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    <title>Crónicas | Ocioenlinea.com</title>
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    <title>Los colmillos</title>
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/OCIO&quot;&gt; OCIO&lt;/a&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Era peludo, medía más de dos metros, sus garras rechinaban al pasarlas por las puertas de metal del auto, su respiración era ruidosa. Yo estaba escondido a un lado del asiento trasero del vehículo, mi amigo de fue en la primera oportunidad que tuvo, pienso que quizá fue a buscar ayuda, después recuerdo lo egoísta que eso, quizá ya está planeando mi funeral. Le dije que no debíamos tomar esa ruta, yo hubiera pagado por la cuota, pero su orgullo pudo más. Si lo vuelvo a ver le arrancaré el piercing de la nariz de un jalón. Las fuertes pisadas no cesaban, y yo sudaba tanto que creí se escucharían las gotas caer en el tapiz. Una puerta quedó semi abierta y esperaba que la bestia no se percatara en su caminata circular. Basado en la sombra que emitía su cuerpo podía percibir hacia qué lado se encontraba, pero no había tiempo suficiente para hacer alguna maniobra. Estaba perdido. Lo último que le dije a mi novia es que esa carpeta de porno en la computadora no era mía. Ahora esa mentira me perseguirá por la eternidad. Subí un poco su cabeza y de repente todo enmudeció, tanto silencio que me zumbaban los oídos, me levante y me senté. Miré a todos lados. Abrí cuidadosamente la puerta del lado derecho, moviendo el cerrojo como si estuviera hecho de cristal. Puse un pie en el piso, luego el otro. Estaba de pie cuando escuché el golpe más violento y miré atrás. La bestia arriba de la cajuela, sus ojos tan rojos que me irritaba de solo verlos. Corrí lo más rápido que pude, hasta que el corazón parecía salirse y cuando estaba a punto de vomitar, tropecé y supe que era el fin. En mis últimos minutos escribí a mi amigo, “Eres un imbécil. Borra la carpeta de porno por favor” y fue el fin. Y esta crónica la cuenta, digamos, una ardilla que observó todo. Todo.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Freddy Krueger&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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     <pubDate>Fri, 22 Jan 2016 23:30:27 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>Somos comunistas</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35376</link>
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p&gt;Soy un amante de los libros, uno furibundo que gusta gastar su magro presupuesto semanal en adquirir libros que se apilan entre los espacios libres de mi pequeño, muy pequeño, departamento. No me importa dejar de comer, o comer solamente chatarra, de la más barata, por supuesto. Además de que excluyo cualquier otro tipo de ocio que no sea la lectura, porque o se compra un libro o se va al cine, o se asiste a conciertos. Ni hablar de visitar restaurantes, ni los bufets de comida corrida que inundan la ciudad son opción. Está prohibidos los bares, todos, desde cantinas con aserrín debajo de sus barras cuyas bebidas son más dudosas que las buenas acciones de gobierno, hasta bares que cobran tan sólo por ser parte del decorado de su lugar. Todo, pues, está prohibido si decides gastar tu dinero en pedazos de papel encuadernados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por eso evito con ahínco la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, porque me es imposible resistir la tentación de hacerme de libros, los que sean. Y porque además la industria editorial es más rápida que lo que mis posibilidades lectores y económicas. Salen más títulos interesantes cada mes, sin contar las reediciones de autores clásicos, casi todas ellas en pasta dura y con estudios introductorios de conocedores de su obra, lo que las hace más caras e inaccesibles.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sin embargo, no pude aislarme esta vez y caí en el influjo del aroma a libros y chocolate que produce la Expo Guadalajara. Y sí, salí repleto de libros. Y sí, no tengo espacio para colocarlos, y probablemente no me alcance la vida para leerlos todos. Pero qué le vamos a hacer. No se puede ser amante de los libros si se escatima en gastos. Porque la FIL no es para lectores, es para consumistas como yo.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
  &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;


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     <pubDate>Wed, 09 Dec 2015 19:25:03 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>Sueños de taxis</title>
