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	<title>Verba volant</title>
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	<description>El blog de Raúl Urbina</description>
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	<title>Verba volant</title>
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		<title>echas la vista atrás &#8211; blogólogo interior #25</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 17:51:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Abismo]]></category>
		<category><![CDATA[Contrastes]]></category>
		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido]]></category>
		<category><![CDATA[Blogólogo interior]]></category>
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					<description><![CDATA[echas la vista atrás y ya ves contemplas décadas magnitudes considerables que a buen seguro habrán acogido millones de sensaciones recuerdos y te preguntas ahora si la vida puede ser algo más algo más que un pasatiempo en el que no hay manera que casen algunas consonantes por mucho que tengas pistas en horizontal y ... <a title="echas la vista atrás &#8211; blogólogo interior #25" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2026/04/30/echas-la-vista-atras-blogologo-interior-25/" aria-label="Leer más sobre echas la vista atrás &#8211; blogólogo interior #25">Leer más</a>]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img data-recalc-dims="1" fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="600" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/1442594977_89e402fd5c_c.jpg?resize=800%2C600&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8592" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/1442594977_89e402fd5c_c.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/1442594977_89e402fd5c_c.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/1442594977_89e402fd5c_c.jpg?resize=768%2C576&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p>echas la vista atrás y ya ves contemplas décadas magnitudes considerables que a buen seguro habrán acogido millones de sensaciones recuerdos y te preguntas ahora si la vida puede ser algo más algo más que un pasatiempo en el que no hay manera que casen algunas consonantes por mucho que tengas pistas en horizontal y vertical </p>



<p>echas la vista atrás y eres consciente de que te resulta difícil reconocer las voces de tu pasado litros de melancolía y kilos de realidades que se te han caído encima hebras que se deshilachan peligrosamente hasta pender de eso de un hilo hebras en llamas que sujetan un puente que se caerá como en esas películas y sabes que tras el último hilo y el fuego solo quedan hectáreas de abismo </p>



<p>echas la vista atrás y compruebas que te engañaron con la teoría y los ejemplos que eran toreos de salón compruebas que la práctica es irresoluble laberinto con minotauros a montones y poquísimas ariadnas poquísimas porque no las hay o porque no las sabes ver echas la vista atrás y eres consciente de que el eterno retorno es vivir una y otra vez pero nada más y sí nada menos</p>



<p>echas la vista atrás y compruebas todo lo que te ha faltado por bailar en un cuerpo que quiere bailar y no puede en un cuerpo que quiera bailar y no sabe que quiere bailar y se quedó reducido a una estatua de sal echas la vista atrás y eres muy consciente de que eres un desobediente muy disciplinado o un obediente que se escapa por los quicios del cristal pero en todo caso te has quedado petrificado como ese convidado al lado del donjuán un fantoche invisible un espía con los ojos cerrados de par en par</p>



<p>eres consciente de que esas cosas importantes tienen una fecha de consumo preferente y tú las dejas en la nevera hasta que se te hace demasiado tarde eres consciente de que que sueñas y no te duermes de que tienes una brújula que está para lo que necesitas pero no la aprovechas porque nunca pides nunca dices nunca sugieres directamente sino que esperas a que la vida y los astros y todo lo demás se alineen y eres consciente del miedo que te produce vivir en un mundo con demasiada claridad precisamente por eso las sombras son más pronunciadas</p>



<p>eres consciente de que entre la cordura y el delirio hay medio milímetro de que naciste en un equilibrio entre silencios y vértigos y no sabías lo que eran porque ignorabas que el abismo está a la vuelta de todas las esquinas</p>



<p>eres consciente de que ves muy clara toda la oscuridad eres consciente de que todo el mundo todo el mundo te incomprende porque tú no te sabes explicar y de que la vida podría ser extraordinaria pero tú te caíste del columpio desde lo más alto</p>



<p>eres consciente de que te han pedido que hagas una tarea y no te ves capaz ya ves solo analizar para dejar de odiarte y buscar alguna cosa positiva que tengas y eres consciente de que por más que lo pienses no encuentras ninguna</p>



<p>Esta es la entrada número 25 de mis  <a href="http://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/tag/blogologo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Blogólogos interiores</em></a>. La imagen es de <a href="https://flic.kr/p/3ctFec" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Andy Price </a>.<br /><br /></p>
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		<title>Subirse por las paredes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2026 17:49:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Abismo]]></category>
		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
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					<description><![CDATA[En muchas ocasiones, este que escribe se sube por las paredes. Quizás porque el mundo se te quede muy estrecho, quizás (lo más probable) porque le pongas más límites de los que tiene, sientes que el desplazamiento horizontal se te queda corto. Y te ahogas. Y te estresas. Y te enfadas con todo y con ... <a title="Subirse por las paredes" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2026/04/02/subirse-por-las-paredes/" aria-label="Leer más sobre Subirse por las paredes">Leer más</a>]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="663" height="500" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/fred-astaire-royal-wedding-1951.jpg.webp?resize=663%2C500&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8587" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/fred-astaire-royal-wedding-1951.jpg.webp?w=663&amp;ssl=1 663w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2026/04/fred-astaire-royal-wedding-1951.jpg.webp?resize=300%2C226&amp;ssl=1 300w" sizes="(max-width: 663px) 100vw, 663px" /></figure>



