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	<title>Portal Libertario OACA</title>
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		<title>Más proletariado y menos obituarios: del fin de la clase obrera a su reconstrucción</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 16:13:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Anticapitalismo]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Introducción</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, parte del pensamiento crítico ha sostenido que el proletariado ha dejado de ocupar la posición histórica que desempeñó durante el largo ciclo del movimiento obrero, aproximadamente desde mediados del siglo XIX hasta la crisis del capitalismo fordista en los años setenta del siglo XX. La desindustrialización de las economías occidentales, la fragmentación del trabajo, la expansión del sector servicios, la precarización del empleo, la individualización de las relaciones laborales y la integración creciente de la vida social en la lógica del consumo han llevado a cuestionar la vigencia de la política de clase como horizonte estratégico de la emancipación.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="448" height="253" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2017/03/proletariado2p0.jpg" alt="" class="wp-image-18188" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2017/03/proletariado2p0.jpg 448w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2017/03/proletariado2p0-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 448px) 100vw, 448px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el ámbito libertario, la discusión es especialmente intensa. Autores como Tomás Ibáñez y Miquel Amorós argumentan que las profundas transformaciones del capitalismo han erosionado las condiciones históricas que hicieron posible el movimiento obrero clásico. La desaparición de la cultura obrera, la integración institucional de las organizaciones sindicales, la disolución de las antiguas comunidades de trabajo y de barrio y la creciente colonización mercantil de la existencia habrían privado al proletariado de la centralidad política que desempeñó durante más de un siglo. La cuestión ya no sería únicamente la derrota de determinadas organizaciones, sino el agotamiento de un ciclo histórico en el que la clase trabajadora pudo constituirse como sujeto revolucionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El diagnóstico contiene elementos difíciles de discutir. Resulta evidente que el capitalismo contemporáneo ha transformado profundamente las condiciones de producción, la composición del trabajo asalariado y las formas tradicionales de organización de la clase obrera. También parece indudable que las experiencias históricas del movimiento obrero —socialdemócratas, comunistas, consejistas, sindicalistas revolucionarias y anarquistas— pertenecen a un contexto histórico que no puede reproducirse mecánicamente. Quien pretenda reconstruir las formas organizativas del siglo XX ignorando las mutaciones del capitalismo global caerá inevitablemente en el anacronismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, de estas constataciones no se desprende necesariamente la conclusión de que el proletariado haya dejado de constituir el sujeto potencial de una transformación revolucionaria. Entre el reconocimiento de una derrota histórica y la afirmación de una imposibilidad histórica existe una diferencia decisiva. Que las formas políticas mediante las cuales el proletariado actuó durante un determinado período hayan entrado en crisis no implica que hayan desaparecido las relaciones sociales que hicieron posible su aparición. Menos aún autoriza a concluir que la contradicción entre capital y trabajo haya perdido su carácter estructurante dentro del capitalismo contemporáneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La hipótesis que orienta este artículo es precisamente la contraria. La reorganización mundial del capitalismo iniciada en la década de 1970 no ha eliminado el fundamento material del proletariado, sino que lo ha transformado y ampliado a una escala desconocida hasta entonces. La desindustrialización relativa de Europa y Norteamérica ha coincidido con una extraordinaria expansión del trabajo asalariado en Asia, América Latina, África y Europa oriental; la fragmentación de los procesos productivos ha ido acompañada por una integración cada vez más intensa del mercado mundial; y la diversificación de las formas de empleo no ha reducido la dependencia salarial, sino que la ha extendido a nuevos sectores de la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es crucial distinguir dos planos: crisis de conciencia de clase,&nbsp; organizaciones obreras y formas históricas de la política proletaria, por un lado, y, por otro, la persistencia de condiciones objetivas que hacen posible la existencia de una clase definida por la necesidad de vender su fuerza de trabajo para vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito de este trabajo no consiste, por tanto, en negar la profundidad de la derrota sufrida por el movimiento obrero durante las últimas décadas ni en idealizar unas formas de organización cuya crisis es evidente. Tampoco pretende defender una concepción esencialista del proletariado como sujeto predestinado de la historia. Su objetivo es más limitado, pero también más preciso: examinar si las transformaciones experimentadas por el capitalismo justifican realmente la conclusión de que la clase trabajadora ha perdido definitivamente toda potencialidad revolucionaria o si, por el contrario, la crisis afecta principalmente a las formas históricas de su organización y no a la posición estructural que continúa ocupando dentro de las relaciones de producción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Responder a esta cuestión exige desplazar el análisis desde el espacio restringido de las sociedades occidentales hacia el capitalismo mundial realmente existente. Sólo desde esa perspectiva resulta posible valorar hasta qué punto la expansión planetaria del trabajo asalariado, las nuevas migraciones internacionales, la reorganización de las cadenas globales de producción y la aparición de nuevas formas de explotación modifican —o confirman— la hipótesis clásica según la cual la contradicción entre capital y trabajo continúa constituyendo el eje fundamental de las sociedades capitalistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capitalismo tardío, obsoleto en su promesa de bienestar general, se aferra a la supervivencia mediante una deriva hacia la economía de guerra. Cuando la rentabilidad de la producción civil se agota, se reactivan ciclos de gasto militar, priorización de la seguridad y excepcionalidad permanente que disciplinan a la sociedad y reconfiguran las prioridades públicas. Este régimen, criminal en sus efectos, externaliza costes —ambientales, humanos y democráticos— mientras convierte el miedo y el conflicto en nuevos nichos de acumulación. En ese horizonte, la precarización del trabajo y la disolución del papel del proletariado como sujeto político no son fallos del sistema, sino condiciones de posibilidad para un modelo que necesita población disponible, desorganizada y vigilada, al servicio de una maquinaria que produce valor a través de la destrucción.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El proletariado como relación social y no como figura histórica</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El debate sobre la vigencia del proletariado suele partir de los cambios del capitalismo contemporáneo para luego extraer conclusiones sociológicas. Conviene, antes, fijar el concepto: el proletariado no es una figura histórica particular —el obrero fabril fordista— sino una posición en las relaciones sociales de producción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde este punto de vista, resulta significativo que buena parte de las tesis sobre la crisis del proletariado tomen como referencia una figura histórica muy concreta: el obrero industrial, concentrado en grandes establecimientos fabriles, organizado sindicalmente, integrado en barrios obreros relativamente homogéneos y portador de una cultura colectiva construida a lo largo de más de un siglo de luchas sociales. Esa figura existió y desempeñó un papel decisivo en la historia del movimiento obrero europeo. Pero identificarla con el proletariado en cuanto tal supone convertir una experiencia histórica determinada en una definición universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marx nunca procedió de ese modo. A lo largo de <em>El capital</em>, la condición proletaria no aparece caracterizada por un oficio, una rama industrial o una forma específica de organización del trabajo. Lo que define al proletario es su posición dentro de las relaciones sociales de producción. El trabajador es proletario porque carece de medios propios para producir y reproducir su existencia y, por ello, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo al propietario del capital. Esta definición posee un grado de abstracción suficiente para abarcar formas de trabajo extraordinariamente diversas y explica, precisamente por ello, la enorme capacidad de adaptación del capitalismo a contextos históricos cambiantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La distinción no es un simple problema terminológico. De ella depende toda la interpretación posterior. Si se identifica el proletariado con la gran clase obrera industrial surgida durante el capitalismo fordista, resulta relativamente sencillo concluir que hoy nos encontramos ante su declive. Si, por el contrario, se entiende el proletariado como una relación social determinada por la dependencia salarial y la expropiación de los medios de producción, entonces la cuestión cambia completamente de naturaleza. Ya no se trata de preguntar si la vieja figura del obrero industrial continúa siendo mayoritaria, sino de averiguar si el desarrollo del capitalismo ha reducido o ampliado el número de personas cuya existencia depende de la venta de su fuerza de trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta parece bastante clara. Durante las últimas cinco décadas, el capitalismo ha conocido una expansión extraordinaria de las relaciones salariales. No porque haya mejorado las condiciones de vida de quienes trabajan, sino porque ha incorporado a la producción mercantil regiones enteras del planeta que hasta entonces permanecían parcialmente al margen de ella. El proceso de urbanización acelerada que ha acompañado a la globalización económica constituye, probablemente, el mayor movimiento de proletarización de toda la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene detenerse un momento en este aspecto, porque suele quedar oscurecido por una mirada excesivamente centrada en la experiencia europea. Desde finales de los años setenta, cientos de millones de campesinos abandonaron las economías rurales para incorporarse a la producción capitalista. La industrialización de China representa el ejemplo más conocido, pero no el único. Procesos similares, aunque de menor intensidad, pueden observarse en Vietnam, Bangladés, India, Indonesia, México o Etiopía. En todos estos casos, asistimos a la formación de enormes concentraciones de trabajadores asalariados cuya existencia social responde exactamente a la definición clásica del proletariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que desaparece, por tanto, no es el proletariado, sino una determinada geografía industrial. La deslocalización productiva suele interpretarse desde Europa como un fenómeno de desindustrialización, cuando en realidad constituye una redistribución internacional de la producción. Las fábricas que cerraban en el norte del continente reaparecían, ampliadas en muchos casos, en el delta del río Perla, en las zonas económicas especiales chinas, en los corredores industriales del sudeste asiático o en las maquilas centroamericanas. El capital abandonaba unos territorios para instalarse en otros, pero seguía dependiendo del trabajo asalariado como condición indispensable de su valorización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este desplazamiento geográfico tiene consecuencias importantes para la teoría social. Si el análisis permanece encerrado dentro de las fronteras europeas, la impresión de que el proletariado se desvanece resulta comprensible. Los viejos barrios obreros desaparecen, las grandes factorías reducen plantilla, los sindicatos pierden afiliados y el empleo industrial deja paso a actividades terciarias. Sin embargo, esa imagen cambia radicalmente cuando el marco de observación deja de ser nacional o continental y pasa a ser mundial. Lo que aparece entonces no es una reducción de la clase trabajadora, sino su extraordinaria expansión, acompañada de una reorganización profunda de la división internacional del trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto conviene introducir una matización importante. Reconocer que el proletariado ha aumentado numéricamente no significa negar que hayan cambiado las condiciones bajo las cuales puede constituirse como sujeto político. Sería absurdo ignorar que la fragmentación productiva, la precarización del empleo, la individualización de las relaciones laborales o la dispersión territorial dificultan enormemente la construcción de organizaciones estables y de identidades colectivas comparables a las que caracterizaron al movimiento obrero clásico. Pero, precisamente por ello, resulta necesario distinguir cuidadosamente entre la existencia objetiva de una clase y las formas históricas que adopta su organización política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La confusión entre ambos planos ha acompañado con frecuencia las discusiones de las últimas décadas. Allí donde desaparecen las viejas organizaciones obreras, se tiende a concluir que ha desaparecido también la clase que las hizo posibles. Sin embargo, la relación puede formularse exactamente al revés. Quizás lo que ha entrado en crisis no sea el proletariado, sino las formas organizativas heredadas de una fase determinada del desarrollo capitalista. Si esta hipótesis fuera correcta, el problema político dejaría de consistir en encontrar un nuevo sujeto revolucionario y pasaría a ser el de comprender cómo puede reorganizarse una clase que continúa existiendo bajo condiciones profundamente modificadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta cuestión nos conduce directamente al núcleo del debate. Porque, en realidad, la discusión no gira únicamente en torno a la sociología del trabajo contemporáneo. Lo que está en juego es la interpretación misma de la derrota histórica sufrida por el movimiento obrero durante las últimas décadas. Y es precisamente ahí donde las tesis de Ibáñez y Amorós muestran, a mi juicio, sus principales limitaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La derrota del movimiento obrero y la ilusión de su desaparición</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión adquiere un relieve diferente cuando se deja de considerar únicamente la evolución del trabajo asalariado y se examina la trayectoria histórica del movimiento obrero. Es aquí donde, probablemente, reside el origen del diagnóstico pesimista que recorre buena parte del pensamiento crítico contemporáneo. Porque resulta difícil negar que las organizaciones que durante más de un siglo articularon la experiencia política de la clase trabajadora atraviesan una crisis de enorme profundidad. Los grandes sindicatos se han institucionalizado, los partidos obreros han abandonado hace tiempo cualquier horizonte de transformación social, la cultura proletaria que caracterizó amplias zonas industriales prácticamente ha desaparecido y las sucesivas derrotas sufridas desde finales de los años setenta han debilitado la confianza en la capacidad del conflicto social para alterar el curso del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello constituye un hecho histórico que ninguna interpretación seria puede ignorar. Sin embargo, reconocer esa derrota no obliga necesariamente a aceptar las conclusiones que con frecuencia se derivan de ella. Entre la constatación de una derrota política y la afirmación de que el proletariado ha dejado de ocupar un lugar central en el capitalismo existe un salto argumentativo que rara vez se justifica de manera suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás convenga recordar una evidencia elemental. Las clases sociales no desaparecen porque sean derrotadas. Si así fuera, habría que concluir que la burguesía dejó de existir cada vez que perdió el poder político en algún proceso revolucionario o que la aristocracia desapareció inmediatamente después de las revoluciones liberales. Las clases no se definen por el éxito o el fracaso de sus organizaciones, sino por la posición que ocupan dentro de las relaciones sociales de producción. Las derrotas modifican la correlación de fuerzas, destruyen instituciones, interrumpen tradiciones políticas e incluso alteran profundamente la conciencia colectiva, pero no transforman por sí mismas la estructura fundamental de las relaciones sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta observación resulta especialmente pertinente cuando se analiza la evolución del capitalismo desde la década de 1970. La ofensiva neoliberal no consistió únicamente en una serie de reformas económicas. Fue, ante todo, una gigantesca operación política dirigida a quebrar el poder acumulado por el movimiento obrero durante el ciclo abierto tras la Segunda Guerra Mundial. Las derrotas de los mineros británicos, la reconversión industrial en buena parte de Europa, la flexibilización del mercado de trabajo, la deslocalización productiva o la creciente sumisión de la economía a las finanzas no fueron procesos independientes entre sí. Formaron parte de una estrategia de reorganización del capitalismo cuyo objetivo consistía precisamente en debilitar la capacidad de negociación y de resistencia de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta paradójico que el éxito de esa ofensiva haya terminado interpretándose, en ocasiones, como la prueba de que el proletariado ha dejado de existir o de que habría perdido toda relevancia histórica. En realidad, podría sostenerse exactamente la tesis contraria. Si el capital desplegó semejante esfuerzo para transformar la organización del trabajo, desplazar la producción hacia otras regiones del planeta, fragmentar las plantillas y precarizar el empleo fue precisamente porque seguía considerando que la concentración obrera constituía uno de los principales límites para su proceso de acumulación. La reorganización del capitalismo no demuestra la desaparición del conflicto entre capital y trabajo; constituye una respuesta a ese conflicto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto conviene detenerse un momento en las implicaciones del propio concepto de reorganización capitalista. El capitalismo no modifica continuamente sus formas de producción por un simple afán de innovación tecnológica. Cada transformación importante responde, al menos en parte, a la necesidad de superar obstáculos surgidos durante el ciclo anterior de acumulación. La mecanización respondió a la necesidad de incrementar la productividad; el fordismo permitió organizar la producción en masa; la deslocalización facilitó la reducción de costes laborales; la logística global hizo posible coordinar procesos productivos dispersos geográficamente. Ninguna de estas transformaciones elimina el trabajo asalariado. Todas buscan reorganizarlo de una manera más favorable para la acumulación del capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por ello resulte más adecuado hablar de una crisis de las formas históricas del movimiento obrero que de una crisis del proletariado como clase. Las organizaciones que surgieron alrededor de la gran industria fordista respondían a unas condiciones muy determinadas: relativa estabilidad del empleo, concentración de miles de trabajadores en un mismo espacio productivo, continuidad de las relaciones laborales y existencia de comunidades obreras relativamente cohesionadas. Cuando esas condiciones desaparecen o se modifican profundamente, las formas organizativas heredadas dejan de funcionar con la misma eficacia. Pero de ahí no se deduce que desaparezca la clase cuya existencia dio origen a dichas organizaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia ofrece numerosos ejemplos de esta diferencia. El sindicalismo revolucionario de comienzos del siglo XX no fue idéntico al cartismo inglés, ni este coincidía con las formas de organización artesanal anteriores a la Revolución Industrial. Cada transformación del capitalismo produjo nuevas formas de conflicto y exigió nuevas respuestas organizativas. Nadie habría concluido, por ello, que la clase trabajadora dejaba de existir cada vez que una de esas formas históricas entraba en crisis. Resulta extraño que hoy se acepte con relativa facilidad una conclusión semejante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello obliga a replantear la cuestión inicial. Quizás la pregunta pertinente no sea si el proletariado continúa siendo idéntico al que protagonizó las grandes luchas obreras del siglo XX. Evidentemente, no lo es. Tampoco el capitalismo contemporáneo se parece al capitalismo analizado por Marx en la Inglaterra victoriana. La verdadera cuestión consiste en determinar si las transformaciones experimentadas durante las últimas décadas han alterado la relación fundamental entre capital y trabajo o si, por el contrario, únicamente han modificado las formas bajo las cuales esa relación continúa reproduciéndose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Responder a esta pregunta exige abandonar la mirada eurocentrista y examinar el desarrollo del capitalismo como un sistema mundial. Sólo entonces resulta posible valorar hasta qué punto la aparente desaparición del proletariado constituye un fenómeno real o, más bien, un efecto de perspectiva derivado de observar únicamente una parte del proceso. <strong>La clase no muere: el capital la reconstruye.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, reconocer la profundidad de esa transformación no obliga a concluir que la propia posibilidad de una política de clase haya desaparecido. Significa, más bien, que las condiciones sobre las cuales dicha política deberá rehacerse son radicalmente distintas de las existentes durante buena parte del siglo XX. La diferencia es importante porque desplaza el centro del problema. Ya no se trata de decidir si el proletariado existe o no existe, sino de comprender por qué una clase objetivamente más numerosa encuentra tantas dificultades para reconocerse como tal y para dotarse de formas estables de organización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, esta cuestión no debería sorprender. La historia del capitalismo puede leerse, en buena medida, como una historia de los esfuerzos realizados por el capital para impedir que la asociación impuesta en el proceso productivo se transforme en colaboración política contra el propio capital. Cada avance importante del movimiento obrero ha sido seguido por intentos de reorganizar la producción de tal modo que dificultara nuevas formas de solidaridad. La introducción de maquinaria, la división científica del trabajo, la descentralización productiva, la automatización, la externalización o la economía de plataformas no responden únicamente a exigencias técnicas. Constituyen también formas de organización del trabajo que modifican la capacidad de los trabajadores para actuar colectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la fragmentación contemporánea del trabajo adquiere un significado diferente. No expresa el final de la contradicción entre capital y trabajo, sino una determinada forma de gestionarla. El capital no fragmenta el trabajo porque este haya dejado de ser conflictivo; lo fragmenta precisamente porque sigue siéndolo. La dispersión de las plantillas, la proliferación de empresas auxiliares, la contratación temporal o la individualización de las relaciones laborales reducen el poder de negociación de quienes trabajan y dificultan la construcción de identidades colectivas. La fragmentación no constituye la prueba de que el proletariado haya desaparecido, sino una estrategia de dominio sobre un proletariado cuya potencial capacidad de resistencia continúa siendo percibida como un problema por el propio capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegados a este punto aparece con claridad una diferencia de enfoque que atraviesa todo el debate. Allí donde algunos análisis contemplan la fragmentación del trabajo como el certificado de defunción del proletariado, cabría interpretarla, por el contrario, como una respuesta histórica del capitalismo frente a la persistencia del conflicto de clase. En el primer caso, la conclusión es inevitablemente pesimista: desaparecido el sujeto, solo quedan resistencias dispersas y luchas parciales. En el segundo, el problema adquiere un carácter muy distinto. La cuestión deja de ser la inexistencia de la clase y pasa a ser la búsqueda de nuevas formas de organización capaces de responder a las condiciones creadas por la reestructuración capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta diferencia no es simplemente teórica. Afecta directamente a la práctica política. Las categorías con las que se interpreta la realidad condicionan también las posibilidades que se consideran abiertas. Si se parte de la premisa de que el proletariado pertenece definitivamente al pasado, resulta lógico dirigir la atención hacia otros sujetos sociales y abandonar la perspectiva de una política de clase. Si, por el contrario, se entiende que la clase trabajadora continúa constituyendo el fundamento material del capitalismo contemporáneo, aunque profundamente transformada, la cuestión estratégica cambia por completo. El desafío ya no consiste en sustituir al proletariado por nuevos sujetos históricos, sino en comprender cómo puede recomponerse una conciencia colectiva allí donde el capital ha hecho todo lo posible por impedirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta observación permite volver, finalmente, al punto de partida del artículo. La cuestión decisiva no consiste en negar las profundas transformaciones sufridas por el capitalismo desde la década de 1970. Esas transformaciones son reales y han alterado radicalmente el paisaje social sobre el que actuó el movimiento obrero clásico. Lo discutible es convertir esos cambios en la prueba de que las relaciones fundamentales del capitalismo han dejado de existir. Porque, precisamente cuando el trabajo asalariado alcanza una extensión mundial sin precedentes, declarar agotada la categoría de proletariado parece describir menos la realidad objetiva del capitalismo que la experiencia histórica de una derrota política cuya importancia nadie debería subestimar, pero cuya explicación no puede buscarse en la supuesta desaparición de la clase que la ha sufrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta hipótesis no es meramente abstracta. Las experiencias de la autonomía obrera en Italia entre finales de los sesenta y los setenta —del ‘otoño caliente’ a la autoorganización difusa en fábrica y territorio— y los ciclos asamblearios y anarcosindicales en España durante la Transición mostraron que la asociación impuesta en la producción puede devenir participación política sin mediación de partido, mediante organización desde abajo en taller, barrio y cadenas logísticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las consecuencias políticas de un diagnóstico</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí se ha sostenido que las transformaciones experimentadas por el capitalismo desde la década de 1970 no autorizan a hablar de la desaparición del proletariado como clase social. La expansión mundial del trabajo asalariado, la reorganización geográfica de la producción y la persistencia de la relación capital–trabajo parecen apuntar, más bien, en la dirección contraria. Sin embargo, la importancia de esta discusión no radica únicamente en una cuestión de exactitud conceptual. Lo verdaderamente relevante son las consecuencias políticas que se derivan de uno u otro diagnóstico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las categorías teóricas nunca son neutrales. No constituyen simples instrumentos descriptivos, sino formas de ordenar la experiencia histórica y, por tanto, de delimitar el horizonte de lo políticamente posible. Cuando se modifica la manera de comprender una realidad social, cambian también las estrategias que se consideran razonables para intervenir sobre ella. En este sentido, la discusión sobre el proletariado desborda ampliamente el terreno de la sociología y se sitúa de lleno en el de la teoría política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se acepta que el proletariado ha dejado de desempeñar un papel estructural en el capitalismo contemporáneo, la consecuencia lógica consiste en abandonar toda estrategia fundada sobre la organización de clase. La emancipación deja entonces de concebirse como el resultado de un conflicto que nace de las propias relaciones de producción y pasa a depender de una pluralidad de resistencias cuya articulación aparece siempre como un problema abierto. La política revolucionaria pierde así el punto de apoyo que había orientado históricamente al movimiento obrero y tiende a desplazarse hacia una multiplicidad de luchas parciales, valiosas sin duda en sí mismas, pero cuya convergencia ya no encuentra un fundamento material evidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de cuestionar la legitimidad ni la importancia de esas luchas. El feminismo, el ecologismo, las movilizaciones antirracistas, los conflictos por la vivienda o la defensa de los servicios públicos expresan contradicciones reales del capitalismo contemporáneo y han enriquecido notablemente el horizonte de la crítica social. El problema aparece cuando esas luchas son concebidas como sustitutos del conflicto entre capital y trabajo, y no como dimensiones específicas de una sociedad cuya estructura continúa organizada alrededor del proceso de acumulación del capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, el capitalismo no constituye una simple suma de dominaciones independientes entre sí. La explotación del trabajo sigue siendo el mecanismo mediante el cual se reproduce el conjunto del sistema. Ello no significa que todas las formas de opresión puedan reducirse mecánicamente a la explotación económica, pero sí implica reconocer que la acumulación del capital continúa organizando el espacio dentro del cual aquellas adquieren sus formas históricas concretas. Prescindir de esta relación supone correr el riesgo de analizar las distintas manifestaciones de la dominación como si existieran al margen del modo de producción que las articula.