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	<description>Periodismo para gente independiente</description>
	<lastBuildDate>Thu, 25 Jun 2026 09:17:53 +0000</lastBuildDate>
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	<title>lamarea.com</title>
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		<title>Mujeres en guerra</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/25/mujeres-en-guerra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ovejero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 09:10:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Un momento para respirar]]></category>
		<category><![CDATA[Auschwitz]]></category>
		<category><![CDATA[directoras de cine]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como ocurrió antes de la Primera Guerra Mundial, «las principales fortunas empujan a la confrontación y financian una prensa cada vez más vocinglera y polarizadora», escribe José Ovejero.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/mujeres-en-guerra/">Mujeres en guerra</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Vemos <em>Mujeres heroicas</em>, de la polaca <strong>Wanda Jakubowska</strong>. La directora había estado prisionera en <a href="https://www.lamarea.com/2025/01/31/auschwitz-desmemoria-occidente/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Auschwitz</a> y regresa allí para rodar esta película ya en 1947. Probablemente es la primera película no documental centrada en la vida en un campo de exterminio. Hay otras –pocas– de esos años que tocan el tema del Holocausto, pero a menudo más interesadas en situaciones rocambolescas fuera del campo –en general, persecuciones de nazis– que en aproximarse de verdad al horror cotidiano. Y estoy seguro de que es la primera película con ese tema dirigida por una mujer y la primera que relata la vida de ellas en los barracones. En <em>Mujeres heroicas</em> –en polaco se titula, si entiendo bien, <em>La última etapa</em>, menos rimbombante– lo central es el día a día de <strong>la supervivencia de las mujeres</strong> en Auschwitz, atravesado por las humillaciones y la violencia continuas a las que son sometidas, y sostenido por la solidaridad –sororidad, diríamos hoy–, la ayuda mutua, el afecto, aunque también amenazado por la mezquindad y la avaricia de algunas; o, sencillamente, porque el miedo a morir empuja a otras a realizar acciones de una dureza extrema, como cuando una prisionera convence a una enfermera para que no dé un medicamento a una compañera cercana a la muerte y se lo dé a ella.</p>



<p>No solo es una película importante por su contenido; la puesta en escena y la fotografía son impresionantes.</p>



<br>



<p><em><strong>23 de junio</strong></em></p>



<p>El año pasado, cuando apenas llevábamos tres meses en nuestro nuevo barrio, una vecina nos invitó a participar en la hoguera de San Juan que organiza todos los años en su prado. L., que después se convirtió en nuestra profesora de euskera, también nos había invitado este año. Solo que <strong>este año al final no ha habido hoguera</strong>: después de varias semanas sin llover y con un calor inusual, habría sido temerario encender una.</p>



<br>



<p><em><strong>24 de junio</strong></em></p>



<p>He leído muchas comparaciones entre la época actual y la <strong>República de Weimar</strong>; es comprensible, si nos fijamos en el auge de la ultraderecha, la división de la izquierda, la búsqueda de chivos expiatorios –entonces, los judíos, ahora los inmigrantes o los musulmanes–. Pero mientras leo <a href="https://www.akal.com/libro/el-cielo-y-las-ruinas_54989/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>El cielo y las ruinas</em></a>, de <strong>Juan Andrade</strong>, me pregunto si no sería más acertado establecer la analogía con los años previos a la Gran Guerra de 1914. Si antes del 14 hubo un cambio fundamental en la producción industrial –el fordismo y la cadena de montaje– que se puso al servicio de la guerra, en las últimas décadas hemos asistido a la digitalización y la aplicación de la <strong>inteligencia artificial</strong>, que como toda revolución tecnológica, también es una herramienta básica de las confrontaciones bélicas. Y si en la Primera Guerra Mundial el submarino, el avión y la industria química transformaron las maneras de matar al enemigo –y, cada vez más, a la población civil– hoy desempeñan esas tareas los drones y la automatización de la destrucción.</p>



<p>Hubo entonces como hoy <strong>una crisis de identidad masculina</strong>; las máquinas que suplantaban su trabajo, el aumento de los empleos en el sector de servicios, la disolución de los vínculos masculinos tradicionales en la vida urbana, el crecimiento del empleo femenino –con la consecuente mayor independencia de las mujeres– y las reivindicaciones feministas empujaron a muchos hombres a buscar en la guerra una expectativa de autoafirmación individual y de la esfera masculina. Hoy los rasgos y las causas son algo diferentes, pero está claro que el ego herido de muchos hombres es una base sólida para nuevas propuestas políticas agresivas y la reivindicación de una virilidad cuyo prestigio añoran.</p>



<p>Y si entonces había una pelea encarnizada por las <strong>materias primas</strong> y los mercados de las colonias que fomentó el nacionalismo más agresivo, hoy la escasez de recursos tradicionales como el petróleo, pero sobre todo la necesidad de hacerse con las materias primas para la revolución de la inteligencia artificial, está promoviendo también la vuelta al <strong>nacionalismo competitivo</strong> más desaforado.</p>



<p>Antes del 14 parecía imposible que sociedades más prósperas de lo que habían sido nunca estuviesen dispuestas a embarcarse en una gigantesca tarea de destrucción y autodestrucción. También hoy podría parecérnoslo. Pero hoy y ayer coinciden en que <strong>las principales fortunas empujan a la confrontación y financian una prensa cada vez más vocinglera y polarizadora</strong>.</p>



<p>Podría continuar con las analogías –que las hay, como también diferencias– y profundizar en ellas. Pero ahora lo que me interesa anotar es que <strong>la bestialidad de la guerra es una posibilidad no tan lejana de Europa Occidental como pensamos</strong>. La condición <em>sine qua non</em> para toda escalada bélica, el rearme, ya está en camino.</p>



<p>Y también el trasvase de votos y de conciencias hacia las opciones más beligerantes. Cuando empezamos a justificar masacres a nuestra puerta, es que estamos preparando el terreno para comenzar a cometerlas.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/mujeres-en-guerra/">Mujeres en guerra</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Jeremy Atherton Lin: “La visibilidad también puede convertirse en una trampa”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/25/jeremy-atherton/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 09:04:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Otros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor publica 'Gay Bar. Fragmentos de aquellas fiestas' (Capitán Swing), una reflexión sobre el deseo, la identidad, la memoria y las transformaciones de la cultura gay durante las últimas décadas.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/jeremy-atherton/">Jeremy Atherton Lin: “La visibilidad también puede convertirse en una trampa”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Las ciudades conservan memorias que raramente aparecen en los monumentos. Sobreviven en una escalera, una puerta lateral, una pista de baile o una barra pegajosa donde miles de desconocidos compartieron unas horas de intimidad. Buena parte de la historia de las comunidades homosexuales se escribió precisamente en esos espacios ambiguos, a medio camino entre el refugio y la exposición pública. En <em><strong><a href="https://capitanswing.com/catalogo/gay-bar/">Gay Bar. Fragmentos de aquellas fiestas</a></strong></em> (Capitán Swing), <strong>Jeremy Atherton Lin</strong> convierte esos lugares en el hilo conductor de una reflexión sobre el deseo, la identidad, la memoria y las transformaciones de la cultura gay durante las últimas décadas.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-medium"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="375" height="585" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/979139910592-375x585.jpg" alt="" class="wp-image-1594069" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/979139910592-375x585.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/979139910592.jpg 555w" sizes="(max-width: 375px) 100vw, 375px" /></figure>
</div>


<p>Lejos de la nostalgia fácil, el escritor británico reconstruye la historia de los bares gais de Londres, Los Ángeles o San Francisco para preguntarse qué sucede cuando una comunidad alcanza importantes victorias legales mientras sus espacios físicos desaparecen. El resultado es un libro que combina <strong>autobiografía, historia cultural y ensayo político</strong>, siempre atento a las contradicciones que acompañan cualquier proceso de emancipación.</p>



<p><strong>Una de las cosas que más me llamó la atención del libro es el protagonismo que tienen los espacios físicos. ¿Por qué decidiste contar esta historia –una historia tanto personal como de identidad colectiva– a través de la arquitectura y de los lugares concretos?</strong></p>



<p>Porque me cuesta pensar en abstracto. Necesito anclar las ideas en algo tangible. Durante años había escrito mucho sobre ropa y moda, pero empecé a cansarme de ese tema. Sabía que las cuestiones que realmente me interesaban tenían que ver con la identidad, el tiempo, la memoria o el deseo, pero necesitaba un punto de apoyo.</p>



<p>Cuando empecé a revisar los lugares que había frecuentado a lo largo de mi vida –o incluso algunos que solo había visitado una o dos veces– descubrí algo interesante. Muchas de las experiencias que yo recordaba como triviales o incluso decepcionantes estaban conectadas con historias mucho más amplias que mi propia biografía. Los espacios conservaban capas de memoria colectiva, algunas alegres y otras profundamente problemáticas.</p>



<p>Además, la arquitectura misma me ayudaba a pensar. Por ejemplo, cuando empecé a salir por bares gais, gran parte de la estética dominante todavía respondía al miedo al VIH y al contagio. Había superficies blancas, limpias, cuerpos masculinos extremadamente cuidados, casi esterilizados. Existía una especie de obsesión con la higiene y la impermeabilidad. A medida que avanza el libro también avanzo hacia espacios más desordenados, más sucios, más porosos.</p>



<p><strong>De algún modo, se convierten en un actor más de la narración.</strong></p>



<p>Creo que es cierto. Cuando concebí el proyecto, mi editora me habló de la tradición de la psicogeografía, un género históricamente dominado por hombres heterosexuales. Hablamos de qué podía diferenciar este libro de esa tradición.</p>



<p>Muchas obras psicogeográficas intentan construir una especie de lectura metafísica de la ciudad. Mi intención era hacer algo parecido, pero atravesado por el erotismo. Me interesaba explorar cómo el deseo modifica nuestra relación con los espacios y cómo los espacios moldean a su vez nuestras formas de deseo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Me interesaba explorar cómo el deseo modifica nuestra relación con los espacios y cómo los espacios moldean a su vez nuestras formas de deseo».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Hay una paradoja que me parece interesante: muchos bares gais comienzan a desaparecer precisamente cuando se consolidan derechos como las uniones civiles o el matrimonio igualitario. ¿La muerte de los bares gais es, en parte, el precio de ciertas victorias legales?</strong></p>



<p>Es una cuestión complicada. Durante la escritura me di cuenta de algo que había pasado por alto: estaba escribiendo sobre negocios privados. Los bares gais no son únicamente símbolos culturales; también son empresas que tienen que pagar alquileres y sobrevivir económicamente. No profundicé demasiado en cuestiones como la especulación inmobiliaria o la gentrificación, aunque evidentemente forman parte del contexto.</p>



<p>Respecto a la asimilación, creo que a veces se interpreta de forma demasiado simplista. Muchas conquistas legales no surgieron porque la integración en las instituciones tradicionales fuera necesariamente el objetivo final de los movimientos homosexuales. A veces simplemente eran herramientas prácticas.</p>



<p>En mi siguiente libro hablo de uno de los primeros casos en Estados Unidos de reconocimiento federal de una unión entre dos hombres. Uno de ellos era australiano y la cuestión estaba relacionada con la inmigración. Aquellos hombres no eran especialmente partidarios del matrimonio como institución. Lo consideraban algo patriarcal y anticuado. Pero necesitaban una solución concreta a un problema concreto. A veces la asimilación es más una consecuencia que una meta.</p>



<p><strong>Sin embargo, mientras desaparecen los espacios físicos, las aplicaciones de citas parecen ocupar parte de ese lugar.</strong></p>



<p>Sí, aunque para mí cumplen una función muy distinta. Lo que me preocupa de las aplicaciones es que tienden a convertirnos en mercancías. Nos presentan como una colección de atributos expuestos detrás de un escaparate. Intentamos optimizar nuestra imagen para encajar en determinados criterios y atraer determinadas respuestas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Lo que me preocupa de las aplicaciones de citas es que tienden a convertirnos en mercancías».</strong></h2>
</blockquote>



<p>Pero la química humana no funciona de esa manera. No puedes predecir cómo reaccionarás cuando escuches la risa de alguien, percibas su olor o compartas una conversación cara a cara. Por eso quería que <em>Gay Bar</em> transmitiera la sensación de encontrarse con personas inesperadas, de rozarse con desconocidos, de descubrir que alguien que inicialmente te genera rechazo acaba resultando fascinante, o viceversa. Esas experiencias imprevisibles forman parte de la vida social y son muy difíciles de reproducir en entornos digitales.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="833" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-1120x833.jpeg" alt="" class="wp-image-1594076" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-1120x833.jpeg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-375x279.jpeg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-768x571.jpeg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-1536x1143.jpeg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_4211-copy-2048x1524.jpeg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Capitán Swing</figcaption></figure>