<p>En muchas ocasiones, este que escribe se sube por las paredes. Quizás porque el mundo se te quede muy estrecho, quizás (lo más probable) porque le pongas más límites de los que tiene, sientes que el desplazamiento horizontal se te queda corto. Y te ahogas. Y te estresas. Y te enfadas con todo y con todos. Y, sobre todo, contigo mismo.</p>



<p>Entonces, cuando te subes por las paredes, buscas una salida que rompa esos límites y te libere. Lo que pasa es que una cosa es lo que se pide por internet y otra lo que te llega. Y luego llega el momento y descubres que no es posible subirse por las paredes. Que, a lo sumo, das un paso o dos… y te caes, o te tropiezas, o te lías.</p>



<p>Y entonces descubres que te subes por las paredes porque odias los límites de ti mismo y, a la vez, descubres que esos límites no se los salta nadie. Y ya no sé si estoy loco por intentarlo. Igual sí. Desafiar al mundo, a la ley de la gravedad y a los límites inexorables tiene eso y mucho más.<br /><br />Lo que pasa es que luego descubres que es posible.<br /></p>



<p>Se lo has visto hacer a Fred Astaire en <em>Bodas reales</em> (1951). Astaire no solo es capaz de subirse y bailar por las paredes, sino que lo hace con un estilo y una elegancia que parten de un truco. Y no vale. Eso no es subirse por las paredes, sino hacer creer a los demás que eres capaz de subirte de manera sutil, ingrávida y perfecta.</p>



<p>Pero se lo has visto también hacer a Cosmo (Donald O’Connor) en <em>Cantando bajo la lluvia </em>(1952). Y eso te vale por todas las razones. Porque es real (el actor lo hizo muchas veces y acabó, eso sí, machacado) y porque tiene sentido. Cuando acaba la canción “Make ’Em Laugh”, Cosmo se sube tres veces por las paredes. Eso sí, en la última la pared es de <em>atrezzo</em> y se estrella, pero eso es normal y vital y comprensible.<br /><br />Y comprendes que el mundo puede tener espacios de locura controlada, aunque (eso sí) frenética. Como es obligación de todo el que va por el mundo con la máscara de payaso (hablábamos de esto <a href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/20/rie-payaso/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">aquí</a>), el cómico se golpea, se retuerce, hace muecas, piruetas y contorsiones imposibles. Las cosas pueden ir bien o mal, pero el cómico siempre esconde su frustración o la disfraza. Pero va. Y se sube por las paredes<br /><br />Siempre, todo, en favor del espectáculo. El arte nos permite subirnos por las paredes, eso es una verdad indiscutible. Eso sí, no nos engañemos: alguien nos ve y, casi con toda seguridad, se muere de risa.<br /><br />Aquí, la secuencia de la peli:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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		<title>Oro en las venas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Dec 2025 19:01:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contrastes]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido]]></category>
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					<description><![CDATA[Primera parte: pon a prueba el color de las venas ELLA. Mira mis muñecas. ¿Ves algo?ÉL. ¿Algo como qué?ELLA. Las venas. ¿Son azules o verdes?ÉL. Son… venas. ¿Me estás vacilando?ELLA. Pero qué tonto eres, ya sabes que no vacilo con estas cosas. Las venas, si parecen tener una tonalidad verde, dan a la piel una ... <a title="Oro en las venas" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/12/22/oro-en-las-venas/" aria-label="Leer más sobre Oro en las venas">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><a href="https://flic.kr/p/2kyewsr" target="_blank" rel=" noreferrer noopener"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="799" height="588" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/12/50904237917_63d3383aa0_c.jpg?resize=799%2C588&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8563" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/12/50904237917_63d3383aa0_c.jpg?w=799&amp;ssl=1 799w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/12/50904237917_63d3383aa0_c.jpg?resize=300%2C221&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/12/50904237917_63d3383aa0_c.jpg?resize=768%2C565&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 799px) 100vw, 799px" /></a></figure>
</div>


<h3 class="wp-block-heading">Primera parte: pon a prueba el color de las venas</h3>



<p>ELLA. Mira mis muñecas. ¿Ves algo?<br />ÉL. ¿Algo como qué?<br />ELLA. Las venas. ¿Son azules o verdes?<br />ÉL. Son… venas. ¿Me estás vacilando?<br />ELLA. Pero qué tonto eres, ya sabes que no vacilo con estas cosas. Las venas, si parecen tener una tonalidad verde, dan a la piel una apariencia cálida. Y, si son azules, una apariencia cálida una apariencia fría. A ver las tuyas…?<br />ÉL. ¿Y?<br />ELLA. Si es que parece que no se te ve ningún color. Igual es que no tienes sangre en las venas, ya decía yo.<br />ÉL. Sí, claro, si es que soy una mezcla de vampiro hibridado con un reptil. No esperaba otra cosa. Y no me digas más, a ver si ahora la joyería y la flebotomía son temas hermanados.<br />ELLA. Pues no quepa la menor duda. Y mira, las mías son verdes. Por eso me sienta mejor el oro que la plata.<br />ÉL. No te equivoques: te sienta mejor el oro porque es más caro, punto pelota. Y a mí no me sienta bien ni el oro ni la plata porque no tengo sangre en las venas. O, mejor, porque no tengo dinero.<br />ELLA. Hijo, qué borde. Con lo bonito que resulta que la temperatura de la piel y la temperatura del metal estén en armonía.<br />ÉL. Uf, entre la colorimetría y las microtonalidades, no voy a pegar ojo esta noche.<br /></p>



