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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;DEIDQH48eCp7ImA9WhRXE0U.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228</id><updated>2011-12-20T05:09:31.070-08:00</updated><category term="cuentos minúsculos" /><category term="cuentos cortos" /><category term="Las aventuras de Don Damián" /><category term="cuentos cortitos" /><category term="Audio cuentos" /><category term="Noticias" /><category term="La cabeza" /><title>Un cuento a la semana</title><subtitle type="html">Cuentos cortos, relatos cortos, microrelatos...
Espero que te gusten.</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/uncuentoalasemana" /><feedburner:info uri="uncuentoalasemana" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><entry gd:etag="W/&quot;DEIDQH48cSp7ImA9WhRXE0U.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8815496429591188908</id><published>2011-12-20T05:06:00.000-08:00</published><updated>2011-12-20T05:09:31.079-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-12-20T05:09:31.079-08:00</app:edited><title>Concurso "Invítame a leer"</title><content type="html">&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="280" src="http://www.youtube.com/embed/1-1Cax_ysv4" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Ven y te lo cuento ediciones hemos pensado que quien mejor puede promocionar nuestros libros son sus lectores. Es por eso que queremos invitaros a participar en el concurso: "Invítame a leer". Si ya has leído alguno de los libros de nuestra colección ¿Y si fuese cierto... sólo tienes que subir un video a Youtube en el que invites a la gente a conocerlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres videos más vistos tendrán premio seguro: 1er premio un Ipad 2, segundo premio un Ebook y tercer premio un Plan B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para ver las bases del concurso visita nuestra web: &lt;a href="http://www.venytelocuento.com/" target="_blank"&gt;www.venytelocuento.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8815496429591188908?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/fDr9f2VFcC4" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8815496429591188908/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/12/concurso-invitame-leer.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8815496429591188908?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8815496429591188908?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/fDr9f2VFcC4/concurso-invitame-leer.html" title="Concurso &quot;Invítame a leer&quot;" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://img.youtube.com/vi/1-1Cax_ysv4/default.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/12/concurso-invitame-leer.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkEAQnY4fSp7ImA9WhZbGE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-3740436285590776793</id><published>2011-06-23T04:19:00.000-07:00</published><updated>2011-06-23T04:30:43.835-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-23T04:30:43.835-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>37 - Miradas</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;El restaurante estaba lleno. Era un local sencillo pero elegante, de paredes blancas apenas decoradas con media docena de acuarelas abstractas. El suelo era de madera y crujía con cada paso de los camareros y clientes. Los techos altos, abovedados, y de ellos pendían unas curiosas lámparas de hierro que semejaban pájaros llameantes. La gente hablaba en susurros y usaba los cubiertos con extrema delicadeza. El ambiente era el de una iglesia justo antes de la comunión. Ninguna ventana mostraba el exterior.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;La pareja de la mesa de la esquina norte, la mejor del restaurante, comía sin dirigirse la palabra. Él era un hombre de unos cincuenta. Pelo escaso, cuerpo labrado en gimnasio, gafas sin montura y cara alargada y seria. De ojos chiquititos. La mujer en cambio poseía unos enormes ojos verdes. De treintaypocos, cuerpo felino, pelo pajizo, culo respingón y tetas pequeñas y ojivales.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; El hombre, entre trozo y trozo de carne, miraba con disimulo el reloj que lucía un caballero en la mesa de enfrente. Un flamante Patek Philippe con correa de acero y caja octogonal que le sonreía con insolencia. Llevaba ya un buen rato con la imagen de aquel cronógrafo quemando sus ojos e hiriendo su amor propio. Nadie podría decir que él tuviera un reloj mediocre, más bien al contrario, su muñeca estaba rodeada por un magnifico ejemplar de pura sangre suizo, pero al lado de aquella maravilla parecía un pobre colgajo de metal. Con una mueca de asco, escondió el reloj dentro de la manga y trató de disimular lo mejor que pudo su frustración. Sabía que ya no disfrutaría el resto de la cena, ni de la velada posterior y, desde luego, tampoco tendría el cuerpo para fiestas cuando la hermosa rubia le ofreciera sus encantos al final de la noche. Aquel maldito reloj le había jodido bien.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;El lunes me compraré uno igual, o quizá un modelo mejor si lo hay&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;, se dijo mientras cortaba otro trozo de filete.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;Por su parte, el dueño del Patek Philippe se relajaba de una larga semana de trabajo cenando con su familia. A la derecha, su primogénito. Un adolescente de pelo largo y cubierto de granos, a continuación los gemelos de diez años, siguiéndoles se encontraba el pequeñín, con apenas año y medio, sentado en una silleta, y al lado de este, tratando de darle el potito, estaba su mujer.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; La conversación era amena pero intrascendente; anécdotas de los niños, los problemas de la madre en el despacho y bromas sobre la última amiga del hijo mayor. El hombre trataba sin éxito de seguir el hilo de la conversación. No podía evitar que sus ojos se desviaran una y otra vez hacia el escote de la imponente rubia de enfrente. Con una mano imaginaria, el hombre recorrió el largo cuello de la joven. Despacio. Y luego fue bajando su caricia hasta el inicio de los pechos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; Hasta ese momento se consideraba un hombre feliz. Tenía todo lo que siempre había deseado, pero en ese instante no habría vacilado en perderlo a cambio de pasar unos minutos en brazos de aquella mujer. Mientras la observaba llevándose la comida a la boca, pensó que alguien así; joven, fascinante, peligrosa, es lo que necesitaba para dar fuego a su vida. Y se imaginó escapando con ella a algún lugar exótico y, ¿por qué no?, viviendo alguna peligrosa e increíble aventura a su lado.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; Con un suspiro, alejó su mirada de las tetas de la chica y trató de reintegrarse en la conversación familiar. Se sintió un poco gris el resto de la noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;La chica estaba hastiada de su acompañante. Hacía días que lo notaba ausente y esa noche apenas le dirigía la palabra. Hasta un mes antes la había tratado como a una reina, pero era evidente que poco a poco había perdido el interés por ella. Esas cosas ya no le dolían, le habían ocurrido tantas veces que se lo esperaba, pero eso no evitaba que su amor propio, pequeño y pateado, encogiera, si cabe, un poquito más.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;Tratando de olvidar sus preocupaciones, fijó la vista en una camarera gordita que recogía una mesa al otro lado del restaurante. Se le notaba diestra. Agarraba la bandeja con delicadeza pero firmemente, y apilaba los platos con una confianza digna del mejor artista de circo. Luego la observó recorrer la distancia hasta la cocina. Era una coreografía perfecta. Caminaba sin mirar su bandeja y sorteando con elegancia cuantos obstáculos salían a su paso. Semejaba una bailarina bien entrenada, y daba la impresión de que podría hacerlo igual con los ojos cerrados. Tanta seguridad abrumó a la chica. Ella no hubiera sido capaz siquiera de llevar la bandeja vacía sin tropezar con alguien. De hecho, pensó, toda su vida la había pasado tropezando y cayendo una y otra vez. Ya tenía el culo acostumbrado al suelo. Si tan solo tuviera una pequeña parte de la seguridad de la camarera. Si hubiera sido así, ya hace tiempo que habría roto con aquel hombre, o igual ni hubiera empezado nada con él. Y probablemente no necesitaría a nadie que la cuidara y la mimara como a una niña, ya se bastaría ella sola para cuidarse.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; La chica miró a su acompañante, que mascullaba algo acerca de un reloj, y una pequeña lágrima asomó a sus enormes ojos verdes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;Prepárate chica. Aquí viene un nuevo batacazo.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;La camarera llevaba diez horas de pie. Sus piernas estaban entumecidas y su cabeza a punto de estallar. Con una sonrisa perenne en los labios, trataba de hacer entender a un cliente la imposibilidad de servirle su plato preferido al no quedar existencias en la cocina. El cliente fue muy impertinente. La camarera se disculpó de nuevo y se dirigió al aseo a encerrarse para poder llorar.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt; Desde la rendija de la puerta vio una mesa con una familia. Era un matrimonio con cuatro hijos. Se les notaba despreocupados, divertidos en su conversación. El hombre y la mujer se apretaban las manos con fuerza mientras reían las ocurrencias de los gemelos. Era hermoso verlos. Parecía uno de esos instantes perfectos que uno recuerda toda su vida. Se fijó especialmente en la mujer. Algo rellenita, como ella misma, pero con mucha clase. Una mujer inteligente, imaginó, y culta. Con una profesión estimulante y una casa preciosa. Sin duda debía ser rica, en el restaurante no comía nadie que no lo fuera, y además, el vestido que lucía seguro que costaba lo que ella ganaba en un año. Era la clase de mujer a la que nadie trataba con desconsideración. La camarera se vio en su lugar, entrando al restaurante de la mano de un famoso cirujano, o quizá un actor, y escuchando a su jefe haciéndole la pelota. Le diría lo guapa que está esa noche y le ofrecería el mejor vino de la bodega. Y brindarían con champán, y comería todas esas cosas que había servido durante tantos años y nunca había probado, y luego harían el amor en la piscina de su mansión. Y nadie la volvería a llamar “chica” o “nena”, la llamarían señora.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;Vamos “señora”, mueve el culo, a la mesa dos le faltan los postres&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;, se dijo con una mueca de resignación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;Su marido había salido a llamar por teléfono, y el hijo mayor entretenía a los gemelos enseñándoles su nuevo videojuego, así que la mujer se quedó sola con su niño pequeño en brazos. Mientras lo acunaba con cariño para que durmiera, se fijó en el hombre de la mesa de enfrente. Era unos diez años mayor que ella, pero muy atractivo. De aspecto duro, masculino, seguro. Debía ser uno de esos hombres independientes que no necesitan a nadie a su lado y tienen docenas de aventuras con jovencitas exuberantes como la que le acompañaba en ese momento. Se imaginó su coche: un descapotable italiano o inglés, quizá un Ferrari. Se imaginó su casa, llena de trofeos deportivos y fotos de sus viajes, con un gran gimnasio y un mueble-bar lleno de bebidas. Era el prototipo de hombre que a su marido le asqueaba, como algunos de los que había conocido en el club de golf o en su bufete: machistas, tremendamente orgullosos, egocéntricos, chulos, irresponsables… Exactamente el tipo de hombre que a ella le hubiera gustado ser.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-3740436285590776793?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/gRyqHPtP534" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/3740436285590776793/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/06/37-miradas.html#comment-form" title="4 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3740436285590776793?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3740436285590776793?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/gRyqHPtP534/37-miradas.html" title="37 - Miradas" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/06/37-miradas.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEUBSHg5eip7ImA9WhZUGE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-3418966036053626197</id><published>2011-06-11T14:02:00.000-07:00</published><updated>2011-06-11T14:04:19.622-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-11T14:04:19.622-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>36 - El ratón</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Teodoro era un ratón. Pequeño e inofensivo. Era tan fácil de lastimar que a nadie se le ocurría hacerlo. Era como esos jarrones delicados que no te atreves ni a rozarlos por miedo a que se rompan. Su fragilidad hizo que lo acogiéramos como a un niño abandonado. Era así la mascota del grupo, nuestro pequeño Teodoro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No había tenido suerte en la vida. Sus padres murieron cuando él era un niño y desde entonces vivía con su abuela. Los estudios nunca se le dieron bien, así que acabó trabajando en la pequeña librería de su familia. Eso lo convirtió, para escarnio suyo y regocijo del resto, en un auténtico ratón de biblioteca.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
A pesar nuestros esfuerzos, la desgracia perseguía al pobre ratón por donde quiera que estuviera. Su cuerpo era menudo y frágil, pero le bastaba para caminar por la vida, en cambio su mente, su increíble y fallido cerebro, le hacía subir a lo más alto, a un lugar donde nadie podía seguirlo, para luego lanzarlo a los abismos. Los médicos pusieron nombre a lo que le ocurría. Un nombre largo e incomprensible para mí. Diseccionaron su cerebro, lo abrieron como un melón y sólo encontraron pepitas. Definieron lo que le ocurría con una simple ecuación matemática. Fue una pobre labor la que hicieron con alguien tan especial. Yo, al contrario que ellos, pude ver en él algo más que una simple enfermedad. El ratón tenía momentos. Momentos oscuros en los que todo le aterraba, y otros momentos, blancos y sublimes, en donde entraba en un estado de gracia que lo hacía inmenso. Más grande que todos los demás. En esos momentos, que a veces eran pequeños instantes y en otras ocasiones días maravillosos e intensos, el ratón se convertía ante nuestros ojos en un caballo. Un magnífico ejemplar al que admirar en silencio. Entonces se mostraba en todo su esplendor, como un hermoso animal, único y perfecto. Y eran esos lapsos en los que todos nos agrupábamos en torno a Teodoro y paladeábamos su presencia. Daba igual lo que hiciera entonces, no importaba lo que dijera. Sereno, borracho o atiborrado de drogas, resplandecía ante todos, y un estremecimiento recorría la espalda del que estuviera a su lado. Fueron años mágicos los que pasé con él. En los que todo era posible. Cualquier idea descabellada la hacíamos realidad, cualquier mujer era nuestra, toda causa era ganada. No existía ningún impedimento para nuestros planes cuando Teodoro tenía su momento. Pero, tal como se dice, el fuego más vivo se apaga antes que el resto, y Teodoro, después de refulgir tan brillante, cedía su luz y viajaba a las tinieblas en apenas segundos. Y ahí se quedaba, en silencio y a oscuras esperando su próxima aparición.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;Un día, cuando Teodoro tenía veintidós años, su fuego se apagó para no volver a prenderse nunca. Ahora mismo estará sentado en la mecedora de su abuela, rodeado de oscuridad y silencio, esperando en vano otro momento de gloria. Ya no es un ratón. Hace tiempo que mi amigo se convirtió en piedra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #333333; line-height: 20px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #333333; line-height: 20px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" style="color: #5588aa; text-decoration: none;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif; font-size: large;"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-3418966036053626197?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/JrW40Mh4YwA" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/3418966036053626197/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/06/36-el-raton.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3418966036053626197?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3418966036053626197?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/JrW40Mh4YwA/36-el-raton.html" title="36 - El ratón" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2011/06/36-el-raton.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cDQHoycCp7ImA9Wx5aFUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-1510283296416718158</id><published>2010-11-12T04:27:00.000-08:00</published><updated>2010-11-12T04:31:11.498-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-11-12T04:31:11.498-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortos" /><title>35 - La puerta verde</title><content type="html">&lt;/br&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/TN0xnLI-GLI/AAAAAAAAAFQ/vlcftF2ALTI/s1600/la_puerta_verde_blog.jpg"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/TN0xnLI-GLI/AAAAAAAAAFQ/vlcftF2ALTI/s1600/la_puerta_verde_blog.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al personaje no lo conocemos aún. Se irá definiendo poco a poco ante nosotros. Sólo sabemos de él que se encuentra solo, en una habitación con poca luz. De su aspecto no se puede decir mucho. A través de las tinieblas de la estancia se percibe un cuerpo grande, debe de ser hombre. Un hombre corpulento, de más de metro noventa. Está inquieto, se mueve sin cesar de un lado a otro y murmura frases ininteligibles. Él no sabe de nuestra presencia, pero se le nota muy precavido, como si intuyera que no está solo. El personaje saca de su bolsillo un mechero y lo enciende. Con él recorre la habitación revisando cada detalle. La estancia es pequeña, apenas quince o veinte metros cuadrados, y, salvo por él, está completamente vacía. Las paredes están desnudas, ni cuadros, ni ventanas, solo una pequeña puerta verde rompe la monotonía de la sala. Esta se encuentra a quince centímetros del suelo y debe tener treinta centímetros de ancha y un metro de alta aproximadamente. Aunque lleva mucho tiempo encerrado allí, aún no ha intentado abrirla. No conocemos su grado de inteligencia, pero, por muy idiota que sea, debe saber que, aunque estrecha, la puerta es suficientemente grande como para que quepa por ella. También debe estar seguro de que es la única salida posible.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ha pasado una hora y el personaje se sienta en el suelo. Ya ha recorrido cada centímetro de la habitación y ha revisado todas y cada una de las juntas de los ladrillos, también ha mirado con mucha atención las losas del suelo y las ha golpeado con los nudillos, se supone que para localizar alguna oquedad. No ha encontrado nada inusual. La estancia es sólida y maciza. El personaje se frota la cabeza con las manos y dirige la mirada hacia la pequeña puerta verde. Ahora se levanta. Avanza con largos pasos hacia ella y se detiene a escasos centímetros. Vuelve a prender el mechero y lo acerca a una rendija. Aproxima su cara y cierra el ojo izquierdo. Recorre todo el rectángulo de la puerta con la mirada fija en la pequeña línea de separación. Luego apaga el mechero y lo lanza contra el suelo mientras un grito de frustración sale de su garganta. Parece agotado. El personaje deja caer su cuerpo al suelo y se tiende boca arriba. Después comienza a reír. Una risa inquietante, desesperada. Desde luego, él debe saber algo que nosotros desconocemos, si no sería incomprensible que no hubiera salido de la habitación, ya que estar en ella sin duda le angustia. Ahora se tiende de lado. Llora. Llora un largo rato y luego se duerme.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al despertar, el personaje se encuentra la estancia iluminada. Ahora podemos distinguir bien su rostro. Es un hombre joven y atractivo, pero está pálido y desaliñado. Por su aspecto podemos imaginar que lleva varios días con la misma ropa, y sus ojeras nos dicen que sufre una grave falta de descanso. Canturrea algo mientras mira al suelo y con sus manos realiza una extraña coreografía, parece una especie de juego infantil. Quizá, ante su desesperación, se está refugiando en una época pasada. Ahora canta más alto y se levanta, y sus movimientos se van haciendo más exagerados. Está bailando por toda la sala. De repente, la luz se apaga. La oscuridad encierra al personaje, y este se detiene y calla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ha tardado un rato en volver a la actividad. Junto con la luz parece que se marcharon sus fuerzas, y nada más oscurecerse todo, el personaje volvió a sentarse en silencio. Pero ahora se mueve. Se dirige a una esquina de la estancia. Está orinando contra la pared. El suelo de esa zona, encharcado y cubierto de heces, nos indica que es algo que lleva haciendo largo tiempo, días quizá. Si es así, el personaje debe de tener un miedo atroz a lo que se encuentra detrás de la puerta. Algo tan temible que mantiene atrapado a un hombre grande y fuerte como él.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al volver caminando hacia el centro de la habitación se ha escuchado un ruido diferente en uno de sus pasos. El personaje se ha girado enseguida y se ha agachado. Está golpeando el suelo de esa sección. Efectivamente, parece que una de las losas suena de una manera distinta que las de su alrededor. Debió de pasársele por alto cuando revisó el piso anteriormente. El hombre acaba de sacar algo de su bolsillo. Parecen unas llaves. Las pasa por los bordes de la losa e intenta rascar el material de las juntas. Su respiración ha comenzado a acelerarse. Se le nota entusiasmado. Ahora mueve con mayor rapidez las llaves. El ruido que produce es desagradable, como el arañar de uñas sobre una pizarra. Parece que la piedra cede. La agarra con cuidado, la levanta y la deja a un lado. Lanza un "Jaaa" triunfal y comienza a excavar con los dedos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Han pasado dos horas y el personaje se da por vencido. Apenas ha logrado sacar dos puñados de tierra en todo este tiempo. Debe de haberse encontrado con roca u hormigón y no pudo avanzar más. Se frota las doloridas manos y se mantiene en silencio. Así, quieto y callado, se queda durante un tiempo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mientras lo observamos, no podemos más que intentar imaginar que puede haber detrás de la puerta y el por qué de su rechazo a cruzarla. Nos es imposible actuar, ni comunicarnos con él. Tan solo nos está permitido espiar su comportamiento y elucubrar sobre sus intenciones. Lo que tenga que ocurrir pasará y nosotros no tendremos nada que ver en ello.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El personaje se ha desnudado. Deja todas sus pertenencias en el suelo cuidadosamente alineadas. Las revisa una a una y se mantiene pensativo unos instantes. Coge su pantalón y ata una de las perneras a la manga de la chaqueta, luego añade la camisa. Parece que está preparando una improvisada cuerda. Ahora mira hacia arriba. Lanza un extremo hacia el techo. Quiere engancharlo en una especie de cañería que sobresale. Al décimo intento lo consigue. Hace un nudo del extremo y comprueba estirando que la cuerda aguanta su peso. Con la otra punta, mientras se mantiene de puntillas, rodea su cuello y se la anuda. Da un salto y encoge las piernas al caer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No sabemos si hubiera sido capaz de aguantar esa postura mucho rato, o si el miedo a la muerte le hubiera impedido consumar su suicidio. El hecho es que la cañería no soportó su peso más que un par de minutos y se partió en dos. El personaje se encuentra ahora tendido en el suelo, desnudo y con la camisa atada a su cuello. No se mueve. Sólo se oye su respiración.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Vuelve la luz. Gracias a ella, podemos distinguir con claridad su rostro. Algo en él ha cambiado. Tiene la mirada de quien se sabe vencido. Debe pensar, al igual que nosotros, que tarde o temprano tendrá que olvidar sus miedos y cruzar la pequeña puerta verde. Y detrás de ella, quien sabe, quizá le espera el mundo real.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #333333; font-family: Trebuchet, 'Trebuchet MS', Arial, sans-serif; font-size: 13px; line-height: 20px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Héctor Gomis&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #333333; font-family: Trebuchet, 'Trebuchet MS', Arial, sans-serif; font-size: 13px; line-height: 20px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" style="color: #5588aa; text-decoration: none;"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-1510283296416718158?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/kmiwGiH5G-g" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/1510283296416718158/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/11/35-l-la-puerta-verde.html#comment-form" title="7 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1510283296416718158?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1510283296416718158?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/kmiwGiH5G-g/35-l-la-puerta-verde.html" title="35 - La puerta verde" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/TN0xnLI-GLI/AAAAAAAAAFQ/vlcftF2ALTI/s72-c/la_puerta_verde_blog.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>7</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/11/35-l-la-puerta-verde.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0INSXs7eSp7ImA9Wx5bEE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-4060396114451227889</id><published>2010-10-25T04:04:00.000-07:00</published><updated>2010-10-25T04:19:58.501-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-10-25T04:19:58.501-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>34 – Mamá quiero ser una estrella del rock</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;amá quiero ser una estrella del rock. Quiero subirme a las barbas de la vida y estirar de ellas con fuerza. Quiero mostrarme ante masas enfervorecidas y provocar su locura. Deseo ser grande, más que la vida, aunque sea durante apenas un segundo. No pido ser un artista, no busco trascender, ni crear nada, ni conectar con nadie. Sólo quiero triunfar, lucir por un momento y saber que se siente siendo un Dios, y ser entronizado, y gozar del sexo más salvaje con quiceañeras encocadas, y provocar desmayos, y destrozar hoteles. No te pido mucho, mamá, sólo dame eso. Concédemelo y seré feliz. Quiero que mi cuerpo se infle con drogas y alcohol, y me haga volar, y que el resto me mire desde abajo. Y que me adoren, y que me odien, y que me besen y que me escupan después de haberme besado, y que el mundo se rinda a mis pies, y que saquen la foto de mi culo en la portada de una revista. Sólo pido eso mamá. No te cuesta nada conseguirlo para mí. Quiero romper guitarras contra el suelo, y que griten a mi paso, y que me concedan todos los deseos, y volverme imbécil, y olvidarme de quien soy. Y poder maltratar a quien me rodee, y que aún así me sigan amando, o incluso me amen aún más. Quiero ser un enviado del diablo y lograr que miles me sigan, y que nos llamen legión. Quiero coleccionar virgos, y traficar con vidas ajenas, que todos mis caprichos se cumplan en el acto, y que al tiempo cualquier lujo me aburra. No tiene que ser tan difícil mamá. Tú puedes hacerlo para mí. Haz que sea una estrella del rock, y que todos me miren desde abajo y deseen estar en mi lugar. Haz que mi vida sea una montaña rusa. Busca un punto lo más alto posible y lánzame hacia allí. Tu haz sólo eso, dame el impulso, que yo me ocuparé del resto. Yo me encargaré de la caída y de dejarte un bonito cadáver.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Héctor Gomis&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-4060396114451227889?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/SrCJpH34Kfk" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/4060396114451227889/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/10/34-mama-quiero-ser-una-estrella-del.