<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667</id><updated>2025-04-05T05:45:31.516-03:00</updated><category term="Ricardo Antin"/><category term="libros"/><category term="literatura"/><category term="novela"/><category term="novela gratuita"/><category term="novela gratuita online"/><category term="novela inédita"/><category term="sur paredón y"/><category term="Francia"/><category term="Argentina"/><category term="París"/><category term="Donostia"/><category term="San Sebastián"/><category term="Euskadi"/><category term="España"/><category term="Lyon"/><category term="Madrid"/><category term="Cannes"/><category term="Mougins"/><category term="Alzola"/><category term="Bayonne"/><category term="Bilbao"/><category term="Deba"/><category term="Deva"/><category term="Eibar"/><category term="Irún"/><category term="Niza"/><category term="Tarbes"/><category term="Toulouse"/><category term="Zarautz"/><title type='text'>Sur, paredón, y...</title><subtitle type='html'>Novela</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Federico Antin</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18060780336952278928</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>34</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-5595038247364575513</id><published>2007-08-25T11:27:00.000-03:00</published><updated>2007-08-25T11:29:17.531-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 34. Final de la novela.</title><content type='html'>34  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como consecuencia de la situación María y Romualdo postergaron su casamiento, pero no el deseo de vivir juntos. Los padres de la muchacha no disfrutaban una situación económica esplendorosa, pero disponían de pequeñas reservas y también eran dueños de una modesta casita que permanecía desocupada. Con generosidad y sin el menor atisbo de prejuicio la cedieron a la pareja para que al menos momentáneamente tuviera donde cobijarse. Nuevamente Romualdo se dedicó sin descanso a buscar trabajo, pero como ya le había ocurrido tropezó con las mismas dificultades para conseguirlo, dificultades generalizadas amenazando con convertirse en crónicas. María conservó su puesto en el hospital, y gracias a eso -también a una mínima ayuda de sus padres- se mantenían a fuerza de cuidar cada moneda con un celo enfermizo.&lt;br /&gt; Una gris atardecer de sábado decidieron visitar a La Vieja. Había llovido durante los dos días anteriores y el paisaje lucía mucho más desolado de lo habitual. A ellos les parecía que ese invierno les envolvía con una crudeza como nunca habían conocido, y el clima fuera un enemigo adicional tan enconado igual a los otros que enfrentaban. Llegaron al cobertizo y la anciana los recibió con una alegría tan grande que parecía fingida, precisamente porque su reacción no resultaba natural en medio de todo lo que venía sucediendo.&lt;br /&gt; -¿Cómo estás María? ¿Y vos muchacho? ¡Qué bueno tenerlos por aquí! Se ve que son corajudos para atreverse a venir con este día de mierda.  &lt;br /&gt; -Andábamos con muchas ganas de verla Vieja. ¿Qué importa el día? - Respondió la muchacha mientras la saludaba con un beso tan cariñoso como el que de inmediato también dejó Romualdo en su mejilla.&lt;br /&gt; -Siéntense, siéntense. - Invitó La Vieja como si les diera una orden imposible de desobedecer, señalando las sillas que durante el poco tiempo transcurrido desde la última visita parecían haber acentuado su deterioro.  -Voy a calentar agua para tomar unos mates... nos van a venir bien. Sólo debo agregar un poco de carbón a las brasitas. - Después salió en camino a la parte trasera del cobertizo adonde estaba el brasero y mientras lo hacía agregó un comentario. -Sé bien que es poca cosa, pero al menos es algo que todavía no me han podido sacar. &lt;br /&gt; Los dos la aguardaron en silencio como si se prepararan para una ceremonia. La anciana regresó antes de lo esperado y se sentó frente a ellos todo lo plácidamente que le era posible en una vieja banqueta de tapizado poco memorable. La cara parecía hervirle de curiosidad.&lt;br /&gt; -Y bueno... ¿Qué me van a contar de lindo? &lt;br /&gt; -Antes que nada díganos como anda José. No lo veo por aquí. &lt;br /&gt; -No está. Fue hasta la casa de un compañero para hacer los trabajos del colegio. Pero si querés saber como anda, te voy a decir que se porta muy bien, y claro, ya es todo un hombrecito... al menos yo lo veo de esa manera. No te olvides que los chicos tienen la mala costumbre de crecer.&lt;br /&gt; -Es una buena noticia, en cuanto a nosotros, desgraciadamente, de lindo tenemos poco y nada para decir. -Contestó María tratando de no dejar escapar la tristeza que llevaba dentro, como si con esa actitud le hiciera un regalo secreto a La Vieja. Pero la destinataria del regalo pareció no escuchar y les dedicó otra pregunta.&lt;br /&gt; -¿Y la casa? ¿Cómo se van arreglando?&lt;br /&gt; Esa vez fue Romualdo el que respondió.&lt;br /&gt; -Es chica pero bastante cómoda, aunque, ayer aparecieron unas goteras, pero en cuanto mejore el tiempo las voy a arreglar.&lt;br /&gt; -Qué lástima, son cosas que pasan, al menos vos te das maña y vas a hacer un buen trabajo.&lt;br /&gt; -Papá y Mamá nos dijeron que hagamos de cuenta que es nuestra ya que va a ser su regalo cuando nos casemos. En cuanto llegue la primavera hemos decidido pintarla. - Agregó María como si anunciara un viaje en primera clase alrededor del mundo.&lt;br /&gt; -¡Eso! - Reaccionó la anciana. -No hay nada tan lindo como tener algún proyecto, aunque parezca chiquito, sobre todo cuando las cosas van mal y hacen que uno se quede entregado, quieto como si estuviera paralítico... o muerto. ¿Y a vos cómo te va en el trabajo? ¿Sin problemas? - Preguntó dirigiéndose a María.&lt;br /&gt; -¿Problemas? No, problemas ninguno, sólo que cada día vienen  más enfermos. No es el caso, pero parece que se hubiera declarado una epidemia y nadie se animara a reconocerlo.&lt;br /&gt; -¿Parece? - Exclamó La Vieja como queriendo saltar de la banqueta. ¿Y vos crees que esto que estamos pasando no es una epidemia? Con tanta gente sin trabajo o ganando chauchitas que no le alcanzan para mal comer. ¿Qué querés? ¿Que además estén sanos?   &lt;br /&gt; -Lo comprendo. ¡Como no voy a comprenderlo si nosotros estamos en la misma cosa!&lt;br /&gt; -Y si, casi todos. - Agregó la mujer pareciendo tranquilizarse. &lt;br /&gt; -Debe ser eso que llaman globalización. - Sentenció Romualdo como al pasar.&lt;br /&gt; -¿Globalización? - Repitió La Vieja extrañada. -¿Y de dónde sacaron a ese bicho?&lt;br /&gt; -Es algo que leí en el diario como al pasar, pero si no entendí mal, es la causa de todo este lío. - Trató de aclarar el muchacho sin conseguir aclarar demasiado.&lt;br /&gt; -Rara fauna debe ser. Venenosa, ¿no?- Insistió la mujer.&lt;br /&gt; -No quiero parecer una sabihonda, pero lo de globalización está referido a que lo que se hace en determinado país, lo que pasa allí, especialmente si el país es importante y rico, después repercute en cada uno de los otros. - Dijo María queriendo ayudar.&lt;br /&gt; -Según se ve, repercute especialmente lo dañino, porque de lo bueno nunca nos enteramos. - Reflexionó la anciana.&lt;br /&gt; -Algo así. - Certificó Romualdo.&lt;br /&gt; -Sí, debe ser un bicho nomás. Un bicho muy feo. Como una vinchuca, pero mucho más grande y mucho más malo. Desgraciadamente, no entiendo de esas cosas, me alcanza con padecerlas. - La mujer pensó en cambiar de tema, pero todos eran iguales o peores. Inevitablemente cayó en uno de ellos. -¿Y vos Romualdo? Todavía no has conseguido nada, ¿verdad?&lt;br /&gt; El muchacho iba a contestar pero un trueno lejano y grave como un timbal tocado en sordina en el fondo de un escenario, pareció quedar suspendido, demorando la oportunidad de expandir su sonido. Los tres permanecieron expectantes, como esperando que el trueno se definiera más cercano y más vigoroso, pero sólo escucharon el silencio. Pasaron unos pocos segundos y llegó la respuesta de Romualdo.&lt;br /&gt; -No. Me duele contárselo pero es así. Parece que el trabajo es como una moneda de oro detrás de la que todos corremos como desesperados. Cuando casi la vamos a tener entre los dedos, se esfuma. &lt;br /&gt; -Alguien debe habérsela robado. - Sentenció La Vieja. - Y  también debe haberse robado muchas otras cosas. Si no, no estaríamos así.&lt;br /&gt; De pronto se escuchó más decidido y más cercano el trueno que antes había quedado esperando una nueva oportunidad.&lt;br /&gt; -¡Carajo! - Reaccionó la anciana. -¡No me digan que va a llover de nuevo! &lt;br /&gt; No fueron necesarias opiniones, y mucho menos, ninguna de esas predicciones que suelen presentarse en las conversaciones donde el estado del clima suele convertirse en tema central, porque la lluvia comenzó a golpear sobre el techo de zinc anunciando su presencia victoriosa.&lt;br /&gt; -Ya habrán visto el barro al llegar. Tenía esperanzas de que empezara a secarse con un poco de Pampero, pero minga de Pampero, ahora se va a poner más feo todavía. Como no nos falta ninguna desgracia, encima más agua. ¡Qué porquería! ¡Cuando se terminará este maldito agosto!&lt;br /&gt; -Como siempre el treinta y uno. - Definió Romualdo sin la intención de hacer una broma inoportuna.&lt;br /&gt; -Falta que te hagas el gracioso poniéndote a jugar con el almanaque.&lt;br /&gt; -Déjelo Vieja, tenemos tan pocas diversiones. Intercedió María.&lt;br /&gt; -Yo diría que ninguna, pero está bien. Me lo merezco por ser tan quejosa. Después de todo, no sirve para consuelo, pero estoy segura de que debe haber otros que están peor. Es una pena.&lt;br /&gt; -Me alegra que todavía disponga de tiempo para ocuparse de los demás. Habla a su favor. - Comentó Romualdo.&lt;br /&gt; -Aunque te parezca mentira, es algo que hago todos los días... pobres desgraciados.&lt;br /&gt; -Al menos mientras se lamenta por ellos se olvida de sus propias penurias.&lt;br /&gt; Un nuevo trueno mucho más firme y más cercano cortó la conversación. La mujer se sobrepuso y siguió con lo quería decir.&lt;br /&gt; -No sé si lo hago por eso. - Aclaró La Vieja. -En una de esas se debe a la consideración que les tengo... aunque no los conozca. El barco se hunde y yo estoy en la proa, pero tengo presente que no viajo sola, que desde aquí hasta la popa hay una larga fila de gente que como yo, no merece ahogarse.&lt;br /&gt; -¿No sería mejor buscar los botes salvavidas? - Preguntó María.&lt;br /&gt; -¡Sería inútil! Apuntó la anciana. Con ellos pasó lo mismo que con la moneda de oro de que hablaba Romualdo. Se los robaron a todos, uno por uno. Después los vendieron y vaya a saber por dónde andan.&lt;br /&gt; -Seguro que es así. Sólo falta averiguar qué podemos hacer nosotros para recuperarlos. - Dijo María lánguidamente, sin mirar a nadie.&lt;br /&gt; -¿Nosotros? - Continuó La Vieja. - Mirá, en este país nos creemos todos muy vivos pero cada día me convenzo más de algo que te va a llamar la atención, y es que en realidad somos muy brutos, y también pongo adentro de la bolsa a aquellos que parecen los más inteligentes. Son tan burros como los otros, sólo que un poco más pícaros. Pero inteligentes en serio debe haber muy pocos, y siento que son los peores porque casi todos cometen el mismo error: se quedan callados y miran para otro lado.&lt;br /&gt; -Está bien. - Insistió Romualdo. No voy a discutir lo que usted dice. Sólo le preguntaba que debemos hacer nosotros para recuperar los botes.&lt;br /&gt; -¿Nosotros? Lo único que podemos hacer es cambiar y dejar de correr detrás de la zanahoria, porque las zanahorias se acabaron hace tiempo. Y además, tener alguna esperanza, eso, por lo menos aquellos a los que les queden suficientes fuerzas para semejante proeza.&lt;br /&gt; -¿No es pedir demasiado? - Terció Romualdo.&lt;br /&gt; -Claro que sí, pero en estas ocasiones es cuando hay que sacar afuera el carácter, como si fuera un cuchillo afilado un instante antes de la pelea, y sentirse dispuesto a matar o morir. Es la única forma para evitar que nos sigan pasando por encima.&lt;br /&gt; -Usted sí que tiene carácter. Da gusto escucharla. - Aseguró María.&lt;br /&gt; -¿Sabés qué pasa querida? El gallo viejo tiene la carne dura y la piel más todavía, y mucho más, si la única comodidad de que dispone es pasearse por su propia soledad como si fuera un jardín. Allí vive expuesto a todos los vientos y a todos los soles, y en esa tierra, la misma basura son el invierno y el verano, ingratos y crueles como una maldición. Pero hay que seguir, ¿sabés? porque las grandes batallas no se ganan con resignaciones sino poniendo el cuero. Esto grábenselo bien, porque si no lo hacen, cuando me muera voy a venir para tirarles de las patas mientras duermen... por cobardes. Y no me pregunten nada más porque no voy a saber qué contestarles. Recuerden que soy tan burra como cualquiera, seguramente, un poco más.&lt;br /&gt; María y Romualdo percibieron que La Vieja había ido cargando temperatura hasta casi no poder soportarlo, y cada uno por sí mismo, decidió que lo mejor era cortar el momento para evitar que la presión hiciera estallar la casilla. El muchacho fue el primero en ponerse de pie.&lt;br /&gt; -Mejor nos vamos. Por hoy ya la cargoseamos bastante. &lt;br /&gt; -Pero no hijo, si ni siquiera les he cebado los mates que les prometí.&lt;br /&gt; -Otro día mama, otro día. &lt;br /&gt; Ella reaccionó como si acabara de hacer el mejor de los descubrimientos.&lt;br /&gt; -Me decís mama como José.&lt;br /&gt; -No le molesta. ¿o si?&lt;br /&gt; -¡Cómo va a molestarme que me des el mejor de los títulos!&lt;br /&gt; Aunque le hubiera gustado Romualdo no quiso envolverse en ternuras que le parecían no corresponderse con lo que habían venido hablando. Por eso trató de mostrar una firmeza que no sentía.&lt;br /&gt; -Vamos María, -dijo- tengo miedo de que vaya a llover más fuerte.&lt;br /&gt; Como por arte de magia en las manos de la muchacha apareció un paraguas. Besaron a La Vieja y fueron hasta la lona que tenía el rol de puerta. Afuera ya era de noche.&lt;br /&gt; -Chau Vieja, en cualquier momento le caemos de nuevo. - Afirmó Romualdo a modo de despedida.&lt;br /&gt; -Tómenos la palabra porque en dos o tres días estaremos por aquí.&lt;br /&gt; -Todas las veces que quieran. Cuídense mucho y que tengan suerte.&lt;br /&gt; Los visitantes entraron en la oscuridad de afuera mientras un relámpago pareció querer indicarles el camino. La Vieja mantuvo la lona levantada para verlos alejarse, asomando un poco la cara que rápidamente se cubrió de gotas tan atrevidas como impiadosas. Entre ellas y las dificultades de su vista, impidieron que observara como María y Romualdo tomados de la mano avanzaban dificultosamente chapoteando en el barro gomoso, pero sin detenerse, como si estuvieran seguros de que un poco más allá estaba la tierra firme que buscaban. Hasta que un nuevo relámpago le permitió al menos presentir sus figuras ya alejándose bajo la lluvia. Entonces hizo una exclamación que pudo haber sido un reproche o una plegaria.&lt;br /&gt; -Son mis hijos Dios, pero también son los hijos de todos. ¿Hasta cuando vas a esperar sin hacer nada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;F  I  N</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/5595038247364575513/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/5595038247364575513?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5595038247364575513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5595038247364575513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-34-final-de-la-novela.html' title='Capítulo 34. Final de la novela.'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-8053024915709607328</id><published>2007-08-24T11:16:00.000-03:00</published><updated>2007-08-24T12:29:50.565-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 33</title><content type='html'>33&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Durante las primeras horas de la tarde de ese mismo día, Eizagirre estaba sentado junto a la cama del Inspector Lancleau en una sala reservada del hospital. Se había comprobado la impresión de un primer momento: la herida había sido superficial y se lo mantenía internado sólo por previsión, pero el paciente no parecía dispuesto a soportar la placidez de la inactividad por mucho tiempo.&lt;br /&gt; -Bueno Eizagirre, - le dijo a su visitante -creo que hemos hecho un buen trabajo. Desbaratamos dos intentos que hubieran tenido desastrosas consecuencias: la voladura de la Torre Eiffel y... de la tumba del Emperador.&lt;br /&gt; -¿Los Inválidos? - Preguntó asombrado Eizagirre.&lt;br /&gt; -Exactamente. Cuando salimos del apartamento, yo hacia aquí y usted a preparar por mí el borrador del informe, cosa que le agradezco, se registró minuciosamente el lugar. No encontraron nada fuera de lo común, salvo... una dirección torpemente disimulada en la alacena de la cocina. Otro error incomprensible, todavía no puedo creerlo, porque esta gente no anota ciertas cosas y las deja junto a los números telefónicos del fontanero y del electricista  o la dirección de la zurcidora. Pues bien, sin embargo, allí estaba. Poco tardó una patrulla en dirigirse a esa dirección y encontrar el coche bomba, y con él, a nuestro amigo Manuel. Apremiado por las evidencias que se le presentaron  acabó confesando que existía un atentado adicional... tal como lo habíamos deducido, y que consistía ¡nada menos! en volar Los Inválidos. Naturalmente, por la disposición del edificio era improbable que llegaran a destruir la “Tumba”, pero dejarían en clero su capacidad operativa y el impacto emocional estaría conseguido.  &lt;br /&gt; -¿Podemos decir punto final? - Preguntó aliviado Eizagirre.&lt;br /&gt; -Pienso que sí, pero antes falta que agregue sólo una cosa. Delian, el despachante de la bodega y el camionero, su compinche, los que introdujeron el explosivo en el Julio Verne, también están detenidos. &lt;br /&gt; -Bueno, creo que tengo motivos para regresar tranquilo a mi país. - Afirmó el vasco con expresión radiante. &lt;br /&gt; -Tranquilo y satisfecho. - Agregó Lancleau. - Su ayuda ha sido inestimable. Más allá de su permanente disposición profesional, le aseguro que en lo personal jamás lo olvidaré. -Terminó diciendo el Inspector conteniendo cierta emoción. Pero como no le gustaba mostrar sus sentimientos volvió a las cosas concretas. - Y a propósito, ¿cuándo parte?&lt;br /&gt; -Pasado mañana. Tengo un día para disfrutar &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; como un turista más. - Comentó Patxi pensando en Josephine.&lt;br /&gt; -De verdad se lo merece, y según sospecho, pienso que va a hacerlo en muy buena compañía. No olvide si desea visitarnos que seguiremos siempre aquí, del otro lado de la frontera. - Dijo el Inspector exhibiendo una sonrisa franca, mientras extendía su mano para estrechar la de su colega. Este la tomó con la suya y la oprimió afectuosamente.&lt;br /&gt; -Hasta la vista Inspector. Deseo que su herida mejore y pueda dejar pronto el hospital.&lt;br /&gt; -Lancleau lo miró como si acabara de anticiparle algo que ya tenía absolutamente decidido.&lt;br /&gt; -De eso puede estar usted seguro, muy seguro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al día siguiente, después de una larga caminata, Josephine y Eizagirre bebían café en la vereda de un pequeño bistro frente al Sena. A pesar de la dureza de su carácter, él no había podido evitar la afección que sentía por haber tenido que matar a un hombre, debido a que antes que un policía, Eizagirre era un ser excepcional que le asignaba una importancia capital a la vida en todas sus manifestaciones, en especial, naturalmente, a la vida humana, aunque fuera la de un delincuente. Josephine, además de apenada por su aflicción, estaba desconcertada porque ya sabía quién era el hombre a quién Patxi había matado. Y también, que Madelaine tampoco lo ignoraba. Durante la conversación telefónica que mantuvieron muy temprano, la notó deprimida. Su amiga acababa de leer los diarios de la mañana que publicaban las fotografías de los implicados y un acabado detalle del plan terrorista, “desbaratado por la policía francesa con la colaboración de la española”, según literalmente lo informaba uno de ellos. Para complicar todavía más las cosas, L’Humanité titulaba “Ejecución de un miembro de ETA” y comenzaba la nota afirmando: “Un policía español actuando ilegalmente en nuestro país, asesina en una azotea a integrante de ETA...”Sin embargo, la actuación de Eizagirre estaba legalmente respaldada, circunstancia que se robustecía por haber sido quién puso fin a un enfrentamiento donde resultó herido un oficial de la policía francesa. Aquello bastaba para que Madelaine supiera quién había matado a Iñaki. &lt;br /&gt; -No es una frase ingeniosa, pero se trataba de ti o de él, por otra parte, aunque la pérdida de una vida siempre es dolorosa, ¿te has detenido a pensar cuántos habrían muerto si los dos atentados se hubieran llevado a cabo? -Dijo Josephine hablando suavemente, buscando consolar a Patxi.&lt;br /&gt; -Tienes razón. - Respondió él no demasiado convencido. &lt;br /&gt; -Te ayudaré y estaré permanentemente a tu lado. - Contestó ella tomándole la mano. - Hasta que llegue a ser una carga y comiences a aburrirte de mí.&lt;br /&gt; -Josephine... - Musitó Patxi y se acercó para besarla en la mejilla, como un adolescente que tímidamente besa la cara de la mujer amada. -¿Vendrás conmigo a &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;?&lt;br /&gt; -Te prometo hacerlo dentro de una semana.  Necesito ese tiempo para arreglar mis cosas.  Creo que después... tardaré mucho antes de regresar a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt; -Me alegra escuchar eso. Ven pronto, te estaré esperando...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después del almuerzo, Eizagirre dejó a Josephine en la puerta del edificio donde vivía Madelaine, y se dirigió a hacer una última gestión en la Central de Policía. Ella necesitaba explicarse, como si debiera excusarse de una falta horrible, sintiendo por razones tan equivocadas como honestas que de alguna manera había traicionado a Madelaine. La dueña de casa la recibió en el mismo salón donde poco más de un mes atrás proyectaron el que resultaría su accidentado viaje a &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt; Madelaine estaba más compuesta de lo que Josephine esperaba, pero aun así, parecía que los años que habían estado tanto tiempo detenidos, se hubieran abatido sin piedad sobre ella. Tenía la voz quebrada, como si su angustiada garganta tuviera dificultad para emitir sonidos, pero además, todo su aspecto denotaba cierto cansancio. La visitante lo percibió apenas su amiga le ofreció café o algo para beber. Ella rehusó mientras buscaba la forma de cumplir con su propósito, pero Madelaine se le adelantó. &lt;br /&gt; -Desde que me enteré de todo este horrible suceso, he estado pensando casi en una única cosa.. Es probable, que por algún extraño reflejo te sientas culpable ante mí... - Josephine quiso interrumpirla pero Madelaine se lo impidió. - ... por favor, déjame terminar... Como te decía, si es así, aleja esa idea de la cabeza. Yo nunca estuve de acuerdo con las actividades de Iñaki, y hasta cometí el error de creer que no me importaban, como si nuestra relación no tuviera nada que ver con lo que él hacía, aceptando con ingenuidad que nuestros mundos nunca iban a encontrarse, sin prever que si lo hacían, uno de los dos iba a ser destruido. Ahora lo veo, era de esperar que terminara así. Por otra parte, murió en un enfrentamiento cuando trataba de huir con un dispositivo destinado a eliminar muchas vidas, después de haber herido a un policía al que hubiera podido matar.  Si las cosas son justas o injustas, y si la Justicia es tan benemérita como a diario se pregona, no lo sé, guardo demasiadas dudas sobre eso. Tampoco sé si la sociedad está tan bien constituida como nos acostumbramos a creer, y si en el fondo, aquellos que pretenden ser modelo de conducta, no son los mismos que generan el estímulo inicial para que ocurran estas cosas espantosas. No creas que digo esto porque me ubique como juez de los demás, aunque quisiera, no me siento capacitada para eso. Pero pienso que Patxi actuó de buena fe, valientemente, de acuerdo a lo que representaba, y protegiéndonos a todos nosotros, en cierto modo, también a mí. Por lo tanto, no tengo contra él ningún resentimiento. Además, no puedo olvidar que le amas, y eso me hace pensar que debe poseer incontables méritos. Esto tampoco tengo que olvidarlo. De modo que, en lo que a mí respecta, no hay culpables y la vida continúa. No será hoy, no será mañana, pero ya encontraré una salida. Y verás lo que son las cosas... ayer me llamó Jean-Claude. Estaba fuera del país y se enteró tardíamente de mi secuestro. Quería saber cómo estaba y acabó proponiéndome que nos veamos esta noche, y acaso, bueno... si no, cuando esto deje de dolerme. Tal vez reconstruyamos nuestra relación, tal vez no, pero lo cierto es que, insisto, la vida sigue. Ya hablaremos de eso. En principio he decidido sacar a Didier del colegio por una semana, después, acaso busque otro donde no deba permanecer pupilo, así podremos pasar más tiempo juntos. Estoy segura que eso le hará feliz y hace mucho que yo también lo deseo.&lt;br /&gt; -Me satisface que pienses así. Eres una mujer de gran entereza. - Agregó Josephine.&lt;br /&gt; Madelaine le dedicó una sonrisa forzada.&lt;br /&gt; -No es mi entereza. ¿Recuerdas cuando te hablé de las circunstancias, como nos atenazaban, obligándonos a actuar de acuerdo a sus designios? Bueno, es lo que está ocurriendo ahora... lo que me está ocurriendo.  Parece un lugar común, una frase trivial, repetitiva, pero es así. &lt;br /&gt; Josephine no pudo contener lo que quería decir desde hacía muchos días, ya antes de todo lo ocurrido. &lt;br /&gt; -Sé que puede parecerte una cuestión menor, pero me hubiera gustado tanto que conocieras mejor a Patxi, que pasáramos más tiempo los tres juntos... y que pudiéramos contarte nuestros proyectos. &lt;br /&gt; -Lo pasaremos.  - Contestó su amiga. -No ahora, pero cuando estén instalados en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;, iré a visitarlos. Y será todavía mejor porque los proyectos ya estarán en marcha, y podré ver realizados a muchos de ellos. Créeme que no es una promesa vana. ¡Voy a hacerlo!&lt;br /&gt; -Ya lo sé Madelaine, serías incapaz de mentirme.&lt;br /&gt; -Tú lo has dicho, sería incapaz...</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/8053024915709607328/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/8053024915709607328?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8053024915709607328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8053024915709607328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-33.html' title='Capítulo 33'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-5927705507995170855</id><published>2007-08-23T10:46:00.000-03:00</published><updated>2007-08-24T12:27:17.590-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 32</title><content type='html'>32&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Monsieur Delevreaux no aportó ninguna información. Más allá del precio de las carnes, aves, verduras y vinos, parecía ignorarlo todo. Lo único que logró fue exasperar a Lancleau, pero éste acabó resignándose. Durante su larga carrera había conocido a mucha gente desaprensiva, y Delevreaux era otra de ellas. El mundo podía estallar a su paso, pero todos seguirían sumergidas en sus pequeñas ocupaciones, sin otra preocupación que llevarlas a cabo más o menos aceptablemente.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Más tarde, en la sala de interrogatorios, los dos policías se sentaron frente a la mesa junto a la cual ya estaba ubicado Stefandrel. El detenido se mantenía impasible, amagando el dibujo de una sonrisa que no terminaba de instalarse en su boca, como si después de un encuentro casual en la calle, aquello se tratara de compartir una charla con viejos amigos. El Inspector procedió parsimoniosamente a colocarle tabaco a su pipa para luego encenderla. Si estaba ansioso por conocer la información que Baptiste podía proporcionarle, lo disimulaba a la perfección. Recién después de tomarse todo el tiempo que le pareció necesario, se dirigió al prisionero mirándolo fijamente.&lt;br /&gt; -Monsieur Stefanfrel, antes que nada quiero anticiparle que sé perfectamente quién es usted. Ni siquiera su propia madre posee información tan minuciosa.&lt;br /&gt; -Me siento halagado. Jamás creí que mis modestas actividades pudieran interesar tanto a la policía. &lt;br /&gt; -Sus “modestas actividades”, como usted las llama, han ocasionado más de un problema aquí y en el extranjero, pero, dejemos eso y vayamos a nuestro asunto. ¿Qué hacía usted esta noche en el restaurante Julio Verne?&lt;br /&gt; -Trabajo allí. - Fue la respuesta escueta y fría.&lt;br /&gt; El Inspector no pudo ocultar un atisbo de irritación.&lt;br /&gt; -Ya lo sé, pero no durante una huelga. ¿O sugerirá que en circunstancias tan inusuales, fue hasta el lugar porque había olvidado su pañuelo favorito y le urgía recuperarlo?&lt;br /&gt; -Lo que podría decirle acaso le resultaría tan increíble como esa absurda historia del pañuelo. Nunca aceptaría que es la pura verdad.&lt;br /&gt; -Amigo mío, - dijo Lancleau suavemente, como si fuera un niño insistiendo en que le relaten por milésima vez su cuento preferido. No prejuzgue sobre mi credibilidad. Soy un hombre confiado, póngame a prueba y no se defraudará.&lt;br /&gt; Baptiste habló como si su voz emergiera desde el corazón de una grabadora.  &lt;br /&gt; -Proyectaba inutilizar el explosivo. Usted me sorprendió precisamente cuando estaba por comenzar a hacerlo y malogró mi propósito. Esa era mi única intención.&lt;br /&gt; -¿De manera que me considera el causante de que kilos y kilos de ese maligno producto se mantengan intactos? ¿Debo pedirle disculpas por mi tonto sentido de la inoportunidad? - Lancleau hizo un gesto para evitar la respuesta que por otra parte Stefandrel no estaba dispuesto a darle. - Está bien, no me conteste si no quiere hacerlo, admito que son preguntas que no tienen respuesta. Pero bueno, supongamos que debido a mi extraordinaria bondad, que esta noche emerge purísima como el agua de una fuente, me siento inclinado a creerle... antes convendría saber con qué finalidad estaba ese explosivo en el restaurante, quién lo introdujo y quién iba a detonarlo.&lt;br /&gt; -¿Si respondiera a eso, creería lo que dije antes?&lt;br /&gt; -Podría ser, pero no estoy en posición de asegurarle nada. Mi buen corazón no llega a tanto.&lt;br /&gt; -Está bien. - Afirmó el prisionero. - Correré el riesgo.&lt;br /&gt; -Bien pensado, admiro a la gente atrevida. - Comentó el Inspector con sorna, pero sin tomarse el menor trabajo para disimularla. - Lo escucho. &lt;br /&gt; Stefandrel hurgó entre sus ropas buscando los cigarrillos que no tenía, y luego pidió uno. Lancleau señaló su pipa excusándose por no poder satisfacer el requerimiento, y miró sugestivamente a Eizagirre. Este, de mala gana, extendió su cajetilla. Después que le dieran lumbre y de aspirar ansiosamente el prisionero comenzó a hablar.&lt;br /&gt; -El explosivo fue llevado al restaurante con el propósito de volar la Torre. - Aunque aquella no era una novedad, escuchar la confirmación hizo que las manos de Lancleau se crisparan. Sólo pensar como posibilidad que el propósito hubiera tenido éxito le parecía una catástrofe. -La operación fue planeada por ETA, gente que vive en París y un hombre llegado desde España. &lt;br /&gt; -¿Cómo introdujeron el explosivo en el restaurante? - Preguntó el policía para terminar afirmando. - No debe haber sido tarea fácil.&lt;br /&gt; -En cajas de vino. Para eso se contaba con el despachador de la bodega...&lt;br /&gt; Lancleau no quería dejar el menor cabo suelto.&lt;br /&gt; -Muy ingenioso. ¿y cómo se llama ese tan dispuesto colaborador?&lt;br /&gt; -Paul Delian.&lt;br /&gt; -Así que Paul Delian... ¿Y cuáles son los nombres de los españoles?&lt;br /&gt; -Ignoro sus apellidos, pero uno de ellos se llama Manuel, él hizo contacto conmigo. Lo conozco desde... bueno, lo conozco desde hace tiempo. El nombre del otro es Iñaki y llegó recientemente desde &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt; con el dinero y las instrucciones para ejecutar el plan. &lt;br /&gt; -Bien... bien...-¿Con cuál de ellos se encontró en La Belle Ferronière?&lt;br /&gt; -¿Sabe también eso? - Preguntó sorprendido el interrogado. &lt;br /&gt; -Le asombraría conocer todo lo que sé. Pero déjeme a cargo de las preguntas y respóndame esta. &lt;br /&gt; -Con el que se llama o se hace llamar Iñaki.&lt;br /&gt; -Es maravilloso que ni siquiera usted esté convencido de que ese es su verdadero nombre. Pero dígame, ¿por qué razón se vieron? &lt;br /&gt; -Debía entregarle la pieza que faltaba para armar el detonador. Puede parecer extraño, pero Manuel, que es experto en demoliciones no encontraba la original.&lt;br /&gt; -Entonces este Manuel... ¿era el encargado de la detonación?&lt;br /&gt; -Sí.&lt;br /&gt; -¿No le sorprendió o no le pareció particularmente llamativo que un especialista hubiera perdido una pieza indispensable, y que fuera incapaz de encontrarla?&lt;br /&gt; -No era mi responsabilidad juzgar esas cosas. Por otra parte, tal vez tenía la suya, pero necesitaba dos. -Comentó el prisionero permitiéndose por primera vez un atisbo de humor. &lt;br /&gt; El Inspector aparentó no advertir la broma.&lt;br /&gt; -No me ha dicho cómo establecía sus contactos con esta gente.&lt;br /&gt; -No me lo ha preguntado. &lt;br /&gt; -Lo estoy haciendo.&lt;br /&gt; Eizagirre, a pesar de la tensión, disfrutaba siguiendo el interrogatorio que Lancleau manejaba como un lance de esgrima combinado con una partida de ajedrez. Tampoco podía negar que Stefandrel colaboraba como lo haría un gran actor que había ensayado a la perfección su rol, satisfecho de ser el partenaire de la primera figura del elenco.&lt;br /&gt; -Manuel me llamaba al restaurante. Nunca me dió ni su teléfono ni su dirección.&lt;br /&gt; -¿Y el otro? - Preguntó el Inspector queriendo cerrar todos los resquicios. &lt;br /&gt; -Sólo sé que le asignaron un apartamento cercano al Arco de Triunfo.&lt;br /&gt; -¿Podría ser en la Rue des Acacias?&lt;br /&gt; -No puedo asegurarlo, pero podría ser. Esa calle queda a dos o tres cuadras del Arco. Me dijo que vivía por allí.&lt;br /&gt; Todo parecía aclarado, pero no para el Inspector.&lt;br /&gt; -Mi querido amigo, - le dijo a Stefandrel con la dulzura propia de una serpiente - volvamos al principio. Dijo usted que había ido al Julio Verne con el propósito de inutilizar el explosivo. ¿Creyó que eso era técnicamente posible?&lt;br /&gt; -Lo era.&lt;br /&gt; Lancleau no estaba satisfecho.    &lt;br /&gt; -Admitamos que lo fuera, y que no existía el riesgo remoto, verá que digo remoto, de que usted volara junto con su intento... &lt;br /&gt; -¿Qué razones tenía para hacerlo? &lt;br /&gt; Por primera vez desde que había comenzado el interrogatorio, Baptiste dudó y tardó en responder. Pero posteriormente se recompuso y contestó la pregunta con firmeza. &lt;br /&gt; -Tomé conciencia de que estaba participando en provocar un daño irreparable. En mi oficio las cosas no se piensan demasiado, se me contrata para un trabajo y lo ejecuto, pero en este caso... bueno, en este caso me dejé llevar por la tentación sin medir las consecuencias... había mucho dinero de por medio...  &lt;br /&gt; -... ¿Cuánto? - Quiso saber el policía.&lt;br /&gt; -Ciento cincuenta mil dólares. &lt;br /&gt; -¡Diablos!... Es una buena suma.&lt;br /&gt; Stefandrel no comentó nada respecto al dinero ni sobre la manera irregular con que le estaban pagando, y continuó hablando tranquilamente como si no hubiera sido interrumpido. &lt;br /&gt; -Comprendo la opinión que tendrá usted de mí, pero finalmente, yo también soy francés, y la Torre Eiffel, es Francia. Por eso quería impedir su destrucción.&lt;br /&gt; El policía recibió con frialdad la explicación.&lt;br /&gt; -Créame que valoro grandemente sus sentimientos patrióticos, pero no comprendo porque primero se complica en esta operación, y a último momento... digamos que era el último, resuelve echarse atrás por razones tan... tan idealistas. Sobre todo, y disculpe mi sinceridad, tratándose de alguien que no se ha lucido demasiado en la exteriorización y el respeto a esos ideales. ¿No habrá ocurrido que el dinero prometido llegó sólo en mínima parte, algo así como un anticipo reducido, y usted recibió cierta información confidencial, para intuir que el resto se lo iban a entregar en forma de bala y penetrando en su espalda?&lt;br /&gt; Aunque trató de disimularlo, el prisionero se sobresaltó.&lt;br /&gt; -¿De dónde saca eso?&lt;br /&gt; Lancleau no se amilanó.&lt;br /&gt; -Digamos que de mi desbordante imaginación. Siempre me ha prestado una gran ayuda. &lt;br /&gt; -No lo dudo, - dijo Baptiste con un dejo de cortesía. - pero su imaginación por brillante que sea, no serviría de prueba en un tribunal. &lt;br /&gt; -De todas maneras, ¿qué pretende usted al presentarme toda esa historia del buen francés arrepentido? -Exclamó Lancleau irritado.&lt;br /&gt; -Me sorprende Inspector, justamente cuando estaba comenzando a valorar su sagacidad. -Dijo Stefandrel permitiéndose también una ironía. -Es obvio que mi confesión persigue llegar a algún tipo de acuerdo. No es algo imposible.&lt;br /&gt; Al policía no le extrañó la propuesta. Lo había venido sospechando desde que comenzó a notar que el prisionero se mostraba imprevistamente locuaz y preciso. La situación tenía cierta lógica. Baptiste había sido sorprendido in fraganti y pretendía eludir toda culpa derivando la responsabilidad hacia sus cómplices, confesando sus nombres y todo el diseño del plan, para terminar presentándose como un cordero que arrepentido a último momento asume una actitud salvadora. En suma, súbitamente, el culpable se convertía en inocente, el asesino se quitaba su máscara cruel y dejaba ver la cara del héroe de corazón puro sonriendo triunfalmente. El Inspector tuvo que admitir que no estaba tan mal pensado, por otra parte, Stefandrel tenía poco por ganar y casi todo para perder. Era una jugada difícil, pero no imposible. Un jurado podría considerarla más que atendible. Por fin, emergiendo de su reflexiones, dio a conocer su opinión.&lt;br /&gt; -Está bien, prometo considerarlo. Ahora... -estuvo al borde de decir algo pero se contuvo como si bruscamente hubiera cambiado de opinión - ...por esta noche hemos terminado. - Después, se puso de pie, y dirigiéndose a Eizagirre, le dijo: -Por favor, acompáñeme, quiero hablarle. Los dos abandonaron silenciosamente la sala mientras Stefandrel era conducido a su celda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A Eizagirre y Lancleau les hubiera gustado establecer si considerar cercana la finalización del caso obedecía a la lógica de una investigación, o era simplemente sólo un deseo compartido. Habían llegado hasta la oficina sin cambiar palabra, como si necesitaran concentrarse por separado para alcanzar las definiciones que consideraban imprescindibles. A poco de sentarse, el español fue el primero en hablar.&lt;br /&gt; -Coincidirá conmigo Inspector, que es menester detener a este Iñaki cuanto antes. El conserva la pieza para el detonador y mientras esté en sus manos, la situación no resulta nada tranquilizante.