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	<description>Periodismo para gente independiente</description>
	<lastBuildDate>Mon, 22 Jun 2026 14:49:03 +0000</lastBuildDate>
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	<title>lamarea.com</title>
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		<title>El ultraderechista De la Espriella se impone en las elecciones de Colombia por la mínima</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/22/colombia-ultraderecha/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marina Sardiña]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2026 09:24:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[De la Espriella]]></category>
		<category><![CDATA[Petro]]></category>
		<category><![CDATA[ultraderecha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por primera vez en su historia democrática, la presidencia colombiana se define por menos del 1% de los votos. El candidato de ultraderecha se proclama vencedor y su oponente, el senador de izquierda, Iván Cepeda, espera el escrutinio para reconocer los resultados. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>BOGOTÁ //</strong> Dos grandes altavoces sobre una furgoneta en movimiento pregonan: “Tigre, Tigre de mi vida (&#8230;), Firmes por la Patria”. Un pequeño grupo de jóvenes lo abuchean desde un parque: “Fascistas, son unos fascistas”. Una anciana camina y suspira: “Por el amor de dios”. Esta escena nocturna en Bogotá, la capital de Colombia, es el reflejo de un territorio rasgado en dos retazos, sostenidos por un hilo casi invisible. </p>



<p>Dos horas antes se daban a conocer los resultados del preconteo de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, las más reñidas de su historia democrática. El ultraderechista, abogado y autoproclamado <em>outsider, </em><strong>Abelardo de la Espriella</strong>, logra el <strong>49,7% </strong>de los votos frente al <strong>48,7% </strong>del senador y candidato de la izquierda oficialista, Iván Cepeda. La diferencia en el conteo preliminar es de apenas <strong>247.000 votos. </strong>Un país fracturado, dividido en dos pulsiones, en dos modelos de gobernanza antagónicos. “Lo que pone de manifiesto esta campaña es que no hemos logrado reconciliarnos como sociedad,” señalaba Martha Lucía Márquez, directora del centro de investigación Cinep.&nbsp;</p>



<p>En el Royal Center, un centro de conciertos y sede improvisada de la campaña del Pacto Histórico para recibir los resultados, cientos de simpatizantes, activistas, políticos y figuras de la izquierda colombiana van llegando a cuentagotas mientras una gran pantalla anuncia los avances del preconteo. Son varios los que tropiezan en los últimos peldaños de las escaleras, cuando levantan la cabeza del suelo para observar los números. El lugar mantiene la respiración con cada boletín, algunos sacan las calculadoras de sus teléfonos para hacer las matemáticas. Su candidato, Cepeda, acorta distancias, pero no logra ponerse por delante del ultraderechista. Entre respiración y tropezón, los más jóvenes cantan arengas que son replicadas por pocos segundos.</p>



<p>Después, la desazón, las manos en posición de rezo frente a la boca, el brazo por encima del hombro del compañero. “Aquí estamos las madres de La Escombrera”, grita Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. De su cuello cuelga la fotografía de Carol Vanessa, desaparecida en Medellín en 2002. El sueño de ver a su candidato, el humanista, filósofo y defensor de derechos humanos y la paz, entrando en la Casa de Nariño se apaga y aparecen las lágrimas.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg" alt="Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos." class="wp-image-1586236" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. MARINA SARDIÑA</figcaption></figure>



<p>“Estoy preocupada”. Un emoji de un corazón roto. “Tengo miedo”, son los mensajes de WhatsApp que llegan desde las comunidades afro del Pacífico, el Cauca, el Putumayo o las periferias de Bogotá. “Para los firmantes estos diez años no han sido fáciles, existe el riesgo de retroceder en el acuerdo, el riesgo sobre la vida de los que estamos comprometidos con la paz”, narra desde el departamento amazónico de Guaviare, Andrés, uno de los primeros guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desmovilizados durante el Acuerdo de Paz de La Habana, en 2016.&nbsp;</p>



<p>“Tengo una gran preocupación por el exterminio de nuestros bosques, de los pueblos indígenas, de los amazónicos”, escribe Libia, lideresa indígena inka. “<strong>Para las comunidades negras es un retroceso en las luchas y logros que con tanto sacrificio, tantas vidas</strong>, hemos puesto para que haya cambios en este país”, explica Clemencia Carabalí, lideresa afro del norte del Cauca. “Abelardo es un ciudadano que no conoce el país. Él no está en los territorios, él no sabe lo que es vivir en las zonas periféricas. Al no conocer esos contextos difícilmente va a legislar en favor nuestro”, añade.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El mayor número de votos en la historia de la izquierda colombiana&nbsp;</strong></h2>



<p>Antes de las seis y media de la tarde, Iván Cepeda sale a la tarima rodeado de su comitiva y su fórmula presidencial, la mayora indígena, Aída Quilcue, y su compañera, Pilar Rueda. Lleva un papel en la mano, lo desdobla sobre el atril y, antes de leer, con su particular tono sosegado, agradece a todas las comunidades y colectivos que participaron activamente en la campaña de la segunda vuelta, a los más de 12.700.000 votantes –un récord sin precedentes para la izquierda colombiana– y anuncia el reconocimiento del preconteo “como un dato no oficial ni vinculante”. El público corea: “Sí se puede”.</p>



<p>Cepeda <strong>no habla de fraude, pero sí de la impugnación de 33.000 mesas </strong>en todo el país. En su alocución celebró el récord de participación en la jornada electoral, que alcanzó el <strong>63,57%</strong>; poco más de 40 millones de colombianos y colombianas estaban llamados a las urnas. Volvió a hablar de su promesa de campaña, del anhelo por un gran acuerdo nacional y del diálogo: “Estamos dispuestos a la concertación siempre y cuando sea respetuosa”. Agradeció también al movimiento Pacto Histórica, la Alianza por la Vida y, por último, al presidente saliente, Gustavo Petro. “Cepeda presidente”, interrumpen entre el público.&nbsp;</p>



<p>Está vez, sin posar la mirada en el papel, enumeró los avances sociales durante los cuatro años del primer mandato de un dirigente de izquierda en Colombia y reiteró que no dejarán que se retroceda en derechos: “No vamos a permitir, lo decimos con claridad, haciendo uso de la fuerza de la democracia, de la movilización y de la acción política que retrocedan las conquistas sociales”. Terminó lanzando mensajes “serenos” a su oponente <em>El Tigre </em>De la Espriella: “No permitiremos que se destruya la naturaleza. No permitiremos que nos quiten el salario mínimo vital (&#8230;) Porque somos una fuerza decisoria. Vamos al escrutinio. Vamos a la movilización social”.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="757" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg" alt="Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S." class="wp-image-1586278" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-375x253.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-768x519.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1536x1038.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57.jpg 1776w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S.</figcaption></figure>



<p>Citando al presidente chileno <strong>Salvador Allende</strong>, “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, y una proclama sin atisbos de derrotismo: “Viva la revolución de la vida», Cepeda se bajó del escenario. El alarido “Se vive, se siente, Cepeda presidente” se fue diluyendo entre la multitud que, cabizbaja, abandonaba el recinto. </p>



<p>En diversas calles y plazas de Bogotá –y otras ciudades del país– sus seguidores se debatían entre la desazón y la esperanza. “Solicito a todas las abogadas y abogados demócratas para asistir a los escrutinios en toda Colombia,” escribió Petro en su cuenta de X. Respondiendo al llamado, decenas de abogados y cientos de simpatizantes se movilizaron hacia Corferias, el mayor centro de votación para hacer control al escrutinio de los votos. Un cómputo que, como apuntan los analistas, no suele alterar significativamente el resultado del preconteo.&nbsp;</p>



<p>Pero si algo tiene que celebrar la campaña de Cepeda es la movilización de sus electores. Después del fracaso de la primera vuelta, el movimiento “por la vida” se activó precisamente gracias a la sociedad civil progresista: a <strong>las jóvenes <em>k-poper</em>, a los universitarios, a las colectivas feministas y de derechos humanos, a los y las artistas, a las comunidades indígenas, campesinas, afrocolombianas, a miles de voluntarios</strong> que, desde sus quehaceres, habilidades y sentires, se movilizaron masivamente para “remontar en segunda”.&nbsp;</p>



<p>Sin lugar a dudas, esa activación desde la raíz que hace raigambre es el mayor legado de la izquierda reciente en Colombia: la organización desde la sociedad civil por la defensa de todas las formas de vida que habitan el territorio. “Es muy hermoso lo que están haciendo. Estoy muy feliz por todo el apoyo”, decía emocionada un día antes de los comicios Lorena, de 30 años. “Esta campaña es del pueblo”, repetían desde Bosa, una localidad popular de la capital, miembros del colectivo político Creamos. “Gracias a la izquierda aprendí qué es la política. Tengo 55 años, hasta ahora vine a saber lo que es la política”, relataba detrás de su puesto de arepas, Janet, agradeciendo la pedagogía de las colectivas de izquierda.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg" alt="Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. " class="wp-image-1586286" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. M. S.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lejos del centro del país, la ultraderecha abraza el triunfo&nbsp;</strong></h2>



<p>A la espera de los datos oficiales, desde Barranquilla, en la costa Caribe, cientos de seguidores de <em>El Tigre </em>celebran la victoria. Entre música, pirotecnia y figuras de tigres de plástico; vestidos con la camiseta amarilla de la selección de fútbol ondean banderas colombianas –también de Israel–, bailan y alzan la mano imitando el saludo militar al bramido de: “Firmes por la Patria”. En lo alto de un escenario, encerrado en su burbuja anti balística, Abelardo de la Espriella anima el espectáculo más importante de su carrera y se proclama, pese a la ajustada ventaja, presidente: “¡Colombia, aquí está tu presidente!». Antes de que cesen los aplausos y los gritos de la “manada del tigre”, lanza un mensaje al otro espectro: “Petro y Cepeda, abstenerse de desatar un incendio social (&#8230;) respeten la voluntad del pueblo colombiano”, advierte afónico. Agradece a veteranos, reservistas, invita a recitar una “oración patria” y agradece, “más que nada” como cristiano converso, “a Cristo Rey”.&nbsp;</p>



<p>Como en la fábula del lobo con piel de cordero, el líder del movimiento Defensores de la Patria se presenta ante las masas con un tono mucho menos incendiario y violento que en las intervenciones de su campaña. Lejos de sus promesas de terminar con la –fracasada– “paz total” de Petro o la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), su apoyo al <em>fracking </em>y la explotación de los recursos naturales del territorio, de sus recurrentes discursos en los que llamaba a “destripar” y “aniquilar” a la izquierda, de estigmatizar y perseguir a periodistas y críticos; ahora De la Espriella señala que, aquellos que no lo votaron, no tendrán que temer por pensar distinto: “No habrá vencedores ni vencidos. No habrá persecuciones. No habrá enemigos irreconciliables”, tampoco contra la biodiversidad.&nbsp;</p>



<p>El show se pausa para dar espacio a la música y los rugidos de un tigre por los altavoces. Después del baile militar, De la Espriella retoma y alerta directamente a su oponente: “<strong><em>El Tigre </em>todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas</strong> (&#8230;) Podrán ejercer la oposición solo si lo hacen dentro del margen de la ley”. Su conciliación nacional pasa por “refundar la patria” y hacer el “milagro”, como rezan las tres únicas páginas de su programa de gobierno. “La Patria milagro”, como denomina a su proyecto, pasa por acabar –en 90 días– con los cabecillas de los distintos grupos armados que operan en el territorio; la construcción de diez megacárceles de máxima seguridad o recortar en un 40% el Estado, con la ayuda de su vicepresidente, el economista y tecnócrata Juan Manuel Restrepo, exministro de Hacienda durante el gobierno del conservador Iván Duque.</p>



<p>Pese a autodenominarse como un <em>outsider, </em>y si bien nunca ha tenido un cargo público en el Estado, Abelardo de la Espriella cuenta con el apoyo de los políticos tradicionales, como el expresidente derechista Álvaro Uribe Vélez, o el clan de la familia costeña Char, de los que recoge la batuta y los votos. “El primer desafío es formar un gobierno y una coalición legislativa. En su campaña tuvo un discurso que estigmatizaba a la clase política, por lo que no tiene ningún apoyo en el Congreso, pero le va a tocar pactar con esa misma clase política,” apunta el analista político Yann Basset.&nbsp;</p>



<p>El presidente electo de Colombia es, además, ciudadano estadounidense y miembro del Partido Republicano. Por eso, antes de que entrara la noche en Barranquilla, el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, ya lo había reconocido como presidente. Poco después, los líderes conservadores de ultraderecha de la región –modelos a seguir para <em>El Tigre</em>– lo felicitaron. Desde Argentina, Javier Milei, desde Chile, Antonio Kast, desde Brasil, Flávio Bolsonaro, desde Perú, Keiko Fujimori, desde Ecuador, Daniel Noboa, felicitaron al líder de extrema derecha y celebraron la expansión de los movimientos políticos ultraconservadores en la región.&nbsp;</p>



<p>Su victoria es, también, el silbido de los vientos ultraconservadores que se mueven por el continente desde la reelección de Trump. La popularidad del líder colombiano de ultraderecha, una millonaria campaña, y la amnesia colectiva de un pasado cuestionable en el que se codeaba y defendía como abogado a bandidos y paramilitares, o humillaba a víctimas y mujeres, lo alzan como nuevo mandatario de lo que muchos denominan como “<strong>el patio trasero de Estados Unidos</strong>”, especialmente en materia de narcotráfico –y la fallida guerra contra las drogas– y migración.&nbsp;</p>



<p>A menudo, los ingenieros y arquitectos que llegan a Colombia hablan de las dificultades para construir puentes en el país debido a su geografía hostil, a la espina dorsal que atraviesa el mapa: sus tres cordilleras, los Andes, las montañas, los ríos caudalosos que dibujan y alimentan uno de los países más biodiversos del mundo. Es común ver puentes inacabados –también por la corrupción– o desplomados por las dificultades técnicas. </p>



<p>Esa es, quizás, la metáfora que define esta noche a Colombia, y los dos países que habitan un mismo territorio. La polarización no es solo política. Es la desconexión entre territorios, las desigualdades entre clases sociales, y la complejidad de sus brechas que durante décadas han impedido la conciliación con discursos políticos que apelan al miedo al vecino, al hermano, al visitante, al votante contrario. Un país que no construye puentes, porque sus tierras fértiles están constantemente en ebullición por los que no entienden que la gobernanza es por todas las formas de vida.</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Actualización: 16h</em></p>
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		<title>“El periodismo de calidad no es patrimonio de las grandes cabeceras”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/premio-investigacion-la-marea/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 09:54:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[el confidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Gestlife]]></category>
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		<category><![CDATA[Magda Bandera]]></category>
		<category><![CDATA[Marco Dalla Stella]]></category>
		<category><![CDATA[Patricia Simón]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo de investigación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>'La Marea' recibe el Premio Nacional de Periodismo de Investigación 'El Confidencial' por sus reportajes sobre la gestación subrogada en España. Durante la entrega de los galardones, el director de 'El Confidencial', Nacho Cardero, destacó que "lo que tienen en común [los premiados] no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron".</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>“El periodismo de investigación es el más necesario. También es <strong>el más caro, el más lento y el más incómodo de todos los géneros periodísticos”</strong>, afirmó Nacho Cardero, director de <em>El Confidencial,</em> durante la gala de entrega de los primeros Premios de Investigación creados por este medio con motivo de su 25 aniversario el pasado martes en Madrid.&nbsp;</p>



<p>El <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/11/la-marea-premio-nacional-investigacion/">Premio Nacional</a> ha sido concedido a <em>La Marea</em> por su investigación sobre la gestación subrogada. En concreto, por la serie de reportajes de <strong>Marco Dalla Stella, Patricia Simón y Magda Bandera</strong> centrados en las agencias que se dedican a este negocio en España.</p>



<p>El galardón Internacional es para <em><strong>Aristegui Noticias</strong>,</em> el medio mexicano que ha publicado los Televisa Leaks. La tercera categoría, el Premio Trayectoria, es para <strong>Dean J. Baquet,</strong> exdirector de <em>The New York Times</em>, bajo cuyo mandato se desveló la injerencia de Rusia en las elecciones de EE. UU., y las agresiones sexuales cometidas por el productor cinematográfico Harvey Weinstein, entre otras investigaciones de gran impacto.</p>


<h2>«La obligación de publicar»</h2>


<p>Durante su intervención, Cardero subrayó que el periodismo de investigación “es una decisión, una decisión que se toma cada vez que un periodista sigue adelante<strong> sabiendo que va a incomodar, que va a recibir presiones, que va a quedarse solo durante algún tramo del camino </strong>y que, aun así, tiene la obligación de publicar».</p>



<p>En este sentido, el jurado ha destacado que <em>La Marea</em> “demuestra que <strong>el periodismo de calidad</strong> no es patrimonio de las grandes cabeceras, sino una elección que se ejerce cada día desde la vocación, la autonomía y el compromiso con el interés público”, resaltaron los miembros del jurado al conceder por unanimidad el premio a este medio.&nbsp;</p>



<p>La misma idea remarcó Nacho Cardero durante la entrega de los galardones: «<strong>Lo que tienen en común [los premiados]&nbsp;no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron».</strong></p>



<p>Los miembros del jurado, que han concedido <strong>por unanimidad el Premio Nacional, </strong>son Antonio Rubio, Marta Sánchez Esparza, Edith Rodríguez y Tomás Ocaña, y Miguel Ángel Gavilanes como secretario. En su argumentación, han destacado que la serie de reportajes premiada se trata de “un trabajo de indudable interés público en el que confluyen la salud, la maternidad, los derechos de las mujeres y los límites éticos de las técnicas reproductivas”.&nbsp;</p>


