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	<title>Cuaderno de Cultura Científica</title>
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	<link>https://culturacientifica.com/</link>
	<description>Un blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU</description>
	<lastBuildDate>Tue, 15 Sep 2026 14:41:40 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
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		<title>Los números desnudos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Sep 2026 09:59:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Matemoción]]></category>
		<category><![CDATA[matemáticas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Siguiendo el camino marcado por mis dos últimas entradas en el Cuaderno de Cultura Científica, tituladas Los números de Smith y Canadá tiene su propia familia de números, esta entrada se centra en una nueva familia de números naturales, los llamados números desnudos. Esta es, además, una familia muy interesante para trabajar las reglas de [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/16/los-numeros-desnudos/">Los números desnudos</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Siguiendo el camino marcado por mis dos últimas entradas en el <em>Cuaderno de Cultura Científica</em>, tituladas <a href="https://culturacientifica.com/2026/08/19/los-numeros-de-smith/">Los números de Smith</a> y <a href="https://culturacientifica.com/2026/09/02/canada-tiene-su-propia-familia-de-numeros/">Canadá tiene su propia familia de números</a>, esta entrada se centra en una nueva familia de números naturales, los llamados números desnudos. Esta es, además, una familia muy interesante para trabajar las reglas de la divisibilidad (véanse las entradas <a href="https://culturacientifica.com/2020/07/15/las-curiosas-reglas-de-divisibilidad/">Las curiosas reglas de divisibilidad</a> y <a href="https://culturacientifica.com/2020/07/29/las-curiosas-reglas-de-divisibilidad-ii/">Las curiosas reglas de divisibilidad (II)</a>).</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58237" aria-describedby="caption-attachment-58237" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-58237 size-medium" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-1-2-413x640.jpg" alt=" números desnudos" width="413" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-1-2-413x640.jpg 413w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-1-2.jpg 445w" sizes="(max-width: 413px) 100vw, 413px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58237" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Hijos de las Matemáticas</em> (primera parte, de cinco), 1986/87, de la artista alemana Rune Mields (1935-2026)</figcaption></figure><p> </p>
<h3>¿Qué es un número desnudo?</h3>
<p> </p>
<p>Se dice que un número natural es un <em>número desnudo</em> si es divisible por todos sus dígitos. Por ejemplo, 3.276 es un número desnudo ya que es divisible por sus dígitos 2, 3, 6 y 7, de hecho, 3.276 = 2 x 1.638 = 3 x 1.092 = 6 x 546 = 7 x 468. O también el número 1.153.395, que es divisible por 1, 3, 5 y 9, siendo 1.153.395 = 3 x 384.465 = 5 x 230.679 = 9 x 128.155.</p>
<p> </p>
<p>Los números repidígitos, o monodígitos, que son los números naturales formados por la repetición de una misma cifra, como 3, 99, 666, 222.222, 77.777.777 o 111.111.111.111.111 (que es un número repituno, de los que hablamos en la entrada <a href="https://culturacientifica.com/2023/06/14/tienen-algun-interes-los-numeros-repitunos-cuyos-digitos-son-todos-unos/">¿Tienen algún interés los números repitunos, cuyos dígitos son todos unos?</a>), son claramente números desnudos, ya que son divisibles por la cifra que se repite. Como existen infinitos números repidígitos, podemos afirmar que también existen infinitos números desnudos.</p>
<p> </p>
<blockquote><p><strong>Teorema:</strong> Existen infinitos números desnudos.</p></blockquote>
<p> </p>
<figure id="attachment_58238" aria-describedby="caption-attachment-58238" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58238 size-medium" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-2-2-488x640.jpg" alt=" números desnudos" width="488" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-2-2-488x640.jpg 488w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-2-2.jpg 610w" sizes="(max-width: 488px) 100vw, 488px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58238" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Repituno – números primos</em> (1988), de la artista alemana Rune Mields (1935-2026)</figcaption></figure><p> </p>
<p>Se pueden construir más subfamilias infinitas de números desnudos. Por ejemplo, los números cuyos dígitos son todos 1, salvo el último (el de las unidades), que es un 2, como 11.112 o 111.111.111.112, que son divisibles por sus dígitos, 1 (todo número es divisible por 1) y 2 (un número terminado en 2 siempre es par). Argumento que sigue siendo válido si sustituimos el 2 por el 5, ya que los números divisibles por 5 son los que terminan en 0 o 5. En general, si tenemos en cuenta las reglas de divisibilidad podemos construir más familias infinitas de números desnudos.</p>
<p> </p>
<p>Los números desnudos fueron introducidos por el creador de pasatiempos matemáticos Yoshinao Katagiri en una carta al editor publicada en la revista <em>Journal of Recreational Mathematics</em> (vol. 15, no. 4, 1982-83). Además, estos números forman la sucesión A034838 de la <em>Enciclopedia on-line de sucesiones de enteros – </em><a href="https://oeis.org/">OEIS</a>, cuyos primeros términos son</p>
<p> </p>
<p>1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 12, 15, 22, 24, 33, 36, 44, 48, 55, 66, 77, 88, 99, 111, 112, 115, 122, 124, 126, 128, 132, 135, 144, 155, 162, 168, 175, 184, 212, 216, 222, 224, 244, 248, 264, 288, 312, 315, 324, 333, 336, 366, 384, 396, 412, 424, 432, 444, 448, …</p>
<p> </p>
<h3>¿Números desnudos consecutivos?</h3>
<p> </p>
<p>Si dos números consecutivos <em>n</em> y <em>n</em> + 1 son números desnudos (asumimos que tienen más de un dígito, ya que todos los números de un solo dígito son desnudos) esto quiere decir que ambos son divisibles por los dígitos comunes, que son todos menos los de las unidades, luego todos esos dígitos tienen que ser igual a 1, ya que dividen a dos números consecutivos. Por lo tanto, esos dos números consecutivos desnudos serán de la forma 111…111U y 111…111(U + 1).</p>
<p> </p>
<p>Ahora, nos podemos plantear cuando un número de la forma 111…111U es desnudo. Ya hemos visto que para U = 2 y 5 se tiene un número desnudo, pero qué ocurre con el resto de cifras. Atendiendo a las reglas de divisibilidad el número 111…111U es desnudo cuando ocurre lo siguiente:</p>
<p>i) si U = 1; ii) U = 2; iii) U = 3 y el número de unos es múltiplo de 3 (por la regla de divisibilidad del 3, que nos dice que “un número es divisible por 3 si, y sólo si, la suma de sus dígitos es divisible por 3”), como el 1.113 o 1.111.113; iv) U = 4, pero no hay ningún 1 (ya que “un número es divisible por 4 si, y sólo, si el número formado por los dos últimos dígitos, los de la derecha (decenas y unidades), es divisible por 4”, pero 14 claramente no lo es); v) U = 5; vi) U = 6 y el número de unos es múltiplo de 3, ya que el número debe ser divisible por 3; vii) U = 7 y el número de unos es múltiplo de 6 (lo cual se puede deducir de la regla de divisibilidad del 7, “un número es divisible por 7 si la suma alternada de los grupos de tres dígitos, empezando por la derecha, también lo es”); viii) U = 8, pero no hay ningún 1 (como en el caso del 4); ix) U = 9 y el número de unos es múltiplo de 9 (por la regla de divisibilidad del 9, que es similar a la del 3).<br>
Teniendo en cuenta todo lo anterior podemos afirmar lo siguiente sobre números desnudos consecutivos (de más de un dígito). Si <em>k</em> es la cantidad de unos del número,</p>
<p>A. para cualquier valor de <em>k</em>, los números consecutivos de la forma 111…11 y 111…12 son desnudos;</p>
<p>B. si 3 divide a <em>k</em>, el trío de números 111…11, 111…12 y 111…13 son desnudos, así como la pareja de números 111…15 y 111…16;</p>
<p>C. si 6 divide a k, el trío de números 111…15, 111…16 y 111…17 son desnudos.</p>
<figure id="attachment_58239" aria-describedby="caption-attachment-58239" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-58239" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-3-2-560x446.jpg" alt width="560" height="446" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-3-2-560x446.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-3-2.jpg 640w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58239" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Neima</em> (2020), de la artista interdisciplinar canadiense Loralei R. Byatt. Imagen de su estudio <a href="https://www.interfaceartsstudio.com">InterFACEarts</a></figcaption></figure><p> </p>
<h3>¿Cuál es el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos?</h3>
<p> </p>
<p>Otra cuestión interesante que se han planteado algunos matemáticos y matemáticas es cuál es el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos. Esta cuestión nos lleva a empezar a pensar en números desnudos con todos sus dígitos distintos, como 7, 15, 132, 4.128, 9.135 o 12.384, que son desnudos.</p>
<p> </p>
<p>Resulta que los números desnudos cuyos dígitos son todos distintos tiene nombre. Son los <em>números de Lynch-Bell</em>, la sucesión A115569 de la Enciclopedia on-line de sucesiones de enteros – OEIS. Claramente la familia de los números de Lynch-Bell es finita puesto que no puede tener más de nueve dígitos.</p>
<p> </p>
<p>Por lo tanto, si estamos buscando el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos, es decir, el mayor número de Lynch-Bell, lo primero que podemos hacer es intentar ver qué números pandigitales (que contienen todas las cifras básicas no nulas, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, sin repetir ninguna) son desnudos.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58240" aria-describedby="caption-attachment-58240" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58240 size-medium" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-4-1-560x562.jpg" alt=" números desnudos" width="560" height="562" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-4-1-560x562.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-4-1-120x120.jpg 120w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-4-1.jpg 640w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58240" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Conexiones aleatorias</em> (2020), de la artista interdisciplinar canadiense Loralei R. Byatt. Imagen de su estudio <a href="https://www.interfaceartsstudio.com">InterFACEarts</a></figcaption></figure><p> </p>
<p>Primero analicemos una curiosidad relacionada con la cifra 5. Si un número desnudo contiene al 5 como uno de sus dígitos, entonces todos sus dígitos son impares. Esto se debe a la regla de divisibilidad del 5, es decir, un número es divisible por 5 si su dígito de las unidades es 0 o 5. Pero como el número no es divisible por 0, entonces su último dígito tiene que ser 5, por lo que no es par y no puede ser dividido por ningún número par.</p>
<p> </p>
