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	<title>A un palmo del suelo</title>
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	<description>El blog de Pedro J. Navarro</description>
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		<title>Rafael Méndez: “Hay un poder que opera en silencio y condiciona al Estado”</title>
		<link>https://alcabodelacalle.net/2026/06/rafael-mendez-duenos-del-estado/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 06:28:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Articulos]]></category>
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		<category><![CDATA[Medios de comunicación]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Rafael Méndez denuncia en Los dueños del Estado el poder silencioso de altos funcionarios que operan sin escrutinio, entre endogamia, puertas giratorias y compatibilidades opacas. Advierte del riesgo para la calidad democrática y de la falta de voluntad política para reformar un sistema que condiciona al Estado desde la sombra.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/06/rafael-mendez-duenos-del-estado/">Rafael Méndez: “Hay un poder que opera en silencio y condiciona al Estado”</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading"><strong>El periodista murciano publica ‘Los dueños del Estado’, un libro que revela cómo altos funcionarios ejercen el poder lejos del foco público</strong></h5>



<p><em>“La opacidad de los altos cuerpos del Estado no es un accidente: es parte de su poder”. Así lo asegura Rafael Méndez (Murcia, 1975), periodista que ha trabajado en El País, El Confidencial, Eldiario.es y en la actualidad en la productora de Salvados, el programa de Jordi Évole. Durante años ha investigado a los cuerpos más influyentes y menos visibles de la Administración española: abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortes. Lo que encontró —endogamia, puertas giratorias, compatibilidades opacas y un poder ejercido en silencio— lo llevó a escribir <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-duenos-del-estado/445387">Los dueños del Estado (Península, 2026)</a> un libro que ilumina un territorio donde casi nadie mira. En esta conversación con <a href="https://www.laopiniondemurcia.es/">La Opinión de Murcia</a>, Méndez explica por qué decidió abordar este ángulo muerto del poder público y qué consecuencias tiene para la calidad democrática.</em></p>



<p><strong>-¿En qué momento sintió que era necesario escribir un libro sobre aquello de lo que no se habla dentro de la alta función pública?</strong></p>



<p>-Hubo un momento en el que comprendí que estaba ante un fenómeno conocido por muchos dentro de la Administración, pero prácticamente invisible para el resto del país. Tras años cubriendo política, tribunales, economía y también medio ambiente, me di cuenta de que ciertos comportamientos se daban por asumidos, pero nadie los había puesto negro sobre blanco.</p>



<p>Un antiguo jefe me repetía: <em>“Todo el mundo lo sabe, pero ¿dónde está contado?”</em>. Esa frase me acompañó durante toda la investigación. Cuando empecé a trabajar sobre los abogados del Estado, un cuerpo me fue llevando a otro: letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortes… y descubrí que había un ecosistema entero de poder discreto, endogámico y con enorme capacidad de influencia. Un editor amigo me insistía en que debía convertirlo en libro porque, si no, se perdería. Y tenía razón: no estaba contado.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em><strong>Cuando ves que un cuerpo con tanto poder opera así, a plena luz del día, entiendes que hay un ángulo muerto que merece ser contado</strong></em></p>
</blockquote>



<p><strong>-¿Hubo algún caso concreto que le hiciera ver que no eran episodios aislados, sino un problema estructural?</strong></p>



<p>-Sí: el Consejo de Estado. Fue el punto de inflexión. Al investigar a sus letrados descubrí una estructura profundamente endogámica, con sagas familiares que se sucedían generación tras generación, compatibilidades concedidas sin control y profesionales que, pese a cobrar sueldos públicos, apenas acudían a su puesto porque trabajaban en despachos privados. Lo más sorprendente es que todo era público… y, aun así, nadie lo señalaba. Dentro del propio Consejo lo sabían, pero lo consideraban normal. Cuando ves que un cuerpo con tanto poder opera así, a plena luz del día, entiendes que hay un ángulo muerto que merece ser contado. Ahí supe que había un problema estructural, no una colección de anécdotas.</p>



<p><strong>-Son actores con mucho poder, pero con escasa visibilidad. ¿Por qué ese anonimato forma parte de su influencia?</strong></p>



<p>&#8211; Porque la opacidad es una forma de poder. Quien no está expuesto al escrutinio público puede operar con mucha más libertad. Mientras los focos se centran en los políticos o en grandes empresarios como Florentino Pérez, a su lado siempre hay un abogado del Estado o un alto funcionario que toma decisiones cruciales sin que nadie repare en él. Ese anonimato les protege. Un subsecretario o un abogado del Estado puede dimitir “por motivos personales” aunque haya sido condenado en un laudo millonario, y apenas genera ruido. Su poder reside precisamente en que nadie mira ahí. Y cuando nadie mira, las dinámicas se perpetúan.</p>



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<p class="has-text-align-center"><em>El libro del periodista murciano ya va por la segunda edición. | ASIS AYERBE</em></p>



<p><strong>-¿Qué efectos tienen estas puertas giratorias y compatibilidades en la calidad democrática?</strong></p>



<p>-El efecto más evidente es la <strong>descapitalización de lo público</strong>. Si un abogado del Estado sabe que puede pasar de un día para otro a un despacho que trabaja para las mismas empresas reguladas con las que trataba en la Administración, es legítimo preguntarse hasta qué punto defenderá con firmeza los intereses del Estado. No se trata de cuestionar su capacidad, sino de señalar un conflicto estructural: la Administración no se ha protegido frente a estas dinámicas. Nunca se ha legislado para evitar que quien pleitea contra el Estado conserve su plaza. Y eso tiene consecuencias: erosiona la independencia, debilita la capacidad regulatoria y genera incentivos perversos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em><strong>Ningún ministro quiere enfrentarse a quien controla los informes, los dictámenes o la maquinaria jurídica del Estado.</strong></em></p>
</blockquote>



<p><strong>-¿Es un problema de leyes, de ética o de estructura?</strong></p>



<p>-Es una combinación de las tres. <strong>De</strong> <strong>leyes</strong>, porque nunca se ha regulado adecuadamente. <strong>De ética</strong>, porque hay decisiones que, aunque legales, son difíciles de justificar. <strong>De estructura</strong>, porque los políticos dependen de estos altos funcionarios para que la Administración funcione.<br>Ningún ministro quiere enfrentarse a quien controla los informes, los dictámenes o la maquinaria jurídica del Estado. Y si no hay incentivos para cambiar algo, lo normal es que no se cambie.</p>



<p><strong>-En el libro aparecen nombres concretos. ¿Cómo decidió qué casos incluir y cuáles dejar fuera?</strong></p>



<p>-La selección fue necesariamente subjetiva. No quería un libro académico ni una lista interminable de nombres, sino un relato comprensible para cualquier lector. Elegí los casos sobre los que tenía más información y que mejor ayudaban a explicar el funcionamiento de estos cuerpos. Algunos episodios, aunque relevantes, no encajaban en la narrativa y los dejé fuera. Preferí mantener el ritmo y la coherencia antes que hacer un inventario exhaustivo. Mi objetivo era que el lector entendiera el fenómeno, no que se perdiera en un catálogo de nombres.</p>



<p><strong>-¿Ha recibido reacciones adversas por parte de altos funcionarios?</strong></p>



<p>-La reacción más frecuente ha sido: <em>“Ya era hora de que se hablara de esto”</em>. Muchos altos funcionarios en activo me han dicho que el libro se queda incluso corto. Sé que hay quien se ha molestado, pero no he recibido ataques directos. Y si el libro ha servido para que la presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, anuncie que estudiará las incompatibilidades —algo que conocían desde hace décadas—, ya ha cumplido parte de su función. La mayoría entiende que iluminar estas zonas oscuras es sano para la democracia.</p>



<p><strong>-Analiza también el papel de las grandes empresas. ¿Qué implica que tantas del IBEX tengan abogados del Estado como secretarios del consejo?</strong></p>



<p>-Implica un riesgo claro de <strong>captura del regulador</strong>. Estos profesionales conocen las normas, los procedimientos y, sobre todo, a las personas. Han trabajado con quienes luego deben supervisar. Para una empresa regulada, contar con alguien que sabe cómo funciona la Administración por dentro es un activo enorme. Para el Estado, puede ser un problema si no se establecen límites claros. Y no solo ocurre en el IBEX: también en consultoras, despachos internacionales o empresas que operan desde Londres o Bruselas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong><em>La prensa tiene responsabilidad, pero también limitaciones. Las redacciones trabajan con urgencias constantes y con la presión de la audiencia. </em></strong></p>
</blockquote>



<p><strong>-También hace autocrítica sobre el periodismo. ¿Qué responsabilidad tiene la prensa en mantener o desvelar estas dinámicas?</strong></p>



