<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138</atom:id><lastBuildDate>Sat, 04 Apr 2026 21:36:14 +0000</lastBuildDate><title>Pedazos de uno mismo</title><description>Para completar un puzzle hay que tener todas las piezas</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Carlos M.)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>48</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1088806189746081898</guid><pubDate>Tue, 25 Aug 2020 18:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2020-08-25T20:26:18.116+02:00</atom:updated><title>Montaña rusa emocional</title><description>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrrNWZ_l_JtX2aVzd1x9MF2h0UmXXH4dX97boPDADvqYJ2aJlOJ_iS4f7s0M45IwJfwWi25xJMcD0mN3Yt9JcWl4jbrJQz-LLSRD_3S0nlxKi4UFLhoC-eleL1fdfNCGb_WbdC2r6WNi0/s274/montan%25CC%2583a-rusa.jpg&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;184&quot; data-original-width=&quot;274&quot; height=&quot;230&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrrNWZ_l_JtX2aVzd1x9MF2h0UmXXH4dX97boPDADvqYJ2aJlOJ_iS4f7s0M45IwJfwWi25xJMcD0mN3Yt9JcWl4jbrJQz-LLSRD_3S0nlxKi4UFLhoC-eleL1fdfNCGb_WbdC2r6WNi0/w343-h230/montan%25CC%2583a-rusa.jpg&quot; width=&quot;343&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;-&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;T&lt;/span&gt;ú eres una persona muy sensible&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;Un amigo que me conoce muy a fondo me dijo esta frase por primera vez hace ya más de 15 años. Yo nunca la tomé muy serio pues en esa época me encontraba saliendo de una crisis personal que me tenía inmerso en una montaña rusa emocional. En ese momento, esa sensibilidad que mi amigo apreció en mí, yo la achacaba al movimiento lineal, centrífugo y uniformemente acelerado de la atracción de feria en la que se había convertido mi vida. Lo que yo no podía imaginar era que esa crisis, originada un par de años atrás, iba a encender en mí un interruptor que me llevaría a subir, bajar, dar giros y vueltas como una cosa tonta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;Para el que no haya experimentado nunca la sensación, es como una comedia dramática (que ya es per se casi un oxímoron) pero a lo bestia. Es decir, que en una escena estás descojonándote a lágrima viva y en la siguiente reutilizas la lágrima para llorar desconsoladamente. Casi el mismo efecto que al montarte en la vagoneta y darte cuenta, al arrancar, de que todo lo que sube… baja.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;En estos 17 años de feria, he dado muchas vueltas o loops y he subido y bajado muchas cuestas. Me gustaría decir que he sido capaz de poner un volante a la vagoneta y unos pedales de acelerador y freno (el embrague es prescindible en una atracción automática), pero aunque a veces he sacado los pies por debajo, como Pedro Picapiedra con su troncomóvil, nunca he sido capaz de ajustar la velocidad ni la dirección de las emociones que he vivido. Hablo de la intensidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;A principios de este año, me encontré de nuevo en una de esas situaciones en las que volví a vivir el traqueteo, giro y sube-y-baja de emociones. Hacía un tiempo que no había dado una vuelta, pero se ve que estuve comprando boletos durante unos cuantos meses. El caso es que, en un momento de bajada, con la boca abierta y comiéndome los mosquitos y otros insectos voladores que encontraba a mi paso, me dió por pensar que tal vez esto que me había estado pasando durante todos estos años y que, de nuevo, estaba experimentando con fuerza, se podía deber a una desincronización, un desarreglo o, porqué no decirlo, un mal funcionamiento de alguna parte de mi cerebro. El caso es que me puse a buscar referencias que me ayudaran a entender si “lo mío” tenía explicación. No voy a comentar aquí los términos que usé en mi búsqueda, por no asustar y, menos aún, dar pena a nadie, pero baste decir que, al final, creí dar con la respuesta. Resulta que soy lo que se conoce como &lt;b&gt;Persona Altamente Sensible&lt;/b&gt; (&lt;b&gt;PAS&lt;/b&gt;).&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;Esto que a algunos les puede parecer una estupidez, no lo parece tanto cuando uno comienza a leer e informarse sobre las características que generalmente describen a una persona altamente sensible. Fundamentalmente, esas características se resumen en cuatro. La primera es una percepción sensorial intensa acompañada de una capacidad para captar gran cantidad de matices y detalles del entorno. La segunda, un exceso de información sensorial que puede producir una saturación física o emocional. La tercera, un procesamiento y pensamiento profundo con tendencia a la reflexión. Y la última sería una presencia destacada de emocionalidad y empatía. Estas características, que a primera vista podrían sugerir que estamos ante una persona de puta madre que no tiene de qué coño quejarse, se pueden convertir en un suplicio cuando las trasladamos a la vida profesional, personal y amorosa del sujeto. ¿Por qué suplicio? Porque no todas las emociones que vivimos son buenas y que te den un chute de alegría mola pero uno de pena… duele mucho.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;Como resultado de la búsqueda, encontré una asociación en España que propone un test para saber qué grado de alta sensibilidad tienes. Con mi 82% me decidí a comprar un libro de la persona que acuñó el término (&lt;b&gt;The Highly Sensitive Person, Elaine N. Aron&lt;/b&gt;) y ver qué más podía aprender de lo que me había estado pasando durante todos estos años y, en definitiva, de mí mismo. No diré que me he sentido 100% identificado con lo descrito en él (recordad que soy solo un 82%….) pero sí que me ha ayudado a ver que hay comportamientos, reacciones y formas de ser compatibles con lo que yo mismo pensaba que no era algo “normal”.&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;Este verano he hablado con mis amigos de esto, por primera vez. La verdad es que esta ha sido siempre la mejor terapia, pero en esta ocasión, antes de empezar a hablar de mis montañas rusas, tenía que encontrar un nombre a lo que me sucedía. Ahora que ya lo tengo, solo espero que cuando nos veamos la próxima vez no me hagan la coña de decirme eso de…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 12px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;font-stretch: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; line-height: normal; margin: 0px;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: verdana;&quot;&gt;- “¡Qué PAS…a, Moyita!”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2020/08/montana-rusa-emocional.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrrNWZ_l_JtX2aVzd1x9MF2h0UmXXH4dX97boPDADvqYJ2aJlOJ_iS4f7s0M45IwJfwWi25xJMcD0mN3Yt9JcWl4jbrJQz-LLSRD_3S0nlxKi4UFLhoC-eleL1fdfNCGb_WbdC2r6WNi0/s72-w343-h230-c/montan%25CC%2583a-rusa.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-2610009365193865376</guid><pubDate>Sat, 13 Oct 2018 18:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2018-10-15T23:25:36.242+02:00</atom:updated><title>Influencers</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiFvww07Z0xysJVlyqMkBEHkxkgxZf63JqAGRz9mVSkM52AoxQHtfxisV-hFh4wIpRXgDcNhwtxCjVYtuLxK7MHowMyT8pveSycrJQPaC2Szy8GbxFbpYYZsPLhCzZjrowWAro037cnR4E/s1600/influencer.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;155&quot; data-original-width=&quot;324&quot; height=&quot;152&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiFvww07Z0xysJVlyqMkBEHkxkgxZf63JqAGRz9mVSkM52AoxQHtfxisV-hFh4wIpRXgDcNhwtxCjVYtuLxK7MHowMyT8pveSycrJQPaC2Szy8GbxFbpYYZsPLhCzZjrowWAro037cnR4E/s320/influencer.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif; font-size: x-large;&quot;&gt;H&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;ace unos meses recibí
un mensaje de una de mis primas, Gloria. Más que prima es casi una sobrina
porque, de hecho, yo considero a su padre, mi tío, casi un hermano. Ambos, mi
prima y yo, compartimos por tanto la misma abuela. Bueno, debería decir compartíamos
porque nuestra abuela, Rosario, murió a principios de este año. Tenía noventa y
dos años. Si hubiera vivido hasta el veinte de febrero habría cumplido noventa
y tres, y los podría haber celebrado con su hija, mi madre, ya que cumplían
años el mismo día. Siempre me ha parecido una bonita coincidencia, madre e hija
compartiendo aniversario. La verdad es que compartían muchas otras cosas, pero
una cuestión de fechas es sujeto más del azar que de la genética, y es por eso
por lo que me agradaba particularmente que mi madre y mi abuela hubieran nacido
el mismo día con 22 años de diferencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;verdana&amp;quot; , sans-serif; font-size: xx-small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;


&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;Mi prima me
escribía para darme la noticia de que a finales de agosto tenía pensado hacer
un viaje por Francia y, como una de las etapas de ese viaje, había elegido
pasar por Lyon. Yo vivo en esta ciudad a la ribera del Ródano desde hace casi
un año y, con independencia de que habite yo en ella, diré que es una ciudad
que bien merecía la visita que mi prima y su amiga tenían planeada. En los
mensajes que nos cruzamos previos a su llegada, ni uno ni el otro cuestionamos
lo evidente: mi casa sería su alojamiento durante los dos días que iban a pasar
en la ciudad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;Poco después de
aquello, crucé unos mensajes con mi madre. Estaba en Valseco, su pueblo. Este
año era la primera vez que iba a pasar unos días sin estar mi abuela. Y eso es
algo que a todos en la familia nos cuesta digerir. Mi abuela siempre ha estado presente
y el hecho de pasar unos días en su casa sin escuchar la música de su radiocasete,
aunque fuese su querido Cecilio o la Pastorina, es algo que a todos nos costará
un tiempo asumir. Es ley de vida, dicen. Una mierda, digo yo. Yo hubiera
querido que mi abuela viviera eternamente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;Esa casa,
levantada de piedra y con tejado de pizarra negra, es hoy, gracias a la
generosidad del padre de mi prima Gloria, la casa de mi madre. Al menos lo es
oficialmente porque, en el fondo, esa casa nunca ha sido realmente de exclusivo
disfrute de una sola persona o familia. Ha sido la morada de la que han entrado
y salido multitud de almas, con o sin lazos familiares, amigos, amigos de
amigos, conocidos y desconocidos. Porque mi abuela, entre otras muchas cosas,
era una persona hospitalaria. Siempre la vi acoger con una sonrisa y con el
deseo de hacer lo más agradable posible su estancia, dentro de las limitaciones
que tuvo, a todos los que la visitaban o aquellos que visitaban a sus hijos o
nietos. Mi abuela no era rica ni mucho menos, si entendemos la riqueza como la
posesión de dinero y patrimonio. Mi abuela era pobre en posesiones o bienes
mundanos, pero eso nunca supuso un problema para ella, al menos nunca nos
transmitió un desconsuelo, pese a las penurias que tuvo que pasar. Mi abuela
era dichosa en afecto y cariño por parte de sus allegados y eso parecía bastarle.
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;Yo nunca he sido
una persona seguidora de ídolos, iconos o mitos. Tampoco de tendencias ni de &lt;i&gt;influencers&lt;/i&gt;,
ahora que está tan de moda el término. Pero, si alguna vez me preguntasen sobre las personas que más influencia han tenido en mi personalidad actual y que pudieran representar un modelo al que me gustaría parecerme, creo que no tendría muchas dudas en responder:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;-A mi abuela –
diría &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span lang=&quot;ES&quot; style=&quot;mso-ansi-language: ES;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: inherit; font-size: medium;&quot;&gt;Bueno, a ella y
también a mi madre, a la que ya sigo en Facebook. Es más moderna.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2018/10/influencers.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiFvww07Z0xysJVlyqMkBEHkxkgxZf63JqAGRz9mVSkM52AoxQHtfxisV-hFh4wIpRXgDcNhwtxCjVYtuLxK7MHowMyT8pveSycrJQPaC2Szy8GbxFbpYYZsPLhCzZjrowWAro037cnR4E/s72-c/influencer.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1248258446132239587</guid><pubDate>Sun, 17 Apr 2016 17:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-04-17T19:55:36.648+02:00</atom:updated><title>Sin y con</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin: 0cm 0cm 10pt;&quot;&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhCNcPiqxjyUKm41rCqugRKFfHoqy4UsF3W1g4vZ18s0WwPgvuRlK56kfONrjRnK0lBDwPCWzZunJrm8IuVEgADfgZVTsEFfb3K3Uau7E8l2UGC6XfZNXFu2eRMFmqytB-Dr62J84435t4/s1600/Cerveza-del-amor-I-Beer-vintage-coche-matr%25C3%25ADcula-decoraci%25C3%25B3n.jpg_640x640.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;200&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhCNcPiqxjyUKm41rCqugRKFfHoqy4UsF3W1g4vZ18s0WwPgvuRlK56kfONrjRnK0lBDwPCWzZunJrm8IuVEgADfgZVTsEFfb3K3Uau7E8l2UGC6XfZNXFu2eRMFmqytB-Dr62J84435t4/s200/Cerveza-del-amor-I-Beer-vintage-coche-matr%25C3%25ADcula-decoraci%25C3%25B3n.jpg_640x640.jpg&quot; width=&quot;200&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;Decía Benedetti que sin ella su cuerpo de ningún modo era la
otra copa del brindis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot; style=&quot;margin: 0cm 0cm 10pt;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;Y es que es cierto que en su ausencia el cristal que antes brillaba
se convierte en la oscura maleza de don Mario. Sin ella, es seguro que los
brazos se vacían y que los ojos no tienen qué mirar. Sin ella, no hay caricias
y el silencio inunda el lugar. Sin ella, uno se siente como pobre colina y no
como acantilado desafiando al mar. Sin ella, uno está más jodido y menos
radiante, sin viceversa. Sin ella, uno quisiera sucumbir ante la tentación del
precipicio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;Pero, ¡ay!, con ella. Con ella, todo eso desaparece y más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;calibri&amp;quot;;&quot;&gt;Qué duros han sido estos cuatro días sin tí,...cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2016/04/sin-y-con.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhCNcPiqxjyUKm41rCqugRKFfHoqy4UsF3W1g4vZ18s0WwPgvuRlK56kfONrjRnK0lBDwPCWzZunJrm8IuVEgADfgZVTsEFfb3K3Uau7E8l2UGC6XfZNXFu2eRMFmqytB-Dr62J84435t4/s72-c/Cerveza-del-amor-I-Beer-vintage-coche-matr%25C3%25ADcula-decoraci%25C3%25B3n.jpg_640x640.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-3730526584173643805</guid><pubDate>Mon, 25 Aug 2014 22:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-08-26T00:01:33.559+02:00</atom:updated><title>Así es la vida</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhGtdUy6Xypd61krtbkyz-rKYOI37s1DQfoBKESK8TcAKgb3MnTiiSwyt2YB8K7XyvV__035og1kGFN3vLpiUlOt6ce8xp2Fv7QMsvpZKD_NMuD5YHWNPVrJRHQoBrj95oWBPuEAhraW6s/s1600/cestlavie.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhGtdUy6Xypd61krtbkyz-rKYOI37s1DQfoBKESK8TcAKgb3MnTiiSwyt2YB8K7XyvV__035og1kGFN3vLpiUlOt6ce8xp2Fv7QMsvpZKD_NMuD5YHWNPVrJRHQoBrj95oWBPuEAhraW6s/s1600/cestlavie.jpg&quot; height=&quot;320&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;A&lt;/span&gt;sí es la vida&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Hay frases que uno escucha siempre en momentos o por
circunstancias que no le son propicias sino más bien azarosas, aciagas y, en
ocasiones, hasta funestas. Esas frases, sin embargo, lejos de representar
explícitamente la desgracia, uno diría al verlas (o mejor dicho, al
escucharlas) que, si no fuera porque la lección la tenemos aprendida desde
pequeños, &amp;nbsp;por sí solas no parecen
contener ninguna maldad, ni ser portadoras de desventura ni de infortunio. No
obstante, esos enunciados han ido adquiriendo con el paso del tiempo una
connotación negativa, un significado que suele estar asociado generalmente con
algo situado en las antípodas de lo bienaventurado o afortunado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;La expresión que lleva unos días rondándome por la cabeza bien
puede servir de ejemplo, incluso me atrevería a asegurar que si esas sentencias
formasen equipo, ésta especialmente ostentaría el cargo de capitán (perdón,
capitana), representando al conjunto allá donde se jugase el torneo de la desdicha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Así es la vida&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;¿Qué fue lo que llevó a los primeros parlantes a utilizar
esas cuatro palabras como sinónimo de resignación ante una fatalidad o infelicidad?
¿Por qué no se empleó nunca como alabanza a un momento feliz o &amp;nbsp;a una circunstancia placentera y alegre? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Es cierto que puede alegarse que es una frase con mayor
grado de recurrencia en los estratos sociales más, digamos, modestos. Y, por
tanto, es la realidad de esos colectivos la que ha terminado haciendo que la
expresión acuñe esa connotación resignada. Pero siempre nos quedará la duda de
si fue primero el huevo o por el contrario, la gallina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Como no podía ser de otra forma, de mi boca también salen sentencias
pertenecientes a ese género. Yo he sido aleccionado en la misma dirección que
cualquier otro hijo de vecino (vecino pobre, se entiende). No obstante, creo
que voy a empezar a cambiar la tendencia. Voy a plantearme el firme propósito
de invertir el significado desgraciado que han adquirido por uno más venturoso.