<h3 class="wp-block-heading">Segunda parte: ya decía yo que los metales eran metáforas.</h3>



<p>ELLA. ¿Y si lo frío no es ausencia de calidez, sino una forma de contención? Tú siempre tienes las manos heladas. <br />ÉL. Claro, calidad desbordante para uno, con oro a raudales, frío, contención y análisis para mí. Y, si quiero calor, manos al radiador.<br />ELLA. Es que la plata no es fría porque no tenga calor, sino porque mantiene el color bajo control.<br />ÉL. Me he perdido y no me encuentro. Me siento como una máquina que recibe emociones pero las procesa antes de devolverlas. Puede no ser control, sino señal de supervivencia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Tercera parte: no hay piel sin tono, ni tono sin carácter</h3>



<p>ÉL. Ya empiezo a entender esa teoría. Por eso el tono de la piel, que explica que hay gente, como tú, que tiene moreno de rica y gente (como yo) que tiene moreno de pobre.<br />ELLA. No es cosa de pobres o ricos, pero sí de pieles.<br />ÉL. Sí, es cosa de pieles de los ricos y pieles de los pobres. Unos con el brillo dorado de lo natural, otros con el oscuro eclipsado de las sombras.<br />ELLA. Pero qué cabezota, es como la ropa, cuando alguien se pone una ropa que encaja perfectamente con su cuerpo y con su piel.<br />ÉL. Ahora sí que la hemos liado con la ropa. Hay colores que parecen que están pintados para ti según tu color de pelo, tu color de piel.<br />?ÉL. A mí no me mires la piel. Azul en todos sus tonos y punto. La piel ya se puede ir al fresco. No es bonito vacilar con toda esta conversación, que ya se está alargando demasiado, también te lo digo, a un acromatópsico<strong>.</strong><br />ELLA. Allá tú. Cuando todo está en armonía, todo cambia.<br />ÉL. O no cambia y me crees diferente. Puede ser, ¿no?<br /></p>



<h3 class="wp-block-heading">Cuarta parte: la frialdad tiene su lógica</h3>



<p>ELLA. Ese afán tuyo por el análisis no es más que un mecanismo de control. Qué manía con controlar, medir, calcular.<br />ÉL. Bueno, yo lo llamaría profundidad de campo o, lo que es lo mismo, mirar hacia el horizonte esperando ver algo que tenga sentido.<br />ELLA. Yo no creo que ese subtono neutro que paseas por la piel y por la vida sea más que una fachada, una cara de póquer.<br />ÉL. Una pose.<br />ELLA. Una pose impostada, claro que sí. Es mejor saber tus colores, acostarte con tus pendientes favoritos que exhibir tu vacío infinito.<br />ÉL. Luego está El Cigala, con el peso de su existencia.<br />ELLA. No te equivoques: a veces, los destellos de calidez son un aviso de que estás vivo.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Quita parte: el uniforme emocional</h3>



<p>ELLA. ¿No te das cuenta de que tu introversión, tu revolverte en ti mismo, tu color de ropa, tus azules infinitos no son más que un uniforme.<br />ÉL. El uniforme de las emociones. Todo una sinfonía al aburrimiento.<br />ELLA. O preferir la seguridad antes que el riesgo, antes que la belleza.<br />ÉL. Cuando salto desde algún sitio, necesito saber que hay agua debajo.<br />ELLA. No todo es contención. Es bonito, de vez en cuando, romper con esa armadura. A veces no hay agua, pero sí una cama elástica que te devuelve el placer y la vida.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Sexta parte: para no concluir</h3>



<p>ÉL. Entonces, ¿mides todo antes de vestirte, las pulseras, los pendientes, los colores, las formas?<br />ELLA. Lo controlo de forma espontánea. Me visto como me parece y, luego, sí, elijo unas pulseras, un anillo.<br />ÉL. Y con un sistema funcionando detrás.<br />ELLA. Con un sistema funcionando por delante y por detrás, el de disfrutar con la ropa, con los matices, con la vida.<br />ÉL. Mira mis venas. Yo creo que ahora son más azules.<br />ELLA. Yo sigo sin ver ningún color&#8230;<br />ÉL. Gracias.<br />ELLA. De nada.<br /><br />Entrada perteneciente a la serie <a href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/tag/dialogo/">Diálogos</a>.</p>



<p>Imagen: <a href="https://flic.kr/p/2kyewsr" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«Au Revoir»</a> (1920) fashion illustration by George Barbier. Original from The Beinecke Rare Book &amp; Manuscript Library.</p>
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		<title>En la zona púrpura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Nov 2025 18:56:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comparaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido]]></category>
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					<description><![CDATA[Vuelvo a la música, vuelvo a Pet Shop Boys, esta vez colaborando en una canción de Soft Cell: «Purple zone». Me fascina la música electrónica que acelera el corazón con un ritmo marcado y me apasionan esas letras que, al mismo tiempo, invitan a bailar y a pensar. Como soy daltónico (o, mejor dicho, acromatópsico), ... <a title="En la zona púrpura" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/11/17/en-la-zona-purpura/" aria-label="Leer más sobre En la zona púrpura">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/6466767.png?resize=800%2C450&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8548" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/6466767.png?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/6466767.png?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/6466767.png?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>
</div>