<h2>“Información verificada, contrastada y documentada»</h2>


<p>El jurado ha valorado especialmente que la investigación de <em>La Marea</em> se sustenta en “información verificada, contrastada y documentada, en la práctica constante de la diligencia informativa y en la combinación rigurosa de fuentes”. También resaltan que el medio se conforma como una cooperativa, “una estructura que es <strong>garantía de su independencia</strong>”.</p>



<p>Los premios de <em>El Confidencial</em>, medio que se autodefine como <strong>«el diario de los lectores influyentes”</strong>, fueron entregados por los reyes en una gala que se celebró en el Marandin Oriental Ritz. Entre los asistentes, se encontraban la ministra de Defensa, Margarita Robles; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; el líder del Partido Popular, Alberto Feijóo, y varios presidentes autonómicos de su formación; empresarios como Ana Patricia Botín; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; directores de medios de comunicación como Pedro J. Ramírez e Ignacio Escolar; y expolíticos como Ana Botella y Felipe González.</p>



<p>La artista <a href="https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/lita-cabellut-convierte-el-periodismo-de-investigaci%C3%B3n-en-una-pieza-art%C3%ADstica/ar-AA25qOFs?ocid=BingNewsSerp">Lita Cabellut </a>es la autora de las estatuas que se entregaron a los premiados.</p>



<p></p>
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		<title>Silvia Bezos: “La vida laboral de la clase trabajadora es muy repetitiva y claustrofóbica”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/silvia-bezos-clase/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Madrid]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[clase trabajadora]]></category>
		<category><![CDATA[cómic]]></category>
		<category><![CDATA[Silvia Bezos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La autora del cómic 'Manos de pobre' eligió el metro para que su protagonista meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Los trayectos en Metro, aunque muchas veces asfixiantes, pueden ser un lugar perfecto para la reflexión. Más si el tema sobre el que se da vueltas tiene que ver con la clase. <strong>Silvia Bezos </strong>eligió este transporte para que la protagonista de <em><strong><a href="https://www.aristasmartinez.com/producto/manos-de-pobre">Manos de pobre</a></strong>, </em>cómic que se hizo con el Premio PANG de la editorial Aristas Martínez, meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>



<p>Unas reflexiones que la autora contrasta con ilustraciones muy coloridas, referencias pop y mucho humor para que, según la propia Silvia Bezos, no la acusen de “intensita”. Hablamos con ella sobre todas estas ideas y sobre por qué, después de hacer el cómic, ha llegado a la conclusión de que no quiere cambiar de clase.</p>



<p><strong>¿Las manos de pobre, por más que queramos, siempre van a ser reconocibles?</strong></p>



<p>Una conclusión a la que he llegado después de hacer el cómic es que cuando intentamos disimular, tener ese <em>passing</em> de clase media, podemos lograrlo en algún aspecto. Algunos podrán conseguir una casa mejor, otros vestirán como la clase alta y otros pondrán todo su empeño en el plano intelectual, pero en otros sentidos se les va a notar. Al final siempre se vislumbra. Creo que es imposible en todos los puntos llegar al mismo lugar.</p>


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<figure class="alignright size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="557" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp" alt="" class="wp-image-1578656" style="aspect-ratio:0.7360994220950458" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp 410w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg-375x509.webp 375w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>
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<p><strong>Sobre todo si se trabaja seis días a la semana, como le pasa a la protagonista. ¿Se pueden tener otras manos con esta realidad?</strong></p>



<p>El esfuerzo que tiene que hacer una persona que trabaja tanto para alcanzar los mismos lugares que una que viene de lugares privilegiados es enorme. Algo que acaba llevando a una serie de consecuencias tanto físicas como mentales o en el tiempo que le queda para no hacer nada. Esto lo vemos en las personas que estudian mientras trabajan: ¿Cuánto esfuerzo le supone aprobar en comparación con su compañero que no tiene otra cosa que hacer?</p>



<p><strong>Quizá donde más reconocible sea encontrar esas manos es en el Metro. ¿Por eso decidiste ubicar la obra allí?</strong></p>



<p>El Metro es un lugar muy de clase obrera. Que haya gente que no lo ha cogido en su vida es algo que a las personas de a pie nos deja locas. También porque es muy repetitivo y claustrofóbico, como la vida laboral de las personas de clase trabajadora.&nbsp;</p>



<p><strong>La novela gráfica es una especie de ensayo en el que muestras cómo la clase nos atraviesa en todos los ámbitos de nuestra vida. Incluso en el modo en que nos comportamos o en cómo nos expresamos.</strong></p>



<p>Esto depende un poco de cuáles sean tus ambiciones. Pero algo que parece obvio, es decir, que una persona que venga de clase obrera se vaya a expresar peor, Brigitte Vasallo lo desmonta en su libro de <em>Lenguaje exclusivo y exclusión de clase</em>. Ella dice que las personas que vienen de clase baja, cuando están en público o en lugares de gente de estratos más altos, sobreproducen el lenguaje. Entonces tienes los dos extremos: los que se expresan peor y los que tienden a hacerlo con muchísima complejidad. Esto último, aunque no lo parezca, también señala de dónde vienes.</p>



<p><strong>Podemos pensar que la clase tiene que ver sobre todo con la riqueza, pero hay otros muchos capitales que influyen. Como el cultural.</strong></p>



<p>A mí esto fue lo primero que me obsesionó, porque es lo que más me importa. El resto de cosas que acompañan el venir de estratos sociales altos me dan más igual. Pero yo recuerdo pensar de pequeña: ¿Por qué una compañera sabía ciertas cosas si no las habíamos dado en clase? Ese capital cultural en mi opinión es el más difícil de alcanzar. Tanto, que en este punto nos llevan mucha ventaja y tienes que poner mucho empeño para alcanzarlo.&nbsp;</p>



<p>En el cómic esto lo muestro a través una carrera de relevos generacional. Algo que estoy viviendo ahora con mi hija. Pienso en cómo educarla en este aspecto porque no he tenido referentes. Y me pregunto qué hacen estas personas para que a sus hijos de 18 años sean cultísimos. Algo que creo que no depende del colegio al que se va, sino de lo que pasa en casa. El problema es que es más fácil copiar las conductas exteriores que las domésticas. La clase tiene que ver mucho con cómo te comportas ahí. Y con lo cultural pasa mucho eso.</p>



<p><strong>¿Por ello es tan complicado cambiar de estatus social?</strong></p>



<p>Uno de los motivos por los que nos intentan convencer de que sí se puede es por esto: porque es casi imposible. Hubo un momento en el que el ascensor social sí que funcionaba más, pero ahora está muy estropeado. Para vivir medianamente bien tenemos que hacer esfuerzos muy grandes y, aun así, mucha gente ni siquiera mejora. Ellos nos venden que es posible de manera individual, pero es al revés: solo lo conseguiremos de manera colectiva.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Si nos intentan convencer de que se puede cambiar de clase es porque es casi imposible»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Una serie de reflexiones casi ensayísticas que entran en contraste con las ilustraciones coloridas y pop. ¿Por qué quisiste hacerlo así?</strong></p>



<p>Siempre he tenido miedo de que me acusen de intensa en la vida, por eso me he adaptado así al miedo. Compenso la intensidad con el chiste y el colorido. No ha sido nada meditado.</p>



<p><strong>También hay mucho humor. Aquí hasta los perros reflexionan con la protagonista.</strong></p>



<p>Tenía muchas ganas de hacer un cómic, pero a la vez me daba miedo. Me apunté en 2020 a un curso de novela gráfica que fue genial y me animó un montón. En él, uno de los consejos que me dieron fue que tenía que intentar que el lector no acabara odiando a la protagonista. Me pareció interesante introducir personajes que apuntillaran o expresaran lo que ella no dice, para que no fuera la protagonista la que cargara con todo el discurso. Y si podían ser graciosos, como un perro, mejor.</p>



<p><strong>En la contraportada de </strong><strong><em>Manos de pobre</em></strong><strong> la protagonista deja la conclusión de que en la obra ha encontrado todas las excusas para explicar por qué no está forrada a su edad.</strong></p>



<p>Una cosa que hace este cómic más llevadero es que se ríe bastante de la protagonista. No es un discurso súper aleccionador, sino que se mofa de ella y de todos los que tenemos pensamientos del estilo. Yo, después de hacer le cómic, he llegado a la conclusión de que no quiero cambiar de clase. Lo que quiero es vivir con dignidad, tener tiempo libre, salud y educación a mi alcance. </p>



<p>Igualmente, en la obra hago la reflexión de que esta gente está fatal. Ellos tienen problemas de salud mental –diferentes de los de la clase trabajadora– que tienen que ver con una excesiva contención en la vida. Si eso es a lo que aspiramos, yo paso. También pierden capacidad de empatía y contacto con la realidad y lo humano. Yo solamente quiero y deseo dignidad para la gente. Se me ha pasado la idealización de los privilegios de clase durante todas estas reflexiones.</p>
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		<title>Tareq Baconi: “Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente, y nunca ha sido tan débil”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/tareq-baconi/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Analista durante años en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la Journal of Palestine Studies. </p>
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]]></description>
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<p>Tareq Baconi nació en Ammán, nieto de una familia palestina desplazada de Haifa en la Nakba de 1948, y lleva dos décadas intentando explicar lo que buena parte de la prensa occidental despacha con la palabra «terrorismo». Analista durante años para Israel/Palestina en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la <em>Journal of Palestine Studies</em>.&nbsp;</p>



<p>Publicó originalmente en 2018 una historia del movimiento construida a partir de entrevistas con sus dirigentes y de sus propios documentos internos, que describía la relación entre Hamás e Israel como un «equilibrio violento» sostenido durante dieciséis años hasta que estalló el 7 de octubre de 2023. Capitán Swing lo publicó en castellano en 2024 como <em>Hamás: auge y pacificación de la resistencia palestina</em>, con un nuevo prólogo escrito tras el atentado de Hamás el 7 de octubre y el inicio del genocidio en Gaza.&nbsp;</p>



<p>Hablamos con él del papel de España, el Reino Unido y la Unión Europea en la crisis actual, de las grietas que el genocidio ha abierto entre Israel y su principal patrón, y de la función estructural que, a su juicio, cumple Hamás dentro del proyecto colonial israelí. «Esto es una guerra israelí», dice sobre la escalada contra Irán, «no una guerra americana».</p>



<p><strong>¿Si tuvieras que escribir hoy ese prólogo de 2024, lo cambiarías?</strong></p>



<p>Nada, la verdad. Me preguntaba lo mismo hace un momento y me puso algo nervioso. Pero lo he releído hace poco y no cambiaría una palabra. En ese prólogo no ofrecía respuestas cerradas, dejaba las preguntas abiertas. Y las preguntas que tenía en 2024 son exactamente las que tengo hoy. Hay procesos históricos que todavía no han terminado de mostrar su forma final, y fingir lo contrario sería hacerle trampa al lector.</p>



<p><strong>El Reino Unido diseñó hace un siglo el marco colonial para Palestina con funestas consecuencias que se han ido encadenando a lo largo tiempo, y hoy, sin embargo parece ser el gran ausente del debate internacional.</strong></p>



<p>Que ojalá fuera solo ausencia: su participación es negativa. La semana pasada el Estado llevó a juicio a cuatro activistas de <em>Palestine Action</em> combinando cargos penales con cargos de terrorismo, algo que ni siquiera coincidía con lo que estaba juzgando el jurado. El Laborismo, que debería ser un partido de izquierdas, mantiene en Palestina una posición tan sionista como la de los conservadores, heredada de una historia que incluye el uso de la acusación de antisemitismo contra Jeremy Corbyn.&nbsp;</p>



<p>Hoy, defender a Palestina desde la izquierda británica se lee como recortar la libertad de expresión, perseguir el activismo y equiparar antisionismo con antisemitismo. Y la distancia con la sociedad no para de crecer: hay un apoyo popular fuerte, tradicionalmente más entre la gente mayor, y ahora una generación joven volcada tras el genocidio. Yo vivo en Londres. En las últimas elecciones, escaños históricos del Labour cayeron ante los Verdes, y Palestina fue una de las tres razones principales. En Alemania pasa lo mismo.</p>



<p><strong>España aparece en el debate internacional como una de las pocas voces europeas dispuestas a romper el consenso atlantista. ¿Cómo se percibe desde fuera del país?</strong></p>



<p>En términos muy favorables, en los dos niveles: hay un apoyo popular amplio a la causa palestina, pero también medidas prácticas de gobierno, restricciones a la venta de armas, posiciones activas en los foros de derecho internacional. España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel. La movilización del Sur global, sobre todo a través del Grupo de La Haya, ha sido clave para frenar las políticas del Norte global que erosionan el derecho internacional, y que España actúe así desde dentro del Norte global la convierte en un actor decisivo. Países como España o Irlanda no protegen a los palestinos por amor: protegen una obligación jurídica que el resto de sus pares está incumpliendo, porque firmar la Convención del Genocidio implica el deber de prevenirlo. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>¿Tiene la Unión Europea capacidad real de influir en el conflicto, o las divisiones internas la han vuelto irrelevante?</strong></p>



<p>Tiene un potencial enorme y lo está desperdiciando. Hay acuerdos preferenciales con Israel, hay un proyecto conjunto de investigación, el Horizon, hay cooperación militar: todo eso da palancas reales para acabar con la impunidad. Pero las exportaciones de armas israelíes a Europa no han dejado de crecer, y alcanzaron su pico en 2024 porque son armas ya probadas en el campo de batalla, lo que las hace más rentables. Mientras un país como España se planta, los socios decisivos, Alemania, Francia, el Reino Unido, siguen alineados con Israel. Esa combinación convierte a la UE en un actor incapaz de sostener una política común sobre Palestina.</p>



<p><strong>Tras la guerra entre Israel e Irán, ¿qué panorama regional queda para Hamás? ¿Se ha quedado sin patrones, como le pasó a la OLP cuando Arafat salió de Beirut en 1982?</strong></p>



<p>Hamás siempre ha sido hábil jugando con distintos patrones regionales, incluso enfrentados entre sí, de Arabia Saudí a Siria o Egipto. Hoy pasan dos cosas a la vez. La infraestructura material, el apoyo financiero y militar iraní, y el acceso a Gaza a través de Siria y Líbano, se ha visto golpeada por la agresión regional israelí. Pero, al mismo tiempo, Irán ha salido de esta guerra como un actor estratégico más fuerte que hace un año: la ofensiva israelí-estadounidense ha demostrado a los países del Golfo que la inseguridad regional no la provoca Irán, sino la soberbia israelí. Militarmente, Hamás sigue presente en Gaza, controla parte del territorio, conserva sus armas, y su oficina política sigue en Catar con acceso directo a Teherán. No creo que sea una historia completamente negativa para ellos.</p>



<p><strong>¿Y a Israel? ¿Cómo le afecta el inicio de acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos?</strong></p>



<p>Creo que Irán ha sido el único actor verdaderamente estratégico del último año. El conflicto ha sido una derrota estratégica para Estados Unidos: una guerra irracional, sin interés propio, solo el de Israel, y ahora se negocian sobre cosas que ni estaban en la mesa al empezar, como el estrecho de Ormuz. Esta tregua es un golpe duro para la doctrina israelí de guerra permanente, por eso Israel ha intentado sabotearla atacando Líbano estos últimos días. Mi previsión es que seguirá usando el enriquecimiento de uranio como excusa para mantener a Irán como amenaza. Pero, mientras dure la tregua, va a concentrar su violencia en Líbano.</p>



<p><strong>Hay conversaciones filtradas de Netanyahu donde reconoce que financiar indirectamente a Hamás le convenía. ¿Hasta qué punto su existencia es funcional al proyecto expansionista israelí?</strong></p>



<p>Que Hamás todavía conserve capacidad militar no debería sorprender a quien estudie guerra de guerrillas: son armas baratas, muchas reconvertidas de armamento israelí, y ningún ejército convencional puede aniquilar del todo una guerrilla incrustada en su propia población sin cometer un genocidio. Dicho esto, sí, le beneficia: cualquier gobierno israelí necesita convertir la relación con Palestina en una cuestión de seguridad, y cualquier arma palestina refuerza ese lenguaje de terrorismo. </p>



<p>Esto tiene historia: Israel dio licencia a los Hermanos Musulmanes en Palestina porque los creía centrados en la islamización social, no en lo militar, y porque sabía que una corriente islamista debilitaría el nacionalismo secular de la OLP. Cuando se transformaron en Hamás y empezaron las operaciones militares, ese apoyo financiero se cortó, pero la lógica de fondo, dividir a los palestinos entre sí, se mantuvo: cada vez que Fatah y Hamás intentaron un gobierno de unidad, cualquier gobierno israelí trabajó para sabotearlo.</p>



<p><strong>¿Calculó Hamás las consecuencias del 7 de octubre, o fue una apuesta a ciegas?</strong></p>



<p>Es imposible saber qué imaginaba Hamás. Sí sé que partía de varias hipótesis, y algunas se han demostrado falsas: que un golpe contra el bloqueo devolvería Palestina a la agenda internacional, que forzaría a los países árabes a revisar los Acuerdos de Abraham, y que el pueblo palestino se levantaría en toda la Palestina histórica frente a la represalia israelí. Subestimó la fragmentación palestina: ni en el 1948 ni en Cisjordania hubo levantamiento; los países árabes tampoco se movieron, solo Irán y Hezbolá. El mayor error de cálculo fue pensar que la comunidad internacional pondría un límite a Israel. Pero el 7 de octubre también ha roto, creo que de forma irreversible, la idea de que el sionismo podía ofrecer un refugio seguro a los judíos en Palestina sin resolver la cuestión palestina, y nos ha devuelto al lenguaje de la Nakba y la colonización. No sé si esto es lo que Hamás imaginaba, pero es lo que ha conseguido.</p>



<p><strong>¿Cómo ha afectado la destrucción de Gaza al respaldo social a Hamás?</strong></p>



