¿Por qué no se deshayiza el Apra?
Dos académicos que han tocado a su manera el tema son Martín Tanaka y Nelson Manrique, cada uno desde su posición. Tanaka dice, por ejemplo:
El propósito del libro podría resumirse en este párrafo: "La historia demuestra que el aprismo ha sido siempre señalado como derechista por el extremismo comunista. Los apristas no deben caer en el complejo de quienes esperan la aprobación comunista para sentir que de verdad son apristas, que no son derechistas, ni caer tampoco en errores como los que se explican en el capítulo III al hacerse la sincera autocrítica del primer gobierno aprista, cuando se asumió, como si fuera del APRA, el modelo estatal velasquista" (p. 18). En otras palabras, García parece querer justificar la 'derechización' de su gobierno apelando a la autoridad de Haya, enfrentando a quienes reclaman "consecuencia" con la doctrina aprista; todo esto en un tono un tanto macartista, innecesario y extemporáneo.
García se esfuerza en demostrar que en los escritos de Haya se registra una evolución "dialéctica" desde lo que podríamos llamar el nacionalismo revolucionario, marxista y antiimperialista de los orígenes en la década de los años 20, hacia lo que podríamos llamar una posición socialdemócrata en la de los años 70.
Me parece un ejercicio plausible; más interesante, sin embargo, creo que hubiera sido contrastar la evolución del pensamiento de Haya con sus opciones tácticas del momento.
Manrique, más hacia la izquierda, dice lo siguiente:
En su libro La revolución constructiva del aprismo. Teoría y práctica de la modernidad (Lima, 2008), Alan García busca demostrar que su viraje hacia el neoliberalismo constituye un retorno hacia las verdaderas posiciones de Haya de la Torre.
Argumenta García que Haya de la Torre era un abierto enemigo de las reformas de Velasco Alvarado, mientras que los apristas -en primera línea Alan García- cometieron el error de leer la revolución militar como la "realización de lo que había propuesto el Apra desde 1931".
El punto es que desde donde se le mire, García intenta justificar su actual política en el pensamiento de Haya de la Torre, hasta el punto de decir que él tuvo una evolución "dialéctica" y que no aprobaba el modelo de Estado que impuso Velasco, el cual mantuvo el primer gobierno aprista. Poniéndolo a manera de caricatura, como lo hace Manrique, se intenta presentar a Haya como profeta de lo que hace actualmente el Apra. Esto a la mayoría le choca, pues casi por consenso se asume en nuestra historia y en nuestras ciencias sociales que las reformas que hizo Velasco no fueron más que una reproducción de las propuestas apristas de los años 30. Antes de que apareciera el libro de García, en El Dipló se publicó un especial por los 80 años del Apra y encontramos una defensa ardorosa de Haya y del aprismo de parte de Valle Riestra (ver aquí). También está el artículo de Rafael Roncagliolo, donde dice:
El antiimperialismo y el nacionalismo de Haya son esencialmente latinoamericanistas. De hecho, para Haya, la unidad y la integración de América Latina constituyen la base del desarrollo nacional, del Estado de transición y de su propuesta de capitalismo de Estado. Capitalismo de Estado: ¿cómo olvidar, en la época del perro del hortelano, que ésta era una piedra angular en la propuesta de de¬sarrollo nacional del APRA?
Con todas estas apreciaciones, creo que lo de García suena bastante forzado, si no poco creíble. Ahora, yo me planteo una pregunta, ¿por qué el Apra no se deshayiza de una vez?
