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	<title>Vivir en el Espíritu de Dios</title>
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	<description>Blog de Espiritualidad Católica (Jn 3,1ss; Rm 8,1ss)</description>
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		<title>Vivir en el Espíritu de Dios</title>
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		<title>Desde ahora ser&#225;s pescador de hombres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Feb 2016 11:41:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C 07 de Febrero del 2016 LECTURAS BÍBLICAS Is 6, 1-2. 3-8: “Aquí estoy, envíame” Sal 137, 1-8: “Delante de los ángeles tocaré para ti, Señor” 1Cor 15, 1-11: “Por la gracia de Dios, soy lo que soy” Lc 5, 1-11: “Dejándolo todo, lo siguieron” EVANGELIO San Lucas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C</h3>
<p>07 de Febrero del 2016 </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="pesca-milagrosa" border="0" alt="pesca-milagrosa" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/02/pescamilagrosa.jpg?w=604&#038;h=489" width="604" height="489"/>  </p>
<p><em><strong>LECTURAS BÍBLICAS</strong></em> </p>
<ul>
<li><strong><em>Is</em> 6, 1-2. 3-8:</strong> “Aquí estoy, envíame”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 137, 1-8:</strong> “Delante de los ángeles tocaré para ti, Señor”</li>
<li><strong><em>1Cor</em></strong><strong> 15, 1-11:</strong> “Por la gracia de Dios, soy lo que soy”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 5, 1-11:</strong> “Dejándolo todo, lo siguieron”</li>
</ul>
<p><em><strong>EVANGELIO</strong></em> </p>
<p><strong>San Lucas 5, 1-11</strong> </p>
<p>En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescado&shy;res habían desembarcado y estaban lavando las redes. </p>
<p>Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apar&shy;tara un poco de la orilla. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. </p>
<p>Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:<br />— «Rema mar adentro, y echen las redes para pescar». </p>
<p>Simón contestó:<br />— «Maestro, nos hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos sacado nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes». </p>
<p>Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan gran&shy;de que reventaba la red. Hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hun&shy;dían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:<br />— «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». </p>
<p>Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.</p>
<p>Jesús dijo a Simón:<br />— «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». </p>
<p>Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.</p>
<p><strong>Meditación del Papa Francisco</strong>  </p>
<p>La fuerza de la Palabra de Dios está en ese encuentro entre mis pecados y la sangre de Cristo, que me salva. Y cuando no existe ese encuentro, no hay fuerza en el corazón. Cuando se olvida ese encuentro que hemos tenido en la vida, nos hacemos mundanos, queremos hablar de las cosas de Dios con lenguaje humano, y no sirve: no da vida.  </p>
<p>Asimismo, también Pedro -en el Evangelio de la pesca milagrosa- experimenta encontrar a Cristo viendo el propio pecado: ve la fuerza de Jesús y se ve a sí mismo. Se arroja a sus pies diciendo: «Señor, aléjate de mí porque soy un pecador». En este encuentro entre Cristo y mis pecados está la salvación.  </p>
<p>De nuevo, el lugar privilegiado para el encuentro con Jesucristo son nuestros propios pecados. Si un cristiano no es capaz de sentirse precisamente pecador y salvado por la sangre de Cristo, este Crucificado, es un cristiano a mitad de camino, es un cristiano tibio. <em>(Cf Homilía de S.S. Francisco, 4 de septiembre de 2014, en Santa Marta).</em></p>
<p><span id="more-1040"></span></p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong></p>
<p><strong>“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”<br /></strong>San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia. <i>Sermón 43, 5-5; CCL 41, 510-511.</i></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios&#8230; Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador&#8230;, pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.” </p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</em></strong> </p>
<p>La respuesta que el Señor Jesús ofrece a Pedro parece no responder a su confesión y petición: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». No le dice el Señor: “tus pecados son perdonados”, como lo hará con otros, sino que le dice: «No temas». </p>
<p>¿Por qué le dice “no temas”, sino porque ve miedo en el corazón de Pedro? ¿Pero a qué le tiene miedo? ¿Es el temor que experimenta el hombre ante la santidad infinita de Dios? ¿O es el miedo a un seguimiento más radical? ¿Intuye acaso Pedro que el Señor “lo persigue” porque quiere pedirle una mayor entrega? ¿Es miedo a que el Señor le pida dejarlo todo por Él? </p>
<p>La respuesta del Señor, aquel “no tengas miedo”, busca infundir en él el coraje y la confianza necesarios para vencer ese miedo. Es como si le dijera: “¡Confía en Mí! ¡Yo he venido a mostrarte tu vocación profunda, el sentido de tu vida y tu misión en el mundo! ¡Yo estaré contigo para enseñarte y ayudarte a desplegar eso que tú estás llamado a ser: pescador de hombres! ¡No tengas miedo de responder a lo que yo te pida!” </p>
<p>Ese miedo que experimentó Pedro está también muy presente en nuestras vidas. El seguimiento del Señor causa temor: el temor de comprometerse hasta el fondo y de por vida con Él, el miedo de no saber por dónde nos puede llevar ese compromiso o cuánto nos va a exigir, el miedo de no ser yo quien controle mi propia vida según mis planes, el miedo enorme de dar ese “salto al vacío” que tantas veces exige la fe, de ese decirle al Señor, “aquí me tienes, hágase en mí según tu palabra”. ¡Cuántos siguen al Señor “de lejos”, y cuántos se echan atrás cuando el Señor les muestra un horizonte más grande, cuando los invita a renunciar a su comodidad, a sus planes, a sus seguridades, para lanzarse a la gran aventura de seguir lo que Dios les pide, de someterse a lo inseguro, e incluso a lo doloroso, para cooperar con Él a cambiar el mundo, según su Evangelio! </p>
<p>También a nosotros el Señor, profundo conocedor del corazón humano, nos dice: “¡No tengas miedo! ¡No tengas miedo a la verdad sobre ti mismo, esa verdad que requiere que mires cara a cara y aceptes con humildad tu propia debilidad, tu miseria e incluso tus pecados más vergonzosos y terribles, pero verdad que va más allá de tu “soy pecador”! ¡No tengas miedo de descubrir en Mí tu propia grandeza y dignidad, tu verdadera identidad, el sentido de tu vida, tu vocación y tu hermosa misión en el mundo!” </p>
<p>El Señor te alienta a no tener miedo de la verdad de ti mismo, pero de la verdad completa, íntegra, aquella que sólo Él puede revelarnos en toda su altura y profundidad, en toda su grandeza y plenitud. Y sí, descubrir la propia grandeza da miedo porque trae consigo una serie de exigencias, trae consigo la necesidad de responder a esa grandeza. Da miedo ser lo que uno está llamado a ser, da miedo quebrar todo límite mezquino, romper las barreras que uno mismo se ha impuesto por largo tiempo y despojarse de toda falsa seguridad para lanzarse a conquistar día a día, con entusiasmo y coraje, el horizonte de santidad y plenitud humana que el Señor Jesús nos propone a cada uno. </p>
<p>Ante el miedo que podemos experimentar se nos invita a confiar en Dios y lanzarnos hacia adelante para conquistar el horizonte que el Señor nos propone: el horizonte de la propia grandeza, el horizonte de ser también nosotros pescadores de hombres, según la vocación particular a la que el Señor te llame: el matrimonio, el sacerdocio o la vida consagrada. El miedo se resuelve en un profundo acto de confianza en Dios: «En la confianza estará vuestra fortaleza» (<em>Is</em> 30, 15). «Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor» (<em>Sal</em> 40, 5). </p>
<p>&#8212; </p>
<p>FUENTES: </p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/v-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c/" target="_blank">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160131" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>Ning&#250;n profeta es bien recibido en su patria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Jan 2016 06:02:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
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					<description><![CDATA[IV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C 31 de Enero del 2016 LECTURAS BÍBLICAS Jer 1,4-5.17-19: “Lucharán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo” Sal 70,1-6.15.17: «Mi boca contará tu salvación, Señor» 1Cor 12,31-13,13: “Si no tengo amor, no soy nada” Lc 4,21-30: “Lo llevaron a un barranco con intención de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>IV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C</h3>
<p>31 de Enero del 2016 </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="Lc4_21-30" border="0" alt="Lc4_21-30" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/lc4_2130.jpg?w=570&#038;h=404" width="570" height="404"/>  </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS</em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Jer</em> 1,4-5.17-19:</strong> “Lucharán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 70,1-6.15.17</strong>: «Mi boca contará tu salvación, Señor»</li>
<li><strong><em>1Cor</em></strong><strong> 12,31-13,13:</strong> “Si no tengo amor, no soy nada”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 4,21-30:</strong> “Lo llevaron a un barranco con intención de despeñarlo”</li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO</em></strong> </p>
<p>(San Lucas 4,21-30) </p>
<p>En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: </p>
<p>— «Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír».  </p>
<p>Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: </p>
<p>— «¿No es éste el hijo de José?» </p>
<p>Y Jesús les dijo: </p>
<p>— «Sin duda me recitarán aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm». </p>
<p>Y añadió: </p>
<p>— «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando no hubo lluvia del cielo tres años y seis meses, y el hambre azotó a todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio». </p>
<p>Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo sacaron fuera del pueblo y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad con intención de despeñarlo. </p>
<p>Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong> </p>
<p><strong>«Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba»<br /></strong>San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia. <i>Sobre el profeta Isaías, 5,5; PG 70, 1352.</i> </p>
<p>Cristo ha querido que el mundo le siguiera y así conducir a Dios Padre todos los habitantes de la tierra&#8230; Los venidos del paganismo, enriquecidos por la fe de Cristo, se han beneficiado del tesoro divino de la proclamación que trae la salvación. Por ella han llegado a ser partícipes del Reino de los cielos y compañeros de los santos, herederos de las realidades inexpresables (Ef 2,19.3.6)&#8230; Cristo promete la curación y el perdón de los pecados a los que tiene roto el corazón, y devuelve la vista a los ciegos. ¿Cómo no van a ser ciegos los que no reconocen a aquél que es el Dios verdadero? ¿No está su corazón privado de la luz divina y espiritual?. Es a ellos a quienes el Padre envía la luz del verdadero conocimiento de Dios. Llamados por la fe, lo han conocido; más aún, han sido conocidos por él. Habiendo sido hijos de la noche y de las tinieblas, han llegado a ser hijos de la luz (Ef 5,8) porque el día les ha iluminado, el Sol de justicia ha amanecido para ellos (Ml 3,20), y la estrella de la mañana se les ha aparecido en todo su esplendor (Ap 22,16). <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, nada se opone a que apliquemos todo lo que acabamos de decir a los descendientes de Israel. En efecto, también ellos tenían el corazón destrozado, eran pobres y estaban como encarcelados y llenos de tinieblas&#8230; Pero Cristo ha venido a anunciar la gracia de su venida, precisamente a los hijos de Israel antes que a los otros, y proclamar juntamente el año de gracia del Señor (Lc 4,19) y el día de la recompensa. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El año de gracia es aquel en que Cristo ha sido crucificado por nosotros. Porque es entonces cuando hemos llegado a ser agradables a Dios Padre. Y es por él que damos fruto tal como él mismo nos lo enseñó: “Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto” (Jn 12,24). Y dice más todavía: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). Realmente, él volvió a la vida al tercer día después de haber triturado con sus pies el poder de la muerte. Después dijo a sus santos discípulos: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos” (Mt 28,18-19). </p>
