Solo hay una forma

Por sus frutos
La taza de té

Un hombre calvo y demacrado se hallaba en su cama, la cara pálida, le habían trasplantado la médula ósea porque tenía leucemia.
La enfermera Hanne Dina se le acercó, lo saludó y le preguntó si quería sopa y él dijo que no, que solo quería dormir. Al rato Hanne le llevó la medicina y él se la tomó con disgusto y volvió a hundirse en la almohada.
Hanne fue a la cocina del hospital preparó para ella una taza de te, preparó una bandeja y colocó la tetera y dos tazas y se dirigió al cuarto del enfermo preguntandole: Lo molesto si tomo el té aquí? Quisiera ver las noticias acá mientras tomo el té.
Estudia la Biblia

No tiene nombre. No, no tiene.

Sigue a Cristo

Adios a mi pasado.
Durante muchos años, el diablo ha tratado exclusivamente de destruir al pueblo de Dios. Día a día es increíble como las personas se entregan voluntariamente a los deseos y a la corriente de este mundo, y poco a poco se destruyen a ellos mismos. El enemigo ni siquiera se esfuerza por intentar destruirnos porque nosotros mismos nos hemos destruido, el alcohol, las drogas, las infidelidades, las consecuencias, la desobediencia, nos orillan a una vida desenfrenada llena de vicios, lujurias, perdiciones y soledad. Esto no sucede con los cristianos, si, no sucede ¿Verdad?
Aun cuando andemos en valle de sombras, el ángel de Dios acampa alrededor de nosotros para cuidarnos. Es por eso que el enemigo esta tan enfocado en los hijos de Dios que busca como derrumbarnos y destruirnos, metiendo enfermedades, fracasos, obstáculos… pero ¿Sabias que eso no nos puede destruir? Déjame decirte que la única arma con la cual el enemigo puede destruirte es tu pasado. Él diablo vive de los despojos del pasado, de lo muerto, de lo que ya fue y que ya no existe.
Probablemente seas una persona que batallo muchísimo para dejar el alcohol cuando llegaste a los pies de Cristo y es entonces cuando el enemigo llega por ahí. “¿Te acuerdas que eras buenísimo cantando en las cantinas? ¿Con tus amigos en las fiestas del viernes? ¡Que rico cuando tomaban, charlaban, platicaban y bailaban toda la noche con tus amigos!…” y así te empieza a recordar el pasado, las cosas en las que eras bueno y que te lo recalcaban. O probablemente fuiste una persona con valores, ética y moral que hoy en día sientes la presión de tus amigos, de tus familiares o del medio en el que te desarrollas, te presiona a querer haber hecho las cosas que en el pasado no hiciste. Esta puede ser un arma igualmente poderosa para el diablo, “¿Que hubiera pasado si hubieras hecho esto? Habrias tenido eso que tanto quieres, Eres un aburrido y no has vivido nada, ¡No pasa nada! No tiene nada de malo y nadie se va a dar cuenta, ¿Cómo ves? ¿Nada mas tantito, si?…” Yo te pregunto: ¿Te ha sucedido?
Pasan los minutos, las horas y los días y tiempo no se detiene. No permitas que este tipo de argumentos del pasado sea el arma más poderosa que exista para destruirte en tu camino con Dios. Las puertas que Dios abre nadie las puede cerrar y las puertas que Dios cierra nadie las puede abrir y la llave no la tiene Dios sino nosotros mismos. Cuando le pedimos a Dios que cierre la puerta de nuestro pasado lo hará, pero mientras nosotros no se lo pidamos y estemos totalmente decididos de que no queremos esta puerta entreabierta, esa puerta seguirá así.
Si cerramos esa puerta en nuestras propias fuerzas, el diablo tocara y tocara, y si somos insensatos, necios, o distraídos y abrimos aunque sea tantito para asomarnos a ver quien es, el diablo nos empujara y sin tomarnos en cuenta entrara y destruirá todo lo que tengamos. Por eso necesitamos que Dios la cierre, porque aun cuando el diablo este toque y toque esa puerta, nada la podrá abrir y dejaremos de escuchar con el paso del tiempo esos molestos ruidos del diablo queriendo entrar a nuestra vida.
Jesús es un caballero y él nunca va a cerrar una puerta sino se lo pedimos y estamos decididos de todo corazón a que se haga su voluntad en nuestra vida. Por eso, Él antes de entrar a tu vida toca la puerta de tu corazón, y cuando la abres y lo ves, tienes la decisión de dejarlo entrar o cerrarle la puerta en la cara. Él no se pasara de largo y hará lo que quiera porque te respeta, y eso lo hace un caballero. Aun cuando lo dejamos entrar y poco a poco vamos conociendo las bendiciones y lo delicioso que puede ser la vida junto a Él, nada te podrá detener. Llegó la hora de entregarle a Dios esta llave para que Él cierre esa puerta que tanto te esta molestando, la pregunta es: ¿Se lo permitirás?
Decir “adiós” al pasado es madurar, es destruir lo que nos puede destruir a nosotros mismos. Decir “adiós” a lo que ya no existe, a lo que ya fue, es crecer física y espiritualmente, Decir “adiós al pasado” es vivir el presente apapachado por las bendiciones de Dios y enfocar nuestra mirada hacia una esperanza maravillosa para nuestro futuro donde tendremos la eternidad para descubrir un millón de aventuras junto a El sin preocuparnos por lo que ya no existe ni existirá nunca jamás.
Solo una cosa es necesaria
“Mientras iba de camino con sus discípulos, Jesús entró en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Tenía ella una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y le dijo: — Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude! —Marta, Marta —le contestó Jesús—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará”. Libro de Lucas capitulo 10: versículo 38 al 41.
Tomemos todo los días un momento para tener una amistad y un contacto con el Señor, sentándonos a sus pies para escuchar sus palabras, dejando de lado todos los afanes y ansiedades. El Señor quiere ser nuestro amigo íntimo, y tiene el control de todo en nuestras vidas, solo necesita que estemos más con Él.
Ahora o nunca, todo por Dios

El Marinero

John X se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa. Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida.
Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Ella vivía en Nueva York.






