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	<title>Crónicas (deportivas) de Mospintoles</title>
	
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	<description>—[cuentos de la suburbe]—</description>
	<lastBuildDate>Fri, 18 May 2012 09:30:54 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Choque de trenes (1)</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 09:30:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Don Faustino]]></category>
		<category><![CDATA[López]]></category>
		<category><![CDATA[María Reina]]></category>
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		<description><![CDATA[[En 6 entregas diarias] -Sábado por la noche- Corría el rumor entre algunas de las personas mejor informadas e influyentes de Mospintoles de que López estaba pasando una situación económica muy difícil. El dueño-presidente del Rayo tenía en quiebra la constructora, de la que era el accionista mayoritario, y las deudas se le acumulaban día [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
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<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 6 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p><strong>-Sábado por la noche-</strong><br />
Corría el rumor entre algunas de las personas mejor informadas e influyentes de Mospintoles de que López estaba pasando una situación económica muy difícil. El dueño-presidente del Rayo tenía en quiebra la constructora, de la que era el accionista mayoritario, y las deudas se le acumulaban día a día. La última promoción de viviendas que había construido a las afueras de Mospintoles todavía estaba sin vender y las perspectivas de trabajo en el extranjero, pese a sus buenos contactos, eran nulas. </p>
<p>Tras la entrada en barrena del sector de la construcción, López había intentado ampliar y diversificar sus otras actividades industriales y comerciales pero los resultados no habían sido los esperados. La situación empezaba a ser desesperada. El tinglado que había montado en los años de grandes beneficios y burbujeo inmobiliario se había venido abajo a gran velocidad por lo que temía quedarse en la ruina, a salvo sólo de unos ahorros que en los años de bonanza había colocado en un paraíso fiscal por si un día llegaban mal dadas… y para, cómo no, pagar menos impuestos.<br />
<span id="more-12304"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Mientras que López se relamía de gusto pensando en lo que podía ocurrir esa noche con la alcaldesa, a varios cientos de kilómetros Matute estaba también con una excelente compañía. </font></p></blockquote>
<p>En el plano deportivo también la situación se estaba complicando. El Rayo llevaba una campaña de altibajos, situado siempre en la mitad de la tabla, lo que no permitía albergar muchas esperanzas de que el equipo pudiera subir a la primera división. Si el año anterior López había considerado inviable el ascenso, buscando consolidar primero la economía y fortaleza futbolística del equipo, la realidad actual era que no sólo no había consolidación sino que el balance empezaba a ser deficitario. Los ingresos habían descendido ostensiblemente pese al mantenimiento de los mismos precios del año anterior y los gastos se habían disparado con el cambio de entrenador y algunos refuerzos de última hora. </p>
<p>Debía dinero a la Seguridad Social y al Ayuntamiento y, personalmente, en un último intento, estaba llevando todas las gestiones para que le pudiera ser aplazada la deuda. La barajada posibilidad de que la gran figura del equipo, Piquito, pudiera ser vendida a un grande de la Liga para con ello resarcir las   pérdidas, era algo que cada vez contemplaba menos pues durante la temporada el rendimiento del jugador había sido bastante mediocre –disminuyendo así su caché- y el mercado no estaba tampoco para muchas alegrías compradoras, lo que significaría hacer una venta muy impopular (para los mospintoleños Piquito seguía siendo el líder del equipo) a cambio de obtener unos ingresos poco significativos. </p>
<p>En esa situación tan dramática, López se devanaba los sesos en busca de alternativas para sus empresas y el equipo, examinaba todas las posibilidades para reducir gastos… pero ni había crédito (a él, que cuando antes pisaba una sucursal, el director se le ponía firme) ni había dinero contante y sonante (beneficios en caja) con el que ir tapando tanto agujero. </p>
<p>La situación empezaba a ser tan dramática que, por poner un ejemplo, López estaba debatiendo con sus más allegados si la siguiente temporada no debería cerrar todas las secciones deportivas del equipo excepto la profesional. Los gastos de las categorías inferiores estaban lastrando demasiado la marcha general del club.  </p>
<p>Desde el comienzo de la temporada, y más desde que María Reina lograra la alcaldía de Mospintoles, López había llevado a cabo un plan muy metódico para conseguir que la señora alcaldesa fuese, en la gestión de la crisis,  una ayuda y no un estorbo. Buscaba que la nueva corporación se implicase más en el equipo de la ciudad (el suyo) aumentando las subvenciones y congelando las deudas acumuladas. Pretendía acrecentar su amistad con María, incluso llegando al plano más afectivo, para entrar en el Ayuntamiento. Quizás algún puesto de asesor adjunto&#8230; Sería el trampolín inicial para un objetivo mucho más ambicioso: aspirar a la alcaldía en un futuro no muy lejano. </p>
<p>Ahora que se acercaba el final de la temporada futbolista, su relación con María estaba en el nivel buscado y deseado: la señora alcaldesa empezaba a verle más como hombre que como empresario. O eso era lo que él percibía.  </p>
<p>Por eso aquella noche López esperaba alcanzar su primer gran objetivo. Allí tenía a María, en su casa, mientras Matute estaba en Barcelona viendo al Barça de sus amores. No volvería hasta la noche del domingo así que tenía tiempo suficiente para intentar conseguir “reinar” en el mundo casi impenetrable de aquella señora tan estupenda, inteligente y de tan buena familia como era María Reina. Si lo lograba tendría más cercanos sus siguientes objetivos, tanto económicos como políticos. </p>
<p>Mientras que López se relamía de gusto pensando en lo que podía ocurrir esa noche con la alcaldesa, a varios cientos de kilómetros Matute estaba también con una excelente compañía. </p>
<p>Había llegado a Barcelona a eso de las siete, casi 24 horas antes del partido. Para alargar su estancia en la capital catalana, pretextó ante María una reunión con una peña barcelonista hermana en lo que iba a ser algo así como un pequeño y discreto homenaje que le iban a dar por defender los valores culés en terreno enemigo, en tierras madrileñas. Esta vez María no ejerció su crítica y fastidio  habitual sino que animó a su maridín a pasárselo bien en tierras catalanas mientras que ella, pobrecita, tendría que estar todo el fin de semana aburriéndose en varias reuniones del partido. Al hijo, Sergio, lo llevaría ella misma a casa del abuelo Anselmo, donde estaría cuidado por la asistenta. El matrimonio llegó así a un acuerdo poco frecuente y el sábado por la noche cada uno estaba en casa ajena, siguiendo sus planes previstos y ocultos. </p>
