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	<description>Periodismo para gente independiente</description>
	<lastBuildDate>Mon, 22 Jun 2026 16:34:18 +0000</lastBuildDate>
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		<title>València, la gran expulsión &#124; Capítulo 5: historias de comercios</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/23/valencia-gran-expulsion-comercios/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Amador Iranzo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[la gran expulsión]]></category>
		<category><![CDATA[València]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La irrupción del turismo de masas altera el ecosistema de tiendas y pequeños negocios del distrito de la Saïdia.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/23/valencia-gran-expulsion-comercios/">València, la gran expulsión | Capítulo 5: historias de comercios</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>El número 9 de la calle Padre Urbano, en el distrito de la Saïdia de València, es una finca de una altura que data de 1927. En su balcón está colgada una pancarta contra la turistificación, idéntica a las muchas que se pueden ver en ese distrito. Todas se confeccionaron en una imprenta que estaba situada casi enfrente. Ya no existe. Tuvo que cerrar porque los dueños no pudieron afrontar la subida del alquiler que les planteó su casero, justo, justo, cuando el negocio empezaba a asentarse. Dos apartamentos turísticos ocupan su lugar.&nbsp;</p>



<p>La anécdota surge durante los encuentros que la Associació Veïnal de la Saïdia organiza en la sede de la entidad el segundo miércoles de cada mes.&nbsp;</p>



<p>–Coged una ensaimada. Están muy buenas.</p>



<p>En torno a café y piezas de repostería, y después de conversar sobre las múltiples actividades que organiza la asociación –los paseos nocturnos por el distrito las noches de luna llena concitan elogios unánimes–, salen a relucir historias sobre el impacto del turismo en el comercio de la zona, y se comenta el caso del lutier que tuvo que cambiar de local porque su casero quería subirle el alquiler, o el de la peluquera que reconvirtió su negocio en apartamentos turísticos.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1120x747.jpg" alt="Javier Zuriaga, tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, en la puerta de su establecimiento. A. I. " class="wp-image-1587177" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01627-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Javier Zuriaga, tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, en la puerta de su establecimiento. A. I. </figcaption></figure>



<p>El número 46 de la calle Sagunt –un edificio antiguo de dos plantas– llama la atención por el azul eléctrico de su fachada. Allí tiene su tienda de pinturas Javier Zuriaga, miembro de la Junta Directiva y tesorero de la Asociación de Comerciantes de la Saïdia, que asegura que el turismo está inflando los precios de los alquileres de los bajos y poniendo en apuros algunos negocios. Sin conocerlo, Javier habla de casos como el de Mario Castellote Béjar (37 años), que regenta un estudio de tatuajes en la avenida Constitución. Alquiló un bajo para su local por 400 euros mensuales hace cinco años. Antes del vencimiento, el pasado abril, le anunciaron que, si quería renovar, tendría que pagar 850. La justificación: es el precio del mercado.&nbsp;</p>



<p>–No, si por el dinero no es.</p>



<p>Eso decía el dueño del bajo donde estaba la escuela infantil (de 0 a 3 años) Amics, emplazada en un lugar privilegiado: al principio de la calle Visitación, a apenas unos metros del jardín que se extiende a lo largo del antiguo cauce del río Turia. Después de unos 25 años en ese lugar y de una reforma de más 50.000 euros, el contrato de alquiler terminaba en septiembre de 2023. Una de las propietarias de Amics, que prefiere no dar su nombre, relata cómo, un año antes del vencimiento, empezaron a negociar la compra del local. El casero les dijo que se estaba pagando mucho dinero por los bajos de la zona para dedicarlos a pisos turísticos y fijó una cantidad inicial de 300.000 euros, pero cuando vio que podían llegar a esa cifra, empezó a subir el precio. Total, no era por dinero. Finalmente, las propietarias de Amics desistieron. Una de ellas está convencida de que el dueño ya tenía pactada la venta a un inversor del que podía obtener una mayor cantidad —¡será por dinero!— y que la negociación no fue más que una estratagema para evitar los derechos que tenían como arrendatarias.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1120x747.jpg" alt="Persiana del bajo que ocupaba la escuela infantil Amics. A. I." class="wp-image-1587183" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01657-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Persiana del bajo que ocupaba la escuela infantil Amics. A. I.</figcaption></figure>



<p>El cierre de Amics dejó a 30 familias colgadas. Lucas Maltes (37 años) fue uno de los afectados. Quería llevar a su hija a la escuela infantil, situada justo enfrente de su tienda de venta y reparación de bicis, pero el cierre le obligó a buscar una alternativa. La encontró, igual que una nueva ubicación para su establecimiento. Lucas tiene ahora su negocio en la misma calle Visitación, pero unos metros más adelante. Paga un alquiler de 490 €, una cantidad, aclara, por debajo del actual precio de mercado, que se explica, en parte, porque no tiene salida de humos, lo que limita las posibilidades del local. Recuerda, además, que la planta baja estaba en muy malas condiciones. La proliferación de viviendas turísticas en la zona, confirma Lucas, ha incrementado los precios de los alquileres de los bajos, porque la oferta es mucho menor. Él, sin embargo, está contento con su casera, de la que, dice, cobra lo que es justo y no quiere líos con las licencias turísticas.&nbsp;</p>



<p>«El comercio es el primer generador de vida social», afirma Amparo Vidal, portavoz de la Asociación de Vecinos de Sant Antoni, uno de los barrios de la Saïdia, mientras recorre la calle Padre Urbano. Amparo recuerda la tienda de gaseosas del señor Manolo, el limonero. Detiene a una vecina que pasa por la calle para que confirme la información. «Mira, ahí viene el Chispas, el electricista de toda la vida», avisa de nuevo la dirigente vecinal. Ximo Muñoz, vicepresidente de la asociación, le dice que no hace falta que se pare a hablar con cada persona, pero ella no puede evitar saludar a Isabel, la dueña de la peluquería más antigua de la zona. Tiene 86 años y dice, sin dejar de sonreír, que empezó en el negocio con 21 años, no, con 18, rectifica, y que, aunque ya no trabaja, le gusta pasarse para hablar con las clientas. Y que aún salta a la comba.</p>



<p>El mundo que rememora Amparo se ha desvanecido con el paso del tiempo, los nuevos hábitos de consumo, la globalización —sus padres tenían un almacén al por mayor de molduras para marcos en la misma Padre Urbano que se fue a pique cuando empezaron las importaciones masivas desde China— y, también, la irrupción del turismo de masas. En la esquina de Padre Urbano con la calle Luz Casanova, el lugar que ocupaban tres comercios —la&nbsp; tienda de ultramarinos Salvador, la ferretería Julia y la pescadería La Loma— está dedicado ahora a apartamentos turísticos. Unos metros más adelante, una casa de comidas, antes carnicería, se ha transformado en la sede de una empresa que ofrece servicios de gestión y limpieza de alojamientos vacacionales.&nbsp;</p>



<p>Estos cambios de uso vienen precedidos, en ocasiones, de periodos más o menos largos de inactividad. Es el caso de los diecinueve apartamentos turísticos ubicados en la manzana triangular delimitada por las calles Ministro Luis Mayans y Padre Urbano y la avenida Primado Reig, en el extremo norte de la Saïdia, la parte más alejada del centro. Desde 2025, ocupan el espacio que quedó libre tras el cierre de Filero, una tienda de mobiliario contemporáneo. En un hipotético enfrentamiento deportivo entre los bajos turísticos y los comerciales de esa isla de edificios, los primeros ganarían por goleada: 19-9. Sin embargo, la regulación de usos terciarios hoteleros del Ayuntamiento de València, que entró en vigor en mayo, prohíbe que los bajos turísticos superen el 15 % de los que no tengan uso residencial en una manzana. Y que, superado ese umbral, no se renovarán las licencias de alojamiento turístico que caduquen.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1120x747.jpg" alt="" class="wp-image-1587146" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01644-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ana Bueso lee los mensajes que le dejan los húespedes de sus apartamentos. A. I. </figcaption></figure>



<p>La peluquera que reconvirtió su negocio en dos bajos turísticos es Ana Bueso. 28 de sus 52 años los ha pasado entre tintes y tijeras, hasta que la artrosis y una lesión en el hombro le hicieron replantearse su futuro profesional. Duda si contar su historia. Recela del tratamiento periodístico que reciben los apartamentos turísticos y tampoco quiere dar pistas de la ubicación de los suyos: en agosto le vandalizaron las cerraduras. Se queja de que se persiga a quien intenta vivir de su trabajo legalmente —tiene incluso el Certificado de Calidad Turística—, y subraya que no es una especuladora, que su trabajo no es fácil, que tiene que estar pendiente del teléfono 24 horas al día siete días a la semana, que ella se encarga de todo —salvo de la limpieza, que también supervisa—, que ganaba más como peluquera… Y cuando ya parece que se le han acabado los <em>que</em>, remacha: «Intento hacer mi trabajo lo mejor posible. Siempre». Y muestra las rosas que ha dejado sobre la mesa de uno de los apartamentos —«vivo en el campo», aclara— y los mensajes cariñosos de sus huéspedes.</p>



<p>Ana subraya que sus clientes generan riqueza en el barrio. Mario, muy a su pesar, no es uno de los beneficiados. Dice que ha tatuado a guiris, claro, pero de manera ocasional, y que eso no le salva el negocio. Tampoco a Emilia Villalba, la pescatera de la calle Alfambra, o a Bernardo Alcaide, que tiene su bar en la calle Lleida. Quizás porque no tiene carta en inglés. Ellos se lo pierden, se las pierden: las cinco tortillas diferentes que prepara cada día y que no ven acabar la jornada. O el arroz al horno que incluye en el menú de los martes. Bernardo ve pasar a los turistas por delante de su negocio en dirección al supermercado cercano, donde una de las empleadas señala que la gran mayoría de los viajeros que entran, hasta el 70 %, son grupos de jovencitos que compran comida preparada, alcohol y refrescos.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1120x747.jpg" alt="Mario (derecha), con los miembros de su equipo en su estudio de tatuajes. A. I." class="wp-image-1587161" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01700-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Mario (derecha), con los miembros de su equipo en su estudio de tatuajes. A. I.</figcaption></figure>



<p>La alarma salta en el canal de difusión de WhatsApp de la asamblea anticapitalista La Saïda Comuna: Núria alerta de la inminente apertura de un bar musical en la calle Maximiliano Thous, al lado del apartotel que está en construcción. «El alma de la fiesta ha llegado», dice, en inglés, uno de los letreros del local. Y se disparan las intervenciones. Amparo comenta que las macrorresidencias hacen que los barrios pierdan su identidad porque los establecimientos de ocio sustituyen a los pequeños negocios. Y Bego recuerda los locales nocturnos que se han abierto recientemente en el distrito. «La ciudad y los barrios, para los turistas», lamenta Emilio. «Vamos a tener noches legendarias», remacha Núria con ironía.&nbsp;</p>



<p>—¿Tiene <em>souvenirs</em>?</p>



<p>Elisa Estellés, la estanquera de la calle Visitación, se sorprendió cuando un cliente, un chico alto, rubio (¿sería austríaco, o quizás noruego?) le hizo esa pregunta. Nunca le había ocurrido.</p>



<p>—¿Tiene <em>souvenirs</em>?</p>



<p>Pero que el mismo día otro turista le hiciera exactamente la misma pregunta la dejó pensativa: ¿tendría que incorporar las postales y los imanes de nevera a su lista de referencias? Algo parecido le sucedió hace un par de años a la propietaria de una tienda de muebles cuando un técnico del Ayuntamiento que estaba ayudando a la digitalización de los pequeños negocios le aconsejó, a título particular, que tendría que ir pensando en adaptar su comercio al turismo. «¿Y qué haré, venderé postales?», se planteó. De momento, sigue fiel a los sofás y las mesas de comedor. Elisa se lo está pensando.&nbsp;</p>



<p>Quien no tiene dudas es Lucas. Un extranjero entra en su tienda para preguntarle si alquila bicicletas. En un más que buen inglés, le responde que no y le explica dónde puede hacerlo. A Lucas, sencillamente, no le da la gana incluir ese servicio en su negocio porque implicaría, razona, quitarle tiempo a sus clientes de toda la vida, y agrega que esa es su forma de hacer activismo. Así que no le importa que, desde hace unos tres años, hayan comenzado a proliferar las tiendas que alquilan bicicletas en las calles Guadalaviar y Sagunt, justo enfrente del puente de Serranos, ese que conecta la Saïdia con el hipergentrificado centro de València en apenas 200 metros.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1120x747.jpg" alt="Lucas, en su tienda de bicicletas. A. I." class="wp-image-1587155" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/DSC01673-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Lucas, en su tienda de bicicletas. A. I.</figcaption></figure>



<p>Las maletas que empujan a los turistas por las aceras de la Saïdia ignoran las historias que se desarrollan en esas calles. Historias como la de la vecina que pide ayuda para su frutero, quien, después de unos meses con el negocio cerrado por un problema personal y la consecuente pérdida de clientela, afronta la reapertura con la sorpresa de que su casero le va a duplicar el alquiler, y también sorpresa, pero más impotencia, la que experimentó la propietaria de un comercio que tenía medio local alquilado cuando el dueño le dio tres meses para desalojarlo, tres meses para vender las existencias que tenía en esa parte de la tienda a precio de fábrica, tres meses para comprobar que las prisas del arrendador eran porque tenía apalabrado el local a un inversor para montar un apartamento turístico, qué negocio, ese de los apartamentos turísticos, debió pensar el propietario de otro bajo comercial cuando se acercó a su inquilino, treinta años de relación, para dejarle caer, así, como quien no quiere la cosa, que igual le interesaba alquilarlo para alojamiento vacacional, que podría sacar más dinero, él, funcionario de alto nivel, propietario con sus hermanos de toda la finca. Será por dinero.&nbsp;</p>



