<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042</id><updated>2017-09-04T19:12:58.115-03:00</updated><category term="autores"/><category term="escritores"/><category term="publicación"/><category term="Enrique Pinti"/><category term="periodistas"/><category term="fragmento literario"/><category term="cuentos"/><category term="mensajes"/><category term="Paulo Coelho"/><category term="Arturo Pérez-Reverte"/><category term="Jorge Bucay"/><category term="Rosa Montero"/><category term="Teresa Batallanez"/><category term="Cecilia Absatz"/><category term="Fernando Peña"/><category term="Lee Carroll"/><category term="Enrique Valiente Noailles"/><category term="Mori Ponsowy"/><category term="Anthony de Mello"/><category term="Guillermo Jaim Etcheverry"/><category term="proverbios"/><category term="Juana Libedinsky"/><category term="Alina Diaconu"/><category term="Sergio Sinay"/><category term="Susi Mauer"/><title type='text'>Marock on line</title><subtitle type='html'>publicaciones &amp;amp; cuentos para pensar</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default?alt=atom'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default?alt=atom&amp;start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>494</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-5748214543686015575</id><published>2012-02-12T06:04:00.000-03:00</published><updated>2012-02-12T06:04:09.008-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Estrellas</title><content type='html'>En el agitado y variable mundo de la farándula brillan muchas estrellas. Algunas son tan fugaces que dependen de algún escándalo, una moda o un fenómeno social que marcará con su duración histórica la vigencia del supuesto ídolo. Otras tienen una permanencia más sólida, prolongada por méritos artísticos.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Sostenidos por un andamiaje de perfeccionamiento profesional, ellos también están sujetos a los cambios y evoluciones a las que el público se ve sometido. El talento puede ser verdadero y hasta brillante, pero sucesos históricos, revoluciones sociales, cambios repentinos o graduales de costumbres, maneras diferentes de vivir la vida y demás factores externos marcarán la fecha de vencimiento de esos artistas. Aunque (¿por qué no?) también es posible que resurjan y se revaloricen con el tiempo, porque ya se sabe, todo vuelve más tarde o más temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, hay estrellas que prolongan su fascinación y vigencia por siglos, desafiando con su permanencia las leyes casi naturales de la evolución, las modas y los cambios sociales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la primera categoría no hace falta hablar demasiado. Las hemos visto todos los días a lo largo de nuestra vida. Son las fugaces (o fugazzas, por su chorreo grasoso y no por su exquisito sabor), van y vienen, suben y bajan, si se aplican y estudian pueden trascender la pavada del mediatismo sensacionalista y, si se les cae la estantería, se convertirán en rostros olvidados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda clase mencionada, o sea los auténticos profesionales, puede aspirar por la enjundia de sus trabajos a una permanencia más o menos prolongada. Servirán de referente a las generaciones posteriores, ayudados por los memoriosos aficionados que transmitirán las hazañas realizadas, mostrarán fotos, artículos, afiches, reportajes, películas y cuanto se conserve de aquellas inolvidables labores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay otra categoría, la de los inmortales, la de los que más allá de su talento se convierten en mitos universales, en productos que atraviesan épocas y costumbres. Llegan a ser íconos que, a pesar de pertenecer y representar épocas precisas y particulares, llegan al Olimpo de los elegidos, únicos e irrepetibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces esa vigencia es provocada por trágicas existencias o muertes en plena juventud. Tales son los casos de nuestro zorzal Carlos Gardel, el inmortal. O James Dean, el rebelde con muchas causas, estandarte de la generación de los iracundos que se sublevaron frente a la pacatería y cursilada hipócrita del sueño americano de la década del cincuenta. Un tango de Gardel sigue siendo sinónimo de porteñidad aquí y en la China. El aire torturado y melancólico del joven agobiado y furioso, mezcla de apatía y fogosidad que emana de las fotos de un James Dean con campera roja, jeans ajustado, botas y navaja en mano, sigue reflejando los gestos exteriores básicos del joven harto de las estructuras que no le dejan ser lo que querría ser, aunque aún no lo tenga demasiado claro. Pero lo que sí sabe es lo que no quiere ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué decir de la eterna rubia que no era rubia? Marilyn Monroe, esa criatura angelical y sexy, cotidiana e inaccesible, muchacha de barrio y diosa solitaria. Cada tanto vuelve a resurgir, y a cincuenta años de su ¿suicidio?, ¿asesinato?, ¿muerte anunciada?, sigue representando la mujer que no quiso ser objeto, pero igualmente fue usada y traicionada por productores, políticos e intelectuales. En mis recientes vacaciones vi una deliciosa evocación de los avatares que padeció Marilyn durante la filmación de El príncipe y la corista, coprotagonizada y dirigida por el gran Laurence Olivier. Se trata de una adaptación al cine de un best seller escrito por quien fuera un muy joven asistente de producción, que presenció el duelo entre el gran actor británico y la sex symbol americana que quería aplicar el método Strasberg a un texto de comedia no muy trascendente. El choque de los dos conceptos y el supuesto romance con el entonces joven asistente son los nudos de un relato que en 2012 sigue significando mucho para el público. Sos inmortal, Marilyn, sesenta años no es nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/5748214543686015575/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=5748214543686015575&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/5748214543686015575'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/5748214543686015575'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2012/02/estrellas.html' title='Estrellas'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-427742100830982102</id><published>2012-02-05T06:15:00.000-03:00</published><updated>2012-02-05T06:15:13.582-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>El dulce aroma del éxito</title><content type='html'>El éxito es un arma de doble filo que, a pesar de sus riesgos, todos queremos obtener. Hay muchas maneras de ver, considerar y vivir un éxito. Hay éxitos que implican ascenso social, riquezas materiales, figuración, poder y aplauso general. Hay otros que son internos, sin ruido, de profunda significación emocional, éxitos que nos brindan la posibilidad de vencer miedos, de superar obstáculos, de luchar por ideales y lograr imponerlos sin esperar recompensas materiales, sin ambicionar otra cosa que no sea la satisfacción del deber cumplido. También hay éxitos cotidianos, pequeños sólo aparentemente, que consisten en terminar cada jornada con la seguridad de que no hemos perjudicado a nadie, que tenemos salud y que nuestros seres más amados respiran a nuestro lado esperando un nuevo amanecer.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos logros se diferencian tajantemente. Unos son los peligrosos éxitos del afuera y otros los entrañables éxitos interiores. Los primeros dan muchas satisfacciones y son necesarios, ya que a grandes esfuerzos corresponden grandes resultados. Todos los deseamos, es humano y lógico. El problema es supeditar nuestra vida a ese único aspecto, es alcanzarlos a cualquier precio pisando cabezas, arrasando voluntades y encerrándonos en vanidades insoportables y egocentrismos patéticos. Creer que somos la única opinión posible, la única idea válida y la única manera de vivir, considerándonos, montados en el caballo de nuestro poder, los dueños de la verdad y los poseedores de la piedra filosofal. Esa manera de disfrutar el éxito nos llevará casi fatalmente a la caída, que será más dura cuanto más alto haya sido el lugar ocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro gran peligro, o mejor dicho, la otra cara del mismo peligro, son los aduladores, esas alimañas humanas que, cual cuervos buscando cadáveres, huelen el dulce aroma del éxito y se abalanzan sobre el triunfador diciéndole a todo que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si estás más gordo, dirán lo bien que te sienta; si estás más flaco, te compararán con el dios Apolo; si se te cae el pelo, exclamarán ¡estás a la moda!; si tenés melena hippie hasta la cintura, dirán ¡que linda tu moda retro!, ¡te felicito por ser fiel a tu época y no caer en las trampas de la moda!; si tenés un ataque de nervios e insultás a tus subordinados o a tus pares, serás objeto de admiración y te dirán ¡muy bien hecho!, ¡hay que hacerse respetar!, ¡mano dura, de lo contrario te fuman en pipa!; si dejás pasar errores mirando para otro lado por conveniencia, justificarán tu desidia con frases como ¡qué comprensión!, ¡qué tolerante es!, ¡es incapaz de matar una mosca!, ¡nunca he conocido un alma más piadosa que la suya! Se pondrán de alfombra y querrán estar cual figuretis en todas tus fotos, dirán a voz en cuello que te conocen desde que eras un niño y que siempre adivinaron en vos los genes del triunfador nato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los artistas de todo tipo y los deportistas pueden caer en la tentación de creerse todas las alabanzas del coro de fantoches, pero en última instancia, cuando llegan la decadencia, el fracaso y la caída, sólo la sufrirán los ex ídolos y su grupo familiar. Cuando la adulación desmedida les toca a los gobernantes o a los opositores carismáticos la cosa puede tener consecuencias trágicas para millones de ciudadanos. Sostener lo que cada uno cree justo y necesario es un derecho inalienable de todo ser humano. Y la posibilidad de poder expresar libremente esos apoyos, también lo es. Pero lo desaconsejable es fanatizarse, no reflexionar y pretender imponer por la fuerza esas convicciones a los otros que también tienen derecho de hacerlo. Allí, en los momentos difíciles del fracaso y la decadencia, se ven los verdaderos sostenedores y partidarios, los sinceros y fieles y también se descubren por su huida rauda y veloz los chupamedias, los interesados, los mediocres y los fallutos. Por eso el hombre sabio no se cree todo lo bueno que le dicen ni todo lo malo que le endilgan, sigue su camino sabiendo que en el sube y baja de la vida las cosas cambian, mutan y evolucionan. Sólo hay que hacer oídos sordos a la peligrosa fascinación del éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/427742100830982102/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=427742100830982102&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/427742100830982102'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/427742100830982102'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2012/02/el-dulce-aroma-del-exito.html' title='El dulce aroma del éxito'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-8225217433790929732</id><published>2012-01-22T17:45:00.002-03:00</published><updated>2012-01-22T17:45:48.362-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Principios y contingencias</title><content type='html'>Los principios son una cosa y las contingencias son algo completamente distinto. Los principios de un ser humano son unas bases adquiridas desde la más tierna infancia y tienen que ver con la educación recibida, el medio familiar donde uno ha crecido y el afecto y la contención que uno ha tenido. El ejemplo de los mayores, la lucha por concretar alguna vocación, la inserción dentro de un campo laboral y los frutos que uno haya podido cosechar gracias al esfuerzo y el estudio.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ese cúmulo de sucesos son los cimientos que sirven de base a una estructura de vida que incluye fundamentalmente una serie de principios rectores de nuestra existencia. Quien ha tenido todo eso va a ser respetuoso, disciplinado, tenaz, afectuoso y generoso. Quien haya carecido de ese sostén tendrá tendencias agresivas que pueden llevarlo a tomar caminos de tortuosos atajos y desembocar en la mentira, la trampa y la falta total y absoluta de respeto por el prójimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que no todo es blanco o negro y que muchas personas criadas en un ambiente sano tienen conductas perversas y muchas otras crecidas en medios hostiles, sin recursos y en medio de grandes caos individuales y colectivos llegan a buen puerto y se convierten en personas respetables y positivas. Pero siempre será preferible la buena base y la fuerza del afecto circundante a la hostilidad y la falta de oportunidades. Y también es claro que el mundo es una calesita que no siempre gira ordenadamente y con una música de fondo agradable y juguetona. Por el contrario, muchas veces adquiere un vértigo y una sensación de confusión y borrachera que nos hace caer del caballito de madera o del botecito rococó. Y la desesperación por sacar la sortija que nos permita dar más vueltas gratis puede llevarnos a olvidar todo lo aprendido y tratar de pisar cabezas para lograr nuestro triunfo. Así los principios se van al infierno y lo peor de nuestra condición humana sale a la superficie con una ferocidad inusitada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas son las contingencias, las pruebas a las que nuestro destino nos somete y que no siempre podemos sortear exitosamente: los períodos de crisis son más frecuentes de lo que nuestra percepción capta. En realidad el estado de crisis es permanente, sólo que muchos de nosotros, refugiados en nuestro individualismo algo enfermo, no solemos palpar hasta que las desgracias golpean nuestras puertas. Algunas sociedades son proclives a las crisis económicas derivadas de las corrupciones administrativas, los robos descarados y la instalación de métodos especulativos de dudosa ética que, al recibir la bendición de mercados y gobiernos, se aposentan con certificado de buena conducta en las bases de esas sociedades. Crean, con sus flujos y reflujos, beneficiados o perjudicados que son las dos caras de realidades falsas que no pintan fielmente lo que realmente pasa, porque con facilismos demagógicos le hacen creer a una mitad que vive en un paraíso y, a la otra, que habita un infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras sociedades las guerras, la destrucción, los bombardeos y las ocupaciones por ejércitos extranjeros dan por tierra con todos los sueños e ilusiones construidos en los períodos de paz y arrasan con violencia todas las pautas culturales que se habían edificado con amor y paciencia. Ahí los principios se sustituyen por la lucha por la supervivencia a cualquier precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy difícil mantener el equilibrio en momentos críticos. Es por eso que los seres humanos vagan de un lugar a otro buscando la paz, la tranquilidad, el trabajo digno, la remuneración adecuada, la salud garantizada y la educación para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos han encontrado su lugar en el mundo en su país, otros en lugares remotos con otras costumbres y otros idiomas, y nunca nada es definitivo. Vamos y volvemos. Esperamos y desesperamos. Pero cuando los principios están firmes, las contingencias resultan ser sólo eso, contingencias, momentos, etapas de las que se podrá salir con más sabiduría y con mayor madurez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resurgir de las cenizas no es imposible si los principios son sólidos y no se basan en la destrucción de los valores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/8225217433790929732/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=8225217433790929732&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/8225217433790929732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/8225217433790929732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2012/01/principios-y-contingencias.html' title='Principios y contingencias'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-1759840150510610041</id><published>2012-01-15T06:51:00.000-03:00</published><updated>2012-01-15T06:51:00.113-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Luces y sombras</title><content type='html'>Generalmente elogiamos aquellas cosas que no somos capaces de hacer, a veces por imposibilidades reales y concretas y otras porque no las haríamos por nada del mundo, pero las elogiamos porque queremos presumir de políticamente correctos. Así, nos deshacemos en loas a los misioneros que se internan en territorios hostiles llenos de peligros y riesgos mortales por razones humanitarias, y elogiamos a voz en cuello a los que se ponen como escudos humanos en guerras sangrientas y no vacilan en dar su vida por la de inocentes niños desvalidos. Pero, claro, no somos santos y lo sabemos; entonces, cumplimos dándoles apoyo moral, aportando unos pesitos en colectas humanitarias, y a seguir viviendo la vida lo más alegremente que se pueda.