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4060396114451227889?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4060396114451227889?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/SrCJpH34Kfk/34-mama-quiero-ser-una-estrella-del.html" title="34 – Mamá quiero ser una estrella del rock" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/10/34-mama-quiero-ser-una-estrella-del.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;Ck8CRn04fip7ImA9Wx5aFE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-7079683600214584918</id><published>2010-09-22T17:19:00.000-07:00</published><updated>2010-11-10T06:54:27.336-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-11-10T06:54:27.336-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Noticias" /><title>¡¡¡ Mi primer libro ya está en imprenta !!!</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;Ya es una realidad. La editorial &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;u&gt;&lt;a href="http://www.venytelocuento.com/"&gt;Ven y te lo cuento&lt;/a&gt;&lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;u&gt; &lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;va a editar un libro con una recopilación de los mejores cuentos del blog (revisados, corregidos, aumentados e ilustrados) y algunos inéditos. El material ya está en imprenta y, salvo catastrofe natural, verá la luz estas navidades.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avisaré en cuanto esté en las librerías. Como adelanto os dejo un imagen de la criaturica, mirad que bonito que ha salido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.venytelocuento.com/Libros-publicados/historias-pequenas/"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/TJqcoEbj2vI/AAAAAAAAAEg/KXMursgJMJI/s320/portada_libro_blog.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;Para más información, visitar:&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;a href="http://www.xn--historiaspequeas-kub.es/"&gt;historiaspequeñas.es&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-7079683600214584918?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/v7t4zCqeX8c" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/7079683600214584918/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/mi-primer-libro-ya-esta-en-imprenta.html#comment-form" title="4 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/7079683600214584918?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/7079683600214584918?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/v7t4zCqeX8c/mi-primer-libro-ya-esta-en-imprenta.html" title="¡¡¡ Mi primer libro ya está en imprenta !!!" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/TJqcoEbj2vI/AAAAAAAAAEg/KXMursgJMJI/s72-c/portada_libro_blog.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/mi-primer-libro-ya-esta-en-imprenta.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0cNRn84eyp7ImA9Wx5WEUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-3913877965558558299</id><published>2010-09-22T16:41:00.000-07:00</published><updated>2010-09-22T16:44:57.133-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-22T16:44:57.133-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="La cabeza" /><title>33 - La cabeza (Capítulo 2 de 2)</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i style="color: red;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Si no has leído el primer capítulo pincha en el vínculo:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/32-la-cabeza-capnitulo-1-de-2.html"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ver el capítulo 1 &amp;gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;M&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;aría, la mujer de Samuel estaba harta de su marido. Le había dedicado los mejores años de su vida y a cambio sólo había recibido incomprensión y silencio. Ella era la que llevaba la casa adelante, la que se peleaba a diario con sus hijos, la que le había apoyado en los momentos malos, y como respuesta a tanto esfuerzo sólo había obtenido la compañía de un trozo de carne con ojos, sin romanticismo, sin un mísero detalle el día de san Valentín. Era una mujer triste y amargada que fue agrietándose poco a poco hasta convertirse en una pasa, seca por dentro y por fuera. En su madurez, el único consuelo que le quedaba eran las caricias que día sí día no, le proporcionaba un joven del vecindario llamado Darío, feo, desgarbado y tonto como una mosca de la fruta, pero dueño de un descomunal miembro viril que era la alegría de las solteras y casadas del barrio. En el mismo instante en el que Samuel sacaba la porra de su mochila para desnucar a su presa, su mujer se estremecía entre los brazos de Darío. Mientras era penetrada una y otra vez por el joven, escuchó de repente un desagradable chillido proveniente del exterior. Tras un momento de pausa en el que empujó al chico de su lado y se dirigió a la ventana a mirar que ocurría en la calle, volvió a la cama y levantó su grupa hacia Darío para que le volviera e embutir su enorme pene. Que más le daba lo que ocurriera fuera de esas cuatro paredes.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;La cara de horror de Samuel cuando quitó el paño que tapaba al cadáver fue indescriptible. Se había vuelto a equivocar, pero esta vez era imposible que hubiera ocurrido. Había dejado hacía unos minutos al anciano preparado para llevarse el golpe fatal, pero ahora se había encontrado con un tipo desconocido desnucado como un conejo para paella, con la cara pálida, el cuello cómicamente torcido hacia un lado y la lengua fuera. ¿Qué había ocurrido?, ¿Qué podía hacer ahora?, y sobre todo, ¿Dónde estaba el maldito viejo que le privaba una y otra vez de su querida calavera? &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Con una rapidez de reflejos de la que hasta hacía unos segundos se hubiera creído incapaz, escondió el cadáver dentro de la maleta en el almacén, pero no sin antes cortarle la cabeza y meterla en una bolsa de basura. Esto último ni el mismo sabía por qué lo hizo, quizá porque estaba convencido de que seguir el plan prefijado era lo mejor, quizá por que ya había cogido esa extraña costumbre, o puede ser que fuera por que le había pillado el gusto a hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El concejal Álvarez del Castillo seguía profundamente preocupado por su sexualidad. ¿Seré maricón?, se preguntaba una y otra vez mientras se dirigía a los calabozos acompañado del inspector Contreras, ¿y por qué precisamente soñé con moros?,&amp;nbsp; ¿acaso me gustarán los moros, esos despreciables y miserables moros?, ¿será por su olor a moro?&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Al llegar a la sala, un desconcertado inspector siguió sus ordenes y le dejó solo con los treinta y cinco magrebíes detenidos en la reciente redada. Cuando el concejal observó detenidamente a los presos no puedo sentir más que asco hacia ellos. Le repugnaba su color, sus caras, sus ropas, su forma de hablar. Nada había allí que le agradara lo más mínimo. Contento con su pequeño experimento, el concejal Álvarez del Castillo estaba a punto de salir del calabozo, cuando su pene, que hacía una hora se había calmado al fin, se puso enhiesto como una torre. Ante la divertida mirada de los presentes, un avergonzado concejal se quedó pasmado, con un grotesco bulto en su pantalón que apuntaba hacia la meca y una mirada perdida que delataba su incomprensión sobre lo que le estaba ocurriendo. Entre las risas de los chicos del calabozo, un pensamiento doloroso y persistente ya se había alojado en su cerebro, Pues sí que voy a ser maricón, y va resultar que me gustan los asquerosos moros de mierda.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Totalmente colmada y agotada por la coyunda, la mujer de Samuel se relajaba dándose un baño de espuma en la bañera de Darío. El joven, después de limpiarse los bajos con una toallita, esperaba que saliera su amante mientras miraba la calle desde la ventana.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;¡Coño!, tu marido acaba de salir de la peluquería, ¿no me dijiste que estaba enfermo en la cama?, y lleva una maleta enorme. ¿Una maleta?, preguntó la mujer desde el aseo, ¿cómo es esa maleta? Pues grande, enorme, y gris, respondió el chico, y añadió, si me hubieras dicho que tu marido estaba por aquí, nos hubiéramos ido al hotel de siempre. Yo no quiero líos con maridos cornudos.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;No te preocupes de él, eso es cosa mía, dijo la mujer mientras salía presurosa del baño y totalmente desnuda se asomaba a la ventana. ¡Hijo de puta!, chilló mientras veía a su marido cargando la pesada maleta, era de mi madre, me la dejó en herencia, ¿que narices hace con mi maleta? Pues con lo grande que es seguro que se lleva media casa, igual te está abandonando, terció Darío. Eso es imposible, si ese cabrón intenta dejarme sola con los niños, antes lo capo.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Samuel estaba muy alterado. Mientras arrastraba el baúl con el cadáver por toda la calle, tenía la desagradable impresión de que lo estaban observando. Hasta llegó a creer, posiblemente en un momento de enajenación, que había visto a su mujer desnuda mirándolo desde una ventana de enfrente. Tengo que concentrarme, pensó, no debo ceder al miedo o acabaré cometiendo otro error. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Media hora después, Samuel consiguió cargar el cadáver en el maletero de su coche y puso rumbo al vertedero. Con un poco de suerte, pensó, nadie me verá descargarlo allí. Aún puedo librarme de la ley, y tarde o temprano conseguiré mi trofeo. Y es que, a pesar de los inconvenientes que le habían ido surgiendo, Samuel había salido airoso de todas las pruebas, y eso lo convencía aún más de su capacidad de llevar a cabo satisfactoriamente su plan. Hasta hacía unos días había pasado sin pena ni gloria por la vida como un aburrido y triste peluquero, pero en ese momento ya se consideraba una mente criminal de primer nivel, en ese instante, conduciendo por la carretera con un cadáver decapitado en el maletero, se sentía como Billy el niño, un auténtico forajido de leyenda que persigue su sueño, su tesoro. Se juzgaba por primera vez valiente, intrépido, imparable. Cien metros después de que este pensamiento pasara por su mente, su coche pinchó una rueda y tuvo que detenerse en el arcén.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;María estaba fuera de sí. Si era cierto que su marido había decidido abandonarla y pensaba que ella no sería capaz de impedírselo, entonces era que no la conocía bien. Lo esperó horas sentaba en el sofá del salón dispuesta a lanzarle las diez plagas de Egipto a la cara en cuanto se lo encontrara, pero su marido no llegaba. Poco a poco le fue venciendo el aburrimiento y acabó durmiéndose mientras sostenía entre sus manos unas enormes tijeras de podar.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El Ilustrísimo Concejal de Seguridad ciudadana, señor Álvarez del Castillo, no se veía a sí mismo muy ilustre en esa postura. Desnudo y a cuatro patas en el suelo, esperaba angustiado la inminente acometida sexual de Samir, un joven magrebí que había conocido en el calabozo y que había accedido, a cambio de una pequeña suma, a satisfacer la curiosidad del concejal y darle por el culo. El señor Concejal apretó los dientes con fuerza y cerró los ojos a la espera del placer supremo, y también de la suprema de las vergüenzas, que le iban a llegar en breves instantes. Con un sonoro ¡Floook!, el pene del morito se instaló hasta el fondo de las entrañas del concejal, y este, después de resistir como pudo varias acometidas, gritó a pleno pulmón, ¡Me cago en Diooooos!, ¡No soy maricón, esto no me gusta nada!, ¡Sácame ese monstruo del culo moro cabrón! Las quejas del concejal no surtieron ningún efecto en Samir. Samir era un hombre que nunca dejaba nada a medias.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Era ya tarde y Samuel estaba agotado. Había tenido que cambiar la rueda en medio de la carretera, momento que también aprovechó para deshacerse de la cabeza, después se había dado una paliza de trescientos kilómetros al volante para dejar el cadáver en el vertedero de otra ciudad y volver, y por último, había tenido que frotar durante horas el maletero del coche para dejarlo limpio de cualquier rastro que pudiera delatarlo. Su cuerpo le pedía descanso urgente, pero Samuel ya estaba harto de la situación, quería hacerse con la cabeza inmediatamente, sin más dilación. Deseaba sobre todas las cosas volver a frotar el maravilloso cráneo entre sus dedos y poder olvidar el horrible día que había tenido, así que después de aparcar el coche frente a su casa, cogió todo el equipo y se dirigió con paso ligero hacia la casa del anciano. Esto termina esta noche, dijo en voz alta mientras caminaba.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El anciano estaba muy contrariado. Y aunque se sintió satisfecho de la vez que el peluquero le cortó el pelo, sobre todo por el largo y placentero masaje que le dedicó mientras le lavaba la cabeza, en las otras dos ocasiones que intentó repetir la experiencia el resultado fue sumamente frustrante. En la primera de las ocasiones, en vez de al peluquero fue un cadáver lo que encontró, y en la siguiente intentona después de cederle amablemente el turno a un joven, cuando volvió de su paseo se encontró la peluquería cerrada. Con su paciencia colmada, estaba firmemente decidido, con gran pena de su corazón, a cambiar de barbero. Mañana mismo busco otro establecimiento, se dijo mientras preparaba una frugal cena a base de fruta.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;María se despertó con el sonido del coche de su marido. Reconocería ese ruido entre un millón de motores, pensó, voy a colgar de los huevos a ese cabrón. Salió a la calle esperando encontrase a su marido avergonzado y sumiso sin atreverse a cruzar la puerta de casa, pero en vez de eso lo vio corriendo en dirección contraria y cargando una mochila. ¿Adonde vas, desgraciado? Dijo para sí rechinando los dientes, y se puso a seguirlo en la distancia.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Este tiene una amante, seguro, se mortificaba María mientras lo seguía. Pues si resulta que no me hace el amor desde hace meses porque se lo hace a otra, esta noche voy a cometer una locura.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;La mujer del inspector Contreras preparaba unos deliciosos espaguetis carbonara mientras miraba de reojo a su marido que, sumamente intranquilo, deambulaba por la casa sin dirección aparente. ¿Qué te pasa cariño?, ¿te preocupa algo? Es el maldito concejal, respondió Contreras, nos está volviendo locos a todo el departamento, Esta tarde ha ordenado que soltemos a todos los moros. Y mientras nos marea con sus ocurrencias, añadió el inspector, la prensa se me echa encima como buitres, y para colmo, nadie tiene la menor idea de cómo avanzar la investigación. ¿Habéis mirado lo de las sectas satánicas que te dije?, preguntó su esposa, esos siempre están detrás de estas cosas.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Justo quince minutos después de esa conversación, mientras el inspector mojaba un trozo de pan en la sabrosa salsa carbonara, una llamada de la comisaría le informó de un último hallazgo sobre el caso. ¿Sabes que, caramelito?, dijo el inspector con la boca chorreante de espaguetis, al final vas a tener razón y va a ser cosa de satánicos de esos, han encontrado otra cabeza tirada en la carretera.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El concejal, dolorido y totalmente enajenado, permanecía desnudo y en posición fetal tendido en el suelo. Tenía los ojos cerrados, los labios apretados, y recitaba una extraña letanía mientras lloriqueaba como un niño, malditosmorosmariconesdemierdamariconesdemierda… Samir, cuando salió del aseo y lo vio tan frágil, no pudo evitar conmoverse con la escena y, como le ocurría siempre que se ponía sentimental, sus veinticinco centímetros de polla volvieron poco a poco a alzarse como un mástil.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Jefe, me la ha vuelto a poner como un tronco, ¿quiere que repitamos?, esta vez no se lo cobro.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Cuando el concejal de seguridad ciudadana vio el palo que se blandía ante él, lanzó un alarido y salió corriendo de la casa como poseído por el demonio. Bajó a trompicones los cinco pisos del edificio y huyó por la calle entre gritos horrendos.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El anciano ya estaba terminando de cenar cuando notó que un trozo de albaricoque se le había metido por el conducto equivocado. Aunque durante unos segundos el miedo lo paralizó, enseguida reaccionó y logró arrastrarse medio asfixiado hasta la casa de sus vecinos y tocar a su puerta. El vecino, ya acostumbrado a los sustos que le proporcionaba el anciano, actuó rápido. Se colocó a la espalda del viejo y el realizó la maniobra de Heimlich abrazándolo desde atrás y presionando con las manos en el tórax. Después de tres o cuatro embestidas, el trozo de albaricoque salió expulsado y cayó al suelo. El anciano quedó exhausto, y el vecino, aunque con evidentes signos de fastidio, accedió a acompañarlo a su casa y quedarse con él hasta que se durmiera.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;En el preciso instante que el albaricoque botaba en el suelo del rellano del anciano, María se encontraba ya a escasos cien metros del edificio, agazapada entre dos coches espiando a su marido. El desgraciado va a entrar en esa casa, dijo en voz baja. Seguro que allí tiene a su querida. Pues esta vez no se saldrá con la suya, en cuanto baje le voy a romper las pelotas.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Mientras, Samuel, sin sospechar la férrea vigilancia de su mujer, se disponía a subir al piso del anciano y esta vez nada lo detendría. Estaba firmemente convencido de volver a casa con su cráneo y pasaría por encima de quien intentara impedirlo. Sacó de la mochila la sierra y la porra, y armado de esta guisa subió corriendo por las escaleras con un siniestro brillo en los ojos. Soy el ángel de la muerte, decía fuera de sí mientras bufaba con cada escalón, y vengo a por lo que es mío.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;¿Sabes que pienso?, dijo la mujer del inspector Contreras mientras se cortaba las uñas en el aseo. ¿Qué es lo que piensas, caramelito?, le respondió el inspector ya casi dormido. Que ese concejal no te respeta, continuó la mujer, no tiene en cuenta tu valía. Creo que deberías hacer carrera política, seguro que se te daría bien, podrías ocupar su cargo y lo harías mil veces mejor que él. Pero, caramelito, ¿Qué se yo de política?, dijo el inspector, yo sólo soy un policía, ¿que voy a saber yo de los “intríngulis” de ese mundo? No te subestimes, cariño, sentenció la mujer del inspector mientras recogía las uñas y las tiraba por el inodoro, tienes todo lo necesario para “ese mundo”. ¿Ah, sí?, ¿y que es eso que tengo que me hace tan útil para “ese mundo”?, dijo el inspector que se empezaba a intrigar con la conversación. La mujer del inspector entró en la habitación, se sentó en la cama próxima a su marido y lo besó con ternura en la frente, acto seguido continuó con su&amp;nbsp; discurso. No tienes imaginación, ni empuje, ni demasiada inteligencia. Pero, caramelito…, cortó el inspector. No me interrumpas, ratoncito, ahora mismo acabo, continuó la mujer, pues como decía, eres previsible, sin ideas propias y un poco vago, y lo mejor de todo, añadió la mujer tapando la boca de su marido que airado estaba a punto de volverla a interrumpir, eres incapaz de llevarle la contraria a tus superiores, eres el concejal perfecto para esta ciudad, pero hasta ahora no lo sabías.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El inspector no supo que decir. Miraba incrédulo a su mujer e intentaba asimilar todo lo que acababa de oír. Su mujer lo besó en los labios, un beso profundo y dulce, y añadió, todo esto lo digo por tu bien, es bueno que conozcas tus cualidades para poder aprovecharlas. Te quiero mucho, ratoncito, ten fe, seguro que aparecerá el asesino que buscas, y ya verás como en poco tiempo serás tú el concejal. Buenas noches, ratoncito. Buenas noches, caramelito.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Esa noche, el inspector Contreras no pudo pegar ojo. Tenía mucho en que pensar&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;María seguía vigilando la entrada del edificio, cuando una gran masa de carne desnuda y sudorosa chocó con ella. El golpe la lanzó al suelo y tardó unos segundos en darse cuenta de lo que había pasado. A su lado, encogido en forma de una enorme albóndiga, vio lo que parecía un hombre desnudo sollozando. Intentó calmarlo pero fue tarea imposible. El obeso nudista era inconsolable, con la cara tapada entre sus manos repetía sin cesar, malditosmorosmariconesdemierdamaridonesdemierdamariconesdemierda… La mujer del peluquero, aunque sumamente irritada por la actitud de su marido, no podía dejar sólo y desvalido a aquel hombre, así que, apiadándose de él, se ofreció a llevarlo a su propia casa y darle algo de ropa. Consiguió que se levantara y agarrándolo de la mano lo fue arrastrando calle abajo.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Cuando no llevaban recorridos ni diez metros, se cruzaron con un joven que salía de un portal. El concejal Álvarez del Castillo, que ya había conseguido calmarse un poco, en cuanto vio al chico mudó el rostro. De repente se puso pálido como la cera y, mientras miraba muerto de miedo el pelo rizado y la tez oscura del chico, lanzó un alarido inhumano: ¡Un mooooro!, ¡un mooooooro! Segundos después, María y el joven observaron incrédulos como los cien quilos de concejal comenzaban a correr como alma que lleva el diablo, tirando una papelera, tropezando y cayendo cada pocos pasos, y acabando por entrar al portal de una casa y perderse de vista. ¡Coño!, pensó maría, el pobre desgraciado ha entrado al mismo portal que mi marido, esto se va a poner interesante.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;El anciano dormía profundamente, así que no oyó nada de lo que pasó en su casa aquella noche. Como un convidado de piedra asistió sin enterarse de nada a la repentina aparición de Samuel que, armado hasta los dientes, tiró la puerta abajo de una patada. Tampoco escuchó el grito de fastidio de su vecino, que con un “mecagoentodo” la emprendió a golpes con el pobre peluquero. Por supuesto, los dormidos oídos del viejo no llegaron a apreciar el crujir de huesos de Samuel mientras su vecino, un hombre pequeño pero muy fornido y curtido durante treinta años descargando barcos, destrozaba su cuerpo a puñetazos y patadas. El sueño y una severa sordera también privaron al anciano de escuchar el retumbar del suelo cuando un hombre obeso y desnudo apareció en el rellano lanzando alaridos de mujer y tapándose el culo con las dos manos, ni las blasfemias del vecino, que ya fuera de sí, dejaba tendido al peluquero y se subía a la espalda del gordo para acabar con él. También le fue imposible al anciano enterarse del trompazo que se pegaron los dos al caer por el hueco de la escalera mientras forcejeaban. Así que esa noche el anciano durmió plácidamente, y soñó con su juventud, y con Belén, su primera novia, a la que besaba bajo un olivo cuando nadie los veía, y a la mañana siguiente amaneció muerto de un infarto, pero con una bonita sonrisa pintada en sus labios.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Samuel en cambio no tuvo una mañana tan plácida. Le dolían todos los huesos y además se sentía muy frustrado. No sólo no pudo cortarle la cabeza al anciano, si no que en el intento perdió su equipo. Lo he dejado todo lleno de pruebas, pensaba mientras se colocaba una improvisada faja de tela alrededor del tórax, seguro que ya saben que fui yo, no tardarán en venir a buscarme. No recordaba bien cómo llegó a casa, lo último que podía traer a su mente, antes de que todo se volviera negro, era una la visión de una enorme manaza golpeado su cara. Y tampoco tenía la más remota idea de lo que había pasado aquella noche. Lo que iba a ser un trabajo rápido y fácil, ¡sólo era un pobre viejo, por el amor de Dios!, se convirtió en una batalla campal. Pero lo más raro de todo era la extraña sonrisa que tenía su mujer, una sonrisa acusadora que le dedicaba mientras le ayudaba a remendarse. ¿Acaso sabe algo?, pensó Samuel, no imposible, si lo supiera estaría muerta miedo, si supiera que soy un asesino frío y sádico no estaría tan tranquila a mi lado.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Esa mañana el inspector Contreras empezó a sospechar que su mujer era bruja. Había acertado en todo lo que predijo. El asesino apareció solo, sin que él tuviera que hacer nada para encontrarlo, y si eso no fuera poco, el alcalde acababa de pedirle que se presentara para concejal de seguridad ciudadana en las próximas elecciones. Mientras miraba asombrado como se llevaban detenido al Concejal Álvarez del castillo, intentaba exprimir al máximo su cerebro para encontrar una explicación mínimamente creíble para presentársela a la prensa. Dos hombres descabezados, un anciano muerto de infarto, bueno, a este lo podía eliminar de la ecuación, seguramente no tenía nada que ver con el caso, otro muerto por caída desde gran altura y un concejal desnudo y aturdido. ¿Cómo narices iba a encajar todo eso?&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;De repente, un brillo de inteligencia iluminó al inspector: Ya está, ya lo tengo.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Samuel no salía de su asombro cuando leyó el periódico. En grandes letras rojas se destacaba: “Capturado el monstruo decapitador”, y un poco más abajo, como subtítulo: “Atrapado el concejal satánico”. El artículo era aún más delirante. Según se describía, el concejal era miembro de una secta satánico-nudista, que acechaba a sus víctimas en bolas para cogerles desprevenidos y robarles la cabeza. El periodista daba como pruebas la aparición del concejal en cueros y desmayado encima de una de sus víctimas, y añadía que se habían encontrado en la escena del crimen la porra, la sierra y la mochila con bolsas para guardar las cabezas. Del interrogatorio al concejal sólo se desvelaba que este aseguraba no recordar nada, pero demostraba una animadversión enfermiza contra los inmigrantes árabes, por lo que ya se estaba investigando la posible colaboración de grupos de xenófobos de extrema derecha. Por último se elogiaba en el artículo la impecable investigación de la policía, investigación comandada por el famoso inspector Contreras, del que se rumoraba que próximamente podría ocupar el cargo del concejal saliente.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Y ahora haz el favor de contarme que es lo que pasó anoche, dijo María a su marido, está claro que no ibas a ver a una amante, ni que tampoco te ibas a fugar de casa, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;¿Cómo?, ¿pero tú cómo sabes…? trató de decir el angustiado y perplejo peluquero. ¿No recuerdas cómo saliste de allí, verdad?, interrumpió María. Pues la verdad es que no recuerdo casi nada de anoche, todo ocurrió muy rápido y… Pues fui yo quien te sacó de allí, llevaba tiempo espiándote y cuando entró el gordo loco decidí ir detrás suya…&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;María explicó al peluquero todo lo que vio en el piso y cómo lo arrastró de un pié durante media hora hasta llevarlo a casa. Después de escuchar atentamente a su mujer, Samuel se echó a llorar como un niño, gimió y moqueó toda la tarde, y entre moco y moco le contó a su mujer la historia del viejo y de su cabeza, y de cómo se había sentido tocando ese cráneo perfecto, y luego fue narrando los crímenes infames que había cometido, y lo fuerte y valiente que se sentía mientras segaba cabezas en busca de su tesoro. Fue una descripción larga y detallada en la que no se dejó nada en el tintero. Durante toda su exposición mantuvo la cabeza gacha, sumamente avergonzado, no se atrevía a mirar a su mujer a los ojos. Cuando la mano pequeña y fría de María le cogió la barbilla y lo obligo a levantar la vista, Samuel observó una expresión inquietante en su mujer. No era asco, ni asombro, ni siquiera miedo, era la misma cara de depredadora sexual que le ofrecía a Darío cada vez que este le enseñaba su enorme pene, pero claro, el peluquero hasta ese momento nunca había visto esa expresión. Con un movimiento felino, María se abalanzó sobre su marido y lo tiró al suelo. Cariño, dijo María a un asustado Samuel, es la primera vez que te he visto comportarte cómo un hombre de verdad, y aunque es un poco fuerte todo lo que me has contado, no sabes lo cachonda que me has puesto. Acto seguido hicieron el amor como bestias. Toda la noche. María tuvo tres orgasmos y a Samuel se le terminaron de romper las pocas costillas que tenía sanas.