<p><strong>Han pasado más de medio siglo desde <em>Stonewall</em> y en muchos países occidentales los derechos LGTBQ han avanzado considerablemente, al menos a nivel legal. De hecho, partidos de extrema derecha como la AfD en Alemania tiene una líder que es lesbiana, lo que sería impensable hace pocos años atrás. Y, sin embargo, los delitos de odio continúan existiendo y las reacciones conservadoras parecen reaparecer cíclicamente. ¿Cómo interpretas esa tensión?</strong></p>



<p>Creo que cualquier grupo que se salga de la norma permanece en una situación precaria mientras existan mecanismos sociales de exclusión. Incluso si en un momento dado no eres el objetivo principal, sigues dependiendo de un sistema que siempre puede encontrar nuevos chivos expiatorios.</p>



<p>Hoy el ejemplo más evidente son las personas trans. Pero también me interesa mucho cómo distintas formas de vulnerabilidad se entrecruzan. La orientación sexual, la identidad de género, la inmigración o las fronteras no son problemas independientes. Muchas personas viven simultáneamente varias de esas experiencias.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«La orientación sexual, la identidad de género, la inmigración o las fronteras no son problemas independientes. Muchas personas viven simultáneamente varias de esas experiencias».</strong></h2>
</blockquote>



<p>Además de la violencia explícita, existen formas mucho más sutiles de precariedad. Cuando el Tribunal Supremo estadounidense anuló <em>Roe v. Wade</em>, muchas parejas homosexuales comenzaron a preguntarse si el matrimonio igualitario podría convertirse en el siguiente objetivo político.</p>



<p>Recuerdo ver en televisión a una pareja de mujeres explicando la enorme cantidad de documentación legal que necesitaban simplemente para garantizar la protección jurídica de su familia. Había carpetas y archivadores por todas partes. Aquello me hizo pensar en algo que aparece en <em>Gay Bar</em>. Existe una enorme cantidad de trabajo burocrático invisible destinado simplemente a validar tu existencia.</p>



<p><strong>Reflexionas, también sobre la transformación de las categorías identitarias y el uso de la terminología.&nbsp;</strong></p>



<p>Las palabras evolucionan constantemente. Recuerdo que en Reino Unido hubo un momento en que el término “<em>queer</em>” empezó a adquirir una legitimidad institucional muy visible. Pienso, por ejemplo, en determinadas exposiciones organizadas por grandes museos. De repente, una palabra que durante mucho tiempo había sido marginal adquiría prestigio académico y cultural.</p>



<p>Lo curioso es que yo quería que <em>Gay Bar</em> tuviera una estética ligeramente anticuada. Quería que el propio título evocara algo fuera de moda, incluso un poco embarazoso. Me interesaba esa sensación de algo que ya no ocupa el centro de la conversación.</p>



<p>Las categorías identitarias siempre están cambiando. Hace un siglo, por ejemplo, la palabra “<em>queer</em>” tenía significados distintos según la clase social de quienes la utilizaban. Son términos inestables por definición.</p>



<p><strong>Mientras leía el libro pensaba también en casos como el del “Gaixample” de Barcelona, un barrio que durante años estuvo asociado a una determinada identidad gay urbana. Después llegaron el turismo, la gentrificación y nuevas formas de consumo cultural. ¿Hasta qué punto las identidades también están moldeadas por el mercado?</strong></p>



<p>Creo que existe ese riesgo. Muchos barrios terminan desarrollando una estética relativamente homogénea que puede repetirse en ciudades muy diferentes. Hay ciertos códigos culturales que aparecen en Londres, Ámsterdam, Nueva York o San Francisco.</p>



<p>Eso genera una situación extraña. Puedes terminar siendo percibido como turista o incluso como colonizador urbano, pero rara vez como alguien verdaderamente perteneciente a ese lugar.</p>



<p>Y esa percepción puede convertirse fácilmente en un mecanismo de señalamiento. Es una cuestión que me recuerda a una observación de Foucault. La visibilidad también puede convertirse en una trampa.</p>



<p><strong>Esta entrevista se publicará pocos días antes del Día del Orgullo Gay y LGTBI+. ¿Cuáles son los motivos para conservar a día de hoy esa celebración?</strong></p>



<p>Creo que me siento cómodo habitando zonas de ambivalencia. Las personas no vivimos experiencias unidimensionales. Por supuesto que siguen siendo necesarias las celebraciones del Orgullo. Son importantes. Y ojalá puedan depender cada vez más de las comunidades y cada vez menos de los patrocinadores corporativos.</p>



<p>Pero también creo que toda experiencia humana tiene un reverso. Solemos presentar orgullo y vergüenza como conceptos opuestos, cuando la realidad es más compleja. Existe una forma destructiva de la vergüenza, pero también una forma productiva. La ausencia absoluta de vergüenza conduce a la impunidad y a la falta de autocrítica. Lo vemos constantemente en la vida política.</p>



<p>Por eso me parece importante que existan movimientos capaces de afirmar el orgullo colectivo, pero también escritores, artistas y pensadores que sigan preguntándose qué errores hemos cometido, qué problemas continúan sin resolverse y qué responsabilidades permanecen abiertas.</p>



<p>Mantener vivas esas preguntas me parece algo saludable. Evita que todo se convierta en un simple eslogan y nos obliga a convivir con las contradicciones. Y, al final, es precisamente en esas contradicciones donde suele desarrollarse la experiencia humana.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Me parece importante que existan movimientos capaces de afirmar el orgullo colectivo, pero también escritores, artistas y pensadores que sigan preguntándose qué errores hemos cometido».</strong></h2>
</blockquote>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/jeremy-atherton/">Jeremy Atherton Lin: “La visibilidad también puede convertirse en una trampa”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>Alicia Armesto llega a Madrid tras un mes secuestrada en Libia: “Estaba el suelo lleno de sangre, no sabía si me iba a tocar a mí mañana”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/25/alicia-armesto-llega-madrid/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alan Cohen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 07:59:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Akicia Armesto]]></category>
		<category><![CDATA[Gaza]]></category>
		<category><![CDATA[Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>
		<category><![CDATA[periodistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Formaba parte del convoy terrestre de la Global Sumud Flotilla cuando fue retenida con otros nueve activistas. Denuncia violaciones de derechos humanos, miedo e incertidumbre en sus primeras declaraciones tras la liberación.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/alicia-armesto-llega-madrid/">Alicia Armesto llega a Madrid tras un mes secuestrada en Libia: “Estaba el suelo lleno de sangre, no sabía si me iba a tocar a mí mañana”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Alicia Armesto Núñez</strong>, la activista y periodista española secuestrada en Libia el pasado mayo, ha sido liberada junto a los otros nueve activistas del convoy terrestre de la <strong>Global Sumud Flotilla</strong>. Llegó al Aeropuerto Madrid-Barajas el miércoles sobre las 22:30 horas, con una veintena de amigos y familiares esperando en la terminal con banderas, flores y carteles.&nbsp;</p>



<p>Tras abrazar a sus seres queridos y simpatizantes, comenzó a denunciar el abuso psicológico que sufrieron los activistas tras ser secuestrados cerca de Sirte y después trasladados a la zona de Bengasi. “Ahí fue donde nos rompimos. Era un sitio donde oyes cómo están pegando a la gente… en un momento salías y estaba el suelo lleno de sangre, no sabía si me iba a tocar a mí mañana”, declara tras su llegada. “No he pasado tanto miedo en mi vida”.</p>



<p>También ha descrito que a todos los participantes les sacaron sangre sin consentimiento, alegando que era obligatorio para su posterior liberación. Sin embargo, lo más duro para el grupo probablemente fue la <strong>incertidumbre de no saber cuánto tiempo iban a pasar secuestrados</strong>, según Armesto: “Nos decían ‘<em>tomorrow, you go tomorrow</em>’, y <em>tomorrow</em> nada”.&nbsp;</p>



<p>Las condiciones del lugar eran pésimas los primeros días, con celdas oscuras y muy pequeñas. “Mi perro duerme en un colchón mejor que en el que dormíamos nosotros”, bromea Armesto, con un ramo de flores en una mano y una cartulina firmada en la otra. Poco a poco los fueron juntando en celdas más grandes y eventualmente pudieron salir brevemente al patio.&nbsp;</p>



<p>Durante parte del secuestro, varios activistas hicieron huelga de hambre –a la que simpatizantes <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/toledo/medica-toledana-lleva-semana-huelga-hambre-apoyar-flotilla-gaza-no-hemos-fracasado_1_13296602.html">se unieron en solidaridad desde España</a>– y Armesto describe cómo una persona llegó a desmayarse y convulsionar.&nbsp;</p>



<p>Durante todo el mes estuvieron <strong>sin apenas comunicación con el exterior</strong>, más allá de llamadas de 10 minutos a la semana con seres queridos y reuniones breves con personal del consulado. “No tenemos ni idea de lo que ha pasado fuera. Vengo de estar un mes totalmente incomunicada”.&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, agradece la labor del cónsul y vicecónsul españoles, que la visitaron y estuvieron hospedándose en la zona hasta la liberación, a diferencia de los cónsules de otros países. “Han sido extremadamente maravillosos. Han sido el rayito de luz que teníamos”, afirma.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="748" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-1120x748.jpg" alt="" class="wp-image-1593884" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-1120x748.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-768x513.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-1536x1025.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/AliciaArmesto24JunioLaMarea-5-2048x1367.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: A. C.</figcaption></figure>



<p>En la terminal, frente a simpatizantes y seres queridos, Armesto también aprovechó para recordar la situación que vive el pueblo palestino durante el genocidio en Gaza y los <a href="https://www.bbc.com/mundo/articles/cly518ldp3jo">cerca de 10.000 palestinos</a> encarcelados en Israel, muchos de ellos sin cargos ni debido proceso. Y mientras los diez activistas del convoy secuestrados ya han vuelto a sus países, todavía quedan <a href="https://www.swissinfo.ch/spa/libertad-condicional-para-un-activista-de-la-flotilla-magreb%25C3%25AD-detenido-en-t%25C3%25BAnez-en-marzo/91461359">cuatro activistas de la flotilla anterior en cárceles de Túnez</a> por cargos económicos que, según la Global Sumud, carecen de fundamento y responden a “motivaciones políticas”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Un convoy de 230 activistas para llevar ayuda humanitaria a Gaza</strong></h2>



<p>El convoy había comenzado su travesía desde Mauritania a principios de mayo para llevar ayuda humanitaria a Gaza por el paso de Rafah, en una misión complementaria a la flotilla, que viajaba por mar. Estaba compuesto por cerca de 230 activistas de decenas de nacionalidades, incluyendo cuatro españoles además de Armesto, que se unieron en la capital libia de Trípoli. &nbsp;</p>



<p>Las fuerzas que controlan el este de Libia, lideradas por el militar Khalifa Haftar, <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/01/sin-noticias-alicia-armesto/">secuestraron a Armesto</a> y otros nueve activistas el domingo 24 de mayo en un punto de control cerca de la ciudad costera de Sirte cuando estos se reunían para negociar el paso seguro del convoy. Uno de los activistas comunicó que les estaban trasladando en tres furgonetas blancas sin informar del destino. Desde entonces, estuvieron en una ubicación desconocida –que según Armesto los secuestradores llamaban “<em>black hole</em>”, agujero negro– casi un mes sin contacto directo con familiares y amigos, más allá de visitas breves y puntuales con los cónsules de sus respectivos países.&nbsp;</p>



<p>Los delitos de los que se acusó a los diez activistas, según Armesto, fueron <strong>inmigración ilegal</strong> –pese a que se les detuvo en un punto de control que no llegaron a cruzar–, pertenencia a <strong>grupo terrorista </strong>y <strong>reunión en un lugar no autorizado</strong>. Tras un mes privados de su libertad, retiraron sus cargos y se les expulsó de Libia. El resto del convoy abandonó la misión por seguridad y la ayuda humanitaria –decenas de camiones, ambulancias y casas móviles– nunca alcanzó su destino final.</p>



<p>Libia es un país inestable y fragmentado, con dos principales gobiernos rivales entre sí y numerosas milicias en constante conflicto por controlar el terreno. El Gobierno de Unidad Nacional, reconocido por la Unión Europea y Naciones Unidas, controla el noroeste, con capital en Trípoli. En la zona de Bengasi y gran parte del este y el sur, predomina el Ejército Nacional Libio, controlado por Haftar e ilegítimo a ojos de gran parte de la comunidad internacional. Ambos gobiernos han causado numerosos secuestros, ejecuciones, torturas y otros abusos de derechos humanos, según <a href="https://www.state.gov/wp-content/uploads/2025/07/624521_LIBYA-2024-HUMAN-RIGHTS-REPORT.pdf">un informe de 2024</a>.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Su principal motivación, el periodismo</strong></h2>



<p>Armesto, periodista y secretaria técnica del Sindicato de Periodistas de Madrid, lleva años involucrada en causas humanitarias. En 2025 participó en la Global Sumud Flotilla y fue retenida por Israel en aguas internacionales, aunque confiesa que el reciente secuestro ha sido mucho más duro.</p>