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás sea esta una de las principales diferencias entre una crítica del capitalismo y una crítica de determinadas consecuencias del capitalismo. La primera intenta comprender la lógica que organiza el conjunto de las relaciones sociales; la segunda corre el riesgo de limitarse a combatir algunos de sus efectos más visibles sin alcanzar el principio que los produce. El problema no reside, por tanto, en ampliar el campo de las luchas emancipadoras, sino en evitar que esa ampliación termine disolviendo el análisis de las relaciones de clase en una pluralidad de conflictos desconectados entre sí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, el desplazamiento teórico que puede observarse en una parte del pensamiento libertario durante las últimas décadas adquiere un significado particular. La crisis del movimiento obrero tradicional ha favorecido una comprensible desconfianza hacia las formas organizativas heredadas del siglo XX. Esa desconfianza ha estimulado una búsqueda constante de nuevos sujetos, nuevas prácticas y nuevas modalidades de intervención política. Sin embargo, en ocasiones esa búsqueda parece haber ido acompañada de un progresivo alejamiento respecto del análisis de las relaciones de producción. La crítica del trabajo ha terminado sustituyendo a la crítica del capital, y la reflexión sobre las transformaciones culturales del capitalismo ha ocupado el lugar que antes correspondía al estudio de su estructura económica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No deja de resultar paradójico que este desplazamiento se produzca precisamente cuando el capital alcanza un grado de concentración y de centralización desconocido hasta ahora. Nunca las grandes corporaciones habían acumulado tanto poder económico, nunca las cadenas de producción habían adquirido una dimensión tan global y nunca la dependencia salarial había afectado a una parte tan amplia de la población mundial. En estas condiciones, renunciar al análisis de clase equivale, en cierto modo, a aceptar como definitiva una de las principales victorias ideológicas del neoliberalismo: <strong>la idea de que el capitalismo habría dejado de organizar la sociedad alrededor del conflicto entre quienes poseen los medios de producción y quienes solo poseen su capacidad de trabajar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No parece casual que esta interpretación se haya difundido precisamente después de la derrota histórica sufrida por el movimiento obrero occidental. Toda derrota importante produce inevitablemente una crisis de las categorías con las que los vencidos habían interpretado el mundo. La historia del pensamiento revolucionario ofrece numerosos ejemplos de este fenómeno. Tras cada gran fracaso surge la tentación de atribuir la derrota no a la correlación histórica de fuerzas, sino a la invalidez del propio sujeto que la protagonizó. Sin embargo, una explicación de este tipo transforma un acontecimiento histórico en una supuesta necesidad estructural y convierte una derrota contingente en una conclusión teórica permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás sea este el punto en el que conviene introducir una última reflexión. Ninguna clase social posee garantizada de antemano una misión histórica. La existencia del proletariado no asegura por sí misma la revolución, del mismo modo que la existencia de la burguesía no garantizó automáticamente el triunfo de las revoluciones liberales. La historia no conoce sujetos providenciales. Pero reconocer este hecho no obliga a negar que determinadas clases ocupen posiciones estructurales desde las cuales pueden cuestionar el orden existente. La capacidad revolucionaria no nace de una esencia metafísica atribuida al proletariado, sino de la contradicción objetiva que enfrenta al capital con quienes producen la riqueza social y, sin embargo, permanecen separados de los medios que la hacen posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, el problema central de nuestro tiempo no consiste en encontrar un sujeto que sustituya al proletariado, sino en comprender las formas concretas bajo las cuales el proletariado del siglo XXI puede reconstruir su capacidad de acción colectiva. La cuestión estratégica no ha cambiado tanto como a veces se afirma. Lo que ha cambiado son las condiciones históricas en las que esa estrategia deberá desarrollarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las migraciones internacionales y la producción de un nuevo proletariado global</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe un fenómeno que, por sí solo, basta para poner en cuestión las tesis sobre la supuesta desaparición del proletariado: las grandes migraciones internacionales de trabajadores que caracterizan el capitalismo contemporáneo. Si el proletariado hubiera dejado de constituir el fundamento del sistema económico, resultaría difícil explicar por qué cientos de millones de personas abandonan sus países para incorporarse, casi siempre en las condiciones más precarias, a los mercados de trabajo de las economías más desarrolladas o de los nuevos polos de acumulación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las migraciones actuales no constituyen un fenómeno marginal ni una simple consecuencia humanitaria de guerras o catástrofes naturales. Forman parte del propio funcionamiento del capitalismo global. La libre circulación de mercancías, de capitales y de inversiones convive con un estricto control de la movilidad de la fuerza de trabajo. Esa contradicción no es accidental. El capital necesita trabajadores móviles, pero no necesariamente trabajadores con derechos. La existencia de una amplia masa de población migrante sometida a una permanente inseguridad jurídica constituye uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales se presionan a la baja los salarios y se debilita la capacidad de negociación del conjunto de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde finales del siglo XX, Europa occidental, Estados Unidos y Canadá han recibido sucesivas oleadas migratorias procedentes de América Latina, el Magreb, África subsahariana, Europa oriental, Oriente Próximo y Asia. Estos trabajadores se concentran, de manera predominante, en aquellos sectores caracterizados por una elevada intensidad de trabajo, bajos salarios y escasa protección laboral: agricultura intensiva, construcción, hostelería, limpieza, cuidados, reparto a domicilio, logística, trabajo doméstico o determinadas ramas de la industria alimentaria y manufacturera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de estos sectores no responde a una preferencia cultural ni a una supuesta falta de cualificación. Responde a la posición estructural que el capitalismo asigna a una mano de obra cuya vulnerabilidad jurídica facilita formas de explotación mucho más intensas que las soportadas por el resto de los trabajadores. La irregularidad administrativa, la dependencia del permiso de residencia respecto del contrato de trabajo, el miedo constante a la expulsión o la amenaza permanente del desempleo convierten al trabajador migrante en una fuerza de trabajo especialmente disciplinada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, la figura del trabajador «sin papeles» representa una de las expresiones más acabadas del proletariado contemporáneo. Carece, en muchos casos, no sólo de propiedad sobre los medios de producción, sino incluso de los derechos civiles más elementales que permiten negociar en condiciones mínimamente igualitarias la venta de su fuerza de trabajo. Su situación revela con especial claridad la asimetría constitutiva de la relación salarial bajo el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estados Unidos ofrece un ejemplo especialmente significativo. Millones de trabajadores procedentes de México, Centroamérica y otros países latinoamericanos sostienen sectores enteros de la agricultura, la construcción, la restauración o la industria cárnica. Sin embargo, esos mismos trabajadores viven bajo una permanente amenaza de deportación. Las campañas periódicas contra la inmigración irregular, la militarización de la frontera con México, las redadas policiales o el endurecimiento de la legislación migratoria no eliminan esa fuerza de trabajo. Al contrario, contribuyen a mantenerla en una situación de vulnerabilidad que beneficia directamente a numerosos sectores empresariales. La criminalización del inmigrante cumple así una función económica además de política: producir trabajadores fácilmente explotables mediante el miedo constante a perder el derecho mismo a permanecer en el país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una lógica semejante puede observarse en buena parte de Europa. Las fronteras exteriores de la Unión Europea se han convertido en espacios de creciente militarización mientras numerosos sectores económicos dependen estructuralmente del trabajo migrante. La agricultura intensiva del sur de España e Italia, los invernaderos, la recogida de fruta, la construcción, el trabajo doméstico o la atención a personas dependientes difícilmente podrían mantenerse sin una mano de obra procedente de África, América Latina, Europa oriental o Asia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La contradicción resulta evidente. Los mismos Estados que levantan muros, externalizan el control de fronteras y desarrollan políticas de persecución contra la inmigración irregular necesitan simultáneamente incorporar cientos de miles de trabajadores para sostener sectores enteros de su economía. La inmigración aparece oficialmente como un problema de seguridad, mientras funciona realmente como un componente esencial del mercado laboral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía más extrema resulta la situación en los países del Golfo Pérsico. Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Baréin han construido una parte muy importante de su crecimiento económico mediante el trabajo de millones de migrantes procedentes de India, Pakistán, Bangladés, Nepal, Filipinas o Sri Lanka. Durante décadas, el sistema de patrocinio conocido como <em>kafala</em> subordinó jurídicamente al trabajador a su empleador hasta el punto de impedirle cambiar libremente de empleo o abandonar el país sin autorización. Aunque algunos Estados han introducido reformas parciales en los últimos años, numerosas organizaciones internacionales y sindicatos siguen documentando jornadas extenuantes, impago de salarios, confiscación de pasaportes, alojamiento indigno y graves restricciones de derechos que sitúan a muchos trabajadores en condiciones próximas a la servidumbre por deudas o a formas contemporáneas de trabajo forzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La preparación del Mundial de Fútbol de Catar puso esta realidad bajo el foco internacional. Miles de trabajadores migrantes participaron en la construcción de estadios, carreteras, líneas de metro y grandes infraestructuras en condiciones extremadamente duras. Lo relevante para el argumento aquí desarrollado no es únicamente la gravedad de esos abusos, sino lo que revelan acerca del funcionamiento del capitalismo global: las grandes obras del siglo XXI siguen descansando sobre enormes masas de trabajadores privados de capacidad efectiva para negociar las condiciones de venta de su fuerza de trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las migraciones asiáticas ofrecen otro ejemplo de la misma dinámica. Millones de trabajadores se desplazan cada año desde zonas rurales de China hacia los grandes centros industriales de la costa; desde Indonesia, Filipinas o Vietnam hacia las economías más desarrolladas del Este asiático; o desde Bangladés y Nepal hacia las monarquías petroleras del Golfo. En todos estos casos, la movilidad de la fuerza de trabajo constituye un elemento central de la acumulación capitalista contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco puede olvidarse la situación del pueblo palestino. La ocupación, la fragmentación territorial y la destrucción sistemática de buena parte de la economía palestina han producido durante décadas una masa de trabajadores profundamente dependiente del mercado laboral israelí o del empleo precario en los territorios ocupados. La privación de derechos nacionales se combina aquí con una intensa subordinación económica, mostrando de nuevo cómo la dominación política y la explotación laboral pueden reforzarse mutuamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conjunto, estos procesos permiten comprender que el capitalismo contemporáneo no sólo reproduce continuamente nuevas formas de proletariado, sino que las internacionaliza. La movilidad masiva de trabajadores constituye una condición estructural del proceso de acumulación. Allí donde el capital necesita reducir costes laborales, encuentra en la población migrante una fuerza de trabajo especialmente vulnerable cuya precariedad jurídica facilita formas intensificadas de explotación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, las migraciones internacionales no desmienten la teoría de la división social en clases antagónicas; la confirman de manera particularmente contundente. El capitalismo no está sustituyendo el trabajo asalariado por otra forma de organización social. Está ampliando el mercado mundial de trabajo, incorporando continuamente nuevos contingentes de trabajadores y produciendo deliberadamente situaciones de desigualdad jurídica que permiten aumentar la tasa de explotación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La figura del migrante sin papeles, del temporero agrícola, de la empleada doméstica extranjera, del repartidor de plataforma digital, del obrero asiático de la construcción o del trabajador palestino sometido a la ocupación expresa quizás mejor que ninguna otra la condición proletaria del siglo XXI. No representan una excepción respecto del funcionamiento normal del capitalismo; representan una de sus manifestaciones más características. Su existencia constituye, precisamente por ello, una de las refutaciones empíricas más sólidas de la tesis según la cual el proletariado habría desaparecido. Si algo demuestra el capitalismo global es exactamente lo contrario: nunca había necesitado movilizar, desplazar y explotar una masa tan inmensa de trabajadores asalariados a escala planetaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a><strong>Programa de acción: doce líneas para la recomposición del proletariado.</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el proletariado no ha desaparecido, sino que ha sido dispersado, precarizado e internacionalizado, la cuestión estratégica consiste en reconstruir su capacidad de organización autónoma. Ello exige abandonar tanto la nostalgia por las formas del pasado como la resignación derrotista que declara imposible toda política de clase. No existe un modelo único, pero sí pueden señalarse algunas orientaciones fundamentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1.Reconstruir la sociabilidad proletaria.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera tarea consiste en recuperar espacios de encuentro, debate y solidaridad en barrios, centros de trabajo, centros de estudio y territorios. Sin relaciones sociales permanentes no existe conciencia colectiva, y sin ésta ninguna organización puede sostenerse frente al capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2.Organizar allí donde hoy trabaja la mayoría.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El nuevo movimiento obrero deberá implantarse prioritariamente en la logística, el transporte, las plataformas digitales, la sanidad, la enseñanza, la hostelería, el comercio, los cuidados, la agricultura intensiva, las subcontratas industriales y los grandes centros de distribución. La organización debe seguir el desplazamiento real del capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Superar la fragmentación laboral.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La división entre trabajadores fijos y temporales, nacionales y migrantes, asalariados y falsos autónomos, empleados públicos y privados, constituye uno de los principales instrumentos de dominio empresarial. La organización de clase debe reconstruirse sobre la realidad material compartida y no sobre las categorías administrativas impuestas por el mercado o el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Incorporar plenamente al proletariado migrante.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La igualdad de derechos laborales, sociales, sindicales y políticos entre trabajadores autóctonos y migrantes constituye una condición imprescindible para impedir que el capital utilice la desigualdad jurídica como mecanismo permanente de reducción salarial e imposición de una disciplina colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. Recuperar el sindicalismo de acción directa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El sindicalismo debe volver a convertirse en una herramienta de conflicto cotidiano y no en un aparato de gestión institucional. La asamblea, la revocabilidad de los delegados, el federalismo, la autonomía respecto del Estado y la acción directa continúan siendo principios plenamente vigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>6. Construir instituciones propias de apoyo mutuo</strong><strong>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cajas de resistencia, cooperativas de consumo, asesorías laborales, ateneos, bibliotecas sociales, redes de cuidados, centros culturales, escuelas populares y espacios comunitarios constituyen la infraestructura material indispensable para sostener conflictos prolongados y fortalecer la autonomía de la clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>7. Coordinar las luchas a escala internacional.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a un capital organizado globalmente, las respuestas exclusivamente nacionales resultan insuficientes. La cooperación entre trabajadores de una misma cadena logística o productiva, las campañas internacionales y la solidaridad efectiva deben convertirse en prácticas permanentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>8. Vincular las luchas sociales sin diluir la cuestión de clase.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La defensa de la vivienda, la sanidad pública, la educación, el feminismo, el ecologismo social, el antirracismo o la oposición al militarismo forman parte de un mismo conflicto histórico cuando se articulan alrededor de la crítica del capitalismo y no como reivindicaciones aisladas entre sí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>9. Recuperar la formación política y la memoria histórica.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La desmemoria constituye una de las principales victorias del neoliberalismo. Resulta imprescindible reconstruir una cultura crítica mediante la formación permanente, el estudio de las experiencias históricas del movimiento obrero y libertario y la transmisión intergeneracional de saberes organizativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>10. Combatir la economía de guerra y el autoritarismo.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La militarización creciente, el incremento del gasto en defensa, la expansión de los dispositivos de vigilancia y la normalización de los estados de excepción constituyen instrumentos destinados también a disciplinar el trabajo. La oposición al militarismo, y a la economía de guerra, forma parte inseparable de la lucha contra el capital. A las guerras del capital sólo puede oponerse la guerra de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>11. Democratizar la producción y la reproducción social.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La perspectiva libertaria no puede limitarse a mejorar las condiciones de venta de la fuerza de trabajo. Debe orientarse hacia el control directo de la producción por quienes trabajan, la gestión colectiva de los bienes comunes, la socialización de los cuidados y el desarrollo de formas cooperativas y federales de organización económica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>12. Construir poder popular desde abajo.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo estratégico no consiste en conquistar el Estado para administrar el capitalismo con otros gestores, sino en desarrollar una red creciente de organizaciones autónomas capaces de disputar al capital funciones económicas, sociales, culturales y políticas. La autoorganización, el cooperativismo, el federalismo, la democracia directa y el apoyo mutuo no constituyen únicamente principios éticos; representan también las condiciones materiales para una transformación revolucionaria de la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas doce orientaciones no constituyen un programa cerrado ni un catálogo exhaustivo de reivindicaciones. Pretenden señalar una dirección estratégica. El capitalismo del siglo XXI ha modificado profundamente la composición del proletariado, pero no ha eliminado <strong>la contradicción fundamental entre quienes poseen los medios de producción y quienes sólo poseen su capacidad de trabajar. </strong>Si esa contradicción continúa estructurando la sociedad, la tarea del movimiento libertario no consiste en buscar un sujeto alternativo, sino en contribuir a la recomposición consciente, autónoma, federal e internacionalista de la clase trabajadora. Menos obituarios y más organización.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conclusiones: la derrota del movimiento obrero y los límites del derrotismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido realizado a lo largo de estas páginas permite extraer una conclusión que, aunque sencilla en su formulación, posee importantes consecuencias teóricas y políticas. Las profundas transformaciones experimentadas por el capitalismo desde la década de 1970 no autorizan, por sí solas, a concluir que el proletariado haya dejado de constituir el sujeto potencial de una transformación revolucionaria. Lo que esas transformaciones ponen de manifiesto es, ante todo, la crisis de las formas históricas mediante las cuales la clase trabajadora consiguió organizarse durante el largo ciclo del movimiento obrero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es una distinción que conviene preservar cuidadosamente. La derrota del movimiento obrero europeo, la descomposición de la cultura obrera tradicional, la integración institucional de buena parte del sindicalismo, la fragmentación de los procesos productivos o la creciente individualización de las relaciones sociales constituyen hechos históricos ampliamente documentados. Negarlos equivaldría a ignorar medio siglo de evolución del capitalismo. Sin embargo, de esa constatación no se deduce necesariamente que hayan desaparecido las relaciones sociales que hicieron posible la aparición del proletariado como clase ni, mucho menos, que se haya extinguido toda posibilidad de una política fundada sobre el conflicto entre capital y trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto se sitúa, precisamente, la discrepancia que este artículo mantiene con una parte del pensamiento libertario contemporáneo. Autores como Tomás Ibáñez y Miquel Amorós han descrito con notable lucidez la profundidad de la derrota sufrida por el movimiento obrero y la capacidad del capitalismo para desarticular las formas de sociabilidad que alimentaban la conciencia de clase. Sus análisis contienen observaciones de gran valor sobre la mercantilización de la vida cotidiana, la crisis de las organizaciones tradicionales, la desaparición de los antiguos barrios obreros o la integración del conflicto social en los mecanismos de gestión del sistema. Todo ello constituye una aportación imprescindible para comprender el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discrepancia aparece cuando ese diagnóstico histórico se convierte en una conclusión estratégica. Porque una cosa es afirmar que el proletariado ha perdido, hasta el momento, la centralidad política que llegó a poseer durante una determinada etapa del desarrollo capitalista, y otra muy distinta sostener que esa pérdida constituye una transformación irreversible o que el capitalismo ha dejado de producir las condiciones materiales sobre las que podría reconstruirse una política de clase. Entre ambas afirmaciones existe un salto teórico que los hechos examinados en este trabajo no parecen justificar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reorganización mundial del capitalismo muestra, por el contrario, una realidad más compleja. Nunca antes había existido una clase trabajadora tan numerosa, tan internacionalizada y tan integrada en un único mercado mundial. La expansión de la producción industrial en Asia, el crecimiento de la logística global, la proletarización de amplios sectores de los servicios, la extensión del trabajo precario y de las plataformas digitales, así como las grandes migraciones laborales que recorren el planeta, indican que el capitalismo continúa reproduciendo masivamente la condición proletaria. Lo que ha cambiado no es la existencia de esa clase, sino sus formas de composición, sus espacios de concentración, sus experiencias comunes y las condiciones en las que puede desarrollar una conciencia colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente las migraciones internacionales constituyen una de las expresiones más claras de este proceso. Millones de trabajadores atraviesan cada año las fronteras para incorporarse a mercados laborales donde ocupan los puestos más precarios y peor remunerados. Desde los jornaleros agrícolas del sur de Europa hasta los trabajadores latinoamericanos perseguidos y criminalizados en Estados Unidos; desde las empleadas domésticas migrantes hasta los obreros asiáticos sometidos durante años al sistema de patrocinio de las monarquías del Golfo; desde los trabajadores palestinos condicionados por la ocupación hasta quienes sostienen las grandes redes mundiales de logística y distribución, el capitalismo contemporáneo sigue produciendo nuevas formas de proletariado cuya vulnerabilidad jurídica se convierte, precisamente, en una fuente adicional de explotación. <strong>Lejos de anunciar el final de la condición proletaria, estas realidades muestran su ampliación y diversificación a escala planetaria.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El estatus jurídico precario, herramienta estatal de disciplina laboral, confirma que la lucha de clases es inseparable de la lucha contra fronteras, racismo institucional y policía del trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, el problema central ya no consiste en determinar si el proletariado existe. Esa cuestión pertenece, en buena medida, al terreno de la evidencia empírica. La verdadera pregunta es otra: por qué una clase objetivamente más extensa que nunca aparece políticamente fragmentada y qué condiciones históricas podrían hacer posible una nueva recomposición de su capacidad de acción colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Responder a esta cuestión exige abandonar dos simplificaciones opuestas. La primera consiste en imaginar que bastaría con reconstruir las formas organizativas del movimiento obrero clásico. La historia no retrocede y el capitalismo del siglo XXI no reproduce las condiciones sociales sobre las que crecieron las organizaciones revolucionarias del pasado. La segunda consiste en concluir que, puesto que aquellas formas históricas han sido derrotadas, también lo ha sido definitivamente la posibilidad de una política proletaria. Esta segunda simplificación <strong>transforma una derrota histórica en una imposibilidad estructural </strong>y convierte una coyuntura, por profunda que sea, en una ley de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la historia del capitalismo enseña precisamente lo contrario. Las formas de organización de la clase trabajadora nunca han permanecido invariables. El sindicalismo de resistencia, los consejos obreros, las colectividades revolucionarias, los grupos de afinidad, las organizaciones anarcosindicalistas, las comisiones obreras revocables, los ateneos obreros, las &nbsp;cooperativas, los comités revolucionarios o de defensa o de abastos, las escuelas racionalistas, las asociaciones de ayuda mutua y las coordinadoras de trabajadores surgieron siempre como respuestas específicas a condiciones históricas determinadas. Ninguna de ellas fue deducida de una teoría previa ni respondió a un modelo universal. Todas nacieron del encuentro entre una estructura objetiva de explotación y la capacidad de los propios trabajadores para construir instituciones adaptadas a su tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No existe razón para pensar que ese proceso histórico haya concluido definitivamente. Lo que la derrota del movimiento obrero obliga a reconocer no es el agotamiento de la contradicción entre capital y trabajo, sino la necesidad de repensar las formas mediante las cuales esa contradicción puede traducirse nuevamente en organización, solidaridad y proyecto emancipador. El capitalismo ha transformado profundamente el trabajo; sería extraño que las formas de resistencia no tuvieran también que transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, el derrotismo filosófico constituye una tentación comprensible, pero políticamente estéril. Toda gran derrota induce a pensar que el enemigo ha resuelto definitivamente las contradicciones que antes alimentaban la contestación. Sin embargo, el capitalismo continúa dependiendo, hoy como ayer, del trabajo vivo; continúa organizando la producción mediante relaciones salariales; continúa concentrando la riqueza en un polo y la dependencia económica en el otro; continúa desplazando millones de trabajadores allí donde la acumulación lo requiere y continúa recurriendo a la precariedad, a la fragmentación y a la desigualdad jurídica como instrumentos para disciplinar la fuerza de trabajo. Ninguna de estas tendencias apunta hacia la desaparición de la cuestión social. Más bien indican que esta adopta formas nuevas, más complejas y más internacionales que las conocidas por el movimiento obrero clásico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En clave libertaria, esta dispersión exige formas de organización flexibles: redes de apoyo mutuo barrio–tajo, secciones sindicales no burocratizadas, grupos de autonomía obrera no sustitutivos de la clase y coordinación federal entre nodos logísticos, riders, subcontratas y cuidados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tarea de una teoría crítica no consiste, por tanto, en certificar el final del proletariado como sujeto histórico, sino en comprender las metamorfosis que el propio capitalismo impone a la composición de la clase trabajadora y a sus posibilidades de organización. La cuestión decisiva ya no es si el proletariado del siglo XXI se parece al de hace cien años. Evidentemente, no se parece. La cuestión consiste en averiguar qué formas de conciencia, de solidaridad y de organización pueden surgir de las condiciones específicas creadas por el capitalismo global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lejos de clausurar la perspectiva de una política de clase, el capitalismo contemporáneo obliga a replantearla sobre nuevas bases. La derrota del movimiento obrero pertenece a la historia. La contradicción entre capital y trabajo pertenece todavía al presente. Confundir ambas cosas significa convertir una experiencia histórica, por dramática que haya sido, en una conclusión teórica que los hechos no autorizan. Y quizás sea precisamente esa confusión uno de los principales obstáculos para pensar las posibilidades emancipadoras de nuestro tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ejemplos históricos cercanos avalan esta orientación. La autonomía obrera italiana (1969–1977) y las experiencias asamblearias y anarcosindicales en la España de la Transición evidenciaron que la clase puede recomponerse fuera de la tutela de partidos y Estados: autoorganización en los puntos de producción y reproducción, coordinación territorial y federal, y politización de los trabajadores sin vanguardias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tarea no es sustituir al proletariado por un nuevo sujeto providencial, ni subordinarlo a partidos o Estados, sino recomponer su potencia autónoma, horizontal y federal para desbordar el capital en todos los ámbitos de la vida. Si el capital es global y total, nuestra organización también debe serlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada en lo anterior confiere al proletariado una “misión histórica” garantizada. La existencia de la clase no asegura su victoria; solo indica el terreno en el que la lucha puede disputarse. La alternativa al derrotismo no es prometer la insurrección, sino reconstruir condiciones de posibilidad: sociabilidades, infraestructuras de conflicto, coordinaciones revocables, internacionalismos efectivos, comunidades de lucha. En eso consiste, hoy, sostener una perspectiva libertaria de la clase: no en proclamarla, sino en prepararla. Y ahí parecen estar Liza, Embat, Batzac y tantos otros, reclamando más protagonismo al proletariado y menos obituarios derrotistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Revolución o barbarie” ya no es una consigna: es una alternativa real y, a medio plazo, entre dos futuros antagónicos.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>Agustín Guillamón</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Barcelona, julio de 2026</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Politizar el sufrimiento: capitalismo y salud mental…</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Kiko Pavonic]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 16:07:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Anticapitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[De-liberaciones en psicología social (deliberaciones.org) es un espacio psicosocial para la acción social emancipadora y la construcción de autonomía. Somos un colectivo autónomo que pusimos en marcha hace ya más de diez años; nos articulamos con diversos movimientos sociales para la actuación psicosocial. Realizamos actividades de acompañamiento, investigación, estudio y [&#8230;]]]></description>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">De-liberaciones en psicología social (deliberaciones.org) es un espacio psicosocial para la acción social emancipadora y la construcción de autonomía. Somos un colectivo autónomo que pusimos en marcha hace ya más de diez años; nos articulamos con diversos movimientos sociales para la actuación psicosocial. Realizamos actividades de acompañamiento, investigación, estudio y formación en diversos aspectos relacionados con el afrontamiento del daño y el sufrimiento psicosocial y el pensamiento crítico</p>