<p>A Matute la boca se le hacía agua y los ojos chiribitas. ¡Qué mujer de bandera era Montse, la prostituta de lujo que un buen amigo barcelonés le había proporcionado para aquella noche! Ni su mujer en las horas más estupendas de su matrimonio, ni la joven Susana, a pesar de lo desinhibida que solía mostrarse fuera y dentro de la cama, podían compararse a la imagen picarona, sexy y deslumbrante que tenía Montse esa noche. Decididamente, aquello tenía que ser el principio de una buena amistad y por eso estaba dispuesto a no perder tan sabrosa (aunque carísima) oportunidad. Lo que no sabia es que en Madrid, en un chalet de mucho postín, su mujer se encontraba a un paso de caer en los brazos del hombre que despreciaba: López.           </p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<title>Diálogos (0)</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 09:48:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[[En 8 entregas diarias] En Mospintoles, como en todas las ciudades medianas, se conoce “casi” todo el mundo. Al menos de vista. Al fin y al cabo, sesenta mil personas caben en un campo de fútbol un poco grande. Si descontamos a los chaveas, que aún están fabricándose una biografía, a los venidos de fuera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
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<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 8 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>En Mospintoles, como en todas las ciudades medianas, se conoce “casi” todo el mundo. Al menos de vista. Al fin y al cabo, sesenta mil personas caben en un campo de fútbol un poco grande. Si descontamos a los chaveas, que aún están fabricándose una biografía, a los venidos de fuera en los últimos años, especialmente si proceden del extranjero, y a aquellos que están en las últimas (quiero decir, más cerca del más allá que del acá) el número de ciudadanos en edad de conocerse, criticarse o darse coba, ascenderá a unas cuarenta mil almas (con su correspondiente cuerpecito o cuerpazo). </p>
<p>En esta tesitura es comprensible que muchas de las cosas que suceden en la ciudad sean comidilla y comentario de una gran mayoría. Los secretos son difíciles de guardar, tanto como el anonimato. Al final todo se sabe, se habla, se critica&#8230; y, a veces, hasta se publica.<br />
<span id="more-12155"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» En fin, una serie de diálogos de gentes mospintoleñas que bien merecen ser contados para que se vea que aquí no escondemos nada: nisiquiera el off the record.</font></p></blockquote>
<p>Cogollo y Mirlitón, los crónicas oficiales de la ciudad, venimos centrándonos a lo largo de estas crónicas mospintoleñas en algunos de los personajes de más influencia, poder o fama de Mospintoles aunque a menudo hemos ido intercalando algunas historias y referencias de otros individuos e individuas que también tenían cosas que decir o hacer.  </p>
<p>En las próximas entregas iremos más allá presentando algunos diálogos indiscretos (no nos pregunten mediante qué maña o arte los hemos escuchado y registrado) de gentes de la ciudad que –creemos- ofrecen un punto de vista curioso, pintoresco o, simplemente, interesante sobre lo que se cuece, piensa o discute en Mospintoles.</p>
<p>Hemos preferido mantener el formato dialogado para mostrar tal cual fueron oídas dichas conversaciones, si bien las hemos sintetizado o resumido. En unas encontraremos los clásicos chismorreos, tan típicos de nuestro país; en otras las típicas envidias disfrazadas de disparidad de criterios; en alguna se contará una historia tan increíble que algunos lectores creerán inventada, y no es cierto. En fin, una serie de diálogos de gentes mospintoleñas que bien merecen ser contados para que se vea que aquí no escondemos nada: nisiquiera el off the record.<br />
—Perdona, Cogollo, pero habrá que aplazar un día la publicación de esos diálogos pues mañana es el primero de mayo, el Día del Trabajo, y como sabrás mejor que yo, ese día no se trabaja, vamos, que es festivo&#8230;<br />
—Por supuesto, Mirlitón. No seremos nosotros quienes nos peleemos con el calendario…    </p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<title>Como tumbas (1)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 09:37:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirliton</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[Cafetería La Cama]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[[En 5 entregas diarias] La tarde había sido larga. Sentados en la terracita con mamparas de aquel tranquilo bar, un hombre animaba al corrillo de amigos con su historia. —Antes debo deciros que me pidió que no lo contara a nadie, así que debéis ser como tumbas; lo que os voy a contar no puede [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>La tarde había sido larga. Sentados en la terracita con mamparas de aquel tranquilo bar, un hombre animaba al corrillo de amigos con su historia.<br />
—Antes debo deciros que me pidió que no lo contara a nadie, así que debéis ser como tumbas; lo que os voy a contar no puede salir de aquí. Aquellas dos señoras hablaban con total franqueza mientras tomaban su té (un té pakistaní, recuerdo haberles servido) y lo hacían con la tranquilidad de quienes se hacen mutuas confidencias en la confianza de que las revelaciones hechas en concilio tan reducido no serán desveladas. Pero ellas ignoraban que él estaba sentado en un taburete bajo, al otro lado de la barra, para descansar del dolor de sus pies. Llevaba días con dolor de pies, y ya sabéis que el trabajo de camarero no ayuda precisamente a descansarlos. Por lo visto su mujer, que ya sabéis que es pedicura, le tiene que desenterrar las uñas de los dedos gordos una vez al mes porque le crecen mal. Y ya le tocaba, pero no habían tenido tiempo, haciendo bueno aquel dicho del cuchillo en casa del herrero, y el hombre estaba hoy que rabiaba.<br />
<span id="more-12111"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Por lo visto, allí, en silencio, escuchaba perfectamente y sin esfuerzo alguno, la conversación de aquellas dos señoras […]</font></p></blockquote>
<p>El relator hizo un alto en su narración y tomó un sorbito de su consumición. Luego, con cierta parsimonia, prosiguió.<br />
—Ya sabéis lo amplia que es aquella cafetería, y que siempre estamos algún camarero de más para atender a la clientela con holgura. El dueño paga bien y puntual, y nos trata hasta con cariño… No es un empleo de los que se pueden perder… Al menos hasta que se encuentre otro mejor –aquel hombre pareció ensoñarse, pero al pronto reanudó su relato–. Como a primera hora de la tarde había poca clientela, se sentó como os digo tras aquel mostrador del fondo, de forma que nadie pudiera verle, y se sacó los zapatos y los calcetines, y estiró los dedos de los pies y las pantorrillas. Le había visto hacerlo otras veces y le dije, como siempre, que descansara, que yo le avisaría si entraba más clientela. Por lo visto, allí, en silencio, escuchaba perfectamente y sin esfuerzo alguno, la conversación de aquellas dos señoras que creían estar a solas en aquel apartado rinconcito del local.</p>
<blockquote>
<p style="text-indent: 0;">—No me engaño, Lupe, cariño. La historia me la ha contado ella misma. Está hecha un lío. Y ahora no sabe qué hacer.<br />
—No sabía que teníais tanta amistad como para haceros esas confesiones –me dijo que desde su impremeditado escondite le pareció notar cierto pique en la voz de esta segunda dama.
