jueves 28 de febrero de 2008

Kosovo: cuando muere el derecho y prima la política

Recuerdo que una de las cosas que me animaron a cambiar de carrera (Ciencia Política en vez de Derecho) fue un ejemplo que puso Farid Kahhat: un abogado puede decir que la invasión a Irak es legal o ilegal, pero un politólogo va mucho más allá de la cuestión legal, por qué paso, qué puede pasar, etc. Más allá de la anécdota, a lo que me refiero es que al estudiar la política, el enfoque jurídico es insuficiente y siempre es necesario ir más allá. La invasión a Irak fue ilegal, EE.UU. pasó por encima del Consejo de Seguridad de la ONU y de paso rompió la endeble unidad de la Unión Europea, adhiriendo a su causa a países como Italia, España, Inglaterra o algunos del Este (la "Nueva Europa", en oposición a la "Vieja Europa", en alusión a Alemania y Francia). Pero decir que fue ilegal no es suficiente. Si hacemos memoria, recordaremos que Rusia, China y Francia (países con regímenes distintos, pues el primero es un autoritarismo competitivo, el segundo un autoritarismo con antecedentes totalitarios y el tercero una democracia representativa) no se opusieron a EE.UU. tanto por defender los principios del Derecho Internacional (cabe la posibilidad, pero no fue el motivo principal), sino por los intereses que tenían: inversiones o proyectos de inversión en la Irak de Saddam Hussein.

Con Kosovo en estos días viene a suceder algo parecido. Si el Derecho Internacional me es favorable, lo uso; si no es así, paso por encima. Una premisa fundamental en las Relaciones Internacionales es que los países tienen intereses, y de una manera u otra, buscan maximizar su utilidad con el menos costo. Pero claro, a este nivel los costos son inmensos, así que eso del "menor costo" puede sonar a burla. En todo caso, digamos que el menor costo implica no tener que ir a un enfrentamiento armado, pues este implica alterar la economía de tu país, armarse y rearmarse, desplegar tus recursos humanos, sufrir un tremedo desgaste en lo que se refiere a reputación con los otros países, etc. La vía diplomática o de la negociación (pasando incluso por encima de lo que es legal) siempre es la mejor. Recordemos sino la crisis de los misiles de 1962: por más rivalidad entre las dos superpotencias, un enfrentamiento directo habría sido la peor solución, mientras que la cooperación, que finalmente se dio, si bien no dio el mejor resultado individual, si propició un escenario más favorable (como el juego del gallina).

Legalmente es bastante discutible lo que ha pasado y viene pasando en los Balcanes. La mejor salida habría sido una del agrado tanto de serbios como de albanokosovares, pero los intereses de cada grupo son totalmente divergentes y ninguno se ha mostrado dispuesto a ceder. La solución conversada, pactada, con consentimiento de las dos partes ( bajo los parámetros del Derecho Internacional) era altamente improbable. En un escenario así es cuando sucede lo que se lee en el título: muere el Derecho (o deja de ser el guía) y prima la política, la negociación, el convencimiento y los intereses.

(Fuente: http://www.adn.es/)


En esa línea expuesta es que podemos entender el comportamiento de los distintos países, tanto de quienes han reconocido a Kosovo como república independiente como de quienes se resisten a hacerlo. Entre los primeros vemos a buena parte de los países de la Unión Europea, para quienes la independencia de Kosovo no constituye problema alguno a nivel interno (no enfrentan problemas de grupos secesionistas, como los chechenios en Rusia o los vascos en España), a la vez que representa un importante paso para que la región convulsionada de Europa, los Balcanes, avance en su proceso de pacificación. Cabe recordar aquí que hace más de 100 años, cuando los Balcanes eran el crisol étnico y religioso que es hoy pero repartido entre dos imperios, el Austro-Húngaro y el Otomano, el canciller alemán Bismarck predijo que "la gran guerra estallará en Europa por alguna tontería en los Balcanes". No se equivocó: la Primera Guerra Mundial empezó en Sarajevo. La Segunda Guerra Mundial fue distinta, pues más que enfrentar nacionalidades, enfrento ideologías. Una vez terminada la Guerra Fría, vemos que nuevamente aparecen conflictos nacionalistas y étnicos, y el de mayor repercusión en Europa se da en esta misma zona, la que generó la Gran Guerra de 1914.

