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	<title>Textos y Pretextos</title>
	<link>http://www.textosypretextos.com.ar/</link>
	<description>Weblog de artículos, cuentos, fotografías, y divagues varios por Martín Gaitán.</description>
	<language>es</language>
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		<title>Aire durando</title>
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		<dc:creator>Manuel del Cabral, Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>¿Quién ha matado este hombre que su voz no está enterrada? Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja... Este sudor... ¿por quién muere? ¿por qué cosa muere un pobre? ¿Quién ha matado estas manos? ¡No cabe en la muerte un hombre! Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja... ¿Quién acostó su estatura que su voz está parada? Hay muertos como raíces que hundidas... dan fruto al ala. ¿Quién ha matado estas manos, este sudor, esta cara? Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd (...)

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&lt;a href="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros" rel="directory"&gt;De otros&lt;/a&gt;


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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class="spip_poesie"&gt;
&lt;div&gt;¿Quién ha matado este hombre&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;que su voz no está enterrada?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Hay muertos que van subiendo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;cuanto más su ataúd baja...&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Este sudor... ¿por quién muere?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;¿por qué cosa muere un pobre?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;¿Quién ha matado estas manos?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;¡No cabe en la muerte un hombre!&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Hay muertos que van subiendo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;cuanto más su ataúd baja...&lt;/div&gt;
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&lt;div&gt;que su voz está parada?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Hay muertos como raíces&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;que hundidas... dan fruto al ala.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;¿Quién ha matado estas manos,&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;este sudor, esta cara?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Hay muertos que van subiendo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;cuanto más su ataúd baja...&lt;/div&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Historia de una mujer bomba</title>
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		<dc:date>2012-12-12T03:48:22Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>&lt;p&gt;San Miguel de Tucumán, la capital de Tucumán, una provincia ubicada en el Norte de la Argentina, tiene sus calles repletas de naranjos. Están dispuestos en hilera en casi todas las aceras y eso hace que la ciudad entera destile una euforia boba, a veces insoportable. Frente a la casa de Susana Trimarco de Verón hay uno de esos árboles. Conserva todos sus frutos –nadie los ha llevado- y es fácil detenerse en ese mínimo paisaje y tener un acceso de tranquilidad: en Tucumán la gente es buena, parece, y no arranca nada que no le pertenezca.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Qué decís? –interrumpe Trimarco y frunce la nariz con asco-. A estas naranjas no se las roban porque son amargas, son feas. No sirven para nada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco tiene 53 años y un pasado optimista. Cinco años atrás tenía también un marido, una casa, dos trabajos, dos autos y dos hijos: Horacio, que se fue a vivir al Sur de la Argentina, y María de los Ángeles –Marita-, una chica de sonrisa panorámica que una mañana salió de su casa para ir al médico y nunca más volvió. La desaparición ocurrió el 3 de abril de 2002. Ese mismo día, Trimarco dejó de ser lo que era –un alma en orden- para transformarse en esto: una persona de labios duros que se para en la acera, mira un naranjo, hace una mueca de desprecio y dice que acá, en Tucumán, nada es lo que parece.&lt;/p&gt;

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		&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;San Miguel de Tucumán, la capital de Tucumán, una provincia ubicada en el Norte de la Argentina, tiene sus calles repletas de naranjos. Están dispuestos en hilera en casi todas las aceras y eso hace que la ciudad entera destile una euforia boba, a veces insoportable. Frente a la casa de Susana Trimarco de Verón hay uno de esos árboles. Conserva todos sus frutos –nadie los ha llevado- y es fácil detenerse en ese mínimo paisaje y tener un acceso de tranquilidad: en Tucumán la gente es buena, parece, y no arranca nada que no le pertenezca.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Qué decís? –interrumpe Trimarco y frunce la nariz con asco-. A estas naranjas no se las roban porque son amargas, son feas. No sirven para nada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco tiene 53 años y un pasado optimista. Cinco años atrás tenía también un marido, una casa, dos trabajos, dos autos y dos hijos: Horacio, que se fue a vivir al Sur de la Argentina, y María de los Ángeles –Marita-, una chica de sonrisa panorámica que una mañana salió de su casa para ir al médico y nunca más volvió. La desaparición ocurrió el 3 de abril de 2002. Ese mismo día, Trimarco dejó de ser lo que era –un alma en orden- para transformarse en esto: una persona de labios duros que se para en la acera, mira un naranjo, hace una mueca de desprecio y dice que acá, en Tucumán, nada es lo que parece.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		
		