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;¿Ves cariño, como tenía razón?, dijo la mujer del inspector. Es cierto, caramelito, me tienes admirado, se cumplió todo lo que me dijiste, respondió Contreras. Claro que sí, ratoncito, por eso tienes que hacerme caso siempre a todo lo que te diga, añadió la mujer mientras acariciaba el pecho peludo del inspector. Por cierto, continuó la mujer, ¿cómo está la mujer del concejal?, sabes que es muy amiga mía, ¿la están tratando bien tus compañeros? Claro que sí, caramelito, respondió Contreras, me ocupé personalmente de que tuviera toda la ayuda posible. Eso está bien, pobrecilla, lo que tiene que estar sufriendo desde que se descubrió que su marido era un satánico nudista, continuó la mujer. Pues sí que lo estará pasando mal, dijo el inspector mientras tiraba torpemente del cierre del sujetador de su mujer para intentar acabar con el tema de conversación. Ay, ratoncito, que torpe eres, me estás haciendo daño, deja, ya lo hago yo, dijo la mujer mientras se quitaba el sujetador dejando escapar dos gigantescos pechos, te veo retozón, ratoncito, ¿quieres jugar con mami, verdad?, Pues no te preocupes que hoy te lo has ganado campeón, hoy voy a hacerlo con todo un señor concejal, jijiji, va a ser todo un honor, por cierto, te tengo preparada una sorpresa, es una idea que me dio la pobre mujer del concejal, algo que probó con él y me dijo que le encantó, no, no pienso decirte lo que es, ahora mismo lo descubrirás. Y dicho esto, la mujer extendió el dedo índice y lo dirigió hacia el culo del inspector Contreras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Epílogo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;Al día siguiente, el peluquero y su mujer asistieron al entierro del anciano. Ante el féretro sólo se encontraban ellos dos y el cura. Mientras el sacerdote rezaba unas plegarias por el alma del finado, María le dijo por lo bajo a su marido, ¿Tan excepcional es esa calavera? Es el objeto más hermoso del mundo, respondió el peluquero. Entonces quiero que me la traigas, añadió María. ¿Cómo?, tartamudeó Samuel. Ya lo has oído, quiero tenerla, esta noche ves al cementerio y desentiérrala para mí, follaremos como locos frente a ella, después de todo el lío que has armado lo menos que puedes hacer es conseguirla para mí. Y una cosa muy importante, que no se te ocurra cagarla de nuevo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-3913877965558558299?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/trOMigvyszs" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/3913877965558558299/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/33-la-cabeza-capitulo-2-de-2.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3913877965558558299?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/3913877965558558299?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/trOMigvyszs/33-la-cabeza-capitulo-2-de-2.html" title="33 - La cabeza (Capítulo 2 de 2)" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/33-la-cabeza-capitulo-2-de-2.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0cHRH04eip7ImA9Wx5WEUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-1082249833202524141</id><published>2010-09-15T13:27:00.000-07:00</published><updated>2010-09-22T16:43:55.332-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-22T16:43:55.332-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="La cabeza" /><title>32 - La cabeza (Capítulo 1 de 2)</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;M&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;ientras observaba al policía, Samuel supo que no tenía salida posible. Nunca hasta ahora había estado seguro de nada, pero esta vez no había lugar a dudas, había metido el pié hasta el fondo. Y si aún le quedaba algo de esperanza de que todo el lío se resolviera satisfactoriamente, la cabeza medio putrefacta que lo miraba desde la mesa se ocupaba de volverle a la realidad. Esta vez la había cagado, la había cagado bien cagada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La noticia ya había corrido por toda la ciudad y decenas de periodistas se apostaban en la puerta de la comisaría para fotografiar al “nuevo monstruo decapitador”, como ya se le conocía. Samuel, ajeno al ruido del exterior, intentaba sin éxito improvisar una excusa convincente para su mujer. No respondió a ninguna de las preguntas del inspector. Durante las cuatro horas que duró el interrogatorio no hizo más que mirar abstraído al suelo. El policía, agotado y frustrado, se levantó de la silla para marcharse. Se había convencido de que estaba ante una mente fría y criminal, y no se veía capacitado para desentrañar su oscura alma. Si al menos estuviera el inspector Contreras, se lamentaba el agente, él sí que sabría cómo sacarle la información, ese hombre es un genio. Cuando ya se encontraba frente a la puerta para salir de la sala de interrogatorios, Samuel le dijo entre lágrimas, por favor, no le digan nada a mi mujer, me matará si se entera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Seis meses antes de aquello, Samuel era feliz. Era un aburrido peluquero de barrio de sesentaytantos con una vida rutinaria, unos hijos déspotas y una mujer seca y áspera como el esparto. Llevaba años planteándose la jubilación y hacía unos meses que se había decidido a colgar los peines y retirarse definitivamente, pero un extraño acontecimiento, un pequeño milagro, como el lo definió, cambió sus planes de improviso. Aquel “pequeño milagro” llegó en la forma de anciano enjuto y medio calvo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Fue una tarde en la que la peluquería estaba vacía y Samuel aprovechaba la soledad para disfrutar de su adorado Nat King Cole a todo volumen en el equipo de música. Cuando el viejo entró Samuel lo saludó con la mejor de sus sonrisas. ¿Que desea caballero?, ¿un afeitado, quizá?, le dijo casi cantando sobre la melodía de Monalisa. Pues, si no le importa, me gustaría un buen corte de pelo, pero primero un lavado, respondió el cliente mientras se sentaba y apoyaba la cabeza en el lavadero. Un instante después de aquello, justo cuando Samuel apoyó sus dedos en el cráneo del anciano para enjuagarlo, un intenso placer lo invadió. Las yemas de sus dedos recorrieron toda su superficie, despacio, recreándose en sus formas, y casi inmediatamente descubrió que aquello que estaba palpando era perfecto. Sus dedos viajaron de este a oeste y de la parte más inferior del occipital hasta la superior del hueso frontal y no encontró la más ligera desviación, el mínimo bulto o anomalía. Era un cráneo inmaculado, puro, esférico. Era la belleza absoluta. Samuel acaba de conocer por primera vez la perfección, y después de casi setenta años rodeado de mediocridad, acariciar la cabeza de aquel viejo había sido el momento más hermoso de su vida. En ese momento pensó que aquella cabeza era la muestra de que Dios existía y de que no le había olvidado. Fue una epifanía. El primer instante de alegría en la vida del triste peluquero. Esa tarde se recreó en su trabajo como nunca, y disfrutó como nunca, y también hizo otra cosa que nunca antes había hecho, invitó al anciano al corte de pelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por la noche llegó a casa muy contento y ni los reproches de su mujer, ni las exigencias de sus malcriados hijos, empañaron su ánimo. Era un hombre completo, realizado. Estaba convencido de que todos sus esfuerzos y sufrimientos habían valido la pena, todo lo recorrido en su vida le había llevado al magnífico premio de esa cabeza, ese hermoso objeto que pronto volvería a acariciar de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En los días siguientes pasó de la felicidad cada vez que rememoraba ese momento a la ansiedad por repetirlo, y de allí a la preocupación primero, y luego al temor de no volver a disfrutar de su cabeza (porque ya la sentía como propia). Y ese temor fue aumentando con el tiempo, al fin y al cabo, pensaba, el dueño de aquella cabeza era muy mayor, y en cualquier momento podría enfermar y quedarse recluido en su casa, o aún peor, podría morir y privarle de su adorado cráneo para siempre. Con esa angustia pasó dos semanas, intentando infructuosamente encontrar al nonagenario caballero dueño de su tesoro. Hasta que un día, los pequeños ojos del anciano le sonrieron desde la calle. Buenos días, me encantaría repetir su fantástico lavado y corte de pelo, ¿está libre en este momento o vuelvo quizá mas tarde?, dijo el viejo asomado apenas por la puerta. Ahora mismo lo atiendo, respondió Samuel entusiasmado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En esta segunda ocasión Samuel disfrutó aún más si cabe. El anciano, después de soltar una larga perorata sobre lo mal que estaba el país a la que Samuel fingía atender, se durmió profundamente, y fue entonces cuando el peluquero pudo conocer el éxtasis total. Él y su adorada cabeza solos al fin. Sus dedos se deslizaron por el contorno del cráneo como los de un violinista, y así parecía sentirse, como un artista tocando el más sublime de los instrumentos. Pero ante su inmensa felicidad, la posibilidad de que esta pudiera acabarse tarde o temprano le angustiaba. ¿Por qué Dios le daba tal regalo para luego quitárselo? No era justo que aquel anciano hubiera tardado tanto en aparecer por su peluquería, ya casi en el fin de su vida. Definitivamente, pensó, no podía dejar que nada ni nadie le apartara de esa cabeza, y no tardó mucho en trazar un plan para hacerse con ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esta vez había tenido la precaución de averiguar todo lo posible acerca del portador de aquella joya. Sabía ya su nombre, su dirección y algunos detalles personales sumamente importantes que le ayudarían a lograr su objetivo. El anciano era un hombre solitario, sin familiares vivos ni amigos, un hombre de costumbres que solía levantarse temprano para ir a desayunar al mismo bar desde hacía treinta años, luego daba un breve paseo por el barrio y volvía a su casa pronto para no salir hasta la mañana siguiente. Así que desde la una de la tarde hasta las ocho de la mañana se encontraba completamente solo en su casa. Eso le daba un buen margen de maniobra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El plan era simple, se ofreció a ir a casa del anciano a cortarle el pelo cuando este quisiera, ofrecimiento que fue aceptado inmediatamente y con no poca alegría. Eso sería magnífico, venir hasta su peluquería a mi edad es un gran esfuerzo, respondió el anciano ante la proposición. Una vez en su casa y a solas con el anciano no le sería difícil asfixiarlo con un cojín y cercenarle la cabeza con una sierra. Luego, tres o cuatro&amp;nbsp; bolsas de basura para esconderla y prevenir posibles goteos de sangre inoportunos, y sólo faltaría enterrarla un tiempo en algún lugar seguro para hacer que la naturaleza limpiara su preciado cráneo de carne, pelos y demás porquería. Claro está que se armaría un gran revuelo cuando encontraran el cadáver, meses después, pero para entonces nadie lo podría relacionar con el anciano. El plan era perfecto. En dos semanas lo llevaría a cabo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El día D a la hora H, Samuel se encontró el portal del anciano abierto. Magnífico, pensó, menos posibilidades de que alguien me vea. Subió por las escaleras con sigilo y al encontrase ante la puerta de la casa del viejo repasó todo el equipo que llevaba en la mochila. Bolsas de basura para guardar la cabeza, sierra, guantes, gorro para no dejar cabellos en la escena del crimen, plásticos para envolver sus zapatos, ropa para cambiarse y una porra por si los acontecimientos se le iban de las manos y tenía que acabar de una manera más drástica. Si se daba el caso, tenía muy claro que el golpe debía dárselo en el cuello, no fuera a ser que estropeara su preciado cráneo. Cuando fue a tocar a la puerta, descubrió que el destino le había dado un nuevo regalo. Al primer golpe de sus nudillos, la puerta se abrió lentamente. Entró en el piso a oscuras y de puntillas fue buscando al anciano por las habitaciones. Después de visitar tres estancias de la casa vio el bulto de un hombre agachado sobre la mesilla de noche de la habitación principal. Samuel dio dos zancadas hacia el bulto y con un rápido movimiento desnucó al objetivo con su porra. No podía haberlo hecho mejor, pensó mientras sacaba la sierra de la mochila. Veinte minutos después, un exultante Samuel salía a la calle cargando con orgullo su cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Al llegar a la peluquería estaba muy nervioso. Extrañamente no sentía remordimientos, ni siquiera miedo ante la posibilidad de que lo pillaran, estaba expectante y no encontraba el momento de volver a disfrutar de su tesoro, el cráneo más perfecto del mundo. Cerró el establecimiento y bajó las persianas para evitar visitas inoportunas, y luego se dispuso a abrir la bolsa y sacar su merecido premio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mientras esto estaba pasando, a varias manzanas de allí, un pasmado anciano descubría que le habían reventado la cerradura de su casa y le habían robado. Muerto de miedo, llamó a la puerta de un vecino para que le permitiera entrar y llamar a la policía. Media hora después, escoltado por dos orondos agentes, el anciano descubrió el cuerpo decapitado de un hombre tendido sobre su cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La historia corrió de boca en boca por la ciudad. La policía estaba perpleja ante el crimen. No habían tardado mucho en dar con la identidad de la victima. Gracias a sus huellas dactilares descubrieron que se trataba de un ladrón bastante conocido por las autoridades, y el aspecto que tenía la casa dejaba muy claro que es lo que aquel tipo estaba haciendo allí, pero el misterio que no dejaba dormir al inspector Contreras era por qué no tenía cabeza. Normalmente a esta gentuza la revienta a balazos algún propietario asustado, cosa que me parece digna de elogio, o a lo sumo mueren de un navajazo en alguna esquina por una pelea, ¿pero quien narices le habrá birlado la cabeza a ese cabrón en mitad de un robo? , ¿y por qué? La mujer del inspector lo miró con condescendencia y le respondió, eso seguro que es una secta satánica de esas, que ya no se donde vamos a acabar, y no te preocupes por la cabeza, que ya aparecerá. El inspector Contreras odiaba que su mujer le dijera eso. Siempre se lo decía cuando algo le preocupaba. No te preocupes por el coche del alcalde, si lo han robado, ya aparecerá, no te preocupes por el niño, si hace tres días que se fue de marcha y no ha vuelto aún, ya aparecerá. La mujer del inspector Contreras vivía en una perpetua tranquilidad que no rompía ningún acontecimiento por preocupante que fuera, y esto dejaba al inspector solo ante cualquier contingencia. Pero la falta de ayuda moral por parte de su esposa no era lo que más le preocupaba, lo que le realmente le inquietaba eran los titulares que empezaban a circular por la ciudad, “el monstruo decapitador” llamaban al asesino en los periódicos. Justo lo que me faltaba, pensó el inspector Contreras, publicidad truculenta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Samuel pasó días recluido en su casa. La visión de la cabeza cortada de aquel desconocido le perseguía en sus sueños, y durante el día, el miedo a que pudieran relacionarlo con el crimen le impedía siquiera moverse de la cama, y aunque su mujer lo molía a palos todas las mañanas para que se levantara, él sólo era capaz de gemir y ocultar su cara entre las manos como respuesta. Así estuvo, sin salir de la cama salvo para ir al baño,&amp;nbsp; hasta que una mañana Golfo, que así se llamaba el perro de su hijo, le dio una desagradable sorpresa. Por suerte para él, en ese momento no había nadie más en la casa, así que se evitó la difícil tarea de explicarle a su mujer por qué el perro estaba jugando por el salón con una cabeza humana. En cuanto Samuel vio el cráneo girando por el suelo y en evidente estado de descomposición le dio un vuelco el corazón. Aquella cabeza había venido a buscarlo, quería su venganza y estaba allí para cobrársela. Con un quejido lastimero, se tapó con las sábanas y esperó que todo fuera producto de su imaginación, pero cuando volvió a asomar su cara al exterior vio que allí seguía, inmóvil, con los ojos vidriosos, mirándole fijamente desde el suelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tardó unos minutos en averiguar que es lo que había pasado realmente. El maldito perro la había desenterrado del jardín y había estado jugando con ella por la casa. Samuel se armó de valor y salió de la cama para limpiar cualquier huella de lo ocurrido y luego deshacerse de la acusadora y putrefacta prueba. Un rato después, mientras caminaba por la calle buscando un contenedor de basura donde tirarla, se maldijo por no haberse dado cuenta del error, y es que estaba muy claro que esa cabeza oblonga y amorfa no podía ser su apreciado tesoro. Su forma, que palpaba a través de la bolsa de basura, distaba mucho de la del cráneo perfecto que tanto placer le había proporcionado. Sintió un inmenso alivio cuando se deshizo de ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El anciano por su parte, después de varios días anestesiado a base de calmantes y ansiolíticos, al fin había recuperado la presencia de ánimo, y con ella sus ganas de una visita al peluquero. Pero esta vez pensó que mejor sería ir a la peluquería y que le diera un poco el aire.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Llamó a Samuel por teléfono a su casa y le pidió cita para aquella misma tarde. Un Samuel considerablemente alterado le respondió vacilante al otro lado de la línea, con mucho gusto caballero, eh, hummm..., esta tarde lo atenderé. Al colgar el teléfono, una sonrisa lobuna se asomó en el rostro del peluquero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cuando avisaron al detective Contreras de que la cabeza había sido encontrada al fin, este se encontraba discutiendo con el concejal de seguridad. El concejal, señor Álvarez del Castillo para más señas, estaba de un humor de perros. El continuo acoso de la prensa le traía de cabeza, y esa mañana en particular no se sentía con ánimos para nada. Había tenido una noche horrible, con unos extraños sueños homosexuales en los que decenas de moros le sodomizaban por turnos, y lo peor no era haberse visto en esa situación, a cuatro patas siendo penetrado por un grupo de magrebíes, cosa que por sí sola ya le causaba la mayor repulsión, no sólo por el acto contranatura y abominado por la santa madre iglesia, sino por que para colmo de males, eran moros los que lo follaban, los asquerosos inmigrantes a los que tenía que poner buena cara en aras de una actitud políticamente correcta, pero a los que secretamente despreciaba. Lo peor de todo es que se había levantado con una descomunal erección que no había podido calmar en toda la mañana. La culpa es de Enriqueta, pensó el señor Álvarez del castillo, si mi esposa se dejara de inventos mi vida sería mucho más tranquila.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mientras el inspector Contreras le daba todo tipo de explicaciones sobre las indagaciones del caso del decapitador, el concejal sólo podía pensar en la noche anterior, y más concretamente en las palabras de su mujer: ya verás querido como te gusta, me lo ha recomendado una amiga, te va a encantar. Maldita tarada, pensó el concejal mientras recordaba como, acto seguido a sus palabras, su mujer le introducía el dedo índice en el culo justo a mitad del polvo. Y el caso es que le había gustado, más que eso, había sentido más placer en aquella sesión de sexo que en todos los polvos que había echado a lo largo de su vida. Pero cuando el placer cedió, le invadió un sentimiento de vergüenza y culpa que le acompañaba desde entonces. ¿Cómo puede ser que me guste que me den por culo?, ¿seré maricón?, se preguntaba una y otra vez el Concejal sin atender a las palabras del inspector Contreras. ¿Me gustan los hombres y no lo he sabido hasta ahora?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sumido en sus propias preocupaciones, el concejal Álvarez del Castillo no escuchó nada de lo que decía su interlocutor, y a la pregunta final que le realizó el inspector, ¿y usted que opina del caso del decapitador señor concejal?, el señor del Castillo respondió: seguro que ha sido un jodido moro, un jodido moro maricón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esta vez no iba a fallar. La primera vez pecó de ansioso, pero no volvería a cometer el mismo error. Aquella tarde, en cuanto el anciano llegara a la peluquería, Samuel sería frío e implacable. Estaba convencido de que conseguiría su objetivo, su ansiado cráneo. Ya nada ni nadie podría impedírselo. Su convicción le había hecho reponerse por completo y ahora era un hombre nuevo, un hombre con una meta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Tenía todos los utensilios dispuestos en el almacén de la peluquería, y a los ya utilizados anteriormente había añadido una enorme maleta de su mujer para transportar el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El anciano llegó puntual. Eran las tres de la tarde y no había un alma por las calles. Perfecto, pensó Samuel, perfecto. Después de la conversación ligera de rigor, el anciano se sentó en el sillón y Samuel le tapó el rostro con una toalla húmeda y caliente. Es para que se reblandezca la barba, le indicó el peluquero. Aprovechando que el anciano no podía verle, Samuel se metió en el almacén a coger todo el equipo. Una vez dentro, se recreo en el momento, su momento. Por primera vez en su vida se vio poderoso, capaz de cualquier cosa, un hombre que persigue sus sueños y los atrapa de un manotazo. Cerró los ojos y se imaginó admirando su adorado cráneo, limpio de cualquier rastro del anciano, blanco y redondo, perfecto. Mientras Samuel se deleitaba con sus pensamientos de victoria, fuera, en la peluquería, un nuevo actor apareció en escena. Perdone caballero, ¿tardará mucho el peluquero? Era un joven delgado y medio calvo el que pronunció estas palabras mientras entraba en el establecimiento, es que me tengo que cortar el pelo y tengo un poco de prisa, añadió. Pues no se preocupe, respondió el anciano, si algo me sobra a mi es tiempo libre, ocupe mi lugar y yo aprovecharé para dar un paseo y luego vuelvo. El joven le agradeció el favor, se sentó en el sillón y tapó su cara con el paño del mismo modo que había visto hacer al viejo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El inspector Contreras estaba indignado. A pesar de haberle comunicado al concejal de seguridad que ya habían encontrado la cabeza, lo que sin lugar a dudas era un gran avance en la búsqueda del culpable, el concejal no sólo no había hecho el más mínimo caso de sus palabras, sino que además le había ordenado dar un vuelco a la investigación y centrarla en los ambientes homosexuales de la ciudad. ¿Qué tendrán que ver los maricones con esto?, se quejaba Contreras ante su mujer, y encima me ha mandado detener a todos los moros gays de la ciudad, esto va a ser un escándalo. Ya estoy viendo los titulares cuando se entere la prensa, “Monstruo decapitador maricón y moro”, vamos a ser el hazmerreír de la profesión. No te preocupes cariño, respondió su mujer con el deje condescendiente que tanto irritaba al inspector, el concejal sabrá lo que se hace, ya verás como aparece el culpable igual que lo hizo la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/33-la-cabeza-capitulo-2-de-2.html"&gt;Ver el capítulo 2 &amp;gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-1082249833202524141?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/-X2kG3UXK0g" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/1082249833202524141/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/32-la-cabeza-capnitulo-1-de-2.html#comment-form" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1082249833202524141?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1082249833202524141?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/-X2kG3UXK0g/32-la-cabeza-capnitulo-1-de-2.html" title="32 - La cabeza (Capítulo 1 de 2)" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/32-la-cabeza-capnitulo-1-de-2.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkMCSHo9fSp7ImA9Wx5XFUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8836003952769353181</id><published>2010-09-15T13:24:00.000-07:00</published><updated>2010-09-15T14:01:09.465-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T14:01:09.465-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Noticias" /><title>Noticias - Aunque todo indique lo contrario, sigo vivo</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;D&lt;/b&gt;ebo pediros disculpas a todos. Por circunstancias que no vienen al caso, me ha sido imposible volver a publicar nada nuevo hasta ahora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia es corta y simple. He vuelto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora subiré el primer capítulo de mi nuevo cuento "La cabeza", y la semana que viene llegará el segundo con la resolución de esta misteriosa historia. Espero que os guste.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;P.D.:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;Próximamente os daré nuevas y venturosas noticias&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8836003952769353181?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/w-hxuwnhPso" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8836003952769353181/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/aunque-todo-indique-lo-contrario-sigo.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8836003952769353181?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8836003952769353181?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/w-hxuwnhPso/aunque-todo-indique-lo-contrario-sigo.html" title="Noticias - Aunque todo indique lo contrario, sigo vivo" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/09/aunque-todo-indique-lo-contrario-sigo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0ABQX89fip7ImA9Wx5XFUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-4986536718244162409</id><published>2010-03-12T02:20:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T13:15:50.166-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T13:15:50.166-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>31 - La esponja</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;D&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;amián era una esponja. Lo que le pasaba a Damián es muy fácil de explicar. Damián estaba vacío. Por dentro era hueco y por fuera poroso. No contenía nada que no pudiera absorber del exterior. Si tú eras dulce él rezumaba azúcar, si eras tibio él se calentaba, si negro se oscurecía. No tenía voluntad ni opinión, y sin tener nunca razón, él la iba repartiendo a diestro y siniestro. Si querías ir al cine, pagaba las entradas, si proponían robar un coche, él buscaba una ganzúa, si se decía de ir de putas, compraba los condones. No tenía un Dios sino miles, todos los que los demás adoráramos. Ni tenía gustos definidos, los cogía prestados. Por suerte para él, el dinero de su familia permitía que pudiera vivir en su mar de indefinición. Y así se compró el coche que me gustaba a mí, la casa que quería su madre, o el jersey que llevaba su hermano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;Por su forma de ser, Damián se llevaba elogios e insultos todos los días. Era el empleado perfecto, sumiso, fiel y sin ideas propias, el hijo perfecto, sumiso, fiel y sin ideas propias, y por supuesto, en cuanto le encontrara la adecuada, el marido perfecto, sumiso, fiel y sin ideas propias. En cambio sus amigos le despreciaban. Los que lo conocían y no deseaban sacar nada en metálico de él, volvían asqueados su cabeza para no verlo. La mayoría creían que era falso y calculador, y que cuando te daba la razón en todo, lo hacía para adularte y conseguir algo a cambio. Pero no era así, no había malicia en sus actos. La esponja sólo era eso, una esponja. Un absorbedor nato. Y buscaba continuamente gente de quien llenarse, ideas de las que nutrirse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;Supongo que todo habría sido distinto si los demás hubieran adivinado lo que yo sabía. Si hubieran encontrado la verdad sobre Damián. Pero no fue así, y fue cayendo en el desprecio general, hasta que llegó un día en el que nadie, salvo su jefe, su madre, su recién conocida futura esposa y yo, le dirigía la palabra. Ese día se sintió vacío como nunca lo había estado. Y ante el problema de no tener a nadie nuevo del que copiar sus ideas, no tuvo más remedio que tener una idea propia. La única y la más importante de su vida. Debía buscar su sitio, un lugar donde poder llenarse a gusto, donde le dijeran en todo momento lo que tenía que hacer, donde no tuviera nunca que tomar decisiones. Después de mucho cavilar, la esponja decidió alistarse en el ejército.