<p>Es de las preguntas más difíciles de responder, por el bloqueo informativo y la falta de acceso de la prensa extranjera. Pero hay un espectro amplio. Una parte de la población culpa a Hamás de no haber calculado bien y de no haber protegido a la gente de la respuesta israelí; para ese sector, han provocado una segunda Nakba, multiplicada. Otra parte sigue defendiendo la resistencia: Hamás no tenía alternativa, dicen, llevábamos dieciséis años bajo bloqueo, los países árabes normalizaban con Israel, el mundo se olvidaba de Gaza, y al menos esto sacudió a la comunidad internacional. </p>



<p>Lo más triste no es solo esa fragmentación, que ya existía antes; es que el genocidio ha hecho que los palestinos de Gaza se vean ahora como una categoría aparte dentro de la palestinidad, gente que dice que nadie ha entendido lo que es un genocidio si no estuvo en Gaza. Esa sensación de excepcionalidad ha hecho la fragmentación todavía más severa.</p>



<p><strong>En Estados Unidos se habla cada vez más del rol de AIPAC -el lobby sionista–, pero también de los republicanos que repiten cómo el apoyo a la política genocida de Netanyahu es incompatible con el «America First» de Trump. ¿Se están rompiendo los vínculos entre Washington y Tel Aviv?</strong></p>



<p>Sí, totalmente. Todo lo que Israel ha hecho desde el 7 de octubre ha terminado reforzando esa fractura, convirtiéndola en una paradoja real. Nunca ha sido militarmente tan fuerte, habiendo desmantelado la infraestructura de resistencia en toda la región, y a la vez nunca ha sido tan débil, porque ese sobre-esfuerzo ha dañado su relación con su principal patrón. El Partido Demócrata, sobre todo su generación joven, se ha alejado de Israel; que Kamala Harris perdiera, que Zohran Mamdani ganara en Nueva York, son señales de ese giro. </p>



<p>Y en el campo republicano, en el universo MAGA, ya hay fractura entre «America First» e «Israel First»: cuando Tucker Carlson o Marjorie Taylor Greene dicen que esto es un genocidio, que por qué Estados Unidos apoya a Israel, es una pregunta que cualquier político debería hacerse, pero que venga de la derecha republicana ha reconfigurado el sistema político americano. Esta guerra contra Irán es el ejemplo perfecto: es una guerra israelí, no una guerra americana, y eso empieza a verse.</p>



<p><strong>Sobre el papel hay un alto el fuego y un plan de paz en Gaza. ¿Qué está pasando realmente sobre el terreno?</strong></p>



<p>Que no hay ni alto el fuego ni plan de paz. El acuerdo se negoció como todos los anteriores desde 2007: por fases. La fase uno era el cese de hostilidades, la liberación de los rehenes por parte de Hamás, la entrada de ayuda humanitaria y la retirada israelí; solo después se negociarían la fase dos y la tres. Hamás sabía, como todo el mundo que ha seguido estas negociaciones, que la fase uno se quedaría congelada, pero pidió garantías a la Administración Trump, respaldadas por Catar y Egipto, de que, si liberaba a todos los rehenes, su mejor baza, Israel permitiría la ayuda y empezaría a retirarse. Esa garantía no se ha cumplido. En lugar de eso, ahora se habla solo del desarme de Hamás, una condición que ni siquiera estaba en la fase uno. Mientras se negocia ese imposible, Israel ha pasado de controlar el 53% de Gaza a un 60%, con la intención declarada de llegar al 70%; hay una política de disparar a quien cruce la línea amarilla, y se arma a bandas palestinas para generar caos. No estamos en un alto el fuego: estamos ante la continuación del genocidio por medios burocráticos.</p>



<p><strong>El Gobierno español y otros gobiernos europeos siguen invocando la solución de dos Estados. ¿Le queda algún sentido?</strong></p>



<p>Yo nunca he creído que fuera posible, y hoy menos. Ese lenguaje diplomático sirve, en la práctica, para mantener el <em>statu quo</em>: Israel sigue existiendo como Estado soberano y aplazamos indefinidamente la estatalidad palestina. Da igual si un gobierno cree o no en los dos Estados: lo único que debería estar haciendo ahora es parar el genocidio y exigir responsabilidades. Hablar de relanzar un proceso diplomático mientras quien dirige Israel está reclamado por la Corte Penal Internacional es aceptar que puede actuar con total impunidad y seguir teniendo acceso diplomático pleno. Cualquier solución, de uno, dos o tres Estados, solo puede empezar por ahí: parar el genocidio y rendir cuentas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Yo nunca he creído en la solución de dos Estados, y hoy menos».</strong></h2>



<p><strong>Ya hay rabinos sionistas hablando de Turquía como el próximo gran frente. ¿Qué papel le ves?</strong></p>



<p>Israel es un proyecto colonial de asentamiento cuya razón de ser es expandirse y mantenerse como potencia militar hegemónica de la región: ningún vecino puede tener superioridad militar sobre Israel, ese ha sido el límite que Washington garantizaba en cualquier acuerdo bilateral. Irán cumple esa función de enemigo perfecto, islámico, con lenguaje nuclear de fondo. Si Irán deja de representar una amenaza, el candidato natural es Turquía, la otra potencia regional, y todo el repertorio retórico que usan contra Irán es perfectamente aplicable: país islámico, amenaza existencial. De momento Israel sigue fijado en Irán, que ha salido reforzado de esta guerra, así que no creo que el frente turco se active de inmediato. Pero desde Turquía la lectura también ha cambiado: durante años jugaron a ser enemigos sin serlo del todo, con buenas relaciones militares hasta este genocidio, y ese juego ya no es sostenible.</p>



<p><strong>¿Cómo describirías hoy el respaldo de la sociedad israelí al gobierno de Netanyahu?</strong></p>



<p>Hay que separar dos cosas. El apoyo a lo que ellos no llaman genocidio sino guerra en Gaza es casi unánime, más del 90%. Las grietas aparecen con Líbano e Irán: hay más oposición a la guerra en Líbano, mientras que la guerra contra Irán también goza de apoyo casi unánime. El desacuerdo es sobre las decisiones estratégicas de Netanyahu: desde la izquierda se le acusa de un error estratégico en Líbano, desde la derecha de no haber sido suficientemente contundente. Esta tregua con Irán le va a costar caro: se vendió la guerra como el fin del programa nuclear iraní, y el régimen iraní nunca ha sido tan fuerte como ahora. Israel no ha conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos. Habrá que ver qué pasa en las elecciones, pero creo que esto se le va a echar en cara.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/20/tareq-baconi/">Tareq Baconi: “Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente, y nunca ha sido tan débil”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Simón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[estado colombiano]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[narcoparamilitares]]></category>
		<category><![CDATA[novela gráfica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jaime Garzón, humorista, periodista y abogado colombiano, fue asesinado en 1999 por narcoparamilitares, en alianza con agentes del Estado colombiano. Con la novela gráfica 'Yo no quiero morir' (Astiberri, 2026), su hermano Alfredo Garzón y la escritora Verónica Ochoa cumplen con su deseo de no ser borrado de la Historia, reivindicándolo como un icono de la defensa de los derechos humanos en Colombia. El epílogo es de la periodista Patricia Simón.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Epílogo de <a href="https://www.astiberri.com/products/yo-quiero-no-morir">&#8216;Yo quiero no morir&#8217; (Astiberri, 2026)</a>, escrito por la periodista Patricia Simón.</strong></em></p>



<p>Conocí a Jaime Garzón en 2006. Hacía siete años desde que lo habían asesinado y, sin embargo, me salía al paso en algunos de los rincones más aislados y abandonados por el Estado colombiano. En la selva profunda del Chocó, en pequeñas veredas del Cauca, en las carreteras de la Antioquia más recóndita, su rostro me miraba desde muros y carteles. En medio de la violenta oscuridad que sacudía el país en aquellos tiempos, <strong>su sonrisa ancha era un símbolo de la hospitalidad</strong> que, pese a todo, seguía desprendiendo el pueblo colombiano.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578493" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>En aquellos años, el gran problema del periodismo en España era una precariedad en la que muchos se escudaban para traicionar nuestra función pública y venderse a la manipulación, la propaganda, la espectacularización y la propagación del odio. En Colombia aprendí que allí, como en buena parte de los países más azotados por la guerra, <strong>quienes deciden ejercer este oficio con honestidad e independencia lo hacen a sabiendas de que pueden ser asesinados</strong> por cumplir con su deber deontológico. Periodistas reconocidos y anónimos que compartieron conmigo sus contactos y conocimientos para que pudiese llegar a las veredas más recónditas y entrevistar a los supervivientes de las masacres paramilitares, a las madres de los llamados “falsos positivos” –civiles asesinados por el Ejército para presentarlos como bajas en combate–, a los líderes comunitarios amenazados por las guerrillas, a las maestras y sindicalistas asediados por todos los actores armados, al campesinado desplazado forzosamente para construir macroproyectos de multinacionales europeas, canadienses y estadounidenses. Y en muchos de esos lugares me encontraba con grafitis en los que con unos cuantos trazos –las gafas redondas, el pelo acaracolado–bastaba para reconocer a quien ya era un <strong>icono de la decencia y de la defensa de los derechos humanos: Jaime Garzón.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578497" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Recuerdo el impacto que me produjo la admiración con la que me hablaban de él periodistas que, poco después de conocerlos, ya se habían convertido para mí en maestros de lo que debe ser este oficio y de lo que una nunca debe olvidar. Compañeros que me enseñaron a no perder de vista el retrovisor por si nos seguía algún coche o moto, a no abrir la puerta a nadie que llevase el casco puesto porque habían perdido a muchos colegas ejecutados tras abrir a supuestos repartidores, a que siempre había que tener una habitación preparada para esconder a quienes llegaban huían de las amenazas&#8230; Todos ellos compartían una devoción por la figura de Garzón que también me transmitieron mis amigos y amigas defensoras de los derechos humanos, académicas, lideresas sociales, dramaturgas, pintores&#8230;&nbsp;Personas que siguen siendo hoy mis <strong>referentes éticos y humanistas</strong> se esforzaban por explicarme la influencia social de una figura que yo no terminaba de entender, probablemente, porque no había conocido nada igual hasta entonces. Tuve que ir desentrañando la figura de Jaime Garzón para comprender por qué se había convertido en una de las más escuchadas, respetadas y queridas por la mayoría social de Colombia. Y, también, en una de las más odiadas por una minoría, aquella que nunca ha dudado en usar la violencia para preservar su poder, privilegios, supremacismo y concentración de la riqueza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="825" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg" alt="Potada de 'Yo no quiero morir' (Astiberri)." class="wp-image-1576096" style="aspect-ratio:0.7366131577934326;width:332px;height:auto" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg 825w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-375x509.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-768x1042.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1132x1536.jpg 1132w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1509x2048.jpg 1509w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-scaled.jpg 1886w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption class="wp-element-caption">Portada de la novela gráfica <em>Yo quiero no morir</em> (Astiberri, 2026).</figcaption></figure>
</div>


<p>Así fui sabiendo que Jaime Garzón había sido un hombre bueno que había estudiado varias carreras movido por la curiosidad y la pasión por entender el mundo; un hombre valiente que se había implicado en la política institucional para defender la vida desde los territorios más ninguneados por el Estado en un país en el que eso se castiga con la muerte; un hombre heterodoxo que sustituyó el marxismo por el “grouchomarxismo” cuando las guerrillas se empezaron a parecer a sus antagonistas; un hombre sabio que se había dado cuenta de que el humor es la forma más elevada y transformadora de la inteligencia; un hombre erudito que había volcado su talento en <strong>desnudar el negocio de la guerra y a sus mercaderes en los medios de comunicación</strong> –los mismos que, mayoritariamente, estaban y están al servicio de la oligarquía que se blinda reproduciendo la violencia–; un hombre valiente que se dedicó a mediar con las guerrillas para la liberación de más de cien personas secuestradas; un hombre alegre, divertido y disfrutón que amaba tanto la belleza de la vida que consagró la suya a conseguir que una vida que merezca ser vivida fuese un derecho universal.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578503" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Y así fue como, conociendo la trayectoria y la personalidad de Jaime Garzón, fui también entendiendo mejor la historia e idiosincrasia de <strong>Colombia: un país compuesto, mayoritariamente, por hombres y mujeres buenos, generosos, <em>verracos</em> y bellos en su sentido ético y estético</strong>; personas que han respondido a décadas de guerra, expolio, barbarie y dolor construyendo el tejido asociativo, cívico y de defensa de los derechos humanos más potente, imbricado y vanguardista del mundo; gente pobre que tras sobrevivir a las peores atrocidades se convirtieron, <em>de facto,</em> en juristas, comunicadores, activistas para defender su dignidad en alianza con profesionales extraordinarios de todos los ámbitos que anteponen el bien común a su bienestar; un pueblo que coopera vereda por vereda, ciudad por ciudad, departamento por departamento, para llevar su lucha contra la impunidad hasta las más altas instancias de justicia internacional; una sociedad que sumida en el horror ha sido capaz de aportar contribuciones vanguardistas y cruciales al terreno del derecho internacional y de la construcción de paz. Una excelencia y excepcionalidad las del pueblo colombiano de las que Jaime Garzón es uno de sus embajadores más universales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando “las palabras no alcanzan”</h2>



<p>Quienes nos dedicamos a intentar entender los peores contextos para explicarlos después convivimos con la angustia permanente de que “las palabras no alcanzan” para nombrar lo inenarrable, como escriben <strong>Alfredo Garzón y Verónica Ochoa</strong> en su magistral obra <em><strong>Garzón. El duelo imposible.</strong> </em>Pero les aseguro que esta novela gráfica no solo logra <strong>recoger, evocar, explicar y mostrar la complejidad y brutalidad de la historia reciente de Colombia</strong>, sino también lo más valioso, difícil y extraordinario: el ingente <strong>esfuerzo de buena parte de su sociedad por transitar a un país justo</strong>, seguro, respetuoso, dialogante, pacífico, incluyente, boyante y orgulloso de su diversidad. Y, desgraciadamente, el alto coste en vidas, destierros y tristeza que ha pagado por la osadía de pretender redistribuir su tierra y recursos, juzgar a los dirigentes y empresarios que ordenaron –y ordenan– los crímenes, señalar a colaboradores tan poderosos como el Estado de Israel o las transnacionales del Norte Global, y a los medios de comunicación que legitiman y presentan la violencia como un fenómeno natural, imprevisible, inevitable, sin responsables ni beneficiarios. Sin el trabajo sucio de una prensa corrompida, el negocio de la guerra se hundiría porque no habría pueblo que lo apoyase. Por ello, algún día, también deberían ser juzgados sus consejos de administración.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578507" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Pero, frente a su inmundicia, también hubo y hay quienes no se pliegan. Y <em>Garzón. El duelo imposible</em> también los honra. Como al director de <em>El Espectador</em> Guillermo Cano, asesinado en 1986 por denunciar el fenómeno del paramilitarismo y sus vínculos con el Estado. <strong>“No vendemos, no hipotecamos, no cedemos nuestra conciencia ni nuestra dignidad a cambio de un puñado de billetes”, dejó escrito.</strong> Unas palabras que deberían estar impresas en todas las redacciones del mundo.</p>



<p>En este libro, su coautor y coprotagonista Alfredo Garzón, hermano de Jaime, encarna en lo que convierte la guerra a aquellos que sobreviven a la pérdida de sus seres queridos: personas en “diálogo constante con el asesinado”, como escribe sobre sí mismo. “Para mí, el asesinato de Jaime no es un hecho del pasado. Cada día sin justicia es un día más en que Jaime es asesinado. Un día más en que los asesinos vencen”, explica, resumiendo así la violencia que esta impunidad inflige a las víctimas.</p>



<p>Colombia es un país “de cementerios llenos de personas a las que se les ha negado la palabra”. Este libro se la devuelve, convirtiéndola en un alegato por el diálogo como antídoto frente a la violencia. Un acto de justicia para quienes siguen sin recibirla. Pero esta obra llega mucho más allá: construye cultura de paz al resucitar a todos esos hombres y mujeres que intentaron parir un mundo mejor para que puedan estudiarse en todas las escuelas e institutos del mundo, referentes con los que enseñar a los niños, niñas y adolescentes que no hay forma más ética, legítima, enriquecedora, apasionante y digna de estar en el mundo que defendiendo los derechos humanos, que no hay otra forma de impedir que la internacional del odio que recorre el planeta imponga un orden del miedo y la crueldad, que no podemos permitir que hagan lo que ya hicieron en Colombia: deshumanizar a “los otros” para convertirlos en “desechables”, exterminables, desaparecidos, en nadies.</p>



<p>La novela gráfica de Alfredo Garzón y Verónica Ochoa es un <strong>canto a la vida vivida adrede, un homenaje a los y las idealistas, esos locos utópicos que a lo largo de la historia fueron despreciados tachándolos de ilusos e ingenuos y a quienes les debemos los derechos sin los que seguiríamos siendo esclavos</strong>, súbditos, animales de compañía, subhumanos. Personas como Jaime y Alfredo Garzón, como sus amigos, que se dejaban el alma trabajando por un horizonte esperanzador, que bailaban, cantaban y gozaban hasta el amanecer cada vez que podían, y que lloraban y lloran a sus muertos escribiendo obras de arte como este libro. ¡Viva la vida y quienes quieren no morir nunca!</p>



