<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:creativeCommons="http://backend.userland.com/creativeCommonsRssModule" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0">

<channel>
	<title>TauZero</title>
	
	<link>http://www.tauzero.org</link>
	<description>Difusión de literatura de ciencia ficción, fantasía y ciencia</description>
	<lastBuildDate>Mon, 03 Sep 2012 15:18:56 +0000</lastBuildDate>
	<language>en-US</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.1</generator>
<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
		<atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/tauzero-blog" /><feedburner:info uri="tauzero-blog" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId>tauzero-blog</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname>http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><item>
		<title>¿Se extingue la oscuridad?</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/U_CRdMnxy3Y/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2012/07/se-extingue-la-oscuridad/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Jul 2012 11:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[astronomia]]></category>
		<category><![CDATA[cancer]]></category>
		<category><![CDATA[ecologia]]></category>
		<category><![CDATA[polucion luminica]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4734</guid>
		<description><![CDATA[¿Necesitamos el cielo nocturno? ¿Qué se pierde con la desaparición de la noche? son interrogantes que plantea &#8220;The City Dark&#8221; (2012), un documental que investiga el efecto de la polución lumínica en el medio ambiente y en diversos ámbitos de la vida humana. La idea de filmar The City Dark se gesta cuando Ian Cheney, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="/files/blog/city-dark-cover.jpg" alt="" border="0" />¿Necesitamos el cielo nocturno? ¿Qué se pierde con la desaparición de la noche? son interrogantes que plantea &#8220;<a href="http://www.thecitydark.com/">The City Dark</a>&#8221; (2012), un documental que investiga el efecto de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Contaminaci%C3%B3n_lum%C3%ADnica">polución lumínica</a> en el medio ambiente y en diversos ámbitos de la vida humana.</p>
<p>La idea de filmar The City Dark se gesta cuando <a href="http://iancheney.com/">Ian Cheney</a>, cineasta y astrónomo amateur, se muda a Nueva York y nota la ausencia de estrellas debido a la excesiva luminosidad de la ciudad. Decide entonces investigar qué tipo de consecuencias trae la desaparición del cielo nocturno. Encontró que, aparte del obvio impacto negativo en la actividad astronómica, hay una serie de efectos en la salud pública, medio ambiente e incluso un eventual impacto en nuestra <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cosmogon%C3%ADa">cosmogonía</a>. Precisamente estos son los tópicos que abarca el documental.<br />
<span id="more-4734"></span></p>
<p>Si bien la dependencia de la astronomía del cielo nocturno es menos fundamental de lo que uno esperaría (los radioteslescopios no dependen de la oscuridad nocturna para obtener información del cosmos), el documental menciona una aplicación en el espectro visible que exige un cielo impoluto: la búsqueda de meteoritos/asteroides que puedan potencialmente impactar la tierra. A mayor polución lumínica, menor capacidad para rastrear <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Near-Earth_object">Objetos Cercanos a la Tierra</a>&#8216;s (NEO, Near Earth Objects, en su sigla en inglés). </p>
<p>A nivel del ciudadano de a pie, que vive en ciudades donde existe actividad permanente, se muestra que las personas con el ciclo de sueño alterado tienen una mayor tendencia a contraer cáncer. Si bien la investigación no es concluyente y se requiere mayor experimentación, la hipótesis que se menciona es que la alteración del sueño (básicamente en personas que laboran en turnos nocturnos) interrumpe la producción normal de serotonina, siendo esta alteración, por mecanismos que aún no se explican adecuadamente, la que está correlacionada con la incidencia de cáncer, en particular el cáncer de mama. <a href="http://www.skyandtelescope.com/news/home/American-Medical-Society-Addresses-Light-Pollution-162582986.html">Acá más información</a> al respecto.</p>
<p>Pero no sólo la salud humana se ve amenazada por la permanente luminosidad de las ciudades. El resplandor puede alterar el comportamiento de diversas especies animales. Se menciona el caso de aves que se desorientan y terminan estrellándose contra los edificios, y crías de tortugas que, al salir del huevo, en vez de dirigirse a la seguridad del mar, hacen el camino inverso hacia la ciudad que resplandece.</p>
<p>El &#8216;espíritu&#8217; humano también puede verse afectado por la polución lumínica ¿Qué le está sucediendo a nuestra visión como especie del cosmos? ¿De qué forma impacta en las nuevas generaciones la ausencia de las constelaciones en el cielo? De un modo u otro todas las civilizaciones en la historia del planeta han incorporado el cielo en sus sistemas de creencias. Las pirámides de Egipto, Stonehenge o Sacsayhuaman son testimonio directo de que el cielo es importante para las personas. ¿Pero qué sucede actualmente? en las mega-ciudades que resplandecen de noche, las personas pierden el contacto con el cielo estrellado y no sabemos cómo esto puede afectar a largo plazo la visión que tenemos de nuestro lugar en el cosmos. A corto plazo las personas tienden a olvidar que hay algo más allá de sus narices, y el desconocimiento es caldo de cultivo para las supersticiones. Al respecto se puede apuntar que los fenómenos celestes normalmente generan miedo y tienden a asociarse al fenómeno ovni (en el mejor de los casos) o el fin del mundo (en el peor). La literatura de ciencia ficción tiene un par de ejemplos sobre esto: &#8220;<a href="http://cuentoconustedes.blogspot.com/2011/09/anochecer-1969-de-isaac-asimov.html">Anochecer</a>&#8221; de Isaac Asimov y la novela de Douglas Adams &#8220;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/La_vida,_el_universo_y_todo_lo_dem%C3%A1s">Vida, el universo y todo lo demás</a>&#8220;.</p>
<p>The City Dark hace una revisión de los temas señalados pero queda la sensación de que el tiempo es insuficiente para tratarlos con la profundidad adecuada. Idealmente este documental funcionaría mejor como una miniserie de varios capítulos, en donde se explore exhaustivamente cada tópico. No obstante lo anterior, se cumple el objetivo de dar a conocer los problemas que nos hemos adjudicado por nuestro estilo de vida citadino. El/la interesado/a en profundizar en el tema de la polución lumínica tiene un buen punto de partida con este documental.</p>
<p>Sesenta minutos que no tienen desperdicio.</p>
<p>Más información:</p>
<ul>
<li><a href="http://www.pbs.org/pov/citydark/">Ver online en pbs.org</a> (desde 6 de julio al 5 de agosto 2012)</li>
<li><a href="http://www.amazon.com/The-City-Dark-Ian-Cheney/dp/B0081HP71Q/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;qid=1342670198&amp;sr=8-1&amp;keywords=the+city+dark">Comprar DVD</a> en amazon.com (versión de 84 minutos, sin subtítulos)</li>
<li><a href="http://www.darksky.org/">International Dark Sky Association</a> (Para aprender más sobre polución lumínica)</li>
</ul>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2012/07/se-extingue-la-oscuridad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2012/07/se-extingue-la-oscuridad/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>El Futuro Imaginado, por Omar Vega</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/OD6MGZnyArQ/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2012/07/el-futuro-imaginado/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Jul 2012 14:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Omar Vega]]></category>
		<category><![CDATA[el futuro imaginado]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4706</guid>
		<description><![CDATA[El martes 24 de julio de 2012, en la Biblioteca de Santiago, se realizará la presentación del ensayo &#8220;El Futuro Imaginado&#8221; de Omar Vega. Presentan el periodista y divulgador científico Gonzalo Argandoña y el editor Marcelo Novoa. El Futuro Imaginado marca el debut de Puerto de Escape en la publicación de ensayos, agrupados bajo el [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El martes 24 de julio de 2012, en la <a href="http://www.bibliotecasantiago.cl/">Biblioteca de Santiago</a>, se realizará la presentación del ensayo &#8220;<a href="http://puerto-de-escape.cl/2012/el-futuro-imaginado/">El Futuro Imaginado</a>&#8221; de <a href="http://www.tauzero.org/category/autor/omar-vega/">Omar Vega</a>. Presentan el periodista y divulgador científico <a href="http://twitter.com/gonzaloargando">Gonzalo Argandoña</a> y el editor Marcelo Novoa. El Futuro Imaginado marca el debut de <a href="http://puerto-de-escape.cl">Puerto de Escape</a> en la publicación de ensayos, agrupados bajo el sello &#8220;Biblioteca Alternativa Tesla&#8221;.</p>
<p>¿De qué va el libro?, en palabras del autor:</p>
<blockquote><p><strong>El Futuro Imaginado</strong> trata de la historia de la anticipación, de cómo predecir el mañana, y sobre el rumbo que está tomando el mundo. <strong>El Futuro Imaginado</strong> anima a dejar de lado los espejos mágicos y las bolas de cristal, para usar el único instrumento con que cuenta el ser humano para mirar el porvenir: su imaginación.</p>
<p><strong>El Futuro Imaginado</strong> describe, quizás por primera vez de manera explícita, las técnicas usadas por los visionarios para predecir el futuro. Después de enunciarlas quedará claro que no se trata de nada oculto, sino sólo de un método que permite controlar la imaginación hacia lo posible, descartando las falsas ilusiones.</p>
<p>Entre los profetas del futuro, que aparecen en <strong>El Futuro Imaginado</strong>, hay una fauna variopinta con todo tipo de personalidades. Algunos son en extremo entusiastas, y creen que el futuro llegará “en los próximos veinte años”. Otros son tan pesimistas que creen que nada cambiará en mil. En <strong>El Futuro Imaginado</strong> se muestran casos curiosos de agoreros que erraron por ser muy positivos o exageradamente escépticos, sacándose de ellos la lección de que el futurista debe tener una visión balanceada de las posibilidades del desarrollo humano, sin extremismos.</p>
<p>Sin tratar de ser exhaustivo, ni académico, <strong>El Futuro Imaginado</strong> investiga en toda la historia humana, y en todas las culturas, las intuiciones del futuro, dejando en evidencia las farsas y buscando las causas de los aciertos. En base a eso, cree encontrar un método para que usted mismo prediga el futuro. Además, a modo de ejercicio, presenta la respuesta personal del autor a la pregunta clásica: ¿Para dónde vamos?</p></blockquote>
<p><span id="more-4706"></span></p>
<p>En el fundo del fandom, Omar es un conocido entusiasta de diversos foros y ezines  (<a href="http://www.tauzero.org/category/autor/omar-vega/">acá</a> se pueden leer los textos publicados en tauzero), posiblemente baneado de más lugares de los que quiera reconocer. De formación académica ingenieril, su área de interés son el retrofuturismo y la ciencia ficción dura, y de cómo esta puede o no anticipar aplicaciones de la ciencia y la técnica (seguramente en su ensayo dirá mucho más de este tema). Como muchos de los que vivieron en su niñez la carrera espacial, crecieron con HAL9000 y el Millenium Falcon, Omar está un tanto desilusionado del estado de la ciencia y la tecnología actual, en donde las personas talentosas ya no sueñan con trabajar en la NASA, sino que aspiran a un escritorio cómodo y bien remunerado en google.</p>
<p>El evento de lanzamiento será el martes 24 de julio a las 19:00 hrs en la Terraza de Lectura de la Biblioteca de Santiago, ubicada en <a href="http://goo.gl/maps/iBZy">Matucana 151, metro Quinta Normal</a> (entrada liberada).</p>
<p>Más información:</p>
<ul>
<li><a href="http://anticipacion.blogspot.com/2012/06/pronto.html">Preguntas que resolverá el libro</a>.</li>
<li><a href="http://puerto-de-escape.cl/2012/el-futuro-imaginado/">Información</a> para adquirir el libro.</li>
<li><a href="http://anticipacion.blogspot.com/2012/07/la-trompeta-del-juicio.html">Leer un capítulo</a>.</li>
</ul>
<p><strong>Fuente</strong>: Comunicado de prensa</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2012/07/el-futuro-imaginado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2012/07/el-futuro-imaginado/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>El hombre que miraba al mar</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/OYF5Bx68PkU/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/06/el-hombre-que-miraba-al-mar/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Jun 2011 14:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Raul Sánchez]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[mar]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4673</guid>
		<description><![CDATA[Dicen que la casa del acantilado era habitada por la misma persona desde hacía más de cien años. Esas historias me impresionaban de pequeño igual que a todos los niños del pueblo. Cuentan que ese hombre salía todas las mañanas y se sentaba en un murito al borde del acantilado y se quedaba allí sin [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/man-looking.jpg">Dicen que la casa del acantilado era habitada por la misma persona desde hacía más de cien años. Esas historias me impresionaban de pequeño igual que a todos los niños del pueblo. Cuentan que ese hombre salía todas las mañanas y se sentaba en un murito al borde del acantilado y se quedaba allí sin moverse hasta que se ponía el sol. Que lo único que hacía era mirar al mar. En el pueblo se manejaban todas las hipótesis posibles; decían que se había cansado de trabajar  y dedicaba su vida a la contemplación del mar, otros comentaban que miraba el mar porque éste se había cobrado la vida de su único amor, también se decía que estaba esperando el regreso de una persona importante o que cada uno puede hacer lo que quiera con su vida. La hipótesis dependía de a quién le preguntaras.<span id="more-4673"></span></p>
