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&lt;br /&gt;
Cuentas  ovejas y no resulta. Entonces, comienzas a contar anécdotas. Vivencias  pasadas que caen aleatoriamente en tu mente, como goteras de una memoria  selectiva. Claro que sería simple si tan sólo pudieras contarlas. Pero  no: caes en la trampa y empiezas a vivir dentro de cada una de las  anécdotas. Estás dentro de ellas, atrapado. Ahora eres una simple  marioneta de tu propia mente y sus goteras. Eres nada porque comienzas a  ser tú mismo en un pasado en un tiempo que no es el ahora. Eres tú,  atrapado en una anécdota. Es una excusa para dormir que se convierte en  una trampa. Y de golpe te transformas en tu pasado, con su insomnio, con  sus trampas, con sus goteras y su nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un atropello  de conciencia, intentas almacenar todo eso en cajas negras, en algún  lugar de tu cabeza. Intentas escapar. Pero amanece antes de que puedas  conciliar el sueño. Y entonces ahora te adivinas dentro de la otra mitad  de tu vida. Sales a recorrer las calles en un tiempo en el que es hoy y  en el que todo es ahora, y donde tú eres, incluso, tú mismo. Percibes  que en esta mitad todo se construye al instante, al contrario de la  noche, dónde sólo se revive lo ya acontecido. Te sientes, por ende,  totalmente libre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transitas la luz de la mañana con una  sonrisa invadido por ese sentimiento de omnipotencia. Pero mientras el  mediodía se acerca, te hallas desilusionado, dibujando una pseudo vida  que parece un garabato calcado y fotocopiado. Te esfuerzas, entonces,  por progresar. Lo haces conciente, intentando superarte a ti mismo.  Empiezas de cero. Creas. Los cimientos, las paredes y el techo. Ingresas  y cierras la puerta detrás de ti. Lo llamas hogar cuando descubres que  ya se ha hecho de noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y otra vez estás en la otra  mitad. Pero mientras te ríes viendo TV basura, sospechas que en este  nuevo hogar dormir será más simple. Te acuestas, entonces, en tu nueva  cama. Al principio te ríes recordando cómo fue tu día pero luego te  incomodas al notar que ya ha pasado tiempo y aún no has podido dormirte.  Cuentas ovejas y no resulta. Tu memoria, como antes, descubre sus  goteras y otra vez quedas atrapado dentro de las anécdotas de tu pasado.  No puedes soltarte de ellas. Hasta recuerdas y te atrapas dentro de la  noche anterior y esa cama que no te dejó dormir. Y estás en esa mitad  que es pasado, en ese que eras ayer. Estás viviendo algo que pasó. No  puedes volver. No logras soltarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y amanece. Es hoy y  eres tú. La otra mitad. Sonríes por la mañana sintiéndote libre. Te  desilusionas e intentas progresar. Cimientos, paredes, piso y techo.  Hasta aberturas nuevas. Ingresas y lo llamas hogar. Te atreves, incluso,  a soltar carcajadas viendo una película y tratas de convencerte por lo  estúpido que fuiste las noches anteriores. Vas a tu nueva cama; colchón  de plumas y resortes. Sonríes. Eres feliz. Pero no puedes dormir. Y  cuentas ovejas y no resulta. Y la gotera. Y la trampa, y el pasado y la  otra mitad. Tú en otro tiempo. Insomnio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y otra vez  amanece. Esta vez te pides café con leche, mitad y mitad. Y una  medialuna. Y dibujas media sonrisa. Y separas los días pares y los  impares. Las horas y los minutos. Los días y la noche. Como sea, siempre  la mitad de una vida.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2010&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-8143776516355849815?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/moJTwL9ij_0/ser.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>20</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2010/09/ser.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-130888851500247042</guid><pubDate>Wed, 04 Aug 2010 15:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-08-04T12:44:35.138-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Fascinaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Imagine el amor.</title><description>Imagine. Imagine un punto. Un punto pequeño, como una cabeza de alfiler.  Ahora sitúe ese punto en un espacio X. Que sea un sitio cerrado, como  un enorme galpón. Para que sea más simple imagínelo cuadrado y vacío.  Cada lado de ese lugar debe tener 10 cuadras de largo. Es gigante, lo  sé. Pero imagine. No se olvide de poner dentro al pequeño punto. Allí  está, el pequeño punto del tamaño de una cabeza de alfiler en un  gigantesco y monumental galpón de un kilómetro cuadrado. Póngale a ese  punto un nombre, puede ser el suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, y esta es la parte difícil, imagine seis mil millones de puntos  más. Sí, seis mil millones. Es mucho, tal vez más de lo que usted pueda  imaginar, pero inténtelo. Tal vez sería más simple si hace una analogía:  si imagina un millón de monedas, por ejemplo, y luego multiplica esa  enorme montaña por seis mil. ¿Lo logró? Convierta, entonces, esas  monedas en puntos y acomódelos dentro del galpón con aquel otro punto  que lleva su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Me sigue? Tiene, entonces, un galpón enorme en donde hay seis mil  millones de puntos que acompañan a aquel otro punto con nombre.  Otórguele a cada uno de los puntos una trayectoria aleatoria. Pueden ser  líneas rectas o zigzagueantes, no importa. Imagine, ahora, que el  galpón está en penumbras. Perfecto. Cada uno de esos puntos avanza  lentamente antes de desaparecer. En promedio, cada punto vive setenta y  cinco años, pero ese factor también es azaroso. Ahora imagine la  cantidad de impactos, intersecciones, desvíos y circunstancias que  acontecen en ese galpón lleno de seis mil millones de puntos con  trayectorias aleatorias. ¿Lo imagina?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora busque dentro de esa enorme cantidad de puntos anónimos uno  cualquiera, que por algún motivo llame su atención. ¿Encontró alguno?  Otórguele, entonces, un nombre. Bien, recordemos entonces: en un galpón  gigante en penumbras hay seis mil millones de puntos con trayectorias  aleatorias y vida limitada, entre ellos hay dos puntos que tienen  nombre. Trate de imaginar qué probabilidades hay que esos dos puntos se  encuentren. No es sencillo de imaginar, lo sé; deben sortear, antes,  miles de impactos con otros puntos, deben encontrarse avanzando a ciegas  y, encima, millones de casualidades deben presentarse para que esos dos  puntos logren juntarse; sin olvidarnos que ese encuentro tiene que  darse antes que la vida de alguno de los puntos llegue a su fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por alguna razón que ni usted ni yo comprenderemos, todas esas  casualidades se presentan y esos dos puntos con nombre logran estar  juntos. Ahora, ambos puntos avanzan unidos, en la misma trayectoria.  Imagine, sin embargo, que esa trayectoria estará atravesada por la de  otros puntos que los rozarán, los impactarán, los sacudirán y alterarán  el rumbo. Ahora trate de juntar todos los factores en su mente y pensar  qué tan probable es que esos dos puntos se hayan encontrado y cuánta  fuerza hace falta para que prosigan su camino juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Logra imaginarlo? ¿Logra pensar en números, probabilidades,  estadísticas, fuerza de impacto, inercia, trayectorias, velocidad,  tiempo y espacio? ¿Logra, de verdad, comprender por aunque sea sólo un  segundo lo complicado de todo eso? Bueno, entonces olvídese de todo;  porque lo que usted acaba de imaginar no tiene capacidad de análisis,  porque es magia pura. Lo que usted acaba de imaginar es el milagro del  amor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2010&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;div align="center"&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-130888851500247042?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/0SghW3SzofY/imagine-el-amor.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>12</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2010/08/imagine-el-amor.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-7222164149810020613</guid><pubDate>Sun, 04 Oct 2009 14:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-04T12:00:57.174-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Notas</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Videos</category><title>Mercedes Sosa</title><description>Querida Negra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté con tu voz, Negra. Y lo supe. No preguntes cómo, porque no lo sé; simplemente lo supe. Me duché y tu voz seguía cantándome al oído, me venían versos sueltos: “Tantas veces me mataron”, decías, “tantas veces me morí, y sin embargo estoy aquí resucitando”, confesabas. Y te escuché decirle gracias a la vida, y escuché una y mil veces dentro de mi cabeza tu voz imposible. ¿Y qué querés que te diga, Negra? Si yo estaba allí, bajo la ducha matinal, y sabía, sabía que te habías ido y que ya estaba extrañándote. ¡Pero claro que duele!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a confesarte algo, Negra, que creo que nunca lo he dicho. La primera vez en mi vida que la belleza me emocionó, de esa manera inexplicable que sólo el arte puede hacer, fue cuando escuché tu voz: yo no tendría más de cinco o seis años; incluso tal vez menos; estaba con mi padre, creo que en el auto, cuando puso un casete tuyo. Me pregunté, lo recuerdo, si esa voz provenía de una diosa, porque era imposible que un cuerpo terrenal pudiera emitir tu arte. Me recuerdo pequeño, y sensibilizado hasta el tuétano con tu música, con un millón de escalofríos recorriéndome el cuerpo y mi sorpresa al ver mi piel erizada. Lo recuerdo, Negra, porque esa vez fue la primera de tantas otras; lo recuerdo porque descubrí que no eras una diosa, porque supe que seres humanos hay millones, pero genios sólo unos pocos, y que esos pocos tienen la eternidad ganada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí del baño y fui en busca de la noticia. Sabía que había acontecido, y los titulares enormes con tu foto no me sorprendieron. Pero dolieron. ¡Y vaya que dolieron, Negra! Tu voz era la voz de todos: de los argentinos, de los latinoamericanos, de los que no tienen voz, de los silenciados, los exiliados, los pobres, de la libertad, la paz y la dignidad. Tu voz era nuestra voz, Negra. Eras nosotros diciendo con belleza lo que nosotros no podíamos decir de ninguna manera. Eras lo sueños, los deseos y la esperanza; eras todo lo intangible y eras tu voz corpórea, abrazándonos con lo que nosotros mismos éramos. Eras el canto de nuestras almas, acariciando nuestros corazones hasta hacerlo brotar de emociones. Negra querida; tu voz nos recordaba que estábamos vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora descubro que de chico, la primera vez que te escuché, no me equivocaba: es imposible, Negra, que hayas sido humana. Esa voz increíble no puede ir acompañada por tu sensibilidad, por tu coherencia ideológica, por tu alma luchadora, por tu cariño infinito. No, nos mentiste; nadie puede nacer con todas esas virtudes juntas, nadie. No eras humana, Negra; lo sé porque los titulares de los diarios dicen que has muerto, que te fuiste; y no puede ser cierto porque mientras escribo estas letras estoy escuchándote, estoy escuchando tu voz, el canto de todos (que es tu propio canto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No eras humana, porque los humanos mueren; y yo te escucho como antes, y tu voz sigue exprimiéndome el corazón. Y entonces me convenzo, como de pequeño, que esa voz proviene de una diosa: de una diosa eterna, de la pacha mama, de la diosa de los argentinos y los latinoamericanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me sonrío, Negra, porque aún te escucho, porque nunca te irás; porque los dioses nunca mueren. Y porque con tu voz viva, todos los argentinos aún tenemos nuestra voz hablando a través de la tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="344" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/WyOJ-A5iv5I&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/WyOJ-A5iv5I&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" height="344" width="425"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2009&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-7222164149810020613?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/i8ea8tbrxeE/mercedes-sosa.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>11</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/10/mercedes-sosa.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-1470508349132335527</guid><pubDate>Sat, 08 Aug 2009 15:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-08T12:29:53.208-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Noches minimalistas.</title><description>Habían sido meses enteros de vida noctámbula cargados de excesos. Tal vez, todo eso encontraba justificación en nuestra edad de poco más de veinte años. Recuerdo que ese día estábamos en casa de Ana los cuatro: Esteban, Lía, la dueña de casa y yo. Habíamos ido a hacerle compañía desde la noche anterior, porque se le habían mezclado algunos problemas familiares serios con un par de malos resultados universitarios.&lt;br /&gt;Ana era una persona a la que yo admiraba. Era sumamente talentosa y apasionada, y tenía una capacidad innata que le permitía hablar y que todos los demás escuchen. Una líder por naturaleza. Además, claro, era sumamente bella. La noche anterior me había llamado llorando y me pidió que la acompañara, cosa que no dudé en hacer. Cuando llegué a su departamento, también estaban allí Esteban y Lía. Los cuatro nos habíamos conocido en la facultad, aunque estudiáramos cosas diferentes: Esteban estudiaba letras, Lía era artista, Ana ya era socióloga y estaba por terminar psicología. Y yo estaba por terminar mis estudios de periodismo.&lt;br /&gt;Habíamos pasado la noche despiertos, fumando de una marihuana excelente, que Esteban había conseguido de una manera bastante afortunada, y escuchando a Lía tocar la guitarra mientras Ana exhalaba silencio. Eran noches bastante típicas de nosotros: mientras fumábamos, alguno tocaba la guitarra o conversábamos largo y tendido de variados temas. Siempre, y por eso me gustaba tanto estar con ellos, se hablaban de temas profundos, con debates interesantes aunque ocasionalmente alguno sacaba a la luz alguna trivialidad para reírnos a carcajadas durante un largo rato.&lt;br /&gt;Esa noche no se habló ni se debatió sobre nada. Fumamos en silencio, mientras Lía tocaba la guitarra de manera incesante. Ana y yo también bebimos whisky y tomamos, entre los dos, una línea de cocaína. Pero el rey de la noche fue el silencio y las largas miradas de sobreentendidos. Era como si los cuatro estuviéramos en duelo, haciéndole compañía al dolor profundo de Ana que, extrañamente, no cantó en toda la noche.&lt;br /&gt;Las horas fueron pasando y juntos vimos amanecer por la ventana del departamento, siempre en silencio, siempre con la guitarra soltando notas. Ana vivía en un lindo departamento frente a la plaza Italia, y el enorme ventanal que ocupaba toda la pared, dejaba que el verde de la plaza ingresara sin miramientos. Nos sentábamos en el sofá, o colocábamos los almohadones en el piso y allí, entre sentados o acostados nos pasábamos la pipa de marihuana de mano en mano, en un lento ritual silencioso. Era una especie de paraíso casero y minimalista. Sabíamos perfectamente que eso no duraría toda la vida, y por eso lo disfrutábamos como niños golosos.&lt;br /&gt;Pero esa vez vimos atravesar toda la noche y el amanecer en silencio. Alrededor de las siete de la mañana Ana se paró y dijo que iba a ducharse. Nosotros asentimos y seguimos conversando con nuestras miradas y nuestros silencios, mientras la guitarra continuaba con su costumbre de cobijarnos. No sé ni imaginé qué era lo que pensaban Esteban o Lía, pero parecían sumergidos en sentimientos profundos. Yo, en cambio, divagaba sobre nimiedades y me congelaba al ver, por ejemplo, las partículas que flotaban en el aire y que eran iluminadas por el sol rasante que ingresaba por el ventanal. Mechaba semejante nimiedad con algo más filosófico como la semejanza que esas partículas tenían, flotando en el aire sin ton ni son, con los seres humanos, vagando por vidas regidas por leyes extrañas, para acabar todas iguales en la nada.&lt;br /&gt;No sé cuánto tiempo estuvo Ana bañándose, pero un estruendo desde dentro del baño me asustó.&lt;br /&gt;- ¡No es nada! Se me cayó el secador de pelo – Dijo Ana antes de que cualquiera pudiera preguntar si le había pasado algo.