<p><a id="_msocom_1"></a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/">[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Arantxa Tirado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 13:15:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bolaños]]></category>
		<category><![CDATA[carrera judicial]]></category>
		<category><![CDATA[clase]]></category>
		<category><![CDATA[fiscales]]></category>
		<category><![CDATA[jueces]]></category>
		<category><![CDATA[oposiciones]]></category>
		<category><![CDATA[perspectiva de clase]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Garantizar la democratización del acceso a las carreras judicial y fiscal es un paso imprescindible para superar la justicia de clase que todavía padecemos en el Estado español", reflexiona Arantxa Tirado.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/">Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El pasado 15 de junio, se publicó en el <a href="https://www.boe.es/boe/dias/2026/06/15/pdfs/BOE-A-2026-12918.pdf">Boletín Oficial del Estado (BOE)</a> el “Acuerdo de 4 de junio de 2026, de la Comisión de Selección a la que se refiere el artículo 305 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por el que se convocan pruebas selectivas para la provisión de plazas de alumnos y alumnas de la Escuela Judicial para su posterior acceso a la Carrera Judicial por la categoría de juez/a, y plazas de alumnos y alumnas del Centro de Estudios Jurídicos, para su posterior ingreso en la Carrera Fiscal por la categoría de Abogado/a Fiscal”.&nbsp;</p>



<p>Detrás de tan extenso título se encuentra la “<strong>macroconvocatoria</strong>”, en palabras del ministro de Justicia, Félix Bolaños, <strong>a oposiciones a la carrera de juez y fiscal</strong>. El Gobierno oferta, así, 700 plazas, 575 de las cuales serán para jueces y fiscales por oposición y 125 para la vía de acceso por el cuarto turno. Esta vía de acceso, muy criticada por los sectores más corporativos del poder judicial, permite la incorporación como magistrados a juristas “de prestigio” que demuestren más de 10 años de ejercicio profesional. </p>



<p>El mismo Bolaños anunció en su cuenta de X esta convocatoria como <a href="https://x.com/felixbolanosg/status/2066397568603480214">“la mayor transformación de la justicia en décadas”.</a> Sin embargo, aumento de la cantidad no necesariamente es igual a cambio de la cualidad. Es decir, nada garantiza que aumentar los efectivos encargados de impartir justicia haciendo cumplir el imperio de la ley vaya a transformar algunos de los problemas que arrastra la justicia española, que no sólo tienen que ver con la insuficiencia de recursos o de personal.&nbsp;</p>



<p>Ni siquiera la posibilidad de aumentar la presencia de magistrados por el cuarto turno abre necesariamente la puerta a la entrada de <strong>visiones que rompan el corporativismo que impide la autocrítica y la transformación de este rígido poder</strong>. Tampoco garantiza <em>per se</em> mayores dosis de independencia e imparcialidad. A modo de ejemplo, el célebre Juan Carlos Peinado, magistrado instructor en la causa de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, se incorporó a la carrera judicial por el extinto tercer turno, derogado en 2003, una vía directa similar al cuarto turno por la que “juristas de reconocida competencia” podían pasar a ser jueces, sin realizar oposiciones, si cumplían con seis años de ejercicio profesional. </p>



<p>En un contexto en que la justicia está en el ojo del huracán por el protagonismo –voluntario o involuntario– de ciertos jueces en la vida política española, cuyas decisiones condicionan el decurso de una agenda política plagada de juicios a miembros del poder político y sus familiares, el acceso a la carrera judicial reviste una importancia crucial. Una importancia que trasciende el mero debate sobre la mejora de las oportunidades profesionales, o de los recursos al servicio de los ciudadanos, y entra de lleno en el plano político. </p>



<p>Aunque el poder judicial trate de desvincularse del estigma de la politización de la justicia, lo cierto es que los jueces también son ciudadanos que, en su aplicación de la ley, pueden estar contaminados de sus propios sesgos, valores y prejuicios que los llevan a determinada interpretación de las leyes existentes. A quienes niegan la ideología presente en los impartidores de justicia, que en ocasiones puede comprometer la independencia e imparcialidad en el ejercicio de su profesión, habría que recordarles los vasos comunicantes entre el poder político y el poder judicial que se expresa en las posibilidades de promoción a puestos de poder institucional una vez dentro de la carrera judicial.</p>



<p>Uno de esos elementos es <strong>el origen de clase</strong>, que condiciona no sólo las posibilidades de acceso a unas oposiciones altamente disuasorias para quienes no se pueden permitir dedicar un promedio de casi 5 años de estudio exclusivo sin remuneración, y con los gastos añadidos de pagar a preparadores que cobran cantidades de dos ceros mensuales en sobres que no suelen declarar a Hacienda. No extraña, por tanto, que el 96% de quienes realizaron <a href="https://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Escuela-Judicial/Formacion-Inicial/Estadisticas/Datos-Estadisticos-75-Promocion-Curso-2025-2026">oposiciones en la promoción 2025-2026</a> contaran con la ayuda de sus padres para poder estudiar. </p>



<p>Garantizar la democratización del acceso a las carreras judicial y fiscal, mediante la promoción de condiciones estructurales de igualdad de oportunidades, mitigando las desigualdades sociales preexistentes más allá del formalismo vacío de las “oposiciones libres basadas en los principios del mérito y la capacidad”, es <strong>un paso imprescindible para superar la <a href="https://www.lamarea.com/2022/12/23/jueces-de-clase/">justicia de clase</a> que todavía padecemos en el Estado español</strong>. </p>



<p>Para ello es perentorio que las iniciativas recogidas en el “Anteproyecto de Ley Orgánica para la ampliación y fortalecimiento de las carreras judicial y fiscal” que el <a href="https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/referencias/Paginas/2025/20250121-referencia-rueda-de-prensa-ministros.aspx#fiscal">Consejo de Ministros aprobó el 21 de enero de 2025</a> y que actualmente se encuentra en fase de tramitación en el Congreso, puedan ir adelante en una Ley Orgánica que siente las bases de una democratización -siempre tímida e insuficiente si no va de la mano de transformaciones de la correlación de fuerzas estatales y del poder económico, como sabemos– que permita la entrada de aire fresco a uno de los poderes del Estado que se presenta como garante de derechos y libertades pero que aparece, con demasiada frecuencia, como un freno para los cambios sociales.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/">Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Si tuviera 20 años hoy, ¿me sentiría atraído por el discurso de Vox?</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/si-tuviera-20-anos-vox/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rubén García Sánchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 08:14:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[jóvenes]]></category>
		<category><![CDATA[ultraderecha]]></category>
		<category><![CDATA[Vox]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"La pregunta que nos debemos hacer no es solo por qué muchos jóvenes escuchan a la ultraderecha, sino qué sociedad queremos construir para que su promesa deje de parecer una salida", reflexiona el docente e investigador Rubén García.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/si-tuviera-20-anos-vox/">Si tuviera 20 años hoy, ¿me sentiría atraído por el discurso de Vox?</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Me gustaría contestar que no, con rotundidad. Pero la verdad es que no estoy seguro. No creo que Vox ofrezca mejores respuestas a los problemas de esta generación, pero conviene tomarse en serio <strong>qué hace que su discurso resulte tan atractivo para una parte de los jóvenes, especialmente varones</strong>, que crecen entre precariedad, expectativas bloqueadas y hartazgo político.</p>



<p>No, la juventud no ha girado en bloque hacia la ultraderecha. Al contrario: una parte importante de la juventud ha demostrado una enorme capacidad de movilización en el feminismo, la lucha climática y la defensa de derechos. <strong>Lo veo en mis clases en la universidad: hay conciencia social y preocupación por el futuro</strong>. Precisamente por eso, la pregunta es <strong>qué proyectos políticos están sabiendo capitalizar las preocupaciones de la gente joven</strong>.</p>



<p>¿Qué tiene la propuesta de Vox para explicar su crecimiento? Desde la Psicología Social, la pregunta no es solo qué propone Vox, sino qué función cumple su discurso: qué identidad ofrece, qué amenaza construye y hacia dónde dirige la frustración. Empecemos por lo que no es. Vox se ha presentado en las últimas elecciones de Andalucía, Aragón, Extremadura y Castilla y León con un discurso casi idéntico y, en algunos casos, con candidatos poco conocidos. Esto permite descartar que su éxito dependa de una lectura precisa de los problemas concretos de cada territorio. Sus grandes temas son siempre los mismos: <strong>inseguridad, inmigración, antifeminismo, familia tradicional, “sentido común”, “los nuestros”</strong>. Vox no tiene una propuesta técnica y razonada de solución de problemas; ofrece una explicación emocionalmente eficaz del malestar de toda una generación: quién soy, quién me amenaza y contra quién debo dirigir mi frustración.</p>



<p>El acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la pérdida de expectativas, el deterioro de los servicios públicos o la dificultad para emanciparse son problemas estructurales y complejos. Vox los traduce a una narrativa simple: “<strong>Te han quitado algo que era tuyo</strong>”. Frente a la frustración o la incertidumbre ofrece <strong>culpables fáciles de identificar </strong>y la promesa de recuperar un orden perdido. La ultraderecha traduce el malestar social en una gramática de competencia y agravio: “Si otros ganan, tú pierdes”.</p>



<p>¿Y quién es ese “nosotros” del discurso ultra? La gente normal, los españoles, los trabajadores, las familias, el campo, quienes cumplen; frente a la población migrante, las feministas, las élites progresistas, los okupas, “los que viven de las subvenciones”, los “MENAS”. Esa frontera organiza su discurso y también modela la percepción de la realidad: cuando el mundo se lee en clave de “nosotros” vs. “ellos”, una ayuda social, una beca o una lista de espera dejan de verse como derechos y pasan a interpretarse como privilegios concedidos a colectivo que no se lo han ganado. Aquí está una de sus claves: junta la amenaza material y la amenaza simbólica. Además de decirnos “te quitan recursos”; añaden “también te están quitando tu mundo”. Cuando una persona joven no encuentra un horizonte claro, Vox le ofrece un bando desde el que sentirse reconocida y luchar por lo que supuestamente le han arrebatado.</p>



<p>En contextos de crisis, cambio social acelerado o inseguridad vital, el discurso ultra conecta con la necesidad de orden, control y certezas. <strong>Vox convierte la incertidumbre en nostalgia de un orden pasado. Esa tradición perdida aparece como refugio cuando el futuro no ofrece garantías</strong>. Otro giro eficaz es presentar posiciones conservadoras como si fueran transgresoras. Ser antifeminista o antiinmigración aparece como “atreverse a hablar claro”. Han logrado que la rebeldía cambie de bando.</p>



<p>Esto conecta especialmente con gran parte de los varones jóvenes. Vox ofrece una explicación cómoda: si te sientes desplazado, no es solo por la precariedad o la falta de futuro, sino porque “otros” han avanzado demasiado. El antifeminismo ofrece a muchos varones jóvenes una explicación de su pérdida de estatus y funciona como una pedagogía del agravio: convierte la igualdad en amenaza y transforma el desconcierto masculino en identidad política. “El problema es el feminismo”, “ya no se puede decir nada” o “los hombres están desprotegidos” suenan con enorme eco en una generación cansada y sin garantías de futuro.</p>



<p>Otra clave de la eficacia de Vox es la exclusión como gestión razonable. <strong>“Prioridad nacional” </strong>suena a criterio; “proteger a los nuestros” o “controlar las ayudas” suenan a responsabilidad y eficiencia. Su éxito está en legitimar desigualdades como si fueran criterios de gestión. </p>



<p>Por eso no se combate solo con datos. Si el discurso de Vox cumple funciones de identidad, pertenencia, autoestima, orden y control, la información no basta. Hay que disputar el marco emocional y ofrecer otros relatos de pertenencia, futuro, masculinidad, comunidad y derechos. Además, el choque frontal puede activar una postura defensiva y fomentar la polarización. <strong>Si hemos llegado a no poder hablar de política en casa o entre amistades, es que algo hemos hecho mal</strong>.</p>



<p>La respuesta democrática tiene que hacer tres cosas a la vez: <strong>nombrar mejor los problemas reales, ofrecer soluciones viables y construir vínculos, pensamiento crítico y límites frente al odio</strong>. Los medios de comunicación deberían dejar de actuar como amplificadores involuntarios del marco ultra: menos tertulias de alto voltaje, titulares virales y fragmentos descontextualizados; más entrevistas en profundidad, programas de debates en los que no se llegue a exabrupto o espacios temáticos con reportajes de largo alcance.</p>



<p>Los partidos democráticos tampoco deberían confundir hablar a jóvenes con imitar sus formatos. Estar en TikTok no es hablar el idioma de una generación si el contenido no responde a sus problemas. También deberían revisar el tono: la crispación permanente, el insulto personal y la teatralización del conflicto educan en el enfado y hacen más habitable el terreno de la ultraderecha.</p>



<p>También necesitamos educación democrática: enseñar a distinguir entre causa estructural y chivo expiatorio: cómo se fabrican los enemigos, cómo se manipula el miedo y cómo la frustración se convierte en prejuicio. En familia se pueden favorecer conversaciones, compartiendo y respetando diferencias y poniendo límites sin humillar. Y las amistades también importan: <strong>la ultraderecha se normaliza en bromas, memes y silencios en grupos de WhatsApp. Poner límites en estas situaciones es cuidar las normas mínimas de convivencia</strong>.</p>



<p>Creo que la respuesta democrática debe ser firme con el odio y cuidadosa con el malestar. Si hoy tuviera 20 años, probablemente me vería atraído por el discurso de Vox porque me sentiría enfadado y lejos de alcanzar una vida digna. Precisamente por eso, me gustaría encontrar una democracia capaz de ofrecerme algo más que miedo, nostalgia y culpables. La pregunta que nos debemos hacer no es solo por qué muchos jóvenes escuchan a la ultraderecha, sino qué sociedad queremos construir para que su promesa deje de parecer una salida.</p>



<p><strong><em>Rubén García Sánchez. Doctor en Psicología. Coordinador del Máster en Intervención Psicosocial y Comunitaria. Docente e investigador del Dpto. de Psicología Social y Metodología de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid.</em></strong></p>
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		<title>Melancolía, no solo de la izquierda</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/melancolia-izquierda/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ovejero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 06:03:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Un momento para respirar]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[Podemos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«A Podemos no lo destruyó la lucha de egos», puntualiza José Ovejero. «Lo destruye una campaña coordinada de la prensa, la judicatura, el capital y las cloacas policiales, con bulos, montajes, connivencia de periodistas corruptos con policías corruptos con jueces corruptos».</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong><em>9 de junio</em></strong></p>



<p>Después de la entrega de los premios TIFLOS, durante el cóctel subsiguiente, converso con alguien que me acaban de presentar, que se define de izquierdas, sobre la situación política. Sale a relucir el hundimiento de <strong>Podemos</strong>. Él habla con pesar de la deriva de ese partido y la atribuye a la <strong>lucha de egos</strong> entre sus dirigentes. Respondo con una vehemencia que no es frecuente en mí. Creo que ya he escrito por aquí que no suelo discutir salvo en situaciones en las que de la discusión depende una decisión.</p>



<p>Pero en el caso que estoy refiriendo me enfado más allá de lo razonable porque creo que refleja uno de los males más dañinos para la izquierda, y lo es doblemente: primero, porque <strong>se acaba comprando el marco del debate a las campañas mediáticas de la derecha</strong>. No, a Podemos no lo destruyó la lucha de egos como dicen quienes quieren desacreditar a la formación política; a ningún partido lo destruye la lucha de egos, que existen en el PP, en el PSOE, en Vox, en Izquierda Unida&#8230; A Podemos, aparte de todos los errores que puedan haber cometido sus dirigentes, lo destruye <strong>una campaña coordinada</strong> de la prensa, la judicatura, el capital y las cloacas policiales, con bulos, montajes, connivencia de periodistas corruptos con policías corruptos con jueces corruptos. Aunque todas aquellas acusaciones quedaron en nada, el prestigio del partido entre quienes buscaban una forma diferente de hacer política, acabó siendo minado.</p>



<p>El segundo aspecto que me parece nocivo es que <strong>en la izquierda nos encanta desencantarnos</strong>. Los nuestros nunca merecen triunfar porque nunca son tan puros como nuestros sueños. No digo que la autocrítica y reconocer la corrupción en las propias filas no sean tareas imprescindibles, pero a menudo se toman como una invitación a rendirse y a regodearse en la mirada cínica y distante que nos deja plácidamente alojados en nuestra nube celestial.</p>



<br>



<p><strong><em>13 de junio</em></strong></p>



<p>Preparando la presentación de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-biografias/627159-libro-melancolia-de-los-confines-norte-9788439746461" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Melancolía de los confines: Norte</em></a>, de <strong>Mathias Énard</strong> –un libro muy recomendable por múltiples razones–, repaso fragmentos que había subrayado en otro libro suyo, <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/350383-libro-desertar-9788439743460" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Desertar</em></a> y me encuentro con esta frase: «Si pudiera uno volver a vivir un momento x de su existencia, yo elegiría un día con Irina cuando era muy pequeña, los tres a orillas del lago en Hankels Ablage&#8230;».  No sé si lo hice cuando leí la frase por primera vez, creo que no, pero ahora me detengo a pensar cuál sería ese único día que yo querría volver a revivir. Me viene a la memoria uno que no reproduciré aquí. Si alguien lee estas páginas, le invito a hacerse esa pregunta: ¿si pudieras revivir un único día de tu vida, cuál elegirías? Y la segunda pregunta, obvia, sería: ¿por qué ese?</p>



<p>Tendemos a pensar que la felicidad es el fin supremo al que se dirigen nuestros actos. Para mi sorpresa, he descubierto al responderme a la pregunta que no es el mío.</p>



<br>



<p><strong><em>15 de junio</em></strong></p>



<p><strong>Sánchez </strong>dice, tras alegrarse por el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que debemos entender de una vez por todas que la guerra es un fracaso. Pero por supuesto Sánchez sabe que no es así. <strong>Esta guerra, como todas, ha beneficiado a numerosas empresas con ingresos millonarios</strong>. Seguimos fingiendo que la guerra se utiliza para los fines que proclaman públicamente quienes las inician, y casi nunca es así. Una excepción sería la guerra contra los palestinos, porque sus adalides, después de una fase de justificaciones absurdas, están siendo extremadamente sinceros: el objetivo es la ocupación completa de sus tierras y <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/10/hernan-zin-palestina-va-a-desaparecer/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la expulsión o el asesinato</a> de la mayoría de la población actual.</p>



