Sé que es políticamente incorrecto decirlo, pero ya que muchos recuerdan hoy el nefasto 5 de abril de 1992, debo decir que lo que sucedió en el Perú a partir de esa fecha no fue una dictadura. Claro está, tampoco se trató de una democracia.
El sentido común presente en periodistas, bloggers, medios, ciudadanos, etc. es asociar Fujimorismo con dictadura, cuando esto no es así. Más acertado es asociar Fujimorismo con autoritarismo. Algunos se preguntarán, ¿no son acaso ambos lo mismo? La respuesta es que no, no siempre son lo mismo. La dictadura es siempre autoritaria, pero el autoritarismo no siempre es dictadura.

Es natural que después de casi una década de autoritarismo, ante la caída de este, los sectores opositores hayan no solo construido, sino difundido y en cierto modo convertido en sentido común el discurso que muestra al fujimorismo como dictadura y que muchas veces lo sataniza a priori. Decir que el régimen de los noventa fue una dictadura es una declaración eminentemente política, y como tal debemos entenderla. Ahora bien, en este blog y por mi deformación profesional se intenta ir más allá de lo meramente político, decir algo aunque sea
mínimamente científico, politológico. No siempre se logra pues evidentemente debería haber trabajo empírico y en este blog ciertamente no hay (y me baso más bien en lo que he leído de otros autores que si lo hayan hecho). La cuestión es que yo me resisto a decir que el fujimorismo fue una dictadura, porque técnica y politológicamente hablando no fue así. Lo que fue, y varias veces he dicho, fue un
autoritarismo competitivo. Ojo, eso no lo absuelve política ni moralmente, solo lo convierte en un fenómeno distinto al de una dictadura tradicional, con características propias.
Como ya se ha dicho antes, una dictadura cuadra con lo que llamaríamos autoritarismo clásico, como fue la dictadura militar de los setenta (Velasco, Morales Bermúdez), o la dictadura de Odría si hablamos del Perú, o como Trujillo en República Dominicana, Pinochet en Chile, Videla y Galtieri en Argentina, etc. Como dice Sartori en Ingeniería Constitucional Comparada en las dictaduras no hay posibilidad de cambiar al gobierno. En cambio, en un autoritarismo competitivo, como el Perú de Fujimori o la Venezuela de Chávez si hay posibilidad, por la persistencia de las elecciones. La posibilidad es baja, es cierto, porque el Ejecutivo suele copar a los otros Poderes, pero aun existe. A diferencia de los autoritarismos clásicos, donde el poder se legitima en la fuerza y en la cohersión, en los autoritarismos competitivos se legitima en las elecciones, que tienen un fuerte carácter plebiscitarios, de aprobación o desaprobación del régimen. Eso es lo que sucedió en el Perú fujimorista: se mantuvieron las elecciones, aunque con copamiento de instituciones como el JNE o la ONPE. Se pudo haber optado por candidatos opositores (como Pérez de Cuéllar), pero una gran mayoría apostó por Fujimori, en unas elecciones en donde se le premiaba por la derrota del terrorismo y el control de la inflación.
Sartori
(Fuente: El País)
Algunos como Sinesio López hablan de dictablanda y democradura. Personalmente, no soy muy partidario de usar esas categorías, aunque hablar de ello implicaría otra discusión (y varios posts). Pero la idea que subyace a todo esto es la condena a los métodos autoritarios, a la violación de los derechos fundamentales, a la restricción de libertades. Más allá de los términos que utilicemos (sean o no correctos), es positivo que nos indignemos ante hechos como el del 5 de abril, ahora más que antes.
Es en nombre de lo anterior que muchos, tal vez incluyéndome, deberían no ser condescendientes, pero si tolerantes con los fujimoristas. Lo digo porque es común ver la descalificación a priori. La descalificación a los apristas, a los izquierdistas, a los derechistas, pero en estos últimos años, y con bastante fuerza, a los fujimoristas. No responder la intolerancia y la descalificación con lo mismo.
Finalizo con tres cosas. Primero, hace un año escribía un
post en donde criticaba el silencio de Aldo Mariátegui respecto al 5 de abril. Su silencio es significativo, pues dice no simpatizar con el fujimorismo ni con dictadura alguna, pero no le dedica ni una sola columna al 5 de abril. No lo hizo el año pasado, que se cumplieron 15 años del hecho. Si lo hace, religiosamente cada año, con el golpe de Velasco el 3 de octubre. Lo hizo en el 2006, en el 2007 y podría apostar cualquier cosa a que lo hará este año, que se cumple 40 años. Pero del 5 de abril, nada. ¿Doble rasero?
Segundo, por esas cosas de la vida hoy compré varios libros en la Feria de la PUCP y en un texto encontré, para variar, un artículo de Sartori, de la primera mitad de la década pasada, en donde dice:
En América Latina, las economías de Chile y Perú se colapsaron bajo regímenes democráticos, y deben su recuperación económica a regímenes autoritarios (en Perú, recientemente, el Presidente Alberto Fujimori ha conseguido milagros para la economía del país a costa de suspender y subsiguientemente reescribir una constitución dudosamente democrática). La pauta más extendida en esta región es que tanto las dictaduras militares como los gobiernos democráticos poseen los mismos pobres resultados de desarrollo [1]
Allí dos cosas: uno, para uno de los grandes de la Ciencia Política dificilmente el régimen fujimorista califica como democrático. Dos, desbarata la idea de que la recuperación económica se deba al manejo autoritario de Fujimori (que para algunos era necesario, la única manera de lograrlo). De hecho, una parte del artículo es una respuesta a uno aparecido en The Economist en donde se afirma que hay no causalidad, pero si correlación entre democracia y crecimiento económico, pues en democracia se respetan los derechos de propiedad. Sartori, como algunos otros (Przeworski) no cree en eso, y pone como ejemplo a Hong Kong (colonia), Corea del Sur o Taiwán, que crecieron económicamente con regímenes autoritarios, mientras que democracias como Perú o Chile colapsaron. Más bien, y allí podríamos seguir a Przeworski, lo que si tendría correlación con el crecimiento económico es la estabilidad política, al margen del tipo de régimen. La autoritaria Chile de Pinochet, Corea y Taiwan de los ochentas y Perú de los noventa crecieron así como lo hacen ahora bajo regímenes democráticos, no porque tengan algún tipo de régimen, sino porque hay estabilidad. Claro está, el tema da para mucho más.
Por último, y tal vez deba dedicarle otro post, creo que nadie se acordó que este jueves 3 de abril se cumplieron 25 años de la matanza de Lucanamarca, en donde Sendero Luminoso se ensañó con la población civil.
[1] Sartori, Giovanni. ¿Hasta dónde puede ir un gobierno democrático? En: Del Águila, Rafael y otros. La democracia en sus textos. Madrid, Alianza Editorial. 1998. (Original en inglés: How Far can free government travel? Journal of democracy. Vol. VI, pp. 101-111. The Johns Hopkins University Press. 1992.
1 comentarios:
Ummm... Cierto, cierto.... En verdad yo siempre he sostenido que lo de Fuji no fue dictadura, por eso o la descalifico como tal o usaba comillas ("dictadura") porque no tenía otra forma de decirlo, y autoritarismo suena a lo mismo.
Gracias por la aclaración.
Saludos,
Ricardo.
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