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;No supe de él en años, y un día me llegó una carta de su madre. No comentaré lo que ponía, pero si que dejaré mi impresión sobre lo que debió ocurrir. La esponja fue feliz mucho tiempo. Absorbió del cabo, y del sargento, y también absorbió del capitán, y también lo hacía del resto de los reclutas. Y tomó las decisiones, correctas o equivocadas que otros le prestaron. Y una de esas decisiones lo envió a un conflicto en un país extranjero. Y allí absorbió como nunca lo había hecho, y lo hizo de todo el mundo. Lo hizo con los militares y también con los civiles, y lo hizo con los vencedores y con los vencidos, y asimiló las ideas de los torturadores y los oprimidos, y se llenó de amor y odio, de deseos de venganza y de perdón, y asumió todo el dolor que encontró a su alrededor. Y al tiempo, la esponja se fue hinchando cada vez más. Día a día, mes a mes, año a año. Hasta que no pudo soportar más la presión y reventó por los cuatro costados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-4986536718244162409?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/eGJlfzpd-10" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/4986536718244162409/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/03/31-la-esponja.html#comment-form" title="6 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4986536718244162409?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4986536718244162409?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/eGJlfzpd-10/31-la-esponja.html" title="31 - La esponja" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>6</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/03/31-la-esponja.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU4CQngyfSp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-1310770057909834795</id><published>2010-03-11T11:21:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T16:39:23.695-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:39:23.695-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos minúsculos" /><title>30 - Victoria</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;H&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;oy toqué fondo. Las pocas fuerzas que aguantaban mis huesos se diluyeron en la lluvia. Las entrañas me queman a cada metro que avanzo. La vida me pesa. Los triunfos del pasado se subieron a mis hombros y ahora me empujan contra el suelo. El castillo que construí con sudor y sangre se desmorona ante mis ojos, dejando ver entre los escombros la gloria que lo adornó en el pasado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estoy desnudo y perdido. La batalla terminó y solo escucho derrota en el viento. Mis manos son cuchillas y se clavan en la roca para seguir avanzando, y mis pies, mis pies son piedras frías que frenan mi paso. Mi mente se llena de preguntas, preguntas sin respuesta, ¿qué pasó para que me encuentre solo?, ¿cómo desapareció todo?, ¿en que momento el suelo cedió bajó mis pies?, ¿por qué los amigos se fueron?, ¿por qué los refuerzos no llegaron? Me quedé frente al león sin un mísero palo para defenderme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora lamo mis heridas frente al fuego, esperando que el viento vuelva a soplar, recogiendo las gotas del ánimo perdido y cosiéndome el alma al pecho para que no caiga. La noche es fría, el día largo, el final lejano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cada golpe lo recibo con una sonrisa, porque, aún cansado y dolorido, sigo en pié, porque, aunque roto y quebrantado, mi corazón late, el aire mueve mi pelo y el sol me calienta, porque aún dirijo mi barco, porque sigo siendo un hombre, y se que tarde o temprano me alzaré y lograré de nuevo la victoria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-1310770057909834795?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/zJK3ehV-SeM" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/1310770057909834795/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/03/30-victoria.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1310770057909834795?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1310770057909834795?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/zJK3ehV-SeM/30-victoria.html" title="30 - Victoria" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/03/30-victoria.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU4MRnc-fCp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8262735742842853600</id><published>2010-02-22T03:44:00.001-08:00</published><updated>2010-09-15T16:39:47.954-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:39:47.954-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>29 - El trato</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;ólo debes asentir con la cabeza. No hace falta que firmes ningún papel, ni siquiera que digas nada o nos estrechemos la mano. Así no habrá constancia de nuestro trato. Nadie descubrirá que aceptaste. Sólo mueve tu cabeza de arriba abajo y sabré que estamos de acuerdo. Supongo que ahora mismo te será inconcebible lo que te propongo. Pero quiero que sepas que nada malo te puede pasar. Si aceptas el trato, tu triste y tediosa vida dará un giro de ciento ochenta grados. Ya no tendrás que preocuparte por nada, todos tus problemas estarán automáticamente resueltos, como por arte de magia, y tus sueños, esos sueños que se fueron quedando por el camino, aquellos que dejaste escondidos dentro de una pequeña caja en tu cerebro, al fin podrás hacerlos realidad. Comprenderás que, con un pequeño esfuerzo por tu parte, puedes lograr todo aquello que alguna vez deseaste. ¿Acaso no merece la pena olvidar tus estúpidos escrúpulos por una vida mejor? Ya no mejor, la vida que siempre quisiste tener. ¿Es tan difícil lo que te pido? La respuesta es no. Otros lo hicieron antes que tú, y ahora son mucho más dichosos gracias a su pequeño sacrificio. Y si no quieres hacerlo por ti, hazlo al menos por los tuyos. Esto no tiene porque ser un acto egoísta. Piensa en tu gente, que te han seguido todos estos años, que te han apoyado, que te han dado su amor de manera incondicional. ¿Qué has hecho tu por ellos?, ¿has podido ofrecerles todo lo que merecen?, ¿has sido capaz de cumplir sus expectativas? No. A cambio de su fe en ti no han obtenido más que desilusión. Ya es hora de que les devuelvas todo lo que te han dado. Debes olvidar tus prejuicios. En este mundo no somos más que animales intentando sobrevivir, y para hacerlo a veces debemos dejar a un lado nuestras inútiles normas morales y comportarnos como lo que realmente somos. Hay momentos en los que tenemos que sacar nuestro lado salvaje. Porque en eso consiste esta vida, en luchar por lo que queremos, en matar o morir. Y ahora tienes la ocasión de luchar por lo tuyo. Hoy, en este instante, puedes darle un zarpazo a la vida y arrancarle todos sus tesoros de golpe, de una vez y para siempre. ¿Crees que es mucho lo que te pido? Puede que si, ¿pero acaso no es a su vez enorme la recompensa?&lt;br /&gt;
No te diré más. Ya sabes lo que hay en juego. He sido sincero contigo y te he expuesto todos los puntos del acuerdo. Si lo rechazas, no volveremos a vernos nunca. Tu vida seguirá como hasta ahora, y todas las noches te acostarás pensando en lo que hubiera ocurrido de haber dicho que si a aquel desconocido. Si por el contrario lo aceptas, será el comienzo de una nueva vida para ti y tu familia. Se que es complicado tomar una decisión tan transcendente, así que te dejaré unos minutos para pensar en ello.&lt;br /&gt;
Mientras reflexionas, me tomaré un brandy, si no te importa. ¿Y tú?, ¿quieres algo?, ¿más café?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8262735742842853600?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/fdR938QQTiI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8262735742842853600/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/29-el-trato.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8262735742842853600?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8262735742842853600?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/fdR938QQTiI/29-el-trato.html" title="29 - El trato" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/29-el-trato.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkcFQHo8fyp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-1586899343253834940</id><published>2010-02-17T12:35:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T16:40:11.477-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:40:11.477-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>28 - La canción</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;E&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;l hombre estaba en blanco. Llevaba mucho tiempo sin escribir una nota, y la falta de inspiración le comenzaba a preocupar, nunca había tenido un periodo de sequía tan largo. No era un compositor muy prolífico, pero era raro en él que le costara tanto concentrarse. Se levantó del piano y se dirigió vacilante a la ventana. Pensó que quizá un poco de aire helado de la noche serviría para despejar su aletargado cerebro.  Abrió los postigos de la ventana y vio reflejado su rostro en el cristal. Se vio guapo. A pesar de los años y del duro castigo que había sufrido su cuerpo, seguía siendo atractivo, fuerte. Sus ojos ya no lucían con la intensidad de antaño, pero mantenían su extraña belleza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; El hombre abrió la ventana, se desabotonó la camisa y sacó medio cuerpo. Fuera, un grupo de niños martirizaban con piedras y palos a un perro vagabundo. El animal se defendía como podía de los ataques de aquellas bestias de apenas trece años, ladraba desaforado y lanzaba dentelladas al aire intentando intimidarlos. Pero los niños seguían con su acoso sin preocuparse del peligro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; Hubo un tiempo en el que el hombre hubiera gritado a los niños, o incluso hubiera bajado a detenerlos, y hasta puede que, apiadado del pobre animal, lo hubiera acogido en su casa. Pero ese tiempo ya pasó, la vida le había enseñado a quedarse encerrado dentro de su mundo y no mezclarse en los asuntos de los demás. Ahora, todo lo que traspasara el umbral de su puerta pertenecía al extranjero, a un país extraño y cruel que no quería visitar, a un lugar que no era el suyo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; Cerró la ventana y, en un ataque de ira e impotencia, cogió la partitura del piano y la lanzó al fuego de la chimenea. Se sentó en el suelo a ver como ardía, con su bonito baile de cenizas y llamas azules, y trató mientras de recordar la música que se estaba perdiendo entre el humo. Era una melodía pequeña y hermosa, un sonido que había acunado en su mente durante días hasta que nació en forma de notas garabateadas con tinta. Era una canción que no le hizo falta tocar nunca, porque le salió a borbotones de la cabeza al papel. Después de componerla, no había podido escribir una nota más. ¿Para qué?, pensaba, no voy a hacer nada mejor en mi vida. Era una canción que nadie más había oído, y que el hombre había decidido que nadie oiría jamás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; El hombre esperó a que se hubiera destruido hasta el último pedazo de partitura y luego apagó el fuego con un poco de agua.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; Se volvió a asomar a la ventana y espero a que los niños se hubieran cansado de su cruel juego. Cuando estuvo seguro de que no volverían, bajó a la calle y encontró al perro tirado en el asfalto. El animal aún respiraba, pero el hombre casi podía ver como se le soltaban los últimos hilos que le ataban a la vida. Se agachó a su lado y le cubrió el cuerpo con su chaqueta. Mientras le acariciaba la cabeza, el hombre le tarareó bajito su canción, esta es sólo para ti pequeñín, pensó mientras lo hacía. Con la última parte de la melodía el perro cerró los ojos, y después de oír la última nota murió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; El hombre dejó su chaqueta sobre el cuerpo del animal y se alejó de allí. Dio un largo paseo, durante el cual pensó que su canción sonaba aún mejor de lo que había imaginado, y se alegró de que fuera lo último que escuchó la pobre bestia antes de irse. Sabía que era un pobre regalo en un momento inoportuno, pero aún así, deseó que cuando llegara su momento a alguien se le ocurriera hacerle un regalo igual.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: large;"&gt; &lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-1586899343253834940?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/Hip6i4eRscg" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/1586899343253834940/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/28-la-cancion.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1586899343253834940?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1586899343253834940?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/Hip6i4eRscg/28-la-cancion.html" title="28 - La canción" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/28-la-cancion.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkcAR3g_fCp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-4012753892166132437</id><published>2010-02-01T23:42:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T16:40:46.644-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:40:46.644-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortos" /><title>27 - El último asalto</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Edwin esperó a que todos salieran de su gimnasio para entrenar con el saco. Desde que dejó el boxeo profesional, hacía ya más de treinta años, le daba pudor que le vieran hacerlo. Su cuerpo ya no tenía el formidable aspecto de antaño, y le dolían demasiado las burlas de los chicos sobre sus torpes movimientos y sus kilos de más.&lt;br /&gt;
Edwin Liboy, “El Tigre de Cabo Rojo”, comenzó lanzando una serie de directos. Uno, dos, uno, dos, repetía en voz baja mientras golpeaba el viejo saco y arrastraba pesadamente los pies. Después de quince minutos ya no podía con su alma. Con las últimas fuerzas que le quedaban lanzó su famoso gancho de izquierda, “El Taladro”, como lo bautizaron en su Puerto Rico natal, o “El Vaso de leche”, como le gustaba llamarlo a él; “Un vaso de leche calentita y a dormir,&amp;nbsp; después de mi gancho todos besaban la lona”, fanfarroneaba siempre que podía delante de sus pupilos. Edwin notó que su gancho ya no llevaba la dinamita que lo hizo tan célebre. El saco apenas se movió después del golpe. Estoy acabado, pensó mientras se quitaba los guantes, con esto no derribaría ni a una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Eres un viejo, Edwin. Lo eras ya hace unos años, no deberías torturarte con estas pruebas estúpidas, dijo una voz escondida entre las sombras.&lt;br /&gt;
- ¿Quién anda ahí?, preguntó Edwin poniendo sus puños en posición de combate.&lt;br /&gt;
- ¿Ya no reconoces a los amigos? Quizá te dí demasiado fuerte en nuestra última pelea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El visitante salió de la penumbra y se mostró ante Edwin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Sigues sin saber quien soy?, a lo mejor si te doy otra paliza te acuerdes de mí.&lt;br /&gt;
- ¿Ramón?, ¿eres “El toro” Vargas?&lt;br /&gt;
- El mismo. Pero ya de toro me queda poco, sólo las cornadas de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin Liboy “El Tigre de Cabo rojo” y Ramón “El toro” Vargas se abrazaron con fuerza. Mientras estrechaban sus cuerpos, los dos recordaron la última vez que se abrazaron así. Fue el 3 de Agosto de 1975.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Esta vez no caeré, le dijo Edwin al oído.&lt;br /&gt;
- jejeje, tal como están&amp;nbsp; mis rodillas, probablemente lo haré yo, respondió Ramón separándose. ¿Por qué no me invitas a una cerveza y hablamos de los viejos tiempos?&lt;br /&gt;
- Eso está hecho, Toro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin apagó las luces del local y bajó la persiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Te voy a llevar a un sitio especial, ya verás, Ramón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin cumplió su palabra. Cuando Ramón Vargas entró en el bar, no pudo reprimir una melancólica sonrisa. Encima de la barra se encontraba un viejo y amarillento cartel anunciando un combate de boxeo. Bajo las fotos de dos jóvenes boxeadores se podían leer estas frases: “La pelea de las peleas… El tigre contra el Toro… Lucha de titanes por la corona de Latinoamérica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿De donde han sacado el cartel?, creía que no quedaba ningún ejemplar.&lt;br /&gt;
- ¿Te gusta, verdad?, pues eso no es lo único, mira, dijo Edwin señalándole unos recortes de prensa enmarcados en la pared.&lt;br /&gt;
- ¿Eso son…?&lt;br /&gt;
- Si, son todas las crónicas que pude conseguir de nuestro combate. Y en esa pared están colgados mis guantes y mi calzón, el tuyo no hubo manera de conseguirlo. ¿No lo tendrás tú por casualidad?&lt;br /&gt;
- No, lo siento. Me deshice de todo hace muchos años.&lt;br /&gt;
- Una lástima. Sólo faltaban tus guantes y tu calzón para completar nuestro pequeño altar.&lt;br /&gt;
- No entiendo porque guardas todas esas cosas. ¿No es doloroso volver a encontrarte con esos recuerdos? Al fin y al cabo fue tu último combate.&lt;br /&gt;
- Lo se, pero no puedo evitar añorar ese día. Fue el más triste, pero también el momento más grande de mi vida. Fue un combate increíble.&lt;br /&gt;
- En eso tienes razón. No se ha vuelto a dar una pelea igual. Fue algo especial.&lt;br /&gt;
- Y todavía nos recuerdan. No sabes las veces que me han parado por la calle y me han pedido que hable de ello. Para la gente fue algo épico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los dos hombres se sentaron en el fondo del bar y pidieron unas cervezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ahora verás como se va a poner el dueño del local cuando te presente. Es un gran admirador tuyo, le dijo Edwin a su amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De detrás de la barra salió un hombre calvo y gordo, y llevó dos cervezas a la mesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Mira Andrés, este hombre igual te suena. Se llama Ramón Vargas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarero tardó unos segundos en reaccionar, luego dejó los vasos en la mesa y,&amp;nbsp; emocionado, estrechó la mano de Ramón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es un honor tenerle en mi establecimiento. ¿Habéis oído, chicos?, está aquí el gran Ramón Vargas, añadió gritando al resto de los parroquianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hubo ningún gesto de reconocimiento por parte de los presentes. La mayoría era gente joven que ni había nacido en aquella época. El camarero, haciendo caso omiso de la indiferencia general, continuó hablando en voz alta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Estos son los más grandes boxeadores de los setenta. Estáis en presencia de dos leyendas vivas. ¿Señor Vargas, me haría el favor de firmarme un autógrafo?&lt;br /&gt;
- Por supuesto, será un placer. ¿Tiene un papel y un bolígrafo?&lt;br /&gt;
- Aquí tiene mi pluma, y que mejor papel que ese, dijo dirigiendo la mirada hacia el cartel del combate. Ya está allí la firma de Edwin, sólo falta la suya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón “El Toro” vargas se levantó de su asiento, se acercó al cartel y lo rayó con un indescifrable garabato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Lo siento, es el Parkinson. Hace unos años te hubiera dejado una firma más bonita.&lt;br /&gt;
- Es perfecto señor Vargas. Me ha hecho muy feliz.&lt;br /&gt;
- Ahora podrías dejarnos solos un rato Andrés, mi amigo y yo hace años que no nos vemos, interrumpió Edwin Liboy.&lt;br /&gt;
- Por supuesto. Cualquier cosa que necesitéis pedírmela, y hoy corre todo a cuenta de la casa.&lt;br /&gt;
- Muchas gracias, Andrés. Eres un amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarero se fue a la barra hinchado de orgullo, y los dos hombres se quedaron en la mesa bebiendo en silencio. Ninguno de los dos habló hasta beberse la segunda ronda de cervezas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Mi vida fue un desastre desde ese día, dijo Ramón vargas rompiendo el silencio.&lt;br /&gt;
- ¿Como puedes decir eso?&amp;nbsp; Ganaste el combate. Después de aquel día te convertiste en el mejor peso welter de la historia de Latinoamérica. Estuviste a punto de ganar el título mundial. En cambio para mí acabó el boxeo ese mismo día. Hubiera dado lo que fuera por haber logrado tumbarte.&lt;br /&gt;
- Me hubieras hecho un favor si lo hubieras conseguido.&lt;br /&gt;
- No te entiendo. Como tampoco entendí lo que te pasó después. Habías ganado a los mejores, y perdiste el combate más importante con ese paquete de Morrison. ¿Como pudo vencerte?, si después del segundo asalto casi no se tenía en pié.&lt;br /&gt;
- Cosas de la vida. Supongo que no estaba predestinado a ser campeón. Tú si que lo hubieras logrado.&lt;br /&gt;
- ¿Yo? No, yo ya había sido vencido. Por ti. Yo sabía que había alguien mejor que yo, alguien a quien no podría vencer jamás. Ese día, el del combate, fue triste, pero también fue el más pleno de mi vida. Por fin encontré a un rival de mi altura. Pude ver hasta donde era capaz de llegar. Me pusiste a prueba y sacaste de mí lo mejor que podía dar, y aún así perdí. No hubiera logrado vencerte por más veces que lo hubiera intentado.&lt;br /&gt;
- Ese día desde luego no, pero el día del combate por el campeonato no era el mismo hombre. En esa ocasión me hubiera ganado cualquiera.&lt;br /&gt;
- Es muy extraño lo que dices. En esa época no había quien pudiera tumbarte. Lo que pasó con Morrison no se lo explicó nadie.&lt;br /&gt;
- Dejemos el pasado. Es muy doloroso. ¿Como te va la vida? Cuéntame algo del presente.&lt;br /&gt;
- Pues no hay mucho que contar. Después de perder frente a ti colgué los guantes, me vine a España e invertí mi dinero en una casita y en mi gimnasio. Ahora vivo tranquilo y me dedico a entrenar jóvenes promesas del boxeo.&lt;br /&gt;
- ¿Y hay buen material en tu gimnasio?&lt;br /&gt;
- Pues tengo un par de chavales que prometen, pero hasta ahora no he encontrado a nadie con talento de verdad. Aquí se vive demasiado bien. Los chicos se conforman con ponerse fuertes y lucir los músculos ante sus novias. No he vuelto a ver en nadie la fiereza que tenían tus ojos. Ya no hay luchadores como antes.&lt;br /&gt;
- Será eso, o quizá que nos vamos haciendo viejos y que todo lo pasado fue mejor.&lt;br /&gt;
- Es probable, viejo amigo. ¿Y que te ha traído hasta aquí?, ¿vives ahora en Barcelona?&lt;br /&gt;
- La verdad es que no tengo casa. Estuve años viajando por el mundo y trabajando de lo que salía. Fui estibador, albañil, guardaespaldas, y hasta trabajé un tiempo de matón para un mafioso de Buenos Aires. Pero ese trabajo lo dejé pronto. No tenía estómago para hacer lo que me pedían, era una gente muy peligrosa. Con el tiempo, mis músculos se fueron desinflando, y yo nunca he tenido otra cosa que mi fuerza, así que llevo años buscándome la vida como puedo y mendigando cuando no hay más remedio.&lt;br /&gt;
- Pero, ¿y que fue de todo tu dinero? Yo gané bastante, pero tú llegaste a hacerte millonario.&lt;br /&gt;
- Esa es una historia muy vieja que no tengo ganas de recordar, pero te puedes imaginar, un hombre joven y estúpido que se convierte de la noche a la mañana en rico y famoso y cree que su fama y sus ingresos van a durar para siempre. Une los puntos y sacarás un bonito dibujo de como lo perdí todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin miró los apagados ojos del Toro y comprendió perfectamente lo que le decía. Esa misma historia la había escuchado demasiadas veces a lo largo de su vida. Hombres que subían a las estrellas en apenas segundos, y al poco se despeñaban contra el suelo. Era la oscura historia del boxeo. Les enseñaban desde jovencitos a tumbar a otros hombres con sus puños, pero nadie se preocupaba de que aprendieran a mantenerse en pié ellos solos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella noche, Edwin propuso a su amigo que se quedara en su casa. Ramón Vargas, aunque avergonzado, aceptó manso la invitación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sólo por esta noche, Edwin. Ya he sido un lastre para muchas personas, y a ti te respeto demasiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de una frugal cena, los dos amigos se despidieron y se fueron a dormir. En el silencio de la noche, Edwin Liboy pudo escuchar el llanto apagado de su amigo. Al oírlo se le hizo un nudo en el corazón.&lt;br /&gt;
A la mañana siguiente, Edwin se despertó bastante tarde, se duchó y luego preparó un desayuno para dos. Ramón todavía dormía cuando abrió la puerta de la habitación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Vamos perezoso, levántate. Ya son las doce, se nos va a juntar el desayuno con la comida.&lt;br /&gt;
- Perdona Edwin. Hacía mucho que no dormía tan bien. Estos pequeños lujos hay que aprovecharlos.&lt;br /&gt;
- No te preocupes. Ya sabes que puedes quedarte en mi casa cuanto quieras. Llevo sólo mucho tiempo, un poco de compañía no me vendrá mal.&lt;br /&gt;
- Gracias viejo amigo, pero no hará falta. Esta noche me marcharé. Todavía tengo asuntos pendientes que resolver en esta ciudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón y Edwin pasaron el día recordando viejas anécdotas de su glorioso pasado. Hablaron y hablaron hasta que cayó la noche ayudados por una ingente cantidad de alcohol. Cuando Ramón Vargas cogió su petate con la intención de marcharse, su viejo adversario le agarró del brazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ramón, te he ocultado la verdadera razón por la que colgué los guantes. Se la he ocultado a todo el mundo hasta ahora.&lt;br /&gt;
- No hace falta que me cuentes nada.&lt;br /&gt;
- Lo se, pero es algo que llevo dentro demasiado tiempo, y…, y… creo que te lo debo.&lt;br /&gt;
- No creo que me debas nada, y menos después de lo que has hecho por mí hoy. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin Liboy bajó la cabeza y comenzó a llorar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Te odié. Te odié tanto ese día…&lt;br /&gt;
- No volvamos al pasado, por favor. Es normal lo que sentiste, yo te hubiera odiado también si hubieras sido tú el vencedor de aquel combate.&lt;br /&gt;
- Lo se, pero no fue el hecho en si de perder. Fue el como ocurrió. Dí lo mejor de mí y no fue suficiente. Estuve los diez asaltos a punto de tumbarte, y sin embargo, cuando parecía que ya estabas vencido, volvías a recuperarte para machacarme de nuevo. Fue un infierno.&lt;br /&gt;
- Te he dicho que eso ya es agua pasada, déjalo ya.&lt;br /&gt;
- Eso sólo fue el principio, al día siguiente, cuando vi tu cara en todos los periódicos te odié más aún. Y desde entonces sólo he deseado verte caer.&lt;br /&gt;
- Jejeje, pues entonces no tardarías mucho en alegrarte, un año después ya estaba acabado como boxeador.&lt;br /&gt;
- Eso fue precisamente lo que me hizo aborrecerte como lo hice. Cuando te vi perder el campeonato sentí que habías robado mi oportunidad, mi última oportunidad. Yo habría machacado a aquel inútil de Morrison, me habría retirado siendo el campeón, y en cambio tú te dejaste vencer de la forma más estúpida. Esa corona hubiera sido mía si no te hubieras interpuesto en mi camino. Desde ese día seguí todos tus pasos, y me alegré con cada desgracia que sufrías. Llegué a celebrar cada peso que perdías en las apuestas, y el día que te quedaste sin la casa, sentí el mismo placer que cuando veía tumbado en la lona a un contrincante.&lt;br /&gt;