&lt;br /&gt; -No se apresure Eizagirre. Quiero creer que está todo bajo control. El sospechoso permanece en el apartamento en que vive dispuesto a tomar alguna iniciativa. Pero está vigilado y aunque él lo ignore, listo para caer en nuestras manos apenas se mueva, y mucho más, si ese movimiento está dirigido a realizar algo abiertamente agresivo. &lt;br /&gt; -Entonces...&lt;br /&gt; -Un momento amigo mío. Ha surgido algo...- Lancleau había detenido la frase de su colega como si no quisiera perder una idea que acababa de hacerse clara en su mente. - ... que no me gusta nada. ¿Recuerda usted la broma de Stefandrel cuando le pregunté si no era extraño que un experto en demoliciones no contara con piezas indispensables para realizar su... ejem... trabajo, o peor aun, que las perdiera y no pudiera encontrarlas? ¿La recuerda? - repitió.&lt;br /&gt; -Sí... él dijo: “tal vez Manuel necesitaba dos”. Pero eso, ¿qué puede significar? De seguro fue una bravata, y si me lo permite, acaso hasta “celos profesionales” nacidos de alguna diferencia que desconocemos. Debe haberse tratado de eso.&lt;br /&gt; Lancleau adquirió un tono lúgubre.&lt;br /&gt; -Puede ser pero no lo creo. Tal vez Stefandrel no lo sepa, aunque... acaso puede significar que hemos desbaratado un atentado, pero hay un segundo en marcha, algo así como un plan complementario o alternativo. El detonador que supuestamente se iba a usar en la Torre ya está armado. La pieza que está en poder de Iñaki es para armar el que se utilizará en otra parte. Es obvio que esta segunda operación fue decidida cuando la idea de volar la Torre ya estaba implementada. Por eso había un solo detonador completo. En otras palabras, Manuel no perdió ni buscó el componente para este segundo detonador... ¡Nunca lo tuvo en su poder! Por eso necesitaba que se lo proveyeran para cumplir el siguiente cometido y completar su doble tarea. &lt;br /&gt; -Pero... -Comenzó a decir su interlocutor entre dubitativo y temeroso. El Inspector lo interrumpió sin contemplaciones.&lt;br /&gt; -¿Es que mi conclusión le parece desacertada?- &lt;br /&gt; -Nada de eso. Y muy por el contrario, me temo que sea trágicamente correcta.&lt;br /&gt; -¿Entonces?... -musitó inquisitivamente Lancleau como si esperara apoyo para tomar una decisión definitoria. &lt;br /&gt; -Entonces vamos para allá, -reaccionó nerviosamente Eizagirre -es imperioso detenerlo.&lt;br /&gt; -Si estoy en lo cierto, y creo que lo estoy...  - Confirmó el Inspector. -¡No debemos perder un solo segundo para frustrar también este nuevo intento! Vienen cometiendo errores, pero son profesionales de cuidado y eso lo respeto. Estoy convencido de que esta vez van a hacer lo imposible para no equivocarse. - Poco después, los dos policías y seis gendarmes, partían en dos automóviles rumbo al apartamento de Iñaki.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Cuando se acercaba el amanecer, Iñaki había agotado su provisión de cigarrillos. Después de esa desalentadora comprobación, se acercó por enésima vez a la ventana para verificar si el auto que había venido mirando permanecía allí. Ya estaba por abandonar su puesto de observación, cuando llegaron velozmente dos vehículos que se estacionaron junto al permanecía allí. De ellos descendieron varios hombres que corrieron presurosos hacia la entrada del edificio. Entonces no tuvo que considerarlo dos veces para intuir de qué se trataba. Por fortuna, previsoramente había estudiado la posibilidad de huir por una salida que no fuera la convencional y ya tenía seleccionada esa ruta de escape. Después de tomar “la pieza” y su revólver, sólo tuvo que abrir la ventana que daba a un patio interior. Caminando cuidadosamente por una estrecha cornisa, llegó a una escalera metálica que desde la planta baja ascendía hasta los techos. Se tomó a ella y comenzó a subir.&lt;br /&gt; En la calle, luego de haber despertado al portero para que abriera, la policía entró en el edificio. Eizagirre, Lancleau y uno de los gendarmes tomaron el ascensor, y los otros subieron apresuradamente por las escaleras emplazadas a su alrededor. Ya casi ganando los tejados, Iñaki pudo escuchar como el grupo irrumpía estruendosamente en el apartamento. Después, tratando de no hacer ruido, comenzó a buscar la manera de descender a la calle adelantándose a las luces del día que lentamente comenzaban a insinuarse. Al no ver al hombre que buscaban, Eizagirre tardó muy poco en descubrir la ventana por la que había huido. Decididamente, seguido por Lancleau y tres gendarmes, tomó ese camino. Impulsado por la desesperación, arriba Iñaki corría descuidando las prevenciones que había tomado en un principio. Su apremio le impidió advertir un caño colocado casi a ras del piso, que le hizo tropezar y caer pesadamente. Pero eso no era lo peor. El tobillo había hecho impacto con el metal, y al incorporarse, sintió un dolor muy intenso que dificultaba sus movimientos y le restaba celeridad. Esforzándose a pesar de la renguera, continuó trabajosamente su marcha, hasta casi ganar un pozo de luz que daba a una de las casas contiguas. Para entonces, los policías ya recorrían el techo en su busca y estaban a poco más de veinticinco metros. Desde allí, surgió estentórea la voz del Inspector Lancleau.&lt;br /&gt; -¡Iñaki o cómo diablos se llame! Esta es la policía, le ordeno detenerse o abriremos fuego. &lt;br /&gt; Por toda respuesta, en la naciente y brumosa claridad del día se vio surgir un destello desde el lugar adonde presumiblemente se encontraba el perseguido. Alcanzado por el disparo, el Inspector cayó de bruces. Sus compañeros se acercaron para socorrerlo, pero aún en el suelo el francés conservaba su carácter. &lt;br /&gt; -No es grave, me ha dado en el hombro y todavía no preciso enfermeras... ¡Persíganlo y no lo dejen escapar! ¡Eizagirre, es imprescindible impedir que ese hombre huya con el componente del detonador!&lt;br /&gt; Pero Eizagirre ya no lo escuchaba, porque corría en dirección al lugar de donde había provenido el disparo. Pudo ver como trabajosamente, Iñaki trataba de huir por una escalera similar a la descripta anteriormente, que también descendía, hacia un patio techado de vidrio en la planta baja. Avanzando todo lo ágilmente que su pesado cuerpo le permitía, el policía llegó a pocos metros del fugitivo, precisamente cuando este trataba de ganar la posición para bajar.  Pudo ver que sólo los hombros y la cabeza de Iñaki emergían del pozo de luz, pero también su mano pronta a disparar sosteniendo el arma que lo apuntaba. Era su vida o la del etarra, pero más que eso, era la “pieza” que se armaría para la destrucción. Entonces no dudó, orientó su pistola y oprimió el gatillo. El certero proyectil dio en la frente de Iñaki y lo arrojó hacia atrás precipitándolo al vacío. Seguido por los gendarmes, el español bajó inmediatamente por la escalera, y encontró el cuerpo desplomado sobre el techo de vidrio. El material había resistido sin romperse el impacto del cuerpo y apenas mostraba una pequeña rajadura. Eizagirre comprobó que a dos metros estaba el revólver que Iñaki no había podido usar por segunda vez, y que en su rígida mano izquierda, mantenía aprisionada la pieza del detonador.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/5927705507995170855/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/5927705507995170855?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5927705507995170855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5927705507995170855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-32.html' title='Capítulo 32'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-8793548103277136117</id><published>2007-08-22T13:42:00.000-03:00</published><updated>2007-08-22T13:49:13.837-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 31</title><content type='html'>31&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras esperaba al español, como él le llamaba, Baptiste se planteó algunas conjeturas sobre el tema que le preocupaba. ¿Por qué el anticipo enviado por ETA no había sido la mitad habitual y sólo le habían entregado veinte mil dólares? El pretexto de Manuel le parecía poco consistente. “Las dificultades actuales son transitorias. En cuanto el trabajo esté termina-do aparecerá el resto”, había dicho. Pero él tenía noticias sobre nuevas modalidades operativas de ETA, y sospechaba que el resto podía llegar de una manera poco agradable. Iñaki lo descubrió a sentado lejos de la ventana. Se acercó para recibir un mecánico apretón de manos y una sugerencia que no admitía contradicciones. &lt;br /&gt; -Salgamos, es mejor que caminemos. Aquí somos como objetos colocados en una vidriera. &lt;br /&gt; Sin hablar salieron del bar para tomar Pierre Charron hacia los Campos Elíseos. Después de superar el sector de la cuadra que a Stefandrel le pareció más oscuro, extrajo del bolsillo de su  impermeable un pequeño envoltorio que discretamente puso en las manos de Iñaki, quién lo guardó prontamente en el abrigo.  &lt;br /&gt; -Cuando lleguemos a la esquina nos separaremos saludándonos efusivamente como dos amigos que acaban de salir de una fiesta. Tú seguirás por los Elíseos hasta la primera calle, es Marignan. Allí tomarás el metro en la estación Roosevelt hasta la estación Argentina, próxima a tu casa. Iñaki asintió con un gesto y siguieron adelante. Una vez llegados al punto prefijado actuaron tal como había sugerido Baptiste y después se separaron. No existía la menor posibilidad de que tuviera dificultad para encontrar la estación, porque su entrada era tan visible como un monumento emplazado en medio de la avenida. Compró su ticket, atravesó el molinete y descendió al andén. Abajo, tuvo la vaga sensación de que le seguían, pero la descartó de inmediato atribuyéndola a su imaginación. Muy pocas personas esperaban el metro, y también era muy reducida la cantidad de viajeros que venían en los coches. Aunque había asientos disponibles, permaneció de pie. El vehículo ganó velocidad y en pocos minutos llegó a destino. Iñaki descendió y se encaminó a la salida por la escalera mecánica. Cuando recorría la segunda escalera que lo llevaría a la calle oprimió nerviosamente el pequeño envoltorio que guardaba en el bolsillo, y caminando con premura siguió hasta el apartamento de la Rue des Acacias. Tenía que dejar su carga en lugar seguro, antes de volver a salir y visitar Madelaine. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Josephine y Patxi aún vivían el delicioso período que debían ocupar descubriéndose el uno al otro. A poco de llegar, Eizagirre ya había olvidado todo lo que tenía que ver con la misión que lo llevara a Francia. Después de hacer el amor con el mismo ardor de la primera vez, se deleitaron diseñando los pasos que los llevarían hacia un futuro compartido. Decidieron vivir en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;, en una pequeña casa en la afueras o en un apartamento en la zona céntrica, en realidad no importaba, lo fundamental era estar juntos. Comenzaban a disfrutarlo jugando placenteramente con las ideas, cuando sonó el teléfono. Josephine levantó el tubo.&lt;br /&gt; -Aló... sí, aquí está... un momento. Es para ti.  &lt;br /&gt; El policía tomó el tubo decididamente.&lt;br /&gt; -Sí, soy Eizagirre, ¿qué sucede?&lt;br /&gt; La notificación fue tan concreta, como la reacción de Eizagirre. &lt;br /&gt; -Voy para allá. - Dijo Patxi para dar por terminada la comunicación. Luego comenzó a vestirse apresuradamente.&lt;br /&gt; -Debo irme. -Agregó como única explicación.&lt;br /&gt; Mientras se levantaba de la cama, ella preguntó:&lt;br /&gt; -¿Es algo grave?&lt;br /&gt; -No lo sé, tal vez estemos llegando al corazón de la madeja. - Josephine lo abrazó atemorizada y él continuó. -Quiero pedirte que no te preocupes, acaso sea sólo rutina. Te llamaré en cuanto regrese al hotel.  &lt;br /&gt; Poco después, exactamente a las once y cincuenta de la noche, el Inspector Lancleau lo recibió justificándose.&lt;br /&gt; -Lamento haberlo molestado Eizagirre, estando usted en buena compañía, pero... - La respuesta no se hizo esperar.&lt;br /&gt; -No es necesario que se excuse. He venido a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; a cumplir una misión y de eso se trata. - Admitió secamente, después preguntó: -¿Qué ha pasado?&lt;br /&gt; -Sorprendimos una entrevista en un bar entre Stefandrel y ese Barrenechea. Todo fue muy breve. Apenas llegó su compatriota... &lt;br /&gt; -...¿Mi compatriota? Reaccionó el vasco como si le hubieran dicho que un reptil venenoso podía ser su compatriota.&lt;br /&gt; -Está bien, excúseme... llamémosle como usted quiera. Lo cierto es que a poco de encontrarse, los dos ganaron apresuradamente la calle. Quienes los vigilaban pudieron observar que Baptiste le entregaba algo, parece ser que se trataba de un pequeño envoltorio. Se separaron en los Campos Elíseos y Barrenechea tomó el metro para ir a su casa. Allí está ahora. En cambio, Stefandrel se dirigió al Julio Verne. Lo extraño es que el restaurante, según hemos sabido, esta noche no funciona debido a un problema sindical. ¿Qué fue a hacer allí a estas horas? No pretenderá romper una huelga con el mérito de trabajar en la atención de fantasmas... -Terminó diciendo Lancleau con un inesperado destello de humor. &lt;br /&gt; -¿No habría que averiguarlo? Preguntó el vasco.  -Tengo gente en el lugar. - Respondió el Inspector.&lt;br /&gt; -Guardo la mejor opinión de ellos... pero me refería a nosotros.&lt;br /&gt; Lancleau era un hombre de decisiones rápidas y no necesitó ningún otro estímulo. &lt;br /&gt; -Tiene razón. ¡Vamos! -Dispuso sin titubear, pero en el momento de salir se detuvo, como si súbitamente se le hubiera ocurrido algo. Entonces llamó al asistente que estaba de turno esa noche y emitió sus órdenes de manera precisa. &lt;br /&gt; -Escuche Bertaud, localice con urgencia al propietario del Julio Verne, y averigüe si hay algún miembro de su personal autorizado para permanecer de noche en el lugar. Si la respuesta es negativa, dígale que se dirija allí inmediatamente llevando las llaves del local, pero que no entre. Conviene que se acerque a uno de los patrulleros y pregunte por mí, le estaré esperan-do. Y usted, una vez que concrete el contacto, hágamelo saber a mi coche. - Después abandonó aceleradamente la oficina seguido de Eizagirre. Cuando los dos llegaron a las cercanías de la Torre, encontraron a un discreto número de policías vestidos de civil, y un poco más lejos, a un pequeño grupo de gendarmes fuertemente armados. El que parecía dirigirlos se acercó al Inspector para informarle que la única novedad consistía en que el dueño del Julio Verne se encaminaba hacia allí.&lt;br /&gt; -Bien. ¿No han observado llegar a otras personas, luces o algún movimiento en el interior? - Preguntó Lancleau.&lt;br /&gt; El policía respondió prontamente. &lt;br /&gt; -No,nadie. Adentro permanece sólo el sospechoso. En algún momento me pareció ver el haz de una linterna pero no podría asegurarlo, tal vez se trató de un reflejo, es posible...&lt;br /&gt; La conversación fue interrumpida por el aviso de la llegada de Mr. Pierre Delevraux, ya presente en uno de los patrulleros.  &lt;br /&gt; -Bien... vamos a ver qué puede decirnos este buen hombre. - Comentó Lancleau dirigiéndose a Eizagirre, mientras lo tomaba de un brazo para que lo acompañara. Al encontrarlo, tendió la mano al recién llegado. Tenía aproximadamente sesenta años, era canoso, de baja estatura y estaba correctamente vestido. &lt;br /&gt; -Monsieur Delevraux, soy el Inspector Lancleau y conmigo -dijo señalando a Patxi- el sargento Eizagirre de la Policía Española. Le agradezco que haya venido y su celeridad para hacerlo. Sé que le causo una incomodidad, pero créame, tengo motivos para actuar de esta manera. &lt;br /&gt; -Lo comprendo Inspector. Y aprecio que se hayan movido con tanta rapidez ante la presencia de un ladrón...&lt;br /&gt; -... ¿un ladrón? - Dijo dubitativo Lancleau. - ¿Quién le ha dicho que se trata de un ladrón?&lt;br /&gt; -Nadie. Simplemente lo he supuesto, pero si no es así ...-Insistió tímidamente Delevreaux buscando una respuesta.&lt;br /&gt; -Ojalá lo supiera, pero no importa, le prometo averiguarlo muy pronto. Para comenzar a hacerlo, necesito las llaves del restaurante. ¿Las trae consigo? El hombre no dijo una sola palabra, y sin dudarlo extendió lo que le requerían, indicando a cuál correspondía a la puerta principal. Recién después aclaró:&lt;br /&gt; -Las restantes pertenecen a las oficinas y los depósitos. Lancleau las tomó y formuló una recomendación. &lt;br /&gt; -Y ahora, le sugiero que espere en uno de los autos. Me desagradaría atemorizarlo, pero no sabemos qué nos espera. Delevreaux siguió su indicación y él se dirigió hacia la Torre seguido por Eizagirre y tres gendarmes uniformados.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya en su apartamento, Iñaki escondió el envoltorio que Manuel iría a buscar por la mañana. Después, volvió a la calle listo para salir, y descubrió un automóvil con dos pasajeros estacionado frente al edificio. Pese a que el vehículo no tenía ninguna identificación, sospechó que pertenecía a la policía. Preventivamente volvió al ascensor y regresó arriba. Llamaría a Madelaine y postergaría la cita. “Pero... ¿y si su teléfono estaba intervenido?” -pensó- “Localizarían a Madelaine y ella quedaría comprometida. Si eso sucedía, ¿cómo iba a justificar su relación con él?” Dejó pasar algunos minutos, y desde la ventana que daba a la calle comprobó que el auto seguía allí. Decidió que lo mejor era esperar, encendió un cigarrillo y se sentó en uno de los sillones del salón.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; En tanto, a  Madelaine la intranquilizaba que Iñaki no llegara. Poco a poco comenzó a llenarla una opresiva sensación de angustia. ¿Le habría pasado algo? ¿Estaría en manos de la policía? No, claro que no. El era demasiado astuto, además, según le había dicho, “no estaba identificado por las autoridades francesas”. Pero eso, ¿cómo saberlo? Los gendarmes no hacían listas públicas con los nombres de todos los sospechosos. No era necesario caer en un desborde de inteligencia, para aceptar que resultaba imposible saber si alguien estaba o no fichado por la policía. Se reprochó no haber pedido a su amante un número de teléfono o una dirección donde ubicarlo. Después pensó que él no le hubiera dado esa información para no vincularla con sus actividades y evitarle contratiempos. Estaba segura que esa hubiera sido la actitud de Iñaki...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ocupados con su misión, Lancleau, Eizagirre y los tres hombres que los acompañaban, abrieron la puerta del restaurante Julio Verne y entraron evitando producir ruidos y encender las luces. Se separaron en dos grupos, y comenzaron a desplegar un lento pero cuidadoso reconocimiento guiados por sus linternas. El salón no ofrecía especiales sorpresas. Las sillas estaban colocadas de revés sobre las mesas, respondiendo a una disposición que parece habitual en esos lugares cuando dejan de atender a los parroquianos. Eizagirre y dos gendarmes se dirigieron a las oficinas, mientras Lancleau con otro gendarme se encaminó hacia los depósitos. Dieron con un pequeño corredor al final del que había una puerta que dejaba filtrar un delator rayo de luz. El Inspector señaló esa circunstancia a su acompañante, y con otro gesto le indicó que estuviera preparado para entrar en acción. Cuando llegaron a la puerta, Lancleau la abrió con violencia y se introdujo pistola en mano, mientras el gendarme lo seguía con su arma preparada. Allí sorprendieron a un hombre de cara angulosa manipulando unas cajas prolijamente estibadas. El Inspector advirtió el contenido de aquellos bultos, y enfrentó al supuesto desconocido fríamente diciéndole con voz muy calma: &lt;br /&gt; -Monsieur Baptiste Stefandrel, me complace presentarme. Soy el Inspector Julien Lancleau de la Sureté. Lamento interrumpirlo en medio de sus importantes obligaciones, pero tengo una pregunta que tal vez le resulte un tanto indiscreta. ¿No le parece que este es un sitio demasiado elegante y la hora poco aconsejable para estar jugando con explosivos?&lt;br /&gt; Absolutamente recuperado, el hombre lo miró con despectiva frialdad.&lt;br /&gt; -Es probable, pero el juego puede terminar si sólo disparo sobre estos pequeños dulces.&lt;br /&gt; -Monsieur Stefandrel, -dijo el policía manteniendo una inexplicable calma -se burla usted de mi inteligencia. En primer lugar, no tiene usted un arma a la vista para hacerlo. Luego, y es algo que los dos sabemos, que para que este tipo de material explote se requiere algo más que un simple disparo. Se precisa un detonador especial, y no lo veo en sus manos. &lt;br /&gt; Atraídos por las voces, irrumpieron Eizagirre y los dos gendarmes que le acompañaban. Lancleau les ordenó que esposaran a Stefandrel, y que se reclamara urgentemente la presencia de los especialistas en explosivos. Cuando se llevaron al prisionero, el Inspector se dirigió Eizagirre contemplando las cajas que habían quedado abiertas.&lt;br /&gt; -¿Qué le parece este regalo? Bellísimo, ¿verdad?&lt;br /&gt; Pasmado, sin poder quitar la vista de los explosivos, el español comentó:&lt;br /&gt; -Suficiente para convertir a la Torre Eiffel en un hermoso recuerdo.&lt;br /&gt; -Lo que no entiendo, - se preguntó el Inspector - es qué hacía este hombre aquí. Suele decirse que el asesino siempre regresa al lugar del crimen... pero nunca antes de cometerlo.&lt;br /&gt; -Es cierto, no parece tener sentido.&lt;br /&gt; -Pero tendremos que encontrárselo. -Subrayó Lancleau. - Cruzaron rápidamente el salón del restaurante, ahora iluminado a pleno y el Inspector hizo un nuevo comentario. -No creo que pueda agregar nada de interés, pero comenzaremos hablando con Monsieur Delevreaux. Después de todo, es el dueño de este lugar. ¿Cómo permitió, por descuido o distracción, que se convirtiera en una Santa Bárbara?</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/8793548103277136117/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/8793548103277136117?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8793548103277136117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8793548103277136117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-31.html' title='Capítulo 31'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-2915998568818585684</id><published>2007-08-21T09:48:00.000-03:00</published><updated>2007-08-21T09:50:03.750-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 30</title><content type='html'>30&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La reincorporación de Romualdo fue apenas una ilusión. Pasados pocos días, los dirigentes gremiales de la fábrica declararon una huelga que dentro de las circunstancias resultaba totalmente inoportuna. Pero su afán por mantener incomprensibles privilegios, su falta de capacidad, sus compromisos con políticos oscuros o diversas razones de conveniencia que se mantenían en la penumbra -y también  la mezcla de todo eso- les hizo cometer el error de no sopesar debidamente la crisis que profundizaban, creada también por la nueva modalidad de trabajo que se acababa de programar en la misma planta. Se trató de una medida inexplicable y exagerada. Ni siquiera les sirvió la experiencia de haber cometido errores similares a lo largo de los tiempos, tal vez, porque codicia, ignorancia y avaricia no son precisamente virtudes que estimulen la buena memoria. Tampoco tuvieron a la vista la desastrosa situación económica generalizada que tenía a la desocupación y a los bajos salarios como fuerzas centrales que motorizaban la frustración, el desencanto y la más absoluta carencia de futuro. Pero ellos no eran los únicos responsables, también lo fueron los obreros que apoyaron la medida con el mismo entusiasmo con que atiborraban una cancha de fútbol. Todo acababa siendo lo mismo: el trabajo, el deporte (o un supuesto deporte). Era algo asumido sin seriedad, igual que un pasatiempo que se aborda a la ligera para después pasar al siguiente, el que por supuesto será tratado con idéntica desaprensión.&lt;br /&gt; La empresa respondió con presteza, lanzando un plan de suspensiones que por razones curiosas no demasiado bien explicadas -la más probable podía leerse como una torpe represalia- alcanzó primero a los operarios recién reincorporados. Y Romualdo, que junto a María se estaba animando a enhebrar sus primeros proyectos para el futuro, sintió que esos proyectos no tenían demasiado sentido, o peor aún, que era tonto planteárselos sin contar con los medios que permitieran darles la forma real parecida a sus esperanzas. Sin demasiada sorpresa, comprendía que el mundo no era bueno y mucho menos amistoso, y que los poderosos, cumplían su rol de habitantes de otra galaxia aunque vivieran a unas pocas cuadras, alejados con desinterés de las penurias de la mayoría. Lo peor era que para esa mayoría no se presentía la menor perspectiva a favor, ya que también en este caso, las preguntas eran mucho más nu-merosas que las respuestas. Si bien gran cantidad de dirigentes -políticos, empresarios y sindicalistas &lt;muchos de ellos eran delincuentes rapaces&gt;- resultaban los principales responsables de la situación, la gente también tenía alguna culpa. Por haber seguido a falsos ídolos, por haberlos sostenido con su fanatismo o con su temerosa obsecuencia, también con su cobardía. Y por haber elegido casi siempre mal -acaso porque no se disponía de nadie mejor a quien elegir- y posiblemente, también hay que aceptarlo, porque permanentemente debió enfrentar opciones incompletas o falsas, lo que  probablemente haya sido parte del juego. Tampoco debe descontarse -¿por qué no?- la presencia de un poder exterior que influía sobre todo lo que debía hacerse y al que había que someterse sin siquiera la opción de un remoto sueño de libertad. En ese clima pesado y hostil, todos continuaban engañándose al soñar con una ayuda que nadie estaba dispuesto a acercar. Entonces, acababan diciéndose que ya no habría transformaciones ni movimientos sociales, como aquellos de los que únicamente quedaba el recuerdo en medio de una leyenda lejana, brumosa y hasta cierto punto improbable. La actualidad sólo les entregaba el concepto de un mundo fantasmagórico unido por formidables cadenas de computadores frías. Era como si una larga historia cargada de frustraciones, de falta de previsión, de confrontaciones inútiles, de inoperancia, de estúpida vanidad en algunos y de ridícula soberbia en otros se aprestara para llegar a su fin. Un fin que todavía no estaba cercano, pero cuya presencia podía palparse en la angustia de una dolorosa y prolongada agonía.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/2915998568818585684/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/2915998568818585684?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/2915998568818585684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/2915998568818585684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-30.html' title='Capítulo 30'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-3864767858502398504</id><published>2007-08-20T14:07:00.000-03:00</published><updated>2007-08-20T14:14:13.219-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Lyon"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 29</title><content type='html'>29&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Iñaki ignoraba si el camarero llamado Baptiste estaba plegado a la causa por razones ideológicas, o si mediaba alguna clase de pago, pero evitó preguntar. No fue necesario porque Manuel acabó contándole que el camarero recibiría ciento cincuenta mil dólares. De ese dinero ya le había anticipado la cuarta parte, y el resto se le entregaría una vez cumplida la misión... “siempre y cuando no se encuentre forma de evitarlo”. A Iñaki las instrucciones le sonaron más siniestras que precisas, pero no quiso agregarse esa preocupación. Cuando llegaron a la Torre con la naturalidad de dos turistas tomaron el ascensor, y accedieron al restaurante. El camarero que conocía perfectamente a Manuel, se acercó a la mesa después que el maitre les entregara el menú. Hablando en voz muy baja, les informó que la conversación sobre el tema previsto, se realizaría simulando comentarios cuando se presentaran y retiraran los platos. Por eso, una fuente de ostras, dos solomillos “au pauvre” y dos peras glaseadas, fueron suficientes para ocultar el acuerdo a que llegaron: los explosivos serían entregados por un proveedor escondidos en cajas de vino. Los colocaría allí un infiel operario de la empresa (el despachador ya mencionado por Manuel), y el mismo camarero se encargaría de esconderlas en un un falso estante de los depósitos. El día del atentado, Manuel, que era el experto en demoliciones, se introduciría (con el apoyo de Baptiste) y en muy poco tiempo conectaría el detonador que traería armado. Producida la explosión y debido a la altura en que se encontraba el Julio Verne, su efecto haría que la Torre fuera cortada prácticamente en dos como si la cercenara un cuchillo gigantesco. Una de sus partes de derrumbaría arrastrando todo lo que tenía debajo, y la otra, volaría por los aires.  &lt;br /&gt; -Todo parece muy sencillo. -Comentó Iñaki mientras después del almuerzo caminaban por los jardines cercanos.&lt;br /&gt; -En realidad lo es, aunque hay una gran distancia entre un plan y su ejecución. - confirmó Manuel -Estaré mucho más tranquilo recién cuando escuche el ruido de las explosiones.&lt;br /&gt; -¿Dices “las explosiones”? - Preguntó Iñaki. &lt;br /&gt; -Porque hay una segunda. Debemos estallar un coche bomba en la tumba de Napoleón. No es un objetivo importante como la Torre, pero incrementará el impacto sobre la gente. &lt;br /&gt; La inesperada revelación hizo que Iñaki se sintiera apesadumbrado, como para que ni siquiera tuviera deseos de manifestar las falencias que le encontraba al plan. (“¿Por qué no le habían prevenido sobre la segunda parte?” Pensó.) &lt;br /&gt; -¿Qué te parece? - Inquirió Manuel. Pero él apenas lo escuchaba. Súbitamente, alejándose de aquella trama de violenta y destructiva. Como otras veces, acababa de recordar a Madelaine...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Madelaine y Josephine desarrollaron con apresuramiento sus proyectos para Madrid, y transcurridos los dos días previstos partieron hacia &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Esas cuarenta y ocho horas les parecieron interminables, pendientes del momento que volvería a reunirlas con los hombres que amaban. Por eso no disfrutaron a pleno la cariñosa hospitalidad de Dolores. Su anfitriona las despidió en una reunión íntima con unos pocos invitados, dispuestos a una conversación mundana plagada de los que escuchó como aburridos comentarios. A la mañana siguiente las llevaron al aeropuerto. &lt;br /&gt; -Estaremos aquí para la exhibición, dispuestas a compartir el éxito con ustedes. - Se comprometió Madelaine sin esconder ante el marido de Dolores un aire definitivamente cómplice. &lt;br /&gt; -¿Verdad que si? - Dijo él. -¿ No es acaso un crimen mantener la belleza escondida como si estuviera sepultada? - ¿Tú lo harías? - Insistió con desenfado.&lt;br /&gt; Ella sólo contestó con un gesto elocuente, y por un segundo pensó que en otras circunstancias no le hubiera disgustado descubrir su belleza ante aquel hombre. Pero no era momento para pensar en una aventura. Gonzalo continuó. &lt;br /&gt; -Será una verdadera alegría tenerlas aquí. Nuestra casa es vuestra casa. &lt;br /&gt; Después se saludaron afectuosamente y las dos amigas se dirigieron a embarcar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, Iñaki se prometía llamar a Madelaine esa misma noche. Antes, hablaría al comando &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;. Así lo hizo, y remedando una conversación comercial, comunicó todo lo relacionado con el atentado, agregando que el coche bomba también estaba prácticamente listo. Tiempo atrás, evidenciar su eficacia operativa podría haberle deparado una gran satisfacción, pero en ese momento (su primera misión importante), la tarea concretada le dejaba un gran disgusto. Pensó qué sentido tenía dinamitar la Torre Eiffel, arrebatar a la ciudad tan bella que estaba descubriendo uno de sus grandiosos ornamentos, algo que podía considerarse un patrimonio universal. Y como si ese daño no fuera en sí mismo tremendo, además destruir la tumba de Napoleón. Todo aquello tenía algo irracional, como en otras acciones de ETA. Entonces recordó una frase que alguna vez había leído a sus alumnos: “Es imposible construir un edificio con los cimientos en el fango”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando Lucille le dijo que “Monsieur Iñaki” estaba del otro lado de la línea, Madelaine acudió alborozada al teléfono. Comenzó diciendo que desde ese momento le esperaba en su casa. El se emocionó al escuchar la voz querida y aseguró que estaría allí tan pronto se liberara del encuentro que debía mantener con “una persona”. Sospechando que se trataría de algo relacionado con su actividad, ella no preguntó nada. Sólo insistió con palabras breves cargadas de ansiedad en que llegara lo antes posible.&lt;br /&gt; -Te necesito mucho Iñaki... por favor, no tardes. &lt;br /&gt; -Yo también quiero verte Madelaine... y también te necesito. Estaré allí muy pronto. &lt;br /&gt; Ella alcanzó a decir: - Por favor... - pero su amante ya había cortado la comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Llovía copiosamente cuando el Inspector Lancleau llegó a la Central de Policía, y a pesar de ser todavía hora temprana se hizo necesario encender las luces de su oficina. Sobre el escritorio, como es costumbre de esos objetos, un dossier esperaba pacientemente. En su interior, guardaba el detalle de la información anticipada a Lancleau. En la tapa se leía “Baptiste Stefandrel”, quien no era otro que el camarero que había servido a Iñaki y a Manuel en el Julio Verne. El Inspector abrió la carpeta y miró detenidamente la fotografía que mostraba el rostro de Baptiste. Era un hombre de cabello oscuro y cara de corte anguloso, en la que resaltaba la exagerada frialdad de los ojos pequeños y huidizos. A priori el policía determinó que era la imagen que le correspondía. Después, se la extendió a Eizagirre y comenzó a leer el informe. Se trataba de una información escueta que él abreviaba con la avidez de su lectura, como si con los ojos quisiera despegar las letras del papel. Cumplido su cometido, comenzó a referir  lo que acababa de saber.&lt;br /&gt; -Pues bien Patxi, aquí tenemos a un pájaro de la vieja escuela. Lo digo, porque es un antiguo conocido llamado Baptiste Stefandrel. Esto tal vez no le diga demasiado, pero lo que le resultará realmente ilustrativo son sus antecedentes. Verá usted... Siendo muy joven, casi un adolescente, formó parte de los grupos de la OAS, y se creyó  que llegó a participar en los preparativos para uno de los atentados contra el General De Gaulle. Nunca se reunieron pruebas concluyentes para demostrarlo. Lo que no pudo evitar es que se probara su asociación con el grupo. -A pesar de la impaciencia de Eizagirre, el Inspector se detuvo para beber un sorbo de agua. -Y bien, digamos que ese desliz, le hizo pasar dos años en prisión, y aunque la condena era mayor, logró salir anticipadamente debido a su buena conducta. Desde entonces, adoptó la no demasiado prestigiosa tarea de mercenario, y estuvo en cuanto conflicto le fue posible a lo largo y a lo ancho del mundo. Sabemos positivamente que trabajó para los iraníes, para Hussein, que estuvo con los “Contra” en Centroamérica, y hasta en la revuelta que precipitó el derrumbe de Gorbachov. ¡Una colección de hazañas! Posiblemente también participó en muchos otros acontecimientos deleznables de los que ahora, o por ahora -se corrigió- no tenemos referencias. La inactividad es difícil en un oficio que aunque riesgoso está muy bien compensado. En la actualidad, parece ser que nuestro héroe presta sus servicios a ETA. Los años han pasado, pero él no evidencia haber perdido los buenos hábitos de su profesión. Es un hombre frío, de pocas palabras y con un avanzado componente psicótico, así lo diagnosticaron por entonces los psicólogos de la prisión. Son cosas querido amigo que no se curan con el tiempo o por generación espontánea. &lt;br /&gt; Eizagirre que había seguido atentamente el relato, quiso profundizar los aspectos que más le interesaban. &lt;br /&gt; -Hoy al mediodía, - Continuó Lancleau. -Stefandrel, que para ocultar sus actuales actividades en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; ha conseguido, ignoro con qué artificio, trabajo de camarero en el restaurante Julio Verne. Hoy al mediodía, le decía, sirvió con mucha deferencia, bueno, admito que esto último no es en sí mismo sospechoso, ¿o si? a dos parroquianos aparentemente españoles. ¡Aquí está lo interesante! Porque la descripción de uno de ellos se corresponde exactamente con la de el hotelero de &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt;... Miguel Barrenechea o como se llame, el hombre de ETA que vino desde España. &lt;br /&gt; Eizagirre no pudo evitar sobresaltarse, y trató de disimularlo distrayendo a su interlocutor con un elogio.&lt;br /&gt; -No puede negarse que su gente está realizando un extraordinario trabajo.&lt;br /&gt; Los ojos de Lancleau no fueron capaces de controlar un fugaz destello de vanidad.  &lt;br /&gt;  -Y ahora, ya que está visto que usted tiene todas las piezas, ¿cuál es el próximo movimiento? &lt;br /&gt; -Mi querido Eizagirre... -respondió mientras la pipa casi se le caía de las manos cuando abrió los brazos en un gesto ampuloso extraño en él -... me pregunta lo que ya sabe.&lt;br /&gt; -... seguir a Baptiste Stefandrel hasta el infierno si fuera necesario, y conseguir que nos guíe a la gente de ETA. ¿No es así?&lt;br /&gt; -Exacto, y ya nos estamos ocupando de eso. Pero ahora le aconsejo descansar. No creo que ocurra nada espectacular esta noche.&lt;br /&gt; Lancleau no podía prever que se estaba equivocando, al no presumir la velocidad que impulsaría los acontecimientos. &lt;br /&gt; -De acuerdo Inspector, estaré en mi hotel. Le ruego me avise cualquier novedad. Estaré atento.&lt;br /&gt; -Así lo haré.&lt;br /&gt; Eizagirre salió del despacho. Lancleau, visiblemente satisfecho, se arrellanó en su sillón y encendió con habilidad la pipa que todavía mantenía apagada.&lt;br /&gt; En otro lugar de &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, antes de tomar rumbo hacia el piso de Madelaine, Iñaki debía encontrarse con Baptiste, tal como se lo había encomendado Manuel. El camarero le entregaría la pieza que faltaba (le resultaba inexplicable que Manuel no la encontrara entre los elementos de su equipo) para terminar de armar el detonador que haría estallar al Julio Verne. Se había decidido que Iñaki fuera el encargado de recogerla, seguros de que su presencia pasaría inadvertida. Cometiendo un nuevo error, ignoraban que Baptiste estaba estrechamente vigilado, y que por lo tanto, todos sus movimientos y contactos quedaban registrados. La cita estaba prevista en un lugar relativamente cercano al apartamento adonde se hospedaba el etarra: un bar llamado “La Belle Ferronière”, ubicado en la esquina donde la calle Pierre Charron se cruza con François 1er., apenas a una cuadra de los los Campos Elíseos. -No puedes equivocarte. El bar está en diagonal con el hotel Chateau Frontenac, lo verás en seguida.