
Cientos de veces, miles sino millones,
puse rodilla en suelo y cerviz postrada
ante el severo filo de gruesa espada
con que nombraste, dignos de ti, varones.
Cuántos escribas, todos, de tus legiones
vieron riendo en tanto que siempre y cada
vez que volvía, tú no decías nada.
¡Cientos de veces fueron! ¿Y aún propones,
mudo y acorralado, sin arma alguna,
cuando mi estoque empuja tu nuez sangrante
sobre la blanca losa de tu muceta,
que me arrodille, cuello extendido, y una
huecas las manos, ante ti, hierofante,
para nombrarme nunca varón poeta?
puse rodilla en suelo y cerviz postrada
ante el severo filo de gruesa espada
con que nombraste, dignos de ti, varones.
Cuántos escribas, todos, de tus legiones
vieron riendo en tanto que siempre y cada
vez que volvía, tú no decías nada.
¡Cientos de veces fueron! ¿Y aún propones,
mudo y acorralado, sin arma alguna,
cuando mi estoque empuja tu nuez sangrante
sobre la blanca losa de tu muceta,
que me arrodille, cuello extendido, y una
huecas las manos, ante ti, hierofante,
para nombrarme nunca varón poeta?






















2 comentarios:
No precisas hincar rodilla alguna en el suelo y postrarte ante verbo alguno... qué se postre él ante tu ingenio y tu buen hacer.
Eso, tú ¡Duro!. :D :D :D
Precioso, una vez más, tu soneto.
Un besito
Gracias , mi niña, pero ni con un estilete en la mano soy capaz de someter a ningún verbo :D :D :D
Un besote, preciosa
Publicar un comentario en la entrada