<p class="wp-block-paragraph">Artículo publicado en <a href="https://calumnia.sumupstore.com/producto/redes-libertarias-05-2026" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Redes Libertarias</em> núm. 5</a> (primavera 2026)</p>



<h3 class="wp-block-heading">Introducción</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos tiempos en que las condiciones sociales producen un intenso y extenso sufrimiento psicosocial; en los últimos años el tema aparece con frecuencia en el debate público en términos de “salud mental”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, desde las perspectivas hegemónicas en psicología y psiquiatría se pretende acotar en el individuo el origen de las problemáticas, reduciendo las alternativas de afrontamiento a la interioridad y la biología de las personas, sin apenas consideración del enorme peso que en ese sufrimiento tiene el contexto de relaciones sociales, económicas, políticas, históricas y de poder. De esta manera, se contribuye a mantener un orden social injusto que sigue produciendo sufrimiento evitable a las personas, las comunidades y los pueblos. El actual sistema dominante de relaciones económicas y sociales es el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando defendemos la necesidad de politizar el sufrimiento psicosocial nos referimos a que es indispensable reconocer el malestar como inmerso en el contexto de relaciones sociales dominantes, construidas históricamente y, en consecuencia, construir alternativas, también colectivas, de afrontamiento que reconozcan que el origen de numerosos problemas y daños que se producen en las personas se encuentran, en gran medida, también, en unas relaciones sociales dañadas y dañinas, que no reconocen ni respetan, en su necesaria plenitud, la dignidad de todo ser humano; y que, por tanto, es necesario ajustar, hacer más justas, esas formas de relación social, redimiendo el pasado en el presente hacia un futuro que haga justicia a las víctimas de la historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Estos tiempos…</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En este nuestro contexto, en apenas algo más de una década, el panorama ha cambiado sustancialmente: se ha atravesado algún proceso, las crisis climáticas se revelaron más claras, nos impactó una terrible pandemia, las luchas feministas han conseguido hacer patente la interseccionalidad de los diversos ejes de opresión y su fuerza argumentadora y emancipadora ha iluminado transversalmente la vida política y social desde las estructuras más amplias hasta las capilaridades de lo cotidiano. De la inicial efervescencia desbordante del 15M se ha transitado en pocos años al auge eufórico y envalentonado de la extrema derecha y el fascismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la alarma internacional ante el calentamiento global, se está transitando a la hegemonía del negacionismo climático de la ultraderecha global; de escudos sociales ante la pandemia, así resultaran medio inoperantes, a la estigmatización de las “paguitas”; de la protección del derecho a la vivienda a inquiokupas, y a la instauración de la visión del mundo de bandas de golpeadores fascistas; de las conquistas históricas de las luchas feministas al auge del machismo entre los más jóvenes; el falangismo se disfraza de rebeldía y antisistema; es el mundo al revés, la clase victimaria pretende apropiarse del lugar de quienes sufren la injusticia, de las víctimas; la guerra cultural retuerce la realidad y produce subjetividades funcionales entre sus mismas víctimas, fragmentadas y llevadas a enfrentarse por las migajas.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://redeslibertarias.com/wp-content/uploads/2026/05/imagen-64.png?w=1024" alt="" class="wp-image-15109"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Pintada aparecida en la pared del psiquiátrico Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús – Benito Menni (Sant Boi de Llobregat). Fuente: <a href="https://xarxadegam.wordpress.com" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://xarxadegam.wordpress.com</a></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El capitalismo se reinventa. Todo es sometido a los cambios ‘técnicos’ que requiere, hay que adaptarse, con eufórica resiliencia… Los cambios se suceden inexcusablemente, a mayor velocidad, mayor profundidad, agudos, intensos y ex-tensos, en todo espacio y tiempo, en cada fibra relacional. Del acontecimiento excepcional del shock, se siguió a la crisis total constante de una cotidianeidad que no admite tregua en una carrera ineludible, de confusión desbocada hacia no se sabe dónde, y que en el camino pulveriza por agotamiento nuestros cuerpos y nuestras almas. La podredumbre y el fatalismo llega a los más básicos vínculos sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los cambios geoestratégicos se andan dibujando en guerras como las de Ucrania y Palestina, en donde se valida el genocidio de un pueblo, si sirve a los propios intereses. El orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial, basado en paradigmas de legalidad y derecho internacional, así se utilizara hipócrita e instrumentalmente en la realidad, se sustituye sin tapujos por la ley del más fuerte, de quien puede dispensar más violencia de manera organizada. Es la profundización de la lógica del cálculo militar para el mercado. No importa qué se destruye, la destrucción, como forma de gobierno y transformación global, abre oportunidad de negocio, así lleve a la destrucción del planeta. Volvió a aparecer la posibilidad de la destrucción nuclear. Los bloques geoestratégicos se andan recomponiendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las plutocracias de la clase rica y dominante acumulan cada vez más riqueza y mayor poder de dominio; las clases pobres y trabajadoras, cada vez son más numerosas, más pobres, más presionadas para tratar de alcanzar los bienes necesarios para vivir, y resultan más explotables, más desechables. La destrucción, como forma de gobierno y transformación, también se abre paso fractalmente hacia el interior de las sociedades: con la destrucción de los valores y los lazos sociales de solidaridad y comunidad, el individualismo lleva la fragmentación hasta la interioridad de cada persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La clase trabajadora es insertada en el cálculo de la escasez. Con el salario mínimo no se puede pagar ni el alquiler de una vivienda, pero desde el gobierno se declara que ya no es de subsistencia. Hay que trabajar más años para conseguir una peor jubilación, pero se explota más intensamente y se desecha más prontamente a quienes trabajan. Trabajar produce más daños en la salud, tanto físicos como psicosociales. Los derechos laborales se consideran costes económicos que impiden el desarrollo. Hay que motivar a la clase trabajadora para adaptarse a las nuevas necesidades, trabajar más por menos para evitar medidas más dolorosas. Ni el pretendido “salario emocional”, ni la intensificación de los discursos de la “resiliencia” evitan los daños psicosociales, bien al contrario, los incrementan y profundizan; la coacción y la amenaza se instalan como base sostenedora de la relación laboral. La asimetría de poder se hace cada vez más pronunciada en favor de quien detenta la ventaja de poder, el empresariado. Desde ahí, la gubernamentalidad empresarial aumenta el espectro de su intervención psicosocial sobre la interioridad de quienes trabajan, para conducir sus conductas, para que resulten más funcionales a sus objetivos de lucro.<br>La lógica de gobierno empresarial se autoarroga el lugar de la objetividad y lo técnico, de lo indiscutible y conquistan los dispositivos gubernamentales; la razón de la posición de ventaja de poder se camufla bajo el manto de lo científico y lo técnico en la resolución de lo conflictivo. Las condiciones laborales se deterioran, la organización de la clase trabajadora se dificulta cada vez más con la precarización. Pero a pesar de todo se da…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, la gubernamentalidad empresarial empieza a presentar patrones de actuación que reproducen fractalmente la actuación de la ultraderecha en la vida social y política. La intensificación del juego sucio, las trampas, la mentira, la coacción, la simulación, las denuncias penales de lawfare sindical, la sofisticación de la inducción de fragmentación, los pagos miserables, el esquiroleo, la complicidad de sindicatos mayoritarios para ahogar la organización autónoma de secciones sindicales e, incluso, la violencia intimidatoria. Son cambios inquietantes, que alteran el marco relacional, que en este país remiten a otras épocas históricas y que nos interpelan a revisar nuestras formas de análisis, organización y actuación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En jornadas técnicas, las autoridades sanitarias y laborales del Estado muestran su preocupación por la situación de las bajas laborales por salud mental. Por el coste económico que supone para las arcas públicas y empresariales, o por no tener unos buenos dispositivos para su gobierno; por el sufrimiento psicosocial y en el conjunto de las vidas de lxs trabajadores, no… finalmente, para estos agentes, así se vistan de progresistas, en su racionalidad para analizar el mundo, ese sufrimiento, evitable, no es más que una variable en el cálculo de gobierno: “recursos humanos”. En todo caso, ese sufrimiento psicosocial puede y debe ir al mercado, un nicho de mercado, que genere más negocio, lucro, ganancias, desarrollo… es el capitalismo, amigx; y para ello, será cuestión de facilitar la acción del mercado, haciendo escaso el recurso público para aliviarlo; váyase con su malestar o sufrimiento a la privada, que ahí florecen las iniciativas funcionales al sistema productivo y, por supuesto, también aquellas que se presentan como alternativas al mismo… Y si no puede pagarlo, siempre se puede acudir a ChatGPT…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Todo es sometido a los cambios ‘técnicos’ que requiere, hay que adaptarse, con eufórica resiliencia…</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">En nuestra época. La industria terapéutica</h2>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">“Resistimos, sobre todo (es muy importante escuchar a Franz Fanon) cuando nos negamos a juzgarnos con los criterios de nuestros opresores. Cuando rechazamos los valores de la manipulación. Cuando rechazamos no sólo los términos de nuestros opresores sino la historia como ellos la cuentan”<br>John Berger</p>
</blockquote>



<h3 class="wp-block-heading">La industria terapéutica…</h3>



<p class="wp-block-paragraph">De unas redes sociales que contagiaban las esperanzas de justicia social y dignidad desde las plazas de la primavera árabe, a redes sociales que simplifican la realidad a la superficialidad fangosa de unos pocos caracteres promovidos por cálculos algorítmicos al servicio de unas élites tecnológicas que alcanzan gobiernos imperiales, saludan como nazis y pretenden colonizar Marte cuando la Tierra ya no les sirva para su crecimiento capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mediante los canales de información se nos apresura a estar pendientes de lo que ocurre en uno u otro lado del globo, no se permite tiempo a significar lo que acontece, nada deja poso, las relaciones de poder, el contexto, la historia y las memorias están ausentes. La mentira organizada, la generación de confusión, la lucha por la atención, la emoción sobreactuada condensada en cápsulas de veinte segundos en el estímulo constante del scroll infinito del acontecimiento banal. El ideologizado mercado del capitalismo es abiertamente confundido con la realidad y la ansiedad irritada se establece como base siempre presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pantallización social medra la calidad de las relaciones sociales y produce un ensimismamiento en la individualidad. A través de los dispositivos tecnológicos, los valores y el lenguaje neoliberal se cuelan en nuestras vidas y le dan forma. La productividad, la rapidez y la eficacia del mercado empapan nuestra concepción del mundo, de la vida, y de la forma en la que nos relacionamos. Nuestro hacer digital es monetizado a través de qué, con qué frecuencia y con quién nos comunicamos; de qué compramos, de cuáles son nuestros gustos, de a quién seguimos, o de cuánto tiempo utilizamos en las actividades virtuales. Nuestras vidas están en alza para el capitalismo cognitivo. La otredad solo importa como medio instrumental con qué conseguir los propios objetivos; no es otro: es un objeto a estandarizar en el mercado. El sufrimiento psicosocial y los cuidados son convertidos en un nicho de mercado más, abierto al emprendimiento…</p>



<figure class="wp-block-image alignleft"><img decoding="async" src="https://redeslibertarias.com/wp-content/uploads/2026/05/a9yw5v2q_m7qct6_1v8.jpg?w=247" alt="" class="wp-image-15133"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Cartel del noveno congreso internacional de<br>Psicología social de la liberación, Chiapas, 2008.<br>Fuente: <a href="http://www.psicologiadelaliberacion.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">http://www.psicologiadelaliberacion.org/</a></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los dispositivos de esta industria terapéutica, ya sea inventando ad hoc sus propias teorías y tratamientos como marcas registradas, o bajo mantos de sucedáneos de corrientes humanistas (gestalt, trabajo de procesos, psicología positiva, psicología de la felicidad, comunicación no violenta, resolución creativa de conflictos, constelaciones varias, alternativas new age, espiritualidades de moda, el niño interior, etc.) ofrecen un sinfín de terapias catárticas, la primera gratis, en las que se tocan las teclas emocionales con que se alimenta el individualismo narcisista que ha de llevar a la compra del producto. La falacia de la pureza idealizada de la felicidad campa a sus anchas como elección obligada: todo está en tu interior, el contexto no importa, si quieres, puedes y si no puedes, hay que seguir trabajando, afortunadamente hay unos cursos intensivos de mayor nivel… Pareciera que haya que estar en un proceso constante de sanación. El negocio es muy rentable. Los productos de las estanterías del supermercado de la felicidad son inagotables.</p>



<h3 class="wp-block-heading">En espacios politizados, contra-hegemónicos, alternativos…</h3>