</p></blockquote>
<p>[Continuará…]</p>
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		<item>
		<title>Real como la vida misma (1)</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Apr 2012 14:16:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirliton</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>
		<category><![CDATA[oficinas de Industrias López]]></category>

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		<description><![CDATA[Núñez, el jefe de seguridad de Industrias López, retrata la confusión y el alienamiento que el fútbol produce en las mentes debilitadas y meningíticas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Núñez estaba en su puesto de trabajo, en el control de accesos a las oficinas del holding de López, ubicadas en la nueva grada del estadio municipal de Mospintoles, ahora llamado Estadio Industrias López por cuestiones de autopatrocinio.</p>
<p>El jefe de seguridad, eficiente como ninguno en su puesto de trabajo, estaba hoy taciturno. El día, en lo que a trabajo se refiere, era tranquilo, y ello permitía que la mente de Núñez divagara.<br />
<span id="more-12081"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Núñez tomó aire, ausente como estaba, y concentró la vista en un punto no muy lejano pero ubicado fuera de este mundo.</font></p></blockquote>
<p>Basáñez andaba por allí, algo ocioso también. En el mundo de las altas finanzas no vive en un estado continuo de estrés; sería insoportable. El abogado de la firma observó la introspección de Núñez y quiso saber qué le ocurría.</p>
<p>—Mire usted, señor Basáñez, tengo la cabeza en lo que me pasó ayer domingo.<br />
—¿Y qué puede ser tan importante para que esté usted ausente?<br />
—Usted, que vive el mundo del fútbol y que de él ha hecho su trabajo, y le va bien, a lo mejor entiende lo que me pasó ayer. Yo, que ya sabe usted que no soy aficionado al balompié, por más vueltas que le doy no encuentro justificación a lo que hizo ayer un vecino.<br />
—¿Y qué fue lo que ocurrió ayer, Núñez? Me tiene usted en ascuas –Basáñez, intrigado, interpeló al guarda.<br />
—Antes de contarle los hechos he de ponerle en antecedentes. Pero no sé si tendrá usted tiempo de escuchar este cuento.<br />
—Tiene usted toda mi atención, hombre de dios, pero déjese ya de preámbulos y comience su narración.</p>
<p>Núñez tomó aire, ausente como estaba, y concentró la vista en un punto no muy lejano pero ubicado fuera de este mundo.</p>
<p><strong>La narración de Núñez:</strong></p>
<p>—Yo vivo en una zona rural de Mospintoles. Mi casa da a unos prados pequeños que hay en el lugar, donde diferentes vecinos cosechan ocasionalmente algún que otro huerto. En aquella zona vivimos de continuo tres vecinos, y los demás, que tienen oficios varios, sólo tienen por allí las fincas. En realidad vienen el fin de semana a hacer ruido donde yo vivo, cuando no una fogata y meternos el humo en casa, y tras molestar a los que allí residimos se van a su hogar, que está en un núcleo urbano, donde a buen seguro exigirán silencio mientras reposan en su hogar. Ellos viven en pisos, a pesar de ser personas de campo.</p>
<p>»En concreto esto que me sucedió ayer fue con uno de ellos, Torcual Fuente, escayolista de profesión, que tiene allí un huerto y una chabola donde guarda aperos de labranza y unas conejeras. Su suegra, una octogenaria con movilidad reducida, y su mujer atienden la huerta entre semana y él suele ir los fines de semana que es cuando viene a meter ruido con el motocultor, la desbrozadora y una motobomba con la que extrae agua de la acequia que separa su huerto de unos prados vecinos y de mi casa.</p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<item>
		<title>El niño ajedrecista (1)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/mospintoles/~3/c_BG_AMSYTM/</link>
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		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 10:30:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[el complejo deportivo]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces los milagros existen. Sobre todo si el pasado fue una auténtica desgracia... Esta es la historia de un chaval que pasó de la desgracia al milagro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Sergey Vasíliev era un niño alegre y dicharachero cuando llegó a España procedente de  Rusia. Tenía entonces cuatro años. Sus padres, Alexandr y Svetlana, habían venido a nuestro país huyendo del suyo. No es que fuesen delincuentes; muy al contrario, Svetlana era una periodista de éxito y Alexandr un empresario dedicado a exportar productos típicos a la Unión Europea, desde las clásicas muñecas rusas a conservas, música, películas, etc.<br />
<span id="more-11978"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Un día la periodista recibió en casa varios anónimos amenazantes conminándole a que dejase el periodismo escrito así como sus colaboraciones en internet.</font></p></blockquote>
<p>El matrimonio formaba una pareja feliz pese a que Alexandr no estaba de acuerdo con el excesivo espíritu crítico de su esposa, que trasladaba a sus trabajos periodísticos, y que le había granjeado la enemistad de las más altas instancias del gobierno de la ciudad y hasta del Kremlin moscovita. Ello le incomodaba porque, estando bien relacionado con la clase dirigente local (vivían en Klin, una ciudad de unos 80.000 habitantes, situada a 85 kilómetros de Moscú), comprobaba cómo la actividad de su mujer le estaba empezando a perjudicar en los negocios. Varios periodistas muy críticos con el régimen habían fallecido en los últimos años, asesinados casi con toda seguridad, y Alexandr, aunque no tenía ni idea de política ni quería tenerla,  era consciente de que las informaciones e investigaciones de su mujer podrían acarrearles muchos problemas e incluso desgracias. Francamente, no tenía ganas de quedarse viudo antes de tiempo, o de arruinarse por culpa de su esposa. </p>
<p>Svetlana, sin embargo, mantenía su cruzada democrática y periodística con aquellos a los que consideraba herederos de la vieja guardia comunista, aquella que había reprimido ferozmente a su país y a su gente desde los viejos tiempos de Stalin hasta la llegada de Gorbachov. Un poder totalitario que aún se mantenía en la sombra pese a las sucesivas elecciones habidas, todas manipuladas como atestiguaba la prensa y los observadores internacionales. El más claro representante del viejo totalitarismo, ahora reconvertido en demócrata de pacotilla, era el propio Putin. </p>
<p>Un día la periodista recibió en casa varios anónimos amenazantes conminándole a que dejase el periodismo escrito así como sus colaboraciones en internet. En ellos le llamaban antipatriota y enemiga del pueblo, además de acusarla de trabajar para una potencia extranjera y de poner en riesgo la seguridad nacional. Todo aquello eran palabras mayores pero mostraban con claridad que sus investigaciones periodísticas estaban en lo cierto, especialmente sus últimos hallazgos sobre las finanzas corruptas del gobierno de Klin, con réplicas similares en otras ciudades de la región. Pese a todo, decidió ocultar los anónimos a su marido y tomar las máximas medidas de seguridad personal.</p>