<p>Ahora, si tenemos en cuenta la anterior propiedad, el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos no puede ser pandigital, puesto que la cifra 5 no es compatible con las cifras pares 2, 4, 6 y 8.</p>
<p> </p>
<blockquote><p><strong>Teorema:</strong> No existen números de Lynch-Bell, luego desnudos, pandigitales (con las nueve cifras no nulas, sin repetir ninguna).</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Por lo tanto, lo lógico es que busquemos el número desnudo más grande que esté formado por todas las cifras no nulas (sin repetir ninguna), menos el 5, es decir, 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8 y 9. Pero antes, veamos el otro caso, busquemos los números de Lynch-Bell que contengan al 5.</p>
<p> </p>
<p>Como hemos comentado los números desnudos, en particular, los de Lynch-Bell, que contienen al 5 solo contienen cifras impares, 1, 3, 5, 7, 9. Pero como la suma de estas cifras es 1 + 3 + 5 + 7 + 9 = 25, que no es divisible por 3 o por 9, no existen números de Lynch-Bell con todas las cifras impares.</p>
<p> </p>
<blockquote><p><strong>Teorema:</strong> No existen números de Lynch-Bell con todas las cifras impares.</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Ahora, nos podemos plantear si existen, y cuántos son, los números de Lynch-Bell con cuatro cifras impares. Por el mismo razonamiento que antes las cifras impares implicadas solo pueden ser 1, 3, 5, 9, cuya suma es 18. Como debe acabar en 5, para ser divisible por esta cifra, tenemos que las soluciones son 1.395, 1.935, 3.195, 3.915, 9.135 y 9.315.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58241" aria-describedby="caption-attachment-58241" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-58241" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-5-320x640.jpg" alt width="320" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-5-320x640.jpg 320w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-5.jpg 625w" sizes="(max-width: 320px) 100vw, 320px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58241" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Contando – zonas asintóticas 2</em> (1972), del artista conceptual estadounidense Mel Bochner. Imagen de la <a href="https://www.nga.gov">National Gallery of Art</a></figcaption></figure><p> </p>
<p>Pero volvamos a la cuestión de encontrar el número de Lynch-Bell más grande. Sabemos que tenemos que empezar buscando entre los formados por las cifras 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9. Sumamos estas cifras, 1 + 2 + 3 + 4 + 6 + 7 + 8 + 9 = 40, que no es múltiplo de 3, luego no existen números de Lynch-Bell con estas ocho cifras, ya que no pueden ser divisibles por 3. Aquí tendríamos dos opciones: i) eliminar las cifras 3, 6, 9 (quedarían solo cinco cifras); ii) eliminar una única cifra para evitar el problema (quedarían siete cifras). Analicemos ambas opciones.</p>
<p> </p>
<p>Opción i): eliminar las cifras 3, 6, 9, luego utilizar las cifras 1, 2, 4, 7 y 8. Si el número es divisible por 2, el último dígito (derecha) es 2, 4 u 8. Si es divisible por 4, los dos últimos dígitos (derecha) tienen que ser divisibles por 4, luego, con las cinco cifras anteriores, solo pueden ser las combinaciones 12, 24, 28 y 48. Si es divisible por 8, los tres últimos dígitos (derecha) tienen que ser divisibles por 8, luego las únicas combinaciones posibles, teniendo en cuenta el anterior comentario, son 712, 824, 128 y 248. Con ellas podemos generar ocho números 48.712, 84.712, 17.824, 71.824, 47.128, 74.128, 17.248 y 71.248, de los cuales solo el número 17.248 es también divisible por 7, luego es el único número de Lynch-Bell generado por las cifras 1, 2, 4, 7 y 8.</p>
<p> </p>
<p>Opción ii): eliminar una única cifra, para que sea divisible por 3. Lo que nos llevaría a que de las cifras 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9 hay que eliminar una de ellas para que la suma sea múltiplo de 3, lo que nos lleva a tres candidatas 1, 4 y 7. Sin embargo, para que sea además divisible por 9 solo queda la opción de eliminar la cifra 4. En consecuencia, buscamos números de Lynch-Bell con las cifras 1, 2, 3, 6, 7, 8 y 9. Aquí tenemos muchas opciones, como el número 3.817.296, que es divisible por todos sus dígitos, 3.817.296 = 2 x 1.908.648 = 3 x 1.272.432 = 6 x 636.216 = 7 x 545.328 = 8 x 477.162 = 9 x 424.144.</p>
<p> </p>
<p>De los 7! = 5.040 números que pueden construirse con las cifras 1, 2, 3, 6, 7, 8 y 9, de manera que no haya ninguna que se repita, hay 105 números de Lynch-Bell, es decir, números desnudos con todos sus dígitos diferentes. El más pequeño de ellos es 1.289.736 y el más grande, que era el que buscábamos, es 9.867.312.</p>
<p> </p>
<blockquote><p><strong>Teorema:</strong> El número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos es 9.867.312.</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Por cierto, la cantidad total de números de Lynch-Bell es 548.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58243" aria-describedby="caption-attachment-58243" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-58243" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-6-474x640.jpg" alt width="474" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-6-474x640.jpg 474w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-6.jpg 640w" sizes="(max-width: 474px) 100vw, 474px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58243" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;"><em>Serigrafía 1024</em>, de la carpeta <em>Numbers One</em> (1974), del artista, crítico y poeta visual Richard Kostelanetz</figcaption></figure><p> </p>
<h3>Rompecabezas matemáticos</h3>
<p> </p>
<p>Como comentábamos al principio, esta es una familia de números muy interesante para trabajar, o jugar, con las reglas de divisibilidad. De hecho, se pueden generar algunos interesantes juegos matemáticos, como el problema 34 del libro <em>Puzzles 101: A Puzzlemaster’s Challenge</em>, del inventor de rompecabezas matemáticos y juegos de ingenio japonés Nobuyuki Yoshigahara (1936-2004), al que denominó problema LYM (Least Yoshigahara Multiple – Menor Múltiplo de Yoshigahara).</p>
<p> </p>
<blockquote><p><strong>Problema LYM:</strong> Elige dos cifras del 2 al 9. Crea un número cuyos dígitos sean alguna de estas dos cifras, de manera que sea divisible por cualquiera de los dos. Por ejemplo, con el 4 y el 8 se pueden formar el 48 o el 488, y cada uno de ellos es divisible tanto por el 4 como por el 8. Si utilizas el 2 y el 4, el número más pequeño de este tipo es el 24. Si utilizas el 3 y el 5, el número más pequeño de este tipo es el 3555. Encuentra dos cifras de tal forma que el número más pequeño de este tipo sea el mayor de todas las combinaciones.</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Para obtener la solución a este problema, buscad el número más pequeño para todas las elecciones de dos cifras entre el 2 y el 9 y disfrutad del camino hacia la misma. Después de la bibliografía os dejo la solución al mismo, aunque os animo a que juguéis a este rompecabezas antes de mirar la solución.</p>
<p> </p>
<p>Podéis ir más allá con este problema y elegir más de dos cifras. Primero podéis elegir tres cifras, cuando terminéis cuatro, etcétera hasta llegar a la mayor cantidad posible de cifras. O incluso incluir la cifra 1 entre las cifras a elegir, luego serían todas las cifras no nulas. Así podríais llegar al número más pequeño con la mayor cantidad de cifras posible (que es ocho, como ya sabíamos):</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58242" aria-describedby="caption-attachment-58242" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-58242" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-7-560x287.jpg" alt width="560" height="287" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-7-560x287.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/imagen-7.jpg 640w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58242" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">El número más pequeño con la mayor cantidad de cifras posible</figcaption></figure><p> </p>
<p>Bibliografía</p>
<p> </p>
<p>1.- Raúl Ibáñez, <em>La gran familia de los números</em>, Libros de la Catarata – ICMAT – FESPM, 2021.</p>
<p>2.- <a href="https://www.numbersaplenty.com/">Numbers Aplenty</a>.</p>
<p>3.- Roberto A. Ribas, <em>The Nude Numbers</em>, The Pentagon, vol. 45, no. 1, pp. 18-31, 1985.</p>
<p>4.- Nobuyuki Yoshigahara, <em>Puzzles 101: A Puzzlemaster’s Challenge</em>, Taylor & Francis, 2018.</p>
<p>Nota:</p>
<p>La solución al problema LYM es el número 77.777.779.779, que es el más pequeño que puede ser dividido por 7 y 9. El siguiente más grande sería 8.888.889.888, que es el más pequeño divisible por 8 y 9.</p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor: <a href="https://twitter.com/mtpibtor">Raúl Ibáñez</a> es profesor del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaborador de la <em>Cátedra de Cultura Científica</em></p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/16/los-numeros-desnudos/">Los números desnudos</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 09:59:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Quanta Magazine]]></category>
		<category><![CDATA[biología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El misterio de los foraminíferos que invierten su enrollamiento podría ocultar un proceso evolutivo que rara vez se observa y que se desarrolla a escala planetaria. Un artículo de Fanni Daniella Szakál . Historia original reimpresa con permiso de Quanta Magazine, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons. Durante miles y, en ocasiones, millones [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/15/por-que-estas-conchas-fosiles-invierten-el-sentido-de-su-espiral-cada-pocos-milenios/">¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios?</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El misterio de los foraminíferos que invierten su enrollamiento podría ocultar un proceso evolutivo que rara vez se observa y que se desarrolla a escala planetaria.</p>
<p><em>Un <a href="https://www.quantamagazine.org/why-do-these-fossil-shells-flip-their-spirals-every-few-millennia-20260911/">artículo</a> de <a href="https://www.quantamagazine.org/authors/fanniszakal/">Fanni Daniella Szakál</a> </em>. <em>Historia original reimpresa con permiso de </em><a href="https://www.quantamagazine.org/">Quanta Magazine</a><em>, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons.</em></p>
<figure id="attachment_58224" aria-describedby="caption-attachment-58224" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58224 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1.webp" alt="foraminíferos" width="2048" height="1152" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1.webp 2048w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1-560x315.webp 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1-768x432.webp 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1-1536x864.webp 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/1-250x140.webp 250w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58224" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Ada Zejun Shen / Quanta Magazine</figcaption></figure><p>Durante miles y, en ocasiones, millones de años, el plancton marino de todo el mundo construyó sus conchas espirales en un mismo sentido. Después, de repente, las espirales cambiaron de sentido al mismo tiempo y en todas partes, para volver a cambiar más tarde.</p>
