Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas.
El pasajero que tengo al lado, un viejito de bufanda, se queja.
Detrás de estos anteojos oscuros nadie sabe que voy escribiendo obituarios de almíbar para las amistades muertas. Ni los jóvenes que pegan los mentones al pecho y simulan sueños de estrategia.
La gente sube y baja en cámara lenta.
—¿Va para Aaargüeio?
—Ni cerca.
Abril es la recta final de un contrato de alquiler sobre el que queremos poner la firma con violencia; la posesión de una casa con fachada incompleta, revoque grueso, tres dormitorios, un calefactor, un hogar a leña.
Daremos de baja los servicios, volveremos a la Edad Media.
Treinta y tres años, una botellita de Coca de uno con cincuenta, el sobaco lleno de carpetas. Dictarle excusas al celular mientras rodamos sobre los puentes y las avenidas, esquivando los semáforos y las aceras.
—Córdoba es hermosa. Deberías conocerla.
Abril es dos colectivos por día -dos de ida, dos de vuelta-, es una tracalada de entrevistas imperfectas.
En abril ensayamos mudanzas que no molestan y nos ensañamos con los libros que no ponen las cartas sobre la mesa: ya no queremos literatura, necesitamos una ventana mínima por la que el sol pueda entrar y encontrarnos cuando los ojos se nos despegan.
Abril, otra vez las cajas de la mudanza que nos escarmienta, una panza que nos separa en la cama y a la vez nos acerca.
Voy por las rotondas sobre la fila de la izquierda, asiento individual, quinto lugar, detrás de una nuca cualquiera.
Y si viajo parado las calles me bambolean.
Parado está bien.
La mano firme sobre los caños que me reflejan.
La música de la ciudad por la mañana es un veneno que te cocina empezando por las piernas.
Trepa.
Fachadas que en todo este tiempo han cambiado la mueca, árboles que se yerguen adultos, con robustez nudosa delante de puertas que solía golpear cuando tenía el reloj en la muñeca.
Castro Barros al 50, cuatro almohadones, la historia de una fellatio incompleta. El motor que pelea por colarse dentro de las orejas.
Los viajes en colectivo son los padres putativos de las mejores ideas, aunque nos embargue el equilibrio cabalgar con ellas.
Puertas que se abren y escupen espectros sobre las aceras.
Pedacitos de plástico, pergaminos diminutos amasados de impaciencia.
Me trepo a los colectivos de abril agachando la cabeza.
Busco sin saberlo al viejito con maletín de médico que supo venderme en cada viaje del pasado las porquerías más diversas.
Estará muerto, me digo. Junto al chofer hay una caja de turrones viejos que sirve de lápida para el desaparecido colega.
La vida es un proyecto de relatos escandalosos que viajan bajo el sol con los árboles barridos en la vereda.
Suelos de goma, asientos con molde para formar culos, apretones y empujones en los semáforos, bultos que se estacionan sobre las hombreras. Los rostros amanecidos y hechos mierda.
Abril, mi hija ya sabe que estoy detrás de la puerta, ya dice papá y se divierte pateándome entre las piernas.
La paternidad es un dolor de huevos que nos deja de rodillas, una sonrisa mientras nos mordemos la lengua.
Nuestra campaña de cuarto mes en el calendario: erradicar “pelotudo” y sembrar “pelonfái”, por mucho que nos guste putear a diestra y siniestra.
Soplarán fríos los vientos sobre nuestras sábanas cuando el invierno meta la lengua por nuestra ventana abierta.
Nos sorprenderá por la tarde trocando el chupete por un Palito de la selva.
Al fondo habrá más lugar por la mañana.
El mundo, el calendario, los colectivos, nosotros,
con nuestros muertos y nuestros dilemas
seguiremos
dando
vueltas.
.
.
.
.
Tags Bitácoras: breve relato poético ante la inminencia de la mudanza, aunque ya conseguimos casa, todavía falta firmar el puto contrato, y eso nos hace pensar en poesía, porque la incertidumbre es poesía, no me vengan a joder con que no, Peinate que viene gente, peinate
breve, relato, poetico, ante, la, inminencia, de, la, mudanza, aunque, ya, conseguimos, casa, todavia, falta, firmar, el, puto, contrato, y, eso, nos, hace, pensar, en, poesia, porque, la, incertidumbre, es, poesia, no, me, vengan, a, joder, con, que, no
breve, relato, poetico, ante, la, inminencia, de, la, mudanza, aunque, ya, conseguimos, casa, todavia, falta, firmar, el, puto, contrato, y, eso, nos, hace, pensar, en, poesia, porque, la, incertidumbre, es, poesia, no, me, vengan, a, joder, con, que, no
Etiquetas: Postales de otoño
Abril 17, 2008 a las 2:21 am
Me da bronca cuando alguien escribe así, sabélo!