Entre los países que no han reconocido a Kosovo destacan nítidamente Rusia y España, seguidos por otros como Rumania y Bulgaria. Y claro, esto no es mera casualidad ni tampoco una defensa de los principios del Derecho Internacional (aunque puedan ser un buen pretexto). Todos estos países enfrentan internamente a minorías insatisfechas. Bulgaria y Rumania, igual que la ex-Yugoslavia, la actual Serbia, Montenegro, Bosnia, Kosovo, etc., fueron parte de los austro-húngaros y de los otomanos, y comparten una historia de grandes movilizaciones demográficas, mezcla de culturas, credos, etnias, limpiezas étnicas desde hace siglos, etc. Rumanos y búlgaros tienen problemas similares aunque con menor intensidad. Entonces, es natural la resistencia que presentan frente a un país como Kosovo que podría sentar malos precedentes para sus intereses.

El caso de España es tal vez el más conocido, tanto por las exigencias catalanas, pero sobretodo por las vascas, que encuentran su punto máximo en ETA. Tampoco conviene a sus intereses. Sin embargo, si examinamos con más detenimiento, veremos que la historia española no es similar a la historia balcánica. España es una unidad hace cinco siglos y tiene dos fuertes componentes integradores: la religión y la historia. Si bien el factor religioso se ha ido diluyendo un poco en el tiempo, son ya quinientos años que hablamos de España, no de los Reinos de Castilla, Aragón, Navarra, León, Asturias, etc. En eso se diferencia bastante de los Balcanes, que pasaron de manos bizantinas a otomanas, a autro-húngaras, sufrieron la invasión nazi, la soviética, poniendo cada una sus propias reglas, sus propios límites, según los intereses de la potencia ocupante, y no de los invadidos. España no ha pasado por eso. El sentimiento vasco y catalán, si bien hace tiempo que existen, se intensificó con la dictadura de Franco, quien los reprimió. Pero no se llegó a niveles de "limpieza étnica" como si ha sucedido en otras partes del mundo.


Una secesión se justifica en tres escenarios: si se trata de una incorporación injusta (como el caso de Kurdistán con Turquía e Irak); cuando se da en defensa propia (ante hechos como "limpiezas étnicas", corresponde al caso kosovar) o en casos de redistribución discriminatoria (los recursos se distribuyen favoreciendo a unos y perjudicando a otros). En España difícilmente se da o se ha dado alguna de estas situaciones. Y las autoridades españolas son o deben ser conscientes de esto. Por ello, creo que ellos no ven en Kosovo un precedente que pueda hacer que en el futuro Cataluña y el País Vasco puedan independizarse, sino simplemente un hecho que puede ser un estímulo para que las exigencias continúen. En otras palabras, no ven la secesión de sus regiones autónomas como posibilidad real, pero Kosovo es un hecho que no hará más que alimentar los ánimos de los separacionistas y con ello, enfrentar por más tiempo y con más intensidad dicho problema.

Lo anterior si no se cumple con Rusia, que si enfrenta esta clase de situaciones con Chechenia. No obstante, ello no es el único móvil para no reconocer a Kosovo. Rusia ve a esta región como su histórica "zona de influencia". En el siglo XIX competía con los británicos, otomanos y austro-húngaros (además de los alemanes), para luego competir, ya después de la Segunda Guerra Mundial, con los norteamericanos. Rusia históricamente se ha visto a sí mismo como el padre de los pueblos eslavos, personificada en su momento por el zar y luego, siendo ya la URSS, en Stalin. Y en la región balcánica su aliado natural han sido los serbios. Es una cuestión, hay que insistir, de intereses. Tras la disolución de la URSS Rusia intenta recuperar el terreno perdido y con Putin algo ha avanzado. En estos últimos años ha estado en la expectativa. Se opuso a la iniciativa estadounidense de invadir Irak, así como a la instalación de misiles en Europa.

La actitud de Rusia es más entendible aún si tenemos en cuenta que su antiguo bloque (Polonia, República Checa, Rumania, Ucrania etc.) ahora está plegado del lado del antagonista, Estados Unidos. Europa Central y Oriental actualmente pasan por momentos de fuerte crecimiento económico, y buena parte de ello se debe a la ayuda e inversiones norteamericanas. Rusia siente que tanto a nivel político-diplomático como a nivel económico, comercial y de inversiones, Estados Unidos se está inmiscuyendo en su región.

Finalmente, no hay gran cosa que decir sobre Estados Unidos. Es obvio que también busca satisfacer sus intereses. Los Balcanes ya fueron un dolor de cabeza durante quince años y con un frente mucho más activo como Irak, le conviene deshacerse del problema, y un buen paso es la independencia, aun unilateral, de Kosovo. Por otro lado, Europa Oriental es hoy en día pro-capitalista e incluso pro-estadounidense, por lo que los inversionistas norteamericanos encuentran un buen clima para invertir. Es imaginable que Kosovo ofrece recursos que puedan ser de interés de la gran potencia del norte. Y en tercer lugar, aunque con sus bemoles, aun existe esa rivalidad entre los dos gigantes, entre el oso ruso y el águila americana.