<p>-La prensa tiene responsabilidad, pero también limitaciones. Las redacciones trabajan con urgencias constantes y con la presión de la audiencia. Estos temas requieren tiempo, contexto y paciencia, y no siempre encajan en la agenda diaria. Aun así, creo que algunos medios deberían asumir el reto. No para hacer enemigos, sino para cumplir la función esencial del periodismo, que es iluminar zonas oscuras del poder. Y, paradójicamente, desde que publiqué el libro recibo más información que antes. Mucha gente dentro de estos cuerpos estaba deseando que alguien contara lo que ellos no podían contar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" data-attachment-id="2652" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/06/rafael-mendez-duenos-del-estado/rafael-mendez-asis-ayerbe8i9a6152/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?fit=2457%2C1639&amp;ssl=1" data-orig-size="2457,1639" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;asis ayerbe&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon EOS R5m2&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1773223090&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;85&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;100&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.01&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="Rafael Méndez © asis ayerbe8I9A6152" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?fit=1024%2C683&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=1024%2C683&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2652" srcset="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=1024%2C683&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=768%2C512&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=1536%2C1025&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=2048%2C1366&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=1080%2C720&amp;ssl=1 1080w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=1280%2C854&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=980%2C654&amp;ssl=1 980w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?resize=480%2C320&amp;ssl=1 480w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6152.jpg?w=2160&amp;ssl=1 2160w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Rafa Méndez, tras pasar por <em>El Paí</em>s, <em>El Confidencial </em>y <em>eldiario.e</em>s, entre otros medios, es ahora guionista de &#8216;Salvados&#8217;.</figcaption></figure>



<p><strong>-¿Existe voluntad política para abordar este problema o incomoda a todos los partidos?</strong></p>



<p>.No veo voluntad política, ni en el Gobierno actual ni en uno futuro. Es un asunto que no da rédito electoral, que exige enfrentarse a cuerpos muy poderosos y que no genera titulares fáciles. La política vive instalada en el corto plazo, y esta reforma exige visión de Estado. Por eso dudo que llegue. Mi papel, como periodista, es contarlo. Si otros actores no actúan, al menos la ciudadanía tendrá más información.</p>



<p><strong>-¿Le preocupa que algunos lectores interpreten el libro como un ataque al funcionariado?</strong></p>



<p>&#8211; Sí, y por eso añadí un epílogo aclaratorio. El libro no es un ataque a los funcionarios, igual que denunciar irregularidades en un hospital no es un ataque a la sanidad pública. Muchos altos funcionarios han colaborado conmigo porque quieren que estas prácticas se conozcan. La crítica se dirige a dinámicas concretas, no al conjunto del servicio público. Creo que el lector atento lo entiende.</p>



<p><strong>-¿Qué le gustaría investigar ahora? ¿Quedan áreas opacas dentro del Estado?</strong></p>



<p>-Quedan muchas. Los técnicos comerciales del Estado, por ejemplo, han marcado la política económica española durante décadas. También los diplomáticos. Pero quizá me apetezca cambiar de tema y explorar algo completamente distinto. Después de este libro, necesito aire fresco. Ya veremos hacia dónde me lleva la curiosidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/06/rafael-mendez-duenos-del-estado/">Rafael Méndez: “Hay un poder que opera en silencio y condiciona al Estado”</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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		<title>La linterna y el sótano</title>
		<link>https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2026 06:28:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Mis lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[pERIODISMO]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El periodista Rafael Méndez denuncia la opacidad y el poder estructural de altos cuerpos del Estado, su endogamia, puertas giratorias y captura regulatoria, alertando del impacto democrático y de la falta de voluntad política para reformar estas dinámicas. </p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/">La linterna y el sótano</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hay imágenes que resumen la situación de un país mejor que cualquier barómetro del CIS. Pienso en la ilustración de esa Justicia vendada que acompaña estas letras, tecleando en una vieja máquina donde solo se lee una palabra. La espada y la balanza, arrumbadas a un lado, como si hubieran perdido filo y equilibrio. Y la máquina, pobre, sosteniendo el peso de lo que otros ya no quieren sostener. Si uno mira bien, parece casi un aviso: <em><strong>si la justicia falla, que al menos no falle el periodismo</strong></em>. Pero claro, para que no falle, primero tiene que existir.</p>



<p>En Murcia lo sabemos de sobra. <strong>Llevamos dos décadas de titulares que podrían llenar una enciclopedia del disparate:</strong> La Zerrichera, Novo Carthago, Umbra, Barraca, el caso Auditorio, la desaladora de Escombreras… Una colección de tramas que, si no fuera porque nos han costado mucho dinero y dignidad, serían material de comedia costumbrista. Y, aun así, cada vez que estalla un caso nuevo (véase el de las prótesis o actitudes y prácticas como las del fiel escudero del alcalde de la capital recientemente fallecido) la reacción es la misma: un encogimiento de hombros, un “esto ya lo he visto”, un bostezo democrático. La corrupción, aquí, se ha convertido en ruido blanco.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Catálogo de sombras</h5>



<p>Mientras tanto, <strong>el país entero se entretiene con su propio catálogo de sombras</strong>: <em>Kitchen, Koldo</em>,  comisiones en plena de pandemia, espionajes de andar por casa pagados con dinero público, intermediarios que aparecían como setas en otoño en la Sierra de María, uso de los recursos del Estado para combatir adversarios políticos… Todo ello aderezado con declaraciones grandilocuentes, dimisiones in extremis y un ecosistema político que parece vivir instalado en el <em>ya si eso mañana</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="750" data-attachment-id="2637" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/20260606_la-linterna-y-el-sotano/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/20260606_La-linterna-y-el-sotano.png?fit=1854%2C1358&amp;ssl=1" data-orig-size="1854,1358" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="20260606_La linterna y el sotano" data-image-description="&lt;p&gt;La Justicia ciega sale a la luz gracias al periodismo.&lt;/p&gt;
" data-image-caption="&lt;p&gt;Ilustración | NANA PEZ&lt;/p&gt;
" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/20260606_La-linterna-y-el-sotano.png?fit=1024%2C750&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/20260606_La-linterna-y-el-sotano.png?resize=1024%2C750&#038;ssl=1" alt="La linterna y el sótano" class="wp-image-2637" srcset="https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/20260606_La-linterna-y-el-sotano-980x718.png 980w, https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/20260606_La-linterna-y-el-sotano-480x352.png 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración | NANA PEZ</figcaption></figure>



<p>Pero lo más inquietante no es lo que vemos, sino lo que no vemos. Ahí es donde aparece <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-duenos-del-estado/445387"><em>Los dueños del Estado</em> (Península, 2026)</a>, un libro escrito por el periodista<a href="https://elpais.com/espana/2026-04-16/rafael-mendez-periodista-los-duenos-del-estado-no-son-conscientes-de-que-lo-son-y-los-que-si-le-quitan-importancia.html"> Rafael Méndez</a> (Murcia, 1975), que lleva años metiéndose en los sótanos del Estado. Y lo que cuenta es, literalmente, de escalofrío. “La opacidad de los altos cuerpos del Estado no es un accidente: es parte de su poder”, afirma. Y uno entiende de golpe por qué tantos escándalos se repiten como si fueran fotocopias mal hechas.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Operar en silencio</h5>



<p>Porque mientras miramos a los políticos —que al menos salen en la tele y se llevan los abucheos—, hay abogados del Estado, letrados del Consejo de Estado, letrados de Cortes y otros altos funcionarios que operan en silencio, sin foco, sin desgaste, sin preguntas. Méndez lo explica con una claridad que debería sonarnos a alarma: “Quien no está expuesto al escrutinio público puede operar con mucha más libertad”. Y claro,<strong> cuando nadie mira, las dinámicas se perpetúan.</strong></p>



<p>En su investigación, Méndez se topó con un Consejo de Estado donde había “sagas familiares que se sucedían generación tras generación, compatibilidades concedidas sin control y profesionales que, pese a cobrar sueldos públicos, apenas acudían a su puesto porque trabajaban en despachos privados”. Todo público. Todo a la vista. Todo normalizado.</p>



<p>Y aquí es donde la imagen de la Justicia vendada escribiendo “PRENSA” cobra sentido. Porque si la prensa no mira ahí, nadie lo hará. Y si nadie lo hace, el sótano seguirá oliendo a humedad institucional.</p>



<figure data-carousel-extra='{&quot;blog_id&quot;:1,&quot;permalink&quot;:&quot;https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/&quot;}'  class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="646" height="1000" data-attachment-id="2638" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/portada_los-duenos-del-estado/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Portada_Los-duenos-del-Estado.jpg?fit=646%2C1000&amp;ssl=1" data-orig-size="646,1000" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Portada_Los dueños del Estado" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Portada_Los-duenos-del-Estado.jpg?fit=646%2C1000&amp;ssl=1" data-id="2638" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Portada_Los-duenos-del-Estado.jpg?resize=646%2C1000&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2638" srcset="https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Portada_Los-duenos-del-Estado.jpg 646w, https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Portada_Los-duenos-del-Estado-480x743.jpg 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 646px, 100vw" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="737" data-attachment-id="2639" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/rafael-mendez-asis-ayerbe8i9a6112/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?fit=2560%2C1841&amp;ssl=1" data-orig-size="2560,1841" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1773222454&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="Rafael Méndez © asis ayerbe8I9A6112" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?fit=1024%2C737&amp;ssl=1" data-id="2639" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112.jpg?resize=1024%2C737&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2639" srcset="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=1024%2C737&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=300%2C216&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=768%2C552&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=1536%2C1105&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=2048%2C1473&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=1080%2C777&amp;ssl=1 1080w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=1280%2C921&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=980%2C705&amp;ssl=1 980w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?resize=480%2C345&amp;ssl=1 480w, https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/06/Rafael-Mendez-%C2%A9-asis-ayerbe8I9A6112-scaled.jpg?w=2160&amp;ssl=1 2160w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</figure>