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no está mal ni bien ni regular, somos así y seguiremos siendo así mientras las vueltas de la vida no nos pongan en la encrucijada de tener que actuar frente al horror cuando se nos mete en nuestras realidades cotidianas. Ahí, cuando la historia nos pone a prueba, sacamos fuerzas de nuestras flaquezas y valor de nuestra cobardía y nos jugamos enteros. A veces esa oportunidad no llega y nuestra existencia transcurre sin mayores sobresaltos, otras nos hacemos los burros y miramos para otro lado dándonos mil excusas para justificar nuestra indiferencia. Y llega un momento en el que tomamos conciencia de nuestro egoísmo, de nuestra capacidad de aislamiento y autismos de todo tipo, de nuestra calidad de avestruz que esconde la cabeza bajo tierra creyendo que al no ver lo que pasa a nuestro alrededor eliminamos la realidad circundante. Negamos lo evidente, justificamos lo injustificable e ignoramos lo obvio. Malas recetas para vivir, pésimos resortes que nos llevan a vendarnos los ojos, tapar nuestros oídos y amordazar nuestras bocas por miedo, conveniencia o estupidez. Pero eso sí, elogiando a los que hacen todo lo contrario y aclarando luego de haber tolerado el horror con el usual yo no sabía nada y, además, aunque lo hubiera sabido, yo no soy un santo, soy nada más que un ser humano normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta dualidad casi esquizofrénica entre lo que somos y lo que deberíamos ser llena capítulos enteros de muchas vidas. Desde situaciones familiares y domésticas, hasta acontecimientos políticos y sociales que sacuden la historia de los pueblos y las civilizaciones, los seres humanos somos reacios a asumir nuestras responsabilidades por error u omisión. ¿Cómo se explican los avances y encumbramientos de movimientos que llevan a los pueblos a la destrucción y a la guerra civil? ¿Cómo se puede celebrar que millones de personas no adviertan los peligros de prédicas que incluyen el odio racial, la discriminación política, la intolerancia religiosa o la crueldad desenfrenada contra el diferente? ¿Y cómo, después de pasado el desastre de tales desmanes, los que vivieron como espectadores pasivos tienen el coraje de decir yo no sabía nada? Vaya a saber qué resorte de hipocresía, conveniencia o complejo de culpa se dispara en esas mentes. De nada valdrá que para lavar culpas y conciencias sucias se recurra al elogio tardío por los que se opusieron a la injusticia y el atropello. No hay que elogiarlos después de su sacrificio, no hay que improvisar discursos fúnebres en su memoria, hay que entender, apoyar y ser solidarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni santos ni demonios, sólo personas que ante los atropellos y las arbitrariedades de los abusadores del poder, se enteran de lo que pasa realmente y tratan con cualquier medio pacífico y racional de sostener a los que luchan por las cosas que valen la pena: la libertad, la tolerancia y la responsabilidad cívica. Y tendríamos que asumir estas actitudes antes de que la sangre llegue al río y no elogiar a difuntos mártires que no supimos entender en vida. No somos santos, pero con ser sinceros enemigos de las hipocresías sociales estaremos en el camino virtuoso de los que transitan esta vida con el propósito de agregar luces en medio de las sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/1759840150510610041/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=1759840150510610041&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1759840150510610041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1759840150510610041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2012/01/luces-y-sombras.html' title='Luces y sombras'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-7745152879117840006</id><published>2012-01-08T14:30:00.000-03:00</published><updated>2012-01-08T14:30:49.901-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>El tiempo no pasa</title><content type='html'>El tiempo pasa con esa extraña manera que combina la rapidez con la velocidad, característica que nos hace vivir como si cada día fuera a ser el último. Y de pronto nos miramos al espejo y observamos cuántas cosas han marcado ese rostro. Es un gesto de cada mañana, pero una mañana en especial nos hace ver que el tiempo pasó día a día, despacito y muy ligero.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece ayer cuando no llegábamos a vernos en el espejo y teníamos que usar un banquito para peinarnos, parece tan reciente el día de la primera comunión, el fin de la primaria, la foto del curso de quinto año nacional, aquella vez que, acicalados con una camisa a la moda, el pelo largo a la usanza de los setenta y un pantalón Oxford apretado en la cintura y con pata de elefante, creíamos que íbamos a matar en una fiesta y matamos, pero de risa, a un montón de pinchadores de globos que gritaron: &quot;¿Vos te miraste al espejo?&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y uno llega a cada fin de año haciendo proyectos, planificando todo con la ilusión y la prepotencia vital del que sabe que tiene la vida por delante, impaciente, ansioso, sin tomar conciencia real de que lo que parece tan lejano va a llegar mucho más rápidamente de lo que uno cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ansiedades, ambiciones, angustias, incógnitas, enigmas, miedos y júbilos y, de pronto, casi sin darse cuenta, las cosas pasan, lo futuro se vuelve presente y muy pronto queda en el pasado, y ahí vienen las preguntas sin respuesta. ¿Esto era todo?, ¿ya fue?, ¿y ahora? Y la rueda vuelve a empezar pero poco a poco vamos comprobando que ya no nos queda tanto tiempo. Y no es que uno pretenda vivir cien años (de sólo pensar mi propia vida si hubiera nacido en Europa en 1870 y hubiese tenido que morfarme la centuria entera hasta el 1970 se me erizan los pelos). Claro que ustedes pensarán qué diferencia hay si naciste en 1939 en la Argentina y deberás fumarte los despioles locales y mundiales hasta 2039, año que, sin hacerme el Nostradamus del subdesarrollo, amenaza con una destrucción planetaria y ecológica que salvo los locos de Greenpeace, nadie parece querer resolver. No, no es que creemos que vamos a ser inmortales, todo lo contrario, a medida que envejecemos tomamos conciencia de que los plazos se van acortando. Algunos encuentran filosofías de vida adecuadas, mezcla de ansiedad y resignación, otros bajan los decibeles y algunos cambios en el acelerador vital y se concentran en lo que consideran importante, y con sabiduría dejan de hacerse problemas, por lo que asumen que ya es tarde para resolver y se dedican a disfrutar lo mucho o poco que la vida les haya brindado. Y también hay quien en edades avanzadas descubre una nueva etapa de realizaciones personales y (¡a la vejez, viruela!) encuentra un gran amor, una habilidad ignorada o una vocación adormecida por la rutina y que de pronto despierta con inusitado entusiasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calesita de la vida es sorpresiva y apasionante, nadie puede saber qué traerá la próxima voltereta. Y eso es lo más hermoso que tiene: sus sorpresas, sus cambios, esos que poco y nada tienen que ver con la edad biológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo hay que dar tiempo al tiempo, un tiempo tramposo que parece que no pasa nunca y de pronto se precipita y nos hace ver toda la energía que hemos malgastado en tonterías y, del mismo modo, todo lo que podemos recuperar antes de que sea muy tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cosa es cierta y nos ocurre a la inmensa mayoría de los veteranos: nuestra paciencia se agota más rápido que antes, ya no tenemos tanta tolerancia ante los errores repetidos de los que nos ningunean y, perdido por perdido, decimos lo que pensamos sin los frenos hipócritas de la domesticación masiva; volvemos a ser niños en ese aspecto, caen las hipocresías, se acaban los filtros y como ya no nos interesa quedar bien con nadie que no nos guste, nuestras verdades (que no son la verdad, pero que son nuestras) brotan como en la más tierna infancia y nos vamos convirtiendo en inimputables. Alguna ventaja tiene que tener llegar a viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/7745152879117840006/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=7745152879117840006&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7745152879117840006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7745152879117840006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2012/01/el-tiempo-no-pasa.html' title='El tiempo no pasa'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-2568846361583638570</id><published>2011-12-18T15:55:00.000-03:00</published><updated>2011-12-18T15:55:16.685-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>¿Auto qué?</title><content type='html'>A nadie le gusta perder, ni a los políticos ni a los deportistas ni a los actores y productores ni a los hinchas de fútbol ni a los niños ni a los viejos ni a los que compran billetes de lotería ni, por supuesto, a los jugadores empedernidos que se patinan fortunas en las mesas de póquer, ruleta o truco sin olvidar a las antiguas generaciones que juegan por el honor sin apostar un peso a la vieja y querida escoba de quince.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es natural, todos queremos saborear el gustito de la victoria y vivir la hermosa sensación de ser los más listos, los más hábiles, los más astutos y los más carismáticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿y si perdemos? Bueno, ahí hay que desplegar toda nuestra inteligencia para asumir la derrota con gracia y donaire sin dar lástima, pero con autocrítica. ¿Auto qué? Flor rara y muy exótica, la autocrítica no tiene el mismo lugar que ostenta el autobombo, trampa mortal de la vanidad y parienta muy cercana de la alienación que nos conduce inexorablemente al ridículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aplastante mayoría de los políticos minimizan sus fracasos por más estruendosos que estos hayan sido y culpan por la debacle a la ignorancia de un pueblo aletargado, abúlico, sin memoria, frívolo, pancista y tarado, el mismo pueblo al que hasta cinco minutos antes del fin de campaña le chuparon las medias y otras cosas, calificándolo como vox Dei, que si mis lejanos estudios de latín no me engañan quiere decir ni más ni menos que la voz de Dios. Si así se comportan cuando pierden fácil es imaginar la actitud cuando ganan, en ese caso ponen al pueblo en un pedestal de sabiduría a niveles altísimos, se agrandan como poroto en agua y pronostican una instalación perpetua en el poder. Ni ellos mismos se lo creen, porque si tienen una trayectoria más o menos larga en la actividad saben por experiencia que pueden ir de la cumbre al abismo en menos de lo que dura un suspiro, a menos que se instaure una dictadura. Y aún así, ni ellas son eternas, aunque a veces sean demasiado largas y los tiranos se den el lujo de morir de viejos en camas confortables, pero gracias a Dios eso no sucede siempre (Hitler y Mussolini lo demuestran).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los actores, productores o directores tenemos lo nuestro también, aunque debo decir en nuestro descargo que nuestras vanidades y mentiras no causan daño al pueblo sino a nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la obra fracasa, los actores culpamos al autor, al director, al productor y hasta a la sala. Estrenamos en mala fecha... Mucho calor... Mucho frío... La gripe A... La sala está fuera del circuito... Faltó promoción... Los afiches salieron tarde y los tapó la campaña electoral... El director se equivocó..., decimos los actores. Estos actores son un desastre, dice el director. Y en una unión fraternal, actores, director, productor dicen a coro la obra está obsoleta y no le interesa a nadie, mientras el autor, si está vivo, replica con un la destrozaron, hijos de una gran puta. Y si está muerto, les tirará una pedorreta desde el cielo, el infierno o el purgatorio, rubricada con un corte de manga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los deportistas, sobre todo futbolistas en el mundo latino de América y Europa, sin olvidar a británicos, escandinavos y eslavos, tienen su proyección negadora en hinchas, hooligan y demás fanáticos que verán goles que no fueron tales, ignorarán faltas flagrantes reproducidas en imágenes HD más fieles que la perra Lassie y harán volar sillas y mesas de bares y pubs de todo el planeta en peleas encarnizadas que si se desarrollan en la cancha, en vivo y en directo, pueden llegar a convertirse en trifulcas sangrientas con muertos y heridos. Cualquier cosa, menos aceptar la derrota y ponerse las pilas para tratar de remontar la mala racha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es lógico que cada acusado de un crimen diga que es inocente y niegue su culpabilidad para evadir el castigo. Lo que no es lógico ni aceptable es que cuando algo no sale como nosotros hubiéramos querido, adoptemos la actitud inmadura e infantil, en el peor sentido de la palabra, de no afrontar nuestros errores y asumirlos como primer y fundamental paso para llegar al verdadero éxito, o sea, saber quién es uno y cómo se puede llegar a ser otro mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/2568846361583638570/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=2568846361583638570&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2568846361583638570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2568846361583638570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/12/auto-que.html' title='¿Auto qué?'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-6900735977960998567</id><published>2011-12-11T14:27:00.000-03:00</published><updated>2011-12-11T14:27:16.293-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Fotos</title><content type='html'>Por alguna extraña razón no tengo registro fotográfico de mi persona entre los catorce y los veinte años, cosa rarísima porque mi familia siempre fue bastante obsesiva con las fotos. Teníamos un ataque documentalista y mi padre ponía al pie de cada imagen la fecha, el año y el acontecimiento.