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	<title>¡Vaya Semanita!</title>
	
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	<description>Actualidad desde Bilbao al extrarradio (resto del mundo)</description>
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		<title>Parques nacionales de California</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 16:08:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras maldesayunar en una gasolinera de Beatty,  sin bares/restaurantes abiertos a esas horas, retomamos las largas carreteras americanas con rumbo a California. La primera parada fue el valle de la muerte,  Death Valley,  en pleno desierto de Mojave.  No es que haya mucho que ver: escasa vegetación, mucha arena y dunas en algunos momentos,  las favoritas de los fotógrafos.  Calor, obviamente,  aunque apenas salimos del coche en un par de ocasiones.  </p>
<p>Nuestro destino principal del día era el Sequoia National Park, ya que Santi tenía la ilusión de abrazar árboles.  Y no cualquier árbol:  secuoyas.  Impresionantes seres vivos de más de 2.000 años, casi 100 metros de altura y 10 de diámetro ante los que uno no puede sino sentirse insignificante.   La parada en el parque fue para comer unas hamburguesas vegetales en el restaurante a la entrada del parque, llena de lugareños entrados en años y que parecía de atrezzo,  donde nos avisaron que la pŕoxima gasolinera estaba a unos tropecientos kilómetros,  y nosotros con el depósito al límite.  Así que tras comer con unas cervezas “Amnesia” y “Lobotomy” hechas en la zona (y el agua del conductor, claro) pusimos rumbo hacia allí, medio acojonados y tratando de conducir consumiendo el mínimo posible.  Menos mal que la radio nos animaba con temazos como “<a href="http://www.youtube.com/watch?v=OSAHdpA7fg0&#038;ob=av3e">she thinks my tractor y sexy</a>”&#8230;  El avisador del coche nos dijo que ya no quedaba gasolina para recorrer ni una milla, aunque supusimos que algo habría en reserva,  y por suerte al final conseguimos alcanzar nuestro objetivo y evitar quedarnos tirados a merced de los osos en medio del monte.  Lo celebramos tomando una cerveza en una cervecera local,  tras lo cual reanudamos la marcha hacia el paseo de las 30 secuoyas gigantes,  que sin duda compensó los nervios anteriores. </p>
<p><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9444570/" title="Zooomr Photo Sharing"><img src="http://static.zooomr.com/images/9444570_2a3d7cc9bb.jpg" width="282" height="500" alt="P1070595" /></a><br /><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9444570/"></a></p>
<p>Salir del parque nos llevó lo suyo,  y ya con la noche encima una carretera sin rectas y con curvas interminables acabó llevándonos de vuelta a la “civilización” en Springville,  donde encontramos un motel caro para pasar la noche,  el Stagecoach,  El único a varias millas a la redonda, así que hubo que conformarse, pagar y comprar algo de cena en otra gasolinera.  Los horarios americanos y las distancias entre gasolineras fuera de las ciudades no son el punto fuerte del país.</p>
<p>El miércoles, tras casi 4 horas de viaje, por fin llegamos hasta el parque Yosemite.  Nos amenizó el trayecto una emisora latina de radio que retransmitía el Alemania-España del mundial.  Omitimos la zona de las secuoyas (Mariposa Grove) y cogimos la ruta hacia Glacier Point,  que se supone tiene las mejores vistas sobre el valle.  Desde luego hay algunas que no tienen precio y bien merecen la pena los paseos hasta los puntos panorámicos.  Cataratas,  formaciones rocosas entre las que destaca el Gran Capitán, ríos y valles repletos de árboles..  Al bajar de Glacier Point hasta la salida del parque paramos debajo del Gran Capitán,  una roca con paredes verticales de casi 1.000 metros de altura y por lo visto principal destino del mundo para escalada vertical.  A pesar de la lluvia que caía queríamos discernir a algún escalador en plena faena, lo que logramos afinando la vista y luego con la ayuda del zoom de la cámara de fotos.  Impresionante ver a la gente subir y bajar colgados a las cuerdas, e incluso a unos acampar para dormir colgados de las mismas.  Aunque luego he leído que hay quien lo ha subido en menos de tres horas, así que igual no es para tanto&#8230;</p>
<p><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9444539/" title="Zooomr Photo Sharing"><img src="http://static.zooomr.com/images/9444539_160f761196.jpg" width="400" height="300" alt="P1150974" /></a><br /><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9444539/"></a></p>
<p>También al salir nos topamos en la carretera con un oso, después de hacer bromas que era lo único que nos faltaba para un día redondo.  Nos alertó una caravana parada delante nuestro,  a la que seguimos para formar una caravana de curiosos.  Sabiendo que nunca se debe salir del coche porque son peligrosos, no pudimos resistir la tentación de bajar para tomar alguna foto y verlo mejor, aunque por supuesto sin acercarnos a él.  Antes habíamos visto un par de ciervos, pero como que no es tan especial.</p>
<p>Salimos ya casi de noche del parque,  y fallamos al coger la salida más rápida,  así que decidimos hacer noche en Merced con tiempo para una nueva cena mexicana, esta vez de tacos pastor y aprovechando un motel baratillo. Y hasta nos tomamos luego unas cervezas en un bar con aspirante a DJ y personajes curiosos.  Estábamos ya rumo a San Francisco.</p>
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		<title>De parques nacionales hasta Arizona y Utah</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 21:46:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El día 2 tocaba abandonar las Vegas rumbo al Gran Cañón, pero esta vez olvidándonos de los vaivenes de las avionetas en favor del tradicional coche.  Paramos primero a gastar algo en un outlet a la salida de la ciudad, donde desayunamos y compramos unas cuantas zapatillas Converse tiradas de precio. En mi caso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El día 2 tocaba abandonar las Vegas rumbo al Gran Cañón, pero esta vez olvidándonos de los vaivenes de las avionetas en favor del tradicional coche.  Paramos primero a gastar algo en un outlet a la salida de la ciudad, donde desayunamos y compramos unas cuantas zapatillas Converse tiradas de precio. En mi caso unas verdes y unas amarillas para combinar entre sí,  y unas de cuero ideales para txosnas y fiestas de guardar.   Ya en carretera, aprovechamos para tomar la mítica ruta 66 cuando podíamos, escuchando country y rock en las escasas emisoras que se cogían.  Paramos un buen rato en Seligman, inicio de la ruta, para tomar una cerveza y sacar varias fotos por el pueblo, y luego continuamos hasta el pequeño pueblo de Ash Fork para hacer noche en uno de los típicos moteles de película.  Cuando llegamos el restaurante ya estaba cerrado, y el bar nos cerró mientras íbamos al restaruante, así que optamos por la única opción posible: cenar en la gasolinera mientras nos bebíamos una cerveza cubierta por papel, cual mendigos en la gran manzana.  Eso sí, nos echamos unas risas gracias al detalle, aparte de unas cuantas fotos épicas.</p>
<p>Tras pasar la noche sin asesinatos de ningún tipo a nuestro alrededor,  continuamos la ruta 66 con parada para el desayuno en Williams, otro pintoresco pueblo de Arizona estilo años 50.  Desde allí llegamos al Gran Cañón,  que recorrimos durante todo el día.  Kilómetros y kilómetros de paisajes increíbles,  aunque un poco repetitivos,  que hicimos combinando piernas y autobuses.  Me gustó más que la vista desde la avioneta, pero a día de hoy creo que la mejor forma de verlo sería desde el propio río Colorado haciendo rafting.  Seguro que es lo que más impresiona.  A medida que salíamos de lo que es el parque natural encontrábamos paisajes más espectaculares y algo diferentes a los anteriores,  pero por desgracia la luz iba desapareciendo inexorablemente y nos quedamos sin apreciar bastantes vistas que seguro que merecían la pena.  Ya de noche llegamos a Page, un pueblo turístico junto a un lago en el que fue complicado encontrar alojamiento a precio razonable, aunque al final dimos con otro de los típicos moteles americanos con piscina en el centro,  desde el que fuimos a reponer fuerzas a un mexicano.</p>
<p>El domingo 4 decidimos hacer una ida y vuelta hasta Monument Valley,  el mítico escenario de <em><a href="http://www.imdb.com/title/tt0031971/">la diligencia</a></em> y tantos otros westerns de John Ford, entre otros.  Reconozco que fui porque a Santi le apetecía verlo y que si yo hubiera organizado el viaje por mi cuenta me lo abría saltado.  Pedazo error que hubiera cometido,  porque fue un día impresionante, totalmente recomendable.  Escenarios naturales de ensueño,  un color rojizo en la tierra y las montañas que hacía pensar que en cualquier momento pasarían los carruajes perseguidos por los indios navajos, que a la postre son los dueños de estas tierras.  Probablemente lo mejor de la etapa americana del viaje.  Volvimos a hacer noche a Page, donde llegamos a ver los fuegos artificiales del 4 de Julio.  Vamos,  un minuto y por la tontería del día que eran.  Aunque no habiendo txoznas que cerrar,  no molestan.  Nos dimos un baño en la piscina del motel,  terminamos los sandwiches de la comida y fuimos a tomar una cerveza a la bolera del pueblo, que era lo más animado (y único abierto).  Santi no pudo pedir una porque no llevaba encima el carnet, pero compartimos una jarra entre los tres.  Eso sí, como no llevábamos la cámara de fotos nos abstuvimos de jugar una partida a los bolos.</p>