<p>Una de sus motivaciones principales para unirse a la flotilla y el convoy es dar a conocer la situación en la que se encuentran los periodistas en Palestina, donde Israel ha matado a <a href="https://www.ifj.org/es/guerra-en-gaza">más de 200 profesionales de la información</a>. “Nosotros éramos periodistas que vamos a luchar, entre otra mucha gente, por otros periodistas. Me da mucha pena que muchos periodistas no sean capaces de alzar la voz por lo que está pasando en Palestina ni cubrir a un compañero que ha ido a defender el derecho a la información”, comenta Armesto.</p>



<p>Según la activista, es muy probable que su liberación y la de sus compañeros se diese como parte de una negociación internacional: “Ha sido a cambio de algo, nunca sabremos a cambio de qué”.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/25/alicia-armesto-llega-madrid/">Alicia Armesto llega a Madrid tras un mes secuestrada en Libia: “Estaba el suelo lleno de sangre, no sabía si me iba a tocar a mí mañana”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>La Marea 112: ¿qué ocultan los centros de datos?</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/23/la-marea-112-centros-de-datos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 13:03:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Revista]]></category>
		<category><![CDATA[aemet]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[centros de datos]]></category>
		<category><![CDATA[El Periscopio]]></category>
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		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El último dossier de ‘La Marea’ está dedicado a los centros de datos. Sus promotores los presentan como una oportunidad para fomentar el progreso y el empleo. Palabras bonitas que no pueden sostener con pruebas concluyentes porque su principal característica es la opacidad. Muy al contrario, los centros de datos acaparan suelo, agua, energía y tienen impactos negativos en los territorios en los que se instalan.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/23/la-marea-112-centros-de-datos/">La Marea 112: ¿qué ocultan los centros de datos?</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em><strong><a href="https://kiosco.lamarea.com/producto/la-marea-112/">Puedes adquirir un ejemplar del número 112 de La Marea aquí.</a></strong></em></p>



<p>En un lugar de La Mancha, pero esta vez en el siglo XXI, los Quijotes que sueñan con un mundo justo y respetuoso con la vida en general han cambiado la lucha contra los molinos por la lucha contra los <strong>centros de datos</strong>, unas infraestucturas que, con el auge de la inteligencia artificial (IA), están colonizando poco a poco España con la promesa de nuevos empleos. Talavera de la Reina es uno de los centros neurálgicos, pero también Aragón, Madrid y Extremadura.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="720" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-10-15-Principal.jpg" alt="La Marea 112" class="wp-image-1587420" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-10-15-Principal.jpg 1080w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-10-15-Principal-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-10-15-Principal-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>



<p>Los centros de datos consumen gigantescas cantidades de agua y energía eléctrica. Acaparan suelo y dejan contaminación. ¿Es posible que la extracción de estos recursos desestabilice los territorios en los que se instalan? Según muchos expertos, sí, pero tampoco hay cifras exactas. Esa es la principal cualidad de este floreciente negocio: la opacidad, los pactos secretos con las administraciones, el cabildeo, la política de hechos consumados. <em>La Marea</em> dedica el dossier principal de su nueva revista en papel a estos nuevos «paisajes del poder», como los denomina el investigador Manuel García.</p>



<p>La falta de transparencia que los caracteriza impide, en muchas ocasiones, que la ciudadanía conozca el impacto real al que se enfrenta cuando estos nuevos gigantes recalan en sus territorios, donde antes había vida, donde antes había historia o, siendo más directos, donde antes había una línea de transporte público o cosechas o una depuradora de agua. En este número, realizamos una panorámica general de la situación de la mano de especialistas de primer nivel, analizamos el <em>lobby</em> de esta industria en Europa, con Spain DC como epicentro en España, y nos detenemos en los movimientos que ya están diciendo «no» a los gigantes de los nuevos tiempos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mucho más en La Marea 112</h2>



<p>Además del dossier dedicado a los centros de datos, la revista del trimestre julio / septiembre viene cargada de reportajes y entrevistas ideales para desencriptar la actualidad. Por ejemplo, ¿qué demonios está pasando en el <strong>Reino Unido</strong>? Nuestro compañero Guillem Pujol responde a esta pregunta en un momento especialmente delicado de la política británica. Roto el bipartidismo laboristas-<em>tories</em>, los neofascistas están llamando fuerte a la puerta del nº 10 de Downing Street.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="720" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-28-33-REPORTAJE-Reino-Unido-Guillem-Pujol-V3-OK.jpg" alt="La Marea 112" class="wp-image-1587421" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-28-33-REPORTAJE-Reino-Unido-Guillem-Pujol-V3-OK.jpg 1080w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-28-33-REPORTAJE-Reino-Unido-Guillem-Pujol-V3-OK-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-28-33-REPORTAJE-Reino-Unido-Guillem-Pujol-V3-OK-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>



<p>Patricia Simón, por su parte, viaja hasta el <strong>Sáhara Occidental</strong> para mostrar la lucha de las mujeres por superar su tradición patriarcal. A pesar de las críticas que reciben, las feministas saharauis lo tienen claro: «Para nosotras no es incompatible luchar por la independencia de nuestra patria y por el respeto a nuestros derechos como mujeres».</p>



<p>En <strong>Argentina</strong>, Andrés Actis pone el foco en un extractivismo fósil que ha cobrado enorme fuerza bajo la presidencia de Javier Milei: el de las arenas de sílice que se utilizan en el <em>fracking</em>, la fractura de la roca para acceder al petróleo. Esta práctica está destruyendo los humedales del río Paraná.</p>



<p>En el ámbito doméstico, entrevistamos a la dibujante <strong>Yeyei Gómez</strong>, al fiscal delegado de Criminalidad Informática en Sevilla, <strong>Gabriel González</strong>, y a la directora general de la Aemet, <strong>Alicia López Rejas</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="720" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-60-63-ENTREVISTA-Alicia-Lopez-Rejas-Aemet.jpg" alt="La Marea 112" class="wp-image-1587423" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-60-63-ENTREVISTA-Alicia-Lopez-Rejas-Aemet.jpg 1080w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-60-63-ENTREVISTA-Alicia-Lopez-Rejas-Aemet-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-60-63-ENTREVISTA-Alicia-Lopez-Rejas-Aemet-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>



<p>Con el ojo siempre puesto en <strong>la ecología, el clima y el medioambiente</strong>, analizamos el difícil despegue del veganismo en España, viajamos a Berlín para conocer sus huertos urbanos populares, enumeramos algunos consejos para hacer deporte durante el verano tórrido que nos espera y recomendamos productos e iniciativas sostenibles en un bazar veraniego seleccionado por <a href="https://www.carrodecombate.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Carro de Combate</a>.</p>



<p>Pero no acaba ahí la cosa: esta <em>Marea</em> cuenta con los artículos de opinión de <strong>Jorge Dioni López</strong>, <strong>Thilo Schäfer</strong> y el tradicional <em>incordio</em> de la filósofa <strong>Ana Carrasco-Conde</strong>.</p>



<p>Nuestro cuadernillo cultural, <em><strong>El Periscopio</strong></em>, llega con novedades: por voluntad propia, este número es el último que coordinan Laura Casielles y José Ovejero. Durante varios años (muchos de ellos en colaboración con Bob Pop) han tratado de rebasar los límites impuestos por la cultura <em>mainstream</em>. En su despedida se han fijado en el arte de los <strong>bertsolaris</strong>, en la sororidad de las integrantes del <strong>Lyceum Club de Madrid</strong> en el centenario de su creación y en la resistencia de la <strong>cultura argentina</strong> frente a la motosierra libertariana. Además, cierran su labor al frente del <em>Periscopio</em> con un broche de oro: un cuento de <strong>Isaac Rosa</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1080" height="720" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-84-87-PERISCOPIO-Bertsolaris-Kepa-Matxain.jpg" alt="La Marea 112" class="wp-image-1587425" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-84-87-PERISCOPIO-Bertsolaris-Kepa-Matxain.jpg 1080w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-84-87-PERISCOPIO-Bertsolaris-Kepa-Matxain-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/web-84-87-PERISCOPIO-Bertsolaris-Kepa-Matxain-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></figure>



<p>Como veis, <em>La Marea</em> continúa con su compromiso por el periodismo «de interés público», como subrayó el jurado del Premio Nacional de Periodismo de Investigación <em>El Confidencial,</em> cuando <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/20/premio-investigacion-la-marea/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">distinguió nuestros reportajes</a> sobre la gestación subrogada en España. También seguimos empeñadas en reivindicar el trabajo humano frente a la amenaza de la inteligencia artificial. Por eso, en <em>La Marea</em> nunca habrá ilustraciones generadas por una IA. Al contrario, nos complace enormemente colaborar con artistas como <strong>Daniel Gómez Vega</strong> y como <strong>Adara Sánchez</strong>, artífices de las magníficas portadas de la revista 112 y de <em>El Periscopio</em>.</p>



<p>Únete tú también al club. <a href="https://kiosco.lamarea.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Suscríbete</a> y ayúdanos a seguir haciendo un periodismo independiente.</p>
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		<title>València, la gran expulsión &#124; Capítulo 5: historias de comercios</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/23/valencia-gran-expulsion-comercios/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Amador Iranzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[la gran expulsión]]></category>
		<category><![CDATA[València]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La irrupción del turismo de masas altera el ecosistema de tiendas y pequeños negocios del distrito de la Saïdia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong><em>‘La Marea’ está dedicando una serie de reportajes a la gentrificación. Las entregas analizan, desde diferentes perspectivas, el proceso que sufre el distrito valenciano de la Saïdia como paradigma de lo que ocurre en muchos barrios de las grandes ciudades.</em> Puedes leer los capítulos anteriores <a href="https://www.lamarea.com/?s=saidia">aquí</a>.</strong></p>



<p>El número 9 de la calle Padre Urbano, en el distrito de la Saïdia de València, es una finca de una altura que data de 1927. En su balcón está colgada una pancarta contra la turistificación, idéntica a las muchas que se pueden ver en ese distrito. Todas se confeccionaron en una imprenta que estaba situada casi enfrente. Ya no existe. Tuvo que cerrar porque los dueños no pudieron afrontar la subida del alquiler que les planteó su casero, justo, justo, cuando el negocio empezaba a asentarse. Dos apartamentos turísticos ocupan su lugar.&nbsp;</p>



<p>La anécdota surge durante los encuentros que la Associació Veïnal de la Saïdia organiza en la sede de la entidad el segundo miércoles de cada mes.&nbsp;</p>



<p>–Coged una ensaimada. Están muy buenas.</p>



<p>En torno a café y piezas de repostería, y después de conversar sobre las múltiples actividades que organiza la asociación –los paseos nocturnos por el distrito las noches de luna llena concitan elogios unánimes–, salen a relucir historias sobre el impacto del turismo en el comercio de la zona, y se comenta el caso del lutier que tuvo que cambiar de local porque su casero quería subirle el alquiler, o el de la peluquera que reconvirtió su negocio en apartamentos turísticos.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1120x747.jpg" alt="Javier Zuriaga, tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, en la puerta de su establecimiento. A. I. " class="wp-image-1587177" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Javier Zuriaga, tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, en la puerta de su establecimiento. A. I. </figcaption></figure>



<p>El número 46 de la calle Sagunt –un edificio antiguo de dos plantas– llama la atención por el azul eléctrico de su fachada. Allí tiene su tienda de pinturas Javier Zuriaga, miembro de la Junta Directiva y tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, que asegura que el turismo está inflando los precios de los alquileres de los bajos y poniendo en apuros algunos negocios. Sin conocerlo, Javier habla de casos como el de Mario Castellote Béjar (37 años), que regenta un estudio de tatuajes en la avenida Constitución. Alquiló un bajo para su local por 400 euros mensuales hace cinco años. Antes del vencimiento, el pasado abril, le anunciaron que, si quería renovar, tendría que pagar 850. La justificación: es el precio del mercado.&nbsp;</p>



<p>–No, si por el dinero no es.</p>



<p>Eso decía el dueño del bajo donde estaba la escuela infantil (de 0 a 3 años) Amics, emplazada en un lugar privilegiado: al principio de la calle Visitación, a apenas unos metros del jardín que se extiende a lo largo del antiguo cauce del río Turia. Después de unos 25 años en ese lugar y de una reforma de más 50.000 euros, el contrato de alquiler terminaba en septiembre de 2023. Una de las propietarias de Amics, que prefiere no dar su nombre, relata cómo, un año antes del vencimiento, empezaron a negociar la compra del local. El casero les dijo que se estaba pagando mucho dinero por los bajos de la zona para dedicarlos a pisos turísticos y fijó una cantidad inicial de 300.000 euros, pero cuando vio que podían llegar a esa cifra, empezó a subir el precio. Total, no era por dinero. Finalmente, las propietarias de Amics desistieron. Una de ellas está convencida de que el dueño ya tenía pactada la venta a un inversor del que podía obtener una mayor cantidad —¡será por dinero!— y que la negociación no fue más que una estratagema para evitar los derechos que tenían como arrendatarias.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1120x747.jpg" alt="Persiana del bajo que ocupaba la escuela infantil Amics. A. I." class="wp-image-1587183" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Persiana del bajo que ocupaba la escuela infantil Amics. A. I.</figcaption></figure>