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;—Esta ciudad, linda como la ves, está llena de mafiosos –se queja. Y entra a su casa de un portazo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Marita Verón, su hija, fue raptada por una red dedicada al tráfico sexual. Desde entonces, Trimarco es la principal responsable de que a Tucumán ya no se la conozca nacionalmente como “el Jardín de la República” –en virtud de sus divinas flores y sus naranjales- sino como el epicentro de una producción bastante más amarga: el secuestro y la trata de mujeres, una práctica que existió siempre pero que, con el caso Verón, parece haber nacido ante los ojos del Estado y la opinión pública. En los últimos años, el "caso Marita" instaló el tema de la trata de blancas en la agenda política nacional y transformó a Trimarco en un personaje casi de ficción: pateó literalmente las puertas de los despachos oficiales pidiendo respuestas, devino en un referente público más confiable que la policía local (la gente acude a ella cuando desaparece alguien), se disfrazó de prostituta para averiguar por el paradero de su hija, y con muy poco apoyo del Estado participó del rescate de ciento quince chicas que vivían esclavizadas en burdeles de todo el país. Este combo alucinado –tragedia, acción, heroísmo, metidos en el frasco chico de una mujer que no supera el metro y medio de estatura- hizo que el pasado mes de abril Trimarco recibiera, en Estados Unidos, un reconocimiento de los supuestamente “grandes”. La secretaria de Estado, Condoleeza Rice, le entregó el galardón a Mujer Coraje, uno de esos premios que suelen darse a las líderes de Zimbabwe, Letonia, o cualquier otro país al borde de la cultura occidental.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—A mí me reconocen mucho afuera. No digo solamente la Condoleeza Rice: yo voy a Buenos Aires y me siento en el restaurante y no me quieren cobrar la comida, voy a comprarme unos zapatos y el dueño me dice: “¿Usté es la madre de Marita Verón?”, y entonces me dice que está orgulloso de mí ¡y no me cobra los zapatos! Pero llego a Tucumán y es imposible. Hay mucha gente buena, m'hija, pero hay otra que no me quiere nada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco cruza las piernas y se mira los pies. Lleva unas botas negras, lustrosas, sencillas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—No me quieren porque soy una bomba atómica en la puerta del trasero de los políticos, esa es la cuestión.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La casa de Trimarco es grande, salvo el living: una superficie breve donde se amontonan un piano, tres sillones, algunos diplomas y una ventana amplia por la que entra una luz ambarina y tranquila. En todos los rincones hay fotos familiares, y en esas fotos siempre está esa cara con esa sonrisa: Marita con su madre, su padre, su hija, su hermano y con una rosa entre los dedos, bailando, el día que egresó del colegio secundario. Marita era, según Trimarco, esa clase de persona que cree que al futuro hay que llegar contento y capacitado. Había hecho cursos para todo -computación, repostería, decoración de interiores- y también, como era habilidosa con las manos, había empezado la licenciatura en Artes en la Universidad Nacional de Tucumán. Fue allí donde conoció a David Catalán: un chico morocho, delgado y retraído, que a Trimarco siempre le pareció poco para su hija.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;David y Marita se pusieron de novios a los veinte años, tuvieron una niña (Micaela) doce meses después, y se mudaron juntos a un barrio de viviendas estatales llamado Las Talitas, siete kilómetros al Norte de San Miguel de Tucumán. El edificio era (es) una construcción maciza, desangelada y gris; el tipo de lugares al que acude la clase media empobrecida cuando logra asegurarse un techo. Pero David y Marita estaban felices. Para pagar la cuota del departamento –y mientras seguía estudiando Arte- Marita empezó a vender tortas a las estaciones de servicio de la zona. Con el dinero ganado, más una ayuda económica de su madre, se puso un almacén y hasta le prestó un capital a David para que comprara una moto y saliera a trabajar de mensajero. A los veintidós años, los días de Marita transcurrían entre un comercio, una niña y una carrera universitaria. El futuro parecía un lugar tranquilo. Pero Trimarco estaba inquieta. Iba seguido a visitar a su hija, y cada vez que iba se quejaba un poco.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Este barrio no es para vos. Esta casa no es para vos. Esta gente no es para vos. Y este chico no es para vos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Entre las tantas cosas que inquietaban a Trimarco estaba Patricia Soria: una enfermera cincuentona que vivía en el mismo edificio y que acudía a la casa de Marita cada vez que Micaela, la niña, tenía un ataque de asma. Con el paso de los meses, Soria y Marita se hicieron casi amigas, y esa relación preocupó a Trimarco: a Soria le sonaba permanentemente el teléfono móvil y a Trimarco esa insistencia le resultaba sospechosa. A cinco años de la desaparición de Marita, los vecinos siguen diciendo que Soria era y es un gran signo de pregunta: sigue viviendo en el mismo edificio, la visitan muchos hombres, no parece tener familia y su teléfono tiene vida propia. Pero ninguno de estos detalles alarmó, en un principio, a Marita. Debe ser por eso que, una tarde, decidió hacerle a Soria una confidencia: por el momento no quería tener más hijos y pensaba colocarse un Dispositivo Intra Uterino (DIU). En un consultorio privado, el procedimiento salía cien dólares. Pero Soria le hizo una oferta: su novio, Miguel Ardiles, era el jefe de personal en la Maternidad de Tucumán –una dependencia estatal- y le podía hacer poner el DIU por siete dólares.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Ni se te ocurra –le dijo Trimarco cuando se enteró-. Vos tenés que ir a un lugar más limpio.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Mamá, prefiero usar la plata del DIU para comprar mercadería en el negocio.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El 2 de abril de 2002, Marita fue a la Maternidad para ver a Miguel Ardiles. El hombre la contactó con un médico, Prudencio Rojas Tomas, que en el acto le hizo un tacto ginecológico y le encargó unos estudios para el día siguiente. Los nuevos análisis debían hacerse entre las 9 y las 9:30 de la mañana. Marita y Micaela se quedaron a pasar la noche en la casa de Trimarco, y así fue que el 3 de abril de 2002, luego de desayunar y mientras su hija dormía, Marita se puso un jean y una remera turquesa, y salió de la casa en puntas de pie.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El primer indicio de que algo andaba mal ocurrió a las 12:30 del mediodía, cuando Trimarco llegó a su hogar y vio que Marita aún no había regresado de hacerse los estudios. Inquieta, preparó el almuerzo y esperó a su marido, Daniel Verón, que llegó dos horas más tarde.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—No quiero comer –dijo el hombre-. Me voy a la Maternidad a ver qué pasa. Tengo un mal presentimiento.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Verón se levantó, tomó las llaves del auto y se fue. En la Maternidad, todos los consultorios estaban cerrados y los pasillos eran una ciudad vacía. Volvió a su casa y le contó lo que había visto a su mujer. Trimarco, por primera vez, empezó a llorar. De nuevo en la Maternidad, pero ahora juntos, preguntaron a un empleado de seguridad por el señor Miguel Ardiles, el jefe de personal.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Quién le dijo que es jefe de personal? –fue la respuesta-. Ardiles hace la limpieza. Y además no está.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El rastreo siguió por las calles, los parques y el barrio de Marita. Golpearon la puerta de Patricia Soria, pero ella nunca estuvo o nunca abrió. Fueron a la Policía, pero no les tomaron la denuncia porque había que esperar un día. Llamaron a las amigas de Marita, pero nadie sabía nada. Durante la primera semana, la búsqueda de Marita fue una carrera anárquica y ciega: por no saber adónde ir, iban a todas partes. Fueron a los medios de comunicación. Empezaron a hacer afiches con la cara de su hija. Una noche, con una de esas fotos bajo el brazo y siguiendo una corazonada negra –la policía solía vincular las desapariciones con el trabajo sexual-, Trimarco y Verón fueron al Parque 9 de Julio, la zona roja de la ciudad de Tucumán, y empezaron a hablar con las prostitutas. Una de ellas -una mujer que había sido violada, vendida y llevada hasta La Rioja, una provincia limítrofe con Tucumán- reconoció los rasgos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—A esta chica yo la vi –dijo-. La vi en La Rioja.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Cuando Trimarco escuchó, no pudo ni siquiera desmayarse: el carácter se le puso duro y cerrado, como si fuera un tejido al que le acaban de meter un cuerpo extraño. Desde el 10 de abril de 2002, y de acuerdo a los testimonios que se fueron sumando a la “causa Verón” a lo largo de los últimos cinco años, se sabe que Marita está atrapada –si es que está viva- en algún prostíbulo de la Argentina o del exterior.