacio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Retiráronse los Reyes,</p>
<p>Tras ellos los cortesanos,</p>
<p>Y aquel inmenso gentío,</p>
<p>La plaza desocupando,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se apiñó en arcos y puertas,</p>
<p>Haciendo un todo compacto,</p>
<p>Que por las primeras calles</p>
<p>Rompió, que luego en pedazos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otras más dividióse,</p>
<p>Después en grupos, que al cabo</p>
<p>Reducidos a familias,</p>
<p>Muy pronto se dispersaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez así se desagua</p>
<p>Un artificial pantano,</p>
<p>Cuando se abren las compuertas</p>
<p>Del malecón, y apretados</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torrentes por ellas salen,</p>
<p>Que luego en arroyos varios</p>
<p>Se dividen, y se pierden,</p>
<p>Finalmente, por los campos.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2156 aligncenter" src="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/saavedra1-300x172.png" alt="Poemas de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas" width="747" height="428" srcset="https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/saavedra1-300x172.png 300w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/saavedra1-768x440.png 768w, https://lospoemas.net/wp-content/uploads/2026/03/saavedra1.png 955w" sizes="auto, (max-width: 747px) 100vw, 747px" /></p>
<h3><strong>El Conde De Villamediana &#8211; Romance Segundo &#8211; Las Máscaras Y Cañas</strong></h3>
<p>Siguió el festejo a la tarde,</p>
<p>Y llenóse la gran plaza</p>
<p>Con el pueblo y con la corte,</p>
<p>Cual lo estuvo la mañana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Magníficas son las fiestas</p>
<p>Que la regia villa paga,</p>
<p>Para celebrar el nombre</p>
<p>Del poderoso Monarca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De clarines y timbales</p>
<p>Al son que asorda las auras,</p>
<p>Y al de orquestas numerosas,</p>
<p>Que entonan guerrera marcha,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En orden y a lento paso</p>
<p>Numerosas mascaradas</p>
<p>Entran por partes distintas,</p>
<p>Y al Rey y a la Reina acatan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los reinos diferentes</p>
<p>Que el reino forman de España,</p>
<p>Ostenta cada cuadrilla</p>
<p>Distintivos y antiguallas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arbolando un estandarte</p>
<p>Con el blasón de sus armas,</p>
<p>Y de su música propia,</p>
<p>Al compás de las sonatas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mézclanse ligeras luego,</p>
<p>Formando mímica danza.,</p>
<p>En concertado desorden</p>
<p>De figuras ensayadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los cascos y coseletes</p>
<p>De la indómita Cantabria;</p>
<p>De los fieles castellanos</p>
<p>Las dobles cueras y calzas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las fulgentes armaduras,</p>
<p>De los infanzones gala,</p>
<p>Del ligero valenciano</p>
<p>Los zaragüelles y mantas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De chistosos andaluces</p>
<p>Los sombrerones y capas,</p>
<p>Y las chupas con hombreras</p>
<p>Y con caireles de plata;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los turbantes granadinos,</p>
<p>Jubas, albornoces, fajas;</p>
<p>Los terciopelos y sedas</p>
<p>De vestes napolitanas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la Bélgica los sayos</p>
<p>Con sus encajes y randas;</p>
<p>Los milaneses justillos</p>
<p>Con las chambergas casacas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y las esplendentes plumas</p>
<p>Teñidas de tintas varias,</p>
<p>Con los arcos y las flechas</p>
<p>Que el cacique indiano gasta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Forman un todo indeciso</p>
<p>Que cubre la extensa plaza</p>
<p>De movibles resplandores,</p>
<p>De confusión bigarrada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece que está cubierta</p>
<p>Con una alfombra persiana,</p>
<p>Cuyos matices se mueven</p>
<p>Al conjuro de una maga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí añafiles moriscos,</p>
<p>Allí tamboril y gaita,</p>
<p>Más allá trompas guerreras,</p>
<p>Acá sonorosas flautas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las antárticas bocinas</p>
<p>En un lado, las guitarras</p>
<p>Y crótalos en el estoy,</p>
<p>Los caracoles de caza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Forman estruendo confuso</p>
<p>En que ya el acorde falta,</p>
<p>Y que llenando el espacio</p>
<p>Aun más aturde que halaga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por fin, terminado el baile,</p>
<p>Sepáranse las comparsas</p>
<p>Y hacia lados diferentes,</p>
<p>En orden puestas, descansan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cada una se dirige,</p>
<p>Según la suerte la llama,</p>
<p>A saludar a los Reyes</p>
<p>Con solemnidad y pausa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y doblando la rodilla,</p>
<p>Ofrecen a su Monarca</p>
<p>Un rico don de productos</p>
<p>De aquel reino que retratan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despejando luego todas,</p>
<p>El circo desembarazan</p>
<p>A los nobles caballeros</p>
<p>Que salen a correr cañas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la izquierda y la derecha</p>
<p>A un tiempo entraron galanas</p>
<p>Dos diferentes cuadrillas,</p>
<p>Que a unirse en el centro marchan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compónese cada una,</p>
<p>Compitiendo en garbo y gala,</p>
<p>De doce nobles jinetes,</p>
<p>Que de dos en dos avanzan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Conde de Orgaz, mancebo</p>
<p>De gentileza y de gracia,</p>
<p>Es caudillo de la una;</p>
<p>De la otra es Villamediana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquél, en caballo negro,</p>
<p>Enjaezado de plata,</p>
<p>De terciopelo amarillo</p>
<p>Con celestes cuchilladas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vestido sale: figura</p>
<p>Con argentinas escamas</p>
<p>Peto y espaldar, y azules</p>
<p>Lleva plumas y gualdrapa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este, en un caballo blanco,</p>
<p>Cuya crin el oro enlaza,</p>
<p>Ostenta un rico vestido</p>
<p>De terciopelo escarlata:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El arnés de hojuelas de oro,</p>
<p>Y de rica seda blanca,</p>
<p>Con brillantes bordaduras,</p>
<p>Los afollados y faja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unidas las dos cuadrillas,</p>
<p>Hacia el regio balcón ambas,</p>
<p>Al paso, la pista siguen</p>
<p>De los jefes que las mandan;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y e, concurso, en gran silencio,</p>
<p>Curioso a la vista, clava</p>
<p>De los dos gallardos Condes</p>
<p>En las brillantes adargas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues logrando de discretos</p>
<p>Y de, enamorados fama,</p>
<p>Interesa a todo el mundo</p>
<p>Ver las empresas que sacan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es la de Orgaz una hoguera</p>
<p>De la que el vuelo levanta</p>
<p>El fénix con este mote:</p>
<p>Me (la vida quien me abrasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un letrero solamente</p>
<p>Es la de Villamediana,</p>
<p>Que dice: Son mis amores&#8230;</p>
<p>Y luego reales de plata</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puestos cual si fueran letras,</p>
<p>Con que aquel renglón acaba.</p>
<p>La empresa de Orgaz la entienden</p>
<p>Todos, y aciertan la llama</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que le da vida y le quema.</p>
<p>La (¡el de Villamediana</p>
<p>Despierta más confusiones,</p>
<p>Aunque es en verdad bien clara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Propensión funesta tiene</p>
<p>El joven galán que alcanza</p>
<p>Favores de una señora,</p>
<p>A la par hermosa y alta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De publicarlos al punto</p>
<p>Y de sacarlos a plaza:</p>
<p>Vanidad de enamorados</p>
<p>Que en peligros no repara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos el sentido entienden</p>
<p>Que las monedas declaran,</p>
<p>Por miedo disimulan</p>
<p>Y de explicarlo se guardan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros, necios, se calientan</p>
<p>Los cascos por descifrarla.</p>
<p>Son mis amores dinero,</p>
<p>Repiten; pero no cuadra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el carácter del Conde</p>
<p>Esta explicación villana.</p>
<p>Mis amores efectivos</p>
<p>Son, dicen otros, ¡bobada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Velasquillo el contrahecho,</p>
<p>Enano y bufón, que alcanza,</p>
<p>No sin despertar envidia,</p>
<p>Gran favor con el Monarca,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A disgusto de los grandes</p>
<p>En el balcón regio estaba,</p>
<p>Malicias diciendo y chistes</p>
<p>Con insolencia y con gracia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y o por faltarle su astucia</p>
<p>Entonces, o porque trata</p>
<p>De vengarse del desprecio</p>
<p>Con que la Reina le acaba,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O porque ve de mal ojo</p>
<p>Al noble Villamediana,</p>
<p>O por gusto de hacer daño,</p>
<p>Que es de tales bichos ansia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijo: «Ta, ta; ya comprendo</p>
<p>Lo que dice aquella adarga:</p>
<p>Son mis amores reales»,</p>
<p>soltó la carcajada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trémulo el Rey y amarillo,</p>
<p>Y conteniendo la saña,</p>
<p>«Pues yo se los haré cuartos»,</p>
<p>Respondió al punto en voz baja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo oyó la Reina, y quedóse</p>
<p>Inmóvil como una estatua,</p>
<p>Pálida como la muerte,</p>
<p>Hecha pedazos el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las cuadrillas empuñando,</p>
<p>En vez de robustas lanzas,</p>
<p>De cintas y oro vestidas</p>
<p>Leves quebradizas cañas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se embistieron&#8230; imposible</p>
<p>Es ya que encuentre palabras</p>
<p>Con que describir la fiesta:</p>
<p>Mi atención la Reina embarga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pobre señora! Tampoco</p>
<p>Merece versos y fama</p>
<p>Tal diversión, ya reflejo</p>
<p>Débil, copia degradada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De las justas, que ha dos siglos</p>
<p>Los caballeros usaban</p>
<p>Con gloria, que nunca gloria</p>
<p>En donde hay peligro falta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en que las picas de guerra</p>
<p>Dobles petos abollaban,</p>
<p>No los juncos inocentes,</p>
<p>Sedas, brocados y holandas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Conde De Villamediana &#8211; Romance Tercero &#8211; El Sarao</strong></h3>
<p>Mientras que la Monarquía</p>
<p>Se desmorona, y el borde</p>
<p>Toca de una sima horrenda,</p>
<p>Duermen en pueriles goces,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre placeres se aturden,</p>
<p>Deleites sólo conocen,</p>
<p>Sin cuidarse del peligro,</p>
<p>El Rey de España y sus nobles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así una casa se quema,</p>
<p>Así desdichas atroces</p>
<p>Sobre una Infeliz familia</p>
<p>El ciego destino pone;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en tanto el imbécil ríe,</p>
<p>Duerme el embriagado joven,</p>
<p>Y el niño con sus juguetes</p>
<p>Es el más feliz del orbe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alegre fué todo el día</p>
<p>Con públicas diversiones,</p>
<p>Con saraos y luminarias</p>
<p>No lo fué menos la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pueblo las anchas calles</p>
<p>En gozosas turbas corre,</p>
<p>Para ver iluminadas</p>
<p>Las casas de los señores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las plazas principales</p>
<p>Suenan músicas acordes,</p>
<p>Y farsas se representan</p>
<p>Del Rey celebrando el nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del palacio del Retiro</p>
<p>Llenos están los salones</p>
<p>De todo el fausto y la ga1a</p>
<p>Que son honra de la corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los soberbios jardines</p>
<p>Brillan vasos de colores,</p>
<p>Que en el estanque reflejan</p>
<p>Formando guirnaldas dobles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un gran fuego de artificio</p>
<p>Las densas tinieblas rompe,</p>
<p>Y rastros de luz envía</p>
<p>A las celestes regiones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los rayos que le lanzan</p>