Por eso, a partir de ahora, cuando diga:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Qué se le va a hacer&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Lejos de significar que no hay nada que se pueda hacer más
allá de aceptar la realidad, lo que verdaderamente querré transmitir es:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Hagamos lo que quieras y las veces que quieras&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Cuando utilice la frase:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Esto es lo que hay&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;En lugar de expresar que lo que hay son lentejas, lo que
estaré diciendo es:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Tienes esto y si no es suficiente, hay más&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Y en el caso en el que al final se me escape un:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–Así es la vida&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;En vez de estar poniendo de manifiesto lo jodido que me
siento por una situación desfavorable y que se escapa de mi control, lo que en
el fondo estaré queriendo decir es:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;–De puta madre, no te
preocupes, está todo controlado&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Ahora ya solo me falta ponerlo en práctica. Será cuestión de
encontrar una situación en la que se puedan utilizar estas expresiones. ¿Se os
ocurre alguna?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2014/08/asi-es-la-vida.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhGtdUy6Xypd61krtbkyz-rKYOI37s1DQfoBKESK8TcAKgb3MnTiiSwyt2YB8K7XyvV__035og1kGFN3vLpiUlOt6ce8xp2Fv7QMsvpZKD_NMuD5YHWNPVrJRHQoBrj95oWBPuEAhraW6s/s72-c/cestlavie.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-3282625120848003658</guid><pubDate>Tue, 17 Jun 2014 19:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-06-17T21:35:22.081+02:00</atom:updated><title>Encrucijada</title><description>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhZXE72qC0pQzayAsa2ait_jUT4Pac4TyZSiaFgmqA3fTydorWZENDXrldDXUgvo8Fza0u0BjV0l2quPkNz5zqriTjyE36XNpAYH4szPTt5aqTYUo45j8cD5vWBNpzC8B3-ERXaJMnAUiw/s1600/decision.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhZXE72qC0pQzayAsa2ait_jUT4Pac4TyZSiaFgmqA3fTydorWZENDXrldDXUgvo8Fza0u0BjV0l2quPkNz5zqriTjyE36XNpAYH4szPTt5aqTYUo45j8cD5vWBNpzC8B3-ERXaJMnAUiw/s1600/decision.jpg&quot; height=&quot;204&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;E&lt;/span&gt;n las últimas semanas he oído de boca de varias personas
con las que he tenido la oportunidad de entablar conversación que les doy cierta
envidia. Nunca pensé que yo fuera el tipo de persona que pudiera dar envidia a
nadie, la verdad. Siempre me he considerado alguien sin ninguna cualidad reseñable.
Por demasiado peyorativo no usaré el término mediocre ni tampoco vulgar pero
indudablemente nunca he podido decir que sea un tipo brillante. Sin embargo, no
seré yo el que se llame a si mismo ignorante. Tampoco destaco en apariencia, ni
por guapo ni por feo, esto último afortunadamente. Gracioso lo justo y en
elocuencia no ganaría un premio salvo que me hubiese bebido, de ginebra, una
fuente. En deportes siempre fui muy vago y cuando empecé a correr ya lo hice en
el momento vital en el que comienza el declive. No soy gordo pero tampoco
enclenque. Siendo ecuánime diría que de fuerza, lo suficiente. Si hago
referencia a la melena, no puedo decir que se la lleva el viento ni tampoco que
me deje tan desnuda la frente. De dinero no tengo queja aunque hace ya tiempo
que abandoné la idea de comprar un piso en la Moraleja. En cultura no suspendo
pero no creo estar entre los que sacan sobresaliente. Y en lo tocante a amores voy
como el grueso de los españoles con el idioma de Shakespeare, nivel medio y un canto en los dientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;Por tanto, tras preguntarme una y mil veces de dónde
proviene ese sentimiento que involuntariamente he provocado estos días a las
personas de mi alrededor, no me quedan muchas opciones, salvo dos. Una es
física y la otra metafísica. Abordar la primera me causa pudor, pues desde esa
virtud que me otorga el punto medio, yo nunca he considerado esa característica
como un don, por menos que los comentarios a mi alrededor siempre hubieran sido
de halago y adulación. Entre las mujeres ha gozado siempre de gran admiración, tanto
por su tamaño como por su coloración. Y no negaré que en diversas ocasiones me
ha permitido seguir manteniendo alto el listón. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;La cuestión metafísica, no obstante, no genera en mí
especial rubor. Uno lo hace o no lo hace según sea su herencia, naturaleza y
condición. Hay personas que pasan el tiempo pensando en lo mejor y otras que
gastan los días viviendo lo mejor. La diferencia es el resultado de la
ecuación. Como un buen amigo me dijo, yo siempre seré un buscador y como tal
actúo en consecuencia. No sin temor, no sin reflexión. Y es por eso que tras
haber meditado en profundidad acerca del sentimiento que tan repetidamente he
escuchado estos días, no puedo evitar plantearme la siguiente cuestión:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 115%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;






&lt;span style=&quot;line-height: 115%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;¿Será de verdad posible que la gente me envidie por
haber tomado una decisión?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 115%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;line-height: 115%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Verdana, sans-serif;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2014/06/encrucijada.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhZXE72qC0pQzayAsa2ait_jUT4Pac4TyZSiaFgmqA3fTydorWZENDXrldDXUgvo8Fza0u0BjV0l2quPkNz5zqriTjyE36XNpAYH4szPTt5aqTYUo45j8cD5vWBNpzC8B3-ERXaJMnAUiw/s72-c/decision.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-4963902235837438572</guid><pubDate>Tue, 26 Nov 2013 21:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-11-26T22:28:49.233+01:00</atom:updated><title>Estrategia</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWEkGqmcGRgjgMfOcHNqd8LFwBy72MZy5N99jN9pkabjKaqQUi1PmWDurPAaq5nnXaYlxfmvaikY095l0CJTG6QLowz2XSXSpBJWw1SMzji_hQZchG6iID_cml2sBKZaBDVj1-qMSlwR8/s1600/toma%252Bmi%252Bmano.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWEkGqmcGRgjgMfOcHNqd8LFwBy72MZy5N99jN9pkabjKaqQUi1PmWDurPAaq5nnXaYlxfmvaikY095l0CJTG6QLowz2XSXSpBJWw1SMzji_hQZchG6iID_cml2sBKZaBDVj1-qMSlwR8/s1600/toma%252Bmi%252Bmano.png&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;L&lt;/span&gt;eía hoy un artículo de marketing en el que se explicaban
las diferencias entre lo que es táctica y lo que es estrategia, cuando no he
podido evitar acordarme de una frase que hace pocos días me dijo un buen amigo
mío en relación a un tema sobre el cuál estábamos hablando:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
– Tú lo que necesitas es una estrategia, Charlie.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Según este artículo, la táctica está mucho más ligada a la
acción, en la mayor parte de las ocasiones, irreflexiva, impulsiva, intuitiva.
La táctica tiene mucho que ver con el corto plazo, con un horizonte cierto y
con un resultado conocido, consecuencia de la acción. La estrategia, en cambio,
es más analítica, más racional. Tiende a fijarse en el largo plazo y, por
tanto, es más reflexiva, y, por ende, más profunda. Se evalúa y se valora antes
de tomar una decisión.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ciertamente, la conversación con mi amigo no tenía como tema
central las teorías del marketing moderno. Ni tampoco versaba sobre cómo
comercializar un producto o servicio del cual yo sea el inventor. Y mucho menos
aún de las posibilidades de promoción y venta de mi coche, el Moyamóvil, al
cual he prometido, por cierto, desde el profundo cariño que le profeso, que tan sólo le
dejaré cuando sea él mismo el que me diga que ha llegado su hora.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Charlábamos, sin embargo, de cuestiones más mundanas y,
concretamente, más cercanas a nuestra naturaleza de seres sociales. Fue en la
parte de las relaciones interpersonales en las que escuché esa frase:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
– Tú lo que necesitas es una estrategia, Charlie.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y yo, lejos de apoyarme en la fría, aunque posiblemente
acertada, descripción del término que hacen los entendidos del marketing, creo que seguiré dejándome guiar por la visión más cálida y más humana de mi
siempre querido Mario Benedetti y me resignaré a que mi estrategia sea más
profunda y más simple. Mi estrategia será que un día cualquiera, sin saber cómo
ni con qué pretexto… por fin me necesite.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/11/estrategia.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiWEkGqmcGRgjgMfOcHNqd8LFwBy72MZy5N99jN9pkabjKaqQUi1PmWDurPAaq5nnXaYlxfmvaikY095l0CJTG6QLowz2XSXSpBJWw1SMzji_hQZchG6iID_cml2sBKZaBDVj1-qMSlwR8/s72-c/toma%252Bmi%252Bmano.png" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-828666295076163603</guid><pubDate>Mon, 11 Nov 2013 19:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-11-11T20:17:57.437+01:00</atom:updated><title>La &quot;química&quot; del abrazo</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjo8hgtljc5WpmOVgSHqt30CUXMp92xO5wn5o5VH-Bn83YVE4wBd7ZLLcOcI30hirDDSghthHQZFJVFtEj9iw7Bn7GVpQ5Je0RRU2iL_3L4vfM-YQUvDpGhe3ALgTEpwVE45znzasPvwK8/s1600/abrazo.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;295&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjo8hgtljc5WpmOVgSHqt30CUXMp92xO5wn5o5VH-Bn83YVE4wBd7ZLLcOcI30hirDDSghthHQZFJVFtEj9iw7Bn7GVpQ5Je0RRU2iL_3L4vfM-YQUvDpGhe3ALgTEpwVE45znzasPvwK8/s320/abrazo.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background-color: white; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial; color: #898f9c; font-family: Tahoma;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background: white; color: #898f9c; font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;oy he leído una cita de una maestra de yoga francesa que
hablaba sobre el efecto que tiene en las personas un abrazo. Decía que el acto
de abrazar a otra persona durante más de 20 segundos producía en los cuerpos y
en las mentes de los abrazantes y abrazados un efecto terapéutico beneficioso
para la salud física y mental, ayudando a relajarse y a calmar posibles temores
y ansiedades. Decía igualmente que ese maravilloso tranquilizante puede
ofrecerse de forma gratuita y obviamente altruista cada vez que acunamos a un
bebé, que bailamos con nuestra pareja o cuando simplemente sostenemos los
hombros de un amigo o amiga. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background: white; color: #898f9c; font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Hasta aquí, me sentía muy en línea con la descripción del
efecto. La discrepancia ha surgido al leer la descripción de la causa. Al
parecer, según esta señora, unos investigadores han descubierto que la razón de
tal beneficio no es más que la liberación de una hormona llamada &quot;oxitocina&quot;, a la que se ha permitido
referirse como la “hormona del amor”, quizá para dotarle de cierta calidez a la química
orgánica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background: white; color: #898f9c; font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Como a mí la química me sigue pareciendo fría, aún incluso
revistiéndola de sentimientos, yo le diría a esta señora que la próxima vez que
se abrace con otra persona, procure dejar de lado las moléculas y los
compuestos, y permita que su cuerpo sea libre para “escuchar” lo
que el cuerpo de la otra persona está intentando transmitirle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background: white; color: #898f9c; font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Así, podría comenzar a oír cómo el otro corazón le dice al
suyo lo feliz que se siente al escucharle de nuevo, al principio hablando
rápido y apresuradamente para terminar haciéndolo dulce y tranquilamente. Notaría
como su piel juguetea con la otra, intentando hacerse cosquillas mutuamente, viviendo
una fiesta y partiéndose de risa. Se daría cuenta de cómo los dedos de las
manos actúan en rebeldía, como si tuvieran vida propia, tatuando imaginariamente
figuras y formas etéreas en el cuerpo del otro. Sentiría las ráfagas de aire
caliente que salen de la boca de quién le abraza y que hacen bambolearse a los
pelillos de su nuca, como si fueran juncos que se mecen al capricho del viento.
Apreciaría el sabor de las pequeñas gotitas de sudor que mojarían sus labios al
besar a su vez la nuca del otro, y le evocarían el mar y su agua salada. Olería
la esencia inconfundible que cada ser humano tiene al acercar su nariz al
cuello de su abrazado y aspirar profundamente, recordando esta vez su infancia.