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La trata de personas es, a nivel mundial, el negocio clandestino más fértil después del tráfico de armas y de drogas ilegales. En la Argentina, a su vez, y según datos de la policía tucumana, una sola chica genera entre 800 y 1700 dólares por semana, una cifra “rentable” si se considera que cada prostíbulo tiene entre quince y veinte mujeres “trabajando”. Este tipo de negocios es usual en el país. O al menos eso se desprende de un informe realizado en el año 2005 por el Departamento de Estado norteamericano, donde se denuncia que la Argentina es una zona de riesgo por el “severo” problema de “tráfico de personas” que deriva en “explotación sexual y laboral”. La mayor parte de los acusados está libre. Esto se debe a que el tráfico de personas no está tipificado como delito en el Código Penal de la Nación y ni siquiera es considerado “tráfico”, porque en muchos casos no se cruza las fronteras nacionales. El primer y único proyecto de ley sobre trata de blancas tiene media sanción del Senado de la Nación, fue impulsado como respuesta a la insistencia de Trimarco y tomó la historia de Marita Verón como caso testigo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Aunque no hay pruebas, el secuestro de Marita se habría urdido –como sucede en la mayoría de los casos- por etapas. En primer lugar, Patricia Soria y Miguel Ardiles la habrían “marcado”, es decir que habrían visto en Marita un valor de cambio. En una segunda etapa, el doctor Rojas Tomas la habría revisado para asegurar que el cuerpo de Marita estuviera sano. Y en tercer lugar, tres hombres la esperaron a la salida de su casa y se la llevaron. De estas tres etapas, sólo está documentada la tercera: según dos testigos –uno de ellos, actualmente desaparecido- a dos cuadras de la casa de Trimarco dos hombres agarraron a Marita de los pelos, la durmieron de un golpe y la metieron en un coche color rojo. Pero por fuera de esto, y aunque hay indicios, ninguna de las tres personas supuestamente involucradas en el secuestro (Soria, Ardiles y Rojas Tomas) pudieron ser procesadas. Las sospechas se basan en deducciones sin valor legal. Hay registros telefónicos que muestran que Soria hablaba mucho con una amiga, también enfermera, que a su vez tenía contactos telefónicos con José Medina, un remisero que fue seis meses preso por la “causa Verón”. Al ser una relación triangular (no hay registros de un diálogo directo entre Soria y Medina) es imposible pedir la detención de Soria y menos, entonces, la de Miguel Ardiles. Con el médico Prudencio Rojas Tomas pasa algo similar: en la planta baja del edificio donde Rojas Tomas tiene su consultorio particular hay un locutorio. Los registros telefónicos marcan que, desde ese locutorio, durante todo el mes previo a la desaparición de Marita hubo llamados a José Medina. Pero no hay pruebas de que esos llamados hayan sido realizados por Rojas Tomas, y por eso el médico también está libre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ni Soria ni Rojas Tomas quisieron hablar con Gatopardo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los prostíbulos de Tucumán, en general, no parecen prostíbulos sino pequeñas casas que se van perdiendo en el paisaje negro de la noche. La pintura suele estar rota, la puerta de entrada tiende a ser pequeña, y adentro están, siempre, las chicas: cuerpos desganados que se cruzan de piernas y de brazos, y se entregan a la herrumbre del salón con la certeza de que el destino es eso: un puñado de sillas de plástico, una fonola con el sonido ahogado, un par de hombres armados vigilando todo, y algunos borrachos con la mano inquieta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco empezó a frecuentar estos lugares tres semanas después de la desaparición de Marita. Era domingo y en la policía le habían dicho que no podían salir a buscarla porque faltaba gasolina para los patrulleros. Trimarco insultó a media seccional, se fue a su casa, se sentó en el comedor, miró los clasificados que ofrecían mujeres, y comenzó a llamar por teléfono. Alguien atendió.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Tengo tres chicas, quiero venderlas y quiero saber cuánto me pagás –dijo Trimarco.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Estamos pagando 1500 pesos, pero eso si las chicas son lindas… ¿Vos tenés foto?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Veníte el sábado. ¿Cómo te llamás?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Me llamo Jennifer –dijo. Y después cortó.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El sábado siguiente Trimarco se puso una falda de cuero negro, se batió el pelo, se pintó la boca, se colgó un par de aros pesados, llamó un remise y se fue a un antro del que a esta altura ya recuerda poco, porque fueron tantos los antros en los que Trimarco estuvo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Sé que cuando entré no sentí miedo –cuenta Trimarco en su comedor, mientras enciende una computadora con un fondo de pantalla de la Virgen-. Sentí curiosidad. ¿Viste Alicia en el País de las Maravillas? Era eso: otro mundo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La “compradora” no fue a la cita, pero ese encuentro fallido sirvió para que Trimarco tuviera una idea: si ella fuera varón, podría entrar a los prostíbulos como cliente y tratar de rescatar chicas. De inmediato habló con su marido, y ambos fueron a pedir ayuda a Jorge Tobar, un comisario tucumano que había sido compañero de Daniel Verón en el colegio primario y que al momento de la desaparición de Marita trabajaba en el departamento forense de la Policía. Una vez que Verón habló con Tobar, la forma de trabajo se dividió en dos: por un lado, Tobar empezó a usar su investidura de comisario para allanar whiskerías (el eufemismo que se usa para hablar de los prostíbulos) y rescatar a las mujeres que admitieran estar ahí secuestradas. Y por otro lado, Daniel Verón puso en práctica un método “no oficial”: el hombre entraba a los prostíbulos –a veces acompañado por Tobar, vestido de civil- y cuando lo creía apropiado, levantaba la voz:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—La que esté acá en contra de su voluntad, que lo diga ahora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco siempre estaba afuera -si entraba despertaría sospechas, porque ahí sólo ingresan hombres- y recién aparecía cuando se hacía público el operativo. Su tarea consistía en recibir y contener a las mujeres que eran liberadas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Con estos métodos –el de Tobar y el de Verón- fueron rescatadas 115 chicas, y se fueron reuniendo pistas sobre Marita que terminaban siempre en La Rioja: la provincia que –según Tobar, ahora transformado en el mayor experto en “trata de personas” en todo el país- puede considerarse el epicentro de la esclavitud sexual de la Argentina.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La Rioja queda a 388 kilómetros al Oeste de San Miguel de Tucumán. Allí, durante un allanamiento realizado en mayo de 2004 por Tobar, Verón y Trimarco, fue liberada Andrea Darrosa: una chica de 23 años que estuvo ocho años esclavizada, y que fue encontrada con seis costillas fracturadas, una pierna baleada, y el cráneo hundido por un culatazo de pistola.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Darrosa ahora vive en Misiones (Noroeste argentino) y es la principal testigo de la “causa Verón”. Ella dice que vio a Marita. Dice, en realidad, muchas cosas. Estos son algunos extractos de su declaración:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;“Me llevaron a los quince años, cuando salí a comprar pan. Alguien me dio un sopapo [bofetada], después me taparon la boca, y viajé no sé cuántas horas tirada en el piso de un auto. Cuando desperté estaba en La Rioja. Me bañaron, me cambiaron, me pintaron, me tiñeron el pelo de rubio, me hicieron rulos, me pusieron el nombre artístico Yanina, y me hicieron salir a “trabajar”. Al principio no quise pero me molieron a golpes. Si no hacía seiscientos pesos [200 dólares] por día me molían a golpes. Uno de esos golpes me hizo un coágulo en la cabeza. Todavía me duele”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;“Una vez la vieja Liliana (N. de la R.: Liliana Medina es dueña de varias whiskerías en La Rioja, y actualmente está procesada y detenida por la causa de Marita) se puso loca porque una brasilera le pidió su plata. Era negra, con trencitas largas, trabajaba en bikini blanca. La vieja la agarró del cogote a la brasilera y la empezó a zamarrear y la ahorcó, y después la tiró de un segundo piso, pero la chica cayó muerta. Después la vieja me agarró a mí, me empujó sobre la escalera para que mirara y me dijo que me iba a hacer lo mismo si yo abría la boca”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;“Una vez Liliana me pegó un tiro en la pierna izquierda. Después, entre ella y el Chenga (N. de la R.: el hijo de Liliana Medina) me sacaron la bala con una aguja de tejer y sin anestesia, y cada vez que grité me dieron un trompazo”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;“A las chicas que llegaban a la whiskería embarazadas, Liliana las hacía abortar con una sonda con alambre”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;“A mediados de 2002 vi a Marita Verón en la casa de Liliana: Marita llegó en un auto blanco y yo la recibí. Le serví un café”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Esto es una empresa y por vos pagué dos mil cuatrocientos pesos (ochocientos dólares)–le dijo Medina a Marita-. Tenés que cubrir ese monto y recién después, si querés, te vas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ese mismo día, según el testimonio de Darrosa, tiñeron a Marita de rubio y le pusieron lentes de contacto celestes. A la noche tuvo que empezar a trabajar, pero como no sabía tratar a los clientes –se sentaba lejos, no les conversaba- alguien le enseñó a atender a golpes. Cuando Marita cubrió con su trabajo los dos mil cuatrocientos pesos de “deuda”, Medina le explicó algunas cosas más:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Escuchame, nena, ¿pensás que acá comés y dormís gratis? Tenés que pagar tu comida y tu alojamiento. Son 1500 pesos más, y después te vas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Medina era obesa, tenía pocos dientes y su cara estaba llena de lunares. Pero Marita la miraba como si todo diera igual. Pasados unos días cubrió ese monto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Vos no sabías que acá hay un reglamento? –le dijo Medina-. Si no pasás con diez clientes por día estás multada. Si conversás con otra chica o te dormís y llegás tarde al salón, estás multada. Si le faltás el respeto a un cliente estás multada. Ahora nos debés mil pesos en multas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y así fue como Marita, como tantas otras chicas, se fue quedando. La whiskería se llamaba El Desafío. En algún momento, en una de sus paredes externas, Marita escribió, en letras rojas e inmensas, “Micaela te amo”. Trimarco vio esta inscripción en junio de 2004, un mes después de que fuera rescatada Andrea Darrosa, dos años después de la desaparición de su hija.