&lt;br /&gt; Iñaki hizo el trayecto caminando sin demasiada prisa, ya que por razones no analizadas, consideraba que demostrar apuro podía ponerlo en evidencia. La precaución era bastante tonta, ya que debería haber pensado que no todas las personas que caminaban apuradas por &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; planeaban dinamitar la Torre Eiffel y volar la tumba de Napoleón. Pero su actitud explica el estado de inseguridad y hasta de temor que dominaba su ánimo. Y todo ello por una única causa: las reflexiones que le despertaba su tarea comenzaban acentuar la crisis que venía arrastrando. Era inevitable que se sintiera desorientado.&lt;br /&gt; En tanto, en su hotel Eizagirre pensó si Josephine habría regresado a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Una respuesta le surgió de inmediato. “Bueno, hay una única forma de saberlo”. Después tomó el teléfono y recurrió a su agenda en busca del número.  En el otro lado de la línea la campanilla sonó apenas dos veces y su sonido se enlazó con la deseada voz de Josephine. &lt;br /&gt; -Aló.&lt;br /&gt; -Josephine, soy yo, Patxi.  &lt;br /&gt; -Querido... ¡tantos días!&lt;br /&gt; -Demasiados... ¿no es cierto?&lt;br /&gt; -Tantos... -repitió ella- necesitaríamos siglos para contarnos todo lo que hemos hecho, y más aún, para compensarnos por la separación. &lt;br /&gt; -Todo va a estar bien Josephine, ya verás, no debes preocuparte. -¿Cuándo nos veremos?&lt;br /&gt; -¡Esta misma noche! - Afirmó Eizagirre con seguridad. ¿Puedo ir a tu casa?&lt;br /&gt; -¿Y me lo preguntas? Ven por Dios, y que sea pronto.&lt;br /&gt; -Ya estoy en camino...&lt;br /&gt; El policía colgó el aparato y llamó a la oficina de Lancleau para comunicar al asistente del Inspector que partía a visitar a una amiga, y por si le necesitaban con urgencia, dejó el teléfono de Josephine. Después tomó su impermeable, apagó las luces y salió de la habitación.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/3864767858502398504/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/3864767858502398504?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3864767858502398504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3864767858502398504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-29.html' title='Capítulo 29'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-3759273667387068715</id><published>2007-08-19T15:47:00.000-03:00</published><updated>2007-08-19T19:15:48.770-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 28</title><content type='html'>28&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A la mañana siguiente, María abrió los ojos primero. Trató de despertar a Romualdo susurrándole palabras al oído. Aunque resultaba difícil determinar si los sonidos que emitía eran en realidad palabras, o si se trataba de un delicioso murmullo surgido de su interior, similar al ronroneo de un gato complacido por el descanso. Evocó todos lo sucedido la noche anterior. Pensó que su actitud de iniciativa había rozado el atrevimiento, pero eso no la avergonzaba ni preocupaba. Había sido su primera experiencia sexual, practicada con el hombre que amaba, y se habían unido con ternura. Por fin, los párpados del muchacho se separaron, y sus ojos sintieron la dulzura de descubrirla. Entonces la miró tiernamente y la besó con suave intensidad. Después del beso, ella le habló con fingida seriedad.&lt;br /&gt; -¿Pero es que pensás dormir todo el día? ¿No querrías levantarte, desayunar, dar un paseo? &lt;br /&gt; El volvió a besarla.&lt;br /&gt; -Es tan hermoso estar aquí con vos... me siento tan seguro y abrigado... ¿Creés que voy a preferir otras cosas a tenerte tan cerca?  &lt;br /&gt; -Pues tendrás que preferirlo... porque yo no voy a prestar mi ayuda para convertirte en un haragán. -Dijo María bromeando mientras saltaba de la cama, para luego comenzar a cubrir su maravillosa desnudez.&lt;br /&gt; De mala gana, Romualdo decidió vestirse y María se ofreció para prepararle el desayuno.  &lt;br /&gt; -Nunca tomo nada por las mañanas, cuando lo hago, es en lo de La Vieja. - Respondió. &lt;br /&gt; -Entonces... ¡a lo de La Vieja! - Dijo ella.  &lt;br /&gt; En la casilla fueron recibidos como para una celebración. Lo evidenciaba el inusual desayuno dispuesto sobre la mesa. Allí estaban el pan, la manteca, un frasco de mermelada, un gran pedazo de queso...y desde el brasero, llegaba el familiar aroma del mate cocido mezclado con el de la leche recién hervida.&lt;br /&gt; -Creí que iban a dormir todo el día. - Fueron sus palabras de bienvenida. &lt;br /&gt; -Romualdo tenía ese proyecto. - Respondió María.&lt;br /&gt; Mientras la anciana les servía, tuvo una pregunta para la muchacha, formulada en el tono socarrón que le era habitual.&lt;br /&gt; -¿Y vos hoy no trabajás? ¿O es que han cerrado los hospitales y no me avisaron?&lt;br /&gt; La respuesta llegó eludiendo como si no le diera importancia a la cuestión, mientras acercaba  a su boca una gran rebanada de pan generosamente cubierta de manteca y mermelada.   &lt;br /&gt; -Es que pedí permiso... hoy para mí es feriado. &lt;br /&gt; La Vieja continuó la conversación manteniendo el mismo tono.  &lt;br /&gt; -Por falta de previsión no te van a acusar, pero decime, si podés, claro ¿estás festejando algo que yo ignoro?&lt;br /&gt; La muchacha dejó la taza que estaba a punto de acercar a sus labios.&lt;br /&gt; -¡El regreso de Romualdo! ¿Le parece poco?&lt;br /&gt; La Vieja se sentó en la mesa junto a ellos.&lt;br /&gt; -No me parece poco. ¿Pero hay otra cosa? &lt;br /&gt; María tomó un sorbo de su mate cocido con leche, recién después respondió sonriendo con intención.&lt;br /&gt; -Puede que la haya, pero preferiría hablarla con usted a solas. &lt;br /&gt; La anciana se incorporó para ir a buscar algo que ni ella misma sabía qué era.&lt;br /&gt; -Es lo que me faltaba escuchar. Cuando una mujer quiere hablar con otra a solas, inevitablemente, es porque nada bueno se trae entre manos. Ya me parecía que eras una pícara. - Comentó poniéndole una pizca de afecto y otra de comprensión al tono que tanto le costaba abandonar. -Pero ahora les voy a contar que hay algo más para festejar, algo que no saben. ¿O creen que todo este banquete -dijo señalando la mesa- es porque son lindos?&lt;br /&gt; La pareja se miró desconcertada, y al cabo de un instante, María fue la primera en reaccionar.&lt;br /&gt; -¿Es algo bueno? - Preguntó con la voz en un hilo yendo y viniendo velozmente desde la esperanza al desencanto.&lt;br /&gt; -¡Qué pregunta! ¿Desde cuando se festejan las desgracias? Aunque para un haragán tal vez no sea una gran noticia.&lt;br /&gt; -Vamos Vieja, ¿es que nos va a tener todo el día sin decirnos de qué se trata? - Reaccionó Romualdo.&lt;br /&gt; -Está bien. -Concedió la anciana. - Más temprano estuvo Ramón, quería avisarte que en la fábrica reincorporan a diez de los operarios despedidos, y aunque parezca mentira, vos y él están entre los elegidos. Dicen que los seleccionaron por sus antecedentes, pero yo no lo creo. - Para terminar con palabras envueltas en una carcajada que parecía un graznido. - ¿Cómo voy a creer que son trabajadores eficientes? &lt;br /&gt; El muchacho pegó un formidable puñetazo sobre la mesa, y las tazas parecieron querer volar como pájaros que acaban de escuchar un disparo. Después se puso de pie, abrazó a María y atrajo hacia ellos a La Vieja para que compartiera el contacto. Pasado un momento, preguntó: &lt;br /&gt; -Y ... ¿por qué no nos despertó? &lt;br /&gt; -No quise parecer una entrometida curioseando la vida ajena. -Aseguró la mujer mientras  mostraba un rostro compungido. -Lo que pasa... es que tal vez... los envidio, y más ahora, que de nuevo tenés trabajo.&lt;br /&gt; María, volvió a sentarse y apoyó la taza sobre la mesa. -¿Envidiarnos? ¿A nosotros? - Dijo.    -No me apures, - dijo la anciana sentándose también ella -no me apures...- repitió con voz cansada -...porque me vas a obligar a confesarme... y es algo que no me gusta hacer.&lt;br /&gt; Romualdo y María fueron respetuosos del silencio que siguió a su comentario, y no preguntaron nada. La Vieja les agradeció en sus pensamientos, después que ellos se marcharan a realizar la anunciada caminata. Un paseo que aunque no lo advirtieran, tenía innumerables significados, porque en realidad, era el símbolo de que unidos estaban saliendo solos al mundo. En ese momento la anciana los detuvo.&lt;br /&gt; -Quiero decirles algo. Tal vez los sorprenda, o no lo entiendan ahora, pero traten de fijarlo en algún rincón de la cabeza. Cuando tengan mis años, o tal vez más, si lo recuerdan, es probable que pueda servirles... Con el tiempo, los sentimientos se ajan, se arrugan como la piel de la cara. A la vez, pierden su sabor dulce y familiar para convertirse en una pasta ácida. Entonces dejamos de destinarlos a quienes queríamos (ellos mismos, hasta nos parecen marionetas torpes y desconocidas) o se los damos en ese estado, desgastados y llenos del mal gusto de nuestra propia amargura. No digo que esto les ocurra a todos, pero sí a muchos. ¿Por qué? No lo sé. Es probable que sea a causa de nuestras frustraciones, de que la vida no nos haya dado todos los premios que esperábamos o que creíamos merecer. Ojalá no les pase, pero recuérdenlo, puede servirles para evitar una sensación desgraciada... y evitársela a quienes los quieren...&lt;br /&gt; María y Romualdo se miraron extrañados y prometieron conservar aquellas palabras como si se tratara del más magnífico de los regalos... Lo era aunque en ese momento no lo advirtieran. Pero al cabo de pocos minutos no recordaban nada de lo escuchado. Recién lo rescatarían de la memoria muchos años después. La Vieja tenía la seguridad de que se querían bien, y eso le deparaba una gran tranquilidad. “Estos no andan con macanas”, pensó. “En cuanto a todo lo demás -siguió reflexionando- se van a arreglar, claro que para los pobres hasta lo imprescindible es un lujo, pero siento que... ¡claro que van a salir adelante!” Se dijo esperando que la afirmación fuera algo más que la expresión de deseos. Luego por un instante sintió lástima de sí misma, volviendo a comprobar que la vida la había tirado en ese lugar, como si fuese un madero podrido arrojado por el mar sobre la costa. El mar... nunca había visto el mar, solamente, lo había conocido en fotografías, pero se imaginaba que no debía ser lo mismo. Pero era tarde para quejas. Ahora su obligación, era acompañar a esos muchachos, inducirles a la confianza, apuntalar su felicidad hasta donde pudiera hacerlo. Además, estaba su querido Josecito. Iba a tener mucho trabajo, pero esa vez, tampoco le importaba.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/3759273667387068715/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/3759273667387068715?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3759273667387068715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3759273667387068715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-28.html' title='Capítulo 28'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-8945134596948071181</id><published>2007-08-18T13:17:00.000-03:00</published><updated>2007-08-19T19:15:37.486-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="España"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Madrid"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 27</title><content type='html'>27&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, Iñaki se hospedó en el pequeño apartamento asignado sobre la Rue des Acacias, cerca del Arco de Triunfo y de los Campos Elíseos. Pensó que el vecindario populoso facilitaría su obsesivo propósito de pasar inadvertido, algo más difícil de lograr en los suburbios. No quería arriesgarse a recorrer largas distancias, y hasta por razones estratégicas (consideró intuitivamente) aunque no fuera el ejecutor de la demolición, le convenía ubicarse en las inmediaciones del objetivo. Con Manuel, su compañero parisino, debían tomar contacto con un camarero del restaurante Julio Verne, ubicado precisamente en la Torre Eiffel. Su primera batalla se iniciaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En  el piso de la calle Goya había llegado para Madelaine el momento esperado: contemplar el desnudo de Dolores. La ocasión era para ella tan memorable como tal vez no lo había sido la presentación de cualquier cuadro que el tiempo, la gloria o la fama de su autor hubieran terminado por hacer famoso. (Velázquez, &lt;a href=&quot;http://www.picasso.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Picasso&lt;/a&gt;, Modigliani, &lt;a href=&quot;http://www.bcn.fjmiro.cat/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Miró&lt;/a&gt;, Leonardo, &lt;a href=&quot;http://www.vggallery.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Vincent van Gogh&lt;/a&gt;, Miguel Angel, Matisse, Rembrandt, Degas, &lt;a href=&quot;http://www.utrillo.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Utrillo&lt;/a&gt; y todos sus pares, se sentirían especialmente inquietos en sus bien ganados Paraísos.) Su amiga la condujo hasta el vestidor de su dormitorio, un lugar de dimensiones mayores a las habituales para esa clase de dependencia. Cada una de las dos paredes laterales estaba ocupada por un amplio placard, pero la trasera se veía recubierta por una boisserie sobre la que no se apoyaba mueble alguno.&lt;br /&gt; -No puedo creer que me hayas traído hasta aquí para mostrarme un vestidor. - Comentó  Madelaine.&lt;br /&gt; -Oh, no te impacientes. Aunque no lo creas, estás a poco más de dos metros de una obra de arte. - Respondió Josephine, abriendo una de las puertas del placard para introducir su mano. Actitud tan misteriosa, no tenía otro objeto que poner en movimiento el mecanismo que haría correr silenciosamente la boisserie.&lt;br /&gt; (Madelaine se sintió transportada a un siniestro castillo copiado de películas y novelas de terror. Allí la invitaban a vivir una trama tenebrosa llena de peligros creados por seres temibles y monstruosos. Entonces una pregunta se dibujó en su cerebro. “¿Qué mundos recorrería su mente, cuando los comprensibles recaudos para mantener en reserva el desnudo de una mujer, le creaba tales imágenes y sensaciones?”)&lt;br /&gt; Cuando el revestimiento completó su lento movimiento, dejó al descubierto un lienzo que tenía aproximadamente dos metros de ancho por un metro de alto. Dolores se acercó con seguridad y mirando a su amiga, le preguntó:&lt;br /&gt; -¿Estás lista?&lt;br /&gt; -Lista y anhelante. - Dijo después de superar sus tétricas visiones- y te diré que observo tus cualidades para crear un particular clima de suspense &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(13)&lt;/span&gt;. Reconozco que la situación lo merece. - Admitió Madelaine. Entonces la dueña de casa descorrió el lienzo y encendió un spot cuyo haz dio de lleno sobre la imagen que quedaba visible. A pesar de su suavidad la luz permitía apreciar con nitidez toda la superficie del cuadro. Dolores no había exagerado al afirmar que Rafael era un gran pintor. La obra estaba planteada siguiendo los lineamientos de “La Maja Desnuda” pero con una diferencia fundamental: los encantos de la modelo superaban con holgura a los que se exhibían en aquel cuadro. Surgía como un destello que se trataba de una belleza más actual, que se correspondía con el atractivo de cualquier hermosa mujer de fines de este siglo. (Un crítico exigente hubiera podido opinar que se trataba de un trabajo excesivamente realista. Pero era obvio que esa técnica se había elegido para destacar mejor el expresivo rostro sonriente de Dolores.) Sus facciones, unidas al poderoso atractivo de sus formas, dejaba un fuerte impacto provocativo. En verdad, todo su cuerpo comunicaba una soberbia sensualidad, expresada en especial por sus senos grandes coronados con pezones enhiestos que parecían ligeros frutos parecían ligeros frutos sabrosos; por su cintura proporcionalmente pequeña si se la relacionaba con las caderas opulentas que Rafael había reproducido con fidelidad, y que sin embargo, no llegaban a provocar un inarmónico desborde; por sus largas y bellísimas piernas. Pero lo más asombroso resultaba la tonalidad de la piel cuyo tono aceitunado era un inexplicable símil del original. Podía creerse que el pincel hubiera recorrido la suave epidermis de la modelo, arrebatándole los sutiles tonos que luego quedarían en la tela. Aun para aquellos que no conocieran a Dolores, los matices conseguidos evidenciaban en su textura una naturalidad sobrecogedora. Realmente impresionada la visitante no se cansaba de contemplar la obra.&lt;br /&gt; -Me parece espléndido, y te ves maravillosa. Ahora bien, a pesar de mostrarte apacible y en descanso, el cuadro resulta una vibrante exaltación del sexo, tiene una sensualidad exquisita. No negarás que esa sonrisa es francamente delatora.&lt;br /&gt; -Ya sabes que si. - Recordó Dolores. Luego su amiga propuso un giro en la conversación.  &lt;br /&gt; -Lo que me resulta lamentable es que lo mantengas oculto. Es una pena que algo tan bello permanezca aquí como si se tratara de un objeto inservible escondido en un desván.&lt;br /&gt; -Lo han visto algunos amigos y gustó mucho, especialmente a los hombres. Las mujeres se mostraron desconcertadas. &lt;br /&gt; -Era de suponerse, pero no me refería a eso. - Interrumpió Madelaine. - Sabes que no.&lt;br /&gt; -Claro, te entiendo, bueno, pocos días después de verlo, Ramiro Miranda, un amigo de Gonzalo, intentó, bueno... no era la primera vez que lo hacía. Durante unas vacaciones integrando un grupo, tuvimos un acercamiento pero no pasó de algunos besos y caricias furtivas ya que no hubo ocasión para otra cosa. De regreso en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt;, compartimos una larga tarde de amor en su apartamento. Después supo disimular su entusiasmo, pero bastó que viera el cuadro para sacarlo de nuevo a la luz. Actuó con mucha delicadeza, pero no le dejé pasar de eso a pesar de que es un hombre agradable, atractivo y un excelente amante. Admito que me sentí más que dispuesta a ceder y no descarto hacerlo en el futuro, pero confieso que aunque a veces me resulta difícil contenerme... ahora, tengo miedo. La experiencia con Rafael fue muy intensa y aunque no te lo he dicho, difícil de superar, pero acaso tengas razón. Si te satisface la noticia, ahora hay una nueva perspectiva. Días pasados Rafael me pidió el cuadro para exhibirlo en su próxima muestra dentro de tres meses, y le prometí pensarlo. Pero cometí el error de comentárselo a Gonzalo que de inmediato dio su aprobación. Me sorprendió que lo tomara con tanto entusiasmo como si la creación le perteneciera.&lt;br /&gt; Madelaine se mostró encantada.&lt;br /&gt; -Admitamos que en cierto modo le pertenece, al menos la modelo, pero, ¡me parece magnífico! Tu marido es un hombre singular y... admirable. De todas maneras, te ruego no dejes de avisarme. Estoy dispuesta a volver a &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt;, aunque sólo sea para ver nuevamente este cuadro. Pero ten en cuenta, lo habrás considerado, que presentarlo al público bien puede despertar nuevas pasiones, eso es incontrolable... ya ves lo que pasó con tu amigo Ramiro. -Terminó diciendo Madelaine como si se tratara de una provocación.&lt;br /&gt; -Es lo que me temo. Y estoy segura de algo... Ramiro va a volver a insistir. A los hombres no les resulta demasiado difícil fantasear con una mujer, mucho más, después de haber visto una pintura que la muestra desnuda. Es como si sólo por eso adquirieran algún derecho.- Comentó Dolores.&lt;br /&gt; En aquellas palabras, su interlocutora pareció advertir un tono de resignación.&lt;br /&gt; -Lo dices como si fuera un castigo que te mereces por ser hermosa, como si no tuvieras derecho a disfrutar de esa hermosura compartiéndola con un hombre. Piensa, si tu marido está de acuerdo es natural que no ignore a qué se expone. Por otra parte, si me permites un consejo y sabes lo que me cuesta darlos, deja que las cosas fluyan y no les pongas dificultades. Ya bastante difícil es todo sin que nosotros intervengamos para complicarlo más todavía. Pero si gozas con el sexo y todo el juego que se establece a su alrededor, ¿por qué privarte? Excúsame la dureza, no te estoy sugiriendo que saltes de cama en cama, pero no me parece aceptable que siendo aun joven eludas algo que le da un tono distinto a tu vida y te renueva permanentemente. Aunque más no fuera por eso, y no soy cruel sino realista, cuando seas una anciana será tarde. Hoy, por ejemplo, tienes a Ramiro que según me dices es apuesto, gentil y parece llenar tus apetencias. ¿Por qué no vuelves a acostarte con él? ¿A quién le causarías daño? Creo que sólo a ti misma, pero si no lo haces.&lt;br /&gt; -No pienso contradecirte. - Afirmó Dolores.&lt;br /&gt; - Entonces...&lt;br /&gt; -Bueno, debes saber que mi relación íntima con Gonzalo siempre fue muy plena. Mis escapadas se debieron más al afán de aventura y novedad que a sentirme insatisfecha.&lt;br /&gt; -Eso me parece muy saludable. - Sentenció Madelaine. -No hay nada peor que recurrir a otro hombre como resultado de la insatisfacción. Es frustrante y se lo goza mucho menos. ¡Es como forzarse a hacer el amor con una máquina!&lt;br /&gt; Dolores insistió.&lt;br /&gt; -A pesar de eso, me he preguntado muchas veces si un amante aunque signifique un disfrute adicional o distinto, ¿no es acaso también una complicación?&lt;br /&gt; -Depende de como lo dosifiques. - Insistió Madelaine sin darse por vencida.&lt;br /&gt; -Parece que hablaras de un medicamento. -Comentó Dolores. &lt;br /&gt; -¿Y por qué no? Acaso, ¿un amante no es siempre un medicamento contra esa terrible enfermedad llamada rutina? Porque una cosa es la insatisfacción y otra realmente trágica es precisamente la rutina. ¿Y no dices tú misma, aunque con otras palabras, que esa enfermedad fue la que más de una vez te llevó a engañar a tu marido? ¿O que otra cosa quiere expresar eso de “afán de aventura y novedad”? ¿No has vuelto después ¡estimulada y feliz! a los brazos de Gonzalo para gozar con él como nunca?   &lt;br /&gt; -Es verdad. Siempre ha ocurrido luego de la intervención de otro hombre.&lt;br /&gt; ¿Entonces? - Dijo Madelaine como si a la conversación le faltara el colofón que Dolores debía ponerle. Esta no contuvo las ganas de reír, pero Madelaine se mantuvo muy seria, o posiblemente, fingía estarlo.&lt;br /&gt; -¿He dicho algo gracioso? - Preguntó como al pasar.&lt;br /&gt; -No sabes cuan gracioso, pero eres un encanto y también, una buena amiga. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;13 En España es común la utilización del término “suspense” en lugar de la palabra “suspenso” particularmente por parte de los críticos cinematográficos.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/8945134596948071181/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/8945134596948071181?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8945134596948071181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8945134596948071181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-27.html' title='Capítulo 27'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-695472448776935638</id><published>2007-08-17T15:39:00.000-03:00</published><updated>2007-08-19T19:15:27.238-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 26</title><content type='html'>26    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Apenas recuperada su libertad, Romualdo quiso ver a María. Se sentía apremiado por contemplar su rostro querido y por escuchar su voz amigable. La buscó en el hospital y cuando casi no había terminado de anunciarse, la muchacha apareció atravesando velozmente la puerta.  &lt;br /&gt; -¡Romualdo!... ¿Qué te ha pasado?&lt;br /&gt; El no contestó y se limitó a abrazarla como si recién en ese momento lo estuvieran rescatando del infortunio vivido. María respondió al abrazo pero insistió con su preguntas.&lt;br /&gt; -¿Cómo te has golpeado de esa manera? ¿Ya te ha visto un médico? - Luego quiso saber más y más, pero las preguntas se sucedían sin activar ninguna res-puesta. Entonces lo tomó del brazo y aunque él trató de impedirlo con las fuerzas que le quedaban, lo introdujo en la sala de guardia. Inmediatamente curaron las heridas de su cara y pocos minutos después comenzaron a practicarle exámenes de urgencia. Los resultados tranquilizaron a María. Lo único que quedó en evidencia fue la debilidad del muchacho, y por eso el médico indicó alimento sólido y los calmantes adecuados. Con su celeridad habitual, María se ocupó de ambas cosas. Luego consiguió que lo llevaran a una pequeña sala. Su propósito era mantenerlo en observación mientras dormía algunas horas. Con la situación controlada se encaminó hacia donde vivía La Vieja para contarle sobre el retorno de Romualdo. Le dijo que la policía lo había detenido por error, que estaba un poco débil por falta de buena comida, pero nada comentó sobre los golpes. La mujer estalló furiosamente.&lt;br /&gt; -¡Animales... y de los más grandes! ¡Sabandijas! Sí, eso es lo que son... sabandijas!&lt;br /&gt; -Bueno Vieja, tranquilícese, - dijo María pasando su brazo por encima del hombro de la anciana - lo importante es que ahora Romualdo está de nuevo con nosotras... y con José. El mal rato ha pasado.&lt;br /&gt; María se integraba al grupo con la misma naturalidad con que las hojas tienen que caer en el otoño, o volver a subirse al árbol con el primer anuncio de la primavera.&lt;br /&gt; La Vieja le hizo caso y se dejó estar.&lt;br /&gt; -Está bien, ya pasó... pero te aseguro que el bendito comisario me va a tener que escuchar... ¡de eso no se salva, te lo juro! -Después, más aplacada preguntó: - ¿Y Romualdo... cuando viene?&lt;br /&gt; -Esta noche o mañana por la mañana. -Prometió María.- Pero no se preocupe, yo me voy a ocupar de cuidarlo bien.&lt;br /&gt; La Vieja, ya serena, abrazó a la muchacha.&lt;br /&gt; -Tenés razón, -Le dijo. -me quedo tranquila, Si estás de por medio no hay motivo para preocuparme.&lt;br /&gt; María regresó al hospital y cuantas veces pudo se acercó a la sala adonde dormía Romualdo. Lo hizo por última vez a las cinco de la tarde y lo encontró despierto. Se sentó al borde de la cama e inclinándose sobre la cabeza en descanso, lo besó en la mejilla. El sintió que no se trataba de uno de sus sueños. Allí estaba María, hermosa y sonriente. La podía tocar, y ella iba a sentir que la tocaba, le podía hablar y ella iba a escucharlo para después responderle afectuosa y solícita como siempre.&lt;br /&gt; -¿Cómo te sentís?&lt;br /&gt; -Con vos aquí, muy bien.&lt;br /&gt; -Bueno, -continuó ella- me ponés muy contenta. Pero... el médico me dijo que podés irte, aunque recomienda que alguien te cuide al menos por esta noche. No hay ningún peligro... pero, por cualquier cosa, ¿sabés? Entonces he pensado... que vengas a mi casa. &lt;br /&gt; Romualdo se sorprendió.&lt;br /&gt; -¿A tu casa? No, claro que no. - Replicó como si la idea lo llenara de vergüenza.&lt;br /&gt; -Entonces yo voy a la tuya. Afirmó María con decisión.&lt;br /&gt; (A veces lo imposible es lo que va a ocurrir en los próximos cinco minutos o en los siguientes treinta segundos, la propuesta que nunca creímos recibir, el sueño alocado que se transforma en realidad. Pero además de la maravilla que eso encierra, suele dar mucho miedo.)&lt;br /&gt; -María, agradezco tu preocupación y tu buena voluntad... pero, me proponés que vaya a dormir a tu casa o venir vos a dormir a la mía, y lo mejor, es que tus padres ni siquiera me conocen. &lt;br /&gt; -¡Pero me conocen a mí! - Reaccionó ella de manera cortante. - Y además saben -agregó- que todo lo que haga, se corresponde con cosas que ellos me enseñaron, tal como las aprendieron viviendo, tal como lo hicieron con mi hermana... porque como mis padres lo entienden, así se motivan y manejan las actitudes en una familia, sin desconfianzas ni recelos, de lo contrario, la nuestra no sería una familia sino simplemente un grupo de gente desconocida viviendo bajo un mismo techo... pero eso es otra cosa, aunque se presente con desagradable frecuencia.&lt;br /&gt; El comenzó a percibir sensaciones de todos los colores, porque estaba confuso, halagado, disminuido, alegre, triste.&lt;br /&gt; -Tanta preocupación por un obrero sin trabajo.  - Comentó Romualdo, pero María, era la dueña de todos los argumentos. &lt;br /&gt; -Como tanta otra gente lo hace con frecuencia, te estás equivocando. Es lo que pasa siempre cuando se mira todo desde la perspectiva del dinero o de la posición social. Esa es la actitud que asume la mayoría, pero no significa que tengan razón. ¿Y sabés por qué? Porque hay otras cosas mucho más importantes... y esto no quiere decir que el dinero no sea importante, claro que lo es, pero no para sacrificar en su altar el amor, la comprensión, la honestidad... y sabés, ni amor ni comprensión ni honestidad se compran en el mercado ni se cotizan en la Bolsa. No creo que haga falta que venga yo a decírtelo. Y disculpame, tal vez sí. Pero no mezclemos las cosas, haga lo que haga, mis padres no se van a asustar, y lo van a comprender. Estoy absolutamente segura. No debemos preocuparnos por eso.&lt;br /&gt; Romualdo no supo que contestar y sintió que estaba orgulloso de María, y que era muy afortunado por la gracia de merecer una mujer así. ¿A quién tendría que agradecérselo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después de comer con La Vieja y con José, María y Romualdo se marcharon al cuartucho del muchacho. Lo encontraron ordenado y limpio, y si bien no estaba resplandeciente, al menos se mostraba habitable y hasta acogedor. María señaló a Romualdo la naturalidad con que La Vieja había asumido su decisión de dormir allí. Eso reforzaba su postura durante la conversación de la tarde. El hombre fue el primero en acostarse, mientras María curioseaba bajo la débil luz del farol, algunas viejas revistas deportivas que se apilaban sobre una mesita. Cuando dejó de hacerlo, se acercó a la cama y se quedó mirándolo como si fuera su propio hijo. El le dijo:&lt;br /&gt; -Tengo frío.&lt;br /&gt; Ella contestó con apenas cuatro palabras.&lt;br /&gt; -Eso tiene fácil remedio. &lt;br /&gt; Entonces comenzó a desvestirse con lentitud, colocando cuidadosamente su ropa sobre una silla. &lt;br /&gt; -¿Qué estás haciendo? - Preguntó Romualdo turbado. &lt;br /&gt; -Me desnudo. - Dijo ella con fresca naturalidad. - No creerás que voy a dormir vestida. Además, he estado pensando... tu cuerpo ha sido golpeado, mortificado... acaso necesite una compensación afectuosa, es decir, en lugar de golpes y mortificación... todo lo contrario. Espero que te acuerdes de los trenes, ¿te acordás? El asintió con un gesto afectuoso. Ella continuó.   &lt;br /&gt; -Esta noche los horarios son perfectos, y en la estación, ya saben que van a llegar los dos exactamente a la misma hora.&lt;br /&gt; Romualdo se quedó callado sin preguntar nada más, presintiendo que iba a suceder algo que ya estaba decidido. Sólo se dedicó a seguir los delicados movimientos con que María continuaba quitándose la ropa, sintiendo que dentro de sí la visión de aquella joven piel de miel le mezclaba la sorpresa con el deleite... y así, durante lo que le pareció un largo rato, hasta que ella estuvo completamente desnuda. Entonces la muchacha apagó la luz para acostarse a su lado. Sus senos firmes se apoyaron sobre su pecho y su vientre inocente se colocó sobre su vientre, y sus piernas se enlazaron con las suyas como si pertenecieran a un mismo cuerpo. Romualdo ya no sintió frío, y tuvo la certeza de que nunca más lo sentiría en lo que le restaba de vida. Afuera, el viento siempre indiferente, volaba su ruido sobre las chapas de los techos. Y aunque sólo fuera por una vez, la felicidad había llegado puntualmente, sana y salva hasta ese lugar.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/695472448776935638/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/695472448776935638?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/695472448776935638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/695472448776935638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-26.html' title='Capítulo 26'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-3413466392035576128</id><published>2007-08-16T14:40:00.000-03:00</published><updated>2007-08-16T14:44:36.327-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="España"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Lyon"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Madrid"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 25</title><content type='html'>25&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Iñaki tuvo en &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt; una nueva muestra de la buena suerte que parecía haberlo alcanzado: se lo designó para hacer un contacto en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Había una razón: era el único del grupo que según se suponía, no estaba registrado en los archivos de la policía francesa. Todo coincidía con el deseo de Iñaki de volver a encontrarse con Madelaine. Partiría llevando el dinero destinado al pago de colaboradores, y las instrucciones finales para dinamitar la Torre Eiffel. También, aunque él aun no lo sabía, para participar en una operación complementaria ideada con el propósito de hacer más espectacular el éxito del plan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin Patxi ni Madelaine, Josephine se sintió muy sola y decidió llamarla a &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt;. En la conversación  decidieron encontrarse allí y pasar dos días antes de volver a Francia. También aprovechó para darle un resumen de lo sucedido. &lt;br /&gt; -De manera que según veo, vas a casarte. - Afirmó Madelaine. &lt;br /&gt; -Me parece que te apresuras, porque no hemos hablado de eso. - Respondió Josephine.  &lt;br /&gt; Madelaine quedó sorprendida y desconcertada. &lt;br /&gt; -¿Serías capaz de dejar &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; para establecerte en una pequeña ciudad bucólica? ¿De cambiar la vida agitada, turbulenta, por el apacible aire de &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;?  &lt;br /&gt; -Madelaine, me gustaría hablar de esto contigo más detenidamente, pero te anticipo algo. La vida agitada y turbulenta me ha dado dos dos matrimonios, y también, dos divorcios. ¿No habrá llegado el momento del sosiego ahora que descubro una posibilidad inesperada? Hablo de un sosiego activo, vital, cuando todavía tengo tiempo. ¿No será Patxi, el hombre al que por la desgraciada circunstancia de tu secuestro, conocí para vivir con él una nueva oportunidad, tal vez la última?  &lt;br /&gt; -Tienes que buscar en ti misma la respuesta. Creo que es lo más sabio que puedo decirte.&lt;br /&gt; -Gracias Madelaine, y como viajaré en tren, tendré tiempo para para buscar esa respuesta. Ah, llego mañana por la tarde.&lt;br /&gt; -Te estaremos esperando querida, buen viaje.&lt;br /&gt; -Gracias de nuevo... hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; El avión en que viajaba Eizagirre descendió en el aeropuerto Charles De Gaulle emergiendo triunfalmente entre nubes resignadas a darle paso. Allí le esperaba su viejo conocido, el Inspector Lancleau, un hombre serio y delgado, perfectamente afeitado que sólo lucía en la cara un elegante bigote. Lancleau vestía con elegante y seca sobriedad. Después de los saludos (Eizagirre hablaba con soltura el francés y a Lancleau le ocurría lo mismo con el español) quiso conocer las últimas novedades. Le fueron informadas mientras caminaban hacia los automóviles. &lt;br /&gt; -Detuvimos a todos los participantes de una reunión en &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt;, menos al que viaja hacia &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Sabemos que se hace llamar Miguel Barrenechea... ¿Le dice algo ese nombre? &lt;br /&gt; -Lo siento, pero no, no me dice nada... - Resulta obvio que es falso... - comentó Eizagirre. &lt;br /&gt; - ... presumimos que trae una misión importante, pero desconocemos su contenido. - Continuó Lancleau. -Al menos estamos prevenidos.&lt;br /&gt; -¿Prevenidos? No dudo de la capacidad de la policía francesa, pero con esas ratas...¿Quién podría estarlo realmente? - Afirmó Eizagirre, para luego continuar, recuperando el tono profesional. -Quisiera saber, los detenidos, ¿confesaron algo?&lt;br /&gt; -Aun no, el interrogatorio prácticamente acaba de comenzar. - Contestó Lancleau.&lt;br /&gt; -Y el sospechoso viajero, ¿está identificado? - Insistió Eizagirre.&lt;br /&gt; -Nuestros informantes sólo dijeron que se trata de un hombre joven, entre treinta y cinco y cuarenta años. Calculamos que en estos momentos debe estar llegando a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, o acaba de hacerlo.  &lt;br /&gt; El grupo abordó los automóviles y partió velozmente hacia la Central de Policía. En el interior de uno de ellos, Eizagirre comentó sus sensaciones.    &lt;br /&gt; -Le confieso mi preocupación Inspector. La bestia está gravemente herida, y presiento que después del estruendoso error-fracaso de &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt; necesita dar un golpe de efecto, algo que desde su enfermiza perspectiva le haga recuperar prestigio, acaso ellos crean que también popularidad. Son posibilidades que manejábamos antes de mi partida. Por eso pienso que el atentado... o lo que sea, no va a suceder en mi país. Necesitan un escenario más... no sé cómo decirlo, pero tendrá que ser un lugar que le de al suceso el mayor dramatismo y la mayor notoriedad.&lt;br /&gt; El Inspector quedó pensativo unos segundos y luego, como si comenzara a resolver un intrincado enigma, preguntó:&lt;br /&gt; -¿&lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;... por ejemplo?&lt;br /&gt; -¿Por qué no? - Dijo Eizagirre. -Si yo fuera ellos, cosa que me demanda gran esfuerzo imaginarme, bien podría elegir &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Es el blanco ideal. Por otra parte, creen tener cuentas para cobrar a los franceses. Les resultaría como cazar dos liebres con un mismo proyectil.&lt;br /&gt; -Me hago cargo de su preocupación. Se basa en un razonamiento lógico, dentro de toda la ilógica que suele utilizar esa gente. Además, usted los conoce mucho mejor que yo.&lt;br /&gt; -Lo siento Inspector, consideré mi obligación decírselo, por otra parte, usted no tardaría en pensarlo.&lt;br /&gt; -Basta de cumplidos Patxi - por primera vez desde que se conocían lo llamaba por su nombre de pila - y al trabajo. ¿No cree? Pienso que tenemos mucho que hacer. &lt;br /&gt; Los dos presumían que se avecinaba un hecho importante y sentían el desafío del reloj. El Inspector recibió una llamada y luego de prestar atención durante veinte segundos, agregó un escueto “vamos para allá”. Entonces apoyó familiarmente la mano en la pierna de Eizagirre para informarle.&lt;br /&gt; -Tenemos individualizado a uno de los contactos de ETA en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Creo que hay peligro, y que mis sospechas de días pasados tenían fundamento.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/3413466392035576128/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/3413466392035576128?