<p>Los niños siempre estábamos tentados de entrar en la propiedad de aquel hombre y acercarnos a él todo lo posible. Más de una vez algunos valientes se habían acercado a él y se habían detenido a no más de veinte metros de la figura que se recortaba contra el cielo azul, y sin más dilación habían dado media vuelta diciendo que el hombre había girado la cabeza hasta dejarla en una posición antinatural, sin girar el cuerpo, y les había mirado con unos ojos rojos como los del diablo. Una vez me armé de valor por conquistar la admiración de una chica muy guapa y me había acercado a diez metros de aquel hombre. Mi corazón palpitaba con tal fuerza dentro de mi pecho, que durante el tiempo que pasé quieto contemplando la espalda de la figura humana allí sentada sobre el murito, pensé que saldría disparado. La verdad es que el estupor que sufrí no me permitió pensar en nada más que en dar media vuelta y salir corriendo. Gracias a esta hazaña, ya que fui la persona que más se había acercado al hombre del murito, me granjeé la admiración de Ana (aquella chica tan guapa), la que ahora es mi mujer y con la que disfruto de dos niños preciosos – porque salieron a ella-. Muchas veces he hablado de ese hombre que aún sigue sentado en el murito mirando al mar con mi mujer y mis hijos. Ambos – mi mujer y yo – sabemos que el día que me acerqué al hombre me causó una gran impresión, si bien es cierto que antes de ese momento ya profesaba una gran curiosidad hacia su persona, y sobre todo hacia el motivo por el que un hombre se sentaba en un murito todos los días de su vida a contemplar el mar. Mis hijos lo ven como un superhéroe allí sentado vigilando el pueblo para que nada malo pueda sucedernos.</p>
<p>Siendo adolescente me senté muchos días en la playa a contemplar el mar para descubrir qué era lo que fascinaba a aquel hombre. Mis amigos se reían de mí y me decían que si hacía esas cosas terminaría como el loco del acantilado &#8211; que es como lo llamaban los jóvenes del pueblo en voz baja para que los mayores no se enterasen -. Ya que incompresiblemente para nosotros, los mayores del pueblo le profesaban un gran respeto. Una de las veces que estaba en la playa contemplando el mar mientras mis amigos se dedicaban a jugar y tontear con las chicas, se acercó mi padre a donde yo me encontraba y para mi sorpresa  posó su corpachón a mi lado. Después de un rato mirando al mar sentado junto a mí, mi padre me dijo:</p>
<p>– Hijo mío, Ana me ha dicho que vienes aquí a contemplar el mar para descubrir qué es lo que busca el hombre del acantilado.</p>
<p>– Sí, papá – le dije admirado por su preocupación hacia mis asuntos – es que no entiendo por qué un hombre se sienta todos los días en un murito mirando al mar y no se relaciona con nadie.</p>
<p>– A veces hijo – me respondió mi padre  lo más amablemente que pudo – la gente hace cosas que los demás no entienden y no creen que deban explicárselas a nadie.-</p>
<p>– Pero eso no es normal.- respondí lleno de confianza.</p>
<p>– Ese hombre no siempre se ha comportado así.</p>
<p>Fue en ese momento cuando mi padre acaparó toda mi atención, y al ser consciente de ello continuó narrándome la historia de aquel hombre que todos los días se sentaba en el murito mirando al mar.</p>
<p>– Cuando ese hombre llegó al pueblo, una tormenta lo había asolado. Nadie supo cómo había conseguido llegar hasta aquí. Él les explicó que había sufrido un accidente y había arribado a la isla. Ayudó a las gentes de aquí a construir las casas que la tormenta había destruido. Así mismo les ayudó a rehabilitar los campos que se encontraban anegados por las lluvias. Durante años ese hombre se implicó con la comunidad y vivió y compartió con ellos penas y alegrías. Todo esto ocurrió en tiempos de tu abuelo. También es cierto que cuando yo tenía tu edad me parecía igual de raro que a ti. Era una persona que no encajaba con las gentes de este pueblo pero aún así lo aceptaron de buen corazón, y él los recompensó con creces. Es por esos años en que ayudó al pueblo por lo que le cedieron tierras en lo alto del acantilado, ya que nadie quería vivir alejado del pueblo y él las aceptó de buena gana. Pasados unos años de tener las tierras y haber construido la cabaña en la que vive, adquirió los hábitos que mantiene hasta ahora.</p>
<p>– Es por eso por lo que todos en el pueblo lo tratan con respeto.</p>
<p>– Así es.</p>
<p>Entonces una idea cruzó mi cabeza como un rayo que atraviesa el cielo para estrellarse contra el suelo y con la misma contundencia golpeó mi mente.</p>
<p>– Pero papá entonces ese hombre tiene…</p>
<p>– No lo sabemos, ni queremos pensar en ello – respondió mi padre antes de que las últimas palabras salieran de mi boca – él nunca nos ha hecho nada malo y todos le estamos agradecidos. Ahora puede dedicar su tiempo a lo que crea más importante para él.</p>
<p>– Ya entiendo.</p>
<p>– Muy bien hijo. Diviértete con los demás y no pierdas el tiempo intentando comprender algo que sólo ese hombre puede explicarte.</p>
<p>Dicho esto mi padre levantó su cuerpo de la arena de la playa y se marchó a continuar con sus quehaceres en el muelle. Y a mí me dio la solución a mis problemas. Desde aquel día hice una vida normal para alivio de Ana y mis padres, pero la idea de encontrar la respuesta a mi pregunta no desapareció de mis pensamientos, aunque por respeto a mi padre y a Ana decidí posponerlo hasta que llegase el momento adecuado. Sólo esperaba que el hombre siguiera allí para satisfacer mi curiosidad.</p>
<p>Seguí los pasos de mis amigos dedicando mi adolescencia a disfrutar de la despreocupación propia de esa edad. Y cuando estuve preparado seguí los pasos de mi padre, ya que yo soy el hermano mayor, y me hice a la mar con él todos los días para traer la comida a nuestras casas. La vida conyugal mejoró considerablemente ya que las preocupaciones habían desaparecido, salvo claro está las propias de mi profesión y la familia.</p>
<p>Todos los días me hacía a la mar con mi padre pero mis pensamientos siempre estaban rondando la misma idea, en parte porque día tras día al salir a faenar veía la figura en lo alto del acantilado mirando al mar. Y de esta forma pasaron los años. Mi familia creció y mi felicidad también. Pero la duda seguía martilleando mi mente cuando bajaba la guardia.</p>
<p>Un día no lo pude aguantar más y en el desayuno cuando los niños se habían ido a la escuela le dije a Ana:</p>
<p>– Cariño ya no puedo soportarlo más. He estado aguantando todos estos años. He intentado aplacar mi curiosidad pero no soy capaz de aguantarlo por más tiempo.</p>
<p>– No te entiendo – me respondió ella sentándose en una silla de la cocina frente a mí.</p>
<p>– Te estoy hablando del hombre del acantilado.</p>
<p>– ¿Otra vez con esa idea? Creía que lo habías entendido aquel día en la playa con tu padre.- Su rostro mostró la preocupación que invadía su corazón en aquellos momentos.</p>
<p>– La verdad es que nunca se me ha ido de la cabeza, pero lo dejé de lado todo el tiempo que pude por el amor que te tengo y el respeto a mi padre. Pero la verdad es que ya no aguanto más la curiosidad y necesito una respuesta, sea la que sea.-</p>
<p>– Pero cariño ese hombre no tiene nada que decirte.</p>
<p>– Pero Ana, ese hombre sigue ahí sentado en el murito frente al acantilado, y ahora ni siquiera vuelve a su cabaña.-</p>
<p>Ana tardó un tiempo en responder, que a mí se me antojó eterno, mientras le daba vueltas al problema. Y al fin dijo:</p>
<p>– Bueno cariño, la verdad es que has hecho un gran esfuerzo por tu familia y creo que debes satisfacer tu curiosidad para proseguir tu vida y ser feliz con nosotros.</p>
<p>– ¡Sabía que lo entenderías! – dije excitado –  Dile a mi padre que hoy no podré faenar con él pero que esta tarde me acercaré al puerto para ayudarle con las redes.</p>
<p>– No te preocupes que se lo diré.– Me respondió con cariño mientras me daba un beso de aprobación.</p>
<p>Así fue como esa mañana se había decidido que mi curiosidad fuese saciada después de esperar más de quince años. Tomé un desayuno frugal y me dirigí con paso firme hacia la cabaña del acantilado. Hacía tanto tiempo que no me acercaba a aquel lugar que estaba convencido que tardaría más tiempo en llegar. Pero claro cuando me había dirigido hacia allí por última vez era un niño. Llegué hasta el borde exterior de la vallita que bordeaba la propiedad y miré hacia el interior del recinto con una sensación de miedo y excitación,   exactamente igual que cuando era niño. Abrí la puertecita que me daría acceso a la finca y me sorprendió que la vallita blanca continuara igual que cuando era niño, así que le eché un vistazo más de cerca y cual fue mi sorpresa al descubrir que lo que yo creía que era madera pintada de blanco resultó ser metal. Pero en el pueblo nadie utilizaba metal porque estando tan cerca del mar éste se oxidaba con mucha facilidad y requería de un gran mantenimiento. Sin embargo el metal de la vallita estaba en perfecto estado y que yo supiera el loco del acantilado nunca le había dado ni una mano de pintura. Tras este sorprendente hallazgo me dirigí con paso firme hasta el lugar donde el hombre estaba sentado mirando al mar. Volví a pararme a diez metros de la figura que se recortaba contra el cielo azul de la mañana. Mi corazón se reveló en mi pecho como en mi niñez y tuve que pararme y repetirme una y otra vez que no había nada que temer de ese buen hombre que en otro tiempo ayudara a reconstruir el pueblo. Este pensamiento no consiguió apaciguar mi corazón, pero aún así con paso vacilante recorrí el corto tramo que nos separaba a ambos. Cuando logré situarme a su lado mi corazón latían con tal fuerza que parecía haberse desplazado hacia mi cabeza. No daba crédito a lo que veía. A mi lado se encontraba sentado mirando al frente un hombre de no más de treinta y pocos años – recordé que mi padre me había dicho que el hombre llegó en los tiempos de mi abuelo -, con el cabello castaño perfectamente cortado, no presentaba signos de vello facial, su piel era del color de la gente nórdica  cuando debía haberse tostado al sol con la exposición continuada. Vestía con ropa pasada de moda. Las manos reposaban en su regazo de forma natural y sus piernas colgaban del murito inmóviles. Tardé unos segundos en reaccionar mientras me repetía que ya que había llegado hasta aquí no podía echarme a correr como siendo un niño, y sobretodo que no tendría otra oportunidad de saciar mi curiosidad. Me decidí a animar al hombre con un golpecito en la espalda por si se había quedado dormido y no había reparado en mi presencia – aunque lo dudaba, pero no perdía nada por probar –. Alcé el brazo derecho y le di una palmada en la espalda. Cuando mi mano entró en contacto con la espalda del hombre lo atravesó como si estuviera hecho de cartón piedra. Espantado por lo ocurrido me ayudé de la otra mano para desembarazarme del cuerpo del hombre. Estaba tan nervioso y tan concentrado en sacar la mano de la espalda del  hombre que no me di cuenta que lo había levantado en peso y al empujar para sacar mi mano de su espalda empujé su cuerpo. Al quedar libre mi mano, impulsé su cuerpo hacia delante y éste cayó al precipicio perdiéndose entre las olas del acantilado.</p>
<p>No sé cuánto tiempo pasé allí de pie mirando al murito y las olas del acantilado, sin poder explicarme qué era lo que había ocurrido. Entonces la cordura volvió a mí y emprendí una carrera alocada hacia mi casa sin preocuparme por nada más que llegar a la seguridad de mi hogar y poner en claro lo ocurrido. Sé que tropecé repetidas veces y caía al suelo de bruces por las heridas que presenta mi cara. Cuando entré en mi casa sin aliento me dirigí a la cocina y bebí un vaso de agua de un solo trago mientras Ana me miraba con estupor.</p>
<p>– ¡Qué ha ocurrido! ¡Estás pálido y herido!</p>
<p>Me senté en una silla de la cocina y le indiqué a Ana que hiciera lo mismo. Utilicé todo el valor que me quedaba para tranquilizarme y explicarle a mi mujer lo ocurrido. Cuando hube acabado, mi mujer tardó unos segundos en cerrar la boca y parpadear. Pasamos bastante tiempo sentados el uno frente al otro no haciendo más que mirarnos. Cuando pasó el shock decidimos que lo mejor era guardar el secreto.</p>
<p>Esa tarde bajé al muelle a ayudar a mi padre con las redes, Ana me repitió una y otra vez que ella le diría a mi padre que yo no podía ir porque me encontraba mal, pero que si iba sería muy embarazoso y quizás no pudiera mantener el secreto con mi padre. Esa idea ya había pasado por mi mente pero al fin y al cabo era mi padre, y la gente del pueblo se daría cuenta de que la figura que coronaba el acantilado y que veían todos los días había desaparecido. Así pues debía enfrentarme a los hechos y ver qué pasaba. Una vez en el muelle saludé a mi padre con menos cariño que de costumbre y me dispuse a arreglar las redes. Mientras realizaba mi labor mi padre me dijo:</p>
<p>– El hombre del acantilado no está.</p>
<p>Ante esta afirmación tan sencilla y contundente mi rostro reflejó la preocupación que me estrangulaba.</p>
<p>– Igual que vino se fue.- Dijo a modo de respuesta mi padre mientras me miraba y esbozaba una sonrisa.</p>
<p>Pasamos la tarde arreglando las redes y comentando las trivialidades de la vida en la mar y de nuestras familias, como cualquier otro día. Sin embargo desde aquel día cada vez que me hago a la mar miro al acantilado y a mi mano derecha intentando explicarme qué fue lo que ocurrió allí aquel día [x].</p>
<p><strong>Autor</strong>: Raul Sánchez<br />
<strong>imagen</strong>: <a href="http://ideapart.deviantart.com/art/bon-jour-tristesse-192764585">bon jour tristesse</a> by ~ideapart</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/06/el-hombre-que-miraba-al-mar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/06/el-hombre-que-miraba-al-mar/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Sistema Cerrado</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/lDwwl8o8FlY/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/06/sistema-cerrado/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 14:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Guayec Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[espacio]]></category>
		<category><![CDATA[nave]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4670</guid>