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco había viajado a La Rioja acompañada por su nieta Micaela, su marido, y el comisario Tobar. El objetivo de ese viaje era que Darrosa, ya a disposición de la Justicia, señalara los lugares donde habían sido enterrados los cuerpos de las mujeres “rebeldes”. Pero el juez a cargo –Daniel Moreno- jamás permitió que Darrosa hablara con Trimarco. Pasado un mes de espera, Tobar y Verón decidieron volverse a Tucumán. En La Rioja, por lo tanto, sólo quedaron Trimarco y su nieta, que entonces tenía cinco años de edad. Una mañana, la dueña del hotel le explicó a Trimarco que había que pagar la cuenta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Son 7500 pesos (2500 dólares)–dijo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Yo tengo 20 pesos –contestó Trimarco. Eso era lo último que le había quedado luego de vender, a lo largo de dos años, su casa, el departamento de Marita, dos autos y el almacén.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco tomó su cartera, salió del hotel, cruzó la plaza principal y se metió en la casa de gobierno.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Quiero hablar con el gobernador –dijo en la entrada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—El señor gobernador no está.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Quiero hablar con el gobernador y de acá no me muevo y no me interesa lo que tengan para decirme y no me toquen ni un pelo de mi cuerpo porque les destrozo todo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco empezó a gritar y a patear puertas. Cinco minutos después, bajó un hombre de traje.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Cuánto es? –preguntó.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Siete mil quinientos pesos, poca plata para los que me deben mi hija.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco aullaba y Micaela, su nieta, sólo podía abrazarla. Al día siguiente, una enviada del gobernador pagó todas las cuentas. Pero la mayor deuda quedó sin saldar: Darrosa sólo fue liberada cuando Trimarco se fue de La Rioja, es decir que el viaje no sirvió de mucho. Por este tipo de episodios, el juez Daniel Moreno actualmente está en juicio político: se lo acusa de haber puesto múltiples obstáculos en la causa de Marita Verón.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Micaela tenía tres años cuando desapareció su madre. Susana le explicó que se la habían llevado unos ladrones, y así fue que la niña, todas las noches, empezó a hundirse en horrores aún mayores que el horror de la infancia: quería ir a dar vueltas en auto para ver si la encontraban a Marita, y al momento de dormir, en sueños, le tocaba la cara a su abuela para ver si ella seguía ahí.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desde el secuestro, Trimarco y Micaela viven juntas. David Catalán, el padre de Micaela, argumenta que él no siempre tiene trabajo y que es mejor que la criatura crezca bajo el ala de alguien que puede darle “todo”.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;A veces Trimarco dice que Micaela es su tercera hija.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Abu, ¿me podés peinar?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Micaela aparece en el comedor de la casa. Es una criatura de piel diáfana, boca pequeña y ojos muy grandes. Su pelo es negro, lacio y espeso; Trimarco lo peina con la mano pesada. Dos días atrás, cuando su abuela la arreglaba para ir a la escuela, Micaela le hizo una pregunta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Abu. ¿Mi mamá me va a reconocer cuando vuelva?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Trimarco cuenta que, en ese momento, la cara se le vació de gestos: no supo qué decir.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Mi amor, ¿cómo no te va a reconocer? –contestó al fin.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¿Y cuando la vea qué le digo?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—No le digas nada. Abrazala fuerte y dale muchos besos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Micaela siempre reacciona como si entendiera. Todos estos años, en realidad, tuvo que entender cosas que son imposibles de entender por nadie. Trimarco la ha llevado consigo a casi todas partes. Por este tipo de cuestiones, David Catalán dice que su hija queda expuesta a diálogos e imágenes que le pueden hacer daño.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Susana se pone ciega, irracional, y se larga a hablar: no registra que la nena está cerca -se quejará más adelante-. Por más que Micaela sepa el tema de su madre, tampoco uno le puede estar contando tanto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Micaela se mueve por la calle con custodia policial. Desde que se abrió la causa, a Trimarco la amenazan varias veces por semana (principalmente, le dicen que se van a llevar a su nieta) y es así que el mundo, para Micaela, es un lugar que exige estar alerta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ahora son las seis de la tarde –el horario de salida del colegio- y la niña viaja en una camioneta oficial, reclinada sobre la luneta de adelante. Tiene el mentón sobre las manos, y mira el paisaje de naranjos como si esa imagen tuviese algo que ver con la paz. Entre los árboles va apareciendo su casa, y en la vereda está su padre. El hombre la saluda con un abrazo y la hace entrar al hogar de Trimarco.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Catalán trabaja como obrero en una construcción y, salvo los días francos, está todo el día fuera de su casa. Él dice que es por eso que ve poco a Micaela. También la ve poco porque sabe que Trimarco no lo aguanta.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Desde que me conoció me trató de negrito de mierda. Toda la vida ella fue, hablando vulgarmente, la vieja cheta que quería para su hija un cheto. Pero aparecí yo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Catalán recuerda que su vida con Marita fue feliz. Buscaron un hijo y lo tuvieron. Quisieron una familia y la armaron. Marita era sincera, humilde, luchadora y de gran corazón: “Una verdadera mujer” dice. Una mujer que tenía una madre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Días después, Catalán sumará un detalle que Trimarco no contó. Cuando compraron el departamento en Las Talitas –con ayuda materna- Trimarco se compró una casa a cien metros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Ella siempre estuvo en el medio de nosotros. No teníamos vida independiente. Por ahí ella andaba embroncada con su marido porque toda la vida ellos han peleado, y se la agarraba conmigo. Decía que yo era un vago. Susana siempre tuvo carácter muy fuerte, pero bueno. También gracias a eso se avanzó tanto en la búsqueda de Marita… Yo a Marita la espero. Yo sigo esperando que podamos reconstruir la pareja.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La falta de constancia laboral no es el principal motivo por el que Trimarco, a esta altura, rechaza a su yerno. El verdadero problema es la forma en la que el hombre decidió salvarse: al año y medio de la desaparición de su mujer, abandonó la búsqueda y se alejó, también, de su hija. Catalán ve poco a Micaela, tampoco pasa dinero, y por ende Trimarco vive cada vez con menos plata. Antes de la desaparición de Marita, se ganaba la vida como asesora en temas sociales en la Municipalidad y como vendedora de cosméticos por catálogo. Pero ahora, la causa de su hija arrasó con todo, y Trimarco subsiste como puede: vendió todos sus bienes (ahora vive en la casa de su suegra); los pasajes y los hoteles se los paga el gobierno (Trimarco los exige a las patadas); y diez meses al año cobra 230 dólares del Estado para la manutención de Micaela. Además, está el sueldo de su marido, un hombre que solía ser fuerte hasta que un día se derrumbó por completo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La cara de Daniel Verón está vencida por la ley de gravedad. Las ojeras, el mentón, la papada y la comisura de los labios se desarman en pliegues que parecen metáforas de algo todavía mayor. Algunos meses atrás, Verón tuvo un derrame cerebral y desde entonces su salud es compleja. No quiere hablar con la prensa, pero principalmente no quiere ver a su mujer. De hecho en abril de este año, como tantas otras veces en las últimas dos décadas, se fue de la casa. El detonante fue una cama.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Durante años, Trimarco dio contención, casa y comida a las decenas de chicas que rescataba de los prostíbulos. Entre esas mujeres estaba Blanca V.: una criatura que sobrevivió a los burdeles, pero no a la adicción a la cocaína. La paciencia de Daniel Verón llegó a su límite cuando Trimarco, al ver que no tenía donde dormir, le regaló a Blanca la cama de su hija, un mueble pintado a mano por la propia Marita. A las dos horas de haber recibido el mueble, Blanca lo vendió a cambio de un polvo. Cuando Verón se enteró de que la cama ya no estaba en casa, no pudo soportarlo y él también se fue.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hoy, el principal compañero de Trimarco –el hombre con quien pelea y a quien recurre- no es su marido sino el comisario Jorge Tobar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Actual integrante de la División de Inteligencia de la policía tucumana, y amigo de la infancia de Daniel Verón, al tercer día de la desaparición de Marita, Tobar fue buscado por la familia para que los ayudara en forma paralela. Dos meses después de la apertura de la causa, la fiscal vio que la investigación de Tobar iba más rápido que la oficial, y le ofreció hacerse cargo del caso. Desde entonces –y a pesar de las infinitas resistencias que encuentra dentro de la misma Policía- Tobar es la mano ejecutora de todos los allanamientos que exigió Trimarco.