<p>El cierre de Amics dejó a 30 familias colgadas. Lucas Maltes (37 años) fue uno de los afectados. Quería llevar a su hija a la escuela infantil, situada justo enfrente de su tienda de venta y reparación de bicis, pero el cierre le obligó a buscar una alternativa. La encontró, igual que una nueva ubicación para su establecimiento. Lucas tiene ahora su negocio en la misma calle Visitación, pero unos metros más adelante. Paga un alquiler de 490 €, una cantidad, aclara, por debajo del actual precio de mercado, que se explica, en parte, porque no tiene salida de humos, lo que limita las posibilidades del local. Recuerda, además, que la planta baja estaba en muy malas condiciones. La proliferación de viviendas turísticas en la zona, confirma Lucas, ha incrementado los precios de los alquileres de los bajos, porque la oferta es mucho menor. Él, sin embargo, está contento con su casera, de la que, dice, cobra lo que es justo y no quiere líos con las licencias turísticas.&nbsp;</p>



<p>«El comercio es el primer generador de vida social», afirma Amparo Vidal, portavoz de la Asociación de Vecinos de Sant Antoni, uno de los barrios de la Saïdia, mientras recorre la calle Padre Urbano. Amparo recuerda la tienda de gaseosas del señor Manolo, el limonero. Detiene a una vecina que pasa por la calle para que confirme la información. «Mira, ahí viene el Chispas, el electricista de toda la vida», avisa de nuevo la dirigente vecinal. Ximo Muñoz, vicepresidente de la asociación, le dice que no hace falta que se pare a hablar con cada persona, pero ella no puede evitar saludar a Isabel, la dueña de la peluquería más antigua de la zona. Tiene 86 años y dice, sin dejar de sonreír, que empezó en el negocio con 21 años, no, con 18, rectifica, y que, aunque ya no trabaja, le gusta pasarse para hablar con las clientas. Y que aún salta a la comba.</p>



<p>El mundo que rememora Amparo se ha desvanecido con el paso del tiempo, los nuevos hábitos de consumo, la globalización —sus padres tenían un almacén al por mayor de molduras para marcos en la misma Padre Urbano que se fue a pique cuando empezaron las importaciones masivas desde China— y, también, la irrupción del turismo de masas. En la esquina de Padre Urbano con la calle Luz Casanova, el lugar que ocupaban tres comercios —la  tienda de ultramarinos Salvador, la ferretería Julián y la pescadería La Loma— está dedicado ahora a apartamentos turísticos. Unos metros más adelante, una casa de comidas, antes carnicería, se ha transformado en la sede de una empresa que ofrece servicios de gestión y limpieza de alojamientos vacacionales. </p>



<p>Estos cambios de uso vienen precedidos, en ocasiones, de periodos más o menos largos de inactividad. Es el caso de los diecinueve apartamentos turísticos ubicados en la manzana triangular delimitada por las calles Ministro Luis Mayans y Padre Urbano y la avenida Primado Reig, en el extremo norte de la Saïdia, la parte más alejada del centro. Desde 2025, ocupan el espacio que quedó libre tras el cierre de Filero, una tienda de mobiliario contemporáneo. En un hipotético enfrentamiento deportivo entre los bajos turísticos y los comerciales de esa isla de edificios, los primeros ganarían por goleada: 19-9. Sin embargo, la regulación de usos terciarios hoteleros del Ayuntamiento de València, que entró en vigor en mayo, prohíbe que los bajos turísticos superen el 15 % de los que no tengan uso residencial en una manzana. Y que, superado ese umbral, no se renovarán las licencias de alojamiento turístico que caduquen.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1120x747.jpg" alt="" class="wp-image-1587146" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ana Bueso lee los mensajes que le dejan los húespedes de sus apartamentos. A. I. </figcaption></figure>



<p>La peluquera que reconvirtió su negocio en dos bajos turísticos es Ana Bueso. 28 de sus 52 años los ha pasado entre tintes y tijeras, hasta que la artrosis y una lesión en el hombro le hicieron replantearse su futuro profesional. Duda si contar su historia. Recela del tratamiento periodístico que reciben los apartamentos turísticos y tampoco quiere dar pistas de la ubicación de los suyos: en agosto le vandalizaron las cerraduras. Se queja de que se persiga a quien intenta vivir de su trabajo legalmente —tiene incluso el Certificado de Calidad Turística—, y subraya que no es una especuladora, que su trabajo no es fácil, que tiene que estar pendiente del teléfono 24 horas al día siete días a la semana, que ella se encarga de todo —salvo de la limpieza, que también supervisa—, que ganaba más como peluquera… Y cuando ya parece que se le han acabado los <em>que</em>, remacha: «Intento hacer mi trabajo lo mejor posible. Siempre». Y muestra las rosas que ha dejado sobre la mesa de uno de los apartamentos —«vivo en el campo», aclara— y los mensajes cariñosos de sus huéspedes.</p>



<p>Ana subraya que sus clientes generan riqueza en el barrio. Mario, muy a su pesar, no es uno de los beneficiados. Dice que ha tatuado a guiris, claro, pero de manera ocasional, y que eso no le salva el negocio. Tampoco a Emilia Villalba, la pescatera de la calle Alfambra, o a Bernardo Alcaide, que tiene su bar en la calle Lleida. Quizás porque no tiene carta en inglés. Ellos se lo pierden, se las pierden: las cinco tortillas diferentes que prepara cada día y que no ven acabar la jornada. O el arroz al horno que incluye en el menú de los martes. Bernardo ve pasar a los turistas por delante de su negocio en dirección al supermercado cercano, donde una de las empleadas señala que la gran mayoría de los viajeros que entran, hasta el 70 %, son grupos de jovencitos que compran comida preparada, alcohol y refrescos.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1120x747.jpg" alt="Mario (derecha), con los miembros de su equipo en su estudio de tatuajes. A. I." class="wp-image-1587161" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Mario (derecha), con los miembros de su equipo en su estudio de tatuajes. A. I.</figcaption></figure>



<p>La alarma salta en el canal de difusión de WhatsApp de la asamblea anticapitalista La Saïda Comuna: Núria alerta de la inminente apertura de un bar musical en la calle Maximiliano Thous, al lado del apartotel que está en construcción. «El alma de la fiesta ha llegado», dice, en inglés, uno de los letreros del local. Y se disparan las intervenciones. Amparo comenta que las macrorresidencias hacen que los barrios pierdan su identidad porque los establecimientos de ocio sustituyen a los pequeños negocios. Y Bego recuerda los locales nocturnos que se han abierto recientemente en el distrito. «La ciudad y los barrios, para los turistas», lamenta Emilio. «Vamos a tener noches legendarias», remacha Núria con ironía.&nbsp;</p>



<p>—¿Tiene <em>souvenirs</em>?</p>



<p>Elisa Estellés, la estanquera de la calle Visitación, se sorprendió cuando un cliente, un chico alto, rubio (¿sería austríaco, o quizás noruego?) le hizo esa pregunta. Nunca le había ocurrido.</p>



<p>—¿Tiene <em>souvenirs</em>?</p>



<p>Pero que el mismo día otro turista le hiciera exactamente la misma pregunta la dejó pensativa: ¿tendría que incorporar las postales y los imanes de nevera a su lista de referencias? Algo parecido le sucedió hace un par de años a la propietaria de una tienda de muebles cuando un técnico del Ayuntamiento que estaba ayudando a la digitalización de los pequeños negocios le aconsejó, a título particular, que tendría que ir pensando en adaptar su comercio al turismo. «¿Y qué haré, venderé postales?», se planteó. De momento, sigue fiel a los sofás y las mesas de comedor. Elisa se lo está pensando.&nbsp;</p>



<p>Quien no tiene dudas es Lucas. Un extranjero entra en su tienda para preguntarle si alquila bicicletas. En un más que buen inglés, le responde que no y le explica dónde puede hacerlo. A Lucas, sencillamente, no le da la gana incluir ese servicio en su negocio porque implicaría, razona, quitarle tiempo a sus clientes de toda la vida, y agrega que esa es su forma de hacer activismo. Así que no le importa que, desde hace unos tres años, hayan comenzado a proliferar las tiendas que alquilan bicicletas en las calles Guadalaviar y Sagunt, justo enfrente del puente de Serranos, ese que conecta la Saïdia con el hipergentrificado centro de València en apenas 200 metros.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1120x747.jpg" alt="Lucas, en su tienda de bicicletas. A. I." class="wp-image-1587155" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Lucas, en su tienda de bicicletas. A. I.</figcaption></figure>



<p>Las maletas que empujan a los turistas por las aceras de la Saïdia ignoran las historias que se desarrollan en esas calles. Historias como la de la vecina que pide ayuda para su frutero, quien, después de unos meses con el negocio cerrado por un problema personal y la consecuente pérdida de clientela, afronta la reapertura con la sorpresa de que su casero le va a duplicar el alquiler, y también sorpresa, pero más impotencia, la que experimentó la propietaria de un comercio que tenía medio local alquilado cuando el dueño le dio tres meses para desalojarlo, tres meses para vender las existencias que tenía en esa parte de la tienda a precio de fábrica, tres meses para comprobar que las prisas del arrendador eran porque tenía apalabrado el local a un inversor para montar un apartamento turístico, qué negocio, ese de los apartamentos turísticos, debió pensar el propietario de otro bajo comercial cuando se acercó a su inquilino, treinta años de relación, para dejarle caer, así, como quien no quiere la cosa, que igual le interesaba alquilarlo para alojamiento vacacional, que podría sacar más dinero, él, funcionario de alto nivel, propietario con sus hermanos de toda la finca. Será por dinero.&nbsp;</p>



<p>Historias como la de Mario, que intenta morderse la lengua, pero no puede, así que pide perdón por su vocabulario, porque vaya mierda esa de la oferta y la demanda, vaya discurso vacío, porque la gente, lamenta, va con el chip de, tío, si no me alquilas el bajo por tanta pasta, me hago un <em>airbnb</em> y gano el triple, y admite que la subida de la renta fue un golpe duro, pero qué iba a hacer, después de todo el dinero invertido, si ya está arraigado en el barrio y él y su equipo dependen del estudio para vivir, qué iba a hacer sino pasar por el aro y buscar un trabajo para compensar el dinero que deja de ingresar por el aumento de la renta, porque ahora a duras penas gana mil pavos al mes.&nbsp;</p>



<p>Lo único que queda de la escuela infantil Amics es la persiana del centro educativo. Los obreros estuvieron trabajando en la reforma del espacio un tiempo, pero, desde hace unos meses, no se ve movimiento en el inmueble. Su futuro es una incógnita, igual que el de la pescadería de Emilia, que se jubilará en julio. Supone que el local volverá a alquilarse, pero desconoce si se convertirá en otro apartamento turístico, como los muchos situados en las inmediaciones, o abrirá un nuevo negocio, como la clínica veterinaria o el taller de cerámica que se han inaugurado recientemente en su calle. Bernardo, que también se jubilará a finales de año, quiere traspasar su bar. Su primera opción le ha fallado, pero, a partir de septiembre, empezará en serio a buscar alternativas.&nbsp;</p>



<p>Lucas pasa cada día con su bicicleta por delante del bajo que ocupaba su antigua tienda de bicicletas. Ahora es un apartamento turístico.&nbsp;</p>



<p></p>
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		<title>El ultraderechista De la Espriella se impone en las elecciones de Colombia por la mínima</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/22/colombia-ultraderecha/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marina Sardiña]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2026 09:24:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[De la Espriella]]></category>
		<category><![CDATA[Petro]]></category>
		<category><![CDATA[ultraderecha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por primera vez en su historia democrática, la presidencia colombiana se define por menos del 1% de los votos. El candidato de ultraderecha se proclama vencedor y su oponente, el senador de izquierda, Iván Cepeda, espera el escrutinio para reconocer los resultados. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>BOGOTÁ //</strong> Dos grandes altavoces sobre una furgoneta en movimiento pregonan: “Tigre, Tigre de mi vida (&#8230;), Firmes por la Patria”. Un pequeño grupo de jóvenes lo abuchean desde un parque: “Fascistas, son unos fascistas”. Una anciana camina y suspira: “Por el amor de dios”. Esta escena nocturna en Bogotá, la capital de Colombia, es el reflejo de un territorio rasgado en dos retazos, sostenidos por un hilo casi invisible. </p>



