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	<title>El Desafilador</title>
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	<description>días cansados de un flautero inútil</description>
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		<title>El sueño de D10S en Napoli</title>
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				<pubDate>Thu, 24 Oct 2019 14:33:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aguasturbias]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>5 de julio, 1984. Napoli. Tu pregunta es por Dios y por la Muerte, como cada vez que subís de la fosa del taller con la cara negra. “Entro y salgo de la tumba”, pensás y es lógico, porque en tu ciudad la Muerte lo impregna todo, te atrapa y amenaza en afiches de lágrimas sin paz, amurada en los altares callejeros, cientos, miles de homenajes populares y artesanos. Hay uno</p>
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<p>5 de julio, 1984. Napoli. Tu pregunta es por Dios y por la Muerte, como cada vez que subís de la fosa del taller con la cara negra. “Entro y salgo de la tumba”, pensás y es lógico, porque en tu ciudad la Muerte lo impregna todo, te atrapa y amenaza en afiches de lágrimas sin paz, amurada en los altares callejeros, cientos, miles de homenajes populares y artesanos. Hay uno al lado de tu taller, otro enfrente: velas y fotos de difuntos. <strong>La Muerte se prende a tu espalda, te quita la voz y agarrota las manos.</strong> Te lavás, movés los hombros.</p>



<p>Mirás al espejo. Afuera, las motos a bocinazos, un niño vende estampitas de San Jenaro y la vecina del quinto baja un balde con una barra de pan y le dice a otra cuánto dinero tiene que poner dentro. Tu barrio es pobre, lleno de inequidades, pero la que más te agobia es <strong>la que existe entre esa Muerte omnipotente y tus pequeños dioses, santitos de milagros cortos que te vuelven todavía más frágil</strong>: que dure el jornal hasta que llegue abril, no perder otro hijo aplastado por los cajones del puerto, no bajar a segunda. No te parece justo, pero si hay que tragar, se traga.</p>



<ul class="wp-block-gallery aligncenter columns-3 is-cropped"><li class="blocks-gallery-item"><figure><img src="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Altar-a-Diego.jpg?w=750" alt="" data-id="947" class="wp-image-947" srcset="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Altar-a-Diego.jpg?w=313 313w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Altar-a-Diego.jpg?resize=300%2C204 300w" sizes="(max-width: 313px) 100vw, 313px" data-recalc-dims="1" /></figure></li><li class="blocks-gallery-item"><figure><img src="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/591d9f4f2d8330000000000000000000000.jpg?fit=750%2C422" alt="" data-id="968" data-link="http://eldesafilador.com/2019/10/24/el-sueno-de-d10s-en-napoli/591d9f4f2d8330000000000000000000000/" class="wp-image-968" srcset="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/591d9f4f2d8330000000000000000000000.jpg?w=1360 1360w, https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/591d9f4f2d8330000000000000000000000.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/591d9f4f2d8330000000000000000000000.jpg?resize=768%2C432 768w, https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/591d9f4f2d8330000000000000000000000.jpg?resize=1024%2C576 1024w" sizes="(max-width: 750px) 100vw, 750px" /></figure></li><li class="blocks-gallery-item"><figure><img src="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/41d449ff-36a5-4974-aa70-2aa321382b2b.jpg?w=750" alt="" data-id="969" data-link="http://eldesafilador.com/2019/10/24/el-sueno-de-d10s-en-napoli/41d449ff-36a5-4974-aa70-2aa321382b2b/" class="wp-image-969" srcset="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/41d449ff-36a5-4974-aa70-2aa321382b2b.jpg?w=601 601w, https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/41d449ff-36a5-4974-aa70-2aa321382b2b.jpg?resize=225%2C300 225w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" data-recalc-dims="1" /></figure></li></ul>



<p><strong>5 de julio, 1984. Estadio San Paolo. Napoli</strong>. Ahí está tu cita y el pecho te hace <strong>burbujas </strong>al escupir la grasa de ese motor gabacho. Napoleones estirados, de no fiar. Podrías desarmar y armar cualquier Fiat con tu destornillador, pero esos jodidos renotes y peushotes. Mejor que fabriquen queso. <strong>Burbujas</strong>. Te reís delante del espejo, tu rostro limpio, el ánimo fuerte. Si llega a salir bien&#8230;</p>



<p>Dios y la Muerte. Tomás una birra, encendés un cigarrillo.<strong> Las respuestas a tu pregunta han creado nuestro mundo</strong>, aunque a quién le interesa el mundo cuando se pregunta desde el desespero.<em> </em>Cerrás el taller, te mezclás con unos niños y pateás la pelota de trapos y medias. Subís al bondi repleto. Cantan los seis kilómetros que separan al Quartieri Spagnoli del estadio. <strong>Si lo de hoy sale bien&#8230;</strong></p>



<p>La Muerte es siempre la misma, bestial, pero existen muchas formas de Dios: barbudo, mujer, energía, según desees un padre, una hermana, una excusa. Ojos, pollo, aire, si sos ciego, te cagás de hambre o te agobian las deudas. Dios también puede ser carne y hueso roto; suplicio, y&nbsp; volverse eterno clavado en una cruz. </p>



<p><strong>Ese es el Dios que te gusta, Dios cercano que te toca el pecho y dice: “vos también podés, aunque duela”</strong>; Dios que baila dentro del lodo en el que le hunden la cabeza. Un amigo te da con la mano abierta. “¡Dejá de pensar pavadas!”, te dice y te obliga a saltar con el resto de la gente. Bajan del autobús, se entierran en el barro. Ayer llovió y se inundó media ciudad. Gritás hasta que entran al San Paolo, abarrotado de hinchas, aunque no se jugará ningún partido. </p>



<p>5 de julio, 1984. Napoli es hedor de puerto y látigo, Napoli es un corazón quemado por el norte rico, por el gobierno y los camorristas. Napoli sufre y llora igual que Villa Fiorito, el barrio humilde donde nació <strong>el pibe que hoy te burbujea el pecho antes de aparecer</strong>. Apretás un puño, pedís al cielo que salga bien y saltás junto a otros miles de apasionados. El pibe de Fiorito los escucha, los siente, al punto que no puede seguir sentado en el vestuario y se levanta. El suelo tiembla. </p>



<p>Un dirigente le dice a Diego que el hincha napolitano es el mejor del mundo. Diego asiente y recuerda la ciudad que vio cuando lo llevaron del aeropuerto a la cancha.<strong> “Quiero hacer feliz a estos pibes, porque son pobres, igual que yo”</strong>, piensa y se besa la cruz del cuello, luego lo dice en alto, por eso conocemos la frase (La pronuncia en presente. Aunque hace años que no es pobre, su corazón sigue latiendo desde abajo, y siempre lo hará). </p>



<p>Justo en ese momento le dicen a Diego que es hora. Sonríe, infla el pecho y sale a la cancha envuelto en aquel sentimiento precioso: <strong>quiero hacer feliz a los pibes de Napoli.</strong></p>



<figure class="wp-block-image"><img src="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Diego-saliendo.jpg?w=750" alt="" class="wp-image-949" srcset="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Diego-saliendo.jpg?w=990 990w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Diego-saliendo.jpg?resize=300%2C169 300w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Diego-saliendo.jpg?resize=768%2C432 768w" sizes="(max-width: 750px) 100vw, 750px" data-recalc-dims="1" /></figure>



<p><strong>Dios es una cosa, la divinidad es otra.</strong> Los budistas no tienen dioses. Los budas fueron personas de a pie, que putearon cuando les vendieron fruta mala, se pelearon con amigos por política, traicionaron a sus amantes, estafaron, mintieron hasta que, hastiados, decidieron cambiar. Pagaron sus faltas, encarnaron en lagartos y mofetas, meditaron, creyeron, suplicaron y, tras eones de fracasos, alcanzaron la iluminación. </p>



<p>Según sus escritos, lo que los hizo cambiar fue un sentimiento semilla que regaron y cuidaron como a un bebé: <strong>que todos los seres alcanzaran la felicidad</strong>. Los budas comprendieron que el mundo era un lugar de sufrimiento y que no había nadie que la pasara bien (aunque lo aparentaran), por eso se propusieron transformarlo. Al hacerlo, se convirtieron en algo muy parecido a un Dios. </p>



<p>Justo ese es el sentimiento eleva a Diego al salir a la cancha el 5 de julio de 1984. Entre la vasta variedad de emociones posibles (orgullo, nervios, desgano, ambición, odio, felicidad), <strong>Diego tiene un sueño de Dios</strong> y desea hacerte feliz, hacer feliz a todos los napolitanos, porque sufren y él conoce ese sufrimiento, lo ha vivido. Así es que Diego, que aparece con los brazos en alto y genera el delirio de las setenta mil almas del estadio, desaparece en su sentimiento divino y se convierte en todos. </p>



<p>Le pasan una pelota, hace jueguitos, la patea y habla al micrófono en italiano. Imposible escucharlo, el ruido de la gente es ensordecedor, pero estás seguro que dice algo así: <strong>“acá también cabe la magia, en tu casa sin puertas ni suelo, con tus altares de calles y muertos, tus rosarios, cruces, pesebres y santos que ya no escuchan, aquí también cabe la magia”</strong>.</p>



<p>5 de julio, 1984. Te preguntás por Dios y por la Muerte con el San Paolo frenético por los rulos de Diego. ¿Por qué se te meten estas cosas en la testa? ¿Estás llorando? No conocés la historia de los budas, no recordás a Jesús, solo agradecés, te persignás, besás la cruz de pulgar e índice. <strong>Sí, estás llorando. No importa, está bien así</strong>. Hay muchos que no entienden. Dirán que es el opio nuevo, que te quieren alelar para quitarte tal o cual derecho. A vos te importará un carajo, simplemente cambiarás de radio, putearás a los motores franceses y soñaras con Diego robándole la copa a los del norte.</p>



<p>Los mercaderes no se rendirán, nunca lo han hecho; lucharán para sacarlo de tu equipo pobre, ¡un fenómeno así en ese vertedero!, querrán comprarlo, sobornarlo, <strong>eliminarlo antes de que haga realidad el mundo que te prometió como respuesta a tus preguntas por Dios y por la Muerte. Sonreís tranquilo porque Diego ya firmó un pacto con vos y no te va a fallar. Nunca. </strong> </p>



<p>Y vendrán las redes que pescan goles, enemigos apilados, postrados, convertidos, un botinazo, el ángulo imposible, y los gritos, las copas multiplicadas como panes, gloria, la mayor felicidad, ¡y no podrás dormir tantas noches! </p>



<p>(Yo tampoco podré dormir, ni en el mundial 86 ni nueve años más tarde, cuando mi vieja entre en mi habitación y me diga que Diego firma con Newell’s. No es posible; <strong>Diego en mi cancha, en mi casa de Rosario, con la misma camiseta que yo. Por eso te entiendo, por eso lloro con vos ese 5 de julio del 84 y te digo que está bien así</strong>.)</p>



<p>El hambre, la miseria y el sueño seguirán pinchándote. Palos, plomos y tridentes, pero dolerán menos, te harás más grande, poderoso. <strong>Ese es el milagro del nuevo D10S, que te trae confianza, orgullo napolitano, que revienta tu vergüenza, te vuelve más humano</strong>. En Roma jamás lo reconocerán divino, dirán que nadie ha resucitado ni se ha curado de ninguna enfermedad, que no ha pasado nada. Da igual, vos y yo sabemos la verdad. Y ellos también. </p>



<div class="wp-block-jetpack-tiled-gallery aligncenter is-style-rectangular"><div class="tiled-gallery__gallery"><div class="tiled-gallery__row"><div class="tiled-gallery__col"><figure class="tiled-gallery__item"><img srcset="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Eldiego-arte-1.jpg?strip=info&#038;w=600 600w,https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Eldiego-arte-1.jpg?strip=info&#038;w=765 765w" alt="" data-height="765" data-id="958" data-link="http://eldesafilador.com/2019/10/24/el-sueno-de-d10s-en-napoli/eldiego-arte-1/" data-url="http://eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Eldiego-arte-1.jpg" data-width="1366" src="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/Eldiego-arte-1.jpg"/></figure><figure class="tiled-gallery__item"><img srcset="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga1-1.png?strip=info&#038;w=520 520w" alt="" data-height="520" data-id="956" data-link="http://eldesafilador.com/2019/10/24/el-sueno-de-d10s-en-napoli/sanspiga1-1/" data-url="http://eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga1-1.png" data-width="586" src="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga1-1.png"/></figure></div><div class="tiled-gallery__col"><figure class="tiled-gallery__item"><img srcset="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga-2.jpg?strip=info&#038;w=473 473w" alt="" data-height="473" data-id="957" data-link="http://eldesafilador.com/2019/10/24/el-sueno-de-d10s-en-napoli/sanspiga-2/" data-url="http://eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga-2.jpg" data-width="630" src="https://i2.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2019/10/SanSpiga-2.jpg"/></figure></div></div></div></div>



<p>El 5 de julio de 1984, el niño de barro que fuiste empezó a creer. <strong>Desde aquél día te atreviste a reír a la cara de la muerte y de cualquiera, sin alejarte del barrio, abrazado a todos.</strong> Treinta y cinco años más viejos, te vi al pasar por el taller del Quartieri Spagnoli, mientras te limpiabas la cara con un trapo, ya con el pelo blanco, el póster amarillo de Diego a tu espalda y una frase que pintaste en azul: <strong>“nadie queda atrás”</strong>. Me toqué el corazón, levantaste el mentón y eso fue todo. No necesitamos más. </p>



<p>En las calles de Napoli siguen los artistas pintando homenajes a Diego, los altares con velas y las fotos de vecinos difuntos, la muerte nos rodea igual que las pizzerías y la ropa colgada en los balcones, <strong>la muerte se ha vuelto parte de la vida, del paisaje, y no agarrota ni aterra. Ya no hace falta preguntarnos por ella</strong>. </p>



<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Artista callejero de las fotos: <a href="https://www.instagram.com/san.spiga" target="_blank" rel="noopener noreferrer">San Spiga</a></em></p>