<p>Los nublados tronadores,</p>
<p>Dijérase que la tierra</p>
<p>Se estaba vengando entonces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Varias encendidas ruedas,</p>
<p>Girando luego veloces</p>
<p>En atmósfera de chispas,</p>
<p>Parecen mágicos soles;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas pronto en huecos tronidos</p>
<p>De humo blanco alzando un monte,</p>
<p>Se disipa, y desaparece</p>
<p>Aquel gigantón enorme</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De luz, que ofuscó 1os astros,</p>
<p>Y que deslumbró a la corte</p>
<p>Como trasunto o emblema</p>
<p>Del orgullo de los hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el salón de los reinos,</p>
<p>Donde el trono de dos orbes,</p>
<p>De oro y terciopelo, estriba</p>
<p>En colosales leones,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Rey está con las damas,</p>
<p>La Reina con los señores,</p>
<p>Y chocolate y conservas,</p>
<p>Y helados pasan en orden,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En mancerinas de oro</p>
<p>Y en bandejas, cuyos bordes</p>
<p>Lucientes piedras adornan</p>
<p>En caprichosas labores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En seguida se bailaron,</p>
<p>Al compás de alegres sones,</p>
<p>Las folías y chaconas,</p>
<p>Y aun zarabandas innobles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De cada señora al lado</p>
<p>Sitio un caballero escoge,</p>
<p>Y en un cojín, para hablarle,</p>
<p>La rodilla, izquierda pone.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí en animados grupos</p>
<p>Lo más rico y lo más noble</p>
<p>De Madrid y España asiste,</p>
<p>Y extranjeros de alto porte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estaban, pues… ¿De qué sirve</p>
<p>Que el tiempo perdamos, nombres</p>
<p>Ya olvidados repitiendo,</p>
<p>Y que alcanzaron entonces</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Boga por riqueza y sangre,</p>
<p>Mas que hoy ya nadie conoce?</p>
<p>De conocidos hablemos,</p>
<p>De amigos, nuestros hombres</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que aun los vemos y tratamos,</p>
<p>Aunque ha dos siglos que esconde</p>
<p>Sus cenizas el sepulcro,</p>
<p>Sima que todo lo sorbe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un lado de la sala</p>
<p>Estaba el famoso Lope,</p>
<p>El Fénix de los ingenios,</p>
<p>Con el cabello y bigote</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blancos como pura nieve,</p>
<p>Y al través se reconoce</p>
<p>De sus clericales ropas</p>
<p>Que fué guerrero de joven.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La insignia adorna su pecho</p>
<p>de la hospitalaria orden,</p>
<p>Y el fuego brilla en sus ojos,</p>
<p>Que hace a los mortales dioses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con él habla un caballero,</p>
<p>Cabeza gorda, deformes</p>
<p>Los pies, de negro azabache</p>
<p>Melena y barba, mas noble</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aspecto; diciendo chistes</p>
<p>Está, y resuenan conformes</p>
<p>Carcajadas, y aun aplausos,</p>
<p>En cuantos hablar le oyen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es Don Francisco Quevedo,</p>
<p>A quien un clérigo, torpe</p>
<p>Ya por la edad, ceceando</p>
<p>Y con malicias responde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser el tal pronto se advierte</p>
<p>Son Luis Góngora y Argote,</p>
<p>Del nuevo estilo de moda</p>
<p>Inventor, columna y norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El padre Paravicino,</p>
<p>Que de sabio alto renombre</p>
<p>Goza, y a Madrid encanta</p>
<p>Por sus peinados sermones,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También es del corro; y luego</p>
<p>En él ufano ingirióse,</p>
<p>Aun tan niño que en sus labios</p>
<p>Ni bozo se ve que asome,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Esteban de Villegas,</p>
<p>Español Anacreonte,</p>
<p>En versos cortos divino,</p>
<p>Insufrible en los mayores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En una pausa del baile,</p>
<p>De Villamedian el Conde,</p>
<p>Que ha danzado con la Reina,</p>
<p>Alargó la mano a Lope,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y como ingenio de marca</p>
<p>Entre los otros mostróse.</p>
<p>Acaba de publicarse</p>
<p>Su poema de Faetonte,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En aquel tiempo un prodigio,</p>
<p>Que hoy tiene apenas lectores;</p>
<p>Obra de perverso gusto</p>
<p>Y de hinchados clausulones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Góngora, que, envanecido,</p>
<p>Un adepto de alto nombre</p>
<p>Ve en tan claro personaje,</p>
<p>Sus encomios prodigóle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y todos 1e celebraban,</p>
<p>Aunque yo decir no ose</p>
<p>Si sus versos aplaudían</p>
<p>O su favor en la corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Francisco Manuel MeIo,</p>
<p>En quien se juntan los dotes</p>
<p>De historiador y poeta</p>
<p>Con los bélicos blasones,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí está, aunque taciturno;</p>
<p>Sin duda abriga temores</p>
<p>De que el Duque de Braganza</p>
<p>Su osado intento no logre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gran Don Diego Velázquez,</p>
<p>De pinceles españoles</p>
<p>Gloria, también conversaba</p>
<p>Con tantos famosos autores;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero lo que dicen ellos</p>
<p>Parece que apenas oye,</p>
<p>Porque de Rubens los cuadros</p>
<p>Con gran encanto recorre;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en aquel retrato ecuestre</p>
<p>Del Emperador, en donde</p>
<p>Apuró Ticiano el arte,</p>
<p>Los ojos árabes pone.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También el Rey un momento</p>
<p>Afable al corro acercóse,</p>
<p>Hablando de una comedia</p>
<p>Que salió al público entonces,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuyo autor se nombraba</p>
<p>Un ingenio de esta corte,</p>
<p>A la cual, aunque por cierto</p>
<p>Era un disparate enorme,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos dieron mil elogios</p>
<p>Y de portento renombre,</p>
<p>Pues que es obra del Rey mismo</p>
<p>No hay en Madrid quien ignore.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya muy tarde entró en la sala,</p>
<p>Saludos y adulaciones</p>
<p>Recibiendo del concurso,</p>
<p>Con aire altanero y noble</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Conde-Duque ; se llegan</p>
<p>Los Grandes y Embajadores</p>
<p>Para hablarle, el Rey Felipe</p>
<p>Con gran cariño le acoge;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con él, y con el Nuncio</p>
<p>Y un milanés, enredóse</p>
<p>En importante coloquio,</p>
<p>Que su atención regia absorbe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Reina, que en gallardía</p>
<p>A todas se sobrepone,</p>
<p>Y cuyos hermosos ojos,</p>
<p>Brillantes como dos soles,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Villamediana tuvo</p>
<p>Clavados toda la noche,</p>
<p>Viendo al Rey y al favorito</p>
<p>Con aquellos dos señores</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Extranjeros en consulta,</p>
<p>Que ha de ser larga supone</p>
<p>La conversación, notando</p>
<p>Que hay vivas contestaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas atenta, al Conde mira,</p>
<p>Le hace una seña, y veloce,</p>
<p>Aunque con gran disimulo,</p>
<p>De la sala retiróse,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De una danza numerosa</p>
<p>Que empezó la gente joven</p>
<p>A enredar, aprovechando</p>
<p>La confusión y el desorden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conoció al punto la seña</p>
<p>El favorecido Conde,</p>
<p>Que amantes favorecidos</p>
<p>Las más pequeñas conocen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no son ellos solos;</p>
<p>También ay! de ellas se imponen</p>
<p>Los celosos&#8230;El Monarca</p>
<p>La seña fatal recoge.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A salir Villamediana</p>
<p>Siguiendo su amado norte,</p>
<p>Iba por distinto lado</p>
<p>Del salón, cuando turbóle</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ver al Rey furibundo,</p>
<p>Que con miradas atroces,</p>
<p>Ojos cual los de un fantasma,</p>
<p>En él sin quitarlos pone.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobrecogido, de mármol,</p>
<p>Ni a dar un paso atrevióse,</p>
<p>Y trabó, disimulando</p>
<p>Un altercado con Lope.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Conde De Villamediana &#8211; Romance Cuarto &#8211; Final</strong></h3>
<p>En aquella galería,</p>
<p>Adornada de arabescos</p>
<p>Y follajes primorosos,</p>
<p>Con oro y esmaltes hechos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuya baranda rica</p>
<p>Daba hacia el jardín pequeño,</p>
<p>En que el caballo de bronce</p>
<p>Estuvo por largo tiempo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin más luz que la, que esparce</p>
<p>La luna en mitad del cielo,</p>
<p>Esperando a alguien la Reina</p>
<p>Está turbada, y con miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del concurso de la danza</p>
<p>Y de la orquesta el estruendo ¡</p>
<p>Que los salones ocupa,</p>
<p>Oye resonar de lejos;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque sabe que notada</p>
<p>Ha de ser su ausencia presto,</p>
<p>Por dar al Conde un aviso</p>
<p>Atropella todo riesgo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siglos los instantes juzga</p>
<p>Con mortal desasosiego,</p>
<p>Y en el barandal dorado</p>
<p>Palpitante apoya el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mira, al ecuestre coloso,</p>
<p>Inmóvil, obscuro, enhiesto,</p>
<p>Entre laureles y murtas,</p>
<p>Y tiembla ¡ infelice! al verlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alza a la pálida luna</p>
<p>Los ojos de llanto llenos,</p>
<p>Y se extravía su mente,</p>
<p>Por precipicios horrendos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin rumor y de puntillas,</p>
<p>Como fantasma o espectro,</p>
<p>En el corredor entróse</p>
<p>La parte obscura siguiendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un hombre embozado: llega</p>
<p>Por detrás en gran silencio</p>
<p>A la Reina, que, de espaldas</p>
<p>Estando, no pudo verlo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y le tapa el noble rostro</p>
<p>Con dos manos como hielo;</p>
<p>pero delicadas manos</p>
<p>Que agita un temblor ligero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quién pudiera aproximarse</p>
<p>A dama de tal respeto,</p>
<p>Sino el amante dichoso</p>
<p>Con tan inocente juego?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así lo pensó ella misma,</p>
<p>Pues aunque al primer momento</p>
<p>De sorpresa, lanzó un grito,</p>
<p>Pronto sobre sí volviendo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Déjame Conde —prorrumpe</p>
<p>Con dulces lánguidos ecos—;</p>
<p>No es esta ocasión de burlas,</p>
<p>Pues es de infortunios tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjame y escucha, Conde».</p>
<p>Libre la dejan en esto</p>
<p>Las manos que la cegaban,</p>
<p>Y se encuentra sola ¡cielos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con su marido, que arroja</p>
<p>Por los ojos rabia y fuego.</p>
<p>Queda la infeliz difunta;</p>
<p>Mas tienen el privilegio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las hembras del disimulo,</p>
<p>Y en los críticos encuentros</p>
<p>Mucha mayor agudeza</p>
<p>Que el hombre de más ingenio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al oír que el Rey pregunta</p>
<p>Con voz como voz de infierno,</p>
<p>«Yo Conde?&#8230; ¿Yo?» En sí tornando</p>
<p>La Reina, responde presto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Sí, señor, de Barcelona&#8230;</p>
<p>Y se complace mi pecho</p>
<p>Con tal título, afirmado</p>
<p>Con vuestro poder y esfuerzo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después que habéis reprimido</p>
<p>La rebelión de aquel pueblo».</p>
<p>Quedó pasmado el Monarca.</p>
<p>«Discreta sois por extremo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repuso, y tras pausa leve—,</p>
<p>Mas qué infortunio tenemos?</p>
<p>«Ya alentada la señora,</p>
<p>Pues siempre el paso primero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es el trabajoso, dijo:</p>
<p>«No faltan, señor, por cierto;</p>
<p>Dígalo Flandes perdida,</p>
<p>Y de Nápoles los reinos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Donde un ambicioso intenta</p>
<p>Arrebatarnos el cetro;</p>
<p>Milán, donde la peste</p>