<br>



<p><strong><em>16 de junio</em></strong></p>



<p>Énard escribe que «los muertos siempre serán más numerosos que los vivos». Hace poco pensaba yo en la resurrección de los muertos durante el <strong>Juicio Final</strong> y en que, si salieran todos a la vez de sus tumbas, apenas tendrían espacio y se apelotonarían unos sobre otros, situación muy poco digna para presentarse ante el Creador. Lo pensaba tras volver a ver los frescos del Juicio Final de la catedral de Orvieto. Pero tras dividir la superficie terrestre entre el número estimado de muertos desde que existe la humanidad, llegué a la conclusión de que<strong> cada zombi resucitado tendría setecientos metros cuadrados para su disfrute</strong>. Incluso si descontásemos las zonas inhóspitas del planeta dispondrían de una parcela amplia donde esperar sentencia.</p>



<p>Y también me decía que el Dios de los cristianos es un individuo cruel: si hubiese programado el apocalipsis para hace unos siglos, miles de millones de personas habrían evitado ser condenadas a las penas del infierno. Aunque, si aplico esa lógica, debería haber adelantado el Juicio al momento en el que se dio cuenta de la chapuza que había hecho en el diseño de Adán y Eva. Nos habríamos ahorrado muchos disgustos.</p>



<br>



<p><strong><em>17 de junio</em></strong></p>



<p>Me piden un vídeo para apoyar la <strong>traducción humana</strong>. Cada vez aborrezco más los vídeos, no solo porque con su proliferación a partir de la pandemia se han vuelto irrelevantes, también me resultan incómodos y engorrosos; demasiado para el efecto que les supongo.</p>



<p>Así que digo que no, que prefiero dar mi apoyo desde aquí –que no se verá mucho más, pero al menos es una tarea a la que estoy habituado y no me obliga a ponerme ante la cámara–. Dado mi pesimismo consustancial, creo que es una batalla perdida. Se impondrá la <strong>IA</strong> en numerosos trabajos, no solo en la traducción, porque tiene la característica básica para su expansión en el capitalismo: reduce costes.</p>



<p>Esto, por supuesto, es mentira: <strong>reduce costes a la empresa que la utiliza, pero los costes sociales, medioambientales y para nuestra cultura son enormes</strong>. Lo que no importa a los empresarios; esa preocupación no está en su naturaleza. Al fin y al cabo, pagamos todos, no ellos. La única socialización que entienden es la de sus costes.</p>



<p>Sin embargo, creo que hay que defender la traducción humana, la ilustración humana, etc., resistir el tiempo que se pueda. Y eso solo <strong>puede lograrse haciendo daño económico a las empresas que la usan</strong>: publicitando sus prácticas para intentar que las abandonen algunos de sus clientes, boicoteándolas, también apoyando a quienes no utilizan la IA, por ejemplo, mediante <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/08/ia-amenaza-tus-libros/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el sello de traducción humana</a>. Solo haciendo menos rentable el egoísmo podemos defender la trinchera. Me sale un lenguaje muy bélico, pero es que estamos ante <strong>una guerra solapada</strong>, en la que, como en todas las guerras, hay unos pocos vencedores y muchos derrotados. ¿Eran de León Felipe esos versos que dicen: «entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasó también»?</p>
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		<title>Juan Evaristo Valls Boix: “La vida consiste en aprender a perder”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/17/juan-evaristo-valls-jomo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 09:18:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>'JOMO' (Anagrama, 2026), el nuevo libro del filósofo valenciano, es el acrónimo de Joy of Missing Out: la alegría de perderse las cosas, la satisfacción que empieza a asomar cuando uno desconecta, para, se queda quieto. Es lo contrario de FOMO, ese miedo generalizado a quedarse fuera. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/17/juan-evaristo-valls-jomo/">Juan Evaristo Valls Boix: “La vida consiste en aprender a perder”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong><em>Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en <a href="https://catalunyaplural.cat/ca/juan-evaristo-valls-boix-la-vida-consisteix-a-aprendre-a-perdre/">catalán aquí</a>.</em></strong></p>



<p>Hay libros que llegan a destiempo y libros que llegan justo cuando hacen falta. <em>JOMO</em> (Anagrama, 2026), del filósofo valenciano <strong>Juan Evaristo Valls Boix</strong>, pertenece con claridad a la segunda categoría. El título es el acrónimo de <em>Joy of Missing Out</em>: la alegría de perderse las cosas, el placer de no estar, la satisfacción que empieza a asomar cuando uno desconecta, para, se queda quieto. Frente al <em>FOMO</em> –ese miedo generalizado a quedarse fuera– que articuló durante décadas los ritmos del capitalismo de plataformas, Valls Boix propone leer los síntomas del presente como señales de un cambio de deseo más profundo: una reorientación afectiva que ya tiene forma en los memes, en los activismos, en el cansancio compartido de una generación.</p>



<p>Valls Boix es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, donde trabaja como investigador. Ha publicado anteriormente <em>Metafísica de la pereza</em> (2022) y <a href="https://www.lamarea.com/2025/07/05/juan-evaristo-valls-vida-holgada/"><em>El derecho a las cosas bellas</em> (2024)</a>, conformando una trilogía filosófica que trabaja los márgenes del pensamiento político contemporáneo: la pereza, la belleza, y ahora el arte de perderse. En <em>JOMO</em>, escrito con memes, referencias pop y teoría crítica, detecta en el hartazgo colectivo no una patología sino una lucidez. «El dolor, la depresión, el cansancio y la soledad no deseada nos dicen que así la vida no vale la pena», sostiene en esta conversación. </p>



<p>Su diagnóstico no se detiene ahí: la promesa neoliberal de la conexión permanente y la flexibilidad total ha generado «exactamente lo que negaba: desarraigo y soledad no deseada». Y lo decisivo, insiste, es que ya no queremos que esa promesa se cumpla. La revolución, si llega, no vendrá de imaginar futuros alternativos sino de escuchar el cambio de deseo que ya está ocurriendo: «No se trata de imaginar los horizontes, se trata de escucharlos».</p>



<p><strong>Tu libro comienza con la imagen Colin Smith, el protagonista de <em>La soledad del corredor de fondo</em>, un talentoso atleta que, a pocos metros de llegar a la meta, decide dejarse ganar. Es, en un caso, una forma de rebeldía y de oposición a la institución –un reformatorio de Londres–, que ganaría prestigio en su nombre. Sesenta años después, hay más <em>runners</em> que nunca, Strava mide cada kilómetro, el corredor se ha convertido en figura emblemática del presente. ¿Cómo lees esa evolución, y en qué sentido la resistencia de Colin sigue siendo pertinente a día de hoy?</strong></p>



<p>La película de Tony Richardson me parece muy premonitoria porque muestra una forma de estar gobernados a través del movimiento, a través de la inyección a la superación. Colin puede diferenciarse de sus compañeros de prisión, puede destacar, precisamente porque es bueno en algo. Y ahí aparece una primera distancia: si el valor del trabajador radica en su capacidad de adaptación o en su capacidad de expresión, en ser normal o en ser uno mismo. Lo que se va a descubrir al final es que la producción de subjetividad tiene que ver con el gobierno del deseo a través de su excitación: reconducir siempre el deseo hacia el ámbito de la explotación mercantil, el consumo o el trabajo. </p>



<p>Ser un ganador es la forma más alta de aquiescencia con la norma, justamente. Y es ahí donde aparece una forma de resistencia muy valiosa para nuestro tiempo: la deserción. Una deserción muy particular, porque la de Colin — a diferencia de la contracultura de los años 60 y 70 tenía como forma de revuelta por antonomasia romper los límites, <em>break — </em>no tiene que ver con irse, tiene que ver con parar, con quedarse.</p>



<p><strong>Más parecida al “preferiría no hacerlo de Bartleby”, el personaje de Herman Melville…</strong></p>



<p>La de Colin se parece más a la de Bartleby, sí. Aunque hay una diferencia importante: Bartleby acaba muriéndose de inanición; su rechazo es individual, se agota en sí mismo. Cuando Colin se para, toda su vida le pasa por delante. Hay algo en ese detenerse que dice: esto no es vida, la vida tiene que ser otra cosa. Hay una filósofa, Bonnie Honig, que en su&nbsp;<em>Teoría feminista del rechazo</em>&nbsp;dice que Bartleby no le interesa precisamente por eso, porque es una figura del rechazo individual. A ella le interesan&nbsp;<em>Las Bacantas</em>&nbsp;de Eurípides: un grupo de mujeres que rechazan la asignación reproductiva de la ciudad, se van, y luego vuelven con una propuesta nueva de vida en común. Hay algo en Colin que conecta con eso: su pararse no es solo negación, es también una afirmación de la vida a través del hábito, del quedarse.</p>



<p><strong>La crítica que le haces a Mark Fisher en el libro es, si me permites, muy valiente: Fisher articuló para muchos el diagnóstico de una época, pero tú detectas en él un punto ciego generacional y otro de género. ¿Qué es lo que no pudo ver Fisher desde dónde estaba?</strong></p>



<p>Fisher ha fascinado porque tuvo la capacidad de articular un relato del presente que, de un lado, era nuevo, pero que al mismo tiempo retomaba unas claves esenciales de la izquierda: la melancolía y la estructura mesiánica. La pregunta por el futuro como deuda con el pasado. Saber hacer eso a través de una revalorización de la contracultura de los 70, acuñar el término de&nbsp;<em>modernismo popular</em>, leer a Thatcher como la leyó… Ese relato es muy poderoso y ha marcado el tono del pensamiento, al menos en el espacio hispano. Pero la crítica que Mackenzie Wark le hace me parece muy lúcida: ¿cuál es el presupuesto de diferencia sexual que hay en la propuesta de Fisher? Toda la teoría del realismo capitalista nunca está en diálogo con los debates sobre reproducción social, la abolición de la familia, la socialización de los trabajos reproductivos.</p>



<p>Hay también una profecía autocumplida: si dices que toda la cultura es una mierda, acaba siéndolo, pero eso es una falta de escucha, no una constatación analítica. Luego está la cuestión generacional, que para mí es la más decisiva. La hipótesis inicial del <em>realismo capitalista</em> es que para los estudiantes de Fisher –nacidos en los 90– no hay alternativa real: no han conocido dos bloques, no han vivido bajo ninguna lógica que no sea capitalista. Es una constatación histórica. Pero Fisher nunca responde desde ahí: toda su reflexión sobre horizontes emancipatorios la construye desde su propia generación, que sí tuvo dos alternativas. La gramática afectiva de la que habla –la melancolía, el futuro cancelado, el duelo– no interpela a los <em>mileniales</em> ni a los Z, y especialmente no interpela en España, con el <em>España va bien</em> y el milagro económico como telón de fondo. Para mí la cuestión pasa por entender que no queremos que se cumpla la promesa del progreso neoliberal. No nos interesa. Como decía Lafargue en el siglo XIX: el progreso es el hijo primogénito del trabajo, y a esta era la llaman la era del trabajo, pero es la era de la miseria.</p>



<p><strong>Nokia vendía&nbsp;<em>connecting people</em>&nbsp;y tres décadas después, como explica el psicoanalista José Ramón Ubieto, es más necesario que nunca distinguir entre conexión y vínculo: que la primera, sin cuerpo implicado, no genera el segundo. ¿Qué falla estructuralmente en la promesa de la conectividad?</strong></p>



<p>Uso los términos de Berardi –conexión y conjunción– que son bastante afines. La conexión sigue descansando en una lógica de la identidad. Es muy difícil que haya experiencia porque es muy difícil que haya alteridad. Hay una soberanía del sujeto: si no me gustas, te bloqueo, cierro la pestaña. Cuando estamos con los otros en cuerpo, estamos con cuerpos que no gobernamos, que son inquietos, que traen contingencia, la posibilidad de que suceda lo que no estaba predeterminado. Eso la conectividad lo lleva muy mal. Y eso se tradujo en que las dos grandes promesas del modelo neoliberal –la libertad como flexibilidad y elección, y la solidaridad como conexión permanente– generaron exactamente lo que negaban: desarraigo y soledad no deseada. La flexibilidad implica no echar raíces; la conexión no genera vínculo. A nadie le interesa de verdad ser un <em>digital nomad</em> viviendo de Airbnb en Airbnb, relacionándose por Tinder y hablando con sus amigos solo por WhatsApp. Esa promesa no se ha cumplido. Pero lo importante es que tampoco queremos que se cumpla.</p>



<p><strong>El concepto central del libro es la «hedonia represiva»: no somos incapaces de placer, sino incapaces de otro placer que no sea consumir placer. ¿Qué ocurrió para que el deseo quedara capturado en la forma de la adicción?</strong></p>



<p>El primer autor que piensa el gobierno contemporáneo del deseo a través de la figura de la adicción es Deleuze. Y me parece importante la lectura que amplía Franco Berardi cuando ve la adicción como conexión. Una de las tesis claves de <em>Fenomenología del fin</em> es cómo la conectividad va en detrimento de la conjuntividad: estamos cada vez más conectados, pero los vínculos se resienten, el otro se mercantiliza, se objetaliza. En los 90 y en los 2000, esta figura del sujeto adicto a la conexión era sinónimo de vida exitosa. Estar conectado, estar en las redes, ir a mil países, cogerle el ritmo al mercado. También tenía su cara oscura –generalización del consumo de drogas, TCA, ansiedad–, pero mayoritariamente como sociedad aceptábamos esa figura como una forma de liberación, de singularidad. </p>



<p>Yo creo que la pandemia funcionó como parte aguas. Los niveles de suicidio, depresión, <em>burnout</em> que siguieron… ese malestar vinculado a la excitación rompió las fantasías de vida buena. Aquí la sabiduría del dolor dice algo. En lugar de pensar que el primer dato social es una salud plena que puede accidentarse si el individuo no la gestiona bien –que es la gramática individualista de la autoayuda–, el dolor, la depresión, el cansancio y la soledad no deseada nos dicen que así la vida no vale la pena. Y eso es una negación muy poderosa, muy lúcida, y una negación que se hace en nombre de la vida. Desde ahí empieza a dibujarse otra economía afectiva: no de la excitación sino de la placidez, no de la verticalidad y el crecimiento sino del arraigo, la afiliación al presente, la vuelta al cuerpo y a los vínculos.</p>



<p><strong>Pero el mercado ya ha aprendido a vender eso. El&nbsp;<em>mindfulness</em>, el&nbsp;<em>solo maxxing</em>&nbsp;(“maximizar la soledad”), la estetización de la desconexión son industrias en expansión. ¿Dónde está la diferencia entre el JOMO como postura de consumo y el JOMO como forma de vida con potencial político?</strong></p>



<p>Es la cooptación de siempre, completamente. El <em>solo maxxing</em> puede ser perfectamente una forma de consumo narcisista, otra vuelta de tuerca de la identidad soberana: me optimizo a mí mismo en soledad igual que me optimizaba compitiendo con los otros. Eso no cambia nada. Lo que me interesa del JOMO es otra cosa: no la soledad como autosuficiencia sino como vulnerabilidad. La paradoja de la conectividad es que, como descansa en la lógica del sujeto soberano –puedo bloquear al otro, puedo cerrar–, no hay experiencia de alteridad. Ni estamos con gente ni estamos a solas con nosotros mismos de verdad. Estar solo consigo mismo es un ejercicio difícil, a veces muy desagradable, porque es la experiencia de vulnerabilidad y exposición: vemos cosas de nosotros que no nos gustan, tenemos heridas, sueños, recuerdos que pueden ser una mierda.</p>



<p><strong>Jesús se encuentra al demonio vagando solo en el desierto…</strong></p>



<p>Exacto. Pero cuando esa soledad deja de generar ansiedad y empieza a generar algo placentero –y hay ya estudios sobre esto, del 2023 en adelante–, es porque preferimos estar con los otros o con nosotros como otros a seguir en ese trono vacío del sujeto narcisista. Eso no es algo que el mercado pueda vender. Eso lo dice el dolor. Y cuando ese malestar vinculado a la excitación es ya demasiado grande para negarlo o justificarlo, se convierte en una conciencia crítica expandida. Los activismos contemporáneos –antitrabajo, por la vivienda, contra el turismo, por la sanidad pública– tienen esa gramática: un rechazo que es también una afirmación de la vida. No es que no haya alternativas: es que hay que escucharlas.</p>



<p><strong>Terminas el libro parafraseando el&nbsp;<em>Manifiesto Comunista&nbsp;</em>de Karl Marx: «proletarios de todos los países, durmamos». ¿En qué sueña una sociedad que ha decidido parar?</strong></p>



<p>Tomo de Marx la idea de que los vínculos del proletariado son vínculos a través de la pérdida, no a través de la propiedad. Lo que une a los que no tienen nada es el cansancio compartido, la elaboración común de la pérdida. Para mí el sueño del sueño es que esa pérdida se constate en una solidaridad de los durmientes, una solidaridad radical e íntima que excede la forma-sujeto. Y claro que eso requiere liberar al trabajo de su condición asalariada, reducir al máximo el reino de la necesidad, que el capitalismo no hace, porque genera continuamente nuevas necesidades para que no puedas dejar de consumir y por tanto no puedas dejar de trabajar. Pero antes de llegar al programa hay que tomarse en serio el cambio de deseo. La revolución viene cuando hay un cambio de deseo, no cuando se satisfacen los deseos ya existentes. Y ese cambio ya está ocurriendo.</p>