<p class="has-text-align-center"><em>El libro de Rafael Méndez ya va por su segunda edición.</em> | Fotografía: ASIS AYERBE</p>



<h5 class="wp-block-heading">Tiempo y paciencia</h5>



<p>El problema es que <strong>el periodismo de investigación no vive su mejor momento.</strong> Las redacciones trabajan con urgencias constantes, con la presión de la audiencia, la precariedad y la debilidad de las empresas. Estos temas requieren tiempo, contexto y paciencia. Y claro, tiempo y paciencia son dos lujos que no cotizan bien en un mercado donde lo que manda es el clic, el <em>trending topic</em> y el titular que se comparte sin leer. Pero si renunciamos a ese periodismo, ¿qué nos queda? ¿Notas de prensa? ¿Declaraciones enlatadas? ¿Versiones oficiales que nadie contrasta?</p>



<p>En Murcia, donde ya hemos visto cómo se diluyen responsabilidades entre informes, sobreseimientos y silencios administrativos (amén de la complicidad funcionarios y despachos bien conectados con los <em>lobbies</em> de la agroindustria y el ladrillo), sabemos que sin periodistas que bajen al barro, la corrupción se convierte en paisaje. Y en el resto de España, se sigue demostrando que el poder siempre encuentra nuevas formas de esconderse, la necesidad es aún mayor. Por tanto, el periodismo de investigación no es un lujo. Es una linterna. Y sin linterna, el sótano gana.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Iluminar la penumbra</h5>



<p>A la vista de los enredos judiciales de los últimos tiempos <strong>necesitamos como el comer que alguien cuente lo que ocurre</strong>. Y ese alguien, nos guste o no, <a href="https://alcabodelacalle.net/2020/09/luz-en-las-cloacas/">sigue siendo la prensa</a>. Con sus errores, sus prisas, sus precariedades… pero también con su capacidad única de iluminar lo que otros prefieren mantener en penumbra.</p>



<p>En un país donde “todo el mundo lo sabe, pero nadie lo ha contado”, como le repetían a Méndez cuando investigaba, la diferencia entre democracia y simulacro está, muchas veces, en una libreta, una grabadora y un periodista que decide no mirar hacia otro lado. Y eso, aquí en Murcia, también lo sabemos a un palmo del suelo.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/06/la-linterna-y-el-sotano/">La linterna y el sótano</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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		<title>Algoritmo de la magnífica humanidad</title>
		<link>https://alcabodelacalle.net/2026/05/leon-xiv-enciclica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2026 06:21:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[DSI]]></category>
		<category><![CDATA[Inteligencia Artificial]]></category>
		<category><![CDATA[Mis lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Papa que vino de los Estados Unidos nos dice sin rodeos que la IA corre el riesgo de “reducir a las personas a simples engranajes de un sistema” y de delegar decisiones en máquinas “que carecen de compasión, misericordia y perdón”. Ahí es nada.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/leon-xiv-enciclica/">Algoritmo de la magnífica humanidad</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En mitad de este escenario salpicado de estupores, sumarios, registros, autos y tregua sí o tregua no, nos llega un documento que uno abre con la misma actitud con la que mira la factura de la luz: miedo, resignación y la sospecha de que algo muy grande se nos está escapando. Que  ahí afuera hay un <em>alien</em> que asoma la cabeza. La primera encíclica de León XIV, <em><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html">Magnifica humanitas</a></em>, entra justo ahí, en ese territorio donde la tecnología promete salvarnos mientras nos va convirtiendo en datos. Un recordatorio de que, mientras discutimos si la Inteligencia Artificial nos va a quitar el trabajo o solo las ganas de pensar, quizá estemos levantando una torre de Babel con fibra óptica.</p>



<p>En vísperas de llegar a España, con una imagen que choca con la de los machos alfa embarcados en guerras, invasiones e intrigas por doquier, resulta que el Papa que vino de los Estados Unidos nos dice sin rodeos que la IA corre el riesgo de “reducir a las personas a simples engranajes de un sistema” y de delegar decisiones en máquinas “que carecen de compasión, misericordia y perdón”. Ahí es nada.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Torres de datos</h5>



<p>La encíclica plantea una imagen potente: <strong>construir Babel o reconstruir Jerusalén</strong>. Babel es ese proyecto de uniformidad, de traducirlo todo —incluida la persona— en rendimiento. Jerusalén, en cambio, es el camino de Nehemías: escuchar, reconstruir vínculos, repartir responsabilidades. Y uno piensa: ¿qué estamos levantando aquí, en estas ciudades invadidas por coches y escasamente ciclables? ¿Una torre de datos que nos vigila o una ciudad donde aún se pueda hablar sin que un algoritmo complete la frase?</p>



<p>Cuando miramos alrededor nos damos cuenta de que ya vivimos en Babel: algoritmos que deciden qué vemos, qué compramos, qué opinamos; plataformas que saben más de nosotros que nuestra madre; y un mercado digital que, como recuerda el Papa, está controlado por “grandes entidades corporativas transnacionales” que no rinden cuentas a nadie. Es la economía oculta de la IA. El tecnofascismo desarrollado por las teorías poshumanas y transhumanas de Silicon Valley.</p>



<p>Mientras aquí discutimos si ChatGPT escribe mejor que un becario, el texto recuerda que detrás hay “millones de personas mal pagadas que etiquetan datos” y menores que extraen minerales para nuestros móviles. Es decir, que la nube tiene barro, y del espeso.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="569" data-attachment-id="2634" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/05/leon-xiv-enciclica/infografia-enciclica/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/Infografia-Enciclica-scaled.png?fit=2560%2C1422&amp;ssl=1" data-orig-size="2560,1422" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Infografia Enciclica" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/Infografia-Enciclica-scaled.png?fit=1024%2C569&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/Infografia-Enciclica-1024x569.png?resize=1024%2C569&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2634" srcset="https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/Infografia-Enciclica-980x544.png 980w, https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/Infografia-Enciclica-480x267.png 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /><figcaption class="wp-element-caption">Infografía sobre la encíclica <em>Magnifica humanitas</em> generada por IA</figcaption></figure>



<h5 class="wp-block-heading">Recupera la Doctrina Social de la Iglesia</h5>



<p><strong>León XIV insiste en que la técnica debe servir al bien común</strong>, no a la idolatría del lucro. Y recupera principios de la Doctrina Social de la Iglesia que suenan casi revolucionarios en tiempos de patentes y monopolios: el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la justicia social. En el entorno digital, dice, los datos deberían gestionarse como bienes comunes. Imaginemos eso aplicado a las plataformas que usamos cada día: sería como pedirle a la Plaza Circular de Murcia que dejara de ser una rotonda y se convirtiera en un ágora. Difícil, pero hermoso.</p>



<p>También mete el dedo en la llaga del <strong>progreso sin límites</strong>. Advierte contra la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad, como si ser humanos fuese un error de fábrica. Frente a eso, recuerda que “la verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso”. Vamos, que no necesitamos ser perfectos: necesitamos ser decentes.</p>



<p>Y luego está la advertencia sobre el lenguaje. Pide evitar “las palabras que humillan o enfrentan” y optar por la claridad que ilumina. En tiempos de redes sociales donde cada tuit es una pedrada, esto suena casi revolucionario. O ingenuo. O ambas cosas.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Qué mundo queremos</h5>



<p>La pregunta final es sencilla y brutal: <strong>¿qué queremos que sea la tecnología?</strong> ¿Una torre que nos vigila desde arriba o una ciudad que reconstruimos entre todos? La respuesta podría estar escrita en cualquier muro de nuestros barrios: “Nadie se salva solo, tampoco en la red”. La tecnología puede curar, conectar y educar, pero también puede dividir, descartar y deshumanizar. Y la primera decisión no es si decimos sí o no a la IA, sino <strong>qué tipo de mundo queremos construir con ella</strong>.</p>



<p>Quizá ahí esté la clave. N<strong>o se trata de apagar la IA ni de abrazarla como si fuera la nueva patrona.</strong> Se trata de hacerla habitable, discutible, plural. De que no decida por nosotros. De que no convierta la vida en un Excel. De que no nos robe la conversación, que es lo único que nos queda cuando todo lo demás falla. De ahí su apuesta por cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo, porque es tiempo “para construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos”. Y, sobre todo, de recordar que seguimos siendo humanos. Magníficamente humanos, incluso cuando la tecnología nos mira desde arriba como si fuéramos un dato mal formateado.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/leon-xiv-enciclica/">Algoritmo de la magnífica humanidad</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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		<title>Educar no es eso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2026 04:47:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Personales]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Educar siempre ha sido un lío, y cada época ha tenido su propio monstruo bajo la cama. Antes era la calle. Luego la tele. Después los videojuegos. Ahora el móvil. Y en todas, los padres hemos tenido la tentación de pensar que, si controlábamos lo suficiente, el mundo no haría daño a nuestros hijos.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/educar-no-es-eso/">Educar no es eso</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Estamos en la recta final del curso escolar. Que se lo digan a esos chavales y chavalas que apuran los últimos días antes de comparecer ante ese juicio sumarísimo que son las <a href="https://elpais.com/noticias/selectividad/">pruebas de acceso a la universidad</a>. Las viven como nosotros lo hicimos en su momento con la temida Selectividad. No quiero hacer spoiler pero, como sé que no leerán esta columna, al final&nbsp; descubrirán que la cosa no era para tanto. Eso sí, a sus nervios se suma la ansiedad desbocada de esos progenitores que parecen engrosar la lista de aspirantes en busca del aula donde examinarse.</p>