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/OCIO&quot;&gt; OCIO&lt;/a&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;Creo que ver que el conductor usaba el taxímetro debió darme un indicio de que estaba soñado, y que fuera una chica con prominentes cualidades al frente de su persona también. Parecía mitad de la noche y estaba en el asiento trasero, no recuerdo si le dije a dónde iba, porque la verdad ni siquiera yo sabía. A mi lado había un gran danés sentado sobre su trasero y no paraba de hablar, parece que tenía una opinión para todo. El taxi tenía vista panorámica porque el piso del auto se estaba deshaciendo como si le cayera algún acido, al menos verifiqué el pavimento uniforme del camino. Inesperadamente un tráiler se cruzó al frente y la conductora tuvo que frenar repentina, me estrellé con el asiento delantero y creo que me rompí un diente. La chica se salió para discutir con el imprudente gorila que conducía la máquina que casi nos destroza. Me puse los audífonos para distraerme y no salir gritando como el danés que destrozaba los tímpanos con sus ladridos, y a ritmo de Passion Pit parece que los conductores y los curiosos bailaban en una disco con las luces de la calle como reflectores. El gorila saltó sobre el cofre del taxi y removió el techo con sus manos, dejándome una vista estrellada a cambio. No tuve otro remedio que salir corriendo, pero no podría dejar a la conductora indefensa. No encontraba algo a la mano para pelear contra el peludo enemigo, así que me aventé sin pensarlo con la intención de distraerlo mientras alguien hacía algo. Colgado de su cuello gritando como gallo en madrugada la gente me vitoreaba y la chica me miraba asustada. El gorila me movió al frente y me bajó, me dijo “respeto a un hombre que defiende a su chica”, se subió a su auto y se fue, mientras la taxista me gritaba “no necesito que me defiendan” y el danés me mordía la pierna.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;Freddy Krueger&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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     <pubDate>Wed, 25 Nov 2015 20:54:16 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>El alcohol como respuesta </title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35215</link>
    <description>&lt;div class=&quot;field field-type-text field-field-autor&quot;&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p&gt;Juan Sin Miedo&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hace días que padecí un severo bloqueo de escritor, la página en blanco me espanta de tal forma que apenas veo el folio vacío sufro vértigo. El comenzar a escribir una historia, por más boba que sea, me cuestaba mucho trabajo. Nada me satisfizo, todo me pareció un absurdo. Por tanto, decidí asistir con un terapeuta de escritores, es decir, tomé la decisión de tomar lo más posible en cuanta barra de cantina fue posible. Comencé visitando las neocantinas que pueblan Chapultepec, lugares insípidos que carecen de alma, espacios que parece más bien la extensión de una oficina que el asidero del derrumbe emocional que la oficina provoca. Mi bloqueo persistió e incluso se hizo más grave, estaba con cierto enfado por las cervezas servidas en cubetas y las alitas como **leitmotiv de la convivencia. Desandé el camino y me adentré en una gloria de la ciudad, un rincón olvidado llamado Antillanos. Cantina de prosapia rediviva, en su barra se destilan tragos e historias. Borrachos de la vieja guardia, rocola moderna y una tradición entre el rumor de los pasos. Pedí un trago derecho, una pluma y una servilleta. Garabeteé su nombre y pedí una canción que le gustaba. Fue todo. Apenas un nombre y volvió el bloqueo. Me abandoné al tequila y a la música. Al otro día crucé el umbral abatible del Manolos. Misma rutina: tequila, canción, pluma y papel. Su nombre, melancolía y borrachera el resultado, nada nuevo después de los estragos del alcohol. Lo mismo en el Gil, en la Iberia, en Martín, en Morelias, Sin Rival, Rincón de los Becerra, del Bosque y un sinfín de abrevadores.&amp;nbsp; Hasta hoy que he decidido escribir esto, así sin más, pude avanzar en más de una línea. Quizá debo aprender a vivir sin las historias como estoy aprendiendo a vivir sin ella.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Juan Sin Miedo&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
  &lt;/div&gt;