<p>Reemplazaría el ejercicio de la imaginación –que sigue teniendo en el centro a un sujeto muy poderoso, muy masculino– por el ejercicio de la escucha. La gente ya está pensando otras cosas. Hay investigaciones sobre decrecimiento, economías del cuidado, arquitecturas feministas, experimentos de renta básica. No es que no haya horizontes: es que no se trata de imaginarlos, se trata de escucharlos. Aunque el cambio de deseo es condición de posibilidad, no condición suficiente. Para que ese deseo de parar se pueda ejercer hacen falta infraestructuras concretas: vivienda pública, reducción de la jornada laboral, renta básica, salarios más equitativos, contención del turismo. Porque, aunque parar sea deseable, no podemos parar: tenemos varios trabajos y estamos enganchados al teléfono porque el placer miserable del <em>scroll</em> es la única forma de estar un poco a flote con todo lo que tenemos encima. El sueño es aprender a perder. Aprender que perder es la forma más alta de donación –<em>perdare</em>, <em>perdonare</em>–, y que aprender a vivir consiste en eso, en esa radical pérdida de la soberanía. Somos unos perdedores. Afortunadamente.</p>



<p><a href="https://catalunyaplural.cat/es/juan-evaristo-valls-boix-jomo-perder/"><strong></strong></a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>[Especial Pederastia] Ni puntual ni privado, es un problema social, estructural y de salud pública</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/16/especial-la-marea-pederastia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Olivia Carballar]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 00:13:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[pederastas]]></category>
		<category><![CDATA[pederastia]]></category>
		<category><![CDATA[violencia sexual en la infancia y adolescencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las cifras son demoledoras: afecta al 20% de la población en su infancia y adolescencia. La mayoría de las agresiones se producen en el entorno familiar. Sin embargo, y pese a la magnitud, la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes sigue siendo un asunto privado, silenciado, un tabú. Víctimas y especialistas exigen dar un salto cualitativo en su tratamiento para poder enfrentarlo y prevenirlo, como ocurrió con la violencia de género.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/16/especial-la-marea-pederastia/">[Especial Pederastia] Ni puntual ni privado, es un problema social, estructural y de salud pública</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>&#8216;<em>Pederastas, un problema estructural que no queremos abordar&#8217;, un especial de La Marea. Puedes descargarte <a href="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/08-23-DOSSIERPPALi.pdf">el reportaje principal aquí</a>. Si lo prefieres, puedes suscribirte a nuestra revista para que te llega a casa y podamos seguir haciendo periodismo. </em></strong></p>



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<p>Hace apenas un par de años, Robert Thacker, autor de la biografía de la <strong>Nobel de Literatura Alice Munro</strong>, se vio obligado a explicar por qué no había incluido en ese libro, publicado en 2011, un episodio muy importante en la vida de la canadiense. El episodio en cuestión lo hizo público en un periódico una hija de Munro, Andrea Robin Skinner, dos meses después de la muerte de la escritora: «<strong>A la sombra de mi madre, un icono literario, mi familia y yo hemos ocultado un secreto durante décadas. Ha llegado el momento de contar mi historia</strong>». En realidad, Andrea ya la había contado hacía años a su familia, quien tenía que haberla protegido y no lo hizo. «Mi padrastro abusó de mí. Mi madre se quedó a su lado», tituló aquel artículo en <em>Toronto Star</em> en 2024. Ni siquiera una condena al agresor, según explicó Andrea, logró romper el silencio al que su familia la había sometido durante décadas.&nbsp;</p>



<p>La historia de Andrea Robin Skinner es <strong>la historia de tantos niños y niñas que se siguen contando y no se creen hoy en todo el mundo, en España, en tu barrio, en tu propia casa; que se cuentan y no pasa nada. O que incluso continúan sin contarse</strong>. Es la historia de tantos y tantos agresores bien reputados, bien vistos, que dicen, en los pocos casos en los que son juzgados, que no es verdad o que fue la niña o el niño quien los sedujo; agresores que entran en el cuarto de su hijo por la noche y le ponen el mejor de los desayunos por la mañana, que siguen delinquiendo amparados por la impunidad, por el mirar para otro lado. Es la misma historia de tantas y tantas familias que se rompen por un delito que continúa siendo <strong>un tabú, algo muy fuerte, tan asqueroso, tan perverso, que no entra en cabeza humana</strong>. Pero que existe, que lo cometen hombres, familiares y conocidos en su mayoría. No son monstruos, ni psicópatas, no tienen diagnosticada enfermedad alguna.&nbsp;</p>



<p>El segundo marido de Alice Munro agredió sexualmente a Andrea cuando ella tenía nueve años. La niña hizo llegar el caso a su padre, que se quedó de brazos cruzados: «La incapacidad de mi padre para tomar una decisión que me protegiera me hizo sentir que yo no formaba parte de ninguna de las dos familias. Estaba sola». La violencia continuó hasta que llegó a la pubertad. Años después, con veintitantos, se lo contó a su madre, aprovechando que había escrito uno de sus cuentos de premio sobre una niña que se suicidó tras ser agredida por su padre. Fuera de la literatura, en la vida real, ante el caso de su hija, Alice Munro también se cruzó de brazos: «Reaccionó exactamente como me temía que haría, como si se hubiese enterado de una infidelidad».&nbsp;</p>



<p>A lo máximo que llegó, según narra Skinner, fue a hablarle sobre otros niños con los que este hombre mantenía «amistades», como si la traicionada hubiera sido ella, la esposa. «<strong>¿Se dio cuenta de que estaba hablando a una víctima y que yo era su hija? Si lo hizo, yo no lo sentí</strong>. Cuando intenté decirle cómo el abuso de su esposo me había causado daño, se mostró incrédula». Andrea, que ahora ayuda a personas que han pasado por su misma situación, rompió la relación con su madre cuando nacieron sus hijas. Ella sí tuvo claro que nunca iría con ellas allí donde el agresor estuviera.&nbsp;</p>



<p>Gerald Fremlin, el segundo marido de Munro, el padrastro de Andrea, el agresor, fue condenado en 2005 después de que Andrea, la hija de Alice Munro, la hijastra, la víctima, lo denunciara ya mayor: dos años de prisión provisional y una orden de alejamiento de menores de 14 años. Fremlin era ya octogenario. Murió en 2013 y, hasta ese momento, Munro, la madre de la víctima, permaneció al lado del agresor. ¿Por qué no incluyó este episodio, aun conociéndolo, aun con sentencia condenatoria, el biógrafo de la premio nobel? ¿Qué motivo expuso para no hacer nuevamente nada, para cruzarse de brazos ante esta historia? «<strong>Yo lo veía como un asunto familiar privado</strong>», justificó.</p>



<p>Detrás de ese argumento se ha escondido históricamente uno de los principales problemas a la hora de afrontar –y prevenir– <strong>la violencia sexual contra los niños, niñas y adolescentes: lo que le hizo el padrastro a la hija de Alice Munro no es un caso aislado, como tampoco lo es lo que le hicieron los curas pederastas a sus víctimas, ni lo que un tío, un primo, un padre o un abuelo siguen haciéndole a muchos niños y niñas hoy en sus casas</strong>, igual de pederastas que estos curas; o lo que los actualizados agresores sexuales continúan haciendo a estas personas vulnerables a través de las pantallas. Lo que les ha pasado históricamente a los niños y niñas y sigue ocurriendo hoy, lo que hacen los agresores sexuales con estos niños y niñas, es <strong>un delito público derivado de un problema social estructural, de salud pública</strong>. Y solo abordándolo desde este prisma –y no como casos aislados, espectaculares o de puertas para adentro– se podrán adoptar medidas que pongan el foco en el delito y en los delincuentes, que protejan a las posibles víctimas y que ayuden a las que, por desgracia, ya lo son.</p>



<p>Así lo indican desde todos los sectores consultados para la elaboración de este dossier: desde el ámbito judicial al policial, desde el ámbito educativo al psicológico, desde las organizaciones en defensa de la infancia hasta las propias víctimas –o supervivientes, como muchas prefieren denominarse– y familias afectadas. <strong>Es necesario dar un salto cualitativo en el abordaje de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia ya, cuanto antes, como ocurrió también con la violencia de género en su día</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Una violencia continuada</strong></h2>



<p>«<strong>Ni es algo puntual ni es tampoco el caso Epstein</strong>», analiza la <strong>doctora en Psicología y catedrática en Victimología Noemí Pereda</strong>. «Porque ahora estamos con esto como si esto fuera la realidad. No, la realidad de la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es intrafamiliar, es continua, es silenciada, nadie lo descubre. No son estas historias mediáticas. Es que estoy preocupada con el caso Epstein porque veo que últimamente se está desviando todo hacia ahí», explica Pereda. Al frente del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona, dirigió el primer estudio estatal con <a href="https://www.lamarea.com/2024/04/01/noemi-pereda-la-violencia-sexual-no-es-un-tema-prioritario-para-la-administracion-publica/">una muestra representativa tan amplia</a> –más de 4.000 adolescentes y jóvenes de 14 a 17 años– y, además, con información proveniente de los propios niños, niñas y adolescentes de ahora, no de adultos que lo sufrieron en el pasado.&nbsp;</p>



<p>Los datos son demoledores: <strong>un 17,8% reportaron haber sufrido algún tipo de victimización sexual a lo largo del último año</strong>. Si comparamos este porcentaje con el obtenido en la primera encuesta realizada en España, en 1994 por el profesor de la Universidad de Salamanca Félix López, se observa que no ha cambiado prácticamente nada –entre un 10% y un 20% de la población, según los diferentes estudios, ha sufrido agresiones en su infancia o adolescencia–, lo que indica también que las administraciones han estado igualmente cruzadas de brazos ante este asunto en las últimas tres décadas.&nbsp;</p>



<p>«<strong>Las horas son las que son, no damos abasto. Tenemos tiempo y recursos limitados. Todo pasa por priorizar en la agenda al niño o la niña</strong>. Hemos visto cómo se ha priorizado a la mujer. Ahora tocan los niños. Tenemos la experiencia multidisciplinar de los equipos que trabajan en violencia de género, hay que aplicarla también a la violencia contra los niños, con sus peculiaridades y especificidades», concluían unas jornadas organizadas a finales de 2019 por el Colegio de Abogados de Sevilla, la Fundación Gota de Leche, el Foro Profesional por la Infancia de Andalucía y la Real Academia de Medicina de Sevilla.</p>



<p>En todo el mundo, según Unicef, <strong>más de 370 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad y entre 240 y 310 millones de niños y hombres han sufrido violaciones o abusos sexuales antes de los 18 años</strong>. Uno de cada cinco, dice la campaña del Consejo de Europa lanzada en 2010. Pero es que además, como afirman desde <strong>Save the Children</strong>, persiste el desafío de conocer la dimensión real: «Sabemos que las cifras oficiales reflejan solo la punta del iceberg, que muchos casos no se detectan y no se denuncian, en parte por las dinámicas propias del abuso, que suele producirse en entornos de confianza y en contextos de secretismo que dificultan la revelación por parte del niño o niña y de otros familiares», sostiene <strong><a href="https://www.lamarea.com/2026/06/03/clara-burriel-save-the-children/">Clara Burriel</a></strong>, especialista en violencia en la citada organización. Y ese es otro de los principales problemas: a pesar de su gravedad, todavía se trata de una realidad muy invisibilizada, rodeada de tabúes, falsos mitos sobre su frecuencia, las víctimas o los contextos. «La sensibilización social sigue siendo tarea pendiente: necesitamos comprender que se trata de una problemática estructural, no casos aislados», insiste.&nbsp;</p>



<p>Según el Ministerio del Interior, en 2024 se interpusieron 22.774 denuncias por violencia sexual –un 4,68% más que el año anterior y un 66% más que hace seis años–, de las cuales <strong>casi la mitad (un 41,2%) tenía como víctima a una persona menor de 18 años</strong>. Los datos constatan «la sobrerrepresentación femenina en la victimización sexual», la alta incidencia de esta violencia y la «fuerte masculinización de la autoría» de estos delitos.</p>



<p>María (nombre ficticio) tiene 45 años. Sufrió agresiones sexuales por parte de un familiar cuando era adolescente. Acudió a terapia ya mayor, poco antes de la pandemia. Y hoy, cuando escucha este tipo de reflexiones, de enfoques, asiente y dice: «Eso es, es eso. Nunca es tarde para hablar de ello. No es Epstein, son las casas, es lo que está pasando hoy en las casas». <strong>Su familia está rota porque ella lo contó. Y eso también es frecuente, no es aislado, como sostiene esta sentencia de 2023</strong>, que condena <strong>al tío de una niña como María</strong>: «La menor explicó que no lo hizo antes –contar que su tío la agredía– porque tenía miedo a que no la creyeran, y porque pensaba que al revelarlo la familia se iba a romper, como ocurrió cuando se supo. Es algo repetitivo en estos casos».</p>



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<p>María afirma que en su grupo de terapia, en el 90% de los casos no tuvieron apoyo familiar: «La respuesta sobre cómo respondían las madres era muy similar, <strong>hemos sido repudiadas, no hemos tenido apoyo real y práctico</strong>», dice en un pasaje que recuerda, a su vez, a la interpretación de Belén Rueda en <em>No tengas miedo</em>, <strong>una película dirigida por Montxo Armendáriz en 2011</strong>. La niña –Michelle Jenner– se lo cuenta una y otra vez a su madre, pero la madre, que puede representar también a la sociedad, no quiere creerla, no quiere asumir que eso que está narrando su hija se está produciendo, que sea el padre el que lo está cometiendo, o quizá no puede asumir el error de no haberla protegido.&nbsp;</p>



<p>Esa es otra cuestión que se repite, <strong>el perfil (o no perfil) del agresor, porque cualquiera puede serlo</strong>. Todas las encuestas realizadas hasta el momento, todos los colectivos que trabajan en este asunto, lo confirman: en torno al 80% de este tipo de violencia se da dentro de la familia o entornos muy conocidos. «<strong>No son personas encapuchadas, pueden estar en casa</strong>», afirma la subdirectora de las líneas de ayuda de la <strong>Fundación ANAR, Shauri Molina</strong>. Según un análisis de sentencias que Save the Children viene elaborando periódicamente, <strong>más del 90% de las personas acusadas son hombres y en ocho de cada diez casos es conocida</strong>. Y sin embargo, como remarca en sus ponencias la superviviente <strong>Miriam Joy</strong>, hoy mediadora en prevención en la <strong>asociación Redime</strong>, <strong>nos alertan cuando somos pequeños de no coger caramelos de desconocidos, pero nadie nos dice que el agresor, «el lobo», puede estar en tu cuarto</strong>. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="800" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/04/Captura-de-pantalla-2026-04-21-a-las-10.37.04-1120x800.png" alt="Pederastas" class="wp-image-1425174" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/04/Captura-de-pantalla-2026-04-21-a-las-10.37.04-1120x800.png 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/04/Captura-de-pantalla-2026-04-21-a-las-10.37.04-375x268.png 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/04/Captura-de-pantalla-2026-04-21-a-las-10.37.04-768x548.png 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/04/Captura-de-pantalla-2026-04-21-a-las-10.37.04.png 1510w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /></figure>



<p>Entre los espacios más comunes, sigue destacando el entorno familiar, aunque también se dan otros agresores conocidos, como amigos o allegados de la familia o víctima, profesionales que trabajan con niños y niñas, etc. En el caso de Miriam, por ejemplo, fue un médico. En el caso de Francisco, hoy con 43 años, fue un vecino, posteriormente conserje de su colegio. Dentro de la familia, las figuras que destacan son la pareja de la madre (11%), el padre (8%) y otros familiares, como tíos y abuelos (8%). En el entorno conocido no familiar, el 75,2% eran conocidos o amigos de la víctima. No obstante, el aumento de la violencia digital está haciendo que el porcentaje de agresores desconocidos esté creciendo, como corroboran Save the Children y la Fundación ANAR.</p>



<p>El tipo de agresor, según el citado estudio de sentencias, también marca la media de edad de las víctimas: así, en los casos en los que la agresión procede del entorno familiar, la media es de diez años; mientras que cuando el agresor pertenece al entorno conocido o es una persona desconocida, se sitúa en torno a los 13. Además, en seis de cada diez casos, se trata de agresores sin antecedentes (63%). El informe indica también que se ha producido un incremento en el número de quienes sí los tienen, y se sitúa en el 17,5%. Aquí destaca otra cuestión importante: en el 16% de los casos, los antecedentes eran por delitos contra la libertad sexual, lo que supone un aumento respecto al 4% de 2021.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>La importancia de creer a las víctimas</strong></h2>



<p>«Serán imaginaciones tuyas», concluye la madre sobre lo que le cuenta su hija en la película de Armendáriz, como suele pensar la sociedad ante los casos reales. «<strong>Cuando yo lo conté, dos años después, cuando tenía 11 años, me llevé una reprimenda tremenda, me dijeron que aquello era una invención</strong>», dice <strong>Francisco</strong>. «No se quiere ver porque faltan herramientas y se tiene miedo al conflicto. Y en nuestra sociedad los abusos sexuales a menores es algo que tenemos bastante asimilado, sabemos que pasa, pero cuando pasa y lo tenemos delante de nuestras narices nos resulta tan espantoso que preferimos mirar para otro lado antes que abordarlo y denunciarlo», prosigue.&nbsp;</p>



<p>Desde la Fundación ANAR parten de una máxima: «Siempre tenemos que creer a los niños, niñas y adolescentes, hay que darles un espacio, decirles que no les vamos a juzgar, que la culpa la tiene el agresor, y tener oídos para esos niños», explica Shauri Molina. En el 9,4% de los casos atendidos, tuvo que intervenir el departamento jurídico; y en el 9,3%, hubo una coordinación con entidades externas para proteger a esos niños. &nbsp;</p>