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tobar tiene un gabán beige, anteojos, una cabeza calva, y el aspecto edulcorado de un bancario en horario de almuerzo. Con la voz sedada, metódica, perturbadoramente prolija, él cuenta, sentado en su despacho, cómo es que una chica que sale a comprar pan puede terminar vendida a un proxeneta. Tobar dice que algunas son metidas en un auto de los pelos, pero que otras –muchas otras- llegan engañadas por alguien que las enamoró. Hay hombres que esperan a las chicas a la salida del colegio. Las invitan a tomar café, se ponen de novios, les hablan de un presente perfecto: “Yo tengo –dicen-una empresa en Buenos Aires, y vine a Tucumán a hablar con algunos clientes”. Lentamente, empiezan a trabajar para que la chica llegue tarde a casa, discuta con sus padres, se sienta incomprendida.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—No te hagas problema por lo que te diga tu papá. Si te llega a decir algo te venís a vivir conmigo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El hombre les inventa esta historia a varias mujeres a la vez. Cuando las convence, las chicas se van de su casa por propia voluntad: un argumento que, jurídicamente, equivale a una “fuga del hogar” e impide hablar de secuestro. Una vez que la víctima llega a destino, es vendida a una whiskería por un monto que oscila entre los 700 y los 1000 dólares. Si la chica insiste con querer irse o no querer trabajar, la desnudan, y la llevan a un “chanchito”: un receptáculo donde sólo se puede entrar de pie, y donde las chicas rebeldes son encerradas hasta que entiendan la importancia de ser mansas. A veces, ni siquiera hace falta encerrarlas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Si las mujeres tienen hijos, sus captores muchas veces les muestran fotos y videos de los niños –cuenta Tobar-. Les dicen: “Mirá cómo está saliendo del colegio. Mirá a qué hora entra, quién la lleva, quién la trae, cómo juega con la amiguita. Mirálo en la vereda, mirá qué fácil, mirá qué cerca le sacamos la foto”. Así de tremendo. Y yo creo que eso están haciendo con Marita. Por eso ella, si es que está viva, no debe querer ni escaparse.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tobar cree que hay tres grandes destinos para Marita. Puede estar muerta. Puede estar viva. O puede estar irrecuperable: después de cinco años, especula Tobar, Marita quizás esté psíquicamente doblegada, adicta a las drogas y con la moral tan baja que no pueda enfrentarse a la prensa, a la sociedad y a la idea de que, si ella abre la boca, le puedan hacer algún daño a su hija.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Hay un gran peso sobre esta chica, y tal vez ella no pueda soportarlo. Es una personita de mucho valor, Marita Verón. Es un símbolo de muchas cosas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tobar se queda respirando en silencio, y luego hace una mueca de disgusto. Cuenta, finalmente, que hubo un día en el que Marita casi fue liberada. Pero se le escapó. Tobar había viajado a La Rioja con una orden de allanamiento en la whiskería El Desafío, pero extrañamente, minutos antes de que él llegara, un auto huyó con tres hombres y una chica. Esta fuga es el principal motivo de discusión entre Tobar y Trimarco: ella no le perdona que, habiendo estado él tan cerca, el operativo haya fallado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Sacaron a Marita Verón delante de mi nariz. Alguien de la justicia riojana les ha avisado de la orden de allanamiento, y ellos decidieron llevársela- admite Tobar. Y agrega que la mayor complicación que tienen los captores con Marita es que no saben qué hacer con ella. Si la matan, las personas que ya están procesadas en la causa, que son veintisiete, deberían cumplir condena ya no por secuestro, sino por homicidio. Y si la liberan también es un problema.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Susana ya es conocida en todo el país, la gente confía más en ella que en nosotros, y eso a Marita no sé si la favorece –explica Tobar-. Los captores deben saber que, si la liberan, Marita no se va a quedar callada y va a dar nombres.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;***&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Uno de los últimos logros de Trimarco fue Jessica Cativa, una chica de 20 años que estuvo retenida en un burdel y que fue liberada por sus propios secuestradores luego de que su familia, cansada de pedir ayuda a la policía, recurriera a Trimarco. Para llegar hasta Jessica hay que cruzar un basural, una vía, y una tierra atravesada por infinitas estrías de agua inmunda. Abajo, el vaho cloacal lo inunda todo. Arriba, la noche está empezando y se abre un cielo escandalosamente azul. La luna está limpia, se escucha un chamamé. Jessica ceba un mate bajo un tinglado de chapa, y cuenta, sin ganas de contar mucho, que estuvo cuatro días en un prostíbulo. Como se negó a trabajar, la encerraron en un cuarto, la durmieron con pastillas, y para cuando despertó estaba sin ropa. La misma noche del secuestro su madre empezó a buscar respuestas: fue a la Policía y fue a Tribunales. Como nadie la tomaba en serio –“se debe haber escapado de su casa”, le decían- consiguió el teléfono de Susana Trimarco, a quien ya conocía de la televisión. Luego de que Trimarco pateara algunas puertas, y las pateara en serio, Jessica fue liberada en las afueras de Tucumán. Días después, un peritaje revelaría que la violaron varias veces, y el testimonio de Jessica sería incorporado a la causa de Marita Verón.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Desde entonces Jessica vive, sin custodia policial, en la misma casa donde nació: dos dormitorios de chapa, un olor fétido, y un vecindario que la trata como a una mentirosa. Todos piensan que ella no fue secuestrada, sino que se escapó con un hombre. Y nadie quiere escuchar que a Jessica, desde hace unos meses, la están amenazando: le exigen que retire el testimonio de la causa.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Hace tres días, tres tipos me esperaron a la salida del colegio, me metieron en un auto y me dijeron que si no me callaba me iban a cagar a golpes. Necesito hablar urgente con la señora Susana: ella va a creerme -dice Jessica.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Dice y llora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Al día siguiente Jessica llega a la casa de Trimarco, pero la empleada doméstica dice que salió a hacer trámites. Jessica se sienta en el living a esperarla, hasta que media hora más tarde, desde la calle, se escucha una voz que grita y se acerca. Trimarco tiene el móvil en la mano y entra al living con fuerza de rompiente. Lleva el pelo arreglado, pestañas con rimel, piel humectada, y un perfume que lo cubre todo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—¡Ustedes son unos vagos, sinvergüenzas, descarados y payasos! ¿Cómo me van a decir que se rompió el auto de la custodia? ¡Entonces me traen otro! ¡Mentirosos! ¡Caraduras! Apenas tenga yo mi Fundación no piso más esta maldita casa de gobierno y no le quiero ver la cara a ninguno de los mafiosos que trabajan con usté.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Del otro lado de la línea está el ministro de Justicia de la provincia. Mientras le grita, Susana mira a Jessica, guiña un ojo, y sonríe como si toda la escena fuera un gag. Luego corta, maldice un par de veces más, cuenta que le van a poner un auto nuevo, y cambia de humor con la velocidad con que alguien cambia de sombrero. Su cara ahora se relaja. Abraza a Jessica con una ternura que, de golpe, parece desintegrarlo todo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ahora ninguna de las dos habla, pero Jessica llora en su hombro.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;—Chiquita –dice Trimarco-. Chiquita.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Son las doce del mediodía y la casa, al fin, queda hundida en un silencio de provincia: los potus cuelgan, el patio está vacío, el piano está cerrado y la felicidad de las fotos tiene la misma lejanía de una portada de revista. Segundos después, Micaela llega con el uniforme puesto y le pide a su abuela, una vez más, que le arregle el cabello.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ella acepta y la peina con la boca apretada; quizás intenta contener el llanto. La nariz de Trimarco tiene orificios grandes y oscuros. Dos cuevas que se achican y se ensanchan de un modo casi rítmico, como si marcaran el paso de una danza dolorosa y extraña.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Crónica publicada originalmente en la revista Gatopardo, México, 2007 y luego en "Historia de una mujer bomba y otros relatos, antología de crónica de la Universidad Adolfo Ibáñez" de Chile.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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		<title>#8N: Yo no voy</title>
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		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>&lt;p&gt;Yo no voy. Claro que no voy.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Que no vaya no significa que piense que está todo bien, que no hay nada que criticar o que cambiar. No significa que yo no esté también enojado por algunas cosas. Significa que creo que este país de hoy es mucho mejor que los distintos países hipotéticos que me proponen los que me invitan a marchar contra el gobierno — tanto los dirigentes que lo hacen públicamente como muchos conocidos de Facebook, o las cadenas de mails que recibo, o los personajes públicos más representativos que sé que estarán ahí tratando de capitalizar la protesta. La mayoría, en realidad, no me propone nada más que el antikaísmo, pero los pocos que dicen qué quieren me asustan. Que no vaya significa también que en los últimos casi diez años vi al país yendo en una dirección muy parecida a la que siempre quise y por la que milité muchos años, con aciertos y errores, con marchas y contramarchas. Y que hoy siento que estamos mucho mejor que antes de 2003. Significa, también, que no creo que las opciones que se presentan —no una abstracción idealizada, sino las realmente existentes y disponibles— sean mejores. Al contrario, creo que son nefastas.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros" rel="directory"&gt;De otros&lt;/a&gt;