- No sigas, por favor…&lt;br /&gt;
- No me interrumpas, es importante lo que tengo que decirte. Luego desapareciste del mapa y me comencé a preocupar. No deseaba volver a saber de ti al tiempo y descubrir que habías levantado la cabeza. Quería verte completamente hundido, tan hundido como yo lo estaba. Conseguí localizarte en Venezuela, y desde allí fui tu sombra durante años. En todos los trabajos que buscaste, en todos los proyectos que emprendías, yo me interponía y lograba que fracasaras. Me dejé muchos años y mucho dinero en el empeño, pero no paré hasta que empezaste a trabajar de matón para aquel mafioso en argentina. En ese momento me di cuenta de que habías llegado a lo más bajo, ese día me sentí satisfecho al fin y decidí dejarte en paz. Aún así me quedé en Buenos Aires unos años, monté un pequeño gimnasio y no me fue mal del todo. Ya me había olvidado de ti, por fin saliste de mi vida y podía comenzar de nuevo. Y todo iba bien, todo era perfecto, y yo era feliz de nuevo. Pero al tiempo te volví a ver. Salías de un restaurante con tu jefe y sus compinches. Llevabas un traje carísimo y parecías contento. La locura y el odio que tanto tiempo me habían consumido se volvieron a apoderar de mí, y tracé un plan para acabar contigo de una vez por todas. Investigué sobre tu jefe y su organización, y me enteré de que te habías&amp;nbsp; convertido en su mano derecha. También descubrí que estabas encargado de los intercambios de droga. Dediqué mucho tiempo a preparar el golpe, y al final conseguí interceptar uno de los envíos. Estaba seguro de que tu jefe te culparía a ti de la pérdida, y sabía como trataba aquel animal a quienes le defraudaban, así que me deshice de la droga, huí de Buenos Aires&amp;nbsp; y me vine a España con el dinero. Se lo que estarás pensando. Soy un ser despreciable. Lo que te hice no tiene perdón. Con los años me di cuenta de mi horroroso comportamiento e intenté remediarlo, pero no pude dar con tu paradero. Supuse que estabas muerto, y los remordimientos me han estado torturando todos estos años. Hasta ayer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin Liboy dejó de hablar y vació su vaso de un trago. Mientras, Ramón Vargas le miraba impasible. Tanto alcohol había hecho mella en el viejo cuerpo del Tigre de Cabo Rojo, y su cuello parecía que no iba a soportar el peso de su cabeza. Después de rellenar de nuevo su vaso, Edwin se levantó dando traspiés y abrió una ventana para refrescarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dime algo viejo amigo. Di algo a este miserable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón Vargas se levantó, se dirigió hacia la ventana y estalló en una sonora carcajada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Son extrañas las vueltas que da la vida. Después de tantos años, la verdad es tozuda y siempre sale a la luz, dijo el Toro. Yo también tengo algo que confesarte, Edwin. Anoche me escuchaste llorar, ¿verdad? Pues no lloraba por mi triste vida como vagabundo. Nunca he estado tirado en la calle, ni siquiera cuando estuve peor, al contrario, ahora mismo soy un hombre bastante adinerado. Si me puse a llorar fue por lo que me trajo a España. Tal como has dicho, mi jefe se enfadó mucho cuando perdimos el dinero y la droga. Y en un principio me culpó a mí, y llegué a temer por mi vida, pero conseguí convencerle de mi inocencia, y continué trabajando para él todos estos años. Yo también he hecho cosas de las que me avergüenzo, cosas terribles a gente que ni conocía. He cometido crímenes despreciables por los que pagaré tarde o temprano. Lo que no sabía es que si he llegado a donde he llegado ha sido gracias a ti. Desde que dejé de boxear e intentado rehacer mi vida de todas las maneras posibles, y aunque al principio conseguí ganarme la vida honradamente, fue tu mano la que hizo que me convirtiera en lo que soy. Debo decirte también que vine a España a hacer un encargo a mi jefe, mi último trabajo antes de jubilarme de este duro negocio. Debía saldar una cuenta pendiente con un ladrón que nos robó hace años y que por fin habíamos localizado. Esta noche debían darme el nombre de la víctima. Cuando saliera de tu casa debía encontrarme con mi contacto en la ciudad. Creo que ya no hace falta que vaya a verlo, los dos acabamos de descubrir quien es mi objetivo. Si esta mañana me hubiera ido nada más despertarme, me hubiera sido imposible cumplir el encargo, pero ahora, dadas las circunstancias…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin Liboy volvió su mirada hacia Ramón. En sus ojos no encontró ningún sentimiento. El Toro Vargas lo observaba como un niño que mira un insecto por primera vez, estudiando sus reacciones. Esperando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es irónico, añadió Ramón Vargas, pero tu confesión me hace pensar que nada de lo malo que hecho hasta ahora es culpa mía. O quizá si, pero no del todo. No se, supongo que deberé reflexionar acerca de todo esto. Lo que te aseguro, si te sirve de consuelo, es que me has quitado un gran peso de encima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edwin cogió la botella de whisky, la rompió contra la mesa y con la mitad rota en su mano enfrentó a su oponente. Ramón sacó del bolsillo de su chaqueta una vieja y usada navaja y se fue contra su amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Míralo por el lado positivo, viejo amigo. Vas a tener una segunda oportunidad para vencerme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-4012753892166132437?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/njscn148d3k" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/4012753892166132437/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/27-el-ultimo-asalto.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4012753892166132437?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/4012753892166132437?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/njscn148d3k/27-el-ultimo-asalto.html" title="27 - El último asalto" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/27-el-ultimo-asalto.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkcCQns8eCp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-5225089868399865777</id><published>2010-02-01T23:39:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T16:41:03.570-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:41:03.570-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos minúsculos" /><title>26 - María Graciela</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;María Graciela se jactaba de ser una persona muy consecuente, por eso, después de haberle repetido a su hija en numerosas ocasiones que ella de mayor podría ser lo que quisiera, y ante la tajante respuesta de la pequeña: Mamá, yo de mayor quiero ser un pulpo, María Graciela besó con cariño a su niña y salió a comprarle una pecera para que fuera entrenándose.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-5225089868399865777?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/lTO9tRaoleY" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/5225089868399865777/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/26-maria-graciela.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/5225089868399865777?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/5225089868399865777?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/lTO9tRaoleY/26-maria-graciela.html" title="26 - María Graciela" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2010/02/26-maria-graciela.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkcMRHs_cSp7ImA9Wx5XFUQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-6434599615200564584</id><published>2009-12-12T23:45:00.000-08:00</published><updated>2010-09-15T16:41:25.549-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-09-15T16:41:25.549-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortos" /><title>25 - La primera vez</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;¿&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;Cómo es el mar?, preguntó el abuelo mientras yo arrancaba el coche.&lt;br /&gt;
Es azul, le respondí.&lt;br /&gt;
¿Y qué más?, ¿cómo es de grande?&lt;br /&gt;
Es lo más grande que haya visto, no se termina nunca.&lt;br /&gt;
Ah…, debe ser increíble.&lt;br /&gt;
Lo es, abuelo, lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aceleré el motor y nos fuimos de la residencia a toda velocidad.&lt;br /&gt;
Salimos de Madrid a las diez de la noche. Si todo iba bien no se darían cuenta de su desaparición hasta la mañana. Tiempo suficiente para nuestros planes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo está, abuelo?, ¿necesita algo?&lt;br /&gt;
No, estoy bien. ¿Cuándo veré a Carmencita?&lt;br /&gt;
¿Quién es Carmencita?&lt;br /&gt;
Pues mi mujer, ¿Quién va a ser?, ¿Cuándo la veré?&lt;br /&gt;
La verá pronto. No se preocupe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el maletero llevaba ropa y alimentos para un par de días. No pensaba que fuera a surgir ningún problema, pero no estaba de más el ser precavido. El abuelo estaba excitado, se notaba fuera de su rutina y eso le alteraba, pero no estaba mal, al contrario, estaba más feliz que en los tres meses que lo había conocido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿De que marca es tu coche?&lt;br /&gt;
Es un Toyota.&lt;br /&gt;
¿Y eso que nombre es?&lt;br /&gt;
Es japonés.&lt;br /&gt;
Ah…&lt;br /&gt;
Yo tenía un Pegaso.&lt;br /&gt;
¿Un camión?&lt;br /&gt;
Si. Era blanco, y mi Carmencita le pintó unas rayas rojas a los lados.&lt;br /&gt;
¿Para decorar?&lt;br /&gt;
No, por el Atlético.&lt;br /&gt;
Bonito detalle.&lt;br /&gt;
Si, fue el año que ganó la supercopa de Europa.&lt;br /&gt;
¿Y cuando fue eso?&lt;br /&gt;
Pues no recuerdo. Mi memoria ya no es la que era.&lt;br /&gt;
Tranquilo, a todos nos pasa.&lt;br /&gt;
¿Y te fuiste hasta Japón para traer tu coche?&lt;br /&gt;
No, abuelo. Los venden aquí.&lt;br /&gt;
Madre mía. Yo no he visto nunca un japonés, sólo en la tele. Una vez vi un negro.&lt;br /&gt;
¿Y que le pareció?&lt;br /&gt;
Pues no me pareció ni bien ni mal. Se presentó un día en el pueblo, y recuerdo que me preguntó si había trabajo disponible. Yo le dije, hijo mío, aquí siempre hay trabajo para quien quiera trabajar, y le mandé a mi cuñado, que tenía unos viñedos y siempre buscaba brazos fuertes. Me dijo que se llamaba Emmanuel, pero todos le acabamos llamando Manolo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podía evitar sonreír con sus comentarios. Disfrutaba con la compañía del abuelo. Realmente era feliz a su lado, y me importaban poco las consecuencias de nuestra escapada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué hora es?&lt;br /&gt;
Son las once y media.&lt;br /&gt;
Jejeje, y yo aún no me he ido a la cama. A la señora Reme le va salir humo por las orejas cuando se entere.&lt;br /&gt;
Hoy no tendrá que preocuparse de la señora Reme. Hoy está conmigo.&lt;br /&gt;
Me alegro mucho, me lo estoy pasando muy bien contigo. Pero no te olvides de que no puedo tardar mucho en volver. Si tardo mucho Carmencita se asustará. No puede dormir si no estoy a su lado.&lt;br /&gt;
No se preocupe. Hoy es un día especial. Carmencita lo entenderá.&lt;br /&gt;
¿Si?, ¿por qué es especial?&lt;br /&gt;
Porque va a ver el mar.&lt;br /&gt;
Ah…, debe ser increíble ver el mar. Cuando vuelva le contaré a Carmencita como es.&lt;br /&gt;
Eso, y si quiere puede sacar algunas fotos para enseñárselo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La carretera estaba despejada y pronto llegamos a Albacete. El abuelo pasó todo el camino mirando embobado por la ventanilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Eso que son?&lt;br /&gt;
¿El qué?&lt;br /&gt;
¿Esos palos grandes?&lt;br /&gt;
Son molinos de viento.&lt;br /&gt;
¿Para el grano?&lt;br /&gt;
No, estos son más modernos. Fabrican electricidad.&lt;br /&gt;
Ah… Yo trabajé en un molino. Pero fue hace años, aún no conocía a Carmencita. En esa época se usaba para moler el trigo.&lt;br /&gt;
Ya, eso era antiguamente. Ahora la tecnología ha adelantado mucho, y los molinos transforman la fuerza del viento en electricidad.&lt;br /&gt;
¿Y ahora como se muele el trigo?&lt;br /&gt;
Con máquinas más modernas.&lt;br /&gt;
¿Y cómo funcionan esas máquinas?&lt;br /&gt;
Pues con electricidad me imagino.&lt;br /&gt;
Entonces seguimos igual que antes.&lt;br /&gt;
Jejeje. Tiene toda la razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abuelo me indicó que necesitaba bajar para orinar. Paré en un área de servicio, y le dije que le esperaría en el bar. Media hora después, al ver que no aparecía, fui a buscarlo. Lo encontré sentado en el suelo al lado de la puerta del aseo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Está bien, abuelo?&lt;br /&gt;
No se donde estoy. Hace un momento estaba en mi habitación, pero ahora no. No entiendo que ha pasado. ¿Dónde está Carmencita?&lt;br /&gt;
Carmencita le está esperando en casa. Hemos salido a dar una vuelta, ¿no lo recuerda?&lt;br /&gt;
Ah…, a ver el mar, ¿no?&lt;br /&gt;
Exacto.&lt;br /&gt;
Ahora lo recuerdo. ¿Queda mucho para verlo? No quiero que mi mujer se impaciente.&lt;br /&gt;
No se preocupe. Carmencita le esperará lo que haga falta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salimos del área de servicio y nos pusimos de nuevo en marcha. Hacía un poco de frío, pero el abuelo no quiso que subiera la ventanilla ni que conectara la calefacción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Déjate de calefacción. Ya me tuestan bastante en la residencia. Aquello parece un invernadero. Un hombre necesita sentir frío lo mismo que sentir calor, al igual que se necesita sufrir la tristeza para disfrutar la alegría. Es absurdo que nos mantengan protegidos en una burbuja.&lt;br /&gt;
Es por su salud, abuelo. Para que no se constipe.&lt;br /&gt;
Me he constipado miles de veces en mi vida. No se por qué me protegen ahora como si fuera un crío.&lt;br /&gt;
Nos preocupamos por su salud. A su edad es delicada.&lt;br /&gt;
Pues de algo tendré que morir, digo yo. No voy a estar aquí para siempre. Además, ya me va tocando. Tengo ganas de volver a ver a mi Carmenci…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La voz del abuelo se quebró y sus ojos se empañaron. Intenté disimular la lástima que me producía y cambié de tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y su hijo? ¿Cómo está?&lt;br /&gt;
Está muy bien. Es de los primeros en la escuela. Me ha dicho que quiere ser abogado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt;Se equivoca, abuelo. Su hijo acabó la carrera hace muchos años. Ahora es un gran abogado, tal como le dijo. Es una persona muy importante.&lt;br /&gt;
Ah…&lt;br /&gt;
¿Está orgulloso de él?&lt;br /&gt;
Mucho, siempre ha sido un hijo fantástico,  igual que tú.&lt;br /&gt;
No abuelo, yo no soy hijo suyo. Yo trabajo en la residencia donde vive.&lt;br /&gt;
Es verdad. Que cabeza la mía. Trabaja con la señora Reme, ¿verdad?&lt;br /&gt;
Si.&lt;br /&gt;
Pero tú me caes mejor que ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya habíamos llegado a la playa, pero desde donde estábamos no se veía el mar al taparlo las dunas. Paré el coche y bajamos. No le dije nada al abuelo, quería que lo descubriera de repente, como cuando yo lo vi de niño por primera vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Dónde estamos?&lt;br /&gt;
Es una sorpresa abuelo.&lt;br /&gt;
Ah…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al pasar las dunas vimos el mar. Al abuelo se quedó paralizado nada mas verlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si que era grande.&lt;br /&gt;
¿A que si, abuelo?&lt;br /&gt;
Y es tan azul como me dijiste.&lt;br /&gt;
Si.&lt;br /&gt;
¿Qué le parece?&lt;br /&gt;
No se que decirte. Es lo más grande que he visto nunca.&lt;br /&gt;
¿Le gusta?&lt;br /&gt;
Mucho. A estas alturas de mi vida, pensé que ya no lo vería.&lt;br /&gt;
¿Está contento?&lt;br /&gt;
Muy contento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvimos en aquella playa más de dos horas. El abuelo no volvió a abrir la boca en todo el tiempo, solamente miraba al mar y sonreía. Cuando el sol apareció entre las olas, el abuelo comenzó a aplaudir. Estuvo así veinte minutos. Luego se levantó y se dirigió al coche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Volvemos a casa?&lt;br /&gt;
Si, abuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya habíamos recorrido treinta kilómetros dirección Madrid, se me ocurrió una idea estúpida. Di media vuelta y lo llevé de nuevo a la playa. Tal como me imaginaba, el abuelo se emocionó del mismo modo que la vez anterior. Una hora después, volvimos al coche, dí unas vueltas y lo llevé otra vez a la playa. Así estuvimos todo el día, y en todas y cada una de las ocasiones vio el mar por primera vez en su vida.&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-6434599615200564584?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/2Pkruc-TArs" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/6434599615200564584/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/12/la-primera-vez.html#comment-form" title="4 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/6434599615200564584?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/6434599615200564584?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/2Pkruc-TArs/la-primera-vez.html" title="25 - La primera vez" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/12/la-primera-vez.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEUFQ3k6cCp7ImA9WxBTFUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-5403064925442649783</id><published>2009-12-11T03:44:00.000-08:00</published><updated>2009-12-11T17:43:32.718-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-12-11T17:43:32.718-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>24 - El autobús</title><content type="html">&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El autobús estaba abarrotado y yo luchaba por mantener la verticalidad frente a un grupo de ancianas que aporreaban mis testículos con sus bolsas de la compra. El recorrido solía durar unos treinta y cinco minutos, pero el calor y la incomodidad me lo hicieron parecer mucho más largo. Casi podía notar como el tiempo se hacía viscoso por momentos y frenaba su ritmo hasta casi detenerse. Me concentré en recordar una canción que me cantaba mi padre de niño. Entrecerré los ojos y apliqué mi mente en la tarea de revivir su melodía. Eso me distrajo ligeramente del exterior, y olvidé por unos instantes el dolor de riñones y las gotas de sudor que bajaban por mi cuello. Luego pensé en mi padre. En mi padre y en sus extrañas teorías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El tiempo es flexible. Eso me decía cuando me veía aburrido. Hay momentos en los que transcurre muy veloz y los minutos apenas se perciben, y en cambio en otros, los segundos se eternizan en su camino y nos desesperamos con su lentitud.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El autobús se detuvo y la pérfida banda de viejas destrozatestículos bajó en tropel. Aspiré hondo, y disfruté del pequeño intervalo de bienestar que tenía hasta que volvieran a acorralarme los nuevos viajeros. Duró poco, lo que dura un pestañeo. Enseguida se volvió a ocupar todo el espacio con otros cuerpos, y de nuevo el tiempo volvió a frenarse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Durante el resto del trayecto escuché las conversaciones de mis vecinos, y así me enteré de que el señor calvo situado a mi espalda no estaba nada conforme con su sueldo y se planteaba dejar su trabajo, y que la niña apoyada en la ventana había suspendido tres asignaturas y no tendrá vacaciones este verano, y también que la mujer de mi derecha ya no quería a su marido, aunque, como le decía a su amiga, se casaron hasta que la muerte los separara y le tocaba aguantar con él toda la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El tiempo seguía arrastrándose indolente, y yo notaba la tensión de todos mis músculos esforzándose por mantener la posición. Vi como el hombre que tenía enfrente mascaba chicle despacio, muy despacio, y como después de un rato se lo sacó de la boca y lo pegó en una barandilla. Una mujer que lo vio, se lo comentó a su compañera, y las dos le dedicaron unas miradas de desaprobación. Yo, mientras observaba a mis vecinos, me imaginaba que si existía un infierno debía de ser como aquel autobús lleno de gente. Un autobús abarrotado, con un ambiente pegajoso, que nunca llegara a su destino y diera vueltas y vueltas sin cesar. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por fin llegué a mi parada. Avancé a codazos hasta la puerta y conseguí salir. Al bajar a la calle, crucé la mirada con una mujer. Era morena, de ojos grandes y negros, y su cara, sin ser una cara conocida, me recordaba momentos de mi infancia. Su imagen me transportó a kilómetros de allí, a un lugar feliz donde nunca había estado, y me provocó bienestar. La mujer estaba hablando con una amiga, y reía sin parar. Al verme, me dedicó una sonrisa amable y subió al autobús.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Vi partir al autobús, y escudriñé entre sus ventanas por si conseguía localizar a la mujer. Al final la vi. Estaba apoyada en el ventanal y me miraba. La despedí moviendo la mano, y ella me correspondió haciendo lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;El tiempo es flexible, lo difícil es controlarlo, eso pensé mientras la perdía de vista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;img src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;by &lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Based on a work at &lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style="font-size: large;"&gt; En su sueño también apareció Sara, su mujer. Cesar, quizá movido por una curiosidad morbosa, aprovechó la situación para preguntarle a Sara las cosas que nunca se hubiera atrevido a preguntarle en la vida real. Así, Cesar indagó sobre el pasado de su mujer, interesándose particularmente en los primeros hombres con los que ella estuvo, y Sara fue clara y sincera en sus respuestas. Según el sueño, había estado con cuatro hombres, tres de ellos fueron inocentes escarceos juveniles, pero el cuarto fue algo más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; El segundo sueño lo tuvo dos semanas después. En él, Sara le recriminó que siguiera el interrogatorio, y lo invitó a hacer el amor y olvidarse de tanta pregunta. Cesar no aceptó, así que Sara pacientemente continuó respondiendo a sus cuestiones. En este sueño, Sara fue muy explícita, y le habló a Cesar de todos los encuentros íntimos que tuvo con el cuarto hombre. A pesar de los ruegos de Cesar, Sara se negó a decir el nombre de esa persona.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Entre el segundo y el tercer sueño, Cesar comenzó a obsesionarse con aquel hombre. Aunque el sentido común le advertía de lo estúpido de sus preocupaciones, no podía evitar sentir celos de alguien que solo existía en sus sueños. En su día a día disimulaba delante de Sara, pero la imagen de aquel hombre desnudando y acariciando a su mujer le quemaba el alma. Sara no notó nada extraño en Cesar esos días. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; En el tercer sueño, Sara, ante la insistencia de su marido, le dijo el nombre de su antiguo amante. Se llamaba Bruno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Un día, entre el tercer y el cuarto sueño, Cesar encontró una caja de cartón con antiguas fotos de su mujer. Las ojeó y separó todas las imágenes en las que su mujer aparecía en compañía de un hombre. Apartó veinte. De ellas, tras una segunda revisión, se quedó sólo con las más actuales, de hacía diez años aproximadamente, unos años antes de que él y Sara se casaran. Quedaron cinco. De esas cinco fotos, en tres estaba con el mismo tipo. Se quedó con esas y las demás las guardó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Mientras observaba la cara del sujeto, la ira fue adueñándose de él. Seguro que este es Bruno, pensó, este es el malnacido que enamoró a mi mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Cesar Rompió dos de las fotos, y una se la guardó en el bolsillo de su chaqueta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; En el cuarto sueño, Cesar pudo ver, por el agujero de una cerradura, cómo Bruno y Sara hacían el amor en su habitación. Cesar no pudo hacer nada para evitarlo. Su cuerpo se quedó pegado al suelo y su lengua cosida al paladar. Los gemidos de Sara se le clavaron en el corazón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Entre el cuarto y el quinto sueño, Cesar se empezó a mostrar esquivo con Sara. Cuando su mujer intentaba averiguar el por qué de su extraño comportamiento, no recibía más que vagas excusas. Sara empezó a preocuparse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Hace escasos segundos que Cesar se despertó del quinto sueño. Lo que vio y escuchó durante el sueño le provocó mucho dolor, dolor y repugnancia. Aunque sabe que todo es producto de su mente, para él todo ha sido tan real como cualquier otro capítulo de su vida. Cesar no puede más. Si no hace algo pronto se volverá loco. Ama demasiado a su mujer para soportar el suplicio de verla en los brazos de otro hombre, aunque sea en sueños.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: large;"&gt; Dentro de media hora, Sara se despertará y descubrirá que su marido ha hecho las maletas y se ha ido. Minutos después, encontrará una extraña nota de despedida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héctor Gomis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;
&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;span style="font-size: small;"&gt;by &lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;      &lt;br /&gt;