&lt;br /&gt;Unos pocos minutos después la puerta del baño se abrió y Ana salió totalmente desnuda. No era la primera vez que la veía sin ropa, pero atraído por su belleza no podía dejar de mirarla. Esteban, incomodado, simulaba usar su teléfono móvil para no observarla. Lía era totalmente indiferente, como si no le importara en lo más mínimo. Y de hecho no le importaba. Yo, sin embargo, notaba que en ese gesto había un mensaje dirigido a mi. Con Ana solíamos tener sexo de vez en cuando, y que ella decidiera salir del baño desnuda, a la vista de todos, era una forma de decirme que ella no me pertenecía. Pero yo era conciente de eso, aunque me molestara.&lt;br /&gt;- Hay algo mal en todo y nadie se da cuenta.- dijo, como si la ducha le hubiera despertado la lengua que durante toda la noche había estado en silencio.&lt;br /&gt;- ¿En qué?- Preguntó Lía desconcertada, mirando como Ana, que seguía desnuda, dándonos la espalda, se arreglaba el pelo frente al espejo.&lt;br /&gt;- ¿Ves? ¡En todo! –Dijo enfadada, mientras se daba vuelta para mirarla- Todo, absolutamente todo es incoherente. Estamos viviendo en un supuesto mundo civilizado, en el que la globalización llevó el cuento de las sociedades civilizadas a todos los rincones. Pero nadie se da cuenta de lo enfermo y macabro que es este modelo.&lt;br /&gt;- No tiene sentido preocuparse sobre algo que ya fue hablado por miles de personas durante décadas y sin embargo nada cambió.- Dijo Esteban, sin levantar la mirada, todavía inhibido por el cuerpo desnudo de Ana.&lt;br /&gt;- ¡No me jodas, Esteban! Tenés el intelecto suficiente para saber que aquellos que se juntan a discutir este tema son personas que tienen estudios universitarios, como vos y yo, y por ende son unos privilegiados que, sentados en sus sillones de cuero y sus elegantes trajes, se llenan la boca hablando de lo que debería ser; pero a la vez no están dispuestos a arriesgar nada del lugar que ocupan. Y aquellos millones que en realidad padecen el sistema, no tienen ni la preparación ni los medios para hacerse escuchar.&lt;br /&gt;- Pero eso ya lo sabemos.- dijo Esteban, un poco tímido.&lt;br /&gt;- ¡Obvio que sí! ¿Y? ¿Alguien hace algo? No, nadie se da cuenta de la incoherencia que habita entre sus palabras y sus actos. Estoy cansada de los discursos contemplativos y de las acciones macabras. Y basta, la personalidad de una persona no queda reflejada por aquello que dice, sino por aquello que hace.&lt;br /&gt;- No es tan simple, Ana.- dije, mientras ella ingresaba a su habitación.- A lo mejor los únicos que verdaderamente pueden hacer son los gobiernos, y el lugar de la gente es el de decir en las urnas.&lt;br /&gt;No respondió inmediatamente, sólo se escuchaba, desde mi ubicación, como abría y cerraba algún cajón. Luego apareció: lo único que había cambiado en su desnudo cuerpo era que llevaba colocada la parte de abajo de una bikini. Y parecía que no tenía la menor intención de continuar vistiéndose.&lt;br /&gt;- Tu posición es tan cómoda que me dan ganas de vomitar. Y si la única esperanza son los gobiernos estamos perdidos.- Dijo, mientras se sentaba a mi lado y encendía un cigarrillo.&lt;br /&gt;- Deberías respetar un poco más el poder de los gobiernos, porque fueron elegidos por su pueblo.- Dije sin mirarla.&lt;br /&gt;- ¡Basta de ese discurso demagogo y populista! La capacidad intelectual de los pueblos está sobreestimada. Las masas actúan de manera estúpida, y sus decisiones rara vez son acertadas. Las atrocidades más grandes de la historia fueron realizadas gracias a la aprobación o la inacción de sus pueblos.&lt;br /&gt;- Eso es cierto –dijo Lía-, además la mayoría no es la totalidad.&lt;br /&gt;- Pero es la democracia la mejor forma de gobierno que hemos inventado.- Dije arrebatándole el cigarrillo a Ana.&lt;br /&gt;- ¡Yo no estoy en contra de la democracia! Pero últimamente sólo funciona como un placebo para darle a la gente la ilusión de poder. La realidad –dijo mientras me robaba nuevamente el cigarrillo- es que en un mundo globalizado, empequeñecido, sólo tenemos gobiernos barriales.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? ¿Qué es eso de los gobiernos barriales?- dijo Esteban mientras se reía.&lt;br /&gt;- Imaginá que el mundo entero es una gran ciudad; y los países son barrios. Estados Unidos y Europa vendrían a ser los barrios ricos y elegantes, a los que todos quieren ir a pasear. África es la favela del mundo, a la que todos le dan la espalda o juegan a ser solidarios de vez en cuando entregándoles restos de comida; cuando pueden sacar partido de alguna manera. Y Asia y America Latina son los barrios trabajadores, que quieren crecer y parecerse a los barrios lindos; pero en realidad son trabajadores mal pagos, que se dedican a barrer las calles y arreglar las cañerías de los ricos.&lt;br /&gt;Todos reímos a carcajadas.&lt;br /&gt;- ¿Y Japón?- preguntó Lía.&lt;br /&gt;- Japón es el barrio exótico que supo hacerse rico por saber fabricar televisores a color.- dije yo, mientras me ría.&lt;br /&gt;- Claro, algo así.- Dijo Ana.&lt;br /&gt;Luego callamos. Lía continuó tocando la guitarra y Ana se animó a cantar un par de estrofas. Yo me limité a fumar la marihuana que había quedado. Esteban desayunó un vaso de whisky, algo típico en él. Era como si de golpe, los cuatro nos hubiéramos internado nuevamente en nuestros pensamientos, dejando a las palabras esparcirse solas y poderosas, detrás de la máscara del silencio.&lt;br /&gt;El estado de Ana, sin embargo, fue lo que realmente me llamó la atención. Estaba entre absorta y autista. Se había acostado a mi lado, con su cabeza sobre mi falda y toda su desnudez indiferente. Pero no estoy seguro si ella se daba cuenta que yo estaba allí, sosteniéndola. Su mirada alternaba entre caer en la nada y apoyarse por pocos segundos en su mano, en las yemas de los dedos que acariciaba suavemente con su dedo pulgar. Aunque era bueno leyendo gestos, ese día no pude descifrar dónde había anclado Ana sus pensamientos. Pero sí supe que no estaba allí, sino a varios kilómetros, o en una infinitud inalcanzable. Como sea, ella no notaba que yo estaba a pocos centímetros, deseándola de todas las formas posibles, observando los brillos de sus ojos cayendo e iluminándole las mejillas con una tonalidad suave y cálida, o su boca fina, delicada y llena de una sutil sensualidad; ella no era conciente que mi mirada vagaba por su cuello desnudo, bajando por el torso que había dejado al descubierto, y me congelaba en sus senos perfectos, o en esa cintura increíble hasta que mi mirada se perdía corriendo a través de sus piernas, y entonces, ya sin vista, sólo podía escuchar en una cercana lejanía, su respiración tranquila que, de manera poderosa, me atraía hacia ella y me llenaba la cabeza con la idea de besarla, haciendo que mi cuerpo respondiera con el nerviosismo de los adolescentes, y quedara atado a un temblor imposible de disimular. Y sin premeditarlo, me encontré de pronto acariciando su cabeza, dejando que sus cabellos fluyeran por entre mis dedos. Pero ella siguió sin notarlo; no estaba allí realmente, y no podía encontrarla. Y la fuerza magnética de su respiración ya tenía más poder sobre mí, haciendo que mis labios comenzaran a acercarse a los suyos, muy lentamente, con la suavidad de los que acechan a su presa con desconfianza, presumiendo que algo fatal puede suceder.&lt;br /&gt;- Todos somos unos hipócritas, aún los que creemos que somos distintos porque hacemos algo - dijo Ana mientras se incorporaba para sentarse, y dejaba paralizados a mis labios-. Nos creemos solidarios y somos unos conformistas.&lt;br /&gt;Yo estaba atónito porque no entendía si su despertar había sido una casualidad o si había sido una maniobra para esquivar mi beso.&lt;br /&gt;- Es la eterna paradoja de los solidarios: ¿Su solidaridad responde a un acto desinteresado o es sólo una acción egoísta para complacerse a sí mismo?- Dijo Esteban.&lt;br /&gt;- Exacto. Por ejemplo nosotros, fuimos dos años seguidos con el voluntariado universitario a ayudar a ese comedor del norte, ¿no?- preguntó Ana y continuó- Pero en realidad, seamos claros, no cambiamos nada. El año pasado estuvimos un mes y nos volvimos contentos pensando que habíamos puesto nuestro grano de arena. Cuando volvimos este año todo estaba igual; podíamos colaborar y llevarles materiales, pero ahora mismo, mientras hablamos, ellos siguen con los mismos problemas de siempre. Pero a nosotros nos duró un año entero la creencia de que éramos solidarios y buenas personas. ¡No, somos una mierda!&lt;br /&gt;- Tampoco seas tan dura, Ana. Es preferible gente que hace algo, por más mínimo que sea, a alguien que no hace nada.- Trató de calmarla Lía.&lt;br /&gt;- No, no. El que no hace nada es un estúpido, un egoísta y una lacra. Pero el que hace algo insignificante y cree ser mejor persona por eso, también lo es. Además de una lacra es un conformista. Y te juro que no sé qué es peor.&lt;br /&gt;- Creo que es preferible hacer algo a no hacer nada.- escupió dolido Esteban.&lt;br /&gt;- Es realmente triste pensar en preferencias de este lado; cuando del otro lado se sigue muriendo gente de hambre, de enfermedades curables o sumidos en la total pobreza. Claro que es preferible para vos pensar que nuestro gesto fue suficiente, para sentirte mejor persona que otros. ¿Pero cuánto resignaste realmente? ¿Cuántas realidades cambiaste?&lt;br /&gt;- No sé si se trata de cambiar realidades, Ana; ni de cuánto resignamos.- dije.&lt;br /&gt;- ¿No? ¿Y de qué se trata entonces? Porque no lo entiendo, porque no veo que haya sentido común cuando se llenan la boca hablando de los que no tienen nada, aquellos que están llenos de excesos. Cuando la mitad de tus pertenencias son excesos, ¿en dónde te colocás para hablar de solidaridad?&lt;br /&gt;- Sinceramente no lo sé, pero por lo menos soy conciente de lo que nos rodea.&lt;br /&gt;- ¿Sí? ¿Y qué hacés?&lt;br /&gt;- ¡No sé, Ana! ¡No sé!- grité mientras me ponía de pie fastidiado, e iba en busca de algo de alcohol a la cocina.&lt;br /&gt;- No es para que te enojes -dijo Lía, desde el living-, creo que lo que Ana quiere decir es que aquellos que son concientes de la desigualdad, y pueden hacerlo, deberían dar todo de sí para realmente cambiar algo.&lt;br /&gt;Me asomé por la puerta de la cocina invadido por un enojo increíble que no respondía solamente a la conversación.&lt;br /&gt;- Lo que pasa, Ana, es que te encanta jugar con la mente de las personas, te fascina hacernos sentir miserables. ¿Pero qué tan distinta sos? ¡Estás ahí, tirada, dando discursos del deber ser, pero no te das cuenta que formás parte del todo! Y yo sé qué es lo que realmente te molesta, lo que te fastidia de verdad: es entender que no sos nada, que no podés cambiar nada porque sos insignificante como todos. El problema es que nosotros somos concientes de eso, y nos conformamos siendo buenas personas y ofreciendo nuestro grano de arena; ¡en cambio vos estás muerta de miedo! Tenés un enorme miedo de que tu narcisismo sea más grande que tus aptitudes, y que tu orgullo pueda más que tu capacidad de entender que sólo son felices los que conviven con el conformismo.&lt;br /&gt;- Yo nunca me voy a conformar.- dijo Ana, sin mirarme, con la vista clavada en el piso.&lt;br /&gt;- Claro que no, porque eso te mostraría vulnerable. Y es por eso que no te enamorás; y es por eso que no podés ser feliz.&lt;br /&gt;Ana se puso de pie, caminó furiosa hacia mi y se frenó a unos pocos centímetros. Me miraba fijamente a los ojos. Tenía un gesto tan rígido como nunca antes había visto.&lt;br /&gt;- Te encanta ser un imbécil, ¿no?- Dijo llena de odio, y luego caminó y se encerró en el baño.&lt;br /&gt;En ese momento, Lía tocó la pierna de Esteban y le hizo un gesto con su cabeza.&lt;br /&gt;- Bueno, nosotros nos vamos.- dijo Esteban poniéndose de pie.&lt;br /&gt;- ¡Ana, nos vamos! Mañana nos vemos.- gritó Lía hacia el baño. Luego me saludó con un beso al igual que Esteban. Ambos se marcharon pero yo aún seguía parado en el mismo sitio. Perplejo. Sorprendido por mi reacción y también dolido y con culpa.&lt;br /&gt;Luego de un rato fui a sentarme al sofá mientras observaba por la ventana como el sol se acercaba al mediodía. Tuve intenciones de ir a buscar a Ana al baño, pero algo me contenía, tal vez el miedo. Es por eso que permanecí allí, quieto; repasando una y otra vez cada palabra de ella, cada gesto, y mi estúpida reacción. Fue en ese momento que escuché que la puerta del baño se abría, y luego unos pasos hacia la habitación. Pero a eso le siguió el silencio por varios minutos. Me puse de pie y comencé a levantar los almohadones y vasos que habían quedado allí, procurando de hacer bastante ruido para que ella pudiera escucharlo y darse cuenta que yo aún seguía en su casa.&lt;br /&gt;- ¿Podés dejar de hacer ruido y venir, por favor?- Dijo, ofuscada y en un tono que daba por sobreentendido que yo debería haberme dado cuenta que ella estaba esperándome.&lt;br /&gt;Cuando ingresé en la habitación, estaba dentro de la cama. Me acerqué por uno de los costados sin emitir palabra mientras ella me miraba, también en silencio. Me desvestí y me acosté a su lado.&lt;br /&gt;- ¿Por qué quisiste besarme hace un rato, cuando estábamos en el living conversando?- Preguntó de la nada.&lt;br /&gt;- No traté de besarte.- Mentí, arrepintiéndome en el acto, pero sin poder admitir la verdad. Luego me coloqué sobre ella y tuvimos sexo.&lt;br /&gt;Permanecimos abrazados en la cama un largo rato. No podía dejar de contemplarla, de disfrutar de su calor y de sus caricias sutiles. Tenía ganas de admitirle que la había querido besar antes, y que la amaba. Sentía unos deseos irrefrenables de confesarle que me había enamorado y de pedirle perdón por lo que había dicho. Pero no supe cómo. Las palabras no salieron. En cambio me quedé de nuevo observándola, viendo como clavaba su mirada en el techo, totalmente ida y lejana como antes. Quise poder entender lo que pensaba, o lo que sentía. Pero esa mañana, Ana estuvo muy meditabunda y yo no pude confesarle mis sentimientos.&lt;br /&gt;A veces es demasiado difícil decir algunas cosas, o uno mismo lo complejiza. Tal vez, si lo hubiera dicho, todo lo que pasaría luego habría sido evitado. Pero las cartas no estaban jugadas; y yo aposté a ciegas. Y perdí.&lt;br /&gt;- Tenés razón: somos demasiado pequeños para controlar ideas tan enormes.-dijo.&lt;br /&gt;- ¿De qué hablás?&lt;br /&gt;- Eso: no se puede vivir si no tenemos la capacidad de hacerlo de acuerdo a nuestras propias ideas.&lt;br /&gt;- A lo mejor porque no tenés que vivir de acuerdo a las ideas, sino pensar de acuerdo a tus posibilidades.&lt;br /&gt;- No, ese es el camino a la mediocridad. La mente es lo único que somos, lo único que nos diferencia; si negamos nuestras ideas nos negamos a nosotros mismos. No podemos callarlas.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces?- pregunté.&lt;br /&gt;- Entonces tenés razón, hay dos posibilidades: conformarse, como vos decís; o ser infeliz, luchando y siendo derrotado una y otra vez en la lucha de lo que queremos hacer y lo que realmente podemos hacer.&lt;br /&gt;- Pensar que vas a ser derrotada es una forma de conformismo. Si emprendés una lucha creyendo que vas a perder, entonces no estás luchando, te estás rindiendo.&lt;br /&gt;- Puede ser. Pero a veces las ideas son demasiado grandes para poder manejarlas, pero muy débiles para ganarle a la realidad.- Dijo Ana, y se dio vuelta, con intenciones de dormirse. Permanecí en su cama alrededor de una hora, luego me vestí, la besé en la mejilla y me marché.&lt;br /&gt;Camino a mi casa volví a arrepentirme de no haberle dicho cuánto la amaba; y pensé una y otra vez en cada una de sus palabras y en esa mirada gélida que me lanzó cuando la insulté. Y por más que haya meditado tanto sobre cada momento con ella, nunca imaginé lo que realmente pasaba por su cabeza: no me di cuenta que mientras miraba el techo estaba esperando que le dijera algo, ni tampoco noté que había simulado estar dormida al momento de marcharme, ni percibí su real tristeza e impotencia por conocer una realidad que le dolía, pero no podía cambiar. Y lo que menos imaginé fue que, tan solo quince minutos después de retirarme de su departamento, Ana se arrojaría por el ventanal del piso siete.&lt;br /&gt;La noticia me llegó a la medianoche, con un llamado de Esteban. No pude creerlo ni pude moverme. No asistí al velorio ni a la cremación. Permanecí en casa, a oscuras, fumando marihuana y repasando cada una de sus frases, tratando de comprender en qué momento había tenido la idea de suicidarse, y si hubiera podido hacer algo para evitarlo. Pero no hallé respuestas en ese momento ni las hallo ahora. Porque a lo mejor es cierto lo que dijo: somos demasiado pequeños para controlar ideas tan enormes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2009&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-1470508349132335527?