<p>Historias como la de Mario, que intenta morderse la lengua, pero no puede, así que pide perdón por su vocabulario, porque vaya mierda esa de la oferta y la demanda, vaya discurso vacío, porque la gente, lamenta, va con el chip de, tío, si no me alquilas el bajo por tanta pasta, me hago un <em>airbnb</em> y gano el triple, y admite que la subida de la renta fue un golpe duro, pero qué iba a hacer, después de todo el dinero invertido, si ya está arraigado en el barrio y él y su equipo dependen del estudio para vivir, qué iba a hacer sino pasar por el aro y buscar un trabajo para compensar el dinero que deja de ingresar por el aumento de la renta, porque ahora a duras penas gana mil pavos al mes.&nbsp;</p>



<p>Lo único que queda de la escuela infantil Amics es la persiana del centro educativo. Los obreros estuvieron trabajando en la reforma del espacio un tiempo, pero, desde hace unos meses, no se ve movimiento en el inmueble. Su futuro es una incógnita, igual que el de la pescadería de Emilia, que se jubilará en julio. Supone que el local volverá a alquilarse, pero desconoce si se convertirá en otro apartamento turístico, como los muchos situados en las inmediaciones, o abrirá un nuevo negocio, como la clínica veterinaria o el taller de cerámica que se han inaugurado recientemente en su calle. Bernardo, que también se jubilará a finales de año, quiere traspasar su bar. Su primera opción le ha fallado, pero, a partir de septiembre, empezará en serio a buscar alternativas.&nbsp;</p>



<p>Lucas pasa cada día con su bicicleta por delante del bajo que ocupaba su antigua tienda de bicicletas. Ahora es un apartamento turístico.&nbsp;</p>



<p></p>
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		<title>El ultraderechista De la Espriella se impone en las elecciones de Colombia por la mínima</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/22/colombia-ultraderecha/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marina Sardiña]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2026 09:24:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[De la Espriella]]></category>
		<category><![CDATA[Petro]]></category>
		<category><![CDATA[ultraderecha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por primera vez en su historia democrática, la presidencia colombiana se define por menos del 1% de los votos. El candidato de ultraderecha se proclama vencedor y su oponente, el senador de izquierda, Iván Cepeda, espera el escrutinio para reconocer los resultados. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>BOGOTÁ //</strong> Dos grandes altavoces sobre una furgoneta en movimiento pregonan: “Tigre, Tigre de mi vida (&#8230;), Firmes por la Patria”. Un pequeño grupo de jóvenes lo abuchean desde un parque: “Fascistas, son unos fascistas”. Una anciana camina y suspira: “Por el amor de dios”. Esta escena nocturna en Bogotá, la capital de Colombia, es el reflejo de un territorio rasgado en dos retazos, sostenidos por un hilo casi invisible. </p>



<p>Dos horas antes se daban a conocer los resultados del preconteo de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, las más reñidas de su historia democrática. El ultraderechista, abogado y autoproclamado <em>outsider, </em><strong>Abelardo de la Espriella</strong>, logra el <strong>49,7% </strong>de los votos frente al <strong>48,7% </strong>del senador y candidato de la izquierda oficialista, Iván Cepeda. La diferencia en el conteo preliminar es de apenas <strong>247.000 votos. </strong>Un país fracturado, dividido en dos pulsiones, en dos modelos de gobernanza antagónicos. “Lo que pone de manifiesto esta campaña es que no hemos logrado reconciliarnos como sociedad,” señalaba Martha Lucía Márquez, directora del centro de investigación Cinep.&nbsp;</p>



<p>En el Royal Center, un centro de conciertos y sede improvisada de la campaña del Pacto Histórico para recibir los resultados, cientos de simpatizantes, activistas, políticos y figuras de la izquierda colombiana van llegando a cuentagotas mientras una gran pantalla anuncia los avances del preconteo. Son varios los que tropiezan en los últimos peldaños de las escaleras, cuando levantan la cabeza del suelo para observar los números. El lugar mantiene la respiración con cada boletín, algunos sacan las calculadoras de sus teléfonos para hacer las matemáticas. Su candidato, Cepeda, acorta distancias, pero no logra ponerse por delante del ultraderechista. Entre respiración y tropezón, los más jóvenes cantan arengas que son replicadas por pocos segundos.</p>



<p>Después, la desazón, las manos en posición de rezo frente a la boca, el brazo por encima del hombro del compañero. “Aquí estamos las madres de La Escombrera”, grita Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. De su cuello cuelga la fotografía de Carol Vanessa, desaparecida en Medellín en 2002. El sueño de ver a su candidato, el humanista, filósofo y defensor de derechos humanos y la paz, entrando en la Casa de Nariño se apaga y aparecen las lágrimas.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg" alt="Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos." class="wp-image-1586236" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Margarita Restrepo, lideresa social y defensora de derechos humanos. MARINA SARDIÑA</figcaption></figure>



<p>“Estoy preocupada”. Un emoji de un corazón roto. “Tengo miedo”, son los mensajes de WhatsApp que llegan desde las comunidades afro del Pacífico, el Cauca, el Putumayo o las periferias de Bogotá. “Para los firmantes estos diez años no han sido fáciles, existe el riesgo de retroceder en el acuerdo, el riesgo sobre la vida de los que estamos comprometidos con la paz”, narra desde el departamento amazónico de Guaviare, Andrés, uno de los primeros guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desmovilizados durante el Acuerdo de Paz de La Habana, en 2016.&nbsp;</p>



<p>“Tengo una gran preocupación por el exterminio de nuestros bosques, de los pueblos indígenas, de los amazónicos”, escribe Libia, lideresa indígena inka. “<strong>Para las comunidades negras es un retroceso en las luchas y logros que con tanto sacrificio, tantas vidas</strong>, hemos puesto para que haya cambios en este país”, explica Clemencia Carabalí, lideresa afro del norte del Cauca. “Abelardo es un ciudadano que no conoce el país. Él no está en los territorios, él no sabe lo que es vivir en las zonas periféricas. Al no conocer esos contextos difícilmente va a legislar en favor nuestro”, añade.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El mayor número de votos en la historia de la izquierda colombiana&nbsp;</strong></h2>



<p>Antes de las seis y media de la tarde, Iván Cepeda sale a la tarima rodeado de su comitiva y su fórmula presidencial, la mayora indígena, Aída Quilcue, y su compañera, Pilar Rueda. Lleva un papel en la mano, lo desdobla sobre el atril y, antes de leer, con su particular tono sosegado, agradece a todas las comunidades y colectivos que participaron activamente en la campaña de la segunda vuelta, a los más de 12.700.000 votantes –un récord sin precedentes para la izquierda colombiana– y anuncia el reconocimiento del preconteo “como un dato no oficial ni vinculante”. El público corea: “Sí se puede”.</p>



<p>Cepeda <strong>no habla de fraude, pero sí de la impugnación de 33.000 mesas </strong>en todo el país. En su alocución celebró el récord de participación en la jornada electoral, que alcanzó el <strong>63,57%</strong>; poco más de 40 millones de colombianos y colombianas estaban llamados a las urnas. Volvió a hablar de su promesa de campaña, del anhelo por un gran acuerdo nacional y del diálogo: “Estamos dispuestos a la concertación siempre y cuando sea respetuosa”. Agradeció también al movimiento Pacto Histórica, la Alianza por la Vida y, por último, al presidente saliente, Gustavo Petro. “Cepeda presidente”, interrumpen entre el público.&nbsp;</p>



<p>Está vez, sin posar la mirada en el papel, enumeró los avances sociales durante los cuatro años del primer mandato de un dirigente de izquierda en Colombia y reiteró que no dejarán que se retroceda en derechos: “No vamos a permitir, lo decimos con claridad, haciendo uso de la fuerza de la democracia, de la movilización y de la acción política que retrocedan las conquistas sociales”. Terminó lanzando mensajes “serenos” a su oponente <em>El Tigre </em>De la Espriella: “No permitiremos que se destruya la naturaleza. No permitiremos que nos quiten el salario mínimo vital (&#8230;) Porque somos una fuerza decisoria. Vamos al escrutinio. Vamos a la movilización social”.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="757" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg" alt="Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S." class="wp-image-1586278" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1120x757.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-375x253.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-768x519.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57-1536x1038.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Captura-de-pantalla-2026-06-22-a-las-10.59.57.jpg 1776w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Iván Cepeda, candidato de la izquierda tras el preconteo. M. S.</figcaption></figure>



<p>Citando al presidente chileno <strong>Salvador Allende</strong>, “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, y una proclama sin atisbos de derrotismo: “Viva la revolución de la vida», Cepeda se bajó del escenario. El alarido “Se vive, se siente, Cepeda presidente” se fue diluyendo entre la multitud que, cabizbaja, abandonaba el recinto. </p>



<p>En diversas calles y plazas de Bogotá –y otras ciudades del país– sus seguidores se debatían entre la desazón y la esperanza. “Solicito a todas las abogadas y abogados demócratas para asistir a los escrutinios en toda Colombia,” escribió Petro en su cuenta de X. Respondiendo al llamado, decenas de abogados y cientos de simpatizantes se movilizaron hacia Corferias, el mayor centro de votación para hacer control al escrutinio de los votos. Un cómputo que, como apuntan los analistas, no suele alterar significativamente el resultado del preconteo.&nbsp;</p>



<p>Pero si algo tiene que celebrar la campaña de Cepeda es la movilización de sus electores. Después del fracaso de la primera vuelta, el movimiento “por la vida” se activó precisamente gracias a la sociedad civil progresista: a <strong>las jóvenes <em>k-poper</em>, a los universitarios, a las colectivas feministas y de derechos humanos, a los y las artistas, a las comunidades indígenas, campesinas, afrocolombianas, a miles de voluntarios</strong> que, desde sus quehaceres, habilidades y sentires, se movilizaron masivamente para “remontar en segunda”.&nbsp;</p>



<p>Sin lugar a dudas, esa activación desde la raíz que hace raigambre es el mayor legado de la izquierda reciente en Colombia: la organización desde la sociedad civil por la defensa de todas las formas de vida que habitan el territorio. “Es muy hermoso lo que están haciendo. Estoy muy feliz por todo el apoyo”, decía emocionada un día antes de los comicios Lorena, de 30 años. “Esta campaña es del pueblo”, repetían desde Bosa, una localidad popular de la capital, miembros del colectivo político Creamos. “Gracias a la izquierda aprendí qué es la política. Tengo 55 años, hasta ahora vine a saber lo que es la política”, relataba detrás de su puesto de arepas, Janet, agradeciendo la pedagogía de las colectivas de izquierda.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1120" height="747" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg" alt="Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. " class="wp-image-1586286" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1120x747.jpg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-375x250.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-768x512.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-1536x1024.jpg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Foto-3-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Una joven afín a la campaña de Iván Cepeda hace pedagogía política en un barrio popular del sur de Bogotá un día antes de los comicios. M. S.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lejos del centro del país, la ultraderecha abraza el triunfo&nbsp;</strong></h2>



<p>A la espera de los datos oficiales, desde Barranquilla, en la costa Caribe, cientos de seguidores de <em>El Tigre </em>celebran la victoria. Entre música, pirotecnia y figuras de tigres de plástico; vestidos con la camiseta amarilla de la selección de fútbol ondean banderas colombianas –también de Israel–, bailan y alzan la mano imitando el saludo militar al bramido de: “Firmes por la Patria”. En lo alto de un escenario, encerrado en su burbuja anti balística, Abelardo de la Espriella anima el espectáculo más importante de su carrera y se proclama, pese a la ajustada ventaja, presidente: “¡Colombia, aquí está tu presidente!». Antes de que cesen los aplausos y los gritos de la “manada del tigre”, lanza un mensaje al otro espectro: “Petro y Cepeda, abstenerse de desatar un incendio social (&#8230;) respeten la voluntad del pueblo colombiano”, advierte afónico. Agradece a veteranos, reservistas, invita a recitar una “oración patria” y agradece, “más que nada” como cristiano converso, “a Cristo Rey”.&nbsp;</p>



<p>Como en la fábula del lobo con piel de cordero, el líder del movimiento Defensores de la Patria se presenta ante las masas con un tono mucho menos incendiario y violento que en las intervenciones de su campaña. Lejos de sus promesas de terminar con la –fracasada– “paz total” de Petro o la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), su apoyo al <em>fracking </em>y la explotación de los recursos naturales del territorio, de sus recurrentes discursos en los que llamaba a “destripar” y “aniquilar” a la izquierda, de estigmatizar y perseguir a periodistas y críticos; ahora De la Espriella señala que, aquellos que no lo votaron, no tendrán que temer por pensar distinto: “No habrá vencedores ni vencidos. No habrá persecuciones. No habrá enemigos irreconciliables”, tampoco contra la biodiversidad.&nbsp;</p>