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&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Mientras dirijo mi coche por el camino pedregoso que lleva hasta su pueblo, repaso los últimos acontecimientos de mi vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Acontecimiento 1: Mi mujer me dejó hace seis meses&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Acontecimiento 2: Mis hijos no me soportan desde que pasaron la adolescencia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Acontecimiento 3: Mi trabajo es una mierda&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Acontecimiento 4: Este, más que un acontecimiento, fue una sensación. Pasó hace un mes. En la playa. Vi a un hombre sacando un pulpo del agua, y una vez en la arena, metió una mano por el hueco de su cabeza y le dio la vuelta como a un calcetín. De repente, lo que estaba dentro pasó a estar fuera y lo de fuera a dentro. Era el mismo animal, pero completamente distinto. Imaginé que en ese momento el pobre bicho podría verse por primera vez a si mismo. Imaginé lo que sentiría, y descubrí que yo sentía lo mismo. Estaba vuelto del revés. Desde hacía años. Por eso no veía más que mi interior. Por eso no me gustaba lo que veía. Por eso a nadie le gustaba lo que veía en mí. Porque lo que veían no estaba en su sitio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Acontecimiento 5: Hace cinco años recibí una carta de mi tío. El loco. El ermitaño de las montañas. El hombre peligroso a quien me prohibieron volver a ver. La carta tenía una casita dibujada a lápiz, una casita y una sola palabra. “HOLA”, se mostraba en letras mayúsculas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En su momento metí la carta en el fondo de un cajón y me olvidé de ella. Pero hace una semana la vi de nuevo. Estaba buscando unos documentos que me había pedido mi exmujer, y por casualidad la encontré. La volví a leer, y noté algo raro en el papel que no había apreciado la primera vez. Debajo de la palabra “HOLA”, se veían unas líneas marcadas en la hoja. Cogí un lápiz y raye con cuidado la zona. Apareció una nueva palabra: “CARABOLA”. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;“HOLA CARABOLA”. En ese momento recordé que así me llamaba de pequeño, y también recordé su costumbre de dejar mensajes secretos en papeles para que solo yo los descubriera. Me enterneció. Realmente estaba loco, pero no se había olvidado de mí. Yo si que lo había hecho. Lo hice hace muchos años. Hasta ese día no había vuelto a pensar en él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Hola carabola, me decía, y yo le respondía, buen día carasandía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ya queda menos de un kilómetro para llegar y algo se me remueve en las tripas. Estoy emocionado por el reencuentro, y no se realmente porqué. ¿Qué puedo esperar de un viejo loco que sigue mandándome los mismos mensajes de cuando era niño?, ¿me reconocerá siquiera, o se habrá quedado con la imagen del pequeño rechoncho y alegre que dejé de ser hace siglos? Tengo la seguridad de que necesito verlo, de que puede ayudarme a reencontrar algo mío que perdí y no volví a recuperar desde mi niñez. Quizá, ya que estoy del revés, estar con un loco me haga darme cuenta de lo que es estar del derecho. Suena estúpido, y seguramente lo es, pero tampoco tengo nada que perder. A lo peor veré un anciano medio atontado y balbuceante que ni me reconocerá, pero al menos le habré hecho la visita a un pariente. Mi buena acción del día.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ya he llegado al pueblo, sólo me queda localizar su casa. Se que está apartada del resto, sola en medio de las montañas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Pregunto por mi tío a un niño que veo jugando en la calle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Aquiles?, claro que lo conozco. La casa de mi tío Aquiles está siguiendo el camino. Cuando veas el árbol, para el coche y sigue andando. Al tío Aquiles no le gusta el ruido de los coches.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Qué árbol? Aquí hay millones de árboles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- No te preocupes, lo reconocerás enseguida. No habrás visto ninguno igual en tu vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- De acuerdo, muchas gracias. Hasta luego&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Hasta luego caraborrego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Arranco el coche y continúo la marcha. Caraborrego me ha llamado, y ha dicho que es su tío Aquiles. Se ve que se le dan bien los niños a mi tío. Debe de ser el tío de media comarca. En fin, cosas de los pueblos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A mitad del camino veo a una mujer. Paro a preguntarle a ella, espero que su explicación sea más clara que la del niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿El tío Aquiles? Claro que lo conozco. Si quieres me subo contigo y te indico, yo iba a su casa ahora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La mujer se ha subido al coche. Lleva un vestido corto y no puedo evitar desviar la mirada hacia sus muslos. Debe tener unos cincuenta o cincuenta y cinco años. Carnes duras y generosas. Buen escote. Ojos castaños. Huele a hierba y sudor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿De que conoce al tío Aquiles?, me pregunta la mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Soy su sobrino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Jajaja. No le he preguntado eso. Aquiles es el tío de todos aquí. Le pregunto de qué lo conoce.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Es el hermano de mi madre. Hace muchos años que no lo veo. Desde que era pequeño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Le ha cambiado la expresión a la mujer. Me mira triste.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Lo siento, no sabía que eras su sobrino “de verdad”. No sabíamos que tuviera familia. Nunca vino nadie de fuera a verle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Ya, desde su enfermedad me prohibieron visitarle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Qué enfermedad? Aquiles siempre estuvo más sano que una manzana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Su enfermedad mental, ¿cual va a ser?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Jajaja, que estupidez más grande. No he conocido hombre más lúcido en mi vida. ¿Quién te dijo esa tontería?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Mi madre, cuando yo tenía seis o siete años. Y me dijeron que no debía verle, que era peligroso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- No te diré nada malo de tu santa madre que, como decía Aquiles, son el principio de todo, y además no la conozco, pero desde luego te mintió. Tu tío es la mejor persona que he conocido en mi vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Esto empieza a ser extraño. Desde luego, lo que oigo no tiene nada que ver con la idea que tenía en mi mente sobre mi tío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Ya hemos llegado. Aquí está el árbol.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;El chico tenía razón, no hay posibilidad de equivocarse de árbol, no debe de haber otro igual en el mundo. Es una encina pequeña, de apenas tres o cuatro metros, y de sus ramas cuelgan decenas y decenas de libros. Los libros están sujetos con finas cuerdas a las ramas. Si me alejo un poco, puedo ver como sus hojas cubren la parte superior, mientras que la inferior está completamente vestida con una tupida capa de libros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Es el árbol donde nacen los libros, me dice la mujer. Aquiles les dijo a los niños que algunos libros, los más hermosos, venían directamente de los árboles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Pero eso es mentira. ¿Cómo le permitisteis que les hiciera creer eso?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- No lo hicimos. Otros padres y yo fuimos a quejarnos. Y nos dijo que se puede mentir, siempre que uno se comprometa a convertir en verdad la mentira. Por eso, desde entonces, los libros van creciendo en el árbol, tal como dijo. Primero son pequeños libros de apenas el tamaño de una nuez, son todos verdes y no se pueden coger aún, A los meses aparecen los libros de bolsillo, que según Aquiles, se pueden hojear pero no arrancar, y en Febrero, temporada de recogida de los libros, se reúne a los niños del pueblo y estos cogen con cuidado sus libros y cuentos ya maduros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Pero aún así sigue siendo mentira. No debería hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Mira, verdad o mentira. Desde que llegó tu tío al pueblo, todos los niños esperan ansiosos el uno de Febrero para poder recoger sus libros y leerlos. Y eso, te lo aseguro, en los tiempos que corren es un milagro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Me acerco al árbol e intento coger uno de los libros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Aún no, niño impaciente, me dice la mujer con una sonrisa. Aún están verdes. Tendrás que esperar como todos a que llegue Febrero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Avergonzado, la sigo por el sendero hasta la casa. El sendero está rodeado de árboles. Es angosto y zigzagueante. Al final se ve la casa. Es igual a la del dibujo de la carta. Una cabaña de madera pintada de blanco. Con una enorme bandera blanca enganchada en la fachada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Es por el estado de ánimo, dice la mujer adivinando mis pensamientos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Cómo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Aquiles decía que el mundo sería mejor si supiéramos más los unos de los otros, así evitaríamos los cotilleos y los malos entendidos. Decía que liberaba no tener ningún secreto que esconder.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Perdona, sigo sin entender nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Te pongo un ejemplo. Un día, hace muchos años, Aquiles se enamoró de la nueva profesora del pueblo. En cuanto se los vio juntos paseando de la mano, comenzaron los rumores. Que si era mayor para ella, que si ella le quería por su dinero, que si el había tenido otra mujer antes y la había abandonado años atrás, que si no pensaban casarse, y mil cosas por el estilo. Cuando se enteró del revuelo, se enfureció. Entró al ayuntamiento, subió hasta el segundo piso y salió al balcón. Llamó a gritos a todos los vecinos, y cuando nos tuvo a todos reunidos en la plaza del pueblo, comenzó a contarnos todos los secretos que guardaba desde niño. Las novias que tuvo, la vez que con quince años espió a su prima mientras se desnudaba, otra ocasión en que lo pillaron robando con diecisiete y que le causó la mayor vergüenza de su vida, y también habló de la gente que le caía bien y la que no, las cosas que le gustaban y que no le gustaban de cada uno de nosotros, y hasta sus gustos sexuales expuso delante de todos los presentes, esto último hizo que el párroco palideciera y se desmayara, y que a más de una mujer le subiera un calorcito por las piernas y se le enrojeciera el rostro. En fin, todo esto dijo, y cuando acabó su exposición, declaró su amor por la profesora a los cuatro vientos, y añadió que lo que pensaran los demás le traía sin cuidado. Nos dejó a todos boquiabiertos, y por supuesto no volvieron a haber chismorreos sobre su vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Increíble. Vaya hombre. Y todo esto me lo había perdido hasta ahora. ¿Y la bandera por qué es?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Ese mismo día, enfadado como estaba. Colgó una bandera roja de la fachada de su casa. No quería ver a nadie y así nos lo dejó claro. Hay cuatro banderas. La roja que te he dicho para cuando no quiere ver a nadie cerca, la blanca cuando está de buenas, la azul cuando está triste y quiere que el que la vea se acerque a hablar con él, y la verde, la verde, jejeje, la puso para seguir espantando a los meapilas del pueblo, la verde la ondeaba cuando estaba teniendo sexo, solo o acompañado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Jejeje, vaya hombre. Es todo un personaje.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Desde luego que lo era. Cuando vino a vivir al pueblo yo era una niña. Todos los días iba a su casa y él me contaba alguno de sus maravillosos viajes por la india o por África. Me hablaba de los monos que conocía, que allí eran su familia, y de lo que hablaba con ellos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;. ¿Y tú te tragabas todo eso?, menudo embustero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- jajaja. Mi madre también me decía lo mismo, y yo le respondía igual que te responderé a ti, ¿alguna vez has intentado hablar con un mono?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Pues no, que tontería.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Por eso no hablan contigo, los animales son muy educados y algo tímidos, solo hablan a quien previamente les pregunta algo. Yo tengo un perro, y te aseguro que mantenemos conversaciones mucho más coherentes que las que tengo con mi marido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- jeje, puede que tengas razón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Y te contó algo más?, ¿te habló de su familia?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- No, ese era un tema que le entristecía mucho. Él decía que su familia era quien le quisiera, por eso se convirtió en el tío Aquiles, el tío de quien lo quiso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Perdona tanta pregunta, se que estoy siendo muy pesado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Al contrario, es un placer, pregunta lo que quieras.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Por qué hablas de él en presente algunas veces y otras en pasado?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Sigamos caminado, ya casi estamos, me dice haciendo oídos sordos a mi pregunta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Entramos en la casa. Es extrañamente acogedora. Tiene todo tipo de objetos exóticos colgados por las paredes, apoyados en los muebles o guardados en vitrinas. Miro de cerca uno, una especie de cuerno de rinoceronte. Al revisarlo bien descubro que no es de verdad, está tallado en madera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Este cuerno&amp;nbsp; lo trajo de África, dice la mujer mientras me observa con interés. Desapareció del pueblo de repente, y unos días después volvió vestido de cazador, con dos escopetas enormes al hombro, y ese cuerno colgado de la espalda. Nos contó que se había ido de safari a despejar su mente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Hay decenas de objetos igual de extraños dispersos por el salón, y la mujer me va contando la historia de cada uno de ellos. Las recuerda todas, y se le ilumina la cara cada vez que me habla de ellos. Yo no la contradigo, pero se que todos esos objetos los debió hacer él mismo, o quizá los compró en alguna estrambótica tienda de objetos usados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Las historias que me cuenta la mujer son deliciosas. Poco importa que sean mentira, las disfruto igual que un niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Estoy deseando conocer a mi tío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Estas flechas se las regalaron una tribu de indios del amazonas, me dice sosteniéndolas temblorosa. Esos indios, según me contó tu tío, eran los más valientes guerreros de América. Me dijo que un día, tristes porque acababa de morir su jefe, el más anciano y sabio del poblado, decidieron en asamblea que ya no querían volver a ver morir a ninguno más de sus miembros. Así que, a través de su hechicero, hablaron con la muerte y la convencieron de que, a cambio de no traer más niños al mundo los dejara en paz. Para la muerte era muy importante seguir manteniendo el equilibrio, si no se iba nadie, tampoco podía venir nadie nuevo. Sellaron el pacto con una serie de ritos mágicos, y desde entonces no murió nadie más, ni nació nadie más. Las dos partes cumplieron su trato durante años. Aquiles lo verificó en sus periódicas vistas al poblado. Tu tío iba envejeciendo poco a poco, y en cambio, por ellos no pasaba el tiempo, seguían todos igual de fuertes y jóvenes, pero cada vez los veía más apagados, sentía que les faltaba la alegría, estaban como un poco muertos por dentro, cada vez con menos ilusión por el mañana, con menos ganas de vivir. En su última visita, años después, algo había cambiado. En sus caras y su piel se reflejaba al fin el paso de los años. Habían perdido la fuerza de la juventud, pero habían recuperado el brillo en sus ojos. Estaban viejos, pero felices. Ante la extrañeza de tu tío, le contaron que un par de estaciones después de su última visita, una mujer los reunió a todos y les dijo que deseaba tener un hijo sobre todas las cosas, vivir eternamente no le compensaba si para ello tenía que renunciar a saber lo que era criar a su hijo y verlo hacerse un hombre, y para ello estaba dispuesta a morir después si era necesario. Resolvieron en preguntarle a la muerte si le daba permiso para hacer una excepción en su caso, y esta les dijo que podría hacerlo ella y quien quisiera, siempre y cuando aceptaran después el orden natural de la vida. Un hombre viene y otro tendrá que irse cuando venga su momento, les dijo. Así lo hizo la mujer. Tuvo un niño, y fue feliz criándolo y viendo como se convertía en hombre, y el resto de miembros de la tribu envidiaron su felicidad durante años. Cuando le preguntaban si no tenía miedo a morir, ella señalaba a su hijo. Míralo, es mi niño, y pronto será un hombre, yo vivo en él, y viviré siempre en él y en sus descendientes. Con el tiempo, el resto de las mujeres y los hombres decidieron seguir su ejemplo, y así, en poco tiempo volvió la alegría al pueblo. Y, aunque la muerte volvió a aparecer por el poblado de nuevo, esta vez los designados a morir, así como sus familiares, la esperaban tranquilos y felices. Sabían que gracias a que eso pasaba, sus hijos habían podido nacer, y que en ellos vivirían para siempre. Desde entonces son los guerreros más valientes de América, pues ninguno tiene miedo a morir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Una historia preciosa, amiga mía, pero sabes que es totalmente mentira, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Das demasiada importancia a la verdad. A veces las cosas pueden ser como uno quiera que sean.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La mujer ha empezado a llorar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Tu tío me contó esta historia cuando mi madre murió. Y me hizo sentir mejor, me hizo superar el peor momento de mi vida con un simple cuento. Una mentira, quizá lo fuera, pero para mí fue verdad, fue la verdad más importante que me han dicho en mi vida. Cuando acabó de contarme la historia, me regaló estas flechas. Me las dio para que yo fuera igual de valiente que aquellos indios y no temiera a la muerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Sinceramente, no se que decirle. Creo que lo mejor es dejarla llorar tranquila. Mientras, camino por la casa repasando cada detalle. No había estado nunca aquí, pero todo me parece familiar, cercano. Los colores, los olores, el sonido del viento atravesando los árboles que se cuela por la ventana. Todo esto ya lo conocía, y si no es así, así lo siento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Cojo un libro de la estantería. Cyrano de Bergerac. Al leer el nombre en su lomo no pude resistirme a hojearlo. Este libro me marcó de joven. Una historia triste, como lo suelen ser las más hermosas. Las tres últimas páginas están arrancadas. En su lugar hay unas nuevas, escritas a mano y pegadas al libro. Las leo. Mi tío cambio el final. En el suyo, Cyrano consigue esquivar el ataque de sus enemigos, salva su vida, y después, venciendo su temor al rechazo,&amp;nbsp; se declara a su prima consiguiendo su amor, y vivieron felices y comieron perdices para siempre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;A veces las cosas pueden ser como uno quiera que sean. Eso dijo la mujer hace un momento. Como me gustaría que fuera cierto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Cada objeto de esta casa tiene una historia, y cada uno de ellos fue regalado por tu tío a alguno de sus sobrinos y sobrinas del pueblo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Conoces todas esas historias?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Si, y no he olvidado ninguna. Pero ya te contaré el resto más adelante. La mujer de tu tío está arriba. Seguro que le gustará conocerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿La maestra?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Si. Está en el balcón esperando que Aquiles vuelva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿De donde tiene que volver?, ¿no está en el pueblo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La mujer comienza a andar hacia las escaleras sin responderme. Yo la sigo. Arriba me presenta a la maestra. Nos encontramos en un gran balcón al que se accede desde la habitación. La amante de mi tío no me mira. Está pendiente del camino. Tampoco habla apenas. Sólo se ha dirigido a mí para saludarme. Es la mujer la que mantiene el peso de la conversación. La maestra es más joven de lo que pensaba. Apenas tendrá uno o dos años más que yo. Cuando se conocieron ella debía ser muy joven, y él, calculo que tendría más o menos mi edad actual. Tengo demasiadas dudas para seguir callado más tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- ¿Y cuando cree que volverá mi tío?, estoy deseando conocerle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Las dos mujeres se vuelven a mirarme. He metido la pata. A la amante de mi tío se le empañan los ojos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- No lo se, hace cinco años se fue a uno de sus viajes a la India, y suele tardar en volver cuando va tan lejos. Pero seguro que volverá pronto, y traerá otra de sus estúpidas alfombras voladoras, y a esta tampoco la hará funcionar. Siempre se olvida de traer las instrucciones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Después de decirme eso, la profesora se apoya en la barandilla y se olvida por completo de nosotros. La mujer estira de la manga de mi camisa y me lleva al primer piso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Lo siento mucho. Pensaba que hoy estaba de buenas, por la bandera blanca. Pero esta claro que no deberíamos de haber venido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Salimos de la casa y nos paramos en el claro del bosque. Me siento perdido. La mujer me abraza y me besa en la frente. Ahora me siento acogido, como un niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Llevo un rato llorando, pero no me había dado cuenta hasta ahora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Tu tío te quería. Te quería mucho. Te quiso tanto que necesito a todos los niños del pueblo para sustituirte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Lo se, respondo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- También sabes que no se fue a la india, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- A veces las cosas pueden ser como uno quiera que sean, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;- Exacto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;La mujer rechaza mi ofrecimiento de llevarla de vuelta en el coche. Me dice que prefiere caminar. Arranco el motor y me pierdo entre las encinas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;En Febrero volveré para la cosecha.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;
&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/" rel="license"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" style="border-width: 0pt;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/" rel="license"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Times,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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Carlos subió a tiempo al avión. Guardó su equipaje de mano, se sentó en su asiento y comenzó a llorar. Acababa de perder su más querida pertenencia, su mechero, un Zippo plateado con sus iniciales grabadas y ligeramente rayado en su parte posterior. No era un objeto especialmente valioso, pero era el único recuerdo que le quedaba de su padre. Se lo había regalado hacía quince años.&lt;br /&gt;
Cuando aquel señor calvo se sentó a su lado, Carlos reprimió sus lágrimas e intentó disimular tapando su cara con un periódico.&lt;br /&gt;
El avión despegó dando bandazos y tomó rumbo a Oslo.&lt;br /&gt;
Carlos iba excepcionalmente elegante. Se había gastado una pequeña fortuna en su ropa. Llevaba un traje a medida de raya diplomática con chaleco a juego, camisa azul cien por cien algodón, cinturón negro de piel, corbata granate de seda china, gemelos de plata, y unos carísimos zapatos italianos en los que podía ver reflejada su cara.&lt;br /&gt;
Repasar su vestimenta le hizo olvidar por un momento el disgusto de haber perdido su zippo. En su vida había estado tan elegante. Así vestido se veía capaz de cualquier cosa, con ese traje podía merendarse el mundo a bocados, y, desde luego, iba a deslumbrar en su entrevista de trabajo en Oslo.&lt;br /&gt;
Nada podía fallar. En unas horas conocería a su futuro jefe, y le seduciría con su dominio del sector y las nuevas ideas que tenía para la empresa. Entonces, cuando llamara a su madre para decirle que su sueño se había cumplido y su hijo ya era una persona rica e importante, la perdida de su viejo mechero sólo sería un amargo recuerdo que apenas empañaría el mejor día de su vida.&lt;br /&gt;
Carlos se dejó absorber por esos pensamientos, y en pocos minutos se sumió en un sueño profundo.&lt;br /&gt;
De repente, notó un fuerte tirón en su oreja derecha y abrió los ojos asustado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué has hecho con mi mechero, desgraciado?, oyó que le decían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al volverse vio a su padre sentado en el asiento contiguo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Era el único que recuerdo que te quedaba de mí, ¿tanto te costaba cuidarlo?&lt;br /&gt;
- ¿Qué hace aquí, padre?, usted está muerto, le respondió Carlos.&lt;br /&gt;
- Claro que lo estoy, y me alegro de estarlo para no poder ver como sigues echando tu vida a perder.&lt;br /&gt;
- Eso no es cierto padre. En unas horas todo habrá cambiado para mí. Voy a llegar donde usted no pudo. Voy a triunfar, y tendrá que estar orgulloso de mí.&lt;br /&gt;
- Siempre con tus planes fantásticos. Nunca has tenido los pies en la tierra, por eso no has llegado a nada. Volverás a fracasar, como has hecho siempre, y habrás perdido mi mechero para nada.&lt;br /&gt;
- Eso no es justo, padre. Me merezco esta oportunidad. Debería apoyarme.&lt;br /&gt;
- Has perdido mi mechero, chico. Sin él no eres nada. Sin mí no eres nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Turbulencias. El avión dio unas fuertes sacudidas que despertaron a Carlos.&lt;br /&gt;
Estaba empapado en sudor, pálido y con las manos temblorosas. Su padre le había aterrorizado en vida, y acababa de descubrir que después de su muerte seguía teniendo el mismo poder sobre él.&lt;br /&gt;
Se levantó de su asiento y, procurando no despertar al hombre calvo de su lado, salió al pasillo del avión y se dirigió al aseo. Una vez allí, se lavó la cara e intentó calmarse. Sólo había sido un sueño, un estúpido sueño. No debía preocuparse. Esta vez saldría todo bien. Esta vez lo lograría, triunfaría, y así haría que la siniestra sombra de su padre desapareciera de su vida.&lt;br /&gt;
Carlos pensó entonces que la pérdida de su mechero había sido una señal. Se había deshecho, tal vez inconscientemente, del último lazo que le unía a su padre, y eso le permitiría romper sus cadenas y avanzar al fin. Todo ha sido para bien, se dijo mientras salía del aseo.&lt;br /&gt;
Al llegar a su asiento, vio un pequeño objeto plateado en el suelo. Se agachó a recogerlo, y cuando ya lo tenía a su alcance, apareció una mano y se hizo con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Se me ha debido caer mientras dormía, dijo el dueño de la mano.&lt;br /&gt;
- OK, no se preocupe, sólo se lo iba a alcanzar, le respondió Carlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al levantar la vista, vio que quien le hablaba era su compañero de asiento, y descubrió con asombro el objeto que tenía en sus manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Le gusta?, es un Zippo precioso, ¿verdad?&lt;br /&gt;
- Ssssi, acertó a responder Carlos con un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;
- Me lo regaló mi mujer en nuestro aniversario, dijo el caballero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos se sentó en su sitio, aún más pálido que cuando se levantó. Maldito bastardo mentiroso, pensó. Es el mechero de mi padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos intentó no pensar más en el mechero, a fin de cuentas, ya lo había dado por perdido, y hasta se había alegrado de perderlo. Pensó que lo mejor sería dejarlo pasar y desear que a aquel desgraciado ladrón le trajera la misma perra suerte que a él. No merecía la pena comenzar una discusión en medio del avión sobre quien era el dueño del maldito trasto. Era su palabra contra la de del otro. Sólo conseguiría ponerse en evidencia delante de todo el mundo.&lt;br /&gt;
Carlos cerró los ojos y trató de volver a dormir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Siempre has sido un mierda, hijo mío.&lt;br /&gt;
- ¿Otra vez padre?, ¿no voy a poder perderle de vista nunca?&lt;br /&gt;
- ¿Es así como te he enseñado a comportarte? En esta vida solo hay dos clases de hombres: Yo era de los cogían lo que querían, y tu, tu eres de la otra clase, eres un mierda, siempre lo has sido.&lt;br /&gt;
- Por favor padre, déjeme en paz.&lt;br /&gt;
- ¿Recuerdas el día que te lo regalé?&lt;br /&gt;
- Por favor, no me torture más con esto.&lt;br /&gt;
- Claro que lo recuerdas. Fue el día que te pillé fumando a escondidas en el desván. Me sentí tan orgulloso de ti. Ya eras todo un hombre. Esa tarde bajé corriendo a la calle y te compré el mechero. Hice que grabaran tus iniciales. ¿Lo recuerdas?&lt;br /&gt;
- Si padre, claro que lo recuerdo. Fue el día más feliz de mi vida. Mi Zippo fue el primer regalo que me hizo, el primero y el último.&lt;br /&gt;
- Lo se. Desgraciadamente nunca me volviste a hacer sentir tan orgulloso como ese día. Nunca has vuelto a merecerte otro regalo.&lt;br /&gt;
- Eso es muy cruel. Yo soy su hijo. Debería quererme.&lt;br /&gt;
- ¿Acaso lo has merecido?, ni siquiera eres capaz de conservar mi regalo. No tienes cojones para luchar por lo que es tuyo. Alguien así no se puede ganar ni mi respeto ni mi amor.&lt;br /&gt;
- ¿Y que puedo hacer, padre? Ese hombre lo encontró. Ahora es suyo.&lt;br /&gt;
- Quítaselo. Si quieres ganarte mi respeto debes recuperarlo como sea.&lt;br /&gt;
- Pero, padre…&lt;br /&gt;