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Desde la primera entrada al cine Baby (hoy teatro Ateneo) para una sección de dibujos animados y cortos de Chaplin, hasta el primer día de clases con guardapolvo y una cara de traste por el madrugón (la mañana siempre fue conflictiva para este gordito dormilón), pasando por cumpleaños, casamientos, reuniones varias y hasta una foto de familia en la sala de nuestra casa, fechada en 1942, mi evolución física quedó inmortalizada en una enorme cantidad de fotos en blanco y negro que engrosaron varios volúmenes de álbumes. Veraneos en Mar del Plata hasta el año 1944. Luego hubo vaivenes económicos que no permitieron gastos superfluos; en esas épocas a nadie se le ocurría endeudarse por una semana de vacaciones, se gastaba cuando había y cuando no había no se gastaba a cuenta, así de simple. La rigurosa foto de primeros pantalones largos a los trece, la del ingreso al secundario y después se acabaron las fotos. A mi familia se le pasó la furia fotográfica, quizá porque la edad del pavo no resultaba tan atractiva como la del bebe con el culito al aire recostado en almohadones o la del nene disfrazado año tras año de pollito, holandés, mexicano, gaucho, cadete, pirata o zorro, ¡vaya uno a saber! Quizá también coincidía con esa etapa turbulenta del paso de la pubertad a la adolescencia con cambios físicos y desórdenes glandulares, deseos nuevos, represiones viejas, forúnculos y granitos inoportunos, algo de acné, odio a las malditas materias de un bachillerato con un poquito de todo y nada de nada, enfrentamientos con padres, profesores, preceptores y aquella amenaza de mi época de que llegaría a los veinte con la puta colimba vaya a saber en qué lejano rincón de la patria. Fuera por lo que fuere, no tengo fotos de esos momentos que no fueron sólo conflictivos, sino que también significaron la concreción de sueños como el hecho de comenzar en el teatro. ¿Por qué no tengo registro de mis primeros pasos en un escenario? Quizá los tuve y las tinieblas de la memoria luego de tantos años me los hicieron olvidar y sucesivas mudanzas lograron extraviarlos. No sé, sólo puedo recuperar mi imagen en amarillentas fotos del año 59 al representar en el inolvidable Nuevo Teatro, dirigido por Alejandra Boero y Pedro Asquini, El burgués gentilhombre de Molière, obra que por una hermosa vuelta del destino representé hasta el mes pasado en el Teatro San Martín y, debo decir, de ésta tengo cientos de fotos. Es que hoy en día la foto no es aquella ceremonia familiar con rollo, revelado y álbum para el recuerdo; en estos tiempos cada ciudadano se ha convertido en fotógrafo profesional y con sus celulares registran cuanta cosa se les cruce. Desde famosos a la salida de los teatros y canales de televisión hasta perros haciendo sus necesidades, pasando por romances fugaces, relaciones sexuales propias y ajenas y tirada de arroz en la puerta de algún registro civil. Mucha gente no sabe manejar el telefonito y no aciertan en botones y focos, pero eso no los amilana en lo más mínimo y siguen registrando imágenes. Lo que no se sabe es a dónde van a parar esas fotos. Muchas veces se borran, otras están en discos y se proyectan de vez en cuando en el DVD familiar, pero para el dinosaurio que esto firma nada puede reemplazar a la foto impresa guardada celosamente en cajas, archivos caseros o el viejo y querido álbum. Las fotos impresas pueden deteriorarse, perderse en mudanzas como puede haberme pasado con las imágenes de mi adolescencia, pero tienen el encanto de lo tangible, de lo que nos hace jóvenes para siempre con mucho más sentido y autenticidad que dudosas cirugías y Photoshop al borde del ridículo. Ya sabemos que muchas veces decimos ¡quemá esas fotos! Por muchos motivos, por muchas negaciones y por muchas personas que nos dañaron, nos defraudaron y que ahí están, abrazados a nosotros con sonrisas engañadoras. O también queremos quemarlas porque nos recuerdan qué jóvenes éramos y qué brillo en la mirada ostentábamos. Por lo que sea, yo prefiero la vieja y querida foto impresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/6900735977960998567/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=6900735977960998567&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6900735977960998567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6900735977960998567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/12/fotos.html' title='Fotos'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-7254115883545940791</id><published>2011-12-04T13:09:00.000-03:00</published><updated>2011-12-04T13:09:39.301-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>¿El decamerón será una discoteca?</title><content type='html'>Hace unas semanas un cable proveniente de Italia informó que Woody Allen había decidido, de común acuerdo con los productores, cambiar el título de su hasta ahora última película que era una modernización del Decamerón del gran Boccaccio, cumbre de la literatura picaresca con alto contenido erótico, que escandalizó a la sociedad durante el Renacimiento y que a lo largo de los siglos fue piedra del escándalo y objeto de censura ejercida desde los poderes religiosos y políticos.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; En la década del 70, el también polémico y genial Pier Paolo Pasolini hizo una memorable versión, un gran éxito beneficiado por el revuelo que provocaron los desnudos y el erotismo desenfadado que el poeta y cineasta logró plasmar con gran talento. A partir de esa versión hubo una catarata de subproductos mucho más chabacanos, hechos a toda velocidad para aprovechar el filón comercial. Claro, todo esto fue en los 70 y los jovatos como el que esto escribe, contemporáneo del gran Woody, tiene la costumbre de creer que los 70 fueron ayer nomás y no hace cuarenta años. Eso nos conduce a creer que el Decamerón es sumamente popular y que no hay quien no lo conozca. Pero parece que no es tan así, ya que los marketineros que forman parte importante del negocio cinematográfico han hecho sus encuestas y han llegado a la conclusión de que hasta en Italia, patria de Boccaccio, hay una generación que no tiene la más pálida idea de qué corno es el Decamerón. Y esas encuestas han logrado que un cineasta tan personal que no va tras el gran éxito pochoclero (de hecho la mayoría de sus filmes, exceptuados algunos títulos como Medianoche en París, no han tenido éxito masivo) haya decidido cambiar el título primitivo por otro más accesible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiere decir que no sólo en nuestra sociedad argentina la educación está en crisis y una parte de las nuevas generaciones no es instruida en la preservación de la historia de las civilizaciones anteriores, de los valores culturales de un pasado que, aunque alejado en el tiempo, es de suma utilidad para explicar los altos y bajos de cada época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie pretende que todo el mundo sepa todo, nadie dice que el conocimiento perfecto del arte de cada etapa histórica asegure la solución de los problemas que aquejan a la humanidad. Pero de todas maneras, es descorazonante ver la indiferencia y la ignorancia entronizadas por una borratina de lo que fue, de las bases y de los orígenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hace falta retrotraerse a la época del Decamerón, a la del Quijote, o a la de Víctor Hugo para comprobar lo poco que importan los que nos precedieron. Da lástima y un poco de bronca ver que pocos recuerdan a Luis Sandrini, a Osvaldo Pacheco, a Olinda Bozán, entre los ídolos populares que divirtieron a varias generaciones y a grandes escritores, músicos, políticos y científicos que hicieron mucho por nuestra cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el huracán de sensaciones que nos invade día a día y nos empuja a la solución rápida de problemas enormes, no nos haga perder la perspectiva de lo que vino antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno se toma el trabajo de dar una ojeada al pasado, no para estar atado a él sino para entender de dónde venimos y así saber adónde vamos, uno se da cuenta de que las cosas cambian dramáticamente en la superficie, pero siguen siendo muy parecidas en lo profundo. La actualidad de los clásicos es esa y el que se los pierde se pierde la posibilidad de ver con más claridad nuestra esencia humana. Lo excelso, lo horrendo, lo sublime, lo aberrante, lo milagroso, lo inmundo ya han sido reflejados por los que antes que nosotros lo sufrieron o lo gozaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De La Odisea al Decamerón, del Quijote al Martín Fierro, de Molière a Florencio Sánchez, todos han pintado su aldea, no podemos ser ignorantes y encima creernos piolas supermodernos con amnesias fatales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/7254115883545940791/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=7254115883545940791&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7254115883545940791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7254115883545940791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/12/el-decameron-sera-una-discoteca.html' title='¿El decamerón será una discoteca?'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-1618992441260512915</id><published>2011-11-27T14:43:00.000-03:00</published><updated>2011-11-27T14:43:15.365-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>La pelea erronea</title><content type='html'>A lo largo de la historia universal los seres humanos han tenido la necesidad de canalizar su violencia interior apoyando la exhibición de la pelea muchas veces sangrienta entre animales, entre hombres o entre hombres y animales. Desde los más remotos tiempos y desde las más antiguas tradiciones nacieron esos combates que eran la exteriorizaciones de las luchas por la supervivencia más primitiva y básica.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Con el tiempo esos enfrentamientos tomaron la forma de espectáculos masivos. Celebraciones, fiesta de las cosechas de los frutos de la tierra, sacrificios a los dioses implorando por la curación de pestes, el fin de sequías y demás calamidades fueron convirtiendo esos eventos en un entretenimiento popular. Los centros del poder vieron lo eficaces que eran esas exhibiciones para divertir y también para que las masas sublimaran sus frustraciones y problemas cotidianos en una búsqueda morbosa de ver el sufrimiento ajeno y olvidar el propio. Los romanos, con su pan y circo, crearon deportistas extremos como los gladiadores, muchas veces esclavos que con su fuerza muscular se trenzaban en peleas a muerte esperando el pulgar favorable del emperador de turno que, en caso de ser negativo, decretaba la muerte del perdedor y, a lo mejor, la libertad del vencedor. Las riñas de gallos, el boxeo y las corridas de toros se fueron incorporando como deportes no sólo tolerados sino idolatrados por multitudes. Desde luego que también florecieron y tomaron las formas de espectáculos deportivos de pura competencia leal, exaltación de valores nobles, creadores de sentido de equipo y pasión de muchedumbres que pusieron en esas competiciones y campeonatos mucha adrenalina, y a veces un orgullo nacional que llevó también a algunos gobiernos dictatoriales a fomentar esos encuentros para que sirvieran de cortinas de humo que ocultaban excesos y crímenes de todo tipo. Como modernos gladiadores los boxeadores y cracks de fútbol, tenis, béisbol y karate coparon las primeras planas de diarios y revistas formando una farándula que no esquivó el escándalo, los amoríos, las drogas y la decadencia que siguieron siendo espectáculo popular con el morbo de llorar a los ídolos caídos como valor agregado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que los seres humanos necesitamos llevar la pelea como una valija que nos acompaña hagamos lo que hagamos. Peleas familiares, peleas laborales, peleas por política y deporte, por vanidad, por envidia, por frustraciones, por lo que sea pero peleas al fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en este rincón del Sur y en este nuevo siglo parece que, arrastrados por la fiebre mundial mezcla de tecnología mal usada, tweets indiscretos y violatorios de todo derecho a la intimidad y malversaciones del viejo y querido arte de la actuación, la vida se ha convertido en un reality permanente y con fronteras imprecisas que hacen que todo parezca mentira aunque sea verdad. La pelea ha tomado dimensiones grotescas y en algunos casos siniestras. Parte de nuestra televisión ha hecho del insulto y la agresión física un espectáculo que, por ahora, no ha llegado a la barbarie del circo romano, pero que para el grado de civilización al que mal o bien ha llegado nuestro mundo surcado por la violencia, la indignación ciudadana a nivel global y la decadencia y manoseo de virtudes de convivencia, suena gratuito y patético. Gente que en notas y reportajes expresa su preocupación por la delincuencia, la violencia y la inseguridad, llegando a exigir mano dura con los transgresores, no vacila en pegarse, cachetearse, agredirse e insultarse en cámara con un total desprecio por las más mínimas reglas de educación, denigrando al otro y muchas veces a sí mismos. Y tampoco vacilan en justificar semejantes disparates con el argumento de estoy haciendo un acting. O son una interpretación de un personaje que no está escrito por un autor para hacerlo en una ficción, sino que es una cara de la supuesta celebridad hecha para tener un perfil propio -si se trata de personas que tienen una trayectoria de años en el show- o para conseguir salir del anonimato -si son recién llegados-. Para los que hemos elegido el camino de la actuación como un placer para nosotros y para los demás no es aceptable revivir sangrientos combates de circo romano y, por lo tanto, no confundimos violencia y estupidez con actuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/1618992441260512915/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=1618992441260512915&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1618992441260512915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1618992441260512915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/la-pelea-erronea.html' title='La pelea erronea'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-240416923922486804</id><published>2011-11-20T14:55:00.000-03:00</published><updated>2011-11-20T14:55:50.721-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Arturo Pérez-Reverte"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodistas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Retrato de un heroe</title><content type='html'>Hay héroes en la vida real. No sólo en el cine, la tele o la literatura. Usted y yo nos cruzamos con ellos con frecuencia, sin reconocerlos. Es injusto, pero así son las cosas. La gente debería llevar su biografía escrita en la cara. En la mirada. A veces la lleva, pero no todo el mundo sabe leer allí. Pocos lo hacen. De cualquier modo, las biografías visibles no son el caso.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Los héroes pasan por nuestro lado sin que reparemos en ellos. Se sientan en la terraza del bar, se sujetan a la barra del metro o hacen cola en la oficina del paro, como tantos. Conozco a uno con pinta de pobre diablo: un emigrante rumano que se busca la vida trabajando de albañil en lo que puede. Es joven, de maneras toscas. Un día, camino de la obra, vio que una anciana, a la que no conocía de nada, quería tirarse por la ventana de un tercer piso. El hombre trepó arriba como pudo y la estuvo sosteniendo, jugándose la vida en el vacío, hasta que llegaron los vecinos y los bomberos. Después se fue a acarrear ladrillos, como cada día, y agachó la cabeza cuando el capataz lo abroncó por llegar tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé de otro héroe, entre tantos, con el que se cruzan algunos de ustedes de vez en cuando. Lleva casi treinta años salvando vidas, pero no se le nota. Es un tipo callado. Discreto. Supongo que nunca me perdonaría que diese aquí su nombre, así que ni lo intento. Baste decir que hay quien lo admira y quien lo ama. Quien le lleva la cuenta de los rescates que ha realizado en el mar. Unos cuatro mil, calculan. Primero como buceador y luego en Salvamento Marítimo. De manzanilla man, que dicen allí; porque, como las bolsitas de infusión, lo cuelgan con un cabo desde un helicóptero y lo sumergen en el agua para que trinque a la gente. Una vez salió su foto en los periódicos, sujetando los intestinos de un fulano al que llevaban en una zódiac camino del buque hospital Esperanza del Mar. Antes de evacuar al herido tuvo que reducir a golpes al tripulante que se paseaba por la cubierta del pesquero con un ataque de delírium trémens, llevando en la mano el cuchillo con el que acababa de rajar a su colega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un tiempo, el helicóptero donde volaba con tres compañeros cayó al agua frente a la Costa de Almería. Cosas de la mala suerte. De que salga tu número. Nuestro héroe es un hombre entrenado para esa clase de situaciones: sabe cosas que el común de los mortales ignoramos. Así que las puso en práctica por instinto de adiestramiento. Se llenó el pecho de aire segundos antes del impacto, hiperventiló mientras se inundaba la cabina, se zafó del arnés que lo ataba al helicóptero que se hundía, y subió a una balsa salvavidas. Allí cogió un cuchillo y una linterna, se quitó el chaleco inflado para poder sumergirse, y tras palpar la carne levantada en su cuero cabelludo y comprobar que pese al golpe y las heridas estaba entero, buceó de nuevo en busca de sus compañeros. No los encontró. Agotado, volvió a la balsa. No usó las bengalas de mano porque sabía que flotaba en una mancha de queroseno. Lanzó una con paracaídas, se tumbó en la balsa y aguardó haciendo señales intermitentes con la linterna. Rescatado por una patrullera de la Guardia Civil, sus palabras en el hospital fueron «¡Cosedme ya, joder! ¡Tengo que ir a por mis compañeros!». Pero los tres habían muerto en el impacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo medallas con distintivo rojo para los cuatro. Los muertos y el superviviente. A menudo queda alguien para contarlo, aunque éste sea poco amigo de contar. Aquel día, el telediario apenas mencionó la noticia: un helicóptero de rescate caído al mar y tres palabras del ministro del ramo. Punto. Nada sobre quiénes eran los tres desaparecidos, qué los llevó a la muerte, cuántas vidas salvaron jugándosela durante años y años. Nada sobre el cuarto hombre. El que seguía vivo. El que se lamía las heridas. Por aquellos días aún lo copaba todo el terremoto de Haití, más espectacular y vistoso. Comparados con las conexiones en directo desde Puerto Príncipe, tres rescatadores muertos eran poca cosa. Para lo que sí hubo espacio fue para que la tele y los periódicos se ocuparan de las andanzas de Brad Pitt y Angelina Jolie. Sus vacaciones solidarias en no sé dónde. También en Haití, me parece. Tan humanitarios ellos. Tan guapos y tan fashion.