<p class="wp-block-paragraph">En estos nuestros espacios también se vive y se produce un intenso malestar psicosocial; un malestar que también se origina en el marco general de relaciones sociales, pero que presenta algunas singularidades por las especificidades de sus contextos. Ante su magnitud e intensidad, cada vez más se hace más explícito el reconocimiento de la necesidad de ofrecer alguna respuesta al respecto y de generar de forma colectiva espacios de atención y discursos propios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, también cada vez más fácil e inadvertidamente, la ideología del mercado va colándose a través de esta industria terapéutica que con el lenguaje empresarial neoliberal normalizado (cuantas más palabras, en inglés, más novedosa, sofisticada y eficaz se presenta la terapia), como caballo de Troya mecanicista, viene a decirnos cómo “gestionar” nuestras emociones, a ofrecernos “herramientas” para “trabajarnos” a nosotrxs mismxs, con cursos, protocolos y talleres que nos ayuden a organizarnos eficaz y eficientemente, sin dejar suelto fuera del cálculo ningún fleco de lo humano. Es necesario el cuestionamiento de cómo estas formas de terapeutización entran en los espacios que podríamos considerar como “nuestros” y transforman sus dinámicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde los espacios alternativos se critica, y en muchas ocasiones con buenos argumentos, a la academia hegemónica de las disciplinas psi por su organización vertical, burocrática o sus efectos de opresión. Sin embargo, ese espíritu crítico riguroso no se aplica a estos dispositivos, que por más que desde su sofismo terapéutico se presentan como críticos, terapéuticos, aliados, alternativos, infalibles y hasta milagrosos, carecen de cualquier rigor teórico, metodológico o práctico y producen efectos funcionales al sistema que se pretende combatir. Estos dispositivos no son perspectivas prácticas o teóricas alternativas, son marcas comerciales y como tales incluso llegan a hacer gala de ser marcas registradas®. Con sus estrategias de marketing y ventas, llegan a conseguir que un buen número de personas que participan en movimientos sociales, incluso en algunos donde se hace bandera de vivir desde una crítica radical al sistema dominante, acaban pagando cantidades desorbitantes de dinero por unos cursos y planes de formación que complementan un proceso individual presentado como terapéutico o de crecimiento interior, en el alegre convencimiento de que a pesar del esfuerzo de tamaño sangrado económico, cuando termine el programa formativo, no sólo se estará “curado” emocionalmente, sino que a su vez se podrá ejercer como “terapeuta” o profesor de cursos en los espacios alternativos en donde se habita y se podrá así rentabilizar la inversión realizada… ¿Qué hay de malo en tomarlo como una oportunidad para convertirte en tu propio jefe, ayudar a otras gentes y ganar dinero? Es el sistema piramidal de tantos otros ámbitos, ahora aprovechándose cínicamente de la necesidad y la desorientación ante el dolor de quienes cargan el sufrimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez en esos derroteros, entre la complicidad, la vergüenza o la presión grupal a la conformidad, va a resultar muy difícil dar marcha atrás, reconocer que te estafaron o que incluso se siguió el juego. La lógica capitalista de las empresas piramidales se cuela así hasta el tuétano de subjetividades que intentan aliviar sufrimientos y construirse críticamente en el interior de movimientos sociales, rayando las dinámicas del adoctrinamiento sectario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como en tantos otros otros ámbitos en las luchas emancipadoras, el lenguaje de la crítica a los paradigmas hegemónicos en salud mental es también cooptado, transformado, subsumido; algunas de sus dimensiones parciales son despojadas de su marco de significado, transformándolas en etiquetas superficiales o paradigmas totalizadores que en cualquier caso les vacían de su contenido y significado; de las perspectivas de clase se transita a las de la imagen de marca de escuelas personalistas en que lo colectivo se transforma en un scroll de cromos de rostros sonrientes y currículums inflados con trucos retóricos propios de los cursos de elevator pitch que ofertan muchos servicios de empleo de administraciones públicas. Con ese lenguaje, toda una serie de valores y visiones del mundo y de las personas se nos van colando por los tejidos organizativos y los discursos contrahegemónicos, como verdaderos mecanismos de control social. Los espacios sociales van así difuminando su potencial transformador del mundo y de las vidas de las gentes y se produce más sufrimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos dispositivos empresariales en torno al malestar psicosocial actúan tanto en los planos de las formas colectivas de organización y relación social como en los planos individuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el cajón de sastre de las psicoterapias alternativas prima la individualidad de la emoción, de las sensaciones corporales, de la propia interioridad, considerada estanca y autosuficiente como valedora de lo real, en tanto que tal, a la forma de una revelación. No se valoran especialmente las formas de argumentación que puedan ser dialogadas, ni la complejidad de la construcción relacional de los afectos, ni la problematización y significación del contexto en el que acontece el sufrimiento psíquico, por lo que las formas de relación social del sistema capitalista en que estamos inmersos no entran en la definición de lo problemático. Eso sí, se van a ofertar “terapias” (toma de alucinógenos, constelaciones familiares, búsqueda del niño interior y un largo etcétera) en las que se implementen discursividades complacientes, se aprovechen efectos de dinámicas grupales o de convivencias iniciáticas dirigidas por un gurú o un coach para promover formas de expresión afectiva catártica que pueden producir sensaciones de alivio temporal. Pese a obtenerse un sustancial beneficio económico, nadie se responsabiliza del daño que se puede producir; eso sí, se puede ofrecer otra terapia, más especializada o profunda, con un descuento…</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo colectivo, en lugar de crear vínculos consistentes en los que hacernos cargo de la relación con las otras personas, se establecen mecanismos ritualizados, que devienen trámites burocráticos con los que se elude la responsabilidad y se exime de mayor interpelación colectiva: la ronda de emociones con que se palomea la casilla de los cuidados en cinco minutos al inicio de la asamblea; o el “¿cómo estás?” vacío en que no se espera respuesta, ni se contempla la responsabilidad que conlleva el respeto por lo que se escucha, todo a la intemperie, sin amparo. La socialización del sufrimiento no es contarle “cómo estoy” a la primera persona que se encuentra en el camino y “que sea afín”. Poner los cuidados en el centro, como tantas veces se dice, es una cuestión que requiere mucha más elaboración, profundidad y contexto que la de poner en práctica maquinal-mente un artificio superficial que se pretende “técnica” de aplicación aséptica e intrínsecamente “terapéutica”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es más, esos artilugios producen toda una serie de efectos contraproducentes, que añaden más daños: individualismos recalcitrantes, narcisismos siempre urgentes y demandantes, victimismos, desplazamiento de toda responsabilidad al exterior, imposibilidad de agencia, libertad y ejercicio de la responsabilidad; idealización de las propias capacidades y potencias, culpabilizaciones, imposibilidad de aceptar la dificultad, la frustración o la impotencia; falta de escucha, de reconocimiento de la otredad; competitividad, irresponsabilidad en las tareas, condescendencia en la rendición de cuentas, conflictividades y dolores que se dejan abiertos, y que retroalimentan bucles de dolores y problemas; vigilancias y evaluaciones sumarias, intrigas internas, fragmentaciones y creación de subgrupos de poder, abusos de posiciones de ventaja, chismes, protocolizaciones mecánicas que impiden elaborar sentidos o innovar, que cierran la discusión de lo político, estandarización y superficialidad de pensamientos y comportamientos, imposiciones sentimentales unidireccionales y selectivas, y un largo etcétera…</p>



<figure class="wp-block-image alignright"><img decoding="async" src="https://redeslibertarias.com/wp-content/uploads/2026/05/a94l9n95_m7qct9_1v8.jpg?w=263" alt="" class="wp-image-15135"/><figcaption class="wp-element-caption">T<em>ío vivo muerto. Fuente: <a href="https://primeravocal.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://primeravocal.org/</a></em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No pretendemos realizar una impugnación de la idoneidad de espacios individuales en que poder tratar de afrontar específicamente el sufrimiento psíquico de una persona. Entendemos su utilidad, y además lo hacemos desde nuestra propia piel, pero es nuestra intención arremeter contra la psicopatologización de la vida y la imposición de determinados paradigmas que cortocircuitan la comunicación y los procesos colectivos poniendo una y otra vez al individuo individualista y sus imperiosas necesidades en el centro exclusivo de todo espacio compartido. Cuando realizamos una crítica de determinadas prácticas, denomínense no terapias, no lo hacemos únicamente desde una validación de un saber experto avalado por la academia; también sabemos que el título en alguna disciplina “psi”, por sí mismo, no capacita para acompañar a personas que sufren psíquicamente. Nuestro desbrozar va más allá, y pretendemos cuestionar lugares desde los que se expanden esos paradigmas y la manera en la que lo hacen. En lo psicosocial, se reconoce el continuo entre la interioridad de las personas y los espacios de lo colectivo, de lo familiar, de lo comunitario, lo social, de lo político. En co nsecuencia, esas formas de relación social también son espacios de actuación para tratar de evitar el sufrimiento evitable…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese actuar en el espacio colectivo y común es lo que nos puede abrir, en la incertidumbre, a la esperanza. Tendremos, pues, que seguir pensando a la par que seguimos actuando. Caminar preguntando, que se hace camino al andar. En ese horizonte, ya estamos preparando una continuación a este texto…</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El Escaparate Sangriento, el Capital y su mundial de futbol: 60 Años de Espectáculo, Censura y Control político en México (1968–2026)</title>
		<link>https://www.portaloaca.com/articulos/anticapitalismo/el-escaparate-sangriento-el-capital-y-su-mundial-de-futbol-60-anos-de-espectaculo-censura-y-control-politico-en-mexico-1968-2026/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 16:00:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Anticapitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La historia del capitalismo y del Estado en México se vive en la geografía del despojo y en las vitrinas ensangrentadas de sus megaeventos corporativos. Los estadios de fútbol son sofisticados laboratorios de control político, limpieza social y pacificación de masas. A casi sesenta años de las primeras Olimpiadas militarizadas, [&#8230;]]]></description>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>La historia del capitalismo y del Estado en México se vive en la geografía del despojo y en las vitrinas ensangrentadas de sus megaeventos corporativos. Los estadios de fútbol son sofisticados laboratorios de control político, limpieza social y pacificación de masas.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>A casi sesenta años de las primeras Olimpiadas militarizadas, el hilo conductor de la dominación estatal sigue intacto. La siguiente reflexión conecta los nodos de la infamia —1968, 1970, 1986 y el actual 2026— para demostrar que la crisis estructural nunca se fue, pero la voluntad de revuelta tampoco.</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>I. 1968–1970: El Origen del Blindaje Político y la Paz de los Sepulcros</strong><strong></strong></p>



<figure class="wp-block-image alignright size-full"><img decoding="async" width="201" height="251" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/mundial-futbol-2026.jpg" alt="" class="wp-image-36911"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La genealogía del espectáculo deportivo como arma del Estado mexicano se consolida entre 1968 y 1970. El régimen de Gustavo Díaz Ordaz entendió que su mayor vulnerabilidad era la interrupción material de la narrativa de modernidad y progreso que representaba el llevar a cabo los XIX Juegos Olímpicos en México. La respuesta del Estado frente al intento de boicot del grupo CAOS (Comité Anti-Olímpico de Subversión) y la interferencia del Movimiento Estudiantil fue el terrorismo abierto que derivo en el autoexilio de dicho grupo y la represión y posterior masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Fue el bautizo de sangre necesario para garantizar el flujo mercantil de la antorcha olímpica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Apenas veinte meses después, en 1970, el aparato estatal utilizó el primer Mundial de Fútbol en México como una gigantesca cortina de humo para camuflar el inicio de la Guerra Sucia. Mientras la Federación futbolera y el monopolio televisivo vendían una fiesta de fraternidad global, la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y grupos paramilitares perseguían, torturaban y desaparecían a la disidencia radicalizada en la clandestinidad, de los cuáles varios elementos anarquistas pasarían a nutrir las filas del entonces naciente movimiento armado. Se decretó la expropiación forzada de decenas de hectáreas ejidales de Santa Úrsula Coapa. El suelo no solo se usó para el polígono que hoy ocupa el estadio y sus enormes estacionamientos privados, sino también para abrir las grandes arterias viales indispensables para que el turismo y la televisión internacional circularan sin problemas: la Calzada de Tlalpan, el Anillo Periférico Sur y el Circuito Azteca. La protesta abierta fue asfixiada por una censura de prensa absoluta y hasta el audio de las transmisiones. El 13 de septiembre de 1966, la policía junto con el cuerpo de granaderos entró por la fuerza a los predios ejidales, acompañados de bulldozers (retroexcavadoras), demolieron viviendas hechas de madera, adobe y lámina, expulsando a decenas de familias a la calle de manera inmediata para limpiar los terrenos de las obras complementarias del estadio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>II. 1986: La Necropolítica sobre los Escombros</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dieciséis años más tarde, la receta de la dominación se perfeccionó bajo el amparo de la tragedia. El terremoto de 1985 expuso la total parálisis del gobierno de Miguel de la Madrid, forzando el nacimiento de una sociedad civil autoorganizada mediante la solidaridad y el apoyo mutuo. Ante el peligro de perder el control de la narrativa pública, el Estado y la mafia transnacional de la FIFA, en complicidad económica con el «soldado del PRI» Emilio Azcárraga Milmo y su emporio, decidieron que el Mundial de 1986 marchara sobre las fosas comunes y las ruinas aún calientes del centro de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se canalizaron millones de pesos de un erario público quebrado e inflacionario hacia la logística del fútbol, ignorando a los miles de damnificados sin vivienda. De nuevo, la maquinaria mediática y los ingenieros de sonido de la televisión censuraron el descontento. El fútbol operó, una vez más, como la anestesia obligatoria para procesar una crisis económica y social asfixiante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>III. 2026: La Gentrificación Militarizada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a cuarenta años de la farsa del 86, a 56 años del despojo en el 70 y a casi sesenta del terror del 68, la Ciudad de México vuelve a ser el epicentro de la rapiña corporativa de la FIFA -La pelota vuelve a casa-. La crisis estructural no se ha ido; se ha sofisticado. El pretexto actual ya no es la reconstrucción post-terremoto ni el «Milagro Mexicano», sino el mito del progreso inmobiliario y la turistificación masiva. El Mundial de 2026 consagra el despojo habitacional mediante la gentrificación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este nuevo megaevento es una extensión de la guerra del Estado contra el pueblo que aún no se amansa por el espectáculo futbolero. Los nietos de los antiguos ejidos, hoy las colonias populares que rodean al “coloso” de Santa Úrsula (Santa Úrsula Coapa, Huipulco, Pedregal de Carrasco), el Mundial ha significado el encarecimiento de la vida, el aislamiento o expulsión de sus viviendas por el auge de los alojamientos digitales a corto plazo y el robo sistemático del agua (como en 1970). Las calles de la ciudad se encuentran bajo un estado de sitio político no oficial: cámaras de reconocimiento facial, cordones policiales y patrullajes militares destinados a «limpiar estéticamente» el espacio público de trabajadores informales, indigentes y sobre todo de manifestantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>IV. Romper la Normalidad del Espectáculo. A la Acción insurrecta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El hilo histórico que une 1968, 1970, 1986 y 2026 demuestra que el Estado es el administrador violento de los recursos en favor de la burguesía transnacional, y que el espectáculo requiere obligatoriamente el silencio y el desplazamiento de los oprimidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El boicot y el sabotaje es la acción para ejercer en las calles: la intervención de la propaganda oficial, el bloqueo de vías neurálgicas de transporte y el ataque directo a las marcas e infraestructura de las corporaciones patrocinadoras. El Capital y el Estado niegan la vivienda, al agua y a la vida en nuestros propios barrios, nuestra obligación política es negarle la paz a su fiesta multimillonaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¡¡¡Frente al balón del Capital, ¡guerra a los templos del consumo y solidaridad activa con lxs compañerxs en lucha y resistencia!!!</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Carlos (anemias)</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Julio de 2026</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<div style='text-align:center' class='yasr-auto-insert-visitor'><!--Yasr Visitor Votes Shortcode--><div id='yasr_visitor_votes_659aa88af686a' class='yasr-visitor-votes'><div class="yasr-custom-text-vv-before yasr-custom-text-vv-before-36910">¡Haz clic para puntuar esta entrada!</div><div id='yasr-vv-second-row-container-659aa88af686a'
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		<title>Programa del XVIII Encuentro del libro anarquista de Salamanca</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 15:49:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda]]></category>
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					<description><![CDATA[VIERNES 14 AGOSTO Y SÁBADO 15 AGOSTO 2026 XVIII ENCUENTRO DEL LIBRO ANARQUISTA DE SALAMANCA Viernes 14 de agosto de 2026 Paseo Libertario-19:30 h (Zamora) Recorrido ameno por lugares emblemáticos del movimiento libertario histórico zamorano. Confirmar asistencia:&#160;encuentrosalamanca@gmail.com Sábado 15 de agosto de 2026 Plaza de Barcelona (frente a la estación [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>VIERNES 14 AGOSTO Y SÁBADO 15 AGOSTO 2026 </strong></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>XVIII ENCUENTRO DEL LIBRO ANARQUISTA DE SALAMANCA</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="360" height="500" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/06/encuentrosal26.jpg" alt="" class="wp-image-36841" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/06/encuentrosal26.jpg 360w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/06/encuentrosal26-216x300.jpg 216w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><u>Viernes 14 de agosto de 2026</u></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Paseo Libertario-19:30 h (Zamora)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recorrido ameno por lugares emblemáticos del movimiento libertario histórico zamorano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confirmar asistencia:&nbsp;<a href="mailto:encuentrosalamanca@gmail.com" target="_blank" rel="noreferrer noopener">encuentrosalamanca@gmail.com</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><u>Sábado 15 de agosto de 2026</u></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Plaza de Barcelona (frente a la estación de tren) – Salamanca</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>11:00 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Inicio de la feria de libros, fanzines, periódicos, revistas&#8230;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>13:00 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Presentación del libro «La Zurramba», a cargo de su autor Francisco J. Moreno.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Zurramba es un poemario que reivindica la libertad, el apoyo mutuo y el cuidado como formas de habitar el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>15:00 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vermouth musicalizado &amp; pintxos vegan.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>17:00 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Charla/debate «Acceso a la cultura», a cargo de El Feo (Filmoteca Maldita).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Filmoteca Maldita es un reconocido canal de divulgación cinematográfica creado por «El Feo». Destaca por analizar películas de culto, rarezas, animación y cine de autor, alejándose de los estrenos comerciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El Feo» fue llevado a juicio por su labor en un proyecto colectivo y sin ánimo de lucro anterior llamado Zoowoman, una web que recopilaba enlaces y preservaba digitalmente películas descatalogadas y de difícil acceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>19:00 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Charla/debate «Cuando el alumno es basura», a cargo del colectivo Wayra.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bibliografía y reflexión colectiva sobre experiencias de fracaso escolar y dolor infantil. Superación y retos a través de proyectos educativos libres y respetuosos, y una aproximación a esta realidad tomando como referencia la agricultura y el compostaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>20:30 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Presentación del libro «Jacinto Toryho: ¡Habla la revolución!»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«El Lokal», de la Escuela de Periodismo de El Debate a la dirección de Solidaridad Obrera, a cargo de J. Miguel Fdez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordar la fascinante figura y las propuestas de Toryho nos transporta a unos tiempos pasados repletos de idealistas, una generación que imaginó un mundo basado en los parámetros del bienestar común, la justicia social y la defensa de las libertades, cuando las lógicas del capital y del poder estuvieron a punto de ser derribadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>21:30 h</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Recital y flamenco: «Versos de Intramuros».</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Recital de poesía en voz del autor del poemario «Pájaros Azules», Santi Cobos, e interpretados al baile flamenco por Askoa Etxebarrieta «La Pulga».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante toda la jornada del Sábado tendremos la exposición “<strong>La Revolución pedagógica de Ferrer y Guardia</strong>«</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Más información: <a href="http://www.encuentrosalamanca.blogspot.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">www.encuentrosalamanca.blogspot.com</a></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Encuentro del libro anarquista de Salamanca:<br><a href="http://www.encuentrosalamanca.blogspot.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>http://www.encuentrosalamanca.blogspot.com</strong></a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<div style='text-align:center' class='yasr-auto-insert-visitor'><!--Yasr Visitor Votes Shortcode--><div id='yasr_visitor_votes_a6daa96a185c9' class='yasr-visitor-votes'><div class="yasr-custom-text-vv-before yasr-custom-text-vv-before-36908">¡Haz clic para puntuar esta entrada!</div><div id='yasr-vv-second-row-container-a6daa96a185c9'
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		<title>(Ex)Presión Nº 156</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 15:43:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Publicaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[Reactivación urbana en Donostia Flexibilidad excesiva para la invasión de turistas y «tolerancia cero» para el efecto llamada. Esto les lleva a pensar que los turistas vienen a consumir y el resto a delinquir. Ahora están obsesionados con el incremento de las armas blancas, creen que llenando las calles de [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reactivación urbana en Donostia</strong></p>



<figure class="wp-block-image alignright size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="340" height="250" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2011/06/camara_videovigilancia.jpg" alt="Cámara" class="wp-image-3612" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2011/06/camara_videovigilancia.jpg 340w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2011/06/camara_videovigilancia-300x221.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 340px) 100vw, 340px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Flexibilidad excesiva para la invasión de turistas y «tolerancia cero» para el efecto llamada. Esto les lleva a pensar que los turistas vienen a consumir y el resto a delinquir. Ahora están obsesionados con el incremento de las armas blancas, creen que llenando las calles de policías y cámaras resolverán algo. Dispositivos Electrónicos de Control (DEC) y Cámaras Corporales de Protección (CCP). Es la «modernización de la Guardia Municipal». Pistolas táser para la Guardia Municipal de Donostia. Pistolas eléctricas que matan, como a Ander recientemente en Santurtzi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertamente, el alcalde donostiarra del PNV, Jon Insausti, avalado por los media, en poco tiempo ha ido marcando terreno: Cárcel o expulsión para delincuentes multireincidentes, nuevos dispositivos de represión, desalojos de edificios y naves industriales con grandes despliegues policiales, eventos amplios…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué apostamos a qué en breve no propugna una consulta para preguntar sí o no a las corridas de toros en la Semana Grande donostiarra. Te tenemos pillado. Ya lo decía mi madre: «En esta vida, hasta el más insignificante puede hacerte daño». Así está la cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡A la mierda! </p>



<div class="wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-3e41869c wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://drive.google.com/file/d/165jsUBE8c1rYPFQHpzhEF3NHO8isemxA/view?usp=sharing" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Descargar (Ex)Presión Nº 156</a></div>
</div>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>(EX) PRESIÓN</em></p>
<div style='text-align:center' class='yasr-auto-insert-visitor'><!--Yasr Visitor Votes Shortcode--><div id='yasr_visitor_votes_6a69158a139a6' class='yasr-visitor-votes'><div class="yasr-custom-text-vv-before yasr-custom-text-vv-before-36906">¡Haz clic para puntuar esta entrada!</div><div id='yasr-vv-second-row-container-6a69158a139a6'
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		<title>[Poema y audio] El poeta de palabra muy medida</title>
		<link>https://www.portaloaca.com/expresion/poemas/poema-y-audio-el-poeta-de-palabra-muy-medida/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 15:35:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poemas]]></category>
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					<description><![CDATA[Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema El poeta de palabra muy medida del autor Miguel Rojo. Listen on Suno El poeta… el poeta.,estilo rebuscado,verbo encriptado,oscuro, alejado. El poeta… el poeta…. Su lírica elevadano se implicaen la tragedia diaria,en la lucha y rebeldíade los que sufren injusticiasdesafíos… precariedad,falta de todo… [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema <strong>El poeta de palabra muy medida</strong> del autor Miguel Rojo.</p>