<p>Está tanto estrago haciendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Y Portugal vacilante,</p>
<p>Do traidores encubiertos&#8230;»</p>
<p>Aquí atajóla Filipo</p>
<p>Con voz de lejano trueno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Basta, pues, basta, señora;</p>
<p>Sois francesa, bien lo veo;</p>
<p>Tenéis interés muy grande</p>
<p>En mi honor y en el del reino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Veréis que uno y otro al punto</p>
<p>Para aquietaros sostengo,</p>
<p>Y que lavaré con sangre</p>
<p>La mancha que advierta en ellos».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Calló, y una atroz mirada</p>
<p>Con el rostro descompuesto,</p>
<p>Que pareció más terrible</p>
<p>De la luna a los reflejos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Clavó en la Reina; mirada</p>
<p>Que destrozó aguda el seno</p>
<p>De la infeliz, pues, temblando,</p>
<p>Cayó sin sentido al suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como sin rumor ninguno</p>
<p>Vuela o se deshace un sueño,</p>
<p>Desapareció el Monarca ;</p>
<p>Fué a su cámara en silencio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tocó un silbato de oro,</p>
<p>Que tuvo mágico efecto,</p>
<p>Pues salió de los tapices,</p>
<p>Al silbato obedeciendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por una encubierta entrada</p>
<p>Un humilde ballestero,</p>
<p>Cual espíritu maligno</p>
<p>Que al conjuro está sujeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el favorito oculto</p>
<p>Del Rey: ambos un momento</p>
<p>Hablaron con tal sigilo,</p>
<p>Que el labio apenas movieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sólo al irse el confidente,</p>
<p>Se oyó decir al Rey esto:</p>
<p>«Asegura bien el golpe,</p>
<p>Y si has de vivir, secreto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al sarao y a los salones</p>
<p>Tornó Filipo muy presto;</p>
<p>Aunque pálido el semblante,</p>
<p>Tranquilo y tal vez risueño,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volvió a hablar al Conde-Duque,</p>
<p>El cual como astuto y diestro,</p>
<p>Que su señor encubría</p>
<p>Conoció cuidados nuevos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al cabo de corto rato</p>
<p>Anuncióse que en su lecho</p>
<p>La Reina indispuesta estaba,</p>
<p>Y se dió fin al festejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sucedió al bullicio alegre,</p>
<p>Al son de los instrumentos</p>
<p>Y a la confusión festiva,</p>
<p>El más profundo silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los cortesanos al punto</p>
<p>Las actitudes y gestos</p>
<p>Dejaron de la alegría</p>
<p>Y tomaron los del duelo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a vaciarse los salones</p>
<p>Comenzaron del inmenso</p>
<p>Concurso, que los llenaba</p>
<p>De galas, vapor y estruendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Villamediana, confuso,</p>
<p>De inquietud funesta lleno,</p>
<p>Al retirarse saluda</p>
<p>Al Monarca con. respeto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y éste con una sonrisa</p>
<p>Lo deja aterrado y yerto;</p>
<p>Mientras, afable, despide</p>
<p>A los otros palaciegos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la desdichada Reina</p>
<p>La favorita, corriendo</p>
<p>Sale por las antesalas,</p>
<p>Busca al Conde sin aliento,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Penetra la muchedumbre,</p>
<p>Le hace señas desde lejos:</p>
<p>Al fin le alcanza, va a hablarle,</p>
<p>Un papel lleva encubierto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se para y se hiela,</p>
<p>Al Rey de repente viendo:</p>
<p>Tal queda liebre cobarde</p>
<p>De la serpiente al aspecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gran tropel que desciende</p>
<p>Las escaleras, violento</p>
<p>Arrastra a Villamediana,</p>
<p>Que va delirante y ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su carroza no parece&#8230;</p>
<p>En la de Orgaz toma puesto,</p>
<p>Y ambos Condes por las calles</p>
<p>(Que aun no estaban, cual las vemos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alumbradas con farolas)</p>
<p>Veloces van y en silencio.</p>
<p>Grita en una encrucijada</p>
<p>Una voz : ¡Conde.! El cochero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para al punto los caballos;</p>
<p>Pregunta Orgaz desde dentro:</p>
<p>«¿A cuál de los dos?» De fuera</p>
<p>«Villamediana», dijeron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Villamediana, al estribo,</p>
<p>Juzgando que es mensajero</p>
<p>De la Reina quien lo llama,</p>
<p>Sacó la cabeza, y pecho;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al punto se lo traspasa</p>
<p>Una daga de gran precio,</p>
<p>Con tal furor, que a la espalda</p>
<p>Asomó el agudo hierro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cayó el herido en el coche</p>
<p>Un mar de sangre vertiendo,</p>
<p>Y de su amigo en los brazos</p>
<p>Al instante quedó muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Faro De Malta</strong></h3>
<p>Envuelve al mundo extenso triste noche,</p>
<p>Ronco huracán y borrascosas nubes</p>
<p>Confunden, y tinieblas impalpables,</p>
<p>El cielo, el mar, la tierra:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tú invisible te alzas, en tu frente</p>
<p>Ostentando de fuego una corona,</p>
<p>Cual rey del caos, que refleja y arde</p>
<p>Con luz de paz y vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano ronco el mar alza sus montes</p>
<p>Y revienta a tus pies, do rebramante</p>
<p>Creciendo en blanca espuma, esconde y borra</p>
<p>El abrigo del puerto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tú, con lengua de fuego, aquí está dices,</p>
<p>Sin voz hablando al tímido piloto,</p>
<p>Que como a númen bienhechor te adora,</p>
<p>Y en ti los ojos clava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende apacible noche el manto rico,</p>
<p>Que el céfiro amoroso desenrolla,</p>
<p>Recamado de estrellas y luceros,</p>
<p>Por él rueda la luna;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entonces tú, de niebla vaporosa</p>
<p>Vestido, dejas ver en formas vagas</p>
<p>Tu cuerpo colosal, y tu diadema</p>
<p>Arde al par de los astros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde</p>
<p>Rocas aleves, áridos escollos:</p>
<p>Falso señuelo son, lejanas cumbres</p>
<p>Engañan a las naves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca,</p>
<p>Tú, cuya inmoble posición indica</p>
<p>El trono de un monarca, eres su norte,</p>
<p>Les adviertes su engaño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así de la razón arde la antorcha,</p>
<p>Én medio del furor de las pasiones</p>
<p>O de aleves halagos de fortuna,</p>
<p>A los ojos del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desque refugio de la airada suerte</p>
<p>En esta escasa tierra que presides,</p>
<p>Y grato albergue el cielo bondadoso</p>
<p>Me concedió propicio;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni una vez sólo a mis pesares busco</p>
<p>Dulce olvido del sueño entre los brazos</p>
<p>Sin saludarte, y sin tornar los ojos</p>
<p>A tu espléndida frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuántos, ay, desde el seno de los mares</p>
<p>Al par los tornarán!&#8230; tras larga ausencia</p>
<p>Unos, que vuelven a su patria amada,</p>
<p>A sus hijos y esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros prófugos, pobres, perseguidos,</p>
<p>Que asilo buscan, cual busqué lejano,</p>
<p>Y a quienes que lo hallaron tu luz dice,</p>
<p>Hospitalaria estrella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arde, y sirve de norte a los bajeles,</p>
<p>Que de mi patria, aunque de tarde en tarde,</p>
<p>Me traen nuevas amargas, y renglones</p>
<p>Con lágrimas escritos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la vez primera deslumbraste</p>
<p>Mis afligidos ojos, ¡cuál mi pecho,</p>
<p>Destrozado y hundido en amargura</p>
<p>Palpitó venturoso!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del Lacio moribundo las riberas</p>
<p>Huyendo inhospitables, contrastado</p>
<p>Del viento y mar entre ásperos bajíos</p>
<p>Vi tu lumbre divina;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viéronla como yo los marineros,</p>
<p>Y, olvidando los votos y plegarias</p>
<p>Que en las sordas tinieblas se perdían,</p>
<p>¡ ¡Malta!! ¡ ¡Malta!!, gritaron;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y fuiste a nuestros ojos la aureola</p>
<p>Que orna la frente de la santa imagen</p>
<p>En quien busca afanoso peregrino</p>
<p>La salud y el consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jamás te olvidaré, jamás&#8230; Tan sólo</p>
<p>Trocara tu esplendor, sin olvidarlo,</p>
<p>Rey de la noche, y de tu excelsa cumbre</p>
<p>La benéfica llama,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la llama y los fúlgidos destellos</p>
<p>Que lanza, reflejando al sol naciente,</p>
<p>El arcángel dorado que corona</p>
<p>De Córdoba la torre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Fratricidio &#8211; Romance Primero &#8211; El Español Y El Francés</strong></h3>
<p>«Mosén Beltrán, si sois noble,</p>
<p>Doleos de mi señor,</p>
<p>Y deba corona y vida</p>
<p>A un caballero cual vos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Ponedlo en cobro esta noche,</p>
<p>Así el cielo os dé favor;</p>
<p>Salvad a un Rey desdichado</p>
<p>Que una batalla perdió.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Yo con la mano en mi espada,</p>
<p>Y la mente puesta en Dios,</p>
<p>En su real nombre os ofrezco,</p>
<p>Y ved que os lo ofrezco yo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»En perpetuo señorío</p>
<p>La cumplida, donación</p>
<p>De Soria y de Monteagudo,</p>
<p>De Almansa, Atienza y Serón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y a más doscientas mil doblas</p>
<p>De oro, de ley superior,</p>
<p>Con el cuño de Castilla,</p>
<p>Con el sello de León,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Para que paguéis la hueste</p>
<p>De allende que está con vos,</p>
<p>Y con que fundéis estado</p>
<p>Donde más os venga en pro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Socorred al Rey Don Pedro</p>
<p>Que es legítimo, otro no;</p>
<p>Coronad vuestras proezas</p>
<p>Con tan generosa acción».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así cuando en Occidente,</p>
<p>Tras siniestro nubarrón,</p>
<p>Un anochecer de Marzo</p>
<p>Su lumbre ocultaba el sol,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pie del triste castillo</p>
<p>De Montiel, donde el pendón</p>
<p>Vencido del rey Don Pedro,</p>
<p>Aun daba a España pavor,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Men Rodríguez de Sanabria</p>
<p>Con Beltrán Claquín habló,</p>
<p>Y éste le dió por respuesta</p>
<p>Con francesa lengua y voz:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Castellano caballero,</p>
<p>Pues hidalgo os hizo Dios,</p>
<p>Considerad que vasallo</p>
<p>Del Rey de Francia soy yo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y que de él es enemigo</p>
<p>Don Pedro vuestro señor,</p>
<p>Pues en liga con ingleses</p>
<p>Le mueve guerra feroz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Considerad que sirviendo</p>
<p>Al infante Enrique estó,</p>
<p>Que le juré pleitesía,</p>
<p>Que gajes me da y ración.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mas ya que por caballero</p>
<p>Venís a buscarme vos,</p>
<p>Consultaré con los míos</p>
<p>Si os puedo servir o no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y como ellos me aconsejen</p>
<p>Que dé a Don Pedro favor,</p>
<p>Y que sin menguar mi honra</p>
<p>Puedo guarecerle yo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»En siendo la medianoche</p>
<p>Pondré un luciente farol</p>
<p>Delante de la mi tienda</p>
<p>Y encima de mi pendón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Si lo veis, luego veníos</p>
<p>Vuestro rey Don Pedro y vos</p>
<p>En sendos caballos, solos,</p>
<p>Sin armas y sin temor».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijo el francés, y a su campo</p>
<p>Sin despedirse tornó,</p>
<p>Y en silencio hacia el castillo</p>
<p>Retiróse el español.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Fratricidio &#8211; Romance Segundo &#8211; El Castillo</strong></h3>
<p>Inútil montón de piedras,</p>
<p>De años y hazañas sepulcro,</p>
<p>Que viandantes y pastores</p>
<p>Miran de noche con susto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando en tus almenas rotas</p>
<p>Grita el cárabo nocturno,</p>
<p>Y recuerda las consejas</p>