<p></p>



<p>Vuelvo a la música, vuelvo a Pet Shop Boys, esta vez colaborando en una canción de Soft Cell: <a href="https://youtu.be/cv4QNTg1Mps?si=WDKbjFCf_jdgiL-0" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«Purple zone»</a>. Me fascina la música electrónica que acelera el corazón con un ritmo marcado y me apasionan esas letras que, al mismo tiempo, invitan a bailar y a pensar.</p>



<p>Como soy daltónico (o, mejor dicho, acromatópsico), los colores poseen para mí un sentido ambiguo y relativo. Pero, en este caso, el púrpura no tiene la pasión del rojo ni la calma del azul. Permanecer en esa zona púrpura es quedarse en medio, lo que equivale a no estar en ningún lado: el paradigma de quien se siente perdido. La incertidumbre vital es el espacio que habitamos muchos. Varados entre la nostalgia y la ilusión, entre la rutina y el deseo extático, con la única certeza de la incertidumbre del futuro.</p>



<p>Y, así, la vida se nos muestra como una repetición mecánica que provoca desconexión, un medio que nos empuja a buscar un refugio de supervivencia: el ser no-siendo. Y, cuando nos movemos, no sabemos a dónde nos lleva el camino; intuimos, más bien, que el paseo se convertirá en laberinto.</p>



<p>Permanecemos en ese deseo hedonista frustrado, en esa existencia llena de vacío, en el crepúsculo de los ídolos y de las ilusiones, que son etapas y vidas. Y el placer se vuelve introspección.</p>



<p>Pero tengamos una cosa clara: fingir, lo que es fingir, siempre: debemos parecer alegres en ese baile perpetuo, retorno eterno y líquido que es la vida. Con todos los focos llenos de luz que, paradójicamente, incrementan nuestras sombras.</p>



<p>(La imagen pertenece a unas imágenes promocionales de la canción).</p>
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		<title>Manos frías, corazón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Nov 2025 18:54:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comparaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[Manos frías, corazón caliente, dicen. ¿Pero qué ocurre cuando tienes una mano fría y otra caliente? ¿El corazón se divide en dos ventrículos temperamentales? «No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha», (Mateo 6: 3-4) o algo así, valga la cita, aunque trate de limosnas, de secretos y de recompensas. Mateo, desde luego, nos ... <a title="Manos frías, corazón" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/11/03/manos-frias-corazon/" aria-label="Leer más sobre Manos frías, corazón">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><a href="https://flic.kr/p/5FrJb6" target="_blank" rel=" noreferrer noopener"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="800" height="532" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/3071790089_96d57e5d78_c.jpg?resize=800%2C532&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8545" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/3071790089_96d57e5d78_c.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/3071790089_96d57e5d78_c.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/11/3071790089_96d57e5d78_c.jpg?resize=768%2C511&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></figure>
</div>


<p>Manos frías, corazón caliente, dicen. ¿Pero qué ocurre cuando tienes una mano fría y otra caliente? ¿El corazón se divide en dos ventrículos temperamentales? «No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha», (Mateo 6: 3-4) o algo así, valga la cita, aunque trate de limosnas, de secretos y de recompensas. Mateo, desde luego, nos da una lección del secreto de la temperatura que llegan a alcanzar nuestras manos.</p>



<p>La temperatura de la mano no solamente depende de ti, también depende del ambiente. Si posas tu mano en una mesa fría y otra la acercas al corazón, notarás la diferencia de temperatura y notarás cierta disonancia, que puede que sea cognitiva, puede que sea emotiva, entre la calma, el fuego y la alerta. Leí en alguna parte que «Una mano lava la otra y las dos lavan la cara» y es una verdad como un grifo y un poco de jabón.</p>



<p>Quizás la temperatura se contagie en las manos. Puede que también en el corazón.</p>



<p>Con imagen de <a href="https://flic.kr/p/5FrJb6" target="_blank" rel="noreferrer noopener">John</a>.</p>
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		<title>Raquel en el tobogán negro &#8211; Fragmentos #47</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Oct 2025 19:58:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Fragmentos para una teoría del caos]]></category>
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					<description><![CDATA[Raquel cierra los ojos y entra en un tobogán negro. La oscuridad no procede ni de la noche ni del hecho evidente de tener los párpados como barrera de la vigilia. Es una oscuridad ondulante, profunda y que se desplaza. Raquel se pone boca arriba en la cama y tuerce una pierna, en un gesto ... <a title="Raquel en el tobogán negro &#8211; Fragmentos #47" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/26/raquel-en-el-tobogan-negro-fragmentos-47/" aria-label="Leer más sobre Raquel en el tobogán negro &#8211; Fragmentos #47">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="800" height="552" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/39577907611_61bf2470ba_c.jpg?resize=800%2C552&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8541" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/39577907611_61bf2470ba_c.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/39577907611_61bf2470ba_c.jpg?resize=300%2C207&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/39577907611_61bf2470ba_c.jpg?resize=768%2C530&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>
</div>