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		&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Yo no voy. Claro que no voy.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Que no vaya no significa que piense que está todo bien, que no hay nada que criticar o que cambiar. No significa que yo no esté también enojado por algunas cosas. Significa que creo que este país de hoy es mucho mejor que los distintos países hipotéticos que me proponen los que me invitan a marchar contra el gobierno — tanto los dirigentes que lo hacen públicamente como muchos conocidos de Facebook, o las cadenas de mails que recibo, o los personajes públicos más representativos que sé que estarán ahí tratando de capitalizar la protesta. La mayoría, en realidad, no me propone nada más que el antikaísmo, pero los pocos que dicen qué quieren me asustan. Que no vaya significa también que en los últimos casi diez años vi al país yendo en una dirección muy parecida a la que siempre quise y por la que milité muchos años, con aciertos y errores, con marchas y contramarchas. Y que hoy siento que estamos mucho mejor que antes de 2003. Significa, también, que no creo que las opciones que se presentan —no una abstracción idealizada, sino las realmente existentes y disponibles— sean mejores. Al contrario, creo que son nefastas.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		
		
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Y las opciones en política no son: esto o el ideal puro que no está ahí, sino esto o las alternativas que están ahí o que nos proponemos seriamente construir. La mayoría de la gente con la que construiría algo está más cerca que lejos del gobierno, aunque cerca haya, también, algunos con los que no construiría nada. Por eso lo miro medio de afuera. Pero no de la vereda de enfrente.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No me imagino el país gobernado por ninguno de los candidatos que perdieron contra Cristina en 2011 y 2007, o contra Néstor en 2003. A él no lo voté, y me arrepiento. A ella sí, y no me arrepiento. Si hubiera ganado la candidata a la que le puse mi voto en 2003, creo que el país habría explotado hace rato y estaríamos peor que en el 2001. Ese voto fue una locura, pero aprendí del error. Podría hacer una lista enorme de los avances que se produjeron durante el kirchnerismo (sociales, económicos, culturales, educativos, políticos, en materia de derechos conquistados, de mejoría en la calidad de vida de la mayoría o del posicionamiento del país en la región y en el mundo). No creo que el kirchnerismo sea lo menos peor, creo sinceramente que ha sido un período muy bueno para el país, o al menos para el país que yo siempre quise. Podría, también, hacer un montón de críticas. Pero en mi balanza, lo primero pesa mucho más que lo segundo. Mucho más. Y siempre, en política, hay peso de los dos lados de la balanza; el tema es cuánto de cada lado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No. No creo que los que van a marchar hoy sean todos golpistas o fachos. Conozco a mucha buena gente que va a ir. Tampoco creo que vayan todos por el dólar, para defender a Repsol o para apoyar a Cecilia Pando — aunque, si a una marcha convoca Cecilia Pando, yo no iría aunque fuese sólo por eso. Pero no es sólo por eso. No creo, de hecho, que todos los que van a marchar hoy vayan por lo mismo, sea lo que sea. Y ese es uno de los problemas del #8N. Es una marcha de gente a la que lo único que la une es estar en contra del gobierno, aunque cada uno esté en contra por diferentes razones. ¿Cuál es el contenido del #8N? ¿Qué es exactamente lo que quieren? ¿Qué resultado político de la marcha sería, para ellos, una victoria? ¿Qué esperan que pase al otro día?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los que fogonean desde distintos aparatos, quieren desgastar al gobierno. Pero los que van, en su mayoría, creo que ni saben lo que esperan conseguir.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Algunos van a marchar porque les molesta la política de derechos humanos. Sí, hay un montón de esos, no me lo podés negar. Otros porque les molesta la cadena nacional, que a mí me parece una boludez, aunque le aconsejaría a Cristina no usarla tanto. Otros por la corrupción, que sí, la hay, y está muy mal, como la hay en la oposición. Otros por el Indec, que sí, es un mamarracho indefendible. Otros porque están en contra del matrimonio igualitario, o sea, en contra de mis derechos. Otros porque quieren comprar dólares, y entre esos hay varios subtipos — coincido con algunos, discrepo absolutamente con otros. Otros porque dicen que este gobierno es una dictadura: esos están locos o no tienen idea de lo que es una dictadura. Otros porque están en contra de la ley de medios. Otros porque les cae mal Moyano, que hasta ayer era aliado del gobierno. Otros porque están con Moyano, que ahora está en contra del gobierno. Otros porque votaron a Lilita Carrió y les molesta mucho que haya perdido; esos son poquitos. Otros porque lo quieren a Macri de presidente, y otros porque lo quieren a Binner, aunque es probable que entre unos y otros piensen diferente en casi todo. Otros porque son trotskistas, y están en desacuerdo con todos los demás. Otros porque están en contra de una reforma de la Constitución que permita la re-reelección, que al día de hoy el gobierno no propuso en el Congreso y, si propusiera, no conseguiría. Paja. Otros porque quieren que vuelvan los militares, mamita. Otros porque están enojados desde la época del conflicto del campo. Otros porque creen que la Asignación Universal por Hijo sólo sirve para mantener vagos. Otros porque Larroque es un patotero. Otros porque Moreno es un patotero. Con esos dos estoy de acuerdo. Otros por la tragedia de Once y porque los trenes son un desastre. Con esos también estoy de acuerdo. Otros porque no se bancan que una mujer sea presidenta. A esos los detesto. Otros porque son antiperonistas, porque sus papás eran antiperonistas, porque sus abuelos eran antiperonistas — qué anacrónicos. Otros porque creen que hay que voltear a la Yegua, fachos misóginos de mierda. Otros porque no les gusta 678. Otros porque les gusta el programa de Lanata. Otros porque Cristina no hace conferencias de prensa. Otros porque los invitaron sus amigos por Facebook. Otros porque la Presidenta llegó tarde a una foto en una reunión del Mercosur (Susana Viau y un par más). Otros porque no les gusta Chávez. Otros porque sí les gusta Chávez, pero no Cristina. Otros porque quieren la revolución socialista. Otros porque este gobierno es muy zurdo y está lleno de montoneros. Otros porque les cae mal Diana Conti — a mí me cae peor. Otros porque no les gusta Kicillof. Otros porque les gusta hacer quilombo. Otros porque son radicales. Otros porque son conservadores. Otros porque son radicales y conservadores, algo posible sólo en Argentina. Otros por el fútbol para todos y la pauta oficial. Otros porque tienen miedo de que La Cámpora secuestre a sus hijos y se los coma. Otros por la inflación, que es un problema real y concreto. Otros por la inseguridad, que es un fenómeno inflacionado y mal explicado, pero también existe.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;¿Qué hace que toda esa gente que piensa tan distinto se junte en una marcha contra el gobierno? Evidentemente, parte de la responsabilidad es del gobierno, que no ha sabido comunicarse con los que piensan más parecido y ha hecho cagadas graves que lo enemistaron con gente que podría apoyarlo (el Indec, la inflación, Moreno, el cepo cambiario, la guerra estúpida contra los periodistas que no son “del palo”, cierta prepotencia verbal, una desastrosa política de transportes, la corrupción, etc.). Otra parte tiene que ver conque la marcha de espontánea no tiene nada: hay grupos políticos y sociales que han sabido identificar todos esos motivos de enojo e insatisfacción y canalizarlos através de esta convocatoria, con un buen aparato publicitario y mediático. Otros porque es lógico que vayan: son los que están en contra del rumbo ideológico del gobierno, y eso es parte del juego. Son los que están en contra de las cosas con las que yo estoy a favor, ponele. Con relación a esos, que son muchos, parte de la responsabilidad es de la oposición.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sí, de la oposición, que no ha sabido darle a los distintos sectores que componen ese universo heterogéneo “anti K” un canal dentro del sistema democrático para sentirse representados y convocados a participar de un proyecto de gobierno alternativo que dispute el poder, más a la derecha o más a la izquierda. El gran desafío que plantea el #8N para la democracia no es que esa gente sea golpista —sí, algunos lo son, pero son minoría y no hay espacio para que volteen ni al administrador del consorcio—, sino que no hay quien la represente. El país tiene un gobierno fuerte, que controla los resortes institucionales y tiene su aparato, con un proyecto de poder y políticas que convocan a distintos sectores sociales, que cuenta con la adhesión de poco más o poco menos de la mitad del país (según las últimas elecciones, poco más; según algunas encuestas posteriores, poco menos, pero no caben dudas de que hay una parte importante del país que se siente parte de este proyecto o lo respalda), y del otro lado no hay nada. Ni por derecha ni por izquierda hay un modelo de país alternativo, un programa mínimo de gobierno, un partido y dirigentes que sean capaces de representarlo. La oposición es la nada y si le regalaran las llaves de la Casa Rosada no sabrían qué hacer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No somos como Venezuela. En Venezuela está Chávez, pero también, ahora, está Capriles. Por eso ahora la polarización está mejor resuelta que hace unos años.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Macri dice que se siente representado como ciudadano por el #8N y yo me imagino a un cientista político quemando sus libros. ¡Es la oposición la que debería tratar de representar a esa gente, o mejor, a cada uno de los segmentos ideológicos que la componen y precisan de representaciones políticas distintas, y no esa masa amorfa la que debe representar a los dirigentes opositores que comentan el país por Twitter!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por eso, también, yo no voy. Y porque muchos de los que van —al menos, los que conozco— cometen, para mí, un error fundamental. No votaron a Cristina, están en contra de muchas cosas de las que ya estaban en contra antes y precisan aprender que en democracia, si la mayoría eligió, te la tenés que bancar. Eso no significa que no se pueda protestar por cuestiones específicas, como cuando marchábamos contra el indulto o la ley federal de educación en la época de Menem; pero esta marcha no es específica, es la marcha del no al gobierno que hace un año sacó el 54% de los votos haciendo más o menos lo mismo que está haciendo ahora. Hace un año, no hace tres.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero va a ir mucha gente, sin dudas. Y el gobierno no debería minimizarlo, ni decir que son todos fachos con la panza llena. El gobierno precisa rectificar cosas, entender que hay demandas insatisfechas, broncas, indignaciones diversas y muchos reclamos legítimos, y tratar de atender a esa expresión de una parte del país. No es con soberbia, negación o desprecio que se reacciona a una marcha que reúne muchos miles. Nunca un gobierno va a conformar a todos, pero estoy seguro de que podría mejorar su relación con muchos de los que van a ir.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La oposición, si algunos de sus dirigentes tienen todavía algo de aprecio por el sistema político que les da trabajo y un lugar en el mundo, debería también hacer una lectura de lo que esa gente le está demandando. La propuesta de la oposición no puede ser hacer otro #8N en enero o febrero, después de las fiestas, para seguir desgastando al gobierno. Tienen que mostrar que son capaces de convocar a la parte de esa gente que nunca estará con Cristina y ofrecerle una alternativa por derecha y otra por izquierda, ponele. Porque una nueva bolsa de gatos como la Alianza no da. Y digan qué quieren hacer con el dólar, con el Indec, con la AUH, con la inflación, con la seguridad, con las relaciones internacionales, con el sistema de transporte, con los salarios y con el resto de las cosas. No bla bla, como hicieron en la última campaña, o victimización boba, como hace Macri, o firmas contra la re-re imaginaria, como hace el FAP. Expliquen qué harían ustedes con el país.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Después del #8N, la vida sigue, como seguirá después del #7D. Y habrá problemas reales de los que hacerse cargo todos los días.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Menos fechas marketineras y más política. Digo, me parece.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Bruno Bimbi (34) es periodista, profesor de portugués, máster en Letras por la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro y doctorando en Estudios del Lenguaje en la misma universidad. Actualmente coordina la campaña por el matrimonio igualitario en Brasil. Es activista de la FALGBT y autor del libro “Matrimonio igualitario” (Planeta, 2010). Escribe el blog &lt;a href="http://blogs.tn.com.ar/todxs/" class='spip_out' rel='external'&gt;Tod@s en la web de TN&lt;/a&gt; . / Tw: &lt;a href="http://twitter.com/bbimbi" class='spip_out' rel='external'&gt;@bbimbi&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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		<title>¡A mí no me la vas a contar! (1951)</title>
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		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado. ¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, (...)