<p>Que de ti repite el vulgo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escombros que han perdonado,</p>
<p>Para escarmiento del mundo,</p>
<p>La guadaña de los siglos,</p>
<p>El rayo del cielo justo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esqueleto de un gigante,</p>
<p>Peso de un collado inculto,</p>
<p>Cadáver de un delincuente</p>
<p>De quien fué el tiempo verdugo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nido de aves de rapiña,</p>
<p>Y de reptiles inmundos</p>
<p>Vivar, y en que eres lo mismo</p>
<p>De lo que eres ha cien lustros;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregonero que publicas</p>
<p>Elocuente, aunque tan mudo,</p>
<p>Que siempre han sido los hombres</p>
<p>miseria, opresión, orgullo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Montiel viejo castillo.</p>
<p>Montón de piedras y musgo,</p>
<p>Donde en vez de centinelas</p>
<p>Gritan los siniestros buhos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cuán distinto te contemp1o</p>
<p>De lo que estabas robusto,</p>
<p>La noche aquella que fuiste</p>
<p>Del rey Don Pedro refugio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era una noche de Marzo,</p>
<p>De un Marzo invernal y crudo,</p>
<p>En que con negras tinieblas</p>
<p>Se viste el orbe de luto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El castillo, cuya torre</p>
<p>Del homenaje el obscuro</p>
<p>Cielo taladraba altiva,</p>
<p>Formaba de un monte el bulto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre su almenada frente,</p>
<p>Por el espacio confuso,</p>
<p>Pesadas nubes rodaban</p>
<p>Del huracán al impulso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del huracán, que silbando</p>
<p>Azotaba el recio muro</p>
<p>Con espesa lluvia a veces,</p>
<p>Y con granizo menudo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a veces rasgando el toldo</p>
<p>De nubarrones adustos,</p>
<p>Dos o tres rojas estrellas,</p>
<p>Ojos del cielo sañudos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubría amenazantes</p>
<p>Sobre el edificio rudo</p>
<p>Y sobre el vecino campo,</p>
<p>Del cielo entrambos insulto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Circundaban el castillo,</p>
<p>Como cercan a un difunto</p>
<p>Las amarillas candelas,</p>
<p>Fogatas de triste anuncio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues eran del enemigo</p>
<p>Vencedor, y que sañudo</p>
<p>El asalto preparaba</p>
<p>Codicioso y furibundo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la triste fortaleza</p>
<p>No aspecto de menos susto</p>
<p>El interior presentaba,</p>
<p>Último amparo y so</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un ejército vencido,</p>
<p>Desalentado, confuso;</p>
<p>De hambre y sed atormentado,</p>
<p>Y de despecho convulso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En medio del patio ardía</p>
<p>Una gran lumbrada, a cuyo</p>
<p>Resplandor de infierno, en torno</p>
<p>Varios extáticos grupos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apiñados se veían,</p>
<p>En lo interno de los muros</p>
<p>Altas sombras proyectando</p>
<p>De fantásticos dibujos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gente era del rey Don Pedro,</p>
<p>Y se mostraban los unos</p>
<p>De hierro y sayos vestidos,</p>
<p>Los otros medio desnudos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allí de horrendas heridas,</p>
<p>Dando tristes ayes, muchos</p>
<p>La sangre se restañaban</p>
<p>Con lienzos rotos y sucios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros cantaban a un lado</p>
<p>Mil cánticos disolutos,</p>
<p>Y fanfarronas blasfemias</p>
<p>Lanzaba. su labio inmundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Allá de una res asada</p>
<p>Las restos fríos y crudos</p>
<p>Se disputaban feroces,</p>
<p>Esgrimiendo el hierro agudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí contaban agüeros</p>
<p>Y desastrosos anuncios,</p>
<p>Que escuchaban los cobardes</p>
<p>Pasmados, y taciturnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni los nobles caballeros</p>
<p>Hallan respeto ninguno,</p>
<p>Ni el orden y disciplina</p>
<p>Restablecen sus conjuros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie los portillos guarda,</p>
<p>Nadie vigila en los muros.</p>
<p>Todo es peligro y desorden,</p>
<p>Todo confusión y susto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los relinchos de caballos,</p>
<p>Los ayes de moribundos,</p>
<p>Las carcajadas, las voces</p>
<p>Las blasfemias, los insultos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El crujido de las armas,</p>
<p>Los varios trajes, los duros</p>
<p>Rostros formaban un todo</p>
<p>Tan horrendo y tan confuso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alumbrado por las llamas,</p>
<p>O escondido por el humo,</p>
<p>Que asemejaba una, escena</p>
<p>Del infierno y no del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El rey Don Pedro, entre tanto,</p>
<p>Separado de los suyos,</p>
<p>En una segura cuadra</p>
<p>Se entregó al sueño profundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras en una alta torre,</p>
<p>Despreciando los impulsos</p>
<p>Del huracán y la lluvia,</p>
<p>De lealtad noble trasunto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Men Rodríguez de Sanabria</p>
<p>No separaba ni un punto,</p>
<p>Del lado donde sus tiendas</p>
<p>La francesa gente puso,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los ojos y el pensamiento,</p>
<p>Ansiando, anhelante y mudo,</p>
<p>Ver la señal concertada,</p>
<p>Astro de benigno influjo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Norte que de sus esfuerzos</p>
<p>Pueda dirigir el rumbo,</p>
<p>Por donde su Rey consiga</p>
<p>De salud puerto seguro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Sombrero &#8211;  Romance Primero &#8211; La Tarde</strong></h3>
<p>Entre Estepona y Marbella,</p>
<p>Una torre fulminada,</p>
<p>Hoy nido de aves marinas,</p>
<p>Y en otro tiempo atalaya,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corona con sus escombros</p>
<p>Una roca solitaria,</p>
<p>Que se entapiza de espumas,</p>
<p>Cuando las olas la bañan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la derecha se extiende</p>
<p>Una humilde y lisa playa,</p>
<p>Cuyas menudas arenas</p>
<p>Humedece la resaca;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y oculta entre dos ribazos</p>
<p>Forma una escondida cala,</p>
<p>Abrigo de pescadoras</p>
<p>0 contrabandistas barcas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A este temeroso sitio,</p>
<p>Mientras lento declinaba</p>
<p>A ponerse un sol de otoño</p>
<p>Entre celajes de nácar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estando el viento adormido,</p>
<p>La mar blanquecina en calma,</p>
<p>Y sin turbar el silencio</p>
<p>De las voladoras auras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sino el grito de un milano</p>
<p>Que los espacios cruzaba,</p>
<p>Y los de dos gaviotas,</p>
<p>Cuyo tálamo era el agua,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La divina Rosalía,</p>
<p>La hermosa de la comarca,</p>
<p>Fugitiva y anhelante</p>
<p>Llegó, sudosa y turbada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su gentil cabeza y hombros</p>
<p>Cubre un pañolón de grana,</p>
<p>Dejando ver negras trenzas,</p>
<p>Que un peine de concha enlaza;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de seda una toquilla,</p>
<p>Azul, rosa, verde y blanca,</p>
<p>Que las formas virginales</p>
<p>Del seno dibuja y guarda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su gallardo cuerpo adorna</p>
<p>De muselina enramada</p>
<p>Un vestido; con la diestra</p>
<p>Recoge la undosa falda,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pie, primoroso y breve,</p>
<p>Que apenas su huella estampa</p>
<p>En la movediza arena,</p>
<p>Más limpio desembaraza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el brazo izquierdo tiene</p>
<p>Un envoltorio de nada,</p>
<p>Cubierto con un pañuelo,</p>
<p>Do el jalde y rojo resaltan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Inocente Rosalía!</p>
<p>¿Qué busca allí?&#8230; ¡Temeraria!</p>
<p>¡Cuál su semblante divino,</p>
<p>Lleno de vida y de gracia,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desencajado se muestra!&#8230;</p>
<p>¡Qué palidez!&#8230; ¡Qué miradas!&#8230;</p>
<p>Está haciendo, bien se advierte,</p>
<p>Un grande esfuerzo su alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, los ojos brilladores,</p>
<p>Los ojos que tienen fama</p>
<p>En toda la Andalucía,</p>
<p>por su fuego y sus pestañas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el peñón, que lejano</p>
<p>Apenas se dibujaba</p>
<p>Entre la neblina (seña</p>
<p>De mudarse el tiempo), clava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos lágrimas relucientes</p>
<p>Sus mejillas deslustradas</p>
<p>Queman, un hondo suspiro</p>
<p>Del pecho oprimido arranca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queda suspensa un momento:</p>
<p>Luego de pronto la cara</p>
<p>Vuelve a Estepona, temblando:</p>
<p>Juzga que una voz la llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la llama, es cierto&#8230; ¡Ay triste!</p>
<p>Mas ¿qué importa? Otra, más alta,</p>
<p>Más fuerte, más poderosa,</p>
<p>Desde Gibraltar la arrastra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el peñasco asentóse,</p>
<p>De la humilde torre basa;</p>
<p>Miró en torno, y de su seno</p>
<p>Sacó y repasó esta carta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Si, mi bien; sin ti la vida</p>
<p>Me es insoportable carga;</p>
<p>Resuélvete, y no abandones</p>
<p>A quien ciego te idolatra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Contigo nada me asusta,</p>
<p>Sin ti todo me acorbada;</p>
<p>Mi destino está en tus manos:</p>
<p>Ten resolución, y basta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Resolución, Rosalía,</p>
<p>Cúmpleme, pues, tus palabras:</p>
<p>No tendrás que arrepentirte,</p>
<p>Te lo juro con el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»En cuando venga la noche,</p>
<p>Volveré sin más tardanza</p>
<p>Al sitio aquel que tú sabes,</p>
<p>En una segura lancha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Espérame, vida mía:</p>
<p>Si no te encuentro, si faltas,</p>
<p>Ten como cierta mi muerte.</p>
<p>Corro al momento a la plaza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»De Estepona, allí pregono</p>
<p>Mi proscripto nombre, y paga</p>
<p>De mi amor será un cadalso</p>
<p>Delante de tus ventanas».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se estremeció Rosalía,</p>
<p>No leyó más, y borraban</p>
<p>Sus lágrimas abundantes</p>
<p>Las letras de aquella carta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llévala a los labios fríos,</p>
<p>La estrecha al seno con ansia,</p>
<p>Mira al cielo, «Estoy resuelta»,</p>
<p>Dice, y se consterna y calla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Torna al peñón (que parece</p>
<p>Una colosal fantasma</p>
<p>Con un turbante de nubes,</p>
<p>De nieblas con una faja)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vista otra vez. La extiende</p>
<p>Por la mar, que muerta y llana,</p>
<p>Fundido oro se diría</p>
<p>Del sol poniente en la fragua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juzga ver un negro punto</p>
<p>Que se mueve a gran distancia:</p>
<p>Ya se muestra, ya se esconde.</p>
<p>¿Será?&#8230; ¡oh Dios!&#8230; ¿Será?&#8230; La escasa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz del crepúsculo todo</p>
<p>Lo confunde, borra y tapa.</p>
<p>Con los ojos Rosalía</p>
<p>Los resplandores, que aun marcan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La línea del horizonte,</p>
<p>Sigue. Una nube la espanta,</p>
<p>Que por el Sur aparece,</p>
<p>Obscura y encapotada;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aun más el ver acercarse</p>
<p>Por allí dos velas blancas,</p>
<p>Cuyas puntas ilumina</p>
<p>Del sol, ya puesto, la llama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Sombrero &#8211; Romance Segundo &#8211; La Noche</strong></h3>
<p>Entró la noche; con ella</p>
<p>Despertándose fué el viento,</p>
<p>Y el mar empezó a moverse</p>
<p>Con un mugidor estruendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las nubes, entapizando</p>
<p>El obscuro y alto cielo,</p>
<p>La débil luz ocultaban</p>
<p>De estrellas y de luceros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No había luna; densas sombras</p>
<p>En corto rato envolvieron</p>
<p>Tierra y mar. De Rosalía</p>