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		<title>Benedetti y la adicción a la nostalgia</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/07/06/benedetti-y-la-adiccion-a-la-nostalgia/</link>
				<pubDate>Fri, 06 Jul 2018 19:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>La nostalgia nace como una amarga derrota. Es un partido que ni siquiera llegaste a jugar porque cuando entrabas a la cancha viste a tu equipo yéndose con otro, en ese barco que a pesar de ser tan lento, nunca demora lo suficiente para olvidar, ni se aleja tanto como para perderse de vista. Más bien, es de un navegar similar a un espejismo, parece irse cuando llega y lo que deja atrás es lo que se lleva encima.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Benedetti es Mario. La adicción a<strong> la nostalgia</strong> es mía. Aunque creo que la compartimos, pues forma parte del carácter rioplatense. Es tan distintiva como <strong>la garra,</strong> que te hace trabar la pelota con la cabeza antes que dejar pasar al rival. Por eso el tango y el Maracanazo (o la Copa del 86). <strong>Nostalgia y garra</strong>. Me costó mucho aceptarlo. Es fácil hacerse cargo de esa garra que te hace ganar halagos en la mesa de un bar, pero muy complicado defender la nostalgia, sentimiento trágico que mezcla de mala manera el desencuentro, el amor pasado, la tierra perdida, y que no repara en lágrimas, lamentos, derrumbes, fracasos. <strong>La garra te lleva a la victoria o a la derrota digna. La nostalgia ya nace como amarga derrota, es un partido que ni siquiera llegaste a jugar porque cuando entrabas a la cancha viste a tu equipo yéndose con otro, en ese barco que a pesar de ser tan lento, nunca demora lo suficiente para olvidar, ni se aleja tanto como para perderse de vista. Más bien, es de un navegar similar a un espejismo, parece irse cuando llega y lo que deja atrás es lo que se lleva encima</strong>.</p>
<p><strong>Comentaré dos novelas del Maestro uruguayo: La Tregua y Andamios</strong>, que son prácticamente su apertura y cierre en este género.</p>
<h2>Andamios</h2>
<p>Empiezo por el final. “Andamios” es el título de una novela que Alfaguara calificó de “obra maestra” y que para mí no lo es. <strong>Es menos y mucho más que eso</strong>. El propio Benedetti advierte al comienzo: “aquí no va a encontrar una novela m’il fault sino, a lo sumo, una novela en <em>setenticinco </em>andamios. Ahora bien, si los andamios, reales o metafóricos, no le interesan, le aconsejo al lector que cierre el libro y salga en busca de una novela de veras”.</p>
<p>El protagonista, Javier Montes, es un exiliado en España que regresa a Montevideo y relata su reencuentro con antiguos compañeros, amigos y familia. Si tuviera que hermanar este libro, como se hermanan las ciudades, lo haría con <strong>“La Ignorancia” de Milan Kundera</strong>. Las diferencias son muchas, pero el tema o las preguntas son las mismas: <strong>¿existe un sitio al que regresar? ¿Todavía hay un exiliado para los que quedaron en su país? ¿Alguien quiere oír la historia de un exiliado? ¿Qué remueve, a quién molesta, de dónde es ahora esa persona que se ha pasado media vida en otro sitio? ¿Puede hablar, puede comunicarse, es comprendida? ¿Comprende a los otros?</strong><br />
¿Cuál sería la diferencia más notoria entre las dos novelas? Divaguemos: “La ignorancia” fue escrita a máquina, en el escritorio del despacho de un muy lúcido Kundera, que miraba un cuadro en la pared, bebía agua o whisky, oía música clásica y a su lado tenía una biblioteca con obras de Homero, Kafka y Aristóteles, entre muchos otros. <strong>“Andamios” se escribió en la mesa de un bar, virome sobre papel, Mario bebía un café o una caña y espiaba por la gran ventana lluviosa a la gente que se paseaba en paraguas. Sonaba un tango</strong>. A su lado respiraba profundo un perro callejero, despatarrado y siempre bien recibido en ese sitio. No va en desmedro de Kundera, que para mí ya debería tener su Premio Nobel. Me encanta Kundera y su novela es, incluso, más acabada que la de Mario. Solo que Benedetti me toca fibras a las que pocos llegan. Para Javier Montes, regresar a la República Checa de Kundera sería como meterse en una oficina sin ventanas, convertirse en personaje de Kafka. Para mí también. Los amigos checos tocan poco y comen menos, beben mucha cerveza. Los amigos uruguayos son abrazadores y de mezclarse, al punto que sin conocerse chupan del mismo mate. Yo también.</p>
<p><strong>Hay tres temas recurrentes, tres ejes en “Andamios”</strong>. <strong>El primero, la relación de Javier con sus ex compañeros de militancia</strong>, que no solo se quedaron sino que fueron arrestados y torturados. Cada uno, a su modo, ha quedado afectado por esta dolorosa vivencia. Aparece también un militar torturador, que se termina colando como un secundario protagónico. Es uno de los que “se precipita en un vacío espiritual” desde algún andamio, en palabras del autor. <strong>El segundo tema es el de la familia</strong>. Benedetti es un artesano en la elaboración de estos lazos y la novela es un claro ejemplo de ello. <strong>El tercero es el amor</strong>. ¿Cómo no iba a serlo? No hay posibilidad de nostalgia profunda sin amor, sin la pérdida del amor, sin el nuevo encuentro y la conciencia de la extrema debilidad de ese lazo que une.</p>
<p>Existencialista y trágica son dos calificativos para la escritura de Benedetti. Pero también inteligente, graciosa, sentida. A cuatro páginas del final se resuelve lo que parecía que no conducía a ningún sitio, y lo hace con esta frase: <strong>“Oprimió con fuerza la mano helada de Rocío y todavía alcanzó a ver cómo aquéllas luces poderosas, deslumbrantes, irresistibles, cegadoras se…”</strong>. No escribiré más, mejor leerlo.</p>
<p>Antes decía que este libro es menos que una obra maestra y se debía a la propia forma, de la que ya nos advertía el autor. <strong>Son andamios, y los andamios se ven cuando la obra no está terminada</strong>. También dije que es <strong>mucho más que una obra maestra y me refería a su trascendencia</strong>. El diálogo con sus ex compañeros de militancia muestra la desesperanza que reinaba en la izquierda latinoamericana de los noventa. Quiénes lucharon y fueron derrotados, torturados, quebrados creían que ese sufrimiento había sido en vano. Uno de los personajes, que será crucial en el desenlace, hace este balance: “(Mis compañeros) consiguieron dos cánceres, una fractura de pelvis y una diálisis de por vida. Decime un poco, ¿qué logramos?, ¿qué vuelco revolucionario?, ¿qué derrota de la injusticia? Hasta el Che Guevara se murió de pena. Nada, viejo, nada.” (Lo del Che no lo entendí).</p>
<p>Lo que no sabía Mario al escribir este libro era que, muy poco después, <strong>Pepe Mujica gobernaría Uruguay</strong>. Y bien podría haber formado parte de ese grupo de amigos del protagonista, ya que tuvo una historia muy parecida a ellos. Leer hoy «Andamios», a diferencia haberlo hecho cuando fue publicado, te lleva a trascender la desesperanza y generar un sentimiento de compasión por esos personajes, como si fuéramos una madre que le dice a sus niños: tranquilos, que todo saldrá bien.</p>
<p>Termino con un diálogo precioso. La madre le confiesa a Javier que, tras la muerte de su padre, intentó formar pareja con un ex profesor de su hijo:<br />
Javier: “(el profesor) Siempre fue muy tímido”.<br />
Madre: “Puede ser. Después se murió. O sea, que me libré de quedar otra vez viuda. Tal vez fue una lástima. ¿Sabés? <strong>Tengo la impresión de que si yo lo hubiese cuidado, no se habría muerto</strong>. Yo creo que murió de soledad. La soledad, Javier, es un tumor maligno”.</p>
<h2>La Tregua</h2>
<p><strong>¿Estaré reseco?</strong> Esta es la clave del libro. Pesimismo, reflexión sobre lo nacional, frustración de la clase media uruguaya, declive y fracaso. Todo eso se dice sobre esta novela, y es cierto,<strong> pero la llave que abre los significados del texto es esa única pregunta: ¿Estaré reseco? Esa es mi opinión</strong>.</p>
<p>Se trata de un oficinista a punto de jubilarse, viudo, con tres hijos. <strong>Y otra vez los mismos ejes: la sociedad uruguaya, la familia y el amor</strong>. Solo que aquí, <strong>el amor termina quedándose con todo, sin proponérselo, de manera natural</strong>. Laura Avellaneada, Avellaneda para los amigos, se convierte en el manantial que sube por el pozo que parecía reseco y, en verdad, solo estaba separado del agua por unas capas de polvo. Y este amor que se queda con todo lo hace en forma de nostalgia, tanto en el recuerdo de la mujer muerta, como en la proyección del futuro con una mujer bastante más joven que Martín Salomé, el protagonista.</p>
<p>Benedetti sorprende desde el inicio con nuevas visiones de la realidad, por eso es un libro tan rico. Por ejemplo, Martín siente felicidad en la rutina de su trabajo, en la automatización, y se enfada o la pasa muy mal cuando aparece algo novedosos. ¿Por qué? Porque su trabajo no lo motiva en lo más mínimo y cuando ejecuta actos repetitivos, hábitos, <strong>puede pensar en cualquier otra cosa, no se cansa, disfruta de su mundo mental</strong>.</p>
<p>A diferencia de «Andamios», está escrita en primera persona, pues se trata del diario del protagonista. No quiero hacer reseñas. Hay hasta en Wikipedia. Solo diré que está entre mis favoritas, sin dudas. Y lo argumentaré con tres párrafos de la novela:</p>
<p>Uno: “Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. <strong>Es evidente que me concedió una tregua. Al principio me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad</strong>. Me resistía con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí.<strong> Pero no era la felicidad, era tan solo una tregua</strong>. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más”.</p>
<p>Dos: “Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. Él sabe que no soy capaz de convencerlo.<strong> Yo sé que él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso</strong>. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos.</p>
<p>Tres: “Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. <strong>Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor</strong>”.</p>
<p>Amo esa última frase y, como en «Andamios», la imagen que se impone es la de dos manos unidas. Amo la maestría de Mario en el arte de la nostalgia.</p>
<p>Devotamente, suyo.</p>
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		<title>Mañana en el Abasto</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/06/22/manana-en-el-abasto/</link>
				<pubDate>Fri, 22 Jun 2018 19:34:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>(Homenaje a Luca Prodan) Mañana de sol. Bajo por el ascensor, aprieto un botón: planta baja o baño donde estaba vomitando esa muerte de ginebra. No, eso fue anoche, anoche mientras le ganaba al truco al Negro y fumábamos sus parisiennes oscuros. Ahora es mañana y es sol, ahora es el Abasto. Suelta, soltá, no me toqués, portero. En mi edificio no hay portero, hablo con un tablero de timbres</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong><em>(Homenaje a Luca Prodan)</em></strong></p>
<p>Mañana de sol. Bajo por el ascensor, aprieto un botón: planta baja o baño donde estaba vomitando esa muerte de ginebra. No, eso fue anoche, anoche mientras le ganaba al truco al Negro y fumábamos sus <em>parisiennes</em> oscuros. Ahora es mañana y es sol, ahora es el Abasto.</p>
<p>Suelta, soltá, no me toqués, portero. En mi edificio no hay portero, hablo con un tablero de timbres de metal y un laburante, overol azul y mucha oreja. Escupe. Es rubio. ¿Tenés uno? Me da, lo enciendo. Las calles partidas, los tomates podridos, un hombre sentado toma vino del pico, barato, y envidio la paz de su pierna doblada en las baldosas tibias, el descanso de su empeine. Lloro en sus suelas rotas, en su angustia por no volver a ver esa sonrisa que no pedía nada ni pegaba duro, jamás.</p>
<p>José Lúis besa a su novia, serán las cinco o las siete de la tarde, hundo el botón del ascensor del baño del bar. ¡Truco! Los tomates podridos por el sol. Hombre, botella y bares tristes y vacíos. Qué pondrán cuando borren el mercado, toda una calle secándose como un río. José Lúis y su novia me saludan y se besan a la sombra.</p>
<p>Chicos no van a la escuela, trepan arbóles, piden Resero. Chica pasa con temor, le digo a Chica que no tema, me pelé por mi trabajo. Río seco, bolsillos vacíos, Chica. Las lentes son para los que me dan asco. Mi trabajo. Chica ríe.</p>
<p>Bar del baño de la estación Carlos Gardel, bajo por el ascensor, toco el botón de Sergio que está solo y limpia mesas, me trae la ginebra que salva y mata, no se la he pedido, me dice que me hará mal, mucho, lo estuvo pensando, me daría su amor café con leche. Piensas mucho, Sergio, mucho. Me toca la espalda. Escucho el tren, ahí viene, estoy en el subsuelo. Me alejo. Risas que no quieren nada, risas lloran y me dan asco. Escucho el tren, me alejo del cielo, rompo suelas y me alejo más del suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mañana en el Abasto (Luca)</strong></p>
<p><iframe width="750" height="563" src="https://www.youtube.com/embed/Z644FsmcqWU?feature=oembed" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mañana en el Abasto (Divididos) ¡Tremenda versión!</strong></p>
<p><iframe width="750" height="422" src="https://www.youtube.com/embed/TK8YIgRpVKY?feature=oembed" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media" allowfullscreen></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La muerte en las zapatillas</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/05/20/la-muerte-en-las-zapatillas/</link>
				<pubDate>Sun, 20 May 2018 15:53:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aguasturbias]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Suena el teléfono mientras camino hacia la estación de tren. Como un samurai desenfunda el sable sobre su caballo, yo saco el móvil del bolsillo y leo “número privado” sin dejar de andar, y me olvido de la llamada, miro mis pasos de zapatillas negras. ¡Esas zapatillas llevan catorce años conmigo! Están algo maltrechas, pero funcionan bien. Las compré en marzo del 2004, cuando Atocha se volvió nudo en el</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Suena el teléfono mientras camino hacia la estación de tren. Como un samurai desenfunda el sable sobre su caballo, yo saco el móvil del bolsillo y leo “número privado” sin dejar de andar, y me olvido de la llamada, miro mis pasos de zapatillas negras. <strong>¡Esas zapatillas llevan catorce años conmigo!</strong> Están algo maltrechas, pero funcionan bien. Las compré en marzo del 2004, cuando Atocha se volvió nudo en el corazón, para usarlas en mi regreso a Argentina. Pero al llegar a Rosario me apretaron tanto los dedos que casi pierdo una uña. Será la humedad, pensé, y seguí la sugerencia de mi tío de llevárselas al zapatero del barrio.<br />
—Está ahí enfrente, ¿no lo viste? En la galletitería.<br />
La galletitería era una tienda que había sido galletitería durante mi infancia y luego fue muchas cosas que nadie recuerda. <strong>Para nosotros nunca dejó de ser la galletitería</strong>. ¿Qué otra cosa podía ser ese local? Si cuando te asomabas a la zapatería cerrada, ahí donde estaban apiladas las herramientas, pomada para lustre y un set de tacos y tacones, veías todavía las cajas de metal de galletitas sueltas. ¿Cuántos mocasines cabían en una lata de Sonrisas?<br />
Lo cierto era que, al fin, el barrio le había otorgado membresía al zapatero, tipo amable, de oficio. Mi tío me acompañó: “Este es mi sobrino que volvió de España”, me palmeó el la espalda.<strong> Le dejé las zapatillas y las encajó en sus máquinas de torturas de suelas y puntas</strong>. Pasaron dos semanas, me las probé y seguían ajustándome un poco. “Casi cien por cien de humedad”, le dije. “Y el calor”, respondió y me ofreció un mate, mientras volvía a incrustar las zapatillas en los potros.<br />
—¿Madrid es más seco?<br />
—Sequísimo.<br />
—Es eso, entonces. No se te hinchaban los dedos. Van a quedar fetén. Las dejamos ahí hasta que se estiren; tomate otro amargo.<br />
Pasaron cinco semanas, dos pruebas y varios mates hasta que pude pisar sin dolor. Cuando quise pagarle me dijo que no, que la máquina estaba ahí, que no le costaba nada y que era amigo de mi tío: “Decile que no se olvide de la quiniela, hoy paga doble”.</p>
<p>Otra vez vivo en Madrid, a miles de kilómetros de Rosario, <strong>dentro de estas zapatillas estiradas, cómodas y maltrechas que me acaban de llevar hasta una estación y una vieja historia</strong>. Compraría un número de lotería, pero el tren está dando sus pitidos de partida. Corro, subo. La voz del vendedor de La Once se apaga detrás de las puertas cerradas, del convoy en marcha, de un locutor de ordenador que nos dice que nuestro destino es Atocha. El teléfono suena, «número privado», atiendo. “Buenos días, soy Gaia…”. Eran del banco. Financié una caldera con ellos hace diez días (yo creí que lo hacía con la tienda del gas) y, por mi fidelidad, me ofrecen un seguro de vida a precio de saldo. Muchas gracias, no me interesa, le digo, pero la mujer argumenta que “si algo malo le ocurriese, Dios no lo permita, mejor si cuenta con dinero para resolverlo”.<br />
¡Maravilloso! Olvidemos los eufemismos, afinemos el silogismo: <em><strong>Muero luego resuelvo</strong></em>, donde ‘luego’ no tiene el sentido cartesiano, sino el más coloquial y perturbador de ‘<strong>después</strong>’. El seguro de vida es una especie de superpoder que te habilita a resolver tu vida una vez que has dejado de existir. Tu última gran acción, tu epopeya.<br />
A lo serio.<strong> La oferta es espectacular</strong>: me dan doscientos mil euros por morirme en España y <strong>¡medio millón por estirar la pata en el extranjero!</strong> Con lo que sufrió el bolsillo cuando compré la caldera. Calderilla.<strong> Dan ganas de viajar a Polonia y pegarse un tiro.</strong><br />
—¿Señor? ¿Se está riendo?<br />
—Perdone, Gaia, mujer sabia. Qué bonito nombre. Es que le estaba dando una vuelta a su propuesta. La palmo en Polonia, usted me da el premio gordo y, cuando subo a la barca, le dejo un sobre con 250 mil a Caronte. Pero tengo mis dudas, ¿sabe?, los griegos son un poco enrevesados, mucho baile y poca pizarra, y ya una vez que uno está finado no las tiene todas consigo para negociar, ¿me entiende? —pensé—. No, no me río, fue un estornudo —respondí y, muy resolutivo, le pedí que me dejara consultarlo con mi mujer.<br />
—Lo llamaré pronto. Lo antes posible, el tiempo corre y uno nunca sabe…</p>
<p>En la siguiente estación salen algunos, sube una pareja que escucha Calle 13 sin cascos y <strong>mis zapatillas golpean de alegría sus puntas</strong>: “Puedo brincar la cuerda con solo una pierna, veo en la oscuridad sin usar una linterna”. Qué bonita canción de amor, pienso y canto: “Por tí, todo lo que hago lo hago por tí”, pero el tema se corta en seco de un disparo. ¡Pum! Me enderezo y apoyo toda la suela. Busco en el teléfono el nombre de la canción: “Muerte en Hawaii”. ¡No jodas! ¿Y si la del teléfono fuera&#8230;? ¡Deja ya tus películas, paranoico! Este es el mundo racional, el de las vías rectas, de las montañas verdes que apuntan hacia el cielo y los frutos que maduran y caen, indefectiblemente. Mundo lógico. El tren hace un ruido a chispazos en el techo. Me pongo los auriculares y <strong>elijo el piano de Thelonious Monk. Muevo los dedos dentro de las zapatillas. Gano espacio. Aire</strong>.</p>
<p>El zapatero murió poco después de cebarme el primer mate. Una enfermedad misteriosa y repentina. Mi tío murió cuando todavía no habíamos terminado de comentar la pérdida del amigo común; me dejó llorando igual que se llora a un padre. <strong>Bukowski era escritor, adoraba la bebida y apostaba a los caballos</strong>. Mi tío era cantante de jazz, lo mismo con la bebida y coqueteaba con la timba. A Bukowski, cuando cumplió los veinte años, le aseguró un médico que la bebida iba a matarlo. Y acertó, lo liquidó a los setenta y cuatro. <strong>La ciencia no falla, el fruto maduro no tiene opción: cae</strong>. Otro médico le hizo unos estudios a mi tío y también concluyó que debía abandonar la bebida.<br />
—¿Ni el vasito de las comidas, doctor? Es bueno para el corazón. Y aclara la voz.<br />
—Déjelo ya, Raúl. Tiene sesenta años y la cosa no pinta bien. Regale cualquier botella que tenga en casa —dijo el galeno <strong>señalando a mi tía</strong>—. Es un asunto muy serio.<br />
Mi tío lo entendió a la primera e implementó un dispositivo que escapara a los controles de su esposa. El nuevo lugar de almacenaje sería su taller. Sus cómplices en la distribución y entrega, mi hermano, un tendero y yo.<strong> Es un asunto serio, nos advirtió. Así iniciamos el procedimiento que luego se conocería como<em> just in time</em> en el argot empresarial.</strong> Se trataba de que nunca se vaciara de vino una botella escondida en una caja de herramientas. Si nos pasábamos del litro no habría donde guardarlo, si no llegábamos a tiempo, dejábamos seca la garganta del cantante. <strong>Muy serio asunto</strong>. El tendero nos hacía pasar a un cuarto y con un embudo gigante, que parecía una montaña roja con la punta hacia abajo, llenaba una botella oscura hasta donde le indicábamos. El importe quedaba registrado en su libreta de fiado.<br />
Así disfrutó mi tío de veinte años de vino extra, antes de partir con más de ochenta y dejarnos sin el jazz y las aventuras. También desapareció la galletitería debajo de un edificio y el almacén dentro de una cadena internacional de supermercados, que ya no vende vino suelto ni fia. Es lógico.<br />
<strong>No está el mundo para fiarse de la gente, dice una mujer a su teléfono en el asiento de al lado en el tren.</strong> Habla sobre los participantes de un programa de la tele. Otra vez los chispazos en el techo, se bajan los chicos de Calle 13, sube más gente. En las ventanas las montañas han dejado el sitio a coches y portales. El locutor robótico dice que estamos llegando a Atocha. <strong>Me ajustan otra vez las zapatillas</strong>. Corre el tren y el tiempo y uno nunca sabe&#8230; <strong>Si muero gano y si vivo pierdo</strong>. Eso me dijo la mujer sabia del banco. Yo soy más de perder, pero qué tentador ese medio millón. Una bala en Polonia. Pronto llamará. Mi tío era el único que me llamaba en mi primera temporada en España. Antes de saludarme ya estaba imitando la trompeta de Mile Davis o cantando alguna de Sinatra. Raúl Terry era su nombre artístico. <strong>Abandonó su carrera por amor a mi tía</strong>. Va a llamar. Frena el tren, agradece el robot, la mujer que mira la tele afirma a su teléfono que cuando empiezas algo tienes que terminarlo, está convencida y es lógico, indefectible.</p>
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		<title>Julio del 68: Cortázar y el Mayo Francés</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/05/08/julio-del-68-cortazar-mayo/</link>