<p>El show se pausa para dar espacio a la música y los rugidos de un tigre por los altavoces. Después del baile militar, De la Espriella retoma y alerta directamente a su oponente: “<strong><em>El Tigre </em>todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas</strong> (&#8230;) Podrán ejercer la oposición solo si lo hacen dentro del margen de la ley”. Su conciliación nacional pasa por “refundar la patria” y hacer el “milagro”, como rezan las tres únicas páginas de su programa de gobierno. “La Patria milagro”, como denomina a su proyecto, pasa por acabar –en 90 días– con los cabecillas de los distintos grupos armados que operan en el territorio; la construcción de diez megacárceles de máxima seguridad o recortar en un 40% el Estado, con la ayuda de su vicepresidente, el economista y tecnócrata Juan Manuel Restrepo, exministro de Hacienda durante el gobierno del conservador Iván Duque.</p>



<p>Pese a autodenominarse como un <em>outsider, </em>y si bien nunca ha tenido un cargo público en el Estado, Abelardo de la Espriella cuenta con el apoyo de los políticos tradicionales, como el expresidente derechista Álvaro Uribe Vélez, o el clan de la familia costeña Char, de los que recoge la batuta y los votos. “El primer desafío es formar un gobierno y una coalición legislativa. En su campaña tuvo un discurso que estigmatizaba a la clase política, por lo que no tiene ningún apoyo en el Congreso, pero le va a tocar pactar con esa misma clase política,” apunta el analista político Yann Basset.&nbsp;</p>



<p>El presidente electo de Colombia es, además, ciudadano estadounidense y miembro del Partido Republicano. Por eso, antes de que entrara la noche en Barranquilla, el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, ya lo había reconocido como presidente. Poco después, los líderes conservadores de ultraderecha de la región –modelos a seguir para <em>El Tigre</em>– lo felicitaron. Desde Argentina, Javier Milei, desde Chile, Antonio Kast, desde Brasil, Flávio Bolsonaro, desde Perú, Keiko Fujimori, desde Ecuador, Daniel Noboa, felicitaron al líder de extrema derecha y celebraron la expansión de los movimientos políticos ultraconservadores en la región.&nbsp;</p>



<p>Su victoria es, también, el silbido de los vientos ultraconservadores que se mueven por el continente desde la reelección de Trump. La popularidad del líder colombiano de ultraderecha, una millonaria campaña, y la amnesia colectiva de un pasado cuestionable en el que se codeaba y defendía como abogado a bandidos y paramilitares, o humillaba a víctimas y mujeres, lo alzan como nuevo mandatario de lo que muchos denominan como “<strong>el patio trasero de Estados Unidos</strong>”, especialmente en materia de narcotráfico –y la fallida guerra contra las drogas– y migración.&nbsp;</p>



<p>A menudo, los ingenieros y arquitectos que llegan a Colombia hablan de las dificultades para construir puentes en el país debido a su geografía hostil, a la espina dorsal que atraviesa el mapa: sus tres cordilleras, los Andes, las montañas, los ríos caudalosos que dibujan y alimentan uno de los países más biodiversos del mundo. Es común ver puentes inacabados –también por la corrupción– o desplomados por las dificultades técnicas. </p>



<p>Esa es, quizás, la metáfora que define esta noche a Colombia, y los dos países que habitan un mismo territorio. La polarización no es solo política. Es la desconexión entre territorios, las desigualdades entre clases sociales, y la complejidad de sus brechas que durante décadas han impedido la conciliación con discursos políticos que apelan al miedo al vecino, al hermano, al visitante, al votante contrario. Un país que no construye puentes, porque sus tierras fértiles están constantemente en ebullición por los que no entienden que la gobernanza es por todas las formas de vida.</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Actualización: 16h</em></p>
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		<title>“El periodismo de calidad no es patrimonio de las grandes cabeceras”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/premio-investigacion-la-marea/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 09:54:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[el confidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Gestlife]]></category>
		<category><![CDATA[La Marea]]></category>
		<category><![CDATA[Magda Bandera]]></category>
		<category><![CDATA[Marco Dalla Stella]]></category>
		<category><![CDATA[Patricia Simón]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo de investigación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>'La Marea' recibe el Premio Nacional de Periodismo de Investigación 'El Confidencial' por sus reportajes sobre la gestación subrogada en España. Durante la entrega de los galardones, el director de 'El Confidencial', Nacho Cardero, destacó que "lo que tienen en común [los premiados] no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron".</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>“El periodismo de investigación es el más necesario. También es <strong>el más caro, el más lento y el más incómodo de todos los géneros periodísticos”</strong>, afirmó Nacho Cardero, director de <em>El Confidencial,</em> durante la gala de entrega de los primeros Premios de Investigación creados por este medio con motivo de su 25 aniversario el pasado martes en Madrid.&nbsp;</p>



<p>El <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/11/la-marea-premio-nacional-investigacion/">Premio Nacional</a> ha sido concedido a <em>La Marea</em> por su investigación sobre la gestación subrogada. En concreto, por la serie de reportajes de <strong>Marco Dalla Stella, Patricia Simón y Magda Bandera</strong> centrados en las agencias que se dedican a este negocio en España.</p>



<p>El galardón Internacional es para <em><strong>Aristegui Noticias</strong>,</em> el medio mexicano que ha publicado los Televisa Leaks. La tercera categoría, el Premio Trayectoria, es para <strong>Dean J. Baquet,</strong> exdirector de <em>The New York Times</em>, bajo cuyo mandato se desveló la injerencia de Rusia en las elecciones de EE. UU., y las agresiones sexuales cometidas por el productor cinematográfico Harvey Weinstein, entre otras investigaciones de gran impacto.</p>


<h2>«La obligación de publicar»</h2>


<p>Durante su intervención, Cardero subrayó que el periodismo de investigación “es una decisión, una decisión que se toma cada vez que un periodista sigue adelante<strong> sabiendo que va a incomodar, que va a recibir presiones, que va a quedarse solo durante algún tramo del camino </strong>y que, aun así, tiene la obligación de publicar».</p>



<p>En este sentido, el jurado ha destacado que <em>La Marea</em> “demuestra que <strong>el periodismo de calidad</strong> no es patrimonio de las grandes cabeceras, sino una elección que se ejerce cada día desde la vocación, la autonomía y el compromiso con el interés público”, resaltaron los miembros del jurado al conceder por unanimidad el premio a este medio.&nbsp;</p>



<p>La misma idea remarcó Nacho Cardero durante la entrega de los galardones: «<strong>Lo que tienen en común [los premiados]&nbsp;no es el tamaño de su medio ni el alcance de su audiencia. Es que cuando tuvieron que publicar, publicaron».</strong></p>



<p>Los miembros del jurado, que han concedido <strong>por unanimidad el Premio Nacional, </strong>son Antonio Rubio, Marta Sánchez Esparza, Edith Rodríguez y Tomás Ocaña, y Miguel Ángel Gavilanes como secretario. En su argumentación, han destacado que la serie de reportajes premiada se trata de “un trabajo de indudable interés público en el que confluyen la salud, la maternidad, los derechos de las mujeres y los límites éticos de las técnicas reproductivas”.&nbsp;</p>


<h2>“Información verificada, contrastada y documentada»</h2>


<p>El jurado ha valorado especialmente que la investigación de <em>La Marea</em> se sustenta en “información verificada, contrastada y documentada, en la práctica constante de la diligencia informativa y en la combinación rigurosa de fuentes”. También resaltan que el medio se conforma como una cooperativa, “una estructura que es <strong>garantía de su independencia</strong>”.</p>



<p>Los premios de <em>El Confidencial</em>, medio que se autodefine como <strong>«el diario de los lectores influyentes”</strong>, fueron entregados por los reyes en una gala que se celebró en el Marandin Oriental Ritz. Entre los asistentes, se encontraban la ministra de Defensa, Margarita Robles; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; el líder del Partido Popular, Alberto Feijóo, y varios presidentes autonómicos de su formación; empresarios como Ana Patricia Botín; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; directores de medios de comunicación como Pedro J. Ramírez e Ignacio Escolar; y expolíticos como Ana Botella y Felipe González.</p>



<p>La artista <a href="https://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/lita-cabellut-convierte-el-periodismo-de-investigaci%C3%B3n-en-una-pieza-art%C3%ADstica/ar-AA25qOFs?ocid=BingNewsSerp">Lita Cabellut </a>es la autora de las estatuas que se entregaron a los premiados.</p>



<p></p>
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		<title>Silvia Bezos: “La vida laboral de la clase trabajadora es muy repetitiva y claustrofóbica”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/20/silvia-bezos-clase/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Madrid]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[clase trabajadora]]></category>
		<category><![CDATA[cómic]]></category>
		<category><![CDATA[Silvia Bezos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La autora del cómic 'Manos de pobre' eligió el metro para que su protagonista meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Los trayectos en Metro, aunque muchas veces asfixiantes, pueden ser un lugar perfecto para la reflexión. Más si el tema sobre el que se da vueltas tiene que ver con la clase. <strong>Silvia Bezos </strong>eligió este transporte para que la protagonista de <em><strong><a href="https://www.aristasmartinez.com/producto/manos-de-pobre">Manos de pobre</a></strong>, </em>cómic que se hizo con el Premio PANG de la editorial Aristas Martínez, meditara sobre cómo los conceptos de desigualdad, acceso al conocimiento y cultura del esfuerzo moldean nuestras vidas.</p>



<p>Unas reflexiones que la autora contrasta con ilustraciones muy coloridas, referencias pop y mucho humor para que, según la propia Silvia Bezos, no la acusen de “intensita”. Hablamos con ella sobre todas estas ideas y sobre por qué, después de hacer el cómic, ha llegado a la conclusión de que no quiere cambiar de clase.</p>



<p><strong>¿Las manos de pobre, por más que queramos, siempre van a ser reconocibles?</strong></p>



<p>Una conclusión a la que he llegado después de hacer el cómic es que cuando intentamos disimular, tener ese <em>passing</em> de clase media, podemos lograrlo en algún aspecto. Algunos podrán conseguir una casa mejor, otros vestirán como la clase alta y otros pondrán todo su empeño en el plano intelectual, pero en otros sentidos se les va a notar. Al final siempre se vislumbra. Creo que es imposible en todos los puntos llegar al mismo lugar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="557" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp" alt="" class="wp-image-1578656" style="aspect-ratio:0.7360994220950458" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg.webp 410w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/9788419550354.jpg-375x509.webp 375w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>
</div>


<p><strong>Sobre todo si se trabaja seis días a la semana, como le pasa a la protagonista. ¿Se pueden tener otras manos con esta realidad?</strong></p>



<p>El esfuerzo que tiene que hacer una persona que trabaja tanto para alcanzar los mismos lugares que una que viene de lugares privilegiados es enorme. Algo que acaba llevando a una serie de consecuencias tanto físicas como mentales o en el tiempo que le queda para no hacer nada. Esto lo vemos en las personas que estudian mientras trabajan: ¿Cuánto esfuerzo le supone aprobar en comparación con su compañero que no tiene otra cosa que hacer?</p>



<p><strong>Quizá donde más reconocible sea encontrar esas manos es en el Metro. ¿Por eso decidiste ubicar la obra allí?</strong></p>



<p>El Metro es un lugar muy de clase obrera. Que haya gente que no lo ha cogido en su vida es algo que a las personas de a pie nos deja locas. También porque es muy repetitivo y claustrofóbico, como la vida laboral de las personas de clase trabajadora.&nbsp;</p>



<p><strong>La novela gráfica es una especie de ensayo en el que muestras cómo la clase nos atraviesa en todos los ámbitos de nuestra vida. Incluso en el modo en que nos comportamos o en cómo nos expresamos.</strong></p>



<p>Esto depende un poco de cuáles sean tus ambiciones. Pero algo que parece obvio, es decir, que una persona que venga de clase obrera se vaya a expresar peor, Brigitte Vasallo lo desmonta en su libro de <em>Lenguaje exclusivo y exclusión de clase</em>. Ella dice que las personas que vienen de clase baja, cuando están en público o en lugares de gente de estratos más altos, sobreproducen el lenguaje. Entonces tienes los dos extremos: los que se expresan peor y los que tienden a hacerlo con muchísima complejidad. Esto último, aunque no lo parezca, también señala de dónde vienes.</p>



<p><strong>Podemos pensar que la clase tiene que ver sobre todo con la riqueza, pero hay otros muchos capitales que influyen. Como el cultural.</strong></p>



<p>A mí esto fue lo primero que me obsesionó, porque es lo que más me importa. El resto de cosas que acompañan el venir de estratos sociales altos me dan más igual. Pero yo recuerdo pensar de pequeña: ¿Por qué una compañera sabía ciertas cosas si no las habíamos dado en clase? Ese capital cultural en mi opinión es el más difícil de alcanzar. Tanto, que en este punto nos llevan mucha ventaja y tienes que poner mucho empeño para alcanzarlo.&nbsp;</p>



<p>En el cómic esto lo muestro a través una carrera de relevos generacional. Algo que estoy viviendo ahora con mi hija. Pienso en cómo educarla en este aspecto porque no he tenido referentes. Y me pregunto qué hacen estas personas para que a sus hijos de 18 años sean cultísimos. Algo que creo que no depende del colegio al que se va, sino de lo que pasa en casa. El problema es que es más fácil copiar las conductas exteriores que las domésticas. La clase tiene que ver mucho con cómo te comportas ahí. Y con lo cultural pasa mucho eso.</p>