<p><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9428157/" title="Zooomr Photo Sharing"><img src="http://static.zooomr.com/images/9428157_9cfdab7df7.jpg" width="600" height="450" alt="P1150212" /></a><br /><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9428157/">P1150212</a> by <a href="http://www.zooomr.com/javiron/">javiron on Zooomr</a></p>
<p>Tras el reparador descanso nocturno de rigor, tocaba elegir nuevos destinos.  Descartamos, quizá erróneamente,  el Antelope Canyon por estar totalmente masificado y exigir guía (por lo visto se puede ir por tu cuenta y coger el guía privado, sin tener que hacer la excursión con grupo grande) y optamos por recorrer los alrededores de Page y la zona del Grand Staircase Escalante, con sus rocas y blancas y formaciones de unas curiosas piedras con sombreros.  Seguimos ruta por Utah hasta dar con el parque natural de Zion,  del que una vez que nos cobraron la entrada no tuvimos otra opción que disfrutar.  Fantásticos tonos rojizos,  precipicios de vértigo, túneles sin fin y en definitiva otro paisaje espectacular.  Seguimos conduciendo hasta casi las 12 de la noche, cuando por fin llegamos a Beaty, en Nevada,  para pasar la noche antes de volver a entrar en California.</p>
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		<title>Las Vegas</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 08:36:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todo el mundo tiene sus ideas preconcebidas cuando se trata de las Vegas.  Es lo que tiene tanta película yanki.  En mi caso,  era entrar atravesando el mítico cartel de bienvenida,  casarme vestido de Elvis y jugar en una mesa de poker.  Cero de tres&#8230;

Hicimos tiempo en un mega centro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todo el mundo tiene sus ideas preconcebidas cuando se trata de las Vegas.  Es lo que tiene tanta película yanki.  En mi caso,  era entrar atravesando el mítico cartel de bienvenida,  casarme vestido de Elvis y jugar en una mesa de poker.  Cero de tres&#8230;</p>
<p><a href="http://www.zooomr.com/photos/javiron/9397615/" title="Zooomr Photo Sharing"><img src="http://static.zooomr.com/images/9397615_be9bdc8f22.jpg" width="400" height="280" alt="P1140872" /></a></p>
<p>Hicimos tiempo en un mega centro comercial / outlet nada mas cruzar la frontera de Nevada, y para cuando salimos ya había anochecido, que era nuestra idea al entrar.  No es lo mismo Las Vegas de día que Las Vegas de noche.  Pero lo que no esperábamos era meternos por una carretera distinta a la principal,  que es lo que nos impidió ver el cartel de Welcome to Fabulous Vegas. Pero claro,  cuesta no coger la Frank Sinatra Drive&#8230; Así que tuvimos que  conformamos con llegar a nuestro hotel, el Excalibur, y dejar lo del cartel para otro momento. Como su nombre indica,  el Excalibur es una especie de castillo de cuento de casi 4.000 habitaciones.  Tras dejar los equipajes salimos a dar una vuelta por el Strip, la famosísima calle central a cuyos lados descansan los grandes hoteles/casinos iluminados que todos hemos visto en CSI y tantas y tantas películas.  Calle en la que te cada dos por tres te cruzas con grupos de gente que se ganan la vida entregando tarjetas de prostitutas y “agencias de sexo”.  Santi y Patri se dieron un paseo por la montaña rusa del New York, que evité rigurosamente para evitar disgustos gástricos.  Y luego nos fuimos a cenar a lo poco que quedaba abierto fuera de los típicos de comida rápida, un mexicano para variar, y tomar una cerveza.</p>
<p>Inauguramos julio con un desayuno rápido en el Krispy Kreme Doughnuts,  una cadena que no se conforma con los típicos donuts grasientos, sino que encima los fríen.  Teníamos la excursión en avioneta al Gran Cañón, previa recogida en el hotel y media hora larga de carretera hasta un aeropuerto en las afueras desde el que salían tanto las avionetas como los helicópteros.  La avioneta tenía una capacidad de unas 20 personas, había que entrar agachado y la estabilidad no era una de sus virtudes. Comenzamos sobrevolando la presa Hoover y seguimos la estela del río Colorado hasta el inicio del cañón.  A medida que entrábamos en el cañón las corrientes de aire provocadas por el mismo hacían que la avioneta sufriera esos golpes con bruscos movimientos y mini caídas, que primero me hicieron dejar de sacar fotos, luego sudar, quitarme los cascos, respirar profundamente, y ya por último vomitar.  Y luego vomitar otra vez.  A la tercera o la cuarta ya salieron de mi garganta los donuts engullidos a primera hora,  uno tras otro, sin pausa.  Que horror, que asco. Santi también andaba un poco jodido, pero sin llegar a mis extremos.  El paisaje estaba bien,  pero se ve desde muy arriba y si encima lo combinamos con mi estado, no sabría si recomendar la experiencia. Me gustó mas desde el coche.</p>
<p>A la vuelta tuve que quedarme un rato en el hotel echando un poco de siesta y tranqulizando mis tripas,  aunque luego no perdonamos algo de comida china en el New York,  a la que siguió el recorrido completo de la Strip.  Paris, Caesar, MGM, Flamingo, Luxor, Mandalay, Bellagio, Venetian&#8230;.  Me dio la impresión de que no había demasiada gente, ni por las calles ni jugando en los casinos,  probablemente por no ser fin de semana.  En uno de los casinos echamos un dólar a las tragaperras, y contra pronóstico no nos tocó un jackpot de varios millones.  Eso sí, el dólar cundió lo suficiente como para sacarnos unas cuantas fotos, que a fin de cuenta era su objetivo.  Los paseos los intercalamos con algunas paradas cerveceras, imprescindibles para soportar el calor de la ciudad.  Incluso nos vimos un concierto rodeados de mesas de blackjack y poker en un bar/casino irlandés.</p>
<p>Mi idea era sentarme luego en una mesa de poker para jugar un poco en serio,  pero nuestra ruta se extendió con la búsqueda del cartel de bienvenida a la ciudad,  que en lugar de en coche como mandan los cánones americanos nosotros alcanzamos caminando y sin estar convencidos de si íbamos bien. Como diría Salinas,  los ron sois muy de ir y volver andando a los sitios.   Ahí estábamos los tres saliendo de la ciudad a pata, con coches que iban y venían y sin saber si lograríamos ver el cartel o si estábamos simplemente haciendo millas extras a lo tonto.  Hubo suerte y cuando estábamos a punto de darnos la vuelta vimos a lo lejos una luz y un grupo grande de gente alrededor, que al final resultó ser el cartel.  Mucha gente iba allí en limusinas o autobuses, en grupos de fiesta y en muchos casos borrachos. Y nosotros en plan losers y a pata&#8230;  Total, que para cuando volvimos estábamos destrozados física y mentalmente, así que descarté lo del poker y nos fuimos directos a dormir.  </p>
<p>El día 2, pronto por la mañana, ya salimos rumbo a Arizona.   No diría que Las Vegas me defraudó, en parte porque tampoco me esperaba algo muy distinto.  Pero si vuelvo, será para casarme vestido de Elvis.</p>
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		<title>ladies and gentlemen, from Los Angeles, Califonia…</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Aug 2010 08:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y empezamos con Estados Unidos, a eso de las 7 de la mañana del mismo día 28 de junio que para mi había empezado al levantarme para ver el Argenitna-México en Nueva Zelanda bastantes horas antes. Con aterrizaje sin problemas en LAX., que esto no es un Oceanic, Salinas.  Sorprendentemente sin meticulosos controles en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y empezamos con Estados Unidos, a eso de las 7 de la mañana del mismo día 28 de junio que para mi había empezado al levantarme para ver el Argenitna-México en Nueva Zelanda bastantes horas antes. Con aterrizaje sin problemas en LAX., que esto no es un Oceanic, Salinas.  Sorprendentemente sin meticulosos controles en inmigración o en la aduana, a pesar de mis cada vez mas leboskianas pintas.  De hippy guarro, que diría Albil.  Ceeeeerrdo.  En fin, que no contaba yo con pasar tan rápido los controles, y me tocó esperar un poco a que aparecieran Santi y Patri para recogerme y empezar el tour por Elei. Tras dejar los trastos y darme una ducha en el hotel (Motel 6 cerca del aeropuerto) fuimos a desayunar (otra vez) en Manhattan Beach, en cuyo muelle se rodó <a href="http://www.imdb.com/title/tt0106856/">Un día de furia</a>,   y desde allí enfilamos Venice Beach, mierda, Morrison,  la mítica playa de los culturistas.  Y ahora también de los vendedores de hierba, que California está repleta de tiendas legales de marihuana, tema que trataré en no mucho tiempo en mi nuevo blog económico (probablemente). Calor, pero bastante nublado, mezcla de niebla y contaminación, supongo.</p>