<p>Ya desfallece el esfuerzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arrepentida, asombrada,</p>
<p>Intenta&#8230; No, no hay remedio</p>
<p>Cierra los ojos e inclina</p>
<p>La cabeza sobre el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La humedad la hiela toda,</p>
<p>Corto abrigo es el pañuelo;</p>
<p>Tiembla de terror su alma,</p>
<p>Tiembla de frío su cuerpo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si cualquier rumor la asusta,</p>
<p>Más sus mismos pensamientos;</p>
<p>Pues ni uno solo le ocurre</p>
<p>De esperanza o de consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las velas que ha divisado</p>
<p>Cuando el sol ya estaba puesto,</p>
<p>La atormentan, la confunden.</p>
<p>Las ha conocido: ¡cielos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son, sí, las del guardacosta,</p>
<p>Jabeque armado y velero,</p>
<p>Terror de los emigrados,</p>
<p>De contrabandistas miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Infelice Rosalía!</p>
<p>A las ánimas de lejos</p>
<p>Tocar las campanas oye</p>
<p>De la torre de su pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡ Oh, cuánto la sobresaltan</p>
<p>Aquellos amigos ecos!</p>
<p>Parécele que son voces</p>
<p>Que la nombran. Gran silencio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reinó después largo espacio.</p>
<p>Las olas, que van creciendo,</p>
<p>Llegan a besar la peña;</p>
<p>De Rosalía los tiernos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pies mojan&#8230;y no lo advierte:</p>
<p>Clavada está. Los destellos</p>
<p>De la espuma que se rompe,</p>
<p>Secas algas revolviendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La deslumbran. De continuo</p>
<p>La reventazón inciertos,</p>
<p>Fugitivos grupos blancos</p>
<p>Le ofrecen del mar en medio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual pálidas llamaradas.</p>
<p>Ella piensa que los remos</p>
<p>Y la proa de un esquife</p>
<p>Las causan&#8230; ¡Vanos deseos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así pasó largas horas,</p>
<p>Cuando un lampo ve de f llega</p>
<p>En alta mar, y en seguida</p>
<p>Oye al cabo de un momento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Poumb!&#8230; y retumbar en torno</p>
<p>Como un pavoroso trueno,</p>
<p>Que se repite y se pierde</p>
<p>De aquella costa en los huecos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve pronto hacia el lado mismo</p>
<p>Otros dos o tres pequeños</p>
<p>Fogonazos; mas no llega</p>
<p>El sordo estampido de ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra roja llamarada</p>
<p>¡Poumb! otra vez&#8230; ¡Dios!, ¿qué es esto?</p>
<p>Repitiéndose perdióse</p>
<p>Este son como el primero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hubo más: creció furioso</p>
<p>El temporal, y más recio</p>
<p>Sopló el Sudoeste; las olas</p>
<p>De Rosalía el asiento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Embisten, de agua salobre</p>
<p>La bañan; estar más tiempo</p>
<p>No puede allí: busca abrigo</p>
<p>De la torre entre los restos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La lluvia cae a torrentes,</p>
<p>Parece que tiembla el suelo;</p>
<p>Dijérase ser llegada</p>
<p>Ya la fin del universo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>El Sombrero &#8211; Romance Tercero &#8211; La Mañana</strong></h3>
<p>Raya en el remoto Oriente</p>
<p>Una luz parda y siniestra;</p>
<p>A mostrarse en vagas formas</p>
<p>Ya los objetos empiezan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Espectáculo espantoso</p>
<p>Ofrece Naturaleza,</p>
<p>Las olas como montañas,</p>
<p>Movibles y verdinegras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se combaten, crecen, corren</p>
<p>Para tragarse la tierra,</p>
<p>Ya los abismos descubren,</p>
<p>Ya en las nubes se revientan,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rómpense en las altas rocas</p>
<p>Alzando salobre niebla,</p>
<p>Y la playa arriba suben,</p>
<p>Y luego a su centro ruedan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con un asordante estruendo:</p>
<p>Silba el huracán, espesa</p>
<p>Lluvia el horizonte borra,</p>
<p>Y lo confunde y lo mezcla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La infelice Rosalía,</p>
<p>Toda empapada, cubierta</p>
<p>Con el pañolón mojado</p>
<p>Que, o bien la cine y aprieta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O, agitado por el viento,</p>
<p>Le azota el rostro y flamea,</p>
<p>Volando ya desparcidas</p>
<p>Fuera de él las negras trenzas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Falta de aliento, de vida,</p>
<p>El alma rota y deshecha,</p>
<p>Asida de los sillares</p>
<p>Se aguanta inmóvil y yerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparición de otro mundo,</p>
<p>Sílfida, a quien maga artera</p>
<p>Cortó las ligeras alas,</p>
<p>La juzgaran si la vieran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiende, espantados, los ojos</p>
<p>Por el caos: nada encuentra</p>
<p>Que socorro o que consuelo</p>
<p>En tal apuro le ofrezca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubre que una gran ola,</p>
<p>Que tronadora se acerca,</p>
<p>Entre las blancas espumas</p>
<p>Envuelve una cosa negra:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ella no aparta los ojos,</p>
<p>la playa se estrella,</p>
<p>huir deja un sombrero</p>
<p>Cuando sobre la arena,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una tabla. —Rosalía</p>
<p>Salta de las ruinas fuera,</p>
<p>Corre allá, mientras las olas</p>
<p>Se retiran. No la aterra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra mayor, que se avanza</p>
<p>Más hinchada, más soberbia.</p>
<p>Ve en el madero lavado</p>
<p>Los restos de sangre fresca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Coge el sombrero&#8230; ¡infelice!</p>
<p>Lo reconoce&#8230; Las fuerzas</p>
<p>Le faltan, cae, y al momento</p>
<p>Precipitase sobre ella</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una salobre montaña,</p>
<p>Que la playa arriba entra,</p>
<p>Y rápida retrocede,</p>
<p>No dejando nada en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cual si dar, tan sólo objeto</p>
<p>De la borrasca tremenda,</p>
<p>Lecho nupcial en los mares</p>
<p>A dos infelices fuera,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A templar su furia ronca</p>
<p>Los huracanes empiezan;</p>
<p>Bajan las olas, la lluvia</p>
<p>Se disminuye, y aun cesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rómpese el cielo de plomo,</p>
<p>Y por pedazos se muestra</p>
<p>El azul, que ardientes rayos</p>
<p>De claro sol atraviesan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya se aclara el horizonte;</p>
<p>Por el lado de la tierra</p>
<p>Fórmanlo azules colinas,</p>
<p>Que aun en parte ocultan nieblas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una línea verde, obscura,</p>
<p>Movible, lo forma y cierra</p>
<p>Del lado del mar, y asoma</p>
<p>La claridad detrás de ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque silba duro el viento,</p>
<p>Aunque es la reseca recia,</p>
<p>Torna al mundo la esperanza</p>
<p>De prolongar su existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esto una triste madre</p>
<p>Y un tierno hermanillo llegan,</p>
<p>Buscando a su Rosalía,</p>
<p>A aquella playa funesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llenos de lodo, empapados,</p>
<p>Muertos de cansancio y pena,</p>
<p>Tienden enreedor los ojos,</p>
<p>Y nada ¡oh martirio! encuentran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al retroceder las aguas,</p>
<p>Unas femeniles huellas</p>
<p>De pie breve reconocen</p>
<p>Estampadas en la arena</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Rosalía! ¡Rosalía!&#8230;»</p>
<p>Gritan, y no oyen respuesta.</p>
<p>Van a la arruinada torre,</p>
<p>Y hállanse sobre una piedra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un envoltorio deshecho</p>
<p>Entre fango, espuma y tierra,</p>
<p>Y un pañuelo rojo y jalde</p>
<p>Que le sirve de cubierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vuelta Deseada &#8211; Romance Primero</strong></h3>
<p>Entre aquellos olivares</p>
<p>que Torreblanca domina,</p>
<p>Y ciñen de un lado y otro</p>
<p>El camino de Sevilla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por un atajo atraviesa,</p>
<p>Para llegar más de prisa,</p>
<p>Una carretela verde</p>
<p>Con una gran baca encima;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toda cubierta de barro,</p>
<p>Tableros, muelles y viga,</p>
<p>De barro seco y reciente</p>
<p>Y de tierras muy distintas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuatro andaluces caballos</p>
<p>Que en torno lodo salpican,</p>
<p>En humo y sudor envueltos,</p>
<p>De ella presurosos tiran;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y del postillón las voces</p>
<p>Con que los nombra y anima,</p>
<p>Del látigo los chasquidos</p>
<p>Que los acosan y hostigan,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El son de los cascabeles,</p>
<p>Y el de las ruedas que giran</p>
<p>Rápidas, tras sí dejando</p>
<p>Dos huellas no interrumpidas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Forman estruendo confuso,</p>
<p>Y que viene posta avisan</p>
<p>A los carros y arrieros,</p>
<p>Que hacia un lado se desvían.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dentro de la carretela</p>
<p>Un hombre aun joven, camina,</p>
<p>Que revuelve a todos lados</p>
<p>La desencajada vista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es Vargas: alegre torna</p>
<p>De su patria a las delicias,</p>
<p>Después de vagar seis años</p>
<p>Emigrado en otros climas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antiguos amigos halla</p>
<p>En cuantos objetos mira,</p>
<p>y en árboles, tapias, lindes,</p>
<p>Dulces memorias antiguas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo pasado y lo presente</p>
<p>Anudando va, y delira</p>
<p>Entre esperanzas risueñas</p>
<p>Y entre ya pasadas dichas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trastornos, persecuciones,</p>
<p>Desventuras, injusticias,</p>
<p>En sus más floridos años</p>
<p>Lo arrancaron de Sevilla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abandonando riquezas,</p>
<p>Honores, nombre y familia,</p>
<p>Y dejándose allí el alma</p>
<p>En el pecho de Jacinta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jacinta, encanto y adorno</p>
<p>De toda la Andalucía;</p>
<p>Y por sus luengas pestañas,</p>
<p>Por su apacible sonrisa,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por los graciosos hoyuelos</p>
<p>Que avaloran sus mejillas,</p>
<p>Por su cuerpo primoroso</p>
<p>Y por sus formas divinas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su gracia y su talento</p>
<p>Y su modestia expresiva,</p>
<p>El hechizo de los hombres,</p>
<p>De las mujeres la envidia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez y seis años contaba</p>
<p>Cuando Vargas ¡alta dicha!</p>
<p>Logró conmover su pecho</p>
<p>Y agitar su alma sencilla;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al par que el amable joven</p>
<p>Ardió en la pasión más viva,</p>
<p>Al mirar a una doncella</p>
<p>Tan inocente y tan linda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En sus puros corazones</p>
<p>Creció desde la hora misma,</p>
<p>Y el trato y correspondencia</p>
<p>Acrecentó en pocos días,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un primer amor de aquellos</p>
<p>Que las estrella combinan,</p>
<p>Amor que de dos personas</p>
<p>El destino fija.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los lazos de himeneo</p>
<p>A unirse dichosos iban,</p>
<p>Con el aplauso felice</p>
<p>De sus contentas familias,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se alzó tronadora</p>
<p>La borrasca embravecida,</p>
<p>Que ¡infelices! confundiólos</p>
<p>Del infortunio en la sima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seis años ¡oh cuan eternos!</p>
<p>Vargas por tierras distintas</p>
<p>Huyó infelice, luchando</p>
<p>Del Destino con las iras,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin encontrar de consuelo</p>
<p>Ni de esperanza mezquina,</p>
<p>Un solo sueño de noche,</p>
<p>Un solo rayo de día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las extranjeras beldades</p>
<p>Estatuas le parecían;</p>
<p>Las ciudades opulentas</p>
<p>Que el orbe orgulloso admira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desiertos… ¡Ay! pero puede</p>
<p>Feliz llamarse en sus cuitas,</p>
<p>Venturoso en su destierro,</p>
<p>Fortunado en sus desdichas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creció el amor con la ausencia</p>