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/5o92S0ogwZ0/noches-minimalistas.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>17</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/08/noches-minimalistas.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-8856356892315685670</guid><pubDate>Wed, 01 Jul 2009 17:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-01T14:58:52.083-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Las llaves que no se usan.</title><description>Miró su mano y encontró un enorme manojo de llaves. Estaba quieto, parado en el pasillo. Tendría entre veinte y treinta y cinco años, y un rostro bastante ordinario. El pasillo, que se prolongaba delante suyo, parecía tener varios kilómetros de largo. Él permanecía estático, observando hacia delante, pero sin poder moverse de su sitio. &lt;br /&gt;Por un momento sintió calor y eso lo llenó de incomodidad. Empezó a caminar, porque no le quedaba otra que hacerlo. El túnel era blanco, aséptico;  con una luz  cada cinco o seis metros que dibujaba un círculo de claridad en el piso. No había señales de haberse transitado antes. Ni huellas, ni raspones en las paredes, ni ningún tipo de mancha. Parecía virgen, absolutamente nuevo.&lt;br /&gt;Después de caminar durante bastantes horas - o años, ya que no había manera de saberlo- se sintió cansado y se detuvo. Por un instante lo invadió la curiosidad y observó hacia atrás para descubrir, con sorpresa, que todas las luces se habían apagado. La oscuridad y la total penumbra habían invadido su espalda. Entonces se percató de que no podría regresar.&lt;br /&gt;Volvió la mirada al frente y continuó con su marcha. Comenzó a parecerle que adelante había una claridad inusual que rompía con el paisaje monocorde anterior.  Empujado por un entusiasmo incipiente, apuró su paso y se llenó de una tímida esperanza. Al cabo de un rato de rápida caminata, era evidente que adelante había algo: parecía que el pasillo desembocaba en un enorme  salón.&lt;br /&gt;Llegó al final transpirado y agitado. Notó que había subestimado la distancia que lo alejaba de allí, sin embargo no le importó; estaba demasiado concentrado mirando ese nuevo sitio donde se encontraba. El salón era enorme, increíblemente majestuoso y hasta desproporcionado respecto al tamaño de cualquier persona. Era rectangular, de quinientos metros de ancho aproximadamente y unos dos o tres kilómetros de largo.&lt;br /&gt;Pero lo que más lo sorprendió no fue su tamaño, sino la cantidad de gente que lo transitaba. Miles, tal vez millones de personas salían por pasillos individuales, como el suyo, ubicados en uno de los lados del enorme rectángulo y se dirigían hacia el lado opuesto, que también estaba lleno de puertas. Dedujo que, posiblemente, los pasillos individuales corrían paralelos al suyo y desembocaban todos allí, en el salón majestuoso.&lt;br /&gt;Permaneció varios minutos observando todo a su alrededor. Algunas personas hablaban entre sí, se preguntaban cosas y señalaban rumbos. Pudo notar, incluso, que pese a haber infinidad de puertas en el lado opuesto del salón, todos optaban por la misma, la que estaba en el centro y más iluminada. En esa puerta se había formado una fila porque entraban de a uno: una persona pasaba abriendo con una llave y al pasar cerraba la puerta detrás de sí, luego quién lo seguía en la fila, usaba su propia llave para entrar.&lt;br /&gt;Si antes había notado que en su pasillo todo parecía nuevo y sin marcas de haberse transitado antes, también se percató de las grandes diferencias del salón enorme. Allí sí había señales y carteles apuntando a la puerta central y, además, el piso de mármol blanco estaba marcado por el desgaste que ocasionaban los pasos incesantes de muchedumbres; y todas las marcas llevaban a esa misma puerta.&lt;br /&gt;Caminó por el salón y se sintió diminuto ante la majestuosidad de ese lugar y debió detenerse. En ese momento alguien se le acercó.&lt;br /&gt;- Perdón, ¿Hay que ir hacia allá, verdad?- le preguntó un sujeto señalando la puerta a la que todos se dirigían.&lt;br /&gt;- No lo sé, acabo de llegar.&lt;br /&gt;-Sí, como todos.- Dijo el sujeto un poco malhumorado.&lt;br /&gt;Enseguida otro, que había estado escuchando, se acercó.&lt;br /&gt;- Sí, sí, hay que ir hacia esa puerta. Deben tener la llave.&lt;br /&gt;- Tengo un manojo de llaves enorme -dijo el sujeto malhumorado mirando su mano-, ¿cuál es?&lt;br /&gt;- La única que está pintada.- Le contestó rápidamente este otro, que parecía tener más claro todo. Y ambos se fueron caminando hacia la puerta señalada.&lt;br /&gt;Sacó su propio manojo de llaves y lo observó con atención. Efectivamente había una sola llave pintada, y todas las demás estaban numeradas sobre el bronce desnudo. Caminó, con algo de resignación hacia la extensa fila de personas que se apiñaban para poder ingresar a la tan mentada puerta. El ingreso no era lento, pero la enorme cantidad de personas le anticipaba que la espera iba a ser larga, y eso lo cargó de un fastidio impaciente.&lt;br /&gt;-Una pregunta –le dijo a quién tenía por delante-: ¿Para qué sirven las otras llaves?&lt;br /&gt;- Para las demás puertas.&lt;br /&gt;- ¿Pero se pueden usar? Le pregunto porque nadie las utiliza.&lt;br /&gt;- Sí, creería que sí. Fíjese que cada llave tiene un número y las puertas también. Pero todos usan la que está aquí y los carteles además la señalan.&lt;br /&gt;- Sí, claro –dijo algo contrariado-. Sin embargo tenemos un montón de llaves a nuestra disposición. Deberíamos poder elegir, ¿verdad?&lt;br /&gt;- Eso supongo, pero si todos usan esta por algo será. ¿Para qué arriesgarse?&lt;br /&gt;Pensó que tenía sentido lo que le decía y guardó silencio a la espera de su turno para ingresar. Mientras tanto se detuvo a observar y analizar. Notó que nadie salía por la puerta, lo que indicaba que seguramente era la puerta correcta y nadie se arrepentía de utilizarla. Eso lo tranquilizó.&lt;br /&gt;Mientras las horas se sucedían y la fila de personas avanzaba lentamente, su optimismo cambió. Comenzó a pensar que nadie regresaba porque una vez que se atravesaba la puerta no se podía volver. Por lo tanto, nada le aseguraba que esa fuera la entrada correcta, y lo inundó el temor de arrepentirse luego de utilizarla. Miró el resto de las puertas que seguían sin ser usadas, y le tocó el hombro al sujeto de adelante.&lt;br /&gt;- ¿Le molestaría cuidarme el lugar en la fila mientras voy a investigar un poco?&lt;br /&gt;- Se lo guardo, no se preocupe. Vaya, vaya.&lt;br /&gt;Le hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y se alejó de la fila para acercarse a las demás puertas. Caminó varios metros. Se acercaba a una e intentaba oír si se escuchaba algo detrás. Pero el silencio era la única respuesta. Miró el manojo de llaves y dudó. Se dijo a sí mismo que no tenía sentido tener múltiples opciones y elegir aquello que todos hacían. Sin embargo, se convenció de que era una estupidez arriesgarse. Todo señalaba que la puerta que debía tomar era aquella a la que se dirigían todos. Si se equivocaba, pensó, por lo menos no estaría solo en la equivocación.&lt;br /&gt;Cuando volvió a su lugar, la fila ya había avanzado bastante y la puerta estaba a pocos metros. Del manojo, tomo la llave pintada y se dispuso a esperar. Estaba conforme, aunque aún dubitativo y no muy feliz. Pero conforme. Y eso era bastante.&lt;br /&gt;Cuando llegó su turno metió la llave en la cerradura y notó que la mano le temblaba. Pensó que aún podía investigar más el resto de las puertas, que no tenía por qué entrar en ese momento. Pero alguien que estaba detrás lo apuró y se resignó. Algo dentro suyo le decía que no, pero volvió a convencerse: aunque no sintiera felicidad, estaba conforme y eso alcanzaba. Giró la llave e ingresó.&lt;br /&gt;Cuando la puerta se cerró detrás suyo supo que no podría volver. En ese momento algo en su interior se hizo añicos. Pero lo ignoró, era demasiado tarde para los arrepentimientos. Miró hacia delante y caminó con la cabeza gacha detrás de todos los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2009&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-8856356892315685670?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/57i5uZ_sUKs/las-llaves-que-no-se-usan.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/07/las-llaves-que-no-se-usan.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-2154565714477853562</guid><pubDate>Tue, 02 Jun 2009 16:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-04T13:26:59.376-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Notas</category><title>Una Argentina violenta.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante los últimos meses se ha hablado una y otra vez, en los principales medios nacionales, de la inseguridad en apariencia creciente. Por lo tanto, se han puesto sobre el tapete diferentes cuestionamientos, como la pena de muerte y la baja de imputabilidad de los menores. La realidad, sin embargo, demuestra que ninguna estadística o estudio –oficial o privado- indica que hayan aumentado los hechos delictivos en los últimos seis años, por lo menos no de manera alarmante.&lt;br /&gt;Pero el hecho concreto de que la inseguridad no esté aumentando no significa que no exista; porque Argentina es un país inseguro para el ciudadano medio. Claro está que el análisis no puede quedar limitado a discusiones superficiales; un problema tan trascendente requiere un análisis profundo de las causas, para luego sí, poder establecer las soluciones.&lt;br /&gt;La inseguridad, tal como la conocemos, requiere de un elemento fundamental del que rara vez se habla: la violencia. Y no es un dato menor; un robo o un homicidio parte y se nutre del factor violento. Desde el punto de vista puramente semántico, el término &lt;span style="font-style: italic;"&gt;inseguridad&lt;/span&gt; refiere a un estado o un sentimiento, pero la violencia es una conducta, real y palpable, pero sobre todo, humana y argentina. No puede cometerse un ilícito de gravedad sin violencia.&lt;br /&gt;Los argentinos somos, en términos generales, seres violentos. Lo somos al manejar y hasta somos violentos al hablar. Incluso nuestros presidentes ofrecen sus discursos a los gritos. Y no es normal; ni a Lula, ni a Bachelet, ni a Obama se los ha visto gritar. La argentina es una sociedad violenta y habría que preguntarse el por qué. Tal vez, si se vuelve sobre el significado comienza a vislumbrarse que la violencia es el abuso de fuerza o poder con el fin de obtener algo que de otra manera no se alcanzaría. Por ende, se podría concluir en que la violencia es hermana de la lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt; Argentinos contra argentinos:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plantear soluciones a partir del castigo –como la pena de muerte o la baja de imputabilidad- es no ver el bosque detrás del árbol. El castigo por definición, es un paliativo a un mal ya ocasionado. Si se quieren buscar soluciones de raíz habría que intentar prevenir que el mal se produzca.&lt;br /&gt;Todos los datos estadísticos de aquellos países que practican la pena de muerte demuestran que no sirve como disuasivo para la ejecución de crímenes. En ninguno de ellos ha bajado la tasa de homicidios. Y eso es una realidad que no hay que dejar de ver. Es de obtusos mantener discusiones sobre premisas que parten de un error conceptual básico. Tampoco sirve bajar la edad de imputabilidad. Cualquier medida que se tome sobre esos puntos, son sólo acciones populistas de políticos que, con sentido de la oportunidad, se aferran al miedo de la gente para la obtención de apoyo.&lt;br /&gt;Otro de los factores a los que se suele recurrir para explicar la existencia de la inseguridad es por el uso o abuso de drogas. Causa que tampoco es determinante: Holanda, por ejemplo, posee leyes que no criminalizan el consumo de ningún tipo de droga, que trata como enfermos a los adictos a las drogas duras y que, además, permite la venta y el consumo de drogas blandas, como la marihuana, en lugares establecidos. Sin embargo posee una tasa de criminalidad de las más bajas a nivel mundial. Mientras en Argentina las posibilidades de morir en un hecho delictivo son de 1 en 85, en Holanda son de 1 en 774. Para que quede clara la diferencia podría alcanzar con decir que en Holanda las cárceles están semi vacías, tanto que han comenzado a alquilar sus plazas a países vecinos.&lt;br /&gt;La inseguridad no surge por falta de mano dura, ni por el consumo de drogas.&lt;br /&gt;La cuna de la inseguridad es la violencia; y ésta nace de la marginalidad, la pobreza y las necesidades básicas insatisfechas de una enorme porción de la sociedad. No hay otras causas tan contundentes como las mencionadas. La violencia surge por la lucha cotidiana que esa porción de argentinos afrontan para obtener lo que no pueden alcanzar de otra manera, porque el sistema no los incorpora.&lt;br /&gt;Argentina es un país inseguro y violento porque es desigual, porque los más ricos cobran 30 veces más que el sector más pobre; que es una diferencia abismal, inconcebible en cualquier país serio. Y tal inequidad es sinónimo de exclusión, y es el caldo de cultivo para el brote de violencia.&lt;br /&gt;Si no se comprende de una vez cuál es la raíz de la problemática, encontrar una solución comienza a ser sumamente dificultoso, porque los caminos correctos comienzan a desdibujarse dentro de planteos superficiales. Si realmente se quiere encontrar una solución, entonces hay que empezar a buscar cómo convertir a la Argentina en un país más justo y equitativo, donde todos los sectores sociales puedan acceder a un hogar digno, a un sistema educativo que los contenga, un trabajo que los proyecte y una salud que los cure.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt; Un país más justo:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que no es una tarea simple la construcción de una Argentina equitativa, ni mucho menos es una tarea rápida. Para esto hace falta un plan real a largo plazo, serio y metódico, imposible de realizar sin medidas que faciliten la justa distribución de la riqueza.&lt;br /&gt;Pero lo cierto es que, para lograrlo, también hace falta de un compromiso de toda la sociedad. Porque resulta gratificante para muchos sectores llenarse la boca hablando de la redistribución de la riqueza, sin embargo, cuando es el momento de hacerlo, cuando aquellos que obtienen muchas ganancias deben tributar más, cuando sus bolsillos se ven afectados, se alzan en luchas de poderes y aniquilan cualquier intento de lograr una Argentina más equitativa.&lt;br /&gt;No puede edificarse un plan serio si nadie está dispuesto a colaborar con tal objetivo. La torta económica es una sola; si algunos pocos quieren llevarse grandes porciones, es evidente que algunos muchos van a pasar hambre. Y aquellos que sufren el hambre son los mismos que no tienen nada, y cuando no se tiene nada no hay nada que perder, y ahí cuando se es capaz de hacer cualquier cosa para revertir la situación, como delinquir.&lt;br /&gt;Mientras no surja un plan que busque incluir al sistema a los sectores marginados, y no haya un compromiso real de toda la sociedad, va a seguir existiendo la violencia y, por tal motivo, la inseguridad. Y los que más tienen podrán irse a vivir a barrios cerrados para sentirse más seguros, podrán polarizar los vidrios de sus autos y poner alarmas y cámaras de seguridad. Pero si no están dispuestos a resignar parte de su porción, van a seguir sintiéndose inseguros y proponiendo medidas de mano dura. Y es también responsabilidad de la clase media no comprar espejitos de colores ni alzar banderas de luchas ajenas e injustas para protestar contra el gobierno de turno.&lt;br /&gt;Cuando comprendamos que el índice de criminalidad está íntimamente ligado con los índices de pobreza, indigencia y desocupación, y que está, también, relacionado con la educación y la salud pública deteriorada, es cuando comenzaremos a ver el bosque detrás del árbol. Sólo en ese momento la solución será evidente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2009&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-2154565714477853562?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/ZNfuH3yrvTk/una-argentina-violenta.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/06/una-argentina-violenta.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-8902530960223307291</guid><pubDate>Tue, 02 Jun 2009 15:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-02T12:35:44.000-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blog</category><title>El mundo en imágenes.