Se estremecería al sentir cómo un escalofrío se abre paso desde su estómago
hacia su cabeza, usando la columna vertebral como si fuera una escalera y
haciendo que los escalones casi crujan a su paso. Sentiría la fuerza y la
dulzura con la que los cuatro brazos cumplen con su cometido, a veces apretando y otras veces soltando, pero siempre midiendo, siempre calculando. Y, seguramente, terminaría dándose
cuenta de que, en el fondo, el abrazo no es en sí mismo lo mejor. Si no que lo
mejor… es su continuación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;background: white; color: #898f9c; font-family: Tahoma; font-size: 10.0pt;&quot;&gt;Y, en ese momento… a buen seguro… que le prendía fuego a su
libro de bioquímica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/11/la-quimica-del-abrazo.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjo8hgtljc5WpmOVgSHqt30CUXMp92xO5wn5o5VH-Bn83YVE4wBd7ZLLcOcI30hirDDSghthHQZFJVFtEj9iw7Bn7GVpQ5Je0RRU2iL_3L4vfM-YQUvDpGhe3ALgTEpwVE45znzasPvwK8/s72-c/abrazo.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-3082580412773717437</guid><pubDate>Wed, 28 Aug 2013 17:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-08-28T23:33:10.201+02:00</atom:updated><title>El amor con palabras</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgmetTzEY0Nss6Wp3K4L5uhyaUI8ieqaiqwdQy_XOUNMjnsntYOdFZR8PN-XV9wGw5ws5NI1xoBSouR6hZdtVZKQNja2hBOdiQV6wDJhIIF6ke9LrPDOobhYF0_RvgdGRwMrTEfxEOn6Rk/s1600/susurro.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgmetTzEY0Nss6Wp3K4L5uhyaUI8ieqaiqwdQy_XOUNMjnsntYOdFZR8PN-XV9wGw5ws5NI1xoBSouR6hZdtVZKQNja2hBOdiQV6wDJhIIF6ke9LrPDOobhYF0_RvgdGRwMrTEfxEOn6Rk/s1600/susurro.jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Semilla –dice él, para abrir el fuego&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Surco –responde ella, para atizarlo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Alud –dice él de nuevo&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Abismo –ella, tiernamente&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Madero –dice él&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Caverna –dice ella&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Manantial –otra vez él&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Cuenca –responde ella&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Estoque –él&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Herida –ella, radiante&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Tañido...&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Rebato...&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Yo quisiera ser el Ángel de Benedetti, el de su relato de &lt;b&gt;El sexo de los ángeles&lt;/b&gt; y poder hacer el
amor de forma incorpórea, tan sólo con palabras. Silabear el amor y llegar a un
orgasmo ultraterreno, en el que los cirros y los cúmulos, los estratos y los
nimbos se estremecieran, tremolaran y estallaran, lloviendo copiosamente e
inundando, porqué no, el mundo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Para eso tengo que cruzarme contigo entre dos
transparencias, mirarte y que me mires, seducirte y que me seduzcas, hablarte vertiginosamente
y que me respondas como caricias. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y es que deseo tener &lt;i&gt;asunción
de ti&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;corazón coraza&lt;/i&gt;, que seas &lt;i&gt;la otra copa del brindis&lt;/i&gt; y abrir contigo un &lt;i&gt;nuevo canal interoceánico&lt;/i&gt;&amp;nbsp;que sirva
de &lt;i&gt;terapia&lt;/i&gt; a mis &lt;i&gt;estados de ánimo&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Hagamos un
trato&lt;/i&gt;, te susurraré, y con &lt;i&gt;táctica y
estrategia&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;viceversa&lt;/i&gt;, intentaré
decirte que &lt;i&gt;te quiero&lt;/i&gt;… &lt;i&gt;todavía&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pero antes... necesito encontrarte, Ángela. O mejor…que tú me
encuentres a mí.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;i&gt;PS: Si Mario Benedetti no hubiera existido, el mundo habría necesitado inventarlo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/08/el-amor-con-palabras.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgmetTzEY0Nss6Wp3K4L5uhyaUI8ieqaiqwdQy_XOUNMjnsntYOdFZR8PN-XV9wGw5ws5NI1xoBSouR6hZdtVZKQNja2hBOdiQV6wDJhIIF6ke9LrPDOobhYF0_RvgdGRwMrTEfxEOn6Rk/s72-c/susurro.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-4713088513373502377</guid><pubDate>Tue, 02 Jul 2013 19:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-07-02T21:17:42.413+02:00</atom:updated><title>Más que un coche</title><description>&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgEeRzUMvoIj9xKm7LtpSPDKY4-Cu5xR4i1fIqYYJHMlVSJsdwjI7RygnAbd1T6GN6Z5h6MqRa_o6-lu8F8-0L5HY_Tjv2_uyRag-T30C-UEP_gVubvX1CiHX-jx3RX8IMXe65Jt9dWFmE/s512/amo-coche.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgEeRzUMvoIj9xKm7LtpSPDKY4-Cu5xR4i1fIqYYJHMlVSJsdwjI7RygnAbd1T6GN6Z5h6MqRa_o6-lu8F8-0L5HY_Tjv2_uyRag-T30C-UEP_gVubvX1CiHX-jx3RX8IMXe65Jt9dWFmE/s320/amo-coche.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Hay mucha gente que establece una relación especial con
cosas inanimadas. Los hay que desarrollan un afecto personal por las joyas que
han heredado de sus antecesores, como el anillo de pedida de la tatarabuela o
el reloj que llevó el bisabuelo en aquella lejana guerra. Otros se emocionan
contemplando aquel cuadro que adquirieron con gran esfuerzo monetario y que
representa para ellos tanto como una Gioconda del maestro florentino (con f
minúscula, no confundamos). Y también están aquellos que con los años han ido
cultivando un aprecio más y más profundo por cosas que podrían parecer banales,
pero que al cabo de esos largos años han llegado a ocupar un lugar privilegiado
en el corazón de quien las posee. Esto último es lo que me pasa a mí con mi
coche.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Dentro de unos pocos meses, harán quince años que el
Moyamóvil y yo iniciamos una relación que, después de más de doscientos sesenta
y cinco mil kilómetros, está en visos de convertirse en quasi-simbiótica. Para
empezar, llevo unos años que no me refiero a él con calificativos como “mi
coche” ni “mi carro” ni nada que se le parezca. Tiene nombre, como ya habéis
visto. El que no sepa la etimología del mismo, decir que mi primer apellido es
Moya, y lo demás creo que resta explicarlo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En todo este tiempo hemos vivido, disfrutado y padecido
mucho. Siempre juntos. Aún recuerdo la primera vez que lo conduje por las
calles de Coslada y al cruzarme con un autobús no sabía cómo coño se ponía la
marcha atrás y al no poder maniobrar lo tuvo que hacer el autobusero. O la vez
que se me empañaron los cristales mientras conducía y no atiné a poner las
salidas de aire para el parabrisas hasta que paré el coche en medio de la
calle. También recuerdo, o mejor dicho, recordamos los escarceos sexuales con
mi novia de entonces, en aquellos polígonos del municipio cosladeño. Y cómo
olvidar el accidente a más de 100 km/h contra una mediana de hormigón de una
autovía, con volcado y todo. A punto estuvo de costarnos la vida a ambos. Pero
pudimos recuperarnos, afortunadamente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El Moyamóvil me acompañó en mi aventura de expatriado, sin
una queja, sin un lamento. Tres veces recorrimos los más de mil trescientos
kilómetros que separan Madrid de París, sin mencionar los poco más de mil
kilómetros que separan París de la estación de esquí de Cerler, en el pirineo
aragonés. Y los más de setecientos que hay entre París y Toulouse, o los
ochocientos que hay entre Toulouse y Madrid. Aún recuerdo las palabras que le
dedicó el que era mi suegro de entonces, un francés afincado en Toulouse, al
vernos llegar por primera vez a su casa con su hija, mi novia a la postre:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Y&amp;nbsp; has venido con
eso desde Madrid? Tienes valor, chico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Se refería al Moyamóvil, no a su hija.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Por todo esto, por esa relación tan extrañamente humana que
he desarrollado con él, confesaré que me ofendió en gran medida, que me jodió
soberanamente y&amp;nbsp; que me tocó las pelotas
en grado superlativo descubrir el otro día que le habían robado la enésima
pieza. En los poco más de cinco años que hace que vivo en el barrio de
Embajadores, Madrid, le han extirpado sin piedad los dos limpiaparabrisas
delanteros por tres veces, el trasero por dos veces, la antena de la radio,
ésta sin cirugía, arrancada de cuajo, y en los tres últimos meses les ha dado
por el cristal del retrovisor del conductor, el cual ha volado dos veces.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ya no es por el dinero que supone reponer todas y cada una
de las partes robadas. Es que cada vez que le quitan algo es como si una parte
de mí mismo también se volatilizase. Tanto es el cariño que le tengo al
Moyamóvil que he prometido no ser yo quién le abandone sino dejar en sus manos
el momento de pasar a mejor vida. Tan sólo espero, durante ese tiempo que nos
queda de estar juntos, no encontrarme con el desalmado que nos esquilma en el
instante preciso de su impúdico acto. Porque al igual que la Belén Esteban por
Andreíta,&amp;nbsp;&lt;b&gt;yo por mí Moyamóvil…¡Maaaatooooo!&lt;/b&gt;.&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/07/mas-que-un-coche.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgEeRzUMvoIj9xKm7LtpSPDKY4-Cu5xR4i1fIqYYJHMlVSJsdwjI7RygnAbd1T6GN6Z5h6MqRa_o6-lu8F8-0L5HY_Tjv2_uyRag-T30C-UEP_gVubvX1CiHX-jx3RX8IMXe65Jt9dWFmE/s72-c/amo-coche.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-3871837076484874545</guid><pubDate>Wed, 05 Jun 2013 22:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-06-06T00:39:10.083+02:00</atom:updated><title>La guerre est déclarée</title><description>&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgauy1dQZI5STnZdtbc_pFR1hpO3TSN2vJttP5175ZxBfMSqVK9oPsCAZok1-rfCKL7B-wkRsyhvlmO9GG-uZcg69CBFeSX9ogMZOo4SQF03mj8zpBzDSY-hRknzrvTeAt3JM-cj-GwVfU/s1600/Declaration_of_War-185010052-large.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgauy1dQZI5STnZdtbc_pFR1hpO3TSN2vJttP5175ZxBfMSqVK9oPsCAZok1-rfCKL7B-wkRsyhvlmO9GG-uZcg69CBFeSX9ogMZOo4SQF03mj8zpBzDSY-hRknzrvTeAt3JM-cj-GwVfU/s320/Declaration_of_War-185010052-large.jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Julieta y Romeo se conocen una noche en un bar, no importa qué bar y no importa qué noche. Se atraen, el uno al otro, y esa atracción se convierte finalmente en el nacimiento de un hijo, llamado Adam.&lt;br /&gt;
Adam parece ser un bebe un tanto enfermizo, pues llora casi a todas horas. No obstante, el tiempo pasa y el bebe se convierte en un niño. A la edad de dos años, se le diagnostica una terrible enfermedad. Tiene un tumor maligno dentro de su cabecita.
Tal noticia supone un golpe brutal para Julieta y Romeo pero, después de gritar, llorar y casi desesperarse, se dicen a sí mismos: “hay que resistir, hay que resistir”.&lt;br /&gt;
El amor por su hijo y el amor del uno por el otro les hace construir una especie de burbuja a su alrededor. Esta burbuja les permite no dejarse afectar por la situación, resistir como hay que resistir, sin anularse, sin derrumbarse, sin desesperarse. El amor es su esperanza, su sostén, su fuerza.&lt;br /&gt;
Tras seis años de lucha, tienen noticias de nuevo pero, felizmente, esta vez ya no hay más lágrimas, tan sólo una sonrisa: la guerra contra el cáncer ha sido por fin ganada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí arriba hablo de una película que acabo de ver, no sé si basada en una historia real, pero no deja de ser una película. Sin embargo, la realidad me ha mostrado muchas veces que puede igualar a la ficción y, en ocasiones, superarla. Y es por eso que espero, que tengo la esperanza de que mis amigos, mi Romeo y mi Julieta, encuentren ese sostén y esa fuerza con la que poder batirse de la misma forma y con el mismo resultado por la vida de su pequeña hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vosotros.
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/06/la-guerre-est-declaree.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgauy1dQZI5STnZdtbc_pFR1hpO3TSN2vJttP5175ZxBfMSqVK9oPsCAZok1-rfCKL7B-wkRsyhvlmO9GG-uZcg69CBFeSX9ogMZOo4SQF03mj8zpBzDSY-hRknzrvTeAt3JM-cj-GwVfU/s72-c/Declaration_of_War-185010052-large.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-359345873562290377</guid><pubDate>Sat, 23 Feb 2013 09:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-02-23T21:51:49.416+01:00</atom:updated><title>Dí sí</title><description>&lt;!-- Start of StatCounter Code for Blogger / Blogspot --&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj8eIGtm0vgb38cxjtPIb0LUUv1d0FfYEQCrEDqP4G3P9HcmpcPDHeKztynt1gXAH9kAt1ZfBWiz6DmAOcZ3A55W86JuC-qwH1ADwD9eSMXZH4ZMxuElycOTf5syJIJSj3CySnfADbAqPg/s1600/dino.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;240&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj8eIGtm0vgb38cxjtPIb0LUUv1d0FfYEQCrEDqP4G3P9HcmpcPDHeKztynt1gXAH9kAt1ZfBWiz6DmAOcZ3A55W86JuC-qwH1ADwD9eSMXZH4ZMxuElycOTf5syJIJSj3CySnfADbAqPg/s320/dino.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;D&lt;/span&gt;ice Pedro Salinas en uno de sus poemas que a veces un “no”
niega más de lo que quería. Que un “no” desteje las tramas que fueron tejidas
lentamente por los “síes”. Que un “no, esta noche no” puede negar la eternidad
de noches, la pura eternidad. Que un “no” lanzado al aire deja sin vida las esperanzas en vuelo, aún sin querencia de herir.
Que un “no” puede rebotar y desgarrar el mismo pecho que lo dijo. Que un “no”
da miedo. Que hay que dejarlo siempre al borde de los labios y dudarlo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
O decirlo
tan suavemente… que le llegue al que no lo esperaba con un sonar de “sí”,
aunque no dijo “sí” quién lo decía.&lt;/div&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/02/di-si.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj8eIGtm0vgb38cxjtPIb0LUUv1d0FfYEQCrEDqP4G3P9HcmpcPDHeKztynt1gXAH9kAt1ZfBWiz6DmAOcZ3A55W86JuC-qwH1ADwD9eSMXZH4ZMxuElycOTf5syJIJSj3CySnfADbAqPg/s72-c/dino.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-2225651326052237252</guid><pubDate>Thu, 21 Feb 2013 23:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-02-22T00:49:00.527+01:00</atom:updated><title>Vete al médico... si puedes</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicuIuVJhN4vV3KfzsnzuyxUmUiJeqoesSI3sddd7CRqgKXLRDO87d8Ab3YCiEmZdNCK_4L4U9QTJtipyzpJJPXyUcK_8oPTKoYCxbpZIv6nYT5j2D7tIMgmD76EthwK-6y5IOmJGN0hIU/s1600/medico.png&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;212&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicuIuVJhN4vV3KfzsnzuyxUmUiJeqoesSI3sddd7CRqgKXLRDO87d8Ab3YCiEmZdNCK_4L4U9QTJtipyzpJJPXyUcK_8oPTKoYCxbpZIv6nYT5j2D7tIMgmD76EthwK-6y5IOmJGN0hIU/s320/medico.png&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;L&lt;/span&gt;levo casi veinte días enfermo.Veinte días con frío, fiebre,
mocos, tos y un cansancio general que me hacen mella no sólo en el cuerpo sino
también en el espíritu. Ahora por fin comienzo a encontrarme algo mejor, pero
antes de que mi hermano Javi, que es médico, me recetase unos antibióticos que
poco a poco están obrando el milagro, yo mismo hice el intento de resolver el
problema sin acudir a la “Familia”.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Después de diez días y tras una recaída, decidí ir al médico.
Algo había que hacer. Para mi suerte, tengo un centro de salud en mi misma
calle, así que en principio me bastaba con salir de casa, andar unos metros y
listo. El problema es que yo no había vuelto a ir al médico desde antes de
empadronarme en la casa en la que vivo actualmente. Imaginando que tan fácil no
iba a resultar la gestión, cogí unos papeles que tenía en casa y me preparé
para lo que pudiera pasar. Tomada la decisión, sólo me restó abrigarme
concienzudamente y dirigirme al ambulatorio.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al entrar en el centro de salud, para mí fue como un
&lt;i&gt;flashback&lt;/i&gt;, recuerdos del pasado que te saltan de repente a la cabeza y que casi
te sitúan en otra época. Eso es lo que me ocurrió a mí cuando abrí la puerta
del ambulatorio y crucé el umbral, forrado de ropa y con un pañuelo en la mano.
Al fondo había un mostrador, al que llegué después de cruzar un &lt;i&gt;hall &lt;/i&gt;no muy
espacioso que hace las veces de sala de espera. Me puse a la cola y, mientras
esperaba con cierta impaciencia mi turno, no dejé de observar a la gente que
aguardaba la llamada de su médico sentada en las típicas sillas de plástico de
toda la vida. La media de edad se situaba por encima de la cincuentena, lo que
tampoco me reconfortó mucho, fruto de la retroalimentación que tiene la
negatividad, al verme compartiendo fortuna con pacientes “veteranos”. &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cuando me tocó ser atendido por el personal de la recepción,
procuré poner una cara de enfermo que diera suficiente lástima como para salvar
cualquier impedimento o traba administrativa que pudiera interponerse entre mi
deseo de curación y el consejo de un experto en la materia. El caso es que
también había practicado en mi cabeza el discurso que iba a plantear al
administrativo/a de turno y las posibles alegaciones que haría en mi favor con
el objeto de conseguir mi tan ansiada consulta médica. Claro está que, por
mucho que practicase, no podía obviar que mis facultades estaban mermadas a causa
de mi enfermedad y que el entrenamiento previo no tendría porqué ser una garantía
de éxito.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Así fue que, al llegar al mostrador, me encontré con un
señor, de barba rala y descuidada, que me recibió sin ninguna ceremonia:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Qué quiere&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Joder, si es que ni puso entonación de pregunta.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Coño, algo de compasión, que le está hablando a un enfermo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Eso fue lo que me quedé con ganas de decirle, pero ya me había
roto mi estrategia. Ahora ya sólo valía sacarme de la manga una táctica que le rompiese
a él igualmente sus esquemas y poder volver a la situación de igualdad inicial,
en la que ninguno era consciente de la debilidad del otro.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Quiero…quiero ir al médico.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El gesto de su cara ya me indicó que la táctica había hecho
aguas por todos los lados. Mi barco tenía el casco dañado y me estaba yendo a
pique, sin remedio.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Es decir, que yo…venía al médico –le dije, queriendo
mostrar convicción en mi demanda.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Lo que pasa es que, verá… yo hace mucho que no vengo. Es
más, aquí es la primera vez.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En ese momento agradecí ser el único paciente en el
mostrador. Sólo él y yo estábamos siendo testigos de la escena.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Vamos a ver…&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sólo le faltó terminar la frase con “piltrafilla” y perfectamente
podría haber sido un anuncio de atún Calvo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Está usted empadronado? –me preguntó&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Enseguida pensé que estaba hecho. Ahí creí ver una luz en la
oscuridad, un resquicio en la puerta, una grieta en la roca en la que meter una
cuña y conseguir fragmentar la voluntad del hombre malo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Por supuesto, aquí tiene el certificado&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Saqué de mi carpeta de cartón un papel que me había pasado
toda la mañana buscando y que estaba seguro iba a resultar mi llave para abrir
el cerrojo de la sanidad pública. No tenía ni una arruga, lo había guardado como
el oro en paño. Impoluto, vamos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Pfff…este no vale –me dijo con sorna&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Ein? –exclamé&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
La luz de pronto se fundió, la puerta se cerró y la roca se
hizo diamante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Necesita uno que haya sido expedido hace menos de noventa días.