<p>Dos horas antes se daban a conocer los resultados del preconteo de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, las más reñidas de su historia democrática. El ultraderechista, abogado y autoproclamado <em>outsider, </em><strong>Abelardo de la Espriella</strong>, logra el <strong>49,7% </strong>de los votos frente al <strong>48,7% </strong>del senador y candidato de la izquierda oficialista, Iván Cepeda. La diferencia en el conteo preliminar es de apenas <strong>247.000 votos. </strong>Un país fracturado, dividido en dos pulsiones, en dos modelos de gobernanza antagónicos. “Lo que pone de manifiesto esta campaña es que no hemos logrado reconciliarnos como sociedad,” señalaba Martha Lucía Márquez, directora del centro de investigación Cinep.&nbsp;</p>



<p>En el Royal Center, un centro de conciertos y sede improvisada de la campaña del Pacto Histórico para recibir los resultados, cientos de simpatizantes, activistas, políticos y figuras de la izquierda colombiana van llegando a cuentagotas mientras una gran pantalla anuncia los avances del preconteo. Son varios los que tropiezan en los últimos peldaños de las escaleras, cuando levantan la cabeza del suelo para observar los números. El lugar mantiene la respiración con cada boletín, algunos sacan las calculadoras de sus teléfonos para hacer las matemáticas. Su candidato, Cepeda, acorta distancias, pero no logra ponerse por delante del ultraderechista. Entre respiración y tropezón, los más jóvenes cantan arengas que son replicadas por pocos segundos.</p>



<p>Después, la desazón, las manos en posición de rezo frente a la boca, el brazo por encima del hombro del compañero. “Aquí estamos las madres de La Escombrera”, grita Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. De su cuello cuelga la fotografía de Carol Vanessa, desaparecida en Medellín en 2002. El sueño de ver a su candidato, el humanista, filósofo y defensor de derechos humanos y la paz, entrando en la Casa de Nariño se apaga y aparecen las lágrimas.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg" alt="Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos." class="wp-image-1586236" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. MARINA SARDIÑA</figcaption></figure>



<p>“Estoy preocupada”. Un emoji de un corazón roto. “Tengo miedo”, son los mensajes de WhatsApp que llegan desde las comunidades afro del Pacífico, el Cauca, el Putumayo o las periferias de Bogotá. “Para los firmantes estos diez años no han sido fáciles, existe el riesgo de retroceder en el acuerdo, el riesgo sobre la vida de los que estamos comprometidos con la paz”, narra desde el departamento amazónico de Guaviare, Andrés, uno de los primeros guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desmovilizados durante el Acuerdo de Paz de La Habana, en 2016.&nbsp;</p>



<p>“Tengo una gran preocupación por el exterminio de nuestros bosques, de los pueblos indígenas, de los amazónicos”, escribe Libia, lideresa indígena inka. “<strong>Para las comunidades negras es un retroceso en las luchas y logros que con tanto sacrificio, tantas vidas</strong>, hemos puesto para que haya cambios en este país”, explica Clemencia Carabalí, lideresa afro del norte del Cauca. “Abelardo es un ciudadano que no conoce el país. Él no está en los territorios, él no sabe lo que es vivir en las zonas periféricas. Al no conocer esos contextos difícilmente va a legislar en favor nuestro”, añade.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El mayor número de votos en la historia de la izquierda colombiana&nbsp;</strong></h2>



<p>Antes de las seis y media de la tarde, Iván Cepeda sale a la tarima rodeado de su comitiva y su fórmula presidencial, la mayora indígena, Aída Quilcue, y su compañera, Pilar Rueda. Lleva un papel en la mano, lo desdobla sobre el atril y, antes de leer, con su particular tono sosegado, agradece a todas las comunidades y colectivos que participaron activamente en la campaña de la segunda vuelta, a los más de 12.700.000 votantes –un récord sin precedentes para la izquierda colombiana– y anuncia el reconocimiento del preconteo “como un dato no oficial ni vinculante”. El público corea: “Sí se puede”.</p>



<p>Cepeda <strong>no habla de fraude, pero sí de la impugnación de 33.000 mesas </strong>en todo el país. En su alocución celebró el récord de participación en la jornada electoral, que alcanzó el <strong>63,57%</strong>; poco más de 40 millones de colombianos y colombianas estaban llamados a las urnas. Volvió a hablar de su promesa de campaña, del anhelo por un gran acuerdo nacional y del diálogo: “Estamos dispuestos a la concertación siempre y cuando sea respetuosa”. Agradeció también al movimiento Pacto Histórica, la Alianza por la Vida y, por último, al presidente saliente, Gustavo Petro. “Cepeda presidente”, interrumpen entre el público.&nbsp;</p>



<p>Está vez, sin posar la mirada en el papel, enumeró los avances sociales durante los cuatro años del primer mandato de un dirigente de izquierda en Colombia y reiteró que no dejarán que se retroceda en derechos: “No vamos a permitir, lo decimos con claridad, haciendo uso de la fuerza de la democracia, de la movilización y de la acción política que retrocedan las conquistas sociales”. Terminó lanzando mensajes “serenos” a su oponente <em>El Tigre </em>De la Espriella: “No permitiremos que se destruya la naturaleza. No permitiremos que nos quiten el salario mínimo vital (&#8230;) Porque somos una fuerza decisoria. Vamos al escrutinio. Vamos a la movilización social”.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="757" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg" alt="Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S." class="wp-image-1586278" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-375x253.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-768x519.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1536x1038.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57.jpg 1776w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S.</figcaption></figure>



<p>Citando al presidente chileno <strong>Salvador Allende</strong>, “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, y una proclama sin atisbos de derrotismo: “Viva la revolución de la vida», Cepeda se bajó del escenario. El alarido “Se vive, se siente, Cepeda presidente” se fue diluyendo entre la multitud que, cabizbaja, abandonaba el recinto. </p>



<p>En diversas calles y plazas de Bogotá –y otras ciudades del país– sus seguidores se debatían entre la desazón y la esperanza. “Solicito a todas las abogadas y abogados demócratas para asistir a los escrutinios en toda Colombia,” escribió Petro en su cuenta de X. Respondiendo al llamado, decenas de abogados y cientos de simpatizantes se movilizaron hacia Corferias, el mayor centro de votación para hacer control al escrutinio de los votos. Un cómputo que, como apuntan los analistas, no suele alterar significativamente el resultado del preconteo.&nbsp;</p>



<p>Pero si algo tiene que celebrar la campaña de Cepeda es la movilización de sus electores. Después del fracaso de la primera vuelta, el movimiento “por la vida” se activó precisamente gracias a la sociedad civil progresista: a <strong>las jóvenes <em>k-poper</em>, a los universitarios, a las colectivas feministas y de derechos humanos, a los y las artistas, a las comunidades indígenas, campesinas, afrocolombianas, a miles de voluntarios</strong> que, desde sus quehaceres, habilidades y sentires, se movilizaron masivamente para “remontar en segunda”.&nbsp;</p>



<p>Sin lugar a dudas, esa activación desde la raíz que hace raigambre es el mayor legado de la izquierda reciente en Colombia: la organización desde la sociedad civil por la defensa de todas las formas de vida que habitan el territorio. “Es muy hermoso lo que están haciendo. Estoy muy feliz por todo el apoyo”, decía emocionada un día antes de los comicios Lorena, de 30 años. “Esta campaña es del pueblo”, repetían desde Bosa, una localidad popular de la capital, miembros del colectivo político Creamos. “Gracias a la izquierda aprendí qué es la política. Tengo 55 años, hasta ahora vine a saber lo que es la política”, relataba detrás de su puesto de arepas, Janet, agradeciendo la pedagogía de las colectivas de izquierda.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg" alt="Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. " class="wp-image-1586286" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. M. S.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lejos del centro del país, la ultraderecha abraza el triunfo&nbsp;</strong></h2>



<p>A la espera de los datos oficiales, desde Barranquilla, en la costa Caribe, cientos de seguidores de <em>El Tigre </em>celebran la victoria. Entre música, pirotecnia y figuras de tigres de plástico; vestidos con la camiseta amarilla de la selección de fútbol ondean banderas colombianas –también de Israel–, bailan y alzan la mano imitando el saludo militar al bramido de: “Firmes por la Patria”. En lo alto de un escenario, encerrado en su burbuja anti balística, Abelardo de la Espriella anima el espectáculo más importante de su carrera y se proclama, pese a la ajustada ventaja, presidente: “¡Colombia, aquí está tu presidente!». Antes de que cesen los aplausos y los gritos de la “manada del tigre”, lanza un mensaje al otro espectro: “Petro y Cepeda, abstenerse de desatar un incendio social (&#8230;) respeten la voluntad del pueblo colombiano”, advierte afónico. Agradece a veteranos, reservistas, invita a recitar una “oración patria” y agradece, “más que nada” como cristiano converso, “a Cristo Rey”.&nbsp;</p>



<p>Como en la fábula del lobo con piel de cordero, el líder del movimiento Defensores de la Patria se presenta ante las masas con un tono mucho menos incendiario y violento que en las intervenciones de su campaña. Lejos de sus promesas de terminar con la –fracasada– “paz total” de Petro o la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), su apoyo al <em>fracking </em>y la explotación de los recursos naturales del territorio, de sus recurrentes discursos en los que llamaba a “destripar” y “aniquilar” a la izquierda, de estigmatizar y perseguir a periodistas y críticos; ahora De la Espriella señala que, aquellos que no lo votaron, no tendrán que temer por pensar distinto: “No habrá vencedores ni vencidos. No habrá persecuciones. No habrá enemigos irreconciliables”, tampoco contra la biodiversidad.&nbsp;</p>



<p>El show se pausa para dar espacio a la música y los rugidos de un tigre por los altavoces. Después del baile militar, De la Espriella retoma y alerta directamente a su oponente: “<strong><em>El Tigre </em>todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas</strong> (&#8230;) Podrán ejercer la oposición solo si lo hacen dentro del margen de la ley”. Su conciliación nacional pasa por “refundar la patria” y hacer el “milagro”, como rezan las tres únicas páginas de su programa de gobierno. “La Patria milagro”, como denomina a su proyecto, pasa por acabar –en 90 días– con los cabecillas de los distintos grupos armados que operan en el territorio; la construcción de diez megacárceles de máxima seguridad o recortar en un 40% el Estado, con la ayuda de su vicepresidente, el economista y tecnócrata Juan Manuel Restrepo, exministro de Hacienda durante el gobierno del conservador Iván Duque.</p>



<p>Pese a autodenominarse como un <em>outsider, </em>y si bien nunca ha tenido un cargo público en el Estado, Abelardo de la Espriella cuenta con el apoyo de los políticos tradicionales, como el expresidente derechista Álvaro Uribe Vélez, o el clan de la familia costeña Char, de los que recoge la batuta y los votos. “El primer desafío es formar un gobierno y una coalición legislativa. En su campaña tuvo un discurso que estigmatizaba a la clase política, por lo que no tiene ningún apoyo en el Congreso, pero le va a tocar pactar con esa misma clase política,” apunta el analista político Yann Basset.&nbsp;</p>



<p>El presidente electo de Colombia es, además, ciudadano estadounidense y miembro del Partido Republicano. Por eso, antes de que entrara la noche en Barranquilla, el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, ya lo había reconocido como presidente. Poco después, los líderes conservadores de ultraderecha de la región –modelos a seguir para <em>El Tigre</em>– lo felicitaron. Desde Argentina, Javier Milei, desde Chile, Antonio Kast, desde Brasil, Flávio Bolsonaro, desde Perú, Keiko Fujimori, desde Ecuador, Daniel Noboa, felicitaron al líder de extrema derecha y celebraron la expansión de los movimientos políticos ultraconservadores en la región.&nbsp;</p>



<p>Su victoria es, también, el silbido de los vientos ultraconservadores que se mueven por el continente desde la reelección de Trump. La popularidad del líder colombiano de ultraderecha, una millonaria campaña, y la amnesia colectiva de un pasado cuestionable en el que se codeaba y defendía como abogado a bandidos y paramilitares, o humillaba a víctimas y mujeres, lo alzan como nuevo mandatario de lo que muchos denominan como “<strong>el patio trasero de Estados Unidos</strong>”, especialmente en materia de narcotráfico –y la fallida guerra contra las drogas– y migración.&nbsp;</p>



<p>A menudo, los ingenieros y arquitectos que llegan a Colombia hablan de las dificultades para construir puentes en el país debido a su geografía hostil, a la espina dorsal que atraviesa el mapa: sus tres cordilleras, los Andes, las montañas, los ríos caudalosos que dibujan y alimentan uno de los países más biodiversos del mundo. Es común ver puentes inacabados –también por la corrupción– o desplomados por las dificultades técnicas. </p>