<p>Porque otra supuesta explicación que se esgrime para no mirar es culpar a la víctima: <strong>«Serás una puta»</strong>, le dijo una madre a su hija con 12 años cuando le contó lo que le hacía su padre: «¡Pregúntaselo a tu marido, papá me está tocando y va a mi cuarto todas las noches por mí!». «Imagínate qué ganas tienes tú de hablar de esto», explica <strong>la terapeuta Eva Medina </strong>ante este caso que trató. El problema, como analiza, es que un niño no imagina lo que no ve, no fantasea con lo que no conoce. «O lo ha visto o se lo han hecho, y en ambos casos es delito», dice. Y se llama pederastia –continúa– por muy dura que suene la palabra: «Es fuerte, pero es la realidad. <strong>Una persona que abusa de un menor es un pederasta, sea el padre, el hermano, el tío, la madre o Perico el de los palotes</strong>».&nbsp;</p>



<p>Esta otra sentencia también es clara en ese sentido: «No se trata de un mayor de edad con nociones sexuales, que puede tener capacidad para inventar escenas de contenido sexual, sino de un menor que no las conoce, lo que, como apunta el tribunal, supone un grado de credibilidad relevante de los menores víctimas en estos casos que les hace ser unas víctimas en su propio hogar. Este tipo de hechos cometidos por personas del entorno de la menor conlleva una facilidad operativa delincuencial del sujeto activo del delito y la más completa indefensión de los menores de edad que sufren la delincuencia sexual», escribe en 2024 la Sala de lo Penal del Supremo al denegar un recurso de casación presentado por el agresor, condenado en 2021, que argumentaba que se había vulnerado su presunción de inocencia. La mayoría de los casos, de hecho, no llegan a los juzgados, porque o no los creen o no lo cuentan por la propia dinámica del abuso hasta que son adultos. </p>



<p>Eva Medina es tía de Miriam Joy y, como ella, trabaja en la asociación Redime, nacida en 2004 alrededor de esta historia familiar. Miriam contó cuando cumplió los 18 años que un médico había abusado de ella. De ella y de más niños. «<strong>Pertenecíamos a una comunidad cristiana y había una persona, un médico con su esposa, que llevaba a los niños, no tenían hijos, era gente muy reconocida socialmente</strong>. Él era muy cercano, muy empático. Trabajaban con niños y adolescentes, y hacían campamentos, tenían una revista, en fin… atraían a los niños y a las niñas. Fue una bomba. Y te preguntas, ¿pero cuándo ha pasado esto? ¿Dónde estábamos nosotros, sus padres, su familia?», rememora Eva. &nbsp;</p>



<p>A Miriam, en contra de lo que suele suceder, sí la creyeron. «Eso supone una crisis familiar, personal, de fe y de todo. Porque donde creíamos que los niños estaban protegidos y seguros, es donde estaban siendo abusados», prosigue su tía, con una agenda de trabajo tan cargada que siempre acaba posponiendo esta entrevista. «Los padres de Miriam, Gloria, que es la presidenta de la asociación, junto con su marido, Joel, fueron a Estados Unidos por otra cuestión y asistieron a una conferencia. Alguien se levantó y contó que su padre había abusado de ella». De allí se trajeron una guía, <em>Puerta de Esperanza</em>, que tradujeron y adaptaron, y formaron los primeros grupos de ayuda mutua, sesiones que se centran en la rehabilitación de adultos que fueron agredidos sexualmente en la niñez.&nbsp;</p>



<p>«La asociación empieza con grupos pequeñitos de unas cuantas mujeres. En principio, solo eran mujeres. Muchas nos conocíamos, pero nunca habíamos hablado de esto. Amigas quizás de toda la vida, pero jamás se había hablado de esto. Y empezamos a hacer este trabajo con el manual, escrito por Jan Frank». A partir de ahí, la asociación comenzó a crecer de manera exponencial: «Y empezamos a tener los grupos de ayuda mutua ya más regulados, dos veces al mes, en sesiones presenciales en principio».&nbsp;</p>



<p>Esa es la columna vertebral de Redime, pero su labor, que comenzó en Málaga y ahora es de ámbito estatal, tiene en realidad tres patas:<strong> la rehabilitación de las víctimas, la prevención y la formación</strong>. «Nos dimos cuenta de que la educación es crucial. Y creamos un programa de prevención que va desde los tres años hasta el bachillerato adaptado según el rango de edad. Por ejemplo, con los más pequeñitos usamos guiñoles, muñecos, canciones, etc.». </p>



<p>La mayoría de estos programas, denominados Talleres para la vida y dirigidos a docentes, alumnado y familias, los desarrollan de manera gratuita, solicitados por colegios, pero no tienen los recursos suficientes para hacer todo lo que se necesita, ni convenios con las administraciones que permitan ejecutar este trabajo de manera sistemática y en todos los centros. «Lamentablemente, no ha habido ni un solo colegio o instituto al que hayamos ido en el que no haya saltado algún caso. Las cifras son alarmantes, pandémicas. Nosotros estamos desbordados. Nos llegan personas derivadas de salud mental que no pueden ser atendidas porque dan cita cada no sé cuántos meses… <strong>El Estado tiene que poner los recursos para que las víctimas puedan ser atendidas</strong>», insiste Eva Medina. Aunque en 2021 se aprobó la Ley de Protección a la Infancia (Lopivi), un paso fundamental para abordar este problema según los agentes implicados, prácticamente hasta el momento han sido las propias víctimas y las iniciativas privadas las que han ido actuando en este asunto. Es el caso también de la Fundación Vicki Bernadet, que lleva trabajando desde 1997 en la atención integral, prevención y sensibilización.&nbsp;</p>



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<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="Di6gXLU3wG"><a href="https://www.lamarea.com/2026/05/27/vicki-bernadet-escucha/">Vicki también sabe por qué canta el pájaro enjaulado: “La escucha es la mejor terapia. Esto va de salvar vidas”</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Vicki también sabe por qué canta el pájaro enjaulado: “La escucha es la mejor terapia. Esto va de salvar vidas”» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/05/27/vicki-bernadet-escucha/embed/#?secret=LXqlIIRwrf#?secret=Di6gXLU3wG" data-secret="Di6gXLU3wG" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p><a href="https://www.lamarea.com/2026/05/27/vicki-bernadet-escucha/">Vicki Bernadet fue agredida de los nueve a los 17 años y no lo contó hasta los 34</a>. Hoy tiene 72 años y considera que, tratándose de otra época, algo debería haber cambiado. Pero no: «Se trata de una realidad tan dura que existe una sensación generalizada de que las cosas son menos graves de lo que decimos. Y se suele pensar que estamos exagerando para sensibilizar. Por eso tenemos que encontrar ese equilibrio para que no se cierren las mentes ante esta realidad tan cruda. Y siempre digo que quiero ir con la Generalitat, no contra la Generalitat. Y, por ejemplo, en los talleres de padres y madres tengo que conseguir, y lo consigo afortunadamente, que al menos cuatro o cinco veces se rían a carcajadas, para romper, porque el humor humaniza a la gente». </p>



<p>Desde la primera que vez que contó su historia y comenzó a dar en entrevistas, <strong>tardó casi diez años en impartir una charla en «un solo» colegio</strong>. Y aunque ahora va a centros escolares con una gran acogida, hace unos días acudió a uno donde de 600 familias solo asistieron unas cinco. Ella, como las demás víctimas, se enfrentó a dos realidades: la reacción del entorno familiar y la inexistencia de recursos especializados. En estos días, por ejemplo, desde su fundación, acaban de participar en la elaboración de un nuevo protocolo en Bajo Aragón «para garantizar respuestas claras, eficaces y alineadas con la normativa vigente, y fortalecer la capacidad de los agentes a la hora de actuar de forma temprana, coordinada y efectiva ante estos casos».</p>



<p>Otro ejemplo es el estudio que lideró la profesora Pereda, que fue financiado, entre otras, por una institución privada como la Fundación ”la Caixa”. «A mí me apena mucho la última encuesta del Ministerio de Juventud e Infancia porque era una oportunidad enorme, con el poder que tiene el ministerio, de hacer una encuesta en adolescentes escolarizados aún mayor que la nuestra. Pero la volvieron a hacer con adultos». </p>



<p>Desde el ministerio señalan la dificultad ante la necesidad de autorización familiar, ya que los casos se dan precisamente en las familias. Pereda insiste en que hay países como Canadá, EE. UU. o Chile que hacen esta encuesta con adolescentes cada dos años. «Porque eso –analiza– nos permitiría ver variaciones y decir ‘oye, resulta que en Catalunya han implementado un programa y, fíjate, de hace dos años a hoy, el porcentaje es más bajo’. Esto solo lo podemos comprobar si hacemos estudios con los adolescentes de hoy, con los que podemos intervenir hoy y no cuando pasen los años. La política pública debe invertir en esto y en prevención. Porque cuando lo hacemos con adultos, ya sabemos qué va a salir».</p>



<p><strong>La sociedad, además, ha cambiado y ahora se dan nuevos factores que no influyeron en esos niños hoy adultos: desde la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías –con la IA como última novedad– hasta nuevas formas de relaciones familiares</strong>. Todo ello permitiría detectar también las nuevas formas de violencia a través de la tecnología y la violencia cada vez mayor entre iguales, entre personas de la misma edad. «Ha aumentado por esta negligencia respecto a la educación afectivo-sexual y el peso de la industria del porno. Porque no es que los adolescentes vayan a buscar porno, es que la industria los va a buscar a ellos. O sea,<strong> <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/11/acto-pederastia-sevilla/">tenemos juegos infantiles como Roblox donde hay enlaces a pornografía. ¿Por qué? Porque saben que lo van a ver niños</a></strong>. No se trata de culpar a los adolescentes de ver pornografía, de prohibir. Debemos entender todo este escenario y hacer actuaciones en políticas públicas que realmente sean efectivas, porque, si no, este porcentaje no va a bajar», añade la catedrática.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-lamarea-com wp-block-embed-lamarea-com"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="yDdekdSmwu"><a href="https://www.lamarea.com/2026/06/11/acto-pederastia-sevilla/">¿Y si estamos empezando a escuchar? Preguntas y respuestas sobre pederastia en un concurrido acto en Sevilla</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«¿Y si estamos empezando a escuchar? Preguntas y respuestas sobre pederastia en un concurrido acto en Sevilla» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/06/11/acto-pederastia-sevilla/embed/#?secret=wVJhwMi938#?secret=yDdekdSmwu" data-secret="yDdekdSmwu" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>La pederastia en la Iglesia</strong></h2>



<p>También fue, al margen del Estado, la insistencia de las víctimas de pederastia en la Iglesia la que ha conseguido finalmente el reconocimiento de estas agresiones, el derecho a su reparación y el acuerdo entre la Iglesia y el Gobierno con el Defensor del Pueblo para indemnizar los casos que estén prescritos en la justicia pública. «<strong>Mucha gente piensa que esto es de la época de Franco. Claro. En la época de Franco ocurría, pero es que por desgracia en nuestros días también sigue ocurriendo</strong>, y hay niños y niñas que han sufrido delitos de pederastia y sus padres están desesperados, primero por el estado de sus hijos, pero después también porque los poderes públicos parece que juegan a archivarlo todo», denuncia <strong>Juan Cuatrecasas, portavoz de la Asociación Nacional Infancia Robada</strong>.&nbsp;</p>



<p>«Solo desde enero de 2025 al verano de 2025, en España, ha habido hasta 12 casos en colegios concertados», enumera. Este mismo marzo, el Opus Dei ha apartado a un profesor en Madrid por supuestas agresiones sexuales a tres menores de edad, según ha publicado <em>El País</em>, que puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española. «A diferencia del ámbito familiar, l<strong>a víctima, cuando denuncia, se enfrenta a su agresor pero también a toda la orden, prelatura a la que éste pertenezca, que intenta tapar el caso y defender el buen nombre de la institución</strong>. Es decir, recae sobre la víctima todo el poder de la institución, con lo que ello supone. Y de ahí que, cuando un menor/adulto denuncia a un miembro de la Iglesia, ésta nunca asume su defensa, y sí la de su agresor», reflexiona Cuatrecasas.</p>



<p>Su hijo fue víctima de un profesor numerario en un colegio vasco. «Nos trasladó en mayo de 2011 el delito que habían perpetrado contra él; nos habló de abusos y acoso escolar, las dos cosas, porque muchas veces los casos de abuso que se producen en colegios llevan emparejado el tema del acoso, porque el pederasta, el depredador sexual, lo que hace es intentar aislar a la víctima, como ocurre también en la violencia de género», explica. «Para nosotros –prosigue– fue una pesadilla porque veíamos a nuestro hijo fatal. Y en un principio no te imaginas hasta dónde llegaba todo. Pero cuando ya tu hijo te dice con dificultad lo que ha pasado, pues lo primero que haces es intentar que él salga adelante –ese ha sido siempre nuestro objetivo– y por supuesto a la vez tuvimos que denunciar porque el colegio pretendía taparlo todo», denuncia.&nbsp;</p>



<p>La Asociación Nacional Infancia Robada nació de un grupo de víctimas de la Iglesia, cuyos jerarcas han llegado a alegar que lo de los abusos no era solo cosa de esta institución. Y es cierto. «Pero a lo largo del tiempo han recurrido a nosotros sobre todo víctimas del ámbito intrafamiliar, alguna del deportivo e incluso de los Boy Scouts. Es, efectivamente, un mal endémico de nuestra sociedad. Y siempre digo que con la infancia nada es suficiente», concluye Cuatrecasas. Según la encuesta realizada por la firma GAD3 para el Defensor del Pueblo, el 1,13% de las personas han sufrido abusos en el ámbito religioso católico. La cifra supone un 0,6% con respecto a los abusos totales reportados: un 11,7% de las personas entrevistadas (con una muestra de 8.000). Y no es menor: son unas 400.000 víctimas, según las prospecciones del Defensor.&nbsp;</p>



<p>«En el caso de la Iglesia es un tema que procede de muchas décadas atrás, y está insertado como algo estructural. <strong>No son cuatro casos, como decía la Iglesia al principio. Son muchos y cada vez más</strong>. E incluso te diré que en este ámbito se entendía que era entre un cura o religioso adulto y un niño y, con el tiempo, también han ido saliendo mujeres víctimas de sacerdotes. Hay campos totalmente inexplorados, como el tema de las monjas, que algún día también saldrá», añade Cuatrecasas, que lidera la petición de un Estatuto específico que otorgue a los supervivientes «la condición de víctima» con derechos en el ámbito sanitario, educativo, laboral y social. Además de la protección judicial a quienes hayan denunciado.</p>



<p>El informe destaca, además, que la violencia contra la infancia, considerada como un asunto de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS), no ha aparecido entre los problemas que generan una mayor preocupación en la ciudadanía, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). «Por ello –indica el Defensor–, se aprovechó la ocasión para preguntar a las personas encuestadas, ante todo, cuál era su percepción del problema». La mayoría lo considera un problema social muy grave o bastante grave. Sobre si existe una mayor conciencia social, un 19,7% respondió «mucha» y un 40,2% «bastante», frente a un 32% que consideró que la conciencia social había crecido poco y un 5,2% nada.&nbsp;</p>



<p>«Precisamente el tabú que todavía rodea a esta forma de violencia está muy vinculado a esos entornos en los que se produce. Aceptar esto implica reconocer que el riesgo y la violencia muchas veces proceden de los entornos que deberían ser protectores. Esa realidad genera una profunda incomodidad social, pero también <strong>sentimientos de vergüenza, culpa y miedo, incluso dentro de las propias familias o instituciones, que pueden llegar a traducirse en situaciones o dinámicas de encubrimiento para evitar el estigma social</strong>», contextualiza la experta Clara Burriel. </p>



<p>Fue lo que hizo la Iglesia durante años con estos casos o lo que hacen tantas familias con los suyos. En el foro celebrado en Sevilla a finales de 2019, también se llegó a concluir lo siguiente: «En el momento actual, la actitud de la mayoría de los profesionales es el no querer implicarse en la atención, ni en la notificación por las consecuencias que podría acarrear, por la dificultad que entraña, por la dedicación que exige y por la inseguridad jurídica profesional que padecemos». Ocurre también que cuando alguien pone este asunto en una conversación –como hemos constatado en el proceso de elaboración de este dossier– la reacción suele ser de desconexión: qué tema «más feo», qué tema «más incómodo».</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>La justicia</strong></h2>



<p><strong>La ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, admite la deuda que existe con estas víctimas. «Pido disculpas, en nombre del Estado, a todas las infancias porque no hemos llegado a tiempo de evitar muchas situaciones dolorosas</strong>», dice en una entrevista en páginas posteriores. Este año se cumplirá un lustro de la aprobación de la Lopivi, que necesita seguir dotándose de financiación y recursos para ser efectiva, sobre todo, desde el punto de vista educativo y judicial. Porque lo que ha pasado también hasta ahora es que no se reconoce que los niños sean sujetos de derechos, que no son propiedad de los padres, ni de los tutores, ni de nadie. «El ordenamiento jurídico no está pensado para los niños y las niñas», <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/26/juicio-en-el-parque/">dice tajante la magistrada Glòria Poyatos, que insiste en la importancia de incluir la perspectiva de infancia en la justicia</a>.</p>



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<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="hAgUKFjN6N"><a href="https://www.lamarea.com/2026/05/26/juicio-en-el-parque/">Juicio en el parque. ¿Se lo imaginan? Los niños tampoco en una sala de vistas</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Juicio en el parque. ¿Se lo imaginan? Los niños tampoco en una sala de vistas» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/05/26/juicio-en-el-parque/embed/#?secret=2469G3SpFh#?secret=hAgUKFjN6N" data-secret="hAgUKFjN6N" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>«En todo lo relacionado con los menores, necesitamos dar un salto cualitativo porque nos encontramos con que sus necesidades y experiencias normalmente quedan ocultas, es muy difícil valorar su relato, muy difícil valorar su sintomatología o sus reacciones porque suelen ser inespecíficas. Se necesita de la psicología, y no de una psicología cualquiera, sino de algo muy especializado para poder llevarlo a cabo en profundidad. Y actualmente no tenemos esos recursos, de forma que los juristas estamos opinando y tomando decisiones sobre cuestiones relativas a menores, cuestiones muy relevantes, sin tener suficiente formación», <strong>admite la abogada Amparo Díaz, especializada en violencia de género</strong> y victimología. </p>