<p><span id="more-1037"></span></p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</em></strong> </p>
<p>Si el Señor Jesús encontró oposición, ¿no la encontraré yo también cuando anuncie al Señor y su Evangelio? Si Él fue rechazado por algunos, calumniado y perseguido, ¿no lo seré yo también como discípulo suyo? Sí, también yo, si vivo como discípulo suyo, si asumo la misión de anunciar su Evangelio, experimentaré en no pocas ocasiones la oposición y el rechazo de muchos. El Señor lo ha advertido: «El discípulo no es más que su Maestro» (Mt 10, 24). </p>
<p>La conciencia de esta oposición que encontraremos no sólo en el mundo, sino incluso a veces entre nuestros propios familiares o amigos, no debe llevarnos a acobardarnos, desistiendo en el empeño de llevar una vida cristiana coherente y desistiendo de anunciar el Evangelio. Más allá de la resistencia de quienes se aferran a sus propias expectativas sobre nosotros, o a sus propios criterios errados o ideologías, o incluso a sus propios vicios y pecados, muchos están esperando que les anunciemos el Evangelio como testigos veraces y valientes del Señor, para decidirse también ellos a seguirlo y emprender así el Camino que conduce a la Vida plena. </p>
<p>El Señor Jesús sabe bien de las dificultades que encontraremos en el camino y por eso Él mismo nos alienta en todo momento: «No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14, 27), «en el mundo tendrán tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). Y como a su profeta Dios nos dice también a nosotros: «Lucharán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo para librarte» (Jer 1, 19). Así pues, si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros? (ver Rom 8, 31). ¡Qué importante es confiar en Dios en los momentos de prueba, y mantenernos siempre fieles al Señor! </p>
<p>Cuando confiados en el Señor vencemos nuestros miedos e inseguridades y nos lanzamos a anunciar el Evangelio dando testimonio de nuestra fe, descubrimos que verdaderamente Dios está con nosotros (ver Jer 1, 17-19), que Él nos da la fuerza necesaria para el anuncio y que incluso Él mismo pone en nuestra boca las palabras adecuadas cuando no sabemos qué decir: «el Espíritu de vuestro Padre [es] el que hablará en ustedes» (Mt 10, 20)  </p>
<p>Como cristianos que somos no podemos quedarnos callados, no podemos escondernos ni acobardarnos, no podemos renunciar a la misión que Él nos ha confiado a todos de anunciar el Evangelio. No podemos defraudar al Señor por miedo al “qué dirán”, por evitar el conflicto o la incomodidad, por respetar lo “políticamente correcto”, por juzgar que “yo no soy capaz”, por ceder a la cobardía o al “complejo” de ser y mostrarme creyente. A los discípulos de Cristo se nos pide hoy dar razón de nuestra fe, hablar venciendo nuestros temores e inseguridades, dar testimonio valiente del Señor y defender a la Iglesia nuestra Madre con pasión.  </p>
<p>Así pues, alentado por el Señor, no temas dar razón de tu fe. Y si sucede que alguna vez te quedas callado porque careces del conocimiento debido y no sabes qué responder, investiga luego, pregunta, infórmate mejor, para que la próxima vez que te encuentres en una situación similar no te falte el conocimiento necesario para defender la fe y anunciar al Señor y su Evangelio. </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA</em></strong> </p>
<p><strong>Los Misterios de la vida oculta de Jesús</strong> </p>
<p><strong>531: </strong>Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios, vida en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba «sometido» a sus padres y que «progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2, 51-52). </p>
<p><strong>Cristo es el Ungido</strong> </p>
<p><strong>436:</strong> Cristo viene de la traducción griega del término hebreo «Mesías» que quiere decir «ungido». No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Éste era el caso de los reyes, de los sacerdotes y, excepcionalmente, de los profetas. Éste debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino. El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor a la vez como rey y sacerdote, pero también como profeta. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey. </p>
<p><strong>«Ningún profeta es bien recibido en su patria»</strong> </p>
<p><strong>64:</strong> Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres, y que será grabada en los corazones. Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades, una salvación que incluirá a todas las naciones.  </p>
<p><strong>65:</strong> «De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo» (Heb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. </p>
<p><strong>530:</strong> La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: «Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11). Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comparten con Él (ver Jn 15, 20). Su vuelta de Egipto recuerda el éxodo y presenta a Jesús como el liberador definitivo. </p>
<p>FUENTES: </p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/iv-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c/" target="_blank">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160131" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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		<item>
		<title>Esta palabra de la Escritura&#8230; se ha cumplido hoy</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Jan 2016 08:18:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C 24 de Enero del 2016. LECTURAS BÍBLICAS. Neh 8, 2-6.8-10: “Leían el libro de la Ley, explicando su sentido” Sal 18, 8-10.15: «Tus palabras, Señor, son espíritu y vida» 1Cor 12, 12-30: “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro” Lc 1, 1-4; [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>III Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C</h3>
<p>24 de Enero del 2016. </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="Escrituras-Jes&uacute;s-Sinagoga-MVC" border="0" alt="Escrituras-Jes&uacute;s-Sinagoga-MVC" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/escriturasjesssinagogamvc.jpg?w=420&#038;h=421" width="420" height="421"/>  </p>
<p><em><strong>LECTURAS BÍBLICAS.</strong></em> </p>
<ul>
<li><strong><em>Neh</em> 8, 2-6.8-10:</strong> “Leían el libro de la Ley, explicando su sentido”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 18, 8-10.15</strong>: «Tus palabras, Señor, son espíritu y vida»</li>
<li><strong><em>1Cor</em></strong><strong> 12, 12-30:</strong> “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 1, 1-4; 4, 14-21:</strong> “El Espíritu del Señor está sobre mí… Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”</li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO.</em></strong> </p>
<p><strong><em>Lucas</em></strong><strong> 1, 1-4; 4, 14-21</strong> </p>
<p>Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribir para ti, ilustre Teófilo, un relato ordenado a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido. </p>
<p>En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. </p>
<p>Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso de pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: </p>
<p>«El Espíritu del Señor está sobre mí,<br />porque Él me ha ungido.<br />Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,<br />para anunciar a los cautivos la libertad,<br />y a los ciegos, la vista.<br />Para dar libertad a los oprimidos;<br />para anunciar el año de gracia del Señor». </p>
<p>Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y se puso a decirles: </p>
<p>— «Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír». </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN.</em></strong> </p>
<p><b>“Esta palabra de la Escritura&#8230;se ha cumplido hoy”<br /></b>Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo. <i>Homilía 32 sobre Lc 2; SC 87, pag. 387.</i> </p>
<p>Cuando leéis: “Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.” (Lc 4,15) no penséis que aquella gente era especialmente afortunada porque oía a Cristo, ni que vosotros estáis privados de estas enseñanzas. Si la Escritura es la verdad, Dios no ha hablado sólo en las asambleas de los judíos de entonces, sino que habla hoy todavía en nuestra asamblea. Y no sólo aquí, entre nosotros, sino en otras reuniones y en el mundo entero, Jesús enseña y busca los instrumentos para transmitir su doctrina. Rogad por mí para que me encuentre dispuesto y apto para cantar sus alabanzas. </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del mismo modo que Dios encontró a los profetas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel en tiempos en que los hombres estaban privados de las profecías, asimismo Jesús busca instrumentos para transmitir su palabra y “enseñar a los pueblos en sus sinagogas, y todos hablaban bien de él.” Hoy Jesús es glorificado por muchos más que en aquel tiempo en que fue conocido sólo por la gente de su provincia. </p>
<p><span id="more-1032"></span></p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA.</em></strong> </p>
<p>El día que fui bautizado, junto con el agua fue derramado también el Espíritu en mi corazón. De este modo también yo fui ungido con el mismo Espíritu que se posó sobre Cristo en forma de paloma, el día de su bautismo. Para hacer más evidente esta unción con el Espíritu, fui ungido en la cabeza con óleo sagrado (Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1287). Por ello podemos decir que por nuestro Bautismo, al participar del mismo Espíritu de Cristo, también a nosotros se aplican las palabras de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.» (Lc 4,18-19)  </p>
<p>Mi Bautismo no debe ser reducido a un momento olvidado en mi vida, como si hubiese sido un acto intrascendente, carente de interés o valor para mí. Tampoco puedo reducirlo a un mero acto social. ¡El Bautismo me ha comunicado la vida en Cristo, ha hecho de mí una nueva criatura (Ver 2Cor 5,17)! ¿No debería recordar y celebrar ese día grande, ese nuevo nacimiento, como celebro mi nacimiento en la carne? ¡Ciertamente!  </p>
<p>Pero más aún, mi Bautismo me reclama vivir de acuerdo a lo que ese Bautismo ha hecho de mí: un cristiano, hijo de Dios, hijo en el Hijo, templo vivo de su Espíritu y miembro vivo del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia (Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1997). Mas en el día a día nos topamos con la dolorosa realidad de que muchas veces no vivimos de acuerdo a nuestra grandeza y dignidad de hijos de Dios, y aunque queremos y procuramos responder al llamado que el Señor nos hace a ser santos (Ver Mt 5,48), sufrimos por nuestras múltiples y repetidas incoherencias y caídas (Ver Rom 7,15s).  </p>
<p>La primera gran tarea de todo Bautizado, de todo aquél en quien el Espíritu divino ha sido derramado, es buscar la plena conformación con el Señor Jesús, es aspirar a vivir la perfección de la caridad. ¡La santidad! Esa es nuestra vocación (Ver Lev 19,2), esa es nuestra meta y principal tarea: buscar asemejarnos cada vez más a Cristo, pensando, sintiendo y actuando como Él.  </p>