<p>Tras reponer fuerzas y dar un paseo por la zona cogimos el coche sin un ritmo demasiado definido,  y tras pasar por Santa Monica Boulverd cual canción de Sheryl Crow y Rodeo Drive nos acercamos al Downtowon.  Acercamos, porque lo que se dice llegar, tuvimos que llegar tras una larga pateada y posterior viaje en autobus, que tuvimos que coger después de que un lugareño se riera de nosotros al preguntarle si nos faltaba mucho y si podíamos ir andando.  Que vale que en Estados Unidos para hacer trescientos metros cogen el coche, pero en este caso tenían razón.  Así que dando ejemplos a las nuevas generaciones y optando por el transporte público, aunque fuera a la fuerza, llegamos al centro, donde aprovechamos para comer en un callejón.  Particular el  tema de los autobuses, que solo usan los pobres y algunos jóvenes de escasos recursos (y malas ideas, que uno se puso a hacer un graffiti en la ventana delante nuestro).  A partir de ahí, seguir andando para recorrer la zona, totalmente dominada por los mexicanos, y admirar el impresionante edificio Bradbury (que salía en Blade Runner, entre otras),  el Walt Disney Concert Hall que es un calco de nuestro Guggenheim pero sin Puppy,  los palacios de justicia o la nueva catedral de nuestra señora de Los Angeles, diseñada por Moneo y probablemente una de las más feas del mundo,  pasear por Chinatown o el pueblo antiguo con su mercado de puestos mexicanos, donde aprovechamos para tomar unas chelas y unos nachos. Fue curioso coincidir con un par de reporteros haciendo las míticas noticias “para el Canal 4” en directo.  </p>
<p>A medida que anochecía iniciamos el camino de vuelta por calles más alejadas y que luego leímos no eran muy recomendables para turistas,  y en las que abundaban los ya de por si omnipresentes homeless y pirados varios.  Por la noche tocó visita al mítico Whiskey a GoGo, en su día de descanso semanal,  y cena en un original vagón de tren para retirarnos prontito y medio muertos tras un día intenso.  Eso si, antes de llegar al hotel y como siempre que hay que desplazarse por la ciudad,  una hora de coche.  </p>
<p>El día 29 decidimos comenzar por Hollywod Boulevard, no sin antes hacer un brunch en una cafetería perdida camino a las montañas, donde aprovechamos para ver el España-Portugal del mundial.  Recorrimos su mítico paseo de la fama, el teatro Kodak (donde se entregan los oscars), el teatro chino o el egipcio (muy étnicos ellos).  Pero bueno, el paseo básicamente se dedica a mirar los nombres de las estrellas en el suelo y los escaparates de las infinitas tiendas de recuerdos y camisetas que habitan el camino, mas alguna de ropa vintage divertida.  Curioso ver a un tipo con muletas limpiando la estrella de Ozzy Osbourne,  seguro que en su casa no limpiaba tanto.  Pero bueno, era la única que estaba limpia, junto con la de Michael Jackson, que se cumplía un año de su muerte y tenía flores y todo.  Mas interesante es la zona delante del teatro chino con firmas, huellas de manos y pies de actores y actrices de todas las épocas. Aunque no estaba Bill Murray&#8230;</p>
<p>De allí cogimos el coche hacia el observatorio Griffith,  situado en lo alto de una colina y con vistas a toda la ciudad&#8230;. si no fuera por la impresionante niebla que la cubría.  Decidimos darle una nueva oportunidad por la noche,  que fue algo mejor pero no mucho,   y nos volvimos hacia el centro buscando algunas localizaciones de <a href="http://www.imdb.com/title/tt0110912/">Pulp Fiction</a>, me temo que sin mucho éxito (no habíamos hecho el trabajo previo en condiciones y la improvisación no se dio bien). Eso si, conseguimos que nos pusieran una injusta multa de aparcamiento mientras nos tomábamos unos cafés.  What unfair, que diría Corretja&#8230; pero ha tocado pagarla a pesar de que la recurrí por email; podríamos volver para una audiencia presencial, pero como que no compensa.   </p>
<p>El miércoles nos desayunamos en uno de esas míticas cafeterías años 50,  Rocky Cola Café se llamaba,  con sus sofás de cuero rojo, mesas con mini gramolas, camareras rellenando las tazas de café con sus jarras&#8230;  Estábamos iniciando ya nuestra huida hacia Las Vegas, pero antes hicimos una última parada en Palos Verdes, al sur de Long Beach, para ver el faro y el paisaje costero en general antes de meternos unas cuantas horas de aburridas, aunque cómodas, autopistas.  </p>
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		<title>Nueva Zelanda 2: isla norte</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 23:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[día 23.  El avión desde Christchurch aterrizaba sin problemas en la ciudad más poblada de Nueva Zelanda,  en el norte de la isla norte, redundancia presente. Aproximadamente 1.400.000 habitantes de los cuatro y medio totales del país, lo que se nota en las infraestructuras, en el volumen de tráfico y en que desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>día 23.  El avión desde Christchurch aterrizaba sin problemas en la ciudad más poblada de Nueva Zelanda,  en el norte de la isla norte, redundancia presente. Aproximadamente 1.400.000 habitantes de los cuatro y medio totales del país, lo que se nota en las infraestructuras, en el volumen de tráfico y en que desde luego es una ciudad como cualquiera de las que conocemos, aunque eso sí mas relajada y con más verde.  Pero  bueno, el día 23 lo único que caté de Auckland fue el aeropuerto y las afueras hasta conseguir dar con la carretera apropiada, una vez recogido el nuevo coche de alquiler, para dirigirme hacia el este en un viaje mal planeado.  Mal planeado porque el tráfico para salir de Auckland me retrasó un ratico, y las sinuosas carreteras que pueblan las zonas costeras no son para ir a velocidades normales. Y encima traté de abarcar más de lo humanamente posible, así que tras pasar por Thames, Whatianga, Taurua, Whangamata y Waihi, acabé en Tauranga buscando infructuosamente un sitio donde dormir.  Un consejo para los que quieran viajar por Nueva Zelanda:  llegar pronto o tener reservado un sitio para dormir, porque los hostales cierran pronto.  Total, que me tocó estrenar el coche como cama,  en pleno invierno neozelandés.  Hice tiempo viendo un conciertillo en un bar irlandés, con gente subiendo a tocar y cantar con la banda, y con un inicio espectacular con Handle with Care, con un tipo haciendo de Roy Orbison, gafas incluidas.  El fresco y la preocupación de dormir en la calle no me dejaron descansar demasiado, y cada hora y media más o menos tenía que mover el coche para coger algo de calor y poder seguir durmiendo.   Una lata, en fin.</p>
<p>día 24.  Tras madrugar dentro del coche y desayunar en uno de los pocos sitios abiertos a eso de las 7.30, y conociendo ya el pueblo por lo visto nocturnamente, me dirigí hacia Mount Mounganui, un pueblo turístico al lado, en el que escalé el monte a pesar del mal tiempo y volví a desayunar (lo que tiene el ejercicio).  Desde allí sin prisa hacia Rotorua, donde el tiempo seguía sin acompañar con lluvias constantes y fríos, que no me impidieron salir a conocer el pueblo, con la consiguiente empapada de zapatos.   Es uno de los mayores puntos turísticos de la isla norte, tanto por sus actividades en torno al lago como por su estatus de ciudad balneario. </p>
<p>día 25.  Por la mañana visita de la zona turística e histórica de Rotorua, todo dentro de un parque que incluye piscinas con vapores, decoración maorí, geysers, algunso edificios, el spa&#8230;. A media mañana coche rumbo a Mount Tongarino National Park,  lo que viene a ser Mordor en el señor de los Anillos (aunque es un parque gigante, y me temo que por donde anduve yo no habitan los orcos).  Antes hubo tiempo para parar en las cataratas de Haku o en los paisajes lunares del camino, lo que viene a ser ver vapores saliendo del bosque y de las rocas por todas partes, con las formaciones que hace en el paisaje al cabo de los años.  Impresionante.  Pasé también por Taupo, junto al lago del mismo nombre.   Pero la mayor parte del tiempo fue en el parque del monte Tongarino,  con excursión por los bosques incluidos.  Dos horitas así a lo tonto antes del anochecer.  Y luego vuelta a Rotorua con pronta retirada a la cama.</p>