El suyo es de hace…cinco años.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Entonces… ¿entonces no vale? –le pregunté&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Esta era una de esas preguntas retóricas que es de tontos
contestar porque cuando la formulas ya sabes de antemano que la respuesta no te
beneficia. No iba a ser yo el que iba a discutir la diferencia entre noventa días
y cinco años, pero siempre tiene uno la esperanza de pillar un renuncio o un
resbalón de último momento.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–No –respondió&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sin suerte, perplejo y descolocado, agarré el certificado de
nuevo y lo volví a meter en la carpeta de cartón. Me quedé mirando al personaje
durante un momento, buscando un atisbo de humanidad, algún reflejo de bondad en
aquella cara y su barba de tres días. Pero cuando agachó la cabeza y centró la atención en los papeles que tenía encima de su mesa, comprendí que mi tiempo había acabado. Mermada mi capacidad de reacción por la gripe, sólo me quedaba salvar mi dignidad, así que me dí la vuelta y enfilé directo hacia la puerta de salida. Otro día vendré más preparado, me dije.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pensándolo ahora, ya con mis capacidades intelectuales casi recuperadas, me viene a la cabeza la imagen de una mueca burlona dibujada en rostro del simpático recepcionista. Yo no digo que fuese eso, pero no me extrañaría que la mueca respondiese a que mi cara de enfermo hubiese dado paso ese día… a la de gilipollas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2013/02/vete-al-medico-si-puedes.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicuIuVJhN4vV3KfzsnzuyxUmUiJeqoesSI3sddd7CRqgKXLRDO87d8Ab3YCiEmZdNCK_4L4U9QTJtipyzpJJPXyUcK_8oPTKoYCxbpZIv6nYT5j2D7tIMgmD76EthwK-6y5IOmJGN0hIU/s72-c/medico.png" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-8945154298668873580</guid><pubDate>Mon, 24 Sep 2012 22:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-09-25T00:33:38.961+02:00</atom:updated><title>Crónica de una aventura</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgl-j4rDrFipQq0-EkOaJ4XjpdgzhDmr9juGbEQ3l_wIqxAc9NiYccW_6A9_rUaePFATkIe498DN4y8BQkF6WE9vgS9Purl9hILBVZ88efgEqQAum1lh-EDWmoN2-XLv-k9FREPcA0F8u8/s1600/misterio.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;230&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgl-j4rDrFipQq0-EkOaJ4XjpdgzhDmr9juGbEQ3l_wIqxAc9NiYccW_6A9_rUaePFATkIe498DN4y8BQkF6WE9vgS9Purl9hILBVZ88efgEqQAum1lh-EDWmoN2-XLv-k9FREPcA0F8u8/s320/misterio.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Este fin de semana me ha pasado una cosa realmente
increíble, por lo inverosímil de la cuestión, y horrible a la vez, por las
consecuencias que ha tenido para mi cuerpo. Sé que va a ser difícil de asimilar
para todo aquél no haya vivido una experiencia semejante, pero os prometo que
yo tampoco le encuentro explicación. La aventura (o desventura, más bien) tuvo
lugar el sábado y, después de dos días, aún intento entender qué fue lo que
sucedió.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Todo empezó con un “bip-bip”, que se repetía de forma
cíclica en mi cabeza, una y otra vez, una y otra vez, hasta que caí en la
cuenta de que lo que sonaba era el despertador. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Su puta madre.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me salió así, del alma, al ver las 5:00 en la pantalla. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Impulsado por una suerte de fuerza oculta, mi cuerpo fue
capaz de levantarse, aunque mi cerebro aún estaba en fase de “Iniciando…”
cuando mis manos manipulaban la taza y el bote de Nesquik. En esa etapa del proceso
de encendido me hallaba cuando empecé a vestirme con la ropa que encontré en el
butacón del salón. Estaba tan bien doblada y colocada, que incitaba a
ponérsela. Sin cuestionarme su existencia, me fui vistiendo con ella, prenda a
prenda, agradecido de la suavidad y comodidad que el tejido me transmitía. Acto
seguido, un papel casi salido de la nada, se me reveló encima de la mesa y en
el que sólo atiné a leer una frase que hacía referencia a un lugar de Madrid.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Plaza de Castilla.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ni corto ni perezoso, me dirigí a la puerta y por allí salí
no sin antes coger unas mochilas que alguien había dejado apoyadas en la misma.
No sé porqué, pero entendí que alguien las había puesto ahí por algo, así que
las cogí y me las llevé conmigo, por si me ayudaban a desentrañar lo que estaba
pasando. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cuando por fin llegué a plaza de Castilla, a eso de las 7:00
de la mañana, tan sólo podía pensar en el sueño tan cojonudo que tenía. Sin
nervios ni preocupaciones, ya os digo, el sueño era lo único que en ese momento
ocupaba mi mente. Después de unos minutos compartiendo banco con un chaval
vestido, sorprendentemente, como yo (con mallas y poliéster), empecé a fijarme
en que la plaza estaba llena de tíos y tías con ropa deportiva. No sé cómo,
pero comprendí que toda aquella parafernalia vigoréxica no era en realidad una
concentración de osos panda ataviados con el chándal de rigor para ir a comprar
el periódico y el pan de los domingos. Esto era algo más serio.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pasadas las ocho y media, toda la gente que había a mi
alrededor comenzó a caminar a grandes trancos hacia un enorme globo que
anunciaba una marca de bebida isotónica, había incluso algunos que corrían.
Todo el mundo pasaba por debajo, por lo que entendí que debía de ser algún tipo
de ritual con el que yo no terminaba de estar familiarizado pero que de algún
modo tenía que seguir. Imitando al personal, me puse a correr y todo era
jolgorio y algarabía. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Cómo mola –dije en voz alta&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Incauto de mí, qué poco tiempo tardé en comerme esas
palabras.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al cabo de un rato, que bien debió ser alrededor de casi dos
horas, la gente se paraba delante de unas mesas donde unas amables personas
repartían galletas, fruta, vasos de coca-cola y botellines de agua. Como yo
andaba algo sediento y también hambriento, acepté de buen grado las viandas y
después de darles buena cuenta, quise pagar lo consumido extendiendo un billete
de 10 euros.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–No, no, esto es gratis –me dijo extrañada una chica.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Encogiéndome de hombros y poniendo de nuevo el billete a
buen recaudo, salí pitando de allí por si surgía el arrepentimiento en la
aparente buena voluntad de la samaritana.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Como seguía sin entender lo que ocurría, me dispuse a
continuar la marcha detrás de la muchedumbre con el objeto de esclarecer este
misterio que, a cada paso que daba, más me intrigaba.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Después de otro rato largo, cerca ya de las tres horas, las
pesquisas me llevaron hasta la entrada de un colegio, en el que un señor
extremadamente atento me miró un número que llevaba clavado en el pecho con
imperdibles, y que hasta ese momento no me había percatado de su existencia, y
me pasó una bolsa en la que aparecía mi nombre en una cartulina de color
amarillo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Joder, ¿de dónde habrán sacado mi nombre y mi DNI?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Como supuse que debía de ser una pista, la abrí sin dilación
aunque las barritas de cereal, los geles y las bebidas isotónicas de su
interior no me revelaron nada nuevo. Sin embargo, y ya que el día estaba siendo
caluroso y estaba cansado de tanto correr, me metí para el cuerpo las bebidas y
uno de esos geles, que para algo debían de estar ahí, digo yo. Al mismo tiempo,
justo enfrente de la escalera en la que estaba sentado, continuaba el derroche
de generosidad en forma de comida y bebida gratis.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Tan mal está ya la cosa que la ONU ha hecho aquí un
despliegue? –pensé –¿No será éste el famoso rescate? –volví a pensar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Con mi curiosidad en estado creciente, me puse de nuevo a
seguir a la gente. No entendía su afán, pero algo me decía que era una actitud
que debía imitar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El ritual de la parada de postas se volvió a repetir dos
veces más, una debajo de un puente y otra en una localidad llamada Manzanares
el Real. En ésta última escuché a uno de los integraban el numeroso grupo de
corredores-marchadores (creo que se contaban en número de mil) decir algo
acerca de la maratón. Al parecer, ya llevaba 42 kilómetros en mis piernas. Miré
mi reloj y ví que después de 5 horas y 45 minutos minutos imitando a los seres
humanos de mi alrededor, todavía seguía sin aclarar el misterio. No me quedaba
otra que seguir hacia delante.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El día se iba haciendo más caluroso a cada minuto que
pasaba, lo que endurecía mi constante búsqueda de pistas. El estado del suelo
tampoco ayudaba, por cierto, todo lleno de piedras y tierra. Tampoco era cuesta
abajo que digamos, picaba más bien para arriba, qué cojones. El paisaje era
bonito, es cierto, montaña, árboles, naturaleza en estado puro, pero la sombra
escaseaba y el sol no dejaba de atizarle, lo que hizo que en la llegada a la
siguiente localidad, Mataelpino, varias de las personas que participaron del
jolgorio inicial decidiesen descansar, quién sabe si definitivamente (R.I.P.)&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ni los cincuenta kilómetros, ni el calor insoportable, ni el
cansancio acumulado, ni el dolor de mis piernas, ni la sed mareante que me
acosaban iban a negarme el derecho a saber cómo diantres me encontraba en esa
situación una mañana de un sábado cualquiera del mes de septiembre. No me
quedaba otra, así que reanudé la marcha convencido de que tarde o temprano,
vería la luz (otra luz que la del sol, quiero decir. Es en sentido figurado, ya
sabéis…). &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al poco de salir de esta localidad, ocurrió un suceso que me
hizo ver que pisaba en terreno peligroso (además de pedregoso, que ya lo he
dicho antes). A eso de las cuatro y media de la tarde, bajo un calor abrasador
y en plena cuesta infernal que subía hacia un hotel llamado La Barranca, me
encontré con un joven tirado en la cuneta de una pista de tierra. La gente
pasaba a su lado sin prestarle mucha atención, pero confieso que a mí me
intrigó. Tanto fue así que al pasar le pregunté si se encontraba bien y el
quejido lastimero con el que pronunció –pues no demasiado bien– me empujó a
pararme y ver de cerca cuál era el problema. El chico temblaba como si el
diablo se hubiera hecho con él. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Lo han drogado –fue lo primero que pensé. –Aunque bien
puede ser un golpe de calor –reflexioné seguidamente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El caso es que me dispuse a asistirle. Rebuscando en su
mochila (casi todo el mundo llevaba una, cosa extraña, incluso yo mismo. –Dentro
debe haber una respuesta –pensé), encontré una manta térmica con la que envolví
su cuerpo para mitigar en parte los fuertes temblores que padecía. Un amable
ciclista (aquí todo el mundo era extraordinariamente amable, otro misterio más)
se acercó y se ofreció voluntario para quedarse con el joven y que yo pudiera
así proseguir con mis pesquisas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Prometiendo buscar ayuda, me despedí echando la vista atrás
justo en el momento en que se acercaba un gran todoterreno gris a la escena del
suceso. Impulsado por un miedo repentino y apretando los esfínteres di de nuevo
media vuelta y proseguí lo más raudo que pude mi ascensión al hotel que ya
hacía un rato que divisaba de cerca. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Un poco antes de llegar, había un nuevo tenderete de la beneficencia.
Estuve tentado de preguntar si eran de Cáritas, pero mi sexto sentido me
previno que mejor era pasar desapercibido. Además, alguien me había metido en
este embrollo, así que no iba a ser yo el que pagase la factura del agua, el
acuarius y las naranjas de esta suerte de repostajes. Tomé lo mío y salí
picando espuela otra vez detrás de los demás. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Unos metros más adelante, en una intersección, una joven me señaló
que el camino que acababa de coger no era el correcto, que debía ir por otro. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Debo ir por otro camino? ¿Por qué? ¿Y…hacia dónde? –me
pregunté a mí mismo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Reconcomido por la intriga, decidí seguir sus indicaciones y
me aventuré detrás de un par de tíos sospechosos que, cómo no, iban
pertrechados con atuendos similares a los míos. Al poco de iniciar la nueva ruta
por poco me arrepiento. Había cuestas más duras que la de enero. Aún así, mi
afán por descubrir el enigma que me envolvía, podía más que mi cansancio.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Unos kilómetros más adelante llegué a otro pueblo. Éste
resultó ser bastante grande, Cercedilla era su nombre, y casi en la entrada me
topé con un grupo de gente, estos vestidos con ropas normales de calle,
invitándome a entrar en lo que parecía el patio de un colegio. Escuché algún
aplauso e incluso algunos vítores y, aunque estuve a punto de no entrar por
desconfianza, terminé por seguirles el juego para ver si podía descubrir algo
nuevo. Al entrar en el patio un tipo que estaba apostado con una cámara fotográfica
me tiró una foto. Tentado estuve de levantar el dedo corazón, en homenaje a la
peineta española, pero algo me decía que debía seguir siendo prudente. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Una vez dentro, otro amable (el enésimo) personaje me dio
otra mochila, de nuevo con mi nombre y DNI anotados en una cartulina esta vez
naranja. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿A qué están jugando? –pensé&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me fui rápido a sentar, un tanto apartado del resto (esto
estaba lleno de personas), con la mochila, una botella de agua (de la gratis) y
un plato de paella que una señora puso en mi mano en un gesto de inusitada y
sorprendente esplendidez. Necesitaba intimidad para inspeccionar el contenido
de esa mochila, otro ingrediente de misterio en toda esta sórdida historia. Al
abrirla, vi que su contenido no iba a aportarme demasiada información en
relación a todo lo que me estaba pasando, pero aproveché que nadie me miraba
para sacar una botella de bebida isotónica (de esa que beben los deportistas,
ya sabéis) y una camiseta de manga larga muy bonita, color naranja, que
rápidamente me puse encima. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Después de media hora observando detenidamente a la gente
que entraba y salía del recinto, decidí que ya no iba a sacar nada en claro si
permanecía allí más tiempo, así que, a eso de las siete menos cuarto tomé las
de Villadiego y me piré de puntillas sin hacer ruido. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Sin rumbo, comencé a callejear por el pueblo sin saber muy
bien ni a dónde me dirigía ni porqué. Tras un kilómetro, más o menos,
callejeando, comencé repentinamente a notar un escozor en la zona de la
entrepierna, en lo que viene siendo… perdonadme la expresión… el mismo culo. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Me cago en la puta –grité desaforado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me paré de inmediato e intenté solucionar el asunto con un
ligero movimiento de pinza cuya pretensión no era otra que bajar las mallas y
el calzoncillo que llevaba dentro para evitar el rozamiento. Desgraciadamente,
al volver a ponerme en marcha noté que la técnica de la pinza no había surtido
efecto.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Pero por qué cojones me pasa esto a mí? –pensé con cierto
desánimo.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En ese momento tuve una idea. Siempre que había buscado una
pista en alguna de las mochilas que me habían dado, no encontraba respuestas
pero sí algo de utilidad para lo que todavía tenía que venir. Como si alguien
en la sombra ya hubiese previsto todo y, en cierto modo, me estuviese ayudando a
seguir en la aventura que estaba viviendo. Caí en la cuenta de que llevaba 66
km con una mochila a la espalda y que todavía no había mirado lo que había en
su interior. Inmediatamente me la quité y con el corazón en un puño abrí la
cremallera esperando encontrar algo que me ayudase en la difícil situación que
tenía encima. La precipitación casi hizo que todo el contenido se me cayese en
plena acera. Era tan acuciante mi necesidad que el nerviosismo lo podía todo.
Por eso casi lloré de alegría al ver un pequeño bote de vaselina en el fondo de
la mochila. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¡Madre mía! –grité, aliviado esta vez&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Eso era poco más o menos como el descubrimiento de América.
Bueno, quizá no tan relevante para vosotros, pero os aseguro que para mí (y
sobre todo para mi culo) lo era. No tardé ni un minuto en abrir el bote,
apretar bien fuerte, llenar mi mano de vaselina y meterla sin pudor ninguno
entre mis doloridas piernas para llevar a cabo una acción de frotado que hizo
sonrojar a una pobre pareja que pasaba justo delante de mí en ese momento. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¡Hostia puta! –volví a gritar&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Perdonad mi lenguaje, pero si alguien no se ha puesto nunca
vaselina entre las piernas cuando la rozadura ya está en plena ebullición, no
tiene ni idea del escozor tan grande que se siente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Todo sea por saber qué coño pasa y quién me ha metido en
este embrollo –dije casi a modo de juramento.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cansado y dolorido, arranqué de nuevo la marcha haciendo
voto de que el responsable de todo esto lo terminaría pagando con creces.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Me tiré unos cuantos kilómetros más subiendo por la cuneta
de una carretera por la que no dejaban de bajar coches. Me pareció algo
sospechosísimo. Qué demonios hacía un grupo de personas yendo hacia un lugar
del que al parecer el resto del mundo quería salir. El hecho de que se
estuviera haciendo de noche le añadió un punto más de intranquilidad a mi ya
tocado espíritu. No obstante, no me amilané y seguí subiendo, siempre hacia
arriba (hacia abajo no se puede, claro).&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Si ya había pocas cosas que me pudieran sorprender, lo
siguiente que me encontré lo hizo por lo insólito. Cuando estaba a menos de
media hora de cumplir las doce horas de aventura (casi nada…) me volví a topar
con uno de esos… avituallamientos o como les llamen, donde dan comida y bebida
gratis. La sorpresa fue que uno de los que atendía el puesto era un indio. Yo
juraría que era navajo, pero eso no quita que bien pudiera ser cheyenne o
mismamente apache.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¡Jau! –me saludó impasible.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Ja…ja…jau! –le dije yo tímidamente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Luego resultó ser de un pueblo de Albacete, pero quién lo
diría viendo su piel morena, su pelo negro azabache y su pinta de Diez Osos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Aún perplejo por el encuentro con el salvaje Oeste, decidí
no demorarme mucho más y continuar mi caminar hacia arriba, ya sabéis. La noche
terminó por cerrarse y reconozco que comencé a disfrutar de una vista
impresionante. Al fin algo de paz en medio de toda esta tortura. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pero como no podía ser de otro modo, antes de llegar a lo
que llaman el puerto de la Fuenfría, me crucé con unas vacas en plena oscuridad
que casi hacen que los calzoncillos me cambien de color. Quién había puesto a
esas vacas allí, en plena noche, en medio de mi camino, era otra parte del
misterio que tendría que desentrañar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al llegar a la Fuenfría, ya no me corté a la hora de pedir
que me dieran de comer y de beber por la cara. Me ofrecieron un caldo calentito
pero, temiendo ser drogado, me conformé con una botella de agua cerrada a cal y
canto con su tapón, por tanto, más difícil de adulterar.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Hastiado ya de tanto caminar y sin encontrar visos de solucionar
el entuerto en el que estaba metido, decidí dar el último empujón para llegar
de una vez por todas al fondo de este asunto. Me lancé entonces cuesta abajo
hacia la ciudad que llaman Segovia, advertido por un amable (y sospechosísimo)
personaje de que allí pudiera ser que hallase lo que estaba buscando. Aún me
quedaban veintidós kilómetros para eso.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
En esta bajada empezó a adelantarme gente, de los que iban
vestidos como yo. Yo bajaba andando, pues el firme no era precisamente muy firme
por culpa de los guijarros. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–A ver si ahora, además de escocerme el culo, me voy a joder
un tobillo –pensé con cierto desdén por lo que corrían&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al principio no entendía a qué cojones venían ahora esas
prisas, pero luego pensé que quizá era mejor no desalentarme y seguir apretando
el culo (todo lo que me dejase la rozadura, claro está) hacia abajo. Al menos
en ese momento la pendiente estaba a mi favor.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Después de más de una hora y media de bajada, llegué a otro
punto de aprovisionamiento gratuito. Escuché decir que era el último antes de
llegar a la ciudad a la que me dirigía, Segovia. Creo que en ese momento
llevaba noventa y dos kilómetros en mis piernas y aún restaban otros once para
llegar a dónde se suponía que estaba la solución al enigma. Aquí intenté
aplicar otra táctica. Dar algo de charla al personal, para tratar de sonsacar
algo de información antes de volver a perderme en la oscuridad de la noche.