<p>Dos días más tarde, cuando regresaba a casa procedente de Moscú en el ferrocarril que une esta ciudad y San Petersburgo, observó un comportamiento extraño en dos hombres, quienes nada más bajarse del tren comenzaron a seguirla a una prudencial distancia. Como su domicilio estaba situado a escasos doscientos metros de la estación, pensó que no corría excesivo riesgo por cuanto muchos viajeros solían desperdigarse avenida abajo, camino del centro de la ciudad, pasando justo por la calle y acera donde ella vivía. De este modo, podría ocultarse entre la gente. </p>
<p>Cuando llegó a la altura del primer semáforo se escucharon varios ruidos secos, como si fueran disparos. Intuyó que intentaban matarla desde la acera de enfrente, pero aquel día no había llegado aún su hora de abandonar este mundo porque oportuna e inopinadamente se cruzó entre ella y los pistoleros un chaval que circulaba montado en patines. Fue él quien cayó al suelo, reventado por las balas, mientras que  Svetlana aprovechó el revuelo consiguiente para escabullirse entre la gente que salía corriendo en todas direcciones. Varios metros antes de llegar a la puerta de su casa comenzó a vomitar. Había corrido por encima de sus fuerzas y temblaba como un flan.</p>
<p>No tuvo tiempo ni de entrar en la cocina, donde en aquellos momentos la asistenta estaba dando de comer a Sergey, su hijo, cuando comenzó a sonar el teléfono. Lo descolgó con miedo. Una voz de hombre que sonaba fría y dura como el metal preguntaba por ella. Svetlana sacó inmediatamente de su bolso una pequeña grabadora y la aplicó al teléfono.<br />
—La próxima vez no fallaremos. Ampliamos la pena de muerte también a su marido e hijo. </p>
<p>La comunicación se cortó. Rebobinó la grabadora pero no se había registrado nada pues habían actuado con gran rapidez. Entonces se acercó a la ventana y descorrió levemente un visillo. En la acera de enfrente vio cómo dos hombres  salían de una cabina telefónica. Le pareció que eran los mismos que la habían seguido desde la estación de tren. </p>
<p>Por fortuna su marido estaba de viaje comercial en Ucrania, en Kiev, ciudad situada a unos mil kilómetros de Klin. Allí no corría peligro pero, en contrapartida, estaba demasiado lejos para poder ayudarla a escapar de aquellos esbirros del gobierno local, pues no tenía ninguna duda de que lo eran. Demasiado tarde para lamentarse, para darle la razón a Alexandr.<br />
—Un día de éstos nos van a dar un disgusto —le había dicho su marido antes de salir de viaje a Kiev.</p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<title>Morir de éxito (1)</title>
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		<comments>http://www.mospintoles.com/2012/morir-de-exito-1/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 10:30:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[el complejo deportivo]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[Historia de luces y sombras sobre Polonio, un chaval mospintoleño de mucho músculo y poco cerebro. La llegada de unaa chica extranjera, de la que se enamorará perdidamente, desembocará en un desenlace inesperado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>En el gimnasio del complejo deportivo Mospintoles-2  es muy conocido Polonio, alias el Músculos. Así lo apodan sus amigos. El tío, un chaval de 22 años que trabaja de pizzero por las noches, tiene una disciplina a prueba de bombas y cohetes para someter su cuerpo al efecto benéfico de pesas y mancuernas así como de todo tipo de artilugios y aparatos que fomentan la musculatura. Hace algo más de un mes cumplió su tercer añito como socio y el encargado de que todo esté en orden en el gimnasio jura que no le ha visto faltar ni un sólo día en ese tiempo. No es de extrañar que tantas horas de esfuerzo dale que te pego con los músculos hayan obrado el milagro de dotar a Polonio de un cuerpo perfecto. La verdad es que verlo, impresiona. Hay otros colosos musculados que dan una imagen casi esperpéntica o, al menos, repelente pero en Polonio todo es armonía, proporción y belleza. ¡Menudo cuerpo serrano tiene el gachó!<br />
<span id="more-11865"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» En lo que Polonio sí tiene el éxito garantizado es en su relación con las mujeres, no sólo porque es un tío simpático y dicharachero sino porque hay muchas que piensan que tanto músculo híper desarrollado a la vista no puede desmerecer de ese otro músculo que oculta a duras penas entre las ingles.</font>
</p></blockquote>
<p>Al chico la naturaleza le ha sido pródiga en el apartado físico pero bastante rácana en lo que se refiere a su mente. Ya señalábamos en otra crónica <a id="ref_1" href="#nota_1">(1)</a> que su cerebrín es más propio de un cefalópodo que de un humanoide. Es probable que un calamar tenga más neuronas funcionando que el buenorro de Polonio. Él sueña con que algún día le contraten en el complejo, donde se encuentra más a gusto que un marranillo en un charco pero, además de paciencia, debería ir acumulando ciertos saberes intelectuales  y culturales pues no sólo de músculo vive un entrenador personal o un encargado de gimnasio. </p>
<p>En lo que Polonio sí tiene el éxito garantizado -y sin necesidad de tener el título de la ESO- es en su relación con las mujeres, no sólo porque es un tío simpático y dicharachero sino porque hay muchas que piensan que tanto músculo híper desarrollado a la vista no puede desmerecer de ese otro músculo que oculta a duras penas entre las ingles. Y como, al fin y al cabo, comprobar su volumen y potencia sólo cuesta un rato de refocile y cachondeo, pues eso, que muchas féminas en edad de merecer, y otras que ya la han perdido pero que quieren tener un buen recuerdo postrero, hacen cola para echarse unos polvos con Polonio, a lo que éste no hace ascos, como es natural. </p>
<p>Y como la cosa sale gratis, pues todavía no se le ha ocurrido cobrar, tiene una lista de espera superior a la que hay en el Inem de Mospintoles en espera de obtener algún trabajillo chapucero a precio de céntimo de euro. La fama de que es un toro, en el gimnasio y en la cama, tiene su mala contrapartida en que más de un novio o casado ha querido partirle la cara pero en cuanto ven su porte cuadrangular de puro músculo, como que se lo piensan mejor&#8230; </p>
<p>Varios días después del &#8220;aniversario&#8221;, las rutinas de nuestro atlético amigo saltaron por los aires. Fue cuando el bueno de Polonio vio entrar en el gimnasio a una guapa moza, alta y morena, que quitaba el <em>sentío</em> a todo aquel que le echaba una mirada. Como era presumible, nada más verla el joven estableció el primer acercamiento con Helen, que así se llamaba la morenaza. </p>
<p>La chica era inglesa y sabía hablar español mejor que muchos nativos, incluido Polonio. Desde principio de curso estaba en Madrid estudiando con una beca Erasmus  pero hacía un par de semanas que se había trasladado a vivir a Mospintoles junto con otros estudiantes ya que así se ahorraban un buen dinerillo en el alquiler de la vivienda.</p>
<p>Mientras que a Polonio se le iban los ojos tras los de Helen, el resto de sus camaradas de músculo y sudor hacían cábalas en voz baja sobre el tiempo en que su líder tardaría en ligársela. Acertaron la mayoría (fue cuestión de cinco minutos) pero fallaron estrepitosamente en el carácter del ligoteo. Polonio quedó tan fascinado por la becaria que en ese tiempo se olvidó por completo de las pesas, el remo, la polea y todo aparato que pudiera distraerle. Lo único que hacía era -embelesado- hablar y escuchar a la belleza foránea. Aquella nueva relación nacía con aires diferentes a los habituales. </p>