<p>«No nos olvidemos –prosigue– de que e<strong>l machismo justifica y legitima que haya ciudadanos de primera categoría y ciudadanos y ciudadanas de segunda categoría, como las mujeres, niños y niñas</strong>». «Cuando las víctimas son niños que todavía no tienen capacidad de expresarse con mucho detalle, el sistema que se está aplicando es un sistema basado en la valoración de la credibilidad de su relato y requiere que su relato sea detallado, con detalles del contexto, del lugar, de la secuencia de cómo suceden los hechos… y nada de eso lo pueden hacer muchos menores. Se están dejando de lado otro tipo de investigaciones basadas en otro tipo de herramientas como pueden ser los juegos con muñecos, los dibujos, pruebas indirectas…», prosigue Díaz.&nbsp;</p>



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<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="vj3So6fc9i"><a href="https://www.lamarea.com/2026/05/04/sira-rego-entrevista-pederastia/">Sira Rego: “Pido disculpas en nombre del Estado a todas las infancias”</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Sira Rego: “Pido disculpas en nombre del Estado a todas las infancias”» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/05/04/sira-rego-entrevista-pederastia/embed/#?secret=LZT7pJLn6y#?secret=vj3So6fc9i" data-secret="vj3So6fc9i" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>La Lopivi parte de ahí y, entre otras cuestiones, prevé la creación de juzgados especializados en violencia contra la infancia. Sin embargo, según matiza Save the Children, la instauración de las nuevas secciones se aprobó finalmente en 2025 en Madrid, Barcelona y Málaga, cada una de ellas con una única plaza judicial. «Aunque la implementación deba ser paulatina, tres secciones con una plaza cada una para todo el país resultan manifiestamente insuficientes para atender de manera especializada todas las formas de violencia de las que son víctimas niños, niñas y adolescentes, por lo que es necesario una implementación más amplia desde su inicio, así como la creación de plazas judiciales», reclama Burriel. </p>



<p>En este ámbito<strong>, las asociaciones y colectivos piden la creación de fiscalías especializadas, asegurar que estos casos recaigan en las secciones de violencia contra la infancia y la adolescencia</strong>, en lugar de las secciones de violencia sobre la mujer: «Pues las niñas tienen necesidades específicas diferenciadas de las de las mujeres adultas, motivadas por su edad, el momento de desarrollo, el tipo de violencia o la relación con la persona agresora. Lo contrario supondría, además en la práctica, un trato desigual entre niños y niñas, cuyos casos por el mismo tipo de violencia serían tramitados por secciones distintas», señala Burriel.&nbsp;</p>



<p>Y, por supuesto, resulta fundamental integrar el modelo Barnahus en la justicia especializada en infancia, un modelo de atención integral donde todas las instituciones que intervienen en un caso de agresión sexual infantil se coordinan y trabajan bajo el mismo techo para atender al niño o niña víctima. El objetivo es evitar la victimización secundaria estableciendo protocolos de actuación interdisciplinarios e interinstitucionales, lo que mejorará de ese modo la coordinación entre los profesionales y asegurará la protección de los niños y niñas a la hora de conducir exploraciones, realizar la prueba preconstituida y evitar su declaración en el juicio oral, lo que lo aleja de las instalaciones judiciales.</p>



<p>Según el informe de sentencias de Save the Children, <strong>en más de la mitad de los casos, hay víctimas que siguen teniendo que declarar más de una vez</strong>. En el 20% de los casos, la víctima tuvo que declarar dos veces, mientras que en un 3% tuvieron que declarar hasta cinco veces o más. Por otro lado, los que llegan a la justicia se extienden más allá de los tres años y preocupa el aumento de los que sobrepasan los cinco años de duración. «Habitualmente, las instancias judiciales hacen gala de ese principio garantista del <em>habeas corpus</em>, que me parece muy bien, pero cuando alguien denuncia esto no lo hace por capricho, cuando alguien va a un juzgado no lo hace como el que va un domingo a dar un paseo por el campo. La casuística de casos falsos denunciados de violencia contra la infancia es prácticamente ridícula», insiste Cuatrecasas.&nbsp;</p>



<p>El proceso judicial iniciado por su familia contra el profesor, que acabó condenado, concluyó varios años más tarde, en 2018: «Y tenemos que aguantar halagos hacia el pederasta, con condena. Estamos en 2026 y esto no ha terminado. Nos queda el juicio civil y el tema del Vaticano».</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Secuelas de por vida</strong></h2>



<p>Laura fue la única de cuatro hermanas que se atrevió a hablar. Su padre agredió a todas las demás. Cuando llegó a ella, la más pequeña, se acabó. Su madre no se había enterado hasta entonces. Y<strong> aunque su caso llegó a los tribunales y el padre fue condenado, Laura sigue viviendo hoy, con más de 40 años y dos hijos, con ese dolor</strong>: «Ese tío ha pasado unos cuantos años en la cárcel y no ha pagado nada porque se declaró insolvente. Él está tan pancho. Nosotras seguimos destrozadas». Ninguna de sus hermanas terminó los estudios básicos. Ella ha encadenado depresiones y trastornos de la alimentación y, según cuenta, no le sirve la justicia restaurativa cuando se le pregunta como forma, también, de poder aminorar su dolor. </p>



<p>«En España también tenemos <strong>estudios de la relación entre violencia sexual y la conducta suicida, una relación más que demostrada</strong>. El niño busca una salida al dolor y muchas veces consiste en acabar con todo, con su vida. La violencia sexual también se relaciona con consumo de alcohol y drogas, que es otro de los problemas que tenemos. Un consumo que te permite desconectar de este recuerdo. Se relaciona también con problemas de salud mental, obviamente, ansiedad, depresión, fracaso escolar. Y es un problema que no estamos sobrerrelacionando con otros problemas, y que está demostrado desde hace mucho tiempo, tanto fuera del país como en España», expresa Pereda.&nbsp;</p>



<p>Según el informe publicado este mismo abril por la Fundación ANAR sobre su línea de ayuda telefónica, <em>email</em> o chat, la conducta suicida de menores de edad se ha convertido, por cuarto año consecutivo, en el principal problema atendido. Y<strong> la primera causa de los problemas de salud mental es la violencia. Después de ello y las autolesiones, entre los principales temas de consulta destacan las agresiones sexuales</strong>.&nbsp;</p>



<p>Aunque con ayuda hay salida, en una de las sentencias citadas anteriormente, el tribunal también lo dice claramente: «<strong>El sufrimiento que padecen estas menores difícilmente podrán borrarlo de su mente en el futuro</strong>». De hecho, la mayoría, cuando lo cuenta, ya es una persona adulta, lo que lleva a que el delito prescriba en muchas ocasiones y que los hechos queden impunes. Por eso se está pidiendo la <strong>imprescriptibilidad</strong>. «Suele ser característica habitual en estos casos el silencio de los menores y la prolongación en el tiempo de las agresiones sexuales, que es lo que busca el autor de estos hechos delictivos para conseguir la obstaculización de la decisión de la denuncia por parte de los menores, o de contarle a sus madres lo que están sufriendo», insiste la misma sentencia.</p>



<p>La pesadilla suele iniciarse como <strong>un «secreto» entre el agresor y la víctima</strong>, que aún no sabe que lo es. Porque no le pega, que es algo que el niño identifica como algo malo, sino que le hace cosquillas, o lo acaricia. Por eso es fundamental, como afirma Vicki Bernadet, la confianza educada, hacer ver al niño que los secretos se pueden tener pero que hay que romperlos cuando te hacen sentir mal. En todo ese proceso, el niño muchas veces huye a otro lugar, disocia lo que le hace por la noche su padre de lo que le dice por la mañana: por la noche entra en su cuarto y lo toca y por la mañana hablan de las notas del cole. La espiral va creciendo de tal manera que el mismo niño, puede llegar a sentirse culpable, y sentir vergüenza, porque el agresor también se lo recuerda: no lo puedes contar porque a ti también te gusta. «Me sentía una puta», dicen algunas mujeres agredidas. Y esa niña o ese niño tampoco quiere que su padre o su abuelo vayan a la cárcel. ‘¿Estás seguro de lo que dices? Porque puede ir a la cárcel?’. Y entonces se retractan. Con eso también juegan estos agresores.&nbsp;</p>



<p>A pesar de los avances, de las leyes, siguen produciéndose casos como este que publicó en marzo <em>El Salto</em>: un juzgado de Madrid otorgó la custodia exclusiva de una niña de seis años a su padre denunciado por violencia sexual hacia la pequeña cuando el caso todavía no estaba sobreseído. El escrito –afirma el medio– hacía alusiones al falso síndrome de alienación parental, prohibido en la Lopivi.&nbsp;</p>



<p>Más allá de este caso particular, la abogada Díaz insiste en ello, en que las leyes están, pero no siempre se aplican: «Rige la presunción de inocencia, pero debería regir a la vez el derecho a la tutela judicial efectiva, es decir, el derecho a que se investigue en profundidad un caso y que se lleven a cabo diligencias útiles para llegar a conocer qué es lo que ha sucedido. Sin embargo, nos quedamos muchísimas veces en la superficie, porque como el menor no llega a dar suficientes detalles o no llega a tener evidencias físicas o síntomas psicológicos específicos, nos quedamos ahí». </p>



<p>Pone como ejemplo el artículo 19 de la Ley de Violencia de Género, que dice que las entidades que dan atención especializada a las mujeres podrán pedir medidas urgentes al juzgado: «Y, sin embargo, no se piden. El hecho de que la madre haya contado previamente una situación de maltrato hacia ella, por desgracia se suele interpretar como que hay una animadversión, que es parcial y que no es objetiva». </p>



<p>Por ello, plantea algo básico: que las administraciones públicas cumplan la legislación. «Para eso es necesario que tengan más medios. <strong>Las profesionales que están en esos servicios normalmente están muy implicadas, pero tienen poco tiempo, muchas veces trabajan a media jornada y tienen temor, por un lado, a los propios procedimientos judiciales, y, por otro, a las represalias de las personas que están identificando como posibles agresores</strong>. Y eso pasa en todos los servicios. Los servicios sociales muchas veces no se pronuncian, se quedan en la superficialidad, entre lo que dice uno y lo que dice otro, no avanzan y no se hacen más investigaciones ni se pide nada específico a los juzgados ni a los centros educativos».</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Prevención y detección</strong>: redes e inteligencia artificial</h2>



<p>En mitad de este panorama, la formación, la prevención y la detección temprana son, por tanto, las herramientas cruciales. «Salir de las cifras estancadas supondría en primer lugar impartir <strong>una educación afectivo-sexual universal desde etapas muy tempranas. Y esto no ocurre en la mayoría de países, no es solo España</strong>. Y no va de que en una asignatura de 3º de ESO sepan lo que es el pene y un embarazo, no. Esto va de consentimiento, va de los derechos que tienes sobre tu cuerpo, tu intimidad, va del respeto a los demás, de relaciones igualitarias. Es educación afectivo-sexual, no solo sexualidad biológica», insiste Pereda.&nbsp;</p>



<p>El niño, dice ella, tiene que aprender que nadie puede tocar su cuerpo si él no quiere y que tiene que haber una justificación para ello. «Hay que decir, ‘hola, soy el médico y te voy a tocar por esto’. Perfecto. Ya le estás mostrando un respeto. O ‘soy mamá y te limpio el culete, porque tengo que limpiártelo’. Perfecto. Este mensaje ya está mostrando un respeto por el niño. Pero no lo hacemos así. Cogemos al niño, lo limpiamos, lo coge el médico, le quita los pantalones… Lo que está aprendiendo es que cualquier adulto puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Y luego queremos que hablen. Claro, ¿cuándo van a hablar? Si no saben que tienen este derecho, ¿no?», expone con ejemplos prácticos que permiten ver toda la violencia a la que sometemos a los niños sin ser conscientes de ello.&nbsp;</p>



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<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="am8MMW1fRQ"><a href="https://www.lamarea.com/2026/06/10/libros-canciones-pederastia/">Prevención: libros y canciones para ayudar a las niñas y niños a protegerse de los pederastas</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Prevención: libros y canciones para ayudar a las niñas y niños a protegerse de los pederastas» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/06/10/libros-canciones-pederastia/embed/#?secret=rgelPUrD9i#?secret=am8MMW1fRQ" data-secret="am8MMW1fRQ" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>Como la tradición social de dar besos como muestra de buena educación, de relación social. Si el niño no lo hace, porque no le sale, porque no quiere, o porque no tiene ganas, se le dice que es un maleducado y se le insiste hasta que da el dichoso beso. ¿Pero cómo va a saber que tiene que decir que no cuando lo estén sometiendo a una violencia?, reflexiona Vicki Bernadet en una de sus charlas. En la misma línea se expresa la experta Clara Burriel, que destaca la posición privilegiada de los centros educativos para detectar casos. «Es fundamental que el profesorado sepa identificar señales de alerta y comprender lo que un niño o niña puede estar revelando. Para ello, es clave la formación de los y las docentes, y también la implementación de las figuras de protección que recoge la Lopivi para el ámbito educativo, el coordinador/a de bienestar».&nbsp;</p>



<p>Y, por supuesto, son necesarios –dice– protocolos para la detección, la notificación y la actuación: «<strong>Sin un protocolo claro, las decisiones pueden quedar en manos de cada docente, quien puede enfrentar dudas sobre cómo proceder, temores a represalias o incertidumbre</strong> sobre la veracidad del testimonio. Para evitar que la protección dependa de la valentía individual o de la percepción subjetiva de cada profesional, todos los centros educativos deberían contar con protocolos internos, con mecanismos de prevención y pautas claras de actuación».&nbsp;</p>



<p>Es, además, una medida que, como sostienen los especialistas, debe venir del Estado, no se debe dejar al albur de cada colegio, de cada comunidad autónoma o de cada partido político. «Esto no es ideología, es educación. Hay que tomar las riendas porque estamos hablando de educación y tu hijo tiene derecho a la educación. Tú no puedes decidir si quieres educar o no a tu hijo. Y lo mismo que tiene profesorado de matemáticas va a tener esta asignatura que la va a dar una profesora, no la va a dar una voluntaria», zanja Pereda.</p>



<p>La catedrática apunta también a otra cuestión fundamental: «<strong>Lo importante de esta educación es que no solo evitas víctimas, sino también agresores</strong>». Y más en un contexto como el actual, con el aumento de la violencia entre iguales. «Estos mismo niños agresores son también víctimas. Por eso hacemos mucho hincapié en la mirada del adulto, porque es el adulto quien identifica las señales de riesgo», añade Shaurin Molina, de la Fundación ANAR.&nbsp;</p>



<p>Eva Medina cuenta un caso que abordaron desde Redime: un grupo de niños de 12 años agredieron a una niña en el baño del instituto: «Se masturbaron delante la niña. Y cuando se les pregunta a los niños por qué han hecho eso, la respuesta es para caerse de espaldas: ‘Porque eso les gusta a las mujeres’. Y cuando les preguntas que por qué, te responden: ‘Porque lo hemos visto en Internet’. El modelo que tienen es la pornografía. Yo siempre les digo que la pornografía es la ciencia ficción del sexo».&nbsp;</p>



<p>Desde su punto de vista, abordar la educación es una cuestión de Estado, pero también de las familias: «<strong>Porque los padres y las madres a veces pensamos que el niño está en su cuarto, tranquilito… Pero no. Tu niño está en su cuarto, pero no tendría que tener un ordenador en el cuarto</strong>, ni puedes darle un móvil. Yo digo muchas veces: ‘Oye, le das el móvil porque se calma, pero también se calmaría con un chupito de whisky. Y si te lo pide mañana, ¿a que no se lo das? Como sociedad hemos de ir hacia esos cambios porque el resultado está ahí», insiste.</p>



<p>La abogada Amparo Díaz también incide en ello: «<strong>Hay que perseguir el porno <em>online</em> que involucra a menores o que suponen prácticas humillantes y agresivas sobre las mujeres</strong>». Para Díaz, esta violencia no solo no es cosa del pasado, sino que estamos en uno de los peores periodos: «Por no decir el peor, porque Internet ha potenciado la cosificación del ser humano y especialmente de las mujeres, niñas y niños, de forma que se está naturalizando el uso cosificante de las niñas y de los niños de manera sexual».</p>



<p>Con red o sin red, el delito sigue estando ahí. Por ello, concluyen todos los sectores que han participado en el dossier, hay que escuchar a las víctimas de una vez y poner el foco en los agresores, que son los que están logrando que no queramos ver, que miremos para otro lado. &nbsp;</p>



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<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="uHwbiKnz5x"><a href="https://www.lamarea.com/2026/05/06/la-marea-madrid-especial-pederastia/">La ministra Rego, víctimas y especialistas piden mirar de frente a la pederastia en el acto de &#8216;La Marea&#8217;</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«La ministra Rego, víctimas y especialistas piden mirar de frente a la pederastia en el acto de &#8216;La Marea&#8217;» — lamarea.com" src="https://www.lamarea.com/2026/05/06/la-marea-madrid-especial-pederastia/embed/#?secret=PqX8dT8jB8#?secret=uHwbiKnz5x" data-secret="uHwbiKnz5x" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/16/especial-la-marea-pederastia/">[Especial Pederastia] Ni puntual ni privado, es un problema social, estructural y de salud pública</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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