		<description><![CDATA[A veces quiero un amanecer lluvioso, pero es la nave la que decide. Se supone que sabe lo que hace. Si hay mucho trabajo toca cielo despejado y uno de tres paisajes: montaña, ciudad o desierto. Los de montaña me gustan mucho pero son mejores los de ciudad, son más excitantes. Pierdes un poco de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A veces quiero un amanecer lluvioso, pero es la nave la que decide. Se supone que sabe lo que hace. Si hay mucho trabajo toca cielo despejado y uno de tres paisajes: montaña, ciudad o desierto. Los de montaña me gustan mucho pero son mejores los de ciudad, son más excitantes. Pierdes un poco de tiempo tratando de reconocer los edificios; al menos adivinar el país. La nave lo sabe. La nave no quiere que te pases el día con la duda en la cabeza y siempre al salir del baño te da los datos del amanecer. Estambul (Turquía), septiembre, por ejemplo. De vez en cuando es bueno para la moral ver ciudades y coches y casas y gente, pero hay que saber dosificar estas cosas o terminas deprimiéndote. Desesperándote. La nave lo sabe y por eso casi siempre tocan montañas o mar.<span id="more-4670"></span> Amaneceres lluviosos también, si la nave piensa que hay posibilidades de un ataque de ansiedad. Lluvia, nubes y viento para calmar las cosas. Son mis favoritos pero bajan la productividad, aumentan la probabilidad de sufrir accidentes o pasar detalles por alto. La melancolía es peligrosa en la nave. Todos tenemos amaneceres diferentes, según la telemetría. La música también la decide la nave. Y la comida. Y las lecturas, los juegos y las películas. Somos sólo un mecanismo de emergencia, redundancia en el sistema. Estamos despiertos simplemente porque no han inventado la hibernación. O no la habían inventado cuando salimos de casa. Fuimos los primeros en dejar la Tierra, pero a veces pienso que en estos siete años pueden haber pasado muchas cosas. Tal vez mejores naves, más rápidas y más brillantes, llenas de clones en suspensión o androides, nos adelantaron hace diez meses o treinta meses. Tal vez cuando lleguemos, si es que llegamos, viejos, cansados y tristes, tal vez a nadie le importe. Los primeros en salir y los últimos en llegar. A veces pienso estas cosas, pero nunca por mucho tiempo. La nave lo nota en seguida y lo arregla con endorfinas. Entonces pienso que no hay nada más hermoso que un amanecer en el Tíbet y que todo va bien y somos héroes y vaya, ¿están sonando los Beatles? Hoy va a ser un buen día.</p>
<p><strong>Autor</strong>: Guayec Perdomo</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/06/sistema-cerrado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/06/sistema-cerrado/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/48F4QeSWTQI/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/05/sentido-y-sensibilidad-y-monstruos-marinos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 May 2011 14:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Rodrigo Mundaca]]></category>
		<category><![CDATA[mashup]]></category>
		<category><![CDATA[monstruos]]></category>
		<category><![CDATA[quirk classics]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4648</guid>
		<description><![CDATA[Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos (Ben Winters, 2009) corresponde al segundo título publicado por editorial Quirk Classics, cuyo objetivo fue generar un nuevo nicho editorial a partir de la creación de mashups de novelas clásicas (liberadas de derechos de autor) con diversos tópicos de la ciencia ficción y cultura pop. El primer título fue [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.tauzero.org/files/blog/sentido-sensibilidad-1.jpg"><a href="http://www.quirkclassics.com/index.php?q=senseandsensibilityandseamonsters"><em>Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos</em></a> (Ben Winters, 2009) corresponde al segundo título publicado por editorial <a href="http://www.quirkclassics.com/">Quirk Classics</a>, cuyo objetivo fue generar un nuevo nicho editorial a partir de la creación de <em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Mashup_(book)">mashups</a></em> de novelas clásicas (liberadas de derechos de autor) con diversos tópicos de la ciencia ficción y cultura pop.</p>
<p>El primer título fue <a href="http://www.tauzero.org/2010/01/orgullo-y-prejuicio-y-zombies/"><em>Orgullo y prejucio y Zombies</em></a> (Seth Grahame-Smith, 2009). El éxito fue tal que a estas alturas ya existe sobre una decena de títulos que explotan este subgénero. Por ejemplo, <em>Orgullo y Prejuicio y Zombies</em> tiene una <strong>precuela</strong>: &#8220;<a href="http://www.quirkclassics.com/index.php?q=dawnofthedreadfuls"><em>Pride &#038; Prejudice &#038; Zombies: Dawn of the Dreadful</em></a>s&#8221; (Steve Hockensmith, 2010) y aquella a su vez tiene una <strong>secuela </strong>&#8220;<a href="http://www.quirkclassics.com/index.php?q=DreadfullyEverAfter"><em>Pride &#038; Prejudice &#038; Zombies: Dreadfully Ever After</em></a>&#8221; (Steve Hockensmith, 2011).<span id="more-4648"></span></p>
<p>Volviendo a <em>Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos</em>: si tuviera que dar una opinión displicente en formato twitter, diría simplemente: &#8216;chiste repetido, sale podrido&#8217;, pero como ello es demasiado reduccionista, a continuación mis impresiones.</p>
<p>Por supuesto, cuidado con los spoilers.</p>
<p><em>Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos</em> está ambientada, al igual que Orgullo y [...], en una Inglaterra pre-Victoriana, en donde un evento conocido como &#8220;La Alteración&#8221; ha provocado la proliferación de toda clase de animales marinos extremadamente violentos. La narración está centrada en la familia Dashwood, compuesta por la madre, la señora Dashwood, y sus tres hijas Elinor, Marianne y Margaret. La señora Dashwood ha enviudado recientemente y perdido la posesión de sus bienes materiales, los que ahora son propiedad propiedad del hijo varón del primer matrimonio de su esposo. Debido a este percance, la familia Dashwood debe buscar nuevo hogar, estableciéndose, por motivos que se explican en la historia, en una isla ubicada en la zona de mayor concentración de monstruos marinos.</p>
<p>En este violento y peligroso escenario, las hermanas Dashwood buscan el amor. Y aparentemente lo encuentran: Marianne en el guapísimo mister Willoughby y Elinor en mister Ferrars. Una tercera arista en este escenario va por cuenta del maduro, educado y muy adinerado coronel Brandon, quien está enamorado de Marianne pero que lamentablemente no es correspondido debido a su terrorífico aspecto: posee tentáculos en su rostro, los que son tan vistosos como viscosos y que no pueden ser obviados por la discreción inglesa. Es más, provoca tal repulsión que las jovencitas apenas si pueden evitar vomitar en su presencia.</p>
<p>Cuando las piezas del juego del cortejo parecen indicar que habrá declaraciones de amor y matrimonios y finales felices, el guapísimo mister Willoughby y mister Ferrars, para desesperación de sus enamoradas, deben ausentarse y enfilar rumbo a la Estación Submarina Beta, una ciudad emplazada en pleno territorio <em>enemigo</em>, construida sobre el fondo marino, y protegida por una gigantesca cúpula de cristal: la obra de ingeniería más grande del imperio británico. Es en esta opulenta ciudad, en donde las intrigas, engaños amorosos y malentendidos se mezclan con ataques de narvales, conspiraciones de tritones y extrañas visiones de origen sobrenatural. A eso hay que sumarle ataque de piratas y una amenaza bíblica fuera de toda escala&#8230;</p>
<p>La narración de <em>Sentido y Sensibilidad y Monstruos Marinos</em> me recuerda bastante a la película &#8220;<em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Naked_Gun">The Naked Gu</a>n</em>&#8220;: los personajes dialogan y reflexionan sobre el clima o la conveniencia de casarse de tal o cual galán, ello mientras en segundo plano se <a href="http://www.youtube.com/watch?v=b6JY4UtaB0E">desarrolla alguna acción absurda</a>. Por ejemplo, alguien podría estar teniendo un accidente, o siendo asesinado, y los personajes no se darían cuenta de ello. Y si lo hicieran sería únicamente para comentar en forma indolente que es de mala educación dejarse engullir por un pulpo gigante y derramar tanta sangre en presencia de dos señoritas solteras. Este recurso funciona un par de veces, pero se tiende a abusar de ello. El resultado es que el contexto fantástico/sobrenatural pareciera no integrarse limpiamente con el hilo de la novela original. Es decir, con relativamente poco esfuerzo podría editarse el texto, sacar los monstruos marinos y reemplazarlos por plantas carnívoras, o aliens, o dinosaurios.</p>
<p>Podría decirse entonces que el mashup no está muy bien logrado.</p>
<p>Por otro lado, no es muy agradable la forma como se resuelve un misterio central de la novela: con un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Deus_ex_machina">deus ex machina</a>. Es imposible deducir la solución a partir de los acciones de los personas o de los elementos narrados. A relativamente pocas páginas de finalizar la novela, pasado el momento clímax, un personaje revela información clave como quien saca un conejo de un sombrero de mago, interrumpiendo el diálogo entre los protagonistas. Esto es perdonable únicamente porque la novela en ningún momento se toma en serio y porque, a esas alturas, como que da un poco lo mismo lo que suceda, considerando que el momento clímax ya había sucedido.</p>
<p>El resultado final es un sabor un tanto amargo y decepcionante. Le doy 2 de 5 puntos.</p>
<p>No obstante lo anterior, no me siento nada decepcionado por el género mashup. Es más, tengo muchísima curiosidad por leer <em>&#8220;Androide Karenina&#8221;</em>, &#8220;<em>La Meowmorfosis&#8221;</em> (Gregorio Samsa se transforma no en cucaracha, sino en un <a href="http://icanhascheezburger.com/">LOLCAT</a>) y &#8220;Abraham Lincoln Cazador de Vampiros&#8221;. Por otro lado, con lo mucho que me gustó &#8220;Orgullo y Prejucio y Zombies&#8221;, tengo un gran interés en su <a href="http://www.quirkclassics.com/index.php?q=dawnofthedreadfuls">precuela</a>, y en la <a href="http://www.quirkclassics.com/index.php?q=DreadfullyEverAfter">secuela de la precuela</a>&#8230;</p>
<p><strong>Titulo</strong>: Sentido Y Sensibilidad Y Monstruos Marinos<br />
<strong>ISBN</strong>: 9788489367821<br />
<strong>Autor</strong>: Jane Austen &#038; Ben H. Winters<br />
<strong>Editorial</strong>: Umbriel Editores (edición en castellano) </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/05/sentido-y-sensibilidad-y-monstruos-marinos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/05/sentido-y-sensibilidad-y-monstruos-marinos/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Corto: El circo de las luces</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/LS92F0DkMXU/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/03/corto-el-circo-de-las-luces/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 15:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[mortis]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4636</guid>
		<description><![CDATA[Como parte de las actividades previas al lanzamiento oficial de la novela gráfica “MORTIS: ETERNO RETORNO” nos congratulamos en ofrecerles por primera vez la posibilidad de ver on line el cortometraje “El Circo de las luces”. Disfrútenlo. El Circo de la Luces from Mortis on Vimeo. El corto se estrenó el viernes 14 de agosto [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Como parte de las actividades previas al lanzamiento oficial de la novela gráfica “MORTIS: ETERNO RETORNO” nos congratulamos en ofrecerles por primera vez la posibilidad de ver on line el cortometraje “El Circo de las luces”. Disfrútenlo.</p>
<p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/20599608" width="600" height="305"  frameborder="0"></iframe>
<p><a href="http://vimeo.com/20599608">El Circo de la Luces</a> from <a href="http://vimeo.com/doctormortis">Mortis</a> on <a href="http://vimeo.com">Vimeo</a>.</p>
<p><span id="more-4636"></span>El corto se estrenó el viernes 14 de agosto de 2009, en la sala Ercilla de la Biblioteca Nacional, en el contexto del festival de historietas “Viñetas del fin del mundo&#8221; y desde entonces ha participado en numerosos festivales locales e internacionales (Concomics 2009; 5º Festival Inbternacional de Cine Independiente de la Plata, Argebtina; Festival Internacional de Cortometrajes del CUSCO de Perú; Festival de cine de Ovalle; Fecinsur; festival de Cine de Lebu; Cineteca nacional; Anima 2010; VI Festival Iberoamericano de Cortometrajes Al extremo; Cinefantasy Film de Brasil; Fixion Sars, el 3º Festival de cine fantástico y de terror de Santiago; Festival Cine//B_3; Buenos Aires Rojo sangre-Festival Internacional, entre otros)</p>
<p>El film, fue realizado por el colectivo “<a href="http://www.artes.uchile.cl/uchile.portal?_nfpb=true&#038;_pageLabel=not&#038;url=58071">Falso Mártir</a>”, formado por estudiantes del Diplomado de Realización Cinematográfica de la Universidad de Chile y contó con la dirección de Francisco Inostroza. Está basado en la historieta on line: “Circus” del propio Francisco Inostroza en dibujos de Brian Wallis en el guión. Esta historieta es parte de nuestra serie “<a href="http://inabsentia.mortis.cl/">In absentia Mortis</a>”.</p>
<p>La propuesta visual del cortometraje ehibe resabios del expresionismo alemán y tiene como protagonista al gran actor Luis Alarcón que encarna al némesis de Mortis, el Padre Hans Libby.</p>
<p>Alarcón tiene méritos de sobra como actor nacional, pero además exhibe un título que nos honra, él fue uno de los primeros miembros de la compañia radioteatral de don <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Marino_Cabello">Juan Marino</a>, creada en 1945 en la austral ciudad de Punta Arenas y particpó así mismo en los primeros relatos radiales de Mortis.</p>
<p>Agradecemos a Francisco Inostroz, Brian Wallis y a Felipe Millón por su apoyo y dedicación.</p>
<p>Disfruten de este maravilloso regalo audiovisual.</p>
<p>Arcano Cuarto</p>
<p><strong>Fuente</strong>: Comunicado de prensa <a href="http://www.mortis.cl/noticias/cortometraje-el-circo-de-las-luces-on-line/">Mortis.cl</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/03/corto-el-circo-de-las-luces/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/03/corto-el-circo-de-las-luces/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Genocidio</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/irUOYOXdk6A/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/03/genocidio/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 00:59:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fraterno Dracon Saccis]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[arma]]></category>
		<category><![CDATA[destrucción]]></category>
		<category><![CDATA[misantropía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4631</guid>
		<description><![CDATA[El mundo haciéndose pedazos ante mis ojos. En mis manos, deshaciéndose como un terrón de azúcar al apretar los dedos, los granos pegajosos se adhieren a la piel, causándome escalofríos de placer y desagrado. Luego el viento sideral se lleva todo vestigio de la existencia de la tierra. Al fin queda el vacío, el silencio, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo haciéndose pedazos ante mis ojos. En mis manos, deshaciéndose como un terrón de azúcar al apretar los dedos, los granos pegajosos se adhieren a la piel, causándome escalofríos de placer y desagrado. Luego el viento sideral se lleva todo vestigio de la existencia de la tierra. Al fin queda el vacío, el silencio, la paz.</p>
<p>Un intenso dolor en la espalda. Humedad de saliva en mi antebrazo. Despierto en el escritorio, regresando  a la realidad de los planos, los diagramas, los cálculos. Salgo de un sueño cósmico para caer en uno numérico. El anhelo de mi vida a punto de concretarse.<span id="more-4631"></span></p>