<p>Porque a un palmo del suelo —y a veces con el manillar un poco torcido— uno descubre <strong>que la educación de los hijos se ha convertido en una especie de deporte de riesgo</strong>… pero para los padres. No para los críos. Ellos, en realidad, siguen siendo bastante buenos en lo suyo: aprender, equivocarse, levantarse, volver a equivocarse y, si hay suerte, llegar a clase o a otros lugares deseados sin haberse estampado contra un contenedor. Lo de siempre.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Sobreprotección en los pasillos</h5>



<p>Un fenómeno curioso es la sobreprotección que se cuela en los pasillos de los colegios e institutos. Profesores que reciben correos a medianoche porque “mi hijo dice que le has puesto un 7 y él siente que es un 9”. O padres que exigen reuniones urgentes porque su criatura ha descubierto que estudiar cansa. La escuela se convierte entonces en un campo de batalla donde los adultos discuten mientras los niños observan, aprendiendo —sin querer— que la responsabilidad es negociable y que siempre habrá alguien para sacarles del apuro.</p>



<p><strong>La educación no es un servicio de atención al cliente</strong>. La de verdad, la que deja huella, necesita que los padres demos un paso atrás. Que confiemos. Que aceptemos que un suspenso no es una tragedia, sino un aviso. Que un conflicto en el patio no es un drama, sino un ensayo general de la vida adulta. Y que una profesora, un profesor, no son enemigos, sino unos verdaderos aliados.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Adultos con problemas</h5>



<p>A estas alturas de la película no quedarán dudas de que buena parte del problema somos nosotros, los adultos, que hemos decidido que la infancia, la adolescencia y, si me apuran, la juventud, son territorios minados de los que solo se sale indemne si mamá y papá van despejando el camino como si fueran una brigada de artificieros. Y claro, así no hay quien crezca. Ni quien pedalee.</p>



<p>Cuando ahora contemplo a esos padres y madres que llevan a sus hijos hasta la misma puerta del centro escolar (y si les dejasen, los sentarían en el aula) recuerdo a finales de los 90 uno de los momentos más especiales vividos en los Países Bajos. Niños y viejos, madres y ejecutivos, todos en bici a primera hora de la mañana, camino de sus ocupaciones. Unos, al cole. Otros, a sus recados. Ellas y ellos a sus trabajos. Y por encima de todo, el respeto a quien circula sobre dos ruedas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="882" height="1024" data-attachment-id="2625" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/05/educar-no-es-eso/20260523_educar-no-es-eso/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260523_Educar-no-es-eso.png?fit=1476%2C1713&amp;ssl=1" data-orig-size="1476,1713" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="20260523_Educar no es eso" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260523_Educar-no-es-eso.png?fit=882%2C1024&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260523_Educar-no-es-eso-882x1024.png?resize=882%2C1024&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2625"/><figcaption class="wp-element-caption"><strong>Ilustración | NANA PEZ</strong></figcaption></figure>



<h5 class="wp-block-heading">Cultivar la autonomía</h5>



<p>Creo que coincidirán conmigo en que <strong>la autonomía no se enseña con discursos</strong>, sino con distancia. Con ese gesto tan poco moderno de cortar los lazos, que no es abandono ni desamor, sino la única forma de que un chaval, una chavala, descubran que pueden sostenerse sin que les sujeten el manillar. Que pueden cruzar una calle, resolver un conflicto, entregar un trabajo tarde y asumir las consecuencias sin que un adulto los rescate como si fuera un diplomático en misión internacional.</p>



<p><strong>Cada generación cree que la anterior lo hizo fatal. </strong>Esto también es un clásico. Los de ahora dicen que los de antes eran demasiado duros. Los de antes dicen que los de ahora son demasiado blandos. Y así, generación tras generación, como si la educación fuera una especie de competición olímpica en la que siempre ganan “los de antes”.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Dejemos espacio</h5>



<p>Pero la verdad es más sencilla: <strong>educar siempre ha sido un lío</strong>, y cada época ha tenido su propio monstruo bajo la cama. Antes era la calle. Luego la tele. Después los videojuegos. Ahora el móvil. Y en todas, los padres hemos tenido la tentación de pensar que, si controlábamos lo suficiente, el mundo no haría daño a nuestros hijos. Nuevo spoiler: el mundo siempre encuentra la manera.</p>



<p>La paradoja es que la autonomía solo florece cuando dejamos espacio. Cuando <a href="https://alcabodelacalle.net/2023/05/imagen-semejanza/">permitimos que los hijos se equivoquen</a> sin convertir cada tropiezo en un expediente. Cuando entendemos que proteger no es impedir, sino acompañar. Cuando aceptamos que la bicicleta, tarde o temprano, hay que soltarla.</p>



<p>Quizá por eso, cada mañana, cuando pedaleo por Murcia camino del trabajo, no puedo ocultar el brillo en la cara al cruzarme con chavales que van a clase en bici, con esa mezcla de torpeza y valentía que solo se tiene a los quince años. Y pienso que ahí, en ese equilibrio inestable, está la educación que funciona: la que se sostiene a un palmo del suelo, sin manos, con viento en la cara y con la certeza de que, si caen, sabrán levantarse solos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-text-align-center"><strong>Escuchar en YouTube</strong></p>



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<p class="has-text-align-center"><strong>Escuchar en Spotify</strong></p>



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		<title>El orden del día y el ruido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2026 07:41:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[Mis lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una semana de ruido político, absurdos mediáticos y pedaladas por Murcia sirve para releer a Éric Vuillard y recordar que la Historia avanza entre pequeñas miserias. Entre cruceros varados, viajes estridentes y debates crispados, buscamos serenidad para no dejarnos arrastrar</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/el-orden-del-dia/">El orden del día y el ruido</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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<p>Hay semanas en las que salir en bicicleta por Murcia es como intentar avanzar entre una nube de mosquitos informativos: pedaleas, esquivas, respiras… y aun así acabas tragándote alguna de las innumerables noticias absurdas que te dejan peor que evitar la maleza en el carril bici del puente de la Ronda Sur. Y mientras mantienes el equilibrio y maldices al coche que te adelanta sin dejarte el dichoso metro y medio, piensas que quizá <a href="https://www.planetadelibros.com/autor/eric-vuillard/000048732">Éric Vuillard</a> tenía razón en <em>El orden del día</em> (Tusquets Editores, 2018): la Historia no avanza a golpes épicos, sino a base de pequeñas miserias envueltas en papel oficial.</p>



<p>La realidad progresa con esa misma mezcla de solemnidad y absurdo que él retrata: pasos silenciosos, gestos mínimos, decisiones que parecen inofensivas hasta que, de pronto, ya es demasiado tarde. Un texto que, además, te mira con esa media sonrisa irónica de quien sabe que la Historia no es una epopeya, sino un catálogo de miserias humanas envueltas en papel oficial.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Hombres poderosos</h4>



<p>Éric Vuillard reconstruye los engranajes que permitieron el ascenso del nazismo, no desde los grandes discursos ni las fotos en blanco y negro que todos hemos visto mil veces. Lo hace desde los <strong>despachos</strong>, los <strong>salones</strong>, las <strong>reuniones discretas</strong> donde se decide el mundo mientras alguien sirve café.</p>



<p>La escena inicial es un ejemplo perfecto: los grandes industriales alemanes —Krupp, Siemens, IG Farben, Opel, Bayer…— entrando en fila para financiar a Hitler como quien firma un convenio de proveedores. Vuillard los retrata con una ironía que corta: hombres poderosos, trajeados, respetables, que pasan a la Historia no por su visión, sino por su <strong>comodidad moral</strong>. No me negarán que este escenario recuerda a esas imágenes de los magnates del petróleo reunidos en la Casa Blanca a principios de año para repartirse el botín del crudo venezolano.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Ritmo más humano</h4>



<p>Lo que hace que el libro funcione no es solo lo que cuenta, sino <strong>cómo lo cuenta</strong>. Vuillard escribe como quien abre una ventana en una habitación cerrada: entra aire, pero también polvo. Su prosa es breve, punzante, casi cinematográfica. No pretende ser neutral —y menos mal— porque la neutralidad, en ciertos temas, es otra forma de complicidad. Él señala, acusa, ilumina. Y lo hace sin levantar la voz.</p>