<p>Raquel cierra los ojos y entra en un tobogán negro. La oscuridad no procede ni de la noche ni del hecho evidente de tener los párpados como barrera de la vigilia. Es una oscuridad ondulante, profunda y que se desplaza. Raquel se pone boca arriba en la cama y tuerce una pierna, en un gesto ingenuo con el que piensa que puede cambiar esa caída por el laberinto. Afortunadamente, hay un momento en el que la consciencia le concede una tregua y Raquel, por fin, duerme.</p>



<p>Raquel lleva unos años luchando contra sí misma: esas respiraciones frecuentes que se van convirtiendo en agobios, esa congoja en el pecho que revienta por salir, esa cabeza que parece explotar en mil pedazos de melancolía. Raquel, en muchas ocasiones, se siente en un mundo que no es el de nadie, ni siquiera el suyo: un mundo desafortunado, sin principios claros y con fines difusos. Sabe Raquel que es un mundo difícil de comunicar y todavía más difícil de comprender. Por muchas veces que lo haya intentado expresar con palabras, está segura de que no es capaz de transmitir todo ese pozo sin brocal.</p>



<p>Raquel lleva unas semanas en las que la tarde se va comiendo sus pensamientos, y tiene que escuchar música a todo volumen, leer algo con lo que identificarse o ver una película que la congracie con ese orden universal que, en algún punto recóndito del pasado, desapareció. Por más que siente y comunica que ese momento llega, y que necesita un espacio y tiempo fuera de los espacios y los tiempos, no hay manera humana (sobrehumana no sabe todavía) de que el aviso llegue a buen puerto.</p>



<p>Raquel necesita que la cabeza no se llene de gominolas negras, precisa de momentos que sean remansos, intenta esquivar cualquier sobresalto. Pero todo está por encima de Raquel, que sabe que nadie le dicta órdenes a la maraña.</p>



<p>Cuando, por enésima vez, Raquel ve ese muro, se siente pequeña, vulnerable, permeable por todos sus poros. Y solo tiene una certeza: que, una noche más, su película será un fundido en negro en ese parque de atracciones de otoño. Y seguirá resbalando en cuerpo y mente por ese tobogán, negro como la muerte.</p>



<p>Entrada número 47 de la serie  <a href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/category/fragmentos-para-una-teoria-del-caos/">Fragmentos para una teoría del caos</a>. Con imagen de <a href="https://flic.kr/p/23in84r" data-type="link" data-id="https://flic.kr/p/23in84r" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Nikos Mouras</a>.</p>
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		<title>Ríe, payaso</title>
		<link>https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/20/rie-payaso/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Oct 2025 11:30:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Comparaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Contrastes]]></category>
		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
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					<description><![CDATA[El título de esta entrada puede leerse, a primera vista, como un insulto, pero no es esa su intención. Su propósito es otro, más hondo, más existencial, más trágico. El verso «Ríe, payaso» («Ridi, Pagliaccio») pertenece al aria «Vesti la giubba», de la ópera Pagliacci, compuesta por Leoncavallo y estrenada en 1892. «Ríe, payaso» es ... <a title="Ríe, payaso" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/20/rie-payaso/" aria-label="Leer más sobre Ríe, payaso">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="314" height="512" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Juan_Gris_-_Pierrot_1921-1.jpg?resize=314%2C512&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8537" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Juan_Gris_-_Pierrot_1921-1.jpg?w=314&amp;ssl=1 314w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Juan_Gris_-_Pierrot_1921-1.jpg?resize=184%2C300&amp;ssl=1 184w" sizes="auto, (max-width: 314px) 100vw, 314px" /><figcaption class="wp-element-caption">Juan Gris, <em>Pierrot</em> (1921). National Gallery of Ireland</figcaption></figure>
</div>


<p>El título de esta entrada puede leerse, a primera vista, como un insulto, pero no es esa su intención. Su propósito es otro, más hondo, más existencial, más trágico.</p>



<p>El verso «Ríe, payaso» («Ridi, Pagliaccio») pertenece al aria <a href="https://youtu.be/9iKp6wH5-ro?si=Be2FMN6EAy9uN-Mu" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«Vesti la giubba»</a>, de la ópera Pagliacci, compuesta por Leoncavallo y estrenada en 1892.</p>



<p><br />«Ríe, payaso» es quizá una de las expresiones más tristes y, al mismo tiempo, más verdaderas del alma humana. Canio, el protagonista, acaba de recibir una noticia terrible y, poco después, debe salir a escena y cumplir su papel: el de payaso. No es, por tanto, un insulto dirigido a otro, sino una invocación dirigida a sí mismo, una orden desesperada para representar el papel que le ha tocado representar en el mundo. En este inmenso teatro que la literatura y el arte han descrito hasta la saciedad, Canio debe enmascarar su dolor y disponerse a hacer reír al público.</p>



<p>Aunque la ópera no lo diga explícitamente, Canio encarna la figura de Pierrot, el payaso melancólico nacido de la <em>commedia dell’arte</em> italiana. Debería ser un payaso risueño y burlón, pero es, en realidad, un ser triste y vulnerable, condenado al desencuentro. Curiosamente, la empatía que despierta su figura teatral no siempre se extiende al hombre real que la sostiene.<br /></p>



<p>El universo de los payasos ha estado siempre cargado de simbolismo. En las viejas comedias, antes del circo moderno, existía el payaso astuto (Arlequín), ingenioso y hábil, que servía de contrapunto al payaso torpe y espontáneo (Zanni). Y junto a ellos, el payaso triste (Pierrot), símbolo de la soledad y el desengaño. En el circo contemporáneo, estos arquetipos resurgen transformados en el payaso blanco, el Augusto y el vagabundo, herederos, en el fondo, de aquellas máscaras ancestrales.<br /></p>