<p>día 26.  Madrugón para ver el partido de España, que al final fue solo la segunda parte en un hotel hacia las afueras.  Todo cerrado a primera hora, es impresionante.  Luego un poco de autocomplaciencia para catar las piscinas calientes del spa Polynesian, uno de los 10 mejores del mundo según se comenta en billares.  Rumbo hacia Hamilton después, con paradas en Matamata, la que en su día fue tierra de los Hobbits y que se espera vuelva a serlo el próximo año.  Y algo más de tiempo en Cambridge, un interesante pueblo hípico cercano a Hamilton, una de las ciudades importantes de la isla norte, y en la que visité el enorme jardín botánico y el centro de la ciudad antes de dirigirme hacia el campo de rugby para disfrutar de la experiencia de vivir un partido de los All Blacks,  la famosa selección de rugby de Nueva Zelanda,  que se medía en amistoso ante Escocia.  Una gra experiencia, aunque mi conocimiento de las reglas era un poco limitado.  Al acabar el partido, carretera hacia Auckland, donde llegué pasadas las 12, aunque con la lección aprendida y reserva de hostal para dormir.</p>
<p>El día siguiente tocaba patear Auckland, bastante más complicado que cualquier otra ciudad de Nueva Zelanda, ya que a diferencia de éstas,  Auckland es una señora ciudad en cuanto a extensión,  con diferentes áreas diferenciadas y muchas cosas por hacer.  Más estilo las ciudades australianas.  Así que me limité a recorrer la zona centro, dar paseos por las cercanías, incluyendo una visita al parque vasco (nada que ver con Euskadi, por lo poco que explicaban), ver medio concierto de blues en la House of Blues, e intentar dormir pronto para ir haciendo el sueño al cambio horario que esperaba,  aunque me temo que no lo conseguí.  Eso sí, el 28 me levanté a las 6.30 para hacer la colada y ver el México Argentina en el hostal,  lo que viene siendo muy pronto.  Después del partido terminar de preparar la maleta y rumbo al aeropuerto, desde donde salía el avión hacia Los Angeles a las 13.30.  Tras un largo vuelo con poco rato dormido, once horas después aterrizaba en California&#8230;  a las 7 de la mañana del mismo día.  Fantástico.</p>
<p>La isla norte me ha parecido menos espectacular que la sur en cuanto al &#8220;decorado&#8221;.  Más desarrollada, pero menos natural.  Auckland parece una ciudad a la que es necesario dedicar varios días, con la zona de playas, islas y museos que se quedaron pendientes,  así como actividades que se pueden hacer allí.  Y también me quedé sin llegar a Wellington, la capital del país y que según la gente también merece bastante la pena.  También me faltó la zona norte, encima de Auckland, así como la costa oeste.  Pero vamos, indepdendientemente de todo, salgo casi convencido de que la mejor es la isla sur.</p>
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		<title>Nueva Zelanda, isla sur</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Jun 2010 19:24:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[16.  Aviones hasta llegar a Christchurt.  Una vez allí, a un bar para cenar algo y ver el mundial.  Pedazo de bar el que encontré, uno &#8220;de deportes&#8221; con pantallas gigantes y grada para sentarse,  además de la pista correspondiente junto a la barra, varias televisiones de diferentes tamaños&#8230;  En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>16.  Aviones hasta llegar a Christchurt.  Una vez allí, a un bar para cenar algo y ver el mundial.  Pedazo de bar el que encontré, uno &#8220;de deportes&#8221; con pantallas gigantes y grada para sentarse,  además de la pista correspondiente junto a la barra, varias televisiones de diferentes tamaños&#8230;  En fin, que me cené un sandwich con unas cuantas cervezas mientras pasaban por la pantalla el segundo partido del &#8220;State of Origin&#8221; australiano,  el Chile-Honduras que vi con unos argentinos, y el España-Suiza.  Total, que de &#8220;juerga&#8221; hasta las 4.30 de la madrugá, hora local, y eso que venía de levantarme a las 6 (hora australiana, dos menos que aquí) para hacer los pertinentes vuelos Brisbane-Sydney-Auckland-Christchurch.</p>
<p>17.  De visita por Christchurch y planificación.  Para antes de las 11 ya estaba en la calle, así que más o menos dio tiempo de visitar la ciudad (el tamaño de las ciudades neozelandesas no es equivalente a las australianas, europeas&#8230;).  Edificios bajos, de dos plantas,  lo que hace que parezca más un pueblo que una ciudad.  Y la verdad es que da gusto pasear así.  Predomina el estilo inglés, mucho parque, un jardín botánico de buen tamaño, un interesante museo natural, con una sugerente exposición sobre las expediciones antárticas. También me vi unas exposiciones de arte maorí, pero no me dio tiempo de ir al museo de arte.  Aun así, la conclusión que saqué es que la calidad de vida es bastante alta:  las tiendas cierran a las 5, hay animación, buenos restaurantes, la ciudad es bonita, mucho verde, clima menos frío del que me esperaba (en torno a los 10 grados)&#8230; Luego dediqué un buen rato a reservar un coche y medio-planificar una ruta para visitar la isla sur en los próximos días. Y de vuelta al hostal un chaval canadiense que estaba en la habitación se apuntó al plan para un par de días.  Con todo medio solucionado, me fui a ver el partido de argentina-korea, que había quedado con los argentinos del día anterior, pero&#8230;  bar lleno!  Un bar enorme, y gente fuera (koreanos, que debe haber bastantes) esperando a ver si podían entrar.  Y eso que eran las once y media de la noche y que los locales pasan del futbol (ahora menos, que van mejorando), que si llega a ser rugby no me quiero ni imaginar. Total, que me tuve que buscar otra alternativa y acabé en un bar irlandés, menos animado.</p>
<p>18.  Tras madrugar, ir a recoger el coche y desayunar algo light, comienza la aventura de conducir por el lado izquierdo de la carretera y sentado en el asiento del copiloto. Menos mal que por lo menos el coche era automático y no ha había que cambiar las marchas con la siniestra, que uno no es Yeste. Mi copiloto es un canadiense de 21 años que ha estado trabajando unos meses en una bodega y ahora tiene un mes para hacer turismo antes de volverse y enfilar otra aventura en otra bodega de San Francisco.  Joven pero majo, hablador, así que me viene bien para practicar inglés y hacer los viajes más entretenidos.  Aunque para ser sinceros,  los viajes en sí son entretenidos,  porque el paisaje no deja de asombrar.  Arrancamos con desitno Methven y el Monte Hutt, al que se llega subiendo una &#8220;carretera&#8221; de grava (es grave, doctor? no, es grava, gravilla, que dirían los nuis).  Bonitas vistas desde el monte, como no, pero un poco de acojone sabiendo que hay que bajar por donde hemos subido.  Unos locos que nos pasaron a toda leche mientras sacábamos unas fotos estaban con el coche pinchado luego.  Parada para comer algo (los típicos &#8220;pies&#8221;, pero leído en inglés que en castellano sonaría caníbal) en Geraldine, y luego directos hacia el lago Tekapo. Simplemente espectacular,  rodeado de las montañas nevadas, con un agua azul cristalino, vegetación a los lados,  una pequeña iglesia en medio de la nada&#8230;  Y encima, tras haber hecho la mayoría del viaje con el cielo cubierto por las nubes, al llegar allí éstas habían dejado paso en gran parte a un cielo azul que iba dejando entrever la oscuridad de la noche,  que nos pilló llegados ya a Twizel, donde hicimos noche y un par de cañas en la happy hour (que duraba hasta cerrar el bar, a eso de las 9 y pico).  El albuergue que encontramos era mezcla de albergue y motel, y parecía más un antiguo psiquiátrico que un hotel, con sus pabellones y demás, y con una temperatura estupenda si eres esquimal, a juego con el exterior, claro. No nos cruzamos con Jack Nicholson en el pasillo de milagro.</p>
<p>Este primer día ya me quedó claro como funciona un poco Nueva Zelanda,  al menos en su parte sur:  ciudades que no son ciudades sino pueblos,  cuya actividad no es que decaiga, sino que desaparece pasadas las 5.  Carreteras con dos carriles, uno en cada dirección,  ya se llame autopista, nacional , o provincial.  Y cuando hay un puente, en el 90% de los casos,  estos dos carriles se convierten en uno, y el otro cede el paso hasta que termina de cruzar.  Muchas curvas como consecuencia de tantos montes,  en muchos casos con ausencia total de arcenes, y protecciones en las curvas y las montañas tirando por lo bajo,  como mucho unos palos cada x metros para que se vea por la noche, pero sin protección entre ellos (y el coche pasa bien entre los palos por el precipio, en caso de caída).  Tráfico tirando a nulo, salvo en las grandes ciudades.  Y aunque esto no me tocó experimentarlo hasta la isla norte, los camioneros son muy de Steven Spielberg, e incluso debieron inspirarle para que hiciera el diablo sobre ruedas, que a la postre es su película de cabecera.  Más o menos se puede adelantar siempre (si encuentras a alguien para adelantar, que es lo más difícil), el límite de velocidad es 100 km/h, aunque no creo yo que controlen mucho, y en las curvas avisan de la velocidad recomendada (entre 25 y 95).  Cuando estás subiendo una montaña de 3000 metros, o bordeando el mar con un bonito precipio a tu lado, sin arcén ni protecciones de ningún tipo, da un poco de cosica, pero se conduce bien.  </p>