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&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/node/35215&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;read more&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
     <pubDate>Thu, 12 Nov 2015 19:34:31 +0000</pubDate>
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    <title>Exorcizar a la muerte con palabras </title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35175</link>
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/OCIO&quot;&gt; OCIO&lt;/a&gt;
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  &lt;div class=&quot;field-items&quot;&gt;
      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p&gt;En estos días he vuelto a tomar de a poco el gusto por escribir. Sobre todo me he enfocado a escribirle a la muerte. Me gusta dejarla encerrada entre palabras y una vez ahí colorearla con figuras literarias metaforizando su manto al compararlo con el mar o tal vez ironizarla haciendo &amp;nbsp;más llevadera su siniestra sonrisa. Lo importante es sentirla de cerquita como a una amiga a la cual podemos tutear sin que se ofenda.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es por eso que me gusta pensar en ella como un elemento más del lenguaje que ha inspirado la imaginación del mundo, más que una simple recolectora que nos obliga a ponernos serios en los funerales. Lugares en donde por cierto, nunca he sabido cómo comportarme. Sería grato que existiera un manual detallado de convenciones sociales, que de manera clara y con algunos gráficos nos explicaran el actuar en los rituales fúnebres para no tener que llegar a dar palabras que nadie entiende a los deudos y después hacer lo posible por desaparecer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ya estoy en edad en donde este tipo de eventos nunca faltan, uno ve cómo su generación se va perdiendo, cómo te vas aislando, de pronto te encuentras sin nadie con quien conversar o a quien hablarle e invitarle una cerveza. Y sólo te queda una tumba para ir a derramarle un poco de licor en Día de Muertos, nada más.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Justo ayer asistí a un funeral, era un compañero de la preparatoria, tenía años sin saber de él. De pronto me llegó una esquela diciendo que fulanito estaba muerto y a pesar de no sentir un afecto especial por la persona, fui al velorio, creo que el principal motivo es que no tenía nada más que hacer. Al llegar me comentaron algunos conocidos que el sujeto en cuestión se había lanzado desde un tercer piso, es curioso verlo en su ataúd tan tranquilo y saber que los últimos momentos de su vida los pasó en un rápido viaje de un tercer piso hacía la acera. Imaginar qué habría pasado si yo lo hubiera hecho desde un piso 16, cómo habría quedado mi cara o la acera, qué pensarían las personas a las que salpicaría con mis restos, cuánta gente asistiría a mi funeral, ¿me levantarían con espátula o pondrían una urna vacía y dejarían que las manguera de presión guiara mis restos a la alcantarilla? Mejor salí de ahí y sin más me vine a casa a a escribir.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;Sr. Gutiérrez&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
  &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;


&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/node/35175&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;read more&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
     <pubDate>Wed, 04 Nov 2015 22:37:45 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>Oso de peluche</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35105</link>
    <description>&lt;div class=&quot;field field-type-text field-field-autor&quot;&gt;
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/&quot;&gt; &lt;/a&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;a href=&quot;/node/35105&quot; class=&quot;imagecache imagecache-labocina_home imagecache-linked imagecache-labocina_home_linked&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.ocioenlinea.com/sites/default/files/imagecache/labocina_home/o40%20Ram%C3%B3n%20J%20Lobo.jpg&quot; alt=&quot;OCIO | La guía para vivir la ciudad&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;174&quot; height=&quot;120&quot; class=&quot;imagecache imagecache-labocina_home&quot;/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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  &lt;div class=&quot;field-items&quot;&gt;