<p>Mas nadie puede alcanzar esta meta por sí mismo. Nuestra santificación, más allá de nuestros esfuerzos y de los medios que necesariamente hemos de poner, es obra del Espíritu en nosotros. Por ello es necesario vivir una vida espiritual intensa, una vida de intensa relación con el Espíritu. Él es quien nos va conformando con Jesús en la medida en que cooperamos desde nuestra pequeñez y libertad, cooperación que se da mediante un incesante y esforzado combate espiritual por el que procuramos despojarnos del hombre viejo y de todas sus obras para revestirnos del hombre nuevo, de las virtudes de Cristo (Ver Ef 4,21-24).  </p>
<p>La segunda gran tarea, íntimamente ligada a la primera, es ésta: si por mi Bautismo y posteriormente también por mi Confirmación he sido ungido y sellado con el Espíritu Santo (Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1294), también yo soy enviado a proclamar la Buena Nueva de la liberación y la reconciliación a todos los seres humanos, en el hoy de la historia de la salvación, en las diversas realidades en las que me toca vivir y actuar. ¡No puedo olvidar esta exigencia que brota de mi condición de Bautizado! ¡Yo debo anunciar a Cristo! ¿Puede un Bautizado no irradiar a Cristo? ¿Puede el sol no iluminar? ¡Tan terrible como sería el apagarse la luz del sol es el apagarse la luz y la vida de de Cristo en un bautizado! Pero si por la presencia vivificante del Espíritu brilla en tu vida la luz de Cristo, como el sol podrás difundir a tu alrededor la luz de Cristo y el calor de su amor. </p>
<p>Este apostolado, este anuncio e irradiación de Cristo y de su Evangelio de tal manera que transforme otros corazones y las estructuras injustas y antievangélicas de nuestras sociedades no es “tarea” solamente de los sacerdotes o de personas consagradas a Dios, sino que brota espontáneamente de todo Bautizado que experimenta esa presencia ardorosa del Espíritu divino en su corazón: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio…»  </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA.</em></strong> </p>
<p><strong>La espera del Mesías y de su Espíritu</strong> </p>
<p><strong>711: </strong>«He aquí que yo lo renuevo» (Is 43, 19): dos líneas proféticas se van a perfilar, una se refiere a la espera del Mesías, la otra al anuncio de un Espíritu nuevo, y las dos convergen en el pequeño Resto, el pueblo de los Pobres, que aguardan en la esperanza la «consolación de Israel» y «la redención de Jerusalén» (Lc 2, 25.38). </p>
<p><strong>712:</strong> Los rasgos del rostro del Mesías esperado comienzan a aparecer en el Libro del Emmanuel, en particular en Is 11, 1-2. </p>
<p><strong>713:</strong> Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo. Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra «condición de esclavos». Tomando sobre sí nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Espíritu de vida. </p>
<p><strong>714:</strong> Por eso Cristo inaugura el anuncio de la Buena Nueva haciendo suyo este pasaje de Isaías (Lc 4, 18-19): El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. </p>
<p><strong>715:</strong> Los textos proféticos que se refieren directamente al envío del Espíritu Santo son oráculos en los que Dios habla al corazón de su Pueblo en el lenguaje de la Promesa, con los acentos del «amor y de la fidelidad». Según estas promesas, en los «últimos tiempos», el Espíritu del Señor renovará el corazón de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunirá y reconciliará a los pueblos dispersos y divididos; transformará la primera creación y Dios habitará en ella con los hombres en la paz. </p>
<p><strong>716:</strong> El Pueblo de los «pobres», los humildes y los mansos, totalmente entregados a los designios misteriosos de Dios, los que esperan la justicia, no de los hombres sino del Mesías, todo esto es, finalmente, la gran obra de la Misión escondida del Espíritu Santo durante el tiempo de las Promesas para preparar la venida de Cristo. Esta es la calidad de corazón del Pueblo, purificado e iluminado por el Espíritu, que se expresa en los Salmos. En estos pobres, el Espíritu prepara para el Señor «un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 17). </p>
<p><strong>1286:</strong> En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado para realizar su misión salvífica. El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que Él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios. Habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da «sin medida» (Jn 3, 34). </p>
<p>&#8212;</p>
<p>FUENTES:</p>
<ul>
<li><a title="http://evangeliodominical.org/iii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c/" href="http://evangeliodominical.org/iii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c/">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a title="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160124" href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160124">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
]]></content:encoded>
					
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	</item>
		<item>
		<title>Mensaje de Papa Francisco para el Foro Econ&#243;mico Mundial</title>
		<link>https://vivirenelespiritu.wordpress.com/2016/01/21/papa-francisco-mensaje-wef/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jan 2016 16:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Denuncia]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOAL PROFESOR KLAUS SCHWAB,PRESIDENTE EJECUTIVO DEL FÓRUM ECONÓMICO MUNDIAL Ante todo, quisiera darle las gracias por su amable invitación a dirigirme a la convención anual del Fórum Económico Mundial, que tendrá lugar en Davos-Klosters, a finales de enero, sobre el tema «El Dominio de la Cuarta Revolución Industrial». Le hago presente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><i><b>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br />AL PROFESOR KLAUS SCHWAB,<br />PRESIDENTE EJECUTIVO DEL FÓRUM ECONÓMICO MUNDIAL</b></i> </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="papa_francisco" border="0" alt="papa_francisco" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/papa_francisco.jpg?w=604&#038;h=403" width="604" height="403"/>  </p>
<p>Ante todo, quisiera darle las gracias por su amable invitación a dirigirme a la convención anual del Fórum Económico Mundial, que tendrá lugar en Davos-Klosters, a finales de enero, sobre el tema «El Dominio de la Cuarta Revolución Industrial». Le hago presente mis mejores deseos por la fecundidad de este encuentro, que busca incentivar la continuidad social y la responsabilidad ambiental, por medio de un diálogo constructivo entre el gobierno, líderes empresariales y cívicos, así como también con distinguidos representantes de los sectores políticos, financieros y culturales. </p>
<p>Los albores de la así llamada «cuarta revolución industrial» han sido acompañados por una creciente sensación de la inevitabilidad de una drástica reducción del número de puestos de trabajo. Los últimos estudios conducidos por la Organización Internacional del Trabajo indican que, en la actualidad, el desempleo afecta a cientos de millones de personas. La «financialización» y la «tecnologización» de las economías globales y nacionales, han producido cambios de gran envergadura en el campo del trabajo. Menos oportunidades para un empleo satisfactorio y digno, conjugado con la reducción de la seguridad social, están causando un inquietante aumento de desigualdad y pobreza en diferentes países. Hay una clara necesidad de crear nuevas formas de actividad empresarial que, mientras fomentan el desarrollo de tecnologías avanzadas, sean también capaces de utilizarlas para crear trabajo digno para todos, sostener y consolidar los derechos sociales y proteger el medioambiente. Es el hombre quien debe guiar el desarrollo tecnológico, sin dejarse dominar por él. </p>
<p>A todos ustedes me dirijo una vez más: ¡No se olviden de los pobres! Este es el principal desafío que tienen ustedes, como líderes en el mundo de los negocios. «Quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial humano, cultural, económico y social» (<i><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/november/documents/papa-francesco_20151129_repubblica-centrafricana-autorita.html" target="_blank">Encuentro con la Clase Dirigente y con el Cuerpo Diplomático</a></i>, Bangui, 29 noviembre 2015). </p>
<p>Nunca debemos permitir que «la cultura del bienestar nos anestesie», volviéndonos incapaces de «compadecernos ante los clamores de los otros, de no llorar ante el drama de los demás ni de interesarnos de cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (<i><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html" target="_blank">Evangelium gaudium</a></i>, 54). </p>
<p>Llorar por la miseria de los demás no significa sólo compartir sus sufrimientos, sino también y sobre todo, tomar conciencia que nuestras propias acciones son una de las causas de la injusticia y la desigualdad. «Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (<i><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html" target="_blank">Bula de indicción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordia vultus</a>, </i>15). </p>
<p>Una vez que tomamos conciencia de esto, llegamos a ser humanos más plenos, pues nuestra responsabilidad para con nuestros hermanos y hermanas es una parte esencial de nuestra humanidad común. No tengan miedo de abrir su mente y su corazón a los pobres. De este modo, ustedes podrán dar rienda suelta a sus talentos económicos y técnicos, y descubrir la felicidad de una vida plena, que no les puede proporcionar el solo consumismo. </p>
<p>Frente a los profundos cambios que marcan época, los líderes mundiales se enfrentan al reto de garantizar que la futura «cuarta revolución industrial», resultado de la robótica y de las innovaciones científicas y tecnológicas, no conduzca a la destrucción de la persona humana —remplazada por una máquina sin alma—, o a la transformación de nuestro planeta en un jardín vacío para el disfrute de unos pocos elegidos. </p>
<p>Por el contrario, el momento actual proporciona una valiosa oportunidad para guiar y gobernar el proceso ahora en curso, y construir sociedades inclusivas basadas en el respeto por la dignidad humana, la tolerancia, la compasión y la misericordia. Les insto, pues, a afrontar de nuevo el diálogo sobre cómo construir el futuro del planeta, «nuestra casa común», y exhorto a ustedes a hacer un esfuerzo unido para lograr un desarrollo sostenible e integral.  </p>
<p>Como he señalado muchas veces, y lo reitero ahora con mucho gusto, la actividad empresarial es «una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos», especialmente «si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (<i><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#129" target="_blank">Laudato si’</a></i>, 129). Como tal, tiene la responsabilidad de ayudar a superar la compleja crisis de la sociedad y del medio ambiente, y luchar contra la pobreza. Esto hará que sea posible mejorar la precaria condición de vida de millones de personas y cerrar la brecha que da lugar a numerosas injusticias, que erosiona los valores fundamentales de la sociedad, como la igualdad, la justicia y la solidaridad. </p>
<p>De este modo, a través del recurso privilegiado al diálogo, el Foro Económico Mundial puede convertirse en una plataforma para la defensa y protección de la creación, como también para la consecución de «un progreso más sano, más humano, más social, más integral» (<i><a href="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/2015/06/27/laudato-si/">Laudato si’</a></i>, 112), teniendo además debidamente en cuenta los objetivos ambientales y la necesidad de maximizar los esfuerzos para erradicar la pobreza, como se establece en el Programa para el Desarrollo Sostenible de 2030 y en el Acuerdo de París establecido en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. </p>