<p>Vivimos en un mundo donde rara vez se nos permite vivir de manera directa. Debemos actuar conforme al papel que nos ha sido asignado. Así le ocurre a Canio, preso de su delirio: debe esforzarse, vestirse, maquillarse y fingir alegría. Convertir la congoja en broma, el llanto en chanza, el dolor en una mueca convincente, la herida en espectáculo. En esencia, se trata de reírse del propio sufrimiento, de transformar el veneno del alma en gesto teatral.</p>



<p><br />Simular la felicidad bajo la sombra del dolor se convierte, de esta manera, en una forma de supervivencia. La función debe continuar, aunque por dentro hierva la humillación, la rabia o el desaliento. La sociedad nos obliga a salir a escena, aunque sea con las heridas aún abiertas, a cumplir con una sonrisa el mandato de los demás. Porque no vivimos para dentro, sino hacia un exterior que nos hace ser nosotros, siendo ajenos a nosotros mismos.</p>



<p><br />Esa escena invisible —el instante en que el dolor se maquilla de risa— revela con crudeza la más pura humanidad: la conciencia de los límites entre el ser de carne y hueso y el personaje que finge vivir. En definitiva, es un grito silencioso, un acto de dolor disfrazado de aplauso.</p>



<p>Así que, cuando te contemples por primera vez en el espejo de la mañana, mira tu cara y di, para ti mismo: «Ríe, payaso». Como hago yo todos los días.</p>



<p>La letra del aria es esta:</p>



<pre class="wp-block-verse">Recitar! Mentre preso dal delirio,<br />non so più quel che dico,<br />e quel che faccio!<br />Eppur è d'uopo, sforzati!<br />Bah! sei tu forse un uom?<br />Tu se' Pagliaccio!<br /><br />Vesti la giubba,<br />e la faccia infarina.<br />La gente paga, e rider vuole qua.<br />E se Arlecchin t'invola Colombina,<br />ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!<br />Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto<br />in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor, Ah!<br /><br />Ridi, Pagliaccio,<br />sul tuo amore infranto!<br />Ridi del duol, che t'avvelena il cor!</pre>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Invento de Petrarca, constructo cultural. Así (no obstante) es el amor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Oct 2025 16:56:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Comparaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Contrastes]]></category>
		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido]]></category>
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					<description><![CDATA[Las entradas tienen un origen y, en este caso, es la casualidad y el algoritmo. Este lunes, el algoritmo musical me aconsejó «Love is a Bourgeois Construct», de Pet Shop Boys. Como este dúo de música electrónica ha acompañado mi vida (desde que descubrí en uno de sus programas musicales en la tele esa mezcla ... <a title="Invento de Petrarca, constructo cultural. Así (no obstante) es el amor" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/15/invento-de-petrarca-constructo-cultural-asi-no-obstante-es-el-amor/" aria-label="Leer más sobre Invento de Petrarca, constructo cultural. Así (no obstante) es el amor">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="599" height="596" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/R-4845014-1530353047-4232.jpg?resize=599%2C596&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8533" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/R-4845014-1530353047-4232.jpg?w=599&amp;ssl=1 599w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/R-4845014-1530353047-4232.jpg?resize=300%2C298&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/R-4845014-1530353047-4232.jpg?resize=290%2C290&amp;ssl=1 290w" sizes="auto, (max-width: 599px) 100vw, 599px" /></figure>
</div>


<p>Las entradas tienen un origen y, en este caso, es la casualidad y el algoritmo. Este lunes, el algoritmo musical me aconsejó <a href="https://youtu.be/s7w0eqUBp3c?si=K1DuP7h_we0Lm_o5" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«Love is a Bourgeois Construct»</a>, de <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Pet_Shop_Boys" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Pet Shop Boys</a>. Como este dúo de música electrónica ha acompañado mi vida (desde que descubrí en uno de sus programas musicales en la tele esa mezcla memorable de voz angélica y ritmo frenético, desde que la acaricié en mi juventud en la plaza de las Bernardas) y es uno de mis favoritos, desconfío de una canción que me aconsejan y no conozco. En este caso, claramente, me equivoqué. La canción no es para impacientes porque tarda en empezar y lo hace con la reminiscencia magistral <a href="https://youtu.be/xn1_vUe_Vws?si=9oihy6owCJRfPBer" data-type="link" data-id="https://youtu.be/xn1_vUe_Vws?si=9oihy6owCJRfPBer" target="_blank" rel="noreferrer noopener">a la pieza de Michael Nyman</a>.</p>



<p>Pero volvamos al asunto. Como siempre que llego a este tipo de descubrimentos, he estado escuchándola en bucle y reflexionando sobre la letra (PSB demuestran, siempre, que la música electrónica puede tener versos magistrales). Y, para hacer una excepción en mis hábitos, he pensado, aunque sea un poco. Así que esta entrada es, de alguna manera, un breve paseo por el amor.</p>



<p>Sabemos que el amor, tal y como lo concebimos en nuestra cultura, es un invento de Petrarca. O, mejor, un invento que se origina con los trovadores occitanos, que crean un código cultural y literario que deriva en el amor cortés. Un ámbito en el que el amor, concebido de una manera muy precisa, pasa a primer plano de las palabras, de la creación literaria y, por lo tanto, de nuestras vidas y la manera en las que las concebimos.</p>