<p>Estos microorganismos son un tipo de foraminíferos, o simplemente forams. Se encuentran en todos los océanos, desde los trópicos hasta las altas latitudes, y se cuentan entre los organismos eucariotas más abundantes de la Tierra. Estos protistas unicelulares secretan una concha dura perforada por numerosos pequeños orificios; la mayoría de las especies vive en el fondo marino, mientras que algunas son planctónicas y quedan a merced de las corrientes. Cuando mueren, sus conchas cubren el fondo marino de todo el mundo y forman un archivo natural de la historia de la Tierra que se remonta unos 560 millones de años.</p>
<p>Al estudiar la composición de las especies o medir isótopos o elementos traza, los científicos utilizan las conchas de foraminíferos acumuladas para reconstruir los climas y las condiciones oceánicas del pasado. Con el paso de los años, han observado un fenómeno extraño. Entre los numerosos foraminíferos planctónicos que poseen conchas enrolladas semejantes a las de un caracol, algunas especies muestran una marcada preferencia por un sentido de la espiral (izquierdo o derecho) frente al otro, de modo que hasta el 97 % de los individuos de una especie se enrollan en el mismo sentido. Y, a veces, un nuevo sentido de enrollamiento pasa a predominar aparentemente en todos los océanos a la vez en el registro fósil. Desde que se observó esta curiosidad en la década de 1950, los científicos han intentado averiguar qué podría hacer que el sentido del enrollamiento de las conchas cambiara al unísono en miles de billones de microorganismos.</p>
<p>Recientemente, los micropaleontólogos integraron y sintetizaron datos sobre el sentido del enrollamiento de las conchas, o <a href="https://www.quantamagazine.org/how-the-universe-differs-from-its-mirror-image-20250514/">quiralidad</a>, de varias especies a partir de estudios de foraminíferos que se remontan hasta 56 millones de años. Algunos investigadores plantearon que las inversiones del enrollamiento de las conchas estaban relacionadas con cambios de temperatura u otros factores climáticos. Sin embargo, <a href="https://doi.org/10.1073/pnas.2603416123">el nuevo estudio</a> plantea como hipótesis que el sentido del enrollamiento no es en sí mismo una respuesta adaptativa, sino un marcador accidental de un acontecimiento evolutivo importante que comienza en una pequeña subpoblación y después se extiende por vastas cuencas oceánicas.</p>
<figure id="attachment_58226" aria-describedby="caption-attachment-58226" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58226" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/2.webp" alt width="1500" height="978" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/2.webp 1500w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/2-560x365.webp 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/2-768x501.webp 768w" sizes="(max-width: 1500px) 100vw, 1500px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58226" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Estos fósiles del foraminífero extinto <em>Globorotalia limbata</em>, que vivió hace entre 11 y 2 millones de años, ilustran la quiralidad dextrógira y levógira en el enrollamiento de la concha. Imagen: David King</figcaption></figure><p>«Probablemente sea una de las primeras veces que personas que normalmente trabajan más en bioestratigrafía (básicamente, en investigación del tiempo profundo) sobre foraminíferos se plantean una cuestión así», afirma <a href="https://www.cerege.fr/en/cerege/julie-meilland/">Julie Meilland</a>, investigadora del Cerege, un instituto de investigación de Francia que no participó en el estudio. Además de datos sobre el sentido del enrollamiento de varias especies que se remontan a millones de años, el estudio incorpora conocimientos de la genética y la biología de los foraminíferos actuales. «Ha sido muy refrescante ver cómo se conectan estos mundos, porque muy a menudo quienes hacen más investigación moderna no necesariamente establecen contacto con quienes trabajan sobre el tiempo profundo», añade Meilland.</p>
<p>El trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre un misterio que dura décadas y una rara visión de un proceso poco conocido que permite que nuevos caracteres se extiendan por poblaciones grandes.</p>
<h3>Una hipótesis retorcida</h3>
<p>El fenómeno de los foraminíferos que invierten su enrollamiento se describió por primera vez a principios de la década de 1950, cuando los avances en las técnicas de extracción de testigos del fondo marino permitieron a los investigadores analizar las capas acumuladas de conchas. El micropaleontólogo suizo <a href="https://doi.org/10.2113/gsjfr.15.3.145">Hans Bolli</a> fue el primero en señalar que, entre los foraminíferos con conchas enrolladas, varias especies presentaban una preferencia direccional y que, en ocasiones, esta preferencia cambiaba con el tiempo.</p>
<p>La explicación de este curioso fenómeno llegó con <a href="https://doi.org/10.1126/science.130.3369.219">un estudio fundamental de 1959</a>, en el que el geólogo marino David Ericson, especialista en testigos de sondeo de la Universidad de Columbia, en el Lamont Geological Observatory (actualmente Lamont-Doherty Earth Observatory), examinó cientos de conchas enrolladas de la especie <em>Neogloboquadrina pachyderma</em> recogidas en el Atlántico Norte. Ericson observó que, en climas fríos durante las glaciaciones, las conchas tendían a enrollarse hacia la izquierda, mientras que durante los periodos más cálidos lo hacían hacia la derecha.</p>
<p>No estaba seguro de por qué el sentido del enrollamiento debía estar relacionado con el clima, pero planteó que la temperatura era el factor determinante en esta especie. Sin embargo, a medida que se recuperaron más testigos en todo el mundo y avanzaron los estudios genéticos, la hipótesis de la temperatura dejó de sostenerse.</p>
<figure id="attachment_58228" aria-describedby="caption-attachment-58228" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58228" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/3-514x640.webp" alt width="321" height="400" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/3-514x640.webp 514w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/3-768x956.webp 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/3-1234x1536.webp 1234w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/3.webp 1500w" sizes="(max-width: 321px) 100vw, 321px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58228" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Kate Darling, profesora honoraria de la Universidad de Stirling, ha estudiado la genética y la evolución de los foraminíferos durante décadas. «Ese cambio de orientación, en mi opinión, significa que han dado lugar a nuevas especies», afirma. Foto: Cortesía de Ian Darling</figcaption></figure><p>En 2006, <a href="https://www.research.ed.ac.uk/en/persons/kate-darling/">Kate Darling</a>, actualmente profesora honoraria de la Universidad de Stirling, publicó un trabajo genético que demostraba que las variantes de <em>N. pachyderma</em> son, en realidad, <a href="https://doi.org/10.1029/2005PA001189">dos especies distintas</a>, cada una con su propio sentido de enrollamiento. Después, <a href="https://doi.org/10.1111/jzo.12095">en 2013</a>, la paleobióloga evolutiva <a href="https://www.kochi-u.ac.jp/marine-core/en/about/member.html">Yurika Ujiié</a>, actualmente profesora de la Universidad de Kochi, en Japón, descubrió que la quiralidad de las conchas en distintas especies de foraminíferos, recogidas en varios océanos, no se correspondía con la temperatura.</p>
<p>Cada estudio refutaba la hipótesis de Ericson de una manera diferente. Además, a muchos investigadores les resultaba difícil imaginar qué ventaja podía ofrecer el sentido del enrollamiento a un organismo unicelular sin una lateralidad evidente. Medio siglo después de la observación inicial de Ericson, el factor impulsor de las inversiones volvía a ser un misterio.</p>
<p>No tardaría en despertar el interés de otra investigadora. <a href="https://www.ucl.ac.uk/mathematical-physical-sciences/earth-sciences/people/prof-bridget-wade">Bridget Wade</a>, micropaleontóloga del University College London, llevaba décadas estudiando testigos de sedimentos cuando su equipo observó un patrón curioso. Varias especies de foraminíferos parecían <a href="https://doi.org/10.1127/nos/2023/0681">invertir el sentido de sus conchas</a> aproximadamente al mismo tiempo en distintas latitudes de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. En una especie, las inversiones parecían casi instantáneas tanto en los trópicos como en latitudes más altas. Esta evidencia de que el fenómeno se extendía mucho más allá de una sola cuenca oceánica sugería que estaba actuando un proceso global en el que intervenía algo más que la temperatura.</p>
<p>Para saciar su curiosidad, <a href="https://doi.org/10.1073/pnas.2603416123">el equipo de Wade sintetizó datos</a> de cinco décadas de estudios y analizó los cambios en los patrones de enrollamiento de varias especies de foraminíferos planctónicos de los últimos 56 millones de años. Para cada especie, encontraron evidencias de inversiones en múltiples cuencas oceánicas y cinturones climáticos. <em>Paragloborotalia siakensis</em> pasó de un enrollamiento mixto a un enrollamiento sinistral hace 15 millones de años. <em>Globorotalia scitula</em> invirtió el sentido dos veces: pasó de mixto a sinistral hace 15 millones de años y después a dextral hace 10 millones de años. «Resulta realmente desconcertante que una especie pueda existir durante millones de años enrollándose de una manera y después invertir de repente el sentido, sin ninguna razón aparente», escriben los autores.</p>
<figure id="attachment_58229" aria-describedby="caption-attachment-58229" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58229" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/4-560x483.webp" alt width="464" height="400" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/4-560x483.webp 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/4-768x663.webp 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/4.webp 1400w" sizes="(max-width: 464px) 100vw, 464px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58229" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Bridget Wade, micropaleontóloga del University College de Londres, señala una especie de foraminífero que describió en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Foto: Cortesía de Bridget Wade</figcaption></figure><p><em>Pulleniatina obliquiloculata</em> fue un ejemplo especialmente útil, afirma Wade: posee un registro fósil excepcionalmente detallado, sigue viviendo en la actualidad y está presente en los océanos tropicales de todo el mundo. Durante los últimos 860.000 años, su concha se ha enrollado casi exclusivamente hacia la derecha. Pero antes de ese periodo atravesó una sucesión de rápidas inversiones del enrollamiento que se produjeron a escala mundial cada pocos miles de años.</p>