<p>Señor Presidente, renovando mis mejores deseos para el éxito de la próxima reunión en Davos, invoco sobre Ud. y sobre todos los participantes en el Foro, junto con sus familias, la abundante bendición de Dios. </p>
<p><i>Vaticano, el 30 de diciembre de 2015</i> </p>
<p><b>Francisco</b></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Hagan lo que &#201;l les diga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Jan 2016 10:50:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[II Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C 17 de Enero del 2016 LECTURAS BÍBLICAS. Is 62, 1-5: “Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria” Sal 95, 1-3.7-10: «Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones» 1Cor 12, 4-11: “A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>II Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C</h3>
<p>17 de Enero del 2016 </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="bodas de cana" border="0" alt="bodas de cana" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/cana.png?w=604&#038;h=763" width="604" height="763"/>  </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS.</em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Is</em></strong><strong> 62, 1-5:</strong> “Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 95, 1-3.7-10</strong>: «Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones»</li>
<li><strong><em>1Cor</em></strong><strong> 12, 4-11:</strong> “A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común”</li>
<li><strong><em>Jn</em></strong><strong> 2,1-11:</strong> «En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos»</li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO.</em></strong> </p>
<p><strong><em>San Juan</em></strong><strong> 2,1-11</strong> </p>
<p>En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.<br />Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:<br />— «No les queda vino».<br />Jesús le contestó:<br />— «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora».<br />Su madre dijo a los sirvientes:<br />— «Hagan lo que Él les diga».<br />Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.<br />Jesús les dijo:<br />— «Llenen las tinajas de agua».<br />Y las llenaron hasta arriba.<br />Entonces les mandó:<br />— «Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo». Así lo hicieron.<br />El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (sólo lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:<br />— «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».<br />Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en Él. </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN.</em></strong> </p>
<p><b>El agua cambiada en vino.<br /></b>San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo. <i>CC Sermón 65, p. 273 -74; PL 17, 624-626.</i></p>
<p>Cambiando el agua que llenaba las tinajas, en vino, el Salvador ha hecho dos cosas: ha provisto a los invitados a las bodas de una bebida y ha hecho el signo de que, por el bautismo, los hombres quedarían llenos del Espíritu Santo. El mismo Señor lo ha declarado en otra parte, diciendo: «¡A odres nuevos, vino nuevo!» (Mt 9,17). En efecto, los odres nuevos significan la pureza del bautismo, el vino, la gracia del Espíritu Santo . </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Catecúmenos, prestad una particular atención. Vuestro espíritu que todavía no conoce a la Trinidad se parece al aguan fría. Es necesario calentarla con el calor del sacramento del bautismo, como se hace con un vino, para transformar un líquido pobre y sin valor en gracia preciosa y rica. Como el vino, adquirimos buen sabor y aroma de dulzura; entonces podremos decir con el apóstol Pablo: «Para Dios somos el buen olor de Cristo» (2Co 2,15). El catecúmeno, antes de su bautismo, se parece al agua que duerme, fría y sin color&#8230;, inútil, incapaz de dar energía. conservada durante largo tiempo, el agua se altera, corrompe, se vuelve fétida&#8230; El Señor ha dicho: «el que no nazca de nuevo del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los cielos» (Jn 3,5). </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El fiel bautizado se parece a un vino vigoroso y rojo. Todas las cosas de la creación con el tiempo se estropean, tan sólo el vino mejora envejeciendo.&nbsp; Pierde cada día de su aspereza, y adquiere una textura llena de suavidad, de un rico sabor. Igualmente el cristiano, a medida que pasa el tiempo pierde la aspereza de su vida pecadora, adquiere la sabiduría y la benevolencia de la Trinidad divina. </p>
<p><span id="more-1024"></span></p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA.</em></strong></p>
<p>Santa María, que percibe la falta de vino en una boda en Caná, ve también lo que nos hace falta en nuestras vidas, sabe de las virtudes que necesitamos para asemejarnos cada vez más a su Hijo, el Señor Jesús: más fe, más caridad, más esperanza, más paciencia, más alegría, más pureza, más humildad. Ayer como hoy, Ella intercede también ante su Hijo para que transforme el agua de nuestra insuficiencia o mediocridad en el “vino nuevo” de una vida santa, plena de caridad, rebosante de alegría. </p>
<p>Al aspirar a conformarnos con el Señor Jesús, el Hijo de Santa María, hemos de tener muy presente que sólo Él puede ayudarnos a cambiar nuestros vicios por virtudes. Así como Jesús transformó el agua en vino, Él puede también transformar nuestros corazones endurecidos por nuestros pecados y opciones contra Dios en corazones “de carne”, capaces de amar como Él nos ha amado (ver Ez 36, 26-27). </p>
<p>Para que se dé esta transformación interior en nuestras vidas Santa María intercede incesantemente por cada uno de nosotros, sus hijos e hijas, ante el Señor, al tiempo que nos urge a nosotros: «¡hagan lo que Él les diga!» (Jn 2, 5). Si bien el Señor realiza el milagro de la transformación del agua en vino gracias a la intercesión de su Madre, lo hace también en la medida en que los siervos cooperan haciendo lo que Él les indica, obedeciendo a su palabra. Del mismo modo, el Señor obrará nuestra conversión y santificación sólo en la medida en que prestemos nuestra decidida cooperación desde el recto ejercicio de nuestra propia libertad. Si cooperamos con el Señor cada día, obedeciéndole, procurando poner por obra lo que Él nos dice, Él realizará en nosotros por el don de su Espíritu el milagro de nuestra progresiva santificación, hasta que podamos también nosotros afirmar como el Apóstol Pablo: «vivo yo, más no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2, 20). </p>
<p>¿Pero cómo me habla el Señor, de modo que pueda “hacer lo que Él me diga”, cada vez que descubra que me “falta el vino” de alguna virtud? Cuando te falte fe, escucha al Señor que te dice: «No se turbe tu corazón. Crees en Dios: cree también en mí» (Jn 14, 1); si te falta la esperanza y resistencia en las tribulaciones, Él te dice: «¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33); si te falta caridad: «ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn 15,12); si te falta la humildad, y pretendes dar frutos de santidad por ti mismo, Él te dice: «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada» (Jn 15, 5); si te falta paciencia: «aprende de mí que soy manso y humilde de corazón»; si te falta capacidad de perdón y consientes resentimientos, rencores, deseos de venganza, Él te dice: perdona «hasta setenta veces siete» (Mt 18, 22); si te falta generosidad, te dice: «A todo el que te pida, da» (Lc 6, 30); si te falta la perseverancia en la oración, Él te dice: «es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18, 1). Ante todo lo que nos hace falta, acudamos al Señor y escuchemos reverentes aquellas enseñanzas a las que María nos invita a adherirnos de mente, corazón y acción: «¡hagan lo que Él les diga!» </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA.</em></strong> </p>
<p><strong>Haced lo que Él os diga</strong> </p>
<p><strong>144: </strong><strong>La obediencia de la fe.</strong> Obedecer («ob-audire») en la fe, es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma. </p>
<p><strong>148:</strong> La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37) y dando su asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Isabel la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1, 45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada. </p>
<p><strong>151:</strong> Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en Aquel que él ha enviado, «su Hijo amado», en quien ha puesto toda su complacencia (Mc l, 11). Dios nos ha dicho que les escuchemos (14). El Señor mismo dice a sus discípulos: «Creed en Dios, creed también en mí» (Jn 14, 1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado» (Jn 1, 18). Porque «ha visto al Padre» (Jn 6, 46), él es único en conocerlo y en poderlo revelar. </p>
<p><strong>También Cristo obedece al Padre</strong> </p>
<p><strong>606:</strong> El Hijo de Dios «bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado» (Jn 6, 38), «al entrar en este mundo, dice: … He aquí que vengo… para hacer, oh Dios, tu voluntad… En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10, 5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4, 34). El sacrificio de Jesús «por los pecados del mundo entero» (1Jn 2, 2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: «El Padre me ama porque doy mi vida» (Jn 10, 17). «El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14, 31). </p>
<p><strong>Por mediación de María…</strong> </p>
<p><strong>725:</strong> …por medio de María, el Espíritu Santo comienza a poner en Comunión con Cristo a los hombres «objeto del amor benevolente de Dios», y los humildes son siempre los primeros en recibirle: los pastores, los magos, Simeón y Ana, los esposos de Caná y los primeros discípulos. </p>
<p><strong>1613:</strong> En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo —a petición de su Madre— con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo. </p>
<p><strong>2617:</strong> La oración de María se nos revela en la aurora de la plenitud de los tiempos. Antes de la encarnación del Hijo de Dios y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de manera única con el designio amoroso del Padre: en la anunciación, para la concepción de Cristo; en Pentecostés para la formación de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En la fe de su humilde esclava, el don de Dios encuentra la acogida que esperaba desde el comienzo de los tiempos. La que el Omnipotente ha hecho «llena de gracia» responde con la ofrenda de todo su ser: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Fiat, ésta es la oración cristiana: ser todo de Él, ya que Él es todo nuestro. </p>
<p><strong>2618:</strong> El Evangelio nos revela cómo María ora e intercede en la fe: en Caná, la madre de Jesús ruega a su hijo por las necesidades de un banquete de bodas, signo de otro banquete, el de las bodas del Cordero que da su Cuerpo y su Sangre a petición de la Iglesia, su Esposa. Y en la hora de la nueva Alianza, al pie de la Cruz, María es escuchada como la Mujer, la nueva Eva, la verdadera «madre de los que viven». </p>
<p>&#8212; </p>
<p>FUENTES: </p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/ii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c/" target="_blank">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160106" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>T&#250; eres mi Hijo, el amado, el predilecto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Jan 2016 08:40:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR 10 de Enero del 2016 LECTURAS BÍBLICAS Is 42, 1-4.6-7: “He aquí mi siervo a quien yo sostengo” Sal 28, 1-4.9-10: «El Señor bendice a su pueblo con la paz» Hech 10, 34-38: “Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo” Lc 3, 15-16. 21-22: «Jesús también se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR</h3>