<p><strong>¿Por ello es tan complicado cambiar de estatus social?</strong></p>



<p>Uno de los motivos por los que nos intentan convencer de que sí se puede es por esto: porque es casi imposible. Hubo un momento en el que el ascensor social sí que funcionaba más, pero ahora está muy estropeado. Para vivir medianamente bien tenemos que hacer esfuerzos muy grandes y, aun así, mucha gente ni siquiera mejora. Ellos nos venden que es posible de manera individual, pero es al revés: solo lo conseguiremos de manera colectiva.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Si nos intentan convencer de que se puede cambiar de clase es porque es casi imposible»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Una serie de reflexiones casi ensayísticas que entran en contraste con las ilustraciones coloridas y pop. ¿Por qué quisiste hacerlo así?</strong></p>



<p>Siempre he tenido miedo de que me acusen de intensa en la vida, por eso me he adaptado así al miedo. Compenso la intensidad con el chiste y el colorido. No ha sido nada meditado.</p>



<p><strong>También hay mucho humor. Aquí hasta los perros reflexionan con la protagonista.</strong></p>



<p>Tenía muchas ganas de hacer un cómic, pero a la vez me daba miedo. Me apunté en 2020 a un curso de novela gráfica que fue genial y me animó un montón. En él, uno de los consejos que me dieron fue que tenía que intentar que el lector no acabara odiando a la protagonista. Me pareció interesante introducir personajes que apuntillaran o expresaran lo que ella no dice, para que no fuera la protagonista la que cargara con todo el discurso. Y si podían ser graciosos, como un perro, mejor.</p>



<p><strong>En la contraportada de </strong><strong><em>Manos de pobre</em></strong><strong> la protagonista deja la conclusión de que en la obra ha encontrado todas las excusas para explicar por qué no está forrada a su edad.</strong></p>



<p>Una cosa que hace este cómic más llevadero es que se ríe bastante de la protagonista. No es un discurso súper aleccionador, sino que se mofa de ella y de todos los que tenemos pensamientos del estilo. Yo, después de hacer le cómic, he llegado a la conclusión de que no quiero cambiar de clase. Lo que quiero es vivir con dignidad, tener tiempo libre, salud y educación a mi alcance. </p>



<p>Igualmente, en la obra hago la reflexión de que esta gente está fatal. Ellos tienen problemas de salud mental –diferentes de los de la clase trabajadora– que tienen que ver con una excesiva contención en la vida. Si eso es a lo que aspiramos, yo paso. También pierden capacidad de empatía y contacto con la realidad y lo humano. Yo solamente quiero y deseo dignidad para la gente. Se me ha pasado la idealización de los privilegios de clase durante todas estas reflexiones.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/20/silvia-bezos-clase/">Silvia Bezos: “La vida laboral de la clase trabajadora es muy repetitiva y claustrofóbica”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>Tareq Baconi: “Israel nunca ha sido tan fuerte militarmente, y nunca ha sido tan débil”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Palestina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Analista durante años en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la Journal of Palestine Studies. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Tareq Baconi nació en Ammán, nieto de una familia palestina desplazada de Haifa en la Nakba de 1948, y lleva dos décadas intentando explicar lo que buena parte de la prensa occidental despacha con la palabra «terrorismo». Analista durante años para Israel/Palestina en el International Crisis Group, con sede en Ramala, hoy preside el consejo de Al-Shabaka, la red de análisis político palestino, y dirige la sección de libros de la <em>Journal of Palestine Studies</em>.&nbsp;</p>



<p>Publicó originalmente en 2018 una historia del movimiento construida a partir de entrevistas con sus dirigentes y de sus propios documentos internos, que describía la relación entre Hamás e Israel como un «equilibrio violento» sostenido durante dieciséis años hasta que estalló el 7 de octubre de 2023. Capitán Swing lo publicó en castellano en 2024 como <em>Hamás: auge y pacificación de la resistencia palestina</em>, con un nuevo prólogo escrito tras el atentado de Hamás el 7 de octubre y el inicio del genocidio en Gaza.&nbsp;</p>



<p>Hablamos con él del papel de España, el Reino Unido y la Unión Europea en la crisis actual, de las grietas que el genocidio ha abierto entre Israel y su principal patrón, y de la función estructural que, a su juicio, cumple Hamás dentro del proyecto colonial israelí. «Esto es una guerra israelí», dice sobre la escalada contra Irán, «no una guerra americana».</p>



<p><strong>¿Si tuvieras que escribir hoy ese prólogo de 2024, lo cambiarías?</strong></p>



<p>Nada, la verdad. Me preguntaba lo mismo hace un momento y me puso algo nervioso. Pero lo he releído hace poco y no cambiaría una palabra. En ese prólogo no ofrecía respuestas cerradas, dejaba las preguntas abiertas. Y las preguntas que tenía en 2024 son exactamente las que tengo hoy. Hay procesos históricos que todavía no han terminado de mostrar su forma final, y fingir lo contrario sería hacerle trampa al lector.</p>



<p><strong>El Reino Unido diseñó hace un siglo el marco colonial para Palestina con funestas consecuencias que se han ido encadenando a lo largo tiempo, y hoy, sin embargo parece ser el gran ausente del debate internacional.</strong></p>



<p>Que ojalá fuera solo ausencia: su participación es negativa. La semana pasada el Estado llevó a juicio a cuatro activistas de <em>Palestine Action</em> combinando cargos penales con cargos de terrorismo, algo que ni siquiera coincidía con lo que estaba juzgando el jurado. El Laborismo, que debería ser un partido de izquierdas, mantiene en Palestina una posición tan sionista como la de los conservadores, heredada de una historia que incluye el uso de la acusación de antisemitismo contra Jeremy Corbyn.&nbsp;</p>



<p>Hoy, defender a Palestina desde la izquierda británica se lee como recortar la libertad de expresión, perseguir el activismo y equiparar antisionismo con antisemitismo. Y la distancia con la sociedad no para de crecer: hay un apoyo popular fuerte, tradicionalmente más entre la gente mayor, y ahora una generación joven volcada tras el genocidio. Yo vivo en Londres. En las últimas elecciones, escaños históricos del Labour cayeron ante los Verdes, y Palestina fue una de las tres razones principales. En Alemania pasa lo mismo.</p>



<p><strong>España aparece en el debate internacional como una de las pocas voces europeas dispuestas a romper el consenso atlantista. ¿Cómo se percibe desde fuera del país?</strong></p>



<p>En términos muy favorables, en los dos niveles: hay un apoyo popular amplio a la causa palestina, pero también medidas prácticas de gobierno, restricciones a la venta de armas, posiciones activas en los foros de derecho internacional. España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel. La movilización del Sur global, sobre todo a través del Grupo de La Haya, ha sido clave para frenar las políticas del Norte global que erosionan el derecho internacional, y que España actúe así desde dentro del Norte global la convierte en un actor decisivo. Países como España o Irlanda no protegen a los palestinos por amor: protegen una obligación jurídica que el resto de sus pares está incumpliendo, porque firmar la Convención del Genocidio implica el deber de prevenirlo. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«España importa precisamente porque es un Estado miembro de la UE que toma postura dentro de un bloque que sigue siendo favorable a Israel»</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>¿Tiene la Unión Europea capacidad real de influir en el conflicto, o las divisiones internas la han vuelto irrelevante?</strong></p>



<p>Tiene un potencial enorme y lo está desperdiciando. Hay acuerdos preferenciales con Israel, hay un proyecto conjunto de investigación, el Horizon, hay cooperación militar: todo eso da palancas reales para acabar con la impunidad. Pero las exportaciones de armas israelíes a Europa no han dejado de crecer, y alcanzaron su pico en 2024 porque son armas ya probadas en el campo de batalla, lo que las hace más rentables. Mientras un país como España se planta, los socios decisivos, Alemania, Francia, el Reino Unido, siguen alineados con Israel. Esa combinación convierte a la UE en un actor incapaz de sostener una política común sobre Palestina.</p>



<p><strong>Tras la guerra entre Israel e Irán, ¿qué panorama regional queda para Hamás? ¿Se ha quedado sin patrones, como le pasó a la OLP cuando Arafat salió de Beirut en 1982?</strong></p>



<p>Hamás siempre ha sido hábil jugando con distintos patrones regionales, incluso enfrentados entre sí, de Arabia Saudí a Siria o Egipto. Hoy pasan dos cosas a la vez. La infraestructura material, el apoyo financiero y militar iraní, y el acceso a Gaza a través de Siria y Líbano, se ha visto golpeada por la agresión regional israelí. Pero, al mismo tiempo, Irán ha salido de esta guerra como un actor estratégico más fuerte que hace un año: la ofensiva israelí-estadounidense ha demostrado a los países del Golfo que la inseguridad regional no la provoca Irán, sino la soberbia israelí. Militarmente, Hamás sigue presente en Gaza, controla parte del territorio, conserva sus armas, y su oficina política sigue en Catar con acceso directo a Teherán. No creo que sea una historia completamente negativa para ellos.</p>



<p><strong>¿Y a Israel? ¿Cómo le afecta el inicio de acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos?</strong></p>



<p>Creo que Irán ha sido el único actor verdaderamente estratégico del último año. El conflicto ha sido una derrota estratégica para Estados Unidos: una guerra irracional, sin interés propio, solo el de Israel, y ahora se negocian sobre cosas que ni estaban en la mesa al empezar, como el estrecho de Ormuz. Esta tregua es un golpe duro para la doctrina israelí de guerra permanente, por eso Israel ha intentado sabotearla atacando Líbano estos últimos días. Mi previsión es que seguirá usando el enriquecimiento de uranio como excusa para mantener a Irán como amenaza. Pero, mientras dure la tregua, va a concentrar su violencia en Líbano.</p>



<p><strong>Hay conversaciones filtradas de Netanyahu donde reconoce que financiar indirectamente a Hamás le convenía. ¿Hasta qué punto su existencia es funcional al proyecto expansionista israelí?</strong></p>



<p>Que Hamás todavía conserve capacidad militar no debería sorprender a quien estudie guerra de guerrillas: son armas baratas, muchas reconvertidas de armamento israelí, y ningún ejército convencional puede aniquilar del todo una guerrilla incrustada en su propia población sin cometer un genocidio. Dicho esto, sí, le beneficia: cualquier gobierno israelí necesita convertir la relación con Palestina en una cuestión de seguridad, y cualquier arma palestina refuerza ese lenguaje de terrorismo. </p>



<p>Esto tiene historia: Israel dio licencia a los Hermanos Musulmanes en Palestina porque los creía centrados en la islamización social, no en lo militar, y porque sabía que una corriente islamista debilitaría el nacionalismo secular de la OLP. Cuando se transformaron en Hamás y empezaron las operaciones militares, ese apoyo financiero se cortó, pero la lógica de fondo, dividir a los palestinos entre sí, se mantuvo: cada vez que Fatah y Hamás intentaron un gobierno de unidad, cualquier gobierno israelí trabajó para sabotearlo.</p>



<p><strong>¿Calculó Hamás las consecuencias del 7 de octubre, o fue una apuesta a ciegas?</strong></p>



<p>Es imposible saber qué imaginaba Hamás. Sí sé que partía de varias hipótesis, y algunas se han demostrado falsas: que un golpe contra el bloqueo devolvería Palestina a la agenda internacional, que forzaría a los países árabes a revisar los Acuerdos de Abraham, y que el pueblo palestino se levantaría en toda la Palestina histórica frente a la represalia israelí. Subestimó la fragmentación palestina: ni en el 1948 ni en Cisjordania hubo levantamiento; los países árabes tampoco se movieron, solo Irán y Hezbolá. El mayor error de cálculo fue pensar que la comunidad internacional pondría un límite a Israel. Pero el 7 de octubre también ha roto, creo que de forma irreversible, la idea de que el sionismo podía ofrecer un refugio seguro a los judíos en Palestina sin resolver la cuestión palestina, y nos ha devuelto al lenguaje de la Nakba y la colonización. No sé si esto es lo que Hamás imaginaba, pero es lo que ha conseguido.</p>



<p><strong>¿Cómo ha afectado la destrucción de Gaza al respaldo social a Hamás?</strong></p>



<p>Es de las preguntas más difíciles de responder, por el bloqueo informativo y la falta de acceso de la prensa extranjera. Pero hay un espectro amplio. Una parte de la población culpa a Hamás de no haber calculado bien y de no haber protegido a la gente de la respuesta israelí; para ese sector, han provocado una segunda Nakba, multiplicada. Otra parte sigue defendiendo la resistencia: Hamás no tenía alternativa, dicen, llevábamos dieciséis años bajo bloqueo, los países árabes normalizaban con Israel, el mundo se olvidaba de Gaza, y al menos esto sacudió a la comunidad internacional. </p>



<p>Lo más triste no es solo esa fragmentación, que ya existía antes; es que el genocidio ha hecho que los palestinos de Gaza se vean ahora como una categoría aparte dentro de la palestinidad, gente que dice que nadie ha entendido lo que es un genocidio si no estuvo en Gaza. Esa sensación de excepcionalidad ha hecho la fragmentación todavía más severa.</p>



<p><strong>En Estados Unidos se habla cada vez más del rol de AIPAC -el lobby sionista–, pero también de los republicanos que repiten cómo el apoyo a la política genocida de Netanyahu es incompatible con el «America First» de Trump. ¿Se están rompiendo los vínculos entre Washington y Tel Aviv?</strong></p>



<p>Sí, totalmente. Todo lo que Israel ha hecho desde el 7 de octubre ha terminado reforzando esa fractura, convirtiéndola en una paradoja real. Nunca ha sido militarmente tan fuerte, habiendo desmantelado la infraestructura de resistencia en toda la región, y a la vez nunca ha sido tan débil, porque ese sobre-esfuerzo ha dañado su relación con su principal patrón. El Partido Demócrata, sobre todo su generación joven, se ha alejado de Israel; que Kamala Harris perdiera, que Zohran Mamdani ganara en Nueva York, son señales de ese giro. </p>