				<pubDate>Tue, 08 May 2018 08:12:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Era mayo y era Francia. Cortázar bajaba las escaleras de Rue Martel número 4 y salía, libreta en mano, a registrar las señas del nuevo hombre que nacía también en la Europa envejecida. ¿Por qué su entusiasmo? Por qué no cerró al ruido la ventana y se quedó en casa a combinar palíndromos, a perfeccionar el estilo, a escalar otra cumbre de la estética narrativa, tal era su vocación, su</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Era mayo y era Francia. Cortázar bajaba las escaleras de Rue Martel número 4 y salía, libreta en mano, a registrar las señas del <strong>nuevo hombre</strong> que nacía también en la Europa envejecida. <strong>¿Por qué su entusiasmo?</strong> Por qué no cerró al ruido la ventana y se quedó en casa a combinar palíndromos, a perfeccionar el estilo, a escalar otra cumbre de la estética narrativa, tal era su vocación, su pasión. <strong>Qué interés hallaba Julio en esos jóvenes revolucionarios</strong>, ese maestro del relato que al exiliarse de Argentina sostenía, como Mallarmé, que “<strong>la realidad termina en un libro</strong>”.</p>
<h2>La vuelta al origen</h2>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;">Yo tuve un hermano / que iba por los montes / mientras yo dormía.<br />
Lo quise a mi modo, / le tomé su voz / libre como el agua (&#8230;)<br />
<em>Yo tuve un hermano. Julio Cortázar</em>.</p>
<p>No se puede responder a esas preguntas sin regresar a octubre del 67, el día que Julio se mete en un baño y llora. La espina se le parte, el vientre se desangra. <strong>Ha muerto su hermano</strong>. Necesita escribir, pero “no sé escribir cuando algo me duele tanto”. Se lava la cara, sale de la oficina, golpea puertas, llama por teléfono. Hay mucha desinformación, el imperialismo lo aborrece, quizás estén mintiendo y mi hermano siga vivo, desea, y los días se le pasan “como una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos ca­bles y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones” (2). <strong>El Che Guevara está muerto</strong>.</p>
<p>Un año antes, el Che caminaba la selva y Julio le dedicaba un cuento en una de sus maravillas literarias: “Todos los fuegos el fuego”. <strong>El relato “Reunión” está narrado por el mismísimo Che, el Che que Julio imagina y ama, del que toma su voz</strong>. Por sus ojos conocemos el desembarco de los revolucionarios en Cuba, la pasión leal por su líder Luis (Fidel): “Si Luis está vivo, todavía podemos vencer”. Porque tras darlo por muerto, ahora lo habían encontrado y estaba allí “apoyado en un tronco, naturalmente con su gorra de interminable visera y el cigarro en la boca. Me costó el alma quedarme atrás, dejarlo a Pablo (Raúl) que corriera y se abrazara con su hermano. Me quedé mirándolo, sabiendo lo que iba a decirme, la broma de siempre:<br />
“—Mira que usar esos anteojos.<br />
“—Y vos esos espejuelos —le contesté, y nos doblamos de la risa, y su quijada contra mi cara me hizo doler el balazo como el demonio, pero era un dolor que yo hubiera querido prolongar más allá de la vida.”</p>
<p>El Che, que había sido herido en una oreja, temía la muerte de Fidel, por eso el alivio de ese abrazo que despreciaba cualquier dolor físico. Mientras se adentraba en la selva, había recordado a sus familiares y amigos de Argentina, condenando su obra en un país extraño, renegaban de él para ganar la caricia del opresor, perros mansos. <strong>Pero el Che ya tenía otros hermanos, y una lucidez que lo hacía comparar el desembarco con un cuarteto de los que Mozart había compuesto para su amigo Haydn. Específicamente, el número 17, La Caza, el mismo que Julio escuchaba mientras escribía y le dedicaba su historia</strong>. “Me sucede estar empapado por el peso de toda una vida en la filosofía burguesa, y sin embargo me interno cada vez más por las vías del socialismo”. Lo dijo Cortázar, lo había pensado el Che unos años antes, antes de mostrarle a Julio (que dormía), “detrás de la noche, su estrella elegida”.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-828" src="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/El-Che-Guevara-y-Julio-Cortázar.jpg?resize=631%2C273" alt="" width="631" height="273" srcset="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/El-Che-Guevara-y-Julio-Cortázar.jpg?w=797 797w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/El-Che-Guevara-y-Julio-Cortázar.jpg?resize=300%2C130 300w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/El-Che-Guevara-y-Julio-Cortázar.jpg?resize=768%2C332 768w" sizes="(max-width: 631px) 100vw, 631px" data-recalc-dims="1" /></p>
<h2>El escritor nuevo</h2>
<p>Julio aceleró el paso y atravesó el Sena por el Pont Neuf en dirección a los Jardines de Luxemburgo. Los estudiantes bombeaban el corazón de París que, tras tantos años, respiraba y sonreía: “Decreto el estado de felicidad permanente», decía el grafiti que apuntó Cortázar cuando se detuvo en la Rue Rotrou, se dejó invadir por los jóvenes y las paredes y les dedicó sus versos:</p>
<p><em>(&#8230;) los estudiantes corren al asalto del tiempo</em></p>
<p><em>bajo las cachiporras de las bestias de cuero,</em></p>
<p><em>y nada puede contra su ritmo de trigales</em></p>
<p><em>y nada puede contra tu sonrisa, oh mi amor</em></p>
<p><em>que aniquila jugando las bombas lacrimógenas!</em> (3)</p>
<p>El escritor que escribe ya no es aquél para quien la realidad culminaba en un libro, porque “<strong>en París nació un hombre para quien los libros deberán culminar en la realidad</strong>” (4). Este escritor es a la literatura lo que el hombre nuevo al mundo de la revolución. “<strong>El problema del intelectual contemporáneo es uno solo, el de la paz fundada en la justicia social</strong>”. La transformación estaba consumada y Julio intentaba conceptualizar, comprender: “Empecé por tener conciencia de mi prójimo en un plano sentimental y antropológico; un día desperté en Francia a la evidencia abominable de la guerra de Argelia. (Tras regresar de Cuba) comprendí que el socialismo era la única corriente de los tiempos modernos que se basaba en el hecho humano esencial (&#8230;) de que la humanidad empezará verdaderamente a merecer su nombre <strong>el día en que haya cesado la explotación del hombre por el hombre</strong>.” (4).</p>
<p>Sin embargo, <strong>la literatura jamás se traiciona</strong>. El <strong>escritor nuevo</strong> nunca somete su arte a la propaganda. Cortázar no cedería ante una vulgaridad tal. Lo tuvo claro desde que compartió la experiencia revolucionaria cubana: “Por una parte, mi hasta entonces vago compromiso personal e intelectual con la lucha por el socialismo entraría, como ha entrado, en un terreno de definiciones concretas, de colaboración personal allí donde pudiera ser útil. Por otra parte, mi trabajo de escritor continuaría el rumbo que le marca mi manera de ser (&#8230;). <strong>Sigo siendo ese cronopio que escribe para su regocijo o su sufrimiento personal, sin la menor concesión</strong>, sin obligaciones ‘latinoamericanas’ o ‘socialistas’ entendidas como a priorisis pragmáticos”.</p>
<p>Este conflicto tiene su reflejo ontológico. Por una parte, Cortázar continúa su búsqueda del ser al modo más puro y vuelto sobre sí mismo, sobre su obra intelectual. En su literatura se manifestará en la preocupación constante por las formas y el estilo, en sus juegos. Por la otra, entiende que este ser, una vez encontrado o reconocido, debe realizarse<em> junto a</em> y <em>por</em> el otro. Un ejemplo de ello es “El libro de Manuel” y su historia ligada a la búsqueda de desaparecidos argentinos. “<strong>Mi problema sigue siendo, como debiste sentirlo al leer Rayuela, un problema metafísico, un desgarramiento continuo entre el monstruoso error de ser lo que somos como individuos y como pueblos en este siglo</strong>, y la entrevisión de un futuro en que la sociedad humana culminaría por fin en ese arquetipo del que el socialismo da una visión práctica y la poesía una visión espiritual.” (4) Concebir al mundo nuevo sin ese arte libre y vital, que no hace concesiones, sería igual que imaginar un cuerpo sin alma.</p>
<h2>Mayo del 68</h2>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;">Es el tiempo de arrase, la batida / contra el falso Museo de la Especie,<br />
aquí están las noticias / Mayo 68 Mayo 68 (&#8230;).<br />
<em>Mis deseos son la Realidad. Julio Cortázar.</em></p>
<p>En su libreta Julio lleva apuntado que “un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, “es necesario explorar sistemáticamente el azar”, “no puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos”, “camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes”. Aquel mayo caminaba tan apasionado por la revuelta, que demoró en reconocer a su amigo Tomás (Eloy Martínez), joven escritor a quién le debemos el saber de la existencia de esa libreta, ya que Cortázar la meterá en su bolsillo, luego en un cajón de su escritorio y no volverá a utilizarla.</p>
<p>Julio se regocijó en el abrazo de su compatriota, porque no participaba de esa revolución en calidad de nacionalizado francés o de europeo (había nacido en Bélgica). “¿No te parece en verdad paradójico que un argentino casi enteramente volcado hacia Europa en su juventud, al punto de quemar las naves y venirse a Francia sin una idea precisa de su destino, <strong>haya descubierto aquí, después de una década, su verdadera condición de latinoamericano</strong>?” (4).</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-825" src="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Mayo-frances-Paris.jpg?resize=630%2C315" alt="" width="630" height="315" srcset="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Mayo-frances-Paris.jpg?w=800 800w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Mayo-frances-Paris.jpg?resize=300%2C150 300w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Mayo-frances-Paris.jpg?resize=768%2C384 768w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" data-recalc-dims="1" /></p>
<p><strong>Y Julio elige, de todo ese Mayo Francés, escribir sobre la toma de la Casa de Argentina e invocar la figura del Che</strong>: “Cómo no comprender que lo sintamos tan cerca de los jóvenes que se baten en las calles y dialogan en los anfiteatros. Pero esto no es un homenaje labial (&#8230;), para el Che solo puede haber un homenaje: <strong>el de alzarse como lo hizo él contra la alienación del hombre, contra su colonización física y moral</strong>. No siempre hacen falta cirujanos para trasplantar un corazón en otro cuerpo; el suyo está latiendo en cada estudiante que libra este combate por una vida más digna y más hermosa.” (5)</p>
<p><strong>En el mundo que imagina Cortázar no existe la justicia social sin la belleza, el respeto por la vida sin la poesía</strong>. La paradoja es que Julio, ahora que es mucho más <em>los otros</em>, siente que nunca ha saltado mejor en la soledad de su Rayuela. “Si alguna vez se pudo ser un gran escritor sin sentirse partícipe del destino histórico inmediato del hombre, en este momento no se puede escribir sin esa participación que es responsabilidad y obligación. “(Sin embargo)<strong> jamás escribiré expresamente para nadie, minorías o mayorías, y la repercusión que tengan mis libros será siempre un fenómeno accesorio y ajeno a mi tarea</strong>”.</p>
<h2>Grafitis</h2>
<p>La libreta de apuntes se esfumó en 1984, cuando Julio concluyó su obra siempre abierta. Sin embargo, esas frases no se esfumaron y <strong>recorren su obra como un fantasma</strong>. Si hurgamos entre mandalas y papelitos de bolsillo, esos que se leen a diestra y siniestra, que si Adán y raza, azar y nada o atar a la rata, y alcanzamos a huír de la rata Sartasa (6), a la que solo se mata cuando la vida se acaba; si llamamos a la puerta de Glenda (7), y observamos los muros detrás de las hojas, hallaremos “<strong>Graffiti</strong>”, un relato que desencuentra a una pareja a través de sus pinturas en la pared. Era Argentina, aunque podía ser Chile o Brasil, era la América Latina que incluía a Julio en sus listas negras, quemaba libros y condenaba los graffitis con la tortura y la muerte. Los protagonistas del relato son dos enamorados que no se conocen, pero se buscan y persiguen por las marcas de su arte en la pared.</p>
<p><strong>Graffiti pronuncia todas las frases de la libreta de Julio sin nombrarlas. Graffiti es lo que Julio no pudo dejar de ser.</strong> Años atrás (8), Cortázar había publicado la contraparte de este cuento, “Manuscrito Hallado en un Bolsillo”, desbordado de tragedia individual, existencial, del sentir que la vida es un juego en el que solo se puede perder, pero que no se puede dejar de jugar, porque la verdad está allí mismo, en los vagones de los trenes, en los reflejos, en ese amor que puede ser, aunque sea imposible. <strong>Grafiti es una nueva versión del Manuscrito, pero esta vez lo que duele es el mundo mismo, somos todos.</strong> <strong>El héroe ya no es un hombre que busca en soledad, sino una pareja</strong> que se realizará, únicamente, si el inhumano sistema de terror que los oprime se convierte, él también, en el ideal de dignidad y belleza que Julio esperaba ver nacer aquel mayo del 68.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>«Escucha, amor, escucha el rumor de la calle,</strong><br />
<strong> eso es hoy el poema, eso es hoy el amor.» </strong>(3)</p>
<p><div id="attachment_815" style="width: 640px" class="wp-caption aligncenter"><img aria-describedby="caption-attachment-815" class="wp-image-815" src="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Cortázar-y-Dunlop.jpg?resize=630%2C359" alt="" width="630" height="359" srcset="https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Cortázar-y-Dunlop.jpg?w=800 800w, https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Cortázar-y-Dunlop.jpg?resize=300%2C171 300w, https://i1.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/05/Cortázar-y-Dunlop.jpg?resize=768%2C438 768w" sizes="(max-width: 630px) 100vw, 630px" data-recalc-dims="1" /><p id="caption-attachment-815" class="wp-caption-text">El último libro de Julio,»Los autonautas de la cosmopista», no es solo suyo, sino de Carol (Dunlop) y Julio. Lo escriben durante un viaje París-Marsella y, como la vida, se trata de un juego que nunca se pierde si se realiza junto al otro.</p></div></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(1) La mayoría de los textos citados aquí se incluyen en el libro “Textos Políticos”, libro que compila cartas, poemas y cuentos de Cortázar. Publicado en 1984 por Plaza &amp; Janes Editores.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(2) “La muerte del Che Guevara. Carta a Roberto Fernández Retamar y Adelaida de Juan”, octubre de 1967.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(3) “La poesía está en la calle. Mayo del 68”. Poema, 1968.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(4) “Acerca de la Situación del Intelectual latinoamericano. Carta a Roberto Fernández Retamar”, 1967.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(5) “Homenaje a una Torre de Fuego”, 1968. Escrito durante la ocupación de la casa de la Argentina en la Ciudad Universitaria.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(6) “Sartasa” relato del libro “Deshoras”, 1982. Narra la huida de un grupo de perseguidos políticos.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(7) Queremos tanto a Glenda, 1980.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">(8) Octaedro, 1973.</p>
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		<title>Todos caerán</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/05/02/aguaturbia-1-todos-caeran/</link>
				<pubDate>Wed, 02 May 2018 18:17:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aguasturbias]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Escribo porque el viernes perdí un tren en la estación de Goya. Miraba los grabados del Maestro dispuestos a lo largo del andén y, como llevaba un libro de Gianni Vattimo sobre la hermenéutica, me empeñaba en interpretarlos críticamente. Tuve el mismo éxito que un chimpancé recitando en lunfardo. Estaba disperso, molesto porque las decenas de usuarios del transporte público daban la espalda a la obra y gesticulaban a sus</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Escribo porque el viernes perdí un tren en la estación de Goya. Miraba los grabados del Maestro dispuestos a lo largo del andén y, como llevaba un libro de Gianni Vattimo sobre la hermenéutica, me empeñaba en interpretarlos críticamente. Tuve el mismo éxito que un chimpancé recitando en lunfardo. Estaba disperso, molesto porque las decenas de usuarios del transporte público daban la espalda a la obra y gesticulaban a sus móviles, como si dentro de esos dispositivos pudiera caber algo más sublime que las aguafuertes.</p>
<p>Entonces el arte hizo su trabajo: despejó mi estupidez de un sopapo, me clavó dos ganchos en las costillas y me sacudió hasta que no recordé ni para qué había salido de casa. <strong>Detrás, se iban los móviles y el tren, que se adentraba en el túnel con la misma prepotencia que un palo al meterse por el culo.</strong> Qué vulgar. Palo por el culo, repetí, de pie y mudo ante el grabado «Todos caerán», en el que dos mujeres le meten un palo por el culo a un señor muy distinguido, preparándolo igual que un pollo al espiedo.</p>
<p><img class="wp-image-784 size-full alignleft" src="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/04/Caeran.jpg?resize=408%2C600" alt="" width="408" height="600" srcset="https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/04/Caeran.jpg?w=408 408w, https://i0.wp.com/eldesafilador.com/wp-content/uploads/2018/04/Caeran.jpg?resize=204%2C300 204w" sizes="(max-width: 408px) 100vw, 408px" data-recalc-dims="1" />La imagen derrocha significados, malicia, humor y cuenta con críticas más acertadas que ésta. Pero el ojo que mira también construye la obra y mi visión me trajo esperanzas, pues entendí que hasta los más grandes pajarracos caerán en manos de un pueblo que tiene una ventaja: ya está «caído».<strong> Los que nacimos sin alas vivimos abajo, a ras del suelo.</strong> Así, el «todos caerán» del título se resignificaba en un<strong> «ellos también bajarán <em>aquí</em> y se pegarán pedazo de golpe»</strong>. De ahí la esperanza.</p>
<p><strong>Miguel Munárriz</strong> escribe para <strong>Zenda</strong>. Soy fan de sus textos y su dietario (mi devoción no es garantía para Miguel, porque soy fan de muchas cosas: músicos de rock, el mate, las albóndigas con salsa, Bielsa y Sabina, mis amigos de Ciudad Futura, el comino). En esa estación de Goya me emocioné leyendo su poético <a href="https://www.zendalibros.com/la-poesia-vive-oculta-entre-las-cosas-ii/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">artículo sobre perdedores</a>, mientras un acordeonista ejecutaba «Por una cabeza», tango que narra cómo el caballo por el que apostaban Gardel o Le Pera «afloja al llegar» y pierde la carrera. Hasta ahí, nada raro. Pero resulta que este equino, regresando de su derrota, mira al apostador y <strong>«parece decir: no olvides hermano, vos sabés, no hay que jugar». Y si hay algo que me pone de los nervios son los <em>burros</em> que la van de catequistas</strong>.</p>
<p>Me disperso. Escribo esto porque perdí el tren en Goya mientras admiraba «Todos caerán», la misma estación en la que me había emocionado con un texto y un tango. Cambiándole la letra, <strong>yo canté ese tango para un programa de radio en Rosario. Mi versión se llamaba «Por una aceituna»</strong>. Recuerdo solo cuatro versos (coinciden con el momento en que entra la «coqueta y risueña mujer»):</p>
<p><em>Por una aceituna, metejón del quía,</em></p>
<p><em>la casa coqueta, la pista y el jet,</em></p>
<p><em>nos mira sonriendo, sabemos que está mintiendo,</em></p>
<p><em>nos quema en la hoguera nos manda a la «B».</em></p>
<p>Lo compuse cuando un ex presidente argentino, al que no puedo nombrar porque es <em>yeta, </em>se construyó una pista de aterrizaje al lado de su mansión en su pobrísimo pueblo natal. Acusado de corrupción, argumentó que era una obra necesaria para la exportación aceitunera del caserío. Ese hombre se encuentra hoy tan maltrecho como el del grabado de Goya con el palo en el «ojo del culo» (traigo a Quevedo y su tratado «Gracias y desgracias del ojo del culo», porque me incomoda repetir «culo» sin una referencia que legitime la grosería). <strong>Pero en la época que canté mi tango, el <em>quía</em> era presidente y volaba como los generales de la parte superior del aguafuerte: pilotaba Ferraris, jugaba al fútbol, enamoraba a mis tías</strong>. Yo cantaba como un perro en un programa de radio que escuchaban entre dos y cinco personas. Cantaba como si llevara ese palo clavado en el culo y mi compañero, Alejo Diz, se reía por compasión o vergüenza y me hacía señas de que acababa de llegar el dueño de la emisora.</p>
<p>El tipo jamás se aparecía, así que me ilusioné con un contrato y con dejar de mendigar publicidad a las tiendas del barrio. ¡Tal era mi genio que el empresario se había dispuesto a invertir! Salí del estudio a pecho henchido. Pero no hubo contrato. El caballo catequista nos dijo que éramos dos pedazos de mierda y que en su radio <strong>se respetaban las instituciones</strong>, que las faltas de respeto de esta democracia ocurrían porque el ejército solo se había cargado a treinta mil subversivos, que <strong>debería volver la dictadura</strong> y hacer desaparecer a a treinta mil más, entre los cuales, por supuesto, estaríamos Alejo y yo. Así terminó mi carrera musical y empecé a escribir, cagado de miedo.</p>
<p>También escribo esto porque leía las <a href="http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/aguafuertes-portenas-seleccion/html/ffd70615-7195-48d6-b084-e97a19f32730_3.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Aguafuertes</a> de <strong>Roberto Arlt</strong> en el subte de Buenos Aires, cuando buscaba trabajo sin encontrar y ya no soñaba contratos de radios, sino un sueldo que pagara las lentejas y una pieza.<strong> Sus relatos fueron mi verdadero manual de hermenéutica de esa ciudad bellísima y cruel; sus relatos, ¡qué poder!, me daban un sopapo por cada beso</strong>, ensartaban mis costillas mientras el vagón se sacudía y se escapaban detrás mis estaciones de salida, igual que el viernes se me fue el tren en Goya, donde la gente prefiere un teléfono a La Obra; un móvil, artilugio bendito, el progreso. Arlt gustaba hablar sobre el progreso:</p>
<p><em>Puede usted decirme, querido señor, ¿para qué sirve este maldito progreso? Sea sincero. ¿Para qué sirve este progreso a usted, a su mujer y a sus hijos? ¿Para qué le sirve a la sociedad? ¿El teléfono lo hace más feliz, un aeroplano de quinientos caballos más moral, una locomotora eléctrica más perfecto, un subterráneo más humano? Si los objetos nombrados no le dan a usted salud, perfección interior, todo ese progreso no vale un pito, ¿me entiende?</em></p>
<p><strong>Me gusta la frecuencia del dietario de Miguel y soy hijo de las Aguafuertes</strong>, por eso empiezo esta sección periódica, que muy pocas posibilidades tiene de sostenerse en el tiempo. Elegí el nombre «<strong>Aguasturbias</strong>» porque refiere a la obra de Arlt y, a la vez, explicita una condición mental inferior a la suya. Mis Aguasturbias serán una sucesión discontinua de imágenes urbanas. <strong>Una voz acobardada contra los caballos catequistas y los burros, una oda a los andenes, a los burreros perdidos</strong>. Como todas las aguas turbias se estancarán, olerán a muerto, muchas veces de tan obvias serán despojos, humearán con el esmog y sedimentarán en el fondo herrumbrado de esta bitácora sin filo*.</p>