<p>10 de Enero del 2016 </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="T&uacute; eres mi Hijo, el amado, el predilecto" border="0" alt="T&uacute; eres mi Hijo, el amado, el predilecto" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/theophanyicon.jpg?w=604&#038;h=900" width="604" height="900"/>  </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS</em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Is</em> 42, 1-4.6-7:</strong> “He aquí mi siervo a quien yo sostengo”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 28, 1-4.9-10</strong>: «El Señor bendice a su pueblo con la paz»</li>
<li><strong><em>Hech</em></strong><strong> 10, 34-38:</strong> “Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 3, 15-16. 21-22:</strong> «Jesús también se bautizó»</li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO<br /><strong><em>Lc</em></strong><strong> 3, 15-16. 21-22</strong></em></strong> </p>
<p>En aquel tiempo, el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: </p>
<p>«Yo les bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él les bautizará con Espíritu Santo y fuego». </p>
<p>Un día, cuando se bautizaba mucha gente, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: </p>
<p>«Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». </p>
<p><b><em>REFLEXIÓN</em></b> </p>
<p><b>“Entonces se abrieron los cielos. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús”<br /></b>San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia. <i>Comentario sobre el evangelio de Juan 5,2.</i> </p>
<p>Si se afirma que Cristo recibió el Espíritu Santo, hay que entenderlo en cuanto hombre y porque convenía así a la humanidad. Sin duda, él es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma sustancia antes de la encarnación y antes de todos los tiempos. No obstante, no experimentó ninguna tristeza al oír la voz del Padre: “Tú eres mi hijo, yo te engendrado hoy.” </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel que es Dios, engendrado antes de todos los siglos, es engendrado hoy, como lo dice el Padre. Esto significa que el Padre nos acoge en él como hijos adoptivos, porque toda la humanidad se encuentra asumida en Cristo hombre. En este sentido se puede afirmar que el Padre, aunque su Hijo ya poseía el Espíritu Santo, se lo da de nuevo para que nosotros pudiéramos participar de este Espíritu, gracias al Hijo. Cristo no recibió el Espíritu para su propio provecho, sino para provecho nuestro que estamos incorporados a él. Es por gracia de Cristo que nos vienen todos los bienes. </p>
<p><span id="more-1020"></span></p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</em></strong></p>
<p>La fiesta del Bautismo del Señor es ocasión propicia para reflexionar sobre nuestro propio Bautismo y sus implicancias. El Bautismo no es un mero “acto social”. Un día yo fui bautizado y mi Bautismo marcó verdaderamente un antes y un después: por el don del agua y el Espíritu Santo fuimos sumergidos en la muerte de Cristo para nacer con Él a la vida nueva, a la vida de Cristo, a la vida de la gracia. Por el Bautismo llegué a ser “una nueva criatura” (2 Cor 5, 16), fui verdaderamente “revestido de Cristo” (Gál 3, 27). En efecto, la Iglesia enseña que «mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2565). </p>
<p>Pero si mi Bautismo me ha transformado radicalmente, ¿por qué sigo experimentando en mí una inclinación al mal? ¿Por qué la incoherencia entre lo que creo y lo que vivo? ¿Por qué tantas veces termino haciendo el mal que no quería y dejo de hacer el bien que me había propuesto? (ver Rom 7, 15) ¿Por qué me cuesta tanto vivir como Cristo me enseña? Ante esta experiencia tan contradictoria aclara la enseñanza de la Iglesia que aunque el Bautismo «borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios… las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual» (Catecismo de la Iglesia Católica, 405). </p>
<p>Dios ha permitido que luego de mi Bautismo permanezcan en mí la inclinación al mal, la debilidad que me hace frágil ante las tentaciones, la inercia o dificultad para hacer el bien, con el objeto de que sean un continuo aguijón que me estimule cada día al combate decidido por la santidad, así como a buscar siempre en Él la fuerza necesaria para vencer el mal con el bien. </p>
<p>Dios llama a todo bautizado al combate espiritual. El combate espiritual tiene como objetivo final nuestra propia santificación, es decir, asemejarnos lo más posible al Señor Jesús, alcanzar su misma estatura humana, llegar a pensar, amar y actuar como Él. Sabemos que esa transformación, que es esencialmente interior, es obra del Espíritu divino en nosotros. Es Dios mismo quien por su Espíritu nos renueva interiormente, nos transforma y conforma con su Hijo, el Señor Jesús. Sin embargo, Dios ha querido que desde nuestra fragilidad y pequeñez cooperemos activamente en la obra de nuestra propia santificación. Decía San Agustín: “quien te ha creado sin tu consentimiento, no quiere salvarte sin tu consentimiento”. Y este consentimiento implica la cooperación decidida en “despojarnos” del hombre viejo y sus obras para “revestirnos” al mismo tiempo del hombre nuevo, de Cristo (ver Ef 4, 22ss). Esto no es sencillo, por eso hablamos de combate, de lucha interior. </p>
<p>Para vencer en este combate lo primero que debemos hacer es reconocer humildemente nuestra insuficiencia: sin Él nada podemos (ver Jn 15, 5). No podemos dejar de rezar, no podemos dejar de pedirle a Dios las fuerzas y la gracia necesaria para vencer el mal, nuestros vicios y pecados, para rechazar con firmeza toda tentación que aparezca ante nosotros, para poder perseverar en el bien y en el ejercicio de las virtudes que nos enseña el Señor Jesús. </p>
<p>Junto con la incesante oración hemos de proponer medios concretos para ir venciendo los propios vicios o malos hábitos que descubro en mí, para ir cambiándolos por modos de pensar, de sentir y de actuar que correspondan a las enseñanzas del Señor.  </p>
<p>El Señor a todos nos pide perseverar en ese combate (ver Mt 24, 13), con paciencia, con esperanza, nunca dejarnos vencer por el desaliento, siempre levantarnos de nuestras caídas, pedirle perdón con humildad si caemos y volver decididos a la batalla cuantas veces sea necesario. No olvidemos que “el santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta”. </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA</em></strong> </p>
<p><strong>El bautismo de Jesús</strong><br /><strong>536:</strong> El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores; es ya «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29); anticipa ya el «bautismo» de su muerte sangrienta. Viene ya a «cumplir toda justicia» (Mt 3, 15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados. A esta aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo. El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a «posarse» sobre él. De él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, «se abrieron los cielos» (Mt 3, 16) que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación. </p>
<p><strong>1224:</strong> Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de S. Juan, destinado a los pecadores, para «cumplir toda justicia» (Mt 3, 15). Este gesto de Jesús es una manifestación de su «anonadamiento» (ver Flp 2, 7). El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su «Hijo amado» (Mt 3, 16-17). </p>
<p><strong>1225:</strong> En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un «Bautismo» con que debía ser bautizado. La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva: desde entonces, es posible «nacer del agua y del Espíritu» para entrar en el Reino de Dios. </p>
<p><strong>El Bautismo cristiano</strong> </p>
<p><strong>1267:</strong> El Bautismo hace de nosotros miembros del Cuerpo de Cristo. «Por tanto… somos miembros los unos de los otros» (Ef 4, 25). El Bautismo incorpora a la Iglesia. De las fuentes bautismales nace el único pueblo de Dios de la Nueva Alianza que trasciende todos los límites naturales o humanos de las naciones, las culturas, las razas y los sexos: «Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo» (1 Cor 12, 13). </p>
<p><strong>1269:</strong> Hecho miembro de la Iglesia, el bautizado ya no se pertenece a sí mismo, sino al que murió y resucitó por nosotros. Por tanto, está llamado a someterse a los demás, a servirles en la comunión de la Iglesia, y a ser «obediente y dócil» a los pastores de la Iglesia y a considerarlos con respeto y afecto. Del mismo modo que el Bautismo es la fuente de responsabilidades y deberes, el bautizado goza también de derechos en el seno de la Iglesia: recibir los sacramentos, ser alimentado con la palabra de Dios y ser sostenido por los otros auxilios espirituales de la Iglesia. </p>
<p><strong>1270:</strong> Los bautizados «por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia» y de participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios. </p>
<p>&#8212; </p>
<p>FUENTES: </p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/fiesta-del-bautismo-del-senor-2/" target="_blank">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160106" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>Venimos para adorar al Rey</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Jan 2016 09:33:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Tradición]]></category>
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					<description><![CDATA[EPIFANÍA DEL SEÑOR 03 de Enero del 2016 &#160; LECTURAS BÍBLICAS Is 60, 1-6: “La gloria del Señor amanece sobre ti” Sal 71, 1-2.7-8.10-13: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios» Ef 3,2-3 .5-6: “Ahora ha sido revelado que también los paganos son coherederos” Mt 2, 1-12: «Vieron al niño [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>EPIFANÍA DEL SEÑOR</h3>
<p>03 de Enero del 2016  </p>
<p>&nbsp;<img style="display:inline;border-width:0;" title="epifania" border="0" alt="epifania" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/01/epifania.jpg?w=594&#038;h=473" width="594" height="473"/>  </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS </em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Is</em> 60, 1-6:</strong> “La gloria del Señor amanece sobre ti”  </li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 71, 1-2.7-8.10-13</strong>: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios»  </li>
<li><strong><em>Ef</em></strong><strong> 3,2-3 .5-6:</strong> “Ahora ha sido revelado que también los paganos son coherederos”  </li>
<li><strong><em>Mt</em></strong><strong> 2, 1-12:</strong> «Vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron»</li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO</em></strong>  </p>
<p><strong>Mateo 2, 1-12</strong>  </p>
<p>Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:<br />— «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».<br />Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.<br />Ellos le contestaron:<br />— «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”».<br />Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:<br />— «Vayan y averigüen cuidadosamente acerca del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo».<br />Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.<br />Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.<br />Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran adonde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.  </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong>  </p>