</title><description>El mundo no sólo se compone de letras. Los invito a pasar al nuevo mundo compuesto por imágenes. Puede hacerlo haciendo &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/emmanuelfrezzotti/"&gt;click aquí&lt;/a&gt; o sobre la fotografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/emmanuelfrezzotti/" title="Contemplando el mar. por Emmanuel Frezzotti, en Flickr"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2457/3566013683_0649d76fe5.jpg" alt="Contemplando el mar." height="500" width="375" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-8902530960223307291?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/1nnHynDnovA/el-mundo-en-imagenes.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://farm3.static.flickr.com/2457/3566013683_0649d76fe5_t.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/06/el-mundo-en-imagenes.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-4852164926429953858</guid><pubDate>Thu, 05 Mar 2009 21:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-05T19:58:25.751-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Personas pasajeras.</title><description>Pensaba en el tiempo, en las mochilas, en lo que se pierde en el camino. Pensaba en lo fugaz; lo que no vuelve y lo que queda. Pero sobre todo pensaba en las personas pasajeras. En la nostalgia que habita en las cicatrices que dejaron los que se fueron.&lt;br /&gt;A lo largo de la vida uno conoce personas de manera incesante, algunas se transforman en amigos, otras en algo más. Pero lo increíble es que algunas están destinadas a perderse. Por caprichos de la vida, por circunstancias o por olvido. Y cada pérdida es una cicatriz, con su correspondiente profundidad y dolor. Y a medida que el tiempo pasa, con los años, esas cicatrices se acumulan; y duelen.&lt;br /&gt;Puede ser un día lluvioso, un aroma, una sonrisa semejante o un segundo en el que se hurga en la memoria. Puede ser cualquier cosa lo que abra la cicatriz, lo que acerque el recuerdo de quién ya no está. Y no son grandes acontecimientos los que renacen, no. Son detalles, son pequeños y únicos detalles, en apariencia sin valor, de esa persona. Los besos profundos y oportunos de aquella, la mirada pícara y escurridiza de aquel, la forma de hablar con silencios del otro o la felicidad contagiosa de esta.&lt;br /&gt;Son instantes mínimos y seguramente imposibles de reproducir por cualquier otro; porque son, quizás, esos elementos específicos, que conmueven, los que le dan unicidad a cada ser. Y, al fin y al cabo, tal vez todo lo que posee valor está hecho por la suma de sus detalles. Pero cuando la representación de aquello queda en manos de la memoria únicamente, es cuando comienza la tergiversación y el olvido; y luego prosigue la nostalgia, que no es más que extrañar con pena aquello que ya no es parte del presente.&lt;br /&gt;Y nunca volverá, jamás volverá a ser presente aquello que murió. Y las personas que han sido pasajeras, y ya se han ido, se han llevado consigo sus detalles inolvidables. Pero nos quedamos con la cicatriz, y con el anhelo utópico de aferrarnos a los que nos rodean en el hoy, aún sabiendo que el tiempo convertirá a algunos en pasajeros. Esperanzados, sin embargo, soñamos con las excepciones, y esclavizamos la memoria al capricho del ahora, porque no nos queda otra, porque es imposible aceptar la realidad; que todo, nos guste o no, es efímero, y algunas personas están destinadas a ser puramente detalles en instantes pasajeros de nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-4852164926429953858?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/9qq3gBMIy94/personas-pasajeras.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>21</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/03/personas-pasajeras.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-8887427459381645447</guid><pubDate>Tue, 20 Jan 2009 22:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-22T11:55:09.804-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><title>Desde el otro lado.</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me sucede desde siempre. Toda la vida he tenido este tipo de eventos, por llamarlo de alguna manera. Y aún así, todavía no puedo comprenderlos. Describirlos es casi tan extraño como vivirlos. No recuerdo cuándo fue la primera vez que me sucedió, pero era muy chico. El primer evento que recuerdo fue a los siete o, tal vez, seis años y fue cuando supe, racionalmente, que no era normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparecen en un momento determinado del día; al despertar por la mañana. Nunca en otro. Sus apariciones son tan precisas como el alba. Y sus duraciones, en cambio, varían entre unos y otros. Nunca fueron más cortos que un día entero, y nunca más largos que una semana. Pero la duración de la que estoy hablando es la duración real, el tiempo cronológico que dictaminan los relojes. Si tengo que hablar del tiempo subjetivo, de cómo es vivirlos desde adentro, entonces sólo la muerte y la nada son comparativos acordes. Porque en ellos, el tiempo no existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para describir los eventos de manera sencilla, pero sumamente insuficiente y estéril, podría compararlos con un pozo depresivo profundo. Pero claramente no alcanza. Son algo más, o mucho menos; dependiendo de la perspectiva. Al despertar, la angustia y la alienación son totales. Como si un vacío se instalara en medio del pecho, en medio del alma, y se prolongara, desde allí, por las arterias hasta cada célula del cuerpo. Y a su paso, la extensión de la vida emocional caduca invariablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo parece transformarse, entonces, en una máquina vacía, en un sinfín de elementos vivos cargados de muerte. La enajenación es tan inmensa y tan real, que puedo verme desde afuera, desde otra perspectiva. Como si el ser pudiera desprenderse de la cáscara y alejarse unos metros. Y entonces observo mi propio cuerpo desde lejos; percibo la quietud de esa maquinaria; los ojos sin vida, clavados en las nimiedades durante minutos u horas. Y el autismo que habita en cada inacción, parece ser tan absoluto que maquilla a la realidad con un tinte ficcional, salido de la literatura más negra o de un film dadaísta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero detrás de esas dos partes separadas, el cuerpo y el ser, no hay ni un dejo de totalidad; sino un montón de chatura carente de todo. Ni uno ni otro logran acercarse a la definición de vida. El vacío es tan infinito que ni siquiera es habitado por respuestas o razones, y nada logra explicar el por qué de ese estado. Dentro de él, todo es inocuo, excepto la tristeza que gobierna con obtusa insensatez cada segundo inerte del evento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la angustia no desaparecerá hasta tanto el evento no haya terminado. Lo más probable es que eso ocurra durante la noche, cuando el cuerpo sin vida pero dormido, se reencuentre con el ser cansado de vagabundear desnudo. Y al despertar, al día siguiente, todo habrá vuelto a la normalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que sucede recuerdo lo extraño que soy. Y no puedo dejar de preguntarme cuál es la realidad, cuál es mi verdadero yo y cuál es el mundo correcto. Porque tal vez, no sea más que un montón de nada unida por el hartazgo de la soledad, habitando un ecosistema al que no pertenezco con el único fin de encontrar en otros el remedio de la alienación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2009&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-8887427459381645447?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/RrYqEDgW9rc/desde-el-otro-lado.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2009/06/desde-el-otro-lado.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-7820535037864838590</guid><pubDate>Sun, 21 Dec 2008 23:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-21T21:06:35.933-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Reencuentro contigo.</title><description>Cuando miró a su derecha y la vio aún dormida sintió un leve regocijo, que nacía a la par de recuerdos azarosos de la infancia. De sus cabellos apáticos surgía el reflejo de un sol naciente, como aquel que vio acuñado en las pestañas de Ángela, su primer amor adolescente, el día que se besaron por primera vez, a orilla del río, en un amanecer barnizado de amarillo por una llovizna aún fresca. Era un recuerdo escueto y a la vez preciso. Un segundo unía aquel momento con este. Y esa unión mágica lo maravilló; era un simple detalle, un resplandor en el cabello, que lo había transportado a un instante de veinte años atrás.&lt;br /&gt;Y ese viaje imaginario surgido de manera circunstancial lo sumergió, imprevisiblemente, en un estado de éxtasis y nostalgia mental. De pronto, se encontró con el pasado, recordándose en sus días de niño. No pudo evitar comparar aquel que había sido; que caminaba del colegio a su casa por el costado de las vías del tren, para evitar cualquier contacto humano y así poder concentrase en su propio universo; con el que era ahora; alguien despertando en el cuarto de un hotel, al lado de una mujer con la que sólo había pasado catorce horas y a la que, sin embargo, anhelaba amar locamente. Entre ese niño y el hombre que era ahora había una esencia similar, pensó, pero a la vez un deterioro de esa naturaleza, una mutación innecesaria, tallada por el paso del tiempo.&lt;br /&gt;Especuló sobre qué había sido exactamente el motivo de la transformación. ¿Por qué ese niño, aún en su infelicidad, era feliz? Ahorrándose explicaciones, llevó su mirada a la ventana, buscando tal vez refugio en las aguas del Moldova. El pequeño movimiento provocó que las tensas sábanas blancas se estiren y, de alguna manera, provoquen el despertar cargado de incordio de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Querés que me vaya?&lt;br /&gt;- No, en un rato pido el desayuno. No te preocupes. Dormí.- Dijo tratando de hacerla sentir cómoda, para no tener que verla partir. Para que no lo deje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miró furtivamente, con intenciones de retomar el sueño de prisa, y luego sonrió sutilmente, con un placer disfrazado de disimulo. La sangre de él se congeló; como antes, su mente lo movió al pasado, a la sonrisa que su madre escondía cuando sentía orgullo por él, pero no quería dejarlo en evidencia. Esas sonrisas que eran un premio, un consuelo, una satisfacción y un castigo. Todo junto, y a la vez. Otra vez pudo verse de niño, buscando complacer a sus padres de manera incansable, viviendo sobre los cimientos del futuro que ellos le habían construido, y tratando de hacerlo convivir con el futuro que él debía tener.&lt;br /&gt;Pero ya era futuro. La habitación rebosante de luz, el hotel tres estrellas, la prostituta, el amor que no tenía, el idioma que no hablaba. Todo el presente era el futuro de aquel niño. Y algo en el medio había convertido aquello en esto.&lt;br /&gt;Se paró y caminó sobre el piso de madera, desnudo, sin rumbo. Miró y volvió a mirar una y otra vez cada detalle de la habitación. Se detuvo algunos segundos en el escritorio; lleno de planos de edificios arquitectónicamente mediocres que él había diseñado; y luego se acercó a la ventana, dónde observó la acera de la calle Lesnická, el puente Jiráskuv y la Casa Danzante, al otro lado del río. Y la envidió, su belleza, su construcción descontructiva, sus arquitectos; el talento. Y se odió; su realidad, ser lo que no era, la traición a aquel chico que había sido.&lt;br /&gt;Se duchó rápidamente, pidió el desayuno y partió. Cuando ella despertó, había sobre la cama una bandeja con desayuno para uno, una servilleta escrita a las apuradas (“Durante una noche te amé”), un café frío y un montón de planos rotos sobre el escritorio. En el cuarto de baño encontraría, después, un espejo roto. Nadie lo vio cuando salió del hotel, cuando caminó a orillas del río, y cuando sonrió durante horas al permanecer sentado en la Old Town Square, planeando su futuro; el reencuentro con aquel chico del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-7820535037864838590?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/KkjIEIb3L8s/reencuentro-contigo.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2008/12/reencuentro-contigo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-3679075512503551656</guid><pubDate>Thu, 25 Sep 2008 13:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-25T10:35:13.190-03:00</atom:updated><title>Como se rompen los cristales</title><description>Es un segundo crucial, un momento determinado y preciso que separa dos realidades totalmente diferentes y opuestas. Es un segundo, o una centésima. Un quiebre, un nunca más.&lt;br /&gt;Un movimiento en falso y, luego, un chasquido; el inevitable sonido de la ruptura. La condensación de momentos concentrados, todos juntos, alrededor de ese instante. Todo sucede demasiado deprisa. Y ya no hay vuelta atrás. Los trozos que antes componían un todo se dispersan en el suelo, las astillas se pierden y los grandes fragmentos resuenan fracasados.&lt;br /&gt;El segundo posterior es de silencio total. Asimilación de una nueva realidad sublime. Estupefacción total y hasta incomprensión por la simplicidad con la que el todo se desvanece tan rápidamente, tan inevitablemente. Un error, un chasquido y adiós. Y los fragmentos, allí, a la vista, imposibles de reconstruir; invencibles ellos, en su cualidad de desechos. Ningún esfuerzo podrá unirlos, o borrar las huellas de la separación. Nada cambiará el nuevo curso, la finitud de la existencia.&lt;br /&gt;Luego, de manera invariable, proviene la pena; el dolor ante el nuevo escenario, al oír el eco en el alma, una y otra vez, del chasquido que marcó el fin; por ser conciente que a partir de allí, sin importar qué se haga, nada volverá a ser como antes, nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-3679075512503551656?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/e27Ds1OQmuU/como-se-rompen-los-cristales_8519.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>13</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2008/09/como-se-rompen-los-cristales_8519.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-3169774837177509732</guid><pubDate>Fri, 22 Aug 2008 13:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-08-22T10:06:13.196-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Fascinaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Sinestesia</title><description>El dulce olor rojizo rozó la yema de sus dedos lanzando alaridos. Los labios parecían rocas inaudibles de frío rouge. Alzó la vista para gritarle su amor, cuando un invernadero de incongruencias inconcientes acabó con las verdades, las suyas, las únicas. El rostro de ella se difumó hasta perderse en el silencio; de pronto las ilusiones de un futuro venidero se convirtieron en condenas de un presente imperfecto. El fin parecía asomar como una vía posible, pero distinta a la imaginada tiempo antes.&lt;br /&gt;
Agudizó su vista para reencontrarse nuevamente con su rostro, y pudo divisar, entre tantos nubarrones, el pálido color de sus labios. Los deseó y los amó otra vez. El anhelo ferviente de besarlos se desvaneció, cuando su mente atrajo los laberínticos caminos de los deseos encontrados. Pura causalidad de su naturaleza en contradicción; que provocaba visiones punzantes y amargas de fantasmas imaginarios que, como terroristas de su propia felicidad, acechaban el plano terrenal del amor.&lt;br /&gt;
Los ruidos sucumbieron todos juntos en sus labios cuando volvió a besarla. Eran las dimensiones, concientes e inconcientes, de sus mentes paralelas en fricción. La besaba a ella mientras sus ojos olían a aquella. No pudo resistirlo; despegó su boca de la otra y aprovechó el silencio y el caos para correr. El mundo se había vuelto blanco y negro en sus oídos, el ruido tormentoso ingresaba arisco por sus ojos.&lt;br /&gt;
Corrió confundido, atravesando calles y esquivando gente detenida, en blanco y negro, en silencio o desesperada; pero siempre muertas. Algo en ese universo carecía de sentido, tal vez su misma presencia, o su olor a negrura, o su locura racional. En su mente el mundo se erigía confuso; planos sobre planos en una pintura cubista, como en una película negativa; gente blanca sobre calles negras, árboles muertos en veredas móviles, olores opacos en oídos sordos. La nada y el todo conviviendo. El deseo de poseer y el de desechar, unidos; inequívocamente pegados: odiar y amar a las mismas personas. A sí mismo.&lt;br /&gt;
Llegó a la puerta de aquella, entró luego de golpear, la besó antes de verla. La odió antes de quererla. Su voz se cristalizó envuelta en emoción y se preparó para decir adiós, cuando notó que era ella quién lo despedía. Y otra vez rotura, contradicciones. La deseó más que antes, le suplicó. Lloró por tenerla hasta que vio como su alma se rendía. La tuvo otra vez a sus pies y, por ende, ya no la quería. &lt;br /&gt;