<p>Leyéndolo desde Murcia, desde este rincón donde la vida discurre a un ritmo más humano, uno no puede evitar pensar en la <strong>fragilidad de la normalidad</strong>. En cómo los grandes desastres empiezan siempre con gestos pequeños: una reunión, una firma, un “no es para tanto”, un “ya veremos”. Y en cómo la Historia, esa señora tan solemne, suele avanzar gracias a la suma de decisiones tomadas por gente que solo quería que nada cambiara… aunque eso significara permitir lo peor.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="750" data-attachment-id="2617" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/05/el-orden-del-dia/20260516_el-orden-del-dia-y-el-ruido/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260516_El-orden-del-dia-y-el-ruido.png?fit=1854%2C1358&amp;ssl=1" data-orig-size="1854,1358" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="20260516_El orden del dia y el ruido" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260516_El-orden-del-dia-y-el-ruido.png?fit=1024%2C750&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260516_El-orden-del-dia-y-el-ruido.png?resize=1024%2C750&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-2617" srcset="https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260516_El-orden-del-dia-y-el-ruido-980x718.png 980w, https://alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260516_El-orden-del-dia-y-el-ruido-480x352.png 480w" sizes="auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /><figcaption class="wp-element-caption"><strong>Ilustración | NANA PEZ</strong></figcaption></figure>



<h4 class="wp-block-heading">Catálogo de miserias</h4>



<p>La historia en minúscula de esta semana ha sido un <strong>catálogo de miserias</strong>. Para empezar, el <strong>viaje de la presidenta de Madrid a México</strong>, que ha generado más ruido que un camión de butano repartiendo por las olvidadas pedanías de la capital o por los barrios castigados de Cartagena o Lorca. El ruido y la estridencia, amén del victimismo, son la esencia del fango en el que retozar y en el que se sienten cómodas las ilustres figuras de la oleada ultra que nos envuelve.</p>



<p>Luego llega el <strong>crucero del hantavirus</strong>, que suena a novela de Stephen King, pero es tan real como el bolardo que casi te comes ayer en Floridablanca (en otros carriles no los encuentras, porque no los han repuesto). Un barco entero pidiendo fondear por indicación de la OMS y un Gobierno, el de Canarias, diciendo que no, que bastante tienen ya con el riesgo de las ratas nadadoras. Y tú, que solo querías llegar al trabajo sin que te abran la puerta de un coche en la cara, imaginas a los pasajeros del crucero preguntándose en qué momento su viaje de relax se convirtió en un <em>escape room</em> epidemiológico.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Jefes y jefecillos</h4>



<p>Y como guinda, <strong>Trump viaja a China</strong>. Un viaje que genera más tertulias que la última reforma del tráfico en Murcia. Y Florentino Pérez sale a la palestra para defender como un fortín a su club que maneja con mano de hierro y que le da esplendor para todos sus negocios, desde la construcción a los servicios sociales. Dos jefes blancos, mayores, creídos para la gloria y misóginos. Todo un <em>pack</em> que permite su visibilidad mediática</p>



<p>Por si faltaba algo, el <strong>Congreso suspende cautelarmente a Vito Quiles y Bertrand Ndongo</strong> por sus prácticas de agitación. Y tú, que pedaleas por la orilla del Segura intentando no caerte en un socavón, te ves atrapado en un debate nacional sobre convivencia parlamentaria, libertad de expresión y el misterioso arte de convertir la política en un <em>talent show</em> donde nadie canta, pero muchos desafinan.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Gestos pequeños</h4>



<p>En ese momento recuerdas otra idea de Vuillard: que <strong>los grandes desastres empiezan siempre con gestos pequeños</strong>, casi invisibles. Una reunión, una firma, un “no es para tanto”. Y piensas que quizá la verdadera tragedia contemporánea no es la noticia escandalosa, sino la <strong>acumulación</strong> de todas ellas, ese bombardeo constante que nos deja aturdidos, como en la ilustración de Nana Pez que acompaña esta columna.</p>



<p>Frente a ello, <strong>la serenidad</strong>, que <strong>no consiste en mirar hacia otro lado, sino de frente </strong>sin dejarse arrastrar por el ruido. Porque incluso cuando la Historia se acelera, incluso cuando los titulares parecen terremotos, el suelo sigue ahí, firme, esperando a que volvamos a pisarlo, aunque sea a un palmo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



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<iframe title="Spotify Embed: El orden del día y el ruido | Episodio 20" style="border-radius: 12px" width="100%" height="152" frameborder="0" allowfullscreen allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy" src="https://open.spotify.com/embed/episode/25azalAkjAHoREqm756TKM?si=fxdw4pzLRd-GXxpA8ufbxA&amp;utm_source=oembed"></iframe>
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<p></p>
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		<title>El periódico que uno lleva pegado a la piel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 05:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Mis lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Personales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando el diario El País cumple 50 años te das cuenta de que ha formado parte de tu vida de una manera intensa y especial.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hay periódicos que se leen y periódicos que se viven. Hay periódicos en los que uno se siente cómodo, como el que tiene entre sus manos. Y luego está <em><a href="https://elpais.com/">El País</a></em>, que durante medio siglo ha sido, para muchos, algo así como un DNI emocional. No es solo un diario: es una marca, un equipo, un modelo, un olor a tinta que se te queda en los dedos y en la memoria. Tener <em>El País</em> entre las manos, bajo el brazo, en el portaequipaje de la bici, ha sido un signo de identidad. Y vaya si lo ha sido.</p>



<p>Mi infancia siempre estuvo vinculada con periódicos y revistas. En aquellos años 70, todos los días llegaba a casa un ejemplar de <em>La Verdad</em> de Alicante, por el hecho de que mi padre fuese corresponsal del pueblo en el que vivíamos. Era un detalle. Pero incluso antes, al crecer en medio de un ambiente social muy politizado, también lo hacían a menudo ejemplares de <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%A1bado_Gr%C3%A1fico">Sábado Gráfico</a></em>, <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cuadernos_para_el_Di%C3%A1logo">Cuadernos para el Diálogo</a></em>, <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Triunfo_(Espa%C3%B1a)">Triunfo</a></em>… y, posteriormente, <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Posible_(revista)">Posible</a></em>, <em>Ciudadano</em>, <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cambio_16">Cambio 16</a></em>, etc. Qué decir de la revista, entonces quincenal, <em><a href="https://noticiasobreras.es/">Noticias Obreras</a></em>, sucesora del Boletín de la HOAC, en la que publiqué por primera vez en la primavera de 1976 un poema social sobre aquellos convulsos meses de conflictividad laboral.</p>



<h4 class="wp-block-heading">En el recreo</h4>



<p>Mi relación con <em>El País</em>, sin embargo, empezó en Yecla, en plena adolescencia, cuando uno aún no sabía quién era pero ya intuía qué quería leer. Al quiosco llegaba con un día de retraso porque entonces los diarios de Madrid viajaban más despacio que las noticias. Pero daba igual: lo importante era alcanzarlo en el recreo, abrirlo como quien abre una ventana y sentir que el mundo estaba un poco menos lejos.</p>



<p>Luego vinieron los años de estudiante en Madrid, ese tiempo en que uno aprende a vivir con lo justo: leche, pan, apuntes y <em>El País</em>. Era gasto común, casi un impuesto revolucionario de la vocación periodística. No se leía: se militaba. Se coleccionaban las tazas de los Beatles, los anuarios de fin de año, las promociones absurdas que hoy ya no significan nada pero entonces eran un tesoro. Y se soñaba —claro que se soñaba— con escribir allí algún día.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Ingenuidad y coraje</h4>



<p>Hubo incluso aventuras de esas que hoy sonarían a locura. Como aquella noche del 86 en que quien suscribe se plantó en la sede de la calle Miguel Yuste para subirse a una furgoneta de reparto rumbo al País Vasco, camino del <a href="https://elpais.com/diario/1986/10/19/espana/530060402_850215.html">homenaje a Yoyes</a>, asesinada un mes antes por sus antiguos compañeros de ETA. Era tal la fusión con el periódico que hasta uno se emocionaba junto a sus repartidores atravesando la Nacional I, con control de la Guardia Civil incluido. Y uno imagina la mezcla de ingenuidad, coraje y hambre de mundo que se tiene a los veinte años.</p>



<p>También estaban los ídolos de entonces: Fernando Jáuregui, Bonifacio de la Cuadra, Soledad Gallego Díaz… o Juan Arias, con sus crónicas desde Italia que hacían llorar a estudiantes de periodismo que aún no sabían que la emoción también es una forma de información. El entierro de Enrico Berlinguer, uno de los padres del eurocomunismo, lo viví a través de esas páginas como si hubiera formado parte de cortejo del millón de personas que lo despidió en Roma.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="882" height="1024" data-attachment-id="2607" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/05/periodico-que-uno-lleva-pegado/20260509_50-anos-el-pais/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260509_50-anos-El-Pais.png?fit=1476%2C1713&amp;ssl=1" data-orig-size="1476,1713" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="20260509_50 años El Pais" data-image-description="&lt;p&gt;50 años de El País&lt;/p&gt;
" data-image-caption="&lt;p&gt;Ilustración | NANA PEZ&lt;/p&gt;
" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260509_50-anos-El-Pais.png?fit=882%2C1024&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/05/20260509_50-anos-El-Pais.png?resize=882%2C1024&#038;ssl=1" alt="50 años de El País" class="wp-image-2607"/><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración | NANA PEZ</figcaption></figure>



<p>Y los veranos en la playa, cuando el ritual aún consiste en ir temprano al quiosco, comprar el ejemplar y leerlo en la terraza, junto a una taza de café, “de cabo a rabo”, crucigrama incluido, como quien se toma el pulso a sí mismo.</p>