<p>En el pecho de Jacinta,</p>
<p>Que la distancia y el tiempo</p>
<p>Al que es verdadero afirman.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De cuando en cuando se cruzan</p>
<p>Papeles que lo acreditan,</p>
<p>Cartas trazadas con llanto,</p>
<p>Cartas con el alma escritas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Un Castellano Leal</strong></h3>
<p>«Hola, hidalgos y escuderos</p>
<p>De mi alcurnia y mi blasón,</p>
<p>Mirad como bien nacidos</p>
<p>De mi sangre y casa en pro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Esas puertas se defiendan;</p>
<p>Que no ha de entrar, vive Dios,</p>
<p>Por ellas, quien no estuviere</p>
<p>Más limpio que lo está el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»No profane mi palacio</p>
<p>Un fementido traidor</p>
<p>Que contra su Rey combate</p>
<p>Y que a su patria vendió.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Pues si él es de Reyes primo,</p>
<p>Primo de Reyes soy yo;</p>
<p>Y conde de Benavente</p>
<p>Si él es duque de Borbón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Llevándole de ventaja</p>
<p>Que nunca jamás manchó</p>
<p>La traición mi noble sangre,</p>
<p>Y haber nacido español».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así atronaba la calle</p>
<p>Una ya cascada voz,</p>
<p>Que de un palacio salía</p>
<p>Cuya puerta se cerró;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya a la que estaba a caballo</p>
<p>Sobre un negro pisador,</p>
<p>Siendo en su escudo las lises</p>
<p>Más bien que timbre baldón,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de pajes y escuderos</p>
<p>Llevando un tropel en pos</p>
<p>Cubiertos de ricas galas,</p>
<p>El gran duque de Borbón;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El que lidiando en Pavía,</p>
<p>Más que valiente, feroz,</p>
<p>Gozóse en ver prisionero</p>
<p>A su natural señor;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que a Toledo ha venido,</p>
<p>Ufano de su traición,</p>
<p>Para recibir mercedes</p>
<p>Y ver al Emperador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Romance segundo</em></p>
<p>En una anchurosa cuadra</p>
<p>Del alcázar de Toledo,</p>
<p>Cuyas paredes adornan</p>
<p>Ricos tapices flamencos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al lado de una gran mesa,</p>
<p>Que cubre de terciopelo</p>
<p>Napolitano tapete</p>
<p>Con borlones de oro y flecos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ante un sillón de respaldo</p>
<p>Que entre bordado arabesco</p>
<p>Los timbres de España ostenta</p>
<p>Y el águila del imperio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pie estaba Carlos Quinto,</p>
<p>Que en España era primero,</p>
<p>Con gallardo y noble talle,</p>
<p>Con noble y tranquilo aspecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De brocado de oro y blanco</p>
<p>Viste tabardo tudesco,</p>
<p>De rubias martas orlado,</p>
<p>Y desabrochado y suelto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejando ver un justillo</p>
<p>De raso jalde, cubierto</p>
<p>Con primorosos bordados</p>
<p>Y costosos sobrepuestos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la excelsa y noble insignia</p>
<p>Del Toisón de oro, pendiendo</p>
<p>De una preciosa cadena</p>
<p>En la mitad de su pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un birrete de velludo</p>
<p>Con un blanco airón, sujeto</p>
<p>Por un joyel de diamantes</p>
<p>Y un antiguo camafeo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descubre por ambos lados,</p>
<p>Tanta majestad cubriendo,</p>
<p>Rubio, cual barba y bigote,</p>
<p>Bien atusado el cabello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apoyada en la cadera</p>
<p>La potente diestra ha puesto,</p>
<p>Que aprieta dos guantes de ámbar</p>
<p>Y un primoroso mosquero,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con la siniestra halaga</p>
<p>De un mastín muy corpulento,</p>
<p>Blanco y las orejas rubias,</p>
<p>El ancho y carnoso cuello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el Condestable insigne,</p>
<p>Apaciguador del reino,</p>
<p>De los pasados disturbios</p>
<p>Acaso está discurriendo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O del trato que dispone</p>
<p>Con el Rey de Francia preso,</p>
<p>O de asuntos de Alemania</p>
<p>Agitada por Latero;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando un tropel de caballos</p>
<p>Oye venir a lo lejos</p>
<p>Y ante el alcázar pararse,</p>
<p>Quedando todo en silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la antecámara suena</p>
<p>Rumor impensado luego,</p>
<p>Ábrese al fin la mampara</p>
<p>Y entra el de Borbón soberbio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el semblante de azufre</p>
<p>Y con los ojos de fuego,</p>
<p>Bramando de ira y de rabia</p>
<p>Que enfrena mal el respeto;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con balbuciente lengua,</p>
<p>Y con mal borrado cerio,</p>
<p>Acusa al de Benavente,</p>
<p>Un desagravio pidiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del español Condestable</p>
<p>Latió con orgullo el pecho,</p>
<p>Ufano de la entereza</p>
<p>De su esclarecido deudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque advertido procura</p>
<p>Disimular cual discreto,</p>
<p>A su noble rostro asoman</p>
<p>La aprobación y el contento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Emperador un punto</p>
<p>Quedó indeciso y suspenso,</p>
<p>Sin saber qué responderle</p>
<p>Al francés, de enojo ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aunque en su interior se goza</p>
<p>Con el proceder violento</p>
<p>Del conde de Benavente,</p>
<p>De altas esperanzas lleno</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por tener tales vasallos,</p>
<p>De noble lealtad modelos,</p>
<p>Y con los que el ancho mundo</p>
<p>Será a sus glorias estrecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho al de Borbón le debe</p>
<p>Y es fuerza satisfacerlo:</p>
<p>Le ofrece para calmarlo</p>
<p>Un desagravio completo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, llamando a un gentilhombre,</p>
<p>Con el semblante severo</p>
<p>Manda que el de Benavente</p>
<p>Venga a su presencia presto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Romance tercero</em></p>
<p>Sostenido por sus pajes</p>
<p>Desciende de su litera</p>
<p>El conde de Benavente</p>
<p>Del alcázar a la puerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un viejo respetable,</p>
<p>Cuerpo enjuto, cara seca,</p>
<p>Con dos ojos como chispas,</p>
<p>Cargados de largas cejas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con semblante muy noble,</p>
<p>Mas de gravedad tan seria</p>
<p>Que veneración de lejos</p>
<p>Y miedo causa de cerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era su traje unas calzas</p>
<p>De púrpura de Valencia,</p>
<p>Y de recamado ante</p>
<p>Un coleto a la leonesa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De fino lienzo gallego</p>
<p>Los puños y la gorguera,</p>
<p>Unos y otra guarnecidos</p>
<p>Con randas barcelonesas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un birretón de velludo</p>
<p>Con un cintillo de perlas,</p>
<p>Y el gabán de paño verde</p>
<p>Con alamares de seda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan sólo de Calatrava</p>
<p>La insignia española lleva;</p>
<p>Que el Toisón ha despreciado</p>
<p>Por ser orden extranjera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con paso tardo, aunque firme,</p>
<p>Sube por las escaleras,</p>
<p>Y al verle, las alabardas</p>
<p>Un golpe dan en la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Golpe de honor, y de aviso</p>
<p>De que en el alcázar entra</p>
<p>Un Grande, a quien se le debe</p>
<p>Todo honor y reverencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar a la antesala,</p>
<p>Los pajes que están en ella</p>
<p>Con respeto le saludan</p>
<p>Abriendo las anchas puertas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con grave paso entra el conde</p>
<p>Sin que otro aviso preceda,</p>
<p>Salones atravesando</p>
<p>Hasta la cámara regia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pensativo está el Monarca,</p>
<p>Discurriendo cómo pueda</p>
<p>Componer aquel disturbio</p>
<p>Sin hacer a nadie ofensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho al de Borbón le debe ,</p>
<p>Aun mucho más de él espera,</p>
<p>Y al de Benavente mucho</p>
<p>Considerar le interesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dilación no admite el caso,</p>
<p>No hay quien dar consejo pueda</p>
<p>Y Villalar y Pavía</p>
<p>A un tiempo se le recuerdan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el sillón asentado</p>
<p>Y el codo sobre la mesa,</p>
<p>Al personaje recibe,</p>
<p>Que comedido se acerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Grave el conde le saluda</p>
<p>Con una rodilla en tierra,</p>
<p>Mas como Grande del reino</p>
<p>Sin descubrir la cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Emperador benigno</p>
<p>Que alce del suelo le ordena,</p>
<p>Y la plática difícil</p>
<p>Con sagacidad empieza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entre severo y afable</p>
<p>Al cabo le manifiesta</p>
<p>Que es el que a Borbón aloje</p>
<p>Voluntad suya resuelta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con respeto muy profundo,</p>
<p>Pero con la voz entera,</p>
<p>Respóndele Benavente,</p>
<p>Destocando la cabeza:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Soy, señor, vuestro vasallo,</p>
<p>Vos sois mi rey en la tierra,</p>
<p>A vos ordenar os cumple</p>
<p>De mi vida y de mi hacienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Vuestro soy, vuestra mi casa,</p>
<p>De mí disponed y de ella,</p>
<p>Pero no toquéis mi honra</p>
<p>Y respetad mi conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Mi casa Borbón ocupe</p>
<p>Puesto que es voluntad vuestra,</p>
<p>Contamine sus paredes,</p>
<p>Sus blasones envilezca;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Que a mí me sobra en Toledo</p>
<p>Donde vivir, sin que tenga</p>
<p>Que rozarme con traidores,</p>
<p>Cuyo solo aliento infesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y en cuanto él deje mi casa,</p>
<p>Antes de tornar yo a ella,</p>
<p>Purificaré con fuego</p>
<p>Sus paredes y sus puertas».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dijo el conde, la real mano</p>
<p>Besó, cubrió su cabeza,</p>
<p>Y retiróse bajando</p>
<p>A do estaba su litera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a casa de un su pariente</p>
<p>Mandó que lo condujeran,</p>
<p>Abandonando la suya</p>
<p>Con cuanto dentro se encierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedó absorto Carlos Quinto</p>
<p>De ver tan noble firmeza,</p>
<p>Estimando la de España</p>
<p>Más que la imperial diadema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Romance cuarto</em></p>
<p>Muy pocos días el duque</p>
<p>Hizo mansión en Toledo,</p>
<p>Del noble conde ocupando</p>
<p>Los honrados aposentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la noche en que el palacio</p>
<p>Dejó vacío, partiendo,</p>
<p>Con su séquito y sus pajes,</p>
<p>Orgulloso y satisfecho,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Turbó la apacible luna</p>
<p>Un vapor blanco y espeso</p>
<p>Que de las altas techumbres</p>
<p>Se iba elevando y creciendo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A poco rato tornóse</p>
<p>En humo confuso y denso</p>
<p>Que en nubarrones oscuros</p>
<p>Ofuscaba el claro cielo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después en ardientes chispas,</p>
<p>Y en un resplandor horrendo</p>
<p>Que iluminaba los valles</p>
<p>Dando en el Tajo reflejos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al fin su furor mostrando</p>
<p>En embravecido incendio</p>
<p>Que devoraba altas torres</p>
<p>Y derrumbaba altos techos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Resonaron las campanas,</p>
<p>Conmovióse todo el pueblo,</p>
<p>De Benavente el palacio</p>
<p>Presa de las llamas viendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Emperador confuso</p>
<p>Corre a procurar remedio,</p>
<p>En atajar tanto daño</p>
<p>Mostrando tenaz empeño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vano todo: tragóse</p>
<p>Tantas riquezas el fuego,</p>
<p>A la lealtad castellana</p>
<p>Levantando un monumento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun hoy unos viejos muros</p>
<p>Del humo y las llamas negros</p>