Sentidos contrapuestos. Amontonamientos de verdades mentirosas. Sólo poseía la incesante obsesión por desear aquello que carecía, por detestar lo que estaba a su lado. Estúpidas e infinitas búsquedas eran su estilo de vida.&lt;br /&gt;
Dejó detrás suyo una puerta entreabierta y una mujer confundida. Avanzó otra vez por las calles de ficción, a buscar lo que había dejado antes, para volver a perderlo.&lt;br /&gt;
Por complacencia, había disfrazado su vida de arlequín, acumulado historias; exagerado el pasado y fulminado el presente. Sujeto raro, de ojos sordos y tacto dulce; dedicado al trabajoso arte de destripar su única vida. Había azucarado sus miserias lo suficiente como para pasar desapercibido, jugando a ser un buen tipo, lleno de promesas infundadas. Mentiroso convincente. Mentiroso de sí mismo.&lt;br /&gt;
Cargó por las calles nuevos pensamientos, teorizó sobre sus actos. A mitad de camino, entre las dos casas, se detuvo. Dos mujeres en cada extremo, dos corazones. Todo su alrededor seguía en blanco y negro y las pulsaciones golpeaban el pecho sin vacilación. Los ojos estaban detenidos en la nada, inertes detrás de su conciencia. Salpicó el borde de la mente con algunos de sus hechos para desnudar la moral aplastada. Y lloró. Lloró sin llorar, como lloran los resignados; los que descubren invencible su propia naturaleza. Se supo con alma de terrorista suicida.&lt;br /&gt;
Las calles seguían en blanco y negro. Caminó pocos pasos para atravesarse en el camino de alguno, para dejar de estar en el paso de la gente que quería y lastimaba. Alzó sus oídos para ver venir el dolor, para comenzar a sentir el silencio de la nada. Las calles estaban en blanco y negro, cuando un calor rojo de líquida muerte se desparramó sobre el pavimento amargo y silencioso. Mentes paralelas acababan de unirse en el desaparecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
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Al Cabeza lo conocí en cuarto año de la secundaria. Él había repetido dos o tres veces, ya ni recuerdo, y creo que él tampoco. Apenas nos conocimos congeniamos. El Cabeza siempre fue especial; de esos tipos de fierro, con un corazón enorme y una impresionante disciplina por la solidaridad. Era como un hermano mayor en esa época.&lt;br /&gt;
Yo fui el que lo bautizó Cabeza y ese mote nunca tuvo nada que ver con el tamaño de su extremidad superior (más bien pequeña en relación con su cuerpo robusto y su gran altura). No, nada que ver. Rodolfo –ese es su nombre real- nunca se llevó bien con el estudio. Terminó el secundario porque los profesores le tuvieron piedad y porque lo amaban. Nadie que haya conocido al Cabeza podría sentir por él otro sentimiento que no sea amor. Pero siempre fue cabeza dura, por eso el apodo. &lt;br /&gt;
A él era imposible explicarle una fórmula matemática o un texto literario; el Cabeza nació sin capacidad de comprensión para estas banalidades. Hasta sumar o restar simples cálculos requerían un esfuerzo sobrehumano para su entendimiento, esfuerzo que rara vez estaba dispuesto a realizar. Lo bueno fue siempre que en Cabeza esto no resultó un defecto que pudiera empañar sus virtudes, sino todo lo contrario; lo transformó en un ser aún más tierno.&lt;br /&gt;
Además, sus carencias invariablemente quedaron compensadas por un talento extraordinario, que aún hoy no consigo explicar. El Cabeza amaba los autos y los motores en especial. Él podía decir; con solo escuchar el ronroneo de un motor; el modelo del vehículo, la marca, el año de fabricación, los kilómetros recorridos y si era conducido habitualmente por un hombre o una mujer. Siempre decía que las mujeres manejan sin exigirle tanto al motor, que lo hacen girar a revoluciones bajas y son esquivas de las aceleraciones fuertes o los rebajes. Nunca supe si su afirmación era cierta, porque son cosas que sólo el Cabeza podría aclarar.&lt;br /&gt;
Un día, me acuerdo patente, teníamos un examen de filosofía. Está de más decir que el Cabeza ni siquiera podía comprender el significado del nombre de la materia, por lo que pretender que pudiera descifrar algo de sus contenidos era una utopía. Cuando el profesor terminó de dictar las preguntas, el Cabeza se levantó con la hoja en la mano y caminó hacia el escritorio de Bolaño. Yo pensé, porque era lo normal, que el Cabeza iba a entregar la evaluación sin hacer. Pero no; el Cabeza sabía que Bolaño, el profesor, amaba su auto, un Chevy impecable, regalo de su padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Si usted me permite –dijo serio y sin titubear mirando a los ojos al profesor- puedo revisar el motor de su auto, que escuché que está fallando. Seguro que si lo lleva al mecánico le revisan el carburador, pero no es eso, se lo afirmo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolaño quedó estupefacto. Apenas logró tartamudear, como un padre preocupado por un hijo enfermo que nadie logra diagnosticar. Le dijo que lo había llevado a cinco talleres distintos y nadie había dado en la tecla. &lt;br /&gt;
El Cabeza, que demostró ser un experto en la materia, asintió con una sonrisa en sus labios. Y ahí sucedió lo más extraño: Bolaño revisó su bolsillo y le entregó la llave de su Chevy al Cabeza. Mientras nosotros rendíamos el examen, él hacía no se qué en el auto del profesor. Fue impresionante: cuando sonó el timbre y nosotros entregábamos las hojas de las evaluaciones, el Cabeza entró triunfante por la puerta sacudiendo la llave del Chevy para alertar a todos de su triunfante llegada. Ese año, el Cabeza terminó con un diez en filosofía, aunque fue la única materia que aprobó.&lt;br /&gt;
A mitad de ese cuarto año el Cabeza conoció a Carla, una morocha increíble. Era de esas mujeres que destilan belleza y cuya sola presencia provocaba que todos los hombres comenzaran a comportarse de una manera inexplicable, estúpida. &lt;br /&gt;
Carla era alta, delgada y con curvas que llevaban a la perdición. Y el Cabeza se enamoró. Y no fue un amor cualquiera, porque el Cabeza no era un tipo cualquiera.&lt;br /&gt;
Sólo hay que imaginar cuánto amor puede surgir de un corazón gigante, y luego multiplicarlo por millones, para tener una vaga idea de lo que el Cabeza podía sentir. Estaba loco, fascinado; con sólo verla un segundo tenía suficientes motivos para sonreír durante un mes. Y hasta podía ignorar, si ella estaba enfrente, el motor de una Ferrari; y eso era mucho decir en el Cabeza.&lt;br /&gt;
Pero Carla lo ignoraba por completo y eso no era lo peor. Yo había notado que ella me miraba mucho y me habían llegado comentarios sobre que me quería conocer. En esa época, debo decirlo, yo tenía un modesto éxito con las mujeres, pero Carla era mucho más que una mujer. Era, acaso, el único ser digno de llamarse creación de Dios. &lt;br /&gt;
Y sí, hubiese dado cualquier cosa por estar con ella. O casi.&lt;br /&gt;
Claro que yo nunca tuve el valor de decirle al Cabeza que ella estaba interesada en mí, ni mucho menos de lo hermosa que me parecía. No podía hacerle eso, le hubiera roto el corazón. Era mi amigo y una persona fundamental en mi vida. ¡Y era el Cabeza! Y punto.&lt;br /&gt;
La noche trágica -o mágica, depende el punto de vista con el que se mire- fue en diciembre, en la tradicional fiesta de cierre de año. Se hizo en un inmenso caserón, con patio y piscina. Concurrió toda la escuela y muchos egresados de años anteriores. Con el Cabeza llegamos temprano y él se puso a esperarla impaciente. No tenía ninguna intención de acercársele, pero quería verla. Eso lo reconfortaba, lo hacía feliz. &lt;br /&gt;
Calculo que Carla llegó una hora después que nosotros. Entró caminando en cámara lenta y toda la fiesta se detuvo para verla desfilar: llevaba puesto un vestido negro, escotado, que se pegaba a su piel, aferrado a la idea de remarcar las formas naturales. Muchos quedaron boquiabiertos y por supuesto, yo también. El Cabeza, directamente, se desintegró, se fragmentó en millones de moléculas y le llevó un buen rato volver en sí. Fue una escena increíble, la recuerdo como si fuera hoy.&lt;br /&gt;
Promediaba la fiesta cuando Carla, con su grupo de amigas, se situó junto a la piscina, al lado nuestro, que estábamos parados en círculo, bebiendo cerveza y algunos tragos caribeños. El Cabeza estaba al lado mío y cuando notó la cercanía de ella otra vez se volvió loco. Enseguida todos notamos que ella miraba hacia dónde estábamos, y yo supe que me miraba a mí. Pero estaba oscuro y el Cabeza estaba borracho y demasiado enamorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No lo puedo creer, no deja de mirarme-, dijo el Cabeza en mi oído, susurrando y absolutamente convencido de su verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A mi me recorrió una aguja punzante por la espalda. Comencé a temblar porque era conciente de que se avecinaba el desastre y, aunque casi lo hago, me resultaba imposible romper su ilusión. Para colmo, ella no dejaba de mirarme y el Cabeza, que cada vez se pegaba más a mí para poder susurrarme sus sentimientos, no notaba que los ojos de ella se clavaban en mí. La amaba y comenzó a pensar, por primera vez, que el sentimiento era recíproco.&lt;br /&gt;
Había pasado como media hora –que para mí fue un siglo- desde que ella se había acercado a nosotros cuando, preocupado por su apariencia, el Cabeza fue al baño para arreglarse frente al espejo. Segundos después, Carla se acercó a mí y comenzó a darme charla. &lt;br /&gt;
Intenté ser evasivo para lograr que se marchara antes de que volviera el Cabeza, pero ella insistía, además yo había tomado y ella me gustaba. Le dije, como último recurso para que se fuera de una vez, que en media hora la iba a estar esperando en la habitación. Fue un error grosero, lo sé, pero no era fácil rechazar semejante mujer.&lt;br /&gt;
Mientras veía al Cabeza regresar del baño, con su sonrisa de feliz cumpleaños, sus sueños y sus enamoramientos, me di cuenta del desastre. Tenía que enmendar mi traspié y no tuve mejor idea que mentir, mentir como nunca antes lo había hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Cabeza, no sabés! –le dije actuando entusiasmo y tomándolo del hombro con mi mano- Cuando te fuiste vino Carla y dijo que está muerta con vos. Que quiere verte en la habitación en media hora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cabeza me miró fijo y estoy seguro de que su corazón se detuvo (el mío ya se había detenido cuando empecé con la mentira y me di cuenta que no había marcha atrás), se puso pálido y por varios segundos no pudo hablar. Aproveché su estatismo para decirle que ella había pedido que la habitación estuviese oscura y que no quería ninguna luz.&lt;br /&gt;
No sé si fue por la edad, por mi inmadurez o por haber visto muchas películas, pero estaba convencido de que el plan iba a funcionar. Saqué de mi bolsillo un preservativo y se lo di al Cabeza, que lo agarró dubitativo. Lo abracé dándole ánimo y le dije que iba a ser su gran noche. &lt;br /&gt;
El Cabeza, aún sin poder reaccionar y confiando en mí como siempre, salió hacia la habitación. Yo huí hacia el baño para salir del campo de visión de Carla. Esperé frente al espejo por varios minutos, mientras un sudor frío recorría mi cuerpo, para darle tiempo a ella de partir hacia el encuentro con Cabeza.&lt;br /&gt;
Ya de nuevo en el patio, y al observar que ninguno de los dos estaba por allí, me relajé y me convencí de que el plan había funcionado a la perfección. Incluso, me sentí orgulloso de mi improvisación y mi solidaridad con el Cabeza. Pero ese sentimiento duró poco.&lt;br /&gt;
Yo estaba conversando con algunos amigos cuando un insulto, seguido por un empujón, me arrojó a la piscina. Saqué la cabeza del agua y pude ver el vestido negro alejarse furioso hacia la puerta. &lt;br /&gt;
Caí en la realidad; volví la mirada al caserón y vi venir al Cabeza. Caminaba lento, con los ojos bien abiertos, sin comprender lo que sucedía. Su mejilla izquierda estaba rojiza y aún se notaban los dedos de Carla dibujados a fuego. Se detuvo en el borde y estiró su brazo para ayudarme a salir del agua, pero yo sabía que estaba buscando una explicación. Salí, lo abracé, y en tres minutos le expliqué todo. Hablaba rápido y el Cabeza seguía mis argumentos en silencio, mirando el piso. Creo que pedí perdón un millón de veces y aún sentía que era poco. Cuando terminé el Cabeza me miró serio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Lo que yo no entiendo es como carajo pensaste que ella no se iba a dar cuenta!- Dijo, e inmediatamente después se empezó a reír a carcajadas.- ¡Que boludo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al instante comprendí todo y comencé a reír yo también. Esa noche los dos habíamos perdido para siempre la posibilidad de acostarnos con la mujer más hermosa que hubo y habrá siempre, pero estábamos felices; habíamos firmado el pacto de una amistad eterna e incondicional.&lt;br /&gt;
Nos fuimos caminando, abrazados y riendo sin parar. Yo le contaba mis nervios en el baño y él comentaba la reacción de ella, cuando se dio cuenta del engaño. &lt;br /&gt;
En la actualidad el Cabeza es padrino de mis hijos y yo de los suyos. Hace mucho que no lo veo porque hace cinco años que vive en Italia. Y se lo extraña. Está trabajando en Ferrari y todos lo llaman “ingeniero en motores”. Aunque somos pocos los que sabemos que el Cabeza, con suerte, apenas terminó el secundario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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La luz tenue; que llegaba a la cena desde una moderna lámpara circular, de aluminio y vidrio, estilo minimalista; no lograba ocultar los rostros que no querían verse. Estaban sentados enfrentados, abrochados al continuo recuerdo del pasado, que volvía una y otra vez provocando ganas de llorar, por lo que había sido y ya no era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una burbuja de vidrio llena de jazmines hacía de centro de mesa. De él, algunos pétalos habían caído sobre la oscura madera y ya comenzaban el lento e inevitable proceso de oxidación. El aroma, licuado por el denso olor a pulcritud que brotaba desde toda la casa, se difumaba rápidamente atraído por el particular deseo de extinción que habitaba en el hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Le falta sal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmediatamente llevó un pequeño trozo de carne a su boca para afirmar sus palabras, aunque era conciente de que una hoja de nada tendría más sabor que ese desabrido bocado. Lanzó, entonces, una mirada espía y fugaz, para ver si su gesto de desagrado había sido descubierto, pero del otro lado encontró indiferencia, absoluta concentración en su propio círculo de porcelana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada ínfimo gesto servía para corroborar que lo que antes era de ambos, ahora resultaba ajeno. De pronto su estómago se anudó y comenzó a sentir una sensación intensa de nauseas. El silencio, apenas entorpecido por el ruido esporádico de los cubiertos, se había vuelto una bestia intentando destruir la vitalidad que aún creía poseer. Tuvo enorme deseos de gritar y llorar, de odiar o amar, de sentir el corazón latir con fuerza; pero no pudo. Los jazmines, el entorno impecable, el brócoli decorando tan prolijamente el plato, el olor aséptico y la acumulación de días sin sentido eran una barrera lo suficientemente fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La descompostura había recrudecido, tanto que empezó a sentir como la saliva se acumulaba en su boca exageradamente. Tuvo miedo de tragar y hasta de respirar, tuvo miedo de hacer cualquier cosa que pudiera ser advertida y dejar en evidencia los síntomas de su tristeza. Tragó con esfuerzo y le pareció que el ruido de los mil litros de saliva fluyendo por su garganta había podido ser oído en toda la sala. Otra vez alzó la vista y descubrió del otro lado un gesto forzado de quietud que intentaba ocultar, como el suyo, un estómago anudado, un final reprimido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el espacio rectangular de la sala, alrededor de ellos, se veían llantos  y risas de bebés, oprimidos detrás de un futuro vidriado y trabajoso, que se maniataba a la barrera de la rutina y de la pasión vencida por el tiempo. Podían ver, los dos, las escenas alegres; allí, jugueteando con los imposibles, con los sueños inconclusos. Y dolían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estructura del amor fallido había sido mal construida desde el principio; creyeron poder usar las virtudes como cimientos. Idealizaron. Y la realidad se había vertido sobre esa mesa con forma de hartazgo o frustración por el fracaso. Y la comida no sabía a nada, y continuaba enfriándose. Y el vino se aguaba bajo el derretimiento de los hielos. Imposible resultaba sostener las miradas en alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Puedo pedir comida, si no te gustó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, gracias. Está rico, pero no tengo hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las voces escapaban reacias. El nudo en el estómago era, a esa altura, un remolino insoportable. La comida subía por el esófago y la saliva continuaba acumulándose. Las mentes de ambos circulaban por los mismos senderos, pero alejadas entre ellas. Los sabores se hacían cada vez más rancios en los paladares, y los corazones se habían hundido en palpitaciones, mientras escupían un frío sudor. El vómito era incontenible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tenemos que hablar.