<p>Los cambios eran demasiado repentinos y generalizados para explicarlos mediante una <a href="https://www.quantamagazine.org/evolution-fast-or-slow-lizards-help-resolve-a-paradox-20240102/">evolución gradual</a>. «Fue toda una sorpresa porque, si se tratara de un acontecimiento local, sería más fácil pensar en un entorno local cambiante», afirma Wade. El hecho de que estuviera ocurriendo en todas partes apuntaba a que intervenía un proceso diferente.</p>
<h3>Un significado críptico</h3>
<p>¿Qué podría explicar la expansión mundial de un cambio de quiralidad? Wade sabía que, pese a su aparente uniformidad, los océanos esconden numerosos hábitats distintos que difieren en temperatura, corrientes, luz ultravioleta, composición química y oxígeno. Del mismo modo, una población aparentemente global de una especie de foraminíferos puede ocultar especies crípticas. Los <a href="https://doi.org/10.1098/rsta.2001.0962">estudios genéticos</a> han revelado que, a menudo, lo que se consideraba una sola especie basándose en la forma de las conchas (incluido el sentido del enrollamiento) era, en realidad, más de una especie.</p>
<p>¿Y si, planteó su equipo como hipótesis, una de estas especies crípticas hubiera desarrollado alguna ventaja adaptativa de amplio alcance? Esta especie críptica podría extenderse por todo el planeta, transportada por las corrientes oceánicas y favorecida por su propio éxito, en un gigantesco barrido poblacional, y hacer que un único sentido de enrollamiento pasara a predominar en el proceso, preservando así el acontecimiento en el registro fósil.</p>
<figure id="attachment_58230" aria-describedby="caption-attachment-58230" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58230 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/5.webp" alt width="2048" height="1430" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/5.webp 2048w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/5-560x391.webp 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/5-768x536.webp 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/5-1536x1073.webp 1536w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58230" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">A diferencia de las especies con concha que nos resultan más familiares, los foraminíferos no viven totalmente dentro de su concha. La concha perforada se sitúa bajo la membrana celular y queda envuelta por un protoplasma de consistencia gelatinosa. Todos los ejemplares aquí mostrados miden menos de 1 milímetro. Fuente: Takagi, H. et al (2019) <em>Biogeosciences</em> doi: <a href="https://doi.org/10.5194/bg-16-3377-2019">10.5194/bg-16-3377-2019</a></figcaption></figure><p>«En mi opinión, las inversiones significan que han experimentado especiación», afirma Darling, que no participó en el estudio de Wade.</p>
<p>Tanto si los foraminíferos que invirtieron el sentido son una especie nueva como si son una variante genética, tendrían que presentar una ventaja significativa frente a otros foraminíferos para extenderse por todo el mundo. «Es un poco como lo que ocurrió con las variantes de la COVID-19, que se hicieron muy abundantes en un lugar», explica Wade, «y luego tuvieron una ligera ventaja de aptitud biológica frente a otra variante genética» y se propagaron rápidamente hasta convertirse en la cepa dominante en prácticamente todos los países de la Tierra.</p>
<p>Sin embargo, Ujiié advierte contra la suposición de que exista una relación sencilla entre la identidad genética de una especie y la quiralidad de su concha. «El sentido del enrollamiento parece tener una base genética», afirma, «pero eso no significa necesariamente que los individuos dextrales [de enrollamiento hacia la derecha] y sinistrales [de enrollamiento hacia la izquierda] representen poblaciones genéticamente distintas».</p>
<p>Todavía no está claro por qué una población entera se enrollaría del mismo modo en primer lugar; esto solo ocurre en un subconjunto de especies de foraminíferos planctónicos con conchas enrolladas. En otras especies, las conchas <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0249113">se enrollan en ambos sentidos</a> en una proporción aproximadamente de 50-50. Entonces, ¿por qué algunas presentan un marcado sesgo de quiralidad? En lo único que parecen coincidir los científicos es en que todavía no lo saben.</p>
<p>Meilland, que estudia la reproducción de foraminíferos en cultivos vivos, ha observado que las proporciones de los distintos sentidos de enrollamiento en sus cultivos no coinciden necesariamente con lo que cabría esperar encontrar en la naturaleza a partir de los estudios fósiles. Considera que los factores que determinan el sentido del enrollamiento podrían ser bastante complejos. «Creo que podría haber algo relacionado con los genes, con la recombinación, con su intento de evolucionar, con el entorno y también con la suerte y con la vida, sin más», afirma.</p>
<p>Aunque la casi sincronía de las inversiones de los foraminíferos en todo el mundo pueda parecer desconcertante, Darling y Ujiié señalan que lo que aparece como instantáneo en el registro fósil podría desarrollarse durante 1.000 años o más en tiempo real. Durante ese periodo, las aguas oceánicas circulan alrededor de todo el planeta. Las masas de agua también cambian y se desplazan, lo que podría acelerar la propagación de una nueva variante.</p>
<p>Es posible que los caracteres o las especies de otros organismos marinos también puedan extenderse por todo el planeta de esta manera. Pero sería difícil observarlo sin un marcador fósil claro, como la quiralidad de las conchas de los foraminíferos. Estas inversiones del enrollamiento constituyen, por tanto, una rara ventana a la manera en que los procesos evolutivos pueden desarrollarse a escala mundial.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<hr><p>El artículo original, <a href="https://www.quantamagazine.org/why-do-these-fossil-shells-flip-their-spirals-every-few-millennia-20260911/">Why Do These Fossil Shells Flip Their Spirals Every Few Millennia?</a>, se publicó el 11 de septiembre de 2026 en <strong>Quanta Magazine</strong>. <em>Cuaderno de Cultura Científica</em> tiene un acuerdo de distribución en castellano con <em>Quanta Magazine</em>.</p>
<p>Traducido por <a href="https://www.linkedin.com/in/ctomelopez/">César Tomé López</a></p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/15/por-que-estas-conchas-fosiles-invierten-el-sentido-de-su-espiral-cada-pocos-milenios/">¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios?</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>Deimos, un mundo muy suave</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 09:59:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Planeta B]]></category>
		<category><![CDATA[geociencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si echamos un vistazo a cualquiera de las imágenes de Deimos -el satélite de Marte- llegadas a través de las misiones espaciales que han podido visitarla de cerca, además de su forma, una de las cosas que más llama la atención es la gran “suavidad” de su topografía. Si lo comparamos con Fobos, el otro [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Si echamos un vistazo a cualquiera de las imágenes de Deimos -el satélite de Marte- llegadas a través de las misiones espaciales que han podido visitarla de cerca, además de su forma, una de las cosas que más llama la atención es la gran “suavidad” de su topografía. Si lo comparamos con Fobos, el otro satélite natural del planeta rojo, este efecto es mucho más evidente.</p>
<p>Pero, ¿y si realmente este suave relieve que observamos hoy día fue el resultado de un evento brutal? Un nuevo estudio publicado en <em>Nature Astronomy</em> propone una teoría interesante para explicar el peculiar aspecto de este pequeño satélite: la enorme depresión que hay en su polo sur, su sedosa superficie o los cráteres poco profundos, entre otros detalles, podrían ser la consecuencia de un impacto gigante ocurrido hace mucho tiempo, cuando un asteroide de unos pocos cientos de metros golpeó a Deimos con energía suficiente como para redistribuir una parte importante de su masa sin destruirla por completo.</p>
<p>Si están en lo cierto, este impacto hizo algo más que crear un enorme cráter: nos dio pistas sobre cómo es el interior de Deimos, ya que en vez de comportarse como una pequeña luna rocosa formada por una roca monolítica, su interior podría parecerse más a los asteroides de tipo “rubble pile”, formados por distintos fragmentos que viajan juntos por efecto de la gravedad. En muchas ocasiones estos fragmentos proceden de la destrucción de un cuerpo anterior, como un asteroide o un satélite.</p>
<figure id="attachment_58217" aria-describedby="caption-attachment-58217" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58217 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-1.jpg" alt="Deimos" width="1505" height="772" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-1.jpg 1505w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-1-560x287.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-1-768x394.jpg 768w" sizes="(max-width: 1505px) 100vw, 1505px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58217" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">En esta imagen podemos ver dos perspectivas de Deimos tomadas por la cámara HiRISE que viaja a bordo de la Mars Reconaissance Orbiter. Aunque es cierto que hay algunos cráteres marcados, si nos fijamos en los cráteres más grandes y en su topografía general, veremos claramente que es muy suave. Imagen cortesía de NASA/JPL-Caltech/University of Arizona.</figcaption></figure><p>Deimos ha sorprendido a los científicos durante décadas, y una de estas razones es el fuerte contraste -como dijimos anteriormente- con Fobos, el otro satélite natural de Marte. Fobos tiene unos 22 kilómetros de diámetro -en el sentido laxo, ya que tiene una forma irregular- y su superficie está completamente marcada por los cráteres, sistemas de surcos y otras formas geológicas. Deimos, a pesar de haber sido también bombardeado por los impactos, tiene una superficie realmente suave, si me permiten el símil, como si estuviese cubierta por un fino velo de seda.</p>
<p>De hecho, su relieve parece haber sido suavizado por una capa de regolito, una mezcla de polvo y fragmentos de roca que se acumula en las superficies de los cuerpos planetarios. Así, si miramos cualquiera de sus imágenes, podremos observar cómo parece que muchos de sus cráteres dan el aspecto de haber sido parcialmente enterrados, como si algún proceso hubiese querido taparlos sin dejar rastro.</p>
<p>Hay otro aspecto del satélite que también es muy llamativo: la existencia de una enorme depresión cercana al polo sur y de 10 kilómetros de diámetro. Teniendo en cuenta que el diámetro del satélite es de 12 kilómetros, podremos entender mejor la magnitud de esta depresión.</p>