<p>19.  Madrugón a eso de las 7 para darnos cuenta de que hasta las 8 no amanece.  En Australia amanecía pasadas las 6.  Tocaba desviarse un poco para acometer el monte Cook, el más alto de Nueva Zelanda con sus casi 4.000 metros.  Espectaculares vistas todo el camino, por una carretera que bordea el lago Putaki hasta Aoraki,  que es el pueblo base.  Poco antes de llegar una oveja se lanzó contra el coche; bueno, había una en la carretera y luego se lanzaron dos cuando esquivaba a la primera.  Menos mal que uno es precavido e iba despacito y encima estaba frenando,  y la oveja pese a que cayó al suelo se levantó como si nada (bueno, creo que un poco acojonada, pero eso le pasa por no mirar a los dos lados de la carretera antes de cruzar; no sé que tipo de madre habrá tenido que no le ha enseñado estas cosas).  Y el coche sin un rasguño.  En el centro este me desayuné una bomba de chocolate y almendras impresionante a juego con un capuccino (que es el café que estoy tomando aquí) en el centro Edmun Hillary,  quien por lo visto hizo las prácticas en este monte antes de atreverse con el Everest.  Por supuesto todos los montes estaban nevados, aunque tuvimos suerte y nos hizo un día estupendo,  con cielo despejado, sol y temperaturas muy agradables.  Nos atrevimos con una de las rutas sugeridas, de dos horas ida y vuelta por la nieve, aunque todavía lejos del monte Cook.  Eso sí, paseo muy agradable (a pesar de los momentos cuasi-caída por el hielo cada dos por tres) y vistas impresionantes.  Y que narices, la satisfación de hacer una ruta de ese estilo en plena montaña, con la nieve alrededor&#8230;  La única consecuencia fue tener que cambiarme de calzado y calcetines al volver al coche, teniendo en cuenta que los dos pares que tengo están ya sin suelas y les entra agua por todos lados.  Quería evitar comprar otros hasta la vuelta, pero no sé si lo voy a lograr.  Tras un zumito al lado de la chimenea para celebrar el éxito de la expedición, de nuevo al coche rumbo a Queenstown, con parada en un par de las mejores bodegas de la región de Otago, según mi compañero de aventuras, que para eso es el experto.  Llegamos a Queenstown para hacer merienda-cena, teniendo en cuenta que no habíamos parado a comer.  Así que nos metimos unas pizzas con unas cervezas, luego nos buscamos un hostal, y luego salimos a dar una vuelta por la ciudad,  que es la capital de la aventura de Nueva Zelanda,  con un lago que hace de sede de todo tipo de locuras acuáticas,  y estaciones de esquí en el propio pueblo.  Se supone que es la tercera ciudad de Nueva Zelanda, pero a mi me recordó más a un pueblo de montaña estilo Jaca, Andorra&#8230;  Bonito, edificios bajos, con mucha animiación de jóvenes muy jóvenes y sin dos dedos de frente buscando diversión sin respetar mucho a los demás&#8230;. En fin, no es mi estilo.  </p>
<p>20.  Casey se quedaba en Queenstown donde había quedado con unos amigos,  así que a partir de aquí comienza mi aventura en solitario.  Por desgracia no me daba tiempo a ir hacia Milford Sound, que debe ser sencillamente espectacular,  así que decido dejarlo para mi próxima visita al país y tiro hacia el norte,  con paradas en Arrowtown y Wanaka,  ciudades que en su día tuvieron su momento de gloria gracias a la búsqueda de oro.  En lugar de coger el camino fácil me decidí por la ruta escénica, atravesando montes nevados y viendo paisajes de quitar el hipo.  Así como Arrowtown es un pequeño pueblo,  Wanaka, situado junto a un lago,  tiene algo más de vida y tamaño,  aunque la temoprada alta de esquí todavía no había empezado.  Siguiendo la carretera del Parque Nacional del Monte Aspiring, llego al anochecer (es decir, las 5 de la tarde) a Haast,  donde decido hacer noche.  He preferido no conducir de noche para disfrutar de las vistas, ya que son una parte fundamental de este viaje, y la libertad del coche para decidir pararte en cualquier punto, desviarte para hacer una ruta recomendada de media hora,  coger la desviación para ir al sitio desde el que están las mejores vistas&#8230;  en Nueva Zelanda no tiene precio.  Así pues,  tarde/noche perdida en la ciudad más importante de la costa oeste en nosécuántos kilómetros, pero que a las 8 tiene cerrados los bares, no tiene tiendas ni nada de nada.  Vamos, que Cigüenza en invierno tiene mucho más vida que estas &#8220;ciudades&#8221; neozelandesas en temporada baja.  Por suerte llevaba en el portátil el último episodio de flash forward y un par de cómo conocí a vuestra madre,  así que entre eso y que a última hora llegaron una pareja de franceses y algo hablamos, se pasó la tarde.  Y pronto pacama, claro, que así se madruga al día siguiente.</p>
<p>21.  Uno de los puntos álgidos del viaje estaba marcado para hoy:  el glaciar de Franz Josef.  Una parada en el camino para realizar un recorrido por un bosque con los árboles más antiguos de Nueva Zelanda,  y una cortita e infructuosa para ver una colonia de focas, que por lo visto habían quedado con Rufus en casa de Paco y se les había olvidado avisar, así que no estaban en su sitio. Luego una más larga, de un par de horas, en el lago  Matheson,  que se supone que refleja perfectamente el Monte Cook.  Está bien,  pero un pelín decepcionante, tampoco es para tanto (supongo que depende mucho del día que haga).  Como ya iba justo de tiempo,  pasé del glaciar Fox y me centré en el Franz Josef, que es el que tiene la fama.  Y me temo que craso error,  ya que se me quedó un poco cara de tonto.  El glaciar se ve desde lejos, a pesar de que la ruta larga que hice lleva su tiempo,  pero te deja digamos al pie del glaciar,  y sin poder entrar en él.  Además, ¡es muy pequeño! Me esperaba algo mucho más grande, con un color mucho más intenso&#8230; Vamos, que creo que actualmente el bueno es el Fox. Y quizá debería haber cogido un tour guiado, que te llevan hasta el mismo glaciar,  pero una vez allí no hay opción de contratar nada, hay que hacerlo antes.  Total, que primer día que no supera mis espectativas en Nueva Zelanda.  Carretera y manta hasta Greymouth, otra de las grandes ciudades del oeste,  destino final del tren TranzAlpine, que hace uno de los recorridos más espectaculares del mundo, pero que de vida anda un poco escaso.  Por lo menos había un bar irlandés que cerraba algo tarde, y diferentes restaurantes,  aunque mi opción fue un rico (fuera coñas, me encantó) taco de pollo a la plancha en salsa de chili suave en Mc.Donald´s.  Me gustó, a oscursas eso sí, el edificio del periódico de la región,  con la imprenta a la vista.  Y como mi idea era levantarme pronto al día siguiente e ir a ver la segunda parte del partido de España al bar irlandés ese mientras desayunaba,  a dormir!</p>
<p>22.  ¿fútbol?  Como que no.  ¿Bares abiertos a las siete y pico?  Como que no.  Lo único abierto para desayunar era el Mc.Donald´s, así que decidí tirar de barritas de cereales y salir pitando de allí antes de que amaneciera, que esperaba un largo camino hasta el objetivo del día:  Kaikoura.  Cuatro horas y pico de viaje a través de Reefton, Springs Junction y Hammer Springs,  aunque no pude parar más que a tomar un café y un pastel (pie) parra llegar a mi objetivo.  Paisajes que alternan montañas nevadas con verdes montes llenos de árboles de todo tipo y extensas llanuras. Con mal tiempo casi todo el camino, aunque mejoró al llegar a la costa este.  Lamentablemente cuando llegué ya había salido el último barco del día para la excursión en busca de delfines y ballenas,  y la opción que me ofrecieron de hacer la búsqueda en avión no me convenció. No sé, no es lo mismo, aunque sea igual.  ¿Y si le ofrezco 2?  En fin, una pena.  No obstante,  el pueblo/ciudad en sí muy bonito, con una playa enorme desde la que se ven las montañas nevadas, con muchos restaurantes, muchos pájaros, ambiente relajado&#8230;  La verdad es que me encantó, una pena lo de las ballenas.  Tocaba emprender el camino de vuelta hacia Christchurch,  con paradas intermedias en busca de focas, también sin éxito, y algunas playas.  En Christchurch tocó planificar un poco la segunda fase de la etapa kiwi,  que trajo la decisión de alquilar otro coche para recorrer una menor zona de la isla norte, a fin de tener algo más de tiempo para disfrutar de los sitios.  Veremos si lo consigo.</p>
<p>23.  De nuevo a madrugar para devolver el coche cerca del aeropuerto (y encontrar el sitio) y coger el vuelo DJ3097 de las 9.40 rumbo a Auckland.  ¿Sensaciones de esta primera parte?  Impresionante.  Cada kilómetro hay una postal esperando. Playas, bosques, lagos, montañas nevadas, montañas sin nevar, a veces algo llano para variar&#8230;  Probablemente el país más bonito de los que conozco en cuanto a naturaleza,  con gente muy agradable, educada y amable, aunque con un inglés peculiar que cuesta (con lo fácil que era entener al canadiense).   Pero sobre todo la sensación de que hubiera necesitado más tiempo, de que sólo he visto el paisaje y me he quedado sin vivir las experiencias:  ir a ver las ballenas, escalar el glaciar, hacer rafting por algún lado,  ciudades o excursiones pendientes (Milford Sound, Dunedin, el norte de la isla sur, más tiempo en Christchurch&#8230;  Vamos, que también va a tocar volver.</p>