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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra? Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán!.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té de Ceilán.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero…, ¡no hay té de Ceilán! Para entrar en un movimiento de recuperación como este al que estamos asistiendo, han tenido que cambiar de sitio muchas cosas y muchas ideas; algunas, monumentales; otras, llenas de amor o de ingenio; ¡todas asombrosas! El país empezó a caminar de otra manera, sin que lo metieran en el andador o lo llevasen atado de una cuerda; el país se estructuró durante la marcha misma; ¡el país remueve sus cimientos y rehace su historia!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero, claro, vos estás preocupado, y yo lo comprendo: porque no hay té de Ceilán. ¡Ah… ni queso!.¡No hay queso! ¡Mirá qué problema! ¿Me vas a decir a mí que no es un problema? Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien; ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí; pero tenés razón: ¡no hay queso! Hay miles de escuelas nuevas, hogares de tránsito, millones y millones para comprar la sonrisa de los pobres; sí, pero, claro, ¡no hay queso! Tenés el aeropuerto, pero no tenés queso.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sería un problema para que se preocupase la vaca y no vos, pero te preocupás vos. Mirá, la tuya es la preocupación del resentido que no puede perdonarle la patriada a los salvadores.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento de lucha y de felicidad. Porque vos estás ganando una guerra.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y la estás ganando mientras vas al cine, comés cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que hace el metabolismo de todos los tuyos. Porque es la primera vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras dieciséis millones duermen tranquilas porque tienen trabajo y encuentran respeto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Cuando las colas se formaban no para tomar un ómnibus o comprar un pollo o depositar en la caja de ahorro, como ahora,sino para pedir angustiosamente un pedazo de carne en aquella vergonzante olla popular, o un empleo en una agencia de colocaciones que nunca lo daba, entonces vos veías pasar el desfile de los desesperados y no se te movía un pelo, no. Es ahora cuando te parás a mirar el desfile de tus hermanos que se ríen, que están contentos… pero eso no te alegra porque, para que ellos alcanzaran esa felicidad, ¡ha sido necesario que escasease el queso!.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No importa que tu patria haya tenido problemas de gigantes, y que esos problemas los hayan resuelto personas. Vos seguís con el problema chiquito, vos seguís buscándole la hipotenusa al teorema de la cucaracha, ¡vos, el mismo que está preocupado porque no puede tomar té de Ceilán! Y durante toda tu vida tomaste mate! ¿Y a quién se la querás contar? ¿A mí, que tengo esta memoria de elefante?.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;¡No, a mí no me la vas a contar!&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Enrique Santos Discépolo, año 1951&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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		<title>Una modesta proposición</title>
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		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>&lt;p&gt;&lt;i&gt; &lt;strong&gt;Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público&lt;/strong&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Dublín, Irlanda, 1729&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.&lt;/p&gt;