<p>Durante años, los investigadores han propuesto varias formas de explicar por qué la superficie de Deimos parece estar cubierta por tal cantidad de regolito. Estos materiales podrían haber llegado a partir de impactos ocurridos sobre Fobos o Marte, por ejemplo. Incluso podrían ser los restos de un antiguo satélite que habría sido destruido o haberse acumulado lentamente a causa de los impactos continuados sobre su superficie durante miles de millones de años. Pero ninguna de estas explicaciones tiene la capacidad de reproducir la magnitud de este polvoriento velo que cubre su superficie.</p>
<p>Es aquí donde este nuevo estudio aporta una idea más sencilla: la gigantesca depresión de su polo sur y la suavidad de la superficie de Deimos podrían tener una misma causa. Para ello, los investigadores intentaron reconstruir la forma del satélite antes de que existiese esta depresión presente en el polo sur y se pusieron a simular una serie de impactos sobre la superficie.</p>
<figure id="attachment_58218" aria-describedby="caption-attachment-58218" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58218 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-2.jpg" alt="Deimos" width="663" height="720" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-2.jpg 663w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-2-560x608.jpg 560w" sizes="(max-width: 663px) 100vw, 663px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58218" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Imagen de la superficie de Deimos tomada por la Viking Orbiter 2 desde una distancia de tan solo 40 kilómetros. Se aprecia una superficie muy suave a excepción de cráteres que podrían ser más recientes, formados después del gran evento de rejuvenecimiento que comentamos en el artículo. Cortesía de NASA/JPL.</figcaption></figure><p>Cuando hablamos de simulaciones nos referimos a complejos modelos numéricos capaces de mostrar cómo un material poroso y granular -a distintas escalas- responde a una colisión a gran velocidad teniendo en cuenta todos sus efectos: fricción, cohesión, gravedad, generación de calor y la brutal compactación del espacio entre los poros que ocurre durante un impacto.</p>
<p>En las simulaciones probaron el impacto de asteroides entre 300 y 260 metros de diámetro, llegando desde direcciones distintas y golpeando al satélite en distintos puntos. Asumieron una velocidad de 8,2 kilómetros por segundo, o lo que es lo mismo, 30.000 kilómetros por hora. Cada simulación dejaba al satélite evolucionar durante ocho horas, tiempo suficiente para que el cráter se desarrollase y el material expulsado escapase de Deimos o cayese de nuevo sobre su superficie. Entre todas ellas, hubo una que destacó sobre las demás.</p>
<p>La que más encajaba con lo que vemos hoy era la que tenía como protagonista el impacto de un cuerpo de unos 320 metros de diámetro golpeando de manera oblicua -con unos 45º con respecto a su superficie- y ligeramente desviado del centro de la depresión del polo sur. La superficie resultante del modelo difería tan solo unos metros de la topografía que observamos hoy día.</p>
<p>Ojo, esto no quiere decir que lo que ocurrió fuera exactamente así, sino que es una de las posibles explicaciones, ya que los modelos numéricos dependen de una serie de condiciones y propiedades que no se pueden medir directamente, al menos todavía. En este caso, la estructura interna y resistencia mecánica del interior de Deimos.</p>
<p>Los autores han denominado a este evento como una colisión “subcatastrófica”, un término que habla por sí solo. El impacto fue de una gran magnitud con respecto a Deimos, pero no lo suficientemente grande como para destruir por completo el satélite.</p>
<p>Con unos proyectiles -asteroides- más grandes el resultado de las simulaciones era la destrucción de Deimos al completo. En el escenario más ajustado a las observaciones, el satélite sobrevive con un importante rejuvenecimiento de su superficie, pero todavía reconocible. Quizás la parte más interesante de esta historia empieza después de la formación del gran cráter nacido tras el impacto.</p>
<p>En un satélite pequeño la eyecta -el material expulsado por la colisión- no se comporta de la misma manera que lo haría en la Tierra. En Deimos, la gravedad es muy débil, de tal manera que el material que sale despedido puede viajar distancias enormes en comparación con el tamaño del propio cuerpo. De hecho, en las simulaciones parte del material escapa del campo gravitatorio del satélite, mientras otra parte sigue una lenta trayectoria balística antes de volver a caer sobre la superficie, como un cañonazo a cámara lenta.</p>
<p>En las simulaciones más ajustadas a la realidad, aproximadamente un uno por ciento de la masa del satélite escapaba al espacio, mientras que entre un diez y un veinte por ciento se redistribuyó por la superficie. En tan solo unas pocas horas, toda esta eyecta habría caído de nuevo sobre la luna, formando una capa de materiales sueltos de varios metros de espesor, llegando a medir hasta 200 metros en algunas zonas.</p>
<figure id="attachment_58219" aria-describedby="caption-attachment-58219" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58219 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-3.jpg" alt="Deimos" width="1280" height="1302" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-3.jpg 1280w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-3-560x570.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura-3-768x781.jpg 768w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58219" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">En esta imagen de Deimos podemos observar la enorme depresión que hay cerca de su polo sur, a la izquierda de la imagen. Fue tomada por la Viking Orbiter 2 desde una distancia de 1400 kilómetros al satélite. Imagen cortesía de NASA/JPL.</figcaption></figure><p>En términos sencillos, este impacto provocó un lifting casi completo a Deimos, explicando por qué algunos de sus cráteres son tan poco profundos. Los investigadores midieron 14 de los cráteres de mayor diámetro del satélite, y casi todos parecen estar más rellenos que otros cráteres recientes formados en otros cuerpos del Sistema Solar.</p>
<p>De estas medidas se deduce que los cráteres más antiguos podrían estar cubiertos con entre 100 y 150 metros de material procedente de este impacto, y existir una capa global de regolito de unos 120 metros de media. Esta estimación cuadra perfectamente con el resultado de las simulaciones.</p>
<p>También existen algunas pistas visuales: las imágenes de Deimos tomadas por las distintas misiones espaciales muestran materiales de tonos claros alrededor de la depresión del hemisferio sur y algunas líneas formándose ladera abajo desde los bordes de los cráteres y zonas elevadas, donde los modelos predicen una gran redistribución de los materiales superficiales, ya que el material más “fresco” -en el sentido de menos alterado, no de más frío- y menos expuesto al rigor del espacio difiere en color de los materiales que han estado expuestos a estas condiciones.</p>
<p>Hay un detalle más: como mencionábamos al principio, este impacto nos permite conocer un poco mejor el interior de Deimos. Una colisión capaz de producir una depresión de diez kilómetros tendría la energía suficiente como para mandar ondas de choque a través de todo el satélite. Si Deimos fuese un cuerpo relativamente sólido y similar al material que forma nuestra Luna, estos impactos habrían borrado o alterado en gran medida los relieves existentes, pero, a pesar de esto, algunos sobrevivieron.</p>
<p>Las imágenes obtenidas en el sobrevuelo de la misión Hera en marzo del pasado año revelaron, entre otras cosas, una depresión de unos tres kilómetros en la cara oculta de Deimos, lo que permitió a los científicos repetir las simulaciones probando diferentes materiales.</p>
<p>Los resultados fueron fascinantes. Cuando modelaban Deimos con un material resistente y poco compresible, las ondas de choque viajaban de manera muy eficiente a través del interior del satélite y borraban el cráter preexistente. Pero si el interior, en cambio, era poroso y fácil de comprimir, los espacios vacíos funcionaban como un parachoques. La energía iba siendo consumida para ir cerrando los poros y reordenar el material interno, por lo que las ondas que llegaban hasta el otro hemisferio eran mucho más débiles y este detalle permitió a esta pequeña y antigua depresión sobrevivir al impacto.</p>
<figure id="attachment_58220" aria-describedby="caption-attachment-58220" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58220" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/FIGURA-4.png" alt width="1020" height="1020" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/FIGURA-4.png 1020w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/FIGURA-4-560x560.png 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/FIGURA-4-768x768.png 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/FIGURA-4-120x120.png 120w" sizes="(max-width: 1020px) 100vw, 1020px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58220" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Imagen de Deimos -en primer plano- y Marte de fondo. Fue tomada por la misión Hera el 12 de marzo de 2025. En el momento de tomar la imagen, la sonda se encontraba a 1000 kilómetros de distancia del satélite. Destaca mucho el color de Deimos, mucho más oscuro que el de Marte. Imagen cortesía de ESA.</figcaption></figure><p>Esto nos quiere decir que Deimos podría ser extraordinariamente buena a la hora de absorber los impactos, ya que la mayor parte de su interior está vacío. Las estimaciones que se han podido calcular a partir de su masa y volumen implican una porosidad que va del 40 al 50 por ciento de su volumen.</p>
<p>Así que en vez de imaginarnos un enorme pedrusco en órbita alrededor de Marte -y permítanme el uso de ese término coloquial para referirme a una roca maciza- tenemos que imaginarnos un saco de rocas viajando juntos por el espacio, y donde la tela del saco es la gravedad que mantiene a todos esos fragmentos juntos.</p>
<p>Si hacemos una retrospectiva, esta descripción es similar a la que usamos para asteroides como Bennu, Ryugu, Dimorfos, entre muchos otros. Ojo, esto no quiere decir que Deimos sea un asteroide capturado, y ya hemos discutido alguna vez los posibles orígenes de los dos satélites de Marte en esta sección, pero sí quiere decir una cosa: los pequeños cuerpos planetarios podrían evolucionar hacia estados físicos similares. Un satélite creado a partir de los restos de un impacto gigante en Marte, por ejemplo, podría ir evolucionando a ser un cuerpo cada vez más fracturado, fragmentado y poroso hasta que se parezca a un asteroide de tipo “rubble pile”.</p>
<p>¿Cuándo podremos saber más sobre los satélites marcianos? Si todo va bien, en octubre de este mismo año debería despegar la misión MMX (Martian Moons eXploration), una sonda de la agencia espacial nipona (JAXA) que intentará traer muestras de Fobos a la Tierra y, además, realizará varios sobrevuelos de Deimos en los que podremos observar mejor su topografía y ver si la depresión del hemisferio sur encaja con un impacto gigante, así como ayudarnos a estudiar con más detalle sus cráteres y ver si su suavidad se ajusta a lo que esperamos que ocurra con una gran capa de regolito sobre ellos.</p>