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hágase un favor, estimado lector. A usted mismo. Cuando vaya hoy a tomar un café, una caña o lo que sea, preste atención al apoyarse en la barra del bar o la cafetería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez haya a su lado un hombre o una mujer, solos o acompañados, mojando un churro en la taza, despachando un pincho de tortilla o tomándose una aspirina. Tipos normales, como usted o como yo. Gente de infantería. Obsérvelos de reojo y con respeto, porque nunca se sabe. Quizá esté mirando a un héroe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo Perez Reverte&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/240416923922486804/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=240416923922486804&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/240416923922486804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/240416923922486804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/retrato-de-un-heroe.html' title='Retrato de un heroe'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-3417319077590922013</id><published>2011-11-20T14:53:00.000-03:00</published><updated>2011-11-20T14:53:09.138-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Imagen y palabra</title><content type='html'>Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras, pero muchas veces hay imágenes que necesitan no mil sino un millón de palabras para explicarlas. La foto de un niño desnutrido mirando a cámara con una expresión mezcla de miedo, hambre y desesperanza será todo lo elocuente que se quiera, pero es sólo la punta del iceberg, sólo el resultado final de una larga historia de injusticia, desigualdad, crueldad, guerra de intereses que necesitan muchas palabras para ubicarnos en la real dimensión del problema.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Pasan por mi memoria los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que estremecieron mi corazón desde la más tierna infancia al ver noticieros en el cine o terribles fotografías en los diarios de la época; desde las caravanas de personas cargadas con sus pertenencias tratando de huir de las tropas de ocupación, hasta las espantosas imágenes de los cadáveres escuálidos de las víctimas de muchos holocaustos, pasando por el horror de Hiroshima, la destrucción de Berlín, Londres o Stalingrado y las atrocidades de la inmediata posguerra en toda Europa. Todo estaba ahí, en esas macabras postales, pero tuvieron que explicármelo con muchas palabras para que yo pudiera tratar de enterarme y juro que es el día de hoy y todavía me cuesta entender tanta crueldad. Yo mismo, ya mayor, tuve que explicarles a los más jóvenes eso y tantas cosas más de las que había sólo imágenes claras, indiscutibles y contundentes, pero necesitadas de ser explicadas con ese instrumento maravilloso que es la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que cuando la palabra es usada como palabrerío y retórica, oscurece más que aclarar, pero también es cierto que es el único camino racional del que disponemos para contar lo que vivimos desde adentro o desde afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las imágenes de la felicidad plasmadas en fotos alegres y gozosas son diáfanas y expresivas, pero sólo nosotros sabemos si esas caras con sonrisas ocultaban algún drama o si alguno de esos amigos o familiares eran capaces de traicionar o mostrar la hilacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cada foto tiene una historia que va más allá de la imagen y que requiere muchas palabras para darles el verdadero sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie niega la ayuda invalorable de la imagen, nadie duda de la validez de la foto, pero solo el complemento de la palabra puede acercarnos a la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pensadores, los filósofos, los historiadores y los escritores y poetas dejan constancia con sus sabias palabras de lo que ven, sufren, gozan, ríen o padecen; los pintores, los fotógrafos, los cineastas y los escultores legan a la humanidad sus imágenes. Y así el gran Goya pintando Los desastres de la guerra, Platón o Aristóteles llenando de palabras sus tratados de filosofía, o los grandes arquitectos erigiendo edificios que son muchas veces símbolos de cada época, combinan con su talento el rompecabezas que permite explicar los misterios de nuestras conductas y las razones o sinrazones de nuestras locuras y nuestras grandezas. Imagen y palabra van juntas y no son enemigas, sino compañeras complementarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto también que las dos pueden engañarnos y ocultarnos la verdad. La palabra, con la fascinación de los demagogos y aventureros que desde balcones, púlpitos, estrados o canales de televisión lanzan cataratas de banalidades, mentiras hábilmente disfrazadas y verdades a medias; la imagen, con su tendencia a embellecer lo horrible y a afear lo que no conviene al poder de turno. Retacear imágenes, archivarlas o destruirlas para no dejar constancia histórica de hechos aberrantes es la trampa mortal donde quedan atrapadas las explicaciones de por qué ocurren ciertos hechos luctuosos para la humanidad y cierran las puertas que podrían abrirse para que los seres humanos no volvamos a repetir horrores del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen es el principio, la revelación, el impacto emocional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra es la razón, el intento válido de entender, de aprender, de superar el error. Ahí están las dos a nuestra disposición. Quedarse con una de ellas en forma excluyente es una muestra de inmadurez o, peor aún, de miedo a la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/3417319077590922013/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=3417319077590922013&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3417319077590922013'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3417319077590922013'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/imagen-y-palabra.html' title='Imagen y palabra'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-1727143477568992541</id><published>2011-11-13T12:49:00.000-03:00</published><updated>2011-11-13T12:49:26.453-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Bienestar</title><content type='html'>Las idas y vueltas de la historia cambian muchas veces dramáticamente el significado de palabras y expresiones a las que se les endilgan distintas acepciones. Uno de los ejemplos más actuales es la demonización del estado de bienestar, expresión que durante algunas décadas definió a las socialdemocracias europeas y también a las de Canadá y Australia.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Medicina socializada al alcance de las mayorías, protección y fomento a las artes y ciencias, educación gratuita a niveles elementales, secundarios y gran parte de los universitarios, asistencia a la tercera edad, hospicios estatales para personas con trastornos mentales y albergues para desocupados amén de seguros de desempleo muy amplios. Fue luego de la Segunda Guerra Mundial que comenzaron a gestarse estas políticas que encontraron su concreción en las décadas del 60 y 70 y ayudaron a lograr, más allá de los vaivenes políticos y la alternancia de izquierdas, centros y derechas en los gobiernos, un nivel de vida decente a la mayoría de sus pueblos y brindaron con distintos niveles de éxito, una lección consistente en demostrar que en estados democráticos, ya fueran republicanos o monárquicos, se podía establecer un equilibrio entre el capitalismo salvaje y el comunismo. El sistema funcionó y superó algunas crisis, pero, como todos los sistemas más tarde o más temprano, comenzó a hacer agua y a caer en desvirtuaciones del proyecto inicial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, también como siempre, lo que falló no fue el sistema, sino la manera de instrumentarlo; o sea, fallaron los gobernantes y funcionarios, los hombres y mujeres que, apoltronados en la comodidad de sus despachos, perdieron de vista que la burocracia, el despilfarro, el acomodo, los excesos, los robos y los negociados pueden hundir el mejor de los sistemas. Y, como de costumbre, al explotar burbujas irreales, que con un efecto dominó desparraman el caos en esta primera década del siglo XXI, los eternos ajustadores le echan la culpa al concepto estado de bienestar (poniéndolo como sinónimo de mala praxis social) y vuelven a proponer austeridades tardías y recortes violentos que siempre perjudican a los sectores de menor nivel adquisitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bienestar es el estado que todos queremos, no es vagancia subvencionada ni dolce far niente ni que el Estado me dé todo. El bienestar se gana trabajando, tiene que haber un salario que permita comer, educar, cuidarse la salud y salir a la calle con la tranquilidad básica de que nadie nos va a matar por dos pesos que le falte a una porción enorme de la sociedad sumergida en el delito por falta de oportunidades, o condenada al maltrato y la penalización de su pobreza muchas veces por portación de cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las desigualdades, cuanto más grandes son, más problemas generan, y provocan el estado de malestar que a nadie que tenga dos dedos de frente le puede resultar indiferente. No sirve encerrarse en autos lujosos con vidrios polarizados y cuatro guardaespaldas para no ver los desastres que producen el desempleo y, sobre todo, la falta de educación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bienestar es un derecho y cualquiera sea el camino (honesto, claro) que recorramos para lograrlo es la mejor batalla que podemos librar en este mundo traidor en donde por negociados, aberraciones, guerras inútiles y enfrentamientos dialécticos carentes de sentido práctico vamos a los tumbos amando, odiando, idolatrando o defenestrando a figuras políticas que prometen el oro y el moro, se quedan con el oro y nos dejan morados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este vejete está harto de escuchar los mismos argumentos de lados diversos y opuestos de la realidad (nuestra e internacional), que oscilan entre el derroche y el estrangulamiento con una impudicia y una torpeza indignante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es casual que desde la Puerta del Sol de Madrid hasta el Puente de Brooklyn de Nueva York, pasando por las calles de Grecia, los piquetes nacionales, los estudiantes chilenos, los maestros madrileños y los jardines de la Casa Blanca, el adjetivo indignado haya reemplazado al revoltoso, que en otras épocas era el más usado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La indignación es reflejo del malestar, no tiene nada de malo, porque ya se probó por muchos años que, aun no siendo perfecto, el estado de bienestar era preferible a este desastre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/1727143477568992541/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=1727143477568992541&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1727143477568992541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1727143477568992541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/bienestar.html' title='Bienestar'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-2556076440826965438</id><published>2011-11-06T11:53:00.000-03:00</published><updated>2011-11-06T11:53:33.890-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mori Ponsowy"/><title type='text'>Hombres perfectos</title><content type='html'>Afirmar que a las mujeres nos resulta más fácil que a los varones hablar de nuestros problemas es casi un lugar común. Aunque en lo personal todas hemos constatado esto con frecuencia, laboralmente tuve la prueba de ello hace unos años, cuando empecé a trabajar en lo que, esperaba, sería una colección de relatos de vida de quince hombres argentinos.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Poco antes había publicado No somos perfectas, un libro en el que dieciocho mujeres hablaban sin tapujos sobre sus frustraciones, miedos, amores y desamores. El libro había vendido bien y la editorial aceptó con entusiasmo la idea de publicar su segunda parte natural: un volumen en el que un grupo de señores ilustres contaran sus vidas y dificultades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cobré el adelanto, hice una lista de los hombres que me gustaría que escribieran para el libro, y empecé a contactarlos. Casi todos aceptaron y, una vez que acordamos la fecha de entrega, me senté de lo más contenta a esperar sus textos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el libro de mujeres, ellas habían hecho gala de una sinceridad y una introspección sorprendentes. Escritoras, cantantes, directoras de cine, contaron para miles de lectores anécdotas íntimas relacionadas con la infidelidad, el paso del tiempo, la maternidad, los celos. Sin embargo, cuando llegó la fecha y los hombres empezaron a enviar sus escritos, el alma se me vino al piso: ¡los textos eran aburridísimos! Esos señores a quienes había convocado por la admiración que me causaban, se mostraban como protagonistas perfectos de vidas sin dobleces. Ninguno había sufrido por amor; la idea de ser infiel no se le había pasado a ninguno jamás por la cabeza. La obsesión de los celos, la timidez enfermiza, la pulsión del mujeriego, parecían situaciones propias de otra especie, otro mundo, otra galaxia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si se hubieran puesto de acuerdo entre ellos, todos habían escrito acerca de su adolescencia. La confesión más dura tenía que ver con el temor a la masturbación. Un escritor a quien admiro dedicó diez páginas a contar su emoción al empezar a usar pantalones largos. Un dramaturgo hablaba extasiado acerca de los paseos con su primera noviecita. ¿Quién querría leer un libro así? Devolví el dinero del adelanto a la editorial y el proyecto quedó en la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, de vez en cuando me pregunto cómo tendría que haber hecho para que el libro funcionara. Quizá eligiendo a otro grupo de hombres, me digo a veces. ¿O quizá les di consignas inadecuadas? Hace poco pensé que al fin había encontrado la respuesta cuando leí en el diario un titular que parecía contestar mis dudas: un grupo de psicólogos de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, acababa de publicar una investigación que pretendía explicar por qué los varones son más reacios a hablar de sus problemas que las mujeres. Leí la noticia con avidez y me enteré de que, después de haber entrevistado a más de dos mil niños y adolescentes desde 1998 hasta 2007, los investigadores concluyeron que lo que pasa es que a los varones, hablar de sus dificultades, les parece una pérdida de tiempo y los hace sentir incómodos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Las mujeres solemos pensar que hablar de nuestros problemas ayudará a resolverlos,&quot; explicó la psicóloga Amanda Rose, directora de la investigación. &quot;Además, hablar nos hace sentir queridas, comprendidas y menos solas. En cambio, los varones suelen pensar que hablar de un problema sólo lo hará lucir más grande. Por eso, prefieren concentrarse en otra actividad y dejar de pensar en el asunto.