<p>Dando saltos gigantescos, llegamos al tema de la canción de Pet Shop Boys, la del amor como constructo cultural de corte materialista. El amor lo es si es burgués y esa asociación a alianzas, matrimonios y pasiones indomables transformadas en estabilidad y seguridad. Y esta realidad de las relaciones familiares es analizada, incluso, al <em>Manifiesto comunista</em> de Marx y Engels, donde el amor no deja de ser un instrumento de poder y producción.</p>



<p>La ciencia, como siempre, acaba mandando y, aunque Sabina se enfadase mucho porque algunos definiesen al amor como física y química, todo lo que experimentamos no deja de ser una interpretación cerebral ante determinados estímulos en el que hay testosterona y estrógenos, pero también dopamina y noradrenalina, pero también oxitocina y vasopresina. Y ahí tenemos deseos, atracciones, apegos que se explican a la perfección. Y podemos explicar lo que se traduce en hábito placentero, pero también en adicción.</p>



<p>Y volvemos a los Pet Shop Boys, al amor y al constructo cultural de la burguesía. Os recomiendo prestar mucha atención a la letra, porque está, como el amor, llena de contradicciones. El «emisor» de la canción reniega del amor y lo relega a sus lecturas universitarias materialistas de universidad porque es abandonado. Ante el fracaso, se reniega de la teoría para desmentir el acto («Love is a bourgeois construct  / So I&#8217;ve given up on the bourgeoisie»). Entonces, llegan las consecuencias: desatender las labores cotidianas y pensar que las ilusiones eran fantasías, que las palabras eran falacias, concluir el final es el sufrimiento y la soledad.</p>



<p>Y eso solamente lo puede cantar un alma enamorada. Aunque, a veces, tengamos que elegir entre lo que queremos y lo que necesitamos. Mientras tanto, vuelvo a escuchar la canción.</p>



<p><br /></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Aquí hay leones y, un poco más allá, dragones</title>
		<link>https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/10/aqui-hay-leones-y-un-poco-mas-alla-dragones/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Oct 2025 17:37:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comparaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras]]></category>
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					<description><![CDATA[Comienzo por una confesión: hasta hace poco más de una semana, no había visto entera la película Memorias de África (Out of Africa, Sydney Pollack, 1985). Además, no he leído la novela de Isak Dinesen en la que se inspira la película. Había hecho algún intento poco convencido y siempre me había preguntado hacia dónde ... <a title="Aquí hay leones y, un poco más allá, dragones" class="read-more" href="https://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2025/10/10/aqui-hay-leones-y-un-poco-mas-alla-dragones/" aria-label="Leer más sobre Aquí hay leones y, un poco más allá, dragones">Leer más</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="785" height="300" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Out-of-Africa-3-web.jpg?resize=785%2C300&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8514" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Out-of-Africa-3-web.jpg?w=785&amp;ssl=1 785w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Out-of-Africa-3-web.jpg?resize=300%2C115&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/Out-of-Africa-3-web.jpg?resize=768%2C294&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 785px) 100vw, 785px" /></figure>
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<p>Comienzo por una confesión: hasta hace poco más de una semana, no había visto entera la película <em>Memorias de África</em> (<em>Out of Africa</em>, Sydney Pollack, 1985). Además, no he leído la novela de Isak Dinesen en la que se inspira la película. Había hecho algún intento poco convencido y siempre me había preguntado hacia dónde llevaría la frase inicial del libro y su sentido: «Yo tenía una granja en África&#8230;».</p>



<p>Y ahí estaba Karen Blixen/Meryl Streep y Denys Finch-Hatton/Robert Redford, esperándome en un canal de cine durante un desvelo nocturno. </p>



<p>Pero de lo que quiero hablar hoy no es de la película en sí, sino de algo que se dice durante un diálogo y cuyo origen desconocía. Se trata de la expresión legendaria «Aquí hay dragones» (<em>Hic sunt dracones</em>). Es una expresión que aparece en un documento cartográfico de principios del siglo XVI. Al parecer, los cartógrafos la usaban para marcar regiones que no habían sido exploradas o eran consideradas lugares llenos de misterios y peligros. Y los mapas se ilustraban con criaturas fantásticas para advertir de esos peligros.</p>



<p>Buceando un poco más, me he enterado de que, antes de los dragones, en la época romana y medieval se empleaba la expresión «Aquí hay leones» (<em>Hic sunt leones</em>). El sentido es el mismo, pero el avance me parece importante.</p>



<p>En el mundo en el que los leones no están presentes en nuestras vidas, estos pueden simbolizar la tierra de los peligros. Cuando los leones se han hecho más conocidos, hay que acudir a otros seres, ya mucho más extraños (pienso en el dragón de Komodo, que pudo dar origen a que Hunt-Lenox pusiese la frase ubicada en el sudeste asiático) o, simplemente, fruto de nuestra imaginación y, por lo tanto, infinitamente más peligrosos.</p>



<p>En la película, los leones son un peligro real. Y, por más que Denys sea un cazador experto y quiera aleccionar a Karen, ella se encarga perfectamente de salir por sí misma del peligro.</p>