<p style="text-align: left; font-size: 12px;">*Filo: (delinc.) Cuento, máquina o aparato que se hace creer a la víctima, sirve para fabricar dinero // Acompañante que recibe lo sustraído de manos del burrero // Dinero // (drog.) Dinero que utiliza el traficante para comprar drogas. (Diccionario Lunfardo Todotango.com).</p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/hernanpc/16228301526/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Hernán Piñera</a></em></p>
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		<title>Panóptico #Microrrelato</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/01/10/panoptico/</link>
				<pubDate>Wed, 10 Jan 2018 09:40:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Con la revolución se destrabaron las celdas y huyeron los guardias. Los presos duermen; creen que aún son vigilados.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Con la revolución se destrabaron las celdas y huyeron los guardias. Los presos duermen; creen que aún son vigilados.</p>
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		<title>El hambre, Fito, el crimen y un barco al otro lado</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2018/01/06/hambre-fito-crimen-barco-alotrolado/</link>
				<pubDate>Fri, 05 Jan 2018 23:35:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>No es solo que me guste Fito Páez; yo vivo a través suyo, como nos ocurre con los artistas capaces de ayudarnos a desentrañar, en el sentido de quitarse uno las tripas, frotarlas contra el lomo del mundo y volver a ponerlas en un lugar más humano, imperfecto y mejor. Y sería adecuado explicar esta ligazón con una exposición razonada, pero ahora está empezando la canción “Al lado del camino”</p>
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]]></description>
								<content:encoded><![CDATA[<p>No es solo que me guste Fito Páez; yo vivo a través suyo, como nos ocurre con los artistas capaces de ayudarnos a desentrañar, en el sentido de quitarse uno las tripas, frotarlas contra el lomo del mundo y volver a ponerlas en un lugar más humano, imperfecto y mejor. Y sería adecuado explicar esta ligazón con una exposición razonada, pero ahora está empezando la canción “Al lado del camino” y prefiero esforzarme por mostrar cómo funciona. Si superamos mi flojo arranque, saldrá bien; <strong>creo</strong>:<br />
Fito dice: <strong>Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa.</strong> Yo corro para escapar de los toros y los desquiciados de blanco, del banco; tengo los pies descalzos, un traje raído, corbata de rombos, el sombrero de Kafka. “¡Triunfo o muerte!” Gritan y la piel se me pela contra los adoquines de calle 3 de Febrero, y rugen leones detrás de los toros, y crecen cuchillos en las manos de los santos fermines que me rayan la espalda. Encuentro un hueco, barandas, salto y me siento en una montañita de hierba; arranco un manojo, lo envuelvo en un billete sin precio, lengua de hostia, fumo verde. Los pies descalzos curados sobre el pasto, el vaquero cómodo, Pocho riendo en mi pecho. Me acuesto al lado del camino, debajo corren los trajeados (que no son yo ni saltarán la baranda), leones, toros, coches, Lady D y los paparazzis, nazis, relojes, banderas, pastillas, colegios enteros con sus directoras, presidentes, mis diez tías racistas y el Buendía doctor, corren extasiados, con el mástil chorreante y duro, apuntando al abismo inevitable del parco mar azul. Al lado del camino es rojo y verde, el viento una rumbita y el sol un par de labios que me besan los párpados.<br />
<strong>Me gusta abrir los ojos y estar vivo, haber sobrevivido a otra resaca. </strong>“¡Ey! ¿Estás bien?”, me preguntó. No recuerdo si fui yo el que vomitó ese ron mientras me sujetaba la cabeza o si fue al revés, no importa. Nos conocíamos de eso y de bailar Beatles en el suelo mojado de una vieja casa del lugar. Cuando me despertó yo dormía en el cantero de una tienda de vestidos de novia. “¿Estás bien?” Estaba bien porque estaba vivo, le dije. “<strong>Creo</strong> que estás llorando”, levantó mi lágrima en su índice y supimos que había peligro: “Son las seis y si cantan los pájaros o las viejas salen a comprar el pan, ¡pum!” Y fuimos a su hotel, nos dimos un baño, descansamos la resaca en el café, le dije: “Quiero bailar cumbias con Gilda, estoy agotado de Bersuit”. Me comprendía: <strong>vivir atormentado de sentido era siempre la parte más pesada</strong>.<br />
El sentido, la explicación del mundo por salvar o la culpa de pasar el día tirados en la cama nos entiesan. Por eso no sé bailar, porque bailo para hacer revoluciones ya vencidas, atacar fortalezas inviolables, mostrar una idea que se enraíce en el centro de la Tierra, y bailar no es eso, bailar es lo que hacen los murgueros o los muchachos que se agarran de las manos y mueven la cintura, cantan desamor vulgar y se parten el culo de la risa.<br />
“No quiero nada que nos haga mal”, me dijo antes perderse en ese bosque. Las dos sabíamos que eran tiempos <strong>egoístas y mezquinos, tiempos donde siempre estamos solos</strong>, y los pensamientos nos rebalsan y alejan de la alegría, nos estrujan, y yo iba de nuevo caminando raudo entre la multitud. Baires o Madrid tenían el techo negro y no había sol de labios ni trenes. Salíamos de la oficina y nos metíamos <strong>al hambre, al frío, al crimen</strong>, nos enreverábamos. Otra vez me ajustaba la corbata de rombos que nunca tuve, pero era la perfecta fusión de las que fueron acogotándome (mi abuela acogotaba a los pollos revoleándolos antes de limpiarlos). Un perro se sacudía en ataque epiléptico y rebotaba contra el cordón. Le apoyó la mano y lo calmó una niña en cuclillas; empezaban a llover las plumas oscuras de los pollos de la nona y yo no sabía si era mejor <strong>ser abyecto y desalmado,</strong> ¡cambiar al fin estas lentejas por carne!, o<strong> declararme incompetente en materias de mercado</strong>. Me lo pregunto aún, aunque me he vuelto bastante incompetente, o lo intento, y agradezco tus besos en la calle y en mi casa. Son el conjuro contra <strong>las brisas de la muerte, ángel asesino y enamorado</strong> que también me regresa del olvido, me lleva hasta aquél teléfono de disco y cinco números, <strong>al pibe rosarino que jugaba a la pelota</strong> y embarrado, jadeante, vivía al lado del camino sin saberlo. Me gusta recordarlo, pero más me gusta perderme mirándote desnuda o <strong>dormirte entre mis brazos</strong>.<br />
<strong>Creo</strong> que el arte existirá mientras podamos fundirnos en las obras de poetas nobles y hermanos, que levantan su botella de Legui al verte llegar y te salvan de la idiotez del <strong>mundo que se cae a pedazos</strong>. También creo que debería aprender a bailar, porque al fin nada tiene fin, no hay ningún abismo de mar azul y los barcos que se estrellan vuelven a encenderse al otro lado de la nada. Ahora, creo poder captarlo. Creo que morir es una sensación, como el sueño de una mariposa. Lo creo sin certezas, a la espera del milagro de abrir la puerta y que siempre seas vos; lo creo con desesperación, que es la única forma de creer de la que soy capaz.</p>
<h3> La canción del texto:</h3>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/embed/xFTvBkcXKEg" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<h3><strong>La canción debajo del texto:</strong></h3>
<p><iframe src="https://www.youtube.com/embed/M5F7unPkyGI" width="560" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto principal: Clara Loft</em></p>
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		<title>Tara Verde, los elefantes y el feminismo</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2017/12/16/tara-verde-los-elefantes-feminismo/</link>
				<pubDate>Fri, 15 Dec 2017 23:21:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://eldesafilador.com/?p=662</guid>
				<description><![CDATA[<p>“Son muchos los que quieren alcanzar la iluminación suprema en un cuerpo de hombre, pero pocos los que desean obrar por el bien de todos los seres en un cuerpo de mujer. Hasta que este mundo quede vacío, yo velaré por el beneficio de todos los seres sintientes en un cuerpo de mujer.”</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="http://eldesafilador.com/2017/12/16/tara-verde-los-elefantes-feminismo/">Tara Verde, los elefantes y el feminismo</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="http://eldesafilador.com">El Desafilador</a>.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer leía la historia de Tara, la Madre de Todos los Seres, en la página de Budismo Kadampa de Madrid. Tara es un buda femenino que <strong>manifiesta la sabiduría última de todos los budas</strong>. A la principal de sus formas, de color verde, se la conoce como Madre de Todos los Vencedores.</p>
<p>Por la noche vi un documental de Netflix, “Jim &amp; Andy”, donde Jim Carey cuenta cómo interpretó a Andy Kaufman en la peli “Man of the moon”. Sobre el final, Jim habla de su padre que, aunque era un gran humorista, entregó su vida a <em>la seguridad</em> de un trabajo de contable para mantener a su familia. A los cincuenta y un años lo echaron y se hundió en una depresión que le duró hasta su muerte. <strong>Jim concluye que si vas a fracasar, fracases siguiendo tu sueño</strong>. No está mal.</p>
<p>Hasta aquí tenemos dos elementos: la Madre de Todos los Vencedores, por un lado, y un hombre exitoso como Carey, por otro. Combinan perfectos. Tara protege a Jim. A nosotros, eternos perdedores, que nos den. No es que me moleste, es lo que ha pasado siempre y uno hasta se acostumbra.</p>
<p>Sin embargo, aún con mi cabeza alelada por las horas dedicadas a telediarios, deduje que esto no debía ser así. Que no, que el budismo no podía separarnos según nos fuera bien o mal en la vida, que esos eran los calvinistas y ya los había estudiado Weber y denunciado Carlitos, el rojeras.</p>
<p>Descubrí que para los budistas, “vencedores” son aquellos que han iniciado su lucha contra los enemigos internos (el odio, por ejemplo). Y hay una buena noticia: nosotros ya estamos en ello, por eso hemos renacido como humanos y no como sanguijuelas o banqueros.</p>
<p>Así que, al igual que Carey, yo tenía ahora una madre en la que podía refugiarme. Y pedazo de madre, porque Tara nos libera de los ocho temores externos: a los leones, a los elefantes, al fuego, a las culebras, a los ladrones, al agua, a la esclavitud y a los espíritus malignos. Y de los internos, que surgen surgen del orgullo, la ignorancia, el odio, los celos, sostener teorías erróneas, el apego, la avaricia y la duda perturbadora. ¡Siempre quise una madre que me protegiera de los elefantes!</p>
<h2>La primera feminista</h2>
<p>Continué leyendo sobre Tara y descubrí que para algunos autores se trató de la primera feminista de la historia. En la época en que vivió Tara (que fue una princesa y personaje histórico, similar al buda Shakiamuni) solo alcanzaban la iluminación los hombres, por eso cada maestro que la conocía le sugería que se pidiera un cuerpo de varón para la próxima vida. Pero Tara se negaba. Una de sus respuestas fue: <strong>“Son muchos los que quieren alcanzar la iluminación suprema en un cuerpo de hombre, pero pocos los que desean obrar por el bien de todos los seres en un cuerpo de mujer. Hasta que este mundo quede vacío, yo velaré por el beneficio de todos los seres sintientes en un cuerpo de mujer”</strong>.</p>
<p>Esa frase es una maravilla de amor. Porque acepta <strong>vivir en la condición más desfavorecida por la sociedad</strong>, con el fin de mostrar el error de ese prejuicio, y afirma que <strong>permanecerá en este mundo de dolor</strong>, renunciando a los privilegios del paraíso de los grandes maestros, <strong>hasta que el último de nosotros alcance la iluminación</strong>.</p>
<p>Me viene a la mente la superproducción americana llamada “2012”, en la que un grupo de ricos, ante el inminente fin del mundo, deciden salvar lo mejor de la sociedad (a ellos mismos) y, en las puertas de una gran nave tipo arca, les pisan las manos a los que intentan colgarse para no morir fuera. También recuerdo una charla de Diego Cañamero, diputado español, en la que explicaba que renunciaba a todos sus privilegios y a más del ochenta por ciento de su sueldo, quedándose solo con el salario de jornalero, <strong>para no olvidarse nunca del sufrimiento de la gente a la que representa</strong>.</p>
<p>Los Kadampa dicen que si confiamos en Tara, ella nos protegerá de todos los obstáculos y cumplirá nuestros deseos. Yo soy un necio para las religiones, sinceramente, y no llego a comprender cómo funciona esto de pedir y recibir. Recuerdo a un amigo que caminó de rodillas dos kilómetros para ver a una virgen y cuando llegó le dijeron que se había equivocado de pueblo. Al pobre le dio un ataque de presión y una infección en las piernas que lo tuvo postrado por un mes. Si yo hubiera sido esa virgen le habría concedido el deseo igual. Sin embargo, ya pasaron quince años y su equipo sigue sin salir campeón. No lo entiendo. En el documental, Jim Carrey dice que escribió en un papel que recibiría diez millones de dólares y un año más tarde se lo pagaron. Yo a los trece años le escribí un poema a una chica y nunca más quiso verme. Mi amigo todavía renguea.</p>
<h2>Mi pedido a Tara</h2>
<p>Si hay alguien leyendo este bodrio seguro que piensa, ¿dónde quieres llegar, alelado? Bueno, lo que a mí me preocupa es que hay <strong>cinco mil millones de personas en el mundo, sobre los ocho mil millones que somos, pasando hambre</strong>. Hoy, mientras hablaba con un amigo en el metro sobre la putada de que volviera el neofascismo a América Latina, un señor nos interrumpió y me dijo, “al menos este sistema es exitoso”. Le pregunté si se refería al Android del teléfono Samsung que usaba para señalarme. Miró el aparato y a mí como si yo fuera idiota. La esposa se lo llevó, cerraban las puertas. No pudimos aclararnos.</p>
<p>Como decía, son cinco mil millones de personas muriendo de hambre. Y también me preocupa que de los otros tres mil, dos mil novecientos estemos jodidos, <strong>a otra escala que los pobrecitos que se mastican los dedos porque no les queda comida, pero estamos jodidos</strong>. Así que voy confiar sinceramente en Tara y voy a hacerle un pedido, dejándolo por escrito, porque así le funcionó a Jim y porque tengo una falta de hábito religioso tan grande, que si me entrego a la oralidad de la oración mañana me olvidaré de volver a suplicar y no surtirá efecto.</p>
<p>Va en argentino que me sale mejor: <strong>divina Tara, te admiro de todo corazón porque elegiste proteger a los más débiles y enfrentar a los poderosos y me gustaría ayudar a que los desfavorecidos de esta época plantemos cara al poder con tu misma valentía. Sos enorme. Y creo que vos de verdad sufrís por todos los que la pasamos mal y los que la pasan peor. Por eso te pido que ablandes los corazones de los psicópatas que se están cargando el mundo o que nos des una mano para echarlos a patadas y así cuidar nosotros hasta del último de los seres sufrientes, como les dijiste a los monjes machistas. A los elefantes dejalos tranquilos que era broma, me encantan. TQM.</strong></p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/alicepopkorn/1862833134/in/photostream/" target="_blank" rel="noopener">Alice Popkorn</a></em></p>
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		<title>El Pigmeo terrorista de Chuck Palahniuk</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2017/11/29/pigmeo-terrorista-chuck-palahniuk/</link>
				<pubDate>Wed, 29 Nov 2017 20:59:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Hablaré sobre el libro Pigmeo, de Chuck Palahniuk, pero antes diré tonterías y me dispersaré, así que recomiendo evitarse el bodrio, saltarse varios párrafos y empezar a leer donde dice: “Pigmeo es la historia de un grupo de estudiantes&#8230;”. Este blog es un puto desastre. Me paso el día pensando cosas, pero cuando llego a casa, muerto del trabajo, ya no escribo o me pongo a bosquejar la tercera novela</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Hablaré sobre el libro <strong>Pigmeo</strong>, de <strong>Chuck Palahniuk</strong>, pero antes diré tonterías y me dispersaré, así que recomiendo evitarse el bodrio, saltarse varios párrafos y empezar a leer donde dice: “Pigmeo es la historia de un grupo de estudiantes&#8230;”.</p>
<p><strong>Este blog es un puto desastre</strong>. Me paso el día pensando cosas, pero cuando llego a casa, muerto del trabajo, ya no escribo o me pongo a bosquejar la tercera novela para que, como la primera y la segunda, nadie las lea. Es el hobby de lo infructuoso. En mi casa habrían preferido que ganara dinero en lugar de dilapidar las horas con el autoengaño complaciente. <strong>Plata o masturbación</strong>, parafraseando a un narcotraficante al que quieren parecerse la mitad de los hombres del planeta. <strong>Tal es la fuerza de la obra artística</strong>.</p>
<p>A los veinte años leí una biografía novelada de Félix Luna (historiador y novelista) sobre Julio A. Roca, que presidió la Argentina cuando todavía no existía la democracia y llevó adelante un genocidio de pueblos originarios. Conecté con los problemas y la humanidad de Roca, aunque lo considero uno de los mayores criminales de la historia. <strong>Tal es la fuerza de la obra artística</strong>.</p>
<p><strong>Chuck Palahniuk</strong> es uno de los escritores que más disfruto leer y lo conocí gracias a la peli de “El Club de la Lucha/Pelea”. Lo primero que supe de él fue que trabajaba en una gasolinera, después que Brad Pitt le había agradecido por dejarle interpretar el mejor papel de su vida. Por tanto, no tenía ni idea de cómo escribía, pero ya me gustaba. <strong>Tal es la fuerza de la obra artística</strong>.</p>
<p><strong>Palahniuk me daba esperanzas</strong>. Como estudiante de periodismo yo iba a terminar con un trabajo muy similar al suyo (el de la gasolinera, no el de escritor) y necesitaba creer que se podía escribir aunque uno perteneciera al grupo de los que venden el cuero para llenar la tripa. También disfrutaba de su pensamiento anarquista, las peleas y las partes de los cuerpos parloteando como máquinas deleuzeanas. Hoy Palahniuk me gusta porque es una compañía grandiosa para los que somos lectores de metro o autobús, los que no tenemos horas disponibles en casa para leer una novela con tranquilidad. Faulkner o Joyce no se llevan bien con el transporte público.</p>
<p><strong>Pigmeo</strong> es una novela del año 2009 y uno de los libros menos logrados de Chuck. Una persona del espectáculo una vez entrevistó a Charly García, genio musical de la Argentina. En un momento de la nota, ocurre este diálogo:<br />
<strong>Charly García</strong>: “¿Vos creés que yo soy un artista?”.<br />
<strong>Entrevistador</strong>: “No lo sé. Creo que hiciste grandes cosas y en un momento empezaste a copiarte a vos mismo”.<br />
<strong>Charly García</strong>: “Yo pienso que <strong>vos sos un pelotudo</strong>”.<br />
Creo que Palahniuk me diría lo mismo si leyera lo que voy a escribir. Y tendría razón.</p>
<p><strong>Pigmeo</strong> es la historia de un grupo de estudiantes de intercambio, de un país comunista, que son en verdad agentes secretos y deben convivir entre yanquis para realizar un atentado contra los EEUU. Bien. Imagino que el autor se planteó aquí: “¿Cómo llego de A a Z? ¿Voy preparando el atentado en cada capítulo? Falta sustento. Debería trabajarme alguna trama secundaria que me ayude a cruzar el temido valle de la mitad de la obra”. <strong>El problema</strong>: la trama secundaria, un estudiante desequilibrado que le entra a tiros a sus compañeros de colegio, resultó más atractiva que la principal. Y esto es, entiendo, porque es la que <strong>atraviesa la humanidad de los personajes, la que tiene una causa real, la que nos permite, a pesar del descarado humor, conectar con la tragedia</strong>.</p>
<p>Luego, Chuck recurre a algunas de sus <strong>probadas fórmulas</strong> para empujar el relato hacia su clímax, algunas mejor utilizadas que otras:</p>
<p><strong>La primera</strong>. Los mantras. Me encantan los mantras. León Trotsky: “La insurrección es un arte y, como todo arte, tiene sus leyes”. Vladimir Lenin: “Un hombre armado con una pistola puede controlar a cien sin ella”. También cita a Hitler, Mussolini, Perón, Evita, Mao, el Che Guevara, entre otros. Y digo mantra y no frase, porque así las utiliza el autor en varias de sus obras, activando algo inconsciente y profundo en el lector, aunque muchas veces son de lo más superficiales. Esta vez, sin embargo, no siempre están logradas, ni se establece una conexión clara con el capítulo que pretenden significar.</p>
<p><strong>La segunda</strong>. La crítica social. Poco tiene que estar desarrollado tu corazón para que no te agrade leer a un tipo que destroza a una empresa de comida rápida, a los banqueros, a la televisión. Sin embargo, en esta novela, el autor permite que este mundo narrativo y simbólico pase a primer plano y se coma o entorpezca la trama. Hacia el final ya nos cansa recordar que los americanos son unos malditos consumistas, glotones e hipócritas, porque lo sabíamos desde el primer capítulo.</p>
<p><strong>La tercera</strong>. Lo escabroso, violento, abyecto. Es el combustible de todas sus novelas, lo que te mantiene alerta en el metro cuando con cualquier otro autor te dormirías o pasarías al móvil. En Monstruos Invisibles, por ejemplo, lo utiliza muy bien. En Pigmeo funciona de a ratos.</p>
<p><strong>El narrador merece un párrafo aparte</strong>. La característica principal de la obra es la de estar narrada en primera persona por el Agente 67, que tiene un modo de hablar entre formalísimo y devocional. El propio Palahniuck menciona a “El guardián entre el centeno”, porque en Pigmeo vemos el mundo a través de ese adolescente al que han programado mentalmente casi desde su nacimiento. Cada capítulo es un informe escrito por Pigmeo y existe un desencuentro permanente entre la percepción de la realidad del narrador, la elección inapropiada de palabras en sus diálogos y la situación real. Los desajustes le llevan a fracasar en una de sus misiones fundamentales antes del gran acto terrorista: <strong>inseminar a todas las americanas posibles</strong>.</p>
<p><strong>El problema principal del narrador</strong>: cansa, porque necesita muchas palabras superfluas para expresarse. No sé cuál hubiera sido la mejor solución, si cortar un poco la cantidad de páginas (hay capítulos que no aportan gran cosa) o cambiar el narrador sobre la mitad del libro. Ya he dicho que no puedo resolver mis propios problemas al escribir. <strong>El segundo</strong>: promediando la novela y hasta el final, ya no hace gracia como al principio. Esto debería haber sido más evidente para el escritor. <strong>El tercero</strong>: ¿Por qué el narrador escribe de esta forma extraña cuando no está reproduciendo un diálogo? Si los reportes vuelven a su país natal, no debería usar su inglés afectado, sino su idioma materno, y estaríamos leyendo una traducción. No me terminó de cerrar.</p>