      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p&gt;Ya llevaba más de una hora escuchando su plática y estaba harto. No sé si quería ligarme o es que nadie le había prestado atención en su vida. Si era lo primero, estaba muy perdido. No quería escuchar más sobre su familia, su perro, su trabajo, sus compras, pero ni siquiera me daba un momento para interrumpir. Caminamos rumbo a una tienda, mi idea era comprar algo de comer para mantenerlo callado y provocar la graciosa huida. A cada paso una anécdota diferente surgía, si bostezaba frente a su cara, eso daba para otra experiencia que compartirme. Me acerqué al refrigerador para elegir una bebida, pero algo más llamó mi atención, la plática se escuchaba como eco lejano mientras abría la puerta. Era como un oso de peluche que alguien olvidó adentro. El peluche se veía sucio y viejo, pero olía como a cerezas recién cortadas. “¿Qué es? ¿Es tuyo?”, preguntó mi amigo y de pronto su conversación se pausó mientras me acompañó a la caja registradora. “Disculpa, alguien olvidó esto”, le dije a la chica en el mostrador. “Oh no, ¿qué has hecho?”. Enseguida el aroma a cereza inundó el lugar hasta ahogarnos un poco y el oso cobró vida, enormes colmillos salieron de su boca y apuntó justo a la yugular del platicador. Me quedé helado, si le ayudaba sería un héroe, si lo dejaba, ya no lo escucharía jamás. Pensé unos segundos mientras el resto de los empleados y clientes corrían despavoridos. Di una patada al oso y salió volando hasta un estante con verduras. A manzanazos lo mandé al más allá. Mi amigo se recupera lento, y ahora cargo el oso a donde quiera, con un bosal por si se le ocurre contar su versión de la historia.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
  &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;


&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/node/35105&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;read more&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
     <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 16:51:16 +0000</pubDate>
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    <title>Recuerdo tenaz</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35089</link>
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/&quot;&gt; &lt;/a&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;P&gt;No puedo sustraerme al influjo de una despedida, a la idea de dejar de ver a alguien con quien compartiste algo más que tiempo. Supongo, cada vez supongo más y tengo menos certezas, que la rutina y los aromas nos van formando como seres humanos. En una ciudad que conforme se construye se transforma es una infamia pretender aferrarse al recuerdo y apostar por regresar al olor de ese recuerdo. Ya lo dije, no puedo sustraerme al influjo melancólico que produce una despedida. Al momento en el que el futuro cae pedazo a pedazo frente a nosotros. El instante en el que nos aferramos a un pasado que reconstruiremos para fingir que todo sigue igual, que los que se van no se van del todo. Entonces uno atisba pequeños destellos para aferrarse y luchar contra el olvido. Un café con prisa, una esquina que guarda un beso, un olor que te asalta distraído en medio de una clase. Volví a los libros para tratar de olvidar. Me refugio en la lectura de noticias de todos los días, esas que apenas lees dejan de ser importantes y dan paso al escándalo que sigue.&amp;nbsp; Sin embargo, parece que los adioses están a la espera, debajo del plato de cereal, escondidos en la alacena. Hoy, de nuevo, volví a pensar en los ausentes. Hoy, que estuve a punto de quitar el abrevadero para colibríes que tengo en la ventana de mi recámara, uno de ellos por fin apareció. Tímido, como si el tocar al almíbar su pico se rompiera, como si el aleteo intenso no le bastara para satisfacer sus ganas de miel. El pequeño pajarito para el que puse agua llegó, sin esperarlo, a recordarme que siempre hay una ausencia que no termina de llenarse. Y salí a la calle con una lluvia dentro de mi corazón. La misma que tiene Cristina Pacheco, de quien hoy quiero robarme sus palabras porque ella sabe que es más tenaz la memoria que el olvido: “Hice una pausa. Me levanté del escritorio porque reapareció frente a tu ventana el colibrí que tanto te gustaba. Si él regresó, es imposible que no regreses tú”.﻿&lt;/P&gt;
&lt;P&gt;&amp;nbsp;&lt;/P&gt;
&lt;P&gt;Juan Sin Miedo&lt;/P&gt;&lt;/div&gt;
  &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;


&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/node/35089&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;read more&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