<p>Tres décadas de trabajo bajo el mando del ejército, ideando armas que le den la supremacía a este país sobre el resto del orbe. Ante mis superiores hincho mi pecho de orgullo por nuestros logros. Dominamos la región, luego  el planeta. La mayor potencia deportiva, económica, cultural. Como soporte y protección de esta hegemonía, el máximo poder bélico que pueda ostentar una nación.</p>
<p>En mi interior, mientras estrecho las manos de los líderes de la patria, siento repulsión por sus diminutas pretensiones. La sonrisa que ellos interpretan como satisfacción nacionalista, no puede ser más sardónica. Desprecio su fútil autosuficiencia al pronunciar sus dictamines autoritarios, sus normas racistas y elitistas. No es que no comparta la opinión sobre la inferioridad de las etnias que están siendo sistemáticamente segregadas y eliminadas. En lo que no estoy de acuerdo es en que seamos nosotros dignos de autoproclamarnos los próceres de un mundo mejor. Que un indígena nombre las constelaciones ¿lo hace dueño del firmamento?</p>
<p>Cada logro de mi país, cada cultura que es absorbida hasta desaparecer, cada aldea masacrada, cada enfermedad que se dispersa aniquilando millares de vidas, cada guerra ganada y que devasta la economía y la moral de los otros pueblos, cada kilometro que avanza esta mancha negra que tiñe la tierra, me convence más de lo diminuta que es la humanidad.</p>
<p>Mis estudios han servido bien a los propósitos de la patria. He conseguido logros impensados en los campos de la bioquímica, la biomecánica, la física.  Pero bajo la superficie existe un plan mayor, configurado en cada molécula de mi cuerpo. Los esquemas mecánicos, las estructuras genéticas, la energía necesaria, tanto como la manera de obtenerla y manejarla, el lugar donde construir. Todo el plan ha estado dentro de mí, esperando el día en que ellos hagan la petición necesaria.</p>
<p>El día llegó. La máquina comienza a funcionar.</p>
<p>Me piden crear el arma definitiva, el terror máximo, capaz de dominar de forma terminante el planeta, sometiéndolos a la sombra constante de su posible activación. El dedo que estará a milímetros del botón, a la espera de la más mínima provocación, para desolar un estado completo, reduciéndolo a polvo. Alteraría magnéticamente los niveles de gravedad, haciéndolos tan inestables, que en ciertos momentos los escombros flotarían y en otros, aplastarían la superficie, generando capas geológicas tan comprimidas que parecerían haber existido hace milenios. Además, fuera del radio de inestabilidad gravitacional, se propagarían agentes bioquímicos y biomecánicos que azotarían con pandemias millones de veces más terribles que las plagas bíblicas. La búsqueda de antídotos sofocaría cualquier amago de represalia de parte de los pueblos fronterizos. No habría país que quisiera ser nuestro enemigo, ni siquiera vecino de uno. El terror los neutralizaría.</p>
<p>Todas estas eran patrañas, basura.</p>
<p>Los experimentos de exhibición a escala menor, causaban efectos similares. Un espectáculo, una tapadera.</p>
<p>Sabía que lo desearían, los insté siempre a evaluar lo poco conveniente que eran las guerras. Bajo el disfraz del pacifismo, les enrostraba las cifras de compatriotas caídos, los altos costos de cada operación y del desarrollo de nuevas tecnologías bélicas. Cuando la solicitud fue hecha, retrasé los avances lo máximo que mi ansiedad  me lo permitía, para no dar evidencias de una planificación previa. El hermetismo era una de las premisas fundamentales, así que no más de media docena de personas tenía conocimiento del proyecto en su totalidad. Los estudios fueron encargados de forma independiente, con otros fines sin ninguna relación entre si. Aparte de los dignatarios castrenses, un ayudante de mi entera confianza asistía la coordinación de los procesos. La construcción de las piezas mecánicas, la nanotecnología, al igual que el desarrollo de los componentes bioquímicos y la energía, se rigieron bajo el mismo sistema de los estudios. No había forma de que alguien ajeno a la cúpula los interrelacionara.</p>
<p>El arma lista, fue presentada a los mandatarios asistentes a la cumbre mundial. Sus rostros se derritieron como muñecos de cera en el incendio de su museo al escuchar el discurso de nuestro líder dentro del salón secreto. Tras un espejo los veía, pero mi sonrisa no iba dirigida a sus decadentes semblantes, si no que a hacía mi jerarca y a su patética expresión triunfante.</p>
<p>Muchos años pasaron antes de que alguna nación se atreviera a desafiarnos. Muchos años esperé el momento para ver presionado ese botón.</p>
<p>Ahora, reviso los planos como lo he hecho cada día de mi larga peregrinación, de mi silenciosa peregrinación hacia la aniquilación de la humanidad. Cualquiera que los revise, por erudito que sea en estas materias, no notará la trampa que esconde mi artilugio. Las escalas están cambiadas en mi cabeza, fueron traspasadas poco a poco durante la fabricación. Mi ayudante fue preparado ante cualquier imprevisto.</p>
<p>Estamos en la sala de control. El gobernante tendrá el honor de posar su dedo en el interruptor y desencadenar el exterminio definitivo.  Mis manos sudan dentro de los bolsillos, escondidas para ocultar mi excesivo nerviosismo. La yema se acerca hasta hacer contacto pero no presión. El jerarca me mira y antes de que pronuncie palabra alguna de lo que tenía preparado para ese momento, irrumpen fuerzas especiales en la habitación, ordenándonos detener el procedimiento.</p>
<p>El superior del escuadrón se dirige a su excelencia, informándole que el arma es una trampa.</p>
<p>Soy interrogado, más bien en un procedimiento de rutina. Me explican que de forma paralela se ordenaron controles a los procesos de elaboración del arma. Cuando se activó el procedimiento ante la amenaza extranjera, también lo hizo una nueva revisión con mayores estándares de control. El fallo fue descubierto minutos antes de la hora de ejecución.</p>
<p>Luego me informaron que el responsable estaba identificado y localizado.</p>
<p>Mi ayudante fue encontrado en su habitación, muerto junto a una nota suicida donde explicaba con lujo detalle su proceder y sus motivaciones para tan vil acto de terrorismo planetario. No había dudas de la autenticidad de la carta, como tampoco de que hubiese sido él quien se dio el tiro en la cabeza.  Lo preparé muy bien. El tiro en la cabeza destruyó el implante que intervino en su cerebro y lo hizo actuar según lo especificado en el nano chip.</p>
<p>Ese cadáver y la nota eran mi seguro ante la eventualidad de que se cancelara la activación del arma. Creí que, de detenerse la detonación, sería por una tregua de última hora. Pero subestimé la arrogancia de mi jerarca. La verdad no me esperaba que el motivo de la suspensión fuera el descubrimiento en la diferencia de las escalas energéticas y los volúmenes de agentes bioquímicos. Pero al ser mi ayudante quien coordinaba los procesos de elaboración, el flujo de información pasaba por él, sólo entregándome resultados que coincidían con los planos escritos con mi puño y letra.</p>
<p>Soy una víctima más de este terrible engaño. Se me ha instado a desarrollar correctamente y con más ojos una nueva arma, que gracias a mis mejoras les ofrecería mayor seguridad y efectividad.</p>
<p>Mi plan no ha sido desechado si no más bien modificado. Y aprendiendo de mis errores y de los triunfos de mi patria, he filtrado los planos a la nación enemiga, para que en paralelo desarrollen una segunda arma, que asegurará la eliminación de nuestra raza humana.</p>
<p><strong>Autor</strong>: Fraterno Dracon Saccis</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/03/genocidio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/03/genocidio/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Pisadas</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/NJX1t4i6XKM/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/02/pisadas/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 23 Feb 2011 02:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ramiro Sanchiz]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[universos paralelos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4500</guid>
		<description><![CDATA[Hacia las afueras de Punta de Piedra hay un bar, allá lejos, en la extensión agreste que separa al pueblo de la carretera que va a Castillos. Se trata del único lugar que conozco ubicado la vez en más de un universo; mi abuelo iba a veces a tomar grappa con yuyos, acompañado casi siempre [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hacia las afueras de Punta de Piedra hay un bar, allá lejos, en la extensión agreste que separa al pueblo de la carretera que va a Castillos. Se trata del único lugar que conozco ubicado la vez en más de un universo; mi abuelo iba a veces a tomar grappa con yuyos, acompañado casi siempre por uno de nuestros vecinos, un dentista cincuentón y viudo por el que yo tenía un gran cariño y al que llamaba Tío Pepe. En cierta ocasión les pregunté si podía acompañarlos y mi abuelo se negó; cuando seas más grande, dijo, y yo asumí que lo decía por las bebidas alcohólicas, los juegos de cartas por dinero o, también, por los chistes subidos de tono que <span id="more-4500"></span>mi abuela no le dejaba hacer cuando yo estaba cerca. Al día siguiente convencí a mi amigo Marcos de que aquel lugar guardaba secretos fascinantes (no recuerdo de dónde saqué semejante convicción); salimos pedaleando hasta el final del pueblo para encontrar que el bar era un prisma gris rodeado por nada excepto malezas y el camino de tierra. Estaba cerrado, así que no sirvió de nada acercarse y mirar la puerta, mirar las ventanas (en las que alguien había pegado adhesivos de mundiales de futbol, España 82, México 86 y otros que me parecieron absurdos pero que fascinaron a mi amigo) y sentarnos al borde del camino esperando que alguien apareciera y abriera el bar. Cosa que no sucedió; cuando se hizo evidente que sus padres y mis abuelos estarían preocupándose, regresamos. En mi caso supongo que se dieron cuenta de nuestra pequeña exploración, pero no hicieron preguntas. Estábamos a fines de febrero, en la última bajada del verano, esos días un poco frescos que anuncian el calor del otoño con dos semanas mediando entre el ocio en la playa y el comienzo de las clases. En Punta de Piedra nos quedamos apenas tres días más; al año siguiente no se habló del bar y yo empezaba a preocuparme por otras cosas; mi abuelo seguía yendo, aunque, me parece, bastante menos seguido que antes.</p>
<p>Y quince años después regresé a Punta de Piedra. Llevaba demasiado tiempo sin poder escribir, pero algo sucedió en medio de la gira con SpaceGlitter que terminó por abrir una brecha para que escaparan esas palabras guardadas a presión. Sé que suena demasiado ingenuo o simple, pero no vale la pena indagar más, no ahora al menos; sí quiero detenerme en que aquel rebrote de mi escritura sirvió para que terminara de decidirme a dejarla gira y a Space Glitter. Sumado a que Perséfone también estaba resuelta ano tocar más con la banda y a que Guillermo, nuestro batero (¿quién dijo que los bateristas son el mejor amigo del músico?, repetía Rex, enfurecido),le pareció la oportunidad perfecta para huir hacia una vida más ordenada y apacible, Jon y Rex se vieron abandonados de la noche a la mañana, literalmente, con tormenta y todo. De vuelta al principio, dijeron, tratando de mantenerse de pie en el terremoto. Yo me sentía culpable, por supuesto,y la mejor idea que se me ocurrió fue organizar un toque, un último toque. Ellos estaban rondando el plan de seguir la gira, así fuese sin tocar, viajando de pueblo en pueblo del interior del país, de Brasil, de Argentina, de Paraguay, buscando… lo que fuese que buscaban, el alma de Sal Paradise por ejemplo. Yo sabía que no llegarían lejos, o al menos muy lejos, que de hecho ni siquiera iban a intentarlo, pero les seguí la corriente. Entonces recordé el bar y la inexplicable aura de encanto que tenía en mis recuerdos. El regreso a Punta de Piedra me había activado la memoria de aquellos años, casi saturándome, y por momentos parecía que eran demasiados recuerdos para una sola vida, especialmente en relación al bar,que, creía recordar por detalles arrancados aquí y allá a mi abuelo, guardaba un secreto o, dicho de otra manera, un elemento maravilloso. Pero no sabía cuál o qué; sólo tenía esa intuición, como si en realidad lo supiera y fuera un conocimiento reprimido, como si fuese incapaz de contármelo a mí mismo aunque pudiera ser más fácil convencer a otros.</p>
<p>-¿Este bar de mala muerte? –dijo Rex parado ante el prisma gris, con Jon resaqueado y yo tratando de sonreír- ¿Este bolichón? ¿Este pozo para veteranos juegatruco, comemaní y tomacaña?</p>
<p>-¿No es genial? –les dije-, ¿terminar de verdad la gira, acá, con plena conciencia de que es el final? ¿Justo acá? ¿No le ven el lado decadente?</p>
<p>La parafernalia glam de la banda versus el veteranaje y sus copitas de grappa con limón; la conciencia del final, la sobrevida. Hasta les hablé dePhilip K Dick y Ubik, con sus cápsulas receptoras de la mínima energía de los muertos. No estaba funcionando. Jon se recostó en la arena que rodeaba al camino y suspiró. Rex fingía reírse de mi propuesta, pero sé que en el fondo se moría de ganas de un toque final en plan Baudelaire hablando a las sillas vacías. Necesitaba un empujón, una chispa, un asteroide estrellándose en su océano pacífico que le llenara de iridio radioactivo las barreras entre los estratos de su mente.</p>
<p>-Aparte –le dije-, sería de alguna manera un triunfo para ustedes… para ustedes dos. Implicaría volver a los viejos tiempos. Vos y Jon… con una batería programada, contigo cantando… yo me limitaría a ser un músico invitado, como el otro pibe que toca en el unplugged de Alice in Chains. Así queda claro que lo central de la banda son ustedes, que todos los demás fuimos siempre accesorios…</p>
<p>Rex me miró como diciéndome que no pensaba desperdiciar un sarcasmo en responder. Sin embargo, también estaba pensándolo, considerándolo. Lo había visto antes; Rex era un volcán de ideas absurdas, pero cuando escuchaba una originada en una mente distinta a la suya (o la de Jon, que era un reflejo, un sistema nervioso extra que llevaba a todas partes), se volvía un escéptico impenetrable.</p>
<p>-Vamos, Rex, es una buena idea y lo sabés –le dije, sin argumento alguno.</p>
<p>-Hagamos esto… venimos esta noche, ¿qué te parece, Jon? Nos tomamos la grappa de estos veteranos y sondeamos el lugar. ¿Tienen rockola?</p>
<p>La pregunta me sorprendió.</p>
<p>-Sí –mentí-, hasta donde yo recuerdo… y no te olvides que hace más de diez años que no entro a este lugar, pero… sí, creo que había una rockola, una de las viejas, las clásicas…</p>