<p>Todo esto es solo una prueba de que incluso los cuerpos más pequeños de nuestro Sistema Solar pueden tener una historia que, lejos de ser aburrida, nos demuestra que tienen todavía mucho que contarnos.</p>
<p>Referencias:</p>
<p>Raducan, S. D., Agrusa, H. F., Asphaug, E., Ernst, C. M., Jutzi, M., Michel, P., Popescu, M., & Sugita, S. (2026). Deimos’s shape and geology explained by a subcatastrophic impact <em>Nature Astronomy</em> doi: <a href="https://doi.org/10.1038/s41550-026-02956-w">10.1038/s41550-026-02956-w</a></p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor: <a href="https://twitter.com/geologoenapuros">Nahúm Méndez Chazarra</a> es geólogo planetario y divulgador científico.</p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/14/deimos-un-mundo-muy-suave/">Deimos, un mundo muy suave</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>Durante cien años hemos buscado la acompañante de Betelgeuse… ahora tenemos foto</title>
		<link>https://culturacientifica.com/2026/09/13/durante-cien-anos-hemos-buscado-la-acompanante-de-betelgeuse-ahora-tenemos-foto/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=durante-cien-anos-hemos-buscado-la-acompanante-de-betelgeuse-ahora-tenemos-foto</link>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 09:59:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Irreductible]]></category>
		<category><![CDATA[astronomía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Betelgeuse es el gigante rojo de nuestro cielo nocturno. Es una de las diez estrellas más brillantes y, en una noche clara, podremos localizarla sin demasiados problemas como un punto anaranjado sobre el hombro del cazador Orión. Su tamaño según las estimaciones más recientes (basadas en modelos de su pulsación) es simplemente descomunal, tan grande [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_58210" aria-describedby="caption-attachment-58210" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58210" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/01-BETELGEUSE.jpg" alt width="1087" height="592" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/01-BETELGEUSE.jpg 1087w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/01-BETELGEUSE-560x305.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/01-BETELGEUSE-768x418.jpg 768w" sizes="(max-width: 1087px) 100vw, 1087px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58210" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">A la izquierda, la supergigante roja Betelgeuse captada por ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), a la derecha su posición dentro de la constelación de Orión.</figcaption></figure><p>Betelgeuse es el gigante rojo de nuestro cielo nocturno. Es una de las diez estrellas más brillantes y, en una noche clara, podremos localizarla sin demasiados problemas como un punto anaranjado sobre el hombro del cazador Orión. Su tamaño según las estimaciones más recientes (basadas en modelos de su pulsación) es simplemente descomunal, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Betelgeuse#/media/Archivo:Arcturus_to_Betelgeuse_comparison.jpg">tan grande que es difícil de explicar o visualizar</a>… Si colocásemos Betelgeuse en el centro de nuestro Sistema Solar, su diámetro engulliría todos los planetas <a href="https://www.star-facts.com/wp-content/uploads/2019/09/Betelgeuse-size-comparison-with-the-solar-system.webp">desde Mercurio hasta Marte, rozando casi Júpiter</a>. Su clasificación científica es <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Clasificaci%C3%B3n_estelar">M1-2</a>, una  supergigante roja que vemos claramente a simple vista, no tanto por la temperatura de su superficie (es mucho más fría que el Sol) sino gracias a su cercanía (tan solo 548 años luz de la Tierra) y, sobre todo, por su inmenso tamaño.</p>
<p>Es precisamente su brillo lo que ha mantenido fascinados y entretenidos durante algo más de un siglo a todos los astrónomos y astrofísicos que la han estudiado. Su luz oscila de manera abrupta y en ocasiones, <a href="https://www.livescience.com/betelgeuse-star-weird-dimming-dust-cloud.html">como en 2019</a>, sufre oscurecimientos drásticos. Estas marcadas variaciones en su brillo han dividido a los científicos en dos grandes grupos con teorías compatibles entre sí aunque muy diferentes.</p>
<figure id="attachment_58211" aria-describedby="caption-attachment-58211" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58211" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/02-VARIACION-2019.jpg" alt width="1000" height="497" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/02-VARIACION-2019.jpg 1000w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/02-VARIACION-2019-560x278.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/02-VARIACION-2019-768x382.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58211" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Variaciones en el brillo de Betelgeuse captadas por el VLT en 2019. Imagen: ESO’s Very Large Telescope (VLT-ESO)</figcaption></figure><p>¿A qué se deben estos cambios tan notables en Betelgeuse? Algunos recuerdan que el recorrido de una gigante tan masiva es fugaz y que la estrella se aproxima rápidamente hacia el final de su vida, momento en el que cual <a href="https://www.sci.news/astronomy/vlt-dimming-betelgeuse-08130.html">explotará como supernova</a>… un evento que promete ser espectacular ya que se debería verse fácilmente desde la Tierra, incluso a plena luz del día. Por otro lado, y sin descartar su evidente evolución hacia supernova, hay astrofísicos que añadieron una opción extra a la primera teoría: Quizá la gigante roja tenga una compañera invisible que altera periódicamente el brillo que nos llega de la estrella. Esto explicaría no solo las oscilaciones en su brillo sino también algunas variaciones en sus movimientos que aún no podemos explicar.</p>
<p>No obstante, incluso en nuestros días y con nuestra tecnología, estudiar una estrella tan enorme y luminosa como Betelgeuse es muy complicado, su tamaño y su brillo oculta todo a su alrededor, casi como intentar mirar lo que hay tras una potente linterna mientras te ciega los ojos. Pero para estas laboriosas tareas hemos desarrollado telescopios cada vez más potentes, como el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en el desierto de Atacama en Chile (VLT-ESO) que, hace tan solo unos días nos ha dado una sorpresa solucionando este misterio centenario de la manera más tajante posible: con una fotografía.</p>
<figure id="attachment_58212" aria-describedby="caption-attachment-58212" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58212" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/03-ACOMPANANTE.jpg" alt width="1000" height="563" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/03-ACOMPANANTE.jpg 1000w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/03-ACOMPANANTE-560x315.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/03-ACOMPANANTE-768x432.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/03-ACOMPANANTE-250x140.jpg 250w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58212" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Imagen de Betelgeuse B, la acompañante hasta ahora invisible de Betelgeuse, captada por el VLT-ESO. Fuente: M. Montargès, A. Boccaletti, O. Flasseur et al. (2026) <em>Astronomy & Astrophysics </em>CC BY 4.0</figcaption></figure><p>Un equipo dirigido por el astrónomo francés Miguel Montargès, utilizando el instrumento SPHERE del VLT, <a href="https://www.aanda.org/articles/aa/full_html/2026/07/aa61023-26/aa61023-26.html">acaba de publicar en el journal Astronomy & Astrophysics</a>, la imagen más clara hasta el momento de lo que se cree que es Betelgeuse B, una pequeña estrella que orbita la famosa supergigante roja. La emoción de Montargès queda clara en sus <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2026/08/260827010514.htm">declaraciones a Science Daily</a>: «Cuando terminé de procesar la imagen, di un salto en la silla. Es la conclusión de una búsqueda que ha durado un siglo».</p>
<p><iframe loading="lazy" title="YouTube video player" src="https://www.youtube.com/embed/5qZn2wShwk0?si=taSX7SneAxRHUxGB" width="560" height="315" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Durante miles de años el ser humano ha mirado a Betelgeuse con asombro e imaginación, en los últimos siglos la hemos estudiado a fondo con las tecnologías disponibles en cada época, pero no importa lo mucho que creamos saber del Cosmos, incluso en una constelación tan popular y conocida como Orión, hoy hemos logrado desvelar una compañera estelar, oculta durante tanto tiempo, que resulta ser hasta tres veces más masiva y brillante que el Sol.</p>
<p>Pero también es un logro tecnológico. Es curioso cómo un instrumento como SPHERE y las técnicas de procesamiento de imagen que se desarrollaron originalmente para encontrar exoplanetas, pueden ser tremendamente útiles aplicadas a otros objetos, incluyendo estrellas tan cegadoras como la supergigante Betelgeuse.</p>
<p>Por supuesto aún queda un largo camino por recorrer. «Para estar seguros de que esa compañera está realmente allí, todavía tenemos que observarla dentro de un año (cuando esté al otro lado de la estrella), pero hoy sabemos que queda muy poco espacio para la duda». Pero ni siquiera entonces habrá terminado la búsqueda… en ciencia cuando cierras una puerta se abren otras tantas y es aquí cuándo comenzarán nuevas preguntas. Por lo que sabemos de otros sistemas binarios, las estrellas dobles suelen tener masas parecidas. Cuando estos soles surgen de una gran nube original, van creciendo, van adquiriendo material y tienden a igualar sus masas, pero la diferencia entre la supergigante Betelgeuse y su pequeña acompañante es desconcertante… ¿Cómo se formó esa pequeña compañera? ¿Cómo conviven dos astros tan desiguales en un mismo sistema? ¿Cuántas supergigantes ocultan sistemas binarios tras su resplandor? Como suele pasar con frecuencia quizá hayamos resuelto un misterio solo para descubrir que había otros tantos detrás de él.</p>
<p> </p>
<p>Referencias científicas y más información:</p>
<p>Montargès, A. Boccaletti, O. Flasseur et al.  (2026) VLT/SPHERE images of the candidate companion of Betelgeuse <em>Astronomy & Astrophysics</em> (2026) DOI: <a href="https://www.aanda.org/articles/aa/full_html/2026/07/aa61023-26/aa61023-26.html">10.1051/0004-6361/202661023</a></p>
<p>European Southern Observatory (ESO) (2026) «<a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2026/08/260827010514.htm">I jumped from my chair” – Astronomers spot Betelgeuse’s hidden companion</a>» <em>Science Daily</em></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Sobre el autor:<strong> Javier Peláez</strong> (@<a href="https://bsky.app/profile/irreductible.bsky.social">Irreductible</a>), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», <a href="https://www.patreon.com/Irreductible">creador del Podcast Irreductible</a>, ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.</p>
<p> </p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/13/durante-cien-anos-hemos-buscado-la-acompanante-de-betelgeuse-ahora-tenemos-foto/">Durante cien años hemos buscado la acompañante de Betelgeuse… ahora tenemos foto</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 09:59:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actividad]]></category>