Para romper el hielo les conté mi pequeño problema con el culo. Sin embargo,
salvo unas profundas carcajadas no fui capaz de hacer que soltaran prenda.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Casi resignado por completo, decidí abandonar el abrigo de
la carpa no sin antes volver a darme un frotis nalgatorio y escrotal en previsión
de males mayores. Pasados los cinco minutos de calvario por la nueva untada,
comencé a relajarme mientras me concentraba en no perderme en medio de la
negrura que me inundaba. A lo lejos se veían unas luces que yo interpreté como
las que habían de iluminarme en la revelación del misterio que aún permanecía
oculto. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Tras más de una hora de agotadora caminata, logré traspasar
los límites de la ciudad y eso me dio renovados ánimos. Hacía ya más de una
hora que había sobrepasado la medianoche y no estaba ya lejos el momento de
encontrar las respuestas que llevaba casi diecisiete horas buscando. Ya dentro
de la ciudad, vi a lo lejos un grupo de tres que recordaba haber visto en algún
momento pasado. Al acercarme caí en la cuenta de que eran unos tipos
sospechosos que me había encontrado en el último puesto de bebidas. La
suposición se vio confirmada cuando, disimuladamente, pasé a su lado y escuché
un comentario:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Oye –dijo uno dirigiéndose a los otros dos – éste es el del
culo, ¿no?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Ajá –respondió otro&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Esa conversación tan poco profunda hizo que apretara el paso
tratando de dejar una distancia prudente entre ellos y yo con la cual sentirme
más seguro. Oír a tres tipos detrás de ti hacer comentarios de tu culo cuando
vas de madrugada andando en mallas por una ciudad desconocida no es como para
volverse confiado.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Supongo que impulsado por el miedo, el cansancio ya
extenuante y el afán por esclarecer de una vez el entuerto, mi cuerpo empezó a
correr de nuevo como si alguien hubiese metido un supositorio de uranio
enriquecido en mi maltrecho y dolorido culo. Y así seguí durante unos cientos
de metros hasta encontrarme de repente bajando por una calle adoquinada en la
que se veía gente al fondo. Tan emocionado empecé a sentirme que, dominado por
una furia irracional, mi cuerpo se puso a correr como si le fuera la vida en
ello y, de pronto, me vi pasando en medio de un tropel de personas que formaban
una especie de pasillo y que me aplaudían y gritaban, como si me estuvieran
animando a hacer algo que yo no terminaba de comprender. Por decir que casi me
emociono y todo…&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y en esto que me vi pasando por debajo de un arco de un
acueducto, previo paso por un arco inchable de otra de esas bebidas de
deportistas, a un señor pidiéndome no sé qué número, una chica poniéndome un
sello en un papel, otra dándome una medalla y la última ofreciéndome un montado
de jamón serrano. Yo no dejaba de alucinar en colores. Pero es que para más
INRI, me mandaron a un pabellón a recoger las mochilas que me habían ido
entregando durante el día y, después de darme una palmadita en la espalda, lo
único que me dijeron fue:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Enhorabuena, chavalote. Lo has conseguido, ya has hecho los
102 km de Madrid-Segovia.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¿Y mis respuestas? ¿Quién va a responder a mis preguntas
después de casi 17 horas y media de calvario? –contesté&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–Para eso, chico, búscate una buena iglesia. Nosotros sólo
organizamos carreras&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Y así es como, en este momento, y después de todo lo
sufrido, aún me pregunto qué fue lo que pasó el sábado y porqué hice lo que
hice. Sé que durante unos días seguirán presentes esas preguntas y me costará
olvidar el sufrimiento que pasé ese sábado de marras. La medalla me lo
recordará, sin duda. Bueno, la medalla y… la escocedura del culo, ¡que menuda
la he liado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2012/09/cronica-de-una-aventura.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgl-j4rDrFipQq0-EkOaJ4XjpdgzhDmr9juGbEQ3l_wIqxAc9NiYccW_6A9_rUaePFATkIe498DN4y8BQkF6WE9vgS9Purl9hILBVZ88efgEqQAum1lh-EDWmoN2-XLv-k9FREPcA0F8u8/s72-c/misterio.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-3985573689183384439</guid><pubDate>Fri, 27 Jul 2012 21:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-07-27T23:18:24.973+02:00</atom:updated><title>Ser o no ser humano</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;h2&gt;
&lt;/h2&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;
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&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;S&lt;/span&gt;i el hombre (en sentido neutro del término, es decir, el
Homo Sapiens Sapiens) es el único animal que tropieza dos veces con la misma
piedra, ¿qué eres si tropiezas tres veces? ¿En qué tipo de ser te convierte
eso? ¿En algo superior? No siento la presencia de superpoderes, ni de ninguna
otra habilidad que se encuentre en el terreno de lo excepcional (salvo saber
silbar sin meterme los dedos en la boca), por lo que deduzco que seguirán
rechazando mi solicitud de admisión en los X-Men. No, mutante no puedo ser,
¿qué diantre, entonces? &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
También dicen que más sabe el Diablo por viejo que por
diablo. Yo cada día me veo más canas pero, si tantas veces tropiezo, ¿no será
que a mí me pasa en el fondo como a Benjamín Button, que a cada paso que doy,
en vez de crecer, decrezco? Es cierto que mi fenotipo desmiente esta teoría
pero ¿no es menos verdad que los actos son lo que definen al hombre? ¿Soy, por
tanto, más joven por actuar como un inexperto?&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Errar es una acción propiamente humana, al menos es lo que
yo siempre he oído. Sin embargo nunca me he preguntado si existe algún límite.
Es decir, ¿es que a partir de un cierto número de errores pasa uno directamente
a otro estadio o nos quedamos igual que estamos? Es simple curiosidad de saber
si me he convertido en algo más molón o si por el contrario sigo siendo un
humano aburrido y coñón.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Una cita que se le atribuye a Cicerón dice algo como que
equivocarse es de humanos pero de locos es persistir en el error. ¿Puede ser
tal vez que haya perdido la chaveta? Hace tiempo que no me golpeo la cabeza con
algo duro, ni tan siquiera con una maceta. ¿No será que estoy sufriendo los
daños colaterales de las infinitas noches de comunión con la movida madrileña y
su insuperable garrafón? &amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Lo que sí puedo decir de mí es que no soy un cagón. Yo no cumplo aquello de que si no te equivocas es que no lo intentas. No lo cumplo a la
perfección. O sí lo cumplo, pero al revés, que me lío. Ahora bien, según por el lado del prisma que se mire, puedo parecer
un intrépido y un osado, o por el contrario,&amp;nbsp;
un desvariado, un chiflado, un perturbado, un lunático, un maniático, un
majareta y hasta un grillado. Sea como fuere, podré ser un demente, lo admito, pero no
hay duda de que lo cortés, en efecto, no quita lo valiente.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Trataré de desentrañar si se ha producido en mi persona
alguna evolución. Tengo curiosidad, ya os digo, de saber si aún quedan en mí rastros de humanidad.&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;background-color: white;&quot;&gt;Estaré ojo avizor para detectar cualquier cambio o alteración. Y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white;&quot;&gt;mientras realizo ese análisis introspectivo, me resignaré, poco a poco, al
nuevo tropiezo con la esperanza de aprender de una vez por todas… la
lección.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2012/07/ser-o-no-ser-humano.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhKg0EV3ty3lvW1kaSISM2BMJzolkH7u09U1peJyzMOu2iArfxIJZDKeR1coWh7x6m10_qN0mQ6haBXnYpHJ9A9W3LaDlBo3DOswu75pjK3utR4c5YTyTFUeH-4V3V1Yc3bdKCE8PxORg0/s72-c/serhumano.png" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-614339817993617187</guid><pubDate>Thu, 17 May 2012 10:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-05-17T12:51:05.817+02:00</atom:updated><title>(H)istoria</title><description>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: left;&quot;&gt;
&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj54cITb0hLWr3Zyi7zRC1dxiljCpgomMCXdcPTCggMBO_mUHNec0x7rnGpxTNu20dmQXgFCVEIstsWXJrvOEwD080d1cVtjWClwJXGhXJBtToPvRKx4FYiJEkno5RUVgyNTizNdMwa0tY/s1600/historia.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;184&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj54cITb0hLWr3Zyi7zRC1dxiljCpgomMCXdcPTCggMBO_mUHNec0x7rnGpxTNu20dmQXgFCVEIstsWXJrvOEwD080d1cVtjWClwJXGhXJBtToPvRKx4FYiJEkno5RUVgyNTizNdMwa0tY/s320/historia.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Estoy hasta los cojones de Telemadrid. Me repugna que desde
una supuesta televisión pública se financien y emitan documentales como el que
ayer por la noche se pudo ver en La Otra. Aumentando aún más la podredumbre que
infecta a la emisora de Esperanza Aguirre, se proyectó otra de las joyas de
Álvaro Bullón de Mendoza, catedrático de Historia Contemporánea de la
Universidad San Pablo-CEU. Ya hace unos meses, en horario de prime-time, se programó
por el primer canal de Telemadrid uno de los folletines de este historiador,
como ya comenté en otro &lt;a href=&quot;http://pedazosdeunomismo.blogspot.com.es/2011/07/eterna-manipulacion.html&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;artículo&lt;/a&gt;. El emitido ayer trata de tirar por
tierra las crónicas del conocido corresponsal de guerra Jay Allen en relación a
los sucesos que acaecieron en la toma de Badajoz durante la Guerra Civil
Española por parte del ejército golpista, comandado en esta ocasión por el
General Yagüe. Allen describió lo vivido allí como una matanza, orquestada por
los franquistas, bajo el traje del ejército, de la falange, de la guardia civil
y de los guardias de asalto sublevados y posteriormente liberados cuando la
ciudad fue tomada. &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Yo no termino de conocer bien los hechos, pues no he leído
sus crónicas, ni tampoco las de otros corresponsales de la época en relación a
lo que aconteció en Badajoz. Pero lo que sí es cierto es que, a la vista del
tratamiento que se le dispensa a esas informaciones y a la figura de Allen, en
contraposición con la de Yagüe, el documental no es más que otro deplorable,
nauseabundo y repugnante intento de justificar un golpe de estado contra un gobierno
elegido democráticamente y de edulcorar la imagen del mayor hijo de puta que
haya vivido en este país en los últimos cien años. Que este tipo de cosas se
produzcan con dinero de las editoriales filo-franquistas y se emitan en sus
medios de (des)comunicación como Intereconomía y La Gaceta, me importa una
mierda. Pero que se financie a un supuesto historiador, más pro-franquista que
Millán-Astray, para que realice una puta propaganda que no hace otra cosa que
tergiversar la historia para tapar los crímenes que cometió uno de los mayores asesinos
que haya dado España en aras de convertirse en Caudillo por gracia de
Dios, y esa financiación salga de una televisión pública, como la que
sufrimos los madrileños… me toca los cojones en grado superlativo. &lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun: yes;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Todavía va a resultar que Franco fue, primero,
un verdadero cruzado, después, un gran líder y, por último, un estadista como
ha habido pocos. Me cago en su puta madre. ¿Pero qué coño pasa con este país?