<p>-Mejor entonces. Old school. Entramos y ponemos “Giving the dog abone”, de AC DC. Eso para espesar el ambiente. Y después al divino Marc,“The slider” y “Ballrooms of mars”, ¿qué te parece?</p>
<p>Ese nivel de detalle repentino en un plan ni siquiera considerable dos segundos atrás era típico del mejor Rex, del Rex entusiasta. Pensé que el punto más bajo había sido superado y solo quedaba no descuidar elascenso. Jon ponía con cara de no entender.</p>
<p>-Veremos qué sale de todo esto –dijo Rex acercándose a la puerta cerrada, pasando la mano por las paredes-, por alguna razón tengo un buen presentimiento…</p>
<p>Esa noche nos aparecimos en el bar pasadas las once. Había unos siete veteranos del pueblo, incluso un vecino de la casa donde estábamos quedándonos, que nos saludó con cierta amabilidad. Rex paneó el lugar.</p>
<p>-¿Y la rockola? –dijo, frunciendo el ceño.</p>
<p>Jon la había encontrado.</p>
<p>-Está aca, Rexy Music, vení nomás…</p>
<p>-¡Bingo! –gritó el aludido mientras yo me acercaba a la barra y pedíatres grappas con limón.</p>
<p>-Che, Fede, de old school nada, esto es lo que podríamos llamar un modelo reciente…</p>
<p>Habrían comprado una rockola nueva quién sabe en qué momento. Pasamos las tapas de los CDs con curiosidad; música tropical, cantantes melódicos latinos, basura, basura. De repente apareció la cara de Joan Jett seguida por Madonna, un Greatest hits de The Police, Octubre de los Redondos y Let’s dance de Bowie.</p>
<p>Rex asintió con la cabeza y golpeó el plástico transparente que cubría el mecanismo de selección.</p>
<p>-Empezaremos por acá. Un disco nocturno, a veces subvalorado.</p>
<p>Jon regresó de la barra con fichas.</p>
<p>-“Cat people”.</p>
<p>La voz de Bowie se expandió en la penumbra del bar, en la luz sucia detierra. Nos sentamos en una mesa en el otro rincón del lugar; Rex vació suvasito de grappa de un trago; Jon, más prudente, se humedeció los labioscomo buscando los átomos de sabor. Yo dejé esperar a mi bebida. Rex hizo una mueca.</p>
<p>-Puaj… decime que por lo menos tienen whisky.</p>
<p>-50 el nacional, 80 el importado.</p>
<p>Levantó una mano para llamar la atención del barman.</p>
<p>-Un Johnny, ¿puede ser?</p>
<p>Jon terminó su trago sin muecas. Cantó unas líneas de la canción (“seethis tears so blue / an ageless heart / that can never mend / these tears cannever dry / a judgement made / can never bend…”) y propuso pedir unacerveza de litro. Asentí.</p>
<p>El barman nos trajo el whisky, la cerveza y dos vasos altos con escarcha.</p>
<p>-Qué nivel, ¿eh? –comentó Jon.</p>
<p>Rex seguía escrutando el lugar.</p>
<p>-¿Y vos qué decís? ¿Tocar en un rincón, sentados, en plan unplugged?</p>
<p>-No sería mala idea, ¿qué opinás?</p>
<p>Jon asintió.</p>
<p>-Hace tiempo que ando con ganas de tocar acústico… tengo el set perfecto anotado por ahí… covers, algún arreglo de temas nuestros…</p>
<p>-Temas viejos –le dijo Rex-, del principio. “Andromeda”, ese tipo de material. Le damos una revisada y los dejamos mejor que nunca… Megusta la idea.</p>
<p>Entró entonces el primer extraño de la noche y sentí que yo estaba esperándolo, que lo entendía un acontecimiento inevitable. Jon y Rex se lo quedaron mirando. Era una mujer de unos cuarenta y largos, con una abundante cabellera enrulada en plan Robert Plant canoso; tenía la piel de alguien que vive ante el mar y era oportunamente delgada. Saludó al barman y se sentó cerca de la barra. Uno de los veteranos la saludó con una inclinación de cabeza acompañada de media sonrisa, para regresar de inmediato al Truco. La mujer nos miró un instante y también nos saludó.</p>
<p>-Listo –dijo Jon-, Rex, es tuya. ¿Cómo estás para una veterana de postre? Se la ve flexible.</p>
<p>Rex, con su sonrisa de Gato de Cheshire, se levantó y dio cuatro zancadas hacia la mujer. Poco más de un minuto más tarde los cuatro compartíamos la mesa. Se llamaba Raquel y estaba esperando a unos amigos de la zona. No era de por aquí, dijo, y me pareció que miraba todo con extrañeza o maravilla. Rex jugaba bien sus cartas; supuse que sería cuestión de tiempo para que la presunta flexibilidad fuese puesta a prueba. Me pareció, sin embargo, que ella miraba también con cierto interés a Jon y que, a la vez, eludía encontrarse con mis ojos. Creyendo que por alguna razón la ponía incómoda me ocupé de levantarme a cada rato para atender la rockola. Era increíble la variedad de música que guardaba, bandas que no conocía, cantantes que jamás había oído nombrar. Me había internado en el área rockística, por llamarla de alguna manera, y la cantidad increíble de nombres y rostros me hizo sentir que había desembarcado en un continente nuevo en el que podía reconocer tortugas, manzanas y palomas entre una fauna y flora inmensa y desconocida. No sin paciencia llegué aDirt, de Alice in chains, y elegí “Down in a hole”.</p>
<p>-¿Querés que nos peguemos un tiro acá mismo? –protestó Jon, vaciando su vaso de cerveza.</p>
<p>-No, no, dejalo, dejalo –dijo Raquel-, me encanta esta canción… no había escuchado esta versión, pero…</p>
<p>-Qué raro –dije, sentándome-, es la del CD… no es nada raro…</p>
<p>Ella sonrío y me miró a los ojos por primera vez en la noche.</p>
<p>-Bueno, es que… -y se detuvo. Habían llegado sus amigos, una mujer bastante más joven, pelirroja y pechugona, acompañada de un hombre de mi edad que me pareció muy familiar. Ambos me quedaron mirando por un instante y luego sonrieron.</p>
<p>-Sí, lo sé –dijo Raquel- se va a poner divertido después.</p>
<p>-¿Cuáles son las posibilidades? –dijo el hombre.</p>
<p>Jon, en su fase hipersocial de la borrachera cervezera, estaba uniendo dos mesas y moviendo sillas. La pelirroja alargó una mano y me tocó el cabello.</p>
<p>-Siempre me gustó su pelo –me pareció que estaba un poco borracha-;acá lo tiene bastante más largo, ¿te das cuenta?</p>
<p>-Perdón –comencé-, ¿nos conocemos?</p>
<p>-Nosotros no –respondió el hombre acomodándole el asiento a la pelirroja y después sentándose también-, pero sí nos conoce otra versión de tu persona, que está en nuestro universo. Federico Stahl. Escritor, crítico.</p>
<p>Los ojos de Rex le hicieron señales a un par de barcos cerca de Sudáfrica.</p>
<p>-Say what!?</p>
<p>-Ellos no lo saben –dijo Raquel-, se ve que nunca habían venido acá…</p>
<p>-¿Un Federico Stahl que no conoce este bar? O sea, un Federico Stahlq ue no viene a Punta de Piedra…</p>
<p>La pelirroja me miraba, creí entender, con cierto desafío.</p>
<p>-¿Cómo se llaman ustedes? –pregunté.</p>
<p>-Cecilia –respondió ella-, y él es Marcos, Marcos Boimfeld… no puede ser que no lo conozcas…</p>
<p>-¡Claro que lo conozco! –alguien encendió la lamparita colgante en mi archivo de viejos rollos de película- éramos amigos en los ochenta, cuando veraneábamos acá en Punta de Piedra… pero hace… quince años… más de quince años que no nos vemos… Con razón me pareciste familiar cuando entraste… ¡claro!</p>
<p>-Bueno, pero en realidad no soy el que conocés, ¿verdad? Soy el Marcos Boimfeld de un universo distinto al tuyo, que difiere en algún punto del tiempo…</p>
<p>-En nuestro mundo –comenzó la pelirroja- Federico vive en Punta de Piedra desde el 2003, es escritor y conoce unos… veinte, veinticinco universos diferentes. ¿Vos a qué te dedicas?</p>
<p>-Era músico –respondió Rex-, y ahora dice que se va a dedicar a escribir. Y no conoce ningún otro universo, salvo que… -y se calló con una sonrisa que quería ser de misterio.</p>
<p>-Soy escritor –dije, tratando de cubrir, avergonzado, las palabras de Rex-, y no vengo a Punta de Piedra desde el 97, cuando pasé unos días con un amiga; antes de eso… creo que fue en el 94 la última vez que pasé el verano acá con mis abuelos… ¿pero por qué dijiste que esto se iba a poner divertido?</p>
<p>Cecilia sonrió.</p>
<p>-Porque en un rato viene Federico&#8230; y siempre es divertido cuando se encuentra uno con su versión de otro universo, te puedo asegurar…</p>
<p>Así fue como me enteré que en Punta de Piedra hay un bar que está en todos –bueno, en muchos, pero nadie sabe exactamente cuántos- los universos posibles. Cecilia y Marcos se habían enterado por Federico –por ese Federico- hacía cuatro años, más o menos, y visitaban el bar todos los meses. Por mi parte –supongo que la culpa habrá sido de la cerveza-consideraba más extraño imaginar mi vida viviendo en Punta de Piedra que el hecho de estar sentado en una silla de plástico ante una mesita un poco desvencijada que estaba en la intersección de todos los universos posibles. Empecé a entender la cantidad de discos que había en la rockola y recordé los adhesivos de mundiales de futbol improbables, como Alemania Occidental ’82 o Canadá ’86; bastante borracho (el Stahl alternativo se hacía esperar) empecé a discurrir sobre “El aleph” y “El jardín de los senderos que se bifurcan”, mientras hacía planes para el toque final de Space Glitter, que tenía ahora ribetes cósmicos.</p>
<p>-Fijate que podríamos conseguir a otro Rex, y a otro Jon, y armar una banda inter universal… ¿no te interesa a vos saber la historia de otros Space Glitter?</p>
<p>Jon aplaudía con los ojos entrecerrados, haciendo equilibrio con el cigarrillo en los labios.</p>
<p>-Con otro Jon en el bajo yo me dedicaría a tocar la batería… a la mierda el unplugged, tocamos un show incandescente, como corresponde… ¡a todo rock and roll!</p>
<p>-¿Y todos los universos paralelos están sincronizados? –preguntó Rex-,o sea… ¿todos los Rex y los Jon y los Federico que veamos acá pertenecen a este mismo tiempo, o puede venir alguno del futuro o del pasado, aunque fuesen de un pasado y un futuro alternativos?</p>
<p>Marcos le explicó que los viajes en el tiempo eran líneas diagonales en una pauta de tiempos paralelos; Rex asentía, convencido. Entonces entró Federico Stahl.</p>
<p>Era bastante evidente, en realidad, pero sólo entendí por qué había dejado de escribir cuando me lo preguntó Ligeia, en mis tiempos de primera guitarra de su banda Santuario. Quiero decir… en ese momento lo supe, pero al otro día lo guardé como sólo otra hipótesis, que ahora se destaca quizá por cierto relieve del que carecen la mayoría de las otras (y son muchas). El hecho de que había dejado de escribir al mismo tiempo que se rompió mi relación con Agustina era quizá la pista principal; la segunda, aunque no necesariamente mirase en la misma dirección, que había logrado escribir (es decir, con confianza, con ganas, con ímpetu, sin tropezar con las palabras, sin quedarme con la mente en blanco) al llegar a Punta de Piedra con Rex y Jon. Agustina había dado formato a mi vida a partir del 99, cancelando toda una época dominada ante todo por la poesía y por un impulso mitad beatnik mitad decadente; pero Punta de Piedra era un suelo más sólido que esos arrecifes de coral o de cristal, un yacimiento profundo e intocado. Mis pies debieron atravesar metros y metros de selva tropical en descomposición, ruinas y viejas ánforas, hasta llegar a posarse en la roca. Quizás era allí donde se movía el magma que me llevaba a escribir, aunque suene demasiado romántico decirlo así, pero pese a todo esto no estaba preparado para ver entrar a Agustina de la mano de un Federico de pelo más corto y remera con el logo de Batman, un Federico bien afeitado y ojeroso, de lentes elegantes, un Federico que parecía sonreír. Y al ver a Agustina lo primero que noté fueron los otros años que lucían en su rostro, todo el tiempo que mediaba entre el 2002 y el presente, todos los signos grabados en su piel. Años en los que ella había estado conmigo, en esa otra versión, en ese otro universo. Me miraron con</p>
<p>curiosidad, como si fuera un extraterrestre exhibido en un zoológico o un homínido extinguido hace un millón de años que, para sorpresa de los antropólogos, es capaz del habla articulada y el uso de herramientas. No lo soporté y salí del bar casi de un salto.</p>
<p>El primero en comenzar el rollo de ¿estás bien? ¿qué te pasa? fue Rex. Iba por el quinto o sexto Johnny (Marcos, Cecilia y Raquel estaban invitándolo, supuse) pero todavía conservaba el equilibrio y el acento artificial con que bañaba sus palabras (lo perdía siempre al séptimo whisky,al cuarto vodka o de inmediato con cualquier cosa más fuerte que el ácido).</p>
<p>-Estuve hablando de música con tu otro yo… es simpático el tipo, más simpático que vos, por supuesto.</p>
<p>Lo miré con cara de qué mierda me estás diciendo.</p>
<p>Rex se rió.</p>
<p>-O sea que es un gil; te prefiero a vos millones de veces más. Aparte no toca la guitarra… o sea, toca una acústica para pasar el rato. Su última banda la tuvo en el 98 y se llamaba, atendete qué ridículo…</p>
<p>-…se llamaba Valhalla.</p>
<p>-¡Exacto! ¿No me digas que vos también tocaste en una banda con ese nombre?</p>
<p>-Sí, Rex. Hacíamos covers de Led Zeppelin. Se ve que hasta ese punto compartimos la misma historia… se ve que diferimos, no sé, en algún momento entre 2001 y 2002, que fue cuando yo me separé de Agustina…cosa que él claramente no hizo.</p>
<p>Asintió.</p>
<p>-Si querés escuchar algo gracioso… hace un rato Jon me llevó a un rincón y me dijo que hijo de puta el Fede, mirá el bomboncito que se estaba comiendo… No parece tu estilo, la mina… pero que está buenísima es indudable.</p>
<p>Me encogí de hombros.</p>
<p>-¿No estarás quemado… triste…? ¿Por haber…?</p>
<p>-No sé Rex –le dije, y era verdad-; puede ser por muchas cosas; no sé por qué es, si se debe a Agustina, si se debe a que no me interesa saber ciertas cosas, si es por su vida o si es por mi vida…</p>
<p>-Pero es raro, ¿no? Que vos no quieras hablar con otro yo de un mundo alternativo… o sea, ¿vos sos el mismo Federico Stahl que dijo que tendría más temas en común con un extraterrestre que con la vecina de al lado? Bueno, ese Federico Stahl es, para vos, para mí y para Jon, todo un extraterrestre…</p>
<p>-Puede ser. La verdad no sé por qué no quise… no quiero saber nada. A lo mejor es común en estos casos.</p>
<p>-Bueno, y hay algo más interesante. Este Federico conoce a otro Federico –la voz de Rex se comprimió en cursivas- que toca en Space Glitter… o sea, en un Space Glitter que sigue funcionando, que no se acaba de disolver como nosotros acá en Punta de Piedra y que… y esto es lo mejor, ¡no tienen a Perséfone de cantante! ¡Nunca la tuvieron! ¿Te imaginás lo que podría ser Space Glitter con un buen vocalista, y no la flaca de mierda? ¿Un Vedder, un Maynard, un Yorke? El asunto es que estamos viendo cómo contactarlos… parece que hay todo un sistema medioc omplicado de traslado entre universos. Este Federico conoce muchos otros, pero, aparentemente, para moverte entre uno y otro tenés que…</p>
<p>Y Rex siguió hablando, que este Federico esto y que este Federico aquello. Sentí que su voz se convertía en el murmullo que percibiría alguien separado del hablante por un quilómetro cúbico de agua, un enorme detector de neutrinos, mientras Rex se alejaba, despacio al principio yluego acelerando, como en una especie de curva exponencial, sobre uno de esos carritos sobre rieles que usan en las minas de carbón. Al principio sus gestos (ya que no oía sus palabras) parecían significativos; minutos despuéseran indescifrables.</p>