		<category><![CDATA[biología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los insectos son los pequeños grandes protagonistas de esta edición de Bilbo Zientzia Plaza (BZP). Una exposición, una conferencia-coloquio y dos talleres acercarán al público su fascinante mundo. Además, el último día del festival, Sergi Romeu, criador de insectos y educador especializado en invertebrados, ofrecerá un taller en el que se podrá conocer de cerca [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/12/sergi-romeu-entomologo-los-insectos-son-el-menu-principal-de-la-mayoria-de-animales/">Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales”</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Los insectos son los pequeños grandes protagonistas de esta edición de <a href="https://bzp.eus/">Bilbo Zientzia Plaza (BZP).</a> Una exposición, una <a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/30/insectos-nuestros-diminutos-vecinos/">conferencia-coloquio</a> y dos <a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/24/bzp-tailerrak-2026/">talleres</a> acercarán al público su fascinante mundo. Además, el último día del festival, <strong>Sergi Romeu</strong>, criador de insectos y educador especializado en invertebrados, ofrecerá un taller en el que se podrá conocer de cerca e incluso tocar algunos de estos pequeños animales.</p>
<p> </p>
<p>En esta entrevista rompe prejuicios sobre los insectos, destaca su papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas y adelanta algunos detalles sobre qué podrán descubrir quienes participen en la actividad del próximo 4 de octubre.</p>
<figure id="attachment_58188" aria-describedby="caption-attachment-58188" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58188 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-1.jpg" alt="insectos" width="768" height="649" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-1.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-1-560x473.jpg 560w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58188" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">El entomólogo, Sergi Romeu, con una mariposa durante uno de sus talleres. © Sergi Romeu.</figcaption></figure><p> </p>
<p><strong>Para empezar, ¿cómo nació su pasión por los insectos y otros bichos?</strong></p>
<p> </p>
<p>Mi afición nació cuando era niño. Mi abuelo era ornitólogo, criaba pájaros e insectos, y gracias a él empecé a interesarme por estos animales. Desde entonces no he dejado de criarlos hasta convertir esta pasión en mi profesión. Aunque soy ingeniero técnico agrícola, desde hace años me dedico a impartir charlas, talleres y clases sobre invertebrados en colegios, institutos, museos, zoos y acuarios a través de mi proyecto educativo <a href="https://www.fasmids.com/">Fasmids</a>. Siempre voy acompañado de animales vivos porque creo que la mejor manera de conocerlos es tenerlos delante y observarlos de cerca.</p>
<p> </p>
<p><strong>En sus talleres habla sobre invertebrados, artrópodos e insectos. Sin embargo, muchas veces se utilizan estos términos como si fueran sinónimos. ¿En qué se diferencian?</strong></p>
<p> </p>
<p>Los animales invertebrados constituyen la gran mayoría de animales del planeta, <a href="https://web.archive.org/web/20161115011411/http:/www.ciesin.org/docs/002-253/002-253.html">alrededor del 97%,</a> y se dividen en seis grandes grupos. Uno de ellos, el más diverso y abundante, es el de los <strong>artrópodos</strong>. Estos animales se caracterizan por tener patas articuladas y un exoesqueleto que los protege y los hace más resistentes. Dentro de los artrópodos se encuentran los <strong>insectos</strong> (abejas, mariposas), junto con los <strong>arácnidos</strong> (arañas, escorpiones), los <strong>crustáceos</strong> (cangrejos, gambas) y los <strong>miriápodos</strong> (ciempiés, milpiés). Los insectos se distinguen por tener seis patas, mientras que los arácnidos tienen ocho, la mayoría de crustáceos diez y los miriápodos más de catorce.</p>
<p> </p>
<p><strong>¿Qué especies suelen acompañarle en sus talleres?</strong></p>
<p> </p>
<p>En mis talleres llevo representantes de los cuatro grandes grupos e intento mostrar la mayor variedad posible de artrópodos. También llevo un caracol que es un invertebrado, pero no un artrópodo, sino un molusco, para que el público pueda comparar un artrópodo con un animal que no lo es y así entender mejor sus diferencias. Entre los animales que nunca faltan están los cangrejos, los milpiés, una tarántula -que suele ser la estrella de la función- y un escorpión. Por otro lado, a los insectos les dedico la mayor parte del tiempo dado que son, con diferencia, el grupo más importante.</p>
<p> </p>
<p><strong>Algunos insectos como los escarabajos o las cucarachas y arácnidos como las arañas o escorpiones despiertan miedo, rechazo o indiferencia. En general, ¿por qué cree que nos cuesta tanto apreciarlos? </strong></p>
<p> </p>
<p>Más allá de que algunas especies piquen o muerdan, creo que el rechazo que generan muchos insectos y otros artrópodos se debe, en gran parte, a la cantidad de patas que tienen. En mis talleres trato de que la gente pierda ese miedo, porque tengo claro que para poder cuidar y respetar a estos animales primero hay que conocerlos. Por eso los acerco al público y animo a quienes participan a que los toquen y los sientan: algunos tienen pequeñas uñas, otros, ventosas; algunos son más suaves y ligeros, otros son más ásperos y pesan más… Cuando comprueban que pueden tenerlos en su mano sin que ocurra nada, muchos superan esos miedos y prejuicios.</p>
<p> </p>
<p><strong>Más allá de las picaduras y otras molestias que puedan generar, ¿por qué son los insectos tan importantes para la vida en La Tierra?</strong></p>
<p> </p>
<p>Los insectos son fundamentales porque sostienen la biodiversidad que genera el equilibrio de los ecosistemas. Constituyen la <strong>base de la cadena trófica</strong> y son el menú principal de la mayoría de los animales. De hecho, la mayoría de los animales, de una forma o de otra, se alimentan de insectos. Si desaparecieran, muchas especies de aves, reptiles, anfibios y mamíferos también lo harían.</p>
<p>Además de servir de alimento, también desempeñan otras dos funciones esenciales: la <strong>polinización</strong> y la <strong>degradación de la materia orgánica</strong>. Sin la polinización muchas plantas no podrían reproducirse, con lo cual no darían ni fruto ni semilla y nos quedaríamos sin planeta. Asimismo, insectos como larvas y escarabajos -junto con seres microscópicos como hongos y bacterias- son los responsables de comerse los restos de hojas, hojarasca y madera que quedan en descomposición en los suelos, y de transformarlos en nutrientes, convirtiéndolos en el mejor sustrato posible para las plantas.</p>
<p> </p>
<p><strong>En los últimos años se habla cada vez más del </strong><a href="https://www.entomologica.es/sin-insectos-no-hay-vida"><strong>declive de las poblaciones de insectos</strong></a><strong>. ¿Qué está ocurriendo y qué podemos hacer para contribuir a su conservación?</strong></p>
<p> </p>
<p>Los insectos están en declive porque, en general, nos resultan molestos y cada vez transformamos más sus hábitats. El uso excesivo de insecticidas, la contaminación, la urbanización y algunas prácticas forestales reducen los espacios y los recursos que necesitan para vivir. Si queremos conservar sus poblaciones, debemos proteger sus hábitats y favorecer entornos donde puedan alimentarse, reproducirse y desempeñar su papel en los ecosistemas. El asfalto y el cemento no son los lugares idóneos para que vivan los insectos.</p>
<p> </p>
<p><strong>Después de tantos años estudiando estos animales, ¿hay alguno que siga maravillándole, ya sea por su comportamiento, capacidad de adaptación o por alguna otra característica? </strong></p>
<p> </p>
<p>Siempre me han fascinado los <strong>fásmidos</strong>, como los bichos palo o los insectos hoja, por su extraordinaria capacidad de camuflaje y la gran variedad de formas y colores que adoptan. Pero todos los insectos tienen algo que los hace especiales: la fuerza de los <strong>escarabajos hércules</strong>, la belleza del vuelo de las <strong>mariposas</strong>, el comportamiento de la <strong>mantis religiosa</strong> o la organización de los <strong>insectos sociales</strong> como las hormigas y las abejas. Son animales de los que todavía podemos aprender mucho.</p>
<p> </p>
<figure id="attachment_58189" aria-describedby="caption-attachment-58189" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58189 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-2.jpg" alt="insectos" width="1536" height="1024" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-2.jpg 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-2-560x373.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Elkarrizketa-Sergi-Romeu-2-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 1536px) 100vw, 1536px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58189" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Los fásmidos son conocidos por su asombrosa capacidad de adaptación. © Museo de Ciencias Universidad de Navarra.</figcaption></figure><p> </p>
<p> </p>
<p><strong>El último día de Bilbo Zientzia Plaza ofrecerá un taller para conocer y tocar a varios de estos animales de cerca. ¿Con qué se encontrará el público que participe? ¿Puede adelantarnos algo de lo que van a ver?</strong></p>
<p> </p>
<p>Quienes participen podrán conocer de cerca una gran variedad de artrópodos: arañas y tarántulas, escorpiones, milpiés, cangrejos e insectos de distintas especies, tamaños y colores como mariposas, escarabajos o bichos palo. Aprovecharé para explicar las diferencias entre los principales grupos de invertebrados, especialmente entre los artrópodos. Además, podrán tocar algunos de estos animales como una tarántula, que suele ser la estrella del taller. Mi objetivo es que pierdan el miedo, despierten su curiosidad y descubran lo fascinante que puede ser el mundo de los insectos.</p>
<p> </p>
<p><strong>¿Qué lecciones cree que todavía podemos aprender de estos animales y con qué idea le gustaría que se quedara el público?</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Me gustaría que el público perdiera el miedo a los insectos y empezara a mirarlos con curiosidad y respeto. Son animales extraordinarios que llevan millones de años adaptándose al planeta y desempeñan un papel esencial en los ecosistemas. Cuanto más los conocemos, mejor comprendemos su importancia y más motivos tenemos para protegerlos. Estoy convencido de que todavía nos queda mucho por aprender sobre ellos, en especial, de la organización de los insectos sociales y de su extraordinaria capacidad de adaptación.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Sobre la autora</p>
<p><a href="http://@emelarumbe.bsky.social"><strong>María Larumbe</strong></a> es periodista y responsable de comunicación en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.</p>
<p> </p>
<p>—</p>
<p>Si quieres seguir descubriendo el mundo de los insectos…</p>
<p> </p>