<p>Al día siguiente Polonio no acudió al gimnasio. Sus amigos, y el personal de la instalación deportiva, pensaron que algo grave debía sucederle, aunque el colega más cercano tranquilizó a todos diciendo que no le ocurría nada malo.</p>
<p>Lo cierto es que durante una semana el cachas de Polonio no sólo no apareció por el gimnasio si no que nadie le vio el pelo por Mospintoles. Nadie disfrutó tampoco con la belleza de la chica inglesa, lo que hizo pensar a todos que aquella pareja de tórtolos tenía otro nido más placentero que el complejo deportivo.  No les faltaba razón aunque la relación entre ambos tenía sus dificultades. Más o menos, como le pasa a España e Inglaterra en la rivalidad político-deportiva.</p>
<p>[Continuará…]</p>
<hr /><strong>NOTAS:</strong>
<ol>
<li id="nota_1"><a href="#ref_1">&#8593;</a>&nbsp;—&nbsp;<a href="http://www.mospintoles.com/2010/carne-de-gimnasio-1/#polonio(1)">Ver la descripción que hacíamos de Polonio y de toda la fauna que pulula por el gimnasio de Mospintoles.</a></li>
</ol>
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		<item>
		<title>Desventuras en la alcoba (1)</title>
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		<comments>http://www.mospintoles.com/2012/desventuras-en-la-alcoba-1/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 15 Mar 2012 14:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirliton</dc:creator>
				<category><![CDATA[Piquito]]></category>
		<category><![CDATA[Susana Crespo]]></category>
		<category><![CDATA[casa de Piquito]]></category>

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		<description><![CDATA[(Quizá debas leer antes el cuento anterior…) [En 4 entregas diarias] Una vez que salieron al barrio por la parte norte de Las Landas, Piquito le dijo a Susana con una caidita de voz: —Creo que te has dejado algo en mi casa en tu última visita. La joven sonrió y repuso tratando de parecer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="left">
<p style="text-indent: 0; font-size: 14px;">(Quizá debas leer antes el <a href="http://www.mospintoles.com/2012/aventuras-en-las-landas-1/" target="_top">cuento anterior</a>…)
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 4 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Una vez que salieron al barrio por la parte norte de Las Landas, Piquito le dijo a Susana con una caidita de voz:<br />
—Creo que te has dejado algo en mi casa en tu última visita.</p>
<p>La joven sonrió y repuso tratando de parecer animada:<br />
—Pues vamos a buscarlo, que me hará falta.</p>
<p>Lo que no hizo falta fue decir nada más. Ambos reconocían la aceptación tácita de ella para lo que vendría a continuación. De no haberse encontrado dispuesta posiblemente hubiera objetado que lo que fuera que hubiera olvidado no le hacía ninguna falta. De todos modos, Piquito tenía el tacto de no repetir la misma fórmula, y cada vez que se citaba con la reportera ideaba una nueva excusa evitando ser directo, cosa que halagaba a Susana hasta cierto punto.<br />
<span id="more-11833"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Piquito estaba pasando por algo más que un bache anímico […] pero a López, el presidente, se le estaba acabando la paciencia con quien fuera su buque insignia…</font></p></blockquote>
<p>A la chica le hubiera gustado que la figura del balompié le abriera su corazón diciéndole lo que sentía por ella, pero era de justicia reconocer que la nada franca relación se la había buscado ella misma, cuando le dijo al chaval que debía aprender a respetar su intimidad y sus reservas, porque era una mujer con ambiciones y responsabilidades, que no iba a poder estar siempre a su disposición, y que diera muestras de madurez aceptando lo que había. No le dijo todo esto de golpe y porrazo, pero sí se ocupó de dejarlo bien sentado.</p>
<p>Llegaron a la Urbanización Montes de Toledo y entraron en la finca en la que Piquito vivía solo desde que su madre le dejara para irse a vivir con Metzger. Al chaval le importaba bien poco su soledad (o eso creía él): el chalé era sede de unos fiestorros muy celebrados entre cierto grupo social relativamente reducido.</p>
<p>Piquito había dejado de ser titular en el Rayo. Y ni siquiera la llegada de Metzger y su declaración de intenciones habían conseguido que el figura mejorara su rendimiento. Jugaba las segundas partes porque su condición física no daba para más, aunque no había perdido del todo su olfato de gol. Pero eso no era suficiente para consentir que un jugadorazo de su talla vagara como alma en pena entre el semicírculo de medio campo y el arco del área de penalti. Ni siquiera había ganado peso porque su constitución era delgada y fibrosa, y parecía estar siempre en forma; más bien era su cabeza la que no tiraba del conjunto.</p>
<p>Piquito estaba pasando por algo más que un bache anímico. El cáncer de su madre, su nueva vida en solitario, su reciente desclasismo, el hecho de que el míster del Rayo fuera el novio de su madre y vivieran juntos, y quién sabe qué otras cosas pasaban por su mente (como la confidencia materna sobre su desconocido padre, secreto celosamente guardado entre ambos), serían suficientes para justificar su bajón de rendimiento, pero a López, el presidente, se le estaba acabando la paciencia con quien fuera su buque insignia… en realidad la volubilidad de Piquito le estaba costando dinero.</p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<item>
		<title>Aventuras en Las Landas (1)</title>
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		<comments>http://www.mospintoles.com/2012/aventuras-en-las-landas-1/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Mar 2012 09:52:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirliton</dc:creator>
				<category><![CDATA[Piquito]]></category>
		<category><![CDATA[Susana Crespo]]></category>
		<category><![CDATA[el barrio]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[[En 6 entregas diarias] Para celebrar el incipiente ascenso de Susana a TeleMadrid, Piquito invitó a la chica al cine en aquella tarde de un frío domingo a finales de febrero. Asistieron al estreno de una de esas películas de aventuras y fantasía que tanto gustan a niños y mayores. Luego volvieron a Mospintoles para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 6 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Para celebrar el incipiente ascenso de Susana a TeleMadrid, Piquito invitó a la chica al cine en aquella tarde de un frío domingo a finales de febrero. Asistieron al estreno de una de esas películas de aventuras y fantasía que tanto gustan a niños y mayores. Luego volvieron a Mospintoles para cenar en el selecto Asador Castilla, donde habían hecho una reserva. Piquito, tras varias admoniciones de Susana en semanas anteriores, conducía lentamente su flamante cupé. No se le daba mal al chaval la sinergia con la máquina, pero la reportera le había advertido seriamente del peligro que suponía una conducción deportiva en las vías públicas.<br />
<span id="more-11784"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Así que empezó a animarse para probar suerte con el tiparraco aquel […]</font></p></blockquote>