En varias naciones europeas que durante el siglo XX sufrieron e hicieron sufrir
los desmanes, desvaríos y demencias de sus dirigentes, se ha entonado en
ocasiones un mea culpa, envuelto en un halo de vergüenza, si no por la complicidad
sí por el silencio. ¿Por qué aquí no pasa lo mismo? ¿Por qué sigue existiendo
ese lobby tan extenso y tan poderoso que trata de hacernos creer que el golpe
de estado, la guerra civil y los casi cuarenta años de dictadura no son más que
un mal menor en comparación con los beneficios que todo eso trajo al país? ¿Es
que aún pretenden que vaya a Cuelgamuros a poner flores en la tumba del (su)
Generalísimo? &lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Que no cuenten conmigo. Que todos estos chupatintas
quintacolumnistas, propagandistas al servicio de su otrora Caudillo, que se
llaman a sí mismos historiadores, se metan sus documentales por el mismo
agujero por el que salieron, pues inaceptable es presentar una verdad que no
fue con el único propósito de glorificar la figura del que planificó y ejecutó
los mayores pogromos que se produjeron en España durante la guerra civil y
después de ella.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Mi (no)querido señor Bullón de Mendoza, como dijo aquél:&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
–¡A la mierda! ¡Váyase usted a la mierda, hombre!&lt;/div&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2012/05/historia.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj54cITb0hLWr3Zyi7zRC1dxiljCpgomMCXdcPTCggMBO_mUHNec0x7rnGpxTNu20dmQXgFCVEIstsWXJrvOEwD080d1cVtjWClwJXGhXJBtToPvRKx4FYiJEkno5RUVgyNTizNdMwa0tY/s72-c/historia.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1848125020729175808</guid><pubDate>Thu, 22 Dec 2011 10:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-22T11:39:21.832+01:00</atom:updated><title>Silencio a medias</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiXxP_4znfcKfDnCUfmw1r9NYjR0mKm4gHUmhtibYrb0vbNJTAdfM_1BCU-IMD8P8bLbezqAKeHrB0df06h6yXZn9Hp7TNEDcxBsWducHOJdionxB-bur3ZiMfwT_5oflOhDQjBi92lkcs/s1600/Hagamos+un++trato.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 231px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiXxP_4znfcKfDnCUfmw1r9NYjR0mKm4gHUmhtibYrb0vbNJTAdfM_1BCU-IMD8P8bLbezqAKeHrB0df06h6yXZn9Hp7TNEDcxBsWducHOJdionxB-bur3ZiMfwT_5oflOhDQjBi92lkcs/s320/Hagamos+un++trato.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5688900092180980306&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Más de una vez he oído comentar que si uno no encuentra mejores palabras para expresar algo que un silencio, lo más inteligente es callarse. Yo he intentado aplicarme el dicho, pero sólo he sido capaz de hacerlo en parte. Mi voz (hablada o escrita) no es mejor que un silencio, sin embargo, la voz de Mario lo supera con creces. Es por eso que esta vez, como tantas otras, la hago mía para ayudarme a decir lo que anhelo contar. Y cuando hablo de contar, no hablo de contar hasta dos o hasta diez, sino de contar… conmigo.  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight:normal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal&quot;&gt;Hagamos un trato.&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;Compañera&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;usted sabe&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;que puede contar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;conmigo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;no hasta dos&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;o hasta diez&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;sino contar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;conmigo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;si alguna vez&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;advierte&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;que la miro a los ojos&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;y una veta de amor&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;reconoce en los míos&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;no alerte sus fusiles&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;ni piense qué delirio&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;a pesar de la veta&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;o tal vez porque existe&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;usted puede contar conmigo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;si otras veces&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;me encuentra&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;huraño sin motivo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;no piense qué flojera&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;igual puede contar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;conmigo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;pero hagamos un trato&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;yo quisiera contar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;con usted&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-tab-count:1&quot;&gt;            &lt;/span&gt;es tan lindo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;saber que usted existe&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;uno se siente vivo&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;y cuando digo esto&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;quiero decir contar&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;aunque sea hasta dos&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;aunque sea hasta cinco&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;no ya para que acuda&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;presurosa en mi auxilio&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;sino para saber&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;a ciencia cierta&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;que usted sabe que puede&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;contar conmigo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;b style=&quot;mso-bidi-font-weight:normal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal&quot;&gt;Mario Benedetti.&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/12/silencio-medias.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiXxP_4znfcKfDnCUfmw1r9NYjR0mKm4gHUmhtibYrb0vbNJTAdfM_1BCU-IMD8P8bLbezqAKeHrB0df06h6yXZn9Hp7TNEDcxBsWducHOJdionxB-bur3ZiMfwT_5oflOhDQjBi92lkcs/s72-c/Hagamos+un++trato.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1751625793817287196</guid><pubDate>Mon, 28 Nov 2011 08:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-28T09:48:29.988+01:00</atom:updated><title>Vecinos</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh6eN_ITEmHXSM9K_aAUTb-DeotLPwpkST8fZ8r_UctFAkBK0thkBeewO53kZ96Lea8R8WIKhyM4ctKRrm0pdCUqnLDuAF6crscfXOurd0R5zTA-CSM9I1AlGK32CwDe9jYGpi4pYtjds4/s1600/vecinos.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 294px; height: 320px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh6eN_ITEmHXSM9K_aAUTb-DeotLPwpkST8fZ8r_UctFAkBK0thkBeewO53kZ96Lea8R8WIKhyM4ctKRrm0pdCUqnLDuAF6crscfXOurd0R5zTA-CSM9I1AlGK32CwDe9jYGpi4pYtjds4/s320/vecinos.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5679965562885620034&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Hoy he conocido a una vecina nueva. Vive en el cuarto, como yo. En realidad me ha conocido ella. Resulta que ya nos habíamos visto.    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Vas al cuarto –me dice.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Pues en efecto –le digo. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Es que ya habíamos coincidido otro día…&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Ah…   &lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Salimos del ascensor y cada uno por su lado. Yo, a la izquierda y ella a la derecha.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Adiós&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Adiós   &lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Entro por la puerta y al cerrarla pienso que un poco más de charleta hubiera estado bien. Es la falta de costumbre. En tres años y medio la única conversación que he mantenido con alguien de mi edificio tuvo lugar hace casi dos. La (des)agraciada fue mi antigua vecina de arriba.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Estoy a punto de llamar a la policía &lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;–le dije.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–No, no hace falta, ya terminamos –me dijo. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Es que te estás pasando tres pueblos –le volví a decir.   &lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Y ella ya no respondió, o quizá yo no la oí, porque empecé a bajar las escaleras maldiciendo. Taconazos y música a tope. Cuando uno está de fiesta, mola. Cuando uno lo sufre a las 3:00 de la madrugada en la casa de arriba, ya no mola tanto.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Menudo mustio &lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;–habrá pensado mi nueva vecina.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Menudo gilipollas –pensaría la antigua.   &lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cuando era pequeño vivíamos en un piso normal de barrio. Era una comunidad de vecinos, en el más amplio sentido de la palabra. Con sus relaciones buenas y malas. Cada vecino conocía la vida de los otros, y viceversa. Se compartían cosas, se formaban corrillos en la escalera, se cuchilleaba pero también se ayudaba. Yo era pequeño, y tímido. Mi madre hizo amistad con muchas vecinas, en especial con una. A veces subía a casa para que la ayudásemos con la madeja de lana. Sin embargo, reconozco que pasar la nochevieja viendo la gala de fin de año con la vecina del primero D sentada a mi vera, no me gustaba demasiado. Sobre todo el año de Sabrina y su “boys, boys, boys”. Yo era un pre-púber y la señora Tomasa tenía más años que los balcones de madera. Ver botar esas tetas de aquella manera teniendo a mi lado a aquella dulce anciana, estuvo a punto de causarme un trauma. En el bloque, yo saludaba siempre, pero hablaba lo imprescindible. La gente mayor potenciaba en mí esa timidez que aún arrastro. En la adolescencia, en cambio, mi vida transcurrió en la soledad de un chalet. El número se redujo a tres vecinos. Ya no estaba la señora Tomasa y el especial de fin de año se sustituyó por la fiesta. Pero el contacto diario con aquella comunidad vecinal del bloque de pisos de barrio, se perdió. Cuando me independicé, volví a un apartamento, aunque me pasaba el día fuera. Más que hogar era un refugio donde pasar la noche. Salía con el sol y volvía con la luna. Alguna que otra conversación entablé en el ascensor en esos años, sobre todo de niños, piscinas y derramas. Pero yo estaba en otras lides. Durante el año que viví en París, no salía tanto. Mi pequeño estudio estaba en un bloque grande, con muchos vecinos. Tenía un horario de entrada-salida más normal. El idioma era otro, pero eso no es barrera si uno no quiere que lo sea. Lo intenté, de veras. Sin embargo, a la tercera vez que no me devolvieron el saludo, ya dejé de tomar la iniciativa. Más secos que el desierto de Almería, estos parisinos. &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cómo voy a tener, pues, la costumbre de interaccionar con mis vecinos.   &lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;En la casa en la que vivo hoy en día, somos pocos, ni bien ni mal avenidos. Directamente sin avenir. Ya he mencionado que en tres años y medio tan sólo ha habido una charla más allá del hola-adiós. Hasta hoy. No obstante, “Pues en efecto” y “Ah” no parecen ser los mejores argumentos de un discurso de bienvenida. Mustio o tonto. No sé qué prefiero que piense. A lo mejor me acerco un día a pedirle un poco de sal y decirle que mi puerta está abierta si necesita algo, aunque de esa manera puede que la conjunción del binomio mustio/tonto pase de ser disyuntiva a convertirse de inmediato en copulativa. &lt;/p&gt;  &lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate=&quot;false&quot; latentstylecount=&quot;156&quot;&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;;  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:&quot;&quot;;  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;span style=&quot;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ZH-CN;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:SimSun;font-size:12.0pt;&quot;  &gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/11/vecinos.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh6eN_ITEmHXSM9K_aAUTb-DeotLPwpkST8fZ8r_UctFAkBK0thkBeewO53kZ96Lea8R8WIKhyM4ctKRrm0pdCUqnLDuAF6crscfXOurd0R5zTA-CSM9I1AlGK32CwDe9jYGpi4pYtjds4/s72-c/vecinos.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-9163420310071668423</guid><pubDate>Fri, 11 Nov 2011 08:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-11T09:14:55.144+01:00</atom:updated><title>Le samaritain</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjwRauqMg6e-YUKnQuN5tldOZRVGUmuyWTXTcvcScda9Qa9Bp-jztXWVwwu4vEU-MuV5oWp3_AcwRTNqeywLb-T_phkIBf675jtf7MexvGXqkbNLPHtyVsF5J6NKXftOikgHT2ing5pHS4/s1600/Amelie.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 135px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjwRauqMg6e-YUKnQuN5tldOZRVGUmuyWTXTcvcScda9Qa9Bp-jztXWVwwu4vEU-MuV5oWp3_AcwRTNqeywLb-T_phkIBf675jtf7MexvGXqkbNLPHtyVsF5J6NKXftOikgHT2ing5pHS4/s320/Amelie.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5673648468915359122&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Ya sé que es la segunda vez esta semana que hago referencia a una película, pero lo cierto es que a veces uno no controla los acontecimientos y en cualquier momento el devenir de las cosas puede hacer que se evoque en tu memoria el recuerdo de una vivencia pasada o, como es el caso, una escena de un largometraje. Esta mañana, al salir del metro de Pacífico, finalizando el último tramo de escalones de la estación, he llegado a la altura de una chica ciega que, con la ayuda de un bastón, parecía estar descifrando la forma de la escalera, recorriendo el pliego que conforma cada escalón con la punta redondeada de su especial bordón. Parecía como si estuviese siguiendo al pie de la letra las “Instrucciones para subir una escalera” de Cortázar, pero en realidad iba tanteando cada centímetro cuadrado en previsión de la aparición de un obstáculo inesperado. Al llegar arriba y ver que iniciaba un particular combate con una farola estúpidamente puesta justo en el medio de la salida, me he acercado a ella y le he preguntado que a dónde se dirigía. Después de contestarme que su camino era continuar por la calle Doctor Esquerdo y dedicar algún exabrupto a la farola en cuestión, hemos comenzado a intercambiar algunas frases y hemos recorrido unos cuantos metros juntos. Ha sido en ese momento, cuando he sentido la tentación de agarrarla del brazo e, imprimiendo viveza a la marcha, comenzar a describirle todas y cada una de las cosas cotidianas que su incapacitada visión le hace perderse, a la manera de Amélie Poulain:    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–El cielo está algo nublado, el sol se ha levantado perezoso y ha preferido que sean las nubes las que hagan el trabajo hoy. &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–A la derecha hay un grupo de mecánicos que miran los culos de las chicas como el niño que come con los ojos las golosinas que ve en un escaparate sabiendo que nunca serán suyas.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–¡Cuidado!, has estado a punto de pisar una mierda del perro salchicha que cada mañana saca a pasear una señora en bata de franela y con zapatillas de color marrón, justo después de quitarse los rulos.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Eso que hueles es el humo del cigarro que una señora gorda nos acaba de lanzar a la cara cuando pasábamos por la puerta de un bar lleno de gente que mira el reloj maldiciendo los pocos minutos que les quedan para entrar a trabajar.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Por la izquierda nos acaba de pasar un señor con maletín y cara de mala hostia, por la dieta que su mujer le obliga a seguir a rajatabla y que le ha hecho ya perder unos cuantos kilos, que a buen seguro él estaría encantado de recuperar.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Bueno, ya te dejo aquí, en la puerta de este portal, en medio de ninguna parte, que yo me voy a trabajar. ¡Adiós y que tengas un buen día!&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;En esa disyuntiva estaba yo cuando me he acordado de mi cuñada. Un día, queriendo ejercer de buena samaritana, agarró a un anciano invidente con el objeto de ayudarle a cruzar una calle. En el momento del ofrecimiento, no se dio cuenta de que iba con mi sobrino, su hijo, un niño que requiere un 110% de vigilancia, incluso con gafas de infrarrojos, para poder ver la temperatura de sus extremidades superiores e inferiores y anticipar así sus movimientos. Como era de esperar, mi sobrino pudo más que el hombre ciego y mi cuñada distrajo la atención de su buena obra hasta que oyó un grito, seguido de una imprecación, que viene a ser una palabrota malsonante, dicho así en fino. El pobre hombre había tenido la mala suerte de darse de bruces con un bolardo, de esos que están para impedir que los coches se suban a la acera. Lo peor es que el tamaño del bolardo era mayor de lo habitual, de esos que llegan a la altura de la entrepierna. Lo que se dio, por tanto, de bruces con el poste metálico no fue su espinilla o su rodilla... fueron sus testículos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;No sé si ha sido el recuerdo de esta anécdota o la pena por no poder describir un panorama cotidiano algo más alentador, caluroso, divertido o simplemente bonito, lo que me ha hecho encoger mi mano y despedirme con una mera frase de ánimo, mientras la veía blandir su particular espada en lucha contra las pérfidas baldosas de la acera. Sin embargo, ahora que vuelvo a pensar en ello y con la película de Amélie en la bandeja del DVD, me pregunto a mí mismo qué haré mañana si, por una de esas casualidades de la vida, me vuelvo a encontrar de nuevo con la misma muchacha ciega subiendo las escaleras.&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/11/le-samaritain.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjwRauqMg6e-YUKnQuN5tldOZRVGUmuyWTXTcvcScda9Qa9Bp-jztXWVwwu4vEU-MuV5oWp3_AcwRTNqeywLb-T_phkIBf675jtf7MexvGXqkbNLPHtyVsF5J6NKXftOikgHT2ing5pHS4/s72-c/Amelie.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-9100198333798678750</guid><pubDate>Tue, 08 Nov 2011 08:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-08T09:19:12.063+01:00</atom:updated><title>Yo también hubiera</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIY21HnVy_awjw5r0ArBup7VbdkqEkhaX2A0TmOoOFaW3V-rI4V1qetpDzqEWJzJ3B7h2oxaoQokn1d3nYajxKYLlHURQAaA_a1DNwhnARzuwLpAHXzHk2Cj97MJj9baX5zWolQHIe1N8/s1600/pure-cafe-bastille.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 218px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIY21HnVy_awjw5r0ArBup7VbdkqEkhaX2A0TmOoOFaW3V-rI4V1qetpDzqEWJzJ3B7h2oxaoQokn1d3nYajxKYLlHURQAaA_a1DNwhnARzuwLpAHXzHk2Cj97MJj9baX5zWolQHIe1N8/s320/pure-cafe-bastille.