<p>El siguiente en salir fue Jon. Se detuvo ante la puerta del bar y se tambaleó, posando una mano en el marco de la puerta. Entonces se dejó caer y soltó una risita. Tenía un vaso de cerveza en la mano.</p>
<p>-¿Cuántas vas? –le pregunté.</p>
<p>-No sé –dijo-, perdí la cuenta. ¿Me dijo Rex que estás depresivo, idiota?</p>
<p>Suspiré.</p>
<p>-Estaba por entrar justo cuando saliste vos. Ya se… me vas a contar algo que te dijo el otro Federico Stahl…</p>
<p>-No, no te iba a contar nada –vació el vaso y bajó un par de tonos en la voz, haciéndose le locutor de FM- sólo quería saber qué te pasa y por qué no estás cagándote de risa adentro con nosotros…</p>
<p>-Ya te dije. Estaba por entrar cuando saliste vos.</p>
<p>-A mí me vendría bien un poco de aire… ¿me acompañas a caminar?</p>
<p>Me levanté y lo ayudé a pararse.</p>
<p>-No, para –dijo-, en realidad yo tenía que… esperar a Rex… a ver si…-y en el momento en que se acercó a la puerta aparecieron Rex y el otro Federico. Me aparté con la mirada en el piso. Jon me palmeó el hombro; el otro no dijo nada, pero supuse que estaba mirándome.</p>
<p>-¿Venís? –me preguntó Rex-; vamos a Punta de Piedra… a su Punta de Piedra.</p>
<p>El otro Federico tenía que saber que iba a negarme, así que no dije nada y me senté. Los tres partieron de inmediato.</p>
<p>Al rato salió Cecilia. Se sentó a mi lado y empezó con las preguntas esperables. Quiso convencerme de que esta era una situación usual, que mucha gente experimenta cierta tristeza o incluso angustia al encontrarse con uno de sus otros yo. El saber de repente, dijo, que había otros caminos, caminos incluso que nunca imaginamos, a veces nos pone así, tristes.</p>
<p>-Pero no es eso –casi le digo, y le pregunté: -¿A vos te pasó?</p>
<p>-Sí, más de una vez.</p>
<p>Me sentí lúcido, en ese momento en que el alcohol lleva ya un buen rato retrocediendo y, habiéndose llevado toda fuerza y energía, deja solamente esa aguda inteligencia independiente de la obligación de hacer cosas. Ella me miraba con ternura y también con tristeza, con una tristeza creciente. En ese momento entendí. Me acerqué más y posé una mano en su nuca, jugando con el cabello espeso, casi encrespado y pelirrojo. Parecía una de las novias de Connor McLeod. Pensé que con universos paralelos todos vivíamos para siempre, pero no para adelante sino para los costados; ella hizo una rápida aspiración, como si quisiera paladearme el alma a través de alguna teoría antiquísima del aliento o si necesitara un gramo más de aire para mantener andando las maquinarias de la alegría y la tristeza. Retuvo el aliento. La besé en los labios, apenas un beso rápido. Entonces, sólo entonces, cerró los ojos. Iba a besarla de nuevo cuando me paralizó la presencia de Agustina. Ella, entendí, estaba ahí adentro, rodeada por todas las figuras que se trazan en el aire con la cara de una flor que siempre está siendo mirada, y aunque ella misma no estuviera mirándome, aunque no saliera a irrumpir, como en las telenovelas, en la escena que Cecilia y yo empezábamos a representar, bastaba con su simple presencia para inhibirme, para hacerme pensar que si quería darle un beso a Cecilia era por un tonto impulso de jugar con los celos o no sé cuántas tonterías más.</p>
<p>-Quizá en otro momento –susurró.</p>
<p>-Podría buscarte en mi mundo –dije, y nos reímos de la cursilería.</p>
<p>-Puede ser, quién sabe… Federico… el Federico que se fue recién contus amigos, está haciendo un mapa de los universos que conoce. Es una locura, en realidad, pero así le funciona la cabeza. Les puso nombres, creo que les inventó un código.</p>
<p>-¿Tierra uno, Tierra dos, Tierra X?</p>
<p>-Algo así, pero con líneas que las unen, una cosa medio tridimensional–se levantó- ¿no me acompañás?</p>
<p>Pensé que no estaría mal entrar, seguir la charla, escuchar algo de música de otros universos, compartir historias, determinar puntos de separación de nuestros mundos… charlas que debían ser, después de todo, de las más comunes en el bar. Pero preferí quedarme. Cecilia debió entender que se debía a la presencia de Agustina; era una de las razones, supongo, pero había otras. De hecho, pensé que si me quedaba allí a lo mejor lograría definir un espacio, mi espacio, en el que ella podría ingresar, sentarse a mi lado ahí afuera y dejar que las historias que nos separaban fluyeran entre los dos. Eso no lograría acercarnos –en rigor lo que nos separaba era la distancia más enorme imaginable-, pero al menos convocaría dos fantasmas, mi yo de ese momento y el de ella, que podrían creer en la ilusión del diálogo.</p>
<p>Así que me quedé ahí, mirando hacia el camino por el que se habían alejado Jon, Rex y el otro Federico, tratando de discernir si las luces que veía a lo lejos eran las de mi Punta de Piedra o si pertenecían a la suya. ¿Habría manera de saberlo? ¿En todos los universos existía Punta de Piedra? Supuse que en infinitos universos sí y en infinitos universos no, y me pareció que yo también haría un mapa como el del otro Federico, con sus códigos y líneas, sus intentos de entender por qué aquí había una historia y por qué allá había otra, más allá de que todas las historias debían suceder, en alguna parte. Era el momento en que alguien habría pensado en variaciones del somos tan insignificantes, el pascaliano punto perdido entre dos (o más) infinitos, o también la automática pero somos únicos en nuestra singularidad irrepetible, lo cual es una tontería ya que si hay infinitas historias diferentes debe también haber infinitas historias idénticas…</p>
<p>Salvo que exista, pensé, algún tipo de corrección de redundancias, alguna forma de control, alguna ley, norma o pauta en el caos aparente. Quizá el otro Federico buscaba, con esos mapas que mencionó Cecilia, patrones en las formas de todos esos destinos… Porque de haberlos, de existir un diseño final, por decirlo de alguna manera, sería acaso más fácil;una garantía de destino único, de verdaderas razones por las que sobrellevar el universo que nos tocó, que elegimos, que deseamos, que merecemos. Precisamente ese infinito, en lugar de volvernos una partícula mínima, infinitesimal, lograría justificarnos; allí afuera –o adentro, en la penumbra del bar- estaba todo. En todos los órdenes posibles.</p>
<p>Y pensé, ¿qué hago entonces yo sentado acá? Me levanté para entrar y justo en ese momento, quizá repetido infinitas veces, tramando ecos infinitos como el rastro de la espuma del mar tras la retirada de la ola, en ese exacto momento salió Agustina.</p>
<p>Después me negaría a contarle a Rex y a Jon de qué hablamos. Estuvimos cinco minutos, nada más. Ella estaba bastante borracha y yo empecé a sentir el cansancio del día subiendo a mis espaldas como un equipo de futbol compuesto exclusivamente por enanos a la Blancanieves, el cansancio de la gira, de los años sin escribir, de los años sin ella, de los meses de pesadilla en que la busqué. O eso quise imaginar, o eso fingí para entender por qué ya no quería hablarle.</p>
<p>Y contó historias de Cecilia y de Raquel, de los mapas de su Federico, de sus planes para el futuro. Sentí que no era capaz de interrumpirse, que necesitaba que yo escuchara todas las historias que no podía contarle alotro o que, si se las contaba, recibirían otro significado. Y sonrió, al final,</p>
<p>me besó en la mejilla y entró al bar. Yo me quedé afuera, otra vez cuentacero, la espalda contra la pared, una mano en la arena.</p>
<p>A la hora más o menos aparecieron Rex, Jon y el otro Federico en el camino. Rex y Jon por partida doble, moviéndose en el aire vibrante. Pensé en pararme y hacer el chiste clásico de la visión alcoholizada, pero no tenía ganas. Noté que traían dos guitarras acústicas. Los Rex me sonrieron en perfecta sincronía, como gemelos idénticos (bueno, después de todo, eran más que gemelos idénticos), y los Jon, pasados de alcohol, se apoyaban el uno en el otro, haciéndose tropezar y deteniéndose para reírse. Entraron los cuatro; mi otro yo se quedó afuera.</p>
<p>Lo miré por primera vez a los ojos. En la luz del farol colgando sobre la puerta sus facciones me parecieron las de un desconocido.</p>
<p>-Esto se parece demasiado a aquel cuento –dijo.</p>
<p>Era lo mismo que iba a decir yo.</p>
<p>-Nunca fuimos originales, ni vos ni yo, en ningún momento –dije, y añadí-, sentate, me parece que podríamos hablar, ¿no?</p>
<p>Se recostó en la arena, justo enfrente a donde estaba yo. Noté que tenía tres libros bajo el brazo.</p>
<p>-¿Y esos libros?</p>
<p>-Bueno… además de a Jon y a Rex, es lo que fui a buscar. Son un regalo para vos…</p>
<p>-Para incrementar nuestra biblioteca interuniversal, ¿no?</p>
<p>Entendí que él debía asumir que era apenas un chiste, que no había sarcasmo en las palabras.</p>
<p>-Exacto.</p>
<p>Me los tendió y los agarré sin mirar los títulos.</p>
<p>-¿Esos Jon y Rex son de tu realidad?</p>
<p>-No, son de otra, de la de otro Federico que no quiso venir…</p>
<p>-Tres son demasiado, ¿no? Parece que te movés libremente entre universos…</p>
<p>-No es difícil. Sólo hay que saber dónde están los caminos… si querés te puedo enseñar.</p>
<p>-Por ahora no… dejémoslo ahí. Quizá en un tiempo, pero ahora no.</p>
<p>-Sos el único Federico Stahl que no quiso saberlo; yo quise, y otros a los que les enseñé, también…</p>
<p>-¿Entonces soy una especie de espécimen singular en tu colección?</p>
<p>-No sé. Veremos –sonrió, ahora sí respondiendo a la amargura en mis palabras.</p>
<p>Miré los libros.</p>
<p>-¿Historia de la ciencia ficción uruguaya?</p>
<p>-Es una novela, de un Federico que tampoco es el del universo de los Jon y Rex que entraron con tus Jon y Rex… leela, estoy seguro que te vas adivertir. Te va a traer recuerdos.</p>
<p>-Y esto es… -repasé el título como si palpara con mis ojos sus letras en braille- Las tardes repetidas… ¿Una novela de Borges?</p>
<p>-Publicada en 1978, justamente, y abarca todo, los laberintos, los cuchillos, el tigre de las noches, las batallas, la nave hecha con las uñas de los muertos… Esa edición tiene un prólogo de Roberto Bolaño.</p>
<p>Abrí la boca, asombrado.</p>
<p>-Lo sé –dijo-; en el 95 hubiésemos dado un riñón por ese libro. Si querés más tarde te cuento dónde lo encontré…</p>
<p>-¿Esta es tuya? Es una novela, parece…</p>
<p>En la luz amarillenta del farol descifré el título: Lineal. Y más abajo mi nombre. El suyo.</p>
<p>-Mi segunda novela, hasta la fecha. Estoy escribiendo otra, que espero terminar en un par de meses.</p>
<p>-La primera será Desintegración, supongo.</p>
<p>-Sí. Ese pasado lo compartimos, entonces.</p>
<p>Asentí, y seguimos hablando un rato más de esos años que eran nuestros, evitando el momento en que él seguía con Agustina y yo dejaba de verla. A medida que se agrandaba la conversación empezó a volvérseme difícil distinguir su voz de mis pensamientos; respondía preguntas que dudaba quién había formulado. Pero a él le pasaba lo mismo. Habría que acostumbrarse, pensé. Entonces le pregunté por la novela que estaba escribiendo y por el trazado de su mapa.</p>
<p>-La novela y el mapa son uno y el mismo –respondió-; podríamos trabajar juntos, si estás de acuerdo. No se me ocurre un colaborador mejor. Podríamos turnarnos para preparar bebidas, consultar algunos libros y discutir con el fantasma cada día más vivo de T’sui Pên. Ah, y es una ucronía, también –dijo, y reí. Él entendió por qué y también rió.</p>
<p>-My words echo, thus, in your mind –dije.</p>
<p>-¿Eliot? ¿Y qué tal si entramos? ¿Shall we follow the deception of the thrush? –propuse, o propuso.</p>
<p>-Sabés que estaba esperando esa invitación –respondimos, al unísono.</p>
<p>-Esto puede ser el principio de una hermosa amistad…</p>
<p>Adentro dos Jon y dos Rex, potenciadísimos y en fase casi perfecta, estaban delirando/arruinando un tema de King Crimson, de la época de The Projeckts, en mash-up –me pareció- con “Dislocated day”, de Porcupine Tree. Cuando terminaron (todos los parroquianos aplaudieron a rabiar) me acerqué al rincón donde habían improvisado un escenario a la Unplugged in NY, de Nirvana, con todas las velas disponibles en el bar; Jon, el de mi universo, me tendió la guitarra. Arrimé una silla y me uní al grupo. Miré al otro Federico, que se separaba de nuestra órbita y se acomodaba ante la barra. Me sentí solo y lleno de energía, como si hubiese entendido en ese preciso momento por qué debía partir hacia la batalla en la que moriría combatiendo a cientos de orcos de Isengard. Y miré después a Agustina, que me saludó con su gesto de siempre, con esa mano que recordaba a la perfección, y también a Cecilia y por último a Rex, para transmitirle en mi mirada la canción que íbamos a tocar. Armé un acorde de sol, conté hasta cuatro y empezamos “Ziggy Stardust”, como no podía ser de otra manera, como en todos los universos posibles.</p>
<p><strong>Autor</strong>: Ramiro Sanchiz (abril 2010)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/02/pisadas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/02/pisadas/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>El Primer Contacto</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/49qoGn0TQl8/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/02/el-primer-contacto/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 Feb 2011 23:50:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[José Carlos Canalda]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[aliens]]></category>
		<category><![CDATA[ovnis]]></category>
		<category><![CDATA[primer contacto]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4620</guid>
		<description><![CDATA[El gran momento había llegado. Sobre la amplia explanada habili­tada a propósito en las afueras de Nueva York, flotando ingrávidamente a sólo medio metro de altura, el gran disco volador aguardaba, indiferente hacia todo aquello que tenía lugar en torno suyo, a que llegara la hora del primer contacto físico entre la humanidad y una [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El gran momento había llegado. Sobre la amplia explanada habili­tada a propósito en las afueras de Nueva York, flotando ingrávidamente a sólo medio metro de altura, el gran disco volador aguardaba, indiferente hacia todo aquello que tenía lugar en torno suyo, a que llegara la hora del primer contacto físico entre la humanidad y una civilización extraterrestre.<span id="more-4620"></span></p>
<p>La explanada, por el contrario, bullía de actividad. Más capital del mundo que nunca, Nueva York había visto incrementarse hasta límites nunca conoci­dos su ya de por sí numerosa colonia diplomática, gracias a la llegada de numerosos jefes de estado y de gobierno que habían querido presenciar personalmente el histórico acto. Para todos ellos había sido habilitada una tribuna circular que rodeaba por todos los lados al platillo; tribuna que, desde hacía ya varias horas, se encontraba completamente repleta.</p>