<p>Esa es, quizás, la metáfora que define esta noche a Colombia, y los dos países que habitan un mismo territorio. La polarización no es solo política. Es la desconexión entre territorios, las desigualdades entre clases sociales, y la complejidad de sus brechas que durante décadas han impedido la conciliación con discursos políticos que apelan al miedo al vecino, al hermano, al visitante, al votante contrario. Un país que no construye puentes, porque sus tierras fértiles están constantemente en ebullición por los que no entienden que la gobernanza es por todas las formas de vida.</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Actualización: 16h</em></p>
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		<title>“El periodismo de calidad no es patrimonio de las grandes cabeceras”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/premio-investigacion-la-marea/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 09:54:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[el confidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Gestlife]]></category>
		<category><![CDATA[La Marea]]></category>
		<category><![CDATA[Magda Bandera]]></category>
		<category><![CDATA[Marco Dalla Stella]]></category>
		<category><![CDATA[Patricia Simón]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo de investigación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>'La Marea' recibe el Premio Nacional de Periodismo de Investigación 'El Confidencial' por sus reportajes sobre la gestación subrogada en España. Durante la entrega de los galardones, el director de 'El Confidencial', Nacho Cardero, destacó que "lo que tienen en común [los premiados] no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron".</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>“El periodismo de investigación es el más necesario. También es <strong>el más caro, el más lento y el más incómodo de todos los géneros periodísticos”</strong>, afirmó Nacho Cardero, director de <em>El Confidencial,</em> durante la gala de entrega de los primeros Premios de Investigación creados por este medio con motivo de su 25 aniversario el pasado martes en Madrid.&nbsp;</p>



<p>El <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/11/la-marea-premio-nacional-investigacion/">Premio Nacional</a> ha sido concedido a <em>La Marea</em> por su investigación sobre la gestación subrogada. En concreto, por la serie de reportajes de <strong>Marco Dalla Stella, Patricia Simón y Magda Bandera</strong> centrados en las agencias que se dedican a este negocio en España.</p>



<p>El galardón Internacional es para <em><strong>Aristegui Noticias</strong>,</em> el medio mexicano que ha publicado los Televisa Leaks. La tercera categoría, el Premio Trayectoria, es para <strong>Dean J. Baquet,</strong> exdirector de <em>The New York Times</em>, bajo cuyo mandato se desveló la injerencia de Rusia en las elecciones de EE. UU., y las agresiones sexuales cometidas por el productor cinematográfico Harvey Weinstein, entre otras investigaciones de gran impacto.</p>


<h2>«La obligación de publicar»</h2>


<p>Durante su intervención, Cardero subrayó que el periodismo de investigación “es una decisión, una decisión que se toma cada vez que un periodista sigue adelante<strong> sabiendo que va a incomodar, que va a recibir presiones, que va a quedarse solo durante algún tramo del camino </strong>y que, aun así, tiene la obligación de publicar».</p>



<p>En este sentido, el jurado ha destacado que <em>La Marea</em> “demuestra que <strong>el periodismo de calidad</strong> no es patrimonio de las grandes cabeceras, sino una elección que se ejerce cada día desde la vocación, la autonomía y el compromiso con el interés público”, resaltaron los miembros del jurado al conceder por unanimidad el premio a este medio.&nbsp;</p>



<p>La misma idea remarcó Nacho Cardero durante la entrega de los galardones: «<strong>Lo que tienen en común [los premiados]&nbsp;no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron».</strong></p>



<p>Los miembros del jurado, que han concedido <strong>por unanimidad el Premio Nacional, </strong>son Antonio Rubio, Marta Sánchez Esparza, Edith Rodríguez y Tomás Ocaña, y Miguel Ángel Gavilanes como secretario. En su argumentación, han destacado que la serie de reportajes premiada se trata de “un trabajo de indudable interés público en el que confluyen la salud, la maternidad, los derechos de las mujeres y los límites éticos de las técnicas reproductivas”.&nbsp;</p>


<h2>“Información verificada, contrastada y documentada»</h2>


<p>El jurado ha valorado especialmente que la investigación de <em>La Marea</em> se sustenta en “información verificada, contrastada y documentada, en la práctica constante de la diligencia informativa y en la combinación rigurosa de fuentes”. También resaltan que el medio se conforma como una cooperativa, “una estructura que es <strong>garantía de su independencia</strong>”.</p>



<p>Los premios de <em>El Confidencial</em>, medio que se autodefine como <strong>«el diario de los lectores influyentes”</strong>, fueron entregados por los reyes en una gala que se celebró en el Marandin Oriental Ritz. Entre los asistentes, se encontraban la ministra de Defensa, Margarita Robles; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; el líder del Partido Popular, Alberto Feijóo, y varios presidentes autonómicos de su formación; empresarios como Ana Patricia Botín; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; directores de medios de comunicación como Pedro J. Ramírez e Ignacio Escolar; y expolíticos como Ana Botella y Felipe González.</p>



<p>La artista <a href="https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/lita-cabellut-convierte-el-periodismo-de-investigaci%C3%B3n-en-una-pieza-art%C3%ADstica/ar-AA25qOFs?ocid=BingNewsSerp">Lita Cabellut </a>es la autora de las estatuas que se entregaron a los premiados.</p>



<p></p>
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		<title>Silvia Bezos: “La vida laboral de la clase trabajadora es muy repetitiva y claustrofóbica”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/silvia-bezos-clase/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Madrid]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[clase trabajadora]]></category>
		<category><![CDATA[cómic]]></category>
		<category><![CDATA[Silvia Bezos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La autora del cómic 'Manos de pobre' eligió el metro para que su protagonista meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Los trayectos en Metro, aunque muchas veces asfixiantes, pueden ser un lugar perfecto para la reflexión. Más si el tema sobre el que se da vueltas tiene que ver con la clase. <strong>Silvia Bezos </strong>eligió este transporte para que la protagonista de <em><strong><a href="https://www.aristasmartinez.com/producto/manos-de-pobre">Manos de pobre</a></strong>, </em>cómic que se hizo con el Premio PANG de la editorial Aristas Martínez, meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>



<p>Unas reflexiones que la autora contrasta con ilustraciones muy coloridas, referencias pop y mucho humor para que, según la propia Silvia Bezos, no la acusen de “intensita”. Hablamos con ella sobre todas estas ideas y sobre por qué, después de hacer el cómic, ha llegado a la conclusión de que no quiere cambiar de clase.</p>



<p><strong>¿Las manos de pobre, por más que queramos, siempre van a ser reconocibles?</strong></p>



<p>Una conclusión a la que he llegado después de hacer el cómic es que cuando intentamos disimular, tener ese <em>passing</em> de clase media, podemos lograrlo en algún aspecto. Algunos podrán conseguir una casa mejor, otros vestirán como la clase alta y otros pondrán todo su empeño en el plano intelectual, pero en otros sentidos se les va a notar. Al final siempre se vislumbra. Creo que es imposible en todos los puntos llegar al mismo lugar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="557" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp" alt="" class="wp-image-1578656" style="aspect-ratio:0.7360994220950458" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp 410w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg-375x509.webp 375w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>
</div>


<p><strong>Sobre todo si se trabaja seis días a la semana, como le pasa a la protagonista. ¿Se pueden tener otras manos con esta realidad?</strong></p>



<p>El esfuerzo que tiene que hacer una persona que trabaja tanto para alcanzar los mismos lugares que una que viene de lugares privilegiados es enorme. Algo que acaba llevando a una serie de consecuencias tanto físicas como mentales o en el tiempo que le queda para no hacer nada. Esto lo vemos en las personas que estudian mientras trabajan: ¿Cuánto esfuerzo le supone aprobar en comparación con su compañero que no tiene otra cosa que hacer?</p>



<p><strong>Quizá donde más reconocible sea encontrar esas manos es en el Metro. ¿Por eso decidiste ubicar la obra allí?</strong></p>



<p>El Metro es un lugar muy de clase obrera. Que haya gente que no lo ha cogido en su vida es algo que a las personas de a pie nos deja locas. También porque es muy repetitivo y claustrofóbico, como la vida laboral de las personas de clase trabajadora.&nbsp;</p>



<p><strong>La novela gráfica es una especie de ensayo en el que muestras cómo la clase nos atraviesa en todos los ámbitos de nuestra vida. Incluso en el modo en que nos comportamos o en cómo nos expresamos.</strong></p>



<p>Esto depende un poco de cuáles sean tus ambiciones. Pero algo que parece obvio, es decir, que una persona que venga de clase obrera se vaya a expresar peor, Brigitte Vasallo lo desmonta en su libro de <em>Lenguaje exclusivo y exclusión de clase</em>. Ella dice que las personas que vienen de clase baja, cuando están en público o en lugares de gente de estratos más altos, sobreproducen el lenguaje. Entonces tienes los dos extremos: los que se expresan peor y los que tienden a hacerlo con muchísima complejidad. Esto último, aunque no lo parezca, también señala de dónde vienes.</p>



<p><strong>Podemos pensar que la clase tiene que ver sobre todo con la riqueza, pero hay otros muchos capitales que influyen. Como el cultural.</strong></p>



<p>A mí esto fue lo primero que me obsesionó, porque es lo que más me importa. El resto de cosas que acompañan el venir de estratos sociales altos me dan más igual. Pero yo recuerdo pensar de pequeña: ¿Por qué una compañera sabía ciertas cosas si no las habíamos dado en clase? Ese capital cultural en mi opinión es el más difícil de alcanzar. Tanto, que en este punto nos llevan mucha ventaja y tienes que poner mucho empeño para alcanzarlo.&nbsp;</p>



<p>En el cómic esto lo muestro a través una carrera de relevos generacional. Algo que estoy viviendo ahora con mi hija. Pienso en cómo educarla en este aspecto porque no he tenido referentes. Y me pregunto qué hacen estas personas para que a sus hijos de 18 años sean cultísimos. Algo que creo que no depende del colegio al que se va, sino de lo que pasa en casa. El problema es que es más fácil copiar las conductas exteriores que las domésticas. La clase tiene que ver mucho con cómo te comportas ahí. Y con lo cultural pasa mucho eso.</p>



<p><strong>¿Por ello es tan complicado cambiar de estatus social?</strong></p>



<p>Uno de los motivos por los que nos intentan convencer de que sí se puede es por esto: porque es casi imposible. Hubo un momento en el que el ascensor social sí que funcionaba más, pero ahora está muy estropeado. Para vivir medianamente bien tenemos que hacer esfuerzos muy grandes y, aun así, mucha gente ni siquiera mejora. Ellos nos venden que es posible de manera individual, pero es al revés: solo lo conseguiremos de manera colectiva.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Si nos intentan convencer de que se puede cambiar de clase es porque es casi imposible»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Una serie de reflexiones casi ensayísticas que entran en contraste con las ilustraciones coloridas y pop. ¿Por qué quisiste hacerlo así?</strong></p>



<p>Siempre he tenido miedo de que me acusen de intensa en la vida, por eso me he adaptado así al miedo. Compenso la intensidad con el chiste y el colorido. No ha sido nada meditado.</p>



<p><strong>También hay mucho humor. Aquí hasta los perros reflexionan con la protagonista.</strong></p>



<p>Tenía muchas ganas de hacer un cómic, pero a la vez me daba miedo. Me apunté en 2020 a un curso de novela gráfica que fue genial y me animó un montón. En él, uno de los consejos que me dieron fue que tenía que intentar que el lector no acabara odiando a la protagonista. Me pareció interesante introducir personajes que apuntillaran o expresaran lo que ella no dice, para que no fuera la protagonista la que cargara con todo el discurso. Y si podían ser graciosos, como un perro, mejor.</p>



<p><strong>En la contraportada de </strong><strong><em>Manos de pobre</em></strong><strong> la protagonista deja la conclusión de que en la obra ha encontrado todas las excusas para explicar por qué no está forrada a su edad.</strong></p>



<p>Una cosa que hace este cómic más llevadero es que se ríe bastante de la protagonista. No es un discurso súper aleccionador, sino que se mofa de ella y de todos los que tenemos pensamientos del estilo. Yo, después de hacer le cómic, he llegado a la conclusión de que no quiero cambiar de clase. Lo que quiero es vivir con dignidad, tener tiempo libre, salud y educación a mi alcance. </p>



<p>Igualmente, en la obra hago la reflexión de que esta gente está fatal. Ellos tienen problemas de salud mental –diferentes de los de la clase trabajadora– que tienen que ver con una excesiva contención en la vida. Si eso es a lo que aspiramos, yo paso. También pierden capacidad de empatía y contacto con la realidad y lo humano. Yo solamente quiero y deseo dignidad para la gente. Se me ha pasado la idealización de los privilegios de clase durante todas estas reflexiones.</p>
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		<title>Tareq Baconi: “Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente, y nunca ha sido tan débil”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/tareq-baconi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Analista durante años en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la Journal of Palestine Studies. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/20/tareq-baconi/">Tareq Baconi: “Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente, y nunca ha sido tan débil”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Tareq Baconi nació en Ammán, nieto de una familia palestina desplazada de Haifa en la Nakba de 1948, y lleva dos décadas intentando explicar lo que buena parte de la prensa occidental despacha con la palabra «terrorismo». Analista durante años para Israel/Palestina en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la <em>Journal of Palestine Studies</em>.&nbsp;</p>