<p>Hasta aquí mis comentarios. No tengo final para la nota. Ayer me entretenía pensando que <strong>me resultaba más interesante el arco del autor que el del protagonista de Pigmeo</strong>. De aquel final de bombas y destrucción en “El Club de la Lucha/Pelea”, a este final en el que el Agente 67 abraza los valores americanos tan criticados. Si lo pensamos así, Palahniuk pasó de ser un escritor antisistema al abanderado del neocapitalismo trumpiano. En verdad no pienso nada de eso. Se trata de dos parodias, dos finales que expresan un absurdo como corolario de obras que todo el tiempo tienden y rozan lo absurdo. Démosle crédito por ello. Y por todos los viajes en metro que hemos hecho juntos, querido Chuck.</p>
<p><strong>Comentario de Chuck Palahniuck</strong>: “Vos sos un pelotudo”.</p>
<p><strong>Mis recomendados de Palahniuck</strong>:<br />
Monstruos Invisibles<br />
El Club de La Lucha<br />
Condenada<br />
Error Humano</p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/77961177@N00/4891441148/" target="_blank" rel="noopener">Frenkieb</a></em></p>
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		<title>Existe un bar en Macondo #Microrrelato</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2017/10/29/existe-bar-macondo/</link>
				<pubDate>Sun, 29 Oct 2017 21:02:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Existe un bar en Macondo o #Madrid donde las flores crecen en botellas de ron-Comandante, las guitarras matan al fascismo, Luca mira detrás del vidrio (empañado) y los colibríes soplan revolución y tequila al fuego de los bosques oscuros; como debe ser.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Existe un bar en Macondo o #Madrid donde las flores crecen en botellas de ron-Comandante, las guitarras matan al fascismo, Luca mira detrás del vidrio (empañado) y los colibríes soplan revolución y tequila al fuego de los bosques oscuros; como debe ser.</p>
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		<title>Una vida vale más que un sol (lo que aprendí con Santiago)</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2017/09/02/una-vida-vale-mas-sol-lo-aprendi-santiago/</link>
				<pubDate>Sat, 02 Sep 2017 14:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Nací en Argentina en el 75 y me crié temiendo a los militares genocidas. El miedo se metió en mi cuerpo en forma de retorcijones y dolor de pies, me estiró la nuca y recortó el cuello, el miedo me coció la boca. Y  no solo a mí, pues durante varios años tras la caída de la dictadura, si alguien sacaba el tema de los desaparecidos se convenía en que</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Nací en Argentina en el 75 y me crié temiendo a los militares genocidas. El miedo se metió en mi cuerpo en forma de retorcijones y dolor de pies, me estiró la nuca y recortó el cuello, el miedo me coció la boca. Y  no solo a mí, pues durante varios años tras la caída de la dictadura, si alguien sacaba el tema de los desaparecidos se convenía en que <strong>‘si te portabas bien, no pasaba nada’</strong>. <strong>Si te portabas bien</strong>, si te inclinabas ante el patrón y el cura, si te ibas del trabajo a tu casa, si te concentrabas en procrear y festejar tu mundial, si no te interesabas por la suerte del otro ni por ayudar al prójimo, si te olvidabas del arte y la reflexión y los diálogos existenciales y la mesa con amigos de la facu o el sindicato. Entonces, aunque hubiera una dictadura, <strong>no pasaba nada</strong>.</p>
<p><strong>Que no pasara nada estaba bien, era todo lo que debías desear</strong>. Que no pasara nada, que no vinieran por la noche, patearan la puerta de tu casa, se llevaran a tu marido y a vos embarazados, los metieran en un cuarto frío, lo apalearan a él delante tuyo, le reventaran las pelotas con la picana, le arrancaran las uñas de los pies y de las manos y volvieran a apalearlo, mientras te decían al oído que lo mismo le harían al hijo que llevabas en el vientre. Eso es lo que hacían los <strong>demonios</strong>. Y después, cuando tu marido enloquecía del dolor y por pensar cómo salvarte y qué querían esos milicos, por qué les hacían esto si él era un profesor de matemáticas que había aparecido en la agenda de otro profesor de matemáticas aparecido en la agenda de otro… y no sabía a quién denunciar y deliraba algunos nombres, después, cuando habían pasado ya seis meses de tortura y el pelo y los dientes se te caían en manojos, no podías detener los temblores y el nenito en tu panza crecía hasta reventarte, después, te subían a una camilla (te aliviabas porque veías a un médico y creías que te ayudaría), te abrían el estómago sin anestesia, cortaban el cordón, te robaban a tu hijo, te dormían a palos y te metían en una bolsa negra. A tu marido ya lo habían puesto en otra, recordabas su nombre pero no el tuyo: Juan. Luego los <strong>demonios</strong> te arrojaron al mar, te chocaron otros cuerpos embolsados, los oíste gemir casi muertos, las olas te movieron, te hundieron, te mezclaron con el barro. <strong>Eso era que pasara algo. Ahora la frase tiene sentido: si te portabas bien, no pasaba nada</strong>.</p>
<p>Llegaron los noventa, aprendimos letras de rock, nos descocimos la boca y preguntamos a los adultos por qué no habían ayudado a sus hermanos. Nos respondieron que <strong>no sabían lo que pasaba</strong>, que se enteraron por El Juicio. Había habido un juicio ejemplar en democracia. Los <strong>demonios</strong> estaban en prisión y aún chillaban. <strong>No sabíamos nada, nos dijeron los adultos. Yo les creí. Claro que sí. Cómo iban a saberlo.</strong> Eran gente de bien, no se quedarían de brazos cruzados ante esa atrocidad que horrorizaba al mundo. Y habían madurado, tanto que estaban dispuestos a perdonar a los genocidas y aplaudieron el indulto. Era la hora de <strong>olvidar y seguir adelante</strong>, modernizarse, soltar el lastre, izar las velas, privatizar los teléfonos, la sanidad, la escuela, achicar el Estado, eliminar los trenes, pagar en dólares, entrar al mundo, como Europa y Carrefour.</p>
<p>El tiempo pasó y con dolor descubrimos que aquella modernidad no había existido nunca, ni había mundo al que insertarse. Nos habían robado el trabajo, la comida, la casa y el futuro. Reventó el corral, volvió la justicia y los <strong>demonios</strong> a la cárcel, donde esperamos que mueran sin paz. Pero se levantó la furia y hubo desenfreno, despilfarro, periodistas, elecciones y ahora hay un gobierno que quiere liberar a los <strong>demonios</strong> y golpea con el mismo ejército que desaparecía personas. Y cuando van a reprimir hacen lo suyo: apalean, disparan, se llevan a un chico que no vuelve. <strong>¿Dónde está Santiago?</strong></p>
<p>Entonces ocurre, como una flor de pus y de cicuta brotando en la oscuridad invernal, las voces de mi gente, de mis abuelos, padres, hijos, hermanos, amigos, tíos, primos, compañeros,<strong> la gente que amás</strong>, los que te ayudaron a empujar el auto y te prestaban guita si no llegabas para el morfi, flor de pus, <strong>esos que te juraban no saber nada </strong>se ríen y burlan de Santiago, de los muertos queridos, y cambian de canal y se quejan por la selección, que el clima sigue lluvioso y que seguro era un terrorista, &#8216;otra milanesa, todos montoneros, gol de Uruguay, te lo dije, nos quedamos afuera, indios chilenos de mierda&#8217;. Una flor de pus que trae la epifanía que desearías no haber vivido nunca, y entendés que aquel genocidio, la desaparición de más de treinta mil hermanos, que <strong>aquella tragedia fue posible por la complicidad de la gente buena que te vendía el pan y te saludaba mateando en la puerta de su casa cada tardecita de noviembre</strong>.</p>
<p><strong>Nuestros hermanos desaparecían porque los buenos vitoreaban a demonios, los adoraban chupando crucifijos y partes oficiales, porque la adorable tía que te cocinaba pastafrola dijo a todo el barrio que vos eras terrorista y que mejor que tu hijo no se criara con esas ideas, mejor la casa de un general</strong>. Terrorista vos, que solo eras la esposa de un profesor de matemáticas que apareció en la agenda de otro profesor, que apareció en la agenda… de Juan. Años más tarde, nos contaría tu tía que no sabía nada, que nunca se enteró que te llevaron, que los creyó exiliados, que vos eras buena chica y te gustaba el dulce de batata. Nos lo dijo entre lágrimas y le creímos, fue poquito antes de aplaudir el indulto, votar el progreso y encender el horno.</p>
<p>Ahora nos quieren volver a insertar en un mundo que no existe, modernizarnos y quitarnos más derechos, trenes, tierras y teatros. Y les decimos que no. Entonces lanzan sus esbirros y golpean, torturan, <strong>desaparecen a Santiago. ¿Dónde está Santiago?</strong> Dicen que así van a cerrar la grieta. Pero nosotros no queremos cerrar nada. Las heridas, como las venas latinas y la mente, las preferimos abiertas. Hemos aprendido, no dejamos de aprender; recorremos los bordes de la grieta y preguntamos a cada uno, a cada hombre bueno, a cada vecina gentil: <strong>¿De qué lado vas a estar?</strong> En el nuestro hay lugar para (casi) todos y cada vez somos más. Porque somos solidarios, porque nos abrazamos y miramos a los ojos, porque vamos de la mano, consternados por el dolor ajeno, parando cada vez que alguien se cae, deteniendo el mundo si un compañero no aparece. No retrocedemos ni un paso, no tenemos nada que perder ni les tememos, y nunca jamás compartiremos libertad con los <strong>demonios,</strong> <strong>esos demonios tan demonios que creen que una vida no vale más que un sol.</strong></p>
<p><a href="https://twitter.com/search?q=%23D%C3%B3ndeEst%C3%A1SantiagoMaldonado&amp;src=typd" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #003366;">#DóndeEstáSantiagoMaldonado</span></a></p>
<p><a href="https://twitter.com/search?q=%23Aparici%C3%B3nConVidaDeSantiagoMaldonado&amp;src=typd" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #003366;">#ApariciónConVidaDeSantiagoMaldonado</span></a></p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: <a href="https://www.facebook.com/DondeEstaSantiagoMaldonado/photos/a.1298258383633806.1073741826.1298256343634010/1303199079806403/?type=3&amp;theater" target="_blank" rel="noopener">Página de Facebook: ¿Dónde está Santiago Maldonado?</a></em></p>
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		<title>Rodolfo Walsh, cartas y masacres</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2017/07/12/rodolfo-walsh-cartas-masacres/</link>
				<pubDate>Tue, 11 Jul 2017 22:09:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Social]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Querido Rodolfo: Quería comentar tu libro Operación Masacre, pero te imagino escribiendo y me interrumpo. Te imagino escribiendo una carta, no un libro. Te imagino escribiendo La Carta, porque después de conocerla ya no existen otras cartas. Y siento tu angustia mientras escribo. No tu valor. Tu valor me genera una admiración exterior, como quién se para frente al Guernica y dice que Picasso fue grande, pero no podría jamás</p>
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]]></description>
								<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Querido Rodolfo</strong>:</p>
<p>Quería comentar tu libro <em>Operación Masacre</em>, pero te imagino escribiendo y me interrumpo. Te imagino escribiendo una carta, no un libro. Te imagino escribiendo La Carta, porque después de conocerla ya no existen otras cartas. Y siento tu angustia mientras escribo. No tu valor. Tu valor me genera una admiración exterior, como quién se para frente al Guernica y dice que Picasso fue grande, pero no podría jamás pintar esa obra. Valor de tu estatura no existe en mí.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">En tus escritos es el dolor del mundo el que te desborda, manifiesto en esa maravillosa conciencia que te hizo inventar un género literario para poder darle cauce sin desmerecer tu oficio.</p></blockquote>Lo intentaré: <em>Operación Masacre</em> es una <strong>novela de no ficción escrita en 1957</strong>, nueve años antes de la publicación de <em>A Sangre Fría</em>, de Truman Capote, considerada como inaugural de este género. Se trata de la investigación periodística de una matanza de civiles efectuada por la dictadura argentina en 1956. Coincidieron la misma noche una sublevación contra el gobierno y una pelea de box por el título latinoamericano. Las víctimas, ajenas al conflicto político, se habían reunido para escuchar la pelea cuando fueron apresadas ilegalmente y ejecutadas en un basural de José León Suárez. Unos pocos pudieron escapar.</p>
<p>Aunque parezca un despropósito, no lo es si ponemos este suceso en contexto: un año antes, los militares responsables de la matanza habían bombardeado y ametrallado con munición aérea la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y una central sindical, cuando una multitud vitoreaba al todavía presidente Juan D. Perón, democráticamente electo. <strong>Asesinaron a más de trescientas personas, hubo un millar de heridos y Buenos Aires fue también Guernica</strong>.</p>
<p>Lo consigo por dos párrafos y vuelve tu imagen del 77, sentado en tu escritorio, con una pila de papeles, algún libro. Puede resultar extraño, querido Rodolfo, que siendo vos un talentoso periodista y escritor, te piense escribiendo La Carta y no una novela o un artículo. Pero tiene sentido, porque ya no se trata del hecho de escribir, sino <strong>de volverse un hombre parecido al cielo</strong>. Si me preguntan a quién te iguala ese acto, no podría compararte con un escritor. No te parecés a Borges ni a Bioy ni al querido Julio. Un poquito a Julio, pero no. Vos te parecés a los próceres que realizaron la idea de libertad, que rompieron las cadenas de un pueblo esclavo. Odiarías esto que escribo, pero necesito decirlo.</p>
<p>Sabés que tenemos un amigo en común. Yo lo quiero mucho y él no sabe que existo, pero igual me quiere y piensa en mí, porque siempre se ha preocupado por todos. <strong>Osvaldo (Bayer) dijo que sos un escritor al que le dicta la conciencia</strong>. Me gustó esa frase, porque te imagino esclavo de tu mejor parte, siendo preciosas las otras. Es bien diferente leer a un escritor que somete la novela a su ideología y, por tanto, deteriora el valor literario de su obra; que leerte a vos. En tus escritos es el dolor del mundo el que te desborda, manifiesto en esa maravillosa conciencia que te hizo inventar un género literario para poder darle cauce sin desmerecer tu oficio. Esa sería una buena frase para presentar <em>Operación Masacre</em>.</p>
<p>Pero te nombraba a nuestro amigo porque me sirve para justificar esa comparación que tan poco te agradaría. Osvaldo dice que a partir del siglo XX, el ejército argentino ha sido una herramienta usada por la oligarquía para conservar su poder. Los héroes latinoamericanos, por tanto, ya no podrían vestir de militar como los viejos próceres; pero existen. Solo debemos <strong>aguardar a que realicen ese acto</strong> que los convierte en faros de una sociedad a la deriva. Tu acto fue esa Carta.</p>
<p>Te imagino escribiendo y sigo. Creo que ya no podré volver a comentar tu libro, pero <strong>confío en la fatalidad de la repetición</strong>, querido Rodolfo, pues así como el Guernica se ha pintado muchas veces, lo que contás en <em>Operación Masacre</em> sigue sucediendo. Es 24 de marzo del 77 y estás sentado en tu escritorio, te acomodás los lentes, no pensabas estar así a los cincuenta. Hace calor. La más sangrienta de las dictaduras cumple un año en el poder. Ya han hecho desaparecer a quince mil personas y han matado a otras cuatro mil. Las familias aplauden a los generales y se entusiasman con los preparativos del Mundial 78. Vos estás solo, pensando en Vicki, quizás llorando y por eso siento tu angustia y admiro tu valor. <strong>Vicki, tu hija, no agachó la cabeza ante las botas ni se aleló con el fútbol. Resistió, murió luchando</strong>.</p>
<p>Escribís La Carta, te restregás los ojos, llevás mucho sin dormir, pensás en tu familia, en su dolor inconsolable a partir de mañana, te paralizás unos segundos, luego avanzás: lo que harás será también por ellos. En algún momento, recordar tus investigaciones para <em>Operación Masacre</em> te hace temblar al punto que soltás la birome y tardás en serenarte. Sabés mejor que nadie cómo secuestran, torturan y matan esos miserables. Sabés que se vanaglorian de haber inventado la picana eléctrica y, si la usan con mujeres embarazadas, qué no te harán a vos. Sin embargo, el valor se impone y seguís escribiendo.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">«En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.»</p></blockquote>Vos no le llamarías valor, le llamarías humanidad. Pienso ahora que algunos dijeron de <em>Operación Masacre</em> que no era una novela en toda regla, como si le faltara algo o careciera de un desarrollo literario profundo. En tu caso, esto tiene un mérito mayor, siendo el escritor que sos. Vos decidiste no ficcionar los personajes ni volver más potente a la trama. Es lógico. Sos escritor pero antes persona. A eso yo también le llamaría humanidad. Tu conciencia te hizo crear un nuevo género antes que vulgarizar a las víctimas, por eso tu libro quedó partido en tres: la presentación de las víctimas, la historia de la masacre y el aporte de las fuentes.</p>
<p>Y hay que agradecer a Ediciones de la Flor por no haber finalizado allí la impresión y poner tu Carta como apéndice de <em>Operación Masacre</em>. Ellos entendieron que el mundo sería un sitio mucho peor sin ella. En esa obra que te vuelve inigualable, querido Rodolfo, desde la que me llega tu imagen, la angustia y la admiración por tu valor, en esa Carta denunciaste a una Junta Militar <strong>sodomizada por el capital financiero y las oligarquías locales, que abren campos de concentración y cierran fábricas, que quitan los derechos, las uñas, la piel, las muelas</strong>. Se los dijiste en varias páginas, en cada frase y muy claro: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.</p>
<p>Te imagino metiendo esa carta en un sobre y llevándola en tu mano. Por Vicki, por los muertos queridos. Un hombre solo, un hombre y lo que escribe contra esa impía maquinaria de la muerte. Te imagino y camino a tu lado, querido amigo. Al día siguiente pasó lo que ya sabías. Al día siguiente, <strong>cuando creyeron que te hacían desaparecer, que podían cortar el sol con una espada, te sembraron para siempre en nuestros puños ardientes, te volvieron millones</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Referencias:</strong></h3>
<ul>
<li><span style="font-weight: 400;">La Carta de Rodolfo Walsh: </span><a href="https://es.wikisource.org/wiki/Carta_abierta_de_un_escritor_a_la_Junta_Militar"><span style="font-weight: 400;">Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar</span></a></li>
<li><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Bombardeo_de_la_Plaza_de_Mayo"><span style="font-weight: 400;">El bombardeo sobre Plaza de Mayo</span></a></li>
<li><a href="https://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/24/argentina/1490390607_523947.html">Rodolfo Walsh en El País (2017)</a></li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El juguete rabioso de Arlt</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2016/10/10/juguete-rabioso-arlt/</link>
				<pubDate>Sun, 09 Oct 2016 22:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>El Juguete Rabioso. Primera novela de Roberto Arlt. Publicada en 1926. Cuenta las tribulaciones de Silvio Astier, un muchacho que busca sobrevivir en una Buenos Aires de inmigrantes, miseria y delincuencia. Los que siguen son mis apuntes sobre la lectura. No una crítica, no un análisis. Quiero a Arlt. Con los escritores que me gustan desarrollo un vínculo afectivo de una sola dirección. Algo parecido a las fans del chico pop (no</p>
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]]></description>
								<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>El Juguete Rabioso. Primera novela de Roberto Arlt. Publicada en 1926. Cuenta las tribulaciones de Silvio Astier, un muchacho que busca sobrevivir en una Buenos Aires de inmigrantes, miseria y delincuencia. Los que siguen son mis apuntes sobre la lectura. No una crítica, no un análisis.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Quiero a Arlt. Con los escritores que me gustan desarrollo un vínculo afectivo de una sola dirección. Algo parecido a las fans del chico pop (no sé quién está de moda hoy, pero alguno de los que llevan gorra) que gritan durante todo el concierto y no escuchan las canciones. En algunos casos es mejor que griten. Yo no grito, pero a veces lloro y acaricio sus libros con una delicadeza que suscita malos pensamientos. Bueno, a Arlt lo quiero. Sumado a esto, Fito Páez nombra a «Los Siete Locos», segunda novela de Arlt, en «El Cadáver Exquisito», una de sus canciones más hermosas. <strong>Por relación transitiva: yo amo a Fito, Fito ama a Arlt, etcétera</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">La edición que he leído es la de Bruguera Alfaguara prologada por Onetti, un escritor maravilloso. Esa introducción vale el precio del libro. Extraigo una idea de ella: muchos dijeron que Arlt no sabía escribir o que escribía mal. La paradoja es que probablemente tengan razón, sin embargo, Arlt es un gran novelista. Eso es lo que dice Onetti. Yo, que <strong>soy un débil mental</strong> ante personajes de su talla, asiento y repito.</p>
<p style="text-align: justify;"><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Muchos dijeron que Arlt escribía mal. La paradoja: tienen razón y, a la vez, Arlt es un gran novelista</p></blockquote>Empecemos. Hay escenas en las que uno espera más desarrollo, como cuando Silvio Astier comparte habitación con un chico gay y primero no lo comprende, luego lo desea y, finalmente, lo rechaza. Sin embargo, es uno de los buenos pasajes de la novela y Arlt toca el hueso: «Una idea fría ─si ella supiera lo que hago en este momento─ me cruzó la vida». Piensa en su amor platónico (Eleonora) mientras desea al chico. Silvio nos cuenta también que su compañero es sucio. Lleva ropas elegantes, pero sucias, igual que su cuerpo. Este detalle es un acierto de Art. <strong>Lo hace a uno fruncir la nariz, pero acercarse para oler</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si es verdad esto de que <strong>a cada imagen le corresponde una palabra y la función del escritor es dar con ella, Arlt, la mayoría de las veces, no la encuentra</strong>. Así y todo, las imágenes se imponen. El protagonista frente a su madre: «Ahora, mirándola, observando su cuerpo tan mezquino, se me llenó el corazón de pena. Creía verla fuera del tiempo y del espacio, en un paisaje sequizo, la llanura parda y el cielo metálico de tan azul. Yo era tan pequeño que ni caminar podía, y ella flagelada por las sombras, angustiadísima, caminaba a la orilla de los caminos, llevándome en sus brazos, calentándome las rodillas con el pecho, estrechando todo mi cuerpecito contra su cuerpo mezquino&#8230;». La imagen emerge poderosa, la forma flaquea.</p>