<p>Y en el campo republicano, en el universo MAGA, ya hay fractura entre «America First» e «Israel First»: cuando Tucker Carlson o Marjorie Taylor Greene dicen que esto es un genocidio, que por qué Estados Unidos apoya a Israel, es una pregunta que cualquier político debería hacerse, pero que venga de la derecha republicana ha reconfigurado el sistema político americano. Esta guerra contra Irán es el ejemplo perfecto: es una guerra israelí, no una guerra americana, y eso empieza a verse.</p>



<p><strong>Sobre el papel hay un alto el fuego y un plan de paz en Gaza. ¿Qué está pasando realmente sobre el terreno?</strong></p>



<p>Que no hay ni alto el fuego ni plan de paz. El acuerdo se negoció como todos los anteriores desde 2007: por fases. La fase uno era el cese de hostilidades, la liberación de los rehenes por parte de Hamás, la entrada de ayuda humanitaria y la retirada israelí; solo después se negociarían la fase dos y la tres. Hamás sabía, como todo el mundo que ha seguido estas negociaciones, que la fase uno se quedaría congelada, pero pidió garantías a la Administración Trump, respaldadas por Catar y Egipto, de que, si liberaba a todos los rehenes, su mejor baza, Israel permitiría la ayuda y empezaría a retirarse. Esa garantía no se ha cumplido. En lugar de eso, ahora se habla solo del desarme de Hamás, una condición que ni siquiera estaba en la fase uno. Mientras se negocia ese imposible, Israel ha pasado de controlar el 53% de Gaza a un 60%, con la intención declarada de llegar al 70%; hay una política de disparar a quien cruce la línea amarilla, y se arma a bandas palestinas para generar caos. No estamos en un alto el fuego: estamos ante la continuación del genocidio por medios burocráticos.</p>



<p><strong>El Gobierno español y otros gobiernos europeos siguen invocando la solución de dos Estados. ¿Le queda algún sentido?</strong></p>



<p>Yo nunca he creído que fuera posible, y hoy menos. Ese lenguaje diplomático sirve, en la práctica, para mantener el <em>statu quo</em>: Israel sigue existiendo como Estado soberano y aplazamos indefinidamente la estatalidad palestina. Da igual si un gobierno cree o no en los dos Estados: lo único que debería estar haciendo ahora es parar el genocidio y exigir responsabilidades. Hablar de relanzar un proceso diplomático mientras quien dirige Israel está reclamado por la Corte Penal Internacional es aceptar que puede actuar con total impunidad y seguir teniendo acceso diplomático pleno. Cualquier solución, de uno, dos o tres Estados, solo puede empezar por ahí: parar el genocidio y rendir cuentas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Yo nunca he creído en la solución de dos Estados, y hoy menos».</strong></h2>



<p><strong>Ya hay rabinos sionistas hablando de Turquía como el próximo gran frente. ¿Qué papel le ves?</strong></p>



<p>Israel es un proyecto colonial de asentamiento cuya razón de ser es expandirse y mantenerse como potencia militar hegemónica de la región: ningún vecino puede tener superioridad militar sobre Israel, ese ha sido el límite que Washington garantizaba en cualquier acuerdo bilateral. Irán cumple esa función de enemigo perfecto, islámico, con lenguaje nuclear de fondo. Si Irán deja de representar una amenaza, el candidato natural es Turquía, la otra potencia regional, y todo el repertorio retórico que usan contra Irán es perfectamente aplicable: país islámico, amenaza existencial. De momento Israel sigue fijado en Irán, que ha salido reforzado de esta guerra, así que no creo que el frente turco se active de inmediato. Pero desde Turquía la lectura también ha cambiado: durante años jugaron a ser enemigos sin serlo del todo, con buenas relaciones militares hasta este genocidio, y ese juego ya no es sostenible.</p>



<p><strong>¿Cómo describirías hoy el respaldo de la sociedad israelí al gobierno de Netanyahu?</strong></p>



<p>Hay que separar dos cosas. El apoyo a lo que ellos no llaman genocidio sino guerra en Gaza es casi unánime, más del 90%. Las grietas aparecen con Líbano e Irán: hay más oposición a la guerra en Líbano, mientras que la guerra contra Irán también goza de apoyo casi unánime. El desacuerdo es sobre las decisiones estratégicas de Netanyahu: desde la izquierda se le acusa de un error estratégico en Líbano, desde la derecha de no haber sido suficientemente contundente. Esta tregua con Irán le va a costar caro: se vendió la guerra como el fin del programa nuclear iraní, y el régimen iraní nunca ha sido tan fuerte como ahora. Israel no ha conseguido ninguno de sus objetivos estratégicos. Habrá que ver qué pasa en las elecciones, pero creo que esto se le va a echar en cara.</p>
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		<title>[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Simón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[estado colombiano]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[narcoparamilitares]]></category>
		<category><![CDATA[novela gráfica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jaime Garzón, humorista, periodista y abogado colombiano, fue asesinado en 1999 por narcoparamilitares, en alianza con agentes del Estado colombiano. Con la novela gráfica 'Yo no quiero morir' (Astiberri, 2026), su hermano Alfredo Garzón y la escritora Verónica Ochoa cumplen con su deseo de no ser borrado de la Historia, reivindicándolo como un icono de la defensa de los derechos humanos en Colombia. El epílogo es de la periodista Patricia Simón.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/">[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Epílogo de <a href="https://www.astiberri.com/products/yo-quiero-no-morir">&#8216;Yo quiero no morir&#8217; (Astiberri, 2026)</a>, escrito por la periodista Patricia Simón.</strong></em></p>



<p>Conocí a Jaime Garzón en 2006. Hacía siete años desde que lo habían asesinado y, sin embargo, me salía al paso en algunos de los rincones más aislados y abandonados por el Estado colombiano. En la selva profunda del Chocó, en pequeñas veredas del Cauca, en las carreteras de la Antioquia más recóndita, su rostro me miraba desde muros y carteles. En medio de la violenta oscuridad que sacudía el país en aquellos tiempos, <strong>su sonrisa ancha era un símbolo de la hospitalidad</strong> que, pese a todo, seguía desprendiendo el pueblo colombiano.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578493" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_488.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>En aquellos años, el gran problema del periodismo en España era una precariedad en la que muchos se escudaban para traicionar nuestra función pública y venderse a la manipulación, la propaganda, la espectacularización y la propagación del odio. En Colombia aprendí que allí, como en buena parte de los países más azotados por la guerra, <strong>quienes deciden ejercer este oficio con honestidad e independencia lo hacen a sabiendas de que pueden ser asesinados</strong> por cumplir con su deber deontológico. Periodistas reconocidos y anónimos que compartieron conmigo sus contactos y conocimientos para que pudiese llegar a las veredas más recónditas y entrevistar a los supervivientes de las masacres paramilitares, a las madres de los llamados “falsos positivos” –civiles asesinados por el Ejército para presentarlos como bajas en combate–, a los líderes comunitarios amenazados por las guerrillas, a las maestras y sindicalistas asediados por todos los actores armados, al campesinado desplazado forzosamente para construir macroproyectos de multinacionales europeas, canadienses y estadounidenses. Y en muchos de esos lugares me encontraba con grafitis en los que con unos cuantos trazos –las gafas redondas, el pelo acaracolado–bastaba para reconocer a quien ya era un <strong>icono de la decencia y de la defensa de los derechos humanos: Jaime Garzón.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578497" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_87.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Recuerdo el impacto que me produjo la admiración con la que me hablaban de él periodistas que, poco después de conocerlos, ya se habían convertido para mí en maestros de lo que debe ser este oficio y de lo que una nunca debe olvidar. Compañeros que me enseñaron a no perder de vista el retrovisor por si nos seguía algún coche o moto, a no abrir la puerta a nadie que llevase el casco puesto porque habían perdido a muchos colegas ejecutados tras abrir a supuestos repartidores, a que siempre había que tener una habitación preparada para esconder a quienes llegaban huían de las amenazas&#8230; Todos ellos compartían una devoción por la figura de Garzón que también me transmitieron mis amigos y amigas defensoras de los derechos humanos, académicas, lideresas sociales, dramaturgas, pintores&#8230;&nbsp;Personas que siguen siendo hoy mis <strong>referentes éticos y humanistas</strong> se esforzaban por explicarme la influencia social de una figura que yo no terminaba de entender, probablemente, porque no había conocido nada igual hasta entonces. Tuve que ir desentrañando la figura de Jaime Garzón para comprender por qué se había convertido en una de las más escuchadas, respetadas y queridas por la mayoría social de Colombia. Y, también, en una de las más odiadas por una minoría, aquella que nunca ha dudado en usar la violencia para preservar su poder, privilegios, supremacismo y concentración de la riqueza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="825" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg" alt="Potada de 'Yo no quiero morir' (Astiberri)." class="wp-image-1576096" style="aspect-ratio:0.7366131577934326;width:332px;height:auto" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-825x1120.jpg 825w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-375x509.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-768x1042.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1132x1536.jpg 1132w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-1509x2048.jpg 1509w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir-scaled.jpg 1886w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption class="wp-element-caption">Portada de la novela gráfica <em>Yo quiero no morir</em> (Astiberri, 2026).</figcaption></figure>
</div>


<p>Así fui sabiendo que Jaime Garzón había sido un hombre bueno que había estudiado varias carreras movido por la curiosidad y la pasión por entender el mundo; un hombre valiente que se había implicado en la política institucional para defender la vida desde los territorios más ninguneados por el Estado en un país en el que eso se castiga con la muerte; un hombre heterodoxo que sustituyó el marxismo por el “grouchomarxismo” cuando las guerrillas se empezaron a parecer a sus antagonistas; un hombre sabio que se había dado cuenta de que el humor es la forma más elevada y transformadora de la inteligencia; un hombre erudito que había volcado su talento en <strong>desnudar el negocio de la guerra y a sus mercaderes en los medios de comunicación</strong> –los mismos que, mayoritariamente, estaban y están al servicio de la oligarquía que se blinda reproduciendo la violencia–; un hombre valiente que se dedicó a mediar con las guerrillas para la liberación de más de cien personas secuestradas; un hombre alegre, divertido y disfrutón que amaba tanto la belleza de la vida que consagró la suya a conseguir que una vida que merezca ser vivida fuese un derecho universal.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578503" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_95.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Y así fue como, conociendo la trayectoria y la personalidad de Jaime Garzón, fui también entendiendo mejor la historia e idiosincrasia de <strong>Colombia: un país compuesto, mayoritariamente, por hombres y mujeres buenos, generosos, <em>verracos</em> y bellos en su sentido ético y estético</strong>; personas que han respondido a décadas de guerra, expolio, barbarie y dolor construyendo el tejido asociativo, cívico y de defensa de los derechos humanos más potente, imbricado y vanguardista del mundo; gente pobre que tras sobrevivir a las peores atrocidades se convirtieron, <em>de facto,</em> en juristas, comunicadores, activistas para defender su dignidad en alianza con profesionales extraordinarios de todos los ámbitos que anteponen el bien común a su bienestar; un pueblo que coopera vereda por vereda, ciudad por ciudad, departamento por departamento, para llevar su lucha contra la impunidad hasta las más altas instancias de justicia internacional; una sociedad que sumida en el horror ha sido capaz de aportar contribuciones vanguardistas y cruciales al terreno del derecho internacional y de la construcción de paz. Una excelencia y excepcionalidad las del pueblo colombiano de las que Jaime Garzón es uno de sus embajadores más universales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando “las palabras no alcanzan”</h2>



<p>Quienes nos dedicamos a intentar entender los peores contextos para explicarlos después convivimos con la angustia permanente de que “las palabras no alcanzan” para nombrar lo inenarrable, como escriben <strong>Alfredo Garzón y Verónica Ochoa</strong> en su magistral obra <em><strong>Garzón. El duelo imposible.</strong> </em>Pero les aseguro que esta novela gráfica no solo logra <strong>recoger, evocar, explicar y mostrar la complejidad y brutalidad de la historia reciente de Colombia</strong>, sino también lo más valioso, difícil y extraordinario: el ingente <strong>esfuerzo de buena parte de su sociedad por transitar a un país justo</strong>, seguro, respetuoso, dialogante, pacífico, incluyente, boyante y orgulloso de su diversidad. Y, desgraciadamente, el alto coste en vidas, destierros y tristeza que ha pagado por la osadía de pretender redistribuir su tierra y recursos, juzgar a los dirigentes y empresarios que ordenaron –y ordenan– los crímenes, señalar a colaboradores tan poderosos como el Estado de Israel o las transnacionales del Norte Global, y a los medios de comunicación que legitiman y presentan la violencia como un fenómeno natural, imprevisible, inevitable, sin responsables ni beneficiarios. Sin el trabajo sucio de una prensa corrompida, el negocio de la guerra se hundiría porque no habría pueblo que lo apoyase. Por ello, algún día, también deberían ser juzgados sus consejos de administración.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1120" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg" alt="" class="wp-image-1578507" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-819x1120.jpg 819w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-375x513.jpg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-768x1051.jpg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92-1123x1536.jpg 1123w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/06/Yoquieronomorir_92.jpg 1496w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p>Pero, frente a su inmundicia, también hubo y hay quienes no se pliegan. Y <em>Garzón. El duelo imposible</em> también los honra. Como al director de <em>El Espectador</em> Guillermo Cano, asesinado en 1986 por denunciar el fenómeno del paramilitarismo y sus vínculos con el Estado. <strong>“No vendemos, no hipotecamos, no cedemos nuestra conciencia ni nuestra dignidad a cambio de un puñado de billetes”, dejó escrito.</strong> Unas palabras que deberían estar impresas en todas las redacciones del mundo.</p>