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3413466392035576128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3413466392035576128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-25.html' title='Capítulo 25'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-9020049309639544488</id><published>2007-08-15T10:54:00.000-03:00</published><updated>2007-08-15T19:25:45.189-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="España"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Madrid"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 24</title><content type='html'>24&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt; caminaban por la calle Serrano, Dolores y Madelaine se detenían frecuentemente para mirar sus espléndidos escaparates. La conversación que mantenían se limitaba a deslizar comentarios sobre las ropas y los objetos que descubrían, hasta que Madelaine fue sorprendida por una pregunta. &lt;br /&gt; -¿Qué te ha parecido mi pintor?&lt;br /&gt; Había usado un tono sugestivo, como si sólo se propusiera develar a medias un gran secreto ocultado largamente. Madelaine no pudo menos que detenerse y obligó a su amiga a hacer lo mismo. Entonces la miró fijamente y exclamó:&lt;br /&gt; -¿Tu pintor? ¡Me dejas estupefacta!  - Dolores rió.  &lt;br /&gt; -Te advertí el otro día que tu relato me había resultado estimulante. Te diré más, hace tiempo que no escuchaba algo así.  &lt;br /&gt; Cuando retomaron la marcha Madelaine fue la primera en hablar. &lt;br /&gt; -Está bien, pero nunca creí que lo fuera a tal extremo y que reaccionaras con tanta rapidez.&lt;br /&gt; -Tranquilízate querida, bromeaba, no se trata de una relación actual. Es algo que pasó hace tres años. Todo comenzó cuando me presté a posar para él... desnuda. &lt;br /&gt; -¿Desnuda? - Reaccionó otra vez Madelaine otra vez ante la nueva sorpresa.&lt;br /&gt; -Sí, ¡desnuda! ¿Sabes de quién fue la ocurrencia?&lt;br /&gt; -Debe haberse tratado de un recurso del pintor para seducirte... me parece increíble te haya engañado con un truco tan antiguo, a no ser que cayeras en la trampa a sabiendas. A veces simulamos ignorar lo que está pasando, ¿no? - Aventuró Madelaine. &lt;br /&gt; -Pues te equivocas. La idea fue de Gonzalo, mi marido. Siempre había deseado tener un cuadro que me mostrara desnuda... acaso inspirado en el nombre de la calle en que vivimos. - bromeó.&lt;br /&gt; -Y eso te ha convertido en la Maja del siglo XX, y también, en la amante inspiradora de un pintor que algún día será famoso gracias a tu colaboración.- Agregó Madelaine. &lt;br /&gt; -Exageras, pero bueno, lo cierto es que por esos días, Rafael, el pintor en cuestión, nos visitaba con frecuencia. Le habíamos conocido en casa de amigos comunes y por su inteligencia y simpatía pronto ganó nuestro afecto. Tenía por entonces poco más de treinta años, su talento le había hecho acumular cierta fama aquí después de ganar varios premios en Andalucía, su tierra, y de exponer con éxito en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. Pues una noche comíamos los tres en casa cuando surgió el tema de los desnudos. Entre muchos otros, se mencionó a “La Maja” como tú lo hiciste hace un momento... era inevitable. Rafael dijo no haber podido encarar nunca uno a causa de no haber encontrado a la modelo adecuada, al menos, desde la perspectiva de sus exigencias. Entonces Gonzalo le preguntó a boca de jarro: “¿Por qué no pintas a mi mujer? Me parece que tiene los atractivos apropiados”. Para dirigirse de inmediato a mí con la misma naturalidad que utilizaría para proponerme un paseo por Recoletos: “¿No te complacería hacerlo querida? Me sentiría muy dichoso si dijeras que sí.” Puedo asegurarte que me resultó una situación chocante. Por eso decidí tomar el asunto a broma, pero Gonzalo y Rafael siguieron muy seriamente con la cuestión. Yo continué oponiéndome y conseguí superar esa ocasión. Pero durante los días posteriores, el asedio de mi marido me presionó a toda hora. Entonces, después de muchas vacilaciones, terminé dándome por vencida. Cuando con Gonzalo discutíamos el tema, llegué a preguntarle si no le importaba que otro hombre me viera desnuda, que tratara de aprovechar la situación, y que yo, finalmente cediera a sus reclamos, reclamos que había que ser demasiado ingenuo para no considerar previsibles. El, obsesionado por su propósito me respondió que quería tener ese cuadro y que admitía los riesgos, pero que era el precio que debía pagar para ver cumplidos sus deseos. Pues bien, Gonzalo sugirió que trabajara en casa, lo que se descartó de inmediato, cuando Rafael señaló que necesitaba el clima y la particular luz de su atelier. Por supuesto no dijo nada de la intimidad que ese lugar nos aseguraba, ya que debido a repetidas insinuaciones que yo fingía no advertir, la idea de hacer el amor conmigo llevaba mucho tiempo instalada en su cabeza. Te confieso que ese supuesto plan a mí tampoco me disgustaba del todo. Mi entusiasmo al respecto se había reactivado al comprobar el fervor... ¿de qué otra manera llamarlo?... con que Rafael había asumido la posibilidad de pintarme. Además, hacía mucho tiempo que no tenía una aventura y probablemente la estaba necesitando. La circunstancia presentaba un componente tontamente romántico acaso pasado de moda pero contenía un algo decididamente excitante. Aún había otra cosa que cerraba perfectamente el círculo. Era como si tácitamente mi marido nos estuviera autorizando a mucho más que a asumir los roles de pintor y modelo. Verás que se trataba de una situación perfecta, como si el perdón llegara antes del pecado.   &lt;br /&gt; -Por supuesto que era así. -Aprobó Madelaine. -Pero antes de seguir, ¿por qué no bebemos un café y más tranquilas, me cuentas la culminación de tu aventura?- Preguntó después de señalar el elegante bar frente al que pasaban. Poco después, la conversación continuó mientras bebían de los humeantes pocillos. &lt;br /&gt; -¡Pensar que hace pocos días llegaste a opinar que yo era una caja de sorpresas! ¿Qué diré yo sobre ti ahora? - Interrumpió Madelaine.&lt;br /&gt; -Tienes razón y te debo disculpas, -admitió Dolores- ¿pero es que no quieres enterarte del resto?&lt;br /&gt; Madelaine simuló cierto sobresalto y bebió un sorbo de agua mineral.&lt;br /&gt; -Sabes que no me lo perdería por nada del mundo. Continúa, por favor, continúa. &lt;br /&gt;  -Verás. El primer día no niego que estaba un poco inquieta. Siempre me ha complacido ver como los hombres disfrutan nuestra desnudez y como se excitan con ella, especialmente cuando lentamente empiezan a caer las ropas y descubren cada centímetro de piel. En esos casos, la luz tenue ayuda a que todo parezca más íntimo y provocativo. Pero desnudarme frente a un hombre y permanecer estática durante horas, era una experiencia que jamás había tenido. &lt;br /&gt; -¿Sería timidez? - Preguntó Madelaine. &lt;br /&gt; -No lo creo, tampoco lo descarto. - Contestó Dolores. - El debió haber advertido que algo me ocurría, porque a poco de entrar en su atelier me un consejo. “Trata de actuar como si fueras una modelo profesional. De manera que olvida quién eres y piensa que si no tienes puesta ninguna ropa es debido a tu belleza. Vívelo desde esa perspectiva y todo te resultará más fácil.” -Después me indicó el biombo detrás del que debía desvestirme y comenzó a preparar sus pinceles y colores con toda naturalidad. Cuando ya casi no tenía nada sobre mi piel, le escuché que decía:  “Tan pronto estés lista te recuestas sobre la otomana, después estableceremos la posición definitiva. Verás que es muy sencillo.”- Agregó tratando de afirmar mi tranquilidad, lo que te confieso logró sólo en parte. Cuando estuve completamente desnuda, seguí sus indicaciones sintiendo que mi cuerpo era de yeso y me tendí sobre la otomana. El descorrió las cortinas del ventanal para que la luz del sol entrara generosamente, y mientras me preguntaba si sentía frío (la pregunta era un tanto absurda porque disfrutábamos de un templado día primaveral) me miró con detenimiento como si en lugar de una mujer hubiera sido una estatua, aunque en ese momento en realidad yo creía ser no mucho más que una naturaleza muerta. Después de guiar suavemente diferentes partes de mi cuerpo con la intención de orientarlo debidamente, se dio vuelta para encaminarse hacia el caballete. Recién entonces comentó con la mejor disposición: “¡Estoy muy entusiasmado y confío en los mejores resultados! ¿Sabes por qué? Porque eres una mujer de formas perfectas, bellísima, deseable, sensual, exquisita, con esa madurez que exalta y evidencia tus conocimientos de la vida y del amor. Si logro poner todo eso en la tela, pienso que será una obra memorable. ¡Te lo aseguro!” (Madelaine pensó que el pintor no había exagerado porque su amiga, aun vestida, comunicaba lo que él había definido tan acertadamente.) -Me sentí en la gloria ante tal secuencia de halagos, - continuó Dolores - sin olvidar que se trataba de un hombre más joven que yo. ¿Me comprendes?&lt;br /&gt; -Vaya si te comprendo.  &lt;br /&gt; -Sabía que lo entenderías. - Se complació Dolores antes de proseguir. - Pasaron dos días sin que nada fuera de lo común alterara el ritmo de nuestro trabajo. Rafael se limitaba a pintar, y cuando más, planteaba algún tema banal que nada tenía que ver con lo que estábamos haciendo. Yo comencé a preguntarle si quería que cambiara de posición o si no se me veía despeinada, no sé, cualquier cosa con tal de llamar su atención. Pero él se mantenía abstraído, limitándose a contestar: “No, así está perfecto”, y continuaba ensimismado en la pintura. Lo único que conseguí fue desconcertarme, empezando a pensar que mis sospechas habían sido infundadas y que en realidad, el verdadero y esencial propósito de Rafael era pintarme. En suma, estaba cargada de una expectativa insatisfecha. &lt;br /&gt; -En otras palabras y si no te molesta que lo diga, - agregó Madelaine - estabas ansiosa porque te hiciera el amor. &lt;br /&gt; -¿Cómo ocultártelo? Confirmó Dolores. - Pero el tercer día...&lt;br /&gt; -Ay Dolores, ¡qué experiencia maravillosa la tuya!   &lt;br /&gt; -Decía que el tercer día, creo que inadvertidamente porque te juro que no lo tenía previsto, yo misma propicié su avance. Acababa de llegar y como era habitual, ya familiarizada con mi obligación, me había desnudado para recostarme en la otomana, cuando le comenté algo que realmente había ocurrido la noche anterior.&lt;br /&gt; -Sabes Rafael, ayer estaba por ducharme y me descubrí mirando mis caderas... francamente, no me gustaron nada. Las vi demasiado grandes. ¿No lo crees así? Y en ese caso, ¿no deberías pintarlas reduciéndolas un poco?... Bueno, si me permites la opinión...&lt;br /&gt; Entonces él dejó el pincel, se acercó (recuerda que yo estaba totalmente desnuda, por cierto a esas alturas complacida de estarlo, y también ansiosa, esperando que ocurriera lo que anhelaba) y apoyó su mano en mi cadera deslizándola hasta la cintura y luego bajando por la pierna, una y otra vez, y luego, muy lentamente corriéndola hasta mi vientre, y después hacia el pubis... y todavía más allá,  ¿sabes? &lt;br /&gt; Madelaine estaba extasiada y deseosa de llegar a la culminación de todo aquello, pero no pudo contenerse.&lt;br /&gt; -¿Y no reaccionaste? ¿Ni siquiera fingiste oponerte? &lt;br /&gt; -¿Reaccionar cuando felizmente me tenía a su merced? ¿Y oponerme? Ni lo pensé, ya no podía soportar más, ¿Sabes lo que es eso? &lt;br /&gt; -¡Cómo no he de saberlo! Esos momentos previos son tan deliciosos... pero ahora, por Dios, continúa. -Insistió Madelaine, a la que aquel relato le seguía despertando curiosidad y excitación. &lt;br /&gt; -Rafael siguió con sus caricias mientras me miraba intensamente, hasta que por fin musitó con voz anhelante: “¿Por qué dices que tienes las caderas demasiado grandes (mientras las ceñía vigorosamente) si son fuertes como las de una Venus! Tan maravillosas como tus piernas, tu cintura pequeña, tus senos exuberantes, y tu boca que parece arder pidiendo que la bese... &lt;br /&gt; Entonces le dije más todavía. - ¿No has pensado que yo también puedo tener desesperadas ganas de besarte? Y no sólo de besarte... ¿No te ocurre lo mismo? (En verdad, la excitación ya me impedía controlar lo que decía y hasta lo que hacía, pero ninguna de las dos cosas me importaba, cuando comencé a desabotonar su camisa.) El se lanzó a morder con avidez mis... y después sus labios y su lengua decidieron investigar toda mi piel mientras yo hacía lo mismo con la suya.... largo rato, hasta que ya con él también desnudo, nos unimos.  Sólo cabe agregar que ese día le dedicamos poco tiempo al cuadro... y que durante los encuentros siguientes hicimos el amor con inusitada frecuencia.  &lt;br /&gt; -Me imagino que ese cuadro pasó a segundo plano y no llegó a terminarse. - Comentó Madelaine. &lt;br /&gt; -¡Todo lo contrario! - Afirmó Dolores. - A pesar del desenfreno al que nos entregamos la obra continuó avanzando con velocidad. Acaso debido a que el deseo permanentemente renovado y su inmediata satisfacción, como si una cosa realimentara la otra, le dieran a Rafael una seguridad y una audacia que le impulsaban a pintar a un ritmo frenético, pero también, con mayor soltura y habilidad. &lt;br /&gt; -¿Y luego? Porque me parece que hay un luego, ¿no? Lo digo porque me pareció notar que la relación entre ustedes no es la típica de dos amantes. Creí notar que los separaba cierta sutil distancia. - Inquirió Madelaine con suspicacia.&lt;br /&gt; -Tienes razón. El luego apareció cuando el trabajo estuvo terminado. Entonces seguimos haciendo el amor en su estudio, pero por razones que tardé en explicarme, cada vez con menor frecuencia. Nuestras relaciones habían perdido el ardor inicial y se enfriaban apresuradamente. Hasta que un día Rafael me hizo una extraña confesión y otra... no tan extraña. En mí había encontrado la corporización de viejas fantasías: hacer el amor conmigo, era como hacerlo con La Gioconda, o con la auténtica Maja, o con alguna bella Vestal de un grabado desconocido descubierto durante su adolescencia... esa había sido una de sus motivaciones... tú sabes que a veces los artistas son un poco extraños. Pero la realidad vino a demostrarle rápidamente que la mujer con la que se acostaba no era ninguna de ellas, sino la señora Dolores Alvarez del Cuerzo, una contemporánea muy deseable, pero desgraciadamente no indicada para sus expectativas de carne y hueso. Eso le hizo descubrir que si no tenía otro remedio que navegar en la vida real, y esta es la otra confesión, como te dije nada extraña, le correspondía alguien más joven... una discípula del Liceo, por ejemplo, con quién para entonces ya estaba más que vinculado y de la que se sentía perdidamente enamorado. Me mostré de acuerdo con su decisión, ya que por otra parte, la relación estaba afectando la mía con Gonzalo... comprende que llegaba a casa extenuada, sin más disposición que para ducharme, comer y caer en la cama muerta de cansancio y de sueño. ¡Aquello se estaba convirtiendo en una locura! Mi marido debe haber tenido alguna sospecha, pero disimuló la situación, a tal punto, que dejó provisoriamente de requerirme. Por esa comprensión le quiero más todavía. En tanto, Rafael se sintió interpretado, señaló que yo era una gran señora tan inteligente como bella... y otras frases más dignas de un mosquetero que de un hombre de este tiempo. De allí en adelante mantuvimos una delicada amistad intelectual. Las semanas comenzaron a transcurrir y todo se fue aquietando... Me invita a sus exposiciones, me envía flores el día de mi cumpleaños y a veces almorzamos juntos, pero nunca volvimos a hacer el amor y ninguno de los dos realizó jamás la menor sugerencia al respecto. Creo que es una buena persona como estoy segura de que fue un gran amante.  &lt;br /&gt; -¿Y el cuadro? ¿Adónde está? - Preguntó Madelaine.&lt;br /&gt; -Oh, el cuadro... - Recordó Dolores, como si hablando de su aventura lo hubiera olvidado - ... el cuadro está en mi casa, naturalmente no a la vista. Pero pienso que resultó un trabajo magnífico. &lt;br /&gt; -¿A pesar de tus grandes caderas? - Bromeó Madelaine.&lt;br /&gt; -A pesar de mis grandes caderas, o tal vez, gracias a ellas. - Asintió Dolores sonriendo. -Pero más allá de mis discutibles méritos de modelo, Rafael es un gran pintor. Ya lo comprobarás tú misma...</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/9020049309639544488/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/9020049309639544488?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/9020049309639544488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/9020049309639544488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-24.html' title='Capítulo 24'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-8488688572427138365</id><published>2007-08-14T14:51:00.000-03:00</published><updated>2007-08-14T15:00:01.643-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Bayonne"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Irún"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Lyon"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Tarbes"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Toulouse"/><title type='text'>Capítulo 23</title><content type='html'>23&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La noche siguiente Josephine e Eizagirre volvieron al mismo restaurante adonde habían almorzado durante el secuestro de Madelaine. Los ubicaron en una mesa junto a una ventana, adonde la luz se diluía en un curioso cono de semipenumbra. Pidieron jamón de Jabugo, luego, un lenguado con una delicada salsa de azafrán, y bebieron cava &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(12)&lt;/span&gt; catalán. Ella seguía preocupada por la investigación no cerrada, y buscó la ocasión de retomar el asunto para averiguar si sus temores eran fundados. Lo hizo tangencialmente para no despertar las sospechas del policía. No presumía que éste estaba demasiado interesado en ella y que al menos esa noche nada quería de investigaciones cerradas o abiertas. El reciente secuestro se había sumado a otros hechos y la presión que se ejercía sobre sus espaldas y las de sus colegas desde los más altos niveles era muy intensa. Resultaba natural que no le faltaran motivos para desear alejarse de esas tensiones, buscando un poco de distraerse. Estaba convencido de que Josephine con todos sus encantos, era la persona adecuada para lograr ese propósito. Se sentía extremadamente atraído por ella, y verla sufrir durante los recientes acontecimientos, le había despertado la necesidad de protegerla y una honda ternura. También la deseaba y le resultaba imprescindible sentir las delicias que podía prodigarle su cuerpo maravilloso. Luego del segundo plato, no tomaron postre y prefirieron beber café. Patxi sacó de su bolsillo una cajetilla de Winston y la extendió a Josephine. Ella tomó uno. Eizagirre lo encendió y dio lumbre al suyo. Después habló:&lt;br /&gt; -Más tarde tengo que decirte algo...&lt;br /&gt; -... dímelo ahora. - Reaccionó ella sin poder ocultar su curiosidad, mientras recurría a su copa.&lt;br /&gt; -Ahora prefiero hablar de ti, y de lo hermosa que te ves esta noche. ¿Hay algún tema mejor?&lt;br /&gt; -Yo creo que sí. -Afirmó Josephine.&lt;br /&gt; -Bueno, habrá tiempo para hablar de todo. Recién son poco más de las once. - Dijo Patxi mirando su reloj. &lt;br /&gt; -Estoy segura de que habrá tiempo, -repitió ella con soltura- de lo contrario, lo fabricaremos.&lt;br /&gt; Eizagirre propuso beber otra café, idea que Josephine aceptó. Ya lo estaban disfrutando, cuando llegó la invitación. -&lt;br /&gt;¿No te gustaría que fuéramos a mi casa?&lt;br /&gt; Josephine no tardó en contestar.&lt;br /&gt; -¿Me creerías si te digo que es la propuesta que estaba esperando, también deseando? - Se animó a agregar. -¿Y por qué no?&lt;br /&gt; Salieron, y mientras recorrían la corta distancia que los separaba del automóvil, Patxi preguntó:&lt;br /&gt; -¿Es cierto que esperabas que te propusiera ir a mi casa? &lt;br /&gt; Ella se tomó familiarmente de su brazo e inclinando su cabeza sobre el hombro del policía, habló sonriendo.&lt;br /&gt; -Ya he dicho demasiado. El resto... dejaré que lo averigües.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La casualidad comenzó a urdir una nueva trama. Eso podía sospecharse cuando Iñaki fue designado para efectuar un enlace con etarras establecidos en &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt;. Cuando se lo comunicaron tuvo que contenerse. Sabía que &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt; estaba relativamente próxima a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, y eso lo acercaba al deseado reencuentro con Madelaine. Por primera vez en su vida se sintió un hombre de suerte. Sólo necesitaba algún pretexto que justificara extender el viaje que ya estaba planificado. Saldría por &lt;a href=&quot;http://www.irun.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Irún&lt;/a&gt; para cruzar la frontera y una vez en Francia, se dirigiría hasta &lt;a href=&quot;http://www.ville-bayonne.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Bayonne&lt;/a&gt; desde donde tomaría la ruta N 10 hasta &lt;a href=&quot;http://www.tarbes.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Tarbes&lt;/a&gt;, y allí, la N 117 empalmando con la N 125 para llegar a &lt;a href=&quot;http://www.toulouse.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Toulouse&lt;/a&gt;. Desde esa ciudad debía seguir por la N 88 hasta alcanzar en &lt;a href=&quot;http://givors.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Givors&lt;/a&gt; casi a las puertas de &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt; la N 86, que lo dejaría precisamente en el punto de destino. Entonces comenzó a repetirse mentalmente el número telefónico de la mujer que amaba. Estaba seguro de volver a tenerla muy pronto en sus brazos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Madelaine y Dolores disfrutaron toda la tarde de la prometida exposición. Contemplaron los cuadros conversando con su autor, un joven y bien parecido pintor andaluz. El artista las colmó de explicaciones y referencias, contestando con precisión y entusiasmo todas las preguntas relacionadas con su trabajo, y también extendiéndose en comentarios sobre otros pintores, vivos y muertos. Decidieron marcharse cuando entendieron que estaban agotadas las posibilidades de información y las anécdotas que formaban parte del origen de muchas de las telas. Antes de hacerlo, Madelaine reservó la obra que la había conmovido: una dramática conjunción de rojos y amarillos fundidos para mostrar la imagen de un toro vigoroso y resplandeciente bajo el sol flamígero. El pintor las invitó a cenar y se acercaron a un coqueto restaurante italiano llamado Nabuco, sobre la calle Hortaleza, apenas a dos cuadras de distancia. Cuando se encaminaban hacia el lugar, Madelaine se sintió abordada por el recuerdo de Iñaki, pero decidió postergar esa evocación escondiéndola en las trivialidades de la conversación, pero advirtiendo que su contenido no la satisfacía.&lt;br /&gt; Esa noche Iñaki llegó a &lt;a href=&quot;http://www.lyon.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Lyon&lt;/a&gt; sin sorpresas y se registró bajo el nombre de Miguel Barrenechea en el Hotel des Beaux Arts, en el 73/75 de la Rue du Président Edouard Herriot, sobre la Plaza de los Jacobinos. Pero actuaba como un autómata que responde por reflejos a disposiciones que ya están programadas. Bajo ese sentimiento pidió que le subieran una botella de whisky.  Sentía que necesitaba beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La música suave no conseguía disimular que después de la primera parte de su encuentro amoroso, Josephine y Patxi sintieran no haber agotado la necesidad que tenían el uno del otro. Las circunstancias en que se habían conocido y que dominaron los primeros tiempos de su relación, mantuvieron acallado pero también alimentaron el deseo. Después de unos sorbos de Old Parr sin hielo, se besaron y entonces Eizagirre se lanzó a descubrir el cuerpo generoso de Josephine. Eso había ocurrido pocos minutos antes. Ahora, desnudos, y apenas cubiertos por las blanquísimas sábanas, volvían a besarse mientras él insistía con sus caricias como si le reclamara la disposición para comenzar nuevamente. Ella disfrutaba ese estímulo, pero no lo necesitaba, hasta que... Sólo cuando culminó ese nuevo momento se sintieron apaciguados, aunque ninguno de los dos habría podido determinar cuanto tiempo podría pasar sin necesitar volver a unirse con el otro.&lt;br /&gt; -Me has hecho muy feliz Patxi, -confesó Josephine. Entonces recordó que una cosa continuaba pendiente.  Por eso retomó ese tema. -Apenas llegamos al restaurante dijiste que debías contarme algo. ¿Lo harás ahora?&lt;br /&gt; El se mostró como si le trajeran a la memoria un mal recuerdo.&lt;br /&gt; -Querida Josephine, hubiera preferido no tener que hacerlo, y menos en esta ocasión, pero...&lt;br /&gt; Ella lo interrumpió angustiada. (“¿Es que Patxi habría elegido ese momento tan especial para decirle que estaba al tanto de la relación de Madelaine con Iñaki, y reprocharle que ella se hubiera prestado a aquel juego de ocultamientos?”)&lt;br /&gt; -¿Qué vas a decirme? ... ¿Es acaso tan grave?&lt;br /&gt; -Tranquilízate, - musitó él mientras le acariciaba la mejilla. - no es agradable, tampoco grave. Sucede que vamos a tener que separarnos por algunos días.&lt;br /&gt; Josephine sintió que sus temores se esfumaban, pero las palabras de Patxi no la conformaron. Más aun, hacía mucho que no experimentaba la sensación de tristeza que la invadía. &lt;br /&gt; -Pero... ¿por qué?       -Me han encomendado una misión en tu país. Debo partir mañana mismo.&lt;br /&gt; Ella no dudó ni un minuto.&lt;br /&gt; -¿Puedo ir contigo? &lt;br /&gt; -Querida... sería maravilloso, pero no es un viaje de placer... forma parte de una investigación.&lt;br /&gt; La obsesión regresó a la mente de Josephine.&lt;br /&gt; -¿Tiene que ver con el secuestro de Madelaine?&lt;br /&gt; -Si. -Dijo Eizagirre. - Pero prefiero no hablar del asunto... comprende, por favor.&lt;br /&gt; -Lo comprendo... y voy a extrañarte mucho, especialmente ahora.&lt;br /&gt; -Pero sólo estaré allá una semana o diez días. -Aclaró él tratando de tranquilizarla.&lt;br /&gt; -Igualmente me parece demasiado tiempo.&lt;br /&gt; -Habrá mucho más por delante, ya verás. Tú misma dijiste que si no encontrábamos tiempo suficiente lo fabricaríamos. - Afirmó el hombre quitándole dramatismo a la situación. Ella se apartó y mirándolo fijamente le preguntó:&lt;br /&gt; -¿Tú de verdad crees que tendremos mucho tiempo por delante, tiempo para estar juntos, para amarnos?&lt;br /&gt; Patxi se mostró seguro.&lt;br /&gt; -Todo el tiempo del mundo... y... todas las cosas maravillosas que puedan encerrarse en su interior. Ya lo verás.&lt;br /&gt; Después se besaron nuevamente. Esa vez, ya no fueron necesarias más palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;12 En España se denominan cava  a los vinos champagne.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/8488688572427138365/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/8488688572427138365?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8488688572427138365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8488688572427138365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-23.html' title='Capítulo 23'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-5610855565193757094</id><published>2007-08-13T10:10:00.000-03:00</published><updated>2007-08-13T10:11:09.925-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 22</title><content type='html'>22&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando Romualdo se despertó el cuerpo le dolía tanto que parecía no existir, como si sigilosamente se lo hubieran robado. Atinó a pasarse la mano por la cara donde la sangre seca había formado una delgada película similar a la quebradiza caparazón de un insecto muerto que se descubre en el jardín debajo de una piedra. Quiso incorporarse pero parecía un esfuerzo que no le estaba permitido. Imponiendo su voluntad, porque se sentía embotado y débil (hacía más de un día que no comía ni bebía nada), trató de memorizar todo lo ocurrido pero no pudo conseguirlo y apartó la idea. Entonces oyó pasos que se acercaban y temió que volvieran a golpearlo. Los pasos se detuvieron junto a la puerta como si nunca hubieran llegado, y el sonido que habían provocado también fuera el resultado de una ilusión.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; María se sorprendió cuando el comisario recibió a La Vieja con inusitadas muestras de afecto. &lt;br /&gt; -¿Qué anda haciendo por aquí? No esperaba su visita. Sea como sea, ¡bienvenida!&lt;br /&gt; -No se equivoca ni por un pelo, porque es el último lugar en el que quisiera estar. Lo que ando haciendo tiene mucho que ver con ustedes, que son todos unos truhanes. Y lo de “bienvenida”, se lo acepto por respeto.- Contestó la anciana decididamente. María temió una reacción de parte del policía.&lt;br /&gt; -Siempre hablando mal de nosotros. ¿Qué daño le hemos hecho ahora?&lt;br /&gt; -A mí ninguno, -continuó La Vieja - el problema es mi muchacho. Anda desaparecido desde ayer y acá nadie sabe decirme adónde está. ¿O tendría que preguntar en el almacén? ¡Lo que faltaba!&lt;br /&gt; -Su muchacho... ¿y cómo está? -La pregunta sonó falsa y malévola. &lt;br /&gt; -Es lo que quisiera saber, según acabo de explicarle. Por eso he venido. &lt;br /&gt; -Ahora entiendo... ¿y cómo se llama el hombre? -Inquirió el comisario.&lt;br /&gt; -Romualdo Fernández. -Afirmó la mujer con seguridad.&lt;br /&gt; -Mi trabajo consiste en saberlo todo... y también en este caso vamos a hacer lo posible.&lt;br /&gt; La Vieja interpretó el mensaje y pensó: “¿Cuándo estos hijos de puta hacen todo lo posible?” De todas maneras respondió lo que él esperaba.&lt;br /&gt; -Está bien, me doy cuenta.&lt;br /&gt; Las dos mujeres se incorporaron desconsoladas. El hombre se acercó a ellas, y como si quisiera hacerlas participar en alguna secreta confabulación les dijo en voz apenas audible: &lt;br /&gt; -No se preocupen, es una de esas picardías de muchacho, va a aparecer en cualquier momento, tengo experiencia en esas cosas. Y usted Vieja, quédese tranquila, en cuanto sepa algo le aviso sin perder un minuto. &lt;br /&gt; -Dios lo oiga... y gracias. -Alcanzó a musitar la anciana sin demasiada convicción mientras salían del despacho.&lt;br /&gt; Cuando estuvieron en la calle, comenzaron a caminar casi a tientas. De pronto, La Vieja se detuvo, y dando muestras de haber recuperado su carácter habitual, afirmó con dureza:&lt;br /&gt; -Si se cree que me voy a quedar con los brazos cruzados, está muy equivocado. Estoy dispuesta a sacudir cielo y tierra hasta que aparezca Romualdo, sano y salvo... ¡y este desgraciado no sabe cuánto va a tener que moverse para que así sea! - Después se quedó masticando su rabia como si fuera un caramelo de mal gusto. Su incomodidad no evitó que ella y María se fueran alejando hasta que la muchacha hizo una sugerencia. &lt;br /&gt; -¿No quiere tomar un café, o comer algo? En la esquina está el bar adonde vamos con Romualdo... le va a gustar.&lt;br /&gt; -Sabés hija que no recuerdo haber estado en un bar... me hacés sentir muy elegante, como en los viejos tiempos, te lo agradezco.&lt;br /&gt; María no tenía ganas pero igual sonrió. La Vieja le mostraba cosas muy particulares, desde pequeños comentarios a casi invisibles tics. Todo eso de alguna manera le recordaba mucho a su propia madre, y el parecido no la disgustaba. En el bar las dos pidieron café. La muchacha insistió para que la anciana comiera algo, pero ella se negó.  &lt;br /&gt; -Sólo el café ya me parece una fiesta. - Dijo.&lt;br /&gt; Encontraron que la infusión estaba caliente y resultaba reconfortante. Sin comentarlo la Vieja recuperó el hilo de la conversación.&lt;br /&gt; -¿Sabés en qué estaba pensando? &lt;br /&gt; Por toda respuesta, María apenas pudo deslizar un gesto vago. &lt;br /&gt; -Recién te dije que esto me parecía una fiesta, y pensé que la vida también es como una fiesta. &lt;br /&gt; Debido al estado de ánimo que la dominaba desde la desaparición de Romualdo, a María le costó comprender el sentido de la comparación. La Vieja se hizo cargo de su confusión, y buscó aclarar el significado de sus palabras. &lt;br /&gt; -Te voy a explicar: Cuando llegás a una fiesta, parece que todos te están esperando, pero no te esperan sólo a vos, también esperan a otros invitados para saber como están vestidos, qué van a decir, qué responder, qué cosas nuevas pueden aportarles. Tienen dudas sobre si serán buena compañía, si resultarán divertidos y cosas por el estilo. Porque no se trata sólo de vos, si no de que estén todos, porque todos son necesarios para asegurar el éxito. Cuando ya no falta casi nadie comienzan a desfilar las bandejas repletas de cosas deliciosas: comidas y bebidas que parecen salidas de Las Mil y Una Noches. Y vos podés servirte lo que quieras. A veces lo hacés y a veces no, porque cuanto más gusto querés darte, las bandejas están lejos, y no podés aproximarte por muchas ganas que tengas, pero sabés que todo está allí, cerca, para que lo disfrutes, ¡y gratis! Bueno, en verdad no sé si gratis, pero siempre parece que lo fuera, aunque después termine costándote muy caro. Pero te hacés la ilusión de que las vas a alcanzar en el momento menos pensado. Total, sos una invitada más, y el asunto es que te diviertas y seas feliz, o que finjas serlo, creés que es lo que quieren. Ahora bien, no todos los que están allí son simpáticos, o te parecen personas con las que te gustaría estar, pero vos hacés como que te sentís muy a gusto, primero, porque así lo dictan las reglas, y segundo, porque querés resultar agradable, ser aceptada... querés que te quieran, y por supuesto tenés ganas de querer a alguien. Puede que lo logres, puede que no, depende de tu suerte, o de tu circunstancia. Y la fiesta sigue más o menos igual, hasta que las luces decrecen dejando el salón casi a oscuras, para demostrar que las horas han pasado y los invitados, respetuosos de esa señal, aun contra su voluntad, empiezan a marcharse. Vos no querés irte porque te sentís dichosa y te parece que la reunión apenas ha comenzado. Has bebido, has comido, has conversado (todavía seguís haciéndolo) con alguna persona encantadora de la que tal vez creés que vas a enamorarte, y de la que muy probablemente te enamores. Pero los invitados siguen insistiendo en partir, como si una fuerza secreta los obligara a eso, mientras la música desaparece igual que el humo, como si nunca hubiera sido nada más que eso: humo inútil al que nadie le ha prestado la menor atención. Muchos de los que se van son tus amigos, y el que permanece junto a vos, ese con el que estás hablando, es mucho, muchísimo más que tu amigo. Durante la conversación han gestado hijos imaginarios o tal vez reales. Pero todo se acaba. Por último, al salir, te saludan y se despiden con afecto, unos lo sienten de verdad, otros aparentan tenértelo, pero vos sos sólo una persona más, y posiblemente, no la que más les importa, porque suele ocurrir que a la gente siempre le interesa la persona equivocada. ¿Me entendés, o estoy siendo demasiado complicada?   &lt;br /&gt; -Claro que sí, ahora sí, - dijo María, atrapada por aquel llamativo relato. - por favor siga, siga... ¡no se detenga!&lt;br /&gt; La Vieja no esperó ni un instante para continuar.&lt;br /&gt; -Entonces te das cuenta, no lo habías advertido o tozudamente, no habías querido advertirlo, que el salón ha quedado casi vacío, y que sólo permanecen allí los dueños de casa ocupados en las pequeñas formalidades sociales de las despedidas, y con ellos, algún amigo íntimo de la familia que se aprovecha de esa condición para quedarse más tiempo. Ya se te hace claro que tenés que partir, porque es posible que hasta estés molestando, y eso te resulta extremadamente desagradable. Además, en tu interior te sentís más cansada de lo que creías y tenés verdaderas ganas de irte... una fuerza irresistible te empuja. Todo ha sido una maravilla, pero la fiesta se termina. Y te vas, sola, (tu amigo ha desaparecido como con el tiempo suelen hacerlo las ilusiones). Los hijos que acaso tuvieron ya no están, porque el tiempo se come hasta a los hijos, y no hay nadie que te acompañe. Afuera la calle está fría, muy fría... y es como si te murieras... en realidad te has muerto, porque la fiesta ha sido toda tu vida y ha durado exactamente lo mismo que ella: cincuenta, sesenta, setenta, tal vez ochenta años. Pero ese tiempo, largo o corto, es el que te tocó y no tenés a quién ir a quejarte.&lt;br /&gt; Cuando salían María sólo atinó a preguntar. &lt;br /&gt; -¿A usted cómo se le ocurren estas cosas? Lo que me ha contado es muy triste, pero también maravilloso.&lt;br /&gt; La Vieja la miró como si estuviera enfrentando a un fantasma que le hacía preguntas indescifrables e inesperadas, y también, como si ese fantasma le estuviera presentando reclamos que ella no estaba en condiciones de satisfacer. Siguió caminando callada igual que si una tumba la estuviera esperando. Después se atrevió a decir:&lt;br /&gt; -Acaba de ocurrírseme... nunca lo había pensado... ¿sabés? y me aparece ahora... debo haberlo soñado alguna vez. Concedeme que yo también tengo derecho a soñar.&lt;br /&gt; -Jamás se lo negaría. - Dijo la muchacha.   -Entonces vamos para casa, -determinó La Vieja - no lo hago muy seguido, pero es el lugar adonde mejor sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El principal Funes entró en el despacho del comisario con una expresión preocupada, presagio de malas noticias.  &lt;br /&gt; -Comisario... parece que metimos la pata. Una comisión encontró en un depósito los televisores robados y detuvo a los ladrones. Fernández no tiene nada que ver.  &lt;br /&gt; -Así que no tiene nada que ver... ¡y todavía decís “metimos”. ! Actuaste sin consultarme y me ocultaste que el muchacho estaba detenido aquí, hasta hubo que apurarte para que lo hicieras. Vos sos idiota, por eso le pegaste para que confesara lo que querías oír. ¿No se te ocurrió investigar antes, aunque fuera sólo un poco?... Y ahora decime, ¿quién carajo te creés que sós?... ¿El Ave Fénix?&lt;br /&gt; -Créame que ignoro quién es ese pájaro.  &lt;br /&gt; El comisario no prestó la menor atención a la ignorante y estúpida respuesta.&lt;br /&gt; -¿Y ahora qué hacemos? Yo le dije a la madre que no estaba aquí, y La Vieja es capaz de cualquier cosa en cuanto se entere de lo ocurrido. Los policías podemos tener el gatillo fácil, pero los puños hay que guardárselos en los bolsillos. Acordate siempre, los muertos no hablan, pero los golpeados sí. Ahora largálo y decile que todo fue un error. Pedile disculpas, decile que nos dieron información errónea para complicarnos y dejarnos mal parados ¿sabés lo que quiere decir errónea?... bueno, hacé cualquier cosa, pero que se quede callado... o vos terminás en una comisaría al sur de Bahía Blanca, allá adónde se acaba la provincia... pienso que es el lugar adonde deberías estar, o mejor todavía mucho más lejos, en el Estrecho de Magallanes, al menos yo te mandaría ahí, por hacerte el macho, por insubordinado, por bruto, por pelotudo...