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Trabajaron diez años y entrevistaron a dos mil personas para concluir que a los hombres les incomoda hablar de sus problemas? ¡Vaya noticia! Eso lo sabemos todas desde jovencitas... y también lo saben ellos. Cuando les escribí a los señores del libro contándoles que no se haría porque ninguno se había animado a contar algo jugoso, no se sorprendieron. Reproduzco algunas frases de los mails que me mandaron entonces: &quot;Lo que sucede, Mori, es que a diferencia de lo que les pasa a ustedes, para los hombres no hay nada más aburrido que hablar de nosotros mismos,&quot; dijo uno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro lo explicó así: &quot;Según como se nos mire, todos los hombres somos unos maricones y, por consiguiente, elegimos con cuidado aquello que vamos a contar. Si hicieras una antología en la que se tratara de confesar cómo seduje y cayó a mis pies la vecinita de al lado, los cuentos te lloverían a montones; plagados de mentiras, claro.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué será que les cuesta tanto asumir sus imperfecciones? A lo largo de los años, cada vez que he hablado del libro de mujeres con algún hombre y le he dicho que se llama No somos perfectas, siempre he recibido la misma respuesta. Como si se hubieran puesto de acuerdo entre ellos, unánimemente, con sonrisa ganadora, afirman: &quot;Nosotros, sí&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo esto no se concluye nada. Tendrán que seguir investigando en Missouri por qué hombres y mujeres somos como somos. Por lo pronto, lo único seguro es que ser perfectos no sirve para convertirlos en personajes de un libro interesante. Es así, qué se le va a hacer: la perfección es aburridísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mori Ponsowy&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/2556076440826965438/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=2556076440826965438&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2556076440826965438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2556076440826965438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/hombres-perfectos.html' title='Hombres perfectos'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-6433707435941288768</id><published>2011-11-06T11:46:00.000-03:00</published><updated>2011-11-06T11:46:26.402-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Torre de Babel</title><content type='html'>Dicen que el saber no ocupa lugar, y el que esto escribe agrega: &quot;Y saber idiomas es abrir puertas a la sabiduría&quot;. Y no afirmo esta sentencia sobre una calidad de políglota ni mucho menos. Por pereza, una pereza que muchos pueblos tienen a pesar de globalizaciones y redes gigantescas de comunicación tecnológica, dejé pasar muchas oportunidades de aprender seriamente idiomas.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; En el secundario, tres años de inglés y dos de francés apenas me permitieron un lenguaje tarzanesco de yo soy, yo tengo, the pupil and the teacher, ok, yes, no, good bye, mezclado con merci mon chéri, monsieur, madame y pâté de fois.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al comenzar a viajar por Europa y Estados Unidos, cuando ya era un señorito de treinta y cuatro años, comenzaron los tropiezos al no entender ni jota, confundir palabras y pedir en Nueva York en un restaurante eggplants parmiggiana pensando que eran huevos al gratín (por lo de eggs, ¿viste?), y encontrarme con que los dichosos eggplants eran las por mí odiadas berenjenas. Y de la vergüenza me las tuve que tragar. Como Dios y el público que seguía llenando los teatros donde yo actuaba me permitieron viajar todos los años, fui aprendiendo a los ponchazos algo parecido al inglés, un símil francés no apto para parisinos impacientes y un italiano más sospechado que aprendido que junto con rudimentos de un portugués que haría reír de lástima a la mismísima Carmen Miranda me han permitido comunicarme con un nivel aceptable con camareros, amigos, compañeros de viaje y boleteros de teatro. Entiendo un poco más de lo que hablo y mi estúpida pretensión de expresarme con la misma riqueza de léxico y claridad semántica que en español limitan mi discurso, que se parece más a una mala traducción literal que a una más simple y, por lo tanto, más comprensible expresión gramatical. Es que pretender pensar en otro idioma, cuando uno es un cuarentón, resulta un desafío no imposible, pero sí muy dificultoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, si se puede, no hay que descuidar ese aspecto de la formación cultural desde la infancia, esa época en la que los seres humanos comenzamos a descubrir lo que es un idioma y lo aprendemos con la más absoluta naturalidad. Ya se sabe, lamentablemente, que millones de niños no llegan a tener una educación elemental y otros tantos ni siquiera se alimentan sanamente, pero quien tiene posibilidades de una formación medianamente normal no debe desaprovechar el estudio de idiomas, pues cuantos más se dominan más abarcativa y completa será la imagen del mundo circundante y, por lo tanto, habrá mayores oportunidades de comunicar e intercambiar información, valores y distintas formas de vida. Claro, son muchos los que no pueden acceder a esos niveles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que es incomprensible es que los que se dedican a la política con ambiciones presidenciales hayan descuidado tanto esta materia. No se trata de aprender inglés como un idioma del amo practicando un cipayismo estilo Gunga Din, aquel personaje hindú chupamedias del invasor británico, símbolo de la sumisión al colonialismo. No, se trata de poder debatir de igual a igual sin traducciones simultáneas transmitidas por auriculares confusos y voces inexpresivas. Cuando uno habla no pesan sólo las palabras, sino las intenciones, los tonos, las entrelíneas, los subtextos y las ironías. ¿Cómo pueden ir a reuniones cumbres sin entender ni jota? ¡Así salen de esas reuniones! Con sonrisa para la foto y alguna apreciación del tiempo, la humedad, el frío o el calor: &quot;Nice day, mister president&quot; &quot;¡Oh, yes, milord!&quot; Los norteamericanos no conocen otra lengua, el inglés de Zapatero, Felipe González o Rajoy es tan lamentable como el de Menem o el de la mayoría de nuestros presidentes, ni hablar de la falta de tacto de Berlusconi en cualquier lengua, las barbaridades de Reagan en sus fallidos intentos de español, la desvergüenza de algunos funcionarios de cancillerías que viajan con traductor pegado cual mellizo siamés y el patético inglés, inexistente francés o vomitivo italiano de tripulaciones en muchas empresas de aeronavegación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el saber no ocupa lugar, entonces no renunciemos a comunicarnos. Lo digo desde mi propia ignorancia, desde el tiempo perdido, pero que día a día trato de recuperar. Claro, pido demasiado, hay tanta gente que todavía no ha terminado de aprender el español, idioma que ni siquiera saben escribir con corrección. ¿Cómo van a saber otros idiomas? ¡Dale al mensajito de texto!: ¡T kiero man!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/6433707435941288768/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=6433707435941288768&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6433707435941288768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6433707435941288768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/11/torre-de-babel.html' title='Torre de Babel'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-3462876616289341075</id><published>2011-10-30T13:11:00.000-03:00</published><updated>2011-10-30T13:11:51.652-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Arturo Pérez-Reverte"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodistas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Los dos coches de la M</title><content type='html'>Pues eso. Que son las once y media de la mañana y voy dando un paseo por el centro de Madrid. Acabo de calzarme un vermut con pincho de tortilla en la barra del Schotis, en la Cava Baja, justo enfrente de la Taberna del Capitán Alatriste, y ahora camino despacio, mirando librerías y escaparates, aprovechando que hoy me tocaba bajar a Madrid porque tengo Academia, y no me pego las habituales ocho horas de madrugar y darle a la tecla que me calzo cada día. Porque, según para qué cosas, no hay más irritante esclavitud laboral que ser tu propio jefe. Contigo mismo resulta imposible engañarte. O casi.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que voy dando una vuelta tranquila por el viejo Madrid, que en mañanas soleadas como ésta suele estar para comérselo, mientras pienso que hay capitales europeas más limpias -cualquiera de ellas, me temo-, más elegantes, monumentales y cultas; pero muy pocas, o ninguna, tienen el hormigueo de vida natural que bulle en ésta, el carácter peculiar que imprimen los miles de bares, terrazas y restaurantes, la animación de sus calles, el mestizaje magnífico de razas y acentos diversos. Hasta los turistas, que en otras ciudades europeas son núcleos humanos móviles que no se integran en el paisaje urbano, en Madrid se imbrican en el gentío general con toda naturalidad, formando parte de él; como si aquí se borrasen recelos y líneas divisorias y en las calles de esta ciudad se volviesen, por el hecho de pisarlas, tan madrileños como el que más. En esta especie de legión extranjera cuya identidad se basa, precisamente, en la ausencia de identidad; o tal vez en la suma indiscriminada, bastarda y fascinante, de infinitas identidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy pensando en eso, como digo, esperando que sea la hora del segundo vermut, esta vez con patatas a lo pobre como tapa, en el bar Andaluz de la Plaza Mayor, cuando, al pasar ante una tienda donde está el dueño en la puerta -nos saludamos desde hace años-, éste señala hacia dos coches negros detenidos enfrente, en torno a los que hay siete u ocho pavos con traje oscuro y pinganillo en la oreja. &quot;Tiene narices -me espeta-. Llevo aquí desde las nueve de la mañana, como cada día, en esta tienda que no he cerrado todavía porque hay ocho familias que desde hace treinta años dependen de que siga abierta, y ahí los tiene usted. Las once y media, y esperando a que baje la ministra.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me paro a mirar, sorprendido. Nunca había coincidido con esos dos coches en esta calle. No sabía, comento, que viviese ahí una ilustre rectora de nuestras vidas y costumbres. Pero el dueño de la tienda me informa que sí, desde hace tiempo. Antes ya de ser ministra o de lo que sea ahora. &quot;Y oiga -añade con amargura-. Cada día la veo salir de su casa desde mi tienda, y raro es cuando lo hace antes de las diez o las once de la mañana. Pero lo mejor es el tinglado que se monta cada vez: los dos coches oficiales, los chóferes, las escoltas y todo el barullo. Hay que joderse, ¿no? Cualquiera diría que están esperando a Barack Obama.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buscando aliviarle la pesadumbre, respondo que es lógico. Que un ministro arrastra su inevitable parafernalia, y que vea el lado positivo: lo ejemplar de que la pava, pese al cargo oficial, los coches y los guardaespaldas con pinganillo, siga viviendo en un barrio céntrico y castizo como éste. Sin renunciar, añado con retranca, a sus esencias naturales. Pero el tendero se chotea. &quot;¿Naturales? -responde-. ¿Se imagina usted a una ministra yendo a las rebajas del Corte Inglés...? Además, no diga que no es para encabronarse. Todos con el agua al cuello, sobreviviendo como podemos mientras se cierra una tienda tras otra, y esa señora moviliza dos coches oficiales y a seis tíos cada mañana para ir al curro, como hoy, pasadas las once y media. Eche cuentas: multiplíquelo por el número de ministros y sume los altos cargos que quiera. El circo y el derroche que cada día nos restriegan por las narices.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Igual estos que los que vendrán luego -pronóstico lúgubre, para darle ánimos-. Y con las mismas ganas de coche&quot;. Luego me despido y sigo unos metros calle abajo, hasta una librería que está muy cerca. Y mientras compruebo cómo disminuye cada día la pila de ejemplares de Los enamoramientos de Javier Marías en la mesa de novedades, comento lo de la vecina ministra. No sabía, le comento al librero, que ese notable ornato de la política nacional vivía por aquí. Y el librero, al que también conozco hace años, encoge los hombros y responde: &quot;Eso dicen, pero no la he visto nunca. No ha puesto los pies en la librería en la puta vida.&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo Perez Reverte&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/3462876616289341075/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=3462876616289341075&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3462876616289341075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3462876616289341075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/los-dos-coches-de-la-m.html' title='Los dos coches de la M'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-6349522122651641247</id><published>2011-10-30T12:53:00.000-03:00</published><updated>2011-10-30T12:53:36.159-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Misericordia y amnesia</title><content type='html'>Todos, o por lo menos todos los que yo he conocido en mi vida, han tenido peleas, discusiones y enfrentamientos que han provocado enojos, rupturas de matrimonios, familias y amistades. Esas grandes peleas muchas veces tienen que ver con problemas económicos, traiciones amorosas que desencadenan celos furibundos, diferencias de opinión, antagonismos políticos y posiciones extremas en ideologías de vida.