- dijeron ambos al unísono, mientras las vistas se alzaban juntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sobre la mesa, los platos y los jazmines oxidados se vertieron litros de vómito de comida desabrida, de frustraciones compartidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-3568544486289542605?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/fGUjy5AIeEA/vomitos.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>18</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2008/05/vomitos.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-2322953531388754987</guid><pubDate>Wed, 23 Apr 2008 16:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-23T13:42:46.704-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>La estación de los árboles.</title><description>Corría o caminaba sin comprender la diferencia entre ambos; sólo seguía su paso agitado por la acera, su ruta perdida hacia espacios cuya ubicación y temporalidad se perdían una y otra vez en vaivenes confusos. Conocía el destino, o creía conocerlo, pero la razón se hacía imposible de descifrar, mucho menos la motivación. El camino era, porque así lo había pensado en reiteradas ocasiones, la imposición del deber hacer, o algo parecido. Era aquello que el ser humano no puede elegir cuando nace en una sociedad, era eso cuyo nombre no conocía pero seguía a rajatabla, porque eso esperaban los demás, y él mismo, que no sabía lo que esperaba.&lt;br /&gt;Sus pasos, apresurados, solían tropezar entre sí o con los transeúntes que, a esa hora, salían de sus oficinas deseosos de llegar a casa. Deseosos de llegar, apurados, agitados, en carrera. Los esquivaba por inercia, sin meditarlo y sin detener su mirada en ningún rostro, en ninguna otra mirada.&lt;br /&gt;Ingresó a la gran estación de tren alrededor de las siete de la tarde, cuando la partida de trenes se sucedía continuamente y el andar masivo desparramaba olor a transpiración, a agobio y desgano. Corrió por el hall hacia las boleterías y cuando atravesó la gran cúpula central no pudo seguir; sus piernas se sentían más pesadas que de costumbre y comenzó a percibir una extraña sensación en su cuerpo, su piel, su mirada y su todo.&lt;br /&gt;Intentó levantar con esfuerzo su pie derecho, pero lo sentía fijo, pegado al piso de mármol que parecía haberse quebrado alrededor suyo, aunque él hubiera podido jurar que antes estaba perfectamente sano. Sus dedos -lo supo cuando acarició sus yemas con sus otras yemas, como hacía cada vez que algo lo desconcertaba- habían perdido sensibilidad. La suavidad se había tornado reseca y extremadamente porosa. Sus pies estaban más sujetos al piso y alrededor de ellos el mármol se había desnivelado. Pensó que el dolor de cabeza tenía algo que ver en todas esas extrañas sensaciones, pero no pudo sostener esa idea por mucho tiempo, porque enseguida todo empeoró. Su piel comenzó a quebrarse y a oscurecerse, sus codos y rodillas se fijaron y su respiración, de a poco, comenzó a trasladarse a todo su cuerpo.&lt;br /&gt;Llevó su mirada -tal vez lo hizo porque eran sus ojos lo único que aún podía mover- a todo el contorno de la estación intentando, acaso, encontrar ayuda de algo o alguien. Un anciano, seguramente el único capaz de hacerlo, notó su mirada misericordiosa y se detuvo a contemplar. No hizo más. Se detuvo y miró. Eso sirvió para que otros curiosos se detuvieran también, y pronto se formó un círculo de gente a su alrededor; mientras él seguía sujeto al piso, parado sobre mármol roto. Al ver la apatía y el desdén de los demás, volvió a concentrarse en su cuerpo. Advirtió que aquello que antes era piel ahora parecía corteza, y que aquellos que antes eran brazos ahora parecían ramas. Era extraño, pero era cierto: porque incluso sus dedos semejaban brotes primaverales. Hasta comprendió que sus piernas ahora se habían extendido y crecido diametralmente hasta unirse y formar un grueso tronco.&lt;br /&gt;Sus ojos, que aún veían, percibieron un notable ascenso de su altura; ahora podía ver desde lo alto el círculo de personas que lo rodeaba, y la cúpula del techo, antes inalcanzable, estaba a tan solo unos pocos metros. Se sintió extraño, aunque no supo bien por qué. Al principio pensó, como era de suponerse, que sus cambios corporales eran el motivo, pero luego supo que la extrañeza estaba conjugada con tristeza, con soledad. Algo en ese grupo de personas que lo miraba sin hacer nada, sin ayudarlo, lo empequeñecía en su ser, a pesar de estar seis o diez veces más grande que antes. Pero ni siquiera era esa su tristeza, sino la identificación con esos sujetos. Era igual a ellos y los odiaba, los odiaba con todo su estático cuerpo. Simples observadores de la transformación. Nadie era capaz de hacer nada; sólo mirar, sólo nada. Un enorme tilo crecía en el medio del hall de la estación pero nadie se inmutaba. Todos podían verlo, pero nadie agitaba la realidad.&lt;br /&gt;Y mientras tanto él comenzaba a desvanecer su razonamiento humano en una especie de mente horizontal, cuya capacidad de comprensión se trituraba lentamente, aunque no lo notaba; porque su pensar era ya tan lineal que su sentido analítico había desaparecido y sólo quedaba instinto, pura genética vegetal. Los interrogantes habían muerto, todo se había vuelto simple lógica. Ahora debía crecer, y para eso debía alimentarse y respirar. Mientras más alto llegara más luz captaría de la cúpula y más alimento recibiría todo su cuerpo. Y así, y sólo así, daría más y mejores frutos para hacer lo único que debía hacer; asegurar la continuidad de su especie. No había más razones, no había más verdad que esa. Lógica vegetal.&lt;br /&gt;El tilo a esa altura era gigantesco, seguramente más que cualquiera; su tronco poseía seis metros de diámetro y la copa había empezado a ocupar todo. El público, los pasajeros, aún seguían deteniéndose a contemplar. Eran cerca de un millar de personas mirando un árbol que crecía extraordinariamente y que, de continuar con ese ritmo, en pocas horas estaría rebalsando el inmenso hall. Muchos pensaron y meditaron acerca de ese raro acontecimiento, otros vomitaron risueñas teorías y los más escépticos se convencieron de que todo debía ser un truco de magia o algún evento de marketing de una industria de fertilizantes. Nadie actuó, nadie hizo nada aparte de pensar y contemplar.&lt;br /&gt;Y él ya no era él, era eso, un árbol. Ya no había ningún despojo de lo que había sido. Ya no había algo que pareciera mente o pensamiento. Todo era instinto y ley natural.&lt;br /&gt;Cuando las primeras ramas alcanzaron la cúpula un sujeto entró a la estación corriendo y gritando. Contó que enormes árboles estaban creciendo en toda la ciudad; algunos en medio de avenidas, otros cerca del museo, e incluso hasta dentro de los cines. La gente lo miró incrédula. Pocos creyeron lo que decía y todos actuaron de la misma forma apática. Enseguida volvieron su mirada a ese, el que estaba frente a sus ojos.&lt;br /&gt;Un grueso tronco, que ya había alcanzado el vidrio de la cúpula, empezó a empujar con fuerza hacia arriba. La presión fue tal que pocos segundos después los vidrios estallaron y se precipitaron al suelo. Algunos corrieron y otros no pudieron; cuando miraron sus pies notaron que estaban aferrados al piso y su piel se había vuelto extrañamente áspera.&lt;br /&gt;A esa altura el pánico había apoderado las conciencias, y la razón empezó a darle cuerda a pensamientos religiosos. Mientras decenas de árboles crecían en el lugar algunas personas comenzaron a rezar, a pensar en la muerte, en lo que le sigue a ella y en un sinfín de teorías humanas y antinaturales. Hubo alguien que habló de venganza, hubo otros que hablaron de enojo divino. La simplicidad de la verdad era obstruida por la edificación exagerada de la necesidad, tan humana, de sentirse algo más que un simple animal natural.&lt;br /&gt;En la estación ya había más árboles que gente, afuera también. Lo masivo y lo general ahora no era el pensamiento, sino el instinto de supervivencia natural de los árboles. No había interrogantes existenciales, sino una única preocupación; el deber crecer para asegurar la continuidad de la especie.&lt;br /&gt;Pura lógica vegetal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-2322953531388754987?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/08Lz-gAED3o/la-estacin-de-los-rboles.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>8</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2008/04/la-estacin-de-los-rboles.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-3447686418652587320</guid><pubDate>Mon, 21 Apr 2008 15:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-04-21T12:46:37.958-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blog</category><title>Retorno inconcluso.</title><description>Es un retorno porque es una vuelta, o algo parecido. Es inconcluso porque aún no se ha concretado. Pero es prometido porque así lo quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que hará falta dar explicaciones, y también sé que comprenderán cuando afirme que los motivos de mi desaparición (o la de mis textos) no responde a algo específico, sino a una serie de elementos y excusas que, conjugados, se transforman en una pseudo explicación. Explicación que tampoco yo entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prefiero pensar que a algunas cosas hay que darles tiempo; un descanso, una oxigenación necesaria del cuerpo literario, del espacio virtual, del mundo abandonado. No siempre hay respuestas, no siempre tiene que haberlas. Lo que importa es que no estuve; y que estoy volviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-3447686418652587320?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/cCXF_1vLV9s/retorno-inconcluso.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2008/04/retorno-inconcluso.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-6694059888937482857</guid><pubDate>Mon, 22 Oct 2007 21:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-10-22T18:07:04.367-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Incongruencias de la razón.</title><description>Sueño. Calles desplumadas por el tren que no llegó. Caos. Todo es un inmenso caos; septiembre es devorado del almanaque y octubre hace fuerzas para mantenerse en pie. Triste liviandad de un invierno marchito y una primavera barroca. Traspaso vano de uno a otro. Y la congoja parece alternarse arbitrariamente entre los minutos, plantando banderas de confusas inscripciones, con cierta tendencia al despilfarro de pensamientos y al derroche de interés, pero absolutamente hipnóticas. Y los septiembres se rinden y los octubres perecen. Resignación en un suelo insufrible y un cielo inalcanzable.&lt;br /&gt;Enorme, enorme cielo. Tan amplio y libre en apariencia, tan fronterizo en detalle. Cielo aduanero. Maldito cielo.&lt;br /&gt;Despierto. Y el fuego aguarda hocicudo a la orilla de la chimenea, esperando algún febrero entre tanto septiembre y octubre. Mientras el humo de aquellos sueños se estira como liviano algodón, enhebrando fantasías multicolores de muchas fuerzas y pocas probabilidades -estadísticas, todo se limita a ellas: improbabilidades de probabilidades probables. ¿Cuántas probabilidades convierte a algo en una verdad?-. Y la piel se eriza cuando la última fantasía enhebrada la roza, en ese humo suave que desaparece en el torbellino de la respiración. Como la luz, que se esconde detrás de su invisibilidad y sólo se deja ver en el cuerpo de otro.&lt;br /&gt;Ingresa por la ventana un importante caudal de luz, pero no lo veo. Sé que sucede porque los objetos se iluminan, pero no tengo más prueba que mi estúpida lógica racional. Agudizo mi visión y descubro pequeñas partículas de polvo flotando en el aire que delatan la forma del rayo de luz. Pero sólo veo el disfraz de lo invisible, la coraza de lo inexistente. Resulta familiar ese sentimiento.&lt;br /&gt;Sueño. Las nubes de formas grotescas se pegan unas a otras. Es imposible predecir sus movimientos, parecen ser jaladas de uno y otro lado con la misma fuerza y entusiasmo. Y el tiempo, incapaz de sucederse con cordura, decide aniquilar los meses. Rara vez se resucita a sí mismo en el pasado. Rara vez afronta su incapacidad de detención. Omnipotente él. Imperfecto como la distancia. Inquebrantables los dos, invencibles juntos.&lt;br /&gt;La espera huele a desesperación. Los recuerdos de las palabras comienzan a tener vacíos enormes y silencios atroces. Las imágenes se borronean en la memoria. Las fantasías no suplantan esa forma tan humana de extrañar. La ausencia es hermana del olvido.&lt;br /&gt;Despierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;postID=6694059888937482857"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-6694059888937482857?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/qfrR3Sz2oCg/incongruencias-de-la-razn.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>39</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/10/incongruencias-de-la-razn.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-9211476618270776530</guid><pubDate>Thu, 04 Oct 2007 18:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-11T21:49:01.322-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Noticias</category><title>Birmania libre.</title><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RwUuAbGz3rI/AAAAAAAAASQ/v3YREKLK2eQ/s1600-h/1476198554_4a12b5cfe6_o.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RwUuAbGz3rI/AAAAAAAAASQ/v3YREKLK2eQ/s400/1476198554_4a12b5cfe6_o.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5117547136387636914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(A pesar de que no es normal que en este blog se hagan menciones a este tipo de situación, la realidad y mi condición de blogger me empujan a formar parte de este pedido unánime de todo el mundo blog. &lt;a href="http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=67746"&gt;Más información aquí&lt;/a&gt;.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-9211476618270776530?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/la9RkkvcBAs/birmania-libre.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RwUuAbGz3rI/AAAAAAAAASQ/v3YREKLK2eQ/s72-c/1476198554_4a12b5cfe6_o.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/10/birmania-libre.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-2690151610321451886</guid><pubDate>Wed, 05 Sep 2007 22:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-06T12:07:17.544-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Entre la lluvia, el adiós y el retorno.</title><description>&lt;object width="400" height="20"&gt;&lt;param name="movie" value="http://lifelogger.com/common/flash/flvplayer/flvplayer_basic.swf?file=http://memofrezzotti.lifelogger.com/media/audio0/516553_uguoprgllv_conv.flv&amp;autoStart=false"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://lifelogger.com/common/flash/flvplayer/flvplayer_basic.swf?file=http://memofrezzotti.lifelogger.com/media/audio0/516553_uguoprgllv_conv.flv&amp;autoStart=false" type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="20"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la conciencia aguarda el arrepentimiento, con una rara mezcla de incertidumbre por lo que pudo ser y no fue, y de un olvido plural, que ni siquiera puede consumarse. Ambos habían armado poderosas armaduras para defender al otro sin que el otro pidiera ser defendido, ambos habían impuesto escudos invisibles, más impenetrables que la mismísima roca; porque los dos habían usado la mentira como defensa. Llueve. Llueve torrencialmente.&lt;br /&gt;El frío, mientras aplaca con ímpetu los ánimos, se extiende invisible y feroz. Las calles han comenzado a inundarse como ríos del subdesarrollo, que crecen encerrados por acantilados de hormigón y vidrio. La gente ha desaparecido. Toda. Y en el aire un débil aroma se percibe casi inapreciable, pero que se esmera por llamar la atención de los nadies que estaban antes de la lluvia, y ya no. Dolor. Profundo dolor.