<p>Con los años, como en cualquier relación larga, hubo bandazos. Porque <em>El País</em> nunca ha sido tan de izquierdas como algunos quisieron creer, especialmente&nbsp; en temas económicos, pero tampoco ha dejado de ser el periódico de referencia para quienes crecimos con él. La contradicción también forma parte del cariño. Como las consecuencias del <em>ere</em> de sus trabajadores –entre ellos, Ramón Lobo- que lo vivimos muchos lectores como si nos hubiesen echado a nosotros a la calle.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Admiración por el papel</h4>



<p>Hoy, en plena era del clic, contemplo con admiración a quienes acuden al quiosco a por su ejemplar en papel. Y me reconozco en ellos, al ser parte del club. Porque hay objetos que se adhieren a la piel, y un periódico es uno de ellos. No por nostalgia, sino por compañía. Por las columnas de Manuel Vicent, por las firmas nuevas, por las reseñas de <em>Babelia</em> o la ironía de Íñigo Domínguez, por esa sensación de que, mientras haya alguien que escriba y alguien que lea, el mundo seguirá teniendo un poco de sentido.</p>



<p>Y sí, quizá resulte paradójico escribir esto en un diario que no es <em>El País</em>. Pero así es la vida: uno puede querer a varios periódicos a la vez, igual que quiere a varias ciudades, varios bares o varias etapas de sí mismo. Lo importante es reconocer de dónde viene cada pedazo de nuestra identidad. Y en la mía, como en la de tantos, siempre habrá un ejemplar doblado bajo el brazo o en el portaequipaje de la bici, un quiosco de verano y un chaval de Yecla leyendo un periódico que llegaba tarde… pero llegaba.</p>



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		<title>San José, mis padres y el semáforo en rojo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Personales]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una Murcia acelerada y precaria, el Primero de Mayo nos recuerda a quienes sostienen la Región: trabajadores invisibles. La memoria familiar reivindica dignidad, organización y esperanza.</p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/san-jose-mis-padres-y-el-semaforo-en-rojo/">San José, mis padres y el semáforo en rojo</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>En Murcia, cuando empieza a oler a verano, la ciudad se convierte en un tablero de ajedrez jugado por gente con prisa. El coche que te adelanta como si la Gran Vía fuera la M‑30, la furgoneta en doble fila “un momentico”, el repartidor que se juega la vida en cada rotonda… y tú, en la bici, haciendo equilibrios como quien encadena contratos temporales: hoy carril, mañana bordillo, pasado un “ya te apañarás”. Y justo ahí, en mitad del zigzag, llega el Primero de Mayo y te recuerda que el trabajo —eso que debería sostener la vida— a veces la muerde.</p>



<p>Hay quienes lo han dicho sin rodeos, como en el <a href="https://hoacmurcia.es/2026/04/30/1-mayo-2026-trabajo-digno-para-una-vida-digna/">manifiesto de la HOAC de Murcia</a><strong>: esta Región se sostiene sobre espaldas</strong> que casi nunca salen en la foto. Las de quienes trabajan en las fincas del Campo de Cartagena, Mazarrón o el Guadalentín; en el manipulado de fruta; en la hostelería que “nunca descansa”; en los cuidados invisibles; en los barrios donde la precariedad se nota “más que las estadísticas”, en los servicios públicos. Con el parte real del día: jóvenes que no pueden emanciparse, mujeres con doble jornada y brecha salarial, personas migrantes sosteniendo sectores enteros desde la vulnerabilidad. No es un panfleto: es un aviso de alerta naranja.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Álbum familiar</h4>



<p>Y ahí, inevitablemente, me sale el álbum familiar. Mi padre —mecánico fresador— volvía a casa con resto de grasa en sus agrietadas manos y esa dignidad callada de la gente que no presume. De niño fui testigo de sus reuniones en un lúgubre local del centro de Ibi como enlace sindical del Sindicato Vertical en la industria juguetera y del metal. Dicho hoy suena a arqueología, pero entonces era pelear ‘infiltrado’ lo posible donde se podía: mejorar horarios, apretar por seguridad, actuar entre el taller y una estructura pensada para que nadie levantara la voz. Tenía clara su conciencia de clase y su lugar en el mundo. Y eso, aunque no lleve sello, es doctrina social de la buena.</p>



<p>Como mi madre, maestra, por otra vía: la de la renovación pedagógica cuando renovar era ponerse en el punto de mira y del lado de los más vulnerables. Más tarde, su compromiso en el recién creado <a href="https://intersindicalrm.org/ensenanza/">Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza</a> -y después en <a href="https://murcia.fe.ccoo.es/">CCOO</a>&#8211; fue la prolongación natural de entender la escuela como herramienta de justicia. Ella me enseñó que <strong>“derechos” y “deberes” solo se sostienen si la vida cotidiana los acompaña</strong>. Y que sin organización, la buena voluntad dura lo que dura un recreo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Iglesia que dialoga</h4>



<p>Por eso me encaja tanto que el Primero de Mayo sea también la fiesta de san José Obrero, y que la Iglesia —cuando está fina— no venga a dar lecciones, sino a dialogar con el mundo del trabajo, a apoyar demandas justas, a “colaborar con la sociedad civil” para afrontar los problemas reales. Lo saludable no es solo respirar menos humo en Ronda Sur: es trabajar sin miedo, sin precariedad, sin que la vida se deshilache por los bordes.</p>



<p>Hay una frase que debería estar en cada rotonda: <strong>“ninguna economía es legítima si deja atrás a quienes hacen posible la vida”</strong>. Traducido al carril bici: si tu modelo depende de que alguien pedalee (o coseche, o cuide, o friegue) con el corazón en la boca, es que vas sin luces… y sin frenos. Y hay otra: <strong>la esperanza “no es ingenuidad”</strong>. Es la certeza de que cuando las personas trabajadoras se unen, dialogan y se apoyan, la sociedad avanza. Incluso cuando el coche te pita, cuando el carril se corta, cuando te empujan a la cuneta. Avanza, porque si no, te acostumbras.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Trabajo digno</h4>



<p>A menudo me acuerdo en cada cruce, donde siempre hay alguien jugándose la vida para llegar a fin de mes, de mi padre y su fresadora, de mi madre y su claustro, y de esa idea sencilla y exigente: <strong>trabajo digno para una vida digna</strong>. Que el semáforo en rojo no sea un estorbo, sino una invitación a parar y pensar.</p>



<p>Porque detrás de cada “trabajo digno” hay una vida concreta: la de quien vuelve reventada y aun así hace la cena; la de la quien cuida a otros y nadie la cuida; la del que cruza media ciudad en bici para después subirse a una furgoneta; la del que, en muchos lugares, no vuelve a casa.</p>



<h4 class="wp-block-heading">No acostumbrarse</h4>



<p>A veces me preguntan si sirve de algo escribir estas cosas. Yo qué sé. Pero sé esto: mientras vea a alguien con chaleco reflectante al borde de una rotonda, o a una limpiadora saliendo con el sol bajo, o a un chaval esquivando coches con una mochila de reparto, me haré una promesa doméstica: <strong>no acostumbrarme</strong>. Porque el mundo se sostiene por gente que no sale en los titulares o en el TikTok. Y el Primero de Mayo existe para recordarlo.</p>



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<h5 class="wp-block-heading has-text-align-right">Ilustración | NANA PEZ</h5>



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<p></p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/05/san-jose-mis-padres-y-el-semaforo-en-rojo/">San José, mis padres y el semáforo en rojo</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
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		<title>El mal que dejamos pasar</title>
		<link>https://alcabodelacalle.net/2026/04/el-mal-que-dejamos-pasar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Apr 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Mis lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Personales]]></category>
		<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A menudo dejamos pasar el mal, porque nos resulta más cómodo pensar que todo pasará y preferimos mirar hacia otro lado.  Pero si no espabilamos, un día nos despertaremos y descubriremos que lo que parecía normal era, en realidad, el principio del fin. </p>
<p>La entrada <a href="https://alcabodelacalle.net/2026/04/el-mal-que-dejamos-pasar/">El mal que dejamos pasar</a> se publicó primero en <a href="https://alcabodelacalle.net">A un palmo del suelo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Una noche de esta semana regresaba desde la Vega Baja del Segura a casa tras participar en la presentación del libro <em><a href="https://www.hoac.es/2025/07/03/novedad-editorial-trabajo-humano-el-reto-pendiente/">Trabajo humano, el reto pendiente</a></em> (Ediciones HOAC, 2025) de Francisco Porcar, y me preguntaba si seguía teniendo sentido reflexionar sobre el mundo obrero. En concreto, construir una cultura del cuidado como utopía en torno al trabajo. No voy a negar que tenía mis dudas, sobre todo ante lo que está cayendo en el mundo, y la sensación de que somos una minúscula partícula en este gran tablero de la geopolítica. </p>



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<p><em>Dos momentos de la presentación del libro «Trabajo humano, el reto pendiente», el pasado 21 de abril en Callosa de Segura (Alicante)</em></p>