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		&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt; &lt;strong&gt;Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público&lt;/strong&gt; &lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Dublín, Irlanda, 1729&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		
		
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El puro no</title>
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		<dc:date>2012-08-08T05:20:17Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Martín Gaitán, Oliverio Girondo</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>El No el no inóvulo el no nonato el noo el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan y plurimono noan el morbo amorfo noo no démono no deo sin son sin sexo ni órbita el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo el macro no ni polvo el no más nada todo el puro no sin no

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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class="spip_poesie"&gt;
&lt;div&gt;El No&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el no inóvulo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el no nonato&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el noo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;y nooan&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;y plurimono noan el morbo amorfo noo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;no démono&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;no deo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;sin son sin sexo ni órbita&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el yerto inóseo noo en unisolo amódulo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;sin poros ya sin nódulo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;ni yo ni fosa ni hoyo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el macro no ni polvo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el no más nada todo&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;el puro no&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;sin no&lt;/div&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;de &lt;i&gt;En la masmédula&lt;/i&gt;. Se puede escuchar, en voz de Girondo, &lt;a href="http://www.palabravirtual.com/newvo/2079.php" class='spip_out' rel='external'&gt;acá&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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		<title>69</title>
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		<dc:date>2012-08-05T23:01:52Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Ana María Shua, Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

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&lt;a href="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros" rel="directory"&gt;De otros&lt;/a&gt;


		</description>


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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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<item xml:lang="es">
		<title>Algo muy grave va a suceder en este pueblo</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/textos_y_pretextos/~3/1XMRktS6UsI/Algo-muy-grave-va-a-suceder-en</link>
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		<dc:date>2012-07-29T08:39:47Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo. Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una (...)

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&lt;a href="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros" rel="directory"&gt;De otros&lt;/a&gt;


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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Te apuesto un peso a que no la haces.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¿Y por qué es un tonto?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Entonces le dice su madre:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Entonces la vieja responde:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Sí, pero no tanto calor como ahora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Hay un pajarito en la plaza.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Sí, pero nunca a esta hora.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Nota: En un congreso de escritores, al hablar sobre la diferencia entre contar un cuento o escribirlo, García Márquez contó lo que sigue, "Para que vean después cómo cambia cuando lo escriba".&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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<item xml:lang="es">
		<title>Carta abierta del Sindicato de Obreros Portuarios a la poetisa Emily Dickinson</title>
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		<dc:date>2012-07-25T06:08:36Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/De-otros">De otros</category>


		<description>Señora Dickinson, porque sabemos ser corteses, en ocasión de que la hija del compañero García le comentara unos versos suyos que oyó en la escuela: Multiplicar los muelles no disminuye el mar. El compañero los trajo a la asamblea. Por un lado estamos con elecciones en el sindicato y, por otro, en plena negociación con la patronal, ¿me entiende? ¿A qué se mete ésta? alzó la voz más de uno. En este país, señora Dickinson, hay treinta mil obreros portuarios, treinta mil familias… no es que los puertos (...)

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		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Señora Dickinson, porque sabemos ser corteses, en ocasión de que la hija del compañero García le comentara unos versos suyos que oyó en la escuela:&lt;/p&gt; &lt;blockquote class="spip"&gt;
&lt;p&gt;
Multiplicar los muelles
no disminuye el mar.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El compañero los trajo a la asamblea. Por un lado estamos con elecciones en el sindicato y, por otro, en plena negociación con la patronal, ¿me entiende?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¿A qué se mete ésta? alzó la voz más de uno.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;En este país, señora Dickinson, hay treinta mil obreros portuarios, treinta mil familias… no es que los puertos dan lo mismo, ¿me entiende?&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¡Si la Dickinson quiere decir que el misterio es irreductible que lo diga así y listo!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¡Si la pena no se alivia con palabras ni poemas… que lo diga así! ¡¿Para qué nos empioja a nosotros?! — apoyaron otros compañeros.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Si ella estuviera en un algo de poesía y le caemos a decir: “Bla bla bla bla bla…” , mientras leen, no les gustaría.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ahí hubo que calmar a los compañeros, no sé si me explico. Algunos ya se estaban parando, nos llevó un rato.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— Además el mar seguirá igual de grande, pero de los puertos salen embarcaciones para navegarlo (aplausos)… gracias a los puertos hay dónde lanzarse a la mar (más aplausos)… y tener un lugar de regreso,(más y más aplausos)… gracias a los puertos el mar… el mar sigue igual de grande… pero es un mar amigo.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Ahí los compañeros se pusieron de pie con los ojos envueltos en lágrimas… porque todos tenemos algún compañero que murió en una tempestad, ¿me entiende? Ahí uno siente que ni los barcos, ni los puertos, ni nada ayuda nada.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Pero, entonces, un compañero preguntó si eso no venía a ser lo que usted dice de las palabras y la vida o del misterio. Se produjo como un murmullo. Se leyó de nuevo, y se hizo un silencio que ni le digo.
Y mire que los compañeros son gente acostumbrada al trabajo rudo, no sé si me explico. Y ahí los tenía, Emily, con la cabeza baja, las manos cruzadas al frente. En ese mar de silencio,perdón si me meto en lo suyo, todos nos incorporamos, y un compañero, con un puño en la garganta, que en nuestro medio podría ser otra cosa, pero me refiero a que con la voz emocionada pronunció:&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— No… aumentar los puertos no disminuye el mar.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Como diciendo que uno busca una seguridad que es imposible, y uno se engaña, Emily, nos la jugamos igual todos los días.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;— ¡Viva la compañera Dickinson!&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Gritó otro, y la asamblea le dedicó un aplauso de brazos alzados. Y es por lo que se le extiende la presente, Emily, como testimonio a su sensibilidad hacia la lucha cotidiana y la vida de un trabajo como el nuestro, que nunca se reconoce. Y por resolución F233/12 se la incorpora en las firmas documentales.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Con respeto la saluda&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Faustino Gasso&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Prosecretario Adjunto del Sindicato Nacional de Obreros Portuarios Multiplicar los muelles no disminuye el mar.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Publicado originalmente en el &lt;a href="http://www.luispescetti.com/" class='spip_out' rel='external'&gt;blog&lt;/a&gt; de Luis Pescetti el 23 de marzo de 2012. También forma parte del recital “Letras peregrinas”, de Juan Quintero y Luis Pescetti&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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<item xml:lang="es">
		<title>El umbral</title>
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		<guid isPermaLink="false">http://www.textosypretextos.com.ar/El-umbral</guid>
		<dc:date>2012-07-17T14:46:23Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Martín Gaitán</dc:creator>

<category domain="http://www.textosypretextos.com.ar/Videos">Videos</category>


		<description>&lt;p&gt;&lt;iframe width="387" height="290" src="http://www.youtube.com/embed/etY9ISesBRQ" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://www.textosypretextos.com.ar/Videos" rel="directory"&gt;Videos&lt;/a&gt;


		</description>


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		&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&lt;iframe width="387" height="290" src="http://www.youtube.com/embed/etY9ISesBRQ" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		
		
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;iframe width="510" height="383" src="http://www.youtube.com/embed/etY9ISesBRQ" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/p&gt; &lt;h3 class="spip"&gt;El umbral&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tabaré Cardozo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;blockquote class="spip_poesie"&gt;
&lt;div&gt;Cada uno carga con su alma y con su cruz&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;para dar batalla en las tormentas.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Cada uno carga con las sombras y la luz&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;tras de los espejos que se enfrentan.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Y en la brevedad de la eternidad&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;cada hombre elige su destino,&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;justo en el umbral donde el bien y el mal&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;echan a la suerte los caminos&lt;/div&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Larairairairara Larairairairara &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Larairairairara Larairairairara&lt;/div&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;Y en la brevedad, de la eternidad&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;cada hombre elige su destino,&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;justo en el umbral donde el bien y el mal&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;echan a la suerte los caminos&lt;/div&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_ps'&gt;&lt;p&gt;Fragmento del programa "Salen Camiones", diario de viaje de Agarrate Catalina por el Mexico y Cuba durante 2011, emitido por Canal 10 de Montevideo. En este tema: Tabaré Cardozo (letra y guitarra), Emiliano Muñoz (primera voz), Freddy Zurdo Bessio (segunda voz), Maxi Porciuncula y Yamandú Cardozo (coros).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
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