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También hay tormentas de verano, naufragios en un vaso de agua, tonterías surtidas y peleas fomentadas por algunas copas de más en noches de Navidad, velorios, casamientos o cenas de egresados. Viejos rencores reflotan en esos reencuentros con personas que no vemos hace añares y que las nieblas de nuestra memoria han disfrazado de nostalgia piadosa, pero que, al volverlas a ver, pasado el primer saludo y los primeros: ¿Te acordás?, fermentados en brindis abundantes resurgen las viejas diferencias. Primero lo pensamos y luego la incorrección política nos desborda y ya sin freno verbalizamos aquello de: ¡Seguís siendo el mismo alcahuete de siempre, mal intencionado, resentido y envidioso! Y se arma la gorda. Pasada la bronca y evaporados los vahos etílicos, nos preguntamos: ¿Era necesario? ¿Hice bien en revolver basura antigua? Y sólo nuestra honestidad brutal podrá contestar esas dudas. Hay cosas que duelen en lo más hondo aunque con el correr del tiempo parezcan baladíes; el contexto puede cambiar, pero las traiciones, las puñaladas traperas y las decepciones de nuestra adolescencia y juventud son heridas que muchas veces no se pueden superar. Y cuando alguien nos ha ofendido, ninguneado, despreciado y perjudicado, aunque nada de eso nos haya impedido desarrollarnos y cumplir con nuestros objetivos, igual nos siguen molestando en el recuerdo y nuestra capacidad de perdón no alcanza para borrar aquellos desconsuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto uno no puede ni debe vivir atado a las amarguras del ayer, pero sí puede recordar el qué, el cómo y el quién o quiénes. Muchas veces ocurre que al volver a ver a ciertas personas nos viene a la memoria un sentimiento de rechazo y nos preguntamos: ¿Por qué me distancié de éste? Hurgamos y revolvemos nuestro cerebro y no podemos recordar precisiones: ¿Qué me pasó con este tipo? ¿En qué me perjudicó? Y no hay caso, no sabemos qué pasó, pero si sabemos que algo malo nos hizo, entonces archivamos esa sensación y nos decimos: Si no me acuerdo, debe de haber sido una estupidez. Es que a medida que pasan los años los datos superfluos se van borrando y quedan las cosas importantes, lo que para cada uno de nosotros significa vivir, existir y ser felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso resulta imposible olvidar lo que destruyó nuestra existencia; por eso junto a la superación de pasados terribles llenos de injusticia, miedo y angustia debe estar atenta la memoria, como un perro fiel y guardián que nos advierta para que no vuelvan a pasar los sucesos que nos llevaron al desastre. Es imprescindible no resignarse a la injusticia, a la arbitrariedad, a la calumnia y a la mentira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre pueden volver a engañarnos, pero que al menos no sea el mismo engaño, la misma piedra que nos hizo tropezar y el mismo resorte enfermo que activamos como una especie de reflejo condicionado cada vez que la vida nos pone a prueba. No es rencor, es memoria; y no es venganza, es coherencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ser plenamente felices tenemos que saber perdonar lo perdonable (y cada uno sabrá qué es exactamente) y recordar lo que no se perdona, lo que nos llenó de dolor y de frustración (y cada uno también sabrá de qué se trata).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Errar es humano y perdonar es divino, pero como no somos dioses y sí somos humanos, erraremos más de lo que podríamos perdonar. Misericordia, sí; amnesia sentimental, jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/6349522122651641247/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=6349522122651641247&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6349522122651641247'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6349522122651641247'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/misericordia-y-amnesia.html' title='Misericordia y amnesia'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-640658893795998901</id><published>2011-10-16T11:31:00.000-03:00</published><updated>2011-10-16T11:31:49.595-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>¿Qué fiesta?</title><content type='html'>En un canal español vi hace poco a un alcalde ponerse muy serio al decir que ante la crisis iba a aplicar la política de la verdad, y declaró algo así como: &quot;Si en el futuro me dicen señor Alcalde esa carretera es muy necesaria, yo les contestaré que si no se puede financiar esa carretera, no se hará; que llegó la hora de la verdad y que se acabó la fiesta&quot;. Y olé. ¿Qué fiesta? ¿De qué fiesta hablan los que casual o causalmente las han armado, ayudado a armar o miraron para otro lado? Y no me estoy refiriendo puntualmente a ese alcalde, a quien no conozco y del que ni siquiera recuerdo el nombre.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Me refiero al poder en general. ¿Quiénes, sino los grandes titiriteros políticos, son los que sientan bases y establecen pautas o reglas de juego a los pueblos? ¿Quiénes decretan que todo va bien o todo está mal, pero vamos bien o compre ahora, venda ya, ahorre, gaste, juegue al euro, apueste al dólar, exportemos, importemos, produzcamos, compremos todo hecho afuera, compremos nacional, invierta en propiedades, especule en la bolsa, etcétera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quiénes gastan desorbitadas cantidades de dinero en guerras, armamentos y agencias de espionaje? ¿Quiénes no vacilan en arrojar millones y millones en carreras espaciales dignas de mejor causa? ¿Quiénes fomentan el consumo de artículos suntuarios como símbolos y emblemas de pertenencia propios de mundos mejores, sofisticados y lujuriosamente sobrevaluados? Esas sí son fiestas que dejan tendales de muertos y malheridos, bacanales en donde el derroche es el rey y el exceso, el Dios adorado. Pero llega el momento en el que las burbujas revientan, los que sacan tajada ya han hecho su agosto y entonces llegan los golpes de timón, los cambios de rumbo, las crisis, las devaluaciones y los daños colaterales, eufemismo para representar a cientos de miles librados a su suerte, sin techo, sin crédito, sin empleo y sin esperanzas. Y cuando alguien reclama por condiciones mínimas de vida aparecen esas frases: se impone la austeridad, la fiesta terminó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hombre común se pregunta ¿encima me echan la culpa? ¿Bailé al ritmo que ellos marcaron y ahora soy el que paga los platos rotos? Preguntas sin respuestas concretas que seguimos haciéndonos los seres humanos en épocas de crisis económicas, morales y de nervios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el descalabro económico sacude los cimientos de las sociedades vienen los inevitables precios para pagar. Pagar por los que tienen apenas lo indispensable: casa, empleo y una cobertura de salud, generalmente cara si es privada e insuficiente si es estatal. Y los ajustes deben sufrirlos los que menos tienen, porque los que más tienen se limitan a dejar de ganar, pero casi nunca a perder, a menos que la corruptela haya sido tan excesiva y obvia que no haya habido otra más que la quiebra, la cual, si es fraudulenta como en muchos casos, será pasajera. Y en poco tiempo veremos a los arruinados emerger de sus cenizas, mientras que al hombre común le costará años recuperar lo perdido en esas fiestas a las que fueron invitados por especuladores y magos financieros, mercaderes como aquellos a los que Jesucristo echó del templo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hay que verlos, rasgándose las vestiduras arengando a sus atónitos súbditos acerca de los beneficios de no tener educación, acceso a la cultura, a la salud y ni siquiera poder circular por buenas carreteras, porque hay que ajustar el cinturón, pasar el invierno, cruzar el río Rubicón cual Julio César o acampar hasta que aclare.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto vemos sin poder dar crédito a nuestros ojos, ríos y mares contaminados por la ambición humana, la naturaleza desafiada una y otra vez, basura espacial por toneladas, radiaciones mortales y teorías de enemigos permanentes que exigen gastos tremendos para la defensa del latente ataque terrorista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las prioridades no son las de los hombres y mujeres que quieren hacer más digno y placentero su paso por la vida. Todo parece pretencioso, exagerado y excesivamente demandante. La fiesta ha terminado, dicen, mientras se lamen las heridas preparando la próxima, esa fiesta con invitados de primera, segunda y tercera clase, como en el Titanic, el más lujoso ataúd que conoció la ambición desmedida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/640658893795998901/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=640658893795998901&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/640658893795998901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/640658893795998901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/que-fiesta.html' title='¿Qué fiesta?'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-255949704344458642</id><published>2011-10-09T12:43:00.000-03:00</published><updated>2011-10-09T12:43:24.282-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>¿Habemus vergüenza?</title><content type='html'>En el interesantísimo film de Nanni Moretti, Habemus Papa, se plantea una cuestión fundamental: el poder y su impacto en los elegidos para ejercerlo. Con gran astucia, Moretti no cae en la trampa de mostrar la parte sucia de la política o la manipulación del voto popular por medio de artimañas, golpes de efecto y chicanas vergonzosas; eso ya se ha visto infinidad de veces.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; El director y guionista prefiere referirse a una elección cerrada y ultrasecreta: nada más y nada menos que el acto eleccionario entre cientos de candidatos al cargo de Sumo Pontífice. O sea, el elegido por hombres que representan lo más alto de la cúpula del poder de la Iglesia Católica. Europeos, australianos, africanos, asiáticos y latinoamericanos forman el cónclave que luego de arduas deliberaciones hará aparecer en el firmamento romano la fumata blanca que hará estallar de júbilo a cientos de miles de fieles que aguardan expectantes la consagración del nuevo jefe de la Iglesia. Pero nada de eso va a ocurrir. Simplemente porque el electo, el oscuro y modestísimo cardenal Melville, por extrañas razones, se niega a asumir tal responsabilidad. De la perplejidad pasa al ataque de pánico y de ahí en más a una huida desesperada por los lujosos laberintos del Vaticano. No vacilan ante semejante calamidad en recurrir a los servicios del mejor psicoanalista italiano, un inefable Moretti en rol actoral, agnóstico, ateo e intelectual, muy probablemente de izquierda, aunque no se mencione explícitamente. El Papa está tan bloqueado que no puede explicarle nada coherente al profesional y logra escapar vestido de civil por las calles de Roma tomando contacto con una realidad que su largo encierro en los claustros le hizo ignorar. Su relación con esas vivencias perdidas y olvidadas le hace recordar su infancia, su adolescencia, su primera vocación, la de ser actor; su fracaso en pruebas y audiciones que lo pusieron frente a frente a su falta de talento, algo que sí tenía su hermana, que llegó a interpretar al gran Chéjov y sus clásicos: La gaviota y Tío Vania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El psicoanalista entretanto, encerrado en el Vaticano por el carácter secreto de su presunta terapia, se entretiene formando equipos deportivos con los obispos. De todo ese enredo en tono de comedia lunática, sazonada con la ácida impronta satírica de Moretti, brota el tema principal: la autocrítica, la responsabilidad y los pies en la tierra de un hombre honesto que tiene el coraje y no la cobardía de asumir sus límites, ese hombre que interpretando la parte más piadosa de la religión duda de su capacidad para el cargo. Tiene conciencia de que se necesita un cambio profundo desde arriba hacia abajo para que la gente vuelva a tener fe, verdadera fe y no fanatismos histéricos más parecidos a la intolerancia que a la misericordia, pero no cree en su capacidad para llevar a cabo tal empresa. Por eso sale al balcón y renuncia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estas épocas de arrogantes que se creen poseedores de la varita de Harry Potter y que avasallan al poco sentido común que todavía queda en el mundo, este cardenal magistralmente interpretado por el gran Michel Piccoli, con sus gloriosos 81 años resplandecientes de talento, eleva su voz trémula para agradecer la fe de sus electores y la devoción de su pueblo universal, pero también para afirmar, ya sin dudas ni cavilaciones, que no está a la altura de las necesidades de un mundo complicado y cambiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Moretti ha declarado públicamente su desagrado ante la catastrófica administración de Berlusconi y su derecha de mano dura y frivolidad más que blanda, pero también ha castigado a la izquierda por su inutilidad y su falta de coherencia. El cree, como muchos creemos, que el poder está enfermo por muchos costados y que sólo la coherencia y el verdadero sentido de la solidaridad y los valores de honestidad y verdad podrán cambiar los males que nos aquejan y es muy bienvenida esta parábola satírica al estilo de moderna fábula acerca del hombre honesto que no vacila en reconocer sus propios límites.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deberían ver este film muchos que se lanzan a las lides políticas sin preparación ni responsabilidad, creyendo que la difícil tarea de gobernar es soplar y hacer botellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/255949704344458642/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=255949704344458642&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/255949704344458642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/255949704344458642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/habemus-verguenza.html' title='¿Habemus vergüenza?'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-7588370193492096357</id><published>2011-10-02T14:52:00.000-03:00</published><updated>2011-10-02T14:52:00.687-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Vil metal</title><content type='html'>&quot;Poderoso caballero Don Dinero&quot;, así lo dijo un poeta en el siglo XVII y todo sigue igual. No es ningún descubrimiento comprobar el poder de ese metal calificado de vil, pero reverenciado más que al más santo de los santos.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verdadero tirano que decide quién es más importante, quién es desechable, imprescindible o indispensable. Motor que activa o paraliza sectores vitales de países, familias o individuos. No trae necesariamente felicidad, pero calma los nervios, como suele decirse con cierto cinismo irónico. Es factor decisivo en casamientos entre futbolistas multimillonarios y jovencitas mediáticas con una máquina registradora como cerebro e hijos concebidos como futuras inversiones en caso de divorcio. Más tarde o más temprano todos estaremos atados a su carro triunfal, todos vamos a necesitarlo para darnos el gusto de viajar, gozar, curar nuestras enfermedades y las de nuestros seres queridos y, por qué no, para invertirlo, ahorrarlo, depositarlo en cuentas con o sin garantías, ganarlo y perderlo en especulaciones, casinos, prodes, tómbolas o jueguitos eróticos más o menos frecuentes. Ya sabemos que a pesar de su poderío no puede comprar el amor verdadero, el afecto real, la vida eterna o la ilimitada impunidad de hacer lo que se nos cante para siempre. Desata guerras, pero no puede pararlas; envenena mentes, pero no sabe fabricar el antídoto que pueda frenar el deterioro moral que a la postre nos hundirá en el caos y la decadencia. Puede ilusionarnos con el espejismo de la eterna juventud mediante cirugías, cremas, tratamientos y carísimas técnicas de recauchutaje, chapa y pintura más propios de modernos monstruos de Frankenstein que de eternos Narcisos, Venus con brazos o Apolos de bíceps brillosos y siliconados. Es también el vehículo de cosas buenas y de causas solidarias, bien utilizado para fomentar ciencias, educación, inclusión social, cultura y esparcimiento, puede redimirse de sus pecados de ostentación y abuso de poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se convierte en el único objetivo de vida suele ser letal y despiadado, y conduce a los hombres y mujeres de este mundo al descontrol, el delito, el asesinato y sobre todo a la anulación drástica de cualquier freno moral. En su aspecto más diabólico y perverso, borra vínculos sagrados y no habrá padres, hijos, amigos y afectos que no sean violados en la vorágine asesina de conseguir el poder por el poder mismo. Corrompe a jueces y policías, a funcionarios y a políticos, a ultra ricos y a paupérrimos y reina impune en palacios, congresos y villas miseria con la misma ferocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lucha eterna que debemos entablar para no hundirnos en la ciénaga inmunda de tener por tener, acaparar por codicia y no por real prevención de males mayores o por ejercer un poder mafioso sobre nuestros semejantes, es una lucha que vale la pena asumir, pues de eso depende en gran parte la futura y verdadera felicidad. Usarlo con mesura, compartirlo con los que amamos, gozarlo para acariciar nuestro espíritu con lo que más nos guste sin despreciar a nadie, ayudar a los que menos tienen dentro de nuestras posibilidades sin fomentar vagos ni ceder ante aprovechadores arribistas, evitando caer en el círculo vicioso de acumular y acumular especulando al soberano cohete y, en suma, usarlo nosotros y no ser usados por él, es una labor del día a día que merece ser asumida por los que ostentan el gran privilegio de tener más que la inmensa mayoría de seres humanos que navegan entre la estrechez y la total carencia de ese poderoso caballero tan necesario como cruel y despiadado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, como siempre, la filosofía popular, la que se aprende sólo en la universidad de la vida, esa que no cobra otro arancel de ingreso que no sea el del sentido común, tiene su frase simple para los asuntos complejos y, en este caso, es aquella que nos dice sabiamente algo tan obvio como olvidado frecuentemente: las mortajas no tienen bolsillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/7588370193492096357/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=7588370193492096357&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7588370193492096357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/7588370193492096357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/vil-metal.html' title='Vil metal'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-9059906948244587555</id><published>2011-10-02T14:50:00.000-03:00</published><updated>2011-10-02T14:50:08.532-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Alina Diaconu"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>La nostalgia ya no es lo que era</title><content type='html'>Se acuerda de los tiempos en que el amor tenía misterio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando el sexo no descartaba el pudor?