Abril 17, 2008 a las 2:50 am
Sin mirar atrás.
Que la mudanza sea leve, y encuentren en esas cuatro paredes, el hogar perfecto.
Y dejen en paz a la nena, si su destino es putear como la mejor, nadie podrá contra eso. Mi vieja y la abuela dan fe.
¡Abrazo!
Abril 17, 2008 a las 9:57 am
Y yo pensé que venías hablando del mes de abril (a lo Sabina), y saltás con tu hijita! Ojalá tenga los dones del viejo para escribir.
Bueno, que lo del contrato se solucione pronto y ya tengan la casa.
Abril 17, 2008 a las 10:14 am
Vamos que falta menos José.
Besos a los tres y al/la de la panza.
Abril 17, 2008 a las 11:34 am
No hay duda: La baba es una de sus mejores inspiraciones.
Abril 17, 2008 a las 1:27 pm
Mierda, que bien escribis! eso es abril, eso es Córdoba y los viajes en colectivo.
Abril 17, 2008 a las 1:34 pm
Con esto me quedo:
La paternidad es un dolor de huevos que nos deja de rodillas, una sonrisa mientras nos mordemos la lengua.
Y no me preguntes, ¿por qué?, pero me has recordado mucho un poema:
Walking Around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
Pablo Neruda
Saludos letransfusionados y alucinados.
Abril 17, 2008 a las 2:07 pm
josé, ¿ese tono melancólico que se viene dejando entrever llegó para quedrase? a mí me llevó un poco a 62/modelo para armar, me trasladó a “la ciudad” y sus viajes en tranvía… que lindos recuerdos (si es que se pueden llamar recuerdos a mis viajes por esos lugares en los que nunca estuve) gracias, otra vez lograste arrancarme por un rato de esta mañana fría, de este trabajo, de esta realidad chiquitita…
Abril 17, 2008 a las 2:24 pm
Dayana: bueno-pero-no-te-enoojes.
Jackie: si supieras cómo repite cosas. Es un peligro, esto puede terminar muy mal…
Patricio: no te das una idea de la ansiedad que tenemos con la casa… Gracias y abrazo.
ceci: ya estamos ahí; ya estamos.
fede: la baba no me deja hablar.
anitaX: lo peor del caso es que los viajes en colectivo me están empezando a gustar. Gracias y abrazo.
letransfusión: ok, no pregunto. Gracias por el aporte y te va un abrazo.
eli: son etapas, si todo es muy monocorde, me aburro. Y no creo que haya llegado para quedarse, creo que siempre está.
Gracias a vos por hacérmelo saber, es muy lindo asomarse a las realidades de otros, echar un vistazo, intercambiar.
Abrazos.
Abril 17, 2008 a las 4:55 pm
Que lindo che! que lindo saber que el pago no cambio tanto, que no cambio nada…
Y que bueno tener musas que te condenan a escribirlo!
Abrazos desde Kerepesi che! (ultimo momento, paro de bondis manana en Budapest, aca tambien te dejan a pata)
L
Abril 17, 2008 a las 6:19 pm
Hermoso realmente. Nunca dejas de sorprenderme, me gusta mucho como escribis. Seguí regalandonos estos momentos ¡Gracias Playo!
Abril 17, 2008 a las 6:30 pm
que hermosa forma de describir lo que vivimos todos los dias.. la poesía está en cualquier lugar que un poeta como vos la sepa ver.. felicitaciones por la casa, y esperamos que ese bendito contrato se firme “a la brevedad”.
besos
Abril 17, 2008 a las 9:46 pm
“La mano firme sobre los caños que me reflejan”… que observador (y en varias otras frases) esos pequeños detalles tan cotidianos son geniales. me mató “pelonfái” jaja hace años q no escuchaba esa palabra!!! acordate de “la puuunta del obelisco!” ó ” la connnciencia de mi abuela!” jajaja
besos
Abril 18, 2008 a las 10:51 am
a mi tambien me genera un poco de bronca, la metafora de la realidad. obviamente, sin realidad no hay metafora.
Abril 18, 2008 a las 11:27 am
Lucas, desde Pest: aguante Kerepesi, Lucas. Budapest es del palo.
vagina way: qué lindo que le haya gustado, vw.
grillito: ya tenemos la lapicera lista. Esperemos.
anita: sí, “pelonfái” es una de las tantas palabras jovatas que estamos desempolvando para reestrenar. Muy buenos los dos aportes para cuando te quedás sin nafta y para cuando te das con un martillo en el dedo, por ejemplo. Gracias
el bobero: todo es dualidad dependiente.