&lt;br /&gt; Mientras su jefe continuaba lanzándole furiosos insultos, el oficial salió apresurado a cumplir la orden, temeroso de su destino y hasta donde podía, arrepentido de su equivocado apresuramiento. Por supuesto golpear a un detenido indefenso era una idea normal dentro de su torpe cabeza. Lo mismo que jugar con su vida y con su muerte como si fuera la triste mercadería de una actividad trágica. Pero claro, Funes no tenía muchas luces y sus reglas eran las habituales dentro del lamentable cuerpo que integraba.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/5610855565193757094/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/5610855565193757094?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5610855565193757094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5610855565193757094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-22.html' title='Capítulo 22'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-74296759427912242</id><published>2007-08-12T13:01:00.000-03:00</published><updated>2007-08-12T13:02:19.041-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 21</title><content type='html'>21&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Esa noche, Josephine compartía en el Hotel Costa Vasca una copa de jerez con el sargento Eizagirre. Sentados junto a la barra del bar comentaban la partida de Madelaine. &lt;br /&gt; -Es lo que yo llamaría alejarse de la escena del crimen. - Opinó el policía. El comentario encendió una luz de alarma en la conciencia de Josephine. ¿No sabría algo el sargento respecto al affaire Madelaine-Iñaki? Trató de apartar la idea recurriendo al aceptando que estaba frente a un ser transparente. “Pero, -volvió a dudar- el desconfiar era algo natural en su profesión y su transparencia ¿hasta dónde llegaría? ¿no habría exagerado Madelaine en su declaración y el sargento lo había percibido?” La inquisitiva voz de Eizagirre la sacó de sus lucubraciones. -¿En que se ha quedado pensando?  No creo haber dicho nada especialmente profundo? ¿O si? Le ruego me lo diga.&lt;br /&gt; “¿La estaba probando?” Pensó Josephine y el estímulo de esa nueva duda la hizo reaccionar como si la hubieran conectado a una corriente eléctrica. &lt;br /&gt; -No, simplemente reflexionaba sobre los policías que no pueden sustraerse a su oficio... por aquello que dijo antes sobre “la escena del crimen”. &lt;br /&gt; -No me interprete de manera tan estricta, ya que no pretendo ser Sherlock Holmes - respondió él esforzándose por sonreír sin conseguirlo -ocurre que me interesa conocer su opinión respecto a eso. ¿Es que duda usted... no cree que aquí se ha cometido uno?  &lt;br /&gt; Ella sintió que no tenía ninguna respuesta, y apenas se animó a construir una teoría buscando disimular su indecisión. -Bueno... Al menos, no ha muerto nadie. ¿No significa eso nada? - Se animó a decir.&lt;br /&gt; -Si, pero, me gustaría explicarle... su amiga ha reaparecido con vida, y la situación se ha superado. Pero no necesariamente hace falta un asesinato para considerar que ha existido una acción ilegal... &lt;br /&gt; -... creí que estábamos ante un caso cerrado. -Indagó temerosamente Josephine. &lt;br /&gt; -Puede que lo sea, o debería serlo... pero al respecto tengo un conflicto que debería confesarle, más allá de mi convencimiento de que no era un caso más. Si parto cuidadosamente de las razones que le di aquel día, también estaba usted de por medio. Y usted me interesó desde un primer momento, como me sigue interesando ahora, debo decirlo. En fin... entonces, puede parecerle absurdo, pero existiendo esta inclinación me siento doblemente obligado a encontrar y llevar a la justicia a quiénes le hicieron vivir tan malos momentos a su amiga, que por serlo, se convierte para mí en un ser muy especial. Pero no se trata sólo de lo que pienso, ya que mis superiores opinan exactamente lo mismo. Creo que con esto aclaro una de sus dudas: la investigación no está cerrada, y la decisión es seguir adelante hasta detener a los culpables. &lt;br /&gt; Josephine sintió renacer su intranquilidad. Temía que forzando las investigaciones, Madelaine terminara involucrándose en una acción criminal en la que paradójicamente había sido víctima y testigo.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/74296759427912242/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/74296759427912242?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/74296759427912242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/74296759427912242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-21.html' title='Capítulo 21'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-43233836300212728</id><published>2007-08-11T14:58:00.000-03:00</published><updated>2007-08-11T14:59:49.719-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 20</title><content type='html'>20&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El día siguiente también se presentó deslucido. La humedad aplicaba su viejo hábito: filtrarse en las cosas como si quisiera instalarse en ellas para después destruirlas desde adentro. A media mañana, María pidió permiso en el hospital y regresó a casa de La Vieja. La encontró muy angustiada porque Romualdo no había vuelto, pero con una decisión: iba a presentar en la comisaría una denuncia sobre la desaparición del muchacho. Se sabía cargada de entereza y no iba a dejar a la pobre mujer sola, en medio de la situación. Por otra parte, “Romualdo también era asunto suyo, sí que lo era”.&lt;br /&gt; -Yo la acompaño Vieja, vamos juntas.&lt;br /&gt; -Ah no, -fue la respuesta- ir a la policía no es cosa para una muchacha como vos. Esos son todos unos guarangos, ¿sabés? y te pueden hacer pasar un mal momento. Yo voy tranquilamente y vos me esperás acá. Conmigo no se van a meter, no se animarían, cobardes...&lt;br /&gt; -No me importa, -insistió decididamente- no voy a permitir que vaya sola.&lt;br /&gt; La anciana contuvo su apremio para estudiarla detenidamente. Entonces entrevió que detrás de la suave dulzura de María había cierta dureza en la estructura de su carácter en formación, cierta textura sólida que la capacitaba para enfrentar aquellas cosas que requerían una gran fortaleza. Ese descubrimiento era lo único que le faltaba para colocarla definitiva-mente dentro de su corazón, y como si la hiciera partícipe de una revelación, le dijo escuetamente:&lt;br /&gt; -¡Caray, parece que sos de las mías!&lt;br /&gt; María respondió con seguridad.&lt;br /&gt; -¿Y le parece mal? &lt;br /&gt; -¡Qué me va a parecer mal, -exclamó La Vieja casi a gritos- me parece que así tenía que ser, lo presentía, sabés... porque yo no creo en las casualidades, sólo los incautos creen en ellas. &lt;br /&gt; -¿Que me está queriendo decir? No la comprendo...&lt;br /&gt; Mientras terminaba de ponerse su viejo abrigo raído que alguna vez había sido de color beige, la anciana alcanzó a contestar: -Ya te lo voy a explicar algún día... ahora... tenemos cosas que hacer. &lt;br /&gt; Cuando llegaron a la comisaría, La Vieja tomó del brazo a María, y entró con la misma decisión que hubiera exhibido un funcionario de alto rango. Con esa actitud se acercó al mostrador superando la densa barrera de humo y olor, producto de muchos tristes cigarrillos mal fumados. El aroma rancio del tabaco se mezclaba con el de un desinfectante de mala calidad creando una sensación asfixiante. Del otro lado del mostrador, un escribiente lampiño de pelo lacio y descolorido las miró con disgusto cuando se acercaron.&lt;br /&gt; -Buenos días. -Masculló la anciana con un audaz tono imprecatorio.&lt;br /&gt; El imberbe demoró su respuesta, acaso como un recurso para hacer valer la supuesta autoridad que presentía se le estaba desconociendo. Por fin se animó, y saludó secamente como si les hiciera una concesión desde la altura.&lt;br /&gt; -Buenos días.&lt;br /&gt; -Venimos a hacer una denuncia. -Adelantó La Vieja sin esperar que le preguntaran el motivo de su presencia.&lt;br /&gt; -Van a tener que esperar. El principal a cargo está muy ocupado. - Respondió el joven policía semejando asumir el rol de un preciso contestador automático.&lt;br /&gt; -Está bien, -dijo la mujer- esperaremos, si no hay otro remedio. -Guió a María a un frágil sillón de madera descolorida y se sentaron. Como podía presumirse el sillón era muy poco confortable, pero la incomodidad no impidió a La Vieja hacer un minucioso recorrido por todo lo que la rodeaba. Lo primero que observó fue el yeso descascarado del cielo raso, y después, que en las paredes recientemente pintadas comenzaban a reaparecer viejas manchas de humedad cuyo origen no había sido eliminado. “Chapuceros”, pensó, “ni siquiera saben gastar bien la plata... no les alcanza para pagar un buen trabajo porque se la roban toda... ¡si serán delincuentes!” Después se detuvo en un lateral, y dentro de su nicho estrecho, vio a una pequeña virgen polvorienta, que intentaba comunicar vanamente su mensaje de comprensión y piedad. “Qué mala suerte ha tenido la pobre”, fue su nuevo pensamiento. -Seguro que la tienen detenida. -Le comentó a María, mientras señalaba la imagen.  Pero María no la escuchaba. Estaba pendiente de saber adonde estaba Romualdo. Era lo único que le importaba.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/43233836300212728/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/43233836300212728?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/43233836300212728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/43233836300212728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-20.html' title='Capítulo 20'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-4424037672794571004</id><published>2007-08-10T10:16:00.000-03:00</published><updated>2007-08-13T10:18:53.702-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 19</title><content type='html'>19&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después del llamado telefónico de su amiga Dolores invitándola a su casa en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt;, Madelaine resolvió dejar &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;. Josephine declinó el ofrecimiento aduciendo que tenía compromisos pendientes. Sólo quiso saber cuanto tiempo pasaría su amiga en la ciudad.   &lt;br /&gt; -Supongo que alrededor de diez días, tal vez más. Dolores me ha hablado de una serie de exposiciones y conciertos que parecen cosa muy prometedora.&lt;br /&gt; -Yo podría estar allí en una semana y luego, regresaríamos a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;. ¿Qué te parece? -Propuso Josephine.    &lt;br /&gt; -No está mal, pero... ¿Para qué programarlo desde ahora? Dejémoslo librado a los acontecimientos. -Comentó Madelaine. &lt;br /&gt; -Es cierto, -Admitió su amiga. -veamos qué sucede.&lt;br /&gt; -Despreocúpate. -Afirmó Madelaine. -Pero te impongo una condición que deberás cumplir al pie de la letra. Y es una condición va a gustarte. Quiero que te propongas disfrutar a pleno los próximos días. Imagino que entiendes lo que quiero decir con a pleno.&lt;br /&gt; Josephine sólo atinó decir:&lt;br /&gt; -Es la condición más maravillosa que me han impuesto. &lt;br /&gt; Josephine se empeñó en llevarla a la estación después de conocer su decisión de viajar en el Talgo &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(11)&lt;/span&gt;, pero Madelaine adujo que las despedidas en los andenes le resultaban deprimentes y su opinión acabó por imponerse.&lt;br /&gt; -Me harás dichosa con que sólo me pidas un taxi.&lt;br /&gt; Josephine la complació y cuando el auto llegó, la acompañó a la puerta del hotel donde se dijeron hasta la vista con un abrazo.&lt;br /&gt; El piso de Dolores en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt; estaba situado sobre la calle Goya, en el elegante barrio de Salamanca. Allí Madelaine fue recibida con todo el afecto que es propio de una amistad añeja, estimulado también por el deseo de ayudarla a olvidar la desagradable contingencia que acababa de vivir. Dolores tenía cincuenta años, era una española de aspecto juvenil y formas sensuales, escondidas en su discreta elegancia y su aire refinado. Se la veía bella, morena y dueña de un carácter vivaz. Estaba casada con el prestigioso arquitecto Gonzalo Alvarez del Cuerzo y sus dos hijos cursaban estudios en la universidad. Si  bien su relación con Madelaine no tenía la misma intensidad que la de ésta con Josephine, su trato era franco y abierto. A pesar de vivir en otro país, y la distancia es una hábil fabricante de dificultades para mantener encendidos los afectos las dos habían superado ese inconveniente. Luego de disfrutar del almuerzo las dos amigas pasaron al salón para beber café.&lt;br /&gt; -Te anticipé que tengo un largo programa para ti. Es lo menos que te mereces después de las angustias sufridos, pero... pienso que prefieres no hablar de eso, ¿verdad?- Fue el primer comentario de Dolores.&lt;br /&gt; Madelaine respondió con tranquilidad.&lt;br /&gt; -No me apasiona el tema pero tampoco pretendo olvidarlo, o aparecer como una heroína inocente que quiere enterrar su pasado. Además, hablar siempre tiene un efecto desintoxicante, al menos es lo que dicen los psicólogos. Bueno, después de todo, lo ocurrido no fue tan malo como puede parecerlo a primera vista, ya lo comprobarás. Y hasta puedes sorprenderte. - Agregó con tono enigmático. &lt;br /&gt; -Me dejas sobre ascuas. -Articuló Dolores. -Parece impensable que alguien que es arrancado violentamente de su medio habitual y puesto en cautiverio varios días, mal alimentado y mal abrigado, encuentre como dices, que “después de todo no fue tan malo”. Te sé poco convencional, pero veo que superas generosamente esa condición.&lt;br /&gt; Madelaine rió y continuó con su relato.&lt;br /&gt; -Comprendo esas opiniones, pero creo que lo entenderás mejor si me permites que te lo explique.&lt;br /&gt; -Como siempre mi querida Madelaine, eres una inagotable caja de sorpresas. -Argumentó cariñosamente Dolores. -Confieso que aunque lo pretendiera, sería imposible aburrirse contigo.&lt;br /&gt; Madelaine tomó un cigarrillo de la cigarrera de plata que estaba sobre la mesa ratona, lo encendió y aspiró lentamente. Recién después, comenzó su relato.&lt;br /&gt; -Ignoras que pocas semanas antes de viajar a España, Jean-Claude y yo nos separamos...&lt;br /&gt; -... si, y lo siento... -interrumpió Dolores.  &lt;br /&gt; -... no te apresures a lamentarlo porque en verdad -continuó Madelaine- fui yo quien determinó que así fuera, y no me arrepiento. Todo transcurría muy armoniosamente, tanto, que ya estaba pareciendo un matrimonio convencional como el mío con Phillipe. Porque Phillipe estaba hecho para formar un matrimonio convencional... ¡no quiero repetirlo! Y menos todavía con un hombre que no es mi marido ante la ley sino mi amante. ¡Eso ya sería el colmo del mal gusto! Y no creas que lo digo porque piense que tiene algo de malo vivir con un hombre sin estar casada con él.&lt;br /&gt; -¿Pero qué es lo que tienes contra los matrimonios convencionales? -Preguntó casi espantada su amiga. &lt;br /&gt; -Nada... mientras yo no integre ninguno de ellos. Puede que a mucha gente le gusten, pero poco después de quedar viuda decidí no volver a vivir la experiencia. Por entonces tuve algunos amoríos irrelevantes hasta que conocí a Jean-Claude. Me pareció que él combinaba la sorpresa de lo desconocido con el encanto plácido de lo familiar, y me equivoqué, ¡tonta de mí! porque eso no existe, es una cosa o es la otra. Además estaba, ¡está! Didier. Descubro que no puedo imponerle un padre postizo, es tarde para eso.  - Madelaine se tomó un respiro antes de continuar. -Tú sabes que soy una de esas mujeres a las que se suele calificar como temperamentales, una manera indirecta de llamarlas “ardientes”, o acaso,  algo peor, nunca lo entendí bien. - Dolores se limitó a un gesto afirmativo.  -En otras palabras, me apasiona el sexo, a qué ocultarlo. Te lo digo porque te sé amplia y no vas a escandalizarte. Bueno, esa noche me insinué... estaba muy excitada y lo necesitaba fervientemente. El no se mostró dispuesto “porque la lectura lo había agotado”, ese fue su comentario. No debería haberme sorprendido en alguien que apenas lee dos libros por año, pero bueno, entonces todo se precipitó. Me sentí despreciada, vieja, con un hijo demasiado pequeño en relación con mi edad, frustrada como mujer, y con la seguridad de que nuestra vida sexual nunca había sido totalmente satisfactoria, todo confuso y todo al mismo tiempo. - Madelaine se detuvo pero tardó muy poco en recuperarse. -Sin haber superado el conflicto y posiblemente en un alarde de omnipotencia, pienso que todos lo son en situaciones así, me fui a España con Josephine.   &lt;br /&gt; -La querida Josephine... -Apenas alcanzó a comentar fugazmente Dolores, porque Madelaine no le dio tiempo para decir nada más, tal era el vertiginoso ímpetu de su relato.&lt;br /&gt; -En &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt; me secuestraron confundiéndome con la mujer de un general. ¡Qué imbéciles! Pero lo peor... o lo mejor, el tiempo lo dirá, vino después, cuando hice el amor con uno de mis captores. - Dolores se mostró paralizada.&lt;br /&gt; -¡Te habrá presionado para ello! &lt;br /&gt; -No, nada de eso. Lo sorprendí acariciándome mientras dormía, aunque sin tomar iniciativa, pero inmediatamente, lo estimulé, lo provoqué como lo hubiera hecho una prostituta, creo que mejor todavía... para acabar disfrutándolo plenamente. Pero hay algo que tal vez tenga un significado, tú lo determinarás, porque yo no quiero que sea un elemento ni a favor ni en contra: Iñaki, así se llama, tiene treinta y ocho años... ves que es más joven que yo... ¡Pero qué importa! Sólo espero que no esté lejana la hora de volver a verlo, a tenerlo... -Se corrigió. -pienso en eso todos los instantes, como si mi cabeza se hubiera vaciado de otras emociones. Además... creo que le quiero mucho.&lt;br /&gt; En un primer momento la anfitriona no supo qué contestar. Madelaine, apagó su cigarrillo y ya más aquietada, permaneció esperando la reacción de su amiga. No fue necesario que aguardara demasiado tiempo. &lt;br /&gt; -Si cualquier persona me hubiera hecho este relato, habría pensado que estaba al borde de la locura o ya totalmente inmersa en ella, pero en tu caso no lo haré. Estoy segura de que has ponderado cuidadosamente todos tus actos y decisiones, mucho más allá de un momento de placer, por genuino y maravilloso que haya sido. ¿Me equivoco?&lt;br /&gt; -No Dolores, no te equivocas. Pero creo que a veces la pasión, el deseo... como quieras llamarle, altera nuestra capacidad de juicio.&lt;br /&gt; -Lo tendré en cuenta, pero antes de continuar y como quiero opinar acertadamente, necesito saber más. Por ejemplo, ¿te parece razonable comprometerte en una relación que te coloca frente a serios riesgos? Recuerda que esos hombres son perseguidos no sólo en España, sino también en Francia. ¿No pensaste que podrías convertirte en cómplice o encubridora? - Dijo Dolores, buscando armar por completo el complicado rompecabezas que tenía frente a sí.&lt;br /&gt; -Lo que he estado pensando... -titubeó Madelaine.&lt;br /&gt; -... ¡Habla, habla! -La incitó su amiga. -después tal vez pueda ayudarte a que veas las cosas más claras o desde otro ángulo. &lt;br /&gt; Madelaine encendió un nuevo cigarrillo, sin advertir que fumaba con más frecuencia de la habitual.&lt;br /&gt; -Lo sé Dolores, y no sabes cuanto te lo agradezco. Comenzaré señalando algo que sabes: soy una mujer inmensamente rica. ¿Quién podría sospechar seriamente sin caer en el ridículo, que puedo complicarme por razones políticas con una organización extranjera que está fuera de la ley? Pero eso no me parece lo más importante, hay otra cosa. Tengo cincuenta años. He disfrutado una vida más que cómoda, las pérdidas afectivas que sufrí... fueron naturales. En suma, afortunadamente, no he tenido que sufrir ninguna tragedia. El sexo siempre fue para mí algo vital, y afortunadamente lo sigue siendo, entonces, ¿por qué postergar el placer que puede darme, aunque provenga de alguien que no parece ser el indicado? Y si no es así, ¿quién es el indicado? Dímelo si puedes, porque yo no le conozco. Por favor, ¡dímelo!&lt;br /&gt; Dolores permaneció pensativa mientras Madelaine aspiraba anhelante el humo de su cigarrillo. Afortunadamente tampoco esa vez debió esperar mucho la respuesta.&lt;br /&gt; -No me planteas un problema fácil, te lo aseguro. Por otra parte, creo que nuestras relaciones, en especial las que tenemos con el sexo opuesto, no se seleccionan en un catálogo. Tratándose de un hombre, tampoco es demasiado sencillo encontrar al que se ajuste a nuestras expectativas, o si lo prefieres, a nuestros deseos, por muy amplia que se esté dispuesta a ser... yo también he tenido mis momentos, y te seré franca, antes y después de casada... también me entusiasma vivamente el sexo y pienso, pese a todo lo que se diga y se haga, no se le da la importancia que merece ... no te estoy diciendo nada nuevo porque con tu experiencia ya debes saberlo. Y bien, creo que es posible, sólo posible, que acaso lo indicado sería que probaras, “probaras” -repitió- continuar tu relación con ese hombre. &lt;br /&gt; -Hablas como si se tratara de un experimento. -Aclaró Madelaine.  &lt;br /&gt; -Así es. Deberías encararlo en ese entendimiento para que llegado el caso, si las cosas fracasan, y esto debes tenerlo en cuenta, te dañes lo menos posible. - Continuó su amiga, para agregar luego riéndose -¡pero qué nombre tan extraño tiene!&lt;br /&gt; -Es un nombre vasco, equivalente a Ignacio.&lt;br /&gt; -Bueno, me simpatizan los vascos, aunque no los etarras, y sería un sueño pretender que tú puedas modificar sus ideas aberrantes, no creo que siquiera lo hayas considerado, pero de momento, tienes mi bendición. Por otra parte, admito que tu experiencia me resulta muy estimulante, como para que comience a repensar muchas cosas, aunque... mi relación con Gonzalo es estupenda y nuestro matrimonio está pasando por un momento excelente, pero...&lt;br /&gt; Madelaine la interrumpió.&lt;br /&gt; -¿No se te ocurrirá...&lt;br /&gt; -... ¿Y por qué no? - Completó Dolores. - ¿O acaso eres la única mujer que se puede permitir distracciones atrevidas? Ya te dije hace que la tuya me parecía una experiencia muy estimulante...&lt;br /&gt; -... pero tú eres casada. -Interrumpió nuevamente Madelaine no sin cierta sorpresa.&lt;br /&gt; -Es cierto. -Reconoció su amiga. -Pero si tomo en cuenta el esquema que me has planteado, no tiene mucha diferencia con el mío... salvo por el hecho de ser casada, como dices. Lo demás, es más o menos igual.&lt;br /&gt; -No quisiera... -Temió Madelaine.&lt;br /&gt; -... Oh, no te preocupes, -la tranquilizó Dolores riendo ¿tú crees que a estas cosas es necesario que te empujen? Pero vale, te tendré al tanto de todos mis futuros pasos, ya verás.&lt;br /&gt; Madelaine que los ojos de Dolores habían ganado un brillo distinto, algo que no tenían al comenzar la conversación. Pero no hizo ninguna referencia a ello. Sólo se animó a decir:&lt;br /&gt; -Ya volveremos a hablar de todo esto, ¿te parece bien?  &lt;br /&gt; -Claro que sí. -Fue la respuesta.   &lt;br /&gt; -Magnífico. Y ahora voy a invitarte a una exposición que se inaugura mañana en una galería de la calle Fernando VI... además, se trata de un pintor que es viejo amigo mío. ¿Quieres que vayamos?  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;11 Determinada clase de trenes en los ferrocarriles españoles.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/4424037672794571004/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/4424037672794571004?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/4424037672794571004'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/4424037672794571004'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-19.html' title='Capítulo 19'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-7242666905940138026</id><published>2007-08-09T10:26:00.000-03:00</published><updated>2007-08-09T10:27:39.493-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 18</title><content type='html'>18&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La escenografía de los barrios pobres de las grandes capitales y de las zonas que los rodean, parecen ser el resultado de un intento desgraciado o de un error meditado. En ese decorado, frustrado por su situación, Romualdo penetraba en el inexistente colorido de una triste mañana neblinosa. Dominado por sus pensamientos, no advirtió que un coche policial comenzaba a marchar lentamente a su lado para luego detenerse. Sólo reparó en su presencia cuando desde el interior uno de los dos policías le gritó a viva voz:&lt;br /&gt; -¡Che, vos, parate ahí!&lt;br /&gt; Romualdo se detuvo mientras el agente, tal vez dominado por su propia gordura, descendía sin demasiado apremio del vehículo. Se le acercó y lo increpó con dureza.&lt;br /&gt; -¿Que andás haciendo por acá?&lt;br /&gt; -Sólo estoy caminando. No creo que esté prohibido. -Atinó a contestar. El otro pareció incomodarse.&lt;br /&gt; -Así que te hacés el gracioso. Vamos a ver si en la Comisaría conservás las ganas de contar chistes.&lt;br /&gt; -No estaba haciendo ningún chiste. Usted me hizo una pregunta y yo la contesté. -Insistió Romualdo.&lt;br /&gt; El policía pareció no escuchar.&lt;br /&gt; -Vení, subí al auto. Te vamos a llevar para ver si largás todo lo que tenés en el buche, por ejemplo, adónde estabas anoche cuando se robaron los televisores. - Otra vez la condena aparecía antes de la culpa.&lt;br /&gt; -¿De qué está hablando? -Preguntó el muchacho.  &lt;br /&gt; -Eso lo vamos a averiguar después, y ahora subí -dijo abriendo la puerta trasera- y no nos hagas perder más tiempo. No tenemos toda la mañana para estar acá chupando esta humedad de mierda.  &lt;br /&gt; El agente lo tomó con fuerza de un brazo y lo introdujo violentamente en la parte trasera del vehículo. El coche partió velozmente haciendo sonar de manera descomedida su sirena, como si comunicara airosamente que en un acto de inusitado arrojo, la policía acababa de capturar al criminal más peligroso del país. En tanto, María esperaba en el bar sin saber que Romualdo no llegaría. Tratando de disimular el tiempo que transcurría pesadamente, demoró en beber su café pero sólo consiguió que se enfriara y terminara resultándole insoportable. Pasada más de media hora, pensó que algo debía haber ocurrido y entre temerosa y disgustada, salió a la calle sin prever ningún rumbo. ¿Qué debía hacer? ¿Sería lo más conveniente volver a su casa a esperar el llamado de Romualdo? ¿O debía  acercarse a la de él? “No, allí no la conocían, sería como interferir en asuntos de otros”. Pero fue precisamente lo que decidió hacer. Entonces recordó las palabras del muchacho: “La tercera calle después de la vía... si se le podía llamar calle”. Allí, en la cuarta casilla vive La Vieja. Si tenés urgencia por encontrarme vas tranquilamente y se lo decís”. &lt;br /&gt; Llegó cuando la luz opaca de la tarde comenzaba a acobardarse por anticipado frente a las primeras tinieblas. Entre el sonido de chicos que lloraban, y la mirada angustiada de perros roñosos y distraídos que la seguían sin curiosidad, María llegó al cobertizo. Sin nadie a la vista tuvo que golpear las manos para anunciarse. Transcurrieron apenas segundos hasta que se corrió la lona que hacía las veces de puerta para dejar paso a una anciana. Separadas por una exigua distancia la miró con algo que ella tradujo de inmediato como desconfianza. En verdad, malograda por la luz ya casi inexistente, La Vieja sólo veía una sombra difusa, pero sabía que esa sombra había llamado.&lt;br /&gt; -Si... ¿quién es? -Preguntó con voz atiplada. &lt;br /&gt; -Yo... María. -Se anunció la muchacha.&lt;br /&gt; La Vieja avanzó hacia ella buscando sacar una sonrisa de alguna parte. Desgraciadamente, no las guardaba en ninguno de sus bolsillos. &lt;br /&gt; -María... -Repitió, mientras que ya a su lado la miraba como si se tratara de un prodigio. “Si, Romualdo no había exagerado nada”, pensó. La muchacha era tan linda y fresca como él la había descripto. -Pasá María, pasá... -Dijo con la voz cargada de hospitalidad.&lt;br /&gt; La muchacha la siguió hasta el interior del cobertizo.&lt;br /&gt; -Sentate, sentate... -le dijo con una dulzura que no era habitual en ella. -¿Qué andás haciendo por acá?&lt;br /&gt; María se sentó no sin antes dar las gracias y apresuradamente comenzó a hablar. &lt;br /&gt; -Mire señora...&lt;br /&gt; La Vieja la interrumpió.  &lt;br /&gt; -... ¿qué es eso de señora?...&lt;br /&gt; La muchacha pareció aterrarse. La anciana se dio cuenta del efecto de su reacción y aclaró de inmediato.&lt;br /&gt; -... sabés que pasa. No estoy acostumbrada a que me llamen “señora”. Para todos soy La Vieja, menos para José que me dice “mama”, ¿sabés quién es José? -María todavía un poco asustada, hizo un gesto afirmativo. -Está bien. -continuó- y Romualdo a veces también me llama así, pero es “La Vieja”, como te dije. Y ahora contame, porque con tantas explicaciones no te he dejado hablar. ¿A qué has venido? ¿Precisás algo?&lt;br /&gt; Más calmada, la muchacha comenzó a explicar la razón de su visita. La Vieja no pareció darle mucha importancia al asunto, pero poco a poco la preocupación se le fue subiendo a la cara como si fuera fiebre.&lt;br /&gt; -Lo que más me llama la atención, - apuntó - es que Romualdo siempre es muy puntual.&lt;br /&gt; -Claro que sí. -Aseveró María. -Cada vez que nos encontramos, él llega mucho antes que yo.&lt;br /&gt; -Bueno, si querés te doy unos mates - propuso La Vieja -y nos hacemos compañía mientras lo esperamos. - La anciana hizo una pequeña pausa mientras se levantaba. -Tal vez fue a ver un trabajo y se retrasó, ya va a venir. (A sabiendas, reclamaba de María una tranquilidad que ella misma empezaba a perder.) Entonces llegó Ramón. &lt;br /&gt; -Quería saber si por aquí se ha conseguido trabajo.- Comentó a manera de saludo.&lt;br /&gt; -Lo único que ha logrado el jovencito es dejarla plantada y disgustar a la novia con su demora... y aquí lo estamos esperando. -Le informó La Vieja. -¿Y vos? &lt;br /&gt; -Yo tampoco encontré nada... Bueno, al menos él, -bromeó- tiene una novia muy linda, no me lo había contado. -María se ruborizó, y La Vieja saltó con su consabida picardía. &lt;br /&gt; -¿Qué querés? Cuando se trata de una golosina así, no va a salir a repartirla como si fuera un puñado de caramelos. Pero me preocupa que ya es de noche, y si Romualdo no viene pronto, no quiero que te vayas sola a tu casa.&lt;br /&gt; -Yo puedo acompañarla. -Ofreció Ramón.&lt;br /&gt; -Creo que es lo mejor, ¿y a vos María? - Opinó La Vieja.  -Si, pero... -insinuó la muchacha. - me gustaría que...&lt;br /&gt; -... ya sé lo que te gustaría... quedarte como un centinela hasta que llegue. ¿Y qué vas a ganar? Que tu familia se inquiete y entonces en vez de un lío tengamos dos. Dejá que Ramón te acompañe y andate tranquila. En cuanto el muchacho venga ya vamos a encontrar la forma de hacértelo saber, te lo prometo.&lt;br /&gt; Ayudada por la anciana, María se puso su sacón marinero, y antes de salir, le dio un beso que La Vieja retribuyó. &lt;br /&gt; -Chau Vieja, mañana me doy una vuelta. -Saludó el hombre casi desde afuera.&lt;br /&gt; -Hasta mañana Ramón, gracias por la visita... y por acompañar a María. Romualdo te lo va a agradecer mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo mantuvieron más de dos horas en un calabozo oscuro sin darle explicaciones. A pesar de eso Romualdo no estaba preocupado, porque confiaba en que tarde o temprano descubrirían que todo era una confusión. Pero le inquietaba María, que estaría desconcertada por su demora pensando vaya a saber qué cosas. Sus reflexiones fueron interrumpidas por una voz que llamó desde el otro lado de la reja.  &lt;br /&gt; -¡Romualdo Fernández!&lt;br /&gt; No le dieron tiempo a contestar. La puerta del calabozo se abrió para dejar pasar a un policía fornido, de piel oscura y negro pelo de alambre. &lt;br /&gt; -Vení, el principal te quiere interrogar.   &lt;br /&gt; El hombre lo condujo hasta una habitación pequeña y sórdida tan mal iluminada como la celda de donde venía, y sin otros muebles que una mesa estrecha y dos sillas rústicas. Le ordenaron que se sentara en una de ellas. Pero tuvo que transcurrir un largo rato para que llegara el anunciado principal. Era un hombre rubio, delgado y joven, de piel muy blanca. Su nariz estaba anormalmente achatada como si hubiera sido prensada, lo que daba a su rostro un aspecto antipático y lamentable. Cuando le habló con desdén, el tono disonante y agudo de su voz se correspondió con aquella impresión que transmitía su cara.&lt;br /&gt; -Así que vos sos Romualdo Fernández. &lt;br /&gt; -Si, soy yo. -Contestó Romualdo.&lt;br /&gt; -¿Y que sabés del robo de anoche? &lt;br /&gt; -Eso ya me lo preguntaron antes, y les dije que no sé nada de todo eso. &lt;br /&gt; -¡Claro, tenés todo el aspecto de un inocente! - Dijo el principal al tiempo que con el revés de su mano le golpeaba la nariz. -Pero a mí no me lo vas a hacer tragar, por eso más te vale que me digas la verdad... ¡y pronto!      &lt;br /&gt; -Es que no sé nada... -Insistió Romualdo mientras se llevaba la mano a la nariz de donde fluía un rastro sanguinolento.&lt;br /&gt; -Sargento, - Continuó el oficial. - no voy a seguir intentando que este imbécil confiese. Me voy a comer. Cuando vuelva quiero encontrarlo dispuesto a decirnos todo. Tenemos que entregar el informe rápido.  &lt;br /&gt; El sargento sonrió complacido como si acabaran de asignarle un gran trabajo. Cuando se quedaron solos el policía se puso de pie y dijo en un susurro:&lt;br /&gt; -Ahora que nadie nos oye, porque no me contás toda la verdad y terminamos con este lío.&lt;br /&gt; La nariz de Romualdo no había dejado de sangrar, y tal vez por eso contestó con obstinación. &lt;br /&gt; -Ya dije toda la verdad.  &lt;br /&gt; El sargento le aplicó un fortísimo puñetazo en la boca. Romualdo cayó al suelo, y allí recibió un puntapié en la espalda, seguido de otro y otro. Quiso reincorporarse, pero un nuevo puñetazo lo desplomó definitivamente. &lt;br /&gt; -¿Todavía no tenés ganas de hablar? &lt;br /&gt; El prisionero no contestó porque casi no escuchaba. El sargento volvió a golpearlo sin detenerse hasta que Romualdo perdió el conocimiento. Entonces el policía, con la respiración entrecortada, se sentó y encendió otro cigarrillo que apretó con la desagradable sonrisa que tenía en los labios.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/7242666905940138026/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/7242666905940138026?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/7242666905940138026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/7242666905940138026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-18.html' title='Capítulo 18'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-8980322798754978908</id><published>2007-08-08T11:03:00.000-03:00</published><updated>2007-08-08T11:04:31.481-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 17</title><content type='html'>17&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Cuando Madelaine recordó el instante en que dictaba su número telefónico a Iñaki, tuvo la sensación de haber cometido una locura, pero ya era tarde para arrepentimientos. En cambio se hizo preguntas relacionadas entre sí. ¿Acaso al separarse de Jean-Claude no se había propuesto un futuro de amores furtivos y veloces? ¿Quién más adecuado que Iñaki para eso? Josephine compartiría su decisión, pero...¿y si no lo hacía? Si no lo hacía tampoco importaba. “Cuando se está verdaderamente decidido a algo la anuencia de los demás no significa nada ni es necesaria. Sólo la inseguridad sale en busca de aprobación”. Se repitió la frase con firmeza para darse el valor que no tenía y que necesitaba desesperadamente. En ese momento la voz de Iñaki interrumpió sus pensamientos para anunciar la partida. Cuando abandonaron la casa pudo comprobar su impresión del día que llegó: la derruida propiedad estaba ubicada en medio de un abigarrado bosquecillo de pinos. Le  alegró confirmar que no se había equivocado.  Esa satisfacción la incitó a ir todavía más allá. Y confió en seguir adelante también sin equivocarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entrenado para moverse en el disimulo, para fingir cosas diferentes a las que ocurrían, y en oportunidades, hasta para dejar de ser él mismo, a Iñaki no le había resultado demasiado difícil inventar un pretexto para realizar sin compañía la misión encomendada. Tal como le había sido ordenado, la dejó en un estrecho sendero solitario cercano al río, indicándole que si marchaba apenas quinientos metros hacia el este llegaría prontamente al camino. Allí la encontrarían y superada la pesadilla, todo volvería a ser como antes. Era obvio que su reciente experiencia amorosa había deteriorado el sentido que él solía tener de la disciplina, ya que estaba desobedeciendo a sus jefes al facilitar que encontraran a Madelaine en pocos minutos. Se despidieron besándose sin pronunciar ninguna palabra. Después de aquella callada ceremonia íntima, Iñaki repitió varias veces su promesa de ir a París cuanto Al cabo se separaron y Madelaine comenzó a caminar a campo traviesa rumbo al punto prefijado, entre árboles que exhibían sin pudor la sinceridad del otoño. Tenía frío pero estaba libre. A lo largo de toda su vida jamás había considerado que esa sensación de libertad podía ser tan maravillosa, y por un instante, no pensó en nada más que en eso. Hasta que apareció de nuevo en su mente la imagen de Iñaki. Entonces lo vio completamente diferente a los convencionalismos, a las obligaciones sociales y a las frivolidades que la rodeaban. Podía estar equivocado en sus ideas (ella creía honestamente que lo estaba), pero tenía que admitir que había sido construido en una sola pieza. ¿Era posible compararlo con los hombres que conocía? ¿Con Jean-Claude, por ejemplo, que vivía atado a cosas que por torpes que parecieran, convertía en eje de su vida? Ahora eso no importaba, porque ella estaba volviendo a lo que poco antes había llamado “su mundo”, al que sabía tan perfecto o tan imperfecto como el de cualquiera, y eso actuaba como un imán de incontenible atractivo. Entonces la imagen del hombre que había amado se desvaneció aunque dejándole la tranquilidad, tal vez la fantasía, de presentir que muy pronto reaparecería con sólo invocarla. Pero de momento, lo más importante era reincorporarse cuanto antes a todo aquello con lo que estaba familiarizada. Lo sintió mucho más intensamente cuando pudo ver el camino que señalaba el final de su ruta de escape, y después, la imaginaria entrada a su universo brillante ya recuperado. ¿Pero eso era todo? &lt;br /&gt; El teléfono sonó mientras Josephine se paseaba nerviosamente por la habitación del hotel. Durante los últimos ni siquiera sus fantasías relacionadas con Eizagirre habían logrado sacarla de su preocupación. Por eso acudió corriendo con ansiedad hasta el aparato y levantó apresuradamente el tubo.&lt;br /&gt; -Aló...&lt;br /&gt; -Le tengo excelentes noticias: hemos hallado a su amiga sana y salva, un poco cansada y algo debilitada, pero bien, muy bien. - Dijo la voz del sargento Eizagirre.&lt;br /&gt; -¿Adónde está? - Inquirió Josephine.&lt;br /&gt; -Tranquilícese. Una patrulla acaba de recogerla en la carretera y ya la lleva hacia el hotel. En minutos estará allí. &lt;br /&gt; -Gracias al Cielo. -Respondió como único comentario mientras trataba de contener las lágrimas.