     <pubDate>Thu, 22 Oct 2015 18:23:58 +0000</pubDate>
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    <title>Traductora de sueños</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/35045</link>
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p&gt;Alguna vez me contaron la historia del primer traductor chino del Quijote. El chico que me la contó dijo que ese hombre nunca había leído el libro, ni siquiera podía entender el español. Había escrito la traducción basado solamente en lo que sus amigos le habían platicado. Determinado día un amigo iba a su casa y le contaba lo que había pasado en el capítulo uno; al siguiente, otro le relataba el capítulo dos y siguió de esta manera. No sé si esta historia sea completamente cierta, nunca me he molestado en confirmarla. Quiero creer que así pasó.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desde entonces me he preguntado cómo sería esa historia: ¿cómo puedes escribir sobre un personaje al que nunca has conocido, contado por alguien más? ¿Cómo pudo el traductor escribir en otro idioma sin saber cómo eran originalmente esa vida, esos personajes, esos diálogos? ¿Sería el cielo&amp;nbsp;&amp;nbsp; chino&amp;nbsp;&amp;nbsp; el&amp;nbsp;&amp;nbsp; mismo&amp;nbsp;&amp;nbsp; que&amp;nbsp;&amp;nbsp; el&amp;nbsp;&amp;nbsp; de&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cervantes,&amp;nbsp;&amp;nbsp; podría&amp;nbsp;&amp;nbsp; él&amp;nbsp;&amp;nbsp; siquiera&amp;nbsp;&amp;nbsp; pensar&amp;nbsp;&amp;nbsp; en&amp;nbsp;&amp;nbsp; que&amp;nbsp;&amp;nbsp; hubiera&amp;nbsp;&amp;nbsp; alguna diferencia?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por las noches imagino historias que nunca han pasado, ahora las pienso como traducciones de cuentos que no conozco y que yo realizo sin siquiera saberlo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ayer&amp;nbsp; soñé una choza a la orilla de un barranco que da al mar. Escuché las olas que se estrellaban contra las piedras; quise interpretar su canto, pero no sonaban a las olas que conozco. El cielo estaba marcado por nubes cuyas formas no adiviné y la melodía del viento daba un giro de compás inesperado. Dentro de la choza vi a un hombre con rasgos orientales, lo conocí viejo y sabio porque en los sueños lo comprendemos todo, aunque nunca sepamos por qué. Lo vi dormir y despertar solo, lo vi contemplar su horizonte vacío: vive los últimos días de su vida en completa soledad. Yo sé en el sueño que el hombre es feliz así, yo sé todo de él porque lo he soñado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Juana Metrós&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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     <pubDate>Thu, 15 Oct 2015 18:21:43 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>Zapatos</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/34945</link>
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	      Por&amp;nbsp;&lt;a href=&quot;http://www.ocioenlinea.com/autor/OCIO&quot;&gt; OCIO&lt;/a&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &#039;Sabon LT Std&#039;, serif;&quot;&gt;Últimamente tengo dificultad en reconocer y recordar caras, pero, por algún motivo, ahora siempre recuerdo los zapatos de las personas a las que me encuentro. Como la chica de los zapatos azules de gamuza con una franja café que me encontré por la Explanada del Expiatorio y que luego volví a ver por el Centro. Y supe que era ella no sólo por lo inusual de su calzado, sino porque me vio con esa expresión de alguien que te ha visto, pero que tampoco te ubica con exactitud. Así que ahora ando por la calle fijándome en los zapatos de los extraños y me encuentro a mí misma reconociendo manchas en sus superficies cual si fueran lunares, conectando agujetas con cabelleras, asignándoles personalidades diversas según si son de tela o piel, si dejan ver un dedo o se alargan altivos hasta las rodillas. Justo desde que empezó esta fijación mía con los zapatos, empecé a ver pares tirados por las banquetas o por encima de los botes de basura del ayuntamiento; algunas veces, solitarios, otras en par, pero siempre se puede ver en su epidermis la opacidad del abandono. Como ahora equiparo a los zapatos con sus dueños, me siento navegando en una ciudad de cuerpos tirados y ya no puedo caminar cerca de ellos, con temor a pisar a un ser invisible que ha quedado muerto justo en medio de la banqueta, a la luz de la mañana. En un solo día, vi cuatro pares en el camino de la casa al trabajo y me