&lt;br /&gt;Su ropa se impregna con la nicotina de los suspiros grises, mientras la luz escueta se esfuerza por esquivar los humos del tabaco, con menos vanidad de la necesaria, en la habitación semi oscura. Sus manos aún laten temblorosas, tanto que el cigarrillo que descansa entre el dedo índice y mayor flamea como una bandera enfervorizada. Engañó y fue engañado. Le mintió al igual que ella. No hay amor, se dijeron. No hay nada. Más lluvia. Aún más agua cae del cielo.&lt;br /&gt;La avenida es ahora un manto de agua que corre veloz, apenas cortado por postes equívocos y vehículos que hacen fuerza para amarrarse al piso para el que nacieron. Pero el agua empuja prepotente, llevándose todo consigo, como un gigante que barre de un soplo la suciedad, los pecados. Todo. Cuánta pena. Cuánta tristeza.&lt;br /&gt;Un viejo disco de vinilo gira perezoso, la púa acaricia cada nota de Beethoven y luego la lanza con timidez; pero ellas, encantadas por el silencio total, crecen hasta transformarse en un enorme y pequeño concierto. Él ignora todo, aunque no a ella. Pero había demasiadas cosas qué perder, matrimonio e hijos por ambas partes. Sólo quiso cuidarla, piensa. Y ella a él. La cerveza, en reposo dentro del vaso ignorado, ha empezado a transformar su gusto en orín, y el cigarro se consume por su propia voluntad. Las decisiones pesan. Y el cielo inunda, y la tierra se cubre.&lt;br /&gt;Las hojas del moribundo verano no resisten los atroces y continuos golpes que les propinan las inmensas gotas de lluvia y caen rendidas; algunas llegan al piso líquido, para ser llevadas hasta quién sabe dónde, y otras son empujadas en el aire y estampadas en paredes, automóviles o cualquier otro objeto. Es un diluvio de agua y hojas. De lágrimas y pecados. Llueve afuera. Adentro el tiempo no está mejor.&lt;br /&gt;Los quebrachos enrojecidos de la estufa hogar comienzan a paliar su calor detrás de un incipiente gris ceniza, y la tímida esfera de luz se reduce notablemente acentuando el ambiente penumbroso. Sus ojos perdidos en pensamientos borroneados buscan, de pronto, dónde aquietarse. Hay en sus movimientos una especie de cansancio o pesadez, como si faltara motivación en cada una de sus esporádicas acciones. Es el corazón; siente decir dentro de sí; que duele, que muere. Se va, ella se va. Los caminos se bifurcan, ellos así lo decidieron. No hay vuelta atrás: es la eterna lucha entre el querer y el deber.&lt;br /&gt;El cielo, allá a lo alto, continúa deshidratándose; restan pocos minutos más de lluvia. Muy pocos. Y acá debajo los ríos urbanos parecen haber encontrado con éxito su cauce y lentamente han ido menguando en altura, tal vez favorecidos por el aumento de velocidad de su caudal. A medida que el agua desciende puede observarse una devastación importante; todo ha sido corrido unos metros. Incluso hay cosas que ya no están; como el poste de contramano, o el cartel que prohíbe doblar en U. Ya nadie prohíbe tomar otra ruta, volver sobre sus pasos. El clima está a punto de quebrarse.&lt;br /&gt;El último trozo de quebracho decide, finalmente, apagarse y morir. Beethoven sigue extendiéndose con liviandad, mientras la luz de mala calidad de la lámpara aún no logra traspasar ilesa el ambiente lleno de tabaco. El cigarrillo de su mano ya se ha apagado indiferente, pero no puede dejar de flamear. Sus ojos van y vienen pero con más lentitud que antes; él lo sabe y ya no lo resiste. Duele. Ella no está. Sus ojos se cierran, caen como pesados telones. Y el clima termina de quebrarse. Los párpados cerrados se hinchan y tratan de esforzarse para contener el derramamiento de penas. El cuerpo se enfría y suda a la vez. Hay una decisión que tomar, el cartel de contramano ya no está, tampoco el que prohíbe doblar en U. El cigarrillo es soltado, sus ojos se abren y se derriten sobre sus mejillas. De un salto se pone de pie y sale.&lt;br /&gt;Hacía unos segundos que la lluvia había mermado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;postID=2690151610321451886"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-2690151610321451886?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/XjwZajPcRwY/entre-la-lluvia-el-adis-y-el-retorno.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/09/entre-la-lluvia-el-adis-y-el-retorno.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-5196343864629740483</guid><pubDate>Mon, 03 Sep 2007 22:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-03T19:56:34.876-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Personales</category><title>Así.</title><description>&lt;object height="20" width="400"&gt;&lt;param name="movie" value="http://lifelogger.com/common/flash/flvplayer/flvplayer_basic.swf?file=http://memofrezzotti.lifelogger.com/media/audio0/514703_veqbmjnsqt_conv.flv&amp;autoStart=false"&gt;&lt;/ param&gt;&lt;embed src="http://lifelogger.com/common/flash/flvplayer/flvplayer_basic.swf?file=http://memofrezzotti.lifelogger.com/media/audio0/514703_veqbmjnsqt_conv.flv&amp;autoStart=false" type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="20"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rendido sobre la cubierta de mis propios sueños, y sin poder dejar de vacilar entre la línea que lo separa todo; jugando y perdiendo a la vez, corriendo detrás de los instantes, escapando y volviendo; oyendo las voces que dicen lo que deben callar, diciendo sinsentidos, callando lo que debería decir; aparcando en rincones abstractos, rozándole el hombro a la dama de negro, riendo sin razón; congeniando con lo que soy, ahuyentado por lo que debería ser, feliz por lo que no seré; perdido, encontrado, allá y acá; redimido durante las noches de luces parpadeantes, completamente seguro en los días binarios, indeciso en amaneceres y ocasos; débil cuando golpea la nostalgia, invencible cuando todo está perdido, fracasado cuando acecha el éxito; pensante de los segundos banales, preocupado por los tiempos que aún no corren, visceral y equivocado casi siempre; sobrevivido desde hace tiempo, muriendo desde hace poco, y viviendo durante cada segundo; olfateando el aroma del invisible destino, hallando explicaciones que no existen, aceptando la presencia del misterio de lo inevitable; despertando por contrariedad, durmiendo porque no queda otra, soñando en cada parpadear; distante con los silencios, lejano con las palabras, irreal en la mente de otros; mentira, engaño, y algo más; valiente en la derrota, perdido en el triunfo, auténtico en la mediocridad; desapareciendo, ya extinto, volviendo; contigo, sin ti, conmigo; así, sólo así... y nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;postID=5196343864629740483"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-5196343864629740483?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/JROx0wi6pTM/as.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>16</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/09/as.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-1364123520866202783</guid><pubDate>Tue, 21 Aug 2007 00:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-11T21:49:01.470-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Pudo haber sido yo.</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/Rso4tq2pFAI/AAAAAAAAASA/qiwTTUATArI/s1600-h/Bailarina.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5100951885199250434" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/Rso4tq2pFAI/AAAAAAAAASA/qiwTTUATArI/s320/Bailarina.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hoy, sin ninguna razón en particular y en un segundo de absoluta tranquilidad, recordé un acontecimiento que hacía mucho no recordaba y que, sin embargo, siempre se mantiene latente, indeleble a lo largo de los años; tal vez porque ese suceso estuvo cargado de misterio y preguntas o, tal vez, porque lo que pasó esa noche fue un quiebre para que el destino se abra paso hasta el hoy.&lt;br /&gt;Hacía poco que había cumplido los treinta años, lo recuerdo porque no hubo festejos para ese aniversario; estaba atravesando una profunda crisis, sentía que los años se estaban acumulando sobre mis espaldas mientras se comenzaba a percibir el aroma del envejecimiento. Y todo ese pesar me encontraba absolutamente solo, habitando una vida desabrida y de tonos más bien grises que se habían esculpido en mi rostro incesantemente, colocando gestos lastimosos en mi cara. Y aunque nunca fui de esos tipos que acumulan amigos a cada paso, mi mirada de perro abandonado causaba cierta piedad y la gente se me acercaba invitándome a fiestas y acontecimientos sociales a los que rara vez asistía. Así fue como logré la invitación para la fiesta que organizaría el matrimonio Floria en su casa.&lt;br /&gt;No planeaba ir al festejo, pero sufrí un imprevisto; esa mañana había olvidado pagar la tarifa de la luz y me habían cortado la electricidad, por lo que me parecía muy poco tentador quedarme en mi casa a oscuras. Como suele sucederme aún hoy, esa noche llegué temprano, casi media hora antes del horario pautado y, como era de esperar, aún había muy pocos asistentes en la fiesta.&lt;br /&gt;Entré al inmenso y lujoso caserón y recorrí el espacio con una mirada rápida notando que no conocía a nadie y, para colmo, ni siquiera el matrimonio Floria me caía lo suficientemente bien como para entablar una conversación con ellos. Entre excusas, escapé al cuarto de baño, en el primer piso de la casa, donde maté el tiempo haciendo nada, esperando encontrar, al bajar, más invitados que se llevaran toda la atención para que mi presencia pasara inadvertida. Haber aspirado mis últimos gramos de cocaína en el baño pudo haber sido, tal vez, el principio del después. Aunque nunca lo sabré con certeza.&lt;br /&gt;Recién había comenzado a descender la escalera encorvada cuando tuve el primer escalofrío; sentí el reflejo de un perfume dulce y delicado como la miel que, indudablemente, provenía del cuerpo de una mujer que debía ser tan dulce y delicada como el aroma que desprendía su piel. Escapé del último escalón guiado por mi olfato, y recorrí el salón tratando de adivinar el aroma de la miel entre tantos perfumes ordinarios que se mezclaban en el gentío que, ahora sí, había colmado el lugar. Pero mi olfato no estaba tan entrenado y me rendí velozmente atraído por la barra de licores.&lt;br /&gt;Después del sexto o séptimo tequila tuve el segundo escalofrío; mis ojos se elevaron controlados por la miel que llegaba a mi nariz, y entonces pude descubrir el origen de todo cuando quedé absolutamente maravillado por la imagen corpórea de ese aroma. Ella tenía alrededor de veinticinco años, y la suavidad y la belleza del terciopelo. De tez clara, una nariz tímidamente esculpida y ojos almendrados, tan negros como la noche, encuadrados en largas pestañas que hacían de su mirada un sinfín de misterios por resolver. Sus labios eran finos pero bien marcados y su pelo encantador; negro y lacio, caía sedoso y danzante por sobre sus hombros. Pero tal vez lo más increíble era su forma de bailar, su misticismo; esa alegría desbordada y totalmente despreocupada, esa forma asimétrica de encajar entre el mundillo de la clase alta. Parecía estar rodeada de un velo mágico que le daba luz propia, tanto que alrededor de ella se hizo un hueco, como si su luminiscencia fuera tan fuerte que nadie podía acercarse. Era perfecta, incluso para ignorar su perfección. Con ese gesto despreocupado continuaba bailando sola, en medio de todos, soltando sonrisas pintorescas al aire, dejando que sus cabellos flotaran ingrávidos y que sus ojos descuartizaran la luz en millones de brillos. Y con ese vestido blanco de delicado corte la imaginé como un jazmín en medio de la oscuridad, y sus piernas como pétalos distraídos, y cada sonrisa como una lágrima absorta.&lt;br /&gt;Y yo allí, a tres metros, a mil kilómetros, tan cerca y tan lejos, contemplándola, absorbido por su encanto, perdido en esos movimientos ralentizados por el capricho del tiempo y la magia. Algo debía hacer y nada podía hacer. Sentía en mis espaldas una fuerza invisible que me empujaba hacia ella y, a la vez, otra opuesta sobre mi pecho, que me impedía moverme. Y la oposición de ambas fuerzas ejercía una inmensa presión sobre mi cuerpo endeble, a tal punto que pude percibir como cada una de las células de mi humanidad se comprimía y comenzaba a astillarse, preparándose para una explosión interna. Y esa presión también se transformó en intolerable para mi corazón, que había quedado pasmado, sin sístole ni diástole; exhalando apenas débiles vómitos de sangre efervescente.&lt;br /&gt;Hasta ese momento ella no había notado mi presencia; incluso pensé, con razón, que nadie había tenido la dicha de ser observado por tan encantadora mujer. Sus sonrisas no tenían destinatario, y su mirada parecía hacer fuerza para no fijarse en nadie. Simplemente se aseguraba de que todos los invitados de la fiesta advirtieran que ella era la mujer más feliz y alegre del mundo, tan poderosa que no necesitaba de nadie para trascender. Quedaba claro en su baile solitario e incansable, en la comisura de sus labios apuntando al cielo, en el remolino de sus piernas, en la gestualidad de sus manos vivaces y en el silencio absoluto de su boca. Pero, tal vez por accidente, fui yo quién tuvo la suerte de ser el primero en el que sus ojos se posaran. En un giro repentino sobre su eje, su mirada rozó la mía y luego volvió para descansar, por varios segundos, en mi rostro. Permaneció quieta, observándome, mientras yo podía sentir el calor abrasivo que la erupción de mis células desprendía.&lt;br /&gt;Ignoro qué fue lo que le llamó la atención de mí, porque tengo un rostro ordinario, lo suficiente como para no ser recordado por nadie, y mi personalidad es más bien aburrida. Pero esa noche puedo afirmar que llamé la atención de la mujer más hermosa que he conocido jamás.&lt;br /&gt;Luego de mirarme sonrió y continuó su baile despreocupado e indiferente a todos. Su sonrisa me había dejado absolutamente atónito y no tuve la capacidad corporal ni intelectual de responderle el gesto. Supuse en ese momento que no volvería a fijarse en mí, pero no me preocupó; toda la noche había cobrado sentido por esos pocos segundos, por esa mirada y esa sonrisa.&lt;br /&gt;Luego, y para aliviar mi exaltación, bebí varios tragos más y por algunos minutos quité mi atención de ella. Me concentré en el sabor del gin y en el excelente vodka, me pregunté cómo habían hecho los Floria para amasar semejante fortuna y no dudé en escuchar la recomendación que un don nadie me hizo respecto del exquisito sabor del whisky escocés. A esa altura deduje que el nivel de alcohol en mi sangre ya estaría superando con creces el permitido por la ley para conducir. Pero la desinhibición que había conseguido no alcanzaba para juntar el coraje de acercarme a la bella joven e invitarla a bailar. Aunque ya era un progreso el sólo hecho de haber considerado la opción.&lt;br /&gt;Otro sujeto simpaticón se me acercó y ofreció hacerme compañía en el arduo trabajo del beber, según dijo. No recuerdo su nombre porque estaba concentrado observando su apariencia; pensé que estaría rozando los cincuenta años pero que los llevaba bien, era bajo de estatura, un tanto excedido de peso, y su cabeza hacía fuerza para sostener los últimos cabellos bien firmes. Tenía el típico aspecto del bonachón, y su personalidad acentuaba esa imagen. Me cayó bien de entrada, porque no trataba de ser más de lo que era, y su sonrisa parecía muy auténtica. Bebimos juntos todo tipo de líquidos etílicos, mientras él contaba con entusiasmo retazos de su vida, cuidándose de ser humilde o sincero, como cuando admitió haber tenido suerte, y no talento, en los negocios empresariales. Pero luego la charla comenzó a resultarme monótona y recordé el perfume de miel, la sonrisa, los ojos negros y toda la magia de ella. Giré apresurado buscando encontrarla todavía allí, bailando con desinterés; pero grande fue la sorpresa cuando hallé su espacio vacío, su ausencia.&lt;br /&gt;Es difícil explicar con claridad el bullicio de mis sentimientos, la desesperación mezclada con la ridícula sensación de abandono; el no entender por qué alguien con quién ni siquiera había hablado podía causarme semejante dolor, cómo era posible que pudiera extrañar a una mujer de la que nada sabía. Pero eso y muchas cosas más eran las que forzaban mi vil existencia. Corrí entre la gente buscándola, sin detenerme a pedir disculpas por los golpes involuntarios que propiné en mi loca carrera. Corrí con ganas de llorar, corrí solo, sabiendo que corría para dejar de estarlo, corrí para buscar una sonrisa, para hallar cariño, para olvidar mi rostro olvidable, para desaparecer, para reencarnar. Corrí tal vez porque no había otra cosa que pudiera hacer. Simplemente corrí. Las miradas confundidas de extraños se posaban sobre mí, no con lástima, sino con vergüenza; pero no importaba, yo buscaba una sola mirada, la de ella, la que no encontraba.