<p>Recuerdan acción tan grande</p>
<p>En la famosa Toledo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Vuelta Deseada &#8211; Romance Segundo</strong></h3>
<p>Todo el mundo es mudable,</p>
<p>Ni el bien ni el mal son eternos:</p>
<p>La apacible primavera</p>
<p>Sigue al riguroso invierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la obscura noche el día,</p>
<p>Y a la borrasca, que al cielo</p>
<p>Empañó con densas nubes</p>
<p>Y asustó con rudos truenos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La calma serena y pura.</p>
<p>Así suelen a los tiempos</p>
<p>De desventuras y llantos,</p>
<p>Seguir de paz y consuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del Rhin en la orilla helada,</p>
<p>Abrumado de sí mesmo,</p>
<p>Vargas proscripto gemía,</p>
<p>Su fortuna maldiciendo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando noticias recibe</p>
<p>De que la patria le ha abierto</p>
<p>Lar, puertas&#8230; Júzgalo absorto</p>
<p>Ilusión de su deseo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mas Jacinta se lo escribe,</p>
<p>Y cuanto ella dice, es cierto.</p>
<p>Otra carta …de la madre</p>
<p>De Jacinta … que al momento,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuele a Sevilla, le ruega,</p>
<p>En donde dará Himeneo,</p>
<p>El día de su llegada,</p>
<p>A tan constante amor premio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No la paloma, que presa</p>
<p>Llora en doloroso encierro,</p>
<p>Si acaso un resquicio mira,</p>
<p>Tiende apresurado el vuelo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hacia el palomar y nido,</p>
<p>En donde vió el sol primero;</p>
<p>Ni el torrente, a quien contuvo</p>
<p>El malecón interpuesto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto lo encuentra roto,</p>
<p>Se arroja a su antiguo lecho,</p>
<p>Y por él se precipita</p>
<p>Hacia la mar, que es su centro,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan veloces como Vargas;</p>
<p>Corre, sin tomar resuello,</p>
<p>A Sevilla: los instantes,</p>
<p>Son Para él siglos eternos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Montes, llanuras, ciudades,</p>
<p>Ríos, Estados diversos</p>
<p>Atrás deja, y los caballos</p>
<p>De tardos acusa y lentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya salva las altas cumbres</p>
<p>Del nevado Pirineo,</p>
<p>Y entra en España; ya escucha</p>
<p>La lengua de sus abuelos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué importa? Ni un solo instante</p>
<p>Retarda su raudo vuelo.</p>
<p>Halla a cada paso amigos,</p>
<p>Halla intereses y deudos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se para, corre, corre,</p>
<p>Que tiene en Sevilla puesto</p>
<p>Su afán, y hasta que descubra</p>
<p>La Giralda no hay sosiego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas ha quince días,</p>
<p>Que en las márgenes del Reno</p>
<p>De su Jacinta la carta</p>
<p>Leyó, juzgándolo sueño;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los caños de Carmona</p>
<p>Ve a su siniestra creciendo,</p>
<p>Y a¡ frente la antigua puerta,</p>
<p>Para él la puerta del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cualquiera mujer que mira</p>
<p>En mantilla y de paseo,</p>
<p>Que es Jacinta que le espera,</p>
<p>Juzga, y le palpita el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar se desengaña</p>
<p>Y en otra que ve más lejos</p>
<p>Jacinta fuera de casa</p>
<p>Está, sí, sale a su encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era en punto mediodía:</p>
<p>Entra por fin, Y Molestos</p>
<p>Los guardas el carruaje</p>
<p>Detienen corto momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los maldice y les da oro,</p>
<p>Por que le detengan menos:</p>
<p>«Corre», al potillón le grita,</p>
<p>Y torna a marchar de nuevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por las retorcidas calles</p>
<p>Echa pestes y reniegos</p>
<p>A cada lenta carreta.</p>
<p>A cada corro interpuesto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que a templar el paso obliga</p>
<p>De los caballos ligeros,</p>
<p>Y anheloso a verse llega</p>
<p>De la ciudad en el centro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oye de fúnebres cantos</p>
<p>El triste son desde lejos,</p>
<p>Se aproxima, y por la calle</p>
<p>Que va a tomar, un entierro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa. Con hachas de cera,</p>
<p>Pobres, vestidos de negro,</p>
<p>Van de dos en dos; los siguen</p>
<p>Las cofradías; a lento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paso un féretro se acerca,</p>
<p>De un blanco paño cubierto,</p>
<p>Con una palma, y corona</p>
<p>De blancas flores&#8230; ¡Agüero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Terrible! que es de doncella</p>
<p>Principal y de respeto</p>
<p>El funeral le parece</p>
<p>Hierve taciturno el pueblo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En derredor. Manda Vargas,</p>
<p>Turbado con tal encuentro,</p>
<p>Que tome por otra calle,</p>
<p>Al postillón. Revolviendo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este los caballos, torna</p>
<p>Por un callejón estrecho,</p>
<p>Y a la calle ansiada llega</p>
<p>Después de corto rodeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucha gente en los balcones</p>
<p>Está, mostrando en sus gestos</p>
<p>Sorpresa de que en tal día</p>
<p>Llegue a la casa un viajero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Párase la carretela;</p>
<p>La puerta está abierta, yermos</p>
<p>El ancho portal y el patio;</p>
<p>Reina en la casa el silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un salto Vargas se apea,</p>
<p>Corre a la escalera presto,</p>
<p>De ella por un lado y otro</p>
<p>De cera advierte un reguero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reciente. Veloz la sube,</p>
<p>Abre la mampara&#8230;¡Cielos!</p>
<p>Colgada está la antesala</p>
<p>Enreedor Con paños negros</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enlutada una gran mesa</p>
<p>Mira colocada en medio,</p>
<p>Y en sus cuatro ángulos arden,</p>
<p>Sobre cuatro candeleros</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De plata, cándidas velas</p>
<p>Consumidas casi: el suelo</p>
<p>Cubren deshojadas flores,</p>
<p>Siemprevivas y romero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Dios!&#8230; ¡Pobre Vargas! Absorto,</p>
<p>Sin voz, sin alma, y en hielo</p>
<p>Convertido, ni respira.</p>
<p>Ojos cual los de un espectro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gira en derredor; se ahoga</p>
<p>Sin respiración su pecho.</p>
<p>Volviendo en sí un corto instante,</p>
<p>Oye llorar allá dentro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se abre lentamente</p>
<p>Una puerta, que al momento</p>
<p>Se cierra, y un sacerdote</p>
<p>Que por ella sale, lleno</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De lágrimas el semblante</p>
<p>(De dar en vano consuelo</p>
<p>Viene a una madre infelice),</p>
<p>Queda inmoble a Vargas viendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vargas lo mira, y no alienta;</p>
<p>Mas tras de breve silencio</p>
<p>Rompe al cabo, y le pregunta</p>
<p>Con un angustiado esfuerzo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¿Dónde está?»&#8230; Quedóse helada</p>
<p>Su lengua. Fáltale aliento</p>
<p>Al turbado sacerdote,</p>
<p>Y con agitado aspecto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alza el rostro, y levantando</p>
<p>La diestra, señala al cielo.</p>
<p>Vargas le comprende; arroja</p>
<p>Un alarido de infierno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huye veloz, la escalera</p>
<p>Baja delirante, ciego,</p>
<p>Nada ve, corre cual loco</p>
<p>Por las calles, y muy presto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desaparece. En Sevilla</p>
<p>La noticia cunde luego</p>
<p>De su llegada: le buscan</p>
<p>Sus amigos y sus deudos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo, todo en vano: algunos</p>
<p>Dan señas de que le vieron</p>
<p>Junto a la Torre del Oro,</p>
<p>Cuando el sol ya estaba puesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un remanso, que forma</p>
<p>El Guadalquivir, no lejos</p>
<p>De Gelves, a las dos noches</p>
<p>Unos pescadores vieron,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la luz de escasa luna,</p>
<p>De un joven ahogado el cuerpo,</p>
<p>Vestido aun. Procuraron,</p>
<p>Compasivos, recogerlo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero al llegar con la barca,</p>
<p>Y al agitar con los remos</p>
<p>El agua, veloz corriente</p>
<p>Llevó el cadáver. Suspensos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguiéronlo un corto rato</p>
<p>Con los ojos, y muy presto</p>
<p>Fué leve punto en las aguas,</p>
<p>Y de vista lo perdieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Antigualla De Sevilla &#8211; Romance Segundo &#8211; El Juez</strong></h3>
<p>Las cuatro esferas doradas,</p>
<p>Que ensartadas en un perno,</p>
<p>Obra colosal de moros</p>
<p>Con resaltos y letreros,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la torre de Sevilla</p>
<p>Eran remate soberbio,</p>
<p>Do el gallardo Giraldillo</p>
<p>Hoy marea el mudable viento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Esferas que pocos años</p>
<p>Después derrumbó en el suelo</p>
<p>Un terremoto) brillaban</p>
<p>Del sol matutino al fuego,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando en una sala estrecha</p>
<p>Del antiguo Alcázar regio,</p>
<p>Que entonces reedificaban</p>
<p>Tal cual hoy mismo lo vemos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un sillón de respaldo</p>
<p>Sentado está el Rey Don Pedro,</p>
<p>Joven de gallardo talle,</p>
<p>Mas de semblante severo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A reverente distancia,</p>
<p>Una rodilla en el suelo,</p>
<p>Vestido de negra toga,</p>
<p>Blanca barba, albo cabello,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con la vara de Alcalde</p>
<p>Rendida. al poder supremo,</p>
<p>Martín Fernández Cerón</p>
<p>Era emblema del respeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y estas palabras de entrambos</p>
<p>Recogió el dorado techo,</p>
<p>Y la tradición guardólas</p>
<p>Para que hoy suenen de nuevo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>—«¿Con que en medio de Sevilla</li>
</ol>
<p>Amaneció un hombre muerto,</p>
<p>Y no venís a decirme</p>
<p>Que está ya el matador preso?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>—«Señor, desde antes del alba,</li>
</ol>
<p>En que el cadáver sangriento</p>
<p>Recogí, varias pesquisas</p>
<p>Inútilmente se han hecho».</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>—«Más pronta justicia,</li>
</ol>
<p>Alcalde, Ha de haber donde yo reino,</p>
<p>Y a sus vigilantes ojos</p>
<p>Nada ha de estar encubierto».</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>—«Tal vez, señor, los judíos,</li>
</ol>
<p>Tal vez los moros, sospecho&#8230;»</p>
<ol>
<li>—«¿Y os vais tras de las sospechas</li>
</ol>
<p>Cuando hay un testigo, y bueno?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»¿No me habéis, Alcalde, dicho,</p>
<p>Que un candil se halló en el suelo</p>
<p>Cerca del cadáver?&#8230; Basta,</p>
<p>Que el candil os diga el reo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>—«Un candil no tiene lengua».</li>
<li>—«Pero tiénela su dueño.</li>
</ol>
<p>Y a moverla se le obliga</p>
<p>Con las cuerdas del tormento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>»Y ¡vive Dios! que esta noche</p>
<p>Ha de estar en aquel puesto</p>
<p>O vuestra cabeza, Alcalde,</p>
<p>O la cabeza del reo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Rey, temblando de ira,</p>
<p>Del sillón se alzó de presto,</p>
<p>Y el juez alzóse de tierra</p>
<p>Temblando también de miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y haciendo una reverencia,</p>
<p>Y otra después, y otra luego,</p>
<p>Salióse a ahorcar a Sevilla,</p>
<p>Para salvarse, resuelto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Síguele el Rey con los ojos,</p>
<p>Que estuvieran en su puesto</p>
<p>de un basilisco en la frente,</p>
<p>Según eran de siniestros;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de satánica risa,</p>
<p>Dando la expresión al gesto,</p>
<p>Salió detrás del Alcalde</p>
<p>A pasos largos y lentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el corredor estuvo</p>
<p>En las alcándaras, viendo</p>
<p>Azores y jerifaltes,</p>
<p>Y dándoles agua y cebo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y con uno sobre el puño</p>
<p>Salió a dirigir él mesmo</p>