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		<title>Brisbane</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2010 11:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Tres dían en Brisbane ponen el punto y aparte a algo más de tres semanas en Australia. Tercera ciudad de Australia gracias a su crecimiento en los últimos año.  Buen tiempo a pesar de los pronósticos de lluvia para lunes y martes, que hicieron que no reservara una excursión a Moreton Island.  Domingo y lunes los dediqué a visitar la ciudad,  con sus puntos mas interesantes en la plaza del ayuntamiento, Anzac (que no Anzar) Square, la animada calle peatonal de tiendas de Queen Street MALL (donde incluso me vi los últimos cuartos del  5º partido de las finales de la NBA con una pinta a eso de las 11 de la mañana), el jardín botánico (nada que ver con el de Sydney), y sobre todo la zona de South Bank, donde se encuentran los principales museos, galerías, la biblioteca (wifi gratis)&#8230;.   Visité la galería de Arte Moderno (buena muestra de arte indígena, y encima dejaban sacar fotos, y algunas otras cosas modernas interesantes) y el Museo/Centro Cultural con exposiciones de ciencia y animales, más enfocado a niños.  De hecho, todos los museos, biblioteca y cultura en general la hacen muy enfocadas hacia los niños,  con muchas actividades, explicaciones,  buscando que se involucren.  Y parece que lo conisguen.  Por la noche di una vuelta por Fortitude Valley y Chinatown, donde tenía el hostal y zona de ocio nocturno por antonomasia de Brisbane, aunque fue una vuelta sin más para comprobar el ambiente.  El lunes intenté ver el partido del mundial de las 9.30 de la noche, Holanda-Dinamarca, pero al descanso tuve que irme a dormir de lo destrozado que estaba.  Viajar cansa.  El martes viendo que hacía bueno me lancé a la avenura y me pillé un tren para Manly, en la Bahía de los Moratones (Moreton Bay) (nota del editor: traducción freestyling).  Desde allí un recorrido de unos 10 kilómetros por toda la costa hasta Wynum en un paseo bordeando el mar, entrando en zona pantanosa/boscosa hacia el final, muy peculiar.  Lástima de la excursión hasta la isla en si, que debe merecer la pena.  Y vuelta a Brisbane, a la biblioteca para coger los vuelos y hotel para Nueva Zelanda, que un día antes de ir todavía no había nada cerrado.  Y encima al coger el vuelo de vuelta desde Auckland a Christchurch me equivoco de fecha, con lo que no puedo coger el tour de 8 días que tenía previsto, toca improvisar al llegar allí.  </p>
<p>Como todas las ciudades de Australia,  queda la sensación de que Brisbane es una ciudad agradable para vivir.  Pero en cuanto a destino turístico tengo mis dudas;  quizá su fuerte sean sus alrededores (Goldcoast, Surfer´s Paradise, Moreton Island&#8230;), pero por desgracia el tiempo apremia.  otra vez será.</p>
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		<title>Cairns</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2010 10:55:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Curioso el caso de Cairns, uno de los destinos turísticos más importantes de Australia, al noreste del país, con un clima tropical todo el año&#8230;. y sin playa en la que bañarse porque 1) hay cocodrilos y 2) no tiene arena, sino que es de estilo pantanoso.  Eso sí, tienen una especie de lago [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Curioso el caso de Cairns, uno de los destinos turísticos más importantes de Australia, al noreste del país, con un clima tropical todo el año&#8230;. y sin playa en la que bañarse porque 1) hay cocodrilos y 2) no tiene arena, sino que es de estilo pantanoso.  Eso sí, tienen una especie de lago artificial para tomar el sol y bañarse (en obras en este momento),  y se supone que tiene las mejores fiestas de Australia.  Bueno, y es el principal punto de origen para visitar la gran barrera de coral australiana, claro.  Que a fin de cuentas fue lo que me llevó a mi hasta allí, que para tomar el sol ya tenemos Sopelana.  Pero bueno, hay zonas con playas decentes a menos de media hora de allí, que a priori son las que deberían haberse desarrollado más,  así que la curiosidad se mantiene.</p>
<p>Tras un par de días de tomar el pulso al pueblo/ciudad, que no es que tenga mucho que ver en sí,  con todo mi valor reservé un viaje en barco de 3 días/2 noches con 10 inmersiones de buceo, título advanced incluido.  Con todo mi valor no por el tema de los tiburones que abundan la zona, que también, sino porque uno tiene una facilidad insana de marearse en los barcos cuando va a bucear. Pero por suerte ha quedado comprobado que es solo cuando voy en motoras y barquitos pequeños, y que en los catamaranes (y de vez en cuando algo dopado) no tengo ese problema.  Así que Javi 1, vómitos en alta mar 0.  Y por si acaso no hay partido de vuelta.  Todo empezó el día 9 a primerísima hora, para darnos tiempo a llegar al barco que &#8220;vive&#8221; en la barrera de coral.  Hasta allí llegamos en uno que lleva y trae todos los días a los visitantes, las provisiones y la tripulación,  que va rotando por turnos.  Antes de montar en el barco ya había hecho cuadrilla con un mexicano y dos colombianos (un man y una hembra), facilidades que nos dio Cervantes.   Y al llegar al barco me tocó en el camarote con el mexicano, Alejandro,  un chaval de 20 años que lleva uno entre trabajando y viajando por el mundo antes de volver en un par de meses a empezar la universidad.  El sí que sabe.   Tres inmersiones este primer día,  incluida una nocturna que no resultó tan espectacular como esperaba, ya que apenas vimos peces.  Eso sí, la sensación de tirarte al mar completamente oscuro es impresionante.    La segunda del día fue la mejor, en Brigs Reef &#8211; Fish Bowl, con foto de tortuga incluida, muchos y espectaculares corales, bastantes peces aunque ninguno de llamar la atención (salvo la tortuga).  El primero había sido en Moors Reef &#8211; East Timor, que salvo otra tortuga fue una primera toma de contacto un poco decepcionante (es que a fin de cuentas uno está mal acostumbrado entre Sharm el Sheik y Riviera Maya,  y sobre  todo por las grandes espectactivas que levanta la Gran Barrera de Coral).  Aun así, punto positivo para mi, que me sentí muy cómodo con las inmersiones a pesar de que había llovido desde la última, que fue en Kenya hace unos tres años.  Buen ambiente en el barco, muchas risas con los hispanoparlantes, sin mareos, y lo más importante: a mesa puesta para comer y cenar.  Eso sí, no me gusta lo de irme a la cama sabiendo que a las 5.30 tocan diana. Pero bueno, lo peor de todo es eso de tirarse al agua según se acaba de comer.  ¿Pero qué es ésto? ¿en Australia no se hace la digestión durante dos horas? ¿qué tipo de madres tienen aquí?  Como se entere la mía bronca que me cae, desde luego.</p>
<p>Al final lo de despertarnos fue a las 5.40, gracias.  Para poder bajar a 30 metros según amanece, y experimentar las sensaciones de tomarte unos martinis para desayunar, que es lo que puede pasar al bajar a estas profundidades.  Pero bueno, para eso había que bajar 30 metros y no perderse en mitad del camino y seguir al grupo equivocado,  así que prueba no superada.  De lo malo malo, antes volví al barco (hay que subir cuando te pierdes de tu compañero &#8211; y te das cuenta) y pude desayunar, porque para las 8 teníamos la segunda del día, todavía en Brigs Reef.  En esta llegué a los 23 metros y tocó hacer el paripé del curso de navegación, que en mi caso se redujo a hacer lo que hacían los demás.  Nos topamos con un tiburíon &#8220;white tip reef shark&#8221; que debía estar medio dormido pero se alejó cuando Alex se le acercó a jugar con él (mi buddy el inconsciente).  También vimos otro en la sesión de snorkel del mediodía, pero desde mas lejos.  Para las inmersiones de la tarde el barco nos había llevado a Million Reef &#8211; Club 10,  donde hicimos una primera sesión de 48 minutos (la más larga que yo recuerde) en la que vimos un par de tortugas, un tiburón (siempre de la misma especie), un par de rayas&#8230; con fotos incluidas para aprovechar la especialidad en &#8220;fotografía bajo el mar&#8221; que nos dieron en una apasionante charla de 5 minutos.  El último del día fue el más especial,  un nocturno sin guía en el que nos equivocamos de camino y no hicimos el recorrido recomendado. Pero bueno,  íbamos 4 y entre nosotros no hubo pérdidas, así que la expedición fue un éxito, aunque también con poco pez visto.  Y encima supimos (supieron) volver hasta el barco, así que ningún tipo de problema.  Los que nos seguían a nosotros eran los &#8220;red fish&#8221;, unos pececicos simpáticos que siguen a los buzos para aprovechar las linternas de éstos para buscar su cena.  </p>