&lt;br /&gt; -Mañana habrá que cumplir algunas formalidades. La llamaré para concertar el encuentro con su amiga en la Comisaría, y registrar su declaración.&lt;br /&gt; -Convenido. -Aprobó ella.&lt;br /&gt; -Hasta mañana Josephine.&lt;br /&gt; -Hasta mañana sargento. -Concluyó ella, y colgó serenamente el receptor.&lt;br /&gt; Apenas media hora después se produjo el encuentro entre las dos amigas. Se abrazaron y se besaron sin considerar que el desenlace hubiera podido ser dramáticamente distinto. Pero todo había pasado y ahora estaban de nuevo  juntas aceptando que la experiencia reciente ayudaría para considerar las cosas de forma muy diferente en el futuro. (¿Sería así?) Madelaine llamó telefónicamente a Didier y con él compartió una tierna conversación. Luego disfrutó una prolongada y reparadora ducha, y recién después comenzó su relato mientras bebía té fuerte. Cada obligado paréntesis acentuaba la mirada absorta de su amiga, que no quería postergar ni por un segundo la relación de aquellos detalles. Como era de esperar, fueron referidos minuciosamente, incluida para sorpresa de la oyente, la relación con Iñaki y el propósito de reiniciarla en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt; lo antes posible. Al llegar a este episodio, Josephine, que permanecía concentrada en absorber casi sin respirar cada palabra, no pudo evitar interrumpir, apremiada por la tensión que le provocaban aquellas novedades.  &lt;br /&gt; -Me recuerdas a las heroínas de las novelas de principios de siglo, que solían ser violentadas por sus captores.&lt;br /&gt; Madelaine la corrigió.&lt;br /&gt; -No fui violentada. Me presté a ello, hasta creo que yo misma lo estimulé previamente, - aclaró -y disfruté como pocas veces lo he hecho. Iñaki es maravilloso.&lt;br /&gt; -Debe serlo, -asintió Josephine- acaso, hasta te has enamorado... por algo quieres seguir viéndolo.  &lt;br /&gt; -Tal vez también sea por eso, aunque parezca un poco infantil. No deseo aventurarme tanto, pero puede ser. Te parece mala idea? -Dudó Madelaine.   &lt;br /&gt; -No. -Respondió esta con seguridad y sin meditarlo. -Yo haría lo mismo. Y te diré más: hace mucho que no te veía tan animada.  &lt;br /&gt; Viéndose tan francamente apoyada, Madelaine culminó su narración. Después preguntó: &lt;br /&gt; -Y tú mi pobre amiga, ¿qué has hecho todos estos días?... Naturalmente, aparte de angustiarte.&lt;br /&gt; -Tienes razón, fueron horas muy desagradables, sin saber adónde estabas ni como te tratarían, afortunadamente, el sargento Eizagirre...&lt;br /&gt; -... ¿el sargento Eizagirre?...  &lt;br /&gt; -... si, -continuó Josephine- el policía a cargo de la investigación...&lt;br /&gt; -... entiendo...&lt;br /&gt; -... bueno, el sargento Eizagirre, como te decía, resultó un gran apoyo, y además, un hombre encantador. En otras circunstancias... En fin, me he sentido muy bien en su compañía.  &lt;br /&gt; -Ya estás en otras circunstancias, ¿no te has dado cuenta? -Le aclaró Madelaine como si tratara de animarla. &lt;br /&gt; -¿En otras circunstancias? -Preguntó Josephine sorprendida. &lt;br /&gt; -¡Por supuesto! -Insistió su amiga. -Ahora yo estoy de nuevo aquí y todo vuelve a la normalidad... no vas a seguir sufriendo mi desaparición como si nunca hubiera regresado. Por eso, ¡tú tampoco dejes pasar la oportunidad! Todo indica que nuestras vidas toman un curso en el que habrá que habituarse a las relaciones irregulares, por no decir, extravagantes. Sí, extravagantes, no te sorprendas. -Repitió- ¿Qué tiene de malo? Pensé mucho en esa palabra después de hacer el amor con Iñaki. &lt;br /&gt; -Lo dices como si fuera equivalente a pecado. -Comentó Josephine encendiendo un cigarrillo.&lt;br /&gt; -¿Y qué si así fuera? Cuanto más grande el pecado mayor su sabor. -Sentenció Madelaine sonriendo. ¿No lo sabías? &lt;br /&gt; -No en esos términos, pero, casi me has convencido. -Adujo Josephine al tiempo que aspiraba nerviosamente su cigarrillo. -Pero también me has hecho pensar que es muy difícil escapar de ciertas situaciones, especialmente, cuando como yo, se es débil.&lt;br /&gt; -No te equivoques, si fueras fuerte tampoco podrías, o lo conseguirías sólo en un momento excepcional, posiblemente, también durante poco tiempo, porque somos esclavos de lo que la vida nos propone, y no hablo sólo de ti o de mí, hablo de todos, aunque haya quiénes afirmen que con su voluntad son capaces de torcer el rumbo de las cosas. Podemos simular que no vemos la propuesta, modificarla en parte, tratar de fingir en nuestro interior que preferiríamos tomar otra dirección, pero es inútil. Lo comprobamos para bien o para mal cuando acabamos sucumbiendo ante ella. Desconfío de quiénes opinan lo contrario, les falta sinceridad o son muy tontos. No se qué es peor. &lt;br /&gt; -¿No es eso un poco fatalista? -Preguntó Josephine como si pretendiera o necesitara una aclaración.&lt;br /&gt; -Puede que lo sea, pero aún así, eso no cambia nada. Las cosas llevan diferentes nombres: Fatalismo, Destino, Sino. Pero la realidad siempre es una sola y no admite que se la confunda.&lt;br /&gt; -¿Quiere decir que tú debes a ser la amante de Iñaki, la madre de Didier, la adinerada señora Röine Etagne, sin la posibilidad de modificar nada de eso aunque te disgustara?&lt;br /&gt; -Es lo que trataba de explicarte...&lt;br /&gt; -... y yo estoy obligada a convertirme en amante de un policía, así como estuve obligada a casarme y a divorciarme dos veces. -Continuó Josephine ya no preguntando, sino como si se tratara de una afirmación. &lt;br /&gt; -Veo que me has comprendido a la perfección. -Agregó su amiga por todo comentario.&lt;br /&gt; -Tú dices que las circunstancias son imposibles de controlar, por mucho que nos empeñemos, ¿no? -¿Estás segura? -Preguntó Josephine casi con temor.&lt;br /&gt; Madelaine la tomó de los hombres mirándola cariñosamente.&lt;br /&gt; -Ay pequeña, pareces una niñita pidiendo permiso para comer un dulce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A la mañana siguiente, el sargento Eizagirre las recibió en la Comisaría como si llegaran para participar en una fiesta de gran gala. Ordenó que les trajeran café y se dispuso a comenzar con el informe. &lt;br /&gt; -No voy a cometer la torpeza de preguntarle si es usted la señora Madelaine Röine Etagne, los dos lo sabemos perfectamente... -Dijo el policía buscando crear un clima distendido.&lt;br /&gt; -...sin embargo, -interrumpió la aludida expresándose con simpatía. -le aseguro que durante los últimos días, yo misma lo olvidé en muchos momentos. Es increíble lo que puede llegar a sentirse en ciertas circunstancias. &lt;br /&gt; -Me parece lógico y lo comprendo. -Aceptó él con seriedad. -No hace falta aclararle que su información es invalorable para apresar a los responsables de este hecho repugnante, perdón por expresarme así, pero no encuentro un calificativo más adecuado. Ahora bien, todo lo que diga, por insignificante que le parezca, puede tener una importancia definitiva. Por estas razones le ruego me relate cuanto lo que haya visto u oído, y hasta creído ver y oír durante su... digamos... detención.&lt;br /&gt; Después de poner en funcionamiento un pequeño grabador, el sargento comenzó a seguir con gran atención la declaración como si no se estuviera registrando en la cinta. Pero cuando todo finalizó el policía se sintió frustrado. Madelaine no había aportado ninguna información valiosa. Contó que sus captores permanecieron encapuchados, aunque por sus voces ella creía que se habían relevado en diferentes turnos, pero sólo le hablaron para darle indicaciones ocasionales. &lt;br /&gt; Mientras desarrollaba su historia, Josephine hubiera querido reír a carcajadas. Quedaba claro que su amiga era una actriz consumada interpretando el rol de víctima, pero al mismo tiempo, sin dramatizar sobre la probable maldad de sus victimarios. Sin embargo lamentó que Eizagirre fuera engañado. El no lo merecía, y aquella comprobación la hizo sentir incómoda. Atenuó rápidamente su pesar el saber que finalmente ella no era la responsable de la situación. Resultaba imposible abrigar la menor duda sobre las afirmaciones de la mujer recientemente liberada (tampoco existían razones lógicas para hacerlo). Muy distinto hubiera sido que Madelaine denunciara su relación con Iñaki, cosa que en ningún momento pensó hacer. Finalmente, ella no tenía responsabilidad en lo ocurrido, y consideraba que la acción criminal de ETA o su postura frente a la sociedad no la alcanzaban: era nada más que una extranjera que había participado sin quererlo en un suceso policial. Pensó que se trató de un error provocado por una maldita casualidad, entonces, si hacía caso omiso de lo incómodo de su cama y de la discutible calidad de la comida, aquello había sido una experiencia distinta, que le dejaba un recuerdo excitante. ¿Para qué complicarlo con una declaración altisonante? Además, Iñaki, más allá de la relación que habían mantenido, siempre se había mostrado gentil y sincero. Dejarlo al descubierto le parecía una cobarde forma de traición que no favorecería a nadie, muy por el contrario. Entonces, vino a su mente el viejo refrán: “A nadie da beneficio si a alguien causa perjuicio”. En suma, en lo que a ella se refería aquel era asunto terminado, aunque el razonamiento era fácilmente vulnerable. Naturalmente Eizagirre ignoraba estas íntimas conclusiones, por eso preguntó esperanzado, aunque también convencido de que no habría nada nuevo para escuchar.&lt;br /&gt; -¿Es eso todo señora? Aparentando una contrariedad que no sentía, Madelaine hizo un gesto de asentimiento.&lt;br /&gt; -Entonces, -comentó el policía poniéndose de pie- me resta agradecerle su colaboración, y como no deseo que pierda tiempo esperando la transcripción, rogarle que en cualquier momento a partir de esta tarde pase por aquí a firmar esta declaración.  &lt;br /&gt; Madelaine aceptó la propuesta. Josephine  que hasta ese instante no había pronunciado palabra, decidió hacerlo cuando atravesaban la puerta del despacho.&lt;br /&gt; -Sargento, ahora que todo el trámite oficial está superado, queremos decirle que le consideramos nuestro amigo. Ha dado sobradas muestras de serlo... &lt;br /&gt; Eizagirre quiso interrumpir. &lt;br /&gt; -... señora, por favor... &lt;br /&gt; Ella estaba absolutamente decidida a seguir hablando y no le permitió continuar.&lt;br /&gt; -... le ruego no diga nada. No sólo esperamos que sienta lo mismo hacia nosotras, sino también que acepte acompañarnos a comer esta noche. ¿Estará disponible? &lt;br /&gt; Eizagirre, al que sólo tener un pretexto para volver a ver a Josephine lo llenaba de alegría, respondió sin pensarlo un segundo. &lt;br /&gt; -Será un honor. - &lt;br /&gt; -En ese caso, le esperamos en el hotel a las diez.&lt;br /&gt; -Allí estaré. -Asintió estrechando las manos de las dos mujeres.&lt;br /&gt; Ya en la calle, mientras subían al automóvil, Josephine preguntó con tono solemne.&lt;br /&gt; -¿Dirías que Sarah Bernhard ha resucitado?&lt;br /&gt; -Mucho más que eso. -Contestó Madelaine. -Diría que nunca ha muerto.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/8980322798754978908/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/8980322798754978908?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8980322798754978908'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/8980322798754978908'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-17.html' title='Capítulo 17'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-1434301443655595295</id><published>2007-08-07T10:41:00.000-03:00</published><updated>2007-08-07T10:49:24.625-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Bilbao"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Francia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 16</title><content type='html'>16&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El sargento Eizagirre se hubiera sorprendido de poder comprobar que su deducción era un calco de lo que realmente había pasado. Esa misma mañana, el análisis del suceso generaba serias discrepancias en la reunión donde se decidía la suerte de Madelaine. Eso ocurría en el secreto cuartel general de ETA. Allí la discusión fue densa y prolongada, girando sobre dos posiciones antagónicas. La primera, insistía en la conveniencia de eliminar a la prisionera, para no dejar en evidencia que su secuestro había sido un error. Además, si la dejaban con vida, ella podría identificar a sus captores o el lugar adonde había permanecido retenida. Quienes se oponían a estas iniciativas sostuvieron una argumentación basada en que no vendría mal mostrar un excepcional gesto de benevolencia, y descartaba la posibilidad de que sus guardianes hubieran sido vistos a cara descubierta, como que a Madelaine le fuera posible localizar el lugar en que había estado (Naturalmente, nadie conocía su relación con Iñaki.) Finalmente, se llegó a una decisión: esa tarde la abandonarían en un lugar alejado de la carretera. Allí sería encontrada y el asunto se daría por terminado. Resultó irónico que el mismo Iñaki fuera designado para comunicar a Madelaine lo resuelto. El no había intervenido en el secuestro pero era uno de los encargados de su custodia. Tampoco se trataba de una casualidad. A veces las historias se eslabonan como si las armonizara un misterioso propósito. Respecto a esta misión le dieron diversas instrucciones, entre ellas, puede sonar paradójico, manejar las cosas con la mayor delicadeza posible. La intención no consistía en pedir disculpas, pero sí hacer que Madelaine se llevara la impresión de haber recibido un tratamiento considerado y humanitario. Así reaparecía otra vez el vano intento de convencer a los demás de cosas que no estaban dispuestos a aceptar. Pero la inteligencia no es condición para uso convencional de jefes de una banda de asesinos capaces de matar y de morir por una causa equivocada perdida, dos aspectos que ellos estaban empeñados tozudamente en desconocer, como si la realidad y el ensueño fueran parte indivisible del mismo paisaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando Iñaki irrumpió apresuradamente en la habitación, ella sintió que su captor había perdido el aire parco que siempre parecía rodearlo como un emblema. Hasta podía decir que en la ocasión se le veía decididamente feliz.&lt;br /&gt; -Te tengo buenas nuevas. -Fueron sus palabras.&lt;br /&gt; -Dios mío, gracias. -Exclamó Madelaine.&lt;br /&gt; -Me encomendaron que esta tarde te deje en libertad. &lt;br /&gt;  Ella lo abrazó y lo besó. Luego le miró fijamente.&lt;br /&gt; -Hemos hablado muy poco de nosotros, me gustaría saber cosas de ti,  de qué te ocupas, por ejemplo, cuando...&lt;br /&gt; -... cuando no estoy fabricando bombas, quieres decir... - la interrumpió él. - Ella intentó justificarse, pero él anticipó. -Nunca he fabricado ninguna, no sé hacerlo, y la misión más riesgosa que he tenido hasta ahora ha sido vigilarte. Pero no soy un asesino... trabajo como maestro de escuela.&lt;br /&gt; Madelaine quedó absorta.&lt;br /&gt; -Jamás lo hubiera imaginado: ¡maestro de escuela!&lt;br /&gt; -Pero es así.&lt;br /&gt; Ella no se sentía conforme, y quiso transmitírselo.&lt;br /&gt; -Pero debes hacer otra cosa, no sé, leer, andar en bicicleta...&lt;br /&gt; -... jugaba pelota en &lt;a href=&quot;http://www.bilbao.net/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Bilbao&lt;/a&gt; hasta que debido a un accidente con mi moto tuve una severa lesión en la clavícula. El médico indicó que el deporte había terminado para mí.&lt;br /&gt; -¿Pero hay otras cosas que deben gustarte? -Insistió la mujer. -La música, por ejemplo.&lt;br /&gt; -Oh si, la música me gusta mucho.&lt;br /&gt; -¿&lt;a href=&quot;http://www.beethoven-haus-bonn.de/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Beethoven&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.johannesbrahms.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Brahms&lt;/a&gt;, Mussorgsky, Stravinski, Debussy, Bruckner, &lt;a href=&quot;http://www.mozartproject.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Mozart&lt;/a&gt;, Liszt, Vivaldi, &lt;a href=&quot;http://www.giuseppeverdi.it/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Verdi&lt;/a&gt;? - Enumeró ella tratando de presentarle el panorama más amplio posible, pero sólo logró que Iñaki estallara en una carcajada.&lt;br /&gt; -No, no esa música.&lt;br /&gt; La señora de Röine Etagne se sintió tocada. Para ella aquellos no eran simplemente nombres sino monumentos cuyos méritos no se le hubiera ocurrido discutir.&lt;br /&gt; -¿Es que hay otra? - Preguntó lacónicamente.&lt;br /&gt; El no se amilanó.&lt;br /&gt; -¿Nunca has oído hablar del jazz? &lt;br /&gt; Ella lo miró fijamente.&lt;br /&gt; -Por supuesto que sí, pero sería incapaz de darte una opinión al respecto, sencillamente, porque no creo haber escuchado esa... esa música, ni lo suficiente ni con atención.&lt;br /&gt; -Pues has hecho mal. -Dijo Iñaki como si la reprendiera. -Me gustaría iniciarte en su conocimiento, seguro que te encantaría. ¿No has oído hablar de &lt;a href=&quot;http://www.milesdavis.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Miles Davis&lt;/a&gt; o de Gillespie? A ambos les he visto tocar en &lt;a href=&quot;http://www.vitoria-gasteiz.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Vitoria - Gasteiz&lt;/a&gt; &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(10)&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt; En ese momento le pareció advertir que Madelaine lo miraba como si le estuviera escuchando el relato de las experiencias recogidas en otro mundo.&lt;br /&gt; - Pero bien... estamos hablando nada más que de mí, y no me has dicho de que te ocupas tú.&lt;br /&gt; -Soy rica.&lt;br /&gt; -Pero ese no es un trabajo. - Dijo sitiéndose burlado.   &lt;br /&gt; -¿Crees que no? -Reaccionó Madelaine. -Tienes que escuchar los informes de los administradores, asesorarte para poder interpretar los balances, analizar en qué país y en qué actividad conviene realizar las inversiones, informarte de la evolución de las empresas, aun de las que no son tuyas, estar al tanto de las fluctuaciones del mercado, y si tienes el control directo de una empresa o de un grupo de empresas, permanecer atento para que la competencia no se te adelante. ¿Y sabes la razón de todo esto? La razón es que el dinero no puede, no debe estar quieto. Es como los caballos de carrera que deben mantenerse constantemente entrenados, es decir, en movimiento. Si los dejas estáticos, en poco tiempo no sirven ni para tirar de una calesa. Es lo que ocurre permanentemente con el dinero, por eso merece tanta atención, y también por eso me mantiene tan ocupada.  ¿Lo ves?&lt;br /&gt; -Pero viniste a &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt; como turista, y antes, me  dijiste, pasaste una temporada de descanso en Francia. ¿Quién se ocupa de tus negocios en esos momentos?&lt;br /&gt;  -Tengo decenas de colaboradores eficientes que están a diario sobre todo problema pero yo debo tomar las grandes decisiones, desde que murió mi marido he tenido que aprender a hacerlo. Y no es nada fácil porque se dispone de muy poco tiempo. No me quejo.&lt;br /&gt; Iñaki quedó reflexionando, pero no demoró su comentario.&lt;br /&gt; -Pienso que con frecuencia te debes sentir muy sola. ¿No podrías darte la oportunidad de intentar modificar un poco las cosas?&lt;br /&gt; Madelaine descubrió que la pregunta era una velada propuesta para que iniciaran algo juntos, tal como si tuvieran toda la vida por delante igual que cualquier pareja de enamorados. Le pareció un propósito alocado.&lt;br /&gt; -Es triste, -dijo- pero no existe esa oportunidad.&lt;br /&gt; -Sí. -Acordó él cabizbajo y dejando claro que ella no se había equivocado. -Esta tarde estarás en tu hotel, y después volverás a tus obligaciones. Todo lo que pasó será consumido por el olvido, y hasta esta conversación se convertirá en una charla ocasional, como la que hubieras podido mantener con un desconocido durante un viaje en tren o en avión.&lt;br /&gt; Madelaine se mostró molesta.&lt;br /&gt; -Deberías pensar primero que esta tarde estaré libre, ¿o no significa nada para ti? Por otra parte, el hotel es donde estaba hasta que ustedes decidieron que era mejor traerme aquí. ¿Por qué no habría de querer volver allá, anhelándolo hasta la desesperación? ¿Acaso olvidas que ese es el mundo al que pertenezco? -Preguntó con innecesaria soberbia. &lt;br /&gt; -Claro que no lo olvido, además, tampoco quise incomodarte. En cuanto a tu libertad, después de lo que me has dicho, no creo que sea mucho más que una apariencia, y si fuera tan atrevido como debería, te preguntaría cuál es la clase de libertad de que gozas...  &lt;br /&gt; -...puedes preguntarme todo lo que quieras. -Interrumpió Madelaine. El respondió al desafío.&lt;br /&gt; -Me refería a una libertad sin amor. ¿Es acaso una libertad completa. ¿No es preferible amar, amar tanto, hasta perder en otro la propia individualidad?&lt;br /&gt; Ella hubiera querido contestar, pero no dijo nada. Sin embargo, Iñaki asumió aquel silencio como una respuesta.&lt;br /&gt; -Dejémoslo, al menos en lo que a nosotros dos se refiera. Y volviendo a la libertad, diría que mi profesión es luchar por ella.&lt;br /&gt; -Todo eso me parece más que discutible, pero bueno, -continuó inmediatamente Madelaine. -no creo oportuno adornar nuestra despedida expresando diferencias sobre estos temas. ¿De qué serviría? Después de todo, al menos creo que somos amigos... o lo que quieras. -Reafirmó Madelaine. -Puedes ponerle el nombre que prefieras, no voy a impedírtelo, pero algo somos, no tengo dudas y tú tampoco deberías tenerlas. Hemos estado muy juntos como para aparentar que nada ha pasado, que todo lo ocurrido ha sido una casualidad, o lo que sería aun peor, un impulso pasajero para satisfacer el deseo. Suena melodramático, pero no encuentro modo mejor de decirlo.&lt;br /&gt; -No pienso nada de eso, es más, comencé amando tu cuerpo, y que hayas compartido mi cama te valoriza enormemente ante mis ojos, como si te respetara más y de un modo más íntimo. Te parecerá algo antiguo y fuera de uso, ¡pero es así! Ahora, no sé... me es difícil explicarlo pero quiero ser franco. -Trató de definir vagamente el hombre.&lt;br /&gt; -Lo lamento, pero odio las salidas dramáticas. Yo también podría decir cosas parecidas, pero no lo hago.- Interrumpió Madelaine con tono gélido. -Sabíamos que algo así iba a suceder, porque existían dos posibilidades: me asesinaban o me ponían en libertad. Me alegro, claro, de que haya ocurrido esto último, pero de la otra forma, también nos hubiéramos separado, y no creo que en ese caso te hubiera quedado una sensación agradable.&lt;br /&gt; -¿Qué crees? Me habría quedado una pena y una culpa muy grandes, insoportable, aunque no haya sido yo quien decidió todo esto, pero no demasiado menor a lo que siento ahora, por eso quiero saber: ¿Qué podemos hacer para volver a vernos? - Musitó él, porque volver a verla era lo único que le importaba. Sentía que jamás había amado a nadie como amaba a Madelaine. -Si, ya sé. -continuó- La nuestra ha sido una relación fugaz y por maravillosa que nos haya resultado, por felices que nos hayamos hecho el uno al otro, por alegre y completo que yo me sienta con sólo verte, termina donde termina. &lt;br /&gt; -Me haces sentir como la abeja reina que aprovecha las cualidades del macho y luego lo deja librado a su suerte, pero no es así. -Respondió Madelaine con firmeza. -Yo también siento gran respeto por ti y por lo que hemos hecho, y no me deja en absoluto indiferente, como por cierto, tú tampoco me dejas nada indiferente, verás cuan sincera puedo ser, y lo seré más aun: me gustaría volver a repetir hasta el cansancio todo lo que pasamos juntos. En cuanto a vernos... - Madelaine adoptó un tono terminante. -¡No! Es demasiado peligroso, demasiado peligroso, -repitió como si quisiera convencerse- especialmente para ti.&lt;br /&gt; Iñaki, que después de conocer a Madelaine había dejado de ser el hombre duro y decidido de antes, se veía desconsolado.&lt;br /&gt; -Tienes razón, debería haberlo pensado.&lt;br /&gt; -Aunque... -dijo Madelaine.&lt;br /&gt; -...¿si?... -Se esperanzó él advirtiendo una posibilidad remota.&lt;br /&gt; Ella continuó.&lt;br /&gt; -... acaso podríamos vernos en &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, a menos que la policía francesa ya te tenga individualizado.&lt;br /&gt; -Es sumamente improbable. Jamás he estado en Francia. - Afirmó él con seguridad.&lt;br /&gt; -Entonces te sugiero que anotes mi teléfono...&lt;br /&gt; -... no, prefiero memorizarlo.&lt;br /&gt; -Está bien. El número es...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;10 El personaje hace referencia al &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.jazzvitoria.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Festival de Jazz de Vitoria - Gasteiz&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;, que se realiza en &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.vitoria-gasteiz.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Vitoria - Gasteiz&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/1434301443655595295/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/1434301443655595295?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/1434301443655595295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/1434301443655595295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-16.html' title='Capítulo 16'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-6129540787877221553</id><published>2007-08-06T13:20:00.000-03:00</published><updated>2007-08-06T13:21:39.134-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 15</title><content type='html'>15&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Durante la tarde de un luminoso sábado, María y Romualdo se encontraron en el bar de su primera cita. Parecía que el otoño acababa de decidir una contramarcha y regalarles un sol primaveral. Después de pedir café llegaron al inevitable tema del trabajo y por un instante quisieron creer iba a llegar volando, para luego caer como un hechizo sobre la cabeza del muchacho. &lt;br /&gt; -Sí, seguro, -Dijo él no demasiado convencido.- pero los días siguen pasando... y ya no me preocupa tanto por mí, es por La Vieja... Este asunto no la tiene nada bien.&lt;br /&gt; -¿Tu madre? -Inquirió la muchacha.&lt;br /&gt; -No, pero es como si lo fuera. -Aclaró él como si acariciara un recuerdo querido.&lt;br /&gt; María lo miró sin comprender y también sin saber qué decir.  Romualdo descubrió su desconcierto y rápidamente la internó en su mundo. Le habló de la anciana y del cariño con que lo había tratado siempre. También le habló de José, el pequeño que La Vieja había recogido y a quien sentía como a un hermano menor. Y terminó contándole las andanzas de Serafín como si fuera un personaje de leyenda. María aprovechó para desviar el tema original, buscando que toda la atención se concentrara en el gato. &lt;br /&gt; -¿Y cómo es? -Le preguntó.&lt;br /&gt; -Atigrado, solitario y noctámbulo. ¿Se dice así? -Dudó, sin saber muy bien adónde había escuchado esa última palabra y si expresaba con acierto lo que él quería decir.&lt;br /&gt; -Sí, noctámbulo... que le gusta disfrutar de la noche, mejor dicho, que tiene hábitos nocturnos. ¿Verdad? - Explicó María tratando de no parecer demasiado sabelotodo.&lt;br /&gt; -Eso justamente. -Confirmó Romualdo con timidez. &lt;br /&gt; Ella reparó en la incomodidad que le ocasionaba su ignorancia y corrió en su ayuda.&lt;br /&gt; -No te preocupes, nadie sabe todas las palabras. También en esto, ¿qué sería de este mundo si no tratáramos de ayudarnos unos a otros?&lt;br /&gt; El la miró desconcertado porque acababa de escuchar algo en lo que no creía.&lt;br /&gt; -¿Vos estás verdaderamente convencida de que queremos ayudarnos unos a otros?&lt;br /&gt; -No, -respondió rápidamente María- pero en todo caso, no estoy hablando de todos sino de nosotros dos.  -Eso me gusta más. Sí, creo que nosotros queremos ayudarnos. Estoy más que seguro.&lt;br /&gt; -Yo por lo menos quiero ayudarte en todo lo que pueda, te lo juro. -Agregó emocionada la muchacha al percibir que sus sentimientos evolucionaban con una rapidez con la que no había contado. &lt;br /&gt; -¿Se trate de lo que se trate? - Preguntó Romualdo.&lt;br /&gt; -Se trate de lo que se trate. - Confirmó ella.&lt;br /&gt; El sintió miedo pero igual insistió.&lt;br /&gt; -Mirá que lo que acabás de decir es serio. - Afirmó temiendo introducirse en cosas que desconocía. Ella no pareció advertirlo. &lt;br /&gt; -Ya lo sé. Llevo cuenta de todo lo que digo. Es la única manera de no tener que arrepentirme, por eso no hay ningún tema que me atemorice. Comprendo que soy joven, y mucho de lo que diga pueda terminar pareciendo un alarde vano, pero... ¿sabés una cosa?... tengo veintitrés años y trabajo todos los días entre la vida y la muerte... esta no es una exageración. No son chicos que se tragaron un anillo o se cortaron un dedo, ni  ancianos que se quejan porque el laxante no les hace efecto. Eso podría ser casi divertido, me refiero a gente que puede vivir o puede morir y a la que aunque sea de mínima manera estoy en condiciones de auxiliar. Eso es lo que desde hace dos años vivo a diario en mi trabajo, y esa es en el fondo la realidad del hospital, de cualquier hospital, lugares  en los que falta de todo, aunque no creo que semejantes experiencias sean demasiado diferentes a la vida misma, sencillamente, forman parte de ella. ¿De qué me voy a asustar entonces? &lt;br /&gt; -De lo mismo que se asustan todas las mujeres en algún momento de sus vidas, aunque siempre tengan mucho coraje para todo lo demás.&lt;br /&gt; María comprendió de inmediato a qué se refería Romualdo, y no pudo evitar una sonrisa.&lt;br /&gt; -Creo imaginármelo. ¿Me estás hablando del temor a acostarme con un hombre?&lt;br /&gt; -Sí. -Se limitó a contestar él, porque quería que ella continuara hablando. Le interesaba lo que decía, pero mucho más, lo deleitaba como lo hacía, y aunque no lo percibiera intelectualmente, la forma en que construía cada frase, y  la cadencia de su voz que le acariciaba. &lt;br /&gt; -Nunca lo hice, pero no porque tuviera miedo. Y te digo, he pensado mucho al respecto. Lo que creo es que no me ha llegado la oportunidad, tal vez, porque soy una de esas tontas que como dicen que se hacía antes, cosa que no creo, todo lo relacionan con el amor... &lt;br /&gt; -... eso no está mal. Interrumpió él.&lt;br /&gt; -No, no está mal, -Continuó María.- y no quiero ocultar que alguna vez un hombre no me haya hecho sentir cosas por dentro. Disculpame si uso términos muy hoscos, pero... ¿A qué mujer no le ha pasado eso, aun-que más no sea en una única oportunidad? Cuando me ocurrió a mí, me consolé pensando que eran problemas de la biología y que no había llegado el instante adecuado, ese en que el sexo se realiza a partir del amor, para que no me pase lo que a la heroína del cuento.&lt;br /&gt; Romualdo la observó intrigado.&lt;br /&gt; -¿La heroína del cuento?... ¿Qué cuento?&lt;br /&gt; -Uno que leí hace algún tiempo... es muy breve. Relataba la historia de una muchacha que sin amor y sólo empujada por el deseo se acuesta con un hombre. Cuando llega a su casa se siente culpable, sucia. Entonces resuelve bañarse para quitarse el pecado. Pero pocos días después, nuevamente atrapada por el deseo repite la experiencia con el mismo hombre, y posteriormente, su sensación se reitera. Y así cada vez que lo hace, y cada vez se siente más sucia y ya no le basta con agua y jabón. Por eso recurre primero a un cepillo ligero, hasta que más adelante, para lograr su propósito necesita uno metálico. Y de nuevo recurre a aquella unión que le parece sacrílega, y cada vez frota su cuerpo con mayor violencia porque sólo ese dolor producido por la suciedad desprendiéndose elimina el de la culpa que es mucho más poderoso. Su cuerpo comienza a llagarse, y más y más cuanto más recurre al sexo. Hasta que un día, vuelve a desvestirse frente a aquel hombre y él descubre sus horribles pústulas. Entonces, asqueado por la visión de sus heridas, sin preguntarle su causa y sin saber que es el responsable de ellas, la abandona. El cuento tiene una moraleja interesante. -Impresionado por la historia Romualdo se quedó mirándola sin saber qué decir. María continuó hablando. -Antes, te decía que en aquella ocasión no había llegado el instante adecuado... porque no estaba frente a la persona que me correspondía, como si se hubiera tratado de dos trenes que deben encontrarse en un cruce a la misma hora cerca de idéntica estación... y uno de los dos, desgraciadamente, llega a destiempo. En mi caso, los horarios tampoco se han correspondido con los de alguien. Ya lo harán, no tengo apremio. Mamá dice que “todo llega en la vida”. No es una frase original, pero me parece que como muchas cosas simples encierra una gran sabiduría. De lo contrario, sólo los filósofos serían capaces de acomodar adecuadamente su existencia.   &lt;br /&gt;  María había hablado con una madurez y una justeza poco comunes en una mujer de su edad. Romualdo ignoraba que las mujeres suelen llegar a su punto mucho más aceleradamente que las frutas, y que para eso no necesitan de las delicias del sol ni de las estipulaciones del calendario. Pero sintió que en su interior un nudo se estaba desatando, y eso le hizo subir a la garganta la osadía para atreverse a afirmar:&lt;br /&gt; -Entonces... eso, va a suceder cuando te enamores... &lt;br /&gt; -... Sí... cuando me enamore... como me está ocurriendo ahora.   &lt;br /&gt; -¿Ahora? -Casi gritó Romualdo, no creyendo haber escuchado lo que realmente había oído.  &lt;br /&gt; -¡Sí! ¡Ahora! Pero de todas maneras sé, que al nacer, el amor es una cosa frágil... necesita mucho cuidado para afirmarse y sobrevivir... igual que si fuera un bebé prematuro. - Contestó la muchacha con una decisión que tenía mucho de salvaje, lo que la hacía aparecer distinta y al mismo tiempo igual, pero a los ojos de Romualdo, mucho más hermosa. Por eso al muchacho se le ocurrió que nada de lo que pasaba en ese momento era verdad, pero no dudó. &lt;br /&gt; -Me gustaría besarte. -Atinó a decir.&lt;br /&gt; -Y a mí que lo hicieras. -Agregó ella.&lt;br /&gt; -¿Es por lo de los trenes? -Preguntó él. &lt;br /&gt; -Los trenes... - Repitió vagamente María, agregando -los trenes que alguna vez van a tener que encontrarse...&lt;br /&gt; Entonces se besaron, mágicamente, casi sin tocarse.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Mama, ¿vio que gordo está Serafín? -Preguntó José, mientras sobre un felpudo que nadie sabía de adónde había salido, el gato se lavaba bajo el sol de la tarde, &lt;br /&gt; -¿Cómo no va a estar gordo si no hace más que comer a nuestras costillas? -Fue la súbita respuesta de La Vieja mientras se acercaba inquisitivamente al animal. -Aunque demasiado gordo, o si lo preferís, con una gordura rara. -Agregó insistiendo en mirarlo detenidamente.&lt;br /&gt; El chico, que había cambiado sus planos autitos de cartón por uno de plástico, reciente regalo de Romualdo, la siguió extrañado. &lt;br /&gt; -¿Qué quiere decir “una gordura rara”?&lt;br /&gt; -Quiere decir que Serafín es Serafina. -Contestó terminante la anciana, después de tocar como un veterinario experto la barriga del gato. &lt;br /&gt; -Entonces Serafín... digo Serafina... ¿va a tener gatitos?&lt;br /&gt; -Sí, y era lo único que nos faltaba, ampliar la familia, como si las cosas no estuvieran ya terriblemente mal. Ah, pero yo lo arreglo fácil. Apenas nazcan, lleno una palangana con agua, y todos adentro, si me descuido, hasta lo meto... la meto a ella. &lt;br /&gt; -Pero mama, -Saltó José aterrorizado. -¿vamos a matar a todos los gatitos?&lt;br /&gt; -¿Y qué querés que haga? ¿Que me ponga a darle de comer a toda la cría? Ni pensarlo... con el trabajo que da... Además, ¿qué te creés, que soy millonaria?&lt;br /&gt; El chico la interrumpió pero sin palabras, corriendo desolado hacia el interior del cobertizo. La Vieja lo dejó ir, y cuando estuvo segura de que ya no podía escucharla, agregó:&lt;br /&gt; -... ¡tonto... como si yo fuera capaz!</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/6129540787877221553/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/6129540787877221553?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/6129540787877221553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/6129540787877221553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-15.html' title='Capítulo 15'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-3401281440386279784</id><published>2007-08-05T15:29:00.000-03:00</published><updated>2007-08-05T15:39:34.965-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 14</title><content type='html'>14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Iñaki se despertó a las seis de la mañana, salió de la habitación en busca de café y volvió con dos tazas humeantes en el momento en que Madelaine se despertaba. Apremiado por su apuro bebió rápidamente y anticipó que debía irse a una reunión importante. Ella presumió cual sería el tema principal de aquel encuentro.&lt;br /&gt; -¿Tiene que ver conmigo? ¿Verdad? - Preguntó.&lt;br /&gt; -Sí. - Contestó Iñaki secamente.&lt;br /&gt; La respuesta le produjo un efecto balsámico. No le disgustaba que él estuviera inquieto por ella, y mucho más, importarle.&lt;br /&gt; -Bueno, mientras espero el veredicto que me pondrá frente al verdugo, me gustaría fumar un cigarrillo. - Dijo ella como si hablara de otra persona.&lt;br /&gt; Iñaki se sintió incómodo y respondió fríamente.&lt;br /&gt; -Parecen complacerte las ironías, sin reparar en que esas ironías acaban volviéndose contra ti.   &lt;br /&gt; Ella se quedó callada observándose las manos como si las tuviera a kilómetros de distancia y necesitara comprobar que todavía le pertenecían. El encendió el cigarrillo y se lo colocó en los labios. Después salió y como si fuera sólo un carcelero insensible, y cerró la puerta con el ruidoso cerrojo de siempre. Madelaine hubiera deseado que se despidiera besándola pero él no lo hizo. No consideró que estaba confundido y también inquieto. En verdad, la percepción de Iñaki durante esos días no era la mejor para comprender ciertas cosas. También ignoraba que para él, aquella reciente relación se había convertido rápidamente en algo más que en una pasajera aventura sexual. Permaneció inmóvil, sentada en el borde de la cama mirando sus zapatos deslucidos, fumando con lentitud y lamentándose por haber conocido a aquel hombre en circunstancias tan poco propicias. Fantaseó sobre otras formas en que podrían haberse encontrado, pero terminó aceptando que todo había tenido que ocurrir así. Al fin de cuentas esa era su idea de cómo se producían los acontecimientos en este mundo. Aunque la situación la disgustara, era inevitable aceptarla y en el mejor de los casos tratar de adaptarse. ¿No es lo que hacía siempre? “Es más, pensó, ¿no es lo que todos hacían siempre?” La fatalidad de sentirse viviendo de acuerdo a lo que las cosas determinaban, igual que una veleta esclava de los designios del viento, agotaba sus posibilidades de razonamiento. Por fin, algo se le hizo claro, y aunque no tenía nada que ver con el tema de su reflexión era lo más obvio: debía recuperar su libertad y volver a la normal rutina de su vida.  &lt;br /&gt; En tanto, Josephine revisaba los diarios esperando encontrar algún indicio, pero todos se limitaban a informar escuetamente sobre la desaparición de una ciudadana francesa llamada Madelaine Röine Etagne ocurrida en extrañas circunstancias en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;. &lt;a href=&quot;http://www.elmundo.es&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;El Mundo&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.elpais.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;El País&lt;/a&gt;,  &lt;a href=&quot;http://www.deia.com/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Deia&lt;/a&gt; &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot;  style=&quot;font-size:x-small;&quot;&gt;(9)&lt;/span&gt; y el &lt;a href=&quot;http://www.abc.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;ABC&lt;/a&gt;, con estilo más o menos parecido publicaban el asunto sin aportar detalles novedosos. Sólo uno de ellos mencionaba que la secuestrada disponía de una gran fortuna, lo que no era en sí mismo un dato significativo. La mujer continuó insistiendo en ese infructuoso cometido, hasta que se produjo la llamada del sargento Eizagirre. El policía la invitó a almorzar, y le dijo que si bien no poseía novedades concretas, quería ponerla al tanto de la marcha de la de la investigación. Josephine aceptó la propuesta, y se citaron para a la una en el lobby del hotel. Al encontrarse se estrecharon las manos y después él la condujo hacia la salida y luego hasta el automóvil. Le abrió la portezuela, esperó que estuviera cómodamente sentada, y recién entonces subió al coche y puso en funcionamiento el motor. En el trayecto se dedicó a contar todo lo que se sabía hasta ese momento. Estaba probado que Josephine era la última persona que había visto a Madelaine, porque el elevador que llevaba al garaje no tenía ascensorista, y el garaje no contaba con vigilancia alguna.&lt;br /&gt; -Cabe ahora preguntarse, ¿cómo sacaron del hotel a su amiga? -Puntualizó Eizagirre para luego continuar. -Esto ofrece dos posibilidades: la ocultaron en un vehículo que llegó simulando pertenecer a un proveedor, o bien, la introdujeron en el baúl de un auto estacionado desde la noche anterior. Lamentablemente, en el hotel no se lleva un control estricto de los vehículos que entran y salen, como tampoco de los que permanecen en el garaje, este es un aspecto. En cuanto al otro, cuatro patrullas están rastrillando en un radio de cincuenta kilómetros a la redonda.  Estimamos que a los secuestradores les hubiera sido demasiado riesgoso alejarse más. Sólo resta esperar, mantener la calma y no perder la confianza.&lt;br /&gt; Mientras el sargento hacía su relato llegaron a un restaurante en la Avenida de Ategorrieta, camino a Irún. El lugar parecía una residencia privada rodeada de un jardín, el que sería colorido y alegre en otra época del año, ahora triste y mustio por voluntad del otoño. El interior era cálido y agradable, decorado con la parte frontal de autos antiguos colocados a la manera de cuadros. Josephine alabó el lugar y después de escucharla atentamente, él sólo comentó.&lt;br /&gt; -Si, es muy simpático, y la comida es excelente.&lt;br /&gt; Pidieron paté trufado y solomillo asado cubierto con salsa de oporto, acompañado por papas Bechamel, plato que el menú anunciaba como Solomillo a la King. Eizagirre completó el encargo requiriendo un Saint Emilion Reserve du Canciller. Ya con el menú dispuesto, agregó:&lt;br /&gt; -Siendo usted francesa, me ha parecido elemental beber vino de su país.&lt;br /&gt; Ella agradeció la cortesía, y los dos iniciaron una charla trivial de la que Madelaine parecía no formar parte. De improviso la conversación tomó otro rumbo, y se encontraron hablando de pintura, música y literatura, sin que ninguno de esos temas parecieran extraños al sargento. De pronto, Jacqueline comentó:&lt;br /&gt; -No lo tome usted a mal, lo digo porque a veces la franqueza suele resultar incómoda, cuando no agraviante...&lt;br /&gt; El sargento la interrumpió.&lt;br /&gt; -... tranquilícese...nada de lo que usted diga puede incomodarme, y mucho menos agraviarme. Merece toda mi confianza a pesar de conocerla desde hace poco tiempo. &lt;br /&gt; -Está bien, entonces le diré que... se ve usted demasiado mundano para ser policía de una ciudad... de una ciudad más o menos pequeña. - Luego, arrepintiéndose de sus palabras Josephine insistió. -Discúlpeme, soy una atrevida incorregible.&lt;br /&gt; El se echó a reír. Parecía que los había reunido una circunstancia afectiva en lugar de un suceso desagradable con desenlace imprevisible. Era causa determinante del clima que prematuramente Eizagirre hubiera sentido gran simpatía por Josephine, y además de informarla, hacía todo lo posible por distraerla para sacarla del estado depresivo que era fácil adivinarle.&lt;br /&gt; -No me extraña para nada su opinión y para que no se preocupe por ello, le diré que ya he escuchado cosas parecidas otras veces. Pero hoy la culpa es mía por no haberla prevenido, aunque es difícil prevenir absolutamente de todo a una persona a quien se acaba de conocer, pero lo haré ahora. Antes que nada -continuó Eizagirre- como es lógico, no tengo nada contra la profesión de policía, aunque pertenezco a ella por casualidad. Si las cosas hubieran seguido el curso previsto hoy sería monje y estaría en un monasterio, entonces, alejado de asesinatos, robos y secuestros... aunque también de usted en este momento, lo que si no la ofende, sería absolutamente lamentable. Pero volviendo al asunto... perdón por desviarme... las secuelas de la Guerra Civil alteraron los planes de mis padres, y también sus posibilidades económicas. - El advirtió una nube de desconcierto en la expresión de Josephine y se anticipó acompañándose con un ligero gesto de su mano, como si quisiera que su compañera detuviera algún proceso de su cerebro. -Antes que se sumerja a calcular fechas, le diré que aquí en España, esas secuelas se prolongaron demasiados años, recuerde que “por la gracia de Dios”, hasta su muerte siguió gobernando El Caudillo.&lt;br /&gt; Josephine asintió.&lt;br /&gt; -Lo cierto es que el jovencito que debía encaminarse hacia el seminario, se vio obligado a cambiar la cruz por la azada. Afortunadamente, después pude hacer mis estudios secundarios, y bueno, lo demás es casi irrelevante... hasta que me incorporé a la policía por el discutible afán de defender a la Justicia. En fin... lo único que me quedó de aquellas enseñanzas familiares que pretendían guiarme hacia la religión, fue una especial inclinación por las artes... y las artes, al menos para mí, admito que tal vez equivocadamente, tienen mucho que ver con la religión, o al menos, tenían mucho que ver en aquellos tiempos. En verdad ignoro otras razones y por lo tanto, no tengo más remedio que atribuirlo a eso. Acaso también, debido a que en mi casa se perdió todo menos los libros, posiblemente porque a la mayoría de la gente los libros no le interesan. No los pueden comer ni sirven para hacer fuego, salvo el que ciertas bestias encendieron alguna vez con ellos.&lt;br /&gt; A Josephine le llamó la atención la forma en que el hombre se había ido estimulando hasta exhibir cierto grado de controlado enardecimiento. El también lo advirtió.&lt;br /&gt; -Discúlpeme. Siempre me ocurre lo mismo cuando abordo estos temas. Sin duda, he hablado demasiado.&lt;br /&gt; -Pero no, le comprendo perfectamente, aunque si me lo permite, ¿puedo ser un poco más curiosa?&lt;br /&gt; -Por supuesto. -Exclamó Eizagirre sin reservas.&lt;br /&gt; -¿Y que pasó con la religión? Las mismas influencias que lo llevaron a la cultura, ¿no lo empujaron a ella?&lt;br /&gt; -Soy creyente... si es lo que desea saber, no más que eso.&lt;br /&gt; Josephine no agregó nada respecto a lo que acababa de escuchar, porque había utilizado la pregunta anterior como prólogo de lo que realmente quería saber. Entonces lanzó su estocada de manera directa.&lt;br /&gt; -¿Es usted casado?&lt;br /&gt; -Mi querida Josephine, ¿puedo por un instante llamarla así? - Ella le dedicó un delicioso mohín aprobatorio. -No desentonaría usted en el Departamento de Investigaciones.&lt;br /&gt; Los dos rieron por la ocurrencia, luego él dijo con sorna.&lt;br /&gt; -Le recuerdo que no he contestado a su pregunta.&lt;br /&gt; -Es verdad. -Asintió Josephine.&lt;br /&gt; -Está bien, voy a hacerlo. No, no soy casado. Lo fui una vez, pero no ahora. De cualquier forma, como siempre ocurre, su curiosidad alimenta la mía... ¿qué puedo saber de su vida afectiva? - Iba a decir  sentimental, pero no se atrevió.&lt;br /&gt; -Me he casado dos veces y me he divorciado otras tantas, pero por favor, evíteme hablar de eso, ya que no creo le gusten las historias tristes. ¿Verdad?&lt;br /&gt; -Es cierto, - confirmó él - no me gustan ni siquiera en el cine, prefiero las comedias. Uno ríe tan poco en este mundo.  &lt;br /&gt; -Es verdad. Bueno, en lo que a mí respecta el interrogatorio ha terminado. -Comentó ella con humor...&lt;br /&gt; -... y lo ha desarrollado a la perfección, créame que sé de que estoy hablando. - Argumentó el policía como si estuviera completando la frase de Josephine, mientras ella deslizaba su cuchillo con delicadeza sobre la tierna textura del solomillo.&lt;br /&gt; -Entonces ella sintió la necesidad de decir algo.&lt;br /&gt; -Hacía tiempo que no disfrutaba de una conversación tan agradable, y me animo a afirmar, que lo sería mucho más en otras circunstancias, posiblemente por eso, ahora no puedo evitar volver sobre...&lt;br /&gt; -Ya lo sé, ya lo sé... -Argumentó Eizagirre como si quisiera establecer que no era su propósito evitar al tema. -Y sé también lo que debe haber pensado, que para usted la señora Madelaine Röine Etagne es su mejor amiga, y en cambio que para mí, es sólo un caso más.&lt;br /&gt; -Jamás pensé nada semejante. -Afirmó prontamente la invitada.&lt;br /&gt; -Bien. -Dijo Eizagirre. - Pero necesito aclarar este punto, aunque le parezca sorprendente, para mí ninguno es nunca un caso más, especialmente, cuando está en juego la vida de un ser humano. Ahora, en cuanto al secuestro, hay algo que puedo contarle y que no le he referido todavía. Esta reserva se debe a que aún no he podido definir con claridad, si se trata de un detalle tranquilizador... o todo lo contrario.&lt;br /&gt; -Por favor... -Casi rogó Josephine.&lt;br /&gt; El policía no tardó en responder.&lt;br /&gt; La mañana que desapareció su amiga, el general López Hermida, un general del ejército, recibió en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt; la extraña llamada de un desconocido que se identificó como hombre de ETA... ¿sabe usted lo que es la ETA? - Ella asintió con un gesto. Eizagirre continuó. -Bien. Esa persona le propuso un intercambio de favores: la libertad de ciertos miembros de la organización a cambio de la vida de su mujer, que según le comunicó, acababa de ser raptada en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;. Se preguntará usted qué hacía esta buena señora aquí, a 480 kilómetros de su marido. Pues bien, viajó para participar en un congreso de ecologistas, al que por sus conocimientos y representatividad había sido invitada. Comprenda que son cosas que ocurren -aclaró- aunque resulten inexplicables. El general pidió media hora de tiempo para hacer sus verificaciones, pensando referirlas exclusivamente al tema de su mujer, claro, ya que sobre el propuesto intercambio carecía de atribuciones. Los hombres de ETA deberían saberlo, pero... bueno, no es el caso. Entonces llamó a su mujer, habló con ella comprobando que se hallaba en su hotel y que estaba perfectamente. Naturalmente, para no atemorizarla, no le hizo conocer el motivo de su llamado.&lt;br /&gt; -¿Pero eso qué tiene que ver con la desaparición de Madelaine? -Preguntó Josephine sin comprender adónde quería llegar el policía.&lt;br /&gt; -Verá... -continuó el sargento expresándose formalmente y con la mayor precisión. -...es algo increíble. Este grupo despreciable, siempre se ha movido con gran precisión midiendo al centímetro cada paso. Pero en este caso, parecen haber cometido una inexplicable equivocación, debido, de acuerdo a mi punto de vista, a varias extraordinarias coincidencias. Una: la mujer del general López Hermida se alojaba en el mismo hotel en una habitación contigua a la de ustedes; dos: de acuerdo a las fotos que he podido comparar, a primera vista es muy parecida a su amiga; tres: además, también es francesa. Casi podría asegurar, que la señora Madelaine Röine Etagne fue raptada por error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;9 Diario que se publica en &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.euskadi.net/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Euskadi&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/3401281440386279784/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/3401281440386279784?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3401281440386279784'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3401281440386279784'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-13_05.html' title='Capítulo 14'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-6746353182346830418</id><published>2007-08-04T15:35:00.000-03:00</published><updated>2007-08-07T10:57:36.529-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 13</title><content type='html'>13&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando no encontró a Madelaine en el lugar previsto, Josephine pensó que el auto habría sufrido alguna avería. Bajó por la explanada que conducía al garaje, pero la máquina estaba allí. Era su amiga la que había desaparecido. No precisó más para dirigirse corriendo hacia el lobby donde sin recuperar el aliento preguntó por Madelaine en la conserjería. Nadie recordaba haberla visto: era como si nunca hubiera estado en el hotel. Entonces pidió hablar con el gerente. Era un hombre atildado y formal que la escuchó con esmerada frialdad, y trató de salvar la situación diciéndole que Madelaine se habría encontrado con alguien, y decidido dar un paseo.&lt;br /&gt; -Eso es absurdo. -Argumentó, quebrando con esas tres palabras la explicación recibida. - Su razonamiento es insostenible, sencillamente, porque Madelaine no tiene aquí a nadie con quién dar un paseo. Por otra parte, jamás hubiera hecho algo así. Acordamos encontrarnos frente al hotel después que retirara el coche del garaje. Y no modificaría un plan trazado por las dos sin avisarme.&lt;br /&gt; Comenzando a desconcertarse y ya perdiendo el aplomo inicial, el gerente insistió en contentarla.&lt;br /&gt; -¿No quisiera tomar un té? Le hará bien. - Aseguró.&lt;br /&gt; (¿Cuántos momentos apremiantes en la historia de la humanidad habrán intentando ser superados por la simple aparición de una taza de té?) Ella se limitó a dirigirle una mirada fulminante, pero aquel hombre no estaba dispuesto a darse por vencido.&lt;br /&gt; -Debería usted tranquilizarse. Cuando esté más calmada verá las cosas de otra manera, y su amiga, aparecerá en cualquier momento.&lt;br /&gt; -¿Posee usted algún té con propiedades mágicas? Y además, ¿Tranquilizarme? No... no pienso hacerlo, al menos hasta que no vea entrar a Madelaine por esa puerta.&lt;br /&gt; -¿Entonces? - Alcanzó a decir el gerente comenzando a aceptar que Josephine no era una histérica como había considerado en un primer momento sino una mujer inteligente excitada por lo ocurrido. Realizado este resumen y pese al disgusto que le causaba aceptar la idea, admitió que las circunstancias lo sobrepasaban.&lt;br /&gt; -Entonces, sugiero que llamemos a la policía. - Aseguró ella con la firmeza más terminante.&lt;br /&gt; -Señora, -respondió el gerente- la policía no ha estado aquí nunca, por lo menos desde que ocupo este puesto, y eso ocurre desde hace bastante tiempo.&lt;br /&gt; -Pues me parece una excelente ocasión para que haga su debut, ya que para todo hay una primera vez, ¿no cree? - Casi bramó Josephine. -Pero no pienso discutir al respecto. O la llama usted o lo hago yo.&lt;br /&gt; El hombre comprobó que estaba intentando ganar una batalla perdida, y acercándose al mostrador de la recepción, se dirigió a una empleada para ordenarle:&lt;br /&gt; -Señorita, llame a la policía. Dígales que un huésped del hotel ha desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No se recordaba en La Champagne un temporal tan violento como el de la noche pasada. Por todos la-dos estaban esparcidas las marcas de su empeño. Parecía que un hacha gigantesca había alcanzado árboles y postes para dejarlos agonizando en el suelo. Muchos vieron su efecto más destructivo en el campo de golf. Allí los pinos habían caído empujándose como piezas de dominó, los sectores de arena estaban anegados, y el bien peinado césped era el lecho de un lago profundo y definitivo en cuya superficie flotaban al garete infinidad de ramas secas. Todo correspondía a una geografía nueva recién diseñada, como si debajo de aquel paisaje desolador hubieran quedado aprisionadas diferentes especies destinadas a permanecer muertas y olvidadas hasta que llegara el día lejano en que los arqueólogos decidieran ocuparse de ellas. Alguien afirmó que pese a que el cielo recuperaba paulatinamente su limpidez, el temporal no había pasado. A una conclusión parecida llegó Jean-Claude cuando con dos amigos hizo una rápida recorrida por el lugar.&lt;br /&gt; -Esto es espantoso, -les dijo- ya no tiene sentido que me quede aquí. ¿Qué haría en este lugar si no puedo jugar al golf? Lo mejor es que me vaya a &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt; Los dos le dirigieron una mirada aprobatoria y comprensiva,  porque pensaban lo mismo. Luego volvieron la vista hacia el desolado paisaje y descubrieron que el sol acababa  de aparecer en el cielo, como una broma de mal gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En la parte trasera del cobertizo, la Vieja contaba su dinero como un avaro mitológico que en el sótano de su casa verifica las monedas de oro que guarda en un cofre. La tarea se agotó pronto, en los catorce pesos que constituían todo su capital, pero ella no se lamentó. Estaba acostumbrada a que la plata siempre fuera poca, a partir de que los doscientos pesos men-uales de la pensión que ya no recordaba cómo había conseguido, le parecían una miserable cantidad. “Habrá que hacer economías”, reflexionó. Se rió. “¿Más economías?” Si no se ocupaba de otra cosa, como si estrujar cada centavo antes de gastarlo no fuera en sí mismo un ejercicio agobiante. “Pero la plata viene y va, se dijo. Mientras haya para la comida y para que José pueda comprarse unos caramelos de vez en cuando, las cosas están bien. (¿Están bien?) José el pequeño que le ponía sobre la piel esa alegría tan rara con sólo despertarse o volver del colegio, con sólo estar en el cobertizo haciendo sus trabajos escolares o jugando con sus pobres autitos”. Eso era lo que debía sentir la gente por sus hijos. “Pero... ¡carajo, ¿y por qué ella no? si era tan madre del chico como si lo hubiera tenido nueve meses en la panza, y a veces, hasta sentía que todavía lo llevaba allí! Ya saldrían adelante. José crecería y se convertiría en un hombre importante, eso era lo que iba a pasar. ¿Iba a pasar? ¿Y si verdaderamente pasaba... permitiría la sociedad sombría en que vivían que pasara? ¿Y estaría ella allí para verlo y gozarlo? ¿Era eterna para pretender permanecer junto a José sin límite de tiempo? No, las madres y los padres alguna vez se mueren, y sus hijos, por mucho que lo sufran, deben seguir como si nada hubiera ocurrido, no tienen otra opción, pero, ¿en qué fantasía se estaba metiendo? ¿cómo dejaba que esos sueños la adormecieran? Aunque... ¿qué otro remedio tenía? Era una desgracia pero estaba obligada a admitirla: José, y por lo tanto ella, no tenían escapatoria? Especialmente José... especialmente los dos”. Tal vez era mejor volver a sus sueños tontos, algo así como mirar para otro lado. Eso  tampoco le gustaba porque le parecía que era como emborracharse... “¡Justamente ella, que no había bebido una gota de alcohol en toda su vida! No. Lo más importante era continuar empecinadamente para adelante, tratar de no pensar, embrutecerse limpiando hasta lo que no podía limpiarse o lavando la ropa, como hacía siempre”.     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El sargento de la Ertzaintza &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(8)&lt;/span&gt;, Patxi Eizagirre era un gigantón que a pesar de sus cuarenta y ocho años, presentaba la curiosa combinación de jubilado prematuro y árbitro de pelota a mano. Su cuerpo fornido y macizo lo obligaba a un andar pesado y lento, a veces, con las enormes manos similares a mazas refugiadas en los bolsillos de la chaqueta, pero siempre con el rostro abierto. Como contrapartida, a pesar de todas estas observaciones que venía haciendo Josephine, de la preocupación y del enorme disgusto que ella tenía en ese momento, no dejó de parecerle un hombre muy atractivo. (Indudablemente sus sentidos continuaban alertas y y funcionando a la perfección.) Esa comprobación le hizo levantar un poco su alicaído estado de ánimo. Con presteza los condujeron al prolijo despacho del gerente, quien antes de salir ceremoniosamente les ofreció café, propuesta que la señora Barat pareció no escuchar pero que el sargento agradeció con franqueza no desprovista de cierto de entusiasmo. Hasta podría haberse creído que iba a pedir rosquillas, cosa que por supuesto no hizo. En cambio sacó de su bolsillo una vieja libreta de cuero y se dispuso a iniciar su trabajo. Oficialmente, la investigación había comenzado.&lt;br /&gt; -Es usted la señora Josephine Barat. ¿Es eso correcto?&lt;br /&gt; Era una observación tan formal como obvia, por lo que Josephine se limitó a contestar con un frío gesto afirmativo. El policía continuó, satisfecho como si acabara de llegar a una conclusión fundamental. &lt;br /&gt; -Bueno, ahora que eso está establecido, tenga a bien decirme, ¿cuál es su lugar habitual de residencia?&lt;br /&gt; -&lt;a href=&quot;http://www.paris.fr/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt; -¿Y qué hace usted en España?&lt;br /&gt; -Turismo, sencillamente eso. - Fue su fría respuesta.&lt;br /&gt; -¿Hace muchos días que está aquí?&lt;br /&gt; -Cuatro. Llegamos a &lt;a href=&quot;http://www.bilbao.net/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Bilbao&lt;/a&gt; el lunes a las once de la mañana. &lt;br /&gt; -Ah, &lt;a href=&quot;http://www.bilbao.net/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Bilbo&lt;/a&gt;. -Comentó el policía para sí, denominando a la ciudad por su nombre en lengua euskera sin que ella comprendiera lo que aquella palabra significaba.&lt;br /&gt; Afortunadamente Eizagirre prosiguió en seguida. -¿Cómo vinieron hasta &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;?  &lt;br /&gt; -En el aeropuerto alquilamos un automóvil a Hertz.&lt;br /&gt; -¿Está usted en buena situación económica?&lt;br /&gt; A Josephine la pregunta le sonó extraña.&lt;br /&gt; -¿Debo contestar a eso?&lt;br /&gt; -Efectivamente. Es muy importante.&lt;br /&gt; -Sí, muy buena. ¿Pero qué tiene que ver?&lt;br /&gt; -Estamos ante un secuestro, y generalmente, el móvil de este tipo de delitos es obtener dinero. ¿No lo ha pensado?&lt;br /&gt; -No. -Respondió Josephine secamente.&lt;br /&gt; -Bien. Y la señora Röine Etagne, ¿también está en buena situación económica?    &lt;br /&gt; -Sí. Es una persona extremadamente acaudalada.&lt;br /&gt; -Entiendo... Y ahora, por favor, dígame, ¿Había estado alguna vez en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;?&lt;br /&gt; -Sí, varias veces.&lt;br /&gt; -¿Tiene amigos en la ciudad?&lt;br /&gt; -No.&lt;br /&gt; -¿Y enemigos?&lt;br /&gt; -Tampoco, pero la pregunta me parece absurda. - Contestó ella sin disimular su contrariedad.&lt;br /&gt; El simuló no escucharla.&lt;br /&gt; -¿Y en otro lugar del país?&lt;br /&gt; -¿Amigos o enemigos? -Infirió Josephine con ironía.&lt;br /&gt; -Es lo mismo, cualquiera de las dos cosas. Ambos son útiles para la investigación aunque debo decirle que prefiero los enemigos. Generalmente, son los que conducen a realizar algún arresto. En cambio, los amigos, nunca han visto nada. -Aclaró el sargento con naturalidad. -Dígamelo, por favor.&lt;br /&gt; -Tenemos amigos en &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt;, y también algunos en &lt;a href=&quot;http://www.bcn.es/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Barcelona&lt;/a&gt;. ¿Es necesario que le dé sus nombres?&lt;br /&gt; El sargento pasó por alto la pregunta y persistió en su trabajo.&lt;br /&gt; -Pero no enemigos...&lt;br /&gt; -... no, al menos que yo sepa.&lt;br /&gt; -¿es que abriga dudas al respecto?&lt;br /&gt; Por un instante Josephine creyó que jugaba con ella.&lt;br /&gt; -Sargento, -Dijo a punto de dejarse arrebatar por sus nervios.- me confunde. Probablemente hay personas a las que les resulto insoportable, acaso hasta el camarero del restaurante o la mucama de la habitación me odien, pero al menos hasta ahora no han decidido comentármelo. No importa, lo que debo decirle es que he pedido que llamaran a la policía, es decir, que le llamaran, porque mi amiga, la señora Madelaine Röine Etagne ha desaparecido en forma extraña, y usted, en lugar de buscarla, se está dedicando a investigarme como si fuera yo quién acaba de cometer un crimen. Esto me resulta bastante irregular. Además, todas sus preguntas son formuladas en singular, como si yo hubiera venido sola. Eso me afecta sobremanera. Es como si...&lt;br /&gt; Abruptamente, igual que un actor que hace saltar a su personaje de la tristeza a la alegría o viceversa, el policía cambió su gesto adusto por una expresión indefinida que acaso pretendía tener un tinte de cordialidad, pero paradójicamente, trató de ocultarla acariciándose la rubicunda mejilla con la mano derecha.&lt;br /&gt; -... Mi estimada señora, -Dijo después con delicada amabilidad. -lamento ser el causante de su confusión, pero mucho más, que haga usted esa interpretación de mi actitud. En primer lugar, hablo en singular porque estoy frente a una sola persona, y no frente a dos, desgraciadamente, como sabemos, su amiga no está aquí, y fácilmente podría inferirse que contra su voluntad. Pero deseo que sepa que me cuesta sobremanera hacer preguntas, particularmente dentro del terreno profesional, y mucho más, si debo formularlas a una mujer tan encantadora como usted, a la que sería apropiado hablarle de cosas más gratas. Ocurre que los vascos no somos naturalmente desconfiados, cosa que llevo en la sangre y no puedo sustraerme a ella, pero desgraciadamente, mi oficio me obliga a serlo, lo cual me disgusta. Admito que todo esto pueda resultarle chocante, especialmente en su situación, pero comprenda... es mi obligación. Por otra parte, para tener éxito debo contar con un punto de partida por mínimo que sea, y es primordial que trate de saber quiénes y cómo son usted y su amiga, qué vinieron a hacer, si cuentan con relaciones en mi país, si es que las tienen, si alguna vez tuvieron diferencias con alguien... cualquier contacto por banal que parezca, puede ser útil, sencillamente, porque no las conozco, y ocurriría lo mismo si las conociera, pero para mí, y no lo malinterprete, es como si las dos hubieran nacido cuando sonó el teléfono para notificarnos lo sucedido. &lt;br /&gt; Por un segundo Josephine olvidó a Madelaine y a su desaparición. El sargento Eizagirre se había expresado con tanta justeza, además de encontrarla encantadora y de recordarle que era una mujer digna de atención, que consiguió por ese exiguo lapso de tiempo distraerla de sus tribulaciones. Sin embargo, estas retornaron de inmediato. A pesar de eso, quiso corresponder a la honestidad del policía.&lt;br /&gt; -Le entiendo sargento, pero usted comprenderá que mi ofuscación es lógica. Nunca me había sucedido una cosa así, y tampoco a Madelaine. También debo decirle, que es la primera vez que tengo tratos con la policía, y no hay nada peyorativo ni una segunda intención en este comentario, pero es algo para lo que tal vez se requiere alguna experiencia... o debería decir ¿entrenamiento? si es así, confieso no tenerlo.&lt;br /&gt; -Está bien, nada de eso está en discusión. Sería absurdo pensar que está acusada de algo... no somos rivales, pero ¿sabe usted? a diario me encuentro con gente muy peculiar: los inocentes suelen parecer culpables y los culpables inocentes. ¡Qué ironía!... ¿Verdad? Uno termina no reconociendo quién es quién, en medio de esta realidad desconcertante estimulada por las pasiones y las emociones, casi nunca por la inteligencia. Pero discúlpeme, no creo que mis opiniones y mis análisis sean oportunos... sólo trataba de responderle. De todas maneras, volviendo al asunto, quisiera no animar en usted falsas expectativas, pero pienso que lo de su amiga se debe a una incomprensible confusión. Claro que esto es sólo un presentimiento, una conjetura, si lo prefiere. Aunque tampoco descarto que siendo su amiga una mujer muy rica, en cualquier momento recibamos una llamada pidiendo un rescate. Muy pronto sabremos a qué atenernos... o si estoy equivocado aunque admito y esto es lo peor, que me equivoco con más frecuencia de la deseable, al revés de lo que hacen los buenos investigadores. Excúseme también por esta sinceridad, pero ya ve, pongo todas las cartas sobre la mesa, y vueltas hacia arriba. - Concluyó el sargento. &lt;br /&gt; Aquellas palabras hicieron que por primera vez se sintiera bien desde la desaparición de Madelaine, tal vez, porque a pesar de las diferencias que habían mantenido en un principio, el policía le infundía alguna clase de seguridad. Era mucho más de lo que había esperado.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;8 Policía autonómica de &lt;/span&gt;&lt;a href=&quot;http://www.euskadi.net/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Euskadi&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/6746353182346830418/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/6746353182346830418?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/6746353182346830418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/6746353182346830418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-13.html' title='Capítulo 13'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-3641908666087837800</id><published>2007-08-03T10:12:00.000-03:00</published><updated>2007-08-17T15:42:33.358-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 12</title><content type='html'>12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras desayunaban en la habitación a la mañana siguiente, Madelaine y Josephine advirtieron que para ese día no tenían previsto ningún plan.  &lt;br /&gt; -Cuando no se dispone de un itinerario suelen ocurrir las cosas más inesperadas. Voy a buscar el auto a la cochera mientras terminas de vestirte. -Determinó Madelaine poniéndose en acción. -Te espero abajo.&lt;br /&gt; Tomó el ascensor para llegar al garaje en el subsuelo del hotel y mientras cruzaba el amplio y solitario lugar, una furgoneta entró velozmente descendiendo la explanada y se detuvo junto a ella. En un principio la maniobra le pasó inadvertida, pero dejó de estarlo cuando dos encapuchados descendieron del vehículo, bruscamente la tomaron de brazos y piernas y sin decir palabra, la introdujeron en la parte trasera de la furgoneta, aplicándole firmemente sobre su boca una faja de cinta adhesiva. Uno de los hombres quedó a su lado, le ató las muñecas y la obligó a acostarse en el frío piso metálico extendiendo una lona sobre su cuerpo. El otro subió a la cabina y accionó el arranque. En pocos minutos la operación se había completado y el vehículo salía del hotel, a mayor velocidad de la que utilizaría un proveedor que acababa de entregar su mercancía. A Madelaine la situación le pareció inexplicable, pero tuvo la suficiente entereza para pensar que sus captores no debían ser vulgares delincuentes, aunque, ¿por qué secuestrarla a ella, una turista? “Sí, debía tratarse de un error, no había otra explicación”. Pensó a modo de consuelo tratando en vano de tranquilizarse. Transcurrió un largo rato hasta que por fin el vehículo se detuvo. El hombre que estaba a su lado quitó la lona que la cubría, después le vendó los ojos y la guió para que bajara. Mientras caminaban unos pocos metros hasta llegar a una casa ella percibió ese intenso aroma que sólo puede respirarse en los bosques. Apenas penetraron, se hizo evidente que su interior transmitía la misma sensación que una vieja cueva deshabitada durante muchos años. A Madelaine no le fue difícil descubrir que bajaban una corta escalera, al final de la que estaba la habitación donde quedaría en cautiverio. Allí, por fin, le quitaron la venda, la cinta adhesiva de la boca y soltaron sus muñecas. Entonces, recuperando su carácter fuerte que había parecido momentáneamente extraviado, enfrentó decididamente a los dos hombres que mantenían cubiertos sus rostros.&lt;br /&gt; -¿Quiénes son ustedes y qué hago aquí? ¿Cómo se han permitido retenerme? -Hubiera querido decir “secuestrarme” pero debido a un secreto dictado, lo evitó deliberadamente.&lt;br /&gt; Aunque lo hizo de manera por demás escueta, uno de los encapuchados habló por primera vez. &lt;br /&gt; -Lo sabrá a su tiempo. - Le respondió de manera cortante. Después los dos hombres la dejaron sola  echando desde afuera un pesado cerrojo. Comenzando a resignarse Madelaine se dedicó a reconocer el lugar. Era una estancia estrecha, absolutamente cuadrada y baja que carecía de ventanas. Tenía un hogar apagado y como únicos muebles una cama pequeña, un desvencijado ropero de madera descolorida, una mesa sucia y dos sillas. A un costado también había un lavabo con su superficie impregnada por marcas de óxido. Se sentó sobre el duro colchón y recordó al pequeño Didier. También evocó a Josephine. Después volvió a pensar en lo absurdo de la situación, tratando al mismo tiempo de descifrar qué extraña contingencia habría determinado lo sucedido. Con su mente girando sobre la misma idea, comenzaron a pasar las horas, pero el tiempo parecía huir de los relojes en lugar de quedarse dentro de ellos para cumplir con su obligación de transcurrir sin pausa. A las siete de la tarde, abrió la puerta uno de los encapuchados trayendo una bandeja con un plato conteniendo un extraño potaje, un trozo de pan y un tazón de café. Sin decir palabra, depositó la bandeja sobre la mesa y volvió a salir colocando el consabido cerrojo. Madelaine dejó pasar unos instantes y recién después se acercó a la bandeja y dejando de lado la comida, bebió un sorbo de la taza. El café estaba amargo y tibio, comprobación que vino a acentuar su sensación de desamparo. “Ya debe ser de noche”, pensó, y como si ese pensamiento disparara cosas que nada tenían que ver, comenzó a sentir frío. Entonces se acostó en la cama sin sábanas tapándose lo mejor que pudo con la manta rústica. No había transcurrido lo que le pareció una media hora cuando la pesada puerta se abrió bruscamente, para dejar pasar a uno de los hombres (debido a las capuchas le era imposible establecer quién era quién) que antes le había traído su espantosa cena, que se lanzó a hablarle de manera hosca y directa.   &lt;br /&gt; -Hemos tomado contacto con su marido, y niega que esté en nuestro poder. No sabemos cuál es su intención, pero lo interpretamos como una absurda reacción destinada a ganar tiempo. Esa actitud dificulta enormemente las cosas.&lt;br /&gt; Madelaine quedó absorta. &lt;br /&gt; -¿Mi marido? ¿Pero qué broma es esa? -Exclamó con cierta dureza. El desconocido reafirmó lo dicho.&lt;br /&gt; -Sí, su marido, el general López Hermida. &lt;br /&gt; Atenazada por los nervios y presintiendo que la confusión le abría un resquicio, Madelaine lanzó una carcajada.&lt;br /&gt; -Ese general López Hermida no es mi marido. Ni siquiera lo conozco. Yo me llamo Madelaine Röine Etagne y mi marido murió hace ocho años. Ahora bien, si no se ha dado cuenta, (ella hablaba el español a la perfección, por eso le pareció inteligente efectuar la aclaración) soy extranjera, y para mayores precisiones, francesa. &lt;br /&gt; -Eso no prueba nada. La esposa del general también lo es. -Dijo el secuestrador. - Pero Madelaine continuaba riéndose, lo que parecía evidenciar una de dos cosas a los ojos de aquel hombre: que decía la verdad... o que se había vuelto completamente loca. El se sentía incapaz de determinar cuál de las dos era la correcta. &lt;br /&gt; -No, claro que no lo prueba, sólo que es una de esas increíbles casualidades que conducen a increíbles equivocaciones...como la que sospecho acaban de cometer. - Sentenció ella sin dejar de reír. &lt;br /&gt; El hombre quedó estupefacto debido al comentario que había barrido todas sus dudas, y también, toda su dureza. Madelaine lo advirtió  y aprovechó para realizar lo que consideraba un ataque demoledor.  &lt;br /&gt; -De manera que, no veo razón para que me mantengan aquí ¡secuestrada! -Esta vez utilizó la palabra con decisión. -Ignoro cuáles son los intereses que los mueven o qué persiguen, tampoco me importa, pero será mejor que terminen cuanto antes con esta tonta situación. Es inaceptable que tenga que sufrir por los estúpidos errores de otros.  -Y por si faltaba algo, agregó con intención: -la comida en este hotel es horrorosa. Tampoco tengo porque hacerme cargo de algo que no beneficia a nadie. El encapuchado debió admitir que aquella mujer, además de la belleza que lo deslumbraba desde un primer momento, era inteligente y tenía agallas. Pero también, que él no estaba en posición de detenerse en esos detalles.  Debía hacer lo que le ordenaban y nada más. Por eso salió sin dar ninguna respuesta, dejando a Madelaine el gusto de lo que consideraba un pequeño triunfo.&lt;br /&gt; Sin nuevas alternativas pasaron tres interminables días. La prisionera se sentía inquieta, pero aunque sin ninguna razón, mantenía la seguridad de que todo se solucionaría rápidamente. Al menos, comprobó que a pesar de apenas probarla, la calidad de la comida había mejorado ligeramente. En su situación, eso ya era un cambio a tener en cuenta. Aún había otro. Durante el atardecer habían traído unos leños y encendido el hogar. Se acostó cubriéndose con la áspera manta y trató de pensar cosas agradables buscando encontrar el descanso, recordó a Josephine. “¿Cómo habría reaccionado ante su desaparición?” Después cerró los ojos y se quedó profundamente dormida. Soñó que caminaba entre casas pobres, penosamente asentadas sobre el barro. Un perro escuálido bebía agua estancada en un charco inmundo, y muy cerca, niños mal vestidos hacían rondas ridículas como si jugaran en el mejor de los kindergarten. ¿Qué mundo exótico era ese? ¿Qué país desconocido estaba recorriendo, tan diferente a sus barrios predilectos de &lt;a href=&quot;http://www.paris.fr&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;París&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.comune.roma.it&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Roma&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.munimadrid.es&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Madrid&lt;/a&gt; o &lt;a href=&quot;http://www.visitlondon.com&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Londres&lt;/a&gt;? Y por último, ¿qué tenía que hacer ella allí? ¿Convertirse en testigo de toda esa decadente visión?  ¿Para comprobar qué? Afortunadamente las dolorosas imágenes comenzaron a esfumarse, en tanto el perro que ya no bebía, mordisqueaba un hueso sucio. Despertó a medias sintiendo la confusión que surge al escapar de una pesadilla, y le pareció que una mano le acariciaba la piel debajo de sus bragas. Después, la misma mano comenzó a intentar quitársela. Pero cuando su mente terminó de aclararse comprobó que no se trataba de un sueño. La mano seguía allí, empeñada en un trabajo persuasivo. Fingió que seguía durmiendo pero estaba suficientemente lúcida para admitir que la situación se presentaba como algo por lo que nunca había pasado. No necesitó más, para percibir que contra su voluntad, su deseo crecía de improviso. Y simuló despertarse.  &lt;br /&gt;  -¿Estoy soñando o es esto una violación? -Preguntó tratando de mostrar un rasgo de humor inadecuado en esa circunstancia, pero útil para esconder el sorpresivo placer que comenzaba a experimentar y al que no tenía intenciones de negarse. &lt;br /&gt; -No es lo que preferiría. - Musitó su inesperado compañero, con el aplomo que también expresaba al mantener su mano sobre ella como si se tratara de un territorio conquistado. Entonces Madelaine aferró con decisión su boca a los labios cercanos mientras su cuerpo se retorcía de deseo, y luego, apartándose apenas, sin pensar nada más que en lo que estaba viviendo, dijo en voz muy baja:&lt;br /&gt; -Quítamela, ¿no es lo que tratabas de hacer? Y quítame rápido todo lo que quieras, por favor. -Después, volvió a besarlo apasionadamente.&lt;br /&gt; El, sorprendido por aquella reacción, dudó un instante, pero luego, apresuradamente la desnudó por completo. Inmediatamente insistió con sus caricias, pero ya sobre todo aquel hermoso cuerpo que se le ofrecía. Lo hizo primero con ansiedad, después más lentamente, hasta deslizar la yema del dedo por los bordes del rincón más secreto de aquella mujer, mientras ella se detenía sobre la parte más sensible del hombre, apenas rozándola con suavidad. El no pudo contenerse y la tomó para sí. Había algo de salvaje en aquella potente manera de iniciar el amor. Eso la enardeció, haciéndola plegarse a la tarea del hombre en la frenética búsqueda del momento que más iba a unirlos. El insistía en reconocer sus entrañas compartiendo esa enervante mezcla de amor y agresión que intercambiaban... hasta que pasados unos pocos minutos, ella percibió que su compañero alcanzaba la cima de un placer vigoroso. Entonces recurrió al orgasmo que ya no podía contener y se dejó ir... &lt;br /&gt; Después permanecieron estáticos uno junto al otro como si acabaran de compartir un rito. Madelaine rompió el encantamiento con un comentario pretendidamente risueño.&lt;br /&gt; -Es la primera vez que hago el amor con un hombre sin saber su nombre.&lt;br /&gt; El se sintió cohibido, como si tuviera que soportar una culpa no merecida. -Perdóname por no habértelo dicho... me llamo Iñaki. - Respondió tratando de librarse de aquella sensación.&lt;br /&gt; Ella se obligó a decir algo con un estilo mordaz.&lt;br /&gt; -No parece nombre apropiado para un... ¿Qué es lo que eres? &lt;br /&gt; Bueno, sería largo de explicar. Digamos que lucho por la libertad de &lt;a href=&quot;http://www.euskadi.net&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Euskadi&lt;/a&gt;. &lt;br /&gt; -¿Secuestrando mujeres? Luce como una forma muy original de hacerlo. - Dijo ella.&lt;br /&gt; El se quedó callado. Le infundía cierta frustración que después de unir satisfactoriamente sus cuerpos, discutieran en lugar de decirse cosas para acercarse, hasta que Madelaine reinició la conversación de manera poco afortunada.&lt;br /&gt; -Ahora que he pagado el tributo a mi captor, ¿sería demasiado pretender que me liberaras? &lt;br /&gt; -¿No creo que lo hayas hecho por eso? -Preguntó Iñaki como si el sentido de la pregunta lo decepcionara.&lt;br /&gt; -No, nunca haría el amor para obtener algún beneficio, no es mi modalidad. Pero tampoco intentaría violar a alguien, y menos aprovechándome de la situación, si fuera hombre, claro. - Argumentó ella volviendo al principio. &lt;br /&gt; -Pienso que mereces una explicación. Me acerqué a tu cama dominado por un impulso desconocido que no podía evitar. En ese instante, me bastaba con acariciarte, sólo pensaba en eso, y aunque parezca una torpeza, me disculpo y lo reitero, era algo superior a mí. No me preguntes la razón, pero estoy seguro de que no íbamos a llegar a una... violación. Es más, confiaba en que me aceptarías.&lt;br /&gt; -¿Pero por qué? ¿Es que te consideras irresistible? &lt;br /&gt; El rió. Se le veía despreocupado y feliz, como si la tensión hubiera quedado atrás.&lt;br /&gt; -Por supuesto que no. Verás, desde un principio sentí que me transmitías algo, y lo seguí sintiendo después cada vez con más fuerza... por ejemplo, la noche en que te quejaste de la comida “de este hotel”. Había en ti cierta decisión, diría, cierta fiereza... &lt;br /&gt; Debido a que era la que más le interesaba, Madelaine se quedó sólo con la primera parte de la respuesta. &lt;br /&gt; -¿Algo... qué era ese algo?&lt;br /&gt; -Si te lo digo no me vas a tomar en serio, o posiblemente lo niegues... porque hasta puedes interpretarlo como una ofensa.&lt;br /&gt; -... te escucho. -Interrumpió Madelaine con creciente ansiedad. - Y no pienso ofenderme, prometo contestarte con sinceridad.&lt;br /&gt; -Te lo diré. Ese algo era deseo, eso es lo que me transmitías. Un deseo intenso y contagioso, como si llevaras sobre la piel dibujada la necesidad de entregarte, de dar el placer y de recibirlo... cuanto antes.&lt;br /&gt; -No me sorprendes y creo que es posible. Siempre me ha parecido que el sexo es una cosa que no debe disimularse, aunque cuando digo esto, muchos lo interpretan como si mi intención fuera caminar desnuda por las calles. Naturalmente, el sexo no es eso... &lt;br /&gt; Haber mencionado la palabra sexo  la hizo sentir extraña, pero sólo por la ocasión en que la pronunciaba. Había hecho el amor con uno de sus captores y ahora, se estaba dedicando a profundizar con él una serie cosas más apropiadas para ser compartidas con un antiguo amante. &lt;br /&gt; -En cuanto a liberarte, -dijo Iñaki- quisiera hacerlo, lo juro, pero no depende de mí. Tengo superiores.  -Intercaló en un tono que parecía el relato de una epopeya. -Son mis jefes los que van a resolver todo esta confusión, y no va a pasar mucho tiempo para eso, estoy seguro, sólo el necesario para encontrar salida. Ten confianza. -Expresó con tono tranquilizador, para después agregar: -Y ahora, ¿quieres un cigarrillo?&lt;br /&gt; -Bueno, -Respondió Madelaine escuetamente, como si hablar de su libertad o fumar un cigarrillo se hubiera convertido en la misma cosa- hace semanas que no fumo. Pero, -Continuó. -parecería que sientes a esos jefes como a dioses infalibles, inapelables... y ya ves, ellos han preparado a hombres para que cometan un secuestro, lo que en sí mismo es deleznable, pero además secuestrando a la persona equivocada. ¿Cómo podrían inspirarme confianza?&lt;br /&gt; Iñaki le dio la espalda para encender la luz, pero también para evitar una confrontación en la que llevaba todas las de perder. Aquella era una mujer culta con gran claridad reflexiva, y él, estaba preparado para percibir esas cualidades. Después se inclinó sobre la silla donde había dejado la ropa, para buscar el cigarrillo que acababa de ofrecer. Madelaine comprendió las razones de su silencio, y prefirió estimularse viendo por primera vez con detalle el cuerpo de su ocasional amante: los omóplatos torneados, los brazos con bíceps sólidos, el cuello fuerte como el de un atleta. Realmente se estaba deleitando con esa contemplación, (“¿Para qué mezclar sus ideas con la satisfacción de lo que estaba viviendo?”, pensó.) Entonces el hombre se dio vuelta, y vio su rostro franco de facciones ásperas pero agradables. Y lo siguió observando cuando encendió el prometido cigarrillo, para después acercárselo. Con un gesto le indicó que esperara. &lt;br /&gt; -Eres muy joven Iñaki...  &lt;br /&gt; -... treinta y ocho años. -Dijo él secamente. &lt;br /&gt; La prisionera detuvo su vista en el ancho pecho velludo y bronceado, mientras automáticamente hacía el cálculo inevitable. “Treinta y ocho años... doce menos que yo”. Después dijo con ansiosa ternura, incorporándose muy ligeramente. -He cambiado de idea, no voy a fumar. Quiero que me beses.&lt;br /&gt; El no contestó. Apagó el tabaco, después hizo lo mismo con la luz y volvió a la cama. Allí se dedicó a besarla mientras le acariciaba un seno. El pezón se erizó rápidamente como si fuera un resorte eficaz, entonces, las lenguas volvieron a tocarse. Parecía que la noche recién se iniciaba.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/3641908666087837800/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/3641908666087837800?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3641908666087837800'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/3641908666087837800'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-12.html' title='Capítulo 12'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-4494089056965952759</id><published>2007-08-02T16:22:00.001-03:00</published><updated>2007-08-03T19:03:52.759-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><title type='text'>Capítulo 11</title><content type='html'>11 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estimulado por los cuidados de La Vieja, Romualdo se restableció rápidamente, y pasados pocos días el accidente y sus secuelas se esfumaron de su memoria. Cuando se reintegró a la fábrica, su reincorporación coincidió con una noticia inesperada: los nuevos planes de la empresa que ponían en marcha el proyecto de robotización. La decisión convertía en prescindibles a más de la mitad de los operarios, entre ellos a él mismo. El comunicado que daba los detalles estaba pegado en el panel de Informaciones, redactado con una carga de efusivas alusiones al progreso -parece ser que referirse al progreso es una inclinación inevitable para quienes menos hacen por alcanzarlo-, a la enorme inversión que el emprendimiento había demandado, y al tremendo coraje exhibido por la dirección para enfrentar lo que se definía como “un desafío de la hora” destinado a contribuir al desarrollo del país y a afianzar su crecimiento económico. (Es decir, para afianzar y desarrollar el crecimiento económico de la empresa dueña de la planta.) Ese extraño lenguaje que parece responder al gusto de quien lo escribe, pero casi nunca, a los sentimientos de quien tiene que recibirlo, parecía una burla más que cualquier otra cosa. Naturalmente, no figuraba allí la extensa nómina de despedidos. Romualdo tomó la situación con esa resignación fatalista típica de su clase. Por último, supo que podían irse, ya que recién a la tarde se pagarían las liquidaciones correspondientes. Aquel lugar se había convertido en tierra de otros, algo así como un territorio del que habían sido despojados con una violencia indolora y silenciosa. Al salir caminando lentamente junto a sus compañeros de desgracia, tuvo tiempo suficiente para mirar como si preanunciara la despedida, el viejo paredón de deslucidos ladrillos descascarados que llevaban más de medio siglo allí muriéndose de a poco, sin que ninguna mano se hubiera ocupado jamás de hacerles recuperar aunque sólo fuera en parte su aspecto original. &lt;br /&gt; -Qué le vamos a hacer... - Dijo Gómez y agregó. -Siempre nos queda el Sindicato.   &lt;br /&gt; Ramón lo miró con desdén.&lt;br /&gt; -¿El Sindicato?... ¿pero vos qué clase de ingenuo sós? Ya los deben haber arreglado con la debida anticipación para que nos aconsejen tranquilidad y nada de líos.  &lt;br /&gt; -¿Entonces? -Preguntó dubitativo Gómez, temeroso de volver a recibir los denuestos de Ramón.&lt;br /&gt; -¡Entonces nos jodemos, como siempre! Esto quiere decir, a buscar el laburo que no hay, a arrancarnos los pelos entre nosotros para disputarnos cualquier changa de mierda. Después algún aprendiz de sociólogo presentará una estadística mostrando que las oportunidades serán crecientes en los próximos años si sabemos aprovecharlas. Prometen para el futuro, sin comprender que tenemos toneladas de futuro acumulado que no nos sirve para nada, principalmente, porque ni siquiera sabemos adónde las hemos guardado. &lt;br /&gt; -¡Pero che! Parecés un comunista.- Se envalentonó Gómez. &lt;br /&gt; Antes de hablar, Ramón arrojó al suelo con violencia lo poco que quedaba del cigarrillo que venía fumando.  &lt;br /&gt; -¡Esto sí que está bueno! Nos cagan, y la conclusión es que soy comunista. ¡Grandioso! Está bien, a todo el que se opone a estas cosas le encajan ese sanbenito. Con eso se quedan contentos. Pero desayunate, según dicen, el comunismo ya no existe, y posiblemente, nunca existió.&lt;br /&gt; Romualdo que se había mantenido afuera de la discusión, creyó llegado el momento de cortar aquella controversia inútil. &lt;br /&gt; -No vamos a ganar nada discutiendo. &lt;br /&gt; Los tres comenzaron a caminar sin apuro, como si arrastraran los pies que pesaban demasiado, sobre los adoquines gastados y fríos de aquel suburbio lamentable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las palabras de Ramón habían dejado su huella en Romualdo y comprendía que había mucho de cierto en ellas. Deliberadamente dio un rodeo para evitar pasar por la casilla de La Vieja, pero ella a pesar de su visión defectuosa lo vio a lo lejos (o tal vez lo presintió) con esa capacidad que existe en ciertos ocasiones para visualizar con claridad lo que parece oculto. Sorprendida, al regresar tan temprano, salió a cruzarlo con toda la premura que le permitían sus piernas.  &lt;br /&gt; -¿Qué te pasó Romualdo? ¿Te volvieron los dolores?&lt;br /&gt; El colocó cariñosamente el brazo sobre su hombro.  &lt;br /&gt; -No Vieja, por suerte no. Pero sucedió algo peor: me echaron del trabajo Vieja. -Le dijo impulsivamente, presintiendo que lo mejor era presentar la novedad de esa forma.&lt;br /&gt; -¿Pero por qué? No entiendo... nunca tuvieron la menor queja sobre vos.&lt;br /&gt; -No tiene nada que ver conmigo. -Aclaró Romualdo. - Es que ahora han puesto nuevas máquinas que trabajan solas... y se van a arreglar con menos de la mitad de la gente.&lt;br /&gt; Habían llegado al interior del cobertizo y la anciana se sentó abatida.     &lt;br /&gt; -Debe ser eso que llaman progreso. -Sentenció ella mirando el suelo. &lt;br /&gt; -Sí, -asintió el muchacho- algo así decía el comunicado de la fábrica. &lt;br /&gt; -¿Y qué pensás hacer? -Preguntó La Vieja.&lt;br /&gt; -Mañana no sé. Me faltan ganas para pensarlo, pero esta noche, me voy a comprar una botella de vino del bueno, ¿sabe? y la voy a invitar a que la tomemos toda. &lt;br /&gt; -No me parece mala idea lo del vino, pero si lo que pensás es arreglar el problema con eso, estás perdido. - Afirmó la mujer.&lt;br /&gt; -Le hablo de hoy Vieja, de hoy. Mañana será otro día, y no es que quiera tirar las cosas para adelante, no soy de esos, porque sé que después no las voy a alcanzar nunca. Pero hoy me quiero dar el gusto, déjeme... -casi rogó Romualdo. -¿Le parece que estoy tan equivocado?-&lt;br /&gt; -Hacé lo que quieras. Después de todo no soy ni tu madre ni tu tutora. -Yo te voy a acompañar con el vino, y si querés, hasta preparo unas empanadas. -Dijo la anciana simulando despreocupación para enseguida recuperar su dureza. - Pero si mañana a las seis no estás de pie para salir a buscar trabajo, yo misma te voy a dar una buena pateadura... para estimularte, ¿sabés? &lt;br /&gt; Como respuesta el muchacho hizo algo que no pensaba hacer: reírse. La Vieja también estuvo a punto de descargar una carcajada, pero no se lo permitió. Prefirió levantarse mientras decía: -A mal tiempo buena cara... -agregando mientras miraba fijamente a Romualdo - ¿O nos vamos a poner a llorar porque te quedaste sin trabajo, en lugar de aprovechar la oportunidad para conseguirte otro mejor? (“Como si fuera fácil”, pensó.)  &lt;br /&gt; Cuando se quedó solo, aceptó que La Vieja estaba en lo cierto. Y también que tal vez le habían hecho un favor. (“¡Ya iban a ver!”) Por otra parte, al día siguiente tendría otro motivo para estar bien despierto: ¡a las siete de la tarde iba a encontrarse con María!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; María lo estaba esperando en la puerta del hospital.  Se la veía mucho más linda sin su delantal, vistiendo una pollera escocesa y una densa campera abotonada que a él se le antojó más apropiada para un marinero en alta mar como se los veía en el cine. Al acercarse le tendió la mano y ella le sorprendió ofreciéndole la mejilla. El la besó desconcertado. Después comenzaron a caminar por la calle mal iluminada. -¿Cómo está la herida?- Fue lo primero que quiso saber María. -¿Te sigue doliendo?&lt;br /&gt; -No, nada. Al día siguiente del accidente dejó de molestarme. Pero por desgracia, ahora tengo otras dificultades, ya ves, todo parece mal armado, se soluciona un problema y ahí nomás aparece otro.&lt;br /&gt; Ella lo miró preocupada.&lt;br /&gt; -¿Qué te pasa? Contame...  &lt;br /&gt; Se reprochó haber hablado del asunto y respondió en forma lacónica pretendiendo dar por terminado el tema. &lt;br /&gt; -Me echaron del trabajo.    &lt;br /&gt; -Pero ¿por qué? ¿Ni siquiera tuvieron en cuenta que la semana pasada te accidentaste?&lt;br /&gt; -¿Y eso tendría que importarles? No sé cómo será en el hospital, pero en la fábrica sos un número. Mientras hagas lo tuyo todo va bien, pero si dejás de hacerlo de la manera en que te lo exigen o dejan de precisarte, te despiden y listo.&lt;br /&gt; -Suena como algo cruel. -Dijo ella con tristeza.&lt;br /&gt; -Es cruel. -Reafirmó Romualdo. -Pero así parecen estar  las cosas. ¿Para qué cambiarlas? Nadie piensa en hacerlo. ¿O creés que alguien se ocupa para que la gente ande sobre rieles aceitados y suaves? Que cada uno se pudra, y si no, que se arregle como pueda. Para ellos es lo mismo.&lt;br /&gt; -Pero habría que cambiar todo eso. -Demandó María.  &lt;br /&gt; El chasqueó los labios.&lt;br /&gt; -Tenés razón, pero nadie lo va a hacer, ni acá ni en ninguna parte del mundo... porque la gente debe ser igual que aquí, al menos cierta gente... esa que no es nada buena.&lt;br /&gt; -Posiblemente, pero... ¿Y cómo te vas a arreglar? - Continuó María, a quién sólo le interesaba Romualdo.  &lt;br /&gt; -Bueno, yo no tengo familia. Es una pena, pero resulta útil en estos casos, porque tratándose sólo de mí, con lo que me pagaron puedo aguantar cuatro o cinco meses.&lt;br /&gt; -Sí, es verdad. -Comentó María intentando consolarlo. El cambió la conversación. &lt;br /&gt; -¿Querés tomar un café, o una Coca Cola y comer un sandwich? En la esquina hay un bar... Es de lo mejorcito que podemos encontrar por aquí.&lt;br /&gt; -Me gustaría mucho. Hace un poco de frío para caminar. Además, allí podemos charlar más cómodos, vernos las caras... pero cada uno paga lo suyo. - Agregó cambiando bruscamente de tema.&lt;br /&gt; -¡Ni lo sueñes! - Reaccionó el muchacho. Recordá que estoy lleno de plata. &lt;br /&gt; -Pero no es cuestión de gastarla toda esta noche. No te olvides que quedan muchas por delante. -Profetizó ella, diciendo también: -Por eso quiero que sigas siendo rico.  &lt;br /&gt; Como si lo hubieran hecho siempre, para entrar en el bar se tomaron de la mano, porque eso les infundía una mutua seguridad. Una vez en el interior se sentaron. María se quitó su campera dejando emerger su busto suave resaltado por un ligero sweater color arena. Romualdo disfrutó casi sin mirarlo la cercanía de aquel cuerpo juvenil, del cual le parecía que surgía alguna forma de secreto vigor. Ella pareció no advertir que la observaba y mientras acomodaba sobre una silla la prenda que acababa de quitarse, estuvo de acuerdo en que pidieran café. Mientras lo esperaban, Romualdo se animó.&lt;br /&gt; -Bueno, ya sabés un montón de cosas de mi vida. Yo en cambio, nada de la tuya... estoy muy curioso. &lt;br /&gt; Ella sonrió para esconder su nerviosismo, temerosa de que su compañero esperara la larga historia que todavía no había vivido.&lt;br /&gt; -Es un relato que no necesita muchas palabras. Me llamo María Ibáñez, tengo veintitrés años y una hermana de diecisiete. Vivo con mis padres, aquí cerca, terminé el secundario y seguí el curso de enfermera. Desde que me recibí trabajo en el hospital, ah, y como te imaginarás, no tengo novio.&lt;br /&gt; -Por ahora. - Bromeó Romualdo. &lt;br /&gt; -Claro. No soy tan vieja para perder las esperanzas. &lt;br /&gt; -Pero habrás tenido cientos, digo, siendo tan linda. - Insistió receloso su interlocutor mientras se quedaba por un instante sin la respuesta anhelada, interrumpido por el mozo que acababa de llegar trayendo el café. Después que se hubo alejado, ya con la modesta porción de intimidad recuperada, María pudo continuar. &lt;br /&gt; -Aunque no lo creas, no. Tuve uno solo, cuando estaba en el último año del colegio. La relación duró poco hasta que... me dejó por otra.&lt;br /&gt; -¡Tonto! - Reaccionó Romualdo.&lt;br /&gt; -¿Tonto por qué? Tal vez encontró a una chica más linda y también más buena, que es mucho más importante. ¿O te parece que no?&lt;br /&gt; -¡No debe existir una mujer así, seguro que no! - Sostuvo él con vehemente firmeza.&lt;br /&gt; -Agradezco tu opinión, pero estás equivocado. Esperá a conocerme un poco y vas a descubrir que tengo un carácter terrible. Entonces no podrás resistir las ganas de huir apenas me veas. -Aseguró ella, hablando como si fuera cierto lo que decía, pero la afirmación no tenía nada que ver con la maravillosa dulzura de su voz, con la limpia luminosidad de sus ojos claros y profundos, con su cabello rubio y limpio peinado naturalmente, con sus mejillas copiadas de la piel de la fruta más deliciosa del mejor de los veranos. Aunque no fueron estas las palabras exactas que llenaron su pensamiento Romualdo las sintió recorriendo su cabeza, dibujando en su mente un retrato de María que no estaba dispuesto a olvidar nunca. Esta idea lo animó a tomar con ternura la mano que ella mantenía sobre la mesa.&lt;br /&gt; -Disculpame María si lo considerás un atrevimiento, pero tenía... tengo, verdadera necesidad de tocarte la mano. Te puedo explicar...&lt;br /&gt; Ella lo interrumpió. &lt;br /&gt; -... Romualdo, estas cosas no se explican ¿y sabés por qué? Porque si hace falta explicarlas ya no sirven para nada. Yo tampoco  mencioné la razón por la cual aceptaba volver a verte. Me lo proponía alguien a quien no conocía y dije que sí... ¿Qué podrías haber pensado? Te habría contestado que no, y hubiera quedado a cubierto. Pero no me importó. Ahora estoy segura de que ni se te cruzó por la cabeza la idea de que por eso yo era una cualquiera.  &lt;br /&gt; -Claro que no. - Aclaró Romualdo temeroso. -Sólo a un tonto se le podría haber ocurrido algo así.&lt;br /&gt; -No hace falta que lo digas, lo sé. Lo sé desde que te vi en la camilla, desprotegido como un chico abandonado. Pensarás que soy demasiado joven para esta clase de instinto maternal, pero dicen que toda mujer, a cualquier edad, lleva en su interior un hijo en ciernes, quietecito, esperando que el amor lo despierte.&lt;br /&gt; Sintió que María estaba describiendo lo que él realmente era y siempre había sido: un chico abandonado, por lo menos, hasta que conoció a La Vieja. Pero eso no lo perturbó, mas bien, era como si lo estuvieran protegiendo desde alguna parte, y que posiblemente, era María misma la que lo resguardaba, como hacía con ese hijo que decía tener preparado en su interior, diciéndoles a los dos (al niño y a él) esas palabras tan lindas que le parecían las más maravillosas y veraces que podían escucharse en toda la tierra. &lt;br /&gt; (En alguna parte, imposible saber adónde, debe surgir una luz inefable que ilumina las cosas buenas. Ella hace que la esperanza se revitalice y acuda en auxilio de los tristes, de los desesperados, de los que han perdido los sueños y la brújula que los orienta. Pero su intensidad es tan fugaz, tan efímera su consecuencia, que rápidamente se vuelve a la contingencia de lo cotidiano, a las tristes obligaciones no siempre buscadas, a la exasperante sensación de existir en medio de algo que se parece mucho a un naufragio.)&lt;br /&gt; Siguieron contándose pequeñas anécdotas y minúsculos acontecimientos, hasta que ella advirtió que eran casi las nueve de la noche.&lt;br /&gt; -Lamentablemente tengo que irme. -Dijo.- Papá es un poco a la antigua, hasta parece que le complaciera jugar con eso, y le disgusta que llegue después de las nueve sin aviso previo. A mí me satisface seguirle el juego porque además de ser mi padre, es un hombre maravilloso. &lt;br /&gt; -De acuerdo María, nada me mortificaría tanto como provocarte un disgusto. ¿Puedo acompañarte?&lt;br /&gt; -No sólo podés sino que además te lo ordeno. -Respondió ella bromeando. &lt;br /&gt; Cuando llegaron a la casa de María, ella se subió al pequeño escalón junto a la puerta y miró con fijeza al muchacho. Esa vez, en lugar de la mejilla, le ofreció candorosamente sus labios. El los besó como si besara el aire y preguntó:&lt;br /&gt; -¿Mañana a la misma hora? ¿Querés?&lt;br /&gt; -Sí, por favor, a la misma hora. -Contestó ella y entró en la casa. &lt;br /&gt; Una vez que se despidió de María, Romualdo se sintió ansioso: necesitaba contarle a La Vieja lo que le estaba ocurriendo. ¿A quién si no? Por eso comenzó a correr como si quisiera ganarle al aire y a la luz, igual que si pretendiera ser el primero en una competencia para alcanzar el infinito donde lo esperaba una compensación sublime. Con ese ímpetu llegó hasta la casilla tarareando una canción que desconocía y que no podía identificar, y se encontró con La Vieja fritando despaciosamente las milanesas para la cena. &lt;br /&gt; La anciana pensó que era mejor que Romualdo tomara las cosas así, en lugar de andar lloriqueando la pérdida de su trabajo. “¿Pero era sólo una cuestión de buen ánimo o había otra cosa?”  &lt;br /&gt; El entró al cobertizo muy sonriente llevando la prometida botella de vino, para encontrarse con la mujer que completaba su tarea, mientras José cumplía sobre la mesa con sus trabajos para el colegio. &lt;br /&gt; -Hola Vieja... parece que tenemos milanesas, ¡qué bueno!&lt;br /&gt; -Y también parece que vos te ganaste la lotería.  -Me extraña, pero le está fallando el olfato.&lt;br /&gt; -Sin embargo debo andar cerca, ¿no? -Dijo ella manteniendo el aire de picardía. -¿O es que conseguiste trabajo? &lt;br /&gt; -Mucho mejor que eso. -Le respondió acercándose para darle un beso.&lt;br /&gt; -Zalamero, ¿en que andarás para mostrarte tan cariñoso? ¿O no me lo vas a contar?&lt;br /&gt; José dejó por un momento sus deberes y levantó la vista sonriente, para disfrutar aquella escena que se había tornado tan alegre. Siempre lo entusiasmaba presenciarlas, sabiendo que las compartía. &lt;br /&gt; -Se lo voy a decir porque a usted no puedo ocultarle nada. ¿Está preparada? - Dijo mientras colocaba la botella sobre la mesa.&lt;br /&gt; -¡Preparadísima!&lt;br /&gt; -Entonces... ahí va... ¡estoy enamorado! Y eso no es todo... ¡una mujer está enamorada de mí! ¿No le parece que es como si estuviera soñando?&lt;br /&gt; -Bueno, el que estará soñando sos vos. Pero decime, ¿Para cuándo es la boda? Preguntó La Vieja con fingida frialdad, mientras volvía a poner toda su atención sobre el sartén con las milanesas.&lt;br /&gt; -Me parece que está muy apurada por sacarme de encima, después de todo, María y yo nos conocimos la semana pasada, y hoy... hoy es apenas la segunda vez que la veo. &lt;br /&gt; -Así que se llama María... -Comentó ella mirando de nuevo a Romualdo.     &lt;br /&gt; -Lo dice como si no le gustara... -Se condolió el muchacho, para recuperarse prontamente. -Es la enfermera que me atendió en el hospital.&lt;br /&gt; -No, no es eso... me gusta mucho, María... María, como la virgen.&lt;br /&gt; -Usted debe ser bruja... y no se ofenda... no lo había pensado así, pero acaba de describirla con justeza. Sí, María es como la virgen... hasta parece hecha de aire puro, a tal punto, que da la impresión de que si uno la toca se va a escapar a una nube, como haría la virgen... &lt;br /&gt; -Muchacho...parece que te ha picado fuerte el mosquito, y eso que hoy es apenas la segunda vez que estás con ella. - Sentenció la anciana. &lt;br /&gt; El se quedó acariciando suavemente el aire con las manos felices como si estuviera rozando un sueño conseguido. &lt;br /&gt; -Tanto que ni se imagina. &lt;br /&gt; -No, si me lo imagino perfectamente, ¿o pensás que estoy dormida? -Dijo La Vieja riendo con ganas. Pero ahora dejemos por un ratito tus amoríos. Me lo estás distrayendo a José que  anda ocupado con sus trabajos del colegio, y además, me estás distrayendo a mí... en un minuto van a estar listas las milanesas. ¿Con qué las querés comer? -Agregó como si dispusiera de la carta de un restaurante.&lt;br /&gt; -¿Qué con qué las quiero? - Contestó Romualdo dando vueltas por el cobertizo como si se se hubiera vuelto loco. -Las quiero con tomate, con puré, con lechuga, con berenjenas, con arroz, con papas fritas, con zapallitos, con huevos revueltos, con batatas, con papel picado, con serpentinas, con un pedacito de luna, con dos estrellas al horno, con la última sonrisa que alguna vez le vi, con las cosas que perdí... con lo que tenga Vieja. Gracias a usted acabo de darme cuenta de que estoy muerto de hambre, y lo que es más importante, de muchas cosas más.&lt;br /&gt; La mujer lo miró sorprendida, pero acabó dejándolo por un instante de lado para dirigirse a José con  seriedad. &lt;br /&gt; -Parece que tu amigo Romualdo se va a casar pronto. Palabra de bruja, como ustedes me llaman.&lt;br /&gt; -Yo jamás la llamé así mama. -Dijo el chico como si lo hubieran sorprendido en falta.&lt;br /&gt; -Callate, que sos bueno vos también. Y ahora andá corriendo a lavarte las manos antes de que pierda la paciencia, que en un minuto voy a servir la comida. Después de la cena podés seguir con tu trabajo. &lt;br /&gt; Satisfecho por dejar los deberes, pero no tanto por tener que ir a lavarse, el chico salió a cumplir la orden mientras Romualdo se acercaba a La Vieja para abrazarla. Entonces se escuchó que con la voz entrecortada y recurriendo a una una suavidad desconocida, ella le decía:&lt;br /&gt; -Hijo... me has dado una gran alegría. No sé cómo va a resultar, porque el amor es una cosa seria y a rodeada de sorpresivos misterios, de reacciones y acontecimientos imprevistos, pero hoy y por lo que valga, estoy contenta, muy contenta. Además, sabés, creo que todo va a resultar bien, muy bien, especialmente, si María se parece a la virgen.&lt;br /&gt; En el sartén, la última milanesa olvidada amenazaba con quemarse. Pero salvo a ella, ¿a quién le importaba aquella noche?</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/4494089056965952759/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/4494089056965952759?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/4494089056965952759'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/4494089056965952759'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-11.html' title='Capítulo 11'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3757015384364958667.post-5590716664311470441</id><published>2007-08-01T18:25:00.000-03:00</published><updated>2007-08-03T19:01:59.347-03:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Alzola"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Deba"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Deva"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Donostia"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Eibar"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Euskadi"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="libros"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="literatura"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela gratuita online"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela inédita"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Ricardo Antin"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="San Sebastián"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sur paredón y"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Zarautz"/><title type='text'>Capítulo 10</title><content type='html'>10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Después de un vuelo plácido el avión que llevaba a Madelaine y Josephine, aterrizó puntualmente en &lt;a href=&quot;http://www.bilbao.net&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Bilbao&lt;/a&gt;. Alquilaron un coche y enfrentaron la autopista que después de noventa kilómetros las dejaría en &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;. El recorrido que dispusieron obedecía sumisamente a las determinaciones de la geografía dejándoles descubrir pintorescos pueblecitos: &lt;a href=&quot;http://www.eibar.net&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Eibar&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.elgoibar.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Alzola&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.deba.net&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Deba&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;http://www.zarautz.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Zarautz&lt;/a&gt;. Alternativamente subiendo y bajando, aparecían a los costados interminables secuencias que componían un paisaje donde alternaban los sembradíos con los bosques de pinos, encinas, robles y castaños elevándose por las laderas de los montes hasta sus cimas. Y de tanto en tanto sobre la izquierda, una lengua de mar se atrevía a penetrar en alguna playa rodeada de acantilados. Disfrutaron en silencio de aquel panorama que contemplaban por primera vez, ya que en viajes anteriores habían entrado a España atravesando Los Pirineos.&lt;br /&gt; Tal vez el setiembre europeo no era la época más propicia para instalarse en un lugar marítimo, cuando el otoño, como había ocurrido en Francia, parecía estar muy apremiado por llegar. Pero sabían que el clima no cuenta demasiado, y que cualquier sitio es adecuado para vivir sin obligaciones. Al llegar tomaron una habitación en el Hotel Costa Vasca, próximo a la playa de Ondarreta. A la hora de la cena bajaron al restaurante del hotel donde las recibió un maitre cordial pero extremadamente parco. Pidieron ostras, luego un exquisito lenguado a la plancha, y una botella de Albariño, ese delicioso vino gallego. La comida transcurrió mientras preparaban los planes para el día siguiente. Era como si un tardío frenesí juvenil se hubiera apoderado de ambas, alimentando el deseo de ver y de hacer cosas nuevas, como dos adolescentes que encaran sus primeras vacaciones sin la vigilancia de sus padres. Se acostaron sin dejar de hacer proyectos, y continuaban en eso cuando Madelaine preguntó:&lt;br /&gt; -¿Sabes que ya son las dos de la mañana?&lt;br /&gt; -No. He decidido no mirar el reloj durante este viaje.&lt;br /&gt; -Pero deberíamos dormir, ¿no crees?&lt;br /&gt; -Así es. Hasta mañana. -Replicó su amiga mientras suavemente cerraba los ojos.&lt;br /&gt; -Hasta mañana. -Susurró una voz ya viajando hacia el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al día siguiente, como si no les bastara el escenario de la ciudad, se encontraron tejiendo comentarios sobre ella.&lt;br /&gt; -Qué maravillosa es &lt;a href=&quot;http://www.donostia.org&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;San Sebastián&lt;/a&gt;.  - Dijo Josephine.&lt;br /&gt; -Sí, es cierto. Tiene la extraña cualidad de estar pasada de moda, y eso mismo parece darle un cálido aire de actualidad siempre renovada. Como si el tiempo fuera siempre el mismo, con el pasado fusionándose constantemente con el presente y acaso, también con el futuro alimentándose uno a otro. Te confundo, ¿verdad?- Se excusó Madelaine.&lt;br /&gt; -No, nada de eso, es que la tuya parece algo así como una concepción filosófica. -Respondió su amiga con admiración.&lt;br /&gt; -Creo que lo es. Pienso que al mismísimo Priestley &lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;(7)&lt;/span&gt; no le hubiera disgustado, por eso, no le quites jerarquía diciendo simplemente que “parece”. -Contestó prontamente su amiga con fingida seriedad.                            &lt;br /&gt; -No fue mi intención desmerecerte porque eso es lo que me gusta de ti... que puedas saltar del comentario más trivial a la reflexión más profunda. Lo haces con la misma naturalidad que utilizarías para contarme un desfile de modas. -Respondió su  amiga  con admiración.&lt;br /&gt; -Ahora quieres halagarme...&lt;br /&gt; -... ¡Claro que no! Te lo digo seriamente.&lt;br /&gt; -Está bien, te creo. - Afirmó Madelaine tratando de conseguir que concluyeran los elogios.&lt;br /&gt; Las dos amigas siguieron disfrutando los días que pasaban velozmente. En ese ir y venir que las dominaba, llegaron un mediodía a un típico y acogedor restaurante llamado Txokolo, ubicado en la zona céntrica sobre el número 4 de la calle Manterola. Allí compartieron un enorme bife de buey y bebieron vino rojo en unos vasos gigantescos riendo ante esa curiosa novedad.&lt;br /&gt; -Pensar que cierta vez me burlé de Jean-Claude comparándole con un marinero bebiendo café negrísimo y denso en un bar de Marsella. ¡Qué diría si ahora me viera! - Recordó Madelaine.&lt;br /&gt; -Tal vez diría que eres feliz. - Adujo con naturalidad Josephine.&lt;br /&gt; -Sí. Tienes razón.&lt;br /&gt; -Podríamos brindar por eso. ¿No crees? -Dijo su amiga levantando su vaso con las dos manos. Entonces Josephine llamó la atención sobre un hecho. &lt;br /&gt; -Desde que estamos aquí es la primera vez que mencionamos a un hombre. Estaba comenzando a creer que podíamos vivir sin ellos.&lt;br /&gt; -Está bien, pero no les demos a esas cosas un significado tan puntual. - Replicó Madelaine.&lt;br /&gt; Como dos turistas convencionales volvieron a hablar de lo que las rodeaba. Concluido el almuerzo salieron y a caminar por la calle San Martín. Cuando llegaron a la cercana catedral y levantaron la vista para contemplar las altas torres. Cuando bajaron la mirada, Josephine sugirió que entraran, pero Madelaine la detuvo tomándola de un brazo, como si quisiera convencerla más con el gesto que con las palabras.&lt;br /&gt; -Prefiero no hacerlo. Es algo extraño, pero me faltan ánimos para encontrarme con Dios en este momento.&lt;br /&gt; -Pensé que no hacían falta. -Comentó su amiga con candidez. Pero no dijo nada. Le pareció que lo más oportuno era mantenerse callada.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;7 Dramaturgo inglés que en algunas  piezas teatrales desarrolló interesantes teorías sobre el tiempo. Pueden citarse Esquina peligrosa, El tiempo y los Conway , Ha llegado un Inspector y Yo estuve aquí una vez.&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/feeds/5590716664311470441/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/3757015384364958667/5590716664311470441?isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5590716664311470441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3757015384364958667/posts/default/5590716664311470441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://surparedonnovela.blogspot.com/2007/08/captulo-10.html' title='Capítulo 10'/><author><name>Anonymous</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/blank.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>