<div style="text-align: center;"><iframe src="https://suno.com/embed/8439244b-cbe6-4bc5-97c3-5da5ffafa01a" width="760" height="240" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media; fullscreen" allowfullscreen loading="lazy" referrerpolicy="no-referrer-when-downgrade"><a href="https://suno.com/song/8439244b-cbe6-4bc5-97c3-5da5ffafa01a">Listen on Suno</a></iframe></div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta.,<br>estilo rebuscado,<br>verbo encriptado,<br>oscuro, alejado.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Su lírica elevada<br>no se implica<br>en la tragedia diaria,<br>en la lucha y rebeldía<br>de los que sufren injusticias<br>desafíos… precariedad,<br>falta de todo… miserias.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Desconectado, en su burbuja.,<br>fuera de la dura realidad,<br>la realidad de la vida.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Si alguna vez se manifiesta, ….<br>… siempre con la boca pequeña,<br>discurso pobre … convicción escasa ,<br>desde una prudente distancia<br>contempla con indiferencia<br>la sombra de la censura,….<br>la mordaza.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Bordea los parajes<br>donde está la riqueza<br>sin tensar límites.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Rehuye la mirada<br>con quien vive agobiado<br>en el vacío de la nada.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta,…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">…. discípulo aventajado<br>de grandes literatos,<br>palabra muy medida…<br>tanto… que su verso<br>no llega a la calle,<br>al ciudadano de a pie,<br>a la gente corriente..</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Porque su verso<br>es ajeno al compromiso,<br>al lenguaje directo,<br>cáustico y descarnado.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Mas su verso es útil al poderoso,<br>cual instrumento represivo<br>sirve a los-de-arriba<br>porque discrimina… margina…<br>separa… expulsa a los-de-abajo<br>que se sienten extraviados….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">tímidos… acomplejados<br>cohibidos y doblegados….<br>invisible acoso<br>que no les deja ser ellos mismos…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">¡Vivir!… ¡Ataque a la libertad!</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Porque su verso<br>es violencia encubierta<br>de mercaderes sin escrúpulos<br>munición para sus mercenarios<br>que de la educación y cultura<br>han hecho mercancía en alza.,<br>privilegio de unos pocos</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Tampoco quiere el poeta<br>que el Pueblo le cante.,<br>su anhelo es otro.,<br>busca refugio<br>lejos de lo mundano,<br>que le aburre y desprecia…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">…. pero sin total abandono de la tribu…<br>….. que lo recuerden,<br>que no caiga en el olvido,<br>que hay de todo…<br>ignorantes… brutos<br>aprovechados, oportunistas…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">… pseudointelectuales,<br>políticos,<br>adictos al postureo<br>que no se pierden un sarao,<br>otros a los que distrae… satisface…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">ruido, mucho ruido y humo…<br>por supuesto… banqueros, financieros…<br>mecenas de las letras… del arte…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta lo tiene claro..<br>más aún cuando<br>en su efervescencia creativa<br>entra en trance.,<br>convulsión mística!!</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Sin remilgos se justifica…<br>no van a entender nada<br>de la elevada pluma…<br>de un ilustrado académico…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Mejor vivir en su mundo,<br>en espacios y cenáculos…<br>reducidos círculos<br>con eminentes eruditos<br>honorables tertulianos…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">El poeta… el poeta….</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Cada uno en su sitio.,<br>que la cultura<br>es dama distinguida<br>no una amiga plebeya..</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">¡Poeta!!!.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">¡Qué estás haciendo!!!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="512" height="512" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/poesia_carcel26.jpg" alt="" class="wp-image-36904" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/poesia_carcel26.jpg 512w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/poesia_carcel26-300x300.jpg 300w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/poesia_carcel26-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px" /></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>El poeta… de palabra muy medida<br>Miguel ROJO. 04 Julio 2026</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden/. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. (Gabriel CELAYA. 1955, <em>La poesía es un arma cargada de futuro</em>).</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Anarquismos en la encrucijada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 16:37:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Textos sobre anarquismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo admito, estoy cabreado, muy cabreado, y eso explica que haya reaccionado tan abruptamente ante algunos textos provenientes del sector plataformista, o especifista como ellos mismos prefieren denominarse, y que haya proferido expresiones tan agresivas como las de calificarlos de “anarquismos cavernícolas, retrógrados, y reaccionarios”[1] Estoy cabreado porque siempre me [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Lo admito, estoy cabreado, muy cabreado, y eso explica que haya reaccionado tan abruptamente ante algunos textos provenientes del sector plataformista, o <em>especifista </em>como ellos mismos prefieren denominarse, y que haya proferido expresiones tan agresivas como las de calificarlos de<em> “anarquismos cavernícolas, retrógrados, y reaccionarios”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a></em></p>



<figure class="wp-block-image alignright size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="546" height="366" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/viatrenencrucijada26.jpg" alt="" class="wp-image-36895" style="width:457px;height:auto" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/viatrenencrucijada26.jpg 546w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/viatrenencrucijada26-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 546px) 100vw, 546px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy cabreado porque siempre me ha parecido deleznable que en las controversias se vaya “<em>a por la persona” </em>del contrincante, atribuyéndole determinados rasgos o características para descalificar sus posturas y sus argumentos, y eso es precisamente lo que se hace en escritos como los de Miguel Brea, del colectivo especifista madrileño <em>Liza</em>. <a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el afán por explicar que determinadas posturas se deben a situaciones o a rasgos personales&nbsp; no se debería abandonar cierta prudencia, si no se quiere caer en la indecencia. Se me reprocha, por ejemplo, no estar presente en las luchas a pie de calle contra los desahucios y otras insoportables barbaridades. Reconozco que a mis 82 años ya no estoy para militar las 24 horas al día como lo hice largo tiempo en mi juventud y seguí haciéndolo con menguante intensidad durante muchos años más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me cabrea que se pretenda inducir la idea que mis posturas se deberían a que sería <em>un intelectual de despacho</em>, sin contacto militante con la realidad, y me fastidia tener que contrarrestar esa idea con algunos datos sobre mi trayectoria a pie de calle recordando, por ejemplo, que antes de ser mayor de edad ya estuve ante los tribunales por actividades anarquistas antifranquistas, o que en enero de 1966 entre a formar parte de la Comisión de Relaciones de la FIJL (ilegalizada en Francia. por su vinculación con Defensa Interior), o que sufrí una orden de expulsión de Francia por mi participación en la sublevación de Mayo del 68, sin olvidar que participé muy intensamente en la reconstrucción de la CNT, y así sucesivamente hasta el presente haciendo lo que buenamente puedo para luchar por mis valores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cierto, cuando se alude a que la elaboración de mis textos persigue el objetivo de que sean &nbsp;publicados en <em>revistas indexadas</em>, se debería saber que no solo me he caracterizado por rechazar esa práctica, sino que una de mis luchas académicas fue, precisamente, la de denunciar ese criterio como indicador de excelencia investigadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy cabreado porque el procedimiento que consiste en <em>descalificar a la persona </em>con el fin de socavar sus argumentos me ha llevado a mencionar algunos fragmentos de mi trayectoria antes de abordar las cuestiones de fondo, que es lo que realmente presenta algún interés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, por último, pero no menos importante, también estoy cabreado porque tengo el sentimiento de que la corriente especifista, representada básicamente por <em>Liza</em> en Madrid y por <em>Embat</em> en Catalunya se inscribe de forma casi mimética, y probablemente sin pretenderlo, en un fenómeno más general que en el ámbito marxista lleva por nombre <em>Movimiento Socialista</em>, originado en Euzkadi, y <em>Horitzó Socialista</em> en los países catalanes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso del anarquismo el propósito de focalizar las luchas hacia la revolución social proletaria, y de recomponer el fragmentado tejido libertario aglutinándolo en &nbsp;una gran y potente organización, me parece arrastrar las luchas anarquistas hacia una <em>ineficacia política y social</em>, alejándolas de la realidad del mundo contemporáneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Espero que haber dado rienda suelta a mi cabreo haya tenido en mí el efecto catártico suficiente para que pueda abordar ahora, sin excesiva acrimonia, la controversia con la tendencia especifista en torno a tres temas principales:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La revolución, el programa revolucionario, y el deseo de revolución.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Contrariamente a lo que se sostiene desde el especifismo no es la crítica al antiguo imaginario de la revolución lo que desalienta el fervor combativo de quienes rechazan el actual sistema y anhelan otra forma de vida, sino que es el hecho mismo de fomentar la creencia en <em>la vigencia de ese imaginario</em>. &nbsp;En efecto, animar a luchar hoy por una revolución social inspirada en el concepto de revolución propio de las ideologías socialistas y anarquistas forjadas en el siglo 19 está abocado a crear, más tarde o más temprano, una <em>inevitable frustración</em>, no solo ante la evidencia de que no se perfilan, ni a corto ni a medio plazo, unas condiciones que la hagan posible, sino también por el escaso entusiasmo, e incluso el nulo interés, que&nbsp; la perspectiva de una revolución <em>“a la antigua</em>” despierta en la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de una falta de credibilidad y de una ausencia de interés que puede desanimar a quienes, llevados por las mejores intenciones, vuelcan sus energías en “avanzar” hacia la consecución de la revolución, afinando estrategias, elaborando programas y perfilando sesudos proyectos revolucionarios, que en ningún caso producen avances perceptibles en esa dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Criticar la concepción de la revolución forjada en los siglos 19 y 20 no significa negar que el sistema vigente sea totalmente inaceptable, ni cuestionar que haya que luchar acerinamente en su contra. No se trata de abandonar la imprescindible necesidad de transformar radicalmente el sistema, y está bien claro que los anarquismos desprovistos de un intenso <em>deseo de revolución</em> difícilmente merecerían su calificativo. No se trata de renegar de la revolución, sino de r<em>esignificar su concepto. </em>Y eso es precisamente lo que se está haciendo en los sectores que mantienen vivo el deseo de revolución, pero que desarrollan sus practicas en el mundo contemporáneo y no en el fantasma de un mundo que ha caducado desde hace mucho tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esos sectores la revolución no es un objetivo más o menos lejano hacia el cual se avanzaría mediante “<em>el correcto desarrollo de la estrategia correcta</em>”, sino que, alejada de toda <em>perspectiva escatológica</em> está incardinada en el presente. La revolución resignificada en términos actuales no se ubica en el porvenir, sino que acontece en cada espacio y en cada proceso que se consigue sustraer al sistema., no es aquello hacia lo cual nuestras luchas intentan acercarnos, sino lo que estas producen&nbsp; en el transcurso de su propio desarrollo. Dicho con otras palabras, la revolución no es <em>la meta</em> de nuestras luchas, sino que es <em>inherente a estas</em>, no hay propiamente revolución entendida como se la entendía antaño, sino que existen unas <em>actividades que son revolucionarias </em>en tanto que ejemplifican la resistencia contra el sistema, lo contradicen&nbsp; y lo resquebrajan en el transcurso de sus propio ejercicio. <em>Se hace revolución</em> en el día a día de las luchas, sin esperar a ningún estallido final que constituiría la recompensa de nuestros esfuerzos. La recompensa no radica en ningún otro lugar que en el seno de esos mismos actos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y para que no se diga que esa concepción es producto de <em>la ideología neoliberal </em>imperante desde el último tercio del siglo 20, basta recordar que ya la encontramos prefigurada en escritos del siglo 19, como por ejemplo en los de Max Stirner. Anecdóticamente, aun no había concluido el año 1964 cuando ya había publicado un texto que se titulaba en francés: <em>“la revolución de papa ha muerto”.<a href="#_ftn3" id="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a></em> Abandonar ese tipo de revolución me parecía entonces la mejor manera de seguir siendo revolucionarios y revolucionarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La clase obrera, su consideración como sujeto revolucionario, y el capitalismo actual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El peso del sector productivo al que pertenecían los sujetos catalogados como miembros de <em>la clase obrera</em> no ha dejado de decrecer tanto en términos absolutos como en términos relativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mas allá de la clásica distinción marxista entre <em>la clase en sí</em>, y <em>la clase para si, </em>es obvio que tan solo un indebido <em>proceso de reificación</em> permite afirmar que existe algo así como la clase obrera (o cualquier otra clase). La clase es un concepto sociológico, una categoría, una abstracción, que carece de un referente material. Cuando se hipostasia esa entidad conceptual&nbsp; no solo se incurre en un error inferencial, sino que se asientan las bases para construir relatos que intentan disimular su carácter fantasioso tras un lenguaje tecnicista que conduce finalmente a distorsionar nuestra representación de la realidad, y a encarrilar &nbsp;nuestro análisis políticos, así como las actividades que de ellos se derivan, hacia derroteros equivocados y conclusiones erróneas,</p>