<p>Una vez concluida la opípara cena a base de carnes a la parrilla (sólo los jóvenes pueden cenar así), salieron al aparcamiento, y caminaban uno al lado del otro cuando notaron que alguien se les acercaba y les tomaba unas fotos. No vieron el destello de ningún flash, pero aquel tipo no se escondía para retratarles. Había pocos vehículos en el parking del asador, entre ellos una furgoneta blanca a unos pocos metros, y ningún otro alma a la vista. El delantero del Rayo reaccionó acercándose al personaje –un tipo que lucía un fino bigotito y era de baja estatura y contrahecho, como si tuviera una corcova o fuera renco, o todo ello– con ánimo de arrebatarle la cámara, pero el hombre reaccionó como un felino acostumbrado al hostigamiento dando un ágil paso atrás.<br />
—Caballero, modere sus modales y permita que me presente. Me llamo Pepe Manu, y soy <em>paparazzi</em> y <em>freelance</em>. Está usted en un lugar público y yo me limito a hacer mi trabajo.</p>
<p>Piquito, que no estaba para sutilezas, le exigió la cámara de forma hosca:<br />
—Y a mí qué me cuentas, mamarracho. Dame esa cámara o te la quito yo.<br />
—Me temo que habrá de pedírsela a mi amigo, señor. Ahí lo tiene –dijo señalando hacia atrás.</p>
<p>De detrás de la furgoneta surgió un gigante, una mole humana con cara de bruto de dos metros de altura y por lo menos otros tantos de perímetro. Un moloso guardián de 140 kilos.<br />
—“Erbeti”, el señor nos pide la cámara. ¿Qué vamos a hacer? –Y mirando nuevamente a Piquito, complacido en una situación que no debía ser la primera vez que ocurría, le dijo–: Comprenda, señor, que siendo <em>freelance</em> y con lo poquito que abulto, tengo que protegerme de los abusos de gente irascible, intolerante con el constitucional derecho a la información.</p>
<p>Piquito recordó su aventura con Núñez en su primera visita a las oficinas de López en el antiguo edificio <a id="ref_1" href="#nota_1">(1)</a>. El jefe de seguridad del empresario, grande aunque más pequeño que el guardaespaldas del contrahecho Pepe Manu, salía ganando en nervio, agilidad y potencia, y hasta en inteligencia, pues este coloso, que parecía tener pocas luces, presentaba una nariz rota y el rostro marcado por varias cicatrices. Recordó que alguien le había dicho en cierta ocasión que había de protegerse de quienes tenían la cara limpia, que quienes la tienen marcada, a pesar de dar más miedo, es porque se las llevaban todas. Así que empezó a animarse para probar suerte con el tiparraco aquel, pero Susana, que ya sabía que el chaval no era de los que daban para atrás, le paró en seco:<br />
—‘Pico’, vámonos… Déjalo ya, no tiene importancia.</p>
<p>Tras unos brevísimos instantes de duda, Piquito comprendió que la recomendación de Susana era una vez más la más prudente, y regresó a su auto nuevo, abriendo los seguros con la llave a distancia. Mientras tanto aquel personaje contrahecho siguió tomando instantáneas de la pareja con esa cámara especial para fotografías nocturnas. Una vez en el interior, Piquito, irritado, comentó que no entendía cuándo se había hecho “tan” famoso. Ella también se extrañó, quedándole un poso de lejana intranquilidad, una vaga idea de que algo no iba bien, aunque no era capaz de precisar el qué o por qué. Pero no tuvo tiempo de detenerse en mayores consideraciones porque Piquito estaba realmente exasperado. La joven comprendió que la hombría del muchacho quedaba en entredicho al abandonar la refriega exhortado por ella. A la imprecisa sensación anterior le siguió ahora el temor de que Piquito pudiera cometer una torpeza y comprometerles en serios problemas. Por ello, Susana le apremió para que abandonaran el lugar.</p>
<p>[Continuará…]</p>
<hr /><strong>NOTAS:</strong>
<ol>
<li id="nota_1"><a href="#ref_1">&#8593;</a>&nbsp;—&nbsp;<a href="http://www.mospintoles.com/2010/david-contra-goliat-1/">¿Quieres recordar la aventura de Piquito con Núñez?</a></li>
</ol>
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		<item>
		<title>Susana superstar (1)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/mospintoles/~3/dR4tE9t-Ppw/</link>
		<comments>http://www.mospintoles.com/2012/susana-superstar-1/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 01 Mar 2012 10:48:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mirliton</dc:creator>
				<category><![CDATA[López]]></category>
		<category><![CDATA[María Reina]]></category>
		<category><![CDATA[Piquito]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Matute]]></category>
		<category><![CDATA[Susana Crespo]]></category>
		<category><![CDATA[casa de los Matute]]></category>
		<category><![CDATA[chalé de Piquito]]></category>
		<category><![CDATA[en Madrid]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo que para Susana se presenta como una oportunidad acabará ocasionándole disgustos. Cada vecino vive de distinta forma el nuevo éxito de la reportera.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 4 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Ocurre algunas veces, no muchas, pero algunas veces ocurre: lanzas una botella al agua y tiempo después alguien la recoge y te invita a su casa. Esto es, grosso modo, lo que le ocurrió a Susana Crespo. El día que Francis el del gol de cabeza volvió a hacerse famoso <a id="ref_1" href="http://www.mospintoles.com/2012/susana-superstar-1/#nota_1">(1)</a>, la directora de comunicación del Rayo de Mospintoles, animada por un ex compañero de aulas, hizo un bolo para TeleMadrid.<br />
<span id="more-11707"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Y se presentó en los estudios de la televisión autonómica, sabiendo bien dónde se metía […]</font></p></blockquote>
<p>Aparcada en el recuerdo aquella emocionante colaboración que trascendió del ámbito local, la joven periodista prosiguió con su quehacer diario al frente de La Nueva Tribuna –órgano de comunicación del club que preside López–, con sus colaboraciones en El Heraldo, y con su trabajo en la emisora local.</p>
<p>Pero quiso Fortuna que cierto día, a última hora, fallara uno de los contertulios a estos programas futboleros que se han puesto tan de moda, donde al más puro estilo rosa amarillento (o verdulero chabacano) prevalece quien más voces da. Alguien del <em>staff</em> del bodrio recordó como por casualidad la voz y la imagen de Susana en aquel día en que apresaron a Francis el del gol de cabeza. No fue casualidad propiamente dicha, sino que el Rayo estaba por aquellos días en boca de la prensa madrileña por su remontada en la tabla clasificatoria y el creativo del programa asoció la ciudad con el fútbol, y la imagen de Susana surgió cual madero en el naufragio que supondría para el programa contar con un vociferante menos.</p>
<p>Y como los directivos de las cadenas televisivas se acaban creyendo que sólo han de chascar los dedos para que el resto de ciudadanos caigan rendidos a sus pies con tal de salir en televisión, ordenaron localizar a Susana e invitarla al programa que se emitiría en directo antes de la medianoche.</p>
<p>A Susana aquello le trastocaba los planes, pues tenía que dirigir Radio Pelota, el programa deportivo de la radio local, pero como al final sí es cierto que la gente (al menos la del gremio) cae rendida en cuanto una cadena de televisión chasca los dedos, Susana dispuso lo necesario para delegar en Jacinto la dirección del programa de aquel lunes.</p>