&lt;br /&gt;Cuando finalmente me rendí, después de lanzar un enorme alarido, caí desmayado en medio de la sala ante todos los presentes. Luego desperté; me encontraba acostado en una cama, y el matrimonio Floria me observaba confundido. Entre lágrimas atiné a preguntar por la mujer de vestido blanco, la que bailaba sola, la veinteañera hermosa, de tez clara y ojos penumbrosos. Pero la respuesta que recibí es tal vez la respuesta que nunca hubiera querido recibir: no hay en la fiesta ninguna mujer de vestido blanco ni nunca la hubo, dijo Floria hombre convencido. Discutí esa respuesta, la negué, la odié, y volví a preguntar esperando que mis reproches hubieran logrado alterar la incomprensible contestación. Pero no. Nadie, además de mí, la había visto. Cómo podía ser.&lt;br /&gt;El tiempo pasó y la vergüenza por aquel episodio nunca se fue. Jamás volví a ver a los Floria ni a nadie de la alta sociedad. Me alejé para siempre de aquel que era, de aquel que no existía; me alejé tan rápido como si aún continuara corriendo en el salón buscándola. Me siguen diciendo que ella no existió, que pudo haber sido un sueño, o el efecto de tanto alcohol y drogas; pero aún no lo creo.&lt;br /&gt;Pudo haber sido realidad, o pudo haber sido... ¿yo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;postID=1364123520866202783"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;/center&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-1364123520866202783?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/cb13DKtCc1M/pudo-haber-sido-yo.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/Rso4tq2pFAI/AAAAAAAAASA/qiwTTUATArI/s72-c/Bailarina.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>18</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/08/pudo-haber-sido-yo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-2410693158872067606</guid><pubDate>Thu, 02 Aug 2007 18:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-08-02T15:42:44.704-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blog</category><title>Y los ganadores son...</title><description>Intel acaba de anunciar a los ganadores del &lt;a href="http://www.corelifeblog.com/?p=139"&gt;concurso de blogs&lt;/a&gt;. En la categoría Arte y Cultura, en la que `&lt;strong&gt;Sólo el mundo y yo&lt;/strong&gt;´ participaba, el ganador fue, como yo esperaba, &lt;a href="http://bestiaria.blogspot.com/"&gt;Bestiaria&lt;/a&gt;: lo tiene muy bien merecido. Mis más sinceras felicitaciones a todos los ganadores. Fue un placer participar en este concurso, ser uno de los finalistas y competir con tan excelentes blogs.&lt;br /&gt;Otra vez les agradezco a todos los que depositaron su confianza y votaron para que este blog sea uno de los finalistas. La fuerza y el cariño de los lectores es, sin dudas, el mejor de los premios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GRACIAS A TODOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PD: La semana entrante, cuando retorne del viaje, volveré al ritmo habitual de publicación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-2410693158872067606?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/csBvYYg9re0/y-los-ganadores-son.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><thr:total>10</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/08/y-los-ganadores-son.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-3062663599918781319</guid><pubDate>Thu, 26 Jul 2007 16:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-11T21:49:01.647-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>Quebrarse.</title><description>&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5091547304144824578" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RqjPTASmaQI/AAAAAAAAAR4/b3oc1y4wWr0/s320/oj.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Gregorio era de esos tipos rústicos, que cualquiera evitaría tener como amigo y nadie quisiera tenerlo como enemigo. En sus ojos no podía encontrarse nada que no fuera absolutamente opaco, y todo su rostro estaba cuarteado por la sequedad, que se había apretujado en sus pómulos y había trazado surcos en su frente. Cada arruga era la síntesis de tantos años agrios, de una vida sólo pintada con matices ocres. Y su imagen, formada por su cara quebradiza y mirada muerta; se completaba con una actitud agreste, de simpatía ausente y voz tosca.&lt;br /&gt;De joven, Gregorio fue una persona normal, que podía reír o llorar como cualquiera; pero con el paso de los años, sin un motivo aparente, comenzó a convertirse en ese hombre de corazón ermitaño. La transformación fue tan paulatina que ni siquiera pudo notarla; un día se levantó y descubrió, simplemente, que no recordaba la última vez que había reído. Pero, lejos de molestarle el cambio, se adaptó con complacencia. Luego aligeró su vida de cualquier afecto para convivir en soledad con sus propias miserias.&lt;br /&gt;Gregorio nunca tuvo trabajo formal; pero tuvo astucia para invertir, en sus inicios, algún dinero. Así fue como se hizo dueño de una docena de propiedades, y pudo comenzar a vivir cómodamente de las rentas que los inmuebles ofrecían. Durante la primera semana de cada mes pasaba a cobrar el alquiler puerta por puerta. Su aspecto intimidaba, y nadie se hubiera animado a decirle que no tenía fondos para pagar. Sólo en una ocasión un inquilino ofreció justificaciones en vez de dinero, pero en la conciencia agreste de Gregorio no existía la capacidad de oír y comprender. Inmediatamente inició los trámites de desalojo y no se inmutó cuando le dijeron, en el juzgado, que había dejado en la calle a un padre que creía en las prioridades, y que había gastado todo su capital para atender la enfermedad de su único hijo.&lt;br /&gt;El resto del mes vagabundeaba por la ciudad sin rumbo fijo, inventando para sí mismo quehaceres y trámites que no eran necesarios. Simulaba tener una vida ocupada, se convencía de que su existencia tenía algún sentido; cuando, en realidad, todo indicaba que su mundo no era más que una vida de tapas duras.&lt;br /&gt;El tiempo profundizó sus rasgos, sus arrugas y sus desencantos. También acentuó su dureza, que a esa altura era absolutamente rocosa, y barnizó la opacidad de su mirada. Pudo haberlo alcanzado la muerte en cualquier momento para coronar el fin de esa vida sin penas ni glorias; pero Gregorio se sentía seguro, porque sabía que la hierba mala nunca muere. Lo que él no comprendía era que la muerte es más piadosa que la vida y que, en realidad, al darle tiempo sólo estaba ofreciéndole espacio temporal para retractarse. No es que la hierba mala sea eterna, sino que la muerte ofrece amaneceres extras para darle oportunidad de florecer.&lt;br /&gt;Como una roca, cuyos encantos caen rendidos ante la magia de la naturaleza y se quiebra, Gregorio tenía una dureza extremadamente fuerte, y a la vez vulnerable. En los días previos a su cumpleaños setenta y cinco, mientras ocupaba su mañana con excusas, colisionó con sus propias miserias. Se encontró observando a aquel sujeto que había desalojado: lo vio mientras caminaba quince metros delante de él, llevando a su hijo en sillas de ruedas. Ambos sonreían, eran felices. Había pasado más de una década del desalojo, pero recién en ese momento hubo lugar para la culpa. Gregorio vislumbró en ese padre una pelea incesante, una lucha que habían ganado y les regalaba la felicidad del sacrificio y el posterior triunfo. Vio, en ese padre y su hijo, un sentido que él no tenía.&lt;br /&gt;Tal vez haya sido demasiado tarde, pero Gregorio comenzó a ocupar sus días con quehaceres reales; y sus visitas a orfanatos y hogares de niños se hicieron asiduas. Ahora comparte sus rentas con las necesidades de otros, ofreciendo, además, el afecto que nunca antes había podido dar. Tal vez así pueda estar reservando un lugar en el purgatorio, o unas disculpas para con él mismo.&lt;br /&gt;Porque, para que una roca se quiebre, lo único que hace falta es tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=3062663599918781319"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-3062663599918781319?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/XVMn4qrm-4s/quebrarse.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RqjPTASmaQI/AAAAAAAAAR4/b3oc1y4wWr0/s72-c/oj.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>10</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/07/quebrarse.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-4863932847156841241</guid><pubDate>Fri, 20 Jul 2007 20:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-11T21:49:01.945-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Fascinaciones</category><title>Fascinaciones: La amistad.</title><description>&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5089372290008468162" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RqEVIhOrysI/AAAAAAAAARw/0_36dOYlJjc/s320/amigos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hay algo mágico en la amistad que la hace fascinante; tal vez sea ese lazo de hermandad absolutamente desinteresado, que carece de egoísmos a la hora de ofrecer consuelo, compañía o afecto. Que regala, además, esa extraña seguridad inalterable de saber que, aún en la ausencia, los amigos están presentes, siempre dispuestos a abrazarnos el corazón en viajes imaginarios de charlas sin principio ni fin.&lt;br /&gt;Lo mágico también puede ser su quietud en el tiempo, esa habilidad de permanecer como siempre a lo largo de los años y de la vida; como si el encuentro de dos almas amigas tuviera tantas fuerzas que es capaz de hacer añicos la distancia o la lejanía. Y entonces sucede el milagro inexplicable, cuando dos verdaderos amigos se reencuentran después de meses o años sin verse, y pueden jugar a quererse en un espacio atemporal, donde los relojes caen en el sonambulismo y la rendición.&lt;br /&gt;El valor de la amistad tal vez se encuentre en el contrato, etéreo e inquebrantable, que se firma con el primer abrazo, y que se renueva cada día con cada gesto de cariño. O, tal vez, el valor radique en ese algo inexplicable que hace a la amistad un bien absolutamente imprescindible, y que convierte a los amigos en hermanos del alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=4863932847156841241"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-4863932847156841241?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/8CYfs_uDO88/fascinaciones-la-amistad.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/RqEVIhOrysI/AAAAAAAAARw/0_36dOYlJjc/s72-c/amigos.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>9</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/07/fascinaciones-la-amistad.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-14246128.post-9221863749201298692</guid><pubDate>Mon, 16 Jul 2007 14:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-11T21:49:02.166-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Historias</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cuentos</category><title>El artista del café.</title><description>&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087799382790359634" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/Rpt-lROrylI/AAAAAAAAAQ0/InzQL7kolnA/s320/cafe.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Entre medio del fuego y el insoportable calor, intenta con desesperación estirar su brazo para alcanzarlo. Pero cada vez parece más lejano e imposible. Se siente gobernado por la impotencia y se estira más y más pero el fuego lo quema. Teme claudicar, no quiere hacerlo; pero no lo logrará y lo sabe. La resignación lo alcanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó violentamente, con su cuerpo empapado en sudor y llorando como un niño. Aún con la pesadilla en su memoria, pudiendo sentir la abrasión de las llamas; se levantó para comenzar la rutina diaria; el proceso de alistarse y emprender la marcha hacia el café donde trabaja de mozo es, por sobre todo, su única manera de abandonar la cama que, desde hace seis años, lo lleva de retorno al lugar del que nunca ha podido escapar.&lt;br /&gt;Fermín había estudiado Bellas Artes para desarrollar su capacidad como pintor. Su talento llamaba la atención de cualquiera, y muchos eran los que le auguraban un futuro exitoso. En su mano derecha el pincel podía hacer magia; por ejemplo, podía plasmar el aroma de los besos con amor, y su viaje de ida al olvido; o darle forma al silencio que queda cuando el fin comienza.&lt;br /&gt;Pero cuando la carrera de Fermín parecía estar acercándose a la genialidad, el destino se interpuso. Viajaba camino a una ciudad cercana, donde se exhibirían algunos de sus cuadros, cuando al costado de la ruta observó un accidente: un pequeño colectivo, ruedas hacia arriba, ardía en llamas. El alrededor, de golpe, parecía querer conspirar dejándolo solo en medio de la nada, y lo único que quedaba era intentar hacer todo. Fermín salvó ese día a doce personas, de las trece que el vehículo transportaba.&lt;br /&gt;Los medios de comunicación se hicieron una fiesta narrando los hechos una y otra vez para reflejar su valentía y, de pronto, todo el mundo lo reconocía como un héroe. Pero el título que le habían asignado carecía de valor para Fermín, que no podía dejar de pensar en ese niño, el único menor que viajaba y al único que no había podido salvar.&lt;br /&gt;Se hundió en una enorme depresión después de eso, y abandonó el pincel para no tener que ver las cicatrices que había dejado el fuego en su mano derecha. Pero las heridas que más dolían eran las que no podían verse, las que surgían cada vez que la conciencia preguntaba si ese día se había hecho todo lo posible. Fermín, porque sabía que la existencia tiene sentido cuando la razón para vivir y para morir es la misma, pensaba que hubiera sido más heroico haber muerto ese día. Pero estaba vivo y el peso de esa circunstancia era más inmenso de lo que él podía soportar.&lt;br /&gt;Después del accidente, intentó retomar su pasión, pero su pintura había girado hacia un solo momento; su pincel no podía contar otra cosa que no fuera ese suceso, porque su arte estaba inundado por la culpa y el dolor. Cuando dejó definitivamente la pintura, comenzó a trabajar como mozo en un café céntrico. Resignó palabras y se sumergió en sus propios silencios y cuestionamientos internos. Ningún discurso de poética barata podía complacerlo, porque nadie lograba ayudarlo a borrar de su memoria el instante en que vio un par de ojos inocentes apagarse en medio del infierno. Y cada mañana, con el despertar, era un martirio; un volver a vivir, un volver a ver y un volver a sufrir. Por ende, Fermín acuñó una vida modesta carente de expectativas, con días marcados por la resignación, asimilando el dolor casi como única alternativa, y sin poder sobreponerse.&lt;br /&gt;Pero un día, hace un tiempo, cuando en el trabajo le alcanzó el café a una señora, ésta le abrazó la mano. Sorprendido, Fermín la miró y observó un rostro de ojos llorosos y voz quebradiza. Ella alcanzó a decir pocas palabras comprensibles, pero él pudo escucharla cuando dijo que era la madre del niño. El corazón de Fermín se detuvo, tenía ganas de llorar y de pedir perdón, pero sólo pudo permanecer atónito. Ella apretó con fuerzas y calidez su mano.&lt;br /&gt;- Hiciste todo lo que podías hacer y más de lo que cualquiera hubiera hecho. Tengo que decirte gracias por haberlo intentado. Eres una gran persona.- dijo ella y soltó lentamente la mano de Fermín. Luego dibujó una sonrisa y bajó la vista.&lt;br /&gt;Ese día, la voz no encontró la boca de Fermín y nada pudo decir. Pero las palabras de ella alcanzaron para que el perdón a sí mismo comenzara a tomar forma.&lt;br /&gt;Aunque no ha dejado el café, por estos días ha vuelto a la pintura: antes de atender a cualquier cliente, pinta sobre un platillo y luego se lo entrega. Sus pequeñas obras han tomado fama y muchas personas van especialmente a ese lugar para recibir el obsequio del artista. Ya ha pintado la desolación, la felicidad, las sonrisas y los milagros. Pero se siente especialmente orgulloso de uno que no pudo obsequiar, y que espera colgado en la pared, en donde pudo plasmar para siempre un sentimiento que no abunda, pese a que cura heridas del alma: la gratitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2006/07/copyright-de-las-obras.html"&gt;Copyright © 2007&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/email-post.g?blogID=14246128&amp;amp;postID=9221863749201298692"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;///Enviar a un amigo///&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14246128-9221863749201298692?l=soloelmundoyyo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/soloelmundoyyo/~3/jOmFJyst1IU/el-artista-del-caf.html</link><author>noreply@blogger.com (Emmanuel Frezzotti)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_yy2Wb_npSEs/Rpt-lROrylI/AAAAAAAAAQ0/InzQL7kolnA/s72-c/cafe.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://soloelmundoyyo.blogspot.com/2007/07/el-artista-del-caf.html</feedburner:origLink></item></channel></rss>