¿Algo más que decir sobre Kosovo? Por el momento, demostró una vez más que la Unión Europea aun tiene temas pendientes que le impiden tomar decisiones con consenso, en unidad. Y por otro lado, es una buena oportunidad para ver cómo se construye un nuevo país, con instituciones y sistemas de elección propios, con un régimen distinto, etc.

PD. ¿Kosovo tiene algún efecto en América Latina? Las miradas apuntan a una Bolivia dividida en dos. No obstante, el escenario de una secesión de las regiones orientales es también poco probable. Difícilmente, como en el caso español, se ha dado alguna de las tres situaciones que se mencionaba líneas arriba. Podría alegarse distribución discriminatoria, pero tampoco sería exacto. Por lo pronto, Bolivia pasa por una "refundación" y no sabemos cómo va a acabar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por atender el pedido. El post está excelente. Tengo que releerlo para hacerte un comentario más fundamentado, pero arrojas luz para los que no ven tan claro el panorama sececionista. Aldo Mariátegui es uno que relaciona a Bolivia con Kosovo sin mayores análisis. Gracias again.

Anónimo dijo...

¿Cómo un país que procede ilegalmente puede después reclamarle legalidad a otros? Sencillo: "yo puedo ser ilegal, los demás no". Es la voz del poder. La legalidad es sólo una excusa que se esgrime cuando conviene y se desecha cuando no conviene. La legalidad es una utopía, la verdadera ley es la de la selva. Esa es ley natural. De qué sirve la ONU, ¿sólo para lavarnos la conciencia y decir "sí, estamos haciendo algo"? De qué sirve la ONU, si es una ONU manejada por las potencias para su propio beneficio. Los "intereses", esa es la palabra clave, defender los "intereses", las inversiones, los proyectos.

"Si el Derecho Internacional me es favorable, lo uso; si no es así, paso por encima."
Certísimo. Y aún sabiendo esto creemos en cuentos de hadas.

"La vía diplomática o de la negociación (pasando incluso por encima de lo que es legal) siempre es la mejor".
Y es la mejor porque esa en el fondo es la ley de la selva. En las negociaciones quienes se llevan la parte del león, son los leones. Ahora que, lo de 1962, con los misiles, fue cosa de dos leones, que si no, se hubiera repetido lo de David y Goliat, pero Goliat venciendo por milésima vez.

Lo que pasa en los Balcanes es que la gente no se soporta unas a otras. Querer unir lo que no es unible, es utopía. Cada quien quiere rascarse a su manera. Cada quien quiere matar sus pulgas a su gusto. Las etnias o nacionalidades no son sino elementos de una materia prima que nunca dejará de ser eso: prima, no procesable, inexistente más allá de su salvaje y primitiva existencia. Es lo mismo que sucede en Perú, con la salvedad de que aquí esa existencia de etnias no se quiere ver, y de hecho no se vé, pensando que todo es unidad porque así lo dice "El Comercio" o "América TV". Como señalas, "los intereses de cada grupo son totalmente divergentes y ninguno se ha mostrado dispuesto a ceder".
Y es que el orgullo es más fuerte que la razón.

Todo esto demuestra que los mapas son sólo fotos instantáneas en donde lo instantáneo aquí se mide en años. Al cabo de esos años, de ese instante relativo, las fronteras mudan, se mueven, son materia fluída. Esto se demuestra con la técnica de cámara rápida, esa misma que se aplica al crecimiento de vegetales o al paso de las nubes, en donde lo que a simple vista es inmóvil, cambia, cambia y cambia. Chechenia está viva. Quiere separarse. El tiempo y Rusia lo dirán. Por las buenas o por las malas.

El sólo hecho de que hallamos, como civilización, empezado a numerar las guerras en primera y segunda, nos lleva a la inexorable conclusión de que vendrá una tercera, cuarta, etc. Cada una redibujará los mapas según los resultados, favoreciendo, esto dado por descontado, al que tuvo mayor poder destructivo o menores muertos.

La guerra de secesión de EEUU (1861) es una muestra de la tercera razón que mencionas (redistribución discriminatoria (los recursos se distribuyen favoreciendo a unos y perjudicando a otros)), con lo cual se demuestra una vez más que hasta en EEUU se cuecen estas habas separatistas, cuando los intereses así lo mandan, aun cuando esta secesión no se llegó a dar.

"Rusia históricamente se ha visto a sí mismo como el padre de los pueblos eslavos, personificada en su momento por el zar y luego, siendo ya la URSS, en Stalin. Y en la región balcánica su aliado natural han sido los serbios. Es una cuestión, hay que insistir, de intereses".

Suscribo eso de: "Es una cuestión, hay que insistir, de intereses."