<p>Publicó originalmente en 2018 una historia del movimiento construida a partir de entrevistas con sus dirigentes y de sus propios documentos internos, que describía la relación entre Hamás e Israel como un «equilibrio violento» sostenido durante dieciséis años hasta que estalló el 7 de octubre de 2023. Capitán Swing lo publicó en castellano en 2024 como <em>Hamás: auge y pacificación de la resistencia palestina</em>, con un nuevo prólogo escrito tras el atentado de Hamás el 7 de octubre y el inicio del genocidio en Gaza.&nbsp;</p>



<p>Hablamos con él del papel de España, el Reino Unido y la Unión Europea en la crisis actual, de las grietas que el genocidio ha abierto entre Israel y su principal patrón, y de la función estructural que, a su juicio, cumple Hamás dentro del proyecto colonial israelí. «Esto es una guerra israelí», dice sobre la escalada contra Irán, «no una guerra americana».</p>



<p><strong>¿Si tuvieras que escribir hoy ese prólogo de 2024, lo cambiarías?</strong></p>



<p>Nada, la verdad. Me preguntaba lo mismo hace un momento y me puso algo nervioso. Pero lo he releído hace poco y no cambiaría una palabra. En ese prólogo no ofrecía respuestas cerradas, dejaba las preguntas abiertas. Y las preguntas que tenía en 2024 son exactamente las que tengo hoy. Hay procesos históricos que todavía no han terminado de mostrar su forma final, y fingir lo contrario sería hacerle trampa al lector.</p>



<p><strong>El Reino Unido diseñó hace un siglo el marco colonial para Palestina con funestas consecuencias que se han ido encadenando a lo largo tiempo, y hoy, sin embargo parece ser el gran ausente del debate internacional.</strong></p>



<p>Que ojalá fuera solo ausencia: su participación es negativa. La semana pasada el Estado llevó a juicio a cuatro activistas de <em>Palestine Action</em> combinando cargos penales con cargos de terrorismo, algo que ni siquiera coincidía con lo que estaba juzgando el jurado. El Laborismo, que debería ser un partido de izquierdas, mantiene en Palestina una posición tan sionista como la de los conservadores, heredada de una historia que incluye el uso de la acusación de antisemitismo contra Jeremy Corbyn.&nbsp;</p>



<p>Hoy, defender a Palestina desde la izquierda británica se lee como recortar la libertad de expresión, perseguir el activismo y equiparar antisionismo con antisemitismo. Y la distancia con la sociedad no para de crecer: hay un apoyo popular fuerte, tradicionalmente más entre la gente mayor, y ahora una generación joven volcada tras el genocidio. Yo vivo en Londres. En las últimas elecciones, escaños históricos del Labour cayeron ante los Verdes, y Palestina fue una de las tres razones principales. En Alemania pasa lo mismo.</p>



<p><strong>España aparece en el debate internacional como una de las pocas voces europeas dispuestas a romper el consenso atlantista. ¿Cómo se percibe desde fuera del país?</strong></p>



<p>En términos muy favorables, en los dos niveles: hay un apoyo popular amplio a la causa palestina, pero también medidas prácticas de gobierno, restricciones a la venta de armas, posiciones activas en los foros de derecho internacional. España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel. La movilización del Sur global, sobre todo a través del Grupo de La Haya, ha sido clave para frenar las políticas del Norte global que erosionan el derecho internacional, y que España actúe así desde dentro del Norte global la convierte en un actor decisivo. Países como España o Irlanda no protegen a los palestinos por amor: protegen una obligación jurídica que el resto de sus pares está incumpliendo, porque firmar la Convención del Genocidio implica el deber de prevenirlo. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>¿Tiene la Unión Europea capacidad real de influir en el conflicto, o las divisiones internas la han vuelto irrelevante?</strong></p>



<p>Tiene un potencial enorme y lo está desperdiciando. Hay acuerdos preferenciales con Israel, hay un proyecto conjunto de investigación, el Horizon, hay cooperación militar: todo eso da palancas reales para acabar con la impunidad. Pero las exportaciones de armas israelíes a Europa no han dejado de crecer, y alcanzaron su pico en 2024 porque son armas ya probadas en el campo de batalla, lo que las hace más rentables. Mientras un país como España se planta, los socios decisivos, Alemania, Francia, el Reino Unido, siguen alineados con Israel. Esa combinación convierte a la UE en un actor incapaz de sostener una política común sobre Palestina.</p>



<p><strong>Tras la guerra entre Israel e Irán, ¿qué panorama regional queda para Hamás? ¿Se ha quedado sin patrones, como le pasó a la OLP cuando Arafat salió de Beirut en 1982?</strong></p>



<p>Hamás siempre ha sido hábil jugando con distintos patrones regionales, incluso enfrentados entre sí, de Arabia Saudí a Siria o Egipto. Hoy pasan dos cosas a la vez. La infraestructura material, el apoyo financiero y militar iraní, y el acceso a Gaza a través de Siria y Líbano, se ha visto golpeada por la agresión regional israelí. Pero, al mismo tiempo, Irán ha salido de esta guerra como un actor estratégico más fuerte que hace un año: la ofensiva israelí-estadounidense ha demostrado a los países del Golfo que la inseguridad regional no la provoca Irán, sino la soberbia israelí. Militarmente, Hamás sigue presente en Gaza, controla parte del territorio, conserva sus armas, y su oficina política sigue en Catar con acceso directo a Teherán. No creo que sea una historia completamente negativa para ellos.</p>



<p><strong>¿Y a Israel? ¿Cómo le afecta el inicio de acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos?</strong></p>



<p>Creo que Irán ha sido el único actor verdaderamente estratégico del último año. El conflicto ha sido una derrota estratégica para Estados Unidos: una guerra irracional, sin interés propio, solo el de Israel, y ahora se negocian sobre cosas que ni estaban en la mesa al empezar, como el estrecho de Ormuz. Esta tregua es un golpe duro para la doctrina israelí de guerra permanente, por eso Israel ha intentado sabotearla atacando Líbano estos últimos días. Mi previsión es que seguirá usando el enriquecimiento de uranio como excusa para mantener a Irán como amenaza. Pero, mientras dure la tregua, va a concentrar su violencia en Líbano.</p>



<p><strong>Hay conversaciones filtradas de Netanyahu donde reconoce que financiar indirectamente a Hamás le convenía. ¿Hasta qué punto su existencia es funcional al proyecto expansionista israelí?</strong></p>



<p>Que Hamás todavía conserve capacidad militar no debería sorprender a quien estudie guerra de guerrillas: son armas baratas, muchas reconvertidas de armamento israelí, y ningún ejército convencional puede aniquilar del todo una guerrilla incrustada en su propia población sin cometer un genocidio. Dicho esto, sí, le beneficia: cualquier gobierno israelí necesita convertir la relación con Palestina en una cuestión de seguridad, y cualquier arma palestina refuerza ese lenguaje de terrorismo. </p>



<p>Esto tiene historia: Israel dio licencia a los Hermanos Musulmanes en Palestina porque los creía centrados en la islamización social, no en lo militar, y porque sabía que una corriente islamista debilitaría el nacionalismo secular de la OLP. Cuando se transformaron en Hamás y empezaron las operaciones militares, ese apoyo financiero se cortó, pero la lógica de fondo, dividir a los palestinos entre sí, se mantuvo: cada vez que Fatah y Hamás intentaron un gobierno de unidad, cualquier gobierno israelí trabajó para sabotearlo.</p>



<p><strong>¿Calculó Hamás las consecuencias del 7 de octubre, o fue una apuesta a ciegas?</strong></p>



<p>Es imposible saber qué imaginaba Hamás. Sí sé que partía de varias hipótesis, y algunas se han demostrado falsas: que un golpe contra el bloqueo devolvería Palestina a la agenda internacional, que forzaría a los países árabes a revisar los Acuerdos de Abraham, y que el pueblo palestino se levantaría en toda la Palestina histórica frente a la represalia israelí. Subestimó la fragmentación palestina: ni en el 1948 ni en Cisjordania hubo levantamiento; los países árabes tampoco se movieron, solo Irán y Hezbolá. El mayor error de cálculo fue pensar que la comunidad internacional pondría un límite a Israel. Pero el 7 de octubre también ha roto, creo que de forma irreversible, la idea de que el sionismo podía ofrecer un refugio seguro a los judíos en Palestina sin resolver la cuestión palestina, y nos ha devuelto al lenguaje de la Nakba y la colonización. No sé si esto es lo que Hamás imaginaba, pero es lo que ha conseguido.</p>



<p><strong>¿Cómo ha afectado la destrucción de Gaza al respaldo social a Hamás?</strong></p>



<p>Es de las preguntas más difíciles de responder, por el bloqueo informativo y la falta de acceso de la prensa extranjera. Pero hay un espectro amplio. Una parte de la población culpa a Hamás de no haber calculado bien y de no haber protegido a la gente de la respuesta israelí; para ese sector, han provocado una segunda Nakba, multiplicada. Otra parte sigue defendiendo la resistencia: Hamás no tenía alternativa, dicen, llevábamos dieciséis años bajo bloqueo, los países árabes normalizaban con Israel, el mundo se olvidaba de Gaza, y al menos esto sacudió a la comunidad internacional. </p>



<p>Lo más triste no es solo esa fragmentación, que ya existía antes; es que el genocidio ha hecho que los palestinos de Gaza se vean ahora como una categoría aparte dentro de la palestinidad, gente que dice que nadie ha entendido lo que es un genocidio si no estuvo en Gaza. Esa sensación de excepcionalidad ha hecho la fragmentación todavía más severa.</p>



<p><strong>En Estados Unidos se habla cada vez más del rol de AIPAC -el lobby sionista–, pero también de los republicanos que repiten cómo el apoyo a la política genocida de Netanyahu es incompatible con el «America First» de Trump. ¿Se están rompiendo los vínculos entre Washington y Tel Aviv?</strong></p>



<p>Sí, totalmente. Todo lo que Israel ha hecho desde el 7 de octubre ha terminado reforzando esa fractura, convirtiéndola en una paradoja real. Nunca ha sido militarmente tan fuerte, habiendo desmantelado la infraestructura de resistencia en toda la región, y a la vez nunca ha sido tan débil, porque ese sobre-esfuerzo ha dañado su relación con su principal patrón. El Partido Demócrata, sobre todo su generación joven, se ha alejado de Israel; que Kamala Harris perdiera, que Zohran Mamdani ganara en Nueva York, son señales de ese giro. </p>



<p>Y en el campo republicano, en el universo MAGA, ya hay fractura entre «America First» e «Israel First»: cuando Tucker Carlson o Marjorie Taylor Greene dicen que esto es un genocidio, que por qué Estados Unidos apoya a Israel, es una pregunta que cualquier político debería hacerse, pero que venga de la derecha republicana ha reconfigurado el sistema político americano. Esta guerra contra Irán es el ejemplo perfecto: es una guerra israelí, no una guerra americana, y eso empieza a verse.</p>



<p><strong>Sobre el papel hay un alto el fuego y un plan de paz en Gaza. ¿Qué está pasando realmente sobre el terreno?</strong></p>



<p>Que no hay ni alto el fuego ni plan de paz. El acuerdo se negoció como todos los anteriores desde 2007: por fases. La fase uno era el cese de hostilidades, la liberación de los rehenes por parte de Hamás, la entrada de ayuda humanitaria y la retirada israelí; solo después se negociarían la fase dos y la tres. Hamás sabía, como todo el mundo que ha seguido estas negociaciones, que la fase uno se quedaría congelada, pero pidió garantías a la Administración Trump, respaldadas por Catar y Egipto, de que, si liberaba a todos los rehenes, su mejor baza, Israel permitiría la ayuda y empezaría a retirarse. Esa garantía no se ha cumplido. En lugar de eso, ahora se habla solo del desarme de Hamás, una condición que ni siquiera estaba en la fase uno. Mientras se negocia ese imposible, Israel ha pasado de controlar el 53% de Gaza a un 60%, con la intención declarada de llegar al 70%; hay una política de disparar a quien cruce la línea amarilla, y se arma a bandas palestinas para generar caos. No estamos en un alto el fuego: estamos ante la continuación del genocidio por medios burocráticos.</p>



<p><strong>El Gobierno español y otros gobiernos europeos siguen invocando la solución de dos Estados. ¿Le queda algún sentido?</strong></p>



<p>Yo nunca he creído que fuera posible, y hoy menos. Ese lenguaje diplomático sirve, en la práctica, para mantener el <em>statu quo</em>: Israel sigue existiendo como Estado soberano y aplazamos indefinidamente la estatalidad palestina. Da igual si un gobierno cree o no en los dos Estados: lo único que debería estar haciendo ahora es parar el genocidio y exigir responsabilidades. Hablar de relanzar un proceso diplomático mientras quien dirige Israel está reclamado por la Corte Penal Internacional es aceptar que puede actuar con total impunidad y seguir teniendo acceso diplomático pleno. Cualquier solución, de uno, dos o tres Estados, solo puede empezar por ahí: parar el genocidio y rendir cuentas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Yo nunca he creído en la solución de dos Estados, y hoy menos».</strong></h2>