<p style="text-align: justify;"><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Creo que Arlt es muchas veces citado y elegido en rankings de &#8216;tus cinco escritores preferidos&#8217; o &#8216;tus diez libros de la isla desierta&#8217; porque es fácil de leer y cool para citar</p></blockquote>Nos cuesta leerlo de corrido y repite palabras. Muchas veces me pareció oír la voz de Arlt diciéndome: «dale, no seas fifí, leé como un hombre y dejá de pensar pavadas». ¿Cómo lee un hombre? <strong>No, no se trata de eso, sino de la posibilidad de mejorar la forma.</strong> Incluso se podrían comparar ciertos pasajes con una traducción regular, solo que Arlt escribe en español, no hay intermediarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Bien. Si este blog fuera leído por alguien más que yo (yo lo hago para corregir lo que escribo), imagino que me dirían: «¿Quién te creés que sos para hablar así sobre Arlt?». Tendrían razón y me importaría. Una vez tuve un programa de radio. Me llamaba solo mi abuela, que cambiaba su nombre para que no la reconociera. Un día hice un chiste de mal gusto, me llamó un evangelista y me insultó en evangelista (¿Cómo insulta un evangelista?)<strong>. Me quedé mal todo el fin de semana.</strong> Insisto, me importaría. Y con lo que diré ahora, la mitad de los lectores argentinos me considerarían persona no grata: creo que Arlt es muchas veces elegido en rankings de &#8216;tus cinco escritores preferidos&#8217; o &#8216;tus diez libros de la isla desierta&#8217; solo porque es fácil de leer. Y, además, ¡qué títulos para sus libros!</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>El Juguete Rabioso</li>
<li>Los Siete Locos</li>
<li>Los Lanzallamas</li>
<li>El Jorobatido</li>
<li>El Criador de Gorilas</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Una banda punk podría poner estos nombres a sus temas y seguiría siendo vanguardia, rebelde y cool. Por eso también se lo cita.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero: ¿Qué sería lo importante? <strong>¿Lo que se escribe o cómo se escribe?</strong> ¿Se puede pensar en una idea despreocupada por su manifestación, por su forma? La cabeza de Borges se materializa delante del ombligo de Arlt. <strong>Borges reflexiona, Arlt bebe un litro de vino; Borges calcula y resuelve, Arlt mastica y caga</strong>. Arlt comentó una vez que Borges tenía buenas herramientas, pero carecía de historias para contar (lo leí en la web). Borges no dijo nada malo de Arlt, al contrario. <strong>Unidos en un solo escritor serían la maravilla</strong>. Siempre tuve la sospecha de que Borges inventaba todo lo que inventaba porque le faltaba calle (sospecha de ignorante). Navokov dijo algo similar con todo su criterio. Lo acusó de no poder conectar su obra con la vida. Borges era un maldito genio y está en mi podio. Pero este post trata de un libro de Arlt. A Arlt le sobraba calle. Y cuando un tipo así escribe, hay que estar preparado. Borges merecía el Nobel. La academia se quedó ciega antes que él. ¡Arlt!</p>
<p>El Juguete Rabioso habla de la miseria desde la miseria. Del infortunio. De la devastación de la sociedad acechando a los hombres pobres. No lo hace desde un lugar lastimoso, no lo hace desde la conciencia de clase, la <strong>obra literaria mantiene su estatus soberano</strong>. Onetti cuenta una anécdota en el prólogo. Arlt había asistido a reuniones de organizaciones obreras y su corrector, responsable de publicar sus Aguafuertes en diario El Mundo, le pidió que dejara de hacerlo para que no peligrara el trabajo (el periódico era del otro bando). Arlt le dijo que no se preocupase, que él lo arreglaría fácil. En su siguiente aguafuerte comentó que asistió a esos mitines para tener material para sus relatos urbanos. Varios lo atacarían, dice Onetti, pues su acción se parece al popular «estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». Sin embargo, para Arlt la primera fidelidad del artista era con su obra. Como Onetti, comparto esa idea. Silvio Astier es simplemente un chico que se busca la vida, que siente la vida con las tripas y persigue sus sueños, Silvio yerra, delinque, ama, trabaja, sufre, traiciona y es él el que nos habla, el protagonista de una historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Silvio no persigue sueños románticos ni halla un hada madrina que lo salva del infierno. Y, de encontrarla, la rechazaría. ¿Por qué? <strong>Porque a las hadas madrinas le dan asco los pobres y los pobres no confían en mujeres blancas, limpias y que flotan en el aire.</strong> Entonces podemos leer tranquilos, porque pese a los cuchillos clavados en el pecho y abriendo pescados y pollos, no recibimos ningún tajo bajo.</p>
<p>No demos más vueltas: el estilo no es refinado. Pero Arlt no es vulgar, es poderoso, y si con ese brío se lleva muchas cosas por delante, ¡qué más da!, atendamos al poder.</p>
<p><span class="dropcap" style="color:#333333; ;">«</span>&#8230;ambos empeñados en robarse, en perjudicar al prójimo, aunque fuere en un solo centavo. Su mala fe era estupenda. Jamás pagaba lo estipulado, sino lo que ofreciera antes de cerrar trato&#8230;». El librero en el mercado, en una de las escenas memorables. De camino al mercado, Silvio se avergüenza tremendamente por llevar una canasta en la mano. ¡Qué detalle!</p>
<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap" style="color:#333333; ;">«</span>&#8230;mamá quizá no me diga nada. Con gesto de tribulación abrirá el baúl amarillo, sacará el colchón, pondrá sábanas limpias en la cama y no dirá nada&#8230; Me han echado del ejército, así porque sí, ¿comprenden ustedes?». La impotencia que transmite, la tristeza, al contar cómo lo echan porque el comandante prefirió colar a un familiar y necesitaba su lugar. A nadie le importa. El desamparo del miserable ante un mundo indiferente, el dolor de la mirada de la madre.</p>
<p style="text-align: justify;">Podría seguir. Podría hablar de las Aguafuertes, que son las obras mas populares de Roberto Arlt y, para muchos, el tipo de textos que más le conviene, pero no creo con ello aportar nada nuevo. Lo que no puedo hacer es obviar el final. O sí, puedo, porque es de los que uno no se espera. <strong>Nuestro héroe nos da por culo cuando lo abrazamos para consolarlo.</strong> ¿Creíamos tibio a Silvio por no consumar el acto con el chico gay de la habitación? ¡Ja! Solo estaba preparándonos para darnos la vuelta, dejándonos calentitos. ¿Pensabas que te escaparías? <strong>Sí, sí, y el sucio eres tú, por eso acercas el hocico al mondongo de este mercado</strong>. El sucio soy yo, el blando, el débil que no soporta su acción inmoral o amoral. Solo diré que el último capítulo se llama <strong>Judas Iscariote</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si algo le faltaba a esta novela era ese fabuloso final. Fabuloso en el sentido de lograr develar un rincón oscuro del corazón. Ese es uno de los fines de la novela, el de sondear lo más profundo del alma humana y dejarnos entrever un conocimiento ajeno a la psicología, la sociología y a cualquier otra área del saber. Un conocimiento que solo se alcanza a través de la intuición y composición artística. <strong>Pues Silvio no solo nos cuenta lo que hace, sino por qué lo hace, otra cosa es que nos quede claro o que compartamos su visión</strong>. «Yo no soy un perverso, soy un curioso de esta fuerza enorme que está en mí», dice. ¿Lo llegamos a comprender? No importa, ahí están sus palabras para que releas. Y en la cima de su delirio, que alcanza una alegría absurda, el ingeniero al que acaba de salvar de un robo lo interrumpe: «Todo eso está muy bien, pero hay que trabajar. ¿En qué puedo serle útil?». El romanticismo se pega el golpazo de su vida contra la máquina desalmada, la misma que cuando funciona hunde a Silvio en el peor desconsuelo.</p>
<h3>Datos</h3>
<ul>
<li><span class="badge bluth blue">Silvio Astier </span>es lector de Rocambole (<em>personaje literario, entre un aventurero y ladrón gentilhombre, creado por el prolífico escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson du Terrail,</em> dice Wikipedia). Rocambole es también el nombre artístico del profesor de Bellas Artes y artista plástico argentino, Ricardo Cohen, uno de los fundadores de La Cofradía de la Flor Solar, proyecto del que surgieron los Redonditos de Ricota. Rocambole se ocupó del arte en todos sus discos y sería el perfecto ilustrador para la obra de Arlt. Como Silvio, también fue lector de los folletines franceses. La imagen de este post es suya.</li>
<li><span class="badge bluth blue">Son llamativos</span> los parecidos entre Silvio Astier y Arturo Bandini, alter ego de John Fante, inspirador de Bukowski para su Chinaski. Todos ellos personajes urbanos condenados a una vida miserable. Cuando aparece «Pregúntale al Polvo», tercera novela de Fante pero la primera en la que aparece Bandini en toda esencia, Arlt ya había publicado su última obra (la primera de Fante se publica recién en el año 1985).</li>
<li><span class="badge bluth blue">Silvio es inventor</span>. El que más me gustó: un contador automático de estrellas, que luego precisa como un señalador automático de estrellas fugaces.</li>
<li><span class="badge bluth blue">Las «Aguafuertes Porteñas»</span> se publicaban con el diario El Mundo. Fueron un fenómeno de ventas e impulsaron al periódico. Un año antes de la guerra civil española, Arlt vive en Andalucía y escribe las Aguafuertes Españolas.</li>
</ul>
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		<item>
		<title>Aventuras de un lector desafilado</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2016/09/13/aventuras-de-un-lector-desafilado/</link>
				<pubDate>Mon, 12 Sep 2016 22:22:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://eldesafilador.com/?p=611</guid>
				<description><![CDATA[<p>En calle Hermosilla 132 de Madrid está La Dulcinea, una de las mejores librerías de usados que visité en mi vida. Por dos cosas: contiene verdaderos tesoros de la literatura en primeras versiones (o al menos muy difíciles de conseguir) y por el cariño con el que su dueño escribe en la primera página de cada libro, pues al lado del precio y con preciosa letra imprenta, pone: «El libro</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>En calle Hermosilla 132 de Madrid está La Dulcinea, una de las mejores librerías de usados que visité en mi vida. Por dos cosas: contiene verdaderos tesoros de la literatura en primeras versiones (o al menos muy difíciles de conseguir) y por el cariño con el que su dueño <strong>escribe en la primera página de cada libro</strong>, pues al lado del precio y con preciosa letra imprenta, pone:</p>
<p>«El libro que Faulkner recomendaba a los lectores que querían iniciarse en la lectura de sus obras», en Sartoris. «Una maravillosa obra de un escritor siempre valorado», en un libro de relatos de Bioy Casares. «Obra póstuma, concluida <strong>el mismo día que el autor se suicidó</strong> siguiendo el ritual seppuku», en la novela de Yukio Mishima «La corrupción de un ángel», que por supuesto compré.</p>
<p>Luego tuvimos una charla muy bonita. Comentamos anécdotas sobre Borges y me dijo que hacía unos días había vendido el segundo y tercer poema que Borges publicó. Me habló de un Jorge Luis adolescente vinculado a la generación del 14 y a Valle Inclán en su paso por Madrid. Lo desconocía. Yo le comenté la historia que María Kodama relata para Radio Praga. Según la viuda, el maestro tenía un poema que jamás corregía. Justamente él que se la pasaba reescribiendo sus trabajos. Cuando Kodama le preguntó por qué no tocaba ese poema, Borges le respondió que no podía, porque no era suyo, sino de Kafka, quien se lo había dictado en un sueño:</p>
<h3>Ein Traum</h3>
<p>Lo sabían los tres.<br />
Ella era la compañera de Kafka.<br />
Kafka la había soñado.<br />
Lo sabían los tres.<br />
Él era el amigo de Kafka.<br />
Kafka lo había soñado.<br />
Lo sabían los tres.<br />
La mujer le dijo al amigo:<br />
Quiero que esta noche me quieras.<br />
Lo sabían los tres.<br />
El hombre le contestó: Si pecamos,<br />
Kafka dejará de soñarnos.<br />
Uno lo supo.<br />
No había nadie más en la tierra.<br />
Kafka se dijo:<br />
Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.<br />
Dejaré de soñarme.</p>
<p>Ese es el poema. Más allá del análisis (podríamos escribir varias hojas) y del sueño dentro del sueño dentro del sueño, esta historia <strong>me conmueve porque muestra el cariño que Borges sentía por Franz</strong>, por eso la tengo siempre a tiro de lengua. De conmoverse va esto, creo, porque mientras pagaba por mi libro y hablábamos sobre escritores y literatura, el dueño de la librería me regaló un ejemplar de Gramática Parda, de Juan García Hortelano (Premio de la Crítica 1982), que ya se ha convertido en uno de mis preferidos. Como es de imaginar, no tango por la calidad del texto, que aún no he comprobado, sino por el momento especial que se había generado en ese pequeño templo.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Todo eso pasó entre una estación y la otra, es decir, que viví más de quince minutos de historias en menos de un minuto y medio</p></blockquote>Y había elegido el título de esta entrada porque <strong>iba a hablar de otra cosa</strong>. Quería hablar de la impotencia que siento cuando llego a casa con libros debajo del brazo y sé que no podré leerlos porque tengo que irme a trabajar. Sobre todo cuando llego con los que te la ponen difícil y necesitás (y deseás con todo tu corazón) dedicarle mucho tiempo y el tiempo se te escapa, el tiempo no existe.</p>
<p>Hoy terminé el relato «El perseguidor», de Cortázar. No voy a comentarlo, es más fácil buscarlo y leerlo porque es corto (y existen <a href="http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p1=21598&amp;l=1" target="_blank">excelentes interpretaciones</a> de esta obra). El protagonista, Johnny, cuenta en un momento de locura y genio, que cuando viajaba en metro imaginó/pensó muchas cosas, que repasó una canción entera con todos sus acordes, que estuvo con varias personas y vivió escenas completas, etc, etc. El asunto es que le dice al narrador algo así: «Todo eso pasó entre una estación y la otra, es decir, que viví más de quince minutos de historias en menos de un minuto y medio». Maravilloso, perturbador. Quisiera aplicar ese método, inyectármelo para no vivir con esta frustración que tantos días me corroe.</p>
<p>Hora de irse a dormir, mañana hay que trabajar, hay que pagar el alquiler, comprar la comida, vender la fuerza de trabajo. Mientras, mi nuevo amigo seguirá escribiendo en las primeras páginas alguna bonita anotación para ayudarte a querer ese pedazo de árbol procesado y muerto.</p>
<p>PD: con esto del árbol muerto (¡qué poético!), recordé una historia que contó Ale Dolina sobre Víctor Hugo, que decía que Flaubert talaba todo un bosque para hacer una caja de cerillos (fósforos), pero los cerillos quedaban de puta madre. Esto en referencia a su obsesión por la cadencia y el estilo de su prosa. Muy divertido para los que nos divertimos con estas tonterías.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>Críticos abyectos y el poder del King</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2016/03/07/abyecta-critica-y-el-poder-del-king/</link>
				<pubDate>Sun, 06 Mar 2016 23:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://eldesafilador.com/?p=556</guid>
				<description><![CDATA[<p>Stephen King me dijo que él me autorizaba a dejar lo que estuviera haciendo, a relegar cualquier otra actividad en beneficio de la lectura o la escritura. Lo hizo a través del libro Mientras Escribo. Gracias a esa idea dejé de sentir culpa, por ejemplo, cuando trabajaba por mi cuenta y en lugar de conseguir nuevos clientes me dedicaba a escribir mi primera novela o a leer un buen libro. </p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>No tenía ganas de escribir para el blog. Pero como pasa el tiempo y sólo me concentro en retocar un libro de cuentos y el blog parece abandonado, me traje un cuaderno en el que hice anotaciones sobre el libro Error Humano de Chuck Palahniuk. Mientras me sentaba pensé <strong><em>Chuck me dijo tal cosa</em></strong>, por cada una de las frases que apunté.<br />
Y ese pensamiento me llevó al mágico momento en que Stephen King me dijo que él me autorizaba a dejar lo que estuviera haciendo, a relegar cualquier otra actividad en beneficio de la lectura o la escritura. Lo hizo a través del libro Mientras Escribo. Gracias a esa idea dejé de sentir culpa, por ejemplo, cuando trabajaba por mi cuenta y en lugar de conseguir nuevos clientes me dedicaba a escribir mi primera novela o a leer un buen libro.</p>
<p>Me lamenté, y aún lo hago, de no haber recibido ese permiso muchos años antes, cuando empezaba el colegio primario, así habría aprovechado en forma productiva todas las horas muertas y tortuosas de las perras instituciones educativas. Si hubiera tenido el permiso de una autoridad como King para pasar de las maestras y profesores y escribir historias o leer algún libro, ¡qué maravilla! <strong>Sería otro ser, otra mente, más profunda, quizás más feliz, pero sin dudas mucho mejor que el de ahora</strong>. También sería más libre, podría usar las medias rotas sin pensar obsesivamente en mi dedo gordo apretujado en un agujero de tela o triturar las patatas fritas de bolsa en mi mano y lamerme la palma como un mono, aunque lleve un traje, simplemente por el placer de sentir la sal y la grasa en el paladar. Quizás habría valorado más mi carrera, quizás recordaría los libros que leí, porque los habría entendido mejor al contar con información contextual aprendida mientras leía con el ruido de la profesora de fondo.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">El Club de la Lucha, película a la que le dieron dos estrellas los críticos de cine y que me dejó con la boca abierta y las tripas revueltas, igual que cuando casi gana las elecciones un humorista repelente y vulgar en la provincia donde nací.</p></blockquote><strong>He perdido un tiempo invaluable.</strong> Hablando así me parezco a una actriz que decía en el periódico de esta semana: “me he separado y pienso que he perdido el tiempo”. Como no hice clic, no sé si se trata de un título pésimamente escrito, de un título escrito en forma ambigua para dejar que la duda se resuelva en el desarrollo de la nota (¿Perdió el tiempo durante la separación por el tema de los abogados y las peleas o perdió el tiempo durante su relación con el/la que fuera su esposo o su esposa?). No sé quién es la actriz o siquiera si es una actriz. No sé asociar cara y nombre de ningún actor/actriz a excepción de Mel Gibson, Sylvester Stallone, Brad Pitt y Edward Norton. Mel porque protagonizó Braveheart, Sylvester porque fue Rocky y Rambo (he llorado hasta con la última Rocky, cuando va a la tumba de su mujer y le dice que la echa de menos) y Brad y Edward por El Club de la Lucha (El Club de la Pelea en Argentina), película a la que le dieron dos estrellas los críticos de cine de Buenos Aires y que me dejó con las tripas revueltas, igual que cuando casi gana las elecciones un humorista repelente y vulgar (Miguel Del Sel) en la provincia donde nací. <strong>Para desgracia de los argentinos, ahora los gobierna el presidente</strong> que puso a ese payaso al frente de una lista con responsabilidades públicas.</p>
<p>Años después los críticos, empujados por el público, le dieron al Club de la Lucha más estrellas y yo me enteré de que estaba basada en un libro de Chuck Palahniuk. Así conocí a Chuck. Aun no sé escribir su apellido y debo espiar en la web. Sus libros me fascinan. <strong>Leí El Club de la Lucha en treinta y siete segundos. Maldije que se acabara. Máximo goce. Disfruté más la peli</strong>.</p>
<p>Hace dos semanas una persona me dijo que la película de Cincuenta Sombras de Gray no le hacía justicia al libro. Me quedé sin palabras: <strong>¿Cómo sería la película que le hiciera justicia a <em>ese</em> libro?</strong> <strong>Stepen King dijo que el 95% de los libros de Amazon son mierda como Cincuenta Sombras de Gray. Coincido con él</strong>. Es el rey, lo admiro desde que leí La Zona Muerta y descubrí qué significaba la palabra <em>abyecta</em>. Abyecta cocaína, dice el protagonista en el último párrafo. Mis libros están en Amazon. Por probabilidad, forman parte de ese 95%. Se han vendido mucho menos que los de una norteamericana que escribió un instructivo para fabricar milagros. En su biografía dice que conoce a varios ángeles y que la ayudaron a encontrar a su gato cuando se escapó de casa. Di con ella porque uno de mis libros se llama El Milagro de la Rata en el Sifón y antes que él aparecen cientos de títulos que contienen la palabra <em>milagro</em>. Mi milagro está entre los últimos y creo que es el único que pertenece al género narrativa a secas. El resto también se etiquetan como autoayuda, espiritualidad, religión.</p>
<p><strong>Error Humano</strong> contiene capítulos preciosos y un par que son un bodrio, como el de los constructores de castillos. El de las amigas mediums es una oda al falso escepticismo del narrador y, desde ese punto de vista, exquisitamente logrado. El de los escritores minimalistas aporta información inestimable, nombres de escritores y técnicas de escritura. Los apuntes que todavía tengo a mi lado refieren a él. Sólo copiaré algunas palabras: <strong>lengua quemada, mis días avanzaban como una cabeza cortada, imágenes, no hagas juicios, nada es feliz ni gordo, no digas ‘ese tío es un gilipollas’, vísceras</strong>.</p>
<p>No haber recibido antes la autorización de King es una fatalidad. Me da cierta felicidad el pensar que los autores te hablan a través de sus libros. No sé si llegas a captar esta idea; no porque sea profunda, sino porque parece tan simple que la puedes pasar por alto. <strong>Seguro que King estaría orgulloso del uso que hago de su autorización y si me viera cara a cara me daría un abrazo.</strong> A mí y a cada uno de los que hayan aplicado su permiso en propio beneficio. No hay manera más sana de ser egoísta.<br />
Sólo dos estrellas. Los críticos de cine no tienen ni puta idea.</p>
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		<title>No estás solo, amor</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2016/01/13/no-estas-solo-amor/</link>
				<pubDate>Tue, 12 Jan 2016 22:11:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Entre las personas y cosas que se esfuman, algunas lo hacen en forma mucho más notoria. Por ejemplo Bowie. Que se muera Bowie es una mierda mucho más grande que si se muere cualquier otro, incluyéndome por supuesto. Para quienes sospechamos que lo de los avances tecnológicos ha sido una voluptuosa trampa a las posibilidades de libertad, un vil tubo de suero conectado a la mente, alimentándola de azúcar y</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las personas y cosas que se esfuman, algunas lo hacen en forma mucho más notoria. Por ejemplo Bowie. <strong>Que se muera Bowie es una mierda mucho más grande que si se muere cualquier otro, incluyéndome por supuesto</strong>. Para quienes sospechamos que lo de los avances tecnológicos ha sido una voluptuosa trampa a las posibilidades de libertad, un vil tubo de suero conectado a la mente, alimentándola de azúcar y pérdida de tiempo, en fin, para los que cada vez nos vemos y sentimos más estúpidos, saber que Bowie seguía correteando era un páramo de paz que nos permitía tomar un poco más de aire, una bocanada profunda. </p>