<p>En este libro, su coautor y coprotagonista Alfredo Garzón, hermano de Jaime, encarna en lo que convierte la guerra a aquellos que sobreviven a la pérdida de sus seres queridos: personas en “diálogo constante con el asesinado”, como escribe sobre sí mismo. “Para mí, el asesinato de Jaime no es un hecho del pasado. Cada día sin justicia es un día más en que Jaime es asesinado. Un día más en que los asesinos vencen”, explica, resumiendo así la violencia que esta impunidad inflige a las víctimas.</p>



<p>Colombia es un país “de cementerios llenos de personas a las que se les ha negado la palabra”. Este libro se la devuelve, convirtiéndola en un alegato por el diálogo como antídoto frente a la violencia. Un acto de justicia para quienes siguen sin recibirla. Pero esta obra llega mucho más allá: construye cultura de paz al resucitar a todos esos hombres y mujeres que intentaron parir un mundo mejor para que puedan estudiarse en todas las escuelas e institutos del mundo, referentes con los que enseñar a los niños, niñas y adolescentes que no hay forma más ética, legítima, enriquecedora, apasionante y digna de estar en el mundo que defendiendo los derechos humanos, que no hay otra forma de impedir que la internacional del odio que recorre el planeta imponga un orden del miedo y la crueldad, que no podemos permitir que hagan lo que ya hicieron en Colombia: deshumanizar a “los otros” para convertirlos en “desechables”, exterminables, desaparecidos, en nadies.</p>



<p>La novela gráfica de Alfredo Garzón y Verónica Ochoa es un <strong>canto a la vida vivida adrede, un homenaje a los y las idealistas, esos locos utópicos que a lo largo de la historia fueron despreciados tachándolos de ilusos e ingenuos y a quienes les debemos los derechos sin los que seguiríamos siendo esclavos</strong>, súbditos, animales de compañía, subhumanos. Personas como Jaime y Alfredo Garzón, como sus amigos, que se dejaban el alma trabajando por un horizonte esperanzador, que bailaban, cantaban y gozaban hasta el amanecer cada vez que podían, y que lloraban y lloran a sus muertos escribiendo obras de arte como este libro. ¡Viva la vida y quienes quieren no morir nunca!</p>



<p><a id="_msocom_1"></a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/19/yo-quiero-no-morir/">[Adelanto editorial] Vivan quienes quieren no morir nunca</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/</link>
					<comments>https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Arantxa Tirado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 13:15:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bolaños]]></category>
		<category><![CDATA[carrera judicial]]></category>
		<category><![CDATA[clase]]></category>
		<category><![CDATA[fiscales]]></category>
		<category><![CDATA[jueces]]></category>
		<category><![CDATA[oposiciones]]></category>
		<category><![CDATA[perspectiva de clase]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Garantizar la democratización del acceso a las carreras judicial y fiscal es un paso imprescindible para superar la justicia de clase que todavía padecemos en el Estado español", reflexiona Arantxa Tirado.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/democratizar-acceso-judicial-fiscal/">Democratizar el acceso a las carreras judicial y fiscal</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El pasado 15 de junio, se publicó en el <a href="https://www.boe.es/boe/dias/2026/06/15/pdfs/BOE-A-2026-12918.pdf">Boletín Oficial del Estado (BOE)</a> el “Acuerdo de 4 de junio de 2026, de la Comisión de Selección a la que se refiere el artículo 305 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por el que se convocan pruebas selectivas para la provisión de plazas de alumnos y alumnas de la Escuela Judicial para su posterior acceso a la Carrera Judicial por la categoría de juez/a, y plazas de alumnos y alumnas del Centro de Estudios Jurídicos, para su posterior ingreso en la Carrera Fiscal por la categoría de Abogado/a Fiscal”.&nbsp;</p>



<p>Detrás de tan extenso título se encuentra la “<strong>macroconvocatoria</strong>”, en palabras del ministro de Justicia, Félix Bolaños, <strong>a oposiciones a la carrera de juez y fiscal</strong>. El Gobierno oferta, así, 700 plazas, 575 de las cuales serán para jueces y fiscales por oposición y 125 para la vía de acceso por el cuarto turno. Esta vía de acceso, muy criticada por los sectores más corporativos del poder judicial, permite la incorporación como magistrados a juristas “de prestigio” que demuestren más de 10 años de ejercicio profesional. </p>



<p>El mismo Bolaños anunció en su cuenta de X esta convocatoria como <a href="https://x.com/felixbolanosg/status/2066397568603480214">“la mayor transformación de la justicia en décadas”.</a> Sin embargo, aumento de la cantidad no necesariamente es igual a cambio de la cualidad. Es decir, nada garantiza que aumentar los efectivos encargados de impartir justicia haciendo cumplir el imperio de la ley vaya a transformar algunos de los problemas que arrastra la justicia española, que no sólo tienen que ver con la insuficiencia de recursos o de personal.&nbsp;</p>



<p>Ni siquiera la posibilidad de aumentar la presencia de magistrados por el cuarto turno abre necesariamente la puerta a la entrada de <strong>visiones que rompan el corporativismo que impide la autocrítica y la transformación de este rígido poder</strong>. Tampoco garantiza <em>per se</em> mayores dosis de independencia e imparcialidad. A modo de ejemplo, el célebre Juan Carlos Peinado, magistrado instructor en la causa de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, se incorporó a la carrera judicial por el extinto tercer turno, derogado en 2003, una vía directa similar al cuarto turno por la que “juristas de reconocida competencia” podían pasar a ser jueces, sin realizar oposiciones, si cumplían con seis años de ejercicio profesional. </p>



<p>En un contexto en que la justicia está en el ojo del huracán por el protagonismo –voluntario o involuntario– de ciertos jueces en la vida política española, cuyas decisiones condicionan el decurso de una agenda política plagada de juicios a miembros del poder político y sus familiares, el acceso a la carrera judicial reviste una importancia crucial. Una importancia que trasciende el mero debate sobre la mejora de las oportunidades profesionales, o de los recursos al servicio de los ciudadanos, y entra de lleno en el plano político. </p>



<p>Aunque el poder judicial trate de desvincularse del estigma de la politización de la justicia, lo cierto es que los jueces también son ciudadanos que, en su aplicación de la ley, pueden estar contaminados de sus propios sesgos, valores y prejuicios que los llevan a determinada interpretación de las leyes existentes. A quienes niegan la ideología presente en los impartidores de justicia, que en ocasiones puede comprometer la independencia e imparcialidad en el ejercicio de su profesión, habría que recordarles los vasos comunicantes entre el poder político y el poder judicial que se expresa en las posibilidades de promoción a puestos de poder institucional una vez dentro de la carrera judicial.</p>



<p>Uno de esos elementos es <strong>el origen de clase</strong>, que condiciona no sólo las posibilidades de acceso a unas oposiciones altamente disuasorias para quienes no se pueden permitir dedicar un promedio de casi 5 años de estudio exclusivo sin remuneración, y con los gastos añadidos de pagar a preparadores que cobran cantidades de dos ceros mensuales en sobres que no suelen declarar a Hacienda. No extraña, por tanto, que el 96% de quienes realizaron <a href="https://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Escuela-Judicial/Formacion-Inicial/Estadisticas/Datos-Estadisticos-75-Promocion-Curso-2025-2026">oposiciones en la promoción 2025-2026</a> contaran con la ayuda de sus padres para poder estudiar. </p>



<p>Garantizar la democratización del acceso a las carreras judicial y fiscal, mediante la promoción de condiciones estructurales de igualdad de oportunidades, mitigando las desigualdades sociales preexistentes más allá del formalismo vacío de las “oposiciones libres basadas en los principios del mérito y la capacidad”, es <strong>un paso imprescindible para superar la <a href="https://www.lamarea.com/2022/12/23/jueces-de-clase/">justicia de clase</a> que todavía padecemos en el Estado español</strong>. </p>



<p>Para ello es perentorio que las iniciativas recogidas en el “Anteproyecto de Ley Orgánica para la ampliación y fortalecimiento de las carreras judicial y fiscal” que el <a href="https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/referencias/Paginas/2025/20250121-referencia-rueda-de-prensa-ministros.aspx#fiscal">Consejo de Ministros aprobó el 21 de enero de 2025</a> y que actualmente se encuentra en fase de tramitación en el Congreso, puedan ir adelante en una Ley Orgánica que siente las bases de una democratización -siempre tímida e insuficiente si no va de la mano de transformaciones de la correlación de fuerzas estatales y del poder económico, como sabemos– que permita la entrada de aire fresco a uno de los poderes del Estado que se presenta como garante de derechos y libertades pero que aparece, con demasiada frecuencia, como un freno para los cambios sociales.</p>
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		<title>Si tuviera 20 años hoy, ¿me sentiría atraído por el discurso de Vox?</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/si-tuviera-20-anos-vox/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rubén García Sánchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 08:14:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[jóvenes]]></category>
		<category><![CDATA[ultraderecha]]></category>
		<category><![CDATA[Vox]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"La pregunta que nos debemos hacer no es solo por qué muchos jóvenes escuchan a la ultraderecha, sino qué sociedad queremos construir para que su promesa deje de parecer una salida", reflexiona el docente e investigador Rubén García.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/si-tuviera-20-anos-vox/">Si tuviera 20 años hoy, ¿me sentiría atraído por el discurso de Vox?</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Me gustaría contestar que no, con rotundidad. Pero la verdad es que no estoy seguro. No creo que Vox ofrezca mejores respuestas a los problemas de esta generación, pero conviene tomarse en serio <strong>qué hace que su discurso resulte tan atractivo para una parte de los jóvenes, especialmente varones</strong>, que crecen entre precariedad, expectativas bloqueadas y hartazgo político.</p>



<p>No, la juventud no ha girado en bloque hacia la ultraderecha. Al contrario: una parte importante de la juventud ha demostrado una enorme capacidad de movilización en el feminismo, la lucha climática y la defensa de derechos. <strong>Lo veo en mis clases en la universidad: hay conciencia social y preocupación por el futuro</strong>. Precisamente por eso, la pregunta es <strong>qué proyectos políticos están sabiendo capitalizar las preocupaciones de la gente joven</strong>.</p>



<p>¿Qué tiene la propuesta de Vox para explicar su crecimiento? Desde la Psicología Social, la pregunta no es solo qué propone Vox, sino qué función cumple su discurso: qué identidad ofrece, qué amenaza construye y hacia dónde dirige la frustración. Empecemos por lo que no es. Vox se ha presentado en las últimas elecciones de Andalucía, Aragón, Extremadura y Castilla y León con un discurso casi idéntico y, en algunos casos, con candidatos poco conocidos. Esto permite descartar que su éxito dependa de una lectura precisa de los problemas concretos de cada territorio. Sus grandes temas son siempre los mismos: <strong>inseguridad, inmigración, antifeminismo, familia tradicional, “sentido común”, “los nuestros”</strong>. Vox no tiene una propuesta técnica y razonada de solución de problemas; ofrece una explicación emocionalmente eficaz del malestar de toda una generación: quién soy, quién me amenaza y contra quién debo dirigir mi frustración.</p>



<p>El acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la pérdida de expectativas, el deterioro de los servicios públicos o la dificultad para emanciparse son problemas estructurales y complejos. Vox los traduce a una narrativa simple: “<strong>Te han quitado algo que era tuyo</strong>”. Frente a la frustración o la incertidumbre ofrece <strong>culpables fáciles de identificar </strong>y la promesa de recuperar un orden perdido. La ultraderecha traduce el malestar social en una gramática de competencia y agravio: “Si otros ganan, tú pierdes”.</p>



<p>¿Y quién es ese “nosotros” del discurso ultra? La gente normal, los españoles, los trabajadores, las familias, el campo, quienes cumplen; frente a la población migrante, las feministas, las élites progresistas, los okupas, “los que viven de las subvenciones”, los “MENAS”. Esa frontera organiza su discurso y también modela la percepción de la realidad: cuando el mundo se lee en clave de “nosotros” vs. “ellos”, una ayuda social, una beca o una lista de espera dejan de verse como derechos y pasan a interpretarse como privilegios concedidos a colectivo que no se lo han ganado. Aquí está una de sus claves: junta la amenaza material y la amenaza simbólica. Además de decirnos “te quitan recursos”; añaden “también te están quitando tu mundo”. Cuando una persona joven no encuentra un horizonte claro, Vox le ofrece un bando desde el que sentirse reconocida y luchar por lo que supuestamente le han arrebatado.</p>



<p>En contextos de crisis, cambio social acelerado o inseguridad vital, el discurso ultra conecta con la necesidad de orden, control y certezas. <strong>Vox convierte la incertidumbre en nostalgia de un orden pasado. Esa tradición perdida aparece como refugio cuando el futuro no ofrece garantías</strong>. Otro giro eficaz es presentar posiciones conservadoras como si fueran transgresoras. Ser antifeminista o antiinmigración aparece como “atreverse a hablar claro”. Han logrado que la rebeldía cambie de bando.</p>