<p><b>“Postrándose, le rindieron homenaje”<br /></b>San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia. <i>Homilías sobre San Mateo, 7-8.</i>  </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Imitemos, pues, a los magos. Pero también apartémonos con cuidado de las costumbres de los bárbaros, para que podamos ver a Cristo. Porque aún los bárbaros, si no se hubieran alejado mucho de su región, no habrían podido ver a Cristo. Apartémonos de los negocios terrenos. Los magos, estando en Persia veían la estrella; pero salidos de Persia contemplaron al Sol de Justicia. Más aún: ni siquiera habían de continuar viendo la estrella si no salían con ánimo pronto de su país. ¡Ea, pues! También nosotros levantémonos aunque todos se conturben y corramos a la casa del Niño.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; “Y habiendo entrado en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y de hinojos lo adoraron; y habiendo abierto sus tesoros, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.” Y ¿qué fue lo que a los magos indujo a que lo adoraran? Porque ni la Virgen tenía resplandor especial, ni la casa era magnífico palacio, ni había cosa alguna que pudiera excitarlos o invitarlos. Y sin embargo, no sólo lo adoran, sino que abren sus arcas y le ofrecen dones, y dones no propios para hombres, sino para Dios. El incienso y la mirra de modo especial simbolizan ser Dios aquel Niño. ¿Qué fue lo que los persuadió? Lo mismo que los excitó para abandonar su casa y emprender el camino: es a saber la estrella y la interior inspiración que Dios les comunicó. Esta los llevó poco a poco hasta un más perfecto conocimiento. Si no hubiera sido por eso, jamás le habrían rendido honor tan grande, cuando todo lo que ahí había no tenía valor. Y nada de lo que los sentidos perciben había ahí grande, sino establo, tugurio, una madre pobre: para que adviertas la excelente virtud de los magos y veas claramente que ellos no visitaron al Niño como a puro hombre, sino como a su Dios bienhechor. </p>
<p><span id="more-1016"></span></p>
<p><em><strong>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</strong></em>  </p>
<p>Creemos firmemente con la fe de la Iglesia que Santa María, por ser la madre de Cristo-Cabeza, lo es también de cada uno de los miembros de Su Cuerpo místico, que es la Iglesia. Por tanto, María en el orden espiritual es madre de todos los que por la fe se acercan a Cristo, es Madre nuestra.  </p>
<p>Esta maternidad espiritual, cuyo principio se remonta al momento de la concepción virginal, fue hecha explícita por Cristo mismo al pronunciar su testamento espiritual desde la Cruz, en el momento en que refiriéndose a Juan dijo a su Madre: “Mujer, he allí a tu hijo”. Y a Juan: “he allí a tu madre” (ver Jn 19, 25-27). La Iglesia ha afirmado siempre que las palabras de Cristo trascienden a la persona misma de Juan, y que en él estábamos representados todos los discípulos.  </p>
<p>Esta maternidad espiritual la ejerce ya María cuando presenta a Cristo a unos humildes pastores, quienes avisados por un ángel se acercan con prontitud al portal a adorar al Niño que ha nacido. Posteriormente la ejerce también con la llegada de unos misteriosos personajes que atraídos por una singular estrella vienen desde muy lejos a adorar al Rey de Israel que ha nacido. Con la sorpresiva aparición de estos sabios de Oriente la reflexiva María, considerando todo a la luz de los designios divinos, comprende que su maternidad espiritual no se limita a los hijos e hijas de Israel, sino que se abre a todos los hombres y mujeres que con fe se acercan a su Hijo, así como a toda la humanidad se abre el Don de la Salvación que el Hijo de Dios ha venido a traer al mundo: es universal.  </p>
<p>Hoy como ayer, María sigue ejerciendo activamente su maternidad espiritual sobre todos los que nos acercamos a su Hijo con fe. Madre que da a luz al Niño-Dios, Ella nos lo presenta y hace cercano también a nosotros, procurando por su intercesión y cuidado maternal que en nosotros la vida divina que hemos recibido el día de nuestro Bautismo crezca y se fortalezca cada vez más, hasta que también nosotros, cooperando activamente con el don y la gracia recibidas, alcancemos “la madurez de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13; ver Gál 2, 20).  </p>
<p>Por ello acudamos confiadamente a nuestra Madre. Miremos sin cesar el brillo de esta Estrella y poniéndonos en marcha cada día dejémonos guiar por Ella al encuentro pleno con su Hijo, el Señor Jesús, para adorarlo también nosotros y entregarle toda nuestra vida y corazón.  </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA</em></strong>  </p>
<p><strong>528:</strong> La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná, la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos «magos» venidos de Oriente. En estos «magos», representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para «rendir homenaje al rey de los judíos» (Mt 2, 2) muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David, al que será el rey de las naciones. Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento. La Epifanía manifiesta que «la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas» y adquiere la «israelitica dignitas» (la dignidad israelítica).  </p>
<p><strong>1171:</strong> El año litúrgico es el desarrollo de los diversos aspectos del único misterio pascual. Esto vale muy particularmente para el ciclo de las fiestas en torno al Misterio de la Encarnación (Anunciación, Navidad, Epifanía) que conmemoran el comienzo de nuestra salvación y nos comunican las primicias del misterio de Pascua.  </p>
<p>&#8212;  </p>
<p>FUENTES:  </p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/epifania-del-senor-2/" target="_blank">evangeliodominical.org</a>  </li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20160106" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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	</item>
		<item>
		<title>Envi&#243; Dios a su Hijo, nacido de una mujer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jan 2016 01:47:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS 1 de Enero del 2016 LECTURAS BÍBLICAS Núm 6, 22-27: “Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré” Sal 66, 2-8: «El Señor tenga piedad y nos bendiga» Gál 4, 4-7: “Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer” Lc 2, 16-21: «María conservaba todas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS</h3>
<p><a></a><a></a><a></a><a></a> </p>
<p>1 de Enero del 2016 </p>
<p><em><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="&ldquo;Envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de una mujer&rdquo;" border="0" alt="&ldquo;Envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de una mujer&rdquo;" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/12/maria_icon.jpg?w=604&#038;h=794" width="604" height="794"/> </em> </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS</em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Núm</em></strong><strong> 6, 22-27:</strong> “Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 66, 2-8</strong>: «El Señor tenga piedad y nos bendiga»</li>
<li><strong><em>Gál</em></strong><strong> 4, 4-7:</strong> “Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 2, 16-21:</strong> «María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» </li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO</em></strong> </p>
<p><strong>San Lucas 2,16</strong> </p>
<p>En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. </p>
<p>Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. </p>
<p>Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong> </p>
<p><b>María, estrella de la mañana, puerta del cielo</b><br />San Juan XXIII (1881-1963), papa. <i>Discursos II, pag. 53.</i> </p>
<p>La Virgen Inmaculada anuncia la aurora del día eterno y nos asiste como guía a lo largo del camino que todavía nos separa de él. Por esta razón, el himno litúrgico “Estrella de la mañana” es una preciosa invocación: “Concédenos, por la fe en Jesús, llegar a gozar de su presencia contigo.” Los anhelos de nuestro corazón y todos nuestros esfuerzos como cristianos tienden a este fin, como coronamiento de una vida de fe y de gracia. Ánimo, pues, hijos, no siempre andaremos en tribulación y trabajos. María “tú eres nuestra fortaleza.” </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; O María, espejo radiante de gracia y de pureza que has disipado las tinieblas de la noche y nos has elevado a los esplendores del cielo, sé propicia a tus hijos. Dispón nuestros pensamientos para la venida del sol de justicia nacido de tus entrañas. Puerta del cielo, haz que nuestros corazones anhelen el paraíso. Espejo de justicia, conserva en nosotros el amor de la gracia divina, para que en la humildad y la alegría realicemos nuestra vocación de cristianos; que podamos gozar de la amistad del Señor en todo momento y recibir tus maternales consuelos. </p>
<p><span id="more-1012"></span></p>
<p><strong>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</strong> </p>
<p>Hay quienes rechazan tajantemente referirse a María como Madre de Dios. Nos increpan escandalizados: “¿Cómo puede una criatura tan insignificante ser la madre de su Creador, de Aquel que es eterno e increado? ¡Eso es imposible! ¡Es totalmente desproporcionado llamarla Madre de Dios! ¡Es elevarla demasiado en su dignidad, es constituirla en una especie de divinidad! ¡Y Dios es uno sólo!”  </p>
<p>Para no confundirnos nosotros y para explicarlo a otros, conviene comprender lo que entendemos bajo este importante título de “María, Madre de Dios”. </p>
<p>Ante todo, un poco de historia. Ya desde el siglo IV los cristianos se dirigían habitualmente a Santa María con el título de Madre de Dios, en griego, Theotokos. En la oración mariana más antigua que se conoce, oración que se remonta a aquella época, se la invocaba así: «Bajo tu misericordia nos refugiamos, ¡oh Madre de Dios!; no desprecies nuestras súplicas en la necesidad, sino líbranos del peligro, sola pura, sola bendita». En efecto, es el origen de la querida oración que hoy conocemos con el título de “Bajo tu amparo”. </p>
<p>Como antigua es aquella oración, antigua es también la discusión sobre si María puede ser llamada o no Madre de Dios: se remonta al siglo V. En aquel entonces Nestorio, elegido patriarca de Constantinopla (hoy Estambul) el 428, consideró intolerable aquel título y lo combatió decididamente. ¿Su argumento? El Verbo de Dios, que existe desde toda la eternidad junto al Padre, no puede haber sido engendrado por ella, deberle la existencia, ser su Hijo. María solamente puede engendrar la naturaleza humana de Jesús, más no la divina, por ello es y puede ser llamada Madre de Jesús, pero no Madre de Dios. </p>
<p>Pero tal argumento presenta un problema grave: ¿Coexisten en Jesús dos personas distintas, una humana y otra divina? Afirmar que María es madre sólo de su parte humana es lo mismo que afirmar que el Verbo “habitó en” un hombre (como si habitase en una casa) y negar que el Verbo “se hizo” hombre (ver Jn 1,14). Y eso es totalmente inadmisible pues «sólo puede ser redimido lo que ha sido asumido»: si el Verbo divino no asumió verdaderamente nuestra naturaleza humana, si Dios no se hizo hombre verdaderamente, entonces no hemos sido redimidos por la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.  </p>
<p>Al honrar a María con el título de Madre de Dios no queremos elevarla por encima de Dios, o menos aún afirmar que ella haya dado la existencia al Verbo eterno. ¡Nada más alejado de nuestra fe católica que eso! Al decir que María es Madre de Dios afirmamos en cambio que su Hijo es Dios que se ha hecho verdaderamente hombre en su seno inmaculado, afirmamos que el Verbo divino —la segunda persona de la Trinidad— ha asumido de ella plenamente nuestra naturaleza humana para reconciliarla, redimirla y elevarla, afirmamos que en Cristo, aunque tiene una naturaleza divina y otra humana, no hay sino una sola persona, la divina.  </p>
<p>En resumen: si María es madre de Cristo, y Cristo es Dios-hecho-hombre, entonces María es Madre de Dios.  </p>
<p>Fundamentándose en este razonamiento, el Concilio de Éfeso, en el año 431, rechazó la doctrina de Nestorio y afirmó la maternidad divina, atribuyendo oficialmente a María el título de “Theotokos”.  </p>
<p>A María, mujer elegida para ser la Madre de Dios, se aplican sin duda con particular fuerza las palabras que Dios dirige a su elegido: «Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti» (Jer 31,3). Por ese amor tan especial, Dios la elige, Dios la prepara para ser la Madre de su Hijo. Así, pues, ¿no está ella por encima de cualquier otra criatura humana, por el simple hecho de esta elección divina? Y si Dios la amó y ama tanto, ¿no debo amarla yo también como Él? Y si Dios la elige para cumplir una misión tan importante en la historia de la humanidad, la misión de acercarnos al Reconciliador, de hacer presente a Dios entre nosotros (ver Is 7,14), ¿no debo yo también darle un lugar central en mi vida?  </p>