- Yo ya no soy tu padre, no lo seré más hasta que te lo hayas ganado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queridos pasajeros, el capitán y toda la tripulación esperan que hayan tenido un agradable vuelo y les desean una feliz estancia en Oslo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al abrir los ojos, Carlos pudo ver como su compañero de asiento se levantaba a recoger su equipaje de mano.&lt;br /&gt;
Tengo que recuperarlo, tengo que conseguir mi mechero como sea, pensó. El bastardo de mi padre tiene razón. No puedo dejarme pisotear. Debo recuperar lo que es mío.&lt;br /&gt;
Cuando salieron del avión, Carlos siguió al hombre calvo por la terminal buscando el mejor momento para abordarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Espero que esta vez no me defraudes hijo, resonó la voz de su padre en su cerebro.&lt;br /&gt;
- No se preocupe, padre. Lo voy a hacer. Sólo estoy buscando el mejor momento. No quiero que haya gente alrededor.&lt;br /&gt;
- Eres un cobarde, ¿Qué te importa si alguien te ve comportándote como un hombre?&lt;br /&gt;
- Déjeme padre, ahora lo haré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre calvo entró al aseo, Carlos lo siguió, y, después de asegurarse de que no había nadie más allí, le espetó:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Oiga, ese mechero que lleva es mío. Lo perdí en el aeropuerto de Madrid. Debe devolvérmelo.&lt;br /&gt;
- ¿Pero que dice?, este mechero lleva conmigo cinco años. Me lo regaló mi mujer en nuestro ani…&lt;br /&gt;
- Déjese de mentiras, le interrumpió Carlos. Ese Zippo es mío y quiero que me lo devuelva ya.&lt;br /&gt;
- Usted esta loco, márchese o llamo a la policía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ver que el hombre calvo intentaba huir, Carlos lo cogió del cuello e intentó tirarle al suelo. El hombre era menudo, pero se resistió con fiereza lanzando golpes hacia su cara. Intentando evitar esos golpes, Carlos lo empujó contra el lavabo. El hombre tropezó y calló al suelo de espaldas. Carlos escuchó un crujido cuando la cabeza del hombre chocó contra la loza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mío que he hecho, pensó Carlos mientras intentaba sin éxito encontrarle pulso al hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Has hecho lo que debías hijo, has luchado por lo que es tuyo. Y has ganado. No te creía capaz, pero lo has hecho. Ahora coge tu mechero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carlos rebuscó entre los bolsillos del hombre, y al fin lo encontró. Se lo guardó de prisa y salió del aseo.&lt;br /&gt;
Cruzó el aeropuerto a todo correr ante las perplejas miradas de la gente, y llegó hasta la parada de taxis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Take me to the Grand Hotel Oslo, please.&lt;br /&gt;
- Ok, let's go.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el camino a su hotel, Carlos no habló con el taxista. Se quedó absorto, mirando por la ventanilla del coche y pensando en lo que acababa de pasar.&lt;br /&gt;
A mitad del recorrido, sacó el mechero de su bolsillo y se puso a jugar con él. Lo abrió y lo cerró varias veces. Admiró el grabado con sus iniciales, y lo giró hacía todos sus lados, para volver a disfrutar con los juegos de brillos y reflejos que ofrecía. De repente, estalló en una risa histérica. En la parte posterior de su Zippo ya no estaban las marcas de ralladuras que su viejo mechero tenía. Volvió a girarlo, y mientras observaba atentamente el grabado en el metal, intentó calcular las probabilidades de que a alguien con sus mismas iniciales, le hubieran regalado un zippo exactamente igual al suyo, y que además, esa hipotética persona y él hubieran cruzado sus caminos de la extraña forma en que lo habían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No intentes calcularlo, hijo. Siempre fuiste muy malo para las matemáticas. Lo importante es que ya tienes lo que es tuyo.&lt;br /&gt;
- Si papá, ya lo tengo.&lt;br /&gt;
- Estoy orgulloso de ti, hijo mío.&lt;br /&gt;
- Gracias, papá. ¿No te importa que este no sea realmente tu mechero?&lt;br /&gt;
- Eso da lo mismo. Has hecho lo que debías, y eso es lo primordial. Además nadie sería capaz de distinguir uno de otro, ¿verdad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;  &lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" style="font-family: times new roman;"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;
&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/" rel="license"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" style="border-width: 0pt;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/" rel="license"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;span style="font-size: 100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-1546105955815315464?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/X6GW5NhIChA" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/1546105955815315464/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/el-zippo.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1546105955815315464?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/1546105955815315464?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/X6GW5NhIChA/el-zippo.html" title="21 - El Zippo" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/el-zippo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0IDRng4fCp7ImA9WxNbF08.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-7890126618273922277</id><published>2009-11-20T06:36:00.000-08:00</published><updated>2009-11-20T07:06:17.634-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-20T07:06:17.634-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Audio cuentos" /><title>Audio cuentos</title><content type="html">&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Para los más perezosos, voy a incluir en esta sección algunos de los cuentos leidos por mí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Espero que sepais disculpar mi horrorosa voz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:times new roman;font-size:130%;"  &gt;Listado de audio cuentos:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://www.goear.com/listen/4e17af1/Seres-inferiores-h%C3%83%C2%A9ctor-gomis" target="_blank"&gt;16 - Seres inferiores&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://www.goear.com/listen/9b9c986/La-fiesta-h%C3%83%C2%A9ctor-gomis" target="_blank"&gt;13 - La fiesta&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;"  href="http://www.goear.com/listen/a5c4db0/La-mancha-h%C3%83%C2%A9ctor-gomis" target="_blank"&gt;12 - La mancha&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;"  href="http://www.goear.com/listen/0879cdc/Totalmente-inexcusable-h%C3%83%C2%A9ctor-gomis " target="_blank"&gt;9 - Totalmente inexcusable&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-7890126618273922277?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/HZxco2MGK1c" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/7890126618273922277/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/audio-cuentos.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/7890126618273922277?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/7890126618273922277?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/HZxco2MGK1c/audio-cuentos.html" title="Audio cuentos" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/audio-cuentos.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkADRXk6cCp7ImA9WxNbEUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8004721573384005637</id><published>2009-11-13T22:18:00.000-08:00</published><updated>2009-11-13T22:39:34.718-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-13T22:39:34.718-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>20 – Un jarrón verde con un feísimo dragón naranja</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;E&lt;/span&gt;n el segundo C vive Andrés. Un cuarentón amable y apocado, que dedica su tiempo libre a criar palomas en la terraza del edificio. No sospecha ni remotamente que su felicidad va a depender de la resistencia al impacto de un jarrón verde con un feísimo dragón naranja pintado en su superficie.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En el quinto A, Carmen y su marido Florián, esperan con desasosiego la llegada de Gabriel, su hijo. El chico tiene quince años y lleva veinticuatro horas fuera de casa sin dar señales de vida. Cuando vuelva, dentro de veinte minutos, se llevará la bronca más grande de su vida, pero la aguantará con una sonrisa en los labios. Hace cinco horas que perdió la virginidad con Amanda, la chica más guapa de su clase.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El primero C está vacío, sus dueños se fueron de viaje a las Canarias. Esta noche se colarán dos ladrones y les robarán la televisión, el equipo de música y los trescientos euros que tenían guardados para el regalo de comunión de su sobrina. Tres años después, el más gordo de los dos ladrones se pudrirá en la cárcel por atraco a mano armada y homicidio, al otro, al más alto de los dos, le quedarán solo dos años y medio para terminar en el seminario y ser ordenado sacerdote. La sobrina de los vecinos del primero C tendrá una crisis de fe una semana antes y se negará a hacer la comunión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Julián del, cuarto A, y Sandra, del tercero C, han quedado para comer y conocerse mejor. Ella llevará su vestido gris especial, el mismo con el que enamoró a su exmarido. Él preparará un espléndido festín cuyo plato especial será solomillo en salsa de almendras. Cuando, tres horas después, Sandra salga de la sala de urgencias del hospital, Julián la abrazará y le pedirá mil perdones por haberla intoxicado, Sandra le dirá que la culpa es suya por no haberle avisado de su alergia a los frutos secos, y se fundirán en un hermoso beso. Siete años después, Julián encontrará a Sandra en los brazos de su mejor amigo. Sandra y Julián llegarán a un acuerdo tras su divorcio, y Julián se quedará la custodia de sus tres hijos a cambio de cederle a Sandra su yate de veinte metros de eslora.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La señora Enriqueta, del cuarto B, nunca, en toda su vida, fue feliz. Dentro de un mes tendrá un breve momento de alegría, cuando su cuñado, quince años más joven, le dedique una sonrisa y le pellizque el culo al pasar a su lado. Ella después de aquello se enamorará perdidamente de él. Él nunca volverá a pellizcarle el culo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El primero A, el tercero B y el quinto C pertenecen a un rico heredero de una importante familia de la capital. Nunca ha vivido nadie allí. Han mantenido estas propiedades como inversión para venderlas en un futuro. Cuando sus padres hayan muerto, el rico heredero gastará toda su fortuna en drogas y putas. Cuando acabe con todo su dinero, venderá los tres pisos a tres familias extranjeras. Formalizará la venta a través de abogados. Se negará en redondo siquiera a acercarse al edificio, y nunca le contará a nadie lo que le ocurrió allí de pequeño. Las tres familias de extranjeros serán muy felices en sus respectivos nuevos hogares.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;A Fermín, del tercero A, le quedan tres días para que le toque la lotería. Cinco millones de euros. Dará la vuelta al mundo tres veces. Luego volverá a su casa y no saldrá de allí jamás.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los Martínez, del segundo A, y los Fernández, del segundo B, están a punto de pelarse. Su amistad de años se va a romper por culpa de unas humedades que han salido en casa de los Martínez, y que estos achacan a un problema provocado por los Fernández. Unos años después ya no recordarán el tema que inició todo, pero seguirán sin hablarse. Mario, el hijo pequeño de los Martínez, y Julio, el mediano de los Fernández, se aman, pero nunca se lo dirán a sus padres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Al señor del quinto B nadie lo conoce. Hace la compra por teléfono y sólo sale por las noches para evitar cualquier contacto humano. Todos le tienen miedo. Cuando gane el premio Nobel de literatura, sus vecinos acudirán a la tele a contar lo buenos amigos que son del escritor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Luis dejó hace dos meses el primero B para irse a vivir con María al cuarto C.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Ahora mismo están discutiendo. Ella le ha recriminado que pase tanto tiempo en el bar. Él, borracho perdido, le ha pegado un empujón, estampándola contra la estantería de la entrada. De la estantería está cayendo un jarrón verde con un feísimo dragón naranja pintado en su superficie. Si el jarrón no soporta el impacto contra el suelo y se rompe en mil pedazos, María, en un ataque de cólera al ver hecho pedazos el jarrón que su madre le regaló poco antes morir, echará a Luis a patadas de su casa, y dos días después, Andrés, el del segundo C, cuando vaya a dar de comer a sus palomas, verá a María llorando en la azotea, se acercará a consolarla, hablarán toda la tarde, y para la noche ya se estarán besando, así, si ese Jarrón verde se rompe, María, del cuarto C, y Andrés, del segundo C, acabarán teniendo una niña, Aurora, y serán todo los felices que nos pueda permitir la imaginación, si en cambio, ese jarrón verde con un feísimo dragón naranja pintado en la superficie, resulta ser más duro de lo que su apariencia supone y no se rompe, María perdonará a Luís y no lo echará a la calle, le dará otra oportunidad, y dos meses después, cuando esta vez le pegue,  le dará otra, y luego otra, y por fin, un año más tarde, será ella la que se vaya para no volver a verlo jamás, y tendrá una vida razonablemente agradable con un abogado de Burgos, pero desde luego, nunca se podría comparar con lo feliz que será con su vecino del Segundo C, si ese dichoso jarrón se rompe.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" style="border-width: 0pt;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8004721573384005637?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/QpozNCNiYRI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8004721573384005637/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/20-un-jarron-verde-con-un-feisimo.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8004721573384005637?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8004721573384005637?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/QpozNCNiYRI/20-un-jarron-verde-con-un-feisimo.html" title="20 – Un jarrón verde con un feísimo dragón naranja" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/20-un-jarron-verde-con-un-feisimo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0MBRXkyeCp7ImA9WxNUF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8559819180139412656</id><published>2009-11-08T18:29:00.000-08:00</published><updated>2009-11-09T11:37:34.790-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-09T11:37:34.790-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortitos" /><title>19 – Cien golpes en la espalda</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;hora mismo está a mi lado. Dulce y sumisa como un animalillo, siempre cariñosa, siempre dispuesta y complaciente. Me mira con sus grandes ojos verdes, y por momentos consigue que me olvide de todo. Eso lo hace muy bien, siempre ha sido así. Está sentada en el suelo, enroscada entre mis piernas y frotando su nariz contra mi rodilla. Sólo lleva unas pequeñas braguitas blancas. Desde mi posición puedo ver su elástico cuerpo adolescente. Veo como encoge y estira sus largas piernas, despacio, muy despacio. Veo como su respiración hace elevar y descender sus pequeños pechos, Veo su nuca sobre mis muslos, entregada a mí, dócil y vencida. Huele a aire fresco, a pelo limpio y a sexo. Me excita, lo hace hasta nublar mi entendimiento. Ella lo sabe. Lo sabe y lo utiliza contra mí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;He intentado alejarme de ella. Lo he intentado por todos los medios, pero siempre vuelvo a su lado. Dominado por el deseo, vencido por el sabor de su cuerpo. Hoy ha vuelto a hacerlo. Se presentó en mi casa de noche, con la ropa sucia y el pelo revuelto. Sus enormes ojos suplicaron mi perdón. No me dijo nada, no hacía falta. Había vuelto a traer la oscuridad a mi vida. Cuando me vio coger el cinturón, sonrió, se desnudó despacio y se humilló ante mí. A cuatro patas en el suelo, aguantó su castigo sin quejarse. Fui brutal como siempre. Descargue cien golpes en su espalda mientras le dedicaba los insultos más crueles. Fue brutal, brutal e inútil. Al terminar la dejé en el suelo. Enroscada como un gato.  Inerte. Después me desnudé e hicimos el amor. Mientras yo lamía sus heridas, ella me juraba no volverlo a hacer. Por un momento la creí, o tal vez creí que la creía, o seguramente sabía que me engañaba, pero ya no me importaba. Ya ha dejado de importarme lo que haga. Por monstruoso que me pueda parecer, por abominable que sea lo que hace, la amo, o tal vez sólo la deseo, pero si es así, la deseo de una forma terrible. De una forma absorbente, ilógica, inhumana. A ella le ocurre lo mismo. Por eso se presta a mis estúpidos castigos. Por eso deja que engañe a mi conciencia con la ilusión de que puedo corregirla. Como si se pudiera borrar los impulsos de un animal, como si pudiera curarla a fuerza de golpes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Ahora estoy acariciando su espalda. Mis dedos  recorren las señales de su castigo. Ella ronronea. Sabe que ha vencido otra vez. Sabe que mañana volveré a dejarla entrar en mi casa, y que volveré castigarla por sus pecados, y que volveremos a hacer el amor como dos animales, ajenos a todo, envilecidos y salvajes. Y yo se que antes de que todo eso ocurra, ella volverá a matar, y la muerte de otro inocente caerá sobre mi conciencia. Lo volverá a hacer porque su instinto se lo ordena, y yo no haré nada para impedirlo, tan solo rezaré para que alguien le pare los pies y acabe con esta oscuridad que me envuelve.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" style="border-width: 0pt;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8559819180139412656?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/HroYkODzdeY" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8559819180139412656/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/19-cien-golpes-en-la-espalda.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8559819180139412656?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8559819180139412656?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/HroYkODzdeY/19-cien-golpes-en-la-espalda.html" title="19 – Cien golpes en la espalda" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/11/19-cien-golpes-en-la-espalda.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0MNR3Y-fip7ImA9WxNUF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-8381907251803524512</id><published>2009-10-23T07:33:00.000-07:00</published><updated>2009-11-09T11:38:16.856-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-09T11:38:16.856-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos cortos" /><title>18 - El gran hombre</title><content type="html">&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:180%;" &gt;A&lt;/span&gt;quel hombre era inmenso, y cuando lo llamo inmenso no me refiero sólo a sus dos metros de altura, ni a sus manos como raquetas de tenis, ni siquiera hablo de sus trescientos kilos de peso, cuando digo que era inmenso pienso sobre todo en la sensación que dejaba al que lo conocía de verdad. Era grande, grande por dentro y grande por fuera. La primera vez que lo veías, te sobresaltaba la enorme masa de su cuerpo, pero era cuando habría sus gruesos labios, o antes aún, cuando te miraba con esos ojos diminutos, lo único pequeño en su cuerpo, cuando se te encogía el corazón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Ninguno llegamos a saber su nombre, pero tampoco hizo falta nunca para nombrarlo, era aquel hombre, “el gran hombre”, el de la esquina de la barra, el que ocupaba dos sillas a la vez, el que bebía sin parar, desde que abrían el local hasta que apagaban sus luces por la noche, era el que nunca logró emborracharse por más que lo intentó día tras día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La primera vez que lo vimos, los chicos del bar no pudimos evitar sacar toda nuestra mala leche a flote y reírnos de su aspecto, eso si, con el volumen muy bajito, éramos idiotas pero no suicidas. Ninguno le habló ese día, nos dedicamos a burlarnos a sus espaldas, señalando su culo, que rebasaba el pantalón como si fuera una presa rota que no puede contener la fuerza del agua, imaginando cuanto alcohol haría falta para tumbar un elefante como aquel, y diciendo otras sandeces por el estilo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Fue el segundo día cuando empezó a intrigarme su presencia en nuestro bar. Salvo alguna familia despistada o algún viajante en ruta, no solía haber mucho transito de desconocidos. Era un bar de carretera, apartado y casi sin señalizar, y menos los clientes de siempre, nadie repetía su visita. Recuerdo que ese día no había ninguno de los habituales, sólo nos encontrábamos el camarero, el gran hombre y yo, así que la curiosidad pudo más y me acerqué a conocerle.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Era reservado, pero me trató con amabilidad. Tenía una expresión triste y abstraída. Me dio la impresión de que, aunque hablamos a solas durante horas, no estuviera del todo conmigo, o por lo menos como si no estuviera solo conmigo, sino que mantuviera a su vez parte de su mente ocupada en otra cosa. Aún así, rara vez se distraía de mis palabras ni dejaba de mirarme con sus pequeños ojos azules, sólo quizá cuando escuchaba abrirse la puerta del bar y dirigía hacia allí una mirada furtiva&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;De nuestra conversación no saqué mucha información sobre su vida, venía del este y estaba de paso, me dijo que no tenía familia, aunque pude observar la marca de un anillo en su dedo, y estaba buscando a algo o a alguien desde hacía mucho tiempo. Me ofrecí a ayudarlo en su búsqueda, pero rechazó mi ayuda con una sonrisa, hay cosas que uno debe hacer solo, me dijo. Pude comprobar también que era muy inteligente, mucho más que el resto de mis conocidos, y desde luego mucho más de lo que su tosco aspecto aparentaba. Ese día hablamos durante horas de su viaje, la gente que había conocido, los lugares por donde había pasado y las pequeñas aventuras que había vivido. Había sido el primer viaje de su vida y todo parecía asombrarle. Me hablaba de cada cosa que había visto con admiración, como quien está descubriendo el mundo por primera vez. Cuando me contó el día que paseó por Paris se le iluminaron los ojos como a un niño. Me sentí pequeño, me dijo, por primera vez en mi vida me sentí así. Con los pocos datos que me dio, deduje que llevaba casi un año viajando por media Europa y lo estaba haciendo a pié. Me pareció un locura un viaje tan largo y en esas condiciones, pero el no tenía prisa, según me dijo, ese iba a ser su primer y último viaje, y quería disfrutarlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Desde nuestra primera conversación nos estuvimos viendo casi a diario. Lo encontraba siempre en el mismo lugar de la barra, cabizbajo, sosteniendo una jarra de cerveza que parecía perderse entre sus manazas. Siempre se alegraba al verme, y me dedicaba una sonrisa triste y un extraño saludo en su lengua cuando me sentaba a su lado. Nuestra conversación del primer día se prolongó durante un mes. Cada vez que nos reuníamos continuaba la historia de su viaje en el punto donde la había dejado el día anterior, y poco a poco el número de su público fue aumentando. A la semana de su llegada, el gran hombre y su historia se habían convertido en la principal atracción del bar. Nos sentábamos los dos en la barra, y decenas de parroquianos nos rodeaban cada día para escuchar un nuevo capítulo de sus aventuras. Lo mirábamos todos hipnotizados, paladeando cada una de sus palabras como sopa caliente en un día de nevada. Era desde luego un excelente narrador, pero sobre todo, lo que nos maravillaba día tras día eran las expresiones de su rostro cuando describía algún lugar o a alguna persona que había conocido. En su cara se reflejaba el mismo asombro que sintió en el momento de vivir esas experiencias, y así conseguía que uno pudiera llenarse con sus mismas sensaciones y emocionarse de la misma manera que si hubiera estado alguna vez en esos sitios increíbles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Así pasábamos las tardes en nuestro bar de carretera, olvidando nuestras pequeñas miserias y siendo felices durante unas horas gracias a aquel hombre y sus historias.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Yo creo que durante esos momentos él también era feliz, y a su vez también debía de olvidar sus penas mientras nos contaba sus aventuras, pero al terminar el capítulo de cada día, sus ojos se apagaban de repente, agachaba la cabeza y parecía recordar lo que le atormentaba, lo que le había llevado hasta nosotros desde su pequeño pueblo en el este. Muchas veces intenté que me contara lo que le hacía tan desgraciado, pero siempre me respondió lo mismo, el dolor no se comparte, el dolor es lo único que le queda a uno, el dolor es uno mismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;De esta manera transcurrieron los días siguientes, disfrutando con el gran hombre cada vez que nos contaba una nueva historia, y viendo luego como a su término se le ensombrecía el rostro y se volvía taciturno y triste como la primera vez que apareció en el bar, siempre callado y cabizbajo, y siempre mirando de reojo hacia la puerta cuando la escuchaba abrirse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Un día apareció por el pueblo un joven extranjero, tenía un acento del este, similar al del gran hombre, aunque su hablar era más seco y distante. Venía en un descapotable rojo acompañado de tres guapas jovencitas. Según me dijeron después no era la primera vez que pasaba por nuestro pueblo. Se corría el rumor de que era un tipo peligroso, relacionado con temas bastantes feos que nadie me pudo precisar, y paraba en nuestro pueblo cuatro o cinco veces al año de camino de algún viaje. Dada su fama, todos procurábamos evitarle, pero ese día no me di cuenta de su presencia hasta que entró en el bar. Pidió algo de beber para él y las chicas que le acompañaban, y se sentaron en una mesa. Yo me encontraba sentado al lado de mi enorme amigo, bebiendo tranquilamente y escuchando una de sus historias, cuando noté que dirigía una furtiva mirada hacia el desconocido. Al ver como apretaba los labios, como intentando dominar sus sentimientos, le pregunté si lo conocía. No respondió, giró su cabeza hacia la barra y volvió a beber. Así permanecimos callados unos minutos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El desconocido se acercó a la barra a pedir más bebidas y el gran hombre escondió su cara entre sus manos para evitar que lo viera. Este gesto me pareció absurdo, con su enorme volumen no era precisamente fácil que pasara desapercibido, pero al mismo tiempo no pude evitar sentir una punzada de emoción al verlo, recordaba a un niño intentando esconderse del mundo con el simple gesto de tapar sus ojos con las manos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;De todas maneras, el desconocido nos ignoró por completo, recogió los vasos y volvió hacia su mesa. En ese momento, mi formidable acompañante se giró hacia mí y me volvió a hablar. Tengo que contarte otra historia, amigo mío. Pero esta vez no te hará sentir bien como las anteriores, esta es más triste y también más real. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mientras me hablaba, no apartaba la mirada del desconocido, pero en ese momento su expresión ya no era de ira, sus ojos estaban desolados y tenía el aspecto de alguien extremadamente cansado. La inmensa mole que tenía a mi lado parecía vencida, como a punto de venirse abajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Esta historia acaba igual que la que he estado contando todos estos días en este mismo sitio, me dijo, y acaba también en este bar, este mismo día, en este mismo momento. Y aunque su final no te lo voy a tener que contar, si debo volver al principio para iniciarla de la manera correcta. La verdadera historia habla de una chica, apenas una niña, cansada de la pobreza de su familia, y de una familia a su vez desesperada al no poder ofrecerle un futuro. Esta historia habla del hambre, tan duro y frío que se clava en el alma, y también habla sobre la maldad, la maldad y el dolor, y también sobre la estupidez, la estupidez de la juventud, la estupidez de la valentía, la estupidez y la valentía que llevarían a una niña a huir de su casa en busca de una promesa, y la maldad de los hombres, que es capaz de transformar algo hermoso en dolor, y sobre el dolor de unos padres desesperados, y esta historia también habla de la pérdida, del vacío que se siente cuando te han arrancado el amor de cuajo, del enorme vacío que te grita por las noches, del vacío que sientes al mirar a tu esposa y ver sus ojos perdidos, y esta historia también habla del amor, del profundo amor que te lleva a cometer atrocidades, del amor que te obliga a apagar la vida de quien quieres, que te hace abrazar a quien más amas y romperle el cuello con tus propias manos para no verla sufrir más, como a un perro, como un pobre perro…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mi amigo se echó a llorar. Intenté calmarlo, pero me apartó con su enorme mano, se levantó y siguió hablando, pero esta vez no hablaba para mí, esta vez subió la voz para que todos pudieran oírlo. …Y esta historia también habla de la obligación, de la obligación que tiene un hombre con los suyos, la que te puede llevar a hacer cosas inimaginables, que te lleva andando desde tu tierra miles de kilómetros para cumplir con tu destino, pero sobre todo, esta historia habla de la venganza, negra e inevitable como la muerte, la venganza de quien lo ha perdido todo, el grito de una vida rota que solo se puede acallar rompiendo otra vida a cambio, la venganza por una niña, por mi niña, y por una mujer, mi mujer, y por un hombre vacío y roto también.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El bar se quedó en silencio, el gran hombre se había levantado y se encontraba a un metro escaso del desconocido. Este, al verlo acercarse, sacó una pistola y la apuntó hacia su pecho. Con la mano temblorosa, el desconocido no dejaba de amenazarle con el arma y le gritaba asustado que se largara, pero mi amigo permaneció allí, de pié, rozando el techo con su cabeza y mirándolo fijamente. Desde luego unas balas no iban a poder pararlo, no al gran hombre, porque mi amigo era realmente grande, era inmenso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" style="border-width: 0pt;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-8381907251803524512?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/7FdiFznS0II" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/8381907251803524512/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/10/18-el-gran-hombre.html#comment-form" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8381907251803524512?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/8381907251803524512?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/7FdiFznS0II/18-el-gran-hombre.html" title="18 - El gran hombre" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/10/18-el-gran-hombre.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;D04GRn0-cSp7ImA9WxNUF0Q.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2263704920340915228.post-5190810759451109989</id><published>2009-10-21T18:04:00.000-07:00</published><updated>2009-11-09T11:45:27.359-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-09T11:45:27.359-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Las aventuras de Don Damián" /><title>17 – Los tres meses en los que Don Damián fue inmortal y las increíbles aventuras que vivió en aquellos días – Capítulo III</title><content type="html">&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;&lt;a href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/07/5-los-tres-meses-en-los-que-don-damian.html"&gt;&gt; Leer capítulo 1&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;s bien sabido que la humildad es una virtud muy escasa en este mundo. La vanidad y el orgullo han corrompido el alma de la gente por los siglos de los siglos, convirtiendo nuestro planeta en lo que ahora es, un lugar inhóspito y peligroso para las personas de buen corazón. Por ello, fue para mí una gran alegría ver una muestra de esa sabia humildad en Don Damián al pedirme que yo realizara en su nombre la primera de sus importantes tareas, la de escribir un libro. Y se muy bien que no lo hizo por pereza, mi patrón hubiera sido perfectamente capaz de vivir sus aventuras y escribirlas a un tiempo, sino que en su magnanimidad prefirió concederme ese honor,  y así todos los días, mientras el dormía su acostumbrada siesta, me permitía sentarme a su lado y narrar en estas páginas sus últimas hazañas. En estos momentos, mientras paso a limpio mis apuntes, me viene otra vez el espíritu intrépido de aquel día en el que mi patrón se dispuso a llevar a cabo la primera de sus tareas, dejando un regalo en forma de árbol para las futuras generaciones.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La primera opción fue irnos a algún bosque cercano para dejar que nuestro árbol viviera con sus congéneres, cosa por otro lado muy adecuada ya que en un futuro este bosque, una vez que el mundo conociera las hazañas de mi patrón, seguramente pasaría a nombrarse bosque de Don Damián en honor a los múltiples trabajos y aventuras que se disponía a realizar y que asombrarían al mundo. Por desgracia, una vez allí, el extremo pánico que le producía la naturaleza le impidió siquiera bajar del coche, así que no tuvimos otra opción que volver a la ciudad y buscar un lugar verde, pero tampoco excesivamente verde, que nos permitiera llevar a cabo nuestro plan. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El cielo estaba oscuro y cubierto de unas espesas nubes, amenazaba lluvia, pero eso no nos amilanó, si algo he aprendido de Don Damián es que cada hombre debe enfrentarse a su destino sin importarle cualquier impedimento sobrevenido. Así que, armados de palas y con un una maceta de morera al hombro nos dirigimos a un parque cercano. Allí encontramos un pequeño parterre cubierto de césped y despejado de árboles, y mi patrón decidió que ese sería un lugar ideal para que su árbol destacara del resto. Una vez elegido el sitio adecuado y dispuestos a comenzar nuestro trabajo, empezaron a surgir los problemas. Nada más fijar la vista en el césped, mi patrón creyó ver algo moverse entre sus pies, de un salto se encaramó a lo alto de una farola y no consintió en bajar hasta que hube inspeccionado la zona palmo a palmo. Era una superficie pequeña, apenas diez metros cuadrados, pero, siguiendo las instrucciones de Don Damián, tuve que revisar cada brizna y debajo de cada hoja hasta asegurarme de que ningún insecto venenoso se encontraba allí. En la hora y media que duró mi búsqueda de animales peligrosos, durante la cual mi patrón se encontraba colgado a dos metros de altura y lanzando gritos de agonía, se fue formando un molesto grupo de curiosos alrededor, los cuales, intrigados y divertidos, comentaban la escena y se reían de mi pobre jefe. Mi patrón, estoico, aguantó las burlas de los ignorantes, demostrando un dominio de si mismo impropio de la gente normal, y cuando terminé mi inspección, bajó de un grácil salto que asombró a la muchedumbre. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Parecía que ya nada podía fallar, pero los dioses, que tantas veces han mostrado su envidia de las cualidades de los hombres verdaderamente grandes, decidieron enviarle a mi patrón un nuevo problema en forma de vigilante de estacionamiento. Este grotesco ser, debió sentir curiosidad por el gentío que nos rodeaba, y decidió dejar de poner multas por un rato para ver que ocurría.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Antes de narrar lo que aconteció en ese momento, debo hablar más largamente sobre aquel extraño personaje, quizá el más peligroso de todos los adversarios a los que Don Damián se enfrentó jamás. El vigilante de estacionamiento es una persona imbuida de un poder inmenso, ya que, además de su potestad de poner multas o incluso despojarte del coche, puede discutir con cualquier ciudadano sobre cualquier tema de urbanidad o civismo o leyes y siempre, sin ninguna salvedad, tendrá la razón en todo lo que diga. Esta cualidad debió ser implantada en sus genes desde su más tierna infancia, ya que nunca se ha conocido de uno que diera su brazo a torcer en discusión alguna. Esta característica hizo que el enfrentamiento que se produjo al encontrarse con mi patrón, dotado este de una perspicacia y clarividencia impropias del común de los mortales, desembocara en un momento épico que ninguno de los presentes podrá olvidar jamás.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La aproximación fue furtiva, mientras mi patrón y yo nos encontrábamos cavando el hoyo para plantar nuestro árbol, el vigilante se acercó por detrás, y con una voz suave nos preguntó nuestras intenciones. Don Damián, en su infinita paciencia, le explicó nuestra tarea y como íbamos a llevarla a cabo. Aunque pareció quedarse complacido con la respuesta, en realidad nuestro adversario recapacitaba sobre la mejor manera de imponer su voluntad a la de mi patrón, así que unos segundos después mostró su verdadera cara.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿No sabe usted que lo que está haciendo está expresamente prohibido por las ordenanzas municipales? -dijo el vigilante.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- No creo haber aparcado en zona azul, caballero –respondió brillantemente mi patrón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Esto no tiene que ver con su coche, está totalmente prohibido destrozar o alterar el patrimonio de la ciudad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Y? –preguntó Don Damián.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pues que es exactamente lo que usted está haciendo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Sabía usted que la palabra patrimonio viene del latín?, es un derivado de "Patri onium", es decir lo recibido por el padre o pater, y se le define como un conjunto de cosas corporales que se transmitían de generación a generación. Se de buena tinta que este pequeño parterre lo terminaron de hacer la semana pasada, así que dudo mucho que sea un legado de generaciones anteriores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La magnífica réplica de Don Damián dejó perplejo al vigilante de aparcamiento, y le hizo comprender que no se enfrentaba a un ignorante ciudadano cualquiera, eso le preocupó, pero no le hizo desistir, así que después de unos segundos para recomponer su discurso volvió a la carga.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Tanto da lo que dijeran los griegos en la antigüedad…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Los romanos –le interrumpió mi patrón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Bueno, los romanos, que más da…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pero como va a dar igual, caballero. –volvió a interrumpirle Don Damián- Sepa usted, caballero, que los griegos vivían en Grecia, hablaban griego y sus gentes se organizaban en ciudades estado independientes, por otro lado los romanos vivían en Roma, hablaban latín y se organizaban…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Me importa un pito lo que hicieran los romanos. –Interrumpió esta vez el vigilante- Usted no puede hacer lo que pretende porque está prohibido y punto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Vamos a ver, cedamos los dos ante la lógica, ¿Qué es lo que esta prohibido exactamente?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pues estropear o modificar la propiedad pública.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Bueno, pues al margen de que la propiedad pública, como su propio nombre indica, es para el público, en ningún caso estoy estropeando o modificando nada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Cómo que no?, está cavando en el césped.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Eso no es cierto, yo no estoy cavando, eso solo es parte del proceso, yo estoy plantando un árbol.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Y acaso eso no es modificar esta propiedad?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- En absoluto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Cómo que no? –dijo el vigilante cada vez mas asombrado por la inteligencia de su contendiente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Claro que no, esto es un jardín ¿verdad?, y como cualquier otro jardín es susceptible de ser sembrado con una semilla que…, por ejemplo arrastre el viento, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pues si, pero…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pero nada, yo estoy haciendo lo mismo que el viento, adornar con un precioso árbol este triste trozo de tierra. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Ya, pero el viento es un elemento de la naturaleza, como la lluvia o el sol, contra eso no se puede legislar, pero si con lo que hacen las personas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Y acaso yo como animal, inteligente si pero animal al fin y al cabo, no pertenezco a la naturaleza?, ¿si viniera una ardilla y cagara una semilla en este jardín la detendría acaso?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pues, no, pero…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Pues por la misma razón yo, que por supuesto no estoy dispuesto a enseñar las posaderas en público, tengo el mismo derecho que esa ardilla a…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Bueno, basta ya. Le ordeno que cese en su actitud o me veré obligado a…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿A que?, ¿a ponerme una multa por aparcar mal mi árbol?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El gentío que se apiñaba alrededor prorrumpió en risas, avergonzando al vigilante y provocando que las venas de su despejada frente empezaran a palpitar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Esto ya se va a terminar, váyanse ahora mismo o me veré obligado a llamar a la autoridad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Ya me parecía a mi que usted mucha autoridad no demostraba –replicó Don Damián, volviendo a arrancar las risas de los presentes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El vigilante de aparcamiento se fue refunfuñando y nosotros pudimos volver a nuestra faena. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El proceso fue harto complicado, nada más irse nuestra molesta compañía, apareció de improviso una lluvia fina que, aunque alejó a los curiosos dándonos más intimidad en tan especial momento, también caló el parterre y lo convirtió en minutos en un barrizal. Mi patrón, intentando olvidar el asco que le daba tanto la lluvia como pisar tierra mojada, sostenía el arbolito, mientras yo lo colocaba en el oportuno hueco, pero cuando el aguacero arreció, los espasmos corporales con los que se defendía de las gotas de agua volvieron imposible la tarea. A cada respingo de Don Damián seguía la caída de un puñado de hojas, y como estos eran rápidos y continuados, antes de lograr colocarlo en su sitio, el árbol quedó tan pelado como la cabeza de mi madre, que en paz descanse. Así que, cuando por fin quedó plantada, la maldita morera más bien parecía un triste gusano medio retorcido. Mi patrón y yo, guarecidos bajo un paraguas, nos quedamos mirando en silencio el pobre resultado de nuestro esfuerzo. Yo estaba muy decaído, y apunto estuve de ponerme a llorar, pero Don Damián, agarrando fuertemente mi hombro, me dijo al oído: “No te preocupes amigo mío, ese árbol vivirá, crecerá y se volverá fuerte y robusto, y dentro de muchos años, cuando ya seas un anciano, podrás traer a tus nietos a este mismo lugar y hablarles de mí bajo la amplia sombra que dará nuestra morera.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Fueron unas palabras preciosas, si señor, dulces y reconfortantes, lástima que no llegara nunca a cumplirse su predicción. Una vez más, como a un moderno Sísifo, se le volvió a caer la roca nada más subirla a la montaña, y así, cuando disfrutábamos de nuestro triunfo, exiguo quizá, pero triunfo al fin, la fría sonrisa del vigilante de estacionamiento apareció en escena.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Bueno, veo que no han acatado mis órdenes –dijo el ladino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Por supuesto que no. Mi compañero y yo solo obedecemos las órdenes de la razón y la lógica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Ve usted agente?, es un delincuente muy escurridizo –indicó el vigilante a un guardia civil que traía agarrado del brazo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Primero suélteme usted, ¡Narices! Mira que es usted pesado, todos los días dándome la vara con esto y con lo otro. A ver, ¿Qué cojones pasa aquí?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El guardia civil, después de imponer orden con sus gritos, dedicó a Don Damián una mirada de enojo, y mi patrón, después de observarle atentamente, dedujo enseguida que nada podría hacer para razonar con aquel personaje.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Vamos a dejar las cosas claritas -añadió el guardia-, me estoy calando con la lluvia, hoy he tenido un día muy jodido, y no me gusta nada que me toquen los cojones por tonterías.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Nada más lejos de mi voluntad que el manipular sus testículos, caballero. Aquí, mi amigo y yo sólo intentábamos plantar un árbol en este jardincito vacío y olvidado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Lo ve capitán?, ¿lo ve? Es muy escurridizo –le dijo el vigilante al oído.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¡Déjeme usted en paz la oreja! Si yo fuera capitán iba a aguantar sus tonterías su padre. ¡Me cago en mi vida! Vamos a ver, ¿todo este follón es por esa mierda que hay ahí plantada? –preguntó el guardia señalando lo que quedaba en pié de la morera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Exactamente, oficial. Estos individuos, saltándose las ordenanzas municipales, y aunque yo personalmente se lo había prohibido, han destrozado la propiedad pública y además….&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-  Vale, vale, vale, ya me lo ha contado veinte veces de camino –le interrumpió el guardia- ¿y se puede saber por qué han elegido ustedes este barrio para venir a tocarme los cojones con su arbolito?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Le repito que en nuestro ánimo nunca ha estado el palpar sus genitales. Solo elegimos este trozo de jardín porque estaba vacío, y un árbol lo alegraría. Nunca, en ningún caso, pensamos en agraviarle con nuestras manos en sus órganos, eso no sería razonable ni decente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Ve sargento?, se va por las ramas y no acata, no acata. Este hombre no cumple con la ley. Debe usted hacer algo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Ay, Dios mío, y acabo de empezar mi turno –se lamentó el guardia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El guardia civil suspiró, se frotó los ojos con sus rechonchas manos, volvió a suspirar y mirando a mi patrón añadió con desgana:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿Y no se han parado ustedes a pensar que igual este jardín está así de vació porque el jardinero ha decidido que así debe de ser?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Por supuesto, pero si la estupidez o la incompetencia de un servidor público determina que una cosa esté mal cuando debe de estar bien, cualquier ciudadano en su sano juicio tiene la obligación de subsanar el error.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Vamos a ver, veo que esto va a ser largo, les advierto que tengo mucha paciencia, pero no es infinita. ¿Por qué no cogen su árbol y se van a plantarlo a otra parte?, probablemente tengan más suerte y no les vea ningún cotilla, y si no es así, por lo menos le tocarán los cojones a otro que no sea yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- No señor, esa no es solución. El acto que han realizado es ilegal, y su deber es impedírselo o incluso detenerles por vandalismo, y añado que su velada alusión a mi persona llamándome cotilla no es en ningún modo correcta, y aún más, puede ser motivo de sanción si doy parte a sus superiores y…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- En la primera parte estoy de acuerdo con el cotilla –interrumpió Don Damián con una sonrisa-, desde luego no es solución llevarnos el árbol. Si arrancamos sus raíces del suelo, el pobrecito podría morir, y para nada habría servido nuestro trabajo. Además, estoy seguro de que el jardinero se alegrará grandemente cuando vea nuestro árbol adornando su jardín. Nadie en su sano juicio desdeñaría la belleza y harmonía que proporciona la naturaleza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Para no aburrirle, querido lector, con el largo desarrollo de la discusión, le indicaré que durante aproximadamente una hora, mi patrón y el ruin vigilante de aparcamiento se enzarzaron en una disputa dialéctica extremadamente violenta, aunque brillante y verdaderamente estimulante. En sus alegatos, Don Damián informó a los presentes de lo dura que es la lucha en la naturaleza y lo difícil que lo tienen los distintos seres que la componen por sobrevivir, habló también de la injusticia que sería el quitar la posibilidad a las generaciones venideras de disfrutar de tan bello ejemplar de morera, y discutió firmemente por el derecho de todo hombre a mejorar su entorno en la medida de sus posibilidades, y siempre y cuando mantuviera uno el orden geográfico establecido (esto último no he logrado descifrar que significa, pero debe ser muy importante, ya que hizo gran hincapié en ello). Por su parte, el astuto vigilante enumeró las ciento cincuenta ordenanzas que, según él, habíamos violado, así como otras treinta que a su vez estaba quebrantando el guardia civil al no intervenir de manera inmediata y prestarle su ayuda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Cada vez que el agente de la ley intentaba integrarse en la discusión, el vigilante o mi patrón cambiaban el rumbo de la misma, llevándola a vericuetos más y más enrevesados, y por supuesto, fuera del corto alcance de sus entendederas. Este, frustrado y envidioso de tan grandes y privilegiados cerebros, fue alterándose más y más, hasta acabar explotando. Con la mirada vidriosa y su cara hincada y encarnada como el culo de un mandril, dijo a voz en grito:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- ¿ Y no podría ser que el pobre jardinero encargado de este trozo de tierra, tenga en su casa una foca de mujer, un cuñado gorrón y una bruja de suegra que le hacen la vida imposible, se quejan siempre por todo y convierten sus días en una miseria continua, y luego va a trabajar y su superior, que es veinte años más joven y además es idiota, le manda a hacer los trabajos más estúpidos, y acaba teniendo que aguantar todos los días pirados como ustedes dos, o chivatos como el imbécil de la gorra, y se levanta cada mañana pensando en la gran mierda en la que se ha convertido su vida y las ganas que le entran de subirse a un campanario, coger su arma reglamentaria y liarse a tiros contra todo bicho viviente, para acabar saltándose la tapa de los sesos?, ¿no creen que podría ser?, ¿y si así fuera, creen que un jodido y escuchimizado árbol de mierda serviría para animarle lo más mínimo? ¡No!, cada vez que viera un jodido y escuchimizado árbol de mierda como el suyo lo tiraría abajo a patadas, le prendería fuego y luego cagaría en sus cenizas, porque ese pobre desgraciado no querría ver nada bonito cuando fuera a trabajar, porque ver algo hermoso le recordaría que en su vida no hay absolutamente nada parecido, solo mierda, mierda y gente decidida a tocarle los cojones. Exactamente igual a mi mierda de vida y a vosotros, tocacojones, que aguantaros es peor que un dolor de fimosis. En otros tiempos os habría fusilado a los tres por menos que esto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El guardia civil interrumpió su alegato y comenzó a llorar como un niño. Así estuvo durante un buen rato, llorando y escurriéndose despacito hasta acabar sentado en el suelo. La brillante e intelectual discusión que había presenciado fue seguramente más intensa de lo que podía soportar su débil razonamiento, y ante tan grandes contendientes no pudo más que rendirse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt; Cuando el vigilante intentó que se levantara, el pobre hombre, hundido y desesperado, cogió su pistola y la apuntó hacia sus ojos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;- Ni se te ocurra volver a hablarme. Si lo haces te vuelo la cabeza. Iros de aquí, largo de aquí todo el mundo. Cuando consiga levantarme al que vea cerca le pego un tiro. La vida es una gran mierda, y vosotros no sois más que las moscas que revolotean a su alrededor. Si os vuelvo a ver os espantaré a balazos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Como desgraciadamente la razón y la lógica no tenían cabida ya en ese lugar, mi patrón y yo decidimos huir, y no paramos de correr hasta llegar a su hotel.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Esa noche mi patrón no volvió a abrir la boca. Cuando lo metí en la cama y le dí su tazón de leche aún temblaba como un niño, y después,  cuando al fin consiguió dormirse, le escuché llorar en sueños y repetir una y otra vez “eso no ha sido nada lógico” y “el árbol mantenía un orden geográfico establecido” (esto último, como ya comenté, sigo sin saber que significa). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;A modo de epílogo de este capítulo, añadiré que nada más volvimos a saber de aquel guardia civil, en cambio, desgraciadamente si que tuvimos que enfrentarnos en posteriores ocasiones al vigilante de aparcamiento, y en cuanto a nuestra pobre morera, al día siguiente, y con no poco miedo en el cuerpo por si acababa con una bala entre ceja y ceja, me acerqué a aquel funesto jardín, y en el lugar donde, con tanto trabajo, conseguimos plantar nuestro árbol encontré un puñado de cenizas, un tricornio y una gran mierda encima.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Héctor Gomis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;a style="font-family: times new roman;" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;&lt;img alt="Creative Commons License" style="border-width: 0pt;" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nd/3.0/es/88x31.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;by &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL"&gt;Héctor Gomis López&lt;/a&gt; is licensed under a &lt;a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/3.0/es/"&gt;Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;  &lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Based on a work at &lt;a dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="dc:source"&gt;uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Permissions beyond the scope of this license may be available at &lt;a cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/" rel="cc:morePermissions"&gt;http://uncuentoalasemana.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2263704920340915228-5190810759451109989?l=uncuentoalasemana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/uncuentoalasemana/~4/f2EAHrOcLrI" height="1" width="1"/&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/feeds/5190810759451109989/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/10/17-los-tres-meses-en-los-que-don-damian.html#comment-form" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/5190810759451109989?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2263704920340915228/posts/default/5190810759451109989?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/uncuentoalasemana/~3/f2EAHrOcLrI/17-los-tres-meses-en-los-que-don-damian.html" title="17 – Los tres meses en los que Don Damián fue inmortal y las increíbles aventuras que vivió en aquellos días – Capítulo III" /><author><name>Héctor</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15709189751237067225</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel="http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail" width="30" height="32" src="http://2.bp.blogspot.com/_GGDBGay21XQ/SnxnZPTrPEI/AAAAAAAAAAM/0p4M_8OIHYE/S220/fotoperfil.jpg" /></author><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://uncuentoalasemana.blogspot.com/2009/10/17-los-tres-meses-en-los-que-don-damian.html</feedburner:origLink></entry></feed>