<p class="wp-block-paragraph">Constar el descenso en importancia de la llamada clase obrera no es un sesgo ideológico inducido por el neoliberalismo, sino un hecho que resulta trivial por ser demasiado obvio, cuestionar la tendencia a hipostasiarla, no es restar importancia al hecho incuestionable de la explotación capitalista, ni a la existencia bien real de multitudes de personas que para subsistir se encuentran en la obligación de <em>vender su tiempo</em>, su salud, sus competencias, sus energías a cambio de unas contrapartidas económicas siempre inferiores a la plusvalía generada, como así lo exige la ley de hierro del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pretender que la clase obrera es “<em>el sujeto revolucionario</em>” representa una doble falacia, primero porque si no existe una clase obrera resulta imposible que esta sea el sujeto de cualquier cosa, y segundo, porque si nos empeñamos en llamar <em>sujeto revolucionario</em> a las entidades que producen revoluciones, resulta que <em>esos sujetos son múltiples</em>. No hay <strong>un</strong> sujeto revolucionario sino muchos, Y estos no suelen definirse mecánicamente por una determinada inserción en el tejido productivo., sino que se corresponden con las reacciones y las resistencias frente a los distintos dispositivos de dominación que conforman el tejido social, y que lo siembran de operaciones de discriminación. Más allá de la eventual potencialidad revolucionaria de los colectivos explotados y/o discriminados a los que pertenecen las personas, son revolucionarias las que están animadas por un <em>rechazo consciente y radical de la sumisión,</em> y por <em>un intenso deseo de revolución</em> que las lleva a desarrollar <em>actividades revolucionarias</em> encaminadas a <em>oponer resistencia </em>a las diversas formas de dominación propias del sistema vigente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es obvio que el sistema en el que vivimos desde hace unos cuantos siglos es un sistema capitalista absolutamente execrable, que Marx, pero no solo él, contribuyó a analizar. Sin embargo, el lenguaje pretendidamente riguroso al que recuren los textos especifistas, así como otros de carácter filo marxista, refleja una incapacidad a desprenderse de los tópicos más manidos del marxismo. <em>El mantra</em> que no deja de repetirse desde hace más de un siglo es que el capitalismo entra <em>en su fase final,</em> y que está a punto de sucumbir bajo sus <em>insalvables contradicciones</em>. Se habla de capitalismo terminal, de capitalismo desquiciado, de crisis sistémica y crónica del capitalismo neoliberal, de la irreversible dinámica degenerativa de la acumulación, de la entrada del capitalismo en una fase de turbulencias estructurales, etc. etc. &nbsp;No todas estas expresiones figuran literalmente en los escritos especificistas, pero si encajan en su incansable mantra de anunciar que <em>el capitalismo está tocado de muerte debido a sus propias contradicciones internas</em>, lo cual inyecta una moral de victoria diferida a una militancia frustrada por el hecho de constatar que el moribundo capitalismo no deja de resistir frente a sus denodadas embestidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo lamentable es que ese tipo de análisis no ayuda a entender las características actuales del capitalismo, y especialmente las de esa 4ª revolución industrial, o <em>revolución 4.0</em>, en la que hemos entrado desde los albores del siglo XXI.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Inseparable de la revolución informática que dio inicio a la tercera revolución industrial en los años 1970, se trata ahora de la integración de las tecnologías digitales en todos los ámbitos de la sociedad, y de la estricta dependencia de los recursos digitales en la que se encuentran todos esos ámbitos, medicina, educación, comunicación, investigación, incluso las guerras y, por supuesto, la esfera económica que pasa a configurar un <em>capitalismo digital</em> o tecno capitalismo que, entre otras características, consigue producir plusvalía a partir de los enormes caladero de datos explorados por potentes algoritmos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La IA, la robótica, la ingeniería genética, las nanotecnologías, los objetos conectados, los satélites, los ordenadores cuánticos… etc. todo eso propicia, por una parte, la emergencia de <em>un nuevo tipo de totalitarismo<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><strong>[4]</strong></a></em>que empieza a modelar la sociedad, y, por otra parte, la entrada en un régimen de <em>vertiginosa aceleración</em> <em>de los cambios</em> en todos los ámbitos, creando, entre otras cosas, un contexto de incertidumbre y un sentimiento de incontrolabilidad tanto del presente como del futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es el contexto en el que se insertan nuestras luchas actuales, y resulta bastante difícil vislumbrar cómo encaja la clase obrera <em>en tanto que sujeto revolucionario</em> en el marco del capitalismo 4.0</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La organización especifista</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Obviamente, el quid de la cuestión no radica en si es preciso organizarse o no. Tener que organizarse es <em>una exigencia inherente</em> a&nbsp; cualquier actividad anarquista tan pronto como involucra a más de una persona, Por lo tanto, cuando se hace bandera del <em>anarquismo organizado </em>lo que se está haciendo es excluir implícitamente de esa categoría buena parte de las actividades anarquistas que también requieren organización, pero que se desarrollan fuera de <em>un determinado tipo de organización. </em>Así, se reserva la expresión “anarquismo organizado” para designar el anarquismo que se encuadra específicamente en un determinado tipo de organización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, sería manifiestamente erróneo sostener &nbsp;que los colectivos anarquistas que actúan a partir de los centros sociales okupados y autogestionados, o desde problemáticas locales, o desde pequeños colectivos autónomos, o desde la lucha contra determinadas discriminaciones particulares <em>carecen de organización</em>, sin embargo, el hecho mismo de dejarlos al margen del anarquismo organizado está transmitiendo que si esos tipos de anarquismos no merece el calificativo de anarquismo organizado no es en realidad porque carecen de organización, sino porque constituyen un mosaico variopinto, fragmentado, inconexo, carente de <em>una perspectiva estratégica</em> que oriente &nbsp;sus luchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa apropiación hegemónica del atributo “organizado” da al traste con la pretensión de convertir el carácter organizado o no del anarquismo en un criterio diferenciador entre dos tipos de anarquismo, y deja al descubierto la voluntad de considerar como <em>anarquismo organizado</em> únicamente el anarquismo propio de determinadas organizaciones entre las cuales figuran, por supuesto. las organizaciones especifistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mínima honestidad política exigiría que, en lugar de hablar genéricamente de anarquismo organizado, quienes así lo hacen precisaran que están hablando de anarquismo organizado según <strong>una </strong>de las concepción de la organización, pero que hay otras concepciones y que, por lo tanto, también existen <em>otras variedades de anarquismos organizados</em>. Eso desplazaría el debate hacia la comparación entre diversas formas de organización, para poder valorar, entre otras cosas, cuales son las más adecuadas a las características de la sociedad actual y las más eficaces para transformarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pudiera ser, por ejemplo, que la realidad actual exigiera modelos organizativos reticulares, mucho más flexibles, más fluidos<em>,</em> que los de las organizaciones tradicionales, orientados por simples propósitos de <em>coordinació<strong>n </strong></em>para llevar a cabo tareas concretas y específicas, desde <em>perspectivas meramente tácticas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pudiera ser que la tentación de romper esa fragmentación y esa fluidez organizativa condujera a condenar el movimiento anarquista a sufrir <em>una nueva eclipse </em>tras el reciente periodo donde consiguió polinizar una serie de movimientos subversivos externos al ámbito del anarquismo identitario, y donde alcanzó a proliferar en los intersticios de la sociedad<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquier caso, la fascinación por construir una sólida organización anarquista articulada en torno a un <em>programa revolucionario</em> coherente, y a unas <em>perspectivas estratégicas</em> capaces de sostener eficazmente las luchas anticapitalistas, debería alentar la actividad militante de quienes se inscriben en esa tesitura sin que tengan que alimentar <em>la engañosa ilusión</em> de que las dificultades que aquejan a las luchas actuales se deben, principalmente, a la ausencia de una gran organización libertaria, y que esas dificultades desaparecerán tan pronto como esa organización vea la luz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a mis recelos respecto de las organizaciones que, de manera más o menos explicita según los casos, forman parte, de <em>la tradición plataformista</em>, es decir de la tradición que representa en el seno del anarquismo la versión más parecida a <em>“la forma Partido”</em> que es propia de las diversas variantes de los marxismo leninismos y de los trotskismos, no me incomodaría tanto el intenso proselitismo que desarrollan sus partidarios si los esfuerzos de quienes anhelan una gran organización anarquista se volcasen en desarrollarla, ganando nuevos espacios y nueva militancia, en lugar de echar mano de lo ya existente, es decir de una parte del anarquismo actualmente activo para <em>reestructurarlo,</em> sin percatarse de que al homogeneizarlo y al unificarlo&nbsp; se corre <em>el riesgo de destruirlo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En efecto, parece como si se estuviese lanzando una OPA sobre los centros sociales okupados y sobre los colectivos anarquistas autónomos para que su militancia engrose las filas “unitarias· del especifismo. Un poco como ocurrió en Catalunya durante el llamado “<em>Process</em>” cuando los nacional-independentistas de las CUPs lanzaron una OPA sobre la militancia anarquista esparcida por el tejido social de Catalunya &nbsp;y consiguieron atraer hacia la actividad nacional-independentista buena parte de esta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hecho de que desde el especifismo se exhorte a potenciar el <em>poder popular<strong>,</strong></em> y a <em>empoderar</em> <em>el pueblo</em> fortalece el <em>aire de familia</em> con las organizaciones de índole marxista revolucionario, acentuando de esa forma el aroma de <em>leninismo rampante</em> que se desprende del especifismo. No es sorprendente que desde esa proximidad se manifieste cierta atracción hacia el reaccionario concepto de “<em>vanguardia”, </em>aunque &nbsp;intentando reformularlo y disfrazarlo para hacerlo menos repelente en los medios anarquistas<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">A modo de conclusión provisional, resulta obvio que, considerando tan solo las discrepancias en torno a estos tres temas, se dibujan unas orientaciones fuertemente divergentes, por no decir unas diferencias abismales<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>. Sin embargo, como nadie puede tener la total seguridad de que su punto de vista es el más acertado, me parece muy bien que quienes se agrupan en organizaciones como <em>Liza,</em> <em>Embat </em>y otros colectivos del mismo talante, desarrollen sus propuestas y actividades sin que les pongamos palos en las ruedas, siempre que también se abstengan de hacerlo respecto de otras propuestas anarquistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el convencimiento de <em>la necesaria pluralidad de los anarquismos</em>, solo quiero <em>desearles suerte en su andadura</em>, pero eso no implica renunciar al análisis, a las valoraciones, y a la crítica de sus postulados y de su quehacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es esa misma suerte, solo que aun mayor debido a mi propia orientación dentro de los anarquismos, la que deseo a quienes <em>se organizan fuera de esas organizaciones </em>en los colectivos anarquistas autónomos que procuran <em>resistir,</em> y que, con ello, están contribuyendo a <em>anarquizar el mundo</em> en el presente y en toda la medida de lo posible.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Tomás Ibáñez</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> <a href="https://redeslibertarias.com/2025/10/10/anarquismos-cavernicolas-retrogrados-y-autoritarios/">https://redeslibertarias.com/2025/10/10/anarquismos-cavernicolas-retrogrados-y-autoritarios/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> <a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/03/anarquismo-no-fundacional-anarquismo-funcional-al-capital/">https://regeneracionlibertaria.org/2025/12/03/anarquismo-no-fundacional-anarquismo-funcional-al-capital/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> 1964. T. Ibáñez “La révolution de papa est morte”.&nbsp; <em>Bulletin des Jeunes Libertaires</em> nº 48</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Véase la adenda sobre esta cuestión en mi libro <em>Anarquismo no fundacional. Afrontando la dominación en el siglo XXI.</em> Barcelona Gedisa 2024</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> T. Morago, Recomponer la vanguardia, <em>Regeneración libertaria</em>. junio 2026</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> A. Apilánez. <a href="https://kaosenlared.net/el-anarquismo-en-su-laberinto/">https://kaosenlared.net/el-anarquismo-en-su-laberinto/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Convergencias peligrosas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 16:18:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Textos sobre anarquismo]]></category>
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					<description><![CDATA[«El poder político del Estado [&#8230;] es la polis, la policía, es decir, la vigilancia». Paul Virilio, Speed and politics. La hipótesis en circulación es que los gigantes tecnológicos exigen soberanía. Esta presunción tiene su origen en la proliferación de «ciudades flotantes» y «startup cites»: enclaves con absoluta soberanía empresarial [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">«El poder político del Estado [&#8230;] es la <em>polis</em>, la policía, es decir, la vigilancia».</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Paul Virilio, <em>Speed and politics</em>.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La hipótesis en circulación es que los gigantes tecnológicos exigen soberanía. Esta presunción tiene su origen en la proliferación de «ciudades flotantes» y «startup cites»: enclaves con absoluta soberanía empresarial gestionados por tecnolordes de las grandes corporaciones de tecnología financiera (Fintech), criptomonedas y biotecnología, y operadas por sus propios sistemas judiciales, fiscales y de seguridad. Entre las startup cites más destacadas en América Latina están Guadalajara (México)<a href="#_edn1" id="_ednref1">[1]</a> y Medellín (Colombia).<a href="#_edn2" id="_ednref2">[2]</a> Sin embargo, si bien en estas ciudades existe un crecimiento significativo de empresas en la industria de las tecnologías de la información y startups de robótica y bio y nanotecnología, aún distan mucho de ser «ciudades-empresas soberanas» o «territorios semiautónomos», como sucede en las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDE). Quizá, el ejemplo más sugerente para ilustrar como operan esas ciudades privadas sea Próspera en la República de Honduras. Esta startup city, desarrollada en la isla de Roatán en el Golfo de Fonseca, está vinculada a Thiel Capital y el ecosistema de inversores Founders Fund de Silicon Valley liderado por Peter Thiel,<a href="#_edn3" id="_ednref3">[3]</a> con régimen tributario independiente del Estado hondureño y plena soberanía regulatoria.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="512" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/dictadtecnol26.jpg" alt="" class="wp-image-36892" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/dictadtecnol26.jpg 768w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/dictadtecnol26-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La palabra soberanía viene del latín <em>superanus</em><a href="#_edn4" id="_ednref4">[4]</a>que significa «por encima». Este vocablo pronto se transformó en el conceptoque justifica el poder absoluto e irrevocable del soberano, trátese de un monarca o del Estado. De tal suerte, se le otorgó la capacidad de ejercer el poder de forma ilimitada y de dictar y ejecutar sus propias leyes sin reconocer ninguna otra autoridad por encima de la suya. Thomas Hobbes —el primer teórico del Estado moderno— concibió la soberanía como el poder supremo e indivisible del Estado, instituido (de forma artificial) mediante un pacto social donde los individuos ceden de manera irrenunciable su cuota de soberanía (es decir, la libertad absoluta). Para el autor de Leviatán, el Derecho se basa, única y exclusivamente, en el principio de soberanía. O sea, en la sumisión y la obediencia. Así, el filósofo inglés dejaba constancia de la mayor defensa del absolutismo de su época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un par de siglos después, con la intención de trascender el «normativismo»&nbsp; impuesto por el liberalismo moderno, Carl Schmitt hace una recuperación de la necesidad del poder absoluto hobbesiana.&nbsp; Para este jurista y filósofo pronazi, toda normatividad (legal y moral) es un intento desatinado por limitar la decisión del soberano, restringiéndole el uso de la fuerza en situaciones de inminente necesidad. Para él, la soberanía es la fuerza creadora y fáctica que permite la «materialización del Derecho» (Rechtsverwirkligung), anteponiendo el poder político a las normas jurídicas de manera dictatorial, tal y como expone en su libro <em>La dictadura</em>. <em>Desde los comienzos del pensamiento moderno de la soberanía hasta la lucha de clases proletaria.</em><a href="#_edn5" id="_ednref5">[5]</a>En este texto, publicado en 1920, Schmitt anticipaba la esencia de los fascismos (rojo, negro y pardo), haciendo hincapié en la oposición intrínseca entre Derecho y ejercicio del Derecho. Contradicción perfectamente superable, según el jurista, con la implantación de la dictadura, estableciendo «el concepto crítico de actuación del Derecho».<a href="#_edn6" id="_ednref6">[6]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En agosto de 1934 , en su abominable artículo <em>Der Führer schützt das Recht. </em><em>Zur Reichstagsrede Adolf Hitlers vom 13. </em><em>Juli 1934 </em>(El Führer defiende la Ley. Sobre el discurso de Adolf Hitler ante el Reichstag del 13 de julio de 1934) Schmitt no dejó lugar a dudas de que Hitler había cumplido en todos los sentidos con su concepción de soberanía: «El Führer defiende la ley contra los peores abusos cuando, <em>en momentos de peligro,</em> refuerza su liderazgo como autoridad judicial suprema. Dicha autoridad emana de la misma fuente de la que proviene la ley de todo pueblo. <em>En el momento de mayor necesidad, la ley suprema se confirma</em> y se manifiesta el más alto grado de desarrollo jurídico».<a href="#_edn7" id="_ednref7">[7]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su obra <em>Der Bahnhof von Finnentrop. Eine Reise ins Carl Schmitt Land</em> (La estación de Finnentrop. Un viaje a la tierra de Carl Schmitt), Christian Linder recrea con lujo de detalles la vida personal, política e intelectual de Schmitt. Profuso en anecdotas y fotografías, más en el plano literario que académico, el libro recoge desde confesiones íntimas del jurista —comprendido su protagonismo en el endriago nazi— hasta conceptos jurídicos y reflexiones teóricas, incluida su redefinición del concepto de soberanía:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Después de la Primera Guerra Mundial dije: “Es soberano quien decide sobre el estado de excepción”. Tras la Segunda Guerra Mundial, frente a mi muerte, digo: “Es soberano quien dispone de las ondas del espacio”».<a href="#_edn8" id="_ednref8">[8]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">De regreso a las <em>exigencias de soberanía</em> de los gigantes tecnológicos en «<em>el momento de mayor necesidad</em>» de los Estados imperiales que se disputan el control de la información, la captura de la atención y el modelado del imaginario colectivo, resuenan inquietantes las palabras de Schmitt. Como enfatiza Han, actualizando la redefinición schmittiana:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Lo decisivo para obtener el poder es ahora la posesión de la información. No es la propaganda de los medios de masas, sino la información, la que asegura el dominio. Ante la revolución digital, Schmitt reescribiría su <em>dictum </em>sobre la soberanía: <em>soberano es quien manda sobre la información de la red</em>».<a href="#_edn9" id="_ednref9">[9]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicho en otras palabras, los oligarcas tecnológicos demandan <em>poder absoluto</em> y <em>territorio</em> propio —libre de limitaciones jurídico-legislativas—, que les permita ejercer la soberanía por encima de todos y de todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, esa soberanía que exigen los tecnolordes, no ensambla con la política institucionalizada de simulación normativa con que tradicionalmente gobiernan las democracias liberales.<a href="#_edn10" id="_ednref10">[10]</a> Tampoco acopla con la teatralidad que desde la llamada «sociedad civil» promueven los observatorios críticos y demás plataformas de «regulación y transparencia» que fingen proteger a las personas usuarias del «collarín electrónico».<a href="#_edn11" id="_ednref11">[11]</a> Menos aún, con la desterritorialización impuesta por el <em>capitalismo mundial integrado </em>(CMI). El avance soberano de las tecnologías <em>requiere</em> <em>Estados fuertes</em> que, en nombre del proteccionismo, promuevan la eliminación de las limitaciones constitucionales y el sometimiento de todas las instituciones, incluyendo las cortes, los parlamentos y las instancias reguladoras. Es decir:<em> reterritorialización y absolutismo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con tal escenario, no es este mal momento para recordar los argumentos en defensa de la soberanía de la IA expuestos recientemente por Peter Thiel y su socio Alex Karp. Mediante un escueto manifiesto de 9 puntos, intitulado <em>Nuestra visión sobre la importancia de la soberanía en la inteligencia artificial</em>, estos tecno-oligarcas regresaron el discurso schmittiano al debate público. En el texto divulgado en la red social X el 1 de julio del año en curso, dejaron sentada la ideología de su empresa (Palantir) y su rechazo furibundo a lo que llaman la «tecnopolitización», descalificando a priori cualquier debate político en torno a las nuevas tecnologías, discusiones que, según afirman Thiel y Karp, solo limitan «la capacidad de actuar, especialmente en el campo de batalla, en Occidente».<a href="#_edn12" id="_ednref12">[12]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la aceleración tecnológica y el espectro de la incertidumbre postpandemia, llegó a su fin la desterritorialización capitalista que impuso el CMI durante las tres últimas décadas del siglo pasado. La «globalización» sería inmediatamente suplantada por un capital de poder que se reterritorializa echando mano del nacionalismo económico al que se han suscrito en busca de «soberanía» la inmensa mayoría de los líderes en la era populista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien en las democracias liberales, las leyes y regulaciones no son inmutables, siendo su estado natural la evolución constante acompañando la revolución permanente de la técnica, persiste cierta inercia fundamentada en el «Estado regulatorio» que ralentiza y, de cierta manera, dificulta el desenfreno tecnocientífico y el ejercicio absoluto del poder. Con su lógica institucional, lo más alejada posible de la «soberanía popular» y la «tentación totalitaria de las masas», las llamadas «democracias restringidas»<a href="#_edn13" id="_ednref13">[13]</a> han obstaculizado el avance irrestricto de las nuevas tecnologías mediante el afianzamiento de la separación de poderes. En cambio, con las regresiones político-sociales suscitadas por el apogeo de regímenes populistas, se eliminan esas pequeñas trabas y se consolida el poder absoluto como instrumento idóneo de la barbarie tecnofascista del siglo XXI.