<p>Por la parte exterior de la tribuna había un segundo andamiaje circular en el que se apiñaban varios miles de periodistas encargados de cubrir la noticia; no ocurría así con las cámaras de televisión ya que la única cadena que había  conseguido los derechos exclusivos de retransmisión, pagándolos por cierto a precio de oro y efectuando no obstante el mejor negocio de la historia de la teledifusión, había optado por situar sus cámaras en cuatro altas torres construidas ex profeso para tal fin por detrás de la tribuna de la prensa, junto con un quinto equipo instalado a bordo de un helicóptero que revoloteaba en torno al escenario del acontecimiento.</p>
<p>El tercer y último círculo estaba formado por un impresionante aparato militar que incluía, junto con fuerzas acorazadas y piezas de artillería, la ostensible presencia de varias escuadrillas de aviones y helicópteros que surcaban continuamente el purísimo azul del cielo. Aun cuando se sabía a ciencia cierta que las intenciones del extraño visitante eran completamente pacíficas, el alto mando nortea­mericano había ordenado el despliegue de sus mejores fuerzas más por afán propagan­dístico (no se sabía a ciencia cierta si para impresionar al extraterrestre o más bien a los egregios visitantes) que por efectividad real; en el caso hipotético de que el platillo volante se mostrara hostil, no podrían atacarlo sin destruir al mismo tiempo a las dos tribunas con sus ocupantes incluidos&#8230; Suponiendo que tan sofisticado aparato fuera vulnerable a las armas terrestres, hecho éste que muchos expertos se atrevían a poner en duda.</p>
<p>Los científicos, por su parte, habían quedado marginados a pesar de ser ellos quienes consiguieran establecer el primer contacto&#8230; Pero puesto que el extraterrestre hablaba a la perfección varios idiomas, los responsables de la organización estimaron que su presencia era sencillamente innecesaria. Además, así se evitarían situa­ciones embarazosas en cuestiones de protocolo.</p>
<p>Tan sólo faltaban ya algunos minutos para que el platillo abriera la puerta mostrándo­se a los ojos de miles de millones de personas de todo el planeta el único tripulante de aquella maravillosa nave venida de allende las estrellas. Tan sólo unos minutos, que habían precisado varios años de febril actividad.</p>
<p>Todo había comenzado hacía ya casi cinco años, cuando un astrónomo descubrió casi por casualidad un pequeño puntito luminoso que se movía dentro de la constelación de la Osa Mayor. Según todas las cartas estelares en tal posición no podía haber nada, pero el punto continuaba moviéndose con rapidez apenas a medio grado de la estrella Alcor, burlándose aparentemente de todos los astrónomos que tenían la vista fijada en él.</p>
<p>La cuestión resultaba ser todavía más espinosa si se tenía en cuenta que prácticamente todos los astros del sistema solar se movían sin excepción dentro de la estrecha franja del zodíaco, muy alejada de la constelación circumpolar de la Osa Mayor. No podía ser, pues, un asteroide desconocido; tampoco era un cometa, y la rapidez de su movimiento excluía tajantemente la posibilidad de que pudiera tratarse de un cuerpo situado más allá de las fronteras del sistema solar.</p>
<p>Bastó una sencilla medición de su paralaje para acabar definitiva­mente con la encendida polémica suscitada en el seno de la comunidad científica acerca del origen y la naturaleza del extraño cuerpo, y de hecho sorprendió a todos el comprobar que, en contra de lo que se creía, el móvil se encontraba realmente próximo&#8230; Ya que eran apenas unas cuantas decenas de miles de kilómetros las que separaban a la Tierra de su visitante, el cual había adoptado una órbita polar en torno a nuestro planeta. Se trataba, como se pudo asimismo calcular, de un cuerpo muy pequeño, quizá tan sólo de algunos centenares de metros de diámetro.</p>
<p>Mientras periódicos y revistas hablaban alegre­mente de la posibilidad de una invasión extraterrestre procedente de otras estrellas (Marte por aquel entonces estaba ya muy devaluado) e incluso no faltaban quienes afirmaban que la Tierra se encontraba frente a la segunda venida de Cristo, Mahoma o Buda según gustos personales, los astrónomos, mucho más pragmáticos ya que al fin y al cabo era ésta su obligación, decidieron enfocar un radiotelescopio hacia el cuerpo al tiempo que cruzaban los dedos&#8230;</p>
<p>Y por increíble que parezca, obtuvieron resultados positivos. El objeto respondió inmediatamente a las llamadas de la Tierra emitiendo a su vez un mensaje completamente ininteligible pero indudablemente codificado por una mente inteligente. Ya iniciado el contacto lo demás resultaría muy sencillo, máxime cuando transcurridos apenas algunos meses su interlocutor se mostró perfectamente capaz de expresarse con toda corrección en idiomas tales como español, ruso, inglés, chino, francés e italiano.</p>
<p>Con media comunidad científica volcada en el estudio de la astronave (porque ya no cabía la menor duda de que lo era), no se tardó mucho en poder dialogar con el ser que tripulaba el vehículo interestelar. Y, por vez primera en la historia, los hombres fueron conscientes de que no eran los únicos&#8230; ni probablemen­te los primeros.</p>
<p>El intercambio de información, al cual accedió gustosamente el alienígena, resultó ser sumamente fructífero para ambas partes. Los científicos terrestres pudieron obtener de primera mano todo un aluvión de datos que, sin ayuda, hubieran tardado varios siglos en recopilar, y el extranjero por su parte pudo saciar su curiosidad acerca de temas tales como la evolución de la vida en la Tierra o la articulación de la compleja trama social de los habitantes del planeta.</p>
<p>No hubo apenas límites a este intercambio de ideas; tan sólo se plantearon reservas (lógicas, al menos para los responsables gubernamentales) a la hora de comunicar secretos militares o tecnológicos, mientras que por parte del visitante resultaron infructuosos todos los intentos de obtener información sobre su metabolismo e, incluso, sobre su propio aspecto físico.</p>
<p>Fueron muchas las cábalas que se hicieron acerca de la razón de esta aparentemente absurda negativa, pero la promesa hecha por el extraterrestre de que pasado un tiempo prudencial descendería sobre la Tierra, hizo acallar todos los rumores. De hecho la nave había descendido ya&#8230; ¿Pero qué estaría haciendo en estos momentos el ser que se cobijaba tras sus recias paredes metálicas?</p>
<p><em>Djxlmrqs</em> -ésta era la transcripción más aproximada que se podía hacer de su enrevesado nombre- ultimaba los preparativos para el contacto. De hecho tan sólo le faltaba ya un último detalle no por ello menos importante: tenía que decidir la forma física más apropiada para el acontecimiento ya que él, al igual que la totalidad de los miembros de su especie, carecía de forma propia pudiendo adoptar la más apro­piada para cada momento.</p>
<p>Éste, y no otro, había sido el motivo de su negativa a dar el menor detalle sobre su aspecto; conocía perfectamente las perniciosas consecuencias que habían acarreado los bruscos contactos entre su especie y varias civilizaciones primitivas, choques agravados por la peculiar fisiología de la misma, única en toda la superpoblada galaxia. <em>Djxlmrqs</em> era plenamente consciente del riesgo en que incurriría en el caso de que se mostrara ante los terrestres con su verdadero aspecto, y por ello había decidido adoptar una forma rígida -¡con lo incómoda que resultaba!- que mantendría mientras las circunstancias así lo aconsejaran.</p>
<p>Pero a pesar de que el plazo de tiempo se agotaba, <em>Djxlmrqs</em> continuaba aún en su cómoda y habitual conformación ameboide. Tan sólo necesitaría algunos segundos para adoptar su disfraz, pero aún dudaba sobre cual escoger. Evidente­mente una forma demasiado extraña o amenazante alarmaría de forma innecesaria a los terrícolas, pero por otro lado estaba convencido de que tampoco sería conveniente mimetizarse en un ser humano ya que su conocimiento de la especie, obteni­do exclusivamente a través de las emisiones de televisión captadas en órbita, no era lo suficientemente completo como para atreverse a correr el riesgo de incurrir en un embarazoso y desagradable error.</p>
<p>Lo más factible sería, sin duda, adoptar la forma de algún ser que, sin ser humano, sí fuera conocido por sus anfitriones; esto le permitiría acercarse a ellos sin demasiados problemas mientras que la posibilidad de un error quedaría de esta manera muy minimizada. Rápidamente recordó una forma humanoide que había tenido ocasión de contemplar en un corto fragmento de una de las ficciones que los humanos denominaban películas y que él, al ser incapaz de comprender a pesar de entender perfectamente los diálogos, solía dejar de lado apenas visualizados algunos momentos.</p>
<p>Recordaba perfectamente la apariencia física de aquel ser, y por lo tanto, no tendría la menor dificultad en adoptar un aspecto en todo semejante a él; con una pequeña salvedad. A pesar de la gran versatilidad de su cuerpo, su masa siempre tenía que mantenerse constante y, aunque podía modificar en ciertas proporcio­nes su volumen, existían de hecho unos limites que no se podían rebasar. <em>Djxlmrqs</em> conocía perfectamente el tamaño de los terrícolas y sabía que, por mucho que se comprimiera, su cuerpo seguiría siendo algo más grande de lo ideal.</p>
<p>Encogién­dose filosóficamente de hombros (o mejor dicho, realizan­do el gesto equivalente ya que, a pesar de su nueva forma corporal, <em>Djxlmrqs</em> ignoraba estas pequeñas costumbres terrestres), el extraterrestre se dirigió hacia la puerta de la nave desgranan­do mentalmente los segundos. Cuando por fin llegó el  momento abrió triunfalmente la misma, enfrentándose al rectángulo azul de cielo que se recortaba frente a sus recién formados e inoperantes ojos. El contacto era ya un hecho.</p>
<p>*     *     *</p>
<p>Faltaban tan sólo unos segundos para que la puerta de la nave se abriera. En la explanada, el silencio se podía cortar con un cuchillo. En el centro de la misma, frente el majestuoso aparato, se encontraban tres personas: el presidente de los Estados Unidos de América, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas y el alcalde de la ciudad de Nueva York. Estos tres insignes políticos serían por derecho propio quienes dieran la bienvenida al extraño en nombre de toda la humanidad; bienvenida que estaba ya a punto de producirse.</p>
<p>Una de las cuestiones que mayor polémica había desatado en todo el planeta era la hipotética constitución física del recién llegado. Había quien opinaba que tenía que tratarse necesariamente de un humano o un humanoide, aunque no faltaban tampoco los defensores de la tesis que postulaba que una evolución convergente en dos planetas separados por un abismo de varios años luz era poco menos que imposible, por lo que cabía esperar con toda seguridad el descubrimiento de una forma de vida totalmente extraña a los esquemas imperantes en la Tierra. Otros había también, aunque éstos eran minoritarios, que defendían todo un abanico de posibilidades que iban desde los enanos cabezones hasta los pulpos flotantes, pasando por todo un aquelarre de seres tan aberrantes como cerebros gigantes, insectos monstruosos, vegetales andantes o robots autorregenerables&#8230; Sólo una de estas teorías, como mucho, tendría razón, ¿pero cuál?</p>
<p>Pronto, muy pronto, saldrían todos de dudas. La puerta ya se estaba abriendo y, tras ella, se perfilaba el bulto del extraño que salió finalmente a la luz&#8230; Que levantó su mano a la vez que formulaba en voz alta un ritual y estudiado saludo&#8230; Y que&#8230;</p>
<p>Nunca se supo quién de entre todos los allí presentes gritó primero; lo cierto fue que apenas unos segundos después toda la explanada era un maremágnum de lamentos, exclamaciones de terror, carreras e imprecaciones. Jefes de estado, periodistas y militares desde generales hasta soldados, democráticamente hermanados en su pugna por huir desesperadamente del interior del triple recinto, dejaron desalojada la amplia explanada en un tiempo tan breve que, apenas unos minutos después de abierta la puerta de su nave, el extraterrestre se encontró con que era el único ser vivo existente en varios kilómetros a la redonda. Los aviones habían desaparecido del cielo como por ensalmo y, para alivio de los telespectadores, las abandonadas cámaras de televisión mostraban tan sólo porciones impolutas de cielo.</p>
<p>Sorprendido y, por vez primera en su vida perplejo, <em>Djxlmrqs</em> recorrió con sus sentidos (sería inútil definirlos como visión) el desolador entorno que le rodeaba: Tan sólo quedaban las vacías gradas y el heterogéneo material precipitada­mente aban­donado por sus propietarios, material que abarcaba desde baterías de cohetes tierra-aire hasta teléfonos portátiles y cámaras fotográficas pasando por las olvidadas cuartillas del discurso presidencial que yacían ahora a sus pies; esta abigarrada colección de objetos inanimados era cuanto restaba de la espectacular comisión de bienvenida que aguardara en torno a él apenas unos minutos antes. Y de repente, tuvo la desagradable impresión de que su misión había fracasado estrepitosamente.</p>
<p>¿Por qué razón? Probablemente nunca lo sabría. Lo cierto era que nada le quedaba ya por hacer allí y que un segundo intento de acercamiento resultaría tan infructuoso como el primero. De repente se sintió incómodo: había olvidado que aún continuaba con la incómoda y rígida conformación humanoide que de nada le servía ya, por lo que automáticamente la disolvió volviendo a adoptar la ameboide que le era propia.</p>
<p>Pensativo volvió a su cabina. Él no era un científico sino un simple comerciante que se había desviado inadvertidamente de su ruta yendo a parar a una de las regiones más salvajes y atrasadas de toda la galaxia. Sí, ya le habían advertido que poco podría obtener intentando comerciar con tan primitivos seres, y también sabía que, precisamente por eso, nadie se había molestado en viajar hasta allí desde hacía varias revoluciones galácticas. Pero él había creído que al menos podría amortizar el gasto energético, y por otro lado un insignificante retraso de algunas revoluciones planetarias apenas le haría perder algo de tiempo.</p>
<p>Pero algo había ido mal a pesar de su meticuloso acercamiento. ¿Habría sido su caracterización? Lo dudaba. En el fragmento de película del cual se había inspirado, este humanoide (Frankestein se llamaba, si no recordaba mal) convivía con los humanos sin que éstos mostraran demasiada extrañeza&#8230; ¡Si hasta los niños y los ancianos se relacionaban amistosamente con él! Y el hecho de que su altura fuera ligeramente mayor que la del original, apenas unos cuatro metros según el sistema de medidas terrestre, no había modificado substancialmente su aspecto.</p>