<p>Por otro lado, ¡con qué inmenso amor habrá amado Jesús a su Madre! ¿No es Él el Maestro del auténtico amor humano? ¿No amó Él hasta el extremo? ¿No es Él el amor mismo? Si amo a Jesús con todo mi corazón, ¿no es lo propio querer tener sus mismos sentimientos, querer amar como Él amó, querer amar todo lo que Él amó y a quienes tanto amó? Ésta ha de ser también nuestra respuesta comprometida: «Yo quiero amar a María como Jesús la amó, quiero acogerla en “mi casa” (ver Jn 19,7), en lo más íntimo de mí, en mi vida». Al amar a María como Jesús la amó, descubrirás cómo Ella te enseñará a amar más aún a su Hijo, el Señor Jesús.  </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA</em></strong> </p>
<p><strong>«Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre»</strong> </p>
<p><strong>464:</strong> El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. El se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a unas herejías que la falseaban. </p>
<p><strong>465:</strong> Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, «venido en la carne». Pero desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a Pablo de Samosata, en un Concilio reunido en Antioquía, que Jesucristo es hijo de Dios por naturaleza y no por adopción. El primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es «engendrado, no creado, de la misma substancia [“homousios”] que el Padre» y condenó a Arrio que afirmaba que «el Hijo de Dios salió de la nada» y que sería «de una substancia distinta de la del Padre». </p>
<p><strong>466:</strong> La herejía nestoriana veía en Cristo una persona humana junto a la persona divina del Hijo de Dios. Frente a ella S. Cirilo de Alejandría y el tercer Concilio Ecuménico reunido en Efeso, en el año 431, confesaron que «el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por un alma racional, se hizo hombre». La humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción. Por eso el Concilio de Efeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno: «Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional, unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne». </p>
<p><strong>La maternidad divina de María</strong> </p>
<p><strong>495:</strong> Llamada en los evangelios «la Madre de Jesús» (Jn 2,1; 19,25), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como «la madre de mi Señor» desde antes del nacimiento de su hijo. En efecto, aquel que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [«Theotokos»]. </p>
<p><strong>501:</strong> Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende a todos los hombres, a los cuales El vino a salvar: «Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Rom 8,29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre». </p>
<p><strong>La maternidad virginal de María en el designio de Dios:</strong> </p>
<p><strong>502:</strong> La mirada de la fe, unida al conjunto de la Revelación, puede descubrir las razones misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso que su Hijo naciera de una virgen. Estas razones se refieren tanto a la persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por María de esta misión para con los hombres. </p>
<p>&#8212; </p>
<p>Fuentes: </p>
<ul>
<li><a title="http://evangeliodominical.org/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-2/" href="http://evangeliodominical.org/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-2/">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a title="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20151228" href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20151228">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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		<title>La Sagrada Familia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Dec 2015 12:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Catecismo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José 27 de Diciembre del 2015 LECTURAS BÍBLICAS Eclo 3, 3-7. 14-17: “Como a tu Señor sirve a los que te engendraron” Sal 127, 1-5: «Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos» Col 3, 12-21: “La vida de familia vivida en el Señor” Lc [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José</h3>
<p>27 de Diciembre del 2015 </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="Sagrada-Familia" border="0" alt="Sagrada-Familia" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/12/sagradafamilia.jpg?w=604&#038;h=855" width="604" height="855"/>  </p>
<p><strong><em>LECTURAS BÍBLICAS</em></strong> </p>
<ul>
<li><strong><em>Eclo</em></strong><strong> 3, 3-7. 14-17:</strong> “Como a tu Señor sirve a los que te engendraron”</li>
<li><strong><em>Sal</em></strong><strong> 127, 1-5</strong>: «Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos»</li>
<li><strong><em>Col</em></strong><strong> 3, 12-21:</strong> “La vida de familia vivida en el Señor”</li>
<li><strong><em>Lc</em></strong><strong> 2, 41-52:</strong> «¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» </li>
</ul>
<p><strong><em>EVANGELIO<br /><strong><em>Lucas</em></strong><strong> 2, 41-52</strong></em></strong> </p>
<p>Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de la Pascua.<br />Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se regresaron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.<br />Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en busca de él.<br />A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.<br />Al verlo, sus padres quedaron asombrados, y le dijo su madre:<br />— «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».<br />Él les contestó:<br />— «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?»<br />Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.<br />Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.<br />Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. </p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong> </p>
<p><b>La Sagrada Familia y nuestras familias.<br /></b>San Juan Pablo II (1920-2005), papa. <i>Mensaje de Navidad, 25 de diciembre 1994</i> </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este año, mi mensaje navideño se dirige sobre todo a las familias. Al final del año que de modo especial está dedicado a las familias, nuestro pensamiento se dirige a la Sagrada Familia&#8230; Jesús pidió al Padre para que todos fueran uno. Esta oración la pronunció la vigilia de su Pasión, pero la lleva en el corazón desde su nacimiento. “Padre, que sean uno como tú y yo somos uno” (Jn 17,11) ¿No oraba en este momento también por la unidad de todas las familias humanas?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es verdad, ante todo pidió por la unidad de la Iglesia, pero la familia sostenida por un sacramento específico es una célula vital de la Iglesia, es a la vez, según la doctrina de los Padres, una pequeña Iglesia doméstica. Jesús, pues, ha orado desde el comienzo de su venida al mundo para que todos aquellos que creen en él experimenten su comunión con él a partir de la unidad profunda de sus familias; una unidad que forma parte “desde el principio” (cf Mt 19,4) del designio de Dios sobre el amor conyugal que está en el origen de la familia&#8230; El que se entregó a si mismo desinteresadamente, viniendo a este mundo, ha rogado para que todos los seres humanos, al fundar una familia, se entreguen mutuamente uno al otro desinteresadamente; maridos y mujeres, padres e hijos y todas las generaciones que componen la familia, cada uno aportando su propio don particular.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Familia, Sagrada Familia.., Familia estrechamente unida al misterio que contemplamos el día del nacimiento del Señor ¡guía con tu ejemplo las familias de todo el mundo! &#8230; Hijo de Dios, presente entre nosotros en el seno de una familia, concede a todas las familias poder crecer en el amor y de contribuir al bien de toda la humanidad&#8230;. Enséñales a renunciar al egoísmo, a la mentira, a la búsqueda desenfrenada del provecho personal. Ayuda-las a desarrollar, bajo tu inspiración, las energías inmensas del corazón y de la inteligencia.</p>
<p><span id="more-1009"></span></p>
<p><strong><em>LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA</em></strong> </p>
<p>La Iglesia está segura de que la familias cristianas, al contemplar y descubrir en la Sagrada Familia las características del auténtico amor, tal y como debe ser vivido entre los esposos y sus hijos, serán ellos mismos firmemente alentados y rectamente orientados a seguir ese específico sendero de santidad y de plena realización humana.  </p>
<p>¿Cuáles son algunas de esas orientaciones que la paradigmática familia de Nazaret brinda a las familias cristianas? </p>
<p>«Como elegidos de Dios, santos y amados, revístanse de sentimientos de misericordia entrañable». La voz del Apóstol les recuerda principalmente a los padres, aunque también a todo otro miembro de la familia cristiana, que ante todo deben tener siempre una clara conciencia de su identidad y “estado de elección”: los esposos son elegidos de Dios, amados suyos, santificados por el Señor Jesús. Respondiendo a su altísima dignidad y a la gratuidad de su elección, don del amor de Dios, su primera y principal tarea es la de trabajar esforzadamente por ser santos (ver Lumen gentium, 40), procurando vivir en amorosa obediencia a Dios y a sus planes de amor. Los esposos son elegidos de Dios (ver Ef 1, 5-6) para una misión de paternidad o maternidad, misión que sólo podrán realizar si trabajan por hacer de su matrimonio un ámbito de comunión que se nutre del amor que viene de Dios.  </p>
<p>En efecto, la familia cristiana se construye y edifica sobre el amor de los esposos, amor que ante todo es un don de Dios derramado en sus corazones (ver Rom 5, 5) y que han de vivir entre sí “como Cristo nos ha enseñado” (ver Jn 15, 12), amor por el que «se entregan y se reciben recíprocamente en la unidad de “una sola carne”» (S.S. Juan Pablo II, Carta a las familias, 11). Este amor, «que hace que el hombre se realice mediante la entrega sincera de sí mismo», significa «dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente», y ese amor, que realiza la entrega de la persona «exige, por su naturaleza, que sea duradera e irrevocable» (lug. cit.). </p>
<p>La fidelidad de los padres a su identidad y vocación fundamental como hijos de Dios les permitirá, como discípulos de Cristo, revestirse de «entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3, 12), haciendo del amor y de la caridad el vínculo de comunión de esta pequeña iglesia doméstica. Por ello, cuando «la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor» (S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 17), el hogar cumple su función de ser la primera escuela de vida cristiana, «escuela del más rico humanismo» (Gaudium et spes, 52) en donde los hijos aprenden a vivir el amor en la entrega de sí mismos y en la respetuosa acogida del otro. </p>
<p>Como colaboradores de Dios en su obra creadora (ver S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 43), los padres han de recordar siempre con alegría y gratitud su específica vocación de servir a la vida que brota del don de Dios, vida que es el fruto precioso de su unión en el amor. En este sentido, ser padre o madre implica ser portador de una hermosísima misión de la que el Señor les ha hecho partícipes: viviendo un amor maduro deberán estar abiertos a la bendición de la vida, han de cuidar y proteger a sus hijos porque son un don de Dios y han de educarlos, con la palabra y el ejemplo, «en la auténtica libertad, (aquella) que se realiza en la entrega sincera de sí». De este modo cumplen fielmente su misión, cuando buscan cultivar en sus hijos «el respeto del otro, el sentido de la justicia, la acogida cordial, el diálogo, el servicio generoso, la solidaridad y los demás valores que ayudan a vivir la vida como un don» (S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 92). </p>