<p>Y se presentó en los estudios de la televisión autonómica, sabiendo bien dónde se metía; acudió con la mente abierta para aprender de un medio que le gustaba pero que le era ajeno, del que tenía pocas o ninguna referencia profesional. Eso sí, iba resuelta a no dejarse llevar por el ambiente marujil que reina en este tipo de programas. Después de todo, pensaba Susana, nada podrían exigirle, pues aunque no habían sido claros al respecto, la chica, que de tonta no tenía ni uno de sus rizados pelos, sospechaba que al convocarla con tan poca antelación acudía en calidad de parche.</p>
<p>Si no volvían a llamarla, mala suerte, pero no tenía pensado arrastrar el poquito prestigio que estaba adquiriendo en los medios de comunicación de la zona sur de Madrid. Poquito a poquito, pero con paso firme, se decía ella. Y en esa línea de pensamiento no podía dañar su reputación la aparición por sorpresa en un programa deportivo en <em>prime time</em> en la televisión autonómica.</p>
<p>Si era capaz de mantener el aplomo y el equilibrio en sus intervenciones, conseguiría aumentar su caché aunque no la volvieran a llamar (ni falta que hacía) para esas lides tan turbulentas y tormentosas. Lo suyo era (o tendría que ser) el periodismo serio, pero –se decía– no podía hacerle mal un poquito de popularidad.</p>
<p>Y tal como lo pensó, así lo realizó. Mantuvo el tipo, la cordura, la sensatez, la mesura, la coherencia y las formas, cosa nada fácil en un plató televisivo, sobre todo cuando por el pinganillo te están exhortando a que seas más mordaz, más incisiva y más vehemente en tus intervenciones, que hables en voz más alta y que gesticules con mayor ardor.</p>
<p>Al acabar el programa las sonrisas fueron gélidas para Susana por parte del equipo de realización. Pero lo que nunca se hubiera imaginado Susana es que esta segunda intervención en TeleMadrid fuera a ser una nueva botella en el proceloso océano de la comunicación audiovisual.</p>
<p style="text-align: center;"><big>* * * * * * * * * * *</big></p>
<p>[Continuará…]</p>
<hr /><strong>NOTAS:</strong>
<ol>
<li id="nota_1"><a href="#ref_1">&#8593;</a>&nbsp;—&nbsp;<a href="http://www.mospintoles.com/2011/antecedentes-penales-1/">Puedes repasar la historia de Francis el del gol de cabeza.</a></li>
</ol>
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		<item>
		<title>El dichoso fútbol: monólogo (1)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/mospintoles/~3/aWn_rTJ8Jvc/</link>
		<comments>http://www.mospintoles.com/2012/el-dichoso-futbol-monologo-1/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 10:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estampas mospintoleñas]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.mospintoles.com/?p=11634</guid>
		<description><![CDATA[La discoteca Fashion se ha convertido en el centro cultural del nuevo Mospintoles, y el empresario que la gestiona es de lo más popular merced a la variada oferta y exquisito repertorio que ofrece en otros de sus locales.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>El más famoso y concurrido local nocturno de Mospintoles es la discoteca Fashion. El garito es propiedad de un conocido empresario de la localidad, propietario también de otros lugares de asueto y desmelene como un cine donde sólo se proyectan películas calentorras, un sex shop y un puticlub. Todo fina cultura para el pueblo, de la que está tan necesitado. Ni qué decir que en estos tiempos de crisis la clientela se ha resentido un poco pero no lo suficiente para que dichos antros se vayan a hacer puñetas. En cambio, en Mospintoles han echado el cierre numerosos establecimientos mucho más selectos que los anteriores: librerías, panaderías, tiendas de alimentación, peluquerías y hasta algunos bares. Conclusión: el negocio de la entrepierna y del cachondeo nunca está en crisis, para bien o para mal.<br />
<span id="more-11634"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» Un partido de peloteros no dura noventa minutos, dura la semana previa y la posterior, con millones de panolis discutiendo si aquello fue o no penalti, si la expulsión fue o no merecida.</font></p></blockquote>
<p>En la discoteca Fashion, desde hace varias semanas, los jueves por la noche tienen lugar dos monólogos para entretener al personal entre bailoteo y bailoteo. Al parecer hay montado un circuito de monologuistas, gente habitualmente joven y con cierto ingenio, que pasean sus charlas por diversos garitos de la provincia y, por cierto, con bastante éxito.</p>
<p>Hace un par de semanas pasó por allí el conocido cantamañanas, y sin embargo, artista, Juanillo Trolas. Un amigo nuestro, fiel a los cubatas de la discoteca y a los bailoteos de moda, estuvo presente en aquel monólogo. Lo grabó de incognito y he aquí una transcripción más o menos fiel de cómo fue.</p>
<p>			     <strong>EL DICHOSO FÚTBOL</strong></p>
<p>&#8220;Todavía está por explicar científicamente el enorme exitazo del fútbol, el deporte “rey”. Yo lo voy a hacer, en rigurosa exclusiva, antes de que se me fundan las últimas cuatro neuronas que aún tengo vivitas y coleando.</p>
<p>¿Por qué es tan popular el fútbol? Pues por lo mismo que lo es Belén Esteban:  porque a todas horas sale en la televisión y otros medios de comunicación enseñando sus vergüenzas. La chica, y otros especímenes como ella, es más simple que el mecanismo de un chupete, pero eso es un mérito hoy día a la hora de mostrar el careto en la caja tonta del grito, el encefalograma plano y la mangancia intelectual. Igual le ocurre al deporte rey, y de ahí que muera de éxito gracias a tres ingredientes imprescindibles: su simplicidad para lelos, el grito pelado y la comedura de coco hasta la náusea. ¿Ustedes han visto que escritores, sabios, médicos, investigadores y otras gentes que tienen muchas cosas que decir, salgan en las telemierdas tanto como la Esteban, Mourinho o Guardiola? Pues eso, blanco y en botella.  Deje usted de hablar de fútbol y de mostrarlo día y noche en la radio y la televisión y verá cómo el famoso deporte rey pasará a tener menos éxito que un boxeador tísico. </p>
<p>Pero además de la publicidad y la propaganda a todas horas, necesarias para que el personal de a pie se crea a pie juntillas que el fútbol es un asunto tan importante y vital como el agua fresca, hay otro ingrediente fundamental y necesario para mantener el exitazo. Como la Esteban, el fútbol vive gracias a su esencia más característica y prefabricada: la polémica. Si no hay polémica y jaleo del bueno, no hay tu tía. Sin el follón diario, el futbolín sería considerado como un aburrido juego que sólo practican los deportistas más analfabetos.  Por eso se encargan sus protagonistas, y los medios de comunicación, de estar sembrando gresca durante toda la semana, consiguiendo que el personal hable de gente tan insustancial como Messi, Ronaldo o Piquito y de cosas tan triviales como si hubo mano antes del gol o si el árbitro ese día no veía tres en un burro. </p>
<p>Ya saben: donde hay polémica, como donde hay pelo, ¡hay alegría!, y la polémica (real o inventada) que siempre suscita el mundo de la pelotita ya se encargan de difundirla por el planeta y la vía láctea esos medios de incomunicación que nos ha tocado padecer y que sacan una buena tajada del negocio futbolero, como no podía ser de otra manera. Tú me ayudas, yo te ayudo y todos cobramos mientras haya una patulea de feligreses que están dispuestos a pagar pasta gansa a mansalva por disfrutar de un buen partido de fútbol de su equipo, aunque eso suceda una vez cada diez años. </p>