<p>Hace tres o cuatro días vi una foto de David en un tren. Era una de las fotos del día de un periódico y hablaba de un recorrido virtual por la carrera o vida de Bowie. Me acuerdo que en ese momento sonreí y pensé, “qué bueno que siga creando” y en cada una de las obras de este caballero errante, yo sentía que se abrían espacios y que no estaba todo perdido. Aclaro, porque era un sentimiento muy específico. La esperanza provenía en que había un ser que volcaba el arte sobre la vida ordinaria y nos hacía ver la realidad en una forma nueva y más placentera. La esperanza de la obra artística. Eso era Bowie. Ese es el corazón que se ha detenido ayer y por eso duele más que otros. </p>
<p>Es de Schopenhauer la idea de que como el mundo pasa por completo de nosotros, rechaza nuestras ideas sobre él, generamos lo que entendemos por realidad (sí, debo haber retorcido por completo el concepto, pero mi memoria es menos de fiar que político en consejo directivo de banco público). Bueno, que tras ese rechazo del mundo a ser como  se nos antoja, aparece un exterior separado de nosotros al que llamamos realidad. El arte de Bowie era una extensión subjetiva sobre ese mundo, era para mí como la concesión de una tregua mediante la cual <strong>el mundo se daba vuelta, te miraba a la cara y decía “ok, entiendo, tú estás ahí”. Duraba poco, pero alcanzaba</strong>, y la sensación de satisfacción era igual a la del niño llorica que es silenciado por el enorme y lechoso pecho materno. </p>
<p>Lo más cerca que estuve de Bowie fue una muestra en el Museo Británico a la que llegué tarde, varias semanas. Sólo quedaba el cartel de lo que había sido. Llovía, como siempre, y el museo era un invaluable refugio gratuito para pasar el rato. Pensé en Bowie como un verdadero ideal. ¿Qué acto más bonito puede haber para un artista que ser homenajeado en tu ciudad? Y mucho más cuando tu ciudad es Londres. Me dio felicidad por Bowie y, como si lo conociera, disfruté que haya podido vivir eso. Ojalá su vida haya estado colmada de alegrías.  </p>
<p><strong>“Rock ‘N’ Roll Suicide” es maravillosa</strong>, igual que todo “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” (ese es el nombre del disco). Además de conmover musicalmente, la canción es una oda a la compasión y la amistad o amor más profundo, que surge en cualquier noche de excesos y se vuelve infinito, aunque sólo dure unos instantes. Un hombre atormentado por la crueldad del mundo, otro extasiado en sus propio deseo de ayudar y acompañar. Cierra el álbum tendiendo su mano al pobre Ziggy que ya no tiene dudas de que haber bajado a este planeta ha sido un error. Y hay luz, mucha luz, y frases que deberían quedarse guardadas y deberías repetirte el día entero: <strong>no estás solo amor, recuérdalo siempre, no importa qué o quién hayas sido, no importa dónde hayas estado, te voy a ayudar con el dolor, no estás solo</strong>. </p>
<p><iframe width="750" height="563" src="https://www.youtube.com/embed/CD1nzOeS6U0?feature=oembed" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
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		<title>Nirvana y la sed. Entre Borges y Cobain</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2015/10/25/nirvana-y-la-sed-entre-borges-y-cobain/</link>
				<pubDate>Sat, 24 Oct 2015 22:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>No sé qué es el Nirvana. Siempre que escuché ese concepto lo hice a un lado igual que una caja que llega a nombre de otro y debemos guardar en casa hasta que ese otro pase a recogerla. Jorge Luis Borges compara el Nirvana con una isla o con una torre, es decir, con algo que existe en sentido espacial (y temporal) más allá de nosotros mismos.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>No sé qué es el Nirvana. Siempre que escuché ese concepto lo hice a un lado igual que una caja que llega a nombre de otro y debemos guardar en casa hasta que ese otro pase a recogerla. Jorge Luis Borges compara el Nirvana con una isla o con una torre, es decir, con algo que existe en sentido espacial (y temporal) más allá de nosotros mismos. No tenemos ninguna injerencia sobre él. Igual que Cobain con ese dolor de estómago que lo obligaba a cancelar conciertos y le impedía dormir. <strong>Sin embargo, él se abrazaba al dolor que quería exterminar, pues temía que su desaparición se llevara también sus capacidades creativas</strong>. Cobain estaba dispuesto a sacrificar su vida a cambio de que no le quitaran su facultad creativa. ¿No se parece esto a un pacto con el Diablo? El Diablo dice: “Dame tu alma y te daré vida eterna”. Cobain contesta: “No quiero vida eterna, sólo hacer buenas canciones”. “Ok”, dice el Diablo, “déjame pensar, mmm, creo que lo tengo. Me darás tu estómago y a cambio escribirás lo que quieras”.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Se abrazaba al dolor que quería exterminar, pues temía que su desaparición se llevara también sus capacidades creativas</p></blockquote>Cada día hacemos pactos de ese tipo con nuestros demonios. El sufrimiento es grande y queremos luchar contra él sin desprendernos de apegos que son la causa misma del dolor. Por tanto, compramos placer, pactamos. Y ese placer que compramos nos trae dolores peores. No hay salida. Drogas y paliativos (mirar TV, hablar pavadas con otros ignorantes, festejar el aniversario de un gol). Supongamos que vivimos en las profundidades del océano y sentimos sobre nuestro cuerpo la presión de toda esa masa de agua. El sufrimiento resulta insoportable. De repente alguien nos dice que inflemos una burbuja y nos libremos de esa carga. Le hacemos caso. En el interior de la burbuja el alivio se parece al Nirvana. Somos livianos, infinitos, libres. Pero la burbuja es una solución temporal, no soporta la presión, su naturaleza es romperse. Cuando lo hace el agua nos pega con una fuerza tal que nos destroza los huesos, arrojándonos al mismo infierno donde el Diablo teje en crochet las tripas de Kurt. No hay atajos, sólo sirve nadar hacia la superficie. Y para hacerlo, hay que soltar todo lo que nos pega al fondo.</p>
<p>Me lié, vuelvo a empezar. Por qué arraigó el budismo en occidente, se pregunta Borges en su conferencia magistral y encuentra una respuesta de hombre de letras: “Una buena parte de la atracción que suscitó el budismo en occidente se debe a esa palabra tan hermosa, Nirvana. Es imposible que Nirvana no signifique algo precioso”. La primera vez que muchas personas escucharon esa palabra fue en 1991, cuando “Smells Like Teen Spirit” se convirtió en éxito internacional de ventas. Entonces se imprimió el nombre de la banda en la tapa de todas las revistas, los periódicos, las camisetas, posters, mochilas, brazos, piernas, pegatinas. La masificación de la música de Nirvana coincidió con la llegada de Internet. A diferencia de los tiempos de Shakyamuni, ya no necesitábamos repetir un texto de memoria para transmitir un mensaje, bastaba un término que pudiera introducirse en un buscador y… ¡zas!, la historia del budismo. <strong>El propio Buda dijo a sus discípulos que al propagar sus enseñanzas se acumulaban méritos cuantiosos</strong> (que significa algo así como ‘ganará puntos extras’) en el camino hacia la iluminación. ¿Será válido esto para Kurt y amigos?</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">«Una buena parte de la atracción que suscitó el budismo en occidente se debe a esa palabra tan hermosa, Nirvana. Es imposible que Nirvana no signifique algo precioso.» Borges.</p></blockquote>Los budistas, como los fans de Nirvana, creen que Nirvana ha existido, existe y existirá siempre. Los que disfrutamos su música sabemos que es un grupo que ha dejado canciones únicas. Los budistas también creen que Nirvana no ha existido nunca, ni existe, ni existirá (y aquí los fans, que se estaban convirtiendo al budismo, empiezan a insultarlo y regresan al nihilismo sangrante). Cobain quizás creyó que Nirvana era real, pero para él nunca hubo realidad más sólida que el dolor. En este sentido, Kurt percibió con su sensibilidad prodigiosa que la vida era esencialmente sufrimiento, igual que Siddharta, el buda histórico que decretó las cuatro nobles verdades:</p>
<ul>
<li>La existencia es sufrimiento</li>
<li>El sufrimiento tiene una causa (deseo)</li>
<li>Puede ser erradicado extinguiendo su causa</li>
<li>Existe un camino para ello (de ocho senderos o ‘nadar hacia la superficie’)</li>
</ul>
<p>Kurt se enfrentó al dolor en soledad, como la mayoría de nosotros. Cobain intuía que para salir del sufrimiento se necesitaba un camino, lo supo igual que el Buda, y su camino fue el arte. Y aquí el engaño: si se iba el dolor, ya no había arte, pero continuaría el sinsentido de la vida. Después, el poder arrollador de las confusiones: las drogas, la fama, la casa enrarecida, las ausencias. Pero había mucho más, porque antes de la creación existe el deseo de crear.</p>
<p><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Cobain intuía que para salir del sufrimiento se necesitaba un camino, lo supo igual que el Buda, y su camino fue el arte.</p></blockquote>Demoré casi un año en comprarme una caja de cereales. Tenía miedo. En las publicidades aparecen mujeres extasiadas, dan saltos y cantan porque cagan con más facilidad. Un día junté valor, compré los cereales y decidí combatir el estreñimiento con la esperanza de no volverme una risueña bailarina callejera. No pasó nada. El intestino jugaba a ser Dios, más allá de mi control. Comprendí la impotencia de Cobain cuando soñaba que le inyectaban veneno en el estómago y las tripas, que luego le explotaban. Se levantaba de la cama para desmayarse dos metros adelante sin ningún control. Los médicos nunca pudieron ayudarlo (ni siquiera el criminal matriculado que le metió el Ritalin a los siete años porque su madre estaba cansada de cuidarlo y prefería sedarlo). Su dolor de estómago era comparable al sufrimiento por el mundo cínico y hostil que lo torturó desde la niñez. Sólo el deseo por la creación podía salvar a Kurt de su infierno. Y, aquí, la otra paradoja. <strong>El deseo que salva es a la vez una condena. Borges lo llama “sed”. Mejor dicho, Buda lo llama así, pero Borges rescata ese término en su charla magistral</strong>. El Maestro dice que cuando a Buda le preguntaron por el origen del sufrimiento, el Iluminado respondió que era la sed que «buscamos apagar a través de realizaciones sensuales que nos conducen al dolor». Esa sed insaciable sólo se detiene frente a las puertas del Nirvana.</p>
<p>Cierro sin conclusión, pues la ilación de ideas y frases forzadamente conexas despertaron en mí sensaciones de amor, compasión, admiración intelectual y artística; pero no me ayudaron a comprender qué significa Nirvana. Tampoco entiendo la relación entre el muesli, ir de cuerpo y correr por una pradera mostrando las axilas. Hay misterios que no estamos capacitados para resolver.</p>
<p>Y lanzo un deseo, aunque lo pague con un poco de sufrimiento. Dijo Borges que el budismo era un camino de salvación. Dijo Buda que quien difunde su palabra se llena de bendiciones. Digo yo que la persona que hizo que el término primordial del budismo fuera más conocido que Coca Cola, bien podría ganarse puntos extras y avanzar más rápido en el camino hacia el Nirvana.</p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: del documental <a href="http://www.imdb.com/title/tt4229236/" target="_blank">«Cobain: Montage of Heck»</a></em></p>
<p style="text-align: center; font-size: 12px;"><strong>Conferencia original de Borges sobre el Budismo</strong></p>
<p><iframe id="audio_693096" style="border: 1px solid #EEE; box-sizing: border-box; width: 100%;" src="https://www.ivoox.com/player_ej_693096_4_1.html?c1=ff6600" width="300" height="200" frameborder="0" scrolling="no" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
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		<title>Caminar como Thoreau</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2015/09/17/caminar-como-thoreau/</link>
				<pubDate>Thu, 17 Sep 2015 20:52:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Las reflexiones de este pensador son como un tornado que se mete por la puerta de tu casa y sale por la ventana del fondo, vaciándola de todo el mobiliario, pero dejando la estructura intacta. “Ahí la tienes”, parece decirte Thoreau, “tu vida sin tocar, todo lo demás nunca ha sido importante, nunca te ha servido para nada. Empieza de nuevo”.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="http://eldesafilador.com/2015/09/17/caminar-como-thoreau/">Caminar como Thoreau</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="http://eldesafilador.com">El Desafilador</a>.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p>«Caminar» se llama la joya de bolsillo de Henry David Thoreau. Un librito para empezar a leer el sábado por la mañana y meditarlo por la noche. Mucho mejor si te lo llevas de compañero de acampada o a una excursión por la montaña.</p>
<p>Las reflexiones de este pensador son como un tornado que se mete por la puerta de tu casa y sale por la ventana del fondo, vaciándola de todo el mobiliario, pero dejando la estructura intacta. <b>“Ahí la tienes”, parece decirte Thoreau, “tu vida sin tocar, todo lo demás nunca ha sido importante, nunca te ha servido para nada. Empieza de nuevo”</b>.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">No voy a hablar mucho sobre el autor, porque basta con buscar la info en Google. Sólo por contextualizar, diré que es muy conocido su retiro al bosque para alcanzar niveles más profundos de reflexión, como un asceta sin más credo que la naturaleza y su propia lucidez. Por eso la lectura de sus libros nos inquieta sin remedio, porque el que nos habla es un escritor de vida, no de historias. </span><b>Thoreau no te dice que te patea, Thoreau te patea</b><span style="font-weight: 400;">. </span></p>
<p><i>Caminar</i> refiere a la actividad física de andar que practicaba Thoreau. El sabio itinerante atravesaba los bosques durante horas, días, sin un destino predeterminado, persiguiendo una fusión auténtica de su ser con la Naturaleza. </p>
<p><span style="font-weight: 400;"><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Los artesanos y comerciantes pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.</p></blockquote>El término que gusta pronunciar Thoreau para referir a </span><i><span style="font-weight: 400;">caminar </span></i><span style="font-weight: 400;">es </span><i><span style="font-weight: 400;">sauntering</span></i><span style="font-weight: 400;"> (traducido como deambular, que me resulta todavía más atractivo que caminar), cuya etimología refiere a la persona ociosa que “vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse a la Tierra Santa. Quienes en su caminar no se dirijan a Tierra Santa, serán simples holgazanes”, por eso “cada caminata es una especie de cruzada para reconquistar esta Tierra Santa”. En su propia definición Thoreau deja en claro que no cualquier caminar corresponde con su práctica. Su objetivo tiene que ser siempre esa Tierra Santa que el autor entiende en la unión entre el hombre y la naturaleza. Para Thoreau el Caminante es un cuarto estado, independiente de la Iglesia, la Nobleza y el Pueblo. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Voy a hacer ahora como esas páginas de internet que citan ejemplos y clasifican por tema, para que la gente pueda presumir de haber leído al autor y pegue las </span><i><span style="font-weight: 400;">quotes</span></i><span style="font-weight: 400;"> en sus muros del feisbuc. </span></p>
<p><b>Riqueza y pertenencia: </b><span style="font-weight: 400;">“Ninguna riqueza es capaz de comprar el necesario tiempo libre, la libertad y la independencia que constituyen el capital en esta profesión. Llegar a ser caminante requiere un designio directo del Cielo”. Pensaba en esta reflexión mientras leía unas anotaciones del diario de Kafka, en las que se lamentaba profundamente de lo que entendía por mala capacidad artística y pobre voluntad para escribir, debido al cansancio que le provocaba su jornada de trabajo, el insomnio por haber intentado escribir la noche anterior, y los dolores de cabeza consecuencia de tal insomnio. A la libertad de esas ataduras se refiere Thoreau. Y, para aclararlo, el párrafo siguiente.</span></p>
<p><b>Trabajo (dignidad de no matarse)</b><span style="font-weight: 400;">: “Cuando recuerdo que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos (el día entero), sin moverse, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, </span><b>pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo</b><span style="font-weight: 400;">”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Les decimos a los chicos que se adapten, que lo mejor es meterse a funcionarios; estudiar y postular para gerente de banco; ser doctores. Cuando los chicos protesten, recordemos que ellos están más cerca del genio de Thoreau que nosotros, que elegimos ser timoratos, vendesueños, que elegimos sentarnos.</span></p>
<p><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Bendito entre todos los mortales quien no pierda un instante de su fugaz vida en recordar el pasado.</p></blockquote><b>Conciencia (religión verdadera, espiritualidad, zen)</b><span style="font-weight: 400;">: “Me alarmo cuando ocurre que he caminado una milla hacia los bosques sin estar yendo hacia ellos en espíritu. Pero a veces no puedo sacudirme fácilmente el pueblo. Me viene a la cabeza el recuerdo de alguna ocupación y ya no estoy donde mi cuerpo, sino fuera de mí. ¿Qué pinto en los bosques si estoy pensando en otras cosas?”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es notable cómo a pesar de haber hecho el esfuerzo de irse a vivir fuera del pueblo, Thoreau confiesa la intrusión de esos pensamientos y su lucha contra ellos. </span><b>Deberíamos comprender de una vez al terrible demonio que nos estamos enfrentando en nuestro combate contra las preocupaciones</b><span style="font-weight: 400;">, sobre todo los que nos sumergimos a diario en tareas interminables. Ya advertía Séneca que si vas a elegir un trabajo, que sea uno que termine con el final de tu día y no aquél que se mantendrá repicando en tu cabeza durante la noche. </span></p>
<p><b>El diablo y el agrimensor</b><span style="font-weight: 400;">: Con una visión muy parecida al Martín Fierro, la Biblia argentina que narra la vida de un gaucho durante el comienzo de la </span><i><span style="font-weight: 400;">civilización</span></i><span style="font-weight: 400;"> simbolizada por la división de parcelas de la llanura pampeana, Thoreau cuenta que en uno de sus paseos vio a un “miserable profano” ocupándose de sus lindes junto a un agrimensor, mientras “la gloria se manifestaba en su derredor y él no veía los ángeles yendo y viniendo sino que se dedicaba a buscar el viejo hoyo de un poste en medio del paraíso”. Su descripción final es fabulosa: “</span><b>Lo vi de pie en medio de un tenebroso pantano, rodeado de diablos y mirando más de cerca vi que el Príncipe de las Tinieblas era el agrimensor</b><span style="font-weight: 400;">”.</span></p>
<p><b>Intuición (magnetismo de la naturaleza)</b><span style="font-weight: 400;">: “Existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y, si cedemos a él, nos dirigirá correctamente”. Una sentencia contra el racionalismo. Mejor, una oda a la intuición que está en íntima conexión con la Naturaleza, no como un objeto extraño, sino como esencia misma del hombre. En definitiva, caminar es el proceso por el cuál volvemos a reconocer que la división entre el ser y la Naturaleza es ficticia. </span></p>
<p><b>Vida salvaje o domesticada</b><span style="font-weight: 400;">: “La vida está en armonía con lo salvaje. Lo más vivo es lo más salvaje. En literatura, sólo lo salvaje nos atrae. </span><b>El aburrimiento no es sino otro nombre de la domesticación. La perdiz adora los guisantes, pero no los que la acompañan en la cazuela.</b><span style="font-weight: 400;"> En fin, que todas las cosas buenas son salvajes y libres”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La aventura salvaje por sobre la ambición intelectual: “Mi deseo de conocimiento es intermitente; pero el de bañar mi mente en atmósferas ignoradas por mis pies es perenne y constante”. </span></p>
<p><b>Sabiduría y libertad</b><span style="font-weight: 400;">: “¡Vive libre, hijo de la niebla! El hombre que se permite la libertad de vivir es superior a todas las leyes, en virtud a su relación con el legislador.” Y citando el Vishnu Purana, dice: “</span><b>Es sabiduría la que sirve a nuestra liberación: todos los demás servicios sólo valen para agotarnos, todas las demás sabidurías sólo son habilidades de artista</b><span style="font-weight: 400;">”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text"> La perdiz adora los guisantes, pero no los que la acompañan en la cazuela. </p></blockquote>Ya vemos que el ser escritor es apenas un medio para su propia realización. Thoreau fue un explorador de su alma insondable. En este párrafo, que corona una reflexión más extensa sobre la relación del hombre con las leyes, queda en evidencia que los saberes, cualesquiera sea su condición, están sometidos siempre al del conocimiento de sí mismo, como estandarte más valioso. Además, ese saber sobre sí mismo sólo puede realizarse a través de la libertad y, para ello, tenemos que aprender a confiar en la niebla, <strong>esa niebla que representa la falta de seguridad o de sustento de cualquier conocimiento que no sea un saber esencial</strong>. Como en todos los libros de Thoreau, queda expuesta su crítica o cuestionamiento a las formas sociales establecidas, no para destruirlas, sino para liberar al hombre de sus cadenas que le impiden una realización más profunda.</span></p>
<p><b>Conciencia (en el sentido más oriental)</b><span style="font-weight: 400;">: “Sobre todo, no podemos permitirnos el lujo de no vivir en el presente. Bendito entre todos los mortales quien no pierda un instante de su fugaz vida en recordar el pasado. </span><b>Nuestra filosofía envejecerá a menos que escuche el canto del gallo de cada corral que haya en nuestro horizonte</b><span style="font-weight: 400;">.” Todo lo que se detiene, envejece y muere. En este maravilloso párrafo el caminar cobra su doble sentido en plenitud, el literal y el metafórico, como comparación de la evolución intelectual y espiritual del ser humano. </span><br />
<span style="font-weight: 400;">Las descripciones sobre la naturaleza que contiene este librito son liberadoras. Thoreau nos enseña constantemente escenarios boscosos, verdes, de agua fluida y pájaros cantando, parajes dentro de los cuáles <strong>construye un saber que deberíamos aplicar ahora mismo, en nuestra vida ajetreada y desilusionante, para intentar convertirla en algo un poco más parecido a lo que alguna vez soñamos</strong>.</span></p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto: La tumba de Henry D. Thoreau por <a href="https://www.flickr.com/photos/calliope/229084533/" target="_blank">Lil West</a></em></p>
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		<title>La educación del oso</title>
		<link>http://eldesafilador.com/2015/08/26/la-educacion-del-oso/</link>
				<pubDate>Wed, 26 Aug 2015 22:38:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Oscar M. Bianchi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Social]]></category>