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5672535569995316626&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate=&quot;false&quot; latentstylecount=&quot;156&quot;&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;;  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:&quot;&quot;;  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;Hace ya unos años, cuando vivía en París, escribí un artículo que hablaba de la película Before Sunset (Antes del atardecer). Es un film protagonizado por Ethan Hawke y Julie Delpy, que transcurre en la ciudad del Sena. La historia tiene su origen en una película precedente titulada Before Sunrise (Antes del amanecer), en la que los mismos protagonistas se conocen fortuitamente en Viena y pasan toda una noche juntos para no volver a encontrarse hasta nueve años después. En Before Sunset, los jóvenes que se conocieron años atrás se han convertido ya en adultos, con existencias salpicadas en ambos casos por la insatisfacción y también por el recuerdo del romanticismo vivido en esa noche y que, en cierto modo, les ha robado la oportunidad de sentirlo nuevamente.    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es una película con unos diálogos que le despiertan a uno el deseo de participar en ellos. Cuando se sientan, por ejemplo, en Le Pure Café, y comienzan a hablar sobre lo bello que es experimentar el deseo por algo, aunque muchas veces nos lleve a sentirnos insatisfechos por el hecho de no conseguirlo. Yo podría haber participado en esa conversación, en persona. No en vano, yo vivía a 30 metros del café (cuando empieza el plano en el que se acercan andando a Le Pure Café, al fondo del callejón se ve el portal de la que fue mi casa en París). Hoy me hubiera gustado colarme en la televisión y sentarme en la mesa con Jesse y Céline, o mejor aún, sólo con Céline y contarle lo que yo pienso de las cosas que pasan en el mundo, de cómo la vida ha actuado en mí, moldeando mi personalidad año tras año, de las cosas que yo deseo y que no puedo tener, y de cómo eso también me deja un punto de insatisfacción, que ya no me abandonará vaya a donde vaya y haga lo que haga. Habría hablado de eso y de mucho más, tomando un kir y escuchando de fondo la música de un acordeón, sentado en una silla de madera, incómoda y a punto de romperse bajo mi peso, embelesado por su pelo rubio pero sobre todo por sus palabras. Yo también le hubiera hablado de mis relaciones pasadas, de los errores que cometí y de todo lo que aprendí, y de cómo me acordé siempre de ella. Le hubiera confesado que sí, que yo sí que me presenté a esa cita, y que, a pesar del plantón, nunca le guardé rencor. Le habría dicho, al igual que Jesse, que si nos quedasen unas horas de vida me gustaría pasarlas en la habitación de un hotel, hablando de cosas trascendentales y mundanas mientras hacíamos el amor. Le hubiera enseñado los rincones que conozco de la más bella París, las pequeñas plazas, los escondidos jardines, los enrevesados pasadizos, y no habría dejado de escuchar atentamente y hubiese disfrutado de cada uno de los momentos vividos durante esa tarde. Hubiera deseado, como Jesse, acompañar a Céline a su bonito apartamento, conocer a su gato y que la vecina de su portal pensase que soy guapo (y que me lo dijese). Habría dado lo que fuese por oír esa canción con mi nombre en la letra, ese vals compuesto por ella misma. En vez de manzanilla, yo habría tomado café, aunque cualquier cosa hubiera valido para prolongar unos minutos más ese momento. No me hubiese querido perder el sensual y a la vez divertido baile imitando a Nina Simone. E indudablemente, yo también habría terminado perdiendo el avión.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Pero seguro que habría ganado muchas más cosas. Como Jesse.&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/11/yo-tambien-hubiera.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIY21HnVy_awjw5r0ArBup7VbdkqEkhaX2A0TmOoOFaW3V-rI4V1qetpDzqEWJzJ3B7h2oxaoQokn1d3nYajxKYLlHURQAaA_a1DNwhnARzuwLpAHXzHk2Cj97MJj9baX5zWolQHIe1N8/s72-c/pure-cafe-bastille.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1980529708165574163</guid><pubDate>Mon, 07 Nov 2011 10:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-07T11:38:08.532+01:00</atom:updated><title>La esencia</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhp8YssZ7frhVymGUdCtdNlY99iVgSHeBZMcxnHKxYD_XUzUYMPtZf8acIEQpN7B0z8VJphANiG9uvNsGhksn-2Qu2xSADkRP5uhucx2EOtg_LfkK5SsHtUxvDMKlT-iP7ef1wvhBAjkg0/s1600/haiku.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 286px; height: 320px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhp8YssZ7frhVymGUdCtdNlY99iVgSHeBZMcxnHKxYD_XUzUYMPtZf8acIEQpN7B0z8VJphANiG9uvNsGhksn-2Qu2xSADkRP5uhucx2EOtg_LfkK5SsHtUxvDMKlT-iP7ef1wvhBAjkg0/s320/haiku.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5672200601323461586&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Son las 18:30 de la tarde de un domingo cualquiera de otoño en Madrid. No hace mucho que acabo de entrar en casa y, aunque la temperatura no se corresponde con la que cabría esperar para la época en la que estamos, estoy pensando en poner la calefacción porque he sentido algo de frío después de dejar el abrigo que llevaba en una de las sillas del salón. Había salido un momento para depositar unas bolsas con camisetas, jerséis y zapatos, que ya no uso, en un contenedor de recogida de ropa. Termino de sentarme en el sofá y, viendo que la programación de la tele no ha mejorado mucho con relación al último domingo que recuerdo en la misma postura, he pensado que tal vez pueda pasar la tarde cavilando en algo sobre lo que escribir.     &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es curioso que, a pesar de lo que me dijo una amiga el otro día en relación a que me paso mucho tiempo fuera de las cuatro paredes que tiene mi casa, no encuentre ideas sobre las que desgranar unas cuantas letras. No digo que no me pasen cosas relevantes, ni que me dedique a hacer actividades aburridas o que las conversaciones que mantengo con las personas que me rodean carezcan de la enjundia suficiente. Pero, como le dije a esta misma amiga también el otro día, el hecho es que todo me parece tan cotidiano o, por otro lado, tan personal, que no veo el interés que eso puede suscitar en la persona que lo lea, salvo que sea yo mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;No es también menos cierto que hay temas sobre los cuales he desarrollado últimamente una inapetencia especial y eso me impide esbozar siquiera un esquema coherente de mis pensamientos. La política y la telebasura son un filón, no hay duda, sobre el que dar rienda suelta a los más oscuros instintos en forma de verborrea. Pero la visualización de más de cinco minutos seguidos de los programas insignia de canales como Intereconomía, 13 TV, Veo y Telemadrid me producen un ardor de estómago de tales dimensiones que mi médico me ha dicho que abandone semejantes prácticas autodestructivas. También no es menos cierto que cada vez me motiva menos escribir de cosas que me disgustan.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;No es que me haya vuelto un apático ni tampoco un vago, pero a veces creo que estaría más contento si tuviese una mayor capacidad de síntesis, que me ayudara a resumir la esencia de lo que pienso con un número mínimo de palabras. Mis artículos ya no serían más artículos, sino que pasarían a ser &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;twits&lt;/i&gt; o, en una línea más poética y acorde con mi escasa querencia a la tecnología, &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style: normal&quot;&gt;haikus&lt;/i&gt;. Una estructura fija de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Parece un ejercicio de resumen imposible el hecho de recoger en diecisiete sílabas un pensamiento simple. No te digo ya uno complejo. Con los sentimientos pasa lo mismo. Muchas veces nos quedamos sin perífrasis para describir lo que pensamos y sentimos, buscando siempre el matiz que mejor represente lo que queremos decir. Sin embargo, la esencia, al igual que ocurre con los grandes perfumes, se guarda mejor en recipientes pequeños. Y qué mejor recipiente para un pensamiento o sentimiento profundos que un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;haiku&lt;/i&gt;. &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Un gran escritor de haikus, sin ser japonés, fue Mario Benedetti. A pesar de ser uruguayo, alguien de su talla podría ser capaz de emocionar aún dejando el &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;haiku &lt;/span&gt;en sólo dos versos. Yo, lejos de querer emularle, pues mi mediocridad no me permite ni siquiera plagiarle como es debido, voy a hacer ese esfuerzo y trataré de capturar la esencia de un pensamiento profundo. Es un doble reto, por un lado ser capaz de expresar algo con sentido sin caer en la superficialidad y, por otro lado, respetar la estructura fija de versos y sílabas que impone este estilo poético. Ahí va mi intento:&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;El tiempo pasa&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;y lo etéreo con él.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;Hay que follar más.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Reconozco que, a lo mejor, no me ha quedado muy profundo en la esencia. ¡Pero que nadie me niegue que es técnicamente perfecto! &lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;Sólo hay que contar las sílabas.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/11/la-esencia.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhp8YssZ7frhVymGUdCtdNlY99iVgSHeBZMcxnHKxYD_XUzUYMPtZf8acIEQpN7B0z8VJphANiG9uvNsGhksn-2Qu2xSADkRP5uhucx2EOtg_LfkK5SsHtUxvDMKlT-iP7ef1wvhBAjkg0/s72-c/haiku.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-2180602231558539314</guid><pubDate>Thu, 27 Oct 2011 07:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-27T09:42:26.382+02:00</atom:updated><title>Breve estudio de la dinámica</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhoAPMIqq7ZrBeqSV9EPByUHEITD9m9KiDn5YBY9FcbLrL5VZhgP8bW8FPOPJ_xiP1r7bo7k35BMGrXwpycwjMS2VTadQx9mxDq8zB4Ljygs2LNTR0kaIRihzYwWqO0HZE3WdN6dKu_mZY/s1600/dinamica.gif&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 229px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhoAPMIqq7ZrBeqSV9EPByUHEITD9m9KiDn5YBY9FcbLrL5VZhgP8bW8FPOPJ_xiP1r7bo7k35BMGrXwpycwjMS2VTadQx9mxDq8zB4Ljygs2LNTR0kaIRihzYwWqO0HZE3WdN6dKu_mZY/s320/dinamica.gif&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5668073198426890674&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Llevo días dándole vueltas a cómo plasmar en papel (o el equivalente electrónico) ciertos pensamientos que me rondan en la cabeza, pero no acabo de encontrar el modo en el cual expresar en su debida forma y fondo tales disquisiciones. Aparte de la frustración que supone no ser capaz de articular en palabras una reflexión, digamos, de cierta profundidad, esta manifiesta incapacidad que se me está revelando para escribir lo que pienso está constituyendo en paralelo un bloqueo para el hecho de hablar de otros temas más intrascendentes (de política, por ejemplo). Ese freno creativo está espoleando el deseo de pasar de largo y, literalmente, por encima de ese pensamiento taponador. Pero es obvio que el espoleo no es lo suficientemente fuerte o con el atino necesario, a la vista de la disertación que estoy comenzando.    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El otro día hablaba con una amiga, y también con otro amigo, de la dinámica. No de la los fluidos, sino de la dinámica de la vida. ¿Veis lo profundo del tema? Pues bien, al contrario que la primera, cuyos principios quedan bien definidos por las leyes de la Física, la segunda se rige más bien por los principios de la anarquía, del desgobierno y del caos. A la pregunta de por qué hacemos lo que hacemos cuando lo hacemos no responde nunca una ley cierta que nos asegure a priori nuestro comportamiento. Todo depende, siempre depende, de algún factor. Y ese factor, o combinación de factores, hace que el resultado de la ecuación sea indefectiblemente una incógnita. Qué nos mueve en cada momento a hacer qué es algo de naturaleza imprevisible y de cuya fórmula solamente la empírica puede despejar la X.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Eso debe de ser así, o por enfatizar aún más mi deseo, debe ser así, pues de otra forma no tendría forma de explicar el porqué estoy haciendo lo que estoy haciendo. Sólo sé que mi objetivo es cambiar la dinámica, mi dinámica. A la pregunta de qué, porqué, cómo, porqué así, qué resultado espero obtener y demás cuestiones racionales, no existe respuesta. Al menos yo no la tengo. Así que, el que quiera una, que no me pregunte a mí, que recurra a la Física, cojones, que yo ya pico espuela con este tema.&lt;/p&gt;  &lt;span style=&quot;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ZH-CN;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:SimSun;font-size:12.0pt;&quot;  &gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/10/breve-estudio-de-la-dinamica.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhoAPMIqq7ZrBeqSV9EPByUHEITD9m9KiDn5YBY9FcbLrL5VZhgP8bW8FPOPJ_xiP1r7bo7k35BMGrXwpycwjMS2VTadQx9mxDq8zB4Ljygs2LNTR0kaIRihzYwWqO0HZE3WdN6dKu_mZY/s72-c/dinamica.gif" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-2380164217221286220</guid><pubDate>Mon, 17 Oct 2011 07:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-17T09:38:01.097+02:00</atom:updated><title>Comunicación</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi-ESs2vaSGCQGe5MC13zFLyyzuR7uiG_2DzXrSt8XhBsF3tm1iM6I6L67cTWkXG8N7-OjTQWCWfk6w99IpzMlnsBi3Hhu_soHtY_zSQHMeFG0ZDRCCAi6PIgjjhfh3CTX6e1OGvu6mPz8/s1600/comunica.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 261px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi-ESs2vaSGCQGe5MC13zFLyyzuR7uiG_2DzXrSt8XhBsF3tm1iM6I6L67cTWkXG8N7-OjTQWCWfk6w99IpzMlnsBi3Hhu_soHtY_zSQHMeFG0ZDRCCAi6PIgjjhfh3CTX6e1OGvu6mPz8/s320/comunica.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5664362046087028642&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate=&quot;false&quot; latentstylecount=&quot;156&quot;&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;;  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:&quot;&quot;;  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:&quot;Times New Roman&quot;;  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;El otro día, ya no recuerdo si fue en un artículo que leí o en un documental de la televisión, se hablaba de gente que estaba harta de la degradación que ha sufrido la comunicación entre las personas por culpa de los avances que se han producido en el ámbito de las nuevas tecnologías y, más concretamente, de la telefonía móvil. Contaba el caso de una mujer que había dado orden a su compañía de teléfonos de suprimirle el servicio de envío y recepción de SMS. Cuando un usuario quería enviarle un mensaje de texto a esta persona en cuestión, el sistema simplemente le avisaba de que el destinatario había suspendido el servicio, por lo que no lo recibiría. El motivo principal por el que esta mujer había tomado esa decisión era el hecho de que consideraba la voz y no el texto de un mensaje el mecanismo más adecuado para comunicarse con alguien. Y es que la voz puede decir muchas más cosas que las palabras que se escuchan. Hay matices que por muchos emoticonos que utilices, jamás podrán trasladarse a una conversación en texto. Un mensaje, un correo, un chat, permiten esconder muchos de esos matices que sin lugar a dudas nos pueden meter en ocasiones en un compromiso. Pero es indudable que por otro lado cierran la puerta a una comunicación más limpia, más clara y, en el fondo, más sincera.     &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es verdad que hay circunstancias en las que uno agradece disponer de estos medios. Yo mismo tengo una amiga en Filipinas a quién puedo ver, en un sentido virtual, a través de Facebook. Los miles de kilómetros que nos separan y la diferencia horaria que existe hacen realmente complicado una comunicación telefónica de manera regular. Es en casos como éste en los que correos y mensajes adquieren un sentido.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Hace tan sólo un año, yo tenía un móvil normal, es decir, un móvil que lo más que tenía de inteligente era poder sacar una foto de vez en cuando. Sin embargo, ahora tengo un smartphone, con todo lo que eso supone. Nadie te dice, cuando lo compras, que corres el riesgo de estar cada dos por tres comprobando si alguien te ha enviado un mensaje al WhatsApp, si has recibido correo nuevo o si simplemente alguien ha publicado una nueva foto el Facebook. La aberración puede llegar al punto que he visto hoy: las dos horas que ha durado la película que he ido a ver al cine, una chica que estaba a mi lado se las ha pasado consultando su Blackberry cada cinco minutos. He estado a punto de decirle que saliese fuera a llamar si tanta necesidad tenía de comunicarse, pero al final he centrado mi esfuerzo en concentrarme en disfrutar de la película.&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;No negaré que este punto de vista me está llevando a pensar en estos últimos días en cómo puedo hacer para aplicar los mismos principios que la señora de los SMS sin que eso suponga tomar acciones tan radicales como eliminar mi cuenta de Facebook o decir a mi compañía de teléfonos que me corten el acceso a Internet y que sólo me dejen las llamadas. Pero a veces es necesario tomar decisiones así, radicales, porque es la única manera de asegurar que realmente se produzca el cambio de dinámica que uno quiere.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Creo que me tomaré un tiempo para meditarlo. Un smartphone, dos cuentas personales de correo, una cuenta Facebook y este blog pueden llegar a ser demasiados canales por los que establecer comunicaciones carentes del fondo que a uno le gustaría. Confieso que hay días en los que me dan ganas de cortar por lo sano y mandar al cuerno estos artilugios, para, en modo de epitafio, poder decir lo mismo que esta señora:&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;&lt;span style=&quot; Times New Roman&amp;quot;;font-family:&amp;quot;;font-size:12pt;&quot;  &gt;–&lt;/span&gt;El que quiera algo, que me llame.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=&quot;font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ZH-CN;mso-bidi-language:AR-SAfont-family:SimSun;font-size:12.0pt;&quot;  &gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/10/comunicacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi-ESs2vaSGCQGe5MC13zFLyyzuR7uiG_2DzXrSt8XhBsF3tm1iM6I6L67cTWkXG8N7-OjTQWCWfk6w99IpzMlnsBi3Hhu_soHtY_zSQHMeFG0ZDRCCAi6PIgjjhfh3CTX6e1OGvu6mPz8/s72-c/comunica.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1836102606373859299</guid><pubDate>Tue, 11 Oct 2011 07:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-11T09:26:47.527+02:00</atom:updated><title>Tallas</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh76J006rWgo3nNUMMgc6rJKVW-O4UE4OF9ZlZjMxqf-Gl6kZfHnvOImrJuenfoy3h_s-RsTzbn6UcyK1fWjF3zqfYaK6QhpMSt2aErqmTXLakvMo4co9Eu0zNBT2oJlmOXNA2SCQ0WkD8/s1600/xl.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 305px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh76J006rWgo3nNUMMgc6rJKVW-O4UE4OF9ZlZjMxqf-Gl6kZfHnvOImrJuenfoy3h_s-RsTzbn6UcyK1fWjF3zqfYaK6QhpMSt2aErqmTXLakvMo4co9Eu0zNBT2oJlmOXNA2SCQ0WkD8/s320/xl.