<p>Desde luego, lo que más atrae del «Aquí hay dragones» (o «leones», tanto da) es su sentido metafórico, ese encontrarse en los márgenes de lo conocido. Porque lo ignoto e inexplorado, ya se sabe, es siempre concebido, con toda la razón, como peligroso. La expresión no es una constatación, sino también una advertencia para saber que nuestro devenir en el mundo no es que sea imposible de explorar, sino peligroso si uno quiere conocer y disfrutar de todos sus límites y sobrepasarlos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="825" height="144" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?resize=825%2C144&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8513" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?resize=1024%2C179&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?resize=300%2C52&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?resize=768%2C134&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?resize=1536%2C268&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?w=1920&amp;ssl=1 1920w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/10/1920px-Psalter_World_Map_c.1265_dragons.jpg?w=1650&amp;ssl=1 1650w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /></figure>



<p>Y todo esto acabaría aquí y ya quedaría ilustrativo, anecdótico y bonito, pero he querido avanzar algo más allá.</p>



<p>En otro momento de desvelo, he escuchado <a href="https://youtu.be/lXgkuM2NhYI?si=p1lJKQYwEMLl2v96" data-type="link" data-id="https://youtu.be/lXgkuM2NhYI?si=p1lJKQYwEMLl2v96">«Heroes»</a>, de David Bowie. Y, como suele ocurrir, hay muchas canciones icónicas y emblemáticas de las que uno desconoce el significado. Y resulta que la canción narra el amor en tiempos de adversidad, la esperanza en medio de las situaciones más difíciles. Mientras unos caminan por el filo de la navaja, otros —amantes— están separados por un muro: el de Berlín. Sueñan con ser héroes, aunque solo sea por un día, y con vivir momentos extraordinarios. </p>



<p>Y eso: que aquí hay leones y, un poco más allá, dragones. Y, un poquito más allá, en la ilusión y el anhelo, está el amor y la esperanza. Y, en cuanto te descuidas, de pronto te encuentras en una noche cualquiera y sueñas que vuelas por la sabana africana. Los muros, a veces, pueden caerse. O los derrumbas. A veces, por disparatado que parezca, uno deba decidir tener una granja en África.</p>



<p></p>
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		<title>El chico de la última fila. Entre el aula, el escenario y la vida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Raúl]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Sep 2025 18:16:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<category><![CDATA[Laberintos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido]]></category>
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<figure class="aligncenter size-full"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="555" height="573" src="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/09/Captura-de-pantalla-2025-09-27-a-las-20.14.52.png?resize=555%2C573&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-8396" srcset="https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/09/Captura-de-pantalla-2025-09-27-a-las-20.14.52.png?w=555&amp;ssl=1 555w, https://i0.wp.com/www.urbinavolant.com/verbavolant/wp-content/uploads/2025/09/Captura-de-pantalla-2025-09-27-a-las-20.14.52.png?resize=291%2C300&amp;ssl=1 291w" sizes="auto, (max-width: 555px) 100vw, 555px" /></figure>
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<p>Cuando era estudiante, me colocaba (siempre que me dejaban) en las últimas filas. Me permitía atender a muchos más estímulos, porque lo que ocurre en un aula no se circunscribe a lo que pasa por ahí delante.<br />Cuando soy espectador, me coloco (siempre que haya disponibilidad y el precio lo permita) en las primeras filas. Esto me ha dado grandes satisfacciones y una de ellas consiguió que los sueños de los dieciocho años se cumplieran. Pero esa es otra historia.<br />En definitiva, tanto en los estudios como en la vida hay que atender a las historias. En clase, me interesan todas. En los conciertos y representaciones, me interesan las que se producen en el escenario.<br />Hoy, por azares del mando a distancia, he vuelto a ver una película que me encanta: <em>Dans la maison </em>(François Ozon, 2012). De nuevo me he quedado fascinado por ese profesor de literatura y por Claude, ese joven alumno que relata, por partes, toda una historia íntima que va hacia dentro y hacia fuera. Porque la realidad y la ficción nunca son tan diferentes como nos han hecho creer, y porque la escritura, si quiere serlo de verdad, traspasa todos los límites. Nunca he tenido la ocasión de ver representada <em>El chico de la última fila de Juan Mayorga</em>, obra en la que se basa la película.<br />Dado que no todos podemos ser Sherezade (el talento narrativo es muy esclavo), resulta maravilloso ser el sultán Shahriar y cambiar una sola noche de pasión por mil y una noches de relatos.<br />Los ejes de relación entre las circunstancias narrativas (eso que Greimas llamaba “actantes”) giran, como decía el pensador lituano, en torno a la comunicación, al poder o al deseo. Pero, a veces, las fuerzas, los saberes y los valores se juntan con el deseo. Y la hemos liado parda.<br />Nos gustan las historias porque nos enfrentan a los dilemas de los personajes y sus vidas, que son también nuestras vidas. Y no siempre nos gusta la nuestra. Por eso, no hay que olvidar los buenos principios y saberse colocar en la última fila. O, como en la película, cuando los dos protagonistas —ese ars y ese ingenium horacianos (me acuerdo también de <em>Balas sobre Broadway </em>de Woody Allen)—, uno que domina los mecanismos y otro que tiene dentro todos los talentos, se sientan ante esa casa de la ficción. Para imaginar y soñar con todo el universo.</p>
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