<p>La misma rutina del madrugón y buceo a las 6.15 tocó el día 11, en la zona de las Three Sisters, una de las más espectaculares de la zona de Cairns, pero que en nuestro caso no tuvo el éxito esperado (encontrarse con varios tiburones y peces raros, que es lo que se busca en estos sitios) pero que en líneas generales estuvo bastante bien: hice el descenso de 30 metros, con unas pruebas en el fondo para ver si afectaba la profundidad (parece ser que no), ver cómo se pierden los colores a medida que bajamos altura, como comen los peces huevos o naranjas&#8230;.  luego alguna tortuga, muchas rayas, un pez tigre (creo que es pez tigre, o era pez león? tengo que confirmarlo cuando tenga internet) pero ningún tiburón.  El de las 8 fue en la misma zona y con parecido resultado, exceptuando el tema de la profundidad que ya no tocaba,  y la última del día fue en el mismo sitio que el primer día, es decir, la peor zona de las que hemos estado. Y como en el primer día, un poco decepcionante.  Pero bueno, muchas cosas positivas del viaje,  como que sé seguir al que sabe, que es mejor y más cómodo que dirigir).  Luego dos horas de vuelta a puerto en el otro barco,  y vuelta al hostal para descansar un rato,  antes de quedar a las 8 con los colegas para ver la inauguración del mundial, que jugaba México, cabrones!!!  Por cierto, muchas risas entre los 5 (el segundo día vino una española) intercambiando expresiones, comparando como se dicen las cosas en cada sitio&#8230; y con un israelí que había estado viajando casi un año por sudamerica de espectador intentando coger todo (y aportando de vez en cuando de otros países).   Se hizo un poco largo (el partido acabó a las 2 y nos habíamos levantado a las 5.30),  pero la cerveza ayudó a aguantar estoicamente y echar risas antes de despedirnos caminos a nuestros respectivos hostales.  Al mexicano lo que más gracia le hacía era los &#8220;ostias&#8221; que soltaba yo (u &#8220;ostia puta&#8221;)</p>
<p>Tras llegar a las dos y pico de la madrugá al hostal mi alarma sonaba a las 6.30 para otra excursión que había contratado por mi cuenta: Cape Tribulation, punto de encuentro entre reserva forestal (bosque) y reserva marina (el mar, idiota, el mar).  Tras un viaje por una carretera espectacular por la costa que hice dormido en gran parte, llegó la primera parada en Mossman Gorge, dentro ya del Parque Nacional de Daintree,  un bosque con su río lleno de piedras enormes.  La segunda fue en un santuario de animales (mini zoo en plan cutre de animales en dificultades que recogen), aunque había cosas interesantes: muchos cocodrilos en semilibertad, serpientes, kanguros, &#8220;cassowary birds&#8221;&#8230;  Nueva parada para recorrer con el guía el Jinabala Boardwalk mientras nos va explicando cómo viven los aborígenes (el lo era) la espiritualidad y como los espíritus pasan mensajes en sueños a los vivos, y de paso datos sobre la fauna y flora que habita el bosque.  Desde aquí hasta la zona de playa, con parada previa en un mirador para ver el paisaje a lo grande.  Un lunch allí y una minisiesta de 10 minutos antes de dirigirnos a dar un paseo en barca por el río Daintree en busca de aves y cocodrilos.  Que de hecho encontramos, y hasta una serpiente en un árbol, dentro de un paisaje impresionante en un recorrido realmente recomendable.  Y con esto, unas pocas horas de sueño y un nuevo madrugón a eso de las 4 de la mañana para ir al aeropuerto, ponemos punto final a Cairns, antes de afrontar la última etapa australiana:  Brisbane, con meta volante en Manly.</p>
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		<title>Melbourne</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jun 2010 08:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MELBOURNE 1-6 JUNIO
El martes por fin abandonaba Sydney (parece que cuesta dejarla) y enfilaba Melbourne,  la segunda ciudad de Australia en población e importancia.  Tras hacer el check-in en el hostal me dirigí al centro a hacer la primera toma de contacto.  Un centro rectaungular y muy cómodo para moverse, relativamente pequeño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>MELBOURNE 1-6 JUNIO</p>
<p>El martes por fin abandonaba Sydney (parece que cuesta dejarla) y enfilaba Melbourne,  la segunda ciudad de Australia en población e importancia.  Tras hacer el check-in en el hostal me dirigí al centro a hacer la primera toma de contacto.  Un centro rectaungular y muy cómodo para moverse, relativamente pequeño y con calles amplias.  Pero con no muchas cosas que ver a simple vista:  el parlamento, el ayuntamiento, algunos teatros, la biblioteca&#8230; Pero poco más.  Bueno, el Telstra Dome o como se llama ahora, Elihad Stadium, donde ví que el viernes había partido de fútbol australiano,  una mezcla de rugby, fútbol y campo quemado.  Bueno, igual campo quemado no, pero es que es un juego muy peculiar.  Para el segundo cuarto del partido que vi ya dominaba las reglas.</p>
<p>El miércoles visto lo visto decidí hacer alguna excursión por los alrededores,  y tras visitar por mi cuenta la parte sudoeste donde estaba situado el hostal, con su ayuntamiento, oficina de correos, iglesia y mercadillo,  a mediodía salí en excursión a Phillip Island, un parque nacional en el que habita una gran colonia de pinguinos enanos,  que no son tan monos como los pinguinos que conocemos, pero que también son graciosos.  Estos pinguinos salen al mar antes del amanecer, para que no les vean los pájaros,  y vuelven una vez anochece después de recorrer unos cien kilómetros en el océano a lo largo del día,  por la misma razón.  La gracia está en verles salir del agua, como se organizan en grupos -parecen militares- se esperan unos a otros, se alinean y se esperan en la orilla para empezar luego una carrera tierra adentro.  La verdad es que contado pierde,  pero es super curioso.  Antes de los pinguinos, que es el final de la excursión,  nos llevaron a ver wallabies (kanguros pequeños) y koalas en otra parte de la isla (en semilibertad).  </p>
<p>El jueves tenía otra excursión contratada:  la Great Ocean Road,  una vieja carretera paralela al mar hecha por los militares que volvieron de la primera guerra mundial.  Se supone que tiene unas vistas acojonantes y tal y cual,  pero vamos, me quedo con la carretera del Cantábrico. Eso sí, me entraron ganas de ir a Escocia (y a Galicia; mi cerebro hace asociaciones por su cuenta y riesgo).  Pero bueno, el punto fuerte de la excursión eran los doce apóstoles,  una formación de rocas que salen del mar y que efectivamente, sí, merece la pena.  Contraté un mini viaje en helicoptero para verlo desde el aire, pero yo creo que le quita magestuosidad,  todo parece más pequeño desde el aire.  Me gustó más verlo desde los miradores preparados en las múltiples pasarelas que recorren la costa.  Son rocas en continua transformación, por lo que cualquier visita tiene siempre un componente de eventualidad que le da un plus.  Antes de eso hubo alguna que otra parada,  como siempre para ver un poco de naturaleza (es lo que tiene el país).  Más koalas, algunos kanguros en libertad, pájaros&#8230;  </p>
<p>El viernes lo dediqué a visitar con más profundidad el centro y pasear por la zona sureste.  Desde la torre Eureka (sin subir), la Galería Nacional de Victoria (cuatro pisos de arte, mezclando un poco de todo, pero que en líneas generales merece la pena; además es gratis).  El templo del recuerdo (no sé si será la traducción oficial, un homenaje a los australianos caídos en guerras, originalmente la primera mundial), los jardines varios de los alrededores,  y luego la zona olímpica,  con el mítico Melbourne Park y el Rod Laver Arena (qué te cuentas, Andrés Gimeno, hasta luego Lucas, what unfair!).  Hay cuatro estadios más por ahí,  que para algo aquí hicieron unas Olimpiadas en su día.  Curiosa Federation Square, una enorme plaza desde donde más o menos empieza el centro,  rodeada por teatros, la catedral de San Patricio (que gran Santo), una delegación de la Galería Nacional y algún que otro museo.  A última hora de la tarde cambié totalmente de zona y me fui hasta la otra punta de la ciudad, al Elihad Stadium,  a ver el duelo de la máxima entre Richmond y St.Kilda.  Los locales eran los Tigers de Richmond, de lo que me percaté al final del primer cuarto.  Las reglas del juego ya las dominaba para mediados del segundo,  y sólo faltó que el partido fuera igualado para haber disfrutado más.  Porque los de St.Kilda dieron una paliza a los locales, a pesar de una reacción en el tercer cuarto que parecía que se podía dar la vuelta al partido.  Bastante entretenido de ver, y jugando a cuerpo descubierto, nada de protecciones ni mariconadas. Por la noche al volver al hostal aproveché para decidir el resto del itinerario en Australia, y cogí los vuelos para Cairns, Brisbane y vuelta a Sydeny para desde allí enfilar ya Nueva Zelanda en unos días.  Cuanto tiempo me ha faltado, aquí si que me he dado cuenta de que neceitaba por lo menos dos meses más para hacer Australia y uno entero para Nueva Zelanda.  Igual hay que volver.</p>