<a href="#_edn14" id="_ednref14">[14]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las tecnologías obedecen sus propios intereses. De ahí, el incremento de las desregulaciones tecnológicas<a href="#_edn15" id="_ednref15">[15]</a> y el creciente empoderamiento de la mancuerna tecnolordes-autócratas. La necesidad es mutua. Sin líderes autocráticos dispuestos a desacatar las ordenes constitucionales y romper todas las reglas e imponer su voluntad sin ambages, es imposible el despliegue <em>ad infinitum</em> de las <em>big tech</em>. Los gigantes tecnológicos no solo requieren un <em>territorio</em> libre de trabas, tal y como impulsa el tecnonacionalismo, sino la magnánime financiación pública de sus inversiones multibillonarias en infraestructura energética. Y viceversa, sin el apoyo de los tecnolordes —que abastecen el complejo militar y proporcionan vigilancia psicopolítica, análisis de datos y pronóstico del comportamiento— no puede concretarse la autocracia que ambicionan los populistas para ejercer a plenitud el absolutismo geopolítico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso el auge en los últimos veinte años de monarcas populistas en el contexto de las energías políticas regresivas y la disrupción de las innovaciones tecnológicas que buscan acelerar la implantación de un nuevo régimen totalitario a través de softwares e inteligencia artificial. De hecho, es irrefutable la manera como los líderes populistas —los monarcas del siglo XXI— se han servido (sin excepción) de estas tecnologías. Sin duda, la práctica más conocida ha sido la captura de los espacios digitales donde concentran toda la artillería pesada de su gobernanza, imponiendo los temas de conversación mediante granjas de <em>bots</em>. A través de memes virales y <em>deepfakes</em> difunden consignas de manera vertiginosa e impactante hasta apoderarse (absolutamente) del discurso público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La fusión entre el poder estatal y la infraestructura hipertecnológica ha hecho posible —en nombre de la «soberanía»— el control social mediante la conversión de «datos duros» en objetivos de vigilancia y represión. La alianza Big States-Big Tech, tal como describe Asma Mhalla, ha dado lugar a un nuevo Leviatán —a diferencia del de Hobbes— bicéfalo. Una cabeza encarnada en la soberanía del Estado imperial que obtiene gran parte de su poder gracias a los gigantes tecnológicos y la otra, en una forma de «soberanía privada» que reside en la aristocracia tecnológica con su agenda ideológica totalizadora. Este monstruo del siglo XXI, <em>Léviathan à deux têtes</em>, a decir de la ensayista franco-tunecina, ha gestado la nueva gramática de un poder híbrido, un poder tecnopolítico, protagonizado por una elite tecnológica que posee hipertecnologías de captura de la atención y un puñado de líderes políticos.<a href="#_edn16" id="_ednref16">[16]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque frecuentemente se afirma que la etiqueta «populista» suele utilizarse a modo de cajón de sastre para dar cabida a una amplia gama de líderes, partidos y movimientos diversos, heterogéneos y contradictorios, existe una abrumadora evidencia que demuestra lo contrario. Es decir, que corrobora <em>via facti</em> su homogeneidad y la existencia de vasos comunicantes a través de una suerte de <em>Internacional Populista</em>.<a href="#_edn17" id="_ednref17">[17]</a> Basta con consultar el extenso acervo especializado que se ha venido acumulando en las últimas décadas —con posicionamientos liberales y marxianos— desde las ciencias sociales y la ciencia política, para encontrar el denominador común de esta tendencia autoritaria. Lo que desbarata de antemano las forzadas distinciones entre populismos de «izquierda» y de «derecha» y revela su esencia de <em>carta comodín</em>, demostrando su capacidad de vincularse con cualquier compromiso político. En términos generales, podría definirse como una tendencia política carente de ideología que simplifica las reivindicaciones sociales y las reduce a la dicotomía «pueblo» <em>Vs</em>. «elite», mediante la manipulación de las emociones más elementales de los votantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio Laclau —sumo sacerdote del populismo latinoamericano— le otorga cierta neutralidad ideológica a esta «lógica política», que le permite desplazarse de un extremo a otro del espectro ideológico e incluso, mancomunarse con otras ideologías fuerza. Para ejemplificar esta fusión, el teórico porteño recurre a Heidegger y la distinción que éste hacia entre la dimensión ontológica y la óntica. Según Laclau, siguiendo los postulados del filósofo nacionalsocialista, la necesidad ontológica de expresar la división social y su satisfacción óntica en relación con los discursos de cambio radical, provocaron en Francia «un movimiento considerable de quienes fueran votantes comunistas hacia el Frente Nacional».<a href="#_edn18" id="_ednref18">[18]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un desplazamiento similar, motivado por «la necesidad ontológica de expresar la división social», ocurrió en México durante las elecciones presidenciales de 2018 que le dieron la victoria a Andrés Manuel López Obrador, al contender en Coalición quienes fueran votantes comunistas<a href="#_edn19" id="_ednref19">[19]</a> y los votantes del conservadurismo radical evangélico (Partido Encuentro Social).<a href="#_edn20" id="_ednref20">[20]</a> Y, aunque en esa ocasión el conservadurismo guadalupano no contó con fuerza política suficiente para participar en coalición con la autodenominada «izquierda nacionalista», tampoco fue despreciable el voto católico a favor de López Obrador de filiación sinarquista.<a href="#_edn21" id="_ednref21">[21]</a> La cuestión, sin embargo, no radica en las fusiones político-ideológicas que logre concretar el movimiento populista para obtener sus fines, lo realmente preocupante es la ostensible tentación absolutista de esta tendencia. Más importante aún, la enorme concentración de poder ilimitado que expresan los nuevos monarcas populistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empero, esta acelerada transición a la «posdemocracia»<a href="#_edn22" id="_ednref22">[22]</a> no puede siquiera imaginarse si no es con el auspicio de la revolución permanente de la técnica. El siniestro curso de las tecnologías en nuestros días ha alimentado el síndrome de los monarcas. En consecuencia, cada vez son más enérgicas las exigencias de desregulación de los tecnolordes que reclaman «retribución» por los servicios prestados al nacionalpopulismo. Desde luego, el interés por eliminar las restricciones jurídico-legislativas (e incluso éticas) no se limita a los deseos absolutistas de los monarcas populistas o a los requerimientos de la tecno-oligarquía de la comunicación y la información, también los promotores de la <em>ciborgización</em> demandan el fin de las políticas intervencionistas en materia de regulación y transparencia que actualmente impiden la manipulación genética de la línea germinal, la clonación reproductiva y la creación de embriones animales con células humanas.<a href="#_edn23" id="_ednref23">[23]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2016, Bifo publicó el ensayo <em>And. </em><em>Phenomenology of the End</em> [Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva] donde definía como «semiocapitalismo» al sistema económico imperante a nivel global, en clara alusión al actual proceso de producción, determinado por la elaboración de signos-información, y por el indiscutible carácter semiótico de la mercancía. Sin embargo, con la intención de comprender mejor la dimensión política de la transformación que acarreó la desregularización económica, recomendaba referirnos a ella en términos de «absolutismo capitalista».<a href="#_edn24" id="_ednref24">[24]</a> De esta forma, hacía evidente la detección de cierta deriva regresiva —inducida por la convergencia de la aceleración semiocapitalista y el hiperliberalismo— que nos remite a las luchas «primitivas». Esto es, al comienzo de la batalla por la liberación del absolutismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A propósito, Bifo efectuaba un breve recordatorio de las luchas de la burguesía contra el absolutismo de la Modernidad temprana como «parte de la batalla por la liberación del control estatal sobre las empresas privadas y, asimismo [lo más “interesante” desde su punto de vista], una batalla por el dominio de la ley, por la limitación constitucional de las acciones del monarca».<a href="#_edn25" id="_ednref25">[25]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En efecto, con la Revolución Francesa de 1789, la pequeña burguesía ilustrada&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —representada por girondinos y jacobinos— impulsó el imperio de la ley para limitar el poder absoluto del monarca y de la aristocracia feudal. Esta limitación constitucional se vería severamente reforzada con el surgimiento de la república en los nuevos Estados-nación. Como recalca Bifo en su <em>Fenomenología del fin</em>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Esta es la razón por la cual la clase burguesa aceptó el pacto democrático y dio su consentimiento para negociar con la clase trabajadora­. Ella no podía ser indiferente al destino de su territorio y al de la comunidad que trabajaba en él. Los trabajadores y la burguesía compartieron el mismo espacio urbano y el mismo futuro».<a href="#_edn26" id="_ednref26">[26]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal y como resulta evidente en nuestros días, estamos transitando en sentido opuesto. Es decir, involucionamos del «pacto democrático» a la restauración del «pacto absolutista». La otrora «clase trabajadora» —embelesada con la nueva utopía tecnológica— ha dado su consentimiento a priori mediante el voto popular bajo la conducción psicopolítica de la IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, la IA ha posicionado a la dominación «en condiciones de influir en nuestro comportamiento por debajo del umbral de la conciencia».<a href="#_edn27" id="_ednref27">[27]</a> Por consiguiente, el nuevo dominio algorítmico «se apodera de esas capas pre-reflexivas, instintivas y emotivas del comportamiento que van por delante de las acciones conscientes».<a href="#_edn28" id="_ednref28">[28]</a> De tal suerte, la psicopolítica basada en datos «interviene en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello».<a href="#_edn29" id="_ednref29">[29]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta «intervención» sin consentimiento —mediada por interfaces digitales— opera directamente sobre los mecanismos cerebrales, provocando impulsos (emociones, dependencias, etc.) a nivel infraconciente que influyen en nuestras decisiones cotidianas. Así las cosas, la gestión psicopolítica se concreta a través de la «estrategia del <em>pull</em>». A diferencia de la «estrategia del <em>push</em>», cuyo propósito es conectar al consumidor de manera directa con un producto determinado mediante acciones proactivas (bombardeo publicitario o <em>email marketing</em>), el enfoque <em>pull</em> se centra en influir de forma indirecta, sin que seamos conscientes de la manipulación persuasiva, estimulando reacciones con «contenidos de valor» y «posicionamientos orgánicos». El objetivo es inducir cambios en el comportamiento, las creencias, actitudes o preferencias, atrapando la mayor atención posible de las tribus digitales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este contexto, el psicopoder ha desarrollado un tándem de tecnologías persuasivas que alienta el consumismo y la sumisión voluntaria. Este eficaz autosometimiento del animal humano al entramado de dominación algorítmica ha dado lugar a la distopía ciberpunk actual. Gracias a la convergencia Big tech-Estados imperiales, la restauración de la aristocracia tecnofeudal hoy se consolida a paso agigantado. O sea, el nuevo absolutismo. El reinode un CEO-monarca: el sueño húmedo de Curtis Yarvin y un puñado de teóricos de la Ilustración Oscura.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Gustavo Rodríguez,</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Planeta Tierra, 3 de junio de 2026.</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> En el último sexenio esta ciudad se posicionó como la capital de los semiconductores de América Latina, consolidándose como el Silicon Valley de México. Siendo Jalisco el estado con más desarrollos en la industria de las tecnologías de la información y la alta tecnología (biotecnología, nanotecnología y robótica) en el país, con una inversión de casi 3 mil millones de dólares. Información del gobierno del estado de Jalisco, disponible en línea: <a href="https://www.jalisco.gob.mx/prensa/noticias/se-consolida-jalisco-como-el-silicon-valley-de-me-38699">https://www.jalisco.gob.mx/prensa/noticias/se-consolida-jalisco-como-el-silicon-valley-de-me-38699</a> (Consultado 27/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Según el informe del Índice Global de Ecosistemas de Startups realizado por StartupBlink, la ciudad paisa es líder regional en creación de startups, contando con 10,9 «emprendimientos» de alta tecnología por cada 100.000 habitantes y se prepara para ser la capital de la IA en América Latina. Vale señalar que durante el período de gobierno del presidente saliente (Gustavo Petro), el presupuesto gubernamental destinado a la «innovación y el emprendimiento» tuvo una caída de 79%, lo que motivó &nbsp;—agrego yo— la intromisión en plena campaña electoral de Donald Trump y del vicepresidente JD Vance pidiendo el voto a favor del candidato opositor. Para más información sobre el informe de StartupBlink se recomienda visitar su página: <a href="https://lp-startupblink-com.translate.goog/report/?_x_tr_sl=en&amp;_x_tr_tl=es&amp;_x_tr_hl=es&amp;_x_tr_pto=tc">https://lp-startupblink-com.translate.goog/report/?_x_tr_sl=en&amp;_x_tr_tl=es&amp;_x_tr_hl=es&amp;_x_tr_pto=tc</a> (Consultado 27/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> También conocidos como la «Mafia de PayPal» por haber sido fundadores y exempleados de PayPal Holdings Inc. Tras la venta de esta empresa iniciaron una estrategia de lobby contra lo que consideran la excesiva regulación y la resistencia burocrática, inspirada en la filosofía política de la tendencia libertaria. Su inluencia, según afirman, ahora «guía el enfoque» del gobierno de Trump. Esta red de influencia se extiende más allá de los fundadores y empleados originales de PayPal, lo que incluye a figuras como Jim O&#8217;Neill, ex director ejecutivo de la fundación de Peter Thiel, elegido por Trump para ser subsecretario de Salud y Servicios Humanos; Trae Stephens, socio de Founders Fund, considerado para el cargo de subsecretario de Defensa; Michael Kratsios, ex jefe de gabinete de Thiel, quien estuvo a cargo de la política tecnológica durante la transición entre las administraciones de Bidem y Trump; y el vicepresidente JD Vance, que trabajó en Mithril Capital (empresa propiedad de Thiel) y cuya carrera política ha sido fuertemente alentada y respaldada por Peter Thiel. <em>Cfr.</em> La influencia de la mafia de PayPal en la segunda administración Trump, Adam Hayes. Disponible en línea: <a href="https://www-investopedia-com.translate.goog/the-paypal-mafia-8759491?_x_tr_sl=en&amp;_x_tr_tl=es&amp;_x_tr_hl=es&amp;_x_tr_pto=tc">https://www-investopedia-com.translate.goog/the-paypal-mafia-8759491?_x_tr_sl=en&amp;_x_tr_tl=es&amp;_x_tr_hl=es&amp;_x_tr_pto=tc</a> (Consultado 27/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> Compuesta de <em>super</em> (encima, sobre) y el sufijo <em>anus</em> (pertenencia, procedencia).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[5]</a> <em>Cfr</em>: Schmitt, Carl (1968) <em>La dictadura. Desde los comienzos del pensamiento moderno de la soberanía hasta la lucha de clases proletaria</em>. Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente. <em>Trad. </em>José Díaz García.&nbsp; pp. 199 -219. Disponible en línea: <a href="https://dn790006.ca.archive.org/0/items/SCHMITTCarl.LaDictadura/SCH%20MITT%2C%20Carl.%20La%20Dictadura.pdf">https://dn790006.ca.archive.org/0/items/SCHMITTCarl.LaDictadura/SCH MITT%2C%20Carl.%20La%20Dictadura.pdf</a> (Consultado 27/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[6]</a> <em>Id</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7">[7]</a> Carl Schmitt, <em>Der Führer schützt das Recht. Zur Reichstagsrede Adolf Hitlers vom 13. </em><em>Juli 1934</em>, Deutschen Juristen-Zeitung, 1. August 1934. <em>Trad</em>. propia. Disponible en línea en: <a href="https://www.flechsig.biz/DJZ34_CS.pdf">https://www.flechsig.biz/DJZ34_CS.pdf</a> (Consultado 27/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8">[8]</a> «Nach dem ersten Weltkrieg habe ich gesagt: ‚Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet.’ Nach dem zweiten Weltkrieg, angesichts meines Todes, sage ich jetzt: ‚Souverän ist, wer über die Wellen des Raumes verfügt’». <em>Cfr</em>. Linder, Christian (2008).<em> Der Bahnhof von Finnentrop. Eine Reise ins Carl Schmitt Land. </em>Berlin: Matthes &amp; Seitz.<em> Trad</em>. propia, p.423.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref9" id="_edn9">[9]</a> <em>Cfr:</em> Han, Byung-Chul. (2022) <em>Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia</em>. Buenos Aires: Taurus, <em>trad.</em> Joaquín Chamorro Mielke. p. 24. Énfasis en el original.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref10" id="_edn10">[10]</a> Por mucho que sus jueces y legisladores corruptos sucumban a las tentaciones millonarias que ofrecen los cabilderos tecnológicos, el esquema de pesos y contrapesos —consolidado en los regímenes liberales mediante la separación de poderes y el afianzamiento de las cortes constitucionales—, dificulta el avance irrestricto de las tecnologías.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref11" id="_edn11">[11]</a> Deleuze, Gilles. (1996) <em>Conversaciones 1972-1990</em>. Valencia: Pre-textos, <em>trad</em>. José Luis Pardo. pp. 284-285.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref12" id="_edn12">[12]</a> <em>Cfr</em>: Our thoughts on the importance of AI sovereignty. Disponible en línea en: <a href="https://x.com/PalantirTech/status/2072114267776491695?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2072114267776491695%7Ctwgr%5E1e8a7934f4b0ce81c5e075405503ff5ee122ed8a%7Ctwcon%5Es1_&amp;ref_url=https%3A%2F%2Fwww.ambito.com%2Ftecnologia%2Fpalantir-y-un-nuevo-manifiesto-la-ia-soberania-datos-y-una-critica-la-tecnopolitizacion-n6294814">https://x.com/PalantirTech/status/2072114267776491695?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2072114267776491695%7Ctwgr%5E1e8a7934f4b0ce81c5e075405503ff5ee122ed8a%7Ctwcon%5Es1_&amp;ref_url=https%3A%2F%2Fwww.ambito.com%2Ftecnologia%2Fpalantir-y-un-nuevo-manifiesto-la-ia-soberania-datos-y-una-critica-la-tecnopolitizacion-n6294814</a> (Consultado 29/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref13" id="_edn13">[13]</a> Jan-Werner Müller desarrolla el concepto de «democracias restringidas» para referirse a los sistemas democráticos fundados al término la Segunda Guerra Mundial sobre el temor a la participación de las masas. Esta falta de confianza en la soberanía popular e incluso, en la soberanía parlamentaria tradicional, dio lugar a una forma de «democracia nueva» tremendamente constringida.&nbsp; Según expone Müller en su libro <em>Contesting Democracy</em>, lo que realmente surgió en 1945 fue un orden diseñado para prevenir el regreso del fascismo y el nacionalsocialismo, asentado en un nuevo consenso político entre los socialdemócratas, los liberales y los democristianos en torno a un equilibrio «centrista» de los principios liberales y el constitucionalismo en particular, redefiniendo&nbsp; tanto al liberalismo como a la democracia al tenor de la experiencia totalitaria en Europa de mediados del siglo XX. <em>Vid</em>: Müller, Jan-Werner (2011). <em>Contesting Democracy. Political Ideas in Twentiet</em>h<em> Century</em>. New Haven (CT): Yale University Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref14" id="_edn14">[14]</a> Vale señalar, para evitar distorsiones y malentendidos, que el reconocimiento de estas diferencias no implica en absoluto la menor simpatía por ninguna de las diversas variedades de democracia. Ante toda fórmula de gobernanza, se trate de democracia representativa, democracia popular, democracia parlamentaria, democracia directa, democracia obrera o cualquiera sea el adjetivo, abrazo la vieja máxima que afirma que «toda democracia es la dictadura de las mayorías».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref15" id="_edn15">[15]</a> La apuesta por la desregulación tecnológica en el desarrollo de la IA y el ecosistema <em>cripto</em>, particularmente evidente durante el segundo mandato de Trump, está redefiniendo la economía y el panorama geopolítico a nivel global.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref16" id="_edn16">[16]</a> Mhalla, Asma (2025). <em>Cyberpunk &#8211; Le nouveau système totalitaire</em>. Paris: Éditions du Seuil.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref17" id="_edn17">[17]</a> Según Steve Bannon, estratega de comunicación de la Casa Blanca durante el primer período presidencial de Donald Trump, su principal propósito es crear «la infraestructura del movimiento populista global». <em>Vid</em>: Horowitz, Jason (2018) Steve Bannon Is Done Wrecking the American Establishment. Now He Wants to Destroy Europe’s. New York Times, 9 de marzo. Disponible en:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.nytimes.com/2018/03/09/world/europe/horowitz-europe-populism.html">https://www.nytimes.com/2018/03/09/world/europe/horowitz-europe-populism.html</a> (Consultado 29/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref18" id="_edn18">[18]</a> <em>Vid</em>: Laclau, Ernesto (2005) <em>On Populist Reason</em>. Londres: Verso, <em>trad</em>. <em>La razón Populista</em>. México:FCE. p.88. Disponible en versión digital (p. 98): <a href="https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Aime_zapatistas/Razon_populista-Ernesto_Laclau.pdf">https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Aime_zapatistas/Razon_populista-Ernesto_Laclau.pdf</a> (Consultado 29/6/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref19" id="_edn19">[19]</a> Exmilitantes de los desaparecidos Partido Comunista de México (PCM), del Partido Socialista Revolucionario (PSR), el Movimiento de Acción y Unidad Socialista (MAUS), del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), entre otros con la misma orientación política.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref20" id="_edn20">[20]</a> «Nos estamos agrupando para enfrentar al bloque político que representa lo que es denominado la mafia del poder […] Esta es una alianza que se constituye como un referente moral […] no sólo vamos a triunfar, vamos a ganar la presidencia [no solo] para buscar el bienestar material sino también para buscar el bienestar del alma». Declaraciones de Andrés Manuel López Obrador, aspirante presidencial de Morena, en su casa de campaña en la Colonia Tabacalera, CDMX. <em>Partido de AMLO se alía con el conservador Partido Encuentro Social</em>,14 de diciembre de 2017. CBS News. Disponible en: <a href="https://www.cbsnews.com/news/partido-alia/">https://www.cbsnews.com/news/partido-alia/</a> (Consultado 29/5/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref21" id="_edn21">[21]</a> En las elecciones federales de 2000 el Partido Alianza Social, sucesor directo del brazo político del sinarquismo (registrado como Partido Demócrata Mexicano en 1975 por José Antonio Calderón Cardoso), formó parte de la Alianza por México que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de la República. Muchas de sus bases votaron por AMLO en 2018, motivadas por su prédica «humanista cristiana» y el discurso antielitista («contra la Mafia del poder»).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref22" id="_edn22">[22]</a><em> Vid</em>: Crouch, Colin (2004). <em>Post-Democracy. After the crise</em>s. Cambridge: Polity Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref23" id="_edn23">[23]</a> En 2018, durante la&nbsp;Segunda Cumbre Internacional sobre Edición del Genoma Humano celebrada en Hong Kong, el biofísico e investigador especializado en edición genética Jiankui He, comentó que <strong>había modificado genéticamente dos embriones humanos (las gemelas Lulú y Nana) con la finalidad de hacerlas resistentes al SIDA. </strong><strong>«</strong><strong>Para ello, empleó la técnica genética CRISPR-Cas9, que permite “cortar y pegar” piezas de ADN en células vivas</strong><strong>»</strong><strong>. Un año después, ante las presiones de la </strong><strong>«</strong><strong>comunidad científica</strong><strong>»</strong><strong> internacional, el gobierno chino se vio obligado a condenarlo a 3 años de cárcel, sin retirarle su licencia. En la actualidad continúa </strong><strong>«</strong><strong>investigando en la edición genética</strong><strong>»</strong><strong>. <em>Vid</em>. El creador de los primeros humanos modificados genéticamente lanza un desafío. Daniel Pellicer Roig, National Geographic. Disponible en línea:</strong> <a href="https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/jiankui-he-cientifico-que-modifico-humanos-vuelve-desafiar-comunidad-cientifica_23178">https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/jiankui-he-cientifico-que-modifico-humanos-vuelve-desafiar-comunidad-cientifica_23178</a><strong> </strong>(Consultado 1/7/2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref24" id="_edn24">[24]</a> Berardi, Franco. (2017) <em>Fenomenología del fin: sensibilidad y mutación conectiva</em>. Buenos Aires: Caja Negra, <em>trad.</em> Alejandra López Gabrielidis, p. 228.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref25" id="_edn25">[25]</a>&nbsp; <em>Id</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref26" id="_edn26">[26]</a> <em>Ibidem</em><em>.</em>, p. 229.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref27" id="_edn27">[27]</a> Han (2022). p. 23.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref28" id="_edn28">[28]</a> <em>Id.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref29" id="_edn29">[29]</a> <em>Id.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<div style='text-align:center' class='yasr-auto-insert-visitor'><!--Yasr Visitor Votes Shortcode--><div id='yasr_visitor_votes_59698a16d8aac' class='yasr-visitor-votes'><div class="yasr-custom-text-vv-before yasr-custom-text-vv-before-36891">¡Haz clic para puntuar esta entrada!</div><div id='yasr-vv-second-row-container-59698a16d8aac'
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		<title>Un par de aportes sobre el poder y la revolución española a raíz de una reseña de Rumbo a Zaragoza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[pegasus]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 16:03:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Respuesta de Roberto Martínez Catalán a la Reseña de la revista Rebel Worker sobre su libro «Rumbo a Zaragoza: Una crónica de la Columna Durruti» Hola Rebel Worker Paper: He leído con interés la reseña que habéis publicado sobre mi obra:&#160;Zaragoza Bound. A Chronicle of the Durruti Column. Y me [&#8230;]]]></description>
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<h3 class="wp-block-heading"><strong>Respuesta de Roberto Martínez Catalán a la Reseña de la revista Rebel Worker sobre su libro «Rumbo a Zaragoza: Una crónica de la Columna Durruti»</strong></h3>