<p>No obstante, cuando te recuerdan que <a href="https://www.ilo.org/es/resource/news/casi-3-millones-de-personas-mueren-por-accidentes-y-enfermedades">3 millones de personas</a> mueren cada año en el mundo por &nbsp;accidentes y enfermedades laborales, o que tan solo <a href="https://www.rtve.es/noticias/20260213/accidentes-laborales-735-muertes-2025-61-menos-2024/16936884.shtml">en España fallecieron 735 trabajadores y trabajadoras en 2025</a>, entiendes que hay muchas heridas en el mundo del trabajo que reclaman no mirar hacia otro lado. Que la precariedad, la falta de futuro, la desigualdad, el economicismo, la deshumanización y el consumismo son algunas de las lógicas que deterioran la dignidad del trabajo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">&nbsp;Todo en orden</h4>



<p>Resulta que hay días en los que uno se levanta, se sube a la bici y piensa que el mundo se ha vuelto un sitio razonablemente normal. Abre la panadería, los críos van al cole, el personal empleado público ficha, los padres y las madres dejan a los niños en la puerta con el café aún caliente. Todo en orden. Y, sin embargo, basta rascar un poco para descubrir que la normalidad es ese barniz que ponemos encima para no mirar demasiado.</p>



<p>Lo recordaba leyendo a <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Monika_Zgustov%C3%A1">Monika Zgustova</a>, que habla de cómo las sociedades se acostumbran al mal sin darse cuenta, como quien se acostumbra al ruido de una obra en la calle: primero molesta, luego irrita, y al final ya ni lo oyes. Y pensé que, sin necesidad de dictaduras ni gulags, aquí también tenemos nuestras pequeñas renuncias diarias, esas concesiones que parecen insignificantes pero que, sumadas, construyen un paisaje moral bastante feo.</p>



<p>Porque el mal no siempre llega con botas militares. A veces llega con zapatillas cómodas y un “bueno, tampoco pasa nada”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="882" height="1024" data-attachment-id="2591" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/04/el-mal-que-dejamos-pasar/20260425_el-mal-que-dejamos-pasar/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/04/20260425_El-mal-que-dejamos-pasar.png?fit=1476%2C1713&amp;ssl=1" data-orig-size="1476,1713" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="El mal que dejamos pasar" data-image-description="&lt;p&gt;El mal que dejamos pasar&lt;/p&gt;
" data-image-caption="&lt;p&gt;Ilustración | Nana Pez&lt;/p&gt;
" data-large-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/04/20260425_El-mal-que-dejamos-pasar.png?fit=882%2C1024&amp;ssl=1" src="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/04/20260425_El-mal-que-dejamos-pasar.png?resize=882%2C1024&#038;ssl=1" alt="El ml que dejamos pasar" class="wp-image-2591"/><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración | Nana Pez</figcaption></figure>



<h4 class="wp-block-heading">Pequeñas renuncias</h4>



<p>Pasa, por ejemplo, cuando un profesor o una profesora deciden que educar es opcional, que su trabajo consiste en sobrevivir a la mañana y rellenar papeles. Y nosotros, lo dejamos pasar porque “bastante tienen con enfrentarse a las aulas”. Pasa cuando unos progenitores renuncian a ser padres y madres y delegan en la pantalla, en el colegio, en la abuela, en cualquiera que no sean ellos. Y lo justifican con un “es que no tengo tiempo”. Pasa cuando un empleado público —ese que debería ser la cara amable y eficiente de cualquiera de las administraciones— no cumple con su trabajo o te atiende como si le debieras dinero. Y tú, resignado, acabas pensando que “es lo que hay”.</p>



<p>Y así, a base de pequeñas renuncias, vamos construyendo una sociedad que tolera el mal no porque sea malvado, sino porque está cansada. Cansada de protestar, de exigir, de recordar que las cosas pueden ser de otra manera. Cansada de no querer líos.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Cómplices por comodidad</h4>



<p><a href="https://elpais.com/opinion/2026-04-23/cuando-la-sociedad-tolera-el-mal.html">Zgustova cuenta que en los regímenes autoritarios</a> la mayoría de la gente no es cómplice por convicción, sino por comodidad. Que el miedo paraliza, sí, pero también paraliza la pereza moral. Y que los autoritarios —los de uniforme y los de traje caro— se alimentan de esa apatía como quien se alimenta de la luz del sol.</p>



<p>Aquí aún no tenemos dictadores –aunque los identificamos claramente, porque son serviles ante el poderoso-, pero sí adoptamos esa tendencia a mirar hacia otro lado. A pensar que “esto no puede durar”, como si las cosas se arreglaran solas. A repetir que “ya pasará”, como si el deterioro democrático, la crispación política o la chapuza institucional fueran fenómenos meteorológicos.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Principio del fin</h4>



<p>Y mientras tanto, seguimos tolerando pequeñas grietas: docentes que no enseñan, padres y madres que no educan, empleados públicos que no sirven y no cumplen, políticos que no rinden cuentas, ciudadanía que no exige. Grietas que, si no se tapan, acaban siendo un socavón.</p>



<p>Quizá la pregunta no sea por qué existe el mal, sino por qué lo dejamos pasar. Por qué nos cuesta tanto decir “hasta aquí”. Por qué preferimos la comodidad de la queja a la incomodidad de la acción. Por qué escogemos <a href="https://alcabodelacalle.net/2021/07/no-mirar-hacia-otro-lado/">mirar hacia otro lado</a>.</p>



<p>A un palmo del suelo, desde la bici, uno ve que la ciudad sigue funcionando. Que la vida, aparentemente, va bien. Pero también ve que, si no espabilamos, un día nos despertaremos y descubriremos que lo que parecía normal era, en realidad, el principio del fin. Y que lo dejamos entrar por pura pereza.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



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<p></p>



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		<title>Más papistas que Trump</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2026 04:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Donald Trump]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Pacifismo]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las críticas de Donald Trump  contra León XIV fortalecen al Papa como símbolo de resistencia moral. Su insistencia en la paz y el diálogo es necesaria en tiempos de conflicto, a pesar de la tibieza de líderes como el PP en España.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>No me negarán que ante nuestros simplistas ojos parecía un blando. Sí, porque el carisma del argentino no aventuraba que pudiera calar en un norteamericano descendiente de latinos y aunque hubiese vivido en Perú. Cuando nos tocaba asumir el modo de analista del Vaticano echábamos de menos al Bergoglio de su <a href="https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2023-07/el-papa-en-lampedusa-hace-diez-anos-el-grito-contra-indiferencia.html">visita inicial a Lampedusa</a> o de sus múltiples entrevistas, gestos y presencias de impacto.&nbsp;</p>



<p>Pues nada, aquí estamos con una nueva semana más en la política internacional en la que Donald Trump ha decidido enfrentarse al papa León XIV, como padres que se encaran con el árbitro en el último partido de juveniles de sus hijos o cual matón de patio de colegio. El <a href="https://alcabodelacalle.net/2021/02/contra-el-odio/">presidente de Estados Unidos</a>, que nunca ha destacado por su sutileza, acusó al Pontífice de ser “débil”, de no entender la seguridad global y de haber sido elegido poco menos que para fastidiarle la presidencia. Como si el Cónclave fuese una reunión clandestina del Partido Demócrata.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Símbolo de resistencia</h4>



<p><strong>La escena tiene algo de tragicomedia.</strong> Trump, instalado en la épica de sí mismo, se indigna porque el Papa —ese señor que viste de blanco y habla de paz— recuerda que la guerra no es precisamente un sacramento. León XIV insiste en que la Iglesia tiene la obligación moral de oponerse a la violencia y a los <a href="https://noticiasobreras.es/2026/04/leon-xiv-denuncia-el-uso-de-dios-para-el-poder-el-mundo-esta-siendo-devastado-por-un-punado-de-tiranos/">abusos de poder</a>. Nada revolucionario, pero en tiempos de testosterona geopolítica, decir que matar está mal o reclamar el derecho internacional parecen unas provocaciones intolerables.</p>



<p>Lo curioso es que, sin proponérselo, <strong>Trump ha terminado por consagrar al Papa.</strong> Es como el club de los <em>antisanchistas</em>, que acabará por convertir a nuestro presidente del Gobierno en referente mundial. La arremetida del norteamericano macho alfa ha colocado al otro norteamericano en el centro del escenario moral, lo ha transformado en símbolo de resistencia frente al poder desbocado y lo ha proyectado más allá de los muros del Vaticano. Hay quien va a por lana y sale trasquilado, y luego está quien intenta humillar a un Pontífice y acaba fortaleciéndolo.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Tibieza que parece un susurro</h4>