<ul><li><a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/19/exposicion-insectos/"><strong>Exposición «Insectos. Todo lo que cuentan»</strong></a>. Del 19 de septiembre al 4 de octubre. Una muestra para conocer la extraordinaria diversidad de los insectos y el papel fundamental que desempeñan en la naturaleza.</li>
<li><a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/30/insectos-nuestros-diminutos-vecinos/"><strong>Bidebarrieta Científica | “Insectos: nuestros diminutos vecinos”</strong>.</a> 30 de septiembre. Charla-coloquio con la entomóloga Beatriz Díaz, investigadora en la Sociedad de Ciencias Aranzadi.</li>
<li><a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/24/bzp-tailerrak-2026/"><strong>BZP Tailerrak | “¿Cómo ven los insectos? El increíble mundo de los omatidios”</strong>. </a>26 de septiembre. Taller para descubrir cómo perciben el mundo los insectos a través de sus sorprendentes ojos compuestos. Actividad dirigida a público de entre 6-12 años.</li>
<li><a href="https://culturacientifica.com/evento/2026/9/24/bzp-tailerrak-2026/"><strong>BZP Tailerrak | “Conoce los insectos de cerca”.</strong></a> 4 de octubre. Charla-taller de Sergi Romeu para conocer y tocar distintos insectos y otros artrópodos | 4 de octubre | Para todas las edades.</li>
</ul><p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/12/sergi-romeu-entomologo-los-insectos-son-el-menu-principal-de-la-mayoria-de-animales/">Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales”</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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		<title>El decágono en las nubes de Saturno</title>
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		<dc:creator><![CDATA[César Tomé]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Sep 2026 09:59:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigación UPV/EHU]]></category>
		<category><![CDATA[astronomía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un equipo de la EHU descubre una estructura en forma de decágono en las nubes de Saturno. La investigación liderada por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega se ha apoyado en las imágenes obtenidas por el telescopio Hubble y una amplia red de astrónomos aficionados y permitirá avanzar en el conocimiento de los fenómenos atmosféricos en los [&#8230;]</p>
<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/11/el-decagono-en-las-nubes-de-saturno/">El decágono en las nubes de Saturno</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_58195" aria-describedby="caption-attachment-58195" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58195 size-full" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura3_dest-3.jpg" alt width="1550" height="1000" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura3_dest-3.jpg 1550w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura3_dest-3-560x361.jpg 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura3_dest-3-768x495.jpg 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/figura3_dest-3-1536x991.jpg 1536w" sizes="(max-width: 1550px) 100vw, 1550px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58195" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Mapa polar del hemisferio sur de Saturno obtenida en la longitude de onda de 763 nm el 29 agosto 2025 con el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU</figcaption></figure><p dir="ltr">Un equipo de la EHU descubre una estructura en forma de decágono en las nubes de Saturno. La investigación liderada por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega se ha apoyado en las imágenes obtenidas por el telescopio Hubble y una amplia red de astrónomos aficionados y permitirá avanzar en el conocimiento de los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos.</p>
<p dir="ltr">Cuando las naves espaciales Voyager 1 y Voyager 2 sobrevolaron en los años 1980 y 1981 el planeta Saturno, entre sus muchos descubrimientos, destacó la presencia en sus nubes superiores de una formación con geometría hexagonal rodeando al polo norte del planeta. Dicha estructura, conocida como el hexágono de Saturno, ha sobrevivido hasta nuestros días, a lo largo de más de un año de ese planeta (que equivale a unos 30 años terrestres). Nunca se había observado nada semejante en ningún planeta del Sistema Solar y su naturaleza sigue siendo <a href="https://culturacientifica.com/2014/04/14/vueltas-con-la-rotacion-del-hexagono-de-saturno/">un desafío para los meteorólogos planetarios</a>.</p>
<figure id="attachment_58196" aria-describedby="caption-attachment-58196" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-58196" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/hex_gif.gif" alt width="500" height="500" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58196" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">El hexágono de Saturno visto desde el polo norte. Fuente: <a href="https://science.nasa.gov/mission/cassini/science/saturn/hexagon-in-motion/">NASA</a></figcaption></figure><p dir="ltr">Curiosamente, a pesar de la simetría en la distribución de los vientos y en la dinámica atmosférica en Saturno, durante todos los años transcurridos desde entonces, no se había observado una estructura semejante en el hemisferio sur, lo que desconcertaba a la comunidad investigadora. Pero en el año 2023, a medida que el hemisferio sur del planeta se iba haciendo más visible, las imágenes tomadas con el Telescopio Espacial Hubble (HST) mostraban no un hexágono sino una estructura decagonal (un polígono de diez lados) alrededor de la región polar sur del planeta. Las imágenes obtenidas posteriormente con el HST en los años 2024 y 2025, así como las obtenidas con telescopios en Tierra, confirmaron su existencia. Las imágenes muestran que algunos vértices del decágono están menos contrastados que otros, lo que sugiere que se trata de un fenómeno en desarrollo, quizás por ahora menos estable que el hexágono.</p>
<p dir="ltr">«Estamos realmente sorprendidos por este descubrimiento, totalmente inesperado, y que abre las puertas a una investigación detallada en los próximos años de esta peculiar estructura atmosférica y a su comparación con el hexágono», declara Agustín Sánchez-Lavega, profesor emérito de la EHU en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, quien lidera el estudio que se publica en la revista de alto impacto <em>Science Advances</em>.</p>
<figure id="attachment_58197" aria-describedby="caption-attachment-58197" style="margin: 1em 2em; max-width: calc(100% - 4em);" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-58197 size-medium" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-2-435x640.png" alt width="435" height="640" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-2-435x640.png 435w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-2.png 679w" sizes="(max-width: 435px) 100vw, 435px" style="max-width: 100%; height: auto;"><figcaption id="caption-attachment-58197" class="wp-caption-text" style="font-size: 85%;">Localización del decágono, indicada por la flecha negra. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU</figcaption></figure><p dir="ltr">Para poder seguir la evolución del decágono con regularidad, la investigación se ha apoyado en las imágenes obtenidas por una amplia red de astrónomos aficionados que con sus telescopios han sido capaces, a lo largo del año 2025, de observar los vértices del decágono, lo que ha permitido estudiar con precisión su movimiento. Al igual que el hexágono, el decágono se encuentra inmerso en una corriente en chorro cuya velocidad máxima es de unos 400 kilómetros por hora, si bien el propio decágono se mueve como un todo, lentamente con respecto a la rotación del planeta, a unos 10 kilómetros por hora. Simultáneamente, sus vértices avanzan realizando un movimiento oscilante, con un período de unos 32 días, algo no observado en el hexágono.</p>
<p dir="ltr"><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-58202" src="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11.png" alt width="2181" height="1000" srcset="https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11.png 2181w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11-560x257.png 560w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11-768x352.png 768w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11-1536x704.png 1536w, https://culturacientifica.com/app/uploads/2026/09/Figura-11-2048x939.png 2048w" sizes="(max-width: 2181px) 100vw, 2181px" style="max-width: 100%; height: auto;"></p>
<p dir="ltr">En paralelo, gracias a observaciones en el infrarrojo realizadas con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), realizadas por un equipo angloamericano, se ha podido estudiar la estructura térmica en la región del decágono y obtener medidas de los vientos que muestran cambios en su velocidad con la altura. Simultáneamente, las imágenes del HST obtenidas en diferentes rangos espectrales muestran una estratificación vertical en las nubes y nieblas superiores que conforman el decágono.</p>
<p dir="ltr">La naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. «No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», explica Sánchez-Lavega. Para explorar estas ideas, en colaboración con investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), se han llevado a cabo simulaciones numéricas sobre un modelo simplificado de atmósfera que muestran, preliminarmente, que una onda con geometría decagonal puede generarse de diferentes formas y sobrevivir un tiempo sobre la corriente en chorro sobre la que se asienta.</p>
<p dir="ltr">La investigación abre muchas preguntas básicas sobre los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos. ¿Por qué solo Saturno forma este tipo de ondas poligonales? ¿Guarda el fenómeno alguna relación con la disposición poligonal de cinco y ocho lados de los ciclones que rodean a los polos de Júpiter? Nuevas observaciones del fenómeno a lo largo de los próximos años, en los que la visibilidad del hemisferio sur del planeta se irá incrementando, ayudarán a su caracterización y a la realización de modelos avanzados que permitan resolver este curioso rompecabezas atmosférico.</p>
<p dir="ltr">Referencia:</p>
<p dir="ltr"><span class="authors">Agustín Sánchez-Lavega, Amy A. Simon, Michael H. Wong, Leigh N. Fletcher, Arrate Antuñano, Ricardo Hueso, Peio Iñurrigarro, Aida Flix-Bellmunt, Arnau Miró, Enrique García-Melendo, Trevor Barry, Jean-Paul Oger, Glenn S. Orton, Itziar Garate-Lopez (2026) </span><span class="article">A decagon wave around Saturn’s south pole </span><span class="publication"><em>Science Advances</em> doi:</span><span class="doi"> <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.aee4251">10.1126/sciadv.aee4251</a></span></p>
<p dir="ltr">
</p><p dir="ltr"><em>Edición realizada por <a href="http://about.me/cesar_tome">César Tomé López</a> a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa</em></p>

<p>El artículo <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com/2026/09/11/el-decagono-en-las-nubes-de-saturno/">El decágono en las nubes de Saturno</a> se ha escrito en <a rel="nofollow" href="https://culturacientifica.com">Cuaderno de Cultura Científica</a>.</p>

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