<p><strong>Ya hay rabinos sionistas hablando de Turquía como el próximo gran frente. ¿Qué papel le ves?</strong></p>



<p>Israel es un proyecto colonial de asentamiento cuya razón de ser es expandirse y mantenerse como potencia militar hegemónica de la región: ningún vecino puede tener superioridad militar sobre Israel, ese ha sido el límite que Washington garantizaba en cualquier acuerdo bilateral. Irán cumple esa función de enemigo perfecto, islámico, con lenguaje nuclear de fondo. Si Irán deja de representar una amenaza, el candidato natural es Turquía, la otra potencia regional, y todo el repertorio retórico que usan contra Irán es perfectamente aplicable: país islámico, amenaza existencial. De momento Israel sigue fijado en Irán, que ha salido reforzado de esta guerra, así que no creo que el frente turco se active de inmediato. Pero desde Turquía la lectura también ha cambiado: durante años jugaron a ser enemigos sin serlo del todo, con buenas relaciones militares hasta este genocidio, y ese juego ya no es sostenible.</p>



<p><strong>¿Cómo describirías hoy el respaldo de la sociedad israelí al gobierno de Netanyahu?</strong></p>



<p>Hay que separar dos cosas. El apoyo a lo que ellos no llaman genocidio sino guerra en Gaza es casi unánime, más del 90%. Las grietas aparecen con Líbano e Irán: hay más oposición a la guerra en Líbano, mientras que la guerra contra Irán también goza de apoyo casi unánime. El desacuerdo es sobre las decisiones estratégicas de Netanyahu: desde la izquierda se le acusa de un error estratégico en Líbano, desde la derecha de no haber sido suficientemente contundente. Esta tregua con Irán le va a costar caro: se vendió la guerra como el fin del programa nuclear iraní, y el régimen iraní nunca ha sido tan fuerte como ahora. Israel no ha conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos. Habrá que ver qué pasa en las elecciones, pero creo que esto se le va a echar en cara.</p>
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		<title>[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Simón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[estado colombiano]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[narcoparamilitares]]></category>
		<category><![CDATA[novela gráfica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jaime Garzón, humorista, periodista y abogado colombiano, fue asesinado en 1999 por narcoparamilitares, en alianza con agentes del Estado colombiano. Con la novela gráfica 'Yo no quiero morir' (Astiberri, 2026), su hermano Alfredo Garzón y la escritora Verónica Ochoa cumplen con su deseo de no ser borrado de la Historia, reivindicándolo como un icono de la defensa de los derechos humanos en Colombia. El epílogo es de la periodista Patricia Simón.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/">[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Epílogo de <a href="https://www.astiberri.com/products/yo-quiero-no-morir">&#8216;Yo quiero no morir&#8217; (Astiberri, 2026)</a>, escrito por la periodista Patricia Simón.</strong></em></p>



<p>Conocí a Jaime Garzón en 2006. Hacía siete años desde que lo habían asesinado y, sin embargo, me salía al paso en algunos de los rincones más aislados y abandonados por el Estado colombiano. En la selva profunda del Chocó, en pequeñas veredas del Cauca, en las carreteras de la Antioquia más recóndita, su rostro me miraba desde muros y carteles. En medio de la violenta oscuridad que sacudía el país en aquellos tiempos, <strong>su sonrisa ancha era un símbolo de la hospitalidad</strong> que, pese a todo, seguía desprendiendo el pueblo colombiano.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578493" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>En aquellos años, el gran problema del periodismo en España era una precariedad en la que muchos se escudaban para traicionar nuestra función pública y venderse a la manipulación, la propaganda, la espectacularización y la propagación del odio. En Colombia aprendí que allí, como en buena parte de los países más azotados por la guerra, <strong>quienes deciden ejercer este oficio con honestidad e independencia lo hacen a sabiendas de que pueden ser asesinados</strong> por cumplir con su deber deontológico. Periodistas reconocidos y anónimos que compartieron conmigo sus contactos y conocimientos para que pudiese llegar a las veredas más recónditas y entrevistar a los supervivientes de las masacres paramilitares, a las madres de los llamados “falsos positivos” –civiles asesinados por el Ejército para presentarlos como bajas en combate–, a los líderes comunitarios amenazados por las guerrillas, a las maestras y sindicalistas asediados por todos los actores armados, al campesinado desplazado forzosamente para construir macroproyectos de multinacionales europeas, canadienses y estadounidenses. Y en muchos de esos lugares me encontraba con grafitis en los que con unos cuantos trazos –las gafas redondas, el pelo acaracolado–bastaba para reconocer a quien ya era un <strong>icono de la decencia y de la defensa de los derechos humanos: Jaime Garzón.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578497" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Recuerdo el impacto que me produjo la admiración con la que me hablaban de él periodistas que, poco después de conocerlos, ya se habían convertido para mí en maestros de lo que debe ser este oficio y de lo que una nunca debe olvidar. Compañeros que me enseñaron a no perder de vista el retrovisor por si nos seguía algún coche o moto, a no abrir la puerta a nadie que llevase el casco puesto porque habían perdido a muchos colegas ejecutados tras abrir a supuestos repartidores, a que siempre había que tener una habitación preparada para esconder a quienes llegaban huían de las amenazas&#8230; Todos ellos compartían una devoción por la figura de Garzón que también me transmitieron mis amigos y amigas defensoras de los derechos humanos, académicas, lideresas sociales, dramaturgas, pintores&#8230;&nbsp;Personas que siguen siendo hoy mis <strong>referentes éticos y humanistas</strong> se esforzaban por explicarme la influencia social de una figura que yo no terminaba de entender, probablemente, porque no había conocido nada igual hasta entonces. Tuve que ir desentrañando la figura de Jaime Garzón para comprender por qué se había convertido en una de las más escuchadas, respetadas y queridas por la mayoría social de Colombia. Y, también, en una de las más odiadas por una minoría, aquella que nunca ha dudado en usar la violencia para preservar su poder, privilegios, supremacismo y concentración de la riqueza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="825" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg" alt="Potada de 'Yo no quiero morir' (Astiberri)." class="wp-image-1576096" style="aspect-ratio:0.7366131577934326;width:332px;height:auto" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg 825w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-375x509.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-768x1042.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1132x1536.jpg 1132w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1509x2048.jpg 1509w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-scaled.jpg 1886w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption class="wp-element-caption">Portada de la novela gráfica <em>Yo quiero no morir</em> (Astiberri, 2026).</figcaption></figure>
</div>


<p>Así fui sabiendo que Jaime Garzón había sido un hombre bueno que había estudiado varias carreras movido por la curiosidad y la pasión por entender el mundo; un hombre valiente que se había implicado en la política institucional para defender la vida desde los territorios más ninguneados por el Estado en un país en el que eso se castiga con la muerte; un hombre heterodoxo que sustituyó el marxismo por el “grouchomarxismo” cuando las guerrillas se empezaron a parecer a sus antagonistas; un hombre sabio que se había dado cuenta de que el humor es la forma más elevada y transformadora de la inteligencia; un hombre erudito que había volcado su talento en <strong>desnudar el negocio de la guerra y a sus mercaderes en los medios de comunicación</strong> –los mismos que, mayoritariamente, estaban y están al servicio de la oligarquía que se blinda reproduciendo la violencia–; un hombre valiente que se dedicó a mediar con las guerrillas para la liberación de más de cien personas secuestradas; un hombre alegre, divertido y disfrutón que amaba tanto la belleza de la vida que consagró la suya a conseguir que una vida que merezca ser vivida fuese un derecho universal.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578503" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Y así fue como, conociendo la trayectoria y la personalidad de Jaime Garzón, fui también entendiendo mejor la historia e idiosincrasia de <strong>Colombia: un país compuesto, mayoritariamente, por hombres y mujeres buenos, generosos, <em>verracos</em> y bellos en su sentido ético y estético</strong>; personas que han respondido a décadas de guerra, expolio, barbarie y dolor construyendo el tejido asociativo, cívico y de defensa de los derechos humanos más potente, imbricado y vanguardista del mundo; gente pobre que tras sobrevivir a las peores atrocidades se convirtieron, <em>de facto,</em> en juristas, comunicadores, activistas para defender su dignidad en alianza con profesionales extraordinarios de todos los ámbitos que anteponen el bien común a su bienestar; un pueblo que coopera vereda por vereda, ciudad por ciudad, departamento por departamento, para llevar su lucha contra la impunidad hasta las más altas instancias de justicia internacional; una sociedad que sumida en el horror ha sido capaz de aportar contribuciones vanguardistas y cruciales al terreno del derecho internacional y de la construcción de paz. Una excelencia y excepcionalidad las del pueblo colombiano de las que Jaime Garzón es uno de sus embajadores más universales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando “las palabras no alcanzan”</h2>



<p>Quienes nos dedicamos a intentar entender los peores contextos para explicarlos después convivimos con la angustia permanente de que “las palabras no alcanzan” para nombrar lo inenarrable, como escriben <strong>Alfredo Garzón y Verónica Ochoa</strong> en su magistral obra <em><strong>Garzón. El duelo imposible.</strong> </em>Pero les aseguro que esta novela gráfica no solo logra <strong>recoger, evocar, explicar y mostrar la complejidad y brutalidad de la historia reciente de Colombia</strong>, sino también lo más valioso, difícil y extraordinario: el ingente <strong>esfuerzo de buena parte de su sociedad por transitar a un país justo</strong>, seguro, respetuoso, dialogante, pacífico, incluyente, boyante y orgulloso de su diversidad. Y, desgraciadamente, el alto coste en vidas, destierros y tristeza que ha pagado por la osadía de pretender redistribuir su tierra y recursos, juzgar a los dirigentes y empresarios que ordenaron –y ordenan– los crímenes, señalar a colaboradores tan poderosos como el Estado de Israel o las transnacionales del Norte Global, y a los medios de comunicación que legitiman y presentan la violencia como un fenómeno natural, imprevisible, inevitable, sin responsables ni beneficiarios. Sin el trabajo sucio de una prensa corrompida, el negocio de la guerra se hundiría porque no habría pueblo que lo apoyase. Por ello, algún día, también deberían ser juzgados sus consejos de administración.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578507" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Pero, frente a su inmundicia, también hubo y hay quienes no se pliegan. Y <em>Garzón. El duelo imposible</em> también los honra. Como al director de <em>El Espectador</em> Guillermo Cano, asesinado en 1986 por denunciar el fenómeno del paramilitarismo y sus vínculos con el Estado. <strong>“No vendemos, no hipotecamos, no cedemos nuestra conciencia ni nuestra dignidad a cambio de un puñado de billetes”, dejó escrito.</strong> Unas palabras que deberían estar impresas en todas las redacciones del mundo.</p>



<p>En este libro, su coautor y coprotagonista Alfredo Garzón, hermano de Jaime, encarna en lo que convierte la guerra a aquellos que sobreviven a la pérdida de sus seres queridos: personas en “diálogo constante con el asesinado”, como escribe sobre sí mismo. “Para mí, el asesinato de Jaime no es un hecho del pasado. Cada día sin justicia es un día más en que Jaime es asesinado. Un día más en que los asesinos vencen”, explica, resumiendo así la violencia que esta impunidad inflige a las víctimas.</p>



<p>Colombia es un país “de cementerios llenos de personas a las que se les ha negado la palabra”. Este libro se la devuelve, convirtiéndola en un alegato por el diálogo como antídoto frente a la violencia. Un acto de justicia para quienes siguen sin recibirla. Pero esta obra llega mucho más allá: construye cultura de paz al resucitar a todos esos hombres y mujeres que intentaron parir un mundo mejor para que puedan estudiarse en todas las escuelas e institutos del mundo, referentes con los que enseñar a los niños, niñas y adolescentes que no hay forma más ética, legítima, enriquecedora, apasionante y digna de estar en el mundo que defendiendo los derechos humanos, que no hay otra forma de impedir que la internacional del odio que recorre el planeta imponga un orden del miedo y la crueldad, que no podemos permitir que hagan lo que ya hicieron en Colombia: deshumanizar a “los otros” para convertirlos en “desechables”, exterminables, desaparecidos, en nadies.</p>



<p>La novela gráfica de Alfredo Garzón y Verónica Ochoa es un <strong>canto a la vida vivida adrede, un homenaje a los y las idealistas, esos locos utópicos que a lo largo de la historia fueron despreciados tachándolos de ilusos e ingenuos y a quienes les debemos los derechos sin los que seguiríamos siendo esclavos</strong>, súbditos, animales de compañía, subhumanos. Personas como Jaime y Alfredo Garzón, como sus amigos, que se dejaban el alma trabajando por un horizonte esperanzador, que bailaban, cantaban y gozaban hasta el amanecer cada vez que podían, y que lloraban y lloran a sus muertos escribiendo obras de arte como este libro. ¡Viva la vida y quienes quieren no morir nunca!</p>



<p><a id="_msocom_1"></a></p>
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