<p>Y mientras esto ocurre en Washington y Roma,<strong> en España se juega otra partida</strong>. Vox estuvo años criticando al papa Francisco —y ahora a León XIV— por su defensa de los migrantes, su denuncia de los abusos de poder y su insistencia en que la guerra no es una solución. Entretanto, el PP navega con la prudencia calculada de quien no quiere mojarse demasiado. Ante la escalada bélica en Irán, sus portavoces han optado por declaraciones templadas, llamamientos genéricos a la “responsabilidad internacional” y una condena tan suave que casi parece un susurro. No es que no hablen: es que hablan sin decir. En un momento en el que medio mundo discute sobre los límites de la fuerza, la diplomacia y el derecho internacional, la tibieza se convierte en una forma de ruido blanco.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="450" height="680" data-attachment-id="2579" data-permalink="https://alcabodelacalle.net/2026/04/mas-papistas-que-trump/meme/" data-orig-file="https://i0.wp.com/alcabodelacalle.net/wp-content/uploads/2026/04/mEME.png?fit=450%2C680&amp;ssl=1" data-orig-size="450,680" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Imagen generada por IA en la cuenta de Trump" data-image-description="&lt;p&gt;Imagen generada por IA en la cuenta de Trump&lt;/p&gt;
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<p>Y en el clímax de esta historia está la imagen generada por inteligencia artificial en la que Trump aparece como Jesucristo curando a un enfermo. La representación de un Mesías contemporáneo. El poder convertido en fantasía infantil. La política como disfraz de carnaval. Y como suelen actuar los abusones, con dureza frente a los débiles y sumisión ante el poderoso, en este caso la opinión pública, <a href="https://elpais.com/internacional/2026-04-13/trump-elimina-la-imagen-que-publico-en-la-red-truth-en-la-que-aparece-como-jesucristo.html">la retiró sin más</a>.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Autoridad <em>vs</em> divinidad</h4>



<p>El análisis psicológico es casi inevitable. Ese mesianismo digital —esa mezcla de narcisismo, tecnología y pensamiento mágico— revela más fragilidad que grandeza. Cuando un líder necesita imaginarse salvador, deja de aceptar límites. Y cuando deja de aceptar límites, deja de aceptar la realidad. El problema no es la imagen en sí, sino lo que sugiere: un dirigente que confunde autoridad con divinidad, y propaganda con identidad.</p>



<p>Mientras tanto, <a href="https://www.facebook.com/reel/1277385350487118">León XIV sigue hablando de diálogo</a>, de multilateralismo, de la obligación moral de frenar la guerra. No es un discurso nuevo, pero sí necesario. Y quizá por eso irrita tanto a quienes prefieren el ruido al razonamiento, la épica al derecho internacional, la fantasía al mundo real.</p>



<h4 class="wp-block-heading">La fuerza del débil</h4>



<p>En este choque entre el poder político y la autoridad moral, el que presume de fuerza aparece cada vez más débil, y el que se presenta como servidor emerge más firme. La paradoja de siempre: la soberbia engrandece al otro. La fuerza del débil, que dirían los teólogos.</p>



<p>Y al final queda una pregunta incómoda: ¿Qué dice de nuestro tiempo que un presidente necesite representarse como Cristo para sentirse validado, mientras un Papa gana autoridad precisamente porque no necesita representarse como nada? Quizá la respuesta esté ahí, a un palmo del suelo: en la diferencia entre quien se cree salvador y quien intenta, simplemente, <a href="https://youtu.be/O8ELSDKNuPk?si=iQN3AsZvbRLjoP3c">salvar algo de humanidad en medio del ruido</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h5 class="wp-block-heading has-text-align-right">Ilustración | Nana Pez</h5>



<p></p>



<h5 class="wp-block-heading">Aquí puedes escuchar en Spotify el podcast <a href="https://open.spotify.com/show/5b3vXbisBWL5U228VlvXvR?si=25497be9825043b9">A un palmo del suelo</a></h5>



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		<title>Mascarillas en la cocina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Pedro J. Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2026 05:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[A un palmo del suelo]]></category>
		<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ni la supuesta pasión a borbotones de la Semana Santa, ni la exaltación a una huerta enladrillada fruto de la especulación y la voracidad urbanísticas. Ni, por supuesto, ajeno al dolor de nuevos episodios de esta tercera guerra mundial no anunciada ni declarada oficialmente, uno siente que la actualidad política española es un remake involuntario [&#8230;]</p>
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<p>Ni la supuesta pasión a borbotones de la Semana Santa, ni la exaltación a una huerta enladrillada fruto de la especulación y la voracidad urbanísticas. Ni, por supuesto, ajeno al dolor de nuevos episodios de esta tercera guerra mundial no anunciada ni declarada oficialmente, uno siente que la actualidad política española es un <em>remake</em> involuntario de sí misma. Cambian los nombres, cambian los partidos, cambian incluso los escenarios —de despachos ministeriales a chats de WhatsApp, de cloacas del Estado a un reparto de malos personajes en busca de autor—, pero la trama es la misma: alguien que cree que el poder es un derecho hereditario y no una responsabilidad prestada.</p>



<p>Ahí estamos otra vez con el <a href="https://elpais.com/noticias/operacion-kitchen/"><strong>caso Kitchen</strong></a><strong>,</strong> por un lado, y el <a href="https://elpais.com/noticias/caso-koldo/"><strong>caso Koldo o mascarillas</strong></a> por el otro, como si la realidad hubiera decidido programar un ciclo temático sobre la autosuficiencia moral. Espectador durante estos días de las crónicas judiciales, me ha venido a la cabeza <a href="https://alcabodelacalle.net/2017/02/la-corrupcion-no-puede-ser-perdonada/">aquel artículo que escribí</a> hace años sobre la corrupción como <strong>condición</strong>, no como acto. Una especie de estado del alma, un clima interior en el que uno se acostumbra a vivir igual que se habitúa al olor de una habitación cerrada. La persona corrupta, entonces como ahora, no es solo alguien que hace trampas: es alguien que ha construido una autoestima entera sobre ellas.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Autosuficiencia satisfecha</h4>



<p>Porque si algo comparten <em>Kitchen</em> y <em>Koldo</em> es esa <strong>autosuficiencia satisfecha</strong> que describía el papa Francisco en una conversación con el periodista <a href="https://it.wikipedia.org/wiki/Andrea_Tornielli">Andrea Tornielli</a> hace diez años: la convicción de que uno no necesita ser cuestionado por nada ni por nadie. En el caso Kitchen, esa seguridad se tradujo en operaciones policiales paralelas, agendas que aparecían y desaparecían, y un uso del Estado como si fuera un llavero personal. En el caso mascarillas, la autosuficiencia adoptó la forma de contratos y pagos en plena pandemia, cuando medio país estaba encerrado contando muertos, además de la compra de voluntades. Dos estilos, mismo perfume.</p>



<p>Fruto de aquel diálogo fue el libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-nombre-de-dios-es-misericordia/208702"><em>El nombre de Dios es misericordia</em></a>, en el que Jorge María Bergoglio afirmaba que el corrupto está tan encerrado y saciado en la satisfacción de su autosuficiencia que no se deja cuestionar por nada ni por nadie. <em>Ha construido una autoestima que se basa en actitudes fraudulentas: pasa la vida en mitad de los tajos del oportunismo, a expensas de su propia dignidad y de la de los demás. (…) El corrupto no conoce la humildad, no se considera necesitado de ayuda y lleva una doble vida</em>, indicaba. Como habrá supuesto, querido lector, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Justificación permanente</h4>



<p>Y luego está la <strong>justificación permanente</strong>, ese arte tan español de convertir lo injustificable en un acto de servicio. El corrupto siempre encuentra un motivo noble para su tropelía: el partido, el país, la urgencia del momento, la presión del cargo. En el primero, la excusa era proteger al partido de un extesorero díscolo que tenía retratados a los principales dirigentes del PP; en el segundo caso, la urgencia sanitaria. El fin, ya se sabe, siempre dispuesto a justificar los medios… salvo que no debería. Y el corruptor, en el mismo plano.</p>



<p>Lo más inquietante, sin embargo, es la corrupción no como anomalía, sino como clima. Como un moho que se extiende por las instituciones, por los partidos, por la vida cotidiana. Un fenómeno que, lamentablemente, no distingue siglas. Y, mientras tanto, la ciudadanía mirando, resignada, como quien observa una gotera que ya no sabe si viene del vecino del piso de arriba o del edificio entero.</p>



<h4 class="wp-block-heading">No mirar a otro lado</h4>



<p>Además, <strong>contamina la existencia</strong>. No solo la del corrupto, sino la de todos. Pudre el sentido de las instituciones, erosiona la confianza, convierte la política en un ejercicio de sospecha permanente. Y lo peor es que nos acostumbra. Que empezamos a ver normal lo que debería escandalizarnos cada mañana.</p>



<p><strong>A ese monstruo solo se le puede combatirse desde lo pequeño.</strong> Desde no mirar hacia otro lado, desde no aceptar la impunidad como paisaje, desde exigir que la Justicia —esa que tampoco está libre de tentaciones— haga su trabajo sin presiones ni atajos. Y quizá ahí esté la clave para entender por qué estos juicios importan, más allá de las siglas: porque nos recuerdan que la democracia no se sostiene sola.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Cansancio e incredulidad</h4>



<p>Mientras llega el milagro de que la persona corrupta reconozca lo hecho, restituya lo robado y asuma su responsabilidad, seguiremos asistiendo a estos juicios como quien ve una serie que ya se sabe de memoria. Con ironía, con cansancio, con un punto de incredulidad. Y con la esperanza —pequeña, testaruda— de que algún día dejemos de escribir artículos sobre corrupción porque, sencillamente, no haya nuevos casos que comentar. Aunque, siendo sinceros, igual eso sí que es ciencia ficción.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Ilustración: NANA PEZ</h5>



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