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				<description><![CDATA[<p>Tengo un problema con la educación (y con los grupos de reencuentro de ex compañeros en Facebook). Siempre odié el colegio, con todo mi ser. En el secundario aprovechaba las veinticinco faltas permitidas, estiraba escandalosamente los recreos y participaba del Centro de Estudiantes para no quedarme dentro del aula. Era enfermante transitar ese tedio asfixiante al que llamaban ‘clases’.</p>
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								<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Tengo un problema con la educación (y con los grupos de reencuentro de ex compañeros de Facebook). Siempre odié el colegio, con todo mi ser. En el secundario aprovechaba las veinticinco faltas permitidas, estiraba escandalosamente los recreos y participaba del Centro de Estudiantes para no quedarme dentro del aula. Era enfermante transitar ese tedio asfixiante al que llamaban ‘clases’. </span><b>Yo no era era un alumno brillante</b><span style="font-weight: 400;">, de estos que se aburren porque ya lo saben todo. Entendía lo que entiende cualquiera. <strong>No tuve </strong></span><b>un trastorno de déficit de atención e hiperactividad</b><span style="font-weight: 400;">, invento contemporáneo de la industria farmacéutica para ampliar su mercado y vender medicación a los niños (lo llaman TDAH, porque las siglas dan a la supuesta patología el carácter serio de una enfermedad y evita a los padres sentir culpa por drogar a sus hijos). No sacaba notas sobresalientes, pero </span><b>tampoco reprobaba materias</b><span style="font-weight: 400;">. Muy a duras penas, luché para acomodarme dentro de esa media y utilicé sin culpa diferentes estrategias: estudié, copié y adulé falsamente a profesores influenciables. Y tuve éxito. Sin embargo, odiaba la escuela. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Debería escribir todo un libro sobre esto, no un post. </span><b style="line-height: 1.5;">Advierto</b><span style="font-weight: 400;">: lo que sigue será un apunte de ideas, algo extenso y que no te aportará mucho.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Me había vuelto muy reflexivo, sí. Y contaba con herramientas para enfrentar el dolor y la desesperanza; pero una inviolable puerta de hierro me separaba del patio de atrás de mi propia casa, dónde quedaron para siempre los soldaditos y los legos.</p></blockquote>Es domingo, son las siete de la tarde. Invierno. Rosario se desgasta en paredes blancas y musgo. En casa, mamá plancha los guardapolvos de tres hijos. Huele a tela caliente y jabón de lavado (aún hoy me da nervios pasar por la puerta de una tintorería. El reflejo condicionado funciona). El canal local repasa los resultados de los partidos de fútbol. Mi panza duele. Se estruje. Tengo nueve años y voy a cuarto grado. Mañana será un día normal, pero </span><b>no logro encajar la idea de que estaré sentado en una silla durante siete horas y sólo dispondré de cuarenta minutos libres distribuidos en tres escuálidos recreos</b><span style="font-weight: 400;">. Nervios y hastío. Ahora son las siete de la mañana de un lunes de 1990. He  cumplido quince años. Prometí que llegaría al examen habiendo estudiado al menos una semana, pero recién reuní coraje el sábado por la tarde. Me fallan las piernas al caminar. La profesora, harpía, sádica, irrespetuosa, nos ordenó conocer el proceso completo de la comida desde que la tragamos hasta que la expulsamos por el culo y, como no hago más que cagar desde el domingo al mediodía, creo que podría llenarle su escritorio del producto más auténtico que su capacidad docente puede extraer de sus pupilos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Anthony De Mello fue un cura jesuita ligado al hinduísmo. En uno de sus libros cuenta la historia de un hombre al que convierten en reloj. El pobre se volvía loco por la perspectiva de una eternidad moviéndose únicamente entre un tic y un tac. En medio de su insonoro llanto, se le apareció Dios o algún santo y le indicó: “Concéntrate en cada tic y en cada tac, no pienses más allá. Un tic, un tac. Siempre en presente”. Una madrugada, en plena borrachera, hablaba de esta historia con un amigo, también ebrio. Vinculándola al colegio y, luego, a nuestros trabajos, la encontramos iluminadora y practicable. Nos llenó de esperanza. El lunes al despertar me acordé de los muertos de todos los relojes de pared, de los curas jesuitas y de la sabiduría oriental. A lo que voy: si la escuela fuera un centro para la iluminación con influencias hinduistas, entonces su método podría ser apropiado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¡La universidad fue tan diferente! Me reconocí, recién allí, un entusiasta de los libros y las lecturas intrincadas. Al final me simpatizaban las discusiones que habían ocurrido trescientos años atrás. Incluso pensé que podría vivir mi entera vida rodeado únicamente de testimonios impresos desde cráneos que ya son polvo y gusanos. Sin embargo, como la víctima de una ablación, me daba cuenta de que habían cercenado en mí un atributo ligado íntimamente a mi felicidad y mi realización personal. Me había vuelto muy reflexivo, sí. Y contaba con herramientas para enfrentar el dolor y la desesperanza; pero </span><b>una inviolable puerta de hierro me separaba del patio de atrás de mi propia casa, dónde quedaron para siempre los soldaditos y los legos</b><span style="font-weight: 400;">. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Escucho decir muchas veces que la educación, aunque esté mal planteada y no sea la más adecuada, es necesaria. Es esa educación la que nos permite conocer los códigos sociales básicos, dominar nuestros impulsos más bestiales y relacionarnos en forma racional (o al menos no matarnos entre todos). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><blockquote class="pullquote pull-left" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">La solución para mis dolores de panza de hoy lunes, que tengo nueve años, es la medicación que produce la farmacéutica que dopa a los chicos hiperactivos y que me inyectará su versión más potente cuando tenga quince y me cague encima antes de un examen</p></blockquote>Esa premisa que las instituciones oficiales argumentan cada vez que se plantea que los colegios sólo sirven para martirizar y someter la voluntad y la creatividad de los niños, parte de la creencia en un ser humano esencialmente malo que debe ser domeñado. </span><b>También creen esto los domadores de osos</b><span style="font-weight: 400;">, que se meten a una jaula con ese bellísimo animal y le mandan a ejecutar payasadas que diviertan a un atajo de asnos. Para conseguirlo deben capturarlos de pequeños, pues un oso adulto es difícil de quebrar, arrancarles las uñas, quemarles el cuerpo, molerlos a palos, extraerles líquidos, rasgarlos a latigazos, desnutrirlos, cortarles la piel. Así el oso aprende y, sometido, baila sobre una pelota y saluda con su pata muñón a la turba enferma. Un domador exitoso es, en definitiva, un desalmado y perfecto torturador. Subyugar al oso hasta ese extremo es necesario primero y principal, porque es lo que el dueño del circo necesita para obtener rédito. Segundo, porque si su espíritu no ha sido completamente aplastado, ese oso no llevará bien el hecho de meterse en un vagón oscuro, desterrado y sucio, para viajar por el cemento del mundo, cuando bien sabe que él es el rey del bosque, el que se come la miel y los conejos de un zarpazo. <strong>La conciencia de su poder puede volverlo libre. </strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Caigo por este razonamiento en el cuento repetido de que la escuela no es un sistema de formación de ciudadanos libres que concurrirán hacia una vida tranquila y racional en su entorno social, sino un servicio de domesticación de futuros trabajadores que deben aprender a encerrarse sin chistar en una caja fuerte durante todo el día, </span><b>en lugar de vivenciar sus capacidades creativas</b><span style="font-weight: 400;">, reservadas a los hijos menores de los dueños de las corporaciones. Considero que ésta es una realidad tan real como que siempre te toca en el súper el carrito de las ruedas rotas y el guante de plástico dentro.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero discurría yo por otra línea argumental que considero importante: </span><b>la necesidad de una escuela primaria y una secundaria como la sufrimos y conocemos, es consecuencia de pensar que el ser humano es un salvaje malo que debe volverse bonachón</b><span style="font-weight: 400;">. Los sistemas educativos alternativos a la dictadura que pregonan los Estados y las Iglesias, saben que esa es una vulgar y vil mentira. Pero, incluso en el caso de que fuéramos esas bestias, bastaría con impedir el incesto y el asesinato (el canibalismo) para empezar a construir una sociedad menos violenta. Es ahí dónde Freud, por ejemplo, ubica el nacimiento de la cultura. Eso han hecho la mayoría de las sociedades que habitaron la Tierra. Sin embargo, la nuestra, la racional, la del contrato social, ha adoptado un sistema escolar hostil a la realización personal del ser humano. ¿Por qué? </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><blockquote class="pullquote pull-right" style="background-color: transparent; border: none;"><p class="pullquote-text">Igualmente, el problema soy yo, el problema es que no me conmueven las reuniones de Facebook por los veinte años de colegio.</p></blockquote>La escuela responde una necesidad de producción y, como tal, es una herramienta para el mantenimiento de un sistema de poder y dominación. Un brillante estudiante de clase media termina su segundo doctorado, el de economía, y ocupa la vicepresidencia de una empresa cotizada en bolsa. Un día el Viagra se ensaña con el corazón del dueño de la empresa y lo mata de un paro. Lo reemplaza su hijo (y no el doctor brillante), que ha hecho una maestría a distancia y se ha recuperado de la adicción a la heroína metiéndose un poco de coca cada jueves y festivos. Tres mil quinientos empleados resisten dentro de la misma empresa, gastando once horas al día fuera de casa, a cambio de un salario con el que pagan un alquiler en los suburbios y la comida del mes, gracias a que han sido domesticados en una escuela oficial, recibiendo clases del mismo maestro que le partió la columna al oso. Ellos tampoco pudieron zampárselo de un bocado, porque les habían limado los dientes hasta las encías, </span><b>porque el domador se les metió en las tripas y desde allí los sigue pinchando cuando no se saben la lección, sacándoles por el ombligo un chorrito de líquido tan amargo y espeso como la desangelada espuma de la boca del oso</b><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El millonario muerto, padre del yonqui y dueño de la megaempresa también es propietario de las escuelas y paga al domador, a la harpía sádica de mi profesora y al representante del estado que evalúa a los colegios según criterios internacionales de calidad. La solución para mis dolores de panza de hoy lunes, que tengo nueve años, es la medicación que produce la farmacéutica que dopa a los chicos hiperactivos y que me inyectará su versión más potente cuando tenga quince y me cague encima antes de un examen. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Igualmente, el problema soy yo, el problema es que no me conmueven las reuniones de Facebook por los veinte años de colegio. Me he vuelto un asqueroso insensible. Tampoco es tan grave, peores son los terremotos, los caramelos de anís y la inminente guerra entre las dos Coreas. A propósito, qué ganas de apretarle los cachetes a Kim Jong-un (ese gordito vestido de militar por el que lloran las coreanas adolescentes vestidas de militar). Gordito bonito, pelotita hot, mi osito mimosito.</span></p>
<p style="text-align: right; font-size: 12px;"><em>Foto por: <a href="https://www.flickr.com/photos/21561428@N03/" target="_blank">Lori Semprevio</a></em></p>
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