<figure class="wp-block-image alignright size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="393" height="536" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/rebelworker26.jpg" alt="" class="wp-image-36886" style="width:304px;height:auto" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/rebelworker26.jpg 393w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/rebelworker26-220x300.jpg 220w" sizes="auto, (max-width: 393px) 100vw, 393px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hola Rebel Worker Paper:</p>



<p class="wp-block-paragraph">He leído con interés la reseña que habéis publicado sobre mi obra:&nbsp;<em>Zaragoza Bound. A Chronicle of the Durruti Column</em>. Y me gustaría aclarar unos puntos que se han entendido mal; quizás porque no he sido suficientemente claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, lejos de rechazar el sistema de Consejos Obreros, defiendo precisamente lo contrario, que hubiera constituido la mejor salida para la situación revolucionaria creada en julio de 1936.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como expongo, en el Pleno de la CNT catalana del 21 de julio se discutió el camino a seguir ante el escenario de guerra y revolución que se abría ante ellos, polarizándose la discusión entre dos posturas:&nbsp;<strong>1)&nbsp;</strong>Aplazar la revolución y colaborar con las demás fuerzas antifascistas en la derrota de la sublevación militar, propuesta que salió victoriosa;&nbsp;<strong>2)</strong>&nbsp;Disolver la Generalitat y proclamar el Comunismo Libertario; “ir a por el todo” lo llamó García Oliver, un eufemismo que utilizaba en lugar de “tomar del poder”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la página 38 relato como García Oliver, según sus memorias, propuso en aquel pleno que “se terminase lo empezado” y “forzando los acontecimientos (…) los sindicatos anarcosindicalistas fueran a por el todo, esto es, a organizar la vida comunista libertaria en toda España”. “Una propuesta que [continúo explicando yo], dado que la CNT no agrupaba a la mayoría de la clase trabajadora y mucho menos de la población en su conjunto, algunos de forma justificada tachaban de ‘dictadura anarquista’”. Y aquí llega el fragmento clave: “Lo más llamativo del asunto es que parece que todos los allí participantes contemplaban una hipotética proclamación del comunismo libertario y marcha hacia delante con la revolución de este o muy similar modo, en cualquier caso se entendía que la CNT como organización debía ‘prevalecer después de la revolución’. Ni entonces, ni -lo que es más importante- en debates posteriores sobre este tema, se planteó siquiera la posibilidad de convertir los múltiples comités que surgieron como setas por toda la geografía -previa democratización y coordinación hasta erigir un poder central- en los órganos de gobierno de un futuro régimen revolucionario. Una fórmula mucho más coherente que el establecimiento de alguna especie de dictadura sindical o la colaboración con las demás fuerzas antifascistas sin importar ideología y que podrá haber atraído el apoyo de otros sectores revolucionarios, así como de trabajadores sin filiación política específica. En su lugar, contemplaron a estos comités revolucionarios como meros organismos provisionales que tarde o temprano tenían que desaparecer, principalmente no cabe duda porque eran extraños a sus esquemas organizativos”. Estos comités democratizados hubieran constituido, de hecho, Consejos Obreros (o Soviets libres). Al menos así lo veo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, como apunto en el fragmento destacado, estos comités hubiera sido necesario en mi opinión coordinarlos hasta erigir un poder central; de cara fundamentalmente a coordinar la economía y lucha armada. Sin embargo, este poder central -llámesele Consejo, Comité, Junta o Gobierno (como hago al final del libro a sabiendas de que es harto polémico)-, no debería haberse guiado por la misma lógica que un gobierno tradicional, sino por una revolucionaria: control desde la base, rotación de los cargos, igual remuneración que un trabajador más….</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Significa esto que defiendo la necesidad del Estado? Depende de lo que se entienda por Estado; pues es un concepto bastante resbaladizo, abierto a interpretaciones. Si se entiende por Estado a la existencia de algún tipo de poder central, sin importar sus características, puede en efecto afirmarse. Pero si entendemos por Estado a una estructura burocrática separada de la sociedad, que tiende a perpetuarse en el poder y cuyo principal objetivo es la defensa de los intereses de unas clases dirigentes; en tal caso no. Y quiero subrayar a este respecto que en el libro hablo de Gobierno revolucionario, en ningún caso de Estado revolucionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, por último, una de las cuestiones clave que pretendo plantear no es la del Estado, sino la del poder; la de la necesidad de constituir un poder obrero que ocupe el vacío dejado por el derrumbe estatal y sea capaz de hacer frente a los desafíos que abre el comienzo de la Revolución. La toma del poder que sostengo no es en el sentido de partido, sindicato, organización o grupo dirigente cuales quiera que sea; sino en el sentido de clase. La clase trabajadora en su conjunto debe tomar, ejercer el poder, a través de sus propios organismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Revolución, la emancipación de los trabajadores, tal y como consagró en sus estatutos la Primera Internacional, debe ser obra de los propios trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un saludo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La reseña de Rebel Worker</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">«Rebel Worker», Sidney, May – June 2026, p. 16-18.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rumbo a Zaragoza: Una crónica de la Columna Durruti<br>Roberto Martínez Catalán<br>AK Press<br><br>«¡Rumbo a Zaragoza!» fue el grito de guerra de la milicia anarquista en su avance desde Barcelona hacia Aragón al comienzo de la Guerra Civil Española. «Rumbo a Zaragoza: Una crónica de la Columna Durruti» es, aparentemente, un relato de este hecho. Pero no lo es. Se centra principalmente en las lagunas clave del pensamiento anarquista, tal y como se perciben desde fuera y desde dentro de la milicia. Martínez Catalán considera que estas lagunas tuvieron consecuencias fatales para la organización y la conducción de la guerra, lo que condujo, en última instancia, al fracaso de la revolución. Sugiere que cualquier intento futuro de reorganización libertaria de la sociedad requiere un replanteamiento de la teoría anarquista.<br><br>Este libro se articula en torno a un estudio de la Columna Durruti, una formación miliciana liderada por anarquistas que se constituyó en los primeros días tras la derrota del levantamiento militar en Barcelona. La Columna Durruti partió inmediatamente hacia Zaragoza, la principal ciudad de la provincia de Aragón. Esta ciudad era un bastión de la CNT, donde el levantamiento militar había tenido éxito. A diferencia de la Cataluña rural, la influencia anarquista y de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo, el sindicato anarcosindicalista) era fuerte en la zona rural de Aragón. A medida que las milicias anarquistas avanzaban por los pueblos en su marcha hacia Zaragoza, la mayoría de ellos crearon colectivos para compartir la tierra.<br><br>Para Martínez Catalán, al menos dos elementos son esenciales para una política que aspire a una revolución exitosa. Uno es la cuestión de las formas de organización militar necesarias para ganar una guerra civil, y el otro es la cuestión del Estado. Ambas son cuestiones de poder. Para Martínez Catalán, la profunda antipatía de los anarquistas españoles hacia el militarismo y el Estado les llevó a buscar a tientas soluciones improvisadas para problemas inevitables y predecibles.<br><br>La CNT era el sindicato más grande de España y el más fuerte en el «cinturón rojo y negro», la franja de barrios obreros que rodeaba Barcelona, donde la mayoría de los trabajadores eran miembros del sindicato anarcosindicalista. Según George Orwell, allí era tan habitual ser miembro de la Federación Anarquista como lo era serlo del Partido Laborista en Gran Bretaña. La toma a gran escala de fábricas y empresas de Barcelona bajo diferentes formas de control obrero no se aborda en este libro. La atención se centra en lo que Martínez Catalán considera las cuestiones clave del ejército y el Estado, cuestiones para las que, según él, los anarquistas no estaban teóricamente preparados para afrontar. Tras la experiencia de las milicias, se analiza la colectivización rural en Aragón.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://serhistorico.net/wp-content/uploads/2026/07/patrullas_control.jpg?w=648" alt="" class="wp-image-29457"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No se puede subestimar hasta qué punto caló el antimilitarismo entre las bases anarquistas y de la CNT, y esta antipatía es fundamental para las cuestiones que identifica Martínez Catalán. Durruti, el líder de la Columna, realizaba emisiones regulares dirigidas a las unidades de la milicia. Estas se centraban de forma abrumadora en la cuestión de la disciplina funcional en una milicia igualitaria y antiautoritaria. No se hacía el saludo militar ni se decía «señor», y no existían privilegios de rango. La milicia se organizaba en grupos de diez, que a su vez se agrupaban en grupos de cien. Se celebraban reuniones periódicas de delegados elegidos de ambos niveles. Esto seguía en gran medida la práctica sindical de la CNT. Estos delegados participaban en reuniones de nivel superior con Durruti y un exsargento de artillería del ejército que colaboraba con Durruti como asesor militar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simone Weil, que formaba parte de la unidad internacional de la Columna Durruti, resume así una transmisión de Durruti: «disciplina, disciplina y más disciplina». La idea era una regulación del comportamiento autoimpuesta (e impuesta por la presión del grupo). Esto significaba acatar las órdenes en combate y reservar los debates sobre la organización y los diferentes enfoques de la guerra para los momentos de descanso y las reuniones periódicas de delegados. Los anarquistas se oponían a la coacción y se basaban en el diálogo y en una ética igualitaria de cooperación y reparto. La cuestión era hasta qué punto una unidad militar podía organizarse según estos principios. Martínez Catalán sostiene que, aunque la Columna Durruti era considerada por sus oponentes como la más disciplinada de las milicias, existía una aceptación a regañadientes de lo que él considera un compromiso «necesario» que la teoría anarquista no podía abarcar. Señala que, si bien no existía la coacción militar tradicional, sí había coacción. Los infractores expulsados de la Columna eran enviados de vuelta, a pie, a Barcelona.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://serhistorico.net/wp-content/uploads/2026/07/simone_weil.jpg?w=550" alt="" class="wp-image-29459"/><figcaption class="wp-element-caption">1692468 Simone Weil, in the Durruti Column, Spain, 1936 (b/w photo) by Unknown photographer, (20th century); (add.info.: Simone Weil (1909-1943) french philosopher, here in 1936 during spanish civil war when she was in the Durruti Column); PVDE.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durruti consideraba que era esencial trabajar para lograr la victoria lo antes posible, lo que significaba la liberación de Zaragoza; si la guerra continuaba, acabaría con la posibilidad de una revolución libertaria, ya que endurecería y brutalizaría a quienes participaban en ella. Hablando de las relaciones entre las milicias y los campesinos de Aragón, Simone Weil señaló en aquel momento: «Sin ninguna insolencia ni brutalidad —o, al menos, yo no vi ninguna—… existía un abismo entre los hombres armados y la población desarmada, un abismo como el que separa a los pobres de los ricos. Siempre había algo de humildad, sumisión y temor en la actitud de unos, y de arrogancia, despreocupación y condescendencia en la de los otros».<br><br>Durruti se opuso e intentó detener los asesinatos de «fascistas» (por lo general, grandes terratenientes) que solían producirse cuando la Columna llegaba a un pueblo, el cual solía colectivizarse por aclamación tras cierto debate. Este movimiento rural, en parte anarquista consciente y en parte formado por los sectores más pobres del pueblo que veían valor en el cambio hacia la colectivización (aunque al menos algunos se sintieran coaccionados), se organizó entonces bajo el Consejo de Aragón. Este estaba formado por líderes de las milicias anarcosindicalistas de Barcelona, y su propósito era organizar y controlar la retaguardia. Aunque a menudo se cita como ejemplo de organización revolucionaria, en gran medida fue lo que habría hecho cualquier ejército regular. No parece que hubiera ningún movimiento para someter al Consejo al control de las colectividades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había distintos niveles de implicación en los colectivos. Martínez Catalán reproduce (en sus notas) algunas entradas del diario que Simone Weil escribió en aquella época: «Conversando con los campesinos de Pina. ¿Estáis todos de acuerdo en cultivar juntos? Primera respuesta (en varias ocasiones): Se hará lo que diga el comité. Anciano: Sí, siempre que nos den todo lo que necesitamos y yo no tenga que estar todo el rato esforzándome por pagar al carpintero, al médico, como me pasa ahora… Otro dijo: Ya veremos cómo sale todo… ¿Preferís cultivar juntos o repartiros las cosas? Sí (pero sin demasiada rotundidad)… Para los milicianos, estos campesinos aragoneses empobrecidos y magníficos, que soportaban su degradación con tanta dignidad, ni siquiera eran objeto de curiosidad».<br><br>Franz Borkenau (The Spanish Cockpit) describe su visita a un pueblo colectivista donde había dos cafés, uno para los colectivistas y otro para los individualistas (este era un término anarquista peyorativo para referirse a los pequeños propietarios, no a los anarquistas individualistas). Se trataba de una situación en curso que seguiría desarrollándose, quizá decantándose en un sentido u otro, con los colectivistas en posición dominante, pero que también podría haber mantenido un alto grado de tolerancia hacia las decisiones individuales que no implicaran el trabajo de otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">George Orwell, que servía en la milicia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), alineada con los anarquistas en el Frente de Aragón, relata un incidente que muestra hasta qué punto estaba arraigado el espíritu antiautoritario entre las bases de la CNT. Esto era así incluso entre aquellos que habían elegido al POUM, en lugar de a los anarquistas, como orientación política. La mayor parte de las bases de la milicia del POUM procedían de la CNT. Para Orwell, la milicia del POUM era lo más parecido a una sociedad plenamente igualitaria que se podía encontrar en tiempos de guerra. Orwell señaló que, a pesar del igualitarismo, en la milicia del POUM se suponía que había que obedecer las órdenes. Cuando intentó arrastrar hasta su puesto a un miliciano que se negaba a cumplir con su guardia, Orwell se vio rodeado por milicianos que le tildaban de fascista. Cuando Mary Lowe y Juan Brea, adscritos a la sección internacional del POUM, describieron el funeral de Durruti, señalaron que, mientras los comunistas desfilaban como autómatas y los anarquistas se dispersaban deliberadamente por todas partes, ellos consideraban que el POUM desfilaba de una manera correcta y democrática. Porque, resumieron, «todos éramos cenetistas».</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://serhistorico.net/wp-content/uploads/2026/07/george_orwell.webp?w=1024" alt="" class="wp-image-29460"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Martínez Catalán extrae lecciones fundamentales de la experiencia anarquista mediante el análisis de las decisiones tomadas y de cómo se tomaron. Considera que su fracaso estaba intrínsecamente ligado a las perspectivas teóricas de los militantes anarquistas, aquellos que dedicaron sus vidas, tanto durante como después de la guerra civil, a la lucha por un socialismo igualitario y libertario. Sostiene que «…la lección de la fallida Revolución Española… podría resumirse como la obligación ineludible de tomar el poder político y establecer algún tipo de gobierno revolucionario democrático, dotado de sus correspondientes cuerpos armados especializados —ejército o policía, o como cada uno prefiera denominarlos—, a menos que se estuviera dispuesto a condenar la revolución al fracaso de antemano; al menos en las primeras etapas».<br><br>La expresión «al menos en las primeras etapas» encierra el problema. ¿Qué forma de gobierno revolucionario renunciaría a mantener el poder? Una que podría hacerlo es el sistema de consejos obreros, descartado por Martínez Catalán. Considerado como el órgano que ostenta el derecho exclusivo a determinar el uso de la fuerza —lo que, en este contexto, se ajusta a la definición fundamental del Estado de Weber—, sigue siendo la forma de organización que puede someterse al control más directo de las bases. Puede coordinar en lugar de ordenar, dependiendo del grado en que se mantenga, o avance, bajo el control de las bases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Martínez Catalán defiende la necesidad de que los anarquistas reconozcan claramente la necesidad de alguna forma de Estado (independientemente del nombre que se le dé). El libro incluye un análisis crítico del grupo «Amigos de Durruti» (que en realidad no eran amigos de Durruti), que abogó por una junta revolucionaria y una nueva revolución durante los combates de los Días de Mayo de 1937 en Barcelona. Lamentablemente, no se menciona nada sobre la defensa de los consejos obreros por parte del voluntario italiano Camillo Berneri, que llevó a cabo en las milicias y a través de su periódico&nbsp;<em>Guerra di Classe</em>&nbsp;hasta su asesinato. Justo antes de los Días de Mayo fue abatido a tiros (ya fuera por agentes estalinistas o fascistas italianos) tras realizar una emisión de radio sobre la muerte de Antonio Gramsci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Martínez Catalán se muestra desdeñoso ante la idea de una organización anarcosindicalista como alternativa al Estado. Destaca la postura de Durruti de que la CNT liberaría Zaragoza, llegando incluso a rechazar el apoyo del POUM en un asalto a la ciudad, con el argumento de que la CNT bastaba por sí sola para liberar Zaragoza y proclamar el comunismo libertario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto Durruti como García Oliver, dos de los militantes más destacados de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), siempre hablan de la revolución como la toma del poder por parte de la CNT como forma de transición hacia el comunismo libertario. Sin embargo, para ellos esto tenía que ser una CNT que compartiera sus puntos de vista sobre cómo llevar a cabo la revolución. El periodo comprendido entre la formación de la FAI en 1929 y el levantamiento militar de 1936 fue una etapa de búsqueda y consolidación del dominio de la FAI dentro de la CNT.<br><br>Lo que aquí falta es la historia del dominio de la FAI en los congresos de la CNT, de la expulsión del BOC (que más tarde formaría el POUM) y de los trientistas de la CNT. Los trientistas, anarcosindicalistas de toda la vida, se oponían a las tácticas insurreccionales de la FAI. Abogaban por construir la CNT como una organización de masas orientada a una revolución libertaria. Expulsados de la CNT junto con las secciones sindicales locales que los apoyaban, se preguntaron cuál era el objetivo del sindicato. Declararon la revolución y, por tanto, se convirtieron en sindicalistas revolucionarios. Pero al preguntarse qué tipo de revolución, declararon una revolución libertaria. Llamaron a su organización la Federación Sindicalista Libertaria y trabajaron para reunificar la CNT y desarrollar la democracia interna. La historia del auge del sustitucionismo de la FAI es tan relevante como lo que se hizo con él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenin, en una discusión con Bujarin sobre la autonomía sindical, dijo: «Todo lo que viene de abajo es el método anarquista. Pero ¿no ve el camarada Bujarin que, si los trabajadores pudieran votar sobre todo, podrían votar a favor de acabar con el socialismo?». Esta es, sin duda, la postura fundamental que distingue al anarquismo de otros enfoques. Algunos de los problemas que examina Martínez Catalán se deben a un alejamiento excesivo de esta postura, más que a uno insuficiente.<br><br>Zaragoza Bound es un libro con mucha información valiosa y argumentos estimulantes. Se trata de una obra en la que las notas son una parte esencial, ya que contienen versiones más matizadas de los argumentos principales y pasajes extensos y valiosos extraídos de numerosos relatos de primera mano.<br><br>Sin embargo, precisamente por estas razones, no es el mejor libro para iniciarse en la Revolución Española. «Homenaje a Cataluña», de George Orwell, ofrece una mejor visión de la situación en la que, según Orwell, la clase trabajadora llevaba las riendas, y de por qué eso era importante. «Revolución y contrarrevolución en España», del trotskista Felix Morrow, escrito en aquella época, ofrece un relato imparcial y crítico de lo que ocurrió. La historia oral de Ronald Fraser, «La sangre de España», y «Clase, cultura y conflicto en Barcelona 1898-1937», de Chris Ealham, aportan relatos académicos modernos que captan la experiencia vivida de la guerra y la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de estas reservas, se trata de un libro valioso, especialmente para los anarquistas. Su argumentación en contra de las visiones anarquistas (que a menudo tilda de «sueños anarquistas») sobre alternativas al Estado puede llevar a conclusiones difíciles. Sin embargo, el fallo de su argumentación radica en que hace que las diferencias entre las formas de poder social general parezcan irrelevantes ante la necesidad de un Estado. Para Martínez Catalán no hay alternativa. Sin embargo, la democracia radical del sistema de consejos obreros es precisamente esa alternativa. Una alternativa compatible con el desarrollo de objetivos libertarios y democráticos. Una que puede fracasar, pero también una que puede tener éxito.<br>xxxxxx</p>



<p class="wp-block-paragraph">Disponible en inglés en:&nbsp;<a href="https://libcom.org/article/rebel-worker-book-review-saragossa-bound-chronicle-durruti-column">https://libcom.org/article/rebel-worker-book-review-saragossa-bound-chronicle-durruti-column</a></p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Respuesta de Agustín Guillamón</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La historia real y los consejos imaginarios. Sobre la reseña de&nbsp;</strong><em><strong>Zaragoza Bound</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La reseña de xxxxxx sobre&nbsp;<em>Zaragoza Bound</em>&nbsp;resulta sorprendente por una razón elemental: pretende discutir uno de los problemas fundamentales de la Revolución española —la cuestión del poder revolucionario— ignorando precisamente los organismos mediante los cuales ese poder fue ejercido efectivamente por el proletariado catalán entre julio de 1936 y mayo de 1937.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de una omisión secundaria. Constituye una insuficiencia historiográfica que afecta al conjunto de su argumentación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La revolución de julio de 1936 no produjo soviets semejantes a los rusos ni consejos obreros comparables a los alemanes de 1918-1919. Produjo algo distinto: una extensa red de comités revolucionarios de barrio, comités locales, comités de defensa, comités de fábrica, comités de abastos, patrullas de control y organismos de coordinación económica y militar que surgieron de la derrota de la insurrección militar y asumieron funciones que hasta entonces habían pertenecido al aparato estatal. Fueron esos organismos los que garantizaron el abastecimiento, organizaron la producción, ejercieron el orden revolucionario, coordinaron la represión de la contrarrevolución y permitieron la expropiación de fábricas, talleres y servicios públicos. Éste es el hecho histórico fundamental de la revolución catalana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el reseñador apenas les dedica atención. Prefiere desplazar el debate hacia una discusión abstracta sobre los consejos obreros, los soviets y diversas experiencias revolucionarias ajenas a la realidad española. Los consejos aparecen repetidamente como alternativa al Estado, como forma superior de democracia proletaria y como respuesta a las tesis defendidas por Roberto Martínez Catalán. Pero cuanto más insiste en esos modelos abstractos, menos habla de los organismos revolucionarios realmente existentes.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://serhistorico.net/wp-content/uploads/2026/07/colectividad_agraria.webp?w=640" alt="" class="wp-image-29462"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La consecuencia es clara. Allí donde el lector —o el historiador— debería partir de las formas concretas que adoptó la revolución para comprender su naturaleza y sus contradicciones, la reseña reemplaza los hechos por categorías abstractas. Allí donde sería necesario examinar el funcionamiento de los comités revolucionarios, su relación con los sindicatos, los mecanismos que articularon su coordinación y las causas de su posterior desmantelamiento, opta por refugiarse en analogías extraídas de otras experiencias históricas. De este modo, la historia concreta queda eclipsada por el peso de la especulación doctrinal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sin embargo, el problema central de la Revolución española nunca fue la elección entre Estado y consejos obreros. El verdadero problema histórico fue la coexistencia conflictiva entre dos poderes antagónicos. Por una parte, los organismos revolucionarios surgidos de la insurrección proletaria de julio. Por otra, el aparato estatal republicano que la Generalidad y el Gobierno central fueron reconstruyendo progresivamente hasta recuperar el monopolio de la administración, de la coerción y de la fuerza armada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión decisiva no era si debía existir poder. El poder revolucionario existía ya. Lo ejercían los comités de barrio, los comités de defensa, los comités locales, los sindicatos y las organizaciones obreras que habían derrotado al ejército sublevado en las calles de Barcelona. La cuestión era cómo coordinar ese poder, cómo consolidarlo y cómo impedir que fuera absorbido por unas instituciones estatales cuya reconstrucción fue facilitada por la propia política colaboracionista de los comités superiores de la CNT.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta significativo que la reseña, dedicada precisamente a debatir el problema del poder revolucionario, ignore esta cuestión fundamental. Más significativo aún es su tratamiento de los Amigos de Durruti, cuya importancia histórica parece no comprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Amigos de Durruti no surgieron como resultado de una discusión académica sobre el Estado ni como una elaboración doctrinal destinada a corregir determinadas insuficiencias teóricas del anarquismo. Surgieron de una experiencia revolucionaria concreta y traumática: la militarización de las milicias confederales y la progresiva subordinación de la revolución a las necesidades del Estado republicano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una parte sustancial de sus militantes procedía de la Columna Durruti. Habían combatido en el frente de Aragón y habían vivido directamente el proceso de militarización impuesto a las milicias revolucionarias. Consideraban que la transformación de las columnas confederales en unidades del ejército regular significaba mucho más que una simple reforma organizativa. Significaba la liquidación de una de las conquistas esenciales de julio de 1936 y la subordinación de la revolución a los objetivos del Estado republicano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello rechazaron la militarización. Ochocientos milicianos de la Cuarta Agrupación de Gelsa de la Columna Durruti abandonaron el frente y regresaron a Barcelona con sus armas. Eran revolucionarios desertores que rompían con la política de la dirección confederal, convencidos de que la revolución estaba siendo sacrificada en aras de la guerra. En Barcelona, junto a otros anarquistas contrarios al colaboracionismo de la CNT con el gobierno de la Generalitat, fundaron una organización destinada a defender la continuidad del proceso revolucionario: Los Amigos de Durruti.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este dato resulta decisivo para comprender el origen y la naturaleza de la Agrupación. Los Amigos de Durruti no fueron intelectuales que reflexionaban sobre el poder desde la distancia. Fueron revolucionarios que extrajeron conclusiones políticas de una experiencia de combate. Apenas dos meses después de constituirse formalmente como agrupación, esos mismos militantes se encontraban nuevamente en primera línea, levantando barricadas y combatiendo en las Jornadas de Mayo de 1937 contra la ofensiva contrarrevolucionaria dirigida por estalinistas, republicanos y fuerzas de orden público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su programa nació de esa experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y precisamente por eso resulta imposible comprender su propuesta de Junta Revolucionaria si se la interpreta como una simple variante libertaria del Estado. La Junta Revolucionaria no pretendía crear una nueva estructura estatal separada del proletariado. Pretendía coordinar y centralizar el poder revolucionario ya existente en los comités revolucionarios, los comités de defensa y las organizaciones obreras surgidas de la propia revolución. Su legitimidad debía proceder de esos organismos y no de una burocracia especializada ni de un aparato separado de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí aparece otra de las debilidades fundamentales de la reseña: su constante confusión entre poder y Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo Estado ejerce poder. Pero no toda forma de poder constituye un Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los comités revolucionarios ejercían poder. Las colectividades ejercían poder. Las patrullas de control ejercían poder. Los comités de defensa ejercían poder. La Junta Revolucionaria propuesta por los Amigos de Durruti habría ejercido poder. La cuestión histórica consiste precisamente en analizar la naturaleza de ese poder, sus formas de organización, sus mecanismos de control y su relación con la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reducir todas esas experiencias a una forma estatal indiferenciada no resuelve ningún problema teórico. Lo elimina mediante una definición arbitraria. Es una simplificación conceptual que impide comprender tanto la revolución española como las aportaciones políticas más originales surgidas en su seno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma pobreza analítica aparece en el uso reiterado de autores como George Orwell, Simone Weil o Franz Borkenau. Nadie discute el interés testimonial de sus escritos. Constituyen fuentes útiles y, en ocasiones, extraordinariamente sugestivas. Pero resulta difícil aceptar que en 2026 sigan siendo utilizados como principales autoridades interpretativas mientras se ignora una extensa historiografía producida durante las últimas décadas a partir de archivos sindicales, documentación administrativa, prensa obrera, fondos judiciales y fuentes inéditas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Orwell observó durante unos meses una columna del POUM. Weil permaneció pocas semanas en Aragón. Borkenau fue un observador ocasional. Ninguno estudió los comités revolucionarios de Barcelona. Ninguno tuvo acceso a la documentación disponible actualmente. Ninguno pudo reconstruir la compleja dinámica de los organismos revolucionarios surgidos en julio de 1936. Su valor es testimonial y literario. Convertirlos en fundamento principal de una interpretación histórica revela una dependencia excesiva de viejos relatos anglosajones y un desconocimiento preocupante de las investigaciones posteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el problema de fondo no es bibliográfico. Es metodológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia no consiste en seleccionar ejemplos que confirmen una hipótesis previa ni en sustituir los hechos por modelos ideales. Tampoco consiste en proyectar sobre el pasado nuestras preferencias políticas contemporáneas. La tarea del historiador es partir de la realidad efectivamente existente, reconstruir los procesos concretos, identificar sus contradicciones y explicar sus transformaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La revolución catalana existió. Los comités revolucionarios existieron. Los comités de defensa existieron. Las colectividades existieron. Los Amigos de Durruti existieron. Todos ellos constituyen realidades históricas documentadas y verificables. Son esos hechos los que deben explicar nuestras teorías y no nuestras teorías las que deben sustituir a los hechos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://serhistorico.net/wp-content/uploads/2026/07/tranvia_colectivizado.jpg?w=452" alt="" class="wp-image-29463"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la cuestión central sigue siendo la misma que planteó la propia revolución: ¿qué fueron los organismos de poder proletario surgidos en julio de 1936, cómo funcionaron y por qué fueron derrotados? Mientras esa pregunta permanezca sin respuesta, cualquier discusión sobre consejos obreros, Estado o poder revolucionario seguirá moviéndose en el terreno de la abstracción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia comienza precisamente allí donde terminan las abstracciones y aparecen los hechos. Y los hechos, en este caso, son obstinados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conclusión: el libro de Roberto Martínez Catalán se merecía un mejor reseñador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Agustín Guillamón</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Barcelona, junio de 2026</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Fuente: <a href="https://serhistorico.net/2026/07/03/un-par-de-aportes-sobre-el-poder-y-la-revolucion-espanola-a-raiz-de-una-resenade-rumbo-a-zaragoza/">https://serhistorico.net/2026/07/03/un-par-de-aportes-sobre-el-poder-y-la-revolucion-espanola-a-raiz-de-una-resenade-rumbo-a-zaragoza/</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Club de lectura «En el café»: «Homenaje a Cataluña»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Kiko Pavonic]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jul 2026 12:31:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agenda]]></category>
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					<description><![CDATA[En la siguiente sesión del Club de lectura «En el café» hablaremos y debatiremos sobre el libro de George Orwell «Homenaje a Cataluña». Con esta lectura queremos rendir un pequeño homenaje a la Revolución Social de 1936 en su noventa aniversario. Con el nombre de «En el café» queremos hacer [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">En la siguiente sesión del Club de lectura «En el café» hablaremos y debatiremos sobre el libro de George Orwell «Homenaje a Cataluña». Con esta lectura queremos rendir un pequeño homenaje a la Revolución Social de 1936 en su noventa aniversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el nombre de «En el café» queremos hacer referencia a la obra de Errico Malatesta del mismo nombre en la que dos personas dialogan en un café, y, tal como ocurre en este libro, queremos que nuestro grupo de lectura invite al debate y sea un estímulo para la acción transformadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La próxima sesión del Club es el miércoles 22 de julio a las 19:00 en el Local Anarquista Magdalena. Debatiremos «Homenaje a Cataluña» de George Orwell.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una sesión abierta, no es necesario inscribirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y para despedirnos hasta la próxima sesión en septiembre, después del debate del libro nos vamos a quedar (a quien le apetezca) para cenar todxs juntxs. La idea es que cada unx traigamos algo vegano para compartir.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="491" height="614" src="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/cafecatmag26.jpg" alt="" class="wp-image-36881" srcset="https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/cafecatmag26.jpg 491w, https://www.portaloaca.com/wp-content/uploads/2026/07/cafecatmag26-240x300.jpg 240w" sizes="auto, (max-width: 491px) 100vw, 491px" /></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em> Local Anarquista Magdalena<br><a href="https://localanarquistamagdalena.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://localanarquistamagdalena.org/</a></em></p>
<div style='text-align:center' class='yasr-auto-insert-visitor'><!--Yasr Visitor Votes Shortcode--><div id='yasr_visitor_votes_daeb6aa86359a' class='yasr-visitor-votes'><div class="yasr-custom-text-vv-before yasr-custom-text-vv-before-36875">¡Haz clic para puntuar esta entrada!</div><div id='yasr-vv-second-row-container-daeb6aa86359a'
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