<p>El sábado ampliaba distancias,  y tras visitar el mercado central o de Queen Victoria (que monárquicos son por aquí, todo nombre de reyes, reinas, kings, queens) en el que se combinan souvenirs, comida -sobre todo fruta- y ropas de todo tipo,  me fui a la parte este en Brunswick Street, una zona de tiendas retro , cafeterías y tiendas de descuento de ambiente agradable pero sin nada especial.  Desde allí,  tranvía hasta el barrio de St. Kilda, donde está la playa más famosa de la ciudad.  Pero claro, lloviendo y con frío tampoco tiene tanta gracia.  Así que tras tomarme una pinta en un bar inglés (en el que hacen los trivials y reuniones de la serie Neighbours por cierto) y dar una vuelta por la zona cogí el tranvía de  vuelta al hostal.  Una última intento de ver algo de música en directo después de cenar,  sin éxito,  y vuelta a descansar al hostal para madrugar al día siguiente, último día en Melbourne,  que aproveché para visitar la otra sede de la Galería Nacional de Arte, dedicada en este caso a los aborígenes,  con algunas cosas curiosas (aunque eso de que unos puntos y líneas equivalgan a relatos oníricos no sé yo).  Luego todo el proceso de vuelta al hostal, coger equipaje, estación de autobuses, aeropuerto, esperas&#8230;  para acabar a eso de las 8 de la noche por Cairns; próximo destino, la gran barrera de coral australiana</p>
<p>Último apunte: impresionante la prohibición de no servir a la gente que va un poco borracha en los bares; ¿así como van a hacer negocio? Y a ver como le convences a alguien (con las amenazas de las multas que le pueden caer si se niega a irse, lo único) para que deje de beber y se vaya a su casa</p>
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		<title>Sydney</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 12:56:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[vuelta al mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Australia]]></category>
		<category><![CDATA[Sydney]]></category>

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		<description><![CDATA[Sydney.  Con Y las dos, que yo creía que la primera era latina.  Tras un apacible vuelo desde Singapur (como se nota la diferencia entre una compañía de bandera y las low-cost, jose) aterrizaba en Sydney un poco chafazo después de la paliza anterior y de haber cogido algo de frío en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sydney.  Con Y las dos, que yo creía que la primera era latina.  Tras un apacible vuelo desde Singapur (como se nota la diferencia entre una compañía de bandera y las low-cost, jose) aterrizaba en Sydney un poco chafazo después de la paliza anterior y de haber cogido algo de frío en el autobús nocturno de Kuala Lumpur a Singapur.  Y encima el día tampoco era el mejor, con lluvias intensas y continuas,  así que aproveché para hacerme un poco con la ubicación del hostal (muy buena la verdad) y un par de visitas a la catedral de St. Mary y la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, bastante decente.  </p>
<p>Sin mucha prisa en la mañana del jueves 27 me di un paseo hasta la zona de &#8220;The Rocks&#8221;, la parte antigua,  y desde allí hasta debajo del famoso puente de Sydney.  Y como  había ganas de ver lo típico,  paseo hasta la más famosa aun Casa de la Opera, que me defraudó un poco.  No sé, esperaba algo más rompedor,  pierde en las distancias cortas. Me quedo con el Guggenheim, aunque evidentemente hay que reconocer su momento histórico; pero tal y como leí en la prensa local,  necesita una inversión enorme para mantenimiento si quiere seguir funcionando.  Y en mi debe, tampoco hice el tour para verlo por dentro, que seguro que impresiona.  Desde la Ópera enfilé a los jardines botánicos, con su Government House en medio,  el conservatorio, las vistas desde el puente de Mrs. Macquaries&#8230;  Luego me monté en un ferry gratuíto a Cockatoo Island aprovechando la Bienal de Arte que se celebra en la ciudad por estas fechas,  pero sobre todo para ver las vistas de la bahía a la vuelta.  Que tampoco me parecieron tan espectaculares como me las habían vendido (es lo que pasa siempe, no hay que ir con espectativas muy altas a los sitios, salvo a San Mamés que nunca defrauda).  Eso sí, la vuelta coincidió con la inauguración de &#8220;Vivid Sydney&#8221;, un evento cultural que este año dirigen Lou Reed y Señora y que incluye conciertos (también uno para perros, pero no me pillaba en la ciudad) e iluminación de los edificios históricos con proyecciones de todo tipo.  Este día solo vi la iluminación sobre la Opera House,  y la verdad es que así ganaba.</p>
<p>El día siguiente tocaba seguir pateando la ciudad en busca de sus edificios no icónicos pero que aun así merecían visita: el ayuntamiento, el edificio Queen Victoria (todo tiendas por dentro, que aproveché para ver mi primer ipad, todavía no tengo claro si me voy a comprar uno o no) y la catedral de St. Andrews.  Y a mediodía, ferry a Manly, una de las zonas de playa famosas.  Ahí me hice una excursión interminable de más de 10 kilómetros por caminos de todo tipo y condición hasta Spit Bridge,  y a la vuelta a la ciudad me hice el circuito de los edificios iluminados de Vivid Sydney, empezando por la Opera y siguiendo por el conservatorio, la biblioteca, el parlamento, el hospital, las barracas de Hyde Park (tienen su propio Hyde Park, más pequeño que el de Londres), la Catedral de St. Mary y el Museo Australiano.  Todo muy bonito, con proyecciones sobre la historia de la ciudad, datos, fechas, textos, imágenes&#8230;. pero poco práctico en el sentido de que era complicado de leer.  La sorpresa del día fue encontrar un restaurante español con un cartel de Estrella de Galicia (y otro de Martín Codax) fuera.  Estaba hasta los topes, así que lo dejé pendiente para otro día.  Intenté hablar con el Sr. Bogavante para desearle una feliz boda desde la distancia, pero no hubo manera.  Aun así, ya me han llegado las informaciones confirmando el éxito del evento.</p>
<p>El sábado había mercado (Paddys Market) en Chinatown, así que me acerqué;  mercadillo más que mercado,  pero momentazo dar con el puesto de una china que estaba escuchando un cassette de Julio Iglesias en castellano.  Comí por la zona en uno de los peores buffets del mundo (era sábado, tocaba wok/chino).  Terminé de visitar la zona de Chinatown y me acerqué a Darling Harbour, una de las zonas de moda y donde está el acuario,  que era el motivo de acercarme hasta allí.  Dios, que adictivos son los tiburones, y el mar en general&#8230; ¡quiero un acuario gigante en casa!.  Y los pinguinos, aunque eran pequeños, molan también.  Muy buena experiencia, me gustó mucho.  Por la noche me metí en un par de bares con música en vivo, pero apenas media hora en cada uno.  Era entrar e ir terminando la actuación.</p>
<p>Otro mercado tocaba el domingo, en este caso el de The Rocks,  más enfocado a la artesanía.  Y desde allí,  a cruzar el puente de Sydney. Gratis, pero por abajo (por donde los coches, vamos). Porque la broma de treparlo son ciento y pico euros que como que no.  Había otra alternativa para subir y bajar por unos diez euros, pero tampoco lo hice.  A lo barato.  Tras ir y volver por el mismo precio,  me acerqué a Custom´s Hose porque lo recomendaban las guías,  y aproveché para leerme la prensa de Los Angeles, que hay que ir cogiendo ideas.  Luego al Museo de Arte Contemporáneo,  y luego ya a oscuras, tras haber comido en el Burguer King que aquí no se llama así sino Hungry Jack´s,  me subí a la torre de Sydney (cogí un pack de entradas del acuario con esto y el Wildlife World),  que estaría muy bien si no fuera por que está cubierta y con la iluminación interior hay reflejos por todos lados.  Que se podía hacer subiendo un poco más, y por otros 40$.  Aquí todo tiene precio.</p>
<p>El lunes 31 tenía previsto un poco de naturaleza y aventura, así que me cogí el tren que llevaba hasta Katoomba, punto de origen para la excursión a las Blue Mountains.  Pero a medida que nos alejábamos de Sydney el tiempo empeoraba más y más, así que cuando bajé del tren había lluvia fuerte, viento y un frío del carajo.  Aparte de una niebla estupenda que hacía imposible ver nada, claro. Así que me tomé un cafecico para esperar al siguiente tren, asumí las 5 horas perdidas,  y al llegar a la city me fui al Wildlife World este, una especie de zoo del mundo salvaje.  Un cocodrilo grande pero nada espectacular,  unos pocos kanguros, bichejos varios y unos koalas monísimos.  Estuvo bien, pero ya de ir a un sitio de estos mejor un zoo, digo yo, que ya te ves todo.  Por la noche tocó decidir que hacer lo siguiente, así que me reservé el vuelo y hostal en Melbourne, próximo destino.</p>
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