<p>Esto conecta especialmente con gran parte de los varones jóvenes. Vox ofrece una explicación cómoda: si te sientes desplazado, no es solo por la precariedad o la falta de futuro, sino porque “otros” han avanzado demasiado. El antifeminismo ofrece a muchos varones jóvenes una explicación de su pérdida de estatus y funciona como una pedagogía del agravio: convierte la igualdad en amenaza y transforma el desconcierto masculino en identidad política. “El problema es el feminismo”, “ya no se puede decir nada” o “los hombres están desprotegidos” suenan con enorme eco en una generación cansada y sin garantías de futuro.</p>



<p>Otra clave de la eficacia de Vox es la exclusión como gestión razonable. <strong>“Prioridad nacional” </strong>suena a criterio; “proteger a los nuestros” o “controlar las ayudas” suenan a responsabilidad y eficiencia. Su éxito está en legitimar desigualdades como si fueran criterios de gestión. </p>



<p>Por eso no se combate solo con datos. Si el discurso de Vox cumple funciones de identidad, pertenencia, autoestima, orden y control, la información no basta. Hay que disputar el marco emocional y ofrecer otros relatos de pertenencia, futuro, masculinidad, comunidad y derechos. Además, el choque frontal puede activar una postura defensiva y fomentar la polarización. <strong>Si hemos llegado a no poder hablar de política en casa o entre amistades, es que algo hemos hecho mal</strong>.</p>



<p>La respuesta democrática tiene que hacer tres cosas a la vez: <strong>nombrar mejor los problemas reales, ofrecer soluciones viables y construir vínculos, pensamiento crítico y límites frente al odio</strong>. Los medios de comunicación deberían dejar de actuar como amplificadores involuntarios del marco ultra: menos tertulias de alto voltaje, titulares virales y fragmentos descontextualizados; más entrevistas en profundidad, programas de debates en los que no se llegue a exabrupto o espacios temáticos con reportajes de largo alcance.</p>



<p>Los partidos democráticos tampoco deberían confundir hablar a jóvenes con imitar sus formatos. Estar en TikTok no es hablar el idioma de una generación si el contenido no responde a sus problemas. También deberían revisar el tono: la crispación permanente, el insulto personal y la teatralización del conflicto educan en el enfado y hacen más habitable el terreno de la ultraderecha.</p>



<p>También necesitamos educación democrática: enseñar a distinguir entre causa estructural y chivo expiatorio: cómo se fabrican los enemigos, cómo se manipula el miedo y cómo la frustración se convierte en prejuicio. En familia se pueden favorecer conversaciones, compartiendo y respetando diferencias y poniendo límites sin humillar. Y las amistades también importan: <strong>la ultraderecha se normaliza en bromas, memes y silencios en grupos de WhatsApp. Poner límites en estas situaciones es cuidar las normas mínimas de convivencia</strong>.</p>



<p>Creo que la respuesta democrática debe ser firme con el odio y cuidadosa con el malestar. Si hoy tuviera 20 años, probablemente me vería atraído por el discurso de Vox porque me sentiría enfadado y lejos de alcanzar una vida digna. Precisamente por eso, me gustaría encontrar una democracia capaz de ofrecerme algo más que miedo, nostalgia y culpables. La pregunta que nos debemos hacer no es solo por qué muchos jóvenes escuchan a la ultraderecha, sino qué sociedad queremos construir para que su promesa deje de parecer una salida.</p>



<p><strong><em>Rubén García Sánchez. Doctor en Psicología. Coordinador del Máster en Intervención Psicosocial y Comunitaria. Docente e investigador del Dpto. de Psicología Social y Metodología de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid.</em></strong></p>
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		<title>Melancolía, no solo de la izquierda</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/18/melancolia-izquierda/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[José Ovejero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 06:03:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Un momento para respirar]]></category>
		<category><![CDATA[capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[Podemos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«A Podemos no lo destruyó la lucha de egos», puntualiza José Ovejero. «Lo destruye una campaña coordinada de la prensa, la judicatura, el capital y las cloacas policiales, con bulos, montajes, connivencia de periodistas corruptos con policías corruptos con jueces corruptos».</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong><em>9 de junio</em></strong></p>



<p>Después de la entrega de los premios TIFLOS, durante el cóctel subsiguiente, converso con alguien que me acaban de presentar, que se define de izquierdas, sobre la situación política. Sale a relucir el hundimiento de <strong>Podemos</strong>. Él habla con pesar de la deriva de ese partido y la atribuye a la <strong>lucha de egos</strong> entre sus dirigentes. Respondo con una vehemencia que no es frecuente en mí. Creo que ya he escrito por aquí que no suelo discutir salvo en situaciones en las que de la discusión depende una decisión.</p>



<p>Pero en el caso que estoy refiriendo me enfado más allá de lo razonable porque creo que refleja uno de los males más dañinos para la izquierda, y lo es doblemente: primero, porque <strong>se acaba comprando el marco del debate a las campañas mediáticas de la derecha</strong>. No, a Podemos no lo destruyó la lucha de egos como dicen quienes quieren desacreditar a la formación política; a ningún partido lo destruye la lucha de egos, que existen en el PP, en el PSOE, en Vox, en Izquierda Unida&#8230; A Podemos, aparte de todos los errores que puedan haber cometido sus dirigentes, lo destruye <strong>una campaña coordinada</strong> de la prensa, la judicatura, el capital y las cloacas policiales, con bulos, montajes, connivencia de periodistas corruptos con policías corruptos con jueces corruptos. Aunque todas aquellas acusaciones quedaron en nada, el prestigio del partido entre quienes buscaban una forma diferente de hacer política, acabó siendo minado.</p>



<p>El segundo aspecto que me parece nocivo es que <strong>en la izquierda nos encanta desencantarnos</strong>. Los nuestros nunca merecen triunfar porque nunca son tan puros como nuestros sueños. No digo que la autocrítica y reconocer la corrupción en las propias filas no sean tareas imprescindibles, pero a menudo se toman como una invitación a rendirse y a regodearse en la mirada cínica y distante que nos deja plácidamente alojados en nuestra nube celestial.</p>



<br>



<p><strong><em>13 de junio</em></strong></p>



<p>Preparando la presentación de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-biografias/627159-libro-melancolia-de-los-confines-norte-9788439746461" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Melancolía de los confines: Norte</em></a>, de <strong>Mathias Énard</strong> –un libro muy recomendable por múltiples razones–, repaso fragmentos que había subrayado en otro libro suyo, <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/350383-libro-desertar-9788439743460" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Desertar</em></a> y me encuentro con esta frase: «Si pudiera uno volver a vivir un momento x de su existencia, yo elegiría un día con Irina cuando era muy pequeña, los tres a orillas del lago en Hankels Ablage&#8230;».  No sé si lo hice cuando leí la frase por primera vez, creo que no, pero ahora me detengo a pensar cuál sería ese único día que yo querría volver a revivir. Me viene a la memoria uno que no reproduciré aquí. Si alguien lee estas páginas, le invito a hacerse esa pregunta: ¿si pudieras revivir un único día de tu vida, cuál elegirías? Y la segunda pregunta, obvia, sería: ¿por qué ese?</p>



<p>Tendemos a pensar que la felicidad es el fin supremo al que se dirigen nuestros actos. Para mi sorpresa, he descubierto al responderme a la pregunta que no es el mío.</p>



<br>



<p><strong><em>15 de junio</em></strong></p>



<p><strong>Sánchez </strong>dice, tras alegrarse por el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que debemos entender de una vez por todas que la guerra es un fracaso. Pero por supuesto Sánchez sabe que no es así. <strong>Esta guerra, como todas, ha beneficiado a numerosas empresas con ingresos millonarios</strong>. Seguimos fingiendo que la guerra se utiliza para los fines que proclaman públicamente quienes las inician, y casi nunca es así. Una excepción sería la guerra contra los palestinos, porque sus adalides, después de una fase de justificaciones absurdas, están siendo extremadamente sinceros: el objetivo es la ocupación completa de sus tierras y <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/10/hernan-zin-palestina-va-a-desaparecer/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la expulsión o el asesinato</a> de la mayoría de la población actual.</p>



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<p><strong><em>16 de junio</em></strong></p>



<p>Énard escribe que «los muertos siempre serán más numerosos que los vivos». Hace poco pensaba yo en la resurrección de los muertos durante el <strong>Juicio Final</strong> y en que, si salieran todos a la vez de sus tumbas, apenas tendrían espacio y se apelotonarían unos sobre otros, situación muy poco digna para presentarse ante el Creador. Lo pensaba tras volver a ver los frescos del Juicio Final de la catedral de Orvieto. Pero tras dividir la superficie terrestre entre el número estimado de muertos desde que existe la humanidad, llegué a la conclusión de que<strong> cada zombi resucitado tendría setecientos metros cuadrados para su disfrute</strong>. Incluso si descontásemos las zonas inhóspitas del planeta dispondrían de una parcela amplia donde esperar sentencia.</p>



<p>Y también me decía que el Dios de los cristianos es un individuo cruel: si hubiese programado el apocalipsis para hace unos siglos, miles de millones de personas habrían evitado ser condenadas a las penas del infierno. Aunque, si aplico esa lógica, debería haber adelantado el Juicio al momento en el que se dio cuenta de la chapuza que había hecho en el diseño de Adán y Eva. Nos habríamos ahorrado muchos disgustos.</p>



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<p><strong><em>17 de junio</em></strong></p>



<p>Me piden un vídeo para apoyar la <strong>traducción humana</strong>. Cada vez aborrezco más los vídeos, no solo porque con su proliferación a partir de la pandemia se han vuelto irrelevantes, también me resultan incómodos y engorrosos; demasiado para el efecto que les supongo.</p>



<p>Así que digo que no, que prefiero dar mi apoyo desde aquí –que no se verá mucho más, pero al menos es una tarea a la que estoy habituado y no me obliga a ponerme ante la cámara–. Dado mi pesimismo consustancial, creo que es una batalla perdida. Se impondrá la <strong>IA</strong> en numerosos trabajos, no solo en la traducción, porque tiene la característica básica para su expansión en el capitalismo: reduce costes.</p>



<p>Esto, por supuesto, es mentira: <strong>reduce costes a la empresa que la utiliza, pero los costes sociales, medioambientales y para nuestra cultura son enormes</strong>. Lo que no importa a los empresarios; esa preocupación no está en su naturaleza. Al fin y al cabo, pagamos todos, no ellos. La única socialización que entienden es la de sus costes.</p>



<p>Sin embargo, creo que hay que defender la traducción humana, la ilustración humana, etc., resistir el tiempo que se pueda. Y eso solo <strong>puede lograrse haciendo daño económico a las empresas que la usan</strong>: publicitando sus prácticas para intentar que las abandonen algunos de sus clientes, boicoteándolas, también apoyando a quienes no utilizan la IA, por ejemplo, mediante <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/08/ia-amenaza-tus-libros/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el sello de traducción humana</a>. Solo haciendo menos rentable el egoísmo podemos defender la trinchera. Me sale un lenguaje muy bélico, pero es que estamos ante <strong>una guerra solapada</strong>, en la que, como en todas las guerras, hay unos pocos vencedores y muchos derrotados. ¿Eran de León Felipe esos versos que dicen: «entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasó también»?</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/18/melancolia-izquierda/">Melancolía, no solo de la izquierda</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>Juan Evaristo Valls Boix: “La vida consiste en aprender a perder”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/17/juan-evaristo-valls-jomo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 09:18:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>'JOMO' (Anagrama, 2026), el nuevo libro del filósofo valenciano, es el acrónimo de Joy of Missing Out: la alegría de perderse las cosas, la satisfacción que empieza a asomar cuando uno desconecta, para, se queda quieto. Es lo contrario de FOMO, ese miedo generalizado a quedarse fuera. </p>
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<p class="has-text-align-right"><strong><em>Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en <a href="https://catalunyaplural.cat/ca/juan-evaristo-valls-boix-la-vida-consisteix-a-aprendre-a-perdre/">catalán aquí</a>.</em></strong></p>



<p>Hay libros que llegan a destiempo y libros que llegan justo cuando hacen falta. <em>JOMO</em> (Anagrama, 2026), del filósofo valenciano <strong>Juan Evaristo Valls Boix</strong>, pertenece con claridad a la segunda categoría. El título es el acrónimo de <em>Joy of Missing Out</em>: la alegría de perderse las cosas, el placer de no estar, la satisfacción que empieza a asomar cuando uno desconecta, para, se queda quieto. Frente al <em>FOMO</em> –ese miedo generalizado a quedarse fuera– que articuló durante décadas los ritmos del capitalismo de plataformas, Valls Boix propone leer los síntomas del presente como señales de un cambio de deseo más profundo: una reorientación afectiva que ya tiene forma en los memes, en los activismos, en el cansancio compartido de una generación.</p>



<p>Valls Boix es doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, donde trabaja como investigador. Ha publicado anteriormente <em>Metafísica de la pereza</em> (2022) y <a href="https://www.lamarea.com/2025/07/05/juan-evaristo-valls-vida-holgada/"><em>El derecho a las cosas bellas</em> (2024)</a>, conformando una trilogía filosófica que trabaja los márgenes del pensamiento político contemporáneo: la pereza, la belleza, y ahora el arte de perderse. En <em>JOMO</em>, escrito con memes, referencias pop y teoría crítica, detecta en el hartazgo colectivo no una patología sino una lucidez. «El dolor, la depresión, el cansancio y la soledad no deseada nos dicen que así la vida no vale la pena», sostiene en esta conversación. </p>