convencí de encontrarme en las postrimerías de una guerra salvaje en donde se asesinan a seres imperceptibles y cuyo único remanente son esos zapatos que antes no podía explicarme y que ahora tomo como ese recordatorio incómodo de los que ya no están y que nunca conocí, que las calles han absorbido a la sangre copiosa que ahora no se ve por la tierra, que luego esos zapatos desaparecerán como nuestro paso por aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &#039;Sabon LT Std&#039;, serif;&quot;&gt;&lt;br&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &#039;Sabon LT Std&#039;, serif;&quot;&gt;Juana Metrós&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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     <pubDate>Tue, 29 Sep 2015 20:05:46 +0000</pubDate>
 <dc:creator>OCIO</dc:creator>
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    <title>Comer al son del mariachi</title>
    <link>http://www.ocioenlinea.com/node/34895</link>
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;a href=&quot;/node/34895&quot; class=&quot;imagecache imagecache-labocina_home imagecache-linked imagecache-labocina_home_linked&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.ocioenlinea.com/sites/default/files/imagecache/labocina_home/o28%20Tres%20Potrillos.JPG&quot; alt=&quot;OCIO | La guía para vivir la ciudad&quot; title=&quot;&quot; width=&quot;174&quot; height=&quot;120&quot; class=&quot;imagecache imagecache-labocina_home&quot;/&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
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      &lt;div class=&quot;field-item&quot;&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &#039;Sabon LT Std&#039;, serif;&quot;&gt;El Rancho Los Tres Potrillos, propiedad de Vicente Fernández, es uno de los referentes en la ciudad en cuanto a eventos, charrería y gastronomía, ya que dentro de este espacio encontramos a la Arena VFG, así como la tienda de accesorios charros y el restaurante. Debido al éxito que ha tenido, la familia Fernández ha decidió acercar a la zona de Providencia su concepto gastronómico y desde hace aproximadamente un mes que las puertas de este lugar están abiertas para todo aquel que desee pasar una agradable tarde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Sabon LT Std&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;&quot;&gt;Desde que pasas se te antoja llegar, en su terraza se alcanzan a ver los equipales que visten este espacio y la madera que decora el mismo. Cuanto entras el ambiente se siente fresco, su techo alto, los colores tierra y los elementos charros te hacen sentir fuera de la ciudad, como en el rancho. En nuestra visita, apenas llegamos los meseros se acercaron para ofrecernos una bebida y entregarnos el menú, preguntamos por algunas sugerencias y la recomendación fue probar el borrego, también pedimos una orden de conejo aun cuando la advertencia fue que tardaría alrededor de 15 minutos. No pasó mucho tiempo para que nos llevaran la entrada, un exquisito plato de queso fundido con tortillas y salsas; un poco más tarde llegó el borrego con una orden de frijoles y minutos después el mesero nos informó que el conejo no estaba bueno, por lo que cancelamos ese pedido. La porción del borrego es generosa, por lo que tranquilamente dos personas comen con una orden, y aunque en general los platillos que probamos estuvieron un poco salados, se nota el buen sabor de su cocina. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Sabon LT Std&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;&quot;&gt;Sin embargo la gastronomía no fue la que nos conquistó en este restaurante, pues roba la atención el mariachi que ameniza, según nos platicó uno de los meseros, este mariachi, llamado Azteca, es el que acompaña a Vicente Fernández en sus conciertos. Gracias a esto el ambiente se torna agradable, se disfruta más la comida y la estancia.&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Sabon LT Std&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;&quot;&gt;Gabriela Acosta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Sabon LT Std&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: 0.0001pt;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin-bottom: .0001pt;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Sabon LT Std&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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     <pubDate>Mon, 21 Sep 2015 18:51:23 +0000</pubDate>
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