<p>Recuerden vivamente que por el ejercicio constante de su fe los esposos cristianos están llamados a colaborar primera y principalmente con la gracia del Señor en la tarea de traer a sus hogares la presencia del Emmanuel: como María, acogiendo, concibiendo y dando a luz la Palabra, y como José, protegiendo diligentemente al Niño de la persecución que sufre en el mundo por los modernos “Herodes”. En este sentido, toda familia cristiana «recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa» (Familiaris consortio 17). Tras las huellas de María y José, los hogares cristianos están llamados a convertir «su vocación al amor doméstico —con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad—, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa» (S.S. Pablo VI). De ese modo, al esforzarse los padres en ser para sus hijos un vivo ejemplo y testimonio de amor y caridad cristiana, los hijos estarán en condiciones de vivir, a su vez, en amorosa y respetuosa actitud para con sus padres y con todos sus semejantes. </p>
<p>Por último, los padres cristianos tienen como deber más sagrado el fomentar en sus hijos la obediencia de la fe prestada a Dios (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 142-144), por la que los guían y orientan en el camino de su propia realización, según la propia vocación y misión con la que Dios los bendice. Son justamente los padres quienes han de educar a sus hijos que «en primer lugar es necesario hacer la voluntad de Dios», y que «el vínculo espiritual vale más que el vínculo de la sangre» (S.S. Benedicto XVI). Así el Evangelio «revela la más auténtica y profunda vocación de la familia: la de acompañar a cada uno de sus miembros en el camino de descubrimiento de Dios y del designio que Él ha dispuesto para cada uno» (S.S. Benedicto XVI). </p>
<p><strong><em>CATECISMO DE LA IGLESIA</em></strong> </p>
<p><strong>«La familia cristiana, “iglesia doméstica”»</strong> </p>
<p><strong>1655:</strong> Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la «familia de Dios». Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, «con toda su casa», habían llegado a ser creyentes. Cuando se convertían deseaban también que se salvase «toda su casa». Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente. </p>
<p><strong>1656:</strong> En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, «Ecclesia doméstica» (LG 11). En el seno de la familia, «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (LG 11). </p>
<p><strong>1657:</strong> Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, «en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras» (LG 10). El hogar es así la primera escuela de la vida cristiana y «escuela del más rico humanismo» (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida. </p>
<p><strong>1658:</strong> Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, «iglesias domésticas» y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. «Nadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están “fatigados y agobiados” (Mt 11, 28)». </p>
<p>&#8212;</p>
<p>FUENTES:</p>
<ul>
<li><a href="http://evangeliodominical.org/la-sagrada-familia-2/" target="_blank">evangeliodominical.org</a></li>
<li><a href="http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&amp;module=commentary&amp;localdate=20151228" target="_blank">evangeliodeldia.org</a></li>
</ul>
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			<media:title type="html">Sagrada-Familia</media:title>
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		<title>Urbi Et Orbi Navidad 2015</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teofilo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Dec 2015 12:17:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>
		<category><![CDATA[Oración]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[MENSAJE URBI ET ORBIDEL SANTO PADRE FRANCISCO NAVIDAD 2015 Viernes 25 de diciembre de 2015 [Multimedia] Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad. Cristo nos ha nacido, exultemos en el día de nuestra salvación. Abramos nuestros corazones para recibir la gracia de este día, que es Él mismo: Jesús es el «día» luminoso que surgió en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b><i>MENSAJE URBI ET ORBI<br />DEL SANTO PADRE FRANCISCO</i></b> </p>
<p><b>NAVIDAD 2015 </b> </p>
<p><i>V</i><i>iernes 25 de diciembre de 201</i><i>5</i> </p>
<p><img style="border-bottom:0;border-left:0;display:inline;border-top:0;border-right:0;" title="UrbiEtOrbiNavidad2015" border="0" alt="UrbiEtOrbiNavidad2015" src="https://vivirenelespiritu.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/12/urbietorbinavidad2015.png?w=603&#038;h=315" width="603" height="315"/>  </p>
<p>[<b><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2015/12/25/urbietorbi.html" target="_blank">Multimedia</a></b>] </p>
<hr size="1" width="30%"/>
<p><i>Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.</i> </p>
<p>Cristo nos ha nacido, <i>exultemos en el día de nuestra salvación</i>. </p>
<p>Abramos nuestros corazones para recibir la gracia de este día, que es Él mismo: Jesús es el «día» luminoso que surgió en el horizonte de la humanidad. El día de la misericordia, en el cual Dios Padre ha revelado a la humanidad su inmensa ternura. Día de luz que disipa las tinieblas del miedo y de la angustia. Día de paz, en el que es posible encontrarse, dialogar, y sobre todo reconciliarse. Día de alegría: una «gran alegría» para los pequeños y los humildes, para todo el pueblo (cf. <i>Lc </i>2,10). </p>
<p>En este día, ha nacido de la Virgen María Jesús, el Salvador. El pesebre nos muestra la «señal» que Dios nos ha dado: «un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (<i>Lc </i>2,12). Como los pastores de Belén, también nosotros vamos a ver esta señal, este acontecimiento que cada año se renueva en la Iglesia. La Navidad es un acontecimiento que se renueva en cada familia, en cada parroquia, en cada comunidad que acoge el amor de Dios encarnado en Jesucristo. Como María, la Iglesia muestra a todos la «señal» de Dios: el niño que ella ha llevado en su seno y ha dado a luz, pero que es el Hijo del Altísimo, porque «proviene del Espíritu Santo» (<i>Mt </i>1,20). Por eso es el <i>Salvador</i>, porque es el Cordero de Dios que toma sobre sí el pecado del mundo (cf. <i>Jn </i>1,29). Junto a los pastores, postrémonos ante el Cordero, adoremos la Bondad de Dios hecha carne, y dejemos que las lágrimas del arrepentimiento llenen nuestros ojos y laven nuestro corazón. Todos lo necesitamos. </p>
<p>Sólo él, sólo él nos puede salvar. Sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella. La gracia de Dios puede convertir los corazones y abrir nuevas perspectivas para realidades humanamente insuperables.  </p>
<p>Donde nace Dios, nace la esperanza: él trae la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. <i>Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra. </i>Sin embargo, precisamente allí donde el Hijo de Dios vino al mundo, continúan las tensiones y las violencias y la paz queda como un don que se debe pedir y construir. Que los israelíes y palestinos puedan retomar el diálogo directo y alcanzar un entendimiento que permita a los dos pueblos convivir en armonía, superando un conflicto que les enfrenta desde hace tanto tiempo, con graves consecuencias para toda la región. </p>
<p>Pidamos al Señor que el acuerdo alcanzado en el seno de las Naciones Unidas logre cuanto antes acallar el fragor de las armas en Siria y remediar la gravísima situación humanitaria de la población extenuada. Es igualmente urgente que el acuerdo sobre Libia encuentre el apoyo de todos, para que se superen las graves divisiones y violencias que afligen el país. Que toda la Comunidad internacional ponga su atención de manera unánime en que cesen las atrocidades que, tanto en estos países como también en Irak, Yemen y en el África subsahariana, causan todavía numerosas víctimas, provocan enormes sufrimientos y no respetan ni siquiera el patrimonio histórico y cultural de pueblos enteros. Quiero recordar también a cuantos han sido golpeados por los atroces actos terroristas, particularmente en las recientes masacres sucedidas en los cielos de Egipto, en Beirut, París, Bamako y Túnez.  </p>
<p>Que el Niño Jesús dé consuelo y fuerza a nuestros hermanos, perseguidos por causa de su fe en distintas partes del mundo. Son nuestros mártires de hoy. </p>
<p>Pidamos Paz y concordia para las queridas poblaciones de la República Democrática del Congo, de Burundi y del Sudán del Sur para que, mediante el diálogo, se refuerce el compromiso común en vista de la edificación de sociedades civiles animadas por un sincero espíritu de reconciliación y de comprensión recíproca.  </p>
<p>Que la Navidad lleve la verdadera paz también a Ucrania, ofrezca alivio a quienes padecen las consecuencias del conflicto e inspire la voluntad de llevar a término los acuerdos tomados, para restablecer la concordia en todo el país.  </p>
<p>Que la alegría de este día ilumine los esfuerzos del pueblo colombiano para que, animado por la esperanza, continúe buscando con tesón la anhelada paz. </p>
<p><i>Donde nace Dios, nace la esperanza¸ y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad. </i>Sin embargo, todavía hoy muchos hombres y mujeres son privados de su dignidad humana y, como el Niño Jesús, sufren el frío, la pobreza y el rechazo de los hombres. Que hoy llegue nuestra cercanía a los más indefensos, sobre todo a los niños soldado, a las mujeres que padecen violencia, a las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico. </p>
<p>Que no falte nuestro consuelo a cuantos huyen de la miseria y de la guerra, viajando en condiciones muchas veces inhumanas y con serio peligro de su vida. Que sean recompensados con abundantes bendiciones todos aquellos, personas privadas o Estados, que trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados, ayudándoles a construir un futuro digno para ellos y para sus seres queridos, y a integrarse dentro de las sociedades que los reciben. </p>
<p>Que en este día de fiesta, el Señor vuelva a dar esperanza a cuantos no tienen trabajo –y son tantos– y sostenga el compromiso de quienes tienen responsabilidad públicas en el campo político y económico para que se empeñen en buscar el bien común y tutelar la dignidad toda vida humana.  </p>
<p><i>Donde nace Dios, florece la misericordia</i>. Este es el don más precioso que Dios nos da, particularmente en este año jubilar, en el que estamos llamados a descubrir la ternura que nuestro Padre celestial tiene con cada uno de nosotros. Que el Señor conceda, especialmente a los presos, la experiencia de su amor misericordioso que sana las heridas y vence el mal. </p>
<p>Y de este modo, hoy todos juntos <i>exultemos en el día de nuestra salvación. </i>Contemplando el portal de Belén, fijemos la mirada en los brazos de Jesús que nos muestran el abrazo misericordioso de Dios, mientras escuchamos el gemido del Niño que nos susurra: «Por mis hermanos y compañeros voy a decir: “La paz contigo”» (<i>Sal </i>121 [122], 8).  </p>
<hr size="1" width="50%"/>
<p>Dirijo mi más cordial felicitación a vosotros, queridos hermanos y hermanas, venidos de todas las partes del mundo a esta plaza, y a todos los que desde diversos países están conectados a través de la radio, la televisión y otros medios de comunicación. </p>
<p>Es la Navidad del Año Santo de la Misericordia, y por eso deseo a todos que acojan en la propia vida la misericordia de Dios, che Jesucristo nos ha dado, para ser misericordiosos con nuestros hermanos. Así haremos crecer la paz. ¡Feliz Navidad! </p>
<p>&#8212; </p>
<p>Fuente: <a href="https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/urbi/documents/papa-francesco_20151225_urbi-et-orbi-natale.html" target="_blank">vatican.va</a></p>
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