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5662132531875030786&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;En los últimos tres meses habré adelgazado alrededor de cuatro kilos. Dicho así no parece mucho, pero teniendo en cuenta que mi peso ideal está en torno a 75, pasar de 78 a 74 en noventa días es un ejercicio de voluntad que me ha supuesto un pequeño sacrificio. La recompensa de tal rebaja es evidente, sobre todo para alguien como yo, obsesionado en cierto modo con la forma física y la práctica de la tardíamente descubierta afición a correr. El ejemplo que se suele poner en estos casos, para que el interlocutor sea más consciente del significado de la proeza, es muy simple: prueba a coger algo que pese cuatro kilos (un barreño de detergente, una maleta, una mochila, etc.), ponte a dar zancadas y verás lo que supone el dichoso lastre. No obstante, y a pesar de la obviedad de la mejoría, hay que dejar patente que no todo son ventajas.      &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cuando uno está en fase o con intención de bajar de peso, la probabilidad de errar en la elección de la talla de la ropa es más que manifiesta. No se sabe si comprar en base a la previsión o si elegir guiado por el volumen que se posee en la actualidad. Si nos decantamos por una talla M convencidos de nuestro éxito en la lucha contra los lípidos, corremos el riesgo de no llegar a estrenar nunca esa camisa hawaiana de florido estampado que tanto nos impresionó en nuestras últimas vacaciones. Si, por el contrario, nuestro afán por cambiar el vestuario puede más que nuestra paciencia, la holgura de la vestimenta puede hacernos parecer unos raperos de postín.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es un coñazo esto de las tallas. No entiendo porqué no termina de ponerse de moda la ropa hecha con tejido de moléculas inestables. Tal vez porque no sea más que un producto de la ficción o quizás porque los 4 Fantásticos no han querido compartir la patente con el resto de la humanidad. El hecho es que entre la L, la M, la 40, la 38, la 42 americana o europea, talla de adulto, de niño, de adolescente, talla de mujer, de hombre, un 42, un 9 ½ o un 27.5, no sabe uno si hacerse la ropa a medida o terminar yendo en pelotas. El inconveniente ya no es sólo si el pantalón que te has pillado de rebajas te terminará quedando pequeño, grande, sobreajustado al paquete, para pescar cangrejos o si irás barriendo la mierda del suelo con el dobladillo. El verdadero problema es el trauma psicológico que puede llegar a causarte la elección misma de la talla. Haciendo memoria, me viene a la cabeza un ejemplo muy claro de la presión que supone para un individuo el decantarse por una letra del abecedario sea la S, la M, la L o todas sus variantes con la X. La historia me toca de cerca, pues el individuo en cuestión estaba encarnado en mi propia persona. &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Hace unos años, cuando estudiaba Kung-Fu con el objetivo de convertirme en un arma mortal, por exigencias de la disciplina que yo practicaba –una de las más sangrientas que existen– tuve que adquirir, como parte fundamental de mi equipación, un artilugio conocido como coquilla. Para los neófitos, aclarar que una coquilla no es más que una protección que se ponen los practicantes masculinos de deportes de combate para resguardar los atributos sexuales –a la sazón, testículos y miembro viril– de los golpes bajos que puedan llevar al traste el deseo de tener descendencia. Decir que el diseño del susodicho artilugio se asemeja enormemente a un tanga, aunque no causa ni por asomo el mismo agrado a la vista que la renombrada prenda femenina, sobre todo cuando se visualiza puesta. El porqué tuve que adquirirla ya lo relaté en su momento, pero en resumen se debía al acoso que sufrí de la antagonista a una damisela, acoso que se traducía en puñetazos y patadas que ponían en peligro mi integridad física. No olvidéis que el Kung-Fu nos hacía armas mortíferas. Contaba, pues, que para salvaguardar mis partes nobles, me acerqué un día con mi novia de entonces a comprar uno de esos tangas varoniles. Al llegar a la estantería, comprobé que sólo quedaban dos tallas disponibles: la S y la XL. Busqué y rebusqué, con el afán de encontrar otras alternativas más acordes con mi… tamaño. Pero la búsqueda resultó infructuosa. Fue en ese momento cuando se presentó ante mí una decisión dramática, uno de esos momentos cruciales en la vida de todo hombre donde está en juego algo mucho más trascendente que un simple fallo o acierto. Es una de esas elecciones que pueden hacerle a uno pasar el resto de su vida –de su miserable vida– lamentándose de haber cortado el cable rojo y no el azul. Vamos, que como no elijas bien la has cagado con todo el equipo, sin más. En esas estaba yo, jugándome como quién dice la vida futura a una carta, a un cara o cruz, a un pares y nones, a un &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;churro-mediamanga-mangaentera&lt;/i&gt;… cuando, de repente, liberándome de la congoja que me oprimía, rompiendo el yugo que me atenazaba, pulverizando la piedra que me aplastaba y evitando que convirtiera mi vida en una simple paradoja… una voz surgió de la nada, mostrándome el camino de la autoconfianza:&lt;/p&gt;      &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;–Tú usas la XL, cariño.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Como si de una revelación divina se tratase, mi cuerpo salió de su letargo y, con gesto firme y decidido –ahora sí–, mi mano se alargó hasta la estantería cogiendo sin temblar una coquilla tamaño XL. Me dieron ganas de alzar la coraza testicular para enseñársela gustoso al personal pero reprimí el impulso no fuera a ser que el gentío comenzase a solicitar una pasarela Cibeles pop-art&lt;span style=&quot;mso-spacerun:yes&quot;&gt;  &lt;/span&gt;–que se la ponga, que se la ponga…–. Así fue como salvé el mal trago de la elección de talla. Que bonita hubiera sido la historia si éste hubiese sido el final. Sin embargo, y como no podía resultar de otra manera, la felicidad que en su momento me inundó, no tardó en disiparse y convertirse en una simple decepción.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Al ir a la caja, henchido de orgullo y satisfacción, una amargada dependienta, de negro y rancio corazón, tuvo a bien de informarme que, de las dos tallas disponibles del escudo &lt;i style=&quot;mso-bidi-font-style:normal&quot;&gt;hueveril&lt;/i&gt;, una era de adultos y la otra… de infantil.&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/10/tallas.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh76J006rWgo3nNUMMgc6rJKVW-O4UE4OF9ZlZjMxqf-Gl6kZfHnvOImrJuenfoy3h_s-RsTzbn6UcyK1fWjF3zqfYaK6QhpMSt2aErqmTXLakvMo4co9Eu0zNBT2oJlmOXNA2SCQ0WkD8/s72-c/xl.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-1327212257452864259</guid><pubDate>Tue, 04 Oct 2011 08:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-04T10:09:56.761+02:00</atom:updated><title>Estados de ánimo</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXYoe_VHWg9sDET1RrlG3_9AD3_FDSJ_NvbzLxaLMnzwnNtyt3WYAUVqquACKIRpmDtm32GzLxJc8MLrNFfMX-us9lu97SV0FbkrObHAYwxlfTMWvrhng5t4r4Cx53SpMXuIXHjJQG4Nc/s1600/benedetti-04.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 221px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXYoe_VHWg9sDET1RrlG3_9AD3_FDSJ_NvbzLxaLMnzwnNtyt3WYAUVqquACKIRpmDtm32GzLxJc8MLrNFfMX-us9lu97SV0FbkrObHAYwxlfTMWvrhng5t4r4Cx53SpMXuIXHjJQG4Nc/s320/benedetti-04.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5659545532122154578&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;No sé cuántos de vosotros sabéis quién es –o mejor dicho, era, pues falleció hace algo más de dos años– Mario Benedetti. Tampoco sé cuántos habéis leído algo suyo, ya sea un poema, un cuento o una de sus pocas novelas. Y menos aún me aventuro a enumerar cuántos habéis leído concretamente el poema que da título a este escrito.     &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Ayer volví a abrir un libro que hacía ya mucho tiempo que no sujetaba entre mis manos. Iba buscando ese poema. No cualquier otro, sino precisamente ése. Sin saber muy bien porqué –o precisamente, por saberlo, y viceversa– necesitaba leer de nuevo sus estrofas y volver a poner letra a lo que mi cabeza pensaba y mi corazón sentía. Puesto a describir ambas cosas, mejor hacerlo con poesía que con simple y fría prosa. Y mientras me dejaba llevar por su relectura, recibí una llamada que ya desde un tiempo a esta parte esperaba. &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;El diálogo, iniciado con sana intrascendencia, se tornó de inmediato en una imprescindible conversación y –diría, más bien– casi una alegoría. Yo escuchaba con suma atención cómo mi interlocutor –en verdad, interlocutora– desgranaba, una tras otra, incontestables razones para vivir la vida en vez de pasar por ella como un simple espectador. A cada palabra que oía, no podía dejar de pensar en Benedetti y en su poesía. Y eso es porque con cada frase, con cada idea que brotaba de los labios de ella, yo dejaba de ser pobre colina para convertirme en montaña de cumbres repetidas, no era ya más acantilado sino cielo azul aunque lejano y me sentía como un manantial entre rocas y no como un árbol con las últimas hojas.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Sin embargo, y a pesar de su inestimable aportación, hay algo en lo que ella no podrá ayudarme aunque quisiera. Tendré que ser yo el que, poco a poco, queriéndolo –o no–, se transforme en laguna insomne, el que vacíe de embarcaciones su embarcadero, el que permanezca inmóvil y paciente, y el que, conforme con sus algas y sus peces, se vuelva sereno y confiado, confiado en que una tarde alguien se acerque y se mire, se mire al mirarme.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Gracias amiga.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;PS: Y si no funciona, siempre podré consagrar mi vida a la otra &lt;a href=&quot;http://www.dim.uchile.cl/%7Eanmoreir/escritos/benedetti.html#terapia&quot;&gt;Terapia&lt;/a&gt; (haz clic). &lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Gracias también a usted, don Mario, por su gran sabiduría.&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/10/estados-de-animo.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXYoe_VHWg9sDET1RrlG3_9AD3_FDSJ_NvbzLxaLMnzwnNtyt3WYAUVqquACKIRpmDtm32GzLxJc8MLrNFfMX-us9lu97SV0FbkrObHAYwxlfTMWvrhng5t4r4Cx53SpMXuIXHjJQG4Nc/s72-c/benedetti-04.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-790018162459132138.post-968514174274046864</guid><pubDate>Fri, 30 Sep 2011 07:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-30T09:43:59.815+02:00</atom:updated><title>¿Qué te apuestas?</title><description>&lt;a onblur=&quot;try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}&quot; href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjFUu39h5OnRG_HQfYrqsPL9ZCxPW_PUDFAf7WlfyGcPG48mfFV2AXlZ8xGOgAjZGr-lZSVdE2Ruy9mWMECi7fAbkIfuTDNmWnCgn6A1KZwC-0njf1sNo6JxvwAQwXzRH_VGwzattSs26Y/s1600/ruleta.jpg&quot;&gt;&lt;img style=&quot;float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 215px;&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjFUu39h5OnRG_HQfYrqsPL9ZCxPW_PUDFAf7WlfyGcPG48mfFV2AXlZ8xGOgAjZGr-lZSVdE2Ruy9mWMECi7fAbkIfuTDNmWnCgn6A1KZwC-0njf1sNo6JxvwAQwXzRH_VGwzattSs26Y/s320/ruleta.jpg&quot; alt=&quot;&quot; id=&quot;BLOGGER_PHOTO_ID_5658055156180049090&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;/a&gt;Hace un par de semanas fui con unos amigos al Casino de Madrid, el que está en Torrelodones, yendo por la carretera de la Coruña, autovía A-6. El plan era ir a cenar en uno de los dos restaurantes con buffet que tienen allí y, después de la cena, cambiaríamos una cantidad X de dinero por fichas del casino y nos mezclaríamos entre el público con la intención de pasar un rato divertido apostando en la mesas de ruleta para, con suerte, ver incrementar nuestro manojo de fichas.   &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;La cena fue agradable y disfrutamos a fondo de los deliciosos platos que componían el buffet. La guinda la puso una enorme fuente de chocolate, que fluía y fluía, y en la que nos afanamos, igualmente a fondo, en bañar las brochetas de fruta con las que nos aprovisionaba el personal. Brocheta tras brocheta, dimos buena cuenta de ese chocolate líquido que manaba sin cesar. Más de uno de nosotros tuvo la tentación de poner la cabeza debajo, con la boca bien abierta, para poner freno al desperdicio. Al final imperó el sentido común y todos nos conformamos con las moras y las fresas, cubiertas por el preciado cacao.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Terminada la cena, no hizo falta mucho tiempo para ponernos de acuerdo en relación al montante que cada uno tenía previsto jugarse al puro azar. No nos dieron muchas fichas por 50 euros, pero cada uno manejaba su puñado como se maneja un huevo. No es que las fichas fueran a romperse, pero el que perdiese esa cantidad sí que iba a sentir un roto en su bolsillo y en su autoestima. Con las fichas en la mano, comenzamos a deambular por entre las mesas, buscando indicios de suerte en los apostadores que ya estaban abducidos por el influjo del juego. La elección de la mesa en la que jugarte el dinero es todo un ritual. Los paneles son importantes a la hora de elegir, puesto que permiten comprobar el historial de números agraciados, aunque, según las leyes de la probabilidad, es tan útil como mirarse el ombligo. Los/las crupiers también influyen en la elección. Es indudable que la simpatía, en conjunción con una mirada y una sonrisa cómplices pueden decantar el lugar en el que, con casi completa seguridad, vas a perder tu dinero. Una vez que has dado con “tu” mesa, es hora de “hacer juego”.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cuando empiezas a apostar es el momento en el que te das cuentas del negocio que supone un casino. Montas una mesa, con un tapete de color verde (preferentemente), le dibujas unos cuadros y pones dentro unos números. Luego le añades una rueda que gira, con unas cazoletas con tamaño suficiente para que quepa una bolita, le pintas igualmente unos números y ya &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;habemus &lt;/span&gt;ruleta. Me falta un pequeño detalle. Quizá el más importante. Hay que dotar a la mesa de un agujero grande por el que se colarán las fichas de todos aquellos ingenuos a los que hemos convencido de que jugando a la ruleta pueden hacerse ricos. &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Hay ocasiones en las que el color del tapete casi no se aprecia debido a la cantidad de fichas que hay depositadas en él. No he mencionado que las fichas de menor valor que se pueden encontrar en la mesa son de un euro (y esas las usan los novatos como yo). El crupier lanza la bolita, que gira y gira hasta terminar mareada y caer en una cazoleta con un número. En menos de lo que tarda uno en decir “pero Pepe… ¿qué ha pasao?”, la fichas desaparecen de la mesa tragadas por ese agujero negro maldito que parece no saciarse nunca. “Así reviente”, pensará más de uno. Tan sólo queda en el tapete, si hay algún afortunado, una mínima representación de toda esa comunidad de fichas que tan alegremente han sido apostadas por sus usufructuarios (no, no seas ingenuo, esas fichas no te pertenecen, ni tampoco el dinero que representan).&lt;/p&gt;  &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Cuando ves desaparecer tus fichas devoradas por esa boca redonda sin dientes, te dan ganas de decirle al croupier, que no, que era broma, que tú sólo habías apostado para ver cómo era esto de la ruleta, que en el fondo a ti esto del juego no te gusta y que has venido casi obligado. “No se preocupe, caballero, inténtelo de nuevo y ya verá cómo recupera lo perdido”. Recuperar lo que has perdido. Ese es un pensamiento que funciona igual que una lombriz en un anzuelo. Como lo muerdas, estás acabado.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Es cierto que hay gente que gana dinero en el casino. Pero son jugadores ocasionales, y que no tienen en la sangre el virus del juego. Los hay con un olfato especial y que a fuerza de pensar la jugada pueden llegar a afinar tanto que en cierto modo se puede decir que controlan el lance. En un casino, si uno no quiere perder dinero, tiene que dejarse la ambición en casa. Tarea difícil, pues lo que hace girar el mundo de las apuestas es fundamentalmente la codicia. También está el factor “mi dinero está en peligro”, que al igual que el adicto a la adrenalina practica deporte de riesgo, le hace al jugador sentir sensaciones que ni el parchís ni la petanca son capaces de igualar.&lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Todo iba normal, es decir, mi taco de fichas iba bajando paulatinamente, fagocitadas por el ser que habita bajo la mesa, cuando presencié algo que me costó un par de minutos tragar y varias horas más digerir. Se acercó un chico joven, que ya había visto anteriormente con otro colega de apuestas que iba con él, apostando a diestro y siniestro en todas las mesas. Con un movimiento rápido, sacó un billete de 500 euros, un &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;bin laden&lt;/span&gt; auténtico, dejándolo en la mesa para que el crupier le devolviera el correspondiente valor en fichas. Yo tardé en reaccionar, pues más que el hecho en sí de ver desaparecer el billete morado convertido en fichas de colores (pues el dinero es como la energía), lo que me chocó realmente fue el propio gesto del chico al sacar el billete del bolsillo y dejarlo en la mesa. Lo sacó como quien se saca un kleenex usado, arrugado y lleno de mocos y lo lanza al suelo con cuidado de no ensuciarse los dedos. Ese billete aglutina casi el 80% del valor del salario mínimo interprofesional en España para el año 2011, y el chico lo trató como si fuese un envoltorio de caramelo que uno encuentra en su bolsillo cuando revisa el pantalón antes de meterlo en la lavadora. Al comentarlo con mis compañeros de fatigas, uno de ellos me dijo que por un solo billete no había porqué montar un pollo. Él mismo acababa de ver en otra mesa a un ciudadano del lejano oriente sacar un comando entero de Al-Qaeda del fondo de su cartera. 4 &lt;span style=&quot;font-style: italic;&quot;&gt;bin ladens&lt;/span&gt; nada menos salieron a la palestra.  &lt;/p&gt;    &lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;Yo había cenado estupendamente pero un pequeño nudo se comenzó a fraguar en mi estómago, que ya no me abandonaría en toda la noche. Empecé a sentirme fuera de sitio, hasta el punto de que ya no sabía si me encontraba en Oriente Medio, o en Guantánamo o si seguía en una de las salas de juego del Casino de Madrid. A partir de ahí, mi destino para esa noche se terminó de aclarar: Carlos Moya saldría andando por la puerta del casino 50 euros más pobre, o por respeto diré, menos rico. Y así fue, una apuesta ganada no pudo compensar la docena perdidas y terminé con el agujero en el bolsillo que ya al principio pronosticaba. Lo que no sabía es que también saldría con la conciencia maltrecha.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;No fue la primera vez que me ocurría algo así, pero es probable que sea la última. Bueno… a menos que vuelva de nuevo a las Vegas y en una mesa del Bellagio me encuentre con Julia Roberts y, a falta de un George Clooney, le venga bien compartir apuestas con... otro canoso.&lt;/p&gt;</description><link>http://pedazosdeunomismo.blogspot.com/2011/09/que-te-apuestas.html</link><author>noreply@blogger.com (Carlos M.)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjFUu39h5OnRG_HQfYrqsPL9ZCxPW_PUDFAf7WlfyGcPG48mfFV2AXlZ8xGOgAjZGr-lZSVdE2Ruy9mWMECi7fAbkIfuTDNmWnCgn6A1KZwC-0njf1sNo6JxvwAQwXzRH_VGwzattSs26Y/s72-c/ruleta.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>5</thr:total></item></channel></rss>