<p>Todo eso se traduce en que un partido de peloteros no dura noventa minutos, dura la semana previa y la posterior, con millones de panolis discutiendo si aquello fue o no penalti, si la expulsión fue o no merecida mientras que, un suponer,  no conocen –ni les preocupa- el nombre de quienes todos los días les están robando la cartera y el cerebro, llámense políticos, economistas, publicistas, banqueros o empresarios. ¿Y cómo se llega a crear esa polémica tan continua? ¡Tachan, tachan! Con el desparrame de los protagonistas y sus relatores, pero además, porque el fútbolín tiene unas normas de juego de la señorita Pepis, o sea, un reglamento de la época de las cavernas. </p>
<p>[Continuará…]</p>
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		<title>Drama y comedia (1)</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 10:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cogollo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Piquito]]></category>
		<category><![CDATA[en Mospintoles]]></category>

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		<description><![CDATA[La madre de Piquito, en tratamiento de cáncer, está a punto de morir pero logra recuperarse. El miedo le hace hablar a su hijo sobre su posible paternidad. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="100%">
<tr>
<td align="right">
<fieldset style="background: #F8F8FF; padding: 5px; border: 1px solid #CCCCFF; width: 200px; color: #3333CC;"><center>[En 5 entregas diarias]</center></fieldset>
</table>
<p>Inmaculada, la madre de Piquito, llevaba seis sesiones de tratamiento del cáncer de mama que le habían detectado meses atrás. La terapia que recibía era de las más avanzadas pero algunas secuelas, como la caída del cabello, han sido inevitables. Dos días antes de iniciarla llegó a casa una peluquera de confianza para cortarle el pelo casi al cero. Una doctora se lo había recomendado pues son muchas las pacientes que acaban deprimiéndose al ver cómo, poco a poco, el cabello se les va cayendo a trozos como consecuencia de la quimio. Una semana antes, con la misma peluquera, Inma había seleccionado una peluca de características parecidas a su pelo natural.<br />
<span id="more-11557"></span></p>
<blockquote class="ladilloD"><p>
<font size="+2">» A veces soñó que la siguiente sesión de quimio no sería ya necesaria, pero sabía que confundía sueño y realidad porque el tratamiento debía recibirlo en toda su integridad. Habría que sufrir hasta el final.</font></p></blockquote>
<p>Tras la primera sesión de quimio, cuyos efectos secundarios apenas notó, Inmaculada recibió una gratísima noticia: Metzger había regresado de Alemania tras su <em>affaire</em> con el fisco teutón. La reconciliación entre Piquito y el jugador alemán, sucedida casi a continuación, le causó también otra gran alegría. Cuando Metzger fue nombrado entrenador del Rayo creyó ver que su hijo empezaba a cambiar de comportamiento, olvidándose de las malas compañías y la bebida. Al menos eso creía ella, quizás llevada en demasía por su amor de madre.</p>
<p>Reconfortada por el regreso de su amor y por el aparente cambio de actitud de su hijo, Inmaculada comenzó a ir sintiendo la dureza del tratamiento contra el cáncer a partir de la segunda sesión. De golpe, casi sin avisar, llegaron las náuseas, los vómitos, las pocas ganas de comer y las pesadillas nocturnas. Ya no tenía dudas de que estaba enfrentándose a una terrible enfermedad y que, para vencerla, iba a necesitar no sólo la ayuda de su gente más querida, Piquito y Metzger, si no de alguien en quien tenía serias dudas de que respondiera valientemente: ella misma.</p>
<p>Piquito contrató a un psicólogo y a dos mujeres para que atendieran a su madre día y noche. Los entrenamientos y los viajes del Rayo eran tan frecuentes que le impedían estar siempre cerca de ella y su intención era que nunca se quedase sola. También entró en contacto con un nutricionista para que la guiase en la alimentación recomendada para la prevención y atenuación de los efectos secundarios más habituales de la quimio como la falta de apetito, llagas en la boca, sequedad bucal o deshidratación.</p>
<p>En las primeras sesiones, pese al malestar, Inmaculada sacó fuerzas de donde pudo y afrontó con optimismo y cierto sentido del humor lo que se le venía encima. Era importantísimo que su actitud vital ante la enfermedad fuese positiva, de esperanza en el futuro, confiada en que todo saldría bien. Por eso, aunque no tenía ganas de hablar con nadie y, por supuesto, de salir siquiera a la puerta de la calle, hacía de tripas corazón e intentaba entretenerse para hacer aquellos días más llevaderos.</p>
<p>A veces soñó que la siguiente sesión de quimio no sería ya necesaria, pero sabía que confundía sueño y realidad porque el tratamiento debía recibirlo en toda su integridad. Habría que sufrir hasta el final. Es más, le habían dicho que conforme éste fuese avanzando en el tiempo ella podría sentirse peor, los efectos secundarios aumentarían y las energías serían menores. Ese es el peaje que los enfermos de cáncer han de pasar para llegar a la curación.</p>
<p>La curación… ¡Qué lejos quedaba la ansiada curación! Por fortuna, al menos eso decían los médicos, la enfermedad más temida estaba siendo vencida por miles de pacientes de modo que había que aferrarse a la esperanza de estar entre ellos. Especialmente si la enfermedad estaba en sus inicios, como le habían indicado.</p>
<p>A todas estas ideas Inmaculada le venía dando vueltas un día y otro pese a lo cual no podía evitar tener sus momentos de pesimismo, de tristeza. ¿Y si la estaban engañando los médicos y su propio hijo? ¿Y si la enfermedad estaba bien avanzada y todo era un intento vano por evitarle la muerte? Ella sabía que en casos similares la familia oculta al enfermo la cruda realidad. Ocurrió con un tío suyo del pueblo y también con una vecina del barrio donde antes vivía. Todo el mundo confabulándose para evitar que el enfermo supiera la verdad: que el cáncer estaba muy extendido por su cuerpo y que no había milagro que pudiera devolverle la salud. Es eso lo que más preocupaba a Inmaculada pero nunca se atrevió a decírselo a Piquito. Cuéntame la verdad, hijo. Me voy a morir. Es eso lo que te han dicho los médicos, ¿verdad?</p>
<p>Un día el psicólogo, tras sospechar que Inmaculada estaba dándole vueltas a estos asuntos, cosa inevitable, afrontó el tema con crudeza.<br />
—Olvida tus temores, Inma. Vas a salir adelante porque la enfermedad se ha cogido a tiempo y porque estás teniendo el mejor tratamiento. Nadie te está mintiendo. Incluso te han dicho que la curación es dolorosa, que hay momentos en que puede haber la tentación de tirar la toalla. Sabiendo lo que hay y lo que te espera, sólo cabe una actitud: ser fuerte. Combatir los momentos malos con valentía, sin bajar los brazos. El hecho de que seas joven también juega a tu favor, pero recuerda una vez más que al cáncer se le vence no sólo con medicinas, dolor y sacrificio. Se le derrota también con coraje, valentía, rabia, con ganas de vivir. Muchísimos enfermos han conseguido superarlo y tú también lo vas a hacer, así que no quiero ver en tu cara la más mínima duda, el menor atisbo de que todo este sacrificio no va a servir para nada.</p>
<p>[Continuará…]</p>
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