Cualquier movimiento del partido intenta explicarse a partir del pensamiento de Haya. Las banderas iniciales, reseñadas por Roncagliolo, son adjudicadas, con razón, a Haya. El viraje de mediados del siglo XX se explica también, por parte de muchos apristas, en un cambio en las ideas de Haya de la Torre, en gran medida al ver el panorama posterior a la Segunda Guerra Mundial. Incluso algunos llegan a justificar la férrea oposición a las reformas belaundistas en los sesentas en las meditaciones de Haya. En los setentas se decía que Velasco estaba aplicando lo que durante décadas había prometido el Apra, y por ello se aceptaba sus reformas pero no la dictadura. En los ochentas no hubo ningún reparo en llevar al extremo el modelo de Estado heredado de la dictadura, porque se ajustaba al pensamiento de Haya. En los noventas e inicio del siglo XXI se criticó el modelo neoliberal de Fujimori y Toledo, precisamente porque iba en contra del programa aprista-hayista de justicia social. Y ahora Alan García intenta convencernos, pero sobre todo a los apristas, que sus políticas actuales tienen un fundamento en la doctrina de Haya.
Me da la impresión que con Haya está pasando lo que en su momento pasó con Marx: se está yendo más allá de lo que él realmente dijo. Así como hay quienes son más papistas que el Papa, o más marxistas que Marx, García está intentando ser más hayista que Haya. Pero eso solo lo puedo afirmar a manera de impresión.
La pregunta, es entonces, legítima. ¿Por qué el Apra, o su dirigencia, no ha considerado deshayizarse? A estas alturas el pensamiento de Haya, hay que decirlo, ya significa un peso más que un valor agregado. Algunas de sus banderas le sirvieron para ganar la elección del 2006, pero ya en el gobierno, está siendo una traba. A cualquiera que tenga la intención de cuestionar al partido de gobierno le basta con revisar unas páginas de El antiimperialismo y el Apra y ver que se está haciendo todo lo contrario.
Precedentes hay en el mundo, pero uno resulta bastante significativo: el caso del Partido Socialdemócrata Alemán o SPD, por sus siglas en alemán. Nació en la segunda mitad del siglo XIX, con una fortísima base obrera y adoptó el marxismo como su doctrina, en un momento en que el mismo Marx y Engels seguían vivos. Así como el Apra, estuvo en la ilegalidad cuando Bismarck detentaba el poder tras la unificación alemana, y así como el Apra presentó candidatos indirectamente. Tuvo también sus líderes históricos, aparte de Marx, como Kautsky, Liebknecht, Lasalle, Bernstein, Bebel, en su momento Luxemburgo. Fue el modelo de partido de masas, que contó con más de tres millones de militantes ad portas de la Primera Guerra Mundial. Y así como el Apra, tuvo un cisma entre los radicales o puristas (espartaquistas) y los "revisionistas" o reformistas, cisma que acabó en un enfrentamiento directo cuando el SPD participaba de la República de Weimar y tuvo que sofocar la revuelta de los espartaquistas (1919).
El SPD además de soportar el drama de la Primera Guerra Mundial, pagó factura por el fracaso de Weimar y fue perseguido por Hitler. Recién en 1959, con todo ese historial teñido de sangre y sufrimiento, abandonó los principios marxistas, lo cual lo llevó al sitial que ostenta actualmente. Lo del Apra es poco comparado con el SPD: a los apristas solo los persiguieron dictaduras, no totalitarismos. No sufrieron un cisma tan dramático como el de los espartaquistas, que acabó en sangre. Y no tuvieron como figura inspiradora a un intelectual del peso de Marx, sino a uno un poco más pequeño como Haya de la Torre. El SPD abandonó a Marx y pudo contribuir a construir la Alemania actual, que habría sido imposible si se continuaba con el marxismo. La prueba fue la Alemania Oriental.
Claro está, hay también diferencias. Pasaron casi 100 años entre la muerte de Marx y el abandono de sus principios por parte del SPD en 1959, mientras que Haya ha muerto hace casi 30 años. La historia del Apra no es tan dramática como la del SPD. Y sobre todo, el SPD no creció de la mano del carisma de Marx, lo cual si ha sucedido con el Apra, que creció de la mano de su fundador. Es tal vez por eso que al Apra, y a personas como Alan García, discípulo directo de Victor Raúl, podría costarle tanto deshayizarse.








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1 comentarios:
Me gustaria plantear dos preguntas adicionales:
-¿Podrá desalanizarse el apra?
-y ¿Sobrevirá a ello?
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