&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando la privacidad no era pública?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando los regalos no se cambiaban?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando aún podíamos ir a cualquier evento social porque atravesar la Capital no se convertía en una tortura, con cortes de calles, manifestaciones a granel y embotellamientos producidos en las horas pico por los miles y miles de autos circulando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando escribíamos cartas y esperábamos que el cartero nos trajera la ansiada respuesta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando en los aviones, en clase turista, nos entregaban un menú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando viajar a otro continente era un hito en nuestra vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando la literatura era algo reverenciado por mucha gente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando los padres ejercían su autoridad sobre los hijos sin dejar de ser cariñosos y comprensivos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto no pasaba en la prehistoria, sino hace apenas más de veinte años. En ese ayer próximo, en ese pasado actuante, como lo denomina el escritor español Javier Cercas. No hay que ser, pues, un dinosaurio para rememorarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, al resucitarlo, uno siente un hilo de nostalgia. Pero también, para ser ecuánimes, hay que volver vívidamente a esa época y recordar otras cosas que, francamente, solían ser bastante nefastas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se acuerda también cuando en el país, conseguir un teléfono para nuestro hogar podía tardar décadas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando debíamos hacer largas filas detrás de los teléfonos públicos para comunicarnos con otras personas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando había tantos prejuicios y, en consecuencia, mucha menos libertad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuando la gente se moría mucho antes de que le colocaran un bypass (Favaloro, ¡gracias!), o un stent porque no existían. Ni la laparoscopia ni los estudios médicos computarizados ni las drogas que fueron apareciendo y mejorando la calidad de vida de todos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se puede advertir, no todo tiempo pasado fue mejor. En algunas cosas, sí; en muchas otras, no. La lista, como toda lista, es absolutamente incompleta, pero es lo primero que aparece en mi cabeza cuando hago un pequeño ejercicio de memoria para trasladarme, luego, al presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A este presente con celulares, globalización, computadoras cada vez más pequeñas y sofisticadas, cámaras digitales, plasmas, información sobre cualquier tema en Internet, conexiones inmediatas con cualquiera en cualquier parte, edificios inteligentes, cajeros automáticos, medicina nuclear, Photoshop, botox, e-books, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un presente alucinante, hiperquinético, en el que ya no cabe el asombro porque los inventos son cada vez más sorprendentes y veloces y uno se va insensibilizando incluso para lo maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un presente que ya se parece al futuro, porque la ciencia ficción dejó de ser ficción hace rato y estamos leyendo noticias como por ejemplo que un señor en Estados Unidos está vendiendo lotes en la Luna y entre los compradores hay 1800 argentinos que ya son dueños de 2000 hectáreas lunares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la nostalgia, lo repito, no es más que un hilito que nos ata -a algunos- a un pasado cercano en el que los verbos ser y tener se conjugaban de otra manera (creo), en el que el sentimiento y los valores tenían cierto lugar de privilegio, y los códigos también (más allá de la gente sin escrúpulos que existió en todas las épocas). Algo distinto había, sin embargo, una generación atrás; algo diferente en el universo de los afectos, por lo menos, y esto lo digo tratando de no caer en la simplificación ni en las idealizaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco y me reconforta ver lo mucho y lo bueno que surge cada día en este mundo convulsionado, en este planeta maltratado, donde hay poco tiempo para el silencio y la contemplación. En este entorno donde todo cambia, donde todo parece desmoronarse y vuelve a renacer, y donde ya un reloj o una lapicera de oro no son para toda la vida, sino una de las tantas cosas descartables, al igual que los últimos juguetes electrónicos que tanto ansiamos para no quedarnos atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viene a mi mente el título de aquellas apasionantes memorias de la actriz francesa Simone Signoret: La nostalgia ya no es lo que era (1978).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta afirmación irónica sigue vigente. Con tanto presente y futuro prodigiosos, ni siquiera la nostalgia puede perdurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alina Diaconu&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/9059906948244587555/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=9059906948244587555&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/9059906948244587555'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/9059906948244587555'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/10/la-nostalgia-ya-no-es-lo-que-era.html' title='La nostalgia ya no es lo que era'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-1395341801677203164</id><published>2011-09-25T13:14:00.000-03:00</published><updated>2011-09-25T13:14:29.897-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Arturo Pérez-Reverte"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodistas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>El iceberg del Titánic</title><content type='html'>Ayer entré en un bar y no pude tomarme un vermut porque la máquina registradora no funcionaba. Era un chisme con pantalla táctil y casillas determinadas para cada consumición, y se había estropeado. Le dije al camarero que me dijese cuánto debía y punto. Como toda la vida. Pero respondió que era imposible. Tenía que marcarlo antes. Sus jefes no le dejaban hacer otra cosa; y hasta que la máquina funcionase, no podía servir nada.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Así que me fui al bar de enfrente, regentado por una china simpática: un sitio como Dios manda, con moscas, albañiles y borracho de plantilla. La dueña hablaba español con acento entre chino y de Lavapiés. Tomé mi vermut, pagué y dejé propina. Cuando salí a la calle me acordaba del Titanic, que era insumergible, y de los mil y pico de gilipollas que se ahogaron en él con cara de asombro, como diciendo: Esto no puede pasarme a mí. Cielos. No estaba previsto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras me alejaba, pensé más cosas. En cómo nos gusta apretar un botón y tener la vida resuelta. En los peligrosos atajos suicidas por donde nos deslizamos sin vuelta atrás, por la cuerda floja. En cómo hacemos el mundo cada vez más vulnerable, sujeto al chispazo más tonto, al fallo inevitable, al iceberg puesto por el destino en el rumbo del frágil barco en el que navegamos a toda máquina, a ciegas en la noche. En los millones de cuentas bancarias y tarjetas de crédito, por ejemplo, que unos piratas informáticos destriparon hace unos días, al meterse en unas plataformas de juegos electrónicos. O en el amigo contándome hace poco que, durante un viaje a Nueva York, perdió su teléfono móvil y con él toda su agenda; y cuando le pregunté por qué no tenía una libreta de teléfonos anotados, como yo, me dijo: Hala, antiguo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordé también cuando fui a echar una carta a Correos y se había ido la luz, y el de la ventanilla me dijo que verdes las iban a segar, porque la máquina de franquear era eléctrica. Y cuando pedí un sello de siempre, de aquellos con el careto del Rey, se tronchó de risa y dijo que de eso no tenían ya. Que probara suerte en un estanco. También recordé cuando en un restaurante no funcionó el chisme de las tarjetas y el camarero dijo que esperase a que volviera la línea, y yo respondí que me hicieran una copia manual de la tarjeta o me iba a esperar a la calle, y entonces me hicieron la copia. Aunque la culpa fue mía; porque también, como todos, llevo la cartera llena de plástico con claves, chips y cosas así, y me la rifo aceptando las reglas de esta ruleta rusa en la que, en nombre del confort y el mínimo esfuerzo, nos zambullimos todos de cabeza. Entre otras cosas -lo diré a modo de descargo-, porque a quien no acepta, lo dejan fuera. Hace tiempo, por ejemplo, que es imposible sacar un billete de avión normal en una oficina de Iberia de Madrid, y cualquier día las agencias dejan de emitirlos. Entonces sólo podrán sacarse por Internet; y el que no sepa manejarse allí, o no le apetezca, o sea un carcamal opuesto a teclas y pantallas de ordenador, que se fastidie. Que trague o que no viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, unos sinvergüenzas ahorran personal y sueldos, y otros idiotas nos vamos al diablo. Resolver cualquier problema nos cuesta horas de teléfono frente a voces enlatadas, marcando tal para esto o cual para lo otro. Todo cristo se ha puesto contestador automático en el móvil, en vez de la antigua señal de comunicando sale un buzón de voz, y ahora llamamos cinco veces a quien antes llamábamos una. Coches que antes se reparaban con una llave inglesa, quedan bloqueados y ni gira el volante al menor fallo electrónico. O nos vemos sin teléfono, sin ordenador portátil, sin tableta electrónica o sin lo que sea, porque se escachifolla el cargador y la tienda de repuestos no abre hasta mañana; o no hay tienda. Yo mismo, el idiota al que mejor conozco, dependo cada día de que haya electricidad para que funcionen el teclado y la pantalla con que me gano la vida. De nada me sirve haber tenido la precaución de conservar dos viejas Olivetti, por si acaso, si ya no venden en ningún sitio las cintas de máquina de escribir que las alimentan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un consuelo: así lo hemos querido. Nadie nos obligaba. Pero hasta los más renuentes hemos aceptado las reglas de este disparate. De esta espiral imbécil. Nunca fuimos tan vulnerables como hoy. Hemos olvidado, porque nos conviene, que cada invento confortable tiene su accidente específico; cada Titanic, su iceberg; y cada playa paradisíaca, su ola asesina. Por eso nos van a dar, pero bien. A todos. Ya nos están dando. Y déjenme que les diga algo: a veces, incluso cuando palmo yo, me alegro. O casi. Hay siglos en que simpatizo con el profesor Moriarty.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arturo Perez Reverte&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/1395341801677203164/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=1395341801677203164&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1395341801677203164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/1395341801677203164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/09/el-iceberg-del-titanic.html' title='El iceberg del Titánic'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-3934065931824455211</id><published>2011-09-25T13:11:00.000-03:00</published><updated>2011-09-25T13:11:42.870-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Paciencia y años</title><content type='html'>De pequeño no tenía paciencia, el mundo era un enorme y fascinante misterio lleno de incógnitas y preguntas sin respuestas claras. Era la década del 40 y los niños ignorábamos cómo veníamos al mundo y al confrontar teorías con compañeritos de escuela se llegaba a conclusiones que iban del repollo y la semillita que plantó papá a la cigüeña que venía desde París desafiando vientos y tormentas.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La impaciencia por saber la verdad era lo que identificaba nuestra infancia. ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? Y la frase irritante de los mayores era: Sos muy chico todavía. Los años 50 trajeron la pubertad con sus cambios de voz, de altura, de sensaciones preadolescentes, urgencias sexuales y mutaciones de carácter violentas y opuestas, frío y calor, arrebatos y depresiones, euforias y decepciones. Y allí estaban los adultos rompiendo los quinotos: ¿Qué querés hacer? ¿Qué carrera vas a elegir? ¡Acá el que no estudia tiene que trabajar! ¡Y el que no trabaja no come, así que decidite! Esta vez ellos eran los impacientes. Los 60 trajeron la juventud, las revueltas sociales, el pelo largo, el secundario lleno de materias horribles que había que estudiar aún sabiendo que no nos iban a ser de ninguna utilidad, porque ya habíamos elegido nuestro camino y, en mi caso, ese camino era el arte, el teatro, el cine y la literatura. ¿Qué significaban en ese derrotero los logaritmos, las raíces cuadradas, la química, la física y la contabilidad? ¡Nada! Sólo tedio y vacaciones arruinadas por profesoras particulares que nos preparaban para los exámenes de marzo. Espantosos recuerdos acuden a mi mente al evocar esas tardes de enero y febrero de calor agobiante, pisando el cemento ardiente de calles y avenidas que conducían a la casa de la maestra, aburrida de desasnar burros aplazados en interminables lecciones llenas de problemas, fórmulas y cálculos. Los años 70 fueron la madurez rebelde, el horror subterráneo de libertades reprimidas que iban del corte de pelo a las opiniones políticas, pasando por las conductas sexuales, las películas que no nos dejaban ver, los libros prohibidos y los exilios externos e internos. El miedo, la bronca contenida, verdaderas pruebas de fuego para la paciencia y el aguante. La frustración de estar en la plenitud de la vida y no poder ser quien uno quería ser. Los años 80 trajeron democracia, replanteos, éxitos y reconocimientos, coraje para admitir culpas y omisiones, desorden, polémicas y, sobre todo, la búsqueda de un equilibrio entre lo bueno y lo malo, los famosos balances, tan necesarios para tener una mediana salud mental. Tener libertad para elegir es un trabajo diario y a veces extenuante, pero siempre preferible a los que están esclavos de la ignorancia y la falta de inclusión social; para ellos la libertad no es más que una palabra vacía de contenido. En los años 90 ejercí la paciencia más estricta al ver cómo se inflaba un globo de seudoprosperidad sobre dibujos, fábricas cerradas, ferrocarriles abandonados y un empobrecimiento paulatino con ritmo de fiesta primermundista. Era inútil advertir, razonar y prevenir. Ni teniendo sesenta venerables años era uno merecedor de un mínimo crédito. Y llegó el 2000 y su primera década, y la paciencia va disminuyendo. ¡Qué viejo estoy! Aquella actitud de curiosidad, rebeldía racional y domesticación prudente decrece en forma proporcional al aumento de edad. Ya no aguanto estupideces, o lo que para mí son estupideces. No me creo nada que no quiera creer, no me caso con nadie; a lo sumo puedo tener alguna que otra calentura, entusiasmos sin tirar cohetes, ganas enormes de vivir y valorizar lo que más me importa: la amistad, la solidaridad, la verdad del presente que no olvida el pasado y proyecta un futuro. Atento y vigilante, viviendo el tránsito a los ochenta con menos paciencia, pero con la misma curiosidad de aquel niño que preguntaba ¿Por qué esto? o ¿Por qué lo otro? Ya encontraré las respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/3934065931824455211/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=3934065931824455211&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3934065931824455211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/3934065931824455211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/09/paciencia-y-anos.html' title='Paciencia y años'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-4256998769036154512</id><published>2011-09-18T11:33:00.000-03:00</published><updated>2011-09-18T11:33:12.062-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Cecilia Absatz"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="periodistas"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>En la vereda</title><content type='html'>Hay un lindo clima en la calle cuando uno sale temprano por la mañana. Temprano en serio, digamos, a las 6. Somos pocos y nos saludamos entre nosotros como si viviéramos en un pueblo, el pueblo de la gente que se levanta a horas ridículas para ir a trabajar. &lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt;Salvo una eventual excepción literalmente trasnochada, sólo se ve al repartidor de pan en bicicleta, el mozo del bar de la esquina que camina apurado y vestido de civil, el chico del puesto de diarios y los encargados de los edificios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el gran momento de los encargados de los edificios: dueños de la vereda y de la información, intercambian saludos gestuales o verbales, se ponen al día y contemplan con aire reflexivo el barrio y su gente en este nuevo amanecer. El único problema es que todo esto lo hacen, con la parsimonia del caso, mientras lavan la vereda y dejan correr el agua que sale de la manguera, con dolorosa prodigalidad.Como si fuera gratis. Cierta vez no pude contenerme: me acerqué a un encargado (en un barrio que no era el mío, lo admito) y le supliqué que cerrara la canilla. El conversaba con una vecina mientras el agua corría inútilmente hacia el cordón. Yo la pago, me contestó el hombre de mal modo; son respuestas como trompadas, uno no sabe cómo responder a eso. En el gimnasio, una chica joven se lava los dientes frente al espejo y deja la canilla abierta; luego queda contemplándose con cierta ensoñación y lentamente comienza a retocar su maquillaje. Todo ese tiempo, la canilla sigue abierta. Otra vez no puedo contenerme y le pido por favor que cierre la canilla. Me mira como una joven divina mira a una vieja loca. Puedo leer su mente como si tuviera un subtítulo: ¿A quién le importa que la canilla esté abierta? Por fin la cierra como diciendo qué lata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente que vive en Buenos Aires, una buena cantidad, abre la canilla de su casa y recibe ese generoso chorro de agua como si fuera lo más natural. No sabe que es un privilegio. No le entra en la cabeza. Nunca vivió en una ciudad en la que el agua potable se mide por gotas y la presión no alcanza. La ciudad de México, por ejemplo, Kandahar o sin ir más lejos la provincia de Córdoba, en nuestro país. Qué lata. Las películas que hablan de la desertificación son aburridas o políticamente tendenciosas; los rumores sobre gente que viene a comprar tierras para robarse el acuífero son leyendas urbanas. Hay unas débiles campañas oficiales, de vez en cuando, y también imágenes en la televisión de lugares secos, acá nomás, donde se hace fila para llenar un balde con agua que se usará para beber, asearse, cocinar y por último, regar las plantas. Es una realidad feroz, pero ¿qué puede hacer uno desde su casa, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues algo que cada uno puede hacer desde su casa es cerrar la canilla, por una cuestión de respeto a la humanidad. Un acto modesto de contrición. Los encargados de los edificios podrían mojar la vereda y luego lavarla con la escoba en lugar del chorro de la manguera. Verlos cada mañana dilapidar el agua potable, en medio de ese clima bucólico de la ciudad al amanecer, es algo que rompe el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También es relativo que paguemos el agua. Pagamos una cifra genérica y no el verdadero consumo individual, como la electricidad o el gas. Si cada familia pagara su propio consumo, como ocurre en otras ciudades, las madres enseñarían a sus hijas a cerrar la canilla mientras se retocan el maquillaje, e incluso, mientras se lavan los dientes. Y la vereda se lavará con un par de baldes. Para sacar esas hojitas rebeldes que se atascan entre los surcos no hay nada mejor que la escoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cecilia Absatz&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/4256998769036154512/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=4256998769036154512&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/4256998769036154512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/4256998769036154512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/09/en-la-vereda.html' title='En la vereda'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-2250157841003565344</id><published>2011-09-18T11:28:00.000-03:00</published><updated>2011-09-18T11:28:34.310-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Invasores</title><content type='html'>Quieren saberlo todo, su ansiedad los supera y en una catarata de preguntas e inquisiciones sobre los más variados temas, caen sobre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son esas personas que te llaman por teléfono a las 7 o, peor aún, a la 1 de la madrugada, y te preguntan: ¿Te desperté? ¿Dormías? ¿Es una hora imprudente? Y, claro, es una hora imprudente en la que el llamado tiene que tener una justificación de urgencia porque si es sólo porque estaba pensando en vos o tuve un mal sueño en el que vos eras protagonista y me angustié, la respuesta deberá ser más imprudente que la hora.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; Son los que, además, pretenden ser adivinos e intuitivos y sin dejarte terminar de decir hola, te espetan: ¡Qué voz rara! ¿Estás bien? ¿Estás afónico? Y cuando después del carraspeo uno logra emitir un saludo, comienzan a juzgar tu entorno, que no ven pero intuyen: ¿Por qué tenés tan alto el volumen de la tele? ¿Estás sordo? Uno trata de aclarar las cosas y les contesta que no es la tele, sino el equipo de audio de un vecino, pero ellos siguen con sus conjeturas: Pensé que era tu tele porque el otro día en el restaurante me pareció ver que no oías bien la conversación y pensé en recomendarte un fonoaudiólogo genial que curó la sordera a la prima de una tía abuela mía que estaba como una tapia. Y uno intenta explicar, pero ellos saltan de un tema a otro y la incógnita sigue siendo el motivo de la llamada. A veces se trata de un chisme que tienen que contar sí o sí porque pueden olvidárselo, otras es algo medianamente importante, pero que podría haber sido informado sin tanta premura y muchas otras es las ganas de hablar con alguien por aburrimiento y hastío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la cosa es tête à tête, puede resultar peor aún porque no se ahorran ninguna impresión acerca de tu persona: ¿Estás más gordo? ¡Cuidate! ¿Estás más flaco? ¡Cuidado con las dietas mágicas! Te veo muy pálido, estás muy acalorado, ¿y esas pastillas? ¿Te las recetaron? ¡Ojo con la automedicación! No ves bien, ¿por qué no te operás de la miopía? ¡Es otra vida! Yo lo sé por lo que le pasó a. Aquí viene una larga lista de recuperados que uno no conoce y después de mil recomendaciones de médicos, sanadores, chinos acupunturistas, manosantas, yerbas mágicas, tiradores de tarot y técnicas ultramodernas contra todos los males dejan el tema salud para interpretar gratuitamente todos tus comentarios acerca de tu vida, tu trabajo, tus relaciones sentimentales y cuanto ítem se les ocurra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando advierten en tu semblante el hartazgo que sólo la buena educación ha evitado explotar en gritos, golpes y patadas, te zampan la moraleja: No hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír. Todo esto es por tu bien y porque te quiero, porque si no te quisiera, me callaría la boca. Y ahí uno no puede más y grita: ¡Entonces no me quieras, dejame en paz!, y hay que echarlos para que no se cumpla aquello de el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flaco favor nos hacen, quizá desde las mejores intenciones, esos pesados que se dedican a la interpretación de cuanto gesto nos observan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los seres humanos somos cajas de Pandora que escondemos bajo las apariencias mundos internos que muchas veces ni nosotros mismos llegamos a descifrar y menos aún lo harán los de afuera. Sería mejor la observación silenciosa, el acompañamiento tranquilo y solidario desde la comprensión discreta, la disponibilidad y la compañía cómplice que no juzga apresuradamente, que abre los brazos en silencio con el lenguaje eterno de la mirada amorosa y compasiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que luchar contra la invasión defendiendo el sagrado derecho de ser uno mismo con un entorno comprensivo, solidario y, en lo posible, sin hablar al soberano pedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/2250157841003565344/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=2250157841003565344&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2250157841003565344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/2250157841003565344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/09/invasores.html' title='Invasores'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9057883972356783042.post-6828966001736420311</id><published>2011-09-11T09:46:00.000-03:00</published><updated>2011-09-11T09:46:25.316-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="autores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Enrique Pinti"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="escritores"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="publicación"/><title type='text'>Highlanders</title><content type='html'>La violencia engendra más violencia. Esto se sabe, se dice, se experimenta en hechos concretos y se enuncia en tono preocupado y gestos adustos por gobernantes y gobernados. Y no obstante, el ser humano echa mano a métodos cada vez más violentos para defenderse de la otra violencia, la que emana de reglas y leyes escritas o simplemente aplicadas por tradición y costumbre.&lt;span id=&quot;fullpost&quot;&gt; No se toman medidas preventivas para contener situaciones de injusticia y desigualdad, se minimizan los efectos residuales que graves crisis económicas y sociales marcan a generaciones de seres humanos criados y mal educados por situaciones de todo tipo de carencias y miserias y luego, al explotar las protestas con virulencia y salvajismo, se reprime brutalmente tirando queroseno sobre el incendio social. Y mientras se incuban los males que nacen de la pobreza y la falta de educación o, peor aún, de la mala educación, los gobernantes se visten con sus mejores galas, sean sus países ricos, pobres o paupérrimos. Trajes de buen corte y corbatas de moda para los hombres, y elegantes chaquetas mezcla de secretarias ejecutivas y estrellas de cine para las señoras, se agrupan frente a palacios con reminiscencias versallescas, sonríen para la foto y se sientan en grandes salones con la botellita de agua mineral y dos asesores con cara de yo no fui rodeándolos como en un círculo de protección y aislamiento. Las conclusiones suelen ser vagas, generales, con algún que otro entuerto o duelo verbal más referidos a diferencias ideológicas de mucho enunciado y poca sustancia real que a verdaderas soluciones. En los alrededores de esos palacios de asambleas rugen multitudes con pancartas reclamando respeto por el planeta, finalización de guerras interminables e inútiles, educación, alimentación, consideración humana y supresión de torturas y persecuciones políticas. Si alguno se pasa de la raya, gases lacrimógenos, palos, corridas y ¡hasta la próxima!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasan los años, las cumbres, los pactos, los ajustes y los desbarajustes y el pescado sin vender y a veces muerto en el fondo de los ríos y mares contaminados por industrias que dan trabajo a miles y matan a millones. El sálvese quien pueda, el abuso de los poderosos, la mala intención de los que quieren río revuelto para oscuras ganancias, la ignorancia, el egoísmo y los prejuicios y marginaciones de todo tipo acorralan a millones de personas en el callejón sin salida en donde estallan las pasiones y la violencia explota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comunidad negra en Estados Unidos incendiando ciudades allá por los sesenta; las rebeliones contra dictaduras de derecha e izquierda; el horroroso muro de Berlín y los peligrosos conatos de conflictos bélicos durante la Guerra Fría fueron algunos momentos cruciales de la historia del siglo pasado y cada tanto reviven en esta primera década del nuestro y pareciera que nada alcanza, nada se aprende, nada se termina por superar de una buena vez. Mientras científicos estudian y se afanan por encontrar antídotos y curaciones para enfermedades que de mortales han pasado a ser crónicas y tratables, mientras creadores, agrupaciones solidarias, filántropos y misioneros tratan de llevar alivio al que sufre y cultura, inclusión y esperanza al relegado social, la violencia, como una especie de mal incurable, sigue golpeando las estructuras de nuestras sociedades, desde la doméstica hasta la social, desde la religiosa hasta la política. La lucha entre el bien y el mal sigue sin pausas para la reflexión, para volver a plantearse el verdadero sentido de la vida, una vida que es más breve de lo que parece, una vida que puede terminar bruscamente a la vuelta de la esquina y que no debería tener otra prioridad que la de hacer de este paso por la tierra una travesía lo más feliz posible, sin egoísmos, sin maldad gratuita, con menos cumbres y más piedad. Esto no parece tenerlo claro la gente de poder; viven como si nunca fueran a morir, como highlanders. ¡Qué error!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Pinti&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://marockonline.blogspot.com/feeds/6828966001736420311/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9057883972356783042&amp;postID=6828966001736420311&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6828966001736420311'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9057883972356783042/posts/default/6828966001736420311'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://marockonline.blogspot.com/2011/09/highlanders.html' title='Highlanders'/><author><name>Maribel Pereyra Robles</name><uri>https://plus.google.com/103959694516364473898</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-A-sDe7yQyr8/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAGxM/Z6Ca_7CxoP4/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>