<p>Las obras de aquel palacio,</p>
<p>En que muestra gran empeño.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vió poner las portadas</p>
<p>De cincelados maderos,</p>
<p>Y él mismo dictó las letras</p>
<p>Que aun hoy notamos en ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después habló largo rato,</p>
<p>A solas y con secreto,</p>
<p>A un su privado, Juan Diente,</p>
<p>Diestrísimo ballestero,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Señalándole un retrato,</p>
<p>Busto de piedra mal hecho,</p>
<p>Que con corta semejanza</p>
<p>Labró un peregrino griego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fué a Triana, vió las naves</p>
<p>Y marítimos aprestos;</p>
<p>De Santa Ana entró en la iglesia</p>
<p>Y oró brevísimo tiempo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Comió en la Torre del Oro,</p>
<p>A las tablas jugó luego</p>
<p>Con Martín Gil de Alburquerque;</p>
<p>A caballo dio un paseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando el sol descendía,</p>
<p>Dejando esmaltado el cielo</p>
<p>De rosa, morado y oro,</p>
<p>Con nubes de grana y fuego,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tornó al Alcázar, vistióse</p>
<p>Sayo pardo, manto negro,</p>
<p>Tomó un birrete sin plumas</p>
<p>Y un estoque de Toledo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y bajando a los jardines</p>
<p>Por un postigo secreto,</p>
<p>Do Juan Diente le esperaba</p>
<p>Entre murtas encubierto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Salió solo, y esto dijo</p>
<p>Con recato al ballestero:</p>
<p>«Antes de la media noche</p>
<p>Todo esté cual dicho tengo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cerró el postigo por fuera,</p>
<p>Y en el laberinto ciego</p>
<p>De las calles de Sevilla</p>
<p>Desapareció entre el pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Una Antigualla De Sevilla &#8211; Romance Primero &#8211; El Candil</strong></h3>
<p><em>Al Excmo. Sr. D. Mauel Cepero.</em></p>
<p>Más ha de quinientos años,</p>
<p>en una torcida calle,</p>
<p>Que de Sevilla en el centro,</p>
<p>Da paso a otras principales,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cerca de la media noche,</p>
<p>Cuando la ciudad más grande</p>
<p>Es de un grande cementerio</p>
<p>En silencio y paz imagen,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De dos desnudas espadas</p>
<p>Que trababan un combate,</p>
<p>Turbó el repentino encuentro</p>
<p>Las tinieblas impalpables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El crujir de los aceros</p>
<p>Sonó por breves instantes,</p>
<p>Lanzando azules centellas,</p>
<p>Meteoro de desastres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al gemido: ¡Dios me valga!</p>
<p>¡Muerto soy! Y al golpe grave</p>
<p>De un cuerpo que a tierra, vino,</p>
<p>El silencio y paz renacen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al punto una ventanilla</p>
<p>De un pobre casuco abren,</p>
<p>Y de tendones y huesos,</p>
<p>Sin jugo, como sin carne,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una mano y brazo asoman,</p>
<p>Que sostienen por el aire</p>
<p>Un candil, cuyas destellos</p>
<p>Dan luz súbita a la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En pos un rostro aparece</p>
<p>De gomia o bruja espantable,</p>
<p>A que otra marchita mano</p>
<p>O cubre o da sombra en parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser dijérase la muerte</p>
<p>Que salía a apoderarse</p>
<p>De aquella víctima humana</p>
<p>Que acababan de inmolarle,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O de la, eterna justicia,</p>
<p>De cuyas miradas nadie</p>
<p>Consigue ocultar un crimen,</p>
<p>El testigo formidable,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues a la llama mezquina,</p>
<p>Con el ambiente ondeante,</p>
<p>Que dando luz roja al muro</p>
<p>Dibujaba desiguales</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los tejados y azoteas</p>
<p>Sobre el obscuro celaje,</p>
<p>Dando fantásticas formas</p>
<p>A esquinas y bocacalles,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se vió en medio del arroyo,</p>
<p>Cubierto de lodo y sangre,</p>
<p>El negro bulto tendido</p>
<p>De un traspasado cadáver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de pie a su frente un hombre,</p>
<p>Vestido negro ropaje,</p>
<p>Con una espada en la mano,</p>
<p>Roja hasta los gavilanes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cual en el mismo punto,</p>
<p>Sorprendido de encontrarse</p>
<p>Bañada de luz, esconde</p>
<p>La faz en su embozo, y parte,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque no como el culpado</p>
<p>Que se fuga por salvarse,</p>
<p>Sino como el que inocente</p>
<p>Mueve tranquilo el pie y grave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al andar, sus choquezuelas</p>
<p>Formaban ruido notable,</p>
<p>Como el que forman los dados</p>
<p>Al confundirse y mezclarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rumor de poca importancia</p>
<p>En la escena lamentable,</p>
<p>Mas de tan mágico efecto,</p>
<p>Y de un influjo tan grande</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la vieja, que asomaba</p>
<p>El rostro y luz a la calle,</p>
<p>Que, cual si oyera el silbido</p>
<p>De venenosa ceraste,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O crujir las negras alas</p>
<p>Del precipitado Arcángel,</p>
<p>Grita en espantoso aullido,</p>
<p>¡Virgen de los reyes, valme!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suelta el candil, que en las piedras</p>
<p>Se apaga y aceite esparce,</p>
<p>Y cerrando la ventana</p>
<p>De un golpe, que la deshace,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo su mísero lecho</p>
<p>Corre a tientas a ocultarse,</p>
<p>Tan acongojada y yerta,</p>
<p>Que apenas sus pulsos laten,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por sorda y ciega haber sido</p>
<p>Aquellos breves instantes,</p>
<p>La mitad diera gustosa</p>
<p>De sus días miserables,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hubiera dado los días</p>
<p>De amor y dulces afanes</p>
<p>De su juventud, y dado</p>
<p>Las caricias de sus padres,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los encantos de la cuna,</p>
<p>Y&#8230; en fin, hasta lo que nadie</p>
<p>Enajena, la esperanza,</p>
<p>Bien solo de los mortales:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues lo que ha visto la abruma,</p>
<p>Y la aterra lo que sabe,</p>
<p>Que hay vistas que son peligros</p>
<p>Y aciertos que muerte valen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Con Once Heridas Mortales</strong></h3>
<p>Con once heridas mortales,</p>
<p>hecha pedazos la espada,</p>
<p>el caballero sin aliento</p>
<p>y perdida la batalla,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>manchado de sangre y polvo,</p>
<p>en noche oscura y nublada,</p>
<p>en Ontígola vencido</p>
<p>y deshecha mi esperanza,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>casi en brazos de la muerte</p>
<p>el laso potro aguijaba</p>
<p>sobre cadáveres yertos</p>
<p>y armaduras destrozadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y por una oculta senda</p>
<p>que el Cielo me depara,</p>
<p>entre sustos y congojas</p>
<p>llegar logré a Villacañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La hermosísima Filena,</p>
<p>de mi desastre apiadada,</p>
<p>me ofreció su hogar, su lecho</p>
<p>y consuelo a mis desgracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Registróme las heridas,</p>
<p>y con manos delicadas</p>
<p>me limpió el polvo y la sangre</p>
<p>que en negro raudal manaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Curábame las heridas,</p>
<p>y mayores me las daba;</p>
<p>curábame el cuerpo,</p>
<p>me las causaba en el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, no pudiendo sufrir</p>
<p>el fuego en que me abrazaba,</p>
<p>díjele; «Hermosa Filena,</p>
<p>basta de curarme, basta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Más crueles son tus ojos</p>
<p>que las polonesas lanzas:</p>
<p>ellas hirieron mi cuerpo</p>
<p>y ellos el alma me abrasan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Tuve contra Marte aliento</p>
<p>en las sangrientas batallas,</p>
<p>y contra el rapaz Cupido</p>
<p>el aliento ahora me falta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«Deja esa cura, Filena;</p>
<p>déjala, que más me agrabas;</p>
<p>deja la cura del cuerpo,</p>
<p>atiende a curarme el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>A Lucianela </strong></h3>
<p>Cuando, al compás del bandolín sonoro</p>
<p>y del crótalo ronco, Lucianela,</p>
<p>bailando la gallarda tarantela,</p>
<p>ostenta de sus gracias el tesoro;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y, conservando el natural decoro,</p>
<p>gira y su falda con recato vuela,</p>
<p>vale más el listón de su chinela</p>
<p>que del rico Perú <a href="https://lospoemas.net/poemas-de-jose-zorrilla/">las minas de oro</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Cómo late tu seno! ¡Cuán gallardo</p>
<p>su talle ondea! ¡Qué celeste llama</p>
<p>lanzan los negros ojos brilladores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Ay! Yo en su fuego me consumo y ardo,</p>
<p>y en alta voz mi labio la proclama</p>
<p>de las gracias deidad, reina de amores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>La Niña Descoloría</strong></h3>
<p>Pálida está de amores</p>
<p>mi dulce niña:</p>
<p>¡nunca vuelven las rosas</p>
<p>a sus mejillas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca de amapolas</p>
<p>o adelfas ceñida</p>
<p>mostró Citerea</p>
<p>su frente divina.</p>
<p>Téjenle guirnaldas</p>
<p>de jazmín a sus ninfas,</p>
<p>y tiernas violas</p>
<p>Cupido le brinda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálida está de amores</p>
<p>mi dulce niña:</p>
<p>¡nunca vuelven las rosas</p>
<p>a sus mejillas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sol en su ocaso</p>
<p>presagia desdichas</p>
<p>con rojos celajes</p>
<p>la faz encendida.</p>
<p>El alba en oriente</p>
<p>más plácida brilla;</p>
<p>de cándido nácar</p>
<p>los cielos matiza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálida está de amores</p>
<p>mi dulce niña:</p>
<p>¡nunca vuelven las rosas</p>
<p>a sus mejillas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Qué linda se muestra</p>
<p>si a dulces caricias</p>
<p>afable responde</p>
<p>con blanda sonrisa!</p>
<p>Pero muy más bellas</p>
<p>al amor convida</p>
<p>si de amor se duele,</p>
<p>si de amor respira.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálida está de amores</p>
<p>mi dulce niña:</p>
<p>¡nunca vuelven las rosas</p>
<p>a sus mejillas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus lánguidos ojos</p>
<p>el brillo amortiguan;</p>
<p>retiemblan sus brazos:</p>
<p>su seno palpita;</p>
<p>ni escucha, ni habla,</p>
<p>ni ve, ni respira;</p>
<p>y busca en sus labios</p>
<p>el alma y la vida&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pálida está de amores</p>
<p>mi dulce niña:</p>
<p>¡nunca vuelven las rosas</p>
<p>a sus mejillas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Letrilla</strong></h3>
<p>Decidme, zagales,</p>
<p>¿qué fuerza tendrán</p>
<p>los ojos de Lesbia,</p>
<p>que así me hacen mal?</p>
<p>Desde que los vide</p>
<p>ni sé descansar;</p>
<p>perdí mi reposo,</p>
<p>no puedo parar.</p>
<p>Sin duda que fuego</p>
<p>oculto tendrán,</p>
<p>pues, cuando me miran,</p>
<p>me siento abrasar.</p>
<p>Mas no da este fuego</p>
<p>incomodidad,</p>
<p>sino solamente&#8230;</p>
<p>no lo sé explicar.</p>
<p>Decidme, zagales,</p>
<p>¿qué fuerza tendrán</p>
<p>los ojos de Lesbia,</p>
<p>que así me hacen mal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cual suele en la floresta deliciosa</strong></p>
<p>Cual suele en la floresta deliciosa</p>
<p>tras la cándida rosa y azucena,</p>
<p>y entre la verde grana y la verbena</p>
<p>esconderse la sierpe ponzoñosa;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>así en los labios de mi ninfa hermosa,</p>
<p>y en los encantos de mi faz serena</p>
<p>amor se esconde con la aljaba llena,</p>
<p>más que de fechas, de crueldad penosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contemplando del prado la frescura</p>
<p>párase el caminante, y siente luego</p>
<p>de la sierpe la negra mordedura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>yo contemplé a mi ninfa, y loco y ciego</p>
<p>quedé al ver de su rostro la hermosura,</p>
<p>y sentí del amor el vivo fuego.</p>
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