Abril 18, 2008 a las 1:14 pm
José: No sabés como se extraña Córdoba cuando uno lee cosas como ésta. Lo mismo me pasa cuando leo tus libros. Una vez mas pusiste en palabras algo que me fué cotidiano por unos 8 años y muchas veces hasta los mismísimos domingos.
Me hiciste acordár a una zamba que no sé de quién es, pero cuyo estribillo dice:
“Córdoba en otoño, música del alma,
tardecitas por la peatonal…
Mientras el Suquía lento se retira,
mirando de reojo a la ciudad…”
Abrazo.
Ah! Coincido con Dayana… me caés muy mal, jaja.
Abril 18, 2008 a las 1:20 pm
Parece que abril te produce un efecto melanculeótico.
Y qué buenas cosas sacás cuando estás melanculeado.
Me gustó el post. Mucho me gustó.
Abril 18, 2008 a las 1:29 pm
que ternura..que ternura…
Abril 18, 2008 a las 5:51 pm
Bueno, si, aca algunos canas tambien andan con macanas y ganas de golpear. Y los ferchos tambien.
Por lo demas la ciudad es bella.
Abril 19, 2008 a las 1:00 am
Bien Sr. Playo a remontar se ha dicho. dejando las penas y las melancolias para ayer, hoy abrimos otra puerta y mañana sera la misma, Abril va quedando atras. Mucha, pero mucha suerte. Un saludo
Abril 19, 2008 a las 12:16 pm
Mi vieja cuando puteaba con disimulo decía: “la puuunta del cerro mocho!!”.
Leo con atención estas cosas porque me estoy por acercar a ese paradigma de la paternidad en breve. Estoy en la fase conversativa nomás por ahora. (Dejamos de tomar la pastilla entonces o no, esa parte).
Es así tan masoquista?
Abril 19, 2008 a las 12:49 pm
Cuando te leo en trance poético, siento que sos mi hermano literario:
“Los viajes en colectivo son los padres putativos de las mejores ideas, aunque nos embargue el equilibrio cabalgar con ellas.”
Ya lo creo que es así!!!
Abril 19, 2008 a las 12:54 pm
Te dejo mi visión de un otoño que pasó
EQUINOCCIO
En las sillas
de la vereda
penden
las lágrimas
de una noche
desapacible.
Por las lunetas
de la ambulancia
suicida,
corren
las vertientes
de la incertidumbre.
En el borde
del vaso,
una semilla
de mi tristeza,
se precipita
al abismo
edulcorado
de un posible
espejismo.
Mientras…
…el verano,
envejece.
Walterio
Abril 19, 2008 a las 4:03 pm
Qué lindo que escribís.
Escribís cosas que provocan mucha risa, otras nostalgia, otras emoción…todo de un modo que siempre es muy placentero leerlo.
Espero que pronto puedan mudarse y sea todo en armonía.
Por otra parte lo del colectivo me hizo acordar inevitablemente al C4! Colectivo que debo tomarme con frecuencia y que me pone de muy mal humor…más de media hora esperandolo para subir y que esté repleto y bla bla bla… Creo que vos también disfrutaste del servicio de dicha línea…
En fin…
Besos!!!
Abril 19, 2008 a las 6:07 pm
Buenas hermano!!
sabes q siempre leo todas tus entradas y nunca te deje nungun comentario… jejej esta vez lo hago con mucho privilegio, hermano!
muchas veces me pregunto de donde sacas tanto talento e imaginacion para mandarte semejantes cuentos…. la verad esta vez te pasaste jajaj…
te felicito por ese don tan… tan…. tan tuyo! jaja
mucha suerte y segui haci q la remas linda!
un abrazo hermano!
Abril 20, 2008 a las 8:24 am
Que bueno Walt! Que bella descripcion de esos veranos insipidos que se desbarrancan de a poco hacia un otono inescrutable. Me hizo acordar a ciertas tardes puerteando en la ‘casa del pueblo’ en Los Reartes.
Abrazos.
Abril 20, 2008 a las 9:26 pm
me agarró una nostalgia….no sé de qué, pero es nostalgia, posta.
Insisto, que lujo que está esto, José.
Walt: me encantó tu equinoccio. Me puso un poco triste como la semilla al borde de tu vaso. Pero una tristeza linda.
Abril 23, 2008 a las 9:38 am
A mí me parece bien que no putee a diestra y siniestra, cambiar los ‘pelotudos’ por ‘pelonfais’ y demás improperios, total ya tendrá lugar ella, entre sus amigas, de decir las guarangadas más increíbles que algún padre pueda concebir que diga.
UN abrazo Joseph…
Abril 23, 2008 a las 6:55 pm
mientras más describís a Córdoba, mas te quiero. CCEC ? Salzano y Playo no dejan de hacerme emocionar.