<p>Su diagnóstico no se detiene ahí: la promesa neoliberal de la conexión permanente y la flexibilidad total ha generado «exactamente lo que negaba: desarraigo y soledad no deseada». Y lo decisivo, insiste, es que ya no queremos que esa promesa se cumpla. La revolución, si llega, no vendrá de imaginar futuros alternativos sino de escuchar el cambio de deseo que ya está ocurriendo: «No se trata de imaginar los horizontes, se trata de escucharlos».</p>



<p><strong>Tu libro comienza con la imagen Colin Smith, el protagonista de <em>La soledad del corredor de fondo</em>, un talentoso atleta que, a pocos metros de llegar a la meta, decide dejarse ganar. Es, en un caso, una forma de rebeldía y de oposición a la institución –un reformatorio de Londres–, que ganaría prestigio en su nombre. Sesenta años después, hay más <em>runners</em> que nunca, Strava mide cada kilómetro, el corredor se ha convertido en figura emblemática del presente. ¿Cómo lees esa evolución, y en qué sentido la resistencia de Colin sigue siendo pertinente a día de hoy?</strong></p>



<p>La película de Tony Richardson me parece muy premonitoria porque muestra una forma de estar gobernados a través del movimiento, a través de la inyección a la superación. Colin puede diferenciarse de sus compañeros de prisión, puede destacar, precisamente porque es bueno en algo. Y ahí aparece una primera distancia: si el valor del trabajador radica en su capacidad de adaptación o en su capacidad de expresión, en ser normal o en ser uno mismo. Lo que se va a descubrir al final es que la producción de subjetividad tiene que ver con el gobierno del deseo a través de su excitación: reconducir siempre el deseo hacia el ámbito de la explotación mercantil, el consumo o el trabajo. </p>



<p>Ser un ganador es la forma más alta de aquiescencia con la norma, justamente. Y es ahí donde aparece una forma de resistencia muy valiosa para nuestro tiempo: la deserción. Una deserción muy particular, porque la de Colin — a diferencia de la contracultura de los años 60 y 70 tenía como forma de revuelta por antonomasia romper los límites, <em>break — </em>no tiene que ver con irse, tiene que ver con parar, con quedarse.</p>



<p><strong>Más parecida al “preferiría no hacerlo de Bartleby”, el personaje de Herman Melville…</strong></p>



<p>La de Colin se parece más a la de Bartleby, sí. Aunque hay una diferencia importante: Bartleby acaba muriéndose de inanición; su rechazo es individual, se agota en sí mismo. Cuando Colin se para, toda su vida le pasa por delante. Hay algo en ese detenerse que dice: esto no es vida, la vida tiene que ser otra cosa. Hay una filósofa, Bonnie Honig, que en su&nbsp;<em>Teoría feminista del rechazo</em>&nbsp;dice que Bartleby no le interesa precisamente por eso, porque es una figura del rechazo individual. A ella le interesan&nbsp;<em>Las Bacantas</em>&nbsp;de Eurípides: un grupo de mujeres que rechazan la asignación reproductiva de la ciudad, se van, y luego vuelven con una propuesta nueva de vida en común. Hay algo en Colin que conecta con eso: su pararse no es solo negación, es también una afirmación de la vida a través del hábito, del quedarse.</p>



<p><strong>La crítica que le haces a Mark Fisher en el libro es, si me permites, muy valiente: Fisher articuló para muchos el diagnóstico de una época, pero tú detectas en él un punto ciego generacional y otro de género. ¿Qué es lo que no pudo ver Fisher desde dónde estaba?</strong></p>



<p>Fisher ha fascinado porque tuvo la capacidad de articular un relato del presente que, de un lado, era nuevo, pero que al mismo tiempo retomaba unas claves esenciales de la izquierda: la melancolía y la estructura mesiánica. La pregunta por el futuro como deuda con el pasado. Saber hacer eso a través de una revalorización de la contracultura de los 70, acuñar el término de&nbsp;<em>modernismo popular</em>, leer a Thatcher como la leyó… Ese relato es muy poderoso y ha marcado el tono del pensamiento, al menos en el espacio hispano. Pero la crítica que Mackenzie Wark le hace me parece muy lúcida: ¿cuál es el presupuesto de diferencia sexual que hay en la propuesta de Fisher? Toda la teoría del realismo capitalista nunca está en diálogo con los debates sobre reproducción social, la abolición de la familia, la socialización de los trabajos reproductivos.</p>



<p>Hay también una profecía autocumplida: si dices que toda la cultura es una mierda, acaba siéndolo, pero eso es una falta de escucha, no una constatación analítica. Luego está la cuestión generacional, que para mí es la más decisiva. La hipótesis inicial del <em>realismo capitalista</em> es que para los estudiantes de Fisher –nacidos en los 90– no hay alternativa real: no han conocido dos bloques, no han vivido bajo ninguna lógica que no sea capitalista. Es una constatación histórica. Pero Fisher nunca responde desde ahí: toda su reflexión sobre horizontes emancipatorios la construye desde su propia generación, que sí tuvo dos alternativas. La gramática afectiva de la que habla –la melancolía, el futuro cancelado, el duelo– no interpela a los <em>mileniales</em> ni a los Z, y especialmente no interpela en España, con el <em>España va bien</em> y el milagro económico como telón de fondo. Para mí la cuestión pasa por entender que no queremos que se cumpla la promesa del progreso neoliberal. No nos interesa. Como decía Lafargue en el siglo XIX: el progreso es el hijo primogénito del trabajo, y a esta era la llaman la era del trabajo, pero es la era de la miseria.</p>



<p><strong>Nokia vendía&nbsp;<em>connecting people</em>&nbsp;y tres décadas después, como explica el psicoanalista José Ramón Ubieto, es más necesario que nunca distinguir entre conexión y vínculo: que la primera, sin cuerpo implicado, no genera el segundo. ¿Qué falla estructuralmente en la promesa de la conectividad?</strong></p>



<p>Uso los términos de Berardi –conexión y conjunción– que son bastante afines. La conexión sigue descansando en una lógica de la identidad. Es muy difícil que haya experiencia porque es muy difícil que haya alteridad. Hay una soberanía del sujeto: si no me gustas, te bloqueo, cierro la pestaña. Cuando estamos con los otros en cuerpo, estamos con cuerpos que no gobernamos, que son inquietos, que traen contingencia, la posibilidad de que suceda lo que no estaba predeterminado. Eso la conectividad lo lleva muy mal. Y eso se tradujo en que las dos grandes promesas del modelo neoliberal –la libertad como flexibilidad y elección, y la solidaridad como conexión permanente– generaron exactamente lo que negaban: desarraigo y soledad no deseada. La flexibilidad implica no echar raíces; la conexión no genera vínculo. A nadie le interesa de verdad ser un <em>digital nomad</em> viviendo de Airbnb en Airbnb, relacionándose por Tinder y hablando con sus amigos solo por WhatsApp. Esa promesa no se ha cumplido. Pero lo importante es que tampoco queremos que se cumpla.</p>



<p><strong>El concepto central del libro es la «hedonia represiva»: no somos incapaces de placer, sino incapaces de otro placer que no sea consumir placer. ¿Qué ocurrió para que el deseo quedara capturado en la forma de la adicción?</strong></p>



<p>El primer autor que piensa el gobierno contemporáneo del deseo a través de la figura de la adicción es Deleuze. Y me parece importante la lectura que amplía Franco Berardi cuando ve la adicción como conexión. Una de las tesis claves de <em>Fenomenología del fin</em> es cómo la conectividad va en detrimento de la conjuntividad: estamos cada vez más conectados, pero los vínculos se resienten, el otro se mercantiliza, se objetaliza. En los 90 y en los 2000, esta figura del sujeto adicto a la conexión era sinónimo de vida exitosa. Estar conectado, estar en las redes, ir a mil países, cogerle el ritmo al mercado. También tenía su cara oscura –generalización del consumo de drogas, TCA, ansiedad–, pero mayoritariamente como sociedad aceptábamos esa figura como una forma de liberación, de singularidad. </p>



<p>Yo creo que la pandemia funcionó como parte aguas. Los niveles de suicidio, depresión, <em>burnout</em> que siguieron… ese malestar vinculado a la excitación rompió las fantasías de vida buena. Aquí la sabiduría del dolor dice algo. En lugar de pensar que el primer dato social es una salud plena que puede accidentarse si el individuo no la gestiona bien –que es la gramática individualista de la autoayuda–, el dolor, la depresión, el cansancio y la soledad no deseada nos dicen que así la vida no vale la pena. Y eso es una negación muy poderosa, muy lúcida, y una negación que se hace en nombre de la vida. Desde ahí empieza a dibujarse otra economía afectiva: no de la excitación sino de la placidez, no de la verticalidad y el crecimiento sino del arraigo, la afiliación al presente, la vuelta al cuerpo y a los vínculos.</p>



<p><strong>Pero el mercado ya ha aprendido a vender eso. El&nbsp;<em>mindfulness</em>, el&nbsp;<em>solo maxxing</em>&nbsp;(“maximizar la soledad”), la estetización de la desconexión son industrias en expansión. ¿Dónde está la diferencia entre el JOMO como postura de consumo y el JOMO como forma de vida con potencial político?</strong></p>



<p>Es la cooptación de siempre, completamente. El <em>solo maxxing</em> puede ser perfectamente una forma de consumo narcisista, otra vuelta de tuerca de la identidad soberana: me optimizo a mí mismo en soledad igual que me optimizaba compitiendo con los otros. Eso no cambia nada. Lo que me interesa del JOMO es otra cosa: no la soledad como autosuficiencia sino como vulnerabilidad. La paradoja de la conectividad es que, como descansa en la lógica del sujeto soberano –puedo bloquear al otro, puedo cerrar–, no hay experiencia de alteridad. Ni estamos con gente ni estamos a solas con nosotros mismos de verdad. Estar solo consigo mismo es un ejercicio difícil, a veces muy desagradable, porque es la experiencia de vulnerabilidad y exposición: vemos cosas de nosotros que no nos gustan, tenemos heridas, sueños, recuerdos que pueden ser una mierda.</p>



<p><strong>Jesús se encuentra al demonio vagando solo en el desierto…</strong></p>



<p>Exacto. Pero cuando esa soledad deja de generar ansiedad y empieza a generar algo placentero –y hay ya estudios sobre esto, del 2023 en adelante–, es porque preferimos estar con los otros o con nosotros como otros a seguir en ese trono vacío del sujeto narcisista. Eso no es algo que el mercado pueda vender. Eso lo dice el dolor. Y cuando ese malestar vinculado a la excitación es ya demasiado grande para negarlo o justificarlo, se convierte en una conciencia crítica expandida. Los activismos contemporáneos –antitrabajo, por la vivienda, contra el turismo, por la sanidad pública– tienen esa gramática: un rechazo que es también una afirmación de la vida. No es que no haya alternativas: es que hay que escucharlas.</p>



<p><strong>Terminas el libro parafraseando el&nbsp;<em>Manifiesto Comunista&nbsp;</em>de Karl Marx: «proletarios de todos los países, durmamos». ¿En qué sueña una sociedad que ha decidido parar?</strong></p>



<p>Tomo de Marx la idea de que los vínculos del proletariado son vínculos a través de la pérdida, no a través de la propiedad. Lo que une a los que no tienen nada es el cansancio compartido, la elaboración común de la pérdida. Para mí el sueño del sueño es que esa pérdida se constate en una solidaridad de los durmientes, una solidaridad radical e íntima que excede la forma-sujeto. Y claro que eso requiere liberar al trabajo de su condición asalariada, reducir al máximo el reino de la necesidad, que el capitalismo no hace, porque genera continuamente nuevas necesidades para que no puedas dejar de consumir y por tanto no puedas dejar de trabajar. Pero antes de llegar al programa hay que tomarse en serio el cambio de deseo. La revolución viene cuando hay un cambio de deseo, no cuando se satisfacen los deseos ya existentes. Y ese cambio ya está ocurriendo.</p>



<p>Reemplazaría el ejercicio de la imaginación –que sigue teniendo en el centro a un sujeto muy poderoso, muy masculino– por el ejercicio de la escucha. La gente ya está pensando otras cosas. Hay investigaciones sobre decrecimiento, economías del cuidado, arquitecturas feministas, experimentos de renta básica. No es que no haya horizontes: es que no se trata de imaginarlos, se trata de escucharlos. Aunque el cambio de deseo es condición de posibilidad, no condición suficiente. Para que ese deseo de parar se pueda ejercer hacen falta infraestructuras concretas: vivienda pública, reducción de la jornada laboral, renta básica, salarios más equitativos, contención del turismo. Porque, aunque parar sea deseable, no podemos parar: tenemos varios trabajos y estamos enganchados al teléfono porque el placer miserable del <em>scroll</em> es la única forma de estar un poco a flote con todo lo que tenemos encima. El sueño es aprender a perder. Aprender que perder es la forma más alta de donación –<em>perdare</em>, <em>perdonare</em>–, y que aprender a vivir consiste en eso, en esa radical pérdida de la soberanía. Somos unos perdedores. Afortunadamente.</p>



<p><a href="https://catalunyaplural.cat/es/juan-evaristo-valls-boix-jomo-perder/"><strong></strong></a></p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/17/juan-evaristo-valls-jomo/">Juan Evaristo Valls Boix: “La vida consiste en aprender a perder”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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