<p>Lamentándose por toda la energía despilfarrada tan inútilmente, <em>Djxlmrqs</em> se acomodó frente a los controles al tiempo que seleccionaba cuidadosamente su próximo destino: tendría que ser lo suficientemente rentable como para que le permitiera cubrir las pérdidas de su fracasado viaje a la Tierra. Afortunadamente la mayoría de los habitantes de la galaxia solían ser mucho más inteligentes&#8230; Ahora com­prendía por qué nadie visitaba nunca este planeta; desde luego, él no volvería a perder el tiempo tan miserablemente. ¡Al precio que estaba la energía!</p>
<p>-<em>¡Qué extraños son los terrícolas!</em> -suspiró al tiempo que conectaba el contacto de su astronave.</p>
<p>Y se marchó.</p>
<p><strong>Autor</strong>: José Carlos Canalda</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/02/el-primer-contacto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/02/el-primer-contacto/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>La otra Horda</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/tauzero-blog/~3/rD0_xVNVEew/</link>
		<comments>http://www.tauzero.org/2011/02/la-otra-horda/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 13 Feb 2011 20:53:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>rmundaca</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carlos Paez]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[zombies]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.tauzero.org/?p=4605</guid>
		<description><![CDATA[Están muy cerca, sus gemidos llenan la noche, desde las paredes, las ventanas, las grietas, cada orificio en los muros acribillados resuena con los ecos de su presencia. Camino lentamente hacia el centro, no hago mucho ruido aunque en realidad no me importe, quisiera pensar que me escabullo y escapo, pero la verdad es que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Están muy cerca, sus gemidos llenan la noche, desde las paredes, las ventanas, las grietas, cada orificio en los muros acribillados resuena con los ecos de su presencia.</p>
<p>Camino lentamente hacia el centro, no hago mucho ruido aunque en realidad no me importe, quisiera pensar que me escabullo y escapo, pero la verdad es que voy directo hacia ellos, camino voluntariamente hacia una horda de cadáveres reanimados, putrefactos, hambrientos.<span id="more-4605"></span></p>
<p>Nada queda para mí en este mundo.</p>
<p>Nadie supo cómo comenzó, los rumores posteriores al gran pánico, esos de fogata escondida y miradas nerviosas a la oscuridad con los dedos en los gatillos, decían que fueron los chinos, rusos, extraterrestres, quizás hasta los malditos jinetes del Apocalipsis. Mil explicaciones, mil acusaciones, y sin embargo ninguna servía de nada, no cambiaban nada.</p>
<p>También hubo rumores al comienzo, los primeros casos no fueron pocos, y es que para cuando la olla se destapó ya eran cientos de miles en cada rincón del mundo, cada ciudad con terminal aéreo, carreteras, puertos o ferrocarriles, prácticamente cualquier maldito lugar con una estación de buses tenía sus propios pacientes cero a sólo unos días de la primera alarma.</p>
<p>Porque la alarma se dio. No por los gobiernos claro, los políticos habrían escondido todo si hubieran podido, aunque tuvieran a un maldito zombie mordiéndoles el culo. No, fueron las redes sociales, primero como broma, como un juego, luego con terror a medida que los teóricos de la conspiración se cagaban en sus pantalones ante una crisis que resultaba temiblemente obvia.</p>
<p>En la oscuridad de un paseo peatonal me doy unos segundos para divagar mientras inexorablemente me acerco lentamente hacia la masa de no muertos, el peso del chaleco con los explosivos se siente vagamente bajo mi camisa, algunos escaparates rotos me muestran las antes añoradas pantallas de plasma, ahora sucias y silentes, ya arruinadas por su propia complejidad. Inútiles ejemplos de una época donde todos estábamos conectados y sin embargo seguíamos abismantemente separados, pegados a la incertidumbre transmitida por los canales de noticias.</p>
<p>La censura no fue suficiente ni siquiera antes del gran pánico, demasiadas filtraciones, demasiada curiosidad, demasiadas preguntas. Pero eso fue los primeros días, después importó un carajo, todo el mundo estaba demasiado ocupado salvando sus vidas como para buscar culpables.</p>
<p>En cosa de semanas ni el más recóndito villorrio estaba limpio. Todo básicamente se fue al demonio.</p>
<p>La contención prácticamente no pasó de planes bien intencionados, de hecho los disparos sin ton ni son llegaron bastante más rápido de lo que hubiéramos esperado, bastó bien poco para que militares y policías se pusieran muy nerviosos y aprendieran a disparar primero y preguntar después. Las masacres se hicieron comunes, aumentaron el pánico y éste las victimas. Ergo… más zombies y más terror.</p>
<p>La avenida a lo lejos está repleta, como en locura de ventas de fin de año, aunque nadie del público tiene cara de espíritu navideño. Es una horda grande, de esas que se veían al principio, me costó encontrar una de este tamaño, una que valiera la pena supongo, al menos diez cuadras del centro de la ciudad rebosantes de cadáveres y a cada segundo estoy mas cerca del peligro.</p>
<p>Quizás hubiera balas suficientes, bombas, tanques. Quizás hubiera tácticas o defensas adecuadas. Quizás que alguien en algún momento supiera más o menos qué hacer.</p>
<p>Lo que no hubo fue voluntad, confianza o valor.</p>
<p>Cuando las hordas pasaron por encima de los ejércitos, quienes sobrevivieron simplemente colgaron las botas y se largaron, decididos a cuidar sus propios culos y los de sus seres queridos.</p>
<p>Otros peores decidieron perseguir esos culos. Los zombies son lentos, estúpidos, sin ambición ni planes ocultos. Los humanos no, cuando quieren son depredadores aun más temibles y eso resultó ser una mierda.</p>
<p>Veo ya cientos de no muertos enzarzados en el juego inexplicable de cruzar la calle topándose unos con otros. Lo que nunca dicen en las películas es que la mayoría no se hace zombies por los zombies, no de forma automática, cuando atrapan a un vivo éste no tiene tiempo para transformarse en uno de ellos, es carne molida y digerida mucho antes. Casi todos han engrosado la horda no por las mordidas de sus congéneres sino por acción de los vivos, por la lujuria, la codicia o la simple estupidez. Un anillo, un buen cuerpo, una lata de comida, todas razones valederas para algunos bastardos para cegar una de las escasas vidas restantes, para condenar gratuitamente a las víctimas.</p>
<p>Esquivar cadáveres ambulantes no es un deporte que necesite un nivel olímpico, pero no puedes escapar de una bala, correr más que un jeep o reventarle tranquilamente la cabeza a un bruto de 90 kilos, armado con una uzi empeñado en divertirse con tu hermana pequeña y de paso contigo. Esos hijos de puta fueron la verdadera amenaza. Ellos destruyeron la civilización. Los zombies sólo estaban para ser la máquina de reciclaje del gran picadillo de carne.</p>
<p>Bajo la fachada de un banco veo a varios aún frescos, incluso limpios, algunos de ellos deben haber sido de los peores, deben haber tenido días de fiesta, rapiñando lo que encontraran, depredando lo que se les pusiera por delante.</p>
<p>Claro que el karma es poderoso. No es cosa de superstición, simplemente es ecuación matemática. La probabilidad que un zombie te alcance es mayor si te pillan con los pantalones abajo y ebrio como cuba.</p>
<p>Así que los mismos bastardos armados y calenturientos empeoraron la cosa y engrosaron las filas de los caminantes.</p>
<p>Sigo avanzando decididamente hacia la horda, trato de pensar que tengo la conciencia limpia, que intente ser un hombre desde el principio, de pelear por mí y los demás, lo cierto es que no tengo ese descanso.</p>
<p>Claro que siempre hay algunos que hacen lo debido y luchan cada minuto por mantener unidos los jirones de humanidad que quedan dispersos, como aquel que refugió a sus vecinos sin saber que a la pequeña que solía enervarle los nervios en el columpio le faltaba un pedazo de tobillo, y terminó cayéndole desde el entretecho una hambrienta familia de cuatro, con la versión antropófaga de Ana Frank como capitana del equipo. O aquel que pasó semanas atrincherándose a conciencia, y por caridad le abrió las puertas a los desdichados que deambulan al borde de la locura y le cortaron la cabeza por una lata de arvejas. O el profesional de la salud que incansablemente buscaba una cura milagrosa que terminara la pesadilla.</p>
<p>Yo pude ser ése, pero no tuve tanto coraje. Algunos murieron defendiendo sus pacientes o trabajando hasta el último segundo salvando vidas. Yo escapé. Fui un maldito cobarde y la verdad es que mi conciencia estaba demasiado ocupada corriendo como para sentir remordimientos.</p>
<p>Trato de concentrarme de nuevo en el ahora. Salgo, estoy al descubierto, la luna ilumina mi cara sucia y ajada, se acercan lentamente, muchos me miran ansiosos.</p>
<p>Es el terror mismo, hay hambre en cada mirada, un hambre primitiva, absoluta, inmisericorde.</p>
<p>Poco me importa ya.</p>
<p>Hace unas semanas quedábamos algunos vivos en una parcela, nos habían acorralado en un puente y casi no lo contamos&#8230; bueno, varios nunca lo harán. Perdimos a la mitad ese día, otros más durante las horas siguientes, los heridos, los mordidos, desdichados entre desdichados, se apagaron con los mismos síntomas de siempre, primero los temblores a medida que el virus se colaba entre las <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fascia">fascias</a> musculares e interactuaba con los receptores de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Acetilcolina">acetilcolina</a>, luego la hipertermia que los consumía, con lo que llegaban las visiones y sudores sanguinolentos en cada poro cutáneo, casi como en las fiebres hemorrágicas del Congo, a medida que el sistema inmune trata inútilmente de reaccionar, llenando cada tejido con más y más virus.</p>
<p>Están concientes, al menos la mayor parte de la etapa crítica de la infección, sintiendo como se pudren por dentro, viéndose morir minuto a minuto, y esa angustia lleva al terror y a la adrenalina, que sobre estimula el corazón y abre las arterias, acelerando el proceso.</p>
<p>Nadie lo acepta, lo callan, lo esconden, si los descubren y nadie los despacha de inmediato lloran, suplican y se lamentan hasta que ya no les quedan más fuerzas que para esperar lo inevitable.</p>
<p>Entonces llega ese ser querido que espera a que cambie o esté a punto de hacerlo y le planta una bala en la cabeza.</p>
<p>Ese día en la parcela, como en bastante otros, hubo muchos tiros de caridad y algunas frases que se quedaron grabadas. Misericordia le dicen algunos, simple precaución otros. Pero siempre con algún dejo de autocomplacencia, de explicación inútil, de calmar el recuerdo de la presión del gatillo en el dedo que nunca se irá.</p>
<p>Si había un niño en esos días, de los pocos que quedaban, era aún peor, nos destrozaba el alma, así que como humanos inventábamos, buscamos la tergiversación que de sentido a lo que claramente poco lo tiene.</p>
<p>“Mama se había ido antes, eso no era la mamá, ya nada quedaba de ella”.</p>
<p>Si, eso ya no es mamá, es sólo el cascaron de lo que alguna vez fue, sólo un cadáver reanimado impulsado por instintos básicos surgidos de un tronco encefálico parcialmente activo. No hay sentimientos, no hay emociones, ni siquiera ideas medianamente complejas y procesos cerebrales depurados, todo la actividad del neocórtex se ha ido, sólo nuestros ancestrales vestigios de cerebro de reptil, dejando sólo vacío y muerte.</p>
<p>Dios, como quisiera que fuera así. George Romero estaba muy equivocado.</p>
<p>Estoy rodeado, la horda de zombies pasa a mi lado, alguno olisquea el aire buscando algún aroma mas allá de la podredumbre, uno incluso dedica una larga mirada inquisidora a mi piel grisácea y otro me golpea el hombro tratando de abrirse paso en la danza caótica que es la avenida.</p>
<p>No siento el golpe, la misma noción de mi piel es la conclusión cosechada por la fugaz visión involuntaria de mi reflejo en un no tan polvoriento escaparate, gracias a la poca confiable conexión que aún parezco mantener con mis nervios oculares.</p>
<p>No me muerden, pasan a mi lado y me ignoran.</p>
<p>Así que simplemente soy uno más, otro recipiente sin alma buscando como saciar ese hambre omnipresente, cargando un fantasma en la mente mohosa, otro engranaje del pinball gigante que es la multitud en la calle.</p>
<p>Es que dentro de la horda que deambula por la avenida hay otra horda. Una horda deambulando entre paredes negras, flashes de imágenes y ecos inconexos. Somos aquellos que nos vemos gritando tras ojos marchitos y purulentos, rostros desencajados tras pupilas blanquecinas, trazos surrealistas de conciencia, inmersos en la cruda realidad de autistas demoniacos actuando como amos despiadados de lo que alguna vez fue nuestro.</p>
<p>Solo queda el horror y el silencio. Gritar sin voz, llorar sin lágrimas. Golpear con puños imaginarios las negras paredes de nuestra prisión, lo último que queda de nuestra mente, mientras somos testigos impotentes de horrores cometidos con nuestro rostro, por un cuerpo del cual no tenemos ni el menor control.</p>
<p>Siento en brumas fragmentos de la frialdad en la que era mi piel, el gusto metálico de la sangre descompuesta, la ira explosiva ante un obstáculo incomprendido en el camino, el deseo quemante ante carne viva.</p>
<p>No, no somos cascarones vacíos. No, no se ha perdido todo lo que fuimos. No, no descansamos ajenos al horror que nuestros cuerpos traen al mundo. Es simplemente que ninguno puede decirlo.</p>
<p>Sólo somos mentes parcialmente activas, avatares mentales acurrucados en posición fetal en prisiones oscuras tratando de taparse los oídos ante el terror que nos rodea. Sólo quiero morir, de verdad, pero este cuerpo que me encierra y funciona por sí solo, simplemente no puede hacerlo.</p>
<p>Ya no me importa si me voy al infierno por lo que hice o no. Sólo quiero volver a cerrar los ojos, dejar de sentir que no respiro, olvidar el hedor que despido, dejar esta prisión de silencio.</p>
<p>Sólo quiero que algún bastardo me meta una bala entre los ojos de una vez por todas, o mejor aún, la encaje en el detonador de los cuatro kilos de C4 que llevo encima, justo cuando estoy al medio de la horda.</p>
<p>¡Dios que hambre tengo!</p>
<p><strong>Autor</strong>: Carlos Paez</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.tauzero.org/2011/02/la-otra-horda/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/cl/</creativeCommons:license>
	<feedburner:origLink>http://www.